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    <title><![CDATA[elDiario.es - Virginia Mendoza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/virginia-mendoza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Virginia Mendoza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Nadie es contingente en el pueblo de 'Amanece, que no es poco']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nadie-contingente-pueblo-dijo-pepe_1_1148617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fadb6014-642a-4623-87c6-fb4e9e382be1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nadie es contingente en el pueblo de &#039;Amanece, que no es poco&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La simbiosis entre la película de José Luis Cuerda 'Amanece, que no es poco' y el pueblo de Aýna, en Albacete</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado originalmente en <a href="https://revistasalvaje.com/producto/salvaje-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista Salvaje</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Ya ha amanecido, que no es poco. La niebla cubre la sierra y es tan espesa que no s&eacute; si el sol ha salido al contrario. Al llegar a A&yacute;na, Albacete, el mundo ha dejado de ser un sindi&oacute;s y se muestra en orden: el sol ha salido y lo ha hecho por donde le corresponde. Este lugar rural, rural nada m&aacute;s, enclavado en la garganta del R&iacute;o Mundo, muestra su entorno en todo su esplendor cuando el sol le saca todos los tonos posibles del verde a la sierra de Segura, que ya se ha vuelto tecnicolor.
    </p><p class="article-text">
        Aunque es d&iacute;a de mercadillo, me pregunto, como Jimmy (el personaje interpretado en la pel&iacute;cula por Luis Ciges), si los vecinos no se estar&aacute;n haciendo pasar por fantasmas. Aparecen de pronto dos mujeres sentadas, como si se acabaran de desdoblar, una de esas cosas que aqu&iacute; hacen los borrachos. Con un bast&oacute;n de ca&ntilde;a, una de ellas apunta hacia su casa: &ldquo;Si necesit&aacute;is algo, vivo ah&iacute;&rdquo;, dice Rosario a modo de saludo. Lleva un peque&ntilde;o rosario colgado sobre el pecho, no s&eacute; si por verdadera devoci&oacute;n o en honor a su nombre. Rosario ha pasado la mayor parte de su vida en Francia y presume de que su padre se negaba a marcharse de su pueblo cuando la mayor&iacute;a lo hizo. Estuvo a punto de sucumbir: le hablaron de las posibilidades de trabajar en Estados Unidos e inici&oacute; los tr&aacute;mites. &ldquo;Pero uno del pueblo le dijo que los americanos no ataban a los perros con longanizas y raj&oacute; los papeles&rdquo;, cuenta. Pienso en Teodoro (Antonio Resines) y contengo las ganas de responder que los americanos tambi&eacute;n tienen cosas positivas.
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                </figure><h3 class="article-text">De contingente a necesario</h3><p class="article-text">
        En el despacho del alcalde de A&yacute;na, el pueblo que dijo Pepe, hay una mano oscura y dura sobre un mueble. Juan &Aacute;ngel Mart&iacute;nez, el actual inquilino del despacho, no explica nada al respecto. La primera vez que coincidimos en A&yacute;na sujetaba su pantal&oacute;n con tirantes, escond&iacute;a unos ojos azules detr&aacute;s de unas gafas que no necesitaba y llevaba sombrero. Parec&iacute;a un director de cine albacete&ntilde;o. Se acerc&oacute; y dijo: &ldquo;Hola, soy el Ni&ntilde;o Deprim&iacute;o&rdquo;. Le dije que pensaba que era hijo de Jos&eacute; Luis Cuerda y me regal&oacute; una chapa con la cara que ten&iacute;a cuando interpret&oacute; el papel de un ni&ntilde;o sin ganas de vivir. Sobre la cabeza del alcalde hay un cuadro del rey em&eacute;rito joven. Ninguna se&ntilde;al de la devoci&oacute;n del pueblo por Faulkner. 
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a doce a&ntilde;os, nunca hab&iacute;a salido del pueblo y el cine vino a &eacute;l. A nadie, ni a Jos&eacute; Luis Cuerda, se le habr&iacute;a pasado por la cabeza entonces que ese ni&ntilde;o alg&uacute;n d&iacute;a llegar&iacute;a a hablar un pijo de bien. &ldquo;Me asignaron el papel por t&iacute;mido. Era monaguillo y recuerdo que me sent&eacute; a una mesa redonda donde estaba Cuerda con su equipo y, como era muy t&iacute;mido, no los miraba a la cara&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        El Ni&ntilde;o Deprim&iacute;o es, desde mayo, Mun&iacute;cipe por Antonomasia. &ldquo;He pasado de contingente a necesario&rdquo;, fue una de sus primeras declaraciones, dejando claro c&oacute;mo la pel&iacute;cula sigue marcando el destino del pueblo. Durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os trabaj&oacute; como delineante, pero ahora se dedica al turismo rural y preside la Asociaci&oacute;n de Amanecistas. Su objetivo siempre fue convertir su pueblo en un reclamo tur&iacute;stico gracias a una pel&iacute;cula que en su momento pas&oacute; desapercibida porque no tuvo buenas cr&iacute;ticas, pero que Internet y sus actores secundarios est&aacute;n revalorizando cada vez m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino 'amanecista' se extiende y cada vez son m&aacute;s los turistas que llegan los fines de semana al pueblo, atra&iacute;dos por la pel&iacute;cula, en busca de las localizaciones de sus escenas favoritas e incluso con la esperanza de cruzarse con alg&uacute;n actor secundario. El d&iacute;a de la Quedada Amanecista, que se celebra cada a&ntilde;o a principios de verano, el pueblo se llena de forasteros. 
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        Hoy el nombre de A&yacute;na est&aacute; tan relacionado con la pel&iacute;cula que el nuevo alcalde asegura que en cualquier parte de Espa&ntilde;a, cuando dice que es de A&yacute;na, siempre aparece alguien que aclara: &ldquo;Ah, el pueblo de Amanece, que no es poco&rdquo;. El eco es tal que a &eacute;l mismo le sorprende todav&iacute;a: &ldquo;He salido en la contraportada de El Pa&iacute;s. Y sin haber matado a nadie&rdquo;, bromea.
    </p><p class="article-text">
        Aparece un hombre con una mirada alegre detr&aacute;s de las gafas. No muestra ning&uacute;n s&iacute;ntoma evidente de estar dormido. El alcalde dice: &ldquo;Mira, es el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo. Bueno, el teniente de alcalde&rdquo;. El amanecismo municipal pudo ir a m&aacute;s: el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo, Paco Le&oacute;n, asegura que este a&ntilde;o en las listas del PP del pueblo tambi&eacute;n iba uno de los labradores de la pel&iacute;cula. Para monja no se present&oacute; nadie y la Guardia Civil, como siempre, perdi&oacute; las elecciones. En A&yacute;na no tard&oacute; en extenderse la broma de que nunca hab&iacute;an tenido un gobierno tan completo, regido por el Ni&ntilde;o Deprim&iacute;o de d&iacute;a y por el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo de noche. Raro ser&iacute;a que los del pueblo de al lado lograran concretar un previsible intento de invasi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La toma de posesi&oacute;n coincidi&oacute; con la novena Quedada Amanecista, una reuni&oacute;n anual a la que algunos acuden disfrazados para pasar el fin de semana en A&yacute;na, Li&eacute;tor y Molinicos, los tres pueblos sede de evento por su vinculaci&oacute;n con la pel&iacute;cula. Reinterpretan escenas en sus localizaciones, hablan raro, en amanecista, comen atascaburras, juegan al trivial de la pel&iacute;cula, visitan el centro de interpretaci&oacute;n de la pel&iacute;cula y se hacen una foto en la que cada a&ntilde;o son m&aacute;s (en 2018 llegaron a ser 200). A la quedada puede unirse cualquiera durante un fin de semana que culmina, c&oacute;mo no, viendo una vez m&aacute;s una pel&iacute;cula que han memorizado. El Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo recuerda entre risas c&oacute;mo, en un momento de la quedada, al otro lado de la ventana, los amanecistas gritaban: &ldquo;Alcalde, todos somos contingentes pero t&uacute; eres necesario&rdquo;. &ldquo;No lo hicimos aposta&rdquo;, dice, &ldquo;fue casualidad. Intentamos que fuera un acto serio, pero era inevitable&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo ten&iacute;a catorce a&ntilde;os cuando se rod&oacute; la pel&iacute;cula y gan&oacute; tanto dinero ese verano (los secundarios cobraban 5.000 pesetas por d&iacute;a y los extras 3.000) que se compr&oacute; una moto. Aunque recuerda que lo pas&oacute; muy bien durante el rodaje, vivi&oacute; un d&iacute;a tenso el d&iacute;a que tuvo que rodar la famosa escena en la que su madre le lleva al ba&ntilde;o para evitar que se haga pis en el sal&oacute;n mientras deambula son&aacute;mbulo. Antes de bajar a rodar, un miembro del equipo de rodaje le dio unas breves explicaciones de lo que ten&iacute;a que hacer: &ldquo;Yo voy a estar en el ba&ntilde;o. T&uacute; pones cara de dormido y, mientras haces pis, te voy indicando&rdquo;. Habr&iacute;a preferido estar acostado para no pasar por eso. &ldquo;Ten&iacute;a que mear delante de todos. Digo 'a ver c&oacute;mo salgo yo de esta'&rdquo;, recuerda. A medida que rodaban la escena, el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo se iba relajando mientras pensaba que aquello ten&iacute;a que ser broma. Que es lo que era. 
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Alguien entendi&oacute; algo?</h3><p class="article-text">
        Un hombre de rojo cierra una furgoneta de un portazo. Se dirige hacia una tienda en la que una mujer rubia de pelo corto juega con un perro mientras un hombre con chaleco y ojos risue&ntilde;os espera. Los tres aparecieron en la pel&iacute;cula. El &uacute;ltimo, Jos&eacute;, se apresura a decir: &ldquo;'La chica tiene que ser comunal'. Eso lo dice otro, pero le digo yo: 'y turgente'. Y dice: 'turgente ya es'. Dice: '&iexcl;turgente!' y nos liamos a guant&aacute;s. Una risi&oacute;n...&rdquo;, recuerda entre carcajadas.
    </p><p class="article-text">
        La Chica Belga, Mar&iacute;a Enriqueta Cabrera, entra en la tienda. Es un espacio diminuto donde hay gominolas, escobas y loter&iacute;a. Mientras que muchos de sus vecinos han memorizado el gui&oacute;n, a Mar&iacute;a Enriqueta no le interes&oacute; seguir la pel&iacute;cula. Lo cierto es que, en el momento del estreno, la cinta gust&oacute; menos a los vecinos que el sombrero del argentino que plagi&oacute; a Faulkner. Lo tiene ella hablado con todo el pueblo: &ldquo;Nos llevaron a Albacete a verla y nos gust&oacute; ver a la gente porque est&aacute;bamos todos. Pero la pel&iacute;cula, madre m&iacute;a. Quien diga que le gust&oacute;, pues con el tiempo les estar&aacute; gustando, pero en aquel momento no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En A&yacute;na, todos coinciden en que no entendieron la pel&iacute;cula. Como tampoco la entendi&oacute; Antonio Resines, que era protagonista. Pero Jos&eacute; Luis Cuerda, como Quijote apasionado capaz de arrastrar a quien no entiende qu&eacute; est&aacute; pasando, logr&oacute; reunir a los mejores actores espa&ntilde;oles de la &eacute;poca, a casi todo el pueblo de A&yacute;na, y parte de Li&eacute;tor y Molinicos durante el verano de 1988. Eligi&oacute; el lugar con esa misma confianza ciega: alguien le dijo que rodara all&iacute; y eso hizo. Un d&iacute;a lleg&oacute;, convoc&oacute; al pueblo y casi nadie pudo resistirse a participar en el casting. Aunque algunas escenas se grabaron en Li&eacute;tor y Molinicos, A&yacute;na se convirti&oacute; en el centro de operaciones porque contaba con un hotel, dos taxis y un grupo de teatro infantil. No entendieron nada, pero fueron ellos, esas personas an&oacute;nimas de A&yacute;na, quienes pronunciaron algunas de las frases m&aacute;s memorables de la historia del cine espa&ntilde;ol. Con el tiempo, no solo fueron entendiendo ese humor que en realidad era demasiado familiar, sino que repiten sus frases con orgullo a los forasteros y algunos vecinos se han aprendido el gui&oacute;n casi al completo.
    </p><p class="article-text">
        Fueron tantos los actores secundarios y extras locales que para que fueran al estreno hubo que hacer un sorteo. Los que ganaron fueron hasta Albacete en autob&uacute;s, se rieron al reconocerse en la pantalla y salieron de all&iacute; desconcertados. &ldquo;Pero &eacute;ramos ya m&aacute;s amanecistas que la pel&iacute;cula&rdquo;, aclara el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo. Sin quererlo, el pueblo que dijo Pepe ya se hab&iacute;a dejado contagiar por el absurdo de la pel&iacute;cula. Tanto es as&iacute;, que sin que nadie sepa por qu&eacute;, desde el estreno de la pel&iacute;cula su nombre a veces aparece con tilde y otras sin ella. En vista del sindi&oacute;s que divide el pueblo, es inevitable preguntarse si esto lo saben en Madrid. Y resulta que s&iacute;: un paisano que quer&iacute;a que su pueblo fuera todav&iacute;a m&aacute;s peculiar pidi&oacute; a la Real Academia Espa&ntilde;ola que diera por correcta la tilde de A&yacute;na. A la RAE le pareci&oacute; bien y ahora el pueblo se divide entre los que ponen la tilde y los que no. &ldquo;Como es un humor habitual aqu&iacute;, quiz&aacute; no lo ves importante. Cuando lo muestras al de fuera y se sorprende, lo ves&rdquo;, dice entre risas el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo. 
    </p><p class="article-text">
        Este mundo surrealista es la plasmaci&oacute;n de la infancia de Cuerda, un muchacho manchego cuyos padres, como cuenta en su autobiograf&iacute;a Memorias fritas, reci&eacute;n publicada por Pepitas de Calabaza, fueron conformando el imaginario del cineasta. Su padre era jugador de p&oacute;quer, gan&oacute; un piso en Madrid y decidi&oacute; dejar Albacete. Su madre una vez se cay&oacute; y se qued&oacute; clavada en la tierra, como mujer que brota del bancal. Hay una escena de la infancia del cineasta que es claro terreno f&eacute;rtil para lo que vino luego: no se sabe si harto de ir unos d&iacute;as en bicicleta, el padre decidi&oacute; comprar un coche. Antes de dar el paso definitivo, sent&oacute; a sus hijos en un sof&aacute; para as&iacute; comprobar si sabr&iacute;an ir en este veh&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Sus primeras pel&iacute;culas no destacaron, hasta que El bosque animado recaud&oacute; lo bastante en taquilla como para propiciar el rodaje de aquella historia incomprensible que era Amanece, que no es poco. Han pasado 31 a&ntilde;os y todav&iacute;a hay detalles que nadie, ni el Ni&ntilde;o Deprim&iacute;o, amanecista por antonomasia, entiende. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Por ejemplo, el cerdo que llevaba Jimmy &mdash;dice&mdash;. Nadie sabe de d&oacute;nde sale ni se cuenta en ning&uacute;n sitio. De repente, aparece. Ni se explica por qu&eacute; el alcalde va de luto, con el brazalete negro&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &mdash; Alg&uacute;n d&iacute;a lo explicar&aacute; Cuerda &mdash; dice el Ni&ntilde;o Son&aacute;mbulo.
    </p><p class="article-text">
        Amancio Palacios, Amanciete, nos abre la taberna de la pel&iacute;cula, que es en realidad una cochera. A sus 91 a&ntilde;os, la cara de Amancio ha recorrido las redes sociales despu&eacute;s de que se viralizara la secuencia en la que se entera de que el alcalde manda repetir las elecciones. Recuerda la escena: &ldquo;Dice [el alcalde] 'habr&aacute; que hacer elecciones' y le digo '&iquest;pero es que se ha vuelto loco? &iquest;Elecciones? Habr&aacute; que hacer campa&ntilde;a, pegar carteles'&hellip; Y contestaba: 'no, no, aqu&iacute; ya nos conocemos todos'&rdquo;. Amancio sali&oacute; del cine con la misma impresi&oacute;n que sus vecinos. &ldquo;Fuimos al estreno a Albacete y cuando termin&oacute; nos mir&aacute;bamos los unos a los otros. Aquello era un l&iacute;o&rdquo;, recuerda.
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                </figure><h3 class="article-text">Lo que ha cambiado el mundo</h3><p class="article-text">
        Apenas una d&eacute;cada antes del rodaje desapareci&oacute; la &uacute;ltima f&aacute;brica de esparto, que era el principal sustento de A&yacute;na. Luego empez&oacute; a vaciarse, pero la pel&iacute;cula reactiv&oacute; el pueblo durante un mes y medio en el que todos participaban, ganaban dinero como actores secundarios, extras o camareros. El hotel estaba lleno y los dos taxis locales siempre ocupados. Durante el rodaje, A&yacute;na contaba con unos 1.500 vecinos. Pero la bonanza de aquel verano solo fue un espejismo y hoy el censo indica una poblaci&oacute;n de 638 nombres que, en realidad, y sobre todo en invierno, es muy inferior. A Amancio le parece que su pueblo &ldquo;ha cambiado lo que ha cambiado el mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora caigo en que el primer momento amanecista lo viv&iacute; nada m&aacute;s llegar al pueblo: el camarero que me sirvi&oacute; el caf&eacute; interpretaba a un borracho en la pel&iacute;cula. Es la hora de la cerveza y Pedro est&aacute; solo ante la barra, la cocina y las mesas. Mientras corretea de un lado a otro, le digo que ha cumplido el sue&ntilde;o del personaje de Quique San Francisco en la pel&iacute;cula, y a &eacute;l s&iacute; que le han cambiado el papel: de borracho a camarero. Para en seco y, con cierta timidez y un amago de sonrisa, bromea: &ldquo;Yo me hab&iacute;a apuntado ya a Alcoh&oacute;licos An&oacute;nimos y ahora&hellip;&rdquo;. No termina la frase y retoma el trabajo. Pedro ya no guarda casi ning&uacute;n parecido con su versi&oacute;n del pasado. &ldquo;Es que soy el &uacute;nico que ha rejuvenecido&rdquo;, aclara. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando al fin queda vac&iacute;o el local y aun asegurando que no se puede parar, Pedro sale de la barra y empieza a hablar con una voz t&iacute;mida, floja, sin prisa: &ldquo;Fueron dos horas y media a 50 grados. 'Vocea m&aacute;s, vocea m&aacute;s', me dec&iacute;an. Y yo: 'pero si no puedo vocear m&aacute;s'. Y venga micr&oacute;fonos...&rdquo;. Est&aacute; a punto de bajar la persiana. El pueblo est&aacute; vac&iacute;o a la hora de la siesta y los bares ya est&aacute;n cerrados. 
    </p><h3 class="article-text">Algo de G&oacute;ngora</h3><p class="article-text">
        A punto de abandonar A&yacute;na, encontramos a Garcinu&ntilde;o manco en el bancal, clavado en la tierra porque le dio por no brotar y no brot&oacute;. Un d&iacute;a, Garcinu&ntilde;o ten&iacute;a cuerpo de G&oacute;ngora. Como no pod&iacute;a moverse, clavado en en semillero de hombres como estaba, dijo a un labrador: &ldquo;Tr&aacute;eme algo de G&oacute;ngora&rdquo;. A&ntilde;os despu&eacute;s, en ese punto se coloc&oacute; una r&eacute;plica.  Los visitantes se han hecho tantas fotos sobre sus brazos que se qued&oacute; sin manos, como esos huecos que se quedan en las iglesias donde todo el mundo besa, cerca de los santos. Hoy una de sus manos est&aacute; en el despacho del alcalde. La otra, no se sabe.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>Texto del n&uacute;mero 2 de Salvaje, la revista trimestral que quiere sacarte al campo que se publica exclusivamente en papel y no tiene versi&oacute;n online. Hemos querido hacer una excepci&oacute;n compartiendo este reportaje con los lectores de eldiario.es en homenaje a Jos&eacute; Luis Cuerda. Puedes suscribirte a la revista aqu&iacute;.</em><a href="https://revistasalvaje.com/producto/salvaje-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Salvaje</a><a href="https://revistasalvaje.com/tienda/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Virginia Mendoza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/nadie-contingente-pueblo-dijo-pepe_1_1148617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2020 20:40:27 +0000]]></pubDate>
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