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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Gómez Rollán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-gomez-rollan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Gómez Rollán]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El silencio de una ciudad china vacía por el coronavirus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/silencio-ciudad-china_1_1137681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Clases suspendidas, tiendas cerradas, oficinas a medio gas: paseamos por la ciudad de Rizhao, que se encuentra paralizada por el miedo a la extensión del coronavirus</p><p class="subtitle">MAPA | Consulta en directo la evolución del brote de coronavirus: estos son los casos registrados en todo el mundo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Un perro solitario atraviesa una gran avenida vac&iacute;a. Mira a los lados, extraviado, sin decidirse claramente por una direcci&oacute;n. Simplemente vaga. La escena se repite en muchas calles. Los perros, callejeros o abandonados, se han erigido en due&ntilde;os de la ciudad. No se oye el ruido de los coches ni de la gente, no se oye a los ni&ntilde;os jugar en el patio del colegio ni el soniquete de las obras de construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico sonido que se percibe con claridad es el piar de los p&aacute;jaros y m&aacute;s all&aacute; de eso, silencio. Es un silencio extra&ntilde;o, irreal, casi on&iacute;rico, que se quiebra de vez en cuando por el paso de alguna persona cargada con bolsas, de alg&uacute;n coche, o por alg&uacute;n petardo que hace recordar que pese al ambiente China todav&iacute;a est&aacute; en plenas festividades de a&ntilde;o nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Rizhao es una ciudad pesquera e industrial situada en la costa de la provincia de Shandong con una poblaci&oacute;n de unos 2,7 millones de habitantes. Es decir, es una ciudad peque&ntilde;a para los est&aacute;ndares chinos. Rizhao, al igual que el resto del pa&iacute;s, est&aacute; paralizada debido al coronavirus Covid-19.
    </p><p class="article-text">
        Yiyang vive en Pek&iacute;n. Vino aqu&iacute; junto a su mujer e hijo a pasar el A&ntilde;o Nuevo lunar en la casa de sus padres. Ahora, como millones de personas en el pa&iacute;s, est&aacute;n encerrados en la vivienda familiar. &ldquo;No salimos de casa m&aacute;s de lo estrictamente necesario. Mi padre y yo nos turnamos para ir al supermercado&rdquo;, declara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es la primera vez en mi vida que he visto a mi padre no ir a trabajar durante tantos d&iacute;as seguidos&rdquo;, anuncia con una mezcla de orgullo y sorpresa. &ldquo;No se cu&aacute;ndo volveremos a Pek&iacute;n. Me han dicho que en nuestro barrio encontraron a una familia infectada, as&iacute; que preferimos quedarnos aqu&iacute;, aunque no por mucho tiempo m&aacute;s, ya que debemos retomar el trabajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco tiene claro c&oacute;mo podr&aacute; llegar hasta la capital con gran parte de los servicios de transporte interprovinciales cancelados. Primero fueron los taxis y autobuses, despu&eacute;s, desde hace unos d&iacute;as, tambi&eacute;n los trenes. La &uacute;nica opci&oacute;n a d&iacute;a de hoy son los aviones, aunque prefieren evitarlos. &ldquo;Si todo sigue as&iacute; iremos en coche, son unos 700 kil&oacute;metros, pero actualmente es la opci&oacute;n m&aacute;s segura y casi la &uacute;nica&rdquo;.
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        Un trabajador de una de las fabricas de la ciudad originario de Wuhan fue el primer infectado de la provincia. Su caso gener&oacute; un ataque de p&aacute;nico entre la poblaci&oacute;n local en pleno inicio de las celebraciones del A&ntilde;o Nuevo lunar.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese momento y hasta hoy, las medidas para restringir el movimiento y la reuni&oacute;n de personas se han intensificado. No solo las impuestas oficialmente, sino tambi&eacute;n las tomadas voluntariamente, como mantener la puerta cerrada a las visitas. A pesar de ello, en la provincia de Shandong se ha registrado hasta el momento un total de 497 personas infectadas. 
    </p><h3 class="article-text">Un pa&iacute;s detenido</h3><p class="article-text">
        Las clases en colegios y universidades est&aacute;n suspendidas hasta nuevo aviso. En los restaurantes, si es que est&aacute;n abiertos, no pueden juntarse m&aacute;s de cinco personas. La mayor&iacute;a de las tiendas, cines y centros comerciales &ndash;a excepci&oacute;n de algunos supermercados y farmacias&ndash;, permanecen cerrados y las oficinas funcionan a medio gas con la mayor&iacute;a de los empleados acogidos al teletrabajo. Y esto no solo ocurre en Rizhao, si no que es extensible a todo el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la poblaci&oacute;n, encerrada en casa, se entretiene viendo la televisi&oacute;n, leyendo, haciendo gimnasia, comunic&aacute;ndose por WeChat y consultando compulsivamente los datos oficiales diarios sobre el n&uacute;mero de infectados, muertos y recuperados con la esperanza de que la situaci&oacute;n remita pronto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Siempre sue&ntilde;as con unas vacaciones indefinidas&rdquo;, declara Lixue con un toque de humor, &ldquo;pero no de esta manera&rdquo;. Ella acaba de retomar su trabajo en una oficina local, aunque apenas hay gente a la que atender, por lo que su jornada est&aacute; reducida a la mitad. &ldquo;A&uacute;n recuerdo la impresi&oacute;n que me caus&oacute; la epidemia del SARS [en 2003] cuando estaba en la Universidad. He vivido con miedo a algo parecido durante a&ntilde;os. Ahora que ha vuelto a ocurrir, solo deseo que no se repitan errores y que todo pase cuanto antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n preocupan cada vez m&aacute;s las posibles p&eacute;rdidas de empleo y las consecuencias econ&oacute;micas en la zona. En Rizhao hay dos puntos econ&oacute;micos claves. Por un lado, est&aacute; el incipiente turismo. La ciudad fue una de las sedes de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 2008 y, desde entonces, sus playas comenzaron a atraer poco a poco a grupos tur&iacute;sticos procedentes de todo el pa&iacute;s. Todos los esfuerzos de remodelaci&oacute;n urbana y de recuperaci&oacute;n del entorno marino han ido en esa direcci&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Las vacaciones del A&ntilde;o Nuevo lunar son temporada alta para los viajes en China, pero este a&ntilde;o los grupos tur&iacute;sticos han sido anulados y los emplazamientos tur&iacute;sticos permanecen cerrados hasta nueva orden. En la ciudad todo est&aacute; clausurado y vac&iacute;o, y ni siquiera se puede acceder a algunos parques o zonas recreativas.
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        Por otro lado, adem&aacute;s del turismo, est&aacute; el motor absoluto de la ciudad: el distrito industrial, portuario y pesquero. Un trabajador del puerto que prefiere permanecer en el anonimato reconoce la bajada de actividad. &ldquo;Hay movimiento, quiz&aacute; a menos ritmo del habitual, pero confiamos en estar pronto al 100%&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s preocupa en el distrito es la paralizaci&oacute;n del sector pesquero. El se&ntilde;or Wang, distribuidor de pescado, se muestra preocupado. &ldquo;No tiene sentido que los pescadores salgan a faenar si luego no podemos transportar el producto a otras regiones debido a las restricciones. Hemos tenido que tirar el pescado y el marisco a la basura. Apenas hay movimiento. La situaci&oacute;n es grave para los pescadores y para empresas peque&ntilde;as y medianas como la nuestra&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente en el distrito pesquero donde, a pesar de todo, se respira un cierto aire de pausada normalidad. Un peque&ntilde;o grupo de pescadores dejan pasar los d&iacute;as jugando a las cartas junto a sus barcos de madera.
    </p><p class="article-text">
        Algunos ancianos pasean con tranquilidad por las calles e incluso varios j&oacute;venes acuden a la orilla del mar despreocupados y sin mascarillas, algo que en muchas ciudades ya supone una infracci&oacute;n penada con multa. Sin embargo, esa aparente normalidad contrasta con el paisaje en las calles. Tanto en el distrito como en el resto de la ciudad es completamente imposible acceder a las calles o barrios residenciales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A la entrada de cada barrio o urbanizaci&oacute;n se han colocado controles de acceso. Son medidas de protecci&oacute;n que han convertido cada calle en una frontera. En estas improvisadas aduanas, el &uacute;nico visado v&aacute;lido es vivir all&iacute;, de otro modo es imposible entrar. En algunas, son los propios vecinos quienes controlan. En otras, guardias, porteros o incluso la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo est&aacute;n en la ciudad. Basta salir brevemente a la carretera para observar c&oacute;mo cada pueblo ha establecido, literalmente, barricadas de tierra en los accesos. El miedo al extra&ntilde;o o al que viene de otro lugar se ha apoderado de todo y de todos.
    </p><p class="article-text">
        La incertidumbre por la duraci&oacute;n de la situaci&oacute;n, el miedo a la enfermedad y la desconfianza en las noticias est&aacute;n haciendo crecer las cr&iacute;ticas hacia el Gobierno en las redes sociales chinas. Algo que se ha visto multiplicado tras <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/medico-coronavirus-chino_0_992851496.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la muerte del doctor Li Wenliang</a>, uno de los ocho m&eacute;dicos que alert&oacute; sobre la aparici&oacute;n del virus a principios de diciembre y que fue llamado al orden por la Polic&iacute;a acusado de difundir rumores. Su muerte ha encendido una ola de indignaci&oacute;n que las autoridades est&aacute;n tratando de paliar con homenajes oficiales. Muchos creen que si las autoridades le hubieran hecho caso, la situaci&oacute;n ahora ser&iacute;a muy diferente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es dif&iacute;cil prever que ocurrir&aacute; sin saber a&uacute;n el alcance total del virus, pero China es muy complicada&rdquo;, sentencia un joven universitario que prefiere no revelar su nombre. &ldquo;Quiz&aacute;, cuando todo pase, se apartar&aacute; a algunos mandos de sus cargos, pero nada m&aacute;s. En esta provincia en concreto abunda la poblaci&oacute;n anciana que prefiere la seguridad de lo conocido a cualquier otra opci&oacute;n. Nadie va a moverse en otra direcci&oacute;n&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">Recuperar la normalidad</h3><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, un cauto optimismo ha comenzado a recorrer parte del pa&iacute;s: el cierre absoluto de Hubei parece estar funcionado, pues el n&uacute;mero diario de infectados se est&aacute; frenando fuera de dicha provincia, epicentro del virus. Esa esperanza tambi&eacute;n se empieza a sentir de forma ligera en Rizhao tras conocerse que, seg&uacute;n los datos oficiales, se han sucedido ya varios d&iacute;as sin nuevos casos de infectados en la zona, mientras crece el n&uacute;mero de pacientes recuperados.
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        El intento por recuperar una relativa normalidad lo m&aacute;s pronto posible parece explicar que, pese a la prohibici&oacute;n de organizar actos multitudinarios, se haya habilitado un recinto junto a un c&eacute;ntrico centro comercial para el festival de los faroles, la fiesta que pone fin a las celebraciones del a&ntilde;o nuevo que tiene lugar durante la segunda quincena del primer mes lunar.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una especie de reciento ferial con grandes esculturas de farolillos que se iluminan al anochecer, atracciones y puestos de comida. Cada a&ntilde;o, estas celebraciones congregan a miles de personas durante el d&iacute;a y la noche. Aunque todo est&aacute; ya listo e instalado, su funci&oacute;n este a&ntilde;o es m&aacute;s simb&oacute;lica que real: el recinto est&aacute; desierto. El miedo y la precauci&oacute;n a&uacute;n pueden m&aacute;s que el optimismo en una poblaci&oacute;n que todav&iacute;a ve lejos el fin de la epidemia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        El tama&ntilde;o real y completo de la herida que el coronavirus y las medidas est&aacute;n dejando a nivel local y nacional est&aacute; a&uacute;n por ver. Pero la cicatriz no solo ser&aacute; sanitaria, tambi&eacute;n social, econ&oacute;mica y an&iacute;mica. Desde China ven con preocupaci&oacute;n la xenofobia disfrazada de temor y rechazo a cualquiera que tenga los ojos rasgados que se est&aacute; evidenciando en otros pa&iacute;ses en las &uacute;ltimas semanas. En Espa&ntilde;a, se ha visibilizado <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Activistas-denuncian-comunidad-asiatica-coronavirus_0_991800971.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con el movimiento #Nosoyunvirus</a>.
    </p><p class="article-text">
        Algo similar ha ocurrido en el propio gigante asi&aacute;tico con todos aquellos que proceden de Wuhan o que han visitado la ciudad antes del cierre. No solo se propaga el virus. Tambi&eacute;n la desinformaci&oacute;n y los prejuicios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Gómez Rollán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/silencio-ciudad-china_1_1137681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Feb 2020 20:54:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El silencio de una ciudad china vacía por el coronavirus]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[China,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
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