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    <title><![CDATA[elDiario.es - Agus Morales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/agus-morales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Agus Morales]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Siempre hay alguien a quien odiar al otro lado de la frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/argelia-tierra-migrantes-frontera_1_1127041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los jóvenes magrebíes sufren racismo y miedo en un país europeo como España; los migrantes subsaharianos sufren deportaciones y ostracismo social en un país magrebí como Argelia</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Este es uno de los textos de 'Odio', el n&uacute;mero 5 de Revista 5W, que se puede recibir mediante <a href="https://www.revista5w.com/suscripciones-socios" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">suscripci&oacute;n</a>, comprar en librer&iacute;as o <a href="https://tienda.revista5w.com/product/numero-5-odio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">aqu&iacute;</a></li>
                                    <li>Esta cr&oacute;nica forma parte del proyecto<em> The Backway,</em><a href="http://thebackway.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">The Backway</a> de <a href="https://www.ruidophoto.com/es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Ruido Photo</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Una de las normas sagradas del odio: siempre hay alguien debajo a quien odiar, humillar o ignorar.
    </p><p class="article-text">
        Los libros de historia dicen que Or&aacute;n es un palimpsesto: ciudad del noroeste argelino cerca de la frontera con Marruecos, con pasado colonial franc&eacute;s y una alcazaba fortificada desde la que la conquista espa&ntilde;ola se enfrentaba al Imperio otomano. Pero hay un pliegue m&aacute;s reciente, una capa que est&aacute; pero no se ve: en las entra&ntilde;as de la ciudad hay otra ciudad, escondida de todo y formada por hombres y mujeres de &Aacute;frica Occidental que sobreviven a las deportaciones, intentan ganarse el pan o esperan su momento para cruzar a Marruecos y llegar a Europa.
    </p><p class="article-text">
        A ellas pr&aacute;cticamente no se las ve por las calles. A ellos &mdash;a algunos&mdash; se los ve deambulando, en busca de un trabajo en la construcci&oacute;n o en cualquier cosa que les pidan los argelinos. Son una minor&iacute;a comparada con los que se quedan en casa, con los que apenas salen de sus pisos y sus barrios, con los que tienen miedo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Hay mucho racismo, no nos consideran personas.
    </p><p class="article-text">
        Ricardo Dongon es de Duala, la mayor ciudad de Camer&uacute;n, su capital econ&oacute;mica. Sali&oacute; de all&iacute; en septiembre de 2018. Su objetivo no era llegar a Europa o a Espa&ntilde;a, sino en concreto a Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Lo repite: Madrid, Madrid, Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Atraves&oacute; Nigeria y N&iacute;ger antes de llegar a Argelia. Lo m&aacute;s duro, como en casi todos los casos en esta ruta, fue cruzar el desierto: el trecho a partir de Agadez, en el norte de N&iacute;ger, hasta Tamanrasset, en el sur de Argelia. Es joven, tiene 25 a&ntilde;os, pero dice que enferm&oacute; en la ruta y que se alegra de estar vivo.
    </p><p class="article-text">
        Ricardo se ha quedado sin dinero en Or&aacute;n. Hay un mecanismo perverso que hace que muchos se enfrenten a la misma situaci&oacute;n. Cuando salen de su pa&iacute;s (Camer&uacute;n, Guinea, Costa de Marfil, Mali), llevan miles de euros al cambio que usan para pagar a las redes de tr&aacute;fico de personas y para los gastos en el camino. Son comunes en la ruta los robos, las extorsiones, los sobornos e incluso los secuestros. En el caso de ellas, tambi&eacute;n las violaciones. Si consiguen llegar sanos y salvos hasta la costa de Argelia, el desierto no queda atr&aacute;s para siempre.
    </p><p class="article-text">
        El Estado argelino lleva a cabo una campa&ntilde;a masiva de deportaci&oacute;n de migrantes: Amnist&iacute;a Internacional calcula que 34.550 personas fueron expulsadas entre agosto de 2017 y finales de 2018. Los detienen en las calles, en sus domicilios temporales, y los transportan en autobuses hasta la frontera con N&iacute;ger &mdash;y antes de Mali&mdash; sin una notificaci&oacute;n previa y sin un proceso legal transparente. No sin antes confiscarles &mdash;robarles&mdash; el m&oacute;vil y todo el dinero que llevan, seg&uacute;n denuncian muchos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A m&iacute; me han deportado ya tres veces. La &uacute;ltima fue hace dos meses. Me detuvieron en la calle y me deportaron. Ya estoy acostumbrado.
    </p><p class="article-text">
        Dice Ricardo que la polic&iacute;a no actuaba de forma especialmente violenta en primera instancia, pero que si alguien se rebelaba, era golpeado.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Una vez en el desierto, si quieres volver a Tamanrasset (Argelia), te tienen que llevar los tuaregs. All&iacute; hay un negocio. Te cobran 100 o 150 euros por pasaje. La idea es que te desanimes y lo dejes.
    </p><p class="article-text">
        Su familia le envi&oacute; dinero varias veces para que pudiera entrar en Argelia de nuevo. Ahora busca alg&uacute;n trabajo que le permita trasladarse a Marruecos, donde la rueda volver&aacute; a girar: necesitar&aacute; m&aacute;s ahorros para intentar cruzar el mar y llegar a Espa&ntilde;a. O, como &eacute;l dice, a Madrid.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os atr&aacute;s muchas personas migrantes iban desde Agadez hasta Libia, pero la ruta qued&oacute; pr&aacute;cticamente sellada despu&eacute;s de que la guardia costera libia, financiada por la Uni&oacute;n Europea, devolviera a sus costas de forma masiva las pateras que sal&iacute;an, y de que el exministro de Interior Matteo Salvini <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Salvini-rechaza-ONG-italiana-rescatados_0_879462132.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cerrara los puertos italianos</a>. Aunque Salvini ya no est&eacute; en el Gobierno, la ruta m&aacute;s habitual sigue siendo la de Argelia para llegar a Marruecos y desde all&iacute; a Espa&ntilde;a, a trav&eacute;s del estrecho de Gibraltar o del mar de Albor&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En Europa estar&eacute; mejor. La polic&iacute;a me tratar&aacute; con m&aacute;s respeto. Aqu&iacute; no tienes derechos. En la ruta no tienes derechos &mdash;dice Ricardo.
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                </figure><h3 class="article-text">La peluquer&iacute;a migrante</h3><p class="article-text">
        En este sal&oacute;n de belleza &mdash;una planta baja en un barrio humilde de Or&aacute;n&mdash; se oyen historias de sue&ntilde;os y desiertos. Aqu&iacute; vienen clientes y clientas a cortarse el pelo y a hacerse la manicura. Es tambi&eacute;n un refugio para hombres y mujeres de &Aacute;frica Occidental, sobre todo de Camer&uacute;n y Guinea, que comparten un espacio de trabajo y ocio.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No discriminamos &mdash;dice una de las trabajadoras cuando le pregunto, al ver la clientela, si aqu&iacute; tambi&eacute;n vienen argelinas.
    </p><p class="article-text">
        Esta tarde se han juntado en la peluquer&iacute;a Mustaf&aacute;, Sylvie, David y Florine. Charlan en el banco de espera, frente al gran espejo del sal&oacute;n de belleza. Todos son de Camer&uacute;n y ahora est&aacute;n en Or&aacute;n, pero se hallan en diferentes momentos de sus vidas.
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                </figure><p class="article-text">
        &mdash;Esta es la segunda vez que intento llegar a Europa &mdash;dice Mustaf&aacute;, camiseta amarilla y pantalones cortos granates, el tel&eacute;fono siempre en la mano&mdash;. La primera vez estuve cuatro a&ntilde;os en Marruecos y luego fui deportado. Quiero volver a intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        Mustaf&aacute; tiene 34 a&ntilde;os. Su edad importa: algunos pueden hacer la ruta en unos meses, pero otros lo intentan durante a&ntilde;os, se encuentran con obst&aacute;culos, paran, vuelven a intentarlo: invierten toda su juventud &mdash;a&ntilde;os que podr&iacute;an haber dedicado al trabajo y a sus familias&mdash; en un sue&ntilde;o que no llega.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A m&iacute; me han expulsado dos veces &mdash;dice David&mdash;. Llevo cuatro a&ntilde;os en Argelia. Hago mantenimiento industrial. Cuando sal&iacute; de Camer&uacute;n, mi idea no era quedarme aqu&iacute;, sino ir a Europa, pero no tengo dinero. Sufrimos agresiones, nos abandonan en el desierto y no podemos decir nada. Somos seres humanos, no animales. Aqu&iacute; te roban el tel&eacute;fono y el dinero. Ojal&aacute; las cosas mejoren para los que vengan detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Yo me quedo siempre en casa, en la peluquer&iacute;a &mdash;dice Sylvie, que trabaja en este sal&oacute;n de belleza informal&mdash;. Llevo casi un a&ntilde;o aqu&iacute;. Cuando sal&iacute; quer&iacute;a ver, descubrir. Mi situaci&oacute;n actual es todo lo contrario a eso: no puedo ni salir a la calle.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El problema son las expulsiones &mdash;insiste Mustaf&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Y las condiciones de vida! &mdash;responde Sylvie&mdash;. Yo no he sido expulsada nunca, pero esto no es un pa&iacute;s en el que&hellip; Yo quiero descubrir&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Sylvie pone &eacute;nfasis en esa palabra: descubrir. Las risas de sus compa&ntilde;eros la interrumpen. Descubrir parece un verbo inocente en medio de la conversaci&oacute;n sobre abusos y deportaciones que est&aacute;n manteniendo. Como si la curiosidad, menos apremiante que la guerra y el hambre, fuera un motor de la migraci&oacute;n digno de mofa, tambi&eacute;n para ellos.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica del grupo que no habla es Florine, una mujer con gafas de pasta que est&aacute; acurrucada en una esquina. Converso con ella por separado. Me dice que es esteticista. No, me dice que no lo es: que eso es lo que hace ahora, en este sal&oacute;n de belleza. Que ella es periodista: inf&oacute;grafa. Hac&iacute;a gr&aacute;ficos de manifestaciones y otros acontecimientos informativos para un diario de Camer&uacute;n. Su esposo viv&iacute;a en Francia y le estaba intentando arreglar los papeles para reunirse con &eacute;l. En un viaje de negocios a la vecina Costa de Marfil, su marido falleci&oacute; por causas naturales y Florine tuvo que ir a enterrarlo. Luego decidi&oacute; emprender la ruta, ella sola: dej&oacute; en Camer&uacute;n, con su madre, a tres hijos. Dice que varios hombres intentaron violarla en el camino, pero que logr&oacute; zafarse. Ha llegado hasta Argelia, pero no sabe si continuar&aacute;. Su &uacute;nico objetivo es superar una depresi&oacute;n que no la deja imaginar ning&uacute;n futuro.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si me recupero, podr&iacute;a hacer periodismo, pero con la depresi&oacute;n no puedo&hellip; Prefiero trabajar en la peluquer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Me fijo en que tiene dos tatuajes. En la mu&ntilde;eca izquierda, una lib&eacute;lula. En la derecha, varias letras, algunas de ellas tachadas.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Mi marido se llamaba George. Por eso pone &ldquo;GEO&rdquo;. Tap&eacute; esas letras porque muri&oacute;, pero les puse encima una corona, porque &eacute;l es el rey.
    </p><p class="article-text">
        Las letras GEO a&uacute;n se adivinan, pero est&aacute;n emborronadas por una melanc&oacute;lica tinta azul. Al lado, las letras FLO, de Florine, siguen intactas.
    </p><h3 class="article-text">Odio institucional</h3><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s donde la disidencia se persigue, las entidades de defensa de los derechos humanos o las organizaciones internacionales no tienen el m&uacute;sculo suficiente para asistir a la poblaci&oacute;n migrante.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Abandonados-desierto-Mali_0_913759309.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Estado argelino deporta a migrantes</a> sin que haya contestaci&oacute;n social o movilizaciones. La protesta es un deporte de riesgo para los manifestantes que exigen un cambio pol&iacute;tico, pero el r&eacute;gimen no pierde legitimidad por su trato a personas migrantes, sino por el contexto nacional. Tras la ca&iacute;da en abril de 2019 de Abdelaziz Buteflika, que llevaba 20 a&ntilde;os en el poder, se instal&oacute; una junta militar que convoc&oacute; elecciones para diciembre, pero que no convenci&oacute; a la oposici&oacute;n m&aacute;s ac&eacute;rrima.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; los migrantes son muy mal recibidos&rdquo;, dice Sarah Belkacem, una activista defensora de los derechos humanos. &ldquo;Hay un problema de acogida. Ven a los extranjeros como algo peligroso. Tienen miedo a los subsaharianos. Es una fobia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los migrantes con los que habl&eacute; en Argelia ocult&oacute; su resentimiento. Algunos dicen que han podido encontrar trabajo y que ha habido personas que los han ayudado, pero en general se sienten deshumanizados. Saben que la situaci&oacute;n en Marruecos no es mucho mejor. Unos creen que en Europa respetar&aacute;n sus derechos; otros creen que eso nunca suceder&aacute;. &ldquo;No hay turistas o extranjeros en Argelia, as&iacute; que para mucha gente los subsaharianos son los primeros extranjeros que ven&rdquo;, dice Belkacem.
    </p><p class="article-text">
        El vecino N&iacute;ger, al sur, es un pa&iacute;s clave en la estrategia de externalizaci&oacute;n de fronteras de la UE y recibe fondos para montar puestos de control y centros de detenci&oacute;n: para frenar la migraci&oacute;n, en definitiva. A finales de 2014, N&iacute;ger lleg&oacute; a un acuerdo con Argelia para que sus ciudadanos en situaci&oacute;n irregular en el pa&iacute;s &aacute;rabe fueran deportados. Las expulsiones masivas en aquella &eacute;poca desde Argelia fueron sobre todo de nigerinos; en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, afectan a todos los subsaharianos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno es antinmigraci&oacute;n y, adem&aacute;s, la gente no est&aacute; sensibilizada con la situaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n migrante&rdquo;, dice Belkacem.
    </p><p class="article-text">
        Las deportaciones que se efect&uacute;an hoy no solo son de personas sin documentaci&oacute;n, incluidas personas vulnerables como embarazadas y menores, sino tambi&eacute;n de solicitantes de asilo. Debora Del Pistoia, que fue responsable de campa&ntilde;as para Amnist&iacute;a Internacional en Argelia, Marruecos y el S&aacute;hara Occidental, dice que estas expulsiones se han usado &ldquo;para camuflar problemas internos&rdquo; de Argelia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La polic&iacute;a, al vaciar los pisos de migrantes, ha legitimado actitudes violentas por parte de la poblaci&oacute;n. Muchas casas han sufrido robos. Hay migrantes que, al volver, se han encontrado con sus pisos destruidos. Tambi&eacute;n ha habido personas atacadas con cuchillos&rdquo;, explica. &ldquo;El odio est&aacute; conectado con el discurso pol&iacute;tico y con los medios de comunicaci&oacute;n. La represi&oacute;n contra los migrantes en Argelia ha ido en paralelo a la represi&oacute;n de las organizaciones de la sociedad civil y de defensa de los derechos de los migrantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ret&oacute;rica xen&oacute;foba &mdash;criminalizaci&oacute;n, bulos en redes sociales que dicen que los subsaharianos portan el VIH&mdash; convive con otra realidad. &ldquo;Hay muchos patrones que usan a las personas que llegan de &Aacute;frica subsahariana como mano de obra y que incluso est&aacute;n dispuestos a regularizar su situaci&oacute;n, sobre todo en sectores como la agricultura y la construcci&oacute;n&rdquo;, dice Del Pistoia. Las m&aacute;s de 20 entrevistas que hice en Argelia lo confirman: muchos dicen que han encontrado alg&uacute;n trabajo y que podr&iacute;an incluso quedarse en el pa&iacute;s, pero la mayor&iacute;a vive con el miedo en el cuerpo por una campa&ntilde;a de deportaciones que ya poco tiene que ver con los papeles: las autoridades arrestan y expulsan a personas al desierto a partir de un perfil racial, seg&uacute;n su testimonio.
    </p><h3 class="article-text">Aviones y Flaubert</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Me he hecho amigo de Franck. Creo que puedo decir amigo, porque cuando no estamos juntos nos escribimos, y cuando salgo de Argelia lo seguimos haciendo. S&eacute; muy poco de c&oacute;mo lleg&oacute; hasta Or&aacute;n. S&eacute; que tiene 21 a&ntilde;os, que le toc&oacute; de cerca <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/conflicto-independentista-Camrun-dejado-vuelta_0_938956777.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el conflicto entre separatistas angl&oacute;fonos y las fuerzas de seguridad de Camer&uacute;n</a>, pa&iacute;s de mayor&iacute;a franc&oacute;fona. S&eacute; que quiere ir a Espa&ntilde;a. Pero poco m&aacute;s. No hablamos de su pasado o del m&iacute;o, hablamos sobre todo de literatura. Dice que le encanta <em>Madame Bovary</em> de Gustave Flaubert, pero me recomienda encarecidamente <em>El Cid de Pierre Corneille, A dry white season</em> del sudafricano Andr&eacute; Brink y los poemas del jesuita camerun&eacute;s Engelbert Mveng.
    </p><p class="article-text">
        Solo he le&iacute;do a Flaubert.
    </p><p class="article-text">
        Franck me invita a su piso y dice que tres de sus amigos est&aacute;n en camino. Que quiz&aacute; pueda entrevistarlos. Los esperamos en una cocina con las ollas sucias y ropa tendida. Cuando llegan, nos dicen que est&aacute;n dispuestos a hablar con periodistas, &iquest;pero qu&eacute; sacan ellos a cambio? Les digo que no pagamos por hacer entrevistas. Se crea una situaci&oacute;n inc&oacute;moda, pero pronto nos relajamos. Les digo que no se preocupen, que charlemos de cosas intrascendentes, que no me tienen que contar c&oacute;mo han llegado hasta aqu&iacute;, c&oacute;mo ha sido su trayecto ni qu&eacute; anhelan. Olvid&eacute;moslo: ya no estoy trabajando.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de f&uacute;tbol. Luego dicen que odian Francia, que por nada del mundo ir&iacute;an a Francia, que los franceses son unos racistas, unos colonialistas. Espa&ntilde;a tambi&eacute;n fue una potencia colonial, les digo. Se encogen de hombros.
    </p><p class="article-text">
        Salimos a dar una vuelta y les ofrezco un cigarrillo.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;S&iacute;, s&iacute; que quiero. Es que cuando fumas&hellip; te olvidas de todo.
    </p><p class="article-text">
        Me preguntan cu&aacute;ntos d&iacute;as estar&eacute; en Or&aacute;n. &iquest;Quiz&aacute; nos podemos volver a ver? Es viernes al mediod&iacute;a y me marcho el domingo por la ma&ntilde;ana, as&iacute; que no nos queda mucho tiempo: esto es una despedida.
    </p><p class="article-text">
        De repente, uno de ellos me mira con una mezcla de amor y de odio reci&eacute;n incubados.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;T&uacute; en unos d&iacute;as te vas a Barcelona. &iexcl;As&iacute;, en un momento! En avi&oacute;n. Y mientras, nosotros&hellip;
    </p><p class="article-text">
        *<em>Este es uno de los textos de 'Odio', el n&uacute;mero 5 de Revista 5W, que se puede recibir mediante suscripci&oacute;n, comprar en librer&iacute;as o&nbsp;aqu&iacute;. Esta cr&oacute;nica forma parte del proyecto The Backway de Ruido Photo.</em><a href="https://www.revista5w.com/suscripciones-socios" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">suscripci&oacute;n</a><a href="https://tienda.revista5w.com/product/numero-5-odio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;.</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agus Morales, Toni Arnau, Ruido Photo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/argelia-tierra-migrantes-frontera_1_1127041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Feb 2020 19:20:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Siempre hay alguien a quien odiar al otro lado de la frontera]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Fronteras,Argelia,Refugiados]]></media:keywords>
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