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    <title><![CDATA[elDiario.es - Salva Robles]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Salva Robles]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La vida como enfrentamiento: una lectura de 'Malasanta' de Antonio Tocornal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8985224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/787bee27-5ada-41c5-9884-42f9fce9a71a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida como enfrentamiento: una lectura de &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ella hay descrita una turbada y mugrienta atmósfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso también) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano</p></div><p class="article-text">
        La narrativa espa&ntilde;ola de posguerra inici&oacute; un nuevo (necesario y definitivo) rumbo con&nbsp;<em>La familia de Pascual Duarte</em>, de Camilo Jos&eacute; Cela y&nbsp;<em>Nada</em>, de Carmen Laforet. En ambas novelas, productos de una &eacute;poca concreta, hay claros ejes de literatura comprometida. Las dos obras tuvieron repercusiones literarias desde contextos y tem&aacute;ticas diferentes y abrieron camino a muchos escritores que empezaban y que dejaron una huella imperecedera en nuestra literatura. Hablo de esto porque al leer la &uacute;ltima novela de Antonio Tocornal, inevitablemente, uno la emparenta con esa corriente fluida de literatura importante y monumental, ya que su&nbsp;<em>Malasanta&nbsp;</em>es una obra feroz en todos los sentidos en los que a uno se le ocurra analizarla y tiene muchos elementos de aquella narrativa del siglo pasado. Asimismo, es tan buena e ins&oacute;lita como aquellas.
    </p><p class="article-text">
        Si la novela espa&ntilde;ola de la inmediata posguerra fue catalogada como literatura tremendista y/o existencialista por una serie de caracter&iacute;sticas, todas ellas se redefinen y reverdecen en la novela de Tocornal, que es en s&iacute; misma un tsunami de influencias que el escritor gaditano hace suyas y las redefine para acomodarlas dentro de su particular y complejo universo literario. As&iacute;,&nbsp;<em>Malasanta&nbsp;</em>llega al lector para no darle tregua ya desde la primera p&aacute;gina. En ella hay descrita una turbada y mugrienta atm&oacute;sfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso tambi&eacute;n) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano. Pero Tocornal no concibe su novela s&oacute;lo como una herramienta de acusaci&oacute;n y ataque (que tambi&eacute;n) sobre el presente, tal y como hac&iacute;an aquellas obras de los a&ntilde;os 40 del siglo pasado; sino que vemos en sus personajes un anhelo de persistencia sin ning&uacute;n requerimiento de transfigurar el mundo, porque para ellos mantenerse y resistir es suficiente motivo de lucha en una batalla que los deja an&eacute;micos y alienados, aunque con la entereza como socia y &uacute;nica compa&ntilde;era de viaje. Es en esa integridad de su personaje central (y de muchos de los secundarios) donde la novela estalla en ternura, que funciona como una ventana abierta por la que entra el aire que el lector agradece en una historia que no le da descanso nunca.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal                            </span>
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        No hay concesiones en la prosa de Tocornal. No se impone el autor cortapisas ni autocensuras. Va al grano en lo crudo y en la verdad s&oacute;rdida que describe. No hay embudos que produzcan estafa o trucos narrativos. Va directo al coraz&oacute;n de lo tr&aacute;gico, del sinsentido de la violencia extrema, igual que va recto a la veracidad de sus personajes arrinconados, violentos u oprimidos que son exhibidos hasta con sus taras f&iacute;sicas o ps&iacute;quicas por un narrador que s&oacute;lo los muestra y nunca se inmiscuye. Todo construido con un lenguaje duro (hasta muy cruel) gracias a un portentoso y trabajado estilo ling&uuml;&iacute;stico, que no es sino puro espejo de las condiciones y los ambientes en los que viven los seres que pululan este universo particular desde el punto de vista narrativo y emocional. Porque si en algo es un mago Tocornal es en c&oacute;mo abraza, envuelve o mima el lenguaje que recubre y describe a todas sus criaturas y esto lo ha demostrado con creces en sus magn&iacute;ficas novelas anteriores (una de ellas,&nbsp;<em>Bajamares</em>, obra maestra indiscutible que el tiempo se encargar&aacute; de poner en el altar que merece).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La estructura de la novela, tambi&eacute;n muy pulida, ofrece la descripci&oacute;n de toda la vida (fragmentada por etapas) de su personaje central, uno de esos seres literarios que marcan y que no se olvidan nunca en la memoria del lector, tal es su entidad y su magnitud literarias, y tal es el procedimiento descriptivo que su autor nos regala al parir a un ser revestido de una humanidad que rebosa afecto y produce apego infinito en mitad de tanta degradaci&oacute;n, humillaciones y servilismo. Imposible no empatizar o no sufrir con Malasanta, esa mujer predeterminada y marcada desde su nacimiento, mientras a su alrededor va apareciendo una galer&iacute;a de personajes secundarios tan particulares como ella y que nos brinda una ocasi&oacute;n de poner conciencia y testimonio del ambiente humano, envilecido y rebajado, que protagonizamos en la actualidad, productos todos ellos de un mundo en decadencia y a la deriva.
    </p><p class="article-text">
        Pero Tocornal nos ofrece (menos mal) dos respiraderos a trav&eacute;s de los cuales el lector puede descansar un poco ante tanta violencia y opresi&oacute;n: uno es el de un fin&iacute;simo humor (verbal y de situaci&oacute;n en hechos o situaciones inveros&iacute;miles y absurdos que llegan al esperpento m&aacute;s sutil y cr&iacute;tico); y otro, el del lirismo de una prosa potente que en mitad de un p&aacute;rrafo hace estallar la magia de la realidad subjetiva y original que se plasma. Ambos respiraderos, por cierto, ya son marca de la casa de este maravilloso escritor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora de poner en el sitio que se merece a Antonio Tocornal, un diamante en bruto de nuestra narrativa actual y no se me caen los anillos a la hora de escribir esta afirmaci&oacute;n tan contundente como justa. Esperemos que el Premio Felipe Trigo que ha recibido su&nbsp;<em>Malasanta</em>&nbsp;sirva de respaldo y empuj&oacute;n definitivos para que se le reconozca como lo que es: uno de esos escritores irrepetibles cuya narrativa de altos vuelos merece recorrido, repercusi&oacute;n y lectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8985224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 May 2022 14:47:28 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La vida como enfrentamiento: una lectura de 'Malasanta' de Antonio Tocornal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8983591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/787bee27-5ada-41c5-9884-42f9fce9a71a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida como enfrentamiento: una lectura de &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ella hay descrita una turbada y mugrienta atmósfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso también) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano</p></div><p class="article-text">
        La narrativa espa&ntilde;ola de posguerra inici&oacute; un nuevo (necesario y definitivo) rumbo con <em>La familia de Pascual Duarte</em>, de Camilo Jos&eacute; Cela y <em>Nada</em>, de Carmen Laforet. En ambas novelas, productos de una &eacute;poca concreta, hay claros ejes de literatura comprometida. Las dos obras tuvieron repercusiones literarias desde contextos y tem&aacute;ticas diferentes y abrieron camino a muchos escritores que empezaban y que dejaron una huella imperecedera en nuestra literatura. Hablo de esto porque al leer la &uacute;ltima novela de Antonio Tocornal, inevitablemente, uno la emparenta con esa corriente fluida de literatura importante y monumental, ya que su <em>Malasanta </em>es una obra feroz en todos los sentidos en los que a uno se le ocurra analizarla y tiene muchos elementos de aquella narrativa del siglo pasado. Asimismo, es tan buena e ins&oacute;lita como aquellas.
    </p><p class="article-text">
        Si la novela espa&ntilde;ola de la inmediata posguerra fue catalogada como literatura tremendista y/o existencialista por una serie de caracter&iacute;sticas, todas ellas se redefinen y reverdecen en la novela de Tocornal, que es en s&iacute; misma un tsunami de influencias que el escritor gaditano hace suyas y las redefine para acomodarlas dentro de su particular y complejo universo literario. As&iacute;, <em>Malasanta </em>llega al lector para no darle tregua ya desde la primera p&aacute;gina. En ella hay descrita una turbada y mugrienta atm&oacute;sfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso tambi&eacute;n) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano. Pero Tocornal no concibe su novela s&oacute;lo como una herramienta de acusaci&oacute;n y ataque (que tambi&eacute;n) sobre el presente, tal y como hac&iacute;an aquellas obras de los a&ntilde;os 40 del siglo pasado; sino que vemos en sus personajes un anhelo de persistencia sin ning&uacute;n requerimiento de transfigurar el mundo, porque para ellos mantenerse y resistir es suficiente motivo de lucha en una batalla que los deja an&eacute;micos y alienados, aunque con la entereza como socia y &uacute;nica compa&ntilde;era de viaje. Es en esa integridad de su personaje central (y de muchos de los secundarios) donde la novela estalla en ternura, que funciona como una ventana abierta por la que entra el aire que el lector agradece en una historia que no le da descanso nunca.
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                &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal                            </span>
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        No hay concesiones en la prosa de Tocornal. No se impone el autor cortapisas ni autocensuras. Va al grano en lo crudo y en la verdad s&oacute;rdida que describe. No hay embudos que produzcan estafa o trucos narrativos. Va directo al coraz&oacute;n de lo tr&aacute;gico, del sinsentido de la violencia extrema, igual que va recto a la veracidad de sus personajes arrinconados, violentos u oprimidos que son exhibidos hasta con sus taras f&iacute;sicas o ps&iacute;quicas por un narrador que s&oacute;lo los muestra y nunca se inmiscuye. Todo construido con un lenguaje duro (hasta muy cruel) gracias a un portentoso y trabajado estilo ling&uuml;&iacute;stico, que no es sino puro espejo de las condiciones y los ambientes en los que viven los seres que pululan este universo particular desde el punto de vista narrativo y emocional. Porque si en algo es un mago Tocornal es en c&oacute;mo abraza, envuelve o mima el lenguaje que recubre y describe a todas sus criaturas y esto lo ha demostrado con creces en sus magn&iacute;ficas novelas anteriores (una de ellas, <em>Bajamares</em>, obra maestra indiscutible que el tiempo se encargar&aacute; de poner en el altar que merece).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La estructura de la novela, tambi&eacute;n muy pulida, ofrece la descripci&oacute;n de toda la vida (fragmentada por etapas) de su personaje central, uno de esos seres literarios que marcan y que no se olvidan nunca en la memoria del lector, tal es su entidad y su magnitud literarias, y tal es el procedimiento descriptivo que su autor nos regala al parir a un ser revestido de una humanidad que rebosa afecto y produce apego infinito en mitad de tanta degradaci&oacute;n, humillaciones y servilismo. Imposible no empatizar o no sufrir con Malasanta, esa mujer predeterminada y marcada desde su nacimiento, mientras a su alrededor va apareciendo una galer&iacute;a de personajes secundarios tan particulares como ella y que nos brinda una ocasi&oacute;n de poner conciencia y testimonio del ambiente humano, envilecido y rebajado, que protagonizamos en la actualidad, productos todos ellos de un mundo en decadencia y a la deriva.
    </p><p class="article-text">
        Pero Tocornal nos ofrece (menos mal) dos respiraderos a trav&eacute;s de los cuales el lector puede descansar un poco ante tanta violencia y opresi&oacute;n: uno es el de un fin&iacute;simo humor (verbal y de situaci&oacute;n en hechos o situaciones inveros&iacute;miles y absurdos que llegan al esperpento m&aacute;s sutil y cr&iacute;tico); y otro, el del lirismo de una prosa potente que en mitad de un p&aacute;rrafo hace estallar la magia de la realidad subjetiva y original que se plasma. Ambos respiraderos, por cierto, ya son marca de la casa de este maravilloso escritor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora de poner en el sitio que se merece a Antonio Tocornal, un diamante en bruto de nuestra narrativa actual y no se me caen los anillos a la hora de escribir esta afirmaci&oacute;n tan contundente como justa. Esperemos que el Premio Felipe Trigo que ha recibido su <em>Malasanta</em> sirva de respaldo y empuj&oacute;n definitivos para que se le reconozca como lo que es: uno de esos escritores irrepetibles cuya narrativa de altos vuelos merece recorrido, repercusi&oacute;n y lectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8983591.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 May 2022 08:51:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida como enfrentamiento: una lectura de 'Malasanta' de Antonio Tocornal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llorar el legado: una lectura de 'Eco', de Carlos Frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/llorar-legado-lectura-eco-carlos-frontera_132_6511999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0971fb41-bed7-439a-a6ef-32ce914e1711_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llorar el legado: una lectura de &#039;Eco&#039;, de Carlos Frontera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Infancia, desamor y legado familiar se restriegan entre sí dentro del relato. Como en la cimentación de un puzzle, el narrador recoge las piezas de un desmoronamiento que tiene mucho de crisis, pero también de exploración y de reconstrucción</p></div><p class="article-text">
        El eco tiene como sin&oacute;nimos las palabras <em>repercusi&oacute;n</em> y <em>resonancia</em>. Se usa tambi&eacute;n como elemento prefijal en nombres como <em>ecograf&iacute;a</em>. El eco igualmente es esa reminiscencia metaf&oacute;rica que pervive en nuestros interiores y que dibuja los silencios que atesoramos. Y todo esto es 'Eco', la novela que se ha inventado el escritor Carlos Frontera: una confesi&oacute;n desparramada de un narrador en primera persona que decide ser valiente y se arriesga con la palabra para desvestir los rincones del yo: una especie de retumbo alucinado que va transform&aacute;ndose a medida que suceden las p&aacute;ginas; una confesi&oacute;n desoladora (y tambi&eacute;n liberadora, menos mal) de cascajos de vida que obligan a ese narrador a un continuo replanteamiento vital por la repercusi&oacute;n que tienen los acontecimientos narrativos en su interior.
    </p><p class="article-text">
        'Eco' es como una especie de &ldquo;educaci&oacute;n sentimental&rdquo; distorsionada en la que liberaci&oacute;n y atrevimiento luchan entre las ruinas que la vida ocasiona. Pero es, asimismo (y aqu&iacute; los p&aacute;rrafos se colman de ternura y de esperanza -camufladas, eso s&iacute;-), una <em>ecograf&iacute;a</em> de la supervivencia o sobre los deseos de encontrar tu lugar en el mundo cuando logras escapar de las secuelas de tus derrumbes. Por eso hay verdad dentro de esta novela, y esa verdad el lector la percibe en dos direcciones: por un lado, es inevitable el eco de la identificaci&oacute;n personal; por otro, es forzoso sentir el eco de lo que parece autobiogr&aacute;fico y, por tanto, algo que se juzga como cercano, existente y como lo m&aacute;s aut&eacute;ntico del otro. Entonces, ese eco se ensancha y ocurre la simbiosis: narrador, escritor y lector parecen el traje (o el fantasma) de una misma entidad. Es lo que yo llamo <em>literatura-espejo</em>, no en el sentido <em>stendhaliano</em>, sino en el sentido confesional, y en el que lo &iacute;ntimo se erige en aut&eacute;ntico protagonista de la narraci&oacute;n, en el motor del andamiaje estructural de una novela que se ensancha en significados y resonancias, en ecos de literatura &iacute;ntima por la que los escritores se dejan la piel y hasta el alma m&aacute;s desnudas que nunca. Es un <em>desvestimiento</em> cat&aacute;rtico, aunque tambi&eacute;n doloroso: no debe ser c&oacute;modo ni f&aacute;cil reconstruirse frente a los dem&aacute;s mostrando tus miserias morales o neur&oacute;ticas (que, en realidad, son parte fundamental de la supervivencia de todos nosotros).&nbsp;
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        Infancia, desamor y legado familiar se restriegan entre s&iacute; dentro del relato. Como en la cimentaci&oacute;n de un puzzle, el narrador recoge las piezas de un desmoronamiento que tiene mucho de crisis, pero tambi&eacute;n de exploraci&oacute;n y de reconstrucci&oacute;n. Hay en 'Eco' preguntas, dudas, miedos, desplomes internos que cuestionan las decisiones que tomamos. Y, pese a todo esto, la novela tambi&eacute;n se atreve a hablar de aspiraciones, de sue&ntilde;os, de voluntades y de anhelos. En definitiva, de encontrar un espacio propio en el mundo como retribuci&oacute;n a la supervivencia, que nunca es f&aacute;cil ni c&oacute;moda, por supuesto. Es un relato conmovedor de principio a fin. En &eacute;l, m&eacute;dico y doliente son la misma persona (el narrador que narra y se narra al mismo tiempo) y ambos en uno logran que el lector se ponga al d&iacute;a consigo mismo mientras lee y hasta despu&eacute;s de cerrar el libro. Es lo que tiene la literatura franca y desprendida: que obra el milagro del canjeo. Dar y recibir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carlos Frontera tiene dos libros publicados. Ambos nos muestran a un escritor con estilo e idiosincrasia propios que lo convierten en un prosista que aporta su singularidad (para m&iacute; sobresaliente) en el panorama narrativo. En este autor destacan temas y recursos que se amasan entre s&iacute; para crear una narrativa libre y de calado profundo. Ah&iacute; est&aacute;n como propios: el humor (corrosivo, caricaturesco, sensible y pu&ntilde;etero) y las frases depuradas, repetidas o aplazadas que se acercan a un estilo po&eacute;tico muy cercano a la oralidad, sin perder nunca la hondura, el puntillismo o la callosidad. Sus oraciones descifran, calan y atraviesan al lector, que se reconoce (y mira) en el eco que la novela compone de manera tan sugerente, de la misma manera que nos entra una melod&iacute;a de belleza inenarrable: a trav&eacute;s del alma. El escritor sevillano hechiza con su tono cristalino, con un encanto colmado de energ&iacute;a narrativa encomiable, de esa que apuesta por herir y, al mismo tiempo, por reconfortar, ya que obtiene el prodigio de encajar en sus p&aacute;ginas la vida real, esa que hoy nos dibuja como seres con tantas grietas y tan vulnerables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribir para rellenar el eco. Porque <em>la realidad tambi&eacute;n se hereda</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/llorar-legado-lectura-eco-carlos-frontera_132_6511999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Dec 2020 10:16:37 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La humanidad herida: reseña de 'Dicen los síntomas' de Bárbara Blasco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/humanidad-herida-resena-dicen-sintomas-barbara-blasco_132_6452883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4dbaa42d-c728-4ab8-a506-58f9223fa22d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La humanidad herida: reseña de &#039;Dicen los síntomas&#039; de Bárbara Blasco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es una parábola de la crisis de toda una generación, esa que ha entrado ya en los cuarenta y que, por si fuera poco, vive en un hoy que roza lo distópico o lo insospechado, pero que, además, sucede con una verosimilitud que escuece y lastima</p></div><p class="article-text">
        La decepci&oacute;n tiene muchos cuerpos y una sola cara: la de la frustraci&oacute;n, ese gotero que inyecta de l&iacute;quido espiritual tu interior por los costos de la vida que acaban corporeiz&aacute;ndose siempre en forma de crisis y/o desencanto. Esto es, justamente, lo que le sucede a la protagonista de la novela (Virginia), que franquea un trance que es par&aacute;bola de la crisis de toda una generaci&oacute;n, esa que ha entrado ya en los cuarenta y que, por si fuera poco, vive en un hoy que roza lo dist&oacute;pico o lo insospechado, pero que, adem&aacute;s, sucede con una verosimilitud que escuece y lastima.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, 'Dicen los s&iacute;ntomas' es un di&aacute;logo hermos&iacute;simo (y muy &aacute;spero tambi&eacute;n) entre ficci&oacute;n y realidad como arma para construir literatura gigante que analiza el presente con la delicadeza de un orfebre. En esa protagonista est&aacute;n figuradas con una voz en primera persona (sarc&aacute;stica, mordaz y decepcionada) las ilusiones rotas, los sue&ntilde;os incumplidos o los embustes de la palabra familia que todos aguantamos en mayor o menor medida; aunque, tambi&eacute;n, y sin que haya contradicci&oacute;n, Virginia es insignia de los anhelos que colocamos en las posibilidades de nuestras perseverancias disfrazadas de atrevimiento. Por esto, la novela es un torrente de humanidad que termina explotando en/entre/desde todas sus esquinas.&nbsp;
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                &#039;Dicen los síntomas&#039; de Bárbara Blasco                            </span>
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        La narraci&oacute;n est&aacute; construida en torno a la enfermedad (aqu&iacute; est&aacute;, adem&aacute;s de su protagonista, el otro gran atractivo de la novela) y las p&aacute;ginas se llenan de callosidades, pero tambi&eacute;n de afecto, aunque vengan estos desde el lado de las tinieblas, desde el dolor, desde las entra&ntilde;as y desde la inc&oacute;gnita que es todo padecimiento f&iacute;sico. Ternura y mala hostia para construir una novela repleta de humor (que parece que no cabe aqu&iacute; y que, sin embargo, acaba oxigen&aacute;ndola con brillo), de aristas que escuecen, de rugosidades que estri&ntilde;en, de dobladillos que causan fiebre, de emociones y sentimientos que se callan y, por su culpa, se enquistan en los interiores (en forma de tumores, metaf&oacute;ricos y no tanto) y acaban da&ntilde;&aacute;ndonos si no los sacamos fuera. Hay quien logra desenterrarlos (Virginia y el paciente misterioso) y hay quien no (los padres y la hermana de la protagonista). Pero ninguno de los cinco personajes est&aacute; etiquetado por los prejuicios: se muestran en carne y hueso, repletos de humanidad (herida y sensible humanidad en todos ellos, que te caen mal y bien al mismo tiempo, impidiendo posicionarte porque en todos hay algo que es de todos y que punza y quema a diario en nuestros interiores).&nbsp; Por eso la novela se devora: entras en ella y es imposible escaparse de sus embrujos, de lo que parece y acaba no siendo, de lo que promete y termina por regalarte, con final hermoso incluido (y que no lo parece hasta que lo interiorizas despu&eacute;s de cerrar el libro).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        'Dicen los s&iacute;ntomas' es una novela que duele y cura, que lacera y alivia. Te pone un espejo delante y te obliga a mirarte en algo que nuestro ego soporta pocas veces: la sinceridad, la m&aacute;s objetiva de las miradas. B&aacute;rbara Blasco pone nuestro yo desnudo frente al reflejo, algo que nos pasamos la vida evitando porque se soporta m&aacute;s el prejuicio de los otros -que siempre puede ser impugnado o rebatido- que nuestra propia mirada incontestable; al mismo tiempo, construye una historia que tiene dentro cataratas de escritura perturbadora. Su prosa es (aparentemente) sencilla, detr&aacute;s de esa sencillez ficticia se esconde un magma de temas que nos conciernen y varios retratos psicol&oacute;gicos tratados con sabia iron&iacute;a y hermosa profundidad, dejando perforado y atravesado al lector que, inevitablemente, sale del libro vapuleado y, tambi&eacute;n -menos mal-, retribuido y recompensado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/humanidad-herida-resena-dicen-sintomas-barbara-blasco_132_6452883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Nov 2020 12:18:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La humanidad herida: reseña de 'Dicen los síntomas' de Bárbara Blasco]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La vida, pese a todo: una lectura de 'La ciudad que el diablo se llevó']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-pese-lectura-ciudad-diablo-llevo_132_6297322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53fd27fe-6eb2-4323-b514-e56763a7521b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida, pese a todo: una lectura de &#039;La ciudad que el diablo se llevó&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Insólitos son los personajes que pueblan esta novela. Son supervivientes de un espantoso pasado reciente y continúan sobreviviendo en el presente sin futuro concreto</p></div><p class="article-text">
        <em>La ciudad que el diablo se llev&oacute; </em>de David Toscana<em> </em>es una novela-lazo. La abres y percibes enseguida su grandeza por la capacidad que tiene de contraer v&iacute;nculos y conexiones con otras literaturas, autores, libros o movimientos literarios. Pero lo hace con personalidad propia, desde una autenticidad que logra un temperamento distintivo sin que, finalmente y pese a los lazos, se parezca a nada ni a nadie. Es lo que se llama en literatura <em>tener</em> <em>voz propia</em>:<em> </em>aunque nada invente su autor a los lectores nos llega a los adentros como algo nuevo que acaba apreci&aacute;ndose como ins&oacute;lito. Esta novela es pura e inagotable literatura, brindada por un autor puramente &ldquo;toscaniano&rdquo;, es decir: &uacute;nico e incomparable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ins&oacute;lita es la manera de David Toscana de retratar la vida. La vida que surge despu&eacute;s de la DESGRACIA (as&iacute;, en may&uacute;sculas), la vida que se nutre de lo bueno y de lo malo, de la amistad y de la cat&aacute;strofe, de la fragilidad y de la ternura, del despe&ntilde;adero y de la supervivencia, de la amenaza de muerte y del miedo. Hay mucha devastaci&oacute;n vital entre las p&aacute;ginas y, no obstante, cada p&aacute;rrafo parece tener como objetivo exponernos que, aunque la vida es un instante, ese momento hay que apurarlo al m&aacute;ximo. Y aqu&iacute; surge la magia, el portento, la emoci&oacute;n tras las l&aacute;grimas y la risa constantes: <em>La ciudad que el diablo se llev&oacute; </em>es una aut&eacute;ntica oda a la alegr&iacute;a de vivir (sobrevivir, en este caso), una abundancia de entusiasmos dial&eacute;cticos entre la inmundicia del dolor. Hay belleza (de esa que estalla de pronto en el centro de una p&aacute;gina que narra situaciones tremendas) en la vitalidad de unos personajes que zozobran sin hundirse en los alrededores del sufrimiento insoportable.&nbsp;
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        Ins&oacute;litos son los personajes que pueblan esta novela. Son supervivientes de un espantoso pasado reciente y contin&uacute;an sobreviviendo en el presente sin futuro concreto. Tienen algo en com&uacute;n todos ellos y es que, como don Quijote, como Werther o como Emma Bovary, son idealistas desplazados en constante lucha contra el entorno. <em>&ldquo;No se puede vivir como se sue&ntilde;a&rdquo;</em>, afirma Eloy Tiz&oacute;n en su &ldquo;<em>Herido leve&rdquo;</em>, pero aqu&iacute; Feliks, Kazimierz, Eugeniusz y Ludwick conviven (junto a otros personajes o entre ellos cuando edifican cuadrilla a ra&iacute;z de una circunstancia fortuita) so&ntilde;ando c&oacute;mo quieren vivir,&nbsp; sin pensar en el batacazo que la realidad les depara una y otra vez. David Toscana usa o&iacute;do de escuchador glorioso para deleitarnos con un juego de voces que acaban siendo un retrato variopinto y muy entra&ntilde;able.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos cuatro personajes llegan a vivir situaciones tan surrealistas y extraordinarias que el <em>realismo m&aacute;gico</em> sudamericano de siempre cobra en&nbsp; esta novela nuevos br&iacute;os y una energ&iacute;a que mama de Cervantes (claro, c&oacute;mo no), pero tambi&eacute;n de Onetti o de Kafka o de Bioy (por poner s&oacute;lo unos ilustres ejemplos). Todos los personajes son, en realidad, un relato de lo que somos, de lo que nos mentimos cuando nos decimos lo que somos, de lo que so&ntilde;amos y fantaseamos. Pura humanidad en plena b&uacute;squeda de un destino fracturado, de una redenci&oacute;n que indaga la posibilidad de ser otra cosa diferente a lo que en realidad uno ha llegado a ser. En este sentido, la ficci&oacute;n parece que responde todo el rato a las preguntas: &iquest;por qu&eacute; no podemos ser otro y por qu&eacute; no podemos volver a empezar?
    </p><p class="article-text">
        <em>La ciudad que el diablo se llev&oacute;</em> es una novela que aguijonea, pero tambi&eacute;n conforta. Es una novela que apuesta por la prosa sencilla, que no alardea de presunciones o &iacute;nfulas. Es una novela que bucea en el lirismo de lo insospechado y por ello la poes&iacute;a aparece donde menos te la esperas y siempre como m&uacute;sica de fondo, de cortejo armonioso. Es una novela con un tsunami de situaciones, con una fuerza narrativa que convierte lo vulgar en fantas&iacute;a y j&uacute;bilo est&eacute;ticos. Es una novela con aroma que persigue captar lo que las grietas de la realidad (sobre todo, la m&aacute;s siniestra e injusta) abren y reabren una y otra vez. Es una novela que bucea en la tristeza, la sinraz&oacute;n o la maldad como despertadores de nuestras ilusiones m&aacute;s triviales y no por ello menos aut&eacute;nticas. Es una novela en la que lo inadmisible y lo absurdo levantan la voz y&hellip; donde brota la vida, pese a todo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-pese-lectura-ciudad-diablo-llevo_132_6297322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2020 10:33:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida, pese a todo: una lectura de 'La ciudad que el diablo se llevó']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los temblores de la existencia: reseña de 'Caballo sea la noche' de Alejandro Morellón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/temblores-existencia-caballo-alejandro-morellon_132_1002765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51780597-dc7a-4af9-a629-38d3391a4e86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los temblores de la existencia: reseña de &#039;Caballo sea la noche&#039; de Alejandro Morellón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tan sólo 89 páginas se ponen a cocer temas como la identidad, la memoria, la inexorabilidad del tiempo en el punzante tránsito de la infancia a la adolescencia, las relaciones entre padres e hijos o los demonios que nos corroen las entrañas</p></div><p class="article-text">
        Su extensi&oacute;n inclina a pensar que te la vas a beber de una sentada. Abres el librito, clavas tus ojos &aacute;vidos en la p&aacute;gina inicial y observas las primeras l&iacute;neas. Entonces evidencias que vas a leer despacio porque aqu&iacute; dentro las palabras son un torrente de profundidad perturbadora que adoptan la forma del soliloquio y en algunos momentos acogen un mon&oacute;logo interior que no llega a serlo del todo, tal es la fina l&iacute;nea que separa a uno y otro. Se alternan dos voces, dos perspectivas, dos mundos, dos maneras de supervivencia. Y detr&aacute;s del verbo (ese berrido doble de los protagonistas), la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Cada cap&iacute;tulo, que s&oacute;lo tiene un punto final, se convierte en una vomitona demencial e hilarante, pero l&uacute;cida y esclarecedora, en la que nos encontramos la poes&iacute;a como reflejo, la filosof&iacute;a como entendimiento, la prosa como delirio y la palabra como condena (y salvaci&oacute;n). Pasado y futuro, unidos por un presente manchado de pesadillas, de rencores, de contriciones o secretos que acaban estallando por cada esquina de una prosa que cabalga entre la iron&iacute;a, el absurdo o lo simb&oacute;lico. El lector, mientras tanto, pasa las p&aacute;ginas sobrecogido, enganchado a esta familia que es como todas, pero un poquito bastante m&aacute;s herida por culpa de las decisiones y de las ausencias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La tragedia se masca en cada frase, las heridas se respiran tras cada coma, la alternancia de las dos voces muestra el anverso y el reverso (pero tambi&eacute;n la reinvenci&oacute;n) de unos hechos que arden con cada pensamiento y en cada enunciaci&oacute;n de los personajes. Es la abstracci&oacute;n a partir de la conciencia lo que hace que exploten por los mil rincones del alma las dos soledades de sus protagonistas y, entonces, el lector, entregado a una obra hechicera y tentadora, advierte que dentro del libro lo que prima, por encima de todo, es la radiograf&iacute;a (l&uacute;cida y no por ello menos dolorosa) de la desdicha y el desamparo hechos percepci&oacute;n, pensamiento y puro desasosiego. 
    </p><p class="article-text">
        Al final, la prosa descarnada pero tambi&eacute;n liberadora, dibuja un ambiente entre lo fant&aacute;stico (de tan execrable, vil y aciago) y lo consciente, que acaba por ayudar tanto a los lectores (que respiran al conocer y comprender los horrores) como a los personajes (que encuentran su redenci&oacute;n en esa descomposici&oacute;n de la palabra vomitada). Alejandro Morell&oacute;n nos recuerda que la esperanza es eso que nos reubica en el mundo y que la compensaci&oacute;n est&aacute; siempre a la vuelta de la esquina.
    </p><p class="article-text">
        En tan s&oacute;lo 89 p&aacute;ginas se ponen a cocer temas como la identidad, la memoria, la inexorabilidad del tiempo en el punzante tr&aacute;nsito de la infancia a la adolescencia, las relaciones entre padres e hijos o los demonios que nos corroen las entra&ntilde;as. Y este magma de temas acaba hirviendo en un en&eacute;rgico discurso, tan &iacute;ntimo como delicado, en el que lo po&eacute;tico se transmuta en energ&iacute;a narrativa. Y la novela (nouvelle m&aacute;s bien) se engrandece con este autor osado, poderoso y vers&aacute;til al que apetece (mucho) seguirle la pista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/temblores-existencia-caballo-alejandro-morellon_132_1002765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Feb 2020 15:44:29 +0000]]></pubDate>
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