<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Jonay Acosta Armas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jonay-acosta-armas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jonay Acosta Armas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/518147/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre silbo, insularismo y aldeanismo académico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silbo-insularismo-aldeanismo-academico_129_8066239.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unas semanas tuve el enorme placer y privilegio de reunirme en Tenerife con el profesor franc&eacute;s Julien Meyer, ingeniero ac&uacute;stico y doctor en ling&uuml;&iacute;stica cognitiva del Centro Nacional para la Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica (CNRS). Se trata, quiz&aacute;, del mayor especialista en el estudio de los aproximadamente 42 lenguajes silbados que se han constatado en el planeta, contando con m&aacute;s de medio centenar de publicaciones en revistas de impacto internacional y una importante monograf&iacute;a sobre la cuesti&oacute;n: <em>Whistled Languages: A Worldwide Inquiry on Human Whistled Speech </em>(2015). El profesor Meyer y yo charlamos acerca del empobrecimiento que supon&iacute;a para Canarias y para el mundo que los silbos tradicionales de El Hierro, Gran Canaria y Tenerife, actualmente en grave peligro de extinci&oacute;n, no tuvieran cabida en esa reducid&iacute;sima lista. M&aacute;s a&uacute;n cuando se trata de tres islas cuyos cabildos prestaron su apoyo incondicional al silbo gomero en 2008 para que fuese reconocido Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO al a&ntilde;o siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Los lectores se preguntar&aacute;n cu&aacute;l fue el objeto de esta reuni&oacute;n. Pues bien, es muy simple: me gustar&iacute;a estudiar cient&iacute;ficamente el silbo herre&ntilde;o y en la Universidad de La Laguna no puedo hacerlo. Y, por supuesto, tampoco puede hacerlo ning&uacute;n estudiante interesado en otro silbo canario que no sea el gomero. Ello se debe a que la &uacute;nica instituci&oacute;n pretendidamente cient&iacute;fica que existe en la ULL para dirigir un trabajo de estas caracter&iacute;sticas se llama C&aacute;tedra Cultural de Silbo Gomero y est&aacute; bien financiada por el Cabildo de La Gomera. Adem&aacute;s, el profesor Marcial Morera P&eacute;rez, una de las m&aacute;ximas autoridades locales en el silbo, no ha mostrado el menor inter&eacute;s en el estudio cient&iacute;fico del silbo herre&ntilde;o, sino que ha escrito reiteradamente en la prensa contra esta denominaci&oacute;n. De nada han servido para &eacute;l los art&iacute;culos, monograf&iacute;as y grabaciones publicadas en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os por profesores de la talla de Manuel J. Lorenzo Perera (1987), Maximiano Trapero Trapero (1991), Mar&iacute;a de la Cruz Jim&eacute;nez G&oacute;mez (1993), Antonio Tejera Gaspar y Juan Francisco Navarro Mederos (2007), David D&iacute;az Reyes (2008), Jens L&uuml;dtke (2014) y Julien Meyer (2015), entre otros. Tampoco le ha servido de mucho el m&aacute;s de medio centenar de entrevistas a silbadores herre&ntilde;os que ha publicado la Asociaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n y Conservaci&oacute;n del Silbo Herre&ntilde;o en las redes sociales YouTube y Facebook. Muy al contrario, lamentablemente, el profesor Morera no ceja en su empe&ntilde;o de querer refutar hasta el paroxismo la identidad del silbo herre&ntilde;o, neg&aacute;ndole cada cierto tiempo en distintos medios de comunicaci&oacute;n su denominaci&oacute;n y, con ello, su existencia, contribuyendo as&iacute; a su marginaci&oacute;n como objeto de protecci&oacute;n patrimonial y estudio cient&iacute;fico. Ante este panorama desalentador, a los veteranos silbadores herre&ntilde;os parece que no les queda otro remedio que pedir perd&oacute;n por haber mantenido una manifestaci&oacute;n cultural que tan solo se conserva, insisto, en otros 42 enclaves del planeta, a los que cabr&iacute;a sumar Tenerife y Gran Canaria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/37f973f4-6716-4975-b349-7eace36c1a74_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Trinidad Padrón Peraza (alias Trini), silbadora herreña de El Mocanal"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Trinidad Padrón Peraza (alias Trini), silbadora herreña de El Mocanal                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Por suerte, el aldeanismo acad&eacute;mico tiene remedio en el mundo globalizado en que vivimos, ya que fuera de aqu&iacute; existen decenas de investigadores interesados en todos y cada uno de los lenguajes silbados de Canarias. Veamos un ejemplo de c&oacute;mo se pueden superar ciertos dogmas excesivamente provincianos desde centros de investigaci&oacute;n extranjeros. Me ce&ntilde;ir&eacute; a la pretendida universalidad del sistema fonol&oacute;gico del silbo gomero, en&eacute;simo argumento al que se vuelve a aferrar estrat&eacute;gicamente el profesor Morera para negar la identidad del silbo herre&ntilde;o en particular y de los silbos tradicionales canarios en general.
    </p><p class="article-text">
        En 2006, la ling&uuml;ista francesa Annie Rialland public&oacute; en la revista <em>Phonology</em> el art&iacute;culo &laquo;Aspectos fonol&oacute;gicos y fon&eacute;ticos de los lenguajes silbados&raquo;: un riguros&iacute;simo estudio ac&uacute;stico y fonol&oacute;gico en el que se comparaba el silbo gomero con otros silbos de Turqu&iacute;a, China, Indochina y Togo. La actual directora em&eacute;rita de investigaci&oacute;n del Laboratorio de Fon&eacute;tica y Fonolog&iacute;a del CNRS, que lleg&oacute; a dirigir la prestigiosa Sociedad de Ling&uuml;&iacute;stica de Par&iacute;s en 2016 (instituci&oacute;n que en su d&iacute;a acogi&oacute; a fil&oacute;logos de la talla de Saussure, Benveniste y Martinet), estableci&oacute; un sistema fonol&oacute;gico para el silbo gomero que difer&iacute;a del propuesto en 1978 por el profesor Ram&oacute;n Trujillo. Como era de esperar, tal discrepancia gener&oacute; un debate que se plasm&oacute; en la reedici&oacute;n de la monograf&iacute;a del c&eacute;lebre fil&oacute;logo tinerfe&ntilde;o: <em>El silbo gomero. Nuevo estudio fonol&oacute;gico </em>(2006). La correcta metodolog&iacute;a de ambos estudios y la reconocida trayectoria de sus autores conducir&iacute;an a cualquier fil&oacute;logo cabal a aceptar ambos resultados como igualmente v&aacute;lidos y a concluir que el silbo gomero no ha tenido un &uacute;nico sistema fonol&oacute;gico a lo largo de su dilatada historia. En efecto, al tratarse de un lenguaje secundario o sustituyente, la estructura fonol&oacute;gica del silbo depende de la mayor o menor destreza con la que el silbador reproduzca el sistema fonol&oacute;gico primario o sustituido, que no es otro que el del espa&ntilde;ol de Canarias (este s&iacute; que es &uacute;nico). As&iacute; pues, el rudimentario silbo tradicional que describi&oacute; el profesor Trujillo en 1978, ya ins&oacute;lito en La Gomera, difiere de los perfeccionados silbos recreativos &laquo;silfateo&raquo; (del maestro don Isidro Ortiz), &laquo;silbo con todas las letras&raquo; (del maestro don Luis Morales M&eacute;ndez) y otros tantos que &laquo;los virtuosos del silbo&raquo; (concepto acu&ntilde;ado por el profesor Trujillo) han ido engendrando desde el primer tercio del s. XX, etapa en que, a trav&eacute;s de la prensa, se constata el comienzo del proceso de folklorizaci&oacute;n del silbo gomero. Negar la variedad de sistemas del silbo gomero supone un planteamiento esencialista y at&aacute;vico, as&iacute; como un absoluto menosprecio hacia la creatividad de quienes han sido los mejores silbadores de Canarias. Adem&aacute;s, se trata de una postura totalmente hipost&aacute;tica, pues eleva un sistema abstracto por encima de los hechos emp&iacute;ricos para, a continuaci&oacute;n, negarlos, cayendo en el razonamiento circular de las generalizaciones indebidas del tipo de &laquo;ning&uacute;n escoc&eacute;s es verdadero&raquo;: falacia caracter&iacute;stica de los movimientos pol&iacute;ticos y religiosos fundamentalistas. En consecuencia, la interesante e ingeniosa <em>hip&oacute;tesis universalista</em> del sistema fonol&oacute;gico del silbo gomero, vertida t&iacute;midamente por el profesor Trujillo y elevada interesadamente a la categor&iacute;a de dogma (e incluso de mantra) por su disc&iacute;pulo Morera no parece tener vigencia ni siquiera dentro del propio silbo gomero actual. Por lo tanto, se hace necesario estudiar los silbos tradicionales de Canarias, que solo perviven con cierto vigor en El Hierro, Gran Canaria y Tenerife (ya que el silbo gomero tradicional apenas ha podido resistir el empuje arrollador de la variedad recreativa, estandarizada y prestigiada a partir de 1997) para refutar estas y otras tantas hip&oacute;tesis, pues las &uacute;ltimas investigaciones llevadas a cabo en el extranjero han demostrado que sigue abierto el debate en torno a ese aparente <em>sistema universal</em> y a otras muchas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el sistema pretendidamente universal del profesor Morera no es tal ni siquiera para el silbo gomero actual, y mucho menos para los silbos de otras lenguas, como era de esperar: todo fil&oacute;logo sabe que cualquier teor&iacute;a extra&iacute;da a partir del estudio de una sola manifestaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica constituye una generalizaci&oacute;n apresurada, siendo necesariamente hipot&eacute;tica y provisional. En efecto, en el citado art&iacute;culo de la profesora Rialland se demuestra que el silbo turco posee un sistema fonol&oacute;gico diferente del espa&ntilde;ol silbado en La Gomera. Y a esta misma conclusi&oacute;n llega el profesor Meyer en su monograf&iacute;a (2015: 108-122) y en un art&iacute;culo publicado en <em>Annual Review of Linguistics</em> (2021), al abordar los sistemas de los silbos turco, griego y bereber o <em>tamazight</em>, los cuales ha estudiado <em>in situ</em>. Por lo tanto, aun reduciendo interesadamente el lenguaje silbado de La Gomera a su representaci&oacute;n menos concreta, tangible, superficial y significativa (el sistema fonol&oacute;gico), tendr&iacute;amos serios problemas para postular su universalidad (e, incluso, su canariedad).
    </p><p class="article-text">
        Con todo lo expuesto, creo que ha quedado patente la necesidad de abrir las ventanas de la investigaci&oacute;n de los lenguajes silbados de Canarias para procurar el avance en su conocimiento. Esta habitaci&oacute;n requiere abundante ventilaci&oacute;n para desplazar el aire viejo, viciado y endog&aacute;mico que intoxica a quienes est&aacute;n dentro y repugna a los que desean entrar. Canarias no puede seguir renunciando a la protecci&oacute;n e investigaci&oacute;n de estos elementos patrimoniales de primer orden por mezquinos intereses pol&iacute;ticos, gremiales y nepotistas. Mucho menos por los aldeanismos acad&eacute;micos que tanto da&ntilde;o han hecho al desarrollo cient&iacute;fico de las Islas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonay Acosta Armas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/silbo-insularismo-aldeanismo-academico_129_8066239.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jun 2021 07:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre silbo, insularismo y aldeanismo académico]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fantasma del "silbo gomero"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/fantasma-silbo-gomero_129_6208507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        El pasado jueves 27 de agosto, la Direcci&oacute;n General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias decid&iacute;a volver a paralizar la Declaraci&oacute;n de BIC del silbo herre&ntilde;o. Han pasado m&aacute;s de dos a&ntilde;os desde que, el 21 de mayo de 2018, los herre&ntilde;os, a trav&eacute;s de su m&aacute;ximo &oacute;rgano de representaci&oacute;n, pidieron que se reconociera y protegiera esta manifestaci&oacute;n cultural inmaterial en peligro de extinci&oacute;n, que ya acumula m&aacute;s de 125 a&ntilde;os de historia.
    </p><p class="article-text">
        El m&uacute;sico, maestro silbador y pol&iacute;tico Rogelio Botanz Parra, principal art&iacute;fice de la campa&ntilde;a de desprestigio hacia la Declaraci&oacute;n de BIC del silbo herre&ntilde;o, no pudo desaprovechar la ocasi&oacute;n que le brindaba ese aciago d&iacute;a para hacer le&ntilde;a del &aacute;rbol ca&iacute;do. En efecto, en la tarde del jueves 27 de agosto, el artista vasco publicit&oacute; en Instagram una entrevista de dos horas en la que, sin &eacute;xito, trat&oacute; de que el catedr&aacute;tico Marcial Morera P&eacute;rez le diera la extremaunci&oacute;n al silbo herre&ntilde;o. Nuevamente, tal y como ocurri&oacute; en la Ponencia T&eacute;cnica de Patrimonio Arqueol&oacute;gico, Etnogr&aacute;fico y Paleontol&oacute;gico celebrada el 19 de marzo de 2019, el mundo acad&eacute;mico daba la espalda a la s&oacute;rdida pretensi&oacute;n gremialista de dejar morir a nuestro silbo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_50p_1002803.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_50p_1002803.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_75p_1002803.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_75p_1002803.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_default_1002803.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_default_1002803.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0b73fde1-736a-4d46-84a6-ef4ba70d21a8_3-4-aspect-ratio_default_1002803.jpg"
                    alt="Publicidad de la entrevista en Facebook"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Publicidad de la entrevista en Facebook                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el transcurso de la entrevista, el profesor Morera, corresponsable acad&eacute;mico de la C&aacute;tedra Cultural de Silbo Gomero de la Universidad de La Laguna que financia el Cabildo de La Gomera, se&ntilde;al&oacute; que la Declaraci&oacute;n de BIC del silbo herre&ntilde;o planteaba tres problemas que tienen que ver con aspectos ling&uuml;&iacute;sticos, hist&oacute;ricos, sociol&oacute;gicos y antropol&oacute;gicos. A saber, el nombre, la distribuci&oacute;n y la identidad del silbo herre&ntilde;o. La finalidad de este art&iacute;culo no es otra que la de analizar y discutir los argumentos del citado catedr&aacute;tico, ci&ntilde;&eacute;ndome a cuestiones estrictamente cient&iacute;ficas.
    </p><p class="article-text">
        El primer problema se refiere al nombre <em>silbo herre&ntilde;o</em>. Para el profesor Morera, solo existe una forma de llamar a los silbos articulados de Canarias: <em>silbo gomero</em>. Cualquier otra designaci&oacute;n, como pueden ser las insulares <em>silbo herre&ntilde;o</em>, <em>silbo tinerfe&ntilde;o</em> y<em> silbo grancanario</em>, la regional <em>silbo canario</em>, o la (supra)nacional <em>espa&ntilde;ol silbado</em>, la considera &laquo;de paletos&raquo;, por tener su origen, seg&uacute;n &eacute;l, en los cervantinos &laquo;pleitos del rebuzno&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el reconocido especialista en morfosintaxis y sem&aacute;ntica del espa&ntilde;ol considera que, en el sintagma <em>silbo gomero</em>, el adjetivo ha perdido su designaci&oacute;n gentilicia &lsquo;de La Gomera&rsquo; para pasar a significar &lsquo;articulado&rsquo;, oponi&eacute;ndose as&iacute; al sustantivo simple <em>silbo</em>, que se entender&iacute;a como &lsquo;silbo convencional&rsquo;. En este sentido, aclara que <em>de La Gomera</em> y <em>gomero </em>no significan lo mismo por ser, respectivamente, <em>de La Gomera</em> un sustantivo [sic] y <em>gomero</em> un adjetivo. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, aduce que este significado est&aacute; totalmente consolidado en la sociedad canaria actual, especialmente desde la Declaraci&oacute;n de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por lo que entender <em>silbo gomero</em> como &lsquo;lenguaje silbado de La Gomera&rsquo; constituye la ruptura de un consenso socioling&uuml;&iacute;stico muy amplio. En cuanto a una posible designaci&oacute;n universal como <em>espa&ntilde;ol silbado en Canarias</em>, el reconocido especialista en lenguajes silbados considera que &laquo;el silbo gomero no tiene nada que ver con el espa&ntilde;ol&raquo; porque &laquo;su sistema no es subsidiario de ninguna lengua&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A estos argumentos, que podr&iacute;amos calificar de socioling&uuml;&iacute;sticos, se a&ntilde;aden otros de &iacute;ndole puramente sociol&oacute;gica que apelan a la misericordia como expediente para aceptar la designaci&oacute;n <em>silbo gomero</em>. Es decir que, como los gomeros y sus agentes intelectuales y acad&eacute;micos son los que mejor han salvaguardado el silbo, todos los canarios debemos aceptar <em>silbo gomero</em> como &uacute;nica designaci&oacute;n de cualquier lenguaje silbado de las Islas. Y, en definitiva, el uso de <em>silbo herre&ntilde;o </em>supondr&iacute;a cambiar el nombre a una manifestaci&oacute;n cultural que, seg&uacute;n el profesor Marcial, es id&eacute;ntica en El Hierro y en La Gomera, raz&oacute;n por la cual constituir&iacute;a &laquo;un fraude&raquo; para cualquier investigador extranjero que viniera a estudiarla.
    </p><p class="article-text">
        El segundo problema, se refiere al origen de los lenguajes silbados de Canarias. Para el profesor Marcial, no es disparatado suponer que el silbo que practican los herre&ntilde;os provenga de La Gomera, ya que ambas islas pertenec&iacute;an al mismo se&ntilde;or: el Conde de La Gomera. Sin embargo, acepta que no est&aacute; documentado que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        El tercer y &uacute;ltimo problema ata&ntilde;e a la identidad del silbo herre&ntilde;o. Seg&uacute;n el profesor Morera, esta manifestaci&oacute;n cultural &laquo;carece de identidad propia&raquo;, ya que posee el mismo sistema fonol&oacute;gico que el gomero. Cualquier diferencia entre ambos silbos resulta accidental, no esencial, por lo que no es pertinente asignarle una identidad diferente al silbo herre&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Una vez expuestos someramente los argumentos del profesor Morera, pasar&eacute; a rebatirlos en el mismo orden, aportando, una vez m&aacute;s, nuevos datos para el estudio del <em>silbo gomero</em>, que estoy seguro de que sabr&aacute; volver a aprovechar en futuras entrevistas y trabajos. 
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, no es necesario insistir en que, para la abrumadora mayor&iacute;a de los canarios, la expresi&oacute;n <em>silbo gomero</em> no constituye un sintagma terminol&oacute;gico como <em>ensaladilla rusa</em>, raz&oacute;n por la cual su significado es composicional y designa inequ&iacute;vocamente al &lsquo;lenguaje silbado de La Gomera&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco los canarios entender&iacute;an <em>galleta gomera</em>, <em>bollo gomero</em>, <em>queso gomero</em> o <em>almogrote gomero</em> como &lsquo;galleta de manteca&rsquo;, &lsquo;bollo de leche&rsquo;, &lsquo;queso de cabra&rsquo; o &lsquo;especie de pat&eacute; de queso duro rallado y revuelto con aceite, ajos, piment&oacute;n y pimienta picona&rsquo;, por oposici&oacute;n a otras <em>galletas</em>, otros tipos de<em> bollo </em>o de quesos y otros pat&eacute;s de queso (como el <em>mojoqueso</em> herre&ntilde;o), sino indudablemente como &lsquo;galleta t&iacute;pica de La Gomera&rsquo;, &lsquo;bollo t&iacute;pico de La Gomera&rsquo;, &lsquo;queso t&iacute;pico de La Gomera&rsquo; y &lsquo;almogrote de La Gomera&rsquo;.<em> </em>Aqu&iacute; parecer&iacute;a que el profesor Morera confunde el <em>significado l&eacute;xico</em>, propio del saber natural, con el <em>significado especializado</em>, propio del saber cient&iacute;fico, cosa dif&iacute;cil de creer en un disc&iacute;pulo del profesor Trujillo, cuyo art&iacute;culo &laquo;El lenguaje de la t&eacute;cnica&raquo; ha sido profusamente citado. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, en lo que respecta al estatuto categorial del sintagma <em>de La Gomera</em>, tambi&eacute;n parece obvio que no corresponde a un sustantivo, tal y como aduce el catedr&aacute;tico. En efecto, se trata de un sintagma preposicional cuya <em>funci&oacute;n</em> es la de completar el significado del sustantivo <em>silbo</em>, al que complementa. Es decir, que el sintagma preposicional <em>de La Gomera </em>especifica al sustantivo <em>silbo</em> de manera <em>funcionalmente</em> equivalente a como lo hace <em>gomero</em>, raz&oacute;n por la cual son intercambiables. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la propuesta de cambio de estatuto gramatical y de significado de la expresi&oacute;n <em>silbo gomero</em> planteada por el profesor Morera constituye en s&iacute; lo que la socioling&uuml;&iacute;stica llama un <em>cambio</em> <em>desde arriba</em>: una innovaci&oacute;n l&eacute;xica que las &eacute;lites socioculturales proponen a otros grupos de menor prestigio. Ser&aacute;n, por tanto, los futuros hablantes canarios los que decidir&aacute;n si <em>silbo gomero</em> evoluciona a un sintagma terminol&oacute;gico como <em>llave inglesa, tortilla francesa o ensaladilla rusa</em>, o si sigue designando, como ahora, al silbo articulado que se practica en la isla de La Gomera.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, es incuestionable que, en el espa&ntilde;ol de Canarias, la expresi&oacute;n <em>silbo gomero</em> aparece por primera vez en un contexto social muy particular: los contactos surgidos entre los campesinos gomeros y las &eacute;lites tinerfe&ntilde;as a finales del s. XIX y principios del s. XX. Esta interacci&oacute;n supuso que el <em>silbo</em> se trasladara desde el contexto rural gomero a los nuevos espacios de socializaci&oacute;n de la burgues&iacute;a tinerfe&ntilde;a, dando comienzo as&iacute; su proceso de folklorizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, no es extra&ntilde;o que fuese un intelectual tinerfe&ntilde;o como Juan de Bethencourt Alfonso quien lo diera a conocer el 8 de noviembre de 1881, en el n&uacute;mero 71 de la <em>Revista de Canarias</em>. Ni tampoco puede resultar extra&ntilde;o que el sintagma <em>silbo gomero</em> aparezca por primera vez, que sepamos, en el poema &laquo;&iexcl;Noche tr&aacute;gica!&raquo; del poeta santacrucero Diego Crosa y Costa (Crosita), publicado en el <em>Diario de Tenerife</em> el 21 de enero de 1911. Ni que su segunda aparici&oacute;n, que sepamos, corresponda al art&iacute;culo &laquo;El silbo gomero&raquo;, del escritor grancanario Francisco Gonz&aacute;lez D&iacute;az, publicado en el peri&oacute;dico santacrucero <em>La Prensa</em> el 26 de febrero de 1917.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, la burgues&iacute;a gomera, fuertemente influida por su hom&oacute;loga tinerfe&ntilde;a, legitim&oacute; el silbo gomero como diacr&iacute;tico &eacute;tnico insular, dado el creciente inter&eacute;s que iba adquiriendo este rasgo cultural entre los c&iacute;rculos intelectuales tinerfe&ntilde;os, franceses y alemanes. El inicio de este proceso puede observarse, por ejemplo, en &oacute;rganos de expresi&oacute;n de la burgues&iacute;a estudiantil gomera residente en Tenerife, como el peri&oacute;dico <em>La voz de Junonia</em>, en el que, un 2 de febrero de 1923, el todav&iacute;a joven pintor gomero Jos&eacute; Aguiar reclamaba la inclusi&oacute;n del <em>silbo</em> en las fiestas de su isla. 
    </p><p class="article-text">
        Y fue este cambio de contexto social, cultural y geogr&aacute;fico lo que motiv&oacute; que el <em>silbo</em> (expresi&oacute;n que el maestro regeneracionista cordob&eacute;s Celedonio Villa Tejederas escucha en la villa de Agulo en 1893 y usa para referirse a esta manifestaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica en su art&iacute;culo &laquo;El silbo en La Gomera&raquo;, publicado el 15 de junio de ese a&ntilde;o en <em>El liberal de Tenerife</em>) comenzara a aparecer unido al necesario gentilicio <em>gomero</em>, dando lugar al t&eacute;rmino ex&oacute;nimo <em>silbo gomero</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la reci&eacute;n nacida variedad recreativa <em>silbo gomero</em> pas&oacute; a desempe&ntilde;ar una funci&oacute;n para la que su predecesora, el <em>silbo</em> a secas, no fue concebida: la comunicaci&oacute;n a corta distancia inherente a las exhibiciones y festivales folkl&oacute;ricos. No resulta extra&ntilde;o, pues, que, entre el 28 de abril de 1935 y el 28 de junio de 1936, se celebraran varias exhibiciones de <em>silbo gomero</em> en la Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife. Ni tampoco que el peri&oacute;dico <em>Falange</em> exaltara la presencia del <em>silbo gomero</em> en la celebraci&oacute;n del D&iacute;a de la Hispanidad en Gran Canaria, el 13 de octubre de 1956. Menos a&uacute;n, si tenemos en cuenta que Jos&eacute; Aguiar pertenec&iacute;a a este partido desde 1934 y que el silbo gomero fue, junto a la lucha y a otros diacr&iacute;ticos &eacute;tnicos canarios convenientemente instrumentalizados, parte del programa franquista de exaltaci&oacute;n de la cultura popular.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/16e14459-ad70-4606-b432-6c4132e3b58f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Silbo recreativo en la Plaza de Toros de Tenerife (02-06-1935)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Silbo recreativo en la Plaza de Toros de Tenerife (02-06-1935)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Con todo ello, una vez m&aacute;s queda demostrada la tesis del c&eacute;lebre antrop&oacute;logo noruego Fredrik Barth de que los diacr&iacute;ticos &eacute;tnicos surgen debido al contacto cultural, no a causa del aislamiento, tal y como suelen plantear los enfoques esencialistas, en que parecen encuadrarse los del m&uacute;sico Botanz y el profesor Morera.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, cuando el catedr&aacute;tico afirma que el <em>silbo</em> no puede llamarse <em>espa&ntilde;ol silbado</em> porque su sistema fonol&oacute;gico no tiene nada que ver con el espa&ntilde;ol ni es subsidiario de ninguna lengua, cae en el error de reducir el sistema ling&uuml;&iacute;stico al sistema fonol&oacute;gico. En este sentido, cabe recordar que dos lenguas pueden tener un sistema f&oacute;nico muy parecido y ser completamente distintas: ello sucede, por ejemplo, con el espa&ntilde;ol y el griego moderno, cuyas fon&eacute;ticas son tan parecidas que muchas veces a espa&ntilde;oles que escuchan hablar griego de lejos les da la impresi&oacute;n de estar oyendo espa&ntilde;ol. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, una de las propiedades exclusivas de las lenguas humanas es la <em>doble articulaci&oacute;n</em>, y es precisamente esta propiedad la que distingue los <em>silbos convencionales</em> de los <em>silbos articulados</em>: de ah&iacute; este adjetivo. Es decir que, aunque gomeros y turcos compartieran el mismo inventario de fonemas silbados, lo cual no es imposible, lo que nunca van a silbar es la misma lengua, ya que unos y otros llevan a cabo distintas combinaciones f&oacute;nicas para recrear silbando los morfemas y lexemas de sus respectivas lenguas. 
    </p><p class="article-text">
        Y estos morfemas y lexemas (unidades ling&uuml;&iacute;sticas mayores) se diferencian de las menores (los fonemas) por poseer significado, raz&oacute;n por la cual pasan a ser signos ling&uuml;&iacute;sticos y permiten la comunicaci&oacute;n semi&oacute;tica, de manera que solo una persona que sepa turco ser&aacute; capaz de entender el silbo turco; y lo mismo sucede con el espa&ntilde;ol silbado. De hecho, para poner un ejemplo m&aacute;s cercano de otra lengua aglutinante como el turco, pero que tiene mucho que ver con la historia del espa&ntilde;ol y que f&aacute;cilmente podr&iacute;a ser sometido a la prueba de falsaci&oacute;n por el propio Botanz, resulta que tambi&eacute;n son bastante parecidas la fon&eacute;tica vasca y la espa&ntilde;ola, pero estamos seguros de que a los silbadores gomeros les resultar&iacute;a extra&ntilde;&iacute;simo y, por supuesto, totalmente incomprensible el vasco silbado. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, este nuevo argumento del profesor Morera es una explicaci&oacute;n<em> ad hoc</em>, ya que el t&eacute;rmino <em>silbo gomero</em>, tal y como &eacute;l lo entiende, carece de potencia explicativa: solo nos informa acerca de una &iacute;nfima e insignificante parte del sistema ling&uuml;&iacute;stico que, parad&oacute;jicamente, no permite la comunicaci&oacute;n semi&oacute;tica <em>per se</em>. En cambio, <em>espa&ntilde;ol silbado</em> hace referencia a su totalidad y da cuenta del car&aacute;cter sustitutivo inherente a todos los lenguajes del mundo expresados mediante el silbo articulado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8a3f3ce2-0b66-4975-81ef-aa5852e7509a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El silfateo de don Isidro Ortiz: la variedad prestigiada del silbo gomero. Extracto del Programa de contenidos canarios. El silbo gomero. Materiales didácticos (2005)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El silfateo de don Isidro Ortiz: la variedad prestigiada del silbo gomero. Extracto del Programa de contenidos canarios. El silbo gomero. Materiales didácticos (2005)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        	Por otra parte, la postura esencialista y estrat&eacute;gica del profesor Morera y del artista Botanz les impide incidir con la debida profundidad en que el silbo, como el habla, est&aacute; sometido a variaci&oacute;n diacr&oacute;nica (temporal), diat&oacute;pica (geogr&aacute;fica), diastr&aacute;tica (social) y diaf&aacute;sica (contextual) por su uso dentro de grupos humanos concretos. Es verdad que, en un libro publicado en 2018, <em>Silbo gomero o arte de hablar silbando (realidades y fantas&iacute;as)</em>, el profesor Morera se preocupa de situar el silbo en su &aacute;mbito m&aacute;s natural y tradicional, que es el de los pastores gomeros: muy alejado de su exhibici&oacute;n para asombro y maravilla de for&aacute;neos que desconoc&iacute;an su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        En cambio, el m&uacute;sico Botanz es reacio a reconocer la existencia de, al menos, estas dos variedades de <em>silbo</em> en Canarias: el <em>silbo tradicional</em> y el <em>silbo recreativo</em>. Es innegable que los diferentes usos contextuales del <em>silbo</em> (lo que el profesor Morera llama en el libro citado &laquo;aspectos circunstanciales o externos del silbo gomero&raquo;)<em> </em>han tenido consecuencias sobre su sistema fonol&oacute;gico, dando lugar, al menos, a dos variedades diaf&aacute;sicas a lo largo de su historia: <em>silbo</em> (distancias largas / finalidad pr&aacute;ctica / dos vocales) y <em>silfateo</em> (distancias cortas / finalidad recreativa y did&aacute;ctica / cuatro vocales). Adem&aacute;s, tales variedades, que comenzaron siendo diaf&aacute;sicas, han pasado a ser hist&oacute;ricas y geogr&aacute;ficas. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, es innegable que el <em>silfateo</em> es innovador con respecto al <em>silbo</em>, ci&ntilde;&eacute;ndose su uso a La Gomera y a los centros educativos canarios en los que se imparte como asignatura optativa. Y, por otro lado, el <em>silbo</em> tradicional, que &laquo;ya apenas se escucha[ba] por los barrancos de La Gomera&raquo; en 2008 (seg&uacute;n su propia <a href="http://www.gobiernodecanarias.org/boc/2008/142/021.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Declaraci&oacute;n de BIC</a>), se encuentra vivo en El Hierro y latente en Gran Canaria y Tenerife. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la variaci&oacute;n no termina aqu&iacute;: el maestro silbador gomero don Luis Morales M&eacute;ndez lleva reclamando durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas otra forma de silbar, a la que ha denominado<em> </em><a href="https://www.facebook.com/silbogomerodelmundo/?ref=page_internal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>silbo con todas las letras</em></a>. Se trata de una variedad diastr&aacute;tica virtuosa de <em>silbo gomero</em>, cuyo funcionamiento se describe muy someramente en el art&iacute;culo &laquo;El silbo con todas las letras&raquo;, aparecido en el peri&oacute;dico <em>Canarias 7</em> el 18 de junio de 2017. As&iacute; pues, el t&eacute;rmino <em>silbo gomero</em>, tal y como lo entienden el profesor Morera y el artista Botanz, no solo resulta inadecuado explicativamente, sino insuficiente para dar cuenta de la riqueza y vitalidad del <em>silbo</em> en Canarias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">el silbo fue un fenómeno pan-canario, tal y como se deduce de lo que escribió el profesor Morera en 2007</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El segundo problema que plantea el profesor Morera, relativo a la distribuci&oacute;n del <em>silbo</em> en Canarias, constituye en s&iacute; una teor&iacute;a difusionista del silbo gomero. 
    </p><p class="article-text">
        En este punto, el reconocido especialista en el espa&ntilde;ol de Canarias parece haber cambiado hoy de parecer, ya que, en un art&iacute;culo suyo, publicado en 2007 y titulado &laquo;Unidad y variedad del espa&ntilde;ol de Canarias&raquo;, afirmaba: &laquo;el actual silbo gomero no ser&iacute;a otra cosa que la conservaci&oacute;n de una pr&aacute;ctica comunicativa que tuvo en el pasado mucha mayor extensi&oacute;n que hoy en el &aacute;mbito territorial isle&ntilde;o&raquo;. Y, en efecto, el profesor Morera no se equivocaba entonces, pues contamos con referencias de silbos articulados no solo para El Hierro, Tenerife y Gran Canaria, sino tambi&eacute;n para La Palma y hasta para los islotes orientales. 
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, en el ejemplar del peri&oacute;dico franc&eacute;s <em>Les Annales Coloniales</em> del 5 de junio de 1934 se recoge la siguiente noticia: &laquo;en ciertas islas como La Palma, las comunicaciones son tan dif&iacute;ciles que los habitantes de una monta&ntilde;a corresponden a los de la otra por medio de un lenguaje silbado&raquo;. Y, por &uacute;ltimo, en el n&uacute;mero 35 de la <em>Revue Hebdomadaire</em>, aparecida el 2 de agosto de 1902, se recoge el siguiente testimonio: &laquo;los habitantes de las islas de La Graciosa, Alegranza, Lobos y La Gomera, en el archipi&eacute;lago canario, se sirven de silbos que reemplazan las palabras. Cuando dos ind&iacute;genas se separan tan solo uno o dos kil&oacute;metros, pueden mantener una conversaci&oacute;n f&aacute;cilmente. Ellos se llevan las manos a la boca y, una vez dispuestos los dedos de ciertas maneras, modulan sonidos. Cada sonido representa una s&iacute;laba, y el vocabulario es lo suficientemente variado como para que se pueda mantener una conversaci&oacute;n sobre cualquier tema corriente&raquo;. Ambos documentos constituyen una prueba fehaciente de que el <em>silbo</em> fue un fen&oacute;meno pan-canario, tal y como se deduce de lo que escribi&oacute; el profesor Morera en 2007.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, cabe mencionar que, seg&uacute;n se&ntilde;al&oacute; el fil&oacute;logo y erudito Jens L&uuml;dtke en su trabajo <em>Los or&iacute;genes de la lengua espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica: los primeros cambios en las Islas Canarias, las Antillas y Castilla del Oro</em> (2014), los gomeros que describe <em>Le Canarien</em> hablaban, no silbaban, de manera que las &uacute;nicas referencias tempranas a un silbo, aun siendo muy dudoso el que se refieran al silbo articulado, son las relativas a la isla de Tenerife. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el verbo <em>siffler</em> (del que procede el espa&ntilde;ol <em>chiflar</em>) existe en franc&eacute;s desde el a&ntilde;o 1170, seg&uacute;n el diccionario etimol&oacute;gico del CNRTL, por lo que este debi&oacute; de formar parte del vocabulario de los normandos que arribaron a la isla. As&iacute; pues, no existen hasta hoy pruebas documentales de que los abor&iacute;genes gomeros utilizaran el silbo articulado. Incluso, en las obras literarias, hay que esperar al siglo XX para encontrar alusiones al silbo articulado en La Gomera, tal como nos muestran, por ejemplo, <em>La baja del secreto. Leyenda</em> (1900), de Benito P&eacute;rez Armas; o <em>Iballa</em> (1960), de Juan del R&iacute;o Ayala. No obstante, en la gran mayor&iacute;a de los casos, aparecen los sustantivos <em>silbidos</em> y <em>silbos</em> sin adjetivos, siendo que las pocas veces que se califica <em>silbo</em> en R&iacute;o Ayala, se hace mediante el adjetivo <em>modulado</em>, no apareciendo nunca el sintagma <em>silbo gomero</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, la cuesti&oacute;n no termina aqu&iacute;: el extenso &laquo;Triunfo gomero<em> </em>diverso&raquo;, del sacerdote Vasco D&iacute;az de Fregenal, quien vivi&oacute; trece meses en La Gomera a partir de 1520, no hace referencia alguna a una manifestaci&oacute;n cultural como el lenguaje silbado, que, sin duda, ser&iacute;a tremendamente llamativa para una mente renacentista. Este hecho no ser&iacute;a relevante si no se tratara de un poema minuciosamente descriptivo de los paisajes de la isla colombina, su toponimia y sus costumbres. As&iacute; pues, resulta muy dudoso que el silbo gomero sea real y exclusivamente gomero desde el punto de vista hist&oacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        Y, por si fuera poco, existen al menos tres hitos en la historia de La Gomera que a&ntilde;aden m&aacute;s dificultades a la reciente hip&oacute;tesis del profesor Morera, a saber: el descenso demogr&aacute;fico padecido en La Gomera a partir de 1488, tras el etnocidio llevado a cabo por Pedro de Vera a petici&oacute;n de Beatriz de Bobadilla, viuda de Hern&aacute;n Peraza; la inmediata implantaci&oacute;n por parte del conquistador jerezano y de Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo de seis ingenios azucareros en Hermigua, Vallehermoso, Valle Gran Rey y Alojera, con la necesaria importaci&oacute;n masiva de mano de obra; y, finalmente, la fundaci&oacute;n de Agulo por 18 familias tinerfe&ntilde;as procedentes en su mayor&iacute;a de la comarca de Daute (Tenerife), el 27 de septiembre de 1607. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, no parece que La Gomera estuviera en condiciones de exportar colonos a otras islas, al menos en los siglos XV al XVII. Por si fuera poco, la toponimia nos brinda una prueba inequ&iacute;voca de la presencia de herre&ntilde;os en las lomadas del suroeste de La Gomera y en la comarca de Agulo: nos referimos a la docena de top&oacute;nimos que contienen la voz muy probablemente herre&ntilde;a <em>juaclo</em> y sus variantes. En definitiva, con estas pruebas se podr&iacute;a plantear la hip&oacute;tesis de que el silbo gomero proviene de Tenerife o de El Hierro, pero ello ser&iacute;a tan descabellado como plantear un origen insular concreto para el habla canaria, con la que el silbo va de la mano.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c8ed49fe-e8a7-4004-90a0-7c320e3ac24e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Distribución de los topónimos que contienen la voz herreña juaclo en El Hierro (80 ocurrencias) y en La Gomera (solo 12)."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Distribución de los topónimos que contienen la voz herreña juaclo en El Hierro (80 ocurrencias) y en La Gomera (solo 12).                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En tercer y &uacute;ltimo lugar, abordemos la cuesti&oacute;n de la &laquo;identidad del silbo herre&ntilde;o&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El profesor Morera restringe la identidad de los lenguajes silbados a su sistema fonol&oacute;gico: la parte m&aacute;s superficial y, por tanto, menos identitaria de cualquier lengua. En efecto, los sistemas fonol&oacute;gicos de las lenguas son entes virtuales, abstractos e invariables. Surgen de un an&aacute;lisis ling&uuml;&iacute;stico del <em>habla</em>: su realizaci&oacute;n real, concreta y variable. 
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, el sistema fonol&oacute;gico es incapaz por s&iacute; solo de producir signos, por lo que no puede transmitir cultura ni, consecuentemente, identidad. En lo que respecta al silbo herre&ntilde;o, es cierto que su sistema fonol&oacute;gico no permite distinguirlo del silbo gomero. Pero igualmente cierto es que tampoco permitir&iacute;a distinguirlo de cualquier otro silbo de una lengua no tonal, ya que las combinaciones f&oacute;nicas, que ser&iacute;an las &uacute;nicas realmente distintivas, parecen quedar reducidas (por las limitaciones inherentes al silbo) a s&iacute;labas abiertas, con lo que todas ellas parecer&iacute;an compartir un mismo (y rudimentario) sistema fonol&oacute;gico. En definitiva, siguiendo literalmente el planteamiento <em>ad hoc</em> del profesor Morera, el silbo gomero carecer&iacute;a tambi&eacute;n de identidad propia.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, parece indiscutible que la identidad de los silbos articulados, como la de las lenguas, proviene de su uso en grupos humanos, esto es, en un contexto social. Y tambi&eacute;n es evidente que donde hay lengua, hay variaci&oacute;n, y donde hay silbo, tambi&eacute;n. Esta variaci&oacute;n solamente puede manifestarse y se manifiesta en el <em>habla</em> y en los silbidos que la sustituyen a trav&eacute;s de rasgos necesariamente accidentales. Son precisamente estos los que nos permiten diferenciar a un hablante mexicano de otro vallisoletano, a un hombre de una mujer, a una persona culta de otra analfabeta, as&iacute; como sucede tambi&eacute;n que no hablamos igual cuando pronunciamos una conferencia o cuando estamos de charla en el &aacute;mbito familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Los rasgos accidentales son, tambi&eacute;n, los que posibilitan establecer un <em>habla canaria</em>, un <em>habla gomera</em> y un <em>habla herre&ntilde;a</em> dentro de la misma <em>lengua</em> espa&ntilde;ola. Y, al ser los <em>silbos</em> lenguajes sustitutivos del habla, estos mismos rasgos tambi&eacute;n nos permiten hablar de un <em>silbo canario</em> (en oposici&oacute;n a otras variedades del espa&ntilde;ol silbado, como el de los mazatecos biling&uuml;es), de un <em>silbo gomero</em> (en oposici&oacute;n al <em>silbo grancanario</em> o <em>tinerfe&ntilde;o</em>, por ejemplo) y, finalmente, de un <em>silbo herre&ntilde;o</em>, todos ellos pertenecientes a la variedad canaria del <em>espa&ntilde;ol silbado</em>. Este <em>espa&ntilde;ol silbado</em> no se corresponde con un sistema fonol&oacute;gico particular, sino, y sobre todo, con una serie de combinaciones de fonemas capaces de transmitir signos ling&uuml;&iacute;sticos, permitiendo la comunicaci&oacute;n semi&oacute;tica, la transmisi&oacute;n cultural y los procesos identitarios. As&iacute; pues, la explicaci&oacute;n del profesor Morera, nuevamente, es <em>ad hoc</em> y solo pretende justificar el <em>statu quo</em> en que se encuentra la Declaraci&oacute;n de BIC del silbo herre&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, cabe mencionar una serie de cuestiones de &iacute;ndole sociopol&iacute;tica. En primer lugar, es discutible que la Declaraci&oacute;n de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO de 2009 constituyera en s&iacute; el reflejo de un consenso social muy amplio. En efecto, el documento &laquo;Apoyo institucional a la inscripci&oacute;n del silbo gomero en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO&raquo;, emitido por el Cabildo de El Hierro el 2 de junio de 2008, conten&iacute;a una menci&oacute;n expresa al notorio estado de vitalidad del silbo herre&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en el apartado 1.d del <a href="https://ich.unesco.org/doc/src/01610-EN.doc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">expediente de candidatura</a> llamado &laquo;Lenguaje silbado de la isla de La Gomera&raquo; (confr&oacute;ntese con el significado de <em>silbo gomero</em> planteado por el profesor Morera), presentado el 30 de septiembre de 2009 ante la UNESCO, se minti&oacute; acerca del grado de vitalidad del silbo herre&ntilde;o, arguyendo: &laquo;Hay pruebas sobre la existencia de un lenguaje silbado en otras islas del archipi&eacute;lago canario, particularmente en El Hierro, donde su pr&aacute;ctica se document&oacute; hasta la d&eacute;cada de 1930. Sin embargo, no ha sido posible establecer si lo usaron los nativos de esa isla o si fueron nativos de La Gomera que se establecieron en El Hierro. 
    </p><p class="article-text">
        Sea como sea, La Gomera es el lugar en el que este lenguaje silbado permanece vivo y activo&raquo;. Estas afirmaciones son claramente falsas, ya que existen diversas publicaciones cient&iacute;ficas posteriores a 1930 que demuestran lo contrario, incluidas las grabaciones audiovisuales de Manuel J. Lorenzo Perera, <a href="https://mdc.ulpgc.es/cdm/search/collection/asmtloc/searchterm/silbo/field/all/mode/all/conn/and/order/relati/ad/asc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maximiano Trapero Trapero</a>, David D&iacute;az Reyes y la <a href="https://www.youtube.com/channel/UCXVjbrAYN4L_wycfvS8-eaA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n para la Investigaci&oacute;n y Conservaci&oacute;n del Silbo Herre&ntilde;o</a>. Este modo de proceder, que evidencia el af&aacute;n monopolizador por parte de la oligarqu&iacute;a de una isla de lo que ha sido una tradici&oacute;n de &aacute;mbito archipel&aacute;gico, constituye, parafraseando al profesor Morera, &laquo;un fraude&raquo;, no solo para cualquier investigador extranjero de los lenguajes silbados, sino tambi&eacute;n para toda la humanidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/56a8f313-b517-42d2-889d-89726ffe6ca9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Portal de la UNESCO sobre el «lenguaje silbado de la isla de La Gomera»"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portal de la UNESCO sobre el «lenguaje silbado de la isla de La Gomera»                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En segundo lugar, tampoco es cierta la afirmaci&oacute;n del profesor Morera de que La Gomera es &laquo;la &uacute;nica isla donde el silbo se salv&oacute;&raquo;. De hecho, incluso es discutible que sea La Gomera la isla donde mejor se conservara esta tradici&oacute;n antes de su institucionalizaci&oacute;n: en el I Congreso Internacional de Lenguajes Silbados, celebrado en La Gomera, se llev&oacute; a cabo un censo de silbadores gomeros en el que tan solo figuraban <strong>catorce</strong> personas, seg&uacute;n se recoge en el ejemplar de <em>El Peri&oacute;dico de las Median&iacute;as</em> correspondiente a julio-agosto de 2003. Actualmente, el censo de silbadores herre&ntilde;os supera las <strong>setenta</strong> personas, sin que se haya llevado a cabo ning&uacute;n proceso de planificaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica al respecto.
    </p><p class="article-text">
        Y, por &uacute;ltimo, tambi&eacute;n es falaz la afirmaci&oacute;n de que el silbo herre&ntilde;o no goza de reconocimiento social ni institucional ni acad&eacute;mico. En primer lugar, el Cabildo de El Hierro, m&aacute;ximo &oacute;rgano de representaci&oacute;n de los herre&ntilde;os, solicit&oacute; al Gobierno de Canarias la Declaraci&oacute;n de BIC de esta manifestaci&oacute;n cultural. Seguidamente, la Ponencia T&eacute;cnica de Patrimonio Arqueol&oacute;gico, Etnogr&aacute;fico y Paleontol&oacute;gico del Gobierno de Canarias, &oacute;rgano representativo del sector acad&eacute;mico canario, aprob&oacute; por unanimidad su expediente. En tercer lugar, la <a href="https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2019-8707" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ley 11/2019 de Patrimonio Cultural de Canarias</a>, en el art&iacute;culo 106 del Cap&iacute;tulo V, reconoce &laquo;otras manifestaciones del lenguaje silbado&raquo; aparte del existente en La Gomera, siendo esta ley un consenso del Parlamento de Canarias: el m&aacute;ximo &oacute;rgano de representaci&oacute;n de los canarios. Y, finalmente, el que la UNESCO no haya reconocido el silbo herre&ntilde;o se debi&oacute; a la prevaricaci&oacute;n de los que redactaron el expediente de su candidatura.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo expuesto pone en evidencia, una vez m&aacute;s, que el <em>silbo gomero</em> se aparece como un fantasma ubicuo, sempiterno e inmaculado siempre que alguien tiene algo que decir sobre el <em>silbo</em> en otra de nuestras Islas<em>. </em>
    </p><p class="article-text">
        Por ello, est&aacute; fuera de toda duda la necesidad de proteger el <em>silbo herre&ntilde;o</em>: una manifestaci&oacute;n cultural que ni el profesor Morera ni el artista Botanz han estudiado ni parecen dispuestos a estudiar, dado el agresivo af&aacute;n monopolizador del Cabildo de La Gomera. De momento, el esfuerzo de los agentes acad&eacute;micos e intelectuales del silbo gomero se ha encaminado a la legitimaci&oacute;n de este monopolio, poniendo en entredicho la existencia, la identidad y la legitimidad de cualquier otro silbo de las Islas, e incluso de cualquier variante que no sea la estandarizada. 
    </p><p class="article-text">
        Esta actitud, evidentemente, ha tenido implicaciones en el campo acad&eacute;mico: la investigaci&oacute;n de los lenguajes silbados est&aacute; totalmente monopolizada por los beneficiarios del patronazgo capitular gomero, hecho que dificulta hasta imposibilitar cualquier actividad de un investigador que posea un enfoque alternativo. Por estos motivos, en el &aacute;mbito archipel&aacute;gico se hace urgente el reconocimiento de esta manifestaci&oacute;n cultural inmaterial en peligro de extinci&oacute;n. La nueva Ley de Patrimonio ha sido un primer paso para el reconocimiento de la situaci&oacute;n real de los silbos canarios, pero a la vista est&aacute; que resulta insuficiente. Quiz&aacute; sea la UNESCO la que tenga que pronunciarse, una vez examinada toda la documentaci&oacute;n que se le ha ocultado sobre el <em>silbo canario</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonay Acosta Armas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/fantasma-silbo-gomero_129_6208507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2020 17:11:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El fantasma del "silbo gomero"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solo existe el "español silbado en Canarias"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/solo-existe-espanol-silbado-canarias_132_1002586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En la sesio&#769;n parlamentaria del pasado mie&#769;rcoles, se establecio&#769; un intensi&#769;simo debate que tuvo como protagonista una manifestacio&#769;n cultural que pertenece a mi historia familiar: el silbo (a secas, como se le conoce en El Hierro y, por supuesto, tambie&#769;n en La Gomera). Au&#769;n recuerdo cuando mis padres, en los an&#771;os noventa, se sorprendi&#769;an del valor que les habi&#769;an otorgado los gomeros a lo que era una insignificante herramienta de trabajo para ellos, sus padres y abuelos: &laquo;&iexcl;Pero, si eso en El Hierro ha existido de toda la vida!&raquo;, sentenciaba mi madre, mientras escuchaba una noticia sobre el silbo gomero en el telediario. En su generacio&#769;n, la masiva emigracio&#769;n herren&#771;a a Venezuela hizo que muchas de las cadenas de transmisio&#769;n del silbo, ligadas a la ganaderi&#769;a de suelta, la agricultura de subsistencia y la pesca de can&#771;a, se rompieran. Solo quedaron unas cuantas, cuyos u&#769;ltimos eslabones son los, aproximadamente, setenta silbadores herren&#771;os que quedan vivos. Por suerte, puedo decir que uno de ellos es mi ti&#769;a, don&#771;a Trinidad Padro&#769;n Peraza, de 78 an&#771;os y natural de El Mocanal, que aprendio&#769; a silbar con su abuelo. 
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, en El Hierro el silbo ha tenido una fortuna distinta a La Gomera. Ello se debe, sobre todo, a que en nuestra fortaleza volca&#769;nica no hubo un puerto en condiciones hasta bien entrado el siglo pasado. Esto, junto a su lejani&#769;a de Tenerife, significo&#769;, entre otras calamidades, no poder recibir un turismo regular que se maravillara ante una tradicio&#769;n tan extremadamente cotidiana, local y meca&#769;nica para los herren&#771;os como era el silbo. Tampoco El Hierro recibio&#769; las visitas asiduas de intelectuales urbanitas tinerfen&#771;os que escribieran sus curiosidades sobre el silbo en arti&#769;culos periodi&#769;sticos, ni pudo acoger habitualmente a viajeros extranjeros que lo incluyeran en sus libros. Tal es asi&#769;, que el primer estudio que se realiza sobre el silbo herren&#771;o se lleva a cabo a finales del s. XIX en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria: un contexto totalmente ajeno al uso del silbo. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace bien poco, para los herren&#771;os el silbo era tan instrumento de trabajo como el palo o hasta, la talega, la podona o el burro. Los herren&#771;os no teni&#769;an grupos de turistas a los que mostrar las maravillas de su silbo para ganarse honradamente unas monedas, no celebraban concursos de silbo para hacerse un nombre dentro de esa cuasi profesio&#769;n, ni se les llamaba desde Tenerife para hacer exhibiciones de silbo: no contaban con lo que don Ramo&#769;n Trujillo denomino&#769; &laquo;virtuosos del silbo&raquo;. Por esto, a ciertos maestros silbadores gomeros, como don Francisco Correa, el silbo herren&#771;o les resulta pobre. En te&#769;rminos similares (aunque con ma&#769;s educacio&#769;n) se manifestaba el &laquo;virtuoso de silbo&raquo; don Domingo Plasencia Herna&#769;ndez, en una entrevista concedida al diario La Prensa el 24 de abril de 1935, justo antes de una exhibicio&#769;n en la Plaza de Toros de Santa Cruz de Tenerife: &laquo;En El Hierro creo que silban algunas palabras. Pero de &ldquo;relance&rdquo; las dicen claras&raquo;. La historia, en cierta manera, se repite casi un siglo despue&#769;s. 
    </p><p class="article-text">
        El folclorismo ha ido desplazando la funcio&#769;n instrumental del silbo, que nacio&#769; en un contexto determinado y para un uso concreto, hacia un empleo meramente ornamental que ha alterado tanto la funcio&#769;n (mensajes largos a distancias cortas) como la forma (cuatro vocales frente a dos) del silbo gomero tradicional. El silbo herren&#771;o, sin embargo, gracias a su aislamiento, se ha conservado fiel a su uso tradicional: mensajes cortos a distancias largas. Por 
    </p><p class="article-text">
        este motivo, adema&#769;s de por los obvios, desarrollados en mi arti&#769;culo anterior, el silbo herren&#771;o no puede llamarse silbo gomero: no ha sido ni es una cuasi profesio&#769;n, ni un especta&#769;culo folclo&#769;rico, ni mucho menos una marca registrada en la Oficina de Patentes y Marcas. 
    </p><p class="article-text">
        El silbo de El Hierro ha pasado casi totalmente desapercibido para los canarios, y por eso no ha formado parte de la imagen necesariamente exo&#769;gena del herren&#771;o. En este sentido, el profesor Morera tiene algo de razo&#769;n cuando afirma que solo existe el silbo gomero. Me refiero a que el espan&#771;ol silbado en La Gomera ha trascendido mucho ma&#769;s alla&#769; de su uso tradicional y de su expresio&#769;n local, convirtie&#769;ndose en si&#769;mbolo de lo gomero. Testigo de ello es el exo&#769;nimo silbo gomero, con el que solo los no gomeros reconocen esta manifestacio&#769;n cultural. No obstante, tanto para los gomeros como para los herren&#771;os, es solo silbo (a secas). 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco le faltaba razo&#769;n a la portavoz del Partido Popular de Valverde don&#771;a Mari&#769;a del Carmen Morales cuando, en 2017, sostuvo en un Pleno que El Hierro nunca habi&#769;a tenido una tradicio&#769;n silbadora con peso suficiente: este fue el principal argumento de la intervencio&#769;n del sen&#771;or Curbelo en el debate del mie&#769;rcoles pasado. En efecto, en El Hierro, el silbo posee un marcado componente social y local: silbar significa ser rabonegro. Esto es, ba&#769;sicamente, ser campesino y haberse criado en un pueblo diferente al de la Villa. Es normal que, para esta sen&#771;ora, el silbo herren&#771;o no exista, como tampoco existiri&#769;a para mi&#769; el silbo gomero, de no tener acceso a los medios de comunicacio&#769;n de masas. Pues, pese a haber visitado La Gomera asiduamente durante veinte an&#771;os, jama&#769;s he oi&#769;do silbar a nadie. Obviamente, ello se debe a que, al igual que don&#771;a Mari&#769;a, no he estado inmerso en los contextos de uso del silbo. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Eso es como hablar&raquo;, deci&#769;a el pastor nonagenario don Berto Castan&#771;eda en una de las numerosi&#769;simas entrevistas publicadas en el canal Silbo Herren&#771;o de YouTube. Y no hay frase popular que describa tan acertadamente el funcionamiento de los denominados lenguajes sustitutivos. Asi&#769; pues, el silbo herren&#771;o no puede haber copiado la fone&#769;tica del silbo gomero, tal y como sostuvo el sen&#771;or Curbelo en su intervencio&#769;n. Simplemente, porque los aspectos fo&#769;nicos del silbo gomero, como los del silbo herren&#771;o, esta&#769;n tomados de la lengua espan&#771;ola que se habla en esas islas. Si los silbadores herren&#771;os han copiado la fone&#769;tica a los gomeros, como dice el sen&#771;or Curbelo, fue porque estos antes se la copiaron a Garci&#769;a Ma&#769;rquez, a Garci&#769;a Lorca, a Dari&#769;o, a Valle-Incla&#769;n, a Be&#769;cquer, a Go&#769;ngora, a Cervantes, a Manrique, a Mena, a Juan Manuel, a los trovadores... y asi&#769; hasta llegar a las Glosas Emilianenses y Silenses. La fone&#769;tica del silbo gomero es un patrimonio universal, sin que tenga que manifestarse la UNESCO al respecto, porque se basa en la fone&#769;tica de los casi 500 millones de hispanohablantes. 
    </p><p class="article-text">
        Tras haber visualizado el debate parlamentario, tengo claro que los lenguajes silbados de Canarias no pueden seguir siendo un negocio, ni mucho menos objeto de mezquindades poli&#769;ticas. Seri&#769;a necesario crear una Ca&#769;tedra Cultural de Silbo menos parcial que la actual Ca&#769;tedra Cultural de Silbo Gomero para que los profesionales encargados de ella no dependieran econo&#769;micamente del Cabildo de La Gomera y asi&#769; poder estudiar con todo el rigor y la independencia necesarios los lenguajes silbados de Canarias. Considero que, en este sentido, el primer paso es referirse al feno&#769;meno como lo que es, evitando cualquier afa&#769;n de apropiacio&#769;n: &laquo;espan&#771;ol silbado en Canarias&raquo;. Adema&#769;s de en La Gomera, actualmente se sabe que tambie&#769;n se ha silbado ininterrumpidamente en El Hierro desde hace, al menos, 150 an&#771;os. Habri&#769;a que estudiar detenidamente la historia del silbo en las Islas, incluyendo tambie&#769;n, al menos, Tenerife y Gran Canaria para sacar unas conclusiones globales y poder hablar sin prejuicios sobre el silbo canario. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonay Acosta Armas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/solo-existe-espanol-silbado-canarias_132_1002586.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2020 21:20:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Solo existe el "español silbado en Canarias"]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
