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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jordi Amat]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jordi-amat/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jordi Amat]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El ciclo de Pablo Iglesias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/ciclo-pablo-iglesias_129_7914641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20436bde-1a1a-4786-b156-feb9be6ba23e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ciclo de Pablo Iglesias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la retirada del líder de Podemos, atrapado entre el activismo y la política, podría estar cerrándose el ciclo político que abrió el 15M</p><p class="subtitle">Siete años de Pablo Iglesias vistos por excompañeros y rivales: "Es un personaje histórico del que se hablará mejor en 10 años"</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que al presidente del gobierno Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero le toc&oacute; acudir al Congreso para empezar a rescindir el contrato social en Espa&ntilde;a, Pablo Iglesias ten&iacute;a 31 a&ntilde;os y tan solo faltaban doce meses para que eclosionase el movimiento del 15M. Durante ese curso universitario, que fue el 2009/2010, Iglesias a&uacute;n imparti&oacute; la asignatura &ldquo;Geograf&iacute;a pol&iacute;tica y social&rdquo;. Pero sus intereses empezaban a decantarse hacia la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Hasta entonces ese no hab&iacute;a sido su principal tema de investigaci&oacute;n. Hab&iacute;an sido los movimientos sociales. Y &eacute;l no solo se hab&iacute;a dedicado a estudiarlos. Hab&iacute;a participado en ellos. Era un acad&eacute;mico y, al mismo tiempo, un activista que descubri&oacute; la tertulia pol&iacute;tica en televisi&oacute;n como el espacio ideal para construir su personaje carism&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        En 2008 Pablo Iglesias se hab&iacute;a doctorado con una tesis titulada <em>Multitud y acci&oacute;n colectiva postnacional. Un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000&ndash;2005)</em>. Una de las dos citas que la encabezaba, extra&iacute;da de un texto del grupo Espai en Blanc, planteaba la pregunta que &eacute;l quer&iacute;a responder: &ldquo;Seattle, Praga, G&eacute;nova, el 11S, el movimiento mundial contra la guerra de Irak, el 11M, la posterior toma de las calles... &iquest;Hay alg&uacute;n hilo rojo que los une, que resuena en todos ellos?&rdquo;. En todos ellos resonaba una protesta distinta. Una protesta que no era nacional sino global y que no articulaban partidos y organizaciones sino movimientos sociales. Era la protesta contra la globalizaci&oacute;n imaginada por la imaginaci&oacute;n neoliberal y que se hab&iacute;a implementado a trav&eacute;s del entramado multilateral de postguerra. Pero el a&ntilde;o que Iglesias ley&oacute; la tesis, precisamente, dicho orden se tambale&oacute; por el impacto de la crisis financiera. Aunque algunos l&iacute;deres se marcar&iacute;an un farol prometiendo una refundaci&oacute;n del capitalismo, lo que de veras ocurri&oacute; fue el inicio de un per&iacute;odo de revisi&oacute;n a la baja de contratos sociales constitucionalizados. En la Europa comunitaria ese proceso de revisi&oacute;n lo dict&oacute; la Troika. Su primera concreci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s (y no ser&iacute;a la &uacute;ltima) fueron aquellos 120 segundos de Zapatero anunciando cabizbajo un severo paquete de ajuste econ&oacute;mico. A la socialdemocracia parec&iacute;a no quedarle otra opci&oacute;n que sabotearse. 
    </p><p class="article-text">
        Durante ese curso 2009/2010, adem&aacute;s de la asignatura que antes mencionaba, el profesor asociado Iglesias imparti&oacute; varios seminarios sobre comunicaci&oacute;n: <em>Cine y conflicto pol&iacute;tico</em> o <em>Im&aacute;genes para pensar la crisis</em>. A principios del curso siguiente, desde noviembre, empez&oacute; a presentar una tertulia pol&iacute;tica: La Tuerka. Y entonces, el 15M. Ya han pasado diez a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Era una crisis profunda. No era s&oacute;lo econ&oacute;mica. Algo iba mal. Intuy&oacute; que con algo m&aacute;s de perspectiva ese movimiento social &ndash;despreciado o desatendido en su momento por los partidos hegem&oacute;nicos del Estado del 78&ndash; ser&aacute; interpretado como una protesta jovial o de baja intensidad en las formas pero que, en el fondo, tuvo una potencia fecunda. Por primera vez desde la instauraci&oacute;n de la democracia se evidenci&oacute; que el Estado sufr&iacute;a una aut&eacute;ntica crisis de legitimidad y las organizaciones que pod&iacute;an revertirla eran percibidas como no operativas. 
    </p><p class="article-text">
        Quienes participaban o simpatizaron con ese movimiento, porque sufr&iacute;an ya la ruptura del contrato intergeneracional o sabiendo que sus vidas estaban condenadas a ser <em>subprime</em> (la expresi&oacute;n es de Germ&aacute;n Labrador), lo sintieron como una experiencia transformadora. Durante esas semanas aprendieron juntos y en la calle que se hab&iacute;a roto el v&iacute;nculo con las instituciones de la democracia liberal y los mediadores tradicionales &ndash;b&aacute;sicamente los partidos pol&iacute;ticos&ndash;. Imaginaron que hab&iacute;a llegado un &ldquo;momento ciceroniano&rdquo; que posibilitar&iacute;a el inicio de un ciclo nuevo en Espa&ntilde;a. &iquest;Pod&iacute;a salirse del modelo neoliberal? S&iacute;, se pod&iacute;a. La posibilidad de convertir en acci&oacute;n institucional ese movimiento y su discurso transformador lograr&iacute;a articularlo una formaci&oacute;n nueva &ndash;Podemos&ndash; cuya base era participativa &ndash;los c&iacute;rculos&ndash;, la direcci&oacute;n estaba integrada por un grupo de profesores de Pol&iacute;ticas y tendr&iacute;a a Pablo Iglesias como l&iacute;der. En el per&iacute;odo ascendente, decantando el significado del 15M, la propuesta de Podemos fue inequ&iacute;vocamente populista: estaba centrada en la impugnaci&oacute;n destituyente de la clase dirigente de aquel r&eacute;gimen en crisis como condici&oacute;n necesaria para una mutaci&oacute;n del sistema que ellos, tan puros, tan listos, deb&iacute;an liderar. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el aprendizaje de la dial&eacute;ctica en medios de comunicaci&oacute;n propios, el 11 de mayo de 2013 Iglesias apareci&oacute; por primera vez en un programa con gran audiencia: <em>La Sexta Noche</em>. El ciclo Iglesias no puede explicarse sin el creciente poder medi&aacute;tico de La Sexta. Fue a la cadena y repiti&oacute; porque dominaba el g&eacute;nero. El activista culto, con sonrisa vehemente esperando el momento para morder (&ldquo;yo no te he interrumpido&rdquo;), pod&iacute;a ser el agitador de una nueva izquierda. Con agilidad y valent&iacute;a sab&iacute;a c&oacute;mo desenmascarar la argumentaci&oacute;n falaz de unos contradictores que, defendiendo el avejentado orden establecido, acababan por mostrar su propia demagogia y, a la vez, la corrosi&oacute;n que sufr&iacute;a el sistema. 
    </p><p class="article-text">
        El fundamento de su carisma en construcci&oacute;n era ese contraste entre &eacute;l y los otros. No era un significante vac&iacute;o. El contraste exist&iacute;a. Era la desigualdad y su onda expansiva. Algunos, preocupados, empezaban a asumirlo. Ahora sabemos, por ejemplo, que en julio de 2013 la Casa Real encarg&oacute; un sondeo sobre la aceptaci&oacute;n social de la monarqu&iacute;a. Las conclusiones de Metroscopia detectaban movimientos tect&oacute;nicos. Como desvela Jos&eacute; Antonio Zarzalejos en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-felipe-vi-un-rey-en-la-adversidad/329452" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un rey en la adversidad</em></a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-felipe-vi-un-rey-en-la-adversidad/329452" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> el diagn&oacute;stico que se desprend&iacute;a del sondeo era el siguiente: &ldquo;el pa&iacute;s entraba en una fase depresiva despu&eacute;s de a&ntilde;os de autoestima por los logros de la Transici&oacute;n y muy cr&iacute;tica hacia el sistema&rdquo;. Quien por entonces era secretario general del PSOE &ndash;Alfredo P&eacute;rez Rubalcaba&ndash; reiteraba que Espa&ntilde;a estaba atravesada por una triple crisis: social, institucional y territorial. Formulo otra vez la pregunta que impl&iacute;citamente dej&oacute; planteada el 15M: &iquest;estaba la tecnoestructura del 78 capacitada para regenerarse? &iquest;A&uacute;n era operativo el consenso transicional? Podemos fue qui&eacute;n dar&iacute;a una respuesta m&aacute;s contundente a esas preguntas. La respuesta era no. Un no rotundo. Quienes lo cre&iacute;an no eran s&oacute;lo los polit&oacute;logos. En mayo de 2014 qued&oacute; demostrado cuando su candidatura al Parlamento Europeo tuvo miles y miles de votos y obtuvieron cinco esca&ntilde;os. Que fuera el rostro de Iglesias el icono del partido en las papeletas electorales demostraba un nivel de conocimiento de su figura muy superior al de su proyecto. 
    </p><p class="article-text">
        Los dos a&ntilde;os siguientes fueron el per&iacute;odo de plenitud del Podemos originario. Las cloacas del Estado, de manera inmediata, reaccionaron se&ntilde;alando a Iglesias como un enemigo a abatir. Ese pol&iacute;tico ya no dejar&iacute;a de sufrir una repugnante campa&ntilde;a de acoso de la que incluso ha sido v&iacute;ctima su familia. Y no es que Iglesias sea un santo o que no haya cometido excesos y errores (valdr&iacute;a por el chal&eacute; de Galapagar o la decisi&oacute;n de compartir consejo de ministros con su pareja), pero ni sus maldades ni sus equivocaciones han sido la motivaci&oacute;n principal de esa campa&ntilde;a man&iacute;aca para derribarle. Lo ha contado la garganta profunda de la Stasi del 78: el comisario Villarejo. Hab&iacute;a dinero reservado para desactivar a Iglesias y pod&iacute;an usarse m&eacute;todos legales e ilegales para desactivarlo. Iglesias en la diana. Porque con una ret&oacute;rica amarga, cada vez m&aacute;s frentista, polarizadora hasta el insulto o el desprecio, denunciaba los &aacute;ngulos muertos del poder establecido &ndash;ya fuese el econ&oacute;mico, el medi&aacute;tico o el pol&iacute;tico&ndash;. A nadie le gusta que ense&ntilde;en sus verg&uuml;enzas. No se lo han perdonado.
    </p><p class="article-text">
        En ese per&iacute;odo de plenitud Pablo Iglesias se herman&oacute; con la otra gran figura de la protesta continental desde las instituciones: Alexis Tsipras. Sus trayectorias convergen entonces. Igual que Europa no era el destino final de Tsipras, tampoco lo era para Iglesias. Iglesias comparti&oacute; campa&ntilde;a nacional con &eacute;l en Atenas y Tsipras estuvo en Madrid durante el proceso de maduraci&oacute;n del nuevo partido espa&ntilde;ol. Pero el griego se hizo con el poder, aceptando al fin los l&iacute;mites de lo posible, mientras que Iglesias nunca lo lograr&iacute;a del todo, situ&aacute;ndose en la tierra de nadie que es el de la pulsi&oacute;n del activista que se contradice con la voluntad de gobernar. 
    </p><p class="article-text">
        Ganar o no ganar. Esa es la diferencia. El equipo dirigente de Podemos &ndash;en especial el t&aacute;ndem Iglesias/Errej&oacute;n&ndash; no se conceb&iacute;a como una muleta de la socialdemocracia, sino que ten&iacute;a una vocaci&oacute;n de mando aut&eacute;ntica. Para conseguirlo la clave era el cacareado <em>sorpasso</em>: imponerse en unas elecciones generales a un PSOE artr&oacute;sico. En alg&uacute;n momento creyeron que podr&iacute;an conseguirlo. Contaban con el apoyo necesario, adem&aacute;s de un relato a la altura de los tiempos y algunas encuestas favorables. Pero no. Durante una buena temporada, ciertamente, la ola de Iglesias, reforzada por el &eacute;xito municipalista de Carmena en Madrid y Colau Barcelona, logr&oacute; confundir al partido socialista, dej&aacute;ndole sin capacidad para convertirse en un partido votable para menores de 40 a&ntilde;os. Y as&iacute; sigue. Pero la realidad es que, a pesar de capturar a parte de sus votantes potenciales, Podemos nunca lograr&iacute;a superar a un partido comandado ya por Pedro S&aacute;nchez. 
    </p><p class="article-text">
        El momentum <em>Match point</em> de Pablo Iglesias, me susurra el fil&oacute;sofo Pau Luque, fueron las <a href="https://elecciones.eldiario.es/congreso/junio-2016/?refresh_ce" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elecciones generales de 2016</a>. En aquella convocatoria Podemos, en cuya candidatura ya se hab&iacute;a integrado Izquierda Unida, y los partidos hermanos, no dieron el esperado <em>sorpasso</em>. Ese fue el principio del fin. Hay una escena de esa campa&ntilde;a que siempre me ha parecido cargada de simbolismo, como el mejor testimonio de una determinada deriva: la aparici&oacute;n de Julio Anguita en un mitin de Podemos en C&oacute;rdoba. Son diez minutos que pueden rescatarse en Youtube. Se ve a Echenique discurseando e Iglesias se le acerca para decirle que Julio est&aacute; all&iacute;. Cambio de plano. En un extremo de la pista de un polideportivo, Anguita. La c&aacute;mara le sigue acerc&aacute;ndose al escenario y, justo antes de llegar, el veterano l&iacute;der comunista se abraza con un Iglesias genuinamente emocionado. Las c&aacute;maras est&aacute;n tan cerca que escuchamos las palabras emocionadas que Anguita le susurra a Iglesias como si le cediera un legado. &ldquo;Esto es el 77&rdquo;. Era un gesto de lealtad antifascista, pero tambi&eacute;n alejaba a Podemos de su esp&iacute;ritu inicial porque Iglesias estaba ahij&aacute;ndose a la derrota de la ruptura de la Transici&oacute;n. De la nueva izquierda evolucionaba al frentismo que el consenso del 78 hab&iacute;a pretendido superar. 
    </p><p class="article-text">
        No hubo <em>sorpasso</em>. Era, es muy dif&iacute;cil. En el sistema electoral espa&ntilde;ol est&aacute;n sobrerrepresentadas zonas reacias al cambio. R&aacute;pidamente <a href="https://www.eldiario.es/politica/vistalegre-quiebra-nucleo-irradiador_1_3584176.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las tensiones internas</a> de la organizaci&oacute;n, con asuntos personales por resolver, fueron drenando la inteligencia colectiva del partido. El carisma de Iglesias se desliz&oacute; por la pendiente de un cesarismo ag&oacute;nico. Y all&iacute; empez&oacute; el ciclo declinante de su trayectoria. Desde entonces el partido, para llegar el poder, solo podr&iacute;a hacerlo como socio minoritario del PSOE. Y el PSOE, reformateado cada vez m&aacute;s en el Partido de Pedro S&aacute;nchez, solo acudir&iacute;a a ese partido a su izquierda si no ten&iacute;a otra alternativa para volver a La Moncloa. En la construcci&oacute;n de dicha alternativa, Pablo Iglesias desempe&ntilde;&oacute; un papel esencial. Es su segunda y &uacute;ltima aportaci&oacute;n a la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XXI. Hacer posible el &eacute;xito de la moci&oacute;n.&nbsp;Es m&aacute;s que probable que la moci&oacute;n de censura presentada por Pedro S&aacute;nchez contra Mariano Rajoy no hubiese prosperado si &eacute;l no hubiese activado su agenda de contactos con un magma de figuras y partidos rupturistas &ndash;Bildu y Carles Puigdemont&ndash;. De la misma manera que se comprometi&oacute; para buscar salidas a la crisis catalana y evitar su enquistamiento (tal vez sea el pol&iacute;tico de actuaci&oacute;n a nivel nacional que m&aacute;s ha arriesgado). Iglesias, tel&eacute;fono en mano, estuvo en los fogones que cocinaron la ca&iacute;da de Rajoy. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; <a href="https://www.eldiario.es/politica/congreso-pedro-sanchez-gobierno-rajoy_1_2770372.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se gan&oacute; la moci&oacute;n</a> y as&iacute; coagul&oacute; una coalici&oacute;n cuyo principal elemento aglutinador, como se&ntilde;al&oacute; Santos Juli&aacute;, era el rechazo. Lo que les un&iacute;a era el rechazo a un PP podrido por la corrupci&oacute;n y que hab&iacute;a fracasado estrepitosamente en su gesti&oacute;n del desaf&iacute;o independentista planteado por la Generalitat. Pero celebradas las nuevas elecciones generales, convocadas bajo el impacto de la fotograf&iacute;a nacionalpopulista de la manifestaci&oacute;n de Col&oacute;n, S&aacute;nchez no mir&oacute; al alfil que le hab&iacute;a llevado a la presidencia. Su primera opci&oacute;n fue Ciudadanos. Era lo esperable. Su agenda gubernamental hab&iacute;a sido la implementaci&oacute;n de la agenda reformista sobre la que hac&iacute;a pocos a&ntilde;os hab&iacute;an llegado a un acuerdo con los naranjas. Pero Albert Rivera, ciego de la vanidad alimentada por los poderes de Madrid &ndash;el 'momento Rivera' merecer&iacute;a una antolog&iacute;a&ndash;, bloque&oacute; ese acuerdo. 
    </p><p class="article-text">
        La en&eacute;sima repetici&oacute;n electoral, al fin, har&iacute;a inevitable lo que pareci&oacute; un matrimonio de conveniencia imposible. S&aacute;nchez prefer&iacute;a el insomnio a perder el poder. En enero de 2020, Pablo Iglesias lleg&oacute; a vicepresidente. Pero su breve paso por el gobierno no lo consolidar&iacute;a como un buen pol&iacute;tico. Digamos que no complet&oacute; la maduraci&oacute;n del personaje que pod&iacute;a deducirse de su conversaci&oacute;n con Enric Juliana en <a href="https://arpaeditores.com/products/nudo-espana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Nudo Espa&ntilde;a</em></a>. El activista no liberaba al pol&iacute;tico para que fuera un gobernante. Un contraejemplo. Mientras Yolanda D&iacute;az s&iacute; era percibida como una gobernante de izquierdas respetada transversalmente, Iglesias iba limitando su consideraci&oacute;n. Lo significativo no era su acci&oacute;n pol&iacute;tica sino la ret&oacute;rica frentista en el Congreso de los Diputados cuya consecuencia principal ha acabado siendo la movilizaci&oacute;n extremosa del centro derecha contra del gobierno. Con la pandemia pretendi&oacute; liderar la configuraci&oacute;n del escudo social, en especial de una iniciativa como el Ingreso M&iacute;nimo Vital, pero a efectos pr&aacute;cticos la respuesta pol&iacute;tica a la emergencia sanitaria la facilit&oacute; Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Europa, lentamente, estaba cambiando. A diferencia de lo ocurrido durante la crisis anterior &ndash;la crisis que hizo de Tsipras un pol&iacute;tico y de Varoufakis un ide&oacute;logo&ndash;, ahora la Uni&oacute;n Europea es y seguir&aacute; siendo el principal salvavidas de una presidencia liviana. Vacunas y Fondos Europeos podr&iacute;an actuar como el cemento que apuntale nuevamente el Estado del 78. Fin de ciclo. Seguramente las circunstancias que hicieron posible la construcci&oacute;n del carisma de Pablo Iglesias, pues, ya pertenezcan a otro tiempo. Lo sab&iacute;a. Y, fatigado del desgaste, busc&oacute; la mejor manera para saltar de un presente donde el 15M es recuerdo de lo que pudo haber sido.&nbsp;El efecto mariposa de la fracasada moci&oacute;n de censura en Murcia le abri&oacute; la puerta a Pablo Iglesias para escapar de una situaci&oacute;n de asedio man&iacute;aco. La campa&ntilde;a electoral madrile&ntilde;a le permitir&iacute;a despedirse salvando el grupo de Podemos en la Asamblea regional y destensando la cr&iacute;tica contra el Gobierno. Al fin el activista hab&iacute;a ganado al vicepresidente. Por ahora este es su ep&iacute;logo.	&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Amat]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/ciclo-pablo-iglesias_129_7914641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 May 2021 19:56:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ciclo de Pablo Iglesias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pablo Iglesias,Podemos,José Luis Rodríguez Zapatero,Íñigo Errejón,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Pradera: la eminencia gris de la Transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/javier-pradera-eminencia-gris-transicion_1_1108888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54d3e213-d12b-43da-a9f7-e6f333effe81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Pradera: la eminencia gris de la Transición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Influyó muchísimo. Por ello fue temido, odiado y respetado. Como editor que fue repartiendo metralla de la buena en capas expansivas de lectores</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; Jordi Gracia a descubrir el secreto de Javier Pradera? La respuesta a esta pregunta es el resumen de la trayectoria intelectual de mi amigo Gracia y en su &uacute;ltimo libro, desvelando el secreto de ese hombre escondido tras un interrogante, ha mostrado una de las claves para comprender la refundaci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica democr&aacute;tica en Espa&ntilde;a durante la segunda mitad del siglo XX. Este art&iacute;culo pretende responder a esa pregunta inicial que se desdobla. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; el autor a descubrir el secreto? &iquest;Cu&aacute;l era la clave que ese secreto escond&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        Fue en un tiempo muy lejano, en el a&ntilde;o 1993, cuando Jordi Gracia (Barcelona, 1965) ley&oacute; su tesis doctoral titulada <em>Estado y cultura</em>. El corpus primario de su investigaci&oacute;n, dirigida por el maestro de fil&oacute;logos Jos&eacute;-Carlos Mainer, era la prensa universitaria del primer franquismo. La hip&oacute;tesis de partida la hab&iacute;a diseminado Mainer mismo en <em>Falange y literatura</em>. Porque esas publicaciones se hab&iacute;an desarrollado en una parad&oacute;jica rendija. Las revistas del obligatorio Sindicato Espa&ntilde;ol Universitario disfrutaron de un cierto margen de libertad que algunos de sus colaboradores, inconformistas, aprovecharon para poner en marcha una tarea colectiva de corrosi&oacute;n del nacionalcatolicismo. A menudo empezaron esa demolici&oacute;n no desde postulados democr&aacute;ticos sino desde una radicalidad falangista frustrada. Este era el proceso olvidado que descubr&iacute;a la investigaci&oacute;n de Gracia y ese resultado forzaba a replantear la explicaci&oacute;n can&oacute;nica de la vida intelectual en Espa&ntilde;a durante la primera parte de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Fruto inmediato de su tesis fue una antolog&iacute;a de art&iacute;culos olvidados que hab&iacute;an visto la dudosa luz del d&iacute;a en aquella prensa del franquismo &ndash;la titul&oacute; <em>Cr&oacute;nica de una deserci&oacute;n</em> (1993)&ndash; y en 1996 la Universidad de Toulouse imprimi&oacute; la adaptaci&oacute;n de la tesis en forma de ensayo acad&eacute;mico. Dif&iacute;cilmente Javier Pradera (1934-2011) podr&iacute;a haber sido uno de los autores seleccionados en la antolog&iacute;a. Y no porque su peripecia no encajase con el retrato robot del joven que emerg&iacute;a tanto de la lectura del pr&oacute;logo sesudo de Gracia como de la selecci&oacute;n intencionada de los art&iacute;culos. Pradera, en realidad, hab&iacute;a sido como muchos de ellos. Era un joven de alta cuna que, a pesar de haberse socializado en la c&uacute;pula de la sociedad de la victoria, se hab&iacute;a ido transformando en disidente rompiendo la inercia de su estirpe. Tanto el abuelo de Pradera, preboste del carlismo, como su padre fueron asesinados durante la Guerra Civil, pero la biograf&iacute;a que nac&iacute;a con ese origen se cortocircuit&oacute; cuando se contrast&oacute; con otro: el nieto de V&iacute;ctor Pradera fue encarcelado como antifranquista alborotador tras los mitificados Sucesos Universitarios de 1956.
    </p><h3 class="article-text">Un alfil del activismo</h3><p class="article-text">
        Pero en la antolog&iacute;a de esos universitarios del primer franquismo, Pradera no estaba. No estaba a pesar de ser alfil del activismo en las aulas de Madrid de la d&eacute;cada de los 50. No estaba porque no consta que firmara ni un solo art&iacute;culo ni un solo cuento en aquellas cabeceras. Y ese silencio, interpretado como el arranque de la par&aacute;bola de su trayectoria completa, preludia la invisible influencia que siempre le gustar&iacute;a ejercer. En el libro <em>Estado y cultura</em> Pradera s&iacute; que aparec&iacute;a pero todav&iacute;a poco, s&oacute;lo a hurtadillas, diseminado en las retah&iacute;las de nombres que Gracia usaba para mostrar las redes de amistad, sinton&iacute;a est&eacute;tica y afinidad ideol&oacute;gica donde poco a poco se sustanciaba un sistema cultural alternativo al oficial.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de tantos acad&eacute;micos apoltronados, a quienes su investigaci&oacute;n doctoral parece esposar la curiosidad de por vida, Gracia sigui&oacute; desplegando la potencialidad del replanteamiento interpretativo elaborado en su tesis. La idea nuclear la ensanch&oacute; en <em>La resistencia silenciosa</em> (2004), llevando la reflexi&oacute;n desde los universitarios a los intelectuales que ganaron la guerra y que, despu&eacute;s de haber impuesto una l&oacute;gica tridentina y contrarrevolucionaria a la vida espa&ntilde;ola, intentaron, con menor o mayor intensidad, &ldquo;reanudar el ciclo de una modernidad que hab&iacute;a perdido el uso de la raz&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En aquel libro, otra vez, Pradera no era m&aacute;s que un nombre. Aparec&iacute;a dos o tres veces asociado al n&uacute;cleo de emboscados &ndash;M&uacute;gica, L&oacute;pez Pacheco, S&aacute;nchez Drag&oacute;... &ndash; que en 1955 intentaron organizar un Congreso de Escritores J&oacute;venes a trav&eacute;s del SEU. Pero entonces ya no ten&iacute;an nada de falangistas sino que usaban al sindicato como tapadera al servicio de la estrategia de penetraci&oacute;n en instituciones del Estado por la que hab&iacute;a optado el Partido Comunista al abandonar la guerrilla como principal v&iacute;a de combate. Eran rojos y quien los orientaba era el fascinante responsable clandestino de la c&eacute;lula: el camarada Federico S&aacute;nchez. Pradera, con la red de la &eacute;lite madrile&ntilde;a registrada en el ADN, sab&iacute;a que el hombre de la gabardina era Jorge Sempr&uacute;n Maura. Casi a la vez que se hizo militante comunista, Pradera hab&iacute;a empezado a salir con Gabriela S&aacute;nchez Ferlosio &ndash;hija de uno de los principales ide&oacute;logos de Falange, hermana de Miguel y Rafael y cu&ntilde;ada de Carmen Mart&iacute;n Gaite, y que ser&iacute;a la madre de sus dos hijos.
    </p><p class="article-text">
        <em>La resistencia silenciosa</em>, que gan&oacute; el Premio Anagrama de Ensayo, se present&oacute; el 6 de junio del 2004 en el C&iacute;rculo de Bellas Artes. El encargado de glosar el libro fue el escritor a quien estaba dedicado y que ya reventaba stocks con una novela que ten&iacute;a como protagonista a Rafael S&aacute;nchez Mazas. Aquella noche Javier Cercas dijo cosas fundamentales sobre el ensayo. Hablando de uno de sus protagonistas &ndash;el falangista Dionisio Ridruejo que, reconvertido en socialdem&oacute;crata, tambi&eacute;n fue a la prisi&oacute;n esos d&iacute;as del 56&ndash; afirm&oacute; que era &ldquo;un hombre a cuya estatura moral, literaria y pol&iacute;tica este pa&iacute;s a&uacute;n no ha hecho justicia&rdquo;. Gracia asumi&oacute; el reto, que tendr&iacute;a la mejor concreci&oacute;n en la biograf&iacute;a <em>La vida rescatada de Dionisio Ridruejo</em> (2008), y de hecho Pradera, que estaba sentado entre el p&uacute;blico, fue el <em>insider</em> que desde las bambalinas del poder cultural hizo posible el homenaje oficial que se tribut&oacute; a Ridruejo finalmente. A prop&oacute;sito de la posici&oacute;n digamos deontol&oacute;gica en la que se situaba Gracia, Cercas afirm&oacute; que &ldquo;s&oacute;lo se puede combatir a fondo una actitud moral o un ideario pol&iacute;tico si se los comprende a fondo&rdquo;. Pradera no pod&iacute;a hacer otra cosa que asentir: la tesis doctoral que &eacute;l escribi&oacute;, pero no ley&oacute;, estaba dedicada precisamente a la deconstrucci&oacute;n del ideario falangista (se public&oacute; en el 2014, p&oacute;stumamente, con el t&iacute;tulo <em>La mitolog&iacute;a falangista</em>). Y a prop&oacute;sito del autor, por si alguien lo dudaba (porque hay gente para todo), Cercas dijo que la obra era &ldquo;una apolog&iacute;a de la cultura liberal de la que surge nuestra democracia&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Evoluci&oacute;n desde dentro del sistema</h3><p class="article-text">
        Que el discurso de Cercas le gust&oacute; a Pradera, pero mucho, es evidente. Al acabar el acto de presentaci&oacute;n le rob&oacute; literalmente las cuartillas de las manos para publicarlas en <em>Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica</em> al cabo un mes (y ahora pueden leerse reelaboradas, sea dicho entre par&eacute;ntesis, en el miscel&aacute;neo <em>La verdad de Agamen&oacute;n</em>). Que la idea de fondo del libro la sintetizaba muy bien la &uacute;ltima frase de Cercas, est&aacute; claro tambi&eacute;n: la cultura pol&iacute;tica que hizo posible la Transici&oacute;n ven&iacute;a de esa evoluci&oacute;n desde dentro del sistema. Entonces Gracia estaba firmemente convencido de ello, pero quiz&aacute; ahora, despu&eacute;s de haber pensado a fondo la trayectoria de Pradera &ndash;a quien conoci&oacute; precisamente aquel d&iacute;a&ndash;, la matizar&iacute;a. Porque pensar es cambiar, dijo Ridruejo. Y ese cambio a la hora de detectar las ra&iacute;ces del presente tal vez sea el inter&eacute;s principal historiogr&aacute;fico de un libro tan importante como esta densa biograf&iacute;a que es <em>Javier Pradera o el poder izquierda</em>: un replanteamiento de la hip&oacute;tesis sobre cu&aacute;ndo que se produjo, de una manera efectiva, la reanudaci&oacute;n del ciclo de la modernidad en Espa&ntilde;a. Dicho de otra manera: el libro desarrolla una idea sobre c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se reconstituy&oacute; la cultura democr&aacute;tica, cu&aacute;l era la propuesta para el pa&iacute;s que planteaba y cu&aacute;l fue la clase dirigente que la formul&oacute; y la transform&oacute; en acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora el intento m&aacute;s ambicioso de explicar esta reconstituci&oacute;n fue un ensayo fallido: <em>El cura y los mandarines</em> de Gregorio Mor&aacute;n. All&iacute;, de manera mistificadora y casi vengativa, el esquinado Mor&aacute;n defend&iacute;a la idea acusadora que aquella reconstituci&oacute;n, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, hab&iacute;a sido b&aacute;sicamente una impostura (como demostrar&iacute;a la derrota ilustrada de un Manuel Sacrist&aacute;n a quien Pradera &ndash;seg&uacute;n me explic&oacute; el editor Xavier Folch- apodaba como &ldquo;El Maestro&rdquo;). Ahora Gracia, refutando de facto el gatillazo polemista de Mor&aacute;n, demuestra que fue precisamente a trav&eacute;s del proceso de revisi&oacute;n autocr&iacute;tica de una izquierda revolucionaria cuando se acab&oacute; compactando el proyecto cultural de una tradici&oacute;n regeneracionista refundada que lleg&oacute; al poder el a&ntilde;o 1982 con la victoria socialista. La eminencia gris de dicho tr&aacute;nsito, editando o dialogando con Sempr&uacute;n y Fernando Claud&iacute;n, habr&iacute;a sido Pradera. A qui&eacute;n Pradera hab&iacute;a querido orientar, como un Pigmali&oacute;n exigente que iba de revolucionario a socialdem&oacute;crata y al fin tal vez a socialista liberal, habr&iacute;a sido a Felipe Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        Pradera empez&oacute; a frecuentar, fascinado, a Isidoro en 1972. Y como ha repetido su amigo juez Clemente Auger, Pradera &ldquo;lo apost&oacute; todo a &eacute;l pol&iacute;ticamente&rdquo;: Ese &eacute;l era Felipe y la apuesta era tan firme, que, primero, su apoyo expl&iacute;cito al s&iacute; en el refer&eacute;ndum de la OTAN lo apart&oacute; del lugar donde hab&iacute;a ejercido su m&aacute;xima influencia &ndash;jefe de opini&oacute;n y editorialista del diario <em>El Pa&iacute;s</em>&ndash; y, segundo, probablemente la fidelidad al presidente fue el motivo secreto que lo llev&oacute; a esconder en el caj&oacute;n el ensayo <em>Corrupci&oacute;n y pol&iacute;tica</em>, un libro de denuncia que habr&iacute;a sido un verdadero servicio p&uacute;blico que se hubiera publicado cuando tocaba (y que solo pudimos leer, conmovidos por tanta lucidez, tambi&eacute;n p&oacute;stumamente). Y es que la relaci&oacute;n con Gonz&aacute;lez quiz&aacute; sea la excepci&oacute;n que confirme la regla en la caracterizaci&oacute;n moral de Pradera. Porque aquello que siempre lo defini&oacute; fue la alta capacidad anal&iacute;tica de la realidad donde la exigencia intelectual se transmutada en la rectitud civil &ndash;una caracterizaci&oacute;n que valdr&iacute;a tambi&eacute;n para Ridruejo, por cierto, cuya presencia y esp&iacute;ritu atraviesan toda la biograf&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Reuni&oacute;n maniaca con Carrillo</h3><p class="article-text">
        Esta capacidad anal&iacute;tica la puso muy pronto de largo, el a&ntilde;o 1960, en el momento de despegue del desarrollismo, y en la controversia privada con Federico S&aacute;nchez. La destap&oacute; el malogrado Santos Juli&aacute; en el sobresaliente <em>Camarada Javier Pradera</em>. Pradera &ndash;un comunista a quien no le hac&iacute;a falta desestalinizarse, un hombre emocionalmente duro que se supo siempre &eacute;lite&ndash; no quer&iacute;a comulgar con ruedas de molino y sab&iacute;a que la estrategia de ruptura revolucionaria a trav&eacute;s de una huelga pol&iacute;tica hab&iacute;a fracasado porque se hab&iacute;a dise&ntilde;ado a partir de un diagn&oacute;stico impreciso de la sociedad espa&ntilde;ola. Un Sempr&uacute;n canino lo respondi&oacute; ley&eacute;ndole la cartilla del dogmatismo. La firmeza con la que el joven resisti&oacute; el embate, incluso la reuni&oacute;n maniaca a la que lo someti&oacute; Santiago Carrillo, eran la demostraci&oacute;n de su libertad exigente. La demostr&oacute; en el momento de transici&oacute;n entre el primer y el segundo franquismo. Del hilo de su argumento, en realidad, tirar&iacute;an Claud&iacute;n y Sempr&uacute;n mismo a&ntilde;os despu&eacute;s y esa controversia incluso se replicar&iacute;a en la c&aacute;rcel de Burgos, como desvela Enric Juliana en un libro a punto de imprimirse y que dar&aacute; mucho de qu&eacute; hablar.
    </p><p class="article-text">
        Las dos grandes transiciones que viv&iacute;a Espa&ntilde;a durante la segunda mitad del siglo XX, tuvieron en Javier Pradera a uno de sus m&aacute;s perspicaces int&eacute;rpretes. Fue gracias a esa exigencia, que prefer&iacute;a ocultar asumiendo tareas de responsabilidad en la direcci&oacute;n editorial (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, Alianza, Siglo XXI), que habr&iacute;a actuado durante varias d&eacute;cadas como un catalizador de modernidad. Fue como editor que fue repartiendo metralla de la buena en capas expansivas de lectores para que les estallara el Moloch autoritario que hab&iacute;a configurado su conciencia. Este es, de hecho, el relato que Gracia elabor&oacute; en la exposici&oacute;n <em>Los papeles del cambio. Revoluci&oacute;n, edici&oacute;n literaria y democracia (1968-1988)</em> o que propuso en la recopilaci&oacute;n de materiales in&eacute;ditos y profesionales que es <em>Javier Pradera. Itinerario de un editor</em> (2017). Esta capacidad, al fin, es la que en la sombra brill&oacute; durante los a&ntilde;os en que consigui&oacute; lo que m&aacute;s deseaba: influir.
    </p><p class="article-text">
        Javier Pradera influy&oacute; much&iacute;simo. Por ello fue temido, odiado y respetado. En especial durante los a&ntilde;os como redactor esencial de los editoriales sobre pol&iacute;tica de <em>El Pa&iacute;s</em> &ndash;en cuya redacci&oacute;n disfrutaba de autoridad moral, donde era percibido por la propiedad como un &uacute;til contrapoder de la direcci&oacute;n de Juan Lu&iacute;s Cebri&aacute;n-. Gracia se ha tragado todos los editoriales y, poni&eacute;ndolos en contexto, ha descubierto no tanto el disco duro de la Transici&oacute;n sino m&aacute;s bien su m&aacute;s alta conciencia cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Una versi&oacute;n en catal&aacute;n de este art&iacute;culo fue publicada <a href="https://www.politicaprosa.com/la-construccio-duna-cultura-politica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la revista Pol&iacute;tica&amp;Prosa</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Amat]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Feb 2020 20:14:15 +0000]]></pubDate>
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