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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miquel Seguró]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miquel-seguro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miquel Seguró]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Tanto neo-estoicismo no puede ser bueno: ¿y si el remedio participa del problema?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/neo-estoicismo-no-bueno-si-remedio-participa-problema-cat_1_13236980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/347ff205-b7fc-4701-826e-75744241f513_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tanto neo-estoicismo no puede ser bueno: ¿y si el remedio participa del problema?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si las escuelas filosóficas cotizasen en bolsa, el estoicismo estaría hoy entre las más rentables puesto que se vende como la fórmula mágica que hace que cualquier problema deje de sentirse como eso, como un problema</p><p class="subtitle">El anterior Rincón de pensar - Qué significa la palabra fraternidad en un mundo amenazado por el fascismo</p></div><p class="article-text">
        Por aqu&iacute; y por all&aacute; proliferan libros, cursos y charlas que tienen al estoicismo como gran reclamo: estoicismo para afrontar las adversidades personales, para superar una ruptura, para mejorar el rendimiento profesional o para sortear el estr&eacute;s empresarial&hellip;  Estoicismo para lo que haga falta, estoicismo como la f&oacute;rmula m&aacute;gica que hace que cualquier problema deje de sentirse como eso, como un problema.
    </p><p class="article-text">
        Puestos a ir a buscar a la Antig&uuml;edad soluciones filos&oacute;ficas para malestares posmodernos, bien podr&iacute;amos habernos fijado en los sofistas. Aquellos artistas del palabreo fueron expertos en opinar sobre cualquier asunto, en sofisticar la ret&oacute;rica a conveniencia y en sacar r&eacute;dito a la idea de que la realidad es lo que el inter&eacute;s personal quiere que sea, caracter&iacute;sticas todas ellas muy de nuestro tiempo. Pero no, ha sido el estoicismo el que ha aportado la base para una de las filosof&iacute;as de moda.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; el estoicismo?
    </p><p class="article-text">
        El estoicismo es una doctrina filos&oacute;fica que busca fortalecernos an&iacute;micamente para afrontar mejor las acometidas del mundo exterior y, como hoy sentimos que el mundo es especialmente hostil, tiene todo el sentido pensar que esta es la raz&oacute;n que explica su &eacute;xito. El credo estoico tambi&eacute;n propugna otras metas, como por ejemplo desarrollar una vida virtuosa que ayude a la humanidad a sentir que el mundo es su hogar com&uacute;n, pero aquello por lo que m&aacute;s se lo conoce es porque trata de reducir el sufrimiento interior. Si hoy la sensaci&oacute;n de crisis es transversal y, adem&aacute;s, roza lo apocal&iacute;ptico, &iquest;por qu&eacute; no echar mano de una filosof&iacute;a indicad&iacute;sima para momentos de crisis? 
    </p><p class="article-text">
        El argumento suena inapelable, pero no lo es. La humanidad siempre vive en un cierto grado de crisis, as&iacute; que aplicando una sencilla regla de tres el estoicismo deber&iacute;a estar siempre de moda, y, sin embargo, la historia no nos dice eso. El estoicismo, los estoicismos, echaron a andar hacia el siglo III a.C. y se desarrollaron con holgura hasta el siglo II d.C. Aunque despu&eacute;s han continuado teniendo presencia en la cultura occidental, han sido contadas las veces que la marca &ldquo;estoicismo&rdquo; ha tenido una reputaci&oacute;n social similar a la actual.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; el estoicismo, y por qu&eacute; hoy?
    </p><p class="article-text">
        Creo que la respuesta la tenemos que buscar en el hecho de que el estoicismo es una filosof&iacute;a que con solo un par o tres de retoques encaja bien en la mentalidad neoliberal dominante, esa que en teor&iacute;a decimos denostar, pero que tan bien integrada tenemos en nuestras vidas, anticapitalistas incluidos. Unos retoques siempre orientados hacia un mismo logro, que no es otro que la exaltaci&oacute;n del individuo en la creaci&oacute;n de su propio bienestar, el siempre estimulante &ldquo;&iexcl;t&uacute; puedes!&rdquo;, y que transforman el estoicismo cl&aacute;sico en una versi&oacute;n neoliberal de s&iacute; mismo, el neo-estoicismo actual, cuyas caracter&iacute;sticas son diferentes a las de otros neo-estoicismos que se han dado en la historia.
    </p><p class="article-text">
        Como todo buen producto, el neo-estoicismo contempor&aacute;neo aparenta ofrecer solo ganancias, pero a estas alturas de la pel&iacute;cula no hace falta que nos recuerden que las apariencias suelen enga&ntilde;ar, as&iacute; que en &eacute;l tambi&eacute;n se esconden importantes costas.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, este neo-estoicismo cotiza bien porque s&iacute;, es una filosof&iacute;a de la crisis, pero de una crisis percibida en min&uacute;scula, soportable, de aquellas que con poco que se haga uno ya la siente menos crisis. Cuando la percepci&oacute;n de la crisis es profunda y llega a hacerse insoportable, uno no se conforma con cambiar de mentalidad para minimizar los da&ntilde;os. Cuando la crisis es realmente cr&iacute;tica, lo que se quiere cambiar son las realidades que duelen, no las percepciones que se tienen. En cambio, este neo-estoicismo es una filosof&iacute;a de la crisis que se enfrenta a los desajustes del sistema, pero no al sistema como desajuste. Es como si en su balance final de pros y contras el resultado arrojase un saldo lo suficientemente positivo para encauzar solo lo imprescindible y permitir que todo pueda seguir igual. &iquest;Transformar la realidad? No, mejor nos reajustamos y dejamos que las cosas &ldquo;fluyan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este neo-estoicismo, adem&aacute;s, se utiliza el &ldquo;nos&rdquo; solo como plural mayest&aacute;tico, simb&oacute;lico, porque a la pr&aacute;ctica cada cual debe operar en su vida como si fuera un rey sol. Antes a eso se lo llamaba egocentrismo, ahora se lo denomina priorizarse a uno mismo. Es verdad que en el estoicismo cl&aacute;sico se reclaman la amistad y la oikeiosis como resortes de una vida deseable. La oikeiosis es un concepto que puede entenderse como apropiaci&oacute;n o familiaridad y tiene que ver con el proceso de cuidado que se propaga desde uno mismo hacia los dem&aacute;s. Seg&uacute;n el estoico Hierocles, podemos imaginarnos la oikeiosis como un proceso de cuidado que empieza por uno mismo y va extendi&eacute;ndose al resto de esferas de la vida hasta llegar a la alteridad universal, la humanidad. 
    </p><p class="article-text">
        La idea de la oikeiosis es bonita, qui&eacute;n puede decir lo contrario, pero en el fondo viene a decir que primero hay que cuidarse a uno mismo para poder cuidar a los dem&aacute;s y, como siempre hay quien cree que nunca se cuida a s&iacute; mismo lo suficiente, existe el riesgo de concluir que a los dem&aacute;s ya los cuidar&aacute; otro. Por eso resultan m&aacute;s bellas y completas las &eacute;ticas relacionales que insisten en que nadie se cuida a s&iacute; mismo sin a la vez cuidar y ser cuidado por los dem&aacute;s. Las &eacute;ticas relacionales expresan mejor nuestra condici&oacute;n vulnerable y, por eso tambi&eacute;n, son las m&aacute;s indicadas para alejarnos de la soledad que tanto nos mina por dentro. Estamos hastiados de tener que comportarnos como Luises XIV de sof&aacute; y manta y fingir estar divinamente bien con solo instalarnos en la primera esfera de este sistema &ldquo;solar&rdquo;, la del autocuidado.
    </p><p class="article-text">
        El neo-estoicismo del siglo XXI es una filosof&iacute;a de la crisis individual pero no una filosof&iacute;a de la vida en comunidad. Veremos qu&eacute; recorrido acaba teniendo este caballo de Troya llamado neo-estoicismo, pero no creo que S&eacute;neca o Marco Antonio sintiesen gran paz mental al descubrir hacia qu&eacute; se orientan sus principios. Aun as&iacute;, dudo que se alterasen, pues no s&eacute; yo si la contenci&oacute;n emocional estoica les permitir&iacute;a alzar la voz para decir &ldquo;&iexcl;basta!&rdquo;. Es m&aacute;s, lo presumible es que optasen por adaptarse.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, quiz&aacute;s somos nosotros quienes debemos tomar cartas en el asunto e ir incluso m&aacute;s all&aacute;. Es innegable que para ciertos momentos de la vida el estoicismo es de gran ayuda, momentos en los que la salida del atolladero pide minimizar da&ntilde;os y luego ya se ver&aacute;. Pero en otras circunstancias, el estoicismo suena m&aacute;s a triste resignaci&oacute;n que a sabia aceptaci&oacute;n, y eso, teniendo en cuenta que la vida no est&aacute; hecha para ser soportada, no es una l&uacute;cida decisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; yo, a lo mejor de lo que ya va siendo hora es de que dejemos de compr&aacute;rselo todo al propio estoicismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miquel Seguró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/neo-estoicismo-no-bueno-si-remedio-participa-problema-cat_1_13236980.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 21:12:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tanto neo-estoicismo no puede ser bueno: ¿y si el remedio participa del problema?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,estoicismo,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La tercera fuga', la obra que arrasa en Barcelona y que apela a la conciencia histórica y generacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/tercera-fuga-obra-arrasa-barcelona-apela-conciencia-historica-generacional_1_12329884.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea37e363-3924-4a88-be42-6b2b8eb20042_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La tercera fuga&#039;, la obra que arrasa en Barcelona y que apela a la conciencia histórica y generacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra de Victoria Szpunberg se ha convertido en el fenómeno teatral de la temporada en la capital catalana con un texto que describe las desventuras de una familia obligada a exiliarse  </p><p class="subtitle">'Buenas noches, y buena suerte', la obra de George Clooney que inspira la resistencia contra los abusos de Trump</p></div><p class="article-text">
        En el Teatre Nacional de Catalunya se puede ver hasta este domingo, <a href="https://www.tnc.cat/es/la-tercera-fuga" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>La tercera fuga</em></a>, una obra ideada y dirigida por Victoria Szpunberg que ha cosechado, funci&oacute;n tras funci&oacute;n, el aplauso del p&uacute;blico y de la cr&iacute;tica. Tal ha sido la aclamaci&oacute;n general que ya podemos decir, sin riesgo a equivocarnos, que se trata de uno de los fen&oacute;menos culturales barceloneses del a&ntilde;o 2025. La gran acogida que ha tenido la obra se explica por lo bien que conjuga sus elementos (principalmente, una impactante historia y una imponente puesta en escena), pero tambi&eacute;n porque la obra apela a una cuesti&oacute;n muy sensible para nuestra &eacute;poca que ha hecho que el p&uacute;blico saliera del teatro con la sensaci&oacute;n de haber visto y escuchado algo &iacute;ntimamente relacionado con su vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>La tercera fuga</em> narra un siglo de vida de una familia a trav&eacute;s de las desventuras de tres de sus generaciones marcadas por la tragedia y el exilio. Cada uno de estos espacio-tiempo generacionales (la Ucrania de 1920, el Buenos Aires de 1970 y la Barcelona de 2020) reciben una puesta en escena personalizada, lo que insufla a la obra dinamismo y hace que sus casi tres horas de duraci&oacute;n fluyan. Al mismo tiempo, el hilo narrativo general nunca se pierde. La obra consigue sortear los riesgos de la dispersi&oacute;n y de la an&eacute;cdota y mantiene la atenci&oacute;n del espectador focalizada en el concepto neur&aacute;lgico de la trama: la narratividad de la vida como principio de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los temas no resueltos de la contemporaneidad digital es la falta de conciencia hist&oacute;rica y generacional. Vivimos desconectados de la posibilidad de construir historias compartidas entre generaciones. Quiz&aacute;s porque nos da miedo, o quiz&aacute;s porque no tenemos tiempo para otro tipo de conciencias que no sean las del &ldquo;mism&iacute;simo ahora&rdquo;, mucha de nuestra atenci&oacute;n se la lleva la necesidad de estar hiperconectados al mundo de &ldquo;hoy&rdquo;. Primero lo inmediato, y luego ya veremos, y as&iacute;, optamos por vivir con una perspectiva narrativa muy estrecha. Apenas sabemos nada de quienes nos rodean, apenas sabemos nada de nuestras historias transgeneracionales, y apenas nos preguntamos si tendr&iacute;amos ganas de saberlo. Con lidiar con la agenda diaria anal&oacute;gica y digital ya tenemos suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Hace casi un siglo Walter Benjamin escribi&oacute; un breve y sustancioso ensayo titulado <a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-narrador/9789568415952/4852812?srsltid=AfmBOoqvFjepgoy6cI4Gxr7OjN4jSNO5H8POUUjGZKQhSiEeJnQ15wco" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El narrador</em></a><a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-narrador/9789568415952/4852812?srsltid=AfmBOoqvFjepgoy6cI4Gxr7OjN4jSNO5H8POUUjGZKQhSiEeJnQ15wco" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> </a>(1936). En &eacute;l, Benjamin sostiene que la narraci&oacute;n representa la artesan&iacute;a de la comunicaci&oacute;n. A diferencia del proceso informativo, que es chispeante y disruptivo, narrar implica una labor personal que requiere tiempo y ritmo. Demanda atenci&oacute;n y exige saber estar a la distancia justa. No es un fulminante proceso creativo ni tampoco un ejercicio de repetici&oacute;n e imitaci&oacute;n. La narraci&oacute;n no es ni una invenci&oacute;n ni una reproducci&oacute;n. El verdadero talento del narrador, acota Benjamin, es lograr narrar su vida a la luz de su historicidad. Ensanchar la perspectiva del tiempo y de la experiencia, huyendo de la superposici&oacute;n de episodios a modo de stories y de la acumulaci&oacute;n indiscriminada de datos. La narraci&oacute;n es un trabajo de la memoria
    </p><p class="article-text">
        La obra teatral de Szpunberg plantea a los espectadores una narraci&oacute;n en la cual las vidas personales puestas en escena quedan insertadas en una trama que las trasciende y relativiza. En un contexto saturado de postureos digitales como el nuestro, reivindicar que uno mismo no es el centro del mundo es apostar por lo que de verdad es real. Lejos de esl&oacute;ganes como: estate pendiente de ser t&uacute; mismo, reinv&eacute;ntate, oc&uacute;pate de tu marca personal, y, sobre todo, tira hacia adelante sin mirar demasiado atr&aacute;s, La tercera fuga recuerda que todos venimos al mundo en condici&oacute;n de herederos. Llegamos al mundo, a un mundo en concreto; no lo inventamos, por eso nadie empieza su vida enteramente desde cero. Un pasado hist&oacute;rico o familiar nos puede agobiar y coartar o, al rev&eacute;s, nos puede vitalizar y brindar un lugar. A un pasado lo podemos amar o detestar. Podemos huir de &eacute;l o correr hacia &eacute;l. Pero no lo podemos ignorar.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;Historia&rdquo; se compone de narraciones concretas, sean estas personales o comunitarias. Si no hubiese granos de arena no existir&iacute;an las playas. De ah&iacute; que Szpunberg vaya recordando a lo largo de <em>La tercera fuga </em>que se est&aacute; hablando de historias, en min&uacute;scula. Pero a su vez nuestras historias personales no nos pertenecen completamente. Nuestras historias tienen que ver con el tiempo que nos precede, con el tiempo que habitamos y con el tiempo que nos trasciende. Historias que despu&eacute;s se entrelazan entre s&iacute; y dan a las biograf&iacute;as una densidad propia. Nadie se puede explicar a s&iacute; mismo sin contar con la vida de los dem&aacute;s, como tampoco un solitario grano de arena es capaz de generar una playa.
    </p><p class="article-text">
        En la era de los clics y de los likes vivimos un tremendo apag&oacute;n de conciencia temporal y narrativa. Lo que importa es el timeline de la aplicaci&oacute;n de turno, que es la menos real de las experiencias del tiempo. En el timeline todo se amontona, sin m&aacute;s. Y sin una m&iacute;nima ordenaci&oacute;n temporal que nos enra&iacute;ce en el mundo, ejercemos de cartesianos aun sin desearlo: mientras tengamos el ego a buen recaudo parece que con eso ya nos basta. Y entonces viene cuando nos sentimos solos, desvinculados de las historias, de los abrazos, de los gestos, y autoexiliados de la realidad de un mundo al que tememos y anhelamos a partes iguales. La soledad no deseada es una de las grandes preocupaciones de nuestra sociedad. Los &iacute;ndices hablan de grados de percepci&oacute;n muy altos, sobre todo en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, de ah&iacute; que a cada tanto reaparezca el tema en los medios de comunicaci&oacute;n. Es para pens&aacute;rselo bien: a m&aacute;s posibilidades de conectividad, menos sensaci&oacute;n de estar vinculados. Recuperar la narratividad de nuestras vidas no nos solucionar&aacute; completamente el problema, pero levantar la cabeza de la pantalla para conversar y sobre todo escuchar, aunque sean las batallitas de padres y abuelos, seguro que ayuda a la causa.
    </p><p class="article-text">
        Vivir implica estirar del hilo, un hilo que hoy tenemos que saber c&oacute;mo no perder y que ma&ntilde;ana tendremos que saber c&oacute;mo dejar en herencia. <em>La tercera fuga</em> le recuerda a quien quiera escuchar que nuestras vidas funcionan como un tejido de intersecciones. Un tejido vivo que sigue estando siempre por hilar.&nbsp;Hacia el final de la obra la escritora que aparece en escena confiesa las dificultades que encuentra para saber c&oacute;mo finalizar su texto, representando los quebraderos de cabeza de la propia Szpunberg para darle a su creaci&oacute;n un buen cierre. Quien haya visto la obra recordar&aacute; c&oacute;mo termina, aunque intuyo que todos nos lo podemos m&aacute;s o menos imaginar. Teniendo en cuenta nuestra dimensi&oacute;n narrativa, <em>La tercera fuga</em> no pod&iacute;a no-acabar de otra manera, pues una narraci&oacute;n no es como una obra de arte, que, seg&uacute;n una cita atribuida a Leonardo Da Vinci, no se termina, sino que se abandona. Una narraci&oacute;n es la sinfon&iacute;a inacabada a partir de la cual seguir pregunt&aacute;ndonos por nuestras identidades. Y las identidades no se abandonan, se reformulan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miquel Seguró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/tercera-fuga-obra-arrasa-barcelona-apela-conciencia-historica-generacional_1_12329884.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 May 2025 20:34:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Soledad,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La neura de la filosofía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/neura-filosofia-cat_1_11828989.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d74318e-d299-4a43-b454-224c3e2d7cd9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La neura de la filosofía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por estar viviendo en tiempos de neurolatría, transhumanismos y artificios inteligentes se hace más urgente tematizar qué somos los homo sapiens sapiens y qué papel jugamos en la trama de la vida</p><p class="subtitle">El último 'Rincón de pensar'  - ¿Fe en la justicia?, por Jordi Nieva-Fenoll</p></div><p class="article-text">
        Todo lo que tiene que ver con el funcionamiento del cerebro nos fascina. Tenemos asumido que en el cerebro se esconde el misterio de nuestra vida an&iacute;mica, as&iacute; que nos parece de lo m&aacute;s evidente que su estudio nos apasione tanto. Si antiguamente se consideraba que el centro neur&aacute;lgico de nuestro ser se encontraba en el coraz&oacute;n, donde incluso se alojaban los &ldquo;recuerdos&rdquo; (del lat&iacute;n, <em>cor-cordis</em>), ahora asumimos que todo sucede en la cabeza. Alguien podr&aacute; decir que algo debe quedar de aquella comprensi&oacute;n ancestral cuando decimos que para las cosas importantes hay que seguir lo que nos susurra el coraz&oacute;n, pero en el fondo sabemos que son las conexiones cerebrales las que dictan sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Fruto de esta fascinaci&oacute;n por la vida cerebral podemos decir que vivimos en tiempos de neurolatr&iacute;a, una doctrina que obliga a explicar y avalar cualquier cosa por medio de la neurociencia para revestirla de autoridad. Es incluso habitual encontrar en la prensa del d&iacute;a noticias que informan de alg&uacute;n nuevo avance neurocient&iacute;fico relacionado con fen&oacute;menos centrales de nuestra vida. Son informaciones que r&aacute;pidamente captan nuestra mirada porque a trav&eacute;s de ellas aspiramos a esclarecer algunos de los misterios de la vida que tanto nos traen de cabeza (el circuito del amor, el de la empat&iacute;a, el de la violencia o el de la bondad, por ejemplo). Noticias, pues, a trav&eacute;s de las cuales aspiramos a descubrir la sinapsis filosofal de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o algunos medios de comunicaci&oacute;n se hicieron eco de un evento que est&aacute; llamado a cambiar sustancialmente nuestra aproximaci&oacute;n al tema. Se trata de un atlas que recoge y detalla los conocimientos sobre el cerebro evidenciados por un macro-proyecto iniciado hace ya unos a&ntilde;os que se presume que tendr&aacute; mucha incidencia en las m&uacute;ltiples derivadas relacionadas con este &oacute;rgano tan complejo y enigm&aacute;tico. La magnitud del hito puede llegar a ser de proporciones y consecuencias nunca vistas ahora porque la &uacute;nica certeza que de verdad tenemos acerca del cerebro es que por ahora no sabemos mucho sobre &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        El tercer jueves de cada mes de noviembre se celebra el D&iacute;a Mundial de la Filosof&iacute;a (este a&ntilde;o fue el pasado jueves), y creo que la efem&eacute;ride es una buena ocasi&oacute;n para reclamarnos a todos los que nos dedicamos a la filosof&iacute;a (y por extensi&oacute;n a todas las disciplinas human&iacute;sticas) prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a los descubrimientos que se van realizando en el campo de las ciencias, particularmente en el de las neurociencias. A veces parece que la gente de filosof&iacute;a tengamos un no s&eacute; qu&eacute; receloso hacia estos conocimientos, como si hubiera algo en ellos que nos hiciera sentir inseguros o heridos en el orgullo, cuando en realidad no hay por qu&eacute;. Si algo hacen las neurociencias es ensanchar el debate sobre temas tan centrales para la filosof&iacute;a como pueden ser la &eacute;tica, la teor&iacute;a del conocimiento o la espiritualidad. El peligro (si es que se lo puede llamar as&iacute;) de que las neurociencias acaparen el discurso y que la gente de filosof&iacute;a y de letras nos quedemos sin voz es m&aacute;s un miedo (si es que se le puede tambi&eacute;n llamar as&iacute;) que una realidad. Entre otras cosas porque la importancia de la ciencia y de su valor para la sociedad no nace de un dato meramente cient&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el valor de la ciencia para una determinada sociedad se afianza en datos pero se corrobora por medio del reconocimiento cultural de esos datos. A la ciencia se la representa en nuestra escala de valores tambi&eacute;n por la validaci&oacute;n cultural y social que obtiene. As&iacute; lo advirti&oacute; el psiquiatra y fil&oacute;sofo existencialista <a href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jaspers.htm" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Karl Jaspers</a> hace unos cuantos a&ntilde;os y as&iacute; lo comprobamos cada d&iacute;a. De hecho, una de las cuestiones que continuamente aparece en relaci&oacute;n al cerebro es el misterio de su plasticidad, una dinamicidad que implica muchos interrogantes filos&oacute;ficos y sociales que superan de largo el &ldquo;mero&rdquo; dato cient&iacute;fico. Saber por qu&eacute; esperamos tanto de la neurociencia, de sus conocimientos y de qu&eacute; forma esos conocimientos pueden y deben revertir en la vida social y personal son asuntos que no s&oacute;lo pueden responderse solo desde el microscopio.
    </p><p class="article-text">
        El ser humano es una forma de vida siempre por descubrir. &iquest;Qu&eacute; somos los seres humanos? La radicalidad y profundidad de esta cuesti&oacute;n hizo que el fil&oacute;sofo Immanuel Kant (de quien este a&ntilde;o celebramos el tricentenario de su nacimiento) afirmara que en ella se engloban el resto de grandes preguntas que a su juicio nos rondan por la cabeza: &iquest;qu&eacute; puedo saber? &iquest;qu&eacute; debo hacer? &iquest;qu&eacute; puedo esperar? El D&iacute;a Mundial de la Filosof&iacute;a es tambi&eacute;n una buena fecha para recordar que aunque no lo hagamos de forma consciente, constantemente nos estamos cuestionando a nosotros mismos. Y justamente por estar viviendo en tiempos de neurolatr&iacute;a, transhumanismos y artificios inteligentes se hace m&aacute;s urgente tematizar qu&eacute; somos los homo sapiens sapiens y qu&eacute; papel jugamos en la trama de la vida.
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a y las humanidades no pueden darle la espalda a las ciencias experimentales porque se estar&iacute;an boicoteando a ellas mismas, pero al mismo tiempo las ciencias experimentales deben dar la cara por las muchas implicaciones existenciales que sus investigaciones comportan, puesto que las ciencias tambi&eacute;n est&aacute;n sujetas a la vulnerabilidad y contradicci&oacute;n de la experiencia humana. 
    </p><p class="article-text">
        Es probable que nunca lleguemos a responder satisfactoriamente la pregunta de las preguntas kantiana: de la misma forma que el cerebro va modul&aacute;ndose a s&iacute; mismo a medida que respira la humanidad se va haciendo a s&iacute; misma a medida que camina. Todo hace indicar que cualquier eventual soluci&oacute;n al enigma de saber qui&eacute;nes somos tendr&aacute; m&aacute;s que ver con la acci&oacute;n performativa que con la reflexi&oacute;n te&oacute;rica. Pero ni en esas tenemos excusa para dejar de estar atentos a todo lo que ocurre en la diversidad de los campos del conocimiento. Tanto en los cient&iacute;ficos como en los human&iacute;sticos. A fin de cuentas nuestro cerebro es tanto de ciencias como de letras, se dediquen los cuerpos que lo acogen al trabajo del microscopio en el laboratorio o de los libros en las bibliotecas. Para qu&eacute; fatigarlo con batallitas de gremio que, adem&aacute;s, lo distraen in&uacute;tilmente.
    </p><p class="article-text">
        ** <em>Miquel Segur&oacute; es autor de </em><a href="https://herdereditorial.com/la-vida-tambien-se-piensa-9788425441325?srsltid=AfmBOoqwVufNoc-14lHKbUZ9zXtkjIFxdYPuuuk1uffJY0aARPKecWdy" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>&lsquo;La vida tambi&eacute;n se piensa&rsquo; </em></a><em>(2018) y &lsquo;</em><a href="https://herdereditorial.com/vulnerabilidad-9788425447273?srsltid=AfmBOooK9J007dZ-KCVkx9P3y3jlYuKvXsM8XubDsIaxDGc-QPfMFe2F" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Vulnerabilidad&rsquo; </em></a><em>(2021).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miquel Seguró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/neura-filosofia-cat_1_11828989.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Nov 2024 20:47:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La neura de la filosofía]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tomárselo con filosofía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tomarselo-filosofia_129_1105149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/542e6c25-1ff9-495d-8ddd-3ad87c21051c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tomarse las cosas con filosofía significa ahora dejar trabajar a los profesionales, seguir las diligencias oficiales recibidas que como ciudadanos debemos co-asumir, y considerar el asunto como lo que es: la emergencia de un problema radical</p></div><p class="article-text">
        Primum vivere, deinde philosophari. Es decir, primero vivir, luego filosofar. Es una de las citas de los cl&aacute;sicos &ndash;tambi&eacute;n atribuida a Hobbes&ndash; m&aacute;s recurridas para explicar de qu&eacute; va la filosof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La crisis del COVID-19 nos pone en una situaci&oacute;n incierta y, por eso, m&aacute;s dif&iacute;cil. Exige lo mejor de nosotros. Y en esas estamos y a esas estamos orientados. Primum vivere: hay que superar el trance de la mejor y m&aacute;s indemne forma posible, con cabeza. Pero luego, deinde philosophari. No pospongamos m&aacute;s afrontar algunas de las realidades, profundas, que subyacen en el asunto. Por ejemplo, las caracter&iacute;sticas existenciales y biol&oacute;gicas (tambi&eacute;n antropol&oacute;gicas) que nos definen y lo demasiado alejadas que est&aacute;n de ellas algunas din&aacute;micas sociales, econ&oacute;micas y, sobre todo, &eacute;tico-pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Afrontar una crisis de bienes primarios es afrontar una crisis radical. Ortega y Gasset se refer&iacute;a al &ldquo;ser&rdquo; del individuo como realidad radical. La crisis amenaza de ra&iacute;z lo que m&aacute;s apreciamos y necesitamos: la vida concreta, la bios. La salud es lo primero y lo &uacute;ltimo porque es condici&oacute;n de posibilidad de todo, de absolutamente todo. T&eacute;rmino polis&eacute;mico, es deber de cada cual cuidar la salud en sus muchas facetas. Como humanos disponemos, sin embargo, de formidables elementos cognitivos y emocionales para poder convivir con esta realidad, con nuestra condici&oacute;n vulnerable. Avances biosanitarios, mayor conocimiento de las din&aacute;micas emocionales y una diversidad de expresiones culturales, que profundizan en nuestras potencialidades, nos ayudan en la empresa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y de la filosof&iacute;a, qu&eacute; cabe esperar? La filosof&iacute;a que, como el resto de disciplinas, la desarrollan personas de carne y hueso sujetas a las mismas condiciones de finitud y contingencia, se mueve fundamentalmente en el espacio de las preguntas. Hegel, del que conmemoramos este a&ntilde;o su 250 aniversario, la comparaba con el mochuelo de Minerva, que alza el vuelo al anochecer. Es decir, cuando la acci&oacute;n ha pasado. Tomarse las cosas con filosof&iacute;a significa ahora dejar trabajar a los profesionales, seguir las diligencias oficiales recibidas, que como ciudadanos debemos co-asumir, y considerar el asunto como lo que es: la emergencia de un problema radical.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, advendr&aacute;n tiempos que no sabremos por d&oacute;nde discurrir&aacute;n. La crisis es global porque es, una vez m&aacute;s, radical. Afecta a la especie en su conjunto. Sin excepci&oacute;n. Conviene no perderlo de vista, pues hacerlo ser&iacute;a demasiado temerario por nuestra parte, como especie. Pensando, sobre todo, en lo que tiene que ver con la cuesti&oacute;n de la vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Se hablar&aacute; de todas las cosas buenas que como sociedades hemos sabido hacer, de las que no tanto, de aquellas que cabr&iacute;a incentivar, pero ser&iacute;a del todo incomprensible que no pusi&eacute;ramos la realidad de la vulnerabilidad, y la interdependencia que supone, como categor&iacute;a regia a partir de la cual reorganizar nuestras vidas. Para lo bueno (capacidad de empatizar, de reconocer sensibilidades, de abrirse y conectar con la alteridad), y para lo que es menos, que tiene que ver precisamente con la finitud y contingencia. Pretender desterrar la vulnerabilidad que encarnamos es no querer aceptar lo que en primera y &uacute;ltima instancia somos: seres necesitados. Estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos. Es la primordial realidad, la m&aacute;s democr&aacute;tica y transversal.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la categor&iacute;a que da raz&oacute;n de ser a la democracia es la vulnerabilidad. En nuestro ser, humano, la vulnerabilidad va de la mano de otra realidad: somos y vivimos en relaci&oacute;n. Lo que le pasa al otro nos afecta, y viceversa. Por eso Stuart Mill sigue teniendo raz&oacute;n: cuanta m&aacute;s felicidad (ausencia de dolor, puntualiza) haya, mejor para todos. No hay verdadera felicidad si esta no est&aacute; lo m&aacute;s extendida posible. Lo mismo que para la salud. Algo que deber&iacute;a hacer m&aacute;s urgente que tanto econom&iacute;a y pol&iacute;tica se orienten a la consecuci&oacute;n de una real transversalizaci&oacute;n de lo com&uacute;n. Es decir, m&aacute;s y mejor justicia social.
    </p><p class="article-text">
        Como especie disponemos de grandes capacidades a nuestro favor: profundicemos en el conocimiento, generemos m&aacute;s contextos de empat&iacute;a y fortalezcamos lazos de bondad. Est&aacute; en nuestras manos. Virtudes y actitudes que hacen m&aacute;s llevadera nuestra fragilidad y la compensan. No tiene ning&uacute;n sentido que dediquemos tanto tiempo a complicarnos aun m&aacute;s la vida, habida cuenta nuestro condicionado lugar en el cosmos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miquel Seguró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/tomarselo-filosofia_129_1105149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2020 20:14:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tomárselo con filosofía]]></media:title>
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