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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paloma Fernández Pérez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paloma-fernandez-perez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paloma Fernández Pérez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El mundo post-COVID, un reto también personal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/mundo-post-covid-reto-personal_132_5972103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bffad09-5385-40a4-adc7-77a3ca77dc98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pleno del Parlamento Europeo del 16 de abril de 2020."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los gobiernos realizan comisiones para salir de la crisis, pero no tendrán el alcance necesario si no van acompañadas de las que debemos realizar cada uno de nosotros</p></div><p class="article-text">
        Por todo el mundo, y como no pod&iacute;a ser de otra manera, se est&aacute;n publicando libros y art&iacute;culos y se est&aacute;n poniendo en marcha comit&eacute;s de expertos, la mayor&iacute;a con la &ldquo;o&rdquo; del masculino, para pensar en la salida de la crisis, en el mundo post-COVID-19. Muchos parlamentos y gobiernos han puesto en marcha estas comisiones o comit&eacute;s, sabedores de que esta crisis no es solo un mal momento coyuntural que hay que pasar lo antes posible, sino un verdadero toque de atenci&oacute;n para hacer las cosas de otra manera. Una reflexi&oacute;n que tambi&eacute;n est&aacute;n haciendo las empresas y los<em> &#8239;think tanks</em> &#8239;a los que financian, y por supuesto las &eacute;lites financieras que controlan gran parte de nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Pero todas esas reflexiones no tendr&aacute;n el alcance necesario si no van acompa&ntilde;adas de las que hemos de realizar las personas a t&iacute;tulo personal para reactivar y reinventar, tambi&eacute;n nosotras y nosotros, los valores que asumimos, los principios &eacute;ticos que nos gu&iacute;an, nuestra posici&oacute;n en el mundo o la forma en que nos relacionamos con los dem&aacute;s y con la naturaleza. Es decir, si en lugar de asumir lo que nos digan, asumimos un compromiso personal efectivo para hacer que lo que hacemos por nuestra cuenta y lo que hacemos por los dem&aacute;s y por la sociedad en su conjunto sea distinto a lo que venimos haciendo. Porque nuestro comportamiento individual en todos estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, tambi&eacute;n tiene que ver con lo que nos viene sucediendo.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente, lo que suele ocurrir cuando se habla de pacto ciudadano, de pacto social o de pacto verde, es que las y los ciudadanos apenas nos sintamos concernidos, limit&aacute;ndonos a ser sujetos pasivos, meros destinatarios sin respuesta de las pol&iacute;ticas, restricciones, derechos u obligaciones que asumimos como condiciones cuasi naturales, como condiciones que nos vienen dadas. Si esto no cambia, si no modificamos nuestra subjetividad, nuestras condiciones y compromisos personales, no habr&aacute; pacto social capaz de resolver esta espiral de crisis sobre la que cabalgamos en los &uacute;ltimos decenios de dominio neoliberal: cuando no ecol&oacute;gica, de cuidados, sanitaria, econ&oacute;mica, de las instituciones o la democracia...
    </p><p class="article-text">
        En contra de lo que se ha querido hacer creer, el neoliberalismo no ha sido simplemente una mera modalidad de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. Ya Foucault comenz&oacute; a mostrar, incluso antes de que se convirtiera en pol&iacute;ticas efectivamente aplicadas, que era algo m&aacute;s relevante que un modo de producci&oacute;n o incluso una apuesta pol&iacute;tica de largo alcance: comportaba un proceso de transformaci&oacute;n radical de lo subjetivo que se sosten&iacute;a, al mismo tiempo y como encima de una especie de tr&iacute;pode, sobre una nueva y revolucionaria versi&oacute;n de la econom&iacute;a, del ejercicio del poder y de las vivencias de los sujetos.
    </p><p class="article-text">
        Margaret Thatcher lo expres&oacute; con extraordinaria precisi&oacute;n y claridad cuando dijo aquello de que lo prioritario no era la econom&iacute;a, sino cambiar el alma, el coraz&oacute;n de las personas. Ella sab&iacute;a que la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica permitir&iacute;a un nuevo modo de producir y consumir y que el ejercicio del poder que se propon&iacute;a iba a permitir cambiar las prioridades de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, para dar privilegio a la iniciativa privada y al mercado, para desmantelar el Estado protector y para liberar a la gran empresa de la pesada carga fiscal que le impon&iacute;a, para crear el nuevo universo de lo monetario y las finanzas como espacio del beneficio y, en fin, para proporcionar al capital la mayor libertad posible de movimientos mientras que se ataba en corto a las clases trabajadoras y a sus instrumentos de defensa, los sindicatos. Pero sab&iacute;a tambi&eacute;n y de ah&iacute; esa frase, que nada de eso ser&iacute;a posible si no se cambiaban los valores, los incentivos, las aspiraciones, la &eacute;tica, el modo de pensar, de actuar, de protegerse y de legitimar el orden establecido de todos los individuos.
    </p><p class="article-text">
        Lo consiguieron creando un nuevo tipo de sujeto ensimismado, que no proyecta sobre s&iacute; una aspiraci&oacute;n ni un horizonte que no sean los suyos propios, los que se dibujan a exclusiva imagen y solo en semejanza consigo mismo, que valora sobre todo el diferenciarse de los dem&aacute;s, el sentirse distinto y, por tanto, que vive y act&uacute;a como un &aacute;tomo aparte de los dem&aacute;s seres humanos, a quienes, en consecuencia, cree que no los necesita. La falacia de la individualidad que tan bien ha desarrollado un modelo de conocimiento androc&eacute;ntrico.
    </p><p class="article-text">
        Se consigui&oacute; forjar el cambio de mentalidad que se necesitaba para que fuese posible extender la producci&oacute;n que ofrece productos (real o incluso tan solo aparentemente) diferenciados y que nos define como personas a trav&eacute;s de lo que consumimos; el consumo a la medida de cada uno, envuelto en apariencias singularizadoras. Pero tambi&eacute;n para sostener (legitimar) la nueva presencia social de un sistema capitalista que iba a poder dejar de ser protector, pactista, satisfactorio en la medida en que satisface el consumo se masas, el mantenimiento de la capacidad adquisitiva, la estabilidad en la f&aacute;brica y la &ldquo;quietud&rdquo; que en el hogar proporcionaban las mujeres dedicadas &ldquo;a sus labores&rdquo;; para que se pudiera aceptar y legitimar de manera c&oacute;mplice y entusiasta un estado y un sistema cada d&iacute;a m&aacute;s objetivamente insatisfactorio, por desigual e inestable.
    </p><p class="article-text">
        En las condiciones normales del neoliberalismo rampante es muy dif&iacute;cil que una l&oacute;gica civilizatoria de esa naturaleza no ya se disipe sino incluso que se dejen notar las v&iacute;as de agua. Y, cuando la situaci&oacute;n a veces cruje sin remedio, la comunicaci&oacute;n social controlada desde los oligopolios informativos, o la hegemon&iacute;a del pensamiento que se ha venido cultivando en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os en las instituciones educativas y centros de investigaci&oacute;n social, o m&aacute;s tarde y directamente la mentira, las <em>fake news</em> de nuestros d&iacute;as, hacen pr&aacute;cticamente imposible que se venga abajo el velo que tapa las verg&uuml;enzas que hay debajo del neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        La crisis que ha provocado la COVID-19 es otra cosa. De pronto, el velo ha ca&iacute;do y ha quedado a la vista la realidad tal cual es.
    </p><p class="article-text">
        Los mercados se han distorsionado enormemente como no lo hab&iacute;an hecho en un siglo generando una incertidumbre paralizadora y miedo, ese miedo que odia el capitalismo porque genera p&aacute;nico, y la irracionalidad de los mercados. Ante el miedo y la amenaza del p&aacute;nico, y de los miles de muertos sobre la mesa cada d&iacute;a, las &eacute;lites que nos gobiernan han recibido una enorme bofetada que les ha hecho reaccionar, aunque a&uacute;n no sabemos muy bien en qu&eacute; direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad ha tenido que movilizarse para coser mascarillas que no llegaban, distribuir a los hospitales equipos hechos con bolsas de pl&aacute;stico in&uacute;tiles para que los m&eacute;dicos y enfermeras se enfrentaran a lo que se les ven&iacute;a encima, una sociedad que para espantar sus miedos se ha convocado ella solita cada d&iacute;a a las 20h para darse &aacute;nimos. Alumnos confinados que quedaban solos con el apoyo de sus familias y sus profesores para darles &aacute;nimos y decirles que aqu&iacute; no pasaba nada. Una sociedad que a pesar de haber sido empujada durante d&eacute;cadas a no comportarse como sociedad y a la infantilizaci&oacute;n, se ha mantenido fuerte estos dos meses y medio, en buena medida porque a&uacute;n no se han desmantelado del todo, los pilares del Estado de bienestar y los resortes democr&aacute;ticos que hemos venido construyendo en el &uacute;ltimo medio siglo en un contexto de privatizaciones y l&oacute;gicas individualistas.
    </p><p class="article-text">
        Lo p&uacute;blico, lo privado y las redes ciudadanas y familiares han apoyado, como han podido, para reducir los contagios y la mortalidad, y para frenar la recesi&oacute;n econ&oacute;mica que ya tenemos encima. El cuidado y lo que hasta ahora no hab&iacute;a valido nada -bien lo sabemos las mujeres-, ha pasado a primer t&eacute;rmino, el universo de la mercanc&iacute;a ha perdido su prioridad, y se precisa un intercambio basado en la cooperaci&oacute;n y en la solidaridad. El hogar, donde el ego&iacute;smo del <em>homo economicus</em> act&uacute;a como mecanismo destructor de la convivencia y del amor, ha pasado a ser el espacio de nuestra supervivencia. Aunque ha subido la compra online en el confinamiento, ha aumentado mucho m&aacute;s el ahorro o la petici&oacute;n de ayuda para garantizar la supervivencia. La familia, los paisanos, las redes de solidaridad, son el centro vital estos meses. La naturaleza aflora ante nosotros liberada de la agresi&oacute;n diaria a la que le somete nuestra actividad ahora detenida. Por esto que hemos de tomar distancia no entre nosotros, sino ante el relato que nos hab&iacute;a venido contando hasta ahora de que somos seres ego&iacute;stas que solo buscamos el inter&eacute;s individual.
    </p><p class="article-text">
        Inconscientemente, sin necesidad siquiera de que haya que hacer un planteamiento expreso sobre ello, los individuos se contemplan en el espejo de otro modo, o como seres a los que incomoda o incluso agrede la realidad de fuera.No queremos decir que eso se produzca en todas y cada una de las personas. Nos referimos a que de manera generalizada ha brotado la idea de que hay que reinventar todo, sin que nadie d&eacute; la orden y en todos los &aacute;mbitos de la vida social, no solo de las empresas. Hay que consumir de otro modo, viajar con otros criterios, habitar espacios diferentes, la tecnolog&iacute;a est&aacute; aqu&iacute; para ayudarnos pero todo depender&aacute; de qui&eacute;n y c&oacute;mo se dise&ntilde;e y se controle. El mundo va a cambiar y ese cambio no es otro que el cambio de comportamiento y de ser de los individuos que debemos cambiar nuestra realidad propia pero tambi&eacute;n involucrarnos en la gesti&oacute;n de la com&uacute;n, para que otros no lo hagan por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;gicamente, esto no es ni va a ser resultado ni de un decreto ni de una iniciativa individual generalizada y ni siquiera sabemos si realmente podr&aacute; llevarse a cabo. Todav&iacute;a tenemos opciones para consumirnos en el caos. Pero hemos visto de cerca, y algunos han ca&iacute;do, en el borde del abismo. El abismo de la pobreza, de la soledad, de la p&eacute;rdida de empleo, el cierre del negocio. Lo vemos en la calle, y algo en los medios de comunicaci&oacute;n, aunque no lo suficiente. Los reporteros de guerra espa&ntilde;oles hace poco han confesado que se les ha prohibido hacer estos meses en Espa&ntilde;a lo que se esperaba de ellos en las guerras a las que sus medios les enviaban, para informarnos de la realidad. Estos reporteros han dicho, p&uacute;blicamente, que las im&aacute;genes que nos est&aacute;n pasando los medios de comunicaci&oacute;n se han edulcorado, con im&aacute;genes positivas, im&aacute;genes de curados, bandas sonoras de culebr&oacute;n de la tarde. Sabemos por redes sociales que nuestros sanitarios agradecen los aplausos, pero lo que quieren es m&aacute;s personal, mejores condiciones de trabajo, y recuperar plantillas.
    </p><p class="article-text">
        El caos est&aacute; a la vuelta de la esquina. Sabemos que habr&aacute; rebrotes aunque no sabemos d&oacute;nde ni su intensidad. Sabemos que nos vamos a endeudar a niveles hist&oacute;ricos para que el gobierno intente apoyar a los que menos ingresos tienen en este pa&iacute;s, y evitar hambre y miseria que exist&iacute;an en Espa&ntilde;a hace un siglo, y reflotar la actividad econ&oacute;mica pero hacerla con direcci&oacute;n a la transici&oacute;n ecol&oacute;gica. Pero para que esas medidas tengan efecto, todos tenemos que cambiar tambi&eacute;n nuestros comportamientos y subjetividades, revolvernos ante ese relato que nos han contado tantas veces que no lo cuestionamos, ese que dice que somos seres independientes, que buscamos nuestro inter&eacute;s individual en un s&aacute;lvese quien pueda constante.
    </p><p class="article-text">
        Christian Laval describi&oacute; al sujeto neoliberal como un ser hiperactivo y ultra-reactivo, conminado a responder lo m&aacute;s r&aacute;pidamente como consumidor a los cambios de los mercados y las modas sin pensar en qu&eacute; condiciones se producen y se distribuyen esos productos, ni que modelos de trabajo se desarrollan y si promocionamos las mismas esclavitudes que denunciamos en los sectores en los que nosotros somos los productores. Un sujeto sometido como trabajador al ritmo de la producci&oacute;n y la financierizaci&oacute;n de la econom&iacute;a que imponen l&oacute;gicas sin escala humana y vinculadas a decisiones tomadas por unos algoritmos despojados de cualquier responsabilidad. Individuos a los que se espera se den sin restricci&oacute;n al trabajo y que busquen al mismo tiempo hacerse bien y darse placer, confundiendo los deseos con los derechos como por ejemplo se hace con el fomento de los vientres de alquiler disfraz&aacute;ndolos de derecho a la maternidad o paternidad.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, este individuo se confundi&oacute; con las redes y se exhibi&oacute; en ellas como espect&aacute;culo para &eacute;l mismo, midiendo su &eacute;xito o fracaso a golpe de <em>likes</em> y <em>retuits</em>, en una especie de distop&iacute;a generalizada de las que nos narran las series de &eacute;xito en televisi&oacute;n, como <em>Black Mirror</em>. Todo ello, en una carrera r&aacute;pida, individual e individualista de la que quedan excluidas muchas personas, para empezar todas aquellas con responsabilidades de cuidado que son una mayor&iacute;a de mujeres en el mundo, o quienes no tienen acceso a las tecnolog&iacute;as, el empleo, al conocimiento o los recursos que les permitan participar.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito econ&oacute;mico y laboral eso se tradujo en la fabulaci&oacute;n del hombre-empresa, del sujeto que se hace y se proporciona ingresos a s&iacute; mismo, aunque en realidad solo est&aacute; desconectado de los dem&aacute;s y de las empresas porque han desaparecido las normas protectoras del Derecho del trabajo. En el &aacute;mbito personal, lo conseguido es un sujeto b&aacute;sicamente urbano, aislado, autoenga&ntilde;ado y, en el peor de los casos, cargado de una incomprensi&oacute;n hacia los dem&aacute;s, hacia lo que est&aacute; fuera de s&iacute;, que lo hace extremadamente propenso al odio y la intolerancia, a la ant&iacute;tesis del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La COVID-19 nos obliga a enfrentarnos con nuestro ADN civilizatorio, con los valores que nos mueven y con los puentes que hemos generado con la realidad que nos rodea. Obliga a un ejercicio colectivo y personal de reflexi&oacute;n, de introspecci&oacute;n y de acci&oacute;n colectiva. Pero nada nos asegura que eso vaya a ser posible, que pueda llevarse a cabo una deliberaci&oacute;n sosegada y humanizada, con cordura.
    </p><p class="article-text">
        Ahora iniciamos la llamada desescalada, y con ella se abre la olla a presi&oacute;n del confinamiento iniciado hace dos meses. J&oacute;venes que estuvieron sin botell&oacute;n y sin ver a sus grupos de amigos que se reencuentran sin mascarillas ni distancia de seguridad. Deportistas que salen en estampida de sus casas con todo el equipo excepto la mascarilla y todos corriendo o en bici por las mismas avenidas, sin distancia de seguridad con los peatones.
    </p><p class="article-text">
        Familiares que no se ve&iacute;an y que se reencuentran olvidando tambi&eacute;n las distancias. Pol&iacute;ticos que han estado sin el habitual juego de fuerzas pol&iacute;ticas en ayuntamientos, gobiernos auton&oacute;micos, o en el Congreso, que han salido tambi&eacute;n a sacarse selfis, fotos de grupo abrazados, montar caceroladas o bocinazos en las calles. Estos grupos van a aumentar, sin respetar las distancias de seguridad que el resto respetamos. Deber&iacute;a darnos qu&eacute; pensar la portada de hoy del New York Times en la que toman portada no la foto de nadie o de su bandera, sino los nombres de los casi 100.000 fallecidos que ha habido en los Estados Unidos. Esa realidad es la que tenemos que mirar cara a cara y repensar que podemos hacer desde cada uno de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        No es suficiente con envolvernos en unas banderas diciendo que representamos la patria de todos, que no es la patria real. Dif&iacute;cilmente podremos construir la sociedad postCOVID que necesitamos con tanto ego&iacute;smo, mientras que no se entienda que la patria no son las banderas, por importante que sean los s&iacute;mbolos, sino pagar los impuestos que nos permitan tener una sanidad, educaci&oacute;n, pensiones, sistemas de cuidado y servicios ciudadanos y una administraci&oacute;n democr&aacute;tica que nos permita involucrarnos en el gobierno de lo com&uacute;n y el establecimiento de mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas democr&aacute;ticos y por supuesto, respetando a quienes piensen de manera distinta a nosotros.&#8239;
    </p><p class="article-text">
        si dejamos de creernos &aacute;tomos, seres individualistas y ego&iacute;stas que practican el s&aacute;lvese quien pueda o, peor a&uacute;n, el s&aacute;lvese tan solo quien sea como yo, podremos construir una nueva subjetividad y sin ella ser&aacute; imposible que salgamos del caos que se adue&ntilde;ar&iacute;a de un mundo post-COVID si no modificamos el relato y las actuaciones que han hecho de un simple virus una amenaza global. Si no es as&iacute; solo se salvar&aacute;n como en las pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n ese 0.1% de mega millonarios que saldr&aacute;n en arcas o naves espaciales para salvarse del colapso que ellos mismos han provocado y nosotros consentido.
    </p><p class="article-text">
        Si no damos un cambio de tim&oacute;n profundo y radical dif&iacute;cilmente podremos escaparnos de esa distop&iacute;a. Las &eacute;lites lo saben y por eso est&aacute;n comprando nacionalidades de distintos pa&iacute;ses para tener la posibilidad de escaparse de los efectos de las crisis o de las reformas que necesitamos, incluidas las fiscales. Por tanto, m&aacute;s all&aacute; del pacto ciudadano que tenemos que desarrollar para realizar una transformaci&oacute;n post-COVID verde, feminista e inclusiva que soporte los servicios p&uacute;blicos y el gobierno de lo com&uacute;n, necesitamos un pacto con nosotros mismos, porque tambi&eacute;n somos responsables de ese mundo post-COVID.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Gálvez, Paloma Fernández Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/mundo-post-covid-reto-personal_132_5972103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2020 19:46:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Instituciones para el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/instituciones-siglo-xxi_132_5961197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed9e1c43-fa9f-4895-b72b-feefe6e0504d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Instituciones para el siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los países con democracias más consolidadas tienen instituciones más orientadas a la rendición de cuentas y el control ciudadano de la toma de decisiones políticas, además de mayores recursos para ponerlas en marcha</p></div><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas err&aacute;ticas o los errores de las &eacute;lites que controlan las instituciones de un territorio pueden dar al traste con el desarrollo econ&oacute;mico que un pa&iacute;s ha acumulado durante siglos. Y lo contrario tambi&eacute;n puede ser cierto, aunque no abunda en la Historia reciente del mundo contempor&aacute;neo: las pol&iacute;ticas acertadas, la complicidad de las &eacute;lites con su comunidad y la visi&oacute;n a largo plazo de las instituciones de un pa&iacute;s sobre asuntos estrat&eacute;gicos que afectan a la econom&iacute;a y al bienestar pueden determinar largas etapas de prosperidad y bienestar. No lo inventamos nosotras, lo dijo con gran contundencia uno de los economistas m&aacute;s influyentes del siglo XX, Angus Maddison. Maddison estudi&oacute;, en el Development Center de la OCDE en la d&eacute;cada de 1960, las fuerzas profundas que explicaban la existencia de pa&iacute;ses econ&oacute;micamente m&aacute;s desarrollados y de otros m&aacute;s pobres. Advirti&oacute; que esas fuerzas eran de largo plazo y ten&iacute;an mucho que ver con las ideolog&iacute;as, la religi&oacute;n, el colonialismo, las &eacute;lites locales y la calidad de las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones son, fundamentalmente, organizaciones estables que aglutinan grupos de inter&eacute;s de muy diverso &aacute;mbito, desde el financiero al pol&iacute;tico, empresarial, sindical, cultural, profesional, educativo, sanitario, militar, deportivo o religioso. A menudo pensamos que las instituciones son solo aqu&eacute;llas que tienen influencia directa en la creaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales. Alexander Gerschenkron, por ejemplo, estaba convencido hace ya cinco d&eacute;cadas de que las instituciones clave para acelerar el desarrollo en pa&iacute;ses atrasados eran el Estado y la Banca. Muchos pensadores socialistas y economistas de econom&iacute;as emergentes siguen pensando que las instituciones responsables del desarrollo son las que ostentan el m&aacute;ximo poder pol&iacute;tico y financiero. Sin embargo, los graves errores de previsi&oacute;n econ&oacute;mica de economistas y pol&iacute;ticos durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han puesto en cuesti&oacute;n que &eacute;stos dos sean los agentes institucionales capaces de alcanzar realmente el bienestar a largo plazo, m&aacute;s all&aacute; de conseguir periodos de crecimiento econ&oacute;mico y, en particular, industrial m&aacute;s o menos significativos, cuyo impacto medioambiental negativo es hoy d&iacute;a altamente criticado. De hecho, las instituciones financieras que dieron origen a la crisis de 2008, todas ellas demasiado grandes y demasiado apalancadas, siguen en pie, siguen siendo demasiado grandes, y siguen diversificando en exceso su actividad, controlando y financiarizando cada vez m&aacute;s aspectos de la llamada econom&iacute;a productiva. De hecho, cabr&iacute;a preguntarse, tal y como hace Nial Ferguson en La gran degeneraci&oacute;n. C&oacute;mo decaen las instituciones y mueren las econom&iacute;as, por qu&eacute; resulta cien veces m&aacute;s caro sacar un nuevo medicamento al mercado que hace sesenta a&ntilde;os. Un ejemplo ilustrativo en estos tiempos de pandemia y confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, los te&oacute;ricos de la empresa que, como Alfred D. Chandler Jr., han puesto en valor la mano visible de la direcci&oacute;n gerencial profesional en el crecimiento econ&oacute;mico e industrial desde hace un siglo, de alg&uacute;n modo han interpretado tambi&eacute;n desde un trasfondo neoliberal que los modernos directores de empresa act&uacute;an en funci&oacute;n de una l&oacute;gica interna derivada de los cambios tecnol&oacute;gicos, la demanda y la oferta, pr&aacute;cticamente al margen de cualquier cambio externo institucional. Quiz&aacute;s Chandler lleg&oacute; a esa conclusi&oacute;n porque pensaba en las empresas norteamericanas y en el laissez-faire de los agentes econ&oacute;micos, que supuestamente act&uacute;an libremente, sin conexi&oacute;n alguna con la pol&iacute;tica. Sin embargo, cada vez encontramos m&aacute;s casos (v&eacute;ase el caso Odebrecht en Am&eacute;rica Latina, o la trama G&uuml;rtel y el caso Palau de la M&uacute;sica en Espa&ntilde;a), as&iacute; como trabajos acad&eacute;micos para diversos pa&iacute;ses (por ejemplo, los de William Baumol, Randall Morck, Tarun Khanna o Hartmut Berghoff), que se&ntilde;alan c&oacute;mo, a menudo, los empresarios en econom&iacute;as emergentes, pero tambi&eacute;n en econom&iacute;as muy desarrolladas como la alemana y la espa&ntilde;ola, las grandes corporaciones y sus directivos profesionales, y por supuesto los miembros de las &eacute;lites, entran en colusi&oacute;n con las instituciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, sociales y culturales, para desarrollar pr&aacute;cticas corruptas y ganar importantes concursos o jugosas comisiones, que evidentemente van a parar a cuentas privadas. Es lo que economistas como Paul Krugman han denominado &ldquo;capitalismo de amiguetes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que existen diferencias muy grandes entre pa&iacute;ses y tambi&eacute;n entre momentos hist&oacute;ricos en cuanto a los sectores que act&uacute;an como motores del cambio y la especializaci&oacute;n de cada econom&iacute;a. Los sectores m&aacute;s sensibles a la regulaci&oacute;n tienen m&aacute;s incentivos para capturar los espacios de toma de decisi&oacute;n pol&iacute;tica, ya sea a trav&eacute;s de la corrupci&oacute;n, las puertas giratorias y la labor de los lobbies o mediante formas de influencia m&aacute;s sutiles, como la financiaci&oacute;n de equipos de investigaci&oacute;n en universidades o fundaciones que acaban defendiendo &ldquo;cient&iacute;ficamente&rdquo; sus argumentos. Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do a economistas espa&ntilde;oles afirmar que las pensiones se agotaban, y eran economistas financiados por los grandes bancos interesados en promover las pensiones privadas, precisamente aqu&eacute;llos que han tenido, y siguen teniendo, m&aacute;s voz en los medios de comunicaci&oacute;n, muchos de ellos tambi&eacute;n gregarios de esos mismos intereses.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses con democracias m&aacute;s consolidadas tienen instituciones m&aacute;s orientadas a la rendici&oacute;n de cuentas y el control ciudadano de la toma de decisiones pol&iacute;ticas, adem&aacute;s de mayores recursos para ponerlas en marcha. En otros pa&iacute;ses, la herencia de periodos dictatoriales o reg&iacute;menes totalitarios impone una dependencia de la senda de las instituciones, que sin embargo no siempre se someten al control parlamentario o ciudadano, o que, cuando lo hacen, no siempre act&uacute;an en consecuencia con lo puesto de manifiesto en los procesos de control. Y es que esa dependencia de la senda y esa inercia son m&aacute;s determinantes de lo que pueda parecer. Solo la herencia franquista de una clase empresarial rentista y el ejercicio del poder omn&iacute;voro de la banca espa&ntilde;ola pueden explicar el rasgo diferencial de una parte importante de la clase empresarial y financiera espa&ntilde;ola en democracia y la extensi&oacute;n de la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica. Porque no hay que olvidar nunca que la corrupci&oacute;n se da porque existe un corrupto, pero tambi&eacute;n un corruptor.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, los casos de corrupci&oacute;n son muy notorios, pero el morbo no debe hacer perder de vista que la mayor&iacute;a de las personas que se dedican a la pol&iacute;tica lo hacen con vocaci&oacute;n de servicio p&uacute;blico y que la mayor parte de la actividad econ&oacute;mica de un pa&iacute;s la realizan las pymes y los aut&oacute;nomos y, en muchos pa&iacute;ses, tambi&eacute;n los trabajadores informales no registrados ni controlados por las Haciendas de cada territorio. Las instituciones que importan no son s&oacute;lo las que toleran o caen en las redes de los corruptos, que suelen ser una minor&iacute;a, aunque muy visible. Las instituciones son sobre todo las encargadas de cuidar a la ciudadan&iacute;a y a todos los agentes econ&oacute;micos, especialmente los peque&ntilde;os y medianos y tambi&eacute;n aqu&eacute;llos que, por culpa de los obst&aacute;culos y las inercias, no son tenidos en cuenta por las instituciones, como las mujeres que cuidan a personas dependientes en el &aacute;mbito del hogar o las que apoyan empresas familiares sin sueldo ni contrato. Y en los &uacute;ltimos tiempos, a ra&iacute;z de la revoluci&oacute;n digital y del desarrollo de la llamada &ldquo;econom&iacute;a colaborativa&rdquo;, han surgido nuevas figuras que tambi&eacute;n han de ser consideradas como prosumidores o microemprendedores: son los <em>freelance</em>, cuya expansi&oacute;n est&aacute; vinculada a la existencia de una oferta flexible y siempre adaptada a los requerimientos puntuales de la demanda, que incluyen la ultraflexibilidad y un trabajo contingente que se puede realizar en cualquier lugar y a cualquier hora.
    </p><p class="article-text">
        Las personas expertas en econom&iacute;a o historia, los gobiernos nacionales y los organismos internacionales tienen muy distintas perspectivas y se enzarzan en arduos debates sobre cu&aacute;les son las instituciones que garantizan el bienestar de la mayor&iacute;a de las ciudadanas y ciudadanos en cada momento hist&oacute;rico. Pero todos est&aacute;n de acuerdo en que las instituciones tienen un papel muy influyente y una responsabilidad hist&oacute;rica en la evoluci&oacute;n a largo plazo del bienestar de amplias capas de la poblaci&oacute;n. En las dictaduras, las instituciones est&aacute;n al servicio de unas &eacute;lites que las utilizan de manera patrimonial, aunque el uso de la propaganda y el control ejercido sobre la ciudadan&iacute;a les permita crear la falacia de que su labor est&aacute; al servicio del pueblo. En las dictaduras vinculadas a las econom&iacute;as planificadas del comunismo de estado, las instituciones deben anteponer el inter&eacute;s general sobre el individual, pero ese inter&eacute;s general es interpretado exclusivamente por los miembros de un &uacute;nico partido fuera del cual no existe capacidad de influir en las pol&iacute;ticas de las instituciones del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos, las instituciones, particularmente las pol&iacute;ticas, deben ajustarse al esp&iacute;ritu de Montesquieu sobre el equilibrio de poderes y el respeto a las minor&iacute;as, evitando, mediante el libre juego de fuerzas pol&iacute;ticas y el relevo en el poder a trav&eacute;s de elecciones, que &eacute;stas impongan su dictadura a las mayor&iacute;as. En el mundo liberal que naci&oacute; en el Reino Unido hace tres siglos, inspirado por la obra de los defensores del derecho a la propiedad y el laissez-faire de los agentes econ&oacute;micos, John Locke o Adam Smith entre otros, y que en la actualidad sobrevive reformulado como neoliberalismo, las instituciones deben proteger los derechos individuales y la libre competencia, manteniendo al m&iacute;nimo la intervenci&oacute;n de las instituciones en las acciones y decisiones de los ciudadanos. En algunas variedades del capitalismo, como las desarrolladas en Alemania, Jap&oacute;n, Corea del Sur, Holanda o los pa&iacute;ses escandinavos, las fuerzas econ&oacute;micas y las instituciones cooperan y mantienen relaciones horizontales.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las diferencias que existen a lo largo y ancho del globo, es necesario que nos preguntemos cu&aacute;l es el papel que juegan o deben jugar las instituciones frente a una econom&iacute;a globalizada donde la tecnolog&iacute;a no entiende de fronteras y donde el multilateralismo y la gobernanza pol&iacute;tica internacional est&aacute;n siendo claramente desafiados. Nos hallamos en una era de cambios exponenciales que precisan de instituciones que gobiernen para el bien com&uacute;n. Y para ello debemos repensar las instituciones multilaterales, con el fin de garantizar la paz en todos los territorios y no s&oacute;lo en unos pocos, y evitar que la ley del m&aacute;s fuerte se imponga en todo tipo de relaciones internacionales. Pero tambi&eacute;n debemos repensar las instituciones m&aacute;s cercanas, las locales, regionales, nacionales y supranacionales, entendiendo que las funciones institucionales no muestran un mapa de formas institucionales &uacute;nicas. La historia, la realidad de cada pa&iacute;s, los pactos ciudadanos a los que puedan llegarse y los equilibrios de poder determinar&aacute;n, m&aacute;s que cualquier teor&iacute;a, los distintos resultados.
    </p><p class="article-text">
        Las instituciones son clave para nosotros como ciudadanas y ciudadanos. La ciudadan&iacute;a depende enormemente de las instituciones, sean formales o informales, porque son fuente de recursos y porque esperamos que haya ciertas normas expl&iacute;citas o impl&iacute;citas que nos permitan acceder a dichos recursos para nuestra vida diaria y, sobre todo, para situaciones de necesidad. Los aut&oacute;nomos y desempleados esperan ayudas del Estado en plena pandemia. Los empresarios tur&iacute;sticos esperan que las instituciones espa&ntilde;olas, europeas y mundiales rebajen las restricciones con el fin de estimular la movilidad del turismo nacional e internacional y evitar la ruina de esta temporada y tal vez la desaparici&oacute;n de miles de bares, hoteles, restaurantes y empleos vinculados a la actividad de los tour-operadores. Los empleados de las multinacionales que, como la Nissan en su f&aacute;brica de Manresa, han anunciado en los medios el muy probable despido de miles de trabajadores esperan que la Generalitat catalana o el gobierno correspondiente negocien con la matriz de la empresa para evitar el drama. Las mujeres que conviven estos meses con parejas maltratadoras, o con hijos a los que no pueden sostener con empleos precarios desaparecidos con la crisis de la Covid-19, esperan la protecci&oacute;n de las fuerzas de seguridad y el apoyo de los servicios sociales de ayuntamientos, gobiernos auton&oacute;micos, ministerios o instituciones europeas. Los ni&ntilde;os y j&oacute;venes que vieron sus clases interrumpidas el 15 de marzo esperan que el Ministerio de Educaci&oacute;n y el de Universidades, as&iacute; como los gobiernos auton&oacute;micos en la parte que les corresponde, establezcan normas claras sobre c&oacute;mo proceder para no perder este curso y matricularse en el pr&oacute;ximo.
    </p><p class="article-text">
        Diversos grupos interesados est&aacute;n acudiendo a las instituciones de justicia para denunciar el mal estado en que podr&iacute;an haberse hallado las miles de residencias geri&aacute;tricas de nuestro pa&iacute;s en las que han muerto, hasta el momento, 17.642 personas. Los investigadores y los estudiantes Erasmus, entre muchos otros, conf&iacute;an en que la Uni&oacute;n Europea mantenga los proyectos y la movilidad entre los centros docentes y de investigaci&oacute;n. Los gobiernos de la Uni&oacute;n Europea conf&iacute;an en que las instituciones pol&iacute;ticas y financieras de la Uni&oacute;n apoyen econ&oacute;micamente el gasto extraordinario que se est&aacute; realizando para luchar contra la Covid-19 en todos los pa&iacute;ses miembros, aunque, parad&oacute;jicamente, sean precisamente algunos de esos estados miembros, los mal llamados &ldquo;frugales&rdquo;, los que limitan, no s&oacute;lo la cuant&iacute;a total de los recursos econ&oacute;micos y financieros de la Uni&oacute;n, sino la puesta en marcha de mecanismos de financiaci&oacute;n m&aacute;s valientes y alejados de una ortodoxia econ&oacute;mica &ldquo;austeritaria&rdquo; que ya ha perdurado suficiente tiempo como una idea zombi en el &aacute;mbito de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, como ciudadanas y ciudadanos, estamos en nuestro derecho de criticar nuestras instituciones: los ayuntamientos, los bancos, la Iglesia, los gobiernos auton&oacute;micos, el Gobierno central, las instituciones europeas. Criticar significa que queremos que lo hagan mejor, por eso tambi&eacute;n es necesario y deseable que la ciudadan&iacute;a se implique en pol&iacute;tica y en el gobierno de los asuntos comunes, que tanto impacto tienen sobre lo com&uacute;n y la vida privada de cada uno. Significa tambi&eacute;n que a&uacute;n creemos en ellas, que las necesitamos. Y que urge un nuevo pacto entre la sociedad y sus instituciones, en el que estas han de mejorar sus mecanismos de participaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n con la sociedad para aumentar su eficiencia y funci&oacute;n inclusiva y democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No es admisible que mujeres aut&oacute;nomas con peque&ntilde;os negocios traten de pedir cr&eacute;ditos al ICO y, para realizar el tr&aacute;mite, deban presentar documentos emitidos por el Banco de Espa&ntilde;a u otros imposibles de solicitar en las actuales circunstancias de confinamiento, o en cualquier circunstancia para determinadas personas. &iquest;Para qu&eacute; precisa una mujer con un peque&ntilde;o negocio pedir un papel al Banco de Espa&ntilde;a con objeto de acceder a las ayudas concedidas a las pymes por su gobierno? Si el ICO necesita comprobar ciertos datos de esta mujer aut&oacute;noma, deber&iacute;a tener la posibilidad de cruzar bases de datos para corroborarlos sin exigirle, a ella o a cualquier ciudadano que est&aacute; a punto de perder su negocio, que presente un documento que no sabe d&oacute;nde ni c&oacute;mo obtener y que, por falta de dinero, ning&uacute;n gestor puede tramitar en su nombre. Las instituciones que no garantizan la igualdad de acceso a sus recursos representan una traici&oacute;n al pacto ciudadano que debe sustentarlas. Tampoco es admisible el fraude de la ciudadan&iacute;a a sus instituciones, tan presente en nuestra cultura, porque &eacute;ste fomenta precisamente que las instituciones multipliquen de manera desproporcionada y absurda los controles para identificar y bloquear al defraudador, y de paso tambi&eacute;n a ciudadanos honestos que no saben c&oacute;mo responder a los requerimientos surrealistas de la burocracia y el papeleo. Es muy dif&iacute;cil que instituciones que desconf&iacute;an tanto sirvan bien a la ciudadan&iacute;a, especialmente cuando esta m&aacute;s las necesita.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, la revoluci&oacute;n digital no debe estar solo al servicio de las empresas y orientada al consumo, debe centrarse tambi&eacute;n y muy especialmente en la administraci&oacute;n p&uacute;blica y el funcionamiento de nuestras instituciones, para lograr una mayor transparencia, explicabilidad y auditabilidad, y garantizar un control ciudadano y democr&aacute;tico. El ejemplo de Estonia es, en este sentido, digno de an&aacute;lisis, aunque ni los m&eacute;todos ni las instituciones pueden ser copiados de forma mim&eacute;tica teniendo en cuenta que las culturas y realidades de los distintos territorios divergen claramente. En cualquier caso, lo que necesitamos es un nuevo pacto ciudadano con nuestras instituciones a la luz de la nueva realidad digital, de modo que la nueva fase hist&oacute;rica que nos espera no sea la del capitalismo de la supervisi&oacute;n que ya muchos pronostican, basado en el control de la ciudadan&iacute;a, la identidad cultural a trav&eacute;s del consumo y el consumismo, la deuda y la desigualdad, y una democracia vaciada y distanciada del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Podemos terminar citando a dos grandes economistas de las instituciones: Daron Acemoglu y James A. Robinson, que afirman que las democracias &ndash;y sus instituciones&ndash; se consolidan cuando las &eacute;lites no tienen fuertes incentivos para derribarlas o vaciarlas. Y esos procesos dependen, por este orden, de la fuerza de la sociedad civil, de la estructura de las instituciones pol&iacute;ticas, de la naturaleza de las crisis pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, del nivel de desigualdad econ&oacute;mica, de la estructura de la econom&iacute;a, y, por &uacute;ltimo, de la forma y la extensi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n. Tal vez deber&iacute;amos estudiar la interacci&oacute;n de la tecnopol&iacute;tica y la cultura, como por ejemplo la construcci&oacute;n de la raz&oacute;n rectora neoliberal de la que habla Wendy Brown y que crea personas individualistas, para entender el verdadero peligro que corren nuestras democracias y, por tanto, la necesidad perentoria de aprovechar este momento de reconstrucci&oacute;n y transformaci&oacute;n impuesto por la actual pandemia para iniciar el debate ciudadano que nos conduzca a un verdadero pacto social, responsable de dise&ntilde;ar las instituciones democr&aacute;ticas y orientadas al bien com&uacute;n que tanta falta nos hacen. Porque no debemos subestimar el proceso de &ldquo;desdemocratizaci&oacute;n&rdquo; que estamos viviendo. Desde el feminismo lo sabemos bien, porque una de las puntas de lanza de esa desdemocratizaci&oacute;n es el antifeminismo, como bien muestran los casos de Trump, Orban o Bolsonaro. Aunque, desgraciadamente, esta ofensiva antidemocr&aacute;tica posee un alcance mucho mayor que el de esos &ldquo;viriles&rdquo;, &ldquo;virales&rdquo; y &ldquo;virulentos&rdquo; mandatarios y sus gobiernos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Fernández Pérez, Lina Gálvez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/instituciones-siglo-xxi_132_5961197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2020 19:51:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Instituciones para el siglo XXI]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ciudades como vanguardia post-COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/ciudades-vanguardia-post-covid19_132_5956203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/578fe221-4b61-473b-bb2c-2416292e79f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las ciudades como vanguardia post-COVID-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tenemos que construir unas ciudades humanas, cuidadoras, prósperas y ecológicas, donde la riqueza de la diversidad sea la base de una convivencia en igualdad</p></div><p class="article-text">
        En la actualidad habitan el planeta Tierra 7.700 millones de personas. De ellas, el 55% se concentra en ciudades. Las estimaciones previas a los cambios que pueda traer la pandemia indican que la poblaci&oacute;n global crecer&aacute; hasta alcanzar los 9.700 millones en 2050 y que, para entonces, el 70% vivir&aacute; en ciudades. En Europa ya hemos superado ese porcentaje y en pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a estamos pr&aacute;cticamente al 80%, con la poblaci&oacute;n agrupada en torno a las ciudades m&aacute;s grandes y las implicaciones que esto tiene sobre el mercado de la vivienda o la concentraci&oacute;n de la oferta de trabajos m&aacute;s din&aacute;micos y de innovaci&oacute;n. Y es que las ciudades son los grandes focos de la pobreza, pero tambi&eacute;n el centro neur&aacute;lgico de la actividad econ&oacute;mica, acumulando alrededor del 80% de la que se genera medida en par&aacute;metros de mercado. Las ciudades son, por tanto, espacios fuertemente desiguales en distintas magnitudes, desde el acceso a la vivienda, la movilidad, los espacios verdes o los servicios, a las distintas formas en que las distintas personas viven en funci&oacute;n de su edad, g&eacute;nero, vinculaci&oacute;n laboral, barrio, etc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy d&iacute;a, las ciudades son tambi&eacute;n las responsables del 70% de las emisiones de CO2 a la atm&oacute;sfera, y el espacio donde miles de personas viven y mueren en soledad a diario, a pesar de la aglomeraci&oacute;n humana que representan. La ultraconectividad asociada a la revoluci&oacute;n digital y tecnol&oacute;gica en la que estamos inmersos deja, sin embargo, muchos agujeros negros sin conexi&oacute;n, lo cual genera amplias y variadas desigualdades, as&iacute; como cambios en los modos de vida y el gobierno de lo com&uacute;n que necesitamos repensar si no queremos vernos abocados a una individualidad insoportable que el distanciamiento social que la COVID-19 nos impone puede a&uacute;n incrementar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existen numerosos foros acad&eacute;micos y cient&iacute;ficos sobre ciudades inteligentes, ciudades con emisiones neutras, ciudades verdes, ciudades sostenibles&hellip; y, en menor medida, sobre ciudades de los cuidados, a pesar de que es precisamente el concepto de &ldquo;cuidados&rdquo; el que puede englobar la mayor parte de los objetivos sociales y pol&iacute;ticos de transformaci&oacute;n urbana incluidos en las propuestas que estos foros realizan y que est&aacute;n todas encaminadas a la generaci&oacute;n de espacios urbanos de bienestar y calidad de vida, incluida la medioambiental.
    </p><p class="article-text">
        Los cuidados deber&iacute;an ocupar un lugar central del debate sobre las ciudades del presente y del futuro, sobre todo si tenemos en cuenta las estimaciones de esperanza de vida y las pir&aacute;mides de poblaci&oacute;n que manejamos y que nos hablan de que la poblaci&oacute;n del futuro, incluso del futuro inmediato, estar&aacute; mucho m&aacute;s envejecida que la actual, sobre todo en los pa&iacute;ses del norte global. Una poblaci&oacute;n, por tanto, dependiente desde el punto de vista econ&oacute;mico de los sistemas nacionales de pensiones, salud y cuidados, y con necesidades de movilidad y habitabilidad espec&iacute;ficas, que deber&iacute;an ir mucho m&aacute;s all&aacute; de su reclusi&oacute;n en residencias de ancianos gestionadas por empresas movidas por el af&aacute;n de lucro y que durante la crisis de la Covid-19 han demostrado ser el verdadero agujero negro de nuestros sistemas de bienestar y un motivo para la verg&uuml;enza colectiva en casi todos los pa&iacute;ses europeos.
    </p><p class="article-text">
        Y es que la ordenaci&oacute;n de nuestras ciudades a&uacute;n corresponde en muchos aspectos a par&aacute;metros de hace un siglo. Fue a principios del siglo XX cuando se aceler&oacute; el proceso de crecimiento de las grandes metr&oacute;polis y de las ciudades de tama&ntilde;o medio y grande en todo el mundo. En apenas tres d&eacute;cadas, entre 1900 y mediados de los a&ntilde;os 30, se multiplic&oacute; por dos o por tres la poblaci&oacute;n de las mayores ciudades del planeta. Nueva York pas&oacute; de unos 3,5 millones de habitantes en 1900 a pr&aacute;cticamente 7 millones en 1930; el &aacute;rea metropolitana de Tokio la super&oacute;, pasando de 1,5 millones a 6,3 millones en los mismos a&ntilde;os; San Francisco duplic&oacute; sus 300.000 habitantes hasta alcanzar los 635.000; Hong Kong, salt&oacute; de los 200,000 a los 850.000; Berl&iacute;n, de 1,3 millones a 4,3 millones de habitantes; Par&iacute;s, de 2 a 3 millones; Viena, de 1 a 2 millones; Londres, de 6,5 a 8,6 millones de habitantes; Buenos Aires, de 2 a 4,5 millones. Muy distantes de las grandes metr&oacute;polis mundiales, pero con similares tasas de crecimiento urbano, Madrid y Barcelona pasaron de contar medio mill&oacute;n de habitantes hacia 1900, a algo m&aacute;s de un mill&oacute;n en 1930. Imaginemos lo que significar&iacute;a hoy d&iacute;a duplicar la poblaci&oacute;n de Madrid o Barcelona en apenas&nbsp;30 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hace un siglo cambi&oacute; por completo el contexto seg&uacute;n el cual se organizaba la poblaci&oacute;n mundial. Hace un siglo comenz&oacute; un intenso proceso migratorio campo-ciudad, en el interior de los pa&iacute;ses, y entre continentes, que se sum&oacute; al inicio del descenso de las tasas de mortalidad, de m&aacute;s de 26 muertes por cada mil habitantes a por debajo del 15 por mil, lo cual trajo consigo el vaciamiento de las regiones rurales con menor productividad y menor diversificaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica y el engrosamiento de las grandes urbes con mayor cantidad y diversidad de oferta laboral y expectativas de promoci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mala calidad de vida en las ciudades debida al hacinamiento y la falta de planificaci&oacute;n a largo plazo con objetivos sociales, t&iacute;pica de pr&aacute;cticamente todas las grandes ciudades del mundo, fue retratada de manera descarnada en las novelas de los grandes escritores realistas de finales del siglo XIX y principios del XX: Zola, Dickens, Dostoievski o Gald&oacute;s. El avance de la educaci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica y el desarrollo de movimientos de izquierda y de agrupaciones religiosas con objetivos sociales a partir de finales del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, en esas mismas ciudades, dieron como resultado una multiplicidad de diagn&oacute;sticos acerca de los problemas generados en ellas, as&iacute; como un sinf&iacute;n de propuestas para abordar su soluci&oacute;n. De manera muy destacada contribuyeron a llevar a cabo grandes mejoras en nuestras urbes los movimientos higienistas, que mejoraron la salubridad y el control de las aguas contaminadas, las iniciativas p&uacute;blicas y privadas para la mejora de la nutrici&oacute;n y la prevenci&oacute;n de enfermedades infecciosas en el &aacute;mbito sanitario, y la planificaci&oacute;n urban&iacute;stica, que intent&oacute; ordenar y compatibilizar espacios verdes e infraestructuras de vida y de trabajo. La labor de Ildefons Cerd&agrave; en el Ensanche de Barcelona, tan denostada en su momento y tan distorsionada en su aplicaci&oacute;n con el paso del tiempo, se convirti&oacute; en ejemplo sobresaliente de los esfuerzos necesarios para ordenar y mejorar la calidad de vida en las urbes. Como en Berl&iacute;n, Par&iacute;s o Viena, tambi&eacute;n en las ciudades espa&ntilde;olas los urbanistas trataron de reducir la altura de los edificios, aumentar y ampliar los espacios verdes entre y alrededor de los edificios, y controlar el tr&aacute;fico de veh&iacute;culos tirados por animales o a motor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La terciarizaci&oacute;n de las econom&iacute;as mundiales y el declive del sector primario, junto con la localizaci&oacute;n pr&oacute;xima a las grandes coronas urbanas de los pol&iacute;gonos industriales y la creaci&oacute;n de grandes hubs de transporte ferroviario y a&eacute;reo en torno a las grandes metr&oacute;polis del mundo, son factores que han intensificado la urbanizaci&oacute;n del planeta y la han concentrado en unas pocas grandes ciudades dentro de cada pa&iacute;s. Internet y la alta velocidad 3G y 4G han permitido que los habitantes de estas grandes ciudades atraigan a los territorios donde viven y trabajan mayores flujos log&iacute;sticos para el consumo de productos y servicios, lo que significa aumentar la capacidad de aeropuertos y estaciones de trenes y la conectividad entre ambos. Las infraestructuras dise&ntilde;adas para la vida en muchas de estas ciudades hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os se est&aacute;n viendo puestas a prueba. Cloacas, tuber&iacute;as de canalizaci&oacute;n de aguas potables, depuradoras y potabilizadoras y, sobre todo, infraestructuras de servicios b&aacute;sicos como los educativos, sanitarios, de alimentaci&oacute;n saludable y transportes, se encuentran desde hace d&eacute;cadas sometidas a una presi&oacute;n insostenible, adem&aacute;s de orientadas al mundo laboral o a satisfacer los requerimientos de grandes aglomeraciones humanas, como los eventos deportivos. Se trata adem&aacute;s, de una organizaci&oacute;n y de una movilidad pensadas por hombres para actividades principalmente consideradas masculinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades, primero como centros industriales y posteriormente como n&uacute;cleos de concentraci&oacute;n humana y de movilidad poco sostenible, han crecido todo este tiempo como espacios m&aacute;s insalubres. Los motivos para ello incluyen la dr&aacute;stica de camas hospitalarias por habitante que han llevado a cabo todos los pa&iacute;ses desarrollados, con honrosas excepciones, desde la d&eacute;cada de 1980, seg&uacute;n datos de la World Health Organization. As&iacute; como el aumento de sustancias t&oacute;xicas en el aire muy por encima del l&iacute;mite recomendado por las autoridades sanitarias, por no hablar de las que se hallan en el agua y en el suelo donde crecen las plantas que sirven de base a la cadena tr&oacute;fica que culmina en los seres humanos. Seg&uacute;n estudios disponibles en abierto, existe una correlaci&oacute;n entre contaminaci&oacute;n y mayor incidencia de la COVID-19.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que las ciudades son una bomba de relojer&iacute;a por la concentraci&oacute;n de problemas derivados de la obsolescencia de sus infraestructuras, la poluci&oacute;n y la presi&oacute;n de un n&uacute;mero excesivo de habitantes, son tambi&eacute;n espacios con ventajas en otros &aacute;mbitos, en concreto los relacionados con las transiciones ecol&oacute;gica y digital, siempre que ambas se retroalimenten y se apueste por la innovaci&oacute;n, incluida la innovaci&oacute;n social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ello, necesitamos repensar la arquitectura, el urbanismo, los servicios y la cultura de la densidad, ya que &eacute;sta es la l&oacute;gica de las ciudades. Es esa concentraci&oacute;n la que ahorra recursos y convierte en m&aacute;s eficientes las infraestructuras de control de residuos, movilidad o servicios p&uacute;blicos. Es tambi&eacute;n esa concentraci&oacute;n la que favorece la mezcla de personas diversas que tan saludable resulta para nuestras democracias y para el deseado acercamiento social.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo necesitamos una buena planificaci&oacute;n y unas buenas pol&iacute;ticas que sit&uacute;en a las ciudades a la vanguardia del nuevo pacto social verde y feminista. Incluso si, como reacci&oacute;n a la COVID-19, la posible extensi&oacute;n del teletrabajo y la expansi&oacute;n definitiva del 5G, se observa ya una cierta vuelta al campo de importantes capas de la poblaci&oacute;n. Y para que esa tendencia se consolide de manera sostenible se necesita una fuerte inversi&oacute;n en movilidad, en servicios p&uacute;blicos y en acceso a la cultura en zonas rurales, algo que hoy por hoy no est&aacute; garantizado. Mientras esto no cambie, las zonas rurales seguir&aacute;n sufriendo el abandono de la poblaci&oacute;n m&aacute;s joven, muy especialmente el exilio ilustrado de las mujeres que marchan a las ciudades a estudiar sus carreras y que despu&eacute;s no regresan a sus municipios por falta de oportunidades laborales, normas de g&eacute;nero represivas y ausencia de una oferta cultural y de servicios sociales satisfactoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras no conozcamos las consecuencias demogr&aacute;ficas y de habitabilidad de la COVID-19, debemos apostar por ciudades verdes, inteligentes y de cuidados. Las ciudades pueden convertirse en el espacio id&oacute;neo para probar el nuevo contrato social, ecologista y feminista que hemos de repensar entre todas y todos, en tanto en cuanto &eacute;ste tambi&eacute;n implicar&aacute; asumir las renuncias que tenemos que hacer de manera individual y colectiva, sobre todo en los territorios ricos, para poder seguir viviendo en sociedad y habitando como especie humana este planeta
    </p><p class="article-text">
        En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os y a medida que el proceso de urbanizaci&oacute;n se ha ido acelerando, las ciudades han venido haciendo frente a desaf&iacute;os vinculados con la sostenibilidad de los residuos, la movilidad, la adaptaci&oacute;n energ&eacute;tica o la convivencia entre personas de cultura, orientaci&oacute;n sexual, poder adquisitivo, ideolog&iacute;a, g&eacute;nero y h&aacute;bitos de convivencia muy diferentes. Tambi&eacute;n en las ciudades, las estructuras s&oacute;lidas de conectividad para la digitalizaci&oacute;n, las infraestructuras, los datahubs para compartir datos y los est&aacute;ndares de seguridad y privacidad han generado nuevas alianzas y partenariados entre los &aacute;mbitos p&uacute;blico y privado, los movimientos sociales y las iniciativas vecinales. Y es que las soluciones inteligentes no s&oacute;lo tienen que hacer referencia a la digitalizaci&oacute;n, tambi&eacute;n a la innovaci&oacute;n social y a la solidaridad vecinal. El objetivo ha de ser siempre construir ciudades vivibles, dignas, aut&eacute;nticas ciudades de los cuidados, entendidas como ciudades cuidadoras y a las que se cuida desde el punto de vista humano, medioambiental, patrimonial y cultural, lo que adem&aacute;s significa ser equitativas en todas sus dimensiones.
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que arrastramos una fuerte crisis de los cuidados, que con el confinamiento se ha hecho m&aacute;s evidente para muchas personas y ojal&aacute; tambi&eacute;n para muchas instituciones p&uacute;blicas y entidades privadas, como esas empresas acostumbradas a imponer horarios imposibles a sus trabajadores. Hace d&eacute;cadas que vivimos tiempos androc&eacute;ntricos pensados para personas te&oacute;ricamente independientes. Pero esa individualidad desarrollada hist&oacute;ricamente por los hombres es, como muy bien explica la arque&oacute;loga feminista Almudena Hernando, dependiente, en tanto que necesita siempre de otros, y sin duda de las mujeres, para construir unos v&iacute;nculos que ellos pretenden haber dejado atr&aacute;s. Y es que todas las personas somo vulnerables e interdependientes. Hagamos compatible el distanciamiento f&iacute;sico que el control de la pandemia requiere con una cercan&iacute;a social en un sentido amplio. Los cuidados deben estar contemplados en esas ciudades verdes e inteligentes que so&ntilde;amos, es m&aacute;s, deben estar en el centro de esas ciudades sostenibles y equitativas que entre todas y todos debemos so&ntilde;ar y construir.
    </p><p class="article-text">
        Los distintos &aacute;mbitos urbanos, que no son otros que los de la vida, deben ser &aacute;mbitos interrelacionados que se piensen y se dise&ntilde;en de manera conjunta, planificando en la complejidad para alcanzar la sencillez. En muchas ocasiones, las soluciones f&aacute;ciles o baratas complican la vida o la vuelven imposible para muchas personas, sobre todo las que se encuentran en situaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable o est&aacute;n a cargo del bienestar de terceros. Todo, incluyendo el transporte, la iluminaci&oacute;n, los espacios, la gesti&oacute;n de los veladores en las plazas, el mobiliario urbano, las fuentes, las aceras accesibles, el tr&aacute;fico, la movilidad, todo ha de ser dise&ntilde;ado para evitar que se generen din&aacute;micas excluyentes y que no se vulnere el derecho a la ciudad. Los ya existentes microespacios de resistencia deben convertirse en la nueva normalidad y en la norma.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades no deben ser s&oacute;lo sitios donde residir en un sentido limitado del t&eacute;rmino, sino espacios para vivir, compartir, cuidar, jugar, divertirse y crear. Se debe recuperar lo p&uacute;blico frente a la hipertrofia de la vida privada, que puede adem&aacute;s crecer con el distanciamiento social asociado a la COVID-19 y gracias a las nuevas tecnolog&iacute;as. Tenemos que evitar fen&oacute;menos como el que observamos estos d&iacute;as, con ni&ntilde;os que, una vez han podido salir a la calle, no quer&iacute;an hacerlo. Desconocemos si por el miedo que les ha generado ver hileras de f&eacute;retros en los telediarios o en las redes sociales infestadas de fakes y mala leche, o porque el mundo virtual ha colmado sus expectativas de vida social, en muchos casos en ambientes aparentemente m&aacute;s seguros que las aulas y los patios de las escuelas, escenarios a menudo de peque&ntilde;os y grandes episodios de bullying.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos que intentar poner todos los medios para evitar, tambi&eacute;n, la inmensa soledad y el desamparo que han sentido muchos j&oacute;venes que est&aacute;n confinados a solas, en viviendas min&uacute;sculas con ventana a patio interior, pagando qui&eacute;n sabe c&oacute;mo el alquiler, j&oacute;venes con t&iacute;tulos universitarios o sin ellos, con empleos precarios y en riesgo de perderlos, y que no saben qu&eacute; futuro les depara el final del confinamiento en esas ciudades que ellos aman, aun con todo, aman y que sin embargo apenas les ofrecen opciones dignas de trabajo o vivienda. Hemos de reclamar a nuestros poderes p&uacute;blicos, como ciudadan&iacute;a activa y exigente, expectativas de mejora para esos ni&ntilde;os, para esos j&oacute;venes, para esas personas sin empleo o con empleos inestables que sostienen a familias enteras, para esos mayores a los que nuestros medios de comunicaci&oacute;n se empe&ntilde;an en estigmatizar por su edad. Hemos de contribuir, los que tenemos mejores empleos y mayores ingresos, vivienda digna y redes sociales consolidadas, a mejorar las expectativas de vida de aqu&eacute;llos con los que compartimos las calles, los parques, los autobuses y las terrazas de estas ciudades. Porque vienen tiempos duros y porque esos ni&ntilde;os, esos j&oacute;venes, esos mayores, esa gente de ciudad es nuestra gente, es de todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, tenemos que construir, mediante un amplio, s&oacute;lido y valiente pacto social, unas ciudades humanas, cuidadoras, pr&oacute;speras y ecol&oacute;gicas, donde la riqueza de la diversidad sea la base de una convivencia en igualdad, donde la densidad sea repensada de una manera radicalmente equitativa, verde y feminista. &Eacute;ste ha de ser nuestro objetivo: rehumanizar las ciudades visibilizando y permitiendo que encajen mejor en ella nuestros ni&ntilde;os, nuestros j&oacute;venes, nuestros ancianos, nuestros desempleados y nuestros dependientes, y todas las personas que vienen de otros lugares y que las han elegido para vivir, trabajar y contribuir a su desarrollo. Hacerlo es un acto necesario de supervivencia, inteligencia y justicia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Gálvez, Paloma Fernández Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/ciudades-vanguardia-post-covid19_132_5956203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2020 19:38:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las ciudades como vanguardia post-COVID-19]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Urbanismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educar, pero mejor. El reto para este siglo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/educar-mejor-reto-siglo_132_5956254.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/650c5c9c-cc15-44b7-b99c-fd17e2fe4eb9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educar, pero mejor. El reto para este siglo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta sociedad debe impulsar nuevos formatos educativos abiertos a la innovación, para reformular nuestros sistemas educativos y fomentar espíritus solidarios y mentes que trabajen por la inclusión, por la colaboración, por el trabajo en equipo</p></div><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico, las desigualdades socioecon&oacute;micas, los movimientos internacionales y masivos de personas, la recesi&oacute;n y recuperaci&oacute;n que se avecina como m&iacute;nimo de entre dos y cinco a&ntilde;os deber&iacute;an comenzar a cambiar radicalmente lo que se considera objetivo de &eacute;xito de esta sociedad como colectivo. En esta transformaci&oacute;n, la educaci&oacute;n tiene que jugar un papel central. Internet y el acelerado acceso en todo el mundo a la informaci&oacute;n disponible en ella han revolucionado la educaci&oacute;n formal, la que los organismos internacionales miden conforme a una variada serie de criterios e inquietudes. Podemos citar los de Naciones Unidas, que, al definir los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), se mostr&oacute; preocupada, entre otras cuestiones, por calcular el n&uacute;mero de ni&ntilde;as que logran acceder a la educaci&oacute;n primaria, de la que a&uacute;n siguen excluidas en muchos pa&iacute;ses del mundo, 15 millones, frente a 10 millones de ni&ntilde;os. O los del informe PISA de la OCDE, que pretende medir el avance de la educaci&oacute;n reglada en ciencias, matem&aacute;ticas y lectura en niveles preuniversitarios. O los de la Universidad de Oxford, que eval&uacute;a el progreso en el uso de internet en el mundo a trav&eacute;s de su herramienta Our World in Data.
    </p><p class="article-text">
        Pero la medici&oacute;n de los resultados educativos o de lo que la sociedad valora como &ldquo;ser educado&rdquo; o &ldquo;estar educado&rdquo; var&iacute;a enormemente, y posiblemente seguir&aacute; variando, raz&oacute;n por la que necesitaremos nuevos indicadores y herramientas para llevarla a cabo, pues los retos a los que nos enfrentamos no cesan de cambiar, como tambi&eacute;n lo hacen las percepciones y los instrumentos de an&aacute;lisis de que disponemos, y el modelo de &eacute;xito que queremos alcanzar. Por ejemplo, los historiadores econ&oacute;micos y los economistas del desarrollo utilizan a menudo, para medir el avance de la educaci&oacute;n en el largo plazo, los siguientes indicadores: alfabetizaci&oacute;n (total, por g&eacute;neros, por territorios); acceso a la universidad y n&uacute;mero de graduados universitarios; o n&uacute;mero de graduados en ingenier&iacute;a por mill&oacute;n de habitantes. Sin embargo, para los ciudadanos de a pie, la educaci&oacute;n, con frecuencia, es otra cosa. Ser educado significa ser respetuoso; es decir, ser humilde y tolerante con lo diferente. Significa tambi&eacute;n saber integrarse en un grupo con inteligencia. No implica, por tanto, saber cosas, sino saber aplicar conocimiento con una actitud muy distinta a la que muestran los intolerantes, los &ldquo;sabelotodo&rdquo;, los que hablan sin escuchar. Ser educado es saber adoptar una postura de constante receptividad y disposici&oacute;n a aprender de los dem&aacute;s y de las distintas fuentes de informaci&oacute;n, tanto formales como informales, a las que uno tiene acceso.
    </p><p class="article-text">
        Si algo ha puesto de manifiesto la COVID-19 es, por una parte, la insuficiencia de la educaci&oacute;n actual para conducirse en el mundo en el que vivimos y, sobre todo, en el que viene. Por otra parte, nos ha mostrado que es urgente atajar las crecientes desigualdades en el acceso a la educaci&oacute;n, ahora que los datos que nos arrojaban los organismos internacionales y los estudios cient&iacute;ficos han pasado a ser percibidos con claridad por parte de la poblaci&oacute;n gracias al confinamiento. El acceso a la educaci&oacute;n durante el confinamiento est&aacute; siendo palpablemente desigual; el problema es que ya lo era antes.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, es urgente que reflexionemos sobre la educaci&oacute;n en el mundo digital. No solamente invirtiendo en infraestructuras, tanto en redes como en el acceso de la poblaci&oacute;n y las instituciones educativas a ellas, o en la formaci&oacute;n del profesorado y el alumnado, sino repensando la educaci&oacute;n desde lo virtual, compartiendo contenidos y favoreciendo la accesibilidad de los mismos. La virtualizaci&oacute;n de parte de la educaci&oacute;n es mucho m&aacute;s que colgar diapositivas online o saber entrar en las plataformas y hacer uso de ellas. Y asegurar contenidos de calidad a pesar de que existe toda una corriente especialmente en Estados Unidos encaminada a denostar la educaci&oacute;n formal y que va en l&iacute;nea de identificar el &eacute;xito con otros criterios que nada tienen que ver con la formaci&oacute;n y la educaci&oacute;n y que tan bien se remuneran en los plat&oacute;s de televisi&oacute;n y en las redes.&nbsp;Justo en la l&iacute;nea que no debemos caminar.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n para la era digital tambi&eacute;n debe estar orientada a fomentar la inquietud intelectual mediante la b&uacute;squeda de contenidos y la creatividad. Ahora que RTVE ha repuesto el famoso programa de los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado La Bola de Cristal, podemos apropiarnos de ese breve espacio del programa en el que se mostraba una imagen borrosa y se daban unos segundos para que los espectadores pudieran imaginar de qu&eacute; se trataba. Cuando la imagen se volv&iacute;a n&iacute;tida, una voz afirmaba que quienes no hubieran logrado imaginar nada deb&iacute;an ver menos la tele. Es por eso que la educaci&oacute;n digital tiene que garantizar el desarrollo de la imaginaci&oacute;n y la creatividad. Del mismo modo que tiene que promover el trabajo en grupo y colaborativo. Los individuos que conviven con otros pero est&aacute;n sumergidos permanentemente en su m&oacute;vil, tableta u ordenador, no son individuos sociales ni cooperativos, sino m&aacute;s bien habitantes de la utop&iacute;a neoliberal del individualismo extremo y ego&iacute;sta que a muchos nos aterra.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, los estudios socioecon&oacute;micos subrayan que el acceso a la educaci&oacute;n ha dejado de ser el ascensor social que fue, por ejemplo, en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os setenta y ochenta del siglo pasado. Y que la familia de origen tiene cada vez m&aacute;s peso en los resultados educativos, aunque a&uacute;n se observan diferencias en ese sentido entre sistemas educativos. Las desigualdades entre escuelas, entre barrios, entre formas de seleccionar al alumnado, en el acceso a la formaci&oacute;n extraescolar; la persistencia de las desiguales redes sociales que se crean en los distintos colegios; la posibilidad o no de que las familias mantengan a sus hijos e hijas mientras que &eacute;stos preparan oposiciones o realizan pr&aacute;cticas no remuneradas que, en muchos contextos, abren la puerta a determinados empleos bien considerados y remunerados, y que otros j&oacute;venes de familias que tienen que insertarse con rapidez en el mercado de trabajo, no pueden ni so&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        Los sistemas educativos tienen que garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso y el progreso educativos. Tratar igual a los desiguales no combate la desigualdad, la enquista; de esa manera, las desigualdades en educaci&oacute;n formal e informal se van acumulando como capas de plomo a lo largo de la vida. No se puede derivar m&aacute;s recursos a los colegios con los mejores resultados, hay que invertir m&aacute;s en aquellos que tienen necesidades especiales por el perfil socioecon&oacute;mico de su alumnado. Para ello, tambi&eacute;n es necesario incentivar al profesorado, que debe recibir la consideraci&oacute;n de la que ya goza en pa&iacute;ses como Finlandia, donde se trata de una de las opciones profesionales m&aacute;s demandadas por los mejores estudiantes. Prestigio y buenas condiciones laborales y salariales van de la mano. El profesorado debe, por su parte, formarse en humanidades y en los valores de la ciudadan&iacute;a y la igualdad, con el fin de dar una formaci&oacute;n completa a sus estudiantes. No es aceptable que en la escuela se siga reproduciendo una sociabilidad estereotipada por g&eacute;nero, que sabemos que est&aacute;, en gran medida, en la base de la discriminaci&oacute;n posterior que sufren las mujeres y en la asfixia de la masculinidad dominante que afecta a muchos ni&ntilde;os y hombres que quieren comportarse de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Esta sociedad debe impulsar nuevos formatos educativos abiertos a la innovaci&oacute;n, para reformular nuestros sistemas educativos y fomentar esp&iacute;ritus solidarios y mentes que trabajen por la inclusi&oacute;n, por la colaboraci&oacute;n, por el trabajo en equipo. Los modelos educativos que desde hace medio siglo premiaron el &eacute;xito individual deben ampliarse cada vez m&aacute;s a iniciativas que premien el trabajo colaborativo, el luchar por lograr consensos, por transferir conocimiento entre personas y entidades distintas, complementarias. La educaci&oacute;n ha de favorecer la transmisi&oacute;n de conocimientos y valores &eacute;ticos, c&iacute;vicos en los distintos tramos de edad y entre grupos de distinta cultura que coexisten en nuestra sociedad. M&aacute;s que nunca, los inmigrantes deben ser incluidos en nuestro Estado de bienestar, en nuestro sistema de salud, en nuestros sistemas educativos. Porque parecer&iacute;a que hoy ellos dependen de nosotros, pero en el futuro inmediato en estas sociedades envejecidas en las que vivimos, ellos ser&aacute;n la base del sostenimiento de nuestro Estado del bienestar, entre otras cosas.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de inclusi&oacute;n e integraci&oacute;n debe comenzar en las escuelas infantiles, tan importantes para el desarrollo posterior de los estudiantes, y proseguir hasta la universidad. Esta debe cambiar sus espacios y sus tiempos, y dejar de ser un lugar de preparaci&oacute;n para el mercado de trabajo, aunque necesariamente haya de estar en sinton&iacute;a con sus demandas. Los valores human&iacute;sticos y la flexibilidad en las elecciones personales de los estudiantes, que podr&aacute;n as&iacute; singularizar su formaci&oacute;n, marcan el camino que deber&iacute;amos transitar. De esta manera, la interacci&oacute;n entre responsabilidad individual y responsabilidad p&uacute;blica, que debe mantenerse a lo largo de toda la vida, comenzar&aacute; a afianzarse ya en los a&ntilde;os universitarios o de formaci&oacute;n profesional superior.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n se construye con el tiempo, y no acaba. Es un camino de vida al que han de contribuir las unidades familiares, las instituciones educativas, el Estado y todo lo que nos envuelve y nos surte de mensajes e informaci&oacute;n: internet, el mundo del entretenimiento y la cultura en todas sus manifestaciones. Sin olvidar las redes de capital social que construimos cada d&iacute;a, tanto en el mundo f&iacute;sico entre amigos, compa&ntilde;eros y conocidos, como en el mundo virtual, cada vez m&aacute;s extenso y desarrollado a trav&eacute;s de internet y de la globalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la teor&iacute;a del capital social y las redes existe el concepto de &ldquo;lazos fuertes&rdquo; y &ldquo;lazos d&eacute;biles&rdquo;. Aquellas personas o foros con los que tenemos v&iacute;nculos estables, como los familiares y de convivencia pr&oacute;xima, nos proporcionan valores e informaci&oacute;n que a menudo interiorizamos de manera impl&iacute;cita y que son la base de nuestros propios valores y de nuestra actitud de aprendizaje en la vida. Las fuentes de conocimiento e informaci&oacute;n social con las que tenemos v&iacute;nculos m&aacute;s d&eacute;biles y espor&aacute;dicos, con contactos pasajeros en el trabajo y en la vida diaria, nos ofrecen menos herramientas relativas a la construcci&oacute;n de actitudes estables, pero proporcionan una inspiraci&oacute;n y un sentido de la innovaci&oacute;n que pueden influir y modificar nuestra manera de percibir lo que hacemos y lo que haremos.
    </p><p class="article-text">
        En los debates actuales sobre modelos educativos se parte de conceptos sobre educaci&oacute;n completamente restrictivos, aplicados a sistemas formales de adquisici&oacute;n de competencias y conocimientos y, cuando se tiene la buena fortuna de contar con un profesorado muy vocacional, tambi&eacute;n de adquisici&oacute;n de capacidades. Se ignora el hecho de que la educaci&oacute;n se construye mediante la interacci&oacute;n de sistemas formales e informales. Cuanto m&aacute;s se ignoren los factores ajenos al sistema formal de educaci&oacute;n, menos eficientes ser&aacute;n los sistemas formales que nuestros gobiernos impongan con cada golpe de tim&oacute;n resultante de una nueva elecci&oacute;n auton&oacute;mica o general. Cuando se discute sobre c&oacute;mo integrar las opiniones de los actores involucrados en el proceso educativo, se suele citar &uacute;nicamente a los que ya defin&iacute;an la &eacute;poca pre-internet: padres, escuelas, Estado. La contrataci&oacute;n y la promoci&oacute;n de profesores se basan en criterios tambi&eacute;n decimon&oacute;nicos, establecidos por instituciones y organismos que se mantienen ajenos, no s&oacute;lo al desarrollo de internet, sino tambi&eacute;n a las lecciones que se derivan de los avances en el campo de las Humanidades.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, en la prensa, ciertos periodistas nos recuerdan con retint&iacute;n que en Alemania o en los pa&iacute;ses escandinavos existen consejos consultivos sobre &eacute;tica y educaci&oacute;n que asesoran a los gobiernos en el desarrollo de respuestas a la COVID-19. En esos consejos participan fil&oacute;sofos, historiadores, literatos, representantes del mundo de la cultura, la ciencia, la tecnolog&iacute;a, y miembros de destacados institutos cient&iacute;ficos. Hoy en d&iacute;a, la Educaci&oacute;n, con may&uacute;sculas, es el intento de integrar ideas de distintas disciplinas para alcanzar un consenso sobre c&oacute;mo contribuir a construir valores y actitudes de aprendizaje continuado que nos permitan, utilizando el conocimiento acumulado de los distintos saberes, progresar. Valores relacionados con las formas de aprender, no con ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas o religiosas. Valores que fomenten el respeto, la curiosidad y la integraci&oacute;n de disciplinas cient&iacute;ficas, muy alejados de los que defin&iacute;an los silos de disciplinas que a&uacute;n predominan en nuestro sistema de conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Hace exactamente un siglo, la Carnegie Foundation encarg&oacute; y financi&oacute; la realizaci&oacute;n de una serie de informes a escala norteamericana para analizar la diversidad de sistemas de ense&ntilde;anza universitaria en Estados Unidos en algunas disciplinas seleccionadas, entre ellas la Medicina. Se investigaron cientos de escuelas y sus correspondientes m&eacute;todos de ense&ntilde;anza, y se observ&oacute; c&oacute;mo esa diversidad se traduc&iacute;a en desigualdad en la calidad de los m&eacute;todos y contenidos, tambi&eacute;n, m&aacute;s concretamente, en el caso de la formaci&oacute;n de los m&eacute;dicos y el personal de hospitales del pa&iacute;s. El asunto no era balad&iacute;: en aquellos momentos, Estados Unidos se estaba expandiendo como potencia imperialista, tomando la delantera a Gran Breta&ntilde;a; sus empresas estaban introduci&eacute;ndose en Am&eacute;rica Central, Asia, &Aacute;frica; sus ciudadanos se ve&iacute;an obligados a participar en guerras y a enfrentarse a enfermedades dentro y fuera de sus fronteras. Era preciso estandarizar la educaci&oacute;n de los m&eacute;dicos, el curr&iacute;culum de las facultades, definir criterios y m&eacute;todos comunes, y, por encima de todo, imponer valores, comenzando por el rigor cient&iacute;fico, y aplicar las &uacute;ltimas aportaciones, en particular en el campo de la microbiolog&iacute;a, la parasitolog&iacute;a y la traumatolog&iacute;a. El inter&eacute;s en mejorar los m&eacute;todos de educaci&oacute;n y formaci&oacute;n profesional, as&iacute; como la calidad en el cuidado de la salud, fue compartido por la presidencia de los Estados Unidos y las distintas asociaciones de m&eacute;dicos, hospitales y escuelas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s acord&oacute;, dise&ntilde;&oacute; e implant&oacute; en unas d&eacute;cadas un sistema de acreditaci&oacute;n nacional de facultades de Medicina y un sistema de acreditaci&oacute;n de hospitales. Con todos sus fallos, los cambios realizados permitieron mejorar considerablemente la organizaci&oacute;n hospitalaria en el pa&iacute;s. Un siglo m&aacute;s tarde, la Fundaci&oacute;n Bill y Melinda Gates se propuso alcanzar un objetivo similar, pero ahora en el campo de la educaci&oacute;n preuniversitaria formal, impulsando la educaci&oacute;n basada en retos o proyectos, en los que el trabajo individual y colectivo de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as hace uso de todo tipo de recursos formales e informales con el fin de aprender a aprender. Se ense&ntilde;a a buscar informaci&oacute;n, a compartirla, a pensar de forma cr&iacute;tica, en equipo y bajo la tutela de profesores que han planificado previamente las actividades. Estos m&eacute;todos de trabajo se emplean ya en muchos pa&iacute;ses, son un medio m&aacute;s para el desarrollo de un sistema educativo que apuesta por construir actitudes y valores, que utiliza herramientas e involucra a actores de dentro y fuera del aula bajo la supervisi&oacute;n de los profesionales, aunque a&uacute;n tengan mucho camino que recorrer para garantizar la igualdad en el acceso a esa educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son muchos los retos y muchas las dificultades a las que debemos enfrentarnos para conseguirlos en la tarea de mejorar la agenda de ruta en materia de educaci&oacute;n. Se apunta a menudo, y con raz&oacute;n, a la necesidad de una mayor inversi&oacute;n p&uacute;blica que garantice la desaparici&oacute;n de la brecha digital entre grupos sociales, territorios y generaciones, y sin duda debemos trabajar en ello. Se apunta tambi&eacute;n, igualmente a menudo y con raz&oacute;n, a la necesidad de construir consensos m&aacute;s all&aacute; de los cambios de gobierno y los vaivenes pol&iacute;ticos o los intereses territoriales. Pero, &iquest;c&oacute;mo podemos pretender ayudar a construir actitudes favorables al aprendizaje continuo, que implica tolerancia y respeto constante a los dem&aacute;s, a lo diferente, a lo que est&aacute; por conocer, desde posiciones que invitan a destruir al contrario? Aprender a convivir con lo diferente y el diferente es la ra&iacute;z de toda educaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo podemos desde los poderes pol&iacute;ticos, con los agentes sociales, promover una sociedad m&aacute;s justa a trav&eacute;s del sistema educativo si existen din&aacute;micas persistentes en la propia actividad pol&iacute;tica que se caracterizan por su falta de sentido de la justicia y su insolidaridad?
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo de los progenitores, el profesorado, los ciudadanos y ciudadanas, el que transmiten las im&aacute;genes que absorbemos por internet y los medios de comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n, el de nuestra clase pol&iacute;tica y empresarial, o el de los representantes de la cultura y el conocimiento, forman la base de la educaci&oacute;n informal, se convierten en nuestros referentes. No solo la escuela o la universidad de forma aislada construyen valores para la educaci&oacute;n, todos y cada uno de nosotros lo hacemos tambi&eacute;n, a diario. La educaci&oacute;n es una responsabilidad com&uacute;n y sin duda el gran reto para este siglo. No solo hay que pensar en invertir m&aacute;s, sino en hacerlo mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Fernández Pérez, Lina Gálvez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/educar-mejor-reto-siglo_132_5956254.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2020 18:38:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Educar, pero mejor. El reto para este siglo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro del trabajo… ya ha llegado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/futuro-trabajo-llegado_132_5915597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9547b3d-afa5-41d6-98c7-17cf528a08c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro del trabajo… ya ha llegado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El empleo verde o el fomento del empleo rural pueden ser claves ahora que el teletrabajo ha venido para quedarse y se nos vislumbra un futuro bastante inquietante basado en el distanciamiento social</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que en &aacute;mbitos acad&eacute;micos, pol&iacute;ticos, instituciones internacionales o en think tanks nos venimos preguntando sobre el futuro del trabajo y centrando el debate en tendencias que ya se analizan desde l&iacute;neas de an&aacute;lisis te&oacute;rico y emp&iacute;rico bastante consolidadas. Entre otras, y en las econom&iacute;as m&aacute;s desarrolladas en particular, destacan: la expansi&oacute;n del trabajo por cuenta propia en muchos casos en situaciones fraudulentas y precarias como en la econom&iacute;a de plataforma; el incremento de la desigualdad salarial y de la autonom&iacute;a sobre las condiciones de trabajo entre los propios trabajadores; la aparici&oacute;n de nuevas formas de trabajo y de relaciones contractuales; la disminuci&oacute;n de la participaci&oacute;n de los salarios en el producto interior bruto de los pa&iacute;ses y su vinculaci&oacute;n con el incremento de la desigualdad y la hiperglobalizaci&oacute;n financiera; la desregulaci&oacute;n de los mercados de trabajos, la p&eacute;rdida de poder social y pol&iacute;tico de los sindicatos y la negociaci&oacute;n colectiva, y la mercantilizaci&oacute;n de cada vez m&aacute;s aspectos de nuestra vida; los impactos macro y micro de la robotizaci&oacute;n y de la aplicaci&oacute;n de la inteligencia artificial vinculados a una mayor capacidad de supervisi&oacute;n, mercantilizaci&oacute;n de nuestros datos y la inseguridad inherente a ese proceso, o la aparici&oacute;n de mecanismos de discriminaci&oacute;n sin establecer cadenas de responsabilidad humana;&nbsp; el reparto de los trabajos m&aacute;s all&aacute; de una disminuci&oacute;n de la jornada laboral discutiendo la centralidad de los cuidados y su desigual reparto entre mujeres y hombres; o las ventajas e inconvenientes del trabajo a distancia que van desde el impacto f&iacute;sico y psicol&oacute;gico en las y los trabajadores y su derecho a desconectar, hasta los efectos en la conciliaci&oacute;n y la corresponsabilidad, en el medioambiente, en la productividad de los trabajadores o las consecuencias pol&iacute;ticas de la fragmentaci&oacute;n o la deshumanizaci&oacute;n de las relaciones laborales que impone la distancia.
    </p><p class="article-text">
        A estas tendencias se suman, en las econom&iacute;as menos desarrolladas, el mantenimiento de una elevada informalidad que penaliza la fiscalidad y discrimina al sector formal que debe contribuir m&aacute;s; la aceleraci&oacute;n de una econom&iacute;a dual con sectores muy vinculados a la econom&iacute;a global y sectores especializados en las econom&iacute;as atrasadas rurales; o el mantenimiento del poder de las comunidades y el poder de clanes y patriarcas que determinan a menudo el futuro del trabajo de j&oacute;venes generaciones en el &aacute;mbito rural que en algunos pa&iacute;ses es m&aacute;s de la mitad del territorio y el empleo.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de la COVID-19 ha venido a agudizar estas tendencias y algunas est&aacute;n sufriendo un claro proceso de aceleraci&oacute;n. Es incuestionable que los procesos de crisis siempre han tra&iacute;do transformaciones profundas en varias dimensiones del mundo de trabajo, sobre todo si se han dado en mitad de una disrupci&oacute;n tecnol&oacute;gica como ocurre en la actualidad. La industrializaci&oacute;n es paradigm&aacute;tica en este sentido, aunque se desarroll&oacute; durante m&aacute;s de un siglo y con distintas velocidades en los distintos pa&iacute;ses y regiones.
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de los cambios sociales, econ&oacute;micos y hasta pol&iacute;ticos que se desarrollaron durante las revoluciones industriales pivotaron en torno al mundo del trabajo. &Eacute;ste pas&oacute; de realizarse de manera mayoritaria en el &aacute;mbito dom&eacute;stico de las unidades familiares, orientado a la subsistencia, a concentrarse en las f&aacute;bricas bajo la forma trabajo asalariado, ya fuera a destajo o como jornal diario, pasando a ser la medici&oacute;n y el control de los tiempos un aspecto clave del nuevo r&eacute;gimen laboral. Igualmente se desarroll&oacute; todo un marco institucional el de los estados liberales para consagrar la propiedad privada, las libertades individuales &ndash;en principio solo de los varones&ndash;, y la liberalizaci&oacute;n de los medios de producci&oacute;n entre ellos del trabajo que pasaba a poder venderse a cambio de un salario.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso tambi&eacute;n implic&oacute; paralelamente la concentraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en ciudades, la desaparici&oacute;n de los mecanismos de solidaridad comunal en las grandes ciudades, o la definici&oacute;n del moderno concepto de trabajo del que quedaron excluidos la mayor parte de los trabajos de mujeres, que al mismo tiempo fueron excluidas de la ciudadan&iacute;a o del acceso a la educaci&oacute;n y las profesiones con la consolidaci&oacute;n del mito del hombre como ganador de pan y la mujer como ama de casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque frente al desequilibrio de poder entre los trabajadores y los empresarios tambi&eacute;n surgieron los contrapoderes y mecanismos de defensa como los sindicatos; frente al desmantelamiento de los sistemas comunales de protecci&oacute;n surgieron tambi&eacute;n las primeras asociaciones y cofrad&iacute;as de trabajadores, las redes informales de solidaridad, el paternalismo industrial, y la primera legislaci&oacute;n laboral y de seguros; y frente a la exclusi&oacute;n de las mujeres de la ciudadan&iacute;a, el empleo o la educaci&oacute;n surgi&oacute; el movimiento feminista, y las reivindicaciones por la igualdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros momentos de crisis profundas, como las dos guerras mundiales, sirvieron para acelerar algunos de esos cambios, en las econom&iacute;as m&aacute;s desarrolladas. As&iacute;, la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT) se fund&oacute; en 1919, el mismo a&ntilde;o en el que se cre&oacute; el 'Retiro obrero', el primer seguro de vejez en Espa&ntilde;a. Y fue tras la crisis de los a&ntilde;os treinta con el New Deal en Estados Unidos o tras la Segunda Guerra Mundial en Europa cuando se lleg&oacute; a un nuevo pacto social que implicaba mejoras en la distribuci&oacute;n primaria de los beneficios entre el capital y el trabajo, m&aacute;s favorable a este &uacute;ltimo, por cierto, en EE.UU, de la mano de una mujer, Frances Perkins, no muy conocida a pesar del papel tan importante que desempe&ntilde;&oacute; como secretaria de trabajo con Roosevelt. Y tambi&eacute;n se pusieron en marcha mejoras en las pol&iacute;ticas redistributivas gracias a la fiscalidad progresiva y al desarrollo de sistemas nacionales de sanidad, al derecho y acceso a la educaci&oacute;n, as&iacute; como la extensi&oacute;n de los seguros de salud, vejez, desempleo o maternidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que es esperable que una crisis sin precedentes como la de la COVID-19 que acontece en mitad de una disrupci&oacute;n tecnol&oacute;gica caracterizada por la velocidad del cambio que conlleva, con una enorme brecha social y generacional, se experimenten cambios profundos en el mundo del trabajo. De entre las tendencias esbozadas el inicio del art&iacute;culo hay dos que parece que se est&aacute;n acelerando o incluso adelantando con la crisis de la COVID-19, el confinamiento y las estrategias de distanciamiento social como son el avance de la digitalizaci&oacute;n de los procesos productivos y el teletrabajo.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al avance de la digitalizaci&oacute;n, hay que tener en cuenta por un lado la automatizaci&oacute;n de los procesos productivos que puede suponer la sustituci&oacute;n de trabajadores por robots en varias fases del proceso productivo y por otro, la extensi&oacute;n de la Inteligencia Artificial en esos mismos procesos. Como ya ocurriera en otros procesos de disrupci&oacute;n tecnol&oacute;gica en el pasado, tambi&eacute;n ahora se perder&aacute;n millones de empleos que en este momento ser&aacute;n sustituidos por robots, y con el tiempo pero no de manera inmediata ni autom&aacute;tica, por empleos en otros sectores que no siempre ser&aacute;n ocupados por los trabajadores que pierdan los suyos, ni concentrados en las mismas regiones en las que estaban las actividades desaparecidas o transformadas. Esto traer&aacute; grandes cambios en la distribuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y de su bienestar a no ser que se establezcan planes de fomento de nuevos sectores productivos que en muchos aspectos pueden estar vinculados con la reindustrializaci&oacute;n y la relocalizaci&oacute;n, dados los efectos que la COVID-19 ha tenido en la ruptura de las cadenas de producci&oacute;n que pueden ser coyunturales pero tambi&eacute;n tener un car&aacute;cter m&aacute;s permanente. Pero tambi&eacute;n debemos pensar en el fomento de sectores vinculados con la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y los cuidados que se han mostrado m&aacute;s urgentes que nunca. Las transiciones entre sectores o profesiones que estos cambios implican necesitar&aacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que garanticen el derecho de los trabajadores a la formaci&oacute;n a lo largo de la vida que permitan su constante adaptaci&oacute;n, as&iacute; como la existencia de subsidios o transferencias que les permitan sobrellevar estas transiciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero la digitalizaci&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute; trayendo un uso cada vez m&aacute;s intensivo de la inteligencia artificial que puede tener amplias consecuencias en el mundo del trabajo como el aumento de la capacidad de supervisi&oacute;n. Por ejemplo los sindicatos est&aacute;n denunciando que con la excusa de la pandemia, los trabajadores del puerto de Amberes estar&aacute;n obligados a llevar una especie de relojes que monitorizar&aacute;n su actividad laboral aunque en teor&iacute;a deben garantizar el distanciamiento social como si esos trabajadores no fueran capaces de calcular lo que supone estar a un metro y medio de distancia. Y desde que sali&oacute; a la luz hace solo unos d&iacute;as, Rombit, la empresa desarrolladora del producto dice tener peticiones de casi 500 empresas de 99 pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido es fundamental que se establezcan pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que aumenten la alfabetizaci&oacute;n digital de la poblaci&oacute;n y que se apruebe una regulaci&oacute;n que desarrolle una inteligencia artificial &ldquo;bajo control humano&rdquo;. Los trabajadores deben de estar informados y tener capacidad de consentir sobre el uso de sus datos. El uso de la IA debe ser transparente y con trazabilidad a lo largo de todo el proceso desde la generaci&oacute;n del algoritmo. Ya que al igual que el trabajo no es una mercanc&iacute;a pero se usa como tal, los datos de los trabajadores tampoco deben serlo, por lo que los trabajadores tienen que consentir de manera informada sobre su utilizaci&oacute;n y reutilizaci&oacute;n, y deben estar almacenados de manera segura y con garant&iacute;as expl&iacute;citas sobre la longevidad de su almacenamiento.
    </p><p class="article-text">
        Y por &uacute;ltimo, un equipo de humanos capacitados tiene que ser responsable de las decisiones finales que se tomen en las empresas en relaci&oacute;n con los trabajadores, no un algoritmo. Si hay discriminaci&oacute;n o sesgos en los procesos de selecci&oacute;n, o despidos vinculados con la monitorizaci&oacute;n de los resultados de manera automatizada, la decisi&oacute;n final debe ser tomada por un humano que asuma la responsabilidad de sus decisiones. La urgencia de que haya control humano de lo que los algoritmos controlan es ya insostenible en el &aacute;mbito de las finanzas, donde proliferan ya algoritmos creados por todo tipo de brokers, incluidos adolescentes sin apenas formaci&oacute;n que ordenan la compra venta autom&aacute;tica de valores que pueden influir en la p&eacute;rdida de empleo en empresas o sectores completos.
    </p><p class="article-text">
        La segunda tendencia que parece estar aceler&aacute;ndose con la COVID-19 es la extensi&oacute;n del teletrabajo que sin duda es el efecto laboral m&aacute;s visible del confinamiento. El teletrabajo se ha visto en estos a&ntilde;os pasados como una evoluci&oacute;n positiva querida por las y los trabajadores aunque no siempre se han tenido en cuenta algunas caracter&iacute;sticas negativas de esta modalidad de trabajo. Como en todo, va por barrios. Primero no todos los trabajos se pueden realizar de manera remota, estableci&eacute;ndose una desigualdad dentro de la fuerza de trabajo que en algunos sectores se traslada al interior de las empresas lo que puede generar tensiones importantes.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el confinamiento y el aumento del teletrabajo estos d&iacute;as nos han tra&iacute;do cielos m&aacute;s limpios y que sin duda supone una apuesta clave dentro de la transformaci&oacute;n ecol&oacute;gica que todos tenemos que transitar si queremos que la especie humana siga habitando este planeta. Tambi&eacute;n lo es que en la mayor&iacute;a de los casos puede suponer un aumento de la autonom&iacute;a sobre el trabajo y por tanto favorecer la conciliaci&oacute;n de la vida familiar y laboral. Aunque tambi&eacute;n est&aacute; trayendo un aumento de las horas de trabajo, lo que puede suponer una mayor rentabilidad para las empresas si este proceso no va acompa&ntilde;ado de un aumento salarial, una mayor dificultad de desconectar y parcelar la vida personal y la laboral.
    </p><p class="article-text">
        Y, aunque pueda facilitar la conciliaci&oacute;n, no est&aacute; claro que favorezca la corresponsabilidad en el reparto de los cuidados y de los tiempos dada la amplia desigualdad de g&eacute;nero que en ese &aacute;mbito se produce en los hogares especialmente mientras que las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, u otros dependientes, tambi&eacute;n est&eacute;n confinados. Varios estudios han demostrado en estos d&iacute;as que las mujeres cient&iacute;ficas confinadas est&aacute;n enviando menos art&iacute;culos para su publicaci&oacute;n en revistas que faciliten su promoci&oacute;n laboral, en comparaci&oacute;n con colegas cient&iacute;ficos hombres confinados. En definitiva, un uso del tiempo de trabajo m&aacute;s intensivo con las consecuencias f&iacute;sicas y psicol&oacute;gicas que no son exactamente positivas. Como tampoco lo es la desvinculaci&oacute;n del puesto de trabajo para luchar por intereses comunes de cara a solventar las desigualdades de poder que se establecen al interior de las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos ejemplos muestran c&oacute;mo tenemos que estar alerta sobre ciertas tendencias que la COVID-19 est&aacute; acelerando y que pueden tener consecuencias positivas pero tambi&eacute;n negativas en el mundo del trabajo. La velocidad de los cambios no deben desviar nuestra atenci&oacute;n de cual deber&iacute;a ser el futuro del trabajo, que no difiere mucho de esas reflexiones a las que hac&iacute;amos referencia al inicio del art&iacute;culo y que bien pueden sintetizarse en las conclusiones de la Comisi&oacute;n mundial sobre el futuro del trabajo organizada por la OIT y presentadas hace un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Este futuro debe garantizar la mejora de la calidad de vida de los trabajadores, ampliar sus opciones disponibles, cerrar la brecha de g&eacute;nero, revertir los estragos de las desigualdades a nivel mundial, y apostar por la econom&iacute;a verde &ndash;tambi&eacute;n deber&iacute;amos por la de los cuidados&ndash;, para que la automatizaci&oacute;n de los procesos de producci&oacute;n y el envejecimiento de la poblaci&oacute;n no solo suponga una presi&oacute;n para nuestros sistemas de seguridad social sino que tambi&eacute;n sirva como oportunidad para generar sociedades basadas en la inclusi&oacute;n, la igualdad, la justicia social, el cuidado, reforzando nuestro tejido social.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta es establecer un nuevo contrato social centrado en las personas. Para ello ser&aacute; necesario invertir en las capacidades de las personas pero no consideradas solo como capital humano sino trabajando para ampliar sus oportunidades y mejorar su bienestar generando ecosistemas de aprendizaje a lo largo del ciclo vital, con especial atenci&oacute;n a las transiciones vitales proporcionando una protecci&oacute;n social desde el nacimiento hasta la vejez. Igualmente habr&aacute; que aumentar la inversi&oacute;n de las instituciones del trabajo incluyendo la regulaci&oacute;n, los convenios colectivos, los contratos o la inspecci&oacute;n del trabajo, y establecer un garant&iacute;a laboral universal a modo de m&iacute;nimo salarial y de condiciones de trabajo que todos los trabajadores deber&iacute;an disfrutar independientemente de su acuerdo contractual.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n los ocupados en las nuevas formas de trabajo propiciadas por las nuevas tecnolog&iacute;as, as&iacute; como la protecci&oacute;n frente a los peligros previamente expuestos de supervisi&oacute;n, falta de conexi&oacute;n, mercantilizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n personal del trabajador o intensificaci&oacute;n del trabajo y falta de autonom&iacute;a del trabajador. En este sentido, se deber&iacute;a ampliar la soberan&iacute;a sobre el tiempo aprovechando los avances t&eacute;cnicos para ampliar las oportunidades de los trabajadores que deber&iacute;an adem&aacute;s tener garantizada la representaci&oacute;n a pesar de la posible dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica. Por ello, tambi&eacute;n se aboga para que exista un sistema de gobernanza internacional para las plataformas digitales de trabajadores que exija a las plataformas y sus clientes el respeto por los derechos y la protecci&oacute;n m&iacute;nima de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, debe trabajarse mucho m&aacute;s para que se reduzca la ignorancia que de las dificultades estrat&eacute;gicas que sufren las empresas a menudo tienen los trabajadores, con un mayor nivel de formaci&oacute;n del trabajador, y un aumento de las posibilidades para colaborar en la formulaci&oacute;n de estrategias de largo plazo de las empresas, como sucede a menudo en las cooperativas, o en las empresas alemanas o japonesas. Sobre todo en el &aacute;mbito de las pymes, el trabajador a menudo da por supuesto que la empresa tiene fondos suficientes para sostener el empleo en situaciones de ca&iacute;da de ventas, sean fondos de la propia empresa o personales, cuando a menudo entre las pymes no es el caso, ni debe serlo. El Estado, y los gobiernos regionales y locales, han de tener responsables competentes y profesionales que puedan ayudar a elaborar normas que obliguen a los empresarios a tener una reserva de liquidez que ahora s&oacute;lo se exige a las grandes empresas como los bancos, para proteger al empleo, sin perjudicar al empresario.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva se debe invertir en trabajo decente y sostenible en l&iacute;nea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El empleo verde o el fomento del empleo rural pueden ser clave en este sentido ahora que el teletrabajo ha venido para quedarse, y se nos vislumbra un futuro bastante inquietante basado en el distanciamiento social. Para ello ser&iacute;a necesario desarrollar las infraestructuras materiales y digitales y garantizar los servicios p&uacute;blicos y el acceso a la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello no ser&aacute; posible si no se remodelan las estructuras de incentivos empresariales y la forma de medir el &eacute;xito empresarial y de los pa&iacute;ses, para lo que ser&iacute;a importantes desarrollar pol&iacute;ticas fiscales justas, la revisi&oacute;n de las normativas contables, mejorar el di&aacute;logo social y otro reparto de los beneficios. Para ellos los principios de la econom&iacute;a social y cooperativa pueden servir sin duda de inspiraci&oacute;n para la transformaci&oacute;n que necesitar&aacute; que ese pacto social sea tambi&eacute;n un pacto social feminista para que el mejor reparto del trabajo no se circunscriba solo al &aacute;mbito laboral sino que tambi&eacute;n incluya el &aacute;mbito del trabajo no pagado.
    </p><p class="article-text">
        Y todo ello se har&aacute; asumiendo responsabilidades ya que las conclusiones de la OIT tambi&eacute;n insisten en una cosa: nada de todo esto ocurrir&aacute; por s&iacute; mismo, tendremos que presionar y luchar para que ocurra. Esperemos que la crisis de la COVID-19 que tan dolorosa est&aacute; siendo en tantos sentidos y para tantas personas, sirva para caminar en la direcci&oacute;n de la justicia social y las oportunidades de trabajo dignas para todas las personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Gálvez, Paloma Fernández Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/futuro-trabajo-llegado_132_5915597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2020 18:58:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Negocios y ética. Otra organización empresarial es posible y necesaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/negocios-organizacion-empresarial-posible-necesaria_132_5874382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46a5b3a2-f4da-4d43-a4a9-89f4367f588c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La eficiencia de las organizaciones para adaptarse a la crisis del capitalismo y las democracias liberales ha de pasar por la integración en formas de organización política que reconozcan la necesidad del consenso incluso desde la discrepancia</p></div><p class="article-text">
        Hay una palabra que no acaba de salir en la prensa estos d&iacute;as, pero que todos creemos que debe imponerse en el mundo de la organizaci&oacute;n empresarial cuando la crisis sanitaria de la COVID-19 acabe de una vez: la &eacute;tica. Es urgente una econom&iacute;a moral en la que los agentes econ&oacute;micos sean responsables de asegurar el bienestar colectivo, tal como en 1979 la defini&oacute; E.P. Thompson en su an&aacute;lisis de los motines de subsistencia en Europa durante el siglo XVIII, que se opusieron a la liberalizaci&oacute;n de los precios de los productos esenciales. Los amotinados en los que centr&oacute; su estudio E.P. Thompson defend&iacute;an que, m&aacute;s all&aacute; del inter&eacute;s individual y de los deseos de la &eacute;lite gobernante, deb&iacute;a protegerse el acceso a un precio justo de los bienes considerados b&aacute;sicos para la subsistencia. En el siglo XVIII, esos bienes eran los alimentos. En nuestros d&iacute;as, lo son tambi&eacute;n la salud, la educaci&oacute;n, la vivienda y el acceso a un trabajo y un salario dignos, as&iacute; como la conexi&oacute;n a internet, que estos d&iacute;as m&aacute;s que nunca permite que nos mantengamos en contacto con nuestros familiares, nuestros trabajos, la administraci&oacute;n p&uacute;blica, los bancos o el colegio de nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n de la crisis del coronavirus est&aacute; golpeando duramente a nuestras empresas, grandes y peque&ntilde;as, y a nuestros aut&oacute;nomos. Ese golpe est&aacute; derivando con enorme velocidad en un incremento del desempleo y una contenci&oacute;n del gasto (excepto el p&uacute;blico), la inversi&oacute;n y el consumo. Frente a estos hechos, se dibujan frentes de intereses aparentemente contrapuestos que una pol&iacute;tica consensuada, de verdad, con los distintos agentes econ&oacute;micos debe tratar de armonizar. Por una parte, est&aacute;n las instituciones, que intentan frenar el desequilibrio macroecon&oacute;mico sin sobrecalentar hipotecando a las generaciones presentes y futuras por el aumento de la deuda y el d&eacute;ficit. Por otra parte, tenemos a las grandes empresas, que pueden aumentar los despidos para compensar la r&aacute;pida ca&iacute;da de valor y ventas. Junto a ellas, las pymes y los aut&oacute;nomos, que est&aacute;n vi&eacute;ndose forzados a contraer el gasto y a aumentar la b&uacute;squeda de redes de apoyo solidario, con una p&eacute;rdida evidente de liquidez y dram&aacute;ticas situaciones de impago de gastos fijos (incluyendo impuestos). El tercer sector, tan necesario para compensar los d&eacute;ficits del sector p&uacute;blico en la asistencia a los m&aacute;s vulnerables, tambi&eacute;n est&aacute; reduciendo su liquidez e ingresos.
    </p><p class="article-text">
        Ante este panorama de crisis, existe el riesgo de que la respuesta de las organizaciones empresariales se centre en el individualismo y la b&uacute;squeda de protecci&oacute;n, aumentando con ello el castigo al empleo y al consumo. Las crisis y los motines del pasado han de servirnos de lecci&oacute;n para evitar tensiones sociales que puedan descontrolarse.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya varias d&eacute;cadas que sabemos que hay otras formas de organizaci&oacute;n empresarial y otra manera de hacer negocios. Una manera que intenta acentuar la sostenibilidad, la solidaridad, la colaboraci&oacute;n; un tipo de empresa que busca, adem&aacute;s del beneficio individual, el retorno social. La crisis del coronavirus y el confinamiento nos deben hacer reflexionar sobre la necesidad de apoyar m&aacute;s decididamente estas formas alternativas de hacer negocios y medir el &eacute;xito, as&iacute; como otras, nuevas, de generar empleo y estimular el consumo y la actividad cuando, pasada la crisis sanitaria, podamos retomarla.
    </p><p class="article-text">
        Las empresas que han podido mantener su actividad, aunque sea de manera parcial, han tenido que adaptarse a las nuevas circunstancias. Algunas parece que nacieron para estos tiempos de confinamiento: son las m&aacute;s digitalizadas o las especializadas en env&iacute;os de productos a domicilio, encabezadas por Amazon, cuyo modelo de negocio est&aacute; saliendo claramente favorecido en las actuales circunstancias. Otras se adaptan como pueden, fomentando el teletrabajo y culturas laborales m&aacute;s colaborativas y menos presentistas. Otras, al haberse roto algunas cadenas de suministro globales, cambian sus redes de aprovisionamiento, siempre que a&uacute;n exista esa posibilidad en el mercado interior. Otras ensayan m&eacute;todos cooperativos, no s&oacute;lo entre ellas, sino tambi&eacute;n con sus proveedores y consumidores. Y todas vuelven la mirada y exigen a los poderes p&uacute;blicos que las ayuden financieramente a transitar las consecuencias del confinamiento. Todas buscan esos fondos p&uacute;blicos a los que algunas llevan a&ntilde;os intentando contribuir lo menos posible, presionando para imponer una fiscalidad baja para la actividad empresarial que, en el caso de algunas grandes empresas, pasa por la creaci&oacute;n o utilizaci&oacute;n de sociedades opacas en para&iacute;sos fiscales a trav&eacute;s del dumping fiscal, que tanto debilita a los estados y las arcas y servicios p&uacute;blicos, incluida la sanidad que todos los d&iacute;as aplaudimos. Por eso indigna leer estos d&iacute;as hemos le&iacute;do en la prensa econ&oacute;mica c&oacute;mo algunas entidades bancarias espa&ntilde;olas est&aacute;n abriendo nuevas oficinas en Luxemburgo para ayudar a instalarse a compa&ntilde;&iacute;as espa&ntilde;olas que tratan de trasladar all&iacute; sus fondos. Una respuesta individualista y proteccionista a la crisis que no satisface a la multitud, la cual asiste impasible a la ca&iacute;da del empleo y los ingresos, opci&oacute;n que adem&aacute;s, no es accesible para pymes o aut&oacute;nomos.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n no sabemos c&oacute;mo saldremos de esta crisis, qu&eacute; cambios y transformaciones acabar&aacute;n produci&eacute;ndose. Pero s&iacute; conocemos las tendencias que se est&aacute;n imponiendo para salir en mejores condiciones de la crisis, y los caminos que deber&iacute;amos transitar para que la salida tenga lugar de la manera m&aacute;s sostenible y justa. Igualmente sabemos c&oacute;mo hemos salido de otras crisis en el pasado, crisis m&aacute;s o menos graves que &eacute;sta. Porque no olvidemos que existen evidencias hist&oacute;ricas suficientes que demuestran que no siempre salimos de las crisis en positivo y que &eacute;stas, lejos de implicar transformaciones radicales y necesarias, pueden incidir en cambios perversos que nos abocar&aacute;n inevitablemente a nuevas crisis, inestabilidad y sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Con ese tipo de comportamientos y una regulaci&oacute;n que lo permite, no es de extra&ntilde;ar que la alianza entre capitalismo y democracias liberales est&aacute; en crisis desde hace cinco d&eacute;cadas. Y la COVID-19 ha a&ntilde;adido un nuevo elemento de insostenibilidad a la actividad econ&oacute;mica mundial. Qued&oacute; claro en la d&eacute;cada de 1970, y desde comienzos del siglo XXI es innegable, que la energ&iacute;a barata y segura se acab&oacute;, que el flujo abundante de mano de obra barata se ha extinguido, que existe un techo al consumo ilimitado, y ahora, adem&aacute;s, sabemos que mantener la circulaci&oacute;n veloz de personas entre continentes sin enormes costes operativos va a ser imposible. Los estados, el capitalismo especulativo, la clase media, la clase rentista y los herederos empresariales de un modelo de crecimiento basado en la industria fabril pero insertado en la hiperglobalizaci&oacute;n financiera, as&iacute; como los gigantes de la digitalizaci&oacute;n, intentan reforzar este capitalismo desbridado que se impuso con el triunfo del orden neoliberal, pero las fuerzas en contra son cada vez m&aacute;s poderosas. Tanto las colaborativas como las que buscan salir de este modelo mediante el autoritarismo y la supresi&oacute;n de las libertades individuales.
    </p><p class="article-text">
        Las fuerzas econ&oacute;micas y sociales que nos dan esperanza para seguir sosteniendo nuestras vidas de manera colectiva, sin dejar atr&aacute;s a desempleados, j&oacute;venes desencantados y amplias capas de poblaci&oacute;n vulnerable, existen. Las vemos cada d&iacute;a aplaudiendo a las 8 de la tarde, anunciando en las redes sociales sus esfuerzos y sus ideas para salir de esta situaci&oacute;n, publicitando donaciones e iniciativas solidarias en la prensa y la televisi&oacute;n. Investigando en los laboratorios, escribiendo, qued&aacute;ndose en casa. Son fuerzas creativas, solidarias, colaborativas, que buscan su espacio. Fuerzas que revelan su potencial a trav&eacute;s de las movilizaciones y las redes sociales. Son signos de esa econom&iacute;a que lleva ya unas d&eacute;cadas creciendo en paralelo a la econom&iacute;a de los mercados financieros, una econom&iacute;a colaborativa que coordina personas y recursos a menudo a muy peque&ntilde;a escala, y que reclama la atenci&oacute;n de las instituciones. Una econom&iacute;a sin l&iacute;deres (todav&iacute;a), pero con ideas visionarias. Las instituciones que regulan las normas de la vida social y econ&oacute;mica temen a las organizaciones sin l&iacute;deres, que no son responsables individualmente ante la ley y que pueden volverse por ello incontrolables e ingobernables. Pero lo cierto es que, desde hace siglos, desde tiempos anteriores al Imperio romano, existe la econom&iacute;a de lo com&uacute;n, de lo colectivo, paralela a la econom&iacute;a del inter&eacute;s privado individual.
    </p><p class="article-text">
        La economista Elinor Ostrom, Nobel de Econom&iacute;a en 2009, aport&oacute; ideas fundamentales sobre la importancia de la coexistencia de formas de organizaci&oacute;n colectiva de la actividad econ&oacute;mica, que aseguren el bien com&uacute;n, junto a formas de organizaci&oacute;n privada. Ostrom elabor&oacute; una teor&iacute;a del gobierno de los bienes comunes a partir de su estudio de varias comunidades en Suiza, Kenia y Estados Unidos. Y demostr&oacute; c&oacute;mo la actividad y la propiedad privada de bienes por parte de algunos agentes econ&oacute;micos es compatible con el cuidado por parte de otros agentes de la gesti&oacute;n colectiva de bienes comunes que afectan a amplios grupos sociales, con normas consensuadas que benefician a todos en el largo plazo y la imposici&oacute;n de castigos para los abusos individuales. Edith Penrose, otra destacada economista, se&ntilde;al&oacute; en su obra The Theory of the Growth of the Firm, publicada en 1959, que la clave para el crecimiento de las empresas es llegar a disponer de recursos estrat&eacute;gicos valiosos, dif&iacute;ciles de duplicar, y que algunos de esos recursos tienen que ver con un c&oacute;digo propio de valores creadores con reputaci&oacute;n positiva en el mercado.
    </p><p class="article-text">
        La actual pandemia ha puesto en evidencia la insostenibilidad y la ineficiencia de valores y organizaciones que apuestan exclusivamente por el &eacute;xito y la acumulaci&oacute;n individual. Esta crisis demuestra que, obviamente, necesitamos una industria textil, una industria qu&iacute;mica, energ&eacute;tica, de la construcci&oacute;n, pero tambi&eacute;n y de manera esencial necesitamos disponer de bienes comunes, empezando por alimentos frescos producidos cerca de los grandes puntos de consumo del pa&iacute;s. Y necesitamos tambi&eacute;n, m&aacute;s que nunca, agilizar los procesos administrativos para la producci&oacute;n local de innovaciones t&eacute;cnicas sencillas y de innovaci&oacute;n social que mejoren nuestra salud y nuestro bienestar.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de la COVID-19 agudiza la necesidad de replantear los problemas y la utilidad colectiva de los distintos tipos de organizaci&oacute;n empresarial que conocemos. Necesitamos reorganizar la formaci&oacute;n de los trabajadores, pues se requiere mayor formaci&oacute;n para realizar actividades no presenciales en pr&aacute;cticamente todos los sectores que pueden funcionar con internet. Necesitamos reconvertir grandes espacios habilitados para actividades masivas presenciales, y transformarlos en n&uacute;cleos donde se concentren recursos esenciales para el bien de los barrios, los pueblos, las ciudades. Necesitamos m&aacute;s espacios verdes, m&aacute;s vivienda social de tama&ntilde;o digno, m&aacute;s centros de formaci&oacute;n digital subvencionados para becar a j&oacute;venes y mayores que deseen desarrollar un trabajo virtual, m&aacute;s empresas que sigan la estela de las pioneras que en estos d&iacute;as han apostado por este tipo de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos m&aacute;s empresas que dise&ntilde;en planes para reeducar en lo virtual a sus trabajadores y planteen aportar nuevos servicios y productos &uacute;tiles para la empresa, sus clientes, y tambi&eacute;n la sociedad. Necesitamos una log&iacute;stica de transporte m&aacute;s sostenible y mejor organizada que conecte mejor las estaciones de tren y autobuses y las autopistas, para crear una red densa de redistribuci&oacute;n de productos en cada barrio o poblaci&oacute;n. Necesitamos una mejor colaboraci&oacute;n entre la red de atenci&oacute;n primaria, las cl&iacute;nicas y las consultas privadas de m&eacute;dicos, y los hospitales. Necesitamos aumentar el personal que en cada barrio de cada ciudad y cada pueblo atiende la salud de las personas. Necesitamos una organizaci&oacute;n empresarial atenta a los servicios, a los productos esenciales, a la reducci&oacute;n de la movilidad de cientos de miles de empleados que pueden trabajar en casa, liberando los espacios de transporte para el traslado de los productos que todos necesitamos, dentro de una red de transporte cada vez m&aacute;s ecol&oacute;gica, que use cada vez menos energ&iacute;as contaminantes. Necesitamos una organizaci&oacute;n empresarial que prime los resultados en lugar del presentismo y las redes de poder, que tan bien han sabido tejer y aprovechar los hombres al disponer de mayor tiempo y movilidad que las mujeres, atadas siempre a los cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos una corresponsabilidad en la fiscalidad que permita una buena organizaci&oacute;n de lo com&uacute;n. Necesitamos otra idea de c&oacute;mo medir el &eacute;xito empresarial. Los indicadores desarrollados por la econom&iacute;a del bien com&uacute;n van en la l&iacute;nea correcta, ya que no se trata tanto de que las empresas desarrollen la responsabilidad social corporativa como de que creen valor social. De hecho, es muy dif&iacute;cil que la alianza entre capitalismo y democracia liberal se mantenga o mejore si las empresas no son capaces de generar valor compartido a trav&eacute;s de una mayor integraci&oacute;n de los trabajadores, la protecci&oacute;n del medio ambiente, la creaci&oacute;n de empleo de calidad, o la limitaci&oacute;n a las diferencias de salario dentro de las empresas, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han llevado a los directivos de algunas grandes empresas a cobrar hasta 400 veces m&aacute;s que lo que cobra el trabajador medio.
    </p><p class="article-text">
        Son tendencias perversas que vienen produci&eacute;ndose en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, vinculadas con la especulaci&oacute;n financiera, la falta de inversi&oacute;n en las empresas, el incremento de la desigualdad y el capitalismo de la vigilancia, que si no estamos atentos pueden agravarse con la crisis actual. La expansi&oacute;n de las empresas con responsabilidad limitada a mediados del siglo XIX supuso un avance importante para el crecimiento econ&oacute;mico y la innovaci&oacute;n, como tambi&eacute;n lo supuso el capitalismo gerencial mientras existieron fuerzas compensatorias como una mayor regulaci&oacute;n por parte de los gobiernos o un mayor poder y participaci&oacute;n sindical. Esto fue as&iacute; hasta que, a partir de los a&ntilde;os ochenta del siglo XX, se consolid&oacute; el principio de maximizaci&oacute;n del valor del accionista, por el que la remuneraci&oacute;n de los directivos se uni&oacute; al valor que eran capaces de generar los accionistas. Como bien explica Ha Jong Chang, esta uni&oacute;n entre accionistas y gerentes para explotar las empresas se llev&oacute; a cabo explotando tambi&eacute;n a otras partes de &eacute;stas, como los trabajadores, con recortes de plantilla y salariales, y limitando la inversi&oacute;n y por tanto la competitividad y la viabilidad de las empresas en el largo plazo. De hecho, en aquellos pa&iacute;ses donde la participaci&oacute;n de los trabajadores en la gesti&oacute;n de las empresas como Alemania o Jap&oacute;n ha sido m&aacute;s palpable, las empresas tienen estrategias de inversi&oacute;n m&aacute;s pensadas para el largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el modelo de gesti&oacute;n de maximizaci&oacute;n de valor para el accionista a base de explotar a otras partes de la empresa, no ha sido beneficioso ni para las propias empresas ni para la econom&iacute;a, al haber disminuido la inversi&oacute;n. Lo que ha generado son procesos de redistribuci&oacute;n hacia las rentas m&aacute;s altas, que han acabado alimentando la hipertrofia financiera y la econom&iacute;a de casino, al tiempo que esa nueva clase gerencial iba acumulando renta, capacidad para manipular las fuerzas que determinan sus propios salarios, poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s de las puertas giratorias, e influencia para imponer como de sentido com&uacute;n ideas que s&oacute;lo benefician a unos pocos y, obviamente, a ese capitalismo depredador y desbridado. Concentrar los ingresos en manos de un supuesto inversor, ya sea el capitalista o la autoridad central planificada, ha demostrado que no genera crecimiento si la inversi&oacute;n no aumenta.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco benefician a nadie otras tendencias que solemos ver como positivas pero que, a falta de una correcta regulaci&oacute;n, pueden generar resultados muy perversos. Pondremos s&oacute;lo tres ejemplos. En primer lugar, el de las empresas m&aacute;s digitalizadas, que son las que se llevar&aacute;n el gato al agua en esta crisis, pero que en muchos casos est&aacute;n desarrollando lo que conocemos como &ldquo;capitalismo de supervisi&oacute;n&rdquo; y tienen las plantillas menos equilibradas del mercado laboral desde el punto de vista de g&eacute;nero. En segundo lugar, el de la normalizaci&oacute;n del trabajo a distancia, que puede ser bueno para reducir nuestra huella ecol&oacute;gica, aumentar la productividad, mejorar la organizaci&oacute;n de nuestros trabajos y por tanto la conciliaci&oacute;n, pero que tambi&eacute;n puede suponer la deslocalizaci&oacute;n de puestos de trabajo de cuello blanco a pa&iacute;ses con salarios m&aacute;s bajos, presionando as&iacute; a la baja los salarios y las condiciones de trabajo. Sin contar con el impacto que el trabajo a distancia tambi&eacute;n puede tener en la salud f&iacute;sica y psicol&oacute;gica de los trabajadores, que pueden llegar a ser graves para los trabajadores por causa del sedentarismo y la soledad, y la falta de l&iacute;mites entre lo laboral y lo personal. Modalidad laboral que afecta a las relaciones sociales, que evidentemente se est&aacute;n viendo transformadas y que pueden llevar a una des-corporeizaci&oacute;n o a menores posibilidades de lucha colectiva. Finalmente, esta crisis puede acelerar la automatizaci&oacute;n de muchos trabajos, generando mucho paro mientras la econom&iacute;a no tenga capacidad para sustituir los empleos perdidos por otros nuevos. Hemos de tener en cuenta, adem&aacute;s, que los empleos que m&aacute;s dif&iacute;cilmente pueden ser asumidos por robots son, en muchos casos, los que implican cercan&iacute;a, algo que el distanciamiento social impuesto por la crisis de la COVID-19 no va a propiciar, con lo que las tasas de empleo caer&aacute;n y esto, a su vez, presionar&aacute; los salarios y las condiciones de trabajo tambi&eacute;n a la baja.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la tesis de Elinor Ostrom, hemos de dotarnos de nuevas normas, consensuadas, que garanticen mejor la realizaci&oacute;n de la actividad privada dentro de la protecci&oacute;n del bien com&uacute;n, y cuya transgresi&oacute;n sea penalizada. Esas normas ser&aacute;n m&aacute;s eficientes a escala local, y la clave de su eficiencia radicar&aacute; tambi&eacute;n en que las organizaciones regionales, estatales e internacionales logren integrar y respetar las normas locales en un marco com&uacute;n m&aacute;s amplio. En su obra The age of information, Manuel Castells explic&oacute; c&oacute;mo en la era de internet surgir&iacute;an redes de distinto signo e inter&eacute;s, y se&ntilde;al&oacute; que el principal desaf&iacute;o residir&iacute;a en evitar la confrontaci&oacute;n entre ellas o la posibilidad de que una red da&ntilde;ara a las dem&aacute;s por ser m&aacute;s fuerte, estar mejor cohesionada, o disponer de m&aacute;s recursos estrat&eacute;gicos. Mucho antes, Aldous Huxley describi&oacute; tambi&eacute;n c&oacute;mo los intentos unificadores por controlar a los individuos y las redes en un mundo feliz pueden resultar peligrosos y desembocar en totalitarismos. Al final, la eficiencia de las organizaciones para adaptarse a la crisis del capitalismo y las democracias liberales ha de pasar por la integraci&oacute;n en formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que reconozcan la necesidad del consenso, del valor estrat&eacute;gico de proteger el bien com&uacute;n, incluso desde la discrepancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Fernández Pérez, Lina Gálvez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/negocios-organizacion-empresarial-posible-necesaria_132_5874382.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2020 18:29:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Negocios y ética. Otra organización empresarial es posible y necesaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Empresas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciencia ahora y después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/ciencia-ahora-despues_132_2261472.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54f4ef23-2347-464f-8d7a-a9ed3959fa08_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las iniciativas internacionales en torno a la Covid-19 nos están mostrando claramente la línea a seguir: la de una ciencia abierta, colaborativa y útil</p></div><p class="article-text">
        Posiblemente ha habido pocos momentos en la historia en los cuales las y los cient&iacute;ficos hayan tenido un protagonismo tan central en el debate p&uacute;blico y en la soluci&oacute;n de un problema como ahora en la lucha para erradicar la pandemia de la Covid-19.
    </p><p class="article-text">
        Sin ciencia, s&oacute;lo contamos con las medidas represivas para combatir la pandemia. Pero la ciencia no se hace sola, ni a su desarrollo pueden acceder en igualdad todos los ciudadanos del mundo, aunque tengan talento y vocaci&oacute;n para ello; tampoco todas las ciencias obtienen los mismos resultados, ni estos llegan por igual a toda la poblaci&oacute;n. Para obtener resultados cient&iacute;ficos acordes con nuestras necesidades y desaf&iacute;os sociales, necesitamos buenos sistemas educativos que formen desde la infancia en el m&eacute;todo cient&iacute;fico a los ni&ntilde;os y tambi&eacute;n a las ni&ntilde;as; que se fomenten el inter&eacute;s y el respeto por la ciencia; que las y los cient&iacute;ficos trabajen en condiciones dignas y con posibilidades de desarrollar sus carreras profesionales tambi&eacute;n cuando no siguen los dictados de los grupos que controlan las disciplinas; que se creen y consoliden las infraestructuras necesarias para ello; que se asegure una financiaci&oacute;n m&aacute;s que suficiente; que se promueva una comunicaci&oacute;n colaborativa entre las comunidades cient&iacute;ficas. En definitiva, necesitamos que se desarrollen sistemas de ciencia, conocimiento e innovaci&oacute;n que permitan ampliar la frontera del conocimiento, impulsar el avance de la ciencia y facilitar la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica de sus hallazgos para el bien com&uacute;n y la salvaguarda de la vida en nuestro planeta. Esto es lo que necesitamos para vencer esta pandemia y para que la ciencia nos ayude tambi&eacute;n en la construcci&oacute;n de un mundo mucho mejor que el que tenemos.
    </p><p class="article-text">
        Desde la antig&uuml;edad, la humanidad, de manera concentrada en determinados ecosistemas, ha hecho ciencia, pero no fue hasta el siglo XX cuando se consolidaron los sistemas nacionales de ciencia, que quedaron sistematizados en la mayor parte de los pa&iacute;ses tras la Segunda Guerra Mundial como resultado del nuevo papel que adquirieron los estados. Por tanto, a pesar de la continuidad de las preexistentes sociedades cient&iacute;ficas internacionales, el gran impulso de sistematizaci&oacute;n provino de las instituciones nacionales y estuvo muy centrado en la participaci&oacute;n de la ciencia en la industria, la medicina, la defensa, el crecimiento econ&oacute;mico y el productivismo. Ese paradigma, del que a&uacute;n quedan importantes vestigios hoy en d&iacute;a, fue en gran medida sustituido por otro surgido en los a&ntilde;os ochenta del siglo XX y vinculado al aumento de la competencia internacional y a la idea de que todos los pa&iacute;ses, con las pol&iacute;ticas y las instituciones correctas, podr&iacute;an alcanzar los niveles de bienestar de los pa&iacute;ses l&iacute;deres. Se dise&ntilde;aron entonces sistemas nacionales de innovaci&oacute;n para la creaci&oacute;n y comercializaci&oacute;n del conocimiento a trav&eacute;s de nodos, redes o clusters, que siguieron siendo m&aacute;s activos y tupidos en los pa&iacute;ses que ya lideraban la producci&oacute;n cient&iacute;fica y la innovaci&oacute;n, con algunas excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Este sistema a&uacute;n en vigor no ha sido todav&iacute;a sustituido por un nuevo paradigma de ciencia abierta y centrada en resolver los desaf&iacute;os y necesidades de la humanidad. En el a&ntilde;o 2015, la conocida como Declaraci&oacute;n de Lund clam&oacute; por una ciencia comprometida con los desaf&iacute;os de la humanidad en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas tambi&eacute;n en 2015. De acuerdo con este paradigma, la ciencia debe aspirar a la transformaci&oacute;n social, participando en la reducci&oacute;n de la pobreza y la desigualdad, as&iacute; como en el desarrollo de formas de producci&oacute;n y consumo inclusivas y sostenibles, sin olvidar la centralidad de la cultura y las humanidades en nuestras vidas y en nuestro ser humanos.
    </p><p class="article-text">
        Este nuevo paradigma responsabiliza a los actuales sistemas de I+D+i de estar fuertemente implicados en la persistencia de los problemas medioambientales y sociales. La responsabilidad tambi&eacute;n alcanza, por supuesto, a las ciencias sociales, entre las cuales la econom&iacute;a es el mejor ejemplo de intolerancia a la disidencia y de desarrollo de un conocimiento al servicio de un sistema que engendra desigualdades y un comportamiento predatorio con nuestros ecosistemas que los vuelve insostenibles. De hecho, los sistemas nacionales de I+D+i y el conocimiento por ellos desarrollado y difundido han contribuido masivamente al actual paradigma intensivo en la explotaci&oacute;n de recursos y la producci&oacute;n de residuos basado en el uso de combustibles f&oacute;siles y en un modelo de crecimiento generador de desigualdades que necesitamos subvertir si queremos seguir habitando este planeta.
    </p><p class="article-text">
        Ahora es el momento de apostar por este tercer paradigma de ciencia comprometida y abierta, que es el que nos puede permitir vencer la pandemia en menos tiempo. Y menos tiempo significan muchas vidas y cada una de esas vidas, sobre todo si las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas tambi&eacute;n evolucionan en el sentido correcto. Salvar las econom&iacute;as tambi&eacute;n significa salvar vidas y ganar en dignidad para muchas personas, incluidos muchos cient&iacute;ficos de a pie que gozan de condiciones laborales y salariales poco o nada dignas.
    </p><p class="article-text">
        Las iniciativas internacionales en torno a la Covid-19 nos est&aacute;n mostrando claramente la l&iacute;nea a seguir: la de una ciencia abierta, colaborativa y &uacute;til, donde los intereses individuales dan paso al trabajo conjunto por el inter&eacute;s com&uacute;n. Y eso incluye cambiar los intereses de las grandes empresas, centrados en el beneficio, y de los gobiernos nacionales, obsesionados con demostrar que ellos hacen la mejor ciencia del mundo. Tambi&eacute;n implica modular el ego de muchos cient&iacute;ficos y el control ejercido por las redes de poder de cada disciplina, que determinan lo que se publica o no en las revistas cient&iacute;ficas. Con esto no queremos decir que haya que desde&ntilde;ar la iniciativa individual. Hay numerosos ejemplos a lo largo de la historia que nos muestran la importancia de la iniciativa individual en el avance cient&iacute;fico. Pensemos en casos como el de Marie Sklodowska Curie, que, en contra de lo esperado de una mujer por la sociedad de la &eacute;poca, demostr&oacute; la existencia de un elemento, el radio, que nadie hab&iacute;a imaginado o conocido antes y que equipos internacionales de todo el mundo aplicar&iacute;an despu&eacute;s r&aacute;pidamente para el diagn&oacute;stico y tratamiento de enfermedades como el c&aacute;ncer.
    </p><p class="article-text">
        Muchas mujeres hemos avanzado en ciencia porque hemos trabajado en entornos institucionales que respetan los derechos individuales de las ciudadanas a acceder a becas y recursos para explorar planes individuales de futuro, los cuales, en algunos casos, han fructificado m&aacute;s tarde en planes colectivos desarrollados a trav&eacute;s de redes que nosotras mismas hemos creado. No obstante, el hecho de que muchas mujeres cient&iacute;ficas no existir&iacute;amos si hubi&eacute;ramos tenido que esperar a que nos integraran en equipos de trabajo no invalida la necesidad de que, para avanzar en ciencia, coexistan el impulso, la intuici&oacute;n y el tes&oacute;n individuales con el trabajo en equipo. Y eso es precisamente lo que fomenta la ciencia abierta, la colaboraci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del control que ejercen los grupos de poder de las distintas disciplinas cient&iacute;ficas y las estructuras de financiaci&oacute;n que no se centran en el inter&eacute;s com&uacute;n. Ese paradigma abierto y colaborativo es el que est&aacute; cogiendo vuelo ahora con la crisis del coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        Mencionaremos s&oacute;lo algunas de las iniciativas vinculadas con este nuevo paradigma, relacionadas en concreto con el aumento de la colaboraci&oacute;n y de las publicaciones pre-print, y con la aparici&oacute;n de consorcios p&uacute;blicos-privados que funcionan en las dos direcciones, y que gracias a la utilizaci&oacute;n de la Inteligencia Artificial (IA) y a la capacidad de computaci&oacute;n y almacenamiento de la nube, est&aacute;n acelerando los experimentos que nos acercan al encuentro de tratamientos exitosos para la Covid-19.
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo de los pre-print, trabajos en curso desarrollados con rapidez y no sujetos al lento y en teor&iacute;a riguroso sistema de revisi&oacute;n por pares, est&aacute; siendo una de las claves de la lucha contra la Covid-19. Es cierto que puede existir cierta tensi&oacute;n entre rigor y velocidad, pero en este contexto los beneficios de la velocidad exceden la posible falta de rigor &ndash;y decimos posible porque son muchos los cient&iacute;ficos que duermen poco dedicados como est&aacute;n a la producci&oacute;n, revisi&oacute;n, mejora y difusi&oacute;n de resultados. El famoso <em>New England Journal of Medicine</em> public&oacute; un art&iacute;culo s&oacute;lo 48 horas despu&eacute;s de que sus autores lo hubieran remitido. S&oacute;lo a finales de febrero se pusieron a disposici&oacute;n de la comunidad cient&iacute;fica 300 art&iacute;culos cient&iacute;ficos sobre el virus y la enfermedad que provoca aparecidos en repositorios pre-print, especialmente en bioRxiv y medRxiv, ambos gestionados por el Cold Spring Harbor Laboratory Press.
    </p><p class="article-text">
        Estos repositorios pre-print no son nuevos, han ido ganando prestigio entre los investigadores en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como reacci&oacute;n a los comportamientos cuasi mafiosos de algunas revistas cient&iacute;ficas y a los incentivos perversos vinculados a la publicaci&oacute;n en revistas indexadas, gestionadas, como los propios &iacute;ndices por los que se eval&uacute;a todo, por intereses privados. Este modelo de ciencia m&eacute;trica y mercantilizada no es independiente de la compartimentaci&oacute;n y domesticaci&oacute;n del conocimiento, ni de los l&iacute;mites al propio desarrollo cient&iacute;fico que vemos en muchos campos dominados por grupos de poder que consolidan su posici&oacute;n de liderazgo a trav&eacute;s del conservadurismo y de castrar la verdadera innovaci&oacute;n, como tan bien cuenta Sonia Contera en su libro <em>Nano comes to life: How Nanotechnology is transforming Medicine and the future of Biology</em>. Esperemos que el cambio en la manera de comunicarse entre los cient&iacute;ficos que est&aacute; trayendo la lucha a contrarreloj contra la Covid-19 y la revoluci&oacute;n de la informaci&oacute;n que conlleva perduren y sean un elemento b&aacute;sico en la implantaci&oacute;n de este nuevo paradigma de ciencia abierta que tanto puede beneficiar a todas las personas. Aunque, evidentemente, somos conscientes de que no todas las disciplinas pueden avanzar a la misma velocidad de crucero, y de que no todas se prestan por igual al trabajo colaborativo en red.
    </p><p class="article-text">
        Otra v&iacute;a posible dentro de este paradigma es la puesta en marcha de consorcios que funcionan en ambas direcciones y no s&oacute;lo explotando los recursos p&uacute;blicos para intereses privados. Sin duda, el m&aacute;s espectacular es The Covid-19 High-Performance Computing Consortium, del que forman parte Google, Amazon, Microsoft o IBM y que ha puesto 330 petaflops a disposici&oacute;n de varias instituciones cient&iacute;ficas como el MIT y agencias p&uacute;blicas como la NASA, con el fin de facilitar la supercomputaci&oacute;n y la capacidad de compartir grandes cantidades de recursos en la nube. El trabajo conjunto de cient&iacute;ficos, ingenieros e investigadores est&aacute; permitiendo realizar una enorme cantidad de c&aacute;lculos a una velocidad enorme en epidemiolog&iacute;a, bioinform&aacute;tica o modelaci&oacute;n molecular. Los consorcios y el uso de la IA son sin duda autopistas que debemos recorrer. S&oacute;lo en el mes de marzo se han podido hacer simulaciones con m&aacute;s de 8.000 mol&eacute;culas y aislar, por su reacci&oacute;n a la Covid-19, 77 componentes que pueden usarse para experimentar en el desarrollo de tratamientos contra el virus.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esas empresas tambi&eacute;n deben contribuir con sus impuestos a los presupuestos nacionales para que los estados o los supra-estados como la UE puedan invertir en ciencia, sobre todo en ciencia b&aacute;sica, que nunca se sabe qu&eacute; resultados dar&aacute; ni d&oacute;nde se aplicar&aacute;. Como muy bien explica Mariana Mazzucatto en su libro <em>El Estado Emprendedor</em>, todo lo que hace al iPhone ser el iPhone, internet, la geolocalizaci&oacute;n, etc., se financi&oacute; con dinero p&uacute;blico que sali&oacute; de los presupuestos federales norteamericanos, los cuales se sostienen sobre los impuestos recaudados por el estado, justo los que Apple se est&aacute; ahorrando ahora en EE.UU y en todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, necesitamos que la participaci&oacute;n privada en el desarrollo de esta ciencia abierta y colaborativa sea m&aacute;s decidida, tanto a trav&eacute;s del pago de impuestos como de manera directa. En el caso que nos ocupa ser&iacute;a especialmente importante que lo hicieran las grandes farmac&eacute;uticas, que deber&iacute;an compartir sus enormes bibliotecas qu&iacute;micas para que los medicamentos candidatos a luchar contra la Covid-19 sean r&aacute;pidamente detectados. La rapidez en este caso es esencial para salvar vidas.
    </p><p class="article-text">
        Ya hay iniciativas interesantes, como el acuerdo al que llegaron diez grandes farmac&eacute;uticas en junio de 2019 para realizar una investigaci&oacute;n conjunta sobre nuevos antibi&oacute;ticos. Es cierto que este acuerdo fue posible gracias al desarrollo de un sistema basado en el blockchain, que permite al algoritmo comprobar los datos de las compa&ntilde;&iacute;as rivales con total trazabilidad. Aunque, como dice Ava Darzi, directora del Institute of Global Health Innovation del Imperial College London, esta colaboraci&oacute;n no se basa en la confianza en el socio sino en el c&oacute;digo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que esta transformaci&oacute;n que necesitamos no va a ser f&aacute;cil. Los incentivos a los investigadores para que puedan escapar de trabajar s&oacute;lo por voluntarismo y entusiasmo pasan por acumular una m&eacute;trica de varios d&iacute;gitos en revistas indexadas. Las empresas y sus gestores tambi&eacute;n est&aacute;n sometidos a incentivos perversos dentro de una econom&iacute;a en la que predomina la l&oacute;gica financiera frente a otras posibles l&oacute;gicas, como la del bien com&uacute;n o incluso la productivista. Y los estados tambi&eacute;n lo tienen dif&iacute;cil, cada vez m&aacute;s endeudados como consecuencia de los l&oacute;gicas fiscales regresivas y de un contexto internacional en el que muere el multilateralismo de postguerra y se abre paso un nuevo nacionalismo liderado por los Estados Unidos de Donald Trump, mostrando la cara opuesta de la la cooperaci&oacute;n cient&iacute;fica en la que avanzamos y que precisamos. S&oacute;lo en el mes de febrero 69 pa&iacute;ses prohibieron o limitaron las exportaciones de materiales o productos necesarios para combatir la pandemia, rompiendo de paso las cadenas de suministro de productos b&aacute;sicos para garantizar la supervivencia de millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos inversi&oacute;n, compromiso social y decencia en la ciencia, para mejorar las condiciones de trabajo de las y los cient&iacute;ficos, desarrollar una competici&oacute;n honesta y guiada por el bien com&uacute;n, dise&ntilde;ar y apoyar una educaci&oacute;n que forme bien a los futuros profesionales y tambi&eacute;n a la sociedad en general de manera que sea vacunada contra la manipulaci&oacute;n y los fakes que tanto da&ntilde;o nos est&aacute;n haciendo al limitar el verdadero funcionamiento de nuestras democracias. En definitiva, necesitamos sistemas de ciencia abierta bien dise&ntilde;ados, que afronten los grandes retos sociales como la lucha contra el cambio clim&aacute;tico, las desigualdades o las pandemias y que lo hagan con humildad, comunicando y entendiendo tambi&eacute;n los l&iacute;mites de lo que se puede hacer cient&iacute;ficamente &ndash;no como la ciencia basada en el desarrollo de modelos que ha dominado la respuesta a la pandemia, que ha construido modelos sin datos y pone ahora todo el &eacute;nfasis en los tests, cuando muchos expertos alertan de que los tests son herramientas de fiabilidad limitada y el biosensing una metodolog&iacute;a compleja. La ciencia es grandiosa, pero tambi&eacute;n debe ser humilde.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto tenemos que llevarlo a cabo con la participaci&oacute;n del conjunto de la sociedad. No basta con que los gobernantes decidan primar la inversi&oacute;n en ciencia, tambi&eacute;n hace falta que la ciudadan&iacute;a est&eacute; dispuesta a emplear sus impuestos en ciencia. La idea de las misiones que trata de desarrollar el nuevo programa europeo de investigaci&oacute;n Horizonte Europa puede ser una senda prometedora si se aplica con rigor, esp&iacute;ritu participativo, contando con suficiente presupuesto y no entendiendo de fronteras. Porque necesitamos una ciencia que ampl&iacute;e el horizonte del conocimiento, pero que tambi&eacute;n trabaje para mejorar nuestro mundo y el bienestar de todas las personas, no s&oacute;lo el de unos pocos. Y lo necesitamos ahora, pero tambi&eacute;n despu&eacute;s de haber vencido esta pandemia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Gálvez, Paloma Fernández Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/ciencia-ahora-despues_132_2261472.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2020 18:47:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ciencia ahora y después]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sistemas de salud: inercias, crisis y oportunidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/sistemas-salud-inercias-crisis-oportunidades_132_1211035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95a28563-e58b-4da2-9118-f7590e8f5208_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Médicos revisan a un paciente dentro de una unidad de cuidados intensivos del hospital Poliambulanza, de Brescia (Italia)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Disponer de más hospitales, camas, UCIs, personal sanitario con mejores condiciones de trabajo y salario es algo que se hará instando a todas las fuerzas políticas a que se comprometan seriamente, y a toda la ciudadanía a que acepte destinar un mayor porcentaje de impuestos a la salud y a la educación</p></div><p class="article-text">
        La Historia nos da lecciones sobre c&oacute;mo los sistemas de salud reaccionan ante las pandemias. La primera es que estos sistemas son estructuras fr&aacute;giles y su firmeza depende de la existencia de pol&iacute;ticas previas dise&ntilde;adas para el muy largo plazo, que deben ser consensuadas y disciplinadamente ejecutadas. La segunda lecci&oacute;n es que son muy pocos los pa&iacute;ses donde se han consensuado este tipo de pol&iacute;ticas; muy al contrario, lo que ha dominado es la improvisaci&oacute;n. La tercera lecci&oacute;n es que los episodios traum&aacute;ticos y de crisis que dejan un fuerte impacto social en el corto y medio plazo tienden a ser olvidados por la siguiente generaci&oacute;n, limitando el consenso que empuj&oacute; en su momento las transformaciones de los sistemas de salud. Por eso es vital que la experiencia cient&iacute;fica de la Medicina y de la Historia se utilice para llevar a cabo planificaciones de largo plazo en los organismos pol&iacute;ticos encargados de fortalecer nuestros sistemas de salud y bienestar, y que esto se haga con amplio consenso y apoyo social.
    </p><p class="article-text">
        Los actuales sistemas de salud en el mundo fueron dise&ntilde;ados en un contexto de crisis, entre finales del siglo XIX y la d&eacute;cada de 1930. Un periodo en el que m&aacute;s de 40 millones de personas migraron de un continente a otro sin regresar a sus pa&iacute;ses de origen, durante el cual varios imperios colapsaron, al tiempo que se hund&iacute;an el sistema internacional de pagos controlado por el patr&oacute;n oro y la libra esterlina, y millones de j&oacute;venes mor&iacute;an a causa de los m&aacute;s feroces conflictos b&eacute;licos entre las grandes potencias imperialistas. La muerte, las epidemias, el hambre, el aumento de la llegada de migrantes a las grandes ciudades, la crisis de la econom&iacute;a agraria y el despegue de la industrializaci&oacute;n imperaron esos a&ntilde;os. Fue entonces cuando el mundo se plante&oacute; c&oacute;mo hacer frente al aumento del n&uacute;mero de enfermos en las grandes ciudades, cuya poblaci&oacute;n se duplic&oacute; y en algunos casos se quintuplic&oacute; en apenas tres d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la crisis y las transformaciones que llevaron a la instauraci&oacute;n de los modernos sistemas de salud y bienestar fueron previas a la II Guerra Mundial. Aparentemente en contraste con el escenario que acabamos de presentar, el primer avance significativo de la esperanza de vida en el mundo tuvo lugar en el primer tercio del siglo XX, gracias a mejoras sustanciales y progresivas en higiene y salubridad, y al efecto de las campa&ntilde;as contra las pandemias y epidemias infecciosas, de &iacute;ndole digestiva y respiratoria, que fueron patrocinadas por instituciones p&uacute;blicas y privadas, como la muy impactante liderada a nivel mundial por la tambi&eacute;n muy criticada Health Unit de la Rockefeller Foundation.
    </p><p class="article-text">
        Hace un siglo, se hundi&oacute; la econom&iacute;a agraria occidental, cayeron el Imperio ruso, el austroh&uacute;ngaro y el otomano y millones de personas huyeron de la guerra portando con ellos sus bacterias y sus virus. Ante el tremendo shock que esto supuso, los precarios sistemas de salud decimon&oacute;nicos reaccionaron recogiendo donativos, fomentando otros actos de caridad y aprobando precarios subsidios p&uacute;blicos en las grandes ciudades para evitar el colapso del sistema econ&oacute;mico. Fue en esos momentos cuando la necesidad y la escasez de recursos, as&iacute; como la presi&oacute;n social y pol&iacute;tica propia de los tiempos de crisis, hicieron que la iniciativa p&uacute;blica, privada y comunitaria confluyeran, con muy diversas propuestas, en la creaci&oacute;n, apoyo y aceptaci&oacute;n de modernos sistemas de salud p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En el primer tercio del siglo XX, se dise&ntilde;aron los principales modelos de estos modernos y diversos sistemas de salud p&uacute;blicos: el de Europa occidental con la Europa mediterr&aacute;nea siguiendo su estela; el norteamericano; y el de las econom&iacute;as emergentes de Asia, Am&eacute;rica Latina y &Aacute;frica. Esas particularidades quedaron en el sustrato de los estados de bienestar de la postguerra y son perceptibles tambi&eacute;n en la mayor o menor fortaleza con las que estos han afrontado su desmantelamiento, privatizaci&oacute;n o debilitamiento durante el periodo neoliberal y, por tanto, en su capacidad actual de respuesta y en las desigualdades en el acceso de la poblaci&oacute;n a los recursos sanitarios. En lo que no divergieron tanto los distintos modelos de bienestar, incluidos los escandinavos hasta la d&eacute;cada de 1970, fue en el hecho de que el nuevo pacto social que les dio sustento tras la Segunda Guerra Mundial se bas&oacute; en otro pacto, &eacute;ste de g&eacute;nero, seg&uacute;n el cual el cuidado de las personas quedaba en manos de las familias y, m&aacute;s particularmente, de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        En lo relativo a los sistemas de salud, en Europa occidental se impusieron tres grandes modelos: el franc&eacute;s, muy centralizado, basado en la estandarizaci&oacute;n de la formaci&oacute;n m&eacute;dica y la organizaci&oacute;n de grandes hospitales, muy burocr&aacute;tico y lento en su capacidad de reacci&oacute;n ante situaciones cr&iacute;ticas; el ingl&eacute;s, muy descentralizado, fundamentado en la externalizaci&oacute;n de los servicios sanitarios a las comunidades y al voluntarismo local, con todas las desigualdades que eso crea entre peque&ntilde;as comunidades y grandes ciudades; y el alem&aacute;n y el suizo, con una estructura federal f&eacute;rreamente organizada por el poder central, que delegaba a centros y autoridades de gran prestigio cient&iacute;fico el control y registro del cuidado sanitario, siguiendo normas estandarizadas a escala estatal, y estimulando un acceso generalizado de la poblaci&oacute;n a los seguros m&eacute;dicos y una remuneraci&oacute;n justa del personal sanitario.
    </p><p class="article-text">
        La Europa mediterr&aacute;nea, caracterizada por una econom&iacute;a dual y muy atrasada hasta hace apenas cuatro d&eacute;cadas, desarroll&oacute;, como oasis perdidos en el desierto, algunos sistemas locales y distritos de salud muy innovadores que pretend&iacute;an reproducir el modelo alem&aacute;n o el franc&eacute;s (y en menor medida el ingl&eacute;s). Durante d&eacute;cadas y hasta la llegada de la democracia, lo lograron s&oacute;lo durante periodos breves, interrumpidos por la constante injerencia de &eacute;lites e instituciones cuya prioridad era el control del poder econ&oacute;mico y no la salud y el bienestar de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos y Canad&aacute; crearon un modelo muy influyente de atenci&oacute;n sanitaria centrado en enormes infraestructuras hospitalarias, construidas en vertical y conectadas por ascensores para permitir la concentraci&oacute;n de miles de pacientes en un espacio urbano reducido, y excelentemente dotadas con equipos de investigaci&oacute;n y tecnol&oacute;gicos de vanguardia, tanto de diagn&oacute;stico como de terapia. Las autoridades sanitarias intentaron imitar la descentralizaci&oacute;n y la externalizaci&oacute;n del control de la atenci&oacute;n sanitaria a centros de prestigio cient&iacute;fico propias del modelo alem&aacute;n &ndash;la John Hopkins University se convirti&oacute; en el centro de referencia&ndash;, pero sin copiar las normas alemanas que desde la d&eacute;cada de 1880 hab&iacute;an favorecido el acceso masivo de la poblaci&oacute;n a la cobertura m&eacute;dica. El resultado, tanto en Estados Unidos como en Canad&aacute;, fueron una enorme desigualdad y una injusticia clamorosa en el acceso a los servicios b&aacute;sicos de salud de amplias capas de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La Segunda Guerra Mundial supuso, en poco tiempo, un trauma colectivo de tal envergadura que lleg&oacute; a cambiar las prioridades pol&iacute;ticas en un sentido amplio. Las propias &eacute;lites pol&iacute;ticas y empresariales y la ciudadan&iacute;a en su conjunto se vieron imbuidas por lo que se llam&oacute; el &ldquo;esp&iacute;ritu del 45&rdquo;, que impuso una fiscalidad progresiva y democr&aacute;tica orientada al bien com&uacute;n frente al inter&eacute;s individual. Las lecciones apenas aprendidas en los a&ntilde;os anteriores a 1939 pudieron, entonces, implementarse sobre una mayor base fiscal y con un criterio en general m&aacute;s equitativo en el acceso a los sistemas de bienestar de aquellos pa&iacute;ses en los que se adoptaron sistemas democr&aacute;ticos. Espa&ntilde;a, sumida en la dictadura, fue mal que bien modernizando su sistema de salud, pero qued&oacute; al margen de ese proceso hasta el triunfo de la democracia. La dependencia de la senda hist&oacute;rica es m&aacute;s fuerte de lo que creemos.
    </p><p class="article-text">
        Las diferencias de partida que hemos esbozado para las distintas regiones o pa&iacute;ses en lo que se refiere a las condiciones de acceso de la poblaci&oacute;n en general a las infraestructuras y atenci&oacute;n sanitarias se han mantenido hasta hoy. Por ejemplo, en Estados Unidos, miles de personas carecen de seguro o disponen de uno que no cubre todo el coste de la atenci&oacute;n que precisan, generando continuos dramas humanos que las pol&eacute;micas pol&iacute;ticas no han logrado subsanar a pesar de los intentos del Obamacare. En Europa occidental, la tradici&oacute;n centenaria alemana de descentralizar la atenci&oacute;n sanitaria y dotarla de un alto n&uacute;mero de camas hospitalarias, as&iacute; como de m&eacute;dicos y enfermeras, sumado al acceso general de la poblaci&oacute;n a los seguros m&eacute;dicos, permite reducir la tensi&oacute;n en crisis como la de la Covid-19. La obsesi&oacute;n francesa, determinada hist&oacute;ricamente, por centralizar la administraci&oacute;n de la sanidad p&uacute;blica ha ralentizado la toma de decisiones en la actual crisis. El bloqueo, hasta muy recientemente, de algunas &eacute;lites empresariales, sociales y pol&iacute;ticas de Italia y Espa&ntilde;a a las opiniones de expertos epidemi&oacute;logos ha podido contribuir de manera decisiva a la virulencia con la que se est&aacute;n produciendo los contagios y fallecimientos durante esta crisis en la Europa mediterr&aacute;nea. Aunque a esto es imprescindible a&ntilde;adir el efecto particularmente duro de las pol&iacute;ticas de austeridad en las finanzas y servicios p&uacute;blicos de estos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La descentralizaci&oacute;n y atenci&oacute;n local en el sistema sanitario ingl&eacute;s, con una fundamental aportaci&oacute;n de entidades voluntarias privadas, permite hoy, como hace un siglo, paliar las carencias del m&aacute;s que insuficiente sistema p&uacute;blico de salud, que tampoco sali&oacute; indemne de las pol&iacute;ticas de austeridad impuestas en Gran Breta&ntilde;a antes y despu&eacute;s de la crisis de 2008. En las econom&iacute;as emergentes, el poder del Estado, a pesar de la influencia de las &eacute;lites depredadoras, se revela, como hace un siglo, primordial para imponer de manera centralizada medidas que son r&aacute;pidas y visibles en la mejora de la situaci&oacute;n sanitaria de las grandes ciudades, aunque, tambi&eacute;n como hace un siglo, en zonas alejadas de las grandes urbes la desatenci&oacute;n sanitaria es la norma y la propagaci&oacute;n de enfermedades end&eacute;micas, como el dengue en Per&uacute; o la malaria en &Aacute;frica, sigue matando a una gran velocidad y con mucha virulencia sin que la OMS nos informe a diario de ello.
    </p><p class="article-text">
        Desde la d&eacute;cada de 1990, la pol&iacute;tica de concentrar camas hospitalarias en unos pocos grandes hospitales, reduciendo paulatinamente el n&uacute;mero de camas por habitante y limitando su presencia en las ciudades de peque&ntilde;o y medio tama&ntilde;o, se ha vuelto casi universal. Las d&eacute;cadas de hiperglobalizaci&oacute;n financiera han primado inversiones en infraestructuras que generaban deuda y productos financieros para seguir especulando y asfixiando la econom&iacute;a productiva, desplazando a las personas del centro de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Personas que no son &ndash;no somos&ndash; robots, sino personas que vivimos en cuerpos vulnerables, que necesitamos cuidados, que enfermamos y morimos como moscas en pandemias que se expanden de manera exponencial. Ni las autopistas, ni los aeropuertos fantasma, ni los derivados financieros sirven para alojar camas de UCI o fabricar EPIs. El predominio de la econom&iacute;a financiera sobre la econom&iacute;a real ha de invertirse radicalmente y permitir que prioricemos las inversiones en salud y educaci&oacute;n. O eso o en la pr&oacute;xima pandemia, como ya vaticinan algunos organismos de salud internacionales, podr&iacute;amos alcanzar la escalofriante cifra de 80 millones de muertos en todo el mundo. Salud, educaci&oacute;n, ciencia y bienestar deben ocupar el centro de nuestras pol&iacute;ticas y sistemas fiscales, y eso incluye tambi&eacute;n organizar la producci&oacute;n, distribuci&oacute;n y consumo de manera que podamos construir una econom&iacute;a incuestionablemente sostenible.
    </p><p class="article-text">
        La Historia no es un armario lleno de esqueletos guardados para entretenimiento de populistas o jubilados. Es un aut&eacute;ntico laboratorio repleto de experiencias de &eacute;xito y de fracaso que, contextualizadas, permiten distinguir lo que, en situaciones de crisis, funcion&oacute;, y d&oacute;nde y por qu&eacute; lo hizo. Experiencias que nos impulsan a reflexionar sobre las v&iacute;as por las que ahora podemos y debemos transitar para alcanzar soluciones comunes y solidarias, que coloquen el bienestar de las personas en el centro de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, reforzando nuestros sistemas de salud y las respuestas globales a emergencias sanitarias como la actual.
    </p><p class="article-text">
        El laboratorio de la Historia nos ofrece varias ense&ntilde;anzas sobre lo que ocurre cuando un sistema de salud quiebra ante un fuerte shock externo como es una pandemia. La primera es que las condiciones de partida son clave para resistir y amortiguar el trauma. La segunda es que las bases para mejorar sustancialmente las condiciones de un sistema de salud y prepararlo as&iacute; para futuros choques no pueden ser alteradas ni sustituidas con la velocidad que desear&iacute;an los votantes ni, sobre todo, con la que las redes sociales y la informaci&oacute;n manipulada que por ellas circula exigen. Y la tercera, que es fundamental crear un fuerte consenso, no s&oacute;lo entre las &eacute;lites sino en el conjunto de la sociedad, sobre la necesidad de sostener con los impuestos y los votos de toda la poblaci&oacute;n aquellas opciones pol&iacute;ticas que garanticen el fortalecimiento de los sistemas de salud.
    </p><p class="article-text">
        Disponer de m&aacute;s hospitales, m&aacute;s camas hospitalarias, m&aacute;s UCIs, m&aacute;s personal sanitario con mejores condiciones de trabajo y salario es algo que no se va a conseguir de la noche a la ma&ntilde;ana. Se har&aacute; instando a todas las fuerzas pol&iacute;ticas a que se comprometan seriamente a hacerlo, y a toda la ciudadan&iacute;a a que acepte destinar un mayor porcentaje de impuestos a la salud y a la educaci&oacute;n, de forma estable y en el largo plazo. Se har&aacute; incrementando el respeto hacia la Ciencia, los cient&iacute;ficos y la investigaci&oacute;n, aumentando por ley el porcentaje del PIB dedicado a I+D+i financiada con apoyo p&uacute;blico, pero tambi&eacute;n privado, favoreciendo as&iacute; que las y los cient&iacute;ficos puedan realizar su trabajo dignamente y no s&oacute;lo por vocaci&oacute;n, entusiasmo o voluntarismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Fernández Pérez, Lina Gálvez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/sistemas-salud-inercias-crisis-oportunidades_132_1211035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2020 20:17:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sistemas de salud: inercias, crisis y oportunidades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Coronavirus, innovación y antifragilidad. Más allá de las respuestas urgentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/coronavirus-innovacion-antifragilidad-respuestas-urgentes_132_1103229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6eb38c31-78ec-4d05-bbaa-a64fa2dfa053_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Coronavirus, innovación y antifragilidad. Más allá de las respuestas urgentes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta crisis nos debe hacer reflexionar con rigor y empatía sobre la necesidad de volver a situar la sanidad y la educación en el epicentro de las prioridades de gestión política de largo plazo, y los sistemas y retórica fiscal que deben sostenerlos</p></div><p class="article-text">
        Ninguna gran pandemia de la Historia ha acabado sin provocar grandes transformaciones en la sociedad, la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica y las ideolog&iacute;as y, por ende, en nuestra forma de vida. As&iacute; ocurri&oacute; con la Peste Negra del siglo XIV, la gripe mal llamada espa&ntilde;ola de 1918 y as&iacute; ocurrir&aacute; ahora con el COVID-19. Segar la vida de decenas de miles de personas de golpe y a escala global, hace que nada pueda ser luego igual, ni que deba ser igual.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, de los grandes desastres colectivos, como cada uno hace tambi&eacute;n de los grandes fracasos individuales, se sacan grandes lecciones que todos acordamos aceptar. Sin embargo, la memoria es fr&aacute;gil y el paso de nuevas generaciones con nuevos intereses y problemas hace que se termine olvidando. Cuando los acontecimientos son recientes es m&aacute;s f&aacute;cil recordarlos. Por ejemplo, parece que una de las claves que adem&aacute;s de la mayor extensi&oacute;n de la tecnolog&iacute;a y modelos sociales m&aacute;s colectivistas, explica el mayor &eacute;xito en el combate del COVID-19 de los pa&iacute;ses asi&aacute;ticos, ha sido precisamente que hab&iacute;an pasado por pandemias en los a&ntilde;os recientes y hab&iacute;an aprendido de ellas. De esa manera pusieron en marcha mecanismos de detecci&oacute;n de posibles contagios incluso con s&iacute;ntomas leves que permitieron aislar muy pronto a los posibles contagiados y a las personas que hab&iacute;an tenido contacto con esas personas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, desde nuestro confinamiento nos toca aprender a nosotros tambi&eacute;n, y convertir esta tragedia en oportunidad. Nos toca recuperar valores que ten&iacute;amos un poco oxidados antes de la pandemia como el cuidado, la solidaridad, la responsabilidad, el civismo, la humildad o el hero&iacute;smo para llevarlos a una sociedad que lleva decenios siendo ego&iacute;sta y predadora con los recursos comunes, explotadora y generadora de cada vez m&aacute;s desigualdades. Desde la d&eacute;cada de 1980 hasta esta crisis sabemos que el capitalismo neoliberal sin bridas, basado en la desregulaci&oacute;n financiera y en el abaratamiento y mayor velocidad de los flujos mundiales de personas, tecnolog&iacute;a, y mercanc&iacute;as, ha llevado a esas explotaciones y desigualdades a las que nos acabamos de referir y que s&iacute; bien no nos gustaban eran dif&iacute;ciles de cambiar porque, precisamente, alteraban nuestro modo de vida planetario. El calentamiento global, la desigualdad, el hambre, la pobreza, el abuso laboral, el enriquecimiento de agentes econ&oacute;micos adaptados como peces en el agua a la hiperglobalizaci&oacute;n financiera son males a cambiar, pero no acab&aacute;bamos de cambiarlos.
    </p><p class="article-text">
        Parece claro que las primeras respuestas a las crisis actual deben concentrarse en salvar vidas, tambi&eacute;n las de nuestros mayores, en el sostenimiento de los sistemas sanitarios y en aplacar en la medida de lo posible los efectos econ&oacute;micos de la paralizaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica que permitan a las personas no solo sobrevivir sino seguir con sus vidas en condiciones dignas y con capacidad de vislumbrar un futuro igualmente digno. Pero al mismo tiempo, y justo despu&eacute;s de lo inmediato tienen que orquestarse otra serie de respuestas que nos lleven a mejorar nuestros sistemas sanitarios, nuestras econom&iacute;as, nuestro bienestar y nuestra convivencia. Y es justo al dise&ntilde;o de lo que debe venir d&oacute;nde queremos aportar. Necesitamos garantizar la transmisi&oacute;n veraz, y cr&iacute;tica, reflexiva, de conocimiento que pueda hacer entender a la sociedad alguno de los retos que plantea la pandemia actual, y hechos presentes y pasados que puedan arrojar luz para que pol&iacute;ticos y gestores que tomen decisiones eviten errores pasados y se inspiren para considerar herramientas de construcci&oacute;n de nuestro futuro colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que ese d&iacute;a despu&eacute;s viene pre&ntilde;ado de incertidumbre, pero nos gustar&iacute;a hacer dos reflexiones al respecto. La primera es que si nos apoyamos en el conocimiento cient&iacute;fico que tenemos, incluidas las ense&ntilde;anzas de la Historia, quiz&aacute;s podamos domar parcialmente esa incertidumbre y sepamos m&aacute;s sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser ese d&iacute;a despu&eacute;s. Necesitamos agarrarnos al conocimiento cient&iacute;fico. La frontera del conocimiento est&aacute; en constante evoluci&oacute;n, pero sabemos muchas cosas y desde distintas disciplinas y saberes que bien utilizadas pueden servir de base para repensar, poco a poco, desde nuestro confinamiento en el hogar -o incluso quienes est&aacute;n en primera l&iacute;nea salvando vidas o permitiendo que nuestras sociedades sigan funcionando-, qu&eacute; podemos hacer mejor, qu&eacute; podr&iacute;amos cambiar, c&oacute;mo recombinar lo preexistente que no puede desaparecer de un plumazo, con cosas nuevas que hagan que funcionemos mejor, todos juntos. Repensar lo que hacemos para hacerlo distinto, y mejor, es innovar. Estos momentos son los que pueden servir para plantear una innovaci&oacute;n basada en el conocimiento, no s&oacute;lo en el &aacute;mbito tecnol&oacute;gico sino tambi&eacute;n en el econ&oacute;mico, social, o cultural, y en el organizativo. Innovar para cooperar, innovar para colaborar, innovar para el bienestar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda es que, como nos recuerda Nassim Taleb en con su concepto de antifragilidad, la incertidumbre no tiene por qu&eacute; ser negativa sino todo lo contrario. Siguiendo la propia explicaci&oacute;n de Taleb, mientras que el concepto de resilencia hace referencia a quien resiste&nbsp; y sobrevive a los shocks, el antifr&aacute;gil es quien no s&oacute;lo sobrevive sino quien sale mejor parado de ellos, que no es lo mismo. De hecho, a lo largo de la historia los cambios m&aacute;s radicales y que nos han hecho progresar, han sido respuesta a situaciones excepcionales. Desde la modernizaci&oacute;n de la gesti&oacute;n hospitalaria y la respuesta pol&iacute;tica a las pandemias tras la gripe de 1918, el desarrollo de los antibi&oacute;ticos durante&nbsp; y despu&eacute;s de la II Guerra Mundial, a la puesta en marcha de los estados de bienestar y los sistemas p&uacute;blicos de seguridad social tras la Segunda Guerra Mundial, o las modernas tecnolog&iacute;as de transporte, informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n salidos de las grandes contiendas b&eacute;licas en el mundo, la historia est&aacute; llena de estos momentos y de estas respuestas.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos son incontables. Fue a ra&iacute;z de la gran mortandad de la Guerra de Crimea, o la Guerra de Secesi&oacute;n norteamericana, o las grandes mortalidades de las guerras franco-prusianas y ruso-japonesa entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX, que la moderna enfermer&iacute;a y la moderna industria del plasma nacieron para salvar cientos de miles de vidas. Y m&aacute;s cercano a nosotros, las semanas que llevamos de respuesta al coronavirus han visto disminuir la contaminaci&oacute;n en la regi&oacute;n de Wuhan, extender sistemas de teletrabajo y tele educaci&oacute;n para los que ya exist&iacute;an las tecnolog&iacute;as sin que estuvieran plenamente en uso, reestablecer v&iacute;nculos de solidaridad vecinal y hasta avanzar en corresponsabilidad con la llegada siempre bienvenida de muchos pap&aacute;s a los chats de clase infantiles. Tambi&eacute;n ha acelerado la b&uacute;squeda de f&aacute;rmacos para frenar la pandemia, y de uso de mecanismos de <em>open source</em> para el trabajo colaborativo en la invenci&oacute;n de aparatos de respiraci&oacute;n artificial baratos y abundantes, o los avances colectivos que se est&aacute;n realizando para encontrar una vacuna porque la ciencia tampoco debe tener fronteras.
    </p><p class="article-text">
        Hagamos que esta pandemia y este confinamiento tambi&eacute;n sirvan para transformar en positivo nuestras sociedades. Con ello no queremos decir que s&oacute;lo salgan cosas positivas de esta situaci&oacute;n. Cada d&iacute;a se pierden miles de vidas y en muchos casos, esas personas se van sin el calor de sus seres queridos. Y tambi&eacute;n es cierto que el confinamiento no es s&oacute;lo una oportunidad y que est&aacute; creando conflictos, e incluso peligros especialmente para las mujeres y menores v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero, y que no todos los encierros son iguales porque nuestras viviendas son muy distintas. Pero s&iacute; que miremos con valent&iacute;a al futuro para cambiarlo porque en el d&iacute;a a d&iacute;a ya lo estamos haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos extendiendo el uso de tecnolog&iacute;as que ten&iacute;amos a mano pero a las que no exprim&iacute;amos su potencias. La tecnolog&iacute;a y las redes sociales se est&aacute;n usando para reducir los problemas psicol&oacute;gicos del encierro y el aislamiento de millones de personas en el mundo, tambi&eacute;n de los ni&ntilde;os, creando la percepci&oacute;n que es una oportunidad para conversar m&aacute;s, re&iacute;rnos m&aacute;s, compartir miedos, y organizar la solidaridad entre los que se sienten m&aacute;s fuertes y los que se sienten m&aacute;s fr&aacute;giles en estos momentos. Las redes nos permiten seguir clases de los gimnasios en vivo, leer todas las revistas y peri&oacute;dicos que generosamente han abierto el acceso a su informaci&oacute;n, hacer recetas juntos con las c&aacute;maras y el audio, que nuestros hijos tengan clases online, evaluar a nuestro alumnado d&iacute;a a d&iacute;a sin que pierdan el curso acad&eacute;mico, tener debates en streaming en redes que permitan acercar la acci&oacute;n pol&iacute;tica a la ciudadan&iacute;a, que nuestras madres aprendan a usar Skype y charlen con vecinos a los que apenas daban los buenos d&iacute;as hasta ahora. Las redes tecnol&oacute;gicas est&aacute;n creando y reforzando redes sociales din&aacute;micas. Nos est&aacute;n ense&ntilde;ando algo que no hac&iacute;amos con tanta intensidad, con tal diversidad de &aacute;ngulos, que tendremos cuando todo esto acabe, para hacer las cosas distintas, conversando m&aacute;s y escuchando m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que tenemos que aprovechar esta situaci&oacute;n no solo para resistir sino para salir mejor y hacerlo con estructuras, protocolos y pol&iacute;ticas nuevas para poder avanzar. Las mujeres sabemos muy bien que siempre que ha habido ideas, organismos, estructuras nuevas, nos ha sido m&aacute;s f&aacute;cil innovar y progresar porque nos hemos colado por las rendijas nuevas que quienes ten&iacute;an el poder no necesitaban ocupar. Sobre todo si de esas innovaciones salen estructuras que maximizan la interconexi&oacute;n y la asunci&oacute;n de la interdependencia. Cuando se reorganiza lo pre-existente hay que hacerlo al mismo tiempo creando estructuras nuevas que compitan con las antiguas porque sino es muy dif&iacute;cil sacar de &eacute;stas a las garrapatas y los par&aacute;sitos que se alimentan de aquello que ya existe y es grande.
    </p><p class="article-text">
        Esta crisis nos debe hacer reflexionar con rigor y empat&iacute;a sobre la necesidad de volver a situar la sanidad y la educaci&oacute;n en el epicentro de las prioridades de gesti&oacute;n pol&iacute;tica de largo plazo, y los sistemas y ret&oacute;rica fiscal que deben sostenerlos. La importancia de apostar por la ciencia y la investigaci&oacute;n para avanzar en la frontera del conocimiento, ponerlo al servicio del bienestar de las personas, generar sociedades m&aacute;s cr&iacute;ticas y responsables con lo com&uacute;n, y mejorar la toma de decisiones pol&iacute;ticas. De repensar los tiempos, y los espacios de trabajo y en c&oacute;mo nos repartimos esos tiempos y esos trabajos, de manera que podamos avanzar hacia sociedades m&aacute;s igualitarias gracias a la innovaci&oacute;n social y un nuevo contrato social feminista. La oportunidad digital para la gesti&oacute;n de las distintas fases del proceso productivo, con especial incidencia en la organizaci&oacute;n empresarial, nuestra educaci&oacute;n o nuestros h&aacute;bitats, especialmente los urbanos. Sobre la econom&iacute;a real que debe imponerse a la econom&iacute;a financiera y hacerse circular, sostenible, verde y centrada en el bienestar de las personas. Sobre la necesidad de un nuevo sujeto pol&iacute;tico distinto del que nos ha tra&iacute;do el neoliberalismo como raz&oacute;n rectora; y finalmente sobre la relaci&oacute;n existente entre innovaci&oacute;n y poder, en un momento de revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica donde el poder y las ganancias se est&aacute;n acumulando en unos pocos en una especie de distop&iacute;a del juego del monopoly aplicado a la vida real.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en unos momentos de confinamiento individual y colectivo que nos obliga a todos y todas a reflexionar en nuestro modo de vida. Deber&iacute;amos de haberlo hecho ya en la crisis de 2007/8, pero su efecto fue muy desigual y no acab&oacute; actuando de catalizador de cambios de esta naturaleza, como hubiera sido deseable que ocurriera. Debemos reflexionar sabiendo qu&eacute; se hace en otros pa&iacute;ses, no para criticar c&oacute;mo lo hace nuestro gobierno sino para aprender, como tambi&eacute;n debemos aprender de qu&eacute; se hizo en otros momentos, en otras situaciones que aunque distintas resultaban pavorosamente similares a la actual. Debemos reflexionar con rigor, urgencia y empat&iacute;a sobre qu&eacute; hemos de hacer cuando todo esto se acabe, que se acabar&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lina Gálvez, Paloma Fernández Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/coronavirus-innovacion-antifragilidad-respuestas-urgentes_132_1103229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2020 18:58:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Coronavirus, innovación y antifragilidad. Más allá de las respuestas urgentes]]></media:title>
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