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    <title><![CDATA[elDiario.es - Helena Rodemann Rios]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/helena-rodemann-rios/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Helena Rodemann Rios]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Liberarnos de la rabia y del confinamiento emocional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/liberarnos-rabia-confinamiento-emocional_129_5950603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/113aad7d-5075-4fcb-b037-f1ef0098d384_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Liberarnos de la rabia y del confinamiento emocional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La estrategia que a mí me sirve para romper el círculo vicioso y adictivo de la crítica inefectiva que me enfada y confina emocionalmente es entender y explorar mi rabia</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as nos llevamos las manos a la cabeza mientras escuch&aacute;bamos al presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, tranquilamente ordenar a sus soldados disparar a los residentes que se salten el confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        Vaya barbaridad. Qu&eacute; inhumano. A este t&iacute;o se le ha ido la olla, nos dijimos. Y s&iacute;, creer que disparar a quien salga a correr es una respuesta apropiada es una psicop&aacute;tica crueldad, y un insulto tremendo hacia la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hace falta irse hasta Filipinas para ver que aqu&iacute; tambi&eacute;n hay reacciones descomunales hacia las personas que se saltan el confinamiento. Reacciones aromatizadas de castigo que salen de los balcones en forma de gritos, acoso, insultos, amenazas, de todo. Esta gente ahora tiene un nombre: polic&iacute;as vecinales. Balcony police. Inquisidores balconianos.
    </p><p class="article-text">
        En un v&iacute;deo colgado hace unas semanas, por ejemplo, mientras escuchamos a una mujer siendo detenida desgarr&aacute;ndose las entra&ntilde;as pidiendo ayuda, escuchamos a la vecina que le graba responder con frialdad e indignaci&oacute;n. &ldquo;Gilipollas, boba, idiota, &iexcl;est&uacute;pida!&rdquo;, le dice. &ldquo;Eso te pasa por saltarte la cuarentena. Te lo mereces&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otros, como el periodista Paco Gonz&aacute;lez, llama &ldquo;ceporros&rdquo; a los que se saltan el confinamiento. Alba Carrillo cree &ldquo;cazurra&rdquo; a la gente que no entiende algo que &ldquo;hasta su perro entiende&rdquo;. An&eacute;cdotas y v&iacute;deos de este estilo expresando odio y amenazas, un tipo de acoso que busca algo parecido a lo que el acoso callejero hacia las mujeres: castigar a quien ocupa un espacio que no deber&iacute;a. Culpar a quien incumple las normas establecidas. Se&ntilde;alar con enfado a quien genera peligro y malestar social. Auto justificadas por defender &ldquo;el bien com&uacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se queda aqu&iacute; la cosa. Tambi&eacute;n existe otro bando: la polic&iacute;a moral de la polic&iacute;a vecinal.
    </p><p class="article-text">
        En nombre tambi&eacute;n del &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo;, hay quienes se escandalizan ante los comportamientos de la <em>balcony police</em>. Se&ntilde;alan el dedo indignadas y acusan a las chivatas de incomprensi&oacute;n. Ondeando la bandera de moralidad, atacan a veces con desprecio a quien consideran &ldquo;poco emp&aacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ambos posicionamientos tienen algo en com&uacute;n: un analfabetismo emocional profundo que exige, desde el insulto, la empat&iacute;a. Desde la violencia, defienden la solidaridad. Desde la rabia, convierten la uni&oacute;n en algo performativo que nos fragmenta.
    </p><p class="article-text">
        Al final la estrategia es la misma: enaltecernos moralmente y, con tintes cuasi colonialistas, creernos portadoras de la verdad absoluta sin cuestionarnos. Consigue fabricar un trabalenguas incoherente donde nos convertimos en la persona que critica o la persona que critica a la que critic&oacute;. Y yo, la que critica a la persona que critica a la otra que critic&oacute;. Y as&iacute;. En bucle.
    </p><p class="article-text">
        Tanto ante las personas que incumplen las normas de confinamiento como ante las que incumplen nuestras normas morales internas, hay mucho cabreo. Y tambi&eacute;n usamos balas para gestionarlo. Pero, al contrario de Filipinas, las balas no las disparan las armas. Las balas las disparan las bocas de personas dominadas por su rabia. Una rabia que acaba por confinarnos emocionalmente y nos aleja de la empat&iacute;a, uni&oacute;n, o solidaridad.
    </p><p class="article-text">
        Me identifico much&iacute;simo con la rabia. Como activista feminista y antirracista focalizada en erradicar las desigualdades sociales, siento mucho enfado. Para m&iacute;, es inevitable. Es necesaria. Es de las emociones que m&aacute;s me ayuda a navegar un mundo creado por y para hombres blancos, cis, heteros. Aprender a sentir y canalizar mi enfado me ha permitido visibilizar las opresiones que vivo, a marcar mis l&iacute;mites, a sentirme segura, y a escuchar mi propia voz. Aprender a sentir y a reconocerme en mi enfado me ha permitido aligerar much&iacute;simo peso patriarcal que arrastro y normalizo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo enfado me sirve. A veces, el enfado me paraliza, me bloquea, me despedaza. Me distancia y me impide dar o recibir amor, me ciega del cuidado, y me cimenta muros que me confinan y encarcelan en mi misma. Si no logro entender por qu&eacute; me enfado, hacia qui&eacute;n o qu&eacute;, si no hago el proceso de entender mi rabia y relacionarme con ella desde un lugar de exploraci&oacute;n, caigo en patrones autodestructivos que envenenan mi capacidad de sentirme a m&iacute; y a las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El enfado para m&iacute; es la bomba, pero s&oacute;lo si consigo que me sirva. Si no, me es contraproducente. Se vuelve sin&oacute;nimo de una trampa mental que me protege de lo que verdaderamente estoy sintiendo: dolor.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto qu&eacute; estar&aacute;n sintiendo las personas que tanto se enfadan con las que se saltan la cuarentena. Me pregunto tambi&eacute;n qu&eacute; les estar&aacute; pasando a los que ponen a parir a los que dejan notitas se&ntilde;alando a qui&eacute;n no sale al balc&oacute;n a aplaudir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que insultarte o criticarte en verdad es mi manera de camuflar el miedo que siento ante la incertidumbre? &iquest;Ante la p&eacute;rdida de normalidad? &iquest;Ante la p&eacute;rdida de afecto? &iquest;Igual es que te insulto o te critico porque en verdad lo que siento es impotencia y no s&eacute; expresarla de otra forma?
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s tambi&eacute;n siento envidia. Envidia porque esta payasa que camina por all&iacute; se est&aacute; permitiendo algo que yo no me permito: desobedecer. Envidia porque yo tambi&eacute;n quiero hacer lo que me da la gana, y no me dejo.
    </p><p class="article-text">
        O quiz&aacute;s te insulto porque no me siento merecedora de libertad. O no me siento vista. O me entristece sentir que el cuidado no es un valor compartido, y me da miedo que tu comportamiento pueda poner en peligro a la gente a la que quiero.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hago el esfuerzo en ver y reconocer el dolor detr&aacute;s de mi enfado, me es m&aacute;s f&aacute;cil ver y reconocer tu dolor y tu enfado. Me m&aacute;s f&aacute;cil acercarme a ti, ser emp&aacute;tica, y hacer la uni&oacute;n una realidad, y no un discurso.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nate que la vecina del video en vez de insultar a la corredora hubiera dicho: &ldquo;&iexcl;Oye! &iexcl;Me siento enfadada al verte correr porque en verdad lo que me siento es muy sola! &iexcl;Y no s&eacute; estar sola as&iacute; que por eso me cabreo contigo, porque as&iacute; puedo desahogar mis frustraciones!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        O: &ldquo;&iexcl;Me da miedo morirme y me enfado al verte por la calle porque me acuerdo de ese miedo y no me gusta! &iexcl;No s&eacute; sostener mi miedo! &iexcl;Por eso me cago en ti!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El que luego sale criticando a la vecina que insulta, imag&iacute;nate: &ldquo;&iexcl;Me enfada escucharte insultar a las dem&aacute;s porque me duele la falta de amor!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        O lo que sea, me lo estoy imaginando. La historia es: a ti que insultas desde tu balc&oacute;n, a ti que criticas a los que insultan escribiendo posts largu&iacute;simos. Para escucharte, para entenderte, para ser emp&aacute;tica contigo, me ayuda que me hables de ti. De lo que te pasa. A ti.
    </p><p class="article-text">
        Me ayuda porque para m&iacute; lo normal es escuchar a personas emborrachadas de sus propios privilegios mirarme con condescendencia y decirme lo que me pasa. &ldquo;A ti lo que te pasa es que eres demasiado&hellip;&rdquo; &ldquo;Es que t&uacute; lo que necesita es&hellip;&rdquo; Blablabla.
    </p><p class="article-text">
        Para sentirme solidaria contigo, necesito que me hables desde otro lugar. Desde tu propia vivencia. Porque hablarme con juicios gratuitos sobre como soy o dejo de ser, o encasillarme bas&aacute;ndote en tus opiniones sobre m&iacute;, es restarme mi agencia, autonom&iacute;a y libertad a definirme por m&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Si me hablas de ti, de lo que a ti te pasa, de lo que te mueve a ti, sin entrar en se&ntilde;alar ni asumir mi vivencia, seguramente pueda empatizar antes contigo. Ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil para m&iacute; recibir lo que me dices y luego reflexionar sobre ello.
    </p><p class="article-text">
        La propaganda de esperanza del gobierno es que &ldquo;unidos&rdquo; podremos parar el virus. Y la hip&oacute;tesis de mucha gente es que, si nos mostramos solidarios, superaremos esta crisis. Pero, tal como dice Marcela Lagarde, la solidaridad no puede existir si antes no hay empat&iacute;a. Y esta batalla de cr&iacute;ticas e insultos sobre qui&eacute;n es m&aacute;s o menos moral desde sus balcones o confinamiento, ni es ejemplo de empat&iacute;a ni nos encamina hacia la solidaridad.
    </p><p class="article-text">
        Si queremos uni&oacute;n, si queremos solidaridad, quiz&aacute;s nos toca poner luz en las pr&aacute;cticas que nos confinan emocionalmente y buscar estrategias que nos ayuden a liberarnos de lo que nos fragmenta.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia que a m&iacute; me sirve para romper el c&iacute;rculo vicioso y adictivo de la cr&iacute;tica inefectiva que me confina emocionalmente, es entender y explorar mi rabia, ver mi dolor y comunicarme desde mi propia experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a interesante ver la empat&iacute;a, uni&oacute;n y solidaridad expresada no desde la chapa propagand&iacute;stica sino desde la vivencia de un dolor y duelo profundo compartido. Sea cual sea el bando, ser&iacute;a interesante ver incentivar la empat&iacute;a desde el ejemplo, y no desde el serm&oacute;n vac&iacute;o. Y que tanto la polic&iacute;a vecinal como la polic&iacute;a de la polic&iacute;a vecinal pudi&eacute;ramos compartir la idea de que lo r&aacute;pido y f&aacute;cil es exigir la empat&iacute;a. Que la proeza est&aacute; en ser el ejemplo, poner intenci&oacute;n y currarse a una misma serlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Helena Rodemann Rios]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/liberarnos-rabia-confinamiento-emocional_129_5950603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2020 21:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Liberarnos de la rabia y del confinamiento emocional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué nos cuesta tanto a la gente blanca hablar de racismo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuesta-gente-blanca-hablar-racismo_132_5872126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a2b9b2a-afff-4e44-ae74-d4b3235bd677_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué nos cuesta tanto a la gente blanca hablar de racismo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que a las blancas nos cueste y que nos falten herramientas no nos excusa de la responsabilidad y de la obligación de hablar y actuar en contra del racismo</p></div><p class="article-text">
        Esta crisis del coronavirus est&aacute; desatando, o m&aacute;s bien visibilizando, las grietas del racismo en que vivimos. <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/no-estamos-hablando-de-racismo-de-estado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Violencia institucional</a>, violencia policial, falta de recursos, denuncias y multas, gritos e insultos, protecciones inexistentes. Asesinatos y muertes. Injusticia, desigualdad. Estas realidades hacia personas racializadas bajo la pandemia del coronavirus se est&aacute;n haciendo m&aacute;s evidentes, y ya exist&iacute;an antes del coronavirus. <strong>Es el d&iacute;a a d&iacute;a de la mayor&iacute;a de personas habitantes de este planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando intento hablar con personas blancas sobre esta realidad de miles y millones de personas racializadas, la interacci&oacute;n es, pr&aacute;cticamente, nula. Y, cuando intento hablar con ellas sobre nuestro papel como blancas, peor.
    </p><p class="article-text">
        Llevo muchos a&ntilde;os iniciando conversaciones sobre el racismo y la blanquitud con personas blancas amigas. Preguntas como &ldquo;y t&uacute;, &iquest;cu&aacute;ndo te diste cuenta de que eres blanco?&rdquo; o &ldquo;&iquest;qu&eacute; significa para ti ser blanca?&rdquo;, o &ldquo;&iquest;te consideras una persona racista?&rdquo;. Con estas preguntas intento ir deshilachando la narrativa y el discurso ausente.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una conversaci&oacute;n con una amiga que me habl&oacute; sobre su viaje a &ldquo;&Aacute;frica&rdquo; y su trabajo &ldquo;humanitario&rdquo; en escuelitas. &ldquo;Incre&iacute;ble lo que estamos haciendo all&iacute;, ayudando a los ni&ntilde;itos. Me merezco un pin por ser tan solidaria&rdquo;. Al final de su presentaci&oacute;n de autopromoci&oacute;n, le pregunt&eacute; que qu&eacute; opinaba sobre su privilegio blanco y c&oacute;mo cree que influye en sus viajes a &ldquo;&Aacute;frica&rdquo;. Me mir&oacute; ojipl&aacute;tica, &ldquo;&iquest;qu&eacute;?&rdquo;. No supo responderme. No dijo nada. Directamente, cambi&oacute; de tema.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las reacciones de personas blancas sobre su blanquitud y sobre c&oacute;mo participan en sistemas racistas pueden variar, pero suelen seguir un patr&oacute;n</strong>. Normalmente puedo predecir lo que van a responder y c&oacute;mo van a reaccionar.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente una de las respuestas m&aacute;s recurrentes a &ldquo;cu&aacute;ndo te diste cuenta de que eres blanco&rdquo; es desconocimiento e ignorancia. Algo como: &ldquo;Qu&eacute; interesante. No lo s&eacute;, nunca me lo hab&iacute;a planteado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desviaci&oacute;n a trav&eacute;s del &ldquo;humor&rdquo;. Despu&eacute;s de proponer hablar sobre el racismo, por ejemplo, un amigo me respondi&oacute; envi&aacute;ndome un par de audios imitando la &ldquo;voz de Hitler&rdquo; y haciendo bromas sobre el Holocausto. Es triste, pero no me sorprendi&oacute; su reacci&oacute;n. <strong>Tanto la ignorancia como el humor denigrante son respuestas, lamentablemente, bastante comunes a preguntas sobre la blanquitud y el racismo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A la gente blanca nos cuesta hablar de esto. Da igual el pa&iacute;s. Nos cuesta, estemos donde estemos. Much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        Muchas ya han teorizado el porqu&eacute;, y recomiendo leerlas a ellas antes que a m&iacute;. Las autoras que estoy leyendo y escuchando &uacute;ltimamente como <strong>Ochy Curiel, Karina Ochoa, Patricia Hill Collins, Pastori Filigrana, Beverly Daniel Tatum, Robin Diangelo</strong><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/la-persecucion-al-pueblo-gitano-es-la-persecucion-a-una-categoria-politica-que-desafia-a-un-modelo-imperante/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pastori Filigrana</a>, por ejemplo, ofrecen puntos de vista detallados que ayudan a entender nuestro analfabetismo racial.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los motivos por el cual nos cuesta, seg&uacute;n estas autoras, es la confusi&oacute;n. Por un lado, confundimos t&eacute;rminos como prejuicio, discriminaci&oacute;n, racismo, y opresi&oacute;n. <strong>Confundimos entender el racismo como una estructura sist&eacute;mica y sistem&aacute;tica de opresi&oacute;n con un odio intencionado hacia personas racializadas</strong>. Confundimos ser racista con ser &ldquo;mala&rdquo; persona y no como un sistema de prejuicio m&aacute;s poder que privilegia a unas al oprimir a otras.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tambi&eacute;n argumentan que las personas blancas somos ignorantes del racismo porque jam&aacute;s hemos tenido que vernos ni definirnos en t&eacute;rminos raciales. Estamos acostumbradas a vivir en segregaci&oacute;n, y la cultura hegem&oacute;nica nos ense&ntilde;a que podemos nacer, crecer, jugar, trabajar y morir sin relacionarnos, ni convivir, ni tener de referencia a una persona racializada. Y que no pasa nada. Nuestro marco de referencia, como teoriza el soci&oacute;logo antirracista <strong>Joe Feagin</strong>, define blanco como norma y aspiraci&oacute;n, y nunca hemos tenido que examinar lo que significa ser blanca ni racista, precisamente porque vivimos en una sociedad que ni dice que lo es.
    </p><p class="article-text">
        Muchas personas blancas con las que hablo sobre esto se dan cuenta de que son blancas cuando viajan a otro pa&iacute;s cuya mayor&iacute;a es &ldquo;no-blanca&rdquo;, por ejemplo. A menos que tengan experiencias educativas intencionadas y expl&iacute;citas que identifiquen su &ldquo;otredad&rdquo;, nunca han tenido que plante&aacute;rselo.
    </p><p class="article-text">
        Este desconocimiento se traduce tambi&eacute;n en falta de inter&eacute;s, comentan algunas de las autoras. Las personas blancas nos creemos exentas de la socializaci&oacute;n racial, o nos creemos exentas de cualquier conversaci&oacute;n sobre el racismo. No creemos que vaya con nosotras as&iacute; que, &ldquo;&iquest;para qu&eacute; nos importa? No nos interesa. Eso es cosa de otros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos desconectadas de nuestra historia y tenemos una amnesia colectiva de nuestro pasado colonialista y colonizadora. Creemos que no tenemos nada que ver.
    </p><p class="article-text">
        Y si tenemos las conversaciones, nos lo solemos tomar como algo personal. Nos sentimos atacadas. No sabemos sostener sentirnos juzgadas. Hacer el trabajo de asumir nuestra parte y complicidad en la desigualdad es doloroso, inc&oacute;modo, y raro, y muchas no estamos dispuestas a esto. As&iacute; que, fabricamos estrategias de solidaridad blanca para autojustificarnos. Confundimos la culpa con la responsabilidad, nos ponemos a la defensiva, nos obsesionamos con nuestra intenciones de nuestros actos sin darnos cuenta del impacto real que generan. &ldquo;No era mi intenci&oacute;n&rdquo; y otros autoenga&ntilde;os para demostrar lo buenas personas que somos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, las m&aacute;s ingenuas, asumimos que todo el mundo tiene nuestra experiencia, y nos choca y sorprende cuando nos llegan relatos de personas con otra. Nos lo tomamos como algo anecd&oacute;tico, como algo que se habr&aacute; merecido.
    </p><p class="article-text">
        Muchas ya han apuntado a como esto denota una falta de escucha tremenda, y una falta de voluntad en entender la experiencia de las personas racializadas. Llevan siglos visibilizando todas las injusticias que viven por culpa del racismo y, a&uacute;n as&iacute;, nos cegamos y nos negamos a verlo. Porque as&iacute; estamos m&aacute;s c&oacute;modas. As&iacute; estamos m&aacute;s seguras.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, y aqu&iacute; hablo desde mi experiencia, <strong>nos cuesta hablar de racismo porque nos da miedo la cr&iacute;tica. Nos aterra cagarla.</strong> Sobre todo si nos consideramos personas antirracistas, de izquierdas, feministas, progres, lo que sea, no queremos equivocarnos. Estamos acostumbradas a sentiros leg&iacute;timas en nuestra voz como feministas. No entendemos nuestro papel ni c&oacute;mo formar parte. Nos faltan herramientas, nos falta recorrido. Nos falta.
    </p><p class="article-text">
        Pero estas carencias, dificultades, desconocimientos, ignorancias, confusiones, y esto quiero enfatizarlo much&iacute;simo:
    </p><p class="article-text">
        NO
    </p><p class="article-text">
        NO
    </p><p class="article-text">
        Que nos cueste y que nos falten herramientas no nos excusa de la responsabilidad y de la obligaci&oacute;n de hablar y actuar en contra del racismo.
    </p><p class="article-text">
        Repito este punto porque me parece incre&iacute;blemente importante record&aacute;rmelo:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Que me cueste y sea dif&iacute;cil hablar del racismo no me da permiso para no hablar de ello ni me da permiso para no hacer nada.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, una de las caracter&iacute;sticas del privilegio blanco es tener la opci&oacute;n y poder escoger no participar en conversaciones sobre el racismo. Y este privilegio, como todo privilegio, nos beneficia a nosotras a costa de oprimir a otras. Y, como blancas, esta decisi&oacute;n de no participar en conversaciones sobre racismo refleja una indiferencia cruel e inhumana. Es profundamente opresiva e injusta.
    </p><p class="article-text">
        Soy c&oacute;mplice del sistema racista porque recibo toda una serie de privilegios por mi color de piel. El peso de mis argumentos, la validez de mis emociones, mis oportunidades y limitaciones, todo, absolutamente todo, est&aacute; influenciado e interpretado a trav&eacute;s de la realidad de mi cuerpo. Un cuerpo que no eleg&iacute;, un color de piel que no eleg&iacute;, s&iacute;. Pero <strong>el que no haya elegido mi color de piel no me exime de hacerme responsable de todas las elecciones que hago y tengo permitida hacer gracias a &eacute;l.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, si somos personas blancas y creemos en un mundo sin desigualdad e injusticia, nos toca tener y participar estas conversaciones sobre ser blancas, sobre el racismo. Nos toca, y nos toca tener estas conversaciones con otras y romper la solidaridad blanca que antepone sentirnos c&oacute;modas y seguras ante cualquier tema sobre nuestra blanquitud y el racismo.
    </p><p class="article-text">
        Porque, como dice <strong>Ochy Curiel</strong>, a la gente blanca nos toca ubicarnos en nuestro privilegio blanco. Es la gente blanca la que est&aacute; contratando o despidiendo en los trabajos. Es la gente blanca la que est&aacute; tomando las decisiones. Es la que tiene acceso a los recursos. La que ejerce la violencia. <strong>Y reflexionar y actuar desde la autocr&iacute;tica es obligatorio si queremos tumbar la desigualdad y las injusticias que experimentan las personas racializadas</strong> por nuestra culpa, ignorancia, desconocimiento, y prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Y c&oacute;mo tenemos estas conversaciones es casi tan importante que el hecho de tenerlas.
    </p><p class="article-text">
        Cuestionar c&oacute;mo nos comportamos y c&oacute;mo participamos forma parte de la deconstrucci&oacute;n de nuestro privilegio blanco. Por ejemplo, nuestro privilegio blanco (y masculino patriarcal, a&ntilde;adir&iacute;a) nos ha normalizado el opinar antes de escuchar, atacar antes de cuestionar, y a interiorizar la inercia a ocupar espacios antes de haber sido invitadas a ellos. La mentalidad de &ldquo;conquisto, luego existo&rdquo;, seg&uacute;n Karina Ochoa. <strong>A las colonialidades del ser, saber, g&eacute;nero y poder, a&ntilde;adir&iacute;a otra m&aacute;s: la colonialidad del hacer.</strong> Deshacer nuestra actitud colonial ante las conversaciones y reflexiones sobre nuestra blanquitud tambi&eacute;n forma parte de la lucha contra el racismo.
    </p><p class="article-text">
        Soy plenamente consciente de la contradicci&oacute;n en la que me sumerjo al hablar de la blanquitud y del racismo siendo blanca. <strong>Navego la incoherencia de hablar de algo que hay que des-protagonizar a la vez que lo protagonizo.</strong> Lo s&eacute;, y me adentro al torbellino. Por convicci&oacute;n, porque a la gente blanca nos falta much&iacute;simo trabajo por hacer.
    </p><p class="article-text">
        Con esto acabo con un punto importante para m&iacute;: el agradecimiento. Gracias a las que me han abierto este espacio a que pueda compartir mis palabras. Gracias a todas las referentes, pensadoras, luchadoras que me han abierto el camino hacia mi propio aprendizaje. Vuelvo a enfatizar que estas reflexiones ni son m&iacute;as ni son &uacute;nicas, son de grandes pensadoras y maestras racializadas que me llevan acompa&ntilde;ando estos a&ntilde;os desde la paciencia y el amor. Gracias.
    </p><p class="article-text">
        Acabo con una frase de Ochy Curiel: &ldquo;Yo soy negra porque T&Uacute; me hiciste negra. Y quiero que t&uacute; respondas por eso&rdquo;. En ese camino estoy, Ochy, gracias por ofrecer y compartir tus reflexiones y tiempo. Sigo presente. Aqu&iacute; sigo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Puedes leer m&aacute;s sobre el sistema racista enPikara Magazine.</strong><a href="https://www.pikaramagazine.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pikara Magazine.</em></a>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/la-persecucion-al-pueblo-gitano-es-la-persecucion-a-una-categoria-politica-que-desafia-a-un-modelo-imperante/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&laquo;La persecuci&oacute;n al pueblo gitano es la persecuci&oacute;n a una categor&iacute;a pol&iacute;tica que desaf&iacute;a a un modelo imperante&raquo;</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/no-estamos-hablando-de-racismo-de-estado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&laquo;No estamos hablando del racismo de Estado&raquo;</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/escoger-es-claudicar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Escoger es claudicar</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/03/quien-puede-permitirse-solo-temer-al-contagio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&iquest;Qui&eacute;n puede permitirse solo temer al contagio?</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/02/que-de-cosas-racistas-ultimamente/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Qu&eacute; de cosas (racistas) &uacute;ltimamente</a></li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Helena Rodemann Rios]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuesta-gente-blanca-hablar-racismo_132_5872126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2020 21:40:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué nos cuesta tanto a la gente blanca hablar de racismo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Propuestas para sentir y no militarizar nuestras emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/propuestas-sentir-militarizar-emociones_132_1001283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79feedae-347e-47ed-8e7e-b11e6b1a44fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Propuestas para sentir y no militarizar nuestras emociones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Están construyendo una narrativa de guerra que consiste en militarizar nuestras emociones, jerarquizarlas, y convertir nuestra idea de fuerza en sinónimo de agresión y dominación</p></div><p class="article-text">
        Llega el fin de la semana y tenemos deberes que cumplir.
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado pasado, Pedro S&aacute;nchez en su comparecencia en La Moncloa nos avis&oacute; de que el final de esta semana iba a ser dur&iacute;sima y nos di&oacute; una orden: tenemos que llegar fuertes. Con una cara y aspecto cansad&iacute;simo, nos insisti&oacute; que hay que llegar no solo fuertes, sino que &ldquo;muy fuertes&rdquo;. &Eacute;nfasis en &ldquo;muy&rdquo;. Como si hubiera una forma de medir la insuficiencia. Como si existiera un bar&oacute;metro en el que se nos condenar&aacute; si no damos la talla. <strong>Seg&uacute;n S&aacute;nchez, el motivo de este llamado a la fuerza es porque estamos en una batalla. En este caso, contra un ente microsc&oacute;pico: el coronavirus</strong>. Declar&oacute; que para ganar, derrotar y vencer a este enemigo tenemos que adoptar disciplina, uni&oacute;n como arma, y &ldquo;moral de victoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sum&aacute;ndose a toda esta parafernalia b&eacute;lica, Jos&eacute; Luis Mart&iacute;nez-Almeida aport&oacute; a la conversaci&oacute;n dualista: &ldquo;Tenemos dos opciones: o derrumbarnos, o demostrar al mundo que si nos unimos somos imbatibles.&rdquo;<strong>Fracasar o triunfar. Perder o ganar. No hay m&aacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No han sido los &uacute;nicos en exigirnos lucha y fuerza. El popurr&iacute; pol&iacute;tico tambi&eacute;n ha difundido mensajes que declaran la guerra contra el virus, y le ponen hasta nombre de &ldquo;escudo&rdquo; a su plan de intervenci&oacute;n para el combate. <strong>La ret&oacute;rica en general insiste, insiste e insiste en que lo que hay que hacer es ser fuerte, apechugar, aguantar y sacrificar para vencer la batalla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo, como S&aacute;nchez el s&aacute;bado pasado, estoy cansad&iacute;sima. Cansad&iacute;sima de que ante la amenaza externa, la visi&oacute;n masculina estereotipada y paternalista me ordene a sentir lo que cree que debo sentir, hacer lo que cree que tengo que hacer. Estoy harta de que me digan que si soy &ldquo;fuerte&rdquo;, si aguanto, si sacrifico, si tengo disciplina, ganaremos. Si soy &ldquo;d&eacute;bil&rdquo;, si me dejo llevar por el miedo, si flaqueo, perderemos.
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s, estamos en el momento que se nos avis&oacute; que iba a ser el peor. Para afrontarlo, se me exigi&oacute; ser &ldquo;muy fuerte&rdquo;. Y me pregunto, &iquest;habr&eacute; cumplido con sus &oacute;rdenes? &iquest;Lo habr&eacute; hecho bien? &iquest;Habr&eacute; llegado muy fuerte?
    </p><h3 class="article-text">La militarizaci&oacute;n de las emociones</h3><p class="article-text">
        Pues va a ser que no.
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, han sido y son hombres los que luchan en las batallas, y la propuesta de los representantes para afrontar esta crisis &ldquo;muy fuertes&rdquo; refleja una mirada androc&eacute;ntrica que hiper masculiniza la fuerza que ellos mismos definen. Est&aacute;n construyendo una narrativa de guerra que consiste en militarizar nuestras emociones, jerarquizarlas, y convertir nuestra idea de fuerza en sin&oacute;nimo de agresi&oacute;n y dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La militarizaci&oacute;n emocional implica crear un conflicto interno donde unas emociones ganan y otras pierden, o unas mandan mientras otras obedecen, o simplemente no existen. Al negarnos la libertad de sentir miedo, tristeza, o cualquier emoci&oacute;n &ldquo;no fuerte&rdquo;, militarizar nuestras emociones es anular nuestra complejidad emocional por completo. Y no lo compro.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza entendida desde la negaci&oacute;n, arrogancia, egocentrismo, frialdad e indiferencia son caracter&iacute;sticas del privilegio y la opresi&oacute;n. Y la consecuencia de esta fuerza impregnada del proceso de militarizaci&oacute;n emocional es nefasta (prueba de ello el sistema profundamente desigual en el que vivimos) y nos convierte incapaces de afrontar cualquier crisis, porque al exigir fuerza y negar debilidad, cancela cualquier oportunidad de aprendizaje o recuperaci&oacute;n. <strong>Y entender la fuerza desde aqu&iacute;, desde la rigidez, intransigencia y desconexi&oacute;n, contamina el potencial aut&eacute;ntico de la fuerza para reducirnos a seres extremadamente ineptos</strong>. Esta fuerza de la que hablan, esta de lucha y de disciplina, es precisamente la fuerza que nos hace d&eacute;bil.
    </p><h3 class="article-text">Los imperativos e inmunidad emocional como norma, no sirven</h3><p class="article-text">
        El patriarcado genera estratos donde los &ldquo;verdaderos&rdquo; hombres son los que son fuertes, sobre todo f&iacute;sicamente, pero tambi&eacute;n emocionalmente. <strong>La &ldquo;fuerza&rdquo; emocional se caracteriza por la represi&oacute;n y ausencia de sentimientos tradicionalmente asociados a las mujeres, y las mujeres, para ser iguales, debemos aspirar a ser como ellos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El patriarcado valora a los hombres en base a su fuerza y agresi&oacute;n y jerarquiza unas emociones por encima de otras, reproduciendo patrones machistas que elevan el estereotipo masculino sobre el femenino. <strong>Acaba por establecer la inmunidad emocional como norma. O peor, establecer la agresi&oacute;n y violencia como aspiraci&oacute;n.</strong> Por lo tanto, si quiero ser fuerte, tengo que no sentir miedo, tristeza, preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya si a todo este trasfondo podrido a&ntilde;adimos &oacute;rdenes paternalistas que dictan lo que debemos hacer, sentir o pensar, ya aqu&iacute; me agobio.
    </p><p class="article-text">
        Porque a m&iacute; los imperativos emocionales, en general, no me sirven.
    </p><p class="article-text">
        Como mujer, vivo rodeada de imperativos. A diario respiro un legado de control, violencia, y dominaci&oacute;n masculina que impone su autoridad moral y emocional sobre mi vida. Me dice lo que tengo que decir, hacer, sentir. Qu&eacute; est&aacute; bien, qu&eacute; est&aacute; mal. Me plantea siempre dos opciones: o ganas, o pierdes. Obedeces al mandato social, o sufres las consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        El rechinamiento tiene doble filo. Por un lado, rechazo los imperativos en positivo cargados de superioridad moral: hay que ser fuerte, hay que hacer esto, hay que hacer lo otro, porque yo s&eacute; m&aacute;s y tengo la verdad. Por otro lado, rechazo los que se formulan en negativo: no llores, no te preocupes. Sobre todo, no tengas miedo, porque el miedo es una herramienta de control social. Y si caes en la trampa de sentirlo, es que eres ignorante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es como si no tuvi&eacute;ramos permiso para estar mal. Como si estar triste fuera signo de debilidad, como si sentir miedo fuera lo mismo que ser imb&eacute;cil.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me rechina es que este juicio nace del mismo mandato machista que dicta que los hombres &ldquo;de verdad&rdquo; no sienten estas emociones. Juzgar las emociones como &ldquo;buenas&rdquo; o como &ldquo;malas&rdquo; es entrar en un dualismo patriarcal militarizado que niega nuestra totalidad y jerarquiza y dicta lo que sentimos o debemos sentir. Las emociones no son debatibles, son la realidad de cada persona que las siente. Sentir emociones no te hace imb&eacute;cil ni menos hombre, te hace humana.
    </p><h3 class="article-text">Ante cualquier crisis, necesitamos alternativas a esta visi&oacute;n de macho</h3><p class="article-text">
        En su libro Rising Strong (2015), Bren&eacute; Brown habla que para solucionar problemas aparentemente intratables como la opresi&oacute;n, la pobreza y la desigualdad (a&ntilde;ado a este listado el coronavirus) lo que necesitamos es alejarnos del estoicismo emocional.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza entendida como agresi&oacute;n, pelea y enfrentamiento nos desconecta de nosotras mismas y de la humanidad que nos rodea. Cuando creo que la fuerza es hacerme grande yo para que seas peque&ntilde;o t&uacute;, esto ya me impide ver al otro y me hace reproducir lo que odio. <strong>Con palabras de Audre Lorde, las herramientas del amo nunca desmantelar&aacute;n su casa.</strong> Y reproducir los mismos patrones que equiparan la fuerza con la anulaci&oacute;n emocional y la pelea solo va a conseguir que sigamos reproduciendo la desigualdad que muchas queremos derrotar. <strong>Necesitamos alternativas a esta visi&oacute;n b&eacute;lica de la fuerza. Necesitamos sentir la fuerza desde la introspecci&oacute;n, desde la calma, desde la paz.</strong> Si queremos levantarnos de nuevo y superar esta crisis, necesitamos conectarnos m&aacute;s que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Acercarnos a lo que sentimos tambi&eacute;n puede ser fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Ser fuertes con herramientas emocionales
    </p><p class="article-text">
        En respuesta a todo esto, me he propuesto reflexionar sobre qu&eacute; es la fuerza para m&iacute;. Y me he dado cuenta de varias cosas: que me siento fuerte cuando me siento segura, y me siento segura cuando vivo en relaci&oacute;n a las personas que quiero. Con el distanciamiento social, me siento bastante desconectada de las relaciones que me nutren y, por lo tanto, menos segura. Menos fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me siento fuerte cuando me siento escuchada, y no mandada ni atacada. En vez de recibir &oacute;rdenes o juicios emocionales sobre lo que tengo que sentir o no, prefiero tener espacio a averiguar qu&eacute; siento y que me pregunten, &iquest;qu&eacute; sientes? Y despu&eacute;s, &iquest;qu&eacute; necesitas? &Uacute;ltimamente no recibo otra cosa que mensajes sobre lo que debo pensar o sentir. Me siento poco escuchada. Poco fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; que conecto con la fuerza cuando s&eacute; reconocer lo que estoy sintiendo. Sentarme en silencio y ponerle nombre a lo que me est&aacute; pasando y a todas las reacciones que surgen. <strong>Mi fuerza es cuando me examino y hablo en primera persona de lo que me pasa, porque hacerlo me ayuda a colocarme en mi propio centro.</strong> Me permite conectar conmigo misma, a conocerme m&aacute;s, a estar m&aacute;s presente en mi propia vida. La conversaci&oacute;n interna es algo como:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Siento miedo, vale.
    </p><p class="article-text">
        Siento que no tengo el control sobre el futuro, vale. Siento. Pienso.
    </p><p class="article-text">
        Y a&uacute;n sintiendo esta tristeza, este miedo, aqu&iacute; estoy. Aqu&iacute; me quedo, respirando. Conmigo.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Esto, para m&iacute;, es fuerza. Es el compromiso a estar conmigo misma y a aprender de lo que me pasa, sin huir. Sin negarlo. Sin anularlo. Identificar y reconocer lo que siento, aunque me duela o sea dif&iacute;cil, me abre a la posibilidad a aprender de ello. Y esto me ayuda a sentirme fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Me sirve tambi&eacute;n hacerme responsable de lo que estoy sintiendo. Sin echar balones fuera. Sin buscar enemigos. Sin anclarme en la culpa. Cuando puedo ser testigo de mi misma y de mi vulnerabilidad, sin entrar en atacar o ser violenta hacia mi misma, otras ideas o personas, soy fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Soy fuerte tambi&eacute;n cuando consigo aceptar que lo estoy sintiendo, sin juzgarlo ni intentar cambiarlo. Por que cuanto m&aacute;s intento cambiar lo que siento, m&aacute;s me atrapo en ello y m&aacute;s conflicto genero en mi interior. Pero si soy capaz de observar lo que siento, sea lo que sea, m&aacute;s f&aacute;cil me es integrarlo de una manera que me sirva.
    </p><p class="article-text">
        No es un fracaso sentir tristeza o miedo. <strong>Derrumbarse, venirse abajo, dejarse caer, no es lo contrario a ganar. Es conectar con la complejidad emocional interna que nos define como seres vivas.</strong> Es conectar con la humanidad. Es ver la fuerza no como violencia contra un enemigo, sino como resiliencia a favor de una misma.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, llegada al fin de la semana, me pregunto si habr&eacute; cumplido las &oacute;rdenes de Pedro S&aacute;nchez y otros representantes en el que se me ha pedido ser &ldquo;muy fuerte&rdquo; para luchar en el combate. No lo s&eacute;. Casi segura que no. Pero me da igual. Sigo sintiendo
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; nuestra salvaci&oacute;n y la respuesta a esta crisis llegue no porque hayamos sido &ldquo;fuertes&rdquo; en el combate, sino porque hayamos sido capaces de tener conversaciones honestas con personas dispuestas a exponerse y a no camuflar su vulnerabilidad con escudos y armaduras.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; podamos empezar a ver y escuchar a l&iacute;deres y referentes expresando curiosidad por sus propias emociones, relaciones, y percepciones de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; en la siguiente comparecencia el presidente pueda responder abiertamente y sinceramente a la pregunta &iquest;c&oacute;mo te sientes? o &iquest;qu&eacute; necesitas?, y hablar de la fuerza no desde el combate, sino desde la vulnerabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Ojala podamos entender que la persona &ldquo;fuerte&rdquo; no es quien m&aacute;s armas tiene para luchar, sino quien m&aacute;s herramientas tiene para sentir.
    </p><h2 class="article-text">Quiz&aacute; te interese...</h2><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/10/la-voz-que-me-persigue/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">La voz que me persigue </a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/09/autocuidado-feminista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">8 claves pr&aacute;cticas de autocuidado feminista #Cu&iacute;dateElCoco</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/07/y-llora/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Y llora</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/06/masculinidades-y-feminismo-un-espacio-de-incomodidad-productiva/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Masculinidades y feminismo: un espacio de &laquo;incomodidad productiva&raquo;</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2013/03/%C2%BFque-hacemos-con-la-masculinidad-reformarla-transformarla-o-abolirla/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&iquest;Qu&eacute; hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla?</a></li>
                            </ol>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Helena Rodemann Rios]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/propuestas-sentir-militarizar-emociones_132_1001283.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Mar 2020 21:31:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Propuestas para sentir y no militarizar nuestras emociones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
