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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francesc Valls]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francesc-valls/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francesc Valls]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fascistas catalanes: pocos, pero al abrigo de los poderes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/politica/fascistas-catalanes-pocos-abrigo-poderes_1_1104395.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25385e58-a095-43a9-993a-543e029a0034_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fascistas catalanes: pocos, pero al abrigo de los poderes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El historiador José Fernando Mota radiografía el mundo de la extrema derecha españolista en la Barcelona republicana en</p><p class="subtitle">¡Viva Cataluña española! Historia de la extrema derecha en la Barcelona republicana</p></div><p class="article-text">
        La cupletista Mary Focela era aclamada al entonar la canci&oacute;n que acababa con un contundente &ldquo;lucho como una leona al grito de viva Espa&ntilde;a y es que por mis venas corre sangre de Malasa&ntilde;a&rdquo;. Era 1919, el a&ntilde;o de huelga de La Canadiense, y los protofascistas de la Liga Patri&oacute;tica Espa&ntilde;ola aplaud&iacute;an a rabiar una letra con la que trataban de ahuyentar al &ldquo;separatismo catal&aacute;n&rdquo;, la primera tentativa de Estatut de la Mancomunitat.
    </p><p class="article-text">
        Barcelona era una ciudad convulsa. La derecha se sent&iacute;a insegura ante el avance del republicanismo, el anarco-sindicalismo y el nacionalismo catal&aacute;n, m&aacute;s all&aacute; de tonadilleras premonitorias. Ese mismo a&ntilde;o nacieron los Sindicatos Libres, mientras crec&iacute;a el pistolerismo patronal amparado desde el poder. Cuatro a&ntilde;os mas tarde, la dictadura de Primo de Rivera &ndash;saludada tambi&eacute;n por la derecha catalanista de Francesc Camb&oacute;&ndash; fue la respuesta a la ola revolucionaria.
    </p><p class="article-text">
        Sin la ayuda del poder, la extrema derecha catalana durante la primera mitad del primer siglo XX apenas hubiera salido de los palcos de los teatros o de Can R&agrave;bia, donde se ubicaba el estadio del Real Club Deportivo Espa&ntilde;ol, su asociaci&oacute;n favorita por lo de &ldquo;real&rdquo; y &ldquo;espa&ntilde;ol&rdquo;. Como una delicada planta, la extrema derecha catalana siempre necesit&oacute; de los cuidados del poder pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, judicial o militar. Pero siempre fue incapaz de medrar en coyunturas favorables. No supo aprovechar el impulso que supuso la dictadura de 1923-1929 con la creaci&oacute;n de la primorriverista Uni&oacute;n Patri&oacute;tica Espa&ntilde;ola (UPE). Los extremistas de derecha tampoco acertaron a rentabilizar pol&iacute;ticamente la suspensi&oacute;n de la autonom&iacute;a catalana tras los Fets d&rsquo;Octubre de 1934.
    </p><p class="article-text">
        Casi dos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando estall&oacute; la sublevaci&oacute;n de julio de 1936, sus efectivos no sobrepasaban en Barcelona los 4.000 militantes y de ellos solo a 1.000 se les pod&iacute;a considerar activistas. La mayor&iacute;a eran de orientaci&oacute;n carlista (m&aacute;s de la mitad), luego estaban los mon&aacute;rquicos alfonsinos y al final Falange Espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; Fernando Mota Mu&ntilde;oz acaba de publicar una excelente radiograf&iacute;a de ese mundo en el que conviv&iacute;an se&ntilde;oritos mon&aacute;rquicos, falangistas, jueces, militares, polic&iacute;as y reaccionarios en general en <em>&iexcl;Viva Catalu&ntilde;a espa&ntilde;ola! Historia de la extrema derecha en la Barcelona republicana</em> (1931-1936) Publicacions de la Universitat de Val&egrave;ncia, 2020. El autor bucea en la &eacute;poca y recrea los locales de encuentro o reuni&oacute;n: caf&eacute; de la Rambla; Maison Dor&eacute;e, en la plaza Catalunya; el bar Estudiantil de la plaza Universitat; la Taberna Andaluza de la calle de les Heures; el Celler Bohemi de Conde del Asalto (ahora Nou de la Rambla); o el bar Orozco de la calle Valdonzella.
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s del ocio conspirativo, la extrema derecha ten&iacute;a una clara divisi&oacute;n social del trabajo. La mano de obra activista la aportaba mayoritariamente el carlismo &ndash;dividido y enfrentado pero num&eacute;ricamente importante&ndash; y el dinero los mon&aacute;rquicos alfonsinos, siempre con su elegante corbata verde, frecuentando el caf&eacute; restaurante Mirza, en el Paseo de Gr&agrave;cia barcelon&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la llegada de Falange &ndash;que quiso introducir la novedad de la fidelidad militante&ndash; la promiscuidad entre partidos reaccionarios estaba a la orden del d&iacute;a. La ideolog&iacute;a no era un elemento decisivo, lo que realmente importaba era estar o no dispuesto a la acci&oacute;n. Hay aut&eacute;nticos adalides de esa promiscuidad ideol&oacute;gica que encajaban en todos los m&iacute;tines. Ren&eacute; Llanas de Niub&oacute;, destacado antisemita, fue un ejemplo viviente de ese ecumenismo de la extrema derecha.
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        Mon&aacute;rquicos como Jos&eacute; Bertran G&uuml;ell o Pedro Bosch ya en septiembre de 1931 conspiraban con criptofascistas de la Pe&ntilde;a Ib&eacute;rica a favor de una dictadura militar que permitiera el regreso del rey. Domingo Batet &ndash;hijo del general fusilado por Franco&ndash; daba cobertura desde su cargo de gerente de Cementos Sans&oacute;n, en Sant Feliu de Lobregat, a ex militantes de los Sindicatos Libres, miembros de la Pe&ntilde;a Ib&eacute;rica y reaccionarios en general. El poder del dinero siempre estuvo detr&aacute;s de esas organizaciones patri&oacute;ticas que no encontraban terreno abonado en la Barcelona revolucionaria.
    </p><p class="article-text">
        La falta de apoyo social &ndash;hasta que los militares se decidieron a intervenir de forma org&aacute;nica en la sublevaci&oacute;n de 1936&ndash; hizo que el guion de la extrema derecha catalana m&aacute;s que un libreto patri&oacute;tico fuera un sainete. Los planes de complots fracasados pod&iacute;an contarse por decenas, como el intento de asesinato de Niceto Alcal&aacute; Zamora el 6 de abril de 1932. Los extremistas pretend&iacute;an una carambola: en el entierro de Alcal&aacute; Zamora matar a Manuel Aza&ntilde;a. Ni el general Barrera sac&oacute; tropas a la calle, ni sirvieron de nada las pistolas oxidadas que hab&iacute;a limpiado en su hogar la esposa del periodista Feliciano Baratech Alfaro. Todo qued&oacute; en una suerte de cuento de la lechera.
    </p><p class="article-text">
        Los Ib&eacute;ricos eran fuerza de choque en las acciones m&aacute;s aguerridas. Nacieron en 1925 al calor de las gradas del Espa&ntilde;ol, tal como explica en su exhaustiva radiograf&iacute;a Mota. Los tradicionalistas ya hab&iacute;an llegado a crear clubes de f&uacute;tbol, como el Sport Club Olot&iacute; o el Flor de Lis FC de Manresa. Bajo la denominaci&oacute;n Grups Esportius Ib&egrave;ria se ocultaba la fuerza de choque de la Juventud Tradicionalista. Los fundadores de la Pe&ntilde;a Iberica &ndash;que ten&iacute;a como objetivo enfrentarse al catalanismo, al republicanismo y al sindicalismo revolucionario&ndash; eran amantes de la dial&eacute;ctica de los pu&ntilde;os y las pistolas.
    </p><p class="article-text">
        En sus filas figuraban tradicionalistas como Francisco Palau, el fundador de las JONS Jos&eacute; Mar&iacute;a Poblador o el mencionado Domingo Batet. Las peleas y pu&ntilde;etazos en las gradas comenzaron siendo su especialidad, sobre todo cuando el Espa&ntilde;ol se enfrentaba al Bar&ccedil;a, su m&aacute;ximo rival, orientado hacia el catalanismo de la Lliga. Su pr&oacute;logo &eacute;pico fue el domingo 23 de noviembre de 1924, en el llamado derby de la calderilla.
    </p><p class="article-text">
        En ese complejo y minoritario mundo de las extrema derecha catalana, las alianzas eran tan constantes como sus divorcios. La Pe&ntilde;a Ib&eacute;rica, por ejemplo, actu&oacute; tambi&eacute;n como plataforma en Barcelona del Partido Nacionalista Espa&ntilde;ol de Jos&eacute; Mar&iacute;a Albi&ntilde;ana. Falange Espa&ntilde;ola quiso ser la excepci&oacute;n a esta promiscuidad organizativa. Jos&eacute; Antonio quer&iacute;a atraer a las masas obreras que estaban encuadradas en las filas de la CNT para llenar as&iacute; de contenido aut&eacute;ntico su revoluci&oacute;n. Para ello precisaba de un discurso que n&iacute;tidamente se situara al margen o en contra de ese mundo de la derecha de siempre.
    </p><p class="article-text">
        El fracaso fue total. Ni los uniformes obreristas de Falange &ndash;la camisa azul&ndash; ni el discurso antiburgu&eacute;s hicieron mella en los trabajadores catalanes. FE fue siempre residual y el anarcosindicalismo la fuerza hegem&oacute;nica. Los acontecimientos la superaron y, en julio de 1936, Falange se acab&oacute; sumando al golpe militar.
    </p><p class="article-text">
        Las tensiones tampoco fueron ajenas a la organizaci&oacute;n joseantoniana, en la que el propio fundador tuvo que poner orden. El abogado Roberto Bassas y el empresario Jos&eacute; Ribas Seva nunca se entendieron con el escritor Luys de Santa Marina en la direcci&oacute;n del partido en Catalu&ntilde;a. Era el eterno debate militante entre acci&oacute;n y reflexi&oacute;n. Incluso el catal&aacute;n lleg&oacute; a ser un factor de divisi&oacute;n, pues Santa Marina les reprochaba &ndash;a Bassas y Ribas&ndash; que lo hablaran entre ellos.
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        A pesar de ser una minor&iacute;a, a la extrema derecha no le falt&oacute; el abrigo de jueces y polic&iacute;as. Entre estos &uacute;ltimos figura Juan Segura Nieto militante de extrema derecha, anticatalanista y seguidor del Espanyol que se enfrent&oacute; con motivo de una Diada, pistola en mano, a una manifestaci&oacute;n que gritaba &ldquo;Visca Catalunya lliure y Mori Espanya!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Segura organiz&oacute;, siendo funcionario, la secci&oacute;n del Partido Nacionalista Espa&ntilde;ol del doctor Albi&ntilde;ana en Castell&oacute;n, donde hab&iacute;a pedido el traslado desde que la Generalitat con el independentista Miquel Badia al frente se hab&iacute;a hecho cargo de la Comisaria de Orden P&uacute;blico. Bajo el mandato del conocido Capit&agrave; Collons, anarquistas, falangistas y requet&eacute;s recib&iacute;an palizas frecuentes en las dependencias policiales. Todo un cambio de tercio en Catalu&ntilde;a, donde no eran pocos los polic&iacute;as que ve&iacute;an con simpat&iacute;a a los fascistas o, como Segura, hac&iacute;an sistem&aacute;ticamente la vista gorda ante la extrema derecha o incluso les facilitaban armas requisadas.
    </p><p class="article-text">
        La justicia tampoco era extra&ntilde;a a esta situaci&oacute;n de asimetr&iacute;a. Las ayudas a los derechistas eran frecuentes por parte de personajes como Jos&eacute; Luis de Prat Lezcano, fiscal del Tribunal de Casaci&oacute;n de Catalu&ntilde;a &ndash;pr&oacute;ximo a la CEDA de Gil Robles, integrista cat&oacute;lico y capit&aacute;n de complemento&ndash;, el juez Agust&iacute;n Alt&eacute;s y su hijo el fiscal Juan Antonio Alt&eacute;s, ambos cotizantes falangistas como el magistrado Manuel Montero Alarcia. El invernadero donde floreci&oacute; la extrema derecha lo completaban los militares facciosos, muchos mon&aacute;rquicos y otros conservadores en general que manejaban la trama civil de la extrema derecha a su antojo. Hasta que asestaron el golpe final.
    </p><p class="article-text">
        De la irrelevancia de la extrema derecha da idea la escasa participaci&oacute;n civil &ndash;unas 300 personas, seg&uacute;n Mota&ndash; en el levantamiento militar en Barcelona. De los 532 muertos registrados el 19 de julio en la capital catalana, 47 eran civiles facciosos y de los 1.679 heridos, 50 eran paisanos que se unieron a los militares. Terminada la guerra, el RCD Espa&ntilde;ol &ndash;explica Mota&ndash; inaugur&oacute; el 29 de octubre de 1943 un monumento a sus socios ca&iacute;dos &ldquo;por Dios y por Espa&ntilde;a&rdquo;. Figuraban 62 nombres entre muertos en el frente y represaliados en la retaguardia, lo que vendr&iacute;a a representar &ndash;sostiene el autor&ndash; el 10% de la masa social que el club ten&iacute;a en 1936.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesc Valls]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2020 18:37:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fascistas catalanes: pocos, pero al abrigo de los poderes]]></media:title>
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