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    <title><![CDATA[elDiario.es - Beatriz G. Soriano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/beatriz-g-soriano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Beatriz G. Soriano]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Manual de supervivencia para una Europa herida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euroblog/manual-supervivencia-europa-herida_132_1214657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2fdc41e-41f3-4fe2-b613-dc397158b3c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La brecha entre la Europa del norte y la del sur no se manifiesta únicamente en la forma de entender la economía, sino en la visión y en el compromiso que tienen con la esencia del proyecto europeo</p></div><p class="article-text">
        El pasado 26 de marzo, Wopke Hoekstra, ministro de Finanzas de Pa&iacute;ses Bajos, sugiri&oacute; a la Comisi&oacute;n Europea que investigase por qu&eacute; Espa&ntilde;a e Italia no ten&iacute;an, seg&uacute;n &eacute;l, &ldquo;margen presupuestario suficiente&rdquo; para hacer frente a la crisis de la Covid-19 despu&eacute;s de a&ntilde;os de crecimiento. El primer ministro portugu&eacute;s Ant&oacute;nio Costa respondi&oacute; a esta provocaci&oacute;n calificando las declaraciones de &ldquo;repugnantes&rdquo;. Aquel d&iacute;a, los presidentes espa&ntilde;ol e italiano se hab&iacute;an plantado en la reuni&oacute;n del Consejo Europeo, exigiendo una respuesta com&uacute;n a la pandemia. Estas semanas hemos vuelto a preguntarnos &ndash;como ya hicimos en 2008 y en 2012, y en 2015&ndash; d&oacute;nde queda la solidaridad europea, al tiempo que pedimos empat&iacute;a y compromiso con los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados. Pero la Uni&oacute;n Europea ya est&aacute; herida: cada vez son m&aacute;s quienes pensamos que Europa no est&aacute; haciendo lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        En medio de la sucesi&oacute;n vertiginosa de acontecimientos en la que estamos sumidos desde hace semanas, a nadie le sorprende que acudamos a la Uni&oacute;n pidiendo m&aacute;s flexibilidad econ&oacute;mica, instrumentos de financiaci&oacute;n o la emisi&oacute;n de los ya famosos coronabonos. Porque es de sobra conocido que la Uni&oacute;n Europea es una Uni&oacute;n econ&oacute;mica. Lo ha sido desde su fundaci&oacute;n y hoy vuelve a estar al descubierto. Hace una d&eacute;cada asistimos a una crisis que se ceb&oacute; con las mayor&iacute;as sociales de los pa&iacute;ses del sur, dejando cicatrices todav&iacute;a hoy abiertas.
    </p><p class="article-text">
        Las finanzas se han enriquecido con las crisis que han sufrido nuestros pueblos. M&aacute;s all&aacute; del secuestro de nuestras instituciones por parte del sector financiero, lo que se ha producido es un enriquecimiento sistem&aacute;tico de ciertos sectores econ&oacute;micos que son, a su vez, el principal m&uacute;sculo de los Gobiernos del norte. Ahora bien, la brecha entre la Europa del norte y la del sur no se manifiesta &uacute;nicamente en la forma de entender la econom&iacute;a, sino en la visi&oacute;n y en el compromiso que tienen con la esencia del proyecto europeo.
    </p><p class="article-text">
        De tal forma, estas diferencias entre estados miembros han cristalizado en muchas de las pol&iacute;ticas de la UE. Por un lado, la (no) pol&iacute;tica migratoria de la UE, tomando como ejemplos el acuerdo de la verg&uuml;enza con Turqu&iacute;a (que desde 2016 hace de carcelero de quienes intentan alcanzar suelo europeo huyendo de zonas de conflictos) o el bloqueo de la reforma del Convenio de Dubl&iacute;n para solicitantes de asilo. En segundo lugar, la exigencia de recortes del gasto p&uacute;blico que ha provocado la devaluaci&oacute;n de salarios, los recortes en sanidad, educaci&oacute;n y pensiones y que nos han sumido en un estado de precariedad institucionalizada que nos debilita ante retos globales como est&aacute; demostrando la pandemia. En tercer lugar, el desinter&eacute;s &ndash;m&aacute;s que intencionado&ndash; de la Uni&oacute;n en la armonizaci&oacute;n fiscal, la lucha contra el fraude y la evasi&oacute;n fiscal dentro del propio espacio europeo, profundizando en la competencia entre Estados miembros.
    </p><p class="article-text">
        No es la Uni&oacute;n Europea la que est&aacute; dando la espalda a Espa&ntilde;a e Italia, sino el modelo que miembros como Alemania, Pa&iacute;ses Bajos y Austria pretenden imponer como si fuese el &uacute;nico posible, esperando que aceptemos sus condiciones. Por eso, ahora cobra m&aacute;s sentido que nunca un proyecto basado en el trabajo com&uacute;n para hacer frente a retos comunes, y que entienda la solidaridad como gu&iacute;a del mismo y no como una limosna. Nos necesitamos para enfrentar todo lo que amenaza la dignidad de nuestras vidas. Hoy es la enfermedad de la Covid-19, pero tambi&eacute;n lo es el cambio clim&aacute;tico, lo son los fondos buitre que hacen negocio con nuestros hogares y las el&eacute;ctricas que especulan con los precios que pagamos por la luz. Porque si se trata de que la UE ofrezca seguridad, certezas y proteja a sus pueblos, &iquest;qu&eacute; genera m&aacute;s inseguridad que no poder pagar el alquiler, encadenar trabajos temporales o esperar durante meses una cita en un hospital p&uacute;blico?
    </p><p class="article-text">
        Si algo ha conseguido esta emergencia es poner de manifiesto que aquello que mantiene la vida son los y las trabajadoras de la sanidad, de la Administraci&oacute;n, del transporte, de la alimentaci&oacute;n, del sector primario y del conjunto del sistema de cuidados. De quienes nos dan de comer, de quienes nos curan y de quienes nos cuidan. Mientras, la UE se muestra escandalosamente alejada de la realidad: frente al consenso de que lo p&uacute;blico y lo com&uacute;n est&aacute; haciendo frente a esta pandemia, las medidas que proponen siguen pasando por productos financieros en parte privados, por mercados secundarios y por programas de cr&eacute;dito. El reci&eacute;n anunciado programa para el desempleo (basado en pr&eacute;stamos) y la &ldquo;iniciativa de inversi&oacute;n en respuesta al coronavirus&rdquo; no dejan de ser parches en mitad de una situaci&oacute;n de alarma sanitaria y socioecon&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        La Covid-19 ha dejado al descubierto las costuras de la Uni&oacute;n Europea. Si bien algunas de las iniciativas parecen dar ox&iacute;geno a los estados, no podemos olvidar que todas las instituciones europeas insisten una y otra vez en que se trata de medidas coyunturales y de car&aacute;cter temporal. Es decir, que una vez pase la tormenta, la estabilidad presupuestaria volver&aacute; a ser el lema de la Uni&oacute;n. Tenemos el deber de recordar que las pol&iacute;ticas y las decisiones a las que plantean volver son las mismas que han servido de caldo de cultivo para movimientos xen&oacute;fobos, mis&oacute;ginos y reaccionarios, que han llevado a la suspensi&oacute;n de facto de la democracia en Hungr&iacute;a. Ya sea por responsabilidad o por convicci&oacute;n de que otra Europa es posible, no podemos seguir apostando por m&aacute;s de lo mismo. Necesitamos garantizar la seguridad de nuestros pueblos, sus condiciones vitales, los servicios p&uacute;blicos, el estado de bienestar, el empleo, y para eso necesitamos instrumentos reales, que construyan un compromiso compartido de luchar juntos en momentos dif&iacute;ciles. En este sentido, repartir los esfuerzos que nos exige la situaci&oacute;n de alarma a trav&eacute;s de los eurobonos es imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Tras haber sufrido las peores consecuencias de las crisis europeas, los pa&iacute;ses del sur afirmamos que la Uni&oacute;n Europea es tan nuestra como suya, y que no vamos a limitarnos a aceptar las condiciones que desde el norte nos ofrezcan. Tampoco podemos caer en una dicotom&iacute;a vac&iacute;a entre norte y sur sin reconocer que Luxemburgo, B&eacute;lgica o Irlanda est&aacute;n de nuestro lado a la hora de pedir respuestas conjuntas y que cada vez hay m&aacute;s voces de la izquierda alemana y holandesa que reclaman solidaridad europea. No hay que obviar que en el frente del norte se encuentran los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos de la UE, ni que este hecho define su comportamiento con sus socios europeos. Es hora de preguntar a los gobiernos de Alemania, Pa&iacute;ses Bajos, Austria y Finlandia si creen que, individualmente fuera del marco de la Uni&oacute;n, podr&iacute;an afrontar mejor sus relaciones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales en un mundo cada vez m&aacute;s complejo. &iquest;Acaso 'dejar caer' a los pa&iacute;ses m&aacute;s vulnerables econ&oacute;mica y socialmente no pone en riesgo la supervivencia de la zona Euro?
    </p><p class="article-text">
        Experiencias como la que estamos viviendo demuestran que lo com&uacute;n y lo p&uacute;blico son la &uacute;nica respuesta frente al &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo;. Si no eligen barbarie, deben aceptar cambios. Y es que todas aquellas fuerzas que entendemos la Uni&oacute;n Europea como una uni&oacute;n de sus pueblos y al servicio de las personas, tenemos el mismo derecho a establecer prioridades y decidir, al fin y al cabo, su raz&oacute;n de ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Idoia Villanueva Ruiz, Beatriz G. Soriano]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2020 21:22:53 +0000]]></pubDate>
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