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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jesús Valbuena]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jesus-valbuena/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hasta siempre, kapatid Eduardo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/siempre-kapatid-eduardo_129_1211214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b380ac38-a477-4b7d-96ae-adcd36e7d1b2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma del documental ‘Los últimos de Filipinas. Regreso a Baler’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sólo la inmensa alegría de haberle conocido y el legado inmortal de su obra pueden compensar, en una mínima parte, el profundo dolor y la tristeza por la pérdida terrenal de este maestro, un sabio humilde, a quien siempre llevaremos en el corazón. Tal como él mismo nos enseñó</p></div><p class="article-text">
        Animal &uacute;nico, llanero solitario, &uacute;ltimo mohicano, hombre del Renacimiento, Luis Leonardo, escultor de canciones, pintor de poemas... En el d&iacute;a de&nbsp;ayer se nos ha ido el artista total. Cantautor, pintor, poeta, maestro de la cultura con todas las letras, su obra trascender&aacute; a las generaciones que hemos cantado sus letras. El legado de Eduardo, como virtuoso, crecer&aacute; con el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Como persona, Eduardo era a&uacute;n m&aacute;s grande que como artista. De ello damos fe quienes tuvimos la inmensa fortuna de compartir algunos ratos con &eacute;l. Al menos, as&iacute; lo sentimos todos los allegados con los que he podido conversar &uacute;ltimamente, apenas un pu&ntilde;ado de amigos, pues&nbsp;ahora a Eduardo le lloramos, literalmente, cientos de amigos en decenas de pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde sacaba el tiempo para cuidar tanto las relaciones personales, para tratarnos tan bien a tantos?,&rdquo; pregunt&eacute; hace unos meses a Miki, su hijo Miguel. &ldquo;Yo tambi&eacute;n a veces me pregunto lo mismo,&rdquo; me contest&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Le conoc&iacute; en 2006, en el almuerzo ofrecido por los Reyes en honor a la entonces presidenta de Filipinas en el Palacio Real. Me pareci&oacute; que se sent&iacute;a, al igual que yo, un poco fuera de lugar entre la flor y la nata del Reino. Pero Eduardo sab&iacute;a estar en cualquier sitio, observando, aprendiendo, absorbiendo la realidad con la curiosidad que mantuvo desde su m&aacute;s tierna ni&ntilde;ez junto al malec&oacute;n de Manila.
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces ya conoc&iacute;a las letras de muchas de sus canciones y le veneraba como cantautor, pero enseguida comprend&iacute; que a Eduardo no le gustaba recibir halagos ni hablar de s&iacute; mismo. Era, genuina y conscientemente, una persona humilde. Le interesaban m&aacute;s los dem&aacute;s. Como interlocutor, te hac&iacute;a sentir importante, demostrando una empat&iacute;a y una capacidad de escucha como no he descubierto en nadie m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy editando un documental sobre los &uacute;ltimos de Filipinas, pero grab&eacute; tanto material que ha quedado demasiado largo. Estoy por guardarlo en un caj&oacute;n,&rdquo; le dije. &ldquo;Es normal que no salga a la primera. Escribir es reescribir,&rdquo; contest&oacute;. &ldquo;Vale, lo escribo de nuevo si t&uacute; lo locutas&rdquo;, propuse. Respondi&oacute; en silencio, con una mirada serena, penetrante, plena de generosidad y de bonhom&iacute;a. Eduardo no ten&iacute;a dobleces. Era tal cual mostraban sus ojos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; surgi&oacute; la oportunidad de visitarle en su casa, de cuando en cuando. '<em>Kumusta ka, kaibigan</em>?' (&iquest;c&oacute;mo est&aacute;s, amigo?), le dec&iacute;a al llegar. <em>'Mabuti, kapatid</em>' (bien, hermano), respond&iacute;a con la sonrisa emocionada que le despertaba escuchar el tagalo, el idioma de su infancia feliz en la devastada capital filipina de los a&ntilde;os 40.
    </p><p class="article-text">
        Una tarde junto a &eacute;l era como leer, sin ninguna prisa, varios libros a la vez. Su inter&eacute;s por la Historia, la actualidad, la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y, por supuesto, tu familia, tu trabajo, la gente, la vida&hellip; era contagioso, como tambi&eacute;n lo eran su &aacute;cida cr&iacute;tica social y su agud&iacute;simo sentido del humor. Le gustaba motivar tu creatividad, animarte a dar lo mejor de ti mismo. Te hac&iacute;a sentir como un artista a punto de debutar. La conversaci&oacute;n jam&aacute;s depend&iacute;a del reloj. Al salir de su casa, parec&iacute;a como si el tiempo hubiera estado detenido. Su compa&ntilde;&iacute;a era un par&eacute;ntesis de libertad e imperturbabilidad en medio de la vor&aacute;gine madrile&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a le llamaron por tel&eacute;fono unos alumnos de periodismo para una entrevista que no iban a publicar. Les atendi&oacute; pacientemente durante un largo rato mientras colocaba unos tizones en la chimenea. Al colgar, le pregunt&eacute; si no le cansaba hacer tantos favores. &ldquo;Al contrario, y menos a&uacute;n a estos chavales, para quienes esta entrevista parece tan importante.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde has sacado tantas letras?&rdquo;, indagu&eacute;. &ldquo;De leer, charlar, observar&rdquo; me dijo, &ldquo;aunque lo m&iacute;o es la pintura&rdquo;. &ldquo;&iquest;La pintura? &iexcl;Pero si has escrito m&aacute;s de 400 canciones!&rdquo;, le cuestion&eacute;. &ldquo;Eso es por puro o&iacute;do,&rdquo; sentenci&oacute;. &ldquo;Puro o&iacute;do&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En otra ocasi&oacute;n le llam&eacute; porque hab&iacute;a venido a Madrid otro pol&iacute;mata, el senador filipino Edgardo Angara, otro querido amigo que tambi&eacute;n nos ha dejado recientemente. Tras ense&ntilde;arnos su estudio de pintura, Edgardo no entend&iacute;a algunos cuadros en los que estampas divinas se mezclan con expl&iacute;citos desnudos femeninos. Con una sonrisa p&iacute;cara tan suya, Eduardo le explic&oacute;: &ldquo;<em>When one reaches an orgasm, one says: oh my God, oh my God!, right?</em>&rdquo; (cuando uno alcanza el orgasmo, &iquest;no dice Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o?). La carcajada del senador hizo re&iacute;r a&uacute;n m&aacute;s al propio Eduardo, quien ten&iacute;a un extraordinario don de gentes y una innata intuici&oacute;n para crear un ambiente de armon&iacute;a y complicidad con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando el cuento con el que sol&iacute;a deleitar al p&uacute;blico en sus conciertos sobre &ldquo;el girasol diferente que ve las cosas a su manera, va a su aire y decide no agacharse cuando llega la noche&rdquo;, tambi&eacute;n los &uacute;ltimos de Filipinas fueron unos giralunas. Aquel pu&ntilde;ado de hombres, aislados en una remota iglesia, demostr&oacute; con creces las tres virtudes que tanto valoraba Eduardo: no dejaron nunca de tener fe, en ning&uacute;n momento perdieron la curiosidad y, por supuesto, demostraron tener su propio criterio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en el documental no pod&iacute;amos dejar de incluir 'Al Alba', el d&iacute;a que fuimos a locutar al estudio le propusimos cantar la habanera 'Yo te dir&eacute;'. &ldquo;Ya s&oacute;lo me falta hacer de Rizal&rdquo; exclam&oacute; mientras cog&iacute;a la guitarra. Mir&oacute; la partitura, suspir&oacute; hondo y, a capella, cant&oacute; desde el coraz&oacute;n, como hac&iacute;a todo lo dem&aacute;s: &ldquo;<em>Por qu&eacute; mi canci&oacute;n se siente sin cesar, mi sangre latiendo, mi vida pidiendo que t&uacute; no te alejes m&aacute;s&hellip; No me abandones nunca al anochecer, que la luna sale tarde y me puedo perder</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Puro o&iacute;do. Puro talento. Pura sabidur&iacute;a. Puro espejismo de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada, que consiste en la certeza de encontrar, en tu mirada, la belleza.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo la inmensa alegr&iacute;a de haberle conocido y el legado inmortal de su obra pueden compensar, en una m&iacute;nima parte, el profundo dolor y la tristeza por la p&eacute;rdida terrenal de este maestro, un sabio humilde, a quien siempre llevaremos en el coraz&oacute;n. Tal como &eacute;l mismo nos ense&ntilde;&oacute;.
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        <a href="https://vimeo.com/397804089" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los &uacute;ltimos de Filipinas. Regreso a Baler #YMQEC</a> from <a href="https://vimeo.com/musasproducciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Musas Producciones</a> on <a href="https://vimeo.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vimeo</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Valbuena]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2020 21:17:51 +0000]]></pubDate>
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