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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pascual Ortuño]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pascual-ortuno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pascual Ortuño]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/exilio_132_7382363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6515ea6-d706-4502-a1f8-ad6a1c42e416_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La España democrática se ha ganado a pulso ser considerada una de las naciones menos sensibles a otorgar el asilo político a muchas de las personas que realmente han huido de sus países por la necesidad de salvar su propia vida y la de sus familiares</p></div><p class="article-text">
        En el almac&eacute;n de las palabras olvidadas que el acad&eacute;mico franc&eacute;s &Eacute;rik Orsenna evoca en sus libros hay una secci&oacute;n para las palabras que est&aacute;n en proceso de reparaci&oacute;n. Algunas de ellas tienen un significado jur&iacute;dico originario, pero se han ido apartando por el uso de su sentido primitivo. Por ejemplo, el &ldquo;destierro&rdquo;, que fue durante siglos una condena penal cl&aacute;sica, ha desaparecido de los textos jur&iacute;dicos y se utiliza con frecuencia hoy para expresar el rechazo subjetivo frente a ideas o personas que se consideran nocivas. En su lugar hay otras palabras que expresan la misma idea, pero con distintos matices, como son la &ldquo;devoluci&oacute;n en caliente&rdquo;, la expulsi&oacute;n o el internamiento en un CIE de los extranjeros que han entrado ilegalmente en un pa&iacute;s. El &ldquo;confinamiento&rdquo; es otra de esas palabras que se est&aacute;n transformando desde el concepto primitivo de castigo judicial a la reclusi&oacute;n por prescripci&oacute;n m&eacute;dica o por decisi&oacute;n de las autoridades pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la palabra exilio siempre ha sido polivalente. El diccionario de la RAE la define como la separaci&oacute;n de una persona de la tierra en la que vive, pero reviste m&uacute;ltiples modalidades puesto que puede ser voluntario, forzoso, por motivos pol&iacute;ticos, religiosos, por la necesidad de protegerse contra la persecuci&oacute;n de la justicia, o contra la repulsa social de determinadas conductas.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, desde principios del siglo XIX contamos con una larga tradici&oacute;n de exilios de las m&aacute;s diversas formas imaginables. Los pol&iacute;ticos liberales se exiliaban cuando sus vidas corr&iacute;an peligro por los golpes de estado militares, los reyes y cl&eacute;rigos tambi&eacute;n lo hac&iacute;an en los periodos revolucionarios. Con Latinoam&eacute;rica se han hecho muchos viajes de ida y vuelta, y tambi&eacute;n ha habido muchos argentinos, chilenos, cubanos, uruguayos, etc&hellip;, que han imitado estas antiguas costumbres de la &ldquo;madre patria&rdquo;. Durante la guerra civil hubo exilios cruzados, seg&uacute;n el territorio en el que se viviera despu&eacute;s del golpe de estado, pero tal vez el exilio m&aacute;s tr&aacute;gico por su magnitud, crueldad y duraci&oacute;n fue el de la guerra civil. Por esa raz&oacute;n, cuando los pol&iacute;ticos catalanes del contradictorio pronunciamiento independentista se han refugiado en pa&iacute;ses extranjeros para escapar de la acci&oacute;n de la justicia espa&ntilde;ola, se han escuchado opiniones que les negaban su condici&oacute;n de exiliados, aun cuando desde el rigor ling&uuml;&iacute;stico tambi&eacute;n lo son.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente no se habla de los muchos exiliados que han venido a nuestro pa&iacute;s desde Siria, Marruecos, el L&iacute;bano, Filipinas o de algunas rep&uacute;blicas africanas regidas por dictaduras de sangre. La Espa&ntilde;a democr&aacute;tica se ha ganado a pulso ser considerada una de las naciones menos sensibles a otorgar el asilo pol&iacute;tico a muchas de las personas que realmente han huido de sus pa&iacute;ses por la necesidad de salvar su propia vida y la de sus familiares. No se tiene un trato rec&iacute;proco con pa&iacute;ses que en otras &eacute;pocas acogieron a los espa&ntilde;oles que lo necesitaron.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en cuanto a los espa&ntilde;oles que hoy habitamos en &ldquo;nuestra tierra&rdquo;, el fen&oacute;meno que se est&aacute; percibiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es la importancia de una acepci&oacute;n de la palabra exilio diferente. Es lo que tambi&eacute;n el RAE cita como &ldquo;exilio interior&rdquo;. La radicalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que en otros pa&iacute;ses se est&aacute; dando tambi&eacute;n entre la llamada, para entendernos, izquierda y derecha, aqu&iacute; se incrementa con otros factores alienantes como el extremismo religioso, los nacionalismos exacerbados y los regionalismos secesionistas. Seg&uacute;n las mayor&iacute;as relativas de los parlamentos regionales, seg&uacute;n el territorio en el que se viva, el &aacute;mbito social en el que se desenvuelva la actividad profesional, la confesi&oacute;n religiosa e, incluso, la condici&oacute;n social o econ&oacute;mica, hay personas que se encuentran extra&ntilde;as en su propia tierra. Estos factores propician que se adopte la opci&oacute;n por una reclusi&oacute;n hacia el espacio interior, que se acent&uacute;a &uacute;ltimamente por las instrucciones que se dictan desde los poderes p&uacute;blicos para que se viva confinado en los domicilios, con el m&iacute;nimo contacto con otras personas que no sean del propio c&iacute;rculo de convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Personalmente he optado por salir a la calle lo imprescindible, pero lo suficiente para observar que se est&aacute;n imponiendo los h&aacute;bitos de apartarse de la acera cuando vienen de frente personas de otro color de piel, de ojos rasgados, de aspecto desali&ntilde;ado, o se pasa cerca de las colas que se forman ante los comedores sociales o frente a los bancos de alimentos.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Menos mal que nos queda la conexi&oacute;n con los medios de comunicaci&oacute;n: la televisi&oacute;n, la radio, los peri&oacute;dicos digitales! Pero cuando vas de unos a otros buscando informaci&oacute;n o debates serenos, y percibes que cada uno de ellos se dedica a hacer alarde de las &ldquo;banderas victoriosas&rdquo; que los financian, la &uacute;nica opci&oacute;n que queda es optar por ese exilio interior que se ha vivido por muchas personas en &eacute;pocas de guerras y convulsiones sociales. Pienso en los grandes maestros de la pintura como Goya, Monet o Gauguin, o en m&uacute;sicos como Beethoven, Chopin o Mahler que vivieron en medio de las guerras europeas de los siglos XIX y XX.
    </p><p class="article-text">
        Pero, realmente, esta no es la soluci&oacute;n pensando en las generaciones futuras. Hace unos d&iacute;as un pol&iacute;tico reclamaba en el parlamento que se potenciaran los servicios de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica a la poblaci&oacute;n. Fue objeto de burlas y risas. Yo me acord&eacute; de la &eacute;poca de la transici&oacute;n. Entonces est&aacute;bamos mucho peor, los estados de excepci&oacute;n y la represi&oacute;n policial eran de verdad, pero no se necesitaban psiquiatras: la diferencia estriba en que entonces se ten&iacute;a colectivamente la ilusi&oacute;n de construir una sociedad m&aacute;s justa y solidaria, y ahora no se ve ninguna luz que ilumine la salida del t&uacute;nel.
    </p><p class="article-text">
        Siempre nos quedar&aacute; el exilio, pero la diferencia con los protagonistas de &ldquo;Casablanca&rdquo; es que Par&iacute;s est&aacute; cerrado para los turistas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pascual Ortuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/exilio_132_7382363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Apr 2021 08:55:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El exilio]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La muerte civil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/muerte-civil_132_5917897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3c4de6e-cf46-40a6-abb6-895aa082879b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte civil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al enfrentarme a la realidad que nos ofrecen las noticias, también reivindico el trabajo y la dedicación de las cuidadoras, celadores y personal de esos cientos de residencias, en todo el país, que llevan trabajando muchos años con sueldos de miseria y sin que nadie reconozca su trabajo</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que mi profesor de Derecho Civil explic&oacute; el concepto de muerte civil recib&iacute; un fuerte impacto emocional. Ahora lo he recordado por el abanico de diagn&oacute;sticos que se nos ofrece para calificar el fin de la vida de tantas personas queridas. Se aplicaba el concepto de muerte civil a personas que segu&iacute;an viviendo, pero que hab&iacute;an sido condenadas a la pena de muerte o a la cadena perpetua -entonces no revisable- o a personas que profesaban en &oacute;rdenes religiosas que exig&iacute;an clausura de por vida y el voto de pobreza.
    </p><p class="article-text">
        La causa era exclusivamente de car&aacute;cter econ&oacute;mico. Como pasaban a estar apartadas de la sociedad, aisladas de por vida, ya dejaban de tener capacidad jur&iacute;dica, lo que implicaba que su patrimonio pasaba a sus herederos o a las arcas p&uacute;blicas de la misma forma que si se tratara de la muerte natural. Estos d&iacute;as algunas personas se aventuran tambi&eacute;n en traer a colaci&oacute;n argumentos economicistas: ahorro en las pensiones, en subvenciones a geri&aacute;tricos, programaci&oacute;n masiva de eutanasias involuntarias y otros dislates incalificables.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que realmente me perturba el sue&ntilde;o es pensar en amigos, conocidos o gente an&oacute;nima que est&aacute;n en las salas de los hospitales recibiendo cuidados paliativos en la fase terminal de sus vidas, pero sin vida propia, sin que ning&uacute;n familiar pueda acompa&ntilde;arlos, sin poder sentir el calor de las personas que los quieren y que sienten la angustia de no poder acompa&ntilde;arlos en su tr&aacute;nsito hacia la otra vida. Cada vez admiro m&aacute;s al personal sanitario que intenta paliar ese estado de soledad definitiva de quien espera la muerte natural, pero todav&iacute;a tiene su coraz&oacute;n latiendo.
    </p><p class="article-text">
        Al enfrentarme a la realidad que nos ofrecen las noticias, tambi&eacute;n reivindico el trabajo y la dedicaci&oacute;n de las cuidadoras, celadores y personal de esos cientos de residencias, en todo el pa&iacute;s, que llevan trabajando muchos a&ntilde;os con sueldos de miseria y sin que nadie reconozca su trabajo. Hemos visto que algunos de estos centros carecen de las condiciones m&iacute;nimas de salubridad y comodidad, con alarmante escasez de personal. Y surge una pregunta que golpea mi conciencia. &iquest;Ha tenido que venir la pandemia para que la sociedad sea consciente de lo que ha estado pasando? &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os, cu&aacute;ntos gobiernos han tolerado esta indignidad? &iquest;No se est&aacute; condenando a muchas personas a una muerte civil?
    </p><p class="article-text">
        Nuestra autocomplaciente sociedad avanzada del siglo XXI no ha elaborado los mecanismos sociales que sustituyan a los antiguos modelos de convivencia familiar. Antes, las personas mayores permanec&iacute;an en sus casas o en las de sus descendientes o allegados, eran respetados y cuidados por sus hijos, hijas y nietos a los que transmit&iacute;an los valores de la solidaridad intergeneracional que poco a poco se van diluyendo. Tambi&eacute;n estaban, pero en una proporci&oacute;n muy inferior, los asilos para personas desvalidas donde conflu&iacute;an la virtud de la caridad social con la entrega de personas abnegadas al servicio de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hoy aquel sistema se ha sustituido por una red de residencias geri&aacute;tricas muy dispar, como la sociedad misma. La muerte nos iguala, pero la categor&iacute;a de las residencias, no. Las hay de diversas clases, como los vagones de tren: las privadas son para las personas pudientes, que tienen todo el derecho a gastar su dinero como tengan por conveniente; hay otras, tambi&eacute;n excelentes, de gesti&oacute;n p&uacute;blica que son mod&eacute;licas; y otras m&aacute;s modestas que son gestionadas por comunidades religiosas y caritativas que merecen nuestro aplauso. Pero se ha constatado la existencia de un n&uacute;mero, tal vez excesivo, que queda pendiente de identificar y determinar en una necesaria auditor&iacute;a postvirus, que no re&uacute;nen las m&iacute;nimas condiciones exigibles.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, todo es cuesti&oacute;n de prioridades presupuestarias. Pero si algo debemos sacar en claro del impacto de la pandemia en los geri&aacute;tricos (casi la mitad de los fallecidos) es que hay que planificar los mecanismos para que esto no vuelva a suceder; y que hay inversiones que deben hacerse para salvaguardar la dignidad de las personas, aun cuando no reporten beneficios a las arcas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        La ley divide las competencias en estas materias, que siempre ser&aacute;n subsidiarias a los cuidados debidos por los propios familiares (para eso la ley sigue blindando las leg&iacute;timas de los hijos), entre los ayuntamientos, las comunidades aut&oacute;nomas y el Ministerio Fiscal que debe ejercer la superior vigilancia de todo centro geri&aacute;trico que albergue a personas que padecen limitaci&oacute;n de sus capacidades intelectuales. Tambi&eacute;n los jueces deben garantizar que los internamientos en estos centros se realicen con plena garant&iacute;a del derecho a la libertad individual de cada persona.
    </p><p class="article-text">
        A pesar del esc&aacute;ndalo en los medios de comunicaci&oacute;n, todav&iacute;a no he visto que este tema sea prioritario en las propuestas de los partidos pol&iacute;ticos para el gran pacto de reconstrucci&oacute;n del pa&iacute;s. Hay que dise&ntilde;ar un modelo eficiente a nivel competencial, y dar soluci&oacute;n a problemas importantes como los derivados de la evoluci&oacute;n de los procesos degenerativos de las personas que no son capaces de ejercer sus derechos civiles. Ni siquiera pueden otorgar un testamento vital&nbsp;disponiendo su voluntad para que se les garantice una muerte digna.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos de la pandemia se han cebado con suma crueldad en estas personas. Muchas de ellas ya estaban hace tiempo en el limbo, que yo llamar&iacute;a para verg&uuml;enza nuestra, de muerte incivil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pascual Ortuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/muerte-civil_132_5917897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La muerte civil]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El confinamiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/confinamiento_132_2262735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/023f206f-9fbf-4f67-a6a0-08de76e1c3c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El confinamiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Empezamos a tener pesadillas nocturnas. Parte de la culpa la tiene [...] las negras sombras de los recuerdos que nos transmitieron nuestros padres de los confinamientos durante en la guerra civil y en la postguerra, por un virus mucho peor: el del miedo</p></div><p class="article-text">
        Pocas palabras, que permanec&iacute;an dormidas, han saltado a la actualidad con tanto &iacute;mpetu como la del confinamiento. Tambi&eacute;n, como tantas otras, proceden del lenguaje jur&iacute;dico y se utilizan con un significado distinto al originario. Pero siempre quedan en su ADN ecos de su primitiva acepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el diccionario del espa&ntilde;ol jur&iacute;dico, confinamiento se define como &ldquo;pena restrictiva de libertad consistente en condenar al reo a un pueblo o distrito, situado en territorio peninsular o insular, en el que debe permanecer en libertad, bajo la vigilancia de la autoridad&rdquo;. As&iacute; proviene del derecho hist&oacute;rico en el que se aplic&oacute; a personajes como Juana la Loca, Napole&oacute;n o Jovellanos. No hay que confundirla con la pena de destierro que vendr&iacute;a a ser la &ldquo;orden de alejamiento&rdquo; actual, ni con el extra&ntilde;amiento, que es la expulsi&oacute;n del pa&iacute;s por un determinado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Estas penas siguen recogidas en los c&oacute;digos de muchas naciones. El c&oacute;digo penal de 1932 de la II Rep&uacute;blica dejaba en manos del tribunal que la pena pudiese ser cumplida en el propio domicilio; y el art&iacute;culo 87 del CP de 1973 introdujo una medida humanitaria al disponer que los tribunales, al concretar el punto de cumplimiento de la condena, deb&iacute;an tener en cuenta el oficio, profesi&oacute;n o modo de vida del sentenciado, para que pudiera cuidarse de su subsistencia. En los c&oacute;digos modernos se han suprimido por considerar que favorec&iacute;an un trato desigual a las personas pudientes, especialmente a los penados en causas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        El confinamiento que en la actualidad padecemos todos es de car&aacute;cter sanitario y, por ahora, esencialmente voluntario, alejado de aqu&eacute;l uso tan frecuente durante la dictadura de Franco en los periodos de &ldquo;estado de excepci&oacute;n&rdquo;, que facilitaba las detenciones arbitrarias, sin control judicial ni derecho a asistencia de abogados, cuando conven&iacute;a para garantizar la &ldquo;pax romana&rdquo; de aquella &eacute;poca. Los de mi generaci&oacute;n vivimos el de la primavera de 1968, cuando en las universidades se levantaron las protestas, y como previsi&oacute;n frente al riesgo de contagio del mayo franc&eacute;s. Entonces saltarse el confinamiento o una reuni&oacute;n de m&aacute;s de tres personas implicaba poder ser castigado por la justicia militar.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que hoy las razones sanitarias que inspiran la reclusi&oacute;n domiciliaria pretenden la garant&iacute;a del bien com&uacute;n y son muy diferentes a aquellas sanciones penales. Pero &uacute;ltimamente he constatado, por las conversaciones cibern&eacute;ticas que mantengo con los amigos de mi edad, que empezamos a tener pesadillas nocturnas. Parte de la culpa la tiene la pel&iacute;cula 'La trinchera infinita', pero tambi&eacute;n las negras sombras de los recuerdos que nos transmitieron nuestros padres de los confinamientos durante en la guerra civil y en la postguerra, por un virus mucho peor: el del miedo.
    </p><p class="article-text">
        Fueron muchas las personas que estuvieron escondidas en las casas de los pueblos, en los campos o en los pisos de las ciudades por el riesgo de ser detenidas por los unos o por los otros, seg&uacute;n el bando en el que les cogi&oacute; la sublevaci&oacute;n militar. Nos contaban que se viv&iacute;a con angustiosa incertidumbre lo que estaba pasando. Se tem&iacute;a la muerte propia o la de familiares y amigos, como consecuencia de los bombardeos, las 'sacas' o los 'paseos'. Llegaban noticias confusas sobre los frentes de guerra, muchas de ellas 'fake news', en lenguaje actual, de los llamados quintacolumnistas. Seg&uacute;n la emisora de radio que se lograra sintonizar les llegaba una informaci&oacute;n diferente de la situaci&oacute;n en los frentes, de la evoluci&oacute;n de la guerra. Este a&ntilde;o cumplir&iacute;an los cien a&ntilde;os los de la quinta del biber&oacute;n -los pocos que quedan vuelven a estar en riesgo extremo- y con diecisiete a&ntilde;os los llevaban al frente sin equipamientos, mascarillas ni armamento adecuado. &iexcl;Qu&eacute; diferencia a la de los j&oacute;venes de hoy que desde sus confinamientos siguen estudiando, viendo pel&iacute;culas, viajando por el mundo a trav&eacute;s del internet, bien alimentados, con la preocupaci&oacute;n de no perder la l&iacute;nea y de hacer gimnasia para mantenerse en forma!
    </p><p class="article-text">
        Todo es muy distinto hoy, pero a m&iacute; la palabreja confinamiento no me gusta. Las escalofriantes cifras de muertos y heridos, no poder salir del piso en el que vivo, ver las fuerzas de seguridad patrullando por las carreteras pertrechados con sus fusiles, las noticias sobre la construcci&oacute;n de hospitales de campa&ntilde;a, que en aquellos tiempos se denominaban 'de sangre', y los 'partes' diarios evocan un escenario b&eacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Me da la impresi&oacute;n de que se est&aacute; poniendo a la ciudadan&iacute;a en una posici&oacute;n muy dif&iacute;cil por las discrepancias entre los l&iacute;deres cuando hablan de la reconstrucci&oacute;n de la econom&iacute;a, la internacionalizaci&oacute;n del conflicto o la evaluaci&oacute;n de los desastres despu&eacute;s de la batalla. Cunde la alarma ante las diferentes versiones de la situaci&oacute;n en el frente que difunden las emisoras seg&uacute;n el color pol&iacute;tico de quienes las subvencionan.
    </p><p class="article-text">
        Menos mal que nos quedan los aplausos de las ocho de la tarde. Yo cada vez salgo a mi ventana con m&aacute;s ilusi&oacute;n. Por encima de todo, de las incertidumbres que siembran los tuiteros profesionales, y los 'whatshapp' cargados de odio que invaden nuestra intimidad, los vecinos del barrio seguimos mayoritariamente esperanzados en que esto termine pronto. No sabemos c&oacute;mo. Pero, por favor, dejen de jugar a la guerra, que es mucho lo que est&aacute; en juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pascual Ortuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/confinamiento_132_2262735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El confinamiento]]></media:title>
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