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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andrew Liu]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andrew-liu/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andrew Liu]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Obsesionado con los aranceles: así se gestó durante 40 años la actitud de Trump hacia China]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/obsesionado-aranceles-gesto-durante-40-anos-actitud-trump-china_129_12034383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec7af6a2-daf9-4eb8-a8b9-396f968e5d58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Obsesionado con los aranceles: así se gestó durante 40 años la actitud de Trump hacia China"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tanto la carrera política de Donald Trump como la de Xi Jinping se vieron marcadas por sus experiencias formativas en la década de los ochenta y sus impresiones del modelo japonés
</p><p class="subtitle">China responde a Trump con aranceles del 10% al 15% a productos como el gas y el petróleo </p></div><p class="article-text">
        Donald Trump habl&oacute; en 2011 ante un p&uacute;blico de unos 1.000 asistentes en Las Vegas e insinu&oacute; una posible, aunque por aquel entonces poco probable, candidatura presidencial. A mitad de un discurso sobre la pol&iacute;tica, Oriente Medio y los precios del petr&oacute;leo, hizo una digresi&oacute;n sobre el comercio con Asia: &ldquo;El otro d&iacute;a dije que era muy dif&iacute;cil comprar algo que no viniera de China. Y de algunos otros pa&iacute;ses tambi&eacute;n, pero China es, ya sabes, el gordo. Y alguien me dijo: '&iquest;Qu&eacute; har&iacute;as? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;as hacer?' Muy f&aacute;cil. Aplicar un impuesto del 25% sobre los productos chinos. Y sabes, le dije a alguien que [la clave] es el mensajero. El mensajero es importante. Podr&iacute;a mandar a uno decir: [con voz de falsete] &lsquo;Os vamos a gravar con un 25%'. Y yo podr&iacute;a decir luego: '&iexcl;Escuchad, capullos, os vamos a aplicar un impuesto del 25%!&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de los a&ntilde;os, Trump ha cambiado constantemente de opini&oacute;n sobre los temas presidenciales m&aacute;s habituales, desde Oriente Pr&oacute;ximo hasta la sanidad o el aborto. Sin embargo, se tiene que reconocer que ha sido muy coherente en lo relativo a los aranceles, un elemento central de su agenda nacional y exterior. En declaraciones al New York Times, un amigo del presidente y exejecutivo del sector sider&uacute;rgico declar&oacute; que &ldquo;se queja de esto desde los a&ntilde;os ochenta; es algo que viene de sus creencias m&aacute;s profundas&rdquo;, indic&oacute;. Unas semanas antes de las elecciones de 2024, Trump dijo: &ldquo;Para m&iacute;, la palabra m&aacute;s hermosa del diccionario es 'arancel&rdquo;. Durante su primer mandato, el equipo de Trump impuls&oacute; una serie de fuertes aranceles a las importaciones chinas. Empezando por los paneles solares y las lavadoras, pronto se extendieron al acero y al aluminio, y luego a casi la mitad de los bienes procedentes de China, por un valor aproximado de 200.000 millones de d&oacute;lares (192.592 millones de euros). A finales de 2019, la tasa arancelaria media alcanz&oacute; el 21%. Trump hab&iacute;a sido fiel a su palabra.
    </p><p class="article-text">
        Los economistas han criticado los aranceles de Trump, ya que advierten de que aumentan la inflaci&oacute;n y perjudican a los agricultores y a los hogares de clase media. Pero los dem&oacute;cratas se han mostrado reacios a revertir la pol&iacute;tica arancelaria. El gobierno de Joe Biden no s&oacute;lo mantuvo, sino que ampli&oacute; los aranceles a China, que ahora se aplican sobre los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos, los chips de silicio y las bater&iacute;as de litio. Hoy, las pol&iacute;ticas arancelarias contra China son un inusual punto de consenso bipartidista. La opini&oacute;n de los ciudadanos estadounidenses sobre China no ha dejado de empeorar desde la d&eacute;cada de 2000. Las encuestas del Pew Research Center muestran que el 81% de los estadounidenses tienen una opini&oacute;n desfavorable del pa&iacute;s, un m&iacute;nimo hist&oacute;rico. Las matr&iacute;culas en cursos de mandar&iacute;n en universidades estadounidenses, que aumentaron de forma constante despu&eacute;s de 1978, han ido cayendo desde 2013.
    </p><p class="article-text">
        Trump contribuy&oacute; a marcar la pauta cuando anunci&oacute; su candidatura a la presidencia en 2015. En aquel discurso, la primera prioridad que mencion&oacute; fue imponer restricciones al comercio chino. Ese discurso tambi&eacute;n llen&oacute; portadas por sus comentarios desafortunados sobre el env&iacute;o de &ldquo;drogas&rdquo;, &ldquo;delincuencia&rdquo; y &ldquo;violadores&rdquo; desde M&eacute;xico. El discurso racista de Trump en la actualidad parece girar en torno a estos dos pa&iacute;ses. &ldquo;<em>No hay empleos porque </em>China tiene nuestros empleos y<em> </em>M&eacute;xico tiene nuestros empleos&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, al revisar ese discurso de 2015, sorprende la aparici&oacute;n de un tercer pa&iacute;s, intercalado entre China y M&eacute;xico: Jap&oacute;n. &laquo;&iquest;Cu&aacute;ndo hemos ganado a Jap&oacute;n en algo?&raquo;, espet&oacute; Trump. &laquo;Env&iacute;an sus coches por millones, &iquest;y qu&eacute; hacemos nosotros? &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que vieron un Chevrolet en Tokio? No existe, amigos. Nos ganan todo el tiempo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su momento, los comentaristas se rieron de la obsesi&oacute;n de Trump por Jap&oacute;n. La calificaron de &ldquo;anacr&oacute;nica&rdquo;, &ldquo;desfasada&rdquo; y &ldquo;extra&ntilde;a&rdquo;. Sin embargo, como ha argumentado la historiadora Jennifer M. Miller, lo cierto es que Jap&oacute;n ha sido fundamental en la visi&oacute;n del mundo de Trump, desde su aparici&oacute;n como celebridad nacional en los a&ntilde;os ochenta. De hecho, Jap&oacute;n incluso le sirvi&oacute; de patr&oacute;n para sus opiniones sobre China, que, d&eacute;cadas despu&eacute;s, tienen enormes consecuencias para el resto del mundo.
    </p><h2 class="article-text">El miedo a Jap&oacute;n, antecedente de los recelos con China</h2><p class="article-text">
        Cuando Trump public&oacute; The Art of the Deal (El arte de la negociaci&oacute;n) en 1987, las tensiones entre Estados Unidos y Jap&oacute;n estaban en su punto &aacute;lgido. El aumento de las importaciones de bienes duraderos japoneses, especialmente autom&oacute;viles, hab&iacute;a coincidido con el declive de la industria manufacturera estadounidense. En la d&eacute;cada de los setenta, las crisis mundiales del petr&oacute;leo hab&iacute;an empujado a los conductores estadounidenses a comprar coches m&aacute;s eficientes de Toyota, Honda, Mazda y Subaru. Trump promocion&oacute; su libro en los programas de m&aacute;xima audiencia de Larry King y Oprah Winfrey, en los que solt&oacute; frases que suenan terriblemente parecidas a su discurso de Las Vegas y a su ret&oacute;rica pol&iacute;tica posterior. &ldquo;Somos una naci&oacute;n deudora. Algo va a ocurrir en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os en este pa&iacute;s, porque no se puede seguir perdiendo 200.000 millones de d&oacute;lares (192.592 millones de euros)... Y sin embargo dejamos que Jap&oacute;n venga y lo vierta todo en nuestros mercados. No es libre comercio. Si alguna vez vas a Jap&oacute;n y tratas de vender algo, olv&iacute;dalo, Oprah. Ya te puedes olvidar. Es casi imposible. No tienen leyes contra eso. Simplemente lo hacen imposible. Vienen aqu&iacute;, venden sus coches, sus reproductores de v&iacute;deo, se cargan nuestras empresas&rdquo;.
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                Donald Trump y Oprah Winfrey asisten a un combate de boxeo en 1988.                            </span>
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        En aquella &eacute;poca, las opiniones de Trump distaban mucho de ser extremas. En 1985, el New York Times Magazine public&oacute; un art&iacute;culo de portada de Theodore White, un periodista galardonado que hab&iacute;a cubierto la guerra del Pac&iacute;fico, titulado: &ldquo;El peligro de Jap&oacute;n&rdquo;. Lo acompa&ntilde;aba una ominosa fotograf&iacute;a a toda p&aacute;gina de la descarga de un coche modelo sed&aacute;n de Nissan en un puerto de la ciudad de Elizabeth, en Nueva Jersey. Unos meses m&aacute;s tarde, Estados Unidos organiz&oacute; una cumbre de responsables financieros europeos, estadounidenses y japoneses en el famoso Hotel Plaza de Nueva York (que Trump compr&oacute; en 1988). El Acuerdo del Plaza resultante se produjo en medio de una avalancha de acuerdos bilaterales destinados a reducir &ldquo;voluntariamente&rdquo; las exportaciones japonesas al tiempo que se abr&iacute;a el mercado de Jap&oacute;n a los bienes del mundo, impulsando as&iacute; el consumo interno &mdash;muy parecido a las recetas estadounidenses para China en la actualidad. Bajo la presi&oacute;n de los dem&aacute;s pa&iacute;ses del G5 &mdash;Francia, Alemania, Estados Unidos y Reino Unido&mdash;, el Ministerio de Finanzas japon&eacute;s baj&oacute; los tipos de inter&eacute;s y los bancos dieron luz verde a proyectos de construcci&oacute;n. El dinero f&aacute;cil, combinado con las menores exportaciones, empuj&oacute; a las empresas japonesas hacia la especulaci&oacute;n inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        En el apogeo de la burbuja, un metro cuadrado en Tokio pod&iacute;a costar hasta 350 veces m&aacute;s que uno en Manhattan. El Palacio Imperial val&iacute;a nominalmente tanto como toda California. De 1987 a 1994, las dos personas m&aacute;s ricas del mundo, seg&uacute;n Fortune, fueron los magnates inmobiliarios Tsutsumi Yoshiaki y Mori Taikichir&#333;. Y en 1989, Mitsubishi Estates compr&oacute; el Rockefeller Center. Ese mismo a&ntilde;o, cuando un periodista pregunt&oacute; a Trump por su patrimonio neto, respondi&oacute;: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n demonios lo sabe? Quiero decir, de verdad, &iquest;qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto pagar&aacute;n los japoneses por una propiedad en Manhattan hoy en d&iacute;a?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os ochenta, Trump nunca ha hecho grandes distinciones entre su experiencia empresarial personal y sus recetas pol&iacute;ticas. Si ten&iacute;a una mala experiencia como empresario, la extrapolaba a todo el pa&iacute;s. En una entrevista de 2018 con el Wall Street Journal, record&oacute; los or&iacute;genes de su plataforma comercial: &ldquo;Simplemente odio que se aprovechen de nuestro pa&iacute;s. Los coches japoneses, ya sabes, llegaban por millones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A medida que el centro del dinamismo econ&oacute;mico asi&aacute;tico se ha desplazado a China, tambi&eacute;n lo ha hecho el blanco de la ira de Trump. &ldquo;Es muy, muy dif&iacute;cil comprar algo&rdquo;, dijo Trump en su discurso de Las Vegas, &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; de los productos chinos. Cuando intent&oacute; comprar vidrio y muebles de fabricaci&oacute;n estadounidense para sus edificios, solo encontr&oacute; f&aacute;bricas chinas. Antes de 2016, Trump nunca hab&iacute;a viajado a China, pero hab&iacute;a mandado all&iacute; a sus hijos para conseguir licencias para su marca o para negociar acuerdos inmobiliarios, y a cada vez se hab&iacute;a encontrado con un obst&aacute;culo. En 1982, en el punto &aacute;lgido del p&aacute;nico a Jap&oacute;n, dos empleados blancos de Chrysler, uno de ellos reci&eacute;n despedido, se enfrentaron y mataron a un joven estadounidense de origen chino llamado Vincent Chin en Highland Park, en el estado de Michigan, cerca del lugar de nacimiento de Henry Ford y a unos nueve kil&oacute;metros de Detroit, sede de tres de los gigantes estadounidenses del autom&oacute;vil: Ford, General Motors y FCA. El asesinato del joven en la v&iacute;spera de su boda simboliz&oacute;, no por primera vez, la amenaza fungible del capital chino, japon&eacute;s y de cualquier otra ex&oacute;tica parte de Asia en las mentes estadounidenses. El viraje de la fijaci&oacute;n arancelaria de Trump hacia China solo lo ha demostrado con mayor contundencia. Como dijo a un periodista durante su primer mandato, consideraba a Jap&oacute;n &ldquo;intercambiable con China, intercambiable con otros pa&iacute;ses. Pero todo es lo mismo&rdquo;. Su defensa de los aranceles tambi&eacute;n ha sido una constante, aunque su objetivo haya cambiado. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n mis aranceles?&rdquo;, dec&iacute;a Trump en reuniones con asesores a principios de su presidencia, e insist&iacute;a: &ldquo;Dadme mis aranceles&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo mandato, Trump ha ampliado la red arancelaria para incluir a sus vecinos y aparentes aliados Canad&aacute; y M&eacute;xico. Mientras tanto, en su primera semana en la Casa Blanca, Trump ya ha amenazado con aplicar aranceles de hasta el 50% contra Colombia despu&eacute;s de que se impidiera el aterrizaje de dos aviones con colombianos deportados. Tambi&eacute;n ha lanzado amenazas similares contra Dinamarca en un intento descabellado de comprar Groenlandia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n sabe hasta qu&eacute; punto son reales estas amenazas? En diciembre, el senador republicano Tom Cotton, un aliado de Trump, trat&oacute; de tranquilizar a una audiencia de nerviosos directores ejecutivos afirmando que se trataba simplemente de &ldquo;una t&aacute;ctica de negociaci&oacute;n eficaz&rdquo;. Los aranceles contra China, en cambio, dijo, &ldquo;son harina de otro costal&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El ascenso de Xi</h2><p class="article-text">
        No mucho despu&eacute;s del agresivo discurso de Trump en Las Vegas en 2012, el partido comunista chino eligi&oacute; a un nuevo l&iacute;der, Xi Jinping, de 59 a&ntilde;os, miembro del politbur&oacute;. En las cr&oacute;nicas de la actual guerra comercial, Xi ser&aacute; recordado sin duda como el hom&oacute;logo de Trump en la escalada nacionalista. Pero en los primeros a&ntilde;os de su ascenso, los observadores estadounidenses confiaban cautelosamente en que ser&iacute;a un reformista, receptivo al liberalismo al estilo estadounidense. The Wall Street Journal inform&oacute; de que, en 1985, durante una visita a EEUU, como funcionario del partido, Xi Jinping se hab&iacute;a alojado con una familia en Muscatine, Iowa, en un recorrido por las t&eacute;cnicas de producci&oacute;n de ma&iacute;z. En 2012, su hija estudiaba en Harvard. Le gustaban las pel&iacute;culas de Hollywood. Y hab&iacute;a conocido a Magic Johnson y David Beckham.
    </p><p class="article-text">
        Los periodistas tambi&eacute;n se basaron en lo que sab&iacute;an de su padre, Xi Zhongxun. El mayor de los Xi se afili&oacute; al partido en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte del siglo pasado, ascendi&oacute; a altos cargos tres d&eacute;cadas m&aacute;s tarde y reivindic&oacute; su condici&oacute;n de revolucionario hasta el final de su vida. Tambi&eacute;n fue purgado durante la Revoluci&oacute;n Cultural, con graves consecuencias para su joven hijo. En 1978, Xi Zhongxun fue rehabilitado por el reci&eacute;n ascendido Deng Xiaoping. Cuando ese a&ntilde;o fue nombrado secretario del partido en Guangdong, la primera tarea de Xi Zhongxun fue movilizar capital de Hong Kong, entonces todav&iacute;a colonia brit&aacute;nica, hacia la provincia sure&ntilde;a. Ayud&oacute; a establecer las primeras &ldquo;zonas econ&oacute;micas especiales&rdquo; (ZEE) experimentales a lo largo de la costa china, incluida la joya de la corona de las ZEE, Shenzhen. Tambi&eacute;n se aline&oacute; con pol&iacute;ticos reformistas de alto nivel, que encabezaron la liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica en la d&eacute;cada de los ochenta. No es de extra&ntilde;ar que los observadores estadounidenses esperaran que Xi Jinping siguiera los pasos de su padre. Como dijo un veterano hombre de negocios estadounidense: &ldquo;Todos esperamos que se cumpla el dicho de que de tal palo, tal astilla&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el frente pol&iacute;tico, Xi Jinping no ha colmado estas esperanzas. Ha restringido la libertad de expresi&oacute;n pol&iacute;tica, ha encabezado la represi&oacute;n de Xinjiang y ha reforzado el control estatal sobre la econom&iacute;a y gran parte de la vida cotidiana. Sin embargo, en el frente econ&oacute;mico, el rumbo de Xi puede considerarse una continuaci&oacute;n del &uacute;ltimo legado de su padre. De regreso de su viaje a Iowa en 1985, Xi Jinping se convirti&oacute; en teniente de alcalde de Xiamen, la zona econ&oacute;mica especial con mayores lazos con Taiw&aacute;n y el capital taiwan&eacute;s. En los a&ntilde;os siguientes, mientras segu&iacute;a ascendiendo en las filas del partido, destinado en grandes ciudades costeras, Xi fue reconocido por ayudar a empresas estadounidenses a establecerse en China, como FedEx, Citibank y McDonald's. Entre los a&ntilde;os ochenta y la d&eacute;cada de 2000, Hong Kong y Taiw&aacute;n fueron las dos principales fuentes de inversi&oacute;n extranjera en China, con un total de cientos de miles de millones de d&oacute;lares. En 2018, Xi Jinping afirm&oacute; que el ascenso de China hasta convertirse en la segunda econom&iacute;a mundial &ldquo;debe atribuirse a nuestros compatriotas taiwaneses y a las empresas de Taiw&aacute;n&rdquo;.
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                Vista de 2019 de de Xiamen, uno de los destinos donde Xi cimentó su carrera política.                            </span>
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        Al igual que la de Trump, la visi&oacute;n econ&oacute;mica del mundo de Xi Jinping se remonta a las experiencias formativas de la d&eacute;cada de los ochenta. Las carreras pol&iacute;ticas de ambos hombres se vieron marcadas por el r&aacute;pido ascenso global de Jap&oacute;n y la regi&oacute;n Asia-Pac&iacute;fico. Para Xi, fue el giro del partido hacia la exportaci&oacute;n de bienes de consumo a trav&eacute;s del Pac&iacute;fico. En ciudades costeras como Shenzhen y Xiamen, los funcionarios se posicionaron como sucesores de los &ldquo;milagros&rdquo; econ&oacute;micos asi&aacute;ticos de la posguerra. En los debates, alud&iacute;an a los ejemplos de Hong Kong y Taiw&aacute;n, pero subyac&iacute;a siempre la experiencia pionera de Jap&oacute;n. Para Trump, mientras tanto, Jap&oacute;n representaba un encuentro formativo con el amenazante capital extranjero, el d&eacute;ficit comercial nacional y el declive de la industria estadounidense. Aprovech&oacute; con clarividencia la reacci&oacute;n nacional contra la competencia econ&oacute;mica del otro lado del Pac&iacute;fico, que hab&iacute;a surgido de las propias alianzas de posguerra de EEUU.
    </p><h2 class="article-text">Jap&oacute;n, pararrayos de EEUU contra el comunismo de posguerra</h2><p class="article-text">
        Antes de su aparici&oacute;n en el programa de Oprah, en 1987, Trump public&oacute; un anuncio en los principales peri&oacute;dicos de Estados Unidos en el que arremet&iacute;a contra las garant&iacute;as de seguridad y la ayuda militar de Estados Unidos a aliados como Arabia Saud&iacute; y Jap&oacute;n: &ldquo;A lo largo de los a&ntilde;os, los japoneses, sin impedimentos por los enormes costes de defenderse (mientras Estados Unidos lo haga gratis), han construido una econom&iacute;a fuerte y vibrante con super&aacute;vits sin precedentes. Han conseguido con brillantez mantener un yen d&eacute;bil frente a un d&oacute;lar fuerte. Esto, unido a nuestro monumental gasto en su defensa, y en la de otros [sic], ha llevado a Jap&oacute;n a la vanguardia de las econom&iacute;as mundiales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ocupaci&oacute;n estadounidense de Jap&oacute;n comenz&oacute; inmediatamente despu&eacute;s de su rendici&oacute;n en 1945. Al principio, el general Douglas MacArthur impuso una serie de pol&iacute;ticas al estilo del New Deal, apoyando a los sindicatos y los derechos de la mujer al tiempo que desmantelaba la maquinaria b&eacute;lica imperial y los gigantescos <em>holding</em> que la hab&iacute;an impulsado. Sin embargo, a partir de 1947, los funcionarios del Departamento de Estado intervinieron y reorientaron la pol&iacute;tica estadounidense-japonesa hacia una estrategia militar y econ&oacute;mica de contenci&oacute;n comunista. Lo que los historiadores llaman el &ldquo;cambio de rumbo&rdquo; no se hizo por consideraci&oacute;n al pueblo japon&eacute;s. La prioridad era la estrategia de toda la regi&oacute;n. Inicialmente, los funcionarios propusieron exportar materias primas estadounidenses a Jap&oacute;n, reducir las barreras a las importaciones y animar a Jap&oacute;n a reforzar la influencia anticomunista en la regi&oacute;n, formando parte de lo que el entonces secretario de Estado, Dean Acheson, denomin&oacute; un &ldquo;per&iacute;metro defensivo&rdquo; desde las islas Aleutianas, en el Pac&iacute;fico norte, hasta Filipinas, en el sur.
    </p><p class="article-text">
        La guerra de Corea acerc&oacute; esta visi&oacute;n a la realidad. Estados Unidos ampli&oacute; permanentemente su presencia militar en Corea, Taiw&aacute;n y Jap&oacute;n, con la ayuda de pedidos de &ldquo;adquisiciones especiales&rdquo; de metales, textiles, veh&iacute;culos y maquinaria japoneses. El gasto reactiv&oacute; las dormidas industrias japonesas y las devolvi&oacute; a los niveles de los tiempos de guerra. El primer ministro, Yoshida Shigeru, tambi&eacute;n presion&oacute; a EEUU para que asumiera las responsabilidades militares de Jap&oacute;n &mdash;como Trump criticar&iacute;a m&aacute;s tarde&mdash;, liberando al pa&iacute;s para buscar decididamente el crecimiento econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        En la visi&oacute;n original de los pol&iacute;ticos estadounidenses, el crecimiento industrial de Jap&oacute;n era un medio para alcanzar un fin, subordinado a la seguridad estadounidense. Sin embargo, a partir de la d&eacute;cada de los sesenta, el capitalismo de la regi&oacute;n Asia-Pac&iacute;fico se convirti&oacute; en algo totalmente distinto. Desde 1965 hasta 1990, fue con diferencia la regi&oacute;n econ&oacute;mica de m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento del mundo, encabezada por Jap&oacute;n, los cuatro &ldquo;peque&ntilde;os tigres&rdquo; (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiw&aacute;n) y las &ldquo;econom&iacute;as de reciente industrializaci&oacute;n&rdquo; del sudeste (Indonesia, Malasia y Tailandia).
    </p><p class="article-text">
        Para sus defensores, la reci&eacute;n bautizada Cuenca del Pac&iacute;fico era una &ldquo;utop&iacute;a capitalista internacional&rdquo;. Pero tanto si se la presentaba como &ldquo;milagro&rdquo; o como &ldquo;amenaza&rdquo;, argumentaba la polit&oacute;loga Meredith Woo, los observadores tend&iacute;an a pasar por alto la dependencia econ&oacute;mico-militar de la regi&oacute;n respecto a Estados Unidos. Cuando en el encuentro en el hotel Plaza de Nueva York se presion&oacute; a Jap&oacute;n para que redujera sus exportaciones, este ten&iacute;a pocas opciones de negarse. En cambio, en la actualidad China asusta tanto a Washington no s&oacute;lo por su asombroso parecido con el milagro japon&eacute;s, sino tambi&eacute;n por sus diferencias geopol&iacute;ticas clave. No habr&aacute; ning&uacute;n acuerdo similar al del Hotel Plaza con China.
    </p><h2 class="article-text">Retos y desaf&iacute;os para el crecimiento chino</h2><p class="article-text">
        Si los aranceles de Trump a China son ahora un consenso bipartidista, su columna vertebral intelectual proviene de Michael Pettis, un profesor de finanzas estadounidense de la Universidad de Pek&iacute;n que ha influido tanto en la administraci&oacute;n Trump como en la de Biden. Seg&uacute;n Pettis. la ra&iacute;z del &ldquo;problema chino&rdquo; es el exceso de ahorro, el bajo consumo y la &ldquo;sobrecapacidad&rdquo; industrial del pa&iacute;s, externalizados en exportaciones que son &ldquo;objeto de <em>dumping</em>&rdquo; en el resto del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Para los observadores estadounidenses, es obvio que China debe pasar de la exportaci&oacute;n de bienes al desarrollo de su mercado interior, como hizo Jap&oacute;n en los a&ntilde;os ochenta. La intransigencia del partido comunista s&oacute;lo puede ser el resultado de una psicolog&iacute;a aberrante. El economista Paul Krugman describi&oacute; a Xi Jinping como &ldquo;extra&ntilde;amente incapaz&rdquo; y &ldquo;extra&ntilde;amente reacio&rdquo; a cambiar en este sentido. En el Wall Street Journal, Lingling Wei culpaba a las &ldquo;arraigadas objeciones filos&oacute;ficas de Xi contra el crecimiento basado en el consumo al estilo occidental&rdquo;, que considera &ldquo;despilfarrador&rdquo;, &ldquo;asistencialista&rdquo; y, sencillamente, contrario a las ambiciones de China de alcanzar el poder mundial.
    </p><p class="article-text">
        A Pettis, sin embargo, la estrategia china no le parece extra&ntilde;a. Se&ntilde;ala que alejarse del crecimiento impulsado por las exportaciones es arriesgado. Cualquier medida para &ldquo;invertir&rdquo; la transferencia de riqueza de los hogares al gobierno, reorient&aacute;ndola hacia los salarios y el bienestar, conllevar&iacute;a contrapartidas. El sector manufacturero chino sufrir&iacute;a mucho a corto plazo, lo que provocar&iacute;a una dolorosa contracci&oacute;n econ&oacute;mica sin ning&uacute;n beneficio garantizado a largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que en la psicolog&iacute;a, las explicaciones de la estrategia pol&iacute;tica china pueden encontrarse en la historia reciente. En primer lugar, est&aacute;n las lecciones de Jap&oacute;n y Asia oriental, tanto en sus &eacute;xitos como en sus limitaciones. Cuando los reformistas chinos abrazaron la industrializaci&oacute;n basada en las exportaciones en los a&ntilde;os ochenta, razonaron que, dado que el pa&iacute;s segu&iacute;a siendo un circuito cerrado, los esfuerzos por promover el consumo interno &mdash;a trav&eacute;s de salarios m&aacute;s altos y programas de bienestar social&mdash; se har&iacute;an a costa de la inversi&oacute;n industrial. Los planificadores se dieron cuenta de que pod&iacute;an seguir el modelo de sus vecinos del este asi&aacute;tico utilizando los mercados de Estados Unidos y otros pa&iacute;ses ricos para subvencionar su propio crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, el pensamiento pol&iacute;tico chino estuvo condicionado por el temor a la inflaci&oacute;n interna y la creencia de que, en lugar de centrarse en equilibrar el consumo interno y la inversi&oacute;n, la clave del crecimiento era la industria y la tecnolog&iacute;a. En la actualidad, China da prioridad a la innovaci&oacute;n bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;fuerzas productivas de nueva calidad&rdquo; (xinzhi shengchanli), lo que implica tecnolog&iacute;a limpia, veh&iacute;culos el&eacute;ctricos, semiconductores e inteligencia artificial &mdash;blanco de los aranceles Biden&mdash; que dependen en la medida de lo posible de las cadenas de suministro nacionales. La estrategia obtuvo una importante victoria en enero, cuando la <em>start-up</em> china DeepSeek sorprendi&oacute; al mundo con un modelo de inteligencia artificial que superaba a OpenAI y a los propios modelos de Meta, pero a un coste muy inferior. El gobierno chino es consciente de que avanzar en industrias intensivas en capital significa recortar en otras m&aacute;s baratas e intensivas en mano de obra, como la ropa y los juguetes. Aun as&iacute;, Xi ha recalcado a los funcionarios que la econom&iacute;a debe primero &ldquo;consolidar lo nuevo antes de acabar con lo viejo&rdquo; (xianli houpo). 
    </p><h2 class="article-text">Xi no quiere una &ldquo;d&eacute;cada perdida&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, la China de Xi desconf&iacute;a de la amenaza de la <em>japonizaci&oacute;n</em>. La burbuja crediticia que ayud&oacute; a impulsar el crecimiento desbocado de Jap&oacute;n en los a&ntilde;os ochenta, y que tanto irrit&oacute; a Trump, explot&oacute; finalmente una d&eacute;cada m&aacute;s tarde y la propia inversi&oacute;n extranjera de Jap&oacute;n contribuy&oacute; a la crisis financiera asi&aacute;tica de 1997. Hoy Jap&oacute;n se encuentra en medio de su cuarta &ldquo;d&eacute;cada perdida&rdquo; de crecimiento lento. Este es el espectro que se cierne ahora sobre China, que a pesar de sus impresionantes resultados, sigue sin ser ni de lejos tan rica per c&aacute;pita como el Jap&oacute;n de los noventa.
    </p><p class="article-text">
        La crisis financiera asi&aacute;tica de 1997 no afect&oacute; a China, que a&uacute;n no estaba inmersa en los flujos de capital regionales y mundiales. Pero eso cambiar&iacute;a pronto. En 2001, Estados Unidos ayud&oacute; a China a entrar en la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio, legitimando su lugar en el nuevo orden mundial unipolar. Pronto, las empresas chinas acumularon un super&aacute;vit comercial con Estados Unidos. Siguiendo de nuevo el camino de Jap&oacute;n, el Banco Popular de China comenz&oacute; a comprar letras del Tesoro estadounidense, llegando a acumular hasta 1,3 billones de d&oacute;lares (1,25 billones de euros) durante la d&eacute;cada de 2010. La estrategia consist&iacute;a en mantener bajo el valor del renminbi, contener los precios y los salarios y garantizar la competitividad de los productos chinos a escala mundial. El cr&eacute;dito chino tambi&eacute;n se convirti&oacute; en un salvavidas para los consumidores estadounidenses, que, a pesar del estancamiento de los salarios reales, siguieron comprando productos chinos m&aacute;s baratos.
    </p><p class="article-text">
        La d&eacute;cada de 2000 fue una &eacute;poca dorada de integraci&oacute;n entre Estados Unidos y China. Aun as&iacute;, en estos a&ntilde;os tambi&eacute;n se observaron signos de descontento con la globalizaci&oacute;n, incluso antes de la llegada al poder de Xi y Trump. En Estados Unidos, los sindicatos se opusieron a la entrada de China en la OMC y se manifestaron durante las reuniones de Seattle de 1999. Los economistas calculan que Estados Unidos perdi&oacute; unos dos millones de puestos de trabajo en el sector manufacturero en los primeros a&ntilde;os tras la &ldquo;crisis china&rdquo;. Mientras tanto, por temor a la competencia de las empresas estadounidenses, los dirigentes provinciales chinos recurrieron a medidas intervencionistas para reforzar las industrias locales, infringiendo t&eacute;cnicamente las normas de la OMC.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 2007, los responsables pol&iacute;ticos chinos, recelosos de avivar las tensiones internacionales, empezaron a hablar de un &ldquo;reequilibrio&rdquo; hacia el consumo interno. Los esfuerzos se aceleraron tras la crisis de las hipotecas de alto riesgo de 2008, cuando, al igual que Estados Unidos, el Gobierno chino se apresur&oacute; a aprobar un paquete de rescate por valor de 4.000 millones de yuanes (casi 600.000 millones de d&oacute;lares). En este caso, China sigui&oacute; una vez m&aacute;s el camino de Jap&oacute;n, ya que el cr&eacute;dito barato provoc&oacute; una burbuja inmobiliaria. De 2011 a 2021, alrededor de una cuarta parte del PIB chino correspondi&oacute; a transacciones de construcci&oacute;n inmobiliaria.
    </p><h2 class="article-text">El pinchazo de la gran inmobiliaria: un aviso para cambiar de modelo</h2><p class="article-text">
        La burbuja estall&oacute; durante el primer a&ntilde;o de la pandemia. Presintiendo el peligro, Pek&iacute;n anunci&oacute; la pol&iacute;tica de las &ldquo;tres l&iacute;neas rojas&rdquo;: para acceder a m&aacute;s cr&eacute;dito, las empresas tendr&iacute;an que controlar su ratio de deuda sobre efectivo, capital y activos. El Grupo Evergrande, el promotor inmobiliario m&aacute;s valorado del mundo, super&oacute; los tres umbrales. En su punto &aacute;lgido, la empresa val&iacute;a m&aacute;s de 40.000 millones de d&oacute;lares (38.548 millones de euros), pero ten&iacute;a un pasivo de m&aacute;s de 270.000 millones (260.159 millones de euros). Tambi&eacute;n fue socio comercial de Donald Trump, y sus planes de construir un enorme rascacielos en Guangzhou fracasaron. Sin ayudas p&uacute;blicas, Evergrande se hundi&oacute; en 2021.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, China ya se ha quemado por pivotar demasiado apresuradamente hacia el consumo interno, s&oacute;lo para verse recompensada con una crisis que ha cargado al pa&iacute;s con billones de d&oacute;lares en p&eacute;rdidas. Muchos temen que China haya ca&iacute;do en la misma trampa que sus vecinos japoneses, con empresas paralizadas por enormes deudas. En todo caso, es precisamente debido a la cat&aacute;strofe de las pol&iacute;ticas monetarias relajadas por lo que Xi ha vuelto al modelo cl&aacute;sico de Asia oriental de promover la innovaci&oacute;n industrial, incluidas las exportaciones. Tanto &eacute;l como Trump est&aacute;n reafirmando los puntos de vista pol&iacute;ticos de hace d&eacute;cadas que dieron origen a las guerras comerciales de la regi&oacute;n Asia-Pac&iacute;fico. No parece que ninguno de los dos vaya a cambiar de rumbo a corto plazo.
    </p><p class="article-text">
        La industria automovil&iacute;stica ha sido una de las grandes protagonistas de esta epopeya. En los a&ntilde;os ochenta, Trump se inspir&oacute; en el presidente de Chrysler, Lee Iacocca, que hab&iacute;a atacado p&uacute;blicamente a las industrias japonesas. Los dos se convirtieron con el tiempo en socios comerciales. En la actualidad, la nueva amenaza son los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos chinos.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado, BYD (abreviatura de Build Your Dream), l&iacute;der de la industria china, super&oacute; a Tesla como primer vendedor mundial de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos. La empresa se est&aacute; introduciendo r&aacute;pidamente en el mercado europeo, pero se le ha prohibido la entrada en Estados Unidos. Entretanto, Elon Musk, consejero delegado de Tesla, se ha convertido en miembro del c&iacute;rculo &iacute;ntimo de Trump y cuenta con el benepl&aacute;cito del presidente, al menos por ahora. En una reuni&oacute;n con analistas en enero de 2024, Musk ya advert&iacute;a de que la tecnolog&iacute;a de BYD era &ldquo;extremadamente buena&rdquo; y que, sin &ldquo;barreras comerciales&rdquo;, el fabricante de autom&oacute;viles &ldquo;demoler&iacute;a pr&aacute;cticamente a la mayor&iacute;a de las empresas automovil&iacute;sticas del mundo&rdquo;. Para regocijo de Musk, Trump ha prometido desde entonces aranceles a&uacute;n m&aacute;s altos para los veh&iacute;culos el&eacute;ctricos chinos que los establecidos bajo el mandato de Biden.
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                Fábrica del grupo automovilístico chino BYD.                            </span>
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        Sin embargo, China cuenta hoy con los sistemas de producci&oacute;n mejor integrados del mundo, reforzados por los recientes mandatos de &ldquo;indigenizaci&oacute;n&rdquo; y aislamiento de las cadenas de valor frente a los aranceles extranjeros. BYD se fund&oacute; en 1995 en Shenzhen. La empresa empez&oacute; fabricando bater&iacute;as de iones de litio para tel&eacute;fonos inteligentes antes de lanzarse a la fabricaci&oacute;n de veh&iacute;culos el&eacute;ctricos. Su experiencia en la fabricaci&oacute;n de bater&iacute;as de bajo coste y alta eficiencia, as&iacute; como de chips de silicio, la distingue de Tesla, que compra piezas a proveedores.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; quedando patente en la actualidad es que las exportaciones chinas pueden sufrir reveses, pero no van a desaparecer del mercado mundial a corto plazo. Estados Unidos ya ha empezado a importar menos de China que de M&eacute;xico, Taiw&aacute;n, Malasia, India, Corea del Sur y Vietnam. Pero esta tendencia refleja, en parte, la migraci&oacute;n de capital chino para sortear los aranceles estadounidenses. En 2023, la taiwanesa Foxconn, que ten&iacute;a su producci&oacute;n centrada en la provincia china de Henan, abri&oacute; una f&aacute;brica de iPhone en Chennai (India). Tanto las empresas chinas como las estadounidenses que producen veh&iacute;culos, neum&aacute;ticos y bater&iacute;as para autom&oacute;viles han establecido f&aacute;bricas en ciudades mexicanas como Coahuila, Guadalajara, Monterrey y Tijuana.
    </p><p class="article-text">
        Esta soluci&oacute;n, conocida como <em>nearshoring </em>(deslocalizaci&oacute;n cercana), preocupa al gobierno de Trump, que cree que China podr&iacute;a aprovecharse del Tratado de Libre Comercio de Am&eacute;rica del Norte (TLCAN) y exportar coches chinos por la &ldquo;puerta de atr&aacute;s&rdquo; de Canad&aacute; y M&eacute;xico. El temor ayuda a explicar las inesperadas amenazas arancelarias de Trump contra sus vecinos m&aacute;s pr&oacute;ximos. Mientras tanto, seg&uacute;n el Financial Times, la propia China ha construido silenciosamente una &ldquo;arquitectura comercial alternativa&rdquo;, en la que el 40% de sus exportaciones se dirigen ahora a pa&iacute;ses con los que comparte acuerdos bilaterales de libre comercio, excluyendo a EEUU y la UE, principalmente a trav&eacute;s de Asia, pero tambi&eacute;n Australia, Canad&aacute; y Sudam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede predecir lo que ocurrir&aacute; en el futuro. Pero si se mantienen las tendencias actuales, viviremos una colisi&oacute;n de trayectorias econ&oacute;micas trazadas hace 40 a&ntilde;os: El apego de Xi Jinping a la industrializaci&oacute;n impulsada por las exportaciones, enfrentado a las d&eacute;cadas de fijaci&oacute;n de Trump con los aranceles proteccionistas. Esta contradicci&oacute;n es el terreno en el que gran parte del mundo debe maniobrar ahora. Alguien tiene que ceder, pero es dif&iacute;cil imaginar soluciones claras. En alg&uacute;n momento, incluso los m&aacute;s esc&eacute;pticos con Donald Trump tendr&aacute;n que admitir que sus ideas, junto con las de Xi Jinping, han marcado el comienzo de una nueva era econ&oacute;mica. Lo que en su inicio solo fueron desvar&iacute;os de una celebridad de poca monta, primero en la televisi&oacute;n diurna de los ochenta y despu&eacute;s en un escenario de Las Vegas, son hoy estrategias de impacto mundial del presidente de Estados Unidos. 
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Emma Reverter.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrew Liu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/obsesionado-aranceles-gesto-durante-40-anos-actitud-trump-china_129_12034383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Feb 2025 21:09:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Obsesionado con los aranceles: así se gestó durante 40 años la actitud de Trump hacia China]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Xi Jinping,China,Aranceles,Guerra comercial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pangolín, la cultura china y la globalización capitalista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/culpar-china-coronavirus-facil-error_129_2259394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a113c36-47ed-49e5-a4de-51d8acc946b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pangolín, la cultura china y la globalización capitalista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor, especialista en el desarrollo del capitalismo en China, considera que la expansión en origen del coronavirus tiene más que ver con la globalización que con las particularidades del sistema chino</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;China&rdquo;, como concepto, se ha convertido en el chivo expiatorio para los pol&iacute;ticos de Estados Unidos y Europa occidental que tratan de desviar la atenci&oacute;n sobre sus propios y terribles errores gestionando la pandemia del coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        El atractivo de echar la culpa a &ldquo;China&rdquo; reside en su ambig&uuml;edad. &iquest;Se limitan las cr&iacute;ticas a la forma en que el Partido Comunista ocult&oacute; informaci&oacute;n durante esas cruciales semanas de enero, como en EEUU defienden progresistas y conservadores, incluyendo a Donald Trump? &iquest;O el mensaje entre l&iacute;neas evidente es que el verdadero culpable es el &ldquo;pueblo chino&rdquo; con sus ex&oacute;ticas costumbres y cultura?
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der del Partido del Brexit, Nigel Farage, juega torpemente con los <a href="https://www.newsweek.com/nigel-farage-china-coronavirus-west-rethink-1493085" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dos argumentos </a>cuando dice no sentir &ldquo;ninguna animadversi&oacute;n hacia el pueblo chino&rdquo; y a la vez afirma que el problema reside en &ldquo;las p&eacute;simas condiciones de higiene en los mercados chinos de animales salvajes&rdquo; y en la dieta habitual de murci&eacute;lagos y pangolines.
    </p><p class="article-text">
        Por variadas que sean las intenciones, ya estamos viendo c&oacute;mo las cr&iacute;ticas a &ldquo;China&rdquo; se est&aacute;n traduciendo en un recrudecimiento de la <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Activistas-denuncian-comunidad-asiatica-coronavirus_0_991800971.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">violencia racista contra la di&aacute;spora china y asi&aacute;tica</a> en Estados Unidos, Europa occidental y Ocean&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Me parece bien que desde las ideas progresistas se condenen estos ataques como xen&oacute;fobos pero me preocupan los vagos llamamientos a la tolerancia hacia el &ldquo;pueblo chino&rdquo; y hacia la &ldquo;cultura&rdquo; porque le hacen el juego al racismo de la derecha: acabamos debatiendo temas de identidad y de diferencias culturales cuando lo que tendr&iacute;amos que estar analizando son complejos procesos hist&oacute;ricos. Cualquier intento serio de abordar el papel de China en esta pandemia tambi&eacute;n debe considerar las condiciones pol&iacute;tico-econ&oacute;micas del ascenso chino en el mercado mundial durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, un fen&oacute;meno que ha facilitado la propagaci&oacute;n del virus y que ha plantado las semillas de esta reacci&oacute;n en Europa y EEUU.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos por ejemplo la afirmaci&oacute;n (no confirmada) de que el nuevo coronavirus fue causado por la particularidad cultural de comer pangolines. Si ese fuera el caso, y si bien es cierto que en China continental las escamas y la carne de pangol&iacute;n se anuncian como una especie de medicina popular, las estad&iacute;sticas sugieren que la verdadera variable clave es la globalizaci&oacute;n. <a href="https://qz.com/874854/chinas-insatiable-thirst-for-pangolin-scales-is-fed-by-an-international-black-market/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los precios</a> del animal han pasado de 14 d&oacute;lares por kilo en 1994 a m&aacute;s de 600 d&oacute;lares hoy, con <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/animales-salvajes-sanitaria-estallado-coronavirus_0_1014198666.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">env&iacute;os ilegales confiscados en la frontera</a> que por lo general superan las 10 toneladas.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, los clientes que compran animales salvajes lo hacen para alardear de su riqueza o para celebrar un buen d&iacute;a en la bolsa de valores, aunque siguen siendo una minor&iacute;a. En su mayor&iacute;a, los ciudadanos chinos <a href="https://www.researchgate.net/figure/Cognition-types-and-frequency-analysis-of-Chinese-urban-residents-attitude-toward_tbl1_225329213" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apoyan l&iacute;mites estrictos</a>, cuando no directamente la prohibici&oacute;n, para el consumo de animales salvajes. Por tanto, para explicar el auge del consumo de pangol&iacute;n no hay que pensar tanto en una particularidad cultural sino en la liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica de China, defendida por Estados Unidos.
    </p><h3 class="article-text">V&iacute;nculos econ&oacute;micos ocultos</h3><p class="article-text">
        Estas mismas fuerzas econ&oacute;micas son tambi&eacute;n las que han acelerado la propagaci&oacute;n del virus en otros pa&iacute;ses. <a href="https://www.eldiario.es/internacional/nacimiento-pandemia-comenzo-Wuhan_0_1015598789.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Wuhan, donde se origin&oacute;</a>, serv&iacute;a originalmente como un punto de uni&oacute;n entre las metr&oacute;polis costeras, como Guangzhou y Shanghai, con el interior de China. Aunque se la considera una ciudad de &ldquo;segundo nivel&rdquo;, la &uacute;ltima fase de la globalizaci&oacute;n tambi&eacute;n la alcanz&oacute;, a medida que los inversores buscaban terrenos y mano de obra m&aacute;s baratos en el interior.
    </p><p class="article-text">
        En febrero y marzo, los nuevos casos de coronavirus pusieron al descubierto v&iacute;nculos econ&oacute;micos que hab&iacute;an permanecido ocultos mucho tiempo, como las inversiones chinas <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Iran-coronavirus_0_999500981.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la infraestructura de Qom (Ir&aacute;n)</a> o los v&iacute;nculos entre la industria de piezas de autom&oacute;viles de Wuhan y las f&aacute;bricas de Alemania, Serbia y Corea del Sur. Es posible que el coronavirus haya aparecido por primera vez en China, pero la propagaci&oacute;n y la crisis subsiguientes se deben a los sistemas mundiales de comercio, turismo y cadenas de suministro levantados por poderosos intereses durante el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Responsabilizar a esa idea imprecisa de la cultura china es especialmente ir&oacute;nico teniendo en cuenta que las mejores respuestas a la pandemia se han dado en los gobiernos con mayor&iacute;a &eacute;tnica china de <a href="https://www.thenation.com/article/world/taiwan-who-coronavirus-china/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Taiw&aacute;n</a> (seis muertes, 390 casos), de Singapur (ocho muertes, 2.500 casos) y de Hong Kong (cuatro muertes, 1.000 casos). S&iacute;, en gran parte la seriedad de sus pol&iacute;ticas tuvo que ver con el drama de la epidemia del SARS en 2003, pero tambi&eacute;n con los robustos estados de bienestar de Asia oriental donde, a diferencia de Europa y Estados Unidos, se ha invertido cada vez m&aacute;s en infraestructura sanitaria precisamente para enfrentar este tipo de crisis.
    </p><h3 class="article-text">Crisis&nbsp;minimizada en todo el mundo</h3><p class="article-text">
        Combatir la postura anti-China no significa excusar al Estado ni defender sus acciones. Est&aacute; claro que el gobierno chino ha minimizado sistem&aacute;ticamente el nivel de contagio y de muertes; y que las autoridades locales se equivocaron <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/medico-coronavirus-chino_0_992851496.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al silenciar al doctor Li Wenliang</a>, que alert&oacute; en cuanto fue posible a sus amigos sobre el virus.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero es en la crisis del coronavirus la diferencia entre reg&iacute;menes autoritarios y democr&aacute;ticos tan grande como dicen los ide&oacute;logos occidentales? La mayor&iacute;a de los analistas est&aacute; de acuerdo en que <a href="https://www.eldiario.es/internacional/coronavirus-China_0_1011399598.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">China ocult&oacute; la crisis de Wuhan</a> durante tres semanas de enero, un tiempo perdido que probablemente signific&oacute; pasar de una epidemia local a una mundial. Pero tambi&eacute;n dan que pensar los informes sobre la demora en responder de otros gobiernos desde mediados de enero: al <a href="https://www.eldiario.es/cienciacritica/bandazos-gobierno-britanico-coronavirus-peligro_6_1007259276.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Reino Unido</a> le llev&oacute; ocho interminables semanas reaccionar y Estados Unidos ignor&oacute; durante 70 d&iacute;as <a href="https://www.eldiario.es/internacional/coronavirus-Trump_0_1007899508.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">claras se&ntilde;ales de alerta</a>.
    </p><p class="article-text">
        Esta inacci&oacute;n fue, en parte, producto del excepcionalismo occidental seg&uacute;n el cual los virus y las epidemias s&oacute;lo ocurren &ldquo;all&iacute;&rdquo;, en pa&iacute;ses pobres y no blancos. Se trata de un punto crucial para descubrir el racismo antiasi&aacute;tico. Como ha escrito la directora de Justice is Global, Tobita Chow, en lugar de repartir culpas entre pa&iacute;ses deber&iacute;amos entender c&oacute;mo las miopes perspectivas nacionalistas han producido respuestas fatalmente ineficaces.
    </p><p class="article-text">
        Durante <a href="https://www.eldiario.es/internacional/Lecciones-Italia_0_1005099711.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las peores semanas de Italia</a>, los funcionarios admitieron que hab&iacute;an visto la crisis de Wuhan como una &ldquo;pel&iacute;cula de ciencia-ficci&oacute;n que no ten&iacute;a nada que ver con nosotros&rdquo;. En Estados Unidos, un pol&iacute;tico de Kansas declar&oacute; que su ciudad era segura <a href="https://www.kansascity.com/opinion/editorials/article241353836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">porque hab&iacute;a pocos residentes chinos</a>. En una manifestaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s extrema de pensamiento racista, en Filadelfia circularon rumores de que el virus no pod&iacute;a infectar a los negros estadounidenses porque era una enfermedad china. Una informaci&oacute;n err&oacute;nea que, seg&uacute;n temen ahora las autoridades, <a href="https://www.eldiario.es/theguardian/coronavirus-EEUU-predisposicion-genetica-pobreza_0_1014899076.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exacerb&oacute; las desigualdades en los niveles de contagio</a>.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo lugar, tanto la pandemia como la reacci&oacute;n antiasi&aacute;tica que la acompa&ntilde;a son din&aacute;micas que van m&aacute;s all&aacute; de las cuestiones culturales y de la xenofobia porque tienen graves consecuencias de vida o muerte. Las dos son subproductos de la aparici&oacute;n de China como una fuerza relevante en el capitalismo mundial, no solo creando las cadenas de suministro y redes de desplazamientos que transportan al virus, sino amenazando el centenario prestigio econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de Euroam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos esos temores ya se hab&iacute;an manifestado en las afirmaciones populistas de que s&oacute;lo China, y no la clase pol&iacute;tica y empresarial estadounidense, era responsable de la p&eacute;rdida de empleos industriales. Despu&eacute;s de un refer&eacute;ndum por el Brexit que ha sido visto como un voto contra la globalizaci&oacute;n, la preocupaci&oacute;n en el Reino Unido se ha manifestado recientemente en el <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/China-Reino-Unido-internacional-Huawei_0_893460854.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">miedo a que Huawei instale la red 5G del pa&iacute;s.</a> El coronavirus no ha creado los temores sobre China pero esos miedos lo han convertido en una conveniente met&aacute;fora, como una fuerza de destrucci&oacute;n invisible y global.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; se deduce que estos peligrosos sentimientos no desaparecer&aacute;n autom&aacute;ticamente con el desarrollo de una vacuna, a menos que exijamos algo m&aacute;s que peticiones progresitas a la tolerancia. Tambi&eacute;n debemos reconocer y enfrentar las fuerzas pol&iacute;tico-econ&oacute;micas detr&aacute;s de la reacci&oacute;n de Occidente contra China, y la insuficiencia del nacionalismo para responder a las crisis sociales y de salud p&uacute;blica a las que nos enfrentamos hoy, que son de escala mundial.
    </p><p class="article-text">
        <em>Andrew Liu es profesor asociado de Historia en la Universidad de Villanova (EEUU) y autor del libro &lsquo;Tea War: A History of Capitalism in China and India&rsquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Francisco de Z&aacute;rate
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrew Liu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/culpar-china-coronavirus-facil-error_129_2259394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2020 20:11:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pangolín, la cultura china y la globalización capitalista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,China]]></media:keywords>
    </item>
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