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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Miguel Rodríguez Pérez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose-miguel-rodriguez-perez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Miguel Rodríguez Pérez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Agua, sequía de cultura ancestral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/agua-sequia-cultura-ancestral_129_6510858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5855485a-8636-4f67-ab03-e0527d2cd80b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agua, sequía de cultura ancestral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La construcción de tanques está muy bien, pero no se puede depender solo de eso, hay que dar un paso más en el sentido de no permitir que se pierdan tantos caudales por toda la geografía.</p></div><p class="article-text">
        En la isla de La Palma, en los &uacute;ltimos tiempos, venimos hablando de sequ&iacute;a, de falta de recursos h&iacute;dricos con los que abastecer nuestros sedientos cultivos de regad&iacute;o, pero seguimos siendo a estas alturas inconscientes del problema.
    </p><p class="article-text">
        En la zona Norte, donde tradicionalmente el clima riega de agua en oto&ntilde;o e invierno abundantemente, en el &uacute;ltimo verano se ha visto c&oacute;mo se raciona el agua de La Laguna (en estos momentos en bajo nivel de llenado), c&oacute;mo se recortan tiempos de agua por acciones de galer&iacute;as, al ir mermando muchas de ellas sus caudales.
    </p><p class="article-text">
        En &eacute;poca de verano, se clama a los cielos por la necesaria lluvia, porque vuelvan a correr los barrancos y llenen de agua el embalse de La Laguna, porque vuelva a nevar y cargue los acu&iacute;feros tan necesarios para manantiales y galer&iacute;as. Pero hemos aprendido muy poco de nuestros abuelos, no en cuanto a forma de trabajar, sino a su cultura de no derrochar ni una gota de agua.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no hab&iacute;a galer&iacute;as perforadas, hasta los a&ntilde;os 50 del siglo XX mayoritariamente, las fuentes naturales abastec&iacute;an de agua de consumo y de riego. Se realizaron innumerables obras de canalizaci&oacute;n y almacenamiento de estas para en &eacute;poca seca y de verano disponer de esta agua tan valiosa. Llegaron a haber incluso disputas vecinales y denuncias por aprovechamiento de aguas de fuentes &iquest;Pero qu&eacute; nos ha pasado?
    </p><p class="article-text">
        La llegada de las galer&iacute;as, con el esfuerzo tit&aacute;nico que cost&oacute; realizarlas y la obra de La Laguna, llena de problemas a lo largo de los a&ntilde;os, ha hecho que se abandonen pr&aacute;cticamente todas las fuentes naturales, dejando la mayor&iacute;a de ellas como entorno curioso para turistas y locales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una fuente de Barlovento llena de agua. JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ PÉREZ                            </span>
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        En el municipio de Barlovento la mayor&iacute;a de fuentes aprovechables est&aacute;n en cota de median&iacute;as y zona costera. Estas fuentes, se cargan a&ntilde;o a a&ntilde;o con las lluvias del Norte y Noreste, no fallando en su cometido de brotar agua de manera constante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La conocida Fuente de El R&iacute;o (en realidad galer&iacute;a, pues fue la segunda en perforarse en el municipio all&aacute; por 1920), tiene un caudal casi constante al paso de los a&ntilde;os, al encontrarse su captaci&oacute;n en la zona de Cancelitas (de la m&aacute;s pluviom&eacute;trica del municipio). Actualmente, sus 5 pipas a la hora de agua son casi desperdiciadas, en p&eacute;rdidas de la tuber&iacute;a y canal de salida de la galer&iacute;a, pero importa poco, tenemos galer&iacute;as y La Laguna. Es verdad que esa Fuente de El R&iacute;o, junto a algunas m&aacute;s de la zona, tienen acciones y &ldquo;due&ntilde;os&rdquo;, pero pr&aacute;cticamente no se le hace caso a mantenerlas en buenas condiciones, y casi toda el agua se pierde por el camino.
    </p><p class="article-text">
        Podemos citar m&aacute;s ejemplos, como la Fuente de Pizarro en el barrio de La Cuesta, donde sus abundantes caudales bajan pista abajo, desperdiciados ante la falta de un buen tanque donde guardarlos. Una aut&eacute;ntica pena en una isla que ha estado sedienta, quiz&aacute;s m&aacute;s que de agua en esta zona, de cultura del ahorro y gesti&oacute;n cuando la hay. Al que se acerque a ver esta fuente le va a doler ver c&oacute;mo el agua de tres chorros muy abundantes bajan sin control pista abajo por la zona (a lo largo del d&iacute;a son unos 46.000 litros aproximadamente solo en esa fuente).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Caída de caudal en Barlovento. JOSÉ MIGUEL RODRÍGUEZ PÉREZ                            </span>
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        Solo con el agua que brota de esa fuente, si no se desperdiciara, se llenar&iacute;a un gran estanque que regar&iacute;a mucho terreno en verano. Nos hemos acomodado en las l&iacute;neas de reparto de La Laguna, y a esperar turnos para regar, porque no hay para m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En manantial de Aguadalto en la zona de Guerreros, es uno de los m&aacute;s importantes del municipio de Barlovento. Est&aacute; canalizado a las fincas plataneras de la costa, tradicionalmente sus mayores propietarios, los Cullen, han derivado sus aguas a Oropesa para este fin. Lo que tambi&eacute;n es verdad, es que, de esas aguas brotadas, solo se recoge menos de la mitad, si acaso, por falta de buena infraestructura en la zona y de buenos recogederos y canalizaciones.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n de tanques est&aacute; muy bien, pero no se puede depender solo de eso, hay que dar un paso m&aacute;s en el sentido de no permitir que se pierdan tantos caudales por toda la geograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las fuentes de gran caudal abandonadas que hay por la zona Norte, con falta de canalizaciones y estanques suficientes que paliar&iacute;an mucho cultivo. Quiz&aacute;s en verano se eche de menos ese agua que baja pista abajo d&iacute;a y noche durante todo el oto&ntilde;o, invierno y primavera.
    </p><p class="article-text">
        Es hora de reflexionar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Miguel Rodríguez Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/agua-sequia-cultura-ancestral_129_6510858.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Dec 2020 17:45:01 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Memorias de Don Eulalio Pérez Hernández sobre el agua en Barlovento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/memorias-eulalio-perez-hernandez-barlovento_1_5875805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a8b533e-6bdd-4516-a762-a1c3540bf674_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Don Eulalio Pérez Hernández."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las duras condiciones de los trabajos que se abordaban en las galerías del municipio hicieron que en alguna ocasión hubiera accidentes fatales.</p></div><p class="article-text">
        El esfuerzo que cost&oacute; perforar las galer&iacute;as en sus inicios es algo que las actuales generaciones no podr&iacute;an rememorar si no es por las vivencias de personas como Don Eulalio. Era una &eacute;poca en la que no se trabajaba con maquinaria, sino todo a brazo. El tes&oacute;n de estos hombres, de una manera u otra ha quedado grabado en cada palada, en cada barreno. Una memoria tangible que queda ah&iacute; para el disfrute actual y futuro de los barloventeros.
    </p><p class="article-text">
        Don Eulalio nace en 1928 en Barlovento, residiendo en el barrio del Lomo Romero junto a su familia, donde la escasez de la &eacute;poca hac&iacute;a que se pasaran muchos trabajos para vivir el d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Su vinculaci&oacute;n con el agua comienza a los 23 a&ntilde;os, concretamente en febrero de 1951, donde comienza a trabajar en la obra de la galer&iacute;a del Caldero de Meleno. Esta galer&iacute;a da comienzo en 1942, teniendo como primer propietario a Don Domingo Hern&aacute;ndez Torres.
    </p><p class="article-text">
        La galer&iacute;a del Caldero de Meleno ten&iacute;a como encargado de la misma a Don Jaime Concepci&oacute;n, casado con Do&ntilde;a Sotera Mart&iacute;n. Este matrimonio durante 4 a&ntilde;os vivi&oacute; en la casa de la galer&iacute;a, donde comenzaron incluso a criar a su primer hijo.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n se conservan en la casa de la galer&iacute;a los restos de jardines que Do&ntilde;a Sotera sembraba de flores y la pileta o pila de lavar la ropa.
    </p><p class="article-text">
        Don Eulalio, a los 3 o 4 meses de estar trabajando de operario fue propuesto para realizar labor de capataz de cuadrilla. Era un trabajador responsable, aunque en un principio pens&oacute; que quiz&aacute;s otros trabajadores lo merecieran m&aacute;s que &eacute;l. Al fin y al cabo, &eacute;l ya estaba integrado, como si perteneciera a este fin, por lo que acept&oacute; el cargo.
    </p><p class="article-text">
        Durante un a&ntilde;o y algunos meses estuvo trabajando de capataz de cuadrilla en el frente, promediando de 24 a 25 metros al mes, a brazo. Comenz&oacute; cobrando a 25 pesetas las 10 horas limpias de trabajo. Sus compa&ntilde;eros de cuadrilla fueron los operarios Felo, Peraza (<em>El gomero</em>) y Telesforo.
    </p><p class="article-text">
        La responsabilidad del aprovisionamiento de la galer&iacute;a resid&iacute;a en Don Jaime, siendo este el que llevaba el material hasta la instalaci&oacute;n, haci&eacute;ndose responsable de la <em>pasta</em> (dinamita), muy controlada por las autoridades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La jornada para Don Eulalio comenzaba desde que sal&iacute;a del Lomo Romero hacia la galer&iacute;a, sobre las 06:30 de la ma&ntilde;ana, muchas veces acompa&ntilde;ado por Do&ntilde;a Leonida y Do&ntilde;a Aurelia. Estas mujeres iban pr&aacute;cticamente todos los d&iacute;as en busca de monte a la zona de la Hoya del Pino, acompa&ntilde;ando a Don Eulalio hasta la Fuente Grande, ya cansadas de caminar, dado que Don Eulalio no esperaba por ellas y ten&iacute;an que seguirle el paso. En una hora desde que sal&iacute;a de su casa ya ten&iacute;a el carburo encendido y listo para trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Las jornadas de trabajo en la galer&iacute;a eran, como se ha nombrado en p&aacute;rrafos anteriores, de 10 horas. Durante el d&iacute;a entrando a las 08:00 y dejando la jornada a las 18:00 horas. El reparto de turnos era de una semana de noche y la siguiente de d&iacute;a y as&iacute; sucesivamente. La galer&iacute;a se trabajaba en continuo, saliendo una cuadrilla y entrando la otra.
    </p><p class="article-text">
        Durante el d&iacute;a se realizaban dos voladuras al frente, una antes de mediod&iacute;a, donde aprovechaban para salir a comer, y otra por la tarde.
    </p><p class="article-text">
        Hay que rese&ntilde;ar una an&eacute;cdota. Don Jaime Concepci&oacute;n, en uno de los d&iacute;as que entr&oacute; al frente, apuntando un pistolete, le cay&oacute; encima un mont&oacute;n de piedras, haci&eacute;ndole da&ntilde;o, que casi lo mata. Fue sacado al exterior por el resto de la cuadrilla urgentemente y lo llevaron al m&eacute;dico al pueblo, recuper&aacute;ndose al tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Cada cuadrilla constaba de tres operarios en el frente. Uno se encargaba de llenar el escombro y los otros dos con el pistolete o escalichando.
    </p><p class="article-text">
        Los trabajos en el frente de la galer&iacute;a en esta &eacute;poca eran muy duros y peligrosos, alumbrados con una l&aacute;mpara de carburo cada operario, al que hab&iacute;a que quitarle el polvo de cal a cada rato. Una vez realizados los barrenos se les met&iacute;a la <em>pasta de goma</em> (dinamita), siempre la justa para no desperdiciarla y adem&aacute;s controlar el alcance de la voladura. Posteriormente se picaban las mechas y se instalaban en los barrenos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaba todo listo para volar el frente, el cabuquero daba fuego a las mechas con ayuda de un cartucho de pasta, a modo de bengala (no se usaban los carburos para ello, ya que si no las mechas los apagaban). R&aacute;pidamente se retiraban unos 200 metros hacia atr&aacute;s por la galer&iacute;a y se pegaban espalda a la pared (esto era para minimizar el impacto de la onda de choque en el cuerpo). El cabuquero contaba las explosiones (ya que sab&iacute;a lo que hab&iacute;a instalado), para poder valorar si alg&uacute;n barreno podr&iacute;a haber fallado en la voladura. Primero explosionaban los barrenos de salida y luego el resto. Esto estaba pensado para que el frente avanzara con la forma y dimensiones que ten&iacute;a que tener.
    </p><p class="article-text">
        En muchas ocasiones se quedaron barrenos fallidos. En estos casos entraba solo el cabuquero al frente para asegurarlo y realizar voladura controlada. Se entraba agachado casi tocando las rodillas en el suelo, ya que la galer&iacute;a hacia el frente estar&iacute;a inundada de humo de mitad hacia arriba y con mucho olor a pasta.
    </p><p class="article-text">
        Una vez terminada la voladura se esperaba a que ventilara. En esta &eacute;poca no hab&iacute;a ventilaci&oacute;n forzada, por lo que no quedaba m&aacute;s remedio que esperar a que el ambiente se asentara.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se entraba a quitar escombro, el cabuquero volv&iacute;a a ser el primero. Ten&iacute;a que asegurar la sustentaci&oacute;n, tirando al suelo toda roca inestable que quedara en el techo o hastiales. Todo el escombro quedaba a la punta del &uacute;ltimo tramo de ra&iacute;l instalado. Nunca se pod&iacute;a quedar el ra&iacute;l tapado, ya que los carros ten&iacute;an que llegar rodando a pie del frente. Una vez todo asegurado se ordenaba a los operarios que comenzaran a quitar el escombro al exterior.
    </p><p class="article-text">
        Cada operario quitaba un carro, muy pesado. Estos carros, dada la poca pendiente de la galer&iacute;a costaba bastante arrancarlos a rodar empujados. Don Eulalio era un hombre bastante fuerte y siempre colaboraba en esta labor.
    </p><p class="article-text">
        Tras m&aacute;s de un a&ntilde;o trabajando en el Caldero de Meleno, debido a los rendimientos, le propusieron a trav&eacute;s de Don Manuel Gonz&aacute;lez ir a la galer&iacute;a de El Capricho. Esta galer&iacute;a hab&iacute;a dado comienzo en 1933 en el Barranco del Rey (bajo Las Llanadas de Bona). La Comunidad El Capricho ten&iacute;a como presidente a Don Jos&eacute; Isidro Grau y Garrea y a Don Telesforo Francisco Garc&iacute;a (<em>El maestro</em>) como secretario.
    </p><p class="article-text">
        En esta instalaci&oacute;n estuvo unos siete u ocho meses. Hay que comentar que en el caso de Don Eulalio, no se marchaba de las galer&iacute;as. Solo cambiaba por inter&eacute;s de pagos y siempre dejando asegurada la continuidad de los trabajos.
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        Cuando se march&oacute; del Caldero de Meleno hacia El Capricho fue con el compromiso de que su cu&ntilde;ado Don Telesforo apuntara la herramienta. Hasta ese momento &eacute;l hab&iacute;a trabajado de operario, pero no hab&iacute;a apuntado la herramienta.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a de la Comunidad El Capricho no era abundante, como en casi todas. Es por ello que los ra&iacute;les para deslizar los carros eran fabricados de madera de acebi&ntilde;o. Dichos ra&iacute;les eran manufacturados por Don Domingo <em>El Peludo</em> y a cada rato hab&iacute;a que estar injert&aacute;ndolos ya que se desencajaban y romp&iacute;an con facilidad debido al peso de los carros.
    </p><p class="article-text">
        Tal era la falta de dinero que se padec&iacute;a que lleg&oacute; a estar 4 meses sin cobrar nada, y teniendo que comprar material fiado. Ante esta situaci&oacute;n Don Telesforo Francisco le propuso un traspaso por los 4 meses de trabajo, ya que no pod&iacute;a seguir en esa situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ante la falta de operarios especializados, Don Eulalio se vio en la obligaci&oacute;n de intentar el mismo templar la herramienta (las mochetas de los pistoletes). Hasta ese momento ten&iacute;an en la galer&iacute;a un recipiente met&aacute;lico para ello, pero no era bueno, por lo que busc&oacute; uno m&aacute;s grande, con muchos trabajos y dificultades.
    </p><p class="article-text">
        Cuando reuni&oacute; lo necesario comenz&oacute; a templar la herramienta, martillo en mano y fragua encendida. Se le dio bien.
    </p><p class="article-text">
        La herramienta se templaba de una manera u otra dependiendo del terreno que fueran encontrando en el frente. Si el terreno era blando (escorias o <em>tosca</em>) se templaban las mochetas duras, para que aguantaran m&aacute;s tiempo sin perder el filo. De lo contrario, si era terreno de dique o basalto s&oacute;lido, se templaban m&aacute;s blandas, para que al percutir no se partieran.
    </p><p class="article-text">
        Por norma general, en El Capricho se avanzaba r&aacute;pido, ya que era un terreno bastante blando, al estar bajo terreno de escoria y arcilloso.
    </p><p class="article-text">
        La cuadrilla de Don Eulalio en El Capricho estaba formada por Don Telesforo (el cu&ntilde;ado) y D Antonio <em>El Jaro</em>.
    </p><p class="article-text">
        A los 8 meses de estar trabajando en la galer&iacute;a El Capricho avis&oacute; a la comunidad para que fueran preparando a otro ya que estaba interesado en marcharse a la galer&iacute;a Cuevitas. En esta comunidad le ofertaban por 12 metros de avance o m&aacute;s a la semana, el jornal m&aacute;s 50 pesetas. Y de 15 metros en adelante el jornal m&aacute;s 20 duros (100 pesetas). Tras un mes esperando a que El Capricho encontrara a otro trabajador, se fue a Cuevitas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La galer&iacute;a Cuevitas dio comienzo en junio de 1947 en Barranco de La Vica teniendo en los a&ntilde;os 60' como presidente a D. Manuel Cabrera Morales. Cuando Don Eulalio accedido a ella ya ten&iacute;a 700 metros avanzados en el frente.
    </p><p class="article-text">
        Ya estando en Cuevitas, debido a que ya sab&iacute;a templar la herramienta, se dedic&oacute; a templar la de las dos cuadrillas, la de d&iacute;a y la de noche.
    </p><p class="article-text">
        En esta galer&iacute;a ten&iacute;an un promedio de m&aacute;s de 30 metros de avance a brazo al mes. Teniendo la particularidad de que cuando lleg&oacute; a trabajar se encontr&oacute; con la dificultad de que los cabuqueros no sab&iacute;an direccionar bien los barrenos. No tardaron en aprender, ya que hab&iacute;a que rendir a lo que se exig&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Las cuadrillas de Cuevitas estaban formadas por Don Benito (de La Cuesta), Don Jos&eacute; (<em>El garafiano</em>), Don Jaime (<em>El Churrero</em>), Don Rodolfo (el hermano), Don Israel Mach&iacute;n y Don Armando (el hermano).
    </p><p class="article-text">
        En esta &eacute;poca ganaban m&aacute;s de aumentos de trabajo que del propio jornal.
    </p><p class="article-text">
        Un buen d&iacute;a Don Benito coment&oacute; de subir los jornales. En este momento ya Don Eulalio era directivo. En un principio se neg&oacute; a hacerlo (sab&iacute;a que no hab&iacute;a dinero).
    </p><p class="article-text">
        Este tema lo trat&oacute; con la comunidad, en concreto con el secretario Don Leoncio, el cual le dijo que la galer&iacute;a funcionaba bien bajo su rendimiento y conocimiento, aceptando finalmente subir el jornal a los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        La galer&iacute;a Cuevitas ten&iacute;a en esta &eacute;poca como ingenieros encargados a Don V&iacute;ctor y a Don Andr&eacute;s, siendo el primero peninsular y el segundo, palmero.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los d&iacute;as que vino Don Andr&eacute;s a marcar la galer&iacute;a quiso comer con los trabajadores. Ellos estaban comiendo gofio con az&uacute;car, y en un principio Don Eulalio no quer&iacute;a aceptar ya que ellos eran pobres y no ten&iacute;an que ofrecer al t&eacute;cnico para comer. Al d&iacute;a siguiente apareci&oacute; Don Andr&eacute;s con un aprovisionamiento de sardinas, pan, etc. y almorz&oacute; con ellos.
    </p><p class="article-text">
        En Cuevitas se estuvo tras la llegada de Don Eulalio unos 3 o 4 a&ntilde;os trabajando a brazo, pero tras la llegada de la luz el&eacute;ctrica a Barlovento en 1952, se organiz&oacute; para construir una instalaci&oacute;n de compresor el&eacute;ctrico. Una gran novedad en la &eacute;poca.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Se instal&oacute; un transformador en ba&ntilde;o de aceite de la empresa Construcciones Electromec&aacute;nicas Fierro y un compresor con motor el&eacute;ctrico.
    </p><p class="article-text">
        Debido a que el dinero no daba para todo, en lo que se construy&oacute; la caseta y la instalaci&oacute;n el&eacute;ctrica del compresor se tuvo el frente de la galer&iacute;a parado m&aacute;s de 3 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En este vac&iacute;o de tiempo, la Comunidad Los Girineldos propuso a Don Eulalio irse a trabajar a su galer&iacute;a. El accedi&oacute;, pero con el firme compromiso de volver a Cuevitas, ya que era accionista y ya directivo de la misma.
    </p><p class="article-text">
        La galer&iacute;a Los Girineldos dio comienzo en 1941 en el barranco del mismo nombre.
    </p><p class="article-text">
        Llegado a Los Girineldos, el remate de los trabajos estaba a cargo del tijarafero Don Antonio Barreto. En ese mismo mes Don Eulalio le propuso hacerse cargo de los trabajos del remate. Barreto no acept&oacute; y aprovech&oacute; lo que pudo.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el momento en el que Don Antonio tuvo que entrar a trabajar en el frente por necesidad. Don Eulalio le dijo desde el primer momento que &ldquo;<em>desde que pases de esa puerta para adentro, no te conozco, por lo que mando yo&rdquo;. </em>Barreto no ten&iacute;a experiencia en el trabajo en el frente y adem&aacute;s era un hombre de poco cuerpo en comparaci&oacute;n con el experimentado Don Eulalio.
    </p><p class="article-text">
        Al ritmo de trabajo de Don Eulalio aguant&oacute; Don Antonio unos siete u ocho meses. Finalmente resinti&oacute; y le dijo a Don Eulalio que no pod&iacute;a m&aacute;s, que &ldquo;<em>no hab&iacute;a quien trabajara con &eacute;l</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el d&iacute;a en que en Los Girineldos los obreros comenzaron a mirarse en contra de Don Eulalio por cuestiones del trabajo y los intereses. Termin&oacute; este llamando la atenci&oacute;n a Don Filiberto y que buscara trabajo por fuera ya que &ldquo;<em>lo ve&iacute;a en el aire</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esta &eacute;poca en Los Girineldos trabajaba una cuadrilla sola, ya bajo la direcci&oacute;n de Don Eulalio. Teniendo que hacer hincapi&eacute; en el gran esfuerzo que realizaba uno de ellos en particular, Don Fernando (de La Tosca).
    </p><p class="article-text">
        A este se&ntilde;or le faltaba una mano debido a un accidente con explosivos, pero a&uacute;n as&iacute; cumpl&iacute;a el trabajo. Si le mandaban a retirar 2 o 3 vagones de escombro de noche, &eacute;l entraba solo al frente con su carburo, los cargaba con una sola mano y los sacaba fuera. Una proeza en toda regla dada la dificultad que ten&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que llegaba, con su comida en mano, le preguntaba al motorista que cu&aacute;ntos vagones hab&iacute;a ordenado Don Eulalio retirar. Casi siempre los vagones eran de 3/4 metros de volumen.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a uno de los operarios, Don Mart&iacute;n Mach&iacute;n, realizando labores de sacar escombro al exterior con los vagones, sufri&oacute; un accidente por descarrilamiento y con tan mala suerte de fracturarse la cadera. No pod&iacute;a ni moverse y gritaba desconsoladamente a Don Eulalio que no lo dejara abandonado all&iacute;, que lo quitara como fuera y lo llevara al m&eacute;dico. El dolor era insoportable y gritaba llorando en el interior de la galer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Con mucha dificultad fue subido a un vag&oacute;n, y aguant&aacute;ndole la pierna lo quitaron y lo llevaron al m&eacute;dico como pudieron. Hay que hacer notar que mientras se narraba esta historia, Don Eulalio no pudo evitar emocionarse. Fueron muchos los trabajos y dificultades que se vivieron aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de retirar vagones de escombro era tambi&eacute;n dificultoso, pues pesaban mucho y era bastante probable que descarrilaran si se corr&iacute;a con ellos por el ra&iacute;l m&aacute;s de la cuenta. Si esto ocurr&iacute;a supon&iacute;a un accidente al obrero con total seguridad. Don Eulalio siempre insist&iacute;a que no se corriera por las v&iacute;as m&aacute;s de lo necesario. Hay que hacer constar que en el tiempo que estuvo en Los Girineldos, nunca tuvo problemas con ning&uacute;n operario, ni despidi&oacute; a nadie.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente, hubo una &eacute;poca en la que se estuvo trabajando en el frente y en el canal exterior a la misma vez, llegando en una ocasi&oacute;n a estar trabajando en una zona de pic&oacute;n, muy dif&iacute;cil para retirar el escombro. Hab&iacute;a que quitarlo entre dos o tres personas. Estos otros dos ayudantes eran Don Juan y Don Miguel. Estos llegaron a pedir dinero hasta para comer, no ten&iacute;an absolutamente nada.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo m&aacute;s tarde, en uno de los d&iacute;as trabajando en el frente, Don Eulalio advirti&oacute; que el terreno en repisa de la galer&iacute;a comenzaba a estar h&uacute;medo. El agua estaba cerca. Los compa&ntilde;eros lo llamaron loco, no pod&iacute;a ser.
    </p><p class="article-text">
        Se apresur&oacute; a comprar acciones para &eacute;l y conseguir alguna tambi&eacute;n para los compa&ntilde;eros. Su hermano Don Rodolfo y el ayudante dijeron de sacar esta noticia a la calle.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, Don Eulalio comenz&oacute; a preparar para marcharse y regresar a la galer&iacute;a de Cuevitas. La comunidad busc&oacute; para sustituirlo y contrat&oacute; a Don Benito (de Gallegos). Empez&oacute; a aprender con Don Eulalio, y al tiempo el rematador de los trabajos, Don Antonio Barreto, le coment&oacute; que c&oacute;mo ve&iacute;a al aprendiz, si le parec&iacute;a bueno. Le contest&oacute; que no, y la raz&oacute;n que dio era que estaba todo el rato pendiente del reloj, m&aacute;s que de que saliera el trabajo como estaba marcado.
    </p><p class="article-text">
        Para Don Eulalio lo importante era que se avanzara los metros que ten&iacute;an que hacer. Desde este momento vio claro que no ser&iacute;a el hombre adecuado. De hecho, m&aacute;s tarde este hombre tuvo problemas con Don Antonio Barreto, llegando incluso a los juzgados.
    </p><p class="article-text">
        Era muy importante que el capataz rindiera, ya que era una &eacute;poca en la que hacer 20 metros al mes no rentaba ni para cubrir gastos ni seguros. Hab&iacute;a que hacer de 35 a 40 metros al mes m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente a estos sucesos ofrecieron a Don Filiberto un jornal de 75 pesetas por ayudante. Tras dos meses, no sal&iacute;a el trabajo, por lo que en un lapso de tiempo en el que Don Eulalio no estuvo ni en Girineldos ni en Cuevitas (esperando a la terminaci&oacute;n de la instalaci&oacute;n el&eacute;ctrica) se dedic&oacute; a carbonero en los remates de la zona de Marrubial.
    </p><p class="article-text">
        A este paraje se acercaron un d&iacute;a el presidente de Los Girineldos junto al rematador de los trabajos para negociar. Ofrecieron a Don Eulalio un jornal de 125 pesetas. Eso s&iacute;, &eacute;l coment&oacute; que no trabajar&iacute;a m&aacute;s de lo que trabaj&oacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a que estuvo en el frente. Finalmente acept&oacute; y volvi&oacute; a los trabajos en Los Girineldos, pero con la firme condici&oacute;n de que desde que Cuevitas se pusiera en marcha de nuevo, regresar&iacute;a a esta galer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Durante algo m&aacute;s de un a&ntilde;o en el que regres&oacute; a Los Girineldos, estuvo m&aacute;s bien de capataz con labores de orientador de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Culminada la instalaci&oacute;n el&eacute;ctrica de Cuevitas, Don Eulalio regresa a esta galer&iacute;a para continuar los trabajos en el frente ya con el novedoso compresor el&eacute;ctrico. Ya estando en Cuevitas iba algunos d&iacute;as a Los Girineldos a marcar alg&uacute;n trabajo a los obreros, pero por poco tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Los trabajos en el frente con la m&aacute;quina el&eacute;ctrica no estaban exentos de dificultades. La poca potencia disponible en la &eacute;poca y las rudimentarias instalaciones hac&iacute;an que solo pudieran utilizar la m&aacute;quina el&eacute;ctrica a partir de las 23:00 horas, hora aproximada en que la gente del pueblo se iba a dormir, ya que las ca&iacute;das de tensi&oacute;n hac&iacute;an que no llegara la suficiente potencia al motor el&eacute;ctrico. Esperaban en el mismo frente a ello, y al amanecer paraban ya que volv&iacute;an a quedarse sin suministro. Fue el comienzo de la &eacute;poca de los martillos neum&aacute;ticos y el abandono de los pistoletes manuales.
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        Hubo muchos problemas tambi&eacute;n con los postes. Se quemaron conexiones y dem&aacute;s problemas que hac&iacute;an que hubiera que estar reparando las instalaciones a cada rato.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar a Cuevitas le dieron como inicio un remate de 100 metros de trabajo a entregar en 100 d&iacute;as, logrando la cuadrilla entregarlos en 53 d&iacute;as de duro trabajo, casi promediando a 2 metros por d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ante este rendimiento, el ayudante le coment&oacute; a Don Eulalio que s&iacute; se recibir&iacute;a el trabajo as&iacute;, comentando este que &ldquo;ning&uacute;n ingeniero me va a decir que no, el alto como marca y el canal como marca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este ayudante no soportaba estas jornadas a destajo, eran muy duras. A los pocos d&iacute;as se quej&oacute;, dici&eacute;ndole a Don Eulalio que &ldquo;yo contigo ni a misa&rdquo;, que estaba enfermo y que hab&iacute;a orinado hasta sangre. Don Eulalio hab&iacute;a soportado hasta 18 horas trabajando sin dormir. Despu&eacute;s de deliberaciones se comprometi&oacute; a cambiar la forma de trabajar, para intentar hacerla m&aacute;s llevadera.
    </p><p class="article-text">
        Un buen d&iacute;a, Don Manuel Cabrera (presidente de Cuevitas), le coment&oacute; a Don Eulalio que c&oacute;mo andaba de dinero, y la contesta que obtuvo fue: &ldquo;Que ni para gofio&rdquo;, pero que ten&iacute;a qui&eacute;n le fiara. Ten&iacute;an intenciones de coger un remate de 500 metros.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, se sigui&oacute; trabajando, hasta que en 1969, en un dique situado en los 2.750 metros se alumbr&oacute; el agua, y siguiendo la perforaci&oacute;n hasta los 3.000 metros, en los que se encontr&oacute; alumbramiento en piso, repisa y hastiales.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente se perfor&oacute; un ramal, en el que se encontr&oacute; agua de costado y de piso.
    </p><p class="article-text">
        Las duras condiciones de los trabajos que se abordaban en las galer&iacute;as en Barlovento, hizo que en alguna ocasi&oacute;n hubiera accidentes fatales. A estas personas, fallecidas durante los tajos, los podemos considerar sin tapujos como h&eacute;roes. Nos han dejado un legado y un recuerdo de lo que aqu&iacute; se pas&oacute; dif&iacute;cil de olvidar.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la galer&iacute;a de Cuevitas, hay que se&ntilde;alar un d&iacute;a oscuro en la memoria: un 28 de diciembre de 1965 se estaba trabajando en la obra del canal interior de la galer&iacute;a, hacia los 700 metros de profundidad. Estos trabajos eran llevados a cabo por Don Jos&eacute; Francisco Hern&aacute;ndez, Don Eulalio P&eacute;rez Hern&aacute;ndez y Don Asterio P&eacute;rez Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Don Jos&eacute; Francisco, recientemente se hab&iacute;a echado novia, por lo que le coment&oacute; a Don Eulalio que si le daba un ajuste, para salir antes y poder ir a ver a la dama, a lo que contest&oacute; Don Eulalio que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Don Jos&eacute; Francisco y Don Asterio cogieron la herramienta de Don Eulalio y comenzaron a escalichar para realizar el paso del canal, a lo que Don Eulalio sal&iacute;a a buscar material.
    </p><p class="article-text">
        En lo que Don Eulalio se puso en marcha, ni 20 metros hab&iacute;a caminado, cuando oy&oacute; el desplome de la galer&iacute;a. Urgentemente dio la vuelta y comprob&oacute; el desastre, viendo c&oacute;mo un alud de piedras de grandes proporciones sepult&oacute; a Don Jos&eacute; Francisco y casi a su hermano Don Asterio, al que le puso literalmente las rodillas en la cara, al comprimirle el cuerpo por la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Ante la esperanza de poder salvar la vida de Don Jos&eacute; Francisco, Don Eulalio sali&oacute; de la galer&iacute;a corriendo a buscar ayuda. Encontr&oacute; gente trabajando un remate de monte en la ladera del barranco (entre 8 y 10 hombres). Fueron a buscar al m&eacute;dico al pueblo y lo entraron al lugar del suceso. No hab&iacute;a nada que hacer. All&iacute; estaba Don Asterio herido y Don Jos&eacute; Francisco sepultado por el derrumbe.
    </p><p class="article-text">
        Entre todos cogieron barras de acero e intentaron hacer palanca para liberarlo, pero eran piedras demasiado pesadas. Hubo que picarlas para poder sacar el cuerpo. Eran momentos tensos, la experiencia m&aacute;s desgarradora vivida en las galer&iacute;as en Barlovento. Mientras se relataba esta historia, Don Eulalio se emocion&oacute; mucho. El recordar ese d&iacute;a, donde un compa&ntilde;ero, casi hermano, que hasta com&iacute;an del mismo plato falleci&oacute; en los trabajos, fue para el muy duro. Despu&eacute;s de ese d&iacute;a, nunca m&aacute;s en su vida volvi&oacute; a trabajar un 28 de diciembre.
    </p><p class="article-text">
        Al siguiente d&iacute;a del entierro de Don Jos&eacute; Francisco, su padre, Don Hilario, fue en busca de Don Eulalio de madrugada al Lomo Romero, para pedirle de ir a ver la galer&iacute;a y el lugar donde su hijo se mat&oacute;. Agarraron un carburo y fueron a Cuevitas.
    </p><p class="article-text">
        Llegados al lugar del siniestro, miraron bien el derrumbe, y se dijo al salir a la bocamina por parte de D. Hilario que: &ldquo;<em>Qu&eacute; bueno haberlo visto, por &eacute;l y por los obreros. Ni 1.000 hombres hubieran salvado a mi hijo en este derrumbe fatal&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto a colaci&oacute;n de que en un primer momento se tendi&oacute; a pensar que Don Eulalio podr&iacute;a ser responsable, por solo haber ayudado a su hermano. Nada que ver con la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Posteriormente, hubo muchos litigios con el tema del seguro y judicial. Muchos abogados comentaban que no proced&iacute;a indemnizaci&oacute;n por ser hijo y no el padre, pero esto no qued&oacute; ah&iacute;. Se fueron a Tenerife a contactar con unos primos de Don Eulalio, los cuales dialogaron con un juez conocido de ellos, que finalmente les dio la raz&oacute;n y acept&oacute; indemnizar a Don Hilario y su mujer por la p&eacute;rdida de su hijo.
    </p><p class="article-text">
        Las relaciones con Don Hilario fueron buenas a posteriori. Entr&oacute; a formar parte de la directiva de la galer&iacute;a y continuaron los trabajos del canal con normalidad, pero siempre teniendo en el recuerdo ese 28 de diciembre de 1965. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Agradecer a Don Eulalio y Do&ntilde;a Concha por la colaboraci&oacute;n y la paciencia en relatar esta historia, muy valiosa para los barloventeros.</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Copyright texto (c): Jos&eacute; Miguel Rodr&iacute;guez P&eacute;rez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fotograf&iacute;as: Jos&eacute; Miguel Rodr&iacute;guez P&eacute;rez</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Miguel Rodríguez Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/memorias-eulalio-perez-hernandez-barlovento_1_5875805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Apr 2020 11:52:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Memorias de Don Eulalio Pérez Hernández sobre el agua en Barlovento]]></media:title>
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