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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Souto Bayarri]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-souto-bayarri/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Souto Bayarri]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El fin del antiguo orden internacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/antiguo-orden-internacional_129_8977023.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d2a2621-4a87-48bf-945a-913b2fc31663_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin del antiguo orden internacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si nos preguntásemos qué es lo más importante en las primeras décadas del siglo XXI, la respuesta tendría que mencionar que en el tránsito de una sociedad industrial y de servicios a una digital y robotizada, un virus ha hecho que los pilares de seguridad del mundo sólido se hayan venido abajo</p></div><p class="article-text">
        Hace unas d&eacute;cadas fuimos testigos del hundimiento del mundo comunista. Como describe Tony Judt en Postguerra, la desaparici&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica fue algo sin parang&oacute;n en la historia contempor&aacute;nea. No fue una guerra contra otro pa&iacute;s, ni una cat&aacute;strofe natural: un enorme estado industrial, que se hab&iacute;a constituido en la madre patria del socialismo real como alternativa al capitalismo, se limit&oacute; a derrumbarse. Y con ello, tambi&eacute;n se terminaban la bipolaridad Este-Oeste, o eso parec&iacute;a, y la Guerra Fr&iacute;a, si es que se puede decir con lo que hoy estamos viviendo, que esta se termin&oacute; alguna vez.
    </p><p class="article-text">
        Si la implosi&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica no fue como consecuencia de una guerra, s&iacute; hubo guerras entre los otros grandes acontecimientos pol&iacute;ticos de esa &eacute;poca: la guerra del golfo p&eacute;rsico, la guerra de la Federaci&oacute;n Yugoslava, la guerra de Siria y ahora la guerra de Ucrania, entre otras.
    </p><p class="article-text">
        Esos grandes hechos, su dimensi&oacute;n planetaria, junto con la llegada de la pandemia desde la lejana China y la din&aacute;mica que se construy&oacute; alrededor de la tecnolog&iacute;a saltando por encima de los Estados-naci&oacute;n, anunciaban la compleja transici&oacute;n hacia un nuevo orden internacional, en torno a la llamada globalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, hemos vivido en estos a&ntilde;os dos grandes crisis, la financiera de 2008 y la sanitaria de la covid-19, adem&aacute;s de cambios estructurales provocados no solo por las revoluciones pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n por la revoluci&oacute;n digital, que han acelerado la globalizaci&oacute;n, y ahora lo que parece ser una desaceleraci&oacute;n de la misma, que algunos denominan ya desglobalizaci&oacute;n. La revoluci&oacute;n digital ha transformado la sociedad, las empresas, la sanidad, la econom&iacute;a, la ense&ntilde;anza y toda la aldea global. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica, con sus ramas colaterales de la inteligencia artificial y la automatizaci&oacute;n, traer&aacute;n, lo est&aacute;n haciendo ya, grandes cambios que afectar&aacute;n a millones de trabajadores. 
    </p><p class="article-text">
        Si pretendemos comparar el mundo anal&oacute;gico con el digital, en cualquiera de esos &aacute;mbitos, nos daremos cuenta de que estamos comparando mundos completamente diferentes. Entre la globalizaci&oacute;n y las nuevas fuerzas que pugnan en sentido contrario, van quedando perdedores, en un mundo que es muy complejo y, por tanto, es muy dif&iacute;cil hacer an&aacute;lisis que perduren. Entre un mundo que se derrumba y otro que no acaba de nacer, vivimos en una &eacute;poca de incertidumbre, y en ese r&iacute;o revuelto... aparecen los viejos monstruos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A diferencia de los grandes referentes del movimiento conservador, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, los líderes de la nueva derecha desprecian los derechos humanos y la legalidad de los tratados internacionales.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El auge del populismo ultra con la construcci&oacute;n de muros frente a las minor&iacute;as y el reforzamiento de las fronteras nacionales corren a la par con esa misma l&iacute;nea de desprecio de la democracia. A diferencia de los grandes referentes del movimiento conservador, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, los l&iacute;deres de la nueva derecha desprecian los derechos humanos y la legalidad de los tratados internacionales. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque durante la pasada crisis de la Covid-19 sus ideas negacionistas salieron derrotadas y en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses que gobiernan tuvieron que acabar reconociendo la magnitud de la pandemia y aceptando a rega&ntilde;adientes la necesidad de su control, su fuerza no hace m&aacute;s que crecer y son una amenaza para el futuro y para la salud del planeta.
    </p><p class="article-text">
        En resumen: si nos pregunt&aacute;semos qu&eacute; es lo m&aacute;s importante que est&aacute; ocurriendo en las primeras d&eacute;cadas del siglo XXI, la respuesta seguramente tendr&iacute;a que mencionar que en el tr&aacute;nsito de una sociedad industrial y de servicios a una sociedad digital y robotizada, un virus ha hecho que nuestra seguridad de hombre anal&oacute;gico y los pilares de seguridad del mundo s&oacute;lido que conoc&iacute;amos se hayan venido abajo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Creíamos que un fantasma recorría nuestras democracias: el fantasma de la tecnología; pero ahora vemos que el verdadero fantasma es el desconcierto acerca de qué hacer con ella.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cre&iacute;amos que un fantasma recorr&iacute;a nuestras democracias: el fantasma de la tecnolog&iacute;a; pero ahora vemos que el verdadero fantasma es el desconcierto acerca de qu&eacute; hacer con ella. En un repaso a la bibliograf&iacute;a especializada destacan muchos libros y art&iacute;culos que entienden que la digitalizaci&oacute;n desmesurada y el desarrollo sin control de la inteligencia artificial, que son cada vez m&aacute;s dominantes en&nbsp;la vida cotidiana, son incompatibles con valores muy importantes propios de las democracias.
    </p><p class="article-text">
        El sistema hacia el que nos desviamos est&aacute; configurando un escenario en conflicto con dichos valores: la falta de respeto a la privacidad en el tratamiento de los datos personales y la entronizaci&oacute;n de los propios datos como fuente de valor; las empresas digitales y la uberizaci&oacute;n del trabajo, la&nbsp;tendencia a la deshumanizaci&oacute;n en las relaciones en determinados servicios p&uacute;blicos hasta ahora personales, entre ellos el educativo y el sanitario; el desprecio por los perdedores de la globalizaci&oacute;n y el abandono de sus actividades y territorios; y la&nbsp;automatizaci&oacute;n disruptiva que pone en peligro millones de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Desde m&uacute;ltiples y variadas instancias se asegura con insistencia que los nuevos productos liberar&aacute;n a las personas de tantas y tantas tareas, que se har&aacute;n cargo de las cuentas como el mejor contable, que escribir&aacute;n cualquier texto como el mejor de los novelistas, que observar&aacute;n el cuerpo humano por dentro y que har&aacute;n diagn&oacute;sticos de gran precisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, distintas voces desde las universidades, la sociedad, el mundo de la pol&iacute;tica y el periodismo han hecho hincapi&eacute; durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os en que la irrupci&oacute;n de las nuevas herramientas tecnol&oacute;gicas representan una manera de interpretar el respeto a las relaciones humanas contraria a sociabilidad que nos ha hecho humanos y a los est&aacute;ndares democr&aacute;ticos. Es un punto de vista que, a la vista de las experiencias que vamos teniendo, no parece muy alejado de la realidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Después de un tiempo de desorden unipolar, impuesto por los Estados Unidos, ha reaparecido la vieja polarización comercial y tecnológica, está vez con la nueva potencia China y su alianza con Rusia.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tampoco el nuevo orden internacional se acerca siquiera al sue&ntilde;o de un mundo multipolar capaz de autogobernarse mediante el derecho internacional. Muy por el contrario, despu&eacute;s de un tiempo de desorden unipolar, impuesto por los Estados Unidos, ha reaparecido la vieja polarizaci&oacute;n comercial y tecnol&oacute;gica, est&aacute; vez con la nueva potencia China y su alianza con Rusia. Una Rusia que aspira a reconstruir su antiguo espacio, con la fuerza de las armas de una antigua potencia nuclear.
    </p><p class="article-text">
        Pero volviendo al principio, a las &uacute;ltimas crisis, como si la covid no hubiera existido, la pregunta que nos hubi&eacute;ramos hecho a nosotros mismos, en una conversaci&oacute;n que hubi&eacute;ramos tenido, ser&iacute;a &eacute;sta: &ldquo;Lo ve&iacute;amos as&iacute; desde hace tiempo? La deriva tecnol&oacute;gica y geopol&iacute;tica estaban anunciadas?&rdquo;. En estos a&ntilde;os ha habido innumerables muestras en favor de tal cosa. Tal vez, de haberlo sabido, analizado y actuado en consecuencia, las relaciones humanas todav&iacute;a hoy pudieran ser humanizadas y frenadas las amenazas a las democracias, empezando por poner l&iacute;mites a los abusos de las grandes potencias, los populismos y las autocracias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/antiguo-orden-internacional_129_8977023.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 May 2022 04:01:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin del antiguo orden internacional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Rusia,Estados Unidos,Globalización,Geopolítica,Democracia,Digitalización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la vida y la televida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-televida_129_8863383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c1414e6-4cb0-4d20-8226-3ff1b5e6459d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre la vida y la televida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La banca, la educación y la atención sanitaria comunitaria son algunos de los ejemplos más paradigmáticos de la transformación analógico-digital que sufren los ciudadanos, y que están sentando las bases de una brecha tan profunda que en realidad es un verdadero déficit social y democrático</p></div><p class="article-text">
        Con frecuencia se recurre a la condici&oacute;n anal&oacute;gica para definir situaciones de caracter&iacute;sticas caducas, de algo pasado de moda, y a menudo el imaginario colectivo asocia dicha condici&oacute;n a la idea de algo propio de otro tiempo. La actitud de la banca en Espa&ntilde;a, iniciada tras la crisis financiera y acelerada por la pandemia, encaja como pocas otras cosas en esa conceptualizaci&oacute;n, con el abandono de sus servicios tradicionales en favor de la actividad exclusivamente comercial, el cierre de sucursales y la supresi&oacute;n de empleos, con la entronizaci&oacute;n de las apps y con el abandono de la Espa&ntilde;a rural y de los barrios, y, como consecuencia, con las consiguientes colas de personas, muchas de ellas jubiladas, a las puertas de las cada vez m&aacute;s escasas entidades bancarias.
    </p><p class="article-text">
        En este mismo sentido, un estudio reciente realizado en el Pa&iacute;s Vasco sobre el retraso en los conocimientos de los alumnos durante el periodo de confinamiento en la pandemia, muestra la brecha de la docencia telem&aacute;tica con respecto a la ense&ntilde;anza presencial y a su vez entre la ense&ntilde;anza p&uacute;blica y la ense&ntilde;anza concertada, en favor de esta &uacute;ltima.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n primaria, con su car&aacute;cter inseparable de ciencia y de relaci&oacute;n humana, tambi&eacute;n se hab&iacute;a visto desplazada en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por la atenci&oacute;n tecnol&oacute;gica hospitalaria y se ha precipitado ahora, como consecuencia de la pandemia, hacia la telemedicina, lo que ha acentuado la crisis de su modelo de atenci&oacute;n comunitario y con ello el malestar de los ciudadanos. Un malestar que se ha vivido de forma especial en el &aacute;mbito de la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        De modo que, seg&uacute;n lo que se ha escrito en estos &uacute;ltimos tiempos, la banca, la educaci&oacute;n y la atenci&oacute;n sanitaria comunitaria son algunos de los ejemplos m&aacute;s paradigm&aacute;ticos de la transformaci&oacute;n anal&oacute;gico-digital que sufren los ciudadanos, y que est&aacute;n sentando las bases de una brecha tan profunda que en realidad es un verdadero d&eacute;ficit social y democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La digitalizaci&oacute;n ha sabido jugar muy bien sus bazas. A ello hay que a&ntilde;adir que el coronavirus ha sido un gran catalizador de la transici&oacute;n y de la transformaci&oacute;n digital. A todo esto se suma que los equilibrios que permit&iacute;an a las democracias del mundo mantener su posici&oacute;n respecto al estado social se han alterado con la cat&aacute;strofe que ha significado la pandemia. Esto se puede percibir en particular en distintas parcelas de la vida como la sanidad, la educaci&oacute;n o la administraci&oacute;n p&uacute;blica y con un balance contradictorio a veces positivo y muchas veces, negativo.
    </p><p class="article-text">
        Dada la trascendencia de la digitalizaci&oacute;n, para el mundo, parece importante recordar tambi&eacute;n que los pa&iacute;ses europeos y sus democr&aacute;ticos estados naci&oacute;n han perdido influencia geopol&iacute;tica en favor del ciberespacio. Adem&aacute;s, estos pa&iacute;ses se encontraban durante la revoluci&oacute;n digital gobernados en el marco de la legislaci&oacute;n de la UE que, a pesar de desarrollar una normativa muy avanzada en el terreno de los valores &eacute;ticos y democr&aacute;ticos, y en la regulaci&oacute;n del ciberespacio, como por ejemplo en materia de protecci&oacute;n de datos, sin embargo sigue arrastrando un importante d&eacute;ficit previo, fundamentalmente derivado del alejamiento de sus instituciones con respecto a los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso este contexto hist&oacute;rico, as&iacute; como determinadas cuestiones derivadas del fen&oacute;meno digitalizador, pueden resultar preocupantes para quienes creemos en la democracia. Y aqu&iacute;, entendemos por democracia, como Hanna Arendt, la participaci&oacute;n activa de las personas en las decisiones sobre los asuntos p&uacute;blicos; esto es, algo m&aacute;s que la mera protecci&oacute;n de ciertos derechos individuales fundamentales. No se puede olvidar que estamos en plena guerra (y no solo de ideas) contra la forma de vida y valores de las sociedades democr&aacute;ticas y nos encaminamos hacia un nuevo escenario bipolar o multipolar en el que una parte muy grande de la poblaci&oacute;n mundial est&aacute; gobernada por autocracias.
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto menos aireado hasta ahora en los an&aacute;lisis que se han hecho de la digitalizaci&oacute;n sin control ha sido el de la transformaci&oacute;n que est&aacute; produciendo en nuestras vidas en los diferentes &aacute;mbitos. Y demuestra que la gran ofensiva contra los valores basados en el acercamiento de las administraciones a los administrados no procede solo de los bancos, que tambi&eacute;n, sino de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, de alguno de los bastiones m&aacute;s importantes del estado social como el servicio sanitario p&uacute;blico e, incluso, de algunas universidades y centros educativos, con su obsesi&oacute;n por la atenci&oacute;n telem&aacute;tica y sus telerreuniones, en las que la participaci&oacute;n, la relaci&oacute;n humana terap&eacute;utica, la ense&ntilde;anza en valores, el control democr&aacute;tico y el debate son m&aacute;s dif&iacute;ciles y por lo tanto la tarea de los servicios y de sus &oacute;rganos de direcci&oacute;n, hu&eacute;rfanos de relaci&oacute;n personal y de oposici&oacute;n presencial, m&aacute;s f&aacute;cil y al tiempo menos diversa y enriquecedora.
    </p><p class="article-text">
        De c&oacute;mo resolvamos la salida de estas &uacute;ltimas crisis depende en gran medida nuestro futuro. La magistrada Natalia Velilla destaca en uno de sus art&iacute;culos que formamos parte de la primera generaci&oacute;n que se encuentra el enorme cambio que ha supuesto la sociedad de la informaci&oacute;n. Los cambios se suceden tan r&aacute;pidamente que los restos de las relaciones presenciales parecen un recuerdo de un tiempo protagonizado por otros valores democr&aacute;ticos, poco menos que anticuados, unos valores que respetaban una cultura basada en las relaciones humanas. Eso no implica que tengamos que renunciar a los avances que han venido de la mano de las tecnolog&iacute;as, pero nuestro presente, y el futuro, no pueden estar dominados por una relaci&oacute;n dependiente con la tecnolog&iacute;a para la que por otra parte a&uacute;n no estamos preparados. No basta pues con la receta de la educaci&oacute;n digital ante los problemas que se plantean y ante los que se avecinan. Porque no es solo que se haya desarrollado hasta la hipertrofia todo lo que es m&aacute;s propio de la <em>televida</em> que de la relaci&oacute;n humana y que, parad&oacute;jicamente, se haya perdido tambi&eacute;n la oportunidad de dedicar una m&aacute;xima atenci&oacute;n hacia otras m&uacute;ltiples posibilidades de la digitalizaci&oacute;n, como por ejemplo en la atenci&oacute;n a personas dependientes (y no dependientes). No es solo eso. En ese r&iacute;o revuelto pescan las autocracias.
    </p><p class="article-text">
        La falta de relaciones humanas podr&iacute;a llegar a impedir, lo est&aacute; haciendo ya, que las personalidades individuales confluyan en comunidades, de modo que no ser&aacute; posible, por tanto, que de estas resulten interacciones m&aacute;s amplias de unos pueblos con otros. En definitiva, hay una cuesti&oacute;n que nos concierne especialmente y a todos: es preciso que entendamos que sin relaciones no es posible un mundo humano; ser&aacute; posible un mundo cibern&eacute;tico, pero no humano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-televida_129_8863383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Mar 2022 22:26:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre la vida y la televida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Internet,Ordenadores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pandemia y el vértigo digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-vertigo-digital_129_6436338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78a4aea7-a5f6-4594-9e4a-27df32697b8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pandemia y el vértigo digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La irrupción digital no ha tenido una repercusión positiva: la brecha entre el capital y el trabajo se ha hecho enorme y las condiciones de trabajo y los salarios de las personas con menos estudios están cada vez más lejos de los de los demás</p></div><p class="article-text">
        Hace diez meses, m&aacute;s o menos, comenzamos a publicar nuestros art&iacute;culos sobre el nuevo coronavirus. Hoy, la segunda ola de la pandemia contin&uacute;a y su &uacute;nico freno, como al principio, es nuestro aislamiento progresivo. La imagen de las calles vac&iacute;as se quedar&aacute; mucho tiempo en nuestras retinas, porque esta crisis sanitaria y econ&oacute;mica adem&aacute;s de una tragedia humana nos est&aacute; afectando y nos afectar&aacute; muy especialmente en los aspectos m&aacute;s sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos ha tocado vivir unos momentos extraordinarios, cre&iacute;amos que lo sab&iacute;amos todo y nos hemos percatado de que realmente and&aacute;bamos sobrados de soberbia e interrogantes, y a&uacute;n hoy seguimos teniendo m&aacute;s preguntas que respuestas, una clave que hay que saber interpretar para disponerse a aprender y no volver a cometer los mismos errores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que vamos aprendiendo sobre la marcha. Qu&eacute; hubiera sido de aquellos meses de la primera ola, y de la desescalada, de haber podido saber lo que sabemos ahora. Probablemente hubi&eacute;ramos sido m&aacute;s humildes y m&aacute;s eficaces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En aquel marasmo, cuando todav&iacute;a no nos hab&iacute;amos recuperado de la crisis de 2008, del malestar social y la desconfianza pol&iacute;tica, lleg&oacute; un virus anal&oacute;gico que, como ha apuntado una maestra de columnistas, nos ha contagiado en nuestra vida digital, en una transici&oacute;n entre el cuerpo y las pantallas, en la frontera entre el carbono y el silicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Incertidumbre</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, el nuevo coronavirus es un gran desconocido que ya se ha llevado m&aacute;s de un mill&oacute;n de vidas en el mundo. Espa&ntilde;a supera los 40000 muertos y llega a los 60000 en sobremortalidad. Los que seguimos vivos pedimos nuevos confinamientos, otros se ven al borde de la ruina, al tiempo que nos escondemos esperando divididos la llegada de una vacuna mientras nos relacionamos cada vez m&aacute;s digitalmente. Sigue habiendo demasiadas preguntas sin respuesta, mientras la pandemia nos deja su secuela de distanciamiento social. Como consecuencia, y seg&uacute;n desvelan las encuestas, aumentan la inseguridad y hasta el miedo en los ciudadanos, tambi&eacute;n la ansiedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que en este caldo de cultivo se aceleren procesos como la digitalizaci&oacute;n, la inteligencia artificial y la automatizaci&oacute;n. Proliferan las aplicaciones inform&aacute;ticas por doquier, que al final terminan siendo un muro con el que se encuentran los ciudadanos en su no-relaci&oacute;n con la administraci&oacute;n. En realidad lo que parece que est&aacute; de sobra es la democracia, tal y como la conocimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad tecnol&oacute;gica no hace otra cosa que incrementar la sensaci&oacute;n de inseguridad y limitar la democracia. Miramos al futuro con el v&eacute;rtigo de asomarse al abismo. As&iacute; que las cuestiones que suscita la digitalizaci&oacute;n son muy importantes y merecen un debate detenido: las consecuencias de la automatizaci&oacute;n en el empleo, el gran paso adelante de las t&eacute;cnicas telem&aacute;ticas en la educaci&oacute;n y en la universidad, el predominio de la medicina de m&aacute;quinas sobre la medicina de palabras... Google, Apple y Facebook emplean menos de la mitad de los trabajadores que encontraban empleo en General Motors en 1960. La pregunta fundamental que debemos hacernos es: &iquest;d&oacute;nde se van a emplear todos aquellos que pierdan su trabajo por la automatizaci&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La robotizaci&oacute;n est&aacute; reduciendo la demanda de trabajadores y agravar&aacute; la desigualdad. Y si la globalizaci&oacute;n y la deslocalizaci&oacute;n sin control fue una de las causas de la gran crisis econ&oacute;mica y el descontento lo ha sido de la crisis pol&iacute;tica que acabamos de pasar, el proceso desglobalizador que viene, junto con la automatizaci&oacute;n y la inteligencia artificial, desplazar&aacute; la demanda hacia los profesionales cualificados y perjudicar&aacute; a todos los dem&aacute;s, produciendo m&aacute;s desigualdad e inseguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la misma inquietud con la que tambi&eacute;n est&aacute; jugando Trump al declarar ileg&iacute;timo a Biden y no facilitar la transici&oacute;n presidencial. Y a ese mismo objetivo sirven las campa&ntilde;as de desinformaci&oacute;n, el universo digital &ldquo;fake&rdquo; y las destituciones fulminantes en el Pent&aacute;gono ordenadas tras su derrota.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Desigualdad</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las c&aacute;maras de vigilancia necesitan el 5G para funcionar. Mientras la carrera tecnol&oacute;gica contin&uacute;a, la UE, y no digamos Espa&ntilde;a, exhiben un gran retraso respecto a USA y China. Pero si algo se ha acelerado con la pandemia ha sido la digitalizaci&oacute;n, las GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) han hecho el agosto todos los meses desde que apareci&oacute; el nuevo coronavirus. Para cualquier tr&aacute;mite por peque&ntilde;o que sea se pide la firma digital, y algunas aplicaciones inform&aacute;ticas para comunicarnos con la administraci&oacute;n, como el sistema &ldquo;chave&rdquo; de la Xunta de Galicia, parecen sacadas de una pel&iacute;cula de los hermanos Marx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso, cuando se cantan ditirambos de la superioridad del mundo rural sobre las ciudades se hace bajo el prisma de establecer del abandono del mundanal ruido y la vuelta a una relaci&oacute;n id&iacute;lica con la naturaleza, al modo de Fray Luis de Le&oacute;n, eso s&iacute;, con buena wifi para que nos podamos conectar. No importa que se trate del lugar m&aacute;s aislado del mundo, ni que all&iacute; no tengamos a nadie con qui&eacute;n relacionarnos f&iacute;sicamente, en la distop&iacute;a del individualismo lo &uacute;nico importante es el nivel de conectividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la irrupci&oacute;n digital no ha tenido una repercusi&oacute;n positiva pregonada en la productividad, para sorpresa de los economistas, la brecha entre el capital y el trabajo se ha hecho enorme y, paralelamente, las condiciones de trabajo y los salarios de las personas con menos estudios est&aacute;n cada vez m&aacute;s lejos de los de los dem&aacute;s. El precariado se ampl&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Populismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        No han sido solamente la deslocalizaci&oacute;n y la automatizaci&oacute;n las causas del auge del populismo ultra. La crisis financiera de 2008 y la propia crisis del modelo neoliberal, junto con la gran desigualdad que produjeron, trajeron consigo una gran desconfianza en la pol&iacute;tica y fueron el caldo de cultivo propicio para la irrupci&oacute;n de pol&iacute;ticos autoritarios. Neoliberalismo y populismo comparten la misma desconfianza a la democracia representativa y al Estado social, as&iacute; como las mismas obsesiones del individualismo y la autoridad.
    </p><p class="article-text">
        De manera que el descontento con las deslocalizaciones y la automatizaci&oacute;n sin control se cuentan entre las causas fundamentales del auge del fascismo de nuestra &eacute;poca: los populismos ultras. La globalizaci&oacute;n y la revoluci&oacute;n digital, que piden a gritos una estricta regulaci&oacute;n, han hecho el resto, propiciando un fen&oacute;meno mundial cuyos ejemplos son bien conocidos, desde Trump a Orb&aacute;n y de Bolsonaro a Netanyahu.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se abren paso dos capitalismos que en principio parecen contradictorios: por un lado el gran catalizador de la globalizaci&oacute;n, la GAFA digital; y por el otro, el Nacional-proteccionista, que defiende las fronteras nacionales (Rusia, China), pero que se sirve del anterior cuando de lo que se trata es de vigilar a sus ciudadanos: inteligencia artificial para reconocimiento facial, etc&eacute;tera. La sangre no va a llegar al r&iacute;o porque, aunque seguramente las tensiones entre las democracias occidentales y China van a continuar, hay signos que sostienen que a China le interesa trabajar conjuntamente, nada menos que en temas como la pandemia, el cambio clim&aacute;tico, las pol&iacute;ticas antiterroristas o la no proliferaci&oacute;n nuclear.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, al menos a d&iacute;a de hoy sabemos que los abogados de Trump lo est&aacute;n teniendo muy dif&iacute;cil para encontrar irregularidades que permitan anular votos en Wisconsin, M&iacute;chigan, Pensilvania, Arizona o Georgia, los cinco Estados que han vuelto a votar dem&oacute;crata despu&eacute;s de hacerlo por Trump en 2016. Su derrota bien pudiera significar el principio del fin del populismo ultra como modelo de gobierno de la sociedad digital. En cualquier caso, y aunque sea cierto como se ha dicho que Trump no va a ser el &uacute;ltimo populista, es una buena noticia para las democracias del mundo. Pero no hay que confiarse. Es solo una tregua.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-vertigo-digital_129_6436338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Nov 2020 21:19:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pandemia y el vértigo digital]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volver con precaución y sin miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/volver-precaucion-miedo_129_6210583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f57b47c3-ba55-427a-9181-7a0fe6f7fe12_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Volver con precaución y sin miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora, con el final de estas extrañas vacaciones de 2020, llegamos al inicio del curso escolar en estado de brote casi permanente, sino de trasmisión comunitaria, en algunas ciudades y CCAA</p></div><p class="article-text">
        Ya se sabe que es dif&iacute;cil transmitir confianza cuando el escenario est&aacute; protagonizado por la incertidumbre. Sobre todo, si adem&aacute;s, se suma un cierto clima de frustraci&oacute;n y desaliento, como consecuencia de una prolongada situaci&oacute;n de anormalidad, que desmiente la ret&oacute;rica de la nueva normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la gran polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, que junto a la precariedad social y de salud p&uacute;blica, que son responsables en gran medida de nuestros comparativamente malos resultados en la pandemia, no nos ayudan, y lo que es peor, ni tampoco parecen estar entre las prioridades a reconsiderar.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, deber&iacute;a quedar claro ante todo que no hay raz&oacute;n para el miedo ni tampoco nos podemos permitir ning&uacute;n tipo de desorden educativo en este comienzo de curso. La incertidumbre y la polarizaci&oacute;n han puesto la sensibilidad a flor de piel en la comunidad educativa y por extensi&oacute;n en la sociedad espa&ntilde;ola. A ello se suma el debate est&eacute;ril del reparto de culpas, competencias y responsabilidades.
    </p><p class="article-text">
        Pero ni los ni&ntilde;os son el foco de la pandemia ni son m&aacute;s transmisores ni mucho menos un colectivo especialmente vulnerable. Tampoco lo son los colegios y universidades, sobre todo si nos atenemos a las recomendaciones y medidas de salud p&uacute;blica. Los vulnerables siguen siendo las personas mayores y los enfermos cr&oacute;nicos y como ya conocimos tr&aacute;gicamente en las residencias de ancianos y en las UCI.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n en la educaci&oacute;n, lo nuevo como exclusi&oacute;n de lo existente est&aacute; al acecho, y amenaza con deslumbrarnos con su supuesto brillo. Como si fuera un sol, pero este debate ha estado ah&iacute; desde siempre. A lo viejo nos lo quieren presentar ahora como obsolescente, cuando esto es precisamente lo caracter&iacute;stico de una forma excluyente de ver lo nuevo. Intentan echar lo viejo, o mejor a lo cl&aacute;sico, a la basura, sin m&aacute;s, pero con ello no solo la educaci&oacute;n perder&iacute;a una de sus principales funciones, sino que adem&aacute;s ser&iacute;a un freno a su papel fundamental en la igualdad y en el ascensor social.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a ha sido muy &uacute;til porque, entre otras cosas, nos ha permitido comunicarnos durante el confinamiento, y sobre todo mantener viva la ense&ntilde;anza, como tambi&eacute;n lo ser&aacute; en el futuro como imprescindible complemento. Pero sin la relaci&oacute;n pedag&oacute;gica y personal entre profesores y alumnos y de socializaci&oacute;n entre los propios alumnos, sin una verdadera ense&ntilde;anza presencial, el proceso formativo se quedar&iacute;a en una acumulaci&oacute;n memor&iacute;stica de contenidos, sin valores c&iacute;vicos ni capacidad cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ya conocemos adem&aacute;s sus consecuencias negativas sobre el modelo de lectura y escritura, as&iacute; como sobre la p&eacute;rdida cada vez mayor de la oralidad en la educaci&oacute;n. Tambi&eacute;n los propios alumnos nos han hablado en las encuestas de su p&eacute;rdida de atenci&oacute;n y su dificultad para resolver dudas y socializar con la ense&ntilde;anza telem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El carbono (nosotros) y el silicio (lo nuevo) son elementos muy similares. Sin embargo, lo real est&aacute; muy distanciado de lo virtual, no son parecidos. Lo virtual surge al amparo de grupos que tienen una gran capacidad para imponer sus puntos de vista y ampliar sus influencias, tanto econ&oacute;micas como pol&iacute;ticas. Son los que defienden que la ense&ntilde;anza telem&aacute;tica ha venido para quedarse. A estas alturas no hay duda, adem&aacute;s, de que en la ense&ntilde;anza, las actividades telem&aacute;ticas cuya importancia nadie niega, y que nos acompa&ntilde;an desde hace tiempo, en particular en las universidades y la preparaci&oacute;n a distancia, tienen otras connotaciones menos favorables que tambi&eacute;n hemos experimentado especialmente en el periodo de confinamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, mientras las familias ricas y acomodadas se preocupan de que sus hijos tengan los mejores ordenadores y vayan a los mejores colegios, las familias con menos recursos se tienen que preocupar en exclusiva de que sus hijos no pasen a engrosar las filas del abandono escolar.
    </p><p class="article-text">
        Unas buscan profesores particulares para sus hijos, mientras en las familias pobres se preocupan de conseguir ayudas para conseguir terminales o para resolver problemas de conectividad. Por no hablar de los problemas laborales y de conciliaci&oacute;n entre unas familias que han podido teletrabajar y con ello acompa&ntilde;ar y apoyar el aprendizaje telem&aacute;tico de sus hijos, y otras, se han visto obligadas a salir al trabajo o a atender a los cuidados, y no han podido hacerlo. Y mientras unos ni&ntilde;os con buen nivel de partida no han necesitado apoyos, otros con m&aacute;s carencias han notado especialmente su restricci&oacute;n como consecuencia de los efectos negativos del confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia, no solo ha dejado en evidencia la fragilidad de un modelo econ&oacute;mico basado en el sector servicios y el turismo, sino tambi&eacute;n la precariedad de un modelo social y laboral que se encuentra todav&iacute;a lejos del modelo europeo. Y en este caso ha dejado a la vista los graves problemas de nuestro sistema educativo: el abandono temprano (al terminar la ESO) y el fracaso escolar (sin el t&iacute;tulo de la ESO); y ha puesto en evidencia grandes diferencias entre unos centros y otros, en particular entre p&uacute;blicos y los concertados, unos con alumnos seleccionados y con medios para la transici&oacute;n digital y otros m&aacute;s inclusivos pero con menos recursos. Paralelamente, empiezan a aparecer estudios que apuntan a la aparici&oacute;n de secuelas por los meses de confinamiento del estado de alarma.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto sucede adem&aacute;s en un pa&iacute;s, el nuestro, que tiene en su debe hist&oacute;rico un gran desafecto institucional hacia la ciencia, con un presupuesto dedicado a la misma que est&aacute; a una gran distancia de la media de la UE, y cuyo gasto en educaci&oacute;n superior es el m&aacute;s bajo de los 34 pa&iacute;ses de la OCDE, y con un rosario de recortes en los a&ntilde;os recientes que conllevan que el gasto p&uacute;blico en educaci&oacute;n no llegue todav&iacute;a hoy al de hace diez a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, esto sucede tambi&eacute;n en un momento de gran trascendencia para la ciencia en la opini&oacute;n p&uacute;blica, que a nivel mundial en esta pandemia finalmente le ha ganado la batalla al negacionismo del populismo ultra.
    </p><p class="article-text">
        El ruido de los prejuicios y de las teor&iacute;as conspirativas en las redes y recientemente en algunas capitales del mundo, no es capaz de ocultar su extrema debilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, tambi&eacute;n es cierto que el papel de las universidades espa&ntilde;olas durante la pandemia ha estado lejos de ser notable, con los laboratorios de investigaci&oacute;n cerrados durante el estado de alarma y con la totalidad de los campus presenciales transformados acr&iacute;ticamente en centros de docencia a distancia, para mayor gloria de las grandes multinacionales tecnol&oacute;gicas, de tal modo que el curso acad&eacute;mico termin&oacute; con una gran cantidad de ex&aacute;menes telem&aacute;ticos con resultados de m&aacute;s que dudosa credibilidad formativa.
    </p><h3 class="article-text">La ret&oacute;rica de la nueva normalidad</h3><p class="article-text">
        Por todo ello, continuar con la ret&oacute;rica de la nueva normalidad, ahora con la reafirmaci&oacute;n de las escuelas como los lugares m&aacute;s seguros y libres de covid-19, no ayuda. Con una comunidad escolar y una sociedad inseguras, es mejor reconocer el riesgo y comprometer la colaboraci&oacute;n de todos: alumnos, familias, profesores, trabajadores y administraciones en reducirlo al m&iacute;nimo dentro de lo posible. Solo as&iacute; haremos frente al miedo. Porque el riesgo cero y la seguridad absoluta no existen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, con el final de estas extra&ntilde;as vacaciones de 2020, llegamos al inicio del curso escolar en estado de brote casi permanente, sino de trasmisi&oacute;n comunitaria, en algunas ciudades y CCAA, y con una parte de la sociedad y algunas instituciones importantes que primero salieron como pollos sin cabeza del confinamiento y que ahora no se han preparado ni organizativamente, ni psicol&oacute;gicamente, para garantizar una convivencia, m&aacute;s o menos incierta, con el virus. Unas siguen impl&iacute;citamente con la ya fracasada inmunidad de reba&ntilde;o y otras se han cre&iacute;do que la nueva normalidad es la normalidad a secas.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, es el momento de cooperar para gestionar el riesgo del inicio del curso y sabemos c&oacute;mo hacerlo. Para ello tenemos que aprovechar estos &uacute;ltimos d&iacute;as, previos al inicio de la clases, para cumplir con las medidas de higiene y distanciamiento, para reforzar la atenci&oacute;n primaria y la salud p&uacute;blica en el seguimiento de contactos de la covid19 y su aislamiento, as&iacute; como a reducir los determinantes sociosanitarios, laborales y de movilidad.
    </p><p class="article-text">
        Con precauci&oacute;n y sin miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/volver-precaucion-miedo_129_6210583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2020 21:05:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Volver con precaución y sin miedo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bipolares en medio de la pandemia: la guerra del silicio frente al carbono]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bipolares-medio-pandemia-guerra-silicio-frente-carbono_129_6184017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4409b4ba-883f-4a69-bbba-37368b003dee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bipolares en medio de la pandemia: la guerra del silicio frente al carbono"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pandemia, a pesar de las medidas sociales, está acentuando las desigualdades que vienen de la crisis y el austericidio de 2008 y, además, como decíamos, se ha revelado como una gran aceleradora de otros procesos que también vienen desde antes</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Bipolar: se refiere a tener dos polos, a los dos polos geogr&aacute;ficos, el significado de la pugna geoestrat&eacute;gica comercial, pol&iacute;tica o tecnol&oacute;gica, tambi&eacute;n hace referencia al cambio brusco en el estado de &aacute;nimo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde los or&iacute;genes de la historia el mundo se ha regido por imperios en una cadencia sin pausa. Hace poco tiempo, relativamente, que el mundo ha dejado de ser bipolar (de los dos bloques que salieron de la segunda guerra mundial) y luego unipolar de los Estados Unidos. Ahora que una de las repercusiones m&aacute;s visibles de la pandemia es la salida a la luz de la geopol&iacute;tica, China y Rusia, las grandes potencias, pugnan por establecer su control e intentan cambiar el equilibrio internacional en su propio beneficio frente a la potencia decadente de Trump y el populismo ultra que forman parte de esa misma carrera. De nuevo bipolares.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no pueden ser positivos. Esta pelea de titanes est&aacute; teniendo graves consecuencias ya en la merma de la credibilidad de los d&eacute;biles organismos internacionales de gobernanza, como la UNESCO, la OMS y la propia ONU.
    </p><p class="article-text">
        Han sido numerosos, adem&aacute;s, los l&iacute;deres autoritarios que han utilizado y a&uacute;n hoy siguen utilizando la crisis sanitaria para intentar recortar las libertades en los pa&iacute;ses donde gobiernan. Desde Hungr&iacute;a a Turqu&iacute;a, y desde Bielorrusia a Brasil.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia tambi&eacute;n acelera procesos que vienen desde antes. La aldea que teoriz&oacute; McLuhan est&aacute; entre la globalizaci&oacute;n y la desglobalizaci&oacute;n. As&iacute;, el colapso en el acceso a los productos sanitarios ha provocado una reflexi&oacute;n y algunas medidas sobre el proceso de relocalizaci&oacute;n de la industria sanitaria de EPIs, vacunas y medicamentos para evitar la ruptura de la cadena de suministros. La propia globalizaci&oacute;n, que con la gobernanza sanitaria y la investigaci&oacute;n est&aacute; haciendo frente al riesgo de las nuevas pandemias, se ralentiza en lo econ&oacute;mico, con el proteccionismo de muchos pa&iacute;ses y en lo pol&iacute;tico, con el unilateralismo de las superpotencias. Pero la aldea sigue siendo global en lo social, lo cultural y, esperemos, en lo cient&iacute;fico. Est&aacute; en pleno apogeo la nueva &ldquo;guerra fr&iacute;a&rdquo; USA-CHINA y la competencia entre EEUU, Rusia y China sobre los tratamientos y sobre todo la carrera fren&eacute;tica de las vacunas y su acaparamiento, que apura las fases de experimentaci&oacute;n y cuestiona algo tan importante como su eficacia y su seguridad.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo episodio de esta pelea consiste, en efecto, en hacerse con el control de las vacunas de la COVID, cada una de las potencias jugando con la bola del mundo en funci&oacute;n de sus intereses geoestrat&eacute;gicos. Mientras los rusos y los chinos ya han anunciado la suya, EEUU, Europa, Cuba e Italia est&aacute;n en fase avanzada y el mundo asiste con desconfianza a todas estas declaraciones, a medio camino entre la realidad y la propaganda. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un tema como el de las vacunas que es clave para el devenir de la pandemia. De una treintena que han llegado a la fase final pueden desarrollarse varias entre el último trimestre de 2020 y el primer semestre de 2021</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Un tema como el de las vacunas que es clave para el devenir de la pandemia. De una treintena que han llegado a la fase final pueden desarrollarse varias entre el &uacute;ltimo trimestre de 2020 y el primer semestre de 2021. Aunque a&uacute;n m&aacute;s clave en una pandemia es que &eacute;stas sean accesibles para todos, con independencia de la renta, el continente o el sistema sanitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las vacunas han pasado de manos p&uacute;blicas en una primera &eacute;poca, a las grandes compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas, que luego han visto reducida su cuota de negocio en favor de los medicamentos para procesos m&aacute;s prevalentes y de mayor duraci&oacute;n en las sociedades desarrolladas como son las patolog&iacute;as cr&oacute;nicas y degenerativas. De hecho, hace ya tiempo que los organismos internacionales y las fundaciones de enfermedades trasmisibles, han venido propugnando una mayor implicaci&oacute;n del sector p&uacute;blico tanto en la investigaci&oacute;n como en la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de vacunas.
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n a la covid-19, hemos perdido la oportunidad de una iniciativa p&uacute;blica, o de una alianza p&uacute;blico privada, para garantizar que las vacunas traspasan el llamado valle de la muerte en la &uacute;ltima fase de los ensayos cl&iacute;nicos y se concretan en una realidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, todav&iacute;a nos queda sumarnos a la iniciativa de despliegue coordinado de la plataforma COVAX la OMS para garantizar el n&uacute;mero de vacunas necesario, en primer lugar a los grupos vulnerables y a los sistemas sanitarios m&aacute;s fr&aacute;giles, o bien continuar en la loca carrera entre pa&iacute;ses y grandes regiones econ&oacute;micas del globo como la UE, provocando inflaci&oacute;n de precios e inequidad en el acceso.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, nosotros estamos inmersos tambi&eacute;n en una problem&aacute;tica bipolar m&aacute;s local. Nuestro sistema de salud, con una tasa de camas y enfermeras por habitante inferior a la media de los pa&iacute;ses de nuestro entorno, est&aacute; pagando todav&iacute;a los recortes de la crisis financiera de 2008, que han mermado fundamentalmente la asistencia primaria y la salud p&uacute;blica. Nuestros datos de la pandemia son malos, en parte debido a una desescalada precipitada para intentar salvar la temporada tur&iacute;stica. Hemos hecho un tr&aacute;nsito r&aacute;pido, como el del puente a la Alameda. Pero no eran jazmines lo que &iacute;bamos dejando por el camino. Por si todo esto fuera poco, para complicar la situaci&oacute;n, algunas comunidades aut&oacute;nomas, como Madrid y Catalu&ntilde;a, no han contratado los rastreadores suficientes y tienen una atenci&oacute;n primaria muy recortada para hacer frente a la magnitud de los rebrotes. Estos meses de vuelta al colegio y al trabajo ser&aacute;n claves, por el incremento de la movilidad que van a suponer y sin embargo estamos enfrascados en nuestras propias bipolaridades entre partidos pol&iacute;ticos y entre Administraciones.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia, a pesar de las medidas sociales, est&aacute; acentuando las desigualdades que vienen de la crisis y el austericidio de 2008 y, adem&aacute;s, como dec&iacute;amos, se ha revelado como una gran aceleradora de otros procesos que tambi&eacute;n vienen desde antes. Entre ellos: la inercia de la tecnolog&iacute;a y la medicina gen&oacute;mica frente a la salud p&uacute;blica integral, la sociedad s&oacute;lida sustituida por la sociedad l&iacute;quida (Baumann) y del riesgo, (U. Beck); o la pugna entre globalizaci&oacute;n y desglobalizacion.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es preciso subrayar como uno de estos procesos, al que nos vamos a enfrentar dentro de pocos d&iacute;as con el comienzo de curso, hace referencia a la nueva &ldquo;guerra fr&iacute;a silenciosa&rdquo;, en la educaci&oacute;n, la sanidad, en la sociedad y en la geoestrategia: la guerra del silicio (digital) frente al carbono (nosotros). 
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n es convertir a la fuerza lo extraordinario en plena pandemia en lo ordinario, sin tener en cuenta sus implicaciones para la igualdad en el acceso y tambi&eacute;n para la calidad y la seguridad de los servicios p&uacute;blicos m&aacute;s esenciales. La sanidad y la ense&ntilde;anza telem&aacute;ticas han supuesto una soluci&oacute;n de emergencia, que ha simplificado tambi&eacute;n procesos burocr&aacute;ticos prescindibles en pandemia, pero que tambi&eacute;n han demostrado graves carencias, sobre todo provocando nuevas desigualdades, tanto de acceso como de comprensi&oacute;n, as&iacute; como de cuidado, empat&iacute;a e integralidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la universidad, esta tendencia tan acusada que estamos viendo, de consolidar la vida telem&aacute;tica viene, adem&aacute;s, en un momento delicado en que para muchos profesores la docencia se sit&uacute;a en un segundo plano, desplazada por la investigaci&oacute;n, c&oacute;mo si el objetivo principal fuese formar investigadores (un esperpento, en un pa&iacute;s con un PIB industrial que no llega al 15 por cien) y no formar buenos profesionales y ciudadanos m&eacute;dicos, fil&oacute;logos, abogados o matem&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que este no va a ser un comienzo de curso f&aacute;cil. Porque lo va a protagonizar otra dicotom&iacute;a: previsi&oacute;n frente a riesgo. Y para que en esta &uacute;ltima, la incertidumbre no protagonice todo el proceso, provocando un retroceso educativo, hay que proporcionar formaci&oacute;n a los profesores. El fin de curso pasado hubo que improvisar y se sald&oacute; con un gran esfuerzo de toda la comunidad educativa. Ya sabemos que lo que sucede es muy complejo. Pero, ahora la improvisaci&oacute;n no ser&iacute;a de recibo.
    </p><p class="article-text">
        Por si fuera poco, est&aacute; pandemia influye tambi&eacute;n cambiando bruscamente nuestro estado de &aacute;nimo. Hemos pasado de la complacencia inicial a la alarma, y de &eacute;sta a la euforia de la desescalada, y ahora ante la incertidumbre de la convivencia con el virus en la nueva normalidad volvemos a la preocupaci&oacute;n y la alerta.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n somos bipolares en pandemia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/bipolares-medio-pandemia-guerra-silicio-frente-carbono_129_6184017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2020 19:34:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bipolares en medio de la pandemia: la guerra del silicio frente al carbono]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La distopía postCOVID de la distancia digital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/distopia-post-covid-distancia-digital_129_6020945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02bfd017-299b-4041-900c-fc1968acb091_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La distopía postCOVID de la distancia digital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El segundo plano en que hemos puesto a la educación y la investigación ha sido evidente, lo primero que se ha cerrado y lo último que se va a abrir</p></div><p class="article-text">
        La COVID-19 ha dado un duro golpe a nuestro orgullo de sociedad rica y ha puesto a cada uno en su sitio. El sistema sanitario ha salido airoso de esta prueba de estr&eacute;s traum&aacute;tica, pero nuestras debilidades han quedado retratadas: la salud p&uacute;blica, el efecto de los recortes y la rudimentaria coordinaci&oacute;n sociosanitaria. Tambi&eacute;n han quedado al descubierto los sitios donde ponemos las prioridades, y resulta que algunas de las cuestiones m&aacute;s visibles no pueden esconderse: el segundo plano en que hemos puesto a la educaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n ha sido evidente, lo primero que se ha cerrado y lo &uacute;ltimo que se va a abrir. Al lado de esto, ocupa un lugar destacado la experiencia terrible que han pasado las residencias de mayores. Paralelamente, vemos c&oacute;mo se est&aacute; reforzando un modelo basado en la telem&aacute;tica, como la telemedicina y la no universidad a distancia, que deteriora la calidad, frente a unos servicios m&aacute;s personales y comunitarios que garanticen accesibilidad y equidad.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia, que ha sido la primera crisis global del siglo XXI, como ha dicho Joschka Fischer, ha tenido un efecto catalizador sobre dos reacciones de calado: se ha producido una gran aceleraci&oacute;n de la transformaci&oacute;n digital a distintos niveles de la sociedad; y se est&aacute; constatando un gran impulso desglobalizador, con la adopci&oacute;n de pol&iacute;ticas proteccionistas en muchos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        El mundo que conoc&iacute;amos, con el papel hegem&oacute;nico en el poder global de los Estados Unidos, que se hab&iacute;a reforzado todav&iacute;a m&aacute;s con la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, se desfigura por momentos y muta en uno multipolar, en el que China, la superpotencia emergente, en una campa&ntilde;a permanente buscando la &ldquo;normalizaci&oacute;n&rdquo;, tiene cada vez m&aacute;s protagonismo. Mientras, la Uni&oacute;n Europea (que est&aacute; en una posici&oacute;n de debilidad digital significativa en relaci&oacute;n con los dos grandes) pugna por encontrar su sitio. Justamente cuando se produce una crisis sanitaria mundial que requiere soluciones globales, Trump retira los fondos a la OMS, un organismo de la ONU, a la que tambi&eacute;n hab&iacute;a atacado anteriormente, lo que lanza un mensaje n&iacute;tido de pol&iacute;tica unilateral, pero contribuye a dejar al mundo sin un liderazgo internacional que otros pelear&aacute;n por ocupar. Por una vez, en esta crisis, el negacionismo que emana de los pa&iacute;ses gobernados por el populismo ultra ha perdido la batalla frente a la ciencia y los Bolsonaro, Johnson, Trump y Orban, pol&iacute;ticos que promueven el odio y separan m&aacute;s que unen, han encontrado en la pandemia su tal&oacute;n de Aquiles y no pueden ejercer un liderazgo en condiciones. La crisis, que es global, ha dejado claro que no hay otra manera de responder que reforzando una gobernanza global, otorgando un papel imprescindible a la OMS y el ECDC (centro europeo para la prevenci&oacute;n y control de enfermedades).
    </p><p class="article-text">
        En esas tres &aacute;reas del mundo (USA, China, UE) acontecen muchos de los eventos que conforman el escenario del futuro geopol&iacute;tico y tambi&eacute;n, todo hay que decirlo, de algo que se parece mucho a una distop&iacute;a digital, en la que la proliferaci&oacute;n de las aplicaciones de Internet est&aacute; colonizando cada vez un per&iacute;metro m&aacute;s amplio de nuestros movimientos. Veamos: la informaci&oacute;n y el debate p&uacute;blico se sustituye por la teor&iacute;a de la conspiraci&oacute;n, las fake news y el odio; la participaci&oacute;n democr&aacute;tica y la sociabilidad por el personalismo, la sociofobia y el consumo digital; el trabajo en equipo, la conciliaci&oacute;n y la desconexi&oacute;n por el trabajo telem&aacute;tico sin horario; la ense&ntilde;anza y la universidad por la no universidad a distancia (implantada autoritariamente para mayor gloria de Microsoft Teams, Zoom y Google); la sanidad y la relaci&oacute;n terap&eacute;utica por la telemedicina, la tecnolog&iacute;a y las aplicaciones de geolocalizaci&oacute;n; el envejecimiento activo y la protecci&oacute;n sanitaria de las residencias por el menosprecio de la pobreza y la vejez (Zygmunt Bauman).
    </p><p class="article-text">
        Hoy ya tenemos datos para saber que la distancia f&iacute;sica temporal del confinamiento se ha convertido en una mayor distancia social con la brecha digital y telem&aacute;tica. En el sistema sanitario, el seguimiento telem&aacute;tico y telef&oacute;nico de pacientes, o las gestiones burocr&aacute;ticas para evitar el colapso sanitario o el contagio, se intentan consolidar como una alternativa a la relaci&oacute;n terap&eacute;utica personal, f&iacute;sica, cuando esta es insustituible, salvo que se acepte y/o pretenda un deterioro de la calidad y la equidad de la atenci&oacute;n. Tambi&eacute;n conocemos el impacto del confinamiento en todos los niveles de la ense&ntilde;anza, el deterioro de la calidad, la p&eacute;rdida de sociabilidad, las dificultades para realizar las evaluaciones, y en especial la desventaja que supone para los alumnos que necesitan m&aacute;s apoyo y que tienen menos medios o no tienen cultura digital.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, los efectos de la digitalizaci&oacute;n desmesurada empiezan a estar a la vista. Utilizaremos el fondo de la pandemia y las tres &aacute;reas para columbrarlo.
    </p><h4 class="article-text">China</h4><p class="article-text">
        Todos los observadores le otorgan un papel puntero en el futuro de la digitalizaci&oacute;n y la inteligencia artificial. En esta l&iacute;nea, ha desarrollado t&eacute;cnicas de control digital, como el reconocimiento facial, de una manera muy invasiva, y un sistema de carnet de puntos basado en el big data para calificar el &ldquo;civismo&rdquo; de los ciudadanos. Sus primeros pasos durante el principio de los contagios en Wuhan fueron titubeantes, pero luego sus m&eacute;todos de contenci&oacute;n incluyendo los tecnol&oacute;gicos fueron agresivos: geolocalizaci&oacute;n m&aacute;s confinamiento en su grado m&aacute;ximo. Con el liderazgo m&aacute;s autoritario de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, como dice Andrea Ricci, y a pesar de no ser una democracia, se ha instalado entre el multilateralismo y el 5D, y est&aacute; intentando ocupar el hueco que dejan los Estados Unidos en cooperaci&oacute;n y solidaridad en muchos pa&iacute;ses. Ahora, tras la gran crisis de la pandemia, en todo el mundo rico se habla de la necesidad de relocalizar para reducir la dependencia de China. Veremos.
    </p><h4 class="article-text">Estados Unidos</h4><p class="article-text">
        Mantiene un poder&iacute;o digital inigualable. Las mayores compa&ntilde;&iacute;as tecnol&oacute;gicas son americanas. Est&aacute; en una encrucijada. Y en plena ola (mundial) de movilizaciones por la muerte de George Floyd. Las elecciones de noviembre de este a&ntilde;o (2020) jugar&aacute;n un papel muy importante en la influencia que va a tener en el mundo, porque no es lo mismo una Casa Blanca con Biden que con Trump, con todo el descr&eacute;dito que arrastra. (Contrariamente a lo que cabr&iacute;a esperar, la influencia de China en el mundo ha crecido durante el mandato de Trump.) En cualquier caso seguir&aacute; impulsando la guerra comercial con China, el proteccionismo y el cierre de fronteras. Veremos cu&aacute;nto de todo esto se queda en ret&oacute;rica. Durante la pandemia, sus casi 30 millones de personas sin seguro m&eacute;dico le han pasado factura, se ha esforzado por echar balones fuera y su enemigo declarado ha sido China (&ldquo;the chinese virus&rdquo;; se ha esforzado en apuntar en muchas de sus apariciones p&uacute;blicas). Ha utilizado su ofensiva contra la OMS como tapadera de la crisis de desigualdad social y sanitaria, resumida en el racismo y el negacionismo. Ha perdido la partida de la respuesta sanitaria y de salud p&uacute;blica con los recortes del Centro de Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades (CDC) de EEUU; y le queda solamente la competencia por la vacuna. Su insistencia por retomar la actividad normal y su guerra contra el confinamiento e, incluso, contra el uso de las mascarillas no son sino ejercicios de negaci&oacute;n que buscan que la poblaci&oacute;n se olvide del coronavirus, como escribe Krugman en sus art&iacute;culos. Su pelea interna con los gobernadores y la externa con la OMS han sido una muestra de impotencia y de falta de liderazgo. La eterna historia.
    </p><h4 class="article-text">Uni&oacute;n Europea</h4><p class="article-text">
        Muy por detr&aacute;s de los dos gigantes en innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. La izquierda debe asumir que la ciencia y el desarrollo tecnol&oacute;gico deben formar parte de su patrimonio; y entender que no se desarrollan solas. Por eso debemos abrir ese debate. No hay duda de que las deslocalizaciones del neoliberalismo global nos han hecho vulnerables: al principio de la pandemia no ten&iacute;amos capacidad de hacer pruebas diagn&oacute;sticas a los sospechosos, no pod&iacute;amos repartir mascarillas, los hospitales no ten&iacute;an camas suficientes, no hab&iacute;a respiradores. En la UE, solamente Alemania ha mantenido musculatura industrial. Con la crisis nos hemos quedado desnudos y se ha puesto de manifiesto nuestra delgadez. Ha quedado claro que es asumir un gran riesgo seguir dependiendo de China para deslocalizar y abaratar los productos estrat&eacute;gicos. Sin embargo, despu&eacute;s de las dudas iniciales, se ha logrado una respuesta social y de reactivaci&oacute;n com&uacute;n muy diferente al fracaso de la austeridad ante la crisis econ&oacute;mica de 2008. Se ha pecado inicialmente de exceso de confianza, pero el confinamiento y la respuesta sanitaria han demostrado que las democracias y el Estado del bienestar responden con eficacia a las crisis. La Carta conjunta de Macron, Merkel y S&aacute;nchez frente a una futura pandemia intenta corregir la falta de unidad y coordinaci&oacute;n europeas en materia de registro de datos, contrataci&oacute;n com&uacute;n y producci&oacute;n de bienes sanitarios. Pensando en la Europa de los ciudadanos, es esencial continuar con el avance en el Estado de bienestar y que se hagan progresos en la lucha contra la desigualdad y por los derechos civiles: la universalizaci&oacute;n de la sanidad, el acceso a la universidad, la investigaci&oacute;n y la digitalizaci&oacute;n (el proyecto Gaia X); y se combine esto con derechos como la privacidad y la protecci&oacute;n de los datos personales. Es preciso avanzar en una respuesta coordinada de salud p&uacute;blica con mayores competencias para el ECDC, y tambi&eacute;n en investigaci&oacute;n, y en el desarrollo de una aplicaci&oacute;n inform&aacute;tica respetuosa con la privacidad y los derechos para el seguimiento de los contactos. Como nota pintoresca, se ha anunciado con insistencia desde los primeros momentos de la pandemia una aplicaci&oacute;n digital de seguimiento de contagios que tendr&iacute;a un cierto patrocinio de la Comisi&oacute;n Europea, y que todav&iacute;a no ha conseguido ponerse en marcha. Estaremos atentos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/distopia-post-covid-distancia-digital_129_6020945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2020 21:04:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La distopía postCOVID de la distancia digital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pandemia telemática en la Universidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-telematica-universidad_129_6042056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/297e7b97-0df0-458e-8072-89d26bdf78aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pandemia telemática en la Universidad"></p><p class="article-text">
        Antes de la pandemia, las pol&iacute;ticas neoliberales hab&iacute;an reducido los presupuestos en sanidad y educaci&oacute;n, y los recortes derivados de la crisis econ&oacute;mica de 2008 se hab&iacute;an ensa&ntilde;ado con las plantillas y con la investigaci&oacute;n. Como consecuencia, los profesores universitarios son cada vez mayores, en los contratos de los profesores j&oacute;venes predomina la precariedad y el tejido investigador de los departamentos (&ldquo;la hojarasca&rdquo;) est&aacute; desapareciendo. Con el llamado proceso de Bolonia, adem&aacute;s, el panorama universitario, que siempre fue fundamentalmente p&uacute;blico, vino a ser ocupado por decenas de universidades privadas y por el negocio de los m&aacute;steres a la bolo&ntilde;esa.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, con la pandemia, mientras descubrimos que Europa no produce antibi&oacute;ticos ni paracetamol, sale reforzado el papel del Estado y despierta el concepto de autonom&iacute;a industrial. Paralelamente, la vida se ha hecho m&aacute;s digital, tambi&eacute;n en la educaci&oacute;n y en las universidades. Con la excepcionalidad actual, han irrumpido las actividades telem&aacute;ticas, pero existen peligros de que se conviertan en estructurales.
    </p><h4 class="article-text">Ense&ntilde;anza no presencial y ex&aacute;menes a distancia, en todos los niveles del sistema educativo</h4><p class="article-text">
        &iquest;Mantendremos ese modelo? &iquest;Ser&aacute; esa la nueva normalidad?
    </p><p class="article-text">
        Las clases a distancia est&aacute;n siendo un recurso muy popular para la pandemia, &iquest;pero lo ser&aacute; para siempre? Al fin y al cabo, solo se tratar&iacute;a de dar un paso m&aacute;s en la l&iacute;nea de <em>macdonalizaci&oacute;n</em> de la universidad que trajo el plan Bolonia (<em>fast education</em>, como dir&iacute;a Ulrich Beck). Al predominio de la investigaci&oacute;n sobre la docencia se a&ntilde;ade ahora un papanatismo digital con disfraz de pesudoinnovaci&oacute;n aplicado al t&eacute;rmino de moda: la no presencialidad. Hay qui&eacute;n parece confundir &ldquo;salir del paso&rdquo; con un programa <em>ad futurum</em>. La tendencia que estaba en marcha desde hace una d&eacute;cada se acelerar&aacute;, y las antiguas licenciaturas, actualmente Grados, se degradar&aacute;n todav&iacute;a m&aacute;s. Mientras, como dice Nuccio Ordine, los directivos del Valle del Silicio llevan a sus hijos a los centros donde la interacci&oacute;n humana y la creatividad son la base.
    </p><p class="article-text">
        Que a nadie le extra&ntilde;e que tras la crisis sanitaria y econ&oacute;mica venga una crisis educativa.
    </p><p class="article-text">
        No es una novedad decir que desde la &uacute;ltima crisis de 2008, que coincidi&oacute; en el tiempo con el Plan Bolonia, no ha habido pol&iacute;ticas de prioridad hacia las universidades ni hacia el abastecimiento de la actividad de investigaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a, que tiene un gasto p&uacute;blico en educaci&oacute;n en la cola de la UE-28, est&aacute; en los puestos bajos en universidades de los pa&iacute;ses de la OCDE-34, y cuyo sistema tecnol&oacute;gico o cient&iacute;fico-t&eacute;cnico es particularmente d&eacute;bil, nunca se ha puesto el foco en facilitar la transferencia de la investigaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n desarrolladas en las universidades. En definitiva, las universidades espa&ntilde;olas est&aacute;n actuando en el marco de un d&eacute;ficit cr&oacute;nico de financiaci&oacute;n, con lo que eso significa: que nadie espere que haya progreso posible sin una formaci&oacute;n exquisita de los futuros m&eacute;dicos, fil&oacute;logos, ingenieros o abogados.
    </p><p class="article-text">
        Hay motivos razonables para pensar que nuestras &eacute;lites gobernantes contemplan complacientes c&oacute;mo se van arruinando las posibilidades de construir un modelo de pa&iacute;s basado en la innovaci&oacute;n, mientras que parecen haber optado por un pa&iacute;s dise&ntilde;ado para las actividades de ocio, lo que en definitiva esconde el aut&eacute;ntico proyecto: un pa&iacute;s de empleados con contratos precarios y trabajo temporal.
    </p><p class="article-text">
        La falta de inversiones en I+D es, tambi&eacute;n, una deficiencia cr&oacute;nica del sistema empresarial espa&ntilde;ol. A esto hay que a&ntilde;adir, naturalmente, la propia debilidad de nuestra innovaci&oacute;n y competitividad (Figura 1) y de nuestro sistema industrial (16% del PIB frente al 19% de la media europea), que nos ha dejado en plena crisis del coronavirus sin mascarillas, equipos de protecci&oacute;n ni respiradores.
    </p><p class="article-text">
        Laboratorios de investigaci&oacute;n y experimentaci&oacute;n cerrados durante el confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        Tras haber ca&iacute;do en una preocupante par&aacute;lisis en los meses de la pandemia -con cierres indiscriminados de laboratorios y falta, como en otros &aacute;mbitos, de equipos de protecci&oacute;n individual-, el sistema de investigaci&oacute;n espa&ntilde;ol emite se&ntilde;ales de agotamiento cada vez m&aacute;s consistentes. Puede no compartirse la cr&iacute;tica, pueden no considerarse ajustadas las razones, pero algunos de los hechos son incontestables. Se ha concentrado la financiaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n en pocas manos, muchas veces alejadas de los departamentos universitarios. Se ha despilfarrado el potencial m&aacute;s joven. Se ha primado la ingenier&iacute;a curricular, con la escritura de art&iacute;culos que las m&aacute;s de las veces solo est&aacute;n enfocados a pasar las evaluaciones de las agencias.
    </p><p class="article-text">
        Hay cada vez m&aacute;s una innecesaria proliferaci&oacute;n de art&iacute;culos en revistas especializadas que sirven para la promoci&oacute;n personal de los mayores, en las c&aacute;tedras. Se ha infravalorado la escritura de libros y ensayos, con lo que se debilita la Universidad como espacio cl&aacute;sico de la informaci&oacute;n y de la opini&oacute;n; y se ha fomentado la creaci&oacute;n de una nueva clase acad&eacute;mica que se olvida de que la primera funci&oacute;n del profesor universitario es la docente.
    </p><p class="article-text">
        Una buena parte de los investigadores &ldquo;del v&eacute;rtice de la pir&aacute;mide&rdquo; (como han sido denominados), que suelen estar bien situados en los centros de decisi&oacute;n, deciden las f&oacute;rmulas de adjudicaci&oacute;n de los fondos dedicados a I+D, muchas veces atendiendo m&aacute;s a sus intereses corporativos que a intereses generales; parece que no creen de verdad en la universidad como un espacio de libertad y de debate, en donde impera el cultivo del saber, con independencia de los poderes dominantes y sus intereses: su pensamiento es que existe una investigaci&oacute;n buena (la suya) y otras que son inaceptables (las dem&aacute;s; las de la &ldquo;hojarasca&rdquo;), lo que quiere decir que no deber&iacute;an tener un espacio para la experimentaci&oacute;n, sino que hay que eliminarlas.
    </p><p class="article-text">
        En muchas convocatorias no se establecen unos temas preferentes sobre los que se deba investigar, sino que son los propios candidatos los que deciden presentar determinados proyectos para que se decida cu&aacute;les reciben los recursos disponibles, lo cual no parece una idea muy acertada, conociendo como conocemos cu&aacute;les son los problemas de nuestras sociedades. Pero mientras se discute interesadamente sobre la manera de investigar, quiz&aacute; deber&iacute;amos mirar en su conjunto al estado de la I+D +i en las universidades y a su puesto en el mundo, en lugar de plantear dilemas arriesgados.
    </p><p class="article-text">
        Por eso en cuanto ha llegado la pandemia, durante el estado de alarma, no hemos sido capaces de colocar a nuestro sistema de ciencia entre las actividades esenciales. Nuestros recursos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos, estrangulados por los recortes, han tenido, salvo excepciones, un protagonismo marginal: no han aportado para la contenci&oacute;n de la pandemia y los laboratorios han cerrado durante pr&aacute;cticamente todo el per&iacute;odo de confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        El sistema de investigaci&oacute;n universitario tiene que dar signos de cambio, para lograr el inter&eacute;s de la opini&oacute;n publica y, eventualmente, lograr el apoyo que necesita, social y de toda la comunidad universitaria. Si esto no fuese urgente, no estar&iacute;amos reclamando restaurar para el sistema de ciencia espa&ntilde;ol el lugar que tiene que ocupar, como si fuera uno de los desaf&iacute;os importantes de nuestro pa&iacute;s. Porque hubo un tiempo pasado que fue diferente. Eso nos retrotrae en la memoria a los tiempos en que, en los comienzos de la Transici&oacute;n, muchos proyectos de investigaci&oacute;n de peque&ntilde;os grupos que se formaron en los departamentos universitarios recibieron una financiaci&oacute;n adecuada y eso impuls&oacute; a la Universidad espa&ntilde;ola de una manera determinante. Lamentablemente, los recortes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os han provocado el cierre de muchos de estos laboratorios, mientras que la financiaci&oacute;n ha seguido un modelo de escasez de recursos y de concentraci&oacute;n en pocos grupos, principalmente en los m&aacute;s grandes que se han formado en centros e institutos de investigaci&oacute;n, muchas veces alejados de los departamentos universitarios.
    </p><p class="article-text">
        Para concluir. Durante la pandemia, pr&aacute;cticamente todo el mundo ha preferido escuchar la voz de la ciencia antes que las barbaridades estramb&oacute;ticas que ven&iacute;an del campo del populismo ultra. Buena se&ntilde;al. Ser&iacute;a un buen punto de partida para que las cosas empezasen a mejorar. Una cosa deber&iacute;a estar clara: si se reconoce que la investigaci&oacute;n universitaria tiene un car&aacute;cter estructural, todos los profesores deben tener un soporte estructural, para atender las infraestructuras y el personal necesario.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes tendremos que dar la batalla frente a los &uacute;ltimos movimientos de los gobiernos de las derechas en las CCAA, que van en la direcci&oacute;n de profundizar en la manida no presencialidad, en que todos tengamos que aprender a teletrabajar a marchas forzadas, telem&aacute;ticamente por supuesto, y en un sistema con mucha mayor posibilidad de enga&ntilde;os en las evaluaciones on line, en donde la relaci&oacute;n entre los alumnos y los profesores se resuelve a trav&eacute;s de un ordenador, y donde un mont&oacute;n de contratados precarios impartan clase por v&iacute;a telem&aacute;tica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-telematica-universidad_129_6042056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2020 20:51:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pandemia telemática en la Universidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Universidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pandemia digital. Dilemas para después de la COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-digital-dilemas-despues-covid-19_129_5986331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a5d0d1d-20a1-434a-b6ac-a49071f830a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pandemia digital. Dilemas para después de la COVID-19"></p><p class="article-text">
        Tras el aclamado triunfo de la sociedad digital, proclamado urbi et orbi, y al paso de la pandemia, es obligado repasar el resultado del tr&aacute;nsito desde lo anal&oacute;gico, de lo ganado y lo perdido. Ya se sabe que se juega en distintos tableros a la vez y es dif&iacute;cil ganar todas las partidas.
    </p><p class="article-text">
        En general, y haciendo un an&aacute;lisis de trazo grueso, la digitalizaci&oacute;n se ha asociado tradicionalmente a destrucci&oacute;n o sustituci&oacute;n del empleo, y &uacute;ltimamente, cada vez m&aacute;s, a la autoexplotaci&oacute;n en el teletrabajo, la lejan&iacute;a telem&aacute;tica y la exposici&oacute;n en las redes. De modo que asociamos la digitalizaci&oacute;n al individualismo y el consumo, pero al tiempo a la precarizaci&oacute;n laboral y el control ciudadano. Menos se ha reflexionado sobre sus potencialidades, m&aacute;s all&aacute; del argumentario apolog&eacute;tico, tan de moda. Por ejemplo, desde lo colectivo y lo p&uacute;blico, para reducir el tiempo de trabajo (la inteligencia artificial y la rob&oacute;tica deber&iacute;an reducir la jornada laboral y flexibilizar los horarios), facilitar la formaci&oacute;n, la accesibilidad o la equidad de los servicios para los mayores y las zonas despobladas. Un dato de inter&eacute;s: el distanciamiento f&iacute;sico del confinamiento no ha llegado a ser un verdadero distanciamiento social gracias a la capacidad de socializar que permiten los tel&eacute;fonos e internet.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras inc&oacute;gnitas derivan de su car&aacute;cter nuevo y, por tanto, in&eacute;dito. Para empezar, &iquest;cu&aacute;les est&aacute;n siendo los cambios que la medicina de m&aacute;quinas y la digitalizaci&oacute;n est&aacute;n provocando en la sociedad actual, tras la pandemia? En otras palabras: &iquest;C&oacute;mo vamos a salir de esta crisis? &iquest;Saldremos con m&aacute;s telemedicina, m&aacute;s consultas telem&aacute;ticas y m&aacute;s medicina de la llamada predictiva y personalizada o con m&aacute;s medicina preventiva y personal? &iquest;Habr&aacute; m&aacute;s control por apps invasivas de la privacidad o conseguiremos que estas no triunfen en nuestras sociedades? &iquest;Saldremos con el estigma del pasaporte biol&oacute;gico? Se ha visto que el s&aacute;lvese quien pueda no es una opci&oacute;n v&aacute;lida frente al virus: &iquest;Iremos hacia un sistema sanitario mundial, con m&aacute;s poder para la OMS? &iquest;Saldr&aacute; reforzado el papel del Estado, como responsable directo ante la sociedad y &uacute;ltimo garante para pedirle cuentas? &iquest;Y la funci&oacute;n de lo p&uacute;blico? Creemos que en esto &uacute;ltimo no deber&iacute;a haber dudas: como en el rey desnudo de Andersen, el traje de las privatizaciones y los negocios ha dejado la sanidad en los huesos.
    </p><p class="article-text">
        Para algunas preguntas no tenemos a&uacute;n respuestas; algunas de las respuestas est&aacute;n como en la canci&oacute;n, flotando en el viento. Pero a d&iacute;a de hoy ya podr&iacute;amos partir de tres cuestiones concluyentes, que en alg&uacute;n caso no dejan muy alto el pabell&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        a) que nuestro pa&iacute;s tecnodigital, con grandes carencias presupuestarias en I+D+i, un gran d&eacute;ficit presupuestario en universidades y una gran impronta de las compa&ntilde;&iacute;as farmac&eacute;uticas en los ensayos cl&iacute;nicos, se hab&iacute;a quedado sin pol&iacute;tica industrial, ni siquiera para la fabricaci&oacute;n de mascarillas (nosotros mismos hemos aceptado convertirnos en una econom&iacute;a de servicios, enfocada a la hosteler&iacute;a y el turismo, poco preparada por esas razones para las actividades de teletrabajo y, por tanto, sin la necesaria capacidad industrial propia o por lo menos europea)
    </p><p class="article-text">
        b) que muchos m&eacute;dicos y enfermeros de nuestra tecnomedicina, que han atendido a la poblaci&oacute;n en situaciones de verdadera urgencia, son sometidos a la lacra de los contratos precarios y el desempleo
    </p><p class="article-text">
        c) que existe el riesgo de que el gran protagonismo que la pandemia ha dado a las redes sociales, y las transformaciones que pudieran provocar en nuestras formas de relaci&oacute;n y de vida social, nos conviertan en d&oacute;ciles e indolentes como los eloi (La m&aacute;quina del tiempo, H. G. Wells), de manera que nos acabe dando gusto que nos geolocalicen.
    </p><p class="article-text">
        Pero, al margen de estas cuestiones &iquest;d&oacute;nde est&aacute;bamos, en el tr&aacute;nsito digital, antes de la pandemia? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a el balance del debate que se entiende muchas veces como medicina de m&aacute;quinas frente a medicina de palabras? Pues, provisionalmente, bueno en los aspectos m&aacute;s relacionados con la gesti&oacute;n (su gran m&eacute;rito es haber conseguido que esos lugares de relaciones complejas y dif&iacute;ciles que han sido siempre los hospitales y los centros de salud&nbsp; y sus sistemas de informaci&oacute;n llegaran a adaptarse como lo han hecho a todo el proceso digitalizador); moderadamente bueno, aunque con divisi&oacute;n de opiniones, en aquellos aspectos que est&aacute;n m&aacute;s en relaci&oacute;n con el trabajo diario (en nuestra opini&oacute;n, el cambio ha sido en parte una renovaci&oacute;n parcial y en parte una ruptura radical, y se ha hecho sin que se haya desmoronado todo); malo o inexistente en aquellos que tienen m&aacute;s relaci&oacute;n con los ciudadanos: hoy, igual que ayer en el mundo anal&oacute;gico, a los usuarios les resulta muy dif&iacute;cil acceder a su historia cl&iacute;nica, por muy electr&oacute;nica que esta sea. La participaci&oacute;n ciudadana sigue en su infancia. En relaci&oacute;n con estos aspectos sociales, salvo por las aplicaciones de asistencia domiciliaria para mayores y dependientes, el cambio del que todo el mundo esperaba tantas cosas, la transici&oacute;n anal&oacute;gico-digital y lo que se ha denominado tecnociencia han representado bastante poco.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hacia d&oacute;nde vamos ahora? Mejor no hagamos muchas especulaciones con el futuro incierto pero, con la &ldquo;nueva normalidad&rdquo; que viene tras el confinamiento todo indica que mientras organizamos un rastreo efectivo de los contactos de los nuevos casos (eso esperamos), nos iremos moviendo hacia la teleasistencia, la teleconsulta, la polic&iacute;a sanitaria y el coaching individualista de control digital de nuestras constantes, de nuestro ejercicio y de nuestros h&aacute;bitos de riesgo. Vamos hacia un futuro de medicina computarizada y personalizada para unos y consultas resolutivas o telef&oacute;nicas para otros. &iquest;Una nueva fractura que a&ntilde;adir a las fracturas social y digital?
    </p><p class="article-text">
        Para terminar, es indudable que la sanidad es una gran fuente de riqueza. Paul Krugman ha escrito recientemente que de los cuatro sectores en los que el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos prev&eacute; que se crear&aacute; m&aacute;s empleo en la pr&oacute;xima d&eacute;cada, tres son de alg&uacute;n tipo de asistencia, incluyendo la asistencia sanitaria. De modo que es prioritario defender nuestro modelo, uno de los m&aacute;s eficientes del mundo, es decir de mayor cobertura, equidad y calidad, con m&aacute;s humanizaci&oacute;n, prevenci&oacute;n y determinantes sociales. Con m&aacute;s medicina comunitaria y una tecnolog&iacute;a al servicio de lo com&uacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pandemia-digital-dilemas-despues-covid-19_129_5986331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2020 21:08:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pandemia digital. Dilemas para después de la COVID-19]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paisaje después de la Pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/paisaje-despues-pandemia_129_5895221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/205e9bfa-ecdc-473e-b4f7-92e5f21adec0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paisaje después de la Pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se ha demostrado que el sistema sanitario ha resistido, y lo ha hecho, además, tras una década de recortes y privatizaciones patrocinadas por las derechas</p></div><p class="article-text">
        La importancia de revisar, actualizar y/o reformar diferentes aspectos de nuestro sistema p&uacute;blico ha tomado fuerza tras el coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s de una evaluaci&oacute;n as&iacute; podr&iacute;a residir, al menos, en tres aspectos: primero, aprovechar la puesta en valor de lo p&uacute;blico y, en particular, de nuestro sistema sanitario; segundo, la necesidad de acometer cambios inaplazables en nuestro sistema universitario de investigaci&oacute;n; y tercero, el dise&ntilde;o de un futuro tecnol&oacute;gico al servicio del bien com&uacute;n y de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Primero. La sanidad p&uacute;blica ha resistido con nota. Ahora se trata de no morir de &eacute;xito. La hip&oacute;tesis de la falta de eficacia y de eficiencia de la sanidad p&uacute;blica frente a la privada se ha dado de bruces, de repente, con la crisis del coronavirus: la sanidad p&uacute;blica gana con autoridad, no ha tenido rival en todos los apartados m&aacute;s importantes y ha salido vencedora en las preferencias de los ciudadanos y con una alta valoraci&oacute;n social, incluso desde los balcones. Si algo ha salido reforzado de esta crisis ha sido nuestra sanidad y sus profesionales. Y la formaci&oacute;n, la organizaci&oacute;n descentralizada, la labor de equipo, la cultura de servicio p&uacute;blico y el compromiso profesional.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, se ha puesto de manifiesto la necesidad de mejora en los recursos p&uacute;blicos econ&oacute;micos, materiales, tecnol&oacute;gicos y humanos, aun no totalmente recuperados con la crisis, y tensionados con la pandemia. Pero sobre todo, la situaci&oacute;n de carencia de los sistemas de informaci&oacute;n, la epidemiolog&iacute;a y la salud p&uacute;blica que han tenido que esperar d&eacute;cadas para la aprobaci&oacute;n de su marco legal, todav&iacute;a pendiente de aplicaci&oacute;n. No hemos desarrollado el papel coordinador y de planificaci&oacute;n y direcci&oacute;n compartida del SNS. Y eso se ha puesto m&aacute;s de manifiesto durante esta crisis.
    </p><p class="article-text">
        Pero, muy importante: se ha demostrado que el sistema sanitario ha resistido, y lo ha hecho, adem&aacute;s, tras una d&eacute;cada de recortes y privatizaciones patrocinadas por las derechas. Las pol&iacute;ticas de austeridad del neoliberalismo han reducido el n&uacute;mero de camas hospitalarias en el mundo occidental y han mermado de una manera muy importante la capacidad asistencial de los servicios de salud. Pero el personal sanitario ha afrontado la crisis con un alto nivel de preparaci&oacute;n y de compromiso que, por cierto, se compadece mal con los contratos precarios, en muchos casos d&iacute;a a d&iacute;a, con que le obsequia la administraci&oacute;n. La comparaci&oacute;n con la respuesta alemana en equipos, pruebas, respiradores&hellip; es inapropiada, porque Alemania se ha convertido en un campe&oacute;n industrial, tecnol&oacute;gico y de investigaci&oacute;n, mientras que el modelo productivo del sur de Europa se ha debilitado y gira fundamentalmente en torno a una econom&iacute;a de servicios; cosa que nosotros hemos dicho en un art&iacute;culo anterior: &ldquo;Que inventen ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, nuestro sistema sanitario p&uacute;blico cuyos niveles de inversi&oacute;n est&aacute;n significativamente por debajo de los de los pa&iacute;ses de nuestro entorno (Francia, Alemania, Italia) tendr&aacute;, por el bien de todos, que replantear esas cifras para optimizar sus recursos.
    </p><p class="article-text">
        Segundo. De manera muy acusada durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, desde la &uacute;ltima crisis de 2008 que coincidi&oacute; en el tiempo con el Plan Bolonia, tampoco ha habido pol&iacute;ticas de prioridad hacia las universidades ni hacia el abastecimiento de la actividad de investigaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a, que tiene un gasto p&uacute;blico en educaci&oacute;n en la cola de la UE-28, est&aacute; en los puestos bajos en universidades de los pa&iacute;ses de la OCDE-34, y cuyo sistema tecnol&oacute;gico o cient&iacute;fico-t&eacute;cnico es particularmente d&eacute;bil, nunca se ha puesto el foco en facilitar la trasferencia de la investigaci&oacute;n y la innovaci&oacute;n desarrolladas en las universidades. No hay apenas programas para financiar los proyectos de investigaci&oacute;n que tienen opciones de triunfar comercialmente. M&aacute;s all&aacute; de unos pocos momentos puntuales como la primera etapa democr&aacute;tica, con un reforzamiento sin precedentes de la actividad cient&iacute;fica, y un repunte de apoyo a la investigaci&oacute;n en la primera legislatura de Zapatero, el denominador com&uacute;n a lo largo de nuestra historia es que los esfuerzos en este sentido no han sido importantes, por lo que los resultados, en general, no han sido buenos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso en cuanto ha llegado la pandemia, nuestro sistema de ciencia y nuestros recursos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos, estrangulados por los recortes, han tenido, salvo excepciones, un protagonismo marginal: no han aportado para la contenci&oacute;n de la pandemia y los laboratorios han cerrado durante pr&aacute;cticamente todo el per&iacute;odo de confinamiento. Paralelamente, por si esto fuese poco, a algunos de sus portavoces se les ha ocurrido aquello de que la persona elegida por el Gobierno para dar la cara, no tiene la altura cient&iacute;fica necesaria para presidir el comit&eacute; de crisis del Ministerio de Sanidad. Se ve que los epidemi&oacute;logos del Centro Nacional que coordinan todo el proceso dentro de las directrices de la OMS (tambi&eacute;n maltratada por el populismo ultra) no les parecen de suficiente nivel y les parecer&iacute;a mejor que hubiesen llamado a alguno de ellos. Sin comentarios.
    </p><p class="article-text">
        Pero hubo un tiempo pasado que fue diferente. En los comienzos de la Transici&oacute;n, muchos proyectos de investigaci&oacute;n de peque&ntilde;os grupos que se formaron en los departamentos universitarios recibieron una financiaci&oacute;n adecuada y eso impuls&oacute; a la Universidad espa&ntilde;ola de una manera determinante. Lamentablemente, los recortes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os han provocado el cierre de muchos de estos laboratorios, mientras que la financiaci&oacute;n ha seguido un modelo de escasez de recursos y de concentraci&oacute;n en pocos grupos, principalmente en los m&aacute;s grandes que se han formado en centros e institutos de investigaci&oacute;n, muchas veces alejados de los departamentos universitarios. Hoy, este modelo emite se&ntilde;ales de agotamiento, est&aacute; despilfarrando el potencial m&aacute;s joven, al tiempo que hay cada vez m&aacute;s una innecesaria proliferaci&oacute;n de art&iacute;culos en revistas especializadas que sirven fundamentalmente para hacer ingenier&iacute;a curricular para superar las evaluaciones de las agencias (ANECA, CNEAI) y para la promoci&oacute;n personal de los mayores, en las c&aacute;tedras, todo ello en detrimento de la escritura de libros y ensayos, con lo que se debilita la Universidad como monopolio cl&aacute;sico de la informaci&oacute;n y de la opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tercero. Al calor de la pandemia han proliferado las iniciativas en la l&iacute;nea de la vigilancia social. Es una realidad que las nuevas tecnolog&iacute;as nos est&aacute;n ayudando a aguantar el confinamiento: nos han permitido vernos y comunicarnos durante la pandemia, hemos podido hacer videoconferencias y hemos estado informados y recibido las &uacute;ltimas novedades en nuestros tel&eacute;fonos. Pero este tiempo de crisis tambi&eacute;n ha servido para sacar a la luz su lado m&aacute;s oscuro y se observa una fuerte tendencia a la digitalizaci&oacute;n policial. La cuesti&oacute;n, seg&uacute;n parece, es aprovechar el momento de incertidumbre para acentuar una supuesta necesidad. Las aplicaciones de geolocalizaci&oacute;n de toda la poblaci&oacute;n para identificar a las personas contagiadas degradan el nivel de nuestras libertades y podr&iacute;an tener un efecto letal para la salud de nuestra democracia. Una de las voces que nos advirti&oacute; sobre estos peligros fue Zygmunt Bauman, cuyo concepto de vigilancia l&iacute;quida har&iacute;a referencia a la evoluci&oacute;n digital del pan&oacute;ptico de Foucault, en la que los vigilados cooperamos con los vigilantes. Si es necesario utilizar sistemas para trazar los contagios &ndash;ojo al dato: Google y Apple ya se han apuntado los primeros a participar&ndash;, tendr&aacute; que ser con el patrocinio de la Uni&oacute;n Europea y, naturalmente, de manera voluntaria, al abrigo de la Ley org&aacute;nica de Protecci&oacute;n de Datos Personales de 2018; que ya incluye el tratamiento de los datos personales en los casos de la propagaci&oacute;n de epidemias, y con un horizonte estricto de aplicaci&oacute;n por el tiempo que dure la necesidad. La tecnolog&iacute;a deber&iacute;a preservar la relaci&oacute;n de los ciudadanos con la sanidad, los derechos individuales a la intimidad y auxiliar en el seguimiento y aislamiento de casos en este momento. En este sentido son importantes algunas iniciativas como la app de autodiagn&oacute;stico y el seguimiento de casos de la atenci&oacute;n primaria, frente al pasaporte serol&oacute;gico, las arcas de No&eacute; y las aplicaciones obligatorias.
    </p><p class="article-text">
        La crisis producida por el virus SARS-Cov2 ha hecho m&aacute;s visibles problemas que ya exist&iacute;an y ha generado interrogantes nuevos. Junto a ellos, ha situado al sector socio-sanitario y a las residencias de mayores en la primera l&iacute;nea de las cuestiones inaplazables. Tambi&eacute;n hemos aprendido, como escribe Sami Na&iuml;r en sus art&iacute;culos, que la salud, la educaci&oacute;n, el conocimiento y la seguridad no se pueden mercantilizar: el Estado tiene que invertir en eso. Para que nuestro pa&iacute;s no se quede definitivamente rezagado en la carrera tecnol&oacute;gica, es necesario dar prioridad a pol&iacute;ticas de defensa de los servicios p&uacute;blicos y de combate contra la precariedad de los contratos, extraordinariamente comunes en el sistema sanitario y universitario, y al rejuvenecimiento de las plantillas, que afectar&iacute;a fundamentalmente a nuestras universidades, en las que ser&iacute;a esencial repatriar a los miles de investigadores que trabajan en el extranjero. Tenemos que revitalizar la investigaci&oacute;n en las universidades, dot&aacute;ndolas de un amplio tejido de grupos de investigaci&oacute;n (&ldquo;una nueva hojarasca&rdquo;), financi&aacute;ndolos oportunamente mediante convocatorias especiales con fondos auton&oacute;micos, espa&ntilde;oles y europeos, para rentabilizar la inversi&oacute;n que se est&aacute; haciendo en la formaci&oacute;n de los m&aacute;s j&oacute;venes. Ning&uacute;n investigador de nuestras universidades p&uacute;blicas, que justifique un proyecto y acredite una publicaci&oacute;n cient&iacute;fica, un libro, un ensayo&hellip; deber&iacute;a quedar sin financiaci&oacute;n. Son nuestros serenos de la central de alarmas frente a futuras crisis globales.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, la pandemia provocada por el SARS-Cov2 no ha respetado las fronteras y ha puesto en jaque no solo a los sistemas sanitarios, sino a toda la aldea global, lo que deber&iacute;a reforzar el papel de la OMS, con m&aacute;s recursos, m&aacute;s autonom&iacute;a y m&aacute;s autoridad mundial. Afortunadamente, las medidas de confinamiento han funcionado y la curva de contagios va descendiendo. La obsesi&oacute;n actual por atribuir responsabilidades y la apropiaci&oacute;n morbosa de los fallecidos es un esfuerzo in&uacute;til, que nos sit&uacute;a en un pasado que no podemos cambiar. Adem&aacute;s, en un sistema descentralizado y de competencias compartidas, la responsabilidad solo puede ser eso: compartida. Los fallecidos solo son de sus allegados. Esa obsesi&oacute;n solo sirve para m&aacute;s cainismo. El relato de parte solo trae melancol&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gaspar Llamazares, Miguel Souto Bayarri]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2020 21:12:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paisaje después de la Pandemia]]></media:title>
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