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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Ángeles Martín Romera]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - María Ángeles Martín Romera]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Epidemias, apocalipsis y el anhelo de un orden nuevo: lecciones desde el medievo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/epidemias-apocalipsis-anhelo-lecciones-medievo_129_5896374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/28a278ab-ff98-413f-b497-1f1e49f22a60_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La Peste, serie de Alberto Rodríguez. "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La actual crisis ha traído una discusión acerca de cómo cambiará nuestra sociedad, qué es lo que hemos aprendido y qué aspectos guiarán el mundo post COVID-19</p></div><p class="article-text">
        La fascinaci&oacute;n humana por las narrativas apocal&iacute;pticas no es un fen&oacute;meno contempor&aacute;neo. Desde la Biblia, con el diluvio universal, estos relatos han sido recurrentes y la Edad Media no fue una excepci&oacute;n. La escatolog&iacute;a del cristianismo medieval giraba en torno a la expectativa del d&iacute;a del juicio final. M&aacute;s all&aacute; de su aspecto temible, en especial el infierno que esperaba a las almas de los pecadores condenados, este fin de los tiempos descrito en el apocalipsis de San Juan era tambi&eacute;n puerta a la resurrecci&oacute;n y el para&iacute;so. En efecto, gran parte de la fascinaci&oacute;n por cualquier relato apocal&iacute;ptico reside en la promesa que entra&ntilde;a de un renacimiento, un nuevo comienzo, un orden nuevo y posiblemente mejor, tras la purificaci&oacute;n del mundo pret&eacute;rito corrupto.
    </p><p class="article-text">
        La actual crisis, junto a la devastaci&oacute;n, el dolor, la incertidumbre y los temores, ha tra&iacute;do tambi&eacute;n una intensa discusi&oacute;n acerca de c&oacute;mo cambiar&aacute; nuestra sociedad, qu&eacute; es lo que hemos aprendido en estos meses y qu&eacute; aspectos desear&iacute;amos que guiaran el mundo post COVID-19. Se trata de deseos y esperanzas sobre los que se cierne la sombra del pesimismo: la sospecha de que tras la crisis volveremos a nuestros peores h&aacute;bitos, que olvidaremos a los trabajadores que nos han salvado, dejaremos que se desmiembre a&uacute;n m&aacute;s nuestro sistema p&uacute;blico, seguiremos jugando a la ruleta neoliberal y dejando que avance el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La historia bajomedieval, con todas salvedades que una comparaci&oacute;n con el presente requiere, proporciona un escenario real en el que poder verificar hasta qu&eacute; punto una epidemia de dimensi&oacute;n mundial (del mundo conocido en aquel entonces), contribuy&oacute;, o no, a transformar el orden social y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La peste negra asol&oacute; Europa entre 1347 y 1349 e inaugur&oacute; una serie de recurrencias epidemiol&oacute;gicas con una frecuencia variable pero que se extendieron hasta m&aacute;s all&aacute; de la Edad Moderna. En el imaginario colectivo, la peste de 1348, que la pel&iacute;cula 'El S&eacute;ptimo Sello' (Ingmar Bergman, 1957) convirti&oacute; en una de las convenciones f&iacute;lmicas m&aacute;s potentes de &ldquo;lo medieval&rdquo;, es el s&iacute;mbolo de la llamada crisis bajomedieval.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de sus connotaciones negativas, la crisis bajomedieval marca asimismo el desarrollo de una serie de cambios que permitir&aacute;n el alumbramiento de un nuevo orden econ&oacute;mico y sociopol&iacute;tico, germen de la Europa moderna: la decadencia del feudalismo, la consolidaci&oacute;n de la red urbana europea, la conversi&oacute;n de la nobleza guerrera hacia un modelo cortesano, los or&iacute;genes de los estados modernos... En este periodo, la reorganizaci&oacute;n econ&oacute;mica y de la poblaci&oacute;n, as&iacute; como las turbulencias pol&iacute;ticas, cuestionaron las relaciones jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas que hab&iacute;an regido en los siglos previos, transformando el orden pol&iacute;tico y social. Sin embargo, la relaci&oacute;n entre estos fen&oacute;menos y la gran mortandad de 1348 no es en absoluto evidente.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender la complejidad de estas cuestiones es importante se&ntilde;alar que la historiograf&iacute;a no es una ciencia exacta y los historiadores siguen debatiendo cu&aacute;l fue el papel de la peste en este contexto de crisis y en qu&eacute; medida los fen&oacute;menos posteriores estuvieron causados por esta mortandad o tuvieron su ra&iacute;z en otros factores previos y posteriores. Ha de pensarse que hasta los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado, la peste de 1348 interesaba casi exclusivamente a los estudiosos de historia de la medicina. En general puede decirse que el papel atribuido a la peste, m&aacute;s all&aacute; de la gran mortandad y el indudable trauma que le sigui&oacute;, oscila entre lo relativo y lo modesto.
    </p><p class="article-text">
        La crisis se habr&iacute;a iniciado d&eacute;cadas antes de la llegada de la peste. Desde finales del siglo XIII ya hab&iacute;a muestras de agotamiento de la producci&oacute;n agr&iacute;cola y de estancamiento de la poblaci&oacute;n. La explotaci&oacute;n de terrenos cada vez m&aacute;s marginales y menos f&eacute;rtiles desemboc&oacute; en un descenso de la productividad, agravado por un empeoramiento del clima, con sucesivas malas cosechas y carest&iacute;as. El hambre y las malas condiciones higi&eacute;nicas dejaron a la poblaci&oacute;n en una situaci&oacute;n de debilidad ante el ataque del bacilo de Yersin, responsable de la peste.
    </p><p class="article-text">
        Como en el caso de la COVID-19, parece que la alteraci&oacute;n del ecosistema de los hu&eacute;spedes originales, en este caso roedores de las estepas, estuvo en el origen de la entrada en contacto de los humanos con la enfermedad. Los ratones salvajes buscaron comida m&aacute;s all&aacute; de su h&aacute;bitat, pasando el bacilo a los ratones que conviv&iacute;an con los humanos. Estos viajaron en las bodegas de los barcos en las rutas comerciales con Oriente y desembarcaron en Italia, transmiti&eacute;ndose la peste de los ratones a las pulgas y de las pulgas, a los humanos. Las cifras de muertos que se barajan para la epidemia de 1348 no pasan de ser aproximaciones, pero sugieren que la poblaci&oacute;n europea se redujo a aproximadamente la mitad en algunos territorios.
    </p><p class="article-text">
        Una consecuencia directa de esta mortandad fue la escasez de mano de obra en el campo con las subsiguientes dificultades para los se&ntilde;ores que viv&iacute;an de las rentas que los campesinos les entregaban. La falta de trabajadores hizo subir salarios, hasta tal punto que las monarqu&iacute;as legislaron para obligar a las personas desocupadas a trabajar y para establecer l&iacute;mites a los sueldos. Los supervivientes accedieron a herencias y recursos adicionales, por lo que mejoraron las condiciones de vida, aumentaron los matrimonios y los nacimientos, aunque las siguientes oleadas de peste siguieron manteniendo la tendencia a la baja demogr&aacute;fica hasta entrado el siglo XV. Aument&oacute; fuertemente la inmigraci&oacute;n en las ciudades, donde exist&iacute;a una igualdad mayor entre sus habitantes, especialmente si se compara con las diferencias de estatus entre siervos y se&ntilde;ores en el &aacute;mbito rural.
    </p><p class="article-text">
        Junto a la peste, este periodo vivi&oacute; otros dos fen&oacute;menos con gran capacidad de perturbaci&oacute;n: las guerras, como la de los Cien a&ntilde;os (1337-1453) o la guerra civil castellana concluida en 1369, y las revueltas urbanas y campesinas. Las guerras fomentaron la centralizaci&oacute;n mon&aacute;rquica, con el desarrollo de los ej&eacute;rcitos y de sistemas impositivos. Las revueltas campesinas contra los se&ntilde;ores contestaban las condiciones de sujeci&oacute;n y los abusos se&ntilde;oriales, mientras que las urbanas fueron a menudo protagonizadas por sectores artesanos que exig&iacute;an aumentos salariales o mayor participaci&oacute;n pol&iacute;tica. Una constante en las revueltas fue la protesta contra los impuestos exigidos, que reca&iacute;an sobre el pueblo com&uacute;n, mientras los grupos privilegiados estaban exentos.
    </p><p class="article-text">
        Si bien estos fen&oacute;menos tuvieron un impacto m&aacute;s directo que la peste en el cambio del orden sociopol&iacute;tico que se produjo en la baja Edad Media, en ocasiones han sido interpretados como consecuencias de la propia peste. La belicosidad del siglo XIV se ha visto como una respuesta de la nobleza al descenso de sus ingresos al depreciarse las rentas se&ntilde;oriales. Algunas revueltas campesinas fueron una reacci&oacute;n al intento de los se&ntilde;ores de contrarrestar estas dificultades con condiciones m&aacute;s severas de sujeci&oacute;n de sus campesinos. Ciertas revueltas urbanas surgieron por oposici&oacute;n a las medidas impuestas para rebajar los salarios que hab&iacute;an aumentado descontroladamente tras la epidemia. Por lo tanto, con una causalidad mucho m&aacute;s indirecta, pueden verse ecos de los efectos de la peste en estos fen&oacute;menos que incidieron fuertemente en las transformaciones econ&oacute;micas y sociopol&iacute;ticas bajomedievales.
    </p><p class="article-text">
        Los factores psicol&oacute;gicos de la pandemia son muy dif&iacute;ciles de medir desde una perspectiva hist&oacute;rica, pero probablemente fueron muy intensos por su car&aacute;cter repentino y devastador en un periodo muy corto de tiempo. La referencia a la peste se convirti&oacute; en un t&oacute;pico habitual, ya fuera como met&aacute;fora de cualquier calamidad, o con adjetivos como &ldquo;pest&iacute;fero&rdquo;. No obstante, pasados algunos a&ntilde;os se extinguen las menciones en las fuentes a esta mortandad en concreto, pues la peste era un mal recurrente con el que se conviv&iacute;a. En este plano es evidente que nuestra sociedad es muy diferente, ya que no est&aacute; expuesta a hambrunas y guerras que relativicen la tragedia de la pandemia. Sin embargo, por otro lado, para gran parte de la poblaci&oacute;n occidental las consecuencias de esta epidemia se viven a trav&eacute;s de una pantalla en la reclusi&oacute;n de nuestras casas, lo que supone una experiencia mucho m&aacute;s indirecta que la que tendr&iacute;an los habitantes de una ciudad medieval en medio de la explosi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No es posible predecir c&oacute;mo ser&aacute; el planeta post COVID-19. La historia puede ense&ntilde;arnos mucho, pero la comparativa entre sociedades tan diversas implica considerables diferencias. Sin duda hay elementos comunes: el agotamiento de los recursos naturales actual, el papel del cambio clim&aacute;tico (en nuestro caso provocado por la acci&oacute;n humana), el car&aacute;cter devastador de la epidemia, los intentos de atajarla con medidas pol&iacute;ticas de contenci&oacute;n y aislamiento, los actos heroicos y solidarios, al igual que los mezquinos e irresponsables. Hay otros, sin embargo, que nos alejan diametralmente del escenario de 1348.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo de la peste negra puede sugerir que la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y demogr&aacute;fica no tardar&aacute; tanto en llegar como tememos, e incluso que el trauma colectivo (no es posible investigar los traumas individuales de &eacute;poca medieval) podr&iacute;a dejar menos secuelas de las que pensamos. Por otra parte, siembra dudas sobre el potencial de la epidemia para consolidar cambios socio-pol&iacute;ticos de calado. A diferencia de lo que ocurri&oacute; durante la conquista de Am&eacute;rica, cuando las enfermedades llevadas por los espa&ntilde;oles arrasaron la poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona, en 1348 la poblaci&oacute;n diezmada sigui&oacute; siendo la rectora tras la epidemia.
    </p><p class="article-text">
        Esta poblaci&oacute;n, incluso durante las revueltas que abundaron en el periodo posterior, por lo general no pretend&iacute;a un cambio pol&iacute;tico, sino tan solo la mejora de las condiciones de vida. La deslegitimaci&oacute;n de los gobernantes ten&iacute;a m&aacute;s componente de descontento que de subversi&oacute;n. Probablemente este elemento no sea tan distinto a nuestras actitudes hoy en d&iacute;a. Las numerosas cr&iacute;ticas se centran progresivamente m&aacute;s en la gesti&oacute;n de la emergencia, que en las evidentes deficiencias de un sistema capitalista que desprotege lo p&uacute;blico y acelera el cambio clim&aacute;tico. Tendemos a desear una mejora en las condiciones de vida que no requiera un cambio estructural que nos obligue a transformar nuestro estilo de vida.
    </p><p class="article-text">
        A la vista de todo esto, &iquest;qu&eacute; potencial tienen epidemias como la peste de 1348 o la COVID-19, que han cambiado la faz de la tierra, para dar paso a un orden nuevo? El papel exacto de la peste es dif&iacute;cil de aquilatar, pero su influencia como catalizador de cambios es innegable. La epidemia tiene que ser en todo caso catalizadora de transformaciones cuya gestaci&oacute;n la preceda y que encuentren agentes sociales y pol&iacute;ticos dispuestos a defenderlas y llevarlas a cabo. Contamos con grandes ventajas en este sentido que determinar&aacute;n tambi&eacute;n diferentes resultados: estados y organismos pol&iacute;ticos inmensamente m&aacute;s poderosos y con medios inexistentes en el siglo XIV, una sociedad civil con acceso a la educaci&oacute;n y a medios de comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n sin parang&oacute;n en la historia de la humanidad, y unos medios cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos extraordinarios. Se abre sin duda una oportunidad para cambios sin precedentes, en nuestras manos est&aacute; c&oacute;mo se escribir&aacute; esta historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Ángeles Martín Romera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/epidemias-apocalipsis-anhelo-lecciones-medievo_129_5896374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2020 21:12:11 +0000]]></pubDate>
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