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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sanjo Fuentes Luis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sanjo-fuentes-luis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sanjo Fuentes Luis]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Coronavirus:  ¿El 'caminar' de la 'ciudadanía cadáver'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/coronavirus-caminar-ciudadania-cadaver_132_5951007.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace tiempo le&iacute;:
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;<em>Si nada colisiona en nuestra alma, ning&uacute;n templo se derrumba. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si no hay ruinas, no hay material para edificar algo nuevo</em>&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Seguramente, un impacto de esta naturaleza nos dejar&aacute; una profunda huella en nuestra fr&aacute;gil realidad construida sobre cimientos de cristal. Seguramente, cuando sintamos que este mal sue&ntilde;o nos ha golpeado con toda su crudeza, preferir&iacute;amos que fuera solamente eso, un sue&ntilde;o y nada m&aacute;s. Seguramente, al mirar la nostalgia de ayer, lo que estaba y se fue, lo que iba a ser y no lleg&oacute;, nos deje un sabor amargo y hasta es posible que un sentimiento de culpabilidad nos invada. Entonces, el <em>vac&iacute;o</em> se har&aacute; presente: &iquest;qu&eacute; est&aacute;bamos (estamos) haciendo? 
    </p><p class="article-text">
        Muchas son las heridas de este tsunami v&iacute;rico. La m&aacute;s profunda y dolorosa: la p&eacute;rdida de vidas humanas y no poder despedirnos de quienes han formado parte de las nuestras. Tan cruel que ni siquiera eso: tiempo y reposo para decirles adi&oacute;s. Adi&oacute;s merecido sobre todo para aquellos que vivieron tiempos de escasez y silencio obligado, para aquellas que haciendo de las penurias virtud se masajeaban el vientre para que el ruido del hambre no las delatara tras darles el pan a sus hijos. 
    </p><p class="article-text">
        Otra vez, la grieta se abre por la misma extremidad de este cuerpo social ya da&ntilde;ado. S&iacute;, otra vez tocar&aacute; <em>repartirse las</em>  <em>migajas</em> que cantaba Evaristo en la Polla Records. &iexcl;Total qu&eacute; m&aacute;s da, ya est&aacute;n acostumbrados a hacerlo!, dir&aacute;n algunos. Otra vez, sobre los bordes del precipicio, los buitres de la ultra gesti&oacute;n sobrevuelan agarrados a los fr&iacute;os datos para hacernos creer que esta plaga b&iacute;blica es el castigo divino tras el fest&iacute;n de los <em>pueblos del sur</em>. Y, por esa justicia liberal, se justifican la producci&oacute;n de esmaltes para u&ntilde;as o ceniceros para sus opulentas mesas. Claro est&aacute;, son &ldquo;bienes de primera necesidad&rdquo;: necesidad de quienes necesitan seguir engordando sus absurdas necesidades. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras la ola de la pandemia social nos inunda, una vez m&aacute;s la Vieja Europa se disfraza para asistir al <em>carnaval de los intereses</em>, aparentando joven y solidaria, justa y generosa frente al espejo de la adversidad. La <em>m&aacute;scara de la hipocres&iacute;a</em> trata de ocultar que las profundas arrugas de su envejecido rostro -ego&iacute;sta y enfermo- no se deben a los rigurosos inviernos, no, sino a la verdadera edad y raz&oacute;n de su nacimiento: <em>BERL&Iacute;N 1885</em>, sobre el mantel de la geopol&iacute;tica y con escuadra y cartab&oacute;n, los <em>B&aacute;rbaros del Norte</em> discuten c&oacute;mo repartirse el futuro de los pueblos del sur, mostrando su apetito m&aacute;s carro&ntilde;ero. Y ahora que las <em>epidemias del sur</em> cruzan el Limes romano, los <em>tecn&oacute;cratas del plasma</em> vociferan que sus &ldquo;ajustes de cuentas&rdquo; son la &uacute;nica y prof&eacute;tica salvaci&oacute;n: MEDE, Rapid Financing Instrument o ESM son las &ldquo;esperadas vacunas&rdquo; que nos sanaran despu&eacute;s de muertos. 
    </p><p class="article-text">
        Y sentados frente a la orilla de la cat&aacute;strofe (o sumergidos ya en ella), se  escucha c&oacute;mo el lenguaje b&eacute;lico se abre paso para combatir esta tormenta devastadora, atrincherando nuestra capacidad de acci&oacute;n como ciudadanos, como si quisieran hacernos sentir ajenos a su posible soluci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de nuestro c&iacute;vico confinamiento. La dial&eacute;ctica belicista y su puesta en escena, empuja a la ciudadan&iacute;a hacia el pelot&oacute;n de reclutas sin capacidad decisoria alguna. Orden&aacute;ndole CUERPO a TIERRA, desechando su solidaridad y trayectoria hist&oacute;rica en las adversidades vividas. &iexcl;No, ahora no!, esos andamiajes no son suficientes para ganar esta guerra, nos gritan. A la voz de mando, resucitan verdes s&iacute;mbolos ocultos tras los altos muros. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, frente al Apocalipsis que se avecina, &iquest;dejaremos que el <em>vac&iacute;o</em> se vuelva hacer presente? Tras la pandemia v&iacute;rica, &iquest;llegar&aacute; la <em>amnesia digital</em> que todo lo cura?, &iquest;ser&aacute; una vez m&aacute;s la <em>ciudadan&iacute;a cad&aacute;ver</em> los da&ntilde;os colaterales de esta contienda? 
    </p><p class="article-text">
        Cada noche, los aplausos de los balcones rompen el silencio para homenajear a nuestr@s<em> h&eacute;roes de blanco</em>. Cada d&iacute;a, y con el miedo a&uacute;n tatuado en sus miradas, los <em>manteros del Raval</em> convierten sus tiendas en talleres para fabricar batas y mascarillas que entregan a hospitales de Barcelona. Desde sus pupitres digitales, <em>universitarios contra la pandemia</em> ofrecen cursos online gratuitos para alumn@s. Con la Alhambra al fondo, la <em>asociaci&oacute;n de patinetes de Granada</em> recorre las calles llevando a mayores y enfermos las medicinas que tanto necesitan. En la esquina de un barrio marginal de Arrecife, una empresa familiar de tapicer&iacute;a reparte 300 mascarillas para que sean usadas por grupos de riesgo. Mientras, el <em>movimiento ciudadano yo te cocino</em> llena los fogones de sabores solidarios para los que est&aacute;n en la primera l&iacute;nea de la atenci&oacute;n sanitaria...
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, el coronavirus corre muy r&aacute;pido, pero la <em>ciudadan&iacute;a cad&aacute;ver</em> se ha puesto a <em>caminar</em>. Ya lo dijo Galeano: &ldquo;<em>La utop&iacute;a est&aacute; en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos m&aacute;s all&aacute;. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzar&eacute;. &iquest;Para qu&eacute; sirve la utop&iacute;a? Para eso sirve, para caminar</em>&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sanjo Fuentes Luis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/coronavirus-caminar-ciudadania-cadaver_132_5951007.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2020 18:39:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Coronavirus:  ¿El 'caminar' de la 'ciudadanía cadáver'?]]></media:title>
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