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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ferran Martínez Navarro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ferran-martinez-navarro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ferran Martínez Navarro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La gestión de las epidemias y la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/gestion-epidemias-politica_132_6030970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Una epidemia es un cambio en el estado de una poblaci&oacute;n, que aparece en un tiempo y espacio concreto, y que se manifiesta como un grupo de personas enfermas, homog&eacute;neas respecto a la especificidad etiol&oacute;gica y cl&iacute;nica, y con un grado elevado de diferenciaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica respecto a la comunidad de referencia, proporcion&aacute;ndonos una imagen de riesgo que orienta nuestra investigaci&oacute;n causal y la aplicaci&oacute;n de medidas espec&iacute;ficas para su control.
    </p><p class="article-text">
        Independiente de que sea un cl&uacute;ster, brote, epidemia o pandemia (son los diferentes grados cuantitativos de su presentaci&oacute;n) una epidemia no es solo un problema de salud p&uacute;blica tambi&eacute;n lo es de gobierno, por su g&eacute;nesis al ser un proceso biol&oacute;gico conformado socialmente, y por su control al implicar intervenciones sobre la poblaci&oacute;n, que exceden con frecuencia las estrategias m&eacute;dicopreventivas como la quimioprofilaxis, la vacunaci&oacute;n o la gesti&oacute;n eficiente del sistema sanitario. Por ello, exige medidas de gobierno que coordinen las diferentes &aacute;reas econ&oacute;micas, sociales y ambientales implicadas. Es una urgencia de salud p&uacute;blica que requiere una intervenci&oacute;n inmediata de car&aacute;cter global.
    </p><p class="article-text">
        Su abordaje requiere un orden metodol&oacute;gico riguroso, el m&eacute;todo epidemiol&oacute;gico, aplicando el criterio de inclusi&oacute;n (sospechoso, probable y confirmado), y el ordenamiento de los datos epidemiol&oacute;gicos seg&uacute;n las dimensiones de tiempo (fecha de inicio de s&iacute;ntomas), espacio (distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los casos) y caracterizaci&oacute;n del grupo de enfermos y su nivel de exposici&oacute;n al posible riesgo, manteniendo siempre la visi&oacute;n diacr&oacute;nica de la situaci&oacute;n, es decir los cambios observados a lo largo del tiempo. Esta descripci&oacute;n es necesaria para formular una hip&oacute;tesis causal y verificarla identificando la causa y circunstancias que la han producido. Esta investigaci&oacute;n, con sus componentes descriptivo y anal&iacute;tico, es necesaria para  la aplicaci&oacute;n de medidas espec&iacute;ficas, con base cient&iacute;fica y de gobierno, para su control. En muchas ocasiones su impacto es global, tanto por sus efectos como por las medidas de control a aplicar, por lo que la administraci&oacute;n sanitaria debe tener presente los principios de precauci&oacute;n, proporcionalidad y subsidiariedad en su resoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La interacci&oacute;n de los niveles t&eacute;cnico y pol&iacute;tico, incluyendo tambi&eacute;n a la poblaci&oacute;n, es una relaci&oacute;n asim&eacute;trica por la distinta percepci&oacute;n del problema que tiene cada uno: absoluta en el caso de los epidemi&oacute;logos y relativa en el caso de los pol&iacute;ticos y de la poblaci&oacute;n (si bien a veces esta percepci&oacute;n se invierte), lo que suele conducir a situaciones de tensi&oacute;n entre los diferentes agentes, destacando:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>La gesti&oacute;n del tiempo para su estudio y aplicaci&oacute;n de las medidas de control es diferentes para los agentes implicados. Inmediato para los &oacute;rganos de gobierno, y condicionado al estudio del brote en el caso del epidemi&oacute;logo, lo que nunca debe excluir la urgencia con la que debe identificar las causas y la aplicaci&oacute;n de las medidas generales y espec&iacute;ficas.</li>
                                    <li>El diferente uso de las palabras y de los conceptos. El epidemi&oacute;logo utiliza un lenguaje cient&iacute;fico espec&iacute;fico, que deben traducir a lenguaje cotidiano, que no vulgar, con el fin de hacer comprensible, a los diferentes agentes implicados en su resoluci&oacute;n, la dimensi&oacute;n de la crisis epid&eacute;mica y las medidas a aplicar para su control. Es decir, al gobierno, a la administraci&oacute;n sanitaria y a la comunidad.</li>
                                    <li>La acci&oacute;n de gobierno se centra en la rapidez de la acci&oacute;n y la limitaci&oacute;n del estudio a la identificaci&oacute;n de la causa inmediata, eludiendo los problemas estructurales relacionados con la crisis epid&eacute;mica, a pesar del riesgo de descontextualizarla, y reduciendo su control a la causa inmediata, aunque disminuya su capacidad de resoluci&oacute;n. Por ejemplo, tiende a preservar, con frecuencia, la responsabilidad institucional, corporativa o pol&iacute;tica, cuando es, en mayor o menor grado, determinante en la g&eacute;nesis o soluci&oacute;n de la crisis epid&eacute;mica; prioriza las estrategias de control medicalizadas a pesar de que puedan ser limitadas, antes que abordar causas m&aacute;s estructurales con mayor capacidad de resoluci&oacute;n; al explicar la raz&oacute;n de aparici&oacute;n de una epidemia prefiere la responsabilidad individual, o unicausal, como las malas pr&aacute;cticas, el fraude, o la desidia en el mantenimiento de instalaciones, etc.. Si bien, a veces, ocurre lo contrario, cuando se responsabiliza al sistema y la responsabilidad es individual.</li>
                                    <li>Por &uacute;ltimo, la comunicaci&oacute;n de la crisis epid&eacute;mica a la poblaci&oacute;n suele centrarse en una explicaci&oacute;n que no perjudique a la imagen p&uacute;blica de la administraci&oacute;n y/o de sus responsables. Es frecuente que el miedo a que se detecte una gesti&oacute;n deficiente, o a que se produzca una opini&oacute;n p&uacute;blica desfavorables, evite que la comunicaci&oacute;n se haga desde las bases objetivas del conocimiento cient&iacute;fico y de la valoraci&oacute;n del impacto social y econ&oacute;mico, dominando un reduccionismo que busca ocultar la gravedad del problema y las causas que lo generaron.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Estas dificultades son m&aacute;s evidentes en aquellas sociedades en las que existe una limitaci&oacute;n de los derechos ciudadanos; una escasa cultura democr&aacute;tica en la vida p&uacute;blica, que soslaye la participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n; o un clientelismo pol&iacute;tico en el &aacute;mbito de la administraci&oacute;n p&uacute;blica, al dominar la libre designaci&oacute;n en puestos de trabajo que son propiamente t&eacute;cnicos. Todos estos aspectos, entre otros, subordinan los niveles t&eacute;cnicos a los pol&iacute;ticos, degradando la responsabilidad profesional y la calidad t&eacute;cnica de la funci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en una sociedad la gesti&oacute;n de una crisis epid&eacute;mica, de mayor o menor gravedad, es unilateral, las disfunciones se&ntilde;aladas, acentuadas por la confrontaci&oacute;n partidista, se agudizan y se alejan de la soluci&oacute;n del problema, ya que solo interesa la conclusi&oacute;n de la crisis y no las causas estructurales que la motivaron o la agravaron (descapitalizaci&oacute;n del sistema sanitario p&uacute;blico, menor accesibilidad de la poblaci&oacute;n a los servicios sanitarios privados). M&aacute;s all&aacute; de la causa inmediata no existe nada, aunque la situaci&oacute;n vuelva a repetirse en un futuro m&aacute;s o menos pr&oacute;ximo. En este caso, las causas estructurales que generaron la crisis pueden quedar ocultas por la urgente exigencia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y su influencia en la gesti&oacute;n t&eacute;cnica.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto es frecuente que, ante una crisis sanitaria, la evidencia cient&iacute;fica quede subordinada a la acci&oacute;n pol&iacute;tica, tanto en el an&aacute;lisis de la  situaci&oacute;n como en la toma de decisiones. Por ello, algunas de las medidas adoptadas son incongruentes, tales como la sustituci&oacute;n de los responsables t&eacute;cnicos y pol&iacute;ticos como salvaguarda de los errores no asumidos por un cargo pol&iacute;tico; los cambios en el organigrama; o la apertura de debates pol&iacute;ticos con argumentos alejados de la evidencia cient&iacute;fica y de los criterios &eacute;ticos de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, centr&aacute;ndolos en la descalificaci&oacute;n de las acciones aplicadas en la gesti&oacute;n epidemiol&oacute;gica y sanitaria de la crisis referidos a los criterios de inclusi&oacute;n de los casos, la cuantificaci&oacute;n &ldquo;exacta&rdquo; de los datos, los retrasos en la aplicaci&oacute;n de las medidas de control, la negaci&oacute;n de la evidencia epidemiol&oacute;gica en la aparici&oacute;n de brotes localizados en determinados contextos, o en el significado epidemiol&oacute;gico del incremento de la mortalidad general, entre otros. Todo ello puede acabar con la deslegitimaci&oacute;n t&eacute;cnica, pol&iacute;tica e incluso con su judicializaci&oacute;n. La politizaci&oacute;n en torno a la epidemia de la Covid-19 est&aacute; siendo paradigm&aacute;tica en este sentido, ya que es frecuente la descalificaci&oacute;n pol&iacute;tica argumentada con criterios t&eacute;cnicos que en muchas ocasiones no est&aacute;n validados cient&iacute;ficamente, obviando entre otras cuestiones el valor del capital social que representa un sistema sanitario p&uacute;blico accesible al conjunto de la poblaci&oacute;n y que ha sido capaz de sobrepasar la presi&oacute;n asistencial de la epidemia, ganando prestigio ante la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de deslegitimar la acci&oacute;n pol&iacute;tica sino de que, en nuestro caso,  sea coherente con aquella misi&oacute;n que tiene: mejorar la acci&oacute;n de gobierno en la toma de decisiones mediante la integraci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico en el espacio decisi&oacute;n-control. Tampoco se trata de situar la gesti&oacute;n t&eacute;cnica en la c&uacute;spide de la acci&oacute;n de gobierno, ya que podr&iacute;a eludir los valores &eacute;ticos de la acci&oacute;n pol&iacute;tica, y proponer medidas no coherentes con la gesti&oacute;n equitativa del gobierno para la resoluci&oacute;n de la crisis. Pudiera ocurrir tambi&eacute;n, que los t&eacute;cnicos prioricen la difusi&oacute;n de sus estudios en &aacute;mbitos cient&iacute;ficos y acad&eacute;micos, y presten menor atenci&oacute;n a su integraci&oacute;n en el espacio decisi&oacute;n-control de la administraci&oacute;n sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        La generalizaci&oacute;n de la cultura democr&aacute;tica es una exigencia de la ciudadan&iacute;a que debe materializarse al primar la acci&oacute;n de gobierno frente al ejercicio del poder, expresi&oacute;n m&aacute;s pr&oacute;xima al autoritarismo. Igualmente, no se debe limitar la acci&oacute;n de gobierno a los agentes pol&iacute;ticos, ni tampoco su ejecuci&oacute;n a los &oacute;rganos administrativos, ya que debe integrar tambi&eacute;n a la ciudadan&iacute;a, estableciendo para cada nivel de la gesti&oacute;n de gobierno como combinar estos agentes, de manera que se maximice los beneficios sobre el conjunto de la poblaci&oacute;n, reduciendo el impacto negativo de las contradicciones derivadas de la interacci&oacute;n entre los niveles pol&iacute;tico, t&eacute;cnico y ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*J. Ferran Mart&iacute;nez Navarro, expresidente de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Epidemiolog&iacute;a</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Martínez Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/gestion-epidemias-politica_132_6030970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Jun 2020 16:48:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La gestión de las epidemias y la política]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Epidemiología de campo. Una práctica fundamental de la salud pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/epidemiologia-campo-practica-fundamental-publica_132_5956377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El principal objetivo de los servicios de epidemiolog&iacute;a, adscritos a los departamentos de salud p&uacute;blica, es la intervenci&oacute;n para resolver los problemas epid&eacute;micos de la poblaci&oacute;n, ya sea mediante el estudio de brotes epid&eacute;micos o los estudios de prevalencia. Esta orientaci&oacute;n hacia la acci&oacute;n est&aacute; presente desde el mismo momento de su instauraci&oacute;n. As&iacute;, al crear, en 1910, la secci&oacute;n de Epidemiolog&iacute;a en el Instituto nacional de Higiene Alfonso XIII, se justific&oacute; por la necesidad de disponer de una unidad operativa cuyo objetivo era &ldquo;<em>intervenir en la resoluci&oacute;n de cuantos problemas epidemiol&oacute;gicos se presenten en el pa&iacute;s [&hellip;] acudir all&iacute; donde se presente un foco epid&eacute;mico cualquiera de enfermedad contagiosa y en el que las circunstancias demanden el estudio de su naturaleza o de las causas que lo determinen</em>&rdquo;. Esta fue una decisi&oacute;n l&oacute;gica por  la importancia de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infecciosas y el creciente papel de los laboratorios de microbiolog&iacute;a, como las instituciones cient&iacute;ficas m&aacute;s cualificadas para el control de dichas enfermedades a trav&eacute;s del diagn&oacute;stico y de la producci&oacute;n de vacunas necesarias para su control. Asimismo, la epidemiolog&iacute;a necesitaba la especificidad etiol&oacute;gica de la enfermedad con el fin de identificar su din&aacute;mica en la poblaci&oacute;n, as&iacute; como sus principales par&aacute;metros epid&eacute;micos, tales como contagiosidad, letalidad, inmunidad, formas de transmisi&oacute;n, etc. Esta asociaci&oacute;n entre bacteriolog&iacute;a y epidemiolog&iacute;a determinaba que la estrategia epidemiol&oacute;gica estuviese &ldquo;<em>guiada por la bacteriolog&iacute;a que investiga las causas</em>&rdquo;. La <em>medicina de laboratorio</em> aportaba la especificidad etiol&oacute;gica &ndash; necesaria para la intervenci&oacute;n- individual y comunitaria, as&iacute; como la verificaci&oacute;n de los posibles focos infecciosos identificados en el ambiente aportados por la epidemiolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica de la higiene p&uacute;blica se alejaba progresivamente del ambientalismo dominante en el siglo XIX al integrar los nuevos conocimientos y m&eacute;todos cient&iacute;ficos en las estrategias de intervenci&oacute;n para el control espec&iacute;fico de las enfermedades transmisibles. Se pas&oacute; del sometimiento al ambiente natural a considerarlo como expresi&oacute;n de un ambiente social desigual que genera riesgos diferenciados socialmente. Este primer cambio proporcionaba la informaci&oacute;n necesaria para una estrategia de intervenci&oacute;n sobre el ambiente, que pasaba, de forma progresiva, de ser global e inespec&iacute;fica a serlo espec&iacute;fica e individual y poblacional a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Para ello el enfermo deb&iacute;a dejar de ser considerado &ldquo;foco de infecci&oacute;n&rdquo; a ser &ldquo;sujeto de acci&oacute;n&rdquo; reclamando al Estado &ldquo;su derecho de defensa y no de tutela&rdquo; (Federico Montaldo, 1902, en &ldquo;<em>Las epidemias: defensa moderna, social e individual contra las principales&rdquo;</em>). Es decir, el Estado debe aplicar pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas para el control de estas enfermedades &ndash; basadas no s&oacute;lo en el conocimiento cient&iacute;fico sino tambi&eacute;n en los valores de los ciudadanos- a trav&eacute;s de la Higiene P&uacute;blica, siendo el enfermo sujeto de acci&oacute;n y la enfermedad objeto espec&iacute;fico, que debe ser controlado individual y colectivamente. As&iacute;, la pasividad o resignaci&oacute;n propia de la teor&iacute;a miasm&aacute;tica fue sustituida por las esperanzas abiertas por la teor&iacute;a microbiana, generada por un conocimiento cient&iacute;fico emergente, que creaba las expectativas de control de la enfermedad tanto preventivo como curativo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la administraci&oacute;n sanitaria empez&oacute; a principios del siglo XX a considerar viable las acciones para su control y prevenci&oacute;n mediante la incorporaci&oacute;n de una nueva disciplina cient&iacute;fica &ndash; la epidemiolog&iacute;a- orientada a la acci&oacute;n y control de epidemias y brotes epid&eacute;micos. Las bases cient&iacute;ficas estaban al alcance a trav&eacute;s de la microbiolog&iacute;a, la epidemiolog&iacute;a y la cl&iacute;nica. Las tres eran necesarias, pero dos de ellas requer&iacute;an espacios espec&iacute;ficos, como el laboratorio y el hospital, y la tercera se entend&iacute;a como una disciplina orientada a la acci&oacute;n sobre terreno, es decir en la comunidad y en los individuos.
    </p><p class="article-text">
        En <em>La funci&oacute;n epidemiol&oacute;gica moderna</em> (art&iacute;culo publicado en la Revista de Sanidad e Higiene P&uacute;blica en 1929), Ortiz de Land&aacute;zuri explicaba como reorientar la <em>pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica</em> a esta nueva estrategia de intervenci&oacute;n al pasar de una acci&oacute;n inespec&iacute;fica de &ldquo;limpieza general&hellip; lejos de la menor realidad epidemiol&oacute;gica&rdquo; sobre el ambiente (agua, suelo, alimentos, etc.), a iniciar la investigaci&oacute;n del brote a partir de la informaci&oacute;n proporcionada por los enfermos, ordenando dicha informaci&oacute;n en tiempo (fecha posible de contagio y de inicio de s&iacute;ntomas), espacio (delimitaci&oacute;n del territorio epid&eacute;mico) y de las caracter&iacute;sticas de los enfermos (edad, sexo y exposiciones o contactos de riesgo) identificando el origen, la fuente de infecci&oacute;n y las v&iacute;as de propagaci&oacute;n, todo ello con la aportaci&oacute;n de la informaci&oacute;n microbiol&oacute;gica que confirmaba la hip&oacute;tesis causal. Pero su propuesta no qued&oacute; circunscrita al estudio de los brotes epid&eacute;micos, ya que la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica necesitaba de: (1) un sistema de notificaci&oacute;n de enfermedades infecciosas, que se llev&oacute; a cabo en 1931 por Marcelino Pascua; (b) uniformar los m&eacute;todos epidemiol&oacute;gicos; (c) formaci&oacute;n de los salubristas en epidemiolog&iacute;a orientado a la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        La guerra civil y la postguerra rompi&oacute; la continuidad de estas reformas al no dotar de recursos materiales y personales a las secciones de epidemiolog&iacute;a, lo que produjo su progresiva contracci&oacute;n, entre 1945 a 1975. Hacia 1950 se hab&iacute;a acabado la inercia del impulso del periodo 1925-35 que caracteriz&oacute; a la Higiene P&uacute;blica. La pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica se hab&iacute;a convertido en una funci&oacute;n administrativa reducida a la recogida de los datos de las enfermedades de declaraci&oacute;n obligatoria, con o sin escaso an&aacute;lisis epidemiol&oacute;gico y con baja capacidad de intervenci&oacute;n sobre el terreno. A partir de 1975, se observan movimientos de cambio, como la introducci&oacute;n del nuevo concepto y m&eacute;todos de la <em>Vigilancia epidemiol&oacute;gica</em> (art&iacute;culo del que soy autor y que fue publicado en la Revista de Sanidad e Higiene P&uacute;blica, 1979) que significaba su actualizaci&oacute;n. El hito del proceso de cambio fue la creaci&oacute;n de la Sociedad espa&ntilde;ola de Epidemiolog&iacute;a (1978). La ansiada renovaci&oacute;n se estaba produciendo. Tres circunstancias nuevas hicieron posible este cambio.  
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, fue la aprobaci&oacute;n de la descentralizaci&oacute;n pol&iacute;tica llevada a cabo por la Constituci&oacute;n de 1978. La creaci&oacute;n de las Comunidades Aut&oacute;nomas como nuevos &oacute;rganos pol&iacute;ticos y la transferencia de las competencias de salud p&uacute;blica, reserv&aacute;ndose el Estado Central la normativa b&aacute;sica, abri&oacute; las posibilidades de modernizar los servicios de salud p&uacute;blica, entre ellos la epidemiol&oacute;gica. Los recursos humanos dedicados a la epidemiolog&iacute;a se incrementaron mejorando su pr&aacute;ctica. Y la posterior aprobaci&oacute;n de la Ley general de Sanidad (1986) cre&oacute; las &aacute;reas de salud como, entre otras funciones, el &aacute;mbito propio para la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica
    </p><p class="article-text">
        La segunda, fue la crisis epid&eacute;mica del s&iacute;ndrome del aceite t&oacute;xico, producido por un fraude alimenticio al comercializar aceite de colza de uso industrial para el consumo alimenticio. La investigaci&oacute;n de un brote de etiolog&iacute;a desconocida puso en evidencia la insuficiencias de la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica para resolver el problema. Los epidemi&oacute;logos, ante la presi&oacute;n de los niveles de decisi&oacute;n pol&iacute;tica, redujeron su actividad a &ldquo;contar los casos&rdquo; con escasa oportunidad para estudiar sobre el terreno la epidemia, mientras las investigaciones m&eacute;dicas y toxicol&oacute;gicas asumieron la mayor carga de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La tercera circunstancia, derivada directamente de la anterior, fue la orientaci&oacute;n de las becas para la formaci&oacute;n de m&eacute;dicos y personal sanitario en el extranjero a la formaci&oacute;n en salud p&uacute;blica y m&aacute;s concretamente en epidemiolog&iacute;a, acabando con la formaci&oacute;n autodidacta que hab&iacute;an tenido que asumir los j&oacute;venes salubristas.
    </p><p class="article-text">
        La aprobaci&oacute;n de la reforma de la vigilancia epidemiol&oacute;gica (1995), no fue solo una adaptaci&oacute;n de esta funci&oacute;n a la nueva organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa del Estado. Buscaba mejorar la capacidad de respuesta de la administraci&oacute;n sanitaria ante las crisis epid&eacute;micas proporcionando m&aacute;s recursos personales y materiales, as&iacute; como formaci&oacute;n espec&iacute;fica en el estudio de brotes epid&eacute;micos y otros incidentes sanitarios. Se hizo evidente la renovaci&oacute;n de la epidemiolog&iacute;a que se hab&iacute;a producido en diferentes &aacute;mbitos: universidad, centros de investigaci&oacute;n, y en nuevos espacios de la propia administraci&oacute;n sanitaria. Especial importancia tuvo la creaci&oacute;n del Instituto de Salud Carlos III, y dentro de esta instituci&oacute;n del Centro nacional de Epidemiolog&iacute;a, que incorpor&oacute; la vigilancia epidemiol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de la formaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica sobre el terreno fue la raz&oacute;n para proponer un programa de formaci&oacute;n, basado en el modelo Epidemic Intelligence Service de los Center for Diseases Control (CDC), mediante un acuerdo de colaboraci&oacute;n entre el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y los CDC de Estados Unidos. Correspondi&oacute; al Centro Nacional de Epidemiolog&iacute;a y a la Escuela Nacional de Sanidad, centros integrados en el ISCIII, la responsabilidad de su desarrollo y gesti&oacute;n. El Programa, que se denomin&oacute; de Epidemiolog&iacute;a Aplicada de Campo (PEAC), se inici&oacute; en 1994 y finaliz&oacute; en 2009 ante la indiferencia institucional.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de renovaci&oacute;n no estuvo limitado a Espa&ntilde;a. Entre 1980 y 2000, en algunos pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea se abrieron foros de debate acerca del papel de la epidemiolog&iacute;a en los servicios de salud p&uacute;blica, y su orientaci&oacute;n hacia la resoluci&oacute;n de crisis epid&eacute;micas provocadas por brotes, incidencias sanitarias, as&iacute; como para la evaluaci&oacute;n de medidas de intervenci&oacute;n, etc., reclamando nuevos &aacute;mbitos para su pr&aacute;ctica, adem&aacute;s del acad&eacute;mico. Francia fue, en este sentido, un pa&iacute;s pionero al iniciar en 1984 un curso de Epidemiolog&iacute;a de Intervenci&oacute;n, cuya responsabilidad recay&oacute; a partir de 1985 en el Institut pour le D&eacute;veloppement de l&rsquo;&Eacute;pid&eacute;miologie (IDEA). Asimismo, a partir de 1992, la Uni&oacute;n Europea inici&oacute; acciones comunitarias de salud p&uacute;blica, entre ellas la creaci&oacute;n en 1998 de la Network Commitee for the Epidemiological Surveillance and Control of Communicable Disease, con la finalidad de armonizar las acciones de los Estados Miembros. Una de esas acciones, considerada prioritaria, fue la creaci&oacute;n en 1995 del Epidemiological Intervention European Training (EPIET), con la participaci&oacute;n de 15 pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea, m&aacute;s Noruega. EPIET fue la adaptaci&oacute;n del EIS a la realidad europea siendo sus proponentes, en su mayor&iacute;a antiguos alumnos del EIS. Otros pa&iacute;ses - Espa&ntilde;a (1994), Alemania (1996) y los Pa&iacute;ses N&oacute;rdicos (1999)- con programas de formaci&oacute;n en epidemiolog&iacute;a de intervenci&oacute;n se incorporaron al EPIET desde su inicio. Posteriormente, la adscripci&oacute;n de EPIET al reci&eacute;n creado (2005) European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC) le proporcion&oacute; estabilidad y soporte institucional. Y es que, la preocupaci&oacute;n por el desarrollo de la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica en los servicios de salud p&uacute;blica se transform&oacute;, a finales del pasado siglo, en una preocupaci&oacute;n generalizada. La OMS, el CDC y el ECDC, entre otros organismos nacionales e internacionales, participan activamente en la promoci&oacute;n y desarrollo de la formaci&oacute;n de epidemi&oacute;logos en el terreno. Fruto de esta colaboraci&oacute;n fue - bajo los auspicios de la OMS, el CDC y la Fundaci&oacute;n Charles M&eacute;rieux- la creaci&oacute;n del Training Programs in Epidemiology and Public Health Interventions Network (TEPHINET, 1997) concebido como una red de enlace de todos los programas de epidemiolog&iacute;a de intervenci&oacute;n. En 1999 se organiz&oacute; como una sociedad sin &aacute;nimo de lucro, fusion&aacute;ndose en 2008 con The Task Force for Global Health, Inc., igualmente una fundaci&oacute;n sin &aacute;nimo de lucro.
    </p><p class="article-text">
        Todo este proceso de consolidaci&oacute;n de la epidemiolog&iacute;a en el marco de los servicio de salud p&uacute;blica, como una disciplina de intervenci&oacute;n sobre la comunidad, ha necesitado de un esfuerzo combinado de instituciones internacionales, nacionales y otros organismos no gubernamentales, orientado a fortalecer las estructuras de la salud p&uacute;blica y la formaci&oacute;n de epidemi&oacute;logos sobre el terreno. Este objetivo nos permite continuar el legado que nos dej&oacute; Langmuir (1951), sobre la pr&aacute;ctica de la vigilancia epidemiol&oacute;gica y su paradigm&aacute;tico mensaje de &ldquo;formaci&oacute;n mediante la pr&aacute;ctica&rdquo;, que permanece vivo entre los epidemi&oacute;logos despu&eacute;s de m&aacute;s de 60 a&ntilde;os desde su publicaci&oacute;n. A ello integramos la corta tradici&oacute;n espa&ntilde;ola &ndash; posible gracias al convenio del Gobierno espa&ntilde;ol con la Fundaci&oacute;n Rockefeller- en la pr&aacute;ctica epidemiol&oacute;gica de los a&ntilde;os 20 y 30, basada en los principios de la epidemiolog&iacute;a como una pr&aacute;ctica de intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia del Covid-19 ha puesto en evidencia, una vez m&aacute;s, como los servicios de epidemiologia adscritos a la administraci&oacute;n de salud necesitan ser potenciados, reforzando su capacidad de intervenci&oacute;n en el terreno. En este sentido, el &Aacute;rea de Salud debe ser considerado como el &aacute;mbito espec&iacute;fico de la epidemiolog&iacute;a de campo, coordinando la aplicaci&oacute;n de medidas de control individual en la Atenci&oacute;n Primaria. Es decir, los epidemi&oacute;logos de &aacute;rea son los encargados del an&aacute;lisis de la informaci&oacute;n proporcionada por la vigilancia epidemiol&oacute;gica permitiendo la identificaci&oacute;n, investigaci&oacute;n y control de brotes epid&eacute;micos, agregaciones t&eacute;mporo-espacial de casos, la trazabilidad de las cadenas de contagio y la coordinaci&oacute;n con la atenci&oacute;n primaria en las actividades de control y prevenci&oacute;n de casos y sus contactos. El escaso desarrollo de esta funci&oacute;n en las &aacute;reas de salud limita la acci&oacute;n de control epid&eacute;mico a la aplicaci&oacute;n de medidas preventivas en los individuos con escaso impacto de las medidas poblacionales estrat&eacute;gicas para el control de las epidemias.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el cese del Programa de Epidemiologia Aplicada de Campo debe ser reconsiderado por las autoridades sanitarias ya que la pr&aacute;ctica de la epidemiolog&iacute;a de intervenci&oacute;n requiere conocimientos y estrategias de abordaje muy espec&iacute;ficas.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Ferran Mart&iacute;nez Navarro, expresidente de la Sociedad Espa&ntilde;ola de Epidemiolog&iacute;a</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ferran Martínez Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/epidemiologia-campo-practica-fundamental-publica_132_5956377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2020 14:48:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Epidemiología de campo. Una práctica fundamental de la salud pública]]></media:title>
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