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    <title><![CDATA[elDiario.es - Esmeralda R. Vaquero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/esmeralda-r-vaquero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Esmeralda R. Vaquero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuidado con tanto autocuidado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidado-autocuidado_132_9672417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/659f7c6a-3bf0-41bd-ba24-e0ddf27c85cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuidado con tanto autocuidado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Querernos a nosotras mismas y velar por nuestros deseos y necesidades no puede dejar a un lado otras realidades, sobre todo las de aquellas con experiencias de vida con más dificultades y abusos</p><p class="subtitle">Cuidar no es solo dar la teta</p></div><p class="article-text">
        Vivimos <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/07/el-no-tan-bonito-jardin-de-las-redes-sociales/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hiperconectadas e hiperestimuladas</a> (est&iacute;mulos digitales, los otros ya cada una sabe). Estamos constantemente recibiendo informaci&oacute;n por m&uacute;ltiples canales. Presentaciones de libros, cursos interesantes, escapadas de fin de semana, canciones, fotograf&iacute;as de las vacaciones de no s&eacute; qui&eacute;n. Y estos nuevos canales son maravillosos para la difusi&oacute;n. Para eso est&aacute;n las redes sociales, para visibilizarnos, para <a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/12/remedios-zafra/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dar a conocer nuestro trabajo</a>, nuestras&nbsp;inquietudes, nuestras vidas, y si estamos contentas con nuestro cuerpo, para mostrarlo al mundo. Que para eso lo valemos. 
    </p><p class="article-text">
        La exaltaci&oacute;n del yo se ha convertido en una actividad permanente y omnipresente, propiciada por las redes sociales, aunque no son los &uacute;nicos elementos implicados. Hemos pasado de quedar a tomar un caf&eacute; con cuatro amigas a ventilar lo que nos pasa v&iacute;a Instagram o Facebook, a la espera de que las personas que tenemos como &lsquo;amigas&rsquo; validen lo que mostramos. Nos nutrimos, cada vez m&aacute;s, de la aprobaci&oacute;n digital ante lo que hacemos. Alimento fresco para nuestro ego. Me parece que el entorno digital facilita, y mucho, el egocentrismo. Y no es lo mismo que el ego&iacute;smo, aunque son familia; de hecho existe la tipolog&iacute;a de ego&iacute;smo egoc&eacute;ntrico. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que hay una frontera muy endeble entre esto del ego&iacute;smo y el autocuidado, entre aumentar la autoestima y valorar lo que somos, pensamos y sentimos con considerar que tenemos que preservar a toda costa nuestro bienestar, aunque eso suponga no tener tan en cuenta a las dem&aacute;s personas. Nos dicen que hay que quererse a una misma, mimarse, darse caprichos, no juzgarse, darse ba&ntilde;itos de agua caliente (quien sea tan afortunada de tener una ba&ntilde;era) y hacer <em>mindfulness</em>. Que as&iacute; estaremos mejor y&nbsp;podremos ofrecer lo&nbsp;mejor de nosotras mismas al mundo. Nos dicen que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2013/12/egoista-yo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es bueno ser ego&iacute;stas</a>, aunque el ego&iacute;smo se define como un inter&eacute;s desmedido hacia una misma, sin cuidar de las dem&aacute;s personas. Esto no parecer&iacute;a que nos afectara mucho a quienes hemos sido socializadas como mujeres, pues nuestra tendencia natural siempre ha sido la de cuidar y estar pendientes m&aacute;s del entorno que de nosotras. De hecho, cuando hemos intentado reservarnos un poco de tiempo y energ&iacute;a a muchas nos han llamado &lsquo;ego&iacute;stas&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora est&aacute; ocurriendo algo peculiar. Vivimos en una danza sentimental que oscila entre el interior, lo &iacute;ntimo, y lo exterior, lo colectivo, lo social. En ese baile tenemos que dar los pasos id&oacute;neos para no perder el equilibrio entre lo propio y lo ajeno. &iquest;Qu&eacute; es nuestro y qu&eacute; no? &iquest;Qu&eacute; debemos tolerar de las dem&aacute;s y a qu&eacute; debemos ponerle l&iacute;mites por nuestro propio bien? Identificar los elementos de nuestra vida que nos provocan malestar o no nos reportan sensaciones positivas es estupendo, pero en ese &lsquo;yo me cuido&rsquo; a veces perdemos la perspectiva de las circunstancias vitales de otras personas, de entender actitudes o comportamientos, aunque nosotras nunca har&iacute;amos lo mismo, de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/12/jane-goodall-el-triunfo-de-la-intuicion-y-la-empatia-sobre-el-patriarcado-rancio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">empatizar con quien ha tenido una historia de vida diferente</a> a la nuestra. &iquest;D&oacute;nde ponemos la frontera cuando la persona que tengo enfrente es racializada, cuando ha cruzado un oc&eacute;ano, cuando ha sido v&iacute;ctima de violencia machista, de abusos sexuales, cuando vive con su familia con apenas 400 euros mensuales, cuando trabaja 14 horas al d&iacute;a para cobrar el salario m&iacute;nimo? &iquest;Cu&aacute;nto anteponer el autocuidado en las interacciones cuando las otras, que somos o hemos sido muchas, no tienen ni siquiera la posibilidad de plantearse qu&eacute; es esto de la autoestima porque est&aacute;n (l&oacute;gicamente) centradas en sobrevivir? 
    </p><p class="article-text">
        A veces perdemos la perspectiva de que hay personas con las que nos relacionamos que han tenido un recorrido vital totalmente diferente al nuestro por diferentes injusticias estructurales y, por tanto, van a mantener una relaci&oacute;n distinta con ciertas emociones como el enfado, la rabia, la tristeza, la frustraci&oacute;n o el abatimiento.&nbsp;No digo que haya que justificar cualquier comportamiento bas&aacute;ndonos en las vivencias complicadas de la gente, pero s&iacute; creo que es posible dejar un poco a un lado ese autocuidado omnipresente y ejercitar la comprensi&oacute;n, la empat&iacute;a, el apoyo y la generosidad. &iquest;Aunque nos est&eacute;n da&ntilde;ando? Obviamente, no. Si el objetivo hacia el que se enfoca el malestar soy yo, ah&iacute; hablamos de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Desde que hace un tiempo comenz&oacute; a difundirse la importancia de la salud mental, parece que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/09/la-terapeutitzacion-de-la-cultura-menstrual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ir a terapia es algo extendido</a> y que debiera ser necesario y asequible para todas. S&iacute;, la terapia psicol&oacute;gica ayuda mucho, qu&eacute; duda cabe, te ofrece herramientas y recursos que tus amistades no van a saber ofrecerte. Pero tambi&eacute;n ayuda pensar, reflexionar, hacer el esfuerzo por entender. Tomarse tiempo para parar y analizar las situaciones. Debatir, argumentar junto a otras te abre tambi&eacute;n exuberantes caminos.
    </p><p class="article-text">
        Creo que en esta v&iacute;a del autocuidado a veces se nos olvida algo importante. <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/la-epidemia-del-fitness-y-la-comida-sana-cuando-lo-saludable-afecta-la-salud/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Convi&eacute;rtete en la mejor versi&oacute;n de ti&rdquo;</a>, nos dice la llamada psicolog&iacute;a positiva. Pero la mejor versi&oacute;n de ti nunca florece &uacute;nicamente de tu persona, sino que es junto a la comunidad donde brota. Y, adem&aacute;s, &iquest;la mejor versi&oacute;n de ti para qu&eacute;? &iquest;No somos seres tendentes a lo colectivo? &iquest;De qu&eacute; me sirve una b&uacute;squeda de la felicidad individualista si quienes tengo cerca conviven diariamente con un malestar arraigado en lo social? Quiz&aacute; todo ser&iacute;a m&aacute;s sencillo si, en lugar de centrarnos todo el tiempo en el Yo absoluto y depredador, intent&aacute;semos ser la mejor versi&oacute;n de nuestras personas interactuando con el mundo y con las otras. Sembrar, regar y cuidar para conseguir cosecha pero, sobre todo, para compartirla. &nbsp;As&iacute; no habr&aacute; temporal que pueda estropearla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidado-autocuidado_132_9672417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Nov 2022 05:01:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuidado con tanto autocuidado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[”Quiero que las personas tengan derecho a regularizarse y puedan tener un trabajo digno”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/quiero-personas-tengan-derecho-regularizarse-puedan-trabajo-digno_129_9023684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/947484b6-35a6-4bdf-93a7-64e0036593ae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="”Quiero que las personas tengan derecho a regularizarse y puedan tener un trabajo digno”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al igual que les sucede a muchas mujeres migrantes, las únicas opciones laborales de Alba Medina al llegar a España fueron la limpieza y el cuidado de mayores; colectivos como Mujeres Migrantes Diversas trabajan por avanzar en sus derechos laborales</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los ojos son las ventanas del coraz&oacute;n, dicen mucho de una&rdquo;, comenta Alba Medina. Naci&oacute; en Honduras, estudi&oacute; Periodismo y trabaj&oacute; diez a&ntilde;os en un peri&oacute;dico, hasta que la situaci&oacute;n de inestabilidad que se viv&iacute;a en su pa&iacute;s y el deseo de una vida mejor para ella y su familia la llev&oacute; a dejar su trabajo. Decidi&oacute; emigrar y lleg&oacute; a Espa&ntilde;a en 2019, con su mirada atenta y amable, en busca del empleo que le hab&iacute;an asegurado. Ese empleo nunca existi&oacute;, as&iacute; que de Madrid se fue a Salamanca y de ah&iacute; a Barcelona, donde vive actualmente. En estos tres a&ntilde;os se ha ganado la vida entre la limpieza de hogares y los cuidados a personas mayores, unas ocupaciones que no hab&iacute;a tenido hasta este momento. &ldquo;Son trabajos muy extensos y agotadores, pero son los &uacute;nicos a los que podemos acceder las personas sin papeles&rdquo;, afirma, y a&ntilde;ade: &ldquo;El sueldo es poco y no valoran lo que hacemos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia de Alba Medina es &uacute;nica, como vivencia personal, y com&uacute;n, en cuanto a situaci&oacute;n frecuente entre quienes logran traspasar las fronteras. Los colectivos de trabajadoras del hogar y los cuidados, integrados en gran medida por mujeres migrantes, llevan a&ntilde;os pidiendo que Espa&ntilde;a ratifique el Convenio 189 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT) y recientemente su lucha ha fructificado. El Consejo de ministros aprob&oacute; a principios de abril enviar a las Cortes Generales el refrendo del documento, que supondr&aacute; garantizar los derechos de las casi 400.000 personas afiliadas a este r&eacute;gimen de la Seguridad Social. Dicho Convenio reconoce &ldquo;la importancia de la contribuci&oacute;n del trabajo dom&eacute;stico a la econom&iacute;a mundial, pese a lo cual es objeto de infravaloraci&oacute;n y afecta a un colectivo especialmente vulnerable, sobre todo mujeres y ni&ntilde;as y personas migrantes, que es objeto de discriminaci&oacute;n con respecto a las condiciones de empleo&rdquo;. La legislaci&oacute;n nacional deber&aacute; contemplar que las&nbsp;trabajadoras dom&eacute;sticas<strong>&nbsp;</strong>migrantes que sean contratadas en un pa&iacute;s para prestar servicio en otro reciban por escrito una oferta de empleo antes de cruzar la frontera, y tendr&aacute; que regular las condiciones de repatriaci&oacute;n de los trabajadores dom&eacute;sticos migrantes al fin de su contrato.
    </p><p class="article-text">
        El foco, hasta ahora desconectado, parece que empieza a alumbrar. Uno de los logros fundamentales ser&aacute; el derecho al paro, una reivindicaci&oacute;n muy reclamada por este sector. La situaci&oacute;n hab&iacute;a sido evidenciada, incluso, por el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea (TJUE), que en febrero de este mismo a&ntilde;o dict&oacute; una hist&oacute;rica sentencia en la que conclu&iacute;a que el sistema legal espa&ntilde;ol es contrario a la directiva europea de igualdad de trato entre hombres y mujeres en materia de Seguridad Social, al excluir a las trabajadoras del hogar del derecho a la prestaci&oacute;n por desempleo. &ldquo;Las que tenemos documentaci&oacute;n no tenemos derecho al paro, pero las mujeres que no tienen documentaci&oacute;n y se quedan sin trabajo corren peligro de exclusi&oacute;n social y de estar sometidas a m&aacute;s vulneraci&oacute;n de sus derechos; hay muchas compa&ntilde;eras que han quedado expuestas a ser violentadas f&iacute;sicamente&rdquo;, explica Paula Santos, presidenta de Mujeres Migrantes Diversas, una asociaci&oacute;n feminista de Barcelona creada por trabajadoras del hogar y los cuidados hondure&ntilde;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cifras del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales no reflejan a otras 150.000 personas (cifra estimada por el sector, aunque podr&iacute;a ser a&uacute;n m&aacute;s elevada), en su mayor&iacute;a mujeres y migrantes, que trabajan informalmente, sin contrato de trabajo y sin derechos. El trabajo interno es el caso m&aacute;s extremo. &ldquo;Te encierras en una casa de lunes a s&aacute;bado, incluso de lunes a lunes, y ni siquiera te dan las dos horas libres a las que tienes derecho. El trabajo del hogar y los cuidados de interna debe extinguirse, no debe permitirse en ning&uacute;n pa&iacute;s, porque si una persona necesita cuidado las 24 horas se debe encontrar una soluci&oacute;n donde haya corresponsabilidad, donde se pongan sobre la mesa muchos aspectos: los horarios, la carga laboral y las necesidades como seres humanos, de quienes trabajan. Si alguien no puede pagar el sueldo que corresponde, tendr&iacute;a que buscar un equilibrio entre su vida y la vida de la otra persona para que las dos partes puedan tener una vida digna&rdquo;, apunta Santos. La mirada que reciben es fr&iacute;a, distante. Las condiciones laborales, en estos casos, suelen tener nexos con el racismo, la denigraci&oacute;n y el abuso. Alba Medina ha vivido este tipo de situaciones: &ldquo;Estuve cuidando a una se&ntilde;ora el fin de semana y hasta la comida me negaba, no pod&iacute;a tocar nada de la nevera ni de la cocina. En otra ocasi&oacute;n, en una entrevista por tel&eacute;fono, un se&ntilde;or me dijo que me har&iacute;a el contrato m&aacute;s adelante; cuando llegu&eacute; a su piso me dijo que estaba apetecible, que de puertas para afuera ser&iacute;a su cuidadora y de puertas para adentro, su mujer&rdquo;. La ristra de vivencias indeseables con la que se encuentran ser&iacute;a interminable.
    </p><p class="article-text">
        Llegar a un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a como mujer y migrante y tener un trabajo digno es un camino complejo. La Ley de Extranjer&iacute;a exige permanecer tres a&ntilde;os en un mismo lugar antes de poder regularizar la situaci&oacute;n y obtener el permiso de residencia, pero sin regularizar la situaci&oacute;n no pueden acceder a un trabajo con garant&iacute;as legales. El enfoque del sistema no parece muy n&iacute;tido. La &uacute;nica salida para obtener ingresos es, por tanto, la econom&iacute;a sumergida. &ldquo;Una no emigra porque quiera, sino porque la situaci&oacute;n es muy dif&iacute;cil en pa&iacute;ses como el m&iacute;o. La pobreza es mucha y la necesidad obliga, pero dejas all&iacute; tu coraz&oacute;n, tu familia, tus seres queridos, el lugar donde has vivido; y cuando llegas ac&aacute; tampoco es f&aacute;cil, ni para encontrar trabajo ni para poder tener la documentaci&oacute;n&rdquo;, explica Medina. El movimiento Regularizaci&oacute;n YA, apoyado por m&uacute;ltiples colectivos, entre ellos Mujeres Migrantes Diversas, est&aacute; recabando firmas para poder presentar una Iniciativa Legislativa Popular en el Congreso de los Diputados por una regularizaci&oacute;n extraordinaria de todas estas personas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Colectivo en marcha</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mientras llega ese momento, los colectivos como el que preside Paula Santos contin&uacute;an aportando su visi&oacute;n y su trabajo a las mujeres hondure&ntilde;as. Lo hacen a trav&eacute;s de encuentros, charlas, formaciones amplias en el &aacute;rea socio-sanitaria (en colaboraci&oacute;n con la agencia de desarrollo Barcelona Activa), cursos de catal&aacute;n, de ofim&aacute;tica, acompa&ntilde;amientos, salidas culturales y de ocio. El apoyo que ofrecen es muy amplio y sus acciones han contado con decenas de participantes. Y, sobre todo, es un apoyo org&aacute;nico y comunitario, alumbrado por la experiencia de las propias mujeres que ya han pasado por esos procesos en su llegada a Espa&ntilde;a. Alrededor de 600 mujeres se nutren unas de otras a trav&eacute;s de los distintos grupos que comparten. Muchas pupilas que observan y act&uacute;an juntas en el mundo. En esta espiral colaborativa, el cuidado y el soporte mutuo son fundamentales. El Fondo de Mujeres Calala las ha apoyado desde sus inicios con recursos econ&oacute;micos y acompa&ntilde;amiento. De hecho, actualmente esta organizaci&oacute;n tiene en marcha en su web una campa&ntilde;a de recogida de fondos denominada <a href="https://calala.org/proyectos/estamosaqui/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">#EstamosAqu&iacute;</a> para poder seguir dando soporte a esta y otras organizaciones de mujeres, que trabajan por la igualdad, la diversidad y condiciones de vida dignas para las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de los proyectos m&aacute;s importantes de Mujeres Migrantes Diversas es La Casa Feminista Comunitaria de las Trabajadoras del Hogar y los Cuidados (THC), donde se atienden necesidades detectadas por las mismas mujeres en situaci&oacute;n de exclusi&oacute;n y con dificultad de acceso a la vivienda. Hasta el momento, 30 mujeres han habitado en ella. Hacen actividades juntas, comparten comidas y cenas, conviven, funcionan como una familia. Aqu&iacute; se instal&oacute; Alba Medina hace un a&ntilde;o. &ldquo;Conocer a estas mujeres tan grandes, humanitarias, solidarias y emprendedoras ha sido una bendici&oacute;n, nos motiva para seguir adelante&rdquo;, explica. En agosto del pasado a&ntilde;o, Medina se infect&oacute; de COVID-19 y la enfermedad se complic&oacute;. Estuvo meses hospitalizada, le bajaron las defensas. &ldquo;Tuvieron que hacerme una traqueotom&iacute;a, los pulmones se me abrieron, me entubaron, estuve en coma, estuve a punto de morir&rdquo;, se&ntilde;ala.&nbsp; Mujeres Migrantes Diversas dio alojamiento a su padre y a su madre para que pudieran estar cerca y acompa&ntilde;arla. A&uacute;n sigue recuper&aacute;ndose y no puede trabajar, pero est&aacute; muy ilusionada con volver a hacerlo. En unos a&ntilde;os se imagina trabajando como periodista, &ldquo;y estar legalmente en el pa&iacute;s&rdquo;. Otro de sus deseos es que las personas puedan regularizarse, para que no sufran la precariedad de tener pocas opciones de trabajo y puedan tener un trabajo digno&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora veo borroso por el ojo izquierdo, pedir&eacute; cita con oftalmolog&iacute;a&rdquo;. La visi&oacute;n de Alba Medina es distinta a la de antes. Pero lo es por muchos motivos, fundamentalmente por haber logrado superar varias situaciones complejas. &ldquo;Tener salud y vida es lo mejor&rdquo;, apunta. Irradia conciencia, optimismo, serenidad, y una dosis extra de ilusi&oacute;n por recuperar la marcha. Sus profundos ojos negros est&aacute;n listos para avanzar en el camino. Los de sus compa&ntilde;eras tambi&eacute;n. Juntas inyectan al mundo la valent&iacute;a necesaria para seguir construyendo en com&uacute;n un sistema con menos ceguera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/quiero-personas-tengan-derecho-regularizarse-puedan-trabajo-digno_129_9023684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 May 2022 04:01:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuánto duele?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/duele_132_8601997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be09526f-f795-454f-85d0-02491694e171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánto duele?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La idea de que sufrir te hace más fuerte es un mito. Dejemos de mitificarnos solo cuando conseguimos superar el sufrimiento, cuando parece que ya no hay secuelas</p><p class="subtitle">No somos las locas que vosotros queréis</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, en un taller de creaci&oacute;n literaria, una alumna contaba que el dolor no la hab&iacute;a hecho m&aacute;s fuerte ni mejor persona. &ldquo;Solo he aprendido a convivir con &eacute;l&rdquo;, relataba. En su texto, la narradora hablaba de una &eacute;poca de su vida en la que hab&iacute;a sufrido por una relaci&oacute;n de maltrato. Una &eacute;poca dura y a la que ahora estaba poni&eacute;ndole palabras. Lleva su tiempo nombrar la(s) violencia(s). Atendimos a su narraci&oacute;n y no dijimos mucho. Sobre todo le devolvimos que se trataba de un texto muy honesto. Porque de eso no hab&iacute;a ninguna duda: el relato rezumaba verdad.
    </p><p class="article-text">
        El dolor es parte inherente al hecho de existir (aunque algunas vidas tienen m&aacute;s n&uacute;meros que otras para la loter&iacute;a del sufrimiento), pero dependiendo de lo azaroso de la vida, las situaciones que provoquen este da&ntilde;o pueden ser m&aacute;s o menos. Hay dolores por no saber hacer, por no poder. Tambi&eacute;n hay dolores heredados, porque no elegimos la familia, el contexto ni el lugar del mapa donde nacemos. As&iacute; que, sobre todo, durante los primeros a&ntilde;os de vida toca aguantar, no podemos elegir. Y ese da&ntilde;o prolongado con el que nos encontramos trae secuelas. C&oacute;mo no va a traerlas. Hay estudios, de hecho, que demuestran que la mayor&iacute;a de los problemas psiqui&aacute;tricos en personas adultas tienen su origen en la infancia o adolescencia. Esa es su ra&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Suele pasar que, en el momento en que estamos atravesando una situaci&oacute;n que nos supera, sobre todo cuando somos criaturas, no sabemos ponerle palabras. A veces pasa el tiempo y esas palabras siguen sin aparecer. El da&ntilde;o se queda dentro, silenciado, agarrado a las paredes del cuerpo. A veces es tanto y tan sobrecogedor eso que nos est&aacute; pasando que no sabemos c&oacute;mo contarlo. A veces nos da verg&uuml;enza contarlo, porque a nuestro alrededor la gente no parece tener esas vivencias descomunales. Porque nadie habla de eso. Te sientes la vaca morada. Y ante eso, te callas. Y ante eso, el dolor, que es tozudo, decide quedarse contigo.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; continuamos durante meses, a&ntilde;os. Hasta que somos capaces de verbalizar lo que nos ha atravesado y a&uacute;n lastima. Pero qu&eacute; complicado es a veces encontrar la v&iacute;a de salida del dolor. Y qu&eacute; sencillo es que llegue a convertirse en sufrimiento. Porque por mucho que nos digan, no siempre tenemos a posibilidad de elegir.
    </p><p class="article-text">
        No creo que sea positivo alabar solo a quienes han conseguido atravesar la sombra y llegar al otro lado sin ser absorbidas por ellas. Porque da la sensaci&oacute;n de que, por mucho esfuerzo, por mucho que nos hayamos empe&ntilde;ado en sanar, si no lo hacemos en &lsquo;el tiempo estipulado&rsquo; o de la manera correcta, no somos dignas de ovaci&oacute;n. Cuando conocemos a personas que han sufrido mucho y, pese a ello, parecen no tener &lsquo;lesiones&rsquo;, o al menos parecen haber sorteado todos los obst&aacute;culos,&nbsp;alabamos su recorrido vital. <em>Tiene mucha resiliencia, </em>escuchamos. Y parece que ya est&aacute;, que esa persona sac&oacute; de su bolsa de art&iacute;culos m&aacute;gicos una varita, pidi&oacute; su deseo y ahora ya tiene la resiliencia que quer&iacute;a. La realidad es bastante distinta. Sobre todo porque la persona resiliente en muchos casos ha llegado a este estado despu&eacute;s de mucho sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a la escritora Lidia Yuknavitch,&nbsp;hace un par de a&ntilde;os en una entrevista, que la idea de que sufrir te hace m&aacute;s fuerte es un mito. &ldquo;Tengo depresi&oacute;n y ansiedad&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a. Ya est&aacute; bien de mitificarnos solo cuando superamos el sufrimiento, cuando parece no haber secuelas. Basta de ponerlo en un pedestal, de glorificar el despu&eacute;s de la desdicha y alzarlo hasta la virtud m&aacute;s sublime. Nadie es mejor que nadie por sobrevivir a la adversidad y a la angustia, ni nadie es menos admirable por no saber afrontar el sufrimiento y no poder salir adelante, o salir con m&aacute;s magulladuras de las previstas. El &uacute;ltimo ejemplo ha sido Ver&oacute;nica Forqu&eacute;. No logr&oacute; encontrar c&oacute;mo continuar, igual que les pasa a una media de once personas al d&iacute;a en el Estado espa&ntilde;ol. Ya hab&iacute;a dicho muchas veces que todo se le hac&iacute;a cuesta arriba y que las energ&iacute;as se le agotaban. Seguramente, despu&eacute;s de haberse mantenido fuerte durante mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los malestares que nos atraviesan ni los elegimos ni los controlamos. C&oacute;mo no sufrir ante un maltrato, ante un machismo desgarrador, ante los desahucios, ante la precariedad prolongada, ante las deudas que asfixian, ante las consecuencias de no claudicar, ante la gran decepci&oacute;n. C&oacute;mo no padecer ante una avalancha constante de informaci&oacute;n t&oacute;xica, por todas las v&iacute;as imaginables. C&oacute;mo perpetuarse fortalecida cuando no se da una reparaci&oacute;n del da&ntilde;o. C&oacute;mo salir con el coraz&oacute;n descubierto ante un d&iacute;a igual de fr&iacute;o que el anterior. C&oacute;mo no caer hasta el subsuelo cuando vivir se convierte solo en sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Hacemos lo que podemos. Y no siempre podemos risa, ni siempre podemos fiesta. Dejarle espacio al dolor es irremediable y, muchas veces, necesario. Y no quiere decir que ese espacio se vaya a convertir en un hogar bonito con vegetaci&oacute;n fresca y luz c&aacute;lida. Y no pasa nada. Lo ideal es que el dolor se quede en eso, en un espacio-tiempo en el que reposar, digerir, transformar, aprender, y luego pasar a otra etapa. Pero, a veces, el dolor se convierte en sufrimiento, y ah&iacute; llega lo m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Hemos le&iacute;do y escuchado durante mucho tiempo que &ldquo;el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional&rdquo;. No estoy de acuerdo en absoluto y adem&aacute;s no creo que estas palabras ayuden, porque si no sabemos afrontarlo como se supone que tenemos que hacerlo, &iquest;es que hay algo que no estamos haciendo bien? &iquest;La &uacute;nica responsable de mi angustia vital soy yo? &iquest;Nada tiene que ver que vivamos en una sociedad enferma? Es elocuente, no solo que los malestares psiqui&aacute;tricos vayan en aumento, sino que desde 1980 hasta hoy la cifra de suicidios en el Estado espa&ntilde;ol haya aumentado en m&aacute;s de 2200 personas al a&ntilde;o. Las cosas no van bien, llevan mucho tiempo sin ir bien, pero parece que solo nos damos cuenta cuando una triste noticia como la de Ver&oacute;nica Forqu&eacute; nos impacta. Nadie quiere sufrir, pero muchas veces no tenemos&nbsp;los mecanismos ni herramientas para dejar de hacerlo. Ojal&aacute; las tuvi&eacute;ramos. Ojal&aacute; supi&eacute;ramos siempre hacerlo. Pero en esta sociedad de la urgencia nuestros malestares no son prioritarios. La producci&oacute;n y el espect&aacute;culo, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; camino nos queda? Parece que el de cuidarnos, colaborar con otras, transformar. Cagarla cien veces por un dolor demasiado infiltrado. Redirigir energ&iacute;as. No saber ni hacia d&oacute;nde mirar, ni si puedes respirar. Intentarlo otra vez, romperte varios huesos y fatigarte hasta el llanto. No poder muchas veces y conseguirlo algunas otras. Continuar con la sangre intoxicada. Agarrarte, si alcanzas, a los apoyos, y seguir hasta donde haya que seguir. No, seguramente no llegaremos a la gloria, pero a alg&uacute;n sitio iremos. Seguro que a alg&uacute;n buen sitio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/duele_132_8601997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Dec 2021 05:01:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuánto duele?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cuidados, ¿dónde?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidados_132_7804363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/950fadfe-d703-41d3-a0d4-37bc2e0fa6d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los cuidados, ¿dónde?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuidados se han convertido en esa frase hecha que repetimos a pesar de que las tareas del hogar siguen recayendo sobre las mujeres, a pesar de que este año hemos visto que la vida se ha desgastado por todas las esquinas</p><p class="subtitle">Cuanto más complicado es sostener la vida, más recae sobre las mujeres</p></div><p class="article-text">
        Llevamos un a&ntilde;o de cuidado. &iquest;Cu&aacute;ntas veces hemos escuchado palabras como estas a lo largo de los &uacute;ltimos meses? Aunque sea un lugar com&uacute;n, una frase hecha, quemada. Aunque ya sepamos que la vida se ha desgastado por todas las esquinas durante los &uacute;ltimos meses. Pero en fin, nos gusta decir las cosas y recalcarlas, sean m&aacute;s o menos consabidas. 
    </p><p class="article-text">
        No tengo claro de d&oacute;nde viene esa locuci&oacute;n, pero el 'de' antepuesto al monumental 'cuidado' hace que el vocablo se desinfle. Porque la realidad es que llevamos un a&ntilde;ito donde los cuidados no han estado en el centro. Y no me refiero solo a las tareas dom&eacute;sticas y a la atenci&oacute;n de las personas que lo necesitan, aunque creo que es oportuno comenzar por ah&iacute;. Porque las labores no compartidas del hogar siguen siendo un punto estrella. Y no, esto no ocurre solo entre parejas o familias cl&aacute;sicas, donde a&uacute;n se huele el aroma de la impronta machista. Me estoy refiriendo a entornos pro-feministas en los que ya tenemos la toma de conciencia, la asimilaci&oacute;n de la necesidad de una igualdad en los cuidados, pero que no se traduce en una puesta en com&uacute;n real de las tareas. Muchas mujeres (hablo de amigas y compa&ntilde;eras) se llevan tanto el peso de su trabajo externo como el que se precisa dentro de las paredes de su casa. Esta sobrecarga se traduce en falta de tiempo, y esa falta de tiempo lo riega todo, como los aspersores de los parques en verano. 
    </p><p class="article-text">
        Mis amigas no tienen tiempo, muchas veces no tienen tiempo nutritivo para dedicarle a las dem&aacute;s porque ni siquiera tienen tiempo para ellas mismas. Eso provoca que no nos veamos o hablemos todo lo que nos gustar&iacute;a, que nos perdamos parte de los problemas o no estemos en la cotidianidad las unas de las otras. Claro est&aacute; que<strong> </strong>hablo sobre todo de amigas con criaturas, un hecho que creo que marca una frontera en tener m&aacute;s o menos tiempo libre. Si las parejas de mis amigas las cuidaran un poco m&aacute;s, si se ocuparan m&aacute;s de sus hijos e hijas y de las tareas dom&eacute;sticas, entre nosotras tambi&eacute;n podr&iacute;amos disfrutarnos m&aacute;s. Como no ocurre as&iacute;, nos hablamos cuando se puede. Muchas veces r&aacute;pido, en un mensaje de whatsapp, en un audio al bajar a hacer la compra. Nos vemos cuando encajamos el tiempo, entre cambio de pa&ntilde;al y planificaci&oacute;n semanal de la comida. Nada nuevo. Los cuidados funcionan en cadena.
    </p><p class="article-text">
        Pero (y para esto ya no es necesario que haya criaturas de por medio) me parece que el problema de fondo es la importancia que para cada cual tiene el espacio laboral y personal, es decir, para las parejas de mis amigas su trabajo es inexpugnable, insoslayable, imperturbable, y todo lo terminado en 'able' que se nos ocurra. No quiere decir que el trabajo de ellas no sea valioso, pero no tanto, o al menos no lo suficiente como para que ellas puedan priorizarlo. Y esto se traduce en que ellos le dedican m&aacute;s tiempo, porque lo necesitan, porque lo merecen, porque s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Dejando atr&aacute;s lo dom&eacute;stico, creo que los cuidados se manifiestan en toda una serie de actitudes o actuaciones en las que, adem&aacute;s del 'yo y mis circunstancias', tengamos en cuenta a las personas con las que compartimos alg&uacute;n &aacute;mbito de nuestra vida. Es la base fundamental del estar para otras. La facilitaci&oacute;n de ciertas actividades, la flexibilidad, la calidez, la predisposici&oacute;n, la atenci&oacute;n de las necesidades, la ayuda, la comunicaci&oacute;n (a ser posible comprensiva y constructiva), el inter&eacute;s sincero por las dem&aacute;s vidas, y todo ese largo camino ubicado m&aacute;s all&aacute; de nuestra piel que muchas veces no transitamos. Lo he vivido, y tambi&eacute;n lo habr&eacute; llevado a cabo sin darme cuenta:<strong> </strong>el olvido, no preguntar por la salud de un familiar (incluso no saber que un familiar est&aacute; enfermo), desconectar de alguien durante semanas, desvincularme de personas con las que no ha pasado nada malo, sencillamente 'la vida'. Y no hacer algo por remediarlo. 
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil, y cada vez lo es menos, viviendo como vivimos en ciudades donde las prisas, el estr&eacute;s, la monta&ntilde;a de actividades y el individualismo nos engullen. Viajamos en metro con la cabeza agachada, disueltas en frases cortas, en gestiones, revisando Instagram, sumergidas en la cueva profunda de un aqu&iacute; y ahora diluido en un peque&ntilde;o rect&aacute;ngulo. No trato de decir que las nuevas tecnolog&iacute;as propicien el aislamiento y el ego&iacute;smo, pero s&iacute; creo que est&aacute;n deshumaniz&aacute;ndonos. Cu&aacute;ntas no hemos visto im&aacute;genes de criaturas que van junto a padres y madres como imanes con sus dedos pegados al m&oacute;vil. Cu&aacute;ntas im&aacute;genes de personas sentadas a una mesa donde cada cual manipula su artefactito. Cu&aacute;ntas personas vemos por la calle caminando a pocos mil&iacute;metros de distancia sin saber (&iquest;lo saben ellas?) si van juntas o cada cual por su cuenta. Si no cuidamos a quien tenemos al lado, &iquest;c&oacute;mo vamos a cuidar a quien vive en otro territorio? O quiz&aacute; las preguntas sean otras: &iquest;qu&eacute; entendemos por cuidar? &iquest;Nos est&aacute; cambiando la manera de cuidar a las dem&aacute;s?<strong> </strong>&iquest;Est&aacute;n los mensajes sustituyendo a pl&aacute;cidas conversaciones en la que expresarse y dedicarse tiempo? Yo creo que algo de esto s&iacute; est&aacute; pasando. El tiempo. No tenemos tiempo y hacemos lo que podemos. Y lo que podemos es poco, bastante poco y bastante mejorable. La cibervida que ha fomentado la COVID-19 ha contagiado tambi&eacute;n las relaciones, el flujo de informaci&oacute;n tecnol&oacute;gica ha estallado. Lo virtual, esa nube compuesta de bits, es cada vez m&aacute;s inabarcable. Y reconozco que a&nbsp;m&iacute; me da cada vez m&aacute;s miedo pensar y contemplar a los seres-m&aacute;quinas en los que nos estamos convirtiendo.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, el virus inund&oacute; de contenido diario y sanitario nuestras fr&aacute;giles vidas. Aunque ya antes ven&iacute;a fragu&aacute;ndose un cambio, la pandemia nos aisl&oacute;, hizo que nos recluy&eacute;semos y nos oblig&oacute; a trasladar los afectos a una nueva dimensi&oacute;n. Una dimensi&oacute;n virtual donde nos hemos desdibujado como el papel con manchas de agua.&nbsp;La confluencia entre productividad, tecnolog&iacute;a y la desigualdad en los cuidados es arriesgada. Sobre todo para nosotras, y sobre todo si hacemos lo m&aacute;s el&aacute;stica posible la palabra cuidados.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; lo que me gustar&iacute;a de verdad es irme a un parque, puestas a ser ambiciosas me encantar&iacute;a aparecer en mi pueblo y sentarme en el corral, o en un banco de la calle en el que se proyecte el sol y nos ilumine un poco de aire, con mis amigas a un lado y mi abuela al otro. Y comer la entomat&aacute; que ella preparaba antes, o alg&uacute;n bizcocho de la panader&iacute;a, o unos helados, cualquier comida (que siempre al aire libre sabe mejor). Y hablar, y re&iacute;r, y convertir el d&iacute;a&nbsp;en ese lugar calentito del que emanan las buenas noticias. Y olvidarnos del m&oacute;vil, el ordenador, los virus, los problemas. Olvidarnos de Facebook, de Twitter de Instagram. Olvidarnos de todo y quedarnos con la vida, la del abrazo, la de las charlas, la del encuentro. La de verdad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidados_132_7804363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Apr 2021 04:00:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cuidados, ¿dónde?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De género y suicidio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/genero-suicidio_132_6026501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2512e461-f3d8-4cba-b802-c360487b33cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De género y suicidio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La OMS revela que uno de los mecanismos de abordaje de la prevención del suicidio es la actuación sobre factores de riesgo, como es el maltrato</p></div><p class="article-text">
        A los 11 a&ntilde;os, Sara Morales intent&oacute; suicidarse por primera vez. Tiempo despu&eacute;s vendr&iacute;an otras situaciones similares, aunque ya antes hab&iacute;a conocido las conductas autol&iacute;ticas. &ldquo;El primer recuerdo que tengo de peque&ntilde;ita es la imagen de mi madre intentando suicidarse&rdquo;, explica. Aunque la causalidad de un suicidio suele ser m&uacute;ltiple, a Morales le parece que ciertos hechos cobran relevancia. &ldquo;Hay gente que dir&aacute; que esto pasa por un baj&oacute;n de serotonina o herencia gen&eacute;tica, pero para es importante que fuimos las dos mujeres de la familia en un entorno en el que la violencia estaba en el d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El porcentaje de mujeres que se suicidan es considerablemente menor que el de hombres, pero las tentativas de suicidio son mucho m&aacute;s elevadas en ellas.</strong> La psic&oacute;loga Lidia Luna considera que la accesibilidad a ciertos m&eacute;todos puede explicar ese desfase de cifras. &ldquo;Los hombres acceden a v&iacute;as m&aacute;s eficaces, en cambio las mujeres optan por otro tipo de m&eacute;todos que les resultan m&aacute;s accesibles y ante los que es m&aacute;s f&aacute;cil que haya un rescate, como la ingesta de medicamentos&rdquo;, explica. &ldquo;Estas mujeres puede que se contabilicen como tentativas, pero lo que realmente quieren es suicidarse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el Informe sobre el estado de los Derechos Humanos de las personas con trastorno mental en Espa&ntilde;a, realizado por la Confederaci&oacute;n Salud Mental Espa&ntilde;a y publicado en 2018, se apunta: &ldquo;La relaci&oacute;n existente entre suicidio y violencia de g&eacute;nero es una realidad enormemente ignorada en medios de comunicaci&oacute;n y estudios estad&iacute;sticos&rdquo;. Dicho informe, donde se incluye un apartado espec&iacute;fico sobre violencia machista y salud mental, expone que el maltrato constituye un factor precipitante que se considera la causa del 25% de los intentos de suicidio de las mujeres. De hecho, <strong>la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) revela que uno de los mecanismos de abordaje de la prevenci&oacute;n del suicidio es la actuaci&oacute;n sobre factores de riesgo, como es el maltrato.</strong> En este sentido, hace algunos a&ntilde;os, Miguel Lorente, Cruz S&aacute;nchez de Lara y Covadonga Naredo, se centraron en una idea de Enriqueta Chicano y desarrollaron un informe sobre la relaci&oacute;n suicidio-violencia machista donde se manifiesta el estrecho v&iacute;nculo entre ambas. Algunas de las conclusiones extra&iacute;das apuntan a que el clima de dominio puede ser el desencadenante de una conducta autol&iacute;tica. Adem&aacute;s, abogan por la Inclusi&oacute;n de la perspectiva de g&eacute;nero en los planes nacionales de prevenci&oacute;n del suicidio.
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga M&oacute;nica S&aacute;nchez, las violencias estructurales y simb&oacute;licas ejercidas en los cuerpos femeninos, sumadas a violencias en el entorno de la pareja o expareja, acoso o abusos sexuales, deterioran muy corrosivamente la salud mental de las mujeres y pueden llevar a decidir el suicidio. &ldquo;Las mujeres experimentamos numerosas secuelas de situaciones traum&aacute;ticas que no se nombran y cuyos s&iacute;ntomas no son reconocidos por personas cercanas ni por profesionales de la salud&rdquo;. Sara Morales coincide en esta lectura y apunta: &ldquo;Las mujeres nos encontramos ante violencias patriarcales muy contundentes; me parece importante se&ntilde;alarlo porque puede llegar un momento en que no se tengan los suficientes recursos para afrontar el sufrimiento ps&iacute;quico y al final una vea como &uacute;nica soluci&oacute;n posible acabar con su vida&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Masculinidad</h2><p class="article-text">
        Si nos acercamos a las cifras oficiales registradas, estas indican que una media de diez personas se suicidan diariamente en el Estado espa&ntilde;ol, m&aacute;s de 3.600 el pasado a&ntilde;o. Dos tercios eran hombres. <strong>La tasa de suicidio masculino es cuatro veces mayor que la femenina en todos los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea</strong>. &iquest;Se pueden analizar estos datos desde un enfoque de g&eacute;nero? Habr&iacute;a que indagar en los or&iacute;genes, lo profundo. La psic&oacute;loga M&oacute;nica S&aacute;nchez lo explica: &ldquo;Se fomentan actitudes que se consideran adecuadas para cada sexo y&nbsp;se reprimen aquellas que no se ajustan a los roles o estereotipos establecidos&rdquo;. Estar&iacute;amos hablando de la tradicional socializaci&oacute;n de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        La masculinidad hegem&oacute;nica identifica a los hombres con la actividad y el control. &ldquo;Se da una necesidad y presi&oacute;n constante para demostrar que se est&aacute; ajustado al modelo: joven, adulto, heterosexual, blanco, fuerte, con &eacute;xito econ&oacute;mico, social profesional y sexual&rdquo;, explica S&aacute;nchez. Pero si esta orientaci&oacute;n hacia lo exterior, la racionalidad y la dominaci&oacute;n de espacios otorga privilegios, tambi&eacute;n deja huecos. &ldquo;Hay un gran vac&iacute;o respecto al manejo de habilidades emocionales,&nbsp;y de acompa&ntilde;arse a s&iacute; mismos en momentos de dificultad sin reprimir emociones y pidiendo ayuda&rdquo;, comenta S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        En el estudio <em>El suicidio masculino: una cuesti&oacute;n de g&eacute;nero </em>, publicado en la revista Prisma social de la Fundaci&oacute;n para la investigaci&oacute;n social avanzada (IS+D), se exponen varias l&iacute;neas de investigaci&oacute;n sobre esta tem&aacute;tica. Seg&uacute;n algunos autores, algunas de las desventajas de la masculinidad dominante ser&iacute;an: &ldquo;por un lado, la opresi&oacute;n que experimentan aquellos hombres que no encajan en el modelo; por otro, la ausencia de recursos econ&oacute;micos, emocionales, de autoayuda, etc., destinados a los hombres cuando se les presentan problemas que les tornan vulnerables, pues la vulnerabilidad es un tema tab&uacute; para la masculinidad&rdquo;. El estudio tambi&eacute;n refleja &ldquo;el silencio cuando se sienten vulnerables por el incumplimiento de rol de g&eacute;nero, como la falta de trabajo, no poder suministrar recursos econ&oacute;micos a la familia, su falta de autoestima por un sentimiento de inferioridad, o alguna causa que les haga sentirse d&eacute;biles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica S&aacute;nchez explica que el incumplimiento de los mandatos y expectativas de g&eacute;nero provocan un gran sufrimiento. &ldquo;En funci&oacute;n de su car&aacute;cter, antecedentes biogr&aacute;ficos y familiares o la exposici&oacute;n previa a la violencia, los hombres tendr&iacute;an tendencia a la depresi&oacute;n, a la agresividad o a la violencia cuando se sienten cuestionados o no cumplen las expectativas sociales&rdquo;. Dicha violencia la dirigir&iacute;an hacia otras personas (hombres o mujeres) o hacia s&iacute; mismos. Seg&uacute;n comenta S&aacute;nchez, el hecho de demostrar o defender su masculinidad tambi&eacute;n conllevar&iacute;a m&aacute;s conductas de riesgo como el consumo de alcohol o drogas. Con esta idea de fuerza, control y riesgo de la masculinidad se vincular&iacute;a tambi&eacute;n la elecci&oacute;n de m&eacute;todos m&aacute;s letales para materializar la decisi&oacute;n de suicidio; por ello habr&iacute;a menos intentos no consumados.
    </p><p class="article-text">
        Llevar al l&iacute;mite su sufrimiento emocional provoca severas consecuencias. Adem&aacute;s, S&aacute;nchez apunta que el personal experto en salud implementa tambi&eacute;n su sesgo machista. &ldquo;Cuando los hombres van a su consulta m&eacute;dica y expresan malestar se tiende a animarlos, a apelar a su fuerza, a su valent&iacute;a&hellip; y se medicalizan mucho menos sus s&iacute;ntomas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un asunto, en cualquier caso, complejo, de naturaleza multidimensional e interseccional. Y muy desconocido, como casi todo lo que compete a la salud mental.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Quieres seguir leyendo sobre salud mental con perspectiva feminista?</h3><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/06/andreas-colectivos-apoyan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Orgullo Loco: incordiando hasta la victoria</a></li>
                                    <li><a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/05/manicomio-kate-millett/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">65 entidades apoyan a la familia de la joven que muri&oacute; atada a la cama en un hospital</a></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        <span id="post-44643"></span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/05/manicomio-kate-millett/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El viaje al manicomio de Kate Millett</a>
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li></li>
                            </ol>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/genero-suicidio_132_6026501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2020 20:13:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De género y suicidio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Suicidio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No los veré tras la cuarentena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/vere-cuarentena_132_5956417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0bcff5ee-d324-4438-a0f9-b40604fcc015_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No los veré tras la cuarentena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie nos enseña a manejar los sentimientos contradictorios que se generan con la familia. Vivir en esta sociedad capitalista enferma a todo el mundo.</p></div><p class="article-text">
        <em>...hay que aprender a convivir con los fantasmas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>porque siempre vuelven </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con toda su sangre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con toda su mierda engalanada</em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Son d&iacute;as de videollamadas, de necesitar abrazos y charlas con un caf&eacute; en la terraza del bar. D&iacute;as en los que so&ntilde;amos con abrazar y ser abrazadas, en los que no vemos el momento de encontrarnos con X, con Y y con Z. Agradecidas estamos de custodiar ordenador y tel&eacute;fono, esos cacharros que en momentos como este nos hacen la vida m&aacute;s llevadera, aunque otras veces (antes) generaban un volc&aacute;n de ansiedad. Y somos afortunadas porque hay mucha gente que no tiene el privilegio de la tecnolog&iacute;a, gente que no se la puede permitir o que no sabe utilizarla. Infinita gente.
    </p><p class="article-text">
        Pero ah&iacute; seguimos como jabatas. Pregunt&aacute;ndonos <em>qu&eacute; tal est&aacute;s</em>. <em>Bien, estamos bien, por suerte toda la familia est&aacute; bien. &iquest;Y t&uacute;? Bien tambi&eacute;n, el abuelo de Patri anda pachucho, pero parece que con el ox&iacute;geno est&aacute; remontando. Ains, me alegro, ojal&aacute; esto acabe pronto. S&iacute;, esperemos. </em>Y as&iacute;, despu&eacute;s de mensajes difuminados en conversaciones semejantes, concluimos que estamos bien sencillamente porque el coronavirus no se ha propagado entre personas cercanas. O si lo ha hecho, ya pas&oacute;. O el virus est&aacute; a&uacute;n latente, o tuvimos unos d&iacute;as con s&iacute;ntomas pero ya mejor. Porque, al igual que antes de la cuarenta, la salud se sigue midiendo por la ausencia de enfermedad f&iacute;sica, aunque ahora empiecen a aflorar las consecuencias psicol&oacute;gicas que puede conllevar el encierro.
    </p><p class="article-text">
        De lo que se habla poco es del dolor emocional. Y no me refiero a la ansiedad de estar confinadas o al sufrimiento por la p&eacute;rdida de alguien allegado en este contexto dist&oacute;pico, algo totalmente comprensible. Estoy hablando del dolor por las ausencias permanentes. El anhelo de las videollamadas no realizadas, de las llamadas que nunca se producir&aacute;n, del entendimiento que nunca llegar&aacute;. No pienso solo en exparejas ni examantes, que tambi&eacute;n pueden reaparecer en esta &eacute;poca con intenciones m&aacute;s que cuestionables, sino en todas aquellas personas que alguna vez formaron parte de tu vida y ya no. Y ah&iacute;, aunque cueste, tambi&eacute;n se incluyen los lazos de sangre. Pero en esta cultura judeocristiana, donde la familia nuclear (sin perjuicio de la extendida), heterosexual y bienaventurada sigue siendo un valor muy en alza, resulta sospechoso hablar de ella negativamente. O decir que la relaci&oacute;n no es buena, que lo has intentado e intentado y terminaste con el aguij&oacute;n entre el pecho y el est&oacute;mago una y otra vez. Y sin embargo est&aacute; ah&iacute;. O no est&aacute;, porque ya lo dejaste todo atr&aacute;s, y ni veintisiete cuarentenas van a cambiar eso.
    </p><p class="article-text">
        El prefijo ex se antepone a una palabra para denotar que una persona ha dejado de ser lo que el sustantivo o el adjetivo indican. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre si estas personas nunca han sido lo que sus nombres indican? &iquest;Qu&eacute; pasa cuando <em>padre, madre o hermano </em>se han convertido en un dato de la partida de nacimiento? &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando el veneno es el hilo conductor de esas relaciones? Pues existen dos caminos. O esa culpa inyectada en vena se antepone a tus necesidades (y sobre todo ahora, conlaqueest&aacute;cayendodiosm&iacute;o) y contin&uacute;as alimentando al monstruo aunque sea pernicioso para ti, o decides alejarte y dejar atr&aacute;s a quienes no te aportan m&aacute;s que tempestad. Y aqu&iacute; viene lo peor, lo enrevesado del asunto: ninguna de las dos alternativas te va a parecer acertada. <em>Honrar&aacute;s a tu padre y a tu madre</em>. Cuarto mandamiento incumplido. Est&aacute;s pecando. (Re)pecando.
    </p><p class="article-text">
        Antes de que comenzase todo esto ten&iacute;amos nuestros v&iacute;nculos<strong>.</strong> Unos v&iacute;nculos m&aacute;s o menos consistentes donde el cuidado mutuo era, o trataba de ser, el centro de la ecuaci&oacute;n. Esos v&iacute;nculos, con paredes de por medio y sin el boca a ojos, siguen en pie. Un mensaje, una llamada, un <em>zoom</em>, hay m&uacute;ltiples v&iacute;as para seguir alimentando al animal del cari&ntilde;o. Con una frecuencia de comunicaci&oacute;n muy variable, dependiendo de personalidades y circunstancias varias. Del mismo modo, si antes de esta realidad alternativa no ten&iacute;amos relaci&oacute;n con ciertas personas, resulta muy improbable que un acercamiento iniciado en estas semanas vaya a tener consecuencias positivas. O que vaya a pasar de lo superficial. O que vayas a poder salir ilesa de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Al menos tenemos la 'excusa' del encierro. Una amiga me contaba ayer que ahora estaba m&aacute;s tranquila porque, al permanecer confinadas por mandato gubernamental, no pod&iacute;a ir a ver a su madre, no sent&iacute;a esa obligaci&oacute;n. Ten&iacute;a excusa, en definitiva. Y es que es en eso en lo que convertimos muchas veces estas relaciones indeseadas. En <em>tener que</em> y <em>deber&iacute;as</em>. Pura toxicidad. Demasiado interiorizado el ser <em>buena hija</em>, <em>buena hermana, buena sobrina</em>. Buena. Santa. &iquest;Ser buena es consentir, transigir? &iquest;No importa si corremos riesgo de hundimiento?
    </p><p class="article-text">
        Nadie nos ense&ntilde;a a manejar los sentimientos contradictorios que se generan con la familia. Tampoco nos ense&ntilde;an a poner l&iacute;mites, porque se supone que tienes que estar incondicionalmente para tus ascendientes, incluso para quienes no han estado para ti. O para quienes no han sabido estar. Que, a fin de cuentas, en ciertos momentos de la vida, es pr&aacute;cticamente lo mismo. Las personas, sobre todo en sus primeras etapas en este mundo, necesitan soporte, estabilidad, cari&ntilde;o, comprensi&oacute;n y muchos otros ingredientes que les permitan ir fraguando el men&uacute; m&aacute;s completo y equilibrado posible. Cuando esos ingredientes no est&aacute;n presentes llegan las anemias emocionales. Si a la falta de ciertos componentes se le a&ntilde;ade la aparici&oacute;n de t&oacute;xicos alimenticios, el cuerpo se va a resentir. Y aunque parezca una met&aacute;fora, no lo es. El cuerpo se debilita, la mente se obstruye. Podemos enfermar. Y mucho. El dolor puede derivar en sufrimiento dilatado.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que hay que hilar muy fino (suponiendo que tenemos hilo). Y acudir a esos v&iacute;nculos, familiares o no, que s&iacute; fortalecen, que s&iacute; ayudan, que oxigenan, que cooperan, que no juzgan, que no atacan<strong>.</strong> Esos v&iacute;nculos que se convierten en parte esencial del organismo y se inyectan en vena para ocupar su sitio y desplazar a las cosanguinidades perniciosas.
    </p><p class="article-text">
        Porque vivir en esta sociedad capitalista enferma a todo el mundo, sin duda, pero aceptar los brazos, manos y piernas que se prestan a aligerarnos la vida es importante<strong>.</strong> E intentar estar donde quieres estar. Y con quien quieres (y puedes). Hablar con quien eliges. Llamar a quien demuestra, a quien valora, a quien pide disculpas. Y a quien se deja ayudar.
    </p><p class="article-text">
        E intentar dejar a un lado las obligaciones derivadas del linaje. Yo lo tengo claro: no ver&eacute; despu&eacute;s de la cuarentena a quien, desde antes, no estuviese viendo con honestas ganas.
    </p><p class="article-text">
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                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/vere-cuarentena_132_5956417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2020 20:32:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
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