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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sònia Parella Rubio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sonia-parella-rubio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sònia Parella Rubio]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La COVID-19 y la llama del racismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-19-llama-racismo_129_5964571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c43f0fe2-4adb-4168-8e49-8de6dd3aa1d0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La COVID-19 y la llama del racismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las retóricas racistas que se han ido desencadenando las últimas semanas para nada pueden considerarse una consecuencia de la pandemia, ni siquiera un efecto colateral</p></div><p class="article-text">
        La crisis de la COVID-19 ha despertado nuestros miedos y ansiedades ante un horizonte plagado de incertidumbres. Una vez m&aacute;s en la historia de la humanidad se han producido manifestaciones de las fronteras grupales, de las barreras de hostilidad y animosidad hacia otros grupos fruto de prejuicios y patrones de dominio que ya estaban fuertemente anclados en nuestras sociedades. Su base son los atributos (f&iacute;sicos, mentales y morales) imaginados como inferiores y heredados. Hablamos, por supuesto, de racismo, de razas en el sentido de construcci&oacute;n social a partir de una ficci&oacute;n biol&oacute;gica y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Un andamiaje en gran parte creado por el dominio occidental (europeo) para justificar en el plano moral unas relaciones de poder basadas en la opresi&oacute;n, la explotaci&oacute;n e incluso el exterminio del otro, del diferente, del construido como 'ser inferior'. Asistimos a procesos de racializaci&oacute;n en la medida que las actitudes y acciones del ser humano producen lo racial en distintos contextos. Resulta parad&oacute;jico, aunque no sorprendente, que a diferencia del virus, que no discrimina seg&uacute;n raza, origen &eacute;tnico o nacionalidad, los prejuicios y estigmas asociados a su propagaci&oacute;n s&iacute; lo hagan.
    </p><p class="article-text">
        Y es as&iacute; como una parte de la respuesta a los retos que plantea el coronavirus ha encontrado en la racializaci&oacute;n su mejor aliado, sobre todo por parte de l&iacute;deres populistas que han explotado la ret&oacute;rica discriminatoria e irresponsable. Para Donald Trump, las referencias al virus con apelativos racistas (&ldquo;<em>Kung Flu</em>&rdquo; o &ldquo;gripe china&rdquo;) le han servido para desviar la atenci&oacute;n de una parte de su electorado que, sin duda, va a encontrar respuesta en la animadversi&oacute;n hacia la comunidad asi&aacute;tica de los Estados Unidos y no va a cuestionarse la gesti&oacute;n del presidente en plena pre-campa&ntilde;a hacia su reelecci&oacute;n. Por m&aacute;s que el presidente Trump y sus defensores hayan repetido hasta la saciedad que no entra&ntilde;a ning&uacute;n problema atribuir un virus a una referencia geogr&aacute;fica, es evidente que tiene graves consecuencias para las personas se&ntilde;aladas.
    </p><p class="article-text">
        En los pa&iacute;ses europeos, como Francia, Reino Unido, Italia o Espa&ntilde;a tambi&eacute;n se han difundido actitudes racistas hacia ciudadanos chinos residentes y a hijos e hijas de migrantes chinos que se han convertido en el oprobio de la crisis. El principal transmisor de este tipo de se&ntilde;alamiento suelen ser los insultos de odio a trav&eacute;s de las redes sociales y el gregarismo. Tambi&eacute;n se han reportado casos de personas que han visto c&oacute;mo se les negaban servicios o que han sido v&iacute;ctimas de violencia f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La racializaci&oacute;n de las personas asi&aacute;ticas durante la pandemia no es en absoluto novedosa o casual, si tenemos en cuenta que ya en el siglo XIX se origin&oacute; una met&aacute;fora racista de las personas orientales, el denominado &ldquo;peligro amarillo&rdquo; (en ingl&eacute;s, <em>The Yellow Peril</em>), en un contexto en el que Estados Unidos (y otros pa&iacute;ses) llevaron a cabo una intensa importaci&oacute;n de mano de obra procedente de China que gener&oacute; un fuerte rechazo entre la poblaci&oacute;n local. Esta expresi&oacute;n adquiri&oacute; popularidad durante el movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos, en el que se gener&oacute; un sentimiento de complicidad y solidaridad entre los afroamericanos y los americanos asi&aacute;ticos, que dio lugar a la frase &ldquo;<em>Yellow Peril Supports Black Power</em>&rdquo;, (el peligro amarillo apoya el poder negro) como eslogan pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo los asi&aacute;ticos han sido v&iacute;ctimas del virus de la racializaci&oacute;n a ra&iacute;z de esta crisis. En Chile, por ejemplo, la comunidad haitiana ha denunciado en las &uacute;ltimas semanas las intenciones de responsabilizarlos de la llegada del virus al pa&iacute;s por una parte de las autoridades chilenas, tras la detecci&oacute;n de un brote de COVID-19 en la comuna de Quilicura. Una muestra m&aacute;s de racializaci&oacute;n, de referencias racistas cultivadas por la previa alterizaci&oacute;n que ha supuesto la llegada de inmigrantes extranjeros en Chile en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y que son mucho m&aacute;s &ldquo;eficaces&rdquo; si cabe cuando la poblaci&oacute;n &ldquo;diana&rdquo; es afrodescendiente, tal y como sucede en el caso haitiano.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, sin ir m&aacute;s lejos, el pasado 8 de abril, con motivo del D&iacute;a internacional del Pueblo Gitano, la comunidad gitana, de la mano de la Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Espa&ntilde;ol, conden&oacute; los brotes racistas que est&aacute; sufriendo en el marco de la Covid-19. El principal desencadenante fue una informaci&oacute;n period&iacute;stica, posteriormente desmentida, seg&uacute;n la cual la comunidad gitana de Haro, en La Rioja, supuestamente se hab&iacute;a negado de forma violenta a seguir los protocolos de contenci&oacute;n de la Covid-19 y se les atribu&iacute;a el papel de foco emisor en varias localidades.
    </p><p class="article-text">
        R&aacute;pidamente se gener&oacute; un amplio revuelo en las redes sociales dirigido contra las personas gitanas, expresi&oacute;n del hist&oacute;rico y arraigado racismo antigitano en Europa, con manifestaciones tan dram&aacute;ticas como el genocidio al que fue sometida la poblaci&oacute;n gitana europea durante el r&eacute;gimen nazi.
    </p><p class="article-text">
        Pero resultar&iacute;a simplista atribuir en exclusiva el origen de estos patrones de racializaci&oacute;n a las jerarqu&iacute;as de dominaci&oacute;n y explotaci&oacute;n occidentales. La historia nos ha mostrado innumerables ejemplos de reg&iacute;menes y gobiernos autoritarios que, en momentos de crisis o de situaciones que ponen en peligro su continuidad, utilizan la exacerbaci&oacute;n de las diferencias entre grupos para distraer el foco de atenci&oacute;n o para legitimar una determinada unidad pol&iacute;tica. De ah&iacute; que podamos afirmar, de acuerdo con la tesis que Franscico Bethencourt que el racismo no es exclusivo del mundo occidental.
    </p><p class="article-text">
        La crisis del coronavirus tambi&eacute;n nos ofrece muestras de estrategias racializadoras, cuya l&oacute;gica va m&aacute;s all&aacute; de la herencia de las categor&iacute;as raciales inauguradas por la colonizaci&oacute;n europea desde finales del siglo XV. La poblaci&oacute;n negra residente en la provincia de Guangdong, en China, se ha visto afectada durante las &uacute;ltimas semanas por un auge del racismo y la discriminaci&oacute;n ante el temor de los contagios &ldquo;importados&rdquo;. El nivel de exclusi&oacute;n y humillaci&oacute;n al que ha sido sometida ha alcanzado tal extremo que tanto diversos pa&iacute;ses africanos como el consulado de Estados Unidos han intervenido para defender los intereses de sus ciudadanos, lo que ha provocado algunas tensiones diplom&aacute;ticas con el gobierno chino.
    </p><p class="article-text">
        Las portadas de algunos medios de comunicaci&oacute;n africanos han recogido el testimonio de compatriotas angustiados, que describ&iacute;an la situaci&oacute;n que estaban viviendo en China como &ldquo;un aut&eacute;ntico infierno&rdquo; y ped&iacute;an ser rescatados. Son numerosos los v&iacute;deos y denuncias en redes sociales que muestran la expulsi&oacute;n violenta de los africanos de los hoteles y de sus viviendas habituales, as&iacute; como el impedimento para poder entrar en algunas tiendas y restaurantes. Se ha llegado al extremo de que incluso la cadena McDonald&rsquo;s tuvo que pedir disculpas despu&eacute;s de que uno de sus restaurantes en China se negara a admitir a personas de &ldquo;raza negra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una africanofobia previamente instalada, cuyo origen, en buena parte, puede atribuirse a la imagen negativa a partir de la cual se ha construido la inmigraci&oacute;n africana en China en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a pesar de los fuertes v&iacute;nculos econ&oacute;micos que el pa&iacute;s ha tejido con el continente africano. Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, un flujo importante de africanos se ha desplazado hacia zonas industriales del pa&iacute;s, como Guangzhou, si bien las restrictivas pol&iacute;ticas migratorias de China los mantiene como indocumentados y sin visado.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n de irregularidad administrativa, unida a la persecuci&oacute;n policial, habr&iacute;a contribuido a construir el prejuicio de que las personas africanas son delincuentes, que se ha ido alimentando a partir de la exacerbaci&oacute;n del sentimiento de pureza y superioridad racial.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas ret&oacute;ricas racistas que se han ido desencadenando a lo largo de las &uacute;ltimas semanas para nada pueden considerarse una consecuencia de la pandemia. Ni siquiera se tratar&iacute;a de un efecto colateral. La alarma social y el miedo, convenientemente instrumentalizados, alientan aquellas reacciones que son expresi&oacute;n del racismo estructural y de actitudes prejuiciosas, m&aacute;s o menos contenidas e invisibilizadas (sobre todo cuando no se consideran pol&iacute;ticamente correctas), que ya existen y que las preceden. Es por ello que, llegados a este punto, cabe preguntarnos si el racismo en nuestros d&iacute;as es realmente atribuible a la &ldquo;banalidad del mal&rdquo;, tal y como sostuvo Hannah Arendt.
    </p><p class="article-text">
        Cabe preguntarnos si es sostenible seguir pensando que la incorporaci&oacute;n de los esquemas y criterios de alterizaci&oacute;n desde un fundamento racial se debe a una ausencia de pensamiento en base a creencias irracionales. No solo por la rotundidad cient&iacute;fica en torno al hecho de que la especie humana es una sola y no admite la existencia de razas. El tr&aacute;gico y abominable legado de nuestra historia com&uacute;n como seres humanos, en la que se han ido sucediendo enfrentamientos, extorsiones y exterminios en nombre de atributos imaginados ya no admite atenuantes ni otra reacci&oacute;n que no sea apelar a nuestro sentido de la responsabilidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sònia Parella Rubio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-19-llama-racismo_129_5964571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2020 21:03:14 +0000]]></pubDate>
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