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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ricardo Rosas Romera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ricardo-rosas-romera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ricardo Rosas Romera]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Generación entrecrisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/generacion-entrecrisis_129_5961609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/575ab55a-7354-4524-8ae5-6c0817a26ffc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Generación entrecrisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La destrucción de empleo, de nuevo, se ceba con nosotros, los jóvenes; uno de cada dos puestos de trabajo que han caído estaban ocupados por una persona joven</p></div><p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a acad&eacute;mica suele denominar como<em> Generaci&oacute;n</em> entreguerras (o <em>interbellum</em>) a las personas nacidas aproximadamente entre 1900 y 1914 es decir, quienes al estallido de la Primera Guerra Mundial se encontraban en plena adolescencia y en consecuencia, cerraban su juventud al estallido de la Segunda Guerra Mundial 25 a&ntilde;os despu&eacute;s. Una generaci&oacute;n de hombres y mujeres que fue, primero pospuesta y luego desechada antes siquiera de poder tener ninguna oportunidad real.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que las calamidades de las dos grandes guerras son dif&iacute;cilmente extrapolables a otros momentos, sin embargo no puedo evitar empezar a dibujar en mi mente una generaci&oacute;n entrecrisis, (la personas nacidas entre los &uacute;ltimos ochenta y los primeros noventa) que salvando las distancias, se ha visto embestida por dos enormes crisis internacionales en momentos cruciales de su desarrollo vital.
    </p><p class="article-text">
        Hace 12 a&ntilde;os, en 2008 algunos acab&aacute;bamos la formaci&oacute;n b&aacute;sica y pens&aacute;bamos en la universidad, otras se acercaban a la obtenci&oacute;n de las entonces licenciaturas, pero si algo ten&iacute;amos en com&uacute;n era la incertidumbre, el no saber si habr&iacute;a una oportunidad laboral (y por ende, vital) para nosotros. Antes o despu&eacute;s nos fuimos topando con la respuesta, no la hab&iacute;a y cuando empez&oacute; a haberla solo era precariedad disfrazada de minijobs, empresas de trabajo temporal o en el mejor de los casos fuga de cerebros. Entones, las cifras de desempleo juvenil llegaron a alcanzar el 50% y los paliativos, cuando los hubo, fueron anecd&oacute;ticos. Una Garant&iacute;a Juvenil con mas requisitos que una hipoteca y como no, la repetici&oacute;n mortecina de la letan&iacute;a del emprendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Pero nos resignamos. Retrasamos la emancipaci&oacute;n o incluso dimos marcha atr&aacute;s para volver a casa de mam&aacute; o en los peores casos, a casa de la abuela. Rebajamos aun mas nuestras expectativas para aceptar trabajos para los que est&aacute;bamos sobrecualificados cobrando, con suerte 800 euros y por supuesto renunciamos, al menos moment&aacute;neamente, a la idea de la paternidad/maternidad, era sencillamente inviable pensar en alimentar una criatura.
    </p><p class="article-text">
        Y un d&iacute;a, tras mucho esfuerzo y mucha (pero mucha) gente ca&iacute;da por el camino, los
    </p><p class="article-text">
        indicadores macroecon&oacute;micos de turno volvieron a cifras aceptables para la
    </p><p class="article-text">
        econometr&iacute;a mundial y la cosa pareci&oacute; mejorar. Al principio ese fin de la crisis era
    </p><p class="article-text">
        meramente declarativo, pues los sueldos hab&iacute;an pasado de 800 a 850 euros y las horas hab&iacute;an bajado de 15 a 12, pero hab&iacute;a algo de esperanza. Todos vivimos personalmente o en nuestro entorno peque&ntilde;os movimientos, el amigo que consegu&iacute;a un contrato de 1.200 euros y la hermana que volv&iacute;a del exilio forzoso porque el nivel de precariedad hab&iacute;a alcanzado un m&iacute;nimo soportable que compensaba perder unas estupendas condiciones laborales allende los mares. Hubo quienes incluso se atrevieron a irse a vivir con sus parejas y adoptar un perro (lo del beb&eacute; segu&iacute;a siendo una entelequia). Los m&aacute;s temerarios incluso se metieron en una hipoteca para comprar una vivienda, peque&ntilde;a, sin mucho lujo; un sueldo para pagar y otro para vivir, como vimos hacer a nuestros padres y madres durante d&eacute;cadas. Seg&uacute;n el Observatorio de Emancipaci&oacute;n del Consejo de la Juventud de Espa&ntilde;a, a mediados de 2019 solo un 18,3% de los j&oacute;venes entre 16 y 29 a&ntilde;os logr&oacute; esta epopeya que es la emancipaci&oacute;n, una cifra que lleva cayendo sin remedio desde 2014 cuando ya era un triste 21,1%.
    </p><p class="article-text">
        Y justo cuando la cosa empezaba a despegar, cuando parec&iacute;a que ya s&iacute;, que pod&iacute;amos conseguir contratos indefinidos, que hab&iacute;amos ahorrado lo suficiente para dejar el curro y sentarnos a estudiar unas oposiciones o para lanzarnos al emprendimiento o para iniciar un proyecto vital, tener hijos o formar una familia; entonces, alguien se puso mal&iacute;simo en Wuhan y volvemos a contener la respiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n de empleo, de nuevo, se ceba con nosotros; uno de cada dos puestos de trabajo que han ca&iacute;do estaban ocupados por una persona joven. Los menores de 35 somos apenas el 25% de los trabajadores del r&eacute;gimen general sin embargo ya&nbsp; somos el 53% de los despidos seg&uacute;n datos de la Seguridad Social (conviene recordar aqu&iacute;, que los ERTES no cuentan como despidos). A nadie se le escapan las causas: ni somos peores trabajadores, ni somos m&aacute;s prescindibles para la econom&iacute;a, ni much&iacute;simo menos estamos peor preparados. Sencillamente somos mucho m&aacute;s baratos de despedir a causa de la precarizaci&oacute;n con la que se decidi&oacute; salir de la anterior crisis. Las indemnizaciones a 20 d&iacute;as, los contratos en practicas eternos o la voladura de la negociaci&oacute;n colectiva tienen efectos secundarios y una vez mas los pagadores mayoritarios de esta factura, volvemos a ser la juventud.
    </p><p class="article-text">
        Ni nuestra causa es m&aacute;s justa que la protecci&oacute;n de las personas mayores, ni es m&aacute;s urgente que la protecci&oacute;n de la infancia, m&aacute;s faltaba, pero suele pasar m&aacute;s desapercibida en el debate p&uacute;blico. Quiz&aacute;s por la vitalidad y resiliencia propia de la juventud o tal vez por nuestra desmovilizaci&oacute;n, pero la necesidad de protegernos se aprecia mucho menos y no creo que haga falta explicar porque deber&iacute;a ser estrat&eacute;gica. Dice ese odioso refr&aacute;n que &ldquo;la juventud se cura con los a&ntilde;os&rdquo; y est&aacute; claro que la juventud la pasaremos, pero lo que un pa&iacute;s no supera tan f&aacute;cilmente es desahuciar a dos generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; estamos, 12 a&ntilde;os despu&eacute;s, al borde de un precipicio por el que ya hemos ca&iacute;do, dispuestos a pelear otra vez, y saldremos, claro que saldremos de esta. Las organizaciones pol&iacute;ticas juveniles, tenemos nuestros deberes tambi&eacute;n: captar necesidades, procesarlas y transformarlas en propuestas que marquen la diferencia. No se si en la anterior crisis no las hubo o sencillamente no fueron escuchadas; cierto es que esta emergencia la afrontamos con un gobierno cuyo primer instinto ha sido proteger. Las comparaciones resultan odiosas.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo &uacute;nico que tengo claro es que no podemos caer otra vez, necesitamos tomar conciencia de la importancia que el &ldquo;estado protector&rdquo; tiene para nuestra juventud y para las que vengan, a la vez que el Estado debe ser consciente de la necesidad de cuidar el presente de su juventud para que todos y todas podamos tener un futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ricardo Rosas Romera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/generacion-entrecrisis_129_5961609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2020 20:56:18 +0000]]></pubDate>
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