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    <title><![CDATA[elDiario.es - Andreu Segura Benedicto]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/andreu-segura-benedicto/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Andreu Segura Benedicto]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El futuro pospandémico necesita más reflexión y menos dogmatismo y censura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/futuro-pospandemico-necesita-reflexion-dogmatismo-censura_129_8754614.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1a9b3a9-3e8b-45c1-a1f2-4de3db42c6bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro pospandémico necesita más reflexión y menos dogmatismo y censura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es el momento de mirar hacia el futuro, eso sí, sin olvidar el pasado, para impedir que se hagan irreversibles los deterioros sociales que ha hecho emerger la pandemia, pero que ya estaban presentes antes</p><p class="subtitle">“Profundo malestar” entre el personal de enfermería y fisioterapia en Castilla-La Mancha por el “deterioro y precariedad” de la Atención Primaria</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as hace dos a&ntilde;os que la pandemia COVID-19 invadi&oacute; nuestras vidas. Desde entonces la sanidad y la ciudadan&iacute;a han estado sometidas a fuertes tensiones. Los responsables pol&iacute;ticos han debido tomar decisiones en contextos dominados por la incertidumbre, la urgencia, el miedo y, en no pocas ocasiones, el p&aacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Un miedo avivado por los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales mediante un aluvi&oacute;n de datos y de opiniones que, en muchos casos, no solo no mejoraban la comprensi&oacute;n de lo que estaba sucediendo si no que, por el contrario, alimentaban la desinformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ello ahora, cuando la fatiga es ya, m&aacute;s que ardua irritante, y afortunadamente, se aproxima la salida del t&uacute;nel, es m&aacute;s necesario si cabe analizar de forma inteligible y rigurosa lo sucedido, tanto desde la perspectiva pol&iacute;tica como profesional o experta.&nbsp;Porque ni la desconfianza ni el miedo permiten recuperar ni desarrollar una positiva convivencia social, tan necesaria siempre y m&aacute;s a&uacute;n en estos tiempos crispados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que nos parezca oportuno considerar dos tipos de respuestas estrat&eacute;gicas complementarias. La primera centrada en la cr&iacute;tica, respetuosa pero profunda y sin concesiones a la galer&iacute;a, sobre los eventuales errores cometidos y los dilemas &eacute;ticos y las consecuencias negativas de las medidas restrictivas de derechos y libertades, as&iacute; como las responsabilidades de los distintos agentes implicados&nbsp;en los &aacute;mbitos de la financiaci&oacute;n, investigaci&oacute;n, distribuci&oacute;n e indicaciones establecidas para los medios diagn&oacute;sticos, preventivos y terap&eacute;uticos para la COVID-19 en distintos pa&iacute;ses y para los diferentes grupos poblacionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda deber&iacute;a permitir desarrollar iniciativas pol&iacute;ticas que corrijan los errores y afronten los dilemas identificados y valorados anteriormente, con el prop&oacute;sito de dotar a nuestra sociedad de los instrumentos necesarios para alcanzar un mejor nivel de bienestar y calidad de vida, a trav&eacute;s de una potenciaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos, deteriorados de forma profunda y constante desde la crisis de 2008. Sectores tan relevantes en este sentido como sanidad, educaci&oacute;n, servicios sociales (con referencia especial a las personas mayores) necesitan innovaciones acompa&ntilde;adas de una decidida priorizaci&oacute;n presupuestaria.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo cual requiere un acuerdo social amplio y profundo capaz de superar la resistencia de aquellos sectores que se limitan a proponer enfoques simplistas, a veces rayanos en la estulticia, que, en el mejor de los casos, solamente servir&aacute;n para perpetuar los graves problemas sanitarios y socioecon&oacute;micos que amenazan con hacer irreversible el aumento de las desigualdades sociales acentuado por la pandemia. Este acuerdo conviene, adem&aacute;s, que se visualice de forma clara y rotunda de modo que ayude a vencer la inercia defensiva de muchos dirigentes pol&iacute;ticos actuales; incluidos los ubicados en el centro-izquierda del espectro pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito estrictamente sanitario y de salud p&uacute;blica deber&iacute;a poderse diferenciar claramente entre los conocimientos acreditados y las opiniones y las hip&oacute;tesis, reconociendo adem&aacute;s, que el rechazo a las discrepancias &mdash;particularmente razonadas, argumentadas y documentada&mdash; no es solamente un s&iacute;ntoma de totalitarismo, sino un obst&aacute;culo al progreso del conocimiento. Sea dicho esto con las salvedades oportunas pero sin olvidar el verdadero aluvi&oacute;n de &ldquo;expertos&rdquo; que han medrado invasivamente en unos medios de comunicaci&oacute;n m&aacute;s preocupados por el titular sensacionalista que por la generaci&oacute;n de informaciones serias. La intervenci&oacute;n hace unos d&iacute;as del Dr. Joan Ramon Laporte en el Congreso de los Diputados ha evidenciado algunos de los problemas citados junto con una inadmisible censura medi&aacute;tica y una absoluta falta de respeto.
    </p><p class="article-text">
        Es el momento de mirar hacia el futuro, eso s&iacute;, sin olvidar el pasado, para impedir que se hagan irreversibles los deterioros sociales que ha hecho emerger la pandemia, pero que ya estaban presentes antes. Continuar, como pretenden algunos, poniendo parches que no conseguir&aacute;n solucionar los graves problemas existentes, ser&iacute;a una grave irresponsabilidad que no podemos permitirnos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amando Martín Zurro, Andreu Segura Benedicto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/futuro-pospandemico-necesita-reflexion-dogmatismo-censura_129_8754614.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 05:00:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El futuro pospandémico necesita más reflexión y menos dogmatismo y censura]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Atención primaria,Sanidad pública,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escrutinio a la prevención secundaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escrutinio-prevencion-secundaria_129_10489370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as este mismo peri&oacute;dico, a prop&oacute;sito de las duras cr&iacute;ticas que las redes sociales y algunos medios de comunicaci&oacute;n han dedicado a un informe que el Servicio Canario de Salud y la Agencia Gallega para la gesti&oacute;n del conocimiento han enviado al Ministerio de Sanidad desaconsejando el cribado del c&aacute;ncer de pulm&oacute;n en Espa&ntilde;a, se denunciaban las presiones a las que peri&oacute;dicamente someten algunas sociedades cient&iacute;ficas, particularmente m&eacute;dicas, asociaciones de pacientes y otras entidades a los responsables de la pol&iacute;tica sanitaria para adoptar medidas de prevenci&oacute;n secundaria -- diagn&oacute;stico y tratamiento precoz--&nbsp; de algunas enfermedades sin que existan pruebas suficientes de su efectividad o mejor dicho, de un balance positivo entre los beneficios esperables y sus potenciales perjuicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico precoz, sobre todo de algunos c&aacute;nceres, pero tambi&eacute;n de otras enfermedades cr&oacute;nicas, como el Alzheimer o el Parkinson, genera muchas esperanzas, de modo que en cuanto se dispone de alguna prueba capaz de identificar a las personas sospechosas de padecerlas antes de la presentaci&oacute;n de las manifestaciones cl&iacute;nicas que las confirman se practican.&nbsp;Aunque a menudo se trate de ilusiones prematuras.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque para que el balance del diagn&oacute;stico precoz pueda ser positivo y beneficioso individual y poblacionalmente se deben cumplir los criterios establecidos ya en 1968 por Wilson y Jungner. Entre otros, que exista un tratamiento eficaz al aplicarse en las fases tempranas --precl&iacute;nicas, seg&uacute;n la jerga-- del problema, de modo que adelantar el diagn&oacute;stico permita mejorar realmente el pron&oacute;stico. Realmente, no solo aparentemente. Porque la mejora de la supervivencia de algunas enfermedades, sobre todo oncol&oacute;gicas, que refleja la disminuci&oacute;n de la mortalidad a los cinco a&ntilde;os del diagn&oacute;stico, puede ser un mero artefacto, ya que el diagn&oacute;stico precoz adelanta tal fecha y de hecho aumenta el per&iacute;odo durante el cual el paciente ya diagnosticado padece el problema. Lo que en argot epidemiol&oacute;gico se conoce como sesgo de adelantamiento (lead time bias). Por ello las tasas de supervivencia a cinco a&ntilde;os no suelen ser&nbsp;un buen indicador de resultado de la prevenci&oacute;n secundaria.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el conocido como &ldquo;efecto de etiquetado&rdquo; y los problemas que genera la medicalizaci&oacute;n de la vida personal as&iacute; como los posibles efectos adversos del tratamiento instaurado pueden, de hecho, empeorar el nivel de salud de los sometidos a pruebas de cribado de diagn&oacute;stico precoz que &nbsp;no est&aacute;n exentas de inconvenientes.&nbsp; Como por ejemplo los resultados falsos negativos --que proporcionan una falsa confianza y a veces pueden disuadir de acudir a los servicios sanitarios cuando ser&iacute;a adecuado-- o los falsos positivos -- que inducen la pr&aacute;ctica de otras pruebas para confirmar el diagn&oacute;stico, pruebas que suelen ser&nbsp; m&aacute;s agresivas que las iniciales -- y lo que es m&aacute;s preocupante, el denominado sobrediagn&oacute;stico y sobretratamiento que puede conllevar un resultado positivo del cribado en aquellas personas en las que la evoluci&oacute;n cl&iacute;nica de la enfermedad habr&iacute;a sido irrelevante, sin repercusiones perceptibles sobre la morbididad ni sobre un adelanto significativo de la fecha de la muerte causada por aquella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ritmo de la evoluci&oacute;n de los procesos patol&oacute;gicos puede ser muy variable. Si es muy r&aacute;pido el diagn&oacute;stico precoz resulta impertinente pero si es muy lento tambi&eacute;n. En el primer supuesto porque se llega tarde y en el segundo porque las personas afectadas no se ver&aacute;n significativamente afectadas&nbsp; durante toda su vida por este problema. &nbsp; Esta evoluci&oacute;n, conocida&nbsp; como historia natural de la enfermedad, puede ser impredecible en cada caso personal y, cuando es muy r&aacute;pida, hacer que el tratamiento precoz no produzca ning&uacute;n beneficio y que, por el contrario, ocasione efectos adversos graves.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo lo expuesto previamente no obsta para que proliferen iniciativas de prevenci&oacute;n secundaria que no cuentan con suficientes pruebas de su idoneidad. Porque hacer algo acostumbra a preferirse, ya que tiene un efecto ansiol&iacute;tico personal directo, aunque dure poco, y tambi&eacute;n porque constituye un objetivo ilusionante, en el doble sentido del t&eacute;rmino. Lo que moviliza empresas, profesionales, pacientes y desde luego pol&iacute;ticos. A menudo los programas electorales --de unos y otros-- incluyen propuestas de actividades de prevenci&oacute;n secundaria.
    </p><p class="article-text">
        No tantas de prevenci&oacute;n primaria, actividades que pretenden evitar las enfermedades antes de que se inicien. Lo que un eminente epidemi&oacute;logo italiano, Giorgio Maccacaro, fundador de la revista &ldquo;Epidemiologia e prevenzione&rdquo;, en 1976,&nbsp; denunciaba en su art&iacute;culo&nbsp; &ldquo;Vera e falsa prevenzione&rdquo;. Porque ello supone en muchos casos modificar las condiciones de vida de la poblaci&oacute;n, estrategia que implica la actuaci&oacute;n coordinada de m&uacute;ltiples sectores pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales y no solo o principalmente del sanitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casualmente el reportaje citado coincide con la publicaci&oacute;n del &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista JAMA , el &oacute;rgano de la sociedad m&eacute;dica americana, que recoge unos cuantos art&iacute;culos dedicados a la valoraci&oacute;n del impacto de las iniciativas de prevenci&oacute;n secundaria de algunos c&aacute;nceres.&nbsp; Entre&nbsp; los cuales destaca la conclusi&oacute;n de una revisi&oacute;n sistem&aacute;tica y un metaan&aacute;lisis que resume datos de m&aacute;s de dos millones pacientes seg&uacute;n la cual, &ldquo;con la posible excepci&oacute;n de la detecci&oacute;n del c&aacute;ncer colorrectal con sigmoidoscopia-- no mediante el an&aacute;lisis de sangre oculta en heces-- la evidencia actual no fundamenta la afirmaci&oacute;n de que las pruebas de detecci&oacute;n del c&aacute;ncer precoces&nbsp; salvan vidas al prolongar la vida&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que no se puede descartar que algunas de las personas objeto de detecci&oacute;n y tratamiento precoz de alg&uacute;n c&aacute;ncer hubieran muerto prematuramente por esa causa si no hubieran recibido esta prestaci&oacute;n sanitaria. Lo que para ellas supone un beneficio. El problema es que muchas otras se habr&iacute;an visto perjudicadas y no es nada f&aacute;cil distinguir unas de otras.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp; editorial&nbsp; &ldquo;El futuro del <em>screening </em>del c&aacute;ncer-- guiado sin conflictos de inter&eacute;s &rdquo; del citado n&uacute;mero de JAMA&nbsp; afirma que &ldquo;Los profesionales m&eacute;dicos, los representantes de los pacientes y las sociedades oncol&oacute;gicas deber&iacute;an&nbsp; abogar&nbsp; por obtener informaci&oacute;n transparente sobre los beneficios y los da&ntilde;os en lugar de la promoci&oacute;n acr&iacute;tica de los ex&aacute;menes de detecci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso es imprescindible que los responsables de las instituciones profesionales y cient&iacute;ficas apliquen siempre con el m&aacute;ximo rigor y prudencia los principios &eacute;ticos y las conclusiones derivadas de la evidencia cl&iacute;nica y epidemiol&oacute;gica cuando difundan recomendaciones de prevenci&oacute;n secundaria que pueden tener repercusiones significativas sobre el funcionamiento de los servicios sanitarios y, lo que es m&aacute;s importante, sobre la calidad de vida personal y colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Segura Benedicto, Amando Martín Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/escrutinio-prevencion-secundaria_129_10489370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Sep 2023 04:00:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Escrutinio a la prevención secundaria]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sanidad, salud, cultura de consumo y bienestar y calidad de vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanidad-salud-cultura-consumo-bienestar-calidad-vida_129_8592492.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cf3d536-ff1a-4dca-be35-ce1d28ab8900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sanidad, salud, cultura de consumo y bienestar y calidad de vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El uso del término salud para referirse a las actividades sanitarias predominantemente asistenciales y dirigidas individualmente a las personas que las utilizan supone, en el mejor de los casos, un buen deseo, si bien es inevitable que provoque cierta confusión</p><p class="subtitle">ANÁLISIS | Equidad, eficiencia, efectividad y transparencia</p></div><p class="article-text">
        En estos tiempos en los que es habitual el recurso a los eufemismos y a lo pol&iacute;ticamente correcto se va imponiendo la tendencia de denominar salud a lo que es m&aacute;s bien sanidad. Seguramente con la intenci&oacute;n -aparentemente buena- de acentuar la importancia de la salud respecto de la enfermedad, que ha sido y contin&uacute;a siendo hoy el principal inter&eacute;s de la medicina y de las profesiones sanitarias. La adopci&oacute;n del t&eacute;rmino salud para referirse a las actividades sanitarias predominantemente asistenciales y dirigidas individualmente a las personas que utilizan tales servicios supone, en el mejor de los casos, un buen deseo, si bien es inevitable que provoque cierta confusi&oacute;n tanto en los profesionales como en los pacientes.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La idea de salud como ausencia de enfermedad, en cierto modo su ant&oacute;nimo como plantean algunos preventivistas, no se compadece bien con la percepci&oacute;n de buena o de muy buena salud que tienen quienes adem&aacute;s declaran padecer una o m&aacute;s enfermedades cr&oacute;nicas, como se deduce de las sucesivas versiones de las encuestas de salud espa&ntilde;olas. Se hace imprescindible pues cambiar los paradigmas aparentemente antin&oacute;micos de salud y enfermedad para pasar a admitir la coexistencia pr&aacute;cticamente continua de ambos a lo largo de todo el trayecto vital de las personas y asumir que la definici&oacute;n de enfermo emerge como protagonista cuando el individuo padece uno o m&aacute;s procesos patol&oacute;gicos que le impiden llevar una &ldquo;vida normal&rdquo; y &ldquo;sentirse bien&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo que se entroniza la salud permanente como un objetivo personal y colectivo irrenunciable, olvidando que no deja de ser un instrumento m&aacute;s (importante eso s&iacute;) para poder disfrutar de un nivel suficiente de bienestar y calidad de vida, pretendemos borrar del horizonte de nuestra existencia finita la inexorable realidad del malestar, la enfermedad y la muerte. Esta din&aacute;mica ut&oacute;pica y contraria a la l&oacute;gica nos lleva a utilizar todo tipo de recursos, tambi&eacute;n los sanitarios, para mantenernos te&oacute;ricamente &ldquo;sanos&rdquo; y, como se dice habitualmente, &ldquo;eternamente j&oacute;venes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los responsables de estas visiones distorsionadas de la trayectoria vital de las personas son diversos y act&uacute;an movidos por intereses muchas veces espurios y directamente relacionados con el enriquecimiento de las empresas y entidades dedicadas a lo que, con acierto, se ha venido en denominar el &ldquo;negocio de la salud&rdquo;. Los sistemas y productos sanitarios, protagonistas pr&aacute;cticamente exclusivos, junto con la industria tecnol&oacute;gica, de este campo, se transforman as&iacute; en elementos de consumo personal y social con los que pretendemos alcanzar los objetivos ut&oacute;picos se&ntilde;alados previamente. Se olvida que inevitablemente las actuaciones sanitarias siempre tienen una doble cara: generan beneficios para los que las reciben si est&aacute;n indicadas y son efectivas y oportunas, pero al mismo tiempo tienen la capacidad de poder ocasionarles da&ntilde;os a partir de sus efectos secundarios y complicaciones, as&iacute; como por posibles errores cometidos en su aplicaci&oacute;n. Es lo que conocemos habitualmente como iatrogenia.
    </p><p class="article-text">
        El sistema sanitario, aunque sea p&uacute;blico, equitativo, accesible y efectivo, si act&uacute;a de forma aislada, sin una coordinaci&oacute;n suficiente con el resto de los determinantes del bienestar y calidad de vida como, por ejemplo, acceso a la educaci&oacute;n, solidaridad social y correcci&oacute;n de las graves desigualdades, entorno laboral justo y favorable o respeto al medio ambiente, perder&aacute; la mayor parte, incluso toda, de su capacidad para mejorar de forma decisiva, profunda, la salud global de la comunidad y las personas. Es preciso generar pol&iacute;ticas transversales de bienestar y calidad de vida que, al mismo tiempo que corrigen el desequilibrio que padecen los sistemas sanitarios de los pa&iacute;ses desarrollados, garanticen su efectividad y sostenibilidad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las evidencias existentes en este sentido, continuamos oyendo a nuestros representantes pol&iacute;ticos, gestores y expertos hablar del sistema sanitario como un elemento aislado, encerrado en la torre de marfil del desarrollo cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico y ajeno al entorno socioecon&oacute;mico en el que act&uacute;a. Sabemos bien que el continuum salud-enfermedad est&aacute; cada vez m&aacute;s condicionado por este contexto, pero parecemos empe&ntilde;ados en hacer o&iacute;dos sordos a la necesidad cada vez m&aacute;s acuciante de desarrollar pol&iacute;ticas y leyes que integren transversalmente este tipo de perspectivas.
    </p><p class="article-text">
        Tal como hemos apuntado en otro lugar, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/universalidad-e-intersectorialidad-salud-publica_129_8590295.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es preciso introducir cambios de orientaci&oacute;n y estrat&eacute;gicos en la pol&iacute;tica sanitaria, integr&aacute;ndola de forma transversal con el resto de las sociales</a>, priorizando en este objetivo la aproximaci&oacute;n a aquellas que tienen una repercusi&oacute;n m&aacute;s clara sobre la salud. Hay que revisitar la Ley General de Sanidad de 1986 y dotarla de los instrumentos que posibiliten operativizar en la actuaci&oacute;n cotidiana de los servicios y recursos los planteamientos se&ntilde;alados. Quiz&aacute;s pecamos de pesimistas, pero no vislumbramos un horizonte pr&oacute;ximo de &eacute;xito para unas pol&iacute;ticas m&aacute;s transversales de bienestar, calidad de vida (y salud).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Segura Benedicto, Amando Martín Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sanidad-salud-cultura-consumo-bienestar-calidad-vida_129_8592492.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Dec 2021 05:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sanidad, salud, cultura de consumo y bienestar y calidad de vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Sanidad pública,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Equidad, eficiencia, efectividad y transparencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/equidad-eficiencia-efectividad-transparencia_129_8592449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e82ca970-8b7e-440d-a740-4815b6836376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Equidad, eficiencia, efectividad y transparencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abordar en profundidad el problema de la equidad en el ámbito de nuestro sistema sanitario, además de entrañar dificultades técnicas importantes, implica decisiones políticas de gran calado. Estamos sin duda ante una de las asignaturas pendientes de nuestra política sanitaria</p><p class="subtitle">Tribuna - Universalidad e intersectorialidad: Salud Pública</p></div><h3 class="article-text">Equidad</h3><p class="article-text">
        Aunque etimol&oacute;gicamente equidad proviene del lat&iacute;n <em>aequitas </em>que significa igualdad, el sentido actual tiene m&aacute;s que ver con ecuanimidad, concepto m&aacute;s pr&oacute;ximo a la justicia. Porque la igualdad indiscriminada comporta inevitablemente inequidades, adem&aacute;s de evocar homogeneidad, monoton&iacute;a y hasta aburrimiento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La oferta de servicios y los bienes producidos por la Sanidad P&uacute;blica debiera tener sus principales prop&oacute;sitos estrat&eacute;gicos, los distintos grados de necesidad de los diversos colectivos sociales. Prop&oacute;sito que, si, adem&aacute;s, se considera inequidad injusta, porque no todos tenemos las mismas oportunidades de alcanzar un desarrollo biol&oacute;gico y cultural equivalente, deber&iacute;a ser tambi&eacute;n prioritario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio de Sanidad y Consumo constituy&oacute; una comisi&oacute;n en 1993 presidida por el profesor Vicente Navarro<em> </em>que culmin&oacute; en <a href="https://www.mscbs.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/VOL70/70_5_505.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un informe publicado el 1996 que inclu&iacute;a una serie de recomendaciones</a>, entre las cuales, por ejemplo, la integraci&oacute;n de los servicios sociales y sanitarios que, como es evidente, no se han llevado a cabo. La presidencia de Espa&ntilde;a de la Comisi&oacute;n Europea estimul&oacute; algunas iniciativas de promoci&oacute;n de la equidad como la Equity Action y que en el &aacute;mbito local se materializaron en la propuesta nacional de Equidad en Salud cuyo desarrollo se ha visto interferido por los cambios de titularidad gubernamental y &uacute;ltimamente por la pandemia COVID-19. A pesar de que tanto la pandemia como, lamentablemente, las medidas adoptadas para controlarla han comportado -y todav&iacute;a lo hacen- el incremento de las inequidades sociales y sanitarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unas inequidades que, contra lo que superficialmente puede parecer, no se reducen limitando la descentralizaci&oacute;n de la toma de decisiones en el sistema sanitario.&nbsp; Porque la variabilidad en el acceso y, sobre todo, en la efectividad de los servicios sanitarios es m&aacute;s elevada en cada una de las comunidades aut&oacute;nomas y sus correspondientes servicios sanitarios p&uacute;blicos que entre ellas. Es decir que la variabilidad intra-autonom&iacute;a es mayor que la variabilidad inter-autonom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abordar en profundidad el problema de la equidad en el &aacute;mbito de nuestro sistema sanitario, adem&aacute;s de entra&ntilde;ar dificultades t&eacute;cnicas importantes, implica decisiones pol&iacute;ticas de gran calado que van desde la financiaci&oacute;n estatal y auton&oacute;mica general y sanitaria hasta la adaptaci&oacute;n de la asignaci&oacute;n de recursos a los territorios y a los grupos poblaciones a sus necesidades reales de atenci&oacute;n. Estamos sin duda ante una de las asignaturas pendientes de nuestra pol&iacute;tica sanitaria.
    </p><h3 class="article-text">Eficiencia y efectividad</h3><p class="article-text">
        El predominio de los paradigmas del hospitalocentrismo, de la tecnolog&iacute;a y de una actividad centrada de forma pr&aacute;cticamente exclusiva en la atenci&oacute;n de las enfermedades por parte de un sistema sanitario que act&uacute;a aisladamente y sin conexiones profundas con otros sectores sociales, adem&aacute;s de desequilibrarlo gravemente, le impide influir de forma efectiva sobre los determinantes sociales de los procesos de salud y enfermedad y lesiona su eficiencia.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a reconocerse tambi&eacute;n que los sistemas sanitarios actuales, incluyendo los de la pr&aacute;ctica totalidad de los pa&iacute;ses desarrollados y por tanto el nuestro, son ineficientes y tienen un elevado riesgo de insostenibilidad interna, potenciada tanto por los costes tecnol&oacute;gicos como por una gran oferta de servicios inefectivos y utilizados inadecuadamente, al mismo tiempo que tambi&eacute;n padecen otra insostenibilidad que podr&iacute;amos denominar &ldquo;externa&rdquo; que viene determinada por la imposibilidad de que la actuaci&oacute;n aislada de la parte sanitaria (sin conexiones con aquellos sectores que influyen decisivamente sobre la salud) pueda conseguir mejorar profundamente el nivel de bienestar y calidad de vida individual y colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Determinadas decisiones como la construcci&oacute;n de nuevos hospitales en la comunidad de Madrid antes de y con la pandemia COVID-19, realizadas bajo criterios de oportunidad partidista, mientras se recortaban recursos en Atenci&oacute;n Primaria y Comunitaria y en otros hospitales o la proliferaci&oacute;n de cesiones a entidades privadas de la gesti&oacute;n sanitaria de centros y territorios en diversas comunidades aut&oacute;nomas, entre las que destacan las de Valencia o la instauraci&oacute;n de las denominadas &Aacute;reas de Gesti&oacute;n Integradas en muchos territorios, lideradas en exclusiva por los centros hospitalarios con desaparici&oacute;n total de la capacidad de decisi&oacute;n de la Atenci&oacute;n Primaria y Comunitaria, han supuesto lesiones significativas de le eficiencia y efectividad de nuestro sistema sanitario.
    </p><h3 class="article-text">Transparencia</h3><p class="article-text">
        La transparencia es un requisito de honestidad a la hora de gestionar servicios p&uacute;blicos. Que para que resulte efectivamente operativo deber&iacute;a culminar en lo que en ingl&eacute;s se denomina <em>&ldquo;accountability</em>&rdquo; que es rendir cuentas, dar explicaciones sobre lo hecho y asumir responsabilidades en relaci&oacute;n con los m&eacute;todos utilizados y los resultados obtenidos. Lo que a su vez exige evaluar planes, programas e intervenciones. Particularmente si los resultados obtenidos han satisfecho los objetivos que se pretend&iacute;an y a qu&eacute; precio. Evaluar tiene una dimensi&oacute;n obviamente fiscalizadora pero tambi&eacute;n otra m&aacute;s asertiva puesto que orienta sobre la adecuaci&oacute;n y la pertinencia de las decisiones y las aplicaciones de modo que si es el caso podamos rectificar los posibles d&eacute;ficits o los errores cometidos.
    </p><p class="article-text">
        Hechas estas consideraciones podr&iacute;amos preguntarnos acerca de si la cultura de la transparencia y rendici&oacute;n de cuentas se encuentra suficientemente arraigada en nuestro medio y m&aacute;s concretamente en el contexto del sistema sanitario espa&ntilde;ol. La respuesta, desgraciadamente no es afirmativa y los ejemplos que corroboran este aserto son muy numerosos. Algunos muy recientes y relacionados con la pandemia COVID-19, con la que convivimos desde hace ya casi 2 a&ntilde;os. En este sentido baste recordar las respuestas vagas cuando no expl&iacute;citamente negativas que nuestras autoridades pol&iacute;ticas han ido dando a quienes desde distintos &aacute;mbitos han venido solicitando con insistencia digna de mejor causa la constituci&oacute;n de organismos y programas independientes para evaluar las decisiones tomadas para abordar este problema.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Segura Benedicto, Amando Martín Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/equidad-eficiencia-efectividad-transparencia_129_8592449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Dec 2021 05:01:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Equidad, eficiencia, efectividad y transparencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Covid-19,Sanidad pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Universalidad e intersectorialidad: Salud Pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/universalidad-e-intersectorialidad-salud-publica_129_8590295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99c345e4-4829-4a8d-bde3-677109b917bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Universalidad e intersectorialidad: Salud Pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Salud Pública se debe desarrollar partiendo de premisas intersectoriales e interprofesionales y, por tanto, no exclusivamente sanitarias, para poder contribuir de forma significativa y eficaz a un cambio de los paradigmas que hasta hoy dominan las políticas de bienestar y calidad de vida</p></div><p class="article-text">
        Los macrosistemas de servicios generan una enorme inercia de funcionamiento y una gran resistencia a los cambios. Ambos factores constituyen grandes obst&aacute;culos que deben afrontar las pol&iacute;ticas sanitarias cuando pretenden promover cambios innovadores relevantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los 3 art&iacute;culos de esta serie abordamos algunos de los problemas pendientes de soluci&oacute;n en la sanidad de nuestro pa&iacute;s enfatizando aquellos que parecen atemorizar a nuestros l&iacute;deres pol&iacute;ticos induci&eacute;ndoles a mirar hacia otro lado cuando alguien los pone sobre la mesa.
    </p><h3 class="article-text">Universalidad</h3><p class="article-text">
        La cobertura y accesibilidad universal y homog&eacute;nea a los recursos y prestaciones es una de las caracter&iacute;sticas de la mayor&iacute;a de los sistemas sanitarios financiados mediante impuestos generales, a diferencia de los que se sostienen a partir de las cotizaciones de empresarios y trabajadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a la Ley General de Sanidad de 1986 incorpor&oacute; la hasta entonces hegem&oacute;nica asistencia sanitaria de la Seguridad Social al modelo Beveridge, mediante la creaci&oacute;n del Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, la superposici&oacute;n del sistema estatal de prestaciones sanitarias con el preexistente de Seguridad Social y la persistencia de reg&iacute;menes especiales de aseguramiento y asistencia sanitaria para algunos colectivos de funcionarios (Muface, Mugeju e Isfas) del estado impidi&oacute; que a partir de la citada ley de 1986 se implantara en Espa&ntilde;a un sistema realmente universal. Es una asignatura pendiente de nuestro sistema sanitario que afecta a unos 2 millones de personas, am&eacute;n de fuente de inequidades y generador de mecanismos paralelos de financiaci&oacute;n con recursos p&uacute;blicos de diversas entidades de aseguramiento privado. Otro &aacute;mbito, herencia directa de la estructura sanitaria de la dictadura, es el de las enfermedades profesionales y accidentes de trabajo, mencionadas en el art&iacute;culo 21 de la Ley General de Sanidad pero que son competencia del Ministerio de Trabajo y de la Seguridad Social y est&aacute;n gestionadas por entidades mutualistas.
    </p><p class="article-text">
        Todas las propuestas de cambio para hacer realidad en la pr&aacute;ctica la universalidad de nuestro Sistema Nacional de Salud hasta hoy han fracasado. La negativa de buena parte del funcionariado a la separaci&oacute;n legislativa clara entre la asistencia sanitaria y la de seguridad social y a la integraci&oacute;n de las prestaciones de sus componentes en el mismo r&eacute;gimen que el resto de la ciudadan&iacute;a, respectivamente, han estimulado la indolencia de los responsables pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Tal como se&ntilde;ala la propia OMS en su &uacute;ltimo documento sobre objetivos a alcanzar en el a&ntilde;o 2030, no es suficiente con extender a todas las capas sociales la cobertura y accesibilidad a un conjunto de servicios, sino que es imprescindible que la forma en c&oacute;mo se financian, gestionan y prestan en la pr&aacute;ctica sea acordes con las necesidades y expectativas razonables de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Intersectorialidad. Salud P&uacute;blica</h3><p class="article-text">
        La intersectorialidad deber&iacute;a ser una de las propiedades fundamentales del sistema sanitario. Tanto en lo que respecta al conjunto de la sociedad, como entre los distintos componentes del cada vez m&aacute;s complejo sector de la sanidad. La influencia de la educaci&oacute;n, del trabajo -calidad y remuneraci&oacute;n-, del urbanismo, de la vivienda, de la cultura o de la econom&iacute;a, entre otros factores, resulta tan importante que no tiene sentido renunciar a la interrelaci&oacute;n con estos sectores para proteger y promover la salud individual y colectiva.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asumir las limitaciones de la sanidad para modificar las condiciones de vida de las personas que suponen factores de riesgo o de promoci&oacute;n de su salud no significa tampoco ignorar su influencia y la conveniencia de afrontarlas, actuando conjuntamente con los sectores sociales y de la administraci&oacute;n m&aacute;s implicados, como los servicios sociales que desde las administraciones y la sociedad tratan de corregir o al menos paliar las insuficiencias m&aacute;s perjudiciales e injustas del estado del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de la COVID-19 en las residencias de personas mayores acent&uacute;a dram&aacute;ticamente la necesidad de una estrecha coordinaci&oacute;n entre sanidad y servicios sociales para mejorar la calidad de vida de las personas atendidas, y tambi&eacute;n la eficiencia, la seguridad y la equidad de los recursos empleados.&nbsp; Las inadmisibles situaciones vividas en este sector deben impulsar a nuestros decisores pol&iacute;ticos y gestores de servicios a introducir cambios profundos en el modelo actual, tanto desde la perspectiva de la financiaci&oacute;n y recursos asignados como de su misma estructura, organizaci&oacute;n y prestaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas reflexiones sobre la intersectorialidad no tienen hasta hoy una traducci&oacute;n pr&aacute;ctica, estrat&eacute;gica y operativa, en los sistemas sanitarios de los pa&iacute;ses desarrollados, entre ellos el nuestro. Predomina una visi&oacute;n sesgada y exclusivamente sanitarista de la salud, olvidando que a su conservaci&oacute;n y mejora contribuyen de forma decisiva factores y sectores de actividad ajenos a la asistencia sanitaria.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la salud p&uacute;blica podr&iacute;a jugar el papel de aproximar los valores y los intereses sanitarios con los del conjunto de la poblaci&oacute;n, dada la relevancia de los determinantes colectivos -no sanitarios- de la salud de las comunidades humanas. Pero la realidad y el futuro inmediato de la salud p&uacute;blica espa&ntilde;ola no parece muy halag&uuml;e&ntilde;o al contemplar sus estructuras notoriamente burocratizadas, unos recursos humanos escasos y envejecidos y un funcionamiento excesivamente r&iacute;gido, junto con la precariedad de equipamientos e instalaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las consideraciones previas remarcan la necesidad de que la salud p&uacute;blica se desarrolle partiendo de premisas intersectoriales e interprofesionales y, por tanto, no exclusivamente sanitarias, para poder contribuir de forma significativa y eficaz a un cambio de los paradigmas que hasta hoy dominan las pol&iacute;ticas de bienestar y calidad de vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parece que el gobierno actual es ahora m&aacute;s sensible que en otras circunstancias por lo que iniciativas como la protagonizada por la Sociedad Espa&ntilde;ola de Salud P&uacute;blica y Administraci&oacute;n Sanitaria (SESPAS) al proponer la creaci&oacute;n de una Agencia de Salud P&uacute;blica que materialice el previsto pero nunca creado centro nacional de salud p&uacute;blica seg&uacute;n la ley general de 2011 merecen la mayor atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las urgencias derivadas de situaciones como la actual pandemia del COVID19 pueden no ser precisamente un buen punto de partida para la innovaci&oacute;n conceptual y estrat&eacute;gica como la que se proponen en estas l&iacute;neas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Segura Benedicto, Amando Martín Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/universalidad-e-intersectorialidad-salud-publica_129_8590295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Dec 2021 05:01:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Universalidad e intersectorialidad: Salud Pública]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Sanidad universal,Salud pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La utilidad del certificado Covid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/utilidad-certificado-covid_129_8508076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9eb55b94-9148-46fe-83a0-a0a07a1eb778_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La utilidad del certificado Covid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dinámica que propicia recurrir al certificado para mitigar la propagación es, como mínimo, incierta y probablemente también arriesgada. No solo en cuanto a su dimensión logística y organizativa y a las incógnitas epidemiológicas que persisten actualmente</p></div><p class="article-text">
        Dos de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s destacadas de la actitud frente a la pandemia COVID-19 son probablemente el miedo y la impaciencia. El anhelo de soluciones inminentes. La necesidad de hacer alguna cosa porque aunque no est&eacute; muy clara su utilidad, hacer algo tiene un efecto ansiol&iacute;tico inmediato. Otra cosa es que tal consecuencia persista. Y es bien sabido que las buenas intenciones no garantizan buenos resultados. Incluso las intervenciones m&aacute;s adecuadas acostumbran a presentar alg&uacute;n inconveniente. La mayor&iacute;a de las decisiones tiene pros y contras.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;certificado COVID&rdquo; se presenta como un instrumento eficaz para suavizar algunos de los efectos indeseables de las dr&aacute;sticas medidas preventivas adoptadas en algunos momentos de la pandemia. Particularmente los derivados de las restricciones de la movilidad que afectan, entre otras muchas actividades al turismo y a la hosteler&iacute;a, con la correspondiente destrucci&oacute;n de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Un prop&oacute;sito con el que se pretend&iacute;a, se pretende, neutralizar el efecto paralizante del miedo al contagio, a la enfermedad y a la muerte. Lo cual requiere sentirse suficientemente seguros a la hora de realizar tales actividades que, como se ha repetido, comportan un mayor riesgo de infectarse por SARS-COV-2.
    </p><p class="article-text">
        Se supone pues que la confianza que produce la sensaci&oacute;n de seguridad que puede conllevar el &ldquo;certificado COVID&rdquo; podr&aacute; contrarrestar el temor al contagio y sus consecuencias; tanto como para recuperar la disposici&oacute;n al contacto que supone relacionarse -por ocio y a veces por trabajo- con posibles fuentes de infecci&oacute;n. Pero &iquest;hasta que punto es efectivo el certificado? &iquest;Proporciona realmente esa seguridad a un n&uacute;mero relevante de ciudadanos?.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender mejor las preguntas conviene tener en cuenta que haberse infectado -habiendo desarrollado o no s&iacute;ntomas- o haberse vacunado, comporta un grado elevado de protecci&oacute;n personal as&iacute; como una disminuci&oacute;n de la capacidad de contagiar a otras personas y una reducci&oacute;n sustantiva del potencial papel como fuente de infecci&oacute;n, aunque dicha reducci&oacute;n no es absoluta ni permanente.
    </p><p class="article-text">
        Claro que la seguridad que se pretende conseguir con el &ldquo;certificado COVID&rdquo; no se limita a la protecci&oacute;n de las personas que ya se hayan vacunado, infectado o sufrido alguna de las consecuencias del COVID19. Abarca tambi&eacute;n a quienes no han experimentado ninguna de estas situaciones y son, por ello, m&aacute;s <em>susceptibles. </em>As&iacute; pues, el certificado puede tener efectos positivos en el enlentecimiento de la propagaci&oacute;n de la infecci&oacute;n, esencialmente en aquellas poblaciones cuya proporci&oacute;n de susceptibles sea suficientemente elevada. Seg&uacute;n cifras oficiales, en Espa&ntilde;a, m&aacute;s del 90% de la poblaci&oacute;n mayor de 12 a&ntilde;os ha recibido ya las dos dosis de la vacuna, y bastantes una tercera de refuerzo. Lo que sugiere que la poblaci&oacute;n susceptible de contagiarse y sobre todo de padecer enfermedad grave o cr&iacute;tica es actualmente reducida. Aunque podr&iacute;a aumentar en el futuro si disminuye la protecci&oacute;n de las vacunas, llegan otras cepas del virus o surgen nuevos factores. Adem&aacute;s, los no susceptibles actuales no est&aacute;n 100% libres de riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte hay que tener en cuenta los eventuales efectos negativos del certificado, pues como la mayor&iacute;a de las actividades humanas, tambi&eacute;n puede comportar consecuencias indeseables.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que la din&aacute;mica que propicia recurrir al certificado para mitigar la propagaci&oacute;n es, como m&iacute;nimo, incierta y probablemente tambi&eacute;n arriesgada. No solo en cuanto a su dimensi&oacute;n log&iacute;stica y organizativa y a las inc&oacute;gnitas epidemiol&oacute;gicas que persisten actualmente. Tambi&eacute;n como precedente frente a futuros problemas similares, en absoluto improbables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es arriesgado pretender incrementar la sensaci&oacute;n de seguridad con el certificado asumiendo que el riesgo cero es posible o, todav&iacute;a peor, creyendo que no comporta inconvenientes. Como, por ejemplo, favorecer la <em>desconfianza</em> en los conciudadanos, que seguramente era beneficiosa en el paleol&iacute;tico pero que en la actualidad puede limitar la imprescindible <em>cooperaci&oacute;n</em> humana.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello y atendiendo al coste de oportunidad nos parece m&aacute;s pertinente dedicar los recursos disponibles a mejorar el an&aacute;lisis y la calidad de los indicadores epidemiol&oacute;gicos, para que ayuden a percibir m&aacute;s objetivamente las dimensiones colectivas del problema y de su control. Consideramos preferible, por ejemplo, difundir mejor informaci&oacute;n v&aacute;lida sobre la evoluci&oacute;n de las tasas de incidencia de casos cl&iacute;nicos, graves y cr&iacute;ticos; as&iacute; como de las tasas de mortalidad por todas las causas y espec&iacute;ficas por sexo, edad y atribuibles al COVID19. Estas iniciativas podr&iacute;an facilitar tambi&eacute;n asumir por parte de todos que deberemos acostumbrarnos a convivir con estas situaciones, frente a las cuales los anhelos de invulnerabilidad y el miedo descontrolado acostumbran a empeorar las vidas, la econom&iacute;a real y la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Claro que son propuestas que implican mayores dificultades para los pol&iacute;ticos y los expertos medi&aacute;ticos. Pero no se deber&iacute;a continuar promoviendo la exigencia creciente del certificado COVID19 sin valorar suficientemente sus inconvenientes y posibles perjuicios personales y colectivos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andreu Segura Benedicto, Amando Martín Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/utilidad-certificado-covid_129_8508076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Nov 2021 21:27:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La utilidad del certificado Covid]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Defunciones por COVID-19: no están todas los que son y no son todas los que están]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defunciones-covid-19-todas_129_6046178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b19ffdf4-14c4-4467-9a0f-03a96f0568e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Defunciones por COVID-19: no están todas los que son y no son todas los que están"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un fallecido por infarto y con PCR positiva, sería un caso de COVID-19 para la vigilancia epidemiológica, aunque para la estadística de mortalidad debería serlo por infarto</p><p class="subtitle">Creemos que no se ha tratado de ocultar muertes ni de incrementarlas, simplemente que cabe mejorar los procedimientos</p></div><p class="article-text">
        &Eacute;sta ser&iacute;a la s&iacute;ntesis de la pol&eacute;mica en el recuento de los fallecidos por la COVID-19. No est&aacute; claro c&oacute;mo se han contado ni siquiera cu&aacute;les han sido las fuentes de informaci&oacute;n utilizadas.
    </p><p class="article-text">
        Conocer con precisi&oacute;n el n&uacute;mero y la evoluci&oacute;n de las defunciones atribuibles a la COVID-19 es una informaci&oacute;n esencial para valorar la magnitud del problema y la tendencia que sigue su evoluci&oacute;n, lo que puede contribuir a racionalizar las medidas preventivas y de control. La confusi&oacute;n que se lamenta en los medios de comunicaci&oacute;n al respecto es un ejemplo, en el peor momento, de la habitual desatenci&oacute;n a los sistemas de informaci&oacute;n de salud p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Para la vigilancia epidemiol&oacute;gica de la COVID-19, hoy se considera caso confirmado el de una persona que da positivo a la PCR, pero no ha sido siempre as&iacute;. Por lo tanto, como la definici&oacute;n de caso no ha sido siempre la misma, hay que reconfigurar las series temporales para comparar su evoluci&oacute;n en el tiempo tanto de los casos como de las defunciones.
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) tras declarar oficial la pandemia el 11 de marzo en todo el mundo, recomend&oacute; dos opciones para la certificaci&oacute;n de la causa de defunci&oacute;n que recogiesen la muerte por COVID-19:
    </p><p class="article-text">
        a) enfermedad o enfermedades que causa la muerte con coronavirus confirmado por prueba de laboratorio
    </p><p class="article-text">
        b) enfermedad o enfermedades que causan la muerte con coronavirus no confirmado (sin prueba de laboratorio o inconcluyente). Y adem&aacute;s la OMS explic&oacute; c&oacute;mo deb&iacute;a el m&eacute;dico implicado cumplimentar el certificado de defunci&oacute;n y seleccionar la causa de la defunci&oacute;n. La estad&iacute;stica oficial de defunciones en Espa&ntilde;a, viene aplicando las reglas internacionales de la OMS que hace las distinciones mencionadas porque forma parte de la estad&iacute;stica internacional de la OMS. A modo de ejemplo, una persona fallecida por un infarto que adem&aacute;s estuviera infectada y fuera PCR positiva, ser&iacute;a un caso de COVID-19 para la vigilancia epidemiol&oacute;gica, aunque para la estad&iacute;stica de mortalidad deber&iacute;a ser un fallecimiento por infarto de miocardio. De modo que tal vez se haya podido incrementar artificialmente el n&uacute;mero de v&iacute;ctimas de la COVID-19, como tambi&eacute;n se han podido perder algunos fallecimientos, sobre todo al principio de la epidemia, debidos a las complicaciones de la COVID-19 que no se sospecharon.
    </p><p class="article-text">
        En las actuales circunstancias los modos de transmisi&oacute;n, los circuitos, formatos y los contenidos de los fallecidos por la COVID-19, se han modificado, seguramente inducidos por la necesidad de disponer de tales datos cuanto antes. Seguro que con la mejor intenci&oacute;n que, como es sabido, no es garant&iacute;a de buenos resultados. Entre la diversa casu&iacute;stica generada, las consejer&iacute;as de sanidad, por ejemplo, han implementado nuevas v&iacute;as de transmisi&oacute;n de modo que lamentablemente han complicado la elaboraci&oacute;n e individualizaci&oacute;n de los datos, y provocado distorsiones que nos confunden a todos. Todo ello, en un contexto de graves disrupciones a la actividad y movilidad sin precedentes desde la guerra civil espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        En condiciones normales, hay una notificaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica de enfermedades (y de escasas muertes) que es de &aacute;mbito sanitario, y otra de estad&iacute;stica de defunciones que es de &aacute;mbito estad&iacute;stico. La elaboraci&oacute;n de la estad&iacute;stica de defunciones es compleja en Espa&ntilde;a. Intervienen varias administraciones centrales (Justicia y Estad&iacute;stica) y auton&oacute;micas (Estad&iacute;stica y Sanidad), y no siempre ambas, ni al mismo nivel -que depende de la ley auton&oacute;mica de estad&iacute;stica y no de las competencias disponibles-. Adem&aacute;s, participa la OMC (Organizaci&oacute;n de los Colegios de M&eacute;dicos), organismo titular del certificado m&eacute;dico de defunci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El m&eacute;dico implicado debe consignar las causas de la muerte en el certificado para su posterior inscripci&oacute;n en el Registro Civil (dependiente del ministerio de Justicia), y as&iacute; permitir su inhumaci&oacute;n. El certificado m&eacute;dico se remite a la delegaci&oacute;n provincial del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica (INE) para su procesamiento digital y tramitaci&oacute;n telem&aacute;tica a la administraci&oacute;n p&uacute;blica auton&oacute;mica, que codifica las causas de la defunci&oacute;n por registros de lotes mensuales que se incorporan a la intranet del INE. As&iacute; se elabora la estad&iacute;stica anual de defunciones seg&uacute;n la causa de la muerte, fuente de datos de mortalidad de la Uni&oacute;n Europea (EuroStat) y de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS). Las defunciones de intervenci&oacute;n judicial (accidentes o causas sospechosas de criminalidad) siguen parcialmente otro circuito, pero siempre contribuyen a la estad&iacute;stica anual de defunciones.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente hubiera sido m&aacute;s conveniente habilitar y reforzar los registros civiles, y que hubieran remitido los certificados de defunci&oacute;n con menci&oacute;n de COVID y/o ocurridos en residencia socio-sanitaria a la Consejer&iacute;a de Sanidad. Un reforzamiento que habr&iacute;a aliviado a la vigilancia epidemiol&oacute;gica de los dispositivos de salud p&uacute;blica del Sistema Nacional de Salud que sufren una cr&oacute;nica falta de recursos.
    </p><p class="article-text">
        Para conocer el impacto de la COVID-19 disponemos de tres aproximaciones, una son los datos de fallecidos que comunica peri&oacute;dicamente el Ministerio de Sanidad, otra ser&aacute;n los datos estad&iacute;sticos de mortalidad basados en el certificado de defunci&oacute;n y la tercera es el Sistema de Monitorizaci&oacute;n de la Mortalidad diaria que estima el exceso de muertes en un determinado per&iacute;odo en comparaci&oacute;n con los esperado de acuerdo a la mortalidad observada en a&ntilde;os previos, es decir usando modelos que estiman los excesos basados en una pasada casu&iacute;stica que nunca se tiene por qu&eacute; repetir.
    </p><p class="article-text">
        En este momento el Ministerio comunica 27.119, fallecimientos por COVID-19. Por su parte, el Sistema de Monitorizaci&oacute;n de la Mortalidad indica que del 13 de marzo al 22 de mayo de 2020 se ha observado un exceso de 43.034 fallecimientos sobre lo que cabr&iacute;a esperar. A la primera cifra le faltan casos mientras que a la segunda le sobran porque hay otras causas distintas que han podido relacionarse con el exceso de mortalidad. Cuando dispongamos de las cifras de mortalidad que proporcionar&aacute; en INE tendremos seguramente una aproximaci&oacute;n intermedia. Con todo ello y otras fuentes de informaci&oacute;n, los investigadores podr&aacute;n estimar el impacto de la COVID-19 en la mortalidad.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente hemos conocido la existencia de un prototipo electr&oacute;nico de certificado de defunci&oacute;n. Dado que los registros civiles est&aacute;n informatizados en la inmensa mayor&iacute;a de los municipios (92%) es viable la conexi&oacute;n telem&aacute;tica e inscripci&oacute;n de la defunci&oacute;n por el CD electr&oacute;nico en el Registro Civil (opci&oacute;n que ya est&aacute; disponible para inscribir los nacimientos), y proseguir el antes mencionado circuito para la estad&iacute;stica, y habilitar un recuento reglado de las defunciones y sus causas ante las pr&oacute;ximas emergencias sanitarias o en la anunciada nueva normalidad. Es m&aacute;s, se podr&iacute;a vincular el certificado de defunci&oacute;n electr&oacute;nico a la historia cl&iacute;nica digital y tener un circuito sanitario-estad&iacute;stico para la estad&iacute;stica de defunciones seg&uacute;n la causa de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Creemos que no se ha tratado de ocultar muertes ni de incrementarlas, simplemente que cabe mejorar los procedimientos. Nuestra intenci&oacute;n no es se&ntilde;alar los defectos, sino aprovechar la oportunidad para reforzar y mejorar la producci&oacute;n de las estad&iacute;sticas de las defunciones y de los sistemas de informaci&oacute;n sanitaria, imprescindibles para reducir la enorme incertidumbre que todav&iacute;a nos angustia. Nuestro pa&iacute;s no puede continuar teniendo un sistema de estad&iacute;stica de mortalidad que no responda a situaciones como la actual. Se trata simplemente de disponer de un procesamiento totalmente telem&aacute;tico de las defunciones y sus causas. Para ello es necesario un acuerdo institucional multinivel de todas las administraciones involucradas (INE, OMC, Ministerio y consejer&iacute;as de Sanidad), que alinee los recursos &ndash;que se necesitan muchos- y las garant&iacute;as necesarias para acabar el procesamiento totalmente telem&aacute;tico de las defunciones y sus causas. El ingente relanzamiento econ&oacute;mico y social que debe desarrollar en nuestro pa&iacute;s, nos pide mucha concertaci&oacute;n y generosidad. Hag&aacute;mosla realidad por el bien com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Cirera Suárez, Andreu Segura Benedicto, Ildefonso Hernández Aguado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/defunciones-covid-19-todas_129_6046178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2020 20:55:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Defunciones por COVID-19: no están todas los que son y no son todas los que están]]></media:title>
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