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    <title><![CDATA[elDiario.es - Arturo Rodríguez Saez]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Arturo Rodríguez Saez]]></description>
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      <title><![CDATA[Temor y populismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/temor-populismo_129_6040452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9721d8d-3c42-45f8-9208-64ec2ded2a6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Temor y populismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que empezó como revuelta de las clases altas madrileñas comienza a extenderse a otras capas sociales. Vox lo sabe. No juega la carta del temor existencial, sino del miedo económico</p></div><p class="article-text">
        Thomas Hobbes, atemorizado por los acontecimientos que se hab&iacute;an desencadenado durante la guerra civil inglesa, escap&oacute; a Francia. Fue all&iacute; donde alumbr&oacute; su gran obra, <em>El Leviat&aacute;n</em>. La reflexi&oacute;n que se inicia all&iacute; cambi&oacute; nuestra comprensi&oacute;n de la pol&iacute;tica. T. Hobbes nos hace descender al coraz&oacute;n mismo de lo pol&iacute;tico. Un fondo donde &uacute;nicamente encuentra tiniebla. El fundamento de lo pol&iacute;tico es el miedo al Otro. La relaci&oacute;n entre las personas est&aacute; mediada por el crimen. Una condici&oacute;n dram&aacute;tica que hace que no escapemos al sentimiento constante de amenaza existencial. Una realidad tozuda y pat&eacute;tica que activa en el ser humano el instinto de supervivencia. La soluci&oacute;n que propone Hobbes es enajenar libremente nuestra libertad para conquistar seguridad. Un s&uacute;per lobo creado a trav&eacute;s de un pacto social con el cual poner fin a nuestra primitiva condici&oacute;n. Ese lobo entre lobos es el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Eugenio Tr&iacute;as, en su libro, <em>La pol&iacute;tica y su sombra</em>, recupera precisamente el pensamiento pol&iacute;tico de T. Hobbes para dar cuenta de los peligros que entra&ntilde;a el canje de libertad por seguridad. El exceso de seguridad se constituye como sombra amenazante de la democracia. Un valor que se nutre del temor de las personas. Su expansi&oacute;n sin l&iacute;mites termina devorando de forma can&iacute;bal el resto de valores que componen el tejido moral de nuestras sociedades democr&aacute;ticas. La entronizaci&oacute;n absoluta de la seguridad prepara el camino hacia el autoritarismo. Ese es su destino funesto. E. Tr&iacute;as alzaba esta reflexi&oacute;n despu&eacute;s de que se produjeran los fat&iacute;dicos atentados de las torres gemelas. El milenio se inici&oacute; con sangre. Unos acontecimientos terribles que avivaron ese miedo al Otro en el coraz&oacute;n de la gran s&uacute;perpotencia mundial. Aquello dio paso a una administraci&oacute;n pol&iacute;tica que comenz&oacute; a recortar libertades en nombre de la Seguridad.
    </p><p class="article-text">
        El miedo es una emoci&oacute;n presocial y universal. Su fuerza hace cautiva la libertad de esp&iacute;ritu de las personas. Podr&iacute;a decirse que es la emoci&oacute;n m&aacute;s poderosa en pol&iacute;tica, lo que la convierte en un factor amenazante para la democracia. Sin embargo, no es la &uacute;nica emoci&oacute;n poderosa. El soci&oacute;logo Manuel Castells sugiere que la esperanza es el otro gran motor afectivo de los social. Una emoci&oacute;n positiva y constructiva. Lo que no cabe duda es que las emociones son fundamentales para comprender la conducta social de las personas. De hecho, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la neurociencia ha confirmado que nuestro cerebro pol&iacute;tico es emocional. No somos el sujeto libre de pasiones con el que so&ntilde;aba la Ilustraci&oacute;n, sino un amasijo de pulsiones complejas. Las emociones forman parte de nuestro proceso reflexivo. Y el miedo es una de las m&aacute;s importantes. Est&aacute; en nuestra naturaleza. Evitamos a toda costa aquello que consideramos una amenaza. Sea real o ficticia.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia que estamos experimentando est&aacute; provocando una oleada de temor. Una crisis existencial. En una doble acepci&oacute;n, como miedo a perder la vida y como p&eacute;rdida de sentido. Una cuesti&oacute;n que fue ampliamente abordada por la filosof&iacute;a existencialista, hoy demod&eacute;, pero que nos interpela de manera directa en el presente. Y es que el virus ha provocado un temor difuso. Es un agente imperceptible. Ni siquiera el s&iacute;ntoma permite determinar qui&eacute;n est&aacute; infectado. Los asintom&aacute;ticos nos recuerdan que potencialmente puede estar alojado en cada uno de nosotros. Nos convertimos sin saberlo en guada&ntilde;as de la muerte. Esto ha generado de nuevo ese miedo al Otro que con sombr&iacute;a lucidez supo ver T. Hobbes. Un miedo radical, difuso, desparramado y sin fronteras. No importa el color de piel ni la clase social. Todas las personas se vuelven objeto de sospecha. Un temor que podr&iacute;a provocar una erosi&oacute;n de los lazos comunitarios. El recelo como principio de las relaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia las reacciones autoritarias se han servido del miedo que se aloja en el fondo de las sociedades. El populismo es uno de esos agentes que instrumentalizan el temor. Sabemos por la evidencia disponible que los populismos aprovechan las coyunturas de crisis para medrar pol&iacute;ticamente. Su estrategia pasa por dividir de forma dicot&oacute;mica las sociedades. Profundizan en la herida social sobre la que nacen. Extreman las diferencias trazando una frontera moral entre la &eacute;lite y el pueblo. Una labor que la realizan l&iacute;deres con cierta densidad carism&aacute;tica. L&iacute;deres fuertes que acuden al rescate de la ciudadan&iacute;a con grandes promesas, hipertrofiando de manera narcisista la autoestima da&ntilde;ada del pueblo. Buscan satisfacer las demandas de certeza trabajando sobre un sustrato emocional cargado de toda clase de ansiedades. Y como si de nuevos mes&iacute;as seculares se trataran, prometen un regreso a una edad de oro que nunca existi&oacute;. Una seguridad ficticia.
    </p><p class="article-text">
        El cham&aacute;n populista prospera en tiempos l&iacute;mite. Se nutre de la inseguridad de las personas. Lo mismo que el fascismo. La &uacute;ltima experiencia es reciente. Tras la Gran Recesi&oacute;n se produjo un verdadero estallido populista en Europa. Sobre todo, en su versi&oacute;n m&aacute;s s&oacute;rdida, el populismo de derechas. Una variante que proyecta la bilis social sobre el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil, el inmigrante. Un odio hacia la diferencia que emplean para soldar una identidad nacional gran&iacute;tica y excluyente. Esta resaca populista est&aacute; lejos de haber terminado. Es presumible pensar que la nueva crisis existencial podr&iacute;a revitalizar a las fuerzas populistas. M&aacute;s cuando la lucha contra la pandemia mutar&aacute; necesariamente en una crisis econ&oacute;mica sin precedentes. Cabe esperar una gran demanda de seguridad. Ya estamos viendo las soluciones que proponen los nacional-populistas. Levantar fronteras. Cerrar el espacio Schengen. Culpar a los inmigrantes. Una pasi&oacute;n nacionalista que no hay que tratar con suficiencia cosmopolita.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, en Espa&ntilde;a el populismo de extrema derecha no se ha comportado del mismo modo. En lo &uacute;nico que coincide es en el uso sistem&aacute;tico de la mentira y en una ret&oacute;rica nacionalista hiperb&oacute;lica y agresiva. Por lo dem&aacute;s, est&aacute; intentando capitalizar parte del descontento social demandando libertad. Una idea que tiene una enorme fuerza evocadora y sentimental. Vox la est&aacute; usando como un arma arrojadiza contra el Gobierno. Busca que la ciudadan&iacute;a perciba al Ejecutivo como un agente del mal. Una representaci&oacute;n del autoritarismo. Poco importa que las medidas contra la pandemia hayan seguido todos los cauces y procedimientos democr&aacute;ticos. Ellos niegan su legitimidad. Lo que empez&oacute; como una revuelta de las clases altas madrile&ntilde;as est&aacute; comenzando a extenderse a otras capas sociales. Vox lo sabe. No est&aacute; jugando la carta del temor existencial, sino la del miedo econ&oacute;mico de parte de aquellos sectores sociales que perciben la posibilidad del descenso social. Tras la reivindicaci&oacute;n de libertad podr&iacute;a esconderse un motivo concreto: preparar el terreno para una revuelta fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; que estar atentos al despu&eacute;s de la pandemia. El confinamiento nos ha arrojado a otra vida. Estamos fuera de la cotidianeidad. Vivimos un par&eacute;ntesis lleno de dudas. Es imposible determinar qu&eacute; va a pasar despu&eacute;s. No sabemos cu&aacute;les van a ser con exactitud las consecuencias espirituales y materiales. Todos estamos escribiendo esta historia. Pero hay que estar atentos a la seducci&oacute;n populista. El miedo al Otro hobbesiano podr&iacute;a dar paso a una nueva forma de leviat&aacute;n populista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Rodríguez Saez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/temor-populismo_129_6040452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2020 19:34:19 +0000]]></pubDate>
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