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    <title><![CDATA[elDiario.es - Esther Roig]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/esther-roig/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Esther Roig]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Matar a la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/matar-infancia_129_12534586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3afdc11d-a874-4608-8209-0381d12728ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matar a la infancia"></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;No puede haber una revelaci&oacute;n m&aacute;s intensa del alma de una sociedad que la forma en que trata a sus ni&ntilde;os.&rdquo; &mdash; Nelson Mandela</em>
    </p><p class="article-text">
        En Palestina, la palabra &ldquo;infancia&rdquo; se escribe con miedo. No es una met&aacute;fora: seg&uacute;n UNICEF, m&aacute;s de 13.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as han muerto o resultado heridos en la Franja de Gaza y Cisjordania desde 2008. Solo en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, m&aacute;s de 4.000 han perdido la vida en ataques armados del ej&eacute;rcito israel&iacute;. La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinaci&oacute;n de Asuntos Humanitarios (OCHA) calcula que m&aacute;s de la mitad de los 2,3 millones de habitantes de Gaza son menores de edad.
    </p><p class="article-text">
        Esto significa que, en un territorio del tama&ntilde;o aproximado de la ciudad de Valencia, millones de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as viven cada d&iacute;a un genocidio a c&aacute;mara lenta. La hambruna y la escasez cr&oacute;nica de agua potable forman parte de su rutina, mientras los cortes de electricidad pueden prolongarse hasta 20 horas diarias. El sistema sanitario, devastado por a&ntilde;os de asedio y bombardeos, est&aacute; destruido o, en el mejor de los casos, completamente colapsado.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n tambi&eacute;n es v&iacute;ctima de la violencia: m&aacute;s de 600 escuelas han sido da&ntilde;adas o destruidas desde 2021. Sin embargo, algunos peque&ntilde;os a&uacute;n siguen asistiendo a clases improvisadas en s&oacute;tanos, mezquitas o tiendas de campa&ntilde;a, con l&aacute;pices rotos y pizarras desgastadas. Lo hacen porque aprender, incluso en medio del horror, es un acto de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s devastador no es solo la p&eacute;rdida f&iacute;sica: es la fractura emocional. Psic&oacute;logos locales denuncian que el 80 % de los menores presenta s&iacute;ntomas de trauma severo: insomnio, ataques de p&aacute;nico, pesadillas recurrentes, p&eacute;rdida del habla. Crecen aprendiendo a reconocer el zumbido de un dron, el impacto de un misil o el retumbar de una explosi&oacute;n antes que a montar en bicicleta o jugar al escondite. Cada d&iacute;a su infancia se convierte en un ejercicio de supervivencia: aprender a no llorar, a no correr, a no hacer ruido, a convivir con el hambre, con la muerte, entre sombras y miedo.
    </p><p class="article-text">
        Matar la infancia no solo arrebata vidas: arranca futuros enteros, sue&ntilde;os, risas, posibilidades. Como escribi&oacute; Gabriela Mistral: &ldquo;El ni&ntilde;o que no juega no es ni&ntilde;o, pero el hombre que no juega perdi&oacute; para siempre al ni&ntilde;o que viv&iacute;a en &eacute;l.&rdquo; &iquest;Qu&eacute; sociedad queremos construir si destruimos a quienes encarnan nuestra esperanza?
    </p><p class="article-text">
        Desde la distancia, nos refugiamos en debates geopol&iacute;ticos y comunicados diplom&aacute;ticos, como si las cifras fueran abstractas. Pero detr&aacute;s de cada n&uacute;mero hay un nombre, una historia, una voz que apenas tuvo tiempo de aprender canciones infantiles antes de ser silenciada. Nos deber&iacute;amos preguntar con urgencia: &iquest;cu&aacute;ntas infancias m&aacute;s estamos dispuestos a permitir que se rompan antes de reaccionar?
    </p><p class="article-text">
        Es cierto: no podemos detener una guerra desde el sal&oacute;n de nuestra casa. Pero s&iacute; podemos negarnos a aceptar que ser palestino signifique no tener derecho a una ni&ntilde;ez. Podemos exigir que se cumplan las resoluciones de Naciones Unidas, apoyar a las organizaciones que trabajan sobre el terreno, visibilizar el sufrimiento y, sobre todo, no callar. Porque el silencio, en este caso, no es neutral: es c&oacute;mplice.
    </p><p class="article-text">
        Israel y Estados Unidos, convertidos en verdugos de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y sordos a los mensajes de humanidad y defensa de los derechos humanos que grita el mundo, deber&iacute;an, al menos, escuchar a uno de los suyos.  Me refiero a quien un d&iacute;a fue su presidente , John F. Kennedy, que  advirti&oacute;: &ldquo;Los ni&ntilde;os son el recurso m&aacute;s importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        No dejemos que esa esperanza muera. No lo podemos permitir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/matar-infancia_129_12534586.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Aug 2025 09:47:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matar a la infancia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antes que migrantes, son personas menores de edad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/migrantes-son-personas-menores-edad_129_13431217.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La situaci&oacute;n de Ceuta vuelve a recordarnos que la protecci&oacute;n de las personas menores de edad no es una cuesti&oacute;n de ideolog&iacute;a, sino una obligaci&oacute;n jur&iacute;dica, &eacute;tica y democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ceuta vuelve a ocupar titulares. Miles de personas han llegado en apenas unos d&iacute;as a la ciudad aut&oacute;noma y, entre ellas, centenares de ni&ntilde;os y adolescentes que hoy duermen en las calles, bajo una manta o en cualquier rinc&oacute;n donde el miedo les permita cerrar los ojos unas horas. Algunos han sido ya identificados y trasladados a recursos de acogida. Otros siguen esperando que alguien les pregunte siquiera c&oacute;mo se llaman.
    </p><p class="article-text">
        En medio del ruido pol&iacute;tico, conviene detenerse un instante. Antes que inmigrantes irregulares, antes que cifras o expedientes administrativos, son menores de edad. Y eso, en un Estado de derecho, no es un matiz: es la diferencia entre un problema migratorio y una obligaci&oacute;n jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ha ratificado la Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o. Nuestra legislaci&oacute;n establece que el inter&eacute;s superior del menor debe prevalecer sobre cualquier otra consideraci&oacute;n. Eso significa que un ni&ntilde;o que llega solo a nuestro pa&iacute;s tiene derecho a ser protegido, identificado, atendido sanitariamente, escolarizado cuando corresponda y tutelado mientras se determina cu&aacute;l es la soluci&oacute;n que mejor garantice su bienestar. No porque haya cruzado una frontera, sino precisamente porque es un ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno ha anunciado una dotaci&oacute;n extraordinaria de 25 millones de euros para reforzar la atenci&oacute;n a estos menores en Ceuta. La medida llega cuando la capacidad de acogida de la ciudad se encuentra claramente desbordada. El dinero es necesario. Sin recursos no hay profesionales, ni plazas, ni atenci&oacute;n psicol&oacute;gica, ni educaci&oacute;n, ni protecci&oacute;n efectiva. Pero el presupuesto no deber&iacute;a convertirse en el centro del debate. La verdadera pregunta es otra: &iquest;seremos capaces de garantizar derechos cuando las cifras dejan de ser manejables?
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos chicos proceden de familias marcadas por la pobreza, la falta de expectativas o la ausencia de oportunidades. Otros escapan de situaciones familiares complejas o responden a un proyecto migratorio compartido con sus propios padres, que depositan en ellos la esperanza de un futuro distinto. Ning&uacute;n adolescente se juega la vida en el mar por capricho. Detr&aacute;s de cada traves&iacute;a suele haber una mezcla de necesidad, desesperaci&oacute;n y esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s llega Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y Europa no siempre sabe qu&eacute; hacer con ellos.
    </p><p class="article-text">
        Los menores no acompa&ntilde;ados permanecen durante meses, a veces a&ntilde;os, bajo la tutela de las administraciones p&uacute;blicas. Algunos consiguen aprender el idioma, continuar sus estudios, acceder a formaci&oacute;n profesional o incorporarse al mercado laboral cuando alcanzan la mayor&iacute;a de edad. Otros cumplen dieciocho a&ntilde;os con un permiso precario, sin red familiar y con enormes dificultades para encontrar vivienda o empleo. El riesgo de exclusi&oacute;n no termina cuando dejan de ser menores. En muchos casos, apenas empieza.
    </p><p class="article-text">
        Hablar de estos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as exige tambi&eacute;n desmontar simplificaciones. No todos acabar&aacute;n integr&aacute;ndose con &eacute;xito. Algunos arrastrar&aacute;n heridas profundas. Otros abandonar&aacute;n los itinerarios educativos. Como ocurre con cualquier colectivo vulnerable, habr&aacute; trayectorias muy diferentes. Pero reducirlos a una amenaza o a una carga econ&oacute;mica significa ignorar tanto la realidad como la evidencia.
    </p><p class="article-text">
        La protecci&oacute;n de la infancia nunca deber&iacute;a depender del origen, del color de la piel o del lugar donde naci&oacute; un ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Ceuta no necesita &uacute;nicamente recursos extraordinarios. Necesita una respuesta coordinada entre administraciones, una distribuci&oacute;n solidaria de la acogida y una pol&iacute;tica migratoria que no llegue siempre despu&eacute;s de las crisis. Porque cuando el sistema act&uacute;a &uacute;nicamente cuando las im&aacute;genes ocupan las portadas, la emergencia deja de ser excepcional para convertirse en rutina.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; dentro de unos meses estos menores habr&aacute;n desaparecido de los informativos. Pero seguir&aacute;n creciendo. Seguir&aacute;n necesitando una escuela, un educador, un m&eacute;dico, un permiso de residencia y alguien que les recuerde que la palabra &ldquo;protecci&oacute;n&rdquo; no puede depender del lugar donde uno naci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La forma en que tratamos a estos ni&ntilde;os dice mucho menos de ellos que de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y esa es, probablemente, la noticia m&aacute;s importante.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Esther Roig Belloch </strong>es periodista y presidenta de la ONGD Menuts del M&oacute;n</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/migrantes-son-personas-menores-edad_129_13431217.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Aug 2026 07:59:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Antes que migrantes, son personas menores de edad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La infancia, la gran ausente de la política mientras la escuela pública sale a la calle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/infancia-gran-ausente-politica-escuela-publica-sale-calle_129_13283185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En los programas electorales, la infancia suele ocupar un lugar parad&oacute;jico: aparece mucho en las fotograf&iacute;as y poco en las prioridades reales.
    </p><p class="article-text">
        Se invoca cuando se habla de &ldquo;futuro&rdquo;, de &ldquo;familia&rdquo; o de &ldquo;demograf&iacute;a&rdquo;, pero rara vez como sujeto pol&iacute;tico con derechos propios. El resultado es una invisibilidad estructural: los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as est&aacute;n en el centro del discurso emocional, pero en la periferia del presupuesto.
    </p><p class="article-text">
        En el estado espa&ntilde;ol, la inversi&oacute;n p&uacute;blica en protecci&oacute;n social de infancia y familia se sit&uacute;a en torno al 1,6% del PIB, por debajo de la media de la Uni&oacute;n Europea, que ronda el 2,5%. Esa distancia no es t&eacute;cnica: es pol&iacute;tica. Define qu&eacute; vidas se sostienen colectivamente y cu&aacute;les dependen casi exclusivamente de la capacidad econ&oacute;mica del hogar.
    </p><h2 class="article-text">Comunitat Valenciana: la escuela p&uacute;blica como term&oacute;metro del malestar</h2><p class="article-text">
        La Comunitat Valenciana se ha convertido en uno de los escenarios m&aacute;s visibles del desgaste del sistema educativo p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto con el profesorado ha derivado en movilizaciones y huelgas que denuncian un problema de fondo: aulas masificadas, falta de recursos humanos, dificultades para atender la diversidad del alumnado, infrafinanciaci&oacute;n estructural e infraestructuras que llegan tarde o no llegan.
    </p><p class="article-text">
        La protesta no se limita a las condiciones laborales. Es, sobre todo, una advertencia sobre el estado de la escuela p&uacute;blica como columna vertebral de la igualdad de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el sistema educativo se tensiona, no lo hace de forma neutra. El impacto se concentra en los centros con mayor complejidad social, es decir, en los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que m&aacute;s dependen de la educaci&oacute;n p&uacute;blica para compensar desigualdades de origen.
    </p><h2 class="article-text">Una infancia que no entra en la agenda</h2><p class="article-text">
        La infancia apenas aparece como prioridad transversal en el debate pol&iacute;tico estatal.
    </p><p class="article-text">
        Se habla de natalidad, pero no de crianza. De familia, pero no de pobreza infantil. De educaci&oacute;n, pero muchas veces desde la l&oacute;gica del conflicto presupuestario y no desde la garant&iacute;a de derechos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los datos son persistentes y poco discutidos: Espa&ntilde;a mantiene una de las tasas de pobreza infantil m&aacute;s altas de la Uni&oacute;n Europea. En torno a un tercio de los menores est&aacute; en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n social, seg&uacute;n los &uacute;ltimos indicadores armonizados.
    </p><p class="article-text">
        No es un fen&oacute;meno coyuntural. Es una estructura que se reproduce incluso en contextos de crecimiento econ&oacute;mico y creaci&oacute;n de empleo.
    </p><h2 class="article-text">Europa: invertir m&aacute;s o cronificar la desigualdad</h2><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses con mejores indicadores de bienestar infantil &mdash;como Finlandia, Suecia, Dinamarca o Noruega&mdash; no lo consiguen por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Comparten un patr&oacute;n com&uacute;n: inversi&oacute;n sostenida en educaci&oacute;n p&uacute;blica, pol&iacute;ticas de conciliaci&oacute;n robustas, redes de protecci&oacute;n social amplias y servicios de atenci&oacute;n temprana universales.
    </p><p class="article-text">
        En estos modelos, la infancia no es un cap&iacute;tulo del gasto social, sino un eje estructural del Estado del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        En el otro extremo, los pa&iacute;ses con menor inversi&oacute;n en infancia tienden a presentar mayores niveles de pobreza infantil, peores resultados educativos y una transmisi&oacute;n m&aacute;s fuerte de la desigualdad entre generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se sit&uacute;a en una posici&oacute;n intermedia en gasto social total, pero con un sesgo claro: la infancia no es una prioridad presupuestaria equivalente a su peso social.
    </p><h2 class="article-text">Cuando la escuela p&uacute;blica se convierte en frontera social</h2><p class="article-text">
        Las reivindicaciones del profesorado valenciano no son un episodio aislado.
    </p><p class="article-text">
        Hablan de ratios elevadas, falta de personal de apoyo, dificultades para la inclusi&oacute;n educativa y una creciente carga burocr&aacute;tica que reduce el tiempo pedag&oacute;gico. Hablan, en definitiva, de una escuela que intenta sostener m&aacute;s vulnerabilidad con menos recursos.
    </p><p class="article-text">
        Distintos informes educativos y sociales han alertado de un fen&oacute;meno ya conocido: cuando la escuela p&uacute;blica pierde capacidad, la desigualdad no disminuye; se reorganiza. Y suele hacerlo a costa de quienes ya parten en desventaja.
    </p><h2 class="article-text">La pol&iacute;tica y lo que decide no mirar</h2><p class="article-text">
        La infancia tiene una debilidad estructural en el sistema pol&iacute;tico: no vota.
    </p><p class="article-text">
        Esa ausencia de representaci&oacute;n directa la convierte en un terreno f&aacute;cilmente desplazable en las prioridades p&uacute;blicas. Pero sus efectos no son invisibles: se acumulan en forma de desigualdad educativa, pobreza persistente y menor movilidad social.
    </p><p class="article-text">
        Invertir en infancia no es una pol&iacute;tica sectorial. Es una decisi&oacute;n de modelo de pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">Pobreza infantil y desigualdad</h2><p class="article-text">
        En torno al 30-33% de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en Espa&ntilde;a se encuentra en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n social, seg&uacute;n indicadores recientes armonizados en la UE.
    </p><p class="article-text">
        La tasa de pobreza infantil en Espa&ntilde;a es una de las m&aacute;s elevadas de la Uni&oacute;n Europea, comparable a pa&iacute;ses con menor renta per c&aacute;pita media.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza infantil es m&aacute;s alta que la del conjunto de la poblaci&oacute;n, ampliando la brecha intergeneracional de desigualdad.
    </p><h2 class="article-text">Inversi&oacute;n p&uacute;blica</h2><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a destina aproximadamente 1,6% del PIB a protecci&oacute;n social de infancia y familia, por debajo de la media de la UE (~2,5%).
    </p><p class="article-text">
        Los organismos internacionales como UNICEF y la Comisi&oacute;n Europea insisten en que la inversi&oacute;n en infancia es uno de los factores m&aacute;s determinantes para reducir desigualdad estructural.
    </p><h2 class="article-text">Educaci&oacute;n y escuela p&uacute;blica</h2><p class="article-text">
        El sistema educativo en el estado espa&ntilde;ol mantiene diferencias territoriales significativas en inversi&oacute;n por alumno, ratios y recursos de atenci&oacute;n a la diversidad.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n sobre la escuela p&uacute;blica es mayor en zonas urbanas con alta concentraci&oacute;n de vulnerabilidad social, donde el sistema act&uacute;a como principal mecanismo de compensaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La infancia no est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica. Est&aacute; dentro, pero en el lugar equivocado: en el margen de las prioridades, en la nota a pie de presupuesto, en el discurso que se pronuncia, pero no se ejecuta.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, la escuela p&uacute;blica sigue sosteniendo lo que el sistema pol&iacute;tico a&uacute;n no ha decidido sostener del todo.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta no es si la infancia importa. La pregunta es por qu&eacute; sigue siendo negociable lo que deber&iacute;a ser intocable.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Esther Roig Belloch</strong> es periodista y presidenta de la ONGD Menuts del M&oacute;n</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/infancia-gran-ausente-politica-escuela-publica-sale-calle_129_13283185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 07:38:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La infancia, la gran ausente de la política mientras la escuela pública sale a la calle]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la guerra devora la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/guerra-devora-infancia_129_13039170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de menores mueren en conflictos armados mientras el derecho internacional se erosiona y los líderes políticos eluden su responsabilidad</p></div><p class="article-text">
        En Minab, al sur de Ir&aacute;n, una escuela fue alcanzada por misiles que las autoridades iran&iacute;es atribuyen a Estados Unidos, en el marco de la escalada militar regional. Seg&uacute;n esas fuentes, al menos 165 ni&ntilde;as y acompa&ntilde;antes murieron. Organismos internacionales no han podido verificar de forma independiente la autor&iacute;a ni la cifra exacta de v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una escuela es bombardeada, no hablamos de &ldquo;incidentes&rdquo;. Hablamos de pupitres astillados, mochilas abiertas entre el polvo, nombres propios que ya no volver&aacute;n a ser pronunciados.
    </p><p class="article-text">
        No es un episodio aislado. Es un patr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp;Yemen, Naciones Unidas ha verificado m&aacute;s de&nbsp;<strong>11.000 ni&ntilde;os muertos o mutilados</strong>&nbsp;desde 2015. En&nbsp;Siria, tras trece a&ntilde;os de guerra, se estima que&nbsp;<strong>m&aacute;s de 30.000 menores han muerto</strong>&nbsp;desde 2011. En&nbsp;Sud&aacute;n, desde 2023 miles de ni&ntilde;os han sido asesinados o heridos y millones desplazados.&nbsp;En&nbsp;Ucrania, la ONU ha confirmado&nbsp;<strong>m&aacute;s de 500 menores fallecidos</strong>&nbsp;desde el inicio de la invasi&oacute;n rusa en 2022.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute; Gaza, el genocidio. 
    </p><p class="article-text">
        En la&nbsp;Gaza, las autoridades sanitarias locales cifran en&nbsp;<strong>m&aacute;s de 13.000 los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as muertos</strong>&nbsp;desde octubre de 2023. Naciones Unidas ha alertado de un impacto devastador sobre la infancia, y diversas instancias jur&iacute;dicas internacionales examinan si los hechos podr&iacute;an encajar en la definici&oacute;n de genocidio de la Convenci&oacute;n de 1948.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras pueden discutirse. La devastaci&oacute;n infantil, no.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El derecho que estamos vulnerando</strong></h2><p class="article-text">
        La&nbsp;Convenci&oacute;n sobre los Derechos del Ni&ntilde;o&nbsp;reconoce el derecho inherente del menor a la vida, la supervivencia y el desarrollo. Es el tratado internacional m&aacute;s ampliamente ratificado del mundo. No es ret&oacute;rica: es derecho vinculante.
    </p><p class="article-text">
        Los&nbsp;Convenios de Ginebra&nbsp;y sus protocolos adicionales obligan a distinguir entre combatientes y poblaci&oacute;n civil, proh&iacute;ben ataques indiscriminados y exigen proporcionalidad. Las escuelas y hospitales gozan de protecci&oacute;n espec&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando mueren miles de ni&ntilde;os, la pregunta jur&iacute;dica no es ideol&oacute;gica. Es t&eacute;cnica:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se respetaron los principios de distinci&oacute;n, proporcionalidad y precauci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se adoptaron todas las medidas posibles para proteger a la poblaci&oacute;n civil?
    </p><p class="article-text">
        Si la respuesta es no, hablamos de violaciones graves del derecho internacional humanitario.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Poder, impunidad y responsabilidad</strong></h2><p class="article-text">
        Las decisiones pol&iacute;ticas tienen consecuencias humanas. Ning&uacute;n dirigente queda fuera del escrutinio moral y jur&iacute;dico cuando las estrategias militares que respalda provocan un impacto masivo sobre la poblaci&oacute;n civil.
    </p><p class="article-text">
        Cuando observo la devastaci&oacute;n en Gaza y el respaldo pol&iacute;tico y militar que la sostiene, pienso en un t&aacute;ndem de Herodes contempor&aacute;neos:&nbsp;Donald Trump&nbsp;y&nbsp;Benjamin Netanyahu. Es mi opini&oacute;n. La formulo desde una convicci&oacute;n humanista: ning&uacute;n liderazgo que permita, justifique o minimice la muerte masiva de menores puede quedar al margen del juicio &eacute;tico de su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Eso no exonera a otros reg&iacute;menes autoritarios que bombardean, reprimen o instrumentalizan a ni&ntilde;os en sus guerras internas. Si los derechos humanos son universales, la exigencia tambi&eacute;n debe serlo. No existen v&iacute;ctimas de primera y de segunda seg&uacute;n el alineamiento geopol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La infancia no es da&ntilde;o colateral. La infancia es sujeto de derecho.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La l&iacute;nea roja</strong></h2><p class="article-text">
        Cada ni&ntilde;o muerto en una guerra es una derrota colectiva. Pero cuando las cifras se cuentan por miles y el mundo sigue gestionando equilibrios estrat&eacute;gicos, ya no hablamos solo de tragedia: hablamos de degradaci&oacute;n civilizatoria.
    </p><p class="article-text">
        El sistema internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial prometi&oacute; &ldquo;nunca m&aacute;s&rdquo;. Esa promesa inclu&iacute;a proteger a quienes no empu&ntilde;an armas. Si normalizamos que miles de menores mueran bajo decisiones pol&iacute;ticas calculadas, aceptamos una regresi&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        La historia juzga con severidad implacable a quienes permitieron la muerte de los m&aacute;s vulnerables. Y tambi&eacute;n a quienes eligieron mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de bandos. Se trata de algo m&aacute;s elemental: si una civilizaci&oacute;n no protege a sus ni&ntilde;os, &iquest;qu&eacute; est&aacute; defendiendo exactamente?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/guerra-devora-infancia_129_13039170.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 10:43:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando la guerra devora la infancia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elegir juguete, elegir qué regalo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/elegir-juguete-elegir-regalo_129_12855287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estos d&iacute;as de Navidad, cuando volvemos a preguntarnos qu&eacute; regalar a los m&aacute;s peque&ntilde;os, quiz&aacute; convenga ir un poco m&aacute;s all&aacute; del envoltorio. Porque elegir juguete es elegir regalo, y en ese gesto cotidiano se decide mucho m&aacute;s de lo que parece.
    </p><p class="article-text">
        En un mercado que mide el &eacute;xito en unidades vendidas y no en infancia cuidada, recuperar el juguete tradicional y artesanal no es una cuesti&oacute;n est&eacute;tica ni nost&aacute;lgica. Es una decisi&oacute;n educativa, econ&oacute;mica y profundamente pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os hemos asumido con naturalidad que el juego infantil est&eacute; dominado por productos importados, fabricados a miles de kil&oacute;metros, pensados para durar poco y estimular mucho. Juguetes que prometen aprendizaje acelerado, pero que dejan escaso margen a la imaginaci&oacute;n, al error y al v&iacute;nculo. Frente a ese modelo, el juguete artesanal propone justo lo contrario: menos ruido, m&aacute;s relato; menos instrucciones, m&aacute;s libertad.
    </p><p class="article-text">
        Jugar no es un acto menor. Quienes trabajamos con infancia lo sabemos bien. A trav&eacute;s del juego, ni&ntilde;os y ni&ntilde;as construyen su forma de estar en el mundo: aprenden a cooperar, a negociar reglas, a frustrarse, a crear sentido compartido. El juguete tradicional &mdash;una peonza, una mu&ntilde;eca de trapo, un tren de madera&mdash; no impone un guion cerrado. Invita a inventarlo. Y en ese espacio abierto se entrenan habilidades esenciales que no caben en ninguna pantalla: creatividad, empat&iacute;a, pensamiento cr&iacute;tico y v&iacute;nculo social.
    </p><p class="article-text">
        En territorios como la Comunitat Valenciana, hablar de juguete es tambi&eacute;n hablar de memoria econ&oacute;mica. Comarcas como la Foia de Castalla, l&rsquo;Alcoi&agrave; o el Comtat fueron durante d&eacute;cadas un referente industrial del sector juguetero en Europa. Hoy, ese legado sobrevive en peque&ntilde;os talleres y proyectos artesanos que apuestan por la producci&oacute;n local, los materiales sostenibles y los procesos manuales, mientras compiten en clara desventaja con la fabricaci&oacute;n masiva asi&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La competencia con China no es, ni puede ser, una batalla de precios. Es una batalla de sentido. El mercado del juguete en Espa&ntilde;a factura m&aacute;s de 1.600 millones de euros al a&ntilde;o, pero el segmento artesanal y educativo apenas representa un peque&ntilde;o porcentaje. Sin embargo, su crecimiento es sostenido. No porque sea m&aacute;s barato, sino porque responde a una demanda cada vez m&aacute;s consciente: familias, escuelas y proyectos educativos que buscan coherencia entre lo que dicen y lo que compran.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva de econom&iacute;a social, el valor del juguete artesanal va mucho m&aacute;s all&aacute; del objeto. Cada pieza sostiene un oficio, genera empleo local, reduce la huella ecol&oacute;gica y refuerza el tejido comunitario. Frente a un modelo basado en la deslocalizaci&oacute;n, la sobreproducci&oacute;n y el descarte r&aacute;pido, el juguete artesanal propone durabilidad, reparaci&oacute;n y cuidado. No es una alternativa rom&aacute;ntica: es una opci&oacute;n estrat&eacute;gica en tiempos de crisis clim&aacute;tica y precarizaci&oacute;n laboral.
    </p><p class="article-text">
        Como presidenta de una ONGD que trabaja con infancia y comunidades vulnerables, he comprobado que el juego sencillo, compartido y creativo tiene un impacto transformador real. No necesita tecnolog&iacute;a sofisticada ni grandes inversiones. Necesita tiempo, presencia y materiales que no lo hagan todo por el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a. En contextos de exclusi&oacute;n, el juego libre no es un lujo: es una herramienta de dignidad y de igualdad de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, este modelo no puede sostenerse solo con la buena voluntad del consumidor. Requiere pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que lo acompa&ntilde;en: apoyo a la artesan&iacute;a, compra p&uacute;blica responsable, ferias especializadas, programas educativos que integren el juego tradicional y medidas fiscales que no penalicen a quien produce en peque&ntilde;o y en local. Hablar de consumo responsable sin tocar estas palancas es quedarse a medio camino.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n requiere honestidad colectiva. No podemos defender una educaci&oacute;n basada en valores como la sostenibilidad, la cooperaci&oacute;n o el cuidado, y al mismo tiempo llenar las habitaciones infantiles de objetos dise&ntilde;ados para ser usados y tirados. Elegir un juguete no es un gesto neutro. Es una decisi&oacute;n econ&oacute;mica, cultural y &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar el juguete tradicional no es mirar al pasado. Es imaginar un futuro con m&aacute;s tiempo, m&aacute;s manos y menos pantallas. Un futuro donde el juego vuelva a ser un derecho y no un producto de usar y tirar.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, en un mundo acelerado y desigual, ense&ntilde;ar a jugar despacio sea una de las formas m&aacute;s sencillas &mdash;y m&aacute;s radicales&mdash; de empezar a cambiarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/elegir-juguete-elegir-regalo_129_12855287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2025 10:23:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Elegir juguete, elegir qué regalo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infancias rotas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/infancias-rotas_129_6224547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay cifras que son espeluznantes y nos quitan el sue&ntilde;o, por mucho que las escuchemos en los medios de comunicaci&oacute;n como una noticia m&aacute;s. Me refiero a los casos de violencia de g&eacute;nero contra los y las menores, invisibles hasta hace muy poco a pesar de las muertes, de los cr&iacute;menes que aumentan. Estos d&iacute;as un beb&eacute; muere en Almassora, Castell&oacute;n, tras ser agredido por su propio padre y una ni&ntilde;a de 4 a&ntilde;os es asesinada en Zaragoza tambi&eacute;n por su padre en medio de una discusi&oacute;n con la madre. Esta semana empieza el juicio por el asesinato de la peque&ntilde;a Naiara en la Audiencia de Huesca tras dos aplazamientos. En la mayor&iacute;a de los casos la justicia act&uacute;a tarde y mal.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 1,68 millones de ni&ntilde;os viven en hogares en los que su madre sufre violencia de g&eacute;nero por parte de su pareja o expareja. Los menores son v&iacute;ctimas de la violencia machista y la sociedad mira con horror y verg&uuml;enza, con incapacidad en muchos casos porque a la infancia no se la tiene muy en cuenta.&nbsp;De hecho, es en 2013 cuando se empiezan a contabilizar en Espa&ntilde;a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como v&iacute;ctimas de violencia de genero y tan solo en cinco a&ntilde;os la cifra es, cuanto menos, impactante: 221 menores hu&eacute;rfanos y 25 asesinados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estas estad&iacute;sticas no figura el n&uacute;mero de damnificados por vivir en sus casas episodios diarios de violencia machista. Y ah&iacute; es donde los y las profesionales deber&iacute;an actuar para evitar m&aacute;s muertes y otros da&ntilde;os colaterales graves e irreversibles.&nbsp;&nbsp;Todos los expertos y expertas en violencia infantil destacan la importancia de tener en cuenta a los y las peque&ntilde;as. No escucharlos es, sin duda, perpetuar la violencia de g&eacute;nero.&nbsp;Y es que los y las menores v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero sufren el mismo tipo de trauma que los menores que sufren trauma de guerra. La violencia esta en medio y destroza vidas.
    </p><p class="article-text">
        La trascendencia del tema implica actuar, no quedarnos horrorizados hasta el pr&oacute;ximo asesinato. Hay una raz&oacute;n muy poderosa que nos impulsa a esa acci&oacute;n y a evitar m&aacute;s violencia. Estudios emp&iacute;ricos nos avisan de que los y las peque&ntilde;as que han vivido en contextos de violencia durante su vida pueden tender a repetir patrones. Las ni&ntilde;as pueden volver a ser v&iacute;ctimas de violencia de sus parejas desde muy j&oacute;venes, muchos ni&ntilde;os son diagnosticados con traumas, altamente medicados en la adolescencia y paulatinamente van desarrollando conductas problem&aacute;ticas, son en algunos casos &lsquo;carne de prisi&oacute;n&rsquo;. Hemos de mentalizarnos de que, si no vemos, entendemos y ayudamos a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero no estamos haciendo la verdadera prevenci&oacute;n de la violencia y la salud mental.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras, una vez m&aacute;s, apoyan estos argumentos, nueve de cada diez mujeres v&iacute;ctimas de la violencia de g&eacute;nero con hijos menores sostienen que &eacute;stos presencian o escuchan esas agresiones. Adem&aacute;s, en el 51,7% de los casos el maltrato de la madre ha estado acompa&ntilde;ado de la violencia del agresor contra los ni&ntilde;os. Los datos m&aacute;s recientes del<strong>&nbsp;</strong>sistema policial de seguimiento de las v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero, Viog&eacute;n, registraba a finales del mes de agosto a 1.540 ni&ntilde;os en una situaci&oacute;n de riesgo. Con riesgo se entiende que la&nbsp;violencia ejercida por el agresor sobre la mujer v&iacute;ctima podr&iacute;a extenderse a los menores. De ellos, 312 se encontraban en riesgo extremo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las v&iacute;ctimas asesinadas a manos de los adultos, la violencia machista deja 293 hu&eacute;rfanos, seg&uacute;n datos de la Delegaci&oacute;n del Gobierno para la Violencia de G&eacute;nero. Muchos presentan baja autoestima, depresi&oacute;n, problemas de alimentaci&oacute;n, e incluso consumo de estupefacientes. Los ni&ntilde;os pueden reproducir las conductas de violencia que han presenciado, y las ni&ntilde;as ser v&iacute;ctimas potenciales de relaciones abusivas en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        La realidad nos obliga a sensibilizarnos ante los terribles efectos que la violencia tiene sobre los menores que la sufren, y que en la mayor&iacute;a de los casos ellas y ellos mismos no pueden expresar con palabras.
    </p><p class="article-text">
        Como dijo Mirko Badiale,&nbsp;&nbsp;&lsquo;En cada ni&ntilde;o se deber&iacute;a poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado,&nbsp;contiene sue&ntilde;os&rsquo; No los rompamos.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><em><strong>Esther Roig</strong></em><em> es periodista y presidenta de la ONGD Menuts del M&oacute;n.</em></li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/infancias-rotas_129_6224547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2020 11:27:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Infancias rotas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con mi cesta de la compra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/cesta-compra_1_6144128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Me pregunto si se puede cambiar el mundo con la cesta de la compra en mano, desde el consumo. &iquest;Tenemos poder las personas consumidoras? &iquest;Y cu&aacute;l ser&iacute;a? La pandemia nos deja esta reflexi&oacute;n: vamos a ser capaces de transformar el mercado en algo m&aacute;s humano, m&aacute;s cercano, m&aacute;s local, con un impacto positivo en nuestros pueblos y ciudades. Yo creo que s&iacute;, que si queremos podemos. Bienvenida la &eacute;poca de la soberan&iacute;a consumidora, es decir el derecho de los pueblos y las personas a decidir colectiva y responsablemente qu&eacute; quieren consumir, por qu&eacute; y para qu&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        En econom&iacute;a, las personas consumidoras siempre hemos sido tratadas con ese falsete respeto con tintes proteccionistas y esa &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a que nos ha llenado de complejos y necesidades. Y la verdad no vamos a transformarnos en quien nos venden por usar determinado producto. Pero eso ya lo sabemos, como tambi&eacute;n que somos su oscuro objeto de deseo, su raz&oacute;n de ser , crecer y de engullir.&nbsp;Porque en un mundo competitivo, atomizado, globalizado y basado en el consumo desaforado, el truco es hacer creer al consumidor que es libre de elegir lo que quiera, siempre que quiera lo que se le ofrece. Es el &ldquo;todo para el consumidor, pero sin el consumidor, el objetivo es satisfacer nuestras necesidades creadas por ellos. Y cuando me refiero a ellos quiero decir al mercado que no respeta al productor, ese que vende humo, empobrece al productor y se carga al peque&ntilde;o y mediano comercio.
    </p><p class="article-text">
        Hagamos esta prueba que nos proponen Economistas Sin Fronteras: vayamos a nuestra cocina, revisemos el armario de ropa, miremos nuestros muebles, electrodom&eacute;sticos&hellip;&nbsp;Observemos nuestro alrededor: &iquest;cu&aacute;ntas cosas son realmente necesarias? &iquest;Y donde fueron producidas? &iquest;En qu&eacute; condiciones? &iquest;Y esos productos comprados benefician nuestro entorno, nuestra econom&iacute;a m&aacute;s pr&oacute;xima? 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo m&aacute;s. Mas all&aacute; del consumo responsable, las personas consumidoras deber&iacute;amos ejercer nuestro empoderamiento. Y no estoy hablando austeridad ni del anti-consumo, me refiero a cambiar nuestra mentalidad y tomar consciencia de nuestro poder a la hora de modificar la cultura de comprar, de consumir. Si somos conscientes podemos protagonizar una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n que, sin duda, supone cambios importantes en diferentes &aacute;reas, no solo la econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n la pol&iacute;tica, social, cultural&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Con nuestra cesta de la compra, con nuestro poder a la hora de elegir qu&eacute; comprar, c&oacute;mo, y a qui&eacute;n estamos creando un nuevo modelo de mercado. Uno totalmente diferente al que estamos viviendo con la crisis de la pandemia y que tanto ha evidenciado la existencia de desigualdades sociales. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible?&nbsp;Si, no inventamos nada. Existe un dec&aacute;logo construido a trav&eacute;s de la propuesta y discusi&oacute;n de expertas y expertos en el tema llamado &lsquo;La Alianza para un Mundo Responsable, Plural y Solidario&rsquo;, iniciativa de la fundaci&oacute;n Charles L&eacute;opold Mayer que os invito a leer. Y enumero aqu&iacute; 5 normas que seg&uacute;n la revista Ethical Consumer, podr&iacute;amos aplicar. Son como cinco consejos.: 1. Consume menos; 2. Alza tu voz, s&eacute; m&aacute;s activo e invol&uacute;crate pol&iacute;ticamente; 3. Consume productos o servicios locales; 4. Guarda e invierte tu dinero en bancos &eacute;ticos; 5. Recicla, arregla y compra productos de segunda mano. 
    </p><p class="article-text">
        A estas pautas de consumo podemos aplicar otras que ya como conocemos y que muchas hemos ejercido en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Pongo por caso las estrategias de voz o buycot, en las que se premia el buen desempe&ntilde;o social y medioambiental de las empresas que lo producen o distribuyen mediante la compra de sus productos, marcas o servicios. Pero tambi&eacute;n podemos ejercer las de salida o boicot, con las que penalizamos las pr&aacute;cticas irresponsables de la empresa productora o distribuidora mediante el abandono del consumo de un producto, marca o servicio; y a las 
    </p><p class="article-text">
        Tal y como yo lo veo, desde nuestra cocina con nuestra cesta de la compra tenemos la responsabilidad y el poder de contribuir a la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa y sostenible para todas las personas. Con nuestra cesta de la compra estamos impulsando el rescate y la pr&aacute;ctica de valores desatendidos, como son la responsabilidad personal, la empat&iacute;a hacia el otro y el respeto por el entorno.
    </p><p class="article-text">
        El consumo responsable es algo din&aacute;mico, del d&iacute;a a d&iacute;a y el empoderamiento es una pr&aacute;ctica que podemos ejercer, una herramienta que nos permite contribuir al cambio de paradigma y definir el tipo de ciudadano, empresa y sociedad que queremos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/cesta-compra_1_6144128.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Aug 2020 08:27:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Con mi cesta de la compra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las profesiones de la nueva realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/profesiones-nueva-realidad_1_6116694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La nueva realidad que dibuja el mercado laboral nos va a sorprender tanto que inevitablemente, casi por supervivencia, vamos a tener que cambiar nuestra manera de trabajar e incluso de pensar. Escuelas profesionales, universidades, institutos y colegios van a tener que preparar personas capaces de enfrentarse a la adaptaci&oacute;n al cambio, la flexibilidad, la orientaci&oacute;n al logro y la clara tolerancia a la frustraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las competencias de las personas van a jugar un papel muy importante&rdquo;, dice Vanessa Fern&aacute;ndez, t&eacute;cnica de orientaci&oacute;n laboral y ocupaci&oacute;n, especialista&nbsp;M&aacute;ster en Coaching, Gesti&oacute;n Emocional y Mindfulness en ENEB (Escuela de Negocios Europea de Barcelona). &ldquo;Las cosas cambian, los perfiles cambian, y las necesidades en las empresas se van a ver modificadas por el nuevo entorno en el que nos movemos. Un factor importante para los nuevos nichos de mercado van a ser las competencias digitales, que si bien, llevan tiempo ya con una tendencia al auge, ahora se posicionan como imprescindibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En clave laboral la transformaci&oacute;n ser&aacute; permanente tal y como apuntan la mayor&iacute;a de los expertos, aunque el trabajo remoto no ser&aacute; ni una contingencia ni tampoco una tendencia que termine por ser desterrada.&nbsp;Las nuevas oportunidades laborales se est&aacute;n detectando en los sectores de primera necesidad, los puestos de cuidados, el important&iacute;simo papel del personal de log&iacute;stica, el en ocasiones invisible a la vez que imprescindible personal de limpieza, el personal del sector alimentaci&oacute;n, de supermercados&hellip; son servicios esenciales, y sin ellos, la econom&iacute;a se habr&iacute;a detenido de forma absoluta.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, las profesiones que se van a incrementar considerablemente en la nueva realidad son las y los especialistas en rob&oacute;tica, ciberseguridad y <em>blockchain</em>; especialistas en marketing digital y programadores. En el &aacute;rea de salud se buscan t&eacute;cnicos en gen&oacute;mica, investigaci&oacute;n de f&aacute;rmacos, vacunas, biotecnolog&iacute;a e inteligencia artificial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al pol&eacute;mico teletrabajo no es ning&uacute;n secreto que hoy por hoy juega un factor importante, pero a corto plazo. Todos los puestos de trabajo que hasta la fecha cre&iacute;amos que de forma imprescindible se deb&iacute;an prestar en modo presencial, ahora muestran una oportunidad estrat&eacute;gica para las empresas, a la vez que necesaria. &iquest;La cuesti&oacute;n es, ha venido para quedarse? La evoluci&oacute;n de la pandemia tiene la palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos momentos y sin necesidad de utilizar la bola de cristal, podemos ver una gran demanda de profesionales en las &aacute;reas sanitarias, en todas sus vertientes, en educaci&oacute;n, y en todos los &aacute;mbitos de alimentaci&oacute;n y suministro
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; habilidades van a cotizar al alza en la nueva realidad? La adaptaci&oacute;n al cambio es una competencia que se ha manifestado como imprescindible en los actuales procesos de selecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las competencias transversales de las personas ocupan la prioridad de las &aacute;reas de RRHH, valorar de que son capaces las personas, como resuelven los problemas, que pueden ofrecer ese es el objetivo de las entrevistas laborales, Atraer y retener el talento, es el gran reto al que nos enfrentamos, pero saber identificarlo para ello va a ser la prioridad. Por otro lado, las competencias digitales, vinieron, y se han quedado, y cada vez juegan un factor importante en la descripci&oacute;n de los perfiles&rdquo;, dice Vanessa Fern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        Nos estamos convirtiendo en personas digitalizadas, nuestro entorno est&aacute; digitalizado, y debemos adaptarnos a &eacute;l, para poder mantenernos en el mercado laboral, sin ofrecer resistencia, y asumi&eacute;ndolo como un cambio necesario. Una vez m&aacute;s la pregunta es inevitable: &iquest;Y nuestros j&oacute;venes? &iquest;A qu&eacute; escenario se enfrentan las mujeres y hombres del futuro? Ellas y ellos&nbsp;ya est&aacute;n viendo un escenario distinto, Las competencias requeridas no se basan en las aptitudes, sino en actitudes. Saber si existir&aacute; trabajo para todos/as depender&aacute; de la capacidad como sociedad que tengamos para crearlo, identificarlo y mantenerlo, y para ello, debemos ser flexibles y tener una actitud proactiva para el aprendizaje. Si el mundo cambia, &iquest;c&oacute;mo no lo vamos a hacer nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Sin un guion previo en el que basarnos para vivir en la nueva realidad del mercado laboral abrimos un nuevo interrogante: &iquest;C&oacute;mo se va a transformar el mundo laboral post-COVID-19 o como deber&iacute;a dibujarse para que quepamos todas y todos?&nbsp;&ldquo;La f&oacute;rmula exacta no la tenemos, pero sabemos que el modelo econ&oacute;mico y social actual, no est&aacute; funcionando, La precariedad, la poca estabilidad, y las dificultades de movilidad y acceso a los puestos de trabajo, son barreras y condicionantes que est&aacute;n impidiendo que los/as profesionales no accedan a los puestos. No somos capaces de crear empleo estable y de calidad que permita la inclusi&oacute;n plena de las personas en la sociedad, que d&eacute; cabida a nuestros/as j&oacute;venes, y que de oportunidades a nuestros/as seniors&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La realidad post-COBID-19 nos obliga a redibujar el empleo. La ocupaci&oacute;n debe favorecer el aprendizaje desde dentro y con acompa&ntilde;amiento, para poder crecer como sociedad y econ&oacute;micamente, y para este escenario juegan un papel importante el tejido empresarial y las pol&iacute;ticas de empleo que favorezcan este escenario de cosecha. Una vez m&aacute;s construir e integrar y no destruir o excluir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; econom&iacute;a lo har&aacute; posible?&nbsp;Sin duda necesitamos un sistema econ&oacute;mico al servicio de las personas, y no las personas al servicio de la econom&iacute;a. Necesitamos modelos econ&oacute;micos donde la persona sea el foco principal, donde el empleo no sea un sue&ntilde;o inalcanzable para algunas, sino la herramienta que consiga hacer crecer ese nuevo modelo. La globalizaci&oacute;n ha tra&iacute;do cosas buenas y malas, el comercio de proximidad se ha visto da&ntilde;ado por estos sistemas, y se ha visto la necesidad de la existencia de &eacute;l en situaciones cr&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Si algo ha puesto de manifiesto esta situaci&oacute;n de alerta sanitaria es la propia vulnerabilidad de la persona, as&iacute; que si no iniciamos un proceso de construcci&oacute;n de nuevo escenario donde la persona sea el epicentro no conseguiremos crecer como sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/profesiones-nueva-realidad_1_6116694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2020 17:25:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las profesiones de la nueva realidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Drogas y adolescentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/esther-roig-drogas-adolescentes_132_6016571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ahora que ya tenemos una Ley de Protecci&oacute;n Integral de la Infancia y la Adolescencia, necesaria e imprescindible en una sociedad civilizada, deber&iacute;amos hablar m&aacute;s de las y los adolescentes.&nbsp; Hablar y dejar que hablen, que se expresen y que nos cuenten c&oacute;mo ven esta sociedad en la que les ha tocado vivir y c&oacute;mo encajan, si encajan, dentro de la misma.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, nos hemos preguntado c&oacute;mo se sienten en un mundo que los ignora, los aparta, los ningunea y los idiotiza con promesas de una vida mejor, m&aacute;s libre, m&aacute;s globalizada basadas en el consumo. D&iacute;a a d&iacute;a les enviamos este mensaje: consume y ser&aacute;s, formar&aacute;s parte.
    </p><p class="article-text">
        Tengo tres hijos y tant&iacute;simas veces pienso... &iquest;qu&eacute; falla? qu&eacute; estamos haciendo mal cuando los informes sobre consumo de drogas realizados por entidades oficiales nos dicen que <strong>el 60% de los menores de 14 a&ntilde;os ha consumido alcohol en el &uacute;ltimo a&ntilde;o</strong>. Estamos hablando de una franja comprendida entre 13, 14, 15 y 16 a&ntilde;os que se inicia en grupo en el terrible mundo de las drogas. Primero en las consideradas legales y seguidamente (casi a la vez) en las ilegales como el cannabis, la&nbsp;marihuana sint&eacute;tica. Esta &uacute;ltima droga conocida como el &lsquo;Pescao&rsquo; se trata de una sustancia muy peligrosa que les afecta el cerebro y les produce secuencias de delirio, estados de confusi&oacute;n, alucinaciones y s&iacute;ntomas psic&oacute;ticos y paranoia. No son casos aislados, no es ciencia ficci&oacute;n, es real y pr&oacute;ximo.&nbsp; En los &uacute;ltimos meses se ha atendido a 12 menores en urgencias de hospitales valencianos afectados por esta droga.
    </p><p class="article-text">
        Y las madres y padres, mientras tanto, asustados, al borde de un ataque de nervios, nos preguntamos qu&eacute; est&aacute; pasando. Porque si estamos fallando nosotros, tambi&eacute;n falla la sociedad. Y de alguna manera habr&aacute; que decirles a nuestras hijas e hijos adolescentes que son importantes, que valen, que cuentan y que deben cuidarse, que la salud es lo primero.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto qu&eacute; campa&ntilde;a contra las drogas vigente les da la informaci&oacute;n completa, les habla de t&uacute; a t&uacute;, no como si fueran ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, porque ya no lo son. La adolescencia es muy dif&iacute;cil, pero no es una asignatura imposible.
    </p><p class="article-text">
        Sirva esta reflexi&oacute;n para que los escuchemos m&aacute;s, aprendamos a hablarles y hagamos un esfuerzo por ser coherentes con nosotras y con ellos y ellas, nuestras ni&ntilde;as adolescentes. Es necesario tejer un mundo m&aacute;s humano, que sepa escuchar, que integre, que muestre pol&iacute;ticas sociales que los incluyan. Esas pr&aacute;cticas, sin duda, allanaran el camino de la compresi&oacute;n, de la comunicaci&oacute;n e integraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las y los adolescentes confusos y aplastados&nbsp;entre la ni&ntilde;ez y la juventud existen, aunque no figuren como segmento de la poblaci&oacute;n (las estad&iacute;sticas marcan la ni&ntilde;ez de 0 a 14 a&ntilde;os y los j&oacute;venes de 15 a 24). Quiz&aacute; analizando estas situaciones deber&iacute;amos pensar en visibilizar esa franja de 13 a 17 a&ntilde;os y ponerse las orejas de o&iacute;r. Reitero, escucharlos e integrar.
    </p><p class="article-text">
        La exclusi&oacute;n social empieza a esa edad, justo cuando el fracaso escolar es una gran sombra que los va borrando. Los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as del parque, los canis, las chonis, los otros, las otras.
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo el momento exacto en el que dej&eacute; atr&aacute;s la infancia, pero debe haber un lugar en la memoria donde tengamos la grabaci&oacute;n de ese instante primero en el que dejamos de ser una ni&ntilde;a para entrar en el mundo nuevo, complejo y tan dif&iacute;cil de los adultos.
    </p><p class="article-text">
        La adolescencia, como la ni&ntilde;ez, paga los platos rotos de un mundo desigual y lleno de errores. Pienso que en las campa&ntilde;as de prevenci&oacute;n contra la droga deber&iacute;amos invitarles a ser rebeldes, pero con causa, si quieren serlo; claro. Y esa rebeld&iacute;a, esa causa debe ser crear una sociedad donde ellos y ellas, los futuros adolescentes tengan voz y voto y les dejemos construir. De lo contrario corremos el riesgo de que se destruyan y destruyan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esther Roig es periodista y presidenta de la ONG Menuts del M&oacute;n.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/esther-roig-drogas-adolescentes_132_6016571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2020 06:52:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Drogas y adolescentes]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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