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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fernando Marín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fernando-marin/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La COVID en las residencias de Madrid: entre la ocultación y la negligencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/covid-residencias-madrid-ocultacion-negligencia_129_6065898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e20b25f5-957e-481a-a8ed-d12cac047a51_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llevarlos al hospital hubiera sido un error, pero abandonarlos ha sido una barbaridad</p></div><p class="article-text">
        La pandemia de la COVID-19 ha sido muy dura en residencias de personas mayores de algunos lugares del mundo, como la Comunidad de Madrid. Cabe preguntarse: &iquest;Se habr&iacute;an muerto en el hospital? &iquest;Y si hubieran recibido una asistencia adecuada (ox&iacute;geno, hidrataci&oacute;n y poco m&aacute;s) en su residencia? &iquest;Por qu&eacute; murieron solas, sin testigos, sin compa&ntilde;&iacute;a? Aun con los mismos fallecidos, &iquest;cu&aacute;nto sufrimiento se podr&iacute;a haber evitado?
    </p><p class="article-text">
        Muchas razones han determinado este desastre madrile&ntilde;o &ldquo;sin paliativos&rdquo;, nunca mejor dicho: la nefasta gesti&oacute;n de la Comunidad de Madrid de la Sanidad P&uacute;blica, a la que ha ido diezmando durante d&eacute;cadas, reforzando a&ntilde;o tras a&ntilde;o el negocio privado a costa del dinero p&uacute;blico; el debilitamiento progresivo de la atenci&oacute;n primaria de salud, con la que no puede competir la sanidad privada, donde el equipo de m&eacute;dico y enfermera de cabecera no existe; el fomento del hospitalocentrismo, enviando todos los recursos y usuarios al hospital, que en la pandemia se ha demostrado ineficaz para atender la demanda y la indiferencia hacia los derechos de las personas y la calidad de la muerte de la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En 2017, la Asamblea de Madrid aprob&oacute; por unanimidad una ley de muerte digna que pretend&iacute;a reforzar los derechos de las personas al final de su vida. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, la Consejer&iacute;a de Sanidad no la ha desarrollado. Incorporar la buena muerte como un indicador de calidad asistencial, es un asunto pendiente en todo el Estado, que llevar&aacute; a&ntilde;os, pero la desobediencia y el incumplimiento de la ley por la Comunidad de Madrid demuestra su desprecio hacia la soberan&iacute;a popular, representada en el poder legislativo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; son. Precarizan el sistema p&uacute;blico, le dicen a la gente que se vaya al hospital, los hospitales se colapsan, crean un megahospital de campa&ntilde;a en Ifema (campa&ntilde;a de propaganda, habr&iacute;a que decir), con un coste muy superior al necesario, para atender a muchos pacientes leves que pod&iacute;an recibir atenci&oacute;n domiciliaria. A la vez, en contra de su cultura hospitalocentrista, impiden que las ambulancias recojan a personas mayores con COVID-19 en las residencias, donde muchas de ellas fallecen, solas, sin que las las familias sean informadas y en muchos casos sin una asistencia adecuada. Con el dinero del 'Ifemazo', se podr&iacute;a haber reforzado la primaria, contratando a miles de profesionales dispuestos a colaborar, tambi&eacute;n en las residencias. Pero todo aquello de los sanitarios voluntarios, jubilados y estudiantes, tambi&eacute;n fue propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, &iquest;se deb&iacute;a trasladar a todas las personas enfermas al hospital? La respuesta es no. Primero, porque no hab&iacute;a sitio. Algunos hospitales estaban absolutamente sobrepasados, con personas en los pasillos, sentados en un sill&oacute;n durante cuatro d&iacute;as, a la espera de una cama. Era materialmente imposible, algo que la propaganda nunca reconoci&oacute;. En segundo lugar, porque las posibilidades de sobrevivir en el hospital probablemente eran menores que en su residencia, si all&iacute; hubieran tenido una asistencia adecuada. Los respiradores han sido un objeto talism&aacute;n en la pandemia, que alg&uacute;n intensivista compar&oacute; con el papel higi&eacute;nico. No, el tratamiento en la UCI no es ninguna suerte, es dur&iacute;simo y solo apto para las personas con opciones de sobrevivir con una calidad de vida aceptable para ellas. Es una obviedad que hay que explicar, aclarando ideas falsas o absurdas sobre las consecuencias de un ingreso en UCI, que no proceden de la b&uacute;squeda de una respuesta razonable a un problema de salud, sino del miedo, la negaci&oacute;n y la huida de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        No existe ning&uacute;n derecho a ingresar en una UCI o en un hospital, sino a recibir una asistencia sanitaria de calidad. &iquest;Cu&aacute;l era la mejor asistencia posible? Esa es la clave. Depende del pron&oacute;stico de cada caso, es decir, del estado de salud previo, de la presencia de otras enfermedades o factores de riesgo, y de la edad. No es una cuesti&oacute;n de edad, pero la edad importa, porque con mucha frecuencia lleva asociada una pluripatolog&iacute;a. Que la mayor&iacute;a de fallecidos por COVID-19 sean personas mayores, no justifica un discurso discriminatorio que insin&uacute;e que son vidas sin valor, un prejuicio que ser&iacute;a injusto con una mayor&iacute;a de personas mayores que no est&aacute;n enfermas, ni fragilizadas.
    </p><p class="article-text">
        En una situaci&oacute;n de terminalidad, lo peor que puede hacer una persona es irse al hospital, porque all&iacute; es mucho m&aacute;s probable que muera mal que si se queda en su residencia con una asistencia paliativa. Las personas con una demencia grave, dependientes para todo e incapaces de reconocer a sus seres queridos, est&aacute;n en situaci&oacute;n terminal. Para ellas, ingresar en un hospital tampoco es la mejor opci&oacute;n. Tambi&eacute;n hay personas mayores que padecen varias enfermedades incurables y que afrontan su final de vida de tal manera que el hospital no es una opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que lleg&oacute; la COVID-19, para muchas residencias era habitual trasladar a urgencias a personas mayores muy deterioradas que no ten&iacute;an opciones de mejorar, a veces a petici&oacute;n de sus familiares (hospitalocentrismo, de nuevo), pero tambi&eacute;n sin su consentimiento. De hecho, en algunos casos, a los familiares de una persona con demencia grave, les costaba que respetaran su voluntad de optar por un enfoque paliativo, en la propia residencia (sin sondas, ni tubos). Ah&iacute; est&aacute; el caso de Guillermina del verano pasado, una mujer con demencia en estado terminal a la que una jueza oblig&oacute; a poner una sonda nasog&aacute;strica, falleciendo unas semanas despu&eacute;s, eso s&iacute;, con el tubo en la nariz. Un aut&eacute;ntico disparate. Este era el punto de partida pre-COVID-19, una situaci&oacute;n en la que la obstinaci&oacute;n terap&eacute;utica, fundamentalmente hospitalaria, era excesivamente frecuente.
    </p><p class="article-text">
        Esta inercia hospitalocentrista, esa cultura de &ldquo;un hospital en cada pueblo&rdquo;, sin un criterio sensato sobre el papel del hospital, no como protagonista, sino como complemento de la atenci&oacute;n primaria, para mejorar la salud comunitaria de la poblaci&oacute;n, explica por qu&eacute; la medida de evitar el traslado de personas con mal pron&oacute;stico al hospital, que generalmente deber&iacute;a ser considerada una buena praxis, ha escandalizado a la ciudadan&iacute;a. O por qu&eacute; el concepto de triaje era para muchos ciudadanos, inadmisible. &ldquo;Todos a la UCI&rdquo; es una idea absurda que muchos medios de comunicaci&oacute;n jalearon con un fanatismo tecnol&oacute;gico que se asienta en una ignorancia supina. No se trata solo de que los recursos sean limitados. Se trata de que es una crueldad que algunos intensivistas comparan con la tortura, ingresar a una persona sin criterios de supervivencia. Con este totum revolutum, con algunos pol&iacute;ticos tir&aacute;ndose de una forma indecente los muertos a la cara, es muy dif&iacute;cil explicar que lo mejor no tiene por qu&eacute; ser ir al hospital.
    </p><p class="article-text">
        Muchos lo han hecho. Tambi&eacute;n ha habido profesionales en muchas residencias que se han dejado la piel. Los que ya eran resolutivos, los que antes no enviaban a la persona mayor al hospital en cuanto tuviera flemas, o no se dejaban presionar, se han encargado de tratar a sus pacientes con todos los medios que ten&iacute;an a su alcance. Muchos salieron adelante y otros tuvieron una muerte digna, en contacto con sus familiares e incluso, en alg&uacute;n caso, con su compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los efectos devastadores de la pandemia ha sido la ausencia de di&aacute;logo, la falta de respeto a derechos fundamentales como el derecho a la informaci&oacute;n, a la elecci&oacute;n entre opciones cl&iacute;nicas, a morir dignamente, acompa&ntilde;ado y al testamento vital. La ley de muerte digna de Madrid exige que todas las residencias de mayores promuevan el testamento vital, pudiendo firmarlo all&iacute; mismo, para su posterior registro telem&aacute;tico. Es un gran avance, pero ninguna residencia tiene ese servicio, porque la Comunidad de Madrid ha preferido ignorar e infantilizar a las personas mayores, que implementar una medida que consiste en acceder a un programa por internet (es decir, de coste cero). Si, tal y como DMD lleva pidiendo a la Consejer&iacute;a una y otra vez, muchas m&aacute;s personas que viven en residencias hubieran firmado su testamento vital, sabr&iacute;amos que la mayor&iacute;a no deseaba ser trasladada al hospital, sino recibir una asistencia en &ldquo;su casa&rdquo; y, en caso de mal pron&oacute;stico, aliviar su sufrimiento en el proceso de muerte. Adem&aacute;s del suyo, el sufrimiento de sus familiares habr&iacute;a sido infinitamente menor, pero la Comunidad de Madrid nunca encontr&oacute; tiempo para eso.
    </p><p class="article-text">
        No se deb&iacute;a trasladar a todas las personas mayores de la residencia al hospital, pero no es admisible que se hiciera con una circular, desde una instancia administrativa. Hab&iacute;a que explicarlo, reconocer la situaci&oacute;n real, de crisis en los hospitales, que m&aacute;s o menos salvaron los sanitarios. Y dialogar con los afectados, con las personas mayores, muchas de ellas totalmente capaces de tomar sus decisiones, o con sus familias en caso de deterioro cognitivo. A las personas enfermas con COVID-19 que, seg&uacute;n los profesionales que las atend&iacute;an, &ldquo;no estaban para morirse&rdquo;, hab&iacute;a que ofrecerles el traslado a un hospital o a un centro de media estancia, donde pudieran recibir la oxigenoterapia necesaria. A las personas mayores sin s&iacute;ntomas de COVID-19 y en buen estado, a un hotel medicalizado, clareando as&iacute; las residencias y facilitando su manejo para prevenir m&aacute;s contagios.
    </p><p class="article-text">
        La alternativa, en ning&uacute;n caso, pod&iacute;a ser el abandono. El virus se extendi&oacute; r&aacute;pidamente por muchas residencias, donde una parte importante de los profesionales tuvieron que abandonar su puesto de trabajo por enfermedad. Atender a personas mayores, muchas de ellas dependientes, con una parte de la plantilla de baja, ya es una situaci&oacute;n de crisis. Evitar el contagio de un virus altamente transmisible, sin medidas de protecci&oacute;n, sin la ayuda de salud p&uacute;blica y sin los profesionales indispensables, es imposible. La medida, tan efectista como in&uacute;til, de enviar al ej&eacute;rcito a fumigar residencias, no ten&iacute;a sentido sin una continuidad, un plan para tratar a todas las personas que all&iacute; viv&iacute;an. En lugar de eso, se cerr&oacute; a cal y canto, cruzando los dedos para que no ocurriera la tragedia que finalmente ocurri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Respondiendo a las preguntas iniciales, probablemente algunas personas habr&iacute;an sobrevivido si las hubieran atendido en el hospital, excepcionalmente en la UCI, o tambi&eacute;n en su residencia. Tanto en el hospital como en las residencias, murieron solas por razones epidemiol&oacute;gicas que deshumanizaron la muerte. Ante una presi&oacute;n enorme, se identific&oacute; aislamiento y soledad, cuando no son lo mismo. Siempre ha habido pacientes que mor&iacute;an aislados en los hospitales, pero jam&aacute;s en una soledad impuesta como norma. La epidemiolog&iacute;a casa muy mal con la heterogeneidad, pero la ausencia de una cultura de la muerte digna es la que ha permitido que miles de personas mueran sin compa&ntilde;&iacute;a, o sea, mal. Lo que de seguro se pod&iacute;a haber evitado es mucho sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        El reto era enormemente complejo, nadie ten&iacute;a una varita m&aacute;gica con soluciones, pero tampoco se escucharon todas las voces. Si queremos aprender para el futuro, debemos reconocer qu&eacute; se hizo mal, que la Comunidad de Madrid estuvo ausente en su obligaci&oacute;n de proteger a las personas mayores como deb&iacute;a. Tenemos que madurar como sociedad y enfrentarnos a la fragilidad y la muerte de otra manera para que nunca m&aacute;s se vean ignorados derechos fundamentales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Marín]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2020 20:07:48 +0000]]></pubDate>
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