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    <title><![CDATA[elDiario.es - Vicenç Fisas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/vicenc-fisas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Vicenç Fisas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desbloquear-negociaciones-estados-unidos-e-iran_129_13147990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54c58a80-ff87-43fb-82d6-0571dde65826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Estados Unidos asumiera un compromiso explícito de presión sobre Israel, condicionando su respaldo diplomático y militar a la adhesión israelí al acuerdo, este obstáculo podría transformarse en una palanca de estabilización regional. El alto al fuego alcanzado en Líbano este jueves puede ayudar en ese sentido</p></div><p class="article-text">
        Va a celebrarse una segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n. Las primeras conversaciones directas celebradas en Pakist&aacute;n, aunque fuentes diplom&aacute;ticas describieron el encuentro con &ldquo;optimismo&rdquo;, el proceso arrastr&oacute; desde el inicio graves fallos metodol&oacute;gicos. Las agendas iniciales resultaron profundamente incompatibles: Ir&aacute;n exig&iacute;a control sobre el estrecho de Ormuz, descongelaci&oacute;n de fondos, levantamiento de sanciones e inclusi&oacute;n del L&iacute;bano en el alto el fuego, mientras EE.UU. demandaba la apertura del estrecho, el desmantelamiento del programa nuclear y de misiles iran&iacute;, y el cese del apoyo a grupos islamistas. 
    </p><p class="article-text">
        A ello se a&ntilde;adi&oacute; una notable imprecisi&oacute;n en las posiciones: ning&uacute;n pa&iacute;s public&oacute; versiones oficiales de sus demandas, y cada detalle filtrado por una parte era negado por la otra, reflejando la distancia real entre ambas y la ausencia total de comunicados conjuntos que pudieran anclar los avances y generar confianza mutua. Adem&aacute;s, no pod&iacute;a pedirse que un acuerdo se lograra en el primer d&iacute;a; se necesitan varias rondas para conseguirlo. En 2015, en las negociaciones con Ir&aacute;n en Viena sobre el tema nuclear, y en las que se logr&oacute; un acuerdo, el secretario de Estado John Kerry pas&oacute; 18 d&iacute;as consecutivos en el hotel donde se celebraban las reuniones, incluso con una pierna rota. Nada que ver con impaciencia inicial del vicepresidente Vance.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n en Pakist&aacute;n se vio adem&aacute;s saboteada por m&uacute;ltiples factores externos e internos. Israel actu&oacute; como elemento desestabilizador esp&oacute;iler), continuando sus ataques en el L&iacute;bano mientras las partes negociaban, con Netanyahu neg&aacute;ndose a acatar el alto el fuego y Trump insistiendo en que el L&iacute;bano no formaba parte del acuerdo original. Por su lado, Trump adopt&oacute; un lenguaje triunfalista, de suma cero y deslegitimador &mdash;proclamando la victoria antes de cerrar ning&uacute;n acuerdo&mdash;, lo que redujo los incentivos iran&iacute;es para ceder y debilit&oacute; a sus propios negociadores. Ir&aacute;n, por su parte, recurri&oacute; a un discurso esencialista, cargado de agravios hist&oacute;ricos, simbolog&iacute;a religiosa y una l&oacute;gica maniquea v&iacute;ctima-agresor que endureci&oacute; sus posiciones y cerr&oacute; el espacio para concesiones. Como &uacute;nico elemento positivo, los equipos t&eacute;cnicos continuaron trabajando sobre los borradores para una pr&oacute;xima ronda, lo que representa una buena pr&aacute;ctica metodol&oacute;gica, aunque insuficiente para compensar el peso de los dem&aacute;s fallos.
    </p><p class="article-text">
        Mirando lo que pide cada parte, pero tambi&eacute;n la historia del conflicto, veo posibilidades de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, aunque implica tambi&eacute;n a Israel. Se basar&iacute;a en los siguientes puntos: cese de hostilidades de las dos partes, incluida Israel; suspensi&oacute;n preventiva de nuevas sanciones; suspensi&oacute;n de los apoyos militares de Ir&aacute;n a Ham&aacute;s y Hizbul&aacute;; creaci&oacute;n de un mecanismo de verificaci&oacute;n de la ONU para el cese de hostilidades, y de la OIEA para temas nucleares; actualizaci&oacute;n del Acuerdo Nuclear con Ir&aacute;n (JCPOA) de 2015, reforzado, como garant&iacute;a de no proliferaci&oacute;n nuclear, eliminando as&iacute; cualquier posibilidad de fabricar armas nucleares; acceso a Ir&aacute;n de la tecnolog&iacute;a nuclear civil, con verificaci&oacute;n de la OIEA; entrega a la OIEA del uranio enriquecido superior al 60%, en caso de existir; moratoria de pruebas de misiles de largo alcance de Ir&aacute;n, a cambio de que los pa&iacute;ses del Golfo y Estados Unidos no ampl&iacute;en sus sistemas de defensa antimisiles. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n garant&iacute;as hacia Ir&aacute;n de que el estrecho de Ormuz no ser&aacute; utilizado para atacarla, a cambio de permitir el paso libre de los buques; Ir&aacute;n se encargar&iacute;a de la seguridad del estrecho de Ormuz y de la libre navegaci&oacute;n; compromiso de no agresi&oacute;n sobre Ir&aacute;n desde los pa&iacute;ses del Golfo o desde las bases militares de Estados Unidos en estos pa&iacute;ses; alto al fuego inmediato en el sur del L&iacute;bano, apoyo a las negociaciones ya iniciados entre los gobiernos de Israel y L&iacute;bano; retomar la iniciativa de desmilitarizar el sur de L&iacute;bano; levantamiento de las sanciones a Ir&aacute;n y retorno de sus activos congelados; iniciar un proceso de seguridad para toda la regi&oacute;n del Golfo, creando una instituci&oacute;n con esta finalidad, y una resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad sobre el acuerdo alcanzado.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta corrige varios de los fallos identificados en las primeras conversaciones de Islamabad. Su principal virtud es la l&oacute;gica de reciprocidad equilibrada, pues, frente a las agendas inicialmente incompatibles de ambas partes, la propuesta articula concesiones sim&eacute;tricas y verificables, evitando la l&oacute;gica de suma cero que caracteriz&oacute; el discurso de Trump en medio de las negociaciones, que adem&aacute;s utiliz&oacute; un lenguaje coercitivo por presi&oacute;n psicol&oacute;gica y contradictorio t&aacute;cticamente, al decir &ldquo;no importa. Desde el punto de vista de Estados Unidos, ganamos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Respecto al tratamiento del estrecho de Ormuz, en lugar de confrontar la exigencia iran&iacute; de control con la demanda estadounidense de apertura, la propuesta combina el reconociendo de la responsabilidad iran&iacute; sobre la seguridad del estrecho, a cambio de garant&iacute;as de no agresi&oacute;n, lo que transforma un punto de bloqueo en un posible punto de encuentro. La actualizaci&oacute;n reforzada del JCPOA, la entrega del uranio enriquecido y el acceso a tecnolog&iacute;a nuclear civil con verificaci&oacute;n de la OIEA, ofrecen a Ir&aacute;n incentivos concretos y dignificantes, mientras satisfacen la exigencia estadounidense de no proliferaci&oacute;n sin recurrir a la humillaci&oacute;n p&uacute;blica que hizo m&aacute;s r&iacute;gidas las posiciones iran&iacute;es. La moratoria de misiles con contrapartida para los pa&iacute;ses del Golfo introduce adem&aacute;s una dimensi&oacute;n regional hasta ahora ausente del di&aacute;logo bilateral, y la resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad aportar&iacute;a el anclaje multilateral del que carecieron las conversaciones de Islamabad, reduciendo la dependencia del acuerdo respecto de la voluntad pol&iacute;tica coyuntural de cada gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la propuesta presenta dificultades de entrada que, lejos de ser insalvables, podr&iacute;an superarse si todas las partes asumen compromisos orientados a aumentar la seguridad regional. El punto aparentemente m&aacute;s complejo es la inclusi&oacute;n de Israel en el cese de hostilidades, dado que Netanyahu ha actuado como <em>spoiler</em> en las conversaciones previas. No obstante, si Estados Unidos asumiera un compromiso expl&iacute;cito de presi&oacute;n sobre Israel, condicionando su respaldo diplom&aacute;tico y militar a la adhesi&oacute;n israel&iacute; al acuerdo, este obst&aacute;culo podr&iacute;a transformarse en una palanca de estabilizaci&oacute;n regional. El alto al fuego alcanzado en L&iacute;bano este jueves puede ayudar en ese sentido.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, la suspensi&oacute;n del apoyo iran&iacute; a Ham&aacute;s y Hezbol&aacute;, aunque dif&iacute;cil de vender internamente por el r&eacute;gimen, resultar&iacute;a m&aacute;s asumible si se enmarca no como una rendici&oacute;n sino como una contribuci&oacute;n iran&iacute; al nuevo sistema de seguridad regional, en el que Ir&aacute;n ganar&iacute;a reconocimiento como actor leg&iacute;timo y garante del estrecho de Ormuz. La reducci&oacute;n progresiva de bases militares estadounidenses en el Golfo, podr&iacute;a igualmente conciliarse en la nueva instituci&oacute;n de seguridad regional propuesta, un marco de garant&iacute;as colectivas que sustituya funcionalmente la protecci&oacute;n que hoy les ofrecen dichas bases. Finalmente, los riesgos sobre la fiabilidad de los mecanismos de verificaci&oacute;n &mdash;ONU y OIEA&mdash; son reales, pero mitigables si el acuerdo establece protocolos de transparencia m&aacute;s exigentes que los del JCPOA original y sanciones autom&aacute;ticas ante incumplimientos. En s&iacute;ntesis, la propuesta es viable si se aborda con voluntad pol&iacute;tica colectiva, ampliando la mesa negociadora e invirtiendo en los mecanismos de confianza que las conversaciones de Islamabad no lograron construir.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, el tema central parecer ser el de la proliferaci&oacute;n nuclear, donde Estados Unidos exige una suspensi&oacute;n de 20 a&ntilde;os en el enriquecimiento de uranio, mientras que Ir&aacute;n solo est&aacute; dispuesto a hacerlo en menos de 10 a&ntilde;os, aunque con el compromiso de diluir su uranio enriquecido. Al respecto, quiero recordar dos cosas. La primera es que, en el acuerdo de 2015, ambas partes ya acordaron limitar el nivel de enriquecimiento del uranio al 3,67%, con unas reservas m&aacute;ximas de 300 quilos de uranio enriquecido, y un m&aacute;ximo de 6.000 centrifugadoras IR-1, lo cual garantizaba la imposibilidad de construir armas nucleares. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la conveniencia de recuperar este acuerdo, que fue anulado por Trump en mayo de 2018, despu&eacute;s de que Netanyahu visitara a Trump el 5 de marzo de aquel a&ntilde;o, en la conferencia anual de AIPC, un <em>lobby</em> de apoyo de Estados Unidos a Israel, donde el tema central fue la capacidad nuclear de Ir&aacute;n, y Netanyahu pidi&oacute; una posici&oacute;n m&aacute;s dura a Estados Unidos. El segundo aspecto a comentar es que, menos de 48 horas antes de que comenzaran los ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n el 28 de febrero, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, se reunieron con el ministro de Asuntos Exteriores iran&iacute;, Abbas Araghchi, en Ginebra para una tercera ronda de conversaciones mediadas por Om&aacute;n, y con el objetivo de alcanzar un acuerdo nuclear. 
    </p><p class="article-text">
        La prestigiosa revista <em>Arms Control Today</em>, creada en 1974, en su &uacute;ltimo n&uacute;mero describe con precisi&oacute;n este encuentro, y se&ntilde;ala que Witkoff no contaba con suficiente experiencia t&eacute;cnica ni diplom&aacute;tica para llevar a cabo una diplomacia eficaz. No se enter&oacute; de nada. Su falta de conocimiento y la tergiversaci&oacute;n de las posiciones de Ir&aacute;n y su programa nuclear durante todo el proceso, influyeron en la valoraci&oacute;n de Trump de que las conversaciones no avanzaban y que Ir&aacute;n no negociaba en serio, a pesar de que este pa&iacute;s inform&oacute; que no acumular&iacute;a m&aacute;s uranio enriquecido y aceptar&iacute;a una amplia supervisi&oacute;n del OIEA. A pesar de que Ir&aacute;n mostr&oacute; flexibilidad, Trump parec&iacute;a no estar interesado en un proceso de negociaci&oacute;n prolongado, y seguramente ya ten&iacute;a tomada de decisi&oacute;n de atacar, a instancias de Netanyahu. La lecci&oacute;n es clara: se necesita m&aacute;s tiempo, negociadores expertos en cuestiones nucleares, no un promotor inmobiliario neoyorquino, buscar salidas honrosas para ambas partes, y aprovechar la oportunidad para empezar un proceso de seguridad regional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desbloquear-negociaciones-estados-unidos-e-iran_129_13147990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El desarme de Hizbulá, la retirada de Israel y la seguridad en Oriente Medio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarme-hizbula-retirada-israel-seguridad-oriente-medio_129_13133131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b9a8e8a-7e6e-4a92-8248-ea527e7f8db7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El desarme de Hizbulá, la retirada de Israel y la seguridad en Oriente Medio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Exigir a Hizbulá que abandone el gobierno libanés como condición previa a cualquier conversación no es una medida de confianza. Es, en la práctica, una precondición que el grupo no puede aceptar sin percibir que renuncia a su posición antes de obtener nada a cambio, lo que bloquea el proceso antes de que comience</p></div><p class="article-text">
        Habr&aacute; que esperar el desarrollo de las negociaciones de Estados Unidos con Ir&aacute;n y de Israel con el L&iacute;bano en los pr&oacute;ximos d&iacute;as (aunque persiste la pol&eacute;mica sobre si Ir&aacute;n pondr&aacute; el futuro de Hizbul&aacute; en su paquete negociador) para ver lo que va a ocurrir en el sur del L&iacute;bano, y, a medio plazo, quiz&aacute;s tambi&eacute;n a la seguridad regional, pues se abre una ventana de oportunidad para abordar varios problemas a la vez, aunque a las diplomacias de Estados Unidos e Israel les costar&aacute; ver esta posibilidad. De momento, veamos los dilemas que se presentan respecto al L&iacute;bano. Nada f&aacute;ciles, por cierto, pues hist&oacute;ricamente Israel ha intentado controlar el sur del L&iacute;bano como franja defensiva y de reordenaci&oacute;n estrat&eacute;gica, con la convicci&oacute;n de que puede quedarse con todo el territorio situado al sur del r&iacute;o Litani. El prop&oacute;sito de anexi&oacute;n viene de lejos, por lo que no ser&aacute; f&aacute;cil cambiar esta corriente ideol&oacute;gica y estrat&eacute;gica vinculada al expansionismo, contraria al pragmatismo propio de una negociaci&oacute;n basada en incentivos.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta israel&iacute; de iniciar conversaciones para un alto al fuego en el L&iacute;bano &ldquo;lo antes posible&rdquo;, condicionado al desarme de Hizbul&aacute; y a su exclusi&oacute;n del Gobierno liban&eacute;s, reproduce uno de los errores m&aacute;s documentados en la resoluci&oacute;n de conflictos armados: la negativa a sentar en la mesa a actores armados que, aunque inc&oacute;modos o ileg&iacute;timos a ojos de una de las partes, son pol&iacute;ticamente imprescindibles para que cualquier acuerdo sea sostenible, y m&aacute;s cuando se trata de un movimiento pol&iacute;tico y social, no solo una milicia. Eso implica que Israel e Hizbul&aacute; tendr&aacute;n que sentarse en una mesa, reconoci&eacute;ndose como &ldquo;leg&iacute;timos interlocutores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las lecciones del proceso de paz en Irlanda del Norte, por ejemplo, son elocuentes al respecto. El Reino Unido tard&oacute; d&eacute;cadas en aceptar que el IRA y su brazo pol&iacute;tico, el Sinn F&eacute;in, deb&iacute;an participar directamente en las negociaciones, y solo cuando esa participaci&oacute;n se garantiz&oacute; &mdash;con condiciones, pero sin exclusiones previas absolutas&mdash;, fue posible el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Del mismo modo, en el proceso colombiano con las FARC, intentar negociar un desarme sin incluir a la guerrilla como interlocutor directo hab&iacute;a fracasado sistem&aacute;ticamente durante d&eacute;cadas; solo el di&aacute;logo directo, celebrado en La Habana entre 2012 y 2016, produjo un acuerdo estructurado por etapas.
    </p><p class="article-text">
        Exigir a Hizbul&aacute; que abandone el gobierno liban&eacute;s como condici&oacute;n previa a cualquier conversaci&oacute;n no es una medida de confianza. Es, en la pr&aacute;ctica, una precondici&oacute;n que el grupo no puede aceptar sin percibir que renuncia a su posici&oacute;n antes de obtener nada a cambio, lo que bloquea el proceso antes de que comience. El dilema del orden de los pasos, si primero el alto al fuego o primero el desarme, es, en realidad, un falso dilema, pues la experiencia comparada muestra que ambos procesos deben dise&ntilde;arse de forma simult&aacute;nea y secuenciada, con incentivos claros para cada etapa cumplida. Esto deber&iacute;a entenderlo Israel, pues, seg&uacute;n algunas fuentes, piensa continuar atacando a Hizbul&aacute;, con lo que entrar&iacute;amos en una espiral sin fin, y eso hay que evitarlo a toda costa.
    </p><p class="article-text">
        A esta complejidad estructural hay que a&ntilde;adir que cualquier acuerdo duradero requiere necesariamente un di&aacute;logo nacional interno liban&eacute;s que recomponga el fr&aacute;gil equilibrio confesional y pol&iacute;tico del pa&iacute;s. L&iacute;bano no es solo el escenario del conflicto, sino tambi&eacute;n una v&iacute;ctima institucional del mismo, y su Estado ha sido hist&oacute;ricamente demasiado d&eacute;bil para imponer el monopolio de la fuerza en su propio territorio. Por ello, un acuerdo que no contemple el fortalecimiento real y verificable de las Fuerzas Armadas Libanesas, con capacidad operativa demostrada para desplegar en el corto plazo en el sur del pa&iacute;s, estar&iacute;a condenado al fracaso. Esto implica, a su vez, que Israel deber&iacute;a comprometerse a una retirada total y ordenada del territorio liban&eacute;s que ha ocupado, requisito sin el cual el proceso de desarme gradual de Hizbul&aacute; &mdash;que ya estaba previsto en la Resoluci&oacute;n 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2006&mdash;, carece de entorno pol&iacute;tico en el que prosperar.
    </p><p class="article-text">
        Ese plan de desarme por etapas, que exist&iacute;a sobre el papel desde 2025, pero nunca se implement&oacute; del todo por la ausencia de condiciones de seguridad rec&iacute;procas, podr&iacute;a reactivarse si se crease un mecanismo internacional de verificaci&oacute;n robusto y cre&iacute;ble, posiblemente mediante un refuerzo sustancial de UNIFIL con mayores capacidades de monitoreo, medios t&eacute;cnicos modernos y un mandato m&aacute;s ejecutivo que el actual, que permita constatar el cumplimiento de cada fase y generar la confianza mutua que hoy es inexistente. La verificaci&oacute;n internacional ha sido clave en otros procesos. En el propio acuerdo nuclear iran&iacute; de 2015, el JCPOA, y desmontado por Trump en 2017, la presencia de observadores con mandato claro redujo significativamente el riesgo de que una parte denunciara incumplimientos sin base real, estabilizando el proceso incluso en momentos de alta tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El dilema que plantea el desarme de Hizbul&aacute; presenta, adem&aacute;s, llamativas similitudes con el que rodea a Ham&aacute;s, y ambos casos no pueden entenderse plenamente sin considerar el papel de Ir&aacute;n como financiador hist&oacute;rico de los dos movimientos. Teher&aacute;n ha declarado expl&iacute;citamente que no presionar&aacute; hacia el desarme de ninguno de sus aliados mientras Israel no se retire totalmente de los territorios palestinos ocupados, lo que convierte la cuesti&oacute;n en un nudo gordiano regional que trasciende con mucho los l&iacute;mites de una negociaci&oacute;n bilateral.
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica (no hay desarme sin cumplimiento previo de los acuerdos pol&iacute;ticos de fondo), no es exclusiva de los actores del conflicto israel&iacute;-palestino-liban&eacute;s, sino que constituye un patr&oacute;n recurrente en la historia de los procesos de paz. En Colombia, la guerrilla del ELN ha condicionado sistem&aacute;ticamente cualquier avance hacia el desarme a la implementaci&oacute;n efectiva de los compromisos del Estado en materia de desarrollo territorial, sustituci&oacute;n de cultivos y garant&iacute;as de seguridad para sus militantes desmovilizados. El caso del PKK kurdo es igualmente ilustrativo, ya que el movimiento anunci&oacute; el pasado a&ntilde;o el abandono formal de la lucha armada, un paso de enorme trascendencia simb&oacute;lica y pol&iacute;tica, pero se ha resistido a entregar las armas mientras no se concreten garant&iacute;as pol&iacute;ticas verificables para losexcombatientess y la poblaci&oacute;n kurda en Turqu&iacute;a. Estos ejemplos ponen de manifiesto una verdad inc&oacute;moda pero ineludible para cualquier negociador: el desarme no es un punto de partida ni un acto espont&aacute;neo de buena voluntad, sino el resultado final, y fr&aacute;gil, de un proceso en el que los acuerdos pol&iacute;ticos deben comenzar a cumplirse de forma cre&iacute;ble y verificable. Sin esa secuencia de confianza construida paso a paso, con mecanismos de verificaci&oacute;n internacionales s&oacute;lidos y garant&iacute;as pol&iacute;ticas tangibles, exigir el desarme como condici&oacute;n previa no es diplomacia, pues para muchos grupos armados es simplemente rendici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con una perspectiva m&aacute;s amplia, estas negociaciones bilaterales no deber&iacute;an concebirse como un fin en s&iacute; mismas, sino como el primer eslab&oacute;n de una arquitectura de seguridad regional en Oriente Medio que hoy brilla por su ausencia. T&eacute;ngase en cuenta que, en 2024, y sin contar Siria y Yemen, los datos del SIPRI se&ntilde;alaron que, en 2024, los pa&iacute;ses de Oriente Medio tuvieron unos gastos militares de 243.500 millones de d&oacute;lares, el 4,2% de su PIB, una barbaridad de militarizaci&oacute;n, incompatible con la seguridad en com&uacute;n. En 2026, estos n&uacute;meros ser&aacute;n bastante superiores. Con todo, el momento actual presenta una oportunidad que ser&iacute;a irresponsable desaprovechar: la posibilidad de que Ir&aacute;n alcance un nuevo acuerdo de desnuclearizaci&oacute;n que supere y refuerce el JCPOA de 2015, en un contexto en el que Teher&aacute;n ha visto debilitadas sus redes de proyecci&oacute;n regional, Hizbul&aacute; incluido, y podr&iacute;a tener incentivos econ&oacute;micos y de seguridad para negociar. Ya hay propuestas en este sentido; solo hay que atenderlas. Un acuerdo as&iacute;, pactado multilateralmente entre todos los actores de la regi&oacute;n, con garant&iacute;as de potencias externas, podr&iacute;a sentar las bases de una estructura similar a lo que representa la Organizaci&oacute;n para la Seguridad y la Cooperaci&oacute;n en Europa (OSCE) para el continente europeo, creada en 1975 (CSCE) y decisivo para superar los conflictos de la Guerra Fr&iacute;a, pues era un foro permanente de di&aacute;logo, verificaci&oacute;n de compromisos, gesti&oacute;n de crisis y construcci&oacute;n progresiva de confianza entre adversarios hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Europa tard&oacute; d&eacute;cadas en construir esa arquitectura tras la Segunda Guerra Mundial, y no fue un camino lineal ni sencillo, pero los Acuerdos de Helsinki de 1975 demostraron que incluso entre sistemas pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos profundamente enfrentados, es posible acordar reglas m&iacute;nimas de convivencia. Oriente Medio necesita hoy su propio Helsinki, un proceso que comience con los pasos peque&ntilde;os pero concretos de un alto al fuego verificado en el L&iacute;bano y que, con paciencia estrat&eacute;gica y voluntad pol&iacute;tica real, y mediante un acuerdo real y sostenido con Ir&aacute;n, pueda escalar hacia una paz regional que ninguna de las partes ha sido capaz de imaginar, o de querer imaginar, hasta ahora. Si las negociaciones con Ir&aacute;n terminan bien, deberemos hablar de este punto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarme-hizbula-retirada-israel-seguridad-oriente-medio_129_13133131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Vamos hacia un nuevo paradigma de las guerras?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-paradigma-guerras_129_13120317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b7c715a-e451-4e0d-af9b-c3cff6b52ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140092.jpg" width="3149" height="1771" alt="¿Vamos hacia un nuevo paradigma de las guerras?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el adversario es descrito en términos animales o patológicos, se crea el marco psicológico que permite justificar crímenes de una magnitud que de otro modo resultaría intolerable</p></div><p class="article-text">
        Las guerras en Ucrania, Gaza, L&iacute;bano e Ir&aacute;n comparten rasgos estructurales que sugieren que no son guerras aisladas, sino expresiones de un nuevo modelo b&eacute;lico global. Israel, guiado por una doctrina sionista cada vez m&aacute;s ofensiva bajo liderazgos de extrema derecha, participa en tres de los cuatro escenarios, lo que revela la existencia de un actor con una estrategia de guerra permanente y multipolar. Todos estos conflictos han sido adem&aacute;s esencializados, puesto que sus protagonistas los presentan como luchas existenciales en las que cualquier concesi&oacute;n equivale a una rendici&oacute;n identitaria, lo que clausura el espacio para el pragmatismo pol&iacute;tico y convierte la negociaci&oacute;n en una forma de traici&oacute;n. La religi&oacute;n refuerza este marco como legitimador supremo &mdash;el sionismo mesi&aacute;nico, la yihad, la ortodoxia rusa bendecida por el Kremlin, el evangelismo redentor de Trump&mdash;, situando la violencia por encima de cualquier argumento jur&iacute;dico o humanitario. Las narrativas de &ldquo;gran destino hist&oacute;rico&rdquo; completan el andamiaje ideol&oacute;gico que justifica la guerra indefinida. Putin invoca la lucha contra el nazismo para legitimar la invasi&oacute;n de Ucrania; Netanyahu apela al Holocausto para justificar operaciones que causan decenas de miles de v&iacute;ctimas civiles. Estas narrativas no son solo propaganda, sino que estructuran profundamente la percepci&oacute;n que los propios actores tienen de s&iacute; mismos, inscribiendo cada acci&oacute;n b&eacute;lica en un arco temporal m&iacute;tico que refuerza la disposici&oacute;n al sacrificio y hace pol&iacute;ticamente imposible cualquier concesi&oacute;n en el presente.
    </p><p class="article-text">
        Estos conflictos son adem&aacute;s profundamente internacionalizados, funcionando como campos de batalla subrogados de rivalidades geopol&iacute;ticas globales, garantizando a los beligerantes el suministro continuo de armas, financiaci&oacute;n y legitimidad pol&iacute;tica. Esta internacionalizaci&oacute;n no solo prolonga las guerras, sino que hace enormemente dif&iacute;cil cualquier mediaci&oacute;n, porque resolver el conflicto local implicar&iacute;a tambi&eacute;n resolver las tensiones entre las potencias que lo alimentan desde el exterior. El enfrentamiento entre Ir&aacute;n y sus <em>proxies </em>(guerras indirectas por procuraci&oacute;n) de un lado, e Israel y sus aliados del otro, es la columna vertebral del sistema de seguridad de Oriente Medio, mientras que la guerra en Ucrania es el escenario principal de la disputa entre Rusia y Occidente por el control del espacio postsovi&eacute;tico y el orden de seguridad europeo. La disuasi&oacute;n nuclear act&uacute;a como tel&oacute;n de fondo parad&oacute;jico en todo este sistema, ya que impide la escalada directa entre grandes potencias, pero permite que las guerras convencionales se prolonguen indefinidamente. Esta geometr&iacute;a nuclear garantiza que los conflictos se mantengan por debajo de cierto umbral de intensidad, pero tambi&eacute;n que se estanquen en equilibrios de destrucci&oacute;n que nadie tiene incentivos claros para romper.
    </p><p class="article-text">
        El dominio del espacio a&eacute;reo &mdash;cazas de quinta generaci&oacute;n, misiles de precisi&oacute;n y, sobre todo, drones de distintas categor&iacute;as&mdash;, se ha convertido en la variable militar determinante de estos conflictos. Esta preferencia por el poder a&eacute;reo responde a varias l&oacute;gicas simult&aacute;neas: minimiza las bajas propias, permite operar a distancia, dificulta la atribuci&oacute;n de responsabilidad jur&iacute;dica y genera un efecto de terror y agotamiento sobre las poblaciones civiles. Los drones, en particular, han &ldquo;democratizado&rdquo; parcialmente esta capacidad, permitiendo a actores no estatales como Hezbol&aacute; o Ham&aacute;s disponer de una dimensi&oacute;n a&eacute;rea antes exclusiva de los Estados. La ocupaci&oacute;n territorial y la reingenier&iacute;a demogr&aacute;fica completan la dimensi&oacute;n espacial de estos conflictos. Rusia ha procedido a la anexi&oacute;n formal de cuatro regiones ucranianas, ha deportado a cientos de miles de personas y ha borrado sistem&aacute;ticamente la identidad cultural ucraniana en los territorios que controla. Israel ha intensificado la construcci&oacute;n de asentamientos en Cisjordania, declarados ilegales por el derecho internacional, ha ocupado y destruido el sur del L&iacute;bano, y en Gaza ha aplicado una pol&iacute;tica de destrucci&oacute;n sistem&aacute;tica orientada a hacer la Franja inhabitable para su poblaci&oacute;n original. Esta combinaci&oacute;n de conquista militar con transformaci&oacute;n demogr&aacute;fica revela que el objetivo final no es simplemente ganar la guerra, sino redise&ntilde;ar el mapa humano de la regi&oacute;n de forma irreversible.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias humanitarias de este modelo son catastr&oacute;ficas y, en gran medida, deliberadas. Los civiles y las infraestructuras esenciales (hospitales, redes el&eacute;ctricas, sistemas de agua, mercados, escuelas), son objetivos militares sistem&aacute;ticos, no da&ntilde;os colaterales inevitables. Esta t&aacute;ctica de guerra total contra la poblaci&oacute;n civil busca quebrar la voluntad de resistencia y generar condiciones de vida insostenibles que fuercen el desplazamiento o la capitulaci&oacute;n. Los desplazamientos masivos de poblaci&oacute;n son su consecuencia m&aacute;s visible. En muchos casos estos desplazamientos no son efectos secundarios, sino objetivos deliberados, destinados a crear hechos demogr&aacute;ficos consumados dif&iacute;cilmente reversibles. La devastaci&oacute;n econ&oacute;mica que acompa&ntilde;a a todo ello opera en m&uacute;ltiples escalas: en Gaza la econom&iacute;a ha sido destruida pr&aacute;cticamente en su totalidad; Ucrania ha perdido una fracci&oacute;n enorme de su PIB y sus infraestructuras energ&eacute;ticas han sido sistem&aacute;ticamente arrasadas; los pa&iacute;ses vecinos absorben millones de refugiados y soportan el impacto de la inestabilidad en los precios de la energ&iacute;a y los alimentos. Esta dimensi&oacute;n econ&oacute;mica raramente aparece en los an&aacute;lisis estrat&eacute;gicos, pero es con frecuencia la que determina la capacidad de resistencia de las poblaciones y, por tanto, la duraci&oacute;n real de los conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ocurre en un contexto de colapso progresivo del orden jur&iacute;dico internacional. El derecho humanitario y los Convenios de Ginebra son ignorados abiertamente por todos los actores principales. El Tribunal Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra Putin por la deportaci&oacute;n de ni&ntilde;os ucranianos, e Israel enfrenta procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia acusado de genocidio, pero ninguna de estas instancias posee mecanismos coercitivos efectivos frente a potencias militarmente significativas o protegidas por aliados con derecho a veto. La ONU ha sido marginada hasta la irrelevancia operativa. El Consejo de Seguridad est&aacute; paralizado por vetos cruzados &mdash;Estados Unidos bloquea resoluciones sobre Gaza; Rusia y China, sobre Ucrania&mdash;, las resoluciones de la Asamblea General carecen de fuerza vinculante y las misiones de paz de la ONU en el L&iacute;bano han sido atacadas directamente por fuerzas israel&iacute;es. Esta marginaci&oacute;n deliberada de la ONU no es accidental, sino el resultado de una estrategia consciente de los actores m&aacute;s poderosos, para preservar su libertad de acci&oacute;n militar sin rendici&oacute;n de cuentas internacional, convirtiendo a la organizaci&oacute;n en testigo impotente de cat&aacute;strofes que su carta fundacional fue dise&ntilde;ada precisamente para prevenir. El desprecio hacia el derecho internacional no es simplemente una consecuencia de la guerra: se ha convertido en una herramienta m&aacute;s de la estrategia b&eacute;lica, un mensaje deliberado dirigido tanto al adversario como a la propia opini&oacute;n p&uacute;blica nacional.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s revelador de este nuevo paradigma es su l&oacute;gica pol&iacute;tica interna, que combina varios elementos mutuamente reforzantes. Los liderazgos extremistas que protagonizan estos conflictos &mdash;Netanyahu con su coalici&oacute;n de ultraderecha religiosa, Trump y su tecnofascismo, Putin con su nacionalismo imperial mesi&aacute;nico, Ham&aacute;s y Hezbol&aacute; con sus ideolog&iacute;as intransigentes&mdash;, obtienen r&eacute;ditos pol&iacute;ticos internos de la continuaci&oacute;n de la guerra, lo que hace que la paz no sea simplemente dif&iacute;cil sino activamente inconveniente para quienes detentan el poder. Cualquier l&iacute;der que muestre disposici&oacute;n al di&aacute;logo se arriesga a ser eliminado pol&iacute;ticamente por los sectores m&aacute;s duros de su propio campo. Esta din&aacute;mica explica la ruptura sistem&aacute;tica de negociaciones ya iniciadas y la ausencia de mediaciones efectivas. La preferencia por la fuerza como primera opci&oacute;n, y no como &uacute;ltimo recurso, y la b&uacute;squeda de una victoria militar total en lugar de un acuerdo negociado, completan este cuadro, pues los actores m&aacute;s poderosos no buscan resolver las guerras, sino gestionarlas, porque la continuaci&oacute;n del conflicto les permite debilitar al adversario y consolidar posiciones sobre el terreno que de otro modo ser&iacute;an inviables pol&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n sistem&aacute;tica de im&aacute;genes de enemigo y la deshumanizaci&oacute;n del adversario son los mecanismos culturales que hacen socialmente sostenible todo lo anterior. Los aparatos de propaganda estatales, los medios afines y las redes sociales trabajan para presentar al adversario como encarnaci&oacute;n del mal absoluto: los palestinos como terroristas innatos, los israel&iacute;es como colonizadores genocidas, los rusos como b&aacute;rbaros imperialistas, los ucranianos como instrumentos del nazismo, los ayatol&aacute;s iran&iacute;es como encarnaci&oacute;n del mal. Cuando el adversario es descrito en t&eacute;rminos animales o patol&oacute;gicos, se crea el marco psicol&oacute;gico que permite justificar cr&iacute;menes de una magnitud que de otro modo resultar&iacute;a intolerable. Esta deshumanizaci&oacute;n no es un epifen&oacute;meno de la guerra, sino una de sus condiciones de posibilidad. El resultado acumulado de todos estos procesos es la militarizaci&oacute;n progresiva de las sociedades y del discurso pol&iacute;tico global: los presupuestos de defensa se disparan en todo el mundo, Europa debate su remilitarizaci&oacute;n acelerada, las econom&iacute;as se reconvierten en m&aacute;quinas de guerra y la l&oacute;gica de la fuerza se normaliza como principio ordenador de las relaciones internacionales. Si estos cuatro conflictos anuncian efectivamente el perfil de las guerras del siglo XXI, lo que revelan es una crisis sist&eacute;mica del orden internacional (jur&iacute;dico, diplom&aacute;tico y moral), que ninguno de sus actores principales parece capaz, ni verdaderamente dispuesto, a revertir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-paradigma-guerras_129_13120317.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Vamos hacia un nuevo paradigma de las guerras?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vladímir Putin,Donald Trump,Benjamin Netanyahu,Hamas,Rusia,Ucrania,Crisis Ucrania,Conflicto Palestina-Israel,Palestina,Israel,Franja de Gaza,Gaza,Irán,Guerra en Irán,Líbano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nuevo-plan-gaza-condenado-fracaso_129_13106541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9af8eff-7efc-4bdc-965b-c1f90ea64c34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo cierto es que ha habido casi 700 muertos por la violación del alto al fuego de octubre de 2025, no llega toda la ayuda humanitaria necesaria a Gaza, no ha habido ninguna amnistía, ni hay señal alguna de que Israel vaya a retirar del todo sus tropas</p><p class="subtitle">Decenas de exembajadores y altos funcionarios israelíes firman una carta pública contra la violencia en Cisjordania</p></div><p class="article-text">
        La intensidad y lo err&aacute;tico de la guerra en Ir&aacute;n, ha obligado a posponer negociaciones de otros conflictos armados, como el de Ucrania, y eclipsado novedades importantes en contextos como el de Gaza, donde en estos d&iacute;as han ocurrido cosas muy importantes. Nickolay Mladenov, alto representante de la Junta de Paz para Gaza, ha expuesto ante el Consejo de Seguridad varios puntos destinados, en teor&iacute;a, a garantizar la implementaci&oacute;n del plan de paz del presidente estadounidense Donald Trump. Poco despu&eacute;s se conocieron los detalles de lo que se han bautizado como &ldquo;Pasos para complementar la implementaci&oacute;n del Plan de Paz Integral de Trump para Gaza&rdquo;, que consta de doce puntos y cinco fases, con un calendario para los cuatro primeros.
    </p><p class="article-text">
        Antes de comentar estos puntos, hay que recordar que, dos d&iacute;as antes de su presentaci&oacute;n, los ministros de Asuntos Exteriores de 20 pa&iacute;ses, 11 de ellos europeos, entre los que estaban Espa&ntilde;a y Francia, as&iacute; como los secretarios generales de la Liga de Estados &Aacute;rabes (LEA) y la Organizaci&oacute;n de Cooperaci&oacute;n Isl&aacute;mica (OCI), emitieron una declaraci&oacute;n conjunta condenando las actuales medidas israel&iacute;es como una &ldquo;flagrante violaci&oacute;n&rdquo; del derecho internacional que promueve una &ldquo;anexi&oacute;n de facto&rdquo; de Palestina, instando a Israel a revertirlas y advirtiendo sobre su impacto en la viabilidad de una soluci&oacute;n de dos Estados. Creo que es interesante recordarlo, pues choca bastante con los 12 pasos y 5 fases que ahora comentar&eacute;, muy complacientes con Israel y su &ldquo;guerra de redenci&oacute;n&rdquo;, como la llama Netanyahu, que no solo ha arrasado Gaza, sino que tambi&eacute;n se est&aacute; anexionando Cisjordania. Destaco igualmente que las fuerzas armadas israel&iacute;es han rociado tierras agr&iacute;colas con niveles peligrosamente altos del herbicida glifosato, a lo largo de la valla fronteriza de Gaza, impidiendo que los agricultores palestinos accedan a sus tierras. Ha hecho lo mismo en el sur del L&iacute;bano, en una pol&iacute;tica de &ldquo;tierra quemada&rdquo;, o &ldquo;cortar el c&eacute;sped&rdquo;, como dice el Gobierno israel&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el alto representante de la Junta de Paz para Gaza diga en el Consejo de Seguridad de la ONU que ya se ha completado la primera etapa del plan original de Trump, lo cierto es que ha habido casi 700 muertos por la violaci&oacute;n del alto al fuego de octubre de 2025, no llega toda la ayuda humanitaria necesaria a Gaza, no ha habido ninguna amnist&iacute;a, ni hay se&ntilde;al alguna de que Israel vaya a retirar del todo sus tropas. Adem&aacute;s, el contexto geopol&iacute;tico actual se&ntilde;ala que Israel no est&aacute; interesado en lograr una arquitectura de seguridad equilibrada con sus vecinos, sino en consolidar su supremac&iacute;a en la regi&oacute;n, junto a Estados Unidos. La guerra de Ir&aacute;n, pues, afecta de lleno a Gaza.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pretende este nuevo plan? Pues b&aacute;sicamente lograr el desarme de Ham&aacute;s y la Yihad Isl&aacute;mica, sin que en ning&uacute;n momento se mencione la creaci&oacute;n de un Estado palestino. La primera fase, de 15 d&iacute;as, es para preparar la recogida de las armas y para que el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza (NCAG) asuma el control de la seguridad y administraci&oacute;n de Gaza, algo muy abstracto, pues no se menciona cuando comenzar&aacute; el plan, y supone priorizar la seguridad a la reconstrucci&oacute;n y la ayuda humanitaria, que deber&iacute;an ir de la mano. El plan, &iquest;empezar&aacute; dentro de una semana, un mes, seis meses? A corto plazo, sabemos que esta primera fase es muy complicada, pues no se ha hecho nada hasta el presente, e incluso los &ldquo;ministros&rdquo; del NCAG todav&iacute;a no han pisado el terreno gazat&iacute;. Lo &uacute;nico que ha empezado a funcionar es el entrenamiento de 2.000 voluntarios a polic&iacute;a para Gaza, que corre a cargo de Egipto y Jordania, que ya lo hab&iacute;an hecho en &eacute;pocas anteriores, en espera de alcanzar los 5.000 efectivos, y que ser&aacute; un serio problema, pues Ham&aacute;s ya controla totalmente la seguridad de la zona, y no dejar&aacute; de hacerlo sin contrapartidas, que tampoco est&aacute;n previstas. Si algo sabemos bien en el mundo de las negociaciones es la importancia de los incentivos para dejar las armas, algo que aqu&iacute; no se tiene en cuenta. Adem&aacute;s, Israel est&aacute; vetando a los candidatos a polic&iacute;a que ya lo fueron durante el r&eacute;gimen de Ham&aacute;s, a&ntilde;adiendo tensiones y aumentando su control sobre el futuro Gaza.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda fase, Israel retirar&iacute;a todas las armas pesadas bajo su control, algo que ahora no cumple ninguna funci&oacute;n, pero los tanques y artiller&iacute;a s&iacute; servir&aacute;n para atacar L&iacute;bano. En esta fase se tendr&iacute;a que desplegar la famosa fuerza internacional de paz (ISF), de momento un fiasco, pues hay pocos pa&iacute;ses dispuestos a aportar tropas, y algunos de ellos se han retirado tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Ir&aacute;n. Quedan solamente las ofertas de tropas de Marruecos, Kazajist&aacute;n, Kosovo y Albania. Solo el primer pa&iacute;s tiene el &aacute;rabe como idioma, y me resulta inquietante que haya all&iacute; tropas albanokosovares. Calculo que la misi&oacute;n puede costar entre 1.000 y 1.400 millones de d&oacute;lares anuales, en un territorio cuyo PIB era de 3.500 millones de d&oacute;lares antes de la guerra y ahora no vale nada. Vale m&aacute;s el pan que la mantequilla, y, adem&aacute;s, la existencia de esta fuerza internacional no tendr&aacute; sentido una vez se desarme Ham&aacute;s. Esta fase tendr&iacute;a que hacerse antes de dos meses tras empezar el plan, algo bastante improbable. Por su arte, Israel estar&iacute;a obligada a permitir la construcci&oacute;n de unidades residenciales prefabricadas temporales en ubicaciones aprobadas por el comit&eacute; nacional palestino, aunque esto entra en colisi&oacute;n con algo que comentar&eacute; de la fase quinta.
    </p><p class="article-text">
        La tercera fase, que empezar&iacute;a al cabo de un mes y que podr&iacute;a durar tres meses, ser&iacute;a la m&aacute;s intensa, pues Ham&aacute;s deber&iacute;a entregar todas sus armas al NCAG y permitir la destrucci&oacute;n de todos los t&uacute;neles. Ham&aacute;s de momento contin&uacute;a diciendo que no se desarmar&aacute; hasta que todas las tropas de Israel se hayan marchado, algo que no est&aacute; previsto del todo en el nuevo plan, por lo que, de nuevo, vamos a tener un serio problema. La cuarta fase, que abarcar&iacute;a del tercer al octavo mes desde el inicio, cinco meses, ser&iacute;a para recoger y registrar las armas, un tiempo totalmente desmesurado y que se solapa con la fase anterior. En esta etapa, las fuerzas israel&iacute;es comenzar&iacute;an a retirarse de forma gradual, pues en la fase quinta, muy importante, prev&eacute; &ldquo;la retirada completa de las fuerzas israel&iacute;es de Gaza salvo por una presencia en un per&iacute;metro de seguridad&rdquo;, es decir, s&iacute; pero no, lo que equivale a decir que no se retiraran del todo, con lo cual se hace imposible el desarme total de Ham&aacute;s. Peor no se pod&iacute;a dise&ntilde;ar. Adem&aacute;s, la prometida etapa de reconstrucci&oacute;n no empezar&iacute;a hasta completar todo este ciclo de 250 d&iacute;as, y est&aacute; condicionada al desarme total de Ham&aacute;s y la Yihad Isl&aacute;mica. El 15 de marzo, Israel dio un lazo de dos meses a Ham&aacute;s para su desarme completo, algo imposible de conseguir en estos momentos, por lo que el riesgo de una nueva intervenci&oacute;n militar israel&iacute; est&aacute; presente. No hay que olvidar que en junio est&aacute; previsto que haya elecciones en Israel, y Netanyahu querr&aacute; mostrar algunos triunfos, y las prisas van en contra de la racionalidad en la toma de decisiones y en la planificaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico plan de paz.
    </p><p class="article-text">
        Recapitulando, no sabemos cu&aacute;ndo empezar&aacute; el proceso, la secuencia no es la correcta, los tiempos tampoco, la reconstrucci&oacute;n solo empezar&aacute; en las zonas completamente desmilitarizadas, las dem&aacute;s, que se apa&ntilde;en; no se han recogido todav&iacute;a los fondos econ&oacute;micos para empezar la reconstrucci&oacute;n, y los pa&iacute;ses del Golfo que se hab&iacute;an comprometido a poner &ldquo;algo&rdquo;, ahora est&aacute;n en guerra y no prestan atenci&oacute;n a Gaza; no hay el n&uacute;mero previsto de tropas de &ldquo;estabilizaci&oacute;n&rdquo;, 20.000, y seguramente no hacen falta; habr&aacute; problemas con el desarme de Ham&aacute;s, a la que se invita a una rendici&oacute;n pol&iacute;tica a cambio de nada, ya han dicho que no se desarmar&aacute;n hasta que se retiren completamente las fuerzas militares israel&iacute;es, se reconozca el derecho a un Estado palestino y se desmantelen las fuerzas paramilitares que Israel ha fomentado en Gaza; Israel, adem&aacute;s, no muestra ninguna se&ntilde;al de retirarse, y existen demasiados precedentes de incumplimiento de sus compromisos. Tambi&eacute;n cuenta el aumento de los asentamientos y la violencia creciente de los colonos en Cisjordania, que act&uacute;an con total impunidad, y que estos d&iacute;as ha sido denunciado por Ramiz Alakbarov, coordinador especial adjunto de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Medio, lo que supone un problema a&ntilde;adido de primer orden y ha tirado a la Autoridad Nacional Palestina al cubo de la basura. El proceso diplom&aacute;tico ha quedado reducido al desarme de Ham&aacute;s, y Gaza ya est&aacute; pagando el precio de las guerras de Ir&aacute;n y L&iacute;bano.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva del an&aacute;lisis de negociaciones de paz, el plan presentado para Gaza constituye un ejercicio de ingenier&iacute;a diplom&aacute;tica profundamente defectuoso, que ignora de manera sistem&aacute;tica los principios fundamentales que determinan el &eacute;xito o el fracaso de cualquier proceso de desarme y reconciliaci&oacute;n. Un desarme funcional exige, como m&iacute;nimo, que el grupo armado perciba que la rendici&oacute;n de sus armas no equivale a su eliminaci&oacute;n pol&iacute;tica y f&iacute;sica, y que exista un horizonte pol&iacute;tico claro, en este caso, la viabilidad de un Estado palestino, que otorgue sentido al proceso. Al ignorar estas condiciones, y al mantener una presencia militar israel&iacute; indefinida como variable de control, el plan no constituye t&eacute;cnicamente un proceso de paz, sino un instrumento de rendici&oacute;n unilateral sin contrapartidas, condenado al fracaso antes incluso de haber comenzado. En s&iacute;ntesis, un plan de paz que no aborda las causas estructurales del conflicto, que no equilibra las obligaciones de las partes, que carece de financiaci&oacute;n asegurada y de mecanismos de verificaci&oacute;n cre&iacute;bles, y que ni siquiera define cu&aacute;ndo empieza, no es un plan de paz. Es, en el mejor de los casos, una hoja de ruta hacia el fracaso anunciado y, en el peor, un instrumento para consolidar el statu quo de la ocupaci&oacute;n bajo una cobertura de legitimidad diplom&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nuevo-plan-gaza-condenado-fracaso_129_13106541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Israel,Benjamin Netanyahu,Asentamientos israelíes,Estados Unidos,Donald Trump,ONU - Organización de las Naciones Unidas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irán, cómo quedar atrapado y luego querer salir de una guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-quedar-atrapado-luego-salir-guerra_129_13094041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b26854a-6b45-4b8f-952f-29890a179f5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los iraníes recogen sus pertenencias entre los escombros de edificios en Teherán."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estados Unidos se encuentra ante una guerra cada vez más difícil de ganar, no solo en términos militares, sino también políticos, donde la salida se vuelve compleja porque cualquier opción (escalar, negociar o retirarse) conlleva costes elevados </p><p class="subtitle">Trump no sabe si va o viene</p></div><p class="article-text">
        El presidente de Estados Unidos ha anunciado que ha abierto conversaciones con Ir&aacute;n, aunque se conocen pocos datos. Parece una sorpresa, pero no lo es. En los conflictos armados que carecen de legitimidad jur&iacute;dica internacional, es decir, que no cuentan con el aval del sistema multilateral ni se ajustan a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como es el caso de la guerra de Ir&aacute;n, la potencia que inicia las hostilidades suele enfrentarse r&aacute;pidamente a un problema estructural de legitimidad.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Estados Unidos, cuando una intervenci&oacute;n es percibida como unilateral, preventiva o impulsada por intereses geopol&iacute;ticos m&aacute;s que por una amenaza inminente claramente reconocida, el programa nuclear, el coste reputacional se acumula desde el primer momento. Si adem&aacute;s la decisi&oacute;n ha estado influida o impulsada por un aliado estrat&eacute;gico como Israel, que tambi&eacute;n participa activamente en la acci&oacute;n militar, el conflicto puede ser interpretado internacionalmente como una operaci&oacute;n concertada al margen del derecho internacional, lo que refuerza las percepciones de ilegitimidad. En este contexto, la narrativa justificativa, basada en seguridad y la lucha contra amenazas, tiende a erosionarse frente a contra narrativas que enfatizan la agresi&oacute;n, el desequilibrio de poder y el impacto humanitario. La p&eacute;rdida del &ldquo;relato&rdquo; no es un elemento accesorio, sino central, pues condiciona las alianzas (casi inexistentes), debilita apoyos internos y externos, y otorga una ventaja pol&iacute;tica y simb&oacute;lica al adversario, aunque est&eacute; debilitado a escala militar.
    </p><p class="article-text">
        A medida que el conflicto se prolonga y los resultados militares no son concluyentes, la potencia agresora puede quedar atrapada en una din&aacute;mica de lo que denominamos &ldquo;trampa de compromiso&rdquo;, donde retirarse implica asumir costes pol&iacute;ticos internos (p&eacute;rdida de credibilidad, desgaste electoral, cuestionamiento del liderazgo), y continuar la guerra incrementa los costes humanos, econ&oacute;micos y diplom&aacute;ticos. Este fen&oacute;meno, ampliamente estudiado en la literatura sobre &ldquo;guerras de elecci&oacute;n&rdquo;, se agrava cuando la decisi&oacute;n inicial no fue plenamente racional o estuvo mediada por percepciones sesgadas, presi&oacute;n de aliados o marcos ideol&oacute;gicos r&iacute;gidos. En tales escenarios, la potencia no solo enfrenta dificultades operativas sobre el terreno, sino tambi&eacute;n una creciente deslegitimaci&oacute;n global que limita sus opciones estrat&eacute;gicas. Los aliados se distancian, los foros multilaterales se vuelven cr&iacute;ticos y la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional se moviliza en contra. El resultado es una guerra cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de ganar, no solo en t&eacute;rminos militares, sino tambi&eacute;n pol&iacute;ticos, donde la salida se vuelve compleja porque cualquier opci&oacute;n (escalar, negociar o retirarse) conlleva costes elevados, evidenciando c&oacute;mo decisiones iniciales poco fundamentadas pueden encadenar a una potencia a un conflicto del que no puede salir sin pagar un precio significativo.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica salida plausible pasa por un acuerdo diplom&aacute;tico que permita a todas las partes preservar una apariencia de &eacute;xito, evitando la l&oacute;gica de vencedores y vencidos. Se tratar&iacute;a de construir un nuevo relato en el que el &eacute;xito no resida en la victoria militar, sino en la capacidad de haber concertado el fin de la guerra y contener sus costes, aunque ello no suponga una paz plena ni resuelva las causas profundas del conflicto. En este sentido, es necesario insistir en la irracionalidad de una guerra que dif&iacute;cilmente puede justificarse si se tienen en cuenta las oportunidades diplom&aacute;ticas existentes antes del estallido del conflicto. Ir&aacute;n hab&iacute;a expresado su disposici&oacute;n a renunciar al componente militar de su programa nuclear bajo mecanismos de verificaci&oacute;n internacional. La opci&oacute;n por la v&iacute;a militar supuso, por tanto, desestimar alternativas reales de desescalada y cooperaci&oacute;n, convirtiendo el conflicto en un error estrat&eacute;gico y pol&iacute;tico de gran alcance. Esta decisi&oacute;n ha contribuido a situar a Estados Unidos en una din&aacute;mica de &ldquo;s&iacute;ndrome del sacrificio&rdquo;, en la que el peso de las declaraciones iniciales, a menudo formuladas con precipitaci&oacute;n, limita la capacidad de rectificaci&oacute;n y obliga a sostener una l&iacute;nea de acci&oacute;n cada vez m&aacute;s costosa, no tanto por su eficacia, sino por la necesidad de no desmentir el compromiso adquirido.
    </p><p class="article-text">
        Una variante es la &ldquo;trampa del sacrificio&rdquo;, que opera a nivel narrativo y cultural y que forma parte de la cultura pol&iacute;tica profunda estadounidense e israel&iacute;, hasta el punto de convertirse en una l&oacute;gica aut&oacute;noma, dif&iacute;cilmente cuestionable desde dentro. La &ldquo;trampa del sacrificio&rdquo; en los conflictos b&eacute;licos del siglo XXI se manifiesta de manera recurrente y devastadora en varios escenarios, siendo quiz&aacute;s el ejemplo m&aacute;s emblem&aacute;tico el de Estados Unidos en Afganist&aacute;n, donde tras veinte a&ntilde;os de guerra, aproximadamente 2.400 soldados muertos en combate, decenas de miles de heridos, y un gasto que super&oacute; los dos billones de d&oacute;lares, resultaba pol&iacute;ticamente imposible reconocer la derrota y marcharse, porque hacerlo habr&iacute;a significado que todos esos sacrificios humanos y materiales no hab&iacute;an servido absolutamente para nada, de modo que sucesivos presidentes estadounidenses fueron reencuadrando retroactivamente los objetivos de la misi&oacute;n, para poder proclamar alg&uacute;n tipo de &eacute;xito: Obama habl&oacute; de &ldquo;transici&oacute;n responsable&rdquo;, Trump negoci&oacute; los Acuerdos de Doha en 2020 present&aacute;ndolos como un triunfo diplom&aacute;tico personal, y Biden ejecut&oacute; la retirada final en 2021 argumentando que el objetivo original, que era eliminar a Bin Laden, ya hab&iacute;a sido cumplido en 2011, ignorando convenientemente que la misi&oacute;n hab&iacute;a mutado durante dos d&eacute;cadas hacia la construcci&oacute;n de un Estado democr&aacute;tico estable, narrativa que se derrumb&oacute; de manera humillante cuando Kabul cay&oacute; en apenas 72 horas y los talibanes recuperaron exactamente el mismo poder que ten&iacute;an antes de que comenzara toda aquella guerra. Un patr&oacute;n muy similar ocurri&oacute; en Irak con la coalici&oacute;n liderada por Estados Unidos y el Reino Unido en 2003, o Arabia Saudita y Yemen a partir de 2015. Hay muchos otros ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que todos estos casos tienen en com&uacute;n es ese mecanismo psicol&oacute;gico y pol&iacute;tico por el cual cuantas m&aacute;s v&iacute;ctimas, dinero y prestigio se ha invertido en una guerra, m&aacute;s dif&iacute;cil resulta detenerla, porque los l&iacute;deres no buscan entonces la paz real sino una narrativa de paz que les proteja pol&iacute;ticamente en casa, recurriendo sistem&aacute;ticamente a los mismos instrumentos: reencuadrar retroactivamente los objetivos originales para que parezcan cumplidos, buscar un tercero mediador que otorgue cobertura diplom&aacute;tica al acuerdo, proponer congelamientos del conflicto que se presentan como paz pero son simplemente pausas indefinidas, transferir la responsabilidad del futuro a la parte local diciendo &ldquo;ellos deben defender su propia libertad&rdquo;, o simplemente esperar que una nueva crisis internacional desv&iacute;e la atenci&oacute;n medi&aacute;tica. Las trampas del &ldquo;compromiso&rdquo; y del &ldquo;sacrificio&rdquo; son complementarias, aunque conceptualmente distintas, pues la primera es esencialmente estrat&eacute;gica y externa, y la segunda es moral y emocional. Pero ambas llevan al mismo resultado: prolongar conflictos m&aacute;s all&aacute; de lo racional, por lo que los Estados implicados, en este caso Estados Unidos, y, en menor medida, Israel, se ven obligados a salir del atolladero donde se han metido, guardando las apariencias para no mostrar que han quedado atrapadas en un callej&oacute;n sin salida, por lo que aceptan una retirada que parezca honrosa, e incluso victoriosa.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la supuesta apertura de conversaciones diplom&aacute;ticas entre Estados Unidos e Ir&aacute;n, no hace sino confirmar una verdad inc&oacute;moda que la historia de los conflictos b&eacute;licos modernos ha demostrado con reiterada contundencia: iniciar una guerra sin haber evaluado con rigor sus consecuencias pol&iacute;ticas, tanto para el agresor como para el agredido, equivale a adentrarse en un laberinto del que, tarde o temprano, se buscar&aacute; la salida por la misma puerta que nunca debi&oacute; abrirse. La irracionalidad no reside &uacute;nicamente en los errores t&aacute;cticos o en la subestimaci&oacute;n del adversario, sino en algo m&aacute;s profundo y estructural: en la incapacidad o la negativa de quienes toman la decisi&oacute;n de ir a la guerra de asumir que el campo de batalla m&aacute;s determinante no es el militar, sino el pol&iacute;tico, el simb&oacute;lico y el narrativo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una potencia desencadena hostilidades sin legitimidad internacional, sin claridad sobre sus objetivos reales y sin una estrategia de salida viable, no est&aacute; eligiendo entre la guerra y la paz, sino entre distintas formas de derrota pol&iacute;tica. Las trampas del compromiso y del sacrificio no son accidentes del camino, son la consecuencia l&oacute;gica e inevitable de decisiones iniciales adoptadas bajo presi&oacute;n, sesgo ideol&oacute;gico o c&aacute;lculo electoral, y no bajo la fr&iacute;a racionalidad que exige comprometer vidas humanas y el prestigio de un Estado. Por ello, cualquier proceso de negociaci&oacute;n que se produzca en estas circunstancias no debe leerse como un acto de habilidad diplom&aacute;tica, sino como el reconocimiento impl&iacute;cito de un fracaso que se intentar&aacute; disfrazar con el lenguaje de la victoria, perpetuando as&iacute; la &uacute;ltima y m&aacute;s perniciosa irracionalidad de toda guerra mal concebida: la de no poder terminarla sin mentir sobre c&oacute;mo comenz&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-quedar-atrapado-luego-salir-guerra_129_13094041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irán, cómo quedar atrapado y luego querer salir de una guerra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Benjamin Netanyahu]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El marco ideológico de la guerra de Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/marco-ideologico-guerra-iran_129_13065668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbfab740-fa44-47f5-bd9e-91d95f24c456_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El marco ideológico de la guerra de Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tipo de violencia que Trump predica en esta guerra, la “la paz por la fuerza”, deja de vivirse como una falta dolorosa que provoca sufrimiento, y, junto a Netanyahu, la presenta como coherencia, mérito e incluso motivo de orgullo</p></div><p class="article-text">
        Acostumbrados a analizar las guerras en t&eacute;rminos geopol&iacute;ticos, nos olvidamos que detr&aacute;s de ello hay un marco ideol&oacute;gico que las sustenta y justifica. La guerra no solo ha de verse como un recurso instrumental, sino como una ideolog&iacute;a que organiza percepciones, afectos y legitimidades. Si se asume que &ldquo;el fin&rdquo; (la seguridad, el dominio, el control), puede justificar &ldquo;los medios&rdquo;, la violencia de la guerra tiende a presentarse como un simple tr&aacute;mite t&eacute;cnico, una etapa necesaria. Sin embargo, en las guerras los medios no son neutrales, ya que moldean el tipo de comunidad que se construye, el lenguaje moral disponible y las fronteras de lo humano y lo desechable.
    </p><p class="article-text">
        La actualidad del pensamiento de Kant es n&iacute;tida frente a las guerras contempor&aacute;neas que se justifican por &ldquo;seguridad&rdquo;, como la de Ir&aacute;n o la de Gaza. Sostener que &ldquo;los medios s&iacute; importan&rdquo;, como creemos la mayor&iacute;a de la gente, no es un gesto moralista, sino una tesis explicativa, en la medida que los medios influyen causalmente en la formaci&oacute;n, difusi&oacute;n y estabilizaci&oacute;n de las creencias que legitiman la violencia y la destrucci&oacute;n. Los medios no son un simple veh&iacute;culo hacia una meta, sino el taller donde se fabrica la legitimidad. Quien naturaliza medios violentos para alcanzar fines &ldquo;superiores&rdquo;, incluida la guerra, termina produciendo una ideolog&iacute;a donde la violencia deja de ser excepci&oacute;n y se vuelve criterio de pertenencia, pureza o destino colectivo, y eso es sumamente peligroso y trae consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        En la ideolog&iacute;a de las guerras como Ir&aacute;n, no solo se excusa o ignoran los da&ntilde;os, sino que se reordena por completo el mapa &eacute;tico. Ese reordenamiento que est&aacute;n impulsando Trump y Netanyahu, lo que llamamos &ldquo;inversi&oacute;n moral&rdquo;, convierte en deber aquello que, en una moral com&uacute;n, funcionar&iacute;a como frontera infranqueable: no matar (no expulsar, adem&aacute;s, en el caso de Gaza, donde se han vuelto a cerrar los pasos de la ayuda humanitaria). El tipo de violencia que Trump predica en esta guerra, la &ldquo;la paz por la fuerza&rdquo;, deja de vivirse como una falta dolorosa que provoca sufrimiento, y, junto a Netanyahu, la presenta como coherencia, m&eacute;rito e incluso motivo de orgullo. La inversi&oacute;n moral estrecha el c&iacute;rculo de quienes &ldquo;merecen&rdquo; protecci&oacute;n, pues solo el &ldquo;nosotros&rdquo; leg&iacute;timo (los estadounidenses e israel&iacute;es), cuenta plenamente, mientras el &ldquo;ellos&rdquo; queda fuera del per&iacute;metro &eacute;tico. Se consolida as&iacute; una moral estructuralmente desigual: humanidad completa para unos, humanidad condicional o anulada, para otros. Y como esta moral alternativa necesita sostenerse, suele acompa&ntilde;arse de un giro en el r&eacute;gimen de verdad, de manera que &ldquo;lo verdadero&rdquo; es solo lo que sirve a su causa; lo que la contradice se denuncia como propaganda enemiga (el presidente S&aacute;nchez).
    </p><p class="article-text">
        Vinculado a lo anterior, Netanyahu y Trump practican la &ldquo;elasticidad moral&rdquo;, que puede entenderse como un proceso en el que una coalici&oacute;n pol&iacute;tica y/o ideol&oacute;gica, la suya, revaloriza o reordena ciertos principios &eacute;ticos, para adaptar su marco normativo a las circunstancias de la guerra. Este giro implica desplazar o rebasar l&iacute;mites que, en otros contextos, habr&iacute;an se&ntilde;alizado lo que se considera inaceptable, permitiendo que actos previamente condenados pasen a ser vistos como tolerables o necesarios para alcanzar fines percibidos como superiores. Este mecanismo facilita la continuidad de la guerra al disminuir el costo moral percibido de las acciones violentas que conlleva, y al sostener una justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica que las faculta bajo fines superiores.
    </p><p class="article-text">
        Otra cuesti&oacute;n es el pensamiento de suma cero y la creencia de que hay una &ldquo;amenaza existencial&rdquo;, que para ellos implica la convicci&oacute;n de que ganar es sobrevivir, y perder la desaparici&oacute;n. Convierte las concesiones, las negociaciones y el pluralismo en un peligro. El surgimiento de un enemigo no es un fen&oacute;meno espont&aacute;neo, sino resultado de un proceso que puede alargarse o evitarse, y en ocasiones incluso buscarse deliberadamente, cosa que ambos mandatarios practican a menudo. La coexistencia de im&aacute;genes de enemigo y la percepci&oacute;n de amenaza imaginadas o exageradas no solo justifican conductas hostiles como la guerra, sino que pueden convertirla en una ideolog&iacute;a operativa. Al articular al &ldquo;otro&rdquo; como enemigo irredimible, se legitima la acci&oacute;n violenta como medio de &ldquo;defensa&rdquo;, y en ese marco, la violencia y la guerra deja de ser un acto aislado, para convertirse en una virtud t&aacute;ctica dentro de una narrativa que busca cohesionar a la propia comunidad, vista como &ldquo;pura&rdquo;, y deshumanizar al adversario. 
    </p><p class="article-text">
        Si esto ocurre es tambi&eacute;n porque la pol&iacute;tica se &ldquo;sacraliza&rdquo; y se convierte en un relato indiscutible de excepcionalidad o salvaci&oacute;n, que fabrica enemigos, normaliza la deshumanizaci&oacute;n y presenta la agresi&oacute;n como un deber moral. Esa l&oacute;gica se refuerza, no solo con la elasticidad moral que he comentado, sino igualmente con el miedo fabricado artificialmente, para satisfacci&oacute;n de la industria armamentista, y mediante mecanismos como la obediencia, la conformidad y el desplazamiento de la responsabilidad, tres aspectos que no estamos dispuesto a admitir, pues hemos decidido no ser vasallos de nadie y exigimos respeto por no haber tomado la iniciativa de hacer la guerra.
    </p><p class="article-text">
        La instrumentalizaci&oacute;n de la amenaza no opera solo como una t&aacute;ctica comunicativa para movilizar apoyo o justificar el rearme y la guerra, sino como un dispositivo sostenido de producci&oacute;n de sentido, que organiza c&oacute;mo una sociedad interpreta el mundo. Al fabricar enemigos, amplificar incertidumbres y explotar sesgos cognitivos, se instala un estado emocional de &ldquo;alerta&rdquo; que vuelve &ldquo;razonables&rdquo; medidas extraordinarias, y reduce el horizonte pol&iacute;tico a respuestas de fuerza y guerra. En este punto, la militarizaci&oacute;n actual debe entenderse tambi&eacute;n como una ideolog&iacute;a, un marco cultural que naturaliza el miedo, define al &ldquo;otro&rdquo; como peligro permanente y presenta lo militar como soluci&oacute;n inevitable, desplazando alternativas diplom&aacute;ticas, cooperativas o democr&aacute;ticas. La moralizaci&oacute;n del conflicto b&eacute;lico (bien vs. mal) desplaza el conflicto del terreno pol&iacute;tico, donde caben la deliberaci&oacute;n, el compromiso y la negociaci&oacute;n, al terreno de la guerra moral, donde ceder equivale a claudicar y negociar se interpreta como complicidad, de ah&iacute; que hayan roto las negociaciones con Ir&aacute;n, que iban bien. En ese marco, el adversario deja de ser un rival o competidor y pasa a ser un enemigo moral y alguien con quien no se discute, sino a quien se derrota, se expulsa o se elimina.
    </p><p class="article-text">
        La gente, y con raz&oacute;n, est&aacute; asustada. Pero hay que explicar que la narrativa del miedo es una estrategia recurrente de manipulaci&oacute;n social, cuando organiza un discurso que presenta una amenaza como inminente, inevitable y devastadora, de modo que quien controla ese relato influye en decisiones, conductas y creencias. Apoyada en t&eacute;cnicas de marketing, esta l&oacute;gica &ldquo;vende&rdquo; inseguridad y puede movilizar, paralizar o fracturar a la sociedad. El miedo puede volverse hiperreal, pues los medios no solo transmiten informaci&oacute;n, sino que producen realidad mediante simulacros de amenaza que moldean la opini&oacute;n p&uacute;blica; as&iacute;, el miedo, en primera instancia, opera como un producto cultural basado m&aacute;s en afectos que en hechos, pero una vez instalada la percepci&oacute;n de inseguridad, comenzada la guerra, se pueden aceptar pol&iacute;ticas militaristas y guerreristas como algo que &ldquo;ya es&rdquo; inevitable. De ah&iacute; la llamada &ldquo;doctrina del miedo&rdquo;, la utilizaci&oacute;n deliberada del temor para justificar el rearme y la guerra, que se hace a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de enemigos, la amplificaci&oacute;n de riesgos y el uso constante de discursos de emergencia, desplazando adem&aacute;s otros debates sociales mediante la distracci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un apunte final. En la actualidad, el imperialismo y el neocolonialismo operan a trav&eacute;s de violencias colectivas, como las guerras o las intervenciones militares, porque imponen de manera sistem&aacute;tica relaciones de subordinaci&oacute;n entre sociedades bajo una ideolog&iacute;a de dominaci&oacute;n, que presenta las desigualdades de poder como algo &ldquo;normal&rdquo;, &ldquo;necesario&rdquo; o &ldquo;inevitable&rdquo;. Por eso Trump ha dicho que tambi&eacute;n ser&aacute; &eacute;l quien decidir&aacute; qui&eacute;n gobernar&aacute; Ir&aacute;n en el futuro, como ha hecho en Gaza. En su vertiente militar, se expresan en guerras como las de Ir&aacute;n y Gaza, intervenciones militares como la de Venezuela o L&iacute;bano y quiz&aacute; Cuba, bases por doquier, venta de armas y &ldquo;guerras preventivas&rdquo; que disciplinan territorios y poblaciones. Estas formas de poder no solo producen da&ntilde;o material, sino que organizan el consenso y la coerci&oacute;n para sostener un orden global desigual. Frente a este panorama, merece reconocimiento la defensa de las posiciones de no intervenci&oacute;n militar mientras existan v&iacute;as diplom&aacute;ticas reales, como ha hecho Espa&ntilde;a. Apostar por la negociaci&oacute;n, la mediaci&oacute;n internacional y el derecho internacional no es ingenuidad, sino una forma de responsabilidad pol&iacute;tica que busca evitar la escalada de violencia y sus consecuencias humanas irreparables. Priorizar la diplomacia implica recordar que la paz duradera rara vez se impone por la fuerza, y que la contenci&oacute;n, el di&aacute;logo y la cooperaci&oacute;n siguen siendo herramientas fundamentales para resolver conflictos sin multiplicar el sufrimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/marco-ideologico-guerra-iran_129_13065668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 21:19:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El marco ideológico de la guerra de Irán]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negociaciones-trampa-desprecio-diplomacia_129_13037002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ee71719-c251-4bee-9bd2-47467f816ea6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1012y202.jpg" width="1200" height="675" alt="Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué despreciar la diplomacia y optar por la guerra? Además del carácter existencial del conflicto entre Israel e Irán, la respuesta quizá esté en el concepto de “paz por la fuerza” desarrollado por el presidente Trump, y reflejado en la Estrategia de Seguridad Nacional del pasado mes de noviembre</p></div><p class="article-text">
        Con mucha frecuencia, las negociaciones de paz con un grupo armado o con un Estado en plena crisis -en especial cuando existe riesgo real de escalada militar, como ha ocurrido en Ir&aacute;n- no se buscan o conciben como una v&iacute;a genuina para desescalar el conflicto, sino como una extensi&oacute;n estrat&eacute;gica del mismo. Pues se usan para ganar tiempo, fracturar la unidad pol&iacute;tica del adversario, reducir presiones internacionales, obtener alivio log&iacute;stico o econ&oacute;mico, rearmarse y reorganizar mandos, mejorar inteligencia, consolidar control social, fortificar posiciones u ocupar territorios, bajo la cobertura de un supuesto &ldquo;proceso de paz&rdquo;, que desactiva las alertas debido a la confianza creada a trav&eacute;s del di&aacute;logo abierto. En esos casos, el di&aacute;logo deja de ser un mecanismo de construcci&oacute;n de confianza y se convierte en un escenario de manipulaci&oacute;n, incluso si hay un alto al fuego, donde la ret&oacute;rica de la paz funciona como camuflaje para preparar la siguiente fase de la guerra, transformando la negociaci&oacute;n en un espacio de enga&ntilde;o m&aacute;s que de resoluci&oacute;n. La negociaci&oacute;n, incluso, puede ser una estrategia de guerra. En estos d&iacute;as, hemos asistido a una de estas trampas.
    </p><p class="article-text">
        Antes del viaje del primer ministro israel&iacute;, Benjamin Netanyahu, el 29 de diciembre pasado, para visitar al presidente Trump en Mar-a-Lago, funcionarios israel&iacute;es enfatizaron que Israel estaba listo para atacar de nuevo a Ir&aacute;n, y sugirieron que Netanyahu buscar&iacute;a el apoyo estadounidense para una acci&oacute;n militar adicional durante su visita. La opci&oacute;n diplom&aacute;tica ya estaba en marcha respecto al programa nuclear iran&iacute;, pero no era la opci&oacute;n preferida por Israel, que presion&oacute; fuertemente a Estados Unidos en este sentido. Lo tremendo del caso es que el ministro de Exteriores de Om&aacute;n, que llevaba las negociaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n por el tema nuclear, afirm&oacute; horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel a Ir&aacute;n, el 28 de febrero, que las negociaciones estaban &ldquo;al alcance&rdquo;, pues Ir&aacute;n hab&iacute;a aceptado las condiciones de Estados Unidos para paralizar su programa nuclear. Se lo comunic&oacute; personalmente al vicepresidente de Estados Unidos un d&iacute;a antes del ataque. Incluso se habl&oacute; de iniciar un di&aacute;logo entre Ir&aacute;n y los pa&iacute;ses del Golfo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despreciar la diplomacia y optar por la guerra? Adem&aacute;s del car&aacute;cter existencial del conflicto entre Israel e Ir&aacute;n, la respuesta quiz&aacute; est&eacute; en el concepto de &ldquo;paz por la fuerza&rdquo; desarrollado por el presidente Trump, y reflejado en la Estrategia de Seguridad Nacional del pasado mes de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que ocurre este tipo de enga&ntilde;os, mediante &ldquo;negociaciones de distracci&oacute;n&rdquo;. Un hecho como el ataque a&eacute;reo israel&iacute; a Doha (Qatar), el 9 de septiembre pasado, en el lugar donde celebraban las conversaciones con Ham&aacute;s para lograr un alto al fuego, y en el que murieron seis personas, representa una violaci&oacute;n tan grave de las normas diplom&aacute;ticas que sus consecuencias trascienden el conflicto inmediato, envenenando las fuentes de la diplomacia misma. La regla fundamental de cualquier proceso de paz o negociaci&oacute;n, incluso entre enemigos ac&eacute;rrimos, es la inviolabilidad del espacio de di&aacute;logo; los negociadores deben tener la garant&iacute;a absoluta de que el lugar de la mesa de di&aacute;logo es un santuario, no una trampa. Cuando un actor armado decide bombardear el recinto donde se discuten los t&eacute;rminos de la paz, como ocurri&oacute; en este caso, atacando precisamente a los negociadores de Ham&aacute;s, se destruye el principio m&aacute;s b&aacute;sico de la confianza. La consecuencia inmediata es la par&aacute;lisis del canal diplom&aacute;tico. El mediador, en este caso Qatar, se sinti&oacute; directamente agredido y traicionado en su soberan&iacute;a, lo que lo oblig&oacute; a retirarse para no ser c&oacute;mplice de una farsa.
    </p><p class="article-text">
        A largo plazo, el da&ntilde;o es a&uacute;n m&aacute;s profundo, ya que se siembra una sospecha perpetua: cualquier otro pa&iacute;s o facci&oacute;n que en el futuro sea convocado a negociar, ya sea en Ginebra, Oslo o cualquier capital &aacute;rabe, desconfiar&aacute; de que la otra parte utilice el proceso como cobertura para un golpe militar. Este tipo de acciones le ense&ntilde;an al mundo que sentarse a hablar no es un acto de construcci&oacute;n de paz, sino un riesgo personal, lo que fortalece a los sectores m&aacute;s radicales de ambos bandos, los halcones, que siempre han sostenido que la fuerza es el &uacute;nico lenguaje efectivo, condenando as&iacute; a las futuras generaciones a repetir el ciclo de la violencia en lugar de agotar las v&iacute;as del entendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Una variante es el &ldquo;arriesgar hasta el borde&rdquo;, que en el mundo de la diplomacia se entiende como tensar deliberadamente una crisis hasta el umbral del conflicto, para luego arrancar concesiones. En su versi&oacute;n m&aacute;s c&iacute;nica puede incluir usar negociaciones de paz como cortina de humo, dado que, por un lado, se proyecta voluntad de di&aacute;logo, se gana tiempo, se divide a aliados del adversario y se mejora la posici&oacute;n t&aacute;ctica (reagrupamiento, reabastecimiento, reconocimiento), para luego lanzar una ofensiva que desfigura el sentido de la diplomacia negociadora. Un ejemplo contempor&aacute;neo es la invasi&oacute;n rusa de Ucrania en 2022. Mientras se manten&iacute;an contactos diplom&aacute;ticos y se negaba la intenci&oacute;n de atacar, se acumulaban fuerzas en la frontera y finalmente se ejecut&oacute; la ofensiva.
    </p><p class="article-text">
        En Afganist&aacute;n, despu&eacute;s del acuerdo de febrero de 2020 entre Estados Unidos y los talibanes, y en plena antesala del di&aacute;logo intraafgano, la insurgencia utiliz&oacute; el marco de las negociaciones no como una v&iacute;a real de desescalada, sino como una oportunidad para recrudecer la violencia, acumular ventajas en el terreno y expandir sus &aacute;reas de influencia. As&iacute;, mientras el proceso de paz se presentaba como un paso hacia la reconciliaci&oacute;n, en la pr&aacute;ctica, oper&oacute; como un recurso t&aacute;ctico al servicio de la estrategia talib&aacute;n: ganar tiempo, erosionar la legitimidad y la capacidad operativa del Gobierno afgano y llegar a cualquier eventual acuerdo final desde una posici&oacute;n de superioridad militar y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la guerra en Armenia y Azerbaiy&aacute;n, que termin&oacute; en 2023 con la victoria militar del segundo, participar en di&aacute;logos (con Rusia, la UE o Estados Unidos) sirvi&oacute; menos para buscar un compromiso y m&aacute;s para gestionar tiempos, costos y legitimidad mientras Azerbaiy&aacute;n consolidaba su ventaja militar. Mantener conversaciones en contextos de este tipo, en los que en teor&iacute;a se proyecta una voluntad de paz y se reducen los riesgos de sanciones o aislamiento, permite, al mismo tiempo y con mala intenci&oacute;n, elegir el foro mediador m&aacute;s favorable para los propios intereses, e incluso puede acompa&ntilde;arse de una presi&oacute;n gradual sobre el terreno para crear &ldquo;hechos consumados&rdquo;, que luego se convierten en la nueva base de la mesa de negociaci&oacute;n, ya devaluada.
    </p><p class="article-text">
        La existencia de negociaciones-trampa, procesos en los que una de las partes simula voluntad de acuerdo mientras prepara o ejecuta ofensivas, erosiona profundamente la credibilidad estructural de los procesos de paz y erosiona la funci&oacute;n de la diplomacia. Cuando la mesa se convierte en instrumento t&aacute;ctico y no en espacio genuino de resoluci&oacute;n, el mensaje que se transmite no afecta solo al adversario inmediato, sino al conjunto del ecosistema negociador, mediadores, garantes internacionales, opini&oacute;n p&uacute;blica y futuras partes en conflicto. La percepci&oacute;n de que el di&aacute;logo puede ser utilizado como cortina de humo, convierte cada gesto de apertura en sospechoso y cada alto el fuego en una potencial maniobra de reposicionamiento. A largo plazo, esto eleva los costes pol&iacute;ticos de cualquier concesi&oacute;n, porque quienes apuestan por la negociaci&oacute;n quedan expuestos a acusaciones de ingenuidad o traici&oacute;n. La consecuencia es un endurecimiento de posiciones y una creciente preferencia por soluciones militares preventivas, bajo la l&oacute;gica de que &ldquo;es mejor golpear primero que ser enga&ntilde;ado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las negociaciones instrumentales generan un da&ntilde;o acumulativo que trasciende el conflicto concreto. Cada proceso percibido como enga&ntilde;o, alimenta un repertorio de memoria colectiva donde la palabra pierde valor estrat&eacute;gico y moral. En contextos de guerras prolongadas o crisis polarizadas, esta desconfianza se convierte en cultura pol&iacute;tica, pues se negocia no para resolver, sino para ganar tiempo, dividir al adversario o mejorar la narrativa sea a escala nacional o internacional. As&iacute;, la propia idea de negociaci&oacute;n queda asociada a debilidad o manipulaci&oacute;n, lo que dificulta que futuros intentos encuentren legitimidad social. La paradoja es que cuanto m&aacute;s se utiliza la mesa como arma, m&aacute;s improbable se vuelve la paz que supuestamente deb&iacute;a facilitar. Recuperar la credibilidad requiere reconstruir la convicci&oacute;n de que la negociaci&oacute;n no es una fase m&aacute;s de la guerra, sino una ruptura real con su l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n de negociaciones-trampa, finalmente, no es una anomal&iacute;a aislada, pues puede repetirse, y de hecho reaparece c&iacute;clicamente, en escenarios de alta asimetr&iacute;a, ocupaci&oacute;n prolongada o guerra abierta, como los de Palestina, Ucrania y otros conflictos armados activos. Cuando la negociaci&oacute;n se usa como cobertura para rearmarse, consolidar posiciones o moldear el relato internacional, el da&ntilde;o no se limita al episodio concreto, ya que contamina los intentos posteriores, debilita a quienes defienden la v&iacute;a diplom&aacute;tica y convierte cada nueva ronda de conversaciones en un campo minado de sospechas, verificaci&oacute;n imposible y expectativas deliberadamente frustradas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negociaciones-trampa-desprecio-diplomacia_129_13037002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2026 22:19:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-israel-guerras-existenciales-cambio-regimen_129_13029877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/770246be-8fde-4d8c-a417-da21469be4bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El odio entre Irán e Israel es mutuo, ya que ambos países se declaran como “enemigos existenciales” desde la Revolución Islámica de 1979. El tema central no es la religión en sí, sino el mecanismo por el cual cualquier relato político se convierte en verdad absoluta y produce enemigos ontológicos</p></div><p class="article-text">
        Ha empezado una guerra en Ir&aacute;n, pero no sabemos cu&aacute;nto durar&aacute; ni las consecuencias que tendr&aacute; sobre la poblaci&oacute;n iran&iacute;. Lo iremos viendo en los pr&oacute;ximos d&iacute;as y semanas. En un contexto como este, sin liderazgos claros porque los opositores est&aacute;n presos, la sociedad puede moverse entre dos impulsos contradictorios: la oportunidad de tomar la calle e imponerse, y la angustia de que el vac&iacute;o se llene con caos, facciones armadas o una guerra civil, especialmente si hay actores internos que compiten por dirigir el desenlace. La pregunta decisiva es si la poblaci&oacute;n lograr&aacute; convertir el l&oacute;gico miedo individual en una acci&oacute;n colectiva sostenida y de forma mayoritaria, proteger formas b&aacute;sicas de coordinaci&oacute;n movilizadora, y evitar que la violencia sectaria y la intervenci&oacute;n extranjera desv&iacute;en la revuelta hacia una tragedia mayor, pues cuando un aparato represivo se siente acorralado, aunque est&eacute; descabezado, suele responder con terror.
    </p><p class="article-text">
        De momento, podemos analizar las principales razones de estos ataques, que, a mi parecer, son cuatro y que se superponen en el tiempo: el programa nuclear de este pa&iacute;s, el desarrollo de nuevos misiles, el prop&oacute;sito de Israel de ser la &uacute;nica potencia regional, y derrocar al r&eacute;gimen iran&iacute; debido a la explosiva situaci&oacute;n pol&iacute;tica de este r&eacute;gimen autocr&aacute;tico y represor, especialmente tras las revueltas populares de enero. Esto supone un serio debate sobre los l&iacute;mites que tiene la diplomacia para abordar algunos temas, y las formas de encarar una crisis pol&iacute;tica de primer orden, con la opci&oacute;n militar desde el exterior como una respuesta que genera muchas dudas. Tampoco hay que olvidar que Ir&aacute;n es un importante productor de petr&oacute;leo, y ya sabemos que es una de las debilidades de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Antes del viaje del primer ministro israel&iacute; Benjamin Netanyahu, el 29 de diciembre pasado, para visitar al presidente Trump en Mar-a-Lago, funcionarios israel&iacute;es enfatizaron que Israel estaba listo para atacar de nuevo a Ir&aacute;n, y sugirieron que Netanyahu buscar&iacute;a el apoyo estadounidense para una acci&oacute;n militar adicional durante su visita. La opci&oacute;n diplom&aacute;tica ya estaba en marcha respecto al programa nuclear iran&iacute;, pero no era la opci&oacute;n preferida por Israel, quien presion&oacute; fuertemente a Estados Unidos en este sentido. Lo tremendo del caso es que el ministro de exteriores de Om&aacute;n, que lleva las negociaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n por el tema nuclear, afirm&oacute; horas antes del ataque que las negociaciones estaban &ldquo;al alcance&rdquo;, pues Ir&aacute;n hab&iacute;a aceptado las condiciones de Estados Unidos. Se lo comunic&oacute; personalmente al vicepresidente de Estados Unidos el viernes, un d&iacute;a antes del ataque. Incluso se habl&oacute; de iniciar un di&aacute;logo entre Ir&aacute;n y los pa&iacute;ses del Golfo. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despreciar la diplomacia y optar por la guerra? La respuesta, quiz&aacute;, est&aacute; en el car&aacute;cter existencial del conflicto entre Israel e Ir&aacute;n, con Trump como aliado a trav&eacute;s de su concepto de &ldquo;paz por la fuerza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 se firm&oacute; un nuevo nuclear con Ir&aacute;n, formalmente conocido como el Plan de Acci&oacute;n Integral Conjunto (JCPOA), por el que este pa&iacute;s congelaba su programa nuclear a cambio de que levantaran las sanciones, pero el presidente Trump lo abandon&oacute; durante su primer mandato, en 2018, y volvieron las sanciones. Netanyahu visit&oacute; previamente al presidente Trump, para que rompiera con el Plan y abandonara la v&iacute;a diplom&aacute;tica, que nunca ha querido. Ahora ha vuelto a pasar lo mismo. La reacci&oacute;n iran&iacute; fue la de volver a su programa anterior, y, adem&aacute;s, con nuevos programas de desarrollo de su importante arsenal de misiles, aunque hay que se&ntilde;alar que van dirigidos a Israel, no a Estados Unidos, como ha dicho Marco Rubio, pues no tienen un alcance intercontinental ni Ir&aacute;n ha tenido nunca intenci&oacute;n de atacar Estados Unidos. En mi opini&oacute;n, retirarse de JCPOA fue un inmenso error, pues trajo consecuencias indeseables, y termin&oacute; con un trabajo diplom&aacute;tico que estaba empezando a dar resultados.
    </p><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as, el principal negociador estadounidense, Steve Witkoff, dijo que Ir&aacute;n estaba &ldquo;probablemente a una semana&rdquo; de tener suficiente uranio de grado militar para una bomba, a pesar de la afirmaci&oacute;n de la administraci&oacute;n estadounidense de que sus ataques militares de junio de 2025 hab&iacute;an aniquilado el programa nuclear iran&iacute;. Aunque Ir&aacute;n conserva gran parte de la capacidad t&eacute;cnica, los expertos se&ntilde;alan que estaba lejos de poseer un arma nuclear. Por tanto, la afirmaci&oacute;n alarmista de Witkoff era err&oacute;nea o deliberadamente enga&ntilde;osa, y lo que pretend&iacute;a era presionar a&uacute;n m&aacute;s a Teher&aacute;n, y a&ntilde;adir un sentido de urgencia para justificar un posible ataque militar estadounidense, como se ha producido.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al aspecto pol&iacute;tico, la brutalidad represiva del r&eacute;gimen iran&iacute; de principios de enero, contra los manifestantes que quer&iacute;an un cambio de sistema pol&iacute;tico, en especial los j&oacute;venes, no se puede entender si no tenemos suficientemente en cuenta el car&aacute;cter teocr&aacute;tico de dicho r&eacute;gimen. Las teocracias como Ir&aacute;n, al basar su legitimidad pol&iacute;tica en una autoridad religiosa presentada como incuestionable, tienden a depender del uso de la fuerza para convertir esa pretensi&oacute;n moral en control efectivo del Estado. Cuando una parte de la sociedad no acepta esa interpretaci&oacute;n religiosa o exige pluralismo, el r&eacute;gimen suele responder con coerci&oacute;n y represi&oacute;n policial para impedir que la disidencia se traduzca en organizaci&oacute;n y produzca un cambio institucional. Para ello, combina leyes y tribunales que castigan el &ldquo;desorden&rdquo; o la &ldquo;ofensa&rdquo; religiosa, cuerpos de seguridad y milicias ideologizadas, vigilancia y censura, y castigos ejemplarizantes que elevan el costo de oponerse. En este tipo de sistemas, la violencia, tanto f&iacute;sica como estructural, funciona como un mecanismo de disuasi&oacute;n y disciplinamiento social que compensa la falta de alternancia real y protege a la &eacute;lite gobernante frente a crisis de legitimidad, fragmentaci&oacute;n interna o presi&oacute;n popular. Las protestas sociales, como las de 2022-2023 y las de ahora, con unos 30.000 muertos, fueron reprimidas brutalmente bajo acusaciones de ser &ldquo;enemigos de Dios&rdquo; o instigados por potencias extranjeras &ldquo;imp&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Ir&aacute;n tiene un conflicto externo, de car&aacute;cter regional, donde su teocracia chiita es central en su pol&iacute;tica exterior. China impuls&oacute; y celebr&oacute; el acuerdo Arabia Saud&iacute;&ndash;Ir&aacute;n de 2023, para proyectarse como actor diplom&aacute;tico capaz de mediar entre rivales en Oriente Medio, y reforzar la estabilidad regional que protege sus intereses energ&eacute;ticos, pero lo cierto es que Ir&aacute;n tiene una pugna con Arabia Saudita por el control de la regi&oacute;n, por lo que ambos pa&iacute;ses mantienen una relaci&oacute;n ambivalente, de cooperaci&oacute;n estrat&eacute;gica y rivalidad al mismo tiempo. Este &uacute;ltimo pa&iacute;s se ha aliado con Israel y mantiene muy buenas relaciones con Trump, por lo que lo Ir&aacute;n lo ten&iacute;a ya muy dif&iacute;cil. Con Ham&aacute;s y Hezbol&aacute; muy debilitados, apenas tiene ya influencia real en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El problema, pues, est&aacute; con Israel. El odio entre Ir&aacute;n e Israel es mutuo, ya que ambos pa&iacute;ses se declaran como &ldquo;enemigos existenciales&rdquo; desde la Revoluci&oacute;n Isl&aacute;mica de 1979. El tema central no es la religi&oacute;n en s&iacute;, sino el mecanismo por el cual cualquier relato pol&iacute;tico se convierte en verdad absoluta y produce enemigos ontol&oacute;gicos. La sacralizaci&oacute;n de la violencia y la guerra convierte la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica en un asunto trascendente, ya que la violencia deja de ser un medio excepcional y pasa a presentarse como deber moral, acto purificador o v&iacute;a de redenci&oacute;n hist&oacute;rica. Al encuadrar el conflicto como cuesti&oacute;n existencial, se clausuran los matices y se vuelve sospechosa cualquier alternativa intermedia, como la negociaci&oacute;n o el compromiso, que pueden leerse como claudicaci&oacute;n. Ese es el problema que arrastran los dos pa&iacute;ses desde hace d&eacute;cadas. Cuando el otro es presentado como amenaza absoluta &mdash;no solo un adversario, sino un peligro existencial&mdash;, la violencia y la guerra deja de verse como recurso extremo y se convierte en &ldquo;respuesta l&oacute;gica&rdquo; o &ldquo;defensa inevitable&rdquo;. El problema de fondo, pues, es que ambos pa&iacute;ses han construido un relato que elimina los matices y encierra la relaci&oacute;n en una l&oacute;gica de supervivencia, donde el choque permanente parece inevitable. Esto explica que nunca se haya buscado un acercamiento entre los dos pa&iacute;ses. La diplomacia internacional no tuvo esa capacidad, pero Netanyahu siempre ha despreciado cualquier acuerdo, es algo que le supera.
    </p><p class="article-text">
        Tras el nuevo ataque, que ha producido numerosas v&iacute;ctimas civiles, la poblaci&oacute;n iran&iacute; que rechaza la teocracia represiva se encuentra en una situaci&oacute;n muy dif&iacute;cil. Una respuesta eficaz debe ser simult&aacute;neamente pol&iacute;tica, jur&iacute;dica, comunicacional y social, adem&aacute;s de contar con un gran apoyo internacional, pero estamos hablando de un pa&iacute;s que no tiene un liderazgo claro en la oposici&oacute;n al r&eacute;gimen, algo vital en momentos como el presente. La opci&oacute;n de Reza Ciro Pahlavi, que hace 50 a&ntilde;os vive fuera del pa&iacute;s, no es la mejor opci&oacute;n, aunque Israel y Estados Unidos lo apoyan. El cambio de r&eacute;gimen lo tendr&aacute; que protagonizar la propia poblaci&oacute;n iran&iacute;, no Israel ni los Estados Unidos. El precio a pagar ser&aacute; alto, por desgracia, pues ya sabemos c&oacute;mo act&uacute;a dicha teocracia y sus guardianes, pero las revoluciones que han sido fruct&iacute;feras normalmente se han hecho as&iacute;. La clave ser&aacute; sostener esa presi&oacute;n interna con organizaci&oacute;n, unidad y apoyo internacional, orientado a proteger sus derechos, no a sustituir la agencia de los iran&iacute;es, porque solo as&iacute; un eventual cambio tendr&aacute; legitimidad social y posibilidades reales de consolidarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-israel-guerras-existenciales-cambio-regimen_129_13029877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 22:52:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Israel,Guerras,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-fascista-riesgo-violencia-programada_129_12998190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/557f87d7-7998-450c-993e-8311eec251a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El extremismo de derechas ha evolucionado hasta convertirse en una subcultura transnacional. Estos movimientos han buscado desarrollar valores compartidos, espacios, mitos, imágenes, eslóganes, símbolos, ídolos, estéticas y artefactos compartidos</p></div><p class="article-text">
        En Europa, partidos radicales y de extrema derecha lideraban a finales de 2025 las encuestas en hasta nueve pa&iacute;ses, incluyendo Austria, B&eacute;lgica, Italia, Polonia, Pa&iacute;ses Bajos y Francia. Tambi&eacute;n se predec&iacute;an resultados preocupantes en Suecia, Alemania, Espa&ntilde;a y Portugal. Con resultados tan negativos esperados, no es de extra&ntilde;ar que algunos se pregunten si la Uni&oacute;n Europea se enfrenta a una amenaza existencial desde la extrema derecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de otras corrientes autoritarias del siglo XX, gran parte de la extrema derecha actual no concibe la violencia solo como medio, sino como mecanismo regenerador de la naci&oacute;n o la &ldquo;raza&rdquo;, prueba moral de un compromiso militante y un intento de fundar un nuevo orden pol&iacute;tico. Esta concepci&oacute;n bebe de tradiciones fascistas cl&aacute;sicas, pero se reconfigura en clave contempor&aacute;nea mediante teor&iacute;as conspirativas, aceleracionismo y guerra civil racial. Uno de los pilares ideol&oacute;gicos es la idea de que el grupo dominante (blanco, masculino, europeo, estadounidense, cristiano), est&aacute; inmerso en una guerra existencial contra enemigos internos y externos. Esta narrativa se articula en torno a ideas como el &ldquo;gran reemplazo&rdquo;, el &ldquo;genocidio blanco&rdquo;, la &ldquo;invasi&oacute;n migratoria&rdquo; o la &ldquo;degeneraci&oacute;n moral&rdquo; promovida por &eacute;lites liberales.
    </p><p class="article-text">
        El extremismo de extrema derecha ha crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como respuesta a una combinaci&oacute;n de factores socioecon&oacute;micos y culturales, intensificados por crisis recientes (financiera, migratoria, COVID-19 y la guerra en Europa). Ese contexto alimenta frustraci&oacute;n, miedo e ira, y facilita que estos movimientos ofrezcan &ldquo;soluciones&rdquo; simplistas, desacreditan a la democracia y a las instituciones por no responder a las expectativas ciudadanas y, a la vez, desplazan la culpa hacia grupos concretos mediante discursos discriminatorios. Expresiones tradicionales (neonazismo, skinheads) han sido parcialmente reemplazadas por activismo antiisl&aacute;mico y antiinmigraci&oacute;n, con un giro m&aacute;s antisistema y ataques crecientes a instituciones, acelerados durante la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Entre los factores de riesgo se incluyen problemas de identidad, mala gobernanza y disfunci&oacute;n administrativa, as&iacute; como baja confianza y alfabetizaci&oacute;n medi&aacute;tica, que aumentan la exposici&oacute;n a la desinformaci&oacute;n. Adem&aacute;s, la ret&oacute;rica de odio y deshumanizante puede derivar en violencia y en graves violaciones de derechos, ya que la amenaza es cada vez m&aacute;s transnacional.&nbsp;&nbsp;El extremismo de derechas ha evolucionado hasta convertirse en una subcultura transnacional. Estos movimientos han buscado desarrollar valores compartidos, espacios, mitos, im&aacute;genes, esl&oacute;ganes, s&iacute;mbolos, &iacute;dolos, est&eacute;ticas y artefactos compartidos. Estos referentes culturales contribuyen al crecimiento del extremismo mediante el endurecimiento de las opiniones, la consolidaci&oacute;n de identidades exclusivistas y una creciente susceptibilidad a las teor&iacute;as conspirativas.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la derrota nazi, la Administraci&oacute;n Trump ha mostrado evidencia de simpat&iacute;as y pr&aacute;cticas cercanas al nazismo, que van m&aacute;s all&aacute; de simples gestos o pol&eacute;micas aisladas. Hay publicaciones y memes difundidos desde cuentas oficiales del gobierno, incluido el DHS y el Departamento de Trabajo, que evocan lemas, est&eacute;ticas y consignas asociadas al fascismo, deshumanizan a migrantes y buscan generar miedo racial y cultural. Adem&aacute;s, se documentan casos de colaboradores y funcionarios que han elogiado o mostrado afinidad con figuras neonazis o con discursos del r&eacute;gimen nazi, lo que incluye publicaciones en redes, mensajes en chats y apariciones p&uacute;blicas en actos afines a la ultraderecha. Estas actitudes provienen, en gran medida, de la c&uacute;pula, a trav&eacute;s de declaraciones y comportamientos de Donald Trump y de otros altos cargos cercanos, por lo que la normalizaci&oacute;n de este tipo de ret&oacute;rica facilita la infiltraci&oacute;n de un discurso nazi en pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas gubernamentales.
    </p><p class="article-text">
        La violencia colectiva de estos grupos se normaliza mediante procesos de deshumanizaci&oacute;n sistem&aacute;tica: los migrantes presentados como plaga, invasores o animales; los jud&iacute;os retratados como &eacute;lites manipuladoras o &ldquo;enemigo invisible&rdquo;, o las feministas y colectivos LGTBIQ+ como agentes de decadencia. Un componente clave en la extrema derecha contempor&aacute;nea es el aceleracionismo, que sostiene que el sistema liberal es irreformable y debe ser destruido mediante el caos. Esto justifica ataques indiscriminados para desestabilizar sociedades, la glorificaci&oacute;n de la violencia y la amenaza, y el rechazo de la acci&oacute;n pol&iacute;tica institucional, de manera que la violencia colectiva, sea f&iacute;sica o no, se transforma en rito inici&aacute;tico. Cumple una funci&oacute;n sociopsicol&oacute;gica central, pues reafirma una masculinidad &ldquo;guerrera&rdquo; frente a sociedades percibidas como &ldquo;feminizadas&rdquo;, genera pertenencia y cohesi&oacute;n, y ofrece estatus, reconocimiento y sentido vital. Este patr&oacute;n conecta con la crisis identitaria masculina, la frustraci&oacute;n socioecon&oacute;mica de mucha gente, y el aislamiento social y radicalizaci&oacute;n online que provocan las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha no busca solo &ldquo;resistir&rdquo;, sino reconfigurar el poder pol&iacute;tico, con Estados &eacute;tnicamente homog&eacute;neos, la eliminaci&oacute;n o expulsi&oacute;n de minor&iacute;as y el autoritarismo radical. La violencia colectiva es concebida como una fase previa de limpieza, una guerra civil necesaria, y el fundamento del nuevo orden. Aqu&iacute; convergen el racismo biol&oacute;gico, el fascismo palingen&eacute;sico (renacimiento por la destrucci&oacute;n), y las teolog&iacute;as pol&iacute;ticas secularizadas. No se trata de simples desviaciones criminales, sino de una cosmovisi&oacute;n coherente, donde la violencia y la coacci&oacute;n es moralmente necesaria, hist&oacute;ricamente inevitable y pol&iacute;ticamente fundadora. La capacidad de reclutamiento y expansi&oacute;n de estos movimientos se ve potenciada por una infraestructura digital sofisticada, que opera en m&uacute;ltiples niveles de visibilidad y radicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las plataformas como Twitter, YouTube, Facebook o TikTok, sirven como espacios de captaci&oacute;n inicial mediante contenido aparentemente moderado, como cr&iacute;ticas a la inmigraci&oacute;n, denuncias de la &ldquo;doble moral progresista&rdquo; o la defensa de &ldquo;valores tradicionales&rdquo;. Desde ah&iacute;, algoritmos y comunidades digitales dirigen a usuarios susceptibles de ser manipulados, hacia espacios menos regulados donde el discurso se radicaliza progresivamente. Esta arquitectura de radicalizaci&oacute;n funciona como un embudo, pues el contenido a contracorriente y provocador atrae a j&oacute;venes curiosos o descontentos; la gamificaci&oacute;n (aprender jugando) y cultura mem&eacute;tica hacen atractiva la participaci&oacute;n, el aislamiento social y validaci&oacute;n grupal refuerzan la adhesi&oacute;n, y finalmente, la exposici&oacute;n constante a contenido extremo normaliza la violencia y construye enemigos absolutos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, estos movimientos establecen una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica y estrat&eacute;gica con actores pol&iacute;ticos dominantes e influyentes que, sin abrazar abiertamente la violencia, legitiman narrativas centrales de la extrema derecha. Cuando pol&iacute;ticos electos hablan de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; migratoria, &ldquo;sustituci&oacute;n demogr&aacute;fica&rdquo; o &ldquo;guerra cultural contra Occidente&rdquo;, proporcionan validaci&oacute;n institucional a marcos interpretativos que la extrema derecha lleva a sus conclusiones l&oacute;gicas. Esta din&aacute;mica crea lo que algunos acad&eacute;micos llaman &ldquo;espacio de oportunidad ret&oacute;rica&rdquo;, de manera que la extrema derecha puede presentarse como la vanguardia coherente de preocupaciones &ldquo;leg&iacute;timas&rdquo; expresadas por figuras respetables, mientras que pol&iacute;ticos &ldquo;mainstream&rdquo; se benefician electoralmente del clima de ansiedad y polarizaci&oacute;n, sin asumir responsabilidad por sus consecuencias violentas.
    </p><p class="article-text">
        Simult&aacute;neamente, estos movimientos desarrollan estrategias de &ldquo;metapol&iacute;tica&rdquo; para ganar influencia cultural e intelectual antes (o en lugar) de ganar poder electoral, y orientadas a modificar el sentido com&uacute;n cultural antes que conquistar instituciones, con ocupaci&oacute;n de espacios contraculturales, producci&oacute;n de contenido pseudo-intelectual (podcasts, ensayos, &ldquo;think tanks&rdquo; alternativos), infiltraci&oacute;n de subculturas juveniles (artes marciales, por ejemplo) y construcci&oacute;n de infraestructuras paralelas (medios alternativos, plataformas de financiaci&oacute;n, redes de solidaridad legal). Esta estrategia busca normalizar ideas extremas, desplazar los l&iacute;mites del discurso aceptable y construir las condiciones culturales para transformaciones pol&iacute;ticas radicales, entendiendo que la violencia colectiva ser&aacute; m&aacute;s efectiva cuando opere sobre un terreno ideol&oacute;gico previamente preparado.
    </p><p class="article-text">
        La mejor forma de frenar el auge de la extrema derecha fascista y reducir el riesgo de que desemboque en violencia f&iacute;sica y colectiva, no es solo denunciar sus expresiones, sino bloquear las condiciones materiales, sociales y culturales que la vuelven atractiva y &ldquo;justificable&rdquo;. Para ello, conviene articular un marco de acci&oacute;n basado en universalismo, empat&iacute;a, reconocimiento, conocimiento y responsabilidad, junto con flexibilidad, aceptaci&oacute;n de la complejidad y pensamiento cr&iacute;tico, pol&iacute;ticas de desradicalizaci&oacute;n, resiliencia c&iacute;vica, memoria plural y desarme moral. Pero ese marco solo ser&aacute; cre&iacute;ble si los gobiernos progresistas lo acompa&ntilde;an con pol&iacute;ticas valientes y eficaces, no meramente simb&oacute;licas, que resuelvan de forma tangible los problemas de la gente com&uacute;n, como empleo, salarios, vivienda, servicios p&uacute;blicos, seguridad y expectativas de futuro. Cuando la mayor&iacute;a percibe resultados reales y justicia cotidiana, la extrema derecha pierde legitimidad social y se debilitan su capacidad de organizaci&oacute;n, su poder de contagio y su capitalizaci&oacute;n del malestar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-fascista-riesgo-violencia-programada_129_12998190.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 21:34:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Donald Trump,Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El supremo engaño de Trump al mundo con su 'Junta para la Paz']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/supremo-engano-trump-mundo-junta-paz_129_12931450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af7ac255-73ed-4905-bb30-3d9fab438237_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump muestra la carta en la que se ha firmado la iniciativa Junta de Paz, rodeado de un grupo de líderes mundiales."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La denominada Junta de la Paz no es otra cosa que el Consejo de Administración de una empresa llamada Tierra, con Trump de presidente y con un poder absoluto sobre el consejo, puramente decorativo, sumiso y pagador de los gastos</p></div><p class="article-text">
        En solo un par de d&iacute;as, y como es su costumbre, el presidente Trump ha transformado su Junta de Paz anunciada en octubre y pensada para Gaza en un proyecto totalmente diferente y con el prop&oacute;sito de substituir a la ONU, que seg&uacute;n Trump, tiene un &ldquo;enfoque e instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima semana, Trump ha invitado a unos 60 mandatarios, incluidos los de Rusia y China, a unirse a la Junta de Paz. Ha obtenido bastantes respuestas positivas, con el pago de una cuota de 1.000 millones de d&oacute;lares y la perspectiva de ayudar a reconstruir Gaza bajo la supervisi&oacute;n de un equipo de siete personas que ya hab&iacute;a designado el propio Trump. Pero la sorpresa vino el d&iacute;a antes de viajar al Foro de Davos, al distribuir una 'Carta de la Junta de la Paz' con unos estatutos en los que ya no se menciona a Gaza y en los que se afirma que el prop&oacute;sito de la nueva Junta, puesto que ya es otra cosa, es &ldquo;crear una organizaci&oacute;n internacional que busca promover la estabilidad, restaurar una gobernanza fiable y legal, y asegurar una paz duradera en las zonas afectadas o amenazadas por conflictos&rdquo;, y la justifica por &ldquo;la necesidad de un organismo internacional de construcci&oacute;n de paz m&aacute;s &aacute;gil y eficaz&rdquo;. Trump ser&aacute; el presidente y tendr&aacute; la autoridad para aprobar acuerdos internacionales y crear, modificar o disolver las entidades subsidiarias que se puedan crear, en una clara competencia con la ONU.
    </p><p class="article-text">
        En los estatutos se aclara que solo pueden ser miembros los Estados que hayan sido invitados previamente por el propio Trump, con un mandato de tres a&ntilde;os sujeto a renovaci&oacute;n si as&iacute; lo quiere Trump, que tambi&eacute;n se guarda la potestad de sacarlos de la Junta, la facultad de interpretar el significado de la Carta fundacional, la autoridad para aprobar o no todas las decisiones que tomen los Estados miembro, y el poder para disolver la Junta cuando lo considere necesario o apropiado. 
    </p><p class="article-text">
        Trump tambi&eacute;n ser&aacute; quien designe a su sucesor en la presidencia, no los Estados miembros de la Junta, que tendr&aacute; una &ldquo;Junta Ejecutiva&rdquo;, compuesta por &ldquo;l&iacute;deres de renombre mundial&rdquo; seleccionados exclusivamente por Trump, quien tambi&eacute;n nombrar&aacute; al director ejecutivo de dicha Junta. Est&aacute; tan molesto por no haber obtenido el Nobel de la Paz que quiere tener su propia organizaci&oacute;n para dirigir los destinos del mundo. Un aspecto tambi&eacute;n interesante es que la Junta de Paz &ldquo;garantizar&aacute; la provisi&oacute;n de los privilegios e inmunidades necesarios para el ejercicio de sus funciones&rdquo;, una referencia a que no se van a someter a la &ldquo;dictadura&rdquo; de la Corte Penal Internacional, que tanto detesta Trump.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s de 30 pa&iacute;ses que ya hab&iacute;an aceptado entrar en la Junta de Paz pensada para Gaza, ahora, con el nuevo planteamiento retador respecto a los organismos vigentes, tendr&aacute;n que repensar si se apuntan o no a este esquema imperial y extremadamente personalista, pues queda claro que esta Junta de la Paz no es otra cosa que el Consejo de Administraci&oacute;n de una empresa llamada Tierra, con Trump de presidente y con un poder absoluto sobre el Consejo, puramente decorativo, sumiso y pagador de los gastos. El vasallaje y peloteo jam&aacute;s visto, pues no hay precedentes de iniciativas de este tipo, ante el intento de poder absolutista y totalitario de un personaje que se ha convertido en un peligro para la Humanidad. Un narcisista maligno, eg&oacute;latra y de ambiciones sin l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Que la Junta lleve el nombre adjunto de &ldquo;Paz&rdquo;, no quiere decir que se vaya a dedicar a ello. En absoluto. Tradicionalmente, las grandes potencias o potencias regionales suelen disimular con un lenguaje ret&oacute;rico y diplom&aacute;tico sus verdaderas intenciones en pol&iacute;tica exterior, y as&iacute; lo plasman en los documentos sobre sus pol&iacute;ticas de defensa y seguridad. La apariencia de querer y defender la paz, sin embargo, puede ocultar intenciones de car&aacute;cter m&aacute;s bien ofensivas, intervencionistas, imperialistas o neocoloniales, pues tenemos una larga historia de pr&aacute;cticas al respecto.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre de 2025, al publicar su Estrategia de Seguridad Nacional, el presidente Trump ya rompi&oacute; este esquema de prudencia estrat&eacute;gica con un documento redactado incluso con un lenguaje arrogante, soez y despreciativo, muy propio de la personalidad del presidente. El texto no disimula en ning&uacute;n momento sus verdaderos prop&oacute;sitos y ambiciones, con un discurso claramente imperialista y neocolonial no visto de forma tan expl&iacute;cita desde hac&iacute;a d&eacute;cadas, que declara a EEUU el amo del mundo. &ldquo;Estados Unidos no puede permitir que ninguna naci&oacute;n se vuelva tan dominante que pueda amenazar a nuestros intereses&rdquo;, se&ntilde;ala el documento en una clara alusi&oacute;n a China, no a Rusia, con quien manifiesta querer &ldquo;restablecer la estabilidad estrat&eacute;gica&rdquo;. Esta Estrategia est&aacute; vinculada con la nueva Junta, por lo que tendremos que hablar de las dos cosas para entender de qu&eacute; tipo de &ldquo;paz&rdquo; hablamos.
    </p><p class="article-text">
        El documento estrat&eacute;gico ya empieza, en el primer p&aacute;rrafo, con una declaraci&oacute;n de intenciones de una carga que iba m&aacute;s all&aacute; de lo simb&oacute;lico: &ldquo;Garantizar que Estados Unidos siga siendo el pa&iacute;s m&aacute;s fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas&rdquo;. Dice textualmente que &ldquo;la paz a trav&eacute;s de la fuerza es el mejor elemento disuasorio&rdquo;, esto es, la idea estramb&oacute;tica del presidente Trump sobre el concepto de &ldquo;paz&rdquo; equivale al uso de la fuerza para imponer sus intereses, en especial los econ&oacute;micos. El subjefe del gabinete de Trump, Stephen Miller, a finales de 2025 declar&oacute; que &ldquo;vivimos en un mundo que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos&rdquo;. Y dado que &ldquo;para un pa&iacute;s cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, la adhesi&oacute;n r&iacute;gida al no intervencionismo no es posible&rdquo;, es decir, se intervendr&iacute;a por la fuerza de las armas donde fuera menester.
    </p><p class="article-text">
        En esa estrategia se aprecia el paso de la fuerza como instrumento a la fuerza como doctrina. &ldquo;Paz a trav&eacute;s de la fuerza&rdquo; ya no es un recurso contingente, sino un principio ordenador que justifica, normaliza y casi sacraliza la coerci&oacute;n como v&iacute;a leg&iacute;tima para preservar riqueza, estatus y liderazgo. Al convertirse en doctrina, se organiza e institucionaliza y se integra en la identidad nacional (&ldquo;restauraci&oacute;n espiritual&rdquo;, h&eacute;roes, grandeza), con una tendencia a la totalizaci&oacute;n. Todo (econom&iacute;a, migraci&oacute;n, clima, cultura, Europa) se reinterpreta desde el prisma de la seguridad y la supremac&iacute;a. Esa &ldquo;misi&oacute;n&rdquo; y &ldquo;destino&rdquo; (liderar el mundo; hemisferio como patio trasero) operan como mito pol&iacute;tico que dota de sentido y promete un futuro redentor, haciendo m&aacute;s el&aacute;stica la moral (&ldquo;si es por la grandeza, est&aacute; permitido&rdquo;), y convirtiendo el lenguaje en pr&aacute;ctica, marcos que rebautizan agresi&oacute;n como paz, y dominaci&oacute;n como orden.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia descrita exhibe un car&aacute;cter imperialista y neocolonial en la medida en que asume como principio que Estados Unidos debe conservar una posici&oacute;n jer&aacute;rquica global (&ldquo;no puede permitir&rdquo; que otro se vuelva dominante) y, desde ah&iacute;, se arroga el derecho de intervenir donde lo exijan sus &ldquo;numerosos y diversos&rdquo; intereses. No se trata solo de competir o disuadir, sino de ordenar el sistema internacional y delimitar esferas de influencia.
    </p><p class="article-text">
        La apelaci&oacute;n a la Doctrina Monroe y la idea de un &ldquo;mundo liderado por los Estados Unidos&rdquo; reactivan una l&oacute;gica de tutela sobre otros pa&iacute;ses, especialmente en Am&eacute;rica, donde la &ldquo;propiedad&rdquo; pol&iacute;tica del continente convierte la soberan&iacute;a ajena en algo condicionado. Eso encaja con el neocolonialismo contempor&aacute;neo: control y subordinaci&oacute;n no necesariamente mediante colonias formales, sino mediante presi&oacute;n militar, econ&oacute;mica y diplom&aacute;tica para garantizar acceso, obediencia y ventajas. Esta perspectiva no es accidental; responde a una l&oacute;gica hist&oacute;rica de expansi&oacute;n y control, ahora reformulada con un lenguaje expl&iacute;cito que despoja a la diplomacia de sus eufemismos tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Esta ideolog&iacute;a trumpista, lejos de ser un mero ejercicio ret&oacute;rico, tiene consecuencias materiales, pues desestabiliza regiones enteras, profundiza las desigualdades y erosiona los mecanismos de cooperaci&oacute;n internacional, perpetuando ciclos de conflicto en nombre de una &ldquo;paz&rdquo; impuesta por la coerci&oacute;n. As&iacute; que, de paz, la Junta no tiene nada.
    </p><p class="article-text">
        Espero, por tanto, que pocos pa&iacute;ses se dejen enga&ntilde;ar por semejante patra&ntilde;a y que no lo confundan con la Junta para Gaza, y que tampoco nos quedemos pasivos ante semejante propuesta, que, seg&uacute;n los estatutos, se pondr&aacute; en marcha cuando lo hayan firmado tres pa&iacute;ses, solo tres, que ya los tiene. Creo que habremos de ser muy beligerantes con esta iniciativa, para que Trump vea que aparte de los 25 pa&iacute;ses que se han sumado ya a la Junta, con dos de la OTAN (Hungr&iacute;a como vicario de Rusia y Turqu&iacute;a por querer un rol en Gaza), solo cuatro potencias regionales (Indonesia, Israel, Pakist&aacute;n y Arabia Saudita), y sin ning&uacute;n pa&iacute;s realmente destacable, est&aacute; bastante solo en este mundo y en este mando.
    </p><p class="article-text">
        En un ejercicio de pataleta infantil, Trump ha revocado su invitaci&oacute;n al primer ministro canadiense, muy cr&iacute;tico con &eacute;l y que no ten&iacute;a intenci&oacute;n de participar en la Junta. Como tampoco ha querido hacerlo la pr&aacute;ctica totalidad de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europa, que, en boca del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, han dicho que era incompatible con la Carta de la ONU. 
    </p><p class="article-text">
        Ha llegado el momento de hacerle frente a Trump, desde las ideas, los valores y la econom&iacute;a. Es tambi&eacute;n la oportunidad para que Europa, y la mayor parte de sus pa&iacute;ses, se desconecten temporalmente de su administraci&oacute;n en todos los campos posibles. Por fortuna, Trump ya es mayor y no estar&aacute; siempre presente en nuestras vidas, pero dado que su capacidad de desestabilizar es inmensa, ahora toca plantarle cara con propuestas alternativas, mostrando que somos capaces de establecer alianzas con muchos pa&iacute;ses de otros continentes, incluidos China e India, y ver qu&eacute; tipo de reglas podemos compartir para mejorar el planeta, no para apoderarse de &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/supremo-engano-trump-mundo-junta-paz_129_12931450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 22:30:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El supremo engaño de Trump al mundo con su 'Junta para la Paz']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-nuevo-plan-gaza-dirigida-multimillonarios_129_12919988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/867bbed8-36fb-4fa9-a613-16e1bf8c1c01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal riesgo de dejar el futuro palestino en manos de un elenco tan amplio de actores extranjeros, y en particular de multimillonarios e inversores estadounidenses acostumbrados a medir el éxito en rentabilidad y “estabilidad”, antes que en los derechos, es convertir una cuestión de autodeterminación y reparación humanitaria en un proyecto de tutela y negocio</p><p class="subtitle">Trump suma a Milei, Erdogan, Tony Blair y Kushner para la siguiente fase de su plan en Gaza</p></div><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de negociaci&oacute;n, &iquest;cu&aacute;les eran los problemas respecto al &ldquo;plan de paz&rdquo; de Trump para Gaza hace tan solo unos d&iacute;as? Pongo varios, porque las cosas van a cambiar a peor: ambig&uuml;edad en los temas de fondo, la no aceptaci&oacute;n de Israel de la soluci&oacute;n de los dos Estados, poca claridad en la formulaci&oacute;n institucional de una Palestina reformada, el limitado protagonismo de los palestinos para decidir su futuro en todos los &aacute;mbitos, el rol protag&oacute;nico del presidente Trump, la concepci&oacute;n colonial de su proyecto, la mediaci&oacute;n sesgada y parcial de Estados Unidos, las secuencias mal planteadas, la constante humillaci&oacute;n hacia los palestinos, la no existencia de garant&iacute;as suficientes para la aplicaci&oacute;n de los acuerdos, no plantear un proceso de desarme y desmovilizaci&oacute;n, y no contemplar el grave problema de los asentamientos de colonos israel&iacute;es en Cisjordania. Adem&aacute;s, Israel nunca ha aceptado por &uacute;ltimos puntos del Plan de Paz de Trump, referidos al di&aacute;logo con los palestinos y su reconocimiento como pueblo, tampoco la amnist&iacute;a a Ham&aacute;s, su retirada total de Gaza o la entrada ilimitada de la ayuda humanitaria. Despu&eacute;s, tampoco ha querido que algunos pa&iacute;ses est&eacute;n presentes en los &oacute;rganos previstos para dirigir Gaza, en especial Turqu&iacute;a, que ha sido muy beligerante con Israel.
    </p><p class="article-text">
        En buena parte, todo esto viene de una apropiaci&oacute;n indebida. La comparaci&oacute;n entre la Declaraci&oacute;n de Nueva York, impulsada por Francia y Arabia Saudita en julio de 2025, y el plan de Trump de octubre del mismo a&ntilde;o, revela dos visiones incompatibles sobre qu&eacute; significa una paz sostenible en Palestina-Israel. La primera buscaba un marco institucional progresivo, con derechos, gobernanza transparente, y un proceso multilateral que controlara y verificara la implementaci&oacute;n, incluidos derechos de autodeterminaci&oacute;n, seguridad y reconstrucci&oacute;n. En cambio, el plan de Trump se apoyaba en una lectura de poder y derrota, donde la supremac&iacute;a militar y la imposici&oacute;n de una &ldquo;victoria&rdquo; no articulaban garant&iacute;as para una ciudadan&iacute;a palestina con derechos plenos, ni establec&iacute;an un camino claro hacia una soluci&oacute;n de dos Estados o una reconciliaci&oacute;n interna entre las distintas autoridades palestinas. Esta brecha entre gobernanza, derechos y mecanismos de verificaci&oacute;n, por un lado, y una narrativa de imposici&oacute;n y derrota, por otro, explica por qu&eacute; cualquier plan sin un marco pol&iacute;tico claro, con participaci&oacute;n y consentimiento de las poblaciones afectadas, tiende a fracasar en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, el presidente Trump ha dado por completada la primera fase de su plan de paz, en un ejercicio de extrema miop&iacute;a, pues Israel no respet&oacute; en ning&uacute;n momento al alto al fuego, causando 464 muertos, no llegaba la suficiente ayuda humanitaria, el viento hac&iacute;a volar las precarias tiendas de campa&ntilde;a, la lluvia inundaba dichas tiendas, y el fr&iacute;o caus&oacute; hipotermias mortales en varias criaturas. Ham&aacute;s no se ha desarmado y no se sabe cu&aacute;ndo lo har&aacute;, tampoco se habl&oacute; de la amnist&iacute;a y el presidente de la Autoridad Nacional Palestino no convoc&oacute; al congreso de la OLP, tal como hab&iacute;a prometido meses antes.
    </p><p class="article-text">
        Trump, adem&aacute;s, por si no quedaba clara su determinaci&oacute;n de convertir Gaza en su protectorado y en hacer negocios en dicho territorio, antes de que se forme el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza, formada por palestinos, acaba de crear dos nuevas entidades, la &ldquo;Junta Ejecutiva fundadora&rdquo; que asesorar&aacute; a la Junta de Paz, presidida por Trump, y una &ldquo;Junta Ejecutiva de Gaza&rdquo;, formada por once miembros. Para liderar la estrategia de la Junta de Paz, Trump ha nombrado a dos personas: Aryeh Lightstone, que fue asesor principal del embajador estadounidense en Israel desde 2017 hasta 2021, y Josh Gruenbaum, un inversor de capital privado que utiliza la burocracia federal para combatir el antisemitismo. En la primera entidad, adem&aacute;s del equipo habitual de Trump en temas internacionales (Marco Rubio, Steve Witkoff y Jared Kushner), figura el cuestionado Tony Blair, el presidente del Banco Mundial (posible financiador), un supermillonario estadounidense Marc Rown, director ejecutivo de un importante fondo de inversi&oacute;n, empresario de casinos y con un patrimonio de 8.800 millones de d&oacute;lares, y Robert Gabriel, que ya hab&iacute;a sido asesor de Trump anteriormente y que incit&oacute; al asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021. En la segunda entidad, la Junta Ejecutiva de Gaza, adem&aacute;s de los ya mencionados Steve Wiktkoff; Jared Kushner, Tony Blair y Marc Rowan, figuraba otro empresario inmobiliario multimillonario chipriota-israel&iacute;, Yakir Gabay, que, seg&uacute;n explic&oacute; en Washington Post en 2024, particip&oacute; en un grupo de chat de larga duraci&oacute;n, desde octubre de 2023 hasta principios de mayo de 2024, con algunos de los l&iacute;deres empresariales m&aacute;s poderosos de Estados Unidos, y con los objetivos declarados de &ldquo;cambiar la narrativa&rdquo; a favor de Israel y &ldquo;ayudar a ganar la guerra&rdquo; sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica estadounidense, tras el ataque de Ham&aacute;s a Israel el 7 de octubre, y que presion&oacute; y amenaz&oacute; a las universidades estadounidenses cuyos estudiantes se manifestaban contra Israel por el genocidio de Gaza. En la Junta tambi&eacute;n ha incluido al ministro de Exteriores turco, un alto diplom&aacute;tico qatar&iacute;, el director de los servicios de inteligencia egipcio, dos diplom&aacute;ticos de la ONU para Oriente Medio y una ministra de los Emiratos &Aacute;rabes Unidos.
    </p><p class="article-text">
        En estos &uacute;ltimos d&iacute;as, Estados Unidos ha extendido invitaciones a varios gobiernos extranjeros para unirse a la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; dirigida por el mismo Trump, entre ellos Jordania, Grecia, Chipre, Pakist&aacute;n, Hungr&iacute;a, India, Rusia, Canad&aacute;, Turqu&iacute;a, Egipto, Australia, Kazajst&aacute;n, Reino Unido, Paraguay, Argentina o Albania, en una carrera para &ldquo;llenar&rdquo; de contenido un organismo que estar&aacute; sujeto a las Juntas Ejecutivas antes mencionadas, por lo que ser&aacute; puramente decorativo e ineficaz. Adem&aacute;s, Trump ha puesto como condici&oacute;n que cada uno de estos pa&iacute;ses pongan 1.000 millones de d&oacute;lares para la reconstrucci&oacute;n, algo vergonzoso, pues ha sido Israel quien a destruido Gaza y Estados Unidos quien ha puesto el 70% de las 100.00 toneladas de bombas lanzadas sobre dicho territorio.&nbsp;El domingo se hizo p&uacute;blica la primera lista de los doce palestinos que conformar&aacute;n el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza, pero como ha dicho muy bien un analista de esta regi&oacute;n, la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; crea una jerarqu&iacute;a clara, donde Estados Unidos y los magnates empresariales deciden, la regi&oacute;n paga y coordina, y los palestinos implementan la prestaci&oacute;n de servicios.
    </p><p class="article-text">
        El principal riesgo de dejar el futuro palestino en manos de un elenco tan amplio de actores extranjeros, y en particular de multimillonarios e inversores estadounidenses acostumbrados a medir el &eacute;xito en rentabilidad y &ldquo;estabilidad&rdquo;, antes que en los derechos, es convertir una cuesti&oacute;n de autodeterminaci&oacute;n y reparaci&oacute;n humanitaria en un proyecto de tutela y negocio. Cuando quienes dise&ntilde;an la &ldquo;paz&rdquo; no rinden cuentas ante la poblaci&oacute;n palestina, la prioridad tiende a desplazarse hacia objetivos geopol&iacute;ticos, gesti&oacute;n securitaria y oportunidades econ&oacute;micas (reconstrucci&oacute;n, suelo, infraestructuras) que pueden favorecer a &eacute;lites externas, mientras se normaliza el hecho de que persistan las violaciones sobre el terreno. Adem&aacute;s, la presencia de figuras vinculadas a campa&ntilde;as de propaganda, presi&oacute;n pol&iacute;tica o antecedentes controvertidos, eleva el peligro de que se imponga una narrativa que deslegitime la representaci&oacute;n palestina y reduzca la democracia en este territorio a un mero tr&aacute;mite sin contenido. El resultado puede ser una Gaza tratada como protectorado, con instituciones administradas desde fuera, decisiones capturadas por intereses privados y diplom&aacute;ticos, y un bienestar supeditado a condiciones impuestas, en lugar de un proceso centrado en derechos, rendici&oacute;n de cuentas y soberan&iacute;a efectiva de los gazat&iacute;es.
    </p><p class="article-text">
        Una paz duradera requiere m&aacute;s que visiones de poder o de reconstrucci&oacute;n. Necesita legitimidad pol&iacute;tica para el pueblo palestino, garant&iacute;as de seguridad y derechos para todos, respaldadas por instituciones, mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas y un proceso inclusivo que involucre especialmente a los actores locales, con los regionales y la comunidad internacional como complemento. Sin un enfoque que priorice la agencia palestina, la coherencia entre seguridad y derechos, y una ruta verificable hacia un acuerdo pol&iacute;tico, las propuestas corren el riesgo de convertirse en gestos sin sostenibilidad alguna. De los quince aspectos que se han de tener en cuenta en cualquier proceso de paz (la gesti&oacute;n de las &ldquo;l&iacute;neas rojas&rdquo;, acertar con la metodolog&iacute;a adecuada y conocer las necesidades reales, evitar las ambig&uuml;edades y tener una agenda clara y realista, mediaciones adecuadas y sin sesgos, interlocutores v&aacute;lidos, inclusi&oacute;n para el acuerdo final, controlar a los &ldquo;spoilers&rdquo;, abordar las causas del conflicto para superar las incompatibilidades, perder el miedo a las demandas de autogobierno, secuencias con sentido com&uacute;n, respetar la identidad y no humillar, garantizar lo acordado y dar seguridad, dise&ntilde;ar un buen programa de desarme, desmovilizaci&oacute;n y reincorporaci&oacute;n, acabar con los incentivos para continuar la guerra y reforzar los incentivos para negociar la paz, y asegurar la verificaci&oacute;n en el cumplimiento de los acuerdos), en el caso de Gaza y del futuro de Palestina no se cumple ning&uacute;n de ellos. En la pr&aacute;ctica, la paz no debe verse como un marco externalizado, sino como una experiencia diaria de seguridad, dignidad y oportunidades, con menos muros que separen, m&aacute;s puentes que conecten, con autoridades locales fortalecidas, supervisi&oacute;n internacional visible y una narrativa que priorice la memoria y las demandas actuales de la poblaci&oacute;n, antes que intereses ajenos.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier intento de paz en Gaza y el futuro de Palestina, por tanto, ser&aacute; inviable si no se centra en la legitimidad y la agencia pol&iacute;tica palestina, integra de forma coherente seguridad y derechos para todas las partes y se apoya en instituciones, rendici&oacute;n de cuentas, inclusi&oacute;n y verificaci&oacute;n; como hoy no se cumple ninguno de los aspectos b&aacute;sicos necesarios para un proceso de paz serio, las propuestas actuales se reducen a gestos sin sostenibilidad ni capacidad real de producir un acuerdo duradero. El riesgo de fracaso es enorme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-nuevo-plan-gaza-dirigida-multimillonarios_129_12919988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jan 2026 21:31:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Donald Trump,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ataque a Venezuela, ¿un mensaje para China?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ataque-venezuela-mensaje-china_129_12887424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a159abce-1296-478d-83bb-2ddd1d5c4a86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ataque a Venezuela, ¿un mensaje para China?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos años, China ha estado construyendo discretamente un imperio de infraestructuras en América Latina y el Caribe, con el objetivo de alejar económica y militarmente al continente de los intereses estadounidenses</p></div><p class="article-text">
        Aunque varios analistas ya lo han comentado, hemos de volver a repasar el documento de la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, que se hizo p&uacute;blico el pasado mes de noviembre y con un peculiar lenguaje, que parece escrito por el mismo Trump, para entender mejor lo que ha ocurrido en Venezuela. Contiene claves importantes, como la vuelta a la doctrina Monroe (Am&eacute;rica es de Estados Unidos), la afirmaci&oacute;n de que hay que conseguir &ldquo;la paz a trav&eacute;s de la fuerza&rdquo;, que &ldquo;la adhesi&oacute;n r&iacute;gida al no intervencionismo no es posible&rdquo;, que &ldquo;Estados Unidos no puede permitir que ninguna naci&oacute;n se vuelva tan dominante que pueda amenazar nuestros intereses&rdquo;, y la primera frase del documento, que afirma que se debe garantizar que Estados Unidos &ldquo;siga siendo el pa&iacute;s m&aacute;s fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo&rdquo;. Si el documento, nada modesto, tiene un claro destinatario, no es Rusia, sino China, y es probable que la explicaci&oacute;n de lo que ha ocurrido en Venezuela, o al menos una de las importantes, es el creciente papel de China en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        China es el principal socio comercial de Sudam&eacute;rica (no cuento M&eacute;xico), y una fuente importante tanto de inversi&oacute;n extranjera directa como de pr&eacute;stamos energ&eacute;ticos e infraestructuras, incluso a trav&eacute;s de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Pek&iacute;n ha invertido fuertemente en el sector espacial latinoamericano y ha fortalecido sus lazos militares con varios pa&iacute;ses, especialmente con Venezuela. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, China ha estado construyendo discretamente un imperio de infraestructuras en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, con el objetivo de alejar econ&oacute;mica y militarmente al continente de los intereses estadounidenses. Por ejemplo, hay 37 puertos mar&iacute;timos en la regi&oacute;n vinculados a empresas chinas. Para comparar, Estados Unidos no opera ning&uacute;n puerto en la regi&oacute;n. La estrategia de China va mucho m&aacute;s all&aacute; de los proyectos de infraestructuras. Busca ganar un terreno duradero en el Sur Global, con los BRICS como su caballo de Troya. A principios de mayo pasado, durante la ceremonia de apertura del Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), el presidente Xi Jinping present&oacute; un plan de cinco pilares que guiar&aacute; la colaboraci&oacute;n de China con 33 pa&iacute;ses de la regi&oacute;n durante los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os. La hoja de ruta institucionaliza la presencia de China en el hemisferio occidental, lo que genera preocupaciones significativas para Estados Unidos, como tambi&eacute;n se refleja en la mencionada Estrategia Nacional de Seguridad.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, el mercado chino ha pasado a ser prioritario para los pa&iacute;ses latinoamericanos, con una cifra r&eacute;cord de 518.000 millones de d&oacute;lares en 2024. De los bienes que China compr&oacute; a los pa&iacute;ses de la CELAC el a&ntilde;o pasado, poco menos de la mitad proced&iacute;a de Brasil, la mayor econom&iacute;a de la regi&oacute;n. Adem&aacute;s, si persisten los aranceles estadounidenses sobre los productos chinos, las exportaciones chinas podr&iacute;an desviarse cada vez m&aacute;s hacia los mercados latinoamericanos. El Banco de Desarrollo de China, de propiedad estatal, y el Banco de Exportaci&oacute;n-Importaci&oacute;n de China, est&aacute;n entre los principales prestamistas de la regi&oacute;n; desde 2005, han prestado m&aacute;s de 120.000 millones de d&oacute;lares a pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe y a empresas estatales, a menudo a cambio de petr&oacute;leo y utilizados para financiar proyectos energ&eacute;ticos e infraestructuras. Venezuela es, con diferencia, el mayor prestatario; ha recibido casi 60.000 millones de d&oacute;lares en pr&eacute;stamos estatales chinos, principalmente relacionados con energ&iacute;a e infraestructuras. Puertos, ferrocarriles, carreteras, puentes, l&iacute;neas de metro, energ&iacute;a y centrales el&eacute;ctricas, son probablemente las mejores se&ntilde;ales de que China tiene un compromiso a largo plazo con la regi&oacute;n. Pero, los d&iacute;as en que Pek&iacute;n colmaba la regi&oacute;n de pr&eacute;stamos y proyectos de infraestructuras a gran escala pueden haber terminado, o al menos se han visto disminuidos, en especial desde 2015, y sustituidos por una implicaci&oacute;n m&aacute;s deliberada y un enfoque en sectores espec&iacute;ficos de inter&eacute;s chino, especialmente en el extremo superior de la cadena de valor. Prefiere inversiones m&aacute;s peque&ntilde;as y espec&iacute;ficas en sectores estrat&eacute;gicos como el litio, las energ&iacute;as renovables, los productos de alta tecnolog&iacute;a y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n (TIC), incluyendo las ofertas de Huawei.
    </p><p class="article-text">
        La paciencia de Pek&iacute;n con Caracas tambi&eacute;n se ha erosionado debido a los riesgos sostenidos de seguridad y a la desastrosa econom&iacute;a en el pa&iacute;s, y no ha concedido pr&eacute;stamos a Venezuela en los &uacute;ltimos nueve a&ntilde;os. Los pr&eacute;stamos tambi&eacute;n se han ralentizado hacia otros grandes beneficiarios, como Brasil y Ecuador. Para China, Venezuela sigue siendo uno de sus mayores deudores, y cualquier cambio de administraci&oacute;n en Caracas tiene grandes implicaciones financieras para Pek&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        China tambi&eacute;n opera a trav&eacute;s del &ldquo;poder blando&rdquo;, que se sustenta a trav&eacute;s de la Iniciativa Global de Civilizaci&oacute;n. Abarca desde festivales culturales e intercambios cinematogr&aacute;ficos, hasta la cooperaci&oacute;n tur&iacute;stica y la digitalizaci&oacute;n de museos. Estas iniciativas no son solo una labor de divulgaci&oacute;n cultural, pues forman parte de un m&eacute;todo m&aacute;s amplio para moldear la opini&oacute;n p&uacute;blica y el discurso en todos los &aacute;mbitos de la sociedad, desde gobiernos locales y universidades hasta medios de comunicaci&oacute;n y organizaciones deportivas. El impulso de China por aislar a Taiw&aacute;n es otro factor importante detr&aacute;s de su inter&eacute;s en la regi&oacute;n. Debido a que Pek&iacute;n rechaza mantener relaciones diplom&aacute;ticas con pa&iacute;ses que reconocen la soberan&iacute;a de Taiw&aacute;n, el apoyo de Am&eacute;rica Latina a la isla ha disminuido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En cuanto a los temas militares, Venezuela sigue siendo el principal comprador de material militar chino en la regi&oacute;n, despu&eacute;s de que el Gobierno estadounidense prohibiera toda venta comercial de armas a Caracas a partir de 2006. 
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, China opera o cogestiona al menos ocho estaciones terrestres en Am&eacute;rica Latina, incluyendo centros de seguimiento en el espacio profundo en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. Estas estaciones proporcionan al ej&eacute;rcito chino cobertura global de telemetr&iacute;a y datos espaciales en tiempo real. Bajo la Iniciativa de Seguridad Global (GSI), propuesta por Xi en 2022, Pek&iacute;n tambi&eacute;n se ha orientado hacia la seguridad interna, suministrando equipo t&aacute;ctico y sistemas de reconocimiento facial a las fuerzas policiales, desde Panam&aacute; hasta Ecuador. Las redes construidas por Huawei pueden encontrarse ahora en m&aacute;s de 35 municipios latinoamericanos, integrando miles de c&aacute;maras y centros de emergencia bajo software gestionado por China.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante recordar que, en 2022, el entonces senador Marco Rubio, hoy secretario de Estado, ya buscaba contrarrestar la &ldquo;influencia maligna&rdquo; de China en la regi&oacute;n, fortaleciendo la cooperaci&oacute;n multilateral en materia de seguridad y los esfuerzos antidrogas. Otras propuestas legislativas inclu&iacute;an llamamientos para que Estados Unidos crease asociaciones comerciales permanentes con pa&iacute;ses del hemisferio occidental para fomentar la &ldquo;relocalizaci&oacute;n de las cadenas de suministro desde China hacia pa&iacute;ses m&aacute;s cercanos a casa&rdquo;. Ninguno de los dos proyectos avanz&oacute; en el Congreso, pero ahora Marco Rubio tiene mucho m&aacute;s poder e influencia, y lo va a ejercer. 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo mandato, el presidente Trump ha adoptado un enfoque m&aacute;s asertivo para contrarrestar la influencia regional de China. Ha alegado repetidamente que China controla secretamente el Canal de Panam&aacute;, a pesar de la propiedad paname&ntilde;a, y ha amenazado con recuperar la v&iacute;a fluvial, que Estados Unidos entreg&oacute; a Panam&aacute; en 1999. Otro dato a tener en cuenta es que el a&ntilde;o pasado China redujo significativamente las compras de exportaciones agr&iacute;colas estadounidenses, en respuesta a las subidas arancelarias del presidente Trump. Los agricultores estadounidenses est&aacute;n teniendo dificultades, ya que empresas chinas han buscado soja y otros productos de pa&iacute;ses como Brasil. La soja es una piedra angular de la agricultura estadounidense, ya que m&aacute;s de 270.000 granjas cultivan este cultivo, seg&uacute;n el &uacute;ltimo Censo de Agricultura. En 2024, m&aacute;s del 40% de la producci&oacute;n estadounidense de soja se export&oacute;, y aproximadamente la mitad se destin&oacute; a China. Esto se acab&oacute; por la mala estrategia de Trump, y puede pasarle factura.
    </p><p class="article-text">
        Lo que antes parec&iacute;a simplemente una b&uacute;squeda de nuevos mercados y oportunidades rentables para China, ahora se ve en Washington como una seria amenaza estrat&eacute;gica, y por eso Am&eacute;rica Latina vuelve a convertirse en el escenario para una versi&oacute;n moderna de la Doctrina Monroe, esta vez con China en su centro. El ataque a Venezuela podr&iacute;a ser un aviso para que los pa&iacute;ses latinoamericanos vuelvan al redil, alej&aacute;ndose de China y dando prioridad a que las grandes corporaciones estadounidenses vuelvan a tener el peso que tuvieron en el pasado en su &ldquo;patio trasero&rdquo;. Pero hacerlo militarmente, por la fuerza, y sin una alternativa pol&iacute;tica viable y decidida por la poblaci&oacute;n venezolana, pues Trump detesta la democracia, puede ser un desastre. Por si no lo sabe, en Venezuela hay personas muy bien preparadas y con una real cultura democr&aacute;tica para levantar el pa&iacute;s, aunque no son de cuerda. Pero si Trump tambi&eacute;n quiere ser el presidente de la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; de la transici&oacute;n venezolana, adem&aacute;s de serlo de Palestina y Ucrania, y con Rubio de escudero, acabar&aacute; teniendo un serio problema, pues la gente no quiere ser vasalla a cualquier precio, perdiendo su dignidad y su soberan&iacute;a, algo que a Trump le cuesta entender, acostumbrado como est&aacute; de rodearse de personajes serviles que le r&iacute;en las gracias y las ocurrencias, incluyendo a los patriotas de extrema derecha y al secretario general de la OTAN, en un triste reparto de papeles. Cuando se encuentre dentro de unos meses con el presidente Xi Jinping, veremos qui&eacute;n es realmente el m&aacute;s listo de la clase.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ataque-venezuela-mensaje-china_129_12887424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jan 2026 20:56:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ataque a Venezuela, ¿un mensaje para China?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ucrania y Gaza: la tentación de humillar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ucrania-gaza-tentacion-humillar_129_12878999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65cb9df5-42b5-4d84-947b-c55c91ace835_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x807y219.jpg" width="1200" height="675" alt="Ucrania y Gaza: la tentación de humillar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La complejidad radica en que muchos líderes llevan consigo un odio profundo y arraigado, alimentado por años de sufrimiento, desconfianza y narrativas de victimización. Ese odio actúa como un filtro que distorsiona la lectura de cualquier concesión percibida como derrota o capitulación</p></div><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n de un conflicto armado exige comprender que avanzar no depende solo de reconocer al adversario como un interlocutor necesario, sino de demostrarle, de alg&uacute;n modo, un m&iacute;nimo de respeto. Este respeto no es una debilidad, sino un reconocimiento pr&aacute;ctico de la dignidad humana y de la legitimidad de sus intereses, incluso cuando se sostienen en contra. Si una de las partes percibe que se le desprecia, se despiertan resentimientos, humillaciones hist&oacute;ricas y temores de imposici&oacute;n; esas din&aacute;micas no solo bloquean avances, sino que pueden desatar nuevos ciclos de violencia. Por ello, la negociaci&oacute;n eficaz requiere reglas y gestos que reduzcan la tentaci&oacute;n de humillar al otro, y se puede hacer a trav&eacute;s del reconocimiento de los l&iacute;mites, la aceptaci&oacute;n de la identidad del interlocutor, la existencia de espacios para que sus propuestas sean discutidas en serio, y respuestas consistentes que eviten agravios que enciendan nuevamente el odio.
    </p><p class="article-text">
        La complejidad radica en que muchos l&iacute;deres llevan consigo un odio profundo y arraigado, alimentado por a&ntilde;os de sufrimiento, desconfianza y narrativas de victimizaci&oacute;n. Ese odio act&uacute;a como un filtro que distorsiona la lectura de cualquier concesi&oacute;n percibida como derrota o capitulaci&oacute;n. Aun cuando haya inter&eacute;s en avanzar, cualquier gesto que parezca &ldquo;humillar&rdquo; puede desactivar el proceso, generar brotes de descontento interno entre los seguidores y erosionar la autoridad del liderazgo. Por ello, la ruta negociadora eficaz suele combinar acuerdos que aseguren salvaguardias de seguridad y dignidad para ambas partes, procesos de reconocimiento gradual, donde se validen las preocupaciones leg&iacute;timas sin dictar derrota, y mecanismos de verificaci&oacute;n y garant&iacute;as que eviten que una parte sienta que la otra busca dominarla. En suma, avanzar exige crear un marco de interacci&oacute;n que reduzca la tentaci&oacute;n de humillar, incluso cuando el odio es profundo, porque la sostenibilidad de un acuerdo depende de que las partes perciban que sus intereses y su humanidad fueron tratados con igual consideraci&oacute;n. As&iacute; se hizo en Angola en 1994, y entre Armenia y Azerbaiy&aacute;n en 2023, dos guerras que terminaron con victoria militar, pero sin humillar, al contrario.
    </p><p class="article-text">
        En un proceso de paz, conservar la dignidad del adversario es un principio tan estrat&eacute;gico como &eacute;tico. Reconocer su humanidad, incluso cuando existen agravios o diferencias irreconciliables, crea un terreno de confianza suficiente para conversar. Humillar al oponente no solo alimenta resentimientos, sino que endurece posturas, bloquea la empat&iacute;a y debilita la posibilidad de identificar intereses compartidos. Mantener la dignidad implica escuchar con paciencia, evitar ataques personales y distinguir entre las personas y los problemas, pues hacerlo as&iacute; facilita que las partes se sientan seguras para proponer soluciones, revisar errores y reconocer avances, por peque&ntilde;os que sean.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n de conflictos armados que involucran la ocupaci&oacute;n territorial de una parte por otra, como en Ucrania o Gaza, presenta una dificultad extrema, ya que el territorio ocupado se convierte en un n&uacute;cleo de soberan&iacute;a herida y humillaci&oacute;n nacional que trasciende lo meramente estrat&eacute;gico. En estos casos, ceder terreno se percibe no solo como una p&eacute;rdida material, sino como una rendici&oacute;n de la identidad nacional y un reconocimiento de la legitimidad de la agresi&oacute;n. Para la parte ocupada, aceptar la p&eacute;rdida territorial bajo coerci&oacute;n equivale a una capitulaci&oacute;n existencial que legitima el uso de la fuerza para alterar fronteras, mientras que, para la ocupante, retirarse de parte del territorio ya conquistado, se puede interpretar como una peque&ntilde;a derrota pol&iacute;tica. Esta din&aacute;mica convierte el territorio en un s&iacute;mbolo no negociable, atrapando a las partes en una l&oacute;gica de suma cero donde cualquier concesi&oacute;n se vive como una traici&oacute;n hist&oacute;rica, haciendo casi imposible alcanzar acuerdos duraderos, sin que medie un cambio dr&aacute;stico en la correlaci&oacute;n de fuerzas o en las percepciones de legitimidad y seguridad.
    </p><p class="article-text">
        La dificultad de avanzar hacia un acuerdo negociado en guerras como las de Ucrania o Palestina, se agranda cuando se cruzan tres aspectos: las l&oacute;gicas emocionales de odio de los l&iacute;deres, las narrativas hist&oacute;ricas que moldean la memoria colectiva y la deshumanizaci&oacute;n del adversario como estrategia para legitimar costos y la misma guerra. En ese contexto, los presidentes de los gobiernos no act&uacute;an solo desde un c&aacute;lculo pol&iacute;tico, sino desde reacciones afectivas que confunden la seguridad con la derrota y la dignidad con la debilidad. Las narrativas de victimizaci&oacute;n y amenaza hist&oacute;rica convierten a cualquier gesto de distensi&oacute;n en una posible traici&oacute;n a la causa, mientras que la deshumanizaci&oacute;n reduce al otro a caricatura, legitimando castigos y oponi&eacute;ndose a cualquier reconocimiento de derechos o necesidades reales. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello genera una espiral, ya que un gesto de buena fe es interpretado como una rendici&oacute;n, una concesi&oacute;n como una derrota, y cada respuesta narrativa refuerza la desconfianza y el miedo de las audiencias internas. Para romperla, el marco negociador debe ir m&aacute;s all&aacute; de tecnicismos y kil&oacute;metros cuadrados, pues necesita de estrategias que desintoxiquen el discurso y reduzcan la tentaci&oacute;n de humillar, de modo que la seguridad y la dignidad de todas las comunidades afectadas no sean percibidas como sacrificios, sino como componentes interdependientes de una paz significativa. Para fracturar estas din&aacute;micas t&oacute;xicas, el proceso de paz requiere algo m&aacute;s que la reconfiguraci&oacute;n de los mapas y ceses al fuego; exige un dise&ntilde;o pol&iacute;tico y cultural que contrarreste la intoxicaci&oacute;n narrativa, desactive la tentaci&oacute;n de la humillaci&oacute;n simb&oacute;lica, y logre reencuadrar la seguridad y la dignidad no como bienes en pugna, sino como pilares entrelazados e indispensables para una estabilidad duradera que no deje a ninguna comunidad sinti&eacute;ndose derrotada o deshonrada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ucrania-gaza-tentacion-humillar_129_12878999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jan 2026 19:23:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ucrania y Gaza: la tentación de humillar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, Groenlandia y el orden mundial en general]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-groenlandia-orden-mundial-general_129_12867035.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02aefd3e-37e7-4306-a51c-e8efae43e42b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2144y0.jpg" width="1200" height="675" alt="El enviado de EEUU para Groenlandia, Jeff Landry, con el presidente estadounidense, Donald Trump, en marzo pasado."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tanto Estados Unidos, como China y Rusia, juegan con la ventaja de no tener que rendir cuentas a nadie. Estados Unidos, además, en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, desprecia sin tapujos a Europa y vuelve a la Doctrina Monroe en el continente americano</p></div><p class="article-text">
        El presidente Trump ha vuelto con su obsesi&oacute;n de hacerse con Groenlandia, por las buenas o por las malas. Lo puede comprar f&aacute;cilmente mediante el soborno, ofreciendo medio mill&oacute;n de d&oacute;lares para cada habitante del territorio, 56.000, lo que supondr&iacute;a un gasto muy asumible, 28.000 millones de d&oacute;lares, el 3% del gasto militar anual de Estados Unidos. Recuerdo que este pa&iacute;s ya compr&oacute; Alaska a Rusia en 1867 por 7,2 millones de d&oacute;lares, que a precios actuales ser&iacute;an unos 170 millones de d&oacute;lares, una ganga. 
    </p><p class="article-text">
        El tema coincide con la publicaci&oacute;n de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que, entre otros aspectos muy jugosos de comentar, se refiere a volver a la Doctrina Monroe, es decir, que el continente americano es de los Estados Unidos, su patio trasero, y de ah&iacute; su intervenci&oacute;n en Venezuela. Todo ello en el marco de la guerra de Ucrania, que Rusia no considera una ocupaci&oacute;n, sino la &ldquo;recuperaci&oacute;n&rdquo; de un territorio que forma parte de la Gran Rusia, y con China incrementando su potencial militar para disuadir a Taiw&aacute;n, que tambi&eacute;n considera forma parte integral de la gran China. Siguiendo con los intervencionismos, recuerden tambi&eacute;n que Israel ha ocupado Gaza y gran parte de Cisjordania, pues tambi&eacute;n considera que son territorios suyos. El intervencionismo est&aacute; de moda.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as tambi&eacute;n hemos sabido que el presidente Macron quiere visitar a Putin de nuevo, para hablar sobre Ucrania. Trump ya lo ha hecho, pero excepto Macron y el h&uacute;ngaro Orb&aacute;n, los mandatarios europeos no han visitado Mosc&uacute;. Es interesante recordar que, de las 50 guerras no yihadistas que han existido en el mundo desde 1990, en 29 casos, el 58%, durante la guerra hubo encuentros directos entre los l&iacute;deres del Gobierno y de los grupos armados, y de los dos mandatarios si se trataba de conflictos armados interestatales. 
    </p><p class="article-text">
        Este dato subraya que la diplomacia directa suele ser un punto de inflexi&oacute;n, ya que estos contactos permiten destrabar bloqueos que rara vez se resuelven por delegaci&oacute;n, porque concentran la autoridad para tomar decisiones, permiten asumir los costos pol&iacute;ticos y ofrecer garant&iacute;as cre&iacute;bles. No tener un puente a&eacute;reo permanente con Mosc&uacute;, ha sido un enorme error de la diplomacia europea.
    </p><p class="article-text">
        Pongo esta introducci&oacute;n para comentar otro tema que est&aacute; vinculado con todo lo anterior, y es la insistencia de China y Rusia, junto a muchos pa&iacute;ses del sur, de que hay que cambiar las reglas de la geopol&iacute;tica a escala global. Parece claro que estamos a las puertas de un cambio de paradigmas en lo pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, lo social, lo ecol&oacute;gico y lo geopol&iacute;tico, pero con grandes dudas en cuanto a su definici&oacute;n y diagn&oacute;stico, y, por supuesto, la forma de abordar los desaf&iacute;os que suponen estos temas. Lo que es indudable es que existe un serio cuestionamiento sobre c&oacute;mo se ha gestionado hasta ahora la gobernanza en el mundo, muy dominada por Estados Unidos, puesta cada vez m&aacute;s en entredicho por los pa&iacute;ses emergentes, y m&aacute;s despu&eacute;s del segundo mandato de Trump. 
    </p><p class="article-text">
        Entre las manifestaciones de este cambio a la vista, est&aacute; tambi&eacute;n el debate sobre lo que se ha venido a llamar el &ldquo;orden basado en reglas&rdquo;, y el cuestionamiento de las &ldquo;normas&rdquo; dominantes en el sistema global. Existe una enorme paradoja y contradicci&oacute;n en esta cuesti&oacute;n, pues tanto Rusia como China insisten en defender y apoyarse en Naciones Unidas para sus pol&iacute;ticas, pero al mismo tiempo no quieren cumplir ni con su Carta Fundacional, con muchos de sus tratados, y menos con el Pacto de Derechos Civiles y Pol&iacute;ticos, pues va en contra de las autocracias. Curiosamente, Trump se est&aacute; comportando como un aut&oacute;crata de manual, y no disimula su desprecio hacia el sistema de Naciones Unidas, una piedra en sus zapatos. Trump es una eg&oacute;latra antisistema a quien tambi&eacute;n le molestan las reglas existentes, y por eso quiere imponer las suyas. En este contexto, la divisi&oacute;n interna de Europa no ayuda a clarificar el horizonte, y menos para ofrecer una alternativa a este desconcierto global.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre si existen o no unas normas o reglas en la actualidad es en buena parte falso, pues hay multitud de textos y declaraciones que aclaran su contenido, que adem&aacute;s tiene una relaci&oacute;n con los valores que se defienden: inclusi&oacute;n social, democracia, respeto a los derechos humanos y a las libertades b&aacute;sicas, Estado de derecho, soberan&iacute;a, integridad territorial, igualdad de g&eacute;nero, multilateralismo con transparencia y rendici&oacute;n de cuentas, etc. Quienes critican la falta de concreci&oacute;n, como Rusia y China, en realidad lo que pretenden es imponer sus propias normas y reglas, m&aacute;s acorde con sus caracter&iacute;sticas autocr&aacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Esa trampa de sem&aacute;ntica pol&iacute;tica no excluye que el &ldquo;orden&rdquo; imperante sea deseable cambiarlo por otro m&aacute;s equitativo, pero esa eventualidad depender&aacute; no tanto de una lucha encarnizada por los conceptos, aunque sea dial&eacute;ctica, sino a trav&eacute;s de la cooperaci&oacute;n en busca de consensos pr&aacute;cticos en cuestiones concretas, y en este sentido hay que diferenciar los textos, pactos y tratados de la ONU, defendibles, con las reglas del juego de los organismos financieros y comerciales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organizaci&oacute;n Mundial de Comercio, que s&iacute; necesitan correcciones.
    </p><p class="article-text">
        En septiembre, el presidente chino, Xi Jinping, propuso la Iniciativa de Gobernanza Global (GGI), &ldquo;un sistema de gobernanza global m&aacute;s justo y equitativo y avanzar hacia una comunidad con un futuro compartido para la humanidad&rdquo;. Insisti&oacute; en que no deber&iacute;a haber dobles raseros, y que las normas caseras de unos pocos pa&iacute;ses no deb&iacute;an imponerse a otros, por lo que se deber&iacute;a practicar el multilateralismo. 
    </p><p class="article-text">
        Es un mensaje que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada repitiendo constantemente, pero que no practica en cuanto a ponerse firme ante intervenciones externas. Si hubiera querido, habr&iacute;a podido parar la guerra de Ucrania desde el primer d&iacute;a. Puede que hayamos entrado en una era del pensamiento de suma cero, donde unos ganan y otros pierden, todo lo contrario de lo que predica China con su mensaje de &ldquo;ganar-ganar&rdquo;, y de los criterios hasta ahora dominantes de integraci&oacute;n global. Las tendencias actuales apuntan hacia un mayor aumento de la competencia geopol&iacute;tica, un aumento del proteccionismo econ&oacute;mico y la fragmentaci&oacute;n, y un aflojamiento de las estructuras del orden internacional, pero, al mismo tiempo, la necesidad de cooperaci&oacute;n es todav&iacute;a intensa, por lo que no es previsible una revoluci&oacute;n en el orden mundial existente, pero s&iacute; a que se produzcan cambios sustanciales.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, el mundo unipolar surgido en 1990 ya es historia. Estamos ya en una era bipolar, con Estados Unidos y China a la cabeza, aunque tambi&eacute;n en los inicios de un sistema multipolar, donde entrar&iacute;a Rusia e India. Lo cierto es que los l&iacute;deres de los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos no est&aacute;n dando la talla para afrontar los grandes desaf&iacute;os del planeta, empezando por el cambio clim&aacute;tico y terminando por la gesti&oacute;n de los conflictos armados. Tampoco para cambiar el rumbo de muchos problemas en el interior de sus pa&iacute;ses, en un clima muy extendido de desinter&eacute;s y desconfianza hacia la pol&iacute;tica convencional. 
    </p><p class="article-text">
        Eso ha dado alas a los sectores populistas, muy pr&oacute;ximos a las ideolog&iacute;as autocr&aacute;ticas, cuyos l&iacute;deres s&iacute; son conscientes de las debilidades de las democracias liberales, pudiendo presentarse como la alternativa a sus deficiencias, pues ellos no tienen que rendir cuentas a nadie. Tanto Estados Unidos, como China y Rusia, juegan con esa ventaja. Estados Unidos, adem&aacute;s, en la mencionada nueva Estrategia de Seguridad Nacional, desprecia sin tapujos a Europa, donde, en su opini&oacute;n, est&aacute; desapareciendo la civilizaci&oacute;n y se ha perdido la identidad nacional y la confianza en s&iacute; misma. Le falta &ldquo;patriotismo&rdquo; a nivel nacional, argumenta Trump. Mientras, hace pocos d&iacute;as Putin ha vuelto a insistir que hay que &ldquo;moldear un mundo multipolar justo, el orden basado en los principios de igualdad soberana, el respeto a los intereses leg&iacute;timos de los dem&aacute;s y la primac&iacute;a del derecho internacional&rdquo;. El cinismo es la norma discursiva de los mandatarios de las grandes potencias.
    </p><p class="article-text">
        Termino se&ntilde;alando que el &eacute;nfasis que puso la Carta fundacional de la ONU respecto al no uso de la fuerza, continua vigente como la regla principal que ha de presidir las relaciones internacionales. Ver si se cumple o no, ser&aacute; el indicador esencial para evaluar si entramos realmente en un nuevo orden, sea global o regional, pues el viejo ha violado de forma repetida ese principio fundamental. En suma, se tratar&iacute;a de hacer realidad la definici&oacute;n estandarizada de la gobernanza global, entendida como el sistema de gestionar los asuntos globales por medio de instituciones y normas que intenten articular los intereses colectivos del planeta, y con el mayor consenso posible. La lucha y el enfrentamiento es est&eacute;ril para gestionar mejor los problemas del planeta, pero, en cambio, el di&aacute;logo permanente para buscar consensos es lo &uacute;nico que puede proporcionar un resultado fruct&iacute;fero a medio plazo. Si queremos gestionar adecuadamente los problemas globales, no nos queda m&aacute;s remedio de unirnos para cooperar en la b&uacute;squeda de soluciones, y la mentalidad intervencionista y militarista actual, va en contra de ello. Por fortuna, el Gobierno espa&ntilde;ol no practica esta nueva estrategia belicista, y ser&iacute;a deseable que otros pa&iacute;ses europeos siguieran esta estela el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-groenlandia-orden-mundial-general_129_12867035.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 20:53:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump, Groenlandia y el orden mundial en general]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ucrania y Gaza: ¿con quién hay que negociar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ucrania-gaza-hay-negociar_129_12855836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29a35d3b-42b8-40b3-a5ca-5e3d25deb27e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ucrania y Gaza: ¿con quién hay que negociar?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La legitimidad de un interlocutor debe entenderse como una condición mínima e imprescindible para que exista un buen proceso de paz. En toda negociación deben participar, de forma directa y plena, todos los actores primarios del conflicto armado. No basta con reconocer a algunos líderes o a determinadas élites; la paz sostenible requiere la inclusión explícita de las partes que tienen capacidad real de continuar la lucha y de influir en la dinámica del conflicto</p></div><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito de la teor&iacute;a de conflictos, las negociaciones y los procesos de paz, el t&eacute;rmino &laquo;leg&iacute;timo interlocutor&raquo; se refiere a una persona o entidad reconocida y aceptada por todas las partes involucradas como un representante v&aacute;lido y autorizado para participar en el di&aacute;logo o la negociaci&oacute;n. Este reconocimiento es esencial para que las conversaciones sean efectivas y conduzcan a acuerdos sostenibles. Se refiere principalmente a los l&iacute;deres de un Gobierno y de un grupo armado, ya que tienen el poder y la autoridad para comprometer a su grupo con los acuerdos y garantizar su cumplimiento. Negar la legitimidad a ciertos actores puede perpetuar el conflicto, mientras que reconocerlos puede facilitar soluciones integrales y pac&iacute;ficas mediante la negociaci&oacute;n. Este reconocimiento implica aceptar que el grupo tiene una agenda negociable, la capacidad de representar intereses (aunque sea parcialmente) y la voluntad de dialogar. Se trata de un paso pragm&aacute;tico, no &eacute;tico, hacia la b&uacute;squeda de soluciones. Reconocer a un grupo armado como interlocutor es una herramienta, no un fin en s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        La legitimidad de un interlocutor puede derivar de diversos factores, como su representatividad dentro de una comunidad o grupo, su autoridad formal, su capacidad militar, su habilidad para influir en sus seguidores o su reconocimiento por otras entidades relevantes. En los procesos de paz, es com&uacute;n identificar a l&iacute;deres de grupos armados, representantes gubernamentales o figuras de la sociedad civil como interlocutores leg&iacute;timos, siempre que gocen de la aceptaci&oacute;n y la confianza necesarias para negociar en nombre de sus respectivas partes. Contar con interlocutores leg&iacute;timos es fundamental para la credibilidad y la eficacia de las negociaciones. Sin esta legitimidad, los acuerdos alcanzados podr&iacute;an carecer de apoyo y derivar en incumplimiento o en la perpetuaci&oacute;n del conflicto. Por lo tanto, reconocer a la otra parte como un interlocutor leg&iacute;timo es esencial para unas negociaciones eficaces.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante recordar que, de las 50 guerras no yihadistas que han existido entre 1990 y 2025, en 29 casos, el 58%, durante la guerra hubo encuentros directos entre los l&iacute;deres del Gobierno y de los grupos armados, y de los dos mandatarios si se trataba de conflictos armados interestatales. Este dato subraya que la diplomacia directa suele ser un punto de inflexi&oacute;n, ya que estos contactos permiten destrabar bloqueos que rara vez se resuelven por delegaci&oacute;n, porque concentran la autoridad para tomar decisiones, permiten asumir los costos pol&iacute;ticos y ofrecer garant&iacute;as cre&iacute;bles. Adem&aacute;s, crean un canal de comunicaci&oacute;n para reducir malentendidos, calibrar intenciones, pactar gestos de desescalada y acordar &ldquo;paquetes&rdquo; de concesiones con mecanismos de verificaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Al personalizar la negociaci&oacute;n, tambi&eacute;n fortalecen la rendici&oacute;n de cuentas interna (cada l&iacute;der &ldquo;compromete su palabra&rdquo; ante su contraparte) y facilitan vender el acuerdo a sus propias bases, lo que explica que en casi el 60% de los casos estos encuentros hayan contribuido a acercar o cerrar un acuerdo de paz, no como garant&iacute;a autom&aacute;tica, sino como acelerador de confianza, credibilidad y capacidad de decisi&oacute;n. Por desgracia, no ha sido caso de los encuentros de Zelenski y Putin de diciembre de 2019, y de Netanyahu y Abbas en septiembre de 2016.
    </p><p class="article-text">
        En los conflictos de Ucrania y Gaza, la crisis del &laquo;interlocutor leg&iacute;timo&raquo; es, en s&iacute; misma, uno de los principales obst&aacute;culos para la paz. En el caso de Ucrania, la negativa de Rusia a tratar al Gobierno ucraniano y a la propia sociedad ucraniana como sujetos pol&iacute;ticos plenos, y no como meros ap&eacute;ndices de Occidente o como una &ldquo;no naci&oacute;n&rdquo;, erosiona la posibilidad de una negociaci&oacute;n directa y estable. Si Mosc&uacute; solo reconoce como v&aacute;lidos a intermediarios externos, como Estados Unidos, la negociaci&oacute;n se desplaza del terreno de la soberan&iacute;a a uno de tutela, pues se discute sobre Ucrania, pero no realmente con Ucrania. Eso impide que los acuerdos reflejen las necesidades y miedos de la poblaci&oacute;n ucraniana, y alimenta una visi&oacute;n de la guerra como disputa geopol&iacute;tica entre grandes potencias, en lugar de un conflicto donde una comunidad pol&iacute;tica busca garant&iacute;as de seguridad, reconocimiento y supervivencia. Sin un reconocimiento expl&iacute;cito de Ucrania como interlocutor leg&iacute;timo, con agenda propia, capacidad de decisi&oacute;n y derecho a existir, la l&oacute;gica de la guerra se refuerza, pues se ve al otro como objeto a reordenar, no como sujeto con quien pactar.
    </p><p class="article-text">
        En Gaza ocurre algo an&aacute;logo, aunque con din&aacute;micas hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas distintas. Israel tiende a negar la legitimidad de los principales actores pol&iacute;ticos palestinos como interlocutores de pleno derecho, reduci&eacute;ndolos a &ldquo;organizaciones terroristas&rdquo;, debido a Ham&aacute;s, o a administraciones subordinadas, y fragmentando deliberadamente el mapa de actores palestinos. Al no reconocer una contraparte palestina integral, capaz de articular una agenda negociable que incluya territorio, seguridad, derechos y garant&iacute;as, el conflicto se encapsula en operaciones militares peri&oacute;dicas y en gestiones humanitarias, pero sin un horizonte pol&iacute;tico claro. La falta de un interlocutor palestino aceptado por Israel, y a la vez representativo para la sociedad palestina, hace que cualquier acuerdo tienda a ser precario, impuesto desde fuera o respaldado solo parcialmente, con alta probabilidad de ser rechazado o saboteado. En ambos escenarios, la paz se vuelve inalcanzable mientras el adversario no sea visto, al menos pragm&aacute;ticamente, como alguien con quien se puede y se debe hablar. Sin ese reconocimiento m&iacute;nimo, las negociaciones se convierten en ejercicios formales sin ra&iacute;ces en la realidad de las sociedades en conflicto, y los acuerdos, cuando existen, carecen del soporte necesario para sostenerse en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, pues, la legitimidad de un interlocutor debe entenderse como una condici&oacute;n m&iacute;nima e imprescindible para que exista un buen proceso de paz. En toda negociaci&oacute;n deben participar, de forma directa y plena, todos los actores primarios del conflicto armado. No basta con reconocer a algunos l&iacute;deres o a determinadas &eacute;lites; la paz sostenible requiere la inclusi&oacute;n expl&iacute;cita de las partes que tienen capacidad real de continuar la lucha y de influir en la din&aacute;mica del conflicto. Este principio de integralidad debe ir acompa&ntilde;ado de criterios claros de representatividad, responsabilidad y compromiso con el proceso. La exclusi&oacute;n de actores fundamentales, por muy impopulares que sean, compromete la legitimidad y la viabilidad de cualquier acuerdo, facilita su incumplimiento y puede perpetuar la violencia. Por tanto, la construcci&oacute;n de paz exige siempre un marco en el que la negociaci&oacute;n se base en la incorporaci&oacute;n efectiva de todos los actores importantes, para evitar que la negociaci&oacute;n se utilice como una trampa impositiva y dise&ntilde;ada por terceras partes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ucrania-gaza-hay-negociar_129_12855836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2025 21:04:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ucrania y Gaza: ¿con quién hay que negociar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Rusia,Gaza,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palestina y Ucrania, ¿son conflictos intratables o tienen solución?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/palestina-ucrania-son-conflictos-intratables-solucion_129_12830170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65164dcc-3036-4a91-96d1-0253dde88e04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Palestina y Ucrania, ¿son conflictos intratables o tienen solución?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sabemos el coste que ha tenido no haber cumplido con los acuerdos de Minsk para el caso de Ucrania, y, para el caso palestino, no haber dado continuidad a las negociaciones de Oslo, el  Memorando de Sharm el-Sheikh, la hoja de ruta del secretario general de la ONU de 2003, o la Conferencia de Annapolis de 2007</p></div><p class="article-text">
        En los estudios sobre an&aacute;lisis y resoluci&oacute;n de conflictos, se ha usado mucho el t&eacute;rmino de &ldquo;conflictos intratables&rdquo; para caracterizar a aquellos que parecen irresolubles y perduran mucho en el tiempo, a pesar de que a veces se ha intentado negociar. Nunca me ha gustado este t&eacute;rmino, pues parece indicar que hay conflictos que &ldquo;jam&aacute;s&rdquo; tendr&aacute;n soluci&oacute;n, debido a la incompatibilidad de las demandas o exigencias de las partes, y especialmente cuando nadie se mueve de sus posiciones. Prefiero hablar de conflictos de larga duraci&oacute;n, perdurables, prolongados o profundamente arraigados, dejando la puerta abierta a que, si un d&iacute;a cambian algunas circunstancias y se habr&aacute; una ventana de oportunidad, se pueda iniciar una negociaci&oacute;n que tenga posibilidades de encontrar una salida al conflicto, de manera que todos ganen algo y nadie pierda todo, es decir, que no se plantee en t&eacute;rminos de suma-cero. Este a&ntilde;o se ha disuelto el PKK como grupo armado, despu&eacute;s de 41 a&ntilde;os; las FARC tardaron 52 a&ntilde;os en lograr un acuerdo, el MILF de Filipinas 45 y Sud&aacute;frica 35, para poner algunos ejemplos de guerras prolongadas que ya terminaron con un proceso de paz.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n en contextos de conflicto armado se fundamenta precisamente en la necesidad de gestionar intereses incompatibles, reducir la violencia y crear condiciones para una convivencia relativamente estable. En Ucrania, el tema central ser&aacute; el territorio, pues Rusia no se contenta con el Domb&aacute;s, donde en las elecciones presidenciales de 2019 gan&oacute; en candidato prorruso, Yuriy Boyko, sino que tambi&eacute;n quiere quedarse con los territorios m&aacute;s, Zaporiyia y Jers&oacute;n, que ahora controla, pero no votaron a Boyko, sino mayoritariamente a Zelenski. Lo recuerdo, porque este ser&aacute; un tema vital en las negociaciones de los pr&oacute;ximos d&iacute;as. De la misma forma, en Palestina tambi&eacute;n juega un papel importante el control territorial, no solo el de Gaza, sino tambi&eacute;n de Cisjordania, ocupada por colonos muy violentos y en un contexto general de limpieza &eacute;tnica contra los palestinos.
    </p><p class="article-text">
        Ante estas realidades, la pregunta de si existen conflictos armados que aparentemente no tienen soluci&oacute;n invita a examinar, desde una perspectiva anal&iacute;tica, las din&aacute;micas estructurales y su historia, las interacciones estrat&eacute;gicas en un sentido amplio del t&eacute;rmino, y las condiciones de seguridad, vitales para las dos partes, que pueden limitar o bloquear un proceso negociador. Hay conflictos que, por la complejidad de sus causas, la multiplicidad de actores y las din&aacute;micas de poder, presentan, a primera vista, una improbabilidad de soluci&oacute;n estable. Sin embargo, la historia de la negociaci&oacute;n internacional no es homog&eacute;nea, y hay casos que, tras largos procesos, han generado acuerdos parciales o integrales, procesos de implementaci&oacute;n exitosos o transformaciones profundas de las estructuras conflictivas, impensables tiempos atr&aacute;s. Por ello, en lugar de concluir de manera definitiva que un conflicto es insoluble, conviene evaluar si la negativa a soluciones sostenibles nace de limitaciones estructurales o de fricciones del proceso negociador; qu&eacute; condiciones podr&iacute;an ampliar las probabilidades de acuerdo (medidas de confianza, incentivos de desarme, garant&iacute;as de cumplimiento, construcci&oacute;n de legitimidad entre actores, apoyo internacional coordinado, etc.), y qu&eacute; escenarios de salida podr&iacute;an ser realistas. El &eacute;xito de los procesos de paz depende no solo del acuerdo textual, lo que se pueda firmar al final, que puede ser impecable, sino tambi&eacute;n de su posible implementaci&oacute;n y del contexto de seguridad y gobernanza que suelen acompa&ntilde;ar dichos procesos. De nuevo, tanto en Palestina como en Ucrania hubo incumplimientos.
    </p><p class="article-text">
        Los conflictos de larga duraci&oacute;n normalmente se centran en necesidades o valores que son de importancia fundamental para las partes, de ah&iacute; que muchos tengan incorporados elementos vinculados con la identidad y con la interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica de las ra&iacute;ces del conflicto. Este tipo de conflictos impregnan todos los aspectos muy importantes de la vida de las partes enfrentadas, que no ven forma de terminarlo sin destruir por completo a la otra parte. Solo que una de ellas lo vea de esta manera, como Israel y de forma existencial, ya es suficiente para bloquear una salida, pues el motivo dominante es da&ntilde;ar al otro. Las normas culturales que sancionan el uso de la fuerza, hacen que tales conflictos tengan m&aacute;s probabilidades de volverse violentos, como se ha visto en ambos casos. A medida que este tipo de conflictos se intensifican, se centran en la supervivencia, la comunicaci&oacute;n se ve afectada y eventualmente es inexistente, adoptan una actitud de ganar-perder, y luego una actitud de perder-perder, donde el objetivo es infligir tanto da&ntilde;o al otro como sea posible.
    </p><p class="article-text">
        Hay varias dimensiones que son claves para entender este tipo de conflictos: intereses, identidades, narrativas, estructuras, recursos, seguridad y temporalidad, por ejemplo. Los actores pueden perseguir intereses incompatibles o irreconciliables dentro de un marco de distribuci&oacute;n de estatus o reconocimiento, que genera patrones de escalamiento y endurecimiento de posiciones. Las identidades colectivas, memorias hist&oacute;ricas, narrativas de amenaza y legitimaci&oacute;n de la violencia o coerci&oacute;n, dificultan la aceptaci&oacute;n de soluciones. Los desequilibrios de poder, en especial la militar, las estructuras institucionales capturadas, o las reglas de juego que favorecen a un solo actor, pueden impedir soluciones sostenibles. En esta cuesti&oacute;n, la percepci&oacute;n es muy importante, porque influye en la acci&oacute;n. Si se percibe que un conflicto es &ldquo;intratable&rdquo;, es probable que alguno de los contendientes tome medidas extremas y act&uacute;e con suma crueldad. La paradoja es que, actuando de esta manera, es muy probable que esas mismas medidas aumenten la intratabilidad del conflicto. La clave, entonces, no est&aacute; en negar que existen conflictos aparentemente irresolubles, sino en desarrollar una imagen de una posible &ldquo;salida&rdquo;, no necesariamente sustantiva al inicio, pero al menos procesal, esto es, acordando un procedimiento que pueda tener continuidad. El punto de partida, evidentemente, es pensar en un buen plan, y eso han de hacerlo las comunidades afectadas, no terceras partes con intereses propios. En otras palabras, las personas afectadas deben comprender que hay cosas positivas que pueden hacer, incluso mientras est&aacute;n atrapadas en el pantano de un conflicto de larga duraci&oacute;n. Siempre hay acciones positivas que se pueden tomar para transformar el conflicto destructivo a uno constructivo, incluso si no se puede encontrar una soluci&oacute;n completa de forma temprana. En el mundo de las negociaciones, hay que tener mucha paciencia, la misma que la constancia, tambi&eacute;n necesaria.
    </p><p class="article-text">
        En general, la viabilidad de la paz a corto plazo depende de la capacidad de convertir un acuerdo en una transformaci&oacute;n institucional real, respaldada por legitimidad, seguridad y un marco de beneficio compartido para todas las partes afectadas. En los casos de Palestina y Ucrania, en estos momentos parece imposible, pero podr&iacute;a ser diferente si cambiaran las actitudes de Israel y Rusia, y sobre la mesa hubiera planes de paz realistas y ambiciosos a la vez, una combinaci&oacute;n dif&iacute;cil de conseguir. En ambos casos, negociar no significa renunciar a la dignidad ni aceptar la derrota; significa convertir la voluntad de poder en responsabilidad colectiva. Es asumir que la violencia no es una herramienta sostenible para alcanzar fines pol&iacute;ticos, y que la estabilidad durable se construye con instituciones que puedan gestionar diferencias sin recurrir a la violencia. En ese marco, la pregunta ya no es si todas las guerras pueden tener soluci&oacute;n, sino c&oacute;mo dise&ntilde;ar y sostener condiciones para que, cuando las heridas sean reconocidas y reparadas, la violencia pierda atractivo como medio para resolver conflictos. Tomando en cuenta las lecciones aprendidas de muchos procesos de paz y de negociaci&oacute;n en conflictos armados, se puede afirmar que algunas guerras pueden parecer prolongadas o c&iacute;clicas si no se establecen marcos de negociaci&oacute;n directa, realistas, fortalecidas y viables para implementar los acuerdos alcanzados, pues sabemos el coste que ha tenido no haber cumplido con los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015 para el caso de Ucrania, y, para el caso palestino, no haber dado continuidad a las negociaciones de Oslo de 1993 y 1997,el&nbsp;&nbsp;Memorando de Sharm el-Sheikh de septiembre de 1999, la hoja de ruta del secretario general de la ONU de 2003, o la Conferencia de Annapolis de 2007, para poner algunos ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Por la experiencia, pues, sabemos que existen rutas para reducir la violencia y construir condiciones duraderas de convivencia a trav&eacute;s de negociaciones, pero siempre bajo ciertas premisas, como identificar metodolog&iacute;as claras, evitar ambig&uuml;edades, contar con mediadores imparciales, garantizar la participaci&oacute;n de todos los interlocutores, abordar las causas profundas del conflicto, dise&ntilde;ar secuencias l&oacute;gicas y verificables, respetar la dignidad de todas las partes, implementar programas de desarme y desmilitarizaci&oacute;n de forma efectiva, eliminar los incentivos para continuar la guerra, reforzar los incentivos para negociar, y asegurar la verificaci&oacute;n del cumplimiento de lo que se acuerde. El d&iacute;a en que todas las partes (Israel, Palestina, Rusia y Ucrania) est&eacute;n de acuerdo con estos principios, las dos guerras dejar&aacute;n de ser &ldquo;intratables&rdquo; y podr&aacute;n entrar en una senda de esperanza
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/palestina-ucrania-son-conflictos-intratables-solucion_129_12830170.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Dec 2025 20:49:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Palestina y Ucrania, ¿son conflictos intratables o tienen solución?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Ucrania,Paz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, ¿el CEO de Gaza? Propuestas para una gobernanza palestina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-ceo-gaza-propuestas-gobernanza-palestina_129_12777289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92373cb1-240f-4bf4-8715-a5e39ef5b71d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, ¿el CEO de Gaza? Propuestas para una gobernanza palestina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si en el próximo año la técnica y logística electoral lo permiten, se podrían celebrar las esperadas elecciones para la presidencia y el parlamento palestino (CLP), con candidaturas plurales convencidas de que hay que realizar cambios, acabar con la corrupción, gobernar para toda la población palestina y garantizar la seguridad (incluida la de Israel)</p></div><p class="article-text">
        El Consejo de Seguridad de la ONU, con la abstenci&oacute;n de Rusia y China, ha dado el visto bueno al plan de paz de Trump para Palestina, no solo de Gaza. Desde estas p&aacute;ginas, varios analistas ya hemos advertido de sus deficiencias, y en mi opini&oacute;n este plan est&aacute; condenado al fracaso. Lo veremos en los pr&oacute;ximos meses, pues no cumple varios requisitos para un buen plan de paz, como evitar las ambig&uuml;edades, tener una mediaci&oacute;n adecuada, que est&eacute;n en la mesa todos los actores para que no sean spoilers, abordar los temas de fondo, tener una secuencia con sentido com&uacute;n y realista, dar garant&iacute;as, dise&ntilde;ar un buen proceso de desarme, acabar con los incentivos para que vuelva a continuar la guerra, y tener una buena verificaci&oacute;n sobre el cumplimiento de los acuerdos. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ha dado tambi&eacute;n su aprobaci&oacute;n, aumentando aun m&aacute;s su desprestigio entre los palestinos. Si a muy corto plazo no hay un real cambio en la gobernanza de los palestinos, en plan tendr&aacute; a sus te&oacute;ricos beneficiarios como un estorbo. Para evitar que eso ocurra, creo que se podr&iacute;an hacer nuevas propuestas, y aqu&iacute; avanzo una.
    </p><p class="article-text">
        Ham&aacute;s ha manifestado que, si se mantiene el alto al fuego de forma estable y verificable, est&aacute; listo para entregar la administraci&oacute;n de la Franja de Gaza &ldquo;a un comit&eacute; palestino temporal formado por tecn&oacute;cratas independientes&rdquo;, pero tambi&eacute;n ha dicho que no se desarmar&aacute; mientras haya tropas de Israel en el territorio y solo lo har&iacute;a ante unas nuevas autoridades palestinas. Ya veremos c&oacute;mo se gestiona este punto tan delicado, y m&aacute;s conociendo el resultado de una encuesta de finales de octubre en la que el 55% de los palestinos de Gaza ha manifestado que se opone a su desarme.
    </p><p class="article-text">
        De momento, el presidente Abbas ha emitido un decreto para celebrar nuevas elecciones al Consejo Nacional Palestino (CNP) antes de finalizar el a&ntilde;o. El CNP no es el parlamento de la ANP, sino el parlamento de la Organizaci&oacute;n para la Liberaci&oacute;n de Palestina (OLP), creado en 1964, mucho antes de la ANP, con 350 miembros. Desde 2022, su direcci&oacute;n tambi&eacute;n corre a cargo de Mahmud Abbas, quien ha afirmado que se celebrar&aacute;n elecciones generales (presidenciales y legislativas) dentro de un a&ntilde;o tras el fin de la guerra en Gaza, aunque no est&aacute; clara la interpretaci&oacute;n de cu&aacute;ndo se ha terminado la guerra. La CNP, en cualquier caso, podr&iacute;a exigir al presidente Abbas acelerar el ritmo de los cambios, para celebrar lo antes posible las elecciones presidencias y legislativas, reactivando de este modo el Consejo Legislativo Palestino (CLP), y volviendo a poner en marcha con anterioridad la Comisi&oacute;n Electoral Central Palestina (CEC), con representaci&oacute;n paritaria de Gaza y Cisjordania.
    </p><p class="article-text">
         &iquest;Es eso posible, en un contexto tan complicado como el Gaza? Si en el pr&oacute;ximo a&ntilde;o la t&eacute;cnica y log&iacute;stica electoral lo permiten, se podr&iacute;an celebrar las esperadas elecciones para la presidencia y el parlamento palestino (CLP), con candidaturas plurales convencidas de que hay que realizar cambios, acabar con la corrupci&oacute;n, gobernar para toda la poblaci&oacute;n palestina y garantizar la seguridad (incluida la de Israel). Este nuevo Gobierno, con un liderazgo representativo y menos personalista, ser&iacute;a el encargado de nombrar una delegaci&oacute;n robusta y descentralizada para Gaza, que no estar&iacute;a bajo la tutela del presidente estadounidense, sino de la nueva Autoridad Nacional Palestina (ANP). Sus prioridades ser&iacute;an un programa de reconstrucci&oacute;n, reconciliaci&oacute;n y reforma institucional.
    </p><p class="article-text">
        A nivel log&iacute;stico, en primer lugar, habr&iacute;a que actualizar el registro electoral de Gaza, y quiz&aacute;s ACNUR podr&iacute;a colaborar en ello, junto a la Comisi&oacute;n Electoral Central Palestina. ACNUR no es &ldquo;la autoridad electoral&rdquo;, pero s&iacute; es uno de los pocos organismos de la ONU con experiencia directa en convertir listados de refugiados y desplazados en padrones electorales v&aacute;lidos en contextos postconflicto. En la pr&aacute;ctica, quien tiene la base de datos poblacional m&aacute;s exhaustiva de Gaza es la UNWRA, pero para participar deber&aacute; superar las acusaciones de Israel de que ha sido refugio de combatientes de Ham&aacute;s, concretamente de 12 personas. Hay que tener en cuenta que este organismo de la ONU contaba con un equipo de 13.000 personas en Gaza, por lo que alguna posible infiltraci&oacute;n, que adem&aacute;s ha investigado, no puede desmerecer la extraordinaria e insustituible labor que ha desempe&ntilde;ado durante tantos a&ntilde;os en la Franja, en Cisjordania y en los campos de refugiados palestinos en los pa&iacute;ses vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Para celebrar estas elecciones se podr&iacute;a contar con el Departamento de Asuntos Pol&iacute;ticos y de Consolidaci&oacute;n de la Paz de Naciones Unidas (DPACP), que tiene una Divisi&oacute;n de Asistencia Electoral capacitada para contextos como el de Gaza, y despliega equipos de apoyo t&eacute;cnico al censo, registro de votantes, log&iacute;stica, arreglos para voto adelantado de personas desplazadas, capacitar al personal electoral local, etc. El DPACP, que tambi&eacute;n podr&iacute;a dedicarse a la observaci&oacute;n y verificaci&oacute;n de los resultados, junto a otros organismos (UE, Liga &Aacute;rabe, Centro Carter, etc.), podr&iacute;a contar igualmente con la colaboraci&oacute;n del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que tiene presencia en Palestina y que suele establecer proyectos electorales integrados ONU-Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto que habr&iacute;a que consensuar, no obstante, es si Ham&aacute;s, aunque no pueda participar en las elecciones, podr&iacute;a desempe&ntilde;ar sus funciones policiales durante su celebraci&oacute;n, manteniendo una total neutralidad, siempre que no se haya creado antes un cuerpo policial, lo cual requerir&aacute; de m&aacute;s tiempo. Para ello, Ham&aacute;s deber&iacute;a haber entregado a una comisi&oacute;n internacional sus armas pesadas, aspecto que acaba de confirmar recientemente. Una formaci&oacute;n policial suele durar seis meses como m&iacute;nimo, aunque en Sud&aacute;n del Sur, Liberia, Afganist&aacute;n o Hait&iacute;, con apoyo de la ONU o la UE, se han hecho cursos de ocho a 12 semanas para desplegar r&aacute;pidamente polic&iacute;as locales. Antes de la guerra, en Gaza hab&iacute;a 8.000 polic&iacute;as, una tasa superior a la media mundial. Ya que en Cisjordania la Autoridad Nacional Palestina dispone de un ingente n&uacute;mero de polic&iacute;as -17.000-, podr&iacute;a encargarse, junto a otros dos pa&iacute;ses, quiz&aacute;s Egipto y Jordania, de la formaci&oacute;n del nuevo cuerpo policial para Gaza, en el que podr&iacute;an participar personas que antes ya estaban en el cuerpo. De hecho, este cuerpo policial podr&iacute;a sustituir a la Fuerza Internacional de Estabilizaci&oacute;n mencionada.
    </p><p class="article-text">
        Otro aspecto a considerar ser&iacute;a c&oacute;mo realizar una campa&ntilde;a electoral en la situaci&oacute;n de Gaza, con tanta destrucci&oacute;n, sin medios de comunicaci&oacute;n y separada de Cisjordania. En este sentido, recuerdo que el punto 7 del plan de Trump hablaba de que, una vez iniciado el alto al fuego, liberar rehenes y presos (hechas ya ambas cosas) y conceder una amnist&iacute;a a los miembros de Ham&aacute;s (cuesti&oacute;n todav&iacute;a pendiente), se empezar&iacute;a a rehabilitar las infraestructuras (agua, electricidad, alcantarillado, hospitales, panader&iacute;as), retirar escombros y abrir carreteras. Esto puede incluir habilitar instalaciones para votar (carpas, escuelas, hospitales, iglesias, mezquitas, etc.), aunque sean temporales, habilitar radios comunitarias, plataformas digitales, y espacios seguros de reuni&oacute;n, adem&aacute;s de generadores y redes satelitales para transmisi&oacute;n segura de datos electorales. Los materiales electorales (urnas, papeletas, etc.), podr&iacute;an ser suministradas por la ONU. Como es obvio, se necesitar&aacute; la financiaci&oacute;n de las elecciones, aspecto en que con toda seguridad habr&aacute; muchos pa&iacute;ses que puedan ayudar a crear un fondo fiduciario para este fin. El Banco Mundial ya ha dicho que est&aacute; dispuesto a colaborar.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, Israel deber&iacute;a completar el proceso de amnist&iacute;a, retirar totalmente sus fuerzas militares de toda Palestina, y empezar con un nuevo proceso de di&aacute;logo global con las nuevas autoridades palestinas que surjan de las elecciones, un nuevo proceso a manera de Oslo III. En este sentido, la propuesta que presento aqu&iacute; es solamente una &ldquo;hoja de ruta&rdquo;, no un plan detallado, y no tiene m&aacute;s valor que a&ntilde;adir ideas a las que ya se est&aacute;n proponiendo desde diferentes espacios, pues la decisi&oacute;n final de su futuro pol&iacute;tico e institucional, es una tarea que solo deber&iacute;a decidir la poblaci&oacute;n palestina, no Estados Unidos, con Trump ejerciendo de CEO de Gaza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-ceo-gaza-propuestas-gobernanza-palestina_129_12777289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Nov 2025 20:54:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump, ¿el CEO de Gaza? Propuestas para una gobernanza palestina]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Sáhara fue traicionado en 2000, no en 2025]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sahara-traicionado-2000-no-2025_129_12754429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b6ab5fd-47fc-4452-8752-0bcb53f8c9b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Sáhara fue traicionado en 2000, no en 2025"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del 2000, el Consejo de Seguridad apostó por buscar una solución negociada y aceptada por las dos partes, Marruecos y el Frente Polisario, cuando estos dos actores siempre han mantenido posiciones incompatibles e inamovibles</p><p class="subtitle">Opinión - Sáhara: ecos de una ocupación ilegal</p></div><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n del Consejo de Seguridad del pasado d&iacute;a 31, eliminando en la resoluci&oacute;n sobre el S&aacute;hara Occidental el derecho a la libre autodeterminaci&oacute;n del pueblo saharaui, y, en su lugar, &ldquo;dirigir las negociaciones basadas en la propuesta marroqu&iacute; de autonom&iacute;a (de 2007) como v&iacute;a hacia una posible soluci&oacute;n pol&iacute;tica justa, duradera y mutuamente aceptable&rdquo;, sorprendi&oacute; a medio mundo por su imposici&oacute;n, cuando el S&aacute;hara todav&iacute;a est&aacute; en la lista de Naciones Unidas de territorios no aut&oacute;nomos para descolonizar, por lo que le ampara multitud de resoluciones de la Asamblea General relativas al derecho de estos territorios a ser consultados sobre su futuro, con la opci&oacute;n de escoger la independencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha ocurrido ahora es la culminaci&oacute;n de un proceso que, en realidad, empez&oacute; en el a&ntilde;o 2000, cuando la resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad sobre el S&aacute;hara del mes de mayo a&ntilde;adi&oacute; la palabra &ldquo;convenida&rdquo; a la de &ldquo;lograr una soluci&oacute;n, pronta y duradera&rdquo;, y que, en la resoluci&oacute;n de finales del a&ntilde;o siguiente, desapareciera para siempre jam&aacute;s el t&eacute;rmino &ldquo;refer&eacute;ndum&rdquo;, siendo substituido ese principio por el de &ldquo;convenir en una soluci&oacute;n pol&iacute;tica que sea mutuamente aceptable&rdquo; (2001), &ldquo;realista&rdquo; (2018), y con &ldquo;avenencia&rdquo; (2022). En otras palabras, a partir del 2000, el Consejo de Seguridad apost&oacute; por buscar una soluci&oacute;n negociada y aceptada por las dos partes, Marruecos y el Frente Polisario, cuando estos dos actores siempre han mantenido posiciones incompatibles e inamovibles, la autonom&iacute;a en el caso de Marruecos, y el refer&eacute;ndum con la opci&oacute;n de la independencia por parte del Frente Polisario.
    </p><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, el tema del S&aacute;hara ha sido el de una traici&oacute;n y un enga&ntilde;o, pues muchos sab&iacute;amos perfectamente que nunca habr&iacute;a un refer&eacute;ndum de autodeterminaci&oacute;n, primero por la decisi&oacute;n de varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad, dispuestos a bloquear cualquier planteamiento de independencia, pero tambi&eacute;n por la habilidad de Marruecos en ganar adeptos a su tesis y restar apoyos diplom&aacute;ticos a los saharauis, y por el impacto demogr&aacute;fico de la colonizaci&oacute;n, de tal forma que el tiempo corr&iacute;a a favor de Marruecos. Durante estos a&ntilde;os hemos vivido en un autoenga&ntilde;o diplom&aacute;tico, pues la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, como Espa&ntilde;a, se han amparado en decir que apoyaban las gestiones de Naciones Unidas para buscar una soluci&oacute;n, dando respaldo a las resoluciones del Consejo de Seguridad, entrando todos en una enorme contradicci&oacute;n sem&aacute;ntica y pol&iacute;tica, pues no se puede afirmar, a la vez, que el pueblo saharaui ten&iacute;a el derecho a la libre autodeterminaci&oacute;n, y, al mismo tiempo, decir que Marruecos y el Frente Polisario hab&iacute;an de convenir una soluci&oacute;n mutuamente aceptable, lo que descartaba la posibilidad del refer&eacute;ndum con la opci&oacute;n de la independencia. Ha sido muy c&oacute;modo no hacer nada apoy&aacute;ndose en esta contradicci&oacute;n, a sabiendas de que no conducir&iacute;a a ninguna parte, excepto mantener &ldquo;sine die&rdquo; la situaci&oacute;n, totalmente desfavorable a los saharauis.
    </p><p class="article-text">
        Voy a contar algunas experiencias personales, ahora no publicitadas, para mostrar c&oacute;mo ya a principios del siglo se hab&iacute;a decidido el futuro del S&aacute;hara. Cuando en el a&ntilde;o 2000 apareci&oacute; la palabra antes mencionada de &ldquo;convenida&rdquo;, que seg&uacute;n la RAE significa &ldquo;ponerse de acuerdo dos o m&aacute;s personas en algo&rdquo;, y acostumbrado al lenguaje del Consejo de Seguridad, me di cuenta de que algo serio iba a cambiar respecto a la posici&oacute;n de Naciones Unidas, por lo que en diciembre fui a los campamentos de Tindouf para comentar mi preocupaci&oacute;n al primer ministro de la RASD y al ministro de Exteriores saharaui, con quien mantuve una largu&iacute;sima e interesante conversaci&oacute;n. En aquel momento, hac&iacute;a pocos meses que se hab&iacute;an terminado unas rondas negociadoras, que no se retomar&iacute;an hasta junio de 2007, y el ministro de Exteriores saharaui todav&iacute;a confiaba en las gestiones que pudiera hacer el enviado personal del secretario general de la ONU, James Baker, y contar con el apoyo de Estados Unidos. Tambi&eacute;n me dijo que estaban dispuestos a tener la paciencia de los pa&iacute;ses b&aacute;lticos, que estuvieron ocupados por la URSS durante 51 a&ntilde;os. En aquel a&ntilde;o 2000, en opini&oacute;n de James Baker, ninguna de las partes hab&iacute;a mostrado estar dispuesta a abandonar la idea de que el ganador se lo llevar&iacute;a todo ni a examinar ninguna soluci&oacute;n pol&iacute;tica que les permitiera obtener parte de lo que deseaban. Despu&eacute;s de pedir nuevamente a las partes que presentaran propuestas concretas para salvar sus diferencias, y de que una vez m&aacute;s no se recibiera ninguna propuesta, Baker manifest&oacute; que las tres reuniones de 2000, en lugar de contribuir a alcanzar progresos, hab&iacute;a intensificado las diferencias entre las partes.
    </p><p class="article-text">
        De regreso a Espa&ntilde;a, organic&eacute; un almuerzo en Madrid con cinco embajadas europeas, para ver su disposici&oacute;n sobre el futuro del S&aacute;hara. La representante de Francia no se mordi&oacute; la lengua y manifest&oacute; que a su pa&iacute;s le interesaba por encima de todo mantener unas privilegiadas relaciones con Marruecos, y que si el precio era que desaparecieran los saharauis como pueblo, no importaba, pues era una &ldquo;causa peque&ntilde;a&rdquo;. En otras palabras, el pueblo saharaui podr&iacute;a desaparecer y no pasar&iacute;a nada. Sent&iacute; una enorme tristeza y verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        Como he explicado al inicio, en noviembre de 2001, en la resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad sobre el S&aacute;hara, desapareci&oacute; la palabra &ldquo;refer&eacute;ndum&rdquo;, y as&iacute; ha sido siempre a partir de aquella fecha. La suerte estaba echada, y el futuro del S&aacute;hara, tambi&eacute;n. A principios de 2002, James Baker plante&oacute; por primera vez la posibilidad de partir el S&aacute;hara. Era una de cuatro opciones que se&ntilde;al&oacute; en su informe anual. Al Frente Polisario le interes&oacute; tantear esta opci&oacute;n a trav&eacute;s de una tercera persona, quien escribe, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo publicado en un peri&oacute;dico de alcance internacional, para ver las reacciones. <em>Le Monde</em> se hizo eco y gust&oacute; al Gobierno argelino. Se hizo a trav&eacute;s de un intermediario, pues al Frente Polisario, como es l&oacute;gico, no le interesaba poner esta opci&oacute;n en una negociaci&oacute;n con Marruecos, pues ser&iacute;a rebajar sus expectativas. Pero el mismo hecho de considerar esta posibilidad, quer&iacute;a decir que quer&iacute;an curarse en salud, aunque no fuera p&uacute;blica la consideraci&oacute;n. Poco despu&eacute;s, el mayo de 2002, en una nueva reuni&oacute;n con el negociador del Polisario, este me manifest&oacute; el profundo desenga&ntilde;o con Naciones Unidas (les advert&iacute; expresamente de ello un a&ntilde;o y medio antes, al ir a los campamentos), y su frustraci&oacute;n porque Timor s&iacute; pod&iacute;a hacer acceder a la independencia y ellos no.
    </p><p class="article-text">
        Al a&ntilde;o siguiente, en 2003, organizamos en un hotel de Barcelona un encuentro secreto con los negociadores del Polisario, dos enviados del Gobierno marroqu&iacute;, representantes de Naciones Unidas (Departamento de Asuntos Pol&iacute;ticos), Uni&oacute;n Africana, Uni&oacute;n Europea, Parlamento Europeo y seis canciller&iacute;as europeas, junto a unos expertos en lo que llamamos &ldquo;arquitecturas pol&iacute;ticas intermedias&rdquo;, y con el prop&oacute;sito de poner sobre la mesa varias alternativas para solucionar el conflicto, sin descartar ninguna opci&oacute;n. Nunca tanta gente de tan alto nivel se hab&iacute;a reunido para dialogar sobre el conflicto con las partes en liza. En aquellos dos d&iacute;as, y por conversaciones que tuve con muchos diplom&aacute;ticos, casi todos daban por hecho que nunca habr&iacute;a un refer&eacute;ndum. Esto es lo que me manifestaban. Una semana despu&eacute;s, fui a Bruselas para entrevistarme con el alto Representante de la Uni&oacute;n Europea para la Pol&iacute;tica Exterior, Javier Solana. En aquella reuni&oacute;n, Solana accedi&oacute; a reunirse de forma discreta con miembros del Gobierno de la RASD, pues as&iacute; me lo hab&iacute;a pedido el negociador del Polisario, y no ocult&oacute; su absoluta desconfianza con lo que pasaba en Marruecos, cuyo rey estaba m&aacute;s preocupado por sus vacaciones que por la pol&iacute;tica, y dando muestras de desprecio a las diplomacias internacionales, incluida de la de UE.
    </p><p class="article-text">
        En 2007, el rey de Marruecos hizo una propuesta de autonom&iacute;a, que siempre ha sido objeto de inquietud y debate entre los analistas del conflicto del S&aacute;hara. A pesar del profundo recelo del Polisario hacia cualquier propuesta enga&ntilde;osa del Gobierno marroqu&iacute;, en aquel momento, 33 a&ntilde;os despu&eacute;s de la ocupaci&oacute;n y de vivir en el desierto argelino, exist&iacute;a la posibilidad de darle la vuelta a un presunto fraude, a trav&eacute;s de una estrategia de aceptar el guante como punto de partida hacia futuribles m&aacute;s ambiciosos, y mediante un enorme apoyo internacional, en particular mediante la presencia de Naciones Unidas como garante, para blindar y hacer cumplir a rajatabla lo prometido. La estrategia saharaui del &ldquo;todo o nada&rdquo; impidi&oacute; siquiera tantear esta estrategia, a pesar de que me consta personalmente que entonces hab&iacute;a una disposici&oacute;n de la alta diplomacia internacional para buscar una salida provisional a trav&eacute;s de la propuesta marroqu&iacute;. Ser&iacute;a un primer paso para ver despu&eacute;s si se podr&iacute;a ir m&aacute;s lejos. Ahora, este apoyo ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        Cuento esas experiencias, aunque hay m&aacute;s, para explicar que ha habido varios intentos de estudiar opciones, aunque nunca sin demasiada convicci&oacute;n por las dos partes. Ahora ya sabemos que nunca se celebrar&aacute; el refer&eacute;ndum, aunque los saharauis tengan ese derecho, porque la geopol&iacute;tica se ha impuesto a la doctrina de Naciones Unidas. Solo queda, pues, una v&iacute;a posible, que es la de negociar una autonom&iacute;a robusta y reforzada, donde el pueblo saharaui tenga voz y voto, pero me temo que el rey de Marruecos ya no tiene siquiera la disposici&oacute;n de 2007. Cree que ha ganado la partida, har&aacute; lo imposible para que la Asamblea General de la ONU saque al S&aacute;hara de la lista de territorios a descolonizar (puede conseguirlo), y descafeinar cualquier propuesta de autonom&iacute;a. Aunque ahora se rechace, el tiempo dir&aacute; si un borrador de propuesta para una autonom&iacute;a robusta que ya circula en estos momentos es una opci&oacute;n viable para una negociaci&oacute;n, pues, por muy injusto que sea, la alternativa es la de permanecer de por vida en el desierto, y este pueblo se merece algo mejor y todav&iacute;a le ampara el derecho.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/sahara-traicionado-2000-no-2025_129_12754429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Nov 2025 20:31:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Sáhara fue traicionado en 2000, no en 2025]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sáhara,ONU - Organización de las Naciones Unidas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaza: Manual para destrozar un alto al fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gaza-manual-destrozar-alto-fuego_129_12713233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/167518e3-848d-4eef-8488-44d5a79079c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gaza: Manual para destrozar un alto al fuego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con la última ocurrencia de los asesores de Trump, al proponer dividir Gaza en dos partes, con policías de Israel en el norte y de Hamas en el sur, los enfrentamientos estarían asegurados. Es mejor reconocer que se ha empezado mal y que se necesitan nuevas propuestas</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es que el alto al fuego en Gaza es tan inestable? &iquest;Es inevitable? &iquest;Por qu&eacute; Ham&aacute;s, tras recibir permiso de Trump para actuar temporalmente como polic&iacute;a en Gaza, est&aacute; librando una batalla contra unas milicias que intentan controlar los campos de desplazados? &iquest;En qu&eacute; medida el no-desarme de Hamas est&aacute; condicionando la entrada de la ayuda humanitaria? &iquest;C&oacute;mo plantear el tema de que se necesita una polic&iacute;a que ponga orden en un contexto tan complicado como Gaza, donde la mayor parte de su poblaci&oacute;n vive en campos de desplazados?
    </p><p class="article-text">
        Estas son algunas de las preguntas que surgen cuando se lanza un plan de paz como el de Trump, sin haberlo discutido y concertado previamente con todas las partes afectadas, y por tratarse, no de un proyecto de acuerdo de paz, sino simplemente una &ldquo;hoja de ruta&rdquo;, que es algo muy diferente. Las hojas de ruta son esquemas simples, en forma de gr&aacute;ficos secuenciales y que se pueden redactar en muy pocas p&aacute;ginas, que permiten a las personas que han de empezar una negociaci&oacute;n, visualizar los grandes ejes de lo que ser&aacute; despu&eacute;s, ya de forma mucho m&aacute;s elaborada, la &ldquo;agenda&rdquo; de la negociaci&oacute;n, que siempre conviene que sea muy detallada y tenga un lenguaje clarificador, no sujeto a diversas interpretaciones. Las hojas de ruta las pueden presentar una de las partes del conflicto, el pa&iacute;s u organismo mediador, o incluso entidades acad&eacute;micas especializadas en ello. Yo mismo he realizado varias, pero para que luego las partes decidan si les interesan total o parcialmente, o desecharlas por completo. Repito que no es una propuesta de acuerdo, sino &uacute;nicamente una invitaci&oacute;n a pensar el tipo y el orden de las actuaciones que luego tendr&aacute;n que desarrollarse en la mesa de negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque existen acuerdos de paz breves en cuanto a su extensi&oacute;n, otros acaban siendo muy detallados. El de las FARC, de 2016, ten&iacute;a 310 p&aacute;ginas; el de Sud&aacute;n de 2005, 241 p&aacute;ginas, y los Acuerdos de Dayton para Bosnia, el acuerdo conten&iacute;a 11 anexos. Esto incluye, por supuesto, precisar lo que significa un alto al fuego, si va condicionado o no a otros aspectos y los mecanismos para verificarlo. T&eacute;ngase en cuenta que, en los acuerdos de paz de los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os, en la mayor&iacute;a ha existido un alto al fuego inicial, pero que, en muchos de estos casos, se violan con mucha frecuencia. Seg&uacute;n diversos estudios, una gran mayor&iacute;a de los acuerdos de cese al fuego sufren violaciones dentro del primer a&ntilde;o, entre el 70 y 80% de los acuerdos con &ldquo;cese de hostilidades&rdquo;. Es, por tanto, un asunto muy delicado y que hay que tratar de mantenerlo cueste lo que cueste, pues de lo contrario se genera un enorme sufrimiento en la poblaci&oacute;n civil, y m&aacute;s si de ello depende la llegada de la ayuda humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Veamos otro punto. Las personas que tienen experiencia en gestionar campos de refugiados, saben muy bien que a menudo en dichos campos operan milicias y grupos armados que intentan controlar todo lo que pasa, incluida la distribuci&oacute;n de la ayuda humanitaria, y que buscan tambi&eacute;n tener el control pol&iacute;tico de dichos campos. Viv&iacute; personalmente este tipo de experiencia en Ruanda, poco despu&eacute;s del genocidio de 1994, visitando los campos de refugiados al norte de Goma, ya en el Zaire, la actual Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, donde las milicias Interahamwe que hab&iacute;an protagonizado las matanzas en el interior de Ruanda, controlaban dichos campos de refugiados y mataban impunemente a cualquier tutsi que encontrasen y a hutus contrarios al genocidio. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, ya en este siglo, el Estado congole&ntilde;o us&oacute; milicias como subcontratistas para controlar los campos de desplazados en Kivu, a menudo para aparentar soberan&iacute;a sin desplegar tropas oficiales. En Siria, el r&eacute;gimen de Bashar al-Assad activ&oacute; y copt&oacute; milicias locales para retomar el control territorial y controlar poblaciones desplazadas. Esas milicias ayudaron a fragmentar la oposici&oacute;n, al mismo tiempo que se dedicaban a sabotear un alto al fuego. Pongo estos ejemplos, pero la lista es larga, pues podr&iacute;amos a&ntilde;adir, por ejemplo, los casos de Sud&aacute;n del Sur o los rohingya de Myanmar, donde la militarizaci&oacute;n de los campos de refugiados sirvi&oacute; para una estrategia de limpieza &eacute;tnica sostenida. Lo que ocurre en estos momentos en Gaza no es nuevo, pues se trata de la presencia deliberada de &ldquo;spoilers&rdquo;, especialistas en boicotear un alto al fuego o un incipiente proceso de paz.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas noticias publicadas en prensa que ya informaban, a principios de junio, que Netanyahu hab&iacute;a confirmado que Israel estaba trabajando en Gaza para contrarrestar a Hamas, y que lo hac&iacute;a a trav&eacute;s de milicias y clanes armados, las llamadas Fuerzas Populares, tambi&eacute;n conocidas como Servicio Antiterrorista, que es un grupo que ha estado activo desde el comienzo de la ofensiva de Rafah, en mayo de 2024, y que ahora se disputa el terreno en el sur de Gaza, enfrent&aacute;ndose a Hamas, dando pie a que Israel argumente que no se cumple al alto al fuego, y corte la entrada de la ayuda humanitaria. De nuevo, se utiliza el hambre como arma de guerra. Como puede verse, en numerosos conflictos los gobiernos han utilizado milicias financiadas como &ldquo;spoilers&rdquo;, es decir, para controlar a las poblaciones desplazadas, manipular la ayuda internacional y mantener un aparato de vigilancia extralegal. De esta manera, el control de los campos de personas refugiadas o desplazadas no es un asunto meramente humanitario, sino tambi&eacute;n una estrategia pol&iacute;tica de contrainsurgencia y represi&oacute;n preventiva, en la que el Estado delega en milicias la coerci&oacute;n que no puede o se atreve a ejercer abiertamente ante la comunidad internacional. En Gaza, si no se encuentra una soluci&oacute;n de inmediato a este problema, concretamente si Hamas puede o no actuar como polic&iacute;a temporal, todo saltar&aacute; por los aires. Sabemos, adem&aacute;s, que Hamas no entregar&aacute; sus armas mientras no exista un Gobierno palestino escogido por su poblaci&oacute;n, aspecto que est&aacute; por negociar c&oacute;mo se podr&iacute;a realizar.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a la creaci&oacute;n de una polic&iacute;a para Gaza en un futuro, ya prescindiendo de Hamas, existen varios precedentes en que la comunidad internacional, concretamente la ONU, intervino en el &aacute;mbito de la seguridad p&uacute;blica y la polic&iacute;a de un pa&iacute;s, porque las instituciones locales estaban colapsadas o no funcionaban, en parte debido al conflicto. As&iacute; ocurri&oacute; en Kosovo, Bosnia, Timor o Camboya, pero en todos los casos fue a instancias del Consejo de Seguridad y la creaci&oacute;n de una operaci&oacute;n de paz liderada por la ONU, un organismo que tanto Israel como Estados Unidos desprecian, por lo que ser&aacute; dif&iacute;cil hacer algo similar en Gaza. Es m&aacute;s probable que se pongan de acuerdo tres o cuatro pa&iacute;ses &aacute;rabes para realizar esta misi&oacute;n temporal, pues es de vital importancia que este cuerpo policial hable el mismo idioma que los gazat&iacute;es. &iquest;Aceptar&iacute;a Hamas esta alternativa policial? Es dif&iacute;cil saberlo ahora, con tanta incertidumbre respecto al conjunto de cuestiones que afectan a toda Palestina, pues no olvidemos que hay sectores del Gobierno israel&iacute; que quieren anexionarse Cisjordania, echando m&aacute;s le&ntilde;a al fuego. Lo que es una idea peregrina, es la &uacute;ltima ocurrencia de los asesores de Trump, al proponer dividir Gaza en dos partes, con polic&iacute;as de Israel en el norte y de Hamas en el sur. Los enfrentamientos estar&iacute;an asegurados, y solo por pensar en este tipo de cosas tan absurdas, nos da una pista de la imposibilidad de llevar a cabo el resto del plan de paz de Trump, muy mal dise&ntilde;ado. Es mejor reconocer que se ha empezado mal y que se necesitan nuevas propuestas de paz, aunque moleste al presidente de Estados Unidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/gaza-manual-destrozar-alto-fuego_129_12713233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 20:30:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gaza: Manual para destrozar un alto al fuego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Donald Trump,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A veces, las guerras se pierden. Reflexiones sobre Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/veces-guerras-pierden-reflexiones-ucrania_129_12695302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/972890d5-fdb0-4bb8-817f-d1cee439cb42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A veces, las guerras se pierden. Reflexiones sobre Ucrania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando Trump y Putin se reúnan en Hungría, veremos si realmente comparten ya el mismo plan, una “paz impuesta” que, aunque seguro utilizarán el concepto de “paz justa y duradera”, no tendrá nada de justa, aunque es posible que no quede otra opción</p></div><p class="article-text">
        Desde que Trump asumi&oacute; la presidencia, ha manifestado en varias ocasiones que, tarde o temprano, se pondr&iacute;a de acuerdo con Putin para terminar con la guerra de Ucrania, y por la v&iacute;a de no suministrar m&aacute;s armamento al presidente Zelenski, cosa que ya ha empezado a hacer durante este a&ntilde;o, al reducir substancialmente las entregas de armas, y obligarlo a aceptar que Rusia se quedar&iacute;a con los territorios ya conquistados, con peque&ntilde;as variaciones, a cambio de que los pa&iacute;ses de la OTAN le garantizaran una seguridad para el futuro, sin entrar en la Alianza. Trump y Putin comparten muchas caracter&iacute;sticas, pues ambos son arrogantes, personalistas, aut&oacute;cratas, eg&oacute;latras, autoritarios, manipuladores y desconocen la autocr&iacute;tica. Este tipo de personajes, cuando est&aacute;n al mando de superpotencias militares, est&aacute;n condenados a entenderse, pues se admiran mutuamente, aunque sea en secreto y con vaivenes en sus declaraciones. El ministro ruso de Exteriores, Lavrov, que no est&aacute; tan sujeto a estos cors&eacute;s, en sus discursos siempre loa al presidente Trump, sea cual sea la coyuntura, lo que es una se&ntilde;al muy clara de que buscan un entendimiento para el caso de Ucrania. Cuando Trump y Putin se re&uacute;nan en Hungr&iacute;a, veremos si realmente comparten ya el mismo plan, una &ldquo;paz impuesta&rdquo; que, aunque seguro utilizar&aacute;n el concepto de &ldquo;paz justa y duradera&rdquo;, no tendr&aacute; nada de justa, aunque es posible que no quede otra opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante este a&ntilde;o, en varias ocasiones y la m&aacute;s reciente en este mes de octubre, tanto el presidente Zelenski como otros dirigentes pol&iacute;ticos europeos han insistido en que, con ayuda externa, Ucrania podr&iacute;a ganar la guerra y recuperar los territorios anexionados por Rusia. Pero el viernes, en su visita a la Casa Blanca, adem&aacute;s de no prometerle enviar misiles Tomahawk, Trump le dijo a Zelensky que tanto Rusia como Ucrania &ldquo;deb&iacute;an detenerse como est&aacute;n&rdquo; y poner fin a la guerra, congelando las l&iacute;neas de batalla actuales y aceptando un cese de hostilidades a una guerra que ha podido costar la vida a unos 250.000 o 300.000 j&oacute;venes de ambos bandos, aplicando una media de varias estimaciones realizadas al respecto, m&aacute;s que la guerra de Siria o Iraq, y pr&oacute;xima a la de Afganist&aacute;n. Una verdadera carnicer&iacute;a, y que supone seis veces m&aacute;s que los muertos de las tropas estadounidenses en Vietnam. No hay que extra&ntilde;arse, por tanto, que haya tambi&eacute;n unos 350.000 desertores entre los dos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos 35 a&ntilde;os, en el mundo hemos tenido 62 guerras, esto es, conflictos armados de alta intensidad. El 35% de ellas terminaron con un acuerdo de paz, muchas veces imperfecto (recuerden los Balcanes), y evidentemente no incluyo el plan de 20 puntos de Trump para Gaza, que no es propiamente un acuerdo de paz, entre otros motivos porque no ha participado una de las partes, la palestina, y el conflicto est&aacute; todav&iacute;a muy activo para Israel. Otro 45% de las guerras est&aacute;n vigentes, se han desactivado o no est&aacute;n resueltas del todo, aunque no haya muertos en este momento. Nos queda el 20% restante, 12 guerras que han terminado por la victoria militar de una de las partes (Ruanda, Punjab, Per&uacute;, Angola, Costa de Marfil, Chad, Afganist&aacute;n, Sri Lanka, Armenia/Azerbaiy&aacute;n, segunda guerra de Chechenia, Israel/Palestina y Siria), que, aunque sea un porcentaje mucho menor que los acuerdos de paz alcanzados, es importante y est&aacute; en alza desde hace unos a&ntilde;os, pues van decreciendo los procesos de paz, mientras aumentan los que finalizan militarmente. Es una mala se&ntilde;al, pero los que nos dedicamos a promover acuerdos de paz, tambi&eacute;n tenemos la obligaci&oacute;n de analizar los casos en que esto no ha sido posible. En este sentido, creo sinceramente que Ucrania no tiene la capacidad para reconquistar los territorios que Rusia se ha anexionado, por lo que continuar con la guerra de desgaste parece no tener sentido. Firmar un armisticio es la &uacute;nica forma realista de evitar que el conflicto se enquiste durante a&ntilde;os, como ha sucedido en otros escenarios de &ldquo;guerras congeladas&rdquo;.&nbsp;Seguir enviando armas a Ucrania, sin otra perspectiva a la vista, solo perpet&uacute;a un conflicto que ya est&aacute; perdido en t&eacute;rminos estrat&eacute;gicos y humanitarios, y, adem&aacute;s, prolongarlo acent&uacute;a el riesgo de un enfrentamiento directo OTAN-Rusia si se sigue escalando el conflicto. Mi posici&oacute;n se basa en el realismo pol&iacute;tico, pero sobre todo en el principio &eacute;tico de evitar m&aacute;s muertes en una guerra que solo puede traer m&aacute;s dolor y muerte.
    </p><p class="article-text">
        Creo que es importante tener en cuenta que el apoyo a la continuaci&oacute;n incondicional de la guerra parece haber disminuido significativamente con el tiempo en Ucrania. La posici&oacute;n mayoritaria ha cambiado respecto a a&ntilde;os anteriores y ahora es favorable a la negociaci&oacute;n, en parte por el agotamiento, las p&eacute;rdidas humanas y los costos econ&oacute;micos.&nbsp;En una encuesta de Gallup del mes de julio, el 69% de los ucranianos dijeron que prefer&iacute;an negociar un fin de la guerra lo antes posible, mientras que solo el 24% apoyaban continuar la lucha hasta la victoria, todo lo contrario de 2022. Mosc&uacute; lo sabe, y de ah&iacute; que intensifique los ataques que afectan directamente a la poblaci&oacute;n civil. Es una estrategia sumamente cruel y que va en contra de todas las normas del derecho internacional humanitario, pero tiene un efecto directo en el cambio de opini&oacute;n de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 2023, Rusia controlaba el 17,4% del territorio de Ucrania. Ahora ya es del 19%, y no parece que vaya a disminuir. Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os y ocho meses de guerra, Estados Unidos y los pa&iacute;ses europeos ya han proporcionado ayuda militar a Ucrania por valor de 170.000 millones de euros, y Ucrania ha tenido que dedicar m&aacute;s de 120.000 millones de d&oacute;lares para la guerra de su presupuesto nacional. En 2025, el 26,3% de su PIB va destinado a la guerra, una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe econ&oacute;mica, que se a&ntilde;ade a las vidas humanas perdidas. En la &uacute;ltima reuni&oacute;n de los ministros de Defensa de la OTAN, uno de los objetivos era que la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses se adhirieran a la iniciativa de adquirir armas a Estados Unidos para Ucrania (PURL), un gran negocio para los estadounidenses, pero seguramente una cat&aacute;strofe si eso contribuye a alargar una guerra que de momento no se puede ganar. Si es as&iacute;, y para evitar unos 100.000 muertos m&aacute;s en el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, lo m&aacute;s sensato ser&iacute;a terminar con esta guerra, injusta, pero perdida; pactar un alto al fuego y un cese de hostilidades, aceptar que Rusia se queda con el territorio conquistado, y negociar un sistema de garant&iacute;as para que la poblaci&oacute;n de los territorios anexionados pueda tener, si quiere, doble nacionalidad, puedan estudiar la lengua ucraniana y sean respetados sus derechos como minor&iacute;a, con una real verificaci&oacute;n de la OSCE, que fue creada, entre otros temas, para estos menesteres. En 9 de las 12 guerras que terminaron con victoria militar, y no con acuerdos de paz, a pesar de ello despu&eacute;s se hicieron acuerdos, repatriaciones, amnist&iacute;as, normalizaciones pol&iacute;ticas, di&aacute;logos pol&iacute;ticos, reconciliaciones, descentralizaciones, normalizaciones ling&uuml;&iacute;sticas y otros tipos de iniciativas. Lo explico porque es una cuesti&oacute;n b&aacute;sica en este tipo de conflictos armados a los que se quiere poner fin, hay f&oacute;rmulas complementarias para evitar que una &ldquo;cesi&oacute;n&rdquo;, en este caso territorial, sea tambi&eacute;n humillante. En una eventual negociaci&oacute;n entre Ucrania y Rusia, adem&aacute;s de los compromisos ya demandados de no ingresar en la OTAN y dar garant&iacute;as de seguridad a Ucrania, hay todo un abanico de cuestiones interesantes que pueden ponerse en el cesto de un acuerdo final, evitando siempre el t&eacute;rmino &ldquo;derrota&rdquo; y &ldquo;capitulaci&oacute;n&rdquo;, para dar &eacute;nfasis al &ldquo;fin de los combates&rdquo;, &ldquo;alto el fuego definitivo&rdquo;, y acuerdos de seguridad compartida y verificaci&oacute;n. Trump dijo el viernes algo parecido, al recomendar &ldquo;que ambos reclamen la victoria, que la historia decida&rdquo;. Estas palabras recogen, quiz&aacute;s sin saberlo Trump del todo, una larga tradici&oacute;n de finales pragm&aacute;ticos, cuando la salida permite detener la matanza sin exigir que nadie renuncie p&uacute;blicamente a su narrativa. La verdadera victoria, en estos casos, no es militar ni territorial, sino sem&aacute;ntica y moral, al convertir la rendici&oacute;n del orgullo en una afirmaci&oacute;n de la paz.
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, el Protocolo de Minsk de 2014 no se cumpli&oacute;, y el acuerdo de Minsk II de febrero de 2015, tampoco. La diplomacia europea no presion&oacute; a Ucrania para que cumpliera su parte del acuerdo, y m&aacute;s bien se dedic&oacute; a rearmar a este pa&iacute;s. Angela Merkel y Fran&ccedil;ois Hollande lo confirmaron en diciembre de 2022, concretamente los d&iacute;as 7 y 30, respectivamente. De haberse cumplido lo pactado, el Donb&aacute;s ser&iacute;a ahora una autonom&iacute;a de Ucrania, y la guerra no hubiera empezado. Ahora ya es tarde para eso, pero no para poner fin a una guerra que no tiene ning&uacute;n sentido si apreciamos el valor de las vidas que est&aacute;n en juego. Que no sea justo no quiere decir que no sea conveniente y oportuno. Finalmente, acabar con la guerra de Ucrania permitir&iacute;a romper con la paranoia desatada en Europa sobre la amenaza rusa y una inminente invasi&oacute;n de su parte, abriendo la puerta a una reconsideraci&oacute;n sobre las recientes pol&iacute;ticas de seguridad favorables a un rearme m&aacute;s que desmesurado, y, con suerte, buena voluntad y mucha presi&oacute;n social, volver a los principios de la seguridad compartida. La industria armament&iacute;stica de Estados Unidos quedar&iacute;a afectada, y el secretario general de la OTAN, que es el se&ntilde;or del 5% que le dice a la oreja de Trump que Espa&ntilde;a se porta mal, seguramente podr&iacute;a coger una seria depresi&oacute;n, pero en Europa igual podr&iacute;amos recuperar el sentido com&uacute;n en cuanto a temas de seguridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/veces-guerras-pierden-reflexiones-ucrania_129_12695302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Oct 2025 20:43:25 +0000]]></pubDate>
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