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    <title><![CDATA[elDiario.es - Vicenç Fisas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/vicenc-fisas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Vicenç Fisas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Trump, Groenlandia, sus tierras raras y la envidia hacia Canadá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-groenlandia-tierras-raras-envidia-canada_129_13529204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b1e4d05-0464-43e7-b3e0-a42b02d6b61b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x949y373.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, Groenlandia, sus tierras raras y la envidia hacia Canadá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que Washington busca blindar con el acuerdo sobre la isla no es tanto una frontera frente a un enemigo lejano como una posición dominante frente a un socio y competidor cercano, en un mercado de tierras raras del que depende directamente su industria de defensa y de comunicaciones</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ha expresado Trump en su plataforma Truth Social, el nuevo acuerdo entre Estados Unidos y Dinamarca sobre Groenlandia otorga &ldquo;el control permanente sobre la seguridad y sobre todas las otras necesidades de EEUU en dicho territorio&rdquo;, una cl&aacute;usula &ldquo;sin fecha de caducidad y v&aacute;lido de forma infinita&rdquo;. Sin conocer el texto completo, hay varias cosas que sabemos desde hace tiempo, y una de ellas tiene que ver con Canad&aacute;, no con China o Rusia.
    </p><p class="article-text">
        En diciembre de 2024, Trump ya public&oacute; en su plataforma lo siguiente: &ldquo;Por razones de seguridad nacional y de la libertad en todo el mundo, Estados Unidos considera que la propiedad y el control de Groenlandia son una necesidad absoluta. La gente se beneficiar&aacute; enormemente cuando se convierta en parte de nuestra naci&oacute;n&rdquo;. Un a&ntilde;o despu&eacute;s amenaz&oacute; con quedarse la isla, por las buenas y por las malas, creando una enorme tensi&oacute;n en Europa y en la OTAN. Hab&iacute;a cinco motivos que mov&iacute;an a Trump en esta obsesi&oacute;n, que viene de antiguo: el control territorial del hemisferio Occidental, proyectarse militarmente hacia el &Aacute;rtico desde Groenlandia, impedir que China y Rusia hagan negocios en la isla, evitar que China aproveche el deshielo &aacute;rtico y utilice esta ruta para su comercio, y tener el control de la explotaci&oacute;n de sus riquezas minerales, en especial las tierras raras, necesarias para las industrias de defensa, energ&iacute;a, comunicaciones y automoci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los tres &uacute;ltimos motivos van unidos, por lo que me centrar&eacute; en ellos, sobre todo en las tierras raras, y m&aacute;s cuando en el acuerdo que anunci&oacute; Trump con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, a principios de este a&ntilde;o, que no fue discutido ni aprobado en la OTAN en su totalidad, ya parec&iacute;a que uno de los puntos era la concesi&oacute;n de derechos mineros a Estados Unidos, en particular para impedir la presencia o las inversiones chinas, o incluso un posible derecho de veto de Washington sobre los proyectos rusos o chinos en la isla, algo que vulneraba la soberan&iacute;a de la isla. Esto es lo que ahora Trump quiere tener atado y bien atado.
    </p><p class="article-text">
        Pek&iacute;n, que extrae el 60% de las tierras raras del mundo y procesa m&aacute;s del 90%, impuso en abril del a&ntilde;o pasado restricciones a la exportaci&oacute;n de tierras raras, como parte de su disputa comercial con Trump. Ambos pa&iacute;ses alcanzaron una tregua, aunque el control de Pek&iacute;n sobre el sector ha agravado la excesiva dependencia de Occidente y ha provocado una b&uacute;squeda global de suministros en otros lugares, y Groenlandia es uno de los preferentes. Durante a&ntilde;os, China ha intentado establecerse en la isla mediante inversiones en infraestructuras, pero ninguna lleg&oacute; a materializarse debido a las preocupaciones geopol&iacute;ticas. En 2018, supuestamente bajo presi&oacute;n de Estados Unidos, Dinamarca bloque&oacute; una oferta de una empresa estatal china para ampliar una red de aeropuertos groenlandeses. Una empresa china tambi&eacute;n fue bloqueada para comprar una base naval abandonada en Groenlandia dos a&ntilde;os antes. Entre 2012 y 2017, la inversi&oacute;n extranjera directa de China en Groenlandia represent&oacute; m&aacute;s del 11% del PIB del territorio, un porcentaje mucho mayor que en otros pa&iacute;ses &aacute;rticos. Desde entonces, apenas ha invertido en la isla. El deseo de Groenlandia de atraer inversi&oacute;n china para ayudarle a explotar sus recursos minerales ha estado en ocasiones en conflicto con las preocupaciones de seguridad de Dinamarca, que hasta ahora ha controlado la seguridad y los asuntos exteriores del territorio.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Groenlandia tiene una p&aacute;gina web en la que expone todas las licencias mineras concedidas. Entre 2003 2025, se aprobaron 138 licencias a 52 empresas diferentes. Entre 2003 y 2024, la media de licencias aprobadas fue de 4 al a&ntilde;o, pero en 2025 ascendieron a 43, y hasta el 8 de septiembre de este a&ntilde;o, 38, lo cual indica que el Gobierno tiene inter&eacute;s en que el sector minero se expanda, siempre y cuando se respeten las medidas ambientales, que son muy estrictas. Las subvenciones de Dinamarca al Gobierno de Groenlandia suponen el 20% del PIB de la isla, que es de unos 3.000 millones de d&oacute;lares, y por ello intentan diversificar los ingresos, m&aacute;s all&aacute; de la pesca y el floreciente turismo. Lo interesante, sin embargo, es ver de d&oacute;nde son las 58 empresas que ahora est&aacute;n establecidas, pues ello explica en buena parte el enfado de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Casi todas las empresas presentes en Groenlandia y con licencia ya concedida son de Dinamarca, Reino Unido, Groenlandia, Australia y Canad&aacute;. De Estados Unidos solo hay una, Critical Metals, aunque es la m&aacute;s ambiciosa en cuanto a proyectos con la mina de Tanbreez. Solo en 2026, Canad&aacute; obtuvo licencias para cuatro de sus empresas, que se suman a bastantes m&aacute;s ya establecidas, lo cual fastidia, y mucho, al presidente Trump, ya que el pa&iacute;s vecino controla la cuarta parte de las licencias de Groenlandia. La man&iacute;a de Trump hacia el primer ministro canadiense, no es solo por el fentanilo, sino porque tiene demasiada presencia en Groenlandia.
    </p><p class="article-text">
        En enero de 2025, el CEO de Critical Metals, Tony Sage, hizo unas declaraciones a la revista &ldquo;Fortune&rdquo;, se&ntilde;alando que &ldquo;con el Pent&aacute;gono planeando un aumento sustancial en la adquisici&oacute;n de cazas F-35 en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas, garantizar un suministro fiable de elementos de tierras raras pesadas ser&aacute; crucial. Para que te hagas una idea, Tanbreez en Groenlandia tiene una concentraci&oacute;n particularmente alta de elementos raros pesados. Estados Unidos sigue siendo fuerte y poderoso. Sin embargo, las batallas futuras pueden ganarse o perderse no en funci&oacute;n de nuestra fuerza actual, sino del acceso y la utilizaci&oacute;n de los Poderosos 17&rdquo; (las tierras raras). Uno de los avaladores de Critical Metals es el multimillonario Howard W. Lutnick, actual secretario de Comercio del Gobierno de Trump. Lutnick fue CEO de Cantor Fitzgerald, una firma de corretaje, antes de unirse al gabinete de Trump. Cantor posee una participaci&oacute;n significativa en Critical Metals Corp, que ha recibido del Banco de Exportaci&oacute;n e Importaci&oacute;n de Estados Unidos un pr&eacute;stamo valorado en 120 millones de d&oacute;lares para financiar la mina de tierras raras Tanbreez, en lo que ha sido la primera inversi&oacute;n extranjera de la administraci&oacute;n Trump en un proyecto minero.
    </p><p class="article-text">
        La vinculaci&oacute;n entre la miner&iacute;a de tierras raras y el complejo militar-industrial de Estados Unidos, es muy clara. Existe un contrato de diez a&ntilde;os bajo el cual Critical Metals suministrar&aacute; hasta 10.000 toneladas de concentrado de tierras raras al a&ntilde;o de su proyecto Tanbreez, a la planta financiada por el Departamento de Guerra en Luisiana. No ha de extra&ntilde;ar tampoco que, en enero, en Davos, el secretario general de la OTAN, Rutte, dijera que &ldquo;aseguremos que los chinos y los rusos no tengan acceso militar a la econom&iacute;a Groenlandia&rdquo;. Rutte y Trump tienen p&aacute;nico al poder&iacute;o comercial de los chinos.
    </p><p class="article-text">
        El potencial de Groenlandia ha atra&iacute;do tambi&eacute;n a algunos multimillonarios de renombre, como Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Bill Gates o Michael Bloomberg, la mayor&iacute;a cercanos al presidente Trump. Todos ellos han invertido en la empresa estadounidense KoBold Metals, que ha estado prospectando tierras raras utilizadas en infraestructuras de centros de datos de IA. Sal Altman, CEO de OpenAI, ya invirti&oacute; en 2022, y el a&ntilde;o anterior, Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, apoy&oacute; a Praxis, una startup que propone un concepto tecnol&oacute;gicamente avanzado de &ldquo;ciudad de libertad&rdquo; para la isla, algo muy delicado en una isla que ya tiene uno de los &iacute;ndices de suicidios m&aacute;s alto del mundo, un tema sociocultural ligado al mantenimiento de la identidad. En suma, y como han se&ntilde;alado bastantes analistas chinos, es improbable que Groenlandia llegue a ser ocupada por Rusia o China, pues ninguno de los dos tiene motivos claros para buscarlo, y los l&iacute;mites pol&iacute;ticos, jur&iacute;dicos y el riesgo de escalada lo vuelven un escenario muy poco veros&iacute;mil. Si se pretende conservar la estabilidad &aacute;rtica, el reto no es frenar invasiones imaginarias, sino encauzar la rivalidad sin debilitar los diques institucionales (normas, acuerdos y mecanismos operativos de coordinaci&oacute;n), que sostienen una seguridad duradera en el &Aacute;rtico. Visto as&iacute;, Groenlandia es menos un frente de guerra que una prueba de madurez estrat&eacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, ese &ldquo;control permanente de la seguridad&rdquo; que Trump reclama sobre Groenlandia tiene menos de dispositivo militar que de cl&aacute;usula de exclusividad minera. Ni Mosc&uacute; ni Pek&iacute;n disputan hoy el territorio con inversiones o presencia real, como muestra el bloqueo sistem&aacute;tico de sus intentos desde 2016; quien s&iacute; acumula licencias, capital y presencia industrial en la isla es Canad&aacute;, con una cuarta parte de las concesiones frente a la pr&aacute;ctica ausencia estadounidense fuera de Critical Metals. Lo que Washington busca blindar con este acuerdo no es tanto una frontera frente a un enemigo lejano como una posici&oacute;n dominante frente a un socio y competidor cercano, en un mercado de tierras raras del que depende directamente su industria de defensa y de comunicaciones. La ret&oacute;rica de la amenaza rusa o china sirve, sobre todo, para justificar ante la OTAN y la opini&oacute;n p&uacute;blica una disputa que es, en esencia, comercial y se libra entre vecinos del propio bloque occidental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-groenlandia-tierras-raras-envidia-canada_129_13529204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2026 20:08:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump, Groenlandia, sus tierras raras y la envidia hacia Canadá]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Groenlandia,Tierras raras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es posible negociar la paz en la guerra de Ucrania?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/posible-negociar-paz-guerra-ucrania_129_13466055.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/693324a7-23fc-41d0-b8f4-8f63f6e12fa5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1047y564.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es posible negociar la paz en la guerra de Ucrania?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este tipo de guerra de desgaste conecta también con el deterioro de la mejor alternativa posible del oponente: al golpear la capacidad energética o productiva del rival, cada bando intenta reducir el valor de la opción "seguir luchando sin negociar" para el otro</p></div><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n actual del conflicto ruso-ucraniano representa un caso paradigm&aacute;tico de la superioridad de la opci&oacute;n de no-acuerdo o de la &ldquo;mejor alternativa posible asim&eacute;trica&rdquo;. Ninguna de las partes puede imponer una soluci&oacute;n militar decisiva, pero ambas creen &mdash;o al menos act&uacute;an como si creyeran&mdash; que su alternativa a negociar sigue siendo mejor que aceptar los t&eacute;rminos del otro. Esto explica por qu&eacute;, en lugar de negociar, el conflicto ha mutado hacia una nueva fase de escalada calculada: los ataques a infraestructuras energ&eacute;ticas o log&iacute;sticas, puertos, redes el&eacute;ctricas y poblaci&oacute;n civil no buscan alterar sustancialmente las l&iacute;neas del frente, sino producir un efecto de desgaste deliberado sobre la resiliencia social y econ&oacute;mica del adversario. Rusia ataca infraestructura energ&eacute;tica ucraniana buscando quebrar la moral civil antes del invierno; Ucrania responde con ataques de largo alcance sobre refiner&iacute;as e infraestructura log&iacute;stica rusa, buscando encarecer el esfuerzo b&eacute;lico ruso y visibilizar que Rusia tampoco es invulnerable en su propio territorio. Esta din&aacute;mica se corresponde estrechamente con el concepto de costos crecientes: cada parte intenta subir el precio que el otro debe pagar por continuar la guerra, no ya en t&eacute;rminos de vidas de soldados en el frente (donde el estancamiento es evidente), sino en t&eacute;rminos de infraestructura civil, econom&iacute;a y cohesi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de guerra de desgaste conecta tambi&eacute;n con el deterioro de la mejor alternativa posible del oponente: al golpear la capacidad energ&eacute;tica o productiva del rival, cada bando intenta reducir el valor de la opci&oacute;n &ldquo;seguir luchando sin negociar&rdquo; para el otro. Sin embargo, esta estrategia tiene un l&iacute;mite estructural evidente: mientras ambas sociedades mantengan la voluntad de resistir &mdash;apoyadas por ayuda externa en el caso ucraniano, o por un aparato represivo interno relativamente eficaz en el caso ruso&mdash; el desgaste puede prolongarse indefinidamente sin producir un colapso claro de ninguna de las partes, generando lo que podr&iacute;a llamarse un &ldquo;empate destructivo&rdquo; donde el coste humano y material sigue creciendo sin alterar el resultado militar.
    </p><p class="article-text">
        Un segundo grupo de conceptos relevante es el de asimetr&iacute;a y poder relativo. La asimetr&iacute;a temporal es central: Rusia, con mayor poblaci&oacute;n, industria militar reconvertida y un sistema pol&iacute;tico que no depende de elecciones competitivas, puede permitirse pensar en plazos de varios a&ntilde;os. Ucrania, en cambio, depende de ciclos de ayuda occidental sujetos a cambios pol&iacute;ticos internos en Estados Unidos y Europa, lo que genera una presi&oacute;n estructural para buscar resultados en el corto-medio plazo. Adem&aacute;s, el exministro de Defensa ucraniano ya ha pedido que se celebren elecciones, lo que traer&aacute; mucha cola en las pr&oacute;ximas semanas.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la asimetr&iacute;a de reversibilidad: para Ucrania, aceptar la p&eacute;rdida de facto de territorios ocupados es una decisi&oacute;n pol&iacute;ticamente casi irreversible dada la centralidad de la integridad territorial en su discurso nacional desde 2014; para Rusia, en cambio, ciertas concesiones (como detener ataques a infraestructura civil) son m&aacute;s f&aacute;cilmente reversibles si el proceso fracasa. Esta diferencia en la &ldquo;reversibilidad&rdquo; de las concesiones que cada parte podr&iacute;a hacer complicar enormemente el dise&ntilde;o de cualquier proceso de desescalada gradual, porque lo que para un lado es un gesto de buena voluntad de bajo riesgo, para el otro puede representar un sacrificio pol&iacute;tico de gran magnitud.
    </p><p class="article-text">
        En el plano comunicativo, ambas partes han recurrido extensamente a la narrativa de excepcionalidad hist&oacute;rica (Rusia enmarcando la guerra como una continuaci&oacute;n de la Gran Guerra Patria contra el nazismo, Ucrania enmarc&aacute;ndola como una guerra existencial de descolonizaci&oacute;n frente al imperialismo ruso) y a estrategias de deslegitimaci&oacute;n selectiva del liderazgo contrario. Esto hace que cualquier proceso de negociaci&oacute;n deba lidiar primero con el problema de c&oacute;mo hablar sobre c&oacute;mo hablamos: antes de discutir fronteras o garant&iacute;as, es necesario desactivar el lenguaje maximalista que ambas partes han usado para movilizar apoyo interno (la &ldquo;derrota de Rusia&rdquo; por un lado, la &ldquo;operaci&oacute;n militar especial&rdquo; y la negaci&oacute;n de la identidad ucraniana por otro).
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; resulta especialmente &uacute;til el concepto de reconocimiento gradual de facto frente al reconocimiento formal. Un acuerdo realista no requiere que Ucrania reconozca legalmente la anexi&oacute;n de territorios ocupados &mdash;lo cual ser&iacute;a pol&iacute;ticamente inviable e ilegal bajo el derecho internacional&mdash; sino que puede basarse en una ambig&uuml;edad constructiva: un alto el fuego que congele la l&iacute;nea de contacto actual sin necesidad de que ambas partes acuerden su estatus jur&iacute;dico final, dejando esa cuesti&oacute;n para una negociaci&oacute;n pol&iacute;tica de largo plazo o, simplemente, sin resolverla formalmente, similar a lo ocurrido con Chipre, Cachemira o la pen&iacute;nsula de Corea, donde el &ldquo;congelamiento&rdquo; del conflicto ha durado d&eacute;cadas sin resoluci&oacute;n jur&iacute;dica definitiva, pero tambi&eacute;n sin nueva violencia a gran escala.
    </p><p class="article-text">
        Con estos elementos en mente, una propuesta de un alto el fuego que congele las fronteras actuales de facto, sin reconocimiento formal por parte de Ucrania, resulta consistente. El enfoque de &ldquo;f&oacute;rmula &ndash; detalles&rdquo; ser&iacute;a clave: primero acordar el principio general (cese de hostilidades, no reconocimiento formal, pero aceptaci&oacute;n pr&aacute;ctica de la l&iacute;nea de contacto como frontera administrativa temporal) y dejar para despu&eacute;s, mediante negociaci&oacute;n por etapas, los detalles t&eacute;cnicos de verificaci&oacute;n, monitoreo internacional y garant&iacute;as. Las cl&aacute;usulas de revisi&oacute;n peri&oacute;dica permitir&iacute;an que este acuerdo no se perciba como definitivo ni para Rusia ni para Ucrania, reduciendo la resistencia interna de ambas poblaciones a aceptar lo que de otro modo parecer&iacute;a una capitulaci&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a los derechos ling&uuml;&iacute;sticos de la poblaci&oacute;n del Donb&aacute;s, esta garant&iacute;a deber&iacute;a dise&ntilde;arse como una cl&aacute;usula de no interferencia mutua verificable internacionalmente, posiblemente mediante mecanismos similares a los de la OSCE, evitando que se convierta en un pretexto futuro de reactivaci&oacute;n del conflicto, como ocurri&oacute;, en cierta medida, con los Acuerdos de Minsk, cuya ambig&uuml;edad y falta de mecanismos de verificaci&oacute;n robustos contribuyeron a su fracaso. Ser&iacute;a fundamental evitar el error de Minsk: una ambig&uuml;edad constructiva mal calibrada, que en aquel caso se convirti&oacute; en ambig&uuml;edad destructiva al permitir interpretaciones irreconciliables sobre secuenciaci&oacute;n, como elecciones primero o retirada de fuerzas primero.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el componente m&aacute;s ambicioso de la propuesta que expongo es un pacto de no agresi&oacute;n de Rusia con los pa&iacute;ses europeos junto a un proceso de desescalada del rearme, lo que requerir&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; del marco bilateral Rusia-Ucrania hacia una internacionalizaci&oacute;n estrat&eacute;gica del conflicto, transform&aacute;ndolo de una disputa territorial bilateral en un nuevo marco de seguridad europea post-Guerra Fr&iacute;a. Esto conecta con la idea de construcci&oacute;n progresiva de confianza: no ser&iacute;a razonable esperar un tratado de desarme inmediato, sino m&aacute;s bien un proceso de reciprocidad gradual, con gestos de confianza progresivos verificables (reducci&oacute;n escalonada de despliegues militares en fronteras, transparencia mutua en ejercicios militares, canales de comunicaci&oacute;n directa entre mandos militares para evitar incidentes accidentales). Para que esto sea posible, resulta indispensable despojar al conflicto de su dimensi&oacute;n personalista: la guerra ha quedado en buena medida secuestrada por las trayectorias, egos y narrativas de supervivencia pol&iacute;tica de Putin y Zelenski, para quienes un acuerdo puede leerse como una derrota personal o una traici&oacute;n a los sacrificios ya realizados. 
    </p><p class="article-text">
        Superar este s&iacute;ndrome de estar atrapado exige un reencuadre identitario, que permita a ambos l&iacute;deres presentar cualquier acuerdo no como una capitulaci&oacute;n individual, sino como una decisi&oacute;n de Estado que trasciende sus biograf&iacute;as pol&iacute;ticas, garantizando as&iacute; salidas dignas que no dependan de la humillaci&oacute;n del contrario ni de la glorificaci&oacute;n excesiva de uno mismo. Un acuerdo de este tipo no resolver&iacute;a todas las tensiones geopol&iacute;ticas subyacentes, pero permitir&iacute;a detener el sufrimiento civil inmediato, estabilizar una situaci&oacute;n que actualmente solo genera destrucci&oacute;n sin cambios sustanciales en el terreno, y abrir un espacio &mdash;por fr&aacute;gil que sea&mdash; para que la diplomacia, en lugar de los misiles sobre centrales el&eacute;ctricas y hospitales, vuelva a ser el escenario principal donde se dirima el futuro de la regi&oacute;n, despojada del peso de los egos individuales que hoy la sostienen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/posible-negociar-paz-guerra-ucrania_129_13466055.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 19:53:39 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Cómo salir de Irán sin admitir que nunca debiste entrar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salir-iran-admitir-debiste-entrar_129_13452088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88d35a02-df14-46a9-8a12-7c878369bd56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x619y280.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo salir de Irán sin admitir que nunca debiste entrar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el caso de Irán, un acuerdo redactado con la vaguedad adecuada podría permitir que Teherán proclame ante sus sectores duros una narrativa de resistencia victoriosa, mientras Washington proclama ante su electorado una narrativa de fuerza disuasiva exitosa, sin que ninguna de las dos formulaciones sea técnicamente falsa</p></div><p class="article-text">
        En los conflictos armados, cada concesi&oacute;n que una de las partes hace suele percibirse no como un simple ajuste t&eacute;cnico, sino como una p&eacute;rdida existencial. Esta din&aacute;mica psicol&oacute;gica explica buena parte del laberinto en el que Donald Trump parece haberse instalado con la guerra de Ir&aacute;n: un conflicto que escal&oacute; sin una hoja de ruta clara de salida, y en el que cada posible retirada, cese al fuego o negociaci&oacute;n se percibe &mdash;tanto por &eacute;l como por su base&mdash; no como un ajuste pragm&aacute;tico de pol&iacute;tica exterior, sino como una capitulaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La estrategia de reencuadre de la p&eacute;rdida, bien conocida en la literatura sobre negociaci&oacute;n, busca precisamente neutralizar ese componente psicol&oacute;gico transformando la concesi&oacute;n en una ganancia relativa o funcional, de modo que la parte que cede pueda presentarla &mdash;ante sus bases, su opini&oacute;n p&uacute;blica o incluso ante s&iacute; misma&mdash; como un acto de pragmatismo, visi&oacute;n de futuro o incluso fortaleza, en lugar de debilidad o traici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esto se logra mediante mecanismos bien identificados: enmarcar la concesi&oacute;n en t&eacute;rminos de beneficios futuros tangibles en vez de p&eacute;rdidas inmediatas, usar lenguaje ambiguo que permita a cada bando interpretar el acuerdo de manera favorable a su relato interno, secuenciar las concesiones para que ninguna parezca una capitulaci&oacute;n aislada, introducir garant&iacute;as simb&oacute;licas que compensen el costo identitario de la cesi&oacute;n, y externalizar la responsabilidad de la decisi&oacute;n hacia &ldquo;la historia&rdquo;. En esencia, se trata de gestionar la aversi&oacute;n a la p&eacute;rdida, ese sesgo cognitivo tan humano, para que el costo pol&iacute;tico interno de aceptar un acuerdo sea menor que el beneficio percibido de alcanzarlo. Aplicado al caso que nos ocupa, la pregunta no es si Trump puede encontrar una salida razonable a la guerra de Ir&aacute;n &mdash;probablemente existan varias sobre la mesa&mdash;, sino si alguien logra ayudarle a reencuadrarla de manera que no la experimente como una derrota.
    </p><p class="article-text">
        A esta primera herramienta se suma otra igualmente relevante en la caja de herramientas diplom&aacute;tica: la ambig&uuml;edad constructiva, t&eacute;cnica de redacci&oacute;n que consiste en formular deliberadamente los t&eacute;rminos de un acuerdo de manera lo suficientemente flexible o imprecisa como para que cada una de las partes en conflicto pueda interpretarlos de acuerdo con sus propios intereses, narrativas pol&iacute;ticas y necesidades de legitimaci&oacute;n ante sus respectivas bases, sin que ninguna quede obligada a admitir expl&iacute;citamente una concesi&oacute;n que resulte inaceptable o humillante para su electorado. 
    </p><p class="article-text">
        Su utilidad radica en que permite destrabar puntos de la negociaci&oacute;n que ser&iacute;an irresolubles si se exigiera una definici&oacute;n un&iacute;voca y cerrada, postergando la clarificaci&oacute;n final del significado hacia la fase de implementaci&oacute;n &mdash;aunque conlleva el riesgo, nada menor, de generar interpretaciones divergentes que resurjan como fuentes de conflicto en etapas posteriores&mdash;. En el caso de Ir&aacute;n, un acuerdo redactado con la vaguedad adecuada podr&iacute;a permitir que Teher&aacute;n proclame ante sus sectores duros una narrativa de resistencia victoriosa, mientras Washington proclama ante su electorado una narrativa de fuerza disuasiva exitosa, sin que ninguna de las dos formulaciones sea t&eacute;cnicamente falsa. Esta t&eacute;cnica se complementa naturalmente con la desagregaci&oacute;n de la agenda: en lugar de negociar en bloque &ldquo;el fin del conflicto&rdquo; &mdash;una abstracci&oacute;n cargada simb&oacute;licamente que tiende a convertirse en una negociaci&oacute;n de suma cero dif&iacute;cil de destrabar&mdash;, se fragmenta el problema en subtemas t&eacute;cnicos y manejables, susceptibles de negociarse de manera secuencial o incluso por comisiones especializadas distintas. Esta l&oacute;gica de incrementalismo negociador permite aislar los puntos de mayor consenso de los de mayor fricci&oacute;n, incorporar expertos t&eacute;cnicos y verificadores en lugar de negociadores pol&iacute;ticos discutiendo abstracciones irresolubles, y mostrar avances tangibles a las audiencias internas incluso cuando persisten diferencias irreconciliables en los aspectos m&aacute;s estructurales. El fracaso en un punto, as&iacute;, no contamina necesariamente la totalidad del proceso.
    </p><p class="article-text">
        &Iacute;ntimamente relacionado con lo anterior est&aacute; el doble discurso, t&aacute;ctica mediante la cual cada parte negociadora construye narrativas divergentes seg&uacute;n la audiencia a la que se dirige: hacia la mesa de negociaci&oacute;n y la comunidad internacional se proyecta un discurso conciliador y orientado a la soluci&oacute;n pol&iacute;tica, mientras que hacia las bases internas se mantiene un discurso de firmeza o continuidad de la lucha, con el objetivo de preservar la cohesi&oacute;n interna y proteger la legitimidad del liderazgo frente a acusaciones de traici&oacute;n o debilidad &mdash;aunque ello genere el riesgo de que la contraparte perciba estas se&ntilde;ales contradictorias como prueba de mala fe&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil no notar que Trump ya practica versiones de esta t&aacute;ctica en su comunicaci&oacute;n cotidiana, aunque de forma reactiva e improvisada m&aacute;s que estrat&eacute;gica; el desaf&iacute;o estar&iacute;a en convertir esa tendencia natural en un instrumento deliberado y coherente dentro de un proceso de negociaci&oacute;n real, y no en una fuente adicional de confusi&oacute;n para sus interlocutores. Pero ninguna de estas t&eacute;cnicas de arquitectura negociadora resuelve, por s&iacute; sola, el obst&aacute;culo m&aacute;s profundo, que es de naturaleza estrictamente psicol&oacute;gica: la disonancia cognitiva que enfrenta cualquier l&iacute;der que sostiene simult&aacute;neamente la autopercepci&oacute;n de ser un protector fuerte y decisivo, y la realidad inc&oacute;moda de haber ordenado o permitido una escalada militar que contradice esa imagen si termina sin una victoria clara. 
    </p><p class="article-text">
        Este bloqueo lleva a desvalorizar sistem&aacute;ticamente cualquier informaci&oacute;n que cuestione el relato propio, a justificar cada decisi&oacute;n como respuesta necesaria e inevitable, y a cerrarse a la autocr&iacute;tica que toda negociaci&oacute;n aut&eacute;ntica exige. La literatura sobre mediaci&oacute;n sugiere que confrontar directamente esa disonancia solo refuerza la defensa psicol&oacute;gica; la estrategia m&aacute;s eficaz es el reencuadre identitario facilitado, mediante el cual el mediador ofrece activamente una narrativa alternativa y compatible con la autoimagen positiva del l&iacute;der, permiti&eacute;ndole reinterpretar el proceso de negociaci&oacute;n no como una claudicaci&oacute;n, sino como la culminaci&oacute;n coherente de su liderazgo, de modo que firmar la paz se convierta en el acto que confirma su identidad de estadista responsable, en vez de desmentirla.
    </p><p class="article-text">
        Este reencuadre identitario, sin embargo, rara vez opera de forma aislada, puesto que suele estar entrelazado con otro sesgo cognitivo, a menudo m&aacute;s resistente al cambio, que es la escalada irracional del compromiso, esa tendencia profundamente humana a persistir en un curso de acci&oacute;n ya fracasado no porque un an&aacute;lisis racional de las ganancias futuras lo justifique, sino porque el peso simb&oacute;lico de los costos hundidos hace que detenerse ahora se perciba como una traici&oacute;n retroactiva a todo lo ya sacrificado. La pregunta interior deja de ser &ldquo;&iquest;qu&eacute; es lo m&aacute;s racional a partir de este momento?&rdquo; y se convierte en &ldquo;&iquest;c&oacute;mo voy a parar ahora, despu&eacute;s de todo lo que hemos invertido?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por ello, resulta m&aacute;s eficaz cuando se combina con una reinterpretaci&oacute;n deliberada de los costos hundidos como legado y no como p&eacute;rdida vana, de modo que el fin del conflicto se presente no como el reconocimiento de que la inversi&oacute;n fue en vano, sino como el resultado que da sentido y culminaci&oacute;n a esa inversi&oacute;n. Ambos sesgos &mdash;la disonancia cognitiva y la escalada del compromiso&mdash; se retroalimentan mutuamente, y cualquier estrategia negociadora eficaz deber&iacute;a abordarlos de forma conjunta, ofreciendo al l&iacute;der una salida que le permita reinterpretar tanto su identidad como el sentido de lo ya invertido, sin cuya resoluci&oacute;n simult&aacute;nea la mera l&oacute;gica de las ganancias futuras rara vez basta para romper la inercia psicol&oacute;gica que mantiene viva una escalada ya objetivamente estancada. Esto es, en esencia, lo que en estos momentos algunos analistas proponemos en relaci&oacute;n con la err&aacute;tica pol&iacute;tica del presidente Trump respecto a la guerra de Ir&aacute;n, en un momento en que parece encontrar la manera de retirarse del avispero en el que se ha metido. Si estas herramientas terminan siendo &uacute;tiles, si son ignoradas, o si la historia toma un curso completamente distinto, es algo que cada lector podr&aacute; juzgar por s&iacute; mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/salir-iran-admitir-debiste-entrar_129_13452088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Aug 2026 19:44:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo salir de Irán sin admitir que nunca debiste entrar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué Israel no quiere ningún plan de paz para Gaza?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/israel-no-quiere-plan-paz-gaza_129_13441266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05b93751-b0b2-42eb-a09c-bc68a7f938e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x960y204.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué Israel no quiere ningún plan de paz para Gaza?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La posición de Netanyahu sobre el desarme previo de Hamás es lo que en teoría de negociación se conoce como reinterpretación unilateral de mala fe, pues no se rechaza el acuerdo formalmente —lo cual tendría un costo diplomático claro—, sino que se vacía de contenido operativo mientras se mantiene la ficción de haberlo aceptado</p></div><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as, Ham&aacute;s afirm&oacute; que hab&iacute;a aceptado un acuerdo presentado por Estados Unidos, destinado a poner fin completamente a la guerra de Israel en Gaza, incluyendo disposiciones para desarmar y entregar sus armas por etapas. Seg&uacute;n el acuerdo, Israel deber&iacute;a retirar sus fuerzas con el paso del tiempo, pero Netanyahu ya ha dicho que no acepta el plan de 15 puntos presentado.
    </p><p class="article-text">
        Desde la pr&aacute;ctica de mediaci&oacute;n en conflictos armados, esta propuesta sigue un patr&oacute;n reconocible: la secuenciaci&oacute;n rec&iacute;proca condicionada, donde ninguna parte se mueve primero sin garant&iacute;as verificables de que la otra cumplir&aacute;. Es un dise&ntilde;o t&eacute;cnicamente sensato &mdash;el desarme unilateral de Ham&aacute;s sin retirada israel&iacute; ser&iacute;a un suicidio pol&iacute;tico y de seguridad para la organizaci&oacute;n, mientras que la retirada israel&iacute; sin desarme verificado ser&iacute;a inaceptable para el establishment de seguridad israel&iacute;&mdash;, pero estructuralmente fr&aacute;gil: basta que una parte incumpla o dilate su fase para que la otra tenga justificaci&oacute;n leg&iacute;tima para congelar la suya. Los plazos de 200-300 d&iacute;as para la desmilitarizaci&oacute;n, combinados con retiradas &ldquo;graduales hacia l&iacute;neas designadas en sinton&iacute;a con el progreso de la verificaci&oacute;n&rdquo;, dejan amplio margen de interpretaci&oacute;n y disputa.
    </p><p class="article-text">
        Esto se ha confirmado ya en la pr&aacute;ctica: Netanyahu ha resumido su posici&oacute;n en tres ideas que contradicen abiertamente la l&oacute;gica paralela del acuerdo. Primero, que el ej&eacute;rcito &ldquo;no realizar&aacute; ninguna retirada hasta que Ham&aacute;s est&eacute; verdaderamente desarmado&rdquo;, invirtiendo la secuencia pactada de &ldquo;en paralelo y por fases&rdquo; hacia un esquema donde el desarme total es precondici&oacute;n, no proceso simult&aacute;neo. Esta no es simple ambig&uuml;edad textual, sino lo que en teor&iacute;a de negociaci&oacute;n se conoce como reinterpretaci&oacute;n unilateral de mala fe, pues no se rechaza el acuerdo formalmente &mdash;lo cual tendr&iacute;a un costo diplom&aacute;tico claro&mdash;, sino que se vac&iacute;a de contenido operativo mientras se mantiene la ficci&oacute;n de haberlo aceptado, trasladando el costo pol&iacute;tico de una eventual ruptura hacia Ham&aacute;s o hacia la comunidad internacional.
    </p><p class="article-text">
        El segundo elemento de esa posici&oacute;n &mdash;que los militares &ldquo;seguir&aacute;n frustrando las amenazas&rdquo; contra ellos y los ciudadanos israel&iacute;es&mdash; es un ejemplo cl&aacute;sico de ambig&uuml;edad constructiva empleada en sentido inverso: en vez de servir para acercar posiciones, como ser&iacute;a su funci&oacute;n leg&iacute;tima en diplomacia, aqu&iacute; preserva unilateralmente un margen de acci&oacute;n discrecional que anula el compromiso expl&iacute;cito del acuerdo de &ldquo;completar plenamente y sin demora&rdquo; el cese de operaciones militares. Es una cl&aacute;usula de autoexcepci&oacute;n encubierta, donde cualquier acci&oacute;n militar futura puede justificarse retroactivamente como respuesta a una amenaza indefinida, sin necesidad de establecer umbral, naturaleza o verificaci&oacute;n independiente. En el terreno, esto se traduce en un patr&oacute;n muy concreto: mientras se negocia formalmente el ritmo de la retirada, el ej&eacute;rcito israel&iacute; ha ampliado unilateralmente el territorio bajo su control del 60% a un objetivo del 70%, desplazando bloques de hormig&oacute;n y extendiendo las zonas de fuego libre. Es una negociaci&oacute;n de facto que ocurre fuera del marco declarado, alterando la l&iacute;nea base sobre la que se medir&iacute;a cualquier repliegue futuro, puesto que, si el punto de partida sigue expandi&eacute;ndose despu&eacute;s de la firma, cualquier eventual retirada parcial puede presentarse como concesi&oacute;n sustancial aunque solo devuelva una fracci&oacute;n de lo tomado unilateralmente tras el acuerdo, t&eacute;cnica de negociaci&oacute;n posicional maximalista documentada en otras disputas territoriales prolongadas como Chipre o Nagorno Karabaj.
    </p><p class="article-text">
        La tercera idea de Netanyahu &mdash;que &ldquo;no se crear&aacute; un Estado palestino, ni en Gaza ni en Judea y Samaria&rdquo; mientras &eacute;l est&eacute; en el poder&mdash; no es solo una declaraci&oacute;n ideol&oacute;gica dirigida al electorado antes de las elecciones de octubre, sino una se&ntilde;al estrat&eacute;gica deliberada hacia la contraparte: elimina el horizonte pol&iacute;tico que el propio acuerdo de la Junta de Paz establece como condici&oacute;n para un &ldquo;camino cre&iacute;ble hacia la autodeterminaci&oacute;n&rdquo;. Esto rompe el v&iacute;nculo entre gesto de seguridad y gesto pol&iacute;tico que ha sostenido casi todo proceso de paz exitoso, y cambia radicalmente el c&aacute;lculo racional de quien debe desarmarse: sin contrapartida pol&iacute;tica final, el desarme se percibe como rendici&oacute;n unilateral, no como parte leg&iacute;tima de una transici&oacute;n, incluso si se mantiene como discurso p&uacute;blico bajo presi&oacute;n internacional. A esto se suma un problema de verificaci&oacute;n que agrava todo lo anterior. La comprobaci&oacute;n del desarme de Ham&aacute;s depende de una comisi&oacute;n internacional cuya composici&oacute;n y est&aacute;ndares de prueba no est&aacute;n claramente definidos, en un contexto donde, como advierten muchos analistas, habr&aacute; milicias armadas ajenas a Ham&aacute;s operando en Gaza y pol&iacute;ticos israel&iacute;es de l&iacute;nea dura con incentivos para alegar incumplimientos &ldquo;que pueden o no ser ciertos&rdquo;. La legitimidad del proceso depende, en &uacute;ltima instancia, de que esa verificaci&oacute;n sea percibida como imparcial por ambas partes, algo que la experiencia en procesos de desarme postconflicto muestra que rara vez ocurre cuando una de las partes tiene inter&eacute;s pol&iacute;tico directo en declarar el fracaso del proceso.
    </p><p class="article-text">
        El deterioro de la confianza no es solo te&oacute;rico, sino que ya se refleja en cifras: m&aacute;s de 1.200 muertos durante los diez meses de alto el fuego, un promedio de un ni&ntilde;o muerto al d&iacute;a seg&uacute;n Unicef, restricciones activas a la entrada de materiales de reconstrucci&oacute;n &mdash;casas prefabricadas, tiendas de campa&ntilde;a, maquinaria para retirar escombros&mdash; que t&eacute;cnicos estiman podr&iacute;an retrasar la reconstrucci&oacute;n de Gaza durante d&eacute;cadas. Este patr&oacute;n de incumplimiento sostenido, unido a la reinterpretaci&oacute;n unilateral de los t&eacute;rminos del acuerdo, ha llevado a que ocho pa&iacute;ses &mdash;incluyendo socios tan alineados con Occidente como Emiratos &Aacute;rabes Unidos y Arabia Saud&iacute;, junto a Qatar, Jordania, Indonesia, Pakist&aacute;n, Turqu&iacute;a y Egipto&mdash; emitieran un comunicado conjunto de &ldquo;m&aacute;s en&eacute;rgica condena&rdquo; advirtiendo que las violaciones israel&iacute;es &ldquo;amenazan con hacer descarrilar&rdquo; la segunda fase del plan. Esto a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n que trasciende el conflicto bilateral: la erosi&oacute;n de credibilidad ante los garantes regionales de los que depende toda la arquitectura de verificaci&oacute;n y estabilizaci&oacute;n del acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        En s&iacute;ntesis, el marco negociado contiene elementos t&eacute;cnicamente correctos &mdash;fuerza internacional bajo mando unificado, comit&eacute; nacional palestino como poseedor &uacute;nico de armas, vinculaci&oacute;n formal de fases&mdash;, pero enfrenta los riesgos cl&aacute;sicos de todo acuerdo asim&eacute;trico y no simult&aacute;neo, como incentivos desiguales para el cumplimiento, actores con capacidad de veto que no firmaron el pacto, reinterpretaci&oacute;n unilateral de sus cl&aacute;usulas por la parte con mayor poder relativo, y un calendario electoral que compite con el calendario t&eacute;cnico del proceso. Sin mecanismos de garant&iacute;a externa eficaces y autom&aacute;ticos &mdash;no discrecionales ni dependientes de la &ldquo;decepci&oacute;n&rdquo; de un mediador&mdash;, el riesgo real no es tanto un colapso declarado del acuerdo como su par&aacute;lisis progresiva, un proceso que ni avanza ni se declara formalmente muerto, dejando a la poblaci&oacute;n civil de Gaza en un limbo que las cifras y los hechos sobre el terreno ya confirman.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/israel-no-quiere-plan-paz-gaza_129_13441266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Aug 2026 20:06:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué Israel no quiere ningún plan de paz para Gaza?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Israel,Benjamin Netanyahu,Hamas,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La testosterona y la guerra de Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/testosterona-guerra-iran_129_13402406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d47d8a1-f9c0-44f8-b31e-5ab4b70f2685_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1006y575.jpg" width="1200" height="675" alt="La testosterona y la guerra de Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sustitución del Departamento de Defensa por un “Departamento de Guerra” no es solo un gesto simbólico, sino que es la señal de una visión del mundo que privilegia la confrontación sobre la negociación, la testosterona sobre la prudencia, y la virilidad performativa sobre la inteligencia estratégica</p></div><p class="article-text">
        El primer motivo estructural que explica el r&aacute;pido colapso de los compromisos asumidos en el Memorando de Entendimiento entre Estados e Ir&aacute;n, del 19 de junio pasado, remite a un problema cl&aacute;sico en el mundo de la negociaci&oacute;n: la diferencia entre un acuerdo de principios y un acuerdo de implementaci&oacute;n. Comprometerse a &ldquo;terminar con las operaciones militares en todos los frentes&rdquo; o a &ldquo;respetar la soberan&iacute;a e integridad territorial&rdquo; son declaraciones de intenci&oacute;n que fijan un horizonte normativo compartido, pero que carecen, por s&iacute; mismas, de mecanismos verificables de cumplimiento escalonado. En procesos de paz comparables se ha observado repetidamente que, cuando las partes negocian bajo presi&oacute;n temporal, tienden a aceptar f&oacute;rmulas de compromiso general que permiten firmar el documento, pero postergan para una fase posterior la definici&oacute;n operativa de esos principios. Esto genera un acuerdo incompleto por dise&ntilde;o, ya que ambas partes pueden reivindicar que han cumplido la letra del memorando mientras acusan a la otra de violarlo en la pr&aacute;ctica, precisamente porque los t&eacute;rminos no fueron operacionalizados con indicadores objetivos, calendarios verificables de forma independiente, ni definiciones precisas de qu&eacute; constituye una violaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El segundo motivo, directamente vinculado al punto 5 del Memorando sobre el &ldquo;paso seguro de los buques&rdquo;, ilustra un fen&oacute;meno muy estudiado en negociaci&oacute;n, que es el uso deliberado de est&aacute;ndares de conducta (&ldquo;mejores esfuerzos&rdquo;), en lugar de obligaciones de resultado. Un compromiso de &ldquo;mejores esfuerzos&rdquo; es jur&iacute;dica y pol&iacute;ticamente mucho m&aacute;s d&eacute;bil que una obligaci&oacute;n de garantizar un resultado concreto, porque traslada la carga de la prueba, puesto que no basta con que ocurra un incidente para acreditar el incumplimiento, sino que habr&iacute;a que demostrar que la parte obligada no hizo un esfuerzo razonable para evitarlo, un est&aacute;ndar subjetivo y dif&iacute;cil de verificar en tiempo real, especialmente en un espacio tan complejo operativamente como el Estrecho de Ormuz. Esta ambig&uuml;edad no suele ser accidental. En negociaciones asim&eacute;tricas o de alta desconfianza mutua, las partes prefieren frecuentemente cl&aacute;usulas de conducta antes que de resultado, porque les permite firmar sin comprometerse a algo que pueden no controlar plenamente, pero ese mismo dise&ntilde;o flexible es el que despu&eacute;s facilita que, ante un ataque a un buque, cada parte pueda ofrecer una interpretaci&oacute;n distinta de si hubo o no &ldquo;mejor esfuerzo&rdquo;, dejando la controversia abierta a la interpretaci&oacute;n pol&iacute;tica antes que a un est&aacute;ndar t&eacute;cnico compartido.
    </p><p class="article-text">
        El tercer motivo, quiz&aacute;s el m&aacute;s relevante desde la perspectiva de dise&ntilde;o institucional de acuerdos de paz, es la ausencia de un mecanismo espec&iacute;fico de resoluci&oacute;n de disputas e investigaci&oacute;n de incidentes, sustituido por la f&oacute;rmula m&aacute;s gen&eacute;rica de un &ldquo;mecanismo ejecutivo para supervisar la exitosa implementaci&oacute;n&rdquo; en el punto 12, que, al d&iacute;a de hoy, todav&iacute;a no se ha creado. La distinci&oacute;n no es menor, ya que un mecanismo de resoluci&oacute;n de disputas suele incluir procedimientos de investigaci&oacute;n conjunta o por terceros neutrales, plazos para determinar responsabilidades, canales de comunicaci&oacute;n directa entre mandos militares para desescalar incidentes en tiempo real, y consecuencias predefinidas ante violaciones constatadas. Un &ldquo;mecanismo ejecutivo de supervisi&oacute;n&rdquo;, en cambio, sugiere una estructura m&aacute;s orientada a coordinar el cumplimiento general del memorando y reportar avances, sin necesariamente contar con capacidad de investigaci&oacute;n de incidentes puntuales ni con autoridad para emitir determinaciones vinculantes sobre qui&eacute;n viol&oacute; qu&eacute; disposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta laguna de dise&ntilde;o es especialmente grave en un contexto de desconfianza extrema como el que existe entre Estados Unidos e Ir&aacute;n, porque cuando ocurre un incidente, como un ataque a un buque o un bombardeo, no existe una instancia previamente acordada, neutral y con procedimientos claros a la que ambas partes puedan recurrir para establecer los hechos, antes de que la escalada ret&oacute;rica y militar tome el control de la situaci&oacute;n. En ausencia de ese mecanismo, cada incidente se convierte en un evento interpretado unilateralmente, lo que retroalimenta la l&oacute;gica de acci&oacute;n-reacci&oacute;n y erosiona r&aacute;pidamente cualquier ventana de desescalada que el memorando pretend&iacute;a abrir, confirmando una regularidad bien conocida, la de que los acuerdos que omiten mecanismos eficaces de verificaci&oacute;n e investigaci&oacute;n tienden a colapsar por la imposibilidad estructural de gestionar la primera crisis de cumplimiento que inevitablemente surge tras la firma.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de diplom&aacute;ticos de carrera con experiencia profunda en la arquitectura de la pol&iacute;tica exterior y de defensa de Estados Unidos, genera un vac&iacute;o que no se llena con improvisaci&oacute;n ni con impulsos personales. Cuando la toma de decisiones estrat&eacute;gicas queda en manos de figuras con escaso conocimiento del funcionamiento del sistema internacional &mdash;y adem&aacute;s marcadas por rasgos de inestabilidad, impulsividad o una visi&oacute;n simplista del poder como la del presidente Trump&mdash;, el pa&iacute;s pierde su capacidad de leer matices, anticipar consecuencias y gestionar crisis con inteligencia. La diplomacia profesional no es un adorno burocr&aacute;tico. Es el mecanismo que permite transformar intereses nacionales en estrategias sostenibles, evitar escaladas innecesarias y comprender la psicolog&iacute;a pol&iacute;tica del adversario. Sin ese contrapeso t&eacute;cnico, el proceso de decisi&oacute;n se vuelve err&aacute;tico, dominado por percepciones subjetivas, obsesiones personales y una peligrosa confusi&oacute;n entre fuerza y eficacia.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la sustituci&oacute;n del Departamento de Defensa por un &ldquo;Departamento de Guerra&rdquo; no es solo un gesto simb&oacute;lico, sino que es la se&ntilde;al de una visi&oacute;n del mundo que privilegia la confrontaci&oacute;n sobre la negociaci&oacute;n, la testosterona sobre la prudencia, y la virilidad performativa sobre la inteligencia estrat&eacute;gica. El secretario de Guerra ha erigido el nivel de la testosterona como factor determinante en su pol&iacute;tica, una aberraci&oacute;n que tiene consecuencias autom&aacute;ticas en la toma de decisiones equivocadas dentro de un marco meramente militarista, y frente a un adversario, Ir&aacute;n, que, sin utilizar la terminolog&iacute;a hormonal testicular, funciona con una mentalidad de acci&oacute;n-reacci&oacute;n militar tambi&eacute;n condicionado por la masculinidad t&oacute;xica militarizada, en un pa&iacute;s donde las mujeres son reprimidas y controladas socialmente por un r&eacute;gimen represor, con lo que, al final, el choque entre Estados Unidos e Ir&aacute;n, adem&aacute;s de geopol&iacute;tico, es tambi&eacute;n un combate de virilidades criminales. El resultado es una espiral de decisiones equivocadas, tomadas desde la adrenalina y no desde el an&aacute;lisis, que reduce el espacio para la diplomacia y aumenta el riesgo de errores de c&aacute;lculo con consecuencias devastadoras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/testosterona-guerra-iran_129_13402406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 19:51:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La testosterona y la guerra de Irán]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El derecho a no morir en una guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecho-no-morir-guerra_129_13345427.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb153bc2-4287-4549-9180-86455ab23144_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El derecho a no morir en una guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ucrania prohibió la salida de hombres de 18 a 60 años desde febrero de 2022, con una ley de movilización más estricta aprobada en mayo de 2024. Como han explicado multitud de reportajes, existe una alta presión sobre los soldados que llevan 2 o 3 años en el frente, sin rotación, por lo que los que sobreviven acaban teniendo severas secuelas mentales y un fuerte estrés postraumático</p></div><p class="article-text">
        El ejecutivo europeo anunci&oacute; el pasado viernes su intenci&oacute;n de extender durante un a&ntilde;o adicional, el marco legal de protecci&oacute;n temporal destinado a los ciudadanos ucranianos que abandonan su pa&iacute;s a causa del conflicto b&eacute;lico y buscan amparo en territorio europeo. No obstante, la instituci&oacute;n con sede en Bruselas ha planteado introducir cambios en dicha normativa con el objetivo de excluir de este beneficio a aquellos ucranianos en edad de prestar servicio militar, es decir, principalmente varones de entre 23 y 60 a&ntilde;os que se encuentren en condiciones f&iacute;sicas de incorporarse a las fuerzas armadas de su pa&iacute;s. El prop&oacute;sito detr&aacute;s de esta modificaci&oacute;n es garantizar que Ucrania no vea mermada su capacidad para movilizar soldados frente a la ofensiva del Gobierno de Vlad&iacute;mir Putin. De hecho, el comisario europeo responsable de Migraci&oacute;n y Asuntos Internos, Magnus Brunner, subray&oacute; que esta iniciativa no va en detrimento de los intereses ucranianos, sino que responde a una solicitud formulada directamente por Kiev.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, los pa&iacute;ses integrantes del bloque europeo impedir&aacute;n la permanencia en su territorio a ciudadanos ucranianos en edad militar, salvo que cuenten con la autorizaci&oacute;n expresa de las autoridades de Kiev. Sin embargo, fuentes oficiales de la UE aclaran que quienes ya residan actualmente en alg&uacute;n Estado miembro no ser&aacute;n expulsados ni se les revocar&aacute; su permiso de estancia. La propuesta deber&aacute; recibir el visto bueno del Consejo de la UE. Aun as&iacute;, fuentes comunitarias anticipan que los Estados miembros aprobar&aacute;n sin mayores obst&aacute;culos esta reforma, impulsada por el propio gobierno de Zelenski, y que podr&iacute;a entrar en vigor en las pr&oacute;ximas semanas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en las guerras todos los bandos esconden la cifra de sus muertos, la OTAN estima que Rusia ha perdido 250.000 soldados en la guerra, cifra que el Gobierno brit&aacute;nico duplica, medio mill&oacute;n. La OTAN estima que Ucrania ha perdido entre 60.000 y 100.000 soldados, por lo que estamos hablando de una guerra que ya ha provocado centenares de miles de muertos, sin lo que los frentes de guerra se muevan demasiado en los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os, por lo que el nivel de letalidad es una crueldad injustificada incluso desde el punto de vista militar.
    </p><p class="article-text">
        Se estima que, tanto en Rusia como en Ucrania, medio mill&oacute;n de j&oacute;venes han huido para evitar ir a esta guerra tan sanguinaria. Ir al matadero puede ser una opci&oacute;n individual, pero nunca debe ser una obligaci&oacute;n, sea cual sea la invocaci&oacute;n. La obligatoriedad de ir a una guerra va en contra de los principios elementales del derecho a la vida. Ucrania prohibi&oacute; la salida de hombres de 18 a 60 a&ntilde;os desde febrero de 2022, con una ley de movilizaci&oacute;n m&aacute;s estricta aprobada en mayo de 2024. Como han explicado multitud de reportajes, existe una alta presi&oacute;n sobre los soldados que llevan 2 o 3 a&ntilde;os en el frente, sin rotaci&oacute;n, por lo que los que sobreviven acaban teniendo severas secuelas mentales y un fuerte estr&eacute;s postraum&aacute;tico. Ambos pa&iacute;ses ten&iacute;an legalizada la objeci&oacute;n de conciencia al servicio militar, pero esta legislaci&oacute;n qued&oacute; abolida tras iniciarse la guerra en 2022. Quieras o no, lo entiendas o no, te obligan a ir a un frente sumamente letal.
    </p><p class="article-text">
        La guerra es siempre un fracaso de la humanidad, y quienes la analizan con rigor llegan invariablemente a la misma conclusi&oacute;n: ning&uacute;n objetivo pol&iacute;tico, territorial o ideol&oacute;gico justifica la destrucci&oacute;n sistem&aacute;tica de vidas humanas. Las guerras contempor&aacute;neas no resuelven los conflictos que las originan; los agravan, los perpet&uacute;an y los transmiten a generaciones que no eligieron pelear. Detr&aacute;s de cada conflicto armado existe un sistema que lo hace posible y rentable: industrias armamentistas que necesitan mercados, &eacute;lites pol&iacute;ticas que instrumentalizan el miedo, medios de comunicaci&oacute;n que espectacularizan la violencia y estructuras ideol&oacute;gicas que glorifican el sacrificio b&eacute;lico como virtud patri&oacute;tica. Este sistema no es natural ni inevitable; es construido, mantenido y reproducido por actores concretos con intereses concretos. Reconocer esto es el primer paso para resistirlo.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de esa l&oacute;gica perversa, el soldado raso &mdash;el joven arrancado de su vida cotidiana para empu&ntilde;ar un arma&mdash;, es simult&aacute;neamente la pieza m&aacute;s prescindible y la m&aacute;s explotada del engranaje b&eacute;lico. Se le dice que defender la patria es un deber sagrado, que el enemigo es un monstruo deshumanizado, que la muerte propia o ajena tiene sentido cuando va envuelta en una bandera. Pero ninguna bandera devuelve la vida a quien la pierde, ni repara el trauma de quien mata por orden de otros. Por eso, la tradici&oacute;n m&aacute;s honesta del pensamiento humanista ha sostenido siempre que la conciencia individual es una autoridad moral que ning&uacute;n Estado tiene derecho a anular. Obligar a una persona a matar o a morir en una guerra que su conciencia rechaza, es una forma de violencia institucional tan real como las balas mismas. El derecho a la vida no es solo el derecho a no ser matado: es tambi&eacute;n el derecho a no ser convertido en instrumento de muerte ajena.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto en Ucrania ilustra con dolorosa claridad esta tensi&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de los an&aacute;lisis geopol&iacute;ticos y de las responsabilidades que cada parte pueda tener en el origen y en la prolongaci&oacute;n de la guerra, existe una realidad humana elemental e innegable la de que hay miles de hombres y mujeres, en ambos lados de la l&iacute;nea de frente, que no quieren estar all&iacute;. Ucranianos que huyen de la movilizaci&oacute;n forzosa, que se esconden, que cruzan fronteras arriesgando todo, no necesariamente porque sean cobardes o traidores, sino porque su conciencia les dice que no pueden matar, que no quieren morir, que el conflicto tiene salidas que los que detentan el poder no han querido explorar con suficiente determinaci&oacute;n. Criminalizar a esas personas, perseguirlas y forzarlas a combatir es tratar los cuerpos y las conciencias humanas como recursos b&eacute;licos al servicio del Estado, exactamente la inversi&oacute;n de lo que deber&iacute;a ser la relaci&oacute;n entre el individuo y las instituciones que supuestamente lo protegen.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna ley de ning&uacute;n Estado deber&iacute;a estar por encima del derecho fundamental de una persona a negarse a participar en la violencia organizada, cuando su conciencia as&iacute; lo exige. La objeci&oacute;n de conciencia no es un privilegio ni una excusa: es un derecho humano reconocido internacionalmente, una expresi&oacute;n de la dignidad moral de la persona que ninguna emergencia nacional puede leg&iacute;timamente suspender. Reconocer ese derecho &mdash;tambi&eacute;n en tiempos de guerra, tambi&eacute;n en Ucrania&mdash;, no equivale a ignorar la complejidad del conflicto ni a absolver a quienes lo iniciaron con su agresi&oacute;n. Equivale simplemente a afirmar que hay un l&iacute;mite que la conciencia humana no est&aacute; obligada a cruzar, y que una sociedad verdaderamente libre es aquella que respeta ese l&iacute;mite incluso cuando le resulta inc&oacute;modo, porque la libertad que no se ejerce en los momentos dif&iacute;ciles no es libertad, es apenas una concesi&oacute;n revocable del poder.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de la Comisi&oacute;n Europea de excluir de la protecci&oacute;n temporal a los ucranianos en edad militar representa algo m&aacute;s que un ajuste t&eacute;cnico en una normativa de emergencia, pues representa un giro moral de enorme gravedad que merece ser llamado por su nombre. La Uni&oacute;n Europea, que ha construido buena parte de su identidad pol&iacute;tica sobre la defensa de los derechos humanos, el Estado de derecho y la dignidad de la persona, est&aacute; considerando convertirse en brazo ejecutor de una pol&iacute;tica de reclutamiento forzoso ajeno, devolviendo hombres a un frente donde morir o quedar destruidos psicol&oacute;gicamente no es una posibilidad remota sino una probabilidad estad&iacute;sticamente abrumadora. Que la instituci&oacute;n europea justifique su decisi&oacute;n argumentando que responde a una solicitud del propio gobierno de Kiev, no la exime de responsabilidad moral, ya que los gobiernos en guerra tienen incentivos sist&eacute;micos para sacrificar a sus ciudadanos, y precisamente para eso existe el derecho internacional de los derechos humanos, para proteger a las personas frente a sus propios Estados cuando estos los tratan como munici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hace esta decisi&oacute;n especialmente perturbadora es que anula, en la pr&aacute;ctica, el &uacute;nico espacio de libertad real que le quedaba a quien hab&iacute;a decidido, con enorme coste personal, que no pod&iacute;a ni quer&iacute;a participar en esa guerra. Huir no es cobard&iacute;a: es, en muchos casos, el &uacute;nico acto de soberan&iacute;a moral que le queda a quien ha sido despojado de todos los dem&aacute;s. M&aacute;s de medio mill&oacute;n de j&oacute;venes, ucranianos y rusos, han arriesgado todo para escapar de esa l&oacute;gica. No son desertores en el sentido peyorativo del t&eacute;rmino, sino seres humanos que han ejercido el juicio moral m&aacute;s b&aacute;sico, el de negarse a convertirse en instrumentos de una violencia que no cesa, que no avanza, que no resuelve nada y que los destruye tanto si sobreviven como si no. La Europa que se niega a acogerlos, o que los acoge condicionalmente hasta que Kiev d&eacute; su visto bueno para retenerlos, no est&aacute; aplicando una pol&iacute;tica migratoria, est&aacute; subcontratando la coerci&oacute;n b&eacute;lica y llamando a eso solidaridad con Ucrania. Ir al matadero puede ser una elecci&oacute;n; nunca puede ser una obligaci&oacute;n impuesta por ning&uacute;n Estado, y menos a&uacute;n facilitada por una uni&oacute;n de Estados que se reclama defensora de los derechos fundamentales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecho-no-morir-guerra_129_13345427.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 19:57:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El derecho a no morir en una guerra]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[EEUU-Irán: un acuerdo muy favorable (de momento) para Teherán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/eeuu-iran-acuerdo-favorable-momento-teheran_129_13312568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0cd3148-70c1-4a2c-a50d-4973a9b35bc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="EEUU-Irán: un acuerdo muy favorable (de momento) para Teherán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los elementos que van conociéndose revelan una arquitectura negociadora extraordinariamente favorable para Irán, lo que explica tanto el entusiasmo de Teherán como las reservas de Tel Aviv y de sectores del 'establishment' estadounidense. La cláusula de no interferencia mutua en los asuntos internos del otro es un reconocimiento implícito de su soberanía que Teherán ha perseguido durante décadas</p></div><p class="article-text">
        El acuerdo de principios alcanzado entre Estados Unidos e Ir&aacute;n descansa sobre dos pilares de seguridad inmediata: el mantenimiento de un alto al fuego y la reapertura del Estrecho de Ormuz, arteria vital del comercio energ&eacute;tico global. Sobre esta base, ambas partes se han otorgado un plazo de dos meses para negociar las cuestiones t&eacute;cnicas del Memor&aacute;ndum de Entendimiento (MoU), un instrumento jur&iacute;dico-diplom&aacute;tico de naturaleza pre-vinculante que establece principios y par&aacute;metros generales sin comprometer a&uacute;n obligaciones definitivas de fondo. Su valor estrat&eacute;gico reside en unas primeras medidas de construcci&oacute;n de confianza, orientadas a reducir la hostilidad inmediata y crear las condiciones m&iacute;nimas para que un proceso de mayor profundidad pueda sostenerse.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la ausencia de Israel es un elemento de enorme significaci&oacute;n anal&iacute;tica, pues Tel Aviv ha actuado hasta ahora como un <em>spoiler</em> cl&aacute;sico, es decir, un actor que percibe que la paz amenaza sus intereses y que utiliza todos los medios disponibles, desde la presi&oacute;n pol&iacute;tica hasta la acci&oacute;n militar, para sabotear el proceso. Washington opt&oacute; conscientemente por una estrategia de <em>sobrepaso</em> a ese actor, asumiendo el coste pol&iacute;tico de la fractura con su aliado estrat&eacute;gico, pero Israel puede volver a ejercer ese papel perturbador en cualquier momento de los pr&oacute;ximos dos meses, especialmente si percibe que los contenidos del acuerdo comprometen de manera irreversible su seguridad regional.
    </p><p class="article-text">
        Los elementos que van conoci&eacute;ndose del Memor&aacute;ndum revelan una arquitectura negociadora extraordinariamente favorable a Ir&aacute;n, lo que explica tanto el entusiasmo de Teher&aacute;n como las reservas de Tel Aviv y de sectores del <em>establishment</em> estadounidense. Entre las disposiciones m&aacute;s significativas figura una cl&aacute;usula de no interferencia mutua en los asuntos internos del otro, un reconocimiento impl&iacute;cito de la soberan&iacute;a iran&iacute; que Teher&aacute;n ha perseguido durante d&eacute;cadas como condici&oacute;n de dignidad nacional; la posibilidad de que Estados Unidos reduzca su presencia militar en el Golfo P&eacute;rsico, lo que alterar&iacute;a el equilibrio de poder regional de manera estructural; y un supuesto compromiso para financiar con 300.000 millones de d&oacute;lares la reconstrucci&oacute;n de Ir&aacute;n, cifra de enorme potencia simb&oacute;lica pero de credibilidad muy incierta, habida cuenta de la penosa experiencia de los compromisos de reconstrucci&oacute;n para Gaza, que en su mayor parte quedaron sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        A estos elementos se a&ntilde;aden el levantamiento de las sanciones contra Ir&aacute;n y la liberaci&oacute;n de sus activos congelados en el exterior, medidas que Teher&aacute;n considera condiciones de supervivencia econ&oacute;mica no negociables, as&iacute; como el establecimiento de un mecanismo de verificaci&oacute;n y el aval de Naciones Unidas mediante una resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad, lo que dotar&iacute;a al acuerdo de una legitimidad multilateral que lo blindar&iacute;a, al menos parcialmente, frente a futuras administraciones estadounidenses o frente a la presi&oacute;n israel&iacute;. En conjunto, este contenido configura un &ldquo;paquete de medidas asim&eacute;trico&rdquo;, en el que la parte que m&aacute;s concede en apariencia, Estados Unidos, es quien posee mayor urgencia en estabilizar el proceso.
    </p><p class="article-text">
        El dise&ntilde;o del acuerdo responde a una l&oacute;gica cl&aacute;sica de diplomacia por etapas, que prioriza los puntos de convergencia m&aacute;s accesibles antes de abordar los asuntos de mayor sensibilidad pol&iacute;tica y t&eacute;cnica. Las disposiciones de seguridad inmediata -el alto al fuego y la reapertura del Estrecho- demuestran que ambas partes poseen voluntad pol&iacute;tica suficiente para ceder en puntos operacionales concretos, generando una din&aacute;mica necesaria para sostener el proceso. El diferimiento de los asuntos verdaderamente centrales a las conversaciones t&eacute;cnicas de los pr&oacute;ximos dos meses responde a la necesidad de gestionar las l&iacute;neas rojas de cada parte. 
    </p><p class="article-text">
        Para Ir&aacute;n, el compromiso formal de no producir armas nucleares, algo antiguo y que figura en el MoU, representa una concesi&oacute;n de enorme trascendencia interna que requiere ser compensada con las garant&iacute;as econ&oacute;micas y de soberan&iacute;a ya mencionadas; para Estados Unidos, cualquier concesi&oacute;n verificable en materia de enriquecimiento o de presencia militar necesita un proceso de legitimaci&oacute;n interna que no puede realizarse en una primera ronda. Parad&oacute;jicamente, el compromiso nuclear iran&iacute; es tambi&eacute;n el elemento que puede ofrecer cierto alivio a Israel, aunque dif&iacute;cilmente suficiente para neutralizar su oposici&oacute;n a un acuerdo que percibe como un reconocimiento estrat&eacute;gico de la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica. El establecimiento de grupos de trabajo t&eacute;cnicos traslada los asuntos m&aacute;s conflictivos a un espacio de negociaci&oacute;n m&aacute;s discreto, menos expuesto a las presiones de la opini&oacute;n p&uacute;blica y a los actores dom&eacute;sticos de veto en ambos pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La configuraci&oacute;n multilateral de los apoyos diplom&aacute;ticos constituye uno de los elementos de mayor riqueza anal&iacute;tica del proceso. Pakist&aacute;n ejerce la mediaci&oacute;n formal, con capacidad de proponer soluciones y aproximar posiciones, mientras que Qatar, Arabia Saudita y Turqu&iacute;a aportan sus buenos oficios, una funci&oacute;n facilitadora m&aacute;s discreta orientada a crear las condiciones log&iacute;sticas, comunicacionales y pol&iacute;ticas para el di&aacute;logo. Que Qatar haya asumido este rol no sorprende, pues Doha ha construido durante d&eacute;cadas una doctrina de pol&iacute;tica exterior basada en ser sede de negociaciones sensibles, capitalizando su peque&ntilde;ez geopol&iacute;tica como garant&iacute;a de neutralidad instrumental. M&aacute;s significativo resulta el papel de Arabia Saudita, hist&oacute;ricamente el principal adversario regional de Ir&aacute;n, cuya disposici&oacute;n a facilitar el proceso indica un reordenamiento estructural del sistema de seguridad del Golfo, en el que Riad parece priorizar la estabilidad econ&oacute;mica y el proyecto Vision 2030 sobre la l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n sectaria, especialmente tras el acercamiento saud&iacute;-iran&iacute; mediado por China en 2023.
    </p><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de Turqu&iacute;a a&ntilde;ade la dimensi&oacute;n de una potencia media con v&iacute;nculos simult&aacute;neos con la OTAN, el mundo isl&aacute;mico y Rusia, dotando al proceso de una legitimidad transregional que ning&uacute;n otro actor podr&iacute;a ofrecer. Esta constelaci&oacute;n no es accidental, sino que representa la construcci&oacute;n deliberada de una coalici&oacute;n de garantes, una red de actores con intereses propios en el &eacute;xito del proceso, que funciona como red de seguridad pol&iacute;tica frente a los embates del spoiler israel&iacute; y frente a la fragilidad inherente de todo entendimiento en sus fases tempranas.
    </p><p class="article-text">
        Un Memor&aacute;ndum de Entendimiento no constituye ninguna garant&iacute;a de culminaci&oacute;n exitosa, y la historia de las negociaciones de paz en conflictos de alta intensidad est&aacute; plagada de MoUs que funcionaron como antesalas de nuevos ciclos de ruptura, antes que como umbrales hacia acuerdos definitivos. Lo que s&iacute; ofrece este instrumento son unas narrativas de blanqueamiento, salvar la apariencia. Washington puede presentarlo como una demostraci&oacute;n de firmeza coercitiva que dobleg&oacute; la postura iran&iacute; en materia de seguridad mar&iacute;tima; Teher&aacute;n puede enmarcarlo como el inicio del camino hacia el levantamiento de sanciones y como un reconocimiento de su peso estrat&eacute;gico. Este mecanismo de ambig&uuml;edad constructiva es precisamente lo que permite que dos partes con narrativas nacionales profundamente incompatibles, firmen un mismo documento sin que ninguna perciba haber capitulado.
    </p><p class="article-text">
        El plazo de dos meses, quiz&aacute;s prorrogable, opera como una fecha l&iacute;mite diplom&aacute;tica que obliga a las partes a mantener y aprovechar el &ldquo;momento de aproximaci&oacute;n&rdquo; y a gestionar sus exigencias m&aacute;s maximalistas dentro de un horizonte acotado. Sin embargo, ese mismo plazo introduce un riesgo sim&eacute;trico, pues, si las conversaciones t&eacute;cnicas fracasan o se estancan, si el compromiso de reconstrucci&oacute;n de 300.000 millones corre la misma suerte que los prometidos para Gaza, si Israel encuentra la manera de reactivar su rol de <em>spoiler</em> o si los actores dom&eacute;sticos de veto en Washington bloquean las concesiones necesarias, el coste pol&iacute;tico del colapso ser&aacute; considerablemente mayor para ambas partes que si el MoU nunca hubiera existido. El acuerdo ha convertido el proceso en una apuesta, que eleva tanto las posibilidades de un entendimiento hist&oacute;rico como las de una ruptura de consecuencias agravadas. Se ha dado un paso adelante, pero el acuerdo definitivo tendr&aacute; que esperar, al menos, dos meses m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/eeuu-iran-acuerdo-favorable-momento-teheran_129_13312568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:14:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[EEUU-Irán: un acuerdo muy favorable (de momento) para Teherán]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Irán,Acuerdos,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las garantías de cumplimiento, la clave para la paz en Oriente Medio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/garantias-cumplimiento-clave-paz-oriente-medio_129_13288151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9bbc7eac-c279-4f06-94db-fe259ade5936_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las garantías de cumplimiento, la clave para la paz en Oriente Medio"></p><p class="article-text">
        La experiencia hist&oacute;rica de los conflictos armados entre 1990 y 2025, ofrece una lecci&oacute;n contundente y dif&iacute;cilmente rebatible: de las 60 guerras registradas en ese per&iacute;odo, el 35% concluyeron con un acuerdo de paz formal, y en todos y cada uno de esos casos, el &eacute;xito o el fracaso posterior del proceso estuvo directamente vinculado a la existencia o ausencia de garant&iacute;as s&oacute;lidas de cumplimiento. Esta evidencia emp&iacute;rica no es un dato menor ni anecd&oacute;tico; es una verdad estructural que deber&iacute;a guiar cualquier proceso negociador serio, especialmente en una regi&oacute;n tan vol&aacute;til y compleja como Oriente Medio. 
    </p><p class="article-text">
        Las palabras, las declaraciones de intenciones y hasta las promesas solemnes firmadas ante la comunidad internacional, han demostrado ser insuficientes cuando no van acompa&ntilde;adas de mecanismos concretos y verificables que obliguen a las partes a cumplir lo acordado. Por ello, en cualquier negociaci&oacute;n, no basta con definir la agenda tem&aacute;tica ni con alcanzar un entendimiento provisional sobre los puntos de fricci&oacute;n; es imprescindible construir simult&aacute;neamente una arquitectura de garant&iacute;as que dote al acuerdo de credibilidad, durabilidad y eficacia real. Sin esa arquitectura, la desconfianza entre las partes no solo persiste, sino que se agrava. La negociaci&oacute;n aut&eacute;ntica no termina cuando se rubrica un acuerdo; empieza precisamente en ese momento, cuando comienza la ardua tarea de transformar compromisos formales en realidades verificables sobre el terreno.
    </p><p class="article-text">
        Los tres conflictos actualmente activos en Oriente Medio m&aacute;s medi&aacute;ticos (Ir&aacute;n, Gaza y el L&iacute;bano), presentan agendas negociadoras distintas, pero comparten el mismo d&eacute;ficit estructural, que es la ausencia de garant&iacute;as cre&iacute;bles de cumplimiento que permitan avanzar desde el regateo posicional hacia una negociaci&oacute;n genuina y transformadora. En el caso de Ir&aacute;n, la agenda es deliberadamente corta pero extraordinariamente densa en implicaciones estrat&eacute;gicas: la apertura del estrecho de Ormuz, el establecimiento de un alto el fuego permanente, la definici&oacute;n del papel que Ir&aacute;n podr&iacute;a desempe&ntilde;ar en el control de esa v&iacute;a mar&iacute;tima esencial para la econom&iacute;a global, la garant&iacute;a verificable de que Teher&aacute;n no producir&aacute; armas nucleares, el acceso a los activos financieros congelados y la consolidaci&oacute;n de un cese de hostilidades duradero en el L&iacute;bano. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que se observa en esas negociaciones no es un di&aacute;logo basado en intereses comunes, sino un regateo posicional en el que cada parte trata de maximizar sus ventajas sin ceder en lo esencial, lo que hace a&uacute;n m&aacute;s urgente la introducci&oacute;n de mecanismos externos de verificaci&oacute;n y presi&oacute;n. En Gaza, el problema inmediato es diferente pero igualmente bloqueado, ya que se trata de implementar y completar la primera fase del acuerdo propuesto por la administraci&oacute;n Trump, pero esa implementaci&oacute;n choca contra una realidad pol&iacute;tica incontestable, la de que Hamas no proceder&aacute; a su desarme mientras las Fuerzas de Defensa de Israel permanezcan desplegadas en territorio gazat&iacute;. En el L&iacute;bano, la l&oacute;gica es sim&eacute;trica e igualmente circular. Hezbol&aacute; no suspender&aacute; su actividad militar mientras Israel contin&uacute;e ocupando y bombardeando territorios libaneses. 
    </p><p class="article-text">
        En los tres escenarios, Israel emerge como el principal obst&aacute;culo para cualquier avance sustantivo, ejerciendo una formidable capacidad de bloqueo que convierte al primer ministro Netanyahu en un spoiler, es decir, un actor con incentivos y capacidad para sabotear acuerdos que no se alineen con sus intereses pol&iacute;ticos inmediatos. Ante esta realidad, Estados Unidos no tendr&aacute; m&aacute;s remedio que ejercer una presi&oacute;n decidida y sostenida sobre su aliado israel&iacute;, una presi&oacute;n que hasta ahora ha brillado por su intermitencia y ambig&uuml;edad, pero que se ha vuelto imprescindible si Washington aspira a desempe&ntilde;ar un papel mediador cre&iacute;ble y efectivo en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Comprender la paz duradera exige distinguir con precisi&oacute;n entre dos dimensiones complementarias, pero conceptualmente diferentes: los mecanismos de seguimiento y las garant&iacute;as de implementaci&oacute;n. Los primeros sirven para saber si un acuerdo se cumple; observan, registran, certifican y dan constancia p&uacute;blica de las desviaciones. Las garant&iacute;as de implementaci&oacute;n, en cambio, tienen una funci&oacute;n m&aacute;s profunda y transformadora: sirven para que el acuerdo pueda cumplirse realmente, creando las condiciones institucionales, jur&iacute;dicas, diplom&aacute;ticas y econ&oacute;micas que hacen posible la transici&oacute;n del compromiso formal a la realidad concreta. 
    </p><p class="article-text">
        El seguimiento mira y certifica; la implementaci&oacute;n transforma la realidad. Los acuerdos de paz m&aacute;s s&oacute;lidos y duraderos de la historia reciente, han combinado ambas arquitecturas: una estructura jur&iacute;dica protegida internacionalmente y un sistema de seguimiento capaz de mantener presi&oacute;n pol&iacute;tica durante a&ntilde;os, incluso cuando la atenci&oacute;n medi&aacute;tica se desvanece y la voluntad pol&iacute;tica de los gobiernos flaquea. Esta distinci&oacute;n es especialmente relevante para los conflictos de Oriente Medio, donde la historia reciente est&aacute; plagada de acuerdos que nunca superaron la fase declarativa, precisamente porque carecieron de mecanismos de presi&oacute;n externos suficientemente fuertes y eficaces. Aunque los gobiernos signatarios son siempre los responsables finales de la correcta implementaci&oacute;n de lo acordado, resulta igualmente imprescindible dise&ntilde;ar una arquitectura externa de presi&oacute;n pol&iacute;tica, diplom&aacute;tica y econ&oacute;mica que sea aplicable con igual rigor tanto a Israel como a Ir&aacute;n, sin excepciones ni dobles raseros que socaven la credibilidad del sistema. 
    </p><p class="article-text">
        Esta arquitectura debe incluir mecanismos de supervisi&oacute;n internacional con capacidad de intervenci&oacute;n efectiva, incentivos positivos vinculados al cumplimiento progresivo de los compromisos y costes reales y predecibles asociados a cualquier violaci&oacute;n del acuerdo, de modo que los actores m&aacute;s reticentes comprendan que el incumplimiento tiene consecuencias tangibles e inevitables. En este marco, existe adem&aacute;s una soluci&oacute;n t&eacute;cnica potencialmente viable para uno de los nudos gordianos del expediente nuclear iran&iacute;. El problema del stock de uranio enriquecido ya en posesi&oacute;n de Ir&aacute;n podr&iacute;a resolverse si potencias como China o Rusia acordasen adquirir ese material, retir&aacute;ndolo del territorio iran&iacute; bajo supervisi&oacute;n internacional, lo que reducir&iacute;a dr&aacute;sticamente el riesgo de proliferaci&oacute;n sin que Teher&aacute;n tuviese que percibir esa cesi&oacute;n como una rendici&oacute;n unilateral, dado que recibir&iacute;a a cambio compensaciones y el reconocimiento impl&iacute;cito de sus derechos en el marco del Tratado de No Proliferaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esta f&oacute;rmula, ya explorada en versiones anteriores de la negociaci&oacute;n nuclear, tiene la virtud de conjugar los intereses de seguridad de Occidente con los intereses econ&oacute;micos y de prestigio de Ir&aacute;n, ofreciendo adem&aacute;s a Mosc&uacute; y Pek&iacute;n un papel constructivo que podr&iacute;a alinearlos con el proceso de estabilizaci&oacute;n regional, en lugar de mantenerlos en una posici&oacute;n de obstaculizaci&oacute;n estrat&eacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las soluciones inmediatas y los mecanismos puntuales de verificaci&oacute;n, la sostenibilidad de la paz en Oriente Medio exige una visi&oacute;n de largo alcance que trascienda la gesti&oacute;n de los conflictos individuales para abordar la arquitectura de seguridad regional en su conjunto. Los pa&iacute;ses del Golfo, ahora ya lo tienen claro. A corto y medio plazo, deber&aacute; comenzar a discutirse seriamente la creaci&oacute;n de un sistema de seguridad colectiva para Oriente Medio, inspirado en el modelo que Europa construy&oacute; a partir de 1975 con la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperaci&oacute;n en Europa &mdash;la CSCE, hoy convertida en la OSCE&mdash;, un instrumento que, en plena Guerra Fr&iacute;a y en un contexto de desconfianza mutua profunda entre bloques antag&oacute;nicos, logr&oacute; establecer normas de conducta compartidas, mecanismos de verificaci&oacute;n militar, compromisos sobre derechos humanos y canales de di&aacute;logo pol&iacute;tico multilateral que contribuyeron decisivamente a la distensi&oacute;n y, eventualmente, a la transformaci&oacute;n pac&iacute;fica del orden europeo. 
    </p><p class="article-text">
        Un sistema an&aacute;logo para Oriente Medio tendr&iacute;a que incorporar a todos los actores relevantes de la regi&oacute;n, incluyendo Israel, Ir&aacute;n, los pa&iacute;ses &aacute;rabes del Golfo, Egipto, Turqu&iacute;a y los actores no estatales con representaci&oacute;n pol&iacute;tica reconocida, bajo el paraguas de las Naciones Unidas y con el respaldo activo de las grandes potencias. Este sistema proporcionar&iacute;a garant&iacute;as de seguridad colectiva para todos sus miembros, establecer&iacute;a normas vinculantes sobre el uso de la fuerza, la proliferaci&oacute;n de armamentos y el respeto a la soberan&iacute;a territorial, y crear&iacute;a mecanismos de gesti&oacute;n pac&iacute;fica de controversias que redujesen la tentaci&oacute;n de recurrir a la violencia como instrumento de pol&iacute;tica exterior. La lecci&oacute;n fundamental que la historia del conflicto en Oriente Medio impone con brutal claridad es que ning&uacute;n acuerdo bilateral, por bien dise&ntilde;ado que est&eacute;, puede garantizar una paz sostenible en una regi&oacute;n donde las interdependencias de seguridad son tan complejas y donde los incumplimientos de unos tienen consecuencias inmediatas sobre todos los dem&aacute;s. Solo una arquitectura de seguridad regional multilateral, dotada de instituciones permanentes, mecanismos de verificaci&oacute;n independientes y capacidad real de presi&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, podr&aacute; ofrecer las garant&iacute;as estructurales que los conflictos de Gaza, el L&iacute;bano e Ir&aacute;n requieren para ser no solo gestionados, sino definitivamente resueltos. El momento para comenzar a construir esa arquitectura es precisamente ahora, mientras los conflictos a&uacute;n est&aacute;n activos, porque solo as&iacute; las garant&iacute;as podr&aacute;n ser integradas desde el origen en cualquier acuerdo que aspire a ser duradero y cre&iacute;ble.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/garantias-cumplimiento-clave-paz-oriente-medio_129_13288151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 19:42:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las garantías de cumplimiento, la clave para la paz en Oriente Medio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desbloquear-negociaciones-estados-unidos-e-iran_129_13147990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54c58a80-ff87-43fb-82d6-0571dde65826_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Estados Unidos asumiera un compromiso explícito de presión sobre Israel, condicionando su respaldo diplomático y militar a la adhesión israelí al acuerdo, este obstáculo podría transformarse en una palanca de estabilización regional. El alto al fuego alcanzado en Líbano este jueves puede ayudar en ese sentido</p></div><p class="article-text">
        Va a celebrarse una segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n. Las primeras conversaciones directas celebradas en Pakist&aacute;n, aunque fuentes diplom&aacute;ticas describieron el encuentro con &ldquo;optimismo&rdquo;, el proceso arrastr&oacute; desde el inicio graves fallos metodol&oacute;gicos. Las agendas iniciales resultaron profundamente incompatibles: Ir&aacute;n exig&iacute;a control sobre el estrecho de Ormuz, descongelaci&oacute;n de fondos, levantamiento de sanciones e inclusi&oacute;n del L&iacute;bano en el alto el fuego, mientras EE.UU. demandaba la apertura del estrecho, el desmantelamiento del programa nuclear y de misiles iran&iacute;, y el cese del apoyo a grupos islamistas. 
    </p><p class="article-text">
        A ello se a&ntilde;adi&oacute; una notable imprecisi&oacute;n en las posiciones: ning&uacute;n pa&iacute;s public&oacute; versiones oficiales de sus demandas, y cada detalle filtrado por una parte era negado por la otra, reflejando la distancia real entre ambas y la ausencia total de comunicados conjuntos que pudieran anclar los avances y generar confianza mutua. Adem&aacute;s, no pod&iacute;a pedirse que un acuerdo se lograra en el primer d&iacute;a; se necesitan varias rondas para conseguirlo. En 2015, en las negociaciones con Ir&aacute;n en Viena sobre el tema nuclear, y en las que se logr&oacute; un acuerdo, el secretario de Estado John Kerry pas&oacute; 18 d&iacute;as consecutivos en el hotel donde se celebraban las reuniones, incluso con una pierna rota. Nada que ver con impaciencia inicial del vicepresidente Vance.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n en Pakist&aacute;n se vio adem&aacute;s saboteada por m&uacute;ltiples factores externos e internos. Israel actu&oacute; como elemento desestabilizador esp&oacute;iler), continuando sus ataques en el L&iacute;bano mientras las partes negociaban, con Netanyahu neg&aacute;ndose a acatar el alto el fuego y Trump insistiendo en que el L&iacute;bano no formaba parte del acuerdo original. Por su lado, Trump adopt&oacute; un lenguaje triunfalista, de suma cero y deslegitimador &mdash;proclamando la victoria antes de cerrar ning&uacute;n acuerdo&mdash;, lo que redujo los incentivos iran&iacute;es para ceder y debilit&oacute; a sus propios negociadores. Ir&aacute;n, por su parte, recurri&oacute; a un discurso esencialista, cargado de agravios hist&oacute;ricos, simbolog&iacute;a religiosa y una l&oacute;gica maniquea v&iacute;ctima-agresor que endureci&oacute; sus posiciones y cerr&oacute; el espacio para concesiones. Como &uacute;nico elemento positivo, los equipos t&eacute;cnicos continuaron trabajando sobre los borradores para una pr&oacute;xima ronda, lo que representa una buena pr&aacute;ctica metodol&oacute;gica, aunque insuficiente para compensar el peso de los dem&aacute;s fallos.
    </p><p class="article-text">
        Mirando lo que pide cada parte, pero tambi&eacute;n la historia del conflicto, veo posibilidades de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, aunque implica tambi&eacute;n a Israel. Se basar&iacute;a en los siguientes puntos: cese de hostilidades de las dos partes, incluida Israel; suspensi&oacute;n preventiva de nuevas sanciones; suspensi&oacute;n de los apoyos militares de Ir&aacute;n a Ham&aacute;s y Hizbul&aacute;; creaci&oacute;n de un mecanismo de verificaci&oacute;n de la ONU para el cese de hostilidades, y de la OIEA para temas nucleares; actualizaci&oacute;n del Acuerdo Nuclear con Ir&aacute;n (JCPOA) de 2015, reforzado, como garant&iacute;a de no proliferaci&oacute;n nuclear, eliminando as&iacute; cualquier posibilidad de fabricar armas nucleares; acceso a Ir&aacute;n de la tecnolog&iacute;a nuclear civil, con verificaci&oacute;n de la OIEA; entrega a la OIEA del uranio enriquecido superior al 60%, en caso de existir; moratoria de pruebas de misiles de largo alcance de Ir&aacute;n, a cambio de que los pa&iacute;ses del Golfo y Estados Unidos no ampl&iacute;en sus sistemas de defensa antimisiles. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n garant&iacute;as hacia Ir&aacute;n de que el estrecho de Ormuz no ser&aacute; utilizado para atacarla, a cambio de permitir el paso libre de los buques; Ir&aacute;n se encargar&iacute;a de la seguridad del estrecho de Ormuz y de la libre navegaci&oacute;n; compromiso de no agresi&oacute;n sobre Ir&aacute;n desde los pa&iacute;ses del Golfo o desde las bases militares de Estados Unidos en estos pa&iacute;ses; alto al fuego inmediato en el sur del L&iacute;bano, apoyo a las negociaciones ya iniciados entre los gobiernos de Israel y L&iacute;bano; retomar la iniciativa de desmilitarizar el sur de L&iacute;bano; levantamiento de las sanciones a Ir&aacute;n y retorno de sus activos congelados; iniciar un proceso de seguridad para toda la regi&oacute;n del Golfo, creando una instituci&oacute;n con esta finalidad, y una resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad sobre el acuerdo alcanzado.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta corrige varios de los fallos identificados en las primeras conversaciones de Islamabad. Su principal virtud es la l&oacute;gica de reciprocidad equilibrada, pues, frente a las agendas inicialmente incompatibles de ambas partes, la propuesta articula concesiones sim&eacute;tricas y verificables, evitando la l&oacute;gica de suma cero que caracteriz&oacute; el discurso de Trump en medio de las negociaciones, que adem&aacute;s utiliz&oacute; un lenguaje coercitivo por presi&oacute;n psicol&oacute;gica y contradictorio t&aacute;cticamente, al decir &ldquo;no importa. Desde el punto de vista de Estados Unidos, ganamos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Respecto al tratamiento del estrecho de Ormuz, en lugar de confrontar la exigencia iran&iacute; de control con la demanda estadounidense de apertura, la propuesta combina el reconociendo de la responsabilidad iran&iacute; sobre la seguridad del estrecho, a cambio de garant&iacute;as de no agresi&oacute;n, lo que transforma un punto de bloqueo en un posible punto de encuentro. La actualizaci&oacute;n reforzada del JCPOA, la entrega del uranio enriquecido y el acceso a tecnolog&iacute;a nuclear civil con verificaci&oacute;n de la OIEA, ofrecen a Ir&aacute;n incentivos concretos y dignificantes, mientras satisfacen la exigencia estadounidense de no proliferaci&oacute;n sin recurrir a la humillaci&oacute;n p&uacute;blica que hizo m&aacute;s r&iacute;gidas las posiciones iran&iacute;es. La moratoria de misiles con contrapartida para los pa&iacute;ses del Golfo introduce adem&aacute;s una dimensi&oacute;n regional hasta ahora ausente del di&aacute;logo bilateral, y la resoluci&oacute;n del Consejo de Seguridad aportar&iacute;a el anclaje multilateral del que carecieron las conversaciones de Islamabad, reduciendo la dependencia del acuerdo respecto de la voluntad pol&iacute;tica coyuntural de cada gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la propuesta presenta dificultades de entrada que, lejos de ser insalvables, podr&iacute;an superarse si todas las partes asumen compromisos orientados a aumentar la seguridad regional. El punto aparentemente m&aacute;s complejo es la inclusi&oacute;n de Israel en el cese de hostilidades, dado que Netanyahu ha actuado como <em>spoiler</em> en las conversaciones previas. No obstante, si Estados Unidos asumiera un compromiso expl&iacute;cito de presi&oacute;n sobre Israel, condicionando su respaldo diplom&aacute;tico y militar a la adhesi&oacute;n israel&iacute; al acuerdo, este obst&aacute;culo podr&iacute;a transformarse en una palanca de estabilizaci&oacute;n regional. El alto al fuego alcanzado en L&iacute;bano este jueves puede ayudar en ese sentido.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, la suspensi&oacute;n del apoyo iran&iacute; a Ham&aacute;s y Hezbol&aacute;, aunque dif&iacute;cil de vender internamente por el r&eacute;gimen, resultar&iacute;a m&aacute;s asumible si se enmarca no como una rendici&oacute;n sino como una contribuci&oacute;n iran&iacute; al nuevo sistema de seguridad regional, en el que Ir&aacute;n ganar&iacute;a reconocimiento como actor leg&iacute;timo y garante del estrecho de Ormuz. La reducci&oacute;n progresiva de bases militares estadounidenses en el Golfo, podr&iacute;a igualmente conciliarse en la nueva instituci&oacute;n de seguridad regional propuesta, un marco de garant&iacute;as colectivas que sustituya funcionalmente la protecci&oacute;n que hoy les ofrecen dichas bases. Finalmente, los riesgos sobre la fiabilidad de los mecanismos de verificaci&oacute;n &mdash;ONU y OIEA&mdash; son reales, pero mitigables si el acuerdo establece protocolos de transparencia m&aacute;s exigentes que los del JCPOA original y sanciones autom&aacute;ticas ante incumplimientos. En s&iacute;ntesis, la propuesta es viable si se aborda con voluntad pol&iacute;tica colectiva, ampliando la mesa negociadora e invirtiendo en los mecanismos de confianza que las conversaciones de Islamabad no lograron construir.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, el tema central parecer ser el de la proliferaci&oacute;n nuclear, donde Estados Unidos exige una suspensi&oacute;n de 20 a&ntilde;os en el enriquecimiento de uranio, mientras que Ir&aacute;n solo est&aacute; dispuesto a hacerlo en menos de 10 a&ntilde;os, aunque con el compromiso de diluir su uranio enriquecido. Al respecto, quiero recordar dos cosas. La primera es que, en el acuerdo de 2015, ambas partes ya acordaron limitar el nivel de enriquecimiento del uranio al 3,67%, con unas reservas m&aacute;ximas de 300 quilos de uranio enriquecido, y un m&aacute;ximo de 6.000 centrifugadoras IR-1, lo cual garantizaba la imposibilidad de construir armas nucleares. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la conveniencia de recuperar este acuerdo, que fue anulado por Trump en mayo de 2018, despu&eacute;s de que Netanyahu visitara a Trump el 5 de marzo de aquel a&ntilde;o, en la conferencia anual de AIPC, un <em>lobby</em> de apoyo de Estados Unidos a Israel, donde el tema central fue la capacidad nuclear de Ir&aacute;n, y Netanyahu pidi&oacute; una posici&oacute;n m&aacute;s dura a Estados Unidos. El segundo aspecto a comentar es que, menos de 48 horas antes de que comenzaran los ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel contra Ir&aacute;n el 28 de febrero, el enviado especial estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, se reunieron con el ministro de Asuntos Exteriores iran&iacute;, Abbas Araghchi, en Ginebra para una tercera ronda de conversaciones mediadas por Om&aacute;n, y con el objetivo de alcanzar un acuerdo nuclear. 
    </p><p class="article-text">
        La prestigiosa revista <em>Arms Control Today</em>, creada en 1974, en su &uacute;ltimo n&uacute;mero describe con precisi&oacute;n este encuentro, y se&ntilde;ala que Witkoff no contaba con suficiente experiencia t&eacute;cnica ni diplom&aacute;tica para llevar a cabo una diplomacia eficaz. No se enter&oacute; de nada. Su falta de conocimiento y la tergiversaci&oacute;n de las posiciones de Ir&aacute;n y su programa nuclear durante todo el proceso, influyeron en la valoraci&oacute;n de Trump de que las conversaciones no avanzaban y que Ir&aacute;n no negociaba en serio, a pesar de que este pa&iacute;s inform&oacute; que no acumular&iacute;a m&aacute;s uranio enriquecido y aceptar&iacute;a una amplia supervisi&oacute;n del OIEA. A pesar de que Ir&aacute;n mostr&oacute; flexibilidad, Trump parec&iacute;a no estar interesado en un proceso de negociaci&oacute;n prolongado, y seguramente ya ten&iacute;a tomada de decisi&oacute;n de atacar, a instancias de Netanyahu. La lecci&oacute;n es clara: se necesita m&aacute;s tiempo, negociadores expertos en cuestiones nucleares, no un promotor inmobiliario neoyorquino, buscar salidas honrosas para ambas partes, y aprovechar la oportunidad para empezar un proceso de seguridad regional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desbloquear-negociaciones-estados-unidos-e-iran_129_13147990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo desbloquear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[El desarme de Hizbulá, la retirada de Israel y la seguridad en Oriente Medio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarme-hizbula-retirada-israel-seguridad-oriente-medio_129_13133131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b9a8e8a-7e6e-4a92-8248-ea527e7f8db7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El desarme de Hizbulá, la retirada de Israel y la seguridad en Oriente Medio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Exigir a Hizbulá que abandone el gobierno libanés como condición previa a cualquier conversación no es una medida de confianza. Es, en la práctica, una precondición que el grupo no puede aceptar sin percibir que renuncia a su posición antes de obtener nada a cambio, lo que bloquea el proceso antes de que comience</p></div><p class="article-text">
        Habr&aacute; que esperar el desarrollo de las negociaciones de Estados Unidos con Ir&aacute;n y de Israel con el L&iacute;bano en los pr&oacute;ximos d&iacute;as (aunque persiste la pol&eacute;mica sobre si Ir&aacute;n pondr&aacute; el futuro de Hizbul&aacute; en su paquete negociador) para ver lo que va a ocurrir en el sur del L&iacute;bano, y, a medio plazo, quiz&aacute;s tambi&eacute;n a la seguridad regional, pues se abre una ventana de oportunidad para abordar varios problemas a la vez, aunque a las diplomacias de Estados Unidos e Israel les costar&aacute; ver esta posibilidad. De momento, veamos los dilemas que se presentan respecto al L&iacute;bano. Nada f&aacute;ciles, por cierto, pues hist&oacute;ricamente Israel ha intentado controlar el sur del L&iacute;bano como franja defensiva y de reordenaci&oacute;n estrat&eacute;gica, con la convicci&oacute;n de que puede quedarse con todo el territorio situado al sur del r&iacute;o Litani. El prop&oacute;sito de anexi&oacute;n viene de lejos, por lo que no ser&aacute; f&aacute;cil cambiar esta corriente ideol&oacute;gica y estrat&eacute;gica vinculada al expansionismo, contraria al pragmatismo propio de una negociaci&oacute;n basada en incentivos.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta israel&iacute; de iniciar conversaciones para un alto al fuego en el L&iacute;bano &ldquo;lo antes posible&rdquo;, condicionado al desarme de Hizbul&aacute; y a su exclusi&oacute;n del Gobierno liban&eacute;s, reproduce uno de los errores m&aacute;s documentados en la resoluci&oacute;n de conflictos armados: la negativa a sentar en la mesa a actores armados que, aunque inc&oacute;modos o ileg&iacute;timos a ojos de una de las partes, son pol&iacute;ticamente imprescindibles para que cualquier acuerdo sea sostenible, y m&aacute;s cuando se trata de un movimiento pol&iacute;tico y social, no solo una milicia. Eso implica que Israel e Hizbul&aacute; tendr&aacute;n que sentarse en una mesa, reconoci&eacute;ndose como &ldquo;leg&iacute;timos interlocutores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las lecciones del proceso de paz en Irlanda del Norte, por ejemplo, son elocuentes al respecto. El Reino Unido tard&oacute; d&eacute;cadas en aceptar que el IRA y su brazo pol&iacute;tico, el Sinn F&eacute;in, deb&iacute;an participar directamente en las negociaciones, y solo cuando esa participaci&oacute;n se garantiz&oacute; &mdash;con condiciones, pero sin exclusiones previas absolutas&mdash;, fue posible el Acuerdo de Viernes Santo de 1998. Del mismo modo, en el proceso colombiano con las FARC, intentar negociar un desarme sin incluir a la guerrilla como interlocutor directo hab&iacute;a fracasado sistem&aacute;ticamente durante d&eacute;cadas; solo el di&aacute;logo directo, celebrado en La Habana entre 2012 y 2016, produjo un acuerdo estructurado por etapas.
    </p><p class="article-text">
        Exigir a Hizbul&aacute; que abandone el gobierno liban&eacute;s como condici&oacute;n previa a cualquier conversaci&oacute;n no es una medida de confianza. Es, en la pr&aacute;ctica, una precondici&oacute;n que el grupo no puede aceptar sin percibir que renuncia a su posici&oacute;n antes de obtener nada a cambio, lo que bloquea el proceso antes de que comience. El dilema del orden de los pasos, si primero el alto al fuego o primero el desarme, es, en realidad, un falso dilema, pues la experiencia comparada muestra que ambos procesos deben dise&ntilde;arse de forma simult&aacute;nea y secuenciada, con incentivos claros para cada etapa cumplida. Esto deber&iacute;a entenderlo Israel, pues, seg&uacute;n algunas fuentes, piensa continuar atacando a Hizbul&aacute;, con lo que entrar&iacute;amos en una espiral sin fin, y eso hay que evitarlo a toda costa.
    </p><p class="article-text">
        A esta complejidad estructural hay que a&ntilde;adir que cualquier acuerdo duradero requiere necesariamente un di&aacute;logo nacional interno liban&eacute;s que recomponga el fr&aacute;gil equilibrio confesional y pol&iacute;tico del pa&iacute;s. L&iacute;bano no es solo el escenario del conflicto, sino tambi&eacute;n una v&iacute;ctima institucional del mismo, y su Estado ha sido hist&oacute;ricamente demasiado d&eacute;bil para imponer el monopolio de la fuerza en su propio territorio. Por ello, un acuerdo que no contemple el fortalecimiento real y verificable de las Fuerzas Armadas Libanesas, con capacidad operativa demostrada para desplegar en el corto plazo en el sur del pa&iacute;s, estar&iacute;a condenado al fracaso. Esto implica, a su vez, que Israel deber&iacute;a comprometerse a una retirada total y ordenada del territorio liban&eacute;s que ha ocupado, requisito sin el cual el proceso de desarme gradual de Hizbul&aacute; &mdash;que ya estaba previsto en la Resoluci&oacute;n 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2006&mdash;, carece de entorno pol&iacute;tico en el que prosperar.
    </p><p class="article-text">
        Ese plan de desarme por etapas, que exist&iacute;a sobre el papel desde 2025, pero nunca se implement&oacute; del todo por la ausencia de condiciones de seguridad rec&iacute;procas, podr&iacute;a reactivarse si se crease un mecanismo internacional de verificaci&oacute;n robusto y cre&iacute;ble, posiblemente mediante un refuerzo sustancial de UNIFIL con mayores capacidades de monitoreo, medios t&eacute;cnicos modernos y un mandato m&aacute;s ejecutivo que el actual, que permita constatar el cumplimiento de cada fase y generar la confianza mutua que hoy es inexistente. La verificaci&oacute;n internacional ha sido clave en otros procesos. En el propio acuerdo nuclear iran&iacute; de 2015, el JCPOA, y desmontado por Trump en 2017, la presencia de observadores con mandato claro redujo significativamente el riesgo de que una parte denunciara incumplimientos sin base real, estabilizando el proceso incluso en momentos de alta tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El dilema que plantea el desarme de Hizbul&aacute; presenta, adem&aacute;s, llamativas similitudes con el que rodea a Ham&aacute;s, y ambos casos no pueden entenderse plenamente sin considerar el papel de Ir&aacute;n como financiador hist&oacute;rico de los dos movimientos. Teher&aacute;n ha declarado expl&iacute;citamente que no presionar&aacute; hacia el desarme de ninguno de sus aliados mientras Israel no se retire totalmente de los territorios palestinos ocupados, lo que convierte la cuesti&oacute;n en un nudo gordiano regional que trasciende con mucho los l&iacute;mites de una negociaci&oacute;n bilateral.
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica (no hay desarme sin cumplimiento previo de los acuerdos pol&iacute;ticos de fondo), no es exclusiva de los actores del conflicto israel&iacute;-palestino-liban&eacute;s, sino que constituye un patr&oacute;n recurrente en la historia de los procesos de paz. En Colombia, la guerrilla del ELN ha condicionado sistem&aacute;ticamente cualquier avance hacia el desarme a la implementaci&oacute;n efectiva de los compromisos del Estado en materia de desarrollo territorial, sustituci&oacute;n de cultivos y garant&iacute;as de seguridad para sus militantes desmovilizados. El caso del PKK kurdo es igualmente ilustrativo, ya que el movimiento anunci&oacute; el pasado a&ntilde;o el abandono formal de la lucha armada, un paso de enorme trascendencia simb&oacute;lica y pol&iacute;tica, pero se ha resistido a entregar las armas mientras no se concreten garant&iacute;as pol&iacute;ticas verificables para losexcombatientess y la poblaci&oacute;n kurda en Turqu&iacute;a. Estos ejemplos ponen de manifiesto una verdad inc&oacute;moda pero ineludible para cualquier negociador: el desarme no es un punto de partida ni un acto espont&aacute;neo de buena voluntad, sino el resultado final, y fr&aacute;gil, de un proceso en el que los acuerdos pol&iacute;ticos deben comenzar a cumplirse de forma cre&iacute;ble y verificable. Sin esa secuencia de confianza construida paso a paso, con mecanismos de verificaci&oacute;n internacionales s&oacute;lidos y garant&iacute;as pol&iacute;ticas tangibles, exigir el desarme como condici&oacute;n previa no es diplomacia, pues para muchos grupos armados es simplemente rendici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con una perspectiva m&aacute;s amplia, estas negociaciones bilaterales no deber&iacute;an concebirse como un fin en s&iacute; mismas, sino como el primer eslab&oacute;n de una arquitectura de seguridad regional en Oriente Medio que hoy brilla por su ausencia. T&eacute;ngase en cuenta que, en 2024, y sin contar Siria y Yemen, los datos del SIPRI se&ntilde;alaron que, en 2024, los pa&iacute;ses de Oriente Medio tuvieron unos gastos militares de 243.500 millones de d&oacute;lares, el 4,2% de su PIB, una barbaridad de militarizaci&oacute;n, incompatible con la seguridad en com&uacute;n. En 2026, estos n&uacute;meros ser&aacute;n bastante superiores. Con todo, el momento actual presenta una oportunidad que ser&iacute;a irresponsable desaprovechar: la posibilidad de que Ir&aacute;n alcance un nuevo acuerdo de desnuclearizaci&oacute;n que supere y refuerce el JCPOA de 2015, en un contexto en el que Teher&aacute;n ha visto debilitadas sus redes de proyecci&oacute;n regional, Hizbul&aacute; incluido, y podr&iacute;a tener incentivos econ&oacute;micos y de seguridad para negociar. Ya hay propuestas en este sentido; solo hay que atenderlas. Un acuerdo as&iacute;, pactado multilateralmente entre todos los actores de la regi&oacute;n, con garant&iacute;as de potencias externas, podr&iacute;a sentar las bases de una estructura similar a lo que representa la Organizaci&oacute;n para la Seguridad y la Cooperaci&oacute;n en Europa (OSCE) para el continente europeo, creada en 1975 (CSCE) y decisivo para superar los conflictos de la Guerra Fr&iacute;a, pues era un foro permanente de di&aacute;logo, verificaci&oacute;n de compromisos, gesti&oacute;n de crisis y construcci&oacute;n progresiva de confianza entre adversarios hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Europa tard&oacute; d&eacute;cadas en construir esa arquitectura tras la Segunda Guerra Mundial, y no fue un camino lineal ni sencillo, pero los Acuerdos de Helsinki de 1975 demostraron que incluso entre sistemas pol&iacute;ticos e ideol&oacute;gicos profundamente enfrentados, es posible acordar reglas m&iacute;nimas de convivencia. Oriente Medio necesita hoy su propio Helsinki, un proceso que comience con los pasos peque&ntilde;os pero concretos de un alto al fuego verificado en el L&iacute;bano y que, con paciencia estrat&eacute;gica y voluntad pol&iacute;tica real, y mediante un acuerdo real y sostenido con Ir&aacute;n, pueda escalar hacia una paz regional que ninguna de las partes ha sido capaz de imaginar, o de querer imaginar, hasta ahora. Si las negociaciones con Ir&aacute;n terminan bien, deberemos hablar de este punto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desarme-hizbula-retirada-israel-seguridad-oriente-medio_129_13133131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:21:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El desarme de Hizbulá, la retirada de Israel y la seguridad en Oriente Medio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Vamos hacia un nuevo paradigma de las guerras?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-paradigma-guerras_129_13120317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b7c715a-e451-4e0d-af9b-c3cff6b52ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140092.jpg" width="3149" height="1771" alt="¿Vamos hacia un nuevo paradigma de las guerras?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el adversario es descrito en términos animales o patológicos, se crea el marco psicológico que permite justificar crímenes de una magnitud que de otro modo resultaría intolerable</p></div><p class="article-text">
        Las guerras en Ucrania, Gaza, L&iacute;bano e Ir&aacute;n comparten rasgos estructurales que sugieren que no son guerras aisladas, sino expresiones de un nuevo modelo b&eacute;lico global. Israel, guiado por una doctrina sionista cada vez m&aacute;s ofensiva bajo liderazgos de extrema derecha, participa en tres de los cuatro escenarios, lo que revela la existencia de un actor con una estrategia de guerra permanente y multipolar. Todos estos conflictos han sido adem&aacute;s esencializados, puesto que sus protagonistas los presentan como luchas existenciales en las que cualquier concesi&oacute;n equivale a una rendici&oacute;n identitaria, lo que clausura el espacio para el pragmatismo pol&iacute;tico y convierte la negociaci&oacute;n en una forma de traici&oacute;n. La religi&oacute;n refuerza este marco como legitimador supremo &mdash;el sionismo mesi&aacute;nico, la yihad, la ortodoxia rusa bendecida por el Kremlin, el evangelismo redentor de Trump&mdash;, situando la violencia por encima de cualquier argumento jur&iacute;dico o humanitario. Las narrativas de &ldquo;gran destino hist&oacute;rico&rdquo; completan el andamiaje ideol&oacute;gico que justifica la guerra indefinida. Putin invoca la lucha contra el nazismo para legitimar la invasi&oacute;n de Ucrania; Netanyahu apela al Holocausto para justificar operaciones que causan decenas de miles de v&iacute;ctimas civiles. Estas narrativas no son solo propaganda, sino que estructuran profundamente la percepci&oacute;n que los propios actores tienen de s&iacute; mismos, inscribiendo cada acci&oacute;n b&eacute;lica en un arco temporal m&iacute;tico que refuerza la disposici&oacute;n al sacrificio y hace pol&iacute;ticamente imposible cualquier concesi&oacute;n en el presente.
    </p><p class="article-text">
        Estos conflictos son adem&aacute;s profundamente internacionalizados, funcionando como campos de batalla subrogados de rivalidades geopol&iacute;ticas globales, garantizando a los beligerantes el suministro continuo de armas, financiaci&oacute;n y legitimidad pol&iacute;tica. Esta internacionalizaci&oacute;n no solo prolonga las guerras, sino que hace enormemente dif&iacute;cil cualquier mediaci&oacute;n, porque resolver el conflicto local implicar&iacute;a tambi&eacute;n resolver las tensiones entre las potencias que lo alimentan desde el exterior. El enfrentamiento entre Ir&aacute;n y sus <em>proxies </em>(guerras indirectas por procuraci&oacute;n) de un lado, e Israel y sus aliados del otro, es la columna vertebral del sistema de seguridad de Oriente Medio, mientras que la guerra en Ucrania es el escenario principal de la disputa entre Rusia y Occidente por el control del espacio postsovi&eacute;tico y el orden de seguridad europeo. La disuasi&oacute;n nuclear act&uacute;a como tel&oacute;n de fondo parad&oacute;jico en todo este sistema, ya que impide la escalada directa entre grandes potencias, pero permite que las guerras convencionales se prolonguen indefinidamente. Esta geometr&iacute;a nuclear garantiza que los conflictos se mantengan por debajo de cierto umbral de intensidad, pero tambi&eacute;n que se estanquen en equilibrios de destrucci&oacute;n que nadie tiene incentivos claros para romper.
    </p><p class="article-text">
        El dominio del espacio a&eacute;reo &mdash;cazas de quinta generaci&oacute;n, misiles de precisi&oacute;n y, sobre todo, drones de distintas categor&iacute;as&mdash;, se ha convertido en la variable militar determinante de estos conflictos. Esta preferencia por el poder a&eacute;reo responde a varias l&oacute;gicas simult&aacute;neas: minimiza las bajas propias, permite operar a distancia, dificulta la atribuci&oacute;n de responsabilidad jur&iacute;dica y genera un efecto de terror y agotamiento sobre las poblaciones civiles. Los drones, en particular, han &ldquo;democratizado&rdquo; parcialmente esta capacidad, permitiendo a actores no estatales como Hezbol&aacute; o Ham&aacute;s disponer de una dimensi&oacute;n a&eacute;rea antes exclusiva de los Estados. La ocupaci&oacute;n territorial y la reingenier&iacute;a demogr&aacute;fica completan la dimensi&oacute;n espacial de estos conflictos. Rusia ha procedido a la anexi&oacute;n formal de cuatro regiones ucranianas, ha deportado a cientos de miles de personas y ha borrado sistem&aacute;ticamente la identidad cultural ucraniana en los territorios que controla. Israel ha intensificado la construcci&oacute;n de asentamientos en Cisjordania, declarados ilegales por el derecho internacional, ha ocupado y destruido el sur del L&iacute;bano, y en Gaza ha aplicado una pol&iacute;tica de destrucci&oacute;n sistem&aacute;tica orientada a hacer la Franja inhabitable para su poblaci&oacute;n original. Esta combinaci&oacute;n de conquista militar con transformaci&oacute;n demogr&aacute;fica revela que el objetivo final no es simplemente ganar la guerra, sino redise&ntilde;ar el mapa humano de la regi&oacute;n de forma irreversible.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias humanitarias de este modelo son catastr&oacute;ficas y, en gran medida, deliberadas. Los civiles y las infraestructuras esenciales (hospitales, redes el&eacute;ctricas, sistemas de agua, mercados, escuelas), son objetivos militares sistem&aacute;ticos, no da&ntilde;os colaterales inevitables. Esta t&aacute;ctica de guerra total contra la poblaci&oacute;n civil busca quebrar la voluntad de resistencia y generar condiciones de vida insostenibles que fuercen el desplazamiento o la capitulaci&oacute;n. Los desplazamientos masivos de poblaci&oacute;n son su consecuencia m&aacute;s visible. En muchos casos estos desplazamientos no son efectos secundarios, sino objetivos deliberados, destinados a crear hechos demogr&aacute;ficos consumados dif&iacute;cilmente reversibles. La devastaci&oacute;n econ&oacute;mica que acompa&ntilde;a a todo ello opera en m&uacute;ltiples escalas: en Gaza la econom&iacute;a ha sido destruida pr&aacute;cticamente en su totalidad; Ucrania ha perdido una fracci&oacute;n enorme de su PIB y sus infraestructuras energ&eacute;ticas han sido sistem&aacute;ticamente arrasadas; los pa&iacute;ses vecinos absorben millones de refugiados y soportan el impacto de la inestabilidad en los precios de la energ&iacute;a y los alimentos. Esta dimensi&oacute;n econ&oacute;mica raramente aparece en los an&aacute;lisis estrat&eacute;gicos, pero es con frecuencia la que determina la capacidad de resistencia de las poblaciones y, por tanto, la duraci&oacute;n real de los conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto ocurre en un contexto de colapso progresivo del orden jur&iacute;dico internacional. El derecho humanitario y los Convenios de Ginebra son ignorados abiertamente por todos los actores principales. El Tribunal Penal Internacional ha emitido una orden de arresto contra Putin por la deportaci&oacute;n de ni&ntilde;os ucranianos, e Israel enfrenta procedimientos ante la Corte Internacional de Justicia acusado de genocidio, pero ninguna de estas instancias posee mecanismos coercitivos efectivos frente a potencias militarmente significativas o protegidas por aliados con derecho a veto. La ONU ha sido marginada hasta la irrelevancia operativa. El Consejo de Seguridad est&aacute; paralizado por vetos cruzados &mdash;Estados Unidos bloquea resoluciones sobre Gaza; Rusia y China, sobre Ucrania&mdash;, las resoluciones de la Asamblea General carecen de fuerza vinculante y las misiones de paz de la ONU en el L&iacute;bano han sido atacadas directamente por fuerzas israel&iacute;es. Esta marginaci&oacute;n deliberada de la ONU no es accidental, sino el resultado de una estrategia consciente de los actores m&aacute;s poderosos, para preservar su libertad de acci&oacute;n militar sin rendici&oacute;n de cuentas internacional, convirtiendo a la organizaci&oacute;n en testigo impotente de cat&aacute;strofes que su carta fundacional fue dise&ntilde;ada precisamente para prevenir. El desprecio hacia el derecho internacional no es simplemente una consecuencia de la guerra: se ha convertido en una herramienta m&aacute;s de la estrategia b&eacute;lica, un mensaje deliberado dirigido tanto al adversario como a la propia opini&oacute;n p&uacute;blica nacional.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s revelador de este nuevo paradigma es su l&oacute;gica pol&iacute;tica interna, que combina varios elementos mutuamente reforzantes. Los liderazgos extremistas que protagonizan estos conflictos &mdash;Netanyahu con su coalici&oacute;n de ultraderecha religiosa, Trump y su tecnofascismo, Putin con su nacionalismo imperial mesi&aacute;nico, Ham&aacute;s y Hezbol&aacute; con sus ideolog&iacute;as intransigentes&mdash;, obtienen r&eacute;ditos pol&iacute;ticos internos de la continuaci&oacute;n de la guerra, lo que hace que la paz no sea simplemente dif&iacute;cil sino activamente inconveniente para quienes detentan el poder. Cualquier l&iacute;der que muestre disposici&oacute;n al di&aacute;logo se arriesga a ser eliminado pol&iacute;ticamente por los sectores m&aacute;s duros de su propio campo. Esta din&aacute;mica explica la ruptura sistem&aacute;tica de negociaciones ya iniciadas y la ausencia de mediaciones efectivas. La preferencia por la fuerza como primera opci&oacute;n, y no como &uacute;ltimo recurso, y la b&uacute;squeda de una victoria militar total en lugar de un acuerdo negociado, completan este cuadro, pues los actores m&aacute;s poderosos no buscan resolver las guerras, sino gestionarlas, porque la continuaci&oacute;n del conflicto les permite debilitar al adversario y consolidar posiciones sobre el terreno que de otro modo ser&iacute;an inviables pol&iacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n sistem&aacute;tica de im&aacute;genes de enemigo y la deshumanizaci&oacute;n del adversario son los mecanismos culturales que hacen socialmente sostenible todo lo anterior. Los aparatos de propaganda estatales, los medios afines y las redes sociales trabajan para presentar al adversario como encarnaci&oacute;n del mal absoluto: los palestinos como terroristas innatos, los israel&iacute;es como colonizadores genocidas, los rusos como b&aacute;rbaros imperialistas, los ucranianos como instrumentos del nazismo, los ayatol&aacute;s iran&iacute;es como encarnaci&oacute;n del mal. Cuando el adversario es descrito en t&eacute;rminos animales o patol&oacute;gicos, se crea el marco psicol&oacute;gico que permite justificar cr&iacute;menes de una magnitud que de otro modo resultar&iacute;a intolerable. Esta deshumanizaci&oacute;n no es un epifen&oacute;meno de la guerra, sino una de sus condiciones de posibilidad. El resultado acumulado de todos estos procesos es la militarizaci&oacute;n progresiva de las sociedades y del discurso pol&iacute;tico global: los presupuestos de defensa se disparan en todo el mundo, Europa debate su remilitarizaci&oacute;n acelerada, las econom&iacute;as se reconvierten en m&aacute;quinas de guerra y la l&oacute;gica de la fuerza se normaliza como principio ordenador de las relaciones internacionales. Si estos cuatro conflictos anuncian efectivamente el perfil de las guerras del siglo XXI, lo que revelan es una crisis sist&eacute;mica del orden internacional (jur&iacute;dico, diplom&aacute;tico y moral), que ninguno de sus actores principales parece capaz, ni verdaderamente dispuesto, a revertir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevo-paradigma-guerras_129_13120317.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Vladímir Putin,Donald Trump,Benjamin Netanyahu,Hamas,Rusia,Ucrania,Crisis Ucrania,Conflicto Palestina-Israel,Palestina,Israel,Franja de Gaza,Gaza,Irán,Guerra en Irán,Líbano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nuevo-plan-gaza-condenado-fracaso_129_13106541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9af8eff-7efc-4bdc-965b-c1f90ea64c34_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo cierto es que ha habido casi 700 muertos por la violación del alto al fuego de octubre de 2025, no llega toda la ayuda humanitaria necesaria a Gaza, no ha habido ninguna amnistía, ni hay señal alguna de que Israel vaya a retirar del todo sus tropas</p><p class="subtitle">Decenas de exembajadores y altos funcionarios israelíes firman una carta pública contra la violencia en Cisjordania</p></div><p class="article-text">
        La intensidad y lo err&aacute;tico de la guerra en Ir&aacute;n, ha obligado a posponer negociaciones de otros conflictos armados, como el de Ucrania, y eclipsado novedades importantes en contextos como el de Gaza, donde en estos d&iacute;as han ocurrido cosas muy importantes. Nickolay Mladenov, alto representante de la Junta de Paz para Gaza, ha expuesto ante el Consejo de Seguridad varios puntos destinados, en teor&iacute;a, a garantizar la implementaci&oacute;n del plan de paz del presidente estadounidense Donald Trump. Poco despu&eacute;s se conocieron los detalles de lo que se han bautizado como &ldquo;Pasos para complementar la implementaci&oacute;n del Plan de Paz Integral de Trump para Gaza&rdquo;, que consta de doce puntos y cinco fases, con un calendario para los cuatro primeros.
    </p><p class="article-text">
        Antes de comentar estos puntos, hay que recordar que, dos d&iacute;as antes de su presentaci&oacute;n, los ministros de Asuntos Exteriores de 20 pa&iacute;ses, 11 de ellos europeos, entre los que estaban Espa&ntilde;a y Francia, as&iacute; como los secretarios generales de la Liga de Estados &Aacute;rabes (LEA) y la Organizaci&oacute;n de Cooperaci&oacute;n Isl&aacute;mica (OCI), emitieron una declaraci&oacute;n conjunta condenando las actuales medidas israel&iacute;es como una &ldquo;flagrante violaci&oacute;n&rdquo; del derecho internacional que promueve una &ldquo;anexi&oacute;n de facto&rdquo; de Palestina, instando a Israel a revertirlas y advirtiendo sobre su impacto en la viabilidad de una soluci&oacute;n de dos Estados. Creo que es interesante recordarlo, pues choca bastante con los 12 pasos y 5 fases que ahora comentar&eacute;, muy complacientes con Israel y su &ldquo;guerra de redenci&oacute;n&rdquo;, como la llama Netanyahu, que no solo ha arrasado Gaza, sino que tambi&eacute;n se est&aacute; anexionando Cisjordania. Destaco igualmente que las fuerzas armadas israel&iacute;es han rociado tierras agr&iacute;colas con niveles peligrosamente altos del herbicida glifosato, a lo largo de la valla fronteriza de Gaza, impidiendo que los agricultores palestinos accedan a sus tierras. Ha hecho lo mismo en el sur del L&iacute;bano, en una pol&iacute;tica de &ldquo;tierra quemada&rdquo;, o &ldquo;cortar el c&eacute;sped&rdquo;, como dice el Gobierno israel&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el alto representante de la Junta de Paz para Gaza diga en el Consejo de Seguridad de la ONU que ya se ha completado la primera etapa del plan original de Trump, lo cierto es que ha habido casi 700 muertos por la violaci&oacute;n del alto al fuego de octubre de 2025, no llega toda la ayuda humanitaria necesaria a Gaza, no ha habido ninguna amnist&iacute;a, ni hay se&ntilde;al alguna de que Israel vaya a retirar del todo sus tropas. Adem&aacute;s, el contexto geopol&iacute;tico actual se&ntilde;ala que Israel no est&aacute; interesado en lograr una arquitectura de seguridad equilibrada con sus vecinos, sino en consolidar su supremac&iacute;a en la regi&oacute;n, junto a Estados Unidos. La guerra de Ir&aacute;n, pues, afecta de lleno a Gaza.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pretende este nuevo plan? Pues b&aacute;sicamente lograr el desarme de Ham&aacute;s y la Yihad Isl&aacute;mica, sin que en ning&uacute;n momento se mencione la creaci&oacute;n de un Estado palestino. La primera fase, de 15 d&iacute;as, es para preparar la recogida de las armas y para que el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza (NCAG) asuma el control de la seguridad y administraci&oacute;n de Gaza, algo muy abstracto, pues no se menciona cuando comenzar&aacute; el plan, y supone priorizar la seguridad a la reconstrucci&oacute;n y la ayuda humanitaria, que deber&iacute;an ir de la mano. El plan, &iquest;empezar&aacute; dentro de una semana, un mes, seis meses? A corto plazo, sabemos que esta primera fase es muy complicada, pues no se ha hecho nada hasta el presente, e incluso los &ldquo;ministros&rdquo; del NCAG todav&iacute;a no han pisado el terreno gazat&iacute;. Lo &uacute;nico que ha empezado a funcionar es el entrenamiento de 2.000 voluntarios a polic&iacute;a para Gaza, que corre a cargo de Egipto y Jordania, que ya lo hab&iacute;an hecho en &eacute;pocas anteriores, en espera de alcanzar los 5.000 efectivos, y que ser&aacute; un serio problema, pues Ham&aacute;s ya controla totalmente la seguridad de la zona, y no dejar&aacute; de hacerlo sin contrapartidas, que tampoco est&aacute;n previstas. Si algo sabemos bien en el mundo de las negociaciones es la importancia de los incentivos para dejar las armas, algo que aqu&iacute; no se tiene en cuenta. Adem&aacute;s, Israel est&aacute; vetando a los candidatos a polic&iacute;a que ya lo fueron durante el r&eacute;gimen de Ham&aacute;s, a&ntilde;adiendo tensiones y aumentando su control sobre el futuro Gaza.
    </p><p class="article-text">
        En la segunda fase, Israel retirar&iacute;a todas las armas pesadas bajo su control, algo que ahora no cumple ninguna funci&oacute;n, pero los tanques y artiller&iacute;a s&iacute; servir&aacute;n para atacar L&iacute;bano. En esta fase se tendr&iacute;a que desplegar la famosa fuerza internacional de paz (ISF), de momento un fiasco, pues hay pocos pa&iacute;ses dispuestos a aportar tropas, y algunos de ellos se han retirado tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Ir&aacute;n. Quedan solamente las ofertas de tropas de Marruecos, Kazajist&aacute;n, Kosovo y Albania. Solo el primer pa&iacute;s tiene el &aacute;rabe como idioma, y me resulta inquietante que haya all&iacute; tropas albanokosovares. Calculo que la misi&oacute;n puede costar entre 1.000 y 1.400 millones de d&oacute;lares anuales, en un territorio cuyo PIB era de 3.500 millones de d&oacute;lares antes de la guerra y ahora no vale nada. Vale m&aacute;s el pan que la mantequilla, y, adem&aacute;s, la existencia de esta fuerza internacional no tendr&aacute; sentido una vez se desarme Ham&aacute;s. Esta fase tendr&iacute;a que hacerse antes de dos meses tras empezar el plan, algo bastante improbable. Por su arte, Israel estar&iacute;a obligada a permitir la construcci&oacute;n de unidades residenciales prefabricadas temporales en ubicaciones aprobadas por el comit&eacute; nacional palestino, aunque esto entra en colisi&oacute;n con algo que comentar&eacute; de la fase quinta.
    </p><p class="article-text">
        La tercera fase, que empezar&iacute;a al cabo de un mes y que podr&iacute;a durar tres meses, ser&iacute;a la m&aacute;s intensa, pues Ham&aacute;s deber&iacute;a entregar todas sus armas al NCAG y permitir la destrucci&oacute;n de todos los t&uacute;neles. Ham&aacute;s de momento contin&uacute;a diciendo que no se desarmar&aacute; hasta que todas las tropas de Israel se hayan marchado, algo que no est&aacute; previsto del todo en el nuevo plan, por lo que, de nuevo, vamos a tener un serio problema. La cuarta fase, que abarcar&iacute;a del tercer al octavo mes desde el inicio, cinco meses, ser&iacute;a para recoger y registrar las armas, un tiempo totalmente desmesurado y que se solapa con la fase anterior. En esta etapa, las fuerzas israel&iacute;es comenzar&iacute;an a retirarse de forma gradual, pues en la fase quinta, muy importante, prev&eacute; &ldquo;la retirada completa de las fuerzas israel&iacute;es de Gaza salvo por una presencia en un per&iacute;metro de seguridad&rdquo;, es decir, s&iacute; pero no, lo que equivale a decir que no se retiraran del todo, con lo cual se hace imposible el desarme total de Ham&aacute;s. Peor no se pod&iacute;a dise&ntilde;ar. Adem&aacute;s, la prometida etapa de reconstrucci&oacute;n no empezar&iacute;a hasta completar todo este ciclo de 250 d&iacute;as, y est&aacute; condicionada al desarme total de Ham&aacute;s y la Yihad Isl&aacute;mica. El 15 de marzo, Israel dio un lazo de dos meses a Ham&aacute;s para su desarme completo, algo imposible de conseguir en estos momentos, por lo que el riesgo de una nueva intervenci&oacute;n militar israel&iacute; est&aacute; presente. No hay que olvidar que en junio est&aacute; previsto que haya elecciones en Israel, y Netanyahu querr&aacute; mostrar algunos triunfos, y las prisas van en contra de la racionalidad en la toma de decisiones y en la planificaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico plan de paz.
    </p><p class="article-text">
        Recapitulando, no sabemos cu&aacute;ndo empezar&aacute; el proceso, la secuencia no es la correcta, los tiempos tampoco, la reconstrucci&oacute;n solo empezar&aacute; en las zonas completamente desmilitarizadas, las dem&aacute;s, que se apa&ntilde;en; no se han recogido todav&iacute;a los fondos econ&oacute;micos para empezar la reconstrucci&oacute;n, y los pa&iacute;ses del Golfo que se hab&iacute;an comprometido a poner &ldquo;algo&rdquo;, ahora est&aacute;n en guerra y no prestan atenci&oacute;n a Gaza; no hay el n&uacute;mero previsto de tropas de &ldquo;estabilizaci&oacute;n&rdquo;, 20.000, y seguramente no hacen falta; habr&aacute; problemas con el desarme de Ham&aacute;s, a la que se invita a una rendici&oacute;n pol&iacute;tica a cambio de nada, ya han dicho que no se desarmar&aacute;n hasta que se retiren completamente las fuerzas militares israel&iacute;es, se reconozca el derecho a un Estado palestino y se desmantelen las fuerzas paramilitares que Israel ha fomentado en Gaza; Israel, adem&aacute;s, no muestra ninguna se&ntilde;al de retirarse, y existen demasiados precedentes de incumplimiento de sus compromisos. Tambi&eacute;n cuenta el aumento de los asentamientos y la violencia creciente de los colonos en Cisjordania, que act&uacute;an con total impunidad, y que estos d&iacute;as ha sido denunciado por Ramiz Alakbarov, coordinador especial adjunto de la ONU para el Proceso de Paz en Oriente Medio, lo que supone un problema a&ntilde;adido de primer orden y ha tirado a la Autoridad Nacional Palestina al cubo de la basura. El proceso diplom&aacute;tico ha quedado reducido al desarme de Ham&aacute;s, y Gaza ya est&aacute; pagando el precio de las guerras de Ir&aacute;n y L&iacute;bano.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva del an&aacute;lisis de negociaciones de paz, el plan presentado para Gaza constituye un ejercicio de ingenier&iacute;a diplom&aacute;tica profundamente defectuoso, que ignora de manera sistem&aacute;tica los principios fundamentales que determinan el &eacute;xito o el fracaso de cualquier proceso de desarme y reconciliaci&oacute;n. Un desarme funcional exige, como m&iacute;nimo, que el grupo armado perciba que la rendici&oacute;n de sus armas no equivale a su eliminaci&oacute;n pol&iacute;tica y f&iacute;sica, y que exista un horizonte pol&iacute;tico claro, en este caso, la viabilidad de un Estado palestino, que otorgue sentido al proceso. Al ignorar estas condiciones, y al mantener una presencia militar israel&iacute; indefinida como variable de control, el plan no constituye t&eacute;cnicamente un proceso de paz, sino un instrumento de rendici&oacute;n unilateral sin contrapartidas, condenado al fracaso antes incluso de haber comenzado. En s&iacute;ntesis, un plan de paz que no aborda las causas estructurales del conflicto, que no equilibra las obligaciones de las partes, que carece de financiaci&oacute;n asegurada y de mecanismos de verificaci&oacute;n cre&iacute;bles, y que ni siquiera define cu&aacute;ndo empieza, no es un plan de paz. Es, en el mejor de los casos, una hoja de ruta hacia el fracaso anunciado y, en el peor, un instrumento para consolidar el statu quo de la ocupaci&oacute;n bajo una cobertura de legitimidad diplom&aacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/nuevo-plan-gaza-condenado-fracaso_129_13106541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El nuevo plan para Gaza, condenado al fracaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Israel,Benjamin Netanyahu,Asentamientos israelíes,Estados Unidos,Donald Trump,ONU - Organización de las Naciones Unidas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irán, cómo quedar atrapado y luego querer salir de una guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-quedar-atrapado-luego-salir-guerra_129_13094041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b26854a-6b45-4b8f-952f-29890a179f5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los iraníes recogen sus pertenencias entre los escombros de edificios en Teherán."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estados Unidos se encuentra ante una guerra cada vez más difícil de ganar, no solo en términos militares, sino también políticos, donde la salida se vuelve compleja porque cualquier opción (escalar, negociar o retirarse) conlleva costes elevados </p><p class="subtitle">Trump no sabe si va o viene</p></div><p class="article-text">
        El presidente de Estados Unidos ha anunciado que ha abierto conversaciones con Ir&aacute;n, aunque se conocen pocos datos. Parece una sorpresa, pero no lo es. En los conflictos armados que carecen de legitimidad jur&iacute;dica internacional, es decir, que no cuentan con el aval del sistema multilateral ni se ajustan a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como es el caso de la guerra de Ir&aacute;n, la potencia que inicia las hostilidades suele enfrentarse r&aacute;pidamente a un problema estructural de legitimidad.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Estados Unidos, cuando una intervenci&oacute;n es percibida como unilateral, preventiva o impulsada por intereses geopol&iacute;ticos m&aacute;s que por una amenaza inminente claramente reconocida, el programa nuclear, el coste reputacional se acumula desde el primer momento. Si adem&aacute;s la decisi&oacute;n ha estado influida o impulsada por un aliado estrat&eacute;gico como Israel, que tambi&eacute;n participa activamente en la acci&oacute;n militar, el conflicto puede ser interpretado internacionalmente como una operaci&oacute;n concertada al margen del derecho internacional, lo que refuerza las percepciones de ilegitimidad. En este contexto, la narrativa justificativa, basada en seguridad y la lucha contra amenazas, tiende a erosionarse frente a contra narrativas que enfatizan la agresi&oacute;n, el desequilibrio de poder y el impacto humanitario. La p&eacute;rdida del &ldquo;relato&rdquo; no es un elemento accesorio, sino central, pues condiciona las alianzas (casi inexistentes), debilita apoyos internos y externos, y otorga una ventaja pol&iacute;tica y simb&oacute;lica al adversario, aunque est&eacute; debilitado a escala militar.
    </p><p class="article-text">
        A medida que el conflicto se prolonga y los resultados militares no son concluyentes, la potencia agresora puede quedar atrapada en una din&aacute;mica de lo que denominamos &ldquo;trampa de compromiso&rdquo;, donde retirarse implica asumir costes pol&iacute;ticos internos (p&eacute;rdida de credibilidad, desgaste electoral, cuestionamiento del liderazgo), y continuar la guerra incrementa los costes humanos, econ&oacute;micos y diplom&aacute;ticos. Este fen&oacute;meno, ampliamente estudiado en la literatura sobre &ldquo;guerras de elecci&oacute;n&rdquo;, se agrava cuando la decisi&oacute;n inicial no fue plenamente racional o estuvo mediada por percepciones sesgadas, presi&oacute;n de aliados o marcos ideol&oacute;gicos r&iacute;gidos. En tales escenarios, la potencia no solo enfrenta dificultades operativas sobre el terreno, sino tambi&eacute;n una creciente deslegitimaci&oacute;n global que limita sus opciones estrat&eacute;gicas. Los aliados se distancian, los foros multilaterales se vuelven cr&iacute;ticos y la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional se moviliza en contra. El resultado es una guerra cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de ganar, no solo en t&eacute;rminos militares, sino tambi&eacute;n pol&iacute;ticos, donde la salida se vuelve compleja porque cualquier opci&oacute;n (escalar, negociar o retirarse) conlleva costes elevados, evidenciando c&oacute;mo decisiones iniciales poco fundamentadas pueden encadenar a una potencia a un conflicto del que no puede salir sin pagar un precio significativo.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica salida plausible pasa por un acuerdo diplom&aacute;tico que permita a todas las partes preservar una apariencia de &eacute;xito, evitando la l&oacute;gica de vencedores y vencidos. Se tratar&iacute;a de construir un nuevo relato en el que el &eacute;xito no resida en la victoria militar, sino en la capacidad de haber concertado el fin de la guerra y contener sus costes, aunque ello no suponga una paz plena ni resuelva las causas profundas del conflicto. En este sentido, es necesario insistir en la irracionalidad de una guerra que dif&iacute;cilmente puede justificarse si se tienen en cuenta las oportunidades diplom&aacute;ticas existentes antes del estallido del conflicto. Ir&aacute;n hab&iacute;a expresado su disposici&oacute;n a renunciar al componente militar de su programa nuclear bajo mecanismos de verificaci&oacute;n internacional. La opci&oacute;n por la v&iacute;a militar supuso, por tanto, desestimar alternativas reales de desescalada y cooperaci&oacute;n, convirtiendo el conflicto en un error estrat&eacute;gico y pol&iacute;tico de gran alcance. Esta decisi&oacute;n ha contribuido a situar a Estados Unidos en una din&aacute;mica de &ldquo;s&iacute;ndrome del sacrificio&rdquo;, en la que el peso de las declaraciones iniciales, a menudo formuladas con precipitaci&oacute;n, limita la capacidad de rectificaci&oacute;n y obliga a sostener una l&iacute;nea de acci&oacute;n cada vez m&aacute;s costosa, no tanto por su eficacia, sino por la necesidad de no desmentir el compromiso adquirido.
    </p><p class="article-text">
        Una variante es la &ldquo;trampa del sacrificio&rdquo;, que opera a nivel narrativo y cultural y que forma parte de la cultura pol&iacute;tica profunda estadounidense e israel&iacute;, hasta el punto de convertirse en una l&oacute;gica aut&oacute;noma, dif&iacute;cilmente cuestionable desde dentro. La &ldquo;trampa del sacrificio&rdquo; en los conflictos b&eacute;licos del siglo XXI se manifiesta de manera recurrente y devastadora en varios escenarios, siendo quiz&aacute;s el ejemplo m&aacute;s emblem&aacute;tico el de Estados Unidos en Afganist&aacute;n, donde tras veinte a&ntilde;os de guerra, aproximadamente 2.400 soldados muertos en combate, decenas de miles de heridos, y un gasto que super&oacute; los dos billones de d&oacute;lares, resultaba pol&iacute;ticamente imposible reconocer la derrota y marcharse, porque hacerlo habr&iacute;a significado que todos esos sacrificios humanos y materiales no hab&iacute;an servido absolutamente para nada, de modo que sucesivos presidentes estadounidenses fueron reencuadrando retroactivamente los objetivos de la misi&oacute;n, para poder proclamar alg&uacute;n tipo de &eacute;xito: Obama habl&oacute; de &ldquo;transici&oacute;n responsable&rdquo;, Trump negoci&oacute; los Acuerdos de Doha en 2020 present&aacute;ndolos como un triunfo diplom&aacute;tico personal, y Biden ejecut&oacute; la retirada final en 2021 argumentando que el objetivo original, que era eliminar a Bin Laden, ya hab&iacute;a sido cumplido en 2011, ignorando convenientemente que la misi&oacute;n hab&iacute;a mutado durante dos d&eacute;cadas hacia la construcci&oacute;n de un Estado democr&aacute;tico estable, narrativa que se derrumb&oacute; de manera humillante cuando Kabul cay&oacute; en apenas 72 horas y los talibanes recuperaron exactamente el mismo poder que ten&iacute;an antes de que comenzara toda aquella guerra. Un patr&oacute;n muy similar ocurri&oacute; en Irak con la coalici&oacute;n liderada por Estados Unidos y el Reino Unido en 2003, o Arabia Saudita y Yemen a partir de 2015. Hay muchos otros ejemplos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que todos estos casos tienen en com&uacute;n es ese mecanismo psicol&oacute;gico y pol&iacute;tico por el cual cuantas m&aacute;s v&iacute;ctimas, dinero y prestigio se ha invertido en una guerra, m&aacute;s dif&iacute;cil resulta detenerla, porque los l&iacute;deres no buscan entonces la paz real sino una narrativa de paz que les proteja pol&iacute;ticamente en casa, recurriendo sistem&aacute;ticamente a los mismos instrumentos: reencuadrar retroactivamente los objetivos originales para que parezcan cumplidos, buscar un tercero mediador que otorgue cobertura diplom&aacute;tica al acuerdo, proponer congelamientos del conflicto que se presentan como paz pero son simplemente pausas indefinidas, transferir la responsabilidad del futuro a la parte local diciendo &ldquo;ellos deben defender su propia libertad&rdquo;, o simplemente esperar que una nueva crisis internacional desv&iacute;e la atenci&oacute;n medi&aacute;tica. Las trampas del &ldquo;compromiso&rdquo; y del &ldquo;sacrificio&rdquo; son complementarias, aunque conceptualmente distintas, pues la primera es esencialmente estrat&eacute;gica y externa, y la segunda es moral y emocional. Pero ambas llevan al mismo resultado: prolongar conflictos m&aacute;s all&aacute; de lo racional, por lo que los Estados implicados, en este caso Estados Unidos, y, en menor medida, Israel, se ven obligados a salir del atolladero donde se han metido, guardando las apariencias para no mostrar que han quedado atrapadas en un callej&oacute;n sin salida, por lo que aceptan una retirada que parezca honrosa, e incluso victoriosa.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la supuesta apertura de conversaciones diplom&aacute;ticas entre Estados Unidos e Ir&aacute;n, no hace sino confirmar una verdad inc&oacute;moda que la historia de los conflictos b&eacute;licos modernos ha demostrado con reiterada contundencia: iniciar una guerra sin haber evaluado con rigor sus consecuencias pol&iacute;ticas, tanto para el agresor como para el agredido, equivale a adentrarse en un laberinto del que, tarde o temprano, se buscar&aacute; la salida por la misma puerta que nunca debi&oacute; abrirse. La irracionalidad no reside &uacute;nicamente en los errores t&aacute;cticos o en la subestimaci&oacute;n del adversario, sino en algo m&aacute;s profundo y estructural: en la incapacidad o la negativa de quienes toman la decisi&oacute;n de ir a la guerra de asumir que el campo de batalla m&aacute;s determinante no es el militar, sino el pol&iacute;tico, el simb&oacute;lico y el narrativo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una potencia desencadena hostilidades sin legitimidad internacional, sin claridad sobre sus objetivos reales y sin una estrategia de salida viable, no est&aacute; eligiendo entre la guerra y la paz, sino entre distintas formas de derrota pol&iacute;tica. Las trampas del compromiso y del sacrificio no son accidentes del camino, son la consecuencia l&oacute;gica e inevitable de decisiones iniciales adoptadas bajo presi&oacute;n, sesgo ideol&oacute;gico o c&aacute;lculo electoral, y no bajo la fr&iacute;a racionalidad que exige comprometer vidas humanas y el prestigio de un Estado. Por ello, cualquier proceso de negociaci&oacute;n que se produzca en estas circunstancias no debe leerse como un acto de habilidad diplom&aacute;tica, sino como el reconocimiento impl&iacute;cito de un fracaso que se intentar&aacute; disfrazar con el lenguaje de la victoria, perpetuando as&iacute; la &uacute;ltima y m&aacute;s perniciosa irracionalidad de toda guerra mal concebida: la de no poder terminarla sin mentir sobre c&oacute;mo comenz&oacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-quedar-atrapado-luego-salir-guerra_129_13094041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irán, cómo quedar atrapado y luego querer salir de una guerra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Benjamin Netanyahu]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El marco ideológico de la guerra de Irán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/marco-ideologico-guerra-iran_129_13065668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbfab740-fa44-47f5-bd9e-91d95f24c456_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El marco ideológico de la guerra de Irán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tipo de violencia que Trump predica en esta guerra, la “la paz por la fuerza”, deja de vivirse como una falta dolorosa que provoca sufrimiento, y, junto a Netanyahu, la presenta como coherencia, mérito e incluso motivo de orgullo</p></div><p class="article-text">
        Acostumbrados a analizar las guerras en t&eacute;rminos geopol&iacute;ticos, nos olvidamos que detr&aacute;s de ello hay un marco ideol&oacute;gico que las sustenta y justifica. La guerra no solo ha de verse como un recurso instrumental, sino como una ideolog&iacute;a que organiza percepciones, afectos y legitimidades. Si se asume que &ldquo;el fin&rdquo; (la seguridad, el dominio, el control), puede justificar &ldquo;los medios&rdquo;, la violencia de la guerra tiende a presentarse como un simple tr&aacute;mite t&eacute;cnico, una etapa necesaria. Sin embargo, en las guerras los medios no son neutrales, ya que moldean el tipo de comunidad que se construye, el lenguaje moral disponible y las fronteras de lo humano y lo desechable.
    </p><p class="article-text">
        La actualidad del pensamiento de Kant es n&iacute;tida frente a las guerras contempor&aacute;neas que se justifican por &ldquo;seguridad&rdquo;, como la de Ir&aacute;n o la de Gaza. Sostener que &ldquo;los medios s&iacute; importan&rdquo;, como creemos la mayor&iacute;a de la gente, no es un gesto moralista, sino una tesis explicativa, en la medida que los medios influyen causalmente en la formaci&oacute;n, difusi&oacute;n y estabilizaci&oacute;n de las creencias que legitiman la violencia y la destrucci&oacute;n. Los medios no son un simple veh&iacute;culo hacia una meta, sino el taller donde se fabrica la legitimidad. Quien naturaliza medios violentos para alcanzar fines &ldquo;superiores&rdquo;, incluida la guerra, termina produciendo una ideolog&iacute;a donde la violencia deja de ser excepci&oacute;n y se vuelve criterio de pertenencia, pureza o destino colectivo, y eso es sumamente peligroso y trae consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        En la ideolog&iacute;a de las guerras como Ir&aacute;n, no solo se excusa o ignoran los da&ntilde;os, sino que se reordena por completo el mapa &eacute;tico. Ese reordenamiento que est&aacute;n impulsando Trump y Netanyahu, lo que llamamos &ldquo;inversi&oacute;n moral&rdquo;, convierte en deber aquello que, en una moral com&uacute;n, funcionar&iacute;a como frontera infranqueable: no matar (no expulsar, adem&aacute;s, en el caso de Gaza, donde se han vuelto a cerrar los pasos de la ayuda humanitaria). El tipo de violencia que Trump predica en esta guerra, la &ldquo;la paz por la fuerza&rdquo;, deja de vivirse como una falta dolorosa que provoca sufrimiento, y, junto a Netanyahu, la presenta como coherencia, m&eacute;rito e incluso motivo de orgullo. La inversi&oacute;n moral estrecha el c&iacute;rculo de quienes &ldquo;merecen&rdquo; protecci&oacute;n, pues solo el &ldquo;nosotros&rdquo; leg&iacute;timo (los estadounidenses e israel&iacute;es), cuenta plenamente, mientras el &ldquo;ellos&rdquo; queda fuera del per&iacute;metro &eacute;tico. Se consolida as&iacute; una moral estructuralmente desigual: humanidad completa para unos, humanidad condicional o anulada, para otros. Y como esta moral alternativa necesita sostenerse, suele acompa&ntilde;arse de un giro en el r&eacute;gimen de verdad, de manera que &ldquo;lo verdadero&rdquo; es solo lo que sirve a su causa; lo que la contradice se denuncia como propaganda enemiga (el presidente S&aacute;nchez).
    </p><p class="article-text">
        Vinculado a lo anterior, Netanyahu y Trump practican la &ldquo;elasticidad moral&rdquo;, que puede entenderse como un proceso en el que una coalici&oacute;n pol&iacute;tica y/o ideol&oacute;gica, la suya, revaloriza o reordena ciertos principios &eacute;ticos, para adaptar su marco normativo a las circunstancias de la guerra. Este giro implica desplazar o rebasar l&iacute;mites que, en otros contextos, habr&iacute;an se&ntilde;alizado lo que se considera inaceptable, permitiendo que actos previamente condenados pasen a ser vistos como tolerables o necesarios para alcanzar fines percibidos como superiores. Este mecanismo facilita la continuidad de la guerra al disminuir el costo moral percibido de las acciones violentas que conlleva, y al sostener una justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica que las faculta bajo fines superiores.
    </p><p class="article-text">
        Otra cuesti&oacute;n es el pensamiento de suma cero y la creencia de que hay una &ldquo;amenaza existencial&rdquo;, que para ellos implica la convicci&oacute;n de que ganar es sobrevivir, y perder la desaparici&oacute;n. Convierte las concesiones, las negociaciones y el pluralismo en un peligro. El surgimiento de un enemigo no es un fen&oacute;meno espont&aacute;neo, sino resultado de un proceso que puede alargarse o evitarse, y en ocasiones incluso buscarse deliberadamente, cosa que ambos mandatarios practican a menudo. La coexistencia de im&aacute;genes de enemigo y la percepci&oacute;n de amenaza imaginadas o exageradas no solo justifican conductas hostiles como la guerra, sino que pueden convertirla en una ideolog&iacute;a operativa. Al articular al &ldquo;otro&rdquo; como enemigo irredimible, se legitima la acci&oacute;n violenta como medio de &ldquo;defensa&rdquo;, y en ese marco, la violencia y la guerra deja de ser un acto aislado, para convertirse en una virtud t&aacute;ctica dentro de una narrativa que busca cohesionar a la propia comunidad, vista como &ldquo;pura&rdquo;, y deshumanizar al adversario. 
    </p><p class="article-text">
        Si esto ocurre es tambi&eacute;n porque la pol&iacute;tica se &ldquo;sacraliza&rdquo; y se convierte en un relato indiscutible de excepcionalidad o salvaci&oacute;n, que fabrica enemigos, normaliza la deshumanizaci&oacute;n y presenta la agresi&oacute;n como un deber moral. Esa l&oacute;gica se refuerza, no solo con la elasticidad moral que he comentado, sino igualmente con el miedo fabricado artificialmente, para satisfacci&oacute;n de la industria armamentista, y mediante mecanismos como la obediencia, la conformidad y el desplazamiento de la responsabilidad, tres aspectos que no estamos dispuesto a admitir, pues hemos decidido no ser vasallos de nadie y exigimos respeto por no haber tomado la iniciativa de hacer la guerra.
    </p><p class="article-text">
        La instrumentalizaci&oacute;n de la amenaza no opera solo como una t&aacute;ctica comunicativa para movilizar apoyo o justificar el rearme y la guerra, sino como un dispositivo sostenido de producci&oacute;n de sentido, que organiza c&oacute;mo una sociedad interpreta el mundo. Al fabricar enemigos, amplificar incertidumbres y explotar sesgos cognitivos, se instala un estado emocional de &ldquo;alerta&rdquo; que vuelve &ldquo;razonables&rdquo; medidas extraordinarias, y reduce el horizonte pol&iacute;tico a respuestas de fuerza y guerra. En este punto, la militarizaci&oacute;n actual debe entenderse tambi&eacute;n como una ideolog&iacute;a, un marco cultural que naturaliza el miedo, define al &ldquo;otro&rdquo; como peligro permanente y presenta lo militar como soluci&oacute;n inevitable, desplazando alternativas diplom&aacute;ticas, cooperativas o democr&aacute;ticas. La moralizaci&oacute;n del conflicto b&eacute;lico (bien vs. mal) desplaza el conflicto del terreno pol&iacute;tico, donde caben la deliberaci&oacute;n, el compromiso y la negociaci&oacute;n, al terreno de la guerra moral, donde ceder equivale a claudicar y negociar se interpreta como complicidad, de ah&iacute; que hayan roto las negociaciones con Ir&aacute;n, que iban bien. En ese marco, el adversario deja de ser un rival o competidor y pasa a ser un enemigo moral y alguien con quien no se discute, sino a quien se derrota, se expulsa o se elimina.
    </p><p class="article-text">
        La gente, y con raz&oacute;n, est&aacute; asustada. Pero hay que explicar que la narrativa del miedo es una estrategia recurrente de manipulaci&oacute;n social, cuando organiza un discurso que presenta una amenaza como inminente, inevitable y devastadora, de modo que quien controla ese relato influye en decisiones, conductas y creencias. Apoyada en t&eacute;cnicas de marketing, esta l&oacute;gica &ldquo;vende&rdquo; inseguridad y puede movilizar, paralizar o fracturar a la sociedad. El miedo puede volverse hiperreal, pues los medios no solo transmiten informaci&oacute;n, sino que producen realidad mediante simulacros de amenaza que moldean la opini&oacute;n p&uacute;blica; as&iacute;, el miedo, en primera instancia, opera como un producto cultural basado m&aacute;s en afectos que en hechos, pero una vez instalada la percepci&oacute;n de inseguridad, comenzada la guerra, se pueden aceptar pol&iacute;ticas militaristas y guerreristas como algo que &ldquo;ya es&rdquo; inevitable. De ah&iacute; la llamada &ldquo;doctrina del miedo&rdquo;, la utilizaci&oacute;n deliberada del temor para justificar el rearme y la guerra, que se hace a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de enemigos, la amplificaci&oacute;n de riesgos y el uso constante de discursos de emergencia, desplazando adem&aacute;s otros debates sociales mediante la distracci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un apunte final. En la actualidad, el imperialismo y el neocolonialismo operan a trav&eacute;s de violencias colectivas, como las guerras o las intervenciones militares, porque imponen de manera sistem&aacute;tica relaciones de subordinaci&oacute;n entre sociedades bajo una ideolog&iacute;a de dominaci&oacute;n, que presenta las desigualdades de poder como algo &ldquo;normal&rdquo;, &ldquo;necesario&rdquo; o &ldquo;inevitable&rdquo;. Por eso Trump ha dicho que tambi&eacute;n ser&aacute; &eacute;l quien decidir&aacute; qui&eacute;n gobernar&aacute; Ir&aacute;n en el futuro, como ha hecho en Gaza. En su vertiente militar, se expresan en guerras como las de Ir&aacute;n y Gaza, intervenciones militares como la de Venezuela o L&iacute;bano y quiz&aacute; Cuba, bases por doquier, venta de armas y &ldquo;guerras preventivas&rdquo; que disciplinan territorios y poblaciones. Estas formas de poder no solo producen da&ntilde;o material, sino que organizan el consenso y la coerci&oacute;n para sostener un orden global desigual. Frente a este panorama, merece reconocimiento la defensa de las posiciones de no intervenci&oacute;n militar mientras existan v&iacute;as diplom&aacute;ticas reales, como ha hecho Espa&ntilde;a. Apostar por la negociaci&oacute;n, la mediaci&oacute;n internacional y el derecho internacional no es ingenuidad, sino una forma de responsabilidad pol&iacute;tica que busca evitar la escalada de violencia y sus consecuencias humanas irreparables. Priorizar la diplomacia implica recordar que la paz duradera rara vez se impone por la fuerza, y que la contenci&oacute;n, el di&aacute;logo y la cooperaci&oacute;n siguen siendo herramientas fundamentales para resolver conflictos sin multiplicar el sufrimiento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/marco-ideologico-guerra-iran_129_13065668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 21:19:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El marco ideológico de la guerra de Irán]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negociaciones-trampa-desprecio-diplomacia_129_13037002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ee71719-c251-4bee-9bd2-47467f816ea6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1012y202.jpg" width="1200" height="675" alt="Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué despreciar la diplomacia y optar por la guerra? Además del carácter existencial del conflicto entre Israel e Irán, la respuesta quizá esté en el concepto de “paz por la fuerza” desarrollado por el presidente Trump, y reflejado en la Estrategia de Seguridad Nacional del pasado mes de noviembre</p></div><p class="article-text">
        Con mucha frecuencia, las negociaciones de paz con un grupo armado o con un Estado en plena crisis -en especial cuando existe riesgo real de escalada militar, como ha ocurrido en Ir&aacute;n- no se buscan o conciben como una v&iacute;a genuina para desescalar el conflicto, sino como una extensi&oacute;n estrat&eacute;gica del mismo. Pues se usan para ganar tiempo, fracturar la unidad pol&iacute;tica del adversario, reducir presiones internacionales, obtener alivio log&iacute;stico o econ&oacute;mico, rearmarse y reorganizar mandos, mejorar inteligencia, consolidar control social, fortificar posiciones u ocupar territorios, bajo la cobertura de un supuesto &ldquo;proceso de paz&rdquo;, que desactiva las alertas debido a la confianza creada a trav&eacute;s del di&aacute;logo abierto. En esos casos, el di&aacute;logo deja de ser un mecanismo de construcci&oacute;n de confianza y se convierte en un escenario de manipulaci&oacute;n, incluso si hay un alto al fuego, donde la ret&oacute;rica de la paz funciona como camuflaje para preparar la siguiente fase de la guerra, transformando la negociaci&oacute;n en un espacio de enga&ntilde;o m&aacute;s que de resoluci&oacute;n. La negociaci&oacute;n, incluso, puede ser una estrategia de guerra. En estos d&iacute;as, hemos asistido a una de estas trampas.
    </p><p class="article-text">
        Antes del viaje del primer ministro israel&iacute;, Benjamin Netanyahu, el 29 de diciembre pasado, para visitar al presidente Trump en Mar-a-Lago, funcionarios israel&iacute;es enfatizaron que Israel estaba listo para atacar de nuevo a Ir&aacute;n, y sugirieron que Netanyahu buscar&iacute;a el apoyo estadounidense para una acci&oacute;n militar adicional durante su visita. La opci&oacute;n diplom&aacute;tica ya estaba en marcha respecto al programa nuclear iran&iacute;, pero no era la opci&oacute;n preferida por Israel, que presion&oacute; fuertemente a Estados Unidos en este sentido. Lo tremendo del caso es que el ministro de Exteriores de Om&aacute;n, que llevaba las negociaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n por el tema nuclear, afirm&oacute; horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel a Ir&aacute;n, el 28 de febrero, que las negociaciones estaban &ldquo;al alcance&rdquo;, pues Ir&aacute;n hab&iacute;a aceptado las condiciones de Estados Unidos para paralizar su programa nuclear. Se lo comunic&oacute; personalmente al vicepresidente de Estados Unidos un d&iacute;a antes del ataque. Incluso se habl&oacute; de iniciar un di&aacute;logo entre Ir&aacute;n y los pa&iacute;ses del Golfo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despreciar la diplomacia y optar por la guerra? Adem&aacute;s del car&aacute;cter existencial del conflicto entre Israel e Ir&aacute;n, la respuesta quiz&aacute; est&eacute; en el concepto de &ldquo;paz por la fuerza&rdquo; desarrollado por el presidente Trump, y reflejado en la Estrategia de Seguridad Nacional del pasado mes de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que ocurre este tipo de enga&ntilde;os, mediante &ldquo;negociaciones de distracci&oacute;n&rdquo;. Un hecho como el ataque a&eacute;reo israel&iacute; a Doha (Qatar), el 9 de septiembre pasado, en el lugar donde celebraban las conversaciones con Ham&aacute;s para lograr un alto al fuego, y en el que murieron seis personas, representa una violaci&oacute;n tan grave de las normas diplom&aacute;ticas que sus consecuencias trascienden el conflicto inmediato, envenenando las fuentes de la diplomacia misma. La regla fundamental de cualquier proceso de paz o negociaci&oacute;n, incluso entre enemigos ac&eacute;rrimos, es la inviolabilidad del espacio de di&aacute;logo; los negociadores deben tener la garant&iacute;a absoluta de que el lugar de la mesa de di&aacute;logo es un santuario, no una trampa. Cuando un actor armado decide bombardear el recinto donde se discuten los t&eacute;rminos de la paz, como ocurri&oacute; en este caso, atacando precisamente a los negociadores de Ham&aacute;s, se destruye el principio m&aacute;s b&aacute;sico de la confianza. La consecuencia inmediata es la par&aacute;lisis del canal diplom&aacute;tico. El mediador, en este caso Qatar, se sinti&oacute; directamente agredido y traicionado en su soberan&iacute;a, lo que lo oblig&oacute; a retirarse para no ser c&oacute;mplice de una farsa.
    </p><p class="article-text">
        A largo plazo, el da&ntilde;o es a&uacute;n m&aacute;s profundo, ya que se siembra una sospecha perpetua: cualquier otro pa&iacute;s o facci&oacute;n que en el futuro sea convocado a negociar, ya sea en Ginebra, Oslo o cualquier capital &aacute;rabe, desconfiar&aacute; de que la otra parte utilice el proceso como cobertura para un golpe militar. Este tipo de acciones le ense&ntilde;an al mundo que sentarse a hablar no es un acto de construcci&oacute;n de paz, sino un riesgo personal, lo que fortalece a los sectores m&aacute;s radicales de ambos bandos, los halcones, que siempre han sostenido que la fuerza es el &uacute;nico lenguaje efectivo, condenando as&iacute; a las futuras generaciones a repetir el ciclo de la violencia en lugar de agotar las v&iacute;as del entendimiento.
    </p><p class="article-text">
        Una variante es el &ldquo;arriesgar hasta el borde&rdquo;, que en el mundo de la diplomacia se entiende como tensar deliberadamente una crisis hasta el umbral del conflicto, para luego arrancar concesiones. En su versi&oacute;n m&aacute;s c&iacute;nica puede incluir usar negociaciones de paz como cortina de humo, dado que, por un lado, se proyecta voluntad de di&aacute;logo, se gana tiempo, se divide a aliados del adversario y se mejora la posici&oacute;n t&aacute;ctica (reagrupamiento, reabastecimiento, reconocimiento), para luego lanzar una ofensiva que desfigura el sentido de la diplomacia negociadora. Un ejemplo contempor&aacute;neo es la invasi&oacute;n rusa de Ucrania en 2022. Mientras se manten&iacute;an contactos diplom&aacute;ticos y se negaba la intenci&oacute;n de atacar, se acumulaban fuerzas en la frontera y finalmente se ejecut&oacute; la ofensiva.
    </p><p class="article-text">
        En Afganist&aacute;n, despu&eacute;s del acuerdo de febrero de 2020 entre Estados Unidos y los talibanes, y en plena antesala del di&aacute;logo intraafgano, la insurgencia utiliz&oacute; el marco de las negociaciones no como una v&iacute;a real de desescalada, sino como una oportunidad para recrudecer la violencia, acumular ventajas en el terreno y expandir sus &aacute;reas de influencia. As&iacute;, mientras el proceso de paz se presentaba como un paso hacia la reconciliaci&oacute;n, en la pr&aacute;ctica, oper&oacute; como un recurso t&aacute;ctico al servicio de la estrategia talib&aacute;n: ganar tiempo, erosionar la legitimidad y la capacidad operativa del Gobierno afgano y llegar a cualquier eventual acuerdo final desde una posici&oacute;n de superioridad militar y pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la guerra en Armenia y Azerbaiy&aacute;n, que termin&oacute; en 2023 con la victoria militar del segundo, participar en di&aacute;logos (con Rusia, la UE o Estados Unidos) sirvi&oacute; menos para buscar un compromiso y m&aacute;s para gestionar tiempos, costos y legitimidad mientras Azerbaiy&aacute;n consolidaba su ventaja militar. Mantener conversaciones en contextos de este tipo, en los que en teor&iacute;a se proyecta una voluntad de paz y se reducen los riesgos de sanciones o aislamiento, permite, al mismo tiempo y con mala intenci&oacute;n, elegir el foro mediador m&aacute;s favorable para los propios intereses, e incluso puede acompa&ntilde;arse de una presi&oacute;n gradual sobre el terreno para crear &ldquo;hechos consumados&rdquo;, que luego se convierten en la nueva base de la mesa de negociaci&oacute;n, ya devaluada.
    </p><p class="article-text">
        La existencia de negociaciones-trampa, procesos en los que una de las partes simula voluntad de acuerdo mientras prepara o ejecuta ofensivas, erosiona profundamente la credibilidad estructural de los procesos de paz y erosiona la funci&oacute;n de la diplomacia. Cuando la mesa se convierte en instrumento t&aacute;ctico y no en espacio genuino de resoluci&oacute;n, el mensaje que se transmite no afecta solo al adversario inmediato, sino al conjunto del ecosistema negociador, mediadores, garantes internacionales, opini&oacute;n p&uacute;blica y futuras partes en conflicto. La percepci&oacute;n de que el di&aacute;logo puede ser utilizado como cortina de humo, convierte cada gesto de apertura en sospechoso y cada alto el fuego en una potencial maniobra de reposicionamiento. A largo plazo, esto eleva los costes pol&iacute;ticos de cualquier concesi&oacute;n, porque quienes apuestan por la negociaci&oacute;n quedan expuestos a acusaciones de ingenuidad o traici&oacute;n. La consecuencia es un endurecimiento de posiciones y una creciente preferencia por soluciones militares preventivas, bajo la l&oacute;gica de que &ldquo;es mejor golpear primero que ser enga&ntilde;ado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las negociaciones instrumentales generan un da&ntilde;o acumulativo que trasciende el conflicto concreto. Cada proceso percibido como enga&ntilde;o, alimenta un repertorio de memoria colectiva donde la palabra pierde valor estrat&eacute;gico y moral. En contextos de guerras prolongadas o crisis polarizadas, esta desconfianza se convierte en cultura pol&iacute;tica, pues se negocia no para resolver, sino para ganar tiempo, dividir al adversario o mejorar la narrativa sea a escala nacional o internacional. As&iacute;, la propia idea de negociaci&oacute;n queda asociada a debilidad o manipulaci&oacute;n, lo que dificulta que futuros intentos encuentren legitimidad social. La paradoja es que cuanto m&aacute;s se utiliza la mesa como arma, m&aacute;s improbable se vuelve la paz que supuestamente deb&iacute;a facilitar. Recuperar la credibilidad requiere reconstruir la convicci&oacute;n de que la negociaci&oacute;n no es una fase m&aacute;s de la guerra, sino una ruptura real con su l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n de negociaciones-trampa, finalmente, no es una anomal&iacute;a aislada, pues puede repetirse, y de hecho reaparece c&iacute;clicamente, en escenarios de alta asimetr&iacute;a, ocupaci&oacute;n prolongada o guerra abierta, como los de Palestina, Ucrania y otros conflictos armados activos. Cuando la negociaci&oacute;n se usa como cobertura para rearmarse, consolidar posiciones o moldear el relato internacional, el da&ntilde;o no se limita al episodio concreto, ya que contamina los intentos posteriores, debilita a quienes defienden la v&iacute;a diplom&aacute;tica y convierte cada nueva ronda de conversaciones en un campo minado de sospechas, verificaci&oacute;n imposible y expectativas deliberadamente frustradas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/negociaciones-trampa-desprecio-diplomacia_129_13037002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2026 22:19:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las negociaciones-trampa y el desprecio a la diplomacia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Donald Trump,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-israel-guerras-existenciales-cambio-regimen_129_13029877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/770246be-8fde-4d8c-a417-da21469be4bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El odio entre Irán e Israel es mutuo, ya que ambos países se declaran como “enemigos existenciales” desde la Revolución Islámica de 1979. El tema central no es la religión en sí, sino el mecanismo por el cual cualquier relato político se convierte en verdad absoluta y produce enemigos ontológicos</p></div><p class="article-text">
        Ha empezado una guerra en Ir&aacute;n, pero no sabemos cu&aacute;nto durar&aacute; ni las consecuencias que tendr&aacute; sobre la poblaci&oacute;n iran&iacute;. Lo iremos viendo en los pr&oacute;ximos d&iacute;as y semanas. En un contexto como este, sin liderazgos claros porque los opositores est&aacute;n presos, la sociedad puede moverse entre dos impulsos contradictorios: la oportunidad de tomar la calle e imponerse, y la angustia de que el vac&iacute;o se llene con caos, facciones armadas o una guerra civil, especialmente si hay actores internos que compiten por dirigir el desenlace. La pregunta decisiva es si la poblaci&oacute;n lograr&aacute; convertir el l&oacute;gico miedo individual en una acci&oacute;n colectiva sostenida y de forma mayoritaria, proteger formas b&aacute;sicas de coordinaci&oacute;n movilizadora, y evitar que la violencia sectaria y la intervenci&oacute;n extranjera desv&iacute;en la revuelta hacia una tragedia mayor, pues cuando un aparato represivo se siente acorralado, aunque est&eacute; descabezado, suele responder con terror.
    </p><p class="article-text">
        De momento, podemos analizar las principales razones de estos ataques, que, a mi parecer, son cuatro y que se superponen en el tiempo: el programa nuclear de este pa&iacute;s, el desarrollo de nuevos misiles, el prop&oacute;sito de Israel de ser la &uacute;nica potencia regional, y derrocar al r&eacute;gimen iran&iacute; debido a la explosiva situaci&oacute;n pol&iacute;tica de este r&eacute;gimen autocr&aacute;tico y represor, especialmente tras las revueltas populares de enero. Esto supone un serio debate sobre los l&iacute;mites que tiene la diplomacia para abordar algunos temas, y las formas de encarar una crisis pol&iacute;tica de primer orden, con la opci&oacute;n militar desde el exterior como una respuesta que genera muchas dudas. Tampoco hay que olvidar que Ir&aacute;n es un importante productor de petr&oacute;leo, y ya sabemos que es una de las debilidades de Trump.
    </p><p class="article-text">
        Antes del viaje del primer ministro israel&iacute; Benjamin Netanyahu, el 29 de diciembre pasado, para visitar al presidente Trump en Mar-a-Lago, funcionarios israel&iacute;es enfatizaron que Israel estaba listo para atacar de nuevo a Ir&aacute;n, y sugirieron que Netanyahu buscar&iacute;a el apoyo estadounidense para una acci&oacute;n militar adicional durante su visita. La opci&oacute;n diplom&aacute;tica ya estaba en marcha respecto al programa nuclear iran&iacute;, pero no era la opci&oacute;n preferida por Israel, quien presion&oacute; fuertemente a Estados Unidos en este sentido. Lo tremendo del caso es que el ministro de exteriores de Om&aacute;n, que lleva las negociaciones entre Estados Unidos e Ir&aacute;n por el tema nuclear, afirm&oacute; horas antes del ataque que las negociaciones estaban &ldquo;al alcance&rdquo;, pues Ir&aacute;n hab&iacute;a aceptado las condiciones de Estados Unidos. Se lo comunic&oacute; personalmente al vicepresidente de Estados Unidos el viernes, un d&iacute;a antes del ataque. Incluso se habl&oacute; de iniciar un di&aacute;logo entre Ir&aacute;n y los pa&iacute;ses del Golfo. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, despreciar la diplomacia y optar por la guerra? La respuesta, quiz&aacute;, est&aacute; en el car&aacute;cter existencial del conflicto entre Israel e Ir&aacute;n, con Trump como aliado a trav&eacute;s de su concepto de &ldquo;paz por la fuerza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 se firm&oacute; un nuevo nuclear con Ir&aacute;n, formalmente conocido como el Plan de Acci&oacute;n Integral Conjunto (JCPOA), por el que este pa&iacute;s congelaba su programa nuclear a cambio de que levantaran las sanciones, pero el presidente Trump lo abandon&oacute; durante su primer mandato, en 2018, y volvieron las sanciones. Netanyahu visit&oacute; previamente al presidente Trump, para que rompiera con el Plan y abandonara la v&iacute;a diplom&aacute;tica, que nunca ha querido. Ahora ha vuelto a pasar lo mismo. La reacci&oacute;n iran&iacute; fue la de volver a su programa anterior, y, adem&aacute;s, con nuevos programas de desarrollo de su importante arsenal de misiles, aunque hay que se&ntilde;alar que van dirigidos a Israel, no a Estados Unidos, como ha dicho Marco Rubio, pues no tienen un alcance intercontinental ni Ir&aacute;n ha tenido nunca intenci&oacute;n de atacar Estados Unidos. En mi opini&oacute;n, retirarse de JCPOA fue un inmenso error, pues trajo consecuencias indeseables, y termin&oacute; con un trabajo diplom&aacute;tico que estaba empezando a dar resultados.
    </p><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as, el principal negociador estadounidense, Steve Witkoff, dijo que Ir&aacute;n estaba &ldquo;probablemente a una semana&rdquo; de tener suficiente uranio de grado militar para una bomba, a pesar de la afirmaci&oacute;n de la administraci&oacute;n estadounidense de que sus ataques militares de junio de 2025 hab&iacute;an aniquilado el programa nuclear iran&iacute;. Aunque Ir&aacute;n conserva gran parte de la capacidad t&eacute;cnica, los expertos se&ntilde;alan que estaba lejos de poseer un arma nuclear. Por tanto, la afirmaci&oacute;n alarmista de Witkoff era err&oacute;nea o deliberadamente enga&ntilde;osa, y lo que pretend&iacute;a era presionar a&uacute;n m&aacute;s a Teher&aacute;n, y a&ntilde;adir un sentido de urgencia para justificar un posible ataque militar estadounidense, como se ha producido.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al aspecto pol&iacute;tico, la brutalidad represiva del r&eacute;gimen iran&iacute; de principios de enero, contra los manifestantes que quer&iacute;an un cambio de sistema pol&iacute;tico, en especial los j&oacute;venes, no se puede entender si no tenemos suficientemente en cuenta el car&aacute;cter teocr&aacute;tico de dicho r&eacute;gimen. Las teocracias como Ir&aacute;n, al basar su legitimidad pol&iacute;tica en una autoridad religiosa presentada como incuestionable, tienden a depender del uso de la fuerza para convertir esa pretensi&oacute;n moral en control efectivo del Estado. Cuando una parte de la sociedad no acepta esa interpretaci&oacute;n religiosa o exige pluralismo, el r&eacute;gimen suele responder con coerci&oacute;n y represi&oacute;n policial para impedir que la disidencia se traduzca en organizaci&oacute;n y produzca un cambio institucional. Para ello, combina leyes y tribunales que castigan el &ldquo;desorden&rdquo; o la &ldquo;ofensa&rdquo; religiosa, cuerpos de seguridad y milicias ideologizadas, vigilancia y censura, y castigos ejemplarizantes que elevan el costo de oponerse. En este tipo de sistemas, la violencia, tanto f&iacute;sica como estructural, funciona como un mecanismo de disuasi&oacute;n y disciplinamiento social que compensa la falta de alternancia real y protege a la &eacute;lite gobernante frente a crisis de legitimidad, fragmentaci&oacute;n interna o presi&oacute;n popular. Las protestas sociales, como las de 2022-2023 y las de ahora, con unos 30.000 muertos, fueron reprimidas brutalmente bajo acusaciones de ser &ldquo;enemigos de Dios&rdquo; o instigados por potencias extranjeras &ldquo;imp&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Ir&aacute;n tiene un conflicto externo, de car&aacute;cter regional, donde su teocracia chiita es central en su pol&iacute;tica exterior. China impuls&oacute; y celebr&oacute; el acuerdo Arabia Saud&iacute;&ndash;Ir&aacute;n de 2023, para proyectarse como actor diplom&aacute;tico capaz de mediar entre rivales en Oriente Medio, y reforzar la estabilidad regional que protege sus intereses energ&eacute;ticos, pero lo cierto es que Ir&aacute;n tiene una pugna con Arabia Saudita por el control de la regi&oacute;n, por lo que ambos pa&iacute;ses mantienen una relaci&oacute;n ambivalente, de cooperaci&oacute;n estrat&eacute;gica y rivalidad al mismo tiempo. Este &uacute;ltimo pa&iacute;s se ha aliado con Israel y mantiene muy buenas relaciones con Trump, por lo que lo Ir&aacute;n lo ten&iacute;a ya muy dif&iacute;cil. Con Ham&aacute;s y Hezbol&aacute; muy debilitados, apenas tiene ya influencia real en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El problema, pues, est&aacute; con Israel. El odio entre Ir&aacute;n e Israel es mutuo, ya que ambos pa&iacute;ses se declaran como &ldquo;enemigos existenciales&rdquo; desde la Revoluci&oacute;n Isl&aacute;mica de 1979. El tema central no es la religi&oacute;n en s&iacute;, sino el mecanismo por el cual cualquier relato pol&iacute;tico se convierte en verdad absoluta y produce enemigos ontol&oacute;gicos. La sacralizaci&oacute;n de la violencia y la guerra convierte la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica en un asunto trascendente, ya que la violencia deja de ser un medio excepcional y pasa a presentarse como deber moral, acto purificador o v&iacute;a de redenci&oacute;n hist&oacute;rica. Al encuadrar el conflicto como cuesti&oacute;n existencial, se clausuran los matices y se vuelve sospechosa cualquier alternativa intermedia, como la negociaci&oacute;n o el compromiso, que pueden leerse como claudicaci&oacute;n. Ese es el problema que arrastran los dos pa&iacute;ses desde hace d&eacute;cadas. Cuando el otro es presentado como amenaza absoluta &mdash;no solo un adversario, sino un peligro existencial&mdash;, la violencia y la guerra deja de verse como recurso extremo y se convierte en &ldquo;respuesta l&oacute;gica&rdquo; o &ldquo;defensa inevitable&rdquo;. El problema de fondo, pues, es que ambos pa&iacute;ses han construido un relato que elimina los matices y encierra la relaci&oacute;n en una l&oacute;gica de supervivencia, donde el choque permanente parece inevitable. Esto explica que nunca se haya buscado un acercamiento entre los dos pa&iacute;ses. La diplomacia internacional no tuvo esa capacidad, pero Netanyahu siempre ha despreciado cualquier acuerdo, es algo que le supera.
    </p><p class="article-text">
        Tras el nuevo ataque, que ha producido numerosas v&iacute;ctimas civiles, la poblaci&oacute;n iran&iacute; que rechaza la teocracia represiva se encuentra en una situaci&oacute;n muy dif&iacute;cil. Una respuesta eficaz debe ser simult&aacute;neamente pol&iacute;tica, jur&iacute;dica, comunicacional y social, adem&aacute;s de contar con un gran apoyo internacional, pero estamos hablando de un pa&iacute;s que no tiene un liderazgo claro en la oposici&oacute;n al r&eacute;gimen, algo vital en momentos como el presente. La opci&oacute;n de Reza Ciro Pahlavi, que hace 50 a&ntilde;os vive fuera del pa&iacute;s, no es la mejor opci&oacute;n, aunque Israel y Estados Unidos lo apoyan. El cambio de r&eacute;gimen lo tendr&aacute; que protagonizar la propia poblaci&oacute;n iran&iacute;, no Israel ni los Estados Unidos. El precio a pagar ser&aacute; alto, por desgracia, pues ya sabemos c&oacute;mo act&uacute;a dicha teocracia y sus guardianes, pero las revoluciones que han sido fruct&iacute;feras normalmente se han hecho as&iacute;. La clave ser&aacute; sostener esa presi&oacute;n interna con organizaci&oacute;n, unidad y apoyo internacional, orientado a proteger sus derechos, no a sustituir la agencia de los iran&iacute;es, porque solo as&iacute; un eventual cambio tendr&aacute; legitimidad social y posibilidades reales de consolidarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/iran-israel-guerras-existenciales-cambio-regimen_129_13029877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 22:52:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irán, Israel, las guerras existenciales y el cambio de régimen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Irán,Israel,Guerras,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-fascista-riesgo-violencia-programada_129_12998190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/557f87d7-7998-450c-993e-8311eec251a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El extremismo de derechas ha evolucionado hasta convertirse en una subcultura transnacional. Estos movimientos han buscado desarrollar valores compartidos, espacios, mitos, imágenes, eslóganes, símbolos, ídolos, estéticas y artefactos compartidos</p></div><p class="article-text">
        En Europa, partidos radicales y de extrema derecha lideraban a finales de 2025 las encuestas en hasta nueve pa&iacute;ses, incluyendo Austria, B&eacute;lgica, Italia, Polonia, Pa&iacute;ses Bajos y Francia. Tambi&eacute;n se predec&iacute;an resultados preocupantes en Suecia, Alemania, Espa&ntilde;a y Portugal. Con resultados tan negativos esperados, no es de extra&ntilde;ar que algunos se pregunten si la Uni&oacute;n Europea se enfrenta a una amenaza existencial desde la extrema derecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de otras corrientes autoritarias del siglo XX, gran parte de la extrema derecha actual no concibe la violencia solo como medio, sino como mecanismo regenerador de la naci&oacute;n o la &ldquo;raza&rdquo;, prueba moral de un compromiso militante y un intento de fundar un nuevo orden pol&iacute;tico. Esta concepci&oacute;n bebe de tradiciones fascistas cl&aacute;sicas, pero se reconfigura en clave contempor&aacute;nea mediante teor&iacute;as conspirativas, aceleracionismo y guerra civil racial. Uno de los pilares ideol&oacute;gicos es la idea de que el grupo dominante (blanco, masculino, europeo, estadounidense, cristiano), est&aacute; inmerso en una guerra existencial contra enemigos internos y externos. Esta narrativa se articula en torno a ideas como el &ldquo;gran reemplazo&rdquo;, el &ldquo;genocidio blanco&rdquo;, la &ldquo;invasi&oacute;n migratoria&rdquo; o la &ldquo;degeneraci&oacute;n moral&rdquo; promovida por &eacute;lites liberales.
    </p><p class="article-text">
        El extremismo de extrema derecha ha crecido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como respuesta a una combinaci&oacute;n de factores socioecon&oacute;micos y culturales, intensificados por crisis recientes (financiera, migratoria, COVID-19 y la guerra en Europa). Ese contexto alimenta frustraci&oacute;n, miedo e ira, y facilita que estos movimientos ofrezcan &ldquo;soluciones&rdquo; simplistas, desacreditan a la democracia y a las instituciones por no responder a las expectativas ciudadanas y, a la vez, desplazan la culpa hacia grupos concretos mediante discursos discriminatorios. Expresiones tradicionales (neonazismo, skinheads) han sido parcialmente reemplazadas por activismo antiisl&aacute;mico y antiinmigraci&oacute;n, con un giro m&aacute;s antisistema y ataques crecientes a instituciones, acelerados durante la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        Entre los factores de riesgo se incluyen problemas de identidad, mala gobernanza y disfunci&oacute;n administrativa, as&iacute; como baja confianza y alfabetizaci&oacute;n medi&aacute;tica, que aumentan la exposici&oacute;n a la desinformaci&oacute;n. Adem&aacute;s, la ret&oacute;rica de odio y deshumanizante puede derivar en violencia y en graves violaciones de derechos, ya que la amenaza es cada vez m&aacute;s transnacional.&nbsp;&nbsp;El extremismo de derechas ha evolucionado hasta convertirse en una subcultura transnacional. Estos movimientos han buscado desarrollar valores compartidos, espacios, mitos, im&aacute;genes, esl&oacute;ganes, s&iacute;mbolos, &iacute;dolos, est&eacute;ticas y artefactos compartidos. Estos referentes culturales contribuyen al crecimiento del extremismo mediante el endurecimiento de las opiniones, la consolidaci&oacute;n de identidades exclusivistas y una creciente susceptibilidad a las teor&iacute;as conspirativas.
    </p><p class="article-text">
        En Estados Unidos, ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la derrota nazi, la Administraci&oacute;n Trump ha mostrado evidencia de simpat&iacute;as y pr&aacute;cticas cercanas al nazismo, que van m&aacute;s all&aacute; de simples gestos o pol&eacute;micas aisladas. Hay publicaciones y memes difundidos desde cuentas oficiales del gobierno, incluido el DHS y el Departamento de Trabajo, que evocan lemas, est&eacute;ticas y consignas asociadas al fascismo, deshumanizan a migrantes y buscan generar miedo racial y cultural. Adem&aacute;s, se documentan casos de colaboradores y funcionarios que han elogiado o mostrado afinidad con figuras neonazis o con discursos del r&eacute;gimen nazi, lo que incluye publicaciones en redes, mensajes en chats y apariciones p&uacute;blicas en actos afines a la ultraderecha. Estas actitudes provienen, en gran medida, de la c&uacute;pula, a trav&eacute;s de declaraciones y comportamientos de Donald Trump y de otros altos cargos cercanos, por lo que la normalizaci&oacute;n de este tipo de ret&oacute;rica facilita la infiltraci&oacute;n de un discurso nazi en pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas gubernamentales.
    </p><p class="article-text">
        La violencia colectiva de estos grupos se normaliza mediante procesos de deshumanizaci&oacute;n sistem&aacute;tica: los migrantes presentados como plaga, invasores o animales; los jud&iacute;os retratados como &eacute;lites manipuladoras o &ldquo;enemigo invisible&rdquo;, o las feministas y colectivos LGTBIQ+ como agentes de decadencia. Un componente clave en la extrema derecha contempor&aacute;nea es el aceleracionismo, que sostiene que el sistema liberal es irreformable y debe ser destruido mediante el caos. Esto justifica ataques indiscriminados para desestabilizar sociedades, la glorificaci&oacute;n de la violencia y la amenaza, y el rechazo de la acci&oacute;n pol&iacute;tica institucional, de manera que la violencia colectiva, sea f&iacute;sica o no, se transforma en rito inici&aacute;tico. Cumple una funci&oacute;n sociopsicol&oacute;gica central, pues reafirma una masculinidad &ldquo;guerrera&rdquo; frente a sociedades percibidas como &ldquo;feminizadas&rdquo;, genera pertenencia y cohesi&oacute;n, y ofrece estatus, reconocimiento y sentido vital. Este patr&oacute;n conecta con la crisis identitaria masculina, la frustraci&oacute;n socioecon&oacute;mica de mucha gente, y el aislamiento social y radicalizaci&oacute;n online que provocan las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha no busca solo &ldquo;resistir&rdquo;, sino reconfigurar el poder pol&iacute;tico, con Estados &eacute;tnicamente homog&eacute;neos, la eliminaci&oacute;n o expulsi&oacute;n de minor&iacute;as y el autoritarismo radical. La violencia colectiva es concebida como una fase previa de limpieza, una guerra civil necesaria, y el fundamento del nuevo orden. Aqu&iacute; convergen el racismo biol&oacute;gico, el fascismo palingen&eacute;sico (renacimiento por la destrucci&oacute;n), y las teolog&iacute;as pol&iacute;ticas secularizadas. No se trata de simples desviaciones criminales, sino de una cosmovisi&oacute;n coherente, donde la violencia y la coacci&oacute;n es moralmente necesaria, hist&oacute;ricamente inevitable y pol&iacute;ticamente fundadora. La capacidad de reclutamiento y expansi&oacute;n de estos movimientos se ve potenciada por una infraestructura digital sofisticada, que opera en m&uacute;ltiples niveles de visibilidad y radicalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las plataformas como Twitter, YouTube, Facebook o TikTok, sirven como espacios de captaci&oacute;n inicial mediante contenido aparentemente moderado, como cr&iacute;ticas a la inmigraci&oacute;n, denuncias de la &ldquo;doble moral progresista&rdquo; o la defensa de &ldquo;valores tradicionales&rdquo;. Desde ah&iacute;, algoritmos y comunidades digitales dirigen a usuarios susceptibles de ser manipulados, hacia espacios menos regulados donde el discurso se radicaliza progresivamente. Esta arquitectura de radicalizaci&oacute;n funciona como un embudo, pues el contenido a contracorriente y provocador atrae a j&oacute;venes curiosos o descontentos; la gamificaci&oacute;n (aprender jugando) y cultura mem&eacute;tica hacen atractiva la participaci&oacute;n, el aislamiento social y validaci&oacute;n grupal refuerzan la adhesi&oacute;n, y finalmente, la exposici&oacute;n constante a contenido extremo normaliza la violencia y construye enemigos absolutos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, estos movimientos establecen una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica y estrat&eacute;gica con actores pol&iacute;ticos dominantes e influyentes que, sin abrazar abiertamente la violencia, legitiman narrativas centrales de la extrema derecha. Cuando pol&iacute;ticos electos hablan de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; migratoria, &ldquo;sustituci&oacute;n demogr&aacute;fica&rdquo; o &ldquo;guerra cultural contra Occidente&rdquo;, proporcionan validaci&oacute;n institucional a marcos interpretativos que la extrema derecha lleva a sus conclusiones l&oacute;gicas. Esta din&aacute;mica crea lo que algunos acad&eacute;micos llaman &ldquo;espacio de oportunidad ret&oacute;rica&rdquo;, de manera que la extrema derecha puede presentarse como la vanguardia coherente de preocupaciones &ldquo;leg&iacute;timas&rdquo; expresadas por figuras respetables, mientras que pol&iacute;ticos &ldquo;mainstream&rdquo; se benefician electoralmente del clima de ansiedad y polarizaci&oacute;n, sin asumir responsabilidad por sus consecuencias violentas.
    </p><p class="article-text">
        Simult&aacute;neamente, estos movimientos desarrollan estrategias de &ldquo;metapol&iacute;tica&rdquo; para ganar influencia cultural e intelectual antes (o en lugar) de ganar poder electoral, y orientadas a modificar el sentido com&uacute;n cultural antes que conquistar instituciones, con ocupaci&oacute;n de espacios contraculturales, producci&oacute;n de contenido pseudo-intelectual (podcasts, ensayos, &ldquo;think tanks&rdquo; alternativos), infiltraci&oacute;n de subculturas juveniles (artes marciales, por ejemplo) y construcci&oacute;n de infraestructuras paralelas (medios alternativos, plataformas de financiaci&oacute;n, redes de solidaridad legal). Esta estrategia busca normalizar ideas extremas, desplazar los l&iacute;mites del discurso aceptable y construir las condiciones culturales para transformaciones pol&iacute;ticas radicales, entendiendo que la violencia colectiva ser&aacute; m&aacute;s efectiva cuando opere sobre un terreno ideol&oacute;gico previamente preparado.
    </p><p class="article-text">
        La mejor forma de frenar el auge de la extrema derecha fascista y reducir el riesgo de que desemboque en violencia f&iacute;sica y colectiva, no es solo denunciar sus expresiones, sino bloquear las condiciones materiales, sociales y culturales que la vuelven atractiva y &ldquo;justificable&rdquo;. Para ello, conviene articular un marco de acci&oacute;n basado en universalismo, empat&iacute;a, reconocimiento, conocimiento y responsabilidad, junto con flexibilidad, aceptaci&oacute;n de la complejidad y pensamiento cr&iacute;tico, pol&iacute;ticas de desradicalizaci&oacute;n, resiliencia c&iacute;vica, memoria plural y desarme moral. Pero ese marco solo ser&aacute; cre&iacute;ble si los gobiernos progresistas lo acompa&ntilde;an con pol&iacute;ticas valientes y eficaces, no meramente simb&oacute;licas, que resuelvan de forma tangible los problemas de la gente com&uacute;n, como empleo, salarios, vivienda, servicios p&uacute;blicos, seguridad y expectativas de futuro. Cuando la mayor&iacute;a percibe resultados reales y justicia cotidiana, la extrema derecha pierde legitimidad social y se debilitan su capacidad de organizaci&oacute;n, su poder de contagio y su capitalizaci&oacute;n del malestar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/extrema-derecha-fascista-riesgo-violencia-programada_129_12998190.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Feb 2026 21:34:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La extrema derecha fascista y el riesgo de la violencia programada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extrema derecha,Donald Trump,Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El supremo engaño de Trump al mundo con su 'Junta para la Paz']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/supremo-engano-trump-mundo-junta-paz_129_12931450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af7ac255-73ed-4905-bb30-3d9fab438237_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump muestra la carta en la que se ha firmado la iniciativa Junta de Paz, rodeado de un grupo de líderes mundiales."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La denominada Junta de la Paz no es otra cosa que el Consejo de Administración de una empresa llamada Tierra, con Trump de presidente y con un poder absoluto sobre el consejo, puramente decorativo, sumiso y pagador de los gastos</p></div><p class="article-text">
        En solo un par de d&iacute;as, y como es su costumbre, el presidente Trump ha transformado su Junta de Paz anunciada en octubre y pensada para Gaza en un proyecto totalmente diferente y con el prop&oacute;sito de substituir a la ONU, que seg&uacute;n Trump, tiene un &ldquo;enfoque e instituciones que con demasiada frecuencia han fracasado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima semana, Trump ha invitado a unos 60 mandatarios, incluidos los de Rusia y China, a unirse a la Junta de Paz. Ha obtenido bastantes respuestas positivas, con el pago de una cuota de 1.000 millones de d&oacute;lares y la perspectiva de ayudar a reconstruir Gaza bajo la supervisi&oacute;n de un equipo de siete personas que ya hab&iacute;a designado el propio Trump. Pero la sorpresa vino el d&iacute;a antes de viajar al Foro de Davos, al distribuir una 'Carta de la Junta de la Paz' con unos estatutos en los que ya no se menciona a Gaza y en los que se afirma que el prop&oacute;sito de la nueva Junta, puesto que ya es otra cosa, es &ldquo;crear una organizaci&oacute;n internacional que busca promover la estabilidad, restaurar una gobernanza fiable y legal, y asegurar una paz duradera en las zonas afectadas o amenazadas por conflictos&rdquo;, y la justifica por &ldquo;la necesidad de un organismo internacional de construcci&oacute;n de paz m&aacute;s &aacute;gil y eficaz&rdquo;. Trump ser&aacute; el presidente y tendr&aacute; la autoridad para aprobar acuerdos internacionales y crear, modificar o disolver las entidades subsidiarias que se puedan crear, en una clara competencia con la ONU.
    </p><p class="article-text">
        En los estatutos se aclara que solo pueden ser miembros los Estados que hayan sido invitados previamente por el propio Trump, con un mandato de tres a&ntilde;os sujeto a renovaci&oacute;n si as&iacute; lo quiere Trump, que tambi&eacute;n se guarda la potestad de sacarlos de la Junta, la facultad de interpretar el significado de la Carta fundacional, la autoridad para aprobar o no todas las decisiones que tomen los Estados miembro, y el poder para disolver la Junta cuando lo considere necesario o apropiado. 
    </p><p class="article-text">
        Trump tambi&eacute;n ser&aacute; quien designe a su sucesor en la presidencia, no los Estados miembros de la Junta, que tendr&aacute; una &ldquo;Junta Ejecutiva&rdquo;, compuesta por &ldquo;l&iacute;deres de renombre mundial&rdquo; seleccionados exclusivamente por Trump, quien tambi&eacute;n nombrar&aacute; al director ejecutivo de dicha Junta. Est&aacute; tan molesto por no haber obtenido el Nobel de la Paz que quiere tener su propia organizaci&oacute;n para dirigir los destinos del mundo. Un aspecto tambi&eacute;n interesante es que la Junta de Paz &ldquo;garantizar&aacute; la provisi&oacute;n de los privilegios e inmunidades necesarios para el ejercicio de sus funciones&rdquo;, una referencia a que no se van a someter a la &ldquo;dictadura&rdquo; de la Corte Penal Internacional, que tanto detesta Trump.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s de 30 pa&iacute;ses que ya hab&iacute;an aceptado entrar en la Junta de Paz pensada para Gaza, ahora, con el nuevo planteamiento retador respecto a los organismos vigentes, tendr&aacute;n que repensar si se apuntan o no a este esquema imperial y extremadamente personalista, pues queda claro que esta Junta de la Paz no es otra cosa que el Consejo de Administraci&oacute;n de una empresa llamada Tierra, con Trump de presidente y con un poder absoluto sobre el Consejo, puramente decorativo, sumiso y pagador de los gastos. El vasallaje y peloteo jam&aacute;s visto, pues no hay precedentes de iniciativas de este tipo, ante el intento de poder absolutista y totalitario de un personaje que se ha convertido en un peligro para la Humanidad. Un narcisista maligno, eg&oacute;latra y de ambiciones sin l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Que la Junta lleve el nombre adjunto de &ldquo;Paz&rdquo;, no quiere decir que se vaya a dedicar a ello. En absoluto. Tradicionalmente, las grandes potencias o potencias regionales suelen disimular con un lenguaje ret&oacute;rico y diplom&aacute;tico sus verdaderas intenciones en pol&iacute;tica exterior, y as&iacute; lo plasman en los documentos sobre sus pol&iacute;ticas de defensa y seguridad. La apariencia de querer y defender la paz, sin embargo, puede ocultar intenciones de car&aacute;cter m&aacute;s bien ofensivas, intervencionistas, imperialistas o neocoloniales, pues tenemos una larga historia de pr&aacute;cticas al respecto.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre de 2025, al publicar su Estrategia de Seguridad Nacional, el presidente Trump ya rompi&oacute; este esquema de prudencia estrat&eacute;gica con un documento redactado incluso con un lenguaje arrogante, soez y despreciativo, muy propio de la personalidad del presidente. El texto no disimula en ning&uacute;n momento sus verdaderos prop&oacute;sitos y ambiciones, con un discurso claramente imperialista y neocolonial no visto de forma tan expl&iacute;cita desde hac&iacute;a d&eacute;cadas, que declara a EEUU el amo del mundo. &ldquo;Estados Unidos no puede permitir que ninguna naci&oacute;n se vuelva tan dominante que pueda amenazar a nuestros intereses&rdquo;, se&ntilde;ala el documento en una clara alusi&oacute;n a China, no a Rusia, con quien manifiesta querer &ldquo;restablecer la estabilidad estrat&eacute;gica&rdquo;. Esta Estrategia est&aacute; vinculada con la nueva Junta, por lo que tendremos que hablar de las dos cosas para entender de qu&eacute; tipo de &ldquo;paz&rdquo; hablamos.
    </p><p class="article-text">
        El documento estrat&eacute;gico ya empieza, en el primer p&aacute;rrafo, con una declaraci&oacute;n de intenciones de una carga que iba m&aacute;s all&aacute; de lo simb&oacute;lico: &ldquo;Garantizar que Estados Unidos siga siendo el pa&iacute;s m&aacute;s fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas&rdquo;. Dice textualmente que &ldquo;la paz a trav&eacute;s de la fuerza es el mejor elemento disuasorio&rdquo;, esto es, la idea estramb&oacute;tica del presidente Trump sobre el concepto de &ldquo;paz&rdquo; equivale al uso de la fuerza para imponer sus intereses, en especial los econ&oacute;micos. El subjefe del gabinete de Trump, Stephen Miller, a finales de 2025 declar&oacute; que &ldquo;vivimos en un mundo que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos&rdquo;. Y dado que &ldquo;para un pa&iacute;s cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, la adhesi&oacute;n r&iacute;gida al no intervencionismo no es posible&rdquo;, es decir, se intervendr&iacute;a por la fuerza de las armas donde fuera menester.
    </p><p class="article-text">
        En esa estrategia se aprecia el paso de la fuerza como instrumento a la fuerza como doctrina. &ldquo;Paz a trav&eacute;s de la fuerza&rdquo; ya no es un recurso contingente, sino un principio ordenador que justifica, normaliza y casi sacraliza la coerci&oacute;n como v&iacute;a leg&iacute;tima para preservar riqueza, estatus y liderazgo. Al convertirse en doctrina, se organiza e institucionaliza y se integra en la identidad nacional (&ldquo;restauraci&oacute;n espiritual&rdquo;, h&eacute;roes, grandeza), con una tendencia a la totalizaci&oacute;n. Todo (econom&iacute;a, migraci&oacute;n, clima, cultura, Europa) se reinterpreta desde el prisma de la seguridad y la supremac&iacute;a. Esa &ldquo;misi&oacute;n&rdquo; y &ldquo;destino&rdquo; (liderar el mundo; hemisferio como patio trasero) operan como mito pol&iacute;tico que dota de sentido y promete un futuro redentor, haciendo m&aacute;s el&aacute;stica la moral (&ldquo;si es por la grandeza, est&aacute; permitido&rdquo;), y convirtiendo el lenguaje en pr&aacute;ctica, marcos que rebautizan agresi&oacute;n como paz, y dominaci&oacute;n como orden.
    </p><p class="article-text">
        La estrategia descrita exhibe un car&aacute;cter imperialista y neocolonial en la medida en que asume como principio que Estados Unidos debe conservar una posici&oacute;n jer&aacute;rquica global (&ldquo;no puede permitir&rdquo; que otro se vuelva dominante) y, desde ah&iacute;, se arroga el derecho de intervenir donde lo exijan sus &ldquo;numerosos y diversos&rdquo; intereses. No se trata solo de competir o disuadir, sino de ordenar el sistema internacional y delimitar esferas de influencia.
    </p><p class="article-text">
        La apelaci&oacute;n a la Doctrina Monroe y la idea de un &ldquo;mundo liderado por los Estados Unidos&rdquo; reactivan una l&oacute;gica de tutela sobre otros pa&iacute;ses, especialmente en Am&eacute;rica, donde la &ldquo;propiedad&rdquo; pol&iacute;tica del continente convierte la soberan&iacute;a ajena en algo condicionado. Eso encaja con el neocolonialismo contempor&aacute;neo: control y subordinaci&oacute;n no necesariamente mediante colonias formales, sino mediante presi&oacute;n militar, econ&oacute;mica y diplom&aacute;tica para garantizar acceso, obediencia y ventajas. Esta perspectiva no es accidental; responde a una l&oacute;gica hist&oacute;rica de expansi&oacute;n y control, ahora reformulada con un lenguaje expl&iacute;cito que despoja a la diplomacia de sus eufemismos tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Esta ideolog&iacute;a trumpista, lejos de ser un mero ejercicio ret&oacute;rico, tiene consecuencias materiales, pues desestabiliza regiones enteras, profundiza las desigualdades y erosiona los mecanismos de cooperaci&oacute;n internacional, perpetuando ciclos de conflicto en nombre de una &ldquo;paz&rdquo; impuesta por la coerci&oacute;n. As&iacute; que, de paz, la Junta no tiene nada.
    </p><p class="article-text">
        Espero, por tanto, que pocos pa&iacute;ses se dejen enga&ntilde;ar por semejante patra&ntilde;a y que no lo confundan con la Junta para Gaza, y que tampoco nos quedemos pasivos ante semejante propuesta, que, seg&uacute;n los estatutos, se pondr&aacute; en marcha cuando lo hayan firmado tres pa&iacute;ses, solo tres, que ya los tiene. Creo que habremos de ser muy beligerantes con esta iniciativa, para que Trump vea que aparte de los 25 pa&iacute;ses que se han sumado ya a la Junta, con dos de la OTAN (Hungr&iacute;a como vicario de Rusia y Turqu&iacute;a por querer un rol en Gaza), solo cuatro potencias regionales (Indonesia, Israel, Pakist&aacute;n y Arabia Saudita), y sin ning&uacute;n pa&iacute;s realmente destacable, est&aacute; bastante solo en este mundo y en este mando.
    </p><p class="article-text">
        En un ejercicio de pataleta infantil, Trump ha revocado su invitaci&oacute;n al primer ministro canadiense, muy cr&iacute;tico con &eacute;l y que no ten&iacute;a intenci&oacute;n de participar en la Junta. Como tampoco ha querido hacerlo la pr&aacute;ctica totalidad de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europa, que, en boca del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, han dicho que era incompatible con la Carta de la ONU. 
    </p><p class="article-text">
        Ha llegado el momento de hacerle frente a Trump, desde las ideas, los valores y la econom&iacute;a. Es tambi&eacute;n la oportunidad para que Europa, y la mayor parte de sus pa&iacute;ses, se desconecten temporalmente de su administraci&oacute;n en todos los campos posibles. Por fortuna, Trump ya es mayor y no estar&aacute; siempre presente en nuestras vidas, pero dado que su capacidad de desestabilizar es inmensa, ahora toca plantarle cara con propuestas alternativas, mostrando que somos capaces de establecer alianzas con muchos pa&iacute;ses de otros continentes, incluidos China e India, y ver qu&eacute; tipo de reglas podemos compartir para mejorar el planeta, no para apoderarse de &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/supremo-engano-trump-mundo-junta-paz_129_12931450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 22:30:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El supremo engaño de Trump al mundo con su 'Junta para la Paz']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Gaza,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-nuevo-plan-gaza-dirigida-multimillonarios_129_12919988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/867bbed8-36fb-4fa9-a613-16e1bf8c1c01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal riesgo de dejar el futuro palestino en manos de un elenco tan amplio de actores extranjeros, y en particular de multimillonarios e inversores estadounidenses acostumbrados a medir el éxito en rentabilidad y “estabilidad”, antes que en los derechos, es convertir una cuestión de autodeterminación y reparación humanitaria en un proyecto de tutela y negocio</p><p class="subtitle">Trump suma a Milei, Erdogan, Tony Blair y Kushner para la siguiente fase de su plan en Gaza</p></div><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos de negociaci&oacute;n, &iquest;cu&aacute;les eran los problemas respecto al &ldquo;plan de paz&rdquo; de Trump para Gaza hace tan solo unos d&iacute;as? Pongo varios, porque las cosas van a cambiar a peor: ambig&uuml;edad en los temas de fondo, la no aceptaci&oacute;n de Israel de la soluci&oacute;n de los dos Estados, poca claridad en la formulaci&oacute;n institucional de una Palestina reformada, el limitado protagonismo de los palestinos para decidir su futuro en todos los &aacute;mbitos, el rol protag&oacute;nico del presidente Trump, la concepci&oacute;n colonial de su proyecto, la mediaci&oacute;n sesgada y parcial de Estados Unidos, las secuencias mal planteadas, la constante humillaci&oacute;n hacia los palestinos, la no existencia de garant&iacute;as suficientes para la aplicaci&oacute;n de los acuerdos, no plantear un proceso de desarme y desmovilizaci&oacute;n, y no contemplar el grave problema de los asentamientos de colonos israel&iacute;es en Cisjordania. Adem&aacute;s, Israel nunca ha aceptado por &uacute;ltimos puntos del Plan de Paz de Trump, referidos al di&aacute;logo con los palestinos y su reconocimiento como pueblo, tampoco la amnist&iacute;a a Ham&aacute;s, su retirada total de Gaza o la entrada ilimitada de la ayuda humanitaria. Despu&eacute;s, tampoco ha querido que algunos pa&iacute;ses est&eacute;n presentes en los &oacute;rganos previstos para dirigir Gaza, en especial Turqu&iacute;a, que ha sido muy beligerante con Israel.
    </p><p class="article-text">
        En buena parte, todo esto viene de una apropiaci&oacute;n indebida. La comparaci&oacute;n entre la Declaraci&oacute;n de Nueva York, impulsada por Francia y Arabia Saudita en julio de 2025, y el plan de Trump de octubre del mismo a&ntilde;o, revela dos visiones incompatibles sobre qu&eacute; significa una paz sostenible en Palestina-Israel. La primera buscaba un marco institucional progresivo, con derechos, gobernanza transparente, y un proceso multilateral que controlara y verificara la implementaci&oacute;n, incluidos derechos de autodeterminaci&oacute;n, seguridad y reconstrucci&oacute;n. En cambio, el plan de Trump se apoyaba en una lectura de poder y derrota, donde la supremac&iacute;a militar y la imposici&oacute;n de una &ldquo;victoria&rdquo; no articulaban garant&iacute;as para una ciudadan&iacute;a palestina con derechos plenos, ni establec&iacute;an un camino claro hacia una soluci&oacute;n de dos Estados o una reconciliaci&oacute;n interna entre las distintas autoridades palestinas. Esta brecha entre gobernanza, derechos y mecanismos de verificaci&oacute;n, por un lado, y una narrativa de imposici&oacute;n y derrota, por otro, explica por qu&eacute; cualquier plan sin un marco pol&iacute;tico claro, con participaci&oacute;n y consentimiento de las poblaciones afectadas, tiende a fracasar en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, el presidente Trump ha dado por completada la primera fase de su plan de paz, en un ejercicio de extrema miop&iacute;a, pues Israel no respet&oacute; en ning&uacute;n momento al alto al fuego, causando 464 muertos, no llegaba la suficiente ayuda humanitaria, el viento hac&iacute;a volar las precarias tiendas de campa&ntilde;a, la lluvia inundaba dichas tiendas, y el fr&iacute;o caus&oacute; hipotermias mortales en varias criaturas. Ham&aacute;s no se ha desarmado y no se sabe cu&aacute;ndo lo har&aacute;, tampoco se habl&oacute; de la amnist&iacute;a y el presidente de la Autoridad Nacional Palestino no convoc&oacute; al congreso de la OLP, tal como hab&iacute;a prometido meses antes.
    </p><p class="article-text">
        Trump, adem&aacute;s, por si no quedaba clara su determinaci&oacute;n de convertir Gaza en su protectorado y en hacer negocios en dicho territorio, antes de que se forme el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza, formada por palestinos, acaba de crear dos nuevas entidades, la &ldquo;Junta Ejecutiva fundadora&rdquo; que asesorar&aacute; a la Junta de Paz, presidida por Trump, y una &ldquo;Junta Ejecutiva de Gaza&rdquo;, formada por once miembros. Para liderar la estrategia de la Junta de Paz, Trump ha nombrado a dos personas: Aryeh Lightstone, que fue asesor principal del embajador estadounidense en Israel desde 2017 hasta 2021, y Josh Gruenbaum, un inversor de capital privado que utiliza la burocracia federal para combatir el antisemitismo. En la primera entidad, adem&aacute;s del equipo habitual de Trump en temas internacionales (Marco Rubio, Steve Witkoff y Jared Kushner), figura el cuestionado Tony Blair, el presidente del Banco Mundial (posible financiador), un supermillonario estadounidense Marc Rown, director ejecutivo de un importante fondo de inversi&oacute;n, empresario de casinos y con un patrimonio de 8.800 millones de d&oacute;lares, y Robert Gabriel, que ya hab&iacute;a sido asesor de Trump anteriormente y que incit&oacute; al asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021. En la segunda entidad, la Junta Ejecutiva de Gaza, adem&aacute;s de los ya mencionados Steve Wiktkoff; Jared Kushner, Tony Blair y Marc Rowan, figuraba otro empresario inmobiliario multimillonario chipriota-israel&iacute;, Yakir Gabay, que, seg&uacute;n explic&oacute; en Washington Post en 2024, particip&oacute; en un grupo de chat de larga duraci&oacute;n, desde octubre de 2023 hasta principios de mayo de 2024, con algunos de los l&iacute;deres empresariales m&aacute;s poderosos de Estados Unidos, y con los objetivos declarados de &ldquo;cambiar la narrativa&rdquo; a favor de Israel y &ldquo;ayudar a ganar la guerra&rdquo; sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica estadounidense, tras el ataque de Ham&aacute;s a Israel el 7 de octubre, y que presion&oacute; y amenaz&oacute; a las universidades estadounidenses cuyos estudiantes se manifestaban contra Israel por el genocidio de Gaza. En la Junta tambi&eacute;n ha incluido al ministro de Exteriores turco, un alto diplom&aacute;tico qatar&iacute;, el director de los servicios de inteligencia egipcio, dos diplom&aacute;ticos de la ONU para Oriente Medio y una ministra de los Emiratos &Aacute;rabes Unidos.
    </p><p class="article-text">
        En estos &uacute;ltimos d&iacute;as, Estados Unidos ha extendido invitaciones a varios gobiernos extranjeros para unirse a la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; dirigida por el mismo Trump, entre ellos Jordania, Grecia, Chipre, Pakist&aacute;n, Hungr&iacute;a, India, Rusia, Canad&aacute;, Turqu&iacute;a, Egipto, Australia, Kazajst&aacute;n, Reino Unido, Paraguay, Argentina o Albania, en una carrera para &ldquo;llenar&rdquo; de contenido un organismo que estar&aacute; sujeto a las Juntas Ejecutivas antes mencionadas, por lo que ser&aacute; puramente decorativo e ineficaz. Adem&aacute;s, Trump ha puesto como condici&oacute;n que cada uno de estos pa&iacute;ses pongan 1.000 millones de d&oacute;lares para la reconstrucci&oacute;n, algo vergonzoso, pues ha sido Israel quien a destruido Gaza y Estados Unidos quien ha puesto el 70% de las 100.00 toneladas de bombas lanzadas sobre dicho territorio.&nbsp;El domingo se hizo p&uacute;blica la primera lista de los doce palestinos que conformar&aacute;n el Comit&eacute; Nacional para la Administraci&oacute;n de Gaza, pero como ha dicho muy bien un analista de esta regi&oacute;n, la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; crea una jerarqu&iacute;a clara, donde Estados Unidos y los magnates empresariales deciden, la regi&oacute;n paga y coordina, y los palestinos implementan la prestaci&oacute;n de servicios.
    </p><p class="article-text">
        El principal riesgo de dejar el futuro palestino en manos de un elenco tan amplio de actores extranjeros, y en particular de multimillonarios e inversores estadounidenses acostumbrados a medir el &eacute;xito en rentabilidad y &ldquo;estabilidad&rdquo;, antes que en los derechos, es convertir una cuesti&oacute;n de autodeterminaci&oacute;n y reparaci&oacute;n humanitaria en un proyecto de tutela y negocio. Cuando quienes dise&ntilde;an la &ldquo;paz&rdquo; no rinden cuentas ante la poblaci&oacute;n palestina, la prioridad tiende a desplazarse hacia objetivos geopol&iacute;ticos, gesti&oacute;n securitaria y oportunidades econ&oacute;micas (reconstrucci&oacute;n, suelo, infraestructuras) que pueden favorecer a &eacute;lites externas, mientras se normaliza el hecho de que persistan las violaciones sobre el terreno. Adem&aacute;s, la presencia de figuras vinculadas a campa&ntilde;as de propaganda, presi&oacute;n pol&iacute;tica o antecedentes controvertidos, eleva el peligro de que se imponga una narrativa que deslegitime la representaci&oacute;n palestina y reduzca la democracia en este territorio a un mero tr&aacute;mite sin contenido. El resultado puede ser una Gaza tratada como protectorado, con instituciones administradas desde fuera, decisiones capturadas por intereses privados y diplom&aacute;ticos, y un bienestar supeditado a condiciones impuestas, en lugar de un proceso centrado en derechos, rendici&oacute;n de cuentas y soberan&iacute;a efectiva de los gazat&iacute;es.
    </p><p class="article-text">
        Una paz duradera requiere m&aacute;s que visiones de poder o de reconstrucci&oacute;n. Necesita legitimidad pol&iacute;tica para el pueblo palestino, garant&iacute;as de seguridad y derechos para todos, respaldadas por instituciones, mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas y un proceso inclusivo que involucre especialmente a los actores locales, con los regionales y la comunidad internacional como complemento. Sin un enfoque que priorice la agencia palestina, la coherencia entre seguridad y derechos, y una ruta verificable hacia un acuerdo pol&iacute;tico, las propuestas corren el riesgo de convertirse en gestos sin sostenibilidad alguna. De los quince aspectos que se han de tener en cuenta en cualquier proceso de paz (la gesti&oacute;n de las &ldquo;l&iacute;neas rojas&rdquo;, acertar con la metodolog&iacute;a adecuada y conocer las necesidades reales, evitar las ambig&uuml;edades y tener una agenda clara y realista, mediaciones adecuadas y sin sesgos, interlocutores v&aacute;lidos, inclusi&oacute;n para el acuerdo final, controlar a los &ldquo;spoilers&rdquo;, abordar las causas del conflicto para superar las incompatibilidades, perder el miedo a las demandas de autogobierno, secuencias con sentido com&uacute;n, respetar la identidad y no humillar, garantizar lo acordado y dar seguridad, dise&ntilde;ar un buen programa de desarme, desmovilizaci&oacute;n y reincorporaci&oacute;n, acabar con los incentivos para continuar la guerra y reforzar los incentivos para negociar la paz, y asegurar la verificaci&oacute;n en el cumplimiento de los acuerdos), en el caso de Gaza y del futuro de Palestina no se cumple ning&uacute;n de ellos. En la pr&aacute;ctica, la paz no debe verse como un marco externalizado, sino como una experiencia diaria de seguridad, dignidad y oportunidades, con menos muros que separen, m&aacute;s puentes que conecten, con autoridades locales fortalecidas, supervisi&oacute;n internacional visible y una narrativa que priorice la memoria y las demandas actuales de la poblaci&oacute;n, antes que intereses ajenos.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier intento de paz en Gaza y el futuro de Palestina, por tanto, ser&aacute; inviable si no se centra en la legitimidad y la agencia pol&iacute;tica palestina, integra de forma coherente seguridad y derechos para todas las partes y se apoya en instituciones, rendici&oacute;n de cuentas, inclusi&oacute;n y verificaci&oacute;n; como hoy no se cumple ninguno de los aspectos b&aacute;sicos necesarios para un proceso de paz serio, las propuestas actuales se reducen a gestos sin sostenibilidad ni capacidad real de producir un acuerdo duradero. El riesgo de fracaso es enorme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/trump-nuevo-plan-gaza-dirigida-multimillonarios_129_12919988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jan 2026 21:31:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump tiene un nuevo plan para Gaza, dirigida por multimillonarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Donald Trump,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ataque a Venezuela, ¿un mensaje para China?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ataque-venezuela-mensaje-china_129_12887424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a159abce-1296-478d-83bb-2ddd1d5c4a86_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ataque a Venezuela, ¿un mensaje para China?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos años, China ha estado construyendo discretamente un imperio de infraestructuras en América Latina y el Caribe, con el objetivo de alejar económica y militarmente al continente de los intereses estadounidenses</p></div><p class="article-text">
        Aunque varios analistas ya lo han comentado, hemos de volver a repasar el documento de la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, que se hizo p&uacute;blico el pasado mes de noviembre y con un peculiar lenguaje, que parece escrito por el mismo Trump, para entender mejor lo que ha ocurrido en Venezuela. Contiene claves importantes, como la vuelta a la doctrina Monroe (Am&eacute;rica es de Estados Unidos), la afirmaci&oacute;n de que hay que conseguir &ldquo;la paz a trav&eacute;s de la fuerza&rdquo;, que &ldquo;la adhesi&oacute;n r&iacute;gida al no intervencionismo no es posible&rdquo;, que &ldquo;Estados Unidos no puede permitir que ninguna naci&oacute;n se vuelva tan dominante que pueda amenazar nuestros intereses&rdquo;, y la primera frase del documento, que afirma que se debe garantizar que Estados Unidos &ldquo;siga siendo el pa&iacute;s m&aacute;s fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo&rdquo;. Si el documento, nada modesto, tiene un claro destinatario, no es Rusia, sino China, y es probable que la explicaci&oacute;n de lo que ha ocurrido en Venezuela, o al menos una de las importantes, es el creciente papel de China en Am&eacute;rica Latina.
    </p><p class="article-text">
        China es el principal socio comercial de Sudam&eacute;rica (no cuento M&eacute;xico), y una fuente importante tanto de inversi&oacute;n extranjera directa como de pr&eacute;stamos energ&eacute;ticos e infraestructuras, incluso a trav&eacute;s de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Pek&iacute;n ha invertido fuertemente en el sector espacial latinoamericano y ha fortalecido sus lazos militares con varios pa&iacute;ses, especialmente con Venezuela. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, China ha estado construyendo discretamente un imperio de infraestructuras en Am&eacute;rica Latina y el Caribe, con el objetivo de alejar econ&oacute;mica y militarmente al continente de los intereses estadounidenses. Por ejemplo, hay 37 puertos mar&iacute;timos en la regi&oacute;n vinculados a empresas chinas. Para comparar, Estados Unidos no opera ning&uacute;n puerto en la regi&oacute;n. La estrategia de China va mucho m&aacute;s all&aacute; de los proyectos de infraestructuras. Busca ganar un terreno duradero en el Sur Global, con los BRICS como su caballo de Troya. A principios de mayo pasado, durante la ceremonia de apertura del Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), el presidente Xi Jinping present&oacute; un plan de cinco pilares que guiar&aacute; la colaboraci&oacute;n de China con 33 pa&iacute;ses de la regi&oacute;n durante los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os. La hoja de ruta institucionaliza la presencia de China en el hemisferio occidental, lo que genera preocupaciones significativas para Estados Unidos, como tambi&eacute;n se refleja en la mencionada Estrategia Nacional de Seguridad.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, el mercado chino ha pasado a ser prioritario para los pa&iacute;ses latinoamericanos, con una cifra r&eacute;cord de 518.000 millones de d&oacute;lares en 2024. De los bienes que China compr&oacute; a los pa&iacute;ses de la CELAC el a&ntilde;o pasado, poco menos de la mitad proced&iacute;a de Brasil, la mayor econom&iacute;a de la regi&oacute;n. Adem&aacute;s, si persisten los aranceles estadounidenses sobre los productos chinos, las exportaciones chinas podr&iacute;an desviarse cada vez m&aacute;s hacia los mercados latinoamericanos. El Banco de Desarrollo de China, de propiedad estatal, y el Banco de Exportaci&oacute;n-Importaci&oacute;n de China, est&aacute;n entre los principales prestamistas de la regi&oacute;n; desde 2005, han prestado m&aacute;s de 120.000 millones de d&oacute;lares a pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y el Caribe y a empresas estatales, a menudo a cambio de petr&oacute;leo y utilizados para financiar proyectos energ&eacute;ticos e infraestructuras. Venezuela es, con diferencia, el mayor prestatario; ha recibido casi 60.000 millones de d&oacute;lares en pr&eacute;stamos estatales chinos, principalmente relacionados con energ&iacute;a e infraestructuras. Puertos, ferrocarriles, carreteras, puentes, l&iacute;neas de metro, energ&iacute;a y centrales el&eacute;ctricas, son probablemente las mejores se&ntilde;ales de que China tiene un compromiso a largo plazo con la regi&oacute;n. Pero, los d&iacute;as en que Pek&iacute;n colmaba la regi&oacute;n de pr&eacute;stamos y proyectos de infraestructuras a gran escala pueden haber terminado, o al menos se han visto disminuidos, en especial desde 2015, y sustituidos por una implicaci&oacute;n m&aacute;s deliberada y un enfoque en sectores espec&iacute;ficos de inter&eacute;s chino, especialmente en el extremo superior de la cadena de valor. Prefiere inversiones m&aacute;s peque&ntilde;as y espec&iacute;ficas en sectores estrat&eacute;gicos como el litio, las energ&iacute;as renovables, los productos de alta tecnolog&iacute;a y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n (TIC), incluyendo las ofertas de Huawei.
    </p><p class="article-text">
        La paciencia de Pek&iacute;n con Caracas tambi&eacute;n se ha erosionado debido a los riesgos sostenidos de seguridad y a la desastrosa econom&iacute;a en el pa&iacute;s, y no ha concedido pr&eacute;stamos a Venezuela en los &uacute;ltimos nueve a&ntilde;os. Los pr&eacute;stamos tambi&eacute;n se han ralentizado hacia otros grandes beneficiarios, como Brasil y Ecuador. Para China, Venezuela sigue siendo uno de sus mayores deudores, y cualquier cambio de administraci&oacute;n en Caracas tiene grandes implicaciones financieras para Pek&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        China tambi&eacute;n opera a trav&eacute;s del &ldquo;poder blando&rdquo;, que se sustenta a trav&eacute;s de la Iniciativa Global de Civilizaci&oacute;n. Abarca desde festivales culturales e intercambios cinematogr&aacute;ficos, hasta la cooperaci&oacute;n tur&iacute;stica y la digitalizaci&oacute;n de museos. Estas iniciativas no son solo una labor de divulgaci&oacute;n cultural, pues forman parte de un m&eacute;todo m&aacute;s amplio para moldear la opini&oacute;n p&uacute;blica y el discurso en todos los &aacute;mbitos de la sociedad, desde gobiernos locales y universidades hasta medios de comunicaci&oacute;n y organizaciones deportivas. El impulso de China por aislar a Taiw&aacute;n es otro factor importante detr&aacute;s de su inter&eacute;s en la regi&oacute;n. Debido a que Pek&iacute;n rechaza mantener relaciones diplom&aacute;ticas con pa&iacute;ses que reconocen la soberan&iacute;a de Taiw&aacute;n, el apoyo de Am&eacute;rica Latina a la isla ha disminuido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En cuanto a los temas militares, Venezuela sigue siendo el principal comprador de material militar chino en la regi&oacute;n, despu&eacute;s de que el Gobierno estadounidense prohibiera toda venta comercial de armas a Caracas a partir de 2006. 
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, China opera o cogestiona al menos ocho estaciones terrestres en Am&eacute;rica Latina, incluyendo centros de seguimiento en el espacio profundo en Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile y Brasil. Estas estaciones proporcionan al ej&eacute;rcito chino cobertura global de telemetr&iacute;a y datos espaciales en tiempo real. Bajo la Iniciativa de Seguridad Global (GSI), propuesta por Xi en 2022, Pek&iacute;n tambi&eacute;n se ha orientado hacia la seguridad interna, suministrando equipo t&aacute;ctico y sistemas de reconocimiento facial a las fuerzas policiales, desde Panam&aacute; hasta Ecuador. Las redes construidas por Huawei pueden encontrarse ahora en m&aacute;s de 35 municipios latinoamericanos, integrando miles de c&aacute;maras y centros de emergencia bajo software gestionado por China.
    </p><p class="article-text">
        Es interesante recordar que, en 2022, el entonces senador Marco Rubio, hoy secretario de Estado, ya buscaba contrarrestar la &ldquo;influencia maligna&rdquo; de China en la regi&oacute;n, fortaleciendo la cooperaci&oacute;n multilateral en materia de seguridad y los esfuerzos antidrogas. Otras propuestas legislativas inclu&iacute;an llamamientos para que Estados Unidos crease asociaciones comerciales permanentes con pa&iacute;ses del hemisferio occidental para fomentar la &ldquo;relocalizaci&oacute;n de las cadenas de suministro desde China hacia pa&iacute;ses m&aacute;s cercanos a casa&rdquo;. Ninguno de los dos proyectos avanz&oacute; en el Congreso, pero ahora Marco Rubio tiene mucho m&aacute;s poder e influencia, y lo va a ejercer. 
    </p><p class="article-text">
        En su segundo mandato, el presidente Trump ha adoptado un enfoque m&aacute;s asertivo para contrarrestar la influencia regional de China. Ha alegado repetidamente que China controla secretamente el Canal de Panam&aacute;, a pesar de la propiedad paname&ntilde;a, y ha amenazado con recuperar la v&iacute;a fluvial, que Estados Unidos entreg&oacute; a Panam&aacute; en 1999. Otro dato a tener en cuenta es que el a&ntilde;o pasado China redujo significativamente las compras de exportaciones agr&iacute;colas estadounidenses, en respuesta a las subidas arancelarias del presidente Trump. Los agricultores estadounidenses est&aacute;n teniendo dificultades, ya que empresas chinas han buscado soja y otros productos de pa&iacute;ses como Brasil. La soja es una piedra angular de la agricultura estadounidense, ya que m&aacute;s de 270.000 granjas cultivan este cultivo, seg&uacute;n el &uacute;ltimo Censo de Agricultura. En 2024, m&aacute;s del 40% de la producci&oacute;n estadounidense de soja se export&oacute;, y aproximadamente la mitad se destin&oacute; a China. Esto se acab&oacute; por la mala estrategia de Trump, y puede pasarle factura.
    </p><p class="article-text">
        Lo que antes parec&iacute;a simplemente una b&uacute;squeda de nuevos mercados y oportunidades rentables para China, ahora se ve en Washington como una seria amenaza estrat&eacute;gica, y por eso Am&eacute;rica Latina vuelve a convertirse en el escenario para una versi&oacute;n moderna de la Doctrina Monroe, esta vez con China en su centro. El ataque a Venezuela podr&iacute;a ser un aviso para que los pa&iacute;ses latinoamericanos vuelvan al redil, alej&aacute;ndose de China y dando prioridad a que las grandes corporaciones estadounidenses vuelvan a tener el peso que tuvieron en el pasado en su &ldquo;patio trasero&rdquo;. Pero hacerlo militarmente, por la fuerza, y sin una alternativa pol&iacute;tica viable y decidida por la poblaci&oacute;n venezolana, pues Trump detesta la democracia, puede ser un desastre. Por si no lo sabe, en Venezuela hay personas muy bien preparadas y con una real cultura democr&aacute;tica para levantar el pa&iacute;s, aunque no son de cuerda. Pero si Trump tambi&eacute;n quiere ser el presidente de la &ldquo;Junta de la Paz&rdquo; de la transici&oacute;n venezolana, adem&aacute;s de serlo de Palestina y Ucrania, y con Rubio de escudero, acabar&aacute; teniendo un serio problema, pues la gente no quiere ser vasalla a cualquier precio, perdiendo su dignidad y su soberan&iacute;a, algo que a Trump le cuesta entender, acostumbrado como est&aacute; de rodearse de personajes serviles que le r&iacute;en las gracias y las ocurrencias, incluyendo a los patriotas de extrema derecha y al secretario general de la OTAN, en un triste reparto de papeles. Cuando se encuentre dentro de unos meses con el presidente Xi Jinping, veremos qui&eacute;n es realmente el m&aacute;s listo de la clase.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicenç Fisas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ataque-venezuela-mensaje-china_129_12887424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jan 2026 20:56:49 +0000]]></pubDate>
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