<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Iñaki Iriarte Goñi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/inaki-iriarte-goni/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Iñaki Iriarte Goñi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/518534/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Los agricultores y el medioambiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agricultores-medioambiente_129_10903598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9e8b520-25e3-4aba-a71c-3f122cce17d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1803y1123.jpg" width="1200" height="675" alt="Los agricultores y el medioambiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Focalizar el problema agrario en las medidas ambientales comunitarias, como si fueran el enemigo a batir, distorsiona más que aclara. Y hace el caldo gordo a esa gran industria que con sus formas de operar tiene mucho más que ver con los agobios reales de los agricultores</p></div><p class="article-text">
        Los agricultores europeos se sienten maltratados y quieren que lo sepamos. Algunas de las acciones concretas que est&aacute;n llevando a cabo para ello pueden ser, desde luego, muy discutibles, pero, en lo b&aacute;sico, lo que buscan es hacerse o&iacute;r por unas sociedades mayoritariamente urbanas para las que son invisibles, y hacernos ver las dificultades por las que atraviesan y las consecuencias que eso puede tener para todos.
    </p><p class="article-text">
        Las razones que los agricultores tienen para quejarse son muchas y tienen causas complejas. Sin embargo, la idea que m&aacute;s se est&aacute; trasmitiendo sobre las protestas de los &uacute;ltimos d&iacute;as es que lo que les tiene asfixiados es la regulaci&oacute;n ambiental comunitaria. En su versi&oacute;n m&aacute;s pedestre, casi zafia, este razonamiento viene a sugerir que los &ldquo;bur&oacute;cratas de Bruselas&rdquo; se est&aacute;n sacando de la manga unas normas ambientales caprichosas que no valen para nada y que s&oacute;lo consiguen restar competitividad al sector. Por supuesto, algunos grupos pol&iacute;ticos populistas, tratando de pescar en r&iacute;o revuelto, amplifican estos razonamientos simplistas y aprovechan para llevarlos a extremos rayanos en el negacionismo clim&aacute;tico y ambiental. Pero, &iquest;se puede afirmar que son las regulaciones ambientales europeas el principal problema de los agricultores?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La agricultura es una actividad que se desarrolla directamente sobre los agroecosistemas y por ello conlleva unos riesgos ambientales elevados. De las buenas pr&aacute;cticas agr&iacute;colas y ganaderas depende el mantenimiento de la biodiversidad, la conservaci&oacute;n de la fertilidad de los suelos, el nivel de los acu&iacute;feros subterr&aacute;neos, la buena salud de muchos r&iacute;os, los niveles de contaminaci&oacute;n por nitratos o por purines y la mayor o menor emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero, especialmente de metano. Y los encargados de llevar a cabo esas buenas pr&aacute;cticas son los agricultores, a los que se les suponen los conocimientos y la experiencia necesarios para realizar unos manejos que, si son adecuados, garantizan la conservaci&oacute;n de los ecosistemas y pueden contribuir de una manera sustancial a la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y a la lucha contra el cambio clim&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El dilema est&aacute; en qu&eacute; papel queremos que cumplan los agricultores en la sociedad europea actual. &iquest;Queremos un agricultor que produzca con una mayor conciencia, preocupado por la calidad nutricional de los alimentos y que al mismo tiempo ejerza funciones de &ldquo;cuidador del medio&rdquo;, minimizando las pr&aacute;cticas de riesgo que pueden deteriorar los agroecosistemas, o queremos simplemente un modelo de agricultor-productor que proporcione alimentos abundantes y baratos, cumpliendo s&oacute;lo los criterios m&iacute;nimos de sanidad alimentaria aunque a veces sean ins&iacute;pidos y aunque sea a costa de contaminar el medio o de agotar los acu&iacute;feros?
    </p><p class="article-text">
        Las pr&aacute;cticas espec&iacute;ficas de los agricultores no dependen s&oacute;lo de sus decisiones individuales, sino que est&aacute;n totalmente mediatizadas por el contexto socioecon&oacute;mico en el que operan. Hace mucho tiempo que los agricultores europeos dejaron de ser campesinos en el sentido tradicional del t&eacute;rmino para pasar a ser empresarios agr&iacute;colas con niveles de propiedad y de capitalizaci&oacute;n muy variados, pero dependientes del mercado. Primero, tienen que adquirir en unos mercados globalizados la maquinaria, las semillas o los fertilizantes que necesitan para su actividad y, despu&eacute;s, venden sus cosechas a comercializadoras y distribuidoras que, a su vez, colocan esos productos en mercados tambi&eacute;n globales. Y una parte no despreciable del problema de esos empresarios agricultores es que, en sus transacciones, se encuentran en una posici&oacute;n de clara desventaja negociadora. De un lado, unas pocas multinacionales controlan la producci&oacute;n de semillas, fertilizantes y agroqu&iacute;micos, y unas pocas m&aacute;s las de maquinaria agr&iacute;cola, manteniendo una posici&oacute;n que en algunos casos se acerca al oligopolio y que les da un enorme poder para imponer sus precios. De otro, las comercializadoras y la gran distribuci&oacute;n est&aacute;n tambi&eacute;n en manos de grandes empresas que compiten entre ellas a base de reducir los precios en los lineales de los supermercados, a costa muchas veces de pagar poco y a destiempo a los productores. Entre medio, los peque&ntilde;os y medianos agricultores operan con grandes dificultades y dependen de l&iacute;neas de cr&eacute;dito y de subvenciones para poder mantener su actividad.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto mercantil complicado, los agricultores reciben mensajes contradictorios sobre las funciones que la sociedad espera de ellos, y probablemente muchos no tienen claro qu&eacute; carta deben jugar. La Uni&oacute;n Europea lleva un tiempo apostando, si bien de forma no muy decidida, por el agricultor &ldquo;cuidador del medio&rdquo;, y remunerando a trav&eacute;s de las subvenciones de la PAC las funciones de protecci&oacute;n frente a las funciones meramente productoras. La idea en s&iacute; es coherente, aunque probablemente las formas espec&iacute;ficas de hacerlo no han estado bien dise&ntilde;adas y han devenido en una mara&ntilde;a burocr&aacute;tica que seguro que tiene un amplio margen de mejora y simplificaci&oacute;n. Pero, al mismo tiempo, la gran industria de la que los agricultores dependen tanto en sus compras como en sus ventas reclama otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        El negocio de las grandes empresas de maquinaria o de fertilizantes y fitosanitarios est&aacute; en vender cantidades ingentes de esos productos a los agricultores, y un cambio hacia modelos de producci&oacute;n m&aacute;s verdes y menos dependientes de f&oacute;siles o qu&iacute;micos puede afectar negativamente a su cuenta de resultados. Las grandes distribuidoras, por su parte, no est&aacute;n dispuestas a remunerar las funciones protectoras de los agricultores, porque eso repercutir&iacute;a en pagar precios m&aacute;s altos que chocan con su modelo de negocio. Al igual que ocurre con las petroleras, no parece que las grandes agroindustrias est&eacute;n muy dispuestas a facilitar una transici&oacute;n ecol&oacute;gica que ponga en riesgo sus beneficios, a menos que sean ellas quienes impongan el ritmo y la profundidad de los cambios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La agricultura europea es un caso paradigm&aacute;tico de las contradicciones del capitalismo regulado actual. Hoy por hoy los mercados no tienen capacidad para fomentar unas pr&aacute;cticas que prioricen la buena conservaci&oacute;n de los agroecosistemas, y por ello parece adecuado que las instituciones p&uacute;blicas corrijan ese fallo de mercado estableciendo subvenciones a cambio del cumplimiento de pr&aacute;cticas sostenibles. Sin ninguna duda, las regulaciones espec&iacute;ficas y la forma de controlar y repartir las subvenciones deber&aacute;n mejorar. Pero focalizar el problema agrario en las medidas ambientales comunitarias como si fueran el enemigo a batir, distorsiona m&aacute;s que aclara, y hace el caldo gordo a esa gran industria que con sus formas de operar tiene mucho m&aacute;s que ver con los agobios reales de los agricultores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/agricultores-medioambiente_129_10903598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Feb 2024 21:38:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c9e8b520-25e3-4aba-a71c-3f122cce17d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1803y1123.jpg" length="2462677" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c9e8b520-25e3-4aba-a71c-3f122cce17d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1803y1123.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2462677" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los agricultores y el medioambiente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c9e8b520-25e3-4aba-a71c-3f122cce17d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1803y1123.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Bruselas,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los desastres, también medioambientales, de la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desastres-medioambientales-guerra_129_8843862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91ac18be-741c-46a4-8316-7adab1329808_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los desastres, también medioambientales, de la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La magnitud de los daños ambientales que genera una guerra es directamente proporcional a la capacidad de destrucción que tienen los ejércitos en liza. Y las guerras de los siglos XX y XXI han marcado una clara diferencia</p></div><p class="article-text">
        Todas las&nbsp;guerras, tambi&eacute;n las inevitables, son por definici&oacute;n un c&uacute;mulo de desastres. Suponen el triunfo de la violencia sobre el di&aacute;logo, de la fuerza sobre la raz&oacute;n, del fanatismo y el fundamentalismo sobre la reflexi&oacute;n, y tienen siempre algo de fracaso colectivo que traumatiza incluso a los vencedores. Goya, uno de los primeros pintores de la modernidad lo vio claro, y al tratar la guerra que le toc&oacute; vivir, lejos de mostrar la supuesta grandeza de los reyes y los generales que mandaban los ej&eacute;rcitos, prefiri&oacute; plasmar el sufrimiento y la barbarie generadas por el conflicto en una serie de grabados que a&uacute;n hoy, doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s de ser pintados, producen escalofr&iacute;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como podemos ver estos d&iacute;as en algunas de las im&aacute;genes que nos llegan desde Ucrania, el primer desastre de la guerra es, sin duda, el dolor que genera en los seres humanos afectados. Muertes, p&eacute;rdida de los seres queridos, desaparici&oacute;n en un segundo de la casa y de las pertenencias de toda una vida, hambre, fr&iacute;o, privaciones, huida y exilio. Pero adem&aacute;s de todo eso, las guerras provocan tambi&eacute;n desastres medioambientales que, aunque pasan muchas veces desapercibidos, son especialmente da&ntilde;inos porque adem&aacute;s de agravar los efectos negativos pueden hipotecar e incluso impedir la reconstrucci&oacute;n posterior.
    </p><p class="article-text">
        La magnitud de los da&ntilde;os ambientales que genera una guerra es directamente proporcional a la capacidad de destrucci&oacute;n que tienen los ej&eacute;rcitos en liza. Y en esto, las guerras de los siglos XX y XXI han marcado una clara diferencia con cualquier otro conflicto anterior. La gran Guerra iniciada en 1914 fue la primera que enfrent&oacute; a grandes potencias industrializadas, que reorientaron toda su capacidad productiva hacia la destrucci&oacute;n del enemigo. El enfrentamiento fue tan brutal que adem&aacute;s de generar m&aacute;s de cuarenta millones de muertos transform&oacute; para siempre el paisaje de las zonas del noreste franc&eacute;s donde se enquistaron los frentes, cuyos suelos siguen siendo a&uacute;n hoy in&uacute;tiles para la agricultura por su alto grado de contaminaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, los desastres ambientales de las guerras no han dejado de crecer. La Segunda Guerra mundial, adem&aacute;s de doblar el n&uacute;mero de muertos de la Primera, increment&oacute; sustancialmente sus efectos ambientales, por ejemplo, con la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos de muchas zonas ocupadas por el ej&eacute;rcito Nazi, o con el hundimiento de miles y miles de toneladas de armamento en el mar del Norte o en el &aacute;rea mar&iacute;tima de Haw&aacute;i, con efectos nocivos para los ecosistemas marinos que siguen persistiendo hasta ahora. Y eso sin olvidar, claro est&aacute;, las terribles consecuencias ambientales de las dos bombas at&oacute;micas lanzadas sobre Jap&oacute;n, con la devastaci&oacute;n total, la contaminaci&oacute;n radiactiva y hasta las mutaciones gen&eacute;ticas que generaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si nos centramos en algunas de las guerras posteriores, se ha calculado, por ejemplo, que, en Vietnam, la utilizaci&oacute;n de napalm y de agente naranja arras&oacute; 100.000 hect&aacute;reas de bosque y 150.000 de manglares, inutilizando adem&aacute;s la mitad de la superficie agr&iacute;cola del pa&iacute;s. M&aacute;s recientemente, parece que los ciclos b&eacute;licos sufridos por Afganist&aacute;n desde la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de los a&ntilde;os ochenta hasta la reciente retirada de EEUU, han sido responsables de la desaparici&oacute;n de entre el 50 y el 95 por cien, seg&uacute;n zonas, de los bosques existentes en el pa&iacute;s, con los consiguientes problemas de erosi&oacute;n y de p&eacute;rdida de recursos para la poblaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde finales del siglo XX, y no por casualidad, las guerras m&aacute;s sonadas se vienen librando en zonas que cuentan con grandes yacimientos de petr&oacute;leo o de gas, o en &aacute;reas que son estrat&eacute;gicas para hacer llegar esa energ&iacute;a a los grandes centros consumidores a trav&eacute;s de gasoductos o de oleoductos. Y eso ha incrementado los efectos ambientales con el bombardeo o la destrucci&oacute;n de infraestructuras y pozos petrol&iacute;feros, y con la generaci&oacute;n de mareas negras a gran escala. Algunos c&aacute;lculos recientes se&ntilde;alan que solo en 1991, la Guerra del Golfo increment&oacute; las emisiones globales de CO2 en m&aacute;s de un 2%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como es obvio, la producci&oacute;n y el mantenimiento de armas, veh&iacute;culos, barcos y aviones militares cada vez m&aacute;s potentes y, por supuesto, la enorme escala de las operaciones b&eacute;licas, tambi&eacute;n tienen sus consecuencias ambientales. Aunque la industria del armamento presume de ser puntera tecnol&oacute;gicamente, hoy por hoy la energ&iacute;a f&oacute;sil sigue siendo la sangre vital de los ej&eacute;rcitos, y eso hace que la huella de carbono del entramado militar sea extremadamente alta. En el caso de Estados Unidos, pa&iacute;s del mundo que m&aacute;s recursos destina a defensa, en 2019 un estudio de la Universidad de Boston cuantific&oacute; las emisiones imputables al aparato de guerra estadounidense para el periodo comprendido entre 2001 y 2017 en m&aacute;s de 1.200 millones de toneladas equivalentes de CO2. Solo en ese &uacute;ltimo a&ntilde;o la huella de carbono de las actividades militares del Pent&aacute;gono fue superior a la generada por algunos pa&iacute;ses industrializados como Suecia o Dinamarca. Aunque no hay datos sobre las huellas de carbono de los ej&eacute;rcitos de China o de Rusia, todo hace pensar que ser&aacute;n tambi&eacute;n proporcionales a su enorme gasto militar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n esto, aunque todav&iacute;a es pronto para saber qu&eacute; consecuencias ambientales tendr&aacute; la guerra de Ucrania, se percibe ya un efecto indirecto que puede ser demoledor. El conflicto est&aacute; resucitando una corriente pro-gasto militar que muy probablemente se traducir&aacute; en un proceso de rearme a gran escala y que, en t&eacute;rminos ambientales, supondr&aacute; el reforzamiento de industrias y actividades con una enorme huella de carbono. Y si el ruido de los tambores de guerra nos impide o&iacute;r advertencias como las del IPCC que nos recuerdan la necesidad acuciante de frenar las emisiones para evitar los efectos de un cambio clim&aacute;tico que ya est&aacute; aqu&iacute;, el necesario proceso de descarbonizaci&oacute;n se ralentizar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s. Actuar contra la agresi&oacute;n de Putin es sin duda imprescindible, pero si lo hacemos a base de sostener y ampliar un modelo que se ha mostrado in&uacute;til para frenar el deterioro clim&aacute;tico y ambiental, estaremos, simplemente, retroalimentando y acelerando a trav&eacute;s de los desastres de la guerra el declive de nuestra civilizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desastres-medioambientales-guerra_129_8843862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Mar 2022 21:34:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/91ac18be-741c-46a4-8316-7adab1329808_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="119967" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/91ac18be-741c-46a4-8316-7adab1329808_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="119967" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los desastres, también medioambientales, de la guerra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/91ac18be-741c-46a4-8316-7adab1329808_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Rusia,Contaminación,Guerras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tras el chuletón y los lamentos, ¿qué políticas ganaderas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chuleton-lamentos-politicas-ganaderas_129_8663905.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da86dfc9-b848-4d18-8d31-f0144168c6f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tras el chuletón y los lamentos, ¿qué políticas ganaderas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ganadería extensiva no es suficiente para cubrir las necesidades de productos animales. Por ello, es necesario establecer reglas claras que compatibilicen la producción con los aspectos ambientales y sociales del territorio</p><p class="subtitle">Casado y el PP se aferran a la polémica ganadera como puntal de la batalla electoral en Castilla y León</p></div><p class="article-text">
        Las intervenciones p&uacute;blicas del ministro de Consumo quiz&aacute;s puedan ponerse en solfa si se analizan en exclusiva desde el punto de vista de la estrategia pol&iacute;tica, pero caben pocas dudas de que sus declaraciones tienen capacidad para sacar a la luz debates que evidencian algunas de las contradicciones de una sociedad como la nuestra, que necesita ir cambiando el modelo productivo y social para amoldarlo a la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y que, en consecuencia, deber&iacute;a discutir p&uacute;blicamente c&oacute;mo afrontar ese enorme reto. El de la ganader&iacute;a y el consumo de carne es, sin duda, uno de ellos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso precisamente resultan descorazonadoras las reacciones que se est&aacute;n suscitando frente a un tema como este. De un lado, los sectores conservadores se rasgan las vestiduras ante el mero hecho de que se pueda abrir una discusi&oacute;n, cogen el r&aacute;bano por las hojas retorciendo y manipulando las declaraciones del ministro para hacer sangre pol&iacute;tica, y se erigen en firmes defensores de los ganaderos, como si todos los implicados en ese sector constituyeran un bloque monol&iacute;tico con los mismos intereses. De otro lado, sectores del progresismo prefieren eludir el asunto, probablemente para no incomodar a algunos lobbies poderosos, y para ello tiran balones fuera con afirmaciones a veces m&aacute;s propias de mon&oacute;logos del Club de la Comedia que de foros de discusi&oacute;n socio pol&iacute;tica seria. La referencia del presidente del Gobierno en su momento al chulet&oacute;n al punto como toda respuesta a la problem&aacute;tica del consumo de carne, o sus lamentos frente a las declaraciones de su ministro, son pruebas de c&oacute;mo se evita entrar en el fondo de la cuesti&oacute;n, sustrayendo as&iacute; a la ciudadan&iacute;a un debate que podr&iacute;a ser muy &uacute;til.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si pese a todo entramos en el tema de manera seria, una primera idea que parece razonable al respecto es que la pol&iacute;tica ganadera deber&iacute;a afrontarse como parte inseparable de la transici&oacute;n ecol&oacute;gica que necesitamos llevar a cabo. Considerar que esa transici&oacute;n tiene que ver solo con el consumo energ&eacute;tico ser&iacute;a un error, ya que para ir consolid&aacute;ndose requiere cambios mucho m&aacute;s amplios en el modelo productivo. Y en esos cambios los sectores agr&iacute;cola y ganadero juegan un papel fundamental, no tanto por la importancia que tienen en el PIB, que no es muy grande, como por sus profundas implicaciones territoriales, alimentarias y sociales. Ser&iacute;a exigible por tanto a cualquier gobierno que coordine las acciones de todos los ministerios implicados en estos menesteres, para que las acciones que se vayan tomando no sean contradictorias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este marco general, el principal criterio para regular los diferentes tipos de granjas deber&iacute;a ser el de la sostenibilidad entendida en su sentido b&aacute;sico, es decir, la exigencia rotunda a todas y cada una de las explotaciones ganaderas para que cubran sus objetivos presentes de producci&oacute;n sin promover una sobre explotaci&oacute;n de los recursos o un deterioro ambiental o social que comprometa el futuro de las &aacute;reas en las que est&aacute;n operando.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la producci&oacute;n ganadera, esa sostenibilidad depende principalmente de la imbricaci&oacute;n que la actividad tenga en el territorio y del uso que haga del mismo, algo que a su vez est&aacute; estrechamente relacionado con el n&uacute;mero y el tama&ntilde;o de las explotaciones. La ganader&iacute;a extensiva que cr&iacute;a ganado al aire libre utilizando como alimento los prados y los montes est&aacute; muy acoplada, por su propia naturaleza, al espacio en el que se desarrolla, y siempre que mantenga un tama&ntilde;o adecuado para evitar la sobre explotaci&oacute;n de los pastos, contribuye a un buen manejo del territorio, generando adem&aacute;s actividades que ayudan a fijar poblaci&oacute;n. Caben pocas dudas de que esa ganader&iacute;a debe ser apoyada y fomentada no solo por la calidad de los productos que genera, sino tambi&eacute;n por su papel en aminorar los problemas de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si somos realistas tenemos que admitir que la ganader&iacute;a extensiva por s&iacute; sola no es suficiente para cubrir las necesidades de carne y de otros productos animales, de tal forma que, guste o no, necesitamos granjas intensivas. Precisamente por ello, es necesario establecer reglas claras que delimiten el n&uacute;mero de explotaciones y el tama&ntilde;o de las mismas, y que compatibilicen la producci&oacute;n con los aspectos ambientales y sociales del territorio. Producir en intensivo puede ser perfectamente compatible con la sostenibilidad siempre que las cosas se organicen de manera adecuada respetando unos l&iacute;mites. Garantizar seriamente esa compatibilidad deber&iacute;a ser la funci&oacute;n prioritaria de una buena pol&iacute;tica ganadera.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto no parece descabellado afirmar que el modelo que desentona claramente con esta visi&oacute;n de las cosas es precisamente el de las macrogranjas, ya que son explotaciones que se gu&iacute;an por unos criterios totalmente ajenos al territorio en el que se insertan. Su principal objetivo es conseguir econom&iacute;as de escala que permitan reducir los costes de producci&oacute;n para ganar competitividad en los mercados alimentarios. Pero esa l&oacute;gica meramente econ&oacute;mica choca frontalmente con los l&iacute;mites razonables de la sostenibilidad tanto ambiental como social. A la sobre explotaci&oacute;n de recursos locales (agua, especialmente) y a la generaci&oacute;n de ingentes cantidades de residuos imposibles de asimilar por los ecosistemas circundantes, hay que a&ntilde;adir la escasa generaci&oacute;n de trabajo derivada de su alta mecanizaci&oacute;n, la feroz competencia que esos gigantes hacen a los peque&ntilde;os productores locales, adem&aacute;s de su incompatibilidad con otras actividades que ayuden a fomentar el desarrollo rural.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una pol&iacute;tica ganadera que se quiera insertar en la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y que tenga como gu&iacute;a b&aacute;sica la sostenibilidad del mundo rural es, sin duda, muy compleja de implementar. Precisamente por eso requiere debates profundos de los que puedan salir consensos sociales para actuar. No es una tarea f&aacute;cil, pero evitar la discusi&oacute;n saliendo por peteneras para no molestar a los lobbies de turno, no parece ser el mejor camino para conseguirlo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/chuleton-lamentos-politicas-ganaderas_129_8663905.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jan 2022 20:47:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/da86dfc9-b848-4d18-8d31-f0144168c6f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="179906" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/da86dfc9-b848-4d18-8d31-f0144168c6f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="179906" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tras el chuletón y los lamentos, ¿qué políticas ganaderas?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/da86dfc9-b848-4d18-8d31-f0144168c6f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Macrogranjas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aldi, el Mar Menor y el agrobusines]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/aldi-mar-menor-agrobussines_129_8514114.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/905b7a72-ef0c-4563-b81d-68d431f6ebc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aldi, el Mar Menor y el agrobusines"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La compañía está teniendo una estrategia de crecimiento en España que los medios económicos tildan de agresiva, y que consiste en la apertura de un número muy considerable de nuevos centros con el reclamo de ser una pionera en el descuento. Eso está obligando a otras empresas a entrar en una guerra de precios a la baja para competir</p><p class="subtitle">Aldi investiga las prácticas de sus proveedores agrícolas en el entorno del Mar Menor</p></div><p class="article-text">
        Estos &uacute;ltimos d&iacute;as <a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/aldi-investiga-practicas-proveedores-agricolas-entorno-mar-menor_1_8501316.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha saltado a la prensa la carta</a> que la cadena alemana de supermercados Aldi ha enviado a los productores agr&iacute;colas del Campo de Cartagena, pidi&eacute;ndoles cuentas sobre los efectos que su manera de producir est&aacute; teniendo en la contaminaci&oacute;n del Mar Menor, y advirti&eacute;ndoles de que las violaciones medioambientales que se est&aacute;n produciendo en la zona pueden ser incompatibles con la pol&iacute;tica corporativa de la compa&ntilde;&iacute;a, y podr&iacute;an tener consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Las reacciones a esa misiva han sido variadas. Los productores y las instituciones murcianas han optado por <a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/investigacion-aldi-agricultores-sospechosos-contaminar-mar-menor-reaccion-normal-europa_1_8505058.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la t&eacute;cnica del avestruz</a>, enterrando la cabeza para no recordar los peces muertos que hace poco flotaban en las aguas del Mar Menor, y asegurando que en esa regi&oacute;n todos cumplen escrupulosamente con la legalidad establecida. Desde otros &aacute;mbitos, la reacci&oacute;n ha sido muy favorable al comportamiento de Aldi, convirtiendo a la compa&ntilde;&iacute;a en adalid de responsabilidad ambiental y considerando su acci&oacute;n como un ejemplo que otras empresas deber&iacute;an seguir. Pero &iquest;debemos quedarnos s&oacute;lo en estas primeras capas del problema?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El modelo de crecimiento agr&iacute;cola basado en el regad&iacute;o que Murcia est&aacute; siguiendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas suele venderse como la historia de un &eacute;xito. Desde los a&ntilde;os 80 la superficie destinada a invernaderos en riego se ha multiplicado por m&aacute;s de 6; y la dedicada a frutales regados, por m&aacute;s de 8. Sobre esa base, el sector agrario de la regi&oacute;n ha crecido hasta convertirse en uno de los principales exportadores de frutas y hortalizas hacia mercados europeos, con una presencia especial en Alemania, que compra m&aacute;s de una cuarta parte de lo exportado por Murcia. En el caso concreto del Campo de Cartagena, los estudios disponibles dicen que la producci&oacute;n agraria representa nada menos que un 37% del PIB de la comarca y que genera m&aacute;s de 47.000 empleos fijos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si ampliamos el foco de an&aacute;lisis, lo que estas cifras sugieren es que la agricultura murciana se ha ido adaptando a uno de los modelos en boga de producci&oacute;n alimentaria global. Los agricultores de la regi&oacute;n, organizados en empresas de tama&ntilde;o mediano y peque&ntilde;o, adquieren las semillas, los fertilizantes y los plaguicidas en un mercado controlado por unas pocas multinacionales, y venden las frutas, las verduras y las hortalizas a las compa&ntilde;&iacute;as de distribuci&oacute;n, que normalmente son bastante mayores y que en consecuencia les pueden marcar los precios que a ellas les convienen. Atenazados entre quienes les venden los insumos y quienes les compran el producto, los agricultores se ven obligados a forzar la m&aacute;quina para mantenerse en medio de ese mercado global que no controlan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, la presi&oacute;n que ese tipo de agrobusiness genera tanto en Murcia como en otros territorios, va indisolublemente asociada a dos fallas muy considerables. La primera de ellas es de car&aacute;cter social, y se deriva de que producir a los precios baratos que exige el mercado requiere pagar salarios muy bajos para trabajos f&iacute;sicamente muy duros, que s&oacute;lo la mano de obra inmigrante, a veces sin papeles siquiera, est&aacute; dispuesta a realizar. Los problemas de integraci&oacute;n y de convivencia social que la concentraci&oacute;n de este tipo de trabajadores puede generar en lugares que no est&aacute;n preparados para ello son evidentes, y las opciones pol&iacute;ticas de car&aacute;cter xen&oacute;fobo y autoritario saben aprovecharse de ello. Que Vox sea primera fuerza pol&iacute;tica en Murcia no es algo ajeno a este problema.
    </p><p class="article-text">
        La segunda falla tiene que ver con la sobrexplotaci&oacute;n del medio. Parad&oacute;jicamente, Murcia, que es una regi&oacute;n ambientalmente seca, se ha especializado en una actividad intensiva en agua, y como es obvio, eso impone, guste o no, l&iacute;mites al crecimiento de la producci&oacute;n de regad&iacute;o. Pero los incentivos de mercado para producir y exportar han pasado por alto este peque&ntilde;o detalle y han guiado un crecimiento exponencial que, adem&aacute;s, ha hecho la vista gorda a los usos respetuosos del suelo. En concreto, la expansi&oacute;n del regad&iacute;o ha ido asociado a un uso de fertilizantes que cabe caracterizar de desmedido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tesis le&iacute;da en 2017 en la Universidad Polit&eacute;cnica de Cartagena y basada en ensayos realizados sobre el terreno advert&iacute;a de la enorme sobre fertilizaci&oacute;n a la que estaba sometida la agricultura de la regi&oacute;n, y se&ntilde;alaba que los aportes de nitr&oacute;geno se pod&iacute;an reducir hasta en un 50% sin merma de la producci&oacute;n y con el consiguiente ahorro de dinero. Explicar ese uso irracional de qu&iacute;micos no es f&aacute;cil &iquest;Presi&oacute;n de las empresas de semillas y fertilizantes para vender m&aacute;s? &iquest;Falta de informaci&oacute;n o de formaci&oacute;n de los agricultores para usar adecuadamente productos qu&iacute;micos nuevos? &iquest;Mala regulaci&oacute;n? &iquest;Indicaciones t&eacute;cnicas inadecuadas por parte de los servicios agrarios? Sea como sea, el resultado se ha visto claramente en forma de sopa verde y peces muertos en el Mar Menor.
    </p><p class="article-text">
        Aldi, como gran empresa de distribuci&oacute;n alimentaria no es ajena ni mucho menos al modelo de agrobusiness. La compa&ntilde;&iacute;a est&aacute; teniendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os una estrategia de crecimiento en Espa&ntilde;a que los medios econ&oacute;micos tildan de agresiva, y que consiste en la apertura de un n&uacute;mero muy considerable de nuevos centros con el reclamo de ser una empresa pionera en el descuento. Eso est&aacute; obligando a otras empresas a entrar en una guerra de precios a la baja para competir, que con toda seguridad repercutir&aacute; en los precios que perciben los agricultores y ganaderos de este pa&iacute;s, y que muy probablemente obligar&aacute; a forzar la m&aacute;quina del trabajo barato y de la sobre explotaci&oacute;n del medio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta loable que empresas como Aldi se preocupen por los problemas del Mar Menor y que exijan a sus proveedores que sean respetuosos con el medioambiente. Pero puestos a lucir responsabilidad social corporativa, quiz&aacute;s la empresa deber&iacute;a plantearse el conjunto del modelo que est&aacute; promocionando, cambiar sus estrategias de crecimiento, y hacer todo lo posible porque los agricultores y los trabajadores del campo perciban los precios justos por su trabajo. Con seguridad, eso facilitar&iacute;a tambi&eacute;n unas mejores pr&aacute;cticas agr&iacute;colas y ambientales.&nbsp; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/aldi-mar-menor-agrobussines_129_8514114.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Nov 2021 21:47:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/905b7a72-ef0c-4563-b81d-68d431f6ebc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="439879" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/905b7a72-ef0c-4563-b81d-68d431f6ebc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="439879" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Aldi, el Mar Menor y el agrobusines]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/905b7a72-ef0c-4563-b81d-68d431f6ebc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los límites de las macrogranjas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/limites-macrogranjas_129_8419255.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a657e34-9096-45f3-b094-c580b455cff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los límites de las macrogranjas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las macrogranjas llevan años creciendo y mientras no vayamos cambiando nuestros actuales patrones de consumo alimentario, eliminar la ganadería intensiva es un imposible. Pero eso no quiere decir que se pueda dar rienda suelta a su crecimiento, caiga quien caiga</p><p class="subtitle">Activistas de Greenpeace se cuelan en una macrogranja porcina para denunciar el estado de los animales</p></div><p class="article-text">
        Aunque sabemos poco sobre ellas, las macrogranjas llevan a&ntilde;os creciendo. Las cifras sobre su tama&ntilde;o impresionan. Algunas de porcino llegan a concentrar 2.000 cerdas madres para la cr&iacute;a; una granja lechera en Caparroso (Navarra) opera con unas 5.000 vacas y tiene planeado incrementar el n&uacute;mero por encima de las 7.000. Es la misma empresa que ha presentado un proyecto para construir en Noviercas (Soria) una granja para m&aacute;s de 23.000 reses. Las cifras se disparan en el caso de las granjas av&iacute;colas que, en algunos casos, gestionan la producci&oacute;n de m&aacute;s de 200.000 animales. &iquest;A qu&eacute; se debe esa voracidad de crecimiento?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave de la ganader&iacute;a intensiva est&aacute; en concentrar a los animales en instalaciones preparadas y aportarles las cantidades necesarias de alimento, de agua y de suplementos, para que la producci&oacute;n por cabeza se incremente todo lo posible en un tiempo previamente determinado. Las medicinas y antibi&oacute;ticos son imprescindibles para minimizar las enfermedades y contagios. Los piensos compuestos modernos con mezclas cada vez m&aacute;s sofisticadas, son tambi&eacute;n fundamentales. Se trata, en definitiva, de combinar tecnolog&iacute;as y tiempos para estandarizar al m&aacute;ximo la cr&iacute;a, el engorde o la producci&oacute;n de carne, de leche o de huevos, a base de aplicar a los animales la l&oacute;gica organizativa propia del fordismo. Las llamamos macrogranjas, pero en realidad son factor&iacute;as que tienen mucho m&aacute;s que ver con sistemas de organizaci&oacute;n industrial y de log&iacute;stica que con granjas propiamente dichas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El enorme entramado ganadero intensivo que se ha ido creando en Espa&ntilde;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha sido controlado desde su momento fundacional en los a&ntilde;os sesenta por las multinacionales. Los granjeros propiamente dichos han sido en realidad actores secundarios. Es cierto que aportan el espacio f&iacute;sico de producci&oacute;n y, sobre todo, el trabajo. Pero su funci&oacute;n intermedia queda supeditada, por un lado, a las grandes empresas que les proveen de los medios necesarios para organizar y mantener la actividad y, por otro, a las empresas no menos grandes que controlan la distribuci&oacute;n alimentaria y que son quienes establecen los precios de venta de los productos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, el incremento de la producci&oacute;n animal va acompa&ntilde;ado claramente de una reducci&oacute;n del n&uacute;mero de granjeros y de granjas, a la par que crece su tama&ntilde;o. Esto es as&iacute; porque ampliando el n&uacute;mero de animales por explotaci&oacute;n e introduciendo sistemas t&eacute;cnicos cada vez m&aacute;s complejos y automatizados se intentan conseguir econom&iacute;as de escala que permitan mantener la posici&oacute;n en los mercados nacionales y globales, ofertando productos lo m&aacute;s baratos posible. Por eso las grandes empresas presionan, directa o indirectamente, para fomentar el modelo de macrogranjas, que es el que se ajusta a esos objetivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese inter&eacute;s mercantil, sin embargo, confronta claramente con l&iacute;mites muy variados. El primero de ellos es de tipo econ&oacute;mico. El fuerte incremento de la producci&oacute;n animal espa&ntilde;ola est&aacute; basado en el crecimiento de unas exportaciones que no es seguro que se puedan mantener en el futuro. Esto es especialmente claro en la producci&oacute;n de carne de cerdo, que supera en m&aacute;s del doble el consumo nacional y que se exporta en grandes cantidades, especialmente a China. No es descartable que este boom exportador se pueda convertir en una aut&eacute;ntica burbuja porcina si, como parece que est&aacute; empezando a ocurrir, China incrementa su producci&oacute;n propia y va disminuyendo sus compras al exterior.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de eso est&aacute;n los l&iacute;mites ambientales, seg&uacute;n ha calculado la Confederaci&oacute;n hidrogr&aacute;fica del Duero, las 23.000 vacas de la granja propuesta para Noviercas consumir&iacute;an la friolera de 24 litros de agua, &iexcl;por segundo! Parece que la cuenca, sencillamente, no dispone de esos recursos y por eso, de momento, el permiso est&aacute; paralizado, pero adem&aacute;s del consumo desmesurado de recursos est&aacute; el problema de los residuos que las macro granjas ya existentes generan. Se trata de un problema grave porque, pese a lo que digan las empresas, es muy dudoso que se puedan reciclar sin causar una sobrecarga da&ntilde;ina para el territorio y para los acu&iacute;feros circundantes a las grandes explotaciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n tambi&eacute;n los l&iacute;mites sanitarios. Es cierto que, por el momento, la tecno-biolog&iacute;a y la veterinaria est&aacute;n consiguiendo controlar las epidemias animales generadas en el marco de la ganader&iacute;a intensiva. Pero las vacas locas, la gripe aviar o la peste porcina son peligros que han existido y, en algunos casos, siguen existiendo. Parece obvio que la alta concentraci&oacute;n de animales en macro granjas aumenta los peligros potenciales y, ahora que hemos conocido de primera mano los efectos que puede tener una pandemia descontrolada, parecer&iacute;a m&aacute;s prudente no jugar con fuego y adoptar un principio de precauci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a todo esto, la gran baza que los partidarios de las macrogranjas est&aacute;n utilizando &uacute;ltimamente es que sirven para detener la preocupante despoblaci&oacute;n rural. Sin embargo, el argumento resulta poco convincente. Seg&uacute;n las mediciones de un estudio reci&eacute;n publicado por Ecologistas en Acci&oacute;n, entre los a&ntilde;os 2000 y 2020 los pueblos de menos de 5000 habitantes que cuentan con explotaciones de ganader&iacute;a intensiva han perdido m&aacute;s poblaci&oacute;n que aquellos otros en los que no existen esas actividades.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados pueden ser coherentes si tenemos en cuenta que las macro granjas generan en realidad muy poco empleo a escala local al estar altamente automatizadas. Adem&aacute;s, los efectos colaterales de la actividad con olores inevitables o con un abundante tr&aacute;fico de camiones de carga y descarga pueden interferir negativamente en otras actividades complementarias como el turismo rural, y actuar justamente en la direcci&oacute;n contraria.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras no vayamos cambiando nuestros actuales patrones de consumo alimentario, eliminar la ganader&iacute;a intensiva es un imposible. Pero eso no quiere decir que se pueda dar rienda suelta a su crecimiento, caiga quien caiga. El problema de guiarse exclusivamente por las econom&iacute;as de escala y la competitividad es que se pueden sobrepasar unos l&iacute;mites ambientales, de prudencia sanitaria y tambi&eacute;n de prudencia social que, aunque no quieran verse, est&aacute;n ah&iacute;, y convendr&iacute;a respetar para no causar da&ntilde;os quiz&aacute;s irreparables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/limites-macrogranjas_129_8419255.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Nov 2021 05:02:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9a657e34-9096-45f3-b094-c580b455cff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="124557" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9a657e34-9096-45f3-b094-c580b455cff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="124557" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los límites de las macrogranjas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9a657e34-9096-45f3-b094-c580b455cff2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Macrogranjas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Es el consumismo, estúpidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/consumismo-estupidos_129_8465802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/820056ec-4f0c-4aec-9555-cf63e4553c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Es el consumismo, estúpidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una de las principales claves explicativas de la actual crisis climática que padecemos es que hemos convertido en normal un modelo económico en el que los países ricos consumimos muy por encima de nuestras necesidades, utilizando para ello unos sistemas de producción que generan emisiones y residuos muy por encima de las posibilidades de la naturaleza para asimilarlos</p></div><p class="article-text">
        Desde que Bill Clinton lo utilizara en su campa&ntilde;a contra George Bush padre en las elecciones presidenciales de 1992, el slogan &ldquo;es la econom&iacute;a est&uacute;pido&rdquo; y sus variantes, han hecho fortuna como expresi&oacute;n para resaltar lo que, pese a ser evidente, no es percibido como tal por algunos de los afectados. Por eso, viendo las declaraciones y las decisiones que los l&iacute;deres mundiales est&aacute;n barajando en el marco de la COP26, dan ganas de gritarles: &ldquo;es el consumismo, est&uacute;pidos&rdquo;.&nbsp;Y no con &aacute;nimo de insultar, sino simplemente de advertir algo que resulta obvio, pero que ni ellos ni, en general, la mayor parte de la ciudadan&iacute;a reconocemos. Tenemos un elefante llamado consumo desmesurado dentro de la habitaci&oacute;n, pero no queremos verlo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las principales claves explicativas de la actual crisis clim&aacute;tica que padecemos es que hemos convertido en normal un modelo econ&oacute;mico en el que los pa&iacute;ses ricos consumimos muy por encima de nuestras necesidades, utilizando para ello unos sistemas de producci&oacute;n que generan emisiones y residuos muy por encima de las posibilidades de la naturaleza para asimilarlos. Consumir es necesario para sobrevivir y para alcanzar un grado suficiente de bienestar, pero caer en un consumismo irracional que convierte al propio consumo en objetivo vital prioritario, no solo no mejora nuestro bienestar, sino que nos perjudica al tiempo que deteriora el planeta y a las sociedades que lo habitan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque se empieza a hablar de una econom&iacute;a circular que debe potenciar entre otras cosas la reutilizaci&oacute;n y el reciclaje, de momento seguimos instalados en una econom&iacute;a lineal en la que producimos, consumimos y desechamos en grandes cantidades a un ritmo cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Instalados en una cultura de la abundancia, a poco que podamos sustituimos los objetos antes de que acabe su vida &uacute;til, en un ejercicio inconsciente de despilfarro. Lo hacemos con la comida y con la ropa, con los m&oacute;viles, los ordenadores y los televisores. Las empresas nos incitan a ello ofreci&eacute;ndonos constantemente productos con peque&ntilde;as mejoras tecnol&oacute;gicas que a veces son m&aacute;s aparentes que reales, pero caemos en la trampa. Y no es raro que quienes pueden abusen tambi&eacute;n del consumo energ&eacute;tico usando de forma excesiva la calefacci&oacute;n o el aire acondicionado incluso a costa de alcanzar temperaturas muy poco naturales. Lo peor es que no parece que estos comportamientos nos hagan m&aacute;s felices, porque tambi&eacute;n el consumo de ansiol&iacute;ticos y antidepresivos est&aacute; disparado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incluso la informaci&oacute;n que manejamos se ve afectada en parte por vicios consumistas. En este momento producimos y consumimos ingentes cantidades de mensajes y datos relacionados con la cumbre clim&aacute;tica de Glasgow y con la necesidad de reducir emisiones para que la temperatura del planeta se mantenga dentro de unos l&iacute;mites razonables. Pero en unos pocos d&iacute;as habremos desechado la mayor parte de esa informaci&oacute;n y entraremos en la vor&aacute;gine del marketing relacionado con el Black Friday, una de las bacanales consumistas a las que nos vemos empujados anualmente. &iquest;Alguien cree de verdad que este tipo de eventos son compatibles con una planificaci&oacute;n seria de la reducci&oacute;n de emisiones?&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tiene mucha raz&oacute;n el secretario general de la ONU Antonio Guterres cuando dice que nuestra adicci&oacute;n a los combustibles f&oacute;siles nos est&aacute; llevando al abismo, pero ser&iacute;a importante dar un paso m&aacute;s y reconocer que el modelo imperante de consumo es una de las principales causas que retroalimenta esa adicci&oacute;n. Esta muy bien que los l&iacute;deres mundiales acuerden, como han hecho, acabar con la deforestaci&oacute;n y reducir las emisiones de metano. Pero sabemos que ambos fen&oacute;menos est&aacute;n indisolublemente asociados a escala global al mantenimiento de una ganader&iacute;a intensiva que seguir&aacute; estando ah&iacute; mientras no reduzcamos el voraz consumo actual de carne, totalmente ajeno a nuestras necesidades fisiol&oacute;gicas. Es obvio que los intereses para ocultarnos ese tipo de links son muchos y poderosos, pero si no los desvelamos no atacaremos la ra&iacute;z del problema, y las declaraciones bienintencionadas quedar&aacute;n seguramente solo en eso.
    </p><p class="article-text">
        Y si hablamos de consumo tenemos que considerar, por supuesto, la desigualdad. Seg&uacute;n datos del Banco Mundial, en 2020 cada habitante de los Estados Unidos de Am&eacute;rica consumi&oacute; de media en una sola semana lo que un habitante de la India consume en 11 meses, o lo que un habitante de Mozambique consume en dos a&ntilde;os. Esos datos se corresponden, por supuesto, con grandes diferencias en la huella de carbono asociada a cada nivel de consumo. La desigualdad se traslada tambi&eacute;n al interior de cada pa&iacute;s con consumos muy distintos seg&uacute;n los diferentes niveles de riqueza. Est&aacute; comprobado adem&aacute;s que conforme se incrementa el nivel de ingresos, crece tambi&eacute;n la propensi&oacute;n a consumir productos con mayor contenido y necesidades energ&eacute;ticas. Dicho de otra forma, la responsabilidad de ricos y pobres a la hora de generar emisiones ligadas al consumo es muy distinta, y distintos deber&iacute;an ser los esfuerzos exigidos a unos y otros a la hora de reducir sus respectivas huellas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si queremos aminorar el incremento de las temperaturas debido a las emisiones de gases de efecto invernadero, debemos actuar en muchos frentes. Los acuerdos de la COP26 pueden ayudar en algo, pero ser&aacute; necesario mucho m&aacute;s. Pensar que las energ&iacute;as limpias y el cambio tecnol&oacute;gico unido a las ayudas de los donantes nos van a sacar del atolladero dejando intacto todo lo dem&aacute;s, es una quimera. La transici&oacute;n ecol&oacute;gica requiere cambios profundos en las formas de producir, pero tambi&eacute;n de consumir y de distribuir la riqueza. Renunciar en lo individual al consumismo irracional y actuar en lo colectivo para promocionar un consumo menor, m&aacute;s consciente y responsable y mejor repartido, puede ayudar y mucho. La buena noticia es, adem&aacute;s, que si lo hici&eacute;ramos bien, no solo estar&iacute;amos ayudando a frenar el cambio clim&aacute;tico, sino que estar&iacute;amos mejorando tambi&eacute;n nuestra calidad real de vida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/consumismo-estupidos_129_8465802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Nov 2021 21:03:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/820056ec-4f0c-4aec-9555-cf63e4553c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3364753" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/820056ec-4f0c-4aec-9555-cf63e4553c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3364753" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Es el consumismo, estúpidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/820056ec-4f0c-4aec-9555-cf63e4553c5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[COP26]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Viva la Ricarda!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/viva-ricarda_129_8301949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c58ed4d0-752e-4337-8c60-a88feabfd4c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¡Viva la Ricarda!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se está convirtiendo en un símbolo, pero en este momento su futuro es tan incierto que aún no sabemos qué va a simbolizar exactamente. Si desaparece, será símbolo de la incoherencia de la política ambiental, un ejemplo palmario de que el compromiso de lucha contra el cambio climático es más propaganda que realidad</p></div><p class="article-text">
        La Ricarda se ha hecho popular en los &uacute;ltimos d&iacute;as. Se trata de una laguna situada en mitad del humedal del delta del R&iacute;o Llobregat, aunque ser&iacute;a m&aacute;s exacto decir de lo que ha sobrevivido del delta, encajonado entre las dos enormes infraestructuras que son el puerto y el aeropuerto de Barcelona. Parece casi un milagro que en medio de esos mastodontes de cemento y al lado de una de las zonas urbanas m&aacute;s densamente pobladas del pa&iacute;s se haya podido mantener un humedal con esas caracter&iacute;sticas. Los expertos nos dicen que est&aacute; bastante degradado debido a la eutrofizaci&oacute;n que generan los fertilizantes de la agricultura intensiva colindante, y que est&aacute; tambi&eacute;n acosado por la presi&oacute;n tur&iacute;stica de proximidad. Pero que, pese a todo, sigue cumpliendo funciones ambientales imprescindibles como espacio de biodiversidad y como barrera frente a la salinizaci&oacute;n de lo que queda del delta. Ahora algunos proponen construir encima de la Ricarda una pista a&eacute;rea que, de realizarse, supondr&iacute;a la puntilla para el humedal y la laguna.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a muy ingenuo pensar que la ampliaci&oacute;n del aeropuerto del Prat constituye tan s&oacute;lo un problema ambiental. En esa cancha se est&aacute;n dirimiendo intereses econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y territoriales de tal magnitud, que el campo de juego se ha convertido m&aacute;s bien en un campo de minas en el que ya se est&aacute;n produciendo algunas explosiones. Es muy de desear que esos estallidos no acaben magullando, otra vez, a la ciudadan&iacute;a de Barcelona y, en general, de Catalunya. Pero, aunque el problema sea muy complejo, observarlo desde el &aacute;ngulo ambiental tiene inter&eacute;s porque pone negro sobre blanco algunas contradicciones flagrantes que nos deber&iacute;an hacer reflexionar.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el protocolo de Par&iacute;s y seg&uacute;n la propia ley de cambio clim&aacute;tico reci&eacute;n aprobada, Espa&ntilde;a se ha comprometido a reducir a cero las emisiones netas de CO2 para el a&ntilde;o 2050, pero proyectos como el de la ampliaci&oacute;n del Prat chocan de forma frontal con ese compromiso. La actuaci&oacute;n sobre la Ricarda generar&iacute;a, para empezar, emisiones derivadas de los cambios en los usos del suelo y de los grandes movimientos de tierra necesarios para la obra, que ir&iacute;an asociados tambi&eacute;n a p&eacute;rdidas de biodiversidad y de paisaje irreparables. No hay que subestimar tampoco las emisiones generadas por la maquinaria pesada y por los miles y miles de toneladas de hormig&oacute;n que habr&iacute;a que utilizar, ya que la producci&oacute;n de ese material es una de las principales fuentes de contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la obra en s&iacute;, la ampliaci&oacute;n incrementar&iacute;a, como es obvio, las emisiones producidas por los vuelos a&ntilde;adidos. Se calcula que una aeronave consume como media en cada operaci&oacute;n de despegue o aterrizaje unos 300 litros de combustible y emite una tonelada de CO2. A eso habr&iacute;a que a&ntilde;adir las emisiones atmosf&eacute;ricas producidas por todas las operaciones en tierra asociadas al tr&aacute;fico a&eacute;reo. En 2019, antes de la pandemia, en el aeropuerto del Prat se realizaron 344.000 operaciones. &iquest;Cu&aacute;ntas m&aacute;s se producir&iacute;an con la ampliaci&oacute;n? Un buen estudio de impacto ambiental tendr&iacute;a que cuantificar de forma realista, sin trucos ni enga&ntilde;os, todos estos impactos y valorar sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, apostar por proyectos que incrementan las emisiones de forma tan evidente es contradictorio con otras medidas de reducci&oacute;n que se van a tener que adoptar obligatoriamente. &iquest;C&oacute;mo explicamos a los agricultores y pescadores que se van a eliminar las subvenciones al di&eacute;sel que ellos utilizan, al mismo tiempo que se promociona una ampliaci&oacute;n de vuelos altamente contaminantes? Considerando que el transporte a&eacute;reo no cuenta hoy por hoy con una alternativa energ&eacute;tica diferente al combustible de origen f&oacute;sil, lo m&aacute;s coherente ser&iacute;a tomar medidas para reducir todo lo posible la demanda de vuelos, evitando los evitables y potenciando el uso de transportes alternativos que utilicen energ&iacute;as limpias. Y eso en Barcelona, en Madrid y en el resto de aeropuertos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los defensores a ultranza de la ampliaci&oacute;n prometen m&aacute;s turismo, m&aacute;s negocios, m&aacute;s beneficios y m&aacute;s trabajo, pero evitan hablar de las consecuencias ambientales y tambi&eacute;n de los otros problemas que el turismo masificado genera. Eclosi&oacute;n de pisos tur&iacute;sticos que disparan los precios de los alquileres perjudicando a los vecinos; barrios inhabitables por quedar convertidos en parques tem&aacute;ticos para turistas; saturaci&oacute;n poblacional en verano que dispara el consumo de agua y la generaci&oacute;n de residuos; turismo de borrachera con su derivada de broncas y cargas policiales. Por no hablar de la precariedad laboral asociada a una parte no despreciable de la actividad tur&iacute;stica &iquest;Contribuye en algo la ampliaci&oacute;n del Prat a solucionar esos problemas?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s llamativo de este caso son esos 1.700 millones de euros a gastar en 10 a&ntilde;os que de momento se utilizan como se&ntilde;uelo, pero que por lo que parece est&aacute;n ah&iacute;, disponibles para ser invertidos en Catalunya. Seguro que alguna norma burocr&aacute;tica obliga a gastar esos millones en obra p&uacute;blica a mayor gloria de las grandes constructoras privadas que la liciten, pero uno no puede dejar de pensar en la cantidad de cosas que se podr&iacute;an hacer con ese dinero para mejorar realmente la vida de los ciudadanos catalanes. Inversiones en eficiencia energ&eacute;tica, fomento de empleo verde de calidad, mejora de las redes de transporte sostenible, vivienda social, reducci&oacute;n de las ratios de alumnos por profesor, reforzamiento de la sanidad p&uacute;blica&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La Ricarda se est&aacute; convirtiendo en un s&iacute;mbolo, pero en este momento su futuro es tan incierto que a&uacute;n no sabemos qu&eacute; va a simbolizar exactamente. Si desaparece, ser&aacute; s&iacute;mbolo de la incoherencia de la pol&iacute;tica ambiental, un ejemplo palmario de que el compromiso de lucha contra el cambio clim&aacute;tico es m&aacute;s propaganda que realidad y de que no hay valent&iacute;a ni pol&iacute;tica ni empresarial para afrontar el problema con rigor. Si sobrevive, puede ser un s&iacute;mbolo de esperanza, una muestra de que se pueden desplegar pol&iacute;ticas alternativas que mejoren el bienestar de la gente respetando al mismo tiempo el medio ambiente, que es en s&iacute; mismo un elemento esencial para ese bienestar. As&iacute; pues, lo dicho, &iexcl;que viva la Ricarda!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/viva-ricarda_129_8301949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Sep 2021 19:48:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c58ed4d0-752e-4337-8c60-a88feabfd4c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="13077542" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c58ed4d0-752e-4337-8c60-a88feabfd4c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="13077542" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¡Viva la Ricarda!]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c58ed4d0-752e-4337-8c60-a88feabfd4c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Aeropuerto de El Prat,Cambio climático,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cambio climático y el precio de la luz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cambio-climatico-precio-luz_129_8248517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a6b08de9-a0ac-4f2f-b259-a2ac6cdaf419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cambio climático y el precio de la luz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los incentivos de mercado para saltar a energías más limpias son tan descafeinados que las empresas no sólo no parecen tener prisa en hacerlo, sino que además buscan resquicios legales con los que exprimir al máximo las posibilidades de negocio que les ofrece la situación actual</p><p class="subtitle">La energía hidroeléctrica vuelve a fijar el precio de la luz en las horas más caras del día más caro de la historia</p></div><p class="article-text">
        Aunque en este momento resulta dif&iacute;cil sustraerse a la enorme tragedia humana y geopol&iacute;tica de Afganist&aacute;n, el verano tambi&eacute;n ha tra&iacute;do otras noticias preocupantes. Las dos que probablemente han ocupado m&aacute;s titulares en las pasadas semanas tienen que ver con el cambio clim&aacute;tico y con los precios de la luz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, la noticia deriva del sexto informe del Panel Internacional sobre Cambio Clim&aacute;tico (IPCC) en el que los cient&iacute;ficos corroboran de manera expl&iacute;cita y contundente la responsabilidad de la acci&oacute;n humana y especialmente de las emisiones de gases de efecto invernadero en la modificaci&oacute;n del clima que se est&aacute; produciendo en el planeta. La noticia ha coincidido con toda una serie de eventos clim&aacute;ticos extremos que son atribuibles en gran medida al calentamiento global. Las olas de calor mortales de Norteam&eacute;rica, las tormentas e inundaciones tambi&eacute;n mortales en varios pa&iacute;ses europeos y en algunas regiones de China, o los grandes incendios que se han propagado batiendo r&eacute;cords en diferentes lugares del mundo a lo largo del verano, dejan claro que los efectos negativos del cambio clim&aacute;tico no son cosa del futuro, sino que ya est&aacute;n aqu&iacute; y cuestan vidas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, en Espa&ntilde;a la luz est&aacute; alcanzando m&aacute;ximos hist&oacute;ricos con unos precios del megavatio hora superiores a los cien euros en el mercado mayorista durante muchos d&iacute;as de agosto que, como es obvio, se traducen en subidas de consideraci&oacute;n en las facturas el&eacute;ctricas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este mundo globalizado en el que recibimos enormes cantidades de informaci&oacute;n, tendemos a ver cada noticia como un flash independiente sin pararnos a establecer las relaciones que pueden existir entre ellas. Pero en el caso de esos dos temas, existen toda una serie de conexiones que pueden darnos pistas interesantes para entender mejor la profunda crisis socio ambiental en la que estamos inmersos y los complejos problemas que entra&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera conexi&oacute;n entre cambio clim&aacute;tico y precios de la electricidad resulta bastante evidente. El calentamiento global incrementa la frecuencia de las olas de calor extremo y eso hace que la demanda de electricidad para la climatizaci&oacute;n artificial, es decir, para el uso de aires acondicionados, est&eacute; creciendo de forma exponencial en los meses de verano. En la medida en que una parte importante de la electricidad se sigue generando hoy en d&iacute;a con la quema de combustibles f&oacute;siles que emiten CO2 a la atm&oacute;sfera, entramos en un c&iacute;rculo vicioso bastante diab&oacute;lico en el que el propio cambio clim&aacute;tico genera las condiciones para incrementar unas emisiones que contribuyen a generar efecto invernadero y que, en consecuencia, agravan el propio calentamiento global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero las conexiones entre el cambio clim&aacute;tico y los precios de la electricidad dependen tambi&eacute;n de otro factor importante que es el de los precios de emisi&oacute;n del CO2. Las empresas el&eacute;ctricas, como todas las empresas que utilizan energ&iacute;a f&oacute;sil, tienen asignado un l&iacute;mite en el n&uacute;mero de toneladas de CO2 que pueden emitir, y est&aacute;n obligadas a comprar derechos de contaminaci&oacute;n si sus emisiones son superiores a ese l&iacute;mite. Seg&uacute;n un informe reciente del Banco de Espa&ntilde;a el precio de los derechos de emisi&oacute;n de CO2 es uno de los factores que explican la subida del precio de la luz. Desde finales de 2020 esos derechos se han encarecido m&aacute;s de un 70%, debido por una parte a las propias regulaciones ambientales que pretenden frenar las emisiones, pero tambi&eacute;n a la incipiente recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica posterior a la pandemia y, c&oacute;mo no, a las operaciones especulativas que todo ello est&aacute; generando en el propio mercado de derechos de emisi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La teor&iacute;a econ&oacute;mica ortodoxa podr&iacute;a decirnos que este mecanismo de mercado sirve para afrontar el cambio clim&aacute;tico: como la electricidad basada en la energ&iacute;a f&oacute;sil est&aacute; siendo cada vez m&aacute;s cara debido, entre otras cosas, al encarecimiento de los derechos de emisi&oacute;n, se est&aacute;n generando incentivos para abandonar las tecnolog&iacute;as sucias y saltar hacia formas m&aacute;s limpias sostenibles y baratas de generar electricidad &iquest;Pero hasta qu&eacute; punto funciona ese mecanismo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que las el&eacute;ctricas tengan que comprar derechos de emisi&oacute;n indica que emiten m&aacute;s de la cuenta, es decir, que los deberes de descarbonizaci&oacute;n no se est&aacute;n haciendo bien. Pero de momento, esas empresas no parecen sentirse inc&oacute;modas con este estado de las cosas. Aunque sus costes de producci&oacute;n se han elevado, trasladan esa subida a los consumidores, de tal forma que su cuenta de resultados no sufre. M&aacute;s aun, algunas compa&ntilde;&iacute;as, en un comportamiento claramente oportunista, han aprovechado para incrementar sus beneficios vaciando pantanos en el momento en que pod&iacute;an colocar en el mercado energ&iacute;a hidroel&eacute;ctrica muy barata de producir, a precios de electricidad de origen t&eacute;rmico mucho m&aacute;s cara. Dicho de otra forma, los incentivos de mercado para saltar a energ&iacute;as m&aacute;s limpias son tan descafeinados que las empresas no s&oacute;lo no parecen tener prisa en hacerlo, sino que adem&aacute;s buscan resquicios legales con los que exprimir al m&aacute;ximo las posibilidades de negocio que les ofrece la situaci&oacute;n actual, olvidando a veces la &eacute;tica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el principal problema es que este tipo de mecanismos generan situaciones socialmente muy injustas. Mientras algunos pueden combatir las temperaturas extremas a base de subir la potencia del aire acondicionado cueste lo que cueste, otros no tienen los recursos necesarios para afrontar la subida de precios. Sostener la transici&oacute;n energ&eacute;tica exclusivamente sobre estos ajustes de mercado, es tanto como cargar el cambio sobre las espaldas de los sectores sociales m&aacute;s vulnerables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El alto precio de la luz que sufrimos en este momento puede tener algo de coyuntural, pero es tambi&eacute;n una manifestaci&oacute;n indirecta de la crisis clim&aacute;tica y, en general, socio ambiental que vivimos. Transitar hacia otras formas de producir y consumir energ&iacute;a es una de las cosas que tenemos que hacer obligatoriamente para afrontar esa crisis. Pero parece claro que los dictados del <em>&ldquo;business as usual&rdquo;</em> por s&iacute; solos no nos van a sacar del atolladero. Una transici&oacute;n ecol&oacute;gica justa pasa obligatoriamente por tomar otras medidas de pol&iacute;tica econ&oacute;mica sobre las que deber&iacute;amos estar debatiendo desde ya y con urgencia.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cambio-climatico-precio-luz_129_8248517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Aug 2021 19:56:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a6b08de9-a0ac-4f2f-b259-a2ac6cdaf419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="993599" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a6b08de9-a0ac-4f2f-b259-a2ac6cdaf419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="993599" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El cambio climático y el precio de la luz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a6b08de9-a0ac-4f2f-b259-a2ac6cdaf419_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los excesos de la carne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/excesos-carne_129_8128191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ba6aedb-e93d-4f62-9640-924ab165250e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los excesos de la carne"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La solución puede estar en ir estableciendo un consumo mucho más consciente y responsable, que anteponga la calidad a la cantidad y que priorice las formas sostenibles de pequeña y mediana producción ganadera</p></div><p class="article-text">
        Las recientes declaraciones del ministro de Consumo han abierto un debate sobre la carne muy pertinente en el marco de la transici&oacute;n ecol&oacute;gica que estamos obligados a transitar. Es cierto que, como es habitual en este pa&iacute;s, la discusi&oacute;n ha derivado desde el principio en algunas sobreactuaciones a la defensiva que han ido de lo visceral a lo inane sin manejar demasiados argumentos. Pero precisamente por eso puede tener inter&eacute;s rastrear el consumo de carne y su problem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Aunque seguramente el ser humano ya era carn&iacute;voro en el origen de la propia especie, la incorporaci&oacute;n de la carne a la dieta como un elemento habitual del que todos los miembros de una sociedad pueden disponer incluso varias veces al d&iacute;a, es algo muy reciente. Durante muchos siglos la carne fue para la mayor parte de la gente un alimento escaso que se consum&iacute;a de manera m&aacute;s bien espor&aacute;dica y en peque&ntilde;as cantidades. Precisamente por esa escasez, las grandes celebraciones iban asociadas tradicionalmente al consumo de carne como manjar especial que marcaba momentos se&ntilde;alados.
    </p><p class="article-text">
        Los estudios nutricionales con perspectiva hist&oacute;rica nos dicen que el consumo de carne fue creciendo en el mundo rico poco a poco y de manera muy irregular desde aproximadamente finales del siglo XIX, y dio un vuelco espectacular en torno a la d&eacute;cada de 1950. Si tomamos el caso espa&ntilde;ol siguiendo los datos que ofrecen los balances alimentarios de la FAO (FAOSTAT), vemos que el suministro alimentario total de carne por habitante ha pasado de unos 20 kilos al a&ntilde;o en 1961 a m&aacute;s de 100 kilos en fechas recientes. As&iacute; pues, la carne ha dejado de ser una fiesta para convertirse en una rutina, y cabr&iacute;a preguntarse si no ha acabado convirti&eacute;ndose en un aut&eacute;ntico exceso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera causa que explica la explosi&oacute;n del consumo c&aacute;rnico tiene que ver con la evoluci&oacute;n de la renta per c&aacute;pita. Hist&oacute;ricamente est&aacute; comprobado que el aumento de los ingresos por habitante en cualquier pa&iacute;s ha ido acompa&ntilde;ado de importantes modificaciones en la dieta, que implican una reducci&oacute;n del consumo de alimentos m&aacute;s tradicionales como el pan, las patatas o las legumbres, y un incremento de alimentos considerados &ldquo;superiores&rdquo; por ser m&aacute;s sabrosos o m&aacute;s nutritivos, como ser&iacute;a el caso de la carne o los l&aacute;cteos. Siguiendo esa din&aacute;mica, la generalizaci&oacute;n del consumo de carne se produjo en los pa&iacute;ses ricos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, mientras que los pa&iacute;ses emergentes como China, India o Brasil han comenzado a experimentarlo mucho m&aacute;s tarde, y de momento est&aacute;n en niveles per c&aacute;pita muy inferiores a los nuestros.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otras causas que han ido determinando la evoluci&oacute;n del consumo. La m&aacute;s importante es el cambio en los m&eacute;todos de producci&oacute;n c&aacute;rnica, que tambi&eacute;n desde la d&eacute;cada de los 60 han ido adoptando sistemas industriales estandarizados de reproducci&oacute;n, engorde y sacrificio de animales a gran escala que han disparado la oferta. Esa producci&oacute;n &ldquo;fordista&rdquo; se ha combinado adem&aacute;s con transformaciones en los sistemas de procesamiento, transporte y distribuci&oacute;n, y todo ello ha hecho que el precio de la carne haya ca&iacute;do incluso por debajo del precio de las frutas y las verduras frescas. Es cierto que hay formas alternativas de producci&oacute;n c&aacute;rnica basadas en una ganader&iacute;a extensiva y sostenible, pero por lo general es la gran industria y las grandes cadenas alimentarias las que marcan las pautas del negocio y las que imponen sus criterios y sus precios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que la carne sea barata no es necesariamente una buena noticia, ya que los precios excesivamente bajos, adem&aacute;s de perjudicar a los actores m&aacute;s d&eacute;biles del proceso, son un factor fundamental para disparar el consumo muy por encima de los l&iacute;mites aconsejables desde un punto de vista nutricional y sanitario. Y, adem&aacute;s, ese modelo de consumo es fuente de numerosos problemas ambientales a escala planetaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del aprovechamiento de los recursos, una dieta basada mayoritariamente en la carne es muy ineficiente, ya que obliga a destinar al engorde animal ingentes cantidades de cereales y tambi&eacute;n de agua que podr&iacute;an ser utilizados directamente para el consumo humano. Mantener en crecimiento ese sistema a escala global requiere, por tanto, incrementar de forma sustancial la producci&oacute;n de cereales como la soja o el ma&iacute;z, y ese incremento es, a su vez, una de las principales causas de la deforestaci&oacute;n de muchos bosques tropicales. Los pa&iacute;ses ricos como Espa&ntilde;a no somos ajenos a ese proceso, ya que importamos grandes cantidades de cereal para alimentar a nuestra ganader&iacute;a intensiva y producir una carne que despu&eacute;s consumimos directamente o exportamos a terceros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;, por supuesto, el problema de las emisiones. La ganader&iacute;a intensiva es responsable de la mayor parte de la generaci&oacute;n de metano, uno de los principales gases de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global y al cambio clim&aacute;tico. Adem&aacute;s, las concentraciones de granjas intensivas generan enormes cantidades de residuos muy dif&iacute;cilmente procesables. Los denominados purines presentan altas concentraciones de amoniaco que contaminan suelos y acu&iacute;feros llegando a perjudicar a la propia agricultura colindante.
    </p><p class="article-text">
        Una parte importante de la gran industria agroalimentaria, desde los fabricantes de semillas, fertilizantes y pesticidas hasta las grandes multinacionales de producci&oacute;n procesamiento y distribuci&oacute;n de carne, han ido desarrollando este modelo de producci&oacute;n y consumo sin prestar demasiada atenci&oacute;n a los problemas ambientales y sanitarios que genera. Es obvio que, al igual que viene ocurriendo con otros grandes emporios industriales, esa industria va a resistirse con u&ntilde;as y dientes a un cambio que puede perjudicar sus propios intereses. Pero lo peor que podr&iacute;an hacer los pol&iacute;ticos es convertirse en portavoces en exclusiva de esos intereses situ&aacute;ndolos por encima de criterios sanitarios y ambientales basados en la ciencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Demonizar el consumo de carne no tiene sentido, pero negarse siquiera a discutir un modelo que est&aacute; demostrado que genera graves problemas no parece de recibo. La soluci&oacute;n puede estar en ir estableciendo un consumo mucho m&aacute;s consciente y responsable, que anteponga la calidad a la cantidad y que priorice las formas sostenibles de peque&ntilde;a y mediana producci&oacute;n ganadera. Situarnos, en definitiva, en un consumo moderado en el que comer carne deje de ser una rutina y vuelva a tener de nuevo algo de festivo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/excesos-carne_129_8128191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jul 2021 20:50:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3ba6aedb-e93d-4f62-9640-924ab165250e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="114361" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3ba6aedb-e93d-4f62-9640-924ab165250e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="114361" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los excesos de la carne]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3ba6aedb-e93d-4f62-9640-924ab165250e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El crecimiento y sus medidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crecimiento-medidas_129_8092011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/674db2e2-a2b1-4412-b31c-b72019a9c707_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El crecimiento y sus medidas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si crecer implica destruir recursos naturales a un ritmo mayor al de su propia regeneración, el crecimiento nos puede estar haciendo en realidad más pobres, sólo que el sistema de medición que utilizamos no nos permite detectarlo</p></div><p class="article-text">
        En las sociedades actuales vivimos sumidos en una especie de esquizofrenia entre nuestra manera de vivir y las consecuencias que produce. Por una parte, somos cada vez m&aacute;s conscientes de que las formas de producir y de consumir, el uso de recursos que nuestro ritmo de vida impone y el grado de contaminaci&oacute;n que genera, nos han sumido en una crisis ecol&oacute;gica sin precedentes que necesitamos afrontar de cara y con urgencia. Pero, paralelamente, cuando queremos combatir problemas econ&oacute;micos concretos como el paro, la p&eacute;rdida de poder adquisitivo o, en general, cuando tratamos de mejorar los niveles de vida del conjunto de la sociedad, la &uacute;nica receta que sabemos aplicar es la del crecimiento de la econom&iacute;a, independientemente de sus efectos sobre el medioambiente. 
    </p><p class="article-text">
        El debate econom&iacute;a <em>versus</em> salud que algunos han querido poner sobre la mesa a ra&iacute;z de la pandemia, puede trasladarse en una escala ampliada a la dicotom&iacute;a crecimiento <em>versus</em> ecosistemas. Y caben pocas dudas de que llevamos much&iacute;simo tiempo priorizando el primero en detrimento de los segundos, de tal forma que la apuesta sistem&aacute;tica por crecer a cualquier precio acaba repercutiendo negativamente sobre la salud del planeta, de la que depende en &uacute;ltimo t&eacute;rmino la salud de la propia humanidad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Una parte de este complejo problema reside en la manera en qu&eacute; medimos los niveles de vida y de bienestar econ&oacute;mico, utilizando como indicador, casi en exclusiva; el Producto Interior Bruto (PIB) y sus tasas de crecimiento, y asumiendo impl&iacute;citamente que contar con m&aacute;s PIB por habitante hace siempre a una sociedad m&aacute;s rica. Pero &iquest;es eso realmente as&iacute;? Como su propio nombre sugiere, el PIB mide, b&aacute;sicamente, lo que una econom&iacute;a produce, pero no est&aacute; dise&ntilde;ado para medir los efectos que esa producci&oacute;n y su evoluci&oacute;n en el tiempo tiene sobre los ecosistemas.&nbsp;Si crecer implica destruir recursos naturales a un ritmo mayor al de su propia regeneraci&oacute;n, el crecimiento nos puede estar haciendo en realidad m&aacute;s pobres, s&oacute;lo que el sistema de medici&oacute;n que utilizamos no nos permite detectar el empobrecimiento real del que estamos siendo v&iacute;ctimas. Por eso, incorporar indicadores que sean capaces de medir los efectos ambientales para poder tenerlos en cuenta, deber&iacute;a ser una prioridad para las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, la revista <em>Cuadernos Econ&oacute;micos de ICE</em> (dependiente del Ministerio de Industria Comercio y Turismo) ha publicado un n&uacute;mero monogr&aacute;fico sobre<a href="http://www.revistasice.com/index.php/CICE/issue/view/779" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> indicadores econ&oacute;micos ambientales</a> que trata sobre este problema y que recoge toda una serie de propuestas de medici&oacute;n alternativa para el caso espa&ntilde;ol que merece la pena difundir.
    </p><p class="article-text">
        Una forma b&aacute;sica de elaborar indicadores ambientales es la cuantificaci&oacute;n de los recursos utilizados por una econom&iacute;a en t&eacute;rminos f&iacute;sicos (toneladas). Algo que, si se combina con la teor&iacute;a y la metodolog&iacute;a adecuadas, puede ofrecen informaci&oacute;n muy interesante. Un ejemplo de ello es la aproximaci&oacute;n al funcionamiento econ&oacute;mico a trav&eacute;s del denominado &ldquo;metabolismo social&rdquo;. Un planteamiento te&oacute;rico que analiza la econom&iacute;a de un territorio (pa&iacute;s, regi&oacute;n, ciudad&hellip;) como si fuera un ser vivo que necesariamente necesita ingerir materiales y energ&iacute;a para poder funcionar y que, a partir de ah&iacute;, como cualquier otro ser vivo, desarrolla diferentes procesos metab&oacute;licos internos de transformaci&oacute;n y, posteriormente, expulsa lo no metabolizado en forma de residuos s&oacute;lidos, l&iacute;quidos o gaseosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Analizar de manera ordenada y sistem&aacute;tica las cantidades y los tipos de materiales y de energ&iacute;a que entran a un sistema econ&oacute;mico, los procesos internos de transformaci&oacute;n que se van desarrollando en &eacute;l y c&oacute;mo de bien o de mal funcionan, y los residuos que el sistema genera, permite detectar diferentes reg&iacute;menes metab&oacute;licos y su evoluci&oacute;n a lo largo del tiempo. Y esa informaci&oacute;n puede ser de mucha ayuda para dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas que nos aproximen a un metabolismo &oacute;ptimo cuyo objetivo no necesariamente sea crecer y crecer sin l&iacute;mite. La transici&oacute;n ecol&oacute;gica que estamos obligados a desarrollar si queremos evitar desastres ambientales mayores, no es otra cosa que un cambio de r&eacute;gimen metab&oacute;lico en el que el &ldquo;ser vivo econom&iacute;a&rdquo; deber&iacute;a ingerir menos energ&iacute;a y materiales, mejorar mucho su transformaci&oacute;n interna fomentando la reutilizaci&oacute;n y el reciclaje y, finalmente, reducir lo m&aacute;s posible las emisiones de todo tipo.
    </p><p class="article-text">
        Otros indicadores tratan de medir los efectos ambientales en t&eacute;rminos monetarios, es decir, valorando en dinero los recursos no renovables que se utilizan y tambi&eacute;n el deterioro ambiental que se genera. Esa contabilizaci&oacute;n no es nada sencilla, porque es muy dif&iacute;cil tener toda la informaci&oacute;n necesaria para valorar bien el precio de los recursos agotables, de la contaminaci&oacute;n o de los numerosos servicios ambientales que los ecosistemas nos ofrecen. Para hacerlo es necesario aplicar criterios que en buena medida son subjetivos y que, en consecuencia, pueden dar resultados muy distintos en funci&oacute;n de los supuestos de los que se parta. 
    </p><p class="article-text">
        De lo que caben pocas dudas, sin embargo, es de que la valoraci&oacute;n del agotamiento de los recursos y de la generaci&oacute;n de residuos supone una p&eacute;rdida de activos que, por tanto, debe restarse de la contabilizaci&oacute;n del crecimiento. Y cuando esa sustracci&oacute;n se realiza, incluso utilizando supuestos muy conservadores, se hace evidente que una buena parte del crecimiento del que habitualmente nos habla el PIB se evapora, dejando al descubierto una realidad mucho menos optimista.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 2009, en un informe elaborado por la Comisi&oacute;n para la Medici&oacute;n del Comportamiento Econ&oacute;mico y el Progreso Social en la que participaban entre otros los premios Nobel de Econom&iacute;a Joseph Stiglitz y Amartya Sen, se dec&iacute;a literalmente: &ldquo;Lo que medimos afecta a lo que hacemos. Y si nuestras medidas son deficientes, podemos tomar decisiones equivocadas&rdquo;. Es muy obvio que las mediciones econ&oacute;micas que se vienen realizando habitualmente son deficientes en tanto que no toman en consideraci&oacute;n los efectos ambientales. Incorporar indicadores que lo hagan no va a solucionar por s&iacute; s&oacute;lo el deterioro ambiental generado por una econom&iacute;a dise&ntilde;ada principalmente para crecer a cualquier precio, pero permite al menos detectarlo, y es, por tanto, una condici&oacute;n necesaria aunque no suficiente para empezar a actuar.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/crecimiento-medidas_129_8092011.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Jun 2021 20:31:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/674db2e2-a2b1-4412-b31c-b72019a9c707_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="31897" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/674db2e2-a2b1-4412-b31c-b72019a9c707_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="31897" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El crecimiento y sus medidas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/674db2e2-a2b1-4412-b31c-b72019a9c707_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El verdadero peligro de la ley de cambio climático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdadero-peligro-ley-cambio-climatico_129_7993722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0c5a54c-7ade-48d0-b392-0ea8e8491025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El verdadero peligro de la ley de cambio climático"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Históricamente ha sido bastante habitual que un mismo gobierno haya destruido con la mano derecha de la regulación económica lo que estaba tratando de construir con la mano izquierda de la regulación ambiental</p></div><p class="article-text">
        Hace apenas tres semanas, con menos seguimiento medi&aacute;tico del que hubiera sido de desear, se aprob&oacute; en el Congreso el proyecto de Ley de cambio clim&aacute;tico y transici&oacute;n energ&eacute;tica. Independientemente de que uno est&eacute; m&aacute;s o menos de acuerdo con las medidas concretas que contiene ese documento, no es exagerado decir que se trata de una de las leyes m&aacute;s importantes no s&oacute;lo de esta legislatura, sino de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, ya que afecta de manera directa a la supervivencia del marco f&iacute;sico elemental en el que desarrollamos cualquier actividad social o econ&oacute;mica. Legislar sobre los usos futuros de la energ&iacute;a para tratar de evitar los nefastos efectos ambientales del consumo actual de combustibles f&oacute;siles no es hacer una ley m&aacute;s para un sector concreto de la econom&iacute;a, sino que supone establecer reglas transversales que afectan de manera directa a las posibilidades de desarrollo futuro de la vida misma en la parte del planeta que ocupamos. Quiz&aacute;s la crispaci&oacute;n pol&iacute;tica permanente que se ha instalado en este pa&iacute;s ha llevado a que, incluso los defensores de la ley, hayan preferido no darle demasiada propaganda para evitar un nuevo frente de disputas, pero sus contenidos merecen mucha m&aacute;s atenci&oacute;n de la que han recibido y deber&iacute;an transmitirse a la ciudadan&iacute;a con grandes dosis de pedagog&iacute;a que los haga comprensibles y asimilables.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que esta ley llega con retraso es un hecho objetivo. Los acuerdos internacionales b&aacute;sicos sobre la materia, firmados por la Uni&oacute;n Europea, datan como m&iacute;nimo del acuerdo de Par&iacute;s de 2015, as&iacute; que han hecho falta m&aacute;s de cinco a&ntilde;os para que los legisladores espa&ntilde;oles hayan alcanzado los acuerdo m&iacute;nimos necesarios para tener una ley espec&iacute;fica sobre un tema que hubiera requerido mucha m&aacute;s urgencia. Pero eso no es una sorpresa. De hecho, Espa&ntilde;a no se ha caracterizado nunca por estar a la vanguardia en la puesta en marcha de regulaciones ambientales. M&aacute;s bien al contrario, el pa&iacute;s ha ido siempre a rebufo, aplicando con cierto retraso, de forma no demasiado planificada y en ocasiones de manera m&aacute;s aparente que real los cambios que se han ido estableciendo en el &aacute;mbito internacional, principalmente en los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados de la Uni&oacute;n Europea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, la primera ley espa&ntilde;ola que hablaba de proteger la atm&oacute;sfera (la denominada &ldquo;Ley de protecci&oacute;n del ambiente atmosf&eacute;rico&rdquo;) se aprob&oacute; con cierta premura en 1972, siguiendo algunas de las directrices que Naciones Unidas hab&iacute;a establecido poco antes. Era una &eacute;poca en la que el tardofranquismo trataba de integrarse plenamente en la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica internacionales de la que la dictadura hab&iacute;a sido excluida durante mucho tiempo, y una forma de intentarlo era mimetizar algunas leyes que estaban poni&eacute;ndose en vigor en el &aacute;mbito internacional, tambi&eacute;n en cuestiones ambientales. Sin embargo, los objetivos de crecimiento econ&oacute;mico de la pol&iacute;tica desarrollista creaban al mismo tiempo incentivos poco compatibles con la protecci&oacute;n de la atm&oacute;sfera, de tal forma que la ley qued&oacute; m&aacute;s bien en papel mojado. Posteriormente, la crisis del petr&oacute;leo oblig&oacute; entre otras cosas a incrementar el consumo de carb&oacute;n nacional altamente contaminante, lo que llev&oacute; a que, una vez m&aacute;s, la atm&oacute;sfera se relegara a un plano totalmente secundario.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con la incorporaci&oacute;n a la Uni&oacute;n Europea, Espa&ntilde;a tuvo que ir armonizando su legislaci&oacute;n ambiental con la comunitaria, pero ese proceso se fue cumpliendo a retazos, legislando sobre aspectos puntuales a los que Europa obligaba, pero sin que existiera un plan bien concebido, ni un organismo estatal potente que coordinara todas esas medidas y les diera un sentido medioambiental global. De hecho, en Espa&ntilde;a no hubo un Ministerio de Medioambiente propiamente dicho hasta 1996, y ese cambio institucional tampoco supuso una transformaci&oacute;n radical en las pol&iacute;ticas. M&aacute;s bien al contrario, las medidas econ&oacute;micas que se fueron tomando en ese periodo estuvieron en la base del boom inmobiliario y de construcci&oacute;n de infraestructuras que se gener&oacute; y que, adem&aacute;s de desembocar en la crisis de 2008, tuvo unos efectos ambientales devastadores. Era la &eacute;poca en la que se dec&iacute;a que Espa&ntilde;a iba bien, y ni siquiera el propio Ministerio de Medio Ambiente estaba dispuesto a que los perversos efectos ambientales del crecimiento aguaran la bacanal que se estaba viviendo.
    </p><p class="article-text">
        La independencia del Ministerio de Medioambiente termin&oacute;, adem&aacute;s, en 2004, con su incrustaci&oacute;n ese a&ntilde;o y hasta 2018 en el de Agricultura y Alimentaci&oacute;n. Las razones de esa operaci&oacute;n institucional no son f&aacute;ciles de adivinar. Es posible que se pensara en ligar la instituci&oacute;n m&aacute;s directamente al uso del territorio, pero al mismo tiempo parece obvio que esa decisi&oacute;n dificult&oacute; el control ministerial de elementos clave para el medioambiente como la pol&iacute;tica energ&eacute;tica o de infraestructuras, que dif&iacute;cilmente se pod&iacute;an coordinar desde el Ministerio de Agricultura. S&oacute;lo en 2018 hubo un cambio evidente en el inter&eacute;s por reorganizar las pol&iacute;ticas con la creaci&oacute;n de un nuevo Ministerio que, si hacemos caso a su denominaci&oacute;n, parece decidido a afrontar de cara el reto tan necesario de la transici&oacute;n ecol&oacute;gica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este breve recorrido da una idea del car&aacute;cter err&aacute;tico que ha seguido la pol&iacute;tica medio ambiental en Espa&ntilde;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y sirve tambi&eacute;n para advertir de un peligro esencial: hist&oacute;ricamente ha sido bastante habitual que un mismo gobierno haya destruido con la mano derecha de la regulaci&oacute;n econ&oacute;mica lo que estaba tratando de construir con la mano izquierda de la regulaci&oacute;n ambiental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es muy posible que los sectores que acusan a la ley de cambio clim&aacute;tico de ser conservadora y de quedarse corta en los objetivos de reducci&oacute;n de emisiones est&eacute;n en lo cierto. Pero incluso si eso es as&iacute;, lo realmente importante es que se pongan todos los medios para que lo acordado en la ley se vaya cumpliendo realmente y sea monitorizado y medido con la mayor precisi&oacute;n posible. Coordinar las pol&iacute;ticas de diferentes &aacute;mbitos para evitar el ninguneo de la nueva legislaci&oacute;n ambiental deber&iacute;a ser la prioridad b&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La ley de cambio clim&aacute;tico est&aacute; lejos de ser perfecta, pero incluye mecanismos para su propia revisi&oacute;n a medio plazo y, si realmente se respeta y se cumple, parece un punto de partida muy razonable para orientar un cambio del modelo energ&eacute;tico y productivo totalmente necesario, que deber&iacute;a ser, a su vez, la base y la gu&iacute;a para una mejora no s&oacute;lo ambiental, sino tambi&eacute;n social y econ&oacute;mica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/verdadero-peligro-ley-cambio-climatico_129_7993722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jun 2021 20:23:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b0c5a54c-7ade-48d0-b392-0ea8e8491025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="374892" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b0c5a54c-7ade-48d0-b392-0ea8e8491025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="374892" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El verdadero peligro de la ley de cambio climático]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b0c5a54c-7ade-48d0-b392-0ea8e8491025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid, ombligo del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-ombligo-mundo_129_7887189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6bebb9e-c567-4792-ac4f-d00ba64f6cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid, ombligo del mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Madrid, como en Calatayud, hay gente que se siente libre y que no se deja encorsetar, y gente timorata que no da un paso sin autocensurarse pensando en el que dirán. En Madrid, como en Plasencia, hay gente leída, viajada y culta, y gente tremendamente paleta</p><p class="subtitle">Madrid es la ciudad europea con más mortalidad debida a la contaminación de los coches</p></div><p class="article-text">
        El protagonismo de Madrid en la vida p&uacute;blica espa&ntilde;ola, que ya es elevado de por s&iacute;, ha ascendido de manera espectacular desde la convocatoria de elecciones auton&oacute;micas, y promete seguir ascendiendo a cotas insospechadas hasta el 4 de mayo. La cuesti&oacute;n est&aacute; tomando tales dimensiones, que aquella ocurrencia simple y opaca con pretensiones de frase c&eacute;lebre de que Madrid es como una Espa&ntilde;a dentro de Espa&ntilde;a se ha quedado corta, porque Madrid es en este momento mucho m&aacute;s. Es de hecho el epicentro, el coraz&oacute;n, el meollo mismo de la actualidad. A Madrid se la est&aacute; convirtiendo en un Madrid dentro del Madrid que lo es todo, en una estructura nuclear alrededor de la cual gira el universo entero, en el escenario de la madre de todas las batallas de la modernidad, libertad o comunismo, democracia o fascismo&hellip;&iquest;ombliguismo u ombliguismo?
    </p><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n, y los partidos pol&iacute;ticos madrile&ntilde;os y nacionales deber&iacute;an detenerse un momento, hacer un acto de empat&iacute;a patria y tratar de ponerse en la piel de alguien de Teruel, de A Coru&ntilde;a, de Terrassa, de Chipiona, de Lekeitio o de M&eacute;rida, para tratar de entender c&oacute;mo se est&aacute; percibiendo este espect&aacute;culo fuera del Foro. Contarle repetidamente a un ciudadano de cualquiera de esos sitios que alguien dice que se es m&aacute;s libre por el simple hecho de vivir en Madrid es, directamente, insultar a su inteligencia. En Madrid, como en Calatayud, hay gente que se siente libre y que no se deja encorsetar, y gente timorata que no da un paso sin autocensurarse pensando en el que dir&aacute;n. En Madrid, como en Plasencia, hay gente le&iacute;da, viajada y culta, y gente tremendamente paleta, tanto m&aacute;s atrevida cuanto m&aacute;s ignorante.
    </p><p class="article-text">
        Madrid ha avanzado mucho en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, impulsada bastante m&aacute;s, probablemente, por su condici&oacute;n de capital de pa&iacute;s que por las pol&iacute;ticas locales y auton&oacute;micas. Pero, sea como sea, se ha ido haciendo un hueco entra las capitales europeas de referencia, que no tuvo hist&oacute;ricamente durante la mayor parte del siglo XX, antes de que Espa&ntilde;a fuera una democracia.&nbsp; No llega a tener el cosmopolitismo multicultural de Londres, ni el glamour de Par&iacute;s, ni el atractivo decadente de Roma, pero obviamente tiene muchos encantos, y como ciudadano que pasa en Madrid la mayor parte del a&ntilde;o, me gusta pensar que van m&aacute;s all&aacute; de las ca&ntilde;as o de la posibilidad de tomarse &ldquo;a relaxing cup of caf&eacute; con leche in Plaza Mayor&rdquo;. Pese a lo que digan algunas, afortunadamente no existe una sola forma de vivir a la madrile&ntilde;a, como no existe una sola forma de vivir a la bilba&iacute;na o a la sevillana. Decir lo contrario es caer en un localismo identitario que raya lo pueblerino y que demuestra que, en algunas facetas, Madrid sigue teniendo algo del poblach&oacute;n manchego al que se refer&iacute;an Cela o Umbral. A misa y a los toros se puede ir tambi&eacute;n en otros muchos pueblos en tiempos de normalidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Madrid viven m&aacute;s de seis millones de personas en un territorio reducido, y por eso es el ejemplo m&aacute;s claro de la Espa&ntilde;a mega llena, contrapunto tristemente necesario de la Espa&ntilde;a Vaciada. Y esa alta concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n ha venido generando, mucho antes de que llegara la pandemia, toda una serie de problemas que se palpan en el d&iacute;a a d&iacute;a. Su &aacute;rea metropolitana es la m&aacute;s rica del pa&iacute;s en t&eacute;rminos de PIB per c&aacute;pita, pero la peor valorada cuando lo que se mide es la calidad de vida en las ciudades. Y es que los problemas son muchos. Vivienda no siempre de buena calidad a precios prohibitivos; problemas de movilidad con atascos recurrentes cada d&iacute;a y transportes p&uacute;blicos sobre saturados; emisiones de gases disparadas; contaminaci&oacute;n ac&uacute;stica y electromagn&eacute;tica elevadas; problemas de gesti&oacute;n de basuras y residuos; servicios p&uacute;blicos infradotados sin capacidad de cubrir las necesidades de toda la poblaci&oacute;n pese al esfuerzo de los trabajadores. Es de estas cuestiones y de c&oacute;mo se puede ayudar a resolverlas desde el Gobierno de la Comunidad de lo que deber&iacute;a hablarse en las elecciones auton&oacute;micas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo la campa&ntilde;a electoral se ha situado por elevaci&oacute;n m&aacute;s en lo metaf&iacute;sico que en lo pragm&aacute;tico, como si Madrid fuera en este momento el epicentro global en el que hay que dirimir las grandes encrucijadas de la historia. Pero, a principios del siglo XXI, &iquest;est&aacute; debati&eacute;ndose la humanidad realmente entre libertad y comunismo, entre democracia y fascismo? La libertad y la democracia tienen que seguir siendo defendidas ahora y siempre sin duda alguna, pero no tanto para luchar contra fantasmas del pasado, como para convertirlas en el marco de convivencia b&aacute;sico y necesario en el que afrontar los grandes retos del futuro inmediato. Puestos a elevar los debates electorales, los candidatos deber&iacute;an tocar temas como el de los l&iacute;mites ambientales al crecimiento econ&oacute;mico, como el cambio tecnol&oacute;gico, la robotizaci&oacute;n y el trabajo, o como la globalizaci&oacute;n y la desigualdad, porque es ah&iacute; donde realmente los humanos todos nos la estamos jugando como especie.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que las elecciones auton&oacute;micas de Madrid son importantes para el futuro de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola es bastante evidente, como en otros momentos lo han sido las elecciones catalanas, vascas o andaluzas. Sabiendo esto, los medios deber&iacute;an estar dando a esta campa&ntilde;a auton&oacute;mica las dimensiones que se merece, pero sin met&eacute;rsela con embudo a los ciudadanos de otras partes del pa&iacute;s que no se juegan nada en ella directamente y que est&aacute;n saturados de madrile&ntilde;ismo. Y los pol&iacute;ticos implicados deber&iacute;an descender a la realidad de la pol&iacute;tica auton&oacute;mica, pensando que en esta autonom&iacute;a hay grandes m&aacute;rgenes para mejorar. Si por el contrario, como parece que va a ocurrir, siguen sobreactuando hasta el final mientras convierten a Madrid en el ombligo del mundo, es muy posible que en lugar de ilusionar y movilizar acaben generando desafecci&oacute;n y, en consecuencia, m&aacute;s de lo mismo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-ombligo-mundo_129_7887189.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Apr 2021 20:27:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d6bebb9e-c567-4792-ac4f-d00ba64f6cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1022340" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d6bebb9e-c567-4792-ac4f-d00ba64f6cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1022340" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Madrid, ombligo del mundo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d6bebb9e-c567-4792-ac4f-d00ba64f6cfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid y los impuestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-impuestos_129_7832720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb05d832-3968-48c9-b35e-ca7631951bc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Madrid y los impuestos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La bajada de impuestos que se viene practicando en Madrid desde 2003 es la versión española, desacomplejada y chulapona, de lo que internacionalmente se ha conocido como la "revolución conservadora", que no es otra cosa que la ruptura por parte de las élites económicas del pacto social</p></div><p class="article-text">
        Desde hace ya casi dos d&eacute;cadas la Comunidad de Madrid est&aacute; gobernada por pol&iacute;ticas y pol&iacute;ticos que defienden sistem&aacute;ticamente la bajada de impuestos como la mejor f&oacute;rmula econ&oacute;mica posible. Es claro que la idea de la baja imposici&oacute;n como axioma -como dogma cabr&iacute;a decir- de una determinada forma de entender la econom&iacute;a de mercado, no es originaria de Madrid, sino que es una de las ense&ntilde;as del conservadurismo neoliberal a escala internacional. Pero Madrid se ha convertido desde el Tamayazo de 2003 en una especie de campo de pruebas en el que ensayar ese experimento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en honor a la verdad hay que decir que los defensores de esa estrategia est&aacute;n manejando la situaci&oacute;n con habilidad, porque han conseguido llevarnos a un escenario en el que resulta pr&aacute;cticamente imposible plantear alternativas. Si alguien se atreve a sugerir que hay otras formas de entender la econom&iacute;a de mercado y que unos impuestos bien establecidos, pese a ser m&aacute;s altos al menos para algunos, podr&iacute;an servir para mejorar sustancialmente la calidad de vida de la mayor parte de los ciudadanos, queda convertido autom&aacute;ticamente en comunista totalitario enemigo de la libertad. A ese nivel de simpleza argumental ha ca&iacute;do el debate pol&iacute;tico en este momento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la mayor parte del mundo occidental (no as&iacute; en Espa&ntilde;a), los impuestos progresivos que van gravando m&aacute;s a cada ciudadano en funci&oacute;n de su nivel de riqueza, se generalizaron en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, y fueron la base sobre la que se consolidaron los Estados del bienestar. Se trat&oacute;, en lo b&aacute;sico, de un pacto social impl&iacute;cito de las democracias en el que una mayor&iacute;a de ciudadanos acept&oacute; soportar una mayor presi&oacute;n fiscal a cambio de que los estados ofrecieran mejores servicios p&uacute;blicos y llevaran a cabo pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n de la renta. El objetivo era fomentar la igualdad de oportunidades y crear as&iacute; sociedades m&aacute;s igualitarias y justas, en la idea de que eso garantizaba una mayor cooperaci&oacute;n, una paz social que era positiva para todos, incluyendo tambi&eacute;n a los m&aacute;s ricos. Fue precisamente a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas de gasto p&uacute;blico que proven&iacute;an de impuestos elevados, c&oacute;mo se fueron generalizando las pensiones de jubilaci&oacute;n, los subsidios de desempleo, los derechos a la sanidad y a la ense&ntilde;anza universal u otras transferencias sociales. Y, aunque no hay que caer en la idealizaci&oacute;n porque los procesos de este tipo siempre generan tensiones, el hecho cierto es que la f&oacute;rmula funcion&oacute; y que desde ese momento se fueron alcanzando niveles de bienestar m&aacute;s elevados y tambi&eacute;n m&aacute;s generalizados socialmente que en ning&uacute;n otro momento de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a lleg&oacute; tarde a la formulaci&oacute;n de ese pacto social, porque en esto como en tantos otros aspectos, el franquismo fue una aut&eacute;ntica r&eacute;mora. De hecho, sus dirigentes mantuvieron hasta el final de la dictadura un sistema impositivo en el que la presi&oacute;n fiscal era muy baja (14 puntos menos que la media europea a la altura de 1975), y que en lugar de progresivo era regresivo, es decir, gravaba m&aacute;s, proporcionalmente, a los m&aacute;s desfavorecidos. Eso se traduc&iacute;a en bajos ingresos y en un gasto p&uacute;blico en materia de sanidad, de educaci&oacute;n o de gastos sociales que, medido como porcentaje del PIB, resultaba raqu&iacute;tico respecto al realizado por otros pa&iacute;ses europeos de nuestro entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No fue hasta la Transici&oacute;n, con los Pactos de la Moncloa y con la Reforma fiscal de 1977-78, cuando Espa&ntilde;a moderniz&oacute; su sistema impositivo para emular, con mucho retraso, la pauta europea. Tampoco en este caso hay que idealizar lo ocurrido, ya que las &eacute;lites econ&oacute;micas espa&ntilde;olas, acostumbradas a un trato fiscal privilegiado durante la dictadura, trataron de frenar la progresividad y torpedearon la lucha efectiva contra un fraude que les favorec&iacute;a. Pero, a pesar de los problemas, se consigui&oacute; establecer y regularizar una recaudaci&oacute;n de impuestos progresivos que permitieron que Espa&ntilde;a, mal que bien, fuera construyendo y reforzando su Estado del bienestar. La libertad trajo, en definitiva, impuestos m&aacute;s elevados, pero con ellos se mejoraron las transferencias sociales y los servicios educativos y sanitarios y, sin ninguna duda, se consiguieron mejoras muy sustanciales en el nivel de vida de la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La bajada de impuestos que se viene practicando en Madrid desde 2003 es la versi&oacute;n espa&ntilde;ola, desacomplejada y chulapona, de lo que internacionalmente se ha conocido como la &ldquo;revoluci&oacute;n conservadora&rdquo;, que no es otra cosa que la ruptura por parte de las &eacute;lites econ&oacute;micas del pacto social que apostaba por la redistribuci&oacute;n, argumentando que menos impuestos equivalen a m&aacute;s prosperidad para todos. Pero se trata de un argumento falaz, ya que oculta los efectos claramente asim&eacute;tricos de la baja imposici&oacute;n. Las ganancias individuales que supone una bajada lineal del 5% en el tramo auton&oacute;mico del IRPF son directamente proporcionales al nivel de renta de los ciudadanos, es decir, no existen para quienes ni siquiera tienen obligaci&oacute;n de declarar, son exiguas para los contribuyentes de los tramos bajos y van creciendo conforme lo hace el nivel de renta. En otras palabras, hace m&aacute;s pr&oacute;speros a quienes ya lo son.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s grave son las p&eacute;rdidas colectivas que pueden producir esas pol&iacute;ticas. En Madrid la baja presi&oacute;n fiscal va asociada a un gasto medio por habitante que est&aacute; por debajo de la media nacional en materias tan sensibles como la educaci&oacute;n (-16%) los gastos sociales (-8%) o la sanidad (-7%). Es, adem&aacute;s, la comunidad que presenta una mayor desigualdad entre el 20% m&aacute;s rico y el 20% m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n. Y tanto la insuficiencia de los servicios como la desigualdad son una parte de la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; la pandemia est&aacute; teniendo unos efectos mucho m&aacute;s dram&aacute;ticos en Madrid que en otras partes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas de bajada sistem&aacute;tica de impuestos son, en definitiva, torpedos contra la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n del Estado de bienestar que debilitan los servicios esenciales, impiden la redistribuci&oacute;n, restan oportunidades a los menos favorecidos y generan sociedades m&aacute;s desiguales e injustas. Y si la libertad no va acompa&ntilde;ada precisamente de eso, de igualdad y justicia, puede dejar de ser tal para convertirse, simplemente, en privilegio de unos pocos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/madrid-impuestos_129_7832720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Apr 2021 20:49:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bb05d832-3968-48c9-b35e-ca7631951bc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1190861" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bb05d832-3968-48c9-b35e-ca7631951bc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1190861" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Madrid y los impuestos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bb05d832-3968-48c9-b35e-ca7631951bc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Freedom washing]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/freedom-washing_129_7339232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/decb0c78-1585-40f9-a223-bc59d1ba7caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Freedom washing"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al mismo tiempo que se defiende la libertad hedonista, se intenta proscribir cualquier avance en derechos civiles y políticos. Una forma curiosa de entender la libertad para uno mismo, negándosela a quienes no piensan igual</p></div><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino <em>&ldquo;green washing</em>&rdquo; se utiliza para denunciar la actuaci&oacute;n de algunas empresas que utilizan el marketing para presentarse como campeonas del ecologismo, pese a que en realidad no toman medidas efectivas para evitar el deterioro ambiental que provocan. Pues bien, utilizando ese s&iacute;mil podr&iacute;a decirse que la estrategia que el conservadurismo neoliberal est&aacute; desplegando &uacute;ltimamente respecto a la libertad, es en realidad una enorme campa&ntilde;a de <em>&ldquo;freedom washing</em>&rdquo;, que en los &uacute;ltimos d&iacute;as se est&aacute; poniendo en pr&aacute;ctica tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La libertad es una perita en dulce para el marketing pol&iacute;tico porque es un concepto con el que pr&aacute;cticamente nadie est&aacute; en desacuerdo. Partiendo de ah&iacute;, el <em>freedom washing</em> consiste en presentarse como defensor de la libertad a pesar de proponer medidas que, en realidad, acaban coart&aacute;ndola para una parte importante de la sociedad. Para ello se utiliza un concepto de libertad simple y abstracto, dando por hecho que todos sabemos a qu&eacute; se refiere. Se mete en un envase atractivo pero opaco que no permita discernir realmente lo que hay dentro, y se envuelve adecuadamente con grandes palabras, m&uacute;sica &eacute;pica y un trasfondo de banderas que ayuden a identificar al grupo al que se dirige la campa&ntilde;a. As&iacute; presentada, la libertad gen&eacute;rica sirve para movilizar y exaltar a la clientela y, lo que es a&uacute;n mejor, puede utilizarse como arma arrojadiza contra cualquier contrincante pol&iacute;tico que, s&oacute;lo por criticar el eslogan, queda convertido autom&aacute;ticamente en represor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para no caer en la trampa del <em>freedom washing</em> resulta &uacute;til practicar el <em>unboxing</em>, es decir, despojar el concepto de su envoltura y analizar qu&eacute; hay exactamente m&aacute;s all&aacute; del marketing. Si hacemos eso, se percibe que la libertad que ofrece el conservadurismo neoliberal tiene dos caracter&iacute;sticas estrechamente relacionadas: es una libertad que se refiere principalmente a cuestiones econ&oacute;micas, a la libertad de mercado, y tanto en ese sentido como en otros complementarios tiene un marcado sesgo ideol&oacute;gico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La libertad econ&oacute;mica que propugna el neoliberalismo se basa principalmente en una desregulaci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica que reduzca a la m&iacute;nima expresi&oacute;n la intervenci&oacute;n del Estado, en un desmantelamiento de lo p&uacute;blico favoreciendo privatizaciones, y en una flexibilizaci&oacute;n de las relaciones entre agentes econ&oacute;micos que favorezca la adaptaci&oacute;n de las empresas al propio marco de la desregulaci&oacute;n. Uno de los problemas de esta visi&oacute;n de las cosas es, precisamente, que no considera a las personas como ciudadanos sujetos de derechos, sino como meros agentes econ&oacute;micos que deben supeditar el conjunto de su existencia a unas relaciones mercantiles que se consideran prioritarias frente a cualquier otro aspecto de la vida. Las proclamas de salvar la econom&iacute;a en mitad de una grave pandemia pese al alto riesgo de incrementar los contagios y las muertes son un buen ejemplo de esa forma de entender las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Acertar con el grado de regulaci&oacute;n &oacute;ptimo en una econom&iacute;a es una cuesti&oacute;n complicada. Pero apostar de manera sistem&aacute;tica por mercados sin reglas que se rijan en exclusiva por la oferta y la demanda, refuerza la posici&oacute;n de los poderosos que cuentan con niveles superiores de informaci&oacute;n, de negociaci&oacute;n y de imposici&oacute;n de sus criterios. Y esa din&aacute;mica de dar m&aacute;s poder a los poderosos con la excusa de que son quienes crean riqueza, tiene como consecuencia un incremento de la desigualdad que puede tener consecuencias nefastas para una sociedad. Est&aacute; comprobado, por ejemplo, que las desregulaciones que se iniciaron en Estados Unidos desde los a&ntilde;os 80 y que se reforzaron posteriormente con la expansi&oacute;n global de la ideolog&iacute;a neoliberal, adem&aacute;s de generar la gran crisis de 2008, fueron incrementando la desigualdad y creando un caldo de cultivo propicio para la fractura social y pol&iacute;tica que ese pa&iacute;s vive en la actualidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, parad&oacute;jicamente, la libertad absoluta de mercado que se nos dice que va a beneficiar a todos, sirve en realidad para que una minor&iacute;a consolide sus privilegios y acumule m&aacute;s riqueza, mientras que una parte importante de la sociedad ve reducidos sus derechos y tambi&eacute;n su poder adquisitivo, perdiendo con ello una parte de su libertad econ&oacute;mica. El deterioro de las condiciones de trabajo que se viene registrando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es una clara muestra de ello, pero tambi&eacute;n lo es la necesidad de auto explotaci&oacute;n en la que caen muchas peque&ntilde;as empresas y aut&oacute;nomos tratando de sobrevivir en un mercado cada vez m&aacute;s salvaje que les impone condiciones draconianas para la supervivencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de lo econ&oacute;mico, al menos en el caso espa&ntilde;ol, el perfil de libertad defendida por el conservadurismo neoliberal es dif&iacute;cil de definir por sus propias contradicciones. De una parte, considera que algunos derechos del individuo deben estar por encima del bien com&uacute;n, tomando como opresi&oacute;n, por ejemplo, la prohibici&oacute;n de fumar en lugares p&uacute;blicos, las restricciones de uso del veh&iacute;culo privado independientemente de lo que contamine, o en casos a&uacute;n m&aacute;s extremos, la obligaci&oacute;n de llevar mascarilla o incluso de vacunarse frente a la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero al mismo tiempo que se defiende esa libertad hedonista incapaz de ver m&aacute;s all&aacute; del propio ombligo, se intenta proscribir cualquier avance en derechos civiles y pol&iacute;ticos, ll&aacute;mese derecho al aborto, al matrimonio homosexual, a la libertad LGTBI, a la eutanasia o a la reforma constitucional. Una forma curiosa de entender la libertad para uno mismo, neg&aacute;ndosela a quienes no piensan igual, en aras de una pretendida superioridad moral que se pretende imponer a propios y extra&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el <em>freedom washing</em> permite presentarse como campeones de la libertad a quienes defienden medidas que directa o indirectamente acaban deterior&aacute;ndola. Un claro ejemplo de que el marketing pol&iacute;tico contribuye a la desinformaci&oacute;n y de que, por tanto, deber&iacute;amos estar prevenidos contra &eacute;l. En el fondo, fomentar y practicar el pensamiento cr&iacute;tico es lo &uacute;nico que realmente nos hace un poquito m&aacute;s libres.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/freedom-washing_129_7339232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Mar 2021 20:58:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/decb0c78-1585-40f9-a223-bc59d1ba7caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3442014" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/decb0c78-1585-40f9-a223-bc59d1ba7caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3442014" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Freedom washing]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/decb0c78-1585-40f9-a223-bc59d1ba7caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablemos de crecimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hablemos-crecimiento_129_6056576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6562e2c1-31be-4c2c-b2b1-8e0ea89b983b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablemos de crecimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Soterrar las disfunciones que está generando el crecimiento como si fueran los efectos inevitables de la mejora del bienestar es, cuanto menos, irresponsable</p></div><p class="article-text">
        La idea de que el crecimiento econ&oacute;mico acelerado es la &uacute;nica opci&oacute;n que tenemos para vivir mejor es una de las m&aacute;s profundamente arraigadas en el imaginario colectivo de las sociedades actuales. Lo est&aacute; por supuesto en las econom&iacute;as capitalistas; lo estuvo en las econom&iacute;as planificadas de tipo sovi&eacute;tico mientras existieron; y lo sigue estando en el h&iacute;brido econ&oacute;mico que representa actualmente la econom&iacute;a china. Emulando a aquel seleccionador de f&uacute;tbol que dijo que el objetivo &uacute;nico de ese deporte era ganar y ganar y ganar y volver a ganar, una parte muy mayoritaria de la sociedad har&iacute;a suyo el eslogan de que el objetivo prioritario de la econom&iacute;a es crecer y crecer y crecer y volver a crecer.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, al mismo tiempo somos cada vez m&aacute;s conscientes de que los graves problemas ambientales que acechan a la humanidad, incluyendo por supuesto el cambio clim&aacute;tico y la p&eacute;rdida acelerada de biodiversidad, son consecuencia ni m&aacute;s ni menos que del crecimiento econ&oacute;mico. Pero los economistas ortodoxos nos dicen que el deterioro ambiental es una externalidad, un efecto no deseado, y que se podr&aacute; corregir en el futuro siempre y cuando seamos capaces de (&iexcl;sorpresa!), seguir creciendo.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica virtud que ha tenido la actual pandemia es que ha demostrado fehacientemente que si la econom&iacute;a frena, muchos indicadores ambientales que son clave para mejorar nuestra calidad de vida, mejoran. Pero esa lecci&oacute;n ni siquiera se ha tomado como tal, y las medidas pol&iacute;ticas de salida de la crisis, que obviamente son muy necesarias, se est&aacute;n centrando de momento en la ayuda a sectores que pueden generar crecimiento como el turismo de masas o el sector automovil&iacute;stico dependiente del petr&oacute;leo, obviando que esas apuestas van a suponer con toda seguridad el empeoramiento de una situaci&oacute;n ambiental que muchos consideran ya cr&iacute;tica. Dada la gravedad de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y social en la que nos encontramos, &iquest;no ser&iacute;a esta una buena oportunidad para reflexionar sobre el propio concepto de crecimiento y entender mejor sus virtudes y sus problemas?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si observamos el crecimiento econ&oacute;mico acelerado en el muy largo plazo, vemos que se trata de un fen&oacute;meno relativamente reciente, que viene produci&eacute;ndose desde hace unos&nbsp;250 a&ntilde;os aproximadamente. Parecen muchos, pero representan menos del 0,1% del tiempo de existencia de los humanos sobre la tierra. Visto con esta perspectiva milenaria, incrementar la producci&oacute;n por cabeza a la velocidad a la que lo hemos hecho en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, al mismo tiempo que la poblaci&oacute;n mundial crece y crece, no deja de ser una anomal&iacute;a en nuestro comportamiento como especie.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que esa anomal&iacute;a ha llevado a una parte considerable de los habitantes del planeta a unos niveles de bienestar material sin precedentes, y eso obviamente hay que celebrarlo. Pero no es menos cierto que esa mejora se ha producido a base de esquilmar recursos tanto renovables como sobre todo f&oacute;siles, de generar residuos s&oacute;lidos, l&iacute;quidos y gaseosos a una escala tal que est&aacute; teniendo consecuencias incontrolables, y sin corregir una desigualdad social entre pa&iacute;ses y en el interior de cada pa&iacute;s que sigue siendo abrumadora. Soterrar las disfunciones que est&aacute; generando el crecimiento como si fueran los efectos inevitables de la mejora del bienestar es, cuando menos, irresponsable.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El concepto de &ldquo;crecimiento econ&oacute;mico moderno&rdquo; fue acu&ntilde;ado por el Nobel de econom&iacute;a Simon Kuznets en los a&ntilde;os cincuenta para referirse precisamente a lo que estaba ocurriendo en algunos pa&iacute;ses desde la revoluci&oacute;n industrial. El desarrollo del concepto estuvo estrechamente ligado a la formulaci&oacute;n de su principal instrumento de medici&oacute;n, el PIB per c&aacute;pita, que fue desarroll&aacute;ndose y estandariz&aacute;ndose tambi&eacute;n desde esa misma d&eacute;cada. Se trata de un indicador econ&oacute;mico parcial pero que, quiz&aacute;s por su simplicidad a la hora de reducir a una cifra procesos econ&oacute;mico-sociales tremendamente complejos, y su facilidad para establecer rankings, tuvo un tremendo &eacute;xito. A partir de ah&iacute;, en un proceso bastante imperceptible pero interesado e inexorable, el PIB per c&aacute;pita fue convirti&eacute;ndose en t&oacute;tem, y el crecimiento acelerado del mismo acab&oacute; siendo un nuevo dogma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los problemas conceptuales que el PIB per c&aacute;pita presenta son de sobra conocidos. De un lado, deja al margen las actividades que no pasan por el mercado tales como el trabajo dom&eacute;stico y los cuidados realizados mayoritariamente por mujeres, o el voluntariado, considerando impl&iacute;citamente que no son importantes para la econom&iacute;a; de otro lado, no tiene capacidad para contabilizar los efectos que genera la buena conservaci&oacute;n de los ecosistemas y, al contrario, contabiliza como algo positivo, porque suma producto, la sobre explotaci&oacute;n de recursos independientemente del deterioro ambiental que genere.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, aunque se exprese en t&eacute;rminos per c&aacute;pita, es tan s&oacute;lo una media ficticia resultante de dividir la riqueza total por el n&uacute;mero de personas, pero no dice nada acerca de c&oacute;mo se reparte realmente esa riqueza entre los habitantes de un territorio. Por poner un ejemplo extravagante pero ilustrativo, si un a&ntilde;o se talaran todos los bosques de un pa&iacute;s y los beneficios de la venta de los millones de metros c&uacute;bicos de madera fueran a parar a un pu&ntilde;ado de grandes propietarios de bosque, el PIB per c&aacute;pita de ese pa&iacute;s crecer&iacute;a unos cuantos enteros, haciendo tabla rasa (nunca mejor dicho) del deterioro ambiental y de la evidente desigualdad generada por tal actividad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Y pese a todo, seguimos celebrando alborozados que el PIB per c&aacute;pita vaya a crecer unas d&eacute;cimas m&aacute;s, o nos sentimos casi compungidos cuando nos dicen que se va a producir una desaceleraci&oacute;n del mismo, sin preguntarnos qu&eacute; hay realmente detr&aacute;s de esa m&eacute;trica que ha acabado convirti&eacute;ndose en una especie de arcano que dirige nuestro destino. En las sociedades actuales, denostar el crecimiento como algo necesariamente malo no tiene sentido, pero considerarlo como algo siempre positivo que redunda en una mejora de la calidad de vida de la mayor&iacute;a, es peligroso por falso.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento nunca es inocuo desde el punto de vista ambiental, ni neutral desde el punto de vista de la distribuci&oacute;n social de la riqueza. Considerarlo bueno per se resta debate p&uacute;blico sobre el futuro de la econom&iacute;a y del medioambiente y, por extensi&oacute;n, debilita la democracia. En esta Nueva Normalidad en la que estamos entrando ser&iacute;a bueno que fu&eacute;ramos adoptando una mirada cr&iacute;tica hacia el crecimiento, haci&eacute;ndonos preguntas b&aacute;sicas como qu&eacute;, c&oacute;mo y para beneficiar a qui&eacute;n. De lo contrario, la Normalidad tendr&aacute; poco de nueva, y aunque consigamos despertar de este mal sue&ntilde;o, el dinosaurio de nuestros problemas civilizatorios irresueltos seguir&aacute; ah&iacute;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñaki Iriarte Goñi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hablemos-crecimiento_129_6056576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2020 19:09:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6562e2c1-31be-4c2c-b2b1-8e0ea89b983b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="177468" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6562e2c1-31be-4c2c-b2b1-8e0ea89b983b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="177468" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hablemos de crecimiento]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6562e2c1-31be-4c2c-b2b1-8e0ea89b983b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crecimiento económico,Desarrollo sostenible]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
