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    <title><![CDATA[elDiario.es - Àngels Fitó]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angels-fito/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Àngels Fitó]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Microcredenciales para los macrorretos globales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/microcredenciales-macrorretos-globales_129_10298159.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/986b9350-151b-481d-9d4c-cd972b3d795b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Microcredenciales para los macrorretos globales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Debemos superar la actual concepción del mapa de titulaciones fragmentada en ciclos y proyección lineal -grado, máster, doctorado- y transitar hacia una formación continua, donde oferta oficial y propia interactúan, donde se integra la formación profesional y donde se facilita la confección personalizada de trayectorias abiertas </p></div><p class="article-text">
        Advierte la fil&oacute;sofa Marina Garc&eacute;s, en su magn&iacute;fico libro <em>Escuela de Aprendices</em>, que cuando hay crisis educativas, lo que hay es crisis de mundo. Y la hay. Una crisis que toma forma de colapso generalizado y que nos hemos resignado a enumerar mediante una retah&iacute;la normalizada de macrorretos globales, que el ChatGPT (le pregunto por cinco) resume en: cambio clim&aacute;tico - desigualdad y pobreza - tecnolog&iacute;a y empleo - salud global - convivencia multicultural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si la receta de los retos es m&aacute;s o menos compartida, tambi&eacute;n lo es su soluci&oacute;n (aqu&iacute; la&nbsp; cosecha es propia): gobernanza &ndash; colaboraci&oacute;n &ndash; solidaridad &ndash; concienciaci&oacute;n &ndash; educaci&oacute;n&hellip; Evidentemente, educaci&oacute;n. Una educaci&oacute;n que tambi&eacute;n adquiere la dimensi&oacute;n de macro y urgente y que necesariamente expande, a lo largo y lo ancho, el alcance de las trayectorias educativas cl&aacute;sicas. Como producto de este desplazamiento del foco del debate hacia lo que denominamos aprendizaje a lo largo de la vida, en Europa ha emergido un nuevo concepto, el de 'microcredencial', que, si bien parece erigirse como la soluci&oacute;n a todo, esconde detr&aacute;s del prefijo 'micro la necesidad de evolucionar el Espacio Europeo de Educaci&oacute;n Superior hacia una nueva versi&oacute;n que no s&oacute;lo considere los estudiantes de primera titulaci&oacute;n (y primera ocupaci&oacute;n), sino que acoja el conjunto de la poblaci&oacute;n adulta que aspira a una vida plena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una primera aproximaci&oacute;n al concepto de microcredencial tambi&eacute;n nos la ofrece el ChatGPT cuando le pido una definici&oacute;n breve: &ldquo;<em>Una microcredencial es una forma de certificaci&oacute;n digital que reconoce y acredita un conjunto espec&iacute;fico de habilidades o conocimientos adquiridos en un &aacute;rea particular. A diferencia de los t&iacute;tulos acad&eacute;micos tradicionales, las microcredenciales se centran en competencias espec&iacute;ficas en lugar de programas educativos completos</em>&rdquo;. Esta enunciaci&oacute;n, a&uacute;n muy b&aacute;sica, se matiza y complementa a partir de los atributos que le imputan las distintas pronunciaciones que organismos como la Comisi&oacute;n Europea, la OCDE o la UNESCO han publicado al respecto. Experiencia de aprendizaje corta y evaluada, calidad acreditada de quien los imparte, orientaci&oacute;n a resultados de aprendizaje espec&iacute;ficos, apilabilidad en programas de mayor duraci&oacute;n y portabilidad mediante certificaciones digitales son requisitos presentes en todas ellas.&nbsp;Materializan el concepto de microcredencial como una especie de pieza de lego, o unidad de conocimiento, que permite construir itinerarios formativos variados a partir de su combinaci&oacute;n y acumulabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero para ir m&aacute;s all&aacute; de esta versi&oacute;n reduccionista que alberga el concepto microcredencial,&nbsp;debemos apelar a una versi&oacute;n panor&aacute;mica, m&aacute;s inteligente, m&aacute;s cr&iacute;tica y menos artificial, de lo que supone formar y aprender a lo largo de la vida.&nbsp;Una visi&oacute;n que plantea la transici&oacute;n que debe acometer, en este caso, el ecosistema de educaci&oacute;n superior si quiere hacer frente a unas necesidades formativas que ya no son concebidas como un hito, sino como un flujo. Y debe permitir al individuo -y a las organizaciones&ndash; gobernar, que no adaptarse a,&nbsp;un contexto de cambio fuertemente condicionado por los avances tecnol&oacute;gicos y las exigencias ambientales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La evoluci&oacute;n que se describe a continuaci&oacute;n pretende sintetizar esta necesaria transici&oacute;n&nbsp; que debe vincular de manera renovada &ndash; y con ayuda de la tecnolog&iacute;a &ndash; las personas con los portafolios educativos y el entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En cuanto al portafolio</strong>, tradicionalmente, la formaci&oacute;n continua universitaria, a menudo llamada &ldquo;oferta propia&rdquo; y recientemente rebautizada como &ldquo;formaci&oacute;n permanente&rdquo;, se ha concebido como una actividad acad&eacute;mica subsidiaria, desvinculada de los itinerarios con reconocimiento oficial, a menudo programada como fuente alternativa de financiaci&oacute;n y con escaso o nulo reconocimiento en las carreras acad&eacute;micas. Sin embargo, en un contexto de aprendizaje a lo largo de la vida, donde cada individuo es &uacute;nico en capacidades,&nbsp;expectativas e ilusiones, las estructuras de portafolio son una infraestructura cr&iacute;tica para alargar y diversificar las trayectorias educativas con coherencia y flexibilidad. As&iacute;, debemos superar la actual concepci&oacute;n del mapa de titulaciones fragmentada en ciclos y proyecci&oacute;n lineal: grado, m&aacute;ster, doctorado, y transitar hacia una formaci&oacute;n continua, donde oferta oficial y propia interact&uacute;an, donde se integra la formaci&oacute;n profesional y donde se facilita la confecci&oacute;n personalizada de trayectorias abiertas que favorecen la trazabilidad, la movilidad y la hibridaci&oacute;n y que atiende a necesidades individuales mediante un acompa&ntilde;amiento personalizado y profesional.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al individuo y con una universidad acostumbrada a formar a estudiantes de primera titulaci&oacute;n y con un panorama laboral m&aacute;s estable que el actual, las universidades han promovido una orientaci&oacute;n profesional de primera ocupaci&oacute;n con unas estructuras de asesoramiento individual que son de dif&iacute;cil escalabilidad. Sin embargo, ante un contexto que prev&eacute; una sucesi&oacute;n de etapas formativas y laborales, y donde las voluntades y necesidades de aprendizaje son masivas, hay que habilitar mecanismos que promuevan la reflexi&oacute;n y el reconocimiento personal de los saberes ya adquiridos y que a su vez muestren la oportunidad&nbsp; vital de desarrollar de competencias complementarias. De esta manera, estaremos dotando a las personas de la autonom&iacute;a necesaria para dise&ntilde;ar y realizar sus propias trayectorias formativas.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, y en cuanto al entorno, las universidades acostumbran a hacer una aproximaci&oacute;n indirecta y desfasada de la evoluci&oacute;n del entorno, en especial del mercado laboral. Los puestos de trabajo y las competencias cambian m&aacute;s r&aacute;pidamente de lo que pueden rastrear los sistemas de informaci&oacute;n tradicionales que pecan de lentitud y falta de granularidad. Cuando ya se dispone de bases de datos con elevada representatividad y de sistemas de tratamiento de las mismas, la universidad tiene la gran oportunidad de gobernar los datos sobre la demanda de empleo y colaborar con las organizaciones del entorno para promover un mayor bienestar global, mediante la formaci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a consciente y trasformadora que recibe el reconocimiento de los dem&aacute;s actores del ecosistema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, si bien el aprendizaje que podemos realizar a lo largo de la vida para mantener una vida personal y profesional activa va m&aacute;s all&aacute; de las microcredenciales, el consenso generalizado sobre su capacidad de construir, desde lo micro, un nuevo espacio educativo m&aacute;s macro es una oportunidad para reformular estrategias, romper barreras conceptuales, desarrollar nuevas ideas y buscar nuevos mecanismos de di&aacute;logo y colaboraci&oacute;n que promuevan la inclusi&oacute;n social y den acceso a una amplia diversidad de estudiantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si efectivamente estamos ante un reto sist&eacute;mico, aprovechemos esta oportunidad para construir una propuesta, tambi&eacute;n sist&eacute;mica, que articule los recursos y mecanismos de colaboraci&oacute;n necesarios para hacer de las microcredenciales una estrategia de transformaci&oacute;n y empleo. Tal y como nos recuerda Marina Garc&eacute;s, &ldquo;Educar es intervenir deliberadamente sobre las posibilidades de vida de aquellos a quien ense&ntilde;amos alguna cosa&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Àngels Fitó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/microcredenciales-macrorretos-globales_129_10298159.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jun 2023 20:10:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Universidad,Formación,Formación profesional,ChatGPT]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por una ciudadanía crítica, responsable y ocupada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ciudadania-critica-responsable-ocupada_129_6079289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9ed8490-0324-4736-8e9c-f9012b3907d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por una ciudadanía crítica, responsable y ocupada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Universidad ya no atesora la capacidad exclusiva de generar y transmitir conocimiento, pero sí ocupa una posición privilegiada para conectar y catalizar las distintas expresiones del mismo</p></div><p class="article-text">
        Cuando en el marco de la educaci&oacute;n superior y en pleno siglo XXI se discute sobre cu&aacute;les deben ser las nuevas prioridades, todav&iacute;a emerge la vieja y conocida dicotom&iacute;a sobre la funci&oacute;n social o la funci&oacute;n intelectual de la Universidad. En pleno debate sobre el reto educativo y en un momento en el que la globalizaci&oacute;n, la sostenibilidad ambiental o el desarrollo de la inteligencia artificial est&aacute;n cambiando el terreno de juego de las relaciones econ&oacute;micas y sociales, se siguen contraponiendo prop&oacute;sitos aparentemente irreconciliables. Cuestiones como la necesidad de formar una ciudadan&iacute;a cr&iacute;tica o la formaci&oacute;n de perfiles humanistas parecen incompatibles con el compromiso de preparar profesionales capaces de dar respuesta a las necesidades de una sociedad y un mercado laboral mutantes. Como si la Universidad no pudiera aspirar a formar trabajadoras que piensen o pensadoras que trabajen. Como si aspirar a conjugar ambas cuestiones fuera caer, necesariamente, en una din&aacute;mica instrumentalizadora y vulgarizante de los estudios superiores.
    </p><p class="article-text">
        El consenso sobre el papel de la Universidad en el fomento del progreso social a trav&eacute;s del empleo qued&oacute; patente con la Declaraci&oacute;n de Bolonia, que hace m&aacute;s de&nbsp;20 a&ntilde;os sent&oacute; las bases para la construcci&oacute;n de un Espacio Europeo de Educaci&oacute;n Superior. A las puertas de un nuevo milenio, se consider&oacute; necesario adecuar el papel de la Universidad a las necesidades y exigencias de la sociedad y del conocimiento cient&iacute;fico, entre las cuales el fomento del empleo ocup&oacute;, y sigue ocupando, un lugar privilegiado. Posteriormente, con la Declaraci&oacute;n de Copenhague, en 2002, se reforz&oacute; la necesidad de una mejor cooperaci&oacute;n europea en materia de formaci&oacute;n y ense&ntilde;anza profesional como garant&iacute;a para asegurar la cohesi&oacute;n social. Sin embargo, el compromiso global para enlazar definitivamente la educaci&oacute;n superior con el empleo, el trabajo decente y el emprendimiento qued&oacute; manifiesto cuando en la Agenda 2030, a trav&eacute;s del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, se aboga por una educaci&oacute;n de calidad que, a su vez, sea inclusiva, equitativa y que promueva oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Este consenso global, p&uacute;blico y categ&oacute;rico de que en la actualidad el desarrollo econ&oacute;mico y social pasa por formar profesionales competentes que a su vez se desenvuelvan personal y profesionalmente con libertad, responsabilidad y conciencia c&iacute;vica, no puede llevarse a cabo sin un conjunto de transformaciones que conviertan esta vocaci&oacute;n capacitadora de la educaci&oacute;n superior en una clara orientaci&oacute;n hacia la empleabilidad. Una nueva concepci&oacute;n de la ocupaci&oacute;n que, a diferencia de una visi&oacute;n m&aacute;s instrumental propia de la sociedad industrial, ahora, en la sociedad del conocimiento, es entendida como un proceso continuo y cambiante a lo largo de la vida y que ser&aacute; m&aacute;s exitoso cuanto m&aacute;s r&aacute;pido, ajustado a la formaci&oacute;n recibida, estable y en mejores condiciones sea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente, el contexto actual &mdash;en el que a las cifras de paro se a&ntilde;aden tantos otros retos como la automatizaci&oacute;n o la capacitaci&oacute;n digital, la gesti&oacute;n de la temporalidad, la retenci&oacute;n del talento o la actualizaci&oacute;n y especializaci&oacute;n profesional&mdash; intensifica la expectativa de la sociedad respecto a la capacidad de las universidades de contribuir a la adaptaci&oacute;n de sus graduados a este mercado laboral en continua evoluci&oacute;n. Ante este cometido, las universidades no se pueden limitar a generar y transmitir conocimiento, sino que deben apostar por una visi&oacute;n extendida del apoyo a la promoci&oacute;n personal y profesional que haga que el conocimiento fructifique, tambi&eacute;n, en forma de inserci&oacute;n laboral. Para ello se debe integrar una verdadera concepci&oacute;n democratizadora y transformadora de la educaci&oacute;n para la empleabilidad. Una nueva empleabilidad que,&nbsp;20 a&ntilde;os despu&eacute;s de la Declaraci&oacute;n de Bolonia, ha ganado en complejidad, inestabilidad e incertidumbre y cuya estrategia de impulso requiere que se identifiquen, reconozcan e integren perspectivas nuevas, entre las que sobresalen la perspectiva sist&eacute;mica, la temporal y la competencial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con relaci&oacute;n a la perspectiva sist&eacute;mica, la Universidad debe resituar su propio rol dentro de un ecosistema de producci&oacute;n y difusi&oacute;n de conocimiento con din&aacute;micas cada vez m&aacute;s complejas y en el que los intercambios de este conocimiento se producen a trav&eacute;s de estructuras red&aacute;rquicas &mdash;en forma de red&mdash; y multiactor. Esta transici&oacute;n hacia una visi&oacute;n ecosist&eacute;mica en la que la Universidad ya no atesora la capacidad exclusiva de generar y transmitir conocimiento, pero s&iacute; ocupa una posici&oacute;n privilegiada para conectar y catalizar las distintas expresiones del mismo, puede y debe utilizarse en favor de la generaci&oacute;n de empleabilidad. En definitiva, el empleo no deja de ser una f&oacute;rmula de conectar capacidades y saberes diversos entre unos nodos que tambi&eacute;n albergan amenazas y oportunidades y que se encuentran distribuidos por todo el ecosistema de conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si atendemos a la perspectiva temporal, la capacidad de mantener una inserci&oacute;n laboral de calidad pasa por un proceso continuo o cambiante que se sucede a lo largo de la vida. En este nuevo escenario temporal, deja de tener sentido una concepci&oacute;n finalista de la educaci&oacute;n, y el reto de la universidad es ahora promover el empoderamiento de la persona y su capacidad de adaptaci&oacute;n al cambio permanente. Los cambios recientes en el entorno tecnol&oacute;gico, econ&oacute;mico y social han cuestionado el dise&ntilde;o de los programas formativos r&iacute;gidos, las trayectorias laborales y las carreras profesionales definidas, y han desdibujado, as&iacute;, la imagen cl&aacute;sica de perfil formativo definido y de un trabajo de por vida en una &uacute;nica organizaci&oacute;n. Por el contrario, el nuevo contexto laboral prev&eacute; una sucesi&oacute;n de etapas formativas y de trabajos bajo varias f&oacute;rmulas diversas e insertados en diferentes entornos. Este panorama atribuye a la persona la necesidad de comprender c&oacute;mo puede dise&ntilde;ar su formaci&oacute;n a lo largo de la vida y su carrera profesional, y a la universidad, el reto de dotarla de las herramientas suficientes para poder tomar las decisiones adecuadas en el momento oportuno.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, y bajo una perspectiva competencial, si presumimos de la capacidad transformadora de la educaci&oacute;n para que la empleabilidad &mdash;de las personas&mdash; se convierta efectivamente en competitividad &mdash;de las organizaciones&mdash; y en progreso &mdash;de la sociedad&mdash;, resulta imprescindible que la universidad sea capaz de conjugar, en los procesos de aprendizaje, la adquisici&oacute;n de las competencias t&eacute;cnicas y profesionales con el desarrollo de una conciencia c&iacute;vica cr&iacute;tica y autocr&iacute;tica. Una conciencia ciudadana que empatiza con el entorno, que es capaz de gobernar el impacto de la tecnolog&iacute;a, que respeta la diversidad, que fomenta la curiosidad intelectual, que busca la evidencia cient&iacute;fica, que tiene una mirada global y que fomenta la colaboraci&oacute;n interdisciplinar para poder abordar la resoluci&oacute;n de problemas complejos.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva aproximaci&oacute;n al fomento de una inserci&oacute;n laboral de calidad y sus dimensiones exige que las universidades redefinan estrategias, din&aacute;micas, capacidades y estructuras. Entre otras, la orientaci&oacute;n a la nueva empleabilidad requiere de una universidad m&aacute;s permeable, que mantiene un di&aacute;logo constante con el resto de habitantes del ecosistema, que abre las aulas a profesionales con perfil docente o traslada el aprendizaje fuera de las aulas. Una Universidad m&aacute;s transdisciplinar, que estimula la fusi&oacute;n de saberes, que reconoce y promueve carreras acad&eacute;micas singulares y que dise&ntilde;a nuevos itinerarios formativos all&aacute; donde se crean las nuevas bolsas de ocupaci&oacute;n, que es en la intersecci&oacute;n entre disciplinas. Una Universidad m&aacute;s digital, que aprovecha las oportunidades que la tecnolog&iacute;a ofrece para facilitar el acceso, mejorar la capacitaci&oacute;n digital, enriquecer el aprendizaje y atender a la diversidad. Una Universidad m&aacute;s integradora, que extiende la mano a la formaci&oacute;n profesional, que diversifica las propuestas educativas, en contenido y en servicio, que elimina complejidades burocr&aacute;ticas en la actualizaci&oacute;n de curr&iacute;culos y que apuesta por empoderar al estudiante ante su propio futuro profesional. En definitiva, una Universidad emprendedora que interacciona con el entorno y cataliza el conocimiento en favor de un mayor progreso econ&oacute;mico y social.
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera que las personas acuden a la Universidad sin distinguir intereses de vocaciones, ilusiones de temores o voluntades de capacidades, debemos huir de visiones parciales que intentan fragmentar el objetivo de la educaci&oacute;n superior. Ni dos funciones, ni tres misiones, sino un &uacute;nico prop&oacute;sito: el de hacer prosperar la sociedad tambi&eacute;n a trav&eacute;s del fomento de la empleabilidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Àngels Fitó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ciudadania-critica-responsable-ocupada_129_6079289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2020 22:54:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por una ciudadanía crítica, responsable y ocupada]]></media:title>
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