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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jonathan Allen]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jonathan_allen/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jonathan Allen]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una novela de Santiago Gil: '2']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/novela-santiago-gil_1_2234346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f7eaad1-75a7-4f95-b68a-59cd188a2278_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;2&#039;, novela de Santiago Gil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La novela se articula, fluida y silenciosamente, en una ilación de fragmentos, casi siempre lineales, en cuanto hacen avanzar el relato cronológico de sus tramas</p></div><p class="article-text">
        Sin duda alguna, el espacio literario que ha conquistado y ganado Santiago Gil durante las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, hacen de &eacute;l una imprescindible referencia en el panorama de nuestras letras recientes. Es un autor activo en distintos frentes, la prensa, las redes sociales y el libro, tanto impreso como electr&oacute;nico. Su compromiso social y su cr&oacute;nica deportiva signan el nuevo periodismo de Gran Canaria. Sus vi&ntilde;etas literarias -instant&aacute;neas del devenir urbano y existencial- aparecen regularmente en Facebook, y su ritmo de publicaciones, es asombroso. Gil ha llegado a una madurez expresiva y estil&iacute;stica en la escritura, y a la delimitaci&oacute;n de un universo realista y psicol&oacute;gico, en tiempo r&eacute;cord. Su &uacute;ltima novela, <em><strong>2</strong></em>, es el ejemplo de estas din&aacute;micas escriturales y anal&iacute;ticas, que confluyen en una forma aparentemente sencilla y directa del arte narrativo, aunque quiz&aacute;s, no tanto.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s interesante, y en mi opini&oacute;n, trascendente, de la escritura de Santiago Gil, no es la emocionalidad transparente y el efecto rel&aacute;mpago de su descarnada narraci&oacute;n existencial, que nos engancha a la primera. No creo que &eacute;l, como autor, deba renunciar a este don de la s&iacute;ntesis y la sencillez (que jam&aacute;s, es tal), pues se trata de un instrumento poderoso de narraci&oacute;n que muy pocos tienen (yo, desde luego, no lo tengo). Antes de perfilar el drama, o la tragedia, de proporciones casi cl&aacute;sicas de esta obra, aunque servida en im&aacute;genes rigurosamente pos-modernas que se suceden en una sinf&oacute;nica, y tambi&eacute;n, enigm&aacute;tica fragmentaci&oacute;n, me parece esclarecedor meditar un poco sobre la forma y la estructura subyacentes en <em><strong>2</strong></em>.
    </p><p class="article-text">
        La novela se articula, fluida y silenciosamente, en una ilaci&oacute;n de fragmentos, casi siempre lineales, en cuanto hacen avanzar el relato cronol&oacute;gico de sus tramas. Los fragmentos, pueden ser le&iacute;dos, casi, independientemente, unos de otros. Si el autor, as&iacute; se lo ha propuesto, muy bien; en el caso contrario, que sepa que tiene f&eacute;rtiles y futuras opciones. La estructura fr&aacute;gil y l&iacute;quida del fragmento, no impide, el desarrollo pleno de las situaciones, y la interrelaci&oacute;n de los personajes y sus inveros&iacute;miles combinaciones. Existe, no obstante, una voz narradora principal, la de una hermana gemela, que sobrevive al &ldquo;holocausto&rdquo; de su tr&aacute;gica vida familiar, y que o&iacute;mos desde la primera l&iacute;nea. Uno de los logros iniciales de este relato, es que no sabemos cu&aacute;l de las dos gemelas nos est&aacute; contando la historia, si la viva, o la muerta. Y, al final, toda la novela es una tr&aacute;gica misiva dial&eacute;ctica dirigida al otro yo desaparecido, cuya ausencia liminal y determinante, ser&aacute; remplazada al fin por una vida nueva. Este es el sentido simb&oacute;lico de esa voz, que habla <em>de profundis</em>, como la de &Oacute;scar Wilde, a su destructivo y fatal amante, Lord Alfred Douglas.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes, envueltos en tri&aacute;ngulos de &ldquo;banal&rdquo; y cotidiana autodestrucci&oacute;n, con la consiguiente devastaci&oacute;n del tejido familiar, son sorprendentemente esquem&aacute;ticos. Act&uacute;an y sufren de una manera descarnada, proporcional a su falta de detalle e individuaci&oacute;n. Son, a la vez, criaturas que sufren mucho, y criaturas que se desdibujan, o que est&aacute;n desdibujadas a priori. Soledades y dramas desesperados que se encadenan y se repiten. Y, no estamos ante una tipolog&iacute;a excepcional, o, distinta, en la literatura del autor. Sus personajes existen y subsisten as&iacute;. En un esquematismo que no perturba la velocidad de los hechos y las im&aacute;genes. Creo que es un sacrificio, una limitaci&oacute;n, consciente.
    </p><p class="article-text">
        La protagonista, se deja, con su hermana gemela, morir de hambre, tras hallar en la quimera de la delgadez, soportando el horror de la anorexia y la bulimia, la salvaci&oacute;n de la belleza. La belleza anat&oacute;mica y can&oacute;nica, la misma que nos persigue desde las cl&iacute;nicas dermo-est&eacute;ticas, deviene un personaje m&aacute;s, una suerte de oscura alegor&iacute;a de la muerte por la imagen. Matar&aacute; a una de las gemelas, para quien se escribe esta historia, casi acabar&aacute; con la otra, y afectar&aacute; a la hija (adoptada y no biol&oacute;gica) que finalmente adoptar&aacute; la superviviente. La anorexia, la autodestrucci&oacute;n por hambre, el recurso extremo de la angustia e la impotencia, no parece tener cura, ni paliativos. No los tiene, porque es un s&iacute;ntoma de la descomposici&oacute;n radical de una sociedad, por otra parte, avanzad&iacute;sima y maravillosa (la nuestra). La anorexia es el resultado de la infidelidad amorosa y el adulterio, del desamor y del ego&iacute;smo, de la falta de sacrificio, de proyecto, de valores, de fe&hellip;, en suma, del alma.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes, maridos, esposas, amantes, hijas, padecen dolencias muy parecidas. Hombres y mujeres buscan una satisfacci&oacute;n, ciega y terminal, en el sexo, sea &eacute;ste hetero, o sorpresivamente, homosexual. No hay sexo con amor en <em><strong>2</strong></em>, solo su aterradora ausencia; no hay familia fuerte y unida; no hay otras esperanzas provenientes de la ilusi&oacute;n. Andrei Platonov, buscaba con ah&iacute;nco en sus novelas, el alma de Rusia, en la convulsa Rusia de los Soviets. Santiago Gil traza y perfila con maestr&iacute;a, la ausencia del alma en la Europa pos-industrial, da igual que estemos en unas islas problem&aacute;ticamente perif&eacute;ricas. La muerte de la familia, los contratos basura, la crisis de los valores, la desaparici&oacute;n de la inocencia, el abandono del amor, son lo mismo aqu&iacute; que all&aacute;, en el continente que nos une y nos programa. Encontraremos momentos de ternura y compasi&oacute;n, peque&ntilde;os gestos de esperanza en los otros, y magnanimidad, que d&eacute;bilmente iluminan este lienzo oscuro. La protagonista es una superviviente, capaz de sentir empat&iacute;a. Una nueva v&iacute;ctima de los campos del hambre (teni&eacute;ndolo todo resuelto en el plano econ&oacute;mico) que ha podido razonar el futuro y su necesidad.
    </p><p class="article-text">
        Debemos, aun as&iacute;, ir m&aacute;s lejos. No basta &uacute;nicamente con describir el mal. Hay que intentar hacer algo para curarlo. Espero que Santiago Gil emprenda este camino. En realidad, es nuestro &uacute;nico camino, y <em><strong>2</strong></em> es un inquietante aviso que surge de lo que ya est&aacute; aqu&iacute;, entre nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/novela-santiago-gil_1_2234346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Mar 2018 15:13:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El Gran Amor de Galdós', de Santiago Gil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/gran-amor-galdos_1_1503018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Creo que el mundillo literario (si acaso los poetas y autores de esta isla llegamos a constituir tal estado), llevaba cierto tiempo esperando la &uacute;ltima novedad en prosa de Santiago Gil. Se sab&iacute;a que era una novela centrada en un episodio crucial, aunque casi desconocido para el gran p&uacute;blico lector de Gald&oacute;s, tanto local como nacional. La historia oculta y terrible, por sus tr&aacute;gicos tintes y su devastador efecto sentimental, que supuso para un jovenc&iacute;simo Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, el primer y consumado amor con Mar&iacute;a Josefa Washington Gald&oacute;s, parienta suya por doble partido. Un amor violentamente contestado y reprimido por su familia, que, movidos por imperativos racistas, biol&oacute;gicos y sociales, no particularmente especiales sino generales y epocales, hizo todo lo posible (con &eacute;xito) para que se malograra. Este art&iacute;culo se refiere en todo momento a la segunda versi&oacute;n de la novela y no a la primera.
    </p><p class="article-text">
        La historia en s&iacute; sorprender&aacute; a algunos galdosianos expertos (que la conocer&aacute;n, aunque no en detalle) y a casi todos sus paisanos grancanarios que somos los herederos espirituales del maestro Gald&oacute;s. El estatus de este libro como novela de revelaci&oacute;n es incontestable, y su &eacute;xito que deber&iacute;a producirse a escala nacional, reflejar&iacute;a este hecho. Sin dejar de reconocer esto, la importancia de esta nueva obra de Santiago Gil, se mide para el cr&iacute;tico, con otros baremos, quiz&aacute;s a ultranza m&aacute;s duraderos. <em><strong>El gran amor de </strong></em>Gald&oacute;s representa un significativo &ndash;y anhelado- &nbsp;cambio de ruta literaria. No quiero ni desvirtuar ni menoscabar la obra anterior de este prol&iacute;fico escritor. Santiago Gil ya sabe qui&eacute;n es y nosotros tambi&eacute;n. Pero estimo necesario subrayar esta transformaci&oacute;n, y espero que transici&oacute;n cualitativa hacia otros modos de escrituras.
    </p><p class="article-text">
        Llega en la vida de todo escritor serio un momento en que este ya no tiene miedo a &ldquo;meterse en la piel&rdquo; de otro autor, de un maestro que admira, en este caso Gald&oacute;s. Los escritores vemos una parte de nuestro destino literario y una parte de nuestra identidad encarnada en la escritura de aquellos que nos preceden. Quiz&aacute;s, durante las primeras &eacute;pocas creativas, este influjo, esta vida paralela y fraterna desvelada, se esconde inconscientemente bajo la pulsi&oacute;n de la originalidad. Mas, con el paso del tiempo, el otro autor surge desde el interior de la propia escritura, y se sienta c&oacute;modamente a nuestro lado. Es un proceso de crecimiento art&iacute;stico y moral, y Santiago Gil acaba de iniciarlo.
    </p><p class="article-text">
        Gil narra esta segunda versi&oacute;n y edici&oacute;n con el ojo neutral de la tercera persona, que en &eacute;l suele ser austera. A esto se a&ntilde;ade la inmersi&oacute;n vertiginosa&nbsp; en el meollo de la ficci&oacute;n, rasgo sobresaliente de su realismo. Desde las primeras p&aacute;ginas penetramos en el drama amoroso que se desarroll&oacute; entre Gald&oacute;s y Sisita, esa ni&ntilde;a criolla y ex&oacute;tica importada al coraz&oacute;n de la vieja ciudad conservadora y religiosa que era Las Palmas a mediados del siglo diecinueve. De la narraci&oacute;n objetiva, el texto procede al di&aacute;logo recreado y al mon&oacute;logo. A veces las expresiones son del propio Gald&oacute;s, otras, no resulta tan claro. Gil navega por las traicioneras aguas que supone hacer hablar al otro, al gran escritor interiorizado, de poner en boca de Gald&oacute;s las palabras que expresan la pasi&oacute;n total del amor. Ning&uacute;n autor consigue robar la voz de los maestros, siempre fracasaremos en esto, pero debemos arriesgarnos, y Gil lo hace. Yo he intentado hacer hablar a Kafka, recientemente, y no creo que lo haya logrado muy bien. Pero es un riesgo necesario. Si no, no escribes.
    </p><p class="article-text">
        Esta novela presenta el amor pasional y su tr&aacute;gico env&eacute;s. Es la exploraci&oacute;n de una huella traum&aacute;tica y de una represi&oacute;n brutal. Un ejercicio de psicoan&aacute;lisis muy puro que genera un fantasma determinante, una sombra fantasm&aacute;tica que se proyectar&aacute; durante toda la vida del autor. Ese amor juvenil tan cruelmente reprimido tendr&iacute;a implicaciones delictivas en la actualidad para los represores y sus c&oacute;mplices. El da&ntilde;o es tan profundo, y esto lo ha sabido proyectar Gil perfectamente, que ni siquiera don Benito lo menciona en sus <em>Memorias de un desmemoriado</em>. Es un episodio que probablemente sesg&oacute; e imposibilit&oacute; la plenitud amorosa del hombre Gald&oacute;s. Simplemente call&oacute;: <em>&ldquo;Lo otro, lo que vivi&oacute; antes de esos primeros a&ntilde;os en Madrid, prefiere cont&aacute;rselo a s&iacute; mismo...&rdquo;</em> &ndash; reza el texto.
    </p><p class="article-text">
        En el Madrid de sus primeros a&ntilde;os peninsulares en que abandona los estudios y vive la bohemia literaria, Gald&oacute;s encuentra un s&iacute;mil f&iacute;sico de Sisita, que Gil encarna en la persona de una prostituta cubana. El sufrimiento, la crisis, el desasosiego lo llevan a calmarse en el lupanar. Algo habitual para los j&oacute;venes pudientes del siglo diecinueve (para Flaubert, Maupassant, o Kafka y una larga lista). Pero la Sisita rediviva como la copia de la mujer amada para Alfred de Musset en la figura de otra chica de la calle, solo inquieta y perturba. El fantasma anima los rasgos de sus hero&iacute;nas literarias, se sublima en una serie de mujeres infelices, v&iacute;ctimas de la manipulaci&oacute;n y la violencia: &ldquo;. <em>Habr&aacute; lectores que le pondr&aacute;n cara a Marianela, a In&eacute;s, a Fortunata o a Isidora Rufete, y en cada una de ellas hay algo de las mujeres que am&oacute; y del recuerdo de la bella cubana&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Santiago Gil enriquece este drama del amor no expresado, y por tanto tan dif&iacute;cil de recrear, con relatos secundarios que se entretejen en la trama principal y con vi&ntilde;etas de la vida en Gran Canaria durante el siglo diecinueve Aflora su sensibilidad social. Recuerda y evoca la pobreza rural, los abusos ancestrales contra el campesinado (como el derecho de pernada), o casos como el del pasante asesino de emigrantes. Los pobres rondan las calles urbanas y transitan los caminos del campo. Esta es una isla de tremendas asimetr&iacute;as sociales, de injusticias de diversa &iacute;ndole, como el caso de los parientes declarados enfermos mentales para ser despose&iacute;dos de sus riquezas o no tratados con la atenci&oacute;n m&eacute;dica correcta.
    </p><p class="article-text">
        A la vez, no olvida la multiculturalidad y la riqueza &eacute;tnica de Canarias, las razas y las culturas que se fusionan en sus calles, y como Gald&oacute;s, echa en falta ese clima y ese exotismo sincretista que es lo mejor de nuestra civilizaci&oacute;n atl&aacute;ntica al llegar a Madrid. Se pasean por sus p&aacute;ginas otros grandes grancanarios, como el amigo del novelista, Fernando de Le&oacute;n y Castillo, que ayuda a rescatarlo &nbsp;de su severa depresi&oacute;n. Pienso que <em><strong>El gran&nbsp;</strong></em><em><strong>amor de Gald&oacute;s</strong></em> tiene m&aacute;s de novela atl&aacute;ntica e hispanoamericana que de novela &ldquo;europea&rdquo;, si&eacute;ndolo, por supuesto. Que su idioma, su realidad y su historia tan distinta se leer&iacute;a mejor en Cuba, en Venezuela, en M&eacute;xico. &iquest;Se comprender&aacute; bien en nuestro territorio a este Gald&oacute;s anterior al Gald&oacute;s Gloria de las Letras Espa&ntilde;olas? Desde luego, Santiago Gil se lo merece. Mi &uacute;nica cr&iacute;tica a esta obra clave de Santiago Gil es cierta falta de extensi&oacute;n en la recreaci&oacute;n de los ambientes sensoriales, en la pasta descriptiva de las escenas: m&aacute;s p&aacute;ginas para evocar la Noche de San Daniel, barridos m&aacute;s largos y detallistas de la c&aacute;mara que filma los rincones de Las Palmas y Madrid (que el autor puede listar sin problema al hablar de ellos espont&aacute;neamente), pues su naturaleza biogr&aacute;fica y melanc&oacute;lica lo avala.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/gran-amor-galdos_1_1503018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jun 2019 16:19:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA['El Gran Amor de Galdós', de Santiago Gil]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Extrañamiento, soledad y catástrofe en la isla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/extranamiento-soledad-catastrofe-isla_1_3154584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Un atentado terrorista contra una central nuclear del &Aacute;frica subsahariana obliga al Gobierno Espa&ntilde;ol a evacuar a la poblaci&oacute;n de las Islas Canarias en una operaci&oacute;n sin precedentes y de duraci&oacute;n indefinida, trasvasando sus poblaciones a la pen&iacute;nsula. Con este tel&oacute;n de fondo, complejo en esencia, mas, sencillamente orquestado como recurso de futurismo realista, Juan Ram&oacute;n Tramunt nos conduce a una inquietante reflexi&oacute;n sobre la fragilidad de un territorio, y a una novela de [[
    </p><p class="article-text">
        supervivencia robinsoniana. La soledad radical de la isla, guardada &uacute;nicamente por un destacamento militar que patrulla sus tierras, reduce a los &uacute;ltimos convictos que burlaron la evacuaci&oacute;n, y controla los espacios a&eacute;reos, es el reflejo sim&eacute;trico de la soledad de un hombre que ha perdido a su familia y retorna a su pueblo abandonado. A trav&eacute;s de un rocambolesco y tr&aacute;gico azar, los &oacute;rganos de su hija fallecida en accidente y trasplantados al cuerpo de otra joven, le granjean un excepcional&iacute;simo permiso de retorno a la Villa de Ag&uuml;&iacute;mes, so pretexto de poder fallecer en su tierra a ra&iacute;z de una enfermedad terminal. Y, as&iacute;, este ardid que le permite regresar a la isla presuntamente infectada por la radioactividad, desencadena las dimensiones simb&oacute;licas del arte, que subyacen como po&eacute;tica en el entramado novel&iacute;stico formal. El protagonista, en verdad sano como un roble, vuelve para recomponer su familia, colocando junto a la urna de su hija en el pante&iacute;sta altar de su jard&iacute;n, la urna de su esposa que muri&oacute; atribulada por el dolor de la p&eacute;rdida y la melancol&iacute;a del exilio. El protagonista y &uacute;nico narrador, estableciendo un rito cotidiano, configura un di&aacute;logo a tres, un tri&aacute;ngulo que nutre su soledad y palia la tragedia real de su vida. Este soporte &eacute;tico y espiritual del di&aacute;logo con las mujeres ausentes se ubicar&aacute; siempre en espacios ajenos a la religi&oacute;n. Cuando el narrador se halla buscando velas en el interior de la iglesia de Ag&uuml;imes, mantiene un tenso careo con Dios que evidencia una distancia fundamental con respecto a las formas tradicionales de la fe. El suyo, es en gran medida, un universo a expensas del absurdo y del poder oscuro de los gobiernos.
    </p><p class="article-text">
        La dial&eacute;ctica en primera persona domina <em>Anturios en el sal&oacute;n</em> y genera un estilo de diario literario (el medio robinsoniano por antonomasia), sin mayores preocupaciones est&eacute;ticas. El diario (aunque no escrito como tal) es directo y descarnado cuando revela la angustia y las dudas que asolan al protagonista, y algo m&aacute;s elaborado cuando expresa la interacci&oacute;n del yo con el medioambiente. Vagar y usar las tierras una vez vivas para su pueblo, se torna en un ejercicio de re-descubrimiento imbricado en el flujo simb&oacute;lico m&aacute;s profundo. Las p&aacute;ginas dedicadas al vac&iacute;o y a la ausencia tras la gran evacuaci&oacute;n son las m&aacute;s poderosas de esta novela. Act&uacute;an en dos registros. Uno, propio e inmediato que emana de la situaci&oacute;n del narrador en el contexto creado y, otro, como alegor&iacute;a de la soledad radical que conforma un imaginario enso&ntilde;ado. (Es esa la manera que el escritor tiene de hacer cre&iacute;ble su retorno-visita al lugar y a la familia una vez desaparecidos &eacute;stos). Este dolor y soledad sirven, despu&eacute;s, para evocar el mapa de la fragilidad canaria. El peligro que supone la incapacidad (real y actual) de autoabastecerse, el peligro de la venta e instalaci&oacute;n de tecnolog&iacute;as nucleares en &Aacute;frica (otro escenario posible), y la existencia de un gobierno nacional cuyas grandes decisiones geopol&iacute;ticas con respecto al Archipi&eacute;lago no han siempre sido las id&oacute;neas. Hay, a lo largo de la novela, una rebeld&iacute;a pol&iacute;tica y un rechazo a la autoridad, permanentes, que, no obstante, no trascienden el plano de la ira y el descontento personal. Como si el autor nos dijera, &ldquo;Yo vivo en la inalterable fatalidad esta realidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como narraci&oacute;n robinsoniana,<em> Anturios en el sal&oacute;n</em> nos brinda hechos y aventuras bien asombrosas. Las m&aacute;s aterradoras la integran las errantes jaur&iacute;as de perros, anta&ntilde;o mascotas y canes amados, y en la actualidad desolada, manadas que buscan comida desesperadamente. Este encuentro-reencuentro con animales cuyo comportamiento la alterado la supervivencia, tensiona el d&iacute;a a d&iacute;a del narrador. No son los semejantes can&iacute;bales que amenazan constantemente al padre e hijo en el m&iacute;tico film The Road, pero s&iacute;, representan ese at&aacute;vico temor de la prehistoria. Por supuesto, en la isla hay otros seres supervivientes. El emigrante senegal&eacute;s que tras encarcelar al narrador le permitir&aacute; escapar de su exilio voluntario, un pastor hura&ntilde;o y rebelde que morir&aacute; en los altos de su pago, y un hijo con una madre enferma que ser&aacute;n &ldquo;salvados&rdquo; y apresados por los militares. Los escenarios naturalistas, se trate del silencio de la vieja Villa de Ag&uuml;imes con sus huertas, el Barranco de Balos, la sombra metaf&iacute;sica del Roque Aguayro, las carreteras desiertas, la fantasmag&oacute;rica Temisas, o la costa con sus peque&ntilde;as salinas y su salvadora pesca, cobran una intensidad agrandada. Son espacios que la estructura simb&oacute;lica hace hiperreales, y trasunto de una intensa relaci&oacute;n con la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        El destino salvador, la resoluci&oacute;n del conflicto y el nuevo horizonte que hacia el final transforman el sino oscuro de esta obra se hallar&aacute; en &Aacute;frica. Con este &uacute;ltimo gui&ntilde;o simb&oacute;lico, Tramunt nos recuerda que m&aacute;s que en miradas y a&ntilde;oranzas euroc&eacute;ntricas, nuestro futuro real y &ldquo;asible&rdquo; probablemente nos aguarda en el continente inmediatamente vecino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/extranamiento-soledad-catastrofe-isla_1_3154584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Oct 2017 15:40:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Extrañamiento, soledad y catástrofe en la isla]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Catástrofes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Revisiones: ante la segunda edición de 'La noche que Bolívar traicionó a Miranda']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/revisiones-jj-marcelo-bolivar-miranda_1_3685732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En la larga y nutrida lista de las letras canario-latinoamericanas, la novela de J.J. Armas Marcelo publicada en 2011 ocupa y ocupará un puesto sobresaliente</p></div><p class="article-text">
        En la larga y nutrida lista de las letras canario-latinoamericanas, comprendiendo todos los g&eacute;neros, desde la poes&iacute;a al ensayo, incluyendo la biograf&iacute;a, la novela, el cuento, el teatro, <em>La noche que Bol&iacute;var traicion&oacute; a Miranda</em>, novela de J.J. Armas Marcelo publicada en 2011, ocupa y ocupar&aacute; un puesto sobresaliente. No solo por sus m&eacute;ritos literarios intr&iacute;nsecos, sino por la recuperaci&oacute;n y contempor&aacute;nea valorizaci&oacute;n de la figura del general y general&iacute;simo Francisco de Miranda, personaje ya legendario en vida, que fue uno de los m&aacute;s sinceros e incorruptibles guerreros libertarios del siglo dieciocho, y cuyo padre hab&iacute;a nacido en el Puerto de la Cruz (Tenerife) antes de emigrar a la Octava Isla, casarse con una venezolana y medrar incre&iacute;blemente hasta conquistar las cimas del poder econ&oacute;mico de su patria adoptiva. No hace falta presentar al General Francisco de Miranda, elevado a la dignidad de general republicano por Domouriez, y cuya memorable estatua orna el Square de l&rsquo;Am&eacute;rique Latine en el s&eacute;ptimo distrito de Par&iacute;s (es mejor no hacer comparaciones con la estatua que la villa natal de su padre le ha erigido en Tenerife). El Conde de Miranda que cas&oacute; con Sarah Andrews en Londr&eacute;s, fue agasajado por Catalina la Grande (su estancia rusa nos hace recordar el tambi&eacute;n fabuloso periplo de Agust&iacute;n de B&eacute;thencourt, el ingeniero del Zar) y acabar&iacute;a convirti&eacute;ndose en <em>El Precursor,</em> casilla que la historia sudamericana le otorgar&iacute;a en el proceso de su independencia continental. 
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n de Miranda refuerza la contribuci&oacute;n de los canarios a todas las etapas y procesos del Nuevo Mundo, desde su conquista y colonizaci&oacute;n hasta sus &eacute;pocas independientes y libres, como colonos o espa&ntilde;oles &ldquo;distintos&rdquo; en cuanto a su integraci&oacute;n y a su vertebraci&oacute;n atl&aacute;ntica que se corrobora en din&aacute;micas continuas de asentamiento, retorno y comunicaci&oacute;n. Hemos contribuido una n&oacute;mina muy grande que comprende a santos, escritores, militares, marinos, artistas, exiliados, emigrantes, y que sigue creciendo. Por mi parte, a&ntilde;ado a todos los licenciados, graduados y doctores de la ULPGC que han encontrado un destino profesional y personal en las naciones de Am&eacute;rica del Sur; los &iacute;ndices de estos egresados, solo confirman una tendencia que se inici&oacute; cinco siglos ha y que no va a parar.
    </p><p class="article-text">
        Escrita desde una subjetividad &ldquo;figurada&rdquo;, en la cabeza del general Miranda, el autor narra la vida y muerte de su personaje en una tercera persona virtual. El di&aacute;logo real es frecuente pero no tiende a extenderse, y esto es as&iacute; porque la novela es en s&iacute; misma un largo mon&oacute;logo, una dial&eacute;ctica reflexiva y nem&oacute;nica recreada por la voz de Miranda. Tanto Miranda, como Bol&iacute;var (siempre en ese orden) son los &uacute;nicos actores de la novela hist&oacute;rica, cargada desde la primera a la &uacute;ltima l&iacute;nea por la tensi&oacute;n dram&aacute;tica de los personajes y las acciones que de ellos emanan. El texto no ceja en esta tensi&oacute;n continua, en esta visi&oacute;n que se torna claustrof&oacute;bica y en que el mundo deviene reflejo de una autoafirmaci&oacute;n del destino individual, de la conciencia de la excepcionalidad; estos seres absolutamente pose&iacute;dos por su propia trascendencia dejan pocos resquicios para los dem&aacute;s. &Eacute;sta es la principal superestructura narrativa de la obra e impone unos par&aacute;metros muy claros desde su inicio. Lo que se debate aqu&iacute; es la historia de un continente y de sus libertadores. Lo m&iacute;tico, la epopeya, va a primar sobre la pl&eacute;yade de voces diversas que podr&iacute;an calificar esa tensi&oacute;n dram&aacute;tica o diluirla. Uno de los m&eacute;ritos de Armas Marcelo es que a pesar de esta exigente autolimitaci&oacute;n, logra representar la crisis, las dudas y la tragedia de Francisco de Miranda y Sim&oacute;n Bol&iacute;var, que logra individualizarlos a trav&eacute;s de la duda, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Unifica de una manera casi on&iacute;rica el devenir de esta historia, la circularidad de sus di&aacute;logos. Miranda, y en grado menor, Bol&iacute;var, citan el pasado, se refieren al futuro y dramatizan el presente en una constante espiral. Miranda, ya sexagenario cuando emprende su fallida guerra de independencia, habla a cada momento de lo que ya fue: los avatares de su existencia, sus victorias para la revoluci&oacute;n francesa (la conquista de Amberes, el desastre de Maastricht), la ayuda de su gran amigo ingl&eacute;s Turnbull, la indiferencia de George Washington, y lo hace en funci&oacute;n de lo que ya est&aacute; a punto de suceder. La narrativa es una din&aacute;mica de eslabones que se encadenan y reencadenan mediante el <em>flashback</em> y la reflexi&oacute;n. Esta circularidad del tiempo y del espacio, que tambi&eacute;n traza su vida intelectual y amorosa (anexos cruciales para comprender a Miranda que es tambi&eacute;n la suma de un libertino y un enciclopedista), la alimenta la indudable egolatr&iacute;a y egocentrismo del personaje. Debemos aceptar estos t&eacute;rminos del juego literario para acercarnos a este personaje, a este loco de la libertad que jam&aacute;s admitir&aacute; la derrota. Esa infinita capacidad de repensar y reformular el propio destino establece simb&oacute;licamente un gran paralelismo entre el exilio de Napole&oacute;n en Santa Helena y la prisi&oacute;n de Miranda en La Carraca de C&aacute;diz. Ambos narran sus campa&ntilde;as y sus &eacute;xitos, se reafirman en sus juicios y sentencias, y aquilatan el perfil de los enemigos y las traiciones que condujeron a sus ruinas. Ninguno admite plenamente sus errores y ambos luchan contra la derrota desde el convencimiento absoluto de sus postulados y decisiones. &iquest;Delirios de grandes, humos de dictadores? Sin duda, pero esa es la imagen que nos quieren legar, tanto Miranda como Napole&oacute;n, al margen de sus momentos de depresi&oacute;n y desesperaci&oacute;n, bien en una indigna celda gaditana o en la pat&eacute;tica corte del exilio de Santa Helena.
    </p><p class="article-text">
        La novela hist&oacute;rica que es <em>La noche que Bol&iacute;var traicion&oacute; a Miranda</em> se sustenta sobre un hecho fundamental y tambi&eacute;n estructurante. Las horas que transcurren en la mansi&oacute;n de Las Casas a las afueras de Caracas entre el instante en que Miranda llega tras haber rendido sus ej&eacute;rcitos al general espa&ntilde;ol Monteverde y el instante en que sale ya apresado por el Estado Mayor de Bol&iacute;var. Tanto Miranda como Bol&iacute;var sopesar&aacute;n el di&aacute;logo tenso y el resultado de ese encuentro nocturno, en que todo pudo haber sido posible. Miranda vislumbra el futuro (una caracter&iacute;stica que se reitera a lo largo de su vida, como cuando le anuncia a Potemkin y Catalina la Grande que Rusia y Am&eacute;rica del Norte se enzarzar&aacute;n en la pugna del poder mundial) y pronunciando sentencias demoledoras que Bol&iacute;var repetir&aacute; con amarga certeza en su lecho de muerte: que &eacute;l y los mantuanos (los criollos oligarcas) solo son capaces de producir bochinche, que quien hace la revoluci&oacute;n ara en el mar, que el &uacute;nico destino de los ilustrados venezolanos es emigrar a Europa (no olvidemos que Bol&iacute;var fallece en la hacienda de un espa&ntilde;ol admirador y que deseaba volver a Europa tras el fracaso de su proyecto pol&iacute;tico-administrativo para la Sur Am&eacute;rica liberada). Esa conversaci&oacute;n y su posterior e inmediata traici&oacute;n (la entrega de Miranda a Monteverde) es el eje profundo de la novela y el s&iacute;mbolo de un futuro imposible. Supone la ruptura de la utop&iacute;a libertaria, el entendimiento entre dos soldados y visionarios excepcionales (Miranda y Bol&iacute;var) y la constataci&oacute;n de la inmadurez pol&iacute;tica de las clases dirigentes criollas para orquestar un programa pan-americano que soslaye fronteras y ambiciones territoriales a favor de una cohesi&oacute;n continental en todas las acepciones. En el sentido oculto de estos destinos cruzados, el Precursor es el augur de todo lo que le sobrevendr&aacute; al Libertador; el destino final e ignominioso de Miranda es el destino final y frustrado de Bol&iacute;var, pues, las premisas de la libertad y el nuevo concierto pol&iacute;tico para Am&eacute;rica del Sur fracasaran. No habr&aacute; ni gran uni&oacute;n continental, ni rep&uacute;blica y republicanismo democr&aacute;tico, ni honda transformaci&oacute;n social, y el exilio continuar&aacute; siendo la &uacute;nica opci&oacute;n del revolucionario sincero.
    </p><p class="article-text">
        El idioma y la expresi&oacute;n literaria de Armas Marcelo tienden a subrayar y a enriquecer la dial&eacute;ctica de la novela. El uso reiterado-obsesivo, dir&iacute;amos- del &ldquo;pues&rdquo; adverbial ilativo, su profusi&oacute;n musical, recrea la entonaci&oacute;n del espa&ntilde;ol venezolano, con su particular estr&eacute;s. Los t&eacute;rminos despectivos y tacos del venezolano (y canario) como &ldquo;caraj&rdquo; (carajo), y &ldquo;bochinche&rdquo; muestran el desprecio de Miranda por la incapacidad de los &ldquo;mantuanos&rdquo; (los oligarcas criollos, los &ldquo;caracos&rdquo;), que enriquece el franc&eacute;s &ldquo;merdophage&rdquo;. Estos adjetivos que marcan las sentencias de Miranda denotan a la vez la intransigencia del ser superior hacia la mediocridad de la materia humana que &eacute;l ha sido llamado a moldear en aras del progreso y enconan esa premisa fundamental de los fil&oacute;sofos enciclopedistas: el debate y el di&aacute;logo respetuoso, la tolerancia ideol&oacute;gica. Trasluce el vocabulario duro y vejatorio de Miranda, otra realidad: las tensiones sociales entre los herederos del poder socio-econ&oacute;mico y los hijos de la meritocracia liberal, entre el hijo del canario enriquecido y el due&ntilde;o antiguo de la tierra. La guerra de la independencia no ser&aacute; una revoluci&oacute;n que subvierte el orden tradicional, y contra eso, nada puedo el General&iacute;simo. 
    </p><p class="article-text">
        Esta novela encierra asimismo otro g&eacute;nero: el relato de prisi&oacute;n. La biograf&iacute;a de Miranda cobra pleno tama&ntilde;o cuando es encarcelado en La Guaira, despu&eacute;s en Puerto Rico y finalmente en C&aacute;diz. La dimensi&oacute;n m&iacute;tica del general se desata durante el a&ntilde;o y medio que pasa en el Castillo de La Carraca, sometido a los grilletes y cruelmente confinado en una celda miserable. El mito del gran amante que fue, el seductor, el Casanova europeo, da p&aacute;bulo a las damas madrile&ntilde;as. Una, incluso, se convertir&aacute; en su amante delirante, y narrar&aacute; como reales sus aventuras ilusorias en las playas gaditanas; clasificar&aacute;, incluso, sus &ldquo;cajitas del amor&rdquo;, la supuesta colecci&oacute;n de cajitas miniatura en que Miranda guardaba los recortes de vello p&uacute;bico de sus tres mil amantes. En la soledad y el oprobio de su celda, en la decadencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica, el general debatir&aacute; con Cervantes el hecho de que Don Quijote recupere la lucidez y admita sus yerros. El drama carcelario de Miranda, se opone, no obstante, a la desoladora narrativa carcelaria del siglo veinte, en que el preso es una v&iacute;ctima total, privado de toda autoestima y esperanza, en la tradici&oacute;n de Kafka y Koestler, el sujeto sometido por el totalitarismo. 
    </p><p class="article-text">
        Miranda, combativo y vislumbrando la fuga que su fiel Turnbull urdir&aacute; desde Gibraltar, hablar&aacute; solo sobre todos y con todos. Validar&aacute; como propio el de Ulises, su terrible retorno a &Iacute;taca, la inexistencia de la patria. Y en esa celda oscura volver&aacute; a la nevada belleza de San Petersburgo, a la intimidad de los aposentos privados de la zarina. No podemos evitar pensar en otro gran icono del exilio canario, en situaci&oacute;n inversa: Agust&iacute;n de B&eacute;thencourt, desde la nieve y el hielo de Mosc&uacute;, recordando el sol y la luz deslumbradora de Canarias En los cap&iacute;tulos que cierran el libro, se alza la m&aacute;gica diversidad de un hombre que condens&oacute; en su vida, al igual que Voltaire o Napole&oacute;n, toda la historia, con todas las contradicciones del siglo que nos hizo modernos. Conquistas y honores como el Emperador, y miserias y desilusiones como C&aacute;ndido. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/revisiones-jj-marcelo-bolivar-miranda_1_3685732.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Dec 2016 11:24:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Revisiones: ante la segunda edición de 'La noche que Bolívar traicionó a Miranda']]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem para la Casa Mata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/requiem-casa-mata_132_4611379.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Conocemos la teor&iacute;a. La recuperaci&oacute;n, (enga&ntilde;osa) del edificio hist&oacute;rico, su consolidaci&oacute;n, y el proyecto que lo transforma en un espacio multiuso con multi-accesos para toda la ciudadan&iacute;a y su reintegraci&oacute;n cultural en la vida de la ciudad. &iquest;No s&eacute; podr&iacute;a haber logrado esto sin la deformaci&oacute;n arquitect&oacute;nica de sus vol&uacute;menes? No, (respuesta), porque el fuerte no se pod&iacute;a usar como museo en las condiciones que estaba. Pues no haberlo usado como museo en las condiciones que estaba. Haber hecho el Museo de la Ciudad en otro edificio, (haberlo construido si no lo hubiera) y dejat el Baluarte de Mata como estaba, para hacer un mini-museo, que se pod&iacute;a hacer, de las fortificaciones de Las Palmas y de su historia militar en general. Seguro que las Fuerzas Armadas hubieran colaborado. (Les recomiendo que lean el cap&iacute;tulo que a ellos dedica Alfredo Herrera Piqu&eacute; en su espl&eacute;ndido libro, <em>Las Palmas de Gran Canaria. El Patrimonio Hist&oacute;rico y Cultural de una Ciudad Atl&aacute;ntica</em>. En la p&aacute;gina 163 aparece un perfil del cubo de Mata con sus almenas). 
    </p><p class="article-text">
        Se salva de este desmochamiento cruel, el proyecto arqueol&oacute;gico y los tramos de muralla restaurados en el lomo del risco. Si el precio para tener un museo es la clase de intervenci&oacute;n que estamos viendo en Mata, es mejor no tenerlo, y lo dice alguien que ha dedicado su vida a los museos y los ama m&aacute;s que otra cosa. El baluarte, por supuesto, estaba muy transformado ya por las obras del siglo dieciocho y diecinueve y guardaba poca relaci&oacute;n con la planta original del fort&iacute;n en el siglo diecis&eacute;is. Habr&iacute;a que haberlo dejado en su &uacute;ltimo estado, pero no haber hecho lo que ahora es irreversible. 
    </p><p class="article-text">
         Jonathan Allen
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen, Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/requiem-casa-mata_132_4611379.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2009 19:22:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Réquiem para la Casa Mata]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Selvas sonoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/selvas-sonoras_132_5573002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estos tejidos sonoros de otras &eacute;pocas conforman una parte de ese &ldquo;efecto capa&rdquo; que describe la propia compositora, pues ella los entreteje en pasajes disonantes de cuerdas y metales y con otras figuras plenamente experimentales que nos remiten a su inspiraci&oacute;n principal: la luz y sus fen&oacute;menos. Esos &ldquo;bucles&rdquo; o arpegios el&iacute;pticos del viol&iacute;n y esa disoluci&oacute;n de las notas mediante la pulsaci&oacute;n y el sostenido son la traslaci&oacute;n musical del reflejo y de la intermitencia de la luz, met&aacute;fora sutil y espiritual que conmovi&oacute; a m&aacute;s de uno, incluso a los m&aacute;s ac&eacute;rrimos enemigos de la disonancia, que por cierto ya es antigua, como el automatismo o el informalismo de la posguerra en la pintura europea.
    </p><p class="article-text">
        Las encantadoras Hermanas Lab&egrave;que dieron prueba a continuaci&oacute;n de su compromiso con la vanguardia musical con su interpretaci&oacute;n del arduo concierto de Berio para dos pianos. Ellas valientes y resueltas, lo han incorporado a su repertorio. Tras un primer movimiento de acentos l&iacute;ricos y lejanos, Berio da rienda suelta a su intrincada escritura musical, a las citas de sus propias composiciones, y a un <em>tutti </em>dominador que alcanza una sombr&iacute;a grandeza disonante. Entiendo que a pocos les guste pero es una obra interesante y digna.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, <em>last and not  at all least</em>, debemos decir que solo un espl&eacute;ndido director de envidiable precisi&oacute;n como lo es Michael Gielen pudo conducirnos a trav&eacute;s de estos dif&iacute;ciles bosques sonoros hasta acabar en la cuarta de Chaikovski. Jonathan Allen
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen, Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/selvas-sonoras_132_5573002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2009 16:06:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Selvas sonoras]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gloria póstuma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gloria-postuma_132_5536555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La respuesta nos lleva a los callejones m&aacute;s oscuros de nuestra identidad y nuestra miseria moral. No entremos en ellos. Tenemos que celebrar a Albeniz y tambi&eacute;n estar agradecido al hombre que desinteresadamente nos ha revelado su yo oculto, al creador de &oacute;peras que desde ahora en adelante figurar&aacute;n en los manuales al uso y no s&oacute;lo en el Diccionario <em>Grove</em>. Jos&eacute; de Eusebio, reconstructor de la &oacute;pera <em>Merl&iacute;n</em>, que fue coproducida por el Teatro Real y patrocinada por la Comunidad de Madrid, cosech&oacute; el s&aacute;bado el triunfo justo por su labor. El procedimiento reconstructor empleado le ha llevado a la partitura definitiva, tal como ya sucedi&oacute; con <em>Merl&iacute;n</em>, y esperamos que lo mismo ocurra con los fragmentos de <em>Lancelot</em>, la segunda parte de la frustrada trilog&iacute;a del <em>Rey Arturo</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Con un vibrante timbre dram&aacute;tico, <em>Henry Clifford</em> nos conduce a la Inglaterra dividida por la guerra civil, a la llamada Guerra de las Rosas, a una historia de amor pasional, de lealtad y de antiguos mitos celtas. La escala de la &oacute;pera es grandiosa. Un coro pleno, y otro de voces blancas, enmarcan y sit&uacute;an las escenas en su contexto simb&oacute;lico e hist&oacute;rico, mientras el compositor desarrolla los di&aacute;logos-arias que jalonan la obra. Un hechizante <em>duetto</em> que centra el conflicto amor/deber se esboza en el primer acto, domina casi enteramente el segundo, a trav&eacute;s de un hermoso lirismo sostenido y finaliza en el tercero. La complejidad de las partes vocales, el uso de la percusi&oacute;n, la intervenci&oacute;n de los cornos ingleses, las fanfarrias que subrayan lo colectivo y trascendente, el color tonal, rico y empastado hacen de <em>Henry Clifford</em> una obra avanzada, sin olvidar su conmovedora belleza formal. 
    </p><p class="article-text">
        El libreto de un extravagante banquero ingl&eacute;s, Bar&oacute;n Latymer de la casa Coutts Co., mecenas y fil&aacute;ntropo, &aacute;vido de una &oacute;pera inglesa nacional y la m&uacute;sica de un genio latino crearon esta &oacute;pera que trasciende fronteras. Y para hacer esta historia a&uacute;n m&aacute;s internacional, se ha estrenado &iacute;ntegra y en versi&oacute;n original por primera vez en Canarias. Todo un acierto para el Festival. 
    </p><p class="article-text">
         Jonathan Allen
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen, Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/gloria-postuma_132_5536555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2009 13:31:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Gloria póstuma]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasiones cristianas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasiones-cristianas_132_4438715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque una obra de encargo, una de cuatro pasiones que en nombre de la Academia Internacional Bach de Stuttgart hizo Rilling, <em>La Pasi&oacute;n de San Juan</em> de Sof&iacute;a Gubaidulina es una composici&oacute;n sobrecogedora que alterna sencillez y complejidad, y que a pesar de sus nexos con la liturgia ortodoxa, ofrece una dimensi&oacute;n religiosa pante&iacute;sta, una m&iacute;stica al alcance de casi todos. Combina el texto evang&eacute;lico de San Juan y el Apocalipsis con un comentario contempor&aacute;neo, creando as&iacute; un peculiar intertexto entre sensibilidad y escritura b&iacute;blica. Partitura n&iacute;tidamente dividida en secuencias numeradas, que integran dos partes, el texto lo narra principalmente un bajo y un bar&iacute;tono, este primero variando un motivo monocorde que evoca las letan&iacute;as mon&aacute;sticas y que cobra lirismo gradualmente. Tras las voces individuales, el coro retoma y comenta las estrofas tem&aacute;ticas, y en determinados momentos abandona el canto para hablar y murmurar. Las cuerdas, vientos, percusi&oacute;n y &oacute;rgano nutren una especie de subtexto sonoro, esencia escueta, minimalismo recurrente que da paso a intervenciones plenas de la orquesta. Gubaidulina nos obliga a aguzar el o&iacute;do, a adivinar las evanescentes notas de sus cuerdas o a saber que ese tenso zumbido met&aacute;lico proviene de las campanas tubulares acariciadas.
    </p><p class="article-text">
        Un verdadero evento musical, junto a la revelaci&oacute;n de Valeri Gergiev, director de la Orquesta del Teatro Marinsky de San Petersburgo. El pr&oacute;ximo 5 de febrero nos espera <em>La pasi&oacute;n seg&uacute;n San Marcos</em> de Golijov. Jonathan Allen
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen, Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasiones-cristianas_132_4438715.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2009 20:42:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Pasiones cristianas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ligeti en El Rincón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ligeti-rincon_132_4831972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entre los <em>R&eacute;quiems </em>contempor&aacute;neos el de Ligeti es uno de los m&aacute;s duros, y tambi&eacute;n, de los m&aacute;s fascinantes. Sus evasivas formas sonoras, sus coros que desestructuran las nociones del canto, la tensi&oacute;n absolutamente concentrada en peque&ntilde;os episodios sonoros, reflejan el proceso de un profundo pensamiento musical que abarca desde las ense&ntilde;anzas de B&aacute;rtok a la polifon&iacute;a, y m&aacute;s atr&aacute;s a&uacute;n. Ligeti elabora un continuo, una forma desligada a conciencia de lo que acaba y concluye. Esta vig&eacute;simo quinta edici&oacute;n nos propone nuevas experiencias musicales que ya se est&aacute;n produciendo: la obra estreno de Raquel Crist&oacute;bal, <em>Spectra Sonoris</em>, <em>La Pasi&oacute;n seg&uacute;n San Jua</em>n de Sof&iacute;a Gubaidulina, <em>La Pasi&oacute;n seg&uacute;n San Marcos</em> de Golijov y el <em>Osiris</em> de Pintscher. Es una edici&oacute;n especialmente delicada porque el hacha presupuestaria, que est&aacute; afectando a todas las consejer&iacute;as del gobierno aut&oacute;nomo, caer&aacute; durante el 2009 sobre las arcas del Festival, y el corte propuesto es de tal magnitud que compromete seriamente su calidad y competitividad. 
    </p><p class="article-text">
        Si el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y su alcalde, mantienen este a&ntilde;o los presupuestos de cultura, (intacto para el P&eacute;rez Gald&oacute;s y el Festival Internacional de Cine), el Gobierno de Canarias deber&aacute; hacer un esfuerzo especial en el mismo sentido, entendiendo que el recorte programado del 40% es general para todas las &aacute;reas de cultura. A nadie se le esconde que el Festival de M&uacute;sica es una actividad muy cara, y que por supuesto la democratizaci&oacute;n del acceso a la m&uacute;sica debe replantearse una y otra vez, estruj&aacute;ndose sus responsables la sesera para lograr esa tan dif&iacute;cil meta. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, la despresupuestaci&oacute;n de este evento estable amenaza la pol&iacute;tica cultural de Canarias, la gran pol&iacute;tica cultural, la que abanderan los grandes centros como el CAAM, (aunque con mucho altibajo en a&ntilde;os recientes), esperemos que el TEA y las grandes actividades, el Festival de M&uacute;sica y el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. Perder estas se&ntilde;as primordiales de geoestrategia cultural supondr&aacute; un retroceso insalvable y una involuci&oacute;n que m&aacute;s vale la pena ni imaginar.
    </p><p class="article-text">
         Jonathan Allen
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jonathan Allen, Jonathan Allen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ligeti-rincon_132_4831972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jan 2009 08:03:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ligeti en El Rincón]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
