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    <title><![CDATA[elDiario.es - La cara oculta de las montañas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - La cara oculta de las montañas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fanny Bullock, la sufragista que escalaba montañas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/fanny-bullock-mujeres-montana-alpinismo-sufragista-igualdad_1_13089383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c8cab2a-bd92-479b-b6b1-a4854b79ff81_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139271.jpg" width="758" height="427" alt="Fanny Bullock, la sufragista que escalaba montañas"></p><p class="article-text">
        En los anales de la exploraci&oacute;n no abundan las representantes del g&eacute;nero femenino. Su presencia, cuando &eacute;sta se produce, no solamente suele poseer un car&aacute;cter meramente testimonial, sino que, adem&aacute;s, carece del protagonismo/heroismo que, por lo general, se atribuye a sus compa&ntilde;eros masculinos. Sin embargo, existen notables excepciones. Una de las m&aacute;s sonadas es la de Fanny Bullock Workman (Worcester, Massachusetts, 1859 &ndash; Cannes, 1925). Esta notabil&iacute;sima mujer forma parte de un cat&aacute;logo de personajes de otros tiempos, tiempos en los que la aventura, lo ins&oacute;lito y lo extraordinario estaban al alcance de la mano. Con todo, lo verdaderamente novedoso en este caso no reside tanto en los lugares que explor&oacute; o las cumbres que coron&oacute; sino en su capacidad para desarrollar una trayectoria personal alejada de los convencionalismos de la &eacute;poca y del papel que la sociedad victoriana de entonces dispensaba a las mujeres. Sus incursiones en el &aacute;mbito de la geograf&iacute;a, la exploraci&oacute;n, el alpinismo y la escritura de libros de viajes no solamente contribuyeron a hacer de ella una celebridad sino a convertirla en una pionera del feminismo y de la defensa de los derechos de las mujeres. 
    </p><p class="article-text">
        	Los inicios de la carrera de Fanny son bastante convencionales siendo como era la menor de los tres hijos de la pareja formada por el abogado Alexander Bullock &ndash; futuro gobernador de Massachusetts&ndash; y una rica heredera de Nueva Inglaterra llamada Elvira Hazard. Sus primeros a&ntilde;os transcurren en el domicilio familiar, per&iacute;odo en el que su educaci&oacute;n corre a cargo de institutrices y profesores particulares. Posteriormente, siendo una adolescente, se traslada a Nueva York para ingresar en el colegio femenino de Miss Graham. Tras su graduaci&oacute;n en 1877, se traslada a Europa durante dos a&ntilde;os dividiendo su estancia entre Par&iacute;s y Dresde a fin de aprender o perfeccionar franc&eacute;s y alem&aacute;n. Finalizada su formaci&oacute;n, regresa a su hogar y en 1881 contrae matrimonio con un cirujano doce a&ntilde;os mayor que ella llamado William Hunter Workman (1847 &ndash; 1937). Su enlace, que en otras circunstancias hubiera puesto fin a todas sus aspiraciones, resulta providencial para Fanny porque va a ser su esposo quien la inicie en el monta&ntilde;ismo y la aliente y acompa&ntilde;e en la mayor&iacute;a de sus correr&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        	Los primeros a&ntilde;os de su vida en com&uacute;n transcurren sin otras novedades que las ascensiones que peri&oacute;dicamente realizan en las Monta&ntilde;as Blancas de New Hampshire, pero, en 1889, alegando motivos de salud, la pareja decide establecerse en Dresde, lugar desde el que emprender&aacute;n toda suerte de aventuras. Durante sus primeras andanzas, utilizan la bicicleta, con ellas recorren Suiza, Francia e Italia. Sin embargo, a lo largo de estos periplos, no desperdician la ocasi&oacute;n de calzarse las botas para ascender al Mont Blanc, Jungfrau y Matterhorn. Posteriormente, en 1893, visitan Argelia y, en 1895, Espa&ntilde;a. Fruto de este &uacute;ltimo viaje redactan un libro titulado <em>Sketches awheel in modern Iberia </em>en el que describen su periplo de cerca de 5.000 kil&oacute;metros por la Pen&iacute;nsula. M&aacute;s tarde, en 1897, recalan en Asia y utilizan el mismo medio de transporte para conocer la India, Birmania, Indochina, Ceil&aacute;n y Java. Sin embargo, su mayor aportaci&oacute;n al mundo de la exploraci&oacute;n se extiende desde 1898 hasta 1912. Durante este per&iacute;odo emprenden un total de ocho expediciones sucesivas (1898, 1899, 1902, 1903, 1906, 1908, 1911 y 1912) con el prop&oacute;sito de reconocer y cartografiar el Himalaya. La pr&aacute;ctica totalidad de las mismas se desarrolla en el extremo occidental de la cordillera, en las regiones de Hunza, Nagar, Baltist&aacute;n y Ladakh. Para llevarlas a cabo contratan a alguno de los gu&iacute;as m&aacute;s c&eacute;lebres de los Alpes como Matthias Zubriggen o Cyprien Savoye y a decenas de porteadores locales. En el curso de estos viajes, se adentran y recorren glaciares inexplorados (Biafo, Chogo Lungma, Hispar, Kondus, Hoh Lumba, Sosbon, Bilafond, Siachen&hellip;) y ascienden a multitud de pasos (Haramosh, Hispar, Indira) y cimas v&iacute;rgenes. En 1899, coronan la cumbre del Koser Gunge (6.400 metros); en 1903, la del Pyramid Peak o Spantik (6.878 metros) y, en 1906, la del Pinnacle Peak (6.930 metros) que, durante un cuarto de siglo, hasta 1934, ostentar&aacute; el r&eacute;cord de altura femenino. Sin embargo, los principales logros de su carrera se concentran en las dos &uacute;ltimas expediciones, que tambi&eacute;n lider&oacute;, y est&aacute;n motivados por el reconocimiento exhaustivo y los trabajos topogr&aacute;ficos llevados a cabo en el glaciar Siachen y sus tributarios.
    </p><p class="article-text">
        	Dejando sus haza&ntilde;as a un lado, la se&ntilde;ora Bullock, adem&aacute;s de ser una privilegiada, debi&oacute; ser una mujer excepcional y comprometida por su empe&ntilde;o en demostrar que las mujeres no eran seres inferiores y que sus capacidades, f&iacute;sicas o intelectuales, igualaban a las de los hombres. Aunque en sus aventuras nunca prescindi&oacute; del atuendo victoriano propio de las damas de la &eacute;poca (falda hasta los tobillos, velo y capelina), no es menos cierto que siempre fue una firme defensora del sufragismo, del derecho al voto femenino. La prueba la hallamos en una imagen tomada en 1906 en el macizo del Nun Kun en el que sostiene un cartel encabezado por la frase &ldquo;<em>VOTES FOR WOMEN</em>&rdquo; (Votos para la mujer). No obstante, tanto ella como su marido no debieron ser personas de trato f&aacute;cil si hacemos caso a una rese&ntilde;a que se public&oacute; en el n&ordm; 51 del <em>Geographical Journal </em>(1918) inmediatamente despu&eacute;s de la edici&oacute;n del &uacute;ltimo de sus ocho libros (<em>Two summers in the ice-wilds of Eastern Karakoram</em>)y en la que se lee lo siguiente: &ldquo;<em>Si no han logrado obtener el aprecio de sus lectores es por el lamentable car&aacute;cter que muestran hacia los exploradores que los precedieron y los habitantes del pa&iacute;s en el que se les permite viajar</em>&rdquo;. Nadie es perfecto. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/fanny-bullock-mujeres-montana-alpinismo-sufragista-igualdad_1_13089383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 09:38:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fanny Bullock, la sufragista que escalaba montañas]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Après – Ski (Después del esquí)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/apres-ski-esqui-estacion-esqui_1_13022175.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/226d0d97-c9d9-423e-8a20-6f0ead158cf6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137429.jpg" width="1277" height="718" alt="Après – Ski © Céüze 2000"></p><p class="article-text">
        Cuando C&eacute;&uuml;ze 2000 cerr&oacute; sus puertas a finales de la temporada 2018, los empleados de esta estaci&oacute;n de esqu&iacute;, situada a un centenar de kil&oacute;metros al sur de Grenoble, pensaron que sus puestos de trabajo no corr&iacute;an peligro y que la renovaci&oacute;n de sus contratos para la pr&oacute;xima temporada ser&iacute;a, al igual que en a&ntilde;os anteriores, autom&aacute;tica. Se equivocaban. Desde entonces han transcurrido siete a&ntilde;os y la estaci&oacute;n sigue cerrada y sin visos de reapertura. 
    </p><p class="article-text">
        	El de C&eacute;&uuml;ze no es un caso aislado si bien su clausura fue especialmente significativa por su funcionamiento pr&aacute;cticamente ininterrumpido desde 1935, fecha de su inauguraci&oacute;n, y por ser uno de los complejos invernales m&aacute;s veteranos de todo el territorio franc&eacute;s. A pesar de todos esos m&eacute;ritos, los resultados de los ejercicios previos a su cierre demostraron a sus inversores que el proyecto hab&iacute;a dejado de generar beneficios, que los gastos corrientes superaban a los ingresos y que la instalaci&oacute;n de ca&ntilde;ones de nieve, adem&aacute;s de alimentar la espiral de deuda y representar un desembolso inasumible, no garantizaba su viabilidad a medio o largo plazo. Esas, poco m&aacute;s o menos, fueron las razones que hicieron que C&eacute;&uuml;ze entrara a formar parte del cat&aacute;logo de estaciones fantasma que salpican la geograf&iacute;a del pa&iacute;s vecino y que en la actualidad asciende a 186. 
    </p><p class="article-text">
        	Estos cierres y los que, seguramente, se producir&aacute;n en el futuro no s&oacute;lo demuestran que el cambio clim&aacute;tico, al menos en Europa, es un hecho incontrovertible, sino que, adem&aacute;s, plantean una cuesti&oacute;n que, en Espa&ntilde;a, de momento, nadie ha considerado y para la que no hay todav&iacute;a respuesta: qu&eacute; hacer con las instalaciones, c&oacute;mo disponer de ellas tras el cese de su actividad y del de las estaciones que las erigieron y para las que fueron dise&ntilde;adas. Si, como afirman algunos ge&oacute;grafos, el incremento de 2 &ordm;C de temperatura media va a provocar que m&aacute;s de la mitad de las estaciones de esqu&iacute; europeas se vean privadas de la nieve que necesitan para resultar rentables, a lo mejor es hora de que alguien comience a pensar en el establecimiento de una reglamentaci&oacute;n o normativa capaz de resolver esas preguntas y de establecer con claridad qui&eacute;n es el responsable de eliminar esos elementos, qu&eacute; entidad financia su retirada y c&oacute;mo o cu&aacute;ndo debe hacerlo. Unos elementos que, no lo olvidemos, se hallan enclavados en un entorno tan fr&aacute;gil y vulnerable como el de la alta monta&ntilde;a y cuya presencia no solamente distorsiona y degrada el paisaje montano, sino que constituye una fuente potencial de contaminaci&oacute;n y de vertidos de toda &iacute;ndole. Y es que, aunque algunos se empe&ntilde;en en pensar lo contrario, las estaciones de esqu&iacute; no son otra cosa que plantas o complejos industriales que, en lugar de haber sido dise&ntilde;ados para la producci&oacute;n de bienes en un entorno urbano o periurbano, han sido concebidos para proporcionar ocio y servicios en uno natural sin pensar en sus consecuencias ni en su coste medioambiental ni en su insostenibilidad a largo plazo. Los que las frecuentan o est&aacute;n familiarizados con ellas conocen de sobra el impacto visual que provocan; los desmontes y movimientos de tierra que se han realizado para abrir pistas o adaptar y reducir el gradiente de las laderas; el modo en el que se han desviado o canalizado los cursos de agua para alimentar los ca&ntilde;ones de nieve; la proliferaci&oacute;n de construcciones auxiliares en forma de taquillas, establecimientos de hosteler&iacute;a, almacenes, garajes, cuartos de m&aacute;quinas, hangares, tiendas de alquiler de material y la cantidad ingente de mecanismos e ingenios de que disponen para garantizar su correcto funcionamiento y que incluyen: torres met&aacute;licas, pilonas, l&iacute;neas el&eacute;ctricas, transformadores, motores, ca&ntilde;ones de innivaci&oacute;n, cableado el&eacute;ctrico, tuber&iacute;as y toda suerte de remontes mec&aacute;nicos, desde cintas transportadoras o telearrastres hasta telesillas, telecabinas o telef&eacute;ricos. 
    </p><p class="article-text">
        	Tras la soflama anterior, s&oacute;lo queda a&ntilde;adir que el impacto medioambiental de las estaciones de nuestro pa&iacute;s es, dentro de lo que cabe, considerablemente menor que el existente en la Galia. El motivo nada tiene que ver con el trato o, mejor, el maltrato que hemos dispensado a los espacios en los que se encuentran ubicados estos centros de ocio, que ha sido pr&aacute;cticamente el mismo, sino en las dimensiones del fen&oacute;meno. Francia, en sus mejores tiempos lleg&oacute; a contar con 250 estaciones en activo que generaban 120.000 empleos directos, 300.000 indirectos y cerca de 11.000 millones de euros. Por el contrario, las existentes en Espa&ntilde;a, a d&iacute;a de hoy, no superan la treintena y los cierres, que tambi&eacute;n los ha habido, s&oacute;lo han afectado a estaciones de poca entidad y con un n&uacute;mero muy reducido de usuarios como sucedi&oacute; o suceder&aacute; en los casos de Lunada (Burgos), Valcotos (Madrid), Pe&ntilde;a Trevinca &ndash; Fonte da Cova (Orense) o Navacerrada (Madrid). No obstante, tampoco deber&iacute;amos olvidar que la mayor&iacute;a de las estaciones espa&ntilde;olas son de titularidad p&uacute;blica, reciben financiaci&oacute;n de las administraciones auton&oacute;micas a las que pertenecen y, por lo que parece, su rentabilidad econ&oacute;mica no es prioritaria. Los gobiernos regionales no se plantean echar el cerrojo. Siguen apostando por su continuidad y enjuagando sus d&eacute;ficits de explotaci&oacute;n a costa del erario porque, por lo visto, su existencia obedece a intereses superiores como son la cohesi&oacute;n territorial, la lucha contra la despoblaci&oacute;n y&hellip; la especulaci&oacute;n inmobiliaria en suelo r&uacute;stico o los desarrollos urban&iacute;sticos. Veremos que queda de estos &uacute;ltimos en el futuro, cuando la nieve no haga acto de presencia o ya no funcione como reclamo aspiracional. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/apres-ski-esqui-estacion-esqui_1_13022175.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Feb 2026 10:13:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Après – Ski (Después del esquí)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Saúl contra Goliat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/saul-luciano-lliuya-huaraz-compania-electrica-renania-westfalia-lago-palcacocha_1_12923664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3925bb6f-97d4-4a47-93b6-3db81937ba43_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134712.jpg" width="538" height="303" alt="Saúl contra Goliat"></p><p class="article-text">
        Hace algo m&aacute;s de diez a&ntilde;os, en noviembre de 2015, un agricultor y gu&iacute;a de monta&ntilde;a peruano natural de Huaraz llamado Sa&uacute;l Luciano Lliuya (Huaraz, 1980) que jam&aacute;s se hab&iacute;a alejado de su ciudad natal, tuvo la osad&iacute;a de abandonarla y volar desde Lima hasta Alemania. El motivo que le llev&oacute; a tomar esta decisi&oacute;n fue su voluntad de demandar judicialmente por da&ntilde;os y perjuicios a una multinacional energ&eacute;tica alemana llamada Rheinish Westfalisches Elektrizitatswerk (Compa&ntilde;&iacute;a El&eacute;ctrica de Renania-Westfalia). La elecci&oacute;n de un juzgado de primera instancia de la ciudad renana de Essen para llevar a cabo este prop&oacute;sito no fue casual. Obedec&iacute;a al hecho de que las sedes centrales de E.ON y RWE, los dos mayores generadores de electricidad de la R.F.A., se hallaban y hallan precisamente all&iacute;, a que contaba con el apoyo y asesoramiento de algunas organizaciones ecologistas de la misma nacionalidad y a la sospecha de que su iniciativa no iba a caer en saco roto, que posiblemente iba a atraer mucha m&aacute;s atenci&oacute;n aqu&iacute; de la que hubiese obtenido en su pa&iacute;s natal por parte de los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su denuncia se fundament&oacute; en dos l&iacute;neas argumentales. La primera subrayando la existencia de un estudio fechado en 2013 que sosten&iacute;a que el 71% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero desde 1988 era obra de 100 empresas energ&eacute;ticas entre las que destacaba RWE. Esta informaci&oacute;n fue corroborada un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 2014, cuando Greenpeace hizo p&uacute;blico un dossier en el que se subrayaba la responsabilidad de las centrales t&eacute;rmicas pertenecientes a esa compa&ntilde;&iacute;a y asegurando que su participaci&oacute;n en las emisiones ascend&iacute;a al 0&acute;47%. La segunda, complementaria a la anterior, describiendo los efectos y el modo en el que el cambio clim&aacute;tico hab&iacute;a afectado a la Cordillera Blanca peruana, a sus habitantes e intereses. Unos efectos que inclu&iacute;an el aumento general de las temperaturas, la disminuci&oacute;n de las precipitaciones en forma de nieve y la aceleraci&oacute;n del deshielo de los glaciares. Es m&aacute;s, la denuncia interpuesta por Sa&uacute;l Luciano y su personaci&oacute;n en la causa no estuvo motivada por el idealismo sino por algo mucho m&aacute;s terrenal, inmediato o local: el incremento desmesurado del volumen de agua contenido en un lago de monta&ntilde;a situado a 4.562 metros de altitud, en las inmediaciones de Huaraz &ndash;su lugar de residencia&ndash;, llamado Palcacocha, su riesgo de desbordamiento y la contribuci&oacute;n de RWE a ese estado de cosas. &Eacute;ste y no otro fue el motivo de su acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante el desarrollo del juicio, los abogados del demandante proporcionaron al tribunal documentos que demostraban que las aguas de la laguna constitu&iacute;an un peligro real, que el nivel alcanzado por las mismas no ten&iacute;a precedentes. Entre ellos figuraban un antecedente hist&oacute;rico, la avenida causada por Palcacocha en 1941 y que ocasion&oacute; la muerte de casi 2.000 personas; un estudio cient&iacute;fico publicado en la revista <em>Nature Geoscience </em>en el que los investigadores afirmaban que entre 1941 y 2016 su volumen se hab&iacute;a multiplicado por 34 alcanzando los 17 millones de m3; en la alerta de inundaci&oacute;n de 2003 y en la necesidad de tomar medidas preventivas para minimizar el peligro y proteger la vida y la hacienda de los vecinos que habitaban en la zona de riesgo. De hecho, la &uacute;nica exigencia de Lliuya era que, en caso de probarse su responsabilidad civil, RWE fuese condenada a abonar el 0&acute;5 % del coste de unas medidas cuyo importe estimado ascend&iacute;an al equivalente de 3&acute;2 millones de euros,
    </p><p class="article-text">
        Sin entrar en muchos detalles, la tramitaci&oacute;n de la causa, iniciada el 24 de noviembre de 2015, se prolong&oacute; durante casi una d&eacute;cada hasta mayo de 2025, fecha en la que el tribunal dict&oacute; sentencia. A lo largo de todo ese tiempo, la demanda, presentada y desestimada por el juzgado de Essen (15-XII-16), sigui&oacute; su curso en el tribunal de Hamm que s&iacute; la admiti&oacute; a tr&aacute;mite (13-XI-17). A instancias del mismo, en mayo de 2022 un grupo integrado por jueces, abogados y peritos alemanes viaj&oacute; hasta Huaraz para comprobar <em>in situ </em>el estado del lago y elaborar un informe pericial. Esta iniciativa y la declaraci&oacute;n del demandante (17/19-II-25), hicieron que, por fin, los jueces involucrados emitieran un fallo (28-V-25) por el cual exoneraban a la compa&ntilde;&iacute;a alegando que la propiedad del demandante y de sus vecinos no solamente no hab&iacute;a sido todav&iacute;a da&ntilde;ada, sino que, adem&aacute;s, el riesgo de que efectivamente lo fuera era demasiado bajo. El dictamen se&ntilde;al&oacute; textualmente que &ldquo;la probabilidad de que el agua de la laguna glaciar llegue a la casa del demandante en los pr&oacute;ximos treinta a&ntilde;os es de apenas un 1%&rdquo;. No obstante, y seg&uacute;n las organizaciones ecologistas personadas en el pleito, la derrota o el rev&eacute;s judicial no lo fue tanto porque el veredicto tambi&eacute;n estimaba que, en virtud del derecho alem&aacute;n, los grandes emisores de gases contaminantes pod&iacute;an ser demandados por terceros por su directa responsabilidad en las consecuencias del cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Afortunadamente, el caso de Sa&uacute;l Luciano no ha ca&iacute;do en saco rato. La prueba est&aacute; en que, a d&iacute;a de hoy, existen no menos de 86 demandas semejantes en contra de las mayores productoras de petr&oacute;leo, gas y carb&oacute;n del mundo. Entre las denunciadas figuran, en un lugar destacado, las multinacionales BP, Chevron, Eni, ExxonMobil, Shell y TotalEnergies. Esperemos que el tiempo le d&eacute; la raz&oacute;n y que los culpables sean, por fin, castigados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/saul-luciano-lliuya-huaraz-compania-electrica-renania-westfalia-lago-palcacocha_1_12923664.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 10:28:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Saúl contra Goliat]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Jesucristo en el Himalaya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-jesucristo-nikolai-notovich-monasterio-hemis_1_12858987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1159a6c3-5dc6-480f-ae21-fd4822953d24_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132984.jpg" width="2558" height="1439" alt="Jesucristo en el Himalaya"></p><p class="article-text">
        Las cumbres del Himalaya ejercen tal poder de fascinaci&oacute;n sobre quienes las contemplan que, con el paso de los siglos, han conseguido trascender su naturaleza geol&oacute;gica para adquirir una condici&oacute;n que no es f&iacute;sica ni material. La condici&oacute;n a la que nos referimos es de car&aacute;cter m&iacute;stico o espiritual y se expresa, al menos, de dos maneras diferentes. La primera manifestaci&oacute;n tiene que ver con el hecho de que sus picos, r&iacute;os, cavernas, valles, lagos y glaciares han sido convertidos en la fuente o escenario de toda suerte de leyendas y en la residencia de un interminable cat&aacute;logo de personajes mitol&oacute;gicos. La segunda, con la capacidad que, si exceptuamos el Islam, han demostrado para atraer a decenas y decenas de fieles y figuras religiosas pertenecientes a alguno las confesiones m&aacute;s representativas del subcontinente indio: hinduismo, budismo, jainismo o sikhismo. La prueba la hallamos en las docenas y docenas de templos, ashrams y centros de peregrinaci&oacute;n (Hemkund, Gangotri, Badrinath, Rishikesh, Amarnath, etc.) que salpican toda la cordillera, lugares frecuentados desde tiempos inmemoriales por sadhus, yogis, gurus, profetas o reformadores religiosos como Padmasambhava, Govind Singh, Maharishi Mahesh, Prem Rawat o Milarepa. La magia o la energ&iacute;a irradiada por estas monta&ntilde;as es tan poderosas que, a decir de algunos autores, ni siquiera el propio Jesucristo fue capaz de sustraerse a su influencia. Al menos eso es lo que, durante a&ntilde;os, defendieron un aventurero ruso y un musulm&aacute;n natural de Punjab. Esta es su historia.
    </p><p class="article-text">
        	Las primeras noticias de este suceso se la debemos a Nikolai Notovich (Kerch, 1858 &ndash; &iquest;1916?), un periodista ruso que, a finales del siglo XIX, tuvo ocasi&oacute;n de recorrer la regi&oacute;n de Ladakh. En el curso de esa visita, trab&oacute; conocimiento con el abad de Hemis, una de las numeros&iacute;simas lamaser&iacute;as budistas existentes en este territorio de la India. Tras algunas reticencias iniciales, el superior del convento le confes&oacute; que su biblioteca albergaba un manuscrito en el que se narraban las andanzas de un tal Issa (apelativo que los musulmanes utilizan para referirse a Jesucristo), un viajero que, al decir del monje, hab&iacute;a abandonado su patria para trasladarse a la India en pos de inspiraci&oacute;n y sabidur&iacute;a. Ni corto ni perezoso, Nikolai no s&oacute;lo logr&oacute; que el abad le mostrara el documento, sino que, adem&aacute;s, consigui&oacute; que se lo leyera en presencia de un int&eacute;rprete. La lectura y la traducci&oacute;n llevaron tres d&iacute;as pero, finalmente, Notovich obtuvo una transcripci&oacute;n fiel del relato que, despu&eacute;s de numerosas peripecias, acab&oacute; public&aacute;ndose en 1894 en Par&iacute;s por Paul Ollendorf con el t&iacute;tulo de <em>La vie inconnue de Jesus-Christ en Inde et au Tibet</em>. Para hacernos una peque&ntilde;a idea del tono y el contenido de la obra, basta se&ntilde;alar que uno de los cap&iacute;tulos de la versi&oacute;n espa&ntilde;ola del manuscrito sostiene que, al cumplir 13 a&ntilde;os, &ldquo;<em>Issa abandon&oacute; la casa de sus padres en secreto, se fue de Jerusal&eacute;n y parti&oacute; con los mercaderes hacia Sind con el objetivo de estudiar las leyes de los grandes Budas</em>&rdquo;. O que su estancia en el subcontinente, que se prolong&oacute; durante quince a&ntilde;os, obedeci&oacute; a su voluntad de acabar con el polite&iacute;smo profesado por hind&uacute;es y budistas.
    </p><p class="article-text">
        	El esc&aacute;ndalo derivado de la primera edici&oacute;n francesa provoc&oacute; que un par de investigadores independientes (Max M&uuml;ller y Archibald Douglas) solicitaran informaci&oacute;n al monasterio de Hemis a fin de corroborar las afirmaciones vertidas por Notovich. El abad, adem&aacute;s de negar la existencia del texto, tambi&eacute;n afirm&oacute; que, durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, ning&uacute;n occidental hab&iacute;a visitado la lamaser&iacute;a. La difusi&oacute;n de estas y otras noticias relacionadas con el caso, adem&aacute;s de poner en entredicho la autenticidad del documento, arruin&oacute; la reputaci&oacute;n y la credibilidad del responsable del enga&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        	Sin embargo, a d&iacute;a de hoy, todav&iacute;a hay quien defiende que esta supercher&iacute;a s&oacute;lo lo es a medias. Por ejemplo, Erika Fatland, una escritora noruega responsable de varios libros de viajes como <em>Sovietist&aacute;n</em>, <em>La frontera </em>o <em>Himalaya</em>, asegura en este &uacute;ltimo que, en 2018, durante su estancia en Hemis, un monje le confirm&oacute; la existencia del c&eacute;lebre manuscrito y de una leyenda local que aseguraba que, durante unos meses, Jes&uacute;s residi&oacute; en una gruta situada en las inmediaciones del lugar en el que posteriormente se erigi&oacute; el convento. 
    </p><p class="article-text">
        	La segunda historia, que a&ntilde;ade m&aacute;s confusi&oacute;n al tema, se remonta a noviembre de 1898. En esa fecha fue editado un ensayo titulado <em>A hidden truth </em>(<em>Raaz-e-haqiqat</em>)en el que su autor, un l&iacute;der religioso musulm&aacute;n llamado Mirza Ghulam Ahmad (1835 &ndash; 1908), sosten&iacute;a la teor&iacute;a de que, tras sobrevivir a la crucifixi&oacute;n, Cristo hab&iacute;a huido al valle de Cachemira para adoptar una nueva identidad. All&iacute; es donde le hab&iacute;a sorprendido la muerte a la edad de 120 a&ntilde;os. Entre las numerosas pruebas aportadas para defender su postura figuraban, entre otras muchas fuentes documentales, las aleyas del <em>Coran </em>(4: 157-58) en las que se asegura que su muerte no fue violenta (<em>&ldquo;no le mataron, ni le crucificaron&rdquo;</em>) y la existencia en las afueras de Srinagar, la capital de Cachemira, de una tumba o mausoleo llamado Roza Bal en el que, seg&uacute;n algunos eruditos, yac&iacute;an los restos de Yuz Asaf, es decir, del que en una vida anterior se hab&iacute;a hecho llamar Jes&uacute;s de Nazareth. Ah&iacute; deben seguir, convertidos en una atracci&oacute;n tur&iacute;stica para los contad&iacute;simos viajeros que llegan a este valle que, despu&eacute;s de m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, siguen disput&aacute;ndose indios y pakistan&iacute;es. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-jesucristo-nikolai-notovich-monasterio-hemis_1_12858987.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 09:00:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jesucristo en el Himalaya]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tadrart Acacus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/tadrart-acacus-pinturas-rupestres-libia-fezzan_1_12786374.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21af2ee1-98ed-4e41-a389-83cee29b4605_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tadrart Acacus"></p><p class="article-text">
        Entre todas las dimensiones y facetas que presentan las monta&ntilde;as, existe una que resulta sorprendente o, cuando menos, poco habitual y de la que nos vamos a ocupar a continuaci&oacute;n. El aspecto al que nos referimos tiene que ver con el hecho de que algunas de ellas han acabado convirti&eacute;ndose en galer&iacute;as de arte o museos al aire libre por obra y gracia de las comunidades humanas que, en el pasado, se dedicaron sistem&aacute;ticamente a decorarlas con pinturas, murales y petroglifos. Durante este proceso, que se prolong&oacute; durante varios milenios, sus paredes y refugios, convertidos en lienzos, se cubrieron de representaciones antropo y zoomorfas que han sobrevivido hasta la actualidad. Los ejemplos de esta modalidad art&iacute;stica, adem&aacute;s de ser muy numerosos, se hallan distribuidos a lo largo y ancho de todo el mundo extendi&eacute;ndose desde Australia (Uluru/Ayers Rock) hasta Namibia (Brandberg y Twyfelfontein) o desde Argelia (Tassili n&acute;Ajjer) hasta Colombia (Chiribiquete y La Lindosa). 
    </p><p class="article-text">
         El caso en el que nos vamos a detener es bastante menos conocido que cualquiera de los anteriores y se localiza en el norte del continente africano, en una zona des&eacute;rtica situada al sudoeste de la Rep&uacute;blica de Libia conocida con el nombre de Fezzan que pasa por ser la regi&oacute;n m&aacute;s &aacute;rida y remota de todo el Sahara. El nombre de la cordillera en cuesti&oacute;n es Tadrart Acacus (monta&ntilde;as Acacus) y constituye una prolongaci&oacute;n de la meseta de Tassili que se sit&uacute;a al otro lado de la frontera, en territorio argelino. Su superficie, que alcanza los 5.000 km<sup>2</sup>, cuenta con una red de ca&ntilde;ones y uadis por los que raramente circula el agua y con una amplia muestra de dunas m&oacute;viles. La principal ciudad, Ghat, alcanza los 25.000 habitantes y est&aacute; situada al oeste, junto al per&iacute;metro exterior del macizo, en un cruce de rutas caravaneras. Una parte significativa de esta poblaci&oacute;n est&aacute; compuesta por miembros de la tribu tuareg kel Tadrart que, hasta hace unas d&eacute;cadas, viv&iacute;an del pastoreo y algunos cultivos ocasionales. M&aacute;s tarde y gracias a la irrupci&oacute;n de una incipiente industria tur&iacute;stica comenzaron a ser contratados como gu&iacute;as y conductores. 
    </p><p class="article-text">
        	El aislamiento y la desolaci&oacute;n que reinan en este paraje dominado por el basalto y la arenisca no fueron un obst&aacute;culo para que en 1985 la UNESCO lo declarara Patrimonio de la Humanidad por las razones que hemos adelantado m&aacute;s arriba. Sus pinturas rupestres figurativas, que decoran las paredes de muchas de las formaciones rocosas existentes a orillas de los uadis, no tienen nada que envidiar a las halladas en las restantes cadenas monta&ntilde;osas que salpican el coraz&oacute;n del Sahara (Hoggar, Tassili, Tibesti). 
    </p><p class="article-text">
        	Una de sus particularidades consiste en el hecho de que el inventario de sitios arqueol&oacute;gicos en los que se han detectado estas im&aacute;genes asciende a 707 y que los mismos se hallan dispersos por la mayor parte de este territorio. En el noroeste, junto al uadi Senaddar, se esconde Tin&acute;lalay y sus grabados er&oacute;ticos. En el centro, en las inmediaciones del uadi Teshuinat, aparece la mayor concentraci&oacute;n de arte rupestre de toda la regi&oacute;n y Uan Muhuggiag, el lugar en el que en 1958 el profesor Fabrizio Mori descubri&oacute; la momia de un ni&ntilde;o y pinturas de figuras humanas con cabeza de chacal. Finalmente, hacia el sur, sobresalen los yacimientos de Fozzigiaren y Takarkori.
    </p><p class="article-text">
        	Los investigadores que conocen el terreno afirman que lo que ahora es desierto fue, en su d&iacute;a, una sabana por la que corr&iacute;an los r&iacute;os y en la que crec&iacute;an bosques y abundantes gram&iacute;neas. Los cientos de efigies humanas y animales que decoran los abrigos y la base de los acantilados rocosos as&iacute; lo testifican. En su opini&oacute;n, documentan fielmente la sucesi&oacute;n de acontecimientos que tuvo lugar en el per&iacute;odo que va desde el a&ntilde;o 12.000 hasta el 100 a. C., es decir, entre el Pleistoceno tard&iacute;o y la desertizaci&oacute;n definitiva de toda la zona. Los cambios y adaptaciones que se sucedieron durante ese lapso temporal, que obedecen a la creciente escasez de lluvias estacionales y precipitaciones, afectaron tanto a la fauna y a la flora como a las comunidades humanas, un fen&oacute;meno que aparece fielmente reflejado en estas pinturas parietales. Las m&aacute;s antiguas contienen jirafas, elefantes, rinocerontes, diferentes especies de gacelas y un amplio muestrario de bestias salvajes mientras que las correspondientes al Neol&iacute;tico sustituyen los animales anteriores por especies dom&eacute;sticas: ganado lanar, vacuno y equino, y las m&aacute;s cercanas en el tiempo se limitan a mostrar camellos.
    </p><p class="article-text">
        	La secuencia anterior, adem&aacute;s de ilustrar el impacto de las alteraciones climatol&oacute;gicas en los ecosistemas, pone de manifiesto la fragilidad de todo cuanto nos rodea incluidos nosotros mismos y las estructuras sociales que hemos construido. Aunque los negacionistas clim&aacute;ticos se empe&ntilde;en en negar la mayor, es evidente que nos encontramos a las puertas de un cambio irreversible cuyas consecuencias son muy dif&iacute;ciles de prever. No hay marcha atr&aacute;s, ni medidas paliativas, ni mecanismos capaces de aminorar el impacto. Ante la inacci&oacute;n y la falta de voluntad pol&iacute;tica, lo &uacute;nico que nos cabe esperar es adaptarnos a lo que quiera que est&eacute; por venir, hacer todo lo posible por superar la prueba de estr&eacute;s a la que nosotros o nuestros descendientes se van a ver sometidos a no mucho tardar. Veremos que resulta de todo ello.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/tadrart-acacus-pinturas-rupestres-libia-fezzan_1_12786374.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 10:49:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tadrart Acacus]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Montañeros contestarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montana-ideologias-politica_1_12723751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5769827-c23e-417b-b3bb-a2c1bbeb0fca_16-9-discover-aspect-ratio_default_1129194.jpg" width="819" height="461" alt="Montañeros contestarios"></p><p class="article-text">
        Las monta&ntilde;as no tienen ideolog&iacute;a, pero los que las ascienden, lo demuestren o no, s&iacute;. Aunque algunos autores defienden que la afici&oacute;n a la monta&ntilde;a es una actividad inocente que carece de connotaciones pol&iacute;ticas, lo cierto es que nunca ha sido as&iacute;. Como hemos se&ntilde;alado en alguna ocasi&oacute;n anterior, el monta&ntilde;ismo y las actividades al aire libre han sido utilizadas para difundir y promover los idearios de algunas organizaciones pol&iacute;ticas, hacer proselitismo o atraer la atenci&oacute;n y las simpat&iacute;as de la sociedad. Los ide&oacute;logos de estos movimientos se sirven del capital simb&oacute;lico de las monta&ntilde;as para explotarlo a su favor y, para hacerlo, no dudan en instrumentalizarlas a fin de convertirlas en un medio a trav&eacute;s del cual expresar su programa y sus convicciones sociopol&iacute;ticas. Las pruebas de este fen&oacute;meno las hallamos en la Alemania de los a&ntilde;os 30, durante el per&iacute;odo de consolidaci&oacute;n del nazismo; en las proclamas patri&oacute;ticas que figuran en los estatutos del Club Alpin Fran&ccedil;ais y en su lema <em>&ldquo;Pour la Patrie par la Montagne&rdquo; </em>y tambi&eacute;n, aunque a escala regional, en las estrategias que los nacionalismos vasco y catal&aacute;n llevaron a cabo para afianzarse y extender su base social.
    </p><p class="article-text">
        	La existencia de estos y otros ejemplos semejantes podr&iacute;a inducirnos a pensar que el fomento de la actividad monta&ntilde;era y la proliferaci&oacute;n de asociaciones pol&iacute;ticas dispuestas a servirse de ella para alcanzar sus propios fines forman parte o se identifican con el conservadurismo y la defensa de valores tradicionales (patria, identidad, naci&oacute;n, raza, pureza&hellip;). Sin embargo, no es as&iacute;. El ejemplo m&aacute;s evidente lo tenemos en la U.R.S.S. Sus dirigentes crearon un programa espec&iacute;fico para popularizar y extender este deporte entre las masas proletarias y, de paso, para privarlo de las connotaciones o del aura peque&ntilde;o burgu&eacute;s que caracterizaba a sus practicantes occidentales. Reino Unido tambi&eacute;n cont&oacute; con algunos clubes que se propusieron difundir el alpinismo entre la clase obrera. Los m&aacute;s conocidos fueron el Creagh Dhu de Glasgow y el Rock and Ice, con sede en Manchester, y en el que militaron Don Whillans y Joe Brown.
    </p><p class="article-text">
        	Los colectivos monta&ntilde;eros progresistas o que manifiestan abiertamente su militancia y sus simpat&iacute;as por la izquierda no son s&oacute;lo una cosa del pasado. La prueba la tenemos en la secci&oacute;n de monta&ntilde;a de la F.S.G.T. (F&eacute;d&eacute;ration Sportive et Gymnique du Travail), el Antinationaler Alpenverein alem&aacute;n, los austriacos Alpinpunx y Antifaschistische Bergfreund o los italianos Colettivo Alpino Zapatista, Associazione Proletari Escursionisti (A.P.E.) y Alpinismo Molotov. A pesar de las diferencias existentes, todas estas agrupaciones persiguen un objetivo com&uacute;n: hacer que la pr&aacute;ctica del monta&ntilde;ismo se convierta en una prolongaci&oacute;n de los principios que inspiran la vida de sus miembros, principios que incluyen la solidaridad, la convivencia, la inclusi&oacute;n de g&eacute;nero, el antirracismo, la protecci&oacute;n medioambiental y la denuncia de las injusticias.
    </p><p class="article-text">
        	La mejor ilustraci&oacute;n de este ideario la hallamos en la declaraci&oacute;n que los creadores de la comunidad virtual Alpinismo Molotov (<a href="https://www.alpinismomolotov.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.alpinismomolotov.org/</a>) dieron a conocer a comienzos del a&ntilde;o 2015, poco despu&eacute;s de su fundaci&oacute;n. El manifiesto, que no tiene desperdicio, contiene cinco cl&aacute;usulas que resumimos a continuaci&oacute;n porque describen una manera de entender y relacionarse con la monta&ntilde;a que tambi&eacute;n nosotros suscribimos:
    </p><p class="article-text">
        	1.- Un ejercicio comunitario: la monta&ntilde;a se caracteriza por ser una actividad en la que los intereses colectivos prevalecen sobre los individuales. Estos intereses se manifiestan a trav&eacute;s del compa&ntilde;erismo, la asistencia mutua, la inclusividad y la planificaci&oacute;n de actividades participativas.
    </p><p class="article-text">
        	2.- No es un deporte al uso: la ausencia de competitividad, patrocinios, clasificaciones, ligas o cron&oacute;metro constituyen sus se&ntilde;as de identidad, los elementos que lo singularizan y diferencian de todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        	3.- No es un mero pasatiempo: el monta&ntilde;ismo es un m&eacute;todo de resistencia, una herramienta o un instrumento a trav&eacute;s del cual afrontar la realidad y las contradicciones que &eacute;sta plantea.
    </p><p class="article-text">
        	4.- Contar historias es tan importante como caminar: las monta&ntilde;as est&aacute;n repletas de mensajes, tradiciones y cuentos que esperan su turno y necesitan ser narrados de nuevo, pero, para hacerlo, antes hay que recuperarlos sac&aacute;ndolos del olvido.
    </p><p class="article-text">
        	5.- Forzar los l&iacute;mites de la imaginaci&oacute;n: el imaginario monta&ntilde;ero, la construcci&oacute;n cultural elaborada a su alrededor, ha estado, hasta no hace mucho, repleta de heroicidades, proezas, arrogancia y machismo. En la actualidad, ese relato y esos valores ya no se tienen en pie, han quedado obsoletos, necesitan ser reemplazados por otros que sean m&aacute;s acordes con los tiempos que corren.
    </p><p class="article-text">
        	El activismo de los miembros del colectivo Molotov no se reduce a las redes. Su acci&oacute;n m&aacute;s sonada, la que suscit&oacute; m&aacute;s atenci&oacute;n por parte de los medios, tuvo lugar el 22 de abril de 2018 tras la convocatoria de una marcha entre las poblaciones francesas de Claviere y Brian&ccedil;on para denunciar el racismo y rechazar el reforzamiento y la reinstalaci&oacute;n de la frontera franco-italiana a fin de impedir la inmigraci&oacute;n ilegal. Genio y figura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montana-ideologias-politica_1_12723751.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Oct 2025 10:06:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Montañeros contestarios]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Toda una vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/robert-seethaler-ein-ganzes-leven-toda-una-vida-libro-literatura-montana_1_12621178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b614e2d-f255-43a3-8c54-44474ff668f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1126287.jpg" width="624" height="351" alt="Toda una vida"></p><p class="article-text">
        	Las p&aacute;ginas de algunos libros de literatura de monta&ntilde;a nos recuerdan que las monta&ntilde;as son mucho m&aacute;s que meras formaciones geol&oacute;gicas, que sus laderas, despe&ntilde;aderos, aristas, espolones y gargantas son, en ocasiones, las destinatarias de los sue&ntilde;os humanos, sus triunfos y, en ocasiones, sus frustraciones y tragedias. Los autores que se internan en estos parajes para compartir y divulgar sus experiencias no s&oacute;lo describen los escenarios naturales donde transcurren las mismas, sino que, adem&aacute;s, enriquecen nuestra comprensi&oacute;n del significado que, con el paso de tiempo, han adquirido las monta&ntilde;as. Ya sean cl&aacute;sicos o contempor&aacute;neos, estas obras literarias cumplen otro objetivo tanto o m&aacute;s importante que los que acabamos de se&ntilde;alar como es espolear la pr&aacute;ctica de este deporte entre los amantes de la naturaleza, los que buscan intensidad, persiguen la aventura o sienten nostalgia por un mundo a punto de desaparecer. 
    </p><p class="article-text">
        	Por lo general, las p&aacute;ginas que se enmarcan en o pertenecen a este g&eacute;nero rebosan de cumbres, cordilleras, alpinistas, ascensos y expediciones. Unas y otros suelen acaparar el protagonismo de estas obras. Sin embargo, resulta singularmente parad&oacute;jico que la atracci&oacute;n o fascinaci&oacute;n que las monta&ntilde;as ejercen en algunos escritores no se traslade a los monta&ntilde;eses, a las personas que nacen, residen, trabajan y mueren en sus laderas. Ellos son los grandes olvidados en tanto que, salvo en contadas excepciones, su vida no ha suscitado mucho inter&eacute;s o no ha inspirado suficientemente a quienes se han consagrado a esta especialidad. Su papel, cuando se les reserva alguno, es siempre irrelevante. Sus idas y venidas, su forma de vida, sus inquietudes y sentimientos jam&aacute;s constituyen una parte central de una trama capitalizada por las cuitas de los esforzados alpinistas dispuestos a los mayores sacrificios con tal de alcanzar su objetivo. Los monta&ntilde;eses se limitan a formar parte del decorado, son reducidos a la condici&oacute;n de figurantes, de personajes secundarios, esquivos y fuera de foco. Poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        	No obstante, no siempre es as&iacute;. Existen algunas honrosas salvedades que, hasta cierto punto, desacreditan o matizan los argumentos que acabamos de defender. La excepci&oacute;n a la que nos referiremos a continuaci&oacute;n es una novela originalmente publicada en alem&aacute;n en 2014 por un autor austriaco llamado Robert Seethaler (Viena, 1966) con el t&iacute;tulo de <em>Ein ganzes leven </em>y cuya versi&oacute;n castellana (<em>Toda una vida</em>) lleg&oacute; a las librer&iacute;as tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde de la mano de la editorial Salamandra.
    </p><p class="article-text">
        	Se trata de una obra breve &ndash;no supera las 150 p&aacute;ginas&ndash; escrita en tercera persona cuyo principal protagonista es un hu&eacute;rfano llamado Andreas Egger que, por suerte o desgracia, es adoptado por su t&iacute;o Hubert Kranzstocker, un granjero tirol&eacute;s que le explota y maltrata hasta que logra liberarse de &eacute;l. El arco temporal en el que se desarrolla la acci&oacute;n cubre la mayor parte del siglo XX, desde 1902 hasta la d&eacute;cada de los 70. Durante el mismo asistimos a las dificultades y sinsabores a los que debe enfrentarse Andreas, as&iacute; como a los efectos que la modernizaci&oacute;n y la econom&iacute;a de mercado provocan en las comunidades monta&ntilde;esas y en el devenir del protagonista que, como es l&oacute;gico, debe ganarse la vida con el sudor de su frente. Primero lo hace como jornalero agr&iacute;cola, emple&aacute;ndose en las explotaciones agroganaderas que apenas cubren las necesidades de sus propietarios; luego como pe&oacute;n en la empresa Bitterman, una compa&ntilde;&iacute;a dedicada a la construcci&oacute;n de telef&eacute;ricos e infraestructuras y, finalmente, tras su paso por un campo de prisioneros de guerra enclavado en la U.R.S.S., como gu&iacute;a tur&iacute;stico. Esos son los hitos que marcan su vida profesional y el desarrollo social y econ&oacute;mico de las monta&ntilde;as en las que transcurre toda su existencia. Son dos trayectorias inseparables que continuamente se interfieren y que ilustran con bastante acierto lo sucedido en las &aacute;reas de monta&ntilde;a de otras latitudes.
    </p><p class="article-text">
        	&Eacute;se es, a grandes rasgos, el argumento central de la obra. Sin embargo, lo que la hace verdaderamente notable no es su contenido sino la f&oacute;rmula que utiliza para desarrollarlo y los personajes de los que se vale para lograrlo. Y es que <em>Toda una vida </em>es una novela tan escueta, realista, lac&oacute;nica y sin artificios como los individuos que pueblan sus p&aacute;ginas. Todos ellos son monta&ntilde;eses, hijos de las monta&ntilde;as que habitaron sus padres y los padres de sus padres, y su comportamiento y actitudes se ajustan al que cabr&iacute;a esperar en una sociedad arrinconada por el progreso cuya &uacute;nica aspiraci&oacute;n consiste en producir lo suficiente para reproducirse y perpetuarse a trav&eacute;s del tiempo y las generaciones. Su conservadurismo, falta de aspiraciones y estrechez de miras son proverbiales y se manifiestan a trav&eacute;s del comportamiento est&oacute;lido y fatalista de Andreas que se limita a aceptar de buen grado todo cuanto la vida le depara: orfandad, pobreza, minusval&iacute;a, incomunicaci&oacute;n, c&aacute;rcel, vejez y muerte. La suya es una vida humilde e insignificante en la que no hay lugar para la nostalgia, la ira, el arrepentimiento, el progresismo o la autoindulgencia; una vida presidida por el respeto, el ejemplo y la influencia ejercida por las cumbres y una naturaleza desde&ntilde;osa que todo lo puede y que no concede tregua ni ofrece respuestas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/robert-seethaler-ein-ganzes-leven-toda-una-vida-libro-literatura-montana_1_12621178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 08:27:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Toda una vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bodas glaciares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/bodas-glaciares-baltistan-gang-khswa_1_12556855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76f14409-e17d-4859-bad1-1eff4f878ec6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124523.jpg" width="2560" height="1440" alt="Bodas glaciares © PsamatheM"></p><p class="article-text">
        Las estimaciones discrepan en torno a la cifra exacta de glaciares existentes en nuestro planeta. Sin embargo, la mayor&iacute;a de los expertos se&ntilde;ala que su n&uacute;mero se aproxima o supera los 200.000. Su distribuci&oacute;n es muy desigual. Cerca de las tres cuartas partes de los mismos se concentran en las latitudes polares o circumpolares y en los sistemas monta&ntilde;osos que ocupan el centro de Asia: Himalaya, Kun Lun, Tien Shan, Karakorum, Pamir e Hindu Kush. El 25% que falta se halla dividido, con mejor o peor suerte, entre las cordilleras que se extienden por el resto de los continentes, aunque, como es bien sabido, &Aacute;frica y Ocean&iacute;a cuentan con muy pocas muestras en su haber.
    </p><p class="article-text">
        El futuro de estas masas de hielo que se mueven y deslizan obedeciendo a la ley de la gravedad no pinta bien. El cambio clim&aacute;tico y el consiguiente incremento de las temperaturas en todo el planeta est&aacute;n provocando que pr&aacute;cticamente todos los glaciares de los que se tiene noticia se hallen inmersos en procesos de regresi&oacute;n, de p&eacute;rdida tanto de espesor como de superficie. Quienes intentan poner coto a este problema argumentan que el &uacute;nico modo de hacerlo pasa por combatir la causa que lo ha provocado, es decir, frenando la emisi&oacute;n a la atm&oacute;sfera de gases de efecto invernadero o descarbonificando la atm&oacute;sfera. Pero mientras los pol&iacute;ticos se ponen de acuerdo (o no) en torno a las medidas que es preciso establecer para aliviar y resolver la crisis, los glaciares siguen deshaci&eacute;ndose y retrocediendo sin que nadie haga nada para evitarlo.
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n no es del todo cierta. En realidad, aunque de forma muy limitada y casi marginal, s&iacute; existen planteamientos e iniciativas destinadas a intentar frenar y revertir procesos como el que acabamos de mencionar. La m&aacute;s singular o sorprendente lleva d&eacute;cadas desarroll&aacute;ndose en Baltist&aacute;n, un territorio pakistan&iacute; situado a los pies del Karakorum y conocido por albergar al K2 y a los glaciares Siachen y Baltoro, dos de las masas de hielo m&aacute;s extensas de la Tierra. El proyecto, denominado gen&eacute;ricamente <em>glacier grafting</em> (plantaci&oacute;n o injerto glaciar), se remonta, en su versi&oacute;n actual, a los a&ntilde;os 2004 y 2005 (https://hilal.gov.pk/view-article.php?i=3164). En esas fechas, el A.K.R.S.P., un organismo patrocinado por el Agha Khan, decidi&oacute; comprobar qu&eacute; hab&iacute;a de cierto en una tradici&oacute;n local que aseguraba que el apareamiento ritual (<em>gang khswa</em>) del hielo obtenido de un glaciar macho (po gang) con el del extra&iacute;do de uno hembra (<em>mo gang</em>) originaba el nacimiento de un tercer y nuevo glaciar. Para llevar a cabo su prop&oacute;sito, la fundaci&oacute;n solicit&oacute; la ayuda y el asesoramiento de los aut&oacute;ctonos, los &uacute;nicos que entonces y ahora cuentan con conocimientos suficientes para seleccionar los emplazamientos m&aacute;s adecuados, reunir los ingredientes necesarios, combinarlos adecuadamente y ejecutar la ceremonia.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n algunos relatos balt&iacute;es, el procedimiento fue ideado en el siglo XIV por un l&iacute;der religioso llamado Amir Kabir Syed, pero no con fines civiles sino defensivos. Su objetivo no era garantizar el abastecimiento de agua de boca o de riego a las poblaciones que carec&iacute;an de un suministro regular sino cerrar los pasos de monta&ntilde;a, obstaculizar su acceso para impedir que los atacantes tibetanos o uigures invadieran sus valles.
    </p><p class="article-text">
        Leyendas aparte, el primer paso para poder llevar a cabo esta pr&aacute;ctica o contar con ciertas garant&iacute;as de &eacute;xito consiste en elegir un lugar, uno que re&uacute;na unas condiciones m&iacute;nimas. Su altura, por ejemplo, debe superar los 4.000 metros y la temperatura del suelo siempre debe permanecer por debajo del punto de congelaci&oacute;n. Por otra parte, el terreno, adem&aacute;s de pedregoso y sombr&iacute;o, debe caracterizarse por su exposici&oacute;n a los vientos dominantes tanto en primavera como en verano. Tras esta tarea, los participantes se dividen en dos grupos y mientras el primero se ocupa de excavar in situ un pozo de varios metros de profundidad, el segundo se dedica a extraer grandes bloques de hielo de hasta 35 kg de peso de dos glaciares diferentes, uno masculino y otro femenino. La principal diferencia entre ambos estriba en su aspecto y coloraci&oacute;n. Los masculinos son oscuros, gris&aacute;ceos y se hallan repletos de impurezas o cubiertos de derrubios; los femeninos son transparentes, di&aacute;fanos y exhiben un tono azulado. Una vez finalizada esta operaci&oacute;n, el hielo se traslada al punto al que nos hemos referido m&aacute;s arriba y en ese momento da inicio el <em>gang khswa</em>, el ritual religioso que consagra la uni&oacute;n de los dos glaciares, es decir, de los fragmentos que los representan. Es entonces cuando la excavaci&oacute;n se convierte en una aut&eacute;ntica c&aacute;mara nupcial dise&ntilde;ada para recibir a los contrayentes junto a las ofrendas que los acompa&ntilde;an (huesos de albaricoque, paja, agua, carb&oacute;n vegetal, granos de cereal, sal) y para que estos encuentren la ocasi&oacute;n de aparearse y engendrar descendencia. En la ceremonia no faltan las canciones, ni las oraciones o la recitaci&oacute;n de algunas suras cor&aacute;nicas porque tanto el oficiante como los asistentes creen firmemente que el futuro del nuevo glaciar, su consolidaci&oacute;n y crecimiento, dependen de la voluntad y sanci&oacute;n divinas.
    </p><p class="article-text">
        De momento, la literatura cient&iacute;fica (https://www.mdpi.com/2071-1050/13/9/5208) no ha logrado avalar o confirmar mediante datos la efectividad y validez del <em>glacier grafting</em> tal como lo acabamos de describir. Da la impresi&oacute;n de que la creaci&oacute;n ex novo de glaciares siempre ha estado fuera del alcance humano. Sin embargo, fuentes balt&iacute;es afirman que los glaciares injertados, aunque poco numerosos, no son un fen&oacute;meno ins&oacute;lito y que el m&aacute;s antiguo de todos ellos, el Kondus, cuenta con la friolera de 600 a&ntilde;os de antig&uuml;edad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por  Iñigo Jauregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/bodas-glaciares-baltistan-gang-khswa_1_12556855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Aug 2025 09:34:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bodas glaciares]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura de montaña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/edelwiss-juventud-libros-montana-literatura_1_12480089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30704dc5-2c6e-4d3a-8530-d7e5b441198c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura de montaña"></p><p class="article-text">
        	Las monta&ntilde;as son las principales protagonistas de centenares de libros tanto de ficci&oacute;n como de no ficci&oacute;n. Su presencia en el mercado editorial es un fen&oacute;meno que, en nuestro pa&iacute;s, se remonta a la d&eacute;cada de los 40 cuando la editorial barcelonesa Juventud, especializada en temas n&aacute;uticos, decidi&oacute; ampliar y abrir su cat&aacute;logo de publicaciones a g&eacute;neros que, hasta entonces, no hab&iacute;an suscitado excesivo inter&eacute;s ni entre los lectores ni entre las empresas del ramo. Fue entonces cuando la monta&ntilde;a tuvo la oportunidad de hacerse un hueco en los escaparates de las librer&iacute;as nacionales y de hacerlo a trav&eacute;s de un subg&eacute;nero propio. Las primeras producciones de esta tem&aacute;tica tan novedosa tuvieron car&aacute;cter limitado y espor&aacute;dico motivado por la incertidumbre y la imposibilidad de predecir la reacci&oacute;n de los lectores. Sin embargo, los resultados debieron ser relativamente satisfactorios porque poco tiempo despu&eacute;s, a comienzos de los 50, los responsables de Juventud decidieron apostar por esta l&iacute;nea editorial a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de un sello o una secci&oacute;n espec&iacute;fica que fue bautizada con el nombre de &ldquo;Colecci&oacute;n Edelwiss&rdquo;. Esta decisi&oacute;n acarre&oacute; la publicaci&oacute;n de infinidad de t&iacute;tulos hasta entonces in&eacute;ditos, la traducci&oacute;n de grandes cl&aacute;sicos de la literatura de monta&ntilde;a y un incremento sostenido en el n&uacute;mero y la periodicidad de los lanzamientos. Como muestra del gran trabajo realizado durante estos primeros a&ntilde;os, basta recordar algunas de las obras publicadas por aquel entonces como <em>Cumbres pirenaicas </em>(1951), <em>Por las cumbres </em>(1952), <em>Introducci&oacute;n a la monta&ntilde;a </em>(1952), <em>Monta&ntilde;as del Pac&iacute;fico </em>(1952), <em>Annapurna </em>(1953), <em>Escaladas en los Andes </em>(1953), <em>La monta&ntilde;a no quiso </em>(1953) o <em>Ascensi&oacute;n al Everest </em>(1954).
    </p><p class="article-text">
        	Desconocemos cu&aacute;les fueron los motivos &uacute;ltimos que hicieron que la editorial fundada por Jos&eacute; Zendrera en 1923 decidiera embarcarse en esta aventura pionera, aunque sospechamos que nada ten&iacute;an que ver con el altruismo. A pesar de ello, la iniciativa no cay&oacute; en saco roto porque, adem&aacute;s de prolongarse a lo largo de varias d&eacute;cadas y ser fuente de inspiraci&oacute;n para otros proyectos posteriores, hizo posible que los alpinistas nacionales recuperaran el tiempo perdido y cobraran conocimiento de los logros e innovaciones t&eacute;cnicas alcanzadas por sus hom&oacute;logos europeos.
    </p><p class="article-text">
        	Por lo que llevamos escrito, da la impresi&oacute;n de que todo el mundo parece tener las cosas claras con respecto a esta clase de literatura. Las apariencias enga&ntilde;an. En realidad, nadie parece saber muy bien qu&eacute; es, en qu&eacute; consiste, qu&eacute; autores o contenidos merecen ser incluidos en semejante literatura. Buscar estas respuestas a trav&eacute;s de la web o en p&aacute;ginas especializadas es una p&eacute;rdida de tiempo. Nadie parece ser capaz de definir su significado, saber hasta d&oacute;nde alcanza o establecer con exactitud las caracter&iacute;sticas y las variantes existentes dentro de dicho g&eacute;nero. Las referencias existentes son extremadamente vagas y las voces autorizadas brillan por su ausencia o se limitan, como sucede con el escritor David Torres, a realizar declaraciones tan gratuitas como la siguiente: <em>&ldquo;la literatura de monta&ntilde;a es un g&eacute;nero que est&aacute; reci&eacute;n nacido, est&aacute; todo por hacer, est&aacute; esperando a su Conrad y a su Melville (&hellip;) la ficci&oacute;n no ha entrado en este territorio magn&iacute;fico con toda la fuerza que deber&iacute;a&rdquo; </em>(<a href="https://billardeletras.com/recursos-lectores/el-viaje-hecho-literatura-entrevista-a-david-torres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://billardeletras.com/recursos-lectores/el-viaje-hecho-literatura-entrevista-a-david-torres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://billardeletras.com/recursos-lectores/el-viaje-hecho-literatura-entrevista-a-david-torres</a>).
    </p><p class="article-text">
        	A pesar de todo ello, ninguna de estas dificultades ha impedido la convocatoria de diversos cert&aacute;menes nacionales e internacionales (Banff, Boardman-Tasker, Desnivel, Passy, Nankervis-Bamford, Zijin&hellip;) destinados a dar a conocer este tipo de obras, la proliferaci&oacute;n de novedades asociadas a esta etiqueta o que las distribuidoras y las grandes librer&iacute;as se sirvan de ella en sus archivos, folletos, o r&oacute;tulos para organizar sus secciones, identificar sus fondos y orientar a los clientes. Por tanto, podr&iacute;amos afirmar que los factores que m&aacute;s han contribuido a la consolidaci&oacute;n de este fen&oacute;meno no han sido ni los cr&iacute;ticos, ni los eruditos especializados en teor&iacute;a literaria sino el mercado y los consumidores.
    </p><p class="article-text">
        	Para finalizar, s&oacute;lo nos cabe a&ntilde;adir que los libros en los que las monta&ntilde;as &ndash;y todo lo que las rodea&ndash; juegan un papel protagonista o significativo no se limitan a describir proezas o desaf&iacute;os f&iacute;sicos presididos por la tenacidad y el coraje. Los autores que se aventuras en sus paisajes extremos para compartir sus experiencias no s&oacute;lo las describen, sino que enriquecen nuestra comprensi&oacute;n de la realidad en el m&aacute;s amplio sentido del t&eacute;rmino. Sus p&aacute;ginas tambi&eacute;n tienen la capacidad de hurgar en el esp&iacute;ritu y la sensibilidad humanas o de interpelar a los lectores para que reflexionen sobre el significado profundo de sus propias experiencias y de su conexi&oacute;n con estas formidables realidades geol&oacute;gicas. Al final, la literatura de monta&ntilde;a es una llamada a la aventura, una invitaci&oacute;n a explorar los paisajes m&aacute;s espectaculares de nuestro mundo y un recordatorio de la ilimitada capacidad que posee el esp&iacute;ritu humano para explorar y afrontar nuevos retos. En las p&aacute;ginas de estas obras, los lectores pueden hallar inspiraci&oacute;n, refugio, modelos a quien imitar y una pasi&oacute;n compartida que trasciende el tiempo y el espacio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/edelwiss-juventud-libros-montana-literatura_1_12480089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Jul 2025 11:33:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Literatura de montaña]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oribasia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/oribasia_1_12410365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44229a6a-583a-40bb-9965-6761a691ed8e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1120472.jpg" width="3348" height="1883" alt=""></p><p class="article-text">
        Como hemos se&ntilde;alado en ocasiones anteriores, los rituales religiosos celebrados en las cumbres y faldas de las monta&ntilde;as o destinados a rendir culto a las divinidades que resid&iacute;an en ellas se pierden en la noche de los tiempos. Sin embargo, apenas existen testimonios arqueol&oacute;gicos o fuentes documentales que demuestren la existencia de tales pr&aacute;cticas. Una de las excepciones a esta ausencia de pruebas la encontramos en un ritual practicado por los antiguos griegos llamado oreibasia u oribasia que aparece registrado en la epigraf&iacute;a y en las obras literarias de algunos autores de los per&iacute;odos arcaico, cl&aacute;sico y helen&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Las evidencias existentes apuntan a que los griegos de la antig&uuml;edad consideraban que la mayor&iacute;a o la pr&aacute;ctica totalidad de las monta&ntilde;as eran lugares que favorec&iacute;an el contacto estrecho o la comuni&oacute;n con la divinidad. Esta convicci&oacute;n que, en algunas poblaciones de la regi&oacute;n del &Eacute;piro, se ha metamorfoseado y sobrevivido hasta la actualidad a trav&eacute;s de la presencia de bosques &ldquo;sagrados&rdquo;, no era casual, sino que proced&iacute;a de un convencimiento previo, de la certeza de que la morada de los dioses m&aacute;s poderosos se localizaba en el monte Olimpo, la cumbre m&aacute;s elevada y prominente de toda la Grecia continental. Por consiguiente, esta consideraci&oacute;n, que no tard&oacute; en extenderse y aplicarse a otras cimas (Nisa, Parnaso, Pieria, Citer&oacute;n, Taigeto, Cao, Pangeo, etc.), acab&oacute; por convertir a las monta&ntilde;as en uno de los lugares naturales m&aacute;s id&oacute;neos para llevar a cabo ceremonias de iniciaci&oacute;n o solicitar la intercesi&oacute;n divina. Tanto es as&iacute; que la costumbre de adentrarse en las monta&ntilde;as con fines religiosos acab&oacute; siendo conocida con el nombre de oribasia, una palabra compuesta formada por el sustantivo oros (monta&ntilde;a) y el verbo bainein (caminar).
    </p><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica totalidad de los registros literarios procedentes del per&iacute;odo precl&aacute;sico asocian la oribasia al culto dionisiaco, es decir, a las liturgias consagradas a Dioniso &ndash; Baco, el dios de la vi&ntilde;a, el vino, la fertilidad, la diversi&oacute;n, el caos y el &eacute;xtasis m&iacute;stico. La vinculaci&oacute;n con las monta&ntilde;as que le atribuyen sus seguidores es fruto de su biograf&iacute;a, de una serie de episodios que se desarrollan en su entorno y que se inician con su nacimiento en el monte Nisa y prosiguen con su crianza en los bosques que cubr&iacute;an sus laderas o con su iniciaci&oacute;n en los mismos. Esta relaci&oacute;n, lejos de pasar desapercibida, es confirmada por las f&oacute;rmulas ret&oacute;ricas utilizadas por algunos autores para referirse a &eacute;l como, por ejemplo, &ldquo;el monta&ntilde;&eacute;s&rdquo;, &ldquo;el que vaga por las monta&ntilde;as&rdquo;, &ldquo;el que va y viene por los montes&rdquo;, &ldquo;el criado en las monta&ntilde;as&rdquo;, &ldquo;el que descansa en la monta&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;el que se alimenta en las cumbres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La referencia m&aacute;s antigua a las solemnidades religiosas llevadas a cabo en un entorno monta&ntilde;oso data del siglo VII y aparece en un fragmento atribuido a un poeta avecindado en Esparta llamado Alcm&aacute;n. Dice as&iacute;: <em>&ldquo;una y otra vez, en medio de las cimas, cuando los dioses se deleitan del placer en la fiesta alumbrada por antorchas&rdquo;.</em> A pesar de que el autor no suelta prenda acerca del destinatario de tales devociones, lo m&aacute;s probable es que el protagonismo de las mismas recayera en Dioniso. Esta sospecha es confirmada por los testimonios de autores posteriores como Pausanias o Eur&iacute;pides. Este &uacute;ltimo, en una tragedia fechada en el 409 a. C. y titulada <em>Las Bacantes</em>, aporta una serie de detalles que permiten hacerse una idea aproximada del desarrollo y de los ingredientes que formaban parte de esta clase de ceremonias. Para empezar, los participantes, en su pr&aacute;ctica totalidad, eran mujeres, comitivas o grupos organizados de mujeres que mientras caminaban invocaban al dios exclamando evoh&eacute; o eis oros (a la monta&ntilde;a). Su destino eran &aacute;reas fragosas y salvajes, espacios no intervenidos que, adem&aacute;s de hallarse inmersos en las monta&ntilde;as, destacaban por la belleza de los elementos naturales (rocas, &aacute;rboles, arroyos&hellip;) que formaban el entorno. Al llegar a estos lugares se elevaban preces a Dioniso y parte de la asistencia ejecutaba danzas fren&eacute;ticas y movimientos convulsos con el fin de alcanzare un trance ext&aacute;tico que, al mismo tiempo, facilitara la posesi&oacute;n divina. Para lograr este prop&oacute;sito se utilizaban, posiblemente, bebidas alcoh&oacute;licas o sustancias psicoactivas a las que las mujeres no ten&iacute;an acceso durante el resto del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la fecha nadie ha conseguido desentra&ntilde;ar las razones &uacute;ltimas que provocaron que los o las seguidoras de Dioniso eligieran las monta&ntilde;as y los bosques que las cubren como lugares privilegiados para darle culto. Lo que si parece evidente es que el antagonismo que enfrentaba y enfrenta a los g&eacute;neros se resuelve y manifiesta, tanto en el caso de Eur&iacute;pides como en otros casos, a trav&eacute;s de niveles sucesivos de pares de opuestos: cultura contra naturaleza, h&aacute;bitat urbano contra h&aacute;bitat selv&aacute;tico, confinamiento dom&eacute;stico contra libertad montaraz, mesura contra frenes&iacute;, orden contra arrebato ext&aacute;tico&hellip; En este contexto, la monta&ntilde;a, que constituye una de las mejores representaciones de lo natural/salvaje, se transforma, contra lo que viene siendo habitual, en la gran valedora y aliada de Dioniso y, por ende, de la mujer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/oribasia_1_12410365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Jun 2025 07:23:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oribasia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran tabú]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/everest-1996-tragedia-bruce-barcott_1_12332913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ce046f8-b0cc-4a28-93ab-75093a1554d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1118637.jpg" width="889" height="500" alt="© Basecampmagazine.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Durante los d&iacute;as 10 y 11 de mayo de 1996, ocho personas perdieron la vida en la pir&aacute;mide somital del Everest a consecuencia de un temporal de nieve. Cinco lo hicieron en la ruta normal y tres en la arista NE. No fueron los &uacute;nicos muertos de esa temporada porque, antes de que &eacute;sta llegara a su fin, se produjeron otros cuatro decesos adicionales elevando el n&uacute;mero a un total de doce.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes no est&eacute;n familiarizados con la historia del himalayismo, la cifra de fallecimientos puede parecer insoportable o extremadamente elevada, pero si la comparamos con las que se produjeron durante las campa&ntilde;as de primavera de 2014 y 2015 descubriremos que ambas fueron bastante m&aacute;s mort&iacute;feras. A pesar de ser as&iacute;, ninguna de ellas logr&oacute; alcanzar una cobertura medi&aacute;tica comparable a la obtenida por la tragedia de 1996. Los motivos de la extraordinaria atenci&oacute;n de la que fue objeto no resultan evidentes, pero es posible que tuviesen que ver con el hecho de que tres de los ocho fallecidos fuesen gu&iacute;as experimentados o con que un enviado de la revista norteamericana <em>Outside</em> llamado Jon Krakauer, presente en el lugar de los hechos, contribuyera a divulgar lo sucedido a trav&eacute;s de un libro superventas:<em> Into thin air (Mal de altura).</em> Sea como fuere, el desastre de 1996 gener&oacute; aut&eacute;nticos r&iacute;os de tinta, varios audiovisuales y una avalancha de publicaciones firmadas por los testigos y supervivientes de estos acontecimientos: Krakauer, Bukreyev, Weathers, Gammelgaard, Kasischke, Trueman, Ratcliffe, Dickinson y Breashears.
    </p><p class="article-text">
        Entre todas las reacciones existentes, nos gustar&iacute;a subrayar la del periodista y editor norteamericano Bruce Barcott que, en agosto de ese mismo a&ntilde;o, public&oacute; una colaboraci&oacute;n de seis p&aacute;ginas (64-69) en la revista <em>Harper&acute;s</em> titulada <em>Cliffhangers: The fatal descent of the mountain-climbing memoir.</em> El art&iacute;culo en cuesti&oacute;n no tiene p&eacute;rdida porque, adem&aacute;s de hacernos part&iacute;cipes del asombro que experimenta al analizar los riesgos a los que gratuitamente se exponen monta&ntilde;eros y escaladores, nombra lo innombrable al abordar sin ning&uacute;n rodeo la muerte y la siniestralidad que tanto abundan en estos deportes y la actitud que, por lo general, adoptan sus practicantes cuando se enfrentan a tales circunstancias.
    </p><p class="article-text">
        Con una iron&iacute;a no exenta de cr&iacute;tica, comienza se&ntilde;alando que las reacciones de los alpinistas frente a la cat&aacute;strofe fluct&uacute;an entre la despreocupaci&oacute;n, el fatalismo y la irresponsabilidad o la ausencia de remordimientos. La raz&oacute;n que alega, real o imaginaria, para explicar esta actitud es que muchos de ellos, si no todos, est&aacute;n dirigidos por las mismas pasiones o la misma l&oacute;gica tr&aacute;gica que inspir&oacute; a los grandes dramaturgos del teatro griego. Una l&oacute;gica presidida por el destino, la ambici&oacute;n desmedida y la hybris, la arrogancia de quienes desaf&iacute;an y entran en conflicto con los dioses y/o las fuerzas naturales. Tanto es as&iacute; que el autor sostiene que, a diferencia de lo que sucede con otras actividades deportivas, los accidentes y la muerte son consustanciales al monta&ntilde;ismo, forman parte de su misma esencia o, por decirlo de otro modo, son su carta de presentaci&oacute;n porque le otorgan sentido, le dotan de significado y de una narrativa presidida por la &eacute;pica o, en su defecto, por el sacrificio. Sus palabras, en este sentido, no dejan lugar a duda: <em>&ldquo;Si la muerte se produce correctamente (durante un ascenso, un descenso o un vivac) desaparecer de la lista de los vivos confiere gloria: para los muertos, por probar su voluntad de escalar; para la monta&ntilde;a, por el nuevo respeto que demanda, y para los supervivientes, por el coraje de continuar frente al desastre. A diferencia de cualquier otro deporte, el monta&ntilde;ismo requiere que sus practicantes mueran&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Barcott, el empe&ntilde;o y la contumacia con la que los alpinistas persiguen el peligro o cortejan a la muerte pueden parecer absurdos, pero no son casuales ni gratuitos. Obedecen al mismo impulso que ha gobernado a la humanidad desde sus inicios: la eterna lucha del hombre contra la naturaleza. La &uacute;nica y gran diferencia entre nuestros antepasados y nosotros mismos es que la naturaleza a la que ellos se enfrentaban y en la que perec&iacute;an ha sido degradada, domesticada y modificada hasta quedar desprovista de riesgos y amenazas. Y es en este punto donde surge el sentido y la necesidad del monta&ntilde;ismo y de los peligros que, inevitablemente, acarrea. Su funci&oacute;n &uacute;ltima no es tanto frenar la inevitable devaluaci&oacute;n de los espacios naturales, su conversi&oacute;n en parques tem&aacute;ticos seguros y previsibles como preservar lo poco que queda de ese esp&iacute;ritu aventurero que debi&oacute; animar a los primeros seres humanos y que parece hallarse en trance de desaparici&oacute;n. En definitiva, mientras haya monta&ntilde;as y personas dispuestas a ascenderlas y a arriesgar sus vidas en el intento, seguir&aacute; habiendo lugar para la aventura, la valent&iacute;a o el coraje y para experimentar los estados de &aacute;nimo, las incertidumbres, desaf&iacute;os y circunstancias que nos han hecho ser lo que somos. Es posible que, en algunas ocasiones, el precio a pagar sea extraordinariamente alto, pero cada cual debe decidir si merece o no la pena ir a su encuentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/everest-1996-tragedia-bruce-barcott_1_12332913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 May 2025 09:56:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gran tabú]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cazadores de plantas del Himalaya (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/cazadores-plantas-himalaya-ernest-wilson-george-forrest-frank-kingdon-ward_1_12243160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cb458391-2f9d-4e16-be9c-71fde7519efe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="© Laxmi Vanita"></p><p class="article-text">
        <em>Camellia chrysantha</em>, <em>Rhododendron cinnabarinum</em>, <em>Primula florindae</em>, <em>Pleiona forrestii</em>&hellip; son los nombres cient&iacute;ficos de algunos de los cientos de especies que los cazadores de plantas europeos (<em>plant hunters</em>) descubrieron y describieron durante sus incursiones por las estribaciones del Himalaya y las fronteras de China. Ni que decir tiene que las expediciones emprendidas por Fortune y Hooker tuvieron continuidad en d&eacute;cadas posteriores gracias a la contribuci&oacute;n de una nueva generaci&oacute;n de aventureros que no dudaron en seguir los pasos de sus predecesores. Entre todos ellos, los m&aacute;s sobresalientes fueron: Ernest Wilson (Chipping Campden, 1876 &ndash; Worcester, 1930), el escoc&eacute;s George Forrest (Falkirk, 1873 &ndash; Yunnan, 1932) y Frank Kingdon Ward (Withington, 1885 &ndash; Londres, 1958), de quien nos ocupamos brevemente hace unos a&ntilde;os (<em>Campo Base</em> 171).
    </p><p class="article-text">
        	Wilson, que por esas mismas fechas acababa de ser nombrado profesor de bot&aacute;nica, recibe en 1899 el encargo de viajar a la provincia china de Sichuan por cuenta del vivero James Veitch &amp; Son, una de las firmas m&aacute;s representativas del sector por aquel entonces y que contaba con m&aacute;s de una docena de <em>plant hunters </em>en n&oacute;mina, entre ellos a William y Thomas Lobb. Su misi&oacute;n principal consistir&aacute; en descubrir ejemplares y obtener semillas de la <em>Davidia involucrata</em>, un &aacute;rbol ornamental por el que Henry Veitch, hijo del fundador de la empresa, sent&iacute;a una particular inclinaci&oacute;n. El &eacute;xito y la abundancia de variedades cosechadas por Wilson durante esta primera experiencia sobre el terreno originaron nuevas campa&ntilde;as en los a&ntilde;os 1903, 1907 y 1910. De las cerca de 2.000 nuevas especies que lleg&oacute; a introducir en los jardines europeos, 60 llevan su nombre.
    </p><p class="article-text">
        	Por su parte, George Forrest visit&oacute; en al menos siete ocasiones las tierras altas de Yunnan en busca de nuevos ejemplares con los que sorprender y satisfacer a los aficionados a las plantas ex&oacute;ticas o desconocidas. Su primer viaje, realizado en 1904, fue financiado por Arthur Kilpin Bulley, un comerciante de algod&oacute;n, y estuvo a punto de acabar en tragedia a consecuencia de la matanza de cristianos y misioneros cat&oacute;licos que los tibetanos residentes en este territorio llevaron a cabo en 1905 y 1906.
    </p><p class="article-text">
        	Tras Willson y Forrest, el siguiente bot&aacute;nico en labrarse una reputaci&oacute;n por sus expediciones a los confines del Imperio del medio y del sudeste asi&aacute;tico es Kingdon Ward. Su vocaci&oacute;n est&aacute;, en buena parte, inspirada por su padre que en 1895 obtuvo la c&aacute;tedra de bot&aacute;nica de la Universidad de Cambridge. Despu&eacute;s de graduarse en la universidad en 1906, a comienzos de 1907 se traslada a Shanghai para ocupar una plaza de profesor en una de sus escuelas. Un par de a&ntilde;os m&aacute;s tarde decide romper el contrato que le une a dicha instituci&oacute;n y en septiembre de 1909 se embarca en una expedici&oacute;n zool&oacute;gica cuya finalidad es recopilar informaci&oacute;n y espec&iacute;menes de la fauna existente en las regiones central y occidental de China (Kansu y Sichuan). As&iacute; es como descubre la actividad a la que consagrar&aacute; el resto de su vida.
    </p><p class="article-text">
        	El primer encargo y su primera experiencia profesional como cazador de plantas se produce en 1911 cuando Bulley le suministra los medios econ&oacute;micos necesarios para adentrarse en el T&iacute;bet y el norte de Yunnan. El mismo reconoce la importancia de este gesto de cara a su trayectoria posterior en una obra p&oacute;stuma publicada en 1960 (<em>Pilgrimage for plants</em>) cuando afirma que <em>&ldquo;la carta de Bulley decidi&oacute; mi vida durante los siguientes cuarenta y cinco a&ntilde;os&rdquo;</em>.<em> </em>Su trayectoria profesional se prolongar&aacute; hasta 1957, fecha en la que finaliza su vigesimocuarta expedici&oacute;n al continente asi&aacute;tico. Durante ese intervalo redacta otros tantos libros y un centenar largo de art&iacute;culos en los que describe sus hallazgos y las variedades vegetales que ha tenido la ocasi&oacute;n de estudiar durante sus viajes. El primero de estos vol&uacute;menes lleva por t&iacute;tulo <em>On the road to Tibet </em>y fue publicado por entregas en el diario <em>Shanghai Mercury </em>a lo largo del a&ntilde;o 1910. El &uacute;ltimo, <em>Return to the Irrawaddy</em>,<em> </em>vio la luz en 1956 y, como en los casos restantes, incluye toda clase de detalles acerca de la flora, fauna, poblaci&oacute;n local y vicisitudes sufridas en el curso de un viaje motivado por su af&aacute;n de explorar territorios v&iacute;rgenes en pos de especies bot&aacute;nicas raras o desconocidas.
    </p><p class="article-text">
        	Los mayores logros de toda su carrera son, probablemente, el descubrimiento de la amapola azul y la traves&iacute;a y exploraci&oacute;n de las estribaciones del Namcha Barwa y Gyala Peri y del curso bajo y la garganta del r&iacute;o Tsangpo cuya cr&oacute;nica aparece recogida en <em>The riddle of the Tsangpo gorges</em>. Esta &uacute;ltima haza&ntilde;a, llevada a cabo en compa&ntilde;&iacute;a de lord Cawdor entre el 5 de marzo de 1924 y el 25 de febrero del siguiente a&ntilde;o, no solamente le granjea el reconocimiento de la Royal Geographical Society londinense y de su hom&oacute;loga escocesa, que le conceden sendas medallas, sino la suficiente relevancia p&uacute;blica como para obtener financiaci&oacute;n para sus pr&oacute;ximas campa&ntilde;as. Por su parte, Cawdor refleja en su diario la frustraci&oacute;n que experimenta ante el comportamiento de su compa&ntilde;ero y su dif&iacute;cil convivencia. En una de sus entradas se lee la siguiente reflexi&oacute;n: <em>&ldquo;Me vuelve completamente loco caminar detr&aacute;s de &eacute;l, parando cada 10 yardas y sin movernos apenas (...) si vuelvo a viajar, me asegurar&eacute; de que no sea con un bot&aacute;nico. Siempre se est&aacute;n deteniendo para mirar las malas hierbas...&rdquo;</em>. Y en otra posterior asegura que <em>&ldquo;estoy destinado a vagar &ndash;Dios sabe por cu&aacute;nto tiempo&ndash; por este maldito lugar con un hombre que s&oacute;lo puede arrastrarse como un paral&iacute;tico, aunque, evidentemente, Dios nunca quiso que fuera compa&ntilde;ero de nadie&rdquo;</em>. Nunca llueve al gusto de todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/cazadores-plantas-himalaya-ernest-wilson-george-forrest-frank-kingdon-ward_1_12243160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Apr 2025 08:25:47 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una montaña de poemas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-poesia-poemas-literatura_1_12158183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63a53cf4-e8a2-4079-9244-0f974460fcda_16-9-discover-aspect-ratio_default_1114159.jpg" width="776" height="437" alt="Una montaña de poemas"></p><p class="article-text">
        La literatura de monta&ntilde;a es un g&eacute;nero que, adem&aacute;s de ser minoritario tanto por el lado de los autores como por el de los lectores, desconoce el significado de la palabra innovaci&oacute;n. La mayor parte de las obras que forman parte de &eacute;l se limitan a narrar, con m&aacute;s o menos desparpajo, los avatares, peripecias, acontecimientos e imprevistos que sufren o generan los miembros de una expedici&oacute;n que se dispone a ascender una cima, cuanto m&aacute;s lejana y peligrosa, mejor. As&iacute; sucede, al menos, en la mayor&iacute;a de los cl&aacute;sicos, desde <em>Annapurna </em>de Maurice Herzog o <em>La ascensi&oacute;n al Everest </em>de John Hunt hasta <em>Tocando el vac&iacute;o </em>de Joe Simpson o <em>Mal de altura </em>de Krakauer. Hay ocasiones, sin embargo, en las que este g&eacute;nero &ndash;por llamarlo de alg&uacute;n modo&ndash; produce libros inclasificables o, cuando menos, curiosos. 
    </p><p class="article-text">
        	El que traemos hoy a este blog no solamente se aparta de las cr&oacute;nicas a las que estamos acostumbrados, sino que, adem&aacute;s, la pr&aacute;ctica totalidad de los textos que lo integran no est&aacute;n redactados en prosa sino en verso. Se trata, por tanto, de una antolog&iacute;a, de una antolog&iacute;a po&eacute;tica, por m&aacute;s se&ntilde;as, integrada por m&aacute;s de 300 poemas escritos en castellano cuyo contenido gira, total o parcialmente, alrededor de la monta&ntilde;a. Este volumen, titulado <em>La monta&ntilde;a en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea</em>, fue editado en 1996 por Ediciones Internacionales Universitarias y cuenta con un pr&oacute;logo firmado por Miguel d&acute;Ors en el que se&ntilde;ala, entre otras cosas, que las razones que le llevaron a escribir el libro y seleccionar los versos que en &eacute;l figuran fueron su vocaci&oacute;n po&eacute;tica, la afici&oacute;n al alpinismo y una actividad profesional consagrada a la docencia de la literatura espa&ntilde;ola. 
    </p><p class="article-text">
        	Los poemas que forman parte de esta selecci&oacute;n abarcan un arco temporal que se extiende desde las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX hasta las postrimer&iacute;as del XX. El autor m&aacute;s alejado en el tiempo es Salvador Rueda (1857 &ndash; 1933) y el m&aacute;s pr&oacute;ximo, Mar&iacute;a Sanz (1956 - ). Entre ambos se suceden los trabajos de un total de 89 poetas, algunos muy conocidos y otros no tanto. Entre los primeros cabe destacar la presencia de Miguel de Unamuno, Jos&eacute; Mar&iacute;a Gabriel y Gal&aacute;n, Antonio Machado, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Pedro Salinas, Jorge Guill&eacute;n, Gerardo Diego, Rafael Alberti o Leopoldo Panero y, entre los segundos, la de Carlos Fern&aacute;ndez Shaw, Francisco Villaespesa, Antonio Andi&oacute;n o Zacar&iacute;as Zuza. En este elenco coexisten creadores de muy distinto pelaje pertenecientes a media docena de vanguardias po&eacute;ticas: Modernismo, generaciones del 98, 27, 36 y 50, Clasicismo, etc. Sin embargo, la disparidad de actitudes, estilos y sensibilidades que revelan las p&aacute;ginas de esta obra no pueden ocultar que la pr&aacute;ctica totalidad de los seleccionados defiende, impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente, la existencia de un v&iacute;nculo secreto que conecta las cumbres y los paisajes de monta&ntilde;a con la subjetividad y las emociones de quienes los contemplan. En buena parte de los poemas, la naturaleza deja de ser una entelequia ajena al estado de &aacute;nimo de los hombres para transformarse en el escenario en el que proyectar o reconocer nuestras alegr&iacute;as y tristezas. En este sentido, resulta muy pertinente recordar que J. J. Rousseau ya hab&iacute;a explorado esta conexi&oacute;n en <em>Las enso&ntilde;aciones del paseante solitario</em>. En uno de sus fragmentos puede leerse lo siguiente: <em>&ldquo;(&hellip;) el campo ofrec&iacute;a por doquier la imagen de la soledad y de la proximidad del invierno. De su aspecto resultaba una mezcla de impresi&oacute;n dulce y triste, demasiado an&aacute;loga a mi edad y mi suerte como para no aplic&aacute;rmela&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	En otro orden de cosas, todo apunta a que, en el caso espa&ntilde;ol, el prestigio literario de la monta&ntilde;a y su conversi&oacute;n en motivo po&eacute;tico no son fruto de la casualidad sino de la combinaci&oacute;n de varios factores. El primero y m&aacute;s importante, la irrupci&oacute;n, a finales del siglo XIX, de una corriente procedente de Europa continental denominada Modernismo que se caracteriza por su repudio del industrialismo, el progreso y los entornos urbanos. El segundo est&aacute; relacionado con la fundaci&oacute;n de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza y de la implantaci&oacute;n de un ideario que otorga especial importancia al monta&ntilde;ismo o a la realizaci&oacute;n de ejercicios al aire libre y a los beneficios que se derivan de ambas actividades. Es as&iacute; como algunos autores noventayochistas como Unamuno, Machado o Azor&iacute;n descubren la dimensi&oacute;n l&iacute;rica del paisaje, en general, y de los paisajes montanos, en particular. 
    </p><p class="article-text">
        	Los poemas contenidos en este volumen son tantos y tan heterog&eacute;neos que no resulta nada f&aacute;cil decantarse por ninguno de ellos, pero si hubiera que escoger uno, elegir&iacute;amos un fragmento de un poema firmado por el jienense Alberto &Aacute;lvarez de Cienfuegos (Martos, 1885 &ndash; Puertollano, 1957) titulado <em>Canci&oacute;n de la sierra </em>que comienza as&iacute;: <em>&ldquo;Quiero vivir la vida de monta&ntilde;a,/ tener mi hogar junto al azul del cielo,/ ser fuerte como roca de granito/ y libre como el viento;/ poder hundir mis ojos en los anchos/ horizontes de l&iacute;mites inciertos,/ que, como las humanas ambiciones,/ aumentan a medida que ascendemos./ Quiero olvidar cuanto en el mundo supe,/ aprender el lenguaje del silencio/ y conversar a solas con los astros/ que pueblan la amplitud del firmamento./ Bajo la roca m&aacute;s inaccesible/ cavar&eacute; la morada que a cubierto/ me ponga de las fieras tempestades/ (&hellip;) y apagar&eacute; mi sed en los arroyos/ que forman los deshielos/ y claros se deslizan entre musgos/ y se despe&ntilde;an luego/ para formar el cauce de los r&iacute;os/ que cantan en su f&eacute;rtil derrotero (&hellip;)&rdquo;</em>.<em> </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/montanas-poesia-poemas-literatura_1_12158183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Mar 2025 10:59:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una montaña de poemas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Allemannsretten o el derecho a vagar libremente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/allemannsretten-derecho-noruega-escandinavia-naturaleza_1_12079038.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a503d67-b1ce-4cb0-8150-3d429396b0c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Allemannsretten o el derecho a vagar libremente"></p><p class="article-text">
        Hay quien sostiene que la propiedad privada representa una se&ntilde;al inequ&iacute;voca del progreso de la humanidad y que, por tanto, deber&iacute;a ser considerada uno de los grandes logros del g&eacute;nero humano. Otros, sin embargo, rechazan esas afirmaciones y sostienen todo lo contrario, es decir, que la apropiaci&oacute;n de los bienes que anta&ntilde;o fueron comunes es un robo y que la introducci&oacute;n y el ejercicio de este derecho es la fuente de la mayor parte de los males que afligen a nuestra especie. Sea cual sea nuestra postura al respecto, lo que est&aacute; claro es que existen formas y formas de ejercer esta prerrogativa. Una de las f&oacute;rmulas m&aacute;s curiosas es la que lleva por nombre <em>allemannsretten </em>(noruego), <em>allemansr&auml;tten </em>(sueco) o <em>jokamiehenoikeus </em>(fin&eacute;s)<em> </em>y que habitualmente suele traducirse por: &ldquo;derecho a vagar libremente&rdquo;, &ldquo;derecho de acceso p&uacute;blico a la naturaleza&rdquo; o &ldquo;derecho de acceso com&uacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        		Este derecho garantiza, en mayor o menor medida, el acceso de todos los ciudadanos a parcelas, lagos y r&iacute;os de titularidad p&uacute;blica o privada y, aunque comenz&oacute; siendo una pr&aacute;ctica consuetudinaria, ha acabado por adquirir carta de naturaleza y por incorporarse a la legislaci&oacute;n de un pu&ntilde;ado de estados europeos entre los que figuran: Austria, Bielorrusia, Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, pa&iacute;ses b&aacute;lticos, Escocia, Suiza y Rep&uacute;blica Checa. Como es f&aacute;cil de imaginar, los reglamentos que acompa&ntilde;an y desarrollan el <em>allemannsretten</em> difieren de unos pa&iacute;ses a otros, pero, por norma general, ninguno autoriza la explotaci&oacute;n comercial de esos espacios a trav&eacute;s de actividades extractivas (pesca, caza, tala, recolecci&oacute;n&hellip;) o recreativas, ni la realizaci&oacute;n de acciones que amenacen gravemente su conservaci&oacute;n (conducci&oacute;n de veh&iacute;culos, masificaci&oacute;n, incendios accidentales). 
    </p><p class="article-text">
        	En otro orden de cosas, de entre todos los estados mencionados existen tres que destacan sobre todos los dem&aacute;s porque la tradici&oacute;n sobre la que gira este art&iacute;culo est&aacute; tan arraigada que ha llegado a convertirse en una de sus principales se&ntilde;as de identidad cultural, en uno de los rasgos que mejor les definen. Nos estamos refiriendo a las tres naciones que integran la pen&iacute;nsula escandinava: Noruega, Suecia y Finlandia.
    </p><p class="article-text">
        	Centr&aacute;ndonos en el caso escandinavo y, m&aacute;s concretamente, en el noruego, es preciso subrayar que, en esta naci&oacute;n, el <em>allemannsretten </em>garantiza el tr&aacute;nsito y la estancia temporal en terrenos p&uacute;blicos o privados siempre que estos formen parte de la categor&iacute;a <em>utmark</em>, es decir, campo abierto: bosques, monta&ntilde;as, pantanos y &aacute;reas costeras. En el extremo opuesto se encuentran los espacios <em>innmark </em>o campo cerrado: patios, corrales, cercados, solares en construcci&oacute;n, pastizales, jardines, terrenos vallados, cultivos o campos arados en los que la presencia de forasteros o excursionistas es considerada una molestia tanto para el titular de la propiedad como para el ganado y los cultivos que ocupan esas fincas. Sin embargo, en algunas ocasiones, la frontera o la diferencia existente entre ambas categor&iacute;as resulta sumamente borrosa. Esta ambig&uuml;edad se refleja en el hecho de que la normativa que regula este derecho autoriza a acampar durante un m&aacute;ximo de una noche a una distancia no inferior de 150 metros de la vivienda m&aacute;s pr&oacute;xima o a atravesar cualquier parcela siempre que se respeten dos condiciones: que el suelo se encuentre helado o cubierto de nieve y que la fecha en la que se lleve a efecto est&eacute; comprendida entre el 15 de octubre y el 30 de abril.
    </p><p class="article-text">
        	La ley que ampara estas libertades fue aprobada en el parlamento noruego en junio de 1957 y recibi&oacute; el t&iacute;tulo de Ley de Ocio en Exteriores. Su articulado no solamente contempla las pr&aacute;cticas a las que acabamos de referirnos sino otras muchas como las de nadar, remar, palear y utilizar botes a vela en aguas costeras o interiores; recolectar setas, flores y frutos silvestres o capturar peces de agua salada. Por eso no tiene nada de extra&ntilde;o que los noruegos hayan acu&ntilde;ado un t&eacute;rmino para referirse a la filosof&iacute;a vital que les caracteriza y que est&aacute; determinada por el v&iacute;nculo o la conexi&oacute;n que han establecido con la naturaleza salvaje de su patria. Se trata de la palabra <em>friluftsliv</em> que puede ser traducida por &ldquo;vida en la naturaleza&rdquo; y que, al parecer, fue acu&ntilde;ada en 1859 por el dramaturgo Henrik Ibsen. Desde entonces, el concepto no ha dejado de ganar adeptos, tantos que la Asociaci&oacute;n Noruega de Senderismo (Den Norske Turistforening o D.N.T) cuenta con m&aacute;s de 300.000 miembros (en un pa&iacute;s de algo m&aacute;s de 5 millones de habitantes) o que el n&uacute;mero de agrupaciones de actividades al aire libre representadas por la Norsk Frilutsliv asciende a 5.000.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        	Mientras tanto, en nuestro pa&iacute;s, en lugar de avanzar en la misma direcci&oacute;n, sucede todo lo contrario. Tal y como denuncia la P.I.C.P. (Plataforma Ib&eacute;rica por los Caminos P&uacute;blicos, (<a href="https://www.picp.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.picp.es/</a>), lo m&aacute;s habitual es que los intereses particulares y el &aacute;nimo de lucro primen sobre el inter&eacute;s general o el capitalismo extractivo sobre el productivo. Esto se traduce en la creciente expansi&oacute;n de los cotos y las reservas, la enajenaci&oacute;n de terrenos comunales y/o municipales, la generalizaci&oacute;n de las vallas cineg&eacute;ticas, la invasi&oacute;n de v&iacute;as pecuarias, el corte y la privatizaci&oacute;n de caminos y hasta de pueblos o la usurpaci&oacute;n de acu&iacute;feros y espacios naturales. Hoy por hoy, el derecho a vagar libremente, adem&aacute;s de estar sujeto a enormes restricciones, no deja de ser una quimera en la mayor parte del territorio peninsular. Esperemos que la inminente crisis ecol&oacute;gica que pende sobre nuestras cabezas haga que, por fin, cambiemos de rumbo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/allemannsretten-derecho-noruega-escandinavia-naturaleza_1_12079038.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Feb 2025 11:42:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Allemannsretten o el derecho a vagar libremente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran reemplazo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/gran-reemplazo-montanismo-montana_1_11980032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9cee524a-1d30-4f26-aeab-9535b1ed8f21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran reemplazo"></p><p class="article-text">
        	Que nadie se confunda. El contenido de este art&iacute;culo ni es un alegato en contra de la inmigraci&oacute;n y las minor&iacute;as &eacute;tnicas ni una apolog&iacute;a de la raza blanca. El reemplazo al que me refiero es de otra &iacute;ndole y tiene que ver con la irrupci&oacute;n, de un tiempo a esta parte, de una nueva forma de acudir a la monta&ntilde;a o de practicar el monta&ntilde;ismo. Como algunos ya habr&aacute;n sospechado, me estoy refiriendo al turismo de monta&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        	Aunque soy incapaz de fechar con exactitud el inicio de esta modalidad tur&iacute;stica, me atrever&iacute;a a se&ntilde;alar que, en nuestro pa&iacute;s, su popularizaci&oacute;n est&aacute; asociada al estallido de la pandemia de covid-19. Probablemente, la semilla ya estaba sembrada, pero los estados de alarma y las diferentes modalidades de confinamiento a las que nos vimos sometidos durante aquellos interminables meses de 2020 y 2021 hicieron que, personas que jam&aacute;s se hab&iacute;an interesado por las actividades al aire libre, buscaran refugio o una v&iacute;a de escape en las mismas. Dos datos: durante 2020, el alquiler de autocaravanas se increment&oacute; en un 30% con respecto al a&ntilde;o anterior y en un 15% el de las intervenciones estivales del GREIM en el Pirineo aragon&eacute;s. Estas y otras informaciones, como las que apuntan al crecimiento sostenido de las pernoctaciones en los refugios dependientes de las diferentes federaciones de monta&ntilde;a, indican que el turismo de monta&ntilde;a es una realidad que, si nada cambia, va a seguir consolid&aacute;ndose y expandi&eacute;ndose durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        	Aunque no deseo caer ni en el alarmismo, ni en una concepci&oacute;n restrictiva o elitista de este deporte, no solamente tengo la impresi&oacute;n de que el turismo de monta&ntilde;a tiene m&aacute;s de lo primero que de lo segundo, sino que, adem&aacute;s, me inquieta la posibilidad de que esta pr&aacute;ctica llegue alguna vez a suplantar al monta&ntilde;ismo convencional como ya lo ha hecho en algunas &aacute;reas de Picos de Europa o del Pirineo Central. Evidentemente, nuestra expulsi&oacute;n de estos dos entornos no tiene tanto que ver con este tipo de visitantes como con la implantaci&oacute;n, por parte de los refugios, de un sistema que otorga m&aacute;s derechos a los excursionistas que han adquirido el forfait que se les exige para dormir en los alojamientos que jalonan Carros de Foc o El Anillo de Picos que a los que aparecen de improviso y sin reserva. Imagino que los promotores de cualquiera de estos dos recorridos y sus m&uacute;ltiples variantes pensar&aacute;n que la iniciativa ha constituido todo un &eacute;xito, sobre todo de &iacute;ndole econ&oacute;mica, porque de ese modo han logrado lo que se propon&iacute;an: garantizar la ocupaci&oacute;n, obtener cuantiosos beneficios y generar un efecto llamada entre los j&oacute;venes o no tan j&oacute;venes que buscan un producto diferente. Sin embargo, no puedo evitar pensar que tambi&eacute;n est&aacute;n contribuyendo a la masificaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n de la monta&ntilde;a y, en definitiva, a su degradaci&oacute;n porque tanto Carros como El Anillo son ofertados en las agencias del sector como un destino, circuito, paquete o experiencia tur&iacute;stica m&aacute;s, una m&aacute;s entre otras muchas. 
    </p><p class="article-text">
        	El ejemplo que acabo de exponer es un s&iacute;ntoma de lo que est&aacute; sucediendo y de por d&oacute;nde pueden ir las cosas en el futuro. Tal vez ha llegado el momento de decir adi&oacute;s al monta&ntilde;ismo de toda la vida, al compromiso y la entrega que le suelen acompa&ntilde;ar, y abrazar una nueva versi&oacute;n del mismo en el que este tipo de conductas o &ldquo;aproximaciones&rdquo; se conviertan en la norma. Sin embargo, no puedo resistirme a expresar ciertas reservas porque, para m&iacute; personalmente, la monta&ntilde;a ha sido una escuela de vida, un refugio y un lugar de aprendizaje 
    </p><p class="article-text">
        	Realmente desconozco qu&eacute; es lo que buscan los turistas que han comenzado a frecuentarla, pero sospecho que su concepci&oacute;n es meramente instrumental, que la monta&ntilde;a es utilizada como medio para alcanzar sus objetivos, objetivos relacionados con el ejercicio f&iacute;sico, el ocio, el consumo de experiencias, el bienestar, la superaci&oacute;n personal y su difusi&oacute;n a trav&eacute;s de las redes. Desde luego no hay nada de malo en todo ello, pero creo que la pr&aacute;ctica del monta&ntilde;ismo posee una serie de rasgos irreductibles que no deber&iacute;an encapsularse ni banalizarse ni comercializarse y que, al paso que vamos, corren el riesgo de desvanecerse. 
    </p><p class="article-text">
        	La mejor prueba de cuanto decimos la tenemos en In&egrave;s Benazzouz, alias <em>Inoxtag</em>, un youtuber franco-argelino de 22 a&ntilde;os con 7 millones de seguidores que el pasado 21 de mayo coron&oacute; la cima del Everest un a&ntilde;o y medio despu&eacute;s de anunciar en las redes sociales que lo escalar&iacute;a. <em>Kaizen</em>,<em> </em>el documental en el que narra su haza&ntilde;a no solamente ha obtenido un &eacute;xito internacional aplastante &ndash;cerca de 40 millones de visualizaciones&ndash;, tambi&eacute;n es un canto a la superaci&oacute;n, es decir, a la inanidad y los lugares comunes. Durante su metraje puede comprobarse que el tal In&egrave;s es un hijo de su tiempo, un joven de &eacute;xito prematuro obsesionado por las redes sociales y sin apenas contacto con la realidad, y que con dinero, con mucho dinero, puede hacerse casi cualquier cosa. Aunque su prop&oacute;sito, o el del realizador del film, es convencernos de que nos encontramos ante un suceso &eacute;pico que merece ser admirado, lo cierto es que no puede ser m&aacute;s banal y egoc&eacute;ntrico. Si dejamos a un lado su ret&oacute;rica vac&iacute;a, lo que nos encontramos es&hellip; el retrato de un turista de monta&ntilde;a para el que lo menos importante es, precisamente, esta &uacute;ltima. El Everest es reducido a la condici&oacute;n de escenario o set de rodaje y, lo que es peor, termina por desdibujarse hasta convertirse en un mero producto, en una mercanc&iacute;a muy valiosa que s&oacute;lo est&aacute; al alcance de unos cuantos privilegiados, entre los que figura el influencer Benazzouz. As&iacute; que, a menos que el mundo se pare, menuda nos espera&hellip;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Jauregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/gran-reemplazo-montanismo-montana_1_11980032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jan 2025 09:40:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gran reemplazo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cazadores de plantas del Himalaya (I)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/cazadores-plantas-himalaya_1_11911612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52e1989e-ec84-42ef-a3f2-6230760fec26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cazadores de plantas del Himalaya (I)"></p><p class="article-text">
        Es posible que el concepto de &ldquo;cazador de plantas&rdquo; (<em>plant hunter</em>) no sea muy conocido o no est&eacute; muy extendido entre los lectores de habla hispana, sin embargo, esta expresi&oacute;n resulta bastante com&uacute;n o es bien conocida entre los de lengua inglesa. De hecho, los s&uacute;bditos de su graciosa majestad fueron los inventores de esta figura, los responsables de acu&ntilde;ar la expresi&oacute;n y los primeros en financiar y promover la organizaci&oacute;n de expediciones natural&iacute;sticas destinadas exclusivamente a la obtenci&oacute;n y recolecci&oacute;n de semillas y toda suerte de ejemplares bot&aacute;nicos. La edad dorada de esta actividad fueron los siglos XVIII y XIX y, como tendremos ocasi&oacute;n de comprobar, los recursos puestos a disposici&oacute;n de estas empresas fueron, en ocasiones, realmente cuantiosos.
    </p><p class="article-text">
        	La lista de los aventureros que se adentraron en el Himalaya y en sus estribaciones orientales y meridionales incluye los nombres de Fortune, Hooker, Delavay, Wilson, Forrest, Ward y Rock entre otros muchos. La gran mayor&iacute;a de estos exploradores aficionados a la bot&aacute;nica o bot&aacute;nicos aficionados a la exploraci&oacute;n desarrollaron su actividad a lo largo de un siglo, entre 1843 y 1950. Sus expediciones coincidieron en el tiempo con la apertura al mundo exterior de territorios que, hasta esas mismas fechas, hab&iacute;an permanecido herm&eacute;ticamente cerrados a los intercambios comerciales y a las influencias for&aacute;neas. Por ese motivo, el per&iacute;odo al que acabamos de referirnos no solamente viene a representar la edad de oro de los cazadores de plantas, sino que fue a lo largo de esos cien a&ntilde;os cuando se introdujeron en los jardines europeos decenas y decenas de variedades al&oacute;ctonas procedentes de esas latitudes. Este cat&aacute;logo inclu&iacute;a magnolias, rododendros, meconopsis, pr&iacute;mulas o lilas. Es m&aacute;s, los aficionados a la jardiner&iacute;a no tardar&aacute;n en descubrir que, a pesar de su exotismo, algunas de estas especies eran perfectamente capaces de adaptarse y reproducirse bajo las condiciones climatol&oacute;gicas reinantes en el continente europeo.
    </p><p class="article-text">
        	Los espec&iacute;menes que eran transportados a Occidente por v&iacute;a terrestre o, preferentemente, mar&iacute;tima, alcanzaban su destino en forma de colecciones de semillas o de herbarios. Las primeras eran remitidas a los jardines bot&aacute;nicos, viveros y coleccionistas interesados que, en ocasiones, sufragaban los costes de estas correr&iacute;as. Los segundos, por el contrario, se hac&iacute;an llegar a las instituciones bot&aacute;nicas para su estudio, difusi&oacute;n y posterior catalogaci&oacute;n taxon&oacute;mica. No es casualidad que la inmensa mayor&iacute;a de los cazadores de plantas fueran originarios u oriundos de las Islas Brit&aacute;nicas dado el inusitado inter&eacute;s que sus ciudadanos demostraban por la jardiner&iacute;a y la influencia pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que este pa&iacute;s ejerc&iacute;a sobre buena parte del mundo.
    </p><p class="article-text">
        	En honor a la verdad es preciso se&ntilde;alar que los primeros ensayos y tentativas en relaci&oacute;n con la recolecci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n de plantas procedentes de Asia fueron llevados a cabo antes de 1850 por dos pioneros: el cirujano anglo-dan&eacute;s Nathaniel Wallich (Copenhague, 1786 &ndash; Londres, 1854) y el tambi&eacute;n m&eacute;dico William Griffith (Ham, 1810 &ndash; Malaca, 1845). Sin embargo, los responsables de introducir cantidades verdaderamente significativas de nuevas especies procedentes de China y del Himalaya fueron el escoc&eacute;s Robert Fortune (Kelloe, 1812 &ndash; Londres, 1880), famoso por su divulgar los secretos del cultivo del t&eacute;, y el eminente bot&aacute;nico Joseph Hooker (Halesworth, 1817 &ndash; Sunningdale, 1911).
    </p><p class="article-text">
        	Fortune emprendi&oacute; su primer viaje a Oriente en 1843 con el patrocinio de la Sociedad Horticultora de Londres. Sus &oacute;rdenes eran <em>&ldquo;recolectar semillas y plantas ornamentales o productivas no cultivadas en Gran Breta&ntilde;a&rdquo;</em>. Estas &oacute;rdenes eran tan minuciosas que inclu&iacute;an detalles sobre las variedades por las que deb&iacute;a mostrar inter&eacute;s: <em>&ldquo;melocotones de Pek&iacute;n (&hellip;) las plantas que producen t&eacute; (&hellip;) rosas dobles amarillas, peon&iacute;as con flores azules, camelias con flores amarillas en el caso que existan&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        	Por su parte, las incursiones que Joseph Hooker llev&oacute; a cabo entre 1847 y 1851 en el interior de Nepal y Sikkim produjeron una ingente cantidad de semillas. A resultas de sus esfuerzos, los jardines brit&aacute;nicos comenzaron a poblarse de un surtido inagotable y novedoso de pr&iacute;mulas, rododendros, magnolias y meconopsis.
    </p><p class="article-text">
        	El &eacute;xito cosechado por estos dos pioneros no solamente revel&oacute; el potencial de la regi&oacute;n himal&aacute;yica como fuente de plantas ornamentales, sino que, adem&aacute;s, estimul&oacute; la organizaci&oacute;n de nuevas misiones exploratorias y el reclutamiento de m&aacute;s expertos.
    </p><p class="article-text">
        	La inestabilidad pol&iacute;tica que sacudi&oacute; China entre 1855 y 1885 detuvo moment&aacute;neamente la afluencia de investigadores, pero la &uacute;ltima d&eacute;cada y media del siglo XIX registr&oacute; un incremento in&eacute;dito de esta actividad gracias a la intervenci&oacute;n de nuevos actores como Przewalski (Rusia), Delavay y David (Francia) o Maries y Gill (Reino Unido). Para que nos hagamos una idea de la magnitud del trabajo realizado por alguno de estos naturalistas baste se&ntilde;alar que durante sus dos d&eacute;cadas de estancia en China, Jean Marie Delavay recolect&oacute; cerca de 200.000 espec&iacute;menes diferentes de los cuales 1.500 eran completamente desconocidos para la ciencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/cazadores-plantas-himalaya_1_11911612.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Dec 2024 11:37:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cazadores de plantas del Himalaya (I)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Migraciones pirenaicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/migraciones-pirenaicas-pirineos_1_11842480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89a46baa-4890-43ad-b043-654ef332e8bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1106569.jpg" width="1600" height="900" alt="Migraciones pirenaicas"></p><p class="article-text">
        Los prejuicios, adem&aacute;s de jugar malas pasadas, resultan enormemente &uacute;tiles a la hora de adaptar la realidad y los hechos a los esquemas preestablecidos que la educaci&oacute;n, la sociedad o el h&aacute;bito han ido depositando y construyendo en nuestra mente. Si digo esto es porque existe un prejuicio muy extendido, tanto entre los monta&ntilde;eros como entre los que no lo son, relacionado con las comunidades, minor&iacute;as o etnias que residen en &aacute;reas de monta&ntilde;a. La idea a la que nos referimos consiste en asociar sistem&aacute;ticamente estos grupos humanos con la autarqu&iacute;a, el aislamiento, el atraso o el conservadurismo. Y es probable que en algunos casos o circunstancias haya sido as&iacute;, pero eso no significa que todos hayan seguido ese mismo patr&oacute;n a lo largo del tiempo y del espacio. De hecho, la escasez end&eacute;mica de recursos y la baja productividad de sus econom&iacute;as, en lugar de convertirse en un freno para su desarrollo, son los factores que, llegado el momento, los han llevado a innovar, emprender y romper el aislamiento a trav&eacute;s de diferentes estrategias. La prueba la tenemos en los <em>mugalaris</em>, pastores<em> </em>y contrabandistas existentes en todos los territorios erizados de monta&ntilde;as, pero tambi&eacute;n en los oficios ambulantes en los que los monta&ntilde;eses se han desenvuelto con especial destreza (tratantes, canteros, le&ntilde;adores, ferrones, mineros, arrieros, fabricantes de tejas, buhoneros&hellip;) o en el ejemplo del que nos ocuparemos a continuaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        	Uno de los fen&oacute;menos migratorios m&aacute;s sorprendentes de la cordillera pirenaica es el de los movimientos estacionales protagonizadas por mujeres de la vertiente meridional que, durante varias d&eacute;cadas del siglo pasado, se estuvieron trasladando a Francia con el fin de emplearse en el servicio dom&eacute;stico, la hosteler&iacute;a o la fabricaci&oacute;n de calzado. Por lo que sabemos, el primer investigador en alertar sobre la existencia de estos desplazamientos fue un antrop&oacute;logo norteamericano llamado William Douglass que, tras establecerse durante unos meses en la localidad navarra de Echalar con el fin de realizar su tesis doctoral, public&oacute; en 1975 un ensayo titulado <em>Echalar and Murelaga. Opportunity and rural exodus in two Spanish Basque villages </em>en el que resume sus observaciones. Para ser sinceros, el espacio ocupado por la migraci&oacute;n femenina transfronteriza en esta obra resulta poco relevante porque se limita a describir los desplazamientos observados en el pueblo objeto del estudio sin indagar en los antecedentes ni en otros ejemplos m&aacute;s significativos. A pesar de ello, resulta meritorio porque, al menos, registra y pone nombre a una realidad que, hasta ese momento, hab&iacute;a pasado desapercibida y que en adelante ser&aacute; conocida con el apelativo de &ldquo;migraci&oacute;n golondrina&rdquo; (<em>ainara </em>en euskara, <em>hirondelle </em>en franc&eacute;s). La adopci&oacute;n de este t&iacute;tulo obedece tanto a su car&aacute;cter estacional como a que el desplazamiento de estas jornaleras coincid&iacute;a en el tiempo con el de las aves del mismo nombre. Unas y otras abandonaban sus hogares a finales de septiembre o comienzos de octubre, dejaban transcurrir oto&ntilde;o e invierno, y regresaban durante la primera o primeras semanas de mayo. 
    </p><p class="article-text">
        	Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, el principal y casi &uacute;nico destino de este flujo migratorio exclusivamente femenino y transpirenaico fue Maule o Maule&oacute;n, la capital del territorio vascofranc&eacute;s de Zuberoa. El motivo de su presencia en esta y otras localidades del entorno como Licharre u Oloron Sainte Marie era la existencia de cerca de una veintena de talleres dedicados a la fabricaci&oacute;n de alpargatas o <em>espadrilles </em>de c&aacute;&ntilde;amo. Algunos de ellos ten&iacute;an car&aacute;cter artesanal, pero otros como las f&aacute;bricas B&eacute;guerie, Bidegain, Bessouat o Cherbero eran aut&eacute;nticos emporios industriales que daban trabajo a centenares de obreras y elaboraban miles de piezas destinadas a la exportaci&oacute;n al cabo del a&ntilde;o. Para que nos hagamos una idea, en 1896 el censo de espa&ntilde;olas empleadas en esta industria ascend&iacute;a a 346; en 1911, la cifra superaba las 1.200 mientras que en 1936 era de 571 y de 473 en 1954. Estas operarias, contratadas en r&eacute;gimen de estacionalidad, constitu&iacute;an la obra de mano ideal para cualquier empresario del ramo porque adem&aacute;s de ser tan j&oacute;venes y diestras como sus rivales francesas, trabajaban a destajo, aceptaban salarios m&aacute;s bajos o peores condiciones laborales y no estaban sindicadas. As&iacute; lo confirman numerosos testimonios como el del informante J. Melle: <em>&ldquo;&iexcl;Ah, las aragonesas! Yo conoc&iacute; el per&iacute;odo cuando Cherbero empleaba 800 obreras en plena temporada. Ellas trabajaban en la trenza o el hilado porque les daban las peores tareas. Las m&aacute;s sucias. Pero ellas no dec&iacute;an nada. Estaban acostumbradas. Se alojaban sobre todo en la Alta Villa y Licharre, sobre todo con los suyos (&hellip;) Algunas se casaron en Maule&oacute;n, pero las tres cuartas partes regresaban. Amaban a su pa&iacute;s. Ven&iacute;an y se iban durante algunos a&ntilde;os. Eran j&oacute;venes, chicas guapas que ven&iacute;an a trabajar y no se gastaban un c&eacute;ntimo&rdquo;</em>. Si no lo hac&iacute;an era, seguramente, porque consideraban que se trataba de la &uacute;nica oportunidad que se les iba a presentar en la vida para mejorar su econom&iacute;a dom&eacute;stica o personal, ver mundo, reunir un ajuar o adquirir art&iacute;culos suntuarios para la reventa. 
    </p><p class="article-text">
        	Las dos rutas m&aacute;s frecuentadas, tanto a la ida como a la vuelta, para cruzar a pie los Pirineos remontaban los valles del Roncal y de Ans&oacute; hasta Isaba y Zuriza respectivamente. Desde all&iacute;, y en grupos de 10, 12 o 15, con o sin compa&ntilde;&iacute;a masculina, ascend&iacute;an el puerto de Belagua, atravesaban el collado de la Piedra San Mart&iacute;n y, una vez en la vertiente opuesta, continuaban hasta Santa Engracia y Maule&oacute;n. Hacia all&iacute; se dirig&iacute;an centenares de j&oacute;venes procedentes de la vertiente meridional de los Pirineos, tanto del valle navarro del Roncal (Burgui, Isaba, Garde, Vidangoz, Roncal, Uzt&aacute;rroz) como de las comarcas aragonesas de Jacetania (Salvatierra de Esca, Ans&oacute;, Fago, Sig&uuml;&eacute;s, A&iacute;sa, Arag&uuml;&eacute;s del Puerto, Jaca, Lorb&eacute;s) y las Cinco Villas (Undu&eacute;s, Sos del Rey Cat&oacute;lico, Luesia, Ruesta). Su memoria a&uacute;n puede rastrearse a trav&eacute;s del documental Ainarak (<a href="https://ainarak.eus/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://ainarak.eus/</a>) o de la informaci&oacute;n recopilada por la asociaci&oacute;n suletina Ikerzaleak (<a href="https://ikerzaleak.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://ikerzaleak.org</a>).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Por Iñigo Jauregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/migraciones-pirenaicas-pirineos_1_11842480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Nov 2024 09:55:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Migraciones pirenaicas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un archipiélago de montañas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/africa-malawi-mozambique-montanas-archipielago-monte-lico-monte-mulanje_1_11755964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db91ba44-6101-49b6-88cb-43304cb6609a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un archipiélago de montañas"></p><p class="article-text">
        Como ya hemos se&ntilde;alado en m&aacute;s de una y de dos ocasiones, las cadenas monta&ntilde;osas tienen la virtud, muy a menudo, de servir como aut&eacute;nticas reservas de la diversidad biol&oacute;gica y antropol&oacute;gica porque act&uacute;an como barreras protectoras y generan h&aacute;bitats &uacute;nicos y excepcionales que contribuyen tanto a la preservaci&oacute;n de especies animales y vegetales como de pr&aacute;cticas culturales. Este fen&oacute;meno, com&uacute;n a todas las cordilleras del planeta, alcanza una de sus mayores expresiones en el SE de &Aacute;frica, en una ecorregi&oacute;n conocida bajo el acr&oacute;nimo S.E.A.M.A., es decir: South East Montane Archipelago (Archipi&eacute;lago Montano del Sudeste de &Aacute;frica).
    </p><p class="article-text">
        El territorio al que nos referimos, lejos de ser continuo, se haya fragmentado y constituido por una treintena de monta&ntilde;as o elevaciones gran&iacute;ticas que emergen de las llanuras circundantes hasta alturas que oscilan entre los 961 metros de las Malawi Hills y los 3.002 del pico Mulanje. Exteriormente, su aspecto f&iacute;sico se asemeja al que presentan los grupos de islas y atolones que salpican las aguas del oc&eacute;ano Pac&iacute;fico, de ah&iacute; la utilizaci&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;archipi&eacute;lago&rdquo; para referirse a ellas.
    </p><p class="article-text">
        	El &aacute;rea combinada de estas paleoestructuras o <em>inselbergen </em>(montes-isla), que empezaron a cobrar forma hace 600 millones de a&ntilde;os, apenas supera los 3.300 km<sup>2</sup>, sin embargo, su distribuci&oacute;n se prolonga a lo largo y ancho de un tri&aacute;ngulo irregular que sobrepasa los 75.000 km<sup>2</sup> de superficie y que se extiende por el S de Malawi y el N de Mozambique. Si las examinamos m&aacute;s de cerca, comprobaremos que las unidades m&aacute;s extensas, los montes Cucutea e Inago, no rebasan los 300 km<sup>2</sup>, mientras que las m&aacute;s reducidas, Lico y Soche, apenas superan los 5.
    </p><p class="article-text">
        	La mayor virtud o el principal valor de estas formaciones no reside ni en su origen ni en su naturaleza geol&oacute;gica sino en la protecci&oacute;n que, durante cientos de miles o millones de a&ntilde;os, han otorgado a toda clase de especies vegetales y animales. Seg&uacute;n investigaciones llevadas a cabo sobre el terreno por un equipo multidisciplinar de cient&iacute;ficos (<a href="https://www.nature.com/articles/s41598-024-54671-z" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.nature.com/articles/s41598-024-54671-z</a>), la nueva ecorregi&oacute;n alberga un total de 217 endemismos que, hasta su reciente descubrimiento, no hab&iacute;an sido descritos. Entre ellos figuran 127 plantas, 45 vertebrados, 39 mariposas, 22 reptiles, 11 anfibios, 8 aves, 6 cangrejos y 4 mam&iacute;feros. Por consiguiente, no es de extra&ntilde;ar que diversos organismos internacionales hayan decidido coordinarse para impulsar medidas que contribuyan a restaurar y garantizar la protecci&oacute;n de estos espacios y de su biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        	Entre las tres decenas de <em>inselberg</em>, existen dos que destacan sobre el resto. Se trata de los montes Lico y Mulanje. El primero es, en realidad, un cono volc&aacute;nico de 1.100 metros de altitud enclavado en el NO de Mozambique que se yergue solitario sobre la sabana circundante. Su hallazgo se produjo en 2012 y fue obra de un cient&iacute;fico brit&aacute;nico llamado Julian Bayliss y de las im&aacute;genes proporcionadas por Google Earth. La exploraci&oacute;n sobre el terreno se demor&oacute; seis a&ntilde;os m&aacute;s, hasta mayo de 2018, tiempo que necesit&oacute; Bayliss para reunir la financiaci&oacute;n y el respaldo necesarios para acometer esta aventura. El equipo, compuesto por un total de 28 miembros, cont&oacute; con dos escaladores profesionales: Jules Lines y Mike Robertson. Ellos fueron los responsables de trazar la ruta de ascenso y de fijar las cuerdas fijas que surcaban los 125 metros de granito que separaban la base del domo de la selva que invad&iacute;a su cima. Durante los 10 d&iacute;as que dur&oacute; su estancia en este mundo perdido de apenas 30 hect&aacute;reas de superficie, los investigadores capturaron varias especies jam&aacute;s descritas por la ciencia y, lo que es mucho m&aacute;s inquietante, desenterraron un conjunto de piezas de alfarer&iacute;a sepultadas en fecha desconocida por una mano an&oacute;nima.
    </p><p class="article-text">
        	Por su parte, el monte Mulanje no solamente constituye el techo de Malawi sino que, adem&aacute;s, alberga la pared m&aacute;s alta de todo el continente africano (cara O del pico Chambe), un muro continuo de 1.600 metros que, al hallarse en latitudes tropicales, no ha sufrido los procesos de meteorizaci&oacute;n que se observan en el continente europeo o americano. El primer europeo en alertar sobre la presencia de este macizo monta&ntilde;oso fue David Livingstone en 1859. Su existencia resulta providencial para los habitantes de esta rep&uacute;blica africana porque su contribuci&oacute;n resulta decisiva a la hora de generar las precipitaciones que se producen en la mitad meridional del pa&iacute;s y porque proporciona le&ntilde;a, pastos, tierras de cultivo, caza y, &uacute;ltimamente, ingresos asociados al sector tur&iacute;stico. El endemismo m&aacute;s conocido de esta regi&oacute;n es el cedro de Mulanje, un &aacute;rbol extremadamente apreciado por la calidad de su madera y por su valor simb&oacute;lico, pero que, lamentablemente, estuvo a punto de desaparecer por las talas y los incendios incontrolados. Afortunadamente, en 2019 se inici&oacute; un plan de reforestaci&oacute;n que permite albergar esperanzas acerca de la recuperaci&oacute;n de la especie y la restauraci&oacute;n del ecosistema montano del que formaba parte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jauregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/africa-malawi-mozambique-montanas-archipielago-monte-lico-monte-mulanje_1_11755964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Oct 2024 08:21:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un archipiélago de montañas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un intruso en el Himalaya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-cho-oyu-herbert-tichy-ochomiles_1_11668937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3b581d1-1783-4ed7-b6db-18569cfd4943_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un intruso en el Himalaya"></p><p class="article-text">
        En el santoral de primeros ochomilistas figuran todo tipo de caracteres y personalidades: m&aacute;rtires devotos, eg&oacute;latras patol&oacute;gicos, patriotas fan&aacute;ticos, estrategas oportunistas, narcisistas de manual, exc&eacute;ntricos y alg&uacute;n que otro intruso. Si tuvi&eacute;ramos que elegir una de entre todas esas categor&iacute;as, nos inclinar&iacute;amos, sin duda, por la que figura en &uacute;ltimo lugar, al final de ese listado, y lo har&iacute;amos no tanto por el comportamiento intr&iacute;nseco de los protagonistas de semejantes haza&ntilde;as como por su singularidad, por constituir una excepci&oacute;n dentro de todo el conjunto. Y es que, si analizamos en detalle el listado de ascensiones y ascensionistas que se sucedieron entre 1950, fecha en la que Maurice Herzog y Louis Lachenal coronaron el Annapurna, hasta 1964, a&ntilde;o en el que finaliz&oacute; la carrera de los 14 ochomiles con la conquista del Shisha Pangma a cargo de un equipo chino, comprobaremos que todas o casi todas transcurrieron por los cauces previstos o estuvieron marcadas por la previsibilidad. Las excepciones a la norma fueron realmente pocas o muy pocas y ninguna lo fue tanto como la dirigida en 1954 por el austriaco Herbert Tichy (Viena, 1912 &ndash; Viena, 1987) que culmin&oacute; con la coronaci&oacute;n del Cho Oyu que, con sus 8.188 metros, constituye la sexta monta&ntilde;a m&aacute;s alta de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        	Los motivos por los que acabamos de tachar a Tichy de intruso o advenedizo son muy diversos. Su expedici&oacute;n, como tendremos ocasi&oacute;n de analizar a continuaci&oacute;n, estuvo llena de, llam&eacute;moslas as&iacute;, irregularidades. En otras palabras, no discurri&oacute; por los cauces habituales o no se acomod&oacute; al modelo que por aquel entonces dominaba este tipo de iniciativas y que estaba gobernado por criterios y estrategias militares no muy diferentes a las practicadas algunos a&ntilde;os antes en los campos de batalla. La mejor prueba de todo la hallamos en la literatura de monta&ntilde;a de aquel entonces. Si consultamos las obras que los protagonistas de estas expediciones produjeron a su regreso veremos que est&aacute;n cuajadas de terminolog&iacute;a b&eacute;lica o belicista, de asedios, asaltos, ataques, retiradas, movimientos estrat&eacute;gicos, actos de hero&iacute;smo, puestos avanzados, campa&ntilde;as, derrotas&hellip; y que los l&iacute;deres de grupo, responsables &uacute;ltimos de la cadena de mando, ejerc&iacute;an un control f&eacute;rreo o cuartelario sobre sus subordinados.
    </p><p class="article-text">
        	Para empezar, Herbert Tichy estaba muy lejos de ser un alpinista consumado o de raza. Su experiencia como monta&ntilde;ero era casi nula o, para ser piadosos, extremadamente limitada. El mismo lo reconoce en la introducci&oacute;n de una de sus obras (<em>Cho Oyu</em>) cuando afirma: <em>&ldquo;No soy monta&ntilde;ero en el sentido estricto del t&eacute;rmino. Por m&aacute;s que me hallan atra&iacute;do las monta&ntilde;as, &eacute;stas no constituyen para m&iacute; objetivos en s&iacute; mismas (&hellip;)&rdquo;</em>.<em> </em>Sus verdaderas vocaciones eran la aventura y la geolog&iacute;a, ciencia a la que consagr&oacute; los primeros a&ntilde;os y viajes de su vida. Esta disciplina fue lo que le llev&oacute; en 1933 a viajar hasta la India a lomos de una motocicleta y a regresar en 1935. El resultado de ambas incursiones fue una tesis doctoral &iacute;ntegramente dedicada a la cordillera del Pir Panjal y la redacci&oacute;n de la primera de las 27 publicaciones que redact&oacute; a lo largo de su carrera. La obra en cuesti&oacute;n, que tiene traducci&oacute;n espa&ntilde;ola, se titula <em>Hacia el trono de los dioses</em>, fue editada en 1937 y forma parte, junto a <em>La metamorfosis de la flor de loto </em>(1951) y la ya citada <em>Cho Oyu </em>(1955), de una trilog&iacute;a consagrada al subcontinente indio.
    </p><p class="article-text">
        	Con este historial, no es extra&ntilde;o que su verdadero bautizo en el Himalaya se produjese en 1953, a unos meses de cumplir 42 a&ntilde;os. Fue entonces, al final de una incursi&oacute;n de cuatro meses por las monta&ntilde;as del oeste de Nepal, cuando concibi&oacute; la posibilidad de ascender un ochomil virgen. La idea inicial no parti&oacute; de Herbert sino de uno de los sherpas de su equipo: Pasang Dawa. La sugerencia se debi&oacute;, probablemente, a que Dawa era natural y estaba muy familiarizado con el Khumbu, la regi&oacute;n en la que se alza este ochomil.
    </p><p class="article-text">
        	Estos antecedentes, o falta de ellos, son s&oacute;lo un ejemplo de lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s porque buena parte de las circunstancias que rodearon la escalada tuvieron muy poco que ver con lo que sol&iacute;an ser los cauces habituales. Para empezar, la de Tichy fue la primera expedici&oacute;n en estilo alpino o ligero y exitosa de la que se tiene noticia. El equipo se redujo a 10 miembros: tres austriacos, el propio Tichy, J. J&ouml;chler, H. Heuberger y siete sherpas encabezados por Dawa y Adjiba. Su intentona, adem&aacute;s, no se desarroll&oacute; durante la primavera, como hab&iacute;a sucedido en todos los casos anteriores, sino durante los meses de septiembre y octubre de 1954 y, lo que es a&uacute;n m&aacute;s sorprendente, desech&oacute; completamente el empleo de ox&iacute;geno suplementario. Eso sin olvidar las diversas imprudencias cometidas por Tichy. Las m&aacute;s notorias fueron dos: atravesar los l&iacute;mites fronterizos que separan China de Nepal sin el conocimiento ni la autorizaci&oacute;n de las autoridades de la Rep&uacute;blica Popular y empe&ntilde;arse en continuar a pesar de los principios de congelaci&oacute;n sufridos en ambas manos. As&iacute; es como, contra todo pron&oacute;stico, Tichy, J&ouml;chler y Dawa alcanzaron la cima del Cho Oyu la tarde del 19 de octubre de 1954 y as&iacute; es como Tichy refleja el acontecimiento: <em>&ldquo;El interminable cielo azul descend&iacute;a en torno a nosotros como si fuera una campana. Haber alcanzado la cumbre era un hecho glorioso, pero la proximidad del cielo resultaba abrumadora. S&oacute;lo unos pocos han estado m&aacute;s cerca de &eacute;l que nosotros aquel d&iacute;a. Fue el cielo lo que domin&oacute; nuestra media hora en la cumbre&rdquo;</em>. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s podemos a&ntilde;adir?&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/himalaya-cho-oyu-herbert-tichy-ochomiles_1_11668937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Sep 2024 10:02:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un intruso en el Himalaya]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vertikal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/vertikal-stanislav-govorukhin-boris-durov-pelicula-montana-vladimir-vysotskiy_1_11604607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25e5e37b-a995-4970-8f40-37015eeb60cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1100813.jpg" width="945" height="532" alt="Vertikal"></p><p class="article-text">
        	&nbsp;As&iacute; se titula una pel&iacute;cula sovi&eacute;tica de 73 minutos de duraci&oacute;n estrenada en 1967 y dirigida por dos directores noveles llamados Stanislav Govorukhin y Boris Durov (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=rjDI-pX3JIQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.youtube.com/watch?v=rjDI-pX3JIQ</a>). Se trata de una cinta en blanco y negro, realizada con muy pocos medios, a ratos &ldquo;naif&rdquo; y sin grandes alardes t&eacute;cnicos que describe las peripecias de un grupo compuesto por seis expedicionarios (cuatro hombres y dos mujeres) que se dispone a ascender a la cima de una monta&ntilde;a llamada Artao enclavada en la cordillera del C&aacute;ucaso y cuya silueta recuerda a la del Ushba. Su tem&aacute;tica result&oacute; no ser un obst&aacute;culo a la hora de suscitar el inter&eacute;s del p&uacute;blico de la extinta U.R.S.S. porque atrajo a un total de 33 millones de espectadores convirti&eacute;ndose, de ese modo, en el decimotercer largometraje m&aacute;s popular de ese ejercicio. Curiosamente, el m&aacute;s taquillero de todos los estrenos de ese mismo a&ntilde;o fue una comedia rodada y ambientada en la misma cadena monta&ntilde;osa y de la que se vendieron m&aacute;s de 76 millones de entradas. El argumento de esta segunda pel&iacute;cula, titulada <em>La prisionera del C&aacute;ucaso </em>o <em>Nuevas aventuras de Shurik</em> (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=8KYUSLtXJyo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.youtube.com/watch?v=8KYUSLtXJyo</a>), giraba en torno a las c&oacute;micas andanzas de Shurik, el estrafalario personaje que daba nombre al filme, un viejo conocido de las audiencias sovi&eacute;ticas que ya hab&iacute;a protagonizado otro gran &eacute;xito: <em>Operaci&oacute;n &ldquo;Y&rdquo; y otras aventuras de Shurik</em>. <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        	Pero volviendo al tema que nos ocupa, el &eacute;xito cosechado por <em>Vertikal </em>a su paso por las pantallas no se debi&oacute; tanto a las virtudes t&eacute;cnicas, argumentales o dram&aacute;ticas del largometraje sino a la participaci&oacute;n en el mismo del que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;a en uno de los mayores &iacute;dolos cinematogr&aacute;ficos y musicales de la escena sovi&eacute;tica. Nos estamos refiriendo al cantautor Vladimir Vysotskiy (Mosc&uacute;, 1938 &ndash; Mosc&uacute;, 1980). La composici&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los cinco temas que forman la banda sonora y su papel como radiotelegrafista de la expedici&oacute;n no solamente alimentaron la curiosidad de las audiencias, sino que, probablemente, suscitaron la necesidad de acudir a los cines donde se exhib&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        	Sea como fuere, los dos primeros minutos del metraje transcurren en el interior de un apartamento en el que los integrantes del grupo se hallan reunidos para ultimar los preparativos y elegir a su l&iacute;der, responsabilidad que recae en Vitaly, el m&aacute;s veterano de todos ellos. Tras esta introducci&oacute;n, el escenario se traslada al C&aacute;ucaso georgiano, a una localidad de la regi&oacute;n de Svaneti llamada Ushguli. Durante cerca de un cuarto de hora, la pel&iacute;cula se transforma en un documental etnogr&aacute;fico que se dedica a mostrar, aunque sea de forma superficial, los aspectos m&aacute;s significativos de la vida de sus habitantes: rostros, atuendo, costumbres, arquitectura, utensilios, mobiliario dom&eacute;stico, gastronom&iacute;a&hellip; Mientras tanto, Vessari&oacute;n, el anciano que ha acogido a los alpinistas subraya los riesgos a los que se exponen y se lamenta de la p&eacute;rdida de su hijo mayor Iliko, desaparecido en las faldas del pico que aspiran a escalar.
    </p><p class="article-text">
        	Unos minutos despu&eacute;s, la comitiva llega al campamento base con la intenci&oacute;n de preparar el asalto a la cumbre. Mientras Volodya, el radiotelegrafista, y Larisa, la doctora, permanecen all&iacute;, a la espera de acontecimientos, el resto del equipo se interna en las estribaciones del Artao. Es entonces cuando comienza a desarrollarse el nudo argumental, cuando Volodya retransmite un mensaje en el que advierte de la llegada de una borrasca. Gennadi, receptor del aviso, decide ocultar a sus compa&ntilde;eros esta noticia y, tras hacer cima, se desencadena una tormenta en el curso de la cual descubren la tienda en la que yace el cad&aacute;ver de Iliko. Afortunadamente, la expedici&oacute;n al completo consigue salir indemne de la prueba y regresar a su hogar.
    </p><p class="article-text">
        	Como es f&aacute;cil imaginar, el valor de esta pel&iacute;cula no depende tanto de su trama o sus alardes t&eacute;cnicos como de algunos detalles o peculiaridades. Para empezar, y a pesar de la inverosimilitud de algunas situaciones, el filme est&aacute; rodado en su totalidad en escenarios naturales f&aacute;cilmente reconocibles (Elbrus, Bezengi, Ushba, Ushguli&hellip;) y carece de actores de doblaje para las escenas de acci&oacute;n. Adem&aacute;s, el equipamiento t&eacute;cnico que utilizan los protagonistas resulta, cuando menos, llamativo y revela, a trav&eacute;s de diversos objetos y prendas (jers&eacute;is, cuerdas, casco de escalada, arneses, deportivas&hellip;) la penuria o escasez de medios de los alpinistas sovi&eacute;ticos de ese per&iacute;odo. No obstante, sus rasgos m&aacute;s rese&ntilde;ables tienen que ver con la obsesi&oacute;n por la seguridad, que se revela a trav&eacute;s del servicio centralizado de alertas radiof&oacute;nicas y la utilizaci&oacute;n de cohetes de colores, y con la cr&iacute;tica a la insensatez y al comportamiento insolidario de Gennadi. Un comportamiento que, en consonancia con la ideolog&iacute;a sovi&eacute;tica, podr&iacute;a tacharse de peque&ntilde;o burgu&eacute;s o capitalista porque la decisi&oacute;n de no comunicar lo que est&aacute; a punto de suceder est&aacute; guiada por la ambici&oacute;n, la insolidaridad y el ego&iacute;smo personal, por el af&aacute;n de conquistar la gloria a&uacute;n a riesgo de poner en peligro la vida y la seguridad de sus camaradas. Como se&ntilde;ala Volodya &ndash; Visotskiy en una conversaci&oacute;n con Larisa: <em>&ldquo;los rasgos desconocidos de la personalidad aparecen en las monta&ntilde;as&rdquo;</em>. Ojo, por tanto, con lo que las monta&ntilde;as revelen de nosotros mismos, no vaya a ser que amanezcamos marxistas-leninistas y nos acostemos contrarrevolucionarios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Íñigo Jáuregui Ezquibela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/campobase/opinion/blog/la-cara-oculta-de-las-montanas/vertikal-stanislav-govorukhin-boris-durov-pelicula-montana-vladimir-vysotskiy_1_11604607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Aug 2024 08:05:37 +0000]]></pubDate>
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