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    <title><![CDATA[elDiario.es - El síndrome Chéjov]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - El síndrome Chéjov]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Abraham Lincoln, cazador de vampiros y amigo de marxistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/abraham-lincoln-cazador-vampiros-marxistas_132_5607620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c569c7b7-c83a-462c-9ad0-50d8ff60ab68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abraham Lincoln, cazador de vampiros y amigo de marxistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Capitán Swing ha juntado en un libro a Karl Marx y Abraham Lincoln, unidos por una causa común: la abolición de la esclavitud.</p></div><p class="article-text">
        Este es un libro con alg&uacute;n truco y varias sorpresas. El truco est&aacute; en que la anunciada correspondencia entre Abraham Lincoln y Karl Marx no es tal. Ambos estuvieron en comunicaci&oacute;n, aunque por persona interpuesta. Ante la reelecci&oacute;n de Lincoln para un nuevo mandato en 1864, y con la Guerra de Secesi&oacute;n habiendo dado un vuelco en favor de los unionistas, Marx redacta una carta en nombre de la Asociaci&oacute;n Internacional de Trabajadores. A su comienzo define la reelecci&oacute;n del republicano como un grito de guerra triunfal que el pueblo americano hab&iacute;a pronunciado: &ldquo;&iexcl;muerte a la esclavitud!&rdquo;. Lincoln acusa recibo a trav&eacute;s de su embajador en Londres, Charles Francis Adams, en misiva que ser&aacute; publicada en <em>The Times</em>. La siguiente carta redactada por Marx, de nuevo para la AIT, va ya dirigida al nuevo presidente Johnson, y es un paneg&iacute;rico del asesinado Lincoln y &ldquo;la gran rep&uacute;blica que encabez&oacute;&rdquo;. &ldquo;Tal fue en verdad la modestia de este grande y buen hombre, que el mundo no lo descubri&oacute; como h&eacute;roe hasta que hubo ca&iacute;do como m&aacute;rtir.&rdquo; Fin de la correspondencia.
    </p><p class="article-text">
                    Pero las sorpresas variadas que contiene este volumen editado por la editorial Capit&aacute;n Swing &ndash;bonito nombre para la editorial y gran portada para el libro- disculpan el trile. Esas cartas de la AIT y la complacida respuesta de la Administraci&oacute;n norteamericana son el colof&oacute;n perfecto para la narraci&oacute;n de lo que hoy parece un extra&ntilde;o maridaje ideol&oacute;gico: el del naciente socialismo internacionalista con el primer presidente del partido republicano. Como bien se explica en la clarificadora y detallada introducci&oacute;n de Robin Blackburn, la templanza inicial del morigerado Lincoln sobre la esclavitud, que le hac&iacute;a partidario de, una vez triunfada la abolici&oacute;n, colonizar con los esclavos liberados pa&iacute;ses caribe&ntilde;os y &Aacute;frica, sin concesi&oacute;n de voto a los que quedaran en territorio americano, fue dando paso a un compromiso constante y a voz en grito de la necesidad de la abolici&oacute;n como un derecho moral sobre el que fundar una Rep&uacute;blica sanamente unida, que inevitablemente habr&iacute;a de conceder a la poblaci&oacute;n negra un &ldquo;paquete&rdquo; &ndash;m&aacute;s o menos limitado en un primer momento- de derechos civiles y, a la postre, humanos. Lincoln le concedi&oacute; progresivamente a la Guerra de Secesi&oacute;n un prop&oacute;sito fundacional, que no admit&iacute;a componendas. En el discurso de la casa dividida dice:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que este gobierno no puede perdurar medio <em>esclavo</em> y medio <em>libre</em>.
    </p><p class="article-text">
                    No espero que la Uni&oacute;n se <em>disuelva</em> &ndash;no espero que la casa se caiga-, sino que <em>espero</em> que deje de estar dividida.
    </p><p class="article-text">
                    Ser&aacute; <em>del todo</em> una sola cosa o <em>del todo</em> la contraria.
    </p><p class="article-text">
                    O los <em>adversarios</em> de la esclavitud impiden que siga extendi&eacute;ndose y la dejan all&iacute; donde la opini&oacute;n p&uacute;blica pueda descansar en la creencia de que se encuentra en curso de extinci&oacute;n final, o sus <em>partidarios</em> la fomentar&aacute;n hasta que llegue a ser legal en <em>todos</em> los Estados, los <em>antiguos</em> y los <em>nuevos</em>, en el <em>norte</em> tanto como en el <em>sur</em>.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
                    Ese creciente compromiso de Lincoln, trayendo a primer plano la necesidad de la abolici&oacute;n de la esclavitud como espinazo moral de la guerra por la que se desangraron 600.000 personas, y la reprobaci&oacute;n del sistema agr&iacute;cola extensivo de los grandes oligarcas del Sur, que requer&iacute;a de mano de obra explotada y de tierra suficiente para que esa econom&iacute;a fuera pr&oacute;spera, recibi&oacute; la adhesi&oacute;n de los socialistas europeos. Estos defend&iacute;an la necesidad de que los esclavos, una vez libertos, se transformaran en trabajadores, con derecho a voto y condiciones dignas de trabajo. Lincoln precisaba de un reconocimiento y apoyo internacional a su causa, que hab&iacute;a sido dubitativo en el caso de Inglaterra, con la esclavitud ya proscrita desde 1807, y el compromiso inquebrantable con el abolicionismo obligaba a que  la metr&oacute;poli, y sobre todo su opini&oacute;n p&uacute;blica, se posicionara a favor de los unionistas.
    </p><p class="article-text">
                    Tras el trabajo de Blackburn encontramos una recopilaci&oacute;n de discursos y textos de Lincoln, en los que el tema de la esclavitud es el principal. Textos concisos, sin requiebros ni adornos, pero de un envidiable aliento &eacute;pico, que recuerdan a los del primer Obama y que refuerzan la importancia de la ret&oacute;rica como apoyo en la consecuci&oacute;n de un fin pol&iacute;tico concreto. Tanto los dos discursos inaugurales de sus presidencias como el microdiscurso de Gettisburgh son vibrantes ejemplos de textos con una claridad de ideas y valor literario que hoy, en esta Espa&ntilde;a derruida pol&iacute;ticamente y achatada por los polos de sus partidos pol&iacute;ticos, brillan como envidiables textos irrefutables, encaden&aacute;ndose a &ldquo;las cuerdas m&iacute;sticas de la memoria, pulsadas en cada campo de batalla...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
                    Y todav&iacute;a es mejor lo que viene despu&eacute;s: el segmento que re&uacute;ne los textos que Karl Marx dedic&oacute; a la cuesti&oacute;n de la Guerra Civil norteamericana. Fueron varios y publicados todos en <em>Die Presse</em> entre 1861 y 1862. Con prosa apasionante y un ritmo bien narrativo, Marx desgrana las causas econ&oacute;micas que han llevado a la guerra pero al tiempo cuestiona a aquellos que se empe&ntilde;an en achacar el abolicionismo de Lincoln a una simple maniobra pol&iacute;tica interesada, sin sustento moral. Para Marx, el sur &ldquo;no es un pa&iacute;s en absoluto, sino una divisa de combate&rdquo;. Impugna las t&aacute;cticas de algunos generales unionistas, y analiza y opina sobre cu&aacute;les deber&iacute;an ser los movimientos estrat&eacute;gicos que garantizasen la victoria de las tropas de Lincoln. La teor&iacute;a &ldquo;anaconda&rdquo; de envolvimiento le parece un refrito del sistema del cord&oacute;n, utilizado por los austriacos contra los franceses, y un modo ineficaz de conquistar territorio. Repasa detalladamente la situaci&oacute;n Estado fronterizo por Estado, en raz&oacute;n de su poblaci&oacute;n y de su situaci&oacute;n geoestrat&eacute;gica, y las posibilidades que tiene la esclavitud, o el abolicionismo, de arraigar en ellos y decantar el curso de la guerra. Para Marx &ndash;y Engels, en el art&iacute;culo &ldquo;La Guerra Civil americana&rdquo;, centrado en la t&aacute;ctica militar de la guerra-, Georgia es la llave de Secesia. Al perder Georgia, la Confederaci&oacute;n quedar&iacute;a dividida en dos mitades incomunicadas entre s&iacute;. Ese art&iacute;culo comienza: &ldquo;Desde cualquier &aacute;ngulo que se la mire, la Guerra Civil americana ofrece un espect&aacute;culo sin parang&oacute;n en los anales de la historia militar&rdquo;. Los textos de Marx, por s&iacute; solos, funcionan como una gu&iacute;a did&aacute;ctica de lo m&aacute;s rumbosa de qu&eacute; fue la Guerra de Secesi&oacute;n norteamericana, de sus motivos e implicaciones para la causa del obrero.
    </p><p class="article-text">
        La imprevista entente entre el socialismo europeo y el republicanismo norteamericano mostrada en este volumen tan recomendable otorga un sesgo interesant&iacute;simo al an&aacute;lisis de un per&iacute;odo convulso y fundacional, por tantos motivos, del siglo XX. Si la victoria de Lincoln forj&oacute; el imperio que domin&oacute; el mundo capitalista &ndash;imperio que hoy se encuentra en una larga pero irreversible decadencia, como aquella otra que tan bien document&oacute; Gibbon respecto del imperio romano- las teor&iacute;as formuladas por Marx en <em>El capital</em> &ndash;libro que escrib&iacute;a por los a&ntilde;os de los textos que ocupan este volumen- inspirar&iacute;an la otra mitad del mundo contempor&aacute;neo. Ambas ideolog&iacute;as hoy viven en tierra quemada. Estamos en el otro lado del pliegue, el que une el final de una &eacute;poca con su lejano comienzo, y por eso es tan instructivo avituallarse de los matices de un tiempo hist&oacute;rico que a&uacute;n nos puede regalar, como dulces sorpresas, alianzas de lo m&aacute;s inesperado.
    </p><p class="article-text">
        <em>Lincoln &amp; Marx. Guerra y emancipaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Capit&aacute;n Swing</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/abraham-lincoln-cazador-vampiros-marxistas_132_5607620.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Mar 2013 19:19:13 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kiriwina - Ana Tapia: varios microrrelatos.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/varios-microrrelatos-kiriwina-ana-tapia_132_5614473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        El primer libro que le&iacute; de Ana Tapia (Almer&iacute;a, 1974) llam&oacute; mi atenci&oacute;n. Era <em>El poliz&oacute;n desnudo</em> (El Gaviero, 2009), y en &eacute;l mezclaba cuentos breves, leyendas y mitos en los que se apreciaba su formaci&oacute;n como antrop&oacute;loga. Ahora ha publicado un nuevo libro, en la editorial Fin de viaje. <em>Kiriwina</em> es una colecci&oacute;n de microrrelatos muy interesante, imbuidos de un fant&aacute;stico particular. Aqu&iacute; se publican varios del centenar de micros que componen su nuevo libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aldea pereza</strong>
    </p><p class="article-text">
         Un ej&eacute;rcito de mercenarios invade Aldea Pereza. Ninguno de los nativos mueve un dedo por defender el hogar. Los mercenarios miran, incr&eacute;dulos, c&oacute;mo los vecinos dormitan al amparo de las sombras y bostezan ante la evidencia del saqueo. S&oacute;lo el alcalde consigue levantar un dedo t&iacute;midamente acusador ante los invasores, y balbuce unas palabras para decirles, b&aacute;sicamente, que la infecci&oacute;n que padecen es contagiosa y muy r&aacute;pida.
    </p><p class="article-text">
        A los mercenarios no les da tiempo a comprender. Al poco, caen exhaustos bajo el peso de las arcas repletas de monedas.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de un tiempo, preocupado por su ausencia, el rey que contrat&oacute; a los mercenarios enviar&aacute; otra horda a Aldea Pereza  para averiguar qu&eacute; ha ocurrido, y todo volver&aacute; a empezar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El hundimiento del Queen Ludovico</strong>
    </p><p class="article-text">
         Este oc&eacute;ano, en realidad, no es perverso. Este oc&eacute;ano jam&aacute;s permitir&aacute; que suframos demasiado. Nos hace sentir un fr&iacute;o azul que se nos cuela dentro, un fr&iacute;o que repta desde los pies hasta los labios, que tiemblan sin control. Es la naturaleza del oc&eacute;ano, y sabemos que lo correcto ser&iacute;a rendirnos a &eacute;l, a ese fr&iacute;o, pero de repente nos encontramos moviendo las piernas, como si quisi&eacute;ramos correr hacia alg&uacute;n lugar lejos de esta zozobra. Somos como sirenas inexpertas dando coletazos, y ser&aacute; eso, precisamente, lo que atraer&aacute;, al fin, a los tiburones.
    </p><p class="article-text">
        Miradlos, ah&iacute; est&aacute;n ya. Cuchillas que cortan el agua con la prisa del hambriento. Y como el oc&eacute;ano no es &ndash;no puede ser&ndash; en realidad, perverso, s&eacute; que lo que tengan que hacer, lo har&aacute;n deprisa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>SOS</strong>
    </p><p class="article-text">
         Recibi&oacute; el siguiente SMS de su hermano:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Por favor, ayuda. No puedo dejar de escribir microcuentos. Morir&eacute; aplastado bajo el peso de sus muchos cuerpecitos. Ha vencido la compulsi&oacute;n. Por si no nos volvemos a ver, adi&oacute;s. Te quiere, tu hermano.
    </p><p class="article-text">
        <strong> Evidencias</strong>
    </p><p class="article-text">
         Hay alguien que me est&aacute; so&ntilde;ando. Seguro. A qu&eacute; vienen, si no, todos estos zapatos sucios de barro al pie de mi cama, y este cansancio inmenso de todas las ma&ntilde;anas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Trauma</strong>
    </p><p class="article-text">
         Gregor Samsa no soport&oacute; ver c&oacute;mo, en un mercado de Shanghai, la gente com&iacute;a escarabajos rebozados y fritos en aceite de soja. Tuvo que escapar corriendo hacia su hotel, donde no pudo reprimir el v&oacute;mito. Eso ocurri&oacute; mucho antes de su transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los nuevos l&iacute;mites</strong>
    </p><p class="article-text">
         Un mayordomo encontr&oacute; al cuervo de Poe haciendo el amor con la zorra de la f&aacute;bula. El hombre ech&oacute; a correr, despavorido, hacia el pueblo. Cuando un suceso metaliterario se manifiesta de esta forma, sin ning&uacute;n tipo de control, a continuaci&oacute;n suele llegar el fin del mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/varios-microrrelatos-kiriwina-ana-tapia_132_5614473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Mar 2013 19:20:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Kiriwina - Ana Tapia: varios microrrelatos.]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cuarta de The wire]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/cuarta-the-wire_132_5600680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El cuarto tomo de esa novela llamada The wire es un análisis perfecto de un postcapitalismo postapocalíptico sin salidas.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Este fin de semana acab&eacute; de leer el cuarto tomo de la novela <em>The wire</em>. Si ya es dif&iacute;cil que una obra literaria se revuelva contra s&iacute; misma, a&ntilde;adiendo personajes a los que ya conocemos desde su inicio, reseteando una trama que parec&iacute;a haber concluido ya, arriesg&aacute;ndose a apartar del escenario a los personajes protagonistas y concedi&eacute;ndoles el protagonismo a secundarios y a un pu&ntilde;ado de ni&ntilde;os (&iexcl;&iexcl;&iexcl;ni&ntilde;os, Hitchcock no aconsejaba trabajar con ellos, ya es sabido!!!) que miran a c&aacute;mara con la franqueza de vencidos llenos de rabia, si todo eso es dif&iacute;cil, mucho m&aacute;s es retomar la poderosa narrativa dickensiana y neorrealista de la novela para sobre ella conducirse, aguerrida, algo m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto tomo de <em>The wire</em> se centra, adem&aacute;s de en el tr&aacute;fico de drogas de tomos anteriores; adem&aacute;s de en la corrupci&oacute;n extendida en todas aquellas instituciones que poseen los resortes reales para cambiar las cosas; adem&aacute;s de en el frustrante trabajo policial, que siempre lleva a un callej&oacute;n sin salida pese al trabajo de sus agentes &ndash;agentes de cambio que no son incapaces de cambiar nada-; adem&aacute;s de en el funcionamiento de la pol&iacute;tica, adherida a los mismos procedimientos mafiosos de negociaci&oacute;n que ponen en pr&aacute;ctica las bandas de narcotraficantes &ndash;en los primeros cap&iacute;tulos de este tomo se ve a la perfecci&oacute;n el sim&eacute;trico comportamiento de ambas-; adem&aacute;s de centrarse en todo eso, en este cuarto tomo se nos abren las puertas de las escuelas de Baltimore para mostrarnos -una vez determinada la diagnosis de por qu&eacute; hemos llegado a tal depredaci&oacute;n urbana- c&oacute;mo funciona en tales ciudades el estamento educativo, que todos identificar&iacute;amos como el &uacute;nico que puede revertir tal situaci&oacute;n. La conclusi&oacute;n no puede ser m&aacute;s deprimente: tampoco en las aulas hay soluci&oacute;n, porque est&aacute;n sometidas por completo a requerimientos administrativos y burocr&aacute;ticos que no cumplen lo que justificar&iacute;a la existencia de esos requerimientos y burocracia. Eficacia. Todo es una m&aacute;scara procedimental para derivar fondos hacia los agentes cancer&iacute;genos, lleven corbata y buenos trajes o comercien con <em>crack</em>. Los profesores son un muro de contenci&oacute;n, y maquillan sus cifras de fracaso escolar para seguir recibiendo unas ayudas econ&oacute;micas que menguan sin parar. Agujeros insalvables de d&eacute;ficit aparecen de repente, y la &uacute;nica alternativa es &ldquo;regular presupuestos&rdquo;, cerrar programas educativos de atenci&oacute;n especial. El concejal Carcetti logra hacerse con la alcald&iacute;a, pero pronto descubre que su euf&oacute;rico equilibrio entre los apoyos pol&iacute;ticos y su vocaci&oacute;n transformadora topa con una realidad bien organizada, a la que &eacute;l tambi&eacute;n pertenece, porque de no hacerlo, no podr&iacute;a llegar a ser alcalde en modo alguno. Paso intermedio, por cierto, para hacerse con el cargo de gobernador. De nuevo, como en los tomos anteriores de esta novela tan postcapitalista como postapocal&iacute;ptica, todos aquellos que pueden hacer algo real miran hacia otro lado, ponen palos en las ruedas de cada soluci&oacute;n, dinamitan el trabajo de calle &ndash;de polic&iacute;as o de maestros, de educadores sociales-, tan s&oacute;lo urden. Cualquiera que haya trabajado en la Administraci&oacute;n sabe que este diagn&oacute;stico es certero. Hay un perfecto trabajo de sometimiento del trabajador de calle, y un sofisticado engranaje que impide pedirle cuentas a los de arriba, a los que deciden y no hacen ni quieren hacer.
    </p><p class="article-text">
        Y la historia de esos chicos, de esos cuatro amigos que se conocen en las calles y se protegen unos a otros y no tienen absolutamente a nadie, es desoladora. Ni&ntilde;os cuyos padres est&aacute;n en la c&aacute;rcel o son adictos a las drogas, ni&ntilde;os que aprenden a cuidar de sus hermanos porque las madres dormitan sus adicciones, ni&ntilde;os que nunca podr&aacute;n emular a sus mayores en las esquinas, vendiendo droga, porque son ni&ntilde;os y sienten miedo aunque se proh&iacute;ban a s&iacute; mismos que los dem&aacute;s vean ese temor. Algunos no, algunos descubren el poderoso sabor de la venganza que otorga la violencia. Ni&ntilde;os que van sucios porque no tienen quien los vista, porque otros ni&ntilde;os les quitan la ropa para venderla y sacar unos d&oacute;lares, ni&ntilde;os que s&oacute;lo han visto droga, polic&iacute;a y c&aacute;rcel a su alrededor. No son m&aacute;s listos ni m&aacute;s tontos que otros muchos, pero apenas nadie se ha ocupado de ellos. A la deriva, el sistema acabar&aacute; con ellos, y aunque tendr&iacute;an dotes para ser buenos inform&aacute;ticos o montar un peque&ntilde;o negocio, en realidad terminar&aacute;n vendiendo droga en las esquinas, dados en acogida, golpeados, monitorizados por un sistema perfectamente trabado para que no escapen, nueva materia narrativa de futuras historias sobre el crimen o la droga. Dickens llegaba a darles alguna oportunidad a sus ni&ntilde;os sufrientes, su pura mente victoriana confiaba a pesar de todo en que la fortuna neutralizara la negrura del infortunio, pero en <em>The wire</em> no cabe esa esperanza, porque quienes podr&iacute;an evitarlo est&aacute;n haciendo n&uacute;meros.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera podemos consolarnos con que <em>The wire</em> sea una novela de Baltimore. No. En cada una de las capitales espa&ntilde;olas, y en muchos pueblos, hay un pu&ntilde;ado de ni&ntilde;os as&iacute;, o muchos centenares. En Almer&iacute;a los hay: ni&ntilde;os que van en un carrito de beb&eacute; a acompa&ntilde;ar a sus madres a juicio, o a ver c&oacute;mo la polic&iacute;a trae a su padre esposado al palacio de justicia, ni&ntilde;os acostumbrados a la droga, instruidos en ella y en la comisi&oacute;n del delito, ni&ntilde;os que podr&iacute;an ser inform&aacute;ticos o tener una tienda de barrio, y por los que luchan unos pocos elementos del sistema, que nunca, nunca, son los que realmente podr&iacute;an hacer algo por ellos. Aunque, como al final de este cuarto tomo de <em>The wire</em>, alguno de esos ni&ntilde;os pueda encontrar una luz, la posibilidad de un futuro digno, la mayor&iacute;a est&aacute; a merced de los otros, los que, desde una posici&oacute;n de poder o una esquina en la que se vende la mejor droga de la ciudad, saben perfectamente c&oacute;mo hay que hacer las cosas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/cuarta-the-wire_132_5600680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Mar 2013 20:16:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La cuarta de The wire]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres novedades del cuarto fantástico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/novedades_132_5594804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ffdae37-dbc2-4d28-8c8c-e314e2a2c563_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Travesía 2"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se publican al tiempo los últimos libros de Manuel Moyano, Juan Jacinto Muñoz Rengel y Ángel Olgoso.</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-familia-del-aire/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En uno de los cap&iacute;tulos de mi libro de entrevistas La familia del aire</a> recog&iacute; tres entrevistas a escritores unidos por su cultivo del cuento fant&aacute;stico.<em> El cuarto fant&aacute;stico</em> se titulaba aquel segmento integrado por &Aacute;ngel Olgoso, Manuel Moyano y Juan Jacinto Mu&ntilde;oz Rengel. Los nuevos proyectos de todos ellos coinciden ahora en las librer&iacute;as. El azar los ha reunido en las mesas de novedades y yo, por mi santa voluntad, los uno en esta entrada de blog.
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        De los tres, el &uacute;nico que ya he podido leer es <em>Traves&iacute;a americana</em>, de Manuel Moyano. <a href="http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2009/03/manuel-moyano-cuando-uno-escribe-trata.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El cordob&eacute;s gusta de escribir cuentos, microrrelatos, alguna novela, pero posee tambi&eacute;n una panoplia de libros inclasificables, entre el ensayo y el libro de viajes</a>, que no hacen m&aacute;s que dar cuenta de su pasi&oacute;n por el ser humano, al que ve siempre con esa distancia tan suya, ir&oacute;nica, nunca asombrada por el extra&ntilde;o comportamiento del pr&oacute;jimo, siempre comprensivo hacia las rarezas de nuestra especie &ndash;<em>La memoria de la especie</em> se llamaba uno de esos libros, buen&iacute;simo, otros son <em>Dietario m&aacute;gico</em> o <em>Galer&iacute;a de ap&aacute;tridas</em>-. El libro que ha publicado la editorial Naus&iacute;ca&auml; es el relato sencillo de un viaje familiar en un Chevrolet plateado desde San Francisco hasta Nueva York, cruzando por su mitad los Estados Unidos. No espere el lector grandes aventuras. Si acaso lo m&aacute;s incre&iacute;ble de todo lo que le ocurre a la familia Moyano es el incre&iacute;ble tute de kil&oacute;metros que se meten en el cuerpo a lo largo de un mes, en su af&aacute;n por doblegar un recorrido so&ntilde;ado a trav&eacute;s de veintid&oacute;s estados y cuatro husos horarios. El resultado es un libro cruzado por la pasi&oacute;n por el cine y la literatura. As&iacute;, la visita a los lugares donde se han rodado famosas pel&iacute;culas como <em>Encuentros en la tercera fase</em> o <em>&Uacute;nico testigo</em> deviene reconocimiento de que los grandes t&oacute;tems de Estados Unidos son los relacionados con su cultura popular. Moyano satisface tambi&eacute;n su mitoman&iacute;a literaria visitando las casas de Thoreau, Hemingway, su adorado Lovecraft -escandalizado del poco afecto que sus paisanos de Providence sienten hacia el raro H.P.- y sobre todo el bungal&oacute; donde vivi&oacute; uno de sus escritores preferidos -desconoc&iacute;a la pasi&oacute;n de Moyano por &eacute;l, y me ha sorprendido-: Charles Bukowski. El 5124 de la avenida De Longpre, en Los &Aacute;ngeles.
    </p><p class="article-text">
        El libro se completa con fotograf&iacute;as y dibujos hechos por el autor. <em>Traves&iacute;a americana</em> hace de su falta de pretensiones su mayor aliado. En el pr&oacute;logo anuncia que &ldquo;no se recogen hechos espectaculares, ni reflexiones profundas cuyo &uacute;nico fin sea poner de relieve la agudeza del autor&rdquo;. Es en la prosa limpia de su autor, en su mirada descre&iacute;da y nunca soberbia hacia unos alrededores que sentimos haber visto alguna vez, siquiera en alguna pel&iacute;cula, en su mirada de cuentista hacia las cosas peque&ntilde;as de los pa&iacute;ses grandes, donde este libro halla su encanto y los lectores, el disfrute.
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        Juan Jacinto Mu&ntilde;oz Rengel ha tenido un gran &eacute;xito con su primera novela, <em>El asesino hipocondriaco</em>, publicada el a&ntilde;o pasado en Plaza y Jan&eacute;s. Varias ediciones e inmediatas traducciones al franc&eacute;s, el italiano y el turco han hecho de ese libro una de las sorpresas de dos mil doce. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, aparece su nueva novela, <em>El sue&ntilde;o del otro</em>, protagonizada por un profesor de instituto, Xavier Arteaga, que sue&ntilde;a cada noche que es Andr&eacute; Bodoc, un director de informativos. &Eacute;ste, a su vez, sue&ntilde;a que es el otro. &iquest;Qui&eacute;n es el sue&ntilde;o de qui&eacute;n? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el lado fiable de la realidad? Trama fant&aacute;stica que a buen seguro servir&aacute; para que Mu&ntilde;oz Rengel disfrute enredando, como buen amante de los cl&aacute;sicos del g&eacute;nero, y filosofeando, como es su formaci&oacute;n y fue su profesi&oacute;n antes de lanzarse en esta insensatez de la literatura por la que da pasos nada tibios. <a href="http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2009/11/juan-jacinto-munoz-rengel-todos.html#!/2009/11/juan-jacinto-munoz-rengel-todos.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los amantes de las paradojas que hayan le&iacute;do sus estupendos cuentos en De mec&aacute;nicas y alquimias </a>o su novela anterior sabr&aacute;n a qu&eacute; tipo de historias me refiero y lo mucho que invitan a leer esta nueva novela, a la que pronto le hincar&eacute; el diente.
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        No pod&iacute;a dejar de mencionar en este blog a uno de sus cl&aacute;sicos. He dado cuenta de sus novedades &ndash;incluso de textos in&eacute;ditos como esos<a href="http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2009/11/haikus-ineditos-angel-olgoso.html#!/2009/11/haikus-ineditos-angel-olgoso.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> haikus de </a><a href="http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2009/11/haikus-ineditos-angel-olgoso.html#!/2009/11/haikus-ineditos-angel-olgoso.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Izumi</em></a><em> </em>que, creo, pronto podremos leer editados- desde que tuve la oportunidad de leer aquel libro misterioso y fascinante que su autor, al que entonces no conoc&iacute;a, tuvo a bien enviarme: <a href="http://elsindromechejov.blogspot.com.es/2007/07/los-demonios-del-lugar-ngel-olgoso.html#!/2007/07/los-demonios-del-lugar-ngel-olgoso.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los demonios del lugar</a>. El granadino &Aacute;ngel Olgoso acaba de publicar en Menoscuarto su nueva colecci&oacute;n de cuentos, <em>Las frutas de la luna</em>. Concluida esa especie de trilog&iacute;a involuntaria que han formado, junto a los demonios mencionados, <em>Astrolabio</em> y <em>La m&aacute;quina de languidecer</em>, y que me parece pura excelencia &ndash;la palabra que resume la b&uacute;squeda literaria de su autor y que rige su trabajo-, confieso que siento cierto temor a morder estas frutas nocturnas. Hay miedo porque temo que los nuevos cuentos de &Aacute;ngel no me gusten tanto como los anteriores, porque he disfrutado tanto con sus libros que s&eacute; que es dif&iacute;cil contentarme m&aacute;s de lo que aquellos lo hicieron. Soy muy tremendo, lo s&eacute;, y no pido disculpas por ello, pero como tengo el libro aqu&iacute;, a mi lado, y todav&iacute;a no me he atrevido a abrirlo, ni tampoco s&eacute; cuando vencer&eacute; ese temor irracional, lovecraftiano, doy aqu&iacute; cumplida raz&oacute;n de su existencia. Temo, pero tambi&eacute;n aguardo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/novedades_132_5594804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Feb 2013 20:59:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres novedades del cuarto fantástico]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Mary Robison en familia.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/mary-robison-familia_132_5588657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f52582dc-7637-44b4-bcd2-13f982630b43_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mary Robison en familia."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alba editorial ha publicado Dime, el primer libro traducido en España de la cuentista norteamericana Mary Robison.</p></div><p class="article-text">
        Mary Robison (Washington, 1949), pertenece a la potente generaci&oacute;n de cuentistas (as&iacute;, en femenino) que incluye tambi&eacute;n a Ann Beattie, Lydia Davis, Amy Hempel y Deborah Eisenberg, nacidas entre 1945 y 1951. Unos a&ntilde;os m&aacute;s joven es Lorrie Moore. Todas ellas tienen un marcado aire generacional, parecido estilo literario y un modo similar de afrontar la tarea de contar cuentos. Mary Robison recuerda m&aacute;s a algunos relatos de Amy Hempel y a los personajes de Ann Beattie, aunque el desenfado con el que narra sus historias familiares, la levedad que se esfuerza en otorgar a cada una de sus cotidianas peripecias y la sorna tierna, nunca hiriente, con la que describe las miserias de la clase medianeja que protagoniza sus relatos le da un toque particular, cierto estilo propio.
    </p><p class="article-text">
        Alba editorial tuvo el acierto de publicar hace unos meses <em>Dime</em>, el primer libro de Mary Robison traducido en Espa&ntilde;a. Treinta cuentos provenientes de dos colecciones de relatos y casi todos ellos aparecidos en la revista <em>The New Yorker</em>, con lo que eso tiene de marca de f&aacute;brica y garant&iacute;a de calidad media. Aunque tambi&eacute;n con las servidumbres que conlleva respecto de sus enfoques y tem&aacute;ticas, como bien sufri&oacute; Cheever con algunos de sus cuentos, incomprendidos para la revista, y que tuvieron que ver la luz en otras publicaciones. Esta recopilaci&oacute;n profundiza en la edici&oacute;n en cascada durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os de varios libros de esa generaci&oacute;n arriba mencionada, extra&ntilde;amente nunca atendida hasta ahora por las editoriales espa&ntilde;olas. Quedan por traducir los cuentos de Ann Beattie &ndash;Libros de Asteroide ha publicado de ella varias de sus novelas pero se resiste con sus cuentos, algo parad&oacute;jico, pues son sus cuentos lo m&aacute;s importante de su obra-. Scribner edit&oacute; en 2010 <em>The New Yorker Stories</em>, con sus relatos para la revista-gur&uacute; del cuento norteamericano en las &uacute;ltimas tres generaciones.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/elsindromechejov/Salinger-dialogando_6_99800029.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En la anterior entrada</a> comentaba la importancia extrema que Salinger daba al di&aacute;logo en sus cuentos. Los de Mary Robison pueden tomarse como aplicaci&oacute;n certera de ese recurso arriesgado. Sus relatos, en realidad, suelen contar el encuentro familiar entre padres e hijos, exnovios, abuelos, t&iacute;os, padres o madres que cuidan de sus hijos mientras la pareja est&aacute; de viaje, la rutina y la ruina del carrusel de ese tiempo compartido con los que m&aacute;s queremos y las charlas a las que esos encuentros dan lugar. Epifan&iacute;as de andar por casa mientras miran el cielo en el porche de casa o cortan el c&eacute;sped o comparten un desayuno con cereales o, como el abuelo descacharrante de &ldquo;Gu&iacute;a de la noche para aficionados&rdquo;, uno de los mejores cuentos de la colecci&oacute;n, ven en familia la pel&iacute;cula de Cine de Horror.  Robison sabe sacar partido a trav&eacute;s del di&aacute;logo de personajes extravagantes, humor&iacute;sticos, en los que muchas veces uno se reconoce. Hay bastante fracaso en sus personajes, pero es un fracaso asumido, metabolizado y, por tanto, que puede degustarse en forma de humor, cinismo, divertida iron&iacute;a. Sus cuentos no acaban en nada, no tienen sorpresas, ni desenlace, y frecuentan el final abrupto. Como la vida. Minucias de la vida contadas con gracia. En eso conf&iacute;a Mary Robison, en este libro recomendable para los amantes del cuento norteamericano. S&oacute;lo cabr&iacute;a reprocharle, si acaso, que, por su falta de variedad y ser el resultado de muchos a&ntilde;os de trabajo, es mejor ir ley&eacute;ndolos de a poco, sin meterse a la carrera, entre pecho y espalda (como yo he hecho), el tomazo, para evitar el agotamiento y ahuyentar la confusi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/mary-robison-familia_132_5588657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Feb 2013 12:34:30 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Salinger dialogando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/salinger-dialogando_132_5582027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4ccfcc7-634b-4caa-9037-834954bed900_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salinger dialogando"></p><p class="article-text">
        Aunque una novela m&iacute;tica, <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>, y la fama a la que lo conden&oacute;, hiciera de Mr. Jerome David Salinger un tipo raro que dej&oacute; de hablar con el mundo, sus cuentos son muy recomendables precisamente por su af&aacute;n dialogante. <em>Nueve cuentos, Nine Stories</em>. Apenas puede imaginarse un t&iacute;tulo m&aacute;s descriptivo, m&aacute;s &aacute;tono, m&aacute;s administrativo para un conjunto de narraciones tocadas por eso tan dif&iacute;cil de conseguir en el relato corto: la Gracia. La Gracia en un relato es mucho m&aacute;s que lo que tanto se lleva ahora en la literatura contempor&aacute;nea: la gracia a secas, el chiste, el residuo llamativo y caduco de este tiempo c&iacute;nico. Un cuento con Gracia es aquel que consigue que no reparemos en lo que nos narra, ni en c&oacute;mo nos cuenta su historia, ni en c&oacute;mo nos llegan sus reflexiones, sus descripciones, su sistema narrativo. Un libro de cuentos con Gracia nos gu&iacute;a de una historia a otra sin que metamos los pies en charcos sucios, sin que observemos d&oacute;nde est&aacute;n las juntas del terreno, porque sus p&aacute;ginas, todas y cada una de sus p&aacute;ginas, nos resultan una delicia sobre la que no nos apetece reflexionar. Esos libros son una invitaci&oacute;n al deleite y el disfrute, y la calidad de sus cuentos es tan pareja que no se perciben disonancias sino melod&iacute;as comunes, <em>ritornellos</em>, muros de sonido.
    </p><p class="article-text">
        Parece que los cuentos tienen que ser bloques compactos, s&oacute;lidos dentro de la ligereza inherente a su propuesta como g&eacute;nero, y por tanto el di&aacute;logo no resulta el m&eacute;todo m&aacute;s adecuado para ellos. El di&aacute;logo implica una dispersi&oacute;n en su desarrollo. Tiene una fuerza centr&iacute;peta que aleja al lector de un mensaje cerrado en s&iacute; mismo. Un buen cuento ha de tener cuidado con el abuso del di&aacute;logo. Sin embargo, la escuela norteamericana ha desobedecido esta consigna no escrita y muchos de sus grandes cuentistas &ndash;Hemingway es el ejemplo m&aacute;s evidente- hicieron del di&aacute;logo arma elemental entre sus poderes. Casi todos, grandes, medianos o mediocres escritores norteamericanos de cuentos utilizan el di&aacute;logo con frecuencia en sus historias. <em>Nine Stories</em> de Salinger es la demostraci&oacute;n m&aacute;s acabada de esta t&eacute;cnica en el cuento norteamericano. Perfectamente integrado en el desarrollo de sus historias, es a trav&eacute;s de la conversaci&oacute;n, del habla, de la ch&aacute;chara, en muchos momentos, de sus personajes, j&oacute;venes casi siempre, como percibimos sus anhelos, sus frustraciones, sus llamadas de auxilio sentimental, hechas siempre en voz baja, como quien no quiere la cosa, entre dicho y dicho.
    </p><p class="article-text">
        El neoyorkino Mr. Jerome David Salinger fue un tipo raro que firmaba con sus iniciales y se aisl&oacute; durante d&eacute;cadas, que beb&iacute;a sus orines seg&uacute;n cont&oacute; su hija, por un budista af&aacute;n depurativo &ndash;y supongo que diur&eacute;tico-. Como todos los tipos raros que se apartan del mundo para desaparecer pronto, <a href="http://www.nytimes.com/2010/01/29/books/29salinger.html?pagewanted=all&amp;_r=0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acab&oacute; muriendo en 2010</a>, m&aacute;s cerca de los cien a&ntilde;os que de sus intenciones iniciales. Logr&oacute; apresar en los nueve cuentos que titulan su &uacute;nico libro de relatos, como tambi&eacute;n en su novela m&iacute;tica, el instante en que la infancia est&aacute; a un paso de disolverse en la adolescencia. Ese momento de la triste desaparici&oacute;n de la alegr&iacute;a infantil siempre se enfrenta a personajes adultos que reflejan su fulgor por contraste, al mostrar su propia decadencia. Dos ejemplos perfectos y cl&aacute;sicos son esos dos cuentos maestros: &ldquo;Un d&iacute;a perfecto para el pez pl&aacute;tano&rdquo; y &ldquo;Para Esm&eacute;, con amor y sordidez&rdquo;, historias de guerra en los que la guerra ya ha terminado. Mr. Jerome David Salinger combati&oacute; en la Segunda Guerra Mundial, en labores de contraespionaje, y el eco de las bombas resuena en muchas de sus historias. Quiz&aacute;s acab&oacute; habitando una fantas&iacute;a, pero Salinger, vuelto de la contienda, se convenci&oacute; de que su misi&oacute;n virtuosa en la vida era narrar ese momento irrepetible en el que el ser humano todav&iacute;a es puro. Y completo. All&iacute; donde no hab&iacute;a a&uacute;n mutilaciones est&aacute;n los cuentos de Salinger, y en sus di&aacute;logos, en la alegr&iacute;a que transmiten, en su torpe ingenuidad y la repentina aparici&oacute;n de la tragedia, casi al borde de la desaparici&oacute;n del cuento, en el &uacute;ltimo p&aacute;rrafo, est&aacute; ese sue&ntilde;o de perfecci&oacute;n infantil que Salinger terminaba por quebrar.
    </p><p class="article-text">
        He destacado dos de los cuentos m&aacute;s famosos del libro, pero cualquiera de los otros siete que lo completan, &ldquo;Teddy&rdquo;, &ldquo;El per&iacute;odo azul de Daumier-Smith&rdquo;, &ldquo;El t&iacute;o Wiggily en Connecticut&rdquo;, por ejemplo, son lectura perfecta para adultos y adolescentes que quieran acercarse al g&eacute;nero del cuento, por su reflejo Gracioso de todo lo que de glorioso y triste arrastramos, antes de lanzarnos siempre, en alg&uacute;n momento de la vida, como al final de &ldquo;Teddy&rdquo;, a una piscina vac&iacute;a y resonante.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Tengo una gran afinidad con ellos. Quiero decir que son mis padres y todos formamos parte de una armon&iacute;a rec&iacute;proca &ndash;dijo Teddy-. Quiero que disfruten mientras vivan, porque les gusta pasarlo bien&hellip; Pero ellos no me quieren a m&iacute; ni a Booper, que es mi hermana, de ese mismo modo. Lo que quiero decir es que parece que no pueden querernos tal como somos. Parece que no pueden querernos si no intentan cambiarnos un poquito. Quieren sus motivos para querernos tanto como nos quieren a nosotros, y a veces m&aacute;s. As&iacute; no es tan bueno.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        (Para quien no haya le&iacute;do este libro de cuentos fundamental, hay dos ediciones de <em>Nueve cuentos</em>. En tapa dura en Edhasa y en bolsillo en Alianza Editorial.)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/salinger-dialogando_132_5582027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Feb 2013 21:02:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salinger dialogando]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/contable_132_5576644.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdd716a5-3a86-468a-853d-2de6eb7c1545_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuentos y sus correspondencias ocultas.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy contable, profesi&oacute;n paradigm&aacute;tica de exactitud y escrupulosidad, y mi delito fue insignificante. He trabajado con ah&iacute;nco, y no me da ning&uacute;n empacho decir que, en mi dedicaci&oacute;n consciente a los libros de cuentas, he actuado de forma ejemplar durante a&ntilde;os. Pero ahora debo confesar tambi&eacute;n que, por un fallo de mi car&aacute;cter, permit&iacute; que empa&ntilde;ara mi honor un &uacute;nico y peque&ntilde;o desliz. Trato de olvidarlo... Aunque en estos momentos apenas hago otra cosa que tratar de olvidarlo y obsesionarme con ese fallo m&iacute;o y con el consiguiente desliz, sintiendo que, en realidad, si he de ser sincero, no puedo hablar de una fisura en mi car&aacute;cter, sino de mi car&aacute;cter mismo, y que el desliz fue inexcusable. Tengo esposa y tres hijos. Me llamo Abba Roth.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Comienzo del estupendo cuento &ldquo;Contable&rdquo;, de Ethan Canin, incluido en </em>El ladr&oacute;n de palacio<em> (1994).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/contable_132_5576644.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2013 20:18:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contable]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Danzas de guerra - Sherman Alexie.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/danzas-guerra-sherman-alexie_132_5573358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a9f3ebe-eb2a-485e-85e0-9a4253ab11c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Danzas de guerra - Sherman Alexie."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Danzas de guerra</p><p class="subtitle">es el cuarto libro de cuentos de Sherman Alexie, publicado en España, como todos los anteriores, por la editorial aragonesa Xordica.</p></div><p class="article-text">
        La condici&oacute;n de Sherman Alexie (Wellpinit, Washington, 1966) como miembro de la tribu india <em>spokane</em> funciona como un <em>mcguffin </em>en todos sus relatos. Parece que sus cuentos tratan sobre la dif&iacute;cil condici&oacute;n del indio contempor&aacute;neo, y en realidad sus historias tratan de otras cosas. Ya saben, los temas importantes: las relaciones padres-hijos, c&oacute;mo enfrentarse a la enfermedad y a la muerte, pero sobre todo a la vida, c&oacute;mo sobrellevar la dilapidaci&oacute;n de las hermosas herencias m&iacute;ticas que recibimos al nacer, y que se descascarillan con el tiempo, c&oacute;mo superar las derrotas gracias al humor. Todos los humores son bilis pero tambi&eacute;n ternura. Porque ternura hay en abundancia en este volumen de cuentos que gan&oacute; el prestigioso <em>National Book Award</em> &ndash;que tienen la mayor&iacute;a de los grandes de la ficci&oacute;n norteamericana, excepto Salinger y Foster Wallace-. Los personajes de Sherman Alexie reparan en todos sus cuentos en el absurdo que supone tomarse a s&iacute; mismos demasiado en serio, y aunque eso no les libre de amarguras, la espita del humor, servida en di&aacute;logos hilarantes, muy &aacute;giles, rebaja el dramatismo de sus vidas, casi siempre en encrucijadas en las que ni siquiera se plantean tomar ning&uacute;n camino. Y ser indios, como ser jud&iacute;o para el alter ego de Woody Allen, significa ser depositarios de un tesoro divino que es un inconveniente terrenal. Las danzas rituales que rogaban a la naturaleza por la protecci&oacute;n de la salud apenas sirven al protagonista del cuento que da t&iacute;tulo al volumen para un objetivo bien menor: conseguir una manta con la que cubrir en el hospital a su padre enfermo, que tiene fr&iacute;o, cada vez m&aacute;s fr&iacute;o. &ldquo;&iquest;Es cierto que el &uacute;nico t&eacute;rmino literario que tiene alg&uacute;n significado en el mundo nativo americano es <em>road movie</em>?&rdquo;, se pregunta el personaje. Su padre, &ldquo;el hombre del que siempre me he sentido m&aacute;s cerca es el que m&aacute;s me ha decepcionado&rdquo;, es un borracho diab&eacute;tico. Su hijo se reconoce incapaz de identificar cu&aacute;l es el legado que le deja ese hombre a punto de morir. Mientras  tanto, el humor negro sirve como terapia efectiva.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;-A mi padre le acaban de cortar los pies-dije.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-&iquest;Diabetes?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Y vodka.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-&iquest;Vodka solo o con un poco de nostalgia?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Los dos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Causas naturales para un indio.&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Uno coge cari&ntilde;o a sus personajes y los acompa&ntilde;a en sus disquisiciones, sus mon&oacute;logos absurdos, sus reacciones contemporizadoras, como las de Paul Sinembargo, que cree enamorarse de una atractiva mujer a la que conoce en una terminal de aeropuertos. Esa medicina anti-tedio har&aacute; que busque a la dama en cada uno de sus viajes, todo para sentir que no est&aacute; tan solo. En <strong>&ldquo;El hijo del senador&rdquo;</strong>, magn&iacute;fico, un tipo pega una paliza a un antiguo amigo homosexual, al que ni siquiera ha reconocido pues llevan mucho tiempo sin verse. Metido en un problema muy gordo, acude como un aut&eacute;ntico beb&eacute; a pedir ayuda a su padre, un senador al que se le augura una brillante carrera presidencial. El cuento est&aacute; resuelto con gracia parad&oacute;jica y una ambigua sutileza. En<strong> &ldquo;Allanamiento de morada&rdquo; </strong>un guionista se ve sorprendido en su casa por un ladr&oacute;n al que mata sin pretenderlo, y el hecho de que el ladr&oacute;n sea un joven negro le hace replantearse su situaci&oacute;n de blanco acomodado al que nadie identifica con un indio. &ldquo;La mayor&iacute;a de la gente cree que soy uno de esos blancos que se ponen morenos.&rdquo; En el divertido <strong>&ldquo;Sal&rdquo;</strong> a un periodista novato le cae el encargo de redactar una necrol&oacute;gica y se entrevista con la viuda del difunto, lo que da lugar a una situaci&oacute;n hilarante.
    </p><p class="article-text">
        Los siete relatos largos del libro se van alternando con poemas &ndash;esos poemas narrativos t&iacute;picamente norteamericanos que son m&aacute;s bien an&eacute;cdotas versificadas; a mi entender, flojos, aunque le dan al libro un aire distinto-. Pero si nos centramos en los cuentos de Alexie, su lectura es una delicia vital, muy recomendable para todos aquellos que, sean o no pertenecientes a una tribu india, aprecien que la melancol&iacute;a no es incompatible con el sentido del humor y disfruten con esos personajes que, a trav&eacute;s de los di&aacute;logos, son capaces de cuestionarse su mundo y el de los que les rodean. No somos tan importantes porque, al fin y al cabo, &iquest;qui&eacute;n sabe bailar hoy danzas de guerra? &iquest;Qui&eacute;n quiere bailarlas?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/danzas-guerra-sherman-alexie_132_5573358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Jan 2013 20:32:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Danzas de guerra - Sherman Alexie.]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lope, desmelenado.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/lope-desmelenado_132_5571182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7278b35-a92c-4c04-8527-38100360da82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lope, desmelenado."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como para leer hoy</p><p class="subtitle">Fuenteovejuna</p><p class="subtitle">, el cuento más exigente requiere un entrenamiento, una constante interpretación de claves.</p></div><p class="article-text">
        Hay en <em>Fuenteovejuna</em> una acotaci&oacute;n, al comienzo del tercer acto, que en cierto modo desencadenar&aacute; la violencia de los villanos contra el Comendador, hasta acabar con la cabeza cortada del tirano coronando una pica vengativa. Poco antes el Comendador ha raptado, en plena boda, a Laurencia para satisfacer su voracidad sexual, asumiendo tener derecho de pernada sobre sus villanas. Suponemos que el malo de la obra ha violado a la aldeana, pero Lope se cuida de no mostrar los momentos m&aacute;s escabrosos &ndash;las torturas a los vecinos del pueblo, el ensa&ntilde;amiento con el cuerpo vencido y muerto del Comendador- que son narrados con &aacute;giles elipsis o representados fuera de la escena. Tampoco este de la violaci&oacute;n a Laurencia, aunque esa informaci&oacute;n hab&iacute;a que hacerla llegar al p&uacute;blico. La acotaci&oacute;n dice: <em><strong>&ldquo;Sale LAURENCIA, desmelenada&rdquo;</strong></em>. As&iacute; le&iacute;do, hoy, esas tres palabras pueden decir poco, apenas una sugerencia de la atribulaci&oacute;n de la buena mujer, que tal vez ha escapado de sus captores. Pero el p&uacute;blico de Lope -que abarrotaba el teatro en el Siglo de Oro- conoc&iacute;a la convenci&oacute;n de que el pelo desmelenado, despeinado, era un s&iacute;mbolo de violaci&oacute;n por parte del poderoso hacia la mujer. Poco despu&eacute;s, en la propia boca de Laurencia, se oye: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; dagas no vi en mi pecho? /(&hellip;) Mis cabellos, &iquest;no lo dicen?&rdquo;. El matiz de esa acotaci&oacute;n, que nosotros, criaturas desdichadas del siglo XXI, tenemos que interpretar, era mensaje claro para el destinatario de su &eacute;poca, que por otro lado no deber&iacute;a ser un ejemplo de sutileza. Los directores procurar&iacute;an exagerar la visualizaci&oacute;n de ese desmelenamiento de la pobre Laurencia, pero no necesitaban m&aacute;s trazo grueso para que los asistentes a la obra siguieran los hechos con claridad.
    </p><p class="article-text">
        Se me ocurre que esa posesi&oacute;n de claves, propia de una &eacute;poca determinada y un g&eacute;nero como la comedia del Siglo de Oro, que va quedando desvirtuada conforme el paso del tiempo emborrona el significado de esas claves, y pasan a requerir una explicaci&oacute;n en su momento vana, es comparable a la necesidad, para disfrutar de todos sus matices, de una &ldquo;educaci&oacute;n&rdquo; lectora respecto del cuento o relato corto, dos nombres de pila para la misma criatura. El cuento, como el teatro, por su necesaria concentraci&oacute;n narrativa, utiliza la elipsis, lo no dicho, se vale del arte de la sugerencia, de la alusi&oacute;n y de la elisi&oacute;n, en busca de esa pieza perfecta &ndash;pero breve, siempre breve- que haga que su lector, al finalizar el texto, tenga la sensaci&oacute;n de que ha le&iacute;do algo que tiene sentido por s&iacute; mismo, sin mayores requerimientos explicativos. El lector de cuentos, conforme se adentra en ese vicio, se aveza en el manejo de tales claves, y lee en pocas p&aacute;ginas mucho m&aacute;s de lo que hay en ellas.  As&iacute;, no se le hace el cuento demasiado corto, ni cree que all&iacute; falta algo, como le ocurre al t&iacute;pico lector de novelas que se acerca a la lectura de cuentos con anteojeras quevedianas o poca inclinaci&oacute;n hacia su disfrute.
    </p><p class="article-text">
        De esta carencia de lecturas de relato proviene el frecuente desprecio que hacia &eacute;l muestran aquellos que dicen no haber nada de valor en ciertos cuentos. En realidad lo que ocurre es que, si leen en ellos la acotaci&oacute;n: <em>&ldquo;Sale LAURENCIA, desmelenada&rdquo;,</em> piensan que la chica viene de levantarse de la cama o muestra su descuido o su af&aacute;n de mujer leona. No interpretan que ah&iacute; se esconde, a la sordina, toda una tragedia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/lope-desmelenado_132_5571182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jan 2013 18:48:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lope, desmelenado.]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A vueltas con el cuento.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/vueltas-cuento_132_5567911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Escribir sobre las formas breves de la narrativa &ndash;cuento, novela corta, microrrelato- es siempre comprometido. Son f&aacute;cilmente legibles pero dif&iacute;cilmente explicables. Est&aacute;n acotadas por muchos malentendidos. Para empezar, si se publica un libro de historia se publica un libro de historia, si una novela una novela, pero cuando se publica un libro de cuentos, tambi&eacute;n se puede uno referir a un libro de relatos o de relatos cortos. Todo en el mismo paquete. Y la gente buena de la ciudad te dice que a ellos tambi&eacute;n les gustan los cuentos y te hablan de no se qu&eacute; recopilaci&oacute;n de cuentos para dormir ni&ntilde;os malvados sin recurrir a la farmacopea, o del folclorista de su barrio, que vive encima de la farmacia y re&uacute;ne historias orales que contaban los viejos de los pueblos junto a la chimenea para quitarse los fr&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Por falta de educaci&oacute;n lectora apenas se ha le&iacute;do cuento, o relato corto, o relato, a lo largo del largo proceso educativo, tan centrado en materias como las fronteras de la comunidad aut&oacute;noma y esas cosas. Para aprender matem&aacute;ticas los ni&ntilde;os hacen cuentas pero queremos formar lectores sin que lean demasiado. Del cuento durante la infancia se pasa, en un salto el&iacute;ptico kubrickiano, a Katherine Mansfield o Cheever o Cort&aacute;zar, para quien tenga la suerte de caer en sus redes, sin que al p&uacute;ber o adolescente se le instruya en las bellezas y beneficios de leer relato. Por una extra&ntilde;a raz&oacute;n pensamos que lo que es v&aacute;lido para el ni&ntilde;o debe dejar de serlo conforme el ni&ntilde;o desaparece para dar cuerpo a otro ente m&aacute;s extra&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez hay m&aacute;s profesores de bachillerato conscientes de lo interesante que es el cuento como arma de instrucci&oacute;n masiva. Y utilizan a Quim Monz&oacute; en sus clases con m&aacute;s desparpajo que a Pedro Antonio de Alarc&oacute;n, que tambi&eacute;n escribi&oacute; cuentos, por cierto.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha hablado de una moda, del nuevo cuento en espa&ntilde;ol, de <em>boom</em> y de <em>bang</em>. Por una vez, m&aacute;s all&aacute; de que las modas tienen la obligaci&oacute;n de pasar &ndash;y esta ya ha pasado, s&iacute;- creo que el salto que ha dado el cuento en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido espl&eacute;ndido. Editoriales, autores, medios de comunicaci&oacute;n que han atendido un poco m&aacute;s a un g&eacute;nero muy minoritario. Faltan lectores, claro. Pero no hay m&aacute;s que emboscarse en una librer&iacute;a y ver las compras del respetable para saber que faltan lectores no s&oacute;lo para el cuento, aunque tambi&eacute;n para &eacute;l, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los autores de cuento se quejan de la poca atenci&oacute;n que en suplementos se dedica al cuento, el relato o el relato corto &ndash;elija-. Si lo pensamos un tanto es algo muy normal. No es f&aacute;cil rese&ntilde;ar, criticar, comentar &ndash;elija- un libro de cuentos. Leer once, quince historias distintas requiere tomar muchas notas, ordenar muchas ideas, leer cuentos no muy buenos entre los que se puede esconder una joyita que, si no estamos atentos, puede pasarnos desapercibida. Cu&aacute;nto mejor es hablar de una novela, tomar el tema general o la trama como excusa para tirar del hilo y montar una rese&ntilde;a, cr&iacute;tica o comentario &ndash;elija-. Da pereza escribir sobre cuentos, incluso leer cuentos si no est&aacute;s habituado a ello, si no te apasiona. Otra opci&oacute;n es escribir sobre un libro de cuentos limit&aacute;ndote a resumir sus argumentos. Diez cuentos. El primero trata de esto, el segundo de lo otro, as&iacute; hasta diez, coda final con <em>qu&eacute; interesante es este libro</em> y despedida y cierre. Si que te cuenten el argumento de una novela puede ser interesante para hacerse una idea de por d&oacute;nde van los tiros, que te cuenten &ldquo;la trama&rdquo; de las cuatro primeras p&aacute;ginas de un cuento de ocho no parece demasiado estimulante, y es dif&iacute;cil verle la utilidad. Pero lo contrario, hablar de un libro de cuentos sin contar de qu&eacute; van sus cuentos puede dejar al posible lector en la ignorancia. O contar una historia A que trata de algo completamente distinto a la historia B, no mencionada en la cr&iacute;tica, y quiz&aacute;s m&aacute;s interesante para la posible lectora C, inducir&aacute; a error a esta.
    </p><p class="article-text">
        Internet ha sido una terapia ben&eacute;fica para el relato. Blogs y revistas digitales se ocupan con menos prejuicios y m&aacute;s inter&eacute;s de un g&eacute;nero siempre a la espera, siempre atribulado.  
    </p><p class="article-text">
        Complicado hablar sobre cuentos, pero estimulante. Cada vez hay m&aacute;s lectores que aprecian el g&eacute;nero y a ellos estar&aacute; dedicado este rinc&oacute;n. Cada vez hay m&aacute;s profesores de bachillerato que aprecian el g&eacute;nero. Adelante, pueden pasar. Mirar&eacute; tambi&eacute;n especialmente hacia la novela breve, con excursiones a otras tierras, claro. No me centrar&eacute; en las novedades, aunque habr&aacute; novedades. Tan interesante ser&aacute; destacar un libro de cuentos como un relato que me parezca recomendable. Mencionar autores a los que merece la pena leer. Y poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Divulga, que algo queda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Muñoz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/el-sindrome-chejov/vueltas-cuento_132_5567911.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jan 2013 20:32:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A vueltas con el cuento.]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cuentos]]></media:keywords>
    </item>
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