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    <title><![CDATA[elDiario.es - Espoiler]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Espoiler]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[The Americans, la gran serie de la que pocos hablan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/the-americans-serie-pocos-hablan_132_4916567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0ab8033-dd45-4563-9b1f-c72614acbf93_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="“The Americans” se estrenó en 2013 y no tiene el tirón mediático que se merece."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los que hemos tenido padres con oficios simples y vidas tranquilas fantaseamos alguna vez con esto: “¿Y si en realidad mamá y papá son espías extranjeros fingiendo una vida rutinaria?”</p></div><p class="article-text">
        Miro a los hijos del matrimonio Jennings y los envidio: alg&uacute;n d&iacute;a descubrir&aacute;n que sus padres no son norteamericanos, ni gerencian un negocio de viajes en las afueras de Washington, ni bajan al garaje para hacer la colada. Un d&iacute;a Paige y Henry (13 y 11 a&ntilde;os) descubrir&aacute;n que sus padres son sovi&eacute;ticos infiltrados en los Estados Unidos de Reagan, que salen a la madrugada a matar gente, que odian todo lo yanqui, que fingen ser un matrimonio, y que lo que hay en el s&oacute;tano, detr&aacute;s de la lavadora, es un sistema encriptado para comunicarse con Mosc&uacute;. &iexcl;Ah, el d&iacute;a que esos chicos sepan esto sobre sus padres, qu&eacute; hermoso episodio de <em>The Americans</em> ser&aacute; ese!
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a no ha ocurrido, y por eso no es un espoiler lo que acabo de escribir, sino m&aacute;s bien el deseo de un espoiler. La serie <em>The Americans</em> promedia su segunda temporada y entre sus muchos aciertos hay uno que me encanta: no es una serie precipitada, las cosas no ocurren a lo loco, todo lleva su tiempo de cocci&oacute;n y su estilo. Pero eso s&iacute;: cuando las cosas ocurren, es un placer ver de qu&eacute; manera todo cambia.
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                </figure><h3 class="article-text">Fingir un matrimonio</h3><p class="article-text">
        <em>The Americans</em> se estren&oacute; en 2013 y no tiene el tir&oacute;n medi&aacute;tico que se merece. No se habla de esta historia en las redes con fervor, pero sin embargo tiene una calidad superlativa. Cada episodio llena, sacia y deja satisfecho al espectador con una ambientaci&oacute;n cuidad&iacute;sima, ambientada en los a&ntilde;os 80, y unas actuaciones que te dejan con la boca abierta (pienso, por ejemplo, en el &uacute;ltimo episodio emitido, donde hay un breve mon&oacute;logo del hijo de once a&ntilde;os que no puede ser tan bueno). 
    </p><p class="article-text">
        La historia, a grandes rasgos, es simple: un matrimonio de dos esp&iacute;as del KGB se hacen pasar por estadounidenses en un barrio t&iacute;pico de Washington. Ellos son Phillip y Elizabeth Jennings (Matthew Rhys y Keri Russell), fueron adoctrinados en su adolescencia sovi&eacute;tica para mimetizarse como ciudadanos norteamericanos, fingieron un matrimonio convencional, y lo hicieron tan bien que hasta incluso concibieron un par de ni&ntilde;os para mantener la tapadera. Estos chicos ahora pisan la adolescencia y desconocen la verdadera identidad de sus padres.
    </p><p class="article-text">
        Los Jennings tienen como vecinos a otra familia, los Beeman. &Eacute;l, Stan Beeman (Noah Emmerich), es agente del FBI. Y como ocurre con Walter White y su cu&ntilde;ado, el gato y el rat&oacute;n viven muy cerca pero el gato no sabe que su amigo es el rat&oacute;n. Esta cercan&iacute;a vecinal es, quiz&aacute;, la &uacute;nica licencia po&eacute;tica de una historia que, por lo dem&aacute;s, parece tremendamente <em>true story</em> en su concepci&oacute;n y su trama. Incluso en la camale&oacute;nica capacidad de disfrazarse de su protagonista masculino.
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                </figure><h3 class="article-text">Levadura</h3><p class="article-text">
        Salvando muchas distancias, <em>The Americans</em> tiene algo que se parece a <em>Mad Men</em>. No solo porque las dos series recrean una &eacute;poca, sino por la obsesi&oacute;n de sus creadores por hacer que esas &eacute;pocas parezcan ciertas, que no haya rasgos t&oacute;picos ni exageraciones que salten a la vista.
    </p><p class="article-text">
        Entre estas sutilezas hay dos que me fascina: de qu&eacute; forma este matrimonio falso comienza a desarrollar un sentimiento de amor real; y de qu&eacute; manera el var&oacute;n (Phillip Jennings) empieza a sentir &ldquo;algo&rdquo; por el estilo de vida americano. Los dos sentimientos &mdash;amor, patriotismo&mdash; son inicialmente una l&iacute;nea casi invisible en la trama, y el increscendo es natural, probable y goteado por los guionistas de un modo magn&iacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que tiene <em>The Americans</em> de especial: nunca da la sensaci&oacute;n de ser una gran serie, pero la trama va creciendo en nuestra cabeza de a poco, como si tuviera levadura, y un d&iacute;a se nos hace imprescindible. Me ha pasado muchas veces, durante esta segunda temporada, que espero que lleguen los lunes sin saber que estoy esper&aacute;ndolos a ellos, a los Jennings. 
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    </figure><h3 class="article-text">Amor y contraespionaje</h3><p class="article-text">
        Como si ya esto fuera poco, la trama &ldquo;sovi&eacute;tica&rdquo; (lo que ocurre en la embajada rusa) tambi&eacute;n tiene un <em>plot</em> magistral. La relaci&oacute;n entre el agente Stan Beeman (FBI) con la bell&iacute;sima agente de la KGB Nina Sergeevna (Annet Mahendru) no tiene nunca desperdicio. Esa mezcla de espionaje, amor, contraespionaje y desamor funciona de un modo alucinante.
    </p><p class="article-text">
        Les recomiendo <em>The Americans</em> como quien recomienda un licor extra&ntilde;o que se consigue en cualquier supermercado. La serie est&aacute; ah&iacute;, en la estanter&iacute;a de todas las series, y ha pasado desapercibida. Sin embargo, tiene un puntaje de 8,2 en IMDB y un mont&oacute;n de seguidores silenciosos y fieles. Tan silenciosos como la familia Jennings. Como el matrimonio de Phillip y Elizabeth, que no pueden decir qui&eacute;nes son pero est&aacute;n ah&iacute;, siempre despiertos, vigilando el sue&ntilde;o americano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/the-americans-serie-pocos-hablan_132_4916567.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Apr 2014 18:48:39 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La parábola del rating y las cloacas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/parabola-rating-cloacas_132_4936993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b646fec7-560c-443e-99e6-ba87924f9335_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La forma de medir las audiencias de la televisión responde a una época en la que no existían las tecnologías personales ni las redes sociales."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La forma de medir las audiencias de la televisión responde a una época en la que no existían las tecnologías personales ni las redes sociales.</p></div><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os hab&iacute;a noventa y nueve casas y cada una ten&iacute;a un televisor que emit&iacute;a un solo canal. Las empresas no sab&iacute;an qu&eacute; programas se ve&iacute;an en los hogares, ni en qu&eacute; horarios poner sus anuncios. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Qu&eacute; ve la gente? 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni idea. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Invertimos en este informativo, en este show o en esta serie? 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni idea. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces los empresarios buscaron un sistema de medici&oacute;n: le pidieron a la Compa&ntilde;&iacute;a de Cloacas los datos del consumo diario de aguas residuales del pueblo. 
    </p><p class="article-text">
        Si en una determinada franja horaria la gente meaba menos o cagaba menos, el programa de la tele hab&iacute;a sido interesante. Si la gente no cagaba ni meaba ni se ba&ntilde;aba, el programa de esa franja hab&iacute;a sido un &eacute;xito y las empresas ofrec&iacute;an millones para aparecer en &eacute;l a la semana siguiente. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; el segundo canal de televisi&oacute;n al pueblo, esa manera de medir la audiencia qued&oacute; obsoleta. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Est&aacute;n viendo el canal uno o el canal dos los que ayer se aguantaron las ganas de ir al ba&ntilde;o? 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ni idea.
    </p><p class="article-text">
        Las empresas se preocuparon. Dejaron de revisar las cloacas y pusieron medidores en las antenas, para saber qu&eacute; canal miraba cada familia. Esto funcion&oacute; muy bien hasta que alguien construy&oacute; la casa n&uacute;mero cien, y despu&eacute;s la ciento diez, y despu&eacute;s la casa n&uacute;mero mil. El costo de poner medidores en cada nueva antena no era rentable. 
    </p><p class="article-text">
        Las empresas pensaron de este modo: 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si en quinientas casas viven quinientas familias pobres, pongamos el medidor en una sola casa pobre. 
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Gran idea! &iquest;Y los ricos?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Si en las otras quinientas casas viven quinientas familias ricas, pongamos el medidor en la antena de una sola familia rica.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Excelente! En el fondo, todos tienen costumbres parecidas. 
    </p><p class="article-text">
        Las empresas se sintieron satisfechas con esta nueva forma de testear, y pusieron unos pocos medidores. El truco funcion&oacute; durante a&ntilde;os, porque la propia televisi&oacute;n le indicaba a los ricos y a los pobres, a los j&oacute;venes y a los viejos, qu&eacute; costumbres tener. 
    </p><p class="article-text">
        Pero un d&iacute;a lleg&oacute; un siglo nuevo y ocurrieron tres cosas que no estaban previstas. Una detr&aacute;s de la otra: la tecnolog&iacute;a personal primero, la tecnolog&iacute;a m&oacute;vil despu&eacute;s, y finalmente la red social.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; al pueblo la tecnolog&iacute;a personal, los habitantes de las casas empezaron a grabar sus programas preferidos de televisi&oacute;n para verlos a cualquier hora; pero las empresas siguieron confiando en la proporci&oacute;n del encendido. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; al pueblo la tecnolog&iacute;a m&oacute;vil, los habitantes de las casas empezaron a llevar sus pantallas a cualquier parte, incluida la calle; pero las empresas siguieron confiando en los medidores de antena fija. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; al pueblo la tecnolog&iacute;a de red social, los habitantes de las casas empezaron a interesarse m&aacute;s por sus propias recomendaciones sinceras que por los anuncios de la televisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces las empresas se reunieron, m&aacute;s preocupadas que nunca, y buscaron un cambio en la estrategia:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Volvamos al sistema antiguo de medir las cloacas, pero esta vez hagamos p&uacute;blicos los resultados; las redes sociales conversar&aacute;n sobre cu&aacute;nta gente va al ba&ntilde;o &mdash;dijeron. 
    </p><p class="article-text">
        Y otra vez acertaron.
    </p><p class="article-text">
        Desde ese d&iacute;a, los presentadores de la televisi&oacute;n empezaron a informar, minuto a minuto, cu&aacute;nta gente no cagaba por estar vi&eacute;ndolos a ellos. Y el pueblo empez&oacute; a crear tendencias de conversaci&oacute;n en sus redes sobre el minuto a minuto de su propia mierda.  
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurri&oacute; desde ese d&iacute;a fue vertiginoso: se dej&oacute; de hablar de deportes, de espect&aacute;culos, de pol&iacute;tica y se empez&oacute; a hablar de cu&aacute;nta gente iba a mear mientras se emit&iacute;an los deportes, el espect&aacute;culo o la pol&iacute;tica. Se elimin&oacute; el an&aacute;lisis, que ocupa demasiado tiempo, y comenz&oacute; a propagarse la s&iacute;ntesis, que ocupa ciento cuarenta caracteres. 
    </p><p class="article-text">
        Y sobre todo se mantuvo en la sombra a la inteligencia, que es digestiva, para alumbrar el cinismo, que mantiene a la gente en el ba&ntilde;o estre&ntilde;ida y con eternas ganas de cagar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/parabola-rating-cloacas_132_4936993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Apr 2014 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La parábola del rating y las cloacas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Shameless, la mamá de todas las grandes ficciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/shameless-mama-todas-ficciones_132_4950305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92e9fa7e-3646-40e4-bca8-fc9279e03068_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="En 2004, mientras todo el mundo babeaba con &quot;Lost&quot;, Paul Abbott creó &quot;Shameless&quot;, uno de los mejores dramas de la televisión británica y del mundo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2004, mientras todo el mundo babeaba con "Lost", Paul Abbott creó uno de los mejores dramas de la televisión británica y del mundo.</p><p class="subtitle">Madre abandona seis hijos y los deja con un padre alcohólico, en un suburbio de Manchester. "Shameless" es de visión obligatoria.</p></div><p class="article-text">
        Cuando vi por primera vez &ldquo;Shameless&rdquo; supe que hab&iacute;a un universo nuevo en la televisi&oacute;n. Despojado, sucio y tan real que daba miedo. Ocurri&oacute; hace varios a&ntilde;os, cuando todav&iacute;a no era muy com&uacute;n descargar ficci&oacute;n brit&aacute;nica, y conseguir los subt&iacute;tulos de cada episodio costaba una batalla diaria del dedo &iacute;ndice contra la tecla F5.
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo &mdash;que ahora parece una &eacute;poca ingenua&mdash; todo el mundo estaba emocionado con &ldquo;Lost&rdquo;. &iquest;Recuerdan &ldquo;Lost&rdquo;? Fue aquella historia tan parecida a la del avi&oacute;n malasio: el MH370 empez&oacute; con gran misterio y acab&oacute; decepcionando a medio mundo; &ldquo;Lost&rdquo; tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2004 y 2006 todos mir&aacute;bamos &ldquo;Lost&rdquo;, todos habl&aacute;bamos de &ldquo;Lost&rdquo;, los subt&iacute;tulos de &ldquo;Lost&rdquo; estaban corregidoss siempre a tiempo, los foros sobre &ldquo;Lost&rdquo; se multiplicaban como conejos, mientras que en Gran Beta&ntilde;a, silenciosa, humildemente, Paul Abbott compon&iacute;a la ficci&oacute;n m&aacute;s potente de la primera d&eacute;cada del siglo: s&iacute; se&ntilde;or, &ldquo;Shameless&rdquo;. Sin aviones misteriosos, sin n&uacute;meros chungos, sin gente guapa, aunque &mdash;eso s&iacute;&mdash; con un mont&oacute;n de n&aacute;ufragos perdidos en una isla llamada Gran Breta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la intro de la primera temporada, en donde Frank presenta a cada uno de seis hijos y deja claro que lo m&aacute;s importante es saber armar una fiesta:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Querido diario</h3><p class="article-text">
        Rescato de mi diario &iacute;ntimo las sensaciones que me provoc&oacute; &mdash;en caliente&mdash;haber visto, casi sin dormir, los ocho episodios de la primera temporada completa de esta serie:
    </p><p class="article-text">
        Querido diario: acabo de ver la primera temporada completa de una serie brit&aacute;nica y escribo esto en estado con los pelos de punta. Todav&iacute;a me dura la sensaci&oacute;n maravillosa de haber le&iacute;do una novela larga. Es un drama, y de los m&aacute;s densos. Pero tambi&eacute;n es una comedia. Tiene todo el clima de las pel&iacute;culas inglesas de clases proletarias (pienso en Mike Leigh) pero tambi&eacute;n se fusiona con lo m&aacute;s retorcido del humor de &ldquo;Little Britain&rdquo;. Todo eso, junto, a la vez, te revienta la cabeza. En la primera temporada de &ldquo;Shameless&rdquo; no hay un segundo, ni uno solo, que est&eacute; de m&aacute;s. Todo entretiene y conmueve. Si no te est&aacute;s riendo como un imb&eacute;cil, es porque est&aacute;s llorando como un idiota.
    </p><p class="article-text">
        La trama en veinte palabras, querido diario: un padre alc&oacute;holico, abandonado por su esposa, queda a cargo seis hijos en un suburbio de clase baja en Manchester. Ya est&aacute;. La genialidad de la serie no tiene nada que ver con lo rocambolesco de la trama. La familia Gallagher es como la peor familia del barrio. En apariencia es una trama com&uacute;n. Se podr&iacute;a hacer con ella una serie cualunque, intrascendente. Pero est&aacute; escrita por Paul Abbott, un se&ntilde;or que pas&oacute; por todo aquello (madre aband&oacute;nica, padre alcoh&oacute;lico) y ahora viene y lo cuenta con genialidad.
    </p><p class="article-text">
        Todo es verdad en &ldquo;Shameless&rdquo;, no hay una sola escena, un solo p&aacute;rrafo que parezca salido de la industria del espect&aacute;culo. Todo es la put&iacute;sima verdad. Genitales masculinos. Tetas fl&aacute;cidas. Sexo sucio &mdash;pero de mugre, no de sadomasoquismo&mdash;. Di&aacute;logos reales, entrecortados, molestos. Una ternura infinita, una lealtad familiar que no existe en las otras televisiones del mundo.
    </p><p class="article-text">
        No me es posible, querido diario, explicar la fuerza que irradian los ojos de Fiona (la hija mayor), ni el brutal mon&oacute;logo de Frank (el padre) caminando borracho por la calle en el episodio segundo. No tiene sentido mencionar la relaci&oacute;n entre Lip y su hermano gay. O la fascinaci&oacute;n de Debbie por su padre borracho. &ldquo;Shameless&rdquo; es verdad, no puedo dejar de repetirlo. Es verdad y es, al mismo tiempo, arte en estado puro. El cine jam&aacute;s podr&iacute;a llegar tan lejos (en ciento veinte minutos no se logra, es imposible, que te encari&ntilde;es de una manera tan profunda con cada uno de esos hijos). Y es una serie optimista, aunque transcurra en medio de la mierda. Y es humana. Y es m&aacute;gica. Tiene la fuerza de &ldquo;Six Feet Under&rdquo; (de hecho, un vecino de los Gallagher, con gran complicidad, se llama Kevin Alan Ball). &ldquo;Shameless&rdquo; se ubica, desde ayer, entre mis cinco series m&aacute;s queridas de este siglo que empieza. Ojal&aacute;, querido diario, haya un mill&oacute;n de temporadas m&aacute;s y Frank Gallagher nunca muera de cirrosis&raquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">Las tres primeras temporadas, lo dem&aacute;s no importa</h3><p class="article-text">
        Yo sol&iacute;a ser muy efusivo en mis diarios &iacute;ntimos de 2005. Y aquel deseo se me cumpli&oacute;: hubo much&iacute;simas temporadas de &ldquo;Shameless&rdquo;, pero solamente vi tres.  Al principio de la cuarta me aburri&oacute;, sobre todo porque la familia Gallagher se desmembr&oacute; por completo, los actores que hac&iacute;an los personajes principales se fueron a hacer teatro (que es tan londinense) y un d&iacute;a solamente qued&oacute; el padre Frank con un mont&oacute;n de vecinos de apellido Maguire, y la serie empez&oacute; a ser sobre la vida de estos vecinos, que no me importaban tanto.
    </p><p class="article-text">
        Se fue Fiona, se fue Lip, se fue Carl, se fue Ian, se fue Debbie... Algunos de ellos regresaron a mediados del a&ntilde;o pasado, para el episodio final, pero ya no era lo mismo. Fueron catorce temporadas en total, ciento treinta y nueve cap&iacute;tulos de los que quiero recomendarles, hoy, solamente los primeros veintis&eacute;is. Las tres primeras temporadas.
    </p><p class="article-text">
        Si no las vieron, es una obligaci&oacute;n moral hacerlo. Y no el a&ntilde;o que viene, ni despu&eacute;s del Mundial de Brasil, ni 'cuando termine de ver The Walking Dead'... &iexcl;Ahora! No importa que sea mi&eacute;rcoles y que est&eacute;n en la oficina. V&aacute;yanse, manden todo al carajo, dejen el ordenador encendido y no vuelvan nunca trabajar. Tienen que ver &ldquo;Shameless&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Advertencia</h3><p class="article-text">
        Existe una remake usamericana estrenada en 2011, a&uacute;n en curso. De hecho, anoche termin&oacute; la cuarta temporada y hay prevista una quinta para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. Su nombre es el mismo &mdash;&ldquo;Shameless&rdquo;&mdash; solo que con &ldquo;US&rdquo; al lado.
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        Yo llegu&eacute; a odiar esta remake con muchas ganas. Cuando vi el piloto me dio asquete, todos eran mucho m&aacute;s lindos y estaban m&aacute;s ba&ntilde;ados que los personajes originales. Y todo era muy yanqui, y no le cre&iacute; nada a nadie: ni las borracheras, ni las fiestas, ni las org&iacute;as parec&iacute;an de verdad.
    </p><p class="article-text">
        En 2012 alguien me dijo que le diera una segunda oportunidad, porque empezaba a producirla Paul Abbott y estaba mejorando, pero no lo hice. En 2013 me dej&eacute; llevar por la curiosidad y la empec&eacute; de nuevo, desde la segunda temporada. No es lo mismo, pero ocurre algo y quiero intentar explicarlo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Shameless&rdquo;, la original, es tu madre biol&oacute;gica. Entonces tu madre un d&iacute;a se muere (al final de la temporada tres), y tu pap&aacute; se casa con otra se&ntilde;ora, de apellido &ldquo;US&rdquo;. Primero la odias, la comparas, la rechazas, la ninguneas... Pero con el paso de los a&ntilde;os te das cuenta de que es una buena mujer. No es tu madre verdadera, pero tampoco es la bruja de Blancanieves: te hace tostadas, se ocupa de cuidarte y de coserte el dobladillo del pantal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Shameless US&rdquo; es una madrastra fea a la que un d&iacute;a le empiezas a agradecerle algunos detalles. Yo le agradezco, por ejemplo, que despu&eacute;s de la tercera temporada los hijos de Frank Gallagher sigan siendo los mismos, que la serie no se haya convertido &ldquo;Los Maguire&rdquo;. Le agradezco que sigan estando Fiona, y Lip, y Carl, y tambi&eacute;n Ian, y sobre todo Debbie... La versi&oacute;n brit&aacute;nica no me permiti&oacute; verlos crecer del todo. La versi&oacute;n yanqui no es ni tan cruda ni tan real, pero al menos es estable. Nadie se va de repente porque quiere hacer teatro en Londres, en eso los yanquis son m&aacute;s constantes. &ldquo;Shameless US&rdquo; es una madrastra a la que, con el tiempo, empiezas a querer.
    </p><p class="article-text">
        Con esto no quiero decir que tienen que verla. &iexcl;No por el amor de Dios! Lo que tienen que hacer es descargar ahora mismo la original y despu&eacute;s sufrir tres a&ntilde;os de orfandad, como me pas&oacute; a m&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/shameless-mama-todas-ficciones_132_4950305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Apr 2014 18:49:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Shameless, la mamá de todas las grandes ficciones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué me gusta una serie 'sobre chicas' si soy un señor?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/confieso-gusta-serie-chicas_132_4961898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de 32 episodios y dos Globos de Oro, la serie Girls confirma ser mucho más que una comedia a lo Sex and the City. Su manifiesto generacional se estudiará dentro de muchos años, cuando querramos saber cómo era la juventud de la segunda década de este siglo.</p></div><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil decir en voz alta que nos gusta <em>Mad Men</em> o <em>The Wire</em>, porque nos hace parecer inteligentes y cultos. Tambi&eacute;n es f&aacute;cil decir que miramos <em>The Big Bang Theory</em> o <em>Modern Family</em>, porque nos hace fama de divertidos o de afectos a la diversi&oacute;n. Y si decimos que miramos <em>Treme</em>, parecemos sensibles a la m&uacute;sica y a la pol&iacute;tica. Pero tambi&eacute;n hay series que miramos un poco a escondidas, con cierta verg&uuml;enza generacional o de g&eacute;nero; hay series que no mencionamos en voz alta en las sobremesas ni en los tuits. Un buen ejemplo es <em>Girls</em>. &iquest;Qu&eacute; hace un tipo como yo, gordo, barbudo, de cuarenta y pico, viendo una comedia de veintea&ntilde;eras neoyorquinas?
    </p><p class="article-text">
        Quiero quitarme la m&aacute;scara y salir del armario. Y lo har&eacute; aqu&iacute; mismo, p&uacute;blicamente: adoro <em>Girls</em>, a pesar de la brecha generacional, geogr&aacute;fica, sexual, tecnol&oacute;gica y hormonal que me separa de sus tramas. No hay una sola cuesti&oacute;n que me haga empatizar con ninguno de sus personajes, y sin embargo me parece una de las poqu&iacute;simas series de televisi&oacute;n que servir&aacute;n &mdash;dentro de cien a&ntilde;os&mdash; para explicar c&oacute;mo ha vivido y qu&eacute; ha pensado la juventud en la segunda d&eacute;cada del siglo veintiuno.
    </p><p class="article-text">
        Una de las razones de esta capacidad de observaci&oacute;n de <em>Girls</em> tiene la edad de su creadora: Lena Dunham naci&oacute; el mismo verano en que Maradona le hizo el segundo gol a los ingleses en el Mundial de M&eacute;xico. Este no es un dato menor: quiere decir que cuando naci&oacute; todos nosotros ya ten&iacute;amos pelos en las patas.
    </p><h3 class="article-text">La edad de la inocencia</h3><p class="article-text">
        La edad de Dunham, junto a su madurez narrativa, son un monumento a la paradoja. Como si un elefante fuese el director del zool&oacute;gico. Posiblemente el de Dunham sea uno de los casos de mayor precocidad en producir, dirigir, escribir y protagonizar una serie de televisi&oacute;n para HBO (no se me ocurre un caso similar). Y adem&aacute;s lo hace como si supiera. Como si ya hubiera vivido su juventud largamente y ahora pudiera diseccionarla desde una vejez contemplativa.
    </p><p class="article-text">
        Su talento, sin embargo, no lleg&oacute; de un d&iacute;a para el otro. Un poco antes de que HBO la fichara para el piloto de <em>Girls</em>, y con solo 23 a&ntilde;itos, dirigi&oacute; y escribi&oacute; su primer largometraje, <em>Tiny Furniture</em>, que fue sensaci&oacute;n en Sundance 2010. Igual que Paco Le&oacute;n con <em>Carmina o revienta</em>, Lena hizo una opera prima inteligente con escaso presupuesto y utilizando a actores muy familiares: su madre y a su hermana. La pel&iacute;cula es sorprendente, sobre todo si se tiene en cuenta la inexperiencia brutal de su directora.
    </p><p class="article-text">
        Pero es con <em>Girls</em> donde Lena Dunham alcanza la madurez suficiente, y sobre todo el arte necesario, para que ya no importe su edad. Ya no sorprende su precocidad cuando o&iacute;mos algunos di&aacute;logos de la serie, sino su tremendo poder de observaci&oacute;n generacional.
    </p><p class="article-text">
        Debo confesar que yo no esperaba nada de <em>Girls</em>. Cuando aparecieron los primeros trailers y afiches, recuerdo haber pensado lo mismo que muchos: &ldquo;&iquest;Otro <em>Sex and the City?</em>, qu&eacute; espanto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eran horas bajas para HBO, eso tambi&eacute;n es verdad, y muy pocos apostaron al &eacute;xito de un formato que se olfateaba muy similar al de siempre. Pero sin embargo hoy, despu&eacute;s de tres temporadas cortas, <em>Girls</em> est&aacute; mucho m&aacute;s cerca de convertirse en un cl&aacute;sico de la tele que la historia de Carrie Bradshaw.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;De qu&eacute; se trata la vida hoy?</h3><p class="article-text">
        Anoche se emiti&oacute; el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la tercera temporada de <em>Girls</em>. Un episodio sereno, hermoso, con el puntito filos&oacute;fico que subraya su esencia y &ndash;en algunas escenas puntuales&ndash; conmovedor y valiente. Cuando la pantalla fue a negro me emocion&eacute; un poco. Con verg&uuml;enza, por supuesto, porque los hombres gordos y viejos no debemos ver estas cosas, pero por alguna extra&ntilde;a raz&oacute;n satisfecho.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Por qu&eacute; me interesa esto?</em>, me pregunt&eacute; despu&eacute;s. Y la respuesta no tard&oacute; mucho en llegar: porque estoy viejo, s&iacute;, pero todav&iacute;a no estoy muerto.
    </p><p class="article-text">
        El gran problema de hacerse viejo es dejar de comprender a la generaci&oacute;n que te precede. Escribo esto con m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os encima, y debo confesar que no utilizo WatsApp ni conozco sus trucos de vigilancia, que nunca particip&eacute; en competiciones de videojuegos online, que desconozco con rabiosa ignorancia la cultura audiovisual del siglo veintiuno, que nunca me foll&eacute; a nadie de mi <em>timeline</em>, que jam&aacute;s en mi puta vida concurr&iacute; a una <em>flashmob</em> y que mi cerebro no es, ni ser&aacute; nunca, <em>multitarget</em>.
    </p><p class="article-text">
        Llega un punto en que debes elegir con qu&eacute; vicios quedarte para que la cabeza no te explote. Pero al mismo tiempo tu cuerpo conserva un eco de la energ&iacute;a juvenil, y sabes que los nacidos despu&eacute;s que t&uacute; han empezado a vivir con plenitud unas experiencias que jam&aacute;s vivir&aacute;s. &iquest;Cu&aacute;les son esas experiencias? &iquest;De qu&eacute; se trata la vida hoy? &iquest;Es verdad que se folla mucho mejor y m&aacute;s f&aacute;cil que antes? &iquest;Es cierto que la inteligencia ha vuelto a ser una herramienta de poder? &iquest;Realmente los j&oacute;venes son capaces de ver f&uacute;tbol, apostar en Btwin y tuitear sobre otro tema, todo al mismo tiempo? &iquest;Qu&eacute; carajo son todas esas sagas fant&aacute;sticas de nombres raros?
    </p><p class="article-text">
        En ese punto de la incerteza, que es un momento horrible del inicio de la vejez, tu &uacute;nica salvaci&oacute;n es encontrar un referente que piense como t&uacute; cuando ten&iacute;as 25 a&ntilde;os, pero que posea las herramientas de la iron&iacute;a actuales. Y, sobre todo, que las transmita con un talento desafectado y cl&aacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Eso es &ldquo;Girls&rdquo;, exactamente eso. Y me alegra que ya se haya confirmado una cuarta temporada. Me alegra cada vez que Lena Dunham aparece desnuda en pantalla, con esas tetitas de regordeta purificada. Me alegra que alguien haya escrito un personaje tan complejo y fuera de t&oacute;picos como el de Adam (qu&eacute; tremendo actor, Adam Driver). Me alegra que la serie y su creadora hayan ganado sendos Globlos de Oro el a&ntilde;o pasado. Me alegra que Lena Dunham haya tenido la valent&iacute;a y el descaro de escribir una frase &eacute;pica del episodio piloto.
    </p><p class="article-text">
        En el trailer de aqu&iacute; arriba est&aacute; esa frase (00m29s). Hannah encara a sus padres para pedirles dinero y les dice: <em>&ldquo;No quiero asustarlos, pero creo que podr&iacute;a ser la voz de mi generaci&oacute;n&rdquo;</em>. No lo dec&iacute;a Hannah Horvath. Lo dec&iacute;a Lena Dunham: nos estaba dando el aviso.
    </p><p class="article-text">
        Me alegra que le haya salido redondo. Y me alegra, sobre todo, que HBO haya sabido pasar del absurdo glamour de <em>Sex and the City</em> al realismo crudo e hipn&oacute;tico de <em>Girls</em>. Eso quiere decir que estamos evolucionando como especie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/confieso-gusta-serie-chicas_132_4961898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Mar 2014 20:31:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Por qué me gusta una serie 'sobre chicas' si soy un señor?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Lena Dunham,Televisión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una metáfora sobre la piratería]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/metafora-pirateria_132_4975168.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73cb6180-37e3-4172-a004-9ab711e2810e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Una metáfora sobre la piratería"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tienen razón los que dicen que copiar no es lo mismo que robar. No es lo mismo. Pero también tienen razón los que creen que su trabajo debe pagarse. Por supuesto que debe pagarse. ¿Y entonces, qué hacemos?</p></div><p class="article-text">
        La semana pasada &mdash;tras el cierre repentino de la plataforma en streaming <a href="http://www.fayerwayer.com/2014/03/popcorn-time-cierra-repentinamente/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">PopCorn Time</a>&mdash; se organiz&oacute; el en&eacute;simo debate sobre propiedad intelectual, derecho de autor y pirater&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Son divertidos e intensos estos debates, l&aacute;stima que siempre se empantanan en el mismo punto: cuando alguien usa, a la ligera, la palabra ROBAR.
    </p><p class="article-text">
        Uno dice: &ldquo;Si te descargas mi pel&iacute;cula gratis, me est&aacute;s robando&rdquo;. Aquel agrega: &ldquo;Si te robo el coche te quedas a pie, si me bajo una serie, la serie sigue ah&iacute;&rdquo;. Otro acusa: &ldquo;Te sientas en un sof&aacute; que pagaste, con pizzas que pagaste, mirando un plasma que pagaste, a ver mi pel&iacute;cula gratis. &iexcl;Me est&aacute;s robando!&rdquo;. Y otra vez el debate queda trabado. Y no se avanza. 
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me parece que no se avanza porque nadie encontr&oacute; una buena met&aacute;fora con la que todos est&eacute;n conformes.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo un antol&oacute;gico ensayo de David Bravo en la revista Orsai que se llam&oacute; <a href="http://editorialorsai.com/revista/post/n2_bravo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;El bot&oacute;n que copia los tomates&rdquo;</a>. Era una respuesta sagaz a un art&iacute;culo que hab&iacute;a escrito Javier Bardem en el diario El Pa&iacute;s, llamado <a href="http://elpais.com/diario/2010/12/24/cultura/1293145203_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;El bot&oacute;n m&aacute;gico&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        La queja de Bardem empezaba as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Quiero comprar un tomate fresco. Voy a llamar a un verdulero para que me venda uno reci&eacute;n sacado de la huerta. Pero resulta que si le doy a un bot&oacute;n en mi ordenador un tomate (parecido en sabor y color) se instala autom&aacute;ticamente en mi nevera. No est&aacute; igual de bueno que el de la huerta, pero me da igual, total es para un gazpacho&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        David Bravo le respond&iacute;a esto: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En el mundo propuesto por Bardem los alimentos ser&iacute;an infinitamente clonables gracias a un invento que, seg&uacute;n nos sugiere, lejos de ser digno de celebraci&oacute;n habr&iacute;a de ser temido. En la leyenda de la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces, Javier Bardem es el pescadero que niega con la cabeza y arruga la nariz&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El debate es interesante, pero tambi&eacute;n est&eacute;ril, porque es tremendamente dif&iacute;cil equiparar bienes que no se pueden replicar (un sof&aacute;, un coche, un tomate) con bienes que s&iacute; se pueden replicar (una pel&iacute;cula, un disco, una serie de televisi&oacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        Tienen raz&oacute;n los que dicen que copiar no es lo mismo que robar. No es lo mismo... Y tienen raz&oacute;n los que creen que su trabajo debe pagarse. Por supuesto que debe pagarse... 
    </p><p class="article-text">
        Yo me permito aportar al debate una met&aacute;fora. Una met&aacute;fora nueva que no son tomates, ni pizzas, ni coches, ni sof&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez existi&oacute; un bien tangible que se pod&iacute;a piratear. Todas nuestras madres lo compraron a fines de los setenta. Se enchufaba y era blanco... Se llamaba la yogurtera.
    </p><h3 class="article-text">La met&aacute;fora de la yogurtera</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La yogurtera era un aparato espantoso que hac&iacute;a seis yogures solamente usando leche, pero ten&iacute;as que comprar, s&iacute; o s&iacute;, un yogur de verdad, para poder copiar el sabor de los otros cinco yogures. 
    </p><p class="article-text">
        Pon&iacute;as en un bol un yogur verdadero y un litro de leche, mezclabas, llenabas los seis vasos de la yogurtera y dejabas el aparato enchufado unas seis horas. Despu&eacute;s de eso, ten&iacute;as seis yogures. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a mi casa hab&iacute;a un colmado (en Argentina los llamamos <em>almac&eacute;n</em>). La almacenera estaba enojad&iacute;sima con la existencia de este nuevo invento. Mi familia, por ejemplo, que compraba en el almac&eacute;n una docena de yogures por semana, pas&oacute; a comprar solamente un yogur. Con ese yogur, y un litro de leche, hac&iacute;amos seis yogures. Com&iacute;amos cinco y guard&aacute;bamos uno para volver a hacer seis la semana siguiente. 
    </p><p class="article-text">
        La almacenera experiment&oacute; los cinco estados del duelo: 
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>negaci&oacute;n </li>
                                    <li>ira </li>
                                    <li>negociaci&oacute;n </li>
                                    <li>depresi&oacute;n </li>
                                    <li>aceptaci&oacute;n </li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Primero sigui&oacute; vendiendo yogures, creyendo que la yogurtera ser&iacute;a una moda temporal. Pero no fue temporal. Despu&eacute;s sinti&oacute; much&iacute;sima rabia, y le hizo juicio a todas las familias que ten&iacute;an yogurtera; pero tener yogurtera no era ilegal. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces pidi&oacute; al Ayuntamiento un impuesto a las yogurteras para subsidiar su almac&eacute;n. Pero el barrio empez&oacute; a prestarse las yogurteras para no tener que comprarlas tan caras. Y un d&iacute;a la almacenera se deprimi&oacute; y empez&oacute; a vender yogures vencidos, o yogures feos. Mientras tanto la gente del barrio dejaba un yogur bueno en la ventana, para que otros vecinos lo agarraran y pudieran copiar m&aacute;s yogures buenos. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue que una tarde la almacenera acept&oacute; que las cosas hab&iacute;an cambiado, se dio cuenta que no pod&iacute;a seguir igual, y tuvo una idea. Y esa idea fue maravillosa: le puso pedacitos de frutillas a los yogures. Pedacitos de durazno. Pedacitos de pera. 
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo muy bien de ese d&iacute;a. Mi mam&aacute; nos prepar&oacute; (como cada ma&ntilde;ana) los yogures clonados, los cl&aacute;sicos sin nada adentro, pero nosotros quer&iacute;amos yogures saborizados. Y los saborizados no se pod&iacute;an multiplicar. Y volvimos a comprar yogur, y la yogurtera qued&oacute; arrumbada en el garage. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy nadie se acuerda de la yogurtera. 
    </p><p class="article-text">
        Esta es solamente una met&aacute;fora, pero creo que sirve. La industria audiovisual ya pas&oacute; por la negaci&oacute;n, por la ira y por la negociaci&oacute;n. Nada de esto le funcion&oacute;. Ahora est&aacute; empantanada en la etapa de la depresi&oacute;n. Le falta un paso, nada m&aacute;s. Le falta solamente aceptar que los tiempos cambiaron.
    </p><p class="article-text">
        No falta mucho para que le den a su negocio un toque sutil, un toque talentoso, de fruta fresca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/metafora-pirateria_132_4975168.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Mar 2014 19:46:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una metáfora sobre la piratería]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[La dificultad de pronunciar Macánagui]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/dificultad-pronunciar-macanagui_132_4986388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6ffa111-53da-4367-baf5-0b5a26d64ddb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El lunes acabó la primera temporada de «True Detective», una serie casi perfecta que le devuelve a HBO la calidad narrativa de otros tiempos. El engorroso apellido de uno de los protagonistas es, posiblemente, lo único criticable de esta historia, que tendrá segunda temporada."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El lunes acabó la primera temporada de</p><p class="subtitle">True Detective</p><p class="subtitle">, una serie casi perfecta que le devuelve a HBO la calidad narrativa de otros tiempos.</p><p class="subtitle">El engorroso apellido de uno de los protagonistas es, posiblemente, lo único criticable de esta historia, que tendrá segunda temporada.</p></div><p class="article-text">
        Hace ocho semanas empec&eacute; a ver <em>True Detective</em> &ndash;la termin&eacute; anoche, &iexcl;qu&eacute; primera entrega tan perfecta!&ndash; y sigo sin poder nombrar correctamente al mejor actor de la serie, al mejor actor del a&ntilde;o, al mejor actor de este principio de siglo y posiblemente a uno de los m&aacute;s camale&oacute;nicos de su generaci&oacute;n. De hecho, hasta hace unos meses no sab&iacute;a ni que existiera el tal Mac&aacute;nagui. Decid&iacute; llamarlo de esta forma &ndash;Matiu Mac&aacute;nagui&ndash; tanto en voz alta como al redactar su nombre, porque ya estoy grande para ir haciendo <em>copipaste</em> a cada rato desde la Wikipedia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lo descubr&iacute;, en el primer episodio de <em>True Detective</em>, gente m&aacute;s joven que yo me asegur&oacute; que este actor ya era famoso entre las tribus que consumen chatarra audiovisual. Lo confirm&eacute; en IMDB: Mac&aacute;nagui hab&iacute;a hecho un mont&oacute;n de pel&iacute;culas taquilleras &ndash;de esas que los burgueses ilustrados pasamos de largo al mirar el afiche&ndash; desde mediados de los 90 hasta bien entrada esta d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        Pero en 2012 pas&oacute; algo muy extra&ntilde;o: por alguna raz&oacute;n misteriosa Mac&aacute;nagui pate&oacute; el tablero de su propia vida y enhebr&oacute; cuatro joyas del cine al hilo: <em>Mud</em>, <em>The Paperboy</em>, <em>Magic Mike</em> y <em>Dallas Buyers Club</em>, adem&aacute;s de un mon&oacute;logo soberbio de cuatro minutos en <em>The Wolf of Wall Street</em>.
    </p><p class="article-text">
        Para certificar este giro, <a href="http://www.eldiario.es/cultura/cine/esclavitud-rescata-ingravidez-Oscar_0_234826555.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se gan&oacute; el Oscar al mejor protag&oacute;nico hace dos semanas</a>, y <a href="http://www.eldiario.es/cultura/Globos-Oro-12_anos_de_esclavitud-Breaking_Bad-American_Hustle_0_217678288.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un Globo de Oro a principios de a&ntilde;o</a>. Fue un volantazo tan radical en su carrera cinematogr&aacute;fica que solo puede haber dos explicaciones: la venta del alma al diablo es la m&aacute;s probable; la segunda, menos racional, es que haya cambiado de representante.
    </p><p class="article-text">
        Sea la que fuere, hac&iacute;a mucho que no ve&iacute;amos tantos matices, y tan buenos, en la creaci&oacute;n de personajes consecutivos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El regreso del ruido blanco</h3><p class="article-text">
        Pero este es un espacio de televisi&oacute;n, as&iacute; que dejemos las joyas cinematogr&aacute;ficas de Mac&aacute;nagui para los expertos del s&eacute;ptimo arte y hablemos &uacute;nicamente del detective Rust Cohle, uno de los personajes m&aacute;s complejos a los que puede dar vida un actor. Pero sobre todo hablemos de <em>True Detective</em> en general, esta joya imprevista del novelista Nic Pizzolatto que acab&oacute; ayer con un final tremendo y en absoluto efectista ni rimbombante. Es decir, como lo merece una historia contada con la vieja maestr&iacute;a de HBO.
    </p><p class="article-text">
        Debo confesar que la car&aacute;tula inicial de HBO, con aquel ruido blanco de televisor sin antena, hac&iacute;a ya muchos a&ntilde;os que no me provocaba erecciones. A principios de los 2000 ese inicio institucional me pon&iacute;a sumamente cachondo y, al o&iacute;rlo, empezaba a salivar sin motivo como el perro de Pavlov, incluso antes de saber si el resplandor prologaba un nuevo episodio de <em>The Sopranos</em>, <em>The Wire</em>, o <em>Six Feet Under</em>. Era lo mismo: lo que viniera despu&eacute;s del ruido blanco ser&iacute;a una maravilla. M&aacute;s tarde arreciaron a&ntilde;os oscuros de impotencia sexual. El ruido blanco empez&oacute; a prologar series de menor categor&iacute;a, como <em>Entourage</em>, <em>Bored to Death</em> o <em>John from Cincinnati</em>, que dejaron de provocarme cosquillas. En estas &uacute;ltimas ocho semanas, <em>True Detective</em> consigui&oacute; que, al inicio del ruido blanco, la sangre volviera a batallar, viril, en mi cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        HBO regres&oacute; a la obra de arte popular, sin esa necesidad de alarde que quisieron simular con producciones costosas pero sin alma, como <em>Boardwalk Empire</em> o <em>Generation Kill</em>. Esta vez retomaron la calidad serena, regresaron los guiones perfectos, los ritmos acotados y las actuaciones majestuosas de sus protagonistas. Tambi&eacute;n volvieron &ndash;qu&eacute; alegr&iacute;a&ndash; las intros de cr&eacute;dito con m&uacute;sicas inquietantes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Uno que s&iacute;, otro que no</h3><p class="article-text">
        Le estuve dando vueltas a la cabeza para elegir la mejor s&iacute;ntesis posible de <em>True Detective</em>. &iquest;De qu&eacute; manera se puede resumir esta historia compleja, con tanto flashback y tanto flashforward, en menos de diez palabras? Vino en mi ayuda la periodista Ana Prieto, que ayer public&oacute; <a href="https://medium.com/p/beab4430d89b" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en su blog</a> la simplificaci&oacute;n m&aacute;s acertada. Dijo: &ldquo;Acabo de terminar la historia de un hombre que se conoce a s&iacute; mismo y otro que no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Perfecto. Con eso basta y sobra para empezar a ver <em>True Detective</em>. No es necesario conocer los detalles del caso criminal con el que se obsesionan los polic&iacute;as Martin Hart y Rustin Cohle. Solo es preciso saber que Martin (el que parece fresco) tiene el cerebro podrido, y que Rust (el que parece rancio) carga con la lucidez de un Nietzsche posmorderno.
    </p><p class="article-text">
        Si tienen 3:54 minutos pueden disfrutar ahora mismo de los extremos mentales de cada personaje y, al mismo tiempo, ver una clase magistral de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Irracionalismo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">irracionalismo neokantiano</a>. Hagan clic en este fragmento:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La trama ocurre en tres tiempos: 1995, 2002 y 2012. Y la estructura narrativa es tan arriesgada, pero al mismo tiempo natural, que nunca nos perdemos en las grietas de las &eacute;pocas. Y es justo all&iacute; donde Mac&aacute;nagui se hace enorme, pero no es cuesti&oacute;n de maquillaje sino de densidad dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Puedo jurar que su mirada &ndash;el fondo de sus ojos, lo m&aacute;s dif&iacute;cil de fingir o actuar&ndash; es diferente en 1995, en 2002 y, sobre todo, en 2012. Y eso nos deja sin respiraci&oacute;n durante los ocho episodios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Pobre Woody</h3><p class="article-text">
        Si todav&iacute;a no vieron <em>True Detective</em> es menester que empiecen ya mismo, y ojal&aacute; que se les mueva el piso cuando oigan el ruido blanco. Si ya la empezaron y todav&iacute;a no vieron el &uacute;ltimo episodio, tampoco s&eacute; que est&aacute;n haciendo ac&aacute;: &iexcl;vayan a verlo con urgencia!
    </p><p class="article-text">
        Solo quiero acotar, para concluir, que la &uacute;nica raz&oacute;n por la que no empec&eacute; esta rese&ntilde;a hablando maravillas de Woody Harrelson (el otro detective protagonista) es &uacute;nicamente porque existi&oacute; un Mac&aacute;nagui que le hizo sombra. Pero lo de Woody es alucinante tambi&eacute;n y hay que decirlo: cada gesto, cada ce&ntilde;o fruncido por el asco o la confusi&oacute;n, es digno de pleites&iacute;a. De su boca sale una de los mejores interrogantes de la serie: &ldquo;&iquest;Sabes que son buenos a&ntilde;os mientras los vives, o simplemente los esperas hasta que te sale un c&aacute;ncer y te das cuenta de que ya han pasado?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y qu&eacute; sutil, qu&eacute; exacto es el gesto de arrepentimiento que ensaya Harrelson a decirlo. Pobre Woody: le pas&oacute;, en <em>True Detective</em>, lo mismo que a Cristiano Ronaldo en el f&uacute;tbol actual: si no existiera Messi, todos hablar&iacute;an de &eacute;l con m&aacute;s ganas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Harrelson debe estar mascullando su rabia por los pasillos, ahora que acab&oacute; la primera temporada de <em>True Detective</em> y todo el mundo le felicita las pascuas al compa&ntilde;ero de reparto y no a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n tengo un poco de rabia por culpa de este actor de apellido escoc&eacute;s que nunca sabr&eacute; pronunciar y que, probablemente, siga creciendo y se convierta en el mejor actor de todos los tiempos solo para que los que no sabemos ingl&eacute;s tengamos verg&uuml;enza de decir su nombre en voz alta.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ah! Fueron hermosos los tiempos en que los actores de habla inglesa m&aacute;s vers&aacute;tiles ten&iacute;an apellidos con la misma cantidad de letras f&aacute;ciles que dif&iacute;ciles. Entre los cinco que m&aacute;s me gustaron siempre hay quince vocales y quince consonantes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        S&iacute; se&ntilde;or: De Niro, Brando, Olivier, Pacino y Caine. Pod&iacute;amos ir por la vida nombr&aacute;ndolos en las sobremesas y nadie se re&iacute;a de nuestra pronunciaci&oacute;n. Nos llen&aacute;bamos la boca con sus nombres y apellidos, los alab&aacute;mos en tal o cual pel&iacute;cula, nos sent&iacute;amos cultos, cosmopolitas, reci&eacute;n ba&ntilde;ados, y agradec&iacute;amos en silencio a la inmigraci&oacute;n italiana de principios del siglo veinte.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ten&iacute;as que aparecer para arruinarlo todo, <em>f&aacute;quin</em> Mac&aacute;nagui!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/dificultad-pronunciar-macanagui_132_4986388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Mar 2014 20:06:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La dificultad de pronunciar Macánagui]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Televisión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Alguien imagina una serie sobre ETA con etarras simpáticos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/alguien-imagina-eta-etarras-simpaticos_132_4996406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3c5ae1e-a7c2-4890-b816-44fc2043480f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Escobar El Patrón del Mal 01"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie colombiana 'El Patrón del Mal', sobre la vida de Pablo Escobar, ha sido producida y escrita por familiares de víctimas del narcoterrorismo.</p><p class="subtitle">Sin embargo muestra a un protagonista salvaje, desquiciado pero también empático y de una humanidad inquietante.</p></div><p class="article-text">
        Pocas horas despu&eacute;s de atentar con cincuenta kilos de explosivos contra el peri&oacute;dico <em>El Espectador</em>, porque &laquo;es el &uacute;nico que habla mal de m&iacute;&raquo;, Pablo Escobar desayuna tranquilo junto a Fabio. Es un d&iacute;a precioso. La prensa de la ma&ntilde;ana no ha llegado, por supuesto: los talleres gr&aacute;ficos volaron por los aires a las 6:43 AM y &eacute;l lo sabe porque lo orden&oacute;. Escobar le se&ntilde;ala a Fabio la ausencia del peri&oacute;dico sobre la mesa. Lo hace con una sonrisa de ni&ntilde;o travieso por debajo del bigote. Fabio entiende el gesto y abre los ojos grandes: &laquo;Pero Pablo, &iquest;te cargaste <em>El Espectador</em>?&raquo;. Escobar se queda un momento dubitativo y dice: &laquo;&iquest;Sabes qu&eacute; pienso? Que nunca me cog&iacute; a una deportista. Vete a buscar la capitana del seleccionado de voley colombiano, que est&aacute; muy buena, y me la traes&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando vi esta escena de &laquo;El Patr&oacute;n del Mal&raquo; me termin&eacute; de enamorar del personaje protag&oacute;nico, encarnado por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Parra" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Andr&eacute;s Parra</a>, al que deber&iacute;an darle un Premio Nobel del Mimetismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando vi esta escena, digo, promediaba el episodio 77. Supe que todav&iacute;a me faltaban por ver m&aacute;s de treinta cap&iacute;tulos y ya me hab&iacute;a asaltado la culpa: &iquest;puede ser que yo est&eacute; a favor de este hombre?, &iquest;puede ser que me encante cada d&iacute;a m&aacute;s su personalidad?, me pregunt&eacute; asustado.
    </p><p class="article-text">
        Uno sabe suspender la culpa cuando mira una serie. La raz&oacute;n puede soportar que el coraz&oacute;n empatice con Walter White o con Dexter Morgan, porque uno despu&eacute;s no va a la hemeroteca de <a href="http://kiosko.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">kiosko.net</a> y encuentra sus cr&iacute;menes en las portadas. La prensa real no titula <em>&laquo;Encuentran sin vida al empresario gastron&oacute;mico Gustavo Fring&raquo;</em>. La radio no informa sobre el hallazgo de treinta cad&aacute;veres embolsados en las costas de Miami. En cambio la noticia sobre la bomba a <em>El Espectador</em> <a href="http://elpais.com/diario/1989/09/03/internacional/620776807_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sali&oacute; en todos los peri&oacute;dicos</a> del mundo al d&iacute;a siguiente. Y la jugadora de voley existe; y existe el pariente de los ojos grandes que luego confes&oacute; &mdash;ante la Justicia&mdash; haber mantenido aquel di&aacute;logo ma&ntilde;anero con su primo. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los cr&iacute;menes de Pablo Escobar est&aacute;n en la Wikipedia con entrada propia, como el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_al_edificio_del_DAS" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Atentado al Departamento de Seguridad de Colombia</a>, en el que murieron sesenta y tres personas en 1989. &iexcl;Y murieron de verdad! Aunque cada detalle se parezca tanto, pero tanto, al cap&iacute;tulo 81 de una serie de ficci&oacute;n que acabo terminar esta semana. 
    </p><p class="article-text">
        Ese es el gran problema con esta historia incre&iacute;ble. Que <em>no es</em> incre&iacute;ble.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Un verraco genial</h3><p class="article-text">
        <em>verraco</em>&laquo;El Patr&oacute;n del Mal&raquo; tiene 113 cap&iacute;tulos y, m&aacute;s o menos por la mitad, mi coraz&oacute;n ya estaba del bando de Pablo; no quer&iacute;a que lo atraparan ni que lo mataran, sino que siguiera soltando esas frases geniales despu&eacute;s de matar, como aquella que me deslumbr&oacute; al principio: &laquo;&iquest;Sabes qu&eacute;? Nunca me cog&iacute; a una deportista&raquo;. &iexcl;Ah, que personaje maravilloso, qu&eacute; <em>verraco</em> genial!
    </p><p class="article-text">
        Antes de seguir, planto aqu&iacute; mismo una adviertencia important&iacute;sima para los que descargan cualquier cosa que recomiendo: durante esta serie tu cerebro pisar&aacute; en firme la realidad, pero tu coraz&oacute;n disfrutar&aacute; los abismos muy ambiguos de la ficci&oacute;n. Y eso genera conflictos internos. As&iacute; que ojo con esta recomendaci&oacute;n en particular, porque (adem&aacute;s de quitarnos m&aacute;s de cien horas de procrastineo) &laquo;El Patr&oacute;n del Mal&raquo; alimenta lo peor que tenemos dentro. 
    </p><p class="article-text">
        En lo pesonal me siento p&eacute;simo. Vi el episodio final antes de ayer y todav&iacute;a no me perdono haberme puesto triste por la muerte de un hijo de puta tan grande. Lamento mucho decirlo, pero es as&iacute;. Podr&iacute;a haber sido una serie mediocre, pero no tuve esa suerte. Podr&iacute;a haber tenido un actor principal caricaturesco o desangelado; unos guiones tendenciosos, inveros&iacute;miles o parlamentos mal escritos. Cualquier patinazo est&eacute;tico me habr&iacute;a servido para no sentir este remordimiento horrible que tengo ahora, esta culpa de idolatrar a un asesino gordito con gesto de vaca que ve pasar un tren. &iexcl;Pero est&aacute; todo muy bien hecho, y se puede ver en HD! Lo confieso con verg&uuml;enza: ahora que termin&eacute; la marat&oacute;n, lo &uacute;nico que quiero en la vida es una camiseta con la cara de Pablo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Atendido por sus propios due&ntilde;os</h3><p class="article-text">
        Por pura casualidad yo estaba de paseo por Medell&iacute;n poco despu&eacute;s de que la serie finalizara. Se estren&oacute; el 28 de mayo de 2012 y su &uacute;ltimo episodio (que detuvo a Colombia con picos de 79% de share) ocurri&oacute; el 19 de noviembre del mismo a&ntilde;o. A inicios de 2013 nadie me hablaba de otra cosa en la ciudad donde mataron a Escobar veinte a&ntilde;os antes; ni en la calle ni en los taxis ni en los negocios ni en las bibliotecas. Unos escritores amigos muy j&oacute;venes &mdash;que habian disfrutado como cerdos cada entrega&mdash; me quisieron explicar el fen&oacute;meno. Al principio los escuch&eacute; con escepticismo, porque pens&eacute; que me hablaban de un culebr&oacute;n cualquiera (yo s&eacute; que a ustedes les est&aacute; pasando lo mismo mientras leen). Pero r&aacute;pidamente entend&iacute; mi error: a pesar del formato diario de una hora, esto era otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        La serie est&aacute; filmada en exteriores, con un alarde de extras para caerse de culo y con grandes actores en primera y segunda fila. (Vuelvo a pedir el Nobel para Andr&eacute;s Parra.) Solo esto ya aleja al producto de los culebrones al uso. Pero lo que m&aacute;s me llam&oacute; la atenci&oacute;n fue otro asunto que me explicaron m&aacute;s tarde: los guiones &mdash;basados en la novela &laquo;La par&aacute;bola de Pablo&raquo;, del ex alcalde de Medell&iacute;n Alonso Salazar&mdash;, fueron supervisados por Camilo Cano, hijo del ex director del diario <em>El Espectador</em> <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Cano" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guillermo Cano</a>, asesinado en 1986 por Pablo Escobar. Y la productora ejecutiva de la serie, Juana Uribe, es sobrina de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Carlos_Gal%C3%A1n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luis Carlos Gal&aacute;n</a>, candidato a la presidencia de Colombia en 1990... y asesinado por Pablo Escobar. Y la escen&oacute;grafa de la serie &mdash;seg&uacute;n me contaban mis amigos colombianos con aspavientos&mdash; debi&oacute; recrear la escena en la que mataban a su propio abuelo. Quien lo mataba, por supuesto, era Pablo Escobar (tanto en la ficci&oacute;n como en la vida misma).
    </p><p class="article-text">
        Jam&aacute;s hab&iacute;a o&iacute;do nada igual. Escenarios reales, guionistas que a la vez son familiares de las v&iacute;ctimas, parlamentos extra&iacute;dos de escuchas telef&oacute;nicas o de testimonios judiciales... Me puse a hacer memoria y no record&eacute; un proyecto de ficci&oacute;n que recrease un tema social tan doloroso y candente &mdash;con tanta verosimilitud&mdash; en la televisi&oacute;n de ning&uacute;n pa&iacute;s. Lo m&aacute;s cercano que encontr&eacute; es &laquo;Treme&raquo;, donde <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/David_Simon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Simon</a> plantea un editorial pol&iacute;tico sobre la gesti&oacute;n administrativa tras la cat&aacute;strofe del Katrina en Nueva Orleans. Pero all&iacute; hay actores que componen personajes de ficci&oacute;n. En cambio en &laquo;El Patr&oacute;n del Mal&raquo; Pablo es Pablo, se parece a Pablo y piensa lo que Pablo pensaba. Esa novedad expuesta de tal modo, en el epicentro del dolor de un pa&iacute;s, no la hab&iacute;a visto nunca jam&aacute;s.
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                </figure><h3 class="article-text">El silencio espa&ntilde;ol</h3><p class="article-text">
        Volv&iacute; a mi casa despu&eacute;s de ese viaje a Medell&iacute;n con la necesidad de ver &laquo;El patr&oacute;n del Mal&raquo;. Pero aqu&iacute; en Espa&ntilde;a nadie hablaba del asunto. El componente antropol&oacute;gico de la historia me hab&iacute;a cautivado, aunque en el fondo estaba seguro de que su factura t&eacute;cnica no me iba a gustar. &iquest;Por qu&eacute;? Por el mismo prejuicio que tienen ustedes ahora, al saber que les estoy recomendando un culebr&oacute;n sudamericano. Y ah&iacute; es donde m&aacute;s me equivoqu&eacute;: despu&eacute;s de empezar a ver la serie me explot&oacute; el cerebro en dos mitades. No solamente es buena: es adictiva y poderosa.
    </p><p class="article-text">
        Debemos quitarnos el sombrero ante la valent&iacute;a de la cadena Caracol para llevar a cabo este desaf&iacute;o (que podr&iacute;a haber salido muy mal), pero sobre todo hay que admirar la madurez del p&uacute;blico colombiano para sentarse a ver, de lunes a viernes y durante ciento trece noches, su &uacute;ltima gran tragedia social en alta definici&oacute;n y narrada de una forma cruda.
    </p><p class="article-text">
        Me sorprendi&oacute; much&iacute;simo, durante todo el a&ntilde;o 2013, no haber encontrado ni una sola referencia a esta maravilla &mdash;antol&oacute;gica y revolucionaria por donde se la mire&mdash; en los medios de prensa espa&ntilde;oles. Ni en las secciones culturales ni en las de espect&aacute;culos. Se ha hablado mucho de &laquo;MasterChef&raquo;, eso s&iacute;. Pero de los cambios paradigm&aacute;ticos en el modo de narrar la ficci&oacute;n documentada en idioma espa&ntilde;ol, nada de nada. No sea cosa de generar espectadores l&uacute;cidos en <em>prime time</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s nos quejamos de que algunos sectores no hayan sabido encajar un documental falso sobre un tiro al aire en 1981... Si esa broma sencilla e inofensiva gener&oacute; semejante confusi&oacute;n en Espa&ntilde;a, &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os luz de madurez faltan para que exista una serie sobre ETA sin demonizar al demonio?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Hernán Casciari, Hernán Casciari]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/espoiler/alguien-imagina-eta-etarras-simpaticos_132_4996406.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Mar 2014 19:42:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Alguien imagina una serie sobre ETA con etarras simpáticos?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pablo Escobar,Series,Colombia,Narcotráfico,Terrorismo,Televisión]]></media:keywords>
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