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    <title><![CDATA[elDiario.es - 6 millones]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - 6 millones]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Sin alternativa: familias palestinas de Khallat al-Dabe', en Cisjordania, sobreviven en cuevas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/alternativa-familias-palestinas-khallat-dabe-cisjordania-sobreviven-cuevas_132_13636323.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5766f49-ba28-4fbf-b43f-d33527fa2161_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin alternativa: familias palestinas de Khallat al-Dabe&#039;, en Cisjordania, sobreviven en cuevas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La situación en la aldea forma parte de un patrón más amplio de ataques denunciados en otras zonas de Masafer Yatta</p></div><p class="article-text">
        Las cuevas de <strong>Khallat al-Dabe&rsquo;</strong>, que en su d&iacute;a formaban parte del paisaje rural tradicional de <strong>Masafer Yatta</strong>, en <strong>Cisjordania</strong>, se han convertido una vez m&aacute;s en refugio para familias palestinas que han perdido sus hogares debido a las demoliciones reiteradas. Mientras los residentes excavan antiguas <strong>cuevas</strong> y las reparan para hacerlas habitables, los ataques de colonos israel&iacute;es y de las fuerzas israel&iacute;es agravan las dificultades a las que se enfrenta la comunidad y amenazan la capacidad de sus habitantes para permanecer en sus tierras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Khallat al-Dabe&rsquo; viven alrededor de 112 personas pertenecientes a 18 familias, frente a las 22 familias que hab&iacute;a anteriormente. Algunas familias se han marchado debido a las dif&iacute;ciles condiciones, mientras que otras permanecen all&iacute; a pesar de las <strong>demoliciones</strong>, los ataques y el acceso cada vez m&aacute;s limitado a los servicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada vez que construimos, lo demuelen&rdquo;, afirma Jaber Dababseh, residente de Khallat al-Dabe&rsquo;. Seg&uacute;n su testimonio, la comunidad ha sufrido nueve oleadas de demoliciones desde 2018. La &uacute;ltima gran demolici&oacute;n tuvo lugar el 5 de mayo de 2025, cuando las autoridades israel&iacute;es destruyeron la mayor&iacute;a de los edificios de la comunidad y dejaron en pie &uacute;nicamente tres estructuras, entre ellas la escuela. Tras la destrucci&oacute;n, las familias apenas tuvieron otra opci&oacute;n que regresar a las antiguas cuevas, que se han convertido en el &uacute;ltimo recurso para permanecer en sus tierras. Jaber explica que los trabajos contin&uacute;an, ya que algunos hogares est&aacute;n formados por familias numerosas y acondicionarlas para la vida cotidiana requiere mucho tiempo, esfuerzo y recursos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El acceso al agua y a la electricidad constituye otro desaf&iacute;o importante. Tras los da&ntilde;os sufridos por las redes de abastecimiento de agua y las interrupciones del suministro, los residentes recurrieron a la excavaci&oacute;n de pozos para recoger agua de lluvia. Jaber afirma que los ataques de los colonos, las acciones de las fuerzas israel&iacute;es y las medidas adoptadas por las autoridades israel&iacute;es han contribuido a da&ntilde;ar las fuentes de agua y las infraestructuras. Tambi&eacute;n denuncia que, aproximadamente un mes antes de esta entrevista, fueron confiscados camiones cisterna de agua, alegando las autoridades que la zona est&aacute; designada como &aacute;rea de entrenamiento militar con fuego real. Seg&uacute;n su testimonio, tambi&eacute;n fueron retenidos veh&iacute;culos agr&iacute;colas. Para disponer de electricidad, los residentes dependen de paneles solares que les permiten cubrir sus necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, el desaf&iacute;o no consiste simplemente en encontrar un lugar donde dormir. Se trata de convertir una cueva en un espacio donde una familia pueda vivir, con acceso a agua y a alimentos y con cierto grado de intimidad y protecci&oacute;n frente al fr&iacute;o y el calor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las familias de Khallat al-Dabe&rsquo; dependen de <strong>la agricultura y la ganader&iacute;a</strong> para subsistir. Sin embargo, seg&uacute;n Jaber, estos medios de vida se han visto afectados reiteradamente por los ataques de los colonos, incluidos el arranque de &aacute;rboles y el robo de ganado. Tambi&eacute;n describe frecuentes vuelos de drones sobre la zona y se&ntilde;ala que los residentes han organizado turnos de vigilancia durante las 24 horas del d&iacute;a para alertarse mutuamente ante posibles ataques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la situaci&oacute;n en la aldea forma parte de un patr&oacute;n m&aacute;s amplio de ataques denunciados en otras zonas de Masafer Yatta. Los testimonios y las informaciones procedentes de la zona describen ataques de colonos contra viviendas palestinas y estructuras residenciales, agresiones a agricultores durante la cosecha de la aceituna, robos de ganado, aceitunas y equipos agr&iacute;colas, da&ntilde;os a la propiedad y amenazas de desplazamiento contra familias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los riesgos van m&aacute;s all&aacute; de las viviendas y las tierras de cultivo: tambi&eacute;n afectan a la capacidad de los residentes para desplazarse y conseguir productos de primera necesidad. Ante la confiscaci&oacute;n de veh&iacute;culos, algunos habitantes dependen de burros para viajar a localidades cercanas y comprar suministros para sus familias. Estos desplazamientos se realizan por rutas que los residentes describen como peligrosas debido a la presencia de colonos y a los ataques denunciados contra personas que transitan por la zona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos estos acontecimientos agravan una situaci&oacute;n que ya era precaria. Adem&aacute;s de la falta de un refugio adecuado, los residentes siguen preocupados por su seguridad, sus propiedades, el acceso a servicios esenciales y su capacidad para permanecer en sus tierras.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Educaci&oacute;n y atenci&oacute;n sanitaria: servicios esenciales inaccesibles&nbsp;</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Las demoliciones y las <strong>restricciones</strong> a la circulaci&oacute;n tambi&eacute;n afectan al acceso de las familias a servicios esenciales. Jaber explica que la escuela que permanece en pie en Khallat al-Dabe&rsquo; atiende a los alumnos de los primeros cursos de primaria, mientras que los estudiantes de m&aacute;s edad deben desplazarse a la cercana localidad de al-Tuwani, situada a unos cuatro kil&oacute;metros. Sin embargo, la distancia por s&iacute; sola no refleja las dificultades del trayecto. Los <strong>puestos de control</strong>, los cierres y las restricciones a la circulaci&oacute;n obligan a algunos estudiantes a tomar rutas alternativas, convirtiendo un desplazamiento corto en un trayecto que puede durar dos o tres horas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La demolici&oacute;n de la cl&iacute;nica y del centro comunitario tambi&eacute;n ha reducido los servicios disponibles en la comunidad. Para las familias, estas dificultades se suman a los obst&aacute;culos de la vida cotidiana. Conseguir agua y alimentos, garantizar que los ni&ntilde;os puedan asistir a la escuela y recibir atenci&oacute;n m&eacute;dica resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil en unas circunstancias marcadas por la falta de viviendas estables e infraestructuras b&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;La gente solo quiere vivir&rdquo;&nbsp;</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Para los residentes de Khallat al-Dabe&rsquo;, volver a excavar las cuevas no supone el fin de la crisis, sino que es un esfuerzo continuo por conseguir un refugio ante la ausencia de alternativas viables. Aunque las familias acondicionan estos espacios para hacerlos habitables, siguen expuestas al riesgo de nuevas demoliciones, a los ataques y a la p&eacute;rdida de sus propiedades y medios de subsistencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas personas palestinas est&aacute;n regresando a las cuevas que utilizaron las generaciones anteriores, no porque deseen volver al pasado, sino porque las viviendas que construyeron han desaparecido. Mientras excavan en la roca en busca de refugio, su posibilidad de permanecer en el territorio depende de que puedan vivir con seguridad y proteger lo que queda de sus hogares, sus tierras y sus medios de subsistencia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jaber resume su mensaje con sencillez: &ldquo;La gente solo quiere vivir. No queremos la guerra; solo queremos vivir&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, <a href="https://secure.unrwa.es/hazte-socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">UNRWA</a> sigue trabajando para asistir a la <strong>poblaci&oacute;n refugiada de Palestina</strong> en Cisjordania. Alrededor de 4.000 profesionales de la Agencia brindan servicios esenciales como educaci&oacute;n, atenci&oacute;n sanitaria o protecci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loai Wazwaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/alternativa-familias-palestinas-khallat-dabe-cisjordania-sobreviven-cuevas_132_13636323.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Nov 2026 09:43:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin alternativa: familias palestinas de Khallat al-Dabe', en Cisjordania, sobreviven en cuevas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El olivo en Palestina: una historia de tierra, identidad y patrimonio vivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/olivo-palestina-historia-tierra-identidad-patrimonio-vivo_132_13616130.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/425c2727-600f-41a0-8ed5-9a9f8a989a9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El olivo en Palestina: una historia de tierra, identidad y patrimonio vivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las familias palestinas se enfrentan a graves dificultades para acceder a sus tierras y recoger sus frutos, debido a las restricciones de acceso y los ataques de colonos</p></div><p class="article-text">
        En <strong>Palestina</strong>, la <strong>cosecha de la aceituna</strong> es mucho m&aacute;s que una actividad agr&iacute;cola. Es una tradici&oacute;n social y cultural que refleja el v&iacute;nculo de los palestinos con su tierra, en un momento en el que los olivos y las comunidades que dependen de ellos afrontan desaf&iacute;os cada vez mayores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada oto&ntilde;o, las familias palestinas regresan a sus <strong>olivares</strong>, donde varias generaciones se re&uacute;nen en torno a &aacute;rboles que conocieron sus padres y abuelos. La cosecha no consiste &uacute;nicamente en recoger el fruto. Es una oportunidad para que familiares y vecinos vuelvan a encontrarse, intercambien conocimientos y preserven tradiciones profundamente arraigadas en la memoria colectiva palestina. El olivo no es solo una fuente de alimento e ingresos. Forma parte de la vida cotidiana, la cultura popular y la identidad palestina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Issam Jabr, agricultor palestino y experto en agricultura y medioambiente, la relaci&oacute;n entre los palestinos y el <strong>olivo</strong> va mucho m&aacute;s all&aacute; de su valor econ&oacute;mico. El &aacute;rbol, explica, es una parte esencial de la vida, la alimentaci&oacute;n y el <strong>patrimonio cultural</strong>. A&ntilde;ade que el olivo ocupa un lugar destacado en el folclore palestino y est&aacute; estrechamente vinculado a la relaci&oacute;n de los palestinos con su tierra y a su firme voluntad de permanecer en ella.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La <em><strong>Awneh</strong></em> es una de las tradiciones m&aacute;s significativas asociadas a la cosecha de la aceituna en las aldeas palestinas. Es una pr&aacute;ctica en la que familiares, vecinos y miembros de la comunidad ayudan a los propietarios de los olivares a recoger sus cosechas, reflejando el esp&iacute;ritu de cooperaci&oacute;n y apoyo mutuo de las comunidades rurales palestinas. Seg&uacute;n Jabr, la palabra deriva del t&eacute;rmino &aacute;rabe <em>awn</em>, que significa ayuda o asistencia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta tradici&oacute;n es especialmente importante porque la temporada de recolecci&oacute;n es relativamente corta. La cooperaci&oacute;n entre familiares y vecinos ayuda a los agricultores a completar el trabajo a tiempo y a transportar las aceitunas a las almazaras, donde se transforman en aceite de oliva. Sin embargo, la <em>Awneh</em> va m&aacute;s all&aacute; de la ayuda pr&aacute;ctica. Re&uacute;ne a las familias para compartir comida, conversaciones y trabajo, al tiempo que ofrece oportunidades para conocer las costumbres y tradiciones de personas procedentes de otras aldeas y gobernaciones. Jabr describe estos encuentros como una parte importante de la temporada y destaca la alegr&iacute;a, el orgullo y el sentimiento de pertenencia que surgen al trabajar juntos y reencontrarse con la tierra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante estas reuniones tambi&eacute;n se transmite el conocimiento agr&iacute;cola entre generaciones. Los miembros m&aacute;s j&oacute;venes de la familia aprenden c&oacute;mo cuidar los &aacute;rboles, recoger los frutos y conservar la cosecha, al tiempo que conocen los alimentos, las costumbres y los recuerdos asociados a esta &eacute;poca del a&ntilde;o. De este modo, la recogida de la aceituna se convierte en un medio para preservar el patrimonio vivo, en lugar de ser simplemente una labor estacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los olivos est&aacute;n muy extendidos por las zonas monta&ntilde;osas de Palestina y forman parte integral del paisaje de numerosas aldeas y localidades. El <strong>aceite de oliva </strong>y las aceitunas en conserva tambi&eacute;n ocupan un lugar importante en la <strong>gastronom&iacute;a</strong> palestina. Como explica Jabr, las familias palestinas conservan las aceitunas para consumirlas durante el resto del a&ntilde;o, mientras que el aceite de oliva sigue siendo una fuente importante tanto de nutrici&oacute;n como de ingresos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas funciones pr&aacute;cticas no pueden separarse del significado cultural del &aacute;rbol. Su presencia en <strong>el folclore y la memoria popular</strong> lo convierte en un s&iacute;mbolo de la relaci&oacute;n entre las personas y el lugar al que pertenecen, as&iacute; como de las vidas y tradiciones que se desarrollan en torno a la tierra y sus ciclos estacionales. Jabr describe la cosecha como una oportunidad para reconectar con la tierra, una experiencia que llena de alegr&iacute;a y orgullo a los palestinos cuando recogen los frutos de un a&ntilde;o de trabajo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una cosecha que afronta desaf&iacute;os cada vez mayores</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Aunque la cosecha de la aceituna conserva su importancia social y cultural, los agricultores palestinos se enfrentan a dificultades crecientes para acceder a sus tierras y recoger sus frutos, debido a las restricciones de acceso y los ataques de colonos. Seg&uacute;n OCHA, entre el 1 de septiembre y el 19 de octubre de 2026, se han documentado <strong>272 ataques de colonos </strong>israel&iacute;es, que han provocado una v&iacute;ctima mortal, 200 personas heridas y da&ntilde;os a m&aacute;s de 3.200 olivos. Esto supera los totales registrados durante las temporadas de cosecha completas de 2024 y 2025. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Debido a estos ataques y a las restricciones para acceder a las tierras, seg&uacute;n datos del Ministerio de Agricultura palestino, las p&eacute;rdidas de la cosecha de aceitunas han superado los 157 millones de d&oacute;lares desde 2023, mientras que aproximadamente 286.000 olivos en Cisjordania resultaron da&ntilde;ados entre 2023 y finales de septiembre de 2026.&nbsp;El ministerio tambi&eacute;n ha informado de que las autoridades israel&iacute;es han impedido a los agricultores acceder a aproximadamente 250.000 dunums de tierras dedicadas al cultivo del olivo, o lo que es lo mismo, <strong>a unas 25.000 hect&aacute;reas</strong>, lo que equivale a cerca del 30% de la superficie total destinada a este cultivo en Cisjordania, estimada en unos 750.000 dunums. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos desaf&iacute;os han coincidido con ataques denunciados en distintos puntos de <strong>Cisjordania</strong> durante los &uacute;ltimos d&iacute;as. El 16 de octubre, recolectores de aceitunas de varias aldeas y localidades fueron objeto de incidentes que incluyeron agresiones, heridos, robos de cosechas, quema de &aacute;rboles y veh&iacute;culos, as&iacute; como impedimentos para que los agricultores accedieran a sus tierras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias van m&aacute;s all&aacute; de las p&eacute;rdidas econ&oacute;micas inmediatas. Cuando los agricultores no pueden acceder a sus tierras, no solo pierden parte de su cosecha, sino tambi&eacute;n la oportunidad de participar en una temporada fundamental para la vida social y cultural de las comunidades rurales. Las familias se ven privadas de encuentros y tradiciones que se han practicado y transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jabr describe la temporada actual como excepcionalmente dif&iacute;cil y explica que muchos agricultores no han podido recoger sus aceitunas como lo har&iacute;an habitualmente. Su ausencia de los campos afecta a la producci&oacute;n y limita la capacidad de las familias que dependen de la cosecha para garantizar su alimentaci&oacute;n y sus ingresos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Proteger los &aacute;rboles y preservar el patrimonio</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Para Jabr, proteger el olivo es inseparable de salvaguardar el patrimonio que ha crecido a su alrededor. Hace un llamamiento a prestar atenci&oacute;n a los &aacute;rboles y pide apoyo para protegerlos, dada su importancia para la vida palestina y su v&iacute;nculo con la tierra. Describe el olivo como un <strong>s&iacute;mbolo nacional</strong> que ayuda a los palestinos a mantenerse firmes en su tierra y subraya que su valor va mucho m&aacute;s all&aacute; del fruto que produce, pues abarca tambi&eacute;n su significado cultural y social.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la cosecha, estos significados cobran vida en escenas cotidianas: familias reunidas entre los &aacute;rboles, vecinos que se ayudan mutuamente a recoger los frutos, generaciones que aprenden unas de otras y aceitunas que viajan desde los campos hasta las almazaras y, finalmente, hasta la mesa familiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Palestina, el olivo sigue siendo mucho m&aacute;s que un cultivo agr&iacute;cola. Es parte de la <strong>historia</strong> de un lugar y de su gente, una memoria que se transmite de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n y una tradici&oacute;n que, cada oto&ntilde;o, renueva el <strong>v&iacute;nculo entre la tierra, la identidad y la vida comunitaria</strong>.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loai Wazwaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/olivo-palestina-historia-tierra-identidad-patrimonio-vivo_132_13616130.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Oct 2026 05:02:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para miles de niños y niñas huérfanos en Gaza, sobrevivir a la violencia es solo el principio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/miles-ninos-ninas-huerfanos-gaza-sobrevivir-violencia-principio_132_13585185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/004f5fa1-b160-4c22-921b-10f57813718b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Para miles de niños y niñas huérfanos en Gaza, sobrevivir a la violencia es solo el principio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Nada puede describir lo que se siente al encontrarte de repente sola, al convertirte en alguien a quien la gente llama huérfana"</p></div><p class="article-text">
        Wafaa al-Attar, de diez a&ntilde;os, sali&oacute; de su casa durante unos minutos para cargar el tel&eacute;fono de su padre en la vivienda de su t&iacute;o, situada al lado. Apenas hab&iacute;a cruzado la calle cuando un ataque a&eacute;reo israel&iacute; alcanz&oacute; la casa de su familia en Deir al-Balah, en el centro de la franja de Gaza, y acab&oacute; con la vida de toda su familia. Su padre, Ahmed; su madre, Khouloud; su hermana Rital, de ocho a&ntilde;os; y sus tres hermanos, Muhammed, de cinco a&ntilde;os, Obada, de tres, y Yazan, de nueve meses, desaparecieron &ldquo;en un abrir y cerrar de ojos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi padre estaba hablando por tel&eacute;fono y, como no hab&iacute;a electricidad para cargarlo, el m&oacute;vil se apag&oacute; mientras hablaba. Me dijo: &rdquo;Ve a casa de tu t&iacute;o, que est&aacute; al lado, y c&aacute;rgalo all&iacute;&ldquo;&rdquo;, recuerda Wafaa. &ldquo;Me fui a casa de mi t&iacute;o, que eran nuestros vecinos. Estaba a punto de entrar cuando bombardearon nuestra casa. Los escombros me cayeron sobre la cabeza e inhal&eacute; azufre. Me di la vuelta y vi que hab&iacute;an bombardeado nuestro hogar. Empec&eacute; a gritar. No pod&iacute;a entender lo que estaba viendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wafaa sufri&oacute; una herida leve en la cabeza a causa de la metralla. Pero, mientras intentaba salir de la zona, vio algo que todav&iacute;a le cuesta describir. Una de sus familiares por parte de madre hab&iacute;a muerto y yac&iacute;a en el suelo. &ldquo;La hab&iacute;an matado y estaba tendida en el suelo. No pod&iacute;a asimilar lo que estaba viendo&rdquo;, cuenta. &ldquo;Empec&eacute; a gritar muy fuerte y alguien vino y me llev&oacute; en brazos hasta la ambulancia. Cuando sub&iacute;, otra de las familiares de mi madre estaba sentada frente a m&iacute;. Ten&iacute;a la cara quemada&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el hospital, Wafaa no dejaba de preguntarle a su t&iacute;o por sus padres y sus hermanos. Finalmente, su t&iacute;o le dijo: &ldquo;Que Dios tenga misericordia de ellos. Que Dios te compense con algo mejor&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wafaa dej&oacute; de llorar. Se qued&oacute; en silencio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Todos a la vez?&rdquo;, recuerda haber pensado. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pudieron irse en un instante? Apenas unos momentos antes estaba sentada con ellos&rdquo;, cuenta. &ldquo;No pod&iacute;a asimilarlo. Permanec&iacute; en silencio hasta que llegu&eacute; a casa de mi abuelo, unas tres horas despu&eacute;s. Durante todo ese tiempo, no lograba comprender lo que hab&iacute;a sucedido&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes del ataque, la familia de Wafaa ya viv&iacute;a bajo el miedo y el hambre provocados por la ofensiva. Hab&iacute;an abierto las puertas de su casa a familiares desplazados de la <strong>ciudad de Gaza</strong>, y m&aacute;s de diez familias se hacinaban en su interior. Sin embargo, Wafaa recuerda aquella &eacute;poca como m&aacute;s llevadera que lo que vino despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La casa estaba llena. Escaseaba la comida y todo el mundo ten&iacute;a miedo, pero sus padres segu&iacute;an all&iacute;. Todav&iacute;a ten&iacute;a a alguien a quien acudir. &ldquo;Para m&iacute;, aquello era m&aacute;s f&aacute;cil que la etapa que vino despu&eacute;s de perderlos, porque me sent&iacute;a tranquila al tener all&iacute; a mi madre y a mi padre&rdquo;, asegura la ni&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con solo diez a&ntilde;os, lloraba constantemente. &ldquo;Hab&iacute;a momentos en los que pensaba: &rdquo;Ojal&aacute; hubiera estado con ellos. Ojal&aacute; no hubiera salido de casa. Me habr&iacute;a ido con ellos y habr&iacute;a descansado&ldquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hasta ahora no he conseguido comprenderlo. Pero cuando una persona tiene a alguien que la apoya y le da fuerzas, puede salir adelante&rdquo;, a&ntilde;ade. Ese apoyo lleg&oacute; de la mano de su t&iacute;o y de la esposa de este, que la acogieron tras la p&eacute;rdida. Hoy, Wafaa vive con su t&iacute;o y los dos hijos peque&ntilde;os de este, de cuatro a&ntilde;os y de un a&ntilde;o y medio. &ldquo;No habr&iacute;a podido superar esta etapa sin la esposa de mi t&iacute;o&rdquo;, afirma. &ldquo;Me ayud&oacute;, me apoy&oacute; y me brind&oacute; apoyo psicol&oacute;gico&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wafaa es una refugiada palestina y conoce a <strong>UNRWA</strong> desde que era muy peque&ntilde;a. Recuerda perfectamente los paquetes de alimentos que recib&iacute;a su familia por parte de la Agencia. Esta ayuda ha formado parte de su infancia y de su vida familiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la ofensiva, UNRWA ha proporcionado ayuda alimentaria a m&aacute;s de <strong>1,7 millones de personas en Gaza</strong>. Esta asistencia ha sido un sustento vital para muchas familias que se enfrentaban al hambre, tras perderlo todo y en mitad del asedio. &nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una infancia marcada por la p&eacute;rdida</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La historia de Wafaa es una entre miles. Desde octubre de 2023, m&aacute;s de 58.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as han perdido a uno o ambos padres. Estas p&eacute;rdidas, junto al desplazamiento, el hambre y la falta de acceso a servicios y art&iacute;culos esenciales sigue condicionando todos los aspectos de la vida de los menores.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s, Wafaa intenta construir un futuro a partir de la vida que su padre hab&iacute;a imaginado para ella. &ldquo;Quiero ser dentista porque mi padre quer&iacute;a que me convirtiera en m&eacute;dica&rdquo;, afirma.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nada puede describir lo que se siente al encontrarte de repente sola, al convertirte en alguien a quien la gente llama <strong>hu&eacute;rfana</strong>. Pero nada mantendr&aacute; a mi familia m&aacute;s presente en mi coraz&oacute;n que convertirme en la hija que siempre esperaron que fuera&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maha Hussaini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/miles-ninos-ninas-huerfanos-gaza-sobrevivir-violencia-principio_132_13585185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 13:22:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Para miles de niños y niñas huérfanos en Gaza, sobrevivir a la violencia es solo el principio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un año después del alto el fuego en Gaza, la violencia se ha transformado, pero no ha terminado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/ano-despues-alto-fuego-gaza-violencia-transformado-no-terminado_132_13572582.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3be5492c-fc3e-471b-8f46-1a4bb4b9ea69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un año después del alto el fuego en Gaza, la violencia se ha transformado, pero no ha terminado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Podemos decir que el fin es meramente simbólico y engañoso mientras continúen los bombardeos, el control sobre el territorio y el desplazamiento forzoso de los residentes".</p></div><p class="article-text">
        Ahmed Hamed, de 32 a&ntilde;os, no sab&iacute;a que la alegr&iacute;a de regresar finalmente a casa tras el anuncio de un alto el fuego en la franja de <strong>Gaza </strong>el 9 de octubre de 2025 durar&iacute;a poco. Durante los dos a&ntilde;os de ofensiva, Hamed solo pudo permanecer en su casa durante unos pocos meses seguidos debido a las continuas operaciones militares en la zona donde viv&iacute;a, cerca de las &aacute;reas fronterizas de la Franja.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi familia y yo fuimos desplazados muchas veces por distintas partes de Gaza&rdquo;. A lo largo de los meses, Hamed tuvo que hacer frente a numerosas dificultades, especialmente porque ten&iacute;a dos hijos y le resultaba complicado conseguir leche y alimentos para ellos. Pero ser desplazado por la fuerza de un lugar a otro fue lo m&aacute;s agotador para &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia de las extensas operaciones militares y las <strong>&oacute;rdenes de desalojo</strong> emitidas por el ej&eacute;rcito israel&iacute;, alrededor del 90% de la poblaci&oacute;n de Gaza se vio obligada a huir a distintas zonas. Mientras algunas personas desplazadas pudieron permanecer en escuelas convertidas en refugios, la gran mayor&iacute;a se vio obligada a vivir en tiendas de campa&ntilde;a en condiciones extremadamente duras, especialmente en medio de la destrucci&oacute;n que ha afectado a m&aacute;s del 80% de los edificios de toda la Franja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para nosotros, el <strong>desplazamiento</strong> es como la muerte. Cada vez que te ves obligado a huir de tu casa con lo imprescindible e intentas empezar de nuevo en otro lugar, quiz&aacute; en una tienda de campa&ntilde;a, en el apartamento de un familiar o directamente sobre el suelo&rdquo;, contin&uacute;a Hamed. &ldquo;Por eso, el anuncio del alto el fuego, a pesar de que nuestra casa hab&iacute;a quedado parcialmente destruida, nos pareci&oacute; un sue&ntilde;o enorme. A pesar de los da&ntilde;os, decidimos repararla y reconstruirla&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hamed afirma que su familia pag&oacute; un precio muy alto para reparar todo lo que pudo de su vivienda, con el fin de establecerse y comenzar de nuevo sus vidas, creyendo que la violencia hab&iacute;a terminado. Pero apenas un mes despu&eacute;s de terminar las reparaciones y regresar a casa, volvieron a enfrentarse a una dura realidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nunca imaginamos que, despu&eacute;s de que terminara la guerra, el ej&eacute;rcito israel&iacute; seguir&iacute;a ampliando la zona de amortiguaci&oacute;n conocida como la &rdquo;L&iacute;nea Amarilla&ldquo; hasta &aacute;reas tan cercanas a nuestra casa. En lugar de disfrutar de momentos tranquilos con mi esposa y mis hijos, ahora vivimos con una ansiedad a&uacute;n mayor ante la posibilidad de que se acerquen a nuestra casa y nos obliguen a abandonarla&rdquo;, asegura.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En virtud del &uacute;ltimo <strong>acuerdo de alto el fuego</strong>, se design&oacute; una zona de la que el ej&eacute;rcito israel&iacute; deb&iacute;a retirarse, y se colocaron bloques de hormig&oacute;n amarillos para marcar el l&iacute;mite que separaba a los residentes de las fuerzas israel&iacute;es. Posteriormente, esta frontera pas&oacute; a conocerse como la &laquo;<strong>L&iacute;nea Amarilla</strong>&raquo;. El &aacute;rea controlada por el ej&eacute;rcito al otro lado de esta l&iacute;nea abarcaba alrededor del 53% de la Franja, pero el ej&eacute;rcito israel&iacute; continu&oacute; ampliando su control sobre el territorio gazat&iacute;, hasta alcanzar finalmente alrededor del 60%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una de las peores pesadillas que puede experimentar una persona es vivir cerca de esta l&iacute;nea, porque escuchas decenas de explosiones cada semana y est&aacute;s constantemente expuesto a los disparos de los tanques del ej&eacute;rcito&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Hamed, la violencia no ha terminado mientras siga experimentando los mismos sentimientos y temores que vivi&oacute; durante los dos a&ntilde;os de conflicto. Cree que sus opciones para desplazarse son ahora incluso peores que durante la guerra, porque la superficie de Gaza se ha reducido y las zonas restantes ya est&aacute;n abarrotadas de personas desplazadas. &ldquo;Podemos decir que el fin es meramente simb&oacute;lico y enga&ntilde;oso mientras contin&uacute;en los bombardeos, el control sobre el territorio y el desplazamiento forzoso de los residentes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros miembros de su familia han sufrido la p&eacute;rdida de seres queridos o heridas de bala. &ldquo;Mi primo perdi&oacute; a su esposa el mismo d&iacute;a en que ella regresaba para vivir en su casa. Llevaba algunas pertenencias y esperaba a que llegara su marido para que pudieran subir juntos a su vivienda. Recibi&oacute; un disparo en la cabeza y muri&oacute; en el acto&rdquo;, recuerda.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la familia de Hamed no es la &uacute;nica que ha perdido a uno de sus miembros despu&eacute;s del alto el fuego debido a ataques israel&iacute;es. El doctor Mohammad Abu Salmiya, director del Complejo M&eacute;dico Al-Shifa de Gaza, afirma que el hospital recibe v&iacute;ctimas todos los d&iacute;as, incluidas personas que han muerto o resultado heridas en ataques militares israel&iacute;es. &ldquo;Hasta ahora, hemos registrado alrededor de 1.400 personas muertas desde el llamado alto el fuego, mientras que los hospitales han recibido a m&aacute;s de 5.000 heridos desde entonces&rdquo;, afirma Abu Salmiya.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Abu Salmiya, el elevado n&uacute;mero de muertes y heridos es consecuencia de los bombardeos diarios del ej&eacute;rcito israel&iacute;. &ldquo;La poblaci&oacute;n de Gaza no ha sentido que el alto el fuego sea real o efectivo&rdquo;. A pesar del acuerdo y de las disposiciones que contemplan la entrada de suministros m&eacute;dicos en Gaza, los hospitales de toda la Franja contin&uacute;an enfrent&aacute;ndose a graves carencias en m&uacute;ltiples &aacute;mbitos. &ldquo;No ha entrado suficiente ayuda m&eacute;dica y humanitaria. Sufrimos escasez de medicamentos esenciales, que alcanza el 50%, mientras que m&aacute;s del 60% de los materiales m&eacute;dicos fungibles necesarios para las operaciones quir&uacute;rgicas no est&aacute;n disponibles&rdquo;, contin&uacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras las personas luchan por sobrevivir en tiendas de campa&ntilde;a para desplazados, enfrent&aacute;ndose a la pobreza, la escasez de alimentos o la falta de combustible, tambi&eacute;n viven aterrorizadas ante la posibilidad de enfermar o resultar heridas en un ataque militar, temiendo tener que acudir a hospitales en medio de la grave crisis que atraviesa el sistema sanitario de Gaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud ha afirmado que Israel est&aacute; impidiendo la entrada en la franja de Gaza del 60% del equipamiento m&eacute;dico. Tambi&eacute;n ha se&ntilde;alado que el alto el fuego, que entr&oacute; en vigor hace casi un a&ntilde;o, no ha permitido la entrada de la ayuda, los medicamentos y los equipos necesarios para cubrir las necesidades de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Se acerca el invierno y empeoran las ya desesperadas condiciones de vida</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Mientras la poblaci&oacute;n de Gaza contin&uacute;a enfrent&aacute;ndose a enormes dificultades, incluidos los desplazamientos constantes y la falta de acceso a atenci&oacute;n m&eacute;dica, la mayor&iacute;a de las personas desplazadas que viven en tiendas de campa&ntilde;a tambi&eacute;n teme ahora la llegada del invierno, ya que Israel no ha permitido la entrada en la Franja de Gaza de materiales de construcci&oacute;n ni siquiera de caravanas de alojamiento temporal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En declaraciones a los medios de comunicaci&oacute;n, Jens Laerke, portavoz de <strong>OCHA</strong>, afirm&oacute; que los habitantes de Gaza se preparan para afrontar su cuarto invierno en condiciones de privaci&oacute;n. Laerke tambi&eacute;n se&ntilde;al&oacute; que lo que est&aacute; ocurriendo no constituye un alto el fuego en el sentido pleno de la palabra, ya que su oficina contin&uacute;a recibiendo informes casi a diario sobre personas asesinadas y sobre infraestructuras civiles que son atacadas y bombardeadas. Tambi&eacute;n afirm&oacute; que la poblaci&oacute;n se ve obligada a esperar d&iacute;as, semanas y, en ocasiones, muchos meses para recibir ayuda debido a los estrictos procedimientos de inspecci&oacute;n de Israel para los convoyes de ayuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar del compromiso de Israel, en virtud del acuerdo de alto el fuego, de abrir completamente los pasos fronterizos y permitir la entrada de las cantidades acordadas de alimentos, suministros de socorro, ayuda m&eacute;dica y combustible, el pa&iacute;s no ha cumplido sus obligaciones.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras las organizaciones de la ONU contin&uacute;an instando a las autoridades israel&iacute;es a cumplirlas y proporcionar a la poblaci&oacute;n de Gaza los suministros que necesita, Hamed sigue preocupado por la posibilidad de verse obligado una vez m&aacute;s a abandonar su hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vivo aferrado a una peque&ntilde;a esperanza de que veamos un verdadero final de la guerra, uno que nos permita no solo regresar a nuestros hogares, sino tambi&eacute;n regresar a nuestras vidas&rdquo;, afirma.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/ano-despues-alto-fuego-gaza-violencia-transformado-no-terminado_132_13572582.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2026 14:55:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un año después del alto el fuego en Gaza, la violencia se ha transformado, pero no ha terminado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin aulas y sin materiales: los estudiantes de Gaza vuelven a la escuela en medio de la destrucción y la incertidumbre ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/aulas-materiales-estudiantes-gaza-vuelven-escuela-medio-destruccion-incertidumbre_132_13526263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da2f1040-4127-405b-bc9d-08718952155f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x523y197.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin aulas y sin materiales: los estudiantes de Gaza vuelven a la escuela en medio de la destrucción y la incertidumbre "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el comienzo del curso escolar, UNRWA tiene previsto abrir más aulas de aprendizaje en toda la franja de Gaza</p></div><p class="article-text">
        Frente a un peque&ntilde;o espejo dentro de su diminuta habitaci&oacute;n, Yara Abu Qaoud, de 14 a&ntilde;os, echa un &uacute;ltimo vistazo a su ropa antes de salir hacia la escuela. A diferencia de otros estudiantes de todo el mundo, Yara y sus compa&ntilde;eros no llevan un uniforme escolar com&uacute;n. Una devastadora crisis econ&oacute;mica y una grave escasez de productos esenciales han impuesto una dura realidad en la que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de Gaza simplemente visten la ropa que pueden encontrar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 19 de septiembre, Yara comenz&oacute; su noveno a&ntilde;o escolar en <strong>Ciudad de Gaza</strong>, pero, a diferencia de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que celebran el comienzo de un nuevo curso, Yara se siente profundamente frustrada. Sentada en una sencilla silla de madera, Yara se acomod&oacute; junto a otras cuatro ni&ntilde;as alrededor de una peque&ntilde;a mesa de madera, en un reducido espacio de aprendizaje dentro de la escuela. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una imagen habitual en la Gaza de hoy. Con numerosas escuelas destruidas y la mayor&iacute;a de las que siguen en pie convertidas en refugios para familias desplazadas, recuperar un espacio para la educaci&oacute;n supone abrirse paso dentro de edificios ya abarrotados. As&iacute; ocurre en los espacios de aprendizaje habilitados por <strong>UNRWA</strong>, la Agencia de Naciones Unidas para la poblaci&oacute;n refugiada de Palestina, donde peque&ntilde;as zonas de estos refugios, o tiendas de campa&ntilde;a en el patio, se han acondicionado como aulas improvisadas. Lonas de pl&aacute;stico hacen las veces de paredes, mientras peque&ntilde;as mesas y sillas permiten recuperar, en condiciones m&iacute;nimas, un lugar donde aprender.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me siento c&oacute;moda yendo a esta escuela. Las condiciones en las que estudiaremos no son nada c&oacute;modas y nos veremos obligados a amontonarnos en pupitres diminutos&rdquo;, afirma. Al igual que casi medio mill&oacute;n de estudiantes de toda la Franja, Yara regresa a las clases presenciales despu&eacute;s de tres a&ntilde;os de violencia y desplazamientos, durante los cuales solo pudo acceder de manera espor&aacute;dica a periodos de educaci&oacute;n a distancia por internet.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre octubre de 2023 y noviembre de 2025, Israel ha da&ntilde;ado aproximadamente el <strong>97,5% de los edificios escolares</strong>, mientras que las estructuras que sobrevivieron fueron convertidas en centros de acogida para las personas desplazadas. Alrededor de <strong>660.000 estudiantes </strong>se han visto privados de su derecho a la educaci&oacute;n durante este periodo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar del supuesto alto el fuego vigente, los ataques a&eacute;reos israel&iacute;es contin&uacute;an, provocando v&iacute;ctimas civiles, entre ellas menores. La violencia persistente ha dejado aterrorizadas a muchas familias ante el comienzo del curso escolar. &ldquo;Una de las principales razones de mi ansiedad es tener que ir a la escuela sabiendo que la guerra realmente no ha terminado. Podr&iacute;a perder la vida mientras camino hacia la escuela, o incluso mientras estoy sentada en clase&rdquo;, explica Yara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;ade que las p&eacute;simas condiciones de vida de la mayor&iacute;a de los estudiantes, especialmente de quienes viven en tiendas de campa&ntilde;a, hacen que la escasez de agua y de productos de higiene provoque infecciones generalizadas de la piel y de las v&iacute;as respiratorias, que afectan directamente al entorno escolar. &ldquo;Imagina tener a unos 50 o 60 estudiantes hacinados en un espacio diminuto, algunos de ellos con varicela, gripe o piojos. El contagio se propaga r&aacute;pidamente entre nosotros, lo que nos obliga a faltar a clase, ya sea para protegernos de la infecci&oacute;n o para recuperarnos si nos contagiamos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para agravar a&uacute;n m&aacute;s sus dificultades, Yara no pudo comprar material escolar nuevo para el curso debido a los precios exorbitantes y a la falta de ingresos de su padre. En su lugar, ha optado por recuperar y reutilizar los materiales que le quedaron del a&ntilde;o pasado, mientras espera que las organizaciones de ayuda entreguen apoyo a los estudiantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A pesar de estas duras condiciones, siempre espero que algunas organizaciones puedan ayudarnos a conseguir nuestro material escolar&rdquo;, afirma. Espera que UNRWA pueda distribuir material escolar entre todos los estudiantes de la Franja.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El apoyo de la Agencia la ha acompa&ntilde;ado de una forma especial en los &uacute;ltimos meses. Yara ha participado&nbsp;en el programa de actividades de verano para menores que UNRWA ha llevado a cabo en Gaza. En ellas, los profesionales de la Agencia han proporcionado apoyo psicosocial y educaci&oacute;n de recuperaci&oacute;n a los estudiantes. M&aacute;s de <strong>47.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as</strong> participaron en estos campamentos de verano en m&aacute;s de 80 refugios.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El papel de UNRWA en la educaci&oacute;n de Gaza</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de UNRWA se ha extendido mucho m&aacute;s all&aacute; de los campamentos de verano. Durante toda la ofensiva, la Agencia ha sido una pieza clave en el aprendizaje de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as mediante diversas intervenciones de emergencia. Tras el primer alto el fuego temporal, en enero de 2025, puso en marcha un programa de <strong>educaci&oacute;n a distancia</strong> destinado a llegar a aproximadamente 280.000 estudiantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a pesar del elevado n&uacute;mero de alumnos que se incorporaron a las plataformas en l&iacute;nea, una parte importante de los menores, aquellos que no ten&iacute;an tel&eacute;fonos m&oacute;viles o que viv&iacute;an en condiciones extremas y dedicaban sus d&iacute;as a recoger agua, buscar le&ntilde;a y encontrar alimentos, sigui&oacute; excluida del proceso educativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dado que las escuelas de UNRWA que hab&iacute;an sobrevivido al conflicto albergaban a enormes cantidades de familias desplazadas, la Agencia solo pudo reanudar la ense&ntilde;anza presencial despu&eacute;s de octubre de 2025, cuando ampli&oacute; su iniciativa de &ldquo;Regreso al aprendizaje&rdquo;. Desde entonces, ha establecido m&aacute;s 670&nbsp;aulas temporales de aprendizaje junto con plataformas en l&iacute;nea, atendiendo a m&aacute;s de 300.000 estudiantes en Gaza durante el curso acad&eacute;mico 2025.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Adnan Abu Hasna, portavoz de UNRWA, la Agencia adoptar&aacute; un modelo h&iacute;brido e integrado para el curso acad&eacute;mico 2026, combinando la educaci&oacute;n a distancia con la asistencia presencial. Tambi&eacute;n explica que el sistema tratar&aacute; ambas modalidades como un &uacute;nico modelo complementario, y no como alternativas, garantizando que los estudiantes puedan continuar aprendiendo incluso si una de las dos modalidades se ve interrumpida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el comienzo del curso escolar, UNRWA tiene previsto abrir m&aacute;s aulas de aprendizaje en toda la franja de Gaza, que inicialmente recibir&aacute;n a unos <strong>72.000 estudiantes</strong>, con capacidad para ampliar esa cifra hasta 100.000. Al mismo tiempo, 280.000 estudiantes se beneficiar&aacute;n de los programas de educaci&oacute;n a distancia. Seg&uacute;n los planes aprobados, los estudiantes asistir&aacute;n presencialmente tres d&iacute;as a la semana y recibir&aacute;n cuatro clases de 45 minutos al d&iacute;a, lo que supone un total de 12 clases semanales. Los equipos de la Agencia contin&uacute;an preparando espacios de aprendizaje adicionales para acoger a m&aacute;s ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, pero estos esfuerzos siguen dependiendo de las condiciones de seguridad, la preparaci&oacute;n operativa y los recursos disponibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras <a href="https://unrwa.es/vuelta-al-cole/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">UNRWA</a> trabaja para construir una realidad mejor para los j&oacute;venes de Gaza, Yara regresa a su habitaci&oacute;n al final de su primer d&iacute;a de escuela. Sabe que su camino hacia la educaci&oacute;n ser&aacute; cualquier cosa menos f&aacute;cil en medio de una realidad tan dura, pero se niega a rendirse. &ldquo;No abandonaremos nuestra educaci&oacute;n, por muy dif&iacute;cil que llegue a ser la realidad. La educaci&oacute;n es un derecho fundamental de todos los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de Gaza y es nuestro principal medio para superar la destrucci&oacute;n y la pobreza que dej&oacute; la guerra&rdquo;, afirma Yara.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/aulas-materiales-estudiantes-gaza-vuelven-escuela-medio-destruccion-incertidumbre_132_13526263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 13:26:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sin aulas y sin materiales: los estudiantes de Gaza vuelven a la escuela en medio de la destrucción y la incertidumbre ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Franja de Gaza,Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los niños y niñas de Gaza no tienen una verdadera vuelta al cole]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/ninos-ninas-gaza-no-vuelta-cole_132_13499474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/607bb4c0-2ac0-442f-a5e6-bd4a5c151aae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1045y434.jpg" width="1200" height="675" alt="Los niños y niñas de Gaza no tienen una verdadera vuelta al cole"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">UNRWA ha trabajado para que el curso escolar 2026-2027 empiece el próximo 19 de septiembre con las mejores condiciones posibles para los estudiantes</p></div><p class="article-text">
        Mona camina ilusionado con su mochila a la espalda por las calles de Gaza. Es una imagen muy normal estos d&iacute;as de <strong>vuelta al cole</strong> en Espa&ntilde;a: los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, que vuelven a las clases despu&eacute;s del verano, se reencuentran con sus compa&ntilde;eros y recuperar poco a poco sus rutinas. Pero en<strong> Gaza</strong>, la vuelta al cole no tiene nada que ver con esto.  
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, varios factores confluyen para que este momento se haya convertido en una carrera de obst&aacute;culos, y aunque suponga un rayo de esperanza, las circunstancias est&aacute;n muy lejos de garantizar verdaderamente el derecho a aprender.  
    </p><p class="article-text">
        Los traumas, el dolor y las p&eacute;rdidas atraviesan el d&iacute;a a d&iacute;a de los menores. Entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, la ofensiva israel&iacute; se cobr&oacute; la vida de m&aacute;s de <strong>17.200 estudiantes y 600 maestros y maestras</strong>. Adem&aacute;s de dejar heridos a m&aacute;s de 25.000 alumnos y 3.000 docentes. 
    </p><p class="article-text">
        Mona tiene seis a&ntilde;os. Perdi&oacute; a sus padres durante la ofensiva israel&iacute; y ahora vive con su t&iacute;a. Como ella, cientos de miles de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de Gaza han vivido casi tres a&ntilde;os de violencia, p&eacute;rdidas y desplazamientos. Para ellos, volver a aprender no significa simplemente regresar a clases: significa recuperar un espacio reconfortante donde sentirse acompa&ntilde;ados por sus maestros y maestras, tener una rutina y encontrar un respiro frente a la ansiedad y los miedos que formar parte de su d&iacute;a a d&iacute;a. Despu&eacute;s de tanto sufrimiento volver a aprender tambi&eacute;n es la simple y valiosa oportunidad de volver a ser ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.  
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la <strong>destrucci&oacute;n</strong> en la Franja es total y el sector educativo ha quedado pr&aacute;cticamente reducido a escombros. Entre octubre de 2023 y noviembre de 2025, el 97,5% de las escuelas han sufrido alg&uacute;n tipo de da&ntilde;o, un tercio de ellas de UNRWA, y m&aacute;s del 93,3% resultaron gravemente da&ntilde;adas. Desde entonces, m&aacute;s de 450 edificios escolares, que representan m&aacute;s del 80% del total de edificios educativos en Gaza, han sido alcanzados directamente. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de las escuelas se han convertido en refugios de emergencia para miles de familias desplazadas. En la actualidad, <strong>UNRWA</strong> cuenta con 114 escuelas refugio, donde sobreviven 65.000 personas. Esto solo permite a la Agencia habilitar peque&ntilde;os espacios en algunos refugios para destinarlos al aprendizaje.  
    </p><p class="article-text">
        Y a todo esto hay que sumar el asedio impuesto por Israel sobre la Franja. La escasez de suministros tiene graves consecuencias sobre la educaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil encontrar materiales para reconstruir escuelas y aulas. No hay pupitres y los estudiantes est&aacute;n obligados a sentarse en el suelo durante las actividades de aprendizaje. Apenas cuentan con materiales escolares como mochilas, libros o libretas con los que apoyar sus rutinas y lecciones. Ning&uacute;n ni&ntilde;o o ni&ntilde;a se merece volver a las clases bajo estas circunstancias. 
    </p><p class="article-text">
        Tras tanto sufrimiento, los menores de Gaza necesitan el <strong>aprendizaje para seguir adelante</strong>. No tener acceso a la educaci&oacute;n tiene efectos negativos a corto y largo plazo. De manera inmediata, esta carencia provocar&aacute; un retraso en el desarrollo de su aprendizaje y el avance normal en los cursos escolares, por lo que las consecuencias se alargar&aacute;n durante a&ntilde;os. Por ello, y a pesar del terrible contexto, las aulas temporales en la Franja son un foco de esperanza y un salvavidas para los estudiantes.  
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un reto para UNRWA: el inicio del curso escolar en mitad de la crisis</strong> </h2><p class="article-text">
        UNRWA ha trabajado para que el <strong>curso escolar 2026-2027</strong> empiece el pr&oacute;ximo 19 de septiembre con las mejores condiciones posibles para los estudiantes. Tras finalizar el curso acad&eacute;mico 2025-2026, los profesionales de la Agencia organizaron diferentes actividades de verano, en las que participaron m&aacute;s de 47.000 menores, y comenzaron a pensar en el siguiente curso.  
    </p><p class="article-text">
        En total, UNRWA cuenta con <strong>686 aulas</strong> de aprendizaje temporal repartidas en los 83 refugios que mantiene operativos. Desde el alto el fuego, en octubre de 2025, los equipos de la Agencia se volcaron en volver al aprendizaje y en rehabilitar espacios seguros para el alumnado. Ante la falta de recursos y materiales, tambi&eacute;n han tenido que buscar soluciones sencillas para acondicionar estos espacios, como construir pupitres con pal&eacute;s. Devolver la infancia y el motivo para sonre&iacute;r a miles de menores fue su motivaci&oacute;n y su objetivo. 
    </p><p class="article-text">
        En estos espacios de aprendizaje temporal, m&aacute;s de <strong>3.000 miembros del personal educativo de UNRWA</strong> trabajan para que los estudiantes vuelvan a aprender a leer, a escribir o hacer cuentas. La implicaci&oacute;n de estos profesionales tambi&eacute;n es fundamental para darles un apoyo que alivie sus cargas emocionales. Miles de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as como Mona los ven como un lugar donde sentirse acompa&ntilde;ada, pero estos espacios no solo son esperanza para los estudiantes. Sus padres, madres o familiares a su cargo encuentran un alivio a la carga del cuidado y un motivo para creer que pueden tener un futuro esperanzador. &ldquo;Hoy vuelvo a ver a Mona sonre&iacute;r y progresar en la escuela. Me da esperanza pensar que juntas podemos continuar este camino hacia un futuro m&aacute;s seguro y luminoso&rdquo;, asegura emocionada su t&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras seguimos reclamando las condiciones que garanticen su derecho a una educaci&oacute;n digna, segura y de calidad, <a href="https://unrwa.es/educacion-para-gaza/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mantener estos espacios de aprendizaje</a> es hoy una forma de acompa&ntilde;arles y de ayudarles a recuperar parte de la infancia que la violencia les ha arrebatado.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Isabel González UNRWA España]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/ninos-ninas-gaza-no-vuelta-cole_132_13499474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 09:14:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los niños y niñas de Gaza no tienen una verdadera vuelta al cole]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pescar en Gaza entre el miedo, la necesidad y el amor a una profesión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/pescar-gaza-miedo-necesidad-amor-profesion_132_13483890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6c9e5a6-42c2-4a74-b005-f0dfb24dbae3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pescar en Gaza entre el miedo, la necesidad y el amor a una profesión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más del 95% del sector ha sido destruido desde octubre de 2023, incluidas las embarcaciones, los motores, los almacenes de los pescadores, los talleres y las instalaciones para la construcción de barcos</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de la franja de <strong>Gaza</strong>, la costa azul del <strong>Mediterr&aacute;neo</strong> se extiende aproximadamente entre 40 y 41 kil&oacute;metros, desde Beit Lahia, en el norte, hasta Rafah, en el sur. Para Gaza es su ventana al mundo, el lugar donde un enclave tan densamente poblado parece poder respirar.  
    </p><p class="article-text">
        Antes de octubre de 2023, peque&ntilde;as <strong>embarcaciones pesqueras </strong>sal&iacute;an a primera hora de la ma&ntilde;ana, apareciendo desde la orilla como diminutas manchas oscuras dispersas sobre la superficie del agua. Otros pescadores permanec&iacute;an en la arena, reparando sus redes y observando el horizonte. El olor de la sal se mezclaba con el de los peces y las embarcaciones desgastadas por el tiempo, mientras los gritos de las gaviotas se fund&iacute;an con el constante rugido de las olas. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el mar siempre ha llevado consigo una dura contradicci&oacute;n. Parece ilimitado, extendi&eacute;ndose libremente hacia el horizonte, mientras los pescadores de Gaza saben que las aguas a las que se les permite acceder est&aacute;n lejos de ser infinitas: est&aacute;n <strong>restringidas</strong> a zonas de pesca que, antes de la guerra, generalmente se extend&iacute;an entre seis y doce millas n&aacute;uticas desde la costa. 
    </p><p class="article-text">
        Cada ma&ntilde;ana, Saeed Al-Shantaf, de 35 a&ntilde;os, un palestino nacido y criado en Gaza, cuyos or&iacute;genes familiares se remontan a la antigua ciudad palestina de Yafa, ahora Tel-Aviv, regresa al mar. A veces hay poco que pescar. A veces es demasiado peligroso alejarse de la costa. Aun as&iacute;, va. &ldquo;Tengo que venir todos los d&iacute;as y saludar al mar por la ma&ntilde;ana&rdquo;, dice el pescador de 32 a&ntilde;os. &ldquo;Si me quedo en casa, mi coraz&oacute;n no est&aacute; tranquilo&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Saeed conoce este mar desde que era ni&ntilde;o. Empez&oacute; a pescar cuando ten&iacute;a 11 a&ntilde;os. Su padre y su abuelo, incluso las generaciones anteriores, eran pescadores. Para su familia, la pesca nunca fue simplemente un trabajo. Era una forma de vida que pasaba de padres a hijos. &ldquo;Somos pescadores. Vamos del mar a nuestras casas y de nuestras casas al mar&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Hoy, ese sencillo trayecto se ha convertido en una de las partes m&aacute;s peligrosas de su vida. Antes de salir de casa por la ma&ntilde;ana, Saeed le dice a su esposa algo que ning&uacute;n padre que se marcha a trabajar deber&iacute;a tener que decir: &ldquo;Cuida de los ni&ntilde;os. No s&eacute; si volver&eacute;&rdquo;. Despu&eacute;s se dirige hacia el mar. 
    </p><p class="article-text">
        El Mediterr&aacute;neo sigue extendi&eacute;ndose frente a los pescadores de Gaza, azul y familiar. Pero para muchos de ellos, el mar que durante generaciones proporcion&oacute; alimento e ingresos a sus familias se ha vuelto pr&aacute;cticamente <strong>inaccesible</strong>. Zakaria Bakr, responsable de la Uni&oacute;n General de Trabajadores de la Pesca y la Producci&oacute;n Marina, afirma que los pescadores no pueden acceder libremente al mar y que quienes intentan entrar en el agua lo hacen asumiendo un riesgo enorme. Las consecuencias pueden observarse en todo el sector pesquero de Gaza. Seg&uacute;n Bakr, <strong>m&aacute;s del 95% del sector ha sido destruido</strong> desde octubre de 2023, incluidas las embarcaciones, los motores, los almacenes de los pescadores, los talleres y las instalaciones para la construcci&oacute;n de barcos. Tambi&eacute;n fueron destruidas cuatro f&aacute;bricas de hielo que abastec&iacute;an al sector pesquero. Antes de esa fecha, los pescadores de Gaza produc&iacute;an entre 15 a 20 toneladas de pescado al d&iacute;a, afirma Bakr.  
    </p><p class="article-text">
        Ahora producen <strong>apenas entre 10 y 15 toneladas en un mes entero</strong>. M&aacute;s de 4.500 pescadores est&aacute;n desempleados, mientras que solo unos 600 o 700 de los aproximadamente 5.000 pescadores siguen trabajando en el mar. Pero las estad&iacute;sticas solo cuentan una parte de la historia. 
    </p><p class="article-text">
        A lo largo del puerto da&ntilde;ado, los pescadores intentan reconstruir pedazos de sus antiguas vidas con cualquier cosa que encuentran. Recuperan redes de entre los escombros. Unen piezas de antiguos equipos de pesca. Reparan peque&ntilde;as embarcaciones da&ntilde;adas y vuelven a empujarlas al agua. Las embarcaciones con motor han sido sustituidas en gran medida por simples botes impulsados con remos. Para hombres que antes navegaban varios kil&oacute;metros mar adentro, es como haber sido empujados al pasado. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos vuelto a los a&ntilde;os sesenta y setenta&rdquo;, afirma Nidal Al-Daour, de 40 a&ntilde;os, un refugiado de Palestina procedente de la aldea ocupada de Hiribya. Antes del 7 de octubre, trabajaba a bordo de un arrastrero de aproximadamente 25 metros de largo y cinco metros y medio de ancho. Recuerda salir al mar en embarcaciones motorizadas, aunque las aguas de pesca ya estaban restringidas. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, permanece principalmente en tierra.  
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Bakr, antes de octubre de 2023 exist&iacute;an aproximadamente 96 grandes embarcaciones pesqueras en Gaza. Pr&aacute;cticamente ninguna ha sobrevivido. Alrededor de <strong>800 embarcaciones est&aacute;n sumergidas</strong> en la cuenca del puerto. 
    </p><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n no solo ha cambiado la forma en que trabajan los pescadores, sino tambi&eacute;n la posibilidad de que sus familias puedan comer. Nidal lo expresa de una manera m&aacute;s sencilla: &ldquo;Vas a la casa de un pescador y descubres que no tiene comida. Tiene que pedir dinero prestado simplemente para poder comer&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Incluso si los pescadores pudieran regresar de repente al mar libremente, muchos seguir&iacute;an sin disponer de los barcos, motores y equipos necesarios para trabajar. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>La pesca: dependencia y una forma de vida</strong> </h2><p class="article-text">
        Muchos pescadores como Saeed siguen regresando al mar. &Eacute;l asegura que conoce el peligro. Ha perdido a compa&ntilde;eros. Recuerda haber sido tiroteado cuando sal&iacute;a del puerto y haber saltado al agua mientras la peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n en la que viajaba resultaba da&ntilde;ada. Pero l<strong>a pesca es la &uacute;nica profesi&oacute;n que conoce.</strong> &ldquo;Si intentara ir a trabajar a otro sitio, no sabr&iacute;a hacer nada. La pesca es el &uacute;nico trabajo que conozco&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de adentrarse en el agua reza y recuerda el peso de su profesi&oacute;n: padres que intentan regresar con suficiente dinero para la cena, familias esperando en la orilla y generaciones de pescadores tratando de aferrarse a una vida construida alrededor del Mediterr&aacute;neo.  
    </p><p class="article-text">
        Lo que pide Saeed no es complicado, desea barcos en buen estado, redes o motores. Tambi&eacute;n acceso seguro a las zonas de pesca y la posibilidad de salir de casa por la ma&ntilde;ana sin preguntarse si regresar&aacute;n. &ldquo;Dadnos espacio para vivir y seguridad para que podamos salir y regresar&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, sigue visitando la costa cada ma&ntilde;ana. Puede que los barcos hayan desaparecido, puede que las redes est&eacute;n desgarradas y que el mar se haya vuelto peligroso, pero &eacute;l sigue yendo a saludarlo.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Haneen Hararah]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/pescar-gaza-miedo-necesidad-amor-profesion_132_13483890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2026 07:28:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pescar en Gaza entre el miedo, la necesidad y el amor a una profesión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza,Palestina,UNRWA]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, superviviente de la Nakba de Cisjordania: “Todo lo que quería era respirar el aire de Palestina”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/yousef-khalil-ahmad-najjar-superviviente-nakba-cisjordania-queria-respirar-aire-palestina_132_13470527.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1dc41ab-05a4-4463-8ec0-42e0402b8552_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x958y235.jpg" width="1200" height="675" alt="Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, superviviente de la Nakba de Cisjordania: “Todo lo que quería era respirar el aire de Palestina”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para él, el hogar ya no es simplemente un lugar en un mapa. Es un recuerdo transmitido de generación en generación</p></div><p class="article-text">
        Para Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, de 79 a&ntilde;os, que vive en el campamento de refugiados de Al-Jalazone, en la <strong>Cisjordania</strong> ocupada, la historia del desplazamiento de su familia no termin&oacute; con la <strong>Nakba</strong>, en 1948, cuando m&aacute;s de 700.000 palestinos y palestinas fueron expulsados de sus hogares. Continu&oacute; a trav&eacute;s de a&ntilde;os de exilio, migraci&oacute;n y separaci&oacute;n de la tierra que su familia se vio obligada a abandonar. Aunque ha pasado la mayor parte de su vida lejos de <strong>Al-Dawayima</strong>, la aldea ha permanecido en el centro de su identidad.   
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a apenas dieciocho meses cuando las fuerzas israel&iacute;es entraron en la aldea palestina de Al-Dawayima, al oeste de Hebr&oacute;n, el 29 de octubre de 1948, durante los &uacute;ltimos meses de la Nakba. No recuerda nada de aquel d&iacute;a. Su conocimiento de lo ocurrido procede de las historias que le contaron sus padres y los supervivientes que durante d&eacute;cadas relataron los acontecimientos que obligaron a miles de palestinos a abandonar sus hogares. &ldquo;Era demasiado peque&ntilde;o para recordarlo&rdquo;, afirma. &ldquo;Todo lo que s&eacute; procede de quienes lo vivieron. Sus historias me han acompa&ntilde;ado toda la vida. Te rompen el coraz&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Al igual que muchas otras personas desplazadas, se convirtieron en <strong>refugiados</strong>. Seg&uacute;n el testimonio que escuch&oacute; mientras crec&iacute;a, las fuerzas israel&iacute;es entraron en Al-Dawayima un viernes mientras los habitantes rezaban. Los aldeanos huyeron presa del p&aacute;nico y muchos buscaron refugio en una cueva cercana conocida como Ghor Al-Zagha. Le contaron que posteriormente las fuerzas israel&iacute;es descubrieron la cueva y mataron a quienes se escond&iacute;an en su interior. Una mujer, afirma, sobrevivi&oacute; fingiendo estar muerta entre los cad&aacute;veres y m&aacute;s tarde cont&oacute; a otras personas lo que hab&iacute;a sucedido. Esos relatos pasaron a formar parte de la <strong>memoria colectiva</strong> de la comunidad desplazada de Al-Dawayima, una memoria conservada no solo por los testigos, sino tambi&eacute;n por los hijos y nietos nacidos a&ntilde;os despu&eacute;s de la desaparici&oacute;n de la aldea. 
    </p><p class="article-text">
        La familia se vio obligada a desplazarse en varias ocasiones para buscar estabilidad, hasta que al final se asentaron definitivamente en el campamento de Al-Jalazone, al norte de <strong>Ramala</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La muerte de su padre en 1953 oblig&oacute; a Al-Najjar a abandonar la escuela antes de terminar sus estudios. &ldquo;Mi madre volvi&oacute; a casarse y tuvimos que mantenernos por nuestra cuenta&rdquo;, recuerda. &ldquo;No hab&iacute;a otra opci&oacute;n&rdquo;. La inestabilidad continu&oacute; despu&eacute;s de la guerra de 1967. Como muchos palestinos, huy&oacute; a Jordania y despu&eacute;s viaj&oacute; al Golfo en busca de trabajo. Pas&oacute; a&ntilde;os en los Emiratos &Aacute;rabes Unidos y posteriormente en Arabia Saud&iacute;, gan&aacute;ndose la vida lejos de su hogar. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a pesar de haber construido una vida en el extranjero, afirma que el exilio nunca lo consider&oacute; una opci&oacute;n definitiva. &ldquo;Solo quer&iacute;a volver y respirar el aire de Palestina. Al-Jalazone no es mi aldea de origen, pero todav&iacute;a conserva el aroma de Palestina&rdquo;. Finalmente regres&oacute; a Cisjordania tras casarse con su esposa, tambi&eacute;n palestina.  
    </p><h2 class="article-text"><strong>Regresar a una aldea que ya no existe</strong> </h2><p class="article-text">
        D&eacute;cadas despu&eacute;s, Al-Najjar consigui&oacute; visitar el lugar donde se encontraba Al-Dawayima. Lo que encontr&oacute; no era la aldea que su familia hab&iacute;a descrito. Afirma que los israel&iacute;es le impidieron entrar en la zona despu&eacute;s de que all&iacute; se estableciera un asentamiento israel&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era una tierra hermosa. Todo estaba cultivado: &aacute;rboles, trigo, cebada. Antes de 1948, Al-Dawayima era una pr&oacute;spera aldea agr&iacute;cola&rdquo;. Recuerda haber escuchado historias de una comunidad muy unida, donde las familias viv&iacute;an de la agricultura y la ganader&iacute;a, compart&iacute;an comidas con los vecinos y se reun&iacute;an durante el Ramad&aacute;n. &ldquo;La gente viv&iacute;a de forma sencilla, pero hab&iacute;a solidaridad. Todos cuidaban de los dem&aacute;s&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Al observar c&oacute;mo se desarrollan los acontecimientos actuales en todo el territorio Palestino ocupado, Al-Najjar afirma que ve <strong>dolorosas similitudes</strong> entre la experiencia de su familia en 1948 y el desplazamiento forzoso que muchos palestinos contin&uacute;an sufriendo. &ldquo;Cuando hoy los palestinos son expulsados de sus hogares y ven c&oacute;mo derriban sus casas, me pregunto: &iquest;ad&oacute;nde se supone que deben ir?&rdquo;, dice. &ldquo;Eso es exactamente lo que nos ocurri&oacute; a nosotros&rdquo;.  
    </p><h2 class="article-text"><strong>Mantener viva la esperanza y la memoria de Al-Dawayima</strong> </h2><p class="article-text">
        Hoy, Al-Najjar participa activamente en la Sociedad Ben&eacute;fica de Al-Dawayima para el Desarrollo Social, en el campamento de personas refugiadas de Palestina de Al-Jalazone, una organizaci&oacute;n creada por familias desplazadas de la aldea. La asociaci&oacute;n organiza actividades educativas, culturales y sociales para preservar la historia de la localidad y fortalecer los v&iacute;nculos entre las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. &ldquo;Nuestros hijos nunca vieron Al-Dawayima, pero conocen su nombre, su historia y el lugar de donde proced&iacute;an sus abuelos&rdquo;.  Considera que preservar esos recuerdos es, en s&iacute; mismo, una forma de resistencia contra el olvido. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de haber vivido en Jordania y en el Golfo, Al-Najjar afirma que conoci&oacute; a muchas personas palestinas que hab&iacute;an construido vidas pr&oacute;speras en el extranjero, pero que nunca abandonaron el sue&ntilde;o de regresar a casa. &ldquo;Siempre buscaban la manera de volver. El dinero y una vida c&oacute;moda nunca sustituyeron a Palestina&rdquo;. Aunque sabe que no volver&aacute; a vivir en Al-Dawayima, insiste en que la aldea seguir&aacute; viva dentro de su familia.  
    </p><p class="article-text">
        Para Al-Najjar, el hogar ya no es simplemente un lugar en un mapa. Es un recuerdo transmitido de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, una historia contada alrededor de las mesas familiares y una promesa de que, a pesar del exilio, Palestina nunca ser&aacute; olvidada.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loai Wazwaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/yousef-khalil-ahmad-najjar-superviviente-nakba-cisjordania-queria-respirar-aire-palestina_132_13470527.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 12:44:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, superviviente de la Nakba de Cisjordania: “Todo lo que quería era respirar el aire de Palestina”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Proteger a quienes sostienen la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/proteger-sostienen-vida-ayuda-humanitaria-dia-internacional-gaza-palestina-cisjordania-unrwa_132_13455027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39795b91-b994-4e6a-b4ab-20ca46b7a51e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x564y467.jpg" width="1200" height="675" alt="Proteger a quienes sostienen la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada 19 de agosto, el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria reconoce a quienes trabajan para salvar y proteger vidas en contextos de crisis y conflicto, y recuerda que quienes prestan ayuda humanitaria nunca deberían convertirse en un objetivo. </p></div><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, la conmemoraci&oacute;n del D&iacute;a Mundial de la Asistencia Humanitaria adquiere un significado especialmente inquietante. <strong>La asistencia humanitaria est&aacute; siendo atacada. Trabajadores y trabajadoras humanitarios est&aacute;n siendo asesinados, instalaciones atacadas y se impide el acceso a las personas que necesitan ayuda</strong>, al mismo tiempo que disminuyen los recursos para responder a unas necesidades cada vez mayores. 
    </p><p class="article-text">
        Gaza es hoy uno de los ejemplos m&aacute;s extremos de esta crisis. Desde octubre de 2023, <strong>393 trabajdores y trabajadoras humanitarios de UNRWA han sido asesinados en Gaza. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de cada cifra hay una persona, una familia y una comunidad. Son profesores, m&eacute;dicas, enfermeros, psic&oacute;logas, trabajadores sociales, ingenieros, conductores y personal de saneamiento. Pero tambi&eacute;n son madres, padres, hijos, hermanas, amigos y vecinos. 
    </p><p class="article-text">
        Son palestinos y palestinas que no llegan a Gaza para prestar ayuda y despu&eacute;s marcharse. Viven all&iacute;. Forman parte de las mismas comunidades a las que atienden. Muchos han perdido familiares, sus casas o han tenido que desplazarse y, aun as&iacute;, contin&uacute;an trabajando. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quienes salvan vidas nunca deber&iacute;an convertirse en un objetivo.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        El Derecho Internacional Humanitario es claro: la poblaci&oacute;n civil y el personal humanitario y sanitario deben ser respetados y protegidos.<strong> No es una aspiraci&oacute;n. Es una obligaci&oacute;n. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero proteger al personal humanitario no es suficiente. Tambi&eacute;n hay que permitirle trabajar. 
    </p><p class="article-text">
        En Gaza, las restricciones a la entrada de ayuda, los cierres y limitaciones en los pasos, las dificultades para introducir suministros y las restricciones de acceso siguen condicionando la respuesta humanitaria. 
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias pueden parecer t&eacute;cnicas hasta que se traducen a la vida cotidiana. Un suministro que no entra puede significar que un centro de salud no pueda funcionar. La falta de combustible puede dejar sin agua a miles de personas. Un veh&iacute;culo que no puede desplazarse puede impedir que un equipo llegue hasta una comunidad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin acceso no hay ayuda.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Y esta realidad no se limita a Gaza. En Cisjordania, incluidas Jerusal&eacute;n Este, las operaciones militares, las demoliciones, los ataques de colonos y las restricciones de movimiento est&aacute;n provocando desplazamientos y dificultando el acceso de la poblaci&oacute;n a servicios esenciales. 
    </p><p class="article-text">
        En L&iacute;bano, la poblaci&oacute;n refugiada de Palestina tambi&eacute;n contin&uacute;a necesitando asistencia en un contexto marcado por la crisis y la inestabilidad regional. 
    </p><p class="article-text">
        En todos estos contextos, el trabajo humanitario depende de algo tan b&aacute;sico como poder llegar hasta las personas que necesitan ayuda. 
    </p><p class="article-text">
        UNRWA conoce bien esta realidad. No es una organizaci&oacute;n que entra y sale de Gaza para llevar ayuda. Est&aacute; all&iacute;. Desde hace m&aacute;s de siete d&eacute;cadas, sus trabajadores y trabajadoras palestinos sostienen servicios esenciales para las comunidades a las que pertenecen. Muchos han perdido familiares, sus casas o han tenido que desplazarse y, aun as&iacute;, siguen trabajando. 
    </p><p class="article-text">
        Porque las necesidades no desaparecen cuando se cierra un paso fronterizo, cuando escasea el combustible o cuando desplazarse se vuelve peligroso. La infancia necesita seguir aprendiendo. Las mujeres siguen necesitando atenci&oacute;n durante el embarazo. Los beb&eacute;s necesitan vacunas. Las personas con enfermedades cr&oacute;nicas necesitan medicamentos. Las familias necesitan agua, saneamiento, refugio y protecci&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>El trabajo humanitario no se detiene porque las necesidades tampoco lo hacen.  </strong>
    </p><p class="article-text">
        A las restricciones y los ataques se suma otra amenaza: <strong>la falta de financiaci&oacute;n</strong>. Cuando desaparecen los recursos, las consecuencias no se quedan en una hoja de c&aacute;lculo. Significan menos consultas m&eacute;dicas, menos agua, menos apoyo psicol&oacute;gico, menos espacios de aprendizaje y menos capacidad para responder. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Defender a quienes sostienen la vida</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, este D&iacute;a Mundial de la Asistencia Humanitaria, debe ser mucho m&aacute;s que un homenaje a quienes trabajan en primera l&iacute;nea. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Debe ser un llamamiento. </strong>
    </p><p class="article-text">
        A proteger a la poblaci&oacute;n civil y al personal humanitario. A respetar el Derecho Internacional Humanitario. A permitir que la ayuda llegue de manera segura, sostenida y sin obst&aacute;culos. A garantizar una financiaci&oacute;n suficiente para responder a las necesidades. Y a exigir responsabilidades cuando estas obligaciones se vulneran. Porque cuando los ataques contra quienes prestan ayuda no se investigan y sus responsables no rinden cuentas, la impunidad no solo perpet&uacute;a la injusticia: crea las condiciones para que vuelvan a repetirse. 
    </p><p class="article-text">
        Proteger a quienes hacen posible este trabajo es proteger el acceso de millones de personas a derechos y servicios esenciales. Es defender el Derecho Internacional Humanitario y las normas creadas para preservar la dignidad y la vida incluso en los momentos m&aacute;s extremos. 
    </p><p class="article-text">
        Este 19 de agosto, y todos los d&iacute;as del a&ntilde;o, <strong>proteger a quienes cuidan de los dem&aacute;s es proteger nuestra humanidad.</strong> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[UNRWA España]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/proteger-sostienen-vida-ayuda-humanitaria-dia-internacional-gaza-palestina-cisjordania-unrwa_132_13455027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2026 08:51:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Proteger a quienes sostienen la vida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la destrucción en Gaza, las hermanas Mousa encuentran la manera de transformar escombros en ladrillos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/destruccion-gaza-hermanas-mousa-encuentran-manera-transformar-escombros-ladrillos_132_13417970.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8aa9fb63-e8d2-4564-838a-7ebb38a13ec1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x924y399.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre la destrucción en Gaza, las hermanas Mousa encuentran la manera de transformar escombros en ladrillos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Estamos inmensamente orgullosas de que, a nuestra edad, hayamos sido capaces de encontrar una solución para los escombros que se amontonan ante nuestros ojos"</p></div><p class="article-text">
        Cuando su hogar qued&oacute; reducido a escombros en Gaza, <strong>las hermanas Tala y Farah Mousa </strong>tuvieron una idea para tratar de sobreponerse a tanta destrucci&oacute;n. Pensaron en utilizar los restos para reconstruirlo. Ambas desarrollaron un m&eacute;todo sencillo para reciclar los escombros de los edificios destruidos y convertirlos en ladrillos para la <strong>reconstrucci&oacute;n</strong>.  
    </p><p class="article-text">
        En la Franja, aprovechar los materiales es esencial, porque desde octubre de 2023, Israel ha <strong>restringido severamente</strong> la entrada de maquinaria pesada necesaria para retirar los escombros, incluso durante el periodo de alto el fuego. Tambi&eacute;n ha prohibido por completo la importaci&oacute;n de materiales de reconstrucci&oacute;n como cemento, grava y otros suministros esenciales para la construcci&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Con su educaci&oacute;n interrumpida por los ataques israel&iacute;es, las j&oacute;venes, de 17 y 15 a&ntilde;os, dedicaron el tiempo que pasaron desplazadas a desarrollar y poner a prueba esta idea. &ldquo;La idea surgi&oacute; cuando bombardearon nuestra casa. No fue solo nuestro hogar, sino todo nuestro barrio y toda la franja de Gaza. La destrucci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en parte de nuestro paisaje cotidiano&raquo;, cont&oacute; Tala Mousa, de 17 a&ntilde;os. &rdquo;Cada vez que ve&iacute;amos la devastaci&oacute;n y camin&aacute;bamos por las calles destruidas, mi hermana y yo nos dec&iacute;amos: &lsquo;Esta no puede ser nuestra realidad. No nos acostumbraremos a ver destrucci&oacute;n ni permitiremos que se convierta en una parte normal de nuestra vida diaria&rsquo;&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las hermanas, desplazadas de la zona de Al-Zahra, en la<strong> </strong>ciudad de Gaza, desde octubre de 2023, comenzaron a buscar una forma de ayudar a retirar los escombros y reutilizarlos para la reconstrucci&oacute;n. Desde entonces, el <strong>81% de todas las estructuras han sido destruidas o da&ntilde;adas</strong> por los ataques israel&iacute;es, dejando gran parte del enclave asediado sepultado bajo monta&ntilde;as de escombros.  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quer&iacute;amos encontrar una soluci&oacute;n, aunque fuera sencilla, aunque no resolviera por completo el problema&rdquo;, explic&oacute; Tala. &ldquo;Lo importante era encontrar una forma de ayudar a tratar la enorme cantidad de escombros que se acumulan por toda Gaza&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Farah, de 15 a&ntilde;os, ayud&oacute; a desarrollar la idea mientras la familia se refugiaba en la casa de sus abuelos. &ldquo;Nuestra propuesta es, esencialmente, una alternativa temporal para la reconstrucci&oacute;n, porque la ocupaci&oacute;n israel&iacute; impide actualmente la entrada de materiales de construcci&oacute;n en Gaza&rdquo;, afirm&oacute;. &ldquo;Por eso pensamos en esta idea sencilla, una que cualquiera puede poner en pr&aacute;ctica&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>De los escombros a la reconstrucci&oacute;n</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Se estima que m&aacute;s de <strong>68 millones de toneladas</strong> m&eacute;tricas de escombros y residuos cubren Gaza, tras los ataques israel&iacute;es, seg&uacute;n la &uacute;ltima Evaluaci&oacute;n R&aacute;pida de Da&ntilde;os y Necesidades (RDNA), publicada por Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Uni&oacute;n Europea en abril de 2026. El informe calcula que solo retirar y gestionar esos escombros costar&aacute; m&aacute;s de 1.700 millones de d&oacute;lares. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los escombros est&aacute;n contaminados con munici&oacute;n sin explotar, materiales peligrosos y restos humanos, lo que hace que su retirada sea una tarea extremadamente peligrosa y t&eacute;cnicamente compleja que requerir&aacute; a&ntilde;os incluso en las mejores condiciones. 
    </p><p class="article-text">
        Las hermanas explican que la <strong>idea del proyecto </strong>consist&iacute;a en encontrar una alternativa a la escasez de materiales de construcci&oacute;n recogiendo escombros de viviendas, edificios y escuelas bombardeadas para transformarlos en ladrillos no estructurales mediante un proceso sencillo y de bajo coste. 
    </p><p class="article-text">
        Primero se trituran los escombros y despu&eacute;s se mezclan con materiales disponibles localmente, como arcilla, vidrio y paja. La mezcla se vierte en moldes y se deja secar entre seis y siete d&iacute;as. Una vez endurecidos, los ladrillos est&aacute;n listos para su uso. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que hace especial esta idea es que es sencilla, utiliza materiales f&aacute;ciles de conseguir y no requiere f&aacute;bricas, equipos avanzados ni maquinaria pesada&rdquo;, explic&oacute; Farah. &ldquo;Todos los materiales utilizados en este proyecto pueden encontrarse en viviendas destruidas. Es un proceso simple que cualquiera puede llevar a cabo, no solo en Gaza, sino tambi&eacute;n en zonas afectadas por desastres, guerras y crisis en todo el mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las hermanas siguieron perfeccionando su idea hasta que encontraron un anuncio en Instagram sobre <strong>The Earth Prize</strong>, un concurso internacional de innovaci&oacute;n medioambiental. Vieron en &eacute;l una oportunidad para convertir su concepto en realidad. Sin dudarlo, se inscribieron y presentaron su propuesta. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a diferencia de la mayor&iacute;a de los participantes, Tala y Farah desarrollaron su proyecto en circunstancias extraordinarias. &ldquo;Durante ese periodo afrontamos muchos desaf&iacute;os. Trabajamos en &eacute;l en plena guerra, bajo los bombardeos, viviendo con miedo constante, durante &oacute;rdenes de desalojo y desplazamientos repetidos, y en un momento en que no hab&iacute;a comida en casa debido a la hambruna&rdquo;, record&oacute; Tala. &ldquo;Pero nos aferramos a la esperanza de que pod&iacute;amos utilizar nuestros conocimientos y nuestras capacidades para hacer algo por Gaza, para transformar el dolor en esperanza&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un mensaje de esperanza</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo de su familia, las hermanas lograron desarrollar el proyecto y presentarlo al concurso. &ldquo;Mi madre es ingeniera industrial y nos ayud&oacute; con los aspectos pr&aacute;cticos del proyecto. Mi abuelo tambi&eacute;n se interes&oacute; por estas ideas y nos apoy&oacute;&rdquo;, cont&oacute; Farah. 
    </p><p class="article-text">
        Su proyecto fue seleccionado entre 6.095 equipos de todo el mundo antes de pasar a la fase final, integrada por 35 equipos. Finalmente, gan&oacute; <strong>The Earth Prize</strong> para la regi&oacute;n de Oriente Medio. &ldquo;El momento en que anunciaron nuestra victoria fue incre&iacute;blemente emocionante. Nunca lo olvidar&eacute;&rdquo;, dijo Tala.&ldquo;Este logro no es solo para Tala y Farah; es para todos los j&oacute;venes palestinos que tienen ideas, pero necesitan una oportunidad real&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora desplazadas en el campamento de refugiados de Nuseirat, en el centro de Gaza, las hermanas aseguran que ganar el concurso es solo el comienzo. &ldquo;No se trata solo de una idea que presentamos. Pronto comenzaremos a organizar talleres para ense&ntilde;ar a los j&oacute;venes de Gaza en qu&eacute; consiste el proyecto y capacitarlos para llevarlo a la pr&aacute;ctica&rdquo;, explic&oacute; Farah. &ldquo;Estamos inmensamente orgullosas de que, a nuestra edad, hayamos sido capaces de encontrar una soluci&oacute;n para los escombros que se amontonan ante nuestros ojos en cada rinc&oacute;n de Gaza e intentar abrir un camino hacia el futuro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Para Tala y Farah, sin embargo, el proyecto representa mucho m&aacute;s que una soluci&oacute;n medioambiental o una forma de afrontar la enorme crisis de escombros en Gaza. Lo consideran un mensaje sobre la resiliencia, la creatividad y las aspiraciones de la juventud palestina pese a la devastaci&oacute;n que la rodea. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estamos hablando solo de escombros y de reciclaje. Estamos hablando de algo mucho m&aacute;s profundo y mucho m&aacute;s grande&rdquo;, concluy&oacute; Tala. &ldquo;Estamos hablando de un mensaje de esperanza, de c&oacute;mo los j&oacute;venes palestinos de Gaza, a pesar de todo lo que han sufrido, siguen teniendo esperanza y ambici&oacute;n. Lo &uacute;nico que necesitan es una oportunidad aut&eacute;ntica y que el mundo vea que somos capaces&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maha Hussaini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/destruccion-gaza-hermanas-mousa-encuentran-manera-transformar-escombros-ladrillos_132_13417970.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 03:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre la destrucción en Gaza, las hermanas Mousa encuentran la manera de transformar escombros en ladrillos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las enfermedades cutáneas asolan a las personas desplazadas en Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/enfermedades-cutaneas-asolan-personas-desplazadas-gaza_132_13400641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e81a3c2-68ea-4249-ae0b-7511a1d00509_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las enfermedades cutáneas asolan a las personas desplazadas en Gaza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se han registrado más de 9.300 casos de varicela entre personas desplazadas que viven en campamentos</p></div><p class="article-text">
        Sabreen al-Suwaisi, de 31 a&ntilde;os, se despert&oacute; y descubri&oacute; que el rostro de su hija de 13 a&ntilde;os, Ashjan, estaba cubierto de cicatrices y granos. La madre qued&oacute; conmocionada: nunca imagin&oacute; que las peque&ntilde;as ampollas que aparecieron por primera vez en la mano de su hija se propagar&iacute;an de forma tan agresiva hasta acabar cubriendo todo su cuerpo. 
    </p><p class="article-text">
        Sabreen, que perdi&oacute; su hogar en el barrio de Shujaiya, al este de la ciudad de Gaza, durante la ofensiva, vive ahora con su marido y sus siete hijos en una estrecha tienda de campa&ntilde;a hecha de una tela endeble en el campamento de Yarmouk. Como la inmensa mayor&iacute;a de las personas desplazadas que viven en tiendas, la familia de Sabreen sufre una <strong>plaga constante de insectos y roedores.</strong> Sus ropas quedan empapadas por las lluvias del invierno y su piel se abrasa bajo el sofocante calor del verano. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que m&aacute;s atormenta a Sabreen es la grave enfermedad cut&aacute;nea que afecta a su hija mayor. &ldquo;Nunca imagin&eacute; que el hermoso rostro de mi hija, que tanto me gustaba contemplar y elogiar, acabar&iacute;a as&iacute;&rdquo;, lamenta. &ldquo;Despu&eacute;s de contraer un virus cut&aacute;neo en algunas partes de su cuerpo, la enfermedad evolucion&oacute; y se extendi&oacute; por todo&rdquo;. A&ntilde;adi&oacute; que la enfermedad fue cambiando de aspecto: comenz&oacute; con peque&ntilde;as ampollas antes de transformarse en grandes y dolorosos for&uacute;nculos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pas&eacute; mucho tiempo llevando a mi ni&ntilde;a de una cl&iacute;nica a otra y de un m&eacute;dico a otro. Debido a las p&eacute;simas condiciones de las cl&iacute;nicas y a las largas esperas, que a menudo duran tres o cuatro horas, me vi obligada a acudir a un m&eacute;dico privado, a pesar del elevado coste&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Con el <strong>94% de los hospitales de Gaza</strong> parcialmente da&ntilde;ados o destruidos por los bombardeos israel&iacute;es, la capacidad del sistema sanitario para atender a la poblaci&oacute;n se ha reducido dr&aacute;sticamente, lo que ha llevado a la apertura de peque&ntilde;as cl&iacute;nicas de campa&ntilde;a en distintas zonas. Sin embargo, con un enorme n&uacute;mero de personas hacinadas en espacios extremadamente reducidos y con epidemias y enfermedades propag&aacute;ndose ampliamente, acceder a los servicios m&eacute;dicos a trav&eacute;s de estas cl&iacute;nicas y hospitales se ha convertido en un desaf&iacute;o extenuante.  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al principio me dijeron que lo que padec&iacute;a Ashjan era un virus cut&aacute;neo. M&aacute;s tarde qued&oacute; claro que la enfermedad hab&iacute;a evolucionado hasta convertirse en <strong>varicela</strong>&rdquo;, asegura la madre. Pero la pesadilla no termin&oacute; ah&iacute;. Mientras dedicaba todos sus esfuerzos a tratar a Ashjan, observ&oacute; que aparec&iacute;an ampollas similares en el cuerpo de su hijo menor, Moussa, de apenas 16 meses. Poco despu&eacute;s, las mismas ampollas surgieron en su propio pie y, m&aacute;s tarde, en el brazo de otra de sus hijas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sent&iacute; un horror absoluto cuando me di cuenta de que toda mi familia hab&iacute;a contra&iacute;do la misma enfermedad&rdquo;, confiesa. &ldquo;Vivo con el miedo constante de que nuestras infecciones lleguen a agravarse tanto como la de Ashjan&rdquo;. La madre cree que el r&aacute;pido contagio entre los miembros de su familia es consecuencia directa de convivir en un espacio tan reducido, lo que aceler&oacute; la propagaci&oacute;n de la infecci&oacute;n dentro de su peque&ntilde;a tienda. 
    </p><p class="article-text">
        En mitad de esta grave crisis sanitaria, <a href="https://unrwa.es/emergencia-gaza/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">UNRWA</a> cuenta con diez centros de salud operativos en diferentes &aacute;reas de la Franja y sus equipos m&eacute;dicos m&oacute;viles tratan de llegar a lugares donde la poblaci&oacute;n no tiene acceso a atenci&oacute;n m&eacute;dica. Durante sus intensas jornadas de trabajo, tambi&eacute;n han detectado y atendido numerosos casos relacionados con las enfermedades cut&aacute;neas. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una epidemia en expansi&oacute;n por diferentes causas</strong> </h2><p class="article-text">
        Sabreen y su familia est&aacute;n lejos de ser los &uacute;nicos que atraviesan esta situaci&oacute;n. Naciones Unidas inform&oacute; recientemente de que, en solo dos semanas, se registraron m&aacute;s de <strong>9.300 casos de varicela</strong> entre personas desplazadas que viven en campamentos. La mitad de esos casos se documentaron &uacute;nicamente en la zona de Al-Mawasi.  
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n informes de la ONU, el brote de enfermedades cut&aacute;neas, encabezado por la varicela, est&aacute; impulsado por las catastr&oacute;ficas condiciones humanitarias en las que viven los palestinos, especialmente en los hacinados campamentos de desplazados. Adem&aacute;s, calcula que existen m&aacute;s de 1.600 emplazamientos en la Franja, donde viven aproximadamente 1,7 millones de personas que han huido de distintas zonas del enclave. A lo que hay que a&ntilde;adir que las tiendas est&aacute;n rodeadas de monta&ntilde;as de <strong>residuos</strong>, toneladas de escombros y una presencia constante de <strong>ratas, ratones e insectos</strong>.  
    </p><p class="article-text">
        La crisis se ve agravada, tanto para m&eacute;dicos como para pacientes, por la aguda escasez de medicamentos. El Ministerio de Salud de Gaza indican que el d&eacute;ficit de f&aacute;rmacos dentro del sistema sanitario ha alcanzado el 50%. 
    </p><p class="article-text">
        De vuelta en su sofocante tienda de campa&ntilde;a, Sabreen al-Suwaisi espera con angustia que sus hijos reciban tratamiento para las dolorosas ampollas que padecen. Es una lucha cotidiana que comparten miles de familias desplazadas, a la espera de una medida concreta: el levantamiento del bloqueo que impide la entrada de los medicamentos dermatol&oacute;gicos necesarios para contener la epidemia que amenaza la salud de miles de personas. 
    </p><p class="article-text">
        Para tratar de frenar esta epidemia, especialmente en los meses de calor, UNRWA est&aacute; llevando a cabo cientos de campa&ntilde;as de control de plagas en distintos campamentos de personas desplazadas, con las que ha alcanzado a alrededor de <strong>684.000 personas</strong>. Sus equipos siguen atendiendo cientos de consultas m&eacute;dicas diarias en sus centros de salud y, adem&aacute;s, siguen vacunando a menores, para tratar de evitar futuros contagios de estas y otras enfermedades, relacionadas con las malas condiciones sanitarias e higi&eacute;nicas en la Franja.   
    </p><p class="article-text">
        Pero es esencial que entren sin restricciones suministros humanitarios, como medicamentos, productos de desinfecci&oacute;n, kits de higiene y combustible, para poder responder a las grandes necesidades de salud y sanitarias de Gaza. Es la &uacute;nica v&iacute;a para salvar m&aacute;s vidas y aliviar el sufrimiento al que se enfrentan la poblaci&oacute;n desde hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/enfermedades-cutaneas-asolan-personas-desplazadas-gaza_132_13400641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 09:11:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las enfermedades cutáneas asolan a las personas desplazadas en Gaza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Khan al-Ahmar: una comunidad beduina palestina sometida a la asfixia israelí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/khan-ahmar-comunidad-beduina-palestina-sometida-asfixia-israeli_132_13367223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6363dfa-2886-4702-aa79-892858a2c678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Khan al-Ahmar: una comunidad beduina palestina sometida a la asfixia israelí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Nosotros y nuestros hijos solo queremos vivir aquí en paz y seguridad. Esta es nuestra tierra y permaneceremos aquí, sean cuales sean las circunstancias”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Si eres de <strong>Khan al-Ahmar</strong>, tienes que permanecer despierto las 24 horas del d&iacute;a. Nunca puedes dormir de verdad&rdquo;.<em> </em>Con estas palabras, Abu Khamis Abu Dahouk, residente de la comunidad beduina de Khan al-Ahmar, describe la vida cotidiana en la peque&ntilde;a aldea situada al este de Jerusal&eacute;n, donde el miedo se ha convertido en parte de la rutina.  
    </p><p class="article-text">
        Situada junto a la carretera Jerusal&eacute;n-Jeric&oacute;, Khan al-Ahmar es una de las comunidades beduinas palestinas m&aacute;s conocidas al este de la Jerusal&eacute;n ocupada. Su importancia estrat&eacute;gica radica en su ubicaci&oacute;n dentro de la zona E1, un corredor de 12 kil&oacute;metros cuadrados entre el asentamiento israel&iacute; de Ma'ale Adumim y Jerusal&eacute;n. Los sucesivos gobiernos israel&iacute;es han considerado esta zona esencial para crear una continuidad territorial entre el asentamiento y Jerusal&eacute;n, mientras que los palestinos y las Naciones Unidas advierten de que este proyecto dividir&iacute;a Cisjordania entre el norte y el sur y aislar&iacute;a Jerusal&eacute;n Este de su entorno palestino.  
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os ha estado sometida a presiones destinadas a provocar su desplazamiento. Seg&uacute;n <strong>UNRWA</strong>, m&aacute;s de <strong>700 personas refugiadas de Palestina</strong> viven all&iacute; y en las comunidades beduinas vecinas al este de Jerusal&eacute;n. La mayor&iacute;a pertenece a la tribu beduina Jahalin, cuyas familias fueron desplazadas de la zona des&eacute;rtica de N&eacute;guev, en 1948 antes de establecerse en esta &aacute;rea a comienzos de la d&eacute;cada de 1950. 
    </p><p class="article-text">
        Pero para los habitantes de Khan al-Ahmar, la expansi&oacute;n de los <strong>asentamientos i</strong>srael&iacute;es ya no es una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica abstracta, ni una sucesi&oacute;n de anuncios gubernamentales. Se ha convertido en una realidad cotidiana que se acerca cada vez m&aacute;s a sus hogares, restringe sus medios de vida y transforma el paisaje donde han vivido durante d&eacute;cadas. En los &uacute;ltimos d&iacute;as, los colonos han continuado ampliando un nuevo puesto de colonos establecido cerca de la comunidad beduina de Al-Mahtoush, una de las comunidades vinculadas a Khan al-Ahmar. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explica Abu Khamis, el nuevo puesto se encuentra a tan solo unos metros de las viviendas palestinas, mientras los colonos contin&uacute;an construyendo a un ritmo acelerado, dificultando cada vez m&aacute;s el acceso de los pastores a las tierras de pastoreo. &ldquo;Nuestras ovejas viven en una prisi&oacute;n&rdquo;, dice Abu Khamis. &ldquo;Ya no podemos sacarlas a pastar&rdquo;. La ganader&iacute;a es la principal fuente de ingresos para la mayor&iacute;a de las familias de la zona. Sin embargo, asegura que los ataques contra los pastores se han convertido en algo habitual en los &uacute;ltimos meses, al igual que el robo de ovejas, caballos y otras propiedades. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Recursos y servicios esenciales como herramientas de presi&oacute;n</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Junto con la expansi&oacute;n de los asentamientos, el <strong>acceso al agua</strong> se ha convertido en una de las preocupaciones m&aacute;s urgentes para la comunidad. A finales de junio, colonos comenzaron a instalar una nueva tuber&iacute;a de agua destinada a abastecer a los asentamientos y sus puestos cercanos. Los residentes aseguran que la tuber&iacute;a atraviesa el espacio situado entre viviendas palestinas y estructuras agr&iacute;colas dentro de Al-Mahtoush, lo que alimenta el temor de que posteriormente este proyecto sea utilizado para justificar la demolici&oacute;n de las casas cercanas. 
    </p><p class="article-text">
        El problema va mucho m&aacute;s all&aacute; de esta nueva infraestructura. En las &uacute;ltimas semanas, grupos de colonos han da&ntilde;ado repetidamente las principales conducciones que abastecen de agua a las comunidades beduinas de Al-Mahtoush y Arab al-Tabneh. Tambi&eacute;n se apoderaron de Ein Rawabi, la &uacute;nica fuente natural de este recurso disponible para que los pastores abrevaran a su ganado. 
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con la Gobernaci&oacute;n de Jerusal&eacute;n, los colonos cortaron el suministro de agua a las comunidades beduinas al este de Jerusal&eacute;n en seis ocasiones durante un solo mes, describiendo estos ataques reiterados como parte de un esfuerzo m&aacute;s amplio para presionar a los residentes a abandonar la zona. 
    </p><p class="article-text">
        Las presiones no afectan &uacute;nicamente a los pastores, sino tambi&eacute;n a los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Khan al-Ahmar alberga una <strong>escuela</strong> que atiende a estudiantes procedentes de las comunidades beduinas vecinas, entre ellas Al-Mahtoush y Al-Tabneh. Los residentes afirman que las restricciones de movimiento han impedido que muchos menores contin&uacute;en utilizando el camino tradicional para llegar a clase. 
    </p><p class="article-text">
        Abu Khamis explica que aproximadamente 60 estudiantes se vieron obligados a abandonar el corto trayecto que hab&iacute;an recorrido durante a&ntilde;os despu&eacute;s de que las restricciones israel&iacute;es bloquearan el acceso. Desde entonces, el Ministerio de Educaci&oacute;n Palestino ha organizado un servicio de transporte, aunque los alumnos ahora deben recorrer un trayecto mucho m&aacute;s largo en lugar de llegar caminando a la escuela en menos de media hora. 
    </p><p class="article-text">
        La escuela lleva a&ntilde;os atrayendo la atenci&oacute;n internacional. Se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de la lucha de la comunidad despu&eacute;s de que <strong>Naciones Unidas</strong> y UNRWA advirtieran en 2018 de que cualquier demolici&oacute;n de Khan al-Ahmar tambi&eacute;n pondr&iacute;a en peligro el centro educativo, que entonces atend&iacute;a a unos <strong>170 estudiantes</strong> procedentes de Khan al-Ahmar y de otras cuatro comunidades beduinas vecinas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una historia larga de presiones </strong> 
    </p><p class="article-text">
        La preocupaci&oacute;n internacional por Khan al-Ahmar no es nueva. En 2018, el entonces Coordinador Humanitario de las Naciones Unidas, Jamie McGoldrick, y el entonces director de operaciones de la UNRWA en Cisjordania, Scott Anderson, instaron a Israel a abandonar sus planes de demoler la comunidad y trasladar por la fuerza a sus residentes, advirtiendo de que la mayor&iacute;a de las familias ya hab&iacute;an sufrido un desplazamiento anteriormente. 
    </p><p class="article-text">
        Subrayaron que cualquier nuevo traslado no solo destruir&iacute;a los hogares, sino que tambi&eacute;n acabar&iacute;a con los medios de vida tradicionales basados en la <strong>ganader&iacute;a</strong>, aumentar&iacute;a las <strong>necesidades humanitarias</strong> y podr&iacute;a constituir una grave violaci&oacute;n del Cuarto Convenio de Ginebra. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de siete a&ntilde;os despu&eacute;s, los residentes afirman que la <strong>presi&oacute;n</strong> no ha hecho m&aacute;s que intensificarse debido a la continua expansi&oacute;n de los asentamientos, los repetidos ataques contra las infraestructuras de agua, las restricciones al pastoreo y la violencia recurrente de los colonos. 
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, Mohammad Ibrahim, otro residente de la aldea afectado por las presiones israel&iacute;es, insiste en que su comunidad no tiene intenci&oacute;n de marcharse. &ldquo;Nosotros y nuestros hijos solo queremos vivir aqu&iacute; en paz y seguridad. Esta es nuestra tierra y permaneceremos aqu&iacute;, sean cuales sean las circunstancias&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Para la poblaci&oacute;n de <a href="https://actuaunrwa.es/peticion/demolicionkhan-al-ahmar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Khan al-Ahmar</a>, la resiliencia no se mide por los esl&oacute;ganes, sino por la capacidad de mantener a sus hijos en la escuela, a sus ovejas en la tierra y a sus familias en sus hogares, pese a una presi&oacute;n creciente que, a sus ojos, se vuelve m&aacute;s intensa con cada d&iacute;a que pasa. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/khan-ahmar-comunidad-beduina-palestina-sometida-asfixia-israeli_132_13367223.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 06:55:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Khan al-Ahmar: una comunidad beduina palestina sometida a la asfixia israelí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crisis de orfandad en Gaza: la historia de seis hermanos que perdieron a sus padres durante la ofensiva israelí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/crisis-orfandad-gaza-historia-seis-hermanos-perdieron-padres-durante-ofensiva-israeli_132_13325519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22e03438-4a22-4159-9acc-6d473a00c43a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x488y609.jpg" width="1200" height="675" alt="Crisis de orfandad en Gaza: la historia de seis hermanos que perdieron a sus padres durante la ofensiva israelí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Registré a los niños en la mayoría de las instituciones que atienden a menores y huérfanos, especialmente en UNRWA"</p></div><p class="article-text">
        En una tienda improvisada en&nbsp;Khan&nbsp;Younis, en el sur de la&nbsp;franja de Gaza, Suha Salah est&aacute; rodeada de ni&ntilde;os que la llaman &ldquo;mam&aacute;&rdquo;, aunque en realidad es su t&iacute;a.&nbsp;Est&aacute; cuidando de seis de sus&nbsp;sobrinos y sobrinas&nbsp;que perdieron a ambos padres en un solo instante el 29 de mayo de 2024, cuando un ataque israel&iacute; alcanz&oacute; su vivienda en Rafah, al sur de la Fraja.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De repente me encontr&eacute; cuidando de nueve ni&ntilde;os, en lugar de solo mis tres hijos. Ahora soy madre de nueve&rdquo;, cont&oacute; Salah, de 36 a&ntilde;os, desde un campamento para <a href="https://secure.unrwa.es/quedas-tu/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hu&eacute;rfanos desplazados</a>.&nbsp;&ldquo;Sus padres murieron el mismo d&iacute;a&rdquo;, continu&oacute;.&nbsp;&ldquo;En ese momento, las &oacute;rdenes israel&iacute;es de&nbsp;desalojo&nbsp;para los residentes de Rafah se repet&iacute;an constantemente. La mayor parte de la ciudad ya hab&iacute;a sido&nbsp;desplazada, pero mi hermano viv&iacute;a cerca de la rotonda de&nbsp;Zoroub&nbsp;y los tanques israel&iacute;es todav&iacute;a estaban lejos de su zona. Por eso permaneci&oacute; en casa, porque no ten&iacute;a ad&oacute;nde ir&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la noche, el ej&eacute;rcito israel&iacute; avanz&oacute; hacia la zona y la familia no tuvo m&aacute;s opci&oacute;n que&nbsp;huir.&nbsp;&ldquo;Sin dudarlo, mi hermano me envi&oacute; a sus seis hijos y les dijo: &rdquo;Id con vuestra t&iacute;a y yo me reunir&eacute; con vosotros despu&eacute;s de recoger algunas pertenencias y ropa de cama&ldquo;. Su esposa se neg&oacute; a abandonar la casa con los ni&ntilde;os y dejarlo solo, y le dijo que se quedar&iacute;a con &eacute;l&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Salah.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los ni&ntilde;os llegaron conmigo esa noche y se supon&iacute;a que sus padres se reunir&iacute;an con ellos al d&iacute;a siguiente al mediod&iacute;a. Pero cuando llegaron las doce sent&iacute; que estaban tardando demasiado, as&iacute; que empec&eacute; a llamarlos. Durante una hora entera segu&iacute; llamando, hasta la una de la tarde. Ni mi hermano ni su esposa respond&iacute;an. Nadie contest&oacute; al tel&eacute;fono&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, Salah supo que la casa hab&iacute;a sido bombardeada y que tanto su hermano como su esposa hab&iacute;an&nbsp;sido asesinados&nbsp;antes de conseguir evacuar.&nbsp;&ldquo;Despu&eacute;s supimos que, tras el ataque, mi hermano segu&iacute;a con&nbsp;vida,&nbsp;aunque estaba herido. Sali&oacute; corriendo a la calle buscando ayuda, pero no encontr&oacute; a nadie y muri&oacute;. Su esposa muri&oacute; en el primer ataque&rdquo;, relat&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, Salah cuida de los hijos de su hermano: Amani, de 15 a&ntilde;os; Ismail, de 13;&nbsp;Qatr&nbsp;al-Nada, de 12; Sila, de 10; Muhammed, de 7; y Ella, de 4.&nbsp;Los seis hermanos forman parte de las decenas de miles de&nbsp;ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;que han quedado hu&eacute;rfanos en Gaza desde octubre de 2023.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n UNRWA,&nbsp;<strong>55.000 menores han perdido a uno o ambos padres</strong>. Adem&aacute;s, muchos han sido separados de sus seres queridos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En muchos casos, los ni&ntilde;os no son registrados formalmente como hu&eacute;rfanos de inmediato, especialmente cuando se ha perdido la documentaci&oacute;n o cuando familiares siguen desaparecidos bajo los escombros o atrapados en sucesivos desplazamientos.&nbsp;El personal humanitario habla de una <em>orfandad oculta</em>: menores que quedan al cuidado informal de familiares, como Salah, que de la noche a la ma&ntilde;ana asumen la responsabilidad de cuidarlos a tiempo completo sin recibir apoyo financiero ni institucional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo tres hijos propios, dos ni&ntilde;os y una ni&ntilde;a, y aunque mi marido sigue vivo, result&oacute; herido&nbsp;por los ataques, sufri&oacute; una lesi&oacute;n en la cabeza y una par&aacute;lisis, y ahora es completamente incapaz de trabajar o aportar nada&rdquo;, continu&oacute; Salah.&nbsp;&ldquo;Durante la guerra&nbsp;arriesgaba mi vida para llegar a los puntos de distribuci&oacute;n de ayuda. Consegu&iacute;a arroz, lentejas y legumbres y volv&iacute;a directamente a la tienda para cocinar para mis nueve hijos. Una vez logr&eacute; conseguir az&uacute;car. En aquel momento era totalmente imposible encontrarla y, cuando aparec&iacute;a, un kilo costaba entre 500 y 600 s&eacute;queles (entre 168 y 202 d&oacute;lares)&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salah describi&oacute; el momento en que pudo preparar t&eacute; con az&uacute;car para sus hijos por primera vez en meses como&nbsp;&ldquo;el para&iacute;so&rdquo;.&nbsp;&ldquo;Cuando la consegu&iacute;, sent&iacute; que hab&iacute;a encontrado un tesoro. Recuerdo que aquel d&iacute;a fui directamente a la tienda e hice t&eacute;: diez tazas, una para m&iacute; y nueve para mis hijos. Lo endulzamos con az&uacute;car por primera vez en meses. Nos reunimos todos y bebimos t&eacute; juntos; sentimos que est&aacute;bamos en el para&iacute;so&rdquo;, record&oacute;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una vida sostenida por la ayuda</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Hoy, Salah afirma que depende principalmente del apoyo de la ayuda internacional para criar a los ni&ntilde;os.&nbsp;&ldquo;Registr&eacute; a los ni&ntilde;os en la mayor&iacute;a de las instituciones que atienden a menores y hu&eacute;rfanos, especialmente en UNRWA.&nbsp;Toda&nbsp;ayuda que llega para ellos no lo utilizo para m&iacute; ni para mis propios hijos. Al contrario, mi dinero es para ellos&rdquo;, explic&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la ayuda alimentaria, UNRWA proporciona apoyo esencial a&nbsp;los ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;de Gaza, incluyendo atenci&oacute;n sanitaria, servicios psicosociales, protecci&oacute;n infantil y actividades educativas de emergencia para cientos de miles de menores afectados por el desplazamiento y la p&eacute;rdida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Programa Mundial de Alimentos (PMA), al menos <strong>1,6 millones de personas en Gaza, </strong>el 77 % de la poblaci&oacute;n, afrontan niveles elevados de <strong>inseguridad alimentaria aguda</strong>. Entre ellas se encuentran m&aacute;s de 100.000&nbsp;menores&nbsp;y 37.000 mujeres embarazadas y lactantes que podr&iacute;an sufrir desnutrici&oacute;n aguda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salah a&ntilde;adi&oacute; que la falta de alimentos y ayuda humanitaria no es el &uacute;nico desaf&iacute;o al que se enfrentan, ya que la vida diaria est&aacute; marcada por un conjunto mucho m&aacute;s amplio de dificultades relacionadas con los cuidados, la protecci&oacute;n y el acceso a servicios b&aacute;sicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con la educaci&oacute;n formal pr&aacute;cticamente interrumpida,&nbsp;los ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;de los campamentos del sur de Gaza reciben ense&ntilde;anza en espacios improvisados: tiendas de campa&ntilde;a, patios y rincones educativos temporales organizados por voluntarios y grupos humanitarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas&nbsp;&ldquo;aulas improvisadas&rdquo;&nbsp;aportan cierta estructura, pero no pueden sustituir la estabilidad de un sistema educativo plenamente operativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por supuesto que me cuesta cumplir las promesas t&aacute;citas que le hice a mi hermano. Todav&iacute;a no puedo enviar a sus hijos a la escuela porque no hay escuelas formales en nuestra zona&rdquo;,&nbsp;lament&oacute;. &ldquo;Intento animarlos a aprender ingl&eacute;s y los env&iacute;o a clases improvisadas en las tiendas. Pero es muy dif&iacute;cil convencerlos para que asistan a clases en una tienda de campa&ntilde;a&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Salah concluy&oacute; que, sin el apoyo de las organizaciones humanitarias y los programas de ayuda, no habr&iacute;a podido cuidar de los seis hijos de su hermano mientras tambi&eacute;n manten&iacute;a a su propia familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando llega ayuda, significa que puedo poner comida delante de los ni&ntilde;os, comprar lo que necesitan y darles una peque&ntilde;a sensaci&oacute;n de seguridad&rdquo;, afirm&oacute;.&nbsp;&ldquo;S&eacute; que no puedo reemplazar a sus padres, pero cada d&iacute;a intento asegurarme de que no se sientan abandonados&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maha Hussaini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/crisis-orfandad-gaza-historia-seis-hermanos-perdieron-padres-durante-ofensiva-israeli_132_13325519.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2026 11:32:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Crisis de orfandad en Gaza: la historia de seis hermanos que perdieron a sus padres durante la ofensiva israelí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los espacios de aprendizaje temporal de UNRWA protegen a los menores de Gaza del analfabetismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/espacios-aprendizaje-temporal-unrwa-protegen-menores-gaza-analfabetismo_132_13314198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48667d8e-38ff-4d70-8693-88e87744ead9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los espacios de aprendizaje temporal de UNRWA protegen a los menores de Gaza del analfabetismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“He notado un cambio psicológico enorme en mis hijos desde que comenzaron a asistir a las clases de aprendizaje”</p></div><p class="article-text">
        Tras dos a&ntilde;os de <strong>desplazamientos</strong>,&nbsp;huyendo de una operaci&oacute;n militar israel&iacute; a otra, Layla al-Suwaisi, de 30 a&ntilde;os, finalmente ha encontrado una fr&aacute;gil pausa. Ella y sus dos hijos, Fadi, de 9 a&ntilde;os, y Mohammed, de 7, viven ahora en una estrecha tienda de campa&ntilde;a en la localidad de Al-Zawayda, en el centro de la&nbsp;franja de Gaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El hogar&nbsp;de&nbsp;Layla&nbsp;en el norte de&nbsp;la Franja&nbsp;fue completamente destruido&nbsp;en un ataque a&eacute;reo israel&iacute;,&nbsp;dejando a la familia sin casa,&nbsp;sin&nbsp;ahorros y sin&nbsp;estabilidad.&nbsp;La p&eacute;rdida tuvo un profundo impacto en ella.&nbsp;Esta carga se ha visto agravada por la ausencia de su marido, quien abandon&oacute; Gaza hace seis a&ntilde;os para buscar trabajo en el extranjero y no ha podido regresar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la tragedia de&nbsp;la familia&nbsp;va mucho m&aacute;s all&aacute; del desplazamiento, el miedo y el hambre; la devastadora realidad de la&nbsp;violencia&nbsp;ha dejado profundas cicatrices en sus hijos.&nbsp;&ldquo;Durante toda la guerra, mis hijos vivieron en un estado de terror y p&aacute;nico absoluto, agravado por el hecho de que su padre no est&aacute; aqu&iacute; con nosotros&rdquo;, afirma&nbsp;Layla.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n&nbsp;cuenta, sus hijos se vieron obligados a&nbsp;madurar mucho antes de lo que les correspond&iacute;a.&nbsp;Recuerda con dolor su fr&aacute;gil estado de salud, su ropa desgastada y c&oacute;mo no pudo impedir que permanecieran durante horas agotadoras en ca&oacute;ticas&nbsp;y&nbsp;traum&aacute;ticas&nbsp;filas de ayuda humanitaria solo para conseguir una comida.&nbsp;&ldquo;A una edad en la que mis hijos deber&iacute;an haber estado aprendiendo, creciendo y jugando, pasaban sus d&iacute;as buscando comida, transportando bidones de agua y recogiendo le&ntilde;a para el fuego&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los miraba con una tristeza inmensa, pensando que esta no era la vida que quer&iacute;a para ellos. Mientras deber&iacute;an haber estado sentados en pupitres escolares, estaban atrapados en entornos que incluso muchos hombres adultos apenas pod&iacute;an soportar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;p&aacute;nico de la violencia&nbsp;y el hambre amenazando a sus hijos se agravaba cada d&iacute;a por la&nbsp;ausencia total&nbsp;de espacios educativos seguros, especialmente durante el primer a&ntilde;o de la&nbsp;ofensiva.&nbsp;Como consecuencia de los continuos bombardeos israel&iacute;es y de las amplias&nbsp;&oacute;rdenes de <strong>desalojo forzoso</strong>,&nbsp;que obligaron a la poblaci&oacute;n a desplazarse de un distrito a otro, el sistema educativo de Gaza qued&oacute; completamente paralizado. <strong>M&aacute;s del 70% de las escuelas de la Franja fueron destruidas</strong> por ataques israel&iacute;es, mientras que las estructuras restantes se transformaron en refugios&nbsp;masificados&nbsp;para personas desplazadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;falta&nbsp;de escolarizaci&oacute;n se convirti&oacute; en una carga psicol&oacute;gica para&nbsp;Layla. Fadi, el hijo mayor, perdi&oacute; gran parte de su aprendizaje, mientras que el hijo menor,&nbsp;Mohammed,&nbsp;que ten&iacute;a apenas cinco a&ntilde;os, perdi&oacute; la oportunidad de desarrollar habilidades b&aacute;sicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La terrible historia de los dos hermanos&nbsp;est&aacute;&nbsp;lejos de&nbsp;ser un caso aislado. Forman parte de al menos 660.000 estudiantes palestinos que quedaron completamente privados de educaci&oacute;n durante el primer a&ntilde;o de&nbsp;la ofensiva israel&iacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras el anuncio del primer alto el fuego temporal en enero de 2025, UNRWA&nbsp;puso en marcha un programa de aprendizaje en l&iacute;nea&nbsp;destinado&nbsp;a unos <strong>277.700 estudiantes</strong>. M&aacute;s adelante, los equipos de la Agencia priorizaron la rehabilitaci&oacute;n y apertura de espacios temporales de aprendizaje en sus refugios.&nbsp;El objetivo era&nbsp;que&nbsp;<strong>los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as&nbsp;pudieran aprender</strong>, tener una rutina que aliviara sus traumas y de esperanza en el futuro.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un punto de inflexi&oacute;n: el regreso al aprendizaje</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Intent&eacute; ense&ntilde;arles yo misma, pero fue una lucha&nbsp;enorme. Las agotadoras exigencias de la supervivencia diaria, como&nbsp;lavar la ropa a mano, cocinar sobre fuegos de le&ntilde;a y barrer constantemente la arena que entra en la tienda,&nbsp;consumen casi todo mi tiempo&rdquo;, explic&oacute;.&nbsp;&ldquo;Entonces, hace unos cuatro meses, escuch&eacute; la maravillosa noticia de que UNRWA iba a abrir un espacio educativo en la Escuela Al-Zaytoun Land, cerca de nuestro campamento&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para&nbsp;Layla&nbsp;la apertura de este espacio educativo marc&oacute; el cambio m&aacute;s importante en la vida de sus hijos desde&nbsp;octubre de 2023. Sinti&oacute; un enorme alivio al saber que el centro ofrec&iacute;a actividades educativas y recreativas completamente gratuitas.&nbsp;A finales de octubre de 2025, UNRWA anunci&oacute; la ampliaci&oacute;n de su programa&nbsp;<em><strong>Vuelta al aprendizaje</strong></em>&nbsp;en toda Gaza tras el alto el fuego. Desde entonces, la&nbsp;Agencia de la ONU ha establecido <strong>m&aacute;s de 350 espacios temporales de aprendizaje</strong>, adem&aacute;s de sus plataformas de educaci&oacute;n en l&iacute;nea, dando servicio a m&aacute;s de 300.000 estudiantes en todo el enclave.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy inmensamente agradecida a UNRWA por devolver la educaci&oacute;n a nuestros hijos, especialmente a quienes vivimos en tiendas de campa&ntilde;a&rdquo;, afirm&oacute; al-Suwaisi.&nbsp;&ldquo;He observado una mejora notable en ambos. Fadi ya puede volver a leer correctamente, realizar operaciones aritm&eacute;ticas b&aacute;sicas y memorizar las tablas de multiplicar. Mientras tanto, mi hijo menor por fin ha empezado a reconocer letras y contar n&uacute;meros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar del continuo bloqueo israel&iacute; sobre Gaza, que proh&iacute;be la entrada de materiales de construcci&oacute;n y dificulta gravemente los esfuerzos de reconstrucci&oacute;n, UNRWA contin&uacute;a levantando nuevos centros educativos, especialmente en zonas desatendidas que carecen por completo de infraestructura educativa.&nbsp;Para construir estas escuelas improvisadas, la agencia recurre a estructuras temporales hechas con tiendas interconectadas y lonas resistentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, el 20 de mayo&nbsp;la Agencia&nbsp;estableci&oacute; un nuevo&nbsp;espacio de aprendizaje temporal&nbsp;en un campamento de&nbsp;personas desplazadas&nbsp;al sur de Khan Younis, el primero de este tipo en una ubicaci&oacute;n remota donde no exist&iacute;an instalaciones operativas&nbsp;previas. En solo una semana, alrededor de 1.600&nbsp;ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;acudieron a inscribirse, poniendo de manifiesto la enorme sed de educaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Mucho m&aacute;s que educaci&oacute;n</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Para las familias de Gaza, especialmente aquellas atrapadas en&nbsp;tiendas de campa&ntilde;a, estas <strong>aulas improvisadas</strong> representan mucho m&aacute;s que el aprendizaje del alfabeto y las matem&aacute;ticas; son refugios que ayudan a&nbsp;los ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;a recuperar cierta normalidad y los protegen del peso abrumador de su realidad cotidiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He notado un cambio psicol&oacute;gico enorme en mis hijos desde que comenzaron a asistir a las clases de aprendizaje&rdquo;,&nbsp;explic&oacute;&nbsp;Layla.&nbsp;&ldquo;Por fin han dejado de obsesionarse constantemente con los&nbsp;bombardeos, el desplazamiento y el terror. Este espacio se ha convertido en su v&iacute;a de escape: un lugar para liberar tensiones,&nbsp;entretenerse&nbsp;y jugar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las experiencias de las familias desplazadas de Gaza demuestran que la educaci&oacute;n ha evolucionado mucho m&aacute;s all&aacute; de la simple instrucci&oacute;n acad&eacute;mica; se ha convertido en un mecanismo esencial para la recuperaci&oacute;n del trauma. Esta realidad exige que estas soluciones temporales de lona den paso con urgencia a una reconstrucci&oacute;n integral e internacional del devastado sistema educativo de Gaza.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/espacios-aprendizaje-temporal-unrwa-protegen-menores-gaza-analfabetismo_132_13314198.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 11:32:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los espacios de aprendizaje temporal de UNRWA protegen a los menores de Gaza del analfabetismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educación bajo presión en Cisjordania: cómo afecta la violencia y el desplazamiento en las aulas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/educacion-presion-cisjordania-afecta-violencia-desplazamiento-aulas_132_13289976.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92a28b79-1a1c-4f54-a22d-87284eb6c81a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educación bajo presión en Cisjordania: cómo afecta la violencia y el desplazamiento en las aulas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">UNRWA trabaja para garantizar el acceso educativo a los menores refugiados de Palestina </p></div><p class="article-text">
        Una&nbsp;ma&ntilde;ana reciente en Umm al-Khair, una peque&ntilde;a comunidad palestina en&nbsp;<strong>Masafer&nbsp;Yatta</strong>, al sur de Hebr&oacute;n,&nbsp;los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as&nbsp;salieron hacia la escuela solo para descubrir que su camino estaba bloqueado. Un grupo de colonos israel&iacute;es hab&iacute;a levantado una valla que atravesaba la carretera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Intentamos ir a la escuela, pero nos lo impidieron&rdquo;, dice Ahmad, un joven estudiante del pueblo. &ldquo;Nos lanzaron granadas aturdidoras y tuvimos que regresar a casa&rdquo;. Para Ahmad y decenas de otros menores, llegar a la <strong>escuela</strong> se ha vuelto cada vez m&aacute;s incierto. En algunas zonas de la <strong>Cisjordania ocupada</strong>, la <strong>educaci&oacute;n</strong> ya no depende &uacute;nicamente de las aulas, los profesores y los libros de texto. Cada vez est&aacute; m&aacute;s condicionada por bloqueos de carreteras, operaciones militares, ataques de colonos&nbsp;o&nbsp;desplazamientos.&nbsp;En todo el territorio, estas presiones se est&aacute;n combinando para crear uno de los per&iacute;odos m&aacute;s dif&iacute;ciles para la educaci&oacute;n palestina en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">“Nos lanzaron granadas aturdidoras y tuvimos que regresar a casa”</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ahmad</span>
                                        <span>—</span> Estudiante palestino
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el pueblo de&nbsp;Rummon, al este de Ramala, colonos atacaron recientemente una escuela que estaba en construcci&oacute;n, da&ntilde;ando la infraestructura y robando equipos, incluidas c&aacute;maras de vigilancia y generadores el&eacute;ctricos.&nbsp;Semanas antes, en el cercano pueblo de Al-Mughayyir, un ataque contra una escuela infantil termin&oacute; en tragedia cuando colonos abrieron fuego en la zona, matando a&nbsp;Aws&nbsp;al-Naasan, de 14 a&ntilde;os, y a Jihad Abu Naim, de 32, mientras que varios estudiantes tambi&eacute;n resultaron heridos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s al norte, en el Valle del Jord&aacute;n, colonos demolieron la Escuela de Al-Maleh en abril, poniendo fin a los servicios educativos para las pocas familias que a&uacute;n permanec&iacute;an en la zona.&nbsp;Seg&uacute;n responsables locales de educaci&oacute;n, la escuela lleg&oacute; a atender a unos 70 alumnos. A&ntilde;os de presi&oacute;n por parte de los colonos y repetidos desplazamientos redujeron gradualmente la poblaci&oacute;n hasta que la comunidad qued&oacute; casi completamente vac&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La <strong>destrucci&oacute;n</strong> de una escuela no supone &uacute;nicamente la p&eacute;rdida de un edificio. En muchas comunidades rurales palestinas, suele ser tambi&eacute;n una se&ntilde;al del colapso de la vida cotidiana.&nbsp; Los ataques contra instituciones educativas no se limitan a zonas rurales aisladas.&nbsp;En la localidad de Al-Khader, en Bel&eacute;n, fuerzas israel&iacute;es entraron en varias escuelas y realizaron interrogatorios.&nbsp;Tambi&eacute;n en Nablus, colonos&nbsp;da&ntilde;aron infraestructuras escolares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto el alumnado como el personal educativo&nbsp;describen un ambiente en el que las escuelas tienen cada vez m&aacute;s dificultades para seguir siendo espacios seguros.&nbsp;Los problemas comienzan mucho antes de que los ni&ntilde;os lleguen al aula.&nbsp;En toda Cisjordania, los puestos de control militares, los cierres de carreteras y las restricciones de movimiento retrasan o impiden el acceso a las escuelas. En la Ciudad Vieja de&nbsp;Hebr&oacute;n, muchos estudiantes atraviesan diariamente controles militares israel&iacute;es simplemente para asistir a clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para comunidades como las de&nbsp;Masafer&nbsp;Yatta, la situaci&oacute;n es a&uacute;n m&aacute;s grave.&nbsp;Recientemente, colonos bloquearon la &uacute;nica carretera que conecta Umm al-Khair con las escuelas cercanas, obligando a los estudiantes a faltar a clase y a buscar rutas alternativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el alumnado&nbsp;de secundaria tuvo&nbsp;que realizar sus ex&aacute;menes al aire libre despu&eacute;s de que se les impidiera acceder a los edificios escolares.&nbsp;&ldquo;El problema se ha vuelto mucho m&aacute;s grande que el cierre de una sola carretera&rdquo;, afirma Walid al-Hathaleen, profesor de la zona.&nbsp;&ldquo;Nos enfrentamos al mismo tiempo a la violencia de los colonos, las restricciones militares, las dificultades econ&oacute;micas y la inestabilidad del sistema educativo. La educaci&oacute;n en Cisjordania se acerca a un punto peligroso&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Advierte de que el impacto acumulado se est&aacute; sintiendo tanto en el &aacute;mbito acad&eacute;mico como en el psicol&oacute;gico.&nbsp;&ldquo;Los ni&ntilde;os tienen cada vez m&aacute;s miedo. Muchos se sienten inseguros simplemente al intentar llegar a la escuela&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Nos enfrentamos al mismo tiempo a la violencia de los colonos, las restricciones militares, las dificultades económicas y la inestabilidad del sistema educativo. La educación en Cisjordania se acerca a un punto peligroso&quot;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name"> Walid al-Hathaleen</span>
                                        <span>—</span> Profesor palestino
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>Los campamentos de refugiados palestinos&nbsp;bajo presi&oacute;n</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Dentro del campamento de refugiados&nbsp;y refugiadas de Palestina&nbsp;de Al-Fawwar, al sur de Hebr&oacute;n, los desaf&iacute;os educativos adoptan una forma diferente.&nbsp;Los residentes describen frecuentes <strong>incursiones militares israel&iacute;es</strong> que alteran los horarios escolares y generan una sensaci&oacute;n constante de incertidumbre.&nbsp;&ldquo;Si los soldados entran en el campamento antes de que lleguen los estudiantes, muchos&nbsp;ni&ntilde;os&nbsp;y ni&ntilde;as&nbsp;no pueden llegar a sus escuelas&rdquo;, explica Abdel Rahim Abu Hamad, residente del campamento.&nbsp;&ldquo;En otros casos,&nbsp;el alumnado&nbsp;queda atrapado dentro de los edificios escolares hasta que termina la&nbsp;violencia&nbsp;militar&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El campamento cuenta dos&nbsp;escuelas&nbsp;gestionadas por <strong>UNRWA.</strong>&nbsp;A pesar de las crecientes presiones operativas y financieras que enfrenta la&nbsp;Agencia, los residentes afirman que las escuelas de la UNRWA siguen siendo esenciales para garantizar el acceso a la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os refugiados.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;UNRWA sigue apoyando la educaci&oacute;n aqu&iacute;&rdquo;, explica Abu Hamad.&nbsp;&ldquo;Sin estas escuelas, la situaci&oacute;n ser&iacute;a mucho peor&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el <strong>norte de Cisjordania</strong>, adem&aacute;s,&nbsp;las incursiones militares israel&iacute;es a gran escala iniciadas a comienzos de 2025 provocaron una de las mayores olas de <strong>desplazamiento&nbsp;forzoso</strong>&nbsp;registradas en el territorio en a&ntilde;os. Miles de familias huyeron de los campamentos de refugiados de&nbsp;Jen&iacute;n,&nbsp;Tulkarem&nbsp;y Nur Shams, dejando atr&aacute;s sus hogares, escuelas y redes comunitarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n estimaciones disponibles, alrededor de <strong>12.000 menores refugiados de Palestina desplazados</strong> viven actualmente en alojamientos temporales en distintas &aacute;reas del norte de Cisjordania, muchos de ellos con acceso limitado a un apoyo educativo constante.&nbsp;Para los ni&ntilde;os que ya afrontan el trauma del desplazamiento, la p&eacute;rdida de continuidad educativa a&ntilde;ade una nueva capa de incertidumbre.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dado que algunas de las escuelas de UNRWA de los campamentos permanecen inaccesibles, los profesionales de la Agencia&nbsp;han gestionado el traslado del alumnado desplazado a otras escuelas de la zona. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n han puesto en marcha el aprendizaje online. Estas medidas han ayudado a evitar una interrupci&oacute;n total&nbsp;de&nbsp;las actividades lectivas, pero las maestras y maestros&nbsp;advierten&nbsp;que el desplazamiento sigue socavando la estabilidad educativa, que era una de las pocas fuentes de estabilidad para los menores refugiados de Palestina.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una generaci&oacute;n en riesgo</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Los desaf&iacute;os que enfrenta hoy la <strong>educaci&oacute;n palestina</strong> no son el resultado de un &uacute;nico acontecimiento.&nbsp;Son el producto de m&uacute;ltiples crisis que se desarrollan simult&aacute;neamente: ataques contra escuelas, restricciones a la movilidad,&nbsp;incursiones&nbsp;militares&nbsp;en campamentos de personas refugiadas de Palestina, desplazamientos, colapso econ&oacute;mico y una creciente inseguridad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todos los desaf&iacute;os, los&nbsp;profesionales educativos&nbsp;siguen ense&ntilde;ando.&nbsp;Los padres siguen enviando a sus hijos a la escuela siempre que es posible.&nbsp;UNRWA&nbsp;siguen intentando mantener abiertas las aulas.&nbsp;Sin embargo, en gran parte de Cisjordania, la educaci&oacute;n se est&aacute; convirtiendo cada vez m&aacute;s en un acto de resistencia.&nbsp;Para miles de ni&ntilde;os palestinos, la pregunta ya no es &uacute;nicamente qu&eacute; aprender&aacute;n en la escuela.&nbsp;La pregunta es si podr&aacute;n llegar a ella.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loai Wazwaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/educacion-presion-cisjordania-afecta-violencia-desplazamiento-aulas_132_13289976.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 11:35:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Educación bajo presión en Cisjordania: cómo afecta la violencia y el desplazamiento en las aulas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los roedores en Gaza están arrasando con el alimento y la ropa de las personas desplazadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/roedores-gaza-arrasando-alimento-ropa-personas-desplazadas_132_13259304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a03e940f-deed-45cb-b834-a51cf8429c32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los roedores en Gaza están arrasando con el alimento y la ropa de las personas desplazadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">UNRWA ha detectado más de 17.000 casos de enfermedades relacionadas con las plagas</p></div><p class="article-text">
        Abeer Murad no ten&iacute;a idea de que, despu&eacute;s del alto el fuego en Gaza, enfrentar&iacute;a una pesadilla de otro tipo. No son&nbsp;misiles, ni agua de lluvia, ni el intenso calor, sino roedores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de perder su hogar, en octubre de 2023, y de haber sido desplazada m&aacute;s de 13 veces debido a las operaciones militares, Murad, de 30 a&ntilde;os,&nbsp;se instal&oacute; en una peque&ntilde;a tienda de campa&ntilde;a en la localidad de Al-Zawayda, en el centro de la&nbsp;franja de Gaza.&nbsp;Lanz&oacute; un&nbsp;mensaje&nbsp;en su p&aacute;gina de Facebook denunciando las miserables condiciones que viven las personas desplazadas en las tiendas debido a una<strong> infestaci&oacute;n</strong> sin precedentes de ratas y comadrejas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fui desplazada muchas veces por todas las zonas de la&nbsp;Franja y cada etapa tuvo sus dificultades, pero quiz&aacute;s ahora estamos viviendo la peor fase. Actualmente enfrentamos una invasi&oacute;n de roedores, ratones y comadrejas, y somos completamente incapaces de lidiar con ello&rdquo;,&nbsp;asegura.&nbsp;&ldquo;En toda nuestra vida nunca hab&iacute;amos visto semejante cantidad de ratones y comadrejas, que se han propagado de forma incre&iacute;ble entre las tiendas de los desplazados&rdquo;, contin&uacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Murad afirma que, aunque los roedores est&aacute;n por todas partes, las tiendas de campa&ntilde;a instaladas en las calles y entre las casas destruidas son las que m&aacute;s sufren estos ataques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gaza&nbsp;sufre&nbsp;una enorme <strong>proliferaci&oacute;n de roedores</strong> debido a la acumulaci&oacute;n de escombros y basura en todas partes. Los intensos bombardeos durante la&nbsp;ofensiva&nbsp;israel&iacute;&nbsp;destruyeron alrededor del 70% de los edificios de la Franja, dejando m&aacute;s de 70 millones de toneladas de escombros en todo el territorio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos empezado a vivir una pesadilla, sintiendo que los ratones y las comadrejas&nbsp;invaden&nbsp;nuestras vidas, nuestra comida y nuestra ropa&rdquo;,&nbsp;se lamenta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque los habitantes de Gaza recurren a comprar grandes cantidades de harina y legumbres para almacenarlas por miedo a una nueva hambruna, las&nbsp;familias&nbsp;desplazadas que&nbsp;sobreviven en tiendas no pueden hacerlo debido a la infestaci&oacute;n de roedores en sus refugios.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Murad afirma que no solo se les ha privado de almacenar alimentos, sino que tambi&eacute;n est&aacute;n perdiendo la poca ropa que lograron comprar a precios&nbsp;desorbitados.&nbsp;&ldquo;Ni siquiera la ropa sobrevivi&oacute; a los ratones. Cuando ya no quedaba comida dentro de la tienda, los ratones empezaron a comerse nuestra ropa y pertenencias. Desafortunadamente, no podremos comprar ropa nueva f&aacute;cilmente debido a la inflaci&oacute;n y a las dif&iacute;ciles condiciones econ&oacute;micas&rdquo;, dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las personas desplazadas en Gaza publican diariamente videos y fotograf&iacute;as de enormes <strong>ratas invadiendo sus tiendas</strong>, mientras permanecen impotentes ante este fen&oacute;meno debido a la falta de materiales para el control de plagas dentro de la Franja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Puedo decir que los roedores se han convertido en criaturas depredadoras y feroces. Para nosotros, dentro de las tiendas, se han vuelto como un monstruo del que deseamos escapar&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;&ldquo;Imaginen que algunos roedores se han vuelto tan agresivos que est&aacute;n devorando las propias tiendas de campa&ntilde;a&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>17.000 infecciones debido a los roedores</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La propagaci&oacute;n de roedores en la Franja no solo ha afectado las condiciones de vida de los desplazados, sino que tambi&eacute;n <strong>ha impactado directamente en su salud</strong> y sus vidas.&nbsp;Decenas de desplazados han reportado lesiones graves causadas por mordeduras de ratones y ratas, incluidos pacientes diab&eacute;ticos cuyos dedos de los pies fueron devorados por ratas sin que se dieran cuenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mismo contexto, UNRWA&nbsp;ha declarado&nbsp;que se han registrado m&aacute;s de <strong>17.000 casos de enfermedades</strong> relacionadas con roedores o ectopar&aacute;sitos entre las personas desplazadas en Gaza. Adem&aacute;s, m&aacute;s del 80% de los lugares de desplazamiento han reportado <strong>infecciones cut&aacute;neas </strong>como sarna, piojos y chinches.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El problema va m&aacute;s all&aacute; del miedo o la incomodidad. Los roedores transmiten peligrosas enfermedades bacterianas como la salmonela y provocan la propagaci&oacute;n de enfermedades cut&aacute;neas y respiratorias, lo que anticipa una cat&aacute;strofe sanitaria en un entorno de desplazamiento hacinado que carece de las m&iacute;nimas condiciones de atenci&oacute;n m&eacute;dica&rdquo;,&nbsp;explica un funcionario municipal de Gaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Franja enfrenta una <strong>grave escasez</strong> de medios para manejar los escombros y los residuos debido a la falta de maquinaria pesada, adem&aacute;s de las restricciones impuestas por Israel a la entrada de materiales para el control de roedores.&nbsp;A pesar de los intentos de los equipos profesionales&nbsp;por enfrentar este fen&oacute;meno, siguen siendo incapaces de controlarlo debido a la magnitud de la tragedia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que estamos presenciando hoy, esta aterradora propagaci&oacute;n de&nbsp;roedores&nbsp;no es solo una crisis pasajera, sino el resultado directo de una destrucci&oacute;n estructural total. La destrucci&oacute;n de las redes de alcantarillado y la acumulaci&oacute;n de m&aacute;s de 25 millones de toneladas de escombros solo en la ciudad de Gaza&rdquo;, contin&uacute;a&nbsp;el funcionario.&nbsp;&ldquo;La acumulaci&oacute;n de <strong>350.000 toneladas de residuos s&oacute;lidos</strong> dentro de los barrios residenciales ha creado &lsquo;ciudades subterr&aacute;neas&rsquo; que proporcionan a las ratas refugios seguros y madrigueras ideales para reproducirse sin control&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n explic&oacute; que el <strong>suministro irregular y escaso de agua,</strong> junto con el enorme <strong>hacinamiento </strong>humano en los centros de refugio, ha convertido estas &aacute;reas en un entorno ideal que atrae a los roedores y acelera su propagaci&oacute;n entre las tiendas y hogares de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Intervenciones menores frente a una gran cat&aacute;strofe</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n&nbsp;el funcionario, las personas desplazadas que viven en tiendas son el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil y las m&aacute;s vulnerables a este peligro. Estas tiendas fueron instaladas por necesidad en &aacute;reas abiertas, a menudo muy cerca de escombros de edificios destruidos, vertederos improvisados y aguas residuales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recibimos constantemente informes de ataques y mordeduras sufridas por personas desplazadas, especialmente ni&ntilde;os mientras duermen dentro de las tiendas, lo que mantiene a las familias en un estado de terror permanente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque Israel ha permitido la entrada limitada de ciertos tipos de pesticidas, la crisis sigue sin resolverse y requiere numerosas intervenciones para combatirla.&nbsp;&ldquo;El principal obst&aacute;culo que enfrentamos es el bloqueo impuesto. El cierre de los pasos fronterizos nos impide completamente introducir los pesticidas y cebos t&oacute;xicos necesarios para combatir adecuadamente el problema&rdquo;, afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La grave <strong>escasez de combustible</strong>, as&iacute; como la falta de aceites y piezas de repuesto, ha provocado la aver&iacute;a de los veh&iacute;culos municipales, sin mencionar que la ocupaci&oacute;n ya destruy&oacute; la gran mayor&iacute;a de la maquinaria pesada y los equipos que el municipio utilizaba para su trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De vuelta a su vida dentro de la tienda, Murad siente terror ante la llegada del verano mientras contin&uacute;a la propagaci&oacute;n de los roedores.&nbsp;&ldquo;Vivir con ratones y comadrejas es aterrador, y ahora, con la llegada del verano, ser&aacute;n a&uacute;n m&aacute;s agresivos y numerosos&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/roedores-gaza-arrasando-alimento-ropa-personas-desplazadas_132_13259304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2026 12:50:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los roedores en Gaza están arrasando con el alimento y la ropa de las personas desplazadas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fatima Ubeid ha sobrevivido a dos Nakbas en Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/fatima-ubeid-sobrevivido-nakbas-gaza_132_13219994.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/893daf66-af6f-4702-9b5d-9338e9253fc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fatima Ubeid ha sobrevivido a dos Nakbas en Gaza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para Fatima Ubeid, el presente no está separado del pasado: “Cada Nakba es distinta. Pero esta es la más dura” </p></div><p class="article-text">
        En un apartamento vac&iacute;o y sin terminar con vistas a cientos de tiendas improvisadas a lo largo de la costa de Gaza, Fatima Ubeid, de 95 a&ntilde;os y superviviente de la&nbsp;<em><strong>Nakba&nbsp;</strong></em>palestina de 1948, se sienta junto a la ventana observando una l&iacute;nea costera que se ha convertido en una interminable escena de desplazamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ubeid, originaria del barrio de&nbsp;Shujaiya, en el este de <strong>Gaza</strong>, ha sido desplazada m&aacute;s de diez veces desde octubre de 2023. Nunca ha podido regresar a lo que queda de su hogar, ahora reducido a escombros y situado dentro de una zona militar de exclusi&oacute;n impuesta&nbsp;por Israel tras el acuerdo de alto el fuego de octubre.&nbsp;Desde el apartamento en el que vive desplazada, contempla a familias instaladas en tiendas a lo largo de la costa. Muchas de ellas proceden de barrios no muy alejados de donde ella viv&iacute;a antes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde que me cas&eacute;, conserv&eacute; casi todo lo que hab&iacute;a comprado y recibido como regalo, incluido mi vestido de novia y la ropa que me dieron para prepararme para el matrimonio. Pero alrededor de ocho d&eacute;cadas despu&eacute;s, todo ha desaparecido&rdquo;,&nbsp;asegura&nbsp;con dolor.&nbsp;&ldquo;Todo estaba en el armario. Cada olla de cobre y cada utensilio de cocina que apreciaba qued&oacute; enterrado bajo los escombros junto con mi casa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n recuerda un par de pendientes que su padre le compr&oacute; cuando se cas&oacute;, en una &eacute;poca en la que apenas hab&iacute;a dinero para ropa o joyas. &ldquo;Mi abuela se neg&oacute; a que los vendiera o los cambiara&rdquo;,&nbsp;cuenta. &ldquo;Me dijo: &lsquo;Tu padre te los compr&oacute;, cons&eacute;rvalos&rsquo;&rdquo;.&nbsp;Al principio se resisti&oacute;, llam&aacute;ndolos &ldquo;pendientes de vieja&rdquo;, pero finalmente&nbsp;los guard&oacute; como recuerdo de su padre. Con los a&ntilde;os compr&oacute; otros pares de pendientes, pero siempre volv&iacute;a a los mismos. &ldquo;Los amo porque son de mi padre&rdquo;, afirma. &ldquo;Por eso nunca me deshice de ellos&rdquo;.&nbsp;Lo &uacute;nico que sobrevivi&oacute; junto a ella durante todos esos a&ntilde;os fue precisamente ese par de pendientes.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dos&nbsp;</strong><em><strong>Nakbas</strong></em><em>&nbsp;</em></h2><p class="article-text">
        La vida de&nbsp;Ubeid&nbsp;abarca dos grandes etapas del desplazamiento palestino: la&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>de 1948 y la guerra actual en Gaza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la&nbsp;<em>Nakba</em>, m&aacute;s de <strong>750.000 palestinos</strong> fueron expulsados por la fuerza de sus pueblos y ciudades, mientras cientos de localidades quedaron despobladas durante la creaci&oacute;n del Estado de Israel. El acontecimiento sigue siendo un momento definitorio en la historia palestina, marcando el inicio de un desplazamiento masivo que contin&uacute;a condicionando vidas hoy en d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unos 78 a&ntilde;os despu&eacute;s, los palestinos en Gaza describen la guerra actual como una continuaci&oacute;n de esa historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n UNRWA, alrededor de <strong>1,9 millones de personas</strong>,&nbsp;aproximadamente el&nbsp;90%&nbsp;de la poblaci&oacute;n de Gaza,&nbsp;han sido desplazadas por la fuerza desde octubre de 2023. Muchas de ellas han sufrido desplazamientos repetidos debido a los continuos bombardeos, las &oacute;rdenes masivas de evacuaci&oacute;n y la destrucci&oacute;n de barrios enteros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ubeid&nbsp;describe este patr&oacute;n a trav&eacute;s de su propia experiencia. &ldquo;Cada&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>se vuelve m&aacute;s dura que la anterior&rdquo;, dice. &ldquo;Esta vez es la m&aacute;s dura de todas&rdquo;.&nbsp;Calcula que unos 70 miembros de su familia extensa murieron en ataques a&eacute;reos israel&iacute;es,&nbsp;que,&nbsp;adem&aacute;s&nbsp;destruyeron sus hogares. Ramas enteras de su familia, asegura, ya no existen.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mis hijos, mis nietos, los hijos de mi hermano, los hijos de mi hija, mi nieta y sus hijos&hellip; todos se han ido&rdquo;.&nbsp;Hace una pausa antes de continuar: &ldquo;A veces me r&iacute;o, y luego me pregunto c&oacute;mo puedo re&iacute;r despu&eacute;s de tanta p&eacute;rdida. Los recuerdo. Por la noche y durante el d&iacute;a&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos traslad&aacute;bamos de un lugar a otro.&nbsp;De escuelas a otros refugios. La mayor parte del tiempo no llev&aacute;bamos nada con nosotros&rdquo;.&nbsp;Durante el primer alto el fuego en 2023, regres&oacute; durante unos d&iacute;as a lo que quedaba de su barrio. Sus pertenencias segu&iacute;an dentro de la casa, pero no se llev&oacute; nada antes de que el alto el fuego&nbsp;fracasara&nbsp;y se reanudaran los bombardeos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos despertamos con la noticia de que la tregua hab&iacute;a terminado y los disparos comenzaron otra vez. Lo dejamos todo&rdquo;.&nbsp;Contin&uacute;a: &ldquo;Cuando huimos, salimos solo con la ropa que llev&aacute;bamos puesta. No hubo tiempo de recoger comida ni objetos personales. No nos llevamos nada. Ni siquiera una botella de agua&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de la guerra, la casa de&nbsp;Ubeid&nbsp;funcionaba como un lugar de encuentro e intercambio. Recuerda cocinar para los vecinos durante bodas y prestar objetos dom&eacute;sticos cuando hac&iacute;a falta. Platos tradicionales como&nbsp;la&nbsp;<em><strong>sumagiyya</strong></em>, un plato originario de la ciudad de Gaza hecho a base de zumaque molido, agua,&nbsp;tahini, acelgas, carne de res y garbanzos,&nbsp;se preparaban para grandes reuniones y su hogar sol&iacute;a estar lleno de&nbsp;vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente ven&iacute;a a pedirme cosas prestadas. Ollas, colchones, platos. Yo les daba lo que necesitaban y luego me lo devolv&iacute;an&rdquo;,&nbsp;recuerda.&nbsp;&ldquo;Conserv&eacute; mis objetos dom&eacute;sticos durante d&eacute;cadas, incluso despu&eacute;s de que envejecieran. Cuando algo se hac&iacute;a viejo, lo guardaba. No soportaba tirarlo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo dej&oacute; de utilizar muchos de esos objetos, pero permanec&iacute;an en la casa como parte de la vida cotidiana y de la memoria.&nbsp;Ahora, dice&nbsp;que&nbsp;todo ha desaparecido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada uno de mis nietos ten&iacute;a una cama y un armario. La casa estaba organizada en torno a una vida familiar que abarcaba generaciones. Eso ya no existe. Como pueden ver, apenas podemos dormir aqu&iacute;&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n de viviendas en Gaza&nbsp;no tiene precedentes.&nbsp;Seg&uacute;n el Centro Satelital de las Naciones Unidas (UNOSAT), hasta octubre de 2025 aproximadamente el <strong>81% de todas las estructuras </strong>de la&nbsp;franja de Gaza hab&iacute;an sido da&ntilde;adas o destruidas, incluidas viviendas, edificios p&uacute;blicos e infraestructuras.&nbsp;Para&nbsp;Ubeid, la p&eacute;rdida no es solo f&iacute;sica. Tambi&eacute;n es la p&eacute;rdida de continuidad, de objetos, rutinas y de una vida familiar construida durante d&eacute;cadas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reflexiona sobre la diferencia entre la&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>que vivi&oacute; en su infancia y la guerra que atraviesa&nbsp;ahora. &ldquo;En&nbsp;la primera&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>fuimos desplazados pocas veces. Pero esta vez han sido m&aacute;s de diez.&nbsp;Nos&nbsp;movimos&nbsp;de un lugar a otro. De aqu&iacute; para all&aacute;, y luego otra vez a otro sitio&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para&nbsp;Ubeid, el presente no est&aacute; separado del pasado. La&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>no es una referencia hist&oacute;rica, sino una continuidad vivida.&nbsp;&ldquo;Cada&nbsp;<em>Nakba&nbsp;</em>es distinta. Pero esta es la m&aacute;s dura&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maha Hussaini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/fatima-ubeid-sobrevivido-nakbas-gaza_132_13219994.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 10:10:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fatima Ubeid ha sobrevivido a dos Nakbas en Gaza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abd al-Salam Odeh, refugiado de Palestina, desplazado en Cisjordania que sobrevive en un viejo vehículo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/abd-salam-odeh-refugiado-palestina-desplazado-cisjordania-sobrevive-viejo-vehiculo_132_13197257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de113726-e74e-48a8-bab7-af82812c6534_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abd al-Salam Odeh, refugiado de Palestina, desplazado en Cisjordania que sobrevive en un viejo vehículo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Ahora, 77 años después, me siento refugiado nuevamente. De un desplazamiento a otro. La tragedia se repite”</p></div><p class="article-text">
        En el marco oxidado de un veh&iacute;culo averiado que no ofrece refugio contra el abrasador calor del verano ni contra el fr&iacute;o intenso del invierno, Abd al-Salam Odeh, un <strong>refugiado de Palestina</strong> del campamento de refugiados de <strong>Tulkarem</strong>, se ha visto obligado a reconstruir su vida junto a su esposa. Con solo unas pocas pertenencias b&aacute;sicas y tras perderlo todo, convirti&oacute; una furgoneta averiada en un fr&aacute;gil hogar.
    </p><p class="article-text">
        Su historia no es &uacute;nica. En los &uacute;ltimos meses, las operaciones militares israel&iacute;es en los campamentos de personas refugiadas del norte de Cisjordania han desplazado a cerca de <strong>40.000 personas</strong>, lo que supone el mayor desplazamiento forzado de poblaci&oacute;n refugiada de Palestina desde la guerra de 1967, seg&uacute;n UNRWA.
    </p><p class="article-text">
        Odeh relata con visible tristeza c&oacute;mo termin&oacute; en <em>Izbat Abu Yassin</em>, una peque&ntilde;a zona en el l&iacute;mite de la ciudad de Iktaba en la gobernaci&oacute;n de Tulkarem: &ldquo;Nos vimos obligados a abandonar nuestros hogares. La ocupaci&oacute;n israel&iacute; nos expuls&oacute;. No ten&iacute;a dinero para alquilar una casa y no pod&iacute;a quedarme mucho tiempo con familiares o amigos. As&iacute; que convert&iacute; esta furgoneta averiada en un refugio para mi esposa y para m&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Dentro del veh&iacute;culo, la escena es austera. Un colch&oacute;n, dos almohadas, algunas prendas de ropa, un ventilador y algunos libros que Odeh sigue leyendo para escapar de la dureza de la realidad. &ldquo;No quiero esta vida, pero no tuve otra opci&oacute;n&rdquo;, asegura. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso en medio de sus dificultades, Odeh se resiste a pedir ayuda abiertamente. Cuando se le pregunta por sus necesidades, simplemente suspira y dice: &ldquo;Quejarse con alguien que no sea Dios es humillaci&oacute;n. Solo pedimos al mundo que abra los ojos ante lo que nos est&aacute; pasando. Estamos desplazados, privados de necesidades b&aacute;sicas, incapaces de vivir una vida normal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Su historia refleja el sufrimiento de miles de personas. En los &uacute;ltimos meses, las fuerzas israel&iacute;es demolieron completamente centenares de hogares y da&ntilde;aron otros miles, en los campamentos de refugiados de Tulkarem y Nur Shams. El campamento de Nur Shams estuvo bajo un asedio continuo durante varias semanas consecutivas. 
    </p><p class="article-text">
        Las operaciones militares han incluido redadas, arrestos y represi&oacute;n violenta contra los residentes, forzando a <strong>m&aacute;s de 4.000 familias</strong> a abandonar sus hogares. Muchas de ellas, a&uacute;n no han podido regresar tras meses de desplazamiento y sobreviven en condiciones terribles y sin acceso a servicios esenciales.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una historia de desplazamientos</strong></h2><p class="article-text">
        El sufrimiento actual de Odeh es parte de una historia m&aacute;s larga de exilio. Su familia es originaria del pueblo de Khirish, cerca de Kafr Qasim. Tuvieron que abandonar sus tierras durante la <strong>Nakba de 1948</strong>, cuando muchos palestinos fueron expulsados de sus hogares. Como muchos otros, se reubicaron en el campamento de refugiados de Tulkarem. &ldquo;Ahora, 77 a&ntilde;os despu&eacute;s, me siento refugiado nuevamente. De un desplazamiento a otro. La tragedia se repite&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Reflexiona sobre el camino que lo llev&oacute; a su situaci&oacute;n actual: &ldquo;Al inicio de la incursi&oacute;n israel&iacute; en el campamento de Tulkarem en febrero de 2025, me mov&iacute; de un lugar a otro, primero con familiares y luego con amigos. Pero se volvi&oacute; imposible quedarse. La privacidad es dif&iacute;cil, las familias est&aacute;n hacinadas y los costos del alquiler son alt&iacute;simos. Construir un nuevo hogar est&aacute; fuera de toda imaginaci&oacute;n. No hay trabajos, no hay ingresos. No me qued&oacute; nada m&aacute;s que esto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de sus dificultades, las palabras de Odeh est&aacute;n llenas de resiliencia: &ldquo;Todos pueden ver lo que nos est&aacute; pasando [...] Pedimos el fin de las muertes, las demoliciones y los desplazamientos. Un d&iacute;a, pase lo que pase, volveremos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde su refugio improvisado, Odeh simboliza tanto el dolor personal del desplazamiento como el trauma colectivo de un pueblo que, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, sigue siendo arrancado de sus hogares.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Loai Wazwaz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/abd-salam-odeh-refugiado-palestina-desplazado-cisjordania-sobrevive-viejo-vehiculo_132_13197257.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 15:15:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abd al-Salam Odeh, refugiado de Palestina, desplazado en Cisjordania que sobrevive en un viejo vehículo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huyendo del sur de Líbano: refugiados de Palestina en mitad de la violencia otra vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/huyendo-sur-libano-refugiados-palestina-mitad-violencia-vez_132_13179346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8c41b3f-a298-4a20-9c6b-4e4c000ea37d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Huyendo del sur de Líbano: refugiados de Palestina en mitad de la violencia otra vez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No quiero que mis hijas pasen su infancia desplazándose de un lugar a otro. Quiero que vivan su infancia como todos los demás niños del mundo"</p></div><p class="article-text">
        Ha pasado m&aacute;s de un mes desde que se intensific&oacute; el <strong>conflicto en&nbsp;L&iacute;bano</strong>&nbsp;y, a pesar del fr&aacute;gil <strong>alto el fuego</strong>,&nbsp;miles de personas desplazadas a&uacute;n no han podido regresar a sus hogares, incluidas muchas refugiadas y refugiados de Palestina, que viv&iacute;an en campamentos en el sur del pa&iacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabrine&nbsp;Bishtawe&nbsp;es&nbsp;una madre&nbsp;<strong>refugiada de Palestina</strong>&nbsp;de 35 a&ntilde;os con dos hijas,&nbsp;que&nbsp;se vio obligada a huir de su hogar ubicado en el sur&nbsp;de L&iacute;bano, muy cerca del campamento de El&nbsp;Buss, en mitad de la oscuridad de la noche. &ldquo;Empaquet&eacute; lo que pude antes de trasladarme a las 4:00 p.m. a la casa de mis padres en el campamento de Burj&nbsp;Barajneh&rdquo;, explica. El problema fue que este campamento estaba muy cerca de&nbsp;Dahyeh, uno de los principales objetivos de ataques del ej&eacute;rcito israel&iacute;, por lo que&nbsp;Sabrine, sus hijas y su madre tuvieron que desplazarse a un lugar m&aacute;s seguro.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un par de d&iacute;as despu&eacute;s, nos desplazamos al norte&nbsp;de L&iacute;bano, al campamento de&nbsp;Nahr&nbsp;El-Bared, donde UNRWA estaba abriendo un refugio para acoger a personas desplazadas&rdquo;.&nbsp;En los refugios de la Agencia se albergan&nbsp;cientos&nbsp;de personas de distintas nacionalidades, donde&nbsp;se les&nbsp;proporciona&nbsp;adem&aacute;s de refugio, alimentos, colchones, almohadas o kits de higiene.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabrine&nbsp;tuvo que&nbsp;huir&nbsp;dos veces para que sus hijas pudieran alejarse de los aterradores sonidos de los bombardeos.&nbsp;Aunque ahora han encontrado cierta seguridad, tiene que tranquilizarlas cada d&iacute;a y explicarles&nbsp;que ahora est&aacute;n a salvo y fuera de peligro. &ldquo;Mis dos hijas&nbsp;ya se hab&iacute;an quedado traumatizadas el a&ntilde;o pasado, por las&nbsp;bombas y los ruidos que escuchaban todo el tiempo mientras&nbsp;est&aacute;bamos&nbsp;en el sur. Y este a&ntilde;o otra vez&rdquo;, cuenta&nbsp;angustiada.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las hijas de&nbsp;Sabrine&nbsp;ahora contin&uacute;an su <strong>educaci&oacute;n y aprendizaje en l&iacute;nea</strong> con el apoyo de sus profesores, ya que los servicios educativos de UNRWA se reanudaron el pasado 16 de marzo. &ldquo;Mis hijas ahora pueden distraerse de todas las noticias que escuchan a su alrededor, mientras se concentran en sus clases remotas y en sus tareas de aprendizaje&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El <strong>personal educativo de UNRWA</strong> y los orientadores escolares tambi&eacute;n est&aacute;n llevando a cabo diferentes actividades de apoyo psicosocial para ayudar a&nbsp;los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as&nbsp;refugiados de Palestina desplazados y que se han enfrentado a situaciones terribles en las &uacute;ltimas semanas.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Servicios sanitarios para refugiados en Palestina</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Afortunadamente, aqu&iacute; en el campamento de&nbsp;Nahr&nbsp;El-Bared&nbsp;podemos acceder a servicios esenciales de salud, gracias a la cl&iacute;nica de UNRWA. Mi madre tambi&eacute;n&nbsp;pudo obtener sus medicamentos en la farmacia de la Agencia, aqu&iacute; mismo, en el campamento&rdquo;, cuenta agradecida y con alivio&nbsp;Sabrine.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En medio de la terrible situaci&oacute;n de inseguridad,&nbsp;<strong>26&nbsp;centros de salud de UNRWA est&aacute;n operativos</strong> en diferentes zonas&nbsp;de L&iacute;bano.&nbsp;Adem&aacute;s, muchas personas refugiadas de Palestina que contin&uacute;an en la zona de Tiro, por el sur, reciben servicios de atenci&oacute;n primaria a trav&eacute;s de equipos de salud familiar de la Agencia. Estos equipos son fundamentales para cuidar la salud de la poblaci&oacute;n refugiada de Palestina y se van rotando dentro de los tres campamentos de la zona, para llegar a todas las personas que lo necesitan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esperamos que todo esto termine para poder regresar a nuestros campamentos y hogares. Queremos vivir con seguridad junto a nuestros vecinos. No quiero que mis hijas pasen su infancia desplaz&aacute;ndose de un lugar a otro por la guerra. Quiero que vivan su infancia como todos los dem&aacute;s ni&ntilde;os del mundo, porque merecemos vivir y merecemos la paz&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Farah Fahed]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/huyendo-sur-libano-refugiados-palestina-mitad-violencia-vez_132_13179346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 14:03:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Huyendo del sur de Líbano: refugiados de Palestina en mitad de la violencia otra vez]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En mitad del infierno en Gaza, los libros han sostenido la esperanza de Fathi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/mitad-infierno-gaza-libros-han-sostenido-esperanza-fathi_132_13163926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8fe14262-1a1d-473e-b8bc-9c3098fdd5a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En mitad del infierno en Gaza, los libros han sostenido la esperanza de Fathi"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cientos de miles de libros han sido destruidos en la Franja por los bombardeos a bibliotecas o centros culturales desde octubre de 2023</p></div><p class="article-text">
        Mari&nbsp;Fathi&nbsp;no ten&iacute;a idea de que su pasi&oacute;n por la lectura&nbsp;ser&iacute;a&nbsp;un&nbsp;alivio al inmenso sufrimiento&nbsp;al que se enfrent&oacute;&nbsp;durante los dos a&ntilde;os de ofensiva israel&iacute; en la Franja. Con&nbsp;26 a&ntilde;os y&nbsp;con una larga trayectoria como&nbsp;periodista, se vio obligada&nbsp;a huir&nbsp;con su familia de su hogar en Tal al-Hawa, al sur de la ciudad de Gaza, el 13 de octubre de 2023. Esto ocurri&oacute; tras las primeras &oacute;rdenes de desplazamiento emitidas por el ej&eacute;rcito israel&iacute;&nbsp;en&nbsp;la ciudad de Gaza y&nbsp;en&nbsp;la gobernaci&oacute;n del norte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como casi un mill&oacute;n de personas desplazadas obligadas a&nbsp;desplazarse&nbsp;hacia el sur,&nbsp;Fathi&nbsp;se dirigi&oacute; a&nbsp;Rafah.&nbsp;&ldquo;Aquel d&iacute;a, cuando lleg&oacute; el momento decisivo de partir, camin&eacute; con&nbsp;pesar&nbsp;hacia mi habitaci&oacute;n. Sin pensar, me encontr&eacute; de pie frente a mi biblioteca&rdquo;,&nbsp;recuerda.&nbsp;&ldquo;De las decenas de libros que hab&iacute;a pasado toda mi vida recopilando con esmero, solo pude llevarme uno: una colecci&oacute;n de <strong>poemas de Ibrahim&nbsp;Tuqan</strong>&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A medida que los bombardeos se intensificaban y el ciclo de &oacute;rdenes de desplazamiento se ampliaba,&nbsp;el sufrimiento iba en aumento.&nbsp;Consigui&oacute; apoyarse en la lectura para calmar su mente. Esto fue posible&nbsp;gracias a algunos amigos de fuera de Gaza, a quienes les ped&iacute;a libros electr&oacute;nicos e historias digitales&nbsp;que le enviaban por&nbsp;aplicaciones de mensajer&iacute;a.&nbsp;&ldquo;Ten&iacute;a que caminar largas distancias solo para encontrar una conexi&oacute;n a&nbsp;internet. Mi principal objetivo era encontrar algo de consuelo&nbsp;a mi dolor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mitad del desplazamiento,&nbsp;Fathi&nbsp;echaba&nbsp;de menos su hogar y su biblioteca. &ldquo;Sol&iacute;a pedir a familiares que se quedaron en la ciudad de&nbsp;Gaza que revisaran mi casa y se aseguraran de que mis libros estuvieran a salvo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fathi&nbsp;se vio obligada a desplazarse nuevamente, traslad&aacute;ndose de&nbsp;Rafah&nbsp;a un campamento en&nbsp;Mawasi.&nbsp;Sobreviv&iacute;a en una tienda de campa&ntilde;a y en mitad de la desesperaci&oacute;n, un&nbsp;d&iacute;a sali&oacute; a caminar. &ldquo;Fue la primera vez que&nbsp;sent&iacute; algo de alegr&iacute;a&nbsp;desde que comenz&oacute; la guerra&rdquo;, cuenta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una acera, un ni&ntilde;o de no m&aacute;s de diez a&ntilde;os hab&iacute;a extendido una tela azul en el suelo, exhibiendo decenas de libros usados y revistas antiguas.&nbsp;La joven&nbsp;no pudo contenerse y corri&oacute; hacia esa escena.&nbsp;&ldquo;Momentos antes estaba llorando por la crueldad de nuestras vidas, pero mis l&aacute;grimas de tristeza se transformaron en l&aacute;grimas de&nbsp;emoci&oacute;n&nbsp;al ver aquello&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Sin embargo,&nbsp;al regresar, se dio cuenta de que los libros que acababa de&nbsp;tener entre sus manos&nbsp;proced&iacute;an&nbsp;de bibliotecas escolares,&nbsp;que&nbsp;se&nbsp;hab&iacute;an&nbsp;convertido en refugios para&nbsp;familias&nbsp;desplazadas&nbsp;por la violencia.&nbsp;&ldquo;Sent&iacute; una profunda tristeza por los ni&ntilde;os de Gaza. En lugar de estar en las aulas y disfrutar de los libros en su tiempo libre,&nbsp;se&nbsp;hab&iacute;an&nbsp;quedado sin hogar, viv&iacute;an&nbsp;en refugios y privados de educaci&oacute;n&rdquo;,&nbsp;explica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 15 de enero de 2025 se anunci&oacute; un alto el fuego, que llev&oacute; a la retirada del ej&eacute;rcito israel&iacute; del&nbsp;eje&nbsp;de&nbsp;Netzarim, que hab&iacute;a dividido Gaza en dos. Esto permiti&oacute; a los desplazados regresar al norte a pie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese regreso era&nbsp;el sue&ntilde;o al que&nbsp;Fathi&nbsp;se aferr&oacute; durante los meses de&nbsp;violencia y desplazamiento.&nbsp;Su hogar fue el primer lugar que visit&oacute;, desesperada por ver qu&eacute; quedaba de &eacute;l.&nbsp;&ldquo;Me par&eacute; frente a mi biblioteca y encontr&eacute; algunos libros desaparecidos, otros deteriorados y muchos arruinados por el agua de lluvia que se filtraba a trav&eacute;s de las paredes destruidas. Volv&iacute; a ellos como un extra&ntilde;o que regresa a su familia tras un largo y agotador viaje o un duro encarcelamiento&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la tregua termin&oacute; y las operaciones militares se reanudaron con fuerza,&nbsp;Fathi&nbsp;volvi&oacute; a desplazarse, desde la ciudad de Gaza hacia el sur.&nbsp;Otra vez, ante el sufrimiento del desplazamiento&nbsp;forzoso, intent&oacute;&nbsp;tener una v&iacute;a de escape en&nbsp;sus libros. Hasta que, en octubre de 2025&nbsp;cuando se declar&oacute; el alto el fuego, pudo regresar definitivamente a su hogar.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una guerra sistem&aacute;tica contra la cultura</strong>&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n en Gaza ha provocado graves <strong>p&eacute;rdidas culturales</strong>. Las bibliotecas p&uacute;blicas, como la&nbsp;Biblioteca Municipal de Gaza,&nbsp;la mayor de la Franja, han sido destruidas y con ellas la posibilidad de acceder de manera&nbsp;libre y constante&nbsp;a los libros&nbsp;y la cultura.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;M&aacute;s de 100.000 libros que abarcaban campos cient&iacute;ficos, literarios y culturales fueron destruidos cuando la Biblioteca Municipal en el centro de la ciudad de Gaza fue bombardeada al inicio de la guerra&rdquo;, afirma Hosni&nbsp;Muhanna, portavoz del municipio de Gaza.&nbsp;Esta biblioteca no fue la &uacute;nica v&iacute;ctima.&nbsp;El ej&eacute;rcito israel&iacute; tambi&eacute;n bombarde&oacute; el Centro Cultural Rashad al-Shawa&nbsp;y destruy&oacute; bibliotecas universitarias en toda la Franja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muhanna&nbsp;cree que el ataque a las bibliotecas est&aacute; lejos de ser aleatorio,&nbsp;lo considera una pol&iacute;tica sistem&aacute;tica para <strong>desmantelar la infraestructura cultural y educativa de Gaza</strong>.&nbsp;&ldquo;El objetivo es claro: marginar a la poblaci&oacute;n y obstaculizar su progreso intelectual y cultural&rdquo;, a&ntilde;ade&nbsp;Muhanna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos momentos, el municipio de Gaza est&aacute; desbordado&nbsp;por&nbsp;problemas&nbsp;cr&iacute;ticos&nbsp;de supervivencia diaria de la poblaci&oacute;n, la gesti&oacute;n de residuos&nbsp;o&nbsp;la limpieza de escombros.&nbsp;Muchas personas como&nbsp;Fathi&nbsp;sue&ntilde;an con que alg&uacute;n d&iacute;a&nbsp;puedan dejar de preocuparse por la mera supervivencia y&nbsp;se&nbsp;puedan reconstruir las bibliotecas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto,&nbsp;contin&uacute;a pasando las p&aacute;ginas de sus libros en lo que queda de su hogar, con la&nbsp;convicci&oacute;n de que&nbsp;restaurar las bibliotecas no se trata solo de reconstruir piedra,&nbsp;es una lucha por recuperar el derecho de Gaza a leer&nbsp;y a vivir.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nada Nabil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/unrwa/mitad-infierno-gaza-libros-han-sostenido-esperanza-fathi_132_13163926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 14:47:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En mitad del infierno en Gaza, los libros han sostenido la esperanza de Fathi]]></media:title>
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