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    <title><![CDATA[elDiario.es - Leer el presente]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Leer el presente]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Entre la ficción crítica y la crítica ficticia: una lectura de 'Too late' de Mario Aznar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/ficcion-critica-critica-ficticia-lectura-too-late-mario-aznar_132_9317363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c51b4c5f-ed20-4437-ab2e-45364e1d70be_16-9-discover-aspect-ratio_default_1056243.jpg" width="721" height="405" alt="Mario Aznar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La base de este 'Too late' es una conversación que, como queda aclarado en la nota final, mantuvo el crítico murciano con Vila-Matas en el verano de 2018</p></div><p class="article-text">
        Una tesis doctoral es un libro que se tarda mucho tiempo en escribir, que da mil quebraderos de cabeza al autor, ya que suele recoger su inter&eacute;s por un tema que a veces lleva a la obsesi&oacute;n, pero que nadie lee. Se trata, en la mayor&iacute;a de los casos, de un ejercicio onanista que acaba siendo placentero para el nuevo doctor y que le ense&ntilde;a con la pr&aacute;ctica c&oacute;mo investigar para posteriores derroteros, pero que suele aportar bien poco a la comunidad cient&iacute;fica. Frente a esta pr&aacute;ctica ausencia de lectores de un g&eacute;nero tan farragoso, academicista y normativizado como este, muchos autores optan por publicar obras algo m&aacute;s accesibles que resuman las conclusiones a las que se ha llegado tras el arduo trabajo de investigaci&oacute;n. Ante esta situaci&oacute;n debi&oacute; encontrarse Mario Aznar, autor de una tesis doctoral sobre la crisis del lenguaje y el g&eacute;nero de la ficci&oacute;n cr&iacute;tica en la obra de Jorge Luis Borges y Enrique Vila-Matas. La respuesta a la eterna pregunta que todo doctor se hace, y que el joven cr&iacute;tico murciano se debi&oacute; plantear, &iquest;c&oacute;mo demonios conseguir que la gente lea mi tesis?, es este <em>Too late</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos, pues, ante un libro que parte de una investigaci&oacute;n que, suponemos, fue larga y extenuante para el autor y que le llev&oacute; a escribir ese mamotreto (todos lo son) que es su tesis doctoral. Este punto de partida puede hacer poco atractiva la lectura de esta obra, sin embargo, Aznar convierte su ensayo, en concreto la parte dedicada a Vila-Matas, en una ficci&oacute;n (cr&iacute;tica). La base de este <em>Too late</em> es una conversaci&oacute;n que, como queda aclarado en la nota final, mantuvo el cr&iacute;tico murciano con Vila-Matas en el verano de 2018. Las respuestas del autor de <em>Doctor Pasavento</em> ser&iacute;an el n&uacute;cleo (real) de este libro, en torno al cual Aznar construye un original&iacute;simo acercamiento a la obra de Vila-Matas desde dos perspectivas que se confunden a lo largo de las p&aacute;ginas de <em>Too late</em>: la cr&iacute;tica y la ficci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Too late&#039; de Mario Aznar                            </span>
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        El autor se ha convertido en un especialista en la obra del escritor barcelon&eacute;s, como demostr&oacute;, adem&aacute;s de con su tesis, con la edici&oacute;n de <em>Imp&oacute;n tu suerte</em> (2018), libro de Vila-Matas al que puso notas y pr&oacute;logo. Estamos, por lo tanto, ante alguien que conoce perfectamente su heterog&eacute;nea y rompedora trayectoria literaria, la misma que le ha llevado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas a ser un autor primero incomprendido, despu&eacute;s admirado (especialmente en Europa) y finalmente imitado. Aznar posee un profundo conocimiento sobre el autor y lo muestra especialmente en las preguntas, que a menudo son tan reflexivas como las propias respuestas y que escapan del mero y anodino cuestionario.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si valioso es el aparato te&oacute;rico que sustenta el libro, el verdadero hallazgo de Aznar es incorporar sus palabras y las del escritor barcelon&eacute;s en una ficci&oacute;n. Consigue, en primer lugar, hacer un libro m&aacute;s atractivo que la mayor&iacute;a de los ensayos acad&eacute;micos y, sobre todo, realizar un homenaje al propio Vila-Matas, ya que la historia ficticia bien podr&iacute;a estar firmada por &eacute;l mismo. Y es que encontramos en ella algunas de sus marcas como la confusi&oacute;n con la identidad del autor, las referencias a otras obras literarias, la inclusi&oacute;n de autores como personajes de ficci&oacute;n o la creaci&oacute;n de un protagonista, un cr&iacute;tico que vive en N&aacute;poles en un futuro en el que el ecologismo impide coger aviones y el tacto del pl&aacute;stico es un nost&aacute;lgico recuerdo, muy vilamatasiano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Basilio Pujante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/ficcion-critica-critica-ficticia-lectura-too-late-mario-aznar_132_9317363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Sep 2022 08:49:52 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Sobre un diccionario del amor en el Gran Apagón (o multirreseña en posdata)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/diccionario-amor-gran-apagon-multirresena-posdata_132_9259659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/906e5da1-2514-4fad-86bf-d394bec8e0f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre un diccionario del amor en el Gran Apagón (o multirreseña en posdata)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En esta suerte de diccionario, pero como mandan los cánones de lo que se ensaya, ni el principio ni el fin, ni la presencia ni la ausencia, ni el amor ni el odio, son verdaderamente antónimos, del mismo modo como cada fragmento, en realidad, no es sino una parte fractal del todo"</p></div><p class="article-text">
        <em>El libro de todos los amores</em>: con este t&iacute;tulo se presenta a s&iacute; misma la &uacute;ltima obra de Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo (1967), publicada por Seix Barral a principios de 2022, un t&iacute;tulo que no parece tal sino el reducid&iacute;simo resumen que quiere decirlo todo de un libro que, tambi&eacute;n &eacute;l, pretende escribirlo todo sobre el amor o, mejor, sobre los diferentes amores, si es que no existe el singular para esa palabra-sentimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Este libro se presenta con pretensi&oacute;n de diccionario, de diccionario exhaustivo o total, con sus correspondientes entradas, o algo que se le parece pues, en realidad, se encuentran tras la definici&oacute;n de turno: el cat&aacute;logo o glosario va desde <em>amor silencio</em> hasta <em>amor navaja, amor estad&iacute;stica, amor asim&eacute;trico, amor independencia, amor paquete, amor contra el lenguaje, amor no autoamor, Amor Internet Profundo, amor orgasmo r&aacute;pido a la antigua</em>, etc. Pero esta obra tambi&eacute;n posee otra peculiaridad, que no es solo la tem&aacute;tica, sino la propiamente estructural: con esa especie de entradas enciclop&eacute;dicas, que llegan cuando y como tienen que llegar (o sea, sin orden ni concierto) como fragmentos ensay&iacute;sticos que son (en los que se reflexiona sobre cualquier cuesti&oacute;n que, claro, acaba desembocando en la del amor), se alterna un misterioso di&aacute;logo entre Ella y &Eacute;l (que viven su particular amor en un momento y en un lugar por determinar que, con todo, no andan lejos del G&eacute;nesis); a su vez, cada una de las cuatro partes del libro, compuestas de esos microdi&aacute;logos y esos microensayos, viene seguida de una especie de anexo, titulado &ldquo;Venecia&rdquo;, que alberga una <em>tradicional</em> aunque discontinua historia entre un hombre y una mujer (que comparten, claro, su amor pero, en este caso, en unas coordenadas m&aacute;s concretas, pr&oacute;ximas a nuestros d&iacute;as y en Venecia, aunque mucho se aproximen, por su parte, al Apocalipsis). En esta suerte de diccionario, pero como mandan los c&aacute;nones de lo que se ensaya, ni el principio ni el fin, ni la presencia ni la ausencia, ni el amor ni el odio, son verdaderamente ant&oacute;nimos, del mismo modo como cada fragmento, en realidad, no es sino una parte fractal del todo. 
    </p><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda y el hallazgo de la singularidad, tanto en lo tem&aacute;tico y argumental como en lo t&eacute;cnico y formal, es marca de la casa de un escritor como Fern&aacute;ndez Mallo a estas alturas de su trayectoria, cuando a&uacute;n se le conoce (a pesar de los pesares de m&aacute;s de uno despu&eacute;s de m&aacute;s de quince a&ntilde;os) como el f&iacute;sico escritor, como el autor del experimento tril&oacute;gico de <em>Nocilla</em> o como ese autor ahora <em>mainstream</em> que sali&oacute; de una editorial <em>underground</em>. Las cimas que ha coronado, de alg&uacute;n modo, hacen que esta &uacute;ltima publicaci&oacute;n descanse en una no desestimable llanura. 
    </p><p class="article-text">
        Ya que su obra en general no baja la guardia de la originalidad en ninguno de esos frentes, esta obra en particular no puede considerarse menos particular, precisamente, por tratar un tema en apariencia omitido en la trayectoria de este escritor como es el amor; o, si se prefiere, la amorosa era una cuesti&oacute;n que, de tan ausente en sus obras, resulta ser omnipresente y acaba aflorando de forma omnipotente. De hecho, tal como confirma el autor, en ese sentido iba la observaci&oacute;n que ha servido de acicate para este &uacute;ltimo texto y que se le apunt&oacute; al hilo de su celebrada obra anterior, <em>Trilog&iacute;a de la guerra</em> (Premio Biblioteca Breve en 2018).
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                &#039;El libro de todos los amores&#039; de Agustín Fernández Mallo                            </span>
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        Si la guerra danza con el amor, aunque sea de forma silenciosa, furtiva, el&iacute;ptica, en el baile o vaiv&eacute;n ofrecido por <em>El libro de todos los amores</em> nuestro tema protagonista contar&aacute; con unos acompa&ntilde;antes que, ciertamente, podr&iacute;an resultar extra&ntilde;os para este motivo-sentimiento, pero no para los lectores de Fern&aacute;ndez Mallo: la f&iacute;sica e internet, los objetos y la basura, la m&uacute;sica y el silencio, todo ello rodeado de un aura de poes&iacute;a y ensayo, g&eacute;neros que tambi&eacute;n ha cultivado el escritor en otros tantos libros (como <em>Carne de p&iacute;xel</em> o <em>Teor&iacute;a general de la basura</em>, respectivamente), pero siempre desde lo h&iacute;brido, lo l&uacute;dico, lo culto, lo transmedial, forzando los l&iacute;mites de la escritura y la (meta)ficci&oacute;n &ndash;al modo vilamatasiano, especialmente dentro del mundo ficcional que aqu&iacute; coprotagoniza la mujer escritora en Venecia junto a su pasivo marido ante la inminencia del Gran Apag&oacute;n&ndash;. A t&iacute;tulo de ejemplo de todo ello, con sus contradicciones y paradojas, podr&iacute;an valer estas l&iacute;neas <em>er&oacute;ticas</em> de un fragmento ensay&iacute;stico, seguido de otro dial&oacute;gico, extra&iacute;das del inicio del libro (p&aacute;g. 32): 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Contradictoria naturaleza que s&oacute;lo puede responder al hecho de que el amor &ndash;y con toda la pasi&oacute;n y terror que por necesidad arrastra&ndash; no sea una cosa m&aacute;s que est&aacute; <em>en</em> el mundo, no sea un elemento m&aacute;s de una tabla peri&oacute;dica de experiencias que vamos inventariando, sino que se corresponda con la urdimbre y el sustrato de cuanto conocemos. El amor lo contiene todo, y eso incluye tambi&eacute;n el lugar donde asombrosamente mezclados y careciendo ya de toda importancia se confunden lo verdadero y lo falso. <em>(Amor sustrato)</em>
    </p><p class="article-text">
        Ella le dijo: 
    </p><p class="article-text">
        No me hago a la idea de c&oacute;mo un libro puede hablar y o&iacute;rse dentro de quien lo lee. Un libro es mudo, silencio del bosque convertido en otro bosque de silencio. En todos estos a&ntilde;os en este valle no he o&iacute;do un solo libro.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l le dijo: 
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; has le&iacute;do: el m&aacute;s extenso y arcano libro jam&aacute;s escrito, nuestro sexo. Maleza que cada amanecer se agita sin viento. Nos habla dentro.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Ya se sabe, sobre el amor muchos han escrito (de una larga lista que pasa a engrosar Fern&aacute;ndez Mallo) y sobre el amor otros tantos hemos le&iacute;do, conocedores de la teor&iacute;a que a menudo erramos en su pr&aacute;ctica. Si es que de un libro o de un diccionario se puede aprender algo, especialmente ante el eterno retorno del Apocalipsis o del Gran Apag&oacute;n (nunca mejor dicho), apliqu&eacute;monos el cuento o las advertencias incluidas al inicio de <em>El libro de todos los amores</em>, las de la cita de Anne Carson y la dedicatoria: cuidado con mirar las formas verdaderas y no ver el p&aacute;jaro, pues el amor es eterno, porque simplemente es, es aqu&iacute; y ahora, es presente, como el que nos gusta leer en esta secci&oacute;n reservada al oasis de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        PD. La que suscribe puede prometer y promete que su &uacute;ltima pila veraniega de libros, como pr&aacute;cticamente todos los a&ntilde;os, no se ha regido por otro criterio que el propio de la estaci&oacute;n del calor: procurar hacer aquello de lo que toca privarse en otros momentos menos ociosos, y hacerlo sin reloj, por antojo. Pero, ya se sabe, los caminos de la literatura son inescrutables. Y es que, cuando esta rese&ntilde;a es acabada y apartada para su correspondiente reposo, inicio otra lectura al azar, aunque animada por esa voz que no para de repetirme que no puedo demorarla (y con raz&oacute;n): <em>Los Modlin</em>, de Paco G&oacute;mez (Fracaso Books, 2013), esa historia contada tras encontrar tiradas en la basura de una calle madrile&ntilde;a, a&ntilde;os antes, fotos de esa extra&ntilde;a familia norteamericana a la que vamos conociendo conforme el autor va compartiendo los avatares de su paulatino descubrimiento a trav&eacute;s de entrevistas y averiguaciones. Pues resulta que uno de los entrevistados no fue otro que Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo (recu&eacute;rdese, &ldquo;el te&oacute;rico de la basura&rdquo;), cuyo testimonio podemos leer en esas p&aacute;ginas: &ldquo;La casualidad existe y se manifiesta m&aacute;s a menudo de lo que pensamos. Estamos educados en una mente newtoniana muy racionalista y creemos que todo efecto tiene que tener una causa clara. Pero esta teor&iacute;a de la realidad no se invent&oacute; hasta el siglo XX, y fue porque tanto la ciencia, como la pol&iacute;tica y la sociolog&iacute;a no ten&iacute;an otra manera de explicar nuestra vida&rdquo;. El f&iacute;sico escritor no pod&iacute;a dar otra explicaci&oacute;n al hallazgo de ese jugoso tesoro&hellip; si es que no estaba explicando lo que les sucede a las lecturas de verano. Porque la que suscribe puede prometer y promete que, cuando se decide a hacerle hueco a esa lectura encadenada y deja reposar la rese&ntilde;a con posdata, se produce otra extra&ntilde;a coincidencia cuando abro el siguiente libro: los <em>Ensayos cr&iacute;ticos</em> (1964) de Roland Barthes, que hab&iacute;a decidido rescatar este verano, decisi&oacute;n que no hab&iacute;a compartido ni con quien a mi vera a veces lee, que casualmente ten&iacute;a en su mont&oacute;n estival los <em>Fragmentos de un discurso amoroso</em> (1977); sin m&aacute;s, decido adue&ntilde;arme de ese libro, cuyas palabras introductorias directamente parecen remitirme a <em>El libro de todos los amores</em>: &ldquo;La necesidad de este libro se sustenta en la consideraci&oacute;n siguiente: el discurso amoroso es hoy <em>de una extrema soledad</em>. Es un discurso tal vez hablado por miles de personas (&iquest;qui&eacute;n lo sabe?), pero al que nadie sostiene; est&aacute; completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o ignorado, o despreciado, o escarnecido por ellos, separado no solamente del poder sino tambi&eacute;n de sus mecanismos (ciencias, conocimientos, artes). Cuando un discurso es de tal modo arrastrado por su propia fuerza en la deriva de lo inactual, deportado fuera de toda gregariedad, no le queda m&aacute;s que ser el lugar, por exiguo que sea, de una <em>afirmaci&oacute;n</em>. Esta afirmaci&oacute;n es, en suma, el tema del libro que comienza&rdquo;. Solo entonces me decido a hurgar entre otras rese&ntilde;as publicadas a prop&oacute;sito del &uacute;ltimo libro de Fern&aacute;ndez Mallo, y <em>ecco!</em>: en una de ellas se propone el paralelismo entre ambas obras, aunque en una entrevista el autor afirme que en absoluto se trata de una referencia o inspiraci&oacute;n directa. Lo sea o no, lo cierto es que su obra m&aacute;s reciente, en efecto, no es sino un discurso en soledad, pero un discurso afirmativo, aun casi medio siglo despu&eacute;s. Y, cuando la que suscribe se puede prometer y se promete a s&iacute; misma ponerle el punto final a la rese&ntilde;a, no se resiste a abrir las primeras p&aacute;ginas (y llegar hasta las &uacute;ltimas) de lo &uacute;ltimo de Am&eacute;lie Nothomb, <em>Sed</em>, una suerte de mon&oacute;logo interior que emana de quien se ha tenido como la encarnaci&oacute;n de Dios y del amor en la Tierra a partir del que se ha considerado como el libro de todos los libros: Jesucristo y la Biblia. &iquest;Y alguien puede vaticinar qu&eacute; libro desaf&iacute;a ahora para ser abierto inmediatamente, mientras se cierne la duda de si se debe dejar descansar la rese&ntilde;a antes de enviarla de una vez? Uno de Anne Carson que, solo ahora me doy cuenta, es la autora de la cita introductoria de <em>El libro de todos los amores</em>. A riesgo de que alguna errata se cuele y de que otra referencia, en cambio, se olvide, las rese&ntilde;as, como incluso el verano m&aacute;s feliz, han de tener un fin, y que se lo digan a los lectores, a los que seguramente les ha pasado algo parecido yendo de libro en libro. As&iacute; pues, que sea lo que la casualidad, o la literatura, quiera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Pujante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/diccionario-amor-gran-apagon-multirresena-posdata_132_9259659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Aug 2022 16:14:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre un diccionario del amor en el Gran Apagón (o multirreseña en posdata)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar con los muertos: sobre 'Ouija' de Raciel Quirino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hablar-muertos-ouija-raciel-quirino_132_9247680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0063e7b6-2d81-49fe-a047-34b64df4e2b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar con los muertos: sobre &#039;Ouija&#039; de Raciel Quirino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Preguntas que también nos repetimos hasta la saciedad, en otro plano existencial, y que han hecho millonarios a Mr. Wonderful y tantos otros.</p></div><p class="article-text">
        Hablar con los muertos. Hablar con los muertos como un juego. Pensar que los muertos saben qu&eacute; es la muerte es como pensar que los vivos sabemos qu&eacute; es la vida. Sobre la vida nos preguntamos mientras estamos en ella. Y solos nos hacemos preguntas, porque somos islas rodeadas de incertidumbres que nos sobrepasan.
    </p><p class="article-text">
        Raciel Qurino ha estructurado esas preguntas a la luz incandescente de una <em>Ouija</em>. Pues qu&eacute; es una ouija sino un almac&eacute;n infinito de preguntas sin respuestas. Preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. Solos o en coloquio con los muertos que nos rodean, los que llevamos siempre con nosotros, de la mano. Esos muertos que forman parte de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y resulta un libro de estructura impecable: nos dejamos atrapar por la trama de dicha estructura, en la que, quien porta el vaso, hace las preguntas obligatorias, las de manual de toda la vida, las t&iacute;picas preguntas del cat&aacute;logo de las ouijas a las que todos hemos recurrido alguna vez, cuando hemos jugado a creer en el m&aacute;s all&aacute;. La ouija, como todo lo que nos comunica con la muerte, hay que tom&aacute;rsela a juego. Como la literatura, tambi&eacute;n. Un juego. Un juego de preguntas sin respuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Quirino nos mete de cabeza en el juego. &iquest;Es el poema la respuesta a esa pregunta institucional? &iquest;Es el poeta quien responde a esas preguntas o es alguien del m&aacute;s all&aacute;? Aqu&iacute; comienza el juego: no podemos saberlo. Nos enfrentamos a esas respuestas sin saber qui&eacute;n las pone sobre el tapete.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Ouija&#039; de Raciel Quirino                            </span>
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        En esa habitaci&oacute;n solo est&aacute; el poeta. No hay nadie m&aacute;s. Y el di&aacute;logo que se encarna ah&iacute;, en ese momento, puede rozar lo sobrenatural. El poeta siempre lleva una ouija a mano para ir buscando respuestas que llevar al papel en blanco.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Eres realmente quien dices ser? Esa es otra pregunta de manual de los buenos usos de la ouija. Y por Pessoa ya sabemos desde hace casi un siglo que el poeta, como los muertos, nos enga&ntilde;a, porque es un fraude. Como el muerto que habla: otro fraude. Y el poeta escribe para ser alguien en vida, para mantener la llama de la fama que se puso tan de moda hace cuatro mil a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; extra&ntilde;as de esta vida?, le pregunta Quirino a la ouija o al poeta que ve al otro lado del espejo. Ese misterio que soporta el libro no lo vamos a descifrar. Es irrelevante saber qui&eacute;n responde a esas preguntas realmente. La clave del libro est&aacute; en que nosotros, como lectores, tambi&eacute;n respondemos a esas preguntas. Antes de leer la respuesta, respondemos por nosotros mismos. Nos miramos en el espejo que hay en toda ouija y nos respondemos, sabiendo que si escuchamos las respuestas es porque todav&iacute;a no estamos muertos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y d&oacute;nde van los esp&iacute;ritus cuando la casa que habitan es demolida? Al poema. A la mochila que llevar&aacute; el poeta de esos muertos que dijimos que le acompa&ntilde;ar&iacute;an. Porque cuando perdemos la inocencia solo nos queda ser demonios que arrastran o trasportan muertos. Para un poeta, la ouija es su cuaderno, y con el l&aacute;piz o la pluma vamos creando figuras para hacerles preguntas sin respuestas al m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La primera parte, la magia negra, termina con la ideal del fin del mundo. Porque a los muertos les hacemos las mismas id&eacute;nticas preguntas que les hac&iacute;amos cuando estaban en vida, aun sabiendo que todav&iacute;a no han aprendido a contestarlas. Aun sabiendo que, si nos dan la respuesta que no queremos escuchar, no aceptaremos, como anta&ntilde;o en vida, sus respuestas.
    </p><p class="article-text">
        La segunda parte, la magia blanca, se inicia con una cita de la misma poeta que abr&iacute;a el cat&aacute;logo de la magia negra. En el fondo, para un ser de luz tenemos las mismas preguntas. Porque tenemos las mismas preguntas para todo. Porque los poetas somos muy cansinos y desde que sabemos que hay un m&aacute;s all&aacute; (o, peor a&uacute;n, sabemos que no lo hay) nos obcecamos en comprender la muerte, olvid&aacute;ndonos en muchos casos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Las preguntas de la magia blanca que van respondi&eacute;ndose en esta parte son las t&iacute;picas preguntas de consultorio de revista que hab&iacute;a en los 80, cuando un escritor en n&oacute;mina, o un becario ten&iacute;a que rellenar dos p&aacute;ginas con preguntas asombrosas que ped&iacute;an a gritos historias desconcertantes con extracci&oacute;n de moraleja. &iquest;Hay algo que necesite saber para vivir mejor? &iquest;C&oacute;mo puedo mejorar mi relaci&oacute;n con los dem&aacute;s? &iquest;Hay alguien que quiera hacerme da&ntilde;o?
    </p><p class="article-text">
        Preguntas que tambi&eacute;n nos repetimos hasta la saciedad, en otro plano existencial, y que han hecho millonarios a Mr. Wonderful y tantos otros.
    </p><p class="article-text">
        Estas preguntas, sin embargo, nos duelen m&aacute;s, nos hieren m&aacute;s. Son preguntas que no vienen del &eacute;ter, que est&aacute;n en la tierra. Preguntas que masticamos todos los d&iacute;as, con sabor a yeso o mamposter&iacute;a. Enfrentarnos a preguntas como &iquest;puedo confiar en la gente que me rodea?, o &iquest;estoy con la persona correcta? contienen m&aacute;s peligros y miedos que las precedentes.
    </p><p class="article-text">
        Y Quirino no nos propone ninguna respuesta. No nos muestra su cat&aacute;logo, consciente de que, como hemos dicho anteriormente, primero contestaremos a la pregunta, y m&aacute;s tarde nos abocaremos al poema-respuesta. 
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Quirino es que si le aplicamos poes&iacute;a a esas preguntas es probable que podamos ver y entender la vida y la muerte como un s&iacute; y un no dentro de un juego en el que todos jugamos por primera vez sin haberle hecho mucho caso a las reglas del juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hablar-muertos-ouija-raciel-quirino_132_9247680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Aug 2022 16:28:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hablar con los muertos: sobre 'Ouija' de Raciel Quirino]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hogar: nace, crece, ama, muere, sobre 'Hogar', de Jorge García Torrego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hogar-nace-crece-ama-muere-hogar-jorge-garcia-torrego_132_9206357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fed2bf82-0c0b-4068-8bf3-0b9315f2ea49_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hogar: nace, crece, ama, muere, sobre &#039;Hogar&#039;, de Jorge García Torrego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque 'Hogar' construye una relación en todas sus etapas, Torrego escribe los poemas desde un futuro que ya ha perdido el vínculo con la persona amada. Por eso, los cimientos de esta casa nacen siendo ya barro para el lector, que advierte una grave melancolía y dolor desde los primeros versos.</p></div><p class="article-text">
        Una casa no es un hogar si no hay un alma. No es <em>hogar</em> un muro; no una mesa de camilla en la que el brasero calienta; no biblioteca repleta si sus manos no rozan, uno a uno y con nostalgia, los lomos de los libros. El hogar es su presencia, su mirada perdida a la hora del desayuno, el 'olvidas las llaves', la voz elevada cuando se discute...
    </p><p class="article-text">
        Todo eso es hogar. As&iacute; lo cree Jorge Garc&iacute;a Torrego, un poeta que ha dedicado a ese no-lugar lleno de vida, no est&aacute;tico, que evoluciona con cualquier historia de amor, sus &uacute;ltimos poemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escribe Juan Bonilla en el pr&oacute;logo de <em>Hogar</em>, que Torrego ha autoeditado tras tener 4 libros en las estanter&iacute;as: &laquo;Jorge G. Torrego ha escrito un libro de amor-desamor con el hogar en el centro, el hogar como ideal de un amor&raquo;. Por eso, en los versos del libro el lector construye junto al poeta muros que son an&eacute;cdotas, historias, momentos... Y viste habitaciones con un mobiliario de gestos y sensaciones... Una obra &ndash;arquitect&oacute;nica, digamos&ndash; que nace con el primer impulso del amor; se desarrolla, toma asiento, en la plenitud del mismo, y se derrumba cuando ella, la protagonista real del libro, cierra la puerta por &uacute;ltima vez.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">De dolor son estos muros</h3><p class="article-text">
        Aunque <em>Hogar </em>construye una relaci&oacute;n en todas sus etapas, Torrego escribe los poemas desde un futuro que ya ha perdido el v&iacute;nculo con la persona amada. Por eso, los cimientos de esta casa nacen siendo ya barro para el lector, que advierte una grave melancol&iacute;a y dolor desde los primeros versos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando el poeta escribe &laquo;S&eacute; que no est&aacute;s, / pero creo en tu vuelta como creen las hormigas en las panader&iacute;as&raquo;, &eacute;l ya sabe &ndash;y t&uacute; tambi&eacute;n lo sabes&ndash; que esa creencia es hueca como algunos de los cristos sobre el cabecero de las habitaciones de matrimonio.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &#039;Hogar&#039; de Jorge García Torrego                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Con ese tono a despedida, el autor, que viene del mundo de la poes&iacute;a urbana, las poetry slams, va desmenuzando su historia en cuatro tiempos, como las cuatro estaciones de un a&ntilde;o de amor, como el 'nacer, creer, amar, morir' que lo determina todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El libro&raquo;, incide Bonilla en esta idea, &laquo;a poco que el lector se le arrime lo suficiente como para volverlo espejo, lograr&aacute; que el suelo tiemble un poco bajo nuestros pies&raquo;. Basta con leer este poema:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Navega tu cuerpo el hijo que no pudimos,
    </p><p class="article-text">
        animal sin c&aacute;scara y manos busc&aacute;ndote.
    </p><p class="article-text">
        Se toca la piel y encuentra tus besos en una cama vac&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        la mitad del cuerpo no sabe correr
    </p><p class="article-text">
        imposible agarrar su sombra.
    </p><p class="article-text">
        Te baila un cerezo en la tripa,
    </p><p class="article-text">
        hacia dentro te abres caminos
    </p><p class="article-text">
        y en el bosque talado hay un co&aacute;gulo ni&ntilde;o pintando su silueta.
    </p><p class="article-text">
        La canci&oacute;n del viento riendo tu espiral
    </p><p class="article-text">
        alguien se acerca y yo me muero de letras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una pel&iacute;cula a la que no te quieres asomar
    </p><p class="article-text">
        Construido el hogar, vienen las comidas con largas sobremesas, los d&iacute;as de limpieza, las 'peli y manta' de los domingos. Es precisamente esto &uacute;ltimo lo que Garc&iacute;a Torrego pretende en este libro de poemas: se tumba el escritor en su casa &ndash;ya no hogar&ndash; vac&iacute;a y pulsa por primera vez el <em>play</em> de su propia biograf&iacute;a. Un drama surge desde los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito: el del final del amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como si el poeta no quisiera asomarse a su propia pel&iacute;cula, los poemas de <em>Hogar</em> a veces eluden su voz de un modo extra&ntilde;o: est&aacute; pero no es &eacute;l; es otro hombre, m&aacute;s feliz seguro, indudablemente vital, el que viv&iacute;a aquellas escenas que se narran con una voz amarga. Un poeta que ama lo que am&oacute; y lo revive. Para construir la ilusi&oacute;n de un hogar, de una casa habitada:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como primavera quiero esta casa,
    </p><p class="article-text">
        que no pare de brotar,
    </p><p class="article-text">
        que los inviernos de sus ramas se hundan,
    </p><p class="article-text">
        la dureza,
    </p><p class="article-text">
        la piel frente al fr&iacute;o agoniza.
    </p><p class="article-text">
        Que las ramas de esta casa nos abracen,
    </p><p class="article-text">
        las ramas de la casa al sol,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        de la casa con la boca abierta,
    </p><p class="article-text">
        refugio de amigos y vuelos.
    </p><p class="article-text">
        Quiero que nuestro hogar sea verde,
    </p><p class="article-text">
        que las ganas de cielo nos alimenten,
    </p><p class="article-text">
        que nos den fuerza para el invierno,
    </p><p class="article-text">
        a nosotros,
    </p><p class="article-text">
        las ramas del mismo &aacute;rbol. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/hogar-nace-crece-ama-muere-hogar-jorge-garcia-torrego_132_9206357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Jul 2022 08:56:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un hogar: nace, crece, ama, muere, sobre 'Hogar', de Jorge García Torrego]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El otro 'Cuéntame': sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas', de María Dolores G. Rozalén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuentame-dia-acabaron-cosquillas-maria-dolores-g-rozalen_132_9081561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8bfc9fc1-e5df-4919-bedf-353f20c428e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El otro &#039;Cuéntame&#039;: sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas&#039;, de María Dolores G. Rozalén"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante toda esta crudeza (recopilemos: trastornos mentales, fervor religioso, alcoholismo, abuso físico y psicológico, palabras y temas prohibidos) los niños sólo disponían de un recurso para salir adelante: su imaginación</p></div><p class="article-text">
        De unos a&ntilde;os a esta parte nos est&aacute;n intentando convencer de que los 80 fueron una maravillosa, casi m&aacute;gica, &eacute;poca de cambio, luz y modernidad. El disparador de esta falacia fue el popular libro 'Yo fui a E.G.B.', al que han seguido incontables suced&aacute;neos de marca blanca, y la defensa por los grandes medios y sus mediocres columnistas del r&eacute;gimen del 78 y la mal llamada transici&oacute;n, que mantuvo a la misma polic&iacute;a, el mismo ej&eacute;rcito, los mismos jueces, algunos pol&iacute;ticos en el Congreso y la misma estructura religioso-familiar. Al hablar de los 80, estas obras seudoliterarias nos recuerdan (como si fuera algo bueno) los asfixiantes viajes a la playa en un Seat 127, el popular juego de luces Sim&oacute;n, la caja de magia Borr&aacute;s y los &aacute;lbumes de cromos de superh&eacute;roes, futbolistas, autom&oacute;viles, etc&hellip; y los columnistas a sueldo de Florentino y c&iacute;a. que, con un solo sueldo, el del padre, se ten&iacute;a pagada la casita (olvidan, por lo que sea, comentar a qu&eacute; hora sal&iacute;a el padre por la ma&ntilde;ana y volv&iacute;a por la noche, de lunes a s&aacute;bado).
    </p><p class="article-text">
        Dolo Rozal&eacute;n pone el dedo en la llaga para recordarnos que hubo m&aacute;s sombras que luces en aquella &eacute;poca. Y se sit&uacute;a en la llaga m&aacute;s dolorosa de todas las que componen dicha &eacute;poca: la infancia. Comentar, antes de seguir, que en ning&uacute;n momento se dan fechas en el libro, pero la menci&oacute;n a Barrio S&eacute;samo, jugar al escondite, la porci&oacute;n de Comtessa como postre en las comuniones, las familias de 30 primos, la Biodramina antes del viaje por la comarcal llena de curvas, el Pryca y un popular postre rosa tan peque&ntilde;o que recomendaban tomarlo de dos en dos dejan bien claro que nos situamos en los primeros ochenta (al menos yo, que soy del 78, no he tenido problema en ubicarme en las primeras p&aacute;ginas).
    </p><p class="article-text">
        La obra, que puede verse como un libro de relatos o como una novela (no sigue el canon comienzo-nudo-desenlace, pero la ni&ntilde;a y su familia (no se dan nombres) bien podr&iacute;an ser las mismas en todos los cap&iacute;tulos), aborda temas como la ausencia de la madre (la del padre se daba por hecha y nadie la criticaba), el fanatismo religioso, los abusos f&iacute;sicos y los tab&uacute;es antes los que se tapaban ojos y o&iacute;dos a los ni&ntilde;os: c&aacute;ncer, SIDA, muerte, sexo&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;El día que se acabaron las cosquillas&#039;                            </span>
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        Son muchas las cicatrices que esta lectura ha reabierto en el arriba firmante. Como la protagonista de los relatos, un servidor llor&oacute; horas y horas escondido debajo de una cama sabiendo que no quer&iacute;a vivir, incluso sin llegar a tener muy claro qu&eacute; era la muerte; como la protagonista, supe que tuve una hermana mayor que muri&oacute; porque me lo dijeron mis otros hermanos: mis padres jam&aacute;s hablaron de ella, pero la del 1 de noviembre era la ma&ntilde;ana m&aacute;s larga del a&ntilde;o, un suplicio mirando una piedra con el nombre de mi abuelo y una mujer a la que no conoc&iacute;a (pero llevaba mis apellidos) sabiendo que si hac&iacute;a el m&aacute;s m&iacute;nimo sonido me llevaba una paliza; como la protagonista, crec&iacute; bajo la sombra de una madre depresiva cr&oacute;nica que jam&aacute;s se trat&oacute; (por entonces ir al psiquiatra era poco menos que estar &ldquo;embrujada&rdquo;) y un padre, varios t&iacute;os y primos e incluso un hermano mayor alcoh&oacute;licoa (curiosamente, esto estaba socialmente aceptado, como la ludopat&iacute;a).
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las heridas abiertas, el texto de Dolo Rozal&eacute;n me ha ayudado a revisar algunos recuerdos desde otra perspectiva. Por ejemplo, cuando mi madre me mandaba a comprar el pan sin dinero (&ldquo;las dos barras de la se&ntilde;ora Maruja, luego viene ella a pagar&rdquo;). Ahora no s&eacute; si en realidad no quer&iacute;a cambiar un billete grande para eso o, sencillamente, era final de mes y no hab&iacute;a dinero. Tambi&eacute;n la importante figura del abuelo, que en la obra es la cara &ldquo;simp&aacute;tica&rdquo; de la historia por sus comentarios y chascarrillos, pero que en otros casos (el m&iacute;o, por seguir con la identificaci&oacute;n hacia el texto) es la persona a la que debemos el haber podido estudiar, pues fue quien convenci&oacute; a mi madre de que las mujeres ya iban a la universidad (mi madre pretend&iacute;a que mis hermanas se casaran &ldquo;bien&rdquo; y que los hermanos entr&aacute;ramos de aprendices en los astilleros o hici&eacute;ramos carrera militar; mi padre no pod&iacute;a opinar porque nunca estaba).
    </p><p class="article-text">
        Ante toda esta crudeza (recopilemos: trastornos mentales, fervor religioso, alcoholismo, abuso f&iacute;sico y psicol&oacute;gico, palabras y temas prohibidos) los ni&ntilde;os s&oacute;lo dispon&iacute;an de un recurso para salir adelante: su imaginaci&oacute;n. No, en todas las casas no hab&iacute;a Reyes Magos, ni un entretenido Autocross con su volante y su cambio de velocidades, ni un Quiminova ni un Electro-L; algunos, como la protagonista del libro, no ten&iacute;an ni un pijama, y heredar con burdos remiendos la ropa del hermano mayor estaba a la orden del d&iacute;a. Y aquellos ni&ntilde;os que exprimieron hasta el l&iacute;mite su imaginaci&oacute;n para sobrevivir siguen adelante hoy gracias a ella, borrando el lastre que no quieren recordar o, directamente, inventando finales alternativos que han logrado grabar a fuego sobre los originales.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la imaginaci&oacute;n quedaba otra salida, la m&aacute;s habitual: la resignaci&oacute;n. A muy temprana edad ya sab&iacute;amos que era cuesti&oacute;n de aguantar la tormenta estudiando hasta encontrar un trabajo y salir huyendo de aquel infierno de miradas, rosarios, silencios&hellip; y algo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esto fueron los 80 para muchos ni&ntilde;os. Dolo Rozal&eacute;n lo sabe y da voz a esa generaci&oacute;n a la que yo tambi&eacute;n pertenezco. Y si usted, querido lector, piensa que exageramos, deje de ver 'Cachitos', deje de idealizar 'La bola de cristal' (era los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana, hab&iacute;a 6 d&iacute;as y medio m&aacute;s cada semana), cierre 'Yo fui a E.G.B.' y hable con quienes lo vivimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sánchez Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cuentame-dia-acabaron-cosquillas-maria-dolores-g-rozalen_132_9081561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jun 2022 09:20:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El otro 'Cuéntame': sobre ‘El día que se acabaron las cosquillas', de María Dolores G. Rozalén]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica de la Murcia republicana:  sobre 'Guerra Civil en Murcia' de Carmen González Martínez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cronica-murcia-republicana-guerra-civil-murcia-carmen-gonzalez-martinez_132_9046918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c37c356-33bf-4a5c-b1eb-e7a7fdb6fd4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica de la Murcia republicana:  sobre &#039;Guerra Civil en Murcia&#039; de Carmen González Martínez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Murcia, en plena guerra, se convirtió en una zona de recepción de refugiados que venían de provincias limítrofes que estaban viviendo los estragos del avance cruento de las tropas africanistas, ejemplo claro fueron los refugiados que provenían de Málaga y Almería, que habían sobrevivido a la 'desbandá'</p></div><p class="article-text">
        El Gobierno de la Segunda Rep&uacute;blica a trav&eacute;s del Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica distribuy&oacute; un cartel que dec&iacute;a 'Leed Historia, combatiendo la ignorancia derrotar&eacute;is al fascismo'. Sobre la Historia contempor&aacute;nea de Espa&ntilde;a pesa la f&eacute;rrea sombra de la dictadura. No me malinterpret&eacute;is, desde hace d&eacute;cadas las historiadoras e historiadores que trabajan la Espa&ntilde;a Contempor&aacute;nea han hecho una gran labor de renovaci&oacute;n metodol&oacute;gica e historiogr&aacute;fica. Han abordado desde los inicios de la transici&oacute;n a la democracia temas espinosos como fue la propia dictadura y su institucionalizaci&oacute;n, la Segunda Rep&uacute;blica y la Guerra Civil de forma precisa. Haciendo una labor de trabajo de fuentes m&uacute;ltiples, tanto documentales como fuentes orales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero vivimos tiempos convulsos, donde el revisionismo y los discursos pol&iacute;ticos excluyentes y nost&aacute;lgicos de la dictadura llevan tiempo minando el trabajo cient&iacute;fico en pro de ganar un relato sobre el pasado, que construyen en el manique&iacute;smo, la equidistancia sobre el conflicto civil y la dictadura posterior, con el objetivo de ganar a la opini&oacute;n p&uacute;blica y moldear el pensamiento colectivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es por ello vital la obra, que ahora se reedita, de Carmen Gonz&aacute;lez Mart&iacute;nez, quien realiz&oacute; una de las primeras aproximaciones a c&oacute;mo se desarroll&oacute; la Guerra Civil en la Regi&oacute;n de Murcia. Esta investigaci&oacute;n que fue publicada inicialmente en 1999, ahora ha sido reeditada por Edit.um.
    </p><p class="article-text">
        En ella Carmen Gonz&aacute;lez hace un an&aacute;lisis meticuloso de c&oacute;mo se organiz&oacute; el poder en Murcia desde el golpe de Estado. La Murcia republicana se organiz&oacute; a trav&eacute;s de sus fuerzas pol&iacute;ticas y sindicales afines al gobierno leg&iacute;timo republicano, donde las mismas tuvieron un papel fundamental en la reconstrucci&oacute;n del poder tras el vac&iacute;o resultante tras el golpe. Originales fueron las experiencias de control y colectivizaci&oacute;n de la industria y el comercio, as&iacute; como la creaci&oacute;n de cooperativas, siendo fundamentales las experiencias desarrolladas en Yecla, Jumilla o Lorqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La condici&oacute;n de zona de retaguardia durante la guerra marc&oacute; a la sociedad murciana que cont&oacute; con organizaciones como la Consejer&iacute;a Provincial de Abastos que procur&oacute; el abastecimiento y la organizaci&oacute;n de la actividad comercial. Pero, adem&aacute;s, Murcia en plena guerra se convirti&oacute; en una zona de recepci&oacute;n de refugiados que ven&iacute;an de provincias lim&iacute;trofes que estaban viviendo los estragos del avance cruento de las tropas africanistas, ejemplo claro fueron los refugiados que proven&iacute;an de M&aacute;laga y Almer&iacute;a, que hab&iacute;an sobrevivido a la 'desband&aacute;', el ataque a civiles por parte del bando sublevado el 8 de febrero de 1937, tras la entrada en M&aacute;laga. Miles de refugiados que hu&iacute;an hacia Almer&iacute;a fueron atacados, causando la muerte a entre 3.000 y 4.000 civiles. El esfuerzo que hicieron las autoridades murcianas fue muy importante en una situaci&oacute;n que fue constante, ya que en enero de 1938 la llegada de refugiados de Teruel intensific&oacute; esta crisis humanitaria. Ante esto distintas organizaciones humanitarias como Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), Socorro Rojo Internacional (SRI) y la organizaci&oacute;n de Mujeres Antifascistas (AMA) intervinieron como ayuda, tanto a los refugiados como a la entrega de v&iacute;veres y ropas para el frente o el apoyo a los hospitales de retaguardia, como el de las Brigadas Internacionales, ubicado en el actual campus de la Merced.
    </p><p class="article-text">
        La exhaustiva obra de Carmen Gonz&aacute;lez aborda las formas de violencia y represi&oacute;n en el contexto de guerra. Desde la violencia incontrolada inicial hasta el momento en el que se crea todo el aparato judicial de la Rep&uacute;blica en guerra con los Tribunales Populares. Siempre teniendo como base el uso sistem&aacute;tico de fuentes documentales, como la Causa General, que da cuenta de la capacidad de an&aacute;lisis con el trato de los datos en contraste con otras fuentes y el respaldo en obras de investigaci&oacute;n reconocidas.
    </p><p class="article-text">
        La posibilidad que brinda esta obra es conocer como la sociedad murciana supo organizarse, ser solidaria en pleno conflicto civil, manteniendo valores de antifascismo, solidaridad y ayuda mutua. Los esfuerzos realizados durante estos a&ntilde;os tuvo la contestaci&oacute;n implacable del sistema de represi&oacute;n de la dictadura que conden&oacute; a miles de ellos a la c&aacute;rcel, el exilio, la muerte, la depuraci&oacute;n laboral o la incautaci&oacute;n de todos sus bienes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, sin lugar a dudas, la ense&ntilde;anza m&aacute;s valiosa de la obra de Carmen Gonz&aacute;lez es la valent&iacute;a de acercarse a la Guerra civil en Murcia sin prejuicios ni discursos aprehendidos. La Historia es necesaria porque nos abre los ojos y nos permite ver y pensar por nosotros mismos. Esa es la Historia que construye. Es la Historia que recoge esta obra. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Gracia Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cronica-murcia-republicana-guerra-civil-murcia-carmen-gonzalez-martinez_132_9046918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jun 2022 11:12:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Crónica de la Murcia republicana:  sobre 'Guerra Civil en Murcia' de Carmen González Martínez]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El collage de cada cual:  una lectura de ‘50 Estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos’ de Ezequiel Zaidenwerg]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/collage-lectura-50-estados-13-poetas-contemporaneos-estados-unidos-ezequiel-zaidenwerg_132_9038926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0aac9fe5-339c-478a-9626-1bc372506492_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El collage de cada cual:  una lectura de ‘50 Estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos’ de Ezequiel Zaidenwerg"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La raigambre literaria de 50 Estados, al menos la más obvia, incluye a los narradores interpuestos, al cervantino Caballero de los Espejos, a Fernando Pessoa y, cómo no, a Jorge Luis Borges</p></div><p class="article-text">
        Ay madre, qu&eacute; libro m&aacute;s bonito. S&iacute;, claro, ahora desarrollo. Pero dejadme empezar diciendo esto. Repiti&eacute;ndolo. Ay. Madre. Qu&eacute; libro m&aacute;s bonito. Una hermosura que desde luego no tiene nada de simpleza. <em>50 Estados</em> es un artefacto de tecnolog&iacute;a literaria punta: heteronimia, autoficci&oacute;n, cruce de g&eacute;neros, traducci&oacute;n imperfecta, novela dispersa, cr&iacute;tica de obra imaginaria, <em>roman &agrave; clef</em>, autor&iacute;a difusa&hellip; sin embargo, al desembarcar de la obra, no importa hasta qu&eacute; punto sea el lector capaz de profundizar en la complejidad de los mecanismos que acaban de tener lugar. La emoci&oacute;n que predomina es la de querer creer. En Joe y en Amy. En Caitlin. En John 8A. En los trece. O m&aacute;s bien en los 14 y -sobre todo- en Rashida.
    </p><p class="article-text">
        Ay-madre-qu&eacute;-libro-m&aacute;s-bonito tambi&eacute;n, aun a riesgo de hacerme pesado, por lo que tiene de objeto, por lo que recuerda a esas cajas de tesoros en las que -de ni&ntilde;os- guard&aacute;bamos postales, dibujos, medallas de lat&oacute;n, alfiles perdidos. Por esa especie de cinta de M&ouml;bius y esas palabras flotantes y dispersas de la portada. Por reunir a dos de nuestras editoriales favoritas del mundo mundial: Fulgencio Pimentel y Kriller71, ah&iacute; es nada. Porque todo te dice que dentro hay aventura y porque, en efecto, la hay.
    </p><p class="article-text">
        Confieso que antes de llegar a <em>50 Estados </em>no conoc&iacute;a de nada a Ezequiel Zaidenwerg, cosa que mis amigos poetas consideran una especie de sacrilegio. Este autor, traductor, tallerista y cr&iacute;tico argentino se ha hecho un hueco en la literatura en espa&ntilde;ol desde la blogosfera, las redes sociales y su propia e hiperactiva web. Sus traducciones de poes&iacute;a contempor&aacute;nea norteamericana -ha llegado a traducir y compartir un poema al d&iacute;a durante largas temporadas- le han ganado un nombre en nuestra literaesfera, si bien Zaidenwerg vive y trabaja en Brooklyn, ense&ntilde;ando letras. He llegado tarde como suelo a Ezequiel Zaidenwerg, pero creo que es una buena noticia para su libro, y responde en parte y para bien una pregunta fundamental: &iquest;es <em>50 Estados</em> un libro exclusivamente para poetas y friquis de la poes&iacute;a norteamericana contempor&aacute;nea? La respuesta es un no rotundo. El amor y la curiosidad por la poes&iacute;a actual no es un prerrequisito, sino una consecuencia. En gran parte, y no me importa que esto suene parad&oacute;jico, <em>50 Estados</em> es un libro ideal para no iniciados. Una puerta de entrada a la poes&iacute;a del presente. Como una buena antolog&iacute;a <em>de verdad</em>, solo que mejor.
    </p><p class="article-text">
        Por varios motivos: el principal que los poemas que contiene no son solo <em>veros&iacute;miles</em>, sino tambi&eacute;n, casi sin excepci&oacute;n, maravillosos. Un prisma que da cabida a las principales tendencias de la poes&iacute;a anglosajona, sus aventuras formales, sus tics ideol&oacute;gicos (en un sentido amplio), su mirada hacia el p&uacute;blico, su inter&eacute;s por las voces de las minor&iacute;as, sus filias y sus fobias. Pero sobre todo una colecci&oacute;n de poes&iacute;a excepcional y necesariamente diversa. Y hay m&aacute;s razones: que la n&oacute;mina de poetas antologados tiene personalidades individuales y vidas <em>posibles</em> en las que se nos permite entrar (entrar dentr&iacute;simo, como solo la poes&iacute;a puede facilitar) gracias a sus poemas y sus respuestas a las preguntas de Ezequiel, que en este punto de su obra ha diluido su autor&iacute;a para compartirla con unos cuantos poetas norteamericanos de su generaci&oacute;n (por consejo, parece, de Sergio Chejfec). Que un cuestionario muy sencillo y repetido abre la puerta, por fin, a un amplio collage lleno de vida por el que transitan personajes, po&eacute;ticas, peripecias compartidas, experimentos formales y vitales, trampas y escotillas.
    </p><p class="article-text">
        La palabra que, si me hab&eacute;is le&iacute;do hasta aqu&iacute; pero a&uacute;n no la obra, os ha aparecido en la mente es, seguramente, <em>intertextualidad</em>. Un texto es, tambi&eacute;n, la relaci&oacute;n que establece con todos los dem&aacute;s. En uno de los pasajes m&aacute;s alucinantes de <em>50 Estados</em>, el poema <em>Declaraci&oacute;n de Independencia</em>, de Taylor Moore, el texto se restringe al l&eacute;xico del documento fundacional de los Estados Unidos para contarnos una historia -una toma de posici&oacute;n- sobre el poder y la masculinidad en la era Trump. Un mecanismo que recuerda a <em>Archivo Dickinson</em>, de Mar&iacute;a Negroni (donde la poeta trabaja con el lexic&oacute;n de Emily Dickinson), y en general a una preocupaci&oacute;n mayor de la literatura contempor&aacute;nea: la diluci&oacute;n del yo autor.
    </p><p class="article-text">
        La raigambre literaria de <em>50 Estados</em>, al menos la m&aacute;s obvia, incluye a los narradores interpuestos, al cervantino Caballero de los Espejos, a Fernando Pessoa y, c&oacute;mo no, a Jorge Luis Borges, que ya plantea, desde el idealismo, esta porosidad del yo literario. A Menard, personaje de Borges, se le puede sumar Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, que con su reescritura de <em>El hacedor</em> consigui&oacute; poner en cuesti&oacute;n -secuestro de la publicaci&oacute;n mediante- hasta las implicaciones legales de la intertextualidad. Sin embargo, creo que el trabajo de Zaidenwerg supera estos planteamientos y lleva el juego de heter&oacute;nimos hasta una perspectiva incluso pol&iacute;tica. Si bien el proyecto cultural, social y hasta afectivo del capitalismo tard&iacute;o se basa en elevar y ensanchar los muros del yo, espacio que se configura para el aislamiento y la productividad m&aacute;ximos, la literatura puede diluir estas fronteras, orientar nuestra mirada hacia lo que tenemos en com&uacute;n. En este sentido, nada m&aacute;s subversivo que erosionar la idea rom&aacute;ntica del genio tocado por los dioses con el don sagrado de la creaci&oacute;n, que es el mito tras el repertorio formal del neoliberalismo. Los poetas de <em>50 Estados</em> suelen apoyar su trabajo en m&eacute;tricas reconocibles, o al menos renuncian a ese verso libre esperm&aacute;tico y <em>sandbox</em> que identifica al <em>genialismo</em>. Para ampliar todo esto, sobre lo que no puedo (ni s&eacute;) extenderme en esta pieza, recomiendo la obra ensay&iacute;stica de Alberto Santamar&iacute;a, siempre tan perspicaz describiendo el proyecto cultural neoliberal, o intervenciones del propio Zaidenwerg, como el taller que imparti&oacute; recientemente para el Centro Cultural Kirchner, &ldquo;El verso desregulado. Poes&iacute;a y neoliberalismo&rdquo;, que puede verse en YouTube.
    </p><p class="article-text">
        En <em>50 Estados</em>, por fin, lo que encontramos es una alegr&iacute;a, la de formar parte. Una felicidad de inicio que embellece el texto y me hace a m&iacute; abrir rese&ntilde;as como esta con frases del tipo &ldquo;Ay madre, qu&eacute; libro m&aacute;s bonito&rdquo;. <em>50 Estados</em> consigue que te entren ganas de volver a empezar a escribir y publicar, a conocer a otros poetas j&oacute;venes para compartir deslumbramientos, a ser bandada. Aunque la figura de Bola&ntilde;o aparece aqu&iacute; y all&aacute; en las entrevistas, la referencia a <em>Los detectives salvajes</em> est&aacute;, sospecho, deliberadamente elidida. Pero es dif&iacute;cil que no te venga a la mente la mejor novela del escritor chileno, sobre ese grupo de poetas principiantes que fueron los infrarrealistas en el M&eacute;xico D.F. de los 70. &iquest;Es Rashida Lopez la Ces&aacute;rea Tinajero de la generaci&oacute;n <em>millenial</em>? Cuando estudi&eacute; letras, hace ya unos a&ntilde;os, la literatura latinoamericana del siglo pasado se pod&iacute;a explicar con una l&iacute;nea que part&iacute;a de <em>Paradiso</em>, continuaba con <em>Rayuela</em> e iba a morir en <em>Los detectives salvajes</em>: la esperanza de varias generaciones se acababa deshaciendo entre la frustraci&oacute;n de los ideales revolucionarios y la di&aacute;spora. Tal vez la felicidad y la belleza de <em>50 Estados</em> sean las de los comienzos, las de haberse liberado de una maldici&oacute;n, las de tener compa&ntilde;eros de viaje y un lenguaje en com&uacute;n, y las de mirar alrededor y sentir abrirse el campo de lo posible.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Daniel Espejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/collage-lectura-50-estados-13-poetas-contemporaneos-estados-unidos-ezequiel-zaidenwerg_132_9038926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 May 2022 09:20:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El collage de cada cual:  una lectura de ‘50 Estados. 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos’ de Ezequiel Zaidenwerg]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algo más que una guía:  una lectura de ‘Cómo acompañar a morir' de Ana Vidal Egea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/guia-lectura-acompanar-morir-ana-vidal-egea_132_9024056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a830ad2b-b3ec-4f93-a1b1-2ba5fbe61b31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo más que una guía:  una lectura de ‘Cómo acompañar a morir&#039; de Ana Vidal Egea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A través de la mirada de la doula, como es Ana Vidal, se conoce mejor al sufrido.</p></div><p class="article-text">
        Cuando el lector cierra este libro se dice a s&iacute; mismo que est&aacute; ante una buena escritora. Y eso que aqu&iacute; podr&iacute;an haberse conjurado bazas para el fracaso, pues es un tema complejo, delicado y no exento de instrumentalizaci&oacute;n por el afloramiento de coaching, que someten a las gentes a la dictadura de la felicidad para no afrontar el dolor o el sufrimiento o la muerte. Pero de que Ana Vidal Egea es escritora da cuenta precisamente aquello que no hace. Ni un pla&ntilde;ido lastimero por los pacientes &minus;no v&iacute;ctimas&minus; ni una hagiograf&iacute;a. Describe los sentimientos y las situaciones con entereza y reflexi&oacute;n anal&iacute;tica, sin caer en la cursiler&iacute;a. Posiblemente, sin las vivencias personales, la autora no hubiera escrito esta obra o al menos de este modo, pues lo personal siempre supone mayor meditaci&oacute;n sobre algo si as&iacute; queremos, a fin de que aquello tambi&eacute;n se convierta en pol&iacute;tico; es decir, que se visibilice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante toda la lectura se pos&oacute; en mi mente el verso &ldquo;envejecer, morir, / es el &uacute;nico argumento de la obra&rdquo;, de Jaime Gil de Biedma. Pero como en cada obra, los actos son importantes. Y la autora, creo, que ayuda a interpretar actos tan conocidos como desconocidos: la vida, la muerte, la enfermedad o el miedo; y c&oacute;mo hacerlo por medio de ense&ntilde;anzas budistas, estoicas, de cuidados paliativos o las artes (cine, m&uacute;sica y literatura), y en particular destacar la meditaci&oacute;n. Configura una narrativa que vislumbra paz y deliberaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo el libro se hilvana en la experiencia de la autora. Y lo hace siguiendo momentos vitales atravesados por la idea que me parece la matriz del libro: el amor y la consideraci&oacute;n, entendida esta como el reconocimiento del valor propio de cada ser y en la transmisi&oacute;n de un mundo com&uacute;n, en consonancia con la fil&oacute;sofa Corine Pelluchon. Al final todo es la Naturaleza y nuestras vidas transcurren en un mundo que permanecer&aacute;, pero lo importante es saber mirarlo e interpretarlo, como si fuera una pintura, seg&uacute;n momentos (&ldquo;algo no es ni bueno ni malo, simplemente es, pero podemos tratar de percibirlo y encajarlo de una forma diferente y eso nos ayudar&aacute; a vivir mejor&rdquo;).
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                &#039;Cómo acompañar a morir&#039; de Ana Vidal Egea                            </span>
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        La perspectiva de la autora se centra exclusivamente en el moribundo o paciente terminal de forma hol&iacute;stica a trav&eacute;s de los cuatro cap&iacute;tulos del libro (la muerte, el acompa&ntilde;amiento, gu&iacute;a y cuaderno de claridad: ejercicios pr&aacute;cticos), que nos ense&ntilde;an el camino para convertirnos en <em>death doula</em> o doula del final de la vida. Con una mirada muy acertada, revel&aacute;ndose una magn&iacute;fica observadora, la autora ampl&iacute;a nuestra contemplaci&oacute;n a los familiares, a los sanitarios, al sonido, al olor, a los espacios, al lenguaje verbal y al lenguaje corporal, para poner de relieve la importancia de que todo ha de girar en torno al paciente moribundo, que ha de hallar sosiego f&iacute;sico, psicol&oacute;gico y emocional durante la transici&oacute;n. Y el papel de la doula &minus;que no es el de familiar, ni sanitario, ni amigo&minus; es clave porque incluso esta figura sirve &ldquo;de fuerza transmutadora&rdquo; para que &ldquo;la transici&oacute;n sea lo m&aacute;s agradable posible &minus;escribe&minus;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de la mirada de la doula, como es Ana Vidal, se conoce mejor al sufrido. Y eso se pone de manifiesto a lo largo de esta gu&iacute;a, que nos ense&ntilde;a a preguntar, a saber mirar las necesidades del paciente, a interpretar sus gestos e, incluso, a saber ense&ntilde;ar a los familiares c&oacute;mo afrontar el proceso &uacute;ltimo de la vida de un ser querido; e incluso la propia doula, que ha de descansar f&iacute;sica y emocionalmente para de este modo poder acompa&ntilde;ar mejor al paciente. En este sentido, la escritora tambi&eacute;n se&ntilde;ala una serie de puntos para recargar las pilas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s que una gu&iacute;a. Cuando se cierra el libro, el lector piensa en cuestiones que nos formulamos desde hace siglos, principalmente relacionadas con la muerte, y tan alejadas hoy por hoy de la cultura capitalista occidental. Una de las condiciones para escribir este libro es que est&aacute; escrito con amor a la vida. De ese amor deja huella en el cari&ntilde;o puesto en el ser humano y en todo lo que le rodea. Solo alguien que ama mucho la vida en toda su amplitud puede abordar un libro como este. En suma, tiene el lector el registro atento una obra que no solo acompa&ntilde;a a morir, sino tambi&eacute;n nos ense&ntilde;a sobre el amor, la vocaci&oacute;n, el sufrimiento, la vida y la muerte como parte de aquella, y destino ineludible de todos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Gil Gandía]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/guia-lectura-acompanar-morir-ana-vidal-egea_132_9024056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 May 2022 15:46:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algo más que una guía:  una lectura de ‘Cómo acompañar a morir' de Ana Vidal Egea]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartografiar la ficción: sobre 'Regiones imaginarias']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cartografiar-ficcion-regiones-imaginarias_132_9006368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50892439-9e16-4550-be84-e9f189bf7e9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1048251.jpg" width="1904" height="1071" alt="Cartografiar la ficción: sobre &#039;Regiones imaginarias&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los diez textos que componen este 'Regiones imaginarias' responden al encargo imposible que recibieron sus respectivos autores: visitar esos lugares que no existen fuera de las bibliotecas.</p></div><p class="article-text">
        Un t&oacute;pico asegura que no hay mejor manera de viajar con la imaginaci&oacute;n que con un libro. Cuando no podemos o no queremos desplazarnos a una ciudad o pa&iacute;s lejano, las p&aacute;ginas de una buena novela o una cr&oacute;nica interesante nos trasladan de manera evocadora a ese lugar. Pero,&nbsp; &iquest;qu&eacute; ocurre cuando el espacio que describe el libro no existe en la realidad? En este caso la lectura es la &uacute;nica manera de acceder al lugar creado en la imaginaci&oacute;n del autor, que comparte para nosotros este peque&ntilde;o universo. Los diez textos que componen este <em>Regiones imaginarias</em> responden al encargo imposible que recibieron sus respectivos autores: visitar esos lugares que no existen fuera de las bibliotecas.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a este parad&oacute;jico aunque estimulante reto es un volumen tan variado como lo son los perfiles de sus autores. Quiz&aacute;s los dos m&aacute;s arriesgados, pero tambi&eacute;n atrayentes para el lector, sean los &uacute;ltimos: los escritores Enrique Vila-Matas y Chika Unigwe crean sendos textos de ficci&oacute;n. Unigwe, la &uacute;nica del conjunto que no escribe originalmente en espa&ntilde;ol, contin&uacute;a en un estupendo y reivindicativo cuento el universo creado en torno a la imaginada poblaci&oacute;n africana de Umuofia por Chinua Achebe en <em>Todo se desmorona</em>. Vila-Matas, con su genialidad habitual para los juegos con la realidad, crea en su relato un nuevo espacio m&iacute;tico: Bab&agrave;kua, tambi&eacute;n en &Aacute;frica.&nbsp;&nbsp;
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                    alt="Babàkua, territorio imaginado por Enrique Vila-Matas en &#039;Regiones imaginarias&#039; , cartografiado por González Macías"
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                Babàkua, territorio imaginado por Enrique Vila-Matas en &#039;Regiones imaginarias&#039; , cartografiado por González Macías                            </span>
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        Los tres textos anteriores poseen un rasgo en com&uacute;n: la autorreferencialidad. Los autores son periodistas que han recibido el dif&iacute;cil encargo de viajar o relatar un viaje a los lugares reales que est&aacute;n detr&aacute;s de tres conocidos espacios inventados y construyen su texto sobre la imposibilidad de encontrar el supuesto referente. Los cap&iacute;tulos de Elisa Reche, sobre la Malgudi india pero tambi&eacute;n sobre su Murcia natal, de Valentino Necco, recorriendo Sicilia tras los escenarios de las novelas protagonizados por el comisario Montalbano, y de Gabi Mart&iacute;nez, sobre el dudoso trasunto de Hudayb en un equivocado pa&iacute;s &aacute;rabe, pertenecen a la mejor tradici&oacute;n de la cr&oacute;nica period&iacute;stica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s dispar es el resultado de los otros cinco intentos de acercarse a las regiones imaginarias creadas por Faulkner (Yoknapatawpha), Benet (Regi&oacute;n), Rulfo (Comala), Garc&iacute;a M&aacute;rquez (Macondo) y Onetti (Santa Mar&iacute;a). Casi todos los autores optan por protagonizar unos relatos que a menudo transitan entre la literatura de viajes y la de ficci&oacute;n pero que en ocasiones olvidan su referente para crear obras casi aut&oacute;nomas. En este primer bloque encontramos hallazgos como la genealog&iacute;a que establece &Aacute;lvaro Colomer entre su propia obra, la de Juan Benet y la de Julio Llamazares. Este escritor naci&oacute; en un pueblo anegado por el pantano que dise&ntilde;&oacute; el autor de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>, tambi&eacute;n ingeniero, en una casa que Colomer quiere visitar buceando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Menci&oacute;n aparte merece la exquisita edici&oacute;n que ha llevado a cabo Menguantes. Cada uno de los diez textos va acompa&ntilde;ado por una sugestiva fotograf&iacute;a tomada en el lugar que sirvi&oacute; como referente real al escritor y de un mapa del espacio m&iacute;tico en cuesti&oacute;n. Los tres, texto, fotograf&iacute;a y mapa, se conjugan para crear esta cartograf&iacute;a de la ficci&oacute;n m&aacute;s imaginativa que es este libro.<em> </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Basilio Pujante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/cartografiar-ficcion-regiones-imaginarias_132_9006368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 May 2022 15:22:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cartografiar la ficción: sobre 'Regiones imaginarias']]></media:title>
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      <title><![CDATA[Demasiado Jekill, demasiado Hyde: 'El Antropoide' de Fernando Parra Nogueras.]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/jekill-hyde-antropoide-fernando-parra-nogueras_132_8991628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/231e3cf9-227a-446c-a6d2-e8a0ee33776b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Demasiado Jekill, demasiado Hyde: &#039;El Antropoide&#039; de Fernando Parra Nogueras."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una historia arriesgada que Fernando plantea con atrevimiento, desarrolla sin complejos y desenlaza con un soberbio final de novela grande y clásica.</p></div><p class="article-text">
        Hay amor. Hay dolor. Hay crimen y hay castigo. Hay un poco de Dostoievski y un poco de Lorca y un poco de Cervantes y un poco de Stevenson y un poco de muchos otros. Hay un muerto, hay un coma, hay una boda, hay una org&iacute;a. Hay piscinas defecadas y un cond&oacute;n tirado en medio de la calle. Hay coribantes frigios y hay hostias. Hay lunas perversas que vomitan hombres sobre la playa y alunizajes desquiciados que no llegan a ser. Hay un hacerse literaria la vida y un hacerse viv&iacute;simo lo literario. Hay amistad y chantaje. Hay traici&oacute;n y sacrificio. Hay onanismo y sodom&iacute;a. Hay un beso que es una concha marina y una mujer que se llama Guadalupe Hincapi&eacute;. Hay palabras como c&aacute;rabe, intonso, palangre, alquitara. Hay humanidad y ternura, violencia y resentimiento. Hay putas, <em>cruising</em>, culpa y redenci&oacute;n. De todo hay en &ldquo;El Antropoide&rdquo; (Candaya, 2021), de Fernando Parra Nogueras, y de todo en su justa medida, que es la generosidad y el exceso de un gigante de las letras.
    </p><p class="article-text">
        Desde la extensa cita de Francisco Umbral que nos explica qu&eacute; es eso del antropoide hasta el poema de Eloy S&aacute;nchez Rosillo que nos brinda una brizna de consuelo al t&eacute;rmino de la apabullante lectura, transcurren los desafueros de Eduardo, protagonista de la novela, un joven culto pero cr&aacute;pula, ambicioso pero inadaptado, que es colocado por su familia en un peri&oacute;dico de provincias, donde desempe&ntilde;a diversos cargos muy por debajo de sus capacidades. Sumido en la desidia a la que le abocan tales circunstancias, le resulta dif&iacute;cil oponer resistencia a su &ldquo;otro&rdquo;, a su Hyde, a su antropoide, a esa alteridad animal que gusta &uacute;nicamente de ser carne y mezclarse con la carne y degradarse en las salvajes pulsiones de la carne. S&oacute;lo sus aspiraciones de escritor, acuci&aacute;ndolo siempre desde alg&uacute;n fondo sombr&iacute;o de su conciencia, el recuerdo de su madre hecho cenizas en un reloj de pulsera y los bellos sentimientos que le despierta Cloe, una compa&ntilde;era de trabajo, ejercen de insuficiente contrapeso a la vor&aacute;gine insaciable que lo habita y que se alimenta de su decepci&oacute;n, de su hast&iacute;o, de su cinismo y su descreimiento. Eduardo se precipita en el abyecto mundo de la noche llevado por el rencor hacia s&iacute; mismo y hacia su condici&oacute;n humana; se degrada, se humilla, se envilece como protesta desesperada ante el hecho de ser hombre, de estar hecho de cuerpo, fluidos, olores, apetitos y muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me siento culpable porque me veo degradado a mi condici&oacute;n de carne&rdquo;, le explica el propio Eduardo a su hermana Virginia. La culpa es el tema central de la novela, pero se trata de la culpa abstracta y sobrenatural que se experimenta ante la imposibilidad de permanecer permanentemente en las &aacute;reas m&aacute;s elevadas de lo humano, all&aacute; donde uno se emociona con un libro o con un aria de &oacute;pera. Culpa de no ser siempre el cr&iacute;tico sensible, el hombre enamorado. Culpa de no ser, citando a Baudelaire, <em>sublime sin interrupci&oacute;n</em>. El retorno seguro a la carne, la necesaria ca&iacute;da otra vez en el lodazal de las c&eacute;lulas, desanima continuamente a Eduardo y lo incita a caer, puesto que hay que caer, lo m&aacute;s honda y asquerosamente posible.
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                &quot;Hilas y las ninfas&quot;, de John William Waterhouse (1893)                            </span>
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        A ratos er&oacute;tica, a ratos de intriga, a ratos intimista, a ratos decadente: el autor baraja los g&eacute;neros con soltura, imaginaci&oacute;n y maestr&iacute;a. Una historia arriesgada que Fernando plantea con atrevimiento, desarrolla sin complejos y desenlaza con un soberbio final de novela grande y cl&aacute;sica. Fernando Parra, que ya hab&iacute;a despuntado con su primera novela, &ldquo;Persianas&rdquo; (2019), finalista del Premio Azor&iacute;n, se confirma ahora como un novelista de primer orden y de proyecci&oacute;n prometedora. &ldquo;El Antropoide&rdquo; es una novela mat&eacute;rica y sabrosa, humanista y tr&aacute;gica, de personajes y descripciones extraordinariamente v&iacute;vidos. Pone en juego una gran variedad de recursos narrativos: anticipaciones, <em>flashforwards</em>, <em>flashbacks</em>, uso de distintos tiempos verbales, pero todo ello sin distorsionar su cronolog&iacute;a, sin que la lectura se vuelva confusa, como ocurre en las novelas experimentales, que resultan atractivas en parte y precisamente por la desorientaci&oacute;n que producen, por el mareo y la p&eacute;rdida de anclajes que propician en el lector. &ldquo;El Antropoide&rdquo; tiene la virtud de aunar la claridad cristalina de una novela lineal con los juegos sugestivos de una novela barroca.
    </p><p class="article-text">
        Hablaba Fernando en una entrevista de la diferencia entre los lectores que quieren sencillez formal, lenguaje llano y f&aacute;cil, y los que gustan del juego literario, de los vocablos inesperados y de la rica sintaxis. &Eacute;l es claramente de estos &uacute;ltimos y transmite en &ldquo;El Antropoide&rdquo; el deleite alegre y laborioso de un escritor, de un fil&oacute;logo, de un apasionado erudito de la palabra escrita. En una &eacute;poca en la que el barroquismo se rechaza o sirve para oscurecer un texto, para complicarlo hasta lo inextricable, Fernando es barroco desde el delicioso retru&eacute;cano, desde la sortija literaria, logrando una fluidez luminosa y f&aacute;cil que no resulta nada com&uacute;n. Encuentro cierta iron&iacute;a en el mero hecho de manejar las sofisticadas referencias mitol&oacute;gicas y metaliterarias que abundan en la novela, habida cuenta de que la cultura general tiende a renegar de ellas. Una iron&iacute;a similar a la que a la que encuentro en los m&uacute;sicos del Titanic, que se dice que siguieron tocando, indiferentes, mientras el resto de tripulantes se afanaba en salvarse del hundimiento. Hay algo de generosa gratuidad, de liberalidad dispendiosa en el estilo de Fernando que me parece ir&oacute;nico y hasta travieso en los tiempos que corren, en las literaturas que corren, de lo cual se disfruta con holgura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El antropoide&rdquo; recala en Murcia despu&eacute;s de recorrer muchas ciudades y recibir muchas rese&ntilde;as. Pero es una novela que no cansa ni se cansa. La presentaci&oacute;n, con presencia del autor, tendr&aacute; lugar en Librer&iacute;a Circular (Ronda de Garay, 39B) el viernes 13 de mayo a las 19:00 horas. Un zeppelin de seda a punto de caer sobre nosotros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Bleda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/jekill-hyde-antropoide-fernando-parra-nogueras_132_8991628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 May 2022 13:07:54 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La vida como enfrentamiento: una lectura de 'Malasanta' de Antonio Tocornal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8985224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/787bee27-5ada-41c5-9884-42f9fce9a71a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida como enfrentamiento: una lectura de &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ella hay descrita una turbada y mugrienta atmósfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso también) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano</p></div><p class="article-text">
        La narrativa espa&ntilde;ola de posguerra inici&oacute; un nuevo (necesario y definitivo) rumbo con&nbsp;<em>La familia de Pascual Duarte</em>, de Camilo Jos&eacute; Cela y&nbsp;<em>Nada</em>, de Carmen Laforet. En ambas novelas, productos de una &eacute;poca concreta, hay claros ejes de literatura comprometida. Las dos obras tuvieron repercusiones literarias desde contextos y tem&aacute;ticas diferentes y abrieron camino a muchos escritores que empezaban y que dejaron una huella imperecedera en nuestra literatura. Hablo de esto porque al leer la &uacute;ltima novela de Antonio Tocornal, inevitablemente, uno la emparenta con esa corriente fluida de literatura importante y monumental, ya que su&nbsp;<em>Malasanta&nbsp;</em>es una obra feroz en todos los sentidos en los que a uno se le ocurra analizarla y tiene muchos elementos de aquella narrativa del siglo pasado. Asimismo, es tan buena e ins&oacute;lita como aquellas.
    </p><p class="article-text">
        Si la novela espa&ntilde;ola de la inmediata posguerra fue catalogada como literatura tremendista y/o existencialista por una serie de caracter&iacute;sticas, todas ellas se redefinen y reverdecen en la novela de Tocornal, que es en s&iacute; misma un tsunami de influencias que el escritor gaditano hace suyas y las redefine para acomodarlas dentro de su particular y complejo universo literario. As&iacute;,&nbsp;<em>Malasanta&nbsp;</em>llega al lector para no darle tregua ya desde la primera p&aacute;gina. En ella hay descrita una turbada y mugrienta atm&oacute;sfera vital plagada de pesimismo, violencia y mucha crudeza que son un espejo profundo (doloroso tambi&eacute;n) del sinsentido de la vida o de la soledad insondable del ser humano. Pero Tocornal no concibe su novela s&oacute;lo como una herramienta de acusaci&oacute;n y ataque (que tambi&eacute;n) sobre el presente, tal y como hac&iacute;an aquellas obras de los a&ntilde;os 40 del siglo pasado; sino que vemos en sus personajes un anhelo de persistencia sin ning&uacute;n requerimiento de transfigurar el mundo, porque para ellos mantenerse y resistir es suficiente motivo de lucha en una batalla que los deja an&eacute;micos y alienados, aunque con la entereza como socia y &uacute;nica compa&ntilde;era de viaje. Es en esa integridad de su personaje central (y de muchos de los secundarios) donde la novela estalla en ternura, que funciona como una ventana abierta por la que entra el aire que el lector agradece en una historia que no le da descanso nunca.
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                &#039;Malasanta&#039; de Antonio Tocornal                            </span>
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        No hay concesiones en la prosa de Tocornal. No se impone el autor cortapisas ni autocensuras. Va al grano en lo crudo y en la verdad s&oacute;rdida que describe. No hay embudos que produzcan estafa o trucos narrativos. Va directo al coraz&oacute;n de lo tr&aacute;gico, del sinsentido de la violencia extrema, igual que va recto a la veracidad de sus personajes arrinconados, violentos u oprimidos que son exhibidos hasta con sus taras f&iacute;sicas o ps&iacute;quicas por un narrador que s&oacute;lo los muestra y nunca se inmiscuye. Todo construido con un lenguaje duro (hasta muy cruel) gracias a un portentoso y trabajado estilo ling&uuml;&iacute;stico, que no es sino puro espejo de las condiciones y los ambientes en los que viven los seres que pululan este universo particular desde el punto de vista narrativo y emocional. Porque si en algo es un mago Tocornal es en c&oacute;mo abraza, envuelve o mima el lenguaje que recubre y describe a todas sus criaturas y esto lo ha demostrado con creces en sus magn&iacute;ficas novelas anteriores (una de ellas,&nbsp;<em>Bajamares</em>, obra maestra indiscutible que el tiempo se encargar&aacute; de poner en el altar que merece).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La estructura de la novela, tambi&eacute;n muy pulida, ofrece la descripci&oacute;n de toda la vida (fragmentada por etapas) de su personaje central, uno de esos seres literarios que marcan y que no se olvidan nunca en la memoria del lector, tal es su entidad y su magnitud literarias, y tal es el procedimiento descriptivo que su autor nos regala al parir a un ser revestido de una humanidad que rebosa afecto y produce apego infinito en mitad de tanta degradaci&oacute;n, humillaciones y servilismo. Imposible no empatizar o no sufrir con Malasanta, esa mujer predeterminada y marcada desde su nacimiento, mientras a su alrededor va apareciendo una galer&iacute;a de personajes secundarios tan particulares como ella y que nos brinda una ocasi&oacute;n de poner conciencia y testimonio del ambiente humano, envilecido y rebajado, que protagonizamos en la actualidad, productos todos ellos de un mundo en decadencia y a la deriva.
    </p><p class="article-text">
        Pero Tocornal nos ofrece (menos mal) dos respiraderos a trav&eacute;s de los cuales el lector puede descansar un poco ante tanta violencia y opresi&oacute;n: uno es el de un fin&iacute;simo humor (verbal y de situaci&oacute;n en hechos o situaciones inveros&iacute;miles y absurdos que llegan al esperpento m&aacute;s sutil y cr&iacute;tico); y otro, el del lirismo de una prosa potente que en mitad de un p&aacute;rrafo hace estallar la magia de la realidad subjetiva y original que se plasma. Ambos respiraderos, por cierto, ya son marca de la casa de este maravilloso escritor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora de poner en el sitio que se merece a Antonio Tocornal, un diamante en bruto de nuestra narrativa actual y no se me caen los anillos a la hora de escribir esta afirmaci&oacute;n tan contundente como justa. Esperemos que el Premio Felipe Trigo que ha recibido su&nbsp;<em>Malasanta</em>&nbsp;sirva de respaldo y empuj&oacute;n definitivos para que se le reconozca como lo que es: uno de esos escritores irrepetibles cuya narrativa de altos vuelos merece recorrido, repercusi&oacute;n y lectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salva Robles]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/vida-enfrentamiento-lectura-malasanta-antonio-tocornal_132_8985224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 May 2022 14:47:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida como enfrentamiento: una lectura de 'Malasanta' de Antonio Tocornal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de 'Omega' de Javier Moreno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/creimos-real-lectura-omega-javier-moreno_132_8964198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/586ffad7-7750-4a89-a227-53588276f940_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de &#039;Omega&#039; de Javier Moreno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Y en la era de la información ya no tiene cabida el dolor o el miedo, sino que todo eso es sustituido de forma radical por la política del placer, por el vértigo, la apología del entretenimiento y la satisfacción</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;la informaci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en una droga superior a todas las que hab&iacute;amos conocido&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>...me parece que todos ah&iacute; fuera se est&aacute;n volviendo un poco raros</em>
    </p><p class="article-text">
        THE JOKER
    </p><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a decir(te)si el personaje principal (y narrador) de <em>Omega</em> sufre alg&uacute;n tipo de caos cognitivo, un caos cognitivo a consecuencia de los <em>inputs</em> que va recibiendo a lo largo de la novela: en su d&iacute;a a d&iacute;a como gestor de reputaci&oacute;n online, en su relaci&oacute;n con Iratxe (estrella de OT), a trav&eacute;s de la viralizaci&oacute;n de im&aacute;genes en su retina. Quiz&aacute;s tenga algo que ver con lo que Franco Bifo Berardi denomina <em>&ldquo;la aceleraci&oacute;n del ritmo de la infoesfera&rdquo;</em> en <em>Aut&oacute;mata y caos. Cartograf&iacute;as de la oscuridad</em> y que, de alg&uacute;n modo, infecta su psique (la nuestra tambi&eacute;n, c&oacute;mo no). Podr&iacute;a decir(te) que el cerebro de este personaje se ve estimulado por las pantallas, por la interacci&oacute;n y la interrelaci&oacute;n incesante que tiene lugar (m&aacute;s bien) en una dimensi&oacute;n separada de los cuerpos, desde una perspectiva digital y m&aacute;s all&aacute; de lo tridimensional, m&aacute;s all&aacute; de la piel. Un territorio donde muere la carne y la imagen se convierte en credo, evangelio. Una nueva realidad donde el sexo y la tecnolog&iacute;a se funden, borran sus l&iacute;mites. Algo as&iacute; como lo que dice Max, uno de los personajes que pululan en la nueva novela de Javier Moreno e interlocutor casi que principal del narrador de <em>Omega</em>:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La tecnolog&iacute;a modifica la manera en la que entendemos y practicamos el sexo&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una suerte de in&eacute;ditos rituales er&oacute;ticos (&hellip;<em>bienvenidos a la nueva carne</em>):
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Los dispositivos electr&oacute;nicos eran elementos femeninos. La pulsaci&oacute;n y la fricci&oacute;n eran el lenguaje t&aacute;ctil b&aacute;sico con el que interactu&aacute;bamos con nuestra pantalla, el mismo que necesita una mujer para estimularse y llegar al orgasmo&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a decir(te) o, m&aacute;s bien, est&eacute; totalmente convencido de que en <em>Omega</em> se dibuja un nuevo r&eacute;gimen de las relaciones humanas y la interacci&oacute;n sexual entre los individuos que, inevitablemente puede llevar(te) a pensar en Ballard cuando en <em>Crash</em> procuraba hacer la arquitectura de una realidad del deseo rupturista y creadora de una nueva mitolog&iacute;a del sexo (e incluso del porno): al igual que hace Javier Moreno pero d&eacute;cadas despu&eacute;s y teniendo en cuenta (o adapt&aacute;ndose al nuevo contexto tecnol&oacute;gico que, sin duda, modifica nuestra forma de estar y ser en la actualidad y que, queramos o no, produce una fractura con el pasado, un cambio de paradigma). Y (si me lo planteo de forma seria) podr&iacute;a confesar(te) que el autor consigue en esta novela hacerse eco de nuevas formas de producci&oacute;n de sentido a las que asistimos como agentes (y testigos) de un mundo en completa transformaci&oacute;n. Algo de lo que Javier Moreno ya se hac&iacute;a eco, de modo ampliamente met&oacute;dico, en su reciente ensayo <em>El hombre transparente</em> (Akal, 2022), texto que presenta numerosos vasos comunicantes con su &uacute;ltima novela.
    </p><p class="article-text">
        Y si el autor hace de antena de esas formas de producci&oacute;n de sentido tal vez sea sencillamente porque, tal y como apunta el narrador (y personaje principal), <em>&ldquo;la informaci&oacute;n se hab&iacute;a convertido en una droga superior a todas las que hab&iacute;amos conocido&rdquo;</em>. Y en la era de la informaci&oacute;n ya no tiene cabida el dolor o el miedo, sino que todo eso es sustituido de forma radical por la pol&iacute;tica del placer, por el v&eacute;rtigo, la apolog&iacute;a del entretenimiento y la satisfacci&oacute;n. Y todo ello sin perder de vista la iron&iacute;a, algo tan presente (y tan frecuente) cuando te acercas a los textos de Javier Moreno:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;(...)&iquest;no es acaso la frivolidad el culmen de la civilizaci&oacute;n, el momento en que dejamos atr&aacute;s la necesidad para recrearnos en lo intrascendente?&rdquo;</em>
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                &#039;Omega&#039; de Javier Moreno                            </span>
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        Si quieres, tambi&eacute;n podemos fijarnos en la presencia de la memoria&nbsp; en estas p&aacute;ginas. Algo que tiene mucho de pr&oacute;tesis aqu&iacute; (en estas p&aacute;ginas) pues nuestros recuerdos parecen articularse en torno a la imagen fotogr&aacute;fica, en torno a todo aquello que sedimenta en <em>la nube</em> (y en la conciencia) y que termina por convertirse en software externo al que accedemos a trav&eacute;s de la conexi&oacute;n a redes. Una memoria que incluso deja de serlo y casi se materializa como presente pues parecemos incapaces de escapar a la omnipresencia (y ubicuidad) de las im&aacute;genes y que hace que el narrador opte en determinado momento por emplear una aplicaci&oacute;n que, paulatinamente, descompone las fotograf&iacute;as que almacena y que facilita que &eacute;stas terminen por borrarse y convertirse, por fin, en fantasma: un calculado ataque a las im&aacute;genes y que busca (de alguna manera) la corrupci&oacute;n de esa memoria externa que, a modo de USB, nos dice constantemente todo aquello que hemos hecho, lo que hemos sido y que, a causa del&nbsp; universo digital totalizador, provoca que estemos en un bucle del que no salimos, del que parecemos no querer escapar: subyugados por las im&aacute;genes que parecen sustituir la realidad y que, incluso, pueden llegar a hacernos ver la propia existencia como pura ficci&oacute;n. Algo que el narrador nos sugiere en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Aquellas im&aacute;genes eran al fin y al cabo indistinguibles de una ficci&oacute;n (&hellip;). Hab&iacute;a aprendido cosas con ellas, formaban parte de mi experiencia, pero resultaban tan fantasmales como un recuerdo de infancia o un sue&ntilde;o&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que todo es susceptible de convertirse en f&aacute;bula o devenir simulaci&oacute;n, copia, ilusi&oacute;n. Javier Moreno incide mucho en el simulacro, la presencia del mismo en nuestras vidas, acerca de la suplantaci&oacute;n de aquello que se convino en llamar <em>lo real</em> por esa ilusi&oacute;n, ese espejismo constante que nos susurra a cada momento o que deja su aliento en nuestra nuca, en nuestra conciencia y percepci&oacute;n. Sin embargo, tras la lectura de <em>Omega</em>, pienso que podr&iacute;a(s) preguntar(te) si aquello que nosotros consideramos simulacro no ser&aacute;, en el futuro, la realidad que habitaremos. Si nosotros no terminaremos siendo solamente esas &uacute;ltimas generaciones que, finalmente, se extinguieron (o, al menos, los conceptos que articulaban nuestras vidas) y que dieron paso a un nuevo individuo con una diferente (y radical) cosmovisi&oacute;n, no sabemos si m&aacute;s real o menos. Seguramente ser&aacute; diferente: una concepci&oacute;n del mundo donde el meme sustituir&aacute; el pensamiento abstracto y en la que nuestra disociaci&oacute;n cognitiva (tal vez) nos haga aterrizar en una dimensi&oacute;n m&aacute;s supersticiosa y cr&eacute;dula, sin capacidad cr&iacute;tica. Eso pensaremos cuando estemos muertos y todo lo que venga nos parezca decadencia y descomposici&oacute;n: cuando todo nos resulte muerte del futuro, fin de aquello que cre&iacute;mos real.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alfonso García-Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/creimos-real-lectura-omega-javier-moreno_132_8964198.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2022 09:55:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de todo aquello que creímos real:  una lectura de 'Omega' de Javier Moreno]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mejor de las vainas: una lectura de 'Leve' de José Manuel Gallardo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/mejor-vainas-lectura-leve-jose-manuel-gallardo_132_8952160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23849ce2-59f1-4705-8b2b-efb7c2a46fc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor de las vainas: una lectura de &#039;Leve&#039; de José Manuel Gallardo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como hacían los judíos, que recrearon en sus diarios “lo vivido” en los campos de concentración para no olvidarse de que había sucedido, Leve desgrana un largo proceso de una enfermedad en la que la poesía es una medicina para sostener las cuatro certezas del poeta.</p></div><p class="article-text">
        Como es harto sabido, los romanos les pon&iacute;an a los generales una figura a su lado durante los paseos victoriosos en los que eran laureados y aclamados por todo su pueblo y donde sus haza&ntilde;as eran <em>vox populi</em>. Se encargaban estos se&ntilde;ores de ir record&aacute;ndoles que en alg&uacute;n momento morir&iacute;an, para que las glorias ef&iacute;meras no se le subieran a la cabeza en demas&iacute;a. En poes&iacute;a (anda que no saben de las glorias ef&iacute;meras los poetas) esto lo convertimos en un t&oacute;pico literario y no nos ha ido nada mal. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Leve</em>, de Jos&eacute; Manuel Gallardo, es una suerte de <em>memento mori</em>, que el propio yo po&eacute;tico se repite como un mantra o una letan&iacute;a durante todo el libro, con la idea de no olvidar por qu&eacute; es tan necesario escribir y leer poes&iacute;a, casi tan necesario como respirar. Como hac&iacute;an los jud&iacute;os, que recrearon en sus diarios &ldquo;lo vivido&rdquo; en los campos de concentraci&oacute;n para no olvidarse de que hab&iacute;a sucedido, <em>Leve</em> desgrana un largo proceso de una enfermedad en la que la poes&iacute;a es una medicina para sostener las cuatro certezas del poeta.
    </p><p class="article-text">
        Es, por tanto, un testamento po&eacute;tico de alguien que se aferra a las certidumbres. Es un libro que rebosa actualidad. Si algo hizo 2020 es recordarnos lo que somos: leves. Y que, como dice el &uacute;ltimo poema de la tercera parte del libro, <em>El tiempo forma parte del camino</em>. El tiempo, que el autor de <em>Leve</em> simboliza en un &aacute;rbol. Bueno, ni siquiera en eso, en algo m&aacute;s leve: el dibujo de un &aacute;rbol. Un &aacute;rbol que fue semilla, como toda muerte nace tambi&eacute;n de una semilla. Todo comienzo se adentra en una vaina. O en una vagina. Es curioso que la ra&iacute;z latina es la misma en ambas. La primera no nos dice mucho y la segunda ha provocado que algunos lectores ya hayan torcido el morro. Eso es lo que nos recuerda Gallardo en <em>Tree</em>: en cuanto nos suelta la vaina estamos desprotegidos, somos tanto o m&aacute;s fr&aacute;giles cuanto m&aacute;s fuerte nos pensamos. Somos vulnerables, por mucho que nos creamos reyes, ahora que algunos vindican la invulnerabilidad de ciertos reyes como si la vida les fuera en ello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Leve&#039; de José Manuel Gallardo                            </span>
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        Es un libro que habla de la herencia, del testamento que dejamos. Versos dictados por el miedo, por ese miedo a la herencia gen&eacute;tica que no sabe si sus hijas tendr&aacute;n que sufrir. Es un canto a la &uacute;nica incertidumbre que nos aterra: qu&eacute; dejaremos como legado. Bien poco, si hacemos una lectura de los &uacute;ltimos a&ntilde;os y c&oacute;mo fuimos derivando desde el &ldquo;todo va a salir bien&rdquo; al &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; en apenas unas semanas. Gallardo deja <em>Leve</em> como legado. Libro que abre una etapa: la de la madurez po&eacute;tica del madrile&ntilde;o, que hasta este momento no hab&iacute;a tomado conciencia del potencial que se resguardaba en su vaina y que sus seguidores vislumbramos ya en algunos retazos memorables de <em>Infinitos monos</em> (El Desvelo, 2016).
    </p><p class="article-text">
        En esa herencia en forma de enfermedad que ha recibido, lejos de culpar a sus mayores, nos habla de ellos con la mayor de las gratitudes. Las herencias que nos condenan tambi&eacute;n nos forjan, nos modelan en la sabidur&iacute;a. Como tributo a esa herencia adquirida, Gallardo nos regala dos de los mejores momentos: el poema que abre la segunda parte del libro (&ldquo;<em>Abuela, t&uacute; que est&aacute;s presente</em>&rdquo;) y <em>Mi abuelo traga con agua las pastillas</em>, un poema-espejo en el que se ver&aacute; reflejado quienquiera que se acerque al libro.
    </p><p class="article-text">
        <em>Leve</em> aglutina unos versos que son de todo menos ligeros. Su peso es el de la Poes&iacute;a, una de las mejores vainas para protegernos de todo lo impuro, de todo lo malo y podrido que contenemos dentro. De aquello que no nos gusta. 
    </p><p class="article-text">
        Les dije que hablar&iacute;amos de todo el amor que hay en este libro, pero eso ser&iacute;a repasar, analizar y saborear cada uno de los versos que pueblan estos poemas de la certidumbre de nuestra levedad. Por eso inventamos esa arma indestructible que nos hace superh&eacute;roes: el amor. Si algo nos recuerda <em>Leve</em>, como si fuera una pandemia, es lo importante que es. Por consiguiente, desde ahora hablaremos del amor del libro. Yo me callar&eacute; para ello. Y ustedes leer&aacute;n. Y as&iacute; iremos hablando del amor, la mejor de las vainas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Manuel López Espada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/mejor-vainas-lectura-leve-jose-manuel-gallardo_132_8952160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Apr 2022 15:51:30 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ese lugar intermedio, una lectura de 'Sulfuro', de Fernanda García Lao]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/lugar-intermedio-lectura-sulfuro-fernanda-garcia-lao_132_8923687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7dc7bf55-db42-40ae-a447-8f0adf6dc877_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ese lugar intermedio, una lectura de &#039;Sulfuro&#039;, de Fernanda García Lao"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Pero toda esa apelación al mundo sensorial, a los cinco sentidos, también hace de esta obra algo muy vivo, presente, dramático, vertiginoso, sin juicios o asideros sobre lo bueno y lo malo: en ninguna de esas orillas se pueden situar ni los vivos ni los muertos, ni los humanos ni los animales, ni el sexo ni el sentimiento"</p></div><p class="article-text">
        <strong>Fernanda Garc&iacute;a Lao: </strong><em><strong>Sulfuro </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Candaya Narrativa, 81
    </p><p class="article-text">
        Barcelona, marzo de 2022
    </p><p class="article-text">
        170 p&aacute;g. 16 eurosEl t&iacute;tulo y la imagen de cubierta advierten: que nadie espere una historia perfumada, inofensiva y mansa de 'Sulfuro', la publicaci&oacute;n m&aacute;s reciente &ndash;digamos que una novela&ndash; de Fernanda Garc&iacute;a Lao (Mendoza, Argentina, 1966). En marzo de 2022, de forma simult&aacute;nea a la publicaci&oacute;n en su pa&iacute;s natal, la edita Candaya en Espa&ntilde;a, donde la escritora vivi&oacute; desde 1976 hasta 1993 a causa del exilio de sus padres. Se podr&iacute;a decir que, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar 'Naci&oacute;n vacuna', la editorial asume la misi&oacute;n de apuntalar en la pen&iacute;nsula una de las voces hispanas m&aacute;s particulares. Todo un &oacute;rdago (y no un farol) esperar&aacute;n quienes conozcan la trayectoria de Candaya y la de Fernanda Garc&iacute;a Lao, pero tambi&eacute;n quienes se topen con la portada de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola, a cargo de la propia autora: puede ser el objeto provocador e inesperado que reaparecer&aacute; a lo largo de esta historia, el tanga que los limpiadores encontrar&aacute;n en la sucia y apestosa piscina de la casa en la que ahora vive la protagonista &iquest;Y qu&eacute; hacen esas bragas en la pileta, qui&eacute;n las ha dejado ah&iacute; realmente? Los salvajes comportamientos de esta ante diferentes personajes y hechos del presente los iremos relacionando con vivencias y recuerdos del pasado, especialmente los presididos por su padre, que de profesi&oacute;n es proct&oacute;logo, y su madre, que se suicida cuando la hija es peque&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Adentr&aacute;ndonos en una mente donde no existe frontera entre el mundo de los vivos y de los muertos, todo puede pasar; y cuando se dice todo, es todo, todo aquello de lo que sea capaz la desenfrenada imaginaci&oacute;n de la autora: dormir con un exmarido moribundo, parir en pleno acto sexual, reencarnarse en un entremetido gato, plantar dos abortos que crecer&aacute;n en forma de quinotos en el jard&iacute;n, etc. As&iacute;, con esas sinuosidades argumentales y sensoriales, pero tambi&eacute;n con la cita inaugural tomada de la rara y suicida Teresa Wilms Montt (&ldquo;Mi coraz&oacute;n es un p&aacute;jaro de mal ag&uuml;ero&rdquo;), que nadie espere una historia perfumada, inofensiva y mansa. 
    </p><p class="article-text">
        Comienza as&iacute; la primera parte, que no llega a una p&aacute;gina y que se titula 'El escribano, los chicos, la insulsa malpeinada de la vuelta': &ldquo;Te mudaste hace unos d&iacute;as y ya te molestan los sapos. La idea de que existan. Por eso, luces prendidas toda la noche. Est&aacute;s en la casa de las dos piletas, tan sucias como inodoros p&uacute;blicos. Las hojas y las flores pudren r&aacute;pido el agua. No te convence la casa, en realidad. Ya empezaste a percibir el olor. Un barrio bien, con chal&eacute;s y garitas, jardineros y servicio de limpieza, no puede apestar as&iacute;&rdquo;. Pero todo eso no lo perciben ni el escribano (o sea, su segundo marido), ni los chicos (o sea, los dos hijos adolescentes de &eacute;l), ni la insulsa (o sea, una vecina que acabar&aacute; convirti&eacute;ndose en la limpiadora de casa), ni tampoco ustedes (o sea, &iquest;los lectores, los espectadores, los vecinos, los curiosos?). Quiz&aacute; esa peste proceda del cementerio que hay al otro lado del pared&oacute;n, quiz&aacute; solo la capte ese t&uacute;/vos que es la protagonista de esta historia: &ldquo;Parece que sos la &uacute;nica sensible a los efluvios&rdquo;. Pero cuidado con esas sensibilidades f&aacute;ciles de herir, porque enseguida vendr&aacute;n curvas (y nunca mejor dicho, porque en los siguientes fragmentos la encontraremos conduciendo sin control). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/2ff3ee2d-8160-4137-931c-8836e94f50c5_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="100%" width="200" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por un lado, esa segunda persona del singular es la narrataria de esta historia contada en presente (t&eacute;cnica inusual, practicada excepcionalmente en experimentos que se han podido permitir autores como Carlos Fuentes o Julio Cort&aacute;zar, pero especialmente Michel Butor en 'La Modification'). Por otro lado, todos los escuetos cap&iacute;tulos o fragmentos son titulados de esa particular manera (haciendo alternar los diferentes personajes, casi todos igual de innominados: el concejal, el cirujano, la embarazada perfecta, los santos, Dios, los pileteros, los de enfrente, etc.). Con recursos como estos, que apelan a los lectores/espectadores y que orquestan personajes como en actos o escenas, hacen de 'Sulfuro' un extra&ntilde;o texto pr&oacute;ximo al teatro (&iquest;de la crueldad, del absurdo&hellip;?), arte que ha cultivado Fernanda Garc&iacute;a Lao como dramaturga, autora y actriz. 
    </p><p class="article-text">
        Pero toda esa apelaci&oacute;n al mundo sensorial, a los cinco sentidos, tambi&eacute;n hace de esta obra algo muy vivo, presente, dram&aacute;tico, vertiginoso, sin juicios o asideros sobre lo bueno y lo malo: en ninguna de esas orillas se pueden situar ni los vivos ni los muertos, ni los humanos ni los animales, ni el sexo ni el sentimiento. Lo podemos comprobar en las palabras siguientes, que se leen ya muy avanzada la historia, cuando aparece la &uacute;nica referencia al t&iacute;tulo: &ldquo;Para frotarte con la tanga puesta y arrancar el mal. Ese lugar rojo. Tu centro hierve, es un magma que despu&eacute;s se desinfla. En los dedos, el olor a sulfuro. La vida y la muerte penetran en tu nariz. // La perra te mira desde su almohad&oacute;n con gesto reprobatorio. Como si el animal fueras vos&rdquo; (p&aacute;g. 146).
    </p><p class="article-text">
        No hay fronteras porque la protagonista vive en el l&iacute;mite, en el quicio, en el entre-dos, en el no-lugar: &ldquo;Desde que muri&oacute; tu mam&aacute;, ocupaste ese lugar intermedio&rdquo; (p&aacute;g. 94), o sea, el espacio entre la vida y la muerte, la misma frontera de imposible equilibro que transitan otros tantos personajes de 'Sulfuro'. En efecto, la vida de ella parece comenzar, no cuando nace, sino cuando muere su madre. Entonces sufrir&aacute; el silencio y apat&iacute;a de su padre, pero tambi&eacute;n la venganza y falsedad de su primer marido (a quien conoci&oacute; precisamente en la consulta porque ten&iacute;a hemorroides y con quien pronto se cas&oacute; para poder salir de casa y casi tiene dos hijos), la violencia y utilizaci&oacute;n de su segundo marido (a quien conoci&oacute; firmando los papeles de su actual d&uacute;plex), e incluso la indiferencia del gran Voyeur: &ldquo;es sabido, Dios es sordo&rdquo; (p&aacute;g. 19). Y aunque habr&aacute; espacio para el consuelo en la conversaci&oacute;n y en el sexo con los muertos vivientes que son sus vecinos y lo habr&aacute; para lo po&eacute;tico y lo narrativo en medio de ese mundo roto, fragmentado y salvaje, tambi&eacute;n lo habr&aacute; para la venganza, o lo que quiera que sea el final de esta historia, que no puede cerrarse sino con la maternidad, la que no fue/la que no es/la que no ser&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El silencio se estira, ahorcando el ruido. Te inclin&aacute;s un poco y entonces, la superficie es un espejo, un &uacute;tero, tu boca. Yo me nazco, yo soy. El viento levanta tu voz y la frase queda suspendida&rdquo; (p&aacute;g. 171).
    </p><p class="article-text">
        Siendo &uacute;nica en su rareza tanto gen&eacute;rica como tem&aacute;tica (algo que seguramente ser&aacute; un honor para Fernanda Garc&iacute;a Lao, pues es confesado su gusto por las escritoras raras, como lo es la citada al inicio u otras como Rachilde), 'Sulfuro' concita no pocas inquietudes compartidas con cierta literatura contempor&aacute;nea, en concreto, una literatura escrita por determinadas autoras, y entre ellas, algunas que escriben en espa&ntilde;ol actualmente: lo corp&oacute;reo, lo animal, lo violento, lo familiar, lo maternal, lo mortal. Por l&oacute;gica, para que exista lo mayoritario, lo central o lo 'normal' es necesario lo minoritario, lo perif&eacute;rico o lo 'raro', que, ciertamente, en toda &eacute;poca tendr&aacute; lectores, lectores sensibles (que no sensibleros) que se dejan el olfato y el est&oacute;mago lejos para poder acercarse a obras salvajes y sulf&uacute;ricas como esta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Pujante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/lugar-intermedio-lectura-sulfuro-fernanda-garcia-lao_132_8923687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Apr 2022 07:50:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ese lugar intermedio, una lectura de 'Sulfuro', de Fernanda García Lao]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un diálogo intergeneracional sobre la memoria de la migración murciana: en torno a 'Mi cuerpo será camino', de Alba Saura Clares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/dialogo-intergeneracional-memoria-migracion-murciana-torno-cuerpo-sera-camino-alba-saura-clares_132_8854315.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1761d2b6-f467-4c24-a599-62cfbb12b70a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un diálogo intergeneracional sobre la memoria de la migración murciana: en torno a &#039;Mi cuerpo será camino&#039;, de Alba Saura Clares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Saura Clares aporta una mirada introspectiva única que permite reflexionar sobre el papel de la identidad y del arraigo en el conflicto social que se sitúa tras los procesos migratorios</p></div><p class="article-text">
        <em>Mi cuerpo ser&aacute; camino</em> (La M&aacute;quina de Nubes, 2021), que lleg&oacute; por primera vez al Teatro Circo de Murcia los d&iacute;as 12 y 13 de marzo, es un ejercicio de memoria y reivindicaci&oacute;n de la identidad migrante y de clase que la dramaturga y docente universitaria Alba Saura Clares construye sin miedo al acento murciano. Desde Argentina hasta Alemania, desde Hospitalet hasta San Pedro del Pinatar, los m&uacute;ltiples motivos y escenarios geogr&aacute;ficos de las migraciones, que recurrentemente encubren exilios y raramente reproducen el sue&ntilde;o americano, se reconstruyen en una narrativa com&uacute;n, en una experiencia compartida de motivos y sentimientos asiduos a lo largo del tiempo. El <em>dolorido sentir </em>del viaje que no cesa. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La identidad del migrante se perfila en la obra entre dos tensiones: la de recordar y la de olvidar, que no son m&aacute;s que una reproducci&oacute;n de la dif&iacute;cil tarea de marcharse y volver. Marcharse para tener una vida mejor, la promesa que ha sustentado durante d&eacute;cadas la huida de miles de espa&ntilde;oles y murcianos. Volver como acto de reconciliaci&oacute;n, volver para tratar de reencontrarnos con nuestro <em>yo</em> m&aacute;s &iacute;ntimo. 
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            <span class="title">
                La obra de teatro &#039;Mi cuerpo será camino&#039;                            </span>
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        Aunque la migraci&oacute;n espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os sesenta hacia Europa, repetida durante los a&ntilde;os de la crisis financiera del 2008, ha sido un motivo art&iacute;stico relevante en nuestro pa&iacute;s, tanto en el cine como en la literatura, Saura Clares aporta una mirada introspectiva &uacute;nica que permite reflexionar sobre el papel de la identidad y del arraigo en el conflicto social que se sit&uacute;a tras los procesos migratorios. Pensarse desde fuera obliga a entremezclar la memoria nost&aacute;lgica con la d&eacute;bil noci&oacute;n de una tierra que ya es ajena. As&iacute;, los personajes, ep&iacute;tome familiar del sur de Espa&ntilde;a, est&aacute;n atravesados por el drama de echar de menos, hasta la negaci&oacute;n iracunda, a la tierra a la que se encuentra apegado su autoconcepto. La compleja relaci&oacute;n entre el fracaso que acontece all&iacute; de donde uno es aparte y la sensaci&oacute;n de nunca llegar a ser completamente feliz en la a veces mitificada tierra prometida se evidencia en unos cuerpos en transici&oacute;n que son, a la vez, unos cuerpos vapuleados por el movimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Con el tributo a Serrat ya desde el propio t&iacute;tulo y junto al acertado reconocimiento del papel de la m&uacute;sica en la memoria de los pueblos, los espectadores de <em>Mi cuerpo ser&aacute; camino, </em>un ant&iacute;doto contra la xenofobia, podr&aacute;n sentirse parte de una larga tradici&oacute;n que posiblemente les interpele personalmente. En un mundo cada vez m&aacute;s conectado, de fronteras aparentemente porosas y multiculturalidad manufacturada, ni las videollamadas de Skype ni los vuelos baratos nos permiten eliminar la congoja que todo ser humano siente al hacer las maletas sin billete de vuelta. Y es que, como bien dice Gin&eacute;s, uno de los personajes, en el ep&iacute;logo de esta obra, no hay m&aacute;s patria que el hogar, pero nunca nadie ser&aacute; m&aacute;s patri&oacute;tico que cuando marcha del hogar. El lugar de nacimiento es solo una condici&oacute;n casual, pero la memoria, las ra&iacute;ces, lo sabores y los olores se constituyen como elementos decisivos e irrenunciables de nuestra personalidad. Cuidar la memoria de los pueblos, apostar por lo popular como acci&oacute;n contrahegem&oacute;inica, luchar contra el olvido de nuestra historia, reivindicar lo que fuimos, nos protege de la descorazonadora sensaci&oacute;n de no ser de ninguna parte. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, un texto imprescindible, un regalo de Alba Saura Clares para todos los murcianos que somos nietos o hijos de migrantes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maravillas Moreno Amor]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/dialogo-intergeneracional-memoria-migracion-murciana-torno-cuerpo-sera-camino-alba-saura-clares_132_8854315.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Mar 2022 09:42:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un diálogo intergeneracional sobre la memoria de la migración murciana: en torno a 'Mi cuerpo será camino', de Alba Saura Clares]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huyendo de la bala que disparé]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/huyendo-bala-dispare_132_8722224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7bc07f22-c668-439e-a585-0dfbef5aed81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Huyendo de la bala que disparé"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Son infinitas las lecturas posibles de un libro de este escritor? Tal vez. Así de grande se me ha hecho Luis Rodríguez, con cada libro suyo leído, con cada relectura, con 'Mira que eres'"</p></div><p class="article-text">
        <strong>Una aproximaci&oacute;n a '</strong><em><strong>Mira que eres'</strong></em><strong> (Candaya, 2021), de Luis Rodr&iacute;guez</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>"Vivo huyendo de la bala que dispar&eacute; cuando ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, me avent&oacute; de sopet&oacute;n. Un disparo certero dirigido a mi propio coraz&oacute;n que me alcanzar&aacute; como muy tarde a los cincuenta a&ntilde;os. Si t&uacute; tambi&eacute;n, deja que te d&eacute; un consejo: no se te ocurra, crey&eacute;ndote &aacute;gil, tratar de esquivarla. No lo hagas"</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        No deja de sorprenderme Luis Rodr&iacute;guez, el escritor, ese que es capaz de publicar un libro como 'Mira que eres', o como cualquiera de sus cinco novelas anteriores. Y no s&eacute; muy bien la causa. Ser&aacute; porque no se parece a nadie cuando escribe. O, tal vez, son los dem&aacute;s los que no se parecen a &eacute;l. De verdad que no lo s&eacute;. Pero me gusta, disfruto su forma de enredarme como lector, de involucrarme, de jugar conmigo. Yo acepto encantado su propuesta, quiero saber hasta d&oacute;nde quiere llevarme, recorro contento cada p&aacute;gina, camino junto a &eacute;l, necesariamente lento. Y al final, termino muy satisfecho de lo andado, salgo de un ensimismamiento entretenido y gozoso que pocos escritores me procuran. Nunca s&eacute; si he sido capaz de descubrir todo su juego. No me importa, queda abierta la puerta a una relectura que me descubrir&aacute;, seguro, otros mundos de su universo literario. &iquest;Son infinitas las lecturas posibles de un libro de este escritor? Tal vez. As&iacute; de grande se me ha hecho Luis Rodr&iacute;guez, con cada libro suyo le&iacute;do, con cada relectura, con 'Mira que eres'.
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                    alt="Portada de &#039;Mira que eres&#039;, del escritor Luis Rodríguez"
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                Portada de &#039;Mira que eres&#039;, del escritor Luis Rodríguez                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>Este libro es un canto a la literatura, un hermoso canto a la literatura y al oficio de escribir, a sus contingencias e imponderables, tambi&eacute;n a sus vicisitudes, y a sus alegr&iacute;as, claro. Es la historia de un escritor ef&iacute;mero que solo escribi&oacute; una frase y qued&oacute; bloqueado. As&iacute; lo cuenta Luis Rodr&iacute;guez: &ldquo;No escribi&oacute; nada m&aacute;s, as&iacute; de breve fue su carrera literaria. Dese&oacute; que su frase encontrara un lector propicio a su combusti&oacute;n y fuera este, el lector, qui&eacute;n construyera la novela. Tuvo suerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es el narrador, aquel lector propicio, quien escribe la novela. O lo intenta. Anota: &ldquo;Esto no es una novela, es la contemplaci&oacute;n de un rescoldo&rdquo;. Pero un rescoldo es lo que a&uacute;n queda vivo despu&eacute;s de una combusti&oacute;n y antes de que todo sea ceniza. Y quiz&aacute;s, finalmente, sea esta, la ceniza, la que se ha convertido en novela tras la contemplaci&oacute;n detenida de cualquier rescoldo. &iquest;No es de ah&iacute; de donde han salido tantas novelas extraordinarias, tantas obras de arte?
    </p><p class="article-text">
        Luis Rodr&iacute;guez salpica su novela de citas literarias, de frases escuchadas al vuelo, de conversaciones en bares, de sue&ntilde;os, de recuerdos antiguos que pueden ser, en realidad, sue&ntilde;os tambi&eacute;n, de invenciones. Son digresiones que al lector despistado puedan parecerle interrupciones. Nada m&aacute;s lejos de la realidad, cada una de esas l&iacute;neas, de esos p&aacute;rrafos, de esas citas es perfectamente pertinente pues complementa y explica, solo hay que aceptar el juego que propone el escritor. Escritor que busca un lector que le acompa&ntilde;e, que se implique, que sea c&oacute;mplice de esta maravillosa construcci&oacute;n literaria. &iquest;Eres t&uacute; ese lector?
    </p><p class="article-text">
        Ya en la primera p&aacute;gina de la novela se narra el siguiente di&aacute;logo: &ldquo;Vivo huyendo de la bala que dispar&eacute; cuando ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, me avent&oacute; de sopet&oacute;n. Un disparo certero dirigido a mi propio coraz&oacute;n que me alcanzar&aacute; como muy tarde a los cincuenta a&ntilde;os. Si t&uacute; tambi&eacute;n, deja que te d&eacute; un consejo: no se te ocurra, crey&eacute;ndote &aacute;gil, tratar de esquivarla. No lo hagas.
    </p><p class="article-text">
        Te lo agradezco, respond&iacute;, puedes estar tranquilo. Tuve la pistola en mis manos a la misma edad, y dispar&eacute;, pero no pude dominar el arma y me her&iacute;. Vivo con esa herida desde entonces&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Creo que Luis Rodr&iacute;guez se esconde detr&aacute;s de esa bala, que esa bala representa su pasi&oacute;n por la Literatura, que la dispar&oacute; con sus primeras lecturas y que, efectivamente, le alcanz&oacute; a los cincuenta a&ntilde;os cuando public&oacute; su primera novela, 'La soledad del cometa'. Desde entonces vive con la herida.
    </p><p class="article-text">
        Yo quiero ser ese lector que busca Luis Rodr&iacute;guez. Si t&uacute; tambi&eacute;n, mira que eres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Paños]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/huyendo-bala-dispare_132_8722224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Feb 2022 05:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Huyendo de la bala que disparé]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El perseguidor: una lectura de 'Los nombres impares', de Alex Chico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/perseguidor-lectura-nombres-impares-alex-chico_132_8706187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ddcab849-8c0c-40e5-8d6c-a6236e497dff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El perseguidor: una lectura de &#039;Los nombres impares&#039;, de Alex Chico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las pesquisas del narrador/autor buscan identificar a un desaparecido que algunos habían dado por muerto, sobre el que recae una leyenda negra que llega hasta hoy.</p></div><p class="article-text">
        Si bien los textos que hacen de la presencia del yo-autor ficcionalizado como personaje, y que, en mayor o menor medida, lo cuestionan, refractan o falsifican, en un juego literario que suele ser central en la interpretaci&oacute;n, pueden remontarse como m&iacute;nimo hasta la Edad Media, el t&eacute;rmino autoficci&oacute;n parece cobrar densidad te&oacute;rica y literaria desde la aparici&oacute;n, en 1977, del relato <em>Fils, </em>de Serge Dubrovsky. Desde entonces, la autoficci&oacute;n, el &ldquo;pacto ambiguo&rdquo;, como lo denominaba hace una d&eacute;cada Manuel Alberca, ha sido uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s atendibles en la literatura en espa&ntilde;ol, as&iacute; como uno de los intereses paradigm&aacute;ticos de la cr&iacute;tica. El siglo XXI no ha hecho m&aacute;s que acentuar su cultivo, lo cual ha generado un debate muy relevante, que cuenta, recientemente, con voces que denuncian un cierto hartazgo del fen&oacute;meno. Baste remitir a los ensayos de Ana Caball&eacute; o Vicente Luis Mora para ilustrarlo. Estando lejos de los intereses de esta rese&ntilde;a abordar este debate en su complejidad, puede resultar &uacute;til recuperar algunas ideas que planteaba hace unos a&ntilde;os Reinaldo Laddaga. El cr&iacute;tico argentino analizaba c&oacute;mo una parte de las ficciones narrativas que determinaron el campo literario latinoamericano en la primera d&eacute;cada del siglo XXI acompa&ntilde;aba esa figuraci&oacute;n del yo-autor textualizado de la expresi&oacute;n de una cierta dificultad o tentaci&oacute;n por no escribir: vale decir, la tematizaci&oacute;n de una problematizaci&oacute;n de la posibilidad de tomar la palabra para producir discurso, como si la propia literatura fuera el modo en que se da cuenta del esfuerzo de escaparle al silencio. Como si, para hacerlo, hubiera que verbalizar de alg&uacute;n modo el silencio como horizonte de posibilidad para seguir adelante, o como si salir de ese silencio requiriera forzar las costuras del yo que escribe, informando, en el texto, del proceso mismo de escritura. Ello puede leerse &ndash; dice Laddaga &ndash; en muchos autores decisivos para pensar el canon a uno y otro lado del Atl&aacute;ntico. Ocurre en ficciones de C&eacute;sar Aira, Mario Levrero, Jo&atilde;o Gilberto Noll, Mario Bellatin o Enrique Vila-Matas. En todas estas firmas est&aacute; en juego la cuesti&oacute;n de la manera en que se imbrican literatura y vida: el problema de c&oacute;mo hallar un modo de hacer que la literatura transforme o modifique el orden de la vida, en un momento en el que la literatura (o el arte) tras la llamada posmodernidad hab&iacute;a abandonado la tradici&oacute;n rupturista de la vanguardia.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el cr&iacute;tico Julio Premat plantea en un ensayo reciente c&oacute;mo la cuesti&oacute;n de la vanguardia est&aacute; en el centro de muchas de las po&eacute;ticas m&aacute;s exigentes de la literatura latinoamericana desde los a&ntilde;os noventa del siglo XX. De acuerdo con Premat, uno de los rasgos propios de la literatura argentina - y aqu&iacute; encuentra concomitancias con otras literaturas en lengua espa&ntilde;ola - es que viene siendo recorrida por lo que Dami&aacute;n Tavarovsky llamaba &ldquo;el fantasma de la vanguardia&rdquo;: un n&uacute;mero atendible de autores argentinos de comienzos de los dosmiles o bien presentan una cierta propensi&oacute;n a considerar la idea de vanguardia un valor refugio, o bien muestran una obsesi&oacute;n por desarraigar el concepto de sus limitaciones hist&oacute;ricas para as&iacute; hacer en parte operativas en el presente algunas de sus caracter&iacute;sticas. Las figuraciones del yo que aparecen en muchos autores contempor&aacute;neos, algunas de las cuales analiza Premat, m&aacute;s all&aacute; de ser una f&oacute;rmula o una moda, se ponen a funcionar como un recurso en un proyecto de hibridar de nuevo literatura y vida, esfuerzo que fue central en los programas de la vanguardia. Sin esta voluntad de cuestionar el estatuto de lo literario y sus l&iacute;mites, sin el proyecto de encarar el hecho literario desde la l&oacute;gica de un cierto experimentalismo, de una cierta transgresi&oacute;n en lo pol&iacute;tico o de una b&uacute;squeda de un lenguaje que d&eacute; nuevas respuestas a los problemas que la literatura enfrenta, valores tradicionalmente asignados a la vanguardia, a menudo la figuraci&oacute;n del yo se vuelve un ejercicio solipsista o gratuito y corre el riesgo de perder inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este juego de problemas o asuntos destaca en la obra de Roberto Bola&ntilde;o. Autoficci&oacute;n y vanguardia se dan la mano particularmente en <em>Los detectives salvajes, </em>verdadero retrato generacional m&aacute;s autoficticio que autobiogr&aacute;fico, donde Bola&ntilde;o acompa&ntilde;a el devenir de una mir&iacute;ada de personajes pertenecientes a los infrarrealistas &ndash; los &ldquo;realvisceralistas&rdquo;, as&iacute; llamados en su novela &ndash;, grupo po&eacute;tico mexicano al que perteneci&oacute; el autor, disfrazados en su mayor parte con nombres ficticios en un subyugante juego de identidades. El componente autobiogr&aacute;fico en la novela forma parte de un mundo ficcional donde Bola&ntilde;o se toma el trabajo de desmitificar con iron&iacute;a el campo literario de la neovanguardia mexicana de los sesenta y setenta, desarticulando sus utop&iacute;as e ingenuidades, pero construyendo al hacerlo una mitolog&iacute;a que homenajea en la derrota a sus personajes entre la realidad y la ficci&oacute;n. Al leer a Bola&ntilde;o, muchos quisimos ser detectives salvajes, quisimos encontrar, junto a Ulises Lima y a Arturo Belano, a nuestra particular Ces&aacute;rea Tinajero por los desiertos de Sonora. Si disfrutamos tanto del viaje de los personajes de esa novela en pos de alcanzar un fragmento siquiera m&iacute;nimo del absoluto que promet&iacute;a la literatura o el arte, es porque a una parte de nosotros tambi&eacute;n nos habr&iacute;a gustado que nos fuera la vida en hallar aquello no contaminado por la derrota de todas las utop&iacute;as. A pesar de la muerte de toda posibilidad de vanguardia, de la melancol&iacute;a o el desencanto que nos invade al t&eacute;rmino de la novela, comulgamos con aquello de lanzarse una vez m&aacute;s a los caminos contra todo pron&oacute;stico, para vivir la ficci&oacute;n &ndash; o hacer que la ficci&oacute;n viva en nosotros &ndash; de ser redimidos por la literatura y, de alguna manera, salvar la vida, al menos el tiempo en que esos personajes habiten en nuestra imaginaci&oacute;n.&nbsp;
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        <em>Los nombres impares </em>(Candaya, 2021) es la novela de un enamorado de la literatura de Bola&ntilde;o. La firma &Aacute;lex Chico (Plasencia, 1980), un narrador que, puede decirse sin temor a errar, es ya uno de los nombres m&aacute;s originales de la &uacute;ltima narrativa espa&ntilde;ola. Lector de Sebald y Carr&egrave;re, Chico es autor de tres novelas publicadas en la Editorial Candaya. El procedimiento creativo que exhibe en cada una de ellas configura una po&eacute;tica que lo singulariza en el panorama literario actual. Los tres t&iacute;tulos se mueven dentro de lo que podr&iacute;amos denominar ensayo-ficci&oacute;n, t&eacute;rmino que el propio Chico ha defendido te&oacute;ricamente. En el ensayo-ficci&oacute;n, como apunta Gin&eacute;s Cutillas en un esclarecedor art&iacute;culo, el escritor reconstruye &ldquo;los espacios de conjetura que crea el ensayo y los huecos ficcionales que crea la autoficci&oacute;n para erigir obras con clara intenci&oacute;n literaria&rdquo;<strong>. </strong>Las ficciones de Chico son un ejemplo paradigm&aacute;tico de esta corriente. <em>Un final para Benjamin Walter </em>(2017) propone una investigaci&oacute;n que especula sobre los posibles finales del fil&oacute;sofo en Port Bou, b&uacute;squeda que lleva al autor a recorrer los espacios f&iacute;sicos por donde aquel se movi&oacute;. Por su parte, <em>Los cuerpos partidos </em>(2019) propone una<em> </em>ficci&oacute;n a caballo entre el ensayo y el relato intimista que busca recuperar la memoria del periplo del abuelo migrante en B&eacute;lgica, persiguiendo entender qu&eacute; pudo haber sentido y c&oacute;mo pudo haber vivido ese desarraigo primitivo en que se refleja en claroscuro el propio desarraigo identitario del narrador. Por &uacute;ltimo, esta novela, <em>Los nombres impares, </em>se inscribe en la tradici&oacute;n bola&ntilde;eana, y podr&iacute;a pensarse un cap&iacute;tulo a&ntilde;adido de una ficci&oacute;n transmedia que embarca a un narrador/autor y personaje llamado &Aacute;lex Chico en un documental ficticio sobre la vida de Rub&eacute;n Dar&iacute;o Galicia Pi&ntilde;&oacute;n, el infrarrealista perdido. En las tres obras de Chico, los narradores se encuentran ante una imagen, unos hechos, una figura que disparan la trama, y pese a que el autor ya domina todos los materiales y la informaci&oacute;n a partir de los cuales narra, se introduce en su texto como un personaje que limita su perspectiva y nos va informando en tiempo real de los pasos que va dando en su investigaci&oacute;n, ofreci&eacute;ndosenos como alguien que ignora m&aacute;s de lo que sabe, como un acompa&ntilde;ante en un paseo, aproxim&aacute;ndose m&aacute;s al narrador de una novela que al profesor que escribir&iacute;a un ensayo literario.
    </p><p class="article-text">
        Como hizo Bola&ntilde;o, &Aacute;lex Chico, en su tercera novela, parte del intersticio entre la realidad y la ficci&oacute;n en que se escriben <em>Los detectives salvajes. </em>Ahora bien, si Bola&ntilde;o emplea la realidad para transmutarla en ficci&oacute;n, en su novela, y despu&eacute;s emplea dicha ficci&oacute;n para seguir disparando otras ficciones, como hace con <em>Estrella distante</em>, Chico se instala del lado de la realidad y recupera al escritor debajo del personaje, el desaparecido Dar&iacute;o Galicia, poeta homosexual vinculado a los infrarrealistas y transformado en Ernesto San Epifanio por Bola&ntilde;o en<em> Los detectives. </em>Galicia desapareci&oacute; del panorama literario en los a&ntilde;os setenta y muy poco se ha sabido de &eacute;l desde entonces. El &ldquo;fantasma de la vanguardia&rdquo; del que hablaba Tavarovsky reaparece en la novela en este poeta maldito, objeto del asedio del narrador.
    </p><p class="article-text">
        En el ensayo-ficci&oacute;n, como lo entiende Chico, el tema de las investigaciones acaba siendo&nbsp;crucial en la configuraci&oacute;n de la identidad o la intimidad del narrador, una intimidad que encuentra el modo de hablar tambi&eacute;n a sus lectores. En las tres novelas del autor placentino vislumbramos a un personaje que persigue una sombra con la esperanza de que esa sombra lo ilumine. Como era Johny Carter para Bruno en el relato cortazariano de &ldquo;El perseguidor&rdquo;, Galicia significa para el narrador de la novela una metonimia de todos los escritores que entregaron su vida a la literatura, que lo arriesgaron todo &ndash; incluso la raz&oacute;n &ndash; de acuerdo a unos c&oacute;digos de exigencia donde no cab&iacute;an concesiones al mercado., representantes de una vanguardia en min&uacute;sculas que despu&eacute;s fueron olvidados. Galicia en la novela es un espejo inc&oacute;modo que nos devuelve al mismo tiempo fascinaci&oacute;n, terror, tal vez nostalgia y melancol&iacute;a sin que est&eacute; muy claro qu&eacute; es lo que predomina.&nbsp;Un rasgo constitutivo de la po&eacute;tica de Chico es el extraordinario poso l&iacute;rico que se desprende de cada p&aacute;gina. <em>Los nombres impares</em> est&aacute; plagada de interrogantes y reflexiones que afectan a la propia creatividad del autor, a c&oacute;mo la memoria deshace los hechos, a c&oacute;mo es necesario robar una historia para poder hoy seguir escribiendo, a cu&aacute;les son los l&iacute;mites o l&iacute;neas rojas que es l&iacute;cito o no cruzar en los diferentes pactos de lectura, a c&oacute;mo continuar imbricando, en definitiva, vida y literatura a pesar de todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, el rasgo m&aacute;s propiamente novelesco de este libro provenga del policial. As&iacute;, las pesquisas del narrador/autor buscan identificar a un desaparecido que algunos hab&iacute;an dado por muerto, sobre el que recae una leyenda negra que llega hasta hoy. El narrador &ndash; un escritor que atraviesa un bloqueo creativo &ndash; decide acompa&ntilde;ar como guionista a su amigo cineasta, Tom&aacute;s Acosta,<em> </em>en el proyecto de rodar un documental sobre Dami&aacute;n Gallego, identidad bajo la que, de acuerdo con la novela, se ocultar&iacute;a el autor de <em>La ciencia de la tristeza</em>. Gallego es un escritor sexagenario y enfermo que pasa sus &uacute;ltimos a&ntilde;os en el nada glamuroso barrio barcelon&eacute;s de Vallcarca. A trav&eacute;s de Ida, la chica que cuida de &eacute;l, los dos amigos logran entrar en su piso para examinar toda una serie de cajas con fotograf&iacute;as, recortes de prensa, libros y notas manuscritas<em>. </em>A partir de estos documentos y el concurso de otros personajes que desfilan por la novela, como el poeta Bruno Montan&eacute; &ndash; Felipe M&uuml;ller en la obra de Bola&ntilde;o &ndash;, o el tambi&eacute;n escritor Eduardo Ruiz Rosa, el narrador va tejiendo conexiones entre Dami&aacute;n Gallego y la figura de Galicia, <em>enfant terrible</em> de la neovanguardia mexicana que, de acuerdo con lo que se dice en la novela de Bola&ntilde;o, lleg&oacute; a proponer la <em>boutade </em>de la fundaci&oacute;n del primer Partido Comunista Homosexual de M&eacute;xico. Chico, que ha declarado en varias entrevistas que el periodo de documentaci&oacute;n le resulta el m&aacute;s gratificante de su trabajo de escritor, arma este mosaico con diversos materiales que entreteje de manera muy inteligente: el testimonio de otros escritores, lo expresado por Bola&ntilde;o en <em>Los detectives salvajes </em>a prop&oacute;sito de Ernesto San Epifanio, las referencias a Galicia en antolog&iacute;as, como la de Gabriel Zaid, o la serie de estudios y art&iacute;culos period&iacute;sticos que recuperan la figura de Galicia (los m&aacute;s importantes, dos art&iacute;culos que le dedica la mexicana Ana Clavel, escritora e investigadora de la literatura, aparecidos en el peri&oacute;dico <em>Milenio</em>)<em>. </em>Adem&aacute;s de un preciso trabajo de documentaci&oacute;n a prop&oacute;sito de la neovanguardia mexicana de la &eacute;poca, Chico espolvorea el libro con multitud de citas de autores de muy diversa &iacute;ndole que enfrentaron el proyecto de recuperar la memoria en sus escritos&nbsp;y engarza esas citas con habilidad en beneficio de la narraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la novela, el autor placentino va tejiendo una historia al hilo de sus preocupaciones e intereses como investigador, ofreci&eacute;ndonos todo lo que se sabe de Galicia. Se nos recuerda c&oacute;mo, en un poema de <em>Los perros rom&aacute;nticos, </em>el propio Bola&ntilde;o afirma ir a visitar a su amigo convaleciente, en compa&ntilde;&iacute;a de Mario Santiago, tras haber sido operado aquel de dos aneurismas en condiciones muy precarias, sugiriendo que tras esa operaci&oacute;n en realidad hubo una lobotom&iacute;a promovida por su familia para &ldquo;curar&rdquo; su homosexualidad. Pese a ello, Galicia, aun con facultades mermadas, sigui&oacute; publicando algunos poemas, cuentos y art&iacute;culos a lo largo de los a&ntilde;os, e incluso fueron apareciendo algunos libros suyos, pero desde los a&ntilde;os ochenta se le pierde la pista. Bola&ntilde;o muere en 2003 imagin&aacute;ndolo muerto. Algunos testimonios lo identifican en situaci&oacute;n de calle en M&eacute;xico DF en 2008. Fue aparentemente fotografiado ese a&ntilde;o vagabundeando por la ciudad e inclusive - como recoge en su texto Ana Clavel - la escritora Carmen Boullosa escribi&oacute; sobre &eacute;l en prensa para reivindicar la necesaria dignidad debida a los intelectuales, cargando las tintas contra las autoridades mexicanas por permitir un deterioro semejante. Despu&eacute;s vuelve a perderse. Hasta aqu&iacute; lo que se sabe, pero donde no llega el ensayo o la historia, logra llegar la ficci&oacute;n. &Aacute;lex Chico fabula, imagina c&oacute;mo puede haber sido la vida de Galicia y la hace vivida por su Dami&aacute;n Gallego, que finalmente, en el momento de mayor intensidad de la novela, toma la palabra para hablar por s&iacute; mismo en una entrevista grabada en su piso de Vallcarca. Chico imagina los versos y manuscritos que pudo haber compuesto y que nunca public&oacute;; sus muchas an&eacute;cdotas de comienzos de los setenta junto a los &ldquo;infras&rdquo;; sus viajes a Culiac&aacute;n; su encuentro con Octavio Paz; un per&iacute;odo en la c&aacute;rcel en M&eacute;xico; c&oacute;mo vivi&oacute; entre delirios la operaci&oacute;n en que trepanaban su cr&aacute;neo y c&oacute;mo fue el postoperatorio; cu&aacute;l fue su relaci&oacute;n con su familia; una etapa como <em>clochard</em> en Par&iacute;s; sus solitarios recitales po&eacute;ticos en los lugares m&aacute;s inveros&iacute;miles de la ciudad; c&oacute;mo sufre un episodio de esquizofrenia en sus calles; su posterior decepci&oacute;n de las figuras centrales del infrarrealismo &ndash; &ldquo;ni detectives ni salvajes&rdquo;, llega a decir de Santiago y Bola&ntilde;o &ndash;; su amistad con el argentino N&eacute;stor S&aacute;nchez, otro escritor bohemio y poco difundido, amigo de Cort&aacute;zar, admirador, como Dami&aacute;n Gallego, de Gurdjieff y autor de <em>Diario de Manhattan</em> (un libro que se convierte en <em>Los nombres impares </em>en otro, titulado <em>Cr&oacute;nica de Par&iacute;s</em>, firmado por Gallego); c&oacute;mo recibi&oacute; la noticia de la muerte de su padre; su afici&oacute;n por recluirse en una c&aacute;rcel a cielo abierto, como es el desierto, que a su llegada a Espa&ntilde;a lo hizo visitar los Monegros y Tabernas; la idea de la ocupaci&oacute;n literaria como el servicio esclavo a un amo al que no se conoce; su cr&iacute;tica feroz al sistema editorial; la in&uacute;til aspiraci&oacute;n a eso que puede llamarse posteridad, y el silencio como &uacute;nica utop&iacute;a factible en adelante. El resultado es, en definitiva, perfectamente veros&iacute;mil, tanto, que sus lectores pensamos que, efectivamente, el narrador ha logrado devolvernos al poeta, al fin, l&uacute;cido y vivo, en parte descre&iacute;do y en parte orgulloso de su pasado, elegante y sarc&aacute;stico, derrotado y, por lo mismo, magn&iacute;fico, respondiendo a las preguntas para el supuesto documental de Acosta y Chico. La trama novelesca est&aacute; tensionada por este juego de identidades &ndash; Gallego, Galicia, San Epifanio &ndash; que se solapan, tensi&oacute;n que no se resuelve hasta el final del libro. La conjetura que empuja al narrador no termina de satisfacerse: &iquest;Gallego es o no es Galicia? &iquest;O es otra vez Ces&aacute;rea Tinajero para el narrador de esta novela? &iquest;&Aacute;lex Chico es o no &Aacute;lex Chico? &iquest;Y si alguno de ellos no lo fuera, acaso importar&iacute;a? El espejo de Gallego &iquest;qu&eacute; rostro nos devuelve? &iquest;El de la utop&iacute;a, el del miedo, el de la nostalgia o el del desencanto? &iquest;Se puede decir la verdad mintiendo si se miente lo mejor posible? &iquest;Es preferible lo veros&iacute;mil a lo verdadero? &iquest;Escribir, como dice el narrador del libro, no es acaso a&ntilde;adir un cap&iacute;tulo a la obra de aquellos escritores que m&aacute;s admiramos, para escribirnos a nosotros mismos en esa estela o, por decirlo junto a Rafael Cadenas, para que por un instante &ldquo;seamos reales&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; fue y qu&eacute; ser&aacute; la vanguardia?
    </p><p class="article-text">
        &Aacute;lex<em> </em>Chico, en <em>Los nombres impares,</em> construye una autoficci&oacute;n que participa en el debate en curso sobre la autoficci&oacute;n misma. El cuestionamiento del propio procedimiento de escritura se incluye dentro de la trama en la forma de una discusi&oacute;n sobre los l&iacute;mites de la imaginaci&oacute;n en el documental entre los personajes de Chico y Acosta, sentados en una terraza de Gr&agrave;cia. Una discusi&oacute;n en la que Chico defiende la poes&iacute;a y la ficci&oacute;n como una forma superior de conocimiento, donde &ldquo;faltarle el respeto al espectador es no construir la mejor historia que le puedo contar (&hellip;) con todas las trampas. (&hellip;)&rdquo;. Chico defiende la legitimidad de la ficci&oacute;n al documentar la historia de Gallego:&nbsp;&ldquo;la diferencia entre el poeta y el historiador&rdquo; es el poder de contar &ldquo;lo que sucede&rdquo; o &ldquo;lo que podr&iacute;a haber sucedido&hellip;&rdquo; (210). Acaso de una forma u otra ese punto de ficci&oacute;n resulta inherente a toda aproximaci&oacute;n a la realidad que cabe postular. Como apunta en otro lugar de la novela el propio Chico, en un p&aacute;rrafo que podr&iacute;a definir tambi&eacute;n el trabajo de investigaci&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tiras del hilo, pero no deshaces la madeja. Simplemente a&ntilde;ades m&aacute;s capas. (...) Lo &uacute;nico que puedes hacer es aumentar el volumen de la madeja, superponer m&aacute;s capas, rodearla con nuevos hilos. Hasta que alcance una dimensi&oacute;n suficiente como para saber que ese objeto podr&aacute; acompa&ntilde;arte durante un tiempo. Antes de que eche a andar por su cuenta y te sientas, otra vez, habitando un lugar solitario&rdquo; (125).
    </p><p class="article-text">
        Entre la realidad y la ficci&oacute;n, <em>Los nombres impares</em> invoca para sus lectores las figuras de Dar&iacute;o Galicia y N&eacute;stor S&aacute;nchez, pero tambi&eacute;n la de Bola&ntilde;o, entre otras muchas referencias y citas, para recordarnos que escribimos, investigamos, leemos para a&ntilde;adir interrogantes que nos permitan continuar nuestra propia historia, para encontrar cobijo en aquello que escribimos y leemos, al menos por un tiempo, para reunir, como hace en esta magn&iacute;fica novela &Aacute;lex Chico, de un modo veros&iacute;mil vida y literatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Montoya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/perseguidor-lectura-nombres-impares-alex-chico_132_8706187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Feb 2022 09:31:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El perseguidor: una lectura de 'Los nombres impares', de Alex Chico]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sangre en el lienzo: sobre 'El arte de la crueldad', de Maggie Nelson]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/sangre-lienzo-arte-crueldad-maggie-nelson_132_8686392.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3487760d-4c6f-4bc6-aa5e-704b20368915_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sangre en el lienzo: sobre &#039;El arte de la crueldad&#039;, de Maggie Nelson"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siguiendo el trabajo de Sunsan Sontag o Elaine Scarry, Nelson aborda desde parámetros teóricos, sensitivos y éticos el interés que pueden tener las propuestas creativas de cualquier disciplina que tengan en la violencia el motor único que justifica su existencia</p></div><p class="article-text">
        &iquest;La crueldad engendra crueldad? &iquest;Estamos inmunizados ante la violencia si el yo es una representaci&oacute;n? &iquest;La crueldad en la literatura es mucho menos eficiente que cualquier impacto visual o perform&aacute;tico? Son solo algunas de los debates que Nelson pone sobre las p&aacute;ginas de su ensayo.
    </p><p class="article-text">
        Ese arte que busca una reacci&oacute;n en lo m&aacute;s profundo de uno mismo. Los cuadros en los que el autor lanza preguntas no seguidas por respuestas, cuestiones que impactan en el espectador con la misma fuerza con la que fueron formuladas. Performances, cortometrajes, pel&iacute;culas, ensayos... espacios creativos que abordan la muerte, el dolor, el miedo, la soledad, el olvido... El arte de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Este el campo de trabajo de Maggie Nelson en <em>[el arte de la crueldad]</em>, un ensayo publicado por la editorial Tres puntos con traducci&oacute;n de Lawrence Schimel. El planteamiento del texto es poner sobre la mesa la pertinencia de cualquier tipo de representaci&oacute;n cultural que incida sobre la crueldad y la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo el trabajo de Sunsan Sontag o Elaine Scarry, Nelson aborda desde par&aacute;metros te&oacute;ricos, sensitivos y &eacute;ticos el inter&eacute;s que pueden tener las propuestas creativas de cualquier disciplina que tengan en la violencia el motor &uacute;nico que justifica su existencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde la poes&iacute;a de Sylvia Plath hasta las performance de Marina Abramovi&#263;, pasando por un ampl&iacute;simo cat&aacute;logo de creadores que han hecho de la crueldad su medio de expresi&oacute;n. En ocasiones como una mera provocaci&oacute;n; en otras, con una supuestamente falsa intenci&oacute;n educadora; las m&aacute;s de todas, porque ese morbo que se encuentra en la ofensa y el terror remueven algo a lo que no se sabe dar nombre, pero que est&aacute;, interesa y genera algo dentro que no termina de gustar, pero existe.
    </p><h3 class="article-text">El yo representado</h3><p class="article-text">
        Una de las cosas m&aacute;s interesantes de Maggie Nelson en <em>[el arte de la crueldad]</em> es que su ensayo ofrece m&aacute;s preguntas que respuestas. No hay claras conclusiones en los distintos cap&iacute;tulos y temas que aborda, sino v&iacute;as de investigaci&oacute;n, reflexi&oacute;n y pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Desde el papel de los rostros en las representaciones de la crueldad hasta c&oacute;mo la representaci&oacute;n de un yo que no es 'real' puede legitimar cualquier acto de violencia e incluso disfrutar del mismo. Todo ello pasa por las manos de Nelson, que demuestra un ampl&iacute;simo conocimiento del planteamiento hist&oacute;rico de la crueldad a trav&eacute;s del arte, sobre todo en el cambo de la performance.
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                &#039;Five Deaths&#039; de Andy Warhol                            </span>
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        En palabras de la autora, &laquo;una de las tareas de este libro es, pues, ayudarnos a diferenciar entre las obras de arte cuya utilizaci&oacute;n puede ser loable (a falta de una mejor palabra) y aquellas en las que, en cambio, es redundante, de mala fe o simplemente vil&raquo;. Y contin&uacute;a: &laquo;Porque lo que yo llamo 'Arte de la crueldad' no es el arte que expl&iacute;citamente intenta protestar, mejorar, hacer patente, acusar o intervenir en instancias de brutalidad. Al contrario, mucho del arte que aqu&iacute; se examina podr&iacute;a ser acusado justamente de a&ntilde;adir m&aacute;s crueldad &ndash;tanto real como ficticia-- al ya despreciable mont&oacute;n que existe&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa duda constante se mueve Nelson, una duda que se aferra a los ojos del lector para comenzar a preguntarle, ante cada ejemplo ofrecido por la autora, si es preciso, si hace falta mostrar esa cara tan oscura, si la propuesta art&iacute;stica del horror es necesaria y positiva para exponer al espectador ante sus miserias e invitar al cambio o si, por el contrario, puede llegar a generar deseos de reproducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La crueldad engendra crueldad? &iquest;Estamos inmunizados ante la violencia si el yo es una representaci&oacute;n? &iquest;La crueldad en la literatura es mucho menos eficiente que cualquier impacto visual o performatico? Son solo algunas de los debates que Nelson pone sobre las p&aacute;ginas de su ensayo.
    </p><h3 class="article-text">Un cat&aacute;logo de dolor</h3><p class="article-text">
        Aunque quiz&aacute; Nelson naufrague en la b&uacute;squeda de unas respuestas ya desde el planteamiento de libro imposibles, pese al exceso de temas que no termina de desarrollar plenamente y que adolecen de una estructura clara en cuanto a la defensa o el ataque que la autora les dedica, lo que s&iacute; hace funcionar a <em>[el arte de la crueldad] </em>es el profundo cat&aacute;logo del dolor que la autora ofrece al lector.
    </p><p class="article-text">
        Porque si para algo sirve la lectura del ensayo es para recopilar una serie de recomendaciones de proyectos art&iacute;sticos (desde libros hasta obras de teatro, pasando por performances y el cine) que trabajan, con mayor o menor acierto &ndash;siempre en opini&oacute;n de la autora&ndash; sobre estos presupuestos.
    </p><p class="article-text">
        Para que s&iacute;, puede entender quien toma el libro entre sus manos, sea el propio lector/espectador el que reflexione a prop&oacute;sito de todo lo planteado: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n define qu&eacute; es el da&ntilde;o? &iquest;En nombre de qui&eacute;n?&raquo;, &iquest;Debe, el espectador del arte de la crueldad, posicionarse &eacute;ticamente ante/frente/a favor de la obra? &iquest;Ha de existir este arte violento, cruel, centrado en el dolor? &iquest;Es positiva su existencia? &iquest;Puede encender la llama de la violencia en los otros? Las preguntas se suceden a lo largo de todo el libro. Las respuestas son m&iacute;nimas, contradictorias en ocasiones, personal&iacute;simas... pero suponen unos primeros pasos hacia esta reflexi&oacute;n necesaria.
    </p><p class="article-text">
        <em>[el arte de la crueldad] </em>es una oportunidad para mirar m&aacute;s all&aacute; de la mera representaci&oacute;n de los perfiles sin rostro de Bacon, de la visceralidad honesta de Plath, de la 'locura' inmarcesible de Artaud... y preguntarse qu&eacute; cambios genera en quien lo observa, quien lo consume, hacia d&oacute;nde nos mueve ese arte, con qu&eacute; prop&oacute;sitos. Y sobre todo, si consigue su fin y si el fin es, en esencia, leg&iacute;timo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel J. Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/sangre-lienzo-arte-crueldad-maggie-nelson_132_8686392.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Jan 2022 12:33:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sangre en el lienzo: sobre 'El arte de la crueldad', de Maggie Nelson]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuál es el origen de la riqueza? Esclavitud y azúcar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/origen-riqueza-esclavitud-azucar_132_8672181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/715460c0-a32e-4ec2-a4d8-4719e2813ef2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuál es el origen de la riqueza? Esclavitud y azúcar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos estudios recientes analizan el enriquecimiento de industriales españoles en las Indias al calor de la colonización y el esclavismo.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        A finales del siglo XIX Joseph Conrad public&oacute; <em>El coraz&oacute;n de las tinieblas</em> (1899). La voracidad del proceso imperialista en &Aacute;frica y, en concreto, el caso del Congo, como territorio propiedad personal de Leopoldo II y la explotaci&oacute;n de sus minas de forma inhumana, como as&iacute; atestiguan los testimonios fotogr&aacute;ficos. Conrad, quien conoc&iacute;a bien c&oacute;mo se desarrollaba el comercio en la cuenca del Congo y los costes humanos, se adentra en su novela en las tinieblas del alma humana, cuando se pierde cualquier rastro de empat&iacute;a y se cae en la miseria m&aacute;s profunda. La obra de Conrad marca una serie de textos que van a ir public&aacute;ndose en Europa, ya de car&aacute;cter pol&iacute;tico o literario, que har&aacute;n una cr&iacute;tica del imperialismo y la explotaci&oacute;n colonial.
    </p><p class="article-text">
        Este ejemplo paradigm&aacute;tico para mi, me sirve de elemento conductor para acercarnos a dos obras de naturaleza hist&oacute;rica y literaria, que se publicaron a finales de 2021, que ponen de relieve un tema que - a mi juicio- ha permanecido como un tab&uacute; hist&oacute;rico en Espa&ntilde;a. Esto es la vinculaci&oacute;n de Espa&ntilde;a y el nacimiento de las grandes fortunas de este pa&iacute;s a la trata de esclavos y a la explotaci&oacute;n azucarera en el Caribe hasta la p&eacute;rdida de Cuba y Puerto Rico (precisamente en el a&ntilde;o que Conrad publicaba su obra).
    </p><p class="article-text">
        La primera de ellas, <em>Azucre</em> (Pepitas de calabaza, 2021) escrita por Bibiana Candia a trav&eacute;s de una prosa casi po&eacute;tica nos adentra en el viaje que hacen desde Galicia un grupo de chicos, que faltos de un horizonte en la Espa&ntilde;a de 1853, se embarcan para trabajar en la explotaci&oacute;n azucarera. Bibiana consigue trasladarnos a esa aldea, con su universo de supersticiones, creencias, su propia lengua, miedos para despu&eacute;s sumergirnos en la miseria del trabajo, en las cartas que se env&iacute;an a casa como refugio a un mundo deshumanizado, donde la esclavitud en pleno siglo XIX trasciende m&aacute;s all&aacute; del racismo generalizado y pasa por la explotaci&oacute;n del hombre por el hombre. Esclavos del mismo pa&iacute;s, personas aparentemente libres que entran, por la pobreza extrema, en el c&iacute;rculo del trabajo forzado muy alejado de la imagen idealizada de &ldquo;hacer las am&eacute;ricas&rdquo;, donde los &uacute;nicos beneficiados son las familias que controlan las explotaciones azucareras. Familias, que a lo largo del siglo XIX y hasta los primeros a&ntilde;os del siglo XX, colocaron a diputados en las Cortes o auparon a distintos presidentes de gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        La obra de una gran sensibilidad de Bibiana Candia se complementa perfectamente con el ensayo hist&oacute;rico: <em>Negreros. Espa&ntilde;oles en el tr&aacute;fico y en los capitales esclavistas</em> (Catarata, 2021) de Jos&eacute; Antonio Piqueras, quien trabaja todo el proceso de la trata de esclavos desde el&nbsp;siglo XVI cuando desde el Caribe se asentaba a la poblaci&oacute;n africana esclava desde los puertos de Veracruz, San Juan de Ul&uacute;a, Santiago de Cuba, La Habana, etc. Este negocio permaneci&oacute; activo y vivo, donde tuvieron un papel importante no s&oacute;lo aquellos que literalmente secuestraban a la poblaci&oacute;n africana de sus casas y su posterior distribuci&oacute;n por Am&eacute;rica, donde tuvieron un papel importante los traficantes portugueses e ingleses, que despu&eacute;s en territorio americano generaba toda una red de comercio y distribuci&oacute;n de personas.
    </p><p class="article-text">
        Con la ilustraci&oacute;n y el nacimiento del movimiento abolicionista decimon&oacute;nico, los caminos de este sistema organizado de explotaci&oacute;n fue modific&aacute;ndose y adapt&aacute;ndose, hasta crear hilos invisibles de explotaci&oacute;n, esto es, en una legalidad donde la esclavitud ya no era legal se manten&iacute;a un sistema cercano a la misma, como el que nos relataba Bibiana. Hasta ese momento Piqueras destaca c&oacute;mo a partir del siglo XVIII marinos catalanes y vascos eran mayoritarios en porcentaje de nav&iacute;os espa&ntilde;oles juzgados por tribunal de Sierra Leona en 1835, donde destaca el caso de Juan Jos&eacute; Zangroniz, quien viv&iacute;a en La Habana y controlaba desde all&iacute; una sociedad familiar cuya actividad era el comercio humano. Esto sirve de ejemplo para el rastreo minucioso de Piqueras, quien hace un recorrido vital por los sujetos que basaron su riqueza en estos fines. Ya en el siglo XIX la base de Cuba se convertir&iacute;a en un engranaje fundamental econ&oacute;mico por la producci&oacute;n azucarera, pero adem&aacute;s como escuela militar ya que la mayor&iacute;a de generales (Sanjurjo, Cabanellas, Queipo de LLano) con papel relevante en la Guerra Civil en 1936 se hab&iacute;an forjado en su primer destino en la guerra de Cuba; o el propio Emilio Mola, quien naci&oacute; en Cuba y tuvo que regresar a la Pen&iacute;nsula en 1898.
    </p><p class="article-text">
        Como apuntaba anteriormente, lo trascendental de este negocio en el coraz&oacute;n de las tinieblas, fue el poder en la sombra que consiguieron al constituirse como un verdadero lobby capaz de comprar voluntades pol&iacute;ticas, pero tambi&eacute;n ganar el favor del gran capital siendo la base del desarrollo del capitalismo industrial en Espa&ntilde;a, ya que parte de esta fortuna de una forma u otra desembarc&oacute; en los industriales catalanes, gallegos y vascos mayoritariamente, como es el caso de Vidal- Ribas o Juan G&uuml;ell, quien de la riqueza de la trata de esclavos consigui&oacute; forjarse como un alto industrial participando en la industria del ferrocarril a trav&eacute;s de La Maquinista Terrestre Y Mar&iacute;tima (1855), la industria textil con la sociedad G&uuml;ell, Ramis y C&iacute;a; y form&oacute; parte de la fundaci&oacute;n del Banco de Barcelona (1845) y la Caja de ahorros y Monte de Piedad de Barcelona (1850).
    </p><p class="article-text">
        Ante las biograf&iacute;as de quienes conocemos como motores de la industrializaci&oacute;n, son necesarias estas voces cr&iacute;ticas hist&oacute;rica y literaria, ya que &iquest;cu&aacute;l es el origen de la riqueza?. Cuando hablamos de &ldquo;progreso&rdquo; &iquest;cu&aacute;l es el peaje o cu&aacute;les son los l&iacute;mites &eacute;ticos y morales?. Esta reflexi&oacute;n es vital para acercarnos al pasado y al sistema que habitamos y, sobre todo, a la hora de narrar y construir nuestro pasado hist&oacute;rico seamos capaces de hacerlo viendo m&aacute;s all&aacute; del discurso cl&aacute;sico o del poder, junto a aquel universo que por desclasado, marginado y mudo no ha tenido la misma capacidad de crear relato.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Beatriz Gracia Arce]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/origen-riqueza-esclavitud-azucar_132_8672181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jan 2022 14:53:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuál es el origen de la riqueza? Esclavitud y azúcar]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La boda kamikaze: una lectura sobre 'El matrimonio anarquista' de Begoña Méndez y Nadal Suau]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/boda-kamikaze-lectura-matrimonio-anarquista-begona-mendez-nadal-suau_132_8642667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df6fd12e-17ba-4dee-9ba6-16ee6de05809_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La boda kamikaze: una lectura sobre &#039;El matrimonio anarquista&#039; de Begoña Méndez y Nadal Suau"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estamos, en definitiva, ante un libro honesto y confesional, en el que los autores nos abren la puerta de lo más íntimo de su casa sin ser exhibicionistas pero sin ahorrarnos tampoco las miserias que cada matrimonio, todos, encierran dentro</p></div><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que apenas se escriben cartas, los escritores Bego&ntilde;a M&eacute;ndez y Nadal Suau resucitan el g&eacute;nero de la ep&iacute;stola en <em>El matrimonio anarquista</em>. Esta elecci&oacute;n formal es la responsable de algunos de los aspectos definitorios de un libro muy distinto a lo que solemos encontrar en las librer&iacute;as espa&ntilde;olas y que nos ofrece una visi&oacute;n contempor&aacute;nea y valiente, casi kamikaze, de la instituci&oacute;n del matrimonio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La estructura del libro est&aacute; determinada por el g&eacute;nero: los dos autores se van intercambiando misivas, respondi&eacute;ndose a las anteriores y planteando nuevos temas y preguntas para que el c&oacute;nyuge las retome en la siguiente. Porque ese matrimonio al que el t&iacute;tulo hace referencia es el que est&aacute; formado por los dos autores; superando la incredulidad de amigos y familiares, Bego&ntilde;a y Josep deciden casarse para celebrar el amor que les une desde hace unos a&ntilde;os. El perfil vital de ambos, personas independientes, progresistas, sin hijos y cercanas a los cuarenta a&ntilde;os, no parece el que m&aacute;s encaje con esta vieja y, para muchos, anquilosada instituci&oacute;n. Sin embargo, los autores deciden seguir adelante con su decisi&oacute;n y convierten su matrimonio en una forma de romper contra los prejuicios que existen contra este tipo de uniones y sobre los que reflexionan en el libro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El formato elegido nos permite escuchar alternativamente la voz de ambos, muy distintas en cuanto a lo estil&iacute;stico y tambi&eacute;n a la personalidad que dejan traslucir sus palabras. Mientras que Josep aparece como una persona aparentemente fr&iacute;a, algo que los hechos no tardar&aacute;n en matizar, Bego&ntilde;a se nos muestra m&aacute;s pasional; &eacute;l es ordenado y nocturno, mientras que ella es m&aacute;s ca&oacute;tica y disfruta de la quietud de los amaneceres. Por supuesto, las coincidencias son mayores que las diferencias y ambos dejan traslucir una fuerte conciencia pol&iacute;tica, en la defensa del transfeminismo, por ejemplo, y de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, y gustos similares como la lectura, la nataci&oacute;n, algunas drogas y, por supuesto, los tres gatos con los que comparten el apartamento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el formato epistolar tambi&eacute;n provoca el principal problema de verosimilitud del libro: el hecho de estar casi todo el d&iacute;a juntos (tambi&eacute;n trabajan en el mismo centro) no permite que las cartas sean, ni mucho menos, su &uacute;nico modo de comunicaci&oacute;n, por lo que el lector se pregunta c&oacute;mo continuar&aacute; esta conversaci&oacute;n epistolar en la intimidad del hogar. Esta situaci&oacute;n se complica con la confesi&oacute;n que Bego&ntilde;a realiza en una de las cartas y que provocar&aacute; una crisis en el matrimonio que la siguiente carta de Josep explica. Los autores son conscientes de que esos espacios ajenos a la carta tambi&eacute;n forman parte del libro y solucionan el problema narrando lo ocurrido durante la conversaci&oacute;n previa a la llegada de la misiva. Como Bego&ntilde;a indica en una carta posterior, al contrario que otros amantes obligados a vivir separados, ellos no buscan con las cartas llenar vac&iacute;os, sino &ldquo;tomar distancia y aprender a conocernos&rdquo; (121).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos, en definitiva, ante un libro honesto y confesional, en el que los autores nos abren la puerta de lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su casa sin ser exhibicionistas pero sin ahorrarnos tampoco las miserias que cada matrimonio, todos, encierran dentro. Una l&uacute;cida reflexi&oacute;n sobre las nuevas formas de monogamia y la influencia que poseen los amigos, las familias, el poder adquisitivo, el trabajo o la atracci&oacute;n hacia otras personas en las din&aacute;micas internas de las parejas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Basilio Pujante]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/boda-kamikaze-lectura-matrimonio-anarquista-begona-mendez-nadal-suau_132_8642667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Jan 2022 12:37:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La boda kamikaze: una lectura sobre 'El matrimonio anarquista' de Begoña Méndez y Nadal Suau]]></media:title>
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