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    <title><![CDATA[elDiario.es - La galería]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['La creación de las aves' de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/creacion-aves-remedios-varo-alegoria-pintura-alquimia-ciencia-suenos_1_8185799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9588ac60-25a3-49ba-bd02-6207b0e7631f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La creación de las aves&#039; de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nacida en un pueblo de Gerona, parte del meollo cultural madrileño de antes de la guerra y destacada surrealista, la pintora tuvo que exiliarse hasta su muerte en México. Sara Rubayo nos ayuda a analizar uno de sus cuadros más conocidos</p></div><p class="article-text">
        La pintora Remedios Varo (Espa&ntilde;a, 1908 - M&eacute;xico, 1963) naci&oacute; en el peque&ntilde;o pueblo gerundense de Angl&eacute;s &mdash;poco m&aacute;s de 1.600 habitantes cuando naci&oacute; la artista&mdash;, muy cerca del r&iacute;o Ter y no lejos de la zona volc&aacute;nica de La Garrotxa. A pesar de no poseer esa solera mar&iacute;tima, veraniega y pintoresca del Cadaqu&egrave;s en el que se crio el gran exponente del surrealismo, Salvador Dal&iacute;, s&iacute; que tiene una m&iacute;stica que acompa&ntilde;&oacute; a Varo durante toda su vida. La historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a> explica que, por muy lejos que la llevaran sus viajes y, en especial, su exilio en M&eacute;xico, esas tierras catalanas siempre la acompa&ntilde;ar&iacute;an y alimentar&iacute;an su creatividad. <em>La creaci&oacute;n de las aves</em> es uno de los cuadros cumbres de la pintora y, aunque parezca mentira, lo que el espectador puede ver en &eacute;l es un autorretrato o, dicho de otro modo, la visi&oacute;n de Remedios Varo de c&oacute;mo es la creaci&oacute;n art&iacute;stica en sus propias carnes. ''Para ello nos brinda una alegor&iacute;a muy bonita a medio camino entre el mundo on&iacute;rico y la alquimia'', tercia Rubayo. Pero, &iquest;en qu&eacute; consiste esa alegor&iacute;a? Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;l es el mensaje final que nos quiere transmitir?
    </p><p class="article-text">
        <em>''La creaci&oacute;n de las aves</em>'', sit&uacute;a la divulgadora, ''podemos encontrarla en el Museo de arte moderno de Ciudad de M&eacute;xico y lo enmarcamos en un claro surrealismo, aunque con fuerte car&aacute;cter simb&oacute;lico''. El espectador encontrar&aacute; en &eacute;l un tratamiento del arte ''fantasioso y on&iacute;rico'' y ese es, precisamente, uno de los sellos de la artista. Por otra parte, es muy f&aacute;cil encuadrar la pieza en la producci&oacute;n de otras pintoras contempor&aacute;neas a Varo. Como ella, tambi&eacute;n Artemisia Gentileschi, de quien ya hemos hablado en La Galer&iacute;a, y otras tantas ''se autorretrataron con la misma idea''. Pero, en este caso, Varo va m&aacute;s all&aacute; y ''se transforma a ella misma, a la propia artista, en un ser m&aacute;gico creador medio humano medio lechuza'', aunque quiz&aacute;s sea la propia autora disfrazada del p&aacute;jaro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ciencia, la alquimia y la magia, tan habitualmente peleadas y habituadas a convivir la una lejos de las otras, se dan cita en <em>La creaci&oacute;n de las aves</em>. Varo las entremezcla ''para crear diferentes p&aacute;jaros a los que les da el don del canto o la m&uacute;sica gracias al viol&iacute;n que le cuelga del cuello''. Utiliza una paleta de colores primarios para pintar los p&aacute;jaros a los que m&aacute;s adelante les da vida con la luz de las estrellas que entra por la ventana. ''As&iacute;, esos colores se canalizan al atravesar su lupa triangular'', matiza Rubayo. A medida que los p&aacute;jaros cobran vida, echan a volar por la ventana como si regresasen a su h&aacute;bitat o, como se&ntilde;ala la historiadora del arte, ''a su origen primigenio''. Adem&aacute;s, esa mezcla entre la alquimia y la ciencia tambi&eacute;n la encontramos tanto en la disposici&oacute;n de los muebles de la habitaci&oacute;n, como en los objetos que rodean a la lechuza. ''Es un <em>mix </em>entre el estudio de un pintor y el laboratorio de un cient&iacute;fico, envuelto de un aire m&iacute;stico y casi m&aacute;gico'', resuelve. En <em>La creaci&oacute;n de las aves</em>, la artista insiste en algo que ya la hab&iacute;a inspirado en otros momentos de su trayectoria: ''Varo pinta c&oacute;mo el artista dota de vida a las figuras que representa y c&oacute;mo esa vida trasciende m&aacute;s all&aacute; de su soporte''.
    </p><p class="article-text">
        <strong>''Una hechicera que se fue demasiado pronto''</strong>
    </p><p class="article-text">
        Obras como la que presenta La Galer&iacute;a esta semana convierten a Varo en una referencia en el surrealismo de todos los tiempos. Y no es que lo diga Sara Rubayo, que tambi&eacute;n, es que lo dijo el padre del movimiento, Andr&eacute; Bret&oacute;n. A la muerte de la pintora espa&ntilde;ola, el franc&eacute;s exclam&oacute;: ''El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto''. En pocas palabras, explica la divulgadora, ''el surrealismo indaga en el subconsciente atravesando mundos de fantas&iacute;a donde la l&oacute;gica y la racionalidad no tienen cabida''. Sin embargo, por muy surrealista que fuera, la obra de Varo est&aacute; &iacute;ntimamente intrincada con las experiencias que vivi&oacute; durante su vida, especialmente con todos los viajes que realiz&oacute; y con su migraci&oacute;n a M&eacute;xico, donde finalmente estableci&oacute; su casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ''En en pa&iacute;s azteca se instal&oacute; huyendo de la guerra'', subraya Rubayo, ''y consigui&oacute; hacerse un hueco no solo en el ecosistema art&iacute;stico mexicano, sino que tambi&eacute;n en Estados Unidos''. Antes, empero, hab&iacute;a formado parte del <em>boom</em> cultural madrile&ntilde;o junto con sus compa&ntilde;eros de la Real Academia de Arte de San Fernando y se code&oacute; con alumnos de la Residencia de Estudiantes como Dal&iacute;, Lorca u otra gran surrealista, Maruja Mallo. Aquel meollo intelectual dio grandes frutos, pero el estallido de la guerra oblig&oacute; a que eso sucediera o bien antes del conflicto, o bien lejos de las fronteras. Y de eso, Varo, cuya producci&oacute;n en M&eacute;xico fue muy notable, es uno de los mejores ejemplos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/creacion-aves-remedios-varo-alegoria-pintura-alquimia-ciencia-suenos_1_8185799.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 20:03:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La creación de las aves’ de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/creacion-aves-remedios-varo-alegoria-pintura-alquimia-ciencia-suenos_7_8185901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e5cd998-30ad-4c58-bbf8-17a081be682c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La creación de las aves’ de Remedios Varo, una alegoría de la pintura entre la alquimia, la ciencia y los sueños"></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 16:47:29 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA["La gran ola" de Kanagawa, la esencia japonesa que encajó en Occidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-ola-kaganawa-esencia-japonesa-encajo-occidente_1_8165166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74c4a571-3f84-4950-8f61-a464d6f0754e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La gran ola&#039; de Kaganawa, la esencia japonesa que encajó en occidente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pieza es uno de los "36 grabados del monte Fuji" y es obra de Katsushika Hokusai. Se ha convertido en una de las imágenes más conocidas del arte oriental y de la mano de Sara Rubayo descubrimos qué significa y cómo es la técnica ukiyo-e</p><p class="subtitle">La feria internacional Artesantander 2021 mira al coronavirus</p></div><p class="article-text">
        ''El nip&oacute;n Katsushika Hokusai hab&iacute;a estudiado a fondo el arte europeo'', tercia la historiadora del arte <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, y eso es un detalle importante a la hora de analizar su obra m&aacute;s conocida, <em>La gran ola</em> (Museo Metropolitano de Arte de Nueva York), que forma parte de una serie de grabados realizados en 1820 agrupados bajo el t&iacute;tulo <em>36 vistas del monte Fuji</em>. ''Al ser grabados'', explica la divulgadora, ''era muy barato hacer copias, por lo que el trabajo de Hokusai lleg&oacute; a Europa con facilidad''. No parece, por tanto, casualidad que el japon&eacute;s eligiera tem&aacute;ticas que encajaban tanto en las corrientes art&iacute;sticas que predominaban a principios del siglo XIX en el Viejo Continente. ''Esa idea rom&aacute;ntica del hombre luchando contra el &iacute;mpetu de la naturaleza'', contin&uacute;a Rubayo, ''ten&iacute;a mucha salida en estas tierras''. Con todo, Hokusai, que utiliz&oacute; la t&eacute;cnica del <em>ukiyo-e</em> para elaborar la serie, posiblemente considerara la perspectiva del Marketing a la hora de decidirse a realizar los grabados. Hay que tener en cuenta, adem&aacute;s, que aunque <em>La gran ola</em> sea, efectivamente, la m&aacute;s conocida de las 36 piezas que conforman la serie, es imprescindible contemplar el trabajo al completo para comprender su grandeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todos los grabados, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/paris-hokusai-retrospectiva-organizada-japon_1_4610751.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hokusai </a>introduce, de una forma u otra, la imagen del monte Fuji. Por eso, a pesar de que en alguna de las piezas, como precisamente <em>La gran ola</em>, el monte no sea el protagonista, la serie recibe ese nombre. El artista pinta la monta&ntilde;a en verano, en invierno, primavera y oto&ntilde;o. Con nieve y sin ella. Con hombres y mujeres trabajando a su alrededor y tambi&eacute;n con predominancia absoluta de la naturaleza. Por la ma&ntilde;ana, por la tarde, de muy cerca y de muy lejos. La monta&ntilde;a siempre est&aacute; presente, aunque no siempre es protagonista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        ''En <em>La gran ola</em>'', concreta Sara Rubayo, ''vemos el monte Fuji al final y, de hecho, si nos fijamos una de las olas peque&ntilde;itas que aparecen debajo de la grande, podemos apreciar c&oacute;mo el artista nos ofrece una copia del propio monte, pero l&iacute;quido''. La gran ola es, fuera de toda duda, una amenaza para los hombres que trabajan en las barcas en medio de la tormenta. ''Adem&aacute;s, la composici&oacute;n asim&eacute;trica de la pieza parece arrastrarnos hacia la ola, m&aacute;s a&uacute;n, en este caso, para una persona japonesa, que observa la imagen de derecha a izquierda, en el sentido de su forma de lectura y escritura'', detalla. En cuanto a los colores, ''destaca el agradable uso del azul prusia, muy valorado en Europa, y el crema''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es interesante, por otro lado, la utilizaci&oacute;n de la geometr&iacute;a de que hizo gala Hokusai, aunque no hay constancia de que el artista japon&eacute;s llegara a estudiar matem&aacute;ticas. ''Sin embargo'', apunta la divulgadora, ''ya fuera por algunos estudios que hubiera realizado o por puro instinto, su trabajo m&aacute;s famoso &mdash;<em>La gran ola&mdash;</em> encaja a las mil maravillas con la proporci&oacute;n &aacute;urea que siguen muchas de las obras m&aacute;s importantes de la historia, desde el Parten&oacute;n hasta el Taj Mahal''. M&aacute;s a&uacute;n: ''La ola que protagoniza el grabado, cuyas crestas de espuma, por cierto, imitan unas garras de animal que redundan en lo amenazante de la naturaleza, parece seguir incluso la archiconocida espiral de Fibonacci'', completa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La t&eacute;cnica </strong><em><strong>ukiyo-e</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        La traducci&oacute;n literal de <em>ukiyo-e</em>, la t&eacute;cnica que us&oacute; Katsushika Hokusai para sus serie <em>36 grabados del monte Fuji</em>, es ''mundo flotante'' y se refiere, en su acepci&oacute;n m&aacute;s m&iacute;stica, a un ideal de felicidad, aunque sin olvidar su fugacidad y transitoriedad. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el proceso que llev&oacute; a cabo el artista para realizar los grabados? ''Lo primero que hace Hokusai o cualquier artista que trabaje la t&eacute;cnica'', se&ntilde;ala Rubayo, ''es trazar con tinta el dibujo inicial''. Entonces es cuando entran en juego las planchas de madera: ''En este paso, el artista engancha ese dibujo inicial en una plancha de madera, y corta y retira las partes blancas del papel <em>&mdash;</em>con tal de que solo quede el dibujo<em>&mdash;</em> para lograr una especie de impresi&oacute;n en relieve'', contin&uacute;a la divulgadora. A continuaci&oacute;n, hay que poner tinta en la plancha e imprimirla, por eso es f&aacute;cil realizar muchas copias del mismo dibujo. A partir de ese punto, el artista tinta cada una de las copias con un color diferente y las va pegando de forma alternada en la plancha de madera, dando como resultado el grabado final, que se podr&aacute; imprimir en papel tantas veces como &eacute;l desee.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la t&eacute;cnica que utiliz&oacute; Hokusai para unos grabados que lo dar&iacute;an a conocer a lo ancho y largo del mundo. ''Todos hemos visto ya muchas veces <em>La gran ola</em>'', resuelve la divulgadora, ''pero el resto del trabajo de este artista es tambi&eacute;n excepcional, as&iacute; que su 'gran hit' deber&iacute;a animarnos a acercarnos al resto de su obra''.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-ola-kaganawa-esencia-japonesa-encajo-occidente_1_8165166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 19:54:47 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La gran ola' de Kaganawa, la esencia japonesa que encajó en occidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-ola-kaganawa-esencia-japonesa-encajo-occidente_7_8165207.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b95110b3-5dc1-4afe-8213-9a04aa964c02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La gran ola&#039; de Kaganawa, la esencia japonesa que encajó en occidente"></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 17:50:13 +0000]]></pubDate>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 17:48:34 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de "la carne" al mismísimo rey de Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/bronzino-cuadro-aviso-peligros-carne-mismisimo-rey-francia_1_8144203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d5e33d2-d0ce-4f61-b65e-145e9e435f8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de &#039;la carne&#039; al mismísimo rey de Francia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pintor florentino crea, alrededor de Venus y Cupido, una alegoría del amor en la que aparecen el engaño, el tiempo, los celos, el olvido y, quizás, hasta la sífilis. La historiadora del arte Sara Rubayo nos explica los detalles de "El Triunfo del amor"</p></div><p class="article-text">
        <em>El triunfo del amor </em>o <em>Alegor&iacute;a de Venus y Cupido</em> &mdash;los dos nombres con los que se suele identificar el cuadro&mdash; se sit&uacute;a a medio camino entre un aviso y una premonici&oacute;n. Lo pint&oacute; Agnolo di Torri o Angelo di Cosimo di Mariano (Florencia, 1503 - Florencia, 1572). Como al cuadro, al artista tambi&eacute;n se lo conoc&iacute;a por varios nombres, aunque el que termin&oacute; por imponerse fue el de Bronzino. ''Se dice que era muy moreno de piel'', comenta la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>: ''Y por eso lo de Bronzino''. Sin embargo, completa, ''tambi&eacute;n se le atribuye un car&aacute;cter bastante cerrado, de modo que el sobrenombre puede venir tambi&eacute;n de ah&iacute;''. El caso es que el lienzo que tratamos esta semana en &ldquo;La Galer&iacute;a&rdquo; es imposible de entender sin su contexto. ''Se trata de una pintura manierista con una carga simb&oacute;lica muy alta'', explica Rubayo, ''y solo teniendo en cuenta el contexto en que la pint&oacute; Bronzino, podemos entender por qu&eacute; incluye todos los elementos que vemos en la obra, que para nada es lo que parece a simple vista''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por el principio. &iquest;Qui&eacute;n le encarga el cuadro al pintor florentino? Nos situamos en mitad del siglo XVI. Bronzino, tal y como escribi&oacute; el historiador y pintor Giorgio Vasari en <em>Le vite de' pi&ugrave; eccellenti pittori, scultori e architettori</em>, era, por aquel entonces, el artista m&aacute;s solicitado, por lo que se le comisiona una pintura que deb&iacute;a alcanzar grandes cotas de belleza, toda vez que iba a ser entregada a modo de obsequio al rey de Francia. Y este no es un dato balad&iacute;. ''Francisco I de Francia era famoso por ser un gran aficionado a los vicios de la carne, y tambi&eacute;n al entrecot'', bromea la historiadora del arte. Parece que el monarca ten&iacute;a gusto por los placeres terrenales y eso ayuda a entender el sentido del cuadro que pint&oacute; Bronzino. Vasari lo describi&oacute; as&iacute;: ''Hizo un cuadro de singular belleza, que fue enviado a Francia, al rey Francisco. En &eacute;l hab&iacute;a una Venus desnuda con Cupido, que la besaba, y el Placer por un lado y el Juego con otros amores. Por el otro, el enga&ntilde;o, los celos y otras pasiones del amor''.
    </p><p class="article-text">
        Antes de descubrir cu&aacute;l es el significado de todos los agentes que aparecen en el lienzo, un peque&ntilde;o spoiler: ''Francisco I no debi&oacute; de hacer mucho caso al aviso pict&oacute;rico que le mand&oacute; Bronzino, ya que, a los dos a&ntilde;os de recibir el regalo, el rey franc&eacute;s muri&oacute; y, encima, de s&iacute;filis, una enfermedad de transmisi&oacute;n sexual, que, por cierto'', avisa Rubayo, ''est&aacute; representada en el cuadro''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qui&eacute;n es qu&eacute; en la alegor&iacute;a de Bronzino</strong>
    </p><p class="article-text">
        ''Como toda pintura aleg&oacute;rica, cada figura representa alguna cualidad, un vicio o una virtud'', se&ntilde;ala Rubayo. ''La obra'', contin&uacute;a, ''presenta varios personajes aleg&oacute;ricos encajados como piezas de un puzzle, que ocupan todos los m&aacute;rgenes y dejan una composici&oacute;n abarrotada pero arm&oacute;nica''. A pesar de que los personajes centrales son Venus y Cupido, los dioses de las dos versiones principales del amor, y eso podr&iacute;a llevar al observador a pensar que se trata, precisamente, de un cuadro de amor, nada m&aacute;s lejos de la realidad. ''Por mucho que la centralidad del cuadro la ocupen Venus y Cupido'', apunta la divulgadora, ''hay que fijarse en todo el resto de los personajes para entender cu&aacute;l es el verdadero tema''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que hay que tener en cuenta es c&oacute;mo est&aacute;n representados esos dos protagonistas y, sobre todo, en qui&eacute;nes los acompa&ntilde;an. ''Para empezar'', tercia Rubayo, ''Venus y Cupido se abrazan zigzagueantes bes&aacute;ndose en la boca, lo que es un acto de lujuria e incesto pecaminoso. Adem&aacute;s, el muchacho le pellizca un pez&oacute;n a su madre''. Y esos son solo algunos s&iacute;mbolos de sensualidad y deseo que aparecen en la obra, pero hay muchos m&aacute;s, por ejemplo, las palomas y las m&aacute;scaras que descansan a sus pies. ''Justo detr&aacute;s de Venus'', se&ntilde;ala Rubayo, ''hay un ni&ntilde;o de pelo rizado que brinca alegre a punto de arrojar rosas a la pareja''. Se trata de la cara feliz del amor, del j&uacute;bilo. ''En su tobillo izquierdo'', completa, ''lleva una pulsera de cascabeles que alude a esa alegr&iacute;a de vivir''. Estamos delante de la personificaci&oacute;n del Placer. Lo vemos, adem&aacute;s, pisando unas espinas que se asocian con el dolor que puede llegar a causar el amor. Sin embargo, el Placer no lo nota.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esa personificaci&oacute;n del placer, pint&oacute; Bronzino un dulce rostro falsamente angelical de una ni&ntilde;a que tiene las manos en una disposici&oacute;n imposible. ''Est&aacute;n vueltas del rev&eacute;s'', matiza la divulgadora, ''lo que desvela su aut&eacute;ntica naturaleza: es el enga&ntilde;o''. Su cuerpo es el de una serpiente con patas de le&oacute;n y rabo que remata en doble aguij&oacute;n de escorpi&oacute;n, pero que nos ofrece un panal de rica miel. En otras palabras, trata de jugar con nosotros y confundirnos. Por su parte, el hombre viejo y barbudo que aparece arriba es Cronos, el dios del tiempo y enemigo natural del amor. Delante suyo, la personificaci&oacute;n del olvido trata de tapar la escena. Por &uacute;ltimo, debajo del olvido encontramos el personaje que enlaza con la historia del rey Francisco I de Francia. En los escritos de Vasari ese personaje aparece identificado como la personificaci&oacute;n de los celos, pero, tal y como explica Rubayo, ''estudios recientes han visto en &eacute;l una imagen de la s&iacute;filis''. A todas luces, el monarca galo, o bien no supo leer el mensaje en clave que le brind&oacute; la corte toscana por medio de Bronzino, o bien no quiso hacer demasiado caso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/bronzino-cuadro-aviso-peligros-carne-mismisimo-rey-francia_1_8144203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jul 2021 19:55:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de "la carne" al mismísimo rey de Francia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Divulgación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de ‘la carne’ al mismísimo rey de Francia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/bronzino-cuadro-aviso-peligros-carne-mismisimo-rey-francia_7_8144228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83a3de4d-74ed-49c4-b943-366fc2e74043_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de ‘la carne’ al mismísimo rey de Francia"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jul 2021 18:24:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bronzino y el cuadro con el que avisó de los peligros de ‘la carne’ al mismísimo rey de Francia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_1_8121769.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb6ca9b1-e728-47f2-b5b6-ef2c233d0a00_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Papa Juan Pablo II canonizó, en 1982, al conocido como fraile pintor. Nacido cerca de Florencia, Fra Angélico realizó encargos para los Medici y para varios pontífices y Vasari decía de él que nunca pintaba un cuadro sin rezar antes</p></div><p class="article-text">
        ''Digamos que Fra Ang&eacute;lico es m&aacute;s un fraile pintor, que un pintor fraile'', tercia la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. De hecho, el arquitecto Giorgio Vasari lleg&oacute; a decir de &eacute;l que nunca empez&oacute; una obra sin rezar antes. Durante su vida, a caballo entre Fiesole, Florencia y Roma, recibi&oacute; encargos de distintos pont&iacute;fices, pint&oacute; retablos, frescos o iluminaciones en libros sagrados, pero su obra maestra, aquella por la que es recordado casi seiscientos a&ntilde;os despu&eacute;s &mdash;naci&oacute; cerca de Florencia en 1395 y muri&oacute; en Roma en 1455&mdash;, es <em>La Anunciaci&oacute;n,</em> que se puede contemplar, en la actualidad, en el Museo del Prado de Madrid. ''Se trata de una obra'', la describe Rubayo, ''en la que se encuentran lo terrenal y lo divino, por no hablar de la intenci&oacute;n moralizante y educativa que atesora''. Adem&aacute;s, la tabla no est&aacute; exenta de una dosis de simbolismo. ''Hay un personaje del cuadro'', avisa la historiadora del arte, ''que, aunque nunca lo adivinar&iacute;amos, hace las veces de ojos y o&iacute;dos de la Orden Predicadora de los Dominicos''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>La Anunciaci&oacute;n</em> constituye la parte central de un retablo con predela &mdash;o lo que es lo mismo, un retablo con banco, es decir, la parte inferior en la que descansa el grueso de la acci&oacute;n&mdash;, que est&aacute; realizada con la t&eacute;cnica del temple sobre tabla y en la que se pueden contemplar dos escenas. ''El tema'', explica Sara Rubayo, ''est&aacute; directamente inspirado en la Biblia''. En concreto, en el pasaje de San Lucas 1,26-38, donde se narra el encuentro entre dos mundos ajenos: el divino o espiritual con el terrenal o humano. Pero, &iquest;qu&eacute; vemos en la escena protagonista? ''Antes de nada'', apunta la historiadora, ''hay que fijarse en la arquitectura, que Fra Ang&eacute;lico utiliza para enmarcar la escena principal y para evidenciar la perspectiva, algo que, al mismo tiempo, le permite introducir elementos renacentistas como los arcos de medio punto y los capiteles de las columnas, que sustentan el techo g&oacute;tico pintado como un cielo estrellado''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa escena principal vemos c&oacute;mo un rayo de luz dorado y rectil&iacute;neo irrumpe por la izquierda e impacta directamente en el cuerpo de la Virgen Mar&iacute;a: ''Con eso, Fra Ang&eacute;lico nos est&aacute; diciendo: &laquo;Estamos en el momento de la concepci&oacute;n divina&raquo;''. Y precisamente esa es la conexi&oacute;n m&aacute;s extrema entre lo terrenal &mdash;hasta ese momento, la Virgen Mar&iacute;a&mdash; y lo espiritual o divino. ''Ese rayo solar'', contin&uacute;a Rubayo, ''emana desde los cielos con las manos de Dios, que esconden la paloma del Esp&iacute;ritu Santo''. Por su parte, el Arc&aacute;ngel Gabriel se presenta ante la virgen para anunciarle la nueva de que ser&aacute; la madre de Dios en la Tierra, tal y como promet&iacute;an las sagradas escrituras, que, observa la historiadora, ''descansan en el regazo de la virgen''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos de mostrar alg&uacute;n tipo de asombro, la joven madre responde a su nueva responsabilidad con una reverencia serena: ''Lo percibimos al inclinar ella su torso y al cruzar sus brazos como en una especie de rezo''. Y es precisamente ese rezo, adem&aacute;s de las sagradas escrituras que tiene la virgen, el canal de comunicaci&oacute;n entre lo terrenal y lo divino. Con ese gesto, Fra Ang&eacute;lico demuestra su intenci&oacute;n educativa, toda vez que &lsquo;ense&ntilde;a&rsquo; a las personas que es posible hablar con Dios y que el rezo, la plegaria y la lectura son las formas correctas de hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda escena la protagonizan Ad&aacute;n y Eva en el momento de su expulsi&oacute;n del Para&iacute;so. ''Ambos aparecen en una actitud muy dram&aacute;tica'', desliza Rubayo. A su alrededor, Fra Ang&eacute;lico demuestra su gran conocimiento en el campo de la bot&aacute;nica al pintar una multitud de plantas en un jard&iacute;n t&iacute;pico renacentista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La golondrina y la Orden Predicadora de los Dominicos</strong>
    </p><p class="article-text">
        En esta obra, que pint&oacute; Fra Ang&eacute;lico entre el 1425 y el 1426 y que, por tanto, se encuentra a medio camino entre lo g&oacute;tico y lo renacentista, no pod&iacute;a faltar algo de simbolismo. ''Lo encontramos en mi personaje favorito de toda la tabla'', bromea la historiadora del arte: ''La golondrina''. Se trata del &uacute;nico testigo de la escena y ejerce de representaci&oacute;n de la Orden Predicadora de los Dominicos, de los que, tradicionalmente, se dice que aprenden observando y, a continuaci&oacute;n, difunden la palabra de Dios. Por eso, estamos delante de una pieza que ensalza los pilares de dicha orden dominica: rezar, meditar, contemplar y predicar.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es la &uacute;nica anunciaci&oacute;n que pint&oacute; Fra Ang&eacute;lico, pero ''s&iacute; que es la &uacute;nica en la que vemos con claridad ese rayo de sol que representa al mism&iacute;simo Dios'', aclara Rubayo. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, los Medici le encargaron al fraile pintor la decoraci&oacute;n del convento de San Marcos de Florencia, una obra que le llev&oacute; cinco a&ntilde;os. Despu&eacute;s, tanto el Papa Eugenio IV, como Nicol&aacute;s V le encargaron pintar frescos en el Vaticano y hoy se conservan sus trabajos en la Capilla Niccolina. Todo el empe&ntilde;o que puso en las pinturas religiosas, en el rezo y, sobre todo, en la predicaci&oacute;n llevaron a otro pont&iacute;fice, en este caso, uno mucho m&aacute;s moderno, a canonizarlo. En 1982, el Papa Juan Pablo II lo convirti&oacute; en santo y, al cabo de dos a&ntilde;os, fue nombrado patr&oacute;n de los artistas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_1_8121769.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 19:54:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Museos,Arte,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_7_8121809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c88840c6-46aa-408c-8442-1d5abd86ae9d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Anunciación de Fra Angélico y los trucos para conectar lo divino con lo terrenal"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/anunciacion-fra-angelico-trucos-conectar-divino-terrenal_7_8121809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jul 2021 16:21:21 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['El nacimiento de Venus': las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_1_8100179.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f58175b-5bba-4d45-a618-2ad83efe3c22_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘El nacimiento de Venus’: las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Botticelli sorprendió a todos con esta pintura mitológica, cuya protagonista, la diosa del amor, luce la cara de Simonetta Vespucci, el amor platónico del artista. Con la ayuda de Sara Rubayo, descubrimos los secretos que esconde el cuadro</p></div><p class="article-text">
        La Venus de Sandro Botticelli tiene nombre y apellido. Se llamaba Simonetta Vespucci, era genovesa de nacimiento y florentina de adopci&oacute;n, y todo aquel contempor&aacute;neo suyo que fuera m&aacute;s o menos pr&oacute;ximo al mundo del arte supo, al ver el lienzo, que se trataba de ella. &ldquo;Era una joven muy conocida en toda Florencia por su tremenda belleza&rdquo;, explica la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. &ldquo;Adem&aacute;s&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;hab&iacute;a sido la musa de Botticelli en muchas otras obras&rdquo;. Y no era algo casual o circunstancial. Todo el mundo sab&iacute;a que la joven era el amor plat&oacute;nico del pintor. &ldquo;Por eso la pint&oacute; tantas veces y por eso&rdquo;, apunta Rubayo, &ldquo;la record&oacute; para protagonizar el que iba a ser su cuadro m&aacute;s recordado: <em>El nacimiento de Venus</em>&rdquo;. Y Sara dice que &ldquo;la record&oacute;&rdquo; porque cuando Botticelli empez&oacute; la obra en 1482 la joven llevaba ya seis a&ntilde;os muerta. Falleci&oacute; a los 23 a&ntilde;os a causa de una tuberculosis, pero la muerte no pudo llevarse consigo el amor que le profesaba el artista florentino, que convirti&oacute; a Simonetta en eterna cuando calc&oacute; sus rasgos faciales, su piel clara y su pelo cobrizo en su obra maestra. Hoy, descansa en una de las salas m&aacute;s exquisitas de la Galer&iacute;a Uffizi en la ciudad que no la vio nacer, pero s&iacute; morir. 
    </p><p class="article-text">
        Varias fuentes historiogr&aacute;ficas apuntan a que <em>El nacimiento de Venus</em> fue, como en tantos otros casos, un encargo de los Medici, el clan m&aacute;s poderoso de Florencia en la &eacute;poca y una de las familias m&aacute;s importantes en la historia del mecenazgo. &ldquo;La obra&rdquo;, a&ntilde;ade Rubayo, &ldquo;forma parte de un encargo que completan <em>La primavera </em>y <em>Palas y el Centauro</em> y, al parecer, iban a decorar las paredes de Villa di Castello, un palacete ubicado en una de las colinas que bordean la ciudad&rdquo;. En cuanto al tema de la pintura, tiene su origen en <em>Las metamorfosis</em> de Ovidio, en especial desde la perspectiva neoplat&oacute;nica imperante en la Italia del momento. &ldquo;Seg&uacute;n esta corriente&rdquo;, se&ntilde;ala la historiadora del arte, &ldquo;el significado del cuadro de Botticelli es el nacimiento del amor y de la belleza espiritual como fuente motriz de la vida&rdquo;. As&iacute; las cosas, &ldquo;el momento que presenta el artista es la llegada de la diosa del amor, tras su nacimiento, a la isla de Citera, empujada por el viento, como describe Homero, quien sirvi&oacute; de fuente literaria para la obra de Botticelli&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el centro de la composici&oacute;n vemos a Venus sobre una enorme concha. Se trata de una Venus P&uacute;dica, toda vez que el artista esconde sus partes &iacute;ntimas tras el largo cabello y cubre sus pechos con el brazo de la propia diosa. A su izquierda, el dios del viento, C&eacute;firo, y Cloris, la diosa de los jardines (aunque algunas fuentes ven en ella a Aura, la diosa de la brisa) la ayudan a surcar los mares hasta llegar a la isla de Citera. &ldquo;En el lado terrestre&rdquo;, expone Rubayo, &ldquo;encontramos la diosa de la primavera, que la espera en la orilla para arroparla con un manto decorado con motivos florales&rdquo;. Hay que poner especial atenci&oacute;n en el <em>contraposto</em>, una t&eacute;cnica originaria de la Antig&uuml;edad que Botticelli utiliza para estilizar el cuerpo de la protagonista de la composici&oacute;n, que se sostiene sobre una sola pierna dibujando una especie de letra ese. Por otra parte, el pintor tambi&eacute;n utiliza la t&eacute;cnica de los pa&ntilde;os mojados para destacar todos y cada uno de los pliegues y detalles de las vestimentas de los personajes, como hac&iacute;an los escultores cl&aacute;sicos. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Con Savonarola se acab&oacute; la provocaci&oacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Una vez Botticelli hubo acabado su obra, se convirti&oacute; en el primer desnudo femenino desde hac&iacute;a mil a&ntilde;os y ten&iacute;a en el <em>David</em> de Donatello su precedente masculino m&aacute;s cercano. Adem&aacute;s, el cuadro es a tama&ntilde;o natural y, como ya se ha apuntado m&aacute;s arriba en el texto, el rostro de la modelo era muy conocido. Por todo ello, la sociedad del momento encaj&oacute; la pintura como una gran provocaci&oacute;n. Sin embargo, la intenci&oacute;n provocadora de Botticelli no iba a ser eterna. Es m&aacute;s, iba a concluir pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de terminar <em>El nacimiento de Venus</em>, pero &iquest;por qu&eacute;? La culpa la tuvo el monje dominico Girolamo Savonarola, que lleg&oacute; a Florencia en 1490 y, tal y como explica Sara Rubayo, &ldquo;en menos de una d&eacute;cada dej&oacute; una profund&iacute;sima marca en los florentinos&rdquo;. Savonarola estaba en contra del lujo, el lucro y la depravaci&oacute;n de los poderosos, denunci&oacute; la corrupci&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica, se enemist&oacute; con los Medici y hasta con el papado. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los acontecimientos m&aacute;s recordados del paso del sacerdote por Florencia tuvo lugar en 1490, cuando organiz&oacute; la famosa Hoguera de las vanidades, en la que quem&oacute; multitud de objetos que consideraba pecaminosos entre los que, tal y como afirma Rubayo, se cree que se encontraban obras mitol&oacute;gicas de Botticelli. <em>El nacimiento de Venus</em>, afortunadamente, pudo librarse de la quema, habida cuenta de que se encontraba en Villa di Castello, a las afueras de la ciudad. El caso es que la influencia de Savonarola en Botticelli apart&oacute; al pintor de la mitolog&iacute;a y lo acerc&oacute;, definitivamente, a la pintura religiosa.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_1_8100179.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jul 2021 20:08:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El nacimiento de Venus': las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Artes plásticas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El nacimiento de Venus’: las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_7_8100287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16ee4c0d-dba9-4a53-aff7-7ef8c6527594_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El nacimiento de Venus’: las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/nacimiento-venus-claves-desnudo-femenino-provocador-renacimiento_7_8100287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jul 2021 16:39:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['El nacimiento de Venus’: las claves del desnudo femenino más provocador del Renacimiento]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA['Poción de amor' de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/pocion-amor-evelyn-morgan-cuadro-mil-capas-magia-simbolismo_1_8076318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93a58c4c-86bb-482f-9b2d-1c996c08181f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Poción de amor&#039; de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La artista formaba parte de los prerrafaelitas y dotó a sus cuadros de multitud de detalles, que, aunque pueden pasar desapercibidos a simple vista, otorgan a su obra una gran profundidad. Sara Rubayo nos ayuda a descifrar la composición</p></div><p class="article-text">
        Prerrafaelita y simbolista. El cuadro <em>Poci&oacute;n de amor</em> (expuesto en De Morgan Centre, en Londres) tiene todos los ingredientes para cautivar al espectador. Evelyn De Morgan (Londres, 1855-Londres, 1919) ofrece una lectura primaria, que se comprende en el primer vistazo, pero se trata solo de la primera capa de todas las que contiene la composici&oacute;n. ''Adem&aacute;s de lo que se ve a simple vista'', explica la historiadora del arte y divulgadora cultural <a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, ''tenemos una capa muy prerrafaelita, en el sentido de que muestra su preocupaci&oacute;n con el bien social, los problemas de su tiempo y la pol&iacute;tica, y, por otro lado, tenemos otra capa mucho m&aacute;s simbolista''. Los colores, los elementos que pinta De Morgan en el lienzo, los peque&ntilde;os detalles y los gestos no son balad&iacute;es: todos tienen un significado. Pero, &iquest;cu&aacute;l? &iquest;Cu&aacute;l es la informaci&oacute;n que nos da cada una de esas capas? &iquest;Se trata de capas independientes entre ellas, o se cruzan? Todas estas son preguntas que los historiadores del arte han tratado &mdash;y tratan&mdash; de resolver y, aunque siempre es dif&iacute;cil descifrar a una artista del perfil de De Morgan, ya han encontrado algunas respuestas.
    </p><p class="article-text">
        Las capas se entrelazan y se alimentan las unas a las otras. ''De primeras, lo que vemos en esta pintura fechada en 1903 es una hechicera preparando una poci&oacute;n'', observa Rubayo. Sin embargo, ah&iacute; encontramos ya el primer mensaje subliminal que lanza De Morgan. ''No estamos viendo a una prostituta ni a una diosa ni a una bruja'', apunta: ''Lo que estamos viendo es una mujer sabia, que sabe lo que hace y que, adem&aacute;s, tiene poder''. Pero, &iquest;en qu&eacute; vemos eso? Para empezar, el gesto serio y concentrado de la hechicera la dibuja como alguien diligente y con una misi&oacute;n concreta. Los libros que coloc&oacute; De Morgan justo debajo del c&aacute;liz son, tambi&eacute;n, s&iacute;mbolo de sabidur&iacute;a. La malla que cubre su cabeza, espalda y parte de su brazo denota fortaleza. ''Y no solo eso'', avisa Sara: ''El esquema crom&aacute;tico que utiliz&oacute; &mdash;negro, blanco, rojo y amarillo&mdash;, seg&uacute;n las leyes de la alquimia comprende los cuatro colores que marcan las etapas progresivas que hay que seguir hasta la meta, o el &eacute;xito, que ser&iacute;a la iluminaci&oacute;n''. Todo eso pertenece a la capa simbolista, pero tambi&eacute;n a la prerrafaelita, en el sentido de que De Morgan, muy comprometida con el sufragismo y la primigenia lucha feminista, quiso despojar a la mujer de la &mdash;algunas veces&mdash; divinidad y &mdash;otras&mdash; erotismo con que siempre sol&iacute;a represent&aacute;rsela para dibujarla como un ser sabio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, vemos que las capas no son independientes, sino que se entrelazan. De todos modos, quiz&aacute;s eso sea empezar la casa por el tejado. &iquest;Cu&aacute;l es el tema central del cuadro? ''La hechicera'', relata Rubayo, ''est&aacute; preparando una poci&oacute;n de amor. Eso lo sabemos porque, a trav&eacute;s de la ventana, observamos a una pareja de enamorados que se da un abrazo''. La chica lleva un vestido blanco al que le falta un trozo de tela, seguramente el mismo pedazo que tiene la hechicera al lado. ''Y todos sabemos'', remata la historiadora del arte, ''que los hechiceros y las hechiceras utilizan objetos personales de las personas a las que dirigen el encantamiento con tal de que sea efectivo''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los prerrafaelitas y el rechazo al renacimiento</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si bien Miguel &Aacute;ngel o Da Vinci son dos de los artistas m&aacute;s valorados y apreciados de toda la historia, hubo un grupo, los prerrafaelitas, que renegaron por completo de sus valores art&iacute;sticos y Evelyn De Morgan se vincul&oacute; al movimiento. ''Los prerrafaelitas adoptaron, a cambio de rechazar el renacimiento, los valores medievales, es decir, todo lo anterior a Rafael de Sancio, de ah&iacute; su nombre'', explica. Adem&aacute;s, este grupo de artistas ten&iacute;an tintes herm&eacute;ticos y ocultistas, incluso constituyeron la denominada Hermandad Prerrafaelita, de la que, por supuesto, formaba parte Evelyn De Morgan, siendo una de las primeras mujeres en ser aceptada junto a Eleanor Fortescue-Brickdale, Marie Spartali Stillman, Elizabeth Siddal, Marianne Stokes y Emma Sandys. Los prerrafaelitas estaban preocupados por los grandes problemas de su tiempo y trasladaban ese pensamiento a sus pinturas. Por eso De Morgan encaj&oacute; tan bien en la corriente. ''Hay que destacar'', recuerda la historiadora, ''que fue muy activa en la lucha sufragista y siempre trat&oacute; de dar visibilidad a la mujer''.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La artista londinense cre&oacute; su propio estilo y llen&oacute;, en palabras de Rubayo, ''sus pinturas de gran espiritualidad a trav&eacute;s de composiciones muy detalladas, colores puros y tonalidades muy intensas''. Todo eso se encuadra en el marco prerrafaelita. Sin embargo, ''ella utiliz&oacute; el color como un reflejo de los estados de &aacute;nimo de los personajes y le dio un sentido concreto seg&uacute;n el esoterismo, una pr&aacute;ctica muy extendida en la &eacute;poca victoriana''. Y todo eso &mdash;tanto el car&aacute;cter de la pintora, como sus rasgos art&iacute;sticos principales&mdash; lo vemos perfectamente en <em>Poci&oacute;n de amor</em>, un lienzo en el que todos los detalles son importantes y que no huye en absoluto de la reivindicaci&oacute;n social, en este caso, feminista.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/pocion-amor-evelyn-morgan-cuadro-mil-capas-magia-simbolismo_1_8076318.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 20:26:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Poción de amor' de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura,Historia,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Poción de amor' de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/pocion-amor-evelyn-morgan-cuadro-mil-capas-magia-simbolismo_7_8076387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfcaf69e-0bc0-49af-8270-4ea3710d7df2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Poción de amor&#039; de Evelyn De Morgan: un cuadro con mil capas, un poco de magia y mucho simbolismo"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Jun 2021 15:34:02 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La Buenaventura', o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_1_8054120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3a5e845-8bff-4650-9c8f-8df40d4e75fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;La Buenaventura&#039;, o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista francés engaña al espectador centrando la atención en la parte superior del cuadro, cuando, en realidad, la información más relevante se encuentra en el margen inferior. Sara Rubayo nos ayuda a desentrañar los secretos del lienzo</p></div><p class="article-text">
        Son tan astutas las cuatro mujeres que aparecen en <em>La Buenaventura</em> (una obra datada en la d&eacute;cada de 1630 expuesta en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York) que ni siquiera el espectador &mdash;es decir, nosotros&mdash; se percata de lo que est&aacute; ocurriendo hasta que no se fija muy bien en todos los detalles o, en el mejor de los casos, tiene al lado a una historiadora del arte como <a href="https://twitter.com/sararubayo?lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. &ldquo;El pintor busca que quien vea el cuadro se fije en la parte superior del mismo&rdquo;, explica, &ldquo;de manera que crea que lo que se est&aacute; pasando en la escena es una disputa entre el joven y la vieja, pero, en realidad, es solo un truco&rdquo;. Lo que de verdad vemos en el cuadro es ni m&aacute;s ni menos que un robo. Mientras el joven y todos los espectadores atendemos a la discusi&oacute;n que mantiene con la vieja a cuenta de un desacuerdo en el pago por haberle le&iacute;do la mano, las otras tres mujeres &mdash;las j&oacute;venes&mdash; desvalijan al chaval, que en cuesti&oacute;n de segundos se queda sin cadena de oro y sin bolsa de monedas. Pero, &iquest;qu&eacute; hay detr&aacute;s de la escena? Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;nto determina el tema el contexto en que el franc&eacute;s Georges de La Tour pinta este cuadro?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que tener en cuenta&rdquo;, tercia Rubayo, &ldquo;que estamos en el siglo XVII y que, por aquel entonces, el robo estaba castigado con torturas, e incluso el condenado por ello pod&iacute;a terminar con una marca de hierros al rojo vivo para identificarte como ladr&oacute;n o, en los casos m&aacute;s extremos, colgado y descuartizado&rdquo;. Por lo tanto,&nbsp; La Tour no nos muestra una escena c&oacute;mica, sino una repleta de tensi&oacute;n. Los personajes no est&aacute;n sonriendo ni relajados. Ni las ladronas, que, sabedoras del riesgo que entra&ntilde;a su cometido, tienen unos gestos que destilan concentraci&oacute;n, ni el joven, que, aunque no sospecha nada acerca del robo, mira fijamente a la vieja para evitar lo que considera una estafa. &ldquo;Adem&aacute;s&rdquo;, a&ntilde;ade la historiadora del arte, &ldquo;sabemos que la mueca seria del muchacho tambi&eacute;n tiene otro motivo: si es sorprendido consultando artes adivinatorias &mdash;como lo es la quiromancia&mdash; se arriesga a ser excomulgado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha datado esta obra entre 1630 y 1639 y se realiz&oacute; en Lorena (Francia). En este caso, como en tantos otros, la fecha y el lugar donde Georges de La Tour pint&oacute; el cuadro son imprescindibles para entender por qu&eacute; el pintor eligi&oacute; ese tema. &ldquo;Era una &eacute;poca convulsa y una zona muy maltratada por el hambre, la peste &mdash;por la cual morir&iacute;a La Tour en 1652&mdash; y por la Guerra de los Treinta A&ntilde;os, que, en la pr&aacute;ctica, trajo consigo una gran cantidad de asedios, saqueos e incendios. Por aquel entonces, sin embargo, a La Tour no le fue tan mal. Ascendi&oacute; en la escala social, fue nombrado hidalgo y amas&oacute; una fortuna especulando con cereales. &rdquo;Todo esto nos da a entender que las monedas de oro, esas que las j&oacute;venes tratan de robar al muchacho, jugaban un papel muy importante tanto en su vida como en sus obras&ldquo;, desliza Sara Rubayo. Se trata, adem&aacute;s, de una obra moralizante: &rdquo;El artista franc&eacute;s quiere decirnos, a trav&eacute;s de su lienzo, que muchas veces la altaner&iacute;a, en este caso perfilada en la cara del joven, esconde una mal disimulada inocencia; mientras que la propia inocencia que podr&iacute;a transmitir el grupo de mujeres es, en realidad, astucia&ldquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un pintor perdido y recuperado</strong></h3><p class="article-text">
        Hoy por hoy Georges de La Tour es uno de los artistas franceses m&aacute;s valorados, pero no siempre fue as&iacute;. &ldquo;En su &eacute;poca&rdquo;, recuerda Rubayo, &ldquo;ten&iacute;a mucho &eacute;xito, pero tras su muerte su obra cay&oacute; en el olvido hasta casi desaparecer&rdquo;. Ya en el siglo XX, un trabajo arduo que compartieron historiadores y marchantes de arte tuvo como resultado la recuperaci&oacute;n de sus obras y la restauraci&oacute;n de su reputaci&oacute;n. &ldquo;Es un artista a medio camino entre el clasicismo y el caravaggismo, dos reacciones al manierismo que hab&iacute;a imperado hasta el momento en el clima cultural del pa&iacute;s y la &eacute;poca&rdquo;, apunta. Mientras que las composiciones de Georges de La Tour eran clasicistas, los temas se parecen a los de Caravaggio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si vemos las obras de George de La Tour&rdquo;, completa la historiadora,&nbsp; &ldquo;observamos que existen dos per&iacute;odos muy marcados en su producci&oacute;n&rdquo;. Durante la primera etapa de su vida se centra en escenas diurnas, con ricos y vivos colores, escenas costumbristas protagonizadas por personajes de lo m&aacute;s variopinto, entre los que se encontraban campesinos, p&iacute;caros, soldados y pendencieros. En su segunda etapa, desde sus 45 a&ntilde;os hasta su muerte, pinta sobre todo &ldquo;noches&rdquo; o &ldquo;nocturnos&rdquo;. Son aquellas obras en las que presenta escenas interiores oscuras con personajes solitarios y melanc&oacute;licos iluminados con una sola vela o una l&aacute;mpara. No cabe duda, con todo, de que la obra que presentamos esta semana en 'La Galer&iacute;a' pertenece a la primera etapa. Las mujeres que la protagonizan no dejan de ser unas p&iacute;caras y la escena transcurre a plena luz del d&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_1_8054120.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Jun 2021 20:27:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La Buenaventura', o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Pintura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘La Buenaventura’, o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_7_8054147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aadff6e0-5b75-469d-a646-80cd82d7e96c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La Buenaventura’, o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/buenaventura-georges-tour-juega-despiste-robo-sutil-historia-arte_7_8054147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Jun 2021 17:52:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘La Buenaventura’, o cómo Georges de La Tour juega al despiste en el robo más sutil de la historia del arte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre 'sus paraísos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/rubens-tiziano-cuatro-diferencias-paraisos_1_8029456.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a17d353d-fda6-4259-93a0-04f27955c52f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre &#039;sus paraísos&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rubens pudo contemplar, sin prisas, el 'Adán y Eva' en el paraíso terrenal de Tiziano en una de sus visitas a España. Con la ayuda de la historiadora del arte Sara Rubayo, descubrimos la conexión que existió entre los dos pintores</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;En la historia del arte, nunca se ha menospreciado a un pintor que copiaba a otro&rdquo;, tercia <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>. A&uacute;n es m&aacute;s: &ldquo;Muchos pintores de talla mundial se inspiraban en cuadros de sus maestros para homenajearlos, aprender de ellos o incluso tratar de superarlos&rdquo;. Es el caso del cuadro <em>Ad&aacute;n y Eva</em> de Pedro Pablo Rubens, tan similar a <em>Ad&aacute;n y Eva en el para&iacute;so terrenal</em> de Vecellio di Gregorio Tiziano. Cualquiera que no tenga constancia de que existen las dos versiones podr&iacute;a pensar que se encuentra delante del mismo lienzo, &ldquo;pero no&rdquo;, interrumpe Rubayo, historiadora del arte y divulgadora cultural: &ldquo;Casi ochenta a&ntilde;os separan a las dos pinturas&rdquo;. Tiziano pint&oacute; la suya en 1550 y Rubens no la finaliz&oacute; hasta 1629. Hoy, ambas se pueden contemplar en el Museo del Prado de Madrid, donde permanecen expuestas una al lado de la otra. &ldquo;Es fant&aacute;stico que se puedan visitar a la vez&rdquo;, opina la historiadora, &ldquo;es la mejor forma de encontrar todas las diferencias entre ambas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes, un poco de biograf&iacute;a de ambos pintores. Tiziano, que fue especialmente longevo para la &eacute;poca &mdash;naci&oacute; a finales del siglo XV y muri&oacute; en 1576 en Venecia&mdash;&nbsp; ostenta el t&iacute;tulo de m&aacute;ximo exponente de la denominada Escuela Veneciana y fue condecorado, entre otras, por la gran escuela del renacimiento, la florentina. &ldquo;Quiz&aacute;s&rdquo;, reflexiona Rubayo, &ldquo;la gran novedad que introdujo Tiziano, cuyas obras estaban siempre relacionadas con la mitolog&iacute;a, la religi&oacute;n y los retratos, fue, precisamente, la de mezclar en sus pinturas algunas de esas tem&aacute;ticas&rdquo;. En muchos casos, pint&oacute; retratos de personalidades conocidas de la &eacute;poca &mdash;lo que hoy conocemos como <em>celebrities</em>&mdash; con cuerpos y atributos de figuras mitol&oacute;gicas. Popular en los c&iacute;rculos m&aacute;s elevados de su tiempo, Tiziano asisti&oacute; en Bolonia a la coronaci&oacute;n del Emperador Carlos V. Fue entonces cuando recibi&oacute; su primer encargo para la corte espa&ntilde;ola y, de hecho, nuestro pa&iacute;s podr&iacute;a ser uno de los v&iacute;nculos entre Rubens y el artista italiano, aunque este &uacute;ltimo jam&aacute;s viaj&oacute; a Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Rubens es distinto. &ldquo;&Eacute;l s&iacute; que estuvo dos veces en la corte espa&ntilde;ola&rdquo;, apunta la historiadora del arte. &ldquo;Sin embargo&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;no fue solo su faceta de artista la que lo trajo hasta aqu&iacute;, sino que el exuberante pintor barroco tambi&eacute;n ejerc&iacute;a de diplom&aacute;tico en Flandes y, por tanto, su relaci&oacute;n con la corona espa&ntilde;ola era m&aacute;s estrecha que la de otros colegas&rdquo;. La principal influencia de Rubens fue el propio Tiziano, pero tambi&eacute;n el arte cl&aacute;sico griego y romano, Leonardo o Miguel &Aacute;ngel. Lleg&oacute; a convertirse en pintor de c&aacute;mara del Duque de Mantua y fue &eacute;l quien lo mand&oacute; a Espa&ntilde;a en 1603. La primera parada de Rubens en territorio espa&ntilde;ol fue Valladolid, donde entreg&oacute; unos presentes al rey Felipe II. &ldquo;Esa fue la primera vez que el artista flamenco vino a Espa&ntilde;a, pero no la &uacute;nica&rdquo;, matiza Rubayo. Hubo una segunda, en 1628, cuando la archiduquesa Isabel Clara Eugenia lo envi&oacute; a la pen&iacute;nsula para mediar en una iniciativa de paz entre Espa&ntilde;a e Inglaterra. A pesar de las reservas del monarca espa&ntilde;ol, Rubens sali&oacute; airoso de la misi&oacute;n. Tanto fue as&iacute; que ambas cortes lo nombraron caballero real. Y fue en ese per&iacute;odo de tiempo, que transcurri&oacute; entre largas negociaciones palaciegas y audiencias reales, que Rubens tuvo tiempo para pintar y, sobre todo, para fijarse en la pinacoteca real espa&ntilde;ola y las obras de El Escorial de la mano de un joven Diego da Silva Vel&aacute;zquez. All&iacute; encontr&oacute; el <em>Ad&aacute;n y Eva en el para&iacute;so terrenal </em>de Tiziano y decidi&oacute; replicarlo, aunque, eso s&iacute;, con su sello propio.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Encuentra las cuatro diferencias</strong></h3><p class="article-text">
        La primera diferencia que se&ntilde;ala Sara Rubayo es la piel de los personajes. Aunque no es la m&aacute;s llamativa, s&iacute; que es muy representativa de ambos artistas. &ldquo;Rubens pinta unas carnaciones mucho m&aacute;s vibrantes, es uno de sus rasgos pict&oacute;ricos m&aacute;s reconocibles&rdquo;. En el juego de miradas encontramos otro cambio que introduce el barroco. Mientras que el Ad&aacute;n de Tiziano mira directamente al amorcillo con cola de serpiente, el de Rubens dirige su mirada al fruto prohibido. Al mismo tiempo, el amorcillo de Tiziano mira a Ad&aacute;n y el de Rubens, a Eva. La mirada de ella, en cambio, permanece invariable en ambos casos. &ldquo;Tambi&eacute;n hay que hablar de la censura, &iquest;no?&rdquo;, espeta la historiadora. Efectivamente, Rubens es mucho m&aacute;s laxo a la hora de taparle las verg&uuml;enzas a Eva &mdash;las hojas que cubren sus partes son m&aacute;s finas y escuetas&mdash; y todav&iacute;a m&aacute;s en lo referente a Ad&aacute;n, que directamente aparece en el cuadro como dios lo trajo al mundo&hellip; y nunca mejor dicho. &ldquo;Tambi&eacute;n vemos un guacamayo en la versi&oacute;n de Rubens&rdquo;, se&ntilde;ala: &ldquo;Con el p&aacute;jaro repetidor nos est&aacute; mandando el mensaje de que est&aacute; homenajeando a Tiziano, su maestro&rdquo;.
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            <span class="title">
                Imagen comparativa entre ambas obras                            </span>
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        La comparaci&oacute;n de cuadros que propone Rubayo es &uacute;til, explica, &ldquo;para entender la conexi&oacute;n que existe entre los grandes maestros de la historia, que se influyen unos a otros&rdquo;. En este caso, vemos c&oacute;mo Tiziano influy&oacute; en Rubens, pero tambi&eacute;n Rubens influy&oacute; en Vel&aacute;zquez, al que conoci&oacute; en sus visitas a Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/rubens-tiziano-cuatro-diferencias-paraisos_1_8029456.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jun 2021 21:07:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre 'sus paraísos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/rubens-tiziano-cuatro-diferencias-paraisos_7_8029489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/882ea488-2c8c-491e-9a38-9e20eccea3a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rubens, Tiziano y las cuatro diferencias entre &#039;sus paraísos&#039;"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Jun 2021 16:25:22 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[El gran masturbador, la 'ventana indiscreta' al universo sexual de Dalí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-masturbador-ventana-indiscreta-universo-sexual-dali_1_8005658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5ba365d-a7c0-4b42-a371-31708230e2d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran masturbador, la ‘ventana indiscreta’ al universo sexual de Dalí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Penetrar en la cabeza del pintor catalán y lograr comprender el universo que rodea su figura es casi misión imposible, pero con la ayuda de Sara Rubayo tratamos de acceder a una parte de su imaginario a través de su relación con el sexo</p></div><p class="article-text">
        Abrir una ventana a la concepci&oacute;n del sexo que ten&iacute;a Salvador Dal&iacute; es, fuera de toda duda &mdash;y de esto han corrido r&iacute;os de tinta&mdash;, <a href="https://www.eldiario.es/red/antes-de/salvador-dali-disolver-frontera-mito-realidad_1_7935680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abrir una ventana a lo desconocido</a>. Se sabe poco de la vida sexual del pintor catal&aacute;n. Pep&iacute;n Bello, amigo suyo y compa&ntilde;ero en la Residencia de Estudiantes, dec&iacute;a que &ldquo;ten&iacute;a la misma sexualidad que el pico de una mesa&rdquo;, haciendo referencia a una supuesta asexualidad. Sin embargo, es por todos conocida la relaci&oacute;n, cuando menos de admiraci&oacute;n mutua y casi obsesi&oacute;n, que conect&oacute; al artista con el poeta Federico Garc&iacute;a Lorca, al que tambi&eacute;n conoci&oacute; en la 'Resi'. La inc&oacute;gnita, como casi todo en torno a la figura del pintor, probablemente no se disipar&aacute; nunca, pero, aunque tenga algo de parad&oacute;jico, a sus 25 a&ntilde;os pint&oacute; un cuadro, <em>El gran masturbador</em> (1929), que, de entenderse como autobiogr&aacute;fico, da algunas pistas acerca de sus sensaciones sexuales a los 25 a&ntilde;os. &ldquo;Entra en escena Gala&rdquo;, apunta la historiadora del arte <a href="http://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sara Rubayo</a>, &ldquo;a quien Dal&iacute; hab&iacute;a conocido un verano en Cadaqu&egrave;s (Girona)&rdquo;. En la pintura, que, hoy por hoy, se entiende como bautizo de Dal&iacute; en la corriente surrealista &mdash;y que puede visitarse en el Reina Sof&iacute;a&mdash;, aparecen multitud de s&iacute;mbolos que aluden al sexo, a sus miedos y, c&oacute;mo no, a sus sue&ntilde;os y pesadillas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gala era la mujer del poeta franc&eacute;s Paul &Eacute;luard&rdquo;, contin&uacute;a Rubayo. Dal&iacute; hab&iacute;a invitado a su casa de Cadaqu&egrave;s al director cinematogr&aacute;fico Luis Bu&ntilde;uel, con quien tambi&eacute;n coincidi&oacute; en la Residencia de Estudiantes, y a su amigo &Eacute;luard, que acudi&oacute; a la cita con Gala. &ldquo;El joven pintor qued&oacute; totalmente prendado de ella y viceversa&rdquo;, apunta. En poco tiempo, Gala cortar&iacute;a con el poeta y pasar&iacute;a el resto de su vida con Dal&iacute;, aunque la relaci&oacute;n entre los dos fue poco convencional. &ldquo;Salvador amaba a Gala por encima de todas las cosas&rdquo;, subraya la historiadora del arte, &ldquo;pero, aun as&iacute;, parece que mantuvieron una relaci&oacute;n abierta y que ella se refugiaba en los brazos de otros j&oacute;venes&rdquo;. Seg&uacute;n lo describi&oacute; Carlos Lozano, amigo &iacute;ntimo del pintor, Dal&iacute; era &ldquo;un <em>voyeur</em>, un masturbador y un pervertido&rdquo;. As&iacute; puede leerse en <em>Sexo, surrealismo, Dal&iacute; y yo. Las memorias de Carlos Lozano escritas Clifford Thurlow</em>. Visto lo visto, es evidente que es complejo definir la sexualidad de Dal&iacute;, pero, afortunadamente, podemos analizar c&oacute;mo la pint&oacute;.
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                Visage du Grand Masturbateur                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En <em>El gran masturbador</em> aparecen dos grandes fisonom&iacute;as humanas. Una, un autorretrato con gran nariz mirando hacia abajo. No le pint&oacute; boca, pero s&iacute; un gran saltamontes con las tripas descompuestas a las que hab&iacute;an acudido las hormigas, &ldquo;un insecto que fascinaba a Dal&iacute; y que era, para &eacute;l, s&iacute;mbolo de la putrefacci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala Rubayo, que incide en las contradicciones que pudo tener el pintor en torno al sexo, que, por un lado, le provocaba un cierto rechazo debido a la presi&oacute;n paterna en su juventud &mdash;su padre insist&iacute;a en la precauci&oacute;n para no contraer enfermedades ven&eacute;reas e, incluso, le mostraba fotograf&iacute;as de los casos m&aacute;s extremos&mdash; y, al mismo tiempo, esa curiosidad de la que hablaba su amigo Carlos Lozano. La presi&oacute;n que emanaba la figura paterna la vemos, tambi&eacute;n, en el anzuelo que cuelga de su cabeza, &ldquo;y que representa la atadura a su familia, convencida de que lo mejor era retenerlo a su lado y encauzarlo, casi por vez primera, en una vida tradicional que &eacute;l rechazaba por completo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo de los retratos es, con toda probabilidad, el de la propia Gala. &ldquo;De la parte final del rostro de Dal&iacute;&rdquo;, explica Sara Rubayo, &ldquo;en lugar del cuello, surge un busto femenino y sugerente con los ojos cerrados junto a la entrepierna de un cuerpo masculino, en una clara alusi&oacute;n sexual&rdquo;. Al lado florece un lirio, un s&iacute;mbolo de pureza que ha dado pie a diversas interpretaciones: &iquest;quiere decirnos Dal&iacute; que la masturbaci&oacute;n es la forma m&aacute;s pura de la sexualidad, o simplemente representa a Gala como m&aacute;ximo atributo de pureza?
    </p><h3 class="article-text">Cadaqu&egrave;s, el s&iacute;mbolo eterno</h3><p class="article-text">
        &ldquo;En este lugar privilegiado, casi se tocan la realidad y la dimensi&oacute;n sublime&rdquo;, escrib&iacute;a Dal&iacute; en referencia al Cadaqu&egrave;s (Girona), donde pas&oacute; los veranos desde su infancia: &ldquo;Mi para&iacute;so m&iacute;stico comienza en las llanuras del Empord&agrave;, lo rodean las colinas de las Alberes, y llega la plenitud en la bah&iacute;a de Cadaqu&eacute;s. Este pa&iacute;s es mi inspiraci&oacute;n permanente. Tambi&eacute;n, el &uacute;nico lugar del mundo donde me siento querido. Cuando pint&eacute; aquella roca que titul&eacute; <em>El gran masturbador</em>, no hice nada m&aacute;s que rendir homenaje a uno de los jalones de mi reino y mi cuadro era un canto a una de las joyas de mi corona&rdquo;. Por su parte, las conchas y los peque&ntilde;os guijarros aluden a la playa y a sus paseos con Gala, pero tambi&eacute;n a su ni&ntilde;ez; el peque&ntilde;o le&oacute;n es la sexualidad y el deseo (contrapuesto al saltamontes y las hormigas) y su lengua es un s&iacute;mbolo f&aacute;lico; las pesta&ntilde;as largas y los ojos cerrados nos hablan de los sue&ntilde;os y, por tanto, del surrealismo, cuyas bases hab&iacute;a sentado Andr&eacute; Breton en un manifiesto algunos a&ntilde;os antes. En la misma l&iacute;nea, las pesta&ntilde;as de colores son la fantas&iacute;a y la propia conciencia surrealista. Tampoco hay que perder de vista la figura solitaria que camina detr&aacute;s de la escena, que sit&uacute;a al pintor como alguien sin rumbo fijo, casi tambale&aacute;ndose si no fuera por la roca antropomorfa, una representaci&oacute;n de Gala que le sirve como punto de apoyo y le provee de fortaleza y estabilidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero todo ese torrente de s&iacute;mbolos hay que entenderlos como un todo. &ldquo;No debemos perdernos en ellos&rdquo;, resuelve Rubayo. &ldquo;El horizonte&rdquo;, completa la historiadora del arte, &ldquo;impide que nos encontremos ante un caj&oacute;n de sastre de miedos y fobias. Dal&iacute; nos plantea los problemas sobre un paisaje estable, bien iluminado, pero con grandes sombras&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-masturbador-ventana-indiscreta-universo-sexual-dali_1_8005658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jun 2021 20:10:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El gran masturbador, la 'ventana indiscreta' al universo sexual de Dalí]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salvador Dalí,Arte,Masturbación,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran masturbador, la ‘ventana indiscreta’ al universo sexual de Dalír]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/gran-masturbador-ventana-indiscreta-universo-sexual-dalir_7_8005815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac52ed51-e95f-4ae4-a349-5a8ac1e2e113_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El gran masturbador, la ‘ventana indiscreta’ al universo sexual de Dalír"></p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jun 2021 16:51:35 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['La metrópoli' de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/red/la-galeria/metropoli-otto-dix-fiesta-redentora-contrario_1_7982204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca76e950-8eaa-4bdc-9223-33a17f1df7a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘La metrópoli’ de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tríptico del pintor germano incide en los contrastes de una Alemania entreguerras que se refleja en la llegada del jazz y el sufrimiento de los tullidos. La historiadora del arte Sara Rubayo nos ayuda a entender cuál era la intención del artista</p></div><p class="article-text">
        Otto Dix es uno de esos artistas que fueron a la guerra. Eso no es balad&iacute; porque no es lo mismo leer a qu&eacute; huele en la guerra, que oler la guerra; o leer c&oacute;mo es dormir en una trinchera, que dormir en una trinchera. El alem&aacute;n Otto Dix tom&oacute; parte de la Primera Guerra Mundial &mdash;fue soldado raso&mdash; y supo de primera mano, tomando la imagen que describe el escritor Arturo P&eacute;rez Reverte en su <em>Territorio comanche</em> en referencia al conflicto bosnio, que en la guerra siempre se pisan cristales rotos. &ldquo;Pues bien&rdquo;, empieza la<a href="https://sararubayo.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> historiadora del arte Sara Rubayo</a>, &ldquo;Dix utiliz&oacute; la pintura para purgar su alma&rdquo;. En ella refleja el gran abanico de contrastes propia de la &eacute;poca de entreguerras. M&uacute;sicos, jazz, prostitutas, tullidos, redenci&oacute;n, jaleo, 'h&eacute;roes' de guerra. Las comillas de la palabra 'h&eacute;roes' son importantes. Para los soldados, la vuelta a casa no es, en la mayor&iacute;a de los casos, como esperaban. Son dados de lado y tratados como un residuo de la guerra, una especie de ventana al pasado inc&oacute;moda y dolorosa. &ldquo;En el cuadro&rdquo;, contin&uacute;a Rubayo, &ldquo;aparecen muy bien representadas esas figuras. Los vemos sin piernas, ciegos, tirados en el suelo y pidiendo limosna&rdquo;. El resto de los personajes pasan por encima suyo. Tratan de divertirse. Se van de fiesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero f&iacute;jate en las caras&rdquo;, reta la historiadora del arte. Son caras serias, hastiadas, como conscientes de la provisionalidad de la felicidad que tienen ante s&iacute;. La Rep&uacute;blica de Weimar fue una etapa de la pol&iacute;tica alemana inestable y turbulenta, con rebeliones, intentos de golpe de estado y un halo de incompetencia pol&iacute;tica que esbozaba un futuro macabro. &ldquo;En el cuadro de Dix encontramos un ambiente parecido al de una sala de espera&rdquo;, explica Rubayo: &ldquo;La falsa arquitectura pomposa, la iluminaci&oacute;n poco atractiva, la calle y la propia actitud de los personajes alejan al espectador de la escena. La ciudad que retrata el artista alem&aacute;n no resulta nada acogedora&rdquo;. Sin pintar propiamente la guerra, Dix retrata los horrores que entra&ntilde;a y las distintas actitudes que toma la poblaci&oacute;n al respecto. Mientras que los combatientes no tienen m&aacute;s remedio que echarse a la calle y pedir limosna, con sus vidas destrozadas y desprovistos de cualquier esperanza, los ciudadanos pudientes tratan de aprovechar la llegada del jazz y la m&uacute;sica afroamericana para correr un tupido velo. Dix se encarga de fulminar ese velo. No hay anestesia en <em>Metr&oacute;polis </em>(1927-1929). En un solo cuadro, el pintor delata la necesidad del pueblo de salir a flote y la imposibilidad de hacerlo.&nbsp;
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                ‘La metrópoli’ de Otto Dix                            </span>
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        Los muchos colores que presenta la pieza, lo desenfadado de un concierto o el libertinaje posconflicto evocan a una cierta necesidad de redenci&oacute;n. Sin embargo, la expresi&oacute;n de los personajes tiene tintes autom&aacute;ticos. No rebosan alegr&iacute;a ni esperanza. &ldquo;Al mismo tiempo&rdquo;, sugiere Rubayo, &ldquo;el lienzo tiene connotaciones religiosas y no solo por el formato de retablo, que tambi&eacute;n&rdquo;. Las mujeres del ala derecha recuerdan, superpuestas, a los &aacute;ngeles de los pintores medievales. Por su parte, &ldquo;la mujer del centro, que sostiene el abanico por las plumas como una aureola, viste un traje cuyas largas tiras de tela le sobrepasan la rodilla, una imagen a medio camino entre las modelos de las revistas y un cuerpo angelical&rdquo;. No hay que pasar por alto, tampoco, al soldado inv&aacute;lido del margen izquierdo, que si bien no est&aacute; atado a una cruz de madera, s&iacute; que se sostiene gracias a una muleta del mismo material.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Para los nazis &ldquo;atentaba gravemente contra las costumbres alemanas&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Otto Dix no usaba el arte para embellecer la existencia&rdquo;, reflexiona la historiadora del arte. &ldquo;Por eso&rdquo;, sigue, &ldquo;muchos espectadores se desilusionan con sus obras. Se asquean porque se sienten reflejados en las miserias que retrata&rdquo;. M&aacute;s a&uacute;n. El artista tuvo que comparecer ante la justicia en dos ocasiones por sus retratos de prostitutas y las escenas de burdeles que las autoridades consideraban obscenas y grotescas, aunque en ambas ocasiones fue absuelto. M&aacute;s de una vez se dijo que las anatom&iacute;as de Dix &ldquo;hac&iacute;an vomitar&rdquo;. Pero sus desencuentros con la Administraci&oacute;n alemana fueron en aumento. &ldquo;Dix fue uno de los primeros artistas en ser expulsados de la Academia en 1933&rdquo;, se&ntilde;ala Rubayo. Su arte ni glorificaba la cultura alemana, ni la raza aria ni, como ya se ha apuntado m&aacute;s arriba en el texto, embellec&iacute;a la vida. Los nazis acusaban a Dix de &ldquo;atentar gravemente contra las buenas costumbres del pueblo alem&aacute;n y da&ntilde;ar su voluntad de combate&rdquo;. Eso s&iacute;, Hitler us&oacute; sus obras para criticar la Rep&uacute;blica de Weimar antes de censurarlas definitivamente y clasificarlas como degeneradas. En el caso concreto de <em>Metr&oacute;poli</em>, Dix pudo conservarla hasta 1965 y, desde 1972, pertenece al St&auml;dtische Galerie de Stuttgart.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que para Dix la pintura s&iacute; que fue una especie de redenci&oacute;n con la que denunci&oacute; las atrocidades de la guerra y mientras que la intenci&oacute;n de los personajes que pinta &mdash;en una fiesta&mdash; tambi&eacute;n lo es, el mensaje del cuadro va en la direcci&oacute;n contraria. Ni siquiera el jazz es capaz de sacarles una sonrisa. La escena que ocurre en la calle, fuera de las cuatro paredes que encierran el club, pesa como una losa en las espaldas de los que la obvian antes de entrar. La sociedad trata de construir un mundo nuevo sobre los cuerpos mutilados de los combatientes de la guerra, pero no puede y as&iacute; lo pinta Dix.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samuel Martínez, Sara Rubayo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 May 2021 20:06:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La metrópoli' de Otto Dix, una fiesta redentora… ¿o todo lo contrario?]]></media:title>
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