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    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Concienciación sobre el ruido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concienciacion-ruido_129_13189063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Basta detenerse un instante para percibir que el mundo humano est&aacute; lleno de abusos y absurdos. Quiz&aacute; siempre fue as&iacute;, pero ahora el estr&eacute;pito ha alcanzado una categor&iacute;a superior y parece haber triunfado. La globalizaci&oacute;n neocapitalista, con su prisa y su codicia, ha puesto la desagradable banda sonora. En la Espa&ntilde;a de ahora &mdash;pongamos por caso&mdash; apenas el 20% de las personas viven en el medio rural, mientras el 80% restante respiramos al ritmo sonoro de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Y absurdamente, al mismo tiempo que los paisajes rurales se est&aacute;n quedando sin sus sonidos naturales, en las urbes &mdash;que ya los perdieron casi al completo&mdash; el ruido ha crecido hasta niveles ensordecedores, por mucho que la UE pretenda, ahora, renaturalizarnos. Dicho de otro modo: en el campo vamos acallando las voces que nos dan vida (incluida la del ser humano), mientras que en la ciudad toleramos todo tipo de estruendos desagradables.
    </p><p class="article-text">
        El ruido urbano es una de las injusticias m&aacute;s cotidianas y evidentes: unos lo producen y otros lo sufren. Y hasta la fecha ninguna mayor&iacute;a corporativa municipal ha querido &mdash;o sabido&mdash; ponerle freno, ampar&aacute;ndose en que crea empleo. Al contrario. Coches, motos, furgonetas del comercio electr&oacute;nico, camiones, autobuses, el martilleo de las obras y las terrazas y bares nocturnos disfrutan de una obscena impunidad. En pocas d&eacute;cadas hemos sido capaces de construir motores m&aacute;s potentes que reducen al m&iacute;nimo el consumo de combustible, pero el ruido que emiten sigue siendo enorme. Tal vez porque muchos lo consideran una molestia menor, e incluso les gusta.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el cuerpo humano no est&aacute; dise&ntilde;ado para vivir permanentemente con esta desafinad&iacute;sima melod&iacute;a urban&iacute;cola. La OMS lleva a&ntilde;os advirti&eacute;ndonos de que el ruido metropolitano es da&ntilde;ino por encima de los 65 decibelios, y que la exposici&oacute;n prolongada provoca estr&eacute;s, ansiedad, trastornos del sue&ntilde;o, hipertensi&oacute;n, enfermedades cardiovasculares, p&eacute;rdida auditiva cr&oacute;nica, deterioro cognitivo y, en los m&aacute;s j&oacute;venes, problemas de aprendizaje. Lo saben bien los sufridos vecinos de las zonas de ocio o de tr&aacute;fico constante.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ores alcaldes, se&ntilde;ores fabricantes de las m&aacute;quinas, se&ntilde;ores hosteleros: el ruido es un asesino silencioso que acorta la vida del ciudadano y, aunque no se vea, tiene efectos graves y permanentes sobre la salud f&iacute;sica y mental, comparables a la contaminaci&oacute;n del aire. Los m&aacute;s vulnerables son los ni&ntilde;os y los ancianos. Y los m&aacute;s est&uacute;pidos los del aceler&oacute;n chirriante, los del claxon airado, los moteros del estruendo por capricho, los ediles que firman ordenanzas que no hacen cumplir, las polic&iacute;as locales que miran (o escuchan) hacia otro lado, los hosteleros que reclaman derechos para molestar y los gamberros que se divierten a costa de no dejar dormir en paz.
    </p><p class="article-text">
        Resulta insufrible que las ciudades actuales acaben pareci&eacute;ndose tanto en este aspecto. Aunque sus monumentos sean diferentes, todas ofrecen lo mismo. Las corporaciones locales se han rendido al turismo, a que sus habitantes soporten el ruido o se muden al extrarradio si pueden. A lo f&aacute;cil. En lugar de generar tejido social, nuevos modelos productivos y condiciones favorables para el peque&ntilde;o comercio &mdash;que es el que menos ruido genera y m&aacute;s ciudad construye&mdash;, se promueven grandes superficies y un turismo desmedido.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, las estrategias municipales &ldquo;venden&rdquo; a su ciudad como abierta, acogedora, para&iacute;so del buen vivir y del buen comer, escenario perfecto para cine y televisi&oacute;n, sede de eventos multitudinarios, paradigma de la sostenibilidad y protectora de sus vecinos y su medio ambiente. Pero la realidad es otra: las ciudades cada vez est&aacute;n peor administradas para garantizar una vida saludable para sus ciudadanos. Solo piensan en atraer visitantes e inversores externos. Y ese &eacute;xito marketiniano termina por erosionar la convivencia y la habitabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Lo ha dejado escrito Pedro Bravo en su &uacute;ltimo libro: la vida urbana se est&aacute; convirtiendo en un espect&aacute;culo para disfrute de unos p&uacute;blicos que asisten a &eacute;l como clientes y no como habitantes. Me da lo mismo Nueva York, &Aacute;msterdam, Barcelona, Londres o Logro&ntilde;o: todas ofrecen a sus vecinos la misma masificaci&oacute;n, h&aacute;bitos de usar y tirar y sonidos abusivos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el campo sufre la incongruencia de estar qued&aacute;ndose mudo. Investigaciones recientes nos ha revelado un secreto a voces: en Europa, casi el 80% de las aves de los medios agrarios ha reducido su presencia en apenas una d&eacute;cada; Espa&ntilde;a est&aacute; entre las regiones m&aacute;s afectadas. El uso excesivo de pesticidas y fertilizantes agr&iacute;colas, la eliminaci&oacute;n de linderos, setos y barbechos, el cambio clim&aacute;tico y los monocultivos son las principales responsables de esta p&eacute;rdida tan abusiva como absurda.
    </p><p class="article-text">
        Los cantos de las aves, los de los saltamontes y grillos, siguen desapareciendo sin apenas hacer ruido social, mientras que en las ciudades se abusa de los cl&aacute;xones y altavoces. Tal vez por ello convendr&iacute;a recordar que, desde 1996, cada &uacute;ltimo mi&eacute;rcoles de abril se celebra El D&iacute;a Internacional de Concienciaci&oacute;n sobre el Ruido. Una efem&eacute;ride demasiado silenciosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/concienciacion-ruido_129_13189063.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 May 2026 08:47:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Concienciación sobre el ruido]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brocha gorda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/brocha-gorda_129_13191113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La izquierda pol&iacute;tica atraviesa una paradoja tan visible como inc&oacute;moda. Nunca sus marcos te&oacute;ricos &mdash;la cr&iacute;tica al capitalismo financiero, la defensa de lo com&uacute;n, la justicia social&mdash; han sido tan pertinentes para diagnosticar las crisis que nos atraviesan. Y, sin embargo, nunca su discurso ha devuelto mayor sordera en amplios sectores de esas mayor&iacute;as sociales a las que dice representar. No se trata &uacute;nicamente del ascenso de una derecha populista h&aacute;bil en canalizar el resentimiento. Existe tambi&eacute;n un fallo interno de trazo: la creciente distancia entre una izquierda institucionalizada y la realidad material concreta de la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        No hablamos aqu&iacute; de la izquierda como bloque homog&eacute;neo, sino de una izquierda institucionalizada cuya l&oacute;gica de funcionamiento &mdash;ministerios, partidos, gabinetes t&eacute;cnicos, fundaciones&mdash; ha cristalizado en una cultura propia, cada vez m&aacute;s aut&oacute;noma respecto a las condiciones materiales de quienes no habitan ese ecosistema. Este fen&oacute;meno no es nuevo ni excepcional. La sociolog&iacute;a pol&iacute;tica ha mostrado c&oacute;mo las organizaciones, cuando se estabilizan, tienden a reproducir din&aacute;micas internas que priorizan la coherencia administrativa y simb&oacute;lica frente al contacto directo con su base social.
    </p><p class="article-text">
        Pierre Bourdieu ya advirti&oacute; del riesgo de la teorizaci&oacute;n teoricista: un discurso que, en su b&uacute;squeda de pureza conceptual, pierde contacto con el sentido pr&aacute;ctico que gu&iacute;a la vida cotidiana. Hoy, esa desconexi&oacute;n adopta formas concretas y medibles. Mientras casi la mitad de los j&oacute;venes espa&ntilde;oles de entre 25 y 34 a&ntilde;os vive a&uacute;n en el hogar familiar &mdash;un m&iacute;nimo hist&oacute;rico que la crisis de vivienda no hace sino profundizar (Observatorio de Emancipaci&oacute;n, CJE, 2024)&mdash;, una parte del discurso progresista parece m&aacute;s concentrada en depurar su lenguaje y resolver disputas internas que en ofrecer respuestas materiales urgentes y cre&iacute;bles a una generaci&oacute;n bloqueada. Se proclama la vivienda como derecho en abstracto, mientras se ignora la desesperaci&oacute;n concreta de quien, tras a&ntilde;os de ahorro, ve c&oacute;mo el precio de la entrada de un piso se le escapa cada mes un poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A esta brecha contribuye un fen&oacute;meno gemelo: la gobernanza por expertos y su lenguaje tecno-administrativo. Como ha analizado el polit&oacute;logo Ivan Krastev, la desafecci&oacute;n democr&aacute;tica no es solo rechazo a la corrupci&oacute;n, sino tambi&eacute;n a una &eacute;lite que ha convertido la deliberaci&oacute;n pol&iacute;tica en una conversaci&oacute;n t&eacute;cnica inaccesible. La movilidad intergeneracional, la transici&oacute;n energ&eacute;tica justa o la reforma fiscal progresiva son conceptos leg&iacute;timos, pero cuando no se traducen a propuestas con rostro y calendario &mdash;<em>este barrio tendr&aacute; un consultorio m&eacute;dico p&uacute;blico en 2025</em>&nbsp;o&nbsp;<em>esta ley har&aacute; que tu factura de la luz baje un 10% el pr&oacute;ximo invierno</em>&mdash; se convierten en un ruido blanco que aliena. La izquierda institucional, en su aspiraci&oacute;n de ser seria y de gobierno, ha adoptado con frecuencia este l&eacute;xico, olvidando que la pol&iacute;tica, antes que un asunto de ingenier&iacute;a social, es una cuesti&oacute;n de narrativa compartida y promesas cre&iacute;bles.
    </p><p class="article-text">
        Esta brecha no es solo una cuesti&oacute;n de ret&oacute;rica; es tambi&eacute;n burocr&aacute;tica y regulatoria. El tejido productivo espa&ntilde;ol est&aacute; compuesto en un 99,8% por pymes y aut&oacute;nomos (DIRCE, INE, 2023), muchos de ellos en una situaci&oacute;n de supervivencia precaria. Sin embargo, la l&oacute;gica administrativa y fiscal &mdash;a menudo impulsada desde posiciones progresistas en nombre de una justicia formal&mdash; tiende a tratar con la misma brocha gorda a la fruter&iacute;a de barrio y al gigante tecnol&oacute;gico. El resultado es una asfixia administrativa que supone, de media, 200 horas anuales y 3.000 euros en tr&aacute;mites para un aut&oacute;nomo (ATA, Bar&oacute;metro 2025). Una regulaci&oacute;n dise&ntilde;ada para controlar al gran capital termina aplastando al peque&ntilde;o, erosionando precisamente el tejido social que sostiene la vida econ&oacute;mica local.
    </p><p class="article-text">
        A esta distancia contribuye tambi&eacute;n un factor raramente nombrado en el debate p&uacute;blico: la posici&oacute;n material de buena parte de quienes dise&ntilde;an, ejecutan y eval&uacute;an pol&iacute;ticas dentro del aparato administrativo. No como grupo ideol&oacute;gicamente homog&eacute;neo ni como grupo moralmente reprochable, sino como colectivo que disfruta de una seguridad estructural cada vez m&aacute;s excepcional en un mercado laboral marcado por la incertidumbre. Estabilidad contractual, ingresos previsibles, horarios protegidos y una relaci&oacute;n mediada con el conflicto econ&oacute;mico cotidiano generan, inevitablemente, una percepci&oacute;n distinta del riesgo. Cuando las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se dise&ntilde;an, ejecutan y eval&uacute;an mayoritariamente desde esa posici&oacute;n, existe el peligro de que la realidad social se traduzca en expedientes, indicadores y cuadros de mando, y no en biograf&iacute;as concretas. No por mala fe, sino por efecto de una cultura administrativa que premia el cumplimiento procedimental y la coherencia normativa por encima del impacto vivido en el barrio, en la persiana que baja o en la familia que no llega a fin de mes. Esta perspectiva filtrada por la seguridad estructural es el tamiz a trav&eacute;s del cual se dise&ntilde;an las pol&iacute;ticas, y explica por qu&eacute; una regulaci&oacute;n, en teor&iacute;a justa, puede terminar aplastando a la fruter&iacute;a de barrio con la misma brocha gorda con la que deb&iacute;a regular a Amazon.
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica genera dos nociones de &eacute;xito que operan en universos paralelos y rara vez se encuentran. Para el t&eacute;cnico de una consejer&iacute;a, el &eacute;xito puede ser que el 85% de los municipios hayan presentado su Plan de Vivienda antes de la fecha l&iacute;mite establecida en el BOE. Se trata de un logro cuantificable, verificable y administrativamente perfecto. Para el vecino que duerme en el sof&aacute; de su hermana, el &eacute;xito ser&iacute;a una llave en la mano. La primera noci&oacute;n de &eacute;xito es abstracta, procesual y se eval&uacute;a en informes. La segunda es visceral, material y se toca. El divorcio entre ambos es lo que convierte la gesti&oacute;n p&uacute;blica, a menudo, en una eficiencia fantasma: se cumple el expediente mientras se perpet&uacute;a el problema.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos el caso de un almac&eacute;n de fruta y verdura con diez empleados. Cuando un decreto impone una subida salarial lineal &mdash;necesaria para combatir la inflaci&oacute;n&mdash;, esa empresa no dispone de los m&aacute;rgenes ni de la ingenier&iacute;a fiscal de una gran cadena de supermercados. Su dilema es brutal: o asume una p&eacute;rdida que compromete su viabilidad, o reduce plantilla. Aqu&iacute; no hay una contradicci&oacute;n entre justicia social y realidad econ&oacute;mica, sino un desajuste de escala: pol&iacute;ticas pensadas en t&eacute;rminos macro que no se traducen adecuadamente en experiencias micro. La inteligencia pol&iacute;tica consistir&iacute;a en acompa&ntilde;ar estas medidas con incentivos fiscales escalonados, l&iacute;neas de liquidez &aacute;giles y simplificaci&oacute;n administrativa para quien crea empleo estable. No distinguir entre la renta extractiva del oligopolio y la renta sudada de la peque&ntilde;a empresa local supone ceder todo ese territorio pol&iacute;tico y vital a otros actores.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Mark Fisher describi&oacute; en&nbsp;<em>Realismo capitalista</em>&nbsp;la sensaci&oacute;n de que resulta m&aacute;s f&aacute;cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Hoy, una parte de la izquierda parece atrapada en una variante de ese bloqueo: es m&aacute;s f&aacute;cil imaginar un horizonte normativamente perfecto que articular pol&iacute;ticas factibles que mejoren, aqu&iacute; y ahora, las condiciones de vida de la gente. Este perfeccionismo genera un relato poblado de enemigos internos &mdash;el que no usa el lenguaje correcto, el que prioriza unas luchas sobre otras&mdash; y empobrecido de soluciones tangibles para problemas b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        En contextos de p&eacute;rdida de hegemon&iacute;a y debilidad material, los grupos pol&iacute;ticos tienden a reforzar rituales de pureza interna como mecanismo defensivo. La antropolog&iacute;a ha documentado ampliamente c&oacute;mo, cuando un colectivo percibe amenazada su capacidad de transformar el mundo, desplaza su energ&iacute;a hacia el control de fronteras simb&oacute;licas internas. El problema es que esta l&oacute;gica, comprensible como reacci&oacute;n, resulta pol&iacute;ticamente letal cuando sustituye la acci&oacute;n material por la vigilancia discursiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escala de lo que est&aacute; en juego no admite distracciones: el 10% m&aacute;s rico de Espa&ntilde;a captura el 34,5% de la renta nacional mientras el 50% menos afortunado se reparte apenas el 21,1% (World Inequality Database, datos 2021), y Espa&ntilde;a perdi&oacute; en 2024 cerca de 9.400 millones de euros por elusi&oacute;n fiscal de grandes fortunas y multinacionales (Tax Justice Network, 2024).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La paradoja se agudiza en la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, un &aacute;mbito donde la izquierda deber&iacute;a ejercer una hegemon&iacute;a indiscutible. Sin embargo, cuando el discurso se reduce a un cat&aacute;logo de prohibiciones y costes individuales &mdash;sin una oferta p&uacute;blica, masiva y accesible de alternativas&mdash;, deja el terreno libre a un relato reaccionario que s&iacute; es concreto.&nbsp;<em>Ecologismo de &eacute;lite contra gente normal</em>, repite la derecha, mientras para una familia trabajadora la&nbsp;<em>transici&oacute;n justa</em>&nbsp;no se traduce en informes de la OCDE, sino en la factura de la luz que sube mientras espera subvenciones que nunca llegan. La evidencia comparada muestra que las transiciones ecol&oacute;gicas solo generan consenso social cuando desplazan el coste desde el individuo hacia el Estado y los grandes emisores.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de esta brocha gorda es una desafecci&oacute;n silenciosa pero profunda. Estudios en barrios tradicionalmente progresistas muestran un voto de frustraci&oacute;n material: ciudadanos que comparten valores igualitarios, pero que, ante la falta de respuestas palpables a urgencias como el alquiler, la luz o la burocracia cotidiana, se abstienen o buscan refugio en opciones que al menos nombran esos problemas sin rodeos. La derecha populista opera aqu&iacute; con una eficacia devastadora: identifica un malestar material concreto y lo reinterpreta mediante una apropiaci&oacute;n estrat&eacute;gica del descontento, dirigi&eacute;ndolo hacia un enemigo simple y emocional &mdash;el inmigrante,&nbsp;<em>lo woke</em>, la &eacute;lite abstracta&mdash;. Sus soluciones son falsas, y sus programas econ&oacute;micos lo demuestran, pero su relato es n&iacute;tido y reconocible.
    </p><p class="article-text">
        Este primero de mayo, mientras desfilan las pancartas, convendr&iacute;a hacerse una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;a cu&aacute;ntas de las personas que trabajan en esa fruter&iacute;a de barrio, o llevan cuarenta y siete horas semanales como aut&oacute;nomos, o duermen en casa de sus padres a los treinta a&ntilde;os, les interpela todav&iacute;a ese desfile? No como reproche, sino como diagn&oacute;stico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ha se&ntilde;alado Nancy Fraser, la izquierda solo puede reconstruir su potencia pol&iacute;tica si logra articular las luchas por la redistribuci&oacute;n econ&oacute;mica y las luchas por el reconocimiento simb&oacute;lico sin que una anule a la otra. Ning&uacute;n proyecto emancipador puede sostenerse &uacute;nicamente sobre la correcci&oacute;n cultural si no construye, al mismo tiempo, legitimidad material en la vida cotidiana de quienes dice representar. La izquierda no puede permitirse seguir pintando con brocha gorda. Mientras se debate la pureza del color, hay demasiada gente viviendo en casas que se caen a pedazos. El reto es volver a empu&ntilde;ar el pincel fino de lo concreto, antes de que el cuadro entero quede reducido a la caricatura que otros ya est&aacute;n pintando sobre &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/brocha-gorda_129_13191113.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 09:36:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Brocha gorda]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 42. Plural, bendita y diversa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-42-plural-bendita-diversa_129_13177742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Este a&ntilde;o el uno de mayo es el comienzo de un puente apetecible para muchos. Para los protagonistas de la jornada, los trabajadores representados en las organizaciones sindicales, las reivindicaciones principales son: &ldquo;El derecho a la vivienda y el no a la guerra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como el derecho a la vivienda es el problema m&aacute;s grave de los espa&ntilde;oles, seg&uacute;n las encuestas, viene a cuento recordar que en Logro&ntilde;o una mujer y su hijo de catorce a&ntilde;os podr&aacute;n permanecer en su piso de alquiler hasta el 29 de mayo, as&iacute; consta en la orden de desahucio. La propietaria de la vivienda es la SAREB (sociedad de gesti&oacute;n de activos procedentes de la reestructuraci&oacute;n), o si lo entienden mejor, rescate bancario; o sea, aqu&eacute;l banco malo que se apropi&oacute; de pisos que muchos trabajadores no pudieron pagar, cuando perdieron sus empleos en la crisis de 2010). Aquellas entidades se adue&ntilde;aron de miles de viviendas y en 2026, quieren cambiar aquellos &ldquo;activos&rdquo; por otros m&aacute;s rentables.
    </p><p class="article-text">
        Los due&ntilde;os sean la SAREB, sean fondos buitres, no tienen rostro, ni cuerpo. No son humanos, son carro&ntilde;eros, de ah&iacute; el nombre de buitres.
    </p><p class="article-text">
        El pasado lunes 20 de abril, el sindicato de la vivienda en esta comunidad y un pu&ntilde;ado de vecinos, apoyaron a la mujer que se encontraba en su domicilio esperando a la jueza y a la polic&iacute;a. El menor no estaba. Lo suyo es que a los catorce a&ntilde;os estuviera en el instituto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        P&oacute;nganse en la piel del chaval, conoce lo que pasa en su familia, la situaci&oacute;n en la que est&aacute;n viviendo su madre y &eacute;l (del padre no sabemos nada). Lo normal es que sus compa&ntilde;eros de clase de una forma u otra tambi&eacute;n conozcan el problema, al igual que sus profesores. La pel&iacute;cula 'En los m&aacute;rgenes', dirigida por Juan Diego Botto e interpretada por Pen&eacute;lope Cruz y Luis Tosar, refleja lo que pasa por la mente de un ni&ntilde;o cuando ve sufrir a su madre y cuando sabe que les van a echar de casa. (Muy recomendable para los que desahucian).
    </p><p class="article-text">
        Personalmente, me gustar&iacute;a, y supongo que no soy la &uacute;nica, que este adolescente se convierta en un hombre de provecho tanto si va a la universidad, como si aprende un oficio del que pueda vivir con dignidad. Si las administraciones que formamos todos tenemos que ayudar, para eso estamos, para que nuestros impuestos reviertan en el colectivo social, sobre todo en el que menos oportunidades econ&oacute;micas tiene.
    </p><p class="article-text">
        En la p&aacute;gina web del Gobierno de La Rioja, dentro del apartado de Vivienda hay una secci&oacute;n que se refiere al alquiler con apartados para los casos de &ldquo;desahucios y de personas en situaci&oacute;n de especial vulnerabilidad&rdquo;. Los &uacute;ltimos datos que constan en esta web son de 2017 y si van a ella podr&aacute;n leer: &ldquo;En 2017 se favoreci&oacute; que, al amparo de este programa, (alquiler de viviendas), 223 familias encontraran una vivienda adaptada a sus necesidades&rdquo;. Para el Gobierno de esta comunidad el mundo se par&oacute; tres a&ntilde;os antes de la fat&iacute;dica pandemia. Y es normal que parase. Seguro que lo hizo por extenuaci&oacute;n, porque 223 familias en la Comunidad m&aacute;s peque&ntilde;a y menos poblada de Espa&ntilde;a son casi el 2,3 por ciento de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si en la anterior Utop&iacute;a me refer&iacute;a, entre otras cosas, a la desorganizaci&oacute;n existente en las administraciones me temo que la desactualizaci&oacute;n de la p&aacute;gina web del Gobierno de la Rioja me da la raz&oacute;n, no toda, solo un &laquo;trocito&raquo;. La descoordinaci&oacute;n por despachos y pasillos es inmensa. Los que trabajan all&iacute; lo saben y los que dirigen debieran de saberlo. Otra explicaci&oacute;n es que: &laquo;Los que tienen que hacer, no hacen&raquo;. Volvemos a lo mismo, &laquo;no todos, solo una parte del todo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 22 de abril supimos que La Rioja acepta el Plan estatal de vivienda. Una aceptaci&oacute;n meritoria porque en esta Espa&ntilde;a nuestra y con muchos &ldquo;espa&ntilde;oles patriotas&rdquo;, los proyectos se aceptan si los elabora el partido que a cada ejecutivo le interesa. En caso contrario se rechazan a voz en grito. Lo mismo ocurre con las partes intervinientes. Por ejemplo, el sector de la construcci&oacute;n, (la CPAR o la patronal de la construcci&oacute;n, para entendernos todos), ya ha asegurado que: &ldquo;Este plan no ataca los problemas principales del mercado&rdquo;. Estoy convencida de que es verdad, pero dudo que con 119 millones de euros que, seg&uacute;n la Delegada del Gobierno, llegar&aacute;n a nuestra Rioja querida, no se pueda hacer nada. Entre &laquo;no atacar los problemas principales del mercado&raquo; y rechazar el plan como han hecho otras comunidades, hay un trecho tan grande que &laquo;una parte del problema, no todo&raquo;, se podr&iacute;a solucionar.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez este adolescente de 14 a&ntilde;os sea uno de los que podr&iacute;an beneficiarse. Todo depende de que constructores, sindicatos, ayuntamientos, Gobierno de la comunidad y de la naci&oacute;n, practiquen el &ldquo;humanismo social&rdquo; y piensen que los Derechos Humanos y los constitucionales vinieron para avanzar y para hacernos m&aacute;s iguales, dentro de la &ldquo;bendita diversidad individual&raquo;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 1 de mayo es un buen d&iacute;a para para recorrer nuestros pueblos y ciudadades, calle a calle, plaza a plaza, bache a bache. Es una actividad saludable para el cuerpo y para el cerebro. Un recorrido que se puede hacer antes, durante o despu&eacute;s de la manifestaci&oacute;n. La libertad de cada uno est&aacute; para eso y mucho m&aacute;s. La libertad de cada uno est&aacute; para eso y mucho m&aacute;s. Est&aacute;, tambi&eacute;n, para reconocer que la guerra no beneficia a nadie. Ni a los constructores, ni a los gobiernos, ni a los ni&ntilde;os, ni a los trabajadores, ni a las mujeres, ni a la mayor&iacute;a de cuantos conformamos esta suma de individuos, esta comunidad: plural, bendita y diversa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-42-plural-bendita-diversa_129_13177742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 16:53:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 42. Plural, bendita y diversa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anatomía del sentido común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/anatomia-sentido-comun_129_13172766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La normalidad es una de las palabras m&aacute;s repetidas de nuestro tiempo y, parad&oacute;jicamente, una de las menos examinadas. Se invoca para cerrar debates, para deslegitimar protestas, para se&ntilde;alar excesos ajenos y para justificar sacrificios propios. <em>Lo normal</em> aparece como un suelo firme, previo a la ideolog&iacute;a, un punto de partida neutro desde el cual evaluar lo razonable y lo exagerado. Y, sin embargo, basta aplicar una m&iacute;nima distancia &mdash;un gesto de extra&ntilde;amiento&mdash; para que ese suelo empiece a resquebrajarse.
    </p><p class="article-text">
        Claude L&eacute;vi-Strauss sosten&iacute;a que el trabajo del antrop&oacute;logo no consiste en explicar lo ex&oacute;tico, sino en volver extra&ntilde;o lo familiar. Mirar nuestras propias pr&aacute;cticas como si no nos pertenecieran. Si aplicamos ese m&eacute;todo a la normalidad contempor&aacute;nea, el resultado es inquietante: lo que hoy llamamos normal no es un estado natural de las cosas, sino una construcci&oacute;n cultural extremadamente reciente, fr&aacute;gil y funcional al mantenimiento de relaciones de poder muy concretas.
    </p><p class="article-text">
        Pero el extra&ntilde;amiento no es solo un m&eacute;todo antropol&oacute;gico; es tambi&eacute;n una t&eacute;cnica literaria. El formalista ruso Viktor Shklovski lo llamaba <em>ostran&eacute;nie</em> &mdash;hacer extra&ntilde;o&mdash; y lo consideraba esencial para romper la automatizaci&oacute;n de la percepci&oacute;n. Cuando el lenguaje y los h&aacute;bitos se vuelven rutinarios, dejamos de ver el mundo. La literatura, dec&iacute;a Shklovski, debe <em>rasgar el velo de la familiaridad</em> para que volvamos a sentir la textura de las cosas. Hoy, esa misma operaci&oacute;n es urgente en lo social y lo pol&iacute;tico: rasgar el velo de la normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna sociedad se limita a describir el mundo tal como es. Todas lo clasifican, lo jerarquizan y lo dotan de sentido. La normalidad cumple exactamente esa funci&oacute;n: no dice c&oacute;mo son las cosas, sino c&oacute;mo deben ser percibidas para que el sistema resulte habitable &mdash;o al menos soportable&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy se considera normal, por ejemplo, que una persona destine la mitad del salario al alquiler en las grandes ciudades europeas; que encadene contratos temporales sin horizonte vital; que posponga indefinidamente la emancipaci&oacute;n, la maternidad o cualquier proyecto a largo plazo; que viva en un estado de cansancio cr&oacute;nico sin nombre ni responsable. O peor, culpabilizando al que sufre esos rigores. Los datos son conocidos, medidos y p&uacute;blicos. Lo relevante no es su existencia, sino el hecho de que ya no provocan esc&aacute;ndalo.
    </p><p class="article-text">
        Esta naturalizaci&oacute;n de lo insostenible se ve reforzada por un fen&oacute;meno parad&oacute;jico: la medicalizaci&oacute;n del malestar estructural. Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, los trastornos de ansiedad y depresi&oacute;n aumentaron un 25% a nivel global durante el primer a&ntilde;o de la pandemia, un incremento directamente relacionado con factores como la inseguridad laboral y el aislamiento social &mdash;niveles que, seg&uacute;n la OCDE, siguen sin recuperar los valores previos a 2020&mdash;. Sin embargo, la respuesta dominante ha tendido a psicologizar el sufrimiento, desplazando la mirada desde las condiciones colectivas hacia la gesti&oacute;n individual del estr&eacute;s. El <em>burnout</em>, reconocido por la OMS como fen&oacute;meno ocupacional en 2019, es ejemplo de ello: se diagnostica como s&iacute;ndrome del individuo, pero su causa &uacute;ltima reside en la estructura del trabajo asalariado. As&iacute;, la normalidad no solo nos hace tolerar lo intolerable, sino que nos convence de que la reparaci&oacute;n es una tarea privada &mdash;una terapia, una aplicaci&oacute;n de <em>mindfulness</em>&mdash; y no un cambio estructural.
    </p><p class="article-text">
        Desde una mirada extra&ntilde;ada, esto resulta dif&iacute;cil de explicar. En la mayor&iacute;a de sociedades humanas documentadas, la imposibilidad de reproducir la vida &mdash;material, simb&oacute;lica o generacionalmente&mdash; habr&iacute;a sido interpretada como una se&ntilde;al clara de disfunci&oacute;n colectiva. En la nuestra, en cambio, se presenta como ajuste inevitable. Como madurez. Como realismo.
    </p><p class="article-text">
        El sentido com&uacute;n opera aqu&iacute; como una tecnolog&iacute;a cultural de adaptaci&oacute;n. No busca comprender las causas estructurales de los problemas, sino hacerlos psicol&oacute;gicamente tolerables. <em>Siempre ha sido as&iacute;, es lo que hay, peor est&aacute;n otros</em> no son argumentos: son f&oacute;rmulas rituales destinadas a cerrar la conversaci&oacute;n y restablecer el orden simb&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Los mitos no se definen por su falsedad, sino por su funci&oacute;n: resolver contradicciones irresolubles en el plano material. La normalidad contempor&aacute;nea funciona como un mito de este tipo. Media entre una promesa que ya no se cumple &mdash;progreso, estabilidad, movilidad social&mdash; y una realidad que desmiente esa promesa de forma sistem&aacute;tica. El mito no niega la contradicci&oacute;n; la anestesia.
    </p><p class="article-text">
        Por eso cualquier cuestionamiento profundo de lo normal se percibe como una amenaza desproporcionada. No porque sea incorrecto, sino porque pone en riesgo el fr&aacute;gil equilibrio emocional que permite seguir adelante sin cambiar nada esencial.
    </p><p class="article-text">
        Toda normalidad necesita un exterior. Algo &mdash;o alguien&mdash; que encarne la desviaci&oacute;n. Hoy, ese papel lo ocupan figuras m&oacute;viles y acumulativas: el inmigrante, el <em>que no quiere trabajar</em>, el pobre sospechoso, el activista exagerado &mdash;y, por supuesto, sesgado, no como <em>nosotros&mdash;</em>, lo <em>woke</em>. Categor&iacute;as lo suficientemente vagas como para absorber frustraciones diversas y lo suficientemente visibles como para convertirse en blanco leg&iacute;timo del malestar.
    </p><p class="article-text">
        El extra&ntilde;amiento revela aqu&iacute; una paradoja central: quienes m&aacute;s sufren las condiciones normalizadas son a menudo quienes m&aacute;s las defienden, siempre que puedan se&ntilde;alar a un otro como responsable del deterioro. No es un fallo moral individual; es una l&oacute;gica cultural. Defender la normalidad se convierte en una forma de defender la propia identidad en un mundo que ya no garantiza nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta ir lejos para observar este mecanismo. Basta abrir la secci&oacute;n de comentarios de cualquier v&iacute;deo de YouTube o los de cualquier noticia de un diario digital que toque temas sociales, pol&iacute;ticos o migratorios. All&iacute;, la normalidad se reproduce en estado puro: en el meme que convierte la exclusi&oacute;n en humor, en el clic autom&aacute;tico del <em>me gusta</em> a frases repetidas, en la avalancha de respuestas que castigan a quien introduce un dato o una duda.
    </p><p class="article-text">
        Esta cohesi&oacute;n tribal digital no es espont&aacute;nea, sino amplificada algor&iacute;tmicamente. Investigaciones como las del MIT sobre desinformaci&oacute;n demuestran que las noticias falsas &mdash;a menudo basadas en estereotipos que refuerzan el <em>nosotros</em> contra <em>ellos</em>&mdash; tienen un 70% m&aacute;s de probabilidades de ser retuiteadas que la informaci&oacute;n veraz, y la verdad tarda seis veces m&aacute;s en alcanzar la misma audiencia. Los algoritmos priorizan el contenido que genera <em>engagement</em>, es decir, reacciones viscerales de indignaci&oacute;n o adhesi&oacute;n identitaria. As&iacute;, la plaza digital no es un &aacute;gora neutra: es un campo de batalla donde la arquitectura t&eacute;cnica favorece la reproducci&oacute;n autom&aacute;tica de la normalidad y castiga la disidencia reflexiva con invisibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso, ese espacio es una de las nuevas &aacute;goras donde se fabrica comunidad simb&oacute;lica fuera de las instituciones formales. Y tambi&eacute;n es all&iacute; donde el <em>ostran&eacute;nie</em> puede operar como gesto pol&iacute;tico m&iacute;nimo: no dar <em>like</em>, preguntar <em>&iquest;en qu&eacute; te basas?</em>, devolver una biograf&iacute;a donde se esperaba un estereotipo. No para convencer &mdash;los algoritmos no premian la duda&mdash;, sino para introducir una fisura en la repetici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta posibilidad de extra&ntilde;amiento est&aacute; desigualmente distribuida. La capacidad de tomar distancia cr&iacute;tica presupone un m&iacute;nimo de seguridad material y tiempo no productivo que, en s&iacute; mismo, es un privilegio dentro del orden normalizado. Seg&uacute;n Eurostat, en 2024, el 21% de la poblaci&oacute;n de la UE estaba en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n social &mdash;cifra que en Espa&ntilde;a asciende al 25,8%, casi doce millones y medio de personas&mdash;. Para quienes viven en el umbral de la supervivencia, la pregunta <em>&iquest;de verdad esto es lo normal?</em> puede resultar un lujo inalcanzable; la urgencia es sobrevivir dentro de las reglas del juego. Reconocer esto evita convertir el extra&ntilde;amiento en un gesto elitista. Su verdadero potencial pol&iacute;tico no surge en la distancia individual, sino cuando se articula colectivamente: cuando la fisura se comparte, se nombra y se organiza. No en forma de programa &mdash;el extra&ntilde;amiento no produce manifiestos&mdash;, sino como pr&aacute;ctica cotidiana de negativa. Negarse a aceptar que lo dado es lo posible. Negarse a administrar el malestar en privado. Hay experiencias que ensayan esa negativa desde abajo &mdash;cooperativas, redes de cuidado mutuo, formas de vida que cortocircuitan la l&oacute;gica mercantil&mdash; no como alternativas al sistema, sino como fricciones dentro de &eacute;l, recordatorios de que la normalidad no es la &uacute;nica forma de estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        El extra&ntilde;amiento no ofrece soluciones t&eacute;cnicas ni programas cerrados. Ofrece algo m&aacute;s modesto y m&aacute;s inc&oacute;modo: la posibilidad de no confundir costumbre con naturaleza, adaptaci&oacute;n con justicia, normalidad con dignidad. En un contexto donde casi todo empuja a aceptar lo dado como inevitable, esa distancia es ya una forma de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Observar nuestra vida cotidiana &mdash;y nuestros propios comentarios en redes&mdash; como si pertenecieran a otra sociedad, una que acepta sin protestar su propio empobrecimiento vital, no nos hace superiores ni l&uacute;cidos por defecto. Pero nos devuelve una pregunta esencial, previa a cualquier ideolog&iacute;a: <em>&iquest;de verdad esto es lo normal?</em>
    </p><p class="article-text">
        Tal vez no sepamos a&uacute;n qu&eacute; vendr&aacute; despu&eacute;s. Pero aprender a extra&ntilde;arnos de lo que hoy se presenta como incuestionable es, como m&iacute;nimo, una forma de no colaborar activamente con su perpetuaci&oacute;n. Y en tiempos de lenta quiebra, eso ya no es poca cosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/anatomia-sentido-comun_129_13172766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 16:46:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Anatomía del sentido común]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prioridad nacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/prioridad-nacional_129_13173174.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que Santiago era el camino formado por un conjunto de rutas que conducen a la Catedral de Santiago de Compostela y Abascal un atleta medallista ol&iacute;mpico que se proclam&oacute; medalla de bronce en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1984 en Los &Aacute;ngeles. Ambos hacen honor al significado del t&eacute;rmino &ldquo;prioridad&rdquo; como una cualidad en alto grado y del t&eacute;rmino &ldquo;nacional&rdquo; como el que describe a una comunidad de personas que comparten lengua, cultura e instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando se juntan los nombres no siempre se juntan las bondades y el Santiago Abascal de ahora es ese que en un mitin lleno de j&oacute;venes llama &laquo;mierda&raquo; a Pedro S&aacute;nchez y &laquo;rata&raquo; a Marlaska porque su exigua conexi&oacute;n neuronal confunde prioridad nacional con prioridad de los nacionales, aquellos de &iexcl;muera la inteligencia!, algo que el propio Abascal acostumbra a reiterar con sus constantes manifestaciones de violencia, por ahora verbal, contra todo y contra todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A Juanma Moreno, el presidente de la Junta de Andaluc&iacute;a, le ha llamado&nbsp;Juanma &ldquo;Moruno&rdquo; y a Alfonso Fern&aacute;ndez Ma&ntilde;ueco, presidente de la Junta de Castilla y Le&oacute;n le ha dedicado el ingenioso improperio de Alfonso Fern&aacute;ndez &ldquo;Marrueco&rdquo;. Parece que la Providencia le dot&oacute; de algunas virtudes que quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a nos muestre pero no de la de la iron&iacute;a fina ni la del humor inteligente que debi&oacute; autodestruirse junto con la propia inteligencia. Y ya que ha cogido carrera, como el otro Abascal pero &eacute;l por la pista de la bravuconer&iacute;a, no ha dejado&nbsp;fuera de su inquina ni a la propia Iglesia cat&oacute;lica, a pesar de su&nbsp;preconciliar fervor religioso. Hasta el secretario general de la Conferencia Episcopal, Francisco C&eacute;sar Garc&iacute;a Mag&aacute;n, ha acusado recientemente al l&iacute;der de Vox, de &ldquo;injurias&rdquo; por sugerir que la Iglesia se enriquece con la inmigraci&oacute;n. Olvida el l&iacute;der de Vox que antes que ser creyente es preciso ser cre&iacute;ble y eso tiene que ver con la confianza no con la ignorancia que puede llevarle al infierno, ya que lo de &ldquo;Santiago y cierra, Espa&ntilde;a&rdquo;&nbsp;era una divina expresi&oacute;n ardorosa que no iba necesariamente por los migrantes.
    </p><p class="article-text">
        Prioridad nacional es aportar razones y no insultos, esgrimir argumentos y no emolumentos, conocimientos s&oacute;lidos y no bulos vol&aacute;tiles, practicar el eufemismo y no&nbsp;el matonismo que adem&aacute;s del l&iacute;der ejercen sus hinchas como recientemente llev&oacute; a cabo el representante de la ultraderecha en el Congreso, Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez, despu&eacute;s de que este se encarase con la Presidencia del Parlamento. Tambi&eacute;n podemos recordar en el &aacute;mbito provincial el provinciano &ldquo;c&aacute;llate progre&rdquo; que el siempre&nbsp;enfurru&ntilde;ado diputado de Vox H&eacute;ctor Alacid&nbsp;profiri&oacute;&nbsp;contra la diputada de IU, Henar Moreno, en el Parlamento de La Rioja. Incluso el ahora purgado l&iacute;der Javier Ortega Smith practic&oacute; con entusiasmo el insulto <em>voxiferante,</em> entre otros, contra la concejala del Ayuntamiento de Madrid por M&aacute;s Madrid Rita Maestre a la que se<strong> </strong>refiri&oacute; como&nbsp;&ldquo;despechugada&rdquo;, o contra Gerardo&nbsp;Pisarello el congresista d'En Com&uacute; Podem al que llam&oacute; &ldquo;montonero tucumano&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Prioridad nacional es no permitir que un partido pol&iacute;tico institucionalice el insulto como estrategia de oposici&oacute;n por muchos votos que tenga porque se puede tener razones y no tener raz&oacute;n, pero no se puede tener sinrazones para asaltar la raz&oacute;n. Prioridad nacional es impedir que su machismo atemorice, su xenofobia intimide, su ignorancia asuste y su vesania espante. Prioridad nacional tambi&eacute;n es comprender que hay generaciones que pueden considerar todo ese desatino como una forma de convivencia, o sea, una forma de acabar con la convivencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El escritor y pol&iacute;tico Gaspar Melchor de Jovellanos, uno de los m&aacute;s ilustres representantes de la Ilustraci&oacute;n espa&ntilde;ola, dec&iacute;a que un patriota era el que quer&iacute;a una escuela para los hijos de la naci&oacute;n, que quiere decir ponerles el sol de cara m&aacute;s que ponerlos cara al sol. Y aunque me imagino que su respuesta ser&iacute;a&nbsp;que &ldquo;Jovellanos es un mierda&rdquo;, no se debe olvidar que &ldquo;Nadie est&aacute; libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con &eacute;nfasis&rdquo; como dijo el fil&oacute;sofo Michel de Montaigne, una &ldquo;rata&rdquo; francesa. Y de la estupidez se puede salir. Prioridad nacional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/prioridad-nacional_129_13173174.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 08:31:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Prioridad nacional]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madre Tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;3-en-uno, y todo vuelve a funcionar&rdquo;. As&iacute; se anuncia el aceite mineral m&aacute;s conocido del mercado. Todo un cl&aacute;sico que lubrica mecanismos, elimina los chirridos, limpia el metal y protege contra el &oacute;xido y la corrosi&oacute;n. No estar&iacute;a nada mal que el D&iacute;a Internacional de la Madre Tierra, que hoy 22 de abril se celebra, dispusiera de un remedio equiparable. Algo capaz de lubricar nuestras decisiones, eliminar viejos h&aacute;bitos y proteger el planeta que habitamos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta jornada viene siendo promovida por la ONU desde 2009 con un objetivo claro: recordarnos que el bienestar humano depende de nuestra armon&iacute;a con la Naturaleza. Calentamiento global, contaminaci&oacute;n por tierra, mar y aire y p&eacute;rdida generalizada de biodiversidad forman parte del mismo problema. Un aut&eacute;ntico y colosal &ldquo;tres en uno&rdquo; de los desaf&iacute;os ambientales que exige soluciones integradas. 
    </p><p class="article-text">
        La ONU lo intenta de esta y otras maneras. Sin embargo, el esfuerzo global no avanza o lo hace con lentitud exasperante e indiferencia manifiesta. Pa&iacute;s a pa&iacute;s seguimos generando desigualdades, d&eacute;ficits democr&aacute;ticos, problemas de redistribuci&oacute;n de la riqueza, mermas de derechos humanos, conflictos armados, desequilibrios demogr&aacute;ficos y desastres ambientales. Fen&oacute;menos distintos pero profundamente conectados, como lo est&aacute; todo en la Madre Tierra. Desaciertos de tama&ntilde;o abismal m&aacute;s f&aacute;ciles de definir que de medir. En situaciones as&iacute; conviene recordar una idea sencilla atribuida al f&iacute;sico brit&aacute;nico <em>Lord Kelvin</em>: &ldquo;Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar&rdquo;. Por eso, si queremos cuidar el planeta, primero necesitamos medir c&oacute;mo lo estamos tratando. 
    </p><p class="article-text">
        Y para eso existe un indicador que a m&iacute; me gusta: la huella ecol&oacute;gica. &Iacute;ndice que utiliza para su c&aacute;lculo la superficie de tierra y agua necesarias para generar los recursos que consume un individuo o una poblaci&oacute;n (ciudad, regi&oacute;n o pa&iacute;s) y absorber los residuos que genera. Se expresa en hect&aacute;rea globales y ofrece una radiograf&iacute;a bastante acertada de nuestra relaci&oacute;n con el planeta. Y la imagen actual que proyecta no es tranquilizadora. Los humanos consumimos recursos como si dispusi&eacute;ramos de 1,75 planetas Tierra.&nbsp;En otras palabras, estamos agotando el capital natural en lugar de vivir de los muchos intereses que genera. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, como ya sabes, no todos en la Madre Tierra consumimos lo mismo ni de la misma manera. En los primeros puestos del ranking mundial del despilfarro planetario se encuentran Qatar, Luxemburgo, Emiratos &Aacute;rabes Unidos, Bahr&eacute;in, Kuwait, Estados Unidos, Canad&aacute;, Australia, Dinamarca, B&eacute;lgica, Singapur o Corea del Sur. Si toda la humanidad derrochara como ellos, necesitar&iacute;amos entre cuatro y ocho madres Tierra adicionales. Su huella ecol&oacute;gica por persona es descomunal y gastan naturaleza como si fuera confeti. Alemania aparece tambi&eacute;n en la parte alta. Francia no se queda muy atr&aacute;s. Italia y Espa&ntilde;a ocupan posiciones intermedias. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra huella ronda las cuatro hect&aacute;reas globales por persona. Es menos que en el norte industrial. Pero consumimos muy por encima de lo sostenible. La Madre Tierra dispone de unas 1,6 hect&aacute;reas productivas por habitante. Todo lo que supera esta cifra est&aacute; en d&eacute;ficit ecol&oacute;gico. En el mundo entramos en ese d&eacute;bito en los a&ntilde;os 70, cuando nos dio por consumir masivamente todo tipo de productos de &ldquo;usar y tirar&rdquo;, se consolid&oacute; la &ldquo;obsolescencia programada&rdquo; de las m&aacute;quinas y practicamos el turismo masivo hasta los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses africanos y varios asi&aacute;ticos se encuentran con la menor huella ecol&oacute;gica per c&aacute;pita. La huella ecol&oacute;gica revela as&iacute; una contradicci&oacute;n inc&oacute;moda: el bienestar material suele venir acompa&ntilde;ado de mayor presi&oacute;n sobre la biosfera. Sin embargo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala caminos para reducirla. Los pa&iacute;ses con mayor huella deben reducir consumo y emisiones. Los pa&iacute;ses con menor huella deben desarrollarse usando tecnolog&iacute;as sostenibles desde el inicio. Energ&iacute;as renovables, descarbonizaci&oacute;n, transferencia tecnol&oacute;gica limpia a pa&iacute;ses en desarrollo, econom&iacute;a circular, consumo responsable, restauraci&oacute;n de ecosistemas, agricultura regenerativa, urbanismo eficiente, movilidad sostenible y educaci&oacute;n ambiental forman parte de las soluciones y podr&iacute;an aplicarse ya. El problema es la escala del desaf&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Ocho mil millones de personas aspiran a vivir mejor. Y con raz&oacute;n. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo hacerlo sin necesitar tres o m&aacute;s planetas. La ciencia tiene algunas respuestas. La pol&iacute;tica (con permiso de los imperios tecnol&oacute;gicos y de inversi&oacute;n) decide si se aplican. El tiempo ecol&oacute;gico, mientras tanto, sigue corriendo. Y el planeta, de momento, no dispone de repuesto. La Madre Tierra ya no tiene un aut&eacute;ntico &ldquo;tres en uno&rdquo; capaz de arreglarnos tanto y tan continuado estropicio humano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/madre-tierra_129_13167633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Apr 2026 15:03:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Madre Tierra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 41. En defensa de lo nuestro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-41-defensa_129_13152352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El primer d&iacute;a laborable despu&eacute;s de las vacaciones de la Semana Santa.
    </p><p class="article-text">
        El martes 7 de marzo, Marea Blanca organiz&oacute; una manifestaci&oacute;n en Logro&ntilde;o en defensa de la Sanidad P&uacute;blica. Pon&iacute;an el acento en la Atenci&oacute;n Primaria: en los centros de salud, en reclamar que la cita para ser atendido por tu m&eacute;dico de familia no sobrepase las 48 horas. Es una reivindicaci&oacute;n bondadosa, es deliciosamente infantil. No hay nada que reivindicar. S&iacute; mucho que exigir y recordar. El art&iacute;culo 43 de la constituci&oacute;n espa&ntilde;ola &ldquo;reconoce el derecho a la protecci&oacute;n de la salud&rdquo; y da un paso m&aacute;s al a&ntilde;adir que &ldquo;compete a los poderes p&uacute;blicos organizar y tutelar la salud p&uacute;blica a trav&eacute;s de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que si despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os los poderes p&uacute;blicos: instituciones gobiernos, siguen ampar&aacute;ndose en la falta de m&eacute;dicos para justificar lo que, a mi juicio, es injustificable porque no han cumplido con su trabajo. El deber de organizar y tutelar la salud p&uacute;blica no lo han cumplido. Ellos sabr&aacute;n por qu&eacute; y sus explicaciones nos tendr&iacute;an que dar. Est&aacute;n obligados a d&aacute;rnoslas.
    </p><p class="article-text">
        No nos podemos quedar con la muletilla de &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;. Si faltan, que pongan medios para que eso no ocurra, empezando por organizar y coordinar bien las funciones de cada uno en su puesto de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Dice muy poco a favor de los gestores de la sanidad p&uacute;blica que tarden dos meses en citar a los pacientes para hacerles pruebas m&eacute;dicas. A muchos nos ha pasado y podemos demostrarlo; no es hablar por hablar o criticar por criticar. No se entiende que una resonancia magn&eacute;tica privada, la hagan de un d&iacute;a para otro y en el SERIS te tengan esperando bastante tiempo y de las listas de espera para las operaciones, mejor lo dejamos para otro d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Faltan m&eacute;dicos&rdquo; &iquest;Cu&aacute;ntos a&ntilde;os hace que &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;? &iquest;Por qu&eacute; no los han cubierto en su momento? Dir&aacute;n que por qu&eacute; no hab&iacute;a, &iquest;por qu&eacute; no han eliminado barreras para el acceso a la medicina p&uacute;blica? Barreras burocr&aacute;ticas, no de formaci&oacute;n de los profesionales. Si la soluci&oacute;n es la contrataci&oacute;n de profesionales extranjeros, por qu&eacute; no se han entregado a la homologaci&oacute;n de t&iacute;tulos y la formaci&oacute;n pertinente de quienes vienen de fuera, en vez de decirnos por activa, pasiva y perifr&aacute;stica: &ldquo;faltan m&eacute;dicos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Siempre van a faltar si no se toman medidas. Entre ellas, pagarles en funci&oacute;n a la importancia del trabajo social que realizan.
    </p><p class="article-text">
        Y como no todo ha de ser negativo desde aqu&iacute; felicidades al servicio de oncolog&iacute;a del hospital San Pedro de Logro&ntilde;o. Son un ejemplo a seguir por otros m&eacute;dicos y enfermeras y felicitaciones tambi&eacute;n a los que desde las urgencias hospitalarias salvan la vida a los que llegan con un ictus o un infarto. En esos casos extremos, cada uno cumple con su trabajo y sabe qu&eacute; tiene que hacer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas y todos estamos obligados a saber, que nuestro sistema General de Sanidad es universal y gratuito. Est&aacute; descentralizado en las comunidades aut&oacute;nomas y se financia p&uacute;blicamente, (con los impuestos que pagamos todos o debi&eacute;ramos de pagar todos en funci&oacute;n a los ingresos y bienes que cada uno de nosotros tengamos).
    </p><p class="article-text">
        En esas concentraciones y manifestaciones de Marea Blanca, habr&iacute;a que preguntar a quienes no cumplen con el deber de organizar, coordinar y tutelar e insisten en que no vayamos al servicio de Urgencias:&nbsp;qu&eacute; hemos de hacer si en el centro de salud no nos atienden y la neumon&iacute;a avanza, el ap&eacute;ndice se rompe y la infecci&oacute;n de orina no se trata a tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todas las personas tenemos derecho a una atenci&oacute;n sanitaria de calidad en condiciones de igualdad, pero este principio se ha incumplido por diversas decisiones pol&iacute;ticas, amparadas en las crisis econ&oacute;micas. En 2009 se implantaron tales recortes presupuestarios en el sistema p&uacute;blico de salud que a&uacute;n no nos hemos recuperado de aquella situaci&oacute;n. En 2012, el Gobierno retir&oacute; la tarjeta sanitaria a m&aacute;s de 750.000 personas, gran parte de ellas inmigrantes en situaci&oacute;n irregular. El caos administrativo fue may&uacute;sculo, la informaci&oacute;n no llego a todas las dependencias sanitarias por igual y no todos los funcionarios sab&iacute;an qu&eacute; ten&iacute;an que hacer. Despu&eacute;s vino la pandemia y el desastre creci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los recortes de 2009 fueron injustificables. La retirada de la tarjeta sanitaria tambi&eacute;n, aunque se subsan&oacute; en el 2018. El caos de la COVID comprensible. Que seis a&ntilde;os despu&eacute;s sigamos en las mismas es dejadez, apat&iacute;a, descoordinaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasa en la sanidad y ocurre en todas las &aacute;reas administrativas. Los derechos de todos est&aacute;n en declive: sanitarios, educativos, de administraci&oacute;n de justicia, de acceso a la vivienda, de expresi&oacute;n, de opini&oacute;n&hellip; No debi&eacute;ramos renunciar a nuestros derechos. S&iacute; debi&eacute;ramos exigir el cumplimiento a ultranza de los mismos. Lo que es p&uacute;blico, lo pagamos todos con nuestros impuestos (o debi&eacute;ramos). Lo que es privado se lo paga cada cual con lo que tiene. &iexcl;Enhorabuena!.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde lo p&uacute;blico beneficiar a lo privado no se puede permitir. Defender lo nuestro, nos compete a todos y esta guerra s&iacute; es la nuestra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-41-defensa_129_13152352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 16:11:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 41. En defensa de lo nuestro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La disonancia imperial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/disonancia-imperial_129_13152455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La imagen, aunque surrealista, no es met&aacute;fora. Ocurri&oacute; en 2018 en el vasto desierto de Arizona, cuando agentes de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos detuvieron a dos hombres de la Naci&oacute;n Tohono O'odham para <em>verificar su estatus migratorio</em>. No hab&iacute;a ning&uacute;n error burocr&aacute;tico. Los agentes, en terreno de la reserva ind&iacute;gena que cruza la frontera pol&iacute;tica entre M&eacute;xico y Estados Unidos, desconfiaban de la apariencia de aquellos ciudadanos estadounidenses, miembros de una comunidad cuyas ra&iacute;ces en ese paisaje se pierden siglos antes de que existiera un pasaporte o una valla. Este incidente, documentado por observadores internacionales, condensa una paradoja perfecta y desgarradora: el aparato estatal de un pa&iacute;s colonial, dise&ntilde;ado para vigilar y expulsar al forastero, se aplica contra los &uacute;nicos que, en sentido estricto, nunca migraron a ninguna parte. La paradoja no es un vestigio del pasado. Seg&uacute;n un reporte de la organizaci&oacute;n Native American Rights Fund (NARF), este tipo de incidentes fronterizos que involucran a miembros de tribus cuyos territorios son divididos por la frontera contin&uacute;an ocurriendo de forma regular, con al menos una docena de casos documentados solo entre 2021 y 2023. Es la l&oacute;gica &uacute;ltima de la conquista: primero te quitan la tierra, luego te declaran ilegal en ella. Como reza el lema del movimiento chicano, nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruz&oacute; a nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Este no es un caso aislado, sino el s&iacute;ntoma de una maquinaria cuyo combustible es una amnesia identitaria masiva. Para entenderla, hay que mirar al Servicio de Inmigraci&oacute;n y Control de Aduanas, el ICE. Desde su creaci&oacute;n en 2003, su presupuesto no ha dejado de crecer, superando los diez mil millones de d&oacute;lares anuales en 2024 y dispar&aacute;ndose hasta los 85.000 millones tras la aprobaci&oacute;n de la&nbsp;<em>One Big Beautiful Bill Act</em>&nbsp;en julio de 2025. Pero su verdadero poder no radica en el dinero, sino en un mandato que ha convertido la frontera en un fantasma m&oacute;vil. Bajo programas como Secure Communities, la colaboraci&oacute;n entre polic&iacute;as locales y el ICE transform&oacute; una multa de tr&aacute;fico en un condado de Kansas en el posible inicio de un procedimiento de deportaci&oacute;n. La frontera ya no est&aacute; solo en el R&iacute;o Grande; se internaliz&oacute;, haci&eacute;ndose presente en cualquier interacci&oacute;n entre un cuerpo le&iacute;do como sospechoso y la autoridad. El resultado lo cuantifica el centro TRAC de la Universidad de Syracuse: bajo la administraci&oacute;n Trump, las detenciones de inmigrantes sin antecedentes penales aumentaron un 40%. No se persegu&iacute;a un delito, sino una condici&oacute;n: la de ser un cuerpo fuera de lugar en el relato nacional.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; surge la primera gran disonancia. &iquest;Qui&eacute;n define ese <em>lugar</em>? La respuesta se teje en los pliegues olvidados de la historia estadounidense. La ret&oacute;rica de <em>Make America Great Again</em> y el movimiento MAGA se alimentan de la nostalgia por una homogeneidad blanca y anglosajona que es, ante todo, un mito. Como explica la historiadora Roxanne Dunbar-Ortiz, Estados Unidos fue fundado como un Estado colonial de colonos, un proyecto expansionista &ndash;el <em>Destino Manifiesto</em>&ndash; que requiri&oacute; el exterminio de poblaciones nativas y la esclavitud masiva de africanos. La <em>grandeza</em> nunca fue pura; se ciment&oacute; sobre un genocidio y un sistema de castas raciales. El pa&iacute;s de las oportunidades, s&iacute;, pero solo para algunos. Sin embargo, el mito es m&aacute;s fuerte que el hecho. Un estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison encontr&oacute; que los seguidores de Trump tienden a renegociar los hechos hist&oacute;ricos para alinear el pasado con una identidad nacional positiva y sin mancha, minimizando la esclavitud o la segregaci&oacute;n. La amnesia no es un descuido; es un requisito de pertenencia. Esta misma l&oacute;gica amn&eacute;sica opera en la obsesi&oacute;n por la blancura pura, una obsesi&oacute;n que no se detiene en lo simb&oacute;lico, sino que desciende, con una literalidad casi cl&iacute;nica, hasta el cuerpo mismo. La moda del blanqueamiento anal &mdash;cuya demanda ha crecido de forma significativa en la &uacute;ltima d&eacute;cada, seg&uacute;n un informe de 2022 de la Academia Americana de Dermatolog&iacute;a&mdash; lleva esa l&oacute;gica a su expresi&oacute;n m&aacute;s grotesca y reveladora: la necesidad de purificar incluso lo que no se ve, reflejo de una ansiedad identitaria que necesita borrar cualquier rastro de diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica de olvido y pertenencia explica la segunda y m&aacute;s profunda disonancia: la de aquellos que, para encajar en el sue&ntilde;o blanco, tuvieron que aprender a odiar su propio reflejo. En los siglos XIX y principios del XX, oleadas de inmigrantes irlandeses, italianos, jud&iacute;os ashkenazis y eslavos llegaron a Estados Unidos y no fueron recibidos como blancos. La ciencia racial de la &eacute;poca y los informes del Congreso, como el Informe Dillingham de 1911, los clasificaban como razas separadas e inferiores, menos aptas para la autogobierno. Su camino hacia la <em>blancura</em>, como detalla la historiadora Nell Irvin Painter, fue un lento y doloroso proceso de asimilaci&oacute;n que implic&oacute; un pacto f&aacute;ustico: ganar aceptaci&oacute;n signific&oacute; distanciarse activamente de los negros, adoptar la jerarqu&iacute;a racial anglosajona y dirigir hacia abajo el desprecio que antes recib&iacute;an. Aprendieron que para ser considerados blancos, a veces hay que disparar contra el espejo de la propia historia. Esta tensi&oacute;n se encarna de forma ir&oacute;nica en la propia biograf&iacute;a del art&iacute;fice de la ret&oacute;rica MAGA. La familia de Donald Trump desciende de inmigrantes alemanes; su abuelo, Frederick Trump, naci&oacute; en Kallstadt, Alemania, y emigr&oacute; a Estados Unidos en 1885. El apellido original era<em> Drumpf</em>, una germanidad que fue anglicanizada en el proceso de asimilaci&oacute;n. El l&iacute;der que hoy encarna la defensa de una Am&eacute;rica blanca y aut&oacute;ctona es, &eacute;l mismo, producto de esa misma ola migratoria que una vez fue mirada con recelo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la demograf&iacute;a del apoyo a Trump y al MAGA est&aacute; impregnada de este legado. No es el voto uniforme de una &eacute;lite econ&oacute;mica blanca, sino, como muestran los datos del Pew Research Center, el de blancos sin t&iacute;tulo universitario de zonas rurales y peque&ntilde;as ciudades, muchos de ellos descendientes de aquellos inmigrantes <em>blanqueados</em>. Su apoyo no se explica solo por la econom&iacute;a, sino por una ansiedad profunda sobre el estatus y la identidad en un pa&iacute;s que cambia demogr&aacute;ficamente. Para ellos, la ret&oacute;rica de Trump no invent&oacute; un enemigo; canaliz&oacute; un miedo ancestral y les ofreci&oacute; un guion heroico: ya no son los reci&eacute;n llegados en busca de aceptaci&oacute;n, sino los <em>verdaderos estadounidenses</em>, los nativos aut&eacute;nticos sitiados por una nueva <em>invasi&oacute;n</em>. Es la inversi&oacute;n final de la historia: el colonizado internaliza tan completamente la mentalidad del conquistador que se apropia incluso del estatus de v&iacute;ctima originaria.
    </p><p class="article-text">
        Desde la asimilaci&oacute;n forzosa hasta el apoyo activo: el mecanismo encuentra su expresi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s retorcida en una nueva disonancia. No se trata solo de hijos de inmigrantes que votan por pol&iacute;ticas que habr&iacute;an expulsado a sus abuelos; en la coalici&oacute;n de Trump, este s&iacute;ndrome adopta formas a&uacute;n m&aacute;s parad&oacute;jicas. Un an&aacute;lisis del Pew Research Center de 2020 revel&oacute; que, si bien los votantes latinos en su mayor&iacute;a apoyaron a Joe Biden, Trump increment&oacute; su porcentaje de voto entre los hispanos en comparaci&oacute;n con 2016, logrando cerca del 38% seg&uacute;n algunas encuestas a pie de urna. Este apoyo, aunque minoritario, es significativo. Se concentra en sectores que, tras haber logrado un estatus econ&oacute;mico o legal precario, buscan distinguirse de los reci&eacute;n llegados, repitiendo el viejo patr&oacute;n de asimilaci&oacute;n a trav&eacute;s de la exclusi&oacute;n del otro m&aacute;s vulnerable. Pero la paradoja se profundiza al cruzar fronteras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Figuras como Mar&iacute;a Corina Machado, oposici&oacute;n venezolana de l&iacute;nea dura, encontraron en la ret&oacute;rica trumpista de <em>Am&eacute;rica First</em> y en su demonizaci&oacute;n del chavismo un aliado poderoso, a pesar de que la pol&iacute;tica migratoria de ese mismo aliado era notoriamente hostil hacia venezolanos y otros latinoamericanos en busca de asilo. El desenlace confirm&oacute; lo que la l&oacute;gica ya anunciaba: Trump deport&oacute; a venezolanos a El Salvador, negoci&oacute; con los aliados de Maduro cuando le convino, y dej&oacute; a Machado sin el respaldo que hab&iacute;a convertido en eje de su estrategia. Este alineamiento nunca fue pragmatismo geopol&iacute;tico. Fue la l&oacute;gica del colonizado que internaliza la mentalidad del conquistador hasta el punto de justificar su propia subordinaci&oacute;n: v&iacute;ctimas de un proyecto imperial anterior buscaron la protecci&oacute;n del poder hegem&oacute;nico contempor&aacute;neo, y ese poder los redujo exactamente a lo que siempre hace con sus vasallos: peones &uacute;tiles mientras convienen, prescindibles en cuanto no.
    </p><p class="article-text">
        La narrativa de la <em>invasi&oacute;n</em>, amplificada miles de veces en medios como Fox News, sirve para sellar este pacto. Presenta al inmigrante latinoamericano, y por extensi&oacute;n a cualquier persona de apariencia no blanca, como una amenaza existencial para la naci&oacute;n. Esta l&oacute;gica ignora deliberadamente que grandes extensiones del suroeste estadounidense, como el Arizona donde viven los Tohono O'odham, fueron arrancadas a M&eacute;xico por la fuerza en el siglo XIX. En este relato, el verdadero invasor es quien cruza la l&iacute;nea hoy, no quien la dibuj&oacute; a sangre y fuego ayer. La paradoja se resuelve entonces no con la raz&oacute;n, sino con la fuerza bruta. El Proyecto de Leyes de Odio del Southern Poverty Law Center documenta c&oacute;mo los grupos de odio se han multiplicado bajo este clima, muchos abrazando la teor&iacute;a conspirativa del <em>gran reemplazo.</em> La violencia es el corolario inevitable. El tiroteo masivo de El Paso en 2019, donde el asesino viaj&oacute; cientos de kil&oacute;metros para atacar a mexicoamericanos citando la <em>invasi&oacute;n hispana</em>, no fue un acto de locura aislada, sino la ejecuci&oacute;n l&oacute;gica de un discurso pol&iacute;tico que deshumaniza. Los cr&iacute;menes de odio motivados por prejuicios contra la etnia hispana o latina alcanzaron en 2023 los 812 incidentes registrados por el FBI, un 42,7% m&aacute;s que en 2020 y el dato m&aacute;s alto desde que la agencia comenz&oacute; a recopilar estad&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        Esta gram&aacute;tica del poder, que deshumaniza para despu&eacute;s negar, no se limita a los votantes o a las figuras extranjeras; se institucionaliza en el coraz&oacute;n mismo del Estado. En 2025, un a&ntilde;o r&eacute;cord para la agencia, 32 personas murieron bajo custodia o a manos del ICE, entre ellas Renee Nicole Good, poeta y madre de tres hijos disparada por el agente Jonathan Ross en Mine&aacute;polis el 7 de enero de 2026 mientras actuaba como observadora ciudadana en una redada &mdash;su muerte fue el noveno tiroteo de agentes del ICE desde septiembre de 2025&mdash;. La respuesta de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, cuando un periodista pregunt&oacute; por esas 32 muertes no fue una aclaraci&oacute;n, sino un ritual de purificaci&oacute;n discursiva. Al tachar al periodista de <em>activista de izquierdas</em> por el simple hecho de nombrar los hechos, ejecut&oacute; la operaci&oacute;n definitiva: convertir la evidencia de la violencia de Estado en un s&iacute;ntoma de la <em>parcialidad </em>de quien la menciona. La cifra deja de ser un dato verificable para convertirse en un arma ideol&oacute;gica. Es la amnesia activa traducida a t&aacute;ctica de comunicaci&oacute;n: no se discute lo ocurrido, se descalifica el derecho a preguntar sobre ello. As&iacute;, el c&iacute;rculo de la disonancia se cierra sobre s&iacute; mismo. La maquinaria que produce la violencia (ICE) y la que la justifica (la narrativa oficial) se sincronizan para silenciar cualquier reflejo inc&oacute;modo, incluso &mdash;o especialmente&mdash; cuando ese reflejo es el rostro de una poeta asesinada o una estad&iacute;stica de muertes en custodia. La ficci&oacute;n se defiende declarando la realidad como un acto de guerra partidista.
    </p><p class="article-text">
        El votante descendiente de sicilianos que pide un muro m&aacute;s alto y el agente que detiene al nativo Tohono O'odham no son hip&oacute;critas inconscientes. Son los centinelas de una ficci&oacute;n necesaria: la blancura como identidad, que es en s&iacute; misma una construcci&oacute;n movediza, un club cuyas reglas de entrada exigen olvidar la propia procedencia. El nativo detenido en su tierra es el espejo que este sue&ntilde;o no puede quebrar. Su mera existencia, anterior a cualquier frontera, es la prueba viviente de que la Am&eacute;rica blanca es un castillo de arena construido sobre una fosa com&uacute;n. Por eso la violencia debe ser constante: para negar, una y otra vez, el reflejo inc&oacute;modo. Y mientras esa ficci&oacute;n se sostenga, el &uacute;ltimo acto de la colonizaci&oacute;n seguir&aacute; repiti&eacute;ndose en el vasto desierto de Arizona, en una calle nevada de Mine&aacute;polis, en cualquier lugar donde un cuerpo considerado fuera de lugar se cruce con el aparato del Estado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/disonancia-imperial_129_13152455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 08:14:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La disonancia imperial]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os Hungr&iacute;a ha sido una advertencia inc&oacute;moda y persistente que Europa parec&iacute;a mirar siempre de reojo. Ahora, tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de deriva autoritaria en la que el espacio de libertad se fue estrechando bajo el liderazgo de Viktor Orb&aacute;n, el resultado electoral ha alterado el tablero y puede empezar a ser tambi&eacute;n una oportunidad no solo para los h&uacute;ngaros, sino para toda Europa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque, no nos enga&ntilde;emos, Hungr&iacute;a no se ha despertado siendo un pa&iacute;s progresista, ni su Parlamento refleja hoy una pluralidad ideol&oacute;gica amplia. La izquierda, de hecho, sigue sin tener espacio y presencia real.&nbsp;Pero algo se ha movido. La victoria de P&eacute;ter Magyar no es una revoluci&oacute;n, pero s&iacute; una grieta. Y a veces, la historia empieza precisamente as&iacute;, con una grieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando un gobierno decide convertir a una minor&iacute;a en un problema, no solo cambia las normas. Esas normas cambian el aire. Hacen que lo cotidiano pese m&aacute;s. Que un gesto, una palabra, una mirada, se carguen de significado. Y eso no creo que desaparezca de un d&iacute;a para otro por un resultado electoral.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s evidente lo hemos podido ver en el colectivo LGTBIQ+ h&uacute;ngaro, que durante estos a&ntilde;os, no solo ha visto recortados sus derechos en leyes concretas sino que, sobre todo, ha vivido algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de medir, pero mucho m&aacute;s corrosivo: un ambiente, un clima hostil en el que mostrarse era exponerse. En el que callar era, muchas veces, la &uacute;nica forma de protegerse. En el que una ley no solo regulaba, sino que se&ntilde;alaba.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene no precipitarse con los diagn&oacute;sticos optimistas. Porque lo que se abre ahora no es una etapa de victorias r&aacute;pidas, sino algo m&aacute;s delicado como es la posibilidad de empezar a recomponer. Igual que cuando una casa ha estado a&ntilde;os deterior&aacute;ndose. Primero hay que asegurar la estructura, ventilar, dejar entrar la luz. Luego, ya vendr&aacute;n las reformas.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, Europa ha tratado el caso h&uacute;ngaro como quien aparta una piedra del camino, con cierta incomodidad, pero sin detenerse demasiado. Se hablaba de &ldquo;anomal&iacute;a&rdquo;, de &ldquo;caso aislado&rdquo; pero, si somos honestos, no lo era tanto. Porque lo que estaba ocurriendo en Hungr&iacute;a era, en realidad, la expresi&oacute;n m&aacute;s visible de una tensi&oacute;n que sigue atravesando a toda Europa y que nos obliga a preguntarnos hasta qu&eacute; punto estamos dispuestos a defender de verdad nuestros propios valores. Y aqu&iacute;, hay que decirlo sin rodeos, la Uni&oacute;n Europea ha fallado.&nbsp;Ha llegado tarde. Ha dudado demasiado.&nbsp;Y, sobre todo, se ha atado a s&iacute; misma las manos.
    </p><p class="article-text">
        El sistema de unanimidad que en su momento ten&iacute;a sentido, se ha convertido en una especie de candado. Un candado que permite que quien vulnera las reglas del juego pueda, adem&aacute;s, bloquear cualquier respuesta como ha hecho Orb&aacute;n en estos a&ntilde;os. Una paradoja dif&iacute;cil de explicar&hellip; y a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar por cuanto en medio de ese bloqueo institucional, hay personas concretas. Con nombres, con vidas, con miedos muy reales.
    </p><p class="article-text">
        El resultado electoral en Hungr&iacute;a dibuja una ventana que, aunque no sea perfecta, abre en Europa, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de avanzar en dos terrenos que parec&iacute;an completamente atascados.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, el de repensar de verdad los mecanismos de decisi&oacute;n en la Uni&oacute;n Europea; porque si algo ha quedado claro es que no se puede defender el Estado de derecho con herramientas que lo hacen inviable.
    </p><p class="article-text">
        Y por otro, y quiz&aacute; m&aacute;s importante, dar un paso adelante en la consolidaci&oacute;n real de los derechos fundamentales. Pero no con declaraciones bonitas. No escribi&eacute;ndolos como principios que suenan bien en los tratados. Sino garantizando que sean efectivos, medibles y exigibles.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos pensar que con reducir la hostilidad es suficiente. Que con rebajar el tono, con dejar de se&ntilde;alar, con permitir un m&iacute;nimo de convivencia, ya hemos avanzado bastante. Y s&iacute;, algo se avanza, pero no basta. Porque vivir sin ser atacado no es lo mismo que vivir con derechos. Porque tolerar no es lo mismo que reconocer y porque existir sin miedo no deber&iacute;a ser el techo, sino el punto de partida.
    </p><p class="article-text">
        Europa tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad de ir m&aacute;s all&aacute; de ese m&iacute;nimo; de construir un marco en el que los derechos no dependan del gobierno de turno. En el que no haya que mirar cada elecci&oacute;n con incertidumbre. En el que nadie tenga que preguntarse si ma&ntilde;ana volver&aacute; a ser cuestionado.
    </p><p class="article-text">
        A veces hablamos de Europa como si fuera solo un entramado de normas, de equilibrios, de despachos en Bruselas. Pero Europa, en el fondo, es otra cosa. Es la idea sencilla, casi elemental, de que nadie deber&iacute;a sentirse extranjero en su propia vida. De que la dignidad no se negocia.&nbsp;De que hay l&iacute;mites que la pol&iacute;tica no deber&iacute;a cruzar.&nbsp;Suena b&aacute;sico. Y, sin embargo, hemos visto lo f&aacute;cil que es olvidarlo.
    </p><p class="article-text">
        Hay motivos para mirar lo que ha pasado en Hungr&iacute;a con cierta esperanza. Ser&iacute;a injusto no reconocerlo. Para muchas personas, simplemente bajar la intensidad del conflicto, recuperar un poco de aire, ya es un alivio enorme. Pero, al mismo tiempo, conviene no perder de vista que nada de esto est&aacute; garantizado.
    </p><p class="article-text">
        Hemos visto claramente que los derechos no son irreversibles y que, cuando retroceden, lo hacen deprisa.&nbsp;Por eso, m&aacute;s all&aacute; de celebrar el momento, lo que toca ahora es decidir qu&eacute; hacemos con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Si Europa vuelve a conformarse, si vuelve a gestionar en lugar de transformar, si vuelve a posponer las decisiones dif&iacute;ciles, esta oportunidad se cerrar&aacute;. Y, probablemente, volveremos a encontrarnos en el mismo punto dentro de unos a&ntilde;os, en Hungr&iacute;a o en cualquier otro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hungr&iacute;a nos ha puesto frente a un espejo. No solo para ver lo que ha pasado all&iacute;, sino para preguntarnos qu&eacute; tipo de Europa queremos ser. Una que reacciona tarde y a medias.
    </p><p class="article-text">
         O una que entiende, de una vez, que los derechos no son un accesorio del proyecto europeo, sino su raz&oacute;n de ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/europa-espejo-hungria_129_13143710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 08:15:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Europa ante el espejo de Hungría]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Viktor Orbán,Elecciones,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy es siempre todavía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hoy-todavia_129_13137646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Fue el despertar democr&aacute;tico violentado por el golpe de Estado de 1936, tambi&eacute;n la &uacute;nica posibilidad de enfrentar la caducidad de un Estado decimon&oacute;nico que irrumpi&oacute; en los albores del siglo XX y que se descompuso definitivamente con el hundimiento de la monarqu&iacute;a. La Segunda Rep&uacute;blica abord&oacute; en Espa&ntilde;a la urgencia de una reforma agraria, la necesidad de la universalizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n, la cuesti&oacute;n de las nacionalidades, la extensi&oacute;n de los derechos b&aacute;sicos a todos los ciudadanos e incluso implant&oacute; un impuesto sobre la renta de las personas f&iacute;sicas, algo absolutamente novedoso en aquel contexto. Adem&aacute;s, gener&oacute; en muy poco tiempo un equilibrio democr&aacute;tico que permiti&oacute;, en 1933, el retorno al poder de una oligarqu&iacute;a que hab&iacute;a ejercido un boicot permanente contra todas esas reformas, tan dif&iacute;ciles como necesarias. &ldquo;Para m&iacute;&nbsp;la Rep&uacute;blica significaba la posibilidad de desaparici&oacute;n de toda es vieja costra castiozoide, asfixiante de los mejores valores de nuestro pa&iacute;s&rdquo;, afirmaba en 1981, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su proclamaci&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Maravall, una de las principales figuras de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        La&nbsp;Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola&nbsp;fue aprobada por las Cortes Constituyentes el&nbsp;9 de diciembre de 1931 y&nbsp;por primera vez se reconoc&iacute;a en un texto constitucional la igualdad de derechos de mujeres y hombres en un r&eacute;gimen de libertad y de justicia&nbsp;y entre otras muchas propuestas de avance social la educaci&oacute;n se convert&iacute;a en el elemento esencial de equidad a trav&eacute;s de la escuela unificada convirtiendo a la ense&ntilde;anza primaria en gratuita y obligatoria y a los maestros, profesores y catedr&aacute;ticos de la ense&ntilde;anza oficial en funcionarios p&uacute;blicos.&nbsp;Adem&aacute;s la Rep&uacute;blica se compromet&iacute;a a facilitar a los espa&ntilde;oles econ&oacute;micamente necesitados el acceso a todos los grados de ense&ntilde;anza, una&nbsp;ense&ntilde;anza&nbsp;laica inspirada en ideales de solidaridad humana. Y, conviene resaltarlo, el art&iacute;culo 48 de esa constituci&oacute;n&nbsp;reconoc&iacute;a&nbsp;a las Iglesias el derecho a ense&ntilde;ar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la Rep&uacute;blica culmin&oacute; la Edad de Plata de la cultura, reflejada en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza el proyecto de cambio educativo m&aacute;s importante de la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea que este a&ntilde;o cumple 150 a&ntilde;os. Su influencia social, pol&iacute;tica y cultural&nbsp;fue extraordinaria ya que desde 1876 hasta 1936 la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza se convirti&oacute; en el centro de gravedad de toda una &eacute;poca de la cultura espa&ntilde;ola y en un cauce para la introducci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s de las m&aacute;s avanzadas teor&iacute;as pedag&oacute;gicas y cient&iacute;ficas que se estaban desarrollando fuera de las fronteras espa&ntilde;olas. El sue&ntilde;o institucionista pasaba por que Espa&ntilde;a figurase en el mapa europeo del desarrollo cient&iacute;fico y cultural y, por supuesto, educativo. Por ello, adem&aacute;s de asesinar y depurar a los docentes, el franquismo elimin&oacute; todos los aspectos de renovaci&oacute;n y avances educativos conseguidos con anterioridad.
    </p><p class="article-text">
        Fue la Rep&uacute;blica la que impuls&oacute; el hermoso proyecto de las Misiones Pedag&oacute;gicas que dirigido por el riojano Manuel Bartolom&eacute; Coss&iacute;o se convirti&oacute; en una experiencia pedag&oacute;gica &uacute;nica en la historia de Espa&ntilde;a buscando acercar la cultura a los pueblos , sobre todo a los m&aacute;s&nbsp;pobres y necesitados abandonados. No olvidemos que&nbsp;el Gobierno de la Segunda Rep&uacute;blica se encontr&oacute; con la situaci&oacute;n de un mill&oacute;n de ni&ntilde;os sin escolarizar y la necesidad de crear alrededor de 27.000 escuelas. S&oacute;lo en el primer a&ntilde;o se crearon m&aacute;s de 7.000 nuevas escuelas, a la vez que se propiciaba el ritmo constante de creaci&oacute;n de bibliotecas en cualquiera de sus formas, permanentes o ambulantes. En las zonas rurales el 70% de los hombres eran analfabetos y la cifra resultaba m&aacute;s&nbsp;elevada en el caso de las mujeres, as&iacute; que las Misiones Pedag&oacute;gicas pretend&iacute;an fomentar la cultura general mediante bibliotecas populares, organizaci&oacute;n de lecturas, sesiones cinematogr&aacute;ficas y musicales o exposiciones de arte a trav&eacute;s museos itinerantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola no fue una improvisaci&oacute;n rupturista de un grupo de iluminados, sino que ten&iacute;a tras de s&iacute; un elaborado proyecto de futuro inmerso en la necesidad de cambio exigido por tantos siglos de desigualdad y atraso. Y como ello ofendi&oacute; a aquellos que entend&iacute;an la detentaci&oacute;n del poder como un privilegio secular, hereditario y eterno, la respuesta&nbsp;fue&nbsp;la rebeli&oacute;n militar y la posterior difamaci&oacute;n que identific&oacute; a la Segunda Rep&uacute;blica con desorden, caos y guerra.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en los que florece un revisionismo neoconservador que se atribuye, sin ning&uacute;n sonrojo, la defensa exclusiva de los valores democr&aacute;ticos adue&ntilde;&aacute;ndose de la palabra &ldquo;libertad&rdquo; desde un sesgo excluyente, conviene recuperar el esp&iacute;ritu del republicanismo en su sentido hist&oacute;rico y conceptual. Porque&nbsp;el t&eacute;rmino <em>rep&uacute;blica</em> nos remite&nbsp;a la <em>res p&uacute;blica</em> (cosa de todos), es decir a si los seres humanos somos capaces de dotarnos a nosotros mismos de instrumentos de gobierno o&nbsp;dependemos necesariamente de alguna fuerza externa que nos d&eacute; forma y nos gu&iacute;e en nuestra andadura hist&oacute;rica. Es en la Grecia cl&aacute;sica donde se produce, por primera vez, la reflexi&oacute;n sobre si la sociedad es un producto propiamente humano y ser&aacute;n los autores cl&aacute;sicos quienes se&ntilde;alen a la rep&uacute;blica como el r&eacute;gimen pol&iacute;tico m&aacute;s &oacute;ptimo capaz de garantizar la felicidad y la justicia. Para los antiguos griegos, no es que la comunidad fuese m&aacute;s importante que el individuo, es que el individuo s&oacute;lo pod&iacute;a desarrollarse en comunidad c&iacute;vica. A partir de este principio la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo se organiza esa comunidad se convierte en el elemento clave sobre el que el ser humano ejerce de s&iacute; mismo, es decir, de ser racional y aut&oacute;nomo. Y la forma de organizaci&oacute;n que conocemos como rep&uacute;blica recorre el v&iacute;nculo existente entre los derechos del&nbsp;individuo y&nbsp;la sociedad que los posibilita al preguntarse por el poder y por las propias posibilidades de participar&nbsp;y formar parte de ese poder equitativamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El republicanismo, por tanto, se constituye en una tradici&oacute;n milenaria que arranca en el mediterr&aacute;neo antiguo cl&aacute;sico y reaparece en el mundo moderno impregnando los movimientos pol&iacute;ticos de cambio. El fil&oacute;sofo Inmanuel Kant lo precis&oacute; en su obra <em>La paz perpetua</em> afirmando la necesidad de que todos los pa&iacute;ses se doten de constituciones republicanas, ya que estas posibilitan a los ciudadanos la toma de decisiones como la del consentimiento para declarar la guerra. Pero no s&oacute;lo Kant. Pericles, Prot&aacute;goras, Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles, Montesquieu, Locke, Rousseau, Jefferson, Marx y otros muchos mantuvieron el debate sobre el republicanismo y su esencia: ser libre consiste en no tener que pedir permiso a otro para existir socialmente ejercitando la virtud de la ciudadan&iacute;a frente a la condici&oacute;n de s&uacute;bdito.
    </p><p class="article-text">
        El republicanismo como pensamiento y la rep&uacute;blica como forma pol&iacute;tica garantizan la ecuanimidad en el proceso de acceso al poder. La democracia tambi&eacute;n consiste en que cualquier miembro de la polis tenga la posibilidad de gobernarla porque la cualidad de ciudadano tambi&eacute;n se expresa en el desempe&ntilde;o posible, concreto, real y continuo del poder. Y, a diferencia de la monarqu&iacute;a, el proyecto republicano se basa en una doble soberan&iacute;a,&nbsp;individual y colectiva, y en el hecho de que todos somos &ldquo;soberanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy 14 de abril cumple a&ntilde;os una aspiraci&oacute;n que conven&iacute;a en la necesidad de dignificar la vida p&uacute;blica, defender la libertad y sostener la igualdad entre los seres humanos, promoviendo su desarrollo cultural y cient&iacute;fico. El modelo republicano se acerca m&aacute;s al lejano sue&ntilde;o de acceder a las magistraturas del Estado en t&eacute;rminos de igualdad social y la posibilidad de una transici&oacute;n hacia una rep&uacute;blica (con todos los <em>cu&aacute;ndos</em> que se le quieran a&ntilde;adir) puede tomarse como una evoluci&oacute;n natural de las formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica si somos capaces de superar el per&iacute;metro de los afectos ya que cuando el debate entre monarqu&iacute;a y rep&uacute;blica se sit&uacute;a en el plano de lo conveniente se convierte en una disputa est&eacute;ril. Y como nuestro pa&iacute;s tiene un l&uacute;gubre pasado acerca de lo que resulta m&aacute;s oportuno, la discusi&oacute;n debe situarse en el campo de lo racional y, por tanto, de lo ut&oacute;pico. Tal vez un monarca nos represente a todos pero, adem&aacute;s, nos gustar&iacute;a poder darle (o no) nuestra representatividad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una reciente entrevista Luis Arroyo, presidente del Ateneo de Madrid afirmaba que no es tan complicado que en Espa&ntilde;a haya una rep&uacute;blica porque basta con una reforma constitucional. Viniendo de un atene&iacute;sta suena muy bien porque los ateneos desde su defensa de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y el cultivo del arte y de las letras siempre estuvieron ligados a ese sentimiento de igualdad social que emana del republicanismo. Ojal&aacute; esos deseos sean &oacute;rdenes en su sentido m&aacute;s significativo: el de colocar las cosas en el lugar que les corresponde.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, la ilusi&oacute;n republicana entra&ntilde;a mucho m&aacute;s que una mera cr&iacute;tica a la monarqu&iacute;a y otra rep&uacute;blica posible, al igual que la utop&iacute;a, tambi&eacute;n est&aacute; en el horizonte. El resto pertenece al viento de la historia que ahora se detiene en el soplo de esperanza que atraves&oacute; Espa&ntilde;a aquel 14 abril de 1931. Hoy es el d&iacute;a de la Rep&uacute;blica, hoy es siempre todav&iacute;a. Lo dijo un poeta republicano que amaba &ldquo;mundos sutiles, ingr&aacute;vidos y gentiles como pompas de jab&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/hoy-todavia_129_13137646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Apr 2026 08:36:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hoy es siempre todavía]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fábrica de la obediencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fabrica-obediencia_129_13137160.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Aunque pudiera parecerlo, no es una guerra entre ciencias y letras. Ni siquiera del aprendizaje de los oficios contra los estudios universitarios. Es un proyecto de ingenier&iacute;a social m&aacute;s sutil y eficaz. Lo que se castiga no es una rama del saber, sino un tipo de pensamiento: el lento, el inc&oacute;modo, el que cuestiona los cimientos. Lo que se premia es su contrario: el pensamiento aplicado, inmediato y funcional para la cadena productiva. El resultado no es una sociedad de ignorantes, sino una sociedad de especialistas d&oacute;ciles: ingenieros que no cuestionan para qu&eacute; sirve lo que construyen, m&eacute;dicos que no analizan los determinantes sociales de la salud, urbanistas pensando en el turista y no en los habitantes de las ciudades, y humanistas convertidos en gestores culturales o en rarezas anecd&oacute;ticas. El mensaje est&aacute; codificado en los datos duros y en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas: piensa dentro del caj&oacute;n asignado, o asume el coste de la irrelevancia econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Resistirte te se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        La narrativa de la&nbsp;<em>utilidad</em>&nbsp;es el arma principal. Se presenta como un hecho natural, pero es una construcci&oacute;n pol&iacute;tica. Los n&uacute;meros lo avalan sin margen para la duda. Seg&uacute;n el informe m&aacute;s reciente de la Fundaci&oacute;n CYD sobre inserci&oacute;n laboral de egresados universitarios (2025), los titulados en Artes y Humanidades presentan la menor tasa de afiliaci&oacute;n a la Seguridad Social a los cuatro a&ntilde;os de graduarse: un 63,5%, frente al 87% de los graduados en Inform&aacute;tica o al 94% en Medicina. Su salario medio &mdash;27.185 euros anuales de base de cotizaci&oacute;n&mdash; es el m&aacute;s bajo de todas las ramas, un 35% inferior al de Medicina y un 20% por debajo de Ingenier&iacute;a. Casi cuatro de cada diez humanistas trabajan a tiempo parcial. Esta brecha no nace de manera natural; es el fruto de un modelo que decide qu&eacute; conocimiento vale. Los Presupuestos Generales del Estado destinan fondos a universidades, pero su distribuci&oacute;n sigue la l&oacute;gica de la&nbsp;<em>excelencia medible</em>: patentes, transferencia tecnol&oacute;gica, colaboraci&oacute;n con empresa. La ANECA eval&uacute;a a un catedr&aacute;tico de &Eacute;tica con las mismas m&eacute;tricas que a un ingeniero de telecomunicaciones &mdash;publicaciones en revistas de alto impacto, proyectos competitivos&mdash;, una cuadratura del c&iacute;rculo que ignora que el impacto de la filosof&iacute;a o la historia es social, cultural y a largo plazo, no patentable en un registro de la propiedad industrial.
    </p><p class="article-text">
        La presi&oacute;n es tan enorme que las propias facultades de Humanidades traicionan su esencia. Proliferan m&aacute;steres en&nbsp;<em>Gesti&oacute;n Cultural</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Humanidades Digitales</em>&nbsp;que, en el mejor de los casos, convierten el pensamiento cr&iacute;tico en una&nbsp;<em>habilidad blanda</em>&nbsp;para el mercado y, en el peor, en una burocracia de la creaci&oacute;n. La Fundaci&oacute;n CYD, en su ranking anual, sit&uacute;a siempre a las polit&eacute;cnicas en lo m&aacute;s alto de la contribuci&oacute;n a la&nbsp;<em>transferencia</em>. El mensaje cala: lo valioso es lo que se puede convertir en producto, en servicio, en beneficio contable inmediato.
    </p><p class="article-text">
        Esta brecha salarial no es un da&ntilde;o colateral; es un mecanismo disuasorio perfecto. La inseguridad material no es un accidente: es la herramienta maestra. Un estudio de la Fundaci&oacute;n La Caixa sobre condiciones laborales de artistas y profesionales de la cultura (2022) revela que cerca del 60% de los trabajadores del sector gana menos de 1.500 euros mensuales de su actividad principal, muy por debajo del salario medio nacional, y que m&aacute;s de la mitad declara dificultades para vivir de ella. Solo el 5% cree que la sociedad considera su trabajo esencial. Cuando un joven elige carrera, no lo hace en libertad. Lo hace bajo el peso de un c&aacute;lculo de supervivencia, amplificado por la familia, el orientador acad&eacute;mico y el ruido medi&aacute;tico:&nbsp;<em>&iquest;de qu&eacute; vas a vivir?</em>&nbsp;La pregunta que deber&iacute;a hacerse &mdash;<em>&iquest;en qu&eacute; sociedad quiero vivir?</em>&mdash; ha sido borrada del guion. El efecto es una autoselecci&oacute;n de clase: solo los hijos de las &eacute;lites pueden permitirse el&nbsp;<em>lujo</em>&nbsp;de estudiar Filosof&iacute;a o Historia del Arte sin que el fantasma de la pobreza les persiga. Las humanidades, anta&ntilde;o v&iacute;a de emancipaci&oacute;n, se arriesgan a ser un club para ricos o un gueto precarizado.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es que el desprecio institucional al sector cultural coexiste con un volumen econ&oacute;mico que deber&iacute;a avergonzar a sus detractores. Seg&uacute;n la Cuenta Sat&eacute;lite de la Cultura del Ministerio de Cultura (Revisi&oacute;n 2024), la cultura aport&oacute; en 2023 el 2,2% del PIB espa&ntilde;ol &mdash;el 3,4% si se suman las actividades vinculadas a la propiedad intelectual&mdash;, m&aacute;s que industrias que nadie cuestiona. El sector genera empleo para m&aacute;s de 755.000 personas &mdash;un 3,5% del empleo total&mdash;, moviliz&oacute; en 2023 m&aacute;s de 34 millones de viajes tur&iacute;sticos con un gasto asociado superior a los 32.500 millones de euros, y sostiene m&aacute;s de 185.000 empresas, el 87% de ellas en sectores como la edici&oacute;n, los museos, el audiovisual o las artes esc&eacute;nicas. A pesar de ello, el gasto que la Administraci&oacute;n General del Estado destin&oacute; a cultura en 2024 apenas alcanz&oacute; los 1.248 millones de euros, un 0,08% del PIB. Un sector que aporta el 2,2% de la riqueza nacional recibe a cambio el 0,08% en inversi&oacute;n p&uacute;blica. Las reglas son simples: o eres clase productiva, o eres clase extractiva. Y para este sistema, la cultura pertenece a la segunda categor&iacute;a no porque no genere riqueza, sino porque genera la riqueza que otros se llevan.
    </p><p class="article-text">
        Y cuidado, esta l&oacute;gica extractiva no perdona ni a las ciencias. Golpea con sa&ntilde;a a su coraz&oacute;n: la investigaci&oacute;n b&aacute;sica. Espa&ntilde;a destin&oacute; a I+D un 1,50% de su PIB en 2024 &mdash;m&aacute;ximo hist&oacute;rico seg&uacute;n el INE, s&iacute;, pero todav&iacute;a lejos del 3% que los sucesivos gobiernos han prometido y del 2,26% de media de la UE&mdash;. El problema es cualitativo tanto como cuantitativo. La mayor parte de ese gasto se concentra en investigaci&oacute;n aplicada y desarrollo experimental con demanda empresarial directa: las empresas financian el 47,7% del total, y su dinero fluye de forma abrumadora hacia Ingenier&iacute;a y Tecnolog&iacute;a, que absorbe m&aacute;s del 21% del gasto en I+D universitaria, mientras Humanidades aparece en los &uacute;ltimos puestos del reparto. No se financia la curiosidad; se financia la utilidad. Un proyecto de f&iacute;sica de materiales con aplicaci&oacute;n en bater&iacute;as tendr&aacute; m&aacute;s opciones que uno sobre cosmolog&iacute;a te&oacute;rica. Un estudio de sociolog&iacute;a encargado por una multinacional para optimizar su plantilla se priorizar&aacute; sobre una investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica sobre las condiciones laborales en los almacenes de Amazon. La convocatoria de proyectos del Ministerio de Ciencia eval&uacute;a&nbsp;<em>la transferencia y retorno socioecon&oacute;mico</em>. &iquest;C&oacute;mo calcula el&nbsp;<em>retorno</em>&nbsp;un proyecto de arqueolog&iacute;a que desmonta los mitos fundacionales de un nacionalismo? &iquest;O una investigaci&oacute;n en bio&eacute;tica sobre los l&iacute;mites de la inteligencia artificial? &iquest;O programas po&eacute;ticos en la tierra que alardea de la lengua o de Gonzalo de Berceo como bandera identitaria? El sistema es coherente: promueve una ciencia que aceita la maquinaria y margina la ciencia que examina el dise&ntilde;o de la m&aacute;quina y se pregunta si no deber&iacute;amos desmontarla.
    </p><p class="article-text">
        El resultado se proyecta directamente en el espacio p&uacute;blico. Basta encender la televisi&oacute;n: economistas ortodoxos y polit&oacute;logos del&nbsp;<em>establishment</em>&nbsp;copan las tertulias de&nbsp;<em>prime time</em>, mientras las voces de las humanidades aparecen, si aparecen, como an&eacute;cdota, efem&eacute;ride o&nbsp;<em>toque po&eacute;tico</em>&nbsp;desprovisto de peso anal&iacute;tico. No es casualidad: el espacio medi&aacute;tico reproduce y amplifica la jerarqu&iacute;a que el sistema educativo y financiero ha establecido previamente. Se habla del&nbsp;<em>d&eacute;ficit</em>&nbsp;con la frialdad de un contable, pero no se debate el modelo social que ese d&eacute;ficit sostiene. Se analiza la&nbsp;<em>competitividad</em>&nbsp;sin preguntarse&nbsp;<em>competitividad para qu&eacute; y para qui&eacute;n</em>. Ha triunfado la tertulizaci&oacute;n de la raz&oacute;n: todo debe ser r&aacute;pido, simple y contundente. La duda, el matiz, la profundidad hist&oacute;rica son enemigos del formato. Y sin ese contrapeso, el discurso p&uacute;blico queda cautivo de la tecnocracia y el populismo, dos caras de la misma moneda que desprecian por igual la reflexi&oacute;n pausada.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto, por tanto, no es la nostalgia. Es una reconceptualizaci&oacute;n radical que debe traducirse en hechos. El pensamiento cr&iacute;tico no es un lujo: es una infraestructura de salud democr&aacute;tica, tan esencial como el alcantarillado o la red el&eacute;ctrica. Esto exige una financiaci&oacute;n p&uacute;blica blindada para la investigaci&oacute;n b&aacute;sica en todas las disciplinas, con criterios de evaluaci&oacute;n diferenciados que valoren el impacto social y cultural, no solo el econ&oacute;mico. Implica reformular la orientaci&oacute;n acad&eacute;mica, no como un servicio de recursos humanos para empresas, sino como un espacio de exploraci&oacute;n vocacional y compromiso c&iacute;vico. Pasa por crear estructuras estables de apoyo a creadores e investigadores &mdash;no becas-proyecto con fecha de caducidad, sino financiaci&oacute;n sostenida que los libere de la tiran&iacute;a de la utilidad inmediata&mdash; y por exigir a los medios que traten a fil&oacute;sofos, historiadores y cient&iacute;ficos b&aacute;sicos como voces autorizadas en los debates de fondo, no como adornos de temporada.
    </p><p class="article-text">
        El problema real no es entre ciencias y letras. Es entre un modelo que fabrica especialistas sumisos y otro que aspira a formar ciudadanos l&uacute;cidos. Entre una sociedad que contrata pensamiento a medida y una que cultiva el pensamiento libre, aunque sea inc&oacute;modo. Cuesta imaginar qu&eacute; pa&iacute;s ser&iacute;a este sin Averroes, Cervantes, Ortega y Gasset o Mar&iacute;a Zambrano: cada uno, a su manera, traspas&oacute; las fronteras del idioma y la cultura nacional para convertirse en patrimonio del pensamiento mundial. Su legado demuestra que, cuando las circunstancias lo permitieron, el pensamiento espa&ntilde;ol no fue perif&eacute;rico, sino central y vanguardista.
    </p><p class="article-text">
        Desmontar la f&aacute;brica de la obediencia empieza por negarse a aceptar que el precio de pensar sea la irrelevancia econ&oacute;mica. Empieza por recordar, con los datos en la mano, que una sociedad que deja de financiar a sus poetas, sus fil&oacute;sofos y sus cient&iacute;ficos m&aacute;s inconformistas no est&aacute; ahorrando dinero. Est&aacute; desmantelando, ladrillo a ladrillo, su propia capacidad de imaginar un futuro diferente. Al final, lo que llaman&nbsp;<em>carreras sin salida</em>&nbsp;son, en realidad, las &uacute;nicas que podr&iacute;an se&ntilde;alarnos la salida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fabrica-obediencia_129_13137160.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2026 15:49:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La fábrica de la obediencia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay gestos que elevan una disciplina hasta convertirla en arte. El rev&eacute;s de Roger Federer, por ejemplo, no era solo un golpe, era una declaraci&oacute;n est&eacute;tica. La pelota ven&iacute;a con mala intenci&oacute;n, con prisa, con violencia, y Federer respond&iacute;a con una elegancia casi ofensiva, como si a trav&eacute;s de su golpeo expusiera un manifiesto art&iacute;stico. La relaci&oacute;n de la pelota con las cuerdas de su raqueta no hac&iacute;a ruido, compon&iacute;a m&uacute;sica. No se impon&iacute;a a los rivales, los convenc&iacute;a. En el rev&eacute;s de Federer habitaba el talento, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una forma de estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        A Trump, Netanyahu, Vladimir Putin, Marco Rubio, Viktor Orban, o Milei no les pidas un rev&eacute;s liftado, ni siquiera que intenten colocar la bola junto a la l&iacute;nea. No lo van a entender. Como, probablemente, tampoco entender&aacute;n el mecanismo de un buen libro. Uno observa la geopol&iacute;tica internacional y descubre que la &uacute;nica estrategia es destruir la pista de juego. Hay martillazos, insultos y amenazas. La fuerza sustituye a la inteligencia. La fuerza sustituye a la b&uacute;squeda de la belleza, como si las relaciones internacionales consistieran en romper la raqueta contra la tierra batida esperando que les concedan el punto porque s&iacute;, porque el torneo es de su propiedad.
    </p><p class="article-text">
        Los genocidas, los amantes de la guerra, o la ultraderecha se parecen poco al rev&eacute;s de Federer y m&aacute;s a un pelotazo sin intenci&oacute;n, que lo mismo da si la pelota bota dentro o fuera de la pista o derriba la red. Siempre encontrar&aacute;n justificaciones para hacerse con el punto a su favor. Frente a la exquisitez del gesto t&eacute;cnico, el ruido; frente a la precisi&oacute;n, la brocha gorda.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; surge el falso planteamiento pol&iacute;tico de las soluciones f&aacute;ciles para los problemas complejos, que viene a ser el golpeo garrote con una raqueta en la mano. El problema es que ese estilo no se queda en las redes sociales, en las televisiones afines o en los discursos de dos horas. Se filtra y llega m&aacute;s all&aacute; -m&aacute;s cerca, m&aacute;s aqu&iacute;- de los d&eacute;spotas mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Y de pronto aniquilar una civilizaci&oacute;n es una opci&oacute;n; invadir un pa&iacute;s vecino es algo normal y sin consecuencias, y aplicar el genocidio de una poblaci&oacute;n a trav&eacute;s de las bombas, el hambre o la sed puede repetirse una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        El rev&eacute;s de Federer era exactamente lo contrario de todo eso. Era la demostraci&oacute;n de que la fuerza sin inteligencia tan s&oacute;lo es ruido y destrucci&oacute;n; de que la belleza no est&aacute; re&ntilde;ida con la eficacia. De que se puede responder a la violencia -de la pelota- con algo mejor que m&aacute;s violencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso resulta tan inc&oacute;modo comparar. Porque en un lado est&aacute; la idea de que el mundo puede hacerse con precisi&oacute;n, con talento, con cierta armon&iacute;a. Y en el otro, la convicci&oacute;n de que basta con golpear m&aacute;s fuerte, m&aacute;s alto, m&aacute;s veces, hasta que algo -lo que sea- ceda o desaparezca.
    </p><p class="article-text">
        El problema del garrote es que, a diferencia del rev&eacute;s de Federer, no deja nada bello detr&aacute;s. Solo la sensaci&oacute;n de que el partido, as&iacute;, no merece la pena jugarlo. El rev&eacute;s de Federer era paciencia en un mundo acelerado. Era la prueba de que se puede ganar sin generar destrozos, sin levantar la voz, sin convertir cada intercambio en una guerra.
    </p><p class="article-text">
        Hay golpes que no se olvidan porque no son solo deporte, son una manera de ordenar el mundo. El rev&eacute;s de Roger Federer era uno de ellos. Lo que no recuerdo es porqu&eacute; guard&eacute; el v&iacute;deo del golpeo a c&aacute;mara lenta en la galer&iacute;a del m&oacute;vil. Quiz&aacute; nostalgia de una &eacute;poca en que trat&aacute;bamos de imitar al suizo. Sin lograrlo, claro. Tengo que verlo m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/guerra-reves-federer_129_13132528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 14:15:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La guerra y el revés de Federer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El milagro de la reconversión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/milagro-reconversion_129_13121459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entre bombardeos y bombardeos, muertos y m&aacute;s muertos, invasiones terrestres, subidas de precios del petr&oacute;leo, de la gasolina, el gasoil, los fertilizantes y los alimentos&hellip;&ldquo;<strong> esta guerra que no es nuestra&rdquo;</strong> nos ofrece destellos luminosos en nuestra zona de confort.
    </p><p class="article-text">
        Es un gusto comprobar como en la Universidad de La Rioja, las alumnas y alumnos son curso a curso m&aacute;s diversos. Los estudiantes de origen extranjero no solo est&aacute;n accediendo a estudios superiores, sino que sus calificaciones son brillantes.
    </p><p class="article-text">
        Escuchar a estos j&oacute;venes de origen pakistan&iacute; y marroqu&iacute;, entre otros, exponer sus trabajos ante profesores y compa&ntilde;eros, conversar e interesarse por asuntos de los m&aacute;s variado, incluida la actualidad, de la que nosotros huimos para no ver la parte fea de nuestro mundo occidental, es una actividad gratificante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a que los logro&ntilde;eses acudieran a esos seminarios en los que quienes tienen todo el futuro por delante se forman en lo acad&eacute;mico y tambi&eacute;n en lo personal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos actos son abiertos al p&uacute;blico en general, aunque suelen pasar desapercibidos. Quiz&aacute;s por desconocimiento. &iexcl;Una pena!, porque podr&iacute;amos comprobar que no todos los j&oacute;venes, son una banda de mal educados, enganchados a las redes sociales y capaces de abusar, robar y maltratar, con el &uacute;nico objetivo de colgar esas escenas deplorables en X o en Tik Tok.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las guerras y genocidios, adem&aacute;s de las declaraciones irracionales de algunos pol&iacute;ticos, tambi&eacute;n nos asusta el n&uacute;mero creciente de ni&ntilde;os y adolescentes que est&aacute;n enganchados a las pantallas y que cada vez a edades m&aacute;s tempranas acceden a la pornograf&iacute;a. <strong>&ldquo;Esta s&iacute; es nuestra guerra&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos datos oficiales destacan que: &ldquo;uno de cada cuatro ni&ntilde;os accede al porno antes de los doce a&ntilde;os, con una edad de inicio que ya es a los ocho. La mitad de los menores de entre doce y quince y el 70 por ciento de los que tienen entre quince y diecisiete a&ntilde;os lo consumen con regularidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son cifras que han llevado al gobierno a poner en marcha: &ldquo;una estrategia para regular el acceso de los ni&ntilde;os y adolescentes a los contenidos pornogr&aacute;ficos y frenar la creciente influencia de estos en la educaci&oacute;n afectivo-sexual&rdquo;. Este p&aacute;rrafo entrecomillado, lo suscriben profesores, psic&oacute;logos y psiquiatras en general. Es una afirmaci&oacute;n en la que todos coinciden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera quienes trabajan con menores afirman que: &ldquo;entre las consecuencias de esta mala educaci&oacute;n, est&aacute; la normalizaci&oacute;n de la violencia contra las mujeres a las que la pornograf&iacute;a cosifica y deshumaniza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente algo hemos hecho mal en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, para que nuestros menores act&uacute;en as&iacute; y algo seguimos haciendo mal cuando esas mismas estad&iacute;sticas oficiales, en este &uacute;ltimo mes de bombardeos muestran que los adolescentes utilizan cada vez m&aacute;s la inteligencia artificial para estudiar fuera del control de padres y profesores. Familias y expertos reclaman que se regule esta herramienta con riesgo para ni&ntilde;os y adolescentes y aseguran que, con la IA les est&aacute; pasando lo mismo que con las redes sociales.
    </p><p class="article-text">
        Quiero contraponer las dos cuestiones: la de los j&oacute;venes de origen inmigrante que saben aprovechar las oportunidades que nuestra sociedad les brinda, frente al desencanto de nuestros adolescentes y j&oacute;venes que no encuentran satisfacci&oacute;n en lo que sus familias y la sociedad les ofrecemos. Han tenido todo desde el primer momento, sin dar nada a cambio y el esfuerzo, la paciencia y la reflexi&oacute;n son t&eacute;rminos que desconocen. Quieren seguir teni&eacute;ndolo todo y de forma inmediata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n, &ldquo;la mala educaci&oacute;n&rdquo; es una las asignaturas pendientes de la democracia. Hay ejemplos palmarios: las despedidas de solteros en la calle Laurel de Logro&ntilde;o y el comportamiento antisocial de esas cuadrillas. Los insultos y gritos de unos cuantos, en los campos de f&uacute;tbol, que no van a disfrutar del deporte y del juego, sino a dar rienda suelta al odio que llevan dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Odio, a los que no son como ellos, ni como sus hijos, pero son mejores futbolistas y ganan m&aacute;s dinero que ellos y sus hijos. Ni la polic&iacute;a local de esta ciudad se gana el sueldo, cuando permite a los b&aacute;rbaros destrozar los lugares por los que pasan. Ni se ganan el sueldo los altos mandos de las federaciones de f&uacute;tbol, sean la espa&ntilde;ola o la que corresponda seg&uacute;n la categor&iacute;a del partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el &uacute;ltimo martes de marzo, la Federaci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol, los &aacute;rbitros y los responsables del campo, hubieran suspendido el Espa&ntilde;a-Egipto, cuando los bestias empezaron a abuchear el himno de los jugadores visitantes, no hubi&eacute;ramos tenido que avergonzarnos al d&iacute;a siguiente, cuando todo el mundo supo como somos en este pa&iacute;s. Evidentemente no somos todos, pero meten tanto ruido que parecen mayor&iacute;a. La fuerza bruta, la testosterona, del macho ib&eacute;rico, necesita del mensaje f&aacute;cil, del capricho inmediato del me das o lo cojo por la fuerza. Necesitan de <strong>&ldquo;abascales&rdquo;,&ldquo;matamoros&rdquo;, &ldquo;acaballo&rdquo;</strong> que les griten lo que quieren o&iacute;r y de &ldquo;<strong>derechistas</strong>&rdquo; <strong>&ldquo;joseantonianos&rdquo; y &ldquo;franquistas&rdquo; </strong>que se quedan en aquella Espa&ntilde;a en blanco y negro que nos hundi&oacute; en la miseria, aunque a unos m&aacute;s que a otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; que entre procesi&oacute;n y procesi&oacute;n haya habido tiempo para la reflexi&oacute;n y para que el milagro de la resurrecci&oacute;n sea tambi&eacute;n <strong>el milagro de la reconversi&oacute;n.&nbsp; </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/milagro-reconversion_129_13121459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 11:35:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El milagro de la reconversión]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mapas para navegar el colapso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mapas-navegar-colapso_129_13111072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando el mundo parece deshacerse en pedazos desconectados &mdash;el odio que se normaliza en redes, la pol&iacute;tica que se reduce a guerra tribal, la justicia que aplica dobles raseros&mdash;, volver la vista a quienes ya pensaron el desmontaje de la humanidad no es un acto de erudici&oacute;n, sino de urgencia. Hoy, esa capacidad de sostener la incertidumbre se pone a prueba constantemente. Tal vez por eso algunos pensadores del siglo XX, desde sus propias trincheras de exilio, persecuci&oacute;n o lucha anticolonial, dibujaron mapas tan precisos de los mecanismos del poder, el miedo y la deshumanizaci&oacute;n, que leerlos hoy produce un escalofr&iacute;o de reconocimiento. No predicen el futuro: iluminan las constantes que se suceden cotidianamente. Sus ideas ofrecen claves para entender por qu&eacute;, cuando todo parece nuevo, en realidad estamos repitiendo patrones viejos con ropaje digital.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es Paul Gilroy, un soci&oacute;logo brit&aacute;nico de origen caribe&ntilde;o que dedic&oacute; su obra a desmontar la idea de <em>raza</em>. Demostr&oacute; que no es un hecho biol&oacute;gico &mdash;la gen&eacute;tica lo confirma&mdash; sino una <em>tecnolog&iacute;a</em> pol&iacute;tica, una herramienta inventada para justificar la jerarqu&iacute;a y la explotaci&oacute;n. Su batalla contra lo que llam&oacute; <em>absolutismo &eacute;tnico</em>, la creencia en culturas puras y aisladas, resuena como un trueno en nuestro presente. Cuando hoy un tuit convierte el jam&oacute;n en prueba de espa&ntilde;olidad, o habla de <em>esencia nacional</em> amenazada por <em>invasiones</em>, no estamos ante un debate sobre tradiciones. Estamos ante la misma l&oacute;gica descrita por Gilroy: la construcci&oacute;n de un <em>nosotros</em> que necesita un <em>ellos</em> para existir. La raza biol&oacute;gica ha sido desacreditada, pero la matriz racial &mdash;clasificar, jerarquizar, excluir&mdash; se recicla en ropajes culturales con id&eacute;ntica eficacia letal.
    </p><p class="article-text">
        Para entender la ansiedad que alimenta esa b&uacute;squeda de enemigos, resulta indispensable Zygmunt Bauman, un soci&oacute;logo polaco que sobrevivi&oacute; al Holocausto y dedic&oacute; su vida a analizar la fragilidad moderna. Acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino <em>modernidad l&iacute;quida</em> para describir un mundo donde lo s&oacute;lido &mdash;el empleo estable, las comunidades duraderas, las identidades fijas&mdash; se derrite. En ese vac&iacute;o, el miedo se privatiza: es una angustia que cada cual gestiona en soledad. Nuestra crisis del <em>tiempo suspendido</em> &mdash;generaciones enteras que no pueden proyectar una vida estable por la precariedad y la vivienda inalcanzable&mdash; es el paisaje perfecto para esta profec&iacute;a. Como Bauman anticip&oacute;, esa ansiedad l&iacute;quida no se dirige hacia causas complejas (la financiarizaci&oacute;n, la globalizaci&oacute;n asim&eacute;trica), sino que busca chivos expiatorios s&oacute;lidos: el inmigrante, el diferente. Los proyectos pol&iacute;ticos que triunfan hoy no son los que ofrecen soluciones a la liquidez, sino los que venden fortalezas identitarias: la naci&oacute;n como bunker, la tradici&oacute;n como muralla. Ofrecen, sobre todo, la certeza emocional de pertenecer a un club exclusivo en un mundo que te hace sentir insignificante.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo se decide qui&eacute;n merece protecci&oacute;n dentro de ese club y qui&eacute;n queda fuera? Aqu&iacute; las obras de Judith Butler, fil&oacute;sofa estadounidense, y Frantz Fanon, psiquiatra y revolucionario martiniqu&eacute;s, son iluminadoras. Butler pregunt&oacute;: &iquest;qu&eacute; hace que una vida sea <em>llorable</em> y otra <em>desechable</em>? &iquest;Qu&eacute; marcos sociales determinan qu&eacute; muertes nos conmueven y cu&aacute;les normalizamos? &iquest;Por qu&eacute; la prensa nos da el nombre de unas v&iacute;ctimas y no de otras? Fanon, desde su experiencia en Argelia colonizada, diseccion&oacute; el gesto fundamental del opresor: despojar al otro de humanidad, reducirlo a una categor&iacute;a (<em>el &aacute;rabe, el negro</em>) para poder dominarlo sin culpa. Se debate con vehemencia la presunci&oacute;n de inocencia de un hombre acusado de violencia machista, mientras se normaliza la detenci&oacute;n sin juicio de un migrante en un CIE. Nos conmovemos con una tragedia <em>cercana</em> y normalizamos un bombardeo lejano. La <em>desnudez reductora</em> que sufren hoy inmigrantes, pobres o disidentes &mdash;convertidos en <em>cifras, vagos</em> o <em>traidores</em>&mdash; es el mismo gesto analizado por Fanon: borrar la biograf&iacute;a del otro para justificar su exclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso no ser&iacute;a tan eficaz sin la capa m&aacute;s invisible y poderosa: la que describi&oacute; Pierre Bourdieu, soci&oacute;logo franc&eacute;s. &Eacute;l la llam&oacute; <em>violencia simb&oacute;lica</em>: la imposici&oacute;n de categor&iacute;as de pensamiento que hacen que el mundo injusto parezca natural. Es el poder que no necesita golpear, porque convence a la gente de que su lugar en el escal&oacute;n m&aacute;s bajo es merecido. La <em>gram&aacute;tica del odio</em> que hoy inunda discursos y redes no es m&aacute;s que esa violencia hecha carne. Cuando un chiste xen&oacute;fobo se comparte como&nbsp;<em>humor</em>&nbsp;o se estigmatiza al pobre como&nbsp;<em>vago</em>&nbsp;por sistema, se est&aacute; ejerciendo una violencia simb&oacute;lica. Y cuando esa violencia se viste de&nbsp;<em>sentido com&uacute;n</em>&nbsp;&mdash;cuando deja de percibirse como violencia&mdash;, el camino hacia la violencia f&iacute;sica ya est&aacute; allanado. Bourdieu nos recuerda que la batalla decisiva a menudo no es la de las leyes, sino la de las categor&iacute;as: qui&eacute;n define lo <em>normal</em>, lo <em>leg&iacute;timo</em>, lo <em>amenazante</em>.
    </p><p class="article-text">
        Estos mapas son poderosos, pero necesitan ser traducidos. Construidos desde la biblioteca y la panor&aacute;mica hist&oacute;rica, ganan un espesor distinto cuando se aplican al territorio concreto: a la Espa&ntilde;a de hoy, a sus barrios perif&eacute;ricos, a sus crisis de convivencia cotidiana. Aqu&iacute; se aprende que el racismo rara vez es biol&oacute;gico; es culturalista, nost&aacute;lgico, y sobre todo digestivo: se absorbe sin esfuerzo en la sobremesa, en el grupo de WhatsApp, en el comentario que nadie rebate porque hacerlo costar&iacute;a demasiado. Que esa par&aacute;lisis&nbsp;no es solo un fen&oacute;meno de guerras lejanas, sino la experiencia del mileurista con tres trabajos que no puede proyectar su vida m&aacute;s all&aacute; del pr&oacute;ximo recibo. Y, sobre todo, que la resistencia m&aacute;s eficaz no siempre es la gran movilizaci&oacute;n: a veces es el gesto microsc&oacute;pico e inc&oacute;modo, la negativa a re&iacute;r un chiste en la barra del bar, la interrupci&oacute;n del mantra tribal, el acto cotidiano de renombrar al otro como vecino y no como amenaza. Esa traducci&oacute;n no es una traici&oacute;n a los gigantes. Es el &uacute;nico modo de que sus ideas respiren.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dialogar con estos gigantes, entonces, es un acto de responsabilidad c&iacute;vica. En un mundo intoxicado por discursos simples y odios prefabricados, sus marcos te&oacute;ricos son herramientas de desescombro. Nos permiten ver que el presunto <em>sentido com&uacute;n</em> que nos rodea no es inocente, sino un campo de batalla donde se libra una guerra por nuestro miedo y nuestra lealtad. Que la rabia identitaria no brota de la nada, sino de una liquidez econ&oacute;mica y existencial h&aacute;bilmente explotada por arquitectos del resentimiento.
    </p><p class="article-text">
        La tarea, por tanto, no es citarlos con solemnidad, sino usar sus lentes para mirar nuestro presente con mayor claridad y menos autoenga&ntilde;o. Es traducir sus ideas complejas al lenguaje de lo cotidiano y, a la inversa, elevar la rabia concreta del barrio al nivel de un an&aacute;lisis que revele sus resortes ocultos. Su legado m&aacute;s valioso es una invitaci&oacute;n a dejar de ser esas personas que rehacen el mundo desde cero con cada prejuicio, y a elegir, en cambio, la labor m&aacute;s humilde y necesaria: aprender a nombrar con precisi&oacute;n los mecanismos que nos deshumanizan. Porque solo cuando identificamos con claridad los engranajes del odio, tenemos alguna posibilidad de desactivarlos. En ese trabajo tit&aacute;nico y cotidiano, los gigantes no caminan por nosotros, pero nos prestan la posibilidad de auparnos a sus hombros para ver, al menos, un poco m&aacute;s all&aacute; de nuestra corta cotidianidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/mapas-navegar-colapso_129_13111072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 13:03:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mapas para navegar el colapso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bosques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entrar en una catedral g&oacute;tica es como adentrase en un viejo bosque. Ambos templos impresionan. La penumbra agiganta las enormes columnas de piedra que se elevan como interminables troncos centenarios. La frescura de la gran nave, o el dosel verde, despierta sensaciones de lejanas latitudes. La humedad se respira. A trav&eacute;s de las apuntadas vidrieras, o las rendijas del denso palio de hojas, los rayos del sol dibujan sombras y diminutas estrellas suspendidas en el sacrosanto &eacute;ter. Y el silencio -si no hay m&aacute;s turistas cerca- te envuelve y gozas agradecido. Pero esas catedrales, o esos bosques, adem&aacute;s de belleza, tienen tambi&eacute;n mucha historia. 
    </p><p class="article-text">
        Y donde hoy se alzan hasta casi tocar los cielos, en muchas ocasiones, antes hubo una iglesia rom&aacute;nica que, lustros atr&aacute;s, otros asentaron sobre las piedras de una mezquita, un templo visig&oacute;tico o unas termas romanas; y todas, una tras otra, siglo a siglo: sobre un templo pagano. A los bosques les pasa algo parecido. Desde la &uacute;ltima glaciaci&oacute;n, el paisaje ib&eacute;rico ha ido levant&aacute;ndose como una catedral viva. Primero llegaron los bosques abiertos de con&iacute;feras y abedules; luego, con el clima templ&aacute;ndose, saucedas y matorrales; m&aacute;s tarde, robles y, al final, los hayedos del norte. Mientras tanto, el sur se llen&oacute; de encinas, quejigos y alcornoques. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado no fue un bosque uniforme, sino un mosaico de claros y arboledas que, como las viejas catedrales, nunca dejaron de reformarse con el paso del tiempo. Y aunque a los urbanitas nos cueste reconocerlo, los grandes bosques &ldquo;naturales&rdquo; que hoy admiramos en Espa&ntilde;a no son los primeros ni son v&iacute;rgenes. Son preciosos paisajes culturales que conviven con aprovechamientos milenarios (o gracias a ellos), acumulando memoria forestal del mismo modo que en las catedrales se acumula memoria espiritual. Y, como valiosos paisajes humanizados que son, deben gestionarse garantizando la &ldquo;persistencia de la masa&rdquo; y la biodiversidad, sin cometer excesos ni plantar &aacute;rboles donde &ldquo;nunca&rdquo; los hubo. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, cuya superficie arbolada (incluidos los cultivos de con&iacute;feras, eucaliptos y chopos) ha venido creciendo desde hace d&eacute;cadas a un ritmo promedio superior al 2% anual, el problema no es que falten masas forestales, pues, en porcentaje, nuestro pa&iacute;s est&aacute; cerca de la media europea. Pero desde hace d&eacute;cadas, el &eacute;xodo rural ha generado mucha masa forestal, tanto por reforestaci&oacute;n como por recolonizaci&oacute;n natural. 
    </p><p class="article-text">
        El resultado es que el 70 por ciento del terreno arbolado actual son bosques seminaturales, m&aacute;s o menos densos y ricos en diversidad biol&oacute;gica y, el 30 por ciento restante, mon&oacute;tonas y extensas reforestaciones mucho menos biodiversas y m&aacute;s vulnerables a las sequ&iacute;as, los megaincendios, los grandes vendavales y las plagas que, cada vez con m&aacute;s fuerza y recurrencia, amplifica el calentamiento global. Tambi&eacute;n en esto nos ha vuelto a pillar el tren del clima y la merma de biodiversidad. Hace mucho que la gesti&oacute;n forestal de los t&eacute;cnicos, administraciones y propietarios particulares qued&oacute; anticuada por ignorar lo que ya defini&oacute; como un &ldquo;problema urgente&rdquo; en 1979 la Primera Conferencia Mundial sobe el Clima. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a (salvo excepciones) no hacen falta m&aacute;s masas forestales sino gestionar correctamente las que hay. Y como sucede con las viejas catedrales que no se atienden a tiempo, cada nueva intervenci&oacute;n implica ya decisiones t&eacute;cnicas, econ&oacute;micas y culturales m&aacute;s complejas, en las que hay que huir de las propuestas &ldquo;salvadoras&rdquo;, hijas, como casi siempre, del cortoplacismo pol&iacute;tico, la improvisaci&oacute;n, los intereses particulares y el reduccionismo corporativista de los profesionales. Estamos ante un problema multidisciplinar y no creo que el remedio pueda ser r&aacute;pido, ni f&aacute;cil, ni uniformemente aplicable en todos los lugares, y no llegar&aacute; a tiempo a todos los bosques necesitados; ni, quiz&aacute; tampoco, a todas las catedrales.
    </p><p class="article-text">
        El 21 de marzo se celebr&oacute; el D&iacute;a Mundial de los Bosques.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bosques_129_13108627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 06:55:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Bosques]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Bosques,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Quiz&aacute; lo que m&aacute;s nos extra&ntilde;a de la muerte o del sufrimiento sea que constituyen una fuente de consenso: no pueden discutirse y nuestra opini&oacute;n o voluntad no pueden disimularlos; (casi) nadie los quiere ni busca, sino que (casi) todos los rechazamos y esquivamos y tratamos de zafarnos de ellos o postergar el &aacute;spero encuentro con ellos hasta el &uacute;ltimo recodo del laberinto, donde la evidencia del tiempo y del dolor nos atrapan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que el car&aacute;cter concluyente de la muerte nos interrogue m&aacute;s, o que haya determinado m&aacute;s la cosmovisi&oacute;n de todas las variadas tradiciones culturales, pero admitamos que la muerte (natural) carece de misterio: es un irrefutable y prosaico hecho biol&oacute;gico que nos alcanza a todos y, por tanto, es perfectamente razonable y justo, en el sentido de igualitario (otra cosa es que nuestra inteligencia, tan bellamente dotada de capacidad creadora como para imaginar el futuro, y en particular un futuro de ultratumba, no acepte que esa prodigiosa capacidad no se corresponda con una naturaleza <em>lo bastante</em> divina; y que nuestra conciencia no pueda sino escandalizarse, por estremecedor contraste, ante los cuerpos despojados de conciencia). Sin embargo, el sufrimiento s&iacute; es un misterio, pues es totalmente arbitrario, y por eso condiciona, remueve la experiencia humana de forma m&aacute;s radical: su afectaci&oacute;n es intempestiva y veleidosa e inescrutable, y de este modo, perfectamente irrazonable e injusta, o al menos odiosamente discriminatoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La muerte nos angustia porque no podemos evitarla y nos conmociona porque no podemos vencerla. El sufrimiento nos angustia porque no podemos evitarlo y nos violenta porque no podemos comprenderlo. Pero que el sufrimiento no pueda comprenderse, como no puede entenderse la maldad (a pesar de los esfuerzos psicoanal&iacute;ticos de tantos libros y pel&iacute;culas que, guiados por un determinismo que niega el libre albedr&iacute;o y las probabilidades terap&eacute;uticas de la ciencia, la fe o el arte, terminan motivando la m&aacute;s abyecta psicopat&iacute;a en rec&oacute;nditos traumas supuestamente insuperables), no significa que no pueda reaccionarse contra &eacute;l y vencerlo, es decir, dominarlo paliativamente o, incluso, sanarlo felizmente. Una sociedad que se resigna al sufrimiento es una sociedad derrotada, una sociedad <em>muerta.</em> La sociedad riojana todav&iacute;a no se ha resignado al sufrimiento, como acreditan los Premios Kil&oacute;metro Cero que entrega este peri&oacute;dico, pues los ganadores (Proyecto Hombre, El Llavero, RioxaNostra y el profesor Iv&aacute;n Fern&aacute;ndez) se rebelan, comprometen y trabajan para resta&ntilde;ar tantas ausencias y carencias, tantos padecimientos de distinta clase. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la controversia p&uacute;blica sobre el ejercicio de la eutanasia por Noelia Castillo ha permitido que asomen algunos signos preocupantes de resignaci&oacute;n al sufrimiento o, como m&iacute;nimo, de vacilaci&oacute;n &eacute;tica al respecto. No voy a polemizar sobre la eutanasia ni sobre su aplicaci&oacute;n a este caso concreto, entre otras razones porque, como jurista, su legalidad ha sido avalada judicialmente y por los informes t&eacute;cnicos preceptivos. Lo que voy a criticar es su tratamiento desenfocado en el foro o &aacute;gora de la discusi&oacute;n social y medi&aacute;tica (ya ven que la conformaci&oacute;n de una conversaci&oacute;n democr&aacute;tica madura es una de mis obsesiones). El debate se ha parapetado o enmascarado sustancialmente, y no de forma inocente (por la resonancia social o pol&iacute;tica y no s&oacute;lo personal de su decisi&oacute;n), detr&aacute;s del sufrimiento biogr&aacute;fico de la joven (padres divorciados, desahucio, internamiento en un centro de menores, agresiones sexuales, consumo de drogas, intento de suicidio), un sufrimiento que, no s&oacute;lo por acumulaci&oacute;n o aplastamiento, apela a nuestra m&aacute;s honesta ternura. Se ha justificado la decisi&oacute;n en esa atribulada biograf&iacute;a (me refiero, insisto, a la opini&oacute;n m&aacute;s frecuente, no al procedimiento administrativo), en la narraci&oacute;n de sus desgracias, m&aacute;s que en una enfermedad grave, cr&oacute;nica<em> </em>e irreversible o en las limitaciones intolerables de la autonom&iacute;a funcional cotidiana, que son los requisitos que exige la ley; desgracias contra las que otros se enfrentan y de las que, bien ayudados por profesionales y familiares y amigos, y con un esfuerzo encomiable, tratan de recuperarse y habitualmente lo consiguen. El debate se ha reorientado intencionalmente para inflamarlo de melodrama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es intelectualmente contradictorio y moralmente pueril que se confunda la compasi&oacute;n con la que nos debe conmover cualquier sufrimiento (o, incluso, con la que nos debe conmover, antes de su depuraci&oacute;n f&aacute;ctica, la percepci&oacute;n subjetiva que cada individuo pueda tener sobre su sufrimiento), con el apoyo institucional a que los sufrimientos biogr&aacute;ficos, siempre <em>irrazonables</em> y <em>arbitrarios,</em> puedan convertirse en <em>causa suficiente y justa</em> de una muerte asistida con recursos sanitarios p&uacute;blicos. Y, sin embargo, esa confusi&oacute;n se ha prodigado en demasiadas conversaciones durante los &uacute;ltimos d&iacute;as, de manera m&aacute;s abierta o subrepticia. Salvo quienes infligen sufrimiento de manera consciente y voluntaria, nadie merece sufrir en ning&uacute;n grado, precisamente porque tal sufrimiento siempre ser&aacute; anormal e injusto; pero es harto peligroso que nos resignemos a que la muerte sea la primera o una de las prioritarias soluciones al sufrimiento de una persona con una trayectoria vital turbulenta o abstrusa (y si nos resignamos, &iquest;a partir de qu&eacute; momento deviene en la &uacute;nica soluci&oacute;n?). Lo denuncio con dureza: esa tesis equivale a defender el suicidio, no la eutanasia. La muerte no es una <em>alternativa</em> o <em>salida</em> para el sufrimiento (biogr&aacute;fico), es la alternativa y la salida de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa confusi&oacute;n acabar&iacute;a conduciendo, adem&aacute;s (y la amenaza es igualmente intimidante), a que se promueva la revisi&oacute;n sobre c&oacute;mo debe intervenir el Estado ante los sufrimientos de sus ciudadanos. &iquest;Acaso anhelamos que nos suministre medios que garanticen la prevenci&oacute;n y correcci&oacute;n de todos los sufrimientos que puedan cernirse cobre nosotros&hellip;? Por mi parte, me conformo con que las Administraciones P&uacute;blicas no acent&uacute;en los sufrimientos inherentes a cualquier itinerario vital. Y por eso me irrita que el mismo Estado que cumple eficazmente con la eutanasia solicitada por una ciudadana para acabar con su sufrimiento, permita que, cuando revisan incapacidades, los equipos m&eacute;dicos de la Seguridad Social se comporten como tribunales de tortura, tan alejados de la deontolog&iacute;a que deber&iacute;a inspirarlos (alejados no por el juicio cient&iacute;fico, que podr&aacute; depurarse, sino por la actitud inmisericorde: no les importa humillar al paciente). Y por eso me ofende que ese mismo Estado (en este caso, la gesti&oacute;n auton&oacute;mica del Gobierno vasco del PNV y del PSOE) fomente una interpretaci&oacute;n tan desviada del beneficio penitenciario de la semilibertad, que est&eacute; conllevando que terroristas de ETA que no se han arrepentido ni han colaborado con las autoridades, y que en algunos casos (como el de &lsquo;Anboto&rsquo;) han cumplido s&oacute;lo el 1% de su condena, regresen entre v&iacute;tores a las mismas calles donde viven los familiares de los asesinados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien quiere o necesita politizar el dolor s&oacute;lo buscar&aacute; incrementar tu sufrimiento.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivir-sufrir-morir_129_13108224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 08:55:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivir, sufrir, morir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el servicio de urgencias de uno de los grandes hospitales p&uacute;blicos de Madrid, en una sala abarrotada de pacientes en observaci&oacute;n, intento distraerme leyendo un art&iacute;culo de Santiago Alba Rico en <a href="https://elpais.com/opinion/2026-03-16/el-hombre-que-alza-la-voz-en-el-vagon-del-metro.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Pa&iacute;s</a> sobre por qu&eacute; evitamos mirar a los ojos a quienes piden dinero en el metro, alzando su voz y mostr&aacute;ndonos su vulnerabilidad. Pero, lejos de evadirme del contexto hospitalario, acabo pensando en nuestra propia vulnerabilidad como pacientes e imaginando si, en una hipot&eacute;tica e improbable visita, Isabel D&iacute;az Ayuso ser&iacute;a capaz no ya de mirarnos a los ojos &mdash;a nosotros y a los sanitarios que nos atienden con gran profesionalidad&mdash; sino simplemente de permanecer en este lugar.
    </p><p class="article-text">
        Apenas hay espacio entre los sillones y portasueros de los pacientes, que ocupan todas las paredes formando una especie de corro, como si de una sala de estar se tratara, y las pocas sillas disponibles para acompa&ntilde;antes dificultan a los celadores el traslado en silla de ruedas de los enfermos. Precisamente en uno de esos trayectos, atisbo otra sala mucho m&aacute;s grande llena de camas sin separaci&oacute;n, con los acompa&ntilde;antes concentrados en un grupo de sillas junto a la entrada, y conf&iacute;o en no tener que pasar la noche en esa suerte de hospital de campa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando llega la hora del cambio de turno de enfermer&iacute;a, es imposible no escuchar el parte m&eacute;dico del resto de pacientes porque el puesto de control apenas est&aacute; separado de nuestra peque&ntilde;a estancia llena de sillones. As&iacute; me entero, involuntariamente y con incomodidad manifiesta, de que a mi derecha se sienta una paciente oncol&oacute;gica cuyos dolores se han intensificado; enfrente, un hombre de mediana edad que sospechan que puede tener piedras en el ri&ntilde;&oacute;n; y un poco m&aacute;s all&aacute;, una chica joven que va a ser derivada a urgencias de ginecolog&iacute;a. Por suerte, una breve llamada de tel&eacute;fono me evita seguir conociendo m&aacute;s detalles m&eacute;dicos ajenos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no hubiera llegado a urgencias por mi propio pie y no supiera que estoy en uno de los principales hospitales de referencia de nuestro pa&iacute;s, pensar&iacute;a que he tenido la mala suerte de caer enfermo en un lugar empobrecido, sin recursos para actualizar y redimensionar unas instalaciones sanitarias que han ido envejeciendo sin apenas inversi&oacute;n durante d&eacute;cadas. Pero esto es Madrid, donde abunda el dinero y tambi&eacute;n la libertad, que en este caso es una invitaci&oacute;n a que quien pueda haga uso de la sanidad privada, para poder seguir bajando los impuestos.
    </p><p class="article-text">
        La visita de Ayuso a las urgencias abarrotadas de este hospital es tan improbable como su encuentro con un hombre pidiendo dinero en el metro, porque en su universo ideol&oacute;gico la sanidad p&uacute;blica es una prestaci&oacute;n de beneficencia para quienes no tienen seguro privado y un servicio de &uacute;ltimo recurso para situaciones de mayor complejidad o gravedad en las que la sanidad privada no responde. Una propuesta pol&iacute;tica nunca enunciada abiertamente pero que ha cosechado gran &eacute;xito en un Madrid cada vez m&aacute;s segregado: al alejar a una parte relevante de los votantes de los servicios p&uacute;blicos, es posible dejar que se degraden sin apenas coste pol&iacute;tico, ofreciendo a cambio rebajas fiscales y ampliando las oportunidades de negocio de un pu&ntilde;ado de empresas privadas. Y a quienes no tienen m&aacute;s remedio que seguir utilizando esos maltrechos servicios p&uacute;blicos, se les anima a seguir esforz&aacute;ndose para liberarse ellos tambi&eacute;n de la beneficencia en el para&iacute;so de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/sanidad-publica-paraiso-libertad_129_13108232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Apr 2026 11:22:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sanidad pública en el paraíso de la libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Hospitales,Isabel Díaz Ayuso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En el bar de un barrio perif&eacute;rico, Ad&aacute;n no es un mito lejano. Es el hombre de la tercera birra, con su dignidad y su certeza. Su postura y su discurso encarnan, sin saberlo, las tres acepciones que el diccionario de la RAE reserva para una palabra en desuso: <em>adanismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        La primera acepci&oacute;n lo define como el <em>h&aacute;bito de comenzar una actividad como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente</em>. Esto es exactamente lo que hace el Ad&aacute;n de barra: fundar cada d&iacute;a su propio relato desde el minuto cero. En su memoria, el barrio era un lugar homog&eacute;neo y silencioso hasta que llegaron <em>los otros</em>. Borra de un plumazo las oleadas migratorias que han construido el pa&iacute;s, las tensiones hist&oacute;ricas siempre existentes, las luchas sociales que le han dado los derechos de los que disfruta y cualquier complejidad anterior a su propio malestar. Para &eacute;l, la historia comienza con su agravio. Este adanismo fundacional es un acto de olvido activo y de apropiaci&oacute;n del territorio narrativo. Convierte el espacio compartido en una esencia pura que debe ser defendida, y a los reci&eacute;n llegados, los iluminados, los pijos universitarios, en meros perturbadores de una paz que solo existi&oacute; en el relato sesgado de los poderes que lograron imponerse. Es la misma l&oacute;gica que, a escala mayor, justific&oacute; mitos de origen y pureza en la construcci&oacute;n de las naciones.
    </p><p class="article-text">
        La segunda acepci&oacute;n lo equipara al <em>desnudismo, pr&aacute;ctica de la desnudez</em>. Y aqu&iacute; reside uno de sus mecanismos m&aacute;s da&ntilde;inos. El adanismo no es la desnudez liberadora, sino la desnudez reductora. Consiste en despojar al otro de toda capa de humanidad, contexto o dignidad. El inmigrante es reducido a <em>una cifra</em>; el vecino de ideolog&iacute;a distinta, a <em>un traidor</em>; el pobre, a <em>un vago</em>. Se le quita la ropa de la biograf&iacute;a para dejarlo en pura categor&iacute;a, en pura amenaza. Esta desnudez no es &iacute;ntima, es p&uacute;blica y humillante. Se practica en la conversaci&oacute;n de bar, en el comentario de redes, en el chiste que estigmatiza. Es el prejuicio expuesto sin pudor, normalizado como <em>sentido com&uacute;n</em>. Ad&aacute;n, en su barra, desnuda a los dem&aacute;s para se&ntilde;alarlos mejor, y se desnuda a s&iacute; mismo, mostrando sin filtro su miedo. Es la misma operaci&oacute;n de deshumanizaci&oacute;n que hemos visto aplicada a otras escalas.
    </p><p class="article-text">
        La tercera acepci&oacute;n es circular: <em>adamismo. V&eacute;ase adanismo</em>. Esta autorreferencia perfecta captura el ritual de la repetici&oacute;n en el que se sustenta el fen&oacute;meno. El adanismo no es un discurso anal&iacute;tico; es un mantra grupal. Las mismas frases &mdash;<em>esto ya no es lo que era. Habr&iacute;a que echarlos a todos</em>&mdash; se repiten noche tras noche, entre las mismas personas, en el mismo lugar. Esta repetici&oacute;n no busca persuadir con argumentos, sino solidificar una verdad tribal mediante el eco. Cada repetici&oacute;n hace el relato m&aacute;s familiar, m&aacute;s real e impermeable al dato externo. El que calla, asiente. El que asiente, se convierte en c&oacute;mplice. As&iacute; se teje la comunidad identitaria: no en torno a lo que se construye juntos, sino en torno a lo que se excluye un&aacute;nimemente. Es la <em>hooliganizaci&oacute;n</em> de lo pol&iacute;tico, trasladada al &aacute;mbito vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este triplete t&oacute;xico &mdash;el olvido fundacional, la desnudez deshumanizante y la repetici&oacute;n ritual&mdash;, se suele oponer la gran teor&iacute;a, el dato macro, la declaraci&oacute;n institucional. Y fracasa. Porque el adanismo es inmune a los argumentos que no vibren en su misma frecuencia: la de lo local, lo vivido, lo cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la antropolog&iacute;a deja de ser solo una herramienta de an&aacute;lisis para volverse un imperativo &eacute;tico. La necesidad de participar no es solo c&iacute;vica; es antropol&oacute;gica. El ser humano es, por definici&oacute;n, un animal social que se constituye en y por el grupo. Pero cuando el grupo se define por la exclusi&oacute;n y el relato autista, se convierte en una patolog&iacute;a social. La participaci&oacute;n, por tanto, no es un complemento de la democracia; es la pr&aacute;ctica fundamental que impide que la tribu devore a la polis.
    </p><p class="article-text">
        Esta participaci&oacute;n, sin embargo, no puede ser gen&eacute;rica. Debe ser glocal: global en conciencia, local en gesto. Consiste en interrumpir el ritual en su mismo altar. No se trata de dar un mitin en el bar, sino de plantar una semilla de duda en el lenguaje de la barra. Es el arte de renombrar, frente a quien solo sabe nombrar para excluir. Devolver la historia donde hay olvido: <em>&iquest;seguro que este barrio fue siempre as&iacute;? Mi abuela recuerda cuando dec&iacute;an lo mismo de los que vinieron de los pueblos o de otras provincias</em>. Devolver la humanidad donde hay desnudez: <em>ese &ldquo;moro&rdquo; del que hablas es Karim, el que ayud&oacute; a mi padre a arreglar la furgoneta</em>. Y, sobre todo, romper la repetici&oacute;n con una disonancia: dejar de asentir, cuestionar el chiste, ofrecer un matiz.
    </p><p class="article-text">
        Esta intervenci&oacute;n es inc&oacute;moda. Exige salir de la comodidad del espectador &mdash;otra forma de adanismo, la de quien cree que puede observarlo todo sin ser parte de nada&mdash; y arriesgar el propio capital social en el grupo. Pero es el &uacute;nico ant&iacute;doto real. Porque el adanismo no se combate con decretos, sino con presencia contraria. Con la testaruda insistencia en que el vecino no es una categor&iacute;a, sino una biograf&iacute;a; que el barrio no es una fortaleza, sino un cruce de caminos; y que la identidad no es un patrimonio que se guarda, sino un di&aacute;logo que se sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; el otro Ad&aacute;n: uno mismo. En mi caso, un tipo que estudia, pasea, dibuja y escribe poemas en una ciudad de provincias; que habla de cuestiones que otros, m&aacute;s preparados, han tratado m&aacute;s y mejor, y que sin embargo tiene esa pulsi&oacute;n de dejar constancia de sus pensamientos, por si pudiesen ser &uacute;tiles para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El Ad&aacute;n b&iacute;blico recibi&oacute; la tarea de nombrar el mundo. Los Adanes de las barras de los bares han aceptado esa tarea, pero han nombrado mal: han llamado <em>amenaza</em> a lo que era solo <em>diferente</em>. Nuestra tarea, quiz&aacute; la &uacute;nica &uacute;til, es renombrar el mundo a su lado. Palabra a palabra. Barrio a barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No para vencerles, sino para recordarles &mdash;y recordarnos&mdash; que ning&uacute;n lugar habitable se construy&oacute; jam&aacute;s levantando muros, sino tejiendo conversaciones. Y que la primera piedra de cualquier convivencia es la valent&iacute;a de decir, en voz baja pero clara, en el momento preciso: <em>en eso no te acompa&ntilde;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n m&aacute;s importante no se decreta en el parlamento ni se viraliza en las redes. Sucede en la barra del bar, cuando el Ad&aacute;n de turno suelta su verdad y alguien, quiz&aacute; alguien como t&uacute; o como yo, decide que hoy no va a pasar. Que hoy, en esta barra concreta, el odio se queda sin su eco m&aacute;s c&oacute;modo. Esa es la participaci&oacute;n m&iacute;nima, esencial y revolucionaria. La que no espera a que cambie el mundo, sino que lo cambia empezando por su propia esquina.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/adan-barra-bar-barrio-periferico_129_13089273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 11:01:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Adán en la barra del bar de un barrio periférico]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En diciembre de 1829 se prohibi&oacute; el sati, la antigua tradici&oacute;n hind&uacute; de quemar a la viuda en la pira funeraria de su marido.<strong> </strong>Esta cruel tradici&oacute;n no fue una&nbsp;exclusividad oriental y algunos como Giordano Bruno, tal vez el m&aacute;s original de los pensadores renacentistas, lo pudo comprobar el 17 de febrero de 1600 cuando mor&iacute;a en la hoguera desnudo, atado a un palo y con la lengua sujeta por un trozo de madera para que no pudiera hablar tras haber<strong>&nbsp;</strong>desafiado a la Iglesia cat&oacute;lica&nbsp;afirmando&nbsp;que la tierra no era el centro del universo.
    </p><p class="article-text">
        El canibalismo, la guerra, la lapidaci&oacute;n, la muerte en la hoguera, la esclavitud, el machismo, son tradiciones execrables, m&aacute;s execrables cuanto m&aacute;s tradicionales. Y sin embargo &ldquo;La tradici&oacute;n es la tradici&oacute;n&rdquo; o &ldquo;No se puede romper una tradici&oacute;n&rdquo; fueron los principales argumentos esgrimidos por varios cofrades de Sagunto para justificar<a href="https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2026-02-11/el-gobierno-estudia-revocar-el-interes-turistico-nacional-de-la-semana-santa-de-sagunto-por-excluir-a-las-mujeres.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&nbsp;su rechazo a que las mujeres puedan procesionar&nbsp;</a>con ellos en la Semana Santa. La votaci&oacute;n celebrada en una ermita en la que participaron solo hombres, arroj&oacute; el resultado de 267 votos en contra y 114 a favor de modificar un art&iacute;culo de los estatutos para cambiar la palabra &ldquo;varones&rdquo; por la de &ldquo;personas&rdquo;. Al parecer hay 267 varones (28 cofrades m&aacute;s que hace cuatro a&ntilde;os)&nbsp;que no se sienten personas o que necesitan sentirse varones para hacer impersonales a otras personas llamadas mujeres. Resulta curioso porque la palabra&nbsp;var&oacute;n&nbsp;proviene del lat&iacute;n&nbsp;y originalmente significaba &ldquo;hombre&nbsp;esforzado o valiente&rdquo;.&nbsp;Sin embargo, no parece que el esfuerzo intelectual de estos varones ni su valent&iacute;a moral sea acorde al sustantivo por ellos votado desde otro sustantivo masculino&nbsp;denominado machismo.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna herida es un destino si tenemos la cura que pueda cauterizarla y nos alejamos de la par&aacute;lisis que la tradici&oacute;n parece haber puesto en nuestro devenir. Ninguna tradici&oacute;n es un destino y menos cuando es un desatino. Hay tradiciones est&uacute;pidas, tradiciones tr&aacute;gicas, tradiciones asesinas, tradiciones respetables y tradiciones muy traicioneras. Puesto que la&nbsp;palabra <em>tradici&oacute;n </em>y la palabra <em>traici&oacute;n</em> tienen la misma ra&iacute;z latina aprovech&eacute;mosla para recordar que debemos traicionar las tradiciones que atentan contra la igualdad. Y que, asimismo, deber&iacute;amos no traicionar el hecho de que esa misma igualdad debe pesar m&aacute;s en la identidad de una sociedad que el conjunto de todas sus tradiciones. No podemos seguir haciendo lo mismo cuando nada es lo mismo porque la transformaci&oacute;n de nuestros h&aacute;bitos es algo que forma parte de nuestro modo de ser tan modificado y tan modificable en el largo transcurrir de la especie humana. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Ortega y Gasset que las revoluciones se hacen contra los usos, no contra los abusos porque, si son &uacute;nicamente contra los abusos, se quedan en meras revueltas que arreglan muy poco debido a que se mantienen los usos habituales en el pa&iacute;s que ocurren. Y hay usos que debemos poner en desuso por los abusos que conllevan. Por encima de las tradiciones est&aacute;n los derechos y muchos de esos j&oacute;venes que ahora enarbolan su ignorancia en forma de costumbre han podido estudiar gracias a que se pudo romper la vieja tradici&oacute;n de que solo unos pocos pod&iacute;an acceder a la educaci&oacute;n. Ellos tambi&eacute;n se enfrentan cada d&iacute;a a muchas tradiciones que cercenan su forma de relacionarse esgrimiendo que forman parte de otra generaci&oacute;n y que viven en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay cuatro obst&aacute;culos para alcanzar la verdad que acechan a todos los hombres, pese a su erudici&oacute;n, y que raramente permiten a nadie acceder con t&iacute;tulos claros al conocimiento; a saber: la sumisi&oacute;n a una autoridad indigna y culpable, la influencia de la costumbre, el prejuicio popular y el ocultamiento de nuestra propia ignorancia acompa&ntilde;ado por el despliegue ostentoso de nuestro conocimiento&rdquo;. Lo dijo el fil&oacute;sofo y escol&aacute;stico ingl&eacute;s Roger Bacon all&aacute; por el siglo XIII, pero a&uacute;n conserva intacta su vigencia para este tiempo y&nbsp;para este lugar. Algunas veces ir contra la tradici&oacute;n es hacer una enmienda a la &ldquo;tontalidad&rdquo; de&nbsp;quien m&aacute;s que cofrade es &ldquo;con fraude&rdquo; de ley, como&nbsp;sentenci&oacute; en un caso similar el Tribunal Constitucional en aplicaci&oacute;n, entre otros, del principio de igualdad establecido en el art&iacute;culo 14 de la Constituci&oacute;n que pone en su sitio a la tradici&oacute;n. Y, mientras tanto, el arzobispado de Valencia, siguiendo la tradici&oacute;n, guarda un sepulcral y blanqueado silencio, algo extra&ntilde;o con lo aficionada que es la jerarqu&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica a opinar de lo divino y de lo humano. Quiz&aacute;s espere a la Procesi&oacute;n del Silencio para que alguna mujer lo rompa a ritmo de saeta: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde vas, paloma blanca,/ con ese vuelo tan sereno? /Voy a quitarle los clavos/a Jes&uacute;s, el Nazareno<em>&rdquo;.</em> Urge desclavar las tradiciones&nbsp;enclavadas en la dureza de las tablas que permanecen fuera de la ley.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Alfonso Iglesias Huelga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/destinos-tradicion_129_13095823.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 08:50:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los destinos de la tradición]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Echarse unas risas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/echarse-risas_129_13095831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una expresi&oacute;n que sostiene este pa&iacute;s m&aacute;s que el PIB y bastante m&aacute;s que los discursos institucionales: &lsquo;Echarse unas risas&rsquo;. No figura en la Constituci&oacute;n, pero deber&iacute;a ubicarse entre el derecho a la vivienda digna y el deber de contribuir con nuestros impuestos, porque hay semanas que solo se sostienen gracias a un chiste a tiempo, a una carcajada bien colocada, a ese momento en que alguien dice algo absurdo y el d&iacute;a, de pronto, deja de ser lunes aunque siga si&eacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas es un acto profundamente serio. No lo parece, porque se practica en bares, cocinas, chats de WhatsApp y pasillos de oficina, pero tiene algo de ingenier&iacute;a emocional. Uno entra al trabajo con la cara de quien ha dormido mal, ha discutido con el despertador y ha perdido una batalla con el caf&eacute;, y de pronto alguien suelta una tonter&iacute;a y todo se recoloca. No mejora el sueldo, no desaparecen los correos pendientes, pero el mundo deja de apretar tanto. Es como aflojarse la corbata del alma.
    </p><p class="article-text">
        En las familias, echarse unas risas es la versi&oacute;n dom&eacute;stica de la diplomacia internacional. Hay tensiones, hay silencios, hay ese comentario que podr&iacute;a escalar hasta convertirse en un conflicto generacional, y entonces aparece la risa como un mediador suizo. Un cu&ntilde;ado que imita a otro, una madre que exagera una an&eacute;cdota, un padre que cuenta el mismo chiste por vig&eacute;sima vez con la convicci&oacute;n de que sigue siendo nuevo. Y funciona. No porque sea brillante, sino porque es oportuno. La risa tiene esa capacidad de convertir un posible drama en una sobremesa.
    </p><p class="article-text">
        Con los amigos, la cosa adquiere otra dimensi&oacute;n. Ah&iacute; la risa no solo alivia, sino que construye memoria. Uno no recuerda exactamente qu&eacute; dijo nadie, pero s&iacute; recuerda haberse doblado sobre la mesa, haber tenido que pedir otra ronda solo para recuperar el aliento, haber salido a la calle con la sensaci&oacute;n de que el mundo, durante un rato, hab&iacute;a sido un lugar perfectamente habitable. Echarse unas risas con amigos es una forma de ahorro, se guardan para cuando vengan mal dadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que nadie planifica echarse unas risas. No hay agenda, no hay KPI, no hay PowerPoint. Sucede. Alguien tropieza con una palabra, alguien interpreta mal una frase, alguien se equivoca con una solemnidad impecable y el resto entiende que ah&iacute; hay oro. La risa nace muchas veces del error, que es el &uacute;nico terreno verdaderamente democr&aacute;tico, porque todos fallamos, luego todos podemos re&iacute;rnos.
    </p><p class="article-text">
        Echarse unas risas tambi&eacute;n tiene su riesgo. Una mala risa -fuera de lugar, fuera de tiempo- puede ser m&aacute;s peligrosa que el silencio. Pero cuando acierta, cuando se produce ese peque&ntilde;o milagro colectivo de re&iacute;rse juntos, el efecto es inmediato, se rebaja la gravedad, se humaniza la escena, se recuerda que, antes que empleados, padres, hijos o contribuyentes, somos gente intentando sobrevivir al d&iacute;a sin dramatizarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la expresi&oacute;n es tan precisa. No dice `re&iacute;rse&rsquo;, dice &lsquo;echarse unas risas&rsquo;, como quien se lanza a una piscina sin comprobar la temperatura. Hay algo voluntario, casi valiente, en decidir que, a pesar de todo, hoy toca re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que se toma demasiado en serio a s&iacute; mismo, echarse unas risas es casi un acto subversivo. Una manera de decir que no todo merece solemnidad, que no todo necesita un discurso, que hay momentos que solo piden una carcajada compartida y el peque&ntilde;o alivio de saber que, al menos por un rato, todo est&aacute; bien.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; Donald Trump, que asegura que puede bombardear un pa&iacute;s y asesinar a civiles por diversi&oacute;n, por echarse unas risas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 14:48:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Echarse unas risas]]></media:title>
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