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    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué se gana insultando?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gana-insultando_129_13623649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Me entristece la facilidad con la que una discrepancia se convierte en una descalificaci&oacute;n personal en el debate pol&iacute;tico y, lo que es peor, que nos empiece a parecer normal. No me refiero a discutir o a defender apasionadamente una posici&oacute;n, me refiero a insultar a quien piensa de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qu&eacute; se busca realmente cuando se insulta?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante la rabia o la impotencia, lanzar una palabra hiriente puede proporcionar cierto alivio, como si descargar el enfado sobre otra persona permitiera desprenderse de &eacute;l. Sin embargo, las investigaciones sobre la ira cuestionan esa creencia tan extendida de que desahogarse agresivamente ayuda a calmarse. En determinadas circunstancias, lejos de reducir la rabia, esa descarga puede alimentarla y prolongarla. Es decir, puede que quien insulta termine m&aacute;s enfadado que antes, aunque durante unos segundos haya sentido cierta satisfacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, lo que est&aacute; en juego es la defensa de la propia identidad. Hay personas que viven sus convicciones como una parte tan importante de s&iacute; mismas que, cuando alguien las cuestiona, lo interpretan como un ataque personal. En esos casos puede aparecer una respuesta defensiva, incluso agresiva, ante lo que se percibe como una amenaza a la propia imagen, a la autoridad o a la manera de entender el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Existe un fen&oacute;meno que la psicolog&iacute;a denomina realismo ingenuo, que consiste en creer que vemos la realidad tal como es, de manera objetiva, y que, por tanto, quien la interpreta de otra forma debe estar equivocado, mal informado o tener malas intenciones. Olvidamos que nuestra manera de observar el mundo est&aacute; condicionada por nuestras experiencias, creencias y valores, y que los dem&aacute;s tambi&eacute;n lo observan desde los suyos.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil imaginar lo que puede ocurrir cuando alguien est&aacute; absolutamente convencido de que su interpretaci&oacute;n es la &uacute;nica posible. La discrepancia deja de despertar curiosidad y comienza a generar rechazo hacia quien la expresa. Ya no se trata de entender por qu&eacute; el otro piensa diferente, sino de demostrar que est&aacute; equivocado desacredit&aacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        En otros casos, el insulto puede convertirse en una forma de ejercer poder. Descalificar a alguien delante de otras personas, ridiculizarlo o intentar humillarlo puede servir para demostrar qui&eacute;n manda y para acallar futuros comportamientos u opiniones discrepantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no siempre se insulta pensando en el interlocutor. A veces el mensaje va dirigido a quienes est&aacute;n alrededor, a los que comparten las mismas ideas y celebran la descalificaci&oacute;n del contrario. El aplauso se convierte entonces en una recompensa, refuerza la sensaci&oacute;n de pertenencia al grupo y, como ocurre con tantos comportamientos humanos, aquello que recibe reconocimiento tiende a repetirse.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, el insulto puede cumplir distintas funciones y conseguir algunos resultados, aunque sus supuestas ventajas empiezan a resultar bastante menos atractivas cuando se examinan de cerca. La descarga emocional no necesariamente calma, el ejercicio de poder puede conseguir obediencia o silencio, pero no respeto, y el reconocimiento de los propios no significa haber convencido a quien piensa de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Y hay un coste que me parece lo m&aacute;s importante: lo que ocurre con las relaciones cuando se deja de cuestionar las ideas para atacar a las personas.
    </p><p class="article-text">
        Una cosa es afirmar que una propuesta resulta inviable, que una decisi&oacute;n ha sido equivocada o que determinados argumentos carecen de fundamento, y otra muy distinta es concluir que quien los defiende es un ignorante, un in&uacute;til o un sinverg&uuml;enza. En el primer caso todav&iacute;a existe un asunto sobre el que conversar; en el segundo, el adversario ha dejado de ser alguien con otras ideas para convertirse en alguien a quien desacreditar.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera discrepancia se transforma en animadversi&oacute;n hacia la persona y la disposici&oacute;n a escuchar puede desaparecer, y desde ah&iacute; es muy dif&iacute;cil construir relaciones de confianza. Se podr&aacute; discutir sobre una decisi&oacute;n, corregir un error, modificar una propuesta o negociar un acuerdo, pero resulta mucho m&aacute;s complicado reconstruir una relaci&oacute;n cuando lo que se ha puesto en cuesti&oacute;n es la dignidad de quien tenemos enfrente.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito pol&iacute;tico, adem&aacute;s, aparece un ingrediente que complica todav&iacute;a m&aacute;s las cosas: el insulto puede formar parte de una estrategia de comunicaci&oacute;n. Los estudios sobre ataques personales en pol&iacute;tica muestran que estos pueden proporcionar una mayor visibilidad en los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales, aunque no se haya demostrado que esa notoriedad se traduzca necesariamente en m&aacute;s votos.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, un pol&iacute;tico puede obtener mucha repercusi&oacute;n por insultar a otro sin que ello signifique que haya convencido a nadie de la bondad de sus propuestas. Incluso puede ocurrir que se hable durante d&iacute;as de sus descalificaciones mientras los asuntos que deber&iacute;an ocupar el debate p&uacute;blico quedan relegados.
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos no est&aacute;n obligados a llevarse bien, pero s&iacute; necesitan poder hablar, negociar y alcanzar acuerdos con quienes defienden posiciones diferentes. No solo con los de su propio partido, tambi&eacute;n con sus adversarios, porque gobernar un pa&iacute;s exige convivir con la discrepancia y, habitualmente, llegar a acuerdos con quienes mantienen posiciones profundamente enfrentadas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica pasa de cuestionar las propuestas a descalificar personalmente a quienes las defienden, se deteriora la confianza que puede permitir esas conversaciones. Y aunque los acuerdos siguen siendo posibles, cada insulto puede hacerlos un poco m&aacute;s dif&iacute;ciles, porque las palabras no desaparecen cuando termina una intervenci&oacute;n parlamentaria o un mitin. Permanecen en la memoria de las personas y condicionan sus relaciones futuras.
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que me preocupa del momento pol&iacute;tico que estamos viviendo. No tanto que existan personas que insulten, porque el insulto ha acompa&ntilde;ado a la humanidad desde siempre, sino que parezca estar adquiriendo carta de naturaleza como una forma m&aacute;s de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y si el insulto forma parte de una estrategia para obtener visibilidad o alguna ventaja pol&iacute;tica, convendr&iacute;a preguntarse qu&eacute; lugar ocupa en esa estrategia la necesidad de mantener abiertas las posibilidades de di&aacute;logo y acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Porque una cosa es ganar protagonismo en el debate p&uacute;blico y otra muy distinta contribuir a resolver los problemas de un pa&iacute;s. Y cuando quienes se insultan son los responsables de representar y gobernar a millones de personas, las consecuencias de esas puertas cerradas van mucho m&aacute;s all&aacute; de sus rivalidades personales.
    </p><p class="article-text">
        Y al cierre de este art&iacute;culo, le preguntar&iacute;a a Bolsonaro qu&eacute; gan&oacute; llamando nueve dedos a Lula.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/gana-insultando_129_13623649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Nov 2026 08:09:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué se gana insultando?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cansancio que no dice su nombre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cansancio-no-dice-nombre_129_13623702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ya hemos hablado aqu&iacute; de la suspensi&oacute;n del tiempo aspiracional y de la normalizaci&oacute;n de lo insostenible. Hoy cartografiaremos c&oacute;mo esa crisis se materializa en los cuerpos y las psiques: una epidemia silenciosa de trastornos de ansiedad, depresi&oacute;n y <em>burnout </em>en las sociedades occidentales, que es un s&iacute;ntoma pol&iacute;tico de primer orden. Lo que el sistema neoliberal no puede resolver estructuralmente (la inseguridad vital, la deuda, la falta de futuro) lo psicologiza y lo convierte en un problema individual de gesti&oacute;n del estr&eacute;s. Existe un sufrimiento ps&iacute;quico de ra&iacute;z biol&oacute;gica o biogr&aacute;fica, ajeno a los ciclos econ&oacute;micos. Lo que crece a la vez en muchas sociedades, y se concentra donde hay precariedad y sobrecarga, tiene una ra&iacute;z social que se puede rastrear.
    </p><p class="article-text">
        En la posguerra, el malestar ten&iacute;a un enemigo claro (el patr&oacute;n, el Estado opresor) y una salida colectiva (la huelga, la movilizaci&oacute;n). Hoy el enemigo es difuso: la competitividad global, los algoritmos, la inflaci&oacute;n. Y la presi&oacute;n se internaliza. Mark Fisher llam&oacute; <em>privatizaci&oacute;n del estr&eacute;s</em> a ese proceso: se convence a la gente de que las condiciones inestables son lo normal y de que el origen de su malestar est&aacute; en su qu&iacute;mica cerebral o en su historia personal. El discurso de la resiliencia y el <em>mindfulness,</em> promovido por corporaciones y gur&uacute;s del desarrollo personal, ofrece su versi&oacute;n m&aacute;s perversa: si sufres, es porque no has aprendido a gestionar tus emociones, a meditar, a positivizar. Si est&aacute;s mal, es que no te esfuerzas lo bastante. La culpa migra de las estructuras al individuo.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras dan la medida. Seg&uacute;n la OMS, la depresi&oacute;n es una de las principales causas de discapacidad en el mundo, y la prevalencia de la ansiedad y la depresi&oacute;n aument&oacute; un 25% durante el primer a&ntilde;o de la pandemia. En Espa&ntilde;a, el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2024 recoge, con datos de 2023, 355,9 casos diagnosticados de trastornos mentales y del comportamiento por cada 1.000 habitantes (un 35,6%), con una prevalencia ajustada por edad un 8,5% superior a la de 2019. En atenci&oacute;n primaria la ansiedad sigue siendo el problema m&aacute;s frecuente (111,3 casos por 1.000 habitantes, un 12,6% por debajo de su m&aacute;ximo de 2021), mientras los trastornos del sue&ntilde;o (87,3) y los depresivos (49,3) siguen creciendo. La Encuesta de Salud de Espa&ntilde;a 2025 del INE apunta en la misma direcci&oacute;n: el 16,2% de la poblaci&oacute;n de 15 a&ntilde;os o m&aacute;s presentaba un cuadro depresivo, frente al 14,6% de 2023. Estos n&uacute;meros son el rastro de un sufrimiento que ya no encuentra cauces pol&iacute;ticos de expresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este sufrimiento tiene, adem&aacute;s de su dimensi&oacute;n personal, un coste social y econ&oacute;mico cuantificable y creciente, y su manifestaci&oacute;n m&aacute;s clara en el &aacute;mbito laboral es el absentismo. Seg&uacute;n el informe&nbsp;<em>Salud mental y trabajo 2025</em>&nbsp;de UGT, con datos del Ministerio de Inclusi&oacute;n y Seguridad Social, en 2024 se contabilizaron 671.618 bajas por trastornos mentales y del comportamiento, la cifra m&aacute;s alta desde 2016, cuando fueron 283.999, y su duraci&oacute;n media duplica con creces la del conjunto de diagn&oacute;sticos (2,5 veces, en 2023). El Bar&oacute;metro de Absentismo 2024 de Mutua Navarra sit&uacute;a los trastornos mentales como segunda causa de baja en el r&eacute;gimen general, solo por detr&aacute;s de los musculoesquel&eacute;ticos: el 17,86% de los d&iacute;as de baja en 2024, frente al 15,6% de 2023. Este dato habla de productividad perdida y tambi&eacute;n de cuerpos y mentes que literalmente no pueden levantarse para ir a trabajar en un entorno percibido como t&oacute;xico, precario o sin futuro. Pese a ello, seg&uacute;n la misma UGT, solo 1.429 de ellas se tramitaron en 2024 como contingencia profesional (un 0,21%, frente al 0,43% de 2016). Aunque la contingencia com&uacute;n agrupa cuadros cl&iacute;nicos muy distintos, ese porcentaje residual sugiere que los riesgos psicosociales de origen laboral se declaran muy por debajo de lo que son. La paradoja es brutal: un sistema que genera el malestar mediante la precariedad y la hiperexigencia lo contabiliza luego como un gasto y una p&eacute;rdida en sus propias cuentas, sin cuestionar nunca su l&oacute;gica pat&oacute;gena.
    </p><p class="article-text">
        Reconocido por la OMS en 2019 como fen&oacute;meno ocupacional, el s&iacute;ndrome del desgaste profesional o <em>burnout </em>es el ep&iacute;tome de esta crisis. Va m&aacute;s all&aacute; del cansancio: es un estado de agotamiento emocional, despersonalizaci&oacute;n y reducci&oacute;n de la realizaci&oacute;n personal causado por el estr&eacute;s laboral cr&oacute;nico. La encuesta OSH Pulse 2025 de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) sit&uacute;a a Espa&ntilde;a entre los cinco pa&iacute;ses de la UE con mayor estr&eacute;s laboral: el 40% de los trabajadores declara estr&eacute;s, ansiedad o depresi&oacute;n vinculados al trabajo (29% de media europea; en Espa&ntilde;a era el 26% en 2022), el 49% declara presi&oacute;n de tiempo o exceso de tareas (44% en la UE), el 45% sufre fatiga y solo el 28% tiene acceso a asesoramiento psicol&oacute;gico en su empresa (40% en la UE). El fen&oacute;meno es especialmente agudo en sectores precarizados y feminizados: la sanidad p&uacute;blica, la educaci&oacute;n, los cuidados. Tambi&eacute;n lo es en los trabajos de ensue&ntilde;o del capitalismo cognitivo: el becario que hace tres trabajos a la vez, el directivo hiperconectado 24/7. Quemarse es la materializaci&oacute;n de la contradicci&oacute;n entre la exigencia de ser un emprendedor de s&iacute; mismo y la realidad de un mercado que te trata como un recurso desechable. Es la herida abierta de la meritocracia fallida. El absentismo funciona as&iacute; como la huelga silenciosa del sistema nervioso en una sociedad que ha cancelado el derecho a la huelga del cuerpo. La respuesta patronal a esa huelga ha sido sospechar de ella. El 16 de junio de 2026, en una jornada de la CEOE sobre absentismo, el presidente de la patronal de Castilla-La Mancha, &Aacute;ngel Nicol&aacute;s, que dirige adem&aacute;s la mutua Solimat, llam&oacute; <em>memos</em> a los j&oacute;venes que se dan de baja por salud mental y atribuy&oacute; parte de esas bajas a desenga&ntilde;os personales, sin aportar datos. Garamendi se distanci&oacute; ese mismo d&iacute;a y Nicol&aacute;s pidi&oacute; disculpas al siguiente, pero la frase ya hab&iacute;a dicho lo esencial: lo que el sistema produce se lee como defecto de quien lo padece.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta hegem&oacute;nica a esta epidemia ha sido su medicalizaci&oacute;n. Espa&ntilde;a es el tercer pa&iacute;s de la UE en consumo de antidepresivos, con 98,4 dosis diarias por cada 1.000 habitantes en 2022 (la media de la UE es de 70,3; Portugal marca 150,5 y Suecia 114,5), un 18% m&aacute;s que en 2019, seg&uacute;n la OCDE. En ese mismo 2022, el 9,7% de la poblaci&oacute;n de 15 a 64 a&ntilde;os consumi&oacute; hipnosedantes, con o sin receta, en el &uacute;ltimo mes (era el 3,7% en 2005), seg&uacute;n la encuesta EDADES. Esta farmacologizaci&oacute;n ofrece alivio qu&iacute;mico individual, pero silencia causas sociales.
    </p><p class="article-text">
        El malestar no se reparte por igual. El Informe Anual del SNS 2024 recoge 387,0 diagn&oacute;sticos de trastornos mentales por cada 1.000 mujeres frente a 323,4 por cada 1.000 hombres; en 2022, seg&uacute;n la encuesta EDADES, consumi&oacute; hipnosedantes el 12,1% de las mujeres frente al 7,3% de los hombres, hasta el 21,4% entre las de 55 a 64 a&ntilde;os. Seg&uacute;n UGT, el 64% de las bajas por trastornos mentales de enero a julio de 2025 fueron de mujeres. La clase decide qui&eacute;n puede salir del circuito p&uacute;blico: la atenci&oacute;n privada puede superar los 200 euros al mes (OCU, 2024), el 23,8% de quienes buscaron atenci&oacute;n por salud mental en el &uacute;ltimo a&ntilde;o la pag&oacute; directamente a un profesional privado (Bar&oacute;metro Sanitario 2026, datos provisionales) y los grupos de discusi&oacute;n del estudio de Salud Mental Espa&ntilde;a (2023) sit&uacute;an el malestar sobre todo en perfiles socioecon&oacute;micos bajos y se&ntilde;alan la sobrecarga de cuidados que recae en las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, florece una industria del bienestar (<em>wellness</em>) que vende soluciones boutique: retiros de yoga, apps de meditaci&oacute;n, coaching personal. La econom&iacute;a global del bienestar alcanz&oacute; los 6,8 billones de d&oacute;lares en 2024, seg&uacute;n el Global Wellness Institute. La paradoja es cruel: se comercia con los productos que intentan paliar los da&ntilde;os causados por el propio sistema que los vende. Mientras tanto, el acceso a una psicoterapia p&uacute;blica, contextual y no patologizante sigue siendo una quimera para la mayor&iacute;a: Espa&ntilde;a ten&iacute;a en 2018 en torno a 6 psic&oacute;logos cl&iacute;nicos por cada 100.000 habitantes (Ministerio de Sanidad), la primera consulta con un especialista p&uacute;blico tarda de media 90 d&iacute;as desde la derivaci&oacute;n y las siguientes se separan casi 148 (Bar&oacute;metro Sanitario 2026, datos provisionales), un ritmo muy inferior al que exige tratar un malestar con ra&iacute;ces laborales, econ&oacute;micas y familiares a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta medicalizaci&oacute;n tiene un reverso m&aacute;s oscuro y f&iacute;sico: la gesti&oacute;n coercitiva del sufrimiento ps&iacute;quico grave. Los datos son tan escasos que ya dicen algo. En diciembre de 2024, la ministra de Sanidad anunci&oacute; un mapeo de las contenciones mec&aacute;nicas (atar a pacientes) en salud mental y urgencias psiqui&aacute;tricas porque esas cifras son &laquo;pr&aacute;cticamente desconocidas&raquo;; en julio de 2025 la licitaci&oacute;n del estudio, de 14.442 euros, qued&oacute; desierta, porque ninguna de las seis universidades invitadas present&oacute; oferta. No existe normativa estatal espec&iacute;fica sobre contenciones en discapacidad psicosocial, solo regulaciones auton&oacute;micas, y la Instrucci&oacute;n 1/2022 de la Fiscal&iacute;a General del Estado pide evitar su aplicaci&oacute;n rutinaria. El Comit&eacute; sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU considera que la regulaci&oacute;n espa&ntilde;ola del internamiento no voluntario vulnera varios art&iacute;culos de la Convenci&oacute;n. En 2025 hubo cerca de 75.000 internamientos psiqui&aacute;tricos involuntarios, seg&uacute;n el Consejo General del Poder Judicial, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a Espa&ntilde;a por no garantizar la defensa legal de un hombre ingresado contra su voluntad. El legislador lleva adem&aacute;s desde 2010 sin cumplir el mandato del Tribunal Constitucional de regular estos internamientos por ley org&aacute;nica. El art&iacute;culo 13 bis de la Ley 4/2026, de 1 de octubre, en vigor desde el 23 de octubre, reduce el ingreso involuntario a situaciones de &laquo;urgencia vital&raquo; y exige haber agotado las alternativas voluntarias; la Sociedad Espa&ntilde;ola de Psiquiatr&iacute;a y Salud Mental advierte de que deja sin cobertura a pacientes graves, como los que sufren psicosis con abandono del autocuidado o episodios man&iacute;acos graves, y de que la propia ley define la urgencia vital de dos formas que no coinciden. Hay v&iacute;as distintas: el hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, con su programa <em>Contenciones Cero,</em> mantiene por debajo del 5% a los ingresados contenidos.
    </p><p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a m&eacute;dica ha documentado desde hace d&eacute;cadas, desde los trabajos de Erving Goffman sobre instituciones totales hasta los estudios de &Aacute;ngel Mart&iacute;nez-Hern&aacute;ez sobre el significado del s&iacute;ntoma, c&oacute;mo el dispositivo psiqui&aacute;trico tradicional puede reproducir el estigma y la desposesi&oacute;n de la agencia, patologizando y aislando el malestar en lugar de contextualizarlo socialmente. Esto afecta de manera desproporcionada a colectivos ya vulnerabilizados: personas sin hogar, migrantes en situaci&oacute;n irregular, j&oacute;venes en crisis psicosocial y, en general, quienes carecen de redes de apoyo. Cuando el sufrimiento no cabe en las pastillas ni en el coaching, el sistema tiende a recurrir al candado y al aislamiento.
    </p><p class="article-text">
        Este modelo de control tampoco es una novedad de la psiquiatr&iacute;a moderna. Toda sociedad ha tenido que definir, ubicar y a menudo excluir a quienes encarnan un sufrimiento que desborda la norma. En la Edad Media europea, el loco pod&iacute;a ser un poseso, un visionario o un buf&oacute;n, y su lugar no era el hospital sino el bosque, el santuario o los m&aacute;rgenes ritualizados de la comunidad, como analiza Michel Foucault en&nbsp;<em>Historia de la locura en la &eacute;poca cl&aacute;sica</em>. Con el asilo de los siglos XVII y XVIII, esa figura ambivalente se medicaliz&oacute; y se enclaustr&oacute;, y el tratamiento moral de Pinel, que liberaba a los enfermos de sus cadenas pero los somet&iacute;a a una disciplina interna estricta, inaugur&oacute; una liberaci&oacute;n que es tambi&eacute;n un nuevo confinamiento. En otras latitudes, el padecimiento se ha entendido dentro de marcos comunitarios y espirituales: Anne M. Lovell y Papa Mamadou Diagne documentan en el Senegal periurbano c&oacute;mo familias extensas y comunidades movilizan deudas y obligaciones para atender la psicosis y la epilepsia, y Miriam Rabelo describe en terreiros de candombl&eacute; de Salvador c&oacute;mo una tristeza que hace llorar por nada se atiende consultando los b&uacute;zios y haciendo ofrendas, de modo que el malestar se lee como una relaci&oacute;n que hay que atender. Estos marcos tienen sus propias jerarqu&iacute;as y coerciones (la propia Rabelo recoge las quejas de las iniciadas por humillaciones y abusos de poder), pero muestran que el modo occidental de tratar el dolor es uno entre varios. La pregunta que surge es tanto m&eacute;dica como pol&iacute;tica y cultural: &iquest;qu&eacute; hacemos con el dolor que no tiene cabida en el relato funcional de la sociedad? &iquest;Lo encerramos, lo medicalizamos, lo mercantilizamos o le damos un lugar donde ser escuchado e integrado? Esta &eacute;poca, con sus ansiol&iacute;ticos y sus contenciones, parece haber elegido las tres primeras opciones, pero el malestar persiste y se expande.
    </p><p class="article-text">
        Romper este c&iacute;rculo exige nombrar las cosas por su nombre y politizar lo que se vive como aver&iacute;a privada, como ped&iacute;a Fisher: leer la ansiedad como respuesta adaptativa a la inseguridad vital extrema y la depresi&oacute;n como una reacci&oacute;n l&uacute;cida ante un futuro clausurado. Exige tambi&eacute;n condiciones materiales concretas: salario digno, vivienda asequible y una jornada laboral de 32 horas semanales sin p&eacute;rdida salarial. La evidencia disponible sobre la reducci&oacute;n horaria es a&uacute;n limitada y procede en buena medida de ensayos con empresas voluntarias y datos autoinformados, pero apunta en una direcci&oacute;n consistente. El piloto brit&aacute;nico de 2022, con m&aacute;s de 70 organizaciones inscritas y sin recorte salarial, registr&oacute; en una encuesta a mitad del piloto, difundida por 4 Day Week Global y respondida por 41 empresas, un 49% que declararon una productividad mejorada (un 34% leve y un 15% significativa) y un 46% que la mantuvieron. El ensayo publicado en 2025 en&nbsp;<em>Nature Human Behaviour</em>&nbsp;(Fan y colegas), con 2.896 empleados de 141 empresas de seis pa&iacute;ses, mostr&oacute; que seis meses de semana de cuatro d&iacute;as, con unas cinco horas semanales menos de media, reduc&iacute;an el burnout de 2,83 a 2,38 en una escala de 1 a 5 (un 16%), sin mejoras significativas en el grupo de control; en quienes recortaron ocho horas o m&aacute;s bajaron adem&aacute;s la fatiga y los problemas de sue&ntilde;o, y m&aacute;s del 90% de las empresas participantes decidi&oacute; mantener la semana de cuatro d&iacute;as al terminar el ensayo, seg&uacute;n el propio estudio. El contraejemplo de Telef&oacute;nica, que ofreci&oacute; en 2022 32 horas con una rebaja salarial en torno al 16% y recibi&oacute; una adhesi&oacute;n de alrededor del 1% de la plantilla (seg&uacute;n El Pa&iacute;s, citado por Xataka), sugiere que la aceptaci&oacute;n de la reducci&oacute;n depende de que no se pague con el sueldo. En servicios que no pueden parar, como la sanidad o los cuidados, recortar horas exige m&aacute;s plantilla, y eso es una cuesti&oacute;n de financiaci&oacute;n p&uacute;blica, no de preferencia individual. Se necesitan adem&aacute;s comunidades de apoyo mutuo (grupos de pares, centros sociales no mercantilizados) frente a la soledad terap&eacute;utica, junto con una salud mental p&uacute;blica que priorice la prevenci&oacute;n comunitaria y el enfoque psicosocial sobre la mera farmacolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El agotamiento de esta &eacute;poca es un mensaje cifrado: el cuerpo y la mente gritan lo que la raz&oacute;n ya ha diagnosticado. Escuchar ese grito y traducirlo en un proyecto pol&iacute;tico, en lugar de silenciarlo con pastillas, es el desaf&iacute;o. Una sociedad que enferma masivamente a sus ciudadanos tiene un sistema pat&oacute;geno, y la &uacute;nica respuesta a un mal sist&eacute;mico es la organizaci&oacute;n colectiva y un nuevo contrato social que ponga la vida en el centro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cansancio-no-dice-nombre_129_13623702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Nov 2026 08:08:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cansancio que no dice su nombre]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La campaña está en las conversaciones pero la política está en modo selfie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/campana-conversaciones-politica-selfie_129_13628993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 8 de octubre, Rioja2 public&oacute; una imagen de unas velas encendidas en homenaje a Maricarmen. Los comentarios eran una colecci&oacute;n de emociones: dolor, compasi&oacute;n, indignaci&oacute;n, reproches, desprecio. La misma imagen. Distintas historias.
    </p><p class="article-text">
        No podemos deducir lo que piensa una sociedad a partir de esos comentarios. Pero s&iacute; podemos encontrar en ellos preguntas que merece la pena hacerse. &iquest;Por qu&eacute; un mismo acontecimiento despierta interpretaciones tan diferentes? &iquest;Qui&eacute;n escucha lo que la gente dice y siente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales y la digitalizaci&oacute;n est&aacute;n redefiniendo m&uacute;ltiples dimensiones de la vida social. Adem&aacute;s del trabajo y el tiempo, est&aacute;n los v&iacute;nculos, la intimidad, el consumo, la memoria, la percepci&oacute;n de la realidad y la calidad de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, entre otras. Los algoritmos seleccionan los contenidos que vemos y las conversaciones se fragmentan en comunidades cada vez m&aacute;s diversas. Al mismo tiempo, muchos pol&iacute;ticos se transformaron en celebridades, tentados por la viralizaci&oacute;n de su propia imagen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso los partidos corren el riesgo de medir &uacute;nicamente la respuesta de sus seguidores m&aacute;s intensos, confundiendo su fervor con la conversaci&oacute;n de una sociedad entera. Y cuando un partido deja de contrastar sus ideas con quienes piensan diferente, la persuasi&oacute;n cede paso a la confrontaci&oacute;n. Ya no se trata de convencer al distinto, sino de desacreditarlo; no de comprender por qu&eacute; alguien vota otra opci&oacute;n, sino de confirmar que est&aacute; equivocado. Entonces no hay con quien conversar. Nadie a quien convencer.
    </p><p class="article-text">
        En una comunidad como La Rioja, donde la cercan&iacute;a forma parte de la vida cotidiana, las conversaciones importan: en el bar, en el trabajo o en la puerta del colegio. Pero tambi&eacute;n en WhatsApp, TikTok o Instagram.
    </p><p class="article-text">
        Comprender las emociones que hay detr&aacute;s de cada reacci&oacute;n no significa aceptar cualquier interpretaci&oacute;n, sino identificar qu&eacute; preocupa a las personas, c&oacute;mo explican lo que ocurre y qu&eacute; responsabilidades atribuyen. Entre un problema y una demanda pol&iacute;tica hay una interpretaci&oacute;n de la realidad. Los problemas no se votan. Se vota lo que significan.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, la vivienda aparece entre las principales preocupaciones ciudadanas. Pero &iquest;significa para todos lo mismo? Para una familia migrante, puede ser la angustia de no encontrar alquiler. Para una madre que cr&iacute;a sola, el miedo a que una subida se lleve el dinero de la compra. Para un joven, la imposibilidad de proyectar su futuro. Para quien complementa su pensi&oacute;n con el alquiler de una vivienda, el temor a perder esos ingresos o no poder recuperar su propiedad cuando la necesita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una campa&ntilde;a no deber&iacute;a limitarse a difundir mensajes. Exige aprender a escuchar a quien nos contradice sin preparar de antemano la respuesta, contrastar nuestros propios relatos y aceptar que una conversaci&oacute;n puede desmontar una estrategia cuidadosamente dise&ntilde;ada. Discrepar es inevitable; escuchar a quien nos contradice, inc&oacute;modo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las elecciones pasen, volveremos a coincidir en el bar, en la sala de espera, en la puerta del colegio. Seguiremos compartiendo espacios, problemas y una comunidad, aunque hayamos elegido opciones pol&iacute;ticas distintas. La pregunta no es solo qui&eacute;n ganar&aacute;. Es si, ganando o perdiendo, podremos mirarnos sin sentir que somos enemigos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Matías Blasco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/campana-conversaciones-politica-selfie_129_13628993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Oct 2026 10:24:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La campaña está en las conversaciones pero la política está en modo selfie]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coco no vino, pero la factura del miedo sí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/coco-no-vino-factura-miedo-si_129_13623722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El otro d&iacute;a, mientras tomaba un caf&eacute; en un bar, presenci&eacute; una conversaci&oacute;n que me hizo sonre&iacute;r primero y reflexionar despu&eacute;s. Un padre preguntaba a su hijo por qu&eacute; hab&iacute;a dormido dentro de la cajonera que ten&iacute;a debajo de la cama. La respuesta del peque&ntilde;o fue tan ingeniosa como inquietante: &ldquo;Porque me dijiste que vendr&iacute;a el coco y me comer&iacute;a. Ah&iacute; no pod&iacute;a verme. Adem&aacute;s, me qued&eacute; con la tablet hasta las tres de la ma&ntilde;ana vigilando que no apareciera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El coco no apareci&oacute;. Pero el miedo s&iacute;. Y, por lo visto, tambi&eacute;n se qued&oacute; a dormir. Hace unos d&iacute;as, una compa&ntilde;era me relataba otra situaci&oacute;n vivida en consulta. Una madre, agotada y sin saber c&oacute;mo manejar determinados comportamientos de su hijo, hab&iacute;a terminado lanzando una amenaza contundente: &ldquo;&iexcl;Pues este a&ntilde;o te quedas sin Navidad!&rdquo;. Una sentencia que, probablemente, ni ella misma deseaba cumplir.
    </p><p class="article-text">
        Y pens&eacute;: &iexcl;qu&eacute; curiosa es a veces nuestra manera de educar! Para conseguir que un ni&ntilde;o duerma, le hablamos de monstruos. Y para lograr que se comporte, amenazamos con despedir a los Reyes Magos.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de estas escenas, que podr&iacute;an protagonizar una comedia familiar, hay una cuesti&oacute;n bastante m&aacute;s profunda: &iquest;estamos educando para que nuestros hijos comprendan o simplemente para que nos obedezcan? Educar desde el miedo puede conseguir obediencia inmediata, pero no necesariamente aprendizaje. Un ni&ntilde;o que se acuesta porque teme al coco no ha aprendido a descansar; ha aprendido a tener miedo. Y quien obedece porque le amenazan con quedarse sin Navidad quiz&aacute; no comprenda qu&eacute; ha hecho mal, pero s&iacute; descubra que aquello que m&aacute;s ilusi&oacute;n le hace puede convertirse en moneda de cambio.
    </p><p class="article-text">
        La rabia tampoco suele ser buena consejera educativa. Cuando estamos desbordados, pronunciamos frases que no representan lo que realmente queremos transmitir. Confundimos poner l&iacute;mites con imponer castigos desproporcionados y, en ocasiones, exigimos a nuestros hijos una regulaci&oacute;n emocional que nosotros mismos estamos teniendo dificultades para sostener.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay una paradoja maravillosa en la crianza: pedimos calma gritando, respeto amenazando y confianza sembrando miedo. Conviene decirlo tambi&eacute;n: las familias no necesitan otro dedo acusador. Educar cansa, desborda y, a veces, nos coloca frente a nuestras propias inseguridades. Nadie viene al mundo con un manual de crianza debajo del brazo. Y reconocer que nos hemos equivocado no nos resta autoridad; nos hace m&aacute;s humanos.
    </p><p class="article-text">
        Desde la educaci&oacute;n social sabemos que los l&iacute;mites son necesarios. Los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as necesitan referencias, normas y personas adultas capaces de sostenerlas. Pero un l&iacute;mite no necesita dar miedo para ser firme, ni una consecuencia necesita humillar para ense&ntilde;ar. La autoridad educativa no se mide por el tama&ntilde;o de nuestras amenazas, sino por la coherencia entre lo que decimos, hacemos y acompa&ntilde;amos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; deber&iacute;amos preguntarnos con m&aacute;s frecuencia qu&eacute; hay detr&aacute;s de nuestros mensajes. &iquest;Estoy ense&ntilde;ando o descargando mi frustraci&oacute;n? &iquest;Quiero que comprenda o necesito que deje de molestarme? &iquest;Estoy respondiendo a su comportamiento o a mi propio cansancio?
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n emocional no consiste en no enfadarse nunca. Consiste en reconocer cu&aacute;ndo el enfado est&aacute; tomando las decisiones por nosotros. En saber pedir disculpas, reparar, escuchar y volver a intentarlo. Y tambi&eacute;n en comprender que detr&aacute;s de determinados comportamientos infantiles puede haber miedo, necesidad de atenci&oacute;n, inseguridad o dificultades que merecen ser escuchadas. Fortalecer los v&iacute;nculos socioafectivos significa precisamente eso: construir relaciones donde exista confianza para contar lo que sucede, seguridad para equivocarse y afecto que no dependa de portarse siempre bien.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez esta noche, en alguna casa, vuelva a aparecer el coco. O alguien amenace con cancelar la Navidad antes de que llegue noviembre. Si ocurre, quiz&aacute; merezca la pena recordar que nuestros hijos no necesitan personas adultas perfectas, sino personas adultas disponibles, coherentes y capaces de reconocer sus errores. Y, sobre todo, que la infancia ya tiene suficientes monstruos imaginarios como para que los adultos nos empe&ntilde;emos en hacerlos reales.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, el mejor regalo educativo no lo traen los Reyes Magos ni lo esconde ninguna cajonera: es la tranquilidad de saber que, incluso cuando nos equivocamos, seguimos siendo queridos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga, Presidente del Colegio Profesional de Educación Social de La Rioja (CEESRIOJA)]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/coco-no-vino-factura-miedo-si_129_13623722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Oct 2026 09:29:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El coco no vino, pero la factura del miedo sí]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Tanto ruido para esto?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ruido_129_13614706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay decepciones que duelen m&aacute;s por lo que promet&iacute;an que por lo que finalmente han sido. Y quiz&aacute; eso es lo que ha ocurrido con Gabriel Rufi&aacute;n y su empe&ntilde;o por construir un espacio com&uacute;n para las izquierdas. Durante meses, sus palabras consiguieron poner sobre la mesa una cuesti&oacute;n que muchos compartimos: &iquest;tiene sentido que las fuerzas progresistas sigan compitiendo entre s&iacute; cuando saben que la fragmentaci&oacute;n puede terminar favoreciendo a quienes defienden un proyecto pol&iacute;tico radicalmente distinto?
    </p><p class="article-text">
        Rufi&aacute;n reclam&oacute; generosidad. Pidi&oacute; a los partidos que renunciaran a parte de sus intereses particulares para construir una alternativa m&aacute;s amplia. Habl&oacute; de la necesidad de superar las siglas, los c&aacute;lculos electorales y las peque&ntilde;as disputas que tantas veces terminan convirtiendo la pol&iacute;tica en un ejercicio de supervivencia de las propias organizaciones.&nbsp;Era una propuesta necesaria aunque quiz&aacute; demasiado ingenua, si de verdad esperaba que bastara con se&ntilde;alar el problema para que quienes llevan a&ntilde;os instalados en &eacute;l decidieran resolverlo.
    </p><p class="article-text">
        Porque, llegado el momento de la verdad, la gran operaci&oacute;n de unidad no ha sido posible. ERC y Podemos han alcanzado un acuerdo limitado a Catalu&ntilde;a, mientras que las negociaciones entre Podemos y el Frente Amplio han terminado sin un entendimiento general. El propio Rufi&aacute;n ha reconocido su fracaso y ha pedido disculpas a la ciudadan&iacute;a por el espect&aacute;culo ofrecido. &iquest;Tanto ruido para esto?
    </p><p class="article-text">
        Aunque no ser&iacute;a justo concluir que todo ha sido in&uacute;til. Rufi&aacute;n ha contribuido a poner en circulaci&oacute;n una pregunta inc&oacute;moda y necesaria. Pero s&iacute; cabe preguntarse qu&eacute; queda de aquella ambici&oacute;n inicial cuando el resultado termina siendo mucho m&aacute;s limitado que las expectativas que se hab&iacute;an generado.&nbsp;Y aqu&iacute; aparece la contradicci&oacute;n que merece una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda, ya que la generosidad que se reclamaba a los dem&aacute;s parece haberse encontrado con dificultades cuando ERC y Podemos han tenido que concretar sus propios acuerdos. Cabe preguntarse si, adem&aacute;s de intentar simplificar la oferta electoral, cada organizaci&oacute;n ha sabido resistir la tentaci&oacute;n de aprovechar el proceso para reforzar su propia posici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque una cosa es defender la unidad como proyecto colectivo y otra convertirla, consciente o inconscientemente, en una oportunidad para mejorar la proyecci&oacute;n de los propios liderazgos. La alianza catalana puede contribuir a ampliar la visibilidad de Rufi&aacute;n entre sectores menos identificados con el independentismo y ofrecer a Irene Montero una plataforma de proyecci&oacute;n compartida. Lo preocupante es que, mientras se discut&iacute;a c&oacute;mo construir un proyecto com&uacute;n, el debate parec&iacute;a volver una y otra vez a las mismas preguntas de siempre: qui&eacute;n encabeza la candidatura, qui&eacute;n conserva su espacio, qui&eacute;n renuncia y qui&eacute;n obtiene mayor protagonismo. Y as&iacute; resulta dif&iacute;cil construir algo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco estamos ante un problema exclusivo de ERC y Podemos. La reciente disputa entre Chunta Aragonesista e Izquierda Unida a ra&iacute;z de la decisi&oacute;n de no presentar candidatura al Congreso por Teruel demuestra que las dificultades se reproducen incluso entre organizaciones que ya han decidido concurrir juntas en otros territorios. Chunta ha defendido su decisi&oacute;n como una forma de evitar la dispersi&oacute;n del voto; IU ha cuestionado el procedimiento y ha lamentado que Teruel se quede sin una candidatura propia de la coalici&oacute;n. De nuevo, todos pueden encontrar razones para defender su posici&oacute;n. Pero la pregunta sigue siendo la misma: &iquest;qu&eacute; significa realmente actuar con generosidad cuando las decisiones afectan a los propios intereses?
    </p><p class="article-text">
        Porque la unidad no puede consistir en pedir a los dem&aacute;s que renuncien mientras uno mismo se reserva el derecho a decidir d&oacute;nde y cu&aacute;ndo hacerlo. Tampoco puede construirse a base de reproches p&uacute;blicos, negociaciones interminables y agravios que terminan ocupando m&aacute;s espacio que las propuestas pol&iacute;ticas que deber&iacute;an unir a quienes las defienden.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, hay motivos para no darlo todo por perdido.
    </p><p class="article-text">
        El acuerdo entre el PSOE y las formaciones del Frente Amplio para concurrir conjuntamente al Senado demuestra que, cuando existe voluntad, es posible superar diferencias y buscar un objetivo compartido. No es un acuerdo que borre las discrepancias ni que resuelva todos los problemas de la izquierda. Pero s&iacute; constituye un ejemplo de que las organizaciones pueden entender que, en determinadas circunstancias, el inter&eacute;s colectivo debe pesar m&aacute;s que la comodidad de presentarse por separado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora queda por ver si esa generosidad ser&aacute; tambi&eacute;n rec&iacute;proca cuando llegue el momento de votar. &iquest;Seremos capaces de superar los escr&uacute;pulos que a unos y a otros pueda producirnos marcar la casilla de quien hasta ayer era el adversario pol&iacute;tico? &iquest;Podremos entender que votar a una candidatura compartida no significa renunciar a nuestras convicciones ni olvidar nuestras diferencias, sino reconocer que hay objetivos que merecen un esfuerzo com&uacute;n?
    </p><p class="article-text">
        No se trata de pedir a nadie que deje de pensar por s&iacute; mismo. Ni de sostener que cualquier pacto es bueno por el simple hecho de reunir siglas. Se trata de distinguir entre las diferencias que realmente impiden compartir un proyecto y aquellas que, en ocasiones, se convierten en una excusa para no asumir los costes de la cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n de comprender las reglas del juego electoral. En el Congreso, la fragmentaci&oacute;n puede tener consecuencias importantes en el reparto de esca&ntilde;os mediante la Ley D'Hondt, especialmente en las circunscripciones peque&ntilde;as como la nuestra. En el Senado, donde se vota a candidatos individuales y el sistema favorece a las candidaturas m&aacute;s votadas, la concentraci&oacute;n del voto puede resultar todav&iacute;a m&aacute;s determinante.
    </p><p class="article-text">
        No es una cuesti&oacute;n de aritm&eacute;tica fr&iacute;a frente a principios pol&iacute;ticos. Es precisamente una cuesti&oacute;n de responsabilidad pol&iacute;tica, de saber qu&eacute; queremos conseguir y actuar con inteligencia para aumentar las posibilidades de lograrlo.
    </p><p class="article-text">
        En estas pr&oacute;ximas elecciones quiz&aacute; deber&iacute;amos conceder menos protagonismo a las tripas y m&aacute;s a la raz&oacute;n. Menos a los agravios, las purezas ideol&oacute;gicas y las fronteras entre siglas y m&aacute;s a la capacidad de entendernos sin exigir que el otro deje de ser quien es. Porque las convicciones importan, pero no deber&iacute;an convertirse en una coartada para renunciar a objetivos que decimos compartir.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda no tiene por qu&eacute; pensar igual en todo. Ni necesita borrar sus diferencias para trabajar junta. Lo que necesita es demostrar que sabe distinguir entre la pluralidad, que es una riqueza, y la fragmentaci&oacute;n, que puede terminar siendo una debilidad.
    </p><p class="article-text">
        La decepci&oacute;n que deja la iniciativa de Rufi&aacute;n deber&iacute;a servir, al menos, para aprender algo. No basta con reclamar generosidad. Hay que practicarla. No basta con denunciar la divisi&oacute;n. Hay que estar dispuesto a asumir las renuncias que exige superarla. Y no basta con hablar de responsabilidad electoral si, cuando llega el momento decisivo, pesan m&aacute;s las siglas que el resultado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ruido_129_13614706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2026 09:49:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Tanto ruido para esto?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El voto ejemplar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/voto-ejemplar_129_13613912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &mdash;&iquest;A qui&eacute;n votar&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;A quien <em>se</em> represente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le desconcierta la respuesta de su interlocutor, que ha enfatizado el transitivo con un <em>se </em>vibrante que ofende su propia sutileza. Est&aacute; acostumbrado a la habilidad de su amigo para enredar los significados mediante juegos de palabras, paradojas y ox&iacute;moron, pero no recurre a esas diversiones sugestivas cuando conversan sobre pol&iacute;tica o, ser&iacute;a m&aacute;s exacto, cuando conversan sobre la actualidad pol&iacute;tica. En este &uacute;ltimo caso, su discurso sustituye el ingenio o la gracia por una concisi&oacute;n dura, seca, sentenciosa, sin funambulismos ret&oacute;ricos, como de pericial forense. &ldquo;No es que me disguste o me incomode que hablemos sobre la actualidad pol&iacute;tica&rdquo;, le explic&oacute; una vez, con un cierto envanecimiento por que la transformaci&oacute;n de su estilo hubiera sido captada o descubierta, &ldquo;sino que es un di&aacute;logo que se nos impone, mientras que la especulaci&oacute;n creativa bebe de la libertad y la espontaneidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Han comprobado, pues, que su amigo no lo es de las respuestas directas o conclusivas. Como cualquier amante de la digresi&oacute;n (especie que la comunicaci&oacute;n contempor&aacute;nea ha condenado a la extinci&oacute;n, de modo que hay que clamar por que se salvaguarde como un patrimonio inmaterial de la humanidad, en tanto que pocas compa&ntilde;&iacute;as son tan deliciosas como las de un interlocutor que es capaz de convertir una an&eacute;cdota trivial en una disertaci&oacute;n filos&oacute;fica), prefiere el m&eacute;todo deductivo al inductivo, esto es, prioriza exponer los criterios que le conducen a decantar un cierto voto antes de afirmar su voto, en lugar de afirmar su voto y, una vez afirmado, exponer los criterios por los que lo ha elegido. Tambi&eacute;n deber&iacute;a protegerse a esta especie c&iacute;vica, igual de extra&ntilde;a o moribunda que la del divagador: la del ciudadano que no contesta <em>a qui&eacute;n </em>votar&aacute;, sino <em>por qu&eacute; </em>votar&aacute;, y que, por eso, puede llegar a debatir, en una sana may&eacute;utica que va avanzando al ritmo de la palabra intercambiada, sobre las razones de su voto, que no est&aacute; cautivo por una lealtad emotiva o mercadot&eacute;cnica. As&iacute; que, una vez que su amigo reconoce su inter&eacute;s (mudo, pero manifestado en el arqueamiento de cejas), perora:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Recuerdas los <em>exemplum? </em>Esas f&aacute;bulas prestigiadas durante la Edad Media, tanto por literatos como por predicadores, y que nuestra posmodernidad ha enterrado por su sesgo moralizante. &mdash;Los recuerda, s&iacute;, porque hace unas semanas elucubraron sobre el mestizaje entre la moral hind&uacute; y la moral cat&oacute;lica a trav&eacute;s de la difusi&oacute;n de la traducci&oacute;n alfons&iacute; del <em>Calila e Dimna. </em>&mdash;Las moralejas pueden resultar anticuadas en una cosmovisi&oacute;n democr&aacute;tica que exige, como presupuesto, el relativismo. De hecho, advierte que el p&eacute;ndulo ha oscilado hacia el &aacute;ngulo opuesto: en el mundo cl&aacute;sico aprend&iacute;an de las virtudes de los h&eacute;roes, mientras que un rasgo de nuestra posmodernidad es que nos interesan las biograf&iacute;as poco edificantes o perturbadoras. Esta diferencia fractura el flujo natural e instintivo del aprendizaje, que se basa en la m&iacute;mesis del comportamiento ideal evocado, mientras que ahora, en vez de repetir, primero debemos disentir y repudiar: no ser espejos, sino lentes convergentes. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bebe un trago de vino. El c&oacute;digo interno de los contertulios identifica este gesto con un aviso para que su amigo detenga la espiral de digresiones (no la digresi&oacute;n principal, sino que esa digresi&oacute;n primitiva se multiplique) de la que luego raramente sabe regresar. Otros d&iacute;as, tratando otros temas, no le importar&iacute;a que se sumiera en esa vor&aacute;gine, le entretendr&iacute;a y le retar&iacute;a intelectualmente, pero ahora agradecer&iacute;a que asomara esa sobriedad ling&uuml;&iacute;stica que suele reservar a la cr&iacute;tica de la actualidad pol&iacute;tica. Su interlocutor comprende el signo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Esos ap&oacute;logos siguen un esquema maniqueo, si quieres calificarlo as&iacute; (lo que entra&ntilde;a, en s&iacute; mismo, una descripci&oacute;n maniquea), pero extraordinariamente eficaz para conformar una <em>praxis, </em>una &eacute;tica: los personajes no teorizan, sino que act&uacute;an, y son sus acciones las que se recompensan o se castigan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ya teoriza despu&eacute;s el narrador, cuando subraya la moraleja.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No cabe resquicio para una interpretaci&oacute;n ambigua, lo que, claro, resulta art&iacute;sticamente empobrecedor; pero esa moraleja est&aacute; respaldada en un hecho pr&aacute;ctico, no es abstracta. Los modelos que se premian o sancionan son conductas, no ideas pensadas o expresadas. &iexcl;Son conductas! Por resumir: subyace esa reflexi&oacute;n neotestamentaria, que desde luego influy&oacute; en la construcci&oacute;n ideol&oacute;gica de tales alegor&iacute;as, de que &ldquo;por sus obras los conocer&eacute;is&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Empieza a dilucidar su argumento, aunque le parezca simp&aacute;tico o ir&oacute;nico que su amigo, que tanto gusta de emborracharse de imaginaci&oacute;n escol&aacute;stica (y de ah&iacute; su apego a la Edad Media), est&eacute; reivindicando la dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica de la vida. Sabe adaptarse al medio, piensa, o quiz&aacute; s&oacute;lo est&eacute; jugando con &eacute;l. En cualquier caso, le ofrece la r&eacute;plica que est&aacute; aguardando:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Sin embargo, ahora se nos pide que votemos programas electorales. Ideas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Por eso, la gente se equivoca cuando se queja de que &ldquo;Los pol&iacute;ticos no <em>me</em> representan&rdquo;. Deber&iacute;an quejarse de que muchos pol&iacute;ticos <em>representan, </em>pero no <em>se </em>representan a s&iacute; mismos, a las convicciones que supuestamente defienden. La escisi&oacute;n crucial de nuestro tiempo, fruto de la propaganda de los totalitarismos, no enfrenta a las &eacute;lites con el pueblo, qu&eacute; va, las clases han sido suplantadas por las tribus; sino que enfrenta, casi rayando en la esquizofrenia, el discurso y la imagen proyectada con la vida verdadera de nuestros representantes p&uacute;blicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;En fin, que votar&aacute;s a quien viva de forma coherente con lo que propugne. &iquest;Indagar&aacute;s en sus vidas privadas?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, no se reduce a eso, porque la coherencia no es m&aacute;s que un concepto l&oacute;gico y la l&oacute;gica nos remite, de nuevo, a un planteamiento te&oacute;rico insuficiente: se puede posar para pasar por coherente. Votar&eacute; a quien sea ejemplar, pero no necesariamente como referente c&iacute;vico (lo que, por lo dem&aacute;s, ser&iacute;a el deseable estadio superior), sino que sean ejemplos en el sentido de las referidas f&aacute;bulas medievales: un modelo pr&aacute;ctico, vital, de su propuesta te&oacute;rica, ideol&oacute;gica. Y, s&iacute;, estoy convencido de que no se puede disociar, o no al menos de manera permanente, la personalidad p&uacute;blica de la privada, y viceversa, son una unidad con distintas facetas o escenarios.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tu idolatrado Garc&iacute;a Marqu&eacute;z adoraba los Mercedes, pero luego se limpiaba la culpa pringosa de que los fabricara un sistema capitalista explotador, que tanto censuraba. &mdash;Sabe que le picar&aacute; la alusi&oacute;n al escritor colombiano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Podr&iacute;a decirse que fue ejemplar, un ejemplo de su arte, de su movimiento literario: el realismo m&aacute;gico, el pensamiento m&aacute;gico, impregnaba su vida. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Entonces&hellip; &iquest;Votar&iacute;as a un corrupto que prometa derogar el delito de malversaci&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se r&iacute;e socarronamente y bebe de su jarra de cerveza. La obsesi&oacute;n por la originalidad tiene esta contrapartida: cuando se la retuerce y retuerce para desafiar y desafiar las convenciones y los t&oacute;picos, la reducci&oacute;n al absurdo la acaba encerrando dentro de una trampa saducea. La agudeza no es inagotable, y por eso, aunque cada individuo disponga de una dosis diferente, no debe abusarse de su consumo. Su amigo detecta que ha llegado a esa trampa, as&iacute; que utiliza la inflexi&oacute;n para que emerja su laconismo t&iacute;pico cuando habla de la actualidad pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Escoger&iacute;a el ejemplo m&aacute;s bondadoso entre la oferta de ejemplos. Pero, siempre, un ejemplo. Lo que me sobran son las m&aacute;scaras y las declamaciones. El bien com&uacute;n o el inter&eacute;s general no necesitan s&iacute;mbolos, sino conductas personales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Y qui&eacute;n puede prescindir de la hipocres&iacute;a? En eso, los pol&iacute;ticos s&iacute; que <em>nos </em>representan.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Ah&iacute; radicar&iacute;a, pues, su mayor servicio p&uacute;blico: en que prescindan de lo que los dem&aacute;s no podemos prescindir. Que no <em>nos</em> representen ni <em>representen,</em> pero que <em>se </em>representen.
    </p><p class="article-text">
        Ahora beben los dos a la vez y, despu&eacute;s, guardan un silencio ritual y nost&aacute;lgico, como el que inspiran los ideales crepusculares, antes de empezar un nuevo tema de conversaci&oacute;n cuyas digresiones no les precipiten hacia un callej&oacute;n sin salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/voto-ejemplar_129_13613912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Oct 2026 17:09:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El voto ejemplar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pantalla que nos piensa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pantalla-piensa_129_13613151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Adentr&eacute;monos en el mecanismo que hace posible la colonizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica de la atenci&oacute;n y el deseo. Las plataformas distraen, pero sobre todo han acabado siendo arquitectas de la subjetividad de quienes las usan: externalizan funciones cognitivas y emocionales que solemos considerar el n&uacute;cleo de lo humano. La paradoja es terminal: cuantos m&aacute;s datos damos para que el algoritmo nos entienda, m&aacute;s se desdibuja la posibilidad de un yo no mediatizado por sus sugerencias.
    </p><p class="article-text">
        Conviene precisar qu&eacute; significa aqu&iacute;&nbsp;<em>yo no mediatizado</em>. Sostengo que ning&uacute;n yo ha existido al margen de las mediaciones: el lenguaje, las relaciones sociales, las instituciones y las tecnolog&iacute;as participan desde siempre en la formaci&oacute;n de la subjetividad. Lo espec&iacute;fico de la plataforma es que convierte parte de esa mediaci&oacute;n en una infraestructura comercial que registra, clasifica y optimiza la conducta de quien la usa, con el&nbsp;<em>engagement</em>&nbsp;como criterio de &eacute;xito. La cuesti&oacute;n pol&iacute;tica es impedir que esa mediaci&oacute;n concreta se convierta en la condici&oacute;n dominante de la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        La promesa original de Silicon Valley era liberadora: conectar a la gente y darle voz. Sin embargo, como ha documentado Shoshana Zuboff, el modelo de negocio que triunf&oacute; fue la extracci&oacute;n de datos de comportamiento para predecir &mdash;y modificar&mdash; la conducta futura a escala masiva. Cada&nbsp;<em>like</em>, cada pausa de milisegundos en un v&iacute;deo, cada patr&oacute;n de&nbsp;<em>scroll </em>es una min&uacute;scula confesi&oacute;n inconsciente que alimenta un perfil de probabilidades. El objetivo &uacute;ltimo es reducir la incertidumbre del comportamiento humano y convertir la libertad en una variable predecible y rentable; la publicidad es una de las formas de cobrarlo. La relaci&oacute;n es simbi&oacute;tica: quien usa la plataforma produce la materia prima (datos), se convierte en producto (perfil) y consume lo que ese perfil sugiere (contenidos y bienes). En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n Digital 2026 (We Are Social y Meltwater, con datos de finales de 2025), las personas usuarias de internet dedican 34 horas y 17 minutos semanales a estar conectadas, y 16 horas y 23 minutos de ellas a las redes sociales; otras mediciones dan menos: el Estudio de Redes Sociales 2026 de IAB Spain sit&uacute;a el tiempo medio en redes en torno a una hora diaria.
    </p><p class="article-text">
        Sostengo que el poder de estas plataformas se reparte entre cuatro capas que se refuerzan entre s&iacute;: el capital que exige crecimiento (el modelo de extracci&oacute;n de Zuboff), los Estados que regulan o toleran, las arquitecturas t&eacute;cnicas que hacen m&aacute;s probables unas conductas que otras y las propias personas usuarias, que reproducen el sistema cada vez que lo usan; los estudios que siguen documentan las dos &uacute;ltimas. El algoritmo es la parte visible de esa relaci&oacute;n, y por eso importa qui&eacute;n decide qu&eacute; optimiza, con qu&eacute; datos, qui&eacute;n puede auditarlo y qui&eacute;n soporta los costes cuando produce da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La memoria, lejos de ser un archivo individual, es un proceso social y situado. Maurice Halbwachs lo formul&oacute; desde la sociolog&iacute;a con su concepto de&nbsp;<em>memoria colectiva</em>; Paul Connerton, desde la antropolog&iacute;a, estudi&oacute; c&oacute;mo las sociedades recuerdan a trav&eacute;s de rituales y gestos del cuerpo, y Marc Aug&eacute; sostuvo que el olvido forma parte de la memoria. Delegar esa funci&oacute;n tampoco es nuevo: Andr&eacute; Leroi-Gourhan vio en la exteriorizaci&oacute;n de la memoria, primero en la herramienta y despu&eacute;s en la escritura, un rasgo de la especie, y en el&nbsp;<em>Fedro</em>&nbsp;Plat&oacute;n tem&iacute;a que escribir debilitara el recuerdo. Lo nuevo es a qui&eacute;n se delega: hoy, a servidores de empresas privadas, y la pregunta es qui&eacute;n decide qu&eacute; se olvida. La funci&oacute;n&nbsp;<em>Recuerdos</em>&nbsp;de Google Fotos, presentada en 2019, elige con aprendizaje autom&aacute;tico y reconocimiento facial las fotos de a&ntilde;os anteriores que ense&ntilde;a a cada persona, seg&uacute;n criterios de&nbsp;<em>mejor foto</em>&nbsp;que la empresa no detalla. La memoria se convierte en un producto prefabricado, un&nbsp;<em>highlight reel</em>&nbsp;que omite los momentos grises, los conflictos, la ambig&uuml;edad.
    </p><p class="article-text">
        Hay una diferencia que conviene se&ntilde;alar. La memoria colectiva de Halbwachs se construye en grupos, mediante relaciones, conversaciones, rituales y marcos compartidos; la memoria algor&iacute;tmica es otra estructura: el servidor selecciona para cada individuo lo que puede reconstruirse a partir de sus registros y se lo devuelve como experiencia personal. La externalizaci&oacute;n pasa as&iacute; a ser tambi&eacute;n una&nbsp;<em>desocializaci&oacute;n</em>: el criterio de selecci&oacute;n deja de ser comunitario y se vuelve computacional. El resultado se parece menos a una memoria colectiva que a una memoria solipsista asistida: una biograf&iacute;a que una infraestructura privada recompone para su propio usuario.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, el deseo se pre-formatea. Plataformas como Spotify o Netflix moldean los gustos que dicen reflejar mediante bucles de retroalimentaci&oacute;n. Seg&uacute;n G&oacute;mez-Uribe y Hunt (2015), las recomendaciones influ&iacute;an entonces en aproximadamente el 80% de las horas vistas en Netflix. En Spotify, un estudio de Ashton Anderson y sus colegas (2020) asoci&oacute; el consumo guiado por recomendaciones con menor diversidad musical, y ese mismo a&ntilde;o David Holtz y su equipo, en un experimento aleatorizado con podcasts, vieron que la personalizaci&oacute;n reduc&iacute;a un 11,5% la diversidad de lo que escuchaba cada persona y aumentaba un 5,96% la del conjunto: cada oyente recibe m&aacute;s de lo mismo y el p&uacute;blico se fragmenta en grupos homog&eacute;neos por dentro. Es lo que Eli Pariser denomin&oacute;&nbsp;<em>burbuja de filtro</em>: un entorno personalizado que, al priorizar la relevancia algor&iacute;tmica, a&iacute;sla en una realidad cultural recortada y autorreforzada. Nick Seaver, antrop&oacute;logo que ha estudiado a quienes dise&ntilde;an estos sistemas, los describe como trampas pensadas para capturar la atenci&oacute;n. El algoritmo estrecha el horizonte hacia lo previsible, y el deseo deja de ser una exploraci&oacute;n para convertirse en una confirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El mecanismo tiene, sin embargo, una grieta. El estudio de Anderson encuentra que quienes ampl&iacute;an su diversidad musical lo hacen desplaz&aacute;ndose del consumo algor&iacute;tmico al org&aacute;nico: la desviaci&oacute;n forma parte de la conducta observable de los usuarios. El estudio observa trayectorias, y leerlas como resistencia es una interpretaci&oacute;n m&iacute;a: la subjetividad algor&iacute;tmica necesita que se sigan aceptando sus propuestas, y la resistencia empieza en el peque&ntilde;o margen entre lo que el sistema predice que se quiere y lo que alguien decide probar, como saltar una sugerencia, elegir algo que no encaja con el historial o seguir una recomendaci&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; van Dijck llama&nbsp;<em>memorias mediadas</em>&nbsp;a la manera en que los medios participan en c&oacute;mo construimos el pasado, el presente y el futuro de nosotros mismos en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s. De ah&iacute; sale una memoria algor&iacute;tmica que se convierte en el nuevo canon biogr&aacute;fico: una narrativa de lo vivido filtrada por lo que es registrable, cuantificable y, sobre todo, compatible con la l&oacute;gica del&nbsp;<em>engagement</em>. La memoria deja de ser un di&aacute;logo con el pasado y se vuelve un producto de consumo personalizado.
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica de captura es una decisi&oacute;n de dise&ntilde;o. La arquitectura de estas plataformas explota sesgos cognitivos ancestrales, como el miedo a perderse algo (<em>FOMO</em>) o la b&uacute;squeda de validaci&oacute;n social. Las notificaciones, los&nbsp;<em>likes</em>&nbsp;y los seguidores funcionan como recompensas sociales intermitentes, en una l&oacute;gica que recuerda a la que Natasha Dow Sch&uuml;ll describi&oacute; tras quince a&ntilde;os de trabajo de campo con jugadores de m&aacute;quinas tragaperras en Las Vegas. Bj&ouml;rn Lindstr&ouml;m y sus colegas analizaron en 2021 m&aacute;s de un mill&oacute;n de publicaciones de m&aacute;s de 4.000 personas y vieron que la publicaci&oacute;n en redes se ajusta al aprendizaje por refuerzo: se publica m&aacute;s cuando llegan m&aacute;s&nbsp;<em>likes</em>. Marcel Mauss describi&oacute; en 1925 la triple obligaci&oacute;n de dar, recibir y devolver; desde esa lectura, un&nbsp;<em>like</em>&nbsp;es un don m&iacute;nimo que invita a la reciprocidad, y la plataforma convierte esa deuda en un n&uacute;mero. El resultado es una reconfiguraci&oacute;n de la experiencia emocional, adem&aacute;s de una p&eacute;rdida de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Reducir el sistema a una maquinaria de captura ser&iacute;a insuficiente: las plataformas retienen tambi&eacute;n con experiencias genuinamente placenteras, como una recomendaci&oacute;n acertada, una conversaci&oacute;n que reconforta, una canci&oacute;n desconocida que ampl&iacute;a un gusto o una comunidad que da compa&ntilde;&iacute;a. La cr&iacute;tica no puede apoyarse, por tanto, en la idea de un usuario enga&ntilde;ado por un sistema que no desea. La eficacia de la econom&iacute;a de la atenci&oacute;n reside en que mezcla utilidad, descubrimiento, sociabilidad y placer con mecanismos dise&ntilde;ados para prolongar la permanencia, y la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica es qu&eacute; ocurre cuando experiencias que valen por s&iacute; mismas quedan integradas en infraestructuras cuyo incentivo econ&oacute;mico es maximizar la atenci&oacute;n que producen.
    </p><p class="article-text">
        Adam Gazzaley y Larry Rosen, en&nbsp;<em>The Distracted Mind</em>&nbsp;(2016), explican por qu&eacute; el cerebro, hecho para otro entorno, est&aacute; mal preparado para la multitarea con dispositivos, y apuntan a la ansiedad por estar incomunicado aunque sea un instante. La revisi&oacute;n de Melina Uncapher y Anthony Wagner (2018) asocia la multitarea medi&aacute;tica intensa con m&aacute;s lapsos de atenci&oacute;n sostenida, aunque Wagner advierte de que los datos no prueban causalidad.
    </p><p class="article-text">
        Entre los adolescentes espa&ntilde;oles, la encuesta ESTUDES 2023 (42.208 estudiantes de 14 a 18 a&ntilde;os) sit&uacute;a el uso problem&aacute;tico de internet en el 20,5%, con un 25,9% entre las chicas y un 15,3% entre los chicos. En el Bar&oacute;metro de UNICEF Espa&ntilde;a 2023-2024 (4.740 adolescentes de 13 a 18 a&ntilde;os), el 41,1% dice haber tenido, o creer haber tenido, un problema de salud mental en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, y solo el 32,3% cree que usar demasiado el m&oacute;vil o internet perjudica la salud mental de los j&oacute;venes de su edad. Ninguna de las dos fuentes mide ansiedad ni establece causas, as&iacute; que no uno unas cifras con otras. Vivimos en un r&eacute;gimen de estimulaci&oacute;n constante que entrena para el&nbsp;<em>zapping</em>&nbsp;emocional y dificulta la tolerancia al aburrimiento, a la soledad no mediada, al pensamiento lento y profundo que requiere cualquier proyecto vital s&oacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        A la cantidad de atenci&oacute;n capturada se suma la forma temporal que impone la captura. La actualizaci&oacute;n continua hace que siempre pueda haber una publicaci&oacute;n, una respuesta o una notificaci&oacute;n que deje el presente incompleto, y el tiempo pasa de ser una sucesi&oacute;n de momentos con principio y final a ser una disponibilidad permanente a la novedad. Pensar, recordar y construir relaciones requieren intervalos sin est&iacute;mulo, espera y duraci&oacute;n. La aceleraci&oacute;n digital, que enlaza con la aceleraci&oacute;n social que describe Hartmut Rosa, dificulta sobre todo que determinados momentos terminen, y plantea un problema de soberan&iacute;a temporal: qui&eacute;n puede interrumpir el presente de una persona y qui&eacute;n obtiene valor econ&oacute;mico de mantenerlo abierto indefinidamente.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica alcanza su paradoja m&aacute;s c&iacute;nica en la figura del&nbsp;<em>influencer</em>&nbsp;y en la presi&oacute;n social por convertir la propia vida en contenido. El adanismo &mdash;la pretensi&oacute;n de empezar desde cero&mdash; se tecnifica aqu&iacute;: se ofrece la ilusi&oacute;n de autenticidad mientras se sigue un guion algor&iacute;tmicamente optimizado, y la autenticidad se mide en m&eacute;tricas de&nbsp;<em>engagement</em>. Theresa Senft acu&ntilde;&oacute; en 2008 el t&eacute;rmino&nbsp;<em>microcelebridad</em>&nbsp;para las mujeres que retransmit&iacute;an su vida por webcam, y Sarah Banet-Weiser llama, en&nbsp;<em>Empowered</em>&nbsp;(2018),&nbsp;<em>econom&iacute;a de la visibilidad</em>&nbsp;al contexto medi&aacute;tico del capitalismo avanzado y las plataformas en red, en el que lo decisivo es hacerse visible. Todo ello crea sujetos permanentemente escindidos: uno que vive y otro que observa y edita esa vida. Erving Goffman, como vimos en&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/rostro-exige_129_13561153.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El rostro que se nos exige</em></a>, distingui&oacute; la regi&oacute;n anterior, donde se act&uacute;a ante los dem&aacute;s, de la posterior, donde la actuaci&oacute;n se relaja; en una plataforma la regi&oacute;n anterior no se apaga. La consecuencia es una alienaci&oacute;n profundizada: Marx la describi&oacute; respecto del fruto del trabajo en la f&aacute;brica cl&aacute;sica, y aqu&iacute; alcanza a la propia experiencia vivida, que debe traducirse y valorarse en&nbsp;<em>likes</em>&nbsp;para adquirir realidad social. Rosa la vincular&iacute;a con esa aceleraci&oacute;n y con la p&eacute;rdida de resonancia con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos de este sistema llegan m&aacute;s all&aacute; de la esfera psicol&oacute;gica: su l&oacute;gica opaca y orientada al crecimiento tiene costes que pagan otras personas. Los documentos que Frances Haugen filtr&oacute; en 2021 mostraron que Facebook (hoy Meta) conoc&iacute;a investigaciones propias sobre el efecto de Instagram en adolescentes, y solo se supo porque una exempleada los sac&oacute; a la luz; Meta respondi&oacute; que algunas de esas investigaciones hab&iacute;an sido interpretadas de forma incorrecta o fuera de contexto. M&aacute;s grave a&uacute;n son los desnudos falsos no consentidos. En enero de 2024 circularon masivamente en redes im&aacute;genes sexuales falsas de Taylor Swift generadas con IA. En 2023, en Almendralejo (Badajoz), quince menores crearon con aplicaciones de IA desnudos falsos de unas veinte compa&ntilde;eras, a partir de fotos de sus perfiles superpuestas a otros cuerpos, y los difundieron por WhatsApp. La sentencia 86/2024 del Juzgado de Menores de Badajoz, de 20 de junio de 2024, los declar&oacute; responsables de veinte delitos de pornograf&iacute;a infantil y veinte contra la integridad moral, con un a&ntilde;o de libertad vigilada.
    </p><p class="article-text">
        La violencia patriarcal ya exist&iacute;a y la IA le ofrece un acelerador: seg&uacute;n Deeptrace (2019), el 96% de los&nbsp;<em>deepfakes</em>&nbsp;en l&iacute;nea eran pornograf&iacute;a no consentida, y casi todos con rostros de mujeres. La IA generativa a&ntilde;ade una capacidad nueva: fabricar im&aacute;genes tan realistas que la distinci&oacute;n entre documento y ficci&oacute;n deja de ser evidente para quien las recibe. El da&ntilde;o no depende de que la imagen sea verdadera; basta con que resulte cre&iacute;ble u obligue a la persona representada a desmentir algo que nunca ocurri&oacute;. El cuerpo ajeno se convierte en materia prima para producir una apariencia de evidencia, con un coste de fabricaci&oacute;n m&iacute;nimo y la carga de demostrar la falsedad desplazada hacia quien aparece en la imagen. Son s&iacute;ntomas de una estructura que externaliza costes sociales y &eacute;ticos y privatiza beneficios, justo lo que&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-precio_129_13541618.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lo que no cabe en el precio</em></a>&nbsp;llamaba externalidad.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la desinformaci&oacute;n. En diciembre de 2024 el Tribunal Constitucional de Ruman&iacute;a anul&oacute; el proceso electoral presidencial, cuando la primera vuelta ya se hab&iacute;a celebrado, tras la desclasificaci&oacute;n de informes de inteligencia que atribu&iacute;an a una operaci&oacute;n vinculada a Rusia una campa&ntilde;a coordinada, con miles de cuentas en TikTok y Telegram; Mosc&uacute; neg&oacute; las acusaciones. Una realidad compartida intoxicada y polarizada erosiona el debate democr&aacute;tico, y el caso plantea una pregunta m&aacute;s dif&iacute;cil: &iquest;cu&aacute;ndo deja una elecci&oacute;n de poder considerarse expresi&oacute;n v&aacute;lida de la voluntad popular? Anular unos comicios para proteger su integridad puede ser necesario, pero abre un problema de legitimidad: la autoridad que declara intoxicado el proceso debe justificar qu&eacute; evidencia considera suficiente, y los mecanismos para detectar la manipulaci&oacute;n necesitan a su vez controles democr&aacute;ticos para no convertirse en una nueva fuente de poder opaco. A la pregunta de qui&eacute;n gana una elecci&oacute;n se suma otra: qui&eacute;n determina si las condiciones informativas en las que se celebr&oacute; permiten considerarla v&aacute;lida.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este panorama, las soluciones individuales (<em>desconectarse</em>) son insuficientes y a menudo un privilegio de clase; la resistencia significativa debe ser colectiva y estructural. Implica, primero, una alfabetizaci&oacute;n digital cr&iacute;tica que ense&ntilde;e a usar herramientas y tambi&eacute;n a comprender sus modelos de negocio y sus efectos psicosociales. En segundo lugar, exige reclamar soberan&iacute;a sobre los datos personales y luchar por marcos legales que vayan m&aacute;s all&aacute; del RGPD. La portabilidad ya la reconoce el RGPD (art. 20), y el Reglamento de Servicios Digitales de la UE obliga a las plataformas muy grandes a ofrecer al menos un sistema de recomendaci&oacute;n no basado en perfilado (art. 38) y abre el acceso a datos a investigadores acreditados (art. 40). Falta exigir que se cumplan, ampliarlos y comprobar que puedan ejercerse y producir conocimiento independiente sobre sistemas cuyo funcionamiento interno y escala superan la experiencia individual. En Espa&ntilde;a, el proyecto de ley org&aacute;nica de protecci&oacute;n de las personas menores en los entornos digitales, remitido al Congreso por el Consejo de Ministros en marzo de 2025 y todav&iacute;a en tramitaci&oacute;n, busca elevar a 16 a&ntilde;os la edad m&iacute;nima para abrir una cuenta en redes sociales; seg&uacute;n las enmiendas pactadas por PSOE y Sumar, las plataformas tendr&iacute;an que demostrar ante la CNMC que no usan dise&ntilde;os adictivos.
    </p><p class="article-text">
        El problema se formula as&iacute; en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos m&aacute;s precisos: est&aacute; en juego cu&aacute;nto tiempo pasan conectadas las personas y tambi&eacute;n qui&eacute;n puede intervenir sobre su atenci&oacute;n y bajo qu&eacute; condiciones. Tim Wu mostr&oacute; en&nbsp;<em>The Attention Merchants </em>(2016) c&oacute;mo la captura y reventa de la atenci&oacute;n se convirti&oacute; en el negocio definitorio de la &eacute;poca. La literatura sobre neuroderechos (Ienca y Andorno, 2017) propone una libertad cognitiva y una integridad mental pensadas sobre todo para la neurotecnolog&iacute;a, y trasladarlas a las plataformas es una discusi&oacute;n reciente; la Carta de Derechos Digitales de Espa&ntilde;a (2021) fue de los primeros documentos institucionales europeos en abordar la libertad cognitiva. El derecho europeo ya ofrece un punto de apoyo: el art&iacute;culo 25 del Reglamento de Servicios Digitales proh&iacute;be dise&ntilde;ar interfaces que enga&ntilde;en, manipulen o deterioren materialmente la capacidad de decidir con libertad e informaci&oacute;n. El objeto de la regulaci&oacute;n ser&iacute;an las arquitecturas que explotan sistem&aacute;ticamente vulnerabilidades atencionales sin que el usuario pueda comprender o controlar el proceso; la persuasi&oacute;n en general, inseparable de buena parte de la vida social, quedar&iacute;a fuera. Si la atenci&oacute;n es limitada y necesaria para pensar, decidir y participar pol&iacute;ticamente, su captura tiene una dimensi&oacute;n de derecho y de gobernanza, m&aacute;s all&aacute; de la gesti&oacute;n privada del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, y m&aacute;s ambiciosamente, la resistencia requiere imaginar y construir infraestructuras digitales cooperativas, basadas en protocolos abiertos y l&oacute;gicas no extractivas, como las que ensayan algunas plataformas del&nbsp;<em>fediverso </em>(Mastodon, PeerTube), en la l&iacute;nea de la producci&oacute;n entre pares basada en bienes comunes que estudia Yochai Benkler. Safiya Umoja Noble, en&nbsp;<em>Algorithms of Oppression</em>&nbsp;(2018), mostr&oacute; c&oacute;mo el buscador de Google reproduce las jerarqu&iacute;as racistas y sexistas del mundo anal&oacute;gico; esta transici&oacute;n hacia una l&oacute;gica digital com&uacute;n apunta a lo contrario: una tecnolog&iacute;a que sirva para empoderar comunidades y repartir el poder de narrar, recordar y decidir.
    </p><p class="article-text">
        El problema de la escala obliga a abandonar cualquier romanticismo sobre las alternativas. Como ya apareci&oacute; en&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no-precio_129_13541618.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Lo que no cabe en el precio</em></a>, una comunidad peque&ntilde;a puede gobernarse, y no est&aacute; claro que valga lo mismo para cientos de millones de personas: peque&ntilde;a, descentralizada o federada, ninguna de esas condiciones garantiza por s&iacute; sola que una infraestructura sea democr&aacute;tica. En Mastodon, un estudio de Aravindh Raman y sus colegas (2019) hall&oacute; que el 10% de las instancias alojaba a casi la mitad de los usuarios, y atribuye, con cautela, las ca&iacute;das de instancias individuales al car&aacute;cter voluntario de muchos administradores. Otro, de Spencer-Smith y Tomaz (2025,&nbsp;<em>Internet Policy Review</em>), con entrevistas a administradores de siete instancias, encontr&oacute; que tras la llegada masiva de usuarios de 2022 las instancias grandes y generalistas sufrieron el mayor estr&eacute;s de moderaci&oacute;n, con cargas que superaban sus recursos, mientras las peque&ntilde;as volv&iacute;an a su nivel anterior. La alternativa exige decidir qui&eacute;n mantiene las infraestructuras, qui&eacute;n paga ese trabajo, c&oacute;mo se reparten los costes de moderaci&oacute;n y qu&eacute; mecanismos de representaci&oacute;n permiten gobernar redes grandes sin reconstruir un centro privado de poder; sustituir una plataforma central por muchas peque&ntilde;as no lo resuelve.
    </p><p class="article-text">
        La regulaci&oacute;n pensada desde Europa tiene un alcance limitado: el RGPD y el DSA rigen dentro de la Uni&oacute;n, pero las plataformas operan transnacionalmente y la extracci&oacute;n de datos cruza jurisdicciones. Nick Couldry y Ulises Mejias llaman&nbsp;<em>colonialismo de datos</em>&nbsp;(<em>The Costs of Connection</em>, 2019) a un orden social en el que la extracci&oacute;n continua de datos de la vida humana beneficia a unas pocas empresas. Los documentos de Haugen dan un indicio de c&oacute;mo se reparten los costes: seg&uacute;n uno de ellos, el 87% del presupuesto de Facebook para clasificar desinformaci&oacute;n iba a Estados Unidos, mientras los usuarios de Norteam&eacute;rica eran en torno al 10% de los diarios, y en 2020 la empresa carec&iacute;a de clasificadores para detectar desinformaci&oacute;n en birmano o discurso de odio en oromo y am&aacute;rico; la empresa sostuvo que aplica la misma intensidad fuera de Estados Unidos. La externalizaci&oacute;n que opera dentro de una plataforma se reproduce as&iacute; a escala global: los beneficios se concentran donde se toman las decisiones y los costes recaen sobre quienes menos pueden intervenir en ellas.
    </p><p class="article-text">
        El reto es decidir qui&eacute;n gobierna las condiciones digitales en las que se recuerda, se desea, se conversa y se participa pol&iacute;ticamente; aprender a usar mejor la pantalla es una parte menor del problema. Si la atenci&oacute;n, los datos y las infraestructuras son recursos estrat&eacute;gicos, su gobierno no puede delegarse por entero en la rentabilidad privada. La respuesta democr&aacute;tica tendr&aacute; que combinar derechos individuales, obligaciones empresariales, investigaci&oacute;n independiente, infraestructuras alternativas y formas colectivas de gobierno capaces de intervenir sobre la escala y la propiedad de las plataformas.
    </p><p class="article-text">
        Zygmunt Bauman describi&oacute; en 1996 al peregrino, alguien con destino, como la figura de la modernidad, y al turista, que va de sensaci&oacute;n en sensaci&oacute;n, como una de las figuras de la posmodernidad, junto al paseante, el vagabundo y el jugador. Propongo leer el turismo digital como un r&eacute;gimen temporal: desplazarse de sugerencia en sugerencia, sin tiempo para el sentido y sin que nadie tenga que ordenar que se siga avanzando. Sociedades que guardaron su memoria fuera de s&iacute; ha habido muchas; seremos la primera que la guarda en un servidor ajeno y olvida la contrase&ntilde;a. Recuperar la pantalla como herramienta pasa por disputar las condiciones bajo las que la tecnolog&iacute;a organiza la atenci&oacute;n, la memoria y el deseo, sin esperar volver a un mundo sin tecnolog&iacute;a ni a una autonom&iacute;a pura que nunca existi&oacute;, y por recordar que, antes que usuarios, somos ciudadanos y cuerpos con memoria, deseo y tiempo finito.
    </p><p class="article-text">
        Frente a una pantalla que piensa por cada uno, la alternativa es pensar juntos, y eso requiere construir las condiciones sociales, pol&iacute;ticas y t&eacute;cnicas que lo permitan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pantalla-piensa_129_13613151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Oct 2026 09:36:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La pantalla que nos piensa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 55. Decidir el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-55-decidir-futuro_129_13611999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Falta algo m&aacute;s de un mes para las elecciones generales del 29N y he decidido fijarme en esas otras muchas cosas que pasan en la vida y de las que no hablamos, porque ya no se habla. Ahora se wasapea, se miran las redes sociales y se ven series en plataformas de televisi&oacute;n. Luego pasa lo que pasa.
    </p><p class="article-text">
        Se le atribuyen delitos tan graves, como el asesinato, a dos hombres utilizando sus fotograf&iacute;as y empleando nombres falsos. Situ&aacute;ndolos en Burgos, d&oacute;nde aseguran que han matado a una mujer y la verdad es que son dos j&oacute;venes que trabajan y residen en Barcelona y Manresa, respectivamente. El primero es estudiante, el segundo taxista y ni siquiera se conocen entre ellos, pero las redes sociales y la inteligencia artificial, sin encomendarse ni a Dios, ni al diablo han decidido machacar la vida de esas dos personas.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; falta hace hoy en d&iacute;a el periodismo riguroso y serio. Cu&aacute;nta necesidad tenemos de entender esta profesi&oacute;n, como se trabaja en ella y como los buenos profesionales contrastan sus informaciones y renuncian a las primicias en favor de la verdad. Es mejor dar una noticia m&aacute;s tarde que los dem&aacute;s, pero tener todas las garant&iacute;as de que esa informaci&oacute;n es cierta desde el principio y hasta el punto final.
    </p><p class="article-text">
        Es una cuesti&oacute;n de &eacute;tica period&iacute;stica, pero no todos los periodistas la tienen. Los hay que prefieren el sensacionalismo y las medias verdades, cuando no falsedades completas. Por eso me gusta leer frases como &eacute;sta: &ldquo;El buen periodismo es m&aacute;s necesario que nunca y ayuda a construir un mundo m&aacute;s libre y solidario&rdquo;.&nbsp;Son palabras de Javier God&oacute;, o si lo prefieren el Conde de God&oacute;, editor del peri&oacute;dico de tirada nacional La Vanguardia, que recibi&oacute; hace unos d&iacute;as el primer premio en SpainMedia Hall of Fame. Forbes Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un galard&oacute;n que reconoce las trayectorias extraordinarias de hombres y de mujeres que contribuyen de manera decisiva al progreso econ&oacute;mico, social, y cultural de Espa&ntilde;a. No conforme con el anterior entrecomillado God&oacute; dice del peri&oacute;dico catal&aacute;n: &ldquo;Escogimos en el diario La Vanguardia que la verdad no se negocia, sino que se busca, se investiga y se comunica&rdquo;. Y Rosa Montero, en el podcast de El Pa&iacute;s: Tercer Acto, que dirige el tambi&eacute;n periodista, Fernando Navarro dice que: &ldquo;Lo &uacute;nico que se puede hacer para salvar el mundo es ser buena persona. Intentar ser buena persona e intentar mejorar aquello que controlas y que tienes a tu alrededor&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Buenas personas me han parecido esta semana un grupo de mujeres que con motivo del D&iacute;a Internacional de la Mujer Rural expusieron en una mesa redonda los negocios que han montado a base de mucho trabajo, m&aacute;s esfuerzo y demasiado tes&oacute;n. Una de ellas es ingeniera agr&iacute;cola, pero se di&oacute; cuenta de que en el campo s&oacute;lo pod&iacute;a trabajar de jornalera, porque estar una mujer al mando de un grupo de jornaleros no les cab&iacute;a en la cabeza. Silvia, que as&iacute; se llama esta mujer, tuvo que reinventarse y como quer&iacute;a vivir en su pueblo, mont&oacute; una academia de clases particulares. Sus alumnos, aseguran que con ella entendieron las matem&aacute;ticas y hoy aman esta ciencia exacta. Luz Mari, vino de Venezuela con su marido y dos hijos, uno de ellos enfermo. Trabaj&oacute; en la limpieza, en domicilios particulares, cuidando a personas mayores. 20 a&ntilde;os despu&eacute;s regenta una cafeter&iacute;a-pasteler&iacute;a que sirve los mejores desayunos de este pueblo de 3.000 habitantes y proyecta ampliar el negocio.&nbsp;Pero tambi&eacute;n se ha tenido que formar, asistir a cursos de cocina, de reposter&iacute;a&hellip;nadie le ha regalado nada, s&iacute; ha contado con una red de apoyo y asesoramiento que le ha conducido por el laberinto de la burocracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Beatriz estudi&oacute; Empresariales, se dedica a la explotaci&oacute;n agraria y elaboraci&oacute;n de productos del campo. Explica como nadie los problemas del aumento de los precios desde el gasoil, hasta las semillas, pasando por el encarecimiento de toda la cadena relacionada con lo que los agricultores necesitan para trabajar la tierra. Pese a las dificultades, est&aacute; empe&ntilde;ada en cultivar nuevos productos. El cambio clim&aacute;tico obliga a ello. Lo que hasta ahora era tradicional, ahora est&aacute; dejando de serlo. El campo necesita innovar, probar con nuevas cosechas y esta mujer joven y con formaci&oacute;n universitaria, se ha empe&ntilde;ado en remar a favor del viento.
    </p><p class="article-text">
        Son mujeres que el 29N tendr&aacute;n que votar y estoy convencida que lo har&aacute;n en conciencia, libertad y sabiendo lo que les conviene porque est&aacute;n sosteniendo el presente de sus pueblos y quieren decidir el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-55-decidir-futuro_129_13611999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Oct 2026 09:52:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 55. Decidir el futuro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuerpo anciano como lugar de disputa de la vivienda en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuerpo-anciano-lugar-disputa-vivienda-espana_129_13595233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Maricarmen Abascal no muri&oacute; de causas naturales en abstracto. Muri&oacute; el 7 de octubre de 2026, catorce d&iacute;as despu&eacute;s de que la comisi&oacute;n judicial ejecutara su desahucio, el 23 de septiembre, en la casa de la calle Alcalde Sainz de Baranda donde viv&iacute;a desde 1956. Tras el lanzamiento permaneci&oacute; ingresada en el Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, con un deterioro progresivo que el Sindicato de Inquilinas y la prensa vinculan al estr&eacute;s de aquel proceso. Su caso es el punto de inflexi&oacute;n m&aacute;s n&iacute;tido en la pol&iacute;tica de vivienda espa&ntilde;ola de la &uacute;ltima d&eacute;cada: el desahucio desencaden&oacute; acampadas en m&aacute;s de una docena de ciudades y manifestaciones en m&aacute;s de cincuenta; el Congreso tumb&oacute; dos decretos de vivienda el 1 de octubre, con los votos de PP, Vox y Junts; el presidente del Gobierno adelant&oacute; las elecciones generales al 29 de noviembre; y CCOO, UGT y el Sindicato de Inquilinas convocaron una huelga general de 24 horas para el 11 de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        El desalojo re&uacute;ne tres elementos: un contrato de renta antigua de 1956, una empresa inmobiliaria que le plante&oacute; un alquiler m&aacute;s de tres veces superior al que pagaba, y sectores de la derecha que convirtieron a una anciana de 87 a&ntilde;os en objeto de burla y descalificaci&oacute;n moral. Cuando esos tres factores coincidieron, el cuerpo de Maricarmen dej&oacute; de poder tratarse como un asunto estrictamente privado y se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo de una crisis estructural. Mary Douglas sostuvo en&nbsp;<em>S&iacute;mbolos naturales</em>&nbsp;(1970) que el cuerpo f&iacute;sico es un modelo del cuerpo social: lo que una sociedad piensa de s&iacute; misma se lee en c&oacute;mo trata los cuerpos. Nancy Scheper-Hughes y Margaret Lock (1987) distinguieron tres cuerpos, el individual, el social y el pol&iacute;tico, y el de Maricarmen los re&uacute;ne: una mujer de 87 a&ntilde;os con movilidad reducida, un barrio que la rode&oacute; y un debate de Estado que se libr&oacute; sobre ella.
    </p><p class="article-text">
        Maricarmen lleg&oacute; al n&uacute;mero 46 de la calle Alcalde Sainz de Baranda, un sexto piso de unos 90 metros cuadrados en Retiro, cuando su padre firm&oacute; el contrato de alquiler, el 3 de septiembre de 1956. Su madre no pudo figurar como arrendataria: la ley franquista no se lo permit&iacute;a. Maricarmen, nacida en noviembre de 1938, ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. All&iacute; vivi&oacute; casi toda su vida. El contrato se subrog&oacute; a su madre tras la muerte del padre, en 1960 seg&uacute;n El Pa&iacute;s y en 1961 seg&uacute;n El Espa&ntilde;ol, y a ella misma en 2005, cuando falleci&oacute; la madre. Pagaba alrededor de 500 euros mensuales entre renta y gastos; las fuentes no coinciden en cu&aacute;nto era la renta estricta, que aparece entre 200 y 440 euros. Era un contrato que todo el mundo &mdash;incluida ella, seg&uacute;n su abogada, Beatriz Duro&mdash; daba por blindado.
    </p><p class="article-text">
        El 28 de junio de 2018, Urbagesti&oacute;n Desarrollo e Inversi&oacute;n S.L., una empresa inmobiliaria con sedes en Madrid y Valladolid, adquiri&oacute; el piso (no el edificio entero) y le ofreci&oacute; venderlo a Maricarmen por unos 250.000 euros, que ella no ten&iacute;a. Durante dos a&ntilde;os nada cambi&oacute;. En 2020, la empresa le comunic&oacute; que deb&iacute;a abandonar la vivienda: consideraba que la segunda subrogaci&oacute;n solo hab&iacute;a durado dos a&ntilde;os, el l&iacute;mite que fija la disposici&oacute;n transitoria segunda de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 salvo que el subrogado tenga una discapacidad igual o superior al 65%. A Maricarmen se le reconoc&iacute;a un 50%, quince puntos por debajo. El Juzgado de Primera Instancia n&uacute;mero 90 de Madrid le dio la raz&oacute;n el 27 de enero de 2022. La Audiencia Provincial de Madrid revoc&oacute; esa sentencia el 30 de junio de 2022 y declar&oacute; extinguido el contrato, y el Tribunal Supremo inadmiti&oacute; el recurso de casaci&oacute;n por auto de 13 de diciembre de 2023, que dej&oacute; firme la resoluci&oacute;n. Setenta a&ntilde;os despu&eacute;s de que su madre no pudiera firmar el contrato, una ley democr&aacute;tica, la de 1994, volv&iacute;a a decidir qui&eacute;n ten&iacute;a derecho a quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Entre lo que dice la ley y lo que una comunidad considera justo existe una distancia que las ciencias sociales conocen como&nbsp;<em>econom&iacute;a moral</em>. E. P. Thompson la describi&oacute; en las multitudes inglesas del siglo XVIII y James Scott en el campesinado del sudeste asi&aacute;tico: en ambos casos la gente defend&iacute;a un derecho de subsistencia que ninguna norma escrita le reconoc&iacute;a. El derecho a quedarse en la casa donde se han vivido setenta a&ntilde;os pertenece a esa familia, y por eso el fallo judicial no cerr&oacute; el conflicto: lo llev&oacute; a la calle.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vino despu&eacute;s fue un pulso de casi un a&ntilde;o: cuatro intentos de desahucio. Los tres primeros, en oto&ntilde;o de 2025 y en dos ocasiones durante junio de 2026, se suspendieron por movilizaci&oacute;n vecinal y presi&oacute;n del Sindicato de Inquilinas; entre medias, la ONU pidi&oacute; frenar los lanzamientos. En 2024, Urbagesti&oacute;n le hab&iacute;a notificado una subida del 275% sobre su renta, hasta 1.650 euros mensuales, que present&oacute; como una oferta por debajo de los 2.650 a los que, seg&uacute;n la empresa, se alquilaban ya otros pisos reformados del bloque; seg&uacute;n P&uacute;blico, lleg&oacute; a plantear esos 2.650 euros una vez recuperada la vivienda. Urbagesti&oacute;n asegura que ofreci&oacute; una renta bonificada entre un 40% y un 50% inferior al precio de mercado. La pensi&oacute;n de Maricarmen rondaba los 1.400 euros, aunque los medios la sit&uacute;an entre 1.300 y 1.450, de modo que incluso 1.650 euros la superaban.
    </p><p class="article-text">
        El 23 de septiembre de 2026, hacia las 13:00, la comisi&oacute;n judicial ejecut&oacute; el desahucio. Cientos de personas hab&iacute;an pasado la noche en la calle para intentar frenarlo. A Maricarmen la sacaron del edificio en camilla y los sanitarios del Samur la trasladaron al Hospital Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, ante los cientos de personas concentradas frente al inmueble. Nunca volvi&oacute; a casa. Sus pertenencias quedaron dentro del piso: no tuvo tiempo de recogerlas. Falleci&oacute; el 7 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Desde los d&iacute;as siguientes al desahucio, parte de la derecha la convirti&oacute; en diana. El concejal de Vivienda del PP en Benalm&aacute;dena, Jos&eacute; Luis Bergillos, la llam&oacute;&nbsp;<em>puta sinverg&uuml;enza con miles de euros en el banco</em>&nbsp;durante una reuni&oacute;n del Consejo Sectorial de Vivienda. Ocurri&oacute; el mismo d&iacute;a en que Maricarmen muri&oacute;. Bergillos pidi&oacute; despu&eacute;s&nbsp;<em>sinceras disculpas</em>, admiti&oacute;&nbsp;<em>un grave error</em>&nbsp;y explic&oacute; que su intenci&oacute;n era denunciar el uso partidista del problema. Lo de los miles de euros carece de pruebas: el bulo concreto hablaba de 250.000 euros en el banco y de acciones de BBVA, Santander y Telef&oacute;nica; la abogada de Maricarmen lo calific&oacute; de&nbsp;<em>mentiras</em>&nbsp;ante Newtral, y Maldita.es advierte de que circula sin evidencia. Adem&aacute;s, su patrimonio, su pensi&oacute;n, su pasado laboral, su trato con los vecinos y hasta un v&iacute;deo en el que aparec&iacute;a caminando se usaron para cuestionar su relato; el v&iacute;deo era de octubre de 2025, seg&uacute;n Newtral. Circularon bulos sobre una segunda residencia en la playa y sobre comidas en restaurantes caros. Un titular de Voz.us la present&oacute; como&nbsp;<em>la privilegiada anciana</em>&nbsp;que el Gobierno utilizaba para intervenir el mercado de la vivienda. El 29 de septiembre, El Confidencial public&oacute; una columna de opini&oacute;n titulada <em>Maricarmen es una jeta (y alguien ten&iacute;a que decirlo)</em>, que sosten&iacute;a que se hab&iacute;a aprovechado de otro sin tener derecho a ello; la propia Audiencia Provincial, sin embargo, constat&oacute; que Maricarmen sigui&oacute; pagando la renta y viviendo en el piso. El 25 de septiembre, el espacio <em>Objetivo directo</em> de The Objective se titul&oacute;&nbsp;<em>La farsa de Maricarmen</em>&nbsp;y se pregunt&oacute; si hab&iacute;a detr&aacute;s una&nbsp;<em>operaci&oacute;n psicol&oacute;gica</em>; seg&uacute;n El Bolet&iacute;n, Roberto Vaquero sostuvo, sin pruebas, que a Maricarmen&nbsp;<em>le han prometido algo</em>.
    </p><p class="article-text">
        No fue un episodio aislado. El 27 de septiembre, la cuenta oficial de Vox en X escribi&oacute;:&nbsp;<em>toda Espa&ntilde;a sabe que si en vez de Maricarmen fuera Morocarmen tendr&iacute;a casa</em>, y el 7 de octubre el portavoz de Vox en el Parlament, Ignacio Garriga, repiti&oacute; la f&oacute;rmula. El portavoz de IU en Benalm&aacute;dena, Enrique Pablo Centella, que abandon&oacute; la reuni&oacute;n en protesta, dijo que no entiende&nbsp;<em>c&oacute;mo Bergillos ha podido comprar los bulos de la extrema derecha</em>.
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis publicado el 8 de octubre por Marcelino Madrigal sobre casi 13.500 publicaciones en X, TikTok, YouTube y Telegram concluye que hubo una ofensiva contra Maricarmen, pero sin plan detr&aacute;s: ni granjas de <em>bots </em>ni mensajes copiados en masa, sino creadores con mucha audiencia que contaron la misma historia, cada uno en su red. A su juicio, pesaron m&aacute;s esos creadores que las declaraciones de los partidos. Seg&uacute;n su recuento, el alcance se concentr&oacute; en pocas manos: en X, tres tuits reunieron dos tercios de las visualizaciones hostiles.
    </p><p class="article-text">
        Entre los argumentos que m&aacute;s se repitieron, seg&uacute;n ese mismo an&aacute;lisis, estaba que Maricarmen pagaba poco, que viv&iacute;a en un barrio caro y que deber&iacute;a haberse comprado una casa. La acusaci&oacute;n da por hecho que el valor de un barrio pertenece a quien compra sus edificios. Los estudios urbanos y la antropolog&iacute;a sostienen que ese valor lo produce en buena medida quien lo habita. Jane Jacobs mostr&oacute; en&nbsp;<em>Muerte y vida de las grandes ciudades</em>&nbsp;(1961) que lo que hace segura y deseable una calle, los&nbsp;<em>ojos en la calle</em>&nbsp;de vecinos y comerciantes que se conocen, lo sostienen quienes la habitan y la usan a diario. Henri Lefebvre distingui&oacute; en&nbsp;<em>El derecho a la ciudad</em>&nbsp;(1968) el valor de uso, el de quienes viven un lugar, del valor de cambio, el que fija el mercado. Neil Smith llam&oacute; en 1979&nbsp;<em>rent gap</em>, brecha de renta, a la diferencia entre la renta del suelo que un solar rinde con su uso actual y la que rendir&iacute;a con su mejor uso posible. Aplicada por analog&iacute;a a este caso, la brecha separa un alquiler de unos 500 euros de los 2.650 a los que, seg&uacute;n Urbagesti&oacute;n, se alquilaban otros pisos reformados del bloque, o de los entre 1.980 y 2.300 euros que estimaba Idealista para un piso equivalente, sin que haga falta atribuir intenciones a nadie. La ley de 1994 limit&oacute; las subrogaciones de las rentas antiguas con vistas a su extinci&oacute;n, y el argumento de la propiedad, que no tiene por qu&eacute; subvencionar a un inquilino, tiene peso jur&iacute;dico. La antropolog&iacute;a pregunta otra cosa: de d&oacute;nde sale el valor que se cobra. Mindy Fullilove, psiquiatra, llam&oacute;&nbsp;<em>root shock</em>&nbsp;al trauma de arrancar a una comunidad de su barrio, y el psic&oacute;logo Marc Fried describi&oacute; en 1963 el duelo de los vecinos del West End de Boston realojados por una renovaci&oacute;n urbana, comparable al de perder a una persona querida. Que tres intentos de desahucio se frenaran por movilizaci&oacute;n vecinal indica que ese tejido exist&iacute;a y ten&iacute;a valor.
    </p><p class="article-text">
        El ataque tiene una particularidad: apunta a la edad. La columna de El Confidencial lo formula sin rodeos: reconoce que tiene 87 a&ntilde;os y que la sacan de su casa, pero sostiene que&nbsp;<em>no siempre ha tenido 87 a&ntilde;os</em>. La vejez, que en algunas sociedades funciona como un escudo moral, se trata aqu&iacute; como un dato que no cuenta. Simone de Beauvoir escribi&oacute; en&nbsp;<em>La vejez</em>&nbsp;(1970) que la sociedad trata a los viejos como una especie extra&ntilde;a y consigue que nadie vea en ellos a sus semejantes, y escribi&oacute; el libro&nbsp;<em>para quebrar la conspiraci&oacute;n del silencio</em>. Susan Sontag mostr&oacute; en 1972, en <em>The Double Standard of Aging</em>, que envejecer penaliza m&aacute;s a las mujeres que a los hombres; el insulto de Bergillos suma al desprecio por la edad un descr&eacute;dito sexual.
    </p><p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a encuentra respeto a los mayores en unas sociedades y abandono en otras, y esa variaci&oacute;n ayuda a entender el ataque. Leo Simmons compar&oacute; en 1945 el trato a los ancianos en 71 sociedades y hall&oacute; que su prestigio crec&iacute;a donde conservaban derechos de propiedad e influencia en el gobierno, y ca&iacute;a con el clima duro. Igor Kopytoff sostuvo en 1971 que, en muchas sociedades africanas, los ancianos vivos y los ancestros muertos forman una misma categor&iacute;a, de modo que el respeto al mayor y el culto al antepasado son una misma l&iacute;nea; la tesis ha sido discutida por otros africanistas. Una sociedad que corta esa l&iacute;nea y ve en los mayores un obst&aacute;culo vivo en lugar de futuros ancestros queda m&aacute;s libre para atacarlos.
    </p><p class="article-text">
        La escasez hace el resto. Robert Binstock analiz&oacute; en 1983, en <em>The Aged as Scapegoat</em>, c&oacute;mo el discurso p&uacute;blico pasa de ver a los mayores como un colectivo necesitado y merecedor de ayuda a se&ntilde;alarlos como responsables de las dificultades de otros grupos. Ren&eacute; Girard explic&oacute; el mecanismo en&nbsp;<em>El chivo expiatorio</em>: una sociedad en crisis descarga su malestar sobre una v&iacute;ctima un&aacute;nimemente se&ntilde;alada, a la que atribuye la culpa y que lleva marcas que la hacen parecer diferente, como la pertenencia a una minor&iacute;a, la enfermedad o la debilidad. En un pa&iacute;s donde la emancipaci&oacute;n media llega a los 30 a&ntilde;os, una anciana con un alquiler de 500 euros en Retiro resulta una figura &uacute;til: encarna el privilegio de quien lleg&oacute; a tiempo y recibe un malestar que no encuentra otro destinatario. Aplicada entre generaciones, la l&oacute;gica del don de Marcel Mauss (dar, recibir, devolver) convierte a los mayores en acreedores de una deuda que los j&oacute;venes pueden preferir no reconocer. Maricarmen naci&oacute; en plena guerra civil y pertenece a la generaci&oacute;n que vivi&oacute; la posguerra y el desarrollismo, la que suele decirse que levant&oacute; el pa&iacute;s. Atacarla puede romper simb&oacute;licamente la cadena que permite a los j&oacute;venes reclamar, a su vez, que se les devuelva algo; por eso importa que entre quienes salieron a defenderla hubiera tantos j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Maricarmen desencaden&oacute; una disputa sobre la vivienda y otra sobre c&oacute;mo deb&iacute;a ser llorada. El 8 de octubre, el PP rechaz&oacute; un minuto de silencio en la Asamblea de Madrid con el argumento de que no iba a&nbsp;<em>contribuir a su utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica para hacer una campa&ntilde;a interesada</em>; M&aacute;s Madrid y PSOE lo guardaron en el atrio. En las Cortes de Arag&oacute;n, PP y Vox votaron en contra de la propuesta, y en el pleno del Ayuntamiento de Madrid sus concejales permanecieron sentados mientras la oposici&oacute;n guardaba el minuto. La negativa puede leerse como una disputa sobre qui&eacute;n tiene derecho a definir qu&eacute; significa esa muerte. En el marco del conflicto, un minuto de silencio pod&iacute;a interpretarse como el reconocimiento p&uacute;blico de que aquella muerte no era un hecho privado, sino el desenlace de un conflicto pol&iacute;tico y social. Judith Butler pregunt&oacute; en&nbsp;<em>Marcos de guerra</em>, a prop&oacute;sito de las guerras recientes, qu&eacute; vidas merecen duelo p&uacute;blico, y Katherine Verdery estudi&oacute; en&nbsp;<em>The Political Lives of Dead Bodies</em>&nbsp;(1999), a prop&oacute;sito de las reinhumaciones postsocialistas, por qu&eacute; los cuerpos muertos resultan s&iacute;mbolos pol&iacute;ticos tan eficaces. El cuerpo de Maricarmen entr&oacute; en esa disputa desde el d&iacute;a de su muerte.
    </p><p class="article-text">
        Conviene mirar de frente un paralelismo, con los t&eacute;rminos bien separados: el asesinato terrorista y un desahucio son hechos distintos, y lo que se compara es la operaci&oacute;n pol&iacute;tica sobre la memoria de las v&iacute;ctimas. Consuelo Ord&oacute;&ntilde;ez, presidenta de COVITE y hermana de Gregorio Ord&oacute;&ntilde;ez, concejal del PP asesinado por ETA en 1995, ha construido su trayectoria p&uacute;blica sobre una premisa inc&oacute;moda para todos: las v&iacute;ctimas no pertenecen a ning&uacute;n partido. Ha criticado al PP por instrumentalizar el dolor de las suyas y ha dicho que todos los partidos las han usado, aunque unos m&aacute;s que otros; ha pedido que&nbsp;<em>dejen en paz a las v&iacute;ctimas</em>. Su argumento, tal como lo leo, sostiene que el homenaje que convierte a las v&iacute;ctimas en munici&oacute;n electoral las traiciona.
    </p><p class="article-text">
        Aplicado a Maricarmen, la frontera exige distinguir tres operaciones. Una cosa es inventarle una biograf&iacute;a para destruirla &mdash;<em>miles de euros en el banco</em>&mdash; y otra insultarla:&nbsp;<em>Morocarmen</em>,&nbsp;<em>puta sinverg&uuml;enza</em>,&nbsp;<em>jeta</em>. La primera operaci&oacute;n es una falsificaci&oacute;n; la segunda, un descr&eacute;dito moral que produce un efecto semejante: desplazar la atenci&oacute;n desde las condiciones del desahucio hacia la conducta de la propia Maricarmen. Y otra muy distinta es recoger las palabras que ella misma dej&oacute; en un v&iacute;deo que el Sindicato de Inquilinas difundi&oacute; desde el Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n:&nbsp;<em>no he logrado defender mi casa, pero s&iacute; he luchado para que los dem&aacute;s aprendan a luchar por la suya</em>. La tercera es una herencia. La frontera entre las dos primeras operaciones y la tercera la traza la verificaci&oacute;n, y esa frontera es exactamente lo que est&aacute; en juego cuando una sociedad decide c&oacute;mo recordar a sus muertos.
    </p><p class="article-text">
        Comprobar este caso es m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que parece, y la dificultad forma parte de la historia. La renta estricta de Maricarmen aparece entre 200 y 440 euros seg&uacute;n el medio; su pensi&oacute;n, entre 1.300 y 1.450; el padre muri&oacute; en 1960 o en 1961; la subida que le notific&oacute; la empresa fue de 1.650 o de 2.650 euros, y no siempre en el mismo orden; y Urbagesti&oacute;n es un fondo inmobiliario para unos y una micropyme para otros. Algunas diferencias se explican por lo que se mide, como la renta con o sin gastos. Otras parecen simples errores de redacci&oacute;n. Otras vienen de la etiqueta, porque&nbsp;<em>fondo buitre</em>&nbsp;y&nbsp;<em>micropyme</em>&nbsp;describen dos relatos y no la misma empresa. Y unas pocas son bulos, como los 250.000 euros del banco. El an&aacute;lisis de Madrigal sugiere que ese ruido no necesita un plan: basta con que la atenci&oacute;n se pueda convertir en dinero. No todos los medios participan en &eacute;l; Newtral y Maldita.es dedicaron piezas enteras a desmontar los bulos sobre Maricarmen. Pero cuando cada cifra se usa como arma, comprobar cada dato es un acto pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El ruido tambi&eacute;n cumple una funci&oacute;n social. Max Gluckman sostuvo en 1963 que el chisme y el esc&aacute;ndalo mantienen la unidad y los valores de un grupo, y que participar en ellos es un deber de pertenencia; Norbert Elias y John Scotson (1965) mostraron que el elogio de los establecidos y la deshonra de los forasteros se construyen con ese mismo material. Le&iacute;da as&iacute;, la ofensiva contra Maricarmen traza una frontera sobre qui&eacute;n forma parte de quienes merecen casa.
    </p><p class="article-text">
        Ese descr&eacute;dito tiene nombre en las ciencias sociales: culpabilizar a la v&iacute;ctima, como la populariz&oacute; William Ryan (1971). Convierte un problema estructural en una falta moral individual. Johan Galtung acu&ntilde;&oacute; en 1969 el concepto de&nbsp;<em>violencia estructural</em>&nbsp;y Paul Farmer lo llev&oacute; a la antropolog&iacute;a para nombrar lo que ese desplazamiento oculta, y Erving Goffman describi&oacute; en&nbsp;<em>Estigma</em>&nbsp;(1963) el atributo profundamente desacreditador que deteriora la identidad social de quien lo lleva, algo que ya vimos en&nbsp;<em>El rostro que se nos exige</em>. Si Maricarmen era una&nbsp;<em>jeta</em>&nbsp;o una&nbsp;<em>sinverg&uuml;enza</em>, el desahucio deja de ser una violencia sist&eacute;mica y pasa a ser una consecuencia justa de su conducta. El problema pasa a ser ella, y no el mercado de alquiler ni la especulaci&oacute;n. Ese gesto se volvi&oacute; contra quien lo practic&oacute; cuando Maricarmen muri&oacute;: la insultaron el mismo d&iacute;a de su muerte, y la comparaci&oacute;n entre el insulto y un cuerpo ya sin vida result&oacute; demasiado obscena para pasar desapercibida.
    </p><p class="article-text">
        El lunes 28 de septiembre, tras m&aacute;s de cuatro horas de reuni&oacute;n entre representantes de Maricarmen y de Urbagesti&oacute;n, con la mediaci&oacute;n de la EMVS del Ayuntamiento de Madrid, se alcanz&oacute; un acuerdo, a partir de una f&oacute;rmula que la empresa hab&iacute;a planteado el 25: un contrato de ocho a&ntilde;os y una renta que no superar&iacute;a el 30% de sus ingresos netos. La cantidad exacta estaba pendiente de documentaci&oacute;n, y su abogada la calculaba aproximadamente similar a la que pagaba antes; la calific&oacute; de&nbsp;<em>hist&oacute;rico</em>&nbsp;y lament&oacute; que llegara tarde. Maricarmen, que no pudo participar en la reuni&oacute;n por seguir ingresada, lo acept&oacute; el martes 29 desde el hospital y volver&iacute;a a casa al recibir el alta. El programa municipal le ofrec&iacute;a asesoramiento jur&iacute;dico, econ&oacute;mico, t&eacute;cnico y fiscal, y aseguraba a la propiedad contra el impago. El Ayuntamiento sostiene que la hab&iacute;a acompa&ntilde;ado a trav&eacute;s de servicios sociales y que le ofreci&oacute; un alojamiento alternativo sin coste en una residencia municipal. El 2 de octubre Urbagesti&oacute;n firm&oacute; el contrato y entreg&oacute; las llaves; Maricarmen deb&iacute;a firmar su parte el 8 de octubre, un d&iacute;a despu&eacute;s de morir.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la movilizaci&oacute;n ten&iacute;a vida propia. El s&aacute;bado 26 de septiembre, una marcha desde la Puerta del Sol hasta el Congreso, bajo el lema&nbsp;<em>Ni una Maricarmen m&aacute;s</em>, dio paso a la acampada. El Sindicato de Inquilinas ped&iacute;a la aprobaci&oacute;n &iacute;ntegra de lo que llamaba&nbsp;<em>decreto Maricarmen</em>, con renovaci&oacute;n autom&aacute;tica de los contratos, regulaci&oacute;n de los alquileres temporales y por habitaciones y paralizaci&oacute;n de los desahucios sin alternativa habitacional. El 1 de octubre, el Congreso rechaz&oacute; los dos reales decretos de vivienda del Gobierno, conocidos como&nbsp;<em>decretos Maricarmen</em>. El s&aacute;bado 3, el Sindicato de Inquilinas convoc&oacute; manifestaciones en m&aacute;s de cincuenta ciudades bajo el lema&nbsp;<em>Hacia la huelga general por la vivienda</em>. En Madrid, la Delegaci&oacute;n del Gobierno cont&oacute; 70.000 personas y los organizadores 500.000. En Valencia, la marcha termin&oacute; con disturbios ante el Palau de les Arts, donde se celebraba un congreso de inversi&oacute;n inmobiliaria: nueve polic&iacute;as nacionales heridos, una persona detenida y pelotas de goma lanzadas por los antidisturbios. La manifestaci&oacute;n de Barcelona se aplaz&oacute; por la lluvia y se celebr&oacute; el lunes 5: la Guardia Urbana cont&oacute; 20.000 personas, los organizadores 120.000, y acab&oacute; con cargas policiales y contenedores quemados. En M&aacute;laga, Granada, Zaragoza, C&aacute;diz, Santander y Palma salieron a la calle miles de personas. Ese mismo s&aacute;bado, unos 400 ultras, seg&uacute;n la Delegaci&oacute;n del Gobierno, convocados por el grupo Indignados por Espa&ntilde;a, intentaron llegar a la acampada de Sol y la polic&iacute;a los fren&oacute; en la calle de Alcal&aacute;; en Oviedo, la acampada denunci&oacute; agresiones verbales y un encontronazo con un grup&uacute;sculo fascista.
    </p><p class="article-text">
        En las marchas convivieron personas de varias generaciones: junto a los acampados veintea&ntilde;eros que no pueden emanciparse &mdash;la edad media de emancipaci&oacute;n en Espa&ntilde;a era de 30,0 a&ntilde;os en 2024, seg&uacute;n Eurostat, frente a 26,2 en la UE&mdash; estaban vecinos jubilados que llevan d&eacute;cadas en el mismo barrio. El c&aacute;ntico que el movimiento adopt&oacute;,&nbsp;<em>Maricarmen no est&aacute;s sola</em>, funcionaba en ambas direcciones: la juventud defend&iacute;a a la octogenaria, y la octogenaria se hab&iacute;a convertido en el rostro de un problema que la juventud reconoce como propio. El marco de una guerra entre generaciones por los recursos p&uacute;blicos, pensiones frente a salarios y mayores frente a j&oacute;venes, se top&oacute; con una acampada donde la reivindicaci&oacute;n era compartida.
    </p><p class="article-text">
        La frase de Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, resume el cambio de tono:&nbsp;<em>ocho d&iacute;as de poder popular han hecho m&aacute;s que ocho a&ntilde;os de Gobierno progresista</em>. El movimiento dej&oacute; de pedir y empez&oacute; a exigir. La acampada de la Puerta del Sol se mantuvo, ya como espacio aut&oacute;nomo tras la retirada parcial del Sindicato. El 5 de octubre, Pedro S&aacute;nchez anunci&oacute; elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre. Y el 7 de octubre, CCOO, UGT, el Sindicato de Inquilinas y otros sindicatos acordaron convocar una huelga general de 24 horas para el 11 de noviembre, la primera respaldada por CCOO y UGT desde 2012.
    </p><p class="article-text">
        El Sindicato de Inquilinas anunci&oacute; su muerte en un comunicado que firmaron tambi&eacute;n su familia y su abogada. Reconoc&iacute;a que se hab&iacute;a logrado&nbsp;<em>un acuerdo hist&oacute;rico</em>&nbsp;para que volviera a su vivienda, pero que la soluci&oacute;n lleg&oacute;&nbsp;<em>demasiado tarde</em>:&nbsp;<em>una situaci&oacute;n absolutamente evitable tras un proceso torturante</em>. El texto sostiene que lo ocurrido supone&nbsp;<em>un antes y un despu&eacute;s</em>&nbsp;y que el coste para llegar hasta ah&iacute;&nbsp;<em>ha sido demasiado alto</em>.
    </p><p class="article-text">
        La frase de Maricarmen sobre luchar por la casa de los dem&aacute;s ya funciona como consigna. El Sindicato de Inquilinas cit&oacute; adem&aacute;s otra petici&oacute;n suya, que seg&uacute;n el comunicado ella les repet&iacute;a siempre:&nbsp;<em>luchad, seguid luchando por lo que es vuestro</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hay una iron&iacute;a amarga en el arco de este caso. El acuerdo que le habr&iacute;a permitido volver a casa se cerr&oacute; el 28 de septiembre y las llaves se entregaron el 2 de octubre. Ella muri&oacute; el 7, un d&iacute;a antes de la fecha prevista para firmar. En medio, su cuerpo estuvo catorce d&iacute;as en una cama de hospital, separado del piso donde hab&iacute;a vivido setenta a&ntilde;os. Ese intervalo, entre la soluci&oacute;n sobre el papel y la muerte real, es el espacio donde habita la cr&iacute;tica m&aacute;s dura: el sistema encontr&oacute; una salida t&eacute;cnica, pero no lleg&oacute; a tiempo para la persona. Y en ese desfase, la vivienda dej&oacute; de ser un problema de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para convertirse en una cuesti&oacute;n de vida o muerte.
    </p><p class="article-text">
        Para la antropolog&iacute;a, el caso ofrece un objeto de estudio casi de laboratorio: c&oacute;mo un cuerpo anciano, sacado en camilla y luego insultado, se convierte en el punto de condensaci&oacute;n de una crisis estructural. Es lo que Victor Turner llam&oacute; un s&iacute;mbolo dominante, una categor&iacute;a que formul&oacute; para los s&iacute;mbolos rituales y que aqu&iacute; se extiende a un hecho pol&iacute;tico: un s&iacute;mbolo que condensa significados dispersos y une un polo sensorial, aqu&iacute; un cuerpo anciano sacado en camilla, con un polo ideol&oacute;gico, el derecho a la vivienda. Turner describi&oacute; tambi&eacute;n el&nbsp;<em>drama social</em>: una ruptura de la norma, una crisis que se extiende, un intento de reparaci&oacute;n y, al final, una reintegraci&oacute;n o una escisi&oacute;n. El caso sigue ese guion. La ruptura es el lanzamiento; la crisis, las acampadas, los decretos tumbados y las elecciones; la reparaci&oacute;n, el acuerdo del 28 de septiembre, lleg&oacute; tarde; y la reintegraci&oacute;n o la escisi&oacute;n queda abierta. Maricarmen no eligi&oacute; ser s&iacute;mbolo. La hicieron s&iacute;mbolo quienes la desahuciaron y quienes se burlaron de ella. Pero en el proceso, su biograf&iacute;a &mdash;setenta a&ntilde;os en un sexto piso de Retiro, un contrato de 1956, una pensi&oacute;n de en torno a 1.400 euros frente a un alquiler que la empresa plante&oacute;, seg&uacute;n las fuentes, entre 1.650 y 2.650 euros&mdash; se convirti&oacute; en el retrato de un pa&iacute;s donde vivir donde siempre has vivido ya no est&aacute; garantizado por nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cuerpo-anciano-lugar-disputa-vivienda-espana_129_13595233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Oct 2026 11:19:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cuerpo anciano como lugar de disputa de la vivienda en España]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay prejuicios que cre&iacute;amos superados y que, sin embargo, siguen ah&iacute;, agazapados, esperando cualquier oportunidad para volver a ocupar el espacio que nunca debieron tener. El estigma asociado al VIH es uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera iniciativa que present&eacute; y defend&iacute; como diputado ante el Parlamento de La Rioja en 1991 propon&iacute;a combatir la estigmatizaci&oacute;n de quienes viven con el VIH. Y me indigna comprobar que, 35 a&ntilde;os despu&eacute;s, mientras la ciencia ha conseguido avances extraordinarios, nuestra sociedad siga siendo incapaz de desprenderse de esos miedos injustificados, estereotipos y comportamientos discriminatorios.
    </p><p class="article-text">
        Cada 17 de octubre, la celebraci&oacute;n del Pride+ nos ofrece una nueva oportunidad para reivindicar esa dignidad. Pero, sobre todo, nos obliga a preguntarnos por qu&eacute; sigue siendo necesario hacerlo. No creo que sea una cuesti&oacute;n secundaria, ni una causa que deba defenderse &uacute;nicamente en determinadas fechas. Es una cuesti&oacute;n de derechos humanos, de justicia y de decencia democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos tiempos preocupantes. El odio al diferente, la homofobia, el racismo y los discursos autoritarios y postfascistas que cuestionan derechos conquistados con mucho esfuerzo est&aacute;n ganando presencia en el debate p&uacute;blico. Y no podemos ignorar que ese clima alimenta tambi&eacute;n viejos prejuicios contra las personas con VIH; prejuicios que vuelven a vincular el virus, de manera injusta y profundamente equivocada, con una determinada orientaci&oacute;n sexual o con supuestos comportamientos moralmente reprobables para algunos sectores.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo con claridad: <strong>el VIH no tiene orientaci&oacute;n sexual, no entiende de ideolog&iacute;as y no es un juicio moral sobre nadie</strong>. Puede afectar a cualquier persona. Asociarlo a una identidad concreta no solo demuestra desconocimiento sino que perpet&uacute;a una discriminaci&oacute;n que causa sufrimiento, alimenta el miedo y empuja a muchas personas a ocultar su situaci&oacute;n por temor al rechazo.
    </p><p class="article-text">
        Y lo m&aacute;s indignante es que ese estigma persiste cuando los avances cient&iacute;ficos han cambiado radicalmente la realidad del VIH. Hoy, gracias a los tratamientos, las personas que viven con el virus pueden desarrollar una vida larga y plena. Sabemos, adem&aacute;s, que una persona con carga viral indetectable gracias al tratamiento no transmite sexualmente el VIH. Sin embargo, la desinformaci&oacute;n sigue alimentando el rechazo y nos demuestra que la ciencia ha avanzado mucho m&aacute;s deprisa que determinados prejuicios sociales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, no basta con disponer de buenos tratamientos. Necesitamos educaci&oacute;n, informaci&oacute;n rigurosa y una sociedad que deje de se&ntilde;alar a quienes viven con el VIH. Necesitamos combatir la discriminaci&oacute;n en el &aacute;mbito laboral, sanitario, afectivo y social. Y necesitamos que las instituciones asuman su responsabilidad, porque el silencio y la indiferencia tambi&eacute;n contribuyen a perpetuar el estigma.
    </p><p class="article-text">
        La visibilidad es una herramienta poderosa para romper ese silencio, pero nunca puede convertirse en una obligaci&oacute;n. Nadie debe sentirse forzado a revelar una circunstancia personal para demostrar nada a los dem&aacute;s. La responsabilidad no corresponde a quien teme ser rechazado, sino a quienes alimentan el rechazo y a quienes, pudiendo combatirlo, prefieren mirar hacia otro lado.
    </p><p class="article-text">
        El Pride+, conocido tambi&eacute;n como &ldquo;Orgullo positivo&rdquo; que se celebra cada 17 de octubre debe ser una celebraci&oacute;n de la dignidad, pero tambi&eacute;n una llamada de atenci&oacute;n. Porque una sociedad verdaderamente libre no es aquella en la que algunas personas pueden mostrarse sin miedo, sino aquella en la que nadie tiene que esconderse para evitar la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No podemos permitir que el odio normalice de nuevo lo que tanto esfuerzo nos ha costado combatir. Ni aceptar que el diagn&oacute;stico de una persona se convierta en motivo de sospecha, aislamiento o exclusi&oacute;n. <strong>Convivir con el VIH no resta dignidad, no limita derechos y no hace a nadie menos merecedor de respeto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque la lucha contra el estigma del VIH no pertenece &uacute;nicamente a quienes conviven con el virus. Nos corresponde a todos. Y quienes creemos en una sociedad m&aacute;s justa, m&aacute;s libre y m&aacute;s igualitaria tenemos la obligaci&oacute;n de seguir dando la cara por quienes siguen sufriendo el estigma y el rechazo de manera tan injusta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ciencia-vencio-virus-no-prejuicio_129_13584336.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 10:09:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ciencia venció al virus,  pero no al prejuicio]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Virus,VIH,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes preelectorales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/apuntes-preelectorales_129_13577155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        1. Hace solo un mes, todas las miradas estaban puestas en Ceuta, desde donde se retransmit&iacute;a una especie de apocalipsis contempor&aacute;neo que parec&iacute;a sintetizar muchos de los conflictos de nuestra &eacute;poca y amenazaba con convertirse en el epitafio de un gobierno sobrepasado por las circunstancias. Pero vivimos tiempos acelerados, de atenci&oacute;n ef&iacute;mera e incandescente, y nuestras miradas dif&iacute;cilmente duran mucho tiempo en la misma pantalla.
    </p><p class="article-text">
        2. Lejos de ser una cortina de humo, las protestas por el desahucio de Maricarmen son el estallido de un malestar que lleva tiempo gest&aacute;ndose y tiene ra&iacute;ces tan poco et&eacute;reas como los cimientos de las viviendas y la asfixia econ&oacute;mica que sufren sus habitantes. Que el caso de Maricarmen no sea el m&aacute;s representativo del problema de la vivienda en Espa&ntilde;a, por las circunstancias particulares de su contrato de alquiler, ni invalida las reivindicaciones &mdash;que son necesariamente generales&mdash; ni mucho menos justifica el escarnio y la falta de empat&iacute;a a los que hemos asistido.
    </p><p class="article-text">
        3. Por desgracia, no existe una varita m&aacute;gica para resolver el problema actual de la vivienda: algunas de sus causas, como la escasez de oferta y el d&eacute;ficit hist&oacute;rico de vivienda p&uacute;blica de alquiler, no se pueden solucionar de la noche a la ma&ntilde;ana. Sin embargo, las vidas asfixiadas (o imposibilitadas) de quienes sufren las peores consecuencias de esta crisis exigen una respuesta en el corto plazo, y la pol&iacute;tica es el arte de lo posible y de la priorizaci&oacute;n y el equilibrio de intereses, no un dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas perfectas en el vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        4. La discusi&oacute;n sobre las medidas m&aacute;s extraordinarias y coyunturales no deber&iacute;a eludir el necesario debate sobre el mercado hacia el que queremos avanzar: qu&eacute; modelos sostenibles de participaci&oacute;n p&uacute;blica y privada y con qu&eacute; l&iacute;mites al uso de las viviendas &mdash;y por extensi&oacute;n de las ciudades&mdash; como si fueran un producto de inversi&oacute;n cualquiera. El problema es que, en una esfera p&uacute;blica cada vez m&aacute;s polarizada y dominada por im&aacute;genes y consignas, es dif&iacute;cil que haya espacio para un debate que incorpore matices y considere tambi&eacute;n los posibles efectos indeseados de pol&iacute;ticas bienintencionadas. Adem&aacute;s, la distribuci&oacute;n de las competencias relevantes entre los distintos niveles de la administraci&oacute;n diluye la asunci&oacute;n de responsabilidades y, como la opini&oacute;n p&uacute;blica y la discusi&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute;n menos descentralizadas que la estructura administrativa, el Gobierno central tiende a llevarse m&aacute;s parte de la culpa de la que le corresponde.
    </p><p class="article-text">
        5. Aun as&iacute;, la izquierda ha conseguido volver a conectar con el sentimiento de rebeld&iacute;a, capturado cada vez m&aacute;s por fuerzas conservadoras, y el Gobierno intenta proyectar una promesa de futuro que va m&aacute;s all&aacute; de estirar el presente y evitar la temida llegada de la extrema derecha. Es, sin duda, el mejor marco posible para una cita electoral despu&eacute;s del desgaste acumulado en ocho a&ntilde;os de gobierno, pero, en estos tiempos de atenci&oacute;n ef&iacute;mera e incandescente, no sabemos cu&aacute;nto tiempo tardar&aacute;n nuestras miradas en saltar a otra pantalla. Y, aunque permanezcan puestas en el problema de la vivienda, &iquest;es posible sortear un cambio de ciclo que parec&iacute;a inevitable hace solo unos meses?, &iquest;puede haber un efecto Mamdani sin pasar antes por la pantalla previa de Trump &mdash;obviando a Ayuso&mdash;? Quiz&aacute;s el 29 de noviembre tambi&eacute;n averig&uuml;emos cu&aacute;l es el l&iacute;mite de la aceleraci&oacute;n de los tiempos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/apuntes-preelectorales_129_13577155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 08:43:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Apuntes preelectorales]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la libre circulación de ideas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/libre-circulacion-ideas_129_13578133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una iron&iacute;a hist&oacute;rica que duele: Miguel de Cervantes &mdash;un hombre perseguido por la justicia, cautivo, herido de guerra y bur&oacute;crata fracasado que escribi&oacute; la mayor obra sobre la libertad de la imaginaci&oacute;n&mdash;, el del Quijote que ridiculiza la pureza de sangre y la ortodoxia eclesi&aacute;stica, es hoy blandido como icono rancio por sectores que detestar&iacute;an al personaje real. Mientras, el Instituto Cervantes difunde una lengua que hablan casi 520 millones de personas, un hecho de diversidad que ciertos discursos reducen a emblema de pureza identitaria. Se celebra el idioma mientras se mira con recelo la creaci&oacute;n disidente que produce. Se invoca al autor del Quijote para defender una espa&ntilde;olidad esencialista que su obra desmonta piedra a piedra.
    </p><p class="article-text">
        Esta contradicci&oacute;n es solo el s&iacute;ntoma de una enfermedad m&aacute;s profunda. Bajo la ret&oacute;rica de la democratizaci&oacute;n y la soberan&iacute;a cultural, los sucesivos gobiernos &mdash;tambi&eacute;n el actual&mdash; han profundizado una burocratizaci&oacute;n creciente y una canalizaci&oacute;n del acceso a la cultura. El resultado es una brecha perversa: o entras por los canales oficiales &mdash;y aceptas sus condiciones&mdash; o tu voz queda marginalizada.
    </p><p class="article-text">
        El caso paradigm&aacute;tico es el libro y su DNI: el ISBN. No es obligatorio por ley, y ese es precisamente el se&ntilde;uelo. Lo que deber&iacute;a ser un mero tr&aacute;mite se ha convertido en un peaje econ&oacute;mico &mdash;45 euros para el autor que autopublica un solo t&iacute;tulo, aunque las editoriales con prefijo lo diluyan hasta 3 o 5 euros por libro&mdash; que golpea con m&aacute;s dureza a quien publica solo, sin estructura. Y no siempre fue as&iacute;: hasta 2010 el Estado lo gestionaba de forma gratuita; ese a&ntilde;o se privatiz&oacute; su gesti&oacute;n, que desde 2015 recae por completo en la Federaci&oacute;n de Gremios de Editores, una patronal privada. Pero el efecto es el mismo: sin ISBN, tu libro no entra en el circuito comercial, no lo piden las librer&iacute;as, no lo catalogan las bibliotecas, no lo lista Amazon. El sistema no naci&oacute; para excluir: naci&oacute; para coordinar un sector fragmentado, y en esa funci&oacute;n es eficaz. Pero la eficiencia distributiva tiene un coste que nadie decidi&oacute; expl&iacute;citamente: no hace falta prohibir nada. Basta con que todo el sector funcione exclusivamente con ese c&oacute;digo. Pero el cerco no termina ah&iacute;. Para ser visible, hay que subir los datos y metadatos de tus publicaciones a DILVE, la plaza mayor digital donde el sector entero &mdash;libreros, distribuidores, bibliotecas&mdash; consulta qu&eacute; existe y qu&eacute; no. No es una obligaci&oacute;n legal; es algo m&aacute;s eficaz. Es el punto de paso de facto: lo que no est&aacute; en DILVE es invisible para el circuito comercial. La distinci&oacute;n entre obligaci&oacute;n legal y necesidad pr&aacute;ctica es la coartada perfecta del sistema: nadie te obliga, pero si no pasas, desapareces. Libreros saturados la usan como radar. Lo que no est&aacute; ah&iacute; es un fantasma sin c&oacute;digo de barras. Se confunde deliberadamente la cultura con su comercio.
    </p><p class="article-text">
        DILVE no vende ideas, vende ejemplares. Reduce el libro a una ficha t&eacute;cnica con precio y etiquetas. Es el triunfo de la log&iacute;stica sobre el contenido. Quien habla de soberan&iacute;a cultural frente a los gigantes tecnol&oacute;gicos replica su modelo m&aacute;s perverso: crear un guardi&aacute;n &uacute;nico del acceso. Es el <em>algoritmo rojo</em>: una herramienta de presunta transparencia que, sin embargo, ejerce un monopolio de la visibilidad. La paradoja es perfecta: para resistirte al mercado global, debes someterte al cat&aacute;logo del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Mientras, ese mismo Estado act&uacute;a hacia el exterior como un vendedor ambulante de clich&eacute;s. La <em>Marca Espa&ntilde;a</em> reduce siglos de historia compleja a iconos vac&iacute;os: sol y playa, jam&oacute;n o flamenco de post&iacute;n. Se cosifica lo propio para el consumo r&aacute;pido del turista. Este relato mercantilizado rebota y empobrece la autopercepci&oacute;n nacional. Los proyectos culturales que no encajan en ese <em>branding </em>tienen m&aacute;s dif&iacute;cil conseguir apoyos. &iquest;Para qu&eacute; subvencionar un teatro contempor&aacute;neo cr&iacute;tico si se puede financiar un <em>tablao oficial</em>? &mdash;dejando fuera, claro, el flamenco de riesgo que sobrevive en los m&aacute;rgenes&mdash;. As&iacute;, Espa&ntilde;a act&uacute;a contra Espa&ntilde;a: asfixia su presente creativo con burocracia y canoniza una caricatura de su pasado para exportaci&oacute;n. Vende producto, no crea identidad.
    </p><p class="article-text">
        Este doble movimiento &mdash;asfixia burocr&aacute;tica interna, mercantilizaci&oacute;n externa&mdash; no es una singularidad espa&ntilde;ola. En Hungr&iacute;a o en Egipto el mecanismo cambia de forma &mdash;un oligopolio editorial af&iacute;n, una autoridad religiosa con potestad de confiscaci&oacute;n&mdash;, pero no de l&oacute;gica: no hace falta prohibir, basta con decidir qui&eacute;n recibe ayudas, qui&eacute;n aparece en las listas de lecturas, qui&eacute;n tiene acceso a los canales de distribuci&oacute;n. La tecnolog&iacute;a del control se adapta al r&eacute;gimen pol&iacute;tico; el gesto de fondo es el mismo.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este doble cerco &mdash;burocr&aacute;tico por dentro, mercantil por fuera&mdash; la resistencia es subterr&aacute;nea y fr&aacute;gil, pero real. En los m&aacute;rgenes, centenares de<strong>&nbsp;</strong>fanzines al a&ntilde;o circulan en fotocopias y PDFs, una econom&iacute;a de trueque y comunidad que rechaza entrar en ning&uacute;n mercado. Editoriales independientes sobreviven con tiradas de 500 a 2000 ejemplares, gracias a suscripciones, ferias nicho y una red de librer&iacute;as especializadas. Su viabilidad no se mide en beneficios, sino en influencia cultural y construcci&oacute;n de comunidad. Son un correctivo necesario al monopolio de los grandes grupos y a la canalizaci&oacute;n estatal. Demuestran que otra circulaci&oacute;n es posible, aunque a escala humana y con enorme esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el Estado sigue apostando por su modelo de ciudadano cultural ideal: aquel que consume en sus plataformas, asiste a eventos subvencionados y repite los esl&oacute;ganes de la marca. La realidad, sin embargo, es plural: est&aacute; quien piratea libros porque no puede pagarlos, quien solo puede leer en bibliotecas, el artista que organiza ferias alternativas, el <em>youtuber</em> que genera m&aacute;s debate que un canal p&uacute;blico, el turista que huye de los lugares oficiales buscando autenticidad. Esta brecha entre el modelo impuesto y la realidad viva deslegitima por completo las pol&iacute;ticas culturales. Se revelan como lo que son: instrumentos de control y propaganda.
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n de control, sin embargo, no es exclusivo del libro. Se replica en la financiaci&oacute;n de medios, donde la publicidad oficial traza un mapa de la lealtad; en los requisitos kafkianos para acceder a subvenciones p&uacute;blicas, que solo una industria cultural profesionalizada y <em>bien conectada</em> puede navegar; o en la patrimonializaci&oacute;n de la cultura popular, que congela tradiciones vivas en espect&aacute;culos para folletos tur&iacute;sticos. En cada caso, el mecanismo es el mismo: se sustituye el ecosistema por el circuito oficial, y se confunde la vitalidad con la viabilidad administrativa. Detr&aacute;s de ello hay una sustituci&oacute;n muy concreta: decisiones pol&iacute;ticas &mdash;qu&eacute; se financia y qu&eacute; no&mdash; se toman con criterios de&nbsp;<em>marketing</em>, y se presentan como gesti&oacute;n neutral. La cultura, reducida a <em>contenido</em>, deja de ser un espacio de interrogaci&oacute;n para convertirse en un activo de la <em>Marca Espa&ntilde;a</em>. La pregunta ya no es <em>&iquest;qu&eacute; nos dice esto?</em> sino <em>&iquest;c&oacute;mo lo vendemos?</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta pulsi&oacute;n por controlar el flujo de las ideas es tan antigua como el poder organizado. Los emperadores Qin en la China del siglo III a.C. unificaron la escritura y ordenaron la quema de libros de escuelas de pensamiento rivales, enterrando vivos a sus estudiosos. El &Iacute;ndice de Libros Prohibidos de la Iglesia Cat&oacute;lica, vigente durante cuatro siglos, listaba t&iacute;tulos y, adem&aacute;s, dise&ntilde;&oacute; un sistema de permisos, censura previa y expurgaci&oacute;n que molde&oacute; el pensamiento europeo. Estos no eran actos de barbarie irracional, sino pol&iacute;ticas de ingenier&iacute;a cultural: la estandarizaci&oacute;n forzosa como herramienta de gobierno. La antropolog&iacute;a nos recuerda que los primeros Estados recaudaban impuestos y estandarizaban pesos, medidas y, crucialmente, lenguas y relatos. Esta pulsi&oacute;n no es neutral culturalmente: la antropolog&iacute;a pol&iacute;tica ha mostrado que la &ldquo;legibilidad&rdquo; &mdash;la capacidad de un Estado para ver y contar a su poblaci&oacute;n&mdash; se perfeccion&oacute; primero en la administraci&oacute;n colonial, con censos &eacute;tnicos, catastros y lenguas francas impuestas sobre la diversidad local, antes de volverse hacia dentro. El ISBN y DILVE aplican esa misma l&oacute;gica a la cultura propia: reducen la diversidad editorial a un c&oacute;digo legible para el aparato administrativo, exactamente como el catastro colonial reduc&iacute;a la tierra comunal a parcela fiscal. Es un colonialismo interno que ya no distingue entre metr&oacute;poli y periferia, porque toda cultura no registrada es hoy la nueva periferia. El poder siempre ha buscado fijar el canon, convertir el flujo vivo de la cultura en un patrimonio administrable.
    </p><p class="article-text">
        Pero este mecanismo de registro posee un reverso tenebroso que la historia conoce bien. Ah&iacute; est&aacute; la&nbsp;<em>Aktion wider den undeutschen Geist</em>&nbsp;de los nazis, que us&oacute; listas de editores para alimentar sus hogueras con libros de Heine, Mann o Freud en 1933. Y ah&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n la quema de la biblioteca del Ateneo Riojano en Logro&ntilde;o en julio de 1936. La quema de libros no empieza con las llamas, sino con el registro. Primero se cataloga, se identifica, se localiza. Luego, se puede destruir. La inmensa mayor&iacute;a de cat&aacute;logos nunca se convierten en listas negras. Pero cuando un Estado centraliza el acceso y la visibilidad de la cultura, crea, sin buscarlo, el inventario que una lista negra necesitar&iacute;a si alg&uacute;n d&iacute;a llegara a existir. La distancia entre un cat&aacute;logo para libreros y una lista para la censura es, a veces, solo un cambio de gobierno, un p&aacute;nico moral o un giro en la ortodoxia.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, por tanto, ya no es solo si una cultura capaz de producir un Cervantes &mdash;es decir, una cultura de libertad imaginativa y cr&iacute;tica&mdash; puede existir sin esos m&aacute;rgenes. La pregunta es si <em>alguna</em> cultura viva &mdash;m&aacute;s all&aacute; de los esl&oacute;ganes nacionales&mdash; puede florecer cuando el sistema secuestra los canales de circulaci&oacute;n. Las bibliotecas de Alejandr&iacute;a, los <em>scriptoria</em> medievales, las editoriales clandestinas que desafiaron dictaduras, y los fanzines de hoy comparten un axioma: las ideas necesitan circuitos libres, no registros. El verdadero patrimonio cultural no es el canon fijado por un ministerio, sino la conversaci&oacute;n incontrolable que sucede a su espalda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un mundo donde solo se ve lo que el sistema decide registrar es un mundo donde, precisamente, nunca habr&iacute;an encontrado editor los libros verdaderamente importantes. All&iacute;, en ese peaje del ISBN y ese cat&aacute;logo del que nadie te obliga a formar parte pero sin el cual no existes, los fantasmas son los libros que todav&iacute;a creen en las ideas.<em> </em>Los dem&aacute;s ya tienen ficha t&eacute;cnica, precio y visibilidad homologada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/libre-circulacion-ideas_129_13578133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Oct 2026 07:31:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Contra la libre circulación de ideas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 54: Votar para vivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-54-votar-vivir_129_13567520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez es el presidente m&aacute;s odiado en la reciente historia de este pa&iacute;s. En la calle nadie le defiende y muchos le critican. El todav&iacute;a presidente del Gobierno provoca tal rechazo que sus enemigos: ciudadanos con derecho a voto expresan la indignaci&oacute;n en la peluquer&iacute;a, en la tienda de barrio, en la barra del bar y en las terrazas de calles y plazas, as&iacute; como en las reuniones de amigos, compa&ntilde;eros, etc. Cada vez son menos los que se callan, aunque sean personas poco dadas a hablar de pol&iacute;tica. Ese odio iracundo se reflejar&aacute; en las urnas del 29 de noviembre. Hace falta saber si la bilis del odio muta en abstenci&oacute;n, en apoyo a Vox/PP , en otra oportunidad para el PSOE, o en la izquierda a la izquierda reci&eacute;n bautizada como Frente Amplio. (En 1936 fue Frente Popular). Con odio o sin &eacute;l, con unidad de la izquierda a la izquierda o sin ella, lo cierto es que somos millones los espa&ntilde;oles que podremos votar en menos de dos meses. &iexcl;Vaya papeleta y qu&eacute; papeleta!.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los amigos de las redes sociales y de las tertulias vociferantes van a tener trabajo. Esos oyentes y espectadores acabar&aacute;n empachados y sordos. &iquest;Qu&eacute; haremos los amantes de la tranquilidad? Yo creo que me ir&eacute; a un monasterio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso es que soy aficionada a leer art&iacute;culos de opini&oacute;n e incluso guardo los que me gustan. He conservado algunos de los que entresaco los siguientes p&aacute;rrafos: &laquo;Cuando encontrar una casa resulta demasiado dif&iacute;cil o costoso&hellip; Los j&oacute;venes retrasan su emancipaci&oacute;n, las familias tienen m&aacute;s dificultades para mudarse y algunos trabajadores pueden renunciar a empleos porque no pueden permitirse vivir cerca de ellos. La escasez de vivienda puede dificultar la movilidad laboral y, en &uacute;ltima instancia, frenar la productividad. Por eso ampliar la oferta de alquiler es tambi&eacute;n una pol&iacute;tica de crecimiento y de igualdad de oportunidades&raquo;.(Aida Caldera, EL PA&Iacute;S 2/10/26).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La crisis de la vivienda es un s&iacute;ntoma; la enfermedad es la ineficacia de las democracias&hellip;El fracaso de los sistemas democr&aacute;ticos para responder a los retos de esta &eacute;poca abre abismos en los que se hunden demasiados ciudadanos y de los que brotan monstruos pol&iacute;ticos&rdquo;. (Andrea Rizzi, EL PA&Iacute;S 3/10/26).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, tanto los que votan a la derecha como a la izquierda, se encuentra a la espera de que ocurra algo; un algo de tal envergadura que trastoque la realidad hasta tal punto que, tras eso, nada vuelva a ser igual&rdquo;. ( Felix Riera LA VANGUARDIA 3/10/26).
    </p><p class="article-text">
        Y aunque soy de letras, y en los n&uacute;meros flojeo, tambi&eacute;n leo las interpretaciones que otros hacen de las encuestas. Esta me ha gustado y aqu&iacute; la dejo: &ldquo;La clave de las elecciones de 2023 es que el PSOE y el PP quedaron empatados arriba, por encima del 30%, y Vox y Sumar abajo, rondando el 12%. Pero ahora la ultraderecha se va seg&uacute;n las encuestas al 18% y la izquierda, que de momento va por separado,&nbsp;no&nbsp; llega al 9% entre todos&rdquo;. E. Cue, El Pais 5/10/26
    </p><p class="article-text">
        En elDiario.es del 6/10/26, Joan Subirats se refiere a la posibilidad de crear cooperativas de viviendas, como una parte de la soluci&oacute;n al problema. Pero, &eacute;l mismo reconoce que los cooperativistas tienen que desembolsar &ldquo;a priori&rdquo;, una buena cantidad de dinero de la que no disponen por lo que , a su entender, tendr&iacute;an que ser las administraciones p&uacute;blicas quienes pusieran ese dinero. Tambi&eacute;n hay quienes insisten en que el mercado es la soluci&oacute;n, aunque haya creado el problema y animan a construir, construir, construir, una experiencia demasiado bien conocida en Espa&ntilde;a y con los resultados que estamos viendo. En estos d&iacute;as conocemos tambi&eacute;n las pr&aacute;cticas habitacionales en Austria, (un pa&iacute;s gobernado por la extrema derecha) y en Copenhague donde el Ayuntamiento es el responsable de que sus vecinos tengan una vivienda digna. Lo mismo ocurren en Zurich, ciudad rica donde las haya, en un Pa&iacute;s tan rico como Suiza y que prefiere que los ricos m&aacute;s ricos se dediquen a otros negocios y dejen la vivienda para que hasta los vulnerables y las clases medias y bajas puedan/podamos vivir. 
    </p><p class="article-text">
        Solo en Espa&ntilde;a nos vemos obligados a Votar para vivir. 
    </p><p class="article-text">
        Votad para que no haya m&aacute;s Mari Carmen. Descanse en paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-54-votar-vivir_129_13567520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 09:01:54 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 54: Votar para vivir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aves migratorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aves-migratorias_129_13571316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si alguien nos hubiera preguntado alguna vez qu&eacute; opinamos de las migraciones de aves, es posible que hubi&eacute;ramos contestado algo as&iacute;: &iquest;por qu&eacute; demonios tendr&iacute;a que importarme el destino de unos bichos con plumas que vuelan a cientos de metros de altura por encima de mi cabeza, si mis mayores problemas actuales son sobrevivir al alquiler o la hipoteca, al atasco de las ocho o pagar la factura de la luz, de la gasolina o del supermercado? La respuesta corta es que, si esos bichos dejan de volar, tu pincho de tortilla, tu caf&eacute; matutino o tu cesta de la compra van a empezar a costar todav&iacute;a m&aacute;s caros. La respuesta larga tiene que ver con nuestra propensi&oacute;n al olvido voluntario de los temas medioambientales debido a nuestro alicorto ombliguismo urbanita, pues la biosfera no entiende de compartimentos estancos. 
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de ciudadanos posmodernos, metidos en la burbuja de hormig&oacute;n y pantallas, la naturaleza ha quedado reducida al decorado id&iacute;lico de los documentales de la 2 o al lujo dominical para senderistas equipados con ropa de Decathlon. Globalmente pensamos &ndash; si es que alguna vez lo hemos hecho- que las aves migratorias son m&aacute;s bien un asunto rom&aacute;ntico, tal vez un poema de B&eacute;cquer o de Neruda, y nos evocan nostalgias, deseos de libertad y largos viajes a lejanas tierras. Craso error. El fen&oacute;meno de las migraciones intercontinentales (aqu&iacute; podr&iacute;amos incluir tambi&eacute;n a las de algunas mariposas, lib&eacute;lulas y murci&eacute;lagos, o las transoce&aacute;nicas de ciertas ballenas, tortugas, tiburones o atunes, entre otras muchas) no es un crucero de placer vacacional; es una maquinaria de precisi&oacute;n termodin&aacute;mica refinada por miles de a&ntilde;os de selecci&oacute;n natural que sostiene buena parte de la base de nuestra econom&iacute;a real. 
    </p><p class="article-text">
        Mirando el asunto desde una perspectiva puramente ego&iacute;sta y utilitaria -que es el &uacute;nico lenguaje que parecemos entender- las aves migratorias no viajan por turismo; viajan persiguiendo el motor termodin&aacute;mico del planeta. Y, sin saberlo, no solo pueden portar enfermedades, tambi&eacute;n transportan nutrientes incrementando la productividad de los ecosistemas, polinizan flores y dispersan semillas durante sus desplazamientos, mantienen las cadenas alimenticias con sus depredadores, favorecen la diversidad gen&eacute;tica, conectan ecosistemas muy separados y permiten a los animales sobrevivir a los cambios ambientales bruscos.&nbsp;Al hacerlo, act&uacute;an como una gran fuerza de intervenci&oacute;n ecol&oacute;gica. Multiplicad eso por los miles de millones de aves que cruzan las fronteras invisibles del planeta cada primavera u oto&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Uno tiene la impresi&oacute;n de que los animales han entendido algo que a nosotros todav&iacute;a nos cuesta: el planeta es solo uno. Y las migraciones son una de sus grandes arterias.&nbsp;Por eso me resulta especialmente inquietante el &uacute;ltimo informe mundial de Naciones Unidas: el 22% de las especies migratorias evaluadas se encuentra amenazado de extinci&oacute;n y el 44% est&aacute; disminuyendo en poblaci&oacute;n (los peor parados son los peces migratorios como el salm&oacute;n, con el 97% de ca&iacute;da). Y no es que los animales en general y las aves en particular hayan olvidado c&oacute;mo migrar. Es que cada vez se lo ponemos m&aacute;s dif&iacute;cil. Construimos carreteras all&iacute; donde hab&iacute;a corredores naturales, urbanizamos extensos territorios, desecamos humedales para la agricultura, contaminamos por tierra, mar y aire como si no hubiera un ma&ntilde;ana, llenamos de luces las noches, levantamos infraestructuras energ&eacute;ticas en rutas de paso y alteramos el clima que determina cu&aacute;ndo aparecen los alimentos de los que dependen. Y encima nos sorprendemos de que disminuyen sus poblaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Tengo claro que para proteger a una especie migratoria no basta con proteger el lugar donde se reproduce durante una parte del a&ntilde;o. Hay que proteger tambi&eacute;n los lugares donde descansa, pasa o se alimenta el resto del tiempo, y mantenerlos conectados entre s&iacute;. Qu&eacute; ser&iacute;a de nosotros sin las &aacute;reas de servicio de nuestras carreteras. Por eso, Naciones unidas ha identificado cerca de 10.000 &aacute;reas de importancia para las especies migratorias. Pero m&aacute;s de la mitad no dispone de la protecci&oacute;n adecuada. En consecuencia, opino que las migraciones, de animales en general y de aves en particular, deber&iacute;an ocupar un lugar mucho m&aacute;s importante en nuestra manera de ver la biodiversidad. Nos ense&ntilde;an que conservar la naturaleza no consiste en solo salvar especies o lugares concretos, sino tambi&eacute;n mantener las conexiones que hacen posible su existencia. 
    </p><p class="article-text">
        Una especie puede desaparecer de un lugar porque hemos destruido un humedal que le serv&iacute;a de descanso a 3.000 kil&oacute;metros de distancia. Una poblaci&oacute;n puede desplomarse en Europa porque las condiciones han cambiado en &Aacute;frica. Las extinciones, en otras palabras, pueden empezar muy lejos de donde finalmente las observamos. Me gustar&iacute;a que la pr&oacute;xima vez que veamos una bandada cruzar el cielo no vi&eacute;ramos bichos con plumas que, por necesidad, se marchan o regresan, sino una de las obras maestras de la evoluci&oacute;n. Y por qu&eacute; no tambi&eacute;n el delicado funcionamiento de un mundo que llevamos siglos tratando como si estuviera hecho de piezas independientes. Los animales no entienden de fronteras pol&iacute;ticas y las aves migratorias mucho menos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es 10 de octubre, Feliz d&iacute;a Mundial de las Aves Migratorias. Su lema este a&ntilde;o es &ldquo;Cada ave cuenta: &iexcl;Tus observaciones importan!&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aves-migratorias_129_13571316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 08:58:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Aves migratorias]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando un like vale más que el sentido común: ¿quién está educando a nuestros adolescentes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/like-vale-sentido-comun-educando-adolescentes_129_13568076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">No ducharse para “maximizar feromonas” y ligar más: ¿reto viral pasajero o peligro misógino entre los jóvenes?
</p></div><p class="article-text">
        El Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja advierte de los riesgos de normalizar discursos machistas y falsas creencias cient&iacute;ficas a trav&eacute;s de los retos virales y reivindica la educaci&oacute;n social como herramienta para construir relaciones saludables, pensamiento cr&iacute;tico y convivencia.
    </p><p class="article-text">
        No ducharse para resultar m&aacute;s atractivo. Acumular olor corporal para conquistar a las chicas. &ldquo;Maximizar las feromonas&rdquo; como supuesto secreto del &eacute;xito sentimental. Lo que podr&iacute;a parecer una broma adolescente es la &uacute;ltima tendencia viral que circula por Tik Tok y que nos invita a plantearnos una pregunta mucho m&aacute;s importante: &iquest;qu&eacute; modelos de masculinidad, afectividad y relaciones personales estamos ofreciendo a nuestros j&oacute;venes?
    </p><p class="article-text">
        Desde el Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja (CEESRIOJA) queremos aprovechar la noticia publicada por <a href="https://www.eldiario.es/era/no-ducharse-maximizar-feromonas-ligar-reto-viral-pasajero-peligro-misogino-jovenes_1_13563603.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es sobre el denominado pheromone maxxing </a>para abrir una reflexi&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota, del esc&aacute;ndalo y de la tentaci&oacute;n de ridiculizar a quienes participan en estas modas.
    </p><p class="article-text">
        Porque el problema no es que un adolescente decida no ducharse un d&iacute;a. El problema comienza cuando aprende que para gustar debe obedecer una f&oacute;rmula, que las mujeres son una conquista y que su valor personal depende de su capacidad para resultar deseable.
    </p><p class="article-text">
        La masculinidad no deber&iacute;a aprenderse a golpe de algoritmo. La adolescencia es una etapa de exploraci&oacute;n, b&uacute;squeda de identidad, inseguridades y necesidad de pertenencia. Las redes sociales forman parte de ese proceso y ofrecen oportunidades extraordinarias para compartir, crear y aprender.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n pueden amplificar mensajes que presentan la masculinidad como una competici&oacute;n permanente basada en el f&iacute;sico, la testosterona, el dominio o la supuesta superioridad sobre las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        No toda persona que participa en un reto viral comparte esos planteamientos. En muchas ocasiones intervienen el humor, la curiosidad o la presi&oacute;n del grupo. Precisamente por eso debemos evitar las generalizaciones y las respuestas alarmistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco podemos ignorar que determinados discursos disfrazados de consejos para ligar reproducen prejuicios machistas, difunden afirmaciones sin respaldo cient&iacute;fico y reducen las relaciones humanas a estrategias de seducci&oacute;n. Las mujeres no son premios que se consiguen. Los hombres no tienen que demostrar continuamente su virilidad. Y el afecto no se mide en conquistas, seguidores ni visualizaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Educar tambi&eacute;n consiste en desmontar estas ideas antes de que se conviertan en referentes. No necesitamos j&oacute;venes obedientes, sino j&oacute;venes capaces de pensar. Desde CEESRIOJA consideramos que prohibir, ridiculizar o responder con sermones resulta insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos escuchar qu&eacute; hay detr&aacute;s de estas conductas: miedo al rechazo, necesidad de aceptaci&oacute;n, inseguridades corporales, soledad, presi&oacute;n grupal o desconocimiento sobre las relaciones afectivas.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n no pasa por demonizar Tik Tok ni por culpabilizar a las familias. Pasa por asumir colectivamente nuestra responsabilidad educativa. Un reto puede desaparecer ma&ntilde;ana, pero las creencias sobre el cuerpo, la autoestima, el consentimiento, la igualdad y la manera de relacionarnos pueden permanecer durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por eso reivindicamos una educaci&oacute;n afectivo-sexual rigurosa, el desarrollo de la alfabetizaci&oacute;n medi&aacute;tica y digital y la incorporaci&oacute;n efectiva de profesionales de la educaci&oacute;n social en los espacios donde crecen y conviven ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes: centros educativos, familias, servicios comunitarios, asociaciones juveniles y entornos digitales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco recomendaciones para adolescentes y j&oacute;venes</strong>
    </p><p class="article-text">
        1. No confundas popularidad con verdad. Que un v&iacute;deo tenga miles de visualizaciones no convierte sus afirmaciones en cient&iacute;ficas. Pregunta, contrasta y aprende a reconocer los enga&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        2. Tu cuerpo no necesita superar ning&uacute;n examen. La higiene, el descanso, la alimentaci&oacute;n y el autocuidado son cuestiones de salud y bienestar, no f&oacute;rmulas para conseguir aprobaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        3. No necesitas conquistar a nadie para demostrar lo que vales. Las relaciones saludables se construyen desde el respeto, la reciprocidad, la comunicaci&oacute;n y el consentimiento, nunca desde la manipulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        4. Atr&eacute;vete a ser diferente del grupo. No participar en un reto que te incomoda tambi&eacute;n es una forma de autonom&iacute;a, libertad y madurez.
    </p><p class="article-text">
        5. Habla de tus inseguridades. Si te preocupa tu apariencia, tu aceptaci&oacute;n social o tus relaciones, conversa con alguien de confianza. Pedir orientaci&oacute;n demuestra capacidad para cuidarte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco recomendaciones para las familias</strong>
    </p><p class="article-text">
        1. Pregunta antes de juzgar. Un &ldquo;&iquest;qu&eacute; te llama la atenci&oacute;n de ese v&iacute;deo?&rdquo; puede generar m&aacute;s aprendizaje que una prohibici&oacute;n o una bronca.
    </p><p class="article-text">
        2. Inter&eacute;sate por sus referentes digitales. Conoce a quienes siguen, qu&eacute; mensajes transmiten y qu&eacute; modelos de &eacute;xito, belleza y masculinidad promueven.
    </p><p class="article-text">
        3. Habla de afectividad sin tab&uacute;es. Aborda con naturalidad el deseo, el consentimiento, las relaciones sanas, la igualdad y el respeto a la diversidad.
    </p><p class="article-text">
        4. Evita las burlas y las humillaciones. Ridiculizar sus inquietudes o su cuerpo puede aumentar la inseguridad y dificultar que vuelvan a pedir ayuda. 
    </p><p class="article-text">
        5. Educa tambi&eacute;n con el ejemplo. La convivencia, los cuidados compartidos, el respeto entre mujeres y hombres y la expresi&oacute;n saludable de las emociones se aprenden en la vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Educar antes de que el algoritmo decida</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde CEESRIOJA reclamamos a las administraciones p&uacute;blicas una apuesta sostenida por la prevenci&oacute;n socioeducativa, la formaci&oacute;n y el acompa&ntilde;amiento a las familias, as&iacute; como por la presencia de educadoras y educadores sociales en los centros educativos y en los programas comunitarios de infancia y juventud.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n resulta imprescindible que las plataformas digitales asuman su responsabilidad frente a la difusi&oacute;n de desinformaci&oacute;n, discursos discriminatorios y modelos de relaci&oacute;n perjudiciales.
    </p><p class="article-text">
        No podemos exigir pensamiento cr&iacute;tico a nuestros adolescentes si no les ofrecemos espacios donde aprender a desarrollarlo. Ni pedirles relaciones respetuosas si dejamos su educaci&oacute;n afectiva exclusivamente en manos de los algoritmos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la verdadera alarma no sea que algunos j&oacute;venes crean que dejar de ducharse les har&aacute; m&aacute;s atractivos. La verdadera alarma ser&iacute;a que las personas adultas dej&aacute;ramos de preguntarnos por qu&eacute; necesitan creerlo.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n social no pretende decidir c&oacute;mo deben ser nuestros j&oacute;venes, sino acompa&ntilde;arlos para que puedan descubrir qui&eacute;nes quieren ser, sin miedo, sin imposiciones y sin reproducir desigualdades.
    </p><p class="article-text">
        Porque la autoestima no se maximiza. Se cultiva. El respeto no se viraliza. Se practica. Y la convivencia no se improvisa. Se educa. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga, presidente del Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja (CEESRIOJA)]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/like-vale-sentido-comun-educando-adolescentes_129_13568076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 08:15:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando un like vale más que el sentido común: ¿quién está educando a nuestros adolescentes?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vivienda, ese viejo problema conocido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-viejo-problema-conocido_129_13565666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Francamente, me resultari&#769;a frustrante que los medios de comunicacio&#769;n, a&#769;vidos de convertir en mercanci&#769;a las noticias, acertaran al asimilar la movilizacio&#769;n lograda por el Sindicato de Inquilinas con el 15-M.  Lo digo porque como persona de izquierdas debo confesar que el 15-M me parecio&#769; siempre un movimiento lastrado por un componente fantasma&#769;tico, algo carente de una base so&#769;lida para garantizar su continuidad. 
    </p><p class="article-text">
        Desde su origen, me sorprendio&#769; su descarado adanismo. Daba la impresio&#769;n de que llegaban haciendo tablarasa de todo precedente, rompiendo la continuidad de la lucha, despreciando cualquier logro, toda idea anterior.
    </p><p class="article-text">
         Percibo ahora algo parecido, de verdad, me preocupa la absurda discontinuidad de la lucha por el derecho a la vivienda. Pareceri&#769;a que cada quince an&#771;os, una juventud angustiada tuviera que movilizarse como si fuera la primera vez, como si se viera forzada a inventarlo todo, ignorando lo que fueron las luchas anteriores y, sobre todo, co&#769;mo se consiguieron los derechos o, mejor, las posiciones de ventaja en el disfuncional mercado de la vivienda. 
    </p><p class="article-text">
        Intentare&#769; explicarme con un dato de mi experiencia. Hace solo quince an&#771;os, Ada Colau saltaba a la fama como figura representativa de los movimientos antidesahucios surgidos tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la quiebra de Lehman Brothers. Ocupaba espacios en las tertulias televisivas y llenaba el aforo de las salas con sus charlas. Habi&#769;a una sociedad concienciada, enardecida, dispuesta a evitar, ya entonces, desahucios como el de Maricarmen. 
    </p><p class="article-text">
        En esas mismas fechas, sin apenas cobertura media&#769;tica, en Andaluci&#769;a se produci&#769;a un hito legislativo revolucionario: un gobierno del PSOE, sustentado por IU, elevaba a rango legal la posibilidad de expropiar el uso residencial de la viviendas en manos de los bancos y Fondos de Inversio&#769;n, como consecuencia de los pre&#769;stamos fallidos. Se intentaba con ello garantizar el derecho a una vivienda digna consagrado en la Constitucio&#769;n. 
    </p><p class="article-text">
        El Decreto-ley, primero, y despue&#769;s la Ley que contemplaban esta posibilidad, fueron anulados por el Tribunal Constitucional. Se utilizo&#769; un argumento sibilino, propio de leguleyos. Desde luego, no el que cabri&#769;a esperar del Inte&#769;rprete Ma&#769;ximo de la Constitucio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
        Se dijo que el intere&#769;s social alegado quedaba suficientemente garantizado con las medidas adoptadas por el Gobierno presidido por Rajoy para paliar las consecuencias ma&#769;s graves de los desahucios. Adema&#769;s, se afirmo&#769;, puesto que la vivienda era el bien sobre el que recai&#769;an los pre&#769;stamos hipotecarios, constitui&#769;a el elemento esencial para garantizar la &ldquo;estabilidad del sistema financiero&rdquo; (el bien juri&#769;dico realmente protegido) y la legislacio&#769;n andaluza lo poni&#769;a en riesgo, al devaluar el precio de la vivienda con la posibilidad de su expropiacio&#769;n. 
    </p><p class="article-text">
        Las viviendas seri&#769;an enajenadas por su expectativa de valor en el mercado por la Sareb, ese engendro improvisado para salvar la cara de unos banqueros ineptos. Una estafa que nos ha costado mas de 55.000 millones de euros, quebrada en la actualidad, y que nadie sabe que&#769; beneficio ha reportado a quienes costeamos su capitalizacio&#769;n con nuestros impuestos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero tan importante como ello fue la posicio&#769;n y la doctrina del TC. Para el Inte&#769;rprete Ma&#769;ximo de la Constitucio&#769;n, la vivienda no era el bien cuya funcio&#769;n social exigi&#769;a que fuera destinada al uso habitacional para garantizar el derecho proclamado como principio en el arti&#769;culo 47 de la Constitucio&#769;n; era, sin ambages, un &ldquo;producto financiero&rdquo; orientado a salvaguardar la estabilidad del sector bancario. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo: en el sistema capitalista, ante la situacio&#769;n de peligro del dinero, cuando la prima de riesgo llega a los i&#769;ndices que en esa e&#769;poca alcanzo&#769;, determinados principios se relegan a un segundo plano y la Constitucio&#769;n aparece con el sesgo con que la definio&#769; Lasalle: &ldquo;la suma de factores reales de poder que rigen un pai&#769;s.&rdquo; Y el econo&#769;mico es el factor de poder ma&#769;s real. Para el venerable Tribunal reconocerlo asi&#769; era el verdadero &ldquo;canon de constitucionalidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y lo terrible es que ese pronunciamiento no produjo ninguna movilizacio&#769;n social, no merecio&#769; ni el ma&#769;s mi&#769;nimo esfuerzo pedago&#769;gico por quienes entonces protagonizaban la lucha por el derecho a la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Cuando paso&#769; el efecto drama&#769;tico de los desahucios, el movimiento se distendio&#769;, pero los efectos ya estaban alli&#769;. Habi&#769;amos perdido la batalla por las ideas y nuestras instituciones y conceptos juri&#769;dicos. Una batalla que no dimos, que nunca hemos sabido dar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy nuestros jo&#769;venes exigen la aplicacio&#769;n del instituto expropiatorio y es como si pidieran la nacionalizacio&#769;n de los medios de produccio&#769;n. Una medida comunista-bolivariana en el argot neoliberal del ayusismo. La expropiacio&#769;n no es, nunca ha sido, una privacio&#769;n del derecho de propiedad; es una venta impuesta por la comunidad por razones de utilidad pu&#769;blica o intere&#769;s social. Una venta, no un robo o una confiscacio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
         Las Leyes del Suelo de 1956 y 1974, el Texto Refundido de 1976, una legislacio&#769;n procedente de e&#769;poca franquista, contemplaban con total normalidad la expropiacio&#769;n como uno de los sistemas de ejecucio&#769;n de los planes urbani&#769;sticos. Esto significaba que podi&#769;a expropiarse la totalidad de un Sector. La expropiacio&#769;n del suelo exigido por el crecimiento de la ciudad, suponi&#769;a un medio de captacio&#769;n directa de las plusvali&#769;as urbani&#769;sticas que la misma ciudad generaba, tal como dispone el arti&#769;culo 47 de la Constitucio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
        Aqui&#769; en Logron&#771;o, que no es precisamente Marinaleda, a mediados de los an&#771;os noventa se promovieron viviendas en re&#769;gimen de cooperativa, sobre suelo pu&#769;blico obtenido por expropiacio&#769;n. &iquest;Co&#769;mo se nos ha olvidado? &iquest;En que&#769; momento nos asalto&#769; esa suerte de amnesia de lo que significa la lucha y nuestro acervo cultural?
    </p><p class="article-text">
        Me importa sen&#771;alar este dato por una razo&#769;n muy sencilla. En el debate suscitado por los decretos-ley 26 y 27/2026, ambos de 29 de septiembre, he oi&#769;do en repetidas ocasiones invocar el marco de la realidad como el li&#769;mite limitante de las propuestas. En la derecha, el mero intento de traspasar ese li&#769;mite, se califica como un postulado de ma&#769;ximos que hace imposible el acuerdo. Obviamente, la expropiacio&#769;n rebasa esos li&#769;mites y queda excluida. Pues bien, el marco de la realidad tambie&#769;n lo definimos nosotros con nuestra lucha cultural. Hace solo treinta an&#771;os la expropiacio&#769;n era un elemento perfectamente aceptable y no un postulado inasumible de ma&#769;ximos. Y lo mismo cabe decir de los contratos indefinidos hasta el decreto Boyer. Ha sido la derecha la que, poco a poco, ha estrechado el marco de lo posible, y en el futuro, si no la paramos, lo estrechara&#769; ma&#769;s.
    </p><p class="article-text">
        Escuchaba el otro di&#769;a a una joven portavoz del Sindicato de Inquilinas formular en tono crispado una pregunta reto&#769;rica: &iquest;cua&#769;ndo, deci&#769;a, el derecho a especular se ha situado por encima del derecho a una vivienda? Me quede&#769; sorprendido, con ganas de decirle a mi vez: compan&#771;era, &iquest;cua&#769;ndo ha dejado de ser asi&#769;?
    </p><p class="article-text">
        Otra joven denunciaba airada que viviri&#769;a peor que sus padres porque ni a una vivienda tendri&#769;a acceso. No puedo consolarla, pero si&#769; me hubiera gustado decirle que no tomara como referencia a sus padres, que se remontara a sus abuelos, los que conocieron el chabolismo horizontal y vertical, no para aceptar esa situacio&#769;n resignadamante, sino para hacerse heredara de su lucha, la que les permitio&#769; salir de la miseria impuesta.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando escribo, se ha perdido una votacio&#769;n en el parlamento. Importa no engan&#771;arse; se ha perdido porque todavi&#769;a una mayori&#769;a social, la que padece la situacio&#769;n, no ha sido capaz de articular adecuadamente una mayori&#769;a poli&#769;tica y los referentes poli&#769;ticos, las formaciones de izquierda, tampoco han sabido encauzarla. Pero perder la votacio&#769;n parlamentaria no es perder la batalla social. Si se asume el verdadero significado de institutos tales como la prohibicio&#769;n de los desahucios a persona vulnerables cuando el ejecutor es un ente dedicado a la especulacio&#769;n; si se hace propia la idea de que en caso de que el titular de la vivienda ejecutada sea una persona fi&#769;sica debe garantizarse al inquilino una solucio&#769;n habitacional y que el juez que suspenda el alzamiento puede y debe exigi&#769;rsela a la Administracio&#769;n competente; si hacemos nuestros los principios ba&#769;sicos para la proteccio&#769;n del arrendamiento; si nos comprometemos en una tarea pedago&#769;gica de esa legislacio&#769;n protectora, si no damos un paso atra&#769;s, estaremos definiendo un nuevo marco de realidad que la derecha tendra&#769; que aceptar aunque no le guste.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tempo en que la izquierda no pretendi&#769;a solo intervenir en el mercado, queri&#769;a sacar la vivienda del mercado para garantizar el derecho de los que no podi&#769;an acceder a e&#769;l.
    </p><p class="article-text">
        Habi&#769;a medidas, racionales, rigurosas, factibles. Hay que recuperarlas, pero, ante todo, crear un movimiento que sea capaz de mantener una tensio&#769;n continuada en el tiempo. Que no nos olvidemos del problema hasta que vuelva a visitarnos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Rodríguez Rubio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/vivienda-viejo-problema-conocido_129_13565666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2026 10:25:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La vivienda, ese viejo problema conocido]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rostro que se nos exige]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/rostro-exige_129_13561153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando publiqu&eacute;&nbsp;<em>La careta y el rostro</em>, la poeta Julia Baigorri me se&ntilde;al&oacute; dos cosas. La primera, que su m&aacute;scara no era la de quien ha sido maltratada por sus compa&ntilde;eros, sino la de quien debe parecer feliz todos los d&iacute;as:&nbsp;<em>yo confieso que la llevo. Soy de las que cuando llega a casa cuelga la careta de mujer feliz, como Eleanor Rigby, y ah&iacute; surjo yo, con toda mi soledad, tristeza e incertidumbre.</em>&nbsp;La segunda, que el art&iacute;culo que le habr&iacute;a gustado leer era otro: el de las abusonas y abusones, los que se erigen en caudillos de un grupo y eligen a su v&iacute;ctima por ser guapa o fea, bajita o gorda, escu&aacute;lida o tartamuda, o simplemente porque perciben en ella demasiada sensibilidad.&nbsp;<em>En memoria de los ni&ntilde;os suicidados</em>, me escribi&oacute;,&nbsp;<em>los que sufrieron en silencio la tortura de ir al cole que era su campo de exterminio.</em>&nbsp;Este art&iacute;culo intenta responder a esa segunda petici&oacute;n, sin olvidar la primera.
    </p><p class="article-text">
        Empiezo por la primera m&aacute;scara, la de la felicidad obligada. Edgar Cabanas y Eva Illouz, en&nbsp;<em>Happycracia</em>, describen c&oacute;mo la felicidad se ha convertido en un mandato: una obligaci&oacute;n que se exhibe, m&aacute;s que un estado al que se llega. Los autores critican una determinada concepci&oacute;n de la psicolog&iacute;a positiva seg&uacute;n la cual el bienestar aparece como responsabilidad individual. De ah&iacute; la presi&oacute;n constante por estar feliz y, sobre todo, por parecerlo. La careta de Julia responde a un mandato social que no admite excepciones. En casa no puede decir&nbsp;<em>hoy no puedo</em>: cuelga la careta y espera a que se le borre el gesto de la sonrisa.
    </p><p class="article-text">
        Toda sociedad establece escalas, y esas escalas jerarquizan y excluyen. Erving Goffman lo describi&oacute; en&nbsp;<em>Estigma: la identidad deteriorada</em>&nbsp;(1963). Ante un desconocido, la primera impresi&oacute;n nos permite anticipar a qu&eacute; categor&iacute;a pertenece y qu&eacute; atributos tiene. Si descubrimos en &eacute;l algo que lo vuelve distinto y menos deseable, dejamos de verlo como una persona entera y corriente y pasamos a verlo como alguien manchado y rebajado. Ese acto de reducci&oacute;n es la escala en funcionamiento. La apariencia f&iacute;sica y los modales se miden con una vara invisible, y quien cae fuera del intervalo aceptable carga con lo que Goffman llama estigma: una identidad deteriorada que se le impone como condici&oacute;n permanente. A quien cae fuera se le clasifica antes de mirarlo. Lo que hace da&ntilde;o llega despu&eacute;s de clasificar, con el sistema de premios y castigos.
    </p><p class="article-text">
        Careta y rostro comparten origen. En lat&iacute;n,&nbsp;<em>persona</em>&nbsp;designaba la m&aacute;scara del actor, y una hip&oacute;tesis muy repetida la hace derivar del etrusco&nbsp;<em>phersu</em>. En el teatro cl&aacute;sico m&aacute;scara y persona eran una misma cosa: te pon&iacute;as la m&aacute;scara y eras ese alguien. Goffman llev&oacute; la intuici&oacute;n a toda la vida social en&nbsp;<em>La presentaci&oacute;n de la persona en la vida cotidiana</em>&nbsp;(1959): cada espacio es un escenario y en &eacute;l representamos un papel. Hay adem&aacute;s un giro que suele pasarse por alto: se nos exige llevar una careta y tambi&eacute;n tener un rostro determinado. Judith Butler distingue entre las vidas que una sociedad reconoce como inteligibles y las que arroja al terreno de lo abyecto, aquello que no puede leerse. Butler desarrolla esta distinci&oacute;n a prop&oacute;sito de las normas de inteligibilidad de g&eacute;nero; aqu&iacute; utilizo esa l&oacute;gica, de forma deliberadamente extensiva, para pensar otras formas de exclusi&oacute;n del &aacute;mbito de lo visible. De ah&iacute; una pregunta m&aacute;s cruel que la de la careta: si tu rostro mismo no cumple los requisitos, ni siquiera tienes derecho a una m&aacute;scara digna.
    </p><p class="article-text">
        Goffman y Butler describen el mecanismo de la exclusi&oacute;n, y las cifras del acoso escolar muestran c&oacute;mo se aplica. El VIII informe de la Fundaci&oacute;n ANAR y la Fundaci&oacute;n Mutua Madrile&ntilde;a recoge las respuestas de 18.245 estudiantes de 236 centros de cinco comunidades aut&oacute;nomas durante el curso 2025-2026. El 14,1% del alumnado dice que &eacute;l o alg&uacute;n compa&ntilde;ero de su clase sufre acoso o ciberbullying, frente al 12,3% del curso anterior. El acoso presencial, medido aparte, sube del 6,5% al 7,9%. Entre los motivos, que el alumnado pod&iacute;a marcar en varias opciones, el aspecto f&iacute;sico ocupa el primer lugar (78,9%), seguido de la cultura, la raza o la religi&oacute;n (54,9%) y de las cosas que la v&iacute;ctima hace o dice (50,3%). La orientaci&oacute;n sexual aparece en el 43%. Adem&aacute;s, los motivos que m&aacute;s crecen respecto al curso anterior son el aspecto f&iacute;sico, la cultura, la raza o la religi&oacute;n, y la orientaci&oacute;n sexual. El castigo cae sobre lo que se sale de la norma.
    </p><p class="article-text">
        Las formas que adopta el castigo son reveladoras: insultos, motes y burlas (86,4%), aislamiento (43,5%), rumores (32,7%) y agresiones f&iacute;sicas (29,7%). El aislamiento y la burla son las sanciones t&iacute;picas contra quien no encaja en la escala. El 27,6% de quienes sufren acoso presencial lo padece desde hace m&aacute;s de un a&ntilde;o. Es una condici&oacute;n que se repite:&nbsp;<em>t&uacute; eres as&iacute; y mereces que te traten as&iacute;</em>. Los docentes encuestados se&ntilde;alan la presi&oacute;n del grupo de iguales (89,3%) como factor decisivo, y el 81,9% ve el sentimiento de superioridad como el rasgo m&aacute;s asociado al agresor. En el 33% de los casos presenciales participan dos o m&aacute;s agresores. El acoso es una ejecuci&oacute;n colectiva de la norma: el grupo confirma su propia normalidad castigando al que se desv&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Julia ped&iacute;a mirar al otro lado: al que elige, al que jalea, al que mira. El estudio de Christina Salmivalli y sus colegas (1996) describi&oacute; los roles que cada ni&ntilde;o adopta en el acoso y los relacion&oacute; con su estatus en el grupo. En una muestra de 573 escolares finlandeses de sexto, identific&oacute; seis roles: v&iacute;ctima, agresor, reforzador del agresor, ayudante del agresor, defensor de la v&iacute;ctima y espectador. Los autores pudieron asignar un rol al 87% del alumnado y encontraron diferencias significativas en la distribuci&oacute;n de esos roles seg&uacute;n el sexo y el estatus social dentro del grupo. Un estudio con 441 adolescentes de dos institutos p&uacute;blicos de Castell&oacute;n (G&oacute;rriz y colaboradores, 2010), que asigna a cada alumno un &uacute;nico rol principal, reparte la clase as&iacute;: 19% agresores, 20% seguidores del agresor, 32% defensores, 25% p&uacute;blico y 4% v&iacute;ctimas. La conclusi&oacute;n de ambos trabajos es que el acoso funciona como fen&oacute;meno de grupo: la mayor&iacute;a de la clase participa, de forma activa o pasiva, en el clima que lo hace posible. Los reforzadores agreden riendo o jaleando, y a veces impidiendo que la v&iacute;ctima escape para ver c&oacute;mo la humillan. El p&uacute;blico, seg&uacute;n los autores del estudio de Castell&oacute;n, suele quedarse quieto por miedo a ser la siguiente v&iacute;ctima o a enemistarse con los agresores. Pero esos roles no son fijos: en su muestra, cuando el p&uacute;blico deja de ser pasivo, en el 81% de los casos pasa a defender a la v&iacute;ctima, y los defensores eran los compa&ntilde;eros m&aacute;s valorados por el grupo. El informe de ANAR apunta en la misma direcci&oacute;n: el 59,2% del alumnado cree que sus compa&ntilde;eros hacen algo ante un caso, 7,1 puntos m&aacute;s que el curso anterior. La clase puede inclinarse hacia un lado o hacia el otro.
    </p><p class="article-text">
        Sobre los suicidios hay que hablar con cuidado. En 2024 se quitaron la vida 90 menores de 20 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, frente a 76 el a&ntilde;o anterior, seg&uacute;n el INE. Es la cifra m&aacute;s alta de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y llega mientras el total de suicidios descend&iacute;a por segundo a&ntilde;o consecutivo. El INE no registra causas, y el Ministerio de Sanidad describe el suicidio como un fen&oacute;meno multicausal. Por eso pongo estas cifras junto a las del acoso sin unirlas con una flecha. En algunos casos concretos consta, adem&aacute;s, que hubo se&ntilde;ales de acoso y que la respuesta lleg&oacute; tarde. Sandra Pe&ntilde;a ten&iacute;a 14 a&ntilde;os, viv&iacute;a en Sevilla y se quit&oacute; la vida el 14 de octubre de 2025. Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n judicial, el colegio supo del acoso en febrero de 2025, ocho meses antes, y su madre pidi&oacute; que la cambiaran de clase por los insultos y las burlas que recib&iacute;a. Un informe de la Inspecci&oacute;n Educativa se&ntilde;ala que no consta que el centro abriera un procedimiento corrector. En septiembre de 2026, la Audiencia de Sevilla confirm&oacute; el archivo de la causa penal contra los responsables del colegio: no aprecia entre su actuaci&oacute;n y la muerte la relaci&oacute;n de causalidad directa que exige el derecho penal. El mismo auto describe esa actuaci&oacute;n como &ldquo;deficitaria, insuficiente y contraria a la urgencia&rdquo; que un caso de acoso requiere, y reconoce que las medidas tomadas fueron tan leves que no surtieron efecto. A&ntilde;ade que el acoso influy&oacute; en el sentimiento de rechazo de Sandra hacia s&iacute; misma, aunque no de forma decisiva a efectos penales. Pide a la autoridad educativa m&aacute;s prontitud y contundencia, con supervisi&oacute;n de especialistas, y reclama la implicaci&oacute;n del alumnado y de la comunidad educativa, porque dejar toda la responsabilidad en el equipo directivo se ha mostrado insuficiente. El archivo cierra la v&iacute;a penal y deja abierta la civil para los padres. La justicia de menores investiga por separado, hasta donde consta,&nbsp;a las tres alumnas se&ntilde;aladas, y la Junta espera a la Fiscal&iacute;a de Menores para decidir la sanci&oacute;n al colegio. En Ja&eacute;n, dos adolescentes de 15 y 16 a&ntilde;os aparecieron sin vida en un parque del centro. Se habl&oacute; de acoso, y la Junta pidi&oacute; prudencia hasta que concluyera la investigaci&oacute;n policial: hay causas que tardan en conocerse. Detr&aacute;s de cada cifra hay alguien que ya no est&aacute;. Julia lo escribi&oacute; as&iacute;:&nbsp;<em>los que sufrieron en silencio la tortura de ir al cole que era su campo de exterminio solapado y consentido a espaldas de los padres ajenos a su sufrimiento.</em>
    </p><p class="article-text">
        Eleanor Rigby recoge el arroz que queda tras las bodas en la iglesia y vuelve a casa a ponerse la cara, que seg&uacute;n la canci&oacute;n guarda en un tarro junto a la puerta. La canci&oacute;n de los Beatles dura porque capta una forma de existir: la careta como estrategia de supervivencia cuando no hay otra. La soledad de Eleanor Rigby incluye no poder mostrar que est&aacute; sola. La careta del tarro oculta una infelicidad que no est&aacute; permitida, y en eso Eleanor Rigby y Julia Baigorri son la misma figura: la mujer que se pone la cara de felicidad al salir y la guarda al volver. En el espacio p&uacute;blico la careta te permite pasar el examen. Si sonr&iacute;es y pareces&nbsp;<em>normal</em>, cumples los indicadores que exige la escala y nadie te a&iacute;sla ni se r&iacute;e de ti. El precio es que t&uacute; tampoco est&aacute;s presente. La careta te protege y, al mismo tiempo, te cancela. En lugar de vivir, apruebas la inspecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y al llegar a casa? Goffman distingui&oacute; entre la regi&oacute;n anterior (<em>front region</em>), donde se desarrolla la actuaci&oacute;n ante los dem&aacute;s, y la regi&oacute;n posterior (<em>back region</em>), donde los requisitos de esa actuaci&oacute;n pueden relajarse. A&ntilde;ado una pregunta: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando la regi&oacute;n posterior es el &uacute;nico lugar donde puedes quitarte la careta y descubres que debajo hay agotamiento? Los datos espa&ntilde;oles de 2026 apuntan en esa direcci&oacute;n. El estudio de la Fundaci&oacute;n ONCE y la Fundaci&oacute;n AXA, con 4.100 adultos, sit&uacute;a en el 20,2% a quienes viven una soledad no deseada. La soledad llega al 49,1% entre quienes tienen problemas de salud mental, frente al 11% entre quienes no los tienen. Y el 77,6% de la poblaci&oacute;n considera bastante o muy dif&iacute;cil reconocer ante los dem&aacute;s que tiene un problema de salud mental. Quitarse la careta y decir&nbsp;<em>no estoy bien</em>&nbsp;es en s&iacute; un acto estigmatizado. El c&iacute;rculo se cierra: el dolor no se muestra en p&uacute;blico porque no se acepta, en privado sigue ah&iacute;, y llega la sospecha de que quiz&aacute; no hay un&nbsp;<em>yo real</em>, solo capas de caretas desgastadas.
    </p><p class="article-text">
        Marcel Mauss describi&oacute; en&nbsp;<em>Ensayo sobre el don</em>&nbsp;(1925) el&nbsp;<em>potlatch</em>&nbsp;de los pueblos del noroeste del Pac&iacute;fico: una forma de intercambio competitivo en la que el prestigio y el rango se pon&iacute;an en juego mediante la exhibici&oacute;n, la entrega y, en determinados casos, la destrucci&oacute;n de riqueza. En algunos&nbsp;<em>potlatch</em>&nbsp;se quemaban grandes cantidades de bienes y se romp&iacute;an o arrojaban al agua objetos de cobre para imponerse al rival. La m&aacute;scara exig&iacute;a un sacrificio real. Hoy la m&aacute;scara se valida de otra manera: exige destruir la propia cara para sobrevivir. All&iacute; se destru&iacute;a riqueza para imponerse, y aqu&iacute; se trata de borrarse hasta encajar.
    </p><p class="article-text">
        Julia me sugiri&oacute; que escribiera este art&iacute;culo en memoria de los ni&ntilde;os suicidados. No tengo capacidad de restituirles nada. Puedo decir lo que las cifras y los casos permiten decir: la crueldad se sostuvo entre muchos. Alguien eligi&oacute; a la v&iacute;ctima, y a su alrededor otros rieron o miraron hacia otro lado. Y en casa, muchas veces, nadie lo sab&iacute;a, porque el hijo se pon&iacute;a cada ma&ntilde;ana la careta de quien va al colegio como a un lugar normal. Esa careta dec&iacute;a que no pasaba nada. Debajo hab&iacute;a un ni&ntilde;o esperando que alguno de los que miraban hiciera algo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Si t&uacute; o alguien cercano necesita ayuda, el tel&eacute;fono 024 de atenci&oacute;n a la conducta suicida es gratuito y funciona las 24 horas.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/rostro-exige_129_13561153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 15:52:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El rostro que se nos exige]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bola negra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bola-negra_129_13549171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La bola negra es la pel&iacute;cula que m&aacute;s est&aacute; dando que hablar en este 2026, que, por otro lado, est&aacute; siendo un a&ntilde;o de buenas pel&iacute;culas. En los festivales en los que se est&aacute; presentando est&aacute; obteniendo el reconocimiento de los diferentes jurados. En los cines comerciales se estren&oacute; el pasado viernes 25 de septiembre. Yo la vi el s&aacute;bado 26.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Me gust&oacute;? &iexcl;Qu&eacute; pregunta tan insuficiente para una pel&iacute;cula tan grande! Sin embargo, yo no la recomendar&iacute;a a todo el p&uacute;blico. Incluso advertir&iacute;a a los seguidores de los &ldquo;torrentes&rdquo; de Santiago Segura y similares que no acudan a verla. &iquest;Estoy diciendo que es una pel&iacute;cula de culto? Pues s&iacute;. Creo, ahora que lo escribo, que es una pel&iacute;cula de culto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tiene un estilo narrativo diferente. Los protagonistas, tres actores hasta ahora de segunda fila o casi desconocidos, hacen una interpretaci&oacute;n magistral. Los directores, tienen el m&eacute;rito de conseguir que los actores se metan en la carne de sus personajes y eso llega al espectador.
    </p><p class="article-text">
        Las actrices de reparto est&aacute;n soberbias: Lola Due&ntilde;as, no lo puede hacer mejor. Glen Closse est&aacute; magnifica en su peque&ntilde;o papel de historiadora e investigadora. Pen&eacute;lope Cruz es extraordinaria, canta, baila, provoca, reivindica, se defiende y defiende. Es una mujer luchadora, amante de la libertad en una &eacute;poca de represi&oacute;n. Hasta el peque&ntilde;o papel de Antonio de La Torre, padre del joven Carlos, es bueno.
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica se hace imprescindible en todas las escenas.&nbsp;El pasodoble: &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; tiene dos interpretaciones. En la primera la voz dulce casi la de una ni&ntilde;a se introduce en ese soldado joven que no tiene m&aacute;s mundo que el de su madre. Ese soldado t&iacute;mido que toca la trompeta en la banda de su pueblo y que van a recibir a los nacionales, a los franquistas, porque creen que les traen la paz. Estamos en 1937 y no hay paz en Espa&ntilde;a. Una guerra civil enfrenta a dem&oacute;cratas y fascistas. Los aviones italianos cargados de bombas destruyen pueblos enteros, matan a sus gentes y los soldados de Franco recogen a los heridos los cargan en camiones y les dan &ldquo;el tiro de gracia&rdquo; en las cunetas.
    </p><p class="article-text">
        Ese pasodoble tan patriota, ese &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; pierde la ternura de la voz infantil y se transforma en el coro de recias voces masculinas que representan la fuerza bruta y el deseo irracional de matar. La trompeta es un elemento clave, simb&oacute;lico y on&iacute;rico en la pel&iacute;cula. El resto de los temas y canciones se adaptan al relato como un guante a los dedos de la mano.
    </p><p class="article-text">
        Hay fotograf&iacute;as de belleza natural: la monta&ntilde;a nevada, el arroyo que cobija a Sebasti&aacute;n, la playa en la que, en sue&ntilde;os, ese deliciosamente ingenuo &ldquo;soldadito espa&ntilde;ol&rdquo; ve los cuerpos atractivos de esos hombres desnudos, la cima del acantilado que anuncia el precipicio de todo, sobre todo de la guerra, de la muerte, del odio, de la intransigencia&hellip; &nbsp;El bombardeo del casino, los restos del escombro tan blancos como la nieve que entra por la gran claraboya y la inmensa l&aacute;mpara en el centro del sal&oacute;n destruido&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y detr&aacute;s de todo Lorca, Federico Garc&iacute;a Lorca, un poeta homosexual en un tiempo sin libertad. Por eso lo mataron. Un gay que plasmaba como nadie la sociedad en la que viv&iacute;a: Yerma, la Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre son ejemplos claros del autor dram&aacute;tico. Sus poemarios: El Romancero gitano, en el que sobresale: La Casada infiel y poeta en Nueva York son dos estilos tan distintos que resulta imposible creer que hayan salido de la misma pluma.
    </p><p class="article-text">
        'La bola negra' es esa pel&iacute;cula que se vale de la belleza del arte para ense&ntilde;ar esa parte de nuestra historia a la que no llegan los estudiantes de Secundaria y Bachillerato y que no quieren admitir aquellos descendientes del odio porque como se dice en la pel&iacute;cula: &ldquo;Espa&ntilde;a tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que rascar la tierra para que salgan&rdquo;. Gracias a los directores de &ldquo;La Bola negra&rdquo;: Javier Calvo y Javier Ambrossi y, de nuevo: &iexcl;Viva el cine espa&ntilde;ol!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/bola-negra_129_13549171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 08:45:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La bola negra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Congelada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/congelada_129_13552424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Le&iacute;a con estupor hace unas semanas la noticia de que la Real Federaci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol (RFEF) hab&iacute;a incorporado como ayuda a la maternidad, la financiaci&oacute;n de la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos, entre otras t&eacute;cnicas. La propuesta de la Federaci&oacute;n, en un intento, a mi juicio, de evitar pol&eacute;micas, se presentaba bajo un argumento aparentemente incontestable: &ldquo;nos lo han pedido ellas&rdquo;. Como si este dato proporcionara una especie de &ldquo;tranquilidad&rdquo;, o disipara cualquier duda de la &ldquo;honestidad&rdquo; de la medida. Sin embargo, lo m&aacute;s llamativo de todo es precisamente aquello que quedaba fuera del debate: c&oacute;mo ayudar a las deportistas que quieren ser madres durante su carrera profesional. Este es el meollo. No otro. Retrasar la maternidad mediante la financiaci&oacute;n de la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos puede ser, en determinadas circunstancias, un mal menor o una alternativa leg&iacute;tima, pero dif&iacute;cilmente debe convertirse en LA soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo cuando, hace ya algunos a&ntilde;os, Apple y Facebook anunciaron la financiaci&oacute;n del tratamiento de congelaci&oacute;n de &oacute;vulos para sus empleadas como una iniciativa destinada a retener el talento. Se presentaba como un beneficio, s&iacute;, pero si profundizabas en el discurso que acompa&ntilde;aba esta medida, afloraba una idea inquietante: congelar durante tus a&ntilde;os f&eacute;rtiles, para poder afrontar los a&ntilde;os m&aacute;s productivos para la empresa. Todav&iacute;a me permito utilizar este ejemplo en mis formaciones, para abrir un debate que sigue plenamente vigente.
    </p><p class="article-text">
        La profesionalizaci&oacute;n del deporte femenino ha situado en el debate p&uacute;blico la maternidad y sus obst&aacute;culos, y no son pocas las deportistas que han decidido alzar la voz. Ana Peleteiro, atleta, que decidi&oacute; ser madre tras ser bronce ol&iacute;mpico en Tokio 2020, criticaba esta medida de la RFEF y recordaba que el verdadero desaf&iacute;o consiste en asegurar que ser madre no suponga una penalizaci&oacute;n profesional en tu carrera. Blanca Manch&oacute;n, ol&iacute;mpica en windsurf en Tokio 2020, tiraba de iron&iacute;a para se&ntilde;alar lo supuestamente id&iacute;lico de financiar la congelaci&oacute;n de &oacute;vulos de las futbolistas: las deportistas podr&iacute;an esperar a ser madres al terminar sus carreras deportivas, no dar problemas durante su etapa competitiva, y despu&eacute;s descongelar &oacute;vulos y quedarse embarazadas a los 40 a&ntilde;os. Maravilloso.
    </p><p class="article-text">
        Y es que lo preocupante es que hemos terminado adaptando los tiempos reproductivos a las exigencias de las estructuras laborales, en lugar de transformar estas estructuras para hacer posible la maternidad. Ah&iacute; reside el quid de la cuesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque congelar &oacute;vulos no es conciliar. Congelar &oacute;vulos es, en gran medida, desplazar la mirada de lo verdaderamente importante. Es asumir que la maternidad y la trayectoria profesional son incompatibles, y que corresponde a las mujeres modificar sus proyectos vitales para encajar en un modelo organizativo que permanece inalterado. Es hacer o&iacute;dos sordos a nuestros propios tiempos biol&oacute;gicos y sociales, convirtiendo maternidad y profesi&oacute;n en adversarias irreconciliables, cuando el verdadero reto deber&iacute;a ser abordar, de una vez por todas, las condiciones que hacen posible la (bendita) conciliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, las madres, y tambi&eacute;n algunos padres, nos parecemos hoy a los funambulistas. No solo caminamos sobre la cuerda floja que supone compatibilizar las distintas esferas de la vida, sino que adem&aacute;s nos vemos en la obligaci&oacute;n de demostrar constantemente que somos capaces de hacerlo todo al mismo tiempo y sin perder el equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota al pie:</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las federaciones deportivas espa&ntilde;olas y las ligas profesionales estar&aacute;n obligadas a elaborar un plan espec&iacute;fico de conciliaci&oacute;n y corresponsabilidad con medidas concretas de protecci&oacute;n en los casos de maternidad y lactancia, que deber&aacute;n poner a disposici&oacute;n de las entidades deportivas integrantes de la federaci&oacute;n (art&iacute;culo 4 de la Ley 39/2022, de 30 de diciembre del Deporte).
    </p><p class="article-text">
        Se consideran nulas de pleno derecho las cl&aacute;usulas contractuales tendentes a permitir o favorecer la rescisi&oacute;n unilateral del contrato por raz&oacute;n de embarazo o maternidad de las mujeres deportistas (Pre&aacute;mbulo de la Ley 39/2022, de 30 de diciembre del Deporte).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Tobías Olarte]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/congelada_129_13552424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Oct 2026 07:41:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Congelada]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arar la tierra para recuperar las historias de amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/arar-tierra-recuperar-historias-amor_129_13543656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una imagen de Federico Garc&iacute;a Lorca que estos d&iacute;as, despu&eacute;s de ver <em>La bola negra</em>, no consigo quitarme de la cabeza: la del arado abriendo la tierra. Aparentemente la rompe, la hiere, la desordena. Pero el arado no destruye: prepara la tierra para que algo pueda volver a nacer. Y un d&iacute;a, el arado se detiene. Debajo hay un mosaico griego. Una historia que llevaba siglos esperando. Quiz&aacute; tambi&eacute;n una historia de amor.
    </p><p class="article-text">
        He pensado mucho en esa imagen al salir del cine. <em>La bola negra</em> enlaza tres vidas de &eacute;pocas diferentes atravesadas por la sexualidad, el deseo, el dolor y la herencia, recuperando adem&aacute;s una de las obras que Lorca dej&oacute; inacabadas. Tal vez por eso uno sale con la sensaci&oacute;n de que algunas historias nunca terminan del todo. Permanecen debajo de nosotros, esperando que alguien vuelva a remover la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Porque cambian las leyes, las palabras, las ciudades y las generaciones. Cambian nuestras formas de relacionarnos. Pero hay algo profundamente humano que permanece: la necesidad de amar y ser amado, de sentirnos reconocidos y de poder vivir nuestra identidad sin miedo. Ah&iacute; la educaci&oacute;n social tiene mucho que decir.
    </p><p class="article-text">
        Educar tambi&eacute;n significa aprender a convivir con quien piensa, siente, ama o vive de manera diferente. Trabajar el disenso sin convertirlo en enemistad. Ense&ntilde;ar que cuidar no es controlar y que acompa&ntilde;ar no consiste en decidir por la otra persona. Es construir comunidades en las que cada ser humano pueda llegar a ser quien quiera ser, respetando a los dem&aacute;s y sinti&eacute;ndose tambi&eacute;n respetado.
    </p><p class="article-text">
        No es una reflexi&oacute;n ajena al presente. Vivimos rodeados de ruido. Casos y acusaciones de corrupci&oacute;n ocupan titulares; Ceuta atraviesa una extraordinaria presi&oacute;n migratoria y humanitaria, reconocida oficialmente por el Estado, mientras el debate social se endurece. Solo durante agosto, el observatorio estatal OBERAXE detect&oacute; m&aacute;s de 101.000 contenidos reportables de odio y narrativas discriminatorias en redes, un 76 % m&aacute;s que el mes anterior; el 39 % estaba relacionado con la crisis de Ceuta.
    </p><p class="article-text">
        Corremos el riesgo de acostumbrarnos a mirarnos como adversarios antes que como personas. Y, sin embargo, seguimos enamor&aacute;ndonos. Seguimos cuidando a nuestros padres, abrazando a nuestros hijos, echando de menos a quien se fue, esperando un mensaje, tomando una mano en un hospital, acogiendo a quien llega, reconcili&aacute;ndonos despu&eacute;s de una discusi&oacute;n. Seguimos buscando a alguien con quien compartir la vida. Quiz&aacute; ah&iacute; resida una de nuestras mayores esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso necesitamos volver a arar la tierra. No para borrar el pasado, sino para encontrar las historias que quedaron debajo. Las de quienes amaron a escondidas. Las de quienes tuvieron que marcharse. Las de quienes no pudieron decir &laquo;te quiero&raquo; en voz alta. Y tambi&eacute;n las historias que hoy estamos escribiendo y que deber&iacute;amos procurar que no tengan que ser desenterradas dentro de cien a&ntilde;os para comprender cu&aacute;nto sufrimiento provocaron nuestros silencios.
    </p><p class="article-text">
        Honrar la vida y la convivencia no deber&iacute;a ser una consigna. Es una tarea cotidiana y un compromiso ciudadano. Tal vez el arado vuelva a detenerse muchas veces. Ojal&aacute; sepamos agacharnos, retirar la tierra con cuidado y mirar lo encontrado sin miedo.
    </p><p class="article-text">
        Porque debajo de tantas capas de historia seguimos encontrando lo mismo: seres humanos intentando amar y ser amados. Y mientras haya amor, habr&aacute; esperanza. Porque, al final, quiz&aacute; sea el amor lo que verdaderamente da sentido a la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga. Presidente del Colegio Profesional de Educación Social de La Rioja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/arar-tierra-recuperar-historias-amor_129_13543656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 11:34:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Arar la tierra para recuperar las historias de amor]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
