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    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Logroño será la sede del Festival Planeta Rioja con 40 bodegas y tres días de actividades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/logrono-sera-sede-festival-planeta-rioja-40-bodegas-tres-dias-actividades_1_13359455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a306fcd6-af93-480f-9ce7-e5ceeefb3a1f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x853y356.jpg" width="1200" height="675" alt="Logroño será la sede del Festival Planeta Rioja con 40 bodegas y tres días de actividades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cita tendrá lugar entre el 10 y el 13 de septiembre en el Centro de la Cultura del Rioja y contará con catas, encuentros y espectáculos</p></div><p class="article-text">
        El Centro de la Cultura del Rioja acoge este a&ntilde;o el Festival Internacional del Vino &lsquo;Planeta Rioja&rsquo;, una cita que re&uacute;ne a m&aacute;s de 40 bodegas de toda Espa&ntilde;a del 10 al 13 de septiembre
    </p><p class="article-text">
        Por tercer a&ntilde;o consecutivo, Logro&ntilde;o vuelve a ser el epicentro de la enolog&iacute;a con un encuentro entre bodegas, consejos reguladores y amantes del vino. Una combinaci&oacute;n que marida los espect&aacute;culos, las catas tem&aacute;ticas y las propuestas culinarias gourmet, con lo mejor del vino de nuestra tierra y de todo el mundo. Como novedad este a&ntilde;o se traslada el festival al Centro de la Cultura del Rioja.
    </p><p class="article-text">
        En la programaci&oacute;n de este a&ntilde;o, destacan las catas tem&aacute;ticas y las delicias gastron&oacute;micas, as&iacute; como los encuentros en los que diversos invitados de primer nivel del mundo del vino intervendr&aacute;n en ponencias, conversaciones y debates. En estos tres d&iacute;as tambi&eacute;n habr&aacute; espacio para distintos espect&aacute;culos como mon&oacute;logos cient&iacute;ficos en torno al vino o m&uacute;sica jazz entre otros.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de 40 bodegas participar&aacute;n en las diferentes catas, desde asociaciones vin&iacute;colas, como Menudas Bodegas de La Rioja, hasta denominaciones invitadas como la DO Txakoli de &Aacute;lava dar&aacute;n a conocer sus vinos y sus distintas propuestas.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, se har&aacute; entrega del III Premios Planeta Rioja, un galard&oacute;n que busca distinguir referentes en el mundo del vino de muy distintos &aacute;mbitos. Entre los reconocidos de anteriores ediciones, destaca el Consejo Regulador de la Denominaci&oacute;n de Origen Calificada Rioja, el creador musical Chema Pur&oacute;n -autor de &ldquo;Beberte un Rioja&rdquo;, himno de PLANETA RIOJA- junto a los Centros Riojanos en Espa&ntilde;a o la revista nacional &ldquo;Tapas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rioja2]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/logrono-sera-sede-festival-planeta-rioja-40-bodegas-tres-dias-actividades_1_13359455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 12:06:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Logroño será la sede del Festival Planeta Rioja con 40 bodegas y tres días de actividades]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Logroño,Vinos,Enoturismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y tú de quién eres?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/y-tu-de-quien-eres_129_13420735.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a del parentesco naci&oacute; en la segunda mitad del siglo XIX cuando abogados y eruditos, fascinados por la idea de reconstruir la historia de la humanidad, comenzaron a estudiar los sistemas de parentesco de los pueblos que llamaban <em>salvajes</em>. En un momento en que Europa se sent&iacute;a due&ntilde;a del progreso, el parentesco apareci&oacute; como un espejo invertido de la civilizaci&oacute;n: mientras el Estado moderno y la propiedad privada eran s&iacute;mbolos de madurez, las sociedades sin Estado se ve&iacute;an como la infancia de la humanidad. Johann Jakob Bachofen y J. F. McLennan, por ejemplo, usaron mitos grecolatinos y datos de viajeros para imaginar una etapa primigenia gobernada por mujeres &mdash;el matriarcado&mdash; que habr&iacute;a precedido al orden patriarcal. Lewis Henry Morgan, un abogado neoyorquino que recopil&oacute; cartas de parentesco de los iroqueses, public&oacute; en 1871 su obra fundamental sobre sistemas de consanguinidad, donde propuso que la evoluci&oacute;n de la humanidad pasaba por formas sucesivas de familia: promiscua, matrilineal, patrilineal y, por fin, la mon&oacute;gama burguesa. Su esquema, adoptado por Engels para explicar el origen de la propiedad privada, convirti&oacute; al parentesco en la clave para leer la historia social y econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Durante la primera mitad del siglo XX, la disciplina se consolid&oacute; en dos grandes escuelas. En Gran Breta&ntilde;a, Radcliffe-Brown y Evans-Pritchard desarrollaron la teor&iacute;a de la filiaci&oacute;n: el parentesco explicaba c&oacute;mo los linajes unilineales (patrilineales o matrilineales) organizaban la sucesi&oacute;n, la herencia y la alianza pol&iacute;tica en las colonias africanas. En Francia, Claude L&eacute;vi-Strauss propuso la teor&iacute;a de la alianza: el matrimonio no era un cap&iacute;tulo dom&eacute;stico sino un mecanismo c&oacute;smico que obligaba a los grupos a intercambiar mujeres y, por tanto, a crear sociedad a partir del tab&uacute; del incesto. A&ntilde;os despu&eacute;s, la antrop&oacute;loga feminista Gayle Rubin se&ntilde;alar&iacute;a que ese intercambio no era neutro: convert&iacute;a a las mujeres en el objeto, no en el sujeto, de la transacci&oacute;n fundacional, una cr&iacute;tica que ya apuntaba a que el parentesco produce jerarqu&iacute;as de g&eacute;nero antes que v&iacute;nculos naturales. Ambas perspectivas cl&aacute;sicas compart&iacute;an, en todo caso, la confianza de que exist&iacute;a un <em>sistema</em> de parentesco que pod&iacute;a compararse, taxonomizarse y traducirse a diagramas de genealog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El punto de inflexi&oacute;n lleg&oacute; en 1949 con George Murdock y su estudio comparativo masivo. Al cruzar datos de m&aacute;s de 250 sociedades &mdash;ampliados luego a 1.170 en su atlas etnogr&aacute;fico&mdash;, Murdock demostr&oacute; que muchas de las correlaciones estad&iacute;sticas que los cl&aacute;sicos daban por sentado eran endebles. Peor a&uacute;n: los mismos conceptos de <em>matrimonio, filiaci&oacute;n</em> o <em>incesto</em> variaban tanto que resultaban in&uacute;tiles para la comparaci&oacute;n. A partir de los a&ntilde;os 60, Rodney Needham y David Schneider radicalizaron la cr&iacute;tica: Needham conclu&iacute;a que <em>el parentesco no existe</em> como categor&iacute;a anal&iacute;tica universal, mientras Schneider mostraba que la idea occidental de <em>sangre</em> como v&iacute;nculo natural era una proyecci&oacute;n cultural que imped&iacute;a comprender lo que los nuer llamaban <em>thok dwiel</em> o los yap <em>tabinau</em>. El parentesco, advert&iacute;a Schneider, no era un objeto neutro: era el lugar donde Europa hab&iacute;a escondido sus propios prejuicios sobre naturaleza, reproducci&oacute;n y propiedad.
    </p><p class="article-text">
        La crisis te&oacute;rica iniciada por Schneider encontr&oacute; un eco fundamental en la obra de la antrop&oacute;loga brit&aacute;nica Marilyn Strathern. A principios de los noventa, Strathern argument&oacute; que las nuevas tecnolog&iacute;as reproductivas (NTR) &mdash;como la fertilizaci&oacute;n <em>in vitro</em>&mdash; estaban provocando un cambio epistemol&oacute;gico: desagregaban los componentes naturales de la procreaci&oacute;n (&oacute;vulo, esperma, &uacute;tero) y los convert&iacute;an en <em>hechos t&eacute;cnicos</em> susceptibles de elecci&oacute;n y combinaci&oacute;n. Este proceso, que ella llam&oacute; <em>desagregaci&oacute;n y reagregaci&oacute;n</em>, hac&iacute;a del parentesco un campo de opciones deliberadas, desafiando la idea de un v&iacute;nculo dado por la naturaleza. La pregunta ya no era <em>&iquest;de qui&eacute;n es este ni&ntilde;o?</em> en t&eacute;rminos biol&oacute;gicos, sino <em>&iquest;qu&eacute; combinaci&oacute;n de conexiones gen&eacute;ticas, gestacionales, legales y sociales constituye la parentalidad?</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta crisis te&oacute;rica coincidi&oacute; con transformaciones sociales que hicieron a&uacute;n m&aacute;s visible la fragilidad del edificio cl&aacute;sico. Las nuevas tecnolog&iacute;as reproductivas &mdash;inseminaci&oacute;n artificial, gestaci&oacute;n subrogada, criopreservaci&oacute;n de embriones&mdash; desplazan la maternidad y la paternidad fuera del cuerpo y del coito, multiplicando los candidatos a ser <em>padres</em> o <em>madres</em> en funci&oacute;n de criterios gen&eacute;ticos, gestacionales, afectivos, econ&oacute;micos o jur&iacute;dicos. Los movimientos LGTBIQ+ y las familias homoparentales obligan a los estados a redise&ntilde;ar partidas de nacimiento que hasta hace dos d&eacute;cadas solo admit&iacute;an la casilla <em>madre</em> y <em>padre</em>. En abril de 2023 la revista <em>&iexcl;Hola!</em> mostr&oacute; la primera foto de Ana Sandra Lequio Obreg&oacute;n, la nieta-bisnieta que la actriz Ana Obreg&oacute;n present&oacute; como <em>mi hija</em> a los 68 a&ntilde;os. El beb&eacute; fue gestado en Miami con &oacute;vulos de una donante an&oacute;nima y semen que Aless Lequio &mdash;fallecido en 2020 a los 27 a&ntilde;os tras un c&aacute;ncer&mdash; hab&iacute;a almacenado en 2018 en el laboratorio FIVIR (Madrid) antes de iniciar la quimioterapia; la ley espa&ntilde;ola 14/2006 no result&oacute; de aplicaci&oacute;n porque la muestra se conserv&oacute; <em>ante mortem</em>. El acta de nacimiento de Florida figura a Ana Obreg&oacute;n como <em>mother</em> en virtud de la cl&aacute;usula de gestaci&oacute;n subrogada validada por el notario (cap. 742.15 Florida Statutes). Cuando la actriz solicit&oacute; la inscripci&oacute;n en el Registro Civil de Madrid, la Direcci&oacute;n General de Seguridad Jur&iacute;dica y Fe P&uacute;blica acept&oacute; la filiaci&oacute;n materna pero rechaz&oacute; la paterna respecto a un progenitor fallecido no c&oacute;nyuge; la ni&ntilde;a obtuvo, no obstante, la nacionalidad espa&ntilde;ola por opci&oacute;n al acreditar descendencia de ciudadano (art. 20.1.a C&oacute;digo Civil). El episodio ilustra c&oacute;mo la criopreservaci&oacute;n y la gestaci&oacute;n subrogada despliegan temporalidades que rompen la secuencia cl&aacute;sica de generaciones, mientras que los estados intentan re-ensamblar con c&oacute;digos decimon&oacute;nicos parentescos que ya no caben en sus propios formularios. De hecho, el cauce que permiti&oacute; aquella inscripci&oacute;n ya no existe: en abril de 2025 la Direcci&oacute;n General de Seguridad Jur&iacute;dica y Fe P&uacute;blica lo cerr&oacute; mediante una instrucci&oacute;n t&eacute;cnica que no abri&oacute; ning&uacute;n telediario. Esa decisi&oacute;n tuvo, sin embargo, m&aacute;s efecto sobre el parentesco contempor&aacute;neo que muchos tratados de antropolog&iacute;a: desde entonces, ning&uacute;n nacimiento por gestaci&oacute;n subrogada en el extranjero puede inscribirse en Espa&ntilde;a mediante certificaci&oacute;n, declaraci&oacute;n o sentencia extranjera; solo caben la filiaci&oacute;n biol&oacute;gica probada judicialmente o la adopci&oacute;n posterior.
    </p><p class="article-text">
        El caso Obreg&oacute;n-Lequio ejemplifica c&oacute;mo, en la pr&aacute;ctica, el parentesco contempor&aacute;neo es producido activamente por una red de actores no familiares. Desde la perspectiva de la gobernanza corporal, analizada por autoras como Sonia Corr&ecirc;a y Rosalind Petchesky, estos actores &mdash;cl&iacute;nicas de fertilidad privadas (como FIVIR en Madrid), legislaciones nacionales en competencia (Espa&ntilde;a vs. Florida), notarios y agencias de gestaci&oacute;n subrogada&mdash; operan como <em>f&aacute;bricas de parentesco</em>. Ellos definen, mediante contratos y certificados, qui&eacute;n cuenta como madre o padre, transformando v&iacute;nculos afectivos y proyectos reproductivos en realidades legales. Este mercado global de la reproducci&oacute;n, con centros nodales como Miami, California o Ucrania, crea nuevas geograf&iacute;as del parentesco donde la filiaci&oacute;n depende de la ruta jur&iacute;dica y comercial elegida, priorizando a menudo la voluntad contractual y la libertad de empresa sobre los modelos biogen&eacute;ticos tradicionales. El caso de la cl&iacute;nica BioTexCom en Kiev muestra hasta qu&eacute; punto la met&aacute;fora de la <em>f&aacute;brica</em> puede ser literal: cuando la invasi&oacute;n rusa de 2022 impidi&oacute; viajar a cientos de padres contratantes &mdash;entre ellos m&aacute;s de trescientas parejas espa&ntilde;olas que acuden all&iacute; cada a&ntilde;o&mdash;, decenas de reci&eacute;n nacidos quedaron semanas bajo el cuidado de enfermeras en un b&uacute;nker subterr&aacute;neo, a la espera de que sus padres legales pudieran cruzar la frontera. El parentesco, en ese instante, no depend&iacute;a de ning&uacute;n v&iacute;nculo afectivo todav&iacute;a establecido, sino de un contrato ya firmado y de la log&iacute;stica de una guerra.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta capacidad de <em>elegir</em> y <em>ensamblar</em> el parentesco a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a y el contrato no es democr&aacute;tica, sino que est&aacute; profundamente estructurada por la brecha econ&oacute;mica global. El costo de un ciclo de FIV con &oacute;vulos de donante y gestaci&oacute;n subrogada en Estados Unidos puede superar los 150,000 d&oacute;lares, situando estas opciones como un lujo accesible solo para una &eacute;lite transnacional, como ilustra el caso de Miami. Esta din&aacute;mica crea una nueva forma de estratificaci&oacute;n reproductiva, donde la parentalidad se convierte, para algunos, en un proyecto de consumo biom&eacute;dico de alta gama. Frente a esto, los estados y las cl&iacute;nicas act&uacute;an como <em>gatekeepers</em> que, de facto, privatizan el derecho a formar una familia bajo ciertos modelos. Lo que Rubin denunciaba en el intercambio de mujeres se reactualiza aqu&iacute; en otra escala: ahora son &oacute;vulos, &uacute;teros y embriones los que circulan como bienes transaccionales, y quienes gestan o donan vuelven a ocupar, en la cadena de valor parental, el lugar del objeto antes que el del sujeto. Esta desigualdad radical contrasta con los contextos donde la innovaci&oacute;n en el parentesco no nace de un cat&aacute;logo de servicios, sino de la necesidad de asegurar la descendencia, redistribuir recursos o mantener la cohesi&oacute;n social frente a la esterilidad, la migraci&oacute;n o la mortalidad, como veremos a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las adopciones transnacionales, las migraciones laborales y las redes digitales de cuidado han convertido los lazos de parentesco en flujos que atraviesan fronteras, idiomas y plataformas de mensajer&iacute;a. Pero la <em>crisis</em> del parentesco no es patrimonio exclusivo de laboratorios o de legislaciones occidentales: tambi&eacute;n surge cuando el cuerpo, la palabra o el alimento reordenan la filiaci&oacute;n de modo que ning&uacute;n test de ADN podr&iacute;a predecir qui&eacute;n ejerce la paternidad o la maternidad social. En los lagos del oeste de Tanzania los haya cultivan el caf&eacute; y el pl&aacute;tano bajo una regla que los colonialistas llamaron <em>paternidad m&uacute;ltiple potencial</em>: el coito p&oacute;stumo del parto &mdash;una relaci&oacute;n sexual obligada entre la esposa y el marido una vez finalizado el per&iacute;odo de abstinencia&mdash; confiere al esposo derechos sobre el pr&oacute;ximo ni&ntilde;o que nazca, aunque la mujer haya tenido despu&eacute;s otras uniones. Se ha documentado que, si la esposa decide p&uacute;blicamente atribuirse un amante, el primer hijo de esa nueva uni&oacute;n ser&aacute; registrado como descendiente del marido anterior, con lo que hombres est&eacute;riles pueden obtener <em>hijos</em> mediante simple declaraci&oacute;n y pago de <em>bridewealth</em>. La antrop&oacute;loga Fran&ccedil;oise H&eacute;ritier concluy&oacute; que esta instituci&oacute;n equivale funcionalmente a una inseminaci&oacute;n con donante y a una gestaci&oacute;n por encargo, solo que mediada por la palabra y el intercambio de ganado, no por cat&eacute;teres ni contratos.
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s al sur, los tupi-kawahib del r&iacute;o Machado (Brasil) llevan la indiferenciaci&oacute;n al extremo: varias esposas del mismo hombre &mdash;que pueden ser hermanas o madre e hija&mdash; cr&iacute;an indistintamente a todos los ni&ntilde;os del grupo dom&eacute;stico. L&eacute;vi-Strauss anot&oacute; en los a&ntilde;os cincuenta que las mujeres <em>no parecen preocuparse de saber si el ni&ntilde;o que cuidan es suyo o no</em>; lo importante es que el alimento y el cari&ntilde;o circulen dentro de la casa com&uacute;n. El parentesco se efectiva entonces por la pr&aacute;ctica cotidiana del cuidado, no por el parto, y un mismo individuo puede ser <em>hijo</em> de quien le amamant&oacute;, <em>sobrino</em> de quien le llev&oacute; al r&iacute;o y <em>ahijado</em> del capit&aacute;n del r&iacute;o que lo nombra a los cuatro d&iacute;as de vida.
    </p><p class="article-text">
        En la Micronesia occidental, los chuukese de las islas Carolinas han desarrollado un sistema ad&eacute;lfico en que la hermana mayor (<em>maama</em>) ejerce sobre sus hermanos menores una autoridad equiparable a la del padre. Beatriz Moral mostr&oacute; en un estudio reciente que los ni&ntilde;os reciben de ella los nombres de los ancestros, los primeros tatuajes y el acceso a los campos de taro; en cambio, el <em>padre biol&oacute;gico</em> se convierte m&aacute;s bien en un proveedor externo que no tiene potestad disciplinaria. Cuando los j&oacute;venes emigran a Guam o Haw&aacute;i, contin&uacute;an remitiendo sus primeros sueldos a la <em>maama</em>, no al progenitor, reforzando as&iacute; un parentesco que se activa por residencia, comensalidad y control de recursos antes que por concepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Frente a estos desaf&iacute;os, el estudio del parentesco ha virado hacia una antropolog&iacute;a de la parentalidad que combina etnograf&iacute;a multisituada, an&aacute;lisis de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, documentaci&oacute;n legal y datos biom&eacute;dicos. El reto ya es comparar sin universalizar: entender c&oacute;mo distintos actores &mdash;jueces, cl&iacute;nicas de fertilidad, gestantes, donantes, ni&ntilde;os, <em>apps</em> de genealog&iacute;a&mdash; movilizan definiciones contradictorias de <em>v&iacute;nculo verdadero</em> y c&oacute;mo esas definiciones moldean la vida cotidiana. Lejos de desaparecer, la disciplina se reconfigura como un campo donde se negocia el sentido mismo de vida, herencia y pertenencia en el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Este complejo panorama de parentesco globalizado contrasta con la evidencia inmediata de los pueblos, donde la filiaci&oacute;n era un hecho p&uacute;blico, narrado y heredado en el cuerpo y en el apodo. En esos mundos de veredas estrechas &mdash;como el pueblo a orillas del Ebro de tantos veranos&mdash; uno no era un individuo aislado, sino <em>uno de los nietos del Gardacho, el taxista</em>. La identidad ven&iacute;a dada por el mote familiar, el parecido f&iacute;sico indisimulable, la memoria compartida de la plaza. No hac&iacute;a falta preguntar <em>&iquest;y t&uacute; de qui&eacute;n eres?</em>, porque todos ya lo sab&iacute;an. Ese parentesco, hecho de miradas cruzadas y biograf&iacute;as entrelazadas, se desvanece ante la l&oacute;gica del contrato, la criopreservaci&oacute;n y la filiaci&oacute;n transnacional. Sin embargo, su fantasma persiste como la medida de lo que hemos perdido &mdash;o transformado&mdash; en el tr&aacute;nsito de la casa com&uacute;n al laboratorio y al registro civil.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el viaje de la antropolog&iacute;a del parentesco revela una paradoja profunda. Los prejuicios naturalistas que David Schneider identific&oacute; en el n&uacute;cleo de la teor&iacute;a cl&aacute;sica &mdash;la creencia en la <em>sangre</em> como esencia del v&iacute;nculo&mdash; no han desaparecido, sino que se han replanteado y confrontado. Hoy emergen en los debates p&uacute;blicos sobre si el <em>v&iacute;nculo verdadero</em> en una gestaci&oacute;n subrogada es el gen&eacute;tico, el gestacional o el intencional; en la resistencia de algunos registros civiles a inscribir m&aacute;s de dos progenitores; o en el valor social a&uacute;n privilegiado del parecido f&iacute;sico como prueba de filiaci&oacute;n, cada vez m&aacute;s desplazado por el veredicto instant&aacute;neo de un test dom&eacute;stico de ADN que revela hermanos, padres o donantes desconocidos; o en el cierre registral espa&ntilde;ol de 2025, que volvi&oacute; a fiarlo todo a la filiaci&oacute;n biol&oacute;gica y judicial. La tarea actual, por tanto, no es solo documentar la diversidad, sino rastrear c&oacute;mo los fantasmas que Strathern vio reagregarse en elecciones deliberadas sobre la naturaleza, la reproducci&oacute;n y la propiedad adaptan su lenguaje &mdash;ahora mezclado con t&eacute;rminos como ADN, contrato e intenci&oacute;n&mdash; para persistir en la negociaci&oacute;n del parentesco del siglo XXI.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/y-tu-de-quien-eres_129_13420735.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 07:16:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Y tú de quién eres?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta, Marruecos y la trampa de la frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ceuta-marruecos-trampa-frontera_129_13423373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay fechas que Espa&ntilde;a prefiere no mirar de frente. El 14 de noviembre de 1975, con Franco agonizante, el Gobierno de Arias Navarro firm&oacute; en Madrid los acuerdos que entregaban el S&aacute;hara Occidental a Marruecos y Mauritania. No fue una cesi&oacute;n legal &mdash;Espa&ntilde;a segu&iacute;a siendo la potencia administradora de un territorio pendiente de descolonizaci&oacute;n, seg&uacute;n la propia Corte Internacional de Justicia&mdash; sino una claudicaci&oacute;n. Has&aacute;n II ya hab&iacute;a movilizado antes a 350.000 civiles hacia El Aai&uacute;n: la Marcha Verde. Pocos saben que detr&aacute;s estaba Washington: Kissinger dio su visto bueno y EE. UU. ofreci&oacute; a Rabat apoyo log&iacute;stico y cobertura diplom&aacute;tica ante la ONU. La historiadora Mar&iacute;a Rosa de Madariaga resume bien la desproporci&oacute;n: el Protectorado espa&ntilde;ol (1912-1956) cost&oacute; a Espa&ntilde;a mucho m&aacute;s de lo que dio. Por su parte, el periodista Tom&aacute;s B&aacute;rbulo llama a los acuerdos de 1975 &ldquo;el eslab&oacute;n roto de la descolonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escribo esto mientras Ceuta cuenta sus muertos. Puede parecerles que no tiene mucho que ver, pero les invito a acompa&ntilde;arme hasta el final. Como saben, el jueves entraron de forma masiva unas 60.000 personas desde Marruecos, la cifra m&aacute;s alta desde 2021. Detr&aacute;s de esas cifras hay una monarqu&iacute;a que concentra poder pol&iacute;tico y religioso, con periodistas y activistas encarcelados &mdash;seg&uacute;n documenta <em>Human Rights Watch</em>&mdash; y una poblaci&oacute;n joven sin derechos ni futuro.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de estos datos recientes, volvemos al inicio. Es necesario porque estos d&iacute;as circula una comparaci&oacute;n tramposa: llamar a esto &ldquo;una nueva Marcha Verde&rdquo;. La idea la lanz&oacute; en marzo el analista estadounidense Michael Rubin, exasesor del Pent&aacute;gono, en un art&iacute;culo donde ped&iacute;a a Marruecos &ldquo;excavadoras en la frontera&rdquo; para entrar en Ceuta y Melilla. Pero esta comparaci&oacute;n no resiste el an&aacute;lisis: el S&aacute;hara era territorio colonial pendiente de descolonizar; Ceuta y Melilla nunca lo han sido. Pero, como historiadora, entiendo la tentaci&oacute;n: la historia ni se repite ni rima, solo jugamos con ella para ver si encaja con lo que pensamos hoy. Y lo hacemos a izquierda y derecha, seg&uacute;n la ocasi&oacute;n. En este caso, lo &uacute;nico que conecta ambos episodios no es el objeto de la reivindicaci&oacute;n, sino el mecanismo: usar civiles como presi&oacute;n sobre un Estado.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo vivimos en mayo de 2021: Espa&ntilde;a acogi&oacute; por razones humanitarias al l&iacute;der del Polisario, Brahim Ghali, y Marruecos respondi&oacute; relajando el control fronterizo. M&aacute;s de 8.000 personas cruzaron en dos d&iacute;as, seg&uacute;n denunci&oacute; el Parlamento Europeo, que habl&oacute; de &ldquo;instrumentalizaci&oacute;n de la migraci&oacute;n&rdquo;. En junio de 2022, otro episodio en Melilla dej&oacute; al menos 37 muertos, en circunstancias que Amnist&iacute;a Internacional calific&oacute; de uso desproporcionado de la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Marruecos, adem&aacute;s, no juega solo. En 2020, Trump reconoci&oacute; su soberan&iacute;a sobre el S&aacute;hara a cambio de que normalizara relaciones con Israel. Desde entonces Israel ha desbancado a Francia como segundo vendedor de armas a Marruecos, con tecnolog&iacute;a usada contra el Polisario. Ese mismo eje Washington-Tel Aviv-Rabat es hoy el que m&aacute;s fricciona con Espa&ntilde;a: por el rechazo espa&ntilde;ol a subir el gasto militar al 5% del PIB de la OTAN &mdash;Trump amenaz&oacute; en junio con &ldquo;cortar todo el comercio con Espa&ntilde;a&rdquo;&mdash;, por las bases de Rota y Mor&oacute;n, y por el reconocimiento espa&ntilde;ol del Estado palestino, que llev&oacute; a retirar a nuestro embajador en Israel en marzo.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma una tercera variable: el r&eacute;dito pol&iacute;tico que gobiernos de derecha europeos han sacado de la crisis. Italia y Dinamarca han hablado de la exclusi&oacute;n de Espa&ntilde;a del espacio Schengen, algo que exigir&iacute;a un acuerdo conjunto inexistente hoy, y Finlandia acus&oacute; a Espa&ntilde;a de haber &ldquo;fracasado completamente&rdquo;. Piden lo imposible para parecer duros sin asumir el coste de conseguirlo. Y, de paso, alimentan sus propios programas y agendas mientras azuzan el fuego de las reacciones emocionales de unos y otros. Esto tambi&eacute;n lo conocemos: la pol&iacute;tica actual se nutre de reacciones emocionales m&aacute;s que de discursos sesudos. No deber&iacute;a sorprendernos.  
    </p><p class="article-text">
        Todo converge en una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;en qu&eacute; condiciones hemos delegado el control de nuestra frontera sur? Marruecos ha recibido m&aacute;s de 13.000 millones de euros en fondos europeos en quince a&ntilde;os, y entre 2022 y 2023 Bruselas destin&oacute; entre 500 y 624 millones espec&iacute;ficamente al control fronterizo. A cambio, Europa crey&oacute; comprar algo que nunca puede garantizar del todo: la voluntad pol&iacute;tica de un tercero. Cuando decae, la frontera se abre.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la pregunta no sea solo qu&eacute; hacer con la valla esta semana, sino si tiene sentido seguir gestionando nuestra frontera exterior como un favor que se compra a un r&eacute;gimen autoritario, en lugar de como una responsabilidad compartida y capaz de acoger con dignidad. Pero no les voy a enga&ntilde;ar: para responder a esta pregunta no solo necesitamos los datos de nuestra historia reciente, sino tambi&eacute;n dejar de responder seg&uacute;n lo que nos piden las tripas ante una crisis como esta. No olvidemos que lo que est&aacute; en el fondo de la cuesti&oacute;n es el uso de personas como arma para provocar reacciones viscerales, irreflexivas o incluso violentas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ceuta-marruecos-trampa-frontera_129_13423373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 07:15:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ceuta, Marruecos y la trampa de la frontera]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Marruecos,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 49. ¡Basta ya!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-49-basta_129_13414454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Los y las que peinamos canas conocemos esta expresi&oacute;n. Naci&oacute; a ra&iacute;z del secuestro y asesinato por ETA del concejal Miguel &Aacute;ngel Blanco. Aquella acci&oacute;n criminal desbord&oacute; los l&iacute;mites sociales y supuso un antes y un despu&eacute;s en el posicionamiento de la sociedad en general contra ETA. Hasta aquel verano de 1997 fueron muchos los cr&iacute;menes de la banda tererrorista, pero la confusi&oacute;n de la mayor&iacute;a social, el miedo de muchos y los insignificantes resultados de la lucha oficial contra ese crimen organizado, hicieron que la mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles tuvi&eacute;ramos una actitud pasiva. Con el crimen de Miguel &Aacute;ngel Blanco, los espa&ntilde;oles reaccionamos en todo el territorio y especialmente en el Pa&iacute;s Vasco, en Euskadi.
    </p><p class="article-text">
         Empezamos a salir a las calles de forma masiva. El &uacute;nico grito que se escuchaba en aquellas concentraciones era el de &ldquo;&iexcl;Basta ya!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Espero y deseo que en el verano de este 2026 la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles gritemos otro &ldquo;&iexcl;Basta ya!&rdquo;. Dejemos el conformismo, el mirar hacia otro lado, las diferencias entre unos y otros y nos centremos en lo que nos une y nos hace m&aacute;s iguales. &iexcl;Basta ya! a la especulaci&oacute;n y el enriquecimiento f&aacute;cil a costa de la vivienda. &iexcl;Basta ya! a la inactividad en materia de medidas para frenar el cambio clim&aacute;tico y de recortes presupuestarios para limpiar nuestros montes, bosques y campos, reduciendo as&iacute; el riesgo de incendios forestales que nos est&aacute;n quemando el alma. &iexcl;Basta ya! a tantas verdades a medias en materia de educaci&oacute;n y sanidad y &iexcl;Basta ya! a tantos crimenes machistas a tantas mujeres y ni&ntilde;os asesinados por unos cuantos bestias descerebrados. &iexcl;BASTA YA!
    </p><p class="article-text">
        Tanto las personas mayores como los j&oacute;venes adultos que a&uacute;n pensamos que servimos para algo m&aacute;s, que para hablar del tiempo y que creemos que esto no puede seguir as&iacute;, pero no lo decimos porque es mejor no hablar de pol&iacute;tica para no re&ntilde;ir, tenemos que tomar medidas sociales, conjuntas y pac&iacute;ficas, tenemos que fijarnos en lo que nos une. Y esa uni&oacute;n est&aacute; en el no a los incendios forestales, no<strong> </strong>a los asesinatos de mujeres y ni&ntilde;os, no a las pisos tur&iacute;sticos que podrian ser viviendas a precios asequibles tanto para la venta, como para el alquiler, (y me fijo fundamentalmente en las que son propiedad de bancos y grandes fondos de inversi&oacute;n); no a la proliferaci&oacute;n de centros de educaci&oacute;n privados sostenidos con fondos p&uacute;blicos y no a la sanidad privada, tambi&eacute;n costeada con fondos p&uacute;blicos y que busca el negocio tanto sanitario como educativo, en vez de la extensi&oacute;n del derecho a la educaci&oacute;n y a la sanidad al que todas las personas tenemos derecho.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora mismo y en lo que de m&iacute; depende, voy a adoptar medidas en las prioridades que he citado. Me voy a fijar detenidamente en si a partir de octubre, las cuadrillas que ahora vigilan nuestros montes mantienen sus trabajos o, por el contrario, se les despide porque ha pasado la temporada de riesgo de incendios. Voy a protestar m&aacute;s todav&iacute;a, o m&aacute;s alto, por todo lo relacionado con las prioridades citadas y que evidentemente se incumplen.
    </p><p class="article-text">
        Ya s&eacute; que no se va a firmar ning&uacute;n Pacto de Estado contra nada&hellip; Nuestros pol&iacute;ticos no est&aacute;n por la labor. Prefieren los insultos de barra de bar. Qu&eacute; le vamos hacer, si no les da para m&aacute;s. Tienen el mismo derecho a la vida que tengo yo y que tienen ustedes. Solo nos queda ignorarles, porque &ldquo;no hay mayor desprecio que no hacer aprecio&rdquo; e intentar mejorar este mundo en que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora, como vivo en una calle con &aacute;rboles que no dan sombra, me dedicar&eacute; a poner macetas con plantas arom&aacute;ticas tipo: lavanda, hierba buena, tomillo&hellip; Tambi&eacute;n pondr&eacute; alg&uacute;n que otro captus, para que los perros no defequen y se meen en el tronco y para que las personas tipo animales, no hagan lo mismo que las mascotas. Ir&eacute; poco a poco, pero ir&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando en el oto&ntilde;o salga a pasear por el campo har&eacute; lo mismo, limpiar&eacute; lo que est&eacute; a mi alcance y reparar&eacute; lo que pueda, ser&eacute; el &ldquo;grano que no hace granero, pero ayuda al compa&ntilde;ero&raquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora, acudir&eacute; a plenos, sesiones y actos abiertos al p&uacute;blico en el que pueda decir alto y claro lo que pienso, en el que el &iexcl;Basta ya! sea el resumen de estas reivindicaciones. Pedir&eacute; las explicaciones que sean necesarias y a las que creo que tengo derecho. Ser&eacute; una ciudadana activa y por supuesto, pac&iacute;fica. 
    </p><p class="article-text">
        Los datos me avalan:  
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>170.000 hect&aacute;reas calcinadas, seis veces m&aacute;s que el total del a&ntilde;o pasado. Y el verano no ha terminado.</li>
                                    <li>La Rioja gasta menos en sanidad que la mayor&iacute;a del pa&iacute;s y que todas las comunidades vecinas.1.878 euros por habitante en 2024, seg&uacute;n datos del Ministerio de Sanidad que establece la media nacional en 2.084 euros.</li>
                                    <li>En educaci&oacute;n, el presupuesto total de La Rioja fue de 403 millones de euros, casi un 10% m&aacute;s que en 2023 y el 32% de esos 403 millones fue a parar a la ense&ntilde;anza privada concertada.</li>
                                    <li>En cu&aacute;nto a violencia de g&eacute;nero, violencia machista, el Ministerio de Igualdad y las comunidades aut&oacute;nomas acordaron en abril de este a&ntilde;o la distribuci&oacute;n de casi 180 millones de euros a la lucha contra  la violencia de g&eacute;nero y en el marco del Pacto de Estado contra este tipo de violencia machista. A La Rioja le han correspondido tres millones treinta y dos mil euros. Habr&aacute; que hacer un seguimiento para ver como se invierte ese dinero. Lo que ya es seguro es que en lo que va de a&ntilde;o 31 mujeres y tres ni&ntilde;os han sido asesinados.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Para m&iacute; y espero y deseo que para ustedes tambi&eacute;n, ha llegado la hora del &iexcl;BASTA YA! 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-49-basta_129_13414454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Aug 2026 08:55:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 49. ¡Basta ya!]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pastorear el fuego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pastorear-fuego_129_13407391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En la Alpujarra granadina, el Seprona investig&oacute; hace unos a&ntilde;os a un pastor por cuatro incendios presuntamente provocados para regenerar los pastos de su reba&ntilde;o. Los agentes de la Brigada de Investigaci&oacute;n de Incendios Forestales de la Junta de Andaluc&iacute;a hab&iacute;an encontrado un patr&oacute;n: fuegos intencionados, en lugares de dif&iacute;cil acceso, alejados de los caminos, siempre en el mismo t&eacute;rmino municipal. El hombre fue investigado por incumplir las condiciones de quema que fija el decreto andaluz de prevenci&oacute;n de incendios forestales.
    </p><p class="article-text">
        No lo cuento como an&eacute;cdota curiosa, sino como s&iacute;ntoma. Ah&iacute; donde durante generaciones hubo una pr&aacute;ctica rutinaria, transmitida de padres a hijos, hoy hay una diligencia penal. La pregunta que me interesa no es la que ocupa los titulares cada verano &mdash;&iquest;por qu&eacute; arde el monte?&mdash; sino otra, menos c&oacute;moda: &iquest;qu&eacute; dej&oacute; de hacer alguien, durante cu&aacute;nto tiempo, para que ardiera as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico multiplica el riesgo y las condiciones meteorol&oacute;gicas extremas hacen m&aacute;s violentos los incendios. Pero hay una causa mucho menos discutida: el abandono de las pr&aacute;cticas que durante siglos mantuvieron el paisaje en equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        Solemos hablar del monte como si fuera naturaleza en estado puro, un espacio que el ser humano ha ido <em>invadiendo </em>con sus pueblos y sus reba&ntilde;os. Es una inversi&oacute;n curiosa de la historia real. Durante siglos, el paisaje que hoy llamamos <em>natural</em> fue en realidad un artefacto: un mosaico de pastos, cortafuegos vivos y claros abiertos por el diente del ganado y la mano del pastor. Lo que hoy se percibe como <em>renaturalizaci&oacute;n </em>&mdash;el monte que recupera su estado salvaje tras el &eacute;xodo rural&mdash; es, mirado de cerca, el colapso silencioso de una infraestructura ecol&oacute;gica construida durante generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Un informe t&eacute;cnico elaborado por la Oficina de Ciencia y Tecnolog&iacute;a del Congreso de los Diputados lo confirma con datos: la superficie arbolada en Espa&ntilde;a ha crecido en torno a un mill&oacute;n de hect&aacute;reas en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, un aumento derivado directamente del abandono rural. El problema no es que haya m&aacute;s bosque, sino que ese bosque ha crecido sin gesti&oacute;n, de forma homog&eacute;nea y conectada, en las peores condiciones posibles para resistir un incendio extremo. El mismo informe apunta a algo que rara vez se dice en los plat&oacute;s de televisi&oacute;n cada agosto: entender los incendios exige comprender las din&aacute;micas sociales y las estructuras pol&iacute;ticas del mundo rural, empezando por la relaci&oacute;n extractiva que las ciudades han mantenido con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Conviene detenerse en los n&uacute;meros, sin comentario, porque ellos solos dibujan la pendiente.
    </p><p class="article-text">
        El censo de ganado ovino en Espa&ntilde;a ha perdido cerca de dos millones de cabezas desde 2020, seg&uacute;n las estad&iacute;sticas del Ministerio de Agricultura. La organizaci&oacute;n agraria COAG calcula que cada a&ntilde;o 1.550 ganaderos en r&eacute;gimen extensivo se ven obligados a cerrar su explotaci&oacute;n, y que desde 2006 Espa&ntilde;a ha perdido casi 22.000 explotaciones de vaca nodriza y m&aacute;s de 6.000 de ovino de carne. La red de v&iacute;as pecuarias &mdash;los caminos que durante siglos permitieron la trashumancia&mdash; ha pasado de 125.000 kil&oacute;metros en su momento de mayor extensi&oacute;n a apenas 80.000 conservados hoy.
    </p><p class="article-text">
        Pero el dato que de verdad golpea es otro. El <em>Libro Blanco de la Trashumancia</em>, elaborado en 2013, contabilizaba entonces unos 3.000 trashumantes a pie en toda Espa&ntilde;a. Las estimaciones actuales del sector apenas llegan a doscientos. En poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, una forma de habitar el territorio que llevaba practic&aacute;ndose desde la Edad Media ha quedado reducida a un pu&ntilde;ado de personas.
    </p><p class="article-text">
        No es un dato folcl&oacute;rico. Cada trashumante que deja de caminar es un tramo de monte que deja de estar <em>peinado </em>cada temporada. Es un cortafuegos vivo que se apaga sin que nadie prenda ninguna mecha.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, donde el pastoreo sobrevive, con frecuencia lo hace en fricci&oacute;n constante con la administraci&oacute;n que deber&iacute;a protegerlo.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2025, el Seprona de Castilla y Le&oacute;n impuso 22 sanciones &mdash;entre 1.800 y 8.100 euros&mdash; a ganaderos del concejo asturiano de Mieres por llevar su ganado al Puerto de Pinos, un pasto de monta&ntilde;a que el ayuntamiento de Mieres posee desde 1926 pero que se encuentra, por una rareza administrativa, en suelo leon&eacute;s. No es un conflicto nuevo: los ganaderos lo vienen usando desde hace casi un siglo. Lo que ha cambiado no es el pasto, ni el ganado, ni la costumbre: ha cambiado la capacidad del aparato jurisdiccional moderno para absorber un uso consuetudinario que naci&oacute; antes que las fronteras administrativas que hoy lo sancionan.
    </p><p class="article-text">
        El antrop&oacute;logo James C. Scott llam&oacute; <em>m&#275;tis</em> a ese saber pr&aacute;ctico, situado, afinado durante generaciones, que no se deja traducir f&aacute;cilmente a norma escrita. Frente a &eacute;l, el Estado moderno tiende a imponer un <em>episteme</em> burocr&aacute;tico: reglas generales, pensadas desde el despacho, que no distinguen contextos. El pastor de la Alpujarra y los ganaderos de Mieres son dos versiones del mismo choque: no delincuentes, sino portadores de una l&oacute;gica que la administraci&oacute;n ya no sabe leer.
    </p><p class="article-text">
        El paisaje que el pastor y el ganado manten&iacute;an no era un simple escenario: era una infraestructura viva, tan funcional como una carretera o un canal de riego, pero sin reconocimiento legal. La geograf&iacute;a cultural llama a estos territorios<em> paisajes patrimoniales</em>: no por su antig&uuml;edad o belleza, sino porque funcionan como una obra de ingenier&iacute;a que regula el agua, contiene el fuego y sostiene la biodiversidad. La administraci&oacute;n no ve un dique contra el fuego cuando mira un pasto; ve monte. No ve una red de drenaje natural abierta por pezu&ntilde;as; ve un suelo pisoteado. Esa ceguera conceptual no es inocente: convierte lo que fue obra colectiva en simple azar, y su decadencia, en cat&aacute;strofe anunciada.
    </p><p class="article-text">
        Pero el conflicto entre el saber pastoril y la administraci&oacute;n no se limita al uso del fuego. Se extiende a la letra peque&ntilde;a del d&iacute;a a d&iacute;a. Donde antes hab&iacute;a un saber pr&aacute;ctico transmitido, hoy hay un expediente que cumplimentar. Los ganaderos no se quejan de la cartilla por capricho, sino de una l&oacute;gica que confunde el control con la gesti&oacute;n. Es el mismo choque entre <em>m&#275;tis</em> y <em>episteme </em>burocr&aacute;tico del que habla Scott.
    </p><p class="article-text">
        El foco de la queja actual est&aacute; en la identificaci&oacute;n electr&oacute;nica obligatoria del ganado vacuno. Organizaciones como COAG y ASAJA denuncian que el nuevo crotal electr&oacute;nico no est&aacute; exigido por el Reglamento Delegado (UE) 2019/2035, y de hecho solo es obligatorio en cinco pa&iacute;ses de la UE. Alegan que la trazabilidad ya estaba resuelta desde hace d&eacute;cadas con el crotal auricular convencional, y que el nuevo sistema a&ntilde;ade un sobrecoste &mdash;frente al crotal convencional&mdash; y complica la gesti&oacute;n cuando un animal lo pierde en el monte, ya que su movimiento queda paralizado hasta su sustituci&oacute;n. Para estas organizaciones, es m&aacute;s coste y m&aacute;s burocracia, sin beneficio adicional para el ganadero o el consumidor.
    </p><p class="article-text">
        La misma l&oacute;gica se repite con la PAC y sus exigencias digitales. Aunque la obligatoriedad del cuaderno de explotaci&oacute;n digital se ha retrasado, el sector denuncia que las normas est&aacute;n pensadas para macrogranjas y no para el pastor con doscientas ovejas en la monta&ntilde;a. Agricultores de Castilla y Le&oacute;n, por ejemplo, advert&iacute;an en 2025 de la dificultad de cumplir con registros digitales en zonas sin cobertura de internet y de la carga que supone tener que hacer de &ldquo;inform&aacute;tico&rdquo; e &ldquo;ingeniero agr&oacute;nomo&rdquo; adem&aacute;s del trabajo de campo. La percepci&oacute;n generalizada es que el ganadero dedica m&aacute;s tiempo al papeleo que a los animales, con visitas veterinarias duplicadas y tr&aacute;mites digitales pensados para una realidad, la industrial, muy distinta a la suya.
    </p><p class="article-text">
        A esa asfixia administrativa se suma otra, m&aacute;s silenciosa y m&aacute;s dura: el programa de erradicaci&oacute;n de la tuberculosis bovina, que en zonas de alta prevalencia puede obligar al vaciado sanitario completo de una explotaci&oacute;n aunque solo una fracci&oacute;n de los animales haya dado positivo. El rigor de la norma no es caprichoso &mdash;la tuberculosis bovina es una zoonosis transmisible al ser humano, de ah&iacute; la cautela extrema de las autoridades sanitarias&mdash;, pero organizaciones ganaderas como UCCL han denunciado que en algunas campa&ntilde;as de saneamiento la mayor&iacute;a de los animales sacrificados resultan, seg&uacute;n sus c&aacute;lculos, falsos positivos a la prueba de tuberculina &mdash;algo que la comunidad veterinaria discute abiertamente y no da por zanjado&mdash;. Lo que no admite discusi&oacute;n es el efecto sobre el terreno: un ganadero que ve cargar su reba&ntilde;o entero en un cami&oacute;n rumbo al matadero rara vez vuelve a empezar. Cada vaciado sanitario es, tambi&eacute;n, un tramo de monte que deja de tener quien lo gestione.
    </p><p class="article-text">
        A ese mismo callej&oacute;n conduce, por otra v&iacute;a, el fomento de la repoblaci&oacute;n forestal. Las ayudas auton&oacute;micas a la forestaci&oacute;n de terrenos r&uacute;sticos &mdash;accesibles tambi&eacute;n para ayuntamientos&mdash; financian la plantaci&oacute;n y su mantenimiento durante cinco a&ntilde;os, un incentivo econ&oacute;mico que compite directamente por el mismo suelo que antes ocupaba el pasto comunal. La misma l&oacute;gica alcanza al vecino de a pie: la normativa que regula la recogida de le&ntilde;a, pi&ntilde;as o matorral en el monte &mdash;vigente desde 1962 y endurecida despu&eacute;s por cada comunidad aut&oacute;noma&mdash; ha llevado, seg&uacute;n denuncian ingenieros forestales, a que en no pocos municipios ni siquiera est&eacute; permitido retirar del suelo una rama seca. El resultado es el mismo de siempre: toneladas de biomasa que nadie recoge, esperando la chispa del verano.
    </p><p class="article-text">
        Conviene matizar, eso s&iacute;, que ninguna de las dos normas naci&oacute; de la nada: la restricci&oacute;n a la le&ntilde;a responde a un historial real de sobreexplotaci&oacute;n del monte en la posguerra, y las ayudas a la reforestaci&oacute;n persiguen fines leg&iacute;timos &mdash;fijaci&oacute;n de carbono, freno a la erosi&oacute;n&mdash; que nada tienen que ver con desplazar al pastor.
    </p><p class="article-text">
        Como con las quemas y el conflicto de los pastos de Mieres, la administraci&oacute;n responde con una norma uniforme, pensada desde el despacho, que no distingue entre una gran explotaci&oacute;n tecnificada y un pastor familiar de monta&ntilde;a. No es malicia, es la imposici&oacute;n de una racionalidad centralizada que, al no entender el contexto, convierte una pr&aacute;ctica ancestral en un problema administrativo, contribuyendo as&iacute; al abandono silencioso del monte.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo patr&oacute;n, llevado al extremo, aparece en las propias zonas quemadas. La normativa forestal proh&iacute;be el pastoreo en un terreno incendiado durante a&ntilde;os &mdash;cinco en algunas comunidades&mdash;, con el argumento de proteger la regeneraci&oacute;n del suelo. Hay una raz&oacute;n real detr&aacute;s de esa cautela: un suelo reci&eacute;n quemado es fr&aacute;gil, y el pisoteo del ganado puede frenar su regeneraci&oacute;n. Pero un pasto que nadie consume no se queda en reposo: al segundo a&ntilde;o es hierba seca y fina, puro p&aacute;bulo; al tercero, matorral descontrolado; al quinto, una acumulaci&oacute;n de biomasa envejecida que ni el propio ganado querr&iacute;a ya comer. La ley pensada para proteger el monte termina fabricando el combustible del siguiente incendio. La Xunta de Galicia lo reconoci&oacute;, con meses de retraso y solo tras la presi&oacute;n del sector, cuando en mayo de 2026 flexibiliz&oacute; de oficio esa prohibici&oacute;n en las zonas calcinadas por los incendios de agosto de 2025: la misma administraci&oacute;n admitiendo que su propia norma causaba m&aacute;s da&ntilde;o que beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Conviene no caer en el manique&iacute;smo f&aacute;cil. La propia Guardia Civil lo matiza: en Castilla y Le&oacute;n, donde en 2022 los incendios forestales superaron por primera vez al maltrato animal como principal delito perseguido por el Seprona, los mandos reconocen que la mayor&iacute;a de los investigados no responden al perfil del pir&oacute;mano, sino que actuaron por negligencia o imprudencia al usar el fuego en tareas tan habituales como la quema de rastrojos o de pastos. No es persecuci&oacute;n del saber pastoril en s&iacute;. Es, m&aacute;s bien, la prueba de que ese saber ya no tiene un cauce legal claro por el que discurrir.
    </p><p class="article-text">
        Hay, sin embargo, un contraejemplo esperanzador, y viene de donde menos se espera: de la propia administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En Asturias, donde la intencionalidad de pastores y ganaderos para regenerar pastos lleg&oacute; a originar hasta el 70% de las igniciones de la regi&oacute;n, la estrategia auton&oacute;mica de prevenci&oacute;n de incendios no opt&oacute; por la prohibici&oacute;n generalizada. Opt&oacute; por sentarse a negociar criterios t&eacute;cnicos con los propios ganaderos para realizar quemas prescritas y controladas, adaptadas a cada zona. Es la administraci&oacute;n reconociendo, de facto, que el fuego pastoril no es el enemigo, sino una herramienta que necesita cauce no censura.
    </p><p class="article-text">
        Y hay una imagen todav&iacute;a m&aacute;s elocuente, casi literaria: en el valle de Ar&aacute;n ya se practica lo que los t&eacute;cnicos llaman el <em>pastoreo</em> de incendios. Bajo determinadas condiciones meteorol&oacute;gicas, algunos fuegos no se apagan de inmediato, sino que se dejan <em>pastar</em>, como si fueran ganado, consumiendo el exceso de combustible acumulado en el monte. La met&aacute;fora ganadera, la misma que durante siglos organiz&oacute; la relaci&oacute;n entre las personas y el fuego en el campo espa&ntilde;ol, reaparece hoy en el vocabulario t&eacute;cnico de quienes combaten los grandes incendios. Como si el conocimiento expulsado por la puerta volviera a entrar, disfrazado de innovaci&oacute;n, por la ventana.
    </p><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, un paso m&aacute;s all&aacute; de la negociaci&oacute;n con pastores: administraciones que directamente vuelven a poner en pie sus propios reba&ntilde;os. En Vilam&ograve;s, en el Valle de Ar&aacute;n, el Ayuntamiento cre&oacute; un reba&ntilde;o de titularidad p&uacute;blica de m&aacute;s de 250 ovejas y cabras. El proyecto, llamado Ovihuec.sost, tiene un objetivo expl&iacute;cito: prestar servicios ecosist&eacute;micos limpiando el sotobosque para prevenir incendios y mantener despejadas las zonas bajo las l&iacute;neas el&eacute;ctricas.
    </p><p class="article-text">
        No es un proyecto rom&aacute;ntico. Utilizan collares inteligentes y cercado virtual para dirigir al reba&ntilde;o con precisi&oacute;n. Est&aacute; coordinado cient&iacute;ficamente por el IRTA y, este mismo a&ntilde;o, se ha sumado Endesa, que ve en el pastoreo una herramienta de alto valor para su propia estrategia de prevenci&oacute;n. Es la administraci&oacute;n y la empresa privada reconociendo que la ganader&iacute;a extensiva cumple una funci&oacute;n de gesti&oacute;n del paisaje que hay que poner en valor, en palabras del alcalde de Vilam&ograve;s, Oriol Sala. No es un caso aislado. En Xixona (Alicante), el Ayuntamiento lleva desde 2013 contratando reba&ntilde;os &mdash;no necesariamente de titularidad municipal, pero s&iacute; bajo gesti&oacute;n p&uacute;blica&mdash; para mantener limpios los cortafuegos de sus montes p&uacute;blicos, con un coste anual de apenas 3.300 euros para 15 hect&aacute;reas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hace especialmente poderoso el caso de Vilam&ograve;s es que demuestra que la idea del reba&ntilde;o p&uacute;blico es viable, eficaz y escalable. Si el reba&ntilde;o es p&uacute;blico y su funci&oacute;n principal es un servicio ecosist&eacute;mico &mdash;gestionar el paisaje para prevenir incendios&mdash;, su carne podr&iacute;a y deber&iacute;a tener un destino social. No ser&iacute;a una utop&iacute;a, sino la culminaci&oacute;n de una cadena de valor que convierte el problema del abandono rural en una soluci&oacute;n para otro problema estructural: el de la alimentaci&oacute;n. Destinar esa carne a comedores sociales, a escuelas o a bancos de alimentos ser&iacute;a un acto de coherencia que devolver&iacute;a valor a un paisaje que durante generaciones fue un artefacto productivo. Es el siguiente paso de una misma idea: que el monte no es naturaleza pura, sino un espacio que requiere gesti&oacute;n; y que esa gesti&oacute;n, si es p&uacute;blica, debe tener tambi&eacute;n un retorno p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El obst&aacute;culo previsible es sanitario y administrativo: la carne de un reba&ntilde;o gestionado como servicio ecosist&eacute;mico tendr&iacute;a que pasar igualmente por matadero autorizado y control veterinario para el consumo humano, con un coste que alguien &mdash;ayuntamiento, diputaci&oacute;n, la propia Consejer&iacute;a&mdash; tendr&iacute;a que asumir como parte del servicio, no como negocio ganadero al uso. No es un obst&aacute;culo insalvable, es una decisi&oacute;n de financiaci&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s, del mismo tipo que ya se toma para pagar el pastor de Xixona o el reba&ntilde;o de Vilam&ograve;s.
    </p><p class="article-text">
        El incendio no es el origen del problema. Es la factura que llega al final de una cadena de renuncias tomadas en otro sitio, por otros, durante d&eacute;cadas: una pol&iacute;tica agraria que premi&oacute; la intensificaci&oacute;n frente al pastoreo de monta&ntilde;a, un &eacute;xodo rural que vaci&oacute; los pueblos antes de vaciar el monte, y una administraci&oacute;n que aprendi&oacute; a temer el fuego pastoril antes que a gestionarlo.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de romantizar al pastor como h&eacute;roe ecol&oacute;gico ni de convertir la trashumancia en objeto de museo o ruta de turismo verde. Se trata, sin nostalgia, de preguntarnos qu&eacute; modelo de relaci&oacute;n con el territorio queremos sostener a partir de ahora &mdash;y si, cuando por fin lo decidamos, quedar&aacute; alguien dispuesto y capaz de caminar detr&aacute;s del reba&ntilde;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/pastorear-fuego_129_13407391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 07:07:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Pastorear el fuego]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién decide por tu ciudad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decide-ciudad_129_13407387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay noticias que, cuando coinciden en el tiempo, invitan inevitablemente a hacer comparaciones. Mientras el PSOE celebraba unas primarias para elegir a su candidata en Madrid, el Partido Popular hac&iacute;a justo lo contrario: era Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o quien designaba directamente a los candidatos de las principales capitales espa&ntilde;olas. Entre ellos, al alcalde de Logro&ntilde;o, Conrado Escobar, que no ocult&oacute; su satisfacci&oacute;n y lleg&oacute; incluso a reivindicar con orgullo que su candidatura respond&iacute;a a la confianza depositada en &eacute;l por Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Dos sistemas. Dos concepciones distintas del liderazgo. Dos respuestas diferentes a una pregunta que pocas veces nos hacemos: &iquest;qui&eacute;n debe decidir el aspirante a gobernar nuestra ciudad?
    </p><p class="article-text">
        No cabe duda de que el modelo de designaci&oacute;n directa tiene ventajas evidentes, porque evita campa&ntilde;as internas, reduce tensiones, impide enfrentamientos entre compa&ntilde;eros y proyecta una imagen de unidad que resulta mucho m&aacute;s c&oacute;moda para cualquier organizaci&oacute;n. Conrado Escobar se ir&aacute; a la playa con la tranquilidad de saber que nadie, de momento, le va a mover la silla dentro de su partido, pero nunca tendr&aacute; la seguridad de que su candidatura es la que realmente quieren sus compa&ntilde;eros de Logro&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Las primarias, por el contrario, obligan a confrontar proyectos y liderazgos, generan vencedores y vencidos y, si no se gestionan con inteligencia, pueden dejar heridas dif&iacute;ciles de cerrar. Nadie que haya vivido un proceso interno puede negar esa realidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero el verdadero debate no consiste en saber qu&eacute; sistema provoca menos problemas dentro de un partido. La cuesti&oacute;n verdaderamente importante es qui&eacute;n tiene el derecho de tomar esa decisi&oacute;n. Porque ning&uacute;n procedimiento garantiza la elecci&oacute;n del mejor candidato. Ni unas primarias aseguran que quien las gana ser&aacute; el mejor alcalde posible, ni la designaci&oacute;n desde la direcci&oacute;n nacional garantiza que el elegido sea quien mejor conoce los problemas de su ciudad o quien mayor capacidad tenga para resolverlos. Ambos sistemas pueden equivocarse. La diferencia est&aacute; en qui&eacute;n asume esa responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un partido celebra unas primarias, la decisi&oacute;n pertenece a cientos o miles de militantes. Personas que viven en esa ciudad, que conocen a los candidatos, que han compartido con ellos a&ntilde;os de trabajo pol&iacute;tico y que, con mayor o menor acierto, expresan colectivamente cu&aacute;l consideran la mejor opci&oacute;n en ese momento. Puede gustarnos m&aacute;s o menos el resultado, pero la decisi&oacute;n nace de un proceso participativo en el que muchas personas aportan su criterio.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, cuando el candidato es designado directamente por el l&iacute;der nacional del partido, toda esa responsabilidad queda concentrada en una sola persona. Eso no es malo, en s&iacute; mismo porque ese dirigente carezca de criterio ni de experiencia, sino porque resulta evidente que ning&uacute;n l&iacute;der nacional puede conocer con la misma profundidad la realidad cotidiana de todas y cada una de las ciudades de Espa&ntilde;a. Su decisi&oacute;n estar&aacute; inevitablemente condicionada por la informaci&oacute;n que recibe, por las relaciones personales construidas dentro del partido y por la confianza que le inspiran quienes aspiran a representar a la organizaci&oacute;n.  Y eso cambia completamente la naturaleza del proceso.
    </p><p class="article-text">
        Se suele decir que las primarias favorecen al aparato y, en ocasiones es cierto. Las estructuras internas pesan, las trayectorias cuentan y las relaciones personales influyen. Ser&iacute;a ingenuo negarlo. Pero incluso cuando eso ocurre, el llamado aparato sigue estando formado por cientos o miles de personas que, finalmente, depositan una papeleta en una urna. Existe debate, existe confrontaci&oacute;n de ideas y existe una decisi&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En una designaci&oacute;n directa sucede algo muy distinto. El aparato deja de ser un sujeto colectivo para concentrarse en una sola voluntad. El &eacute;xito del aspirante depende mucho menos de su capacidad para convencer a quienes mejor conocen la realidad de su ciudad y mucho m&aacute;s de su habilidad para generar confianza en un reducido c&iacute;rculo donde realmente se toman las decisiones. El centro de gravedad deja de estar en la ciudad para trasladarse a los despachos.
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo que vivimos, en el que las redes sociales parecen haber alterado nuestra percepci&oacute;n de la pol&iacute;tica, da la impresi&oacute;n de que quien domina la conversaci&oacute;n digital dispone tambi&eacute;n del respaldo mayoritario de la ciudadan&iacute;a. Y la experiencia demuestra que no siempre es as&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Las redes amplifican el entusiasmo de quienes ya est&aacute;n convencidos, magnifican el eco de los apoyos y tambi&eacute;n el de las cr&iacute;ticas, pero rara vez reflejan el silencio de la inmensa mayor&iacute;a. Las primarias del PSOE de Madrid lo han vuelto a demostrar. La conversaci&oacute;n digital apuntaba en una direcci&oacute;n y las urnas acabaron se&ntilde;alando otra muy distinta.
    </p><p class="article-text">
        La democracia, por tanto, no consiste en acumular seguidores, ni en convertir un nombre en tendencia, ni siquiera en despertar la mayor ilusi&oacute;n durante unas semanas. La democracia consiste, sencillamente, en aceptar que las decisiones pertenecen a quienes tienen derecho a tomarlas, aunque el resultado no coincida con nuestras expectativas.  Quiz&aacute; esta sea otra de las ense&ntilde;anzas de estos procesos. Todos pensamos que la democracia funciona de maravilla... mientras nos da la raz&oacute;n. El problema aparece cuando no lo hace. Entonces empiezan las excusas: que si el aparato, que si las maniobras, que si las redes, que si la campa&ntilde;a... Nos cuesta mucho aceptar una explicaci&oacute;n mucho m&aacute;s sencilla: la mayor&iacute;a ha decidido otra cosa. 
    </p><p class="article-text">
        Porque cualquiera sabe ganar. Lo que de verdad tiene m&eacute;rito es perder sin dejar de respetar las reglas. Porque ganar exige inteligencia pero perder exige grandeza. Y las primarias solo fortalecen a una organizaci&oacute;n cuando quienes ganan entienden que su victoria no les autoriza a excluir a nadie y cuando quienes pierden comprenden que una votaci&oacute;n no cuestiona su compromiso ni su lugar dentro del proyecto colectivo. La democracia no termina cuando se abren las urnas; empieza precisamente cuando se conocen los resultados.
    </p><p class="article-text">
        Por eso sigo pensando que, con todos sus defectos, las primarias representan un avance democr&aacute;tico. No porque siempre elijan al mejor candidato. Tampoco porque eliminen los equilibrios internos, las influencias o el peso de las estructuras, porque es evidente que los seres humanos llevamos nuestras virtudes y nuestras debilidades a cualquier sistema de elecci&oacute;n. Las primarias no hacen milagros, pero obligan a compartir la decisi&oacute;n, obligan a convencer, obligan a someter el liderazgo al juicio de quienes forman parte de una organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La designaci&oacute;n directa puede ser m&aacute;s c&oacute;moda. Probablemente tambi&eacute;n m&aacute;s r&aacute;pida. Incluso puede evitar conflictos que nadie desea. Pero cuando el futuro de una ciudad depende, en &uacute;ltima instancia, del criterio de una sola persona, la democracia interna deja paso a otra l&oacute;gica muy distinta: la del nombramiento, algo que recuerda demasiado a tiempos pasados.
    </p><p class="article-text">
        Quien aspira a gobernar una ciudad deber&iacute;a empezar demostrando que sabe convencer a quienes mejor la conocen, no &uacute;nicamente a quien tiene el poder de nombrarle.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la verdadera diferencia est&aacute; en qui&eacute;n tiene el derecho a equivocarse. Y, sinceramente, sigo prefiriendo que esa responsabilidad recaiga en cientos de personas antes que en una sola.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/decide-ciudad_129_13407387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 07:05:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Quién decide por tu ciudad?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y por qué no?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no_129_13403734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estos d&iacute;as resulta dif&iacute;cil sustraerse a la euforia colectiva generada tras la conquista de la segunda estrella por la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola (masculina) de f&uacute;tbol. Con esta victoria, Espa&ntilde;a se ha convertido en el primer pa&iacute;s de la historia en ostentar simult&aacute;neamente los t&iacute;tulos mundiales de f&uacute;tbol masculino y femenino. 
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de f&uacute;tbol, s&iacute;, un deporte rey en nuestro pa&iacute;s; un deporte con luces, pero tambi&eacute;n con habitaciones oscuras (violencia, brecha salarial entre hombres y mujeres, infrarrepresentaci&oacute;n femenina en los puestos de poder, etc.). Con todo, este &uacute;ltimo logro deportivo nos ha dejado algunas reflexiones que trascienden lo meramente futbol&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, a lo largo de estas semanas, el seleccionador riojano Luis de la Fuente ha transmitido una idea clara e inequ&iacute;voca en sus intervenciones: que el equipo est&aacute; por encima de las individualidades. Y esto no es balad&iacute;. Escuchar a un entrenador de f&uacute;tbol recurrir a una frase atribuida a Marco Aurelio: &ldquo;Lo que es malo para el panal, es malo para la abeja&rdquo;, no es algo habitual, y ah&iacute; reside parte de su valor. Si pretendemos que el deporte, tambi&eacute;n el f&uacute;tbol, transmita unos valores y una manera de entender la convivencia, importa tanto lo que sucede sobre el c&eacute;sped como los mensajes que se proyectan fuera de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, que el criterio de un seleccionador nacional a la hora de elegir a un jugador no se limite al rendimiento deportivo, sino que incluya aspectos como la calidad humana, lo dice todo. Estamos hablando de una manera de pensar y de vivir, de una manera de liderar que pone el foco en el &ldquo;nosotros&rdquo;, en la construcci&oacute;n de algo com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cierto es que no es el &uacute;nico que apuesta por una direcci&oacute;n basada en valores, pero quiz&aacute; su &ldquo;altavoz&rdquo; sea m&aacute;s potente. Hablar de respeto, igualdad, diversidad o esfuerzo, no debiera resultarnos un lenguaje ajeno, pues son precisamente estos valores los que permiten construir proyectos s&oacute;lidos y cohesionados. Y quiz&aacute; ah&iacute; radique la principal ense&ntilde;anza que deja esta selecci&oacute;n: todo es posible si somos capaces de remar en una misma direcci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que al escuchar a Luis de la Fuente manifestar que no olvidemos que &ldquo;juntos somos m&aacute;s fuertes&rdquo;, me he atrevido a so&ntilde;ar: &iquest;qu&eacute; pasar&iacute;a si esta fuerza colectiva la us&aacute;ramos para afrontar otros desaf&iacute;os? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si nos uni&eacute;ramos para reclamar medidas para que nuestra juventud pueda acceder a una vivienda digna?, &iquest;o para obtener m&aacute;s recursos para la sanidad p&uacute;blica?, &iquest;o para poner fin a la violencia de g&eacute;nero?, &iquest;o para conseguir unas ciudades m&aacute;s amables, con menos humos y m&aacute;s &aacute;rboles?, &iquest;o para combatir la soledad no deseada? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a? &iquest;Se imaginan?
    </p><p class="article-text">
        Pues yo quiero imaginarlo, porque si esta selecci&oacute;n nos ha hecho vibrar, emocionarnos, creer en el esfuerzo compartido, podemos intuir que los retos que tenemos como sociedad tambi&eacute;n se ganan en equipo. Escuchando a Laporte cuando le preguntaron por qu&eacute; Espa&ntilde;a pod&iacute;a ganar el Mundial, la respuesta fue tan sencilla como relevadora: &ldquo;&iquest;y por qu&eacute; no?&rdquo; Pues eso. Porque toda transformaci&oacute;n colectiva comienza precisamente ah&iacute;: en la capacidad de anhelar y compartir un horizonte com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota al pie:</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Audiencia Nacional confirm&oacute; en 2025, la condena del expresidente de la Real Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de F&uacute;tbol, Luis Rubiales, por un delito de agresi&oacute;n sexual contra la jugadora Jenni Hermoso, en el Mundial femenino de 2023.
    </p><p class="article-text">
        Las campeonas del mundo de la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol en 2023 cobraron 244.890 euros de prima por ganar el Mundial; ellos, en 2026, cobrar&aacute;n de prima en torno a los 750.000 euros, por el mismo t&iacute;tulo.
    </p><p class="article-text">
        En 2020, los sindicatos y la patronal firmaron el primer convenio colectivo de la Liga femenina de f&uacute;tbol, un acuerdo que fijaba un sueldo m&iacute;nimo de 16.000 euros anuales y de 12.000 para los contratos a jornada parcial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Tobías Olarte]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/no_129_13403734.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jul 2026 07:29:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Y por qué no?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas renuncias paradójicas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/renuncias-paradojicas_129_13392576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que la izquierda no solo redistribu&iacute;a recursos, sino tambi&eacute;n sentido, una manera de interpretar el mundo. Su potencia no resid&iacute;a &uacute;nicamente en los programas, sino en los rituales que tej&iacute;an comunidad: el himno entonado en una plaza al alba, la bandera que era un lienzo de luchas compartidas, el saludo que reconoc&iacute;a al otro no como cliente o competidor, sino como un compa&ntilde;ero en un proyecto colectivo. Eran liturgias laicas de lo com&uacute;n que convert&iacute;an una demanda econ&oacute;mica en una &eacute;pica existencial. Hoy, la casa com&uacute;n est&aacute; fr&iacute;a y a oscuras. Lo que se ofrece desde las instituciones progresistas son, con demasiada frecuencia, marcos normativos, indicadores de impacto y planes de transici&oacute;n justa. Un lenguaje de gesti&oacute;n que, por riguroso que sea, no enciende corazones ni moviliza biograf&iacute;as. Ante ese vac&iacute;o, la gente huye en silencio hacia otros mitos, hacia relatos acaso m&aacute;s crueles, pero que prometen lo que la izquierda ha dejado de ofrecer: un lugar en una historia.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica moderna naci&oacute; de la promesa de representar la voluntad general, de traducir el deseo y el dolor de la gente en instituciones. Pero &iquest;qu&eacute; ocurre cuando esa traducci&oacute;n falla? Cuando el puente entre la vida vivida y la ley promulgada se resquebraja, surge una duda radical: &iquest;para qu&eacute; sirve un Estado que no reconoce a sus propios ciudadanos en su diversidad m&aacute;s &iacute;ntima &mdash;la del oficio, la del barrio, la del sue&ntilde;o modesto&mdash;? No se trata de un llamamiento al libertarismo (pero, &iquest;por qu&eacute; no?), sino a una pregunta m&aacute;s antigua y urgente: &iquest;puede la maquinaria estatal, con su l&oacute;gica homogeneizadora, dar cabida a la heterogeneidad radical de las experiencias econ&oacute;micas? Quiz&aacute;s el problema no sea el Estado en s&iacute;, sino el tipo de Estado que hemos construido: uno que gestiona poblaciones, pero no habita biograf&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El aut&oacute;nomo que madruga para abrir su comercio, la due&ntilde;a de la pyme que negocia una l&iacute;nea de cr&eacute;dito, el joven que monta un estudio de dise&ntilde;o desde su habitaci&oacute;n, no buscan solo subvenciones o simplificaci&oacute;n burocr&aacute;tica. Buscan, ante todo, reconocimiento. Quieren que su esfuerzo &mdash;esa mezcla de inversi&oacute;n temporal y econ&oacute;mica, sudor, riesgo y terquedad&mdash; sea dignificado por un relato social m&aacute;s amplio. Sin embargo, la sensaci&oacute;n mayoritaria es la de una invisibilidad pol&iacute;tica. Seg&uacute;n el informe <em>Empresarios y sociedad, de t&uacute; a t&uacute; </em>de Grant Thornton (2025), el 76% de los ciudadanos cree que los peque&ntilde;os y medianos negocios reciben poco apoyo institucional, frente al 55% que considera que las grandes corporaciones est&aacute;n m&aacute;s favorecidas. Este dato no habla solo de percepciones econ&oacute;micas, sino de un vac&iacute;o simb&oacute;lico. Cuando la pol&iacute;tica no nombra tu lucha, no ritualiza tu sacrificio ni te otorga un papel en su narraci&oacute;n del futuro, buscas otros espejos donde mirarte. Y esos espejos est&aacute;n hoy pulidos por el capitalismo financiero y digital: la &eacute;pica del emprendedor que pasa del garaje al unicornio, la mitolog&iacute;a del disruptor que cambia el mundo con una aplicaci&oacute;n. Son relatos individualistas, s&iacute;, pero tienen una potencia narrativa que la izquierda ha despreciado o abandonado.
    </p><p class="article-text">
        Parte de esta renuncia puede rastrearse en la transformaci&oacute;n interna de los partidos progresistas desde finales del siglo XX. Los datos oficiales de afiliaci&oacute;n confirman el vaciamiento de las estructuras de base: el PSOE pas&oacute; de unos 600.000 militantes en 2004 a 190.000 en 2018 &mdash;una ca&iacute;da del 68%, seg&uacute;n registros del propio partido y del Tribunal de Cuentas&mdash; mientras el PCE, que lleg&oacute; a tener 233.000 afiliados en 1977, cuenta hoy con apenas 10.000, una ca&iacute;da superior al 95%. Este giro tecnocr&aacute;tico prioriz&oacute; la gesti&oacute;n presuntamente experta sobre la movilizaci&oacute;n emocional, y la comunicaci&oacute;n se orient&oacute; hacia <em>frames </em>normativos y metas de pol&iacute;tica p&uacute;blica, en lugar de narrativas identitarias colectivas. Paralelamente, la izquierda abraz&oacute; con entusiasmo la narrativa de la globalizaci&oacute;n como horizonte inevitable, compr&oacute; el discurso, descuidando los marcos simb&oacute;licos locales que daban sentido a las econom&iacute;as de proximidad. Como se&ntilde;ala el polit&oacute;logo Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca en <em>La izquierda: fin de un ciclo</em> (2019), la socialdemocracia ha retrocedido entre 12 y 14 puntos en 25 a&ntilde;os en los pa&iacute;ses desarrollados, un declive que relaciona con una crisis de representaci&oacute;n m&aacute;s amplia que la izquierda no ha sabido nombrar ni ritualizar en los espacios tradicionales de encuentro (c&iacute;rculos, sindicatos, asociaciones de barrio, casas del pueblo), dejando a amplios sectores de la econom&iacute;a real sin un relato pol&iacute;tico que reconociera su existencia m&aacute;s all&aacute; de como variables de ajuste o beneficiarios de ayudas. Una din&aacute;mica que recuerda al concepto de <em>multiplicaci&oacute;n del trabajo</em> que Sandro Mezzadra desarrolla junto a Brett Neilson en <em>La frontera como m&eacute;todo</em> (2013): las fronteras del capital &mdash;desde los pol&iacute;gonos industriales hasta los negocios migrantes&mdash; se multiplican y reconfiguran sin que exista ya un ritual de reconocimiento colectivo que las acompa&ntilde;e. Esta renuncia no fue solo narrativa. En no pocos casos, la propia izquierda gestion&oacute; con criterios que sus bases vivieron como una traici&oacute;n material, no &uacute;nicamente simb&oacute;lica: recortes, reformas laborales que precarizaron el empleo que dec&iacute;an proteger, pol&iacute;ticas de austeridad asumidas como inevitables en nombre del realismo. El vaciamiento del relato y el vaciamiento de la lealtad de clase no son dos procesos paralelos: son el mismo proceso visto desde dos &aacute;ngulos.
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a nunca es solo un intercambio de bienes; es tambi&eacute;n un sistema de significados que responde a preguntas profundas: &iquest;para qu&eacute; trabajamos? &iquest;Qu&eacute; huella dejamos? &iquest;Qu&eacute; comunidad construimos con nuestro oficio? El capitalismo, con todas sus contradicciones, ha sabido responder con un relato simple y eficaz: trabajas para triunfar, para escalar, para ser due&ntilde;o de tu destino. La socialdemocracia contempor&aacute;nea, en cambio, a menudo responde con un mensaje defensivo y administrativo: trabajamos para mantener el Estado de bienestar, para cumplir con la normativa, para ser sostenibles. Son respuestas leg&iacute;timas, incluso necesarias, pero carecen de la chispa movilizadora que convierte una pol&iacute;tica en un proyecto de vida. El Informe GEM Espa&ntilde;a confirma la tendencia de fondo: el emprendimiento por oportunidad &mdash;frente al emprendimiento por pura necesidad&mdash; se ha mantenido establemente en torno al 70% de la actividad emprendedora total desde 2010 (68,5% frente a 28,3% en la edici&oacute;n 2017-2018). La edici&oacute;n m&aacute;s reciente (2024-2025) matiza el retrato: aumenta la ambici&oacute;n emprendedora, con motivaciones como <em>marcar una diferencia en el mundo</em> o <em>crear riqueza</em> ganando peso, mientras el miedo al fracaso &mdash;aunque en descenso&mdash; sigue siendo el mayor freno declarado por la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. No se trata de ego&iacute;smo, sino de una jerarqu&iacute;a de significados. La izquierda no ha sabido conectar su vocaci&oacute;n igualitaria con ese deseo profundo de autonom&iacute;a; ha dejado que sea el neoliberalismo quien lo capitalice, ofreciendo una versi&oacute;n mercantilizada y solitaria de la libertad. Una renuncia que recuerda a la cr&iacute;tica de Nancy Fraser en <em>Capitalismo can&iacute;bal </em>(2022): el capitalismo financiarizado <em>canibaliza </em>las condiciones de posibilidad de su propia reproducci&oacute;n &mdash;cuidados, naturaleza, bienes p&uacute;blicos, trabajo concreto&mdash; sin que se le exijan cuentas por ello.
    </p><p class="article-text">
        Este divorcio se agrava porque la pol&iacute;tica ha dejado de habitar los rituales cotidianos de la econom&iacute;a real. Para quien regenta un peque&ntilde;o negocio, la pol&iacute;tica se vive como algo externo, que llega en forma de ley publicada en el BOE o de una inspecci&oacute;n inesperada. No como una conversaci&oacute;n entre iguales que parte de su realidad material. El CIS lo confirma desde otro &aacute;ngulo: en su IV Encuesta sobre la calidad de la democracia en Espa&ntilde;a (2026), el 75,3% de los ciudadanos est&aacute; muy o bastante de acuerdo en que los pol&iacute;ticos no se preocupan de lo que piensa la gente. La pol&iacute;tica ha abandonado los espacios donde se forja el sentido: el mostrador donde se charla con el cliente, la preocupaci&oacute;n por llegar a fin de mes, el orgullo por un producto bien hecho, el miedo a una quiebra que ser&iacute;a tambi&eacute;n un fracaso identitario. Al no nombrar estos rituales, al no incorporarlos a su narrativa, la izquierda ha cedido ese territorio. Y en ese vac&iacute;o crece no solo la desafecci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la adhesi&oacute;n a relatos reaccionarios que, al menos, nombran el malestar &mdash;aunque sea para dirigirlo contra chivos expiatorios&mdash; y ofrecen una identidad clara, aunque sea basada en la exclusi&oacute;n. Este proceso de desafecci&oacute;n y captaci&oacute;n por relatos excluyentes no es espont&aacute;neo; encuentra un terreno abonado por una ofensiva discursiva y material de d&eacute;cadas contra el propio concepto de lo colectivo. No es un fen&oacute;meno exclusivamente espa&ntilde;ol. El <em>Latinobar&oacute;metro 2024</em> registra un apoyo a la democracia del 52% en la regi&oacute;n &mdash;un repunte de cuatro puntos, el mayor desde 2010, tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de deterioro&mdash; pero tambi&eacute;n revela que la creencia de que <em>la democracia puede funcionar sin partidos</em> ha crecido del 31% en 2013 al 42% en 2024. La crisis es de representaci&oacute;n, y trasciende la dicotom&iacute;a izquierda/derecha: cuando la pol&iacute;tica no ritualiza la vida econ&oacute;mica, el vac&iacute;o lo ocupa el malestar. 
    </p><p class="article-text">
        Un discurso que caricaturiza a sindicatos, asociaciones de vecinos y cooperativas como estructuras anquilosadas o privilegiadas, promoviendo la sospecha sobre lo com&uacute;n. Sin embargo, los datos revelan una paradoja: mientras se estigmatizan las <em>paguitas</em> a la ciudadan&iacute;a, son las grandes empresas y fortunas las que reciben el grueso de las ayudas p&uacute;blicas y los beneficios fiscales. Seg&uacute;n el an&aacute;lisis de Funcas sobre la ejecuci&oacute;n de los fondos europeos Next Generation EU, de cada 100 euros de ayudas concedidas a empresas espa&ntilde;olas, las grandes acaparan el 59,3% frente al 40,7% que reciben las pymes &mdash;un desequilibrio que se agrava hasta el 64% en las ayudas gestionadas directamente por el Estado. Adem&aacute;s, Oxfam Interm&oacute;n calcula que el fraude fiscal cuesta a Espa&ntilde;a cerca de 60.000 millones de euros anuales, de los que el 72% corresponde a grandes empresas y fortunas &mdash;unos 43.200 millones de euros&mdash;, una cifra que multiplica por m&aacute;s de siete el presupuesto ejecutado en 2025 para el Ingreso M&iacute;nimo Vital, unos 5.773 millones de euros hasta noviembre de ese a&ntilde;o (<em>El Economista</em>, 31/01/2026, con datos del Ministerio de Seguridad Social). Su informe m&aacute;s reciente (2026) a&ntilde;ade que el Impuesto sobre el Patrimonio pierde 8 de cada 10 euros de su recaudaci&oacute;n potencial por exenciones que benefician sobre todo a las grandes participaciones empresariales, m&aacute;s de 6.700 millones de euros anuales solo por la llamada <em>exenci&oacute;n de empresa familiar</em>. Este doble rasero &mdash;criminalizar la protecci&oacute;n social mientras se subsidia y perdona fiscalmente a los grandes capitales&mdash; no solo debilita materialmente lo colectivo, sino que intoxica el imaginario social: hace pasar por sentido com&uacute;n la idea de que toda solidaridad organizada es sospechosa, y que el &uacute;nico m&eacute;rito reconocible es el &eacute;xito individual en un mercado supuestamente libre. Una l&oacute;gica que explica por qu&eacute;, incluso en contextos de gobiernos progresistas como los de Lula en Brasil o Sheinbaum en M&eacute;xico, la priorizaci&oacute;n de la estabilizaci&oacute;n macroecon&oacute;mica sigue dejando en un segundo plano &mdash;y sin narrativa&mdash; las &eacute;picas locales y el esfuerzo de la econom&iacute;a real. Esta l&oacute;gica tiene un correlato macroecon&oacute;mico: la prioridad absoluta es la estabilizaci&oacute;n fiscal (FMI, Actualizaci&oacute;n de Perspectivas de la Econom&iacute;a Mundial, enero de 2026: crecimiento previsto de Brasil, 1,6%; de M&eacute;xico, 1,5%), lo que condena a un crecimiento moderado y posterga nuevamente cualquier &eacute;pica local. Y, de nuevo, como se&ntilde;ala Nancy Fraser en <em>Capitalismo can&iacute;bal</em> (2022), esta es la renuncia definitiva: subsumir lo productivo y lo concreto en un financiarismo puramente simb&oacute;lico y gestionario.
    </p><p class="article-text">
        Existen, sin embargo, destellos de c&oacute;mo podr&iacute;a ser una repolitizaci&oacute;n po&eacute;tica de lo econ&oacute;mico. No desde la nostalgia, sino desde la reinvenci&oacute;n. En Cleveland, Estados Unidos, el movimiento de <em>Community Wealth Building</em> ha convertido a peque&ntilde;as empresas y cooperativas locales en protagonistas de una nueva narrativa de desarrollo urbano, no como beneficiarias pasivas, sino como arquitectas de un futuro postindustrial. En varias ciudades europeas, las cooperativas de plataforma est&aacute;n escribiendo un relato alternativo al de los gigantes digitales, uno donde el trabajador no es un <em>socio</em> precarizado, sino un due&ntilde;o colectivo de la tecnolog&iacute;a que usa. Estos experimentos tienen algo en com&uacute;n: no solo optimizan recursos, sino que generan rituales de participaci&oacute;n, s&iacute;mbolos compartidos y una &eacute;pica cotidiana. La literatura acad&eacute;mica sobre econom&iacute;a cooperativa &mdash;desde los trabajos de Blasi, Kruse y Bernstein (2003) hasta el marco de las <em>econom&iacute;as diversas</em> que J.K. Gibson-Graham desarrolla en <em>The Handbook of Diverse Economies </em>(2020)&mdash; documenta de forma consistente mayor cohesi&oacute;n, menor conflictividad laboral y mayor compromiso a largo plazo en los proyectos con narrativa clara y ritos de involucramiento comunal &mdash;como las cooperativas de Cleveland ya nombradas&mdash; frente a las iniciativas puramente instrumentales. La lecci&oacute;n es tan simple como profunda: la gente no se moviliza solo por inter&eacute;s, sino por significado.
    </p><p class="article-text">
        Para encontrar pistas m&aacute;s all&aacute; de nuestro marco mental, podemos mirar a culturas donde lo econ&oacute;mico nunca se escindi&oacute; de lo ritual y lo relacional. Entre los Aymara de los Andes, el concepto de <em>ch'alla </em>&mdash;una ofrenda ritual a la tierra y a los medios de producci&oacute;n&mdash; entrelaza trabajo, gratitud y comunidad, recordando que la actividad material es un di&aacute;logo con el mundo, no una mera extracci&oacute;n. En las pr&aacute;cticas tradicionales de <em>tequio</em> en comunidades zapotecas de Oaxaca, el trabajo colectivo para el bien com&uacute;n no se negocia mediante contrato ni se dirige por decreto estatal; se organiza a trav&eacute;s de asambleas donde la palabra y el compromiso construyen una autoridad leg&iacute;tima desde abajo. Conviene decirlo con cuidado, para no exotizar lo comunitario ni convertirlo en decoraci&oacute;n ret&oacute;rica de un diagn&oacute;stico occidental: nuestra propia tradici&oacute;n tuvo formas equivalentes &mdash;el mutualismo obrero, las cofrad&iacute;as gremiales, las sociedades de socorro mutuo&mdash; antes de que el Estado las sustituyera por la gesti&oacute;n burocr&aacute;tica. Estos ejemplos, los de aqu&iacute; y los de all&aacute;, no son modelos para importar, sino espejos que reflejan nuestra propia carencia: hemos separado la econom&iacute;a de la reciprocidad, la pol&iacute;tica del ritual, el Estado de la conversaci&oacute;n cara a cara. No se trata de romantizar lo comunitario, sino de preguntarnos qu&eacute; estructuras de reconocimiento y pertenencia hemos demolido en nombre de la eficiencia, y si un Estado verdaderamente democr&aacute;tico no deber&iacute;a ser, precisamente, el guardi&aacute;n de esos espacios de sentido, no su administrador sustituto.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, por tanto, no es solo representar mejor, sino reimaginar la representaci&oacute;n misma. &iquest;Y si el Estado no fuera el gran narrador &uacute;nico, sino el facilitador de mil narrativas locales que se cruzan y disputan? Un Estado que, en lugar de ofrecer un relato cerrado, garantice los recursos, el tiempo y el espacio jur&iacute;dico para que comunidades, gremios y redes tejan sus propias &eacute;picas econ&oacute;micas &mdash;desde el cooperativismo energ&eacute;tico en un pueblo hasta el consorcio de microempresas en un pol&iacute;gono&mdash;. Esto exige una humildad institucional radical: pasar de la l&oacute;gica del <em>para</em> el pueblo a la del <em>con</em> el pueblo, e incluso al <em>desde</em> el pueblo. No es la renuncia a la soberan&iacute;a estatal, sino su profundizaci&oacute;n: una soberan&iacute;a distribuida, arraigada, hecha de muchos pactos concretos en lugar de un gran contrato social desgastado. El Estado que merece lealtad no es el que todo lo resuelve, sino el que permite que las soluciones &mdash;y los significados&mdash; broten donde la vida ocurre.
    </p><p class="article-text">
        Conviene no confundir este diagn&oacute;stico con una simple cr&iacute;tica de estilo. La izquierda no solo dej&oacute; de saber contar; tambi&eacute;n cambi&oacute; el terreno sobre el que hablaba. La financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, la deslocalizaci&oacute;n productiva y la atomizaci&oacute;n del trabajo no son un tel&oacute;n de fondo, sino la causa material de buena parte de ese vac&iacute;o: la pol&iacute;tica ya no ocupa, ni puede ocupar, el lugar central que tuvo en la vida social del siglo XX, porque el tejido comunitario sobre el que se apoyaba &mdash;el barrio, la f&aacute;brica, el sindicato de base&mdash; se ha adelgazado con &eacute;l. Pedir a la izquierda que <em>vuelva a tejer rituales</em> sin reconocer esta transformaci&oacute;n estructural corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de nostalgia. Y para que un Estado facilite narrativas locales en lugar de imponerlas, necesita dos cosas que hoy le faltan: legitimidad &mdash;erosionada hasta el punto de que casi tres de cada cuatro ciudadanos creen que la pol&iacute;tica no les escucha&mdash; y capilaridad, la presencia cotidiana en los barrios, los mercados, las asambleas, que los propios partidos han desmantelado junto con su militancia de base. Recuperar ambas no se decreta: se construye con a&ntilde;os de trabajo de hormiga, escuchando antes de narrar. Pero tampoco conviene aceptar sin m&aacute;s la idea de que el sentido llega despu&eacute;s del pan, como un lujo que espera turno. Las culturas que hemos citado &mdash;la<em> ch'alla</em>, el <em>tequio</em>&mdash; no separan la subsistencia del significado: el acto material de trabajar la tierra o levantar una casa colectiva ya es, en s&iacute; mismo, ritual. Quiz&aacute; la tarea no sea elegir entre resolver lo material y ofrecer sentido, sino dejar de tratarlos como fases sucesivas: que la propia gesti&oacute;n de lo com&uacute;n &mdash;una asamblea que decide sobre una reclamaci&oacute;n vecinal, una cooperativa que reparte beneficios&mdash; sea ya, en su forma, la &eacute;pica que se echa en falta.
    </p><p class="article-text">
        Con esas reservas por delante &mdash;y sin fingir que se resuelven solas&mdash;, recuperar la capacidad de narrar el futuro no significa volver a los dogmas grandilocuentes del siglo XX. Significa, m&aacute;s bien, aprender a hablar el lenguaje de las vidas concretas, de las aspiraciones leg&iacute;timas, de los miedos reales. Significa volver a tejer rituales &mdash;no necesariamente banderas e himnos, quiz&aacute; asambleas en pol&iacute;gonos industriales, ferias de econom&iacute;a vecinal, relatos p&uacute;blicos de peque&ntilde;os &eacute;xitos colectivos&mdash; que conviertan la lucha econ&oacute;mica en una experiencia compartida. El desaf&iacute;o no es t&eacute;cnico, sino antropol&oacute;gico: c&oacute;mo volver a llenar de sentido com&uacute;n &mdash;en el doble significado de la palabra&mdash; un espacio pol&iacute;tico que ha sido colonizado por la tecnocracia o por el mito t&oacute;xico del s&aacute;lvese quien pueda. Ah&iacute; reside la paradoja definitiva: en 2026, la izquierda puede ganar elecciones, pero sigue perdiendo el sentido. La &uacute;nica salida es un Estado desde el pueblo, capaz de repolitizar lo econ&oacute;mico no con decretos, sino con la humildad del ritual compartido. Mientras la izquierda no sea capaz de ofrecer un relato que dignifique el esfuerzo, que convierta la autonom&iacute;a en un valor colectivo y que llene de significado pol&iacute;tico el acto cotidiano de trabajar, crear y sostener, seguir&aacute; encontr&aacute;ndose con un suelo com&uacute;n yermo. Y en un suelo yermo, solo arraigan las malezas del individualismo y el resentimiento. Sembrar en &eacute;l no es un acto de fe, sino de paciencia: exige antes reconstruir la legitimidad y la capilaridad que este mismo texto ha puesto en duda.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta paradoja, &iquest;qu&eacute; herramientas pueden ensayarse? La primera es la auditor&iacute;a narrativa: que cada instituci&oacute;n p&uacute;blica, desde un ayuntamiento a un ministerio, eval&uacute;e no solo el impacto econ&oacute;mico de sus pol&iacute;ticas, sino la capacidad de estas para generar relatos compartidos y rituales de reconocimiento. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la <em>ch'alla </em>en el plan de reactivaci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde el <em>tequio</em> en la ley de emprendimiento? La segunda es el presupuesto ritual: destinar una parte simb&oacute;lica pero tangible de los fondos p&uacute;blicos &mdash;un 1% ya ser&iacute;a un manifiesto&mdash; no a subvencionar, sino a facilitar la autoorganizaci&oacute;n narrativa de comunidades econ&oacute;micas: asambleas sectoriales, archivos orales del oficio, festivales de la econom&iacute;a vecinal. La tercera, y m&aacute;s radical, es la instituci&oacute;n h&iacute;brida: crear figuras jur&iacute;dicas &mdash;una especie de cooperativa soberana&mdash; que permitan a comunidades productivas (un pol&iacute;gono, una red de comercios, un distrito digital) gestionar bienes comunes con autonom&iacute;a, pero en di&aacute;logo permanente con lo p&uacute;blico, tejiendo su &eacute;pica a la vez que resuelven problemas concretos. No son soluciones, sino pr&oacute;tesis para una pol&iacute;tica que ha olvidado c&oacute;mo caminar entre la gente. Estas herramientas, sin embargo, presuponen un capital de confianza que el propio diagn&oacute;stico de este texto pone en duda: &iquest;qui&eacute;n las impulsa, si es la propia arquitectura institucional la que ha perdido capilaridad y legitimidad? Tal vez la respuesta no sea otra auditor&iacute;a, sino algo m&aacute;s elemental y m&aacute;s lento: estar, escuchar, no prometer lo que no se puede cumplir, antes de dise&ntilde;ar cualquier presupuesto ritual. Las tres propuestas anteriores solo tienen sentido si nacen de ese ejercicio previo, no al rev&eacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/renuncias-paradojicas_129_13392576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 09:06:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Algunas renuncias paradójicas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 48: El quid de la cosa pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-48-quid-cosa-publica_129_13391206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tengo que dar las gracias a algunos amigos que no solo leen estas Utop&iacute;as, sino que despu&eacute;s me dan a conocer sus impresiones. No siempre coinciden con lo que yo he expresado, pero contrastar es la esencia del periodismo y en el campo de la opini&oacute;n resulta muy enriquecedor. Por eso agradezco a quienes tras leer la columna anterior, <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-47-golpe-calor_129_13347024.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">UN GOLPE DE CALOR</a>,<strong> </strong>me escriben: &ldquo;Creo que lo que nos pasa s&iacute; se debe a la pol&iacute;tica, a la mala pol&iacute;tica, la hay buena y mala, y a los malos pol&iacute;ticos. La gesti&oacute;n de la cosa p&uacute;blica no solo corresponde a los pol&iacute;ticos, nos interpela a todos&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra lectora me dice: &ldquo;Ya he le&iacute;do tu columna. A ver si escribes alguna vez sobre el actual alcalde. Su &uacute;ltima gran aportaci&oacute;n ha sido un enga&ntilde;o. Me refiero al parque de la vieja estaci&oacute;n. Una ridiculez que nada tiene que ver con lo que vendi&oacute; en su d&iacute;a. El proyecto original era a dos alturas. Lo que hay es un parterre con unas pocas flores, plantadas en esa tela asf&aacute;ltica (tipo Primero de Mayo) que tan malos resultados ha dado. Cuatro sillas contadas, de esas fijas al suelo, y luego a modo de banco unas moles de piedra para que cualquier cr&iacute;o se rompa la crisma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a citar otras opiniones que me han expresado. Para no alargarme las resumir&eacute; diciendo que los logro&ntilde;eses somos conscientes de la pasividad de la pol&iacute;tica local que alcanza tanto al equipo de gobierno, como a los grupos de la oposici&oacute;n y a los colectivos directamente afectados. Es imposible no ver lo que &laquo;salta a la vista&raquo;. El pasado fin de semana, sin ir m&aacute;s lejos cuando anduve por el tramo de la Calle Lardero entre la calle Vitoria, y la Gran V&iacute;a y vi los &laquo;arbolitos&raquo; que han plantado entre el hormig&oacute;n, se me ocurri&oacute; la idea de que para las pr&oacute;ximas navidades, los ni&ntilde;os de la ciudad podr&iacute;an contribuir al adorno de esas fiestas, colocando espumillones y bolas de colores en esos &laquo;arbustitos&raquo; que no podr&aacute;n crecer porque las ra&iacute;ces no tienen tierra suficiente para expandirse. Es una idea y aqu&iacute; la dejo.
    </p><p class="article-text">
        Algunos vecinos de la calle Lardero, ya se lamentaron en su momento. No les sirvi&oacute; de nada. El ayuntamiento no les escuch&oacute; y la chapuza ya est&aacute; hecha. Ahora va de rotondas, en las confluencias de P&eacute;rez Gald&oacute;s, San Ant&oacute;n, Vara del Rey van a hacer una. Hay vecinos a favor y en contra, como casi siempre, algunos se quejan por la desaparici&oacute;n de los &aacute;rboles de la plaza de los Donantes de Sangre. De todos debiera ser sabido que el trasplante de &aacute;rboles no suele dar buenos resultados, pero en una ciudad en la que el arbolado importa un comino los responsables municipales o los t&eacute;cnicos del ayuntamiento o unos y otros, junto con la constructora que vaya a hacer las obras no tienen en cuenta, ni las molestias para los vecinos, ni para los conductores de autobuses, coches particulares, furgonetas, camiones de los distintos servicios municipales y p&uacute;blicos, ni el presupuesto que presumiblemente ser&aacute; cuantioso, ni nada de nada&hellip; El caso es hacer otra rotonda. Personalmente, me sumo a la idea de un amigo, vecino de Logro&ntilde;o, para regular el tr&aacute;fico en ese cruce de calles mediante sem&aacute;foros. Ser&iacute;a m&aacute;s barato, no habr&iacute;a que talar ni trasplantar &aacute;rboles, no ahorrar&iacute;amos ruidos ensordecedores, etc. Tambi&eacute;n soy partidaria de que el ayuntamiento se plantee la necesidad de hacer otra rotonda en el cruce del Puente de Hierro, con Cabo Noval, enfrente de las bodegas Franco Espa&ntilde;olas. Ah&iacute; el problema no son los &aacute;rboles porque no hay, el problema es el derroche de un gasto innecesario porque los sem&aacute;foros actuales cumplen bien con su funci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En fin que en medio de un verano asfixiante, nuestros pol&iacute;ticos locales, no planifican zonas en las que los logro&ntilde;eses nos podamos aliviar mediante toldos en las calles, aspersores de agua para que nos podamos refrescar, espacios p&uacute;blicos climatizados y abiertos en horario de ma&ntilde;ana y tarde y no solo municipales, sino de todas las administraciones. Plantaci&oacute;n de arbolado en el Parque Princesa Leonor y el contiguo Parque de Felipe VI, porque aunque los jardines lucen m&aacute;s, las zonas de sombra son cada vez m&aacute;s necesarias y las inversiones para suavizar las elevadas temperaturas que cada a&ntilde;o interfieren negativamente en la salud de ni&ntilde;os, ancianos, adultos enfermos e incluso adultos sanos es hacer buena pol&iacute;tica local, como tambi&eacute;n lo es acondicionar los centros escolares y sanitarios, para que en el verano de 2027 no ocurra lo mismo que este a&ntilde;o, y si nuestros representantes no est&aacute;n por la labor, la sociedad civil organizada en sus muchas asociaciones que se pregunten <strong>QU&Eacute;</strong> es prioritario y<strong> QU&Eacute;</strong> puede esperar. En periodismo el <strong>QU&Eacute; </strong>es tan importante que en numerosas ocasiones supera al QUI&Eacute;N. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esa pregunta QU&Eacute; es crucial para saber qu&eacute; beneficia a la mayor&iacute;a, qu&eacute; es m&aacute;s urgente, qu&eacute; puede esperar, qu&eacute; no admite demora alguna, qu&eacute; intereses hay detr&aacute;s de una u otra empresa</strong>&hellip; En definitiva <strong>el QU&Eacute; es el QUID, es lo esencial y en la gesti&oacute;n de la &laquo;cosa p&uacute;blica&raquo; no solo corresponde a los pol&iacute;ticos, nos interpela a todos&hellip;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-48-quid-cosa-publica_129_13391206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 08:40:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 48: El quid de la cosa pública]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carga mental de ayer y de hoy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/carga-mental-ayer-hoy_129_13389975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Estos d&iacute;as de calor extremo en La Rioja, muchos hogares &mdash;la mayor&iacute;a sin aire acondicionado&mdash; libran una batalla silenciosa contra el term&oacute;metro. No es solo aguantar el calor: es gestionarlo. Calcular a qu&eacute; hora conviene bajar las persianas y a qu&eacute; hora abrirlas. Vigilar si ya ha refrescado fuera para ventilar antes de acostarse, levantarse a medianoche a cerrar una ventana porque el aire de fuera ha empezado a entrar m&aacute;s caliente que el de dentro, decidir si esta noche toca dormir con un ventilador apuntando a los pies o rendirse y bajar al sal&oacute;n. Nada de esto aparece en ning&uacute;n parte meteorol&oacute;gico, pero organiza buena parte de la vida dom&eacute;stica en estas semanas, sobre todo en aquellos hogares en los que hay ni&ntilde;os, enfermos o personas mayores. Y, como casi todo lo que tiene que ver con sostener el funcionamiento invisible de una casa, recae de forma desigual: alguien, normalmente una mujer, lleva ese c&aacute;lculo en la cabeza, aunque nadie se lo haya pedido.
    </p><p class="article-text">
        No es un fen&oacute;meno nuevo. Es, de hecho, viej&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        En 1785, en Hallowell, un pueblo de la frontera de Maine, una comadrona llamada Martha Ballard empez&oacute; a escribir un diario que mantendr&iacute;a durante 27 a&ntilde;os, casi sin faltar un solo d&iacute;a. En &eacute;l anotaba los partos a los que asist&iacute;a &mdash;816 en total&mdash;, pero tambi&eacute;n las tareas de la casa, las visitas, las cosechas, qui&eacute;n estaba enfermo y qui&eacute;n necesitaba qu&eacute;. Ese diario pas&oacute; casi dos siglos considerado poco menos que basura hist&oacute;rica: &ldquo;trivialidades sobre tareas dom&eacute;sticas&rdquo; fue, parafraseada, una de las valoraciones que se repiti&oacute; incluso en una historia feminista de la parter&iacute;a publicada en los a&ntilde;os setenta. Hizo falta que la historiadora Laurel Thatcher Ulrich se pasara ocho a&ntilde;os desenred&aacute;ndolo para que el mundo entendiera lo que realmente conten&iacute;a: el mapa mental de una mujer sosteniendo, sin ayuda ni reconocimiento, la salud y el funcionamiento entero de su comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Ojo, que he puesto un ejemplo de Maine pero podr&iacute;a estar hablando perfectamente de una riojana de la misma &eacute;poca. S&iacute;, cambia el contexto general, puede que algunas de las actividades que llevaba a cabo Ballard no las realizase nuestra riojana an&oacute;nima, pero al fin y al cabo ambas organizaban su vida y su existencia en torno a los mismo ciclos y necesidades. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco era algo propio del siglo XVIII. En realidad, el cuidado, fundamental para nuestro desarrollo hist&oacute;rico (como apunta, entre otras, la gran Marga S&aacute;nchez Romero) fue recayendo poco a poco en las mujeres del grupo. Y los cuidados, a su vez, se sumaban a los trabajos en el campo, manufacturas y artesan&iacute;as y actividades de intercambio y comercio. Aqu&iacute; es donde entra el primer problema: aquellas actividades que no se relacionaban directamente con las &ldquo;actividades econ&oacute;micas&rdquo; empezaron a considerarse menores. No aportaban riqueza, por lo que no se ten&iacute;an en cuenta. 
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente en este punto estoy resumiendo siglos de evoluci&oacute;n del pensamiento econ&oacute;mico e historiogr&aacute;fico. Puede parecer una trivialidad, pero de vez en cuando resulta &uacute;til hacerlo, ya que en este momento no nos interesa tanto ese proceso como su consecuencia: las mujeres que cargaban con todas estas labores ten&iacute;an (y tienen) una doble carga de trabajo. Por un lado, la casa, los hijos y familiares, qu&eacute; comemos y cenamos hoy, qu&eacute; nos hace falta para ma&ntilde;ana, cu&aacute;ndo tiene que ir alguien al m&eacute;dico; por otro, el trabajo fuera del hogar y todas las responsabilidades que conlleva. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello acaba por traducirse en un concepto acu&ntilde;ado en los a&ntilde;os 80: la &ldquo;carga mental&rdquo;. El t&eacute;rmino no naci&oacute; pensado para las mujeres. En los a&ntilde;os setenta se empez&oacute; a usar en la ergonom&iacute;a y la psicolog&iacute;a del trabajo para describir el desgaste cognitivo de ciertos empleos, sobre todo el de los directivos que se llevaban a casa, mentalmente, los problemas de la oficina. Fue la soci&oacute;loga francesa Monique Haicault quien, en 1984, tom&oacute; ese concepto y lo traslad&oacute; al terreno dom&eacute;stico. En su art&iacute;culo &ldquo;La gestion ordinaire de la vie en deux&rdquo; (&ldquo;La gesti&oacute;n ordinaria de la vida en dos&rdquo;), publicado en la revista Sociologie du travail, Haicault defini&oacute; la carga mental como el trabajo de planificaci&oacute;n y organizaci&oacute;n que sostiene cualquier hogar: prever, calcular, anticipar, aunque nadie vea ese esfuerzo porque no se traduce en una tarea f&iacute;sica concreta. Para ella, ejecutar una tarea sin haberla anticipado mentalmente es solo hacerla a medias; la verdadera carga est&aacute; en llevarla en la cabeza antes, durante y despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la precisi&oacute;n del concepto, tard&oacute; d&eacute;cadas en calar. Durante los a&ntilde;os ochenta y noventa qued&oacute; casi confinado a los c&iacute;rculos acad&eacute;micos de la sociolog&iacute;a del trabajo, sin apenas eco fuera de ellos; la propia Haicault ha reconocido que la toma de conciencia fue &ldquo;muy lenta&rdquo;. Hubo que esperar m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, hasta 2017, para que la ilustradora Emma popularizara la idea con su c&oacute;mic &ldquo;Fallait demander&rdquo; (&ldquo;Deber&iacute;as haberlo pedido&rdquo;), que gan&oacute; mucha popularidad y llev&oacute; el t&eacute;rmino a las conversaciones cotidianas, a las redes sociales y, finalmente, tambi&eacute;n de vuelta a la propia academia, que empez&oacute; a estudiarlo con una atenci&oacute;n que no le hab&iacute;a dedicado en sus primeros treinta a&ntilde;os de vida.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, casi cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s de que Monique Haicault le pusiera nombre, seguimos con el mismo mapa mental encendido, solo que ahora, adem&aacute;s, hace 40 grados. Porque a la lista de siempre (qu&eacute; cenamos, qui&eacute;n tiene cita con el pediatra, si hay que llamar a la abuela) se suma esta semana otra capa invisible: cu&aacute;ndo bajar la persiana, si ha refrescado ya para ventilar, si el peque&ntilde;o ha bebido suficiente agua o si conviene despertar de madrugada para comprobar que todo sigue bien en casa de los mayores. 
    </p><p class="article-text">
        Ese ejercicio constante de estar pendiente, de sostener mentalmente el bienestar de los dem&aacute;s sin que nadie lo pida ni lo note, no es gratis: se paga en cansancio, en insomnio, en la sensaci&oacute;n de no desconectar nunca, y con el tiempo puede pasar factura a la salud mental de quien lo carga. No es debilidad ni exceso de exigencia personal: es la consecuencia l&oacute;gica de siglos organizando la vida de los dem&aacute;s desde la sombra. Quiz&aacute;, la pr&oacute;xima vez que hablemos de esto, sea el momento de mirar m&aacute;s de cerca c&oacute;mo llegamos hasta aqu&iacute; &mdash;esa larga historia del cuidado convertido en obligaci&oacute;n silenciosa&mdash; para entender que reconocerla es el primer paso para repartirla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/carga-mental-ayer-hoy_129_13389975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 08:08:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La carga mental de ayer y de hoy]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo se dice lo que no se sabe o se puede decir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dice-no-decir_129_13364742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay un conocimiento que no entra en los informes. Una verdad que se resiste a la estad&iacute;stica, al dato duro, al argumento lineal. Es el saber del cuerpo que a&uacute;n no ha encontrado su s&iacute;ntoma; de la comunidad que siente la grieta antes de que aparezca en el censo; de la rabia que hierve en el silencio colectivo antes de convertirse en consigna. Ante este vac&iacute;o categorial &mdash;este saber opaco que estructura nuestras vidas sin pasar por la lengua instrumental&mdash; se alza, desde los m&aacute;rgenes de lo utilitario, el &uacute;nico lenguaje que se atreve a habitar all&iacute;: la poes&iacute;a. <em>Los l&iacute;mites de mi lenguaje son los l&iacute;mites de mi mundo</em>, sentenci&oacute; Wittgenstein en el<em> Tractatus.</em>
    </p><p class="article-text">
        La antropolog&iacute;a ha mostrado c&oacute;mo los pueblos usan formas po&eacute;ticas no para describir lo ya conocido, sino para navegar lo desconocido. Donde fracasan la prosa explicativa y la raz&oacute;n instrumental, la poes&iacute;a opera como una tecnolog&iacute;a de exploraci&oacute;n liminal. No es un adorno, sino una herramienta cognitiva y social para procesar lo que a&uacute;n no tiene nombre.
    </p><p class="article-text">
        Las posibilidades de la antropolog&iacute;a po&eacute;tica son extraordinarias para registrar sentimientos abstractos. Esta disciplina no solo describe las emociones, sino que las habita desde dentro, cartografiando aquello que escapa a la categorizaci&oacute;n racional. A trav&eacute;s del ritmo, la imagen y la met&aacute;fora, logra una precisi&oacute;n experiencial que el lenguaje instrumental nunca alcanzar&iacute;a, capturando la textura afectiva de lo colectivo y lo &iacute;ntimo sin reducirlo a discurso. En vez de explicar, encarna; en vez de definir, reverbera. As&iacute;, convierte lo indecible en compartible, y lo abstracto, en tangible.
    </p><p class="article-text">
        En sociedades sin cl&iacute;nicas de duelo masificadas, las formas po&eacute;ticas cumpl&iacute;an &mdash;y en muchos lugares cumplen&mdash; la funci&oacute;n del div&aacute;n comunitario. Los lamentos rituales, los cantos de trabajo, los blues estructurados en repeticiones y quejas medidas, no <em>solucionan</em> el dolor, pero le dan una forma compartida y soportable. Convierten el malestar difuso en ritmo, el vac&iacute;o en estructura simb&oacute;lica. La antrop&oacute;loga Lila Abu-Lughod, en su trabajo con los Awlad 'Ali,  beduinos de Egipto, document&oacute; los <em>ghinn&#257;was</em>, breves poemas cantados, predominantemente por mujeres, para expresar emociones intensas como el dolor y el anhelo, dentro de los estrictos c&oacute;digos del honor. Estos cantos no resuelven el conflicto, sino que lo ritualizan, ofreciendo un canal socialmente aceptado para lo inenarrable. Paralelamente, los <em>sea shanties</em> (canciones de marineros) de la marina mercante del siglo XIX eran una tecnolog&iacute;a corporal: su ritmo sincronizaba el esfuerzo f&iacute;sico colectivo en tareas peligrosas, mientras su letra canalizaba la queja y la nostalgia, transformando el agotamiento individual en una acci&oacute;n grupal coordinada y moralmente soportable. Aqu&iacute;, la poes&iacute;a no era un reflejo, sino un componente activo de la econom&iacute;a material y afectiva del trabajo. La poeta Wis&#322;awa Szymborska, en la Polonia poscomunista, evit&oacute; el panfleto y escribi&oacute; sobre una cebolla, un gato, una fotograf&iacute;a vac&iacute;a. En versos como <em>Nada dos veces / nada ocurre / nada se repite</em>, late el eco de una historia colectiva que no pod&iacute;a nombrarse directamente. La poes&iacute;a, por tanto, codifica lo pol&iacute;tico en lo sensorial, permitiendo que un pueblo reconozca su herida sin necesidad de enunciarla como discurso.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo preserva, sobre todo, lo intraducible. Toda cultura genera palabras que condensan una experiencia singular y se resisten a la traducci&oacute;n literal. El portugu&eacute;s <em>saudade</em>, el alem&aacute;n <em>Weltschmerz</em>, el espa&ntilde;ol <em>duende</em> en su sentido lorquiano. La poes&iacute;a es el h&aacute;bitat natural de estos conceptos. No los explica; los encarna. Cuando Lorca afirmaba que <em>el duende no llega si no ve posibilidad de muerte</em>, no ofrec&iacute;a una definici&oacute;n, sino que creaba la experiencia en el cuerpo del oyente. En un mundo obsesionado con la claridad operativa, la poes&iacute;a custodia el derecho a la ambig&uuml;edad f&eacute;rtil, a la precisi&oacute;n de lo
    </p><p class="article-text">
         impreciso. Mar&iacute;a Zambrano lo articula con meridiana claridad: <em>la poes&iacute;a dice lo que no se puede decir de otro modo, porque es el modo de decir lo que no se puede decir. </em>As&iacute; custodia ese filo entre nombrar y no nombrar, donde conceptos como saudade o duende no se definen sino que se encarnan en ritmo y sugerencia, convirtiendo lo intraducible en experiencia compartida y habitable. El antrop&oacute;logo Renato Rosaldo conceptualiz&oacute; la <em>ira del doliente</em> tras la tr&aacute;gica muerte de su esposa, Michelle Z. Rosaldo, en trabajo de campo. Al experimentar una rabia feroz e irracional, reinterpret&oacute; la pr&aacute;ctica de la cacer&iacute;a de cabezas entre los Ilongot de Filipinas, entendi&eacute;ndola como un acto impulsado por la <em>liget</em>: una energ&iacute;a compleja de pasi&oacute;n, dolor e ira vinculada al duelo. La <em>liget</em> es uno de esos conceptos que el relato ritual y m&iacute;tico encarna con m&aacute;s verdad que cualquier definici&oacute;n lexicogr&aacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        En Jap&oacute;n, el ritual anual del <em>Obon</em> no pretende <em>cerrar</em> el duelo,
    </p><p class="article-text">
         sino facilitar un encuentro temporal y ritualizado con los ancestros.
    </p><p class="article-text">
         Las familias limpian las tumbas, encienden faroles para guiar a los
    </p><p class="article-text">
         esp&iacute;ritus y realizan danzas (<em>Bon Odori</em>). La poes&iacute;a de los <em>haikus</em>
    </p><p class="article-text">
         comparte esta l&oacute;gica de <em>habitar</em> m&aacute;s que de <em>resolver</em>: no persigue la
    </p><p class="article-text">
         resoluci&oacute;n, sino la condensaci&oacute;n ceremonial de lo ef&iacute;mero y lo ausente. La antropolog&iacute;a muestra as&iacute; que muchas culturas no buscan <em>pasar p&aacute;gina</em>, sino establecer una relaci&oacute;n continua y cambiante con la p&eacute;rdida, un mecanismo radicalmente opuesto a la mercantilizaci&oacute;n del sentimiento.
    </p><p class="article-text">
        Esta custodia de lo ambiguo se vuelve crucial frente a dicha mercantilizaci&oacute;n. El capitalismo emocional, analizado por soci&oacute;logas
    </p><p class="article-text">
         como Eva Illouz, convierte el dolor y el anhelo en productos
    </p><p class="article-text">
         estandarizados: cursos para <em>superar</em> duelos, <em>apps</em> para <em>gestionar</em> la
    </p><p class="article-text">
         ansiedad, ret&oacute;ricas que transforman el sufrimiento en un problema de
    </p><p class="article-text">
         productividad personal. La poes&iacute;a se resiste. Un poema de amor no es un manual de seducci&oacute;n; un poema de duelo no da pasos para <em>pasar p&aacute;gina</em>. En cambio, ritualiza la incompletud. Un poema de duelo tampoco busca soluciones: hace habitable la p&eacute;rdida antes que resolverla. Es un mecanismo an&aacute;logo a los cantos f&uacute;nebres en sociedades tradicionales: no eliminan la muerte, pero le otorgan un lugar en el orden simb&oacute;lico, impidiendo que el dolor se privatice y patologice.
    </p><p class="article-text">
        En una era de esl&oacute;ganes pol&iacute;ticos y algoritmos que refuerzan c&aacute;maras de eco, la poes&iacute;a se erige adem&aacute;s como un acto de insumisi&oacute;n sem&aacute;ntica. Su poder no est&aacute; en la claridad un&iacute;voca, sino en la polivalencia, en su capacidad de resonar de manera distinta en cada lector, de abrir significados en lugar de cerrarlos. Cuando Paul Celan, superviviente del Holocausto, escribi&oacute; <em>la muerte es un maestro de Alemania</em>, condens&oacute; en una imagen lo que mil p&aacute;ginas de historiograf&iacute;a no podr&iacute;an transmitir completamente: la perversi&oacute;n metaf&iacute;sica de la maquinaria nazi. Lo hizo no con la l&oacute;gica del informe, sino con la l&oacute;gica del rel&aacute;mpago que ilumina y deja una ceguera posterior. La poes&iacute;a desestabiliza as&iacute; el sentido com&uacute;n, record&aacute;ndonos que la realidad es m&aacute;s opaca, m&aacute;s rica y m&aacute;s terrible de lo que nuestras categor&iacute;as admiten.
    </p><p class="article-text">
        Esta capacidad la convierte en un archivo etnogr&aacute;fico alternativo. Los mapas oficiales marcan fronteras y recursos; los poemas cartograf&iacute;an el olor de una calle despu&eacute;s de la lluvia, el peso de una mirada, el sabor del pan de la infancia. Es la memoria sensorial de un pueblo. La poes&iacute;a de Miguel Hern&aacute;ndez est&aacute; impregnada de tierra, animales y sudor campesino; la de Blas de Otero, del hormig&oacute;n y el fr&iacute;o de la posguerra; los bares donostiarras pueden olerse en los poemas de Karmelo C. Iribarren como el olor del campo riojano se respira en los poemas de Adri&aacute;n P&eacute;rez Castillo; los paisajes volc&aacute;nicos y la memoria ind&iacute;gena duelen en los versos de la mexicana Carmen Boullosa, del mismo modo que la pampa bonaerense y el imaginario del ferrocarril fluyen en la voz de Mar&iacute;a Elena Walsh, convirtiendo lo tel&uacute;rico en canci&oacute;n y revelaci&oacute;n; la cordillera andina y el dolor pol&iacute;tico se corporeizan con una fuerza distinta, maternal y desgarrada, en la poes&iacute;a de la chilena Violeta Parra, cuyas <em>D&eacute;cimas</em> autobiogr&aacute;ficas son un territorio habitado por tierra, pena y guitarra. La antrop&oacute;loga Kathleen Stewart, en su etnograf&iacute;a <em>A Space on the Side of the Road</em>, sobre una comunidad apalache empobrecida, adopta precisamente este m&eacute;todo. En lugar de recurrir &uacute;nicamente a datos estad&iacute;sticos, utiliza una prosa po&eacute;tica y densamente sensorial para evocar los sonidos, los olores, los objetos abandonados y los relatos fragmentados que constituyen la <em>textura</em> de la vida en ese lugar. Su escritura es un acto de <em>antropolog&iacute;a po&eacute;tica</em> que archiva la memoria sensorial y afectiva de un mundo marginal. Si, seg&uacute;n el fil&oacute;sofo Karl Popper, el conocimiento cient&iacute;fico avanza por conjeturas y refutaciones; la poes&iacute;a, en cambio, avanza por condensaci&oacute;n y reverberaci&oacute;n. Atesora las conjeturas que la ciencia no puede refutar porque no son meramente factuales, sino profundamente vivenciales.
    </p><p class="article-text">
        El texto acad&eacute;mico puede captar estructuras, pero a menudo pierde el temblor. La poes&iacute;a no documenta experiencias, las habita. Cuando se dice que el r&iacute;o ense&ntilde;a a escuchar el llanto de los antepasados, no se habla solo de met&aacute;fora. Para los M&#257;ori de Nueva Zelanda, los <em>whakapapa</em> son recitativos po&eacute;ticos que entrelazan linajes con la geograf&iacute;a sagrada (<em>whenua</em>). Al recitar el <em>whakapapa</em> que conecta un clan con una monta&ntilde;a o un r&iacute;o, el lenguaje no describe un paisaje; performativamente invoca y actualiza la presencia ancestral en &eacute;l. El r&iacute;o, en este sistema de conocimiento, <em>es</em> el antepasado. Escucharlo es un acto de atenci&oacute;n po&eacute;tico-ritual donde el texto funciona como invocaci&oacute;n, no como descripci&oacute;n. Los cuadernos de campo etnogr&aacute;ficos, en su b&uacute;squeda de objetividad, a menudo borran las huellas del cuerpo que investiga: manchas de caf&eacute;, l&aacute;grimas, la fatiga. Una escritura que incorpora esa materialidad duele, y convierte cada p&aacute;gina en territorio ocupado, entre lo sagrado y lo subversivo.
    </p><p class="article-text">
        La poes&iacute;a, en definitiva, es un lenguaje liminal. Habita los umbrales entre lo individual y lo colectivo, entre lo dicho y lo callado, entre el sentido y el sinsentido. No es un mero reflejo de la sociedad, sino una fuerza activa que la constituye desde los m&aacute;rgenes de lo decible. En el contexto de la erosi&oacute;n democr&aacute;tica y la simplificaci&oacute;n del discurso p&uacute;blico, cumple una funci&oacute;n pol&iacute;tica silenciosa pero esencial: mantener viva la capacidad de percibir matices, de sostener contradicciones, de nombrar el dolor sin caer en la consigna.
    </p><p class="article-text">
        No nos dar&aacute; programas pol&iacute;ticos ni soluciones t&eacute;cnicas. Ni falta que hace. Pero tal vez &mdash;y esto es de una importancia radical&mdash; nos devuelva la complejidad del mundo y la nuestra propia. Porque antes de ser votantes, consumidores o usuarios, somos cuerpos que sienten, memorias que arrastran heridas, y seres necesitados de ritos para sobrevivir a lo que no entendemos. El poema es un mapa para perderse mejor, para habitar las preguntas sin respuesta. Y en ese perderse, encontrar quiz&aacute;s la &uacute;nica br&uacute;jula que importa: la de una humanidad compartida, fr&aacute;gil y opaca. Porque, como dej&oacute; escrito el poeta Antonio Gamoneda, <em>no sabemos casi nada.</em> [...]<em> El lenguaje es un instrumento insuficiente. </em>Precisamente por ello, porque el lenguaje com&uacute;n es un instrumento insuficiente para el peso de lo real, cantamos. La poes&iacute;a es ese canto: la forma de habitar, con plena conciencia, la insuficiencia que nos hace humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/dice-no-decir_129_13364742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 06:25:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cómo se dice lo que no se sabe o se puede decir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Océanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/oceanos_129_13370734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El mundo est&aacute; lleno de buenas intenciones y de agua salada. Quiz&aacute; por eso hemos ido sembrando el calendario de jornadas internacionales dedicadas al mar, como quien lanza unos cuantos salvavidas en el oc&eacute;ano de nuestra conciencia colectiva. Me he tomado la molestia de contarlas, y he contabilizado varias celebraciones marinas repartidas a lo largo del a&ntilde;o. Est&aacute;n distribuidas al azar pero, ordenadas, tocar&iacute;an a un d&iacute;a internacional con esta tem&aacute;tica cada dos meses, record&aacute;ndonos que los oc&eacute;anos existen y que, en teor&iacute;a, nos importan. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho as&iacute;, el hecho podr&iacute;a sugerir un exceso de solemnidades mundiales sobre el mismo asunto. Pero tampoco parecen estorbarnos. Despu&eacute;s de todo, las bolsas de pl&aacute;stico de usar y tirar siguen gozando de excelente salud comercial; los macrocruceros contin&uacute;an desembarcando multitudes; las primeras l&iacute;neas de playa mantienen intacto su atractivo urban&iacute;stico; y el pulpo a feira conserva su lugar privilegiado en las mesas. Todo ello, a sabiendas de que tanto exceso no es bueno para la mar. As&iacute; que una efem&eacute;ride mundial m&aacute;s o menos no molesta a nadie. 
    </p><p class="article-text">
        La ONU impulsa el D&iacute;a Mundial de los Oc&eacute;anos el 8 de junio. La OMI, Organizaci&oacute;n Mar&iacute;tima Internacional, promueve el D&iacute;a Internacional de la Mujer en el Sector Mar&iacute;timo todos los 18 de mayo, el D&iacute;a de la Gente del Mar cada 25 de junio y los d&iacute;as Mar&iacute;timo Mundial y Mundial de los Mares en septiembre. La FAO estableci&oacute; el D&iacute;a Mundial de la Pesca el 21 de noviembre. Y en Espa&ntilde;a, la Iglesia celebra el 16 de julio la Virgen del Carmen, patrona de marinos y pescadores. 
    </p><p class="article-text">
        En total, media docena de recordatorios globales (m&aacute;s una tradici&oacute;n local) que se interesan -o intentan interesarnos- por la vida en los oc&eacute;anos en casi todos sus aspectos. Celebraciones que convergen en la imperiosa necesidad de hacer sostenibles las labores marineras y conservar los ecosistemas mar&iacute;timos. Algo tan obvio que parece casi rid&iacute;culo tener que recordarlo tan a menudo. Pero no est&aacute; claro hasta qu&eacute; punto somos conscientes de que el trato que los humanos dispensamos con demasiada frecuencia a los mares y oc&eacute;anos es insostenible, extractivista y, a menudo, tr&aacute;gicamente destructivo. 
    </p><p class="article-text">
        Los usamos m&aacute;s como un recurso infinito y un vertedero sin l&iacute;mites, cuando en realidad es un sistema ecol&oacute;gico complejo y vulnerable que requiere un aprovechamiento respetuoso porque, a pesar de su colosal extensi&oacute;n, varios miles de millones de habitantes humanos nos hemos empe&ntilde;ado en degradarlo. Cada a&ntilde;o arrojamos a los oc&eacute;anos m&aacute;s de medio mill&oacute;n de toneladas de pl&aacute;stico. Hay ya tal n&uacute;mero de micropl&aacute;ticos flotando y acumul&aacute;ndose en los fondos marinos que uno sospecha que rivalizan con los granos de arena de playa. 
    </p><p class="article-text">
        A esta avalancha hay que a&ntilde;adir el resto de nuestra contribuci&oacute;n cotidiana de contaminantes: productos qu&iacute;micos, f&aacute;rmacos, cosm&eacute;ticos, aguas residuales, fertilizantes y plaguicidas agr&iacute;colas, petr&oacute;leo y otros muchos compuestos venenosos que viajan con la misma discreci&oacute;n que las corrientes marinas. Tampoco la pesca sale mejor parada en este balance. Capturamos peces a una velocidad mayor de la que pueden reproducirse. Hemos decidido maximizar las ganancias pesqueras a corto plazo aunque agotemos los recursos. La pesca industrial de arrastre maneja redes gigantescas que a su paso dejan fondos y comunidades submarinas totalmente devastados, para acto seguido &ldquo;devolver&rdquo; al mar toneladas y toneladas de seres muertos considerados comercialmente irrelevantes. Los oc&eacute;anos reciben el golpe; las cuentas de resultados, los beneficios. A ello se suma el cambio clim&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        El calentamiento global ha elevado la temperatura del medio marino y tambi&eacute;n lo ha acidificado modificando la vida acu&aacute;tica y su capacidad de tamp&oacute;n atmosf&eacute;rico. Las barreras de coral se est&aacute;n muriendo. Con el turismo masivo y la abrumadora y desordenada urbanizaci&oacute;n costera hemos destruido h&aacute;bitats litorales vitales como los manglares, las dunas o las praderas de posidonia. El masivo transporte mar&iacute;timo tampoco es inocuo. A trav&eacute;s del agua de lastre, estamos trasladando especies de un hemisferio al otro, desequilibrando los ecosistemas nativos. Y la acuicultura marina de especies carn&iacute;voras, como el salm&oacute;n o la lubina, consume m&aacute;s pescado transformado en harinas y aceites del que finalmente produce, ejerciendo una extraordinaria presi&oacute;n adicional sobre las otras especies silvestres menos apreciadas por el mercado... 
    </p><p class="article-text">
        Ante semejante panorama, uno se pregunta si realmente necesitamos m&aacute;s d&iacute;as mundiales o m&aacute;s sentido com&uacute;n. Las estad&iacute;sticas no invitan precisamente al optimismo. Los pa&iacute;ses que m&aacute;s practican la pesca industrial extractiva (China, Indonesia, Per&uacute;, Rusia, Estados Unidos, India, Vietnam, Jap&oacute;n, Chile y Noruega) siguen liderando el escandaloso ranking de capturas. Europa, por su parte, tampoco se comporta adecuadamente: una vez agotados los caladeros m&aacute;s cercanos, sus flotas (Espa&ntilde;a ocupa la vig&eacute;sima posici&oacute;n en la escala mundial) se desplazan a otros m&aacute;s lejanos, como los de &Aacute;frica Occidental por ejemplo. 
    </p><p class="article-text">
        El bi&oacute;logo marino Daniel Pauly, uno de los referentes mundiales en la materia, resume el problema con una frase que deber&iacute;a figurar en todas esas jornadas conmemorativas: &ldquo;Tenemos que pescar menos para capturar m&aacute;s&rdquo; a largo plazo. Algunos conf&iacute;an en iniciativas como el Tratado Global de los Oc&eacute;anos, que pretende proteger y regular las actividades en el 30% de la alta mar para 2030. Tal vez marque un punto de inflexi&oacute;n. O tal vez quede archivado o pr&aacute;cticamente inservible, junto a otras nobles declaraciones internacionales sobre el clima y la biodiversidad cuya eficacia pr&aacute;ctica ha resultado muy decepcionante. 
    </p><p class="article-text">
        Personalmente, me temo un fracaso m&aacute;s. Sin ir m&aacute;s lejos, ah&iacute; est&aacute; el ejemplo cercano de la anguila europea, catalogada por la Uni&oacute;n Internacional de Conservaci&oacute;n de la Naturaleza (UICN) en Peligro Cr&iacute;tico de Extinci&oacute;n porque su poblaci&oacute;n ha disminuido m&aacute;s del 90% en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y que, sin embargo, la seguimos pescando en estado adulto y consumiendo las &uacute;ltimas angulas con un descaro admirable. Los diagn&oacute;sticos cient&iacute;ficos parecen literatura fant&aacute;stica para las administraciones. Y la conclusi&oacute;n final resulta dif&iacute;cil de esquivar. A pesar de las llamadas de atenci&oacute;n de las ONU, OMI y FAO, es obvio que los oc&eacute;anos est&aacute;n protegidos s&oacute;lo en el calendario, no por decisiones reales. Por eso, con un punto de iron&iacute;a no disimulado, acabo pensando que quiz&aacute; la Virgen del Carmen deber&iacute;a implicarse m&aacute;s el resto del a&ntilde;o: con un solitario d&iacute;a festivo no es suficiente si pretende salvar los mares y oc&eacute;anos de nosotros mismos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Zaldívar-Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/oceanos_129_13370734.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 09:24:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Océanos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llevo más de 30 años con la misma pareja. O eso cree todo el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llevo-30-anos-pareja-cree-mundo_129_13358998.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando digo que llevo m&aacute;s de 30 a&ntilde;os felizmente casada algunas personas me preguntan que cu&aacute;l es el truco y &iexcl;encima trabajando juntos! El truco es que no llevo todos estos a&ntilde;os casada con la misma persona. Esto desconcierta a los que me conocen, hasta que les explico que el hombre con el que me cas&eacute; no es el mismo. &Eacute;l ha cambiado. Y yo tambi&eacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os nos cambian, y no me refiero solo al cuerpo. O &iquest;acaso no cambian las personas cuando tienen hijos o cuando estos se van de casa o cuando pierden el trabajo o son ascendidos? Y no te digo nada si emigras a otro pa&iacute;s, o simplemente te rompes el brazo y dependes del otro m&aacute;s de lo habitual o lees un libro que te deja huella. No solo es el paso del tiempo, es la vida misma, el vivirla. Cada experiencia deja una huella y, poco a poco, va modelando una versi&oacute;n distinta de nosotros mismos. Quiz&aacute; nuestra personalidad conserve muchos rasgos, pero nuestra manera de mirar la vida cambia continuamente.
    </p><p class="article-text">
        Creo que uno de los mayores errores que cometemos en nuestras relaciones consiste precisamente en olvidar esta evidencia. Nos empe&ntilde;amos en seguir relacion&aacute;ndonos con personas que son diferentes pero que seguimos mir&aacute;ndolas con los ojos del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no ocurre solo en la pareja, esto pasa pr&aacute;cticamente con todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre, por ejemplo, sigue d&aacute;ndome algunos consejos como si todav&iacute;a tuviera quince a&ntilde;os y, en cierto modo, contin&uacute;a vi&eacute;ndome con los ojos con los que me ve&iacute;a entonces. Entre hermanos tambi&eacute;n sucede. Basta con que se incorpore una nueva persona a la familia para que aparezcan las etiquetas de siempre: &ldquo;la responsable&rdquo;, &ldquo;&eacute;l despistado&rdquo;, &ldquo;la protestona&rdquo;, &ldquo;el culoinquieto&rdquo; ... Son definiciones construidas hace muchos a&ntilde;os que repetimos sin darnos cuenta. Y, sin embargo, muchas veces me encuentro descrita con algunas etiquetas que hace tiempo que dejaron de representarme. He cambiado. Igual que han cambiado ellos. Lo curioso es que todos percibimos ese cambio en nosotros mismos, pero nos cuesta mucho reconocerlo en los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos hablando de las personas utilizando fotograf&iacute;as antiguas, mientras ellas contin&uacute;an cambiando delante de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        No es falta de sensibilidad o dejadez, es que nuestro cerebro necesita simplificar la realidad. Cada d&iacute;a recibe una cantidad inmensa de informaci&oacute;n y, para ahorrar energ&iacute;a, construye mapas de las personas que conoce. Una vez que decide qui&eacute;n &laquo;es&raquo; alguien, deja de observar con la misma atenci&oacute;n y empieza a completar los huecos con lo que ya sabe, o cree saber. Es un mecanismo necesario porque nos permite movernos por el mundo sin tener que empezar de cero cada ma&ntilde;ana. El problema es que esos mapas a veces se quedan viejos. Adem&aacute;s, el cerebro tiende a darse la raz&oacute;n y se fija m&aacute;s en aquello que confirma la imagen que ya tenemos de alguien que en aquello que la contradice. Y as&iacute; dejamos de descubrir los cambios en las personas porque creemos que ya las conocemos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso muchas relaciones se deterioran. No necesariamente porque las personas cambien demasiado, sino porque nosotros seguimos relacion&aacute;ndonos con la versi&oacute;n que guardamos. No nos relacionamos con la persona que tenemos delante, sino con la idea que tenemos de ella. Y de vez en cuando habr&aacute; que preguntarle qu&eacute; le inquieta, qu&eacute; le ilusiona, qu&eacute; opina de un tema&hellip; porque a lo mejor la respuesta no es la que esper&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        Algunas personas entonces me dicen: &ldquo;Muy bien. Acepto que todos cambiamos, &iquest;pero &iquest;qu&eacute; hago cuando esos cambios no me gustan?&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, hay cambios que hacen inviable una relaci&oacute;n y en este art&iacute;culo no estoy hablando de esas situaciones. Hoy me refiero a esos cambios naturales que toda vida compartida trae consigo.
    </p><p class="article-text">
        Y para esa pregunta, no tengo una respuesta, pero s&iacute; algunas convicciones que, al menos a m&iacute;, me han servido durante todos estos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La primera es asumir que el cambio no es una posibilidad; es una certeza. No existe una versi&oacute;n definitiva de la persona que tenemos al lado, igual que tampoco existe una versi&oacute;n definitiva de nosotros mismos. Si esperamos que todo permanezca igual, la decepci&oacute;n est&aacute; asegurada. Y quiz&aacute; esto se hace todav&iacute;a m&aacute;s evidente a medida que cumplimos a&ntilde;os. El paso del tiempo deja huellas en el cuerpo, en la energ&iacute;a, en la salud, en las prioridades y hasta en la forma de entender la vida. Hay cambios que acogemos con ilusi&oacute;n y otros que preferir&iacute;amos no vivirlos  pero todos forman parte del mismo viaje. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda tiene que ver con la gratitud. Con demasiada frecuencia prestamos atenci&oacute;n a lo que ha dejado de ser y olvidamos valorar todo lo que sigue estando ah&iacute;. Cuando veo relaciones rotas, enfermedades, p&eacute;rdidas inesperadas, personas que ya no pueden compartir la vida con quien aman, tomo conciencia de la enorme suerte que tengo. Cuando uno deja de dar por sentado lo que tiene, lo vive de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n intento mirar el futuro con curiosidad en lugar de hacerlo con miedo. No s&eacute; c&oacute;mo ser&aacute; la persona con la que compartir&eacute; los pr&oacute;ximos diez a&ntilde;os. Tampoco s&eacute; en qui&eacute;n me convertir&eacute; yo. Y creo que hay algo profundamente hermoso en no saberlo. Todav&iacute;a nos queda mucho por descubrir el uno del otro.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa que me pasa es que siempre imagino una relaci&oacute;n como dos engranajes que encajan perfectamente engrasados. Mientras ambos evolucionan de una forma parecida, encajan con naturalidad. Pero llega un momento en que uno cambia antes que el otro, o cambia de una manera distinta, y entonces aparece un peque&ntilde;o desajuste. Es ah&iacute; donde hace falta prestar atenci&oacute;n. No para intentar que el otro vuelva a ser quien era, sino para volver a encontrar el encaje. Si esos peque&ntilde;os reajustes se hacen con frecuencia, apenas requieren esfuerzo. El problema no suele aparecer por un gran cambio, sino por haber ignorado durante demasiado tiempo todos los peque&ntilde;os cambios que se iban produciendo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; cuidar una relaci&oacute;n consista precisamente en eso: en mantener viva la curiosidad, en no dar nunca por hecho que ya conocemos del todo a la persona que tenemos delante, en seguir haci&eacute;ndole preguntas, en seguir dej&aacute;ndonos sorprender y en aceptar que seguir&aacute; cambiando, igual que nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute;, una y otra vez. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llevo-30-anos-pareja-cree-mundo_129_13358998.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 08:18:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Llevo más de 30 años con la misma pareja. O eso cree todo el mundo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 47. Un golpe de calor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-47-golpe-calor_129_13347024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Antes de enfrentarme a este folio en blanco, consulto las &uacute;ltimas noticias y me asombro cuando leo en ElDiario.es: &laquo;<strong>Vox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omiti&oacute; la prioridad nacional&raquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya ni me acuerdo cuando fueron las elecciones andaluzas y ahora salimos con &eacute;stas. (29 de junio de 2026).
    </p><p class="article-text">
        Pasan tantas cosas en tan poco tiempo que es imposible seleccionarlas y retenerlas. Los terremotos de Venezuela con esos miles de muertos, heridos y desaparecidos, la sofocante ola de calor que nos ha dejado extenuados f&iacute;sica y moralmente, las sentencias judiciales en Espa&ntilde;a que condenan a un ex-ministro a 24 a&ntilde;os de carcel (Jos&eacute; Luis Abalos), y piden 15 para otro (Jorge Fern&aacute;ndez), imputan a no s&eacute;&nbsp;qui&eacute;nes, comparecen en no s&eacute; qu&eacute; comisiones y ante no s&eacute; qu&eacute; jueces otros tantos personajes y personajillos que voy a terminar por dar la raz&oacute;n, (aunque no la tienen) a los que dicen que no quieren saber nada de pol&iacute;tica. Y digo que no tienen raz&oacute;n porque lo que nos est&aacute; pasando en Espa&ntilde;a, en Europa y en el mundo no es pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestra pen&iacute;nsula, (quitando Portugal) lo que est&aacute; ocurriendo es que una banda de mal educados, tienen esca&ntilde;o en el Parlamento y sueltan en el hemiciclo todo tipo de insultos. Palabrotas que no tolerar&iacute;amos ni en un bar, aunque s&iacute; en un campo de f&uacute;tbol. (Podr&iacute;amos empezar por cerrar los campos de f&uacute;tbol con un cartel bien grande en el que se leyera: &laquo;Cerrado por mala educaci&oacute;n&raquo;. No puedo decir lo mismo del Parlamento, porque cerrarlo es cerrar la Instituci&oacute;n m&aacute;s democr&aacute;tica del pa&iacute;s, en la que reside la &laquo;soberan&iacute;a nacional&raquo;, pero expulsar a m&aacute;s de un diputado/a, senador/a y sancionarle con una buena cantidad econ&oacute;mica&nbsp; acorde a sus ingresos y otros bienes patrimoniales o inmuebles que puedan tener, no me parece mala medida. No lo hab&iacute;a pensado, pero aqu&iacute; queda mi reivindicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este estado de sofocante y tormentosa extenuaci&oacute;n (enti&eacute;ndase el doble sentido de las palabras), leo tambi&eacute;n que: <strong>&laquo;Santos Cerd&aacute;n se presenta en su libro como v&iacute;ctima de una cacer&iacute;a por ser el &ldquo;arquitecto de las mayor&iacute;as imposibles&rdquo;.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este momento me doy cuenta:<strong> !Estoy viviendo una alucinaci&oacute;n, debida sin lugar a dudas a un &laquo;golpe de calor&raquo;&iexcl;</strong>. Es tan severo el delirio que hasta me he olvidado de Zapatero y de P.S. que cautiv&oacute; a los suyos en el &uacute;ltimo Comit&eacute; Federal.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Mucho no?. &iexcl;Cerd&aacute;n escritor!. Pu&eacute;s ya podemos atarnos los cinturones porque vienen turbulencias de todo tipo, incluidas las electorales. Les recuerdo: &uacute;ltimo domingo de mayo de 2027 elecciones municipales en todo el Estado espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que resiste a tantas inclemencias son los contadores: <strong>&laquo;25 mujeres han sido asesinadas en lo que va de a&ntilde;o por sus parejas o exparejas. &laquo;1.719 muertos en el doble seismo de Venezuela&raquo;. &laquo; Espa&ntilde;a registra 203 muertes asociadas a las altas temperaturas en cinco d&iacute;as&raquo;. &laquo;461 muertos en accidentes de tr&aacute;fico en nuestro pa&iacute;s, en lo que va de a&ntilde;o&raquo;.</strong>...y los contadores seguir&aacute;n sumando, pero las medidas para reducir los n&uacute;meros no se pondr&aacute;n en marcha, ni siquiera se planificar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En lo que al calor se refiere y por lo que a los vecinos de Logro&ntilde;o nos afecta tendremos un: <strong>golpe de calor generalizado, en medio de tanto hormig&oacute;n... </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-47-golpe-calor_129_13347024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 15:11:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 47. Un golpe de calor]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A qué llamamos colapso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llamamos-colapso_129_13356061.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La palabra <em>colapso</em> ha perdido el estatus de diagn&oacute;stico para convertirse en un s&iacute;ntoma m&aacute;s de lo que pretende describir. Se usa para todo: del sistema sanitario al mental, de la democracia a una cordillera de hielo. Esta inflaci&oacute;n sem&aacute;ntica no es casual; revela una intuici&oacute;n colectiva de que los &oacute;rdenes que sosten&iacute;an la vida com&uacute;n &mdash;el clima estable, el contrato social, la proyecci&oacute;n hacia un futuro&mdash; se est&aacute;n desvaneciendo. Pero llamar colapso a todo termina por no nombrar nada. Para entender de qu&eacute; hablamos cuando decimos colapso, hay que mirar atr&aacute;s, m&aacute;s all&aacute; del p&aacute;nico contempor&aacute;neo, y encontrar en otros desmontajes civilizatorios un espejo deformado, pero &uacute;til, de nuestro momento.
    </p><p class="article-text">
        La humanidad ha vivido otros colapsos, y la arqueolog&iacute;a los mide en capas de sedimentos, en ciudades abandonadas y en el silencio repentino de los archivos. La Isla de Pascua (Rapa Nui) no se despobl&oacute; de un d&iacute;a para otro; fue un proceso de agotamiento ecol&oacute;gico y pol&iacute;tico documentado por an&aacute;lisis palinol&oacute;gicos que muestran c&oacute;mo la deforestaci&oacute;n total coincidi&oacute; con el cese de la construcci&oacute;n de <em>moai</em> hacia el siglo XVII. El colapso maya, lejos de ser un evento &uacute;nico, fue una larga decadencia entre los siglos VIII y X, marcada por sequ&iacute;as prolongadas &mdash;reconstruidas a partir de estalagmitas en cuevas como Yok Balum en Belice&mdash; y por el abandono escalonado de centros urbanos como Tikal y Cop&aacute;n. En Mesopotamia, el colapso de Acad hacia el 2150 a.C. est&aacute; ligado en los registros geol&oacute;gicos a un periodo de aridificaci&oacute;n severa y tormentas de polvo que aniquilaron la agricultura. Estos no fueron apocalipsis instant&aacute;neos, sino procesos de descomposici&oacute;n en los que una serie de factores &mdash;ecol&oacute;gicos, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos&mdash; se retroalimentaron hasta hacer insostenible la forma de vida que los hab&iacute;a generado.
    </p><p class="article-text">
        Frente a estos colapsos lentos, las ruinas de Akrotiri, en la isla de Tera &mdash;la actual Santorini&mdash;, ofrecen un contrapunto que, lejos de desmentir la tesis, la confirma. Hacia 1600 a.C., seg&uacute;n la dataci&oacute;n m&aacute;s aceptada hoy, una erupci&oacute;n volc&aacute;nica de magnitud colosal enterr&oacute; en cuesti&oacute;n de d&iacute;as la pr&oacute;spera ciudad minoica bajo varios metros de ceniza y piedra p&oacute;mez; en el yacimiento no se han hallado restos humanos, lo que sugiere que la poblaci&oacute;n huy&oacute; tras los terremotos que precedieron a la erupci&oacute;n. Pero la arqueolog&iacute;a actual ha ido descartando la vieja hip&oacute;tesis &mdash;formulada por el arque&oacute;logo griego Spyridon Marinatos en 1939&mdash; de que aquel cataclismo bastara, por s&iacute; solo, para derribar la civilizaci&oacute;n minoica de Creta: las grandes destrucciones de los palacios cretenses, fechadas hacia 1450 a.C., llegaron generaciones despu&eacute;s de la erupci&oacute;n y muestran patrones de violencia deliberada m&aacute;s que de cat&aacute;strofe natural, en un proceso de expansi&oacute;n mic&eacute;nica y reorganizaci&oacute;n pol&iacute;tica que se prolongar&iacute;a todav&iacute;a m&aacute;s de un siglo, hasta la destrucci&oacute;n final de Cnosos.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Walter Benjamin escribi&oacute; que la historia es una cat&aacute;strofe &uacute;nica que amontona ruina sobre ruina. Esta imagen ilumina la naturaleza acumulativa del colapso: no es un muro que se derrumba, sino un peso que, capa a capa, termina por hundir el suelo que se cre&iacute;a firme. El colapso del Imperio Romano en Occidente no fue una ca&iacute;da, sino una lenta disoluci&oacute;n entre los siglos IV y V, donde la erosi&oacute;n fiscal, la presi&oacute;n migratoria y la p&eacute;rdida de legitimidad del centro abrieron paso a un nuevo mosaico de reinos germ&aacute;nicos. La poblaci&oacute;n de Roma pas&oacute; de alrededor de un mill&oacute;n de habitantes en el siglo I a menos de cincuenta mil en el siglo VI, seg&uacute;n estimaciones de historiadores como Kyle Harper, basadas en los registros del reparto de grano y la capacidad de los acueductos. Lo que llamamos <em>Edad Oscura</em> fue, desde otra perspectiva, un largo y traum&aacute;tico parto de lo medieval.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la escala es distinta. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Clim&aacute;tico (IPCC) estima que, incluso en el mejor de los escenarios, el calentamiento global alcanzar&aacute; 1,5&deg;C por encima de los niveles preindustriales entre 2030 y 2052, desatando eventos extremos que desplazar&aacute;n a cientos de millones de personas. El Banco Mundial calcula, en su informe Groundswell, que para 2050 podr&iacute;a haber hasta 216 millones de desplazados internos por motivos clim&aacute;ticos en seis regiones del planeta. Esta es una presi&oacute;n migratoria de orden distinto, planetaria y sincr&oacute;nica. Al mismo tiempo, la desigualdad material ha alcanzado cotas que desaf&iacute;an la cohesi&oacute;n social: el Informe sobre la Desigualdad Global 2022 se&ntilde;ala que el 10% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n mundial captura el 52% de la renta global, mientras que la mitad m&aacute;s pobre se reparte solo el 8,5%. La ficci&oacute;n meritocr&aacute;tica y la promesa de movilidad social, pilares del contrato liberal, se agrietan con datos en la mano. Un estudio de la OCDE de 2018 estimaba que en Espa&ntilde;a, un hijo de una familia con bajos ingresos necesitar&iacute;a cuatro generaciones para alcanzar la renta media nacional. Oxfam Interm&oacute;n revela en su informe <em>Contra el imperio de los m&aacute;s ricos</em> (2026) que el patrimonio de 33 multimillonarios espa&ntilde;oles &mdash;197.500 millones de euros, un 13,6% m&aacute;s que en 2025&mdash; supera ya la riqueza conjunta de 18,7 millones de personas, casi el 40% de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta presi&oacute;n planetaria y sincr&oacute;nica no opera en un vac&iacute;o pol&iacute;tico. Como analiza Naomi Klein, las crisis profundas &mdash;ya sean clim&aacute;ticas, sanitarias o econ&oacute;micas&mdash; suelen ser aprovechadas por las &eacute;lites para implementar lo que ella denomina la <em>doctrina del shock</em>: un capitalismo del desastre que, bajo el p&aacute;nico y la desorientaci&oacute;n colectiva, acelera privatizaciones, recortes sociales y pol&iacute;ticas autoritarias que ser&iacute;an impensables en tiempos de estabilidad. As&iacute;, el colapso no es solo un proceso pasivo de degradaci&oacute;n, sino un campo de batalla activo donde se redefine qui&eacute;n queda protegido y qui&eacute;n es sacrificable, consolidando fortalezas de privilegio entre las ruinas del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero el colapso, m&aacute;s que una cuesti&oacute;n de n&uacute;meros, es ante todo una crisis de sentido. El soci&oacute;logo Zygmunt Bauman diagnostic&oacute; la <em>modernidad l&iacute;quida</em> como una &eacute;poca en la que todas las estructuras s&oacute;lidas &mdash;el empleo estable, la comunidad duradera, las identidades fijas&mdash; se disuelven antes de que puedan cuajar en nuevas formas. El resultado no es la libertad prometida, sino una ansiedad privatizada, un miedo que cada cual gestiona en soledad. El sujeto, convertido en empresario de s&iacute; mismo, se agota persiguiendo un ideal de optimizaci&oacute;n infinita hasta el colapso ps&iacute;quico. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud reconoci&oacute; en 2019 el <em>burnout</em> como fen&oacute;meno ocupacional, y un informe de Eurofound revel&oacute; que la proporci&oacute;n de trabajadores en la Uni&oacute;n Europea que desarrollan su empleo con alta intensidad pas&oacute; del 27% en 2015 al 38% en 2021.
    </p><p class="article-text">
        Esta ansiedad privatizada, sin embargo, encuentra hoy un nombre y un marco colectivo en el campo emergente de la salud planetaria, consolidado por la Comisi&oacute;n <em>Rockefeller-The Lancet</em>. La eco-ansiedad, estudiada por psic&oacute;logos como Panu Pihkala, ya no puede entenderse como una patolog&iacute;a individual, sino como una respuesta psicosocial leg&iacute;tima y compartida a una amenaza material y existencial real. El colapso, por tanto, tambi&eacute;n se manifiesta como una crisis de salud mental colectiva, donde la degradaci&oacute;n de los ecosistemas y la desintegraci&oacute;n del tejido social se internalizan como trauma. Reconocer esto es el primer paso para desprivatizar el miedo y buscar respuestas comunitarias, transformando el agotamiento ps&iacute;quico en un lente com&uacute;n para diagnosticar la enfermedad de un modelo civilizatorio.
    </p><p class="article-text">
        La erosi&oacute;n del sentido no es un vac&iacute;o, sino un territorio colonizado por nuevas mitolog&iacute;as urgentes. Seg&uacute;n el <em>World Risk Poll</em> de la Lloyd&rsquo;s Register Foundation, el porcentaje de poblaci&oacute;n mundial que se siente menos segura que cinco a&ntilde;os atr&aacute;s subi&oacute; del 30% en 2019 al 34% en 2021, a pesar de que las muertes por violencia interpersonal han disminuido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas (Our World in Data, 2023). Esta percepci&oacute;n, desanclada de la estad&iacute;stica, no es un error cognitivo, sino el s&iacute;ntoma de un marco cultural que ha sustituido los grandes relatos de progreso por narrativas de amenaza y declive. La fil&oacute;sofa Judith Butler se&ntilde;ala que los <em>marcos de reconocimiento</em> determinan qu&eacute; vidas se consideran dignas de ser vividas y cu&aacute;les son prescindibles; son las rejillas invisibles que decretan, antes de cualquier debate, qu&eacute; p&eacute;rdidas cuentan como duelo p&uacute;blico y cu&aacute;les ni siquiera se registran como p&eacute;rdida. En nuestro presente, el colapso opera como un marco de <em>no-futuro</em>: una l&oacute;gica que normaliza la precariedad como destino y convierte la incertidumbre en el &uacute;nico horizonte compartido.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;a qu&eacute; llamamos colapso? Llamamos colapso al proceso en el que las narrativas maestras que organizaban la vida colectiva &mdash;el progreso, la naci&oacute;n, el mercado, incluso la democracia liberal&mdash; pierden su poder de convocatoria y su capacidad de dar coordenadas para el futuro. Es el momento en que la ficci&oacute;n de la normalidad &mdash;lo que Bourdieu llamaba <em>doxa</em>: ese sentido com&uacute;n tan arraigado que ni siquiera se percibe como una postura, sino como el simple reflejo de c&oacute;mo son las cosas&mdash; deja de funcionar. Los datos duros de la crisis clim&aacute;tica o la desigualdad no bastan para generar una respuesta colectiva coherente porque chocan con un mundo simb&oacute;lico que ya se ha desintegrado por dentro. La poeta y pensadora Donna Haraway lo formula de otro modo: no se trata del fin del mundo, sino del fin de <em>un</em> mundo, de un modo particular de estar en el planeta, basado en la extracci&oacute;n, la jerarqu&iacute;a y la ilusi&oacute;n de separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta idea del fin de <em>un</em> mundo particular encuentra un eco profundo y plural en el pensamiento de D&eacute;borah Danowski y Eduardo Viveiros de Castro. Para ellos, el <em>fin del mundo</em> anunciado por la ciencia occidental ya ha sido una experiencia vivida, no una profec&iacute;a, para incontables pueblos ind&iacute;genas cuyas cosmolog&iacute;as y modos de vida fueron sistem&aacute;ticamente destruidos por la expansi&oacute;n colonial. Escuchar estas voces no es un gesto rom&aacute;ntico, sino una necesidad epistemol&oacute;gica: quienes ya han sobrevivido al colapso de sus mundos portan un conocimiento esencial sobre c&oacute;mo habitar la cat&aacute;strofe, desafiando la narrativa &uacute;nica del Apocalipsis con una multiplicidad de finales y recomienzos. Nos obligan a preguntar: &iquest;qu&eacute; mundos est&aacute;n terminando y para qui&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        El hecho no es si colapsaremos, sino qu&eacute; haremos con las ruinas. La historia y la antropolog&iacute;a ofrecen un consuelo inc&oacute;modo: los colapsos rara vez son terminales; son casi siempre transformaciones violentas. Tras la Peste Negra del siglo XIV, que mat&oacute; a un tercio de la poblaci&oacute;n europea, surgieron revueltas campesinas que cuestionaron el orden feudal y, a la larga, reconfiguraron el valor del trabajo. Tras la ca&iacute;da de Roma, los monasterios se convirtieron en nodos que preservaron conocimiento, ofrecieron refugio y ensayaron nuevas formas de comunidad. Hoy, en medio de la descomposici&oacute;n, tambi&eacute;n germinan pr&aacute;cticas de recomposici&oacute;n: cooperativas de vivienda en derecho de uso, como las que proliferan en Barcelona o Madrid, que desmercantilizan el acceso a la casa; bancos de tiempo que instituyen l&oacute;gicas de reciprocidad frente al intercambio monetario; redes de apoyo mutuo que surgieron con fuerza durante la pandemia y se mantienen como infraestructura social de cuidado. Seg&uacute;n el informe <em>Las empresas m&aacute;s relevantes de la Econom&iacute;a Social</em> (CEPES, 2023), este sector agrupa ya a m&aacute;s de 43.000 entidades y da empleo a 2,2 millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Estas semillas de recomposici&oacute;n no son meros paliativos, sino los pilares pr&aacute;cticos de lo que pensadores como Pablo Servigne y Rapha&euml;l Stevens han llamado la <em>colapsolog&iacute;a</em> aplicada: el estudio y la promoci&oacute;n activa de la resiliencia sist&eacute;mica. Su trabajo trasciende el diagn&oacute;stico para enfocarse en el <em>&iquest;y luego qu&eacute;?,</em> defendiendo un giro hacia el convivialismo. Este paradigma prioriza la ayuda mutua, la agroecolog&iacute;a, los comunes y la soberan&iacute;a local; lejos de una retirada buc&oacute;lica, funcionan como una estrategia de <em>fermentaci&oacute;n</em> de nuevas formas de organizaci&oacute;n dentro de las grietas del viejo sistema. Es la materializaci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n revolucionaria de la que hablaba Graeber: ensayar, aqu&iacute; y ahora, las relaciones sociales de un mundo post-colapso que merezca ser vivido.
    </p><p class="article-text">
        Frente a este panorama de desmontaje, la fil&oacute;sofa Marina Garc&eacute;s propone un marco &eacute;tico para habitar la incertidumbre sin caer en el p&aacute;nico o el nihilismo. Frente a la comunidad basada en certezas identitarias, invita a construir una <em>comunidad de los finitos</em>, que convierta la vulnerabilidad compartida y los l&iacute;mites ecol&oacute;gicos en el &uacute;nico terreno com&uacute;n posible desde el cual renegociar nuestra relaci&oacute;n con el mundo, en vez de vivirlos como una condena. Su llamado a una <em>escuela de aprendices </em>&mdash;donde, sin maestros absolutos, nos eduquemos juntos en las ruinas&mdash; responde directamente a la crisis de sentido. Se trata de aprender a pensar y a vincularnos cuando ya no hay un gran relato que nos gu&iacute;e, cultivando la valent&iacute;a de preguntar colectivamente qu&eacute; significa vivir bien despu&eacute;s del fin de <em>un</em> mundo.
    </p><p class="article-text">
        El colapso no es una sentencia, sino una encrucijada. Nos obliga a decidir si, ante el desmontaje de los &oacute;rdenes fallidos, optaremos por construir fortalezas identitarias y chivos expiatorios &mdash;la tentaci&oacute;n eterna del miedo&mdash; o si, por el contrario, seremos capaces de habitar la incertidumbre con la valent&iacute;a de tejer nuevos v&iacute;nculos desde la vulnerabilidad compartida. Como escribi&oacute; el antrop&oacute;logo David Graeber, la primera y m&aacute;s revolucionaria tarea es <em>imaginar alternativas. </em>Porque el colapso no es el final de la historia; es, quiz&aacute;s, el brutal y necesario parto de otra manera de contar nuestra historia com&uacute;n. La tarea, ahora, es aprender a nombrar las grietas sin p&aacute;nico, y a construir, entre todas, el andamiaje de un mundo que merezca ser habitado despu&eacute;s de la ca&iacute;da.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/llamamos-colapso_129_13356061.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jul 2026 08:47:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A qué llamamos colapso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Revuelta Altuna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/julio-revuelta-altuna_129_13350162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        He tenido mucho tiempo para prepararme para este momento. T&uacute; mismo me dijiste en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, Julio, que llegar&iacute;a antes de lo que yo quer&iacute;a admitir. Pero uno nunca est&aacute; preparado para despedir a las personas que quiere y que han formado parte de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Hoy no se marcha solo un exalcalde de Logro&ntilde;o. Se marcha un amigo. Se marcha quien fue mi secretario general cuando tuve el honor de presidir el Partido Riojano. Se marcha una de las personas de las que m&aacute;s he aprendido en pol&iacute;tica y, sobre todo, una de las personas a las que m&aacute;s he admirado y querido.
    </p><p class="article-text">
        Muchos recordar&aacute;n a Julio como un hombre serio, reservado, incluso distante. Yo tuve la inmensa suerte de conocer al otro Julio. Al hombre cercano, generoso, profundamente amable, de afectos sinceros y de un extraordinario sentido del humor. Siempre recordar&eacute; su risa. Una risa franca, limpia, contagiosa, que aparec&iacute;a cuando menos la esperabas y que derribaba esa imagen de severidad que tantos confundieron con frialdad.
    </p><p class="article-text">
        Nunca me arrepent&iacute; de abrirle las puertas del Partido Riojano a pesar de lo dif&iacute;cil y duro que fue el proceso interno. Al contrario. Fue una de las mejores decisiones pol&iacute;ticas y personales que he tomado. Siempre confi&eacute; en su instinto, en su capacidad para analizar la realidad sin estridencias y en una honestidad que jam&aacute;s vi quebrarse. Junto a &eacute;l viv&iacute; algunos de los mejores a&ntilde;os de mi trayectoria pol&iacute;tica. No fueron a&ntilde;os f&aacute;ciles y, desde luego, tampoco estuvieron llenos de victorias. Pero aprend&iacute; que el &eacute;xito en pol&iacute;tica no siempre se mide por los cargos que se ocupan, sino por la dignidad con la que uno defiende aquello en lo que cree.
    </p><p class="article-text">
        Julio entend&iacute;a la pol&iacute;tica como un servicio. Nunca la utiliz&oacute; para servirse de ella. Era un hombre honesto, y la honestidad, demasiadas veces, tiene un precio. No dud&oacute; en enfrentarse a quienes hab&iacute;an sido sus propios compa&ntilde;eros cuando entendi&oacute; que estaban dejando de defender los intereses de Logro&ntilde;o para proteger intereses mucho menos nobles. Lo hizo sabiendo perfectamente lo que pod&iacute;a costarle. Y le cost&oacute; mucho. Por ello fue atacado con una dureza que nunca mereci&oacute;. Intentaron destruir su prestigio, su trayectoria y hasta su persona. Lo hicieron con una sa&ntilde;a que solo puedo entender conociendo la maldad de quien dirig&iacute;a esos ataques (que Dios confunda)... y que todav&iacute;a hoy me resulta dif&iacute;cil comprender.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, nunca consiguieron destruir aquello que realmente importaba: su integridad.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he defendido que Julio Revuelta fue un lujo para Logro&ntilde;o. Como alcalde tuvo un proyecto de ciudad y la determinaci&oacute;n y la valent&iacute;a necesarias para hacerlo realidad. Respet&oacute; y ponder&oacute; el trabajo de quienes le precedieron, pero supo dejar una huella propia que, durante generaciones, formar&aacute; parte del Logro&ntilde;o que disfrutamos. Probablemente haya sido uno de los alcaldes que mejor entendi&oacute; esta ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso duele que la ciudad no supiera reconocer en su momento toda su valent&iacute;a y toda su determinaci&oacute;n. Duele que no fuera tan generosa con &eacute;l como &eacute;l lo fue con Logro&ntilde;o. Pero aun conf&iacute;o en que el tiempo ponga las cosas en su sitio.
    </p><p class="article-text">
        Porque el legado de Julio Revuelta no necesita grandes discursos para permanecer. Est&aacute; en las calles, en los espacios, en la manera de entender Logro&ntilde;o como una ciudad pensada para las personas. Est&aacute; tambi&eacute;n en una forma de hacer pol&iacute;tica basada en el trabajo, en el rigor, en la honestidad y en la convicci&oacute;n de que el inter&eacute;s general siempre deb&iacute;a estar por encima de otros intereses.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si alg&uacute;n d&iacute;a su nombre ocupar&aacute; el lugar de honor que merece en esta ciudad. Sinceramente, espero que s&iacute;. Pero, aunque ese reconocimiento llegue tarde o incluso no llegue nunca, la historia acabar&aacute; haciendo justicia. Porque las ciudades conservan la memoria de quienes las hicieron mejores, aunque a veces tarden a&ntilde;os en darse cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he pensado que el verdadero valor de una persona se mide cuando decide hacer lo correcto aun sabiendo que tendr&aacute; que pagar por ello. Julio lo hizo muchas veces. Fue valiente cuando era mucho m&aacute;s c&oacute;modo callar. Fue generoso cuando otros solo pensaban en s&iacute; mismos. Fue coherente cuando la coherencia ten&iacute;a un coste. Por eso engrandeci&oacute; la pol&iacute;tica, en un tiempo en el que demasiadas veces la pol&iacute;tica se empeque&ntilde;ece por culpa de quienes la entienden como una forma de poder y no como una forma de servir.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, para m&iacute;, Julio Revuelta pertenece a esa estirpe de logro&ntilde;eses que pusieron a su ciudad por delante de s&iacute; mismos. Del mismo modo que otros defendieron Logro&ntilde;o con las armas frente al invasor en 1521, Julio la defendi&oacute; en su tiempo con las &uacute;nicas armas que conoc&iacute;a: la honestidad, el trabajo, la inteligencia, el di&aacute;logo y una lealtad inquebrantable a sus convicciones. Las circunstancias fueron distintas, pero el compromiso con Logro&ntilde;o fue igual de absoluto.
    </p><p class="article-text">
        Descansa en paz, querido Julio. Espero que all&iacute; te encuentres con Raquel y sig&aacute;is riendo juntos con esa risa limpia que tanto disfrutamos en las campa&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Ha sido un privilegio caminar un trecho de la vida a tu lado. Gracias por todo lo que me ense&ntilde;aste. Gracias por tu confianza. Gracias por tu amistad. Gracias por tu ejemplo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/julio-revuelta-altuna_129_13350162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 08:14:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Julio Revuelta Altuna]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Breaking Bad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/breaking-bad_129_13327334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Durante su interrogatorio al expresidente Zapatero, el juez instructor Calama desliz&oacute; una afirmaci&oacute;n que me evoc&oacute; estremecedoramente a Walter White, el protagonista de la c&eacute;lebre serie de la que he tomado prestado el t&iacute;tulo de este art&iacute;culo: &ldquo;Es padre y supongo que piensa, como todos los padres, en sus hijos&rdquo;. En realidad, la afirmaci&oacute;n fue una t&aacute;ctica h&aacute;bil para empatizar con la tesis de defensa que plantea procesal y medi&aacute;ticamente el investigado (que s&oacute;lo recomend&oacute; a sus hijas, como se supone que procurar&iacute;a cualquier padre), empat&iacute;a que persegu&iacute;a desatar o animar su declaraci&oacute;n. No obstante, revel&oacute; una perspectiva tr&aacute;gica del caso que han tratado el cine o la literatura (Breaking Bad es, quiz&aacute;, el m&aacute;s reciente ep&iacute;tome), pero que todav&iacute;a no hab&iacute;a emergido de forma tan expl&iacute;cita en las tramas de corrupci&oacute;n que asolan nuestro pa&iacute;s: los corruptos se han corrompido para enriquecerse (avaricia), devorar al adversario pol&iacute;tico y perpetuarse en el poder (envidia) o satisfacer su chusca libido (lujuria), pero nunca antes (o no, al menos, con una franqueza tan descarada) se hab&iacute;a presentado una virtud, esto es, el afecto o la ternura o la responsabilidad paternofilial, como motivo o excusa para perpetrar esos turbios comportamientos, que siempre ser&aacute;n &eacute;ticamente reprobables aunque se libren del reproche penal. Quiz&aacute; s&oacute;lo S&aacute;nchez se hab&iacute;a asomado antes, con la misma desenvoltura o cinismo, a ese precipicio &eacute;tico en el que sentimientos hermosos como el amor conyugal se transforman vertiginosamente en decisiones perversas (campa&ntilde;as de acoso contra jueces).  
    </p><p class="article-text">
        Sinceramente, no me preocupa que Zapatero haya podido condenar a sus hijas por haber intentado salvarlas, por haberse afanado en que su influencia pudiera despejar una trayectoria profesional que, de lo contrario, se auguraba m&aacute;s ardua (aunque me perturba, porque me parece una conducta imprudente que no encaja con mi comprensi&oacute;n de la paternidad). Intuyo que esa preocupaci&oacute;n herir&aacute; la intimidad de Zapatero; es m&aacute;s, estoy convencido de que la soberbia (todo corrupto peca, en primer lugar, de soberbia, hasta que llega al delirio de la impunidad: se cree un superhombre nietzscheano) vacilar&aacute; ante la compasi&oacute;n que le inspiran sus hijas. Y ese enfoque es el que interesa al artista, porque entra&ntilde;a una yuxtaposici&oacute;n tr&aacute;gica, un ox&iacute;moron moral que sin embargo construye una clara y r&aacute;pida identificaci&oacute;n emocional, particularmente apta para armar una narraci&oacute;n atractiva. Pero el compromiso c&iacute;vico que alienta mis columnas (o lo anhelo) se detiene en una inquietud que proyecta una resonancia p&uacute;blica (&eacute;tica) y no meramente privada: c&oacute;mo perjudica a la familia, en tanto que instituci&oacute;n y s&iacute;mbolo, que se la utilice como atenuante, sino incluso eximente, de la corrupci&oacute;n (hablo en t&eacute;rminos de discurso social o medi&aacute;tico, no jur&iacute;dico).   
    </p><p class="article-text">
        Se repite que la corrupci&oacute;n da&ntilde;a la confianza en las instituciones, y es cierto, pero se piensa en el tejido organizativo estatal. Sin embargo, la familia, con un arraigo tan profundo en la cultura mediterr&aacute;nea a la que pertenecemos, es la instituci&oacute;n m&aacute;s determinante, personal y socialmente, de todas cuantas en las que participamos; pero no se la considera dentro de ese entramado al que la corrupci&oacute;n impugna. Entre la visi&oacute;n edulcorada de la familia como &ldquo;fuente de la que se busca la verdadera paz, que desempe&ntilde;a un papel primordial e insustituible como educadora de la paz&rdquo;, que proclama el Papa Le&oacute;n XIV; y la visi&oacute;n nihilista que escupi&oacute; Marlon Brando en 1 uno de sus mon&oacute;logos de El &uacute;ltimo tango en Par&iacute;s (&ldquo;&iexcl;Santa familia! Donde los ni&ntilde;os son torturados hasta que mienten por primera vez&hellip; &iexcl;T&uacute;, puta familia!&rdquo;); media una realidad que no puede objetar ninguna creencia o ideolog&iacute;a: que es el primer y m&aacute;s permanente entorno relacional. Y ese entorno relacional no s&oacute;lo se envilece cuando se le instrumentaliza como agente corruptor (otro neologismo dise&ntilde;ado para esconder o disolver las culpas), sino tambi&eacute;n cuando, despu&eacute;s, se le instrumentaliza como piadosa raz&oacute;n parcialmente expiatoria, insisto, en t&eacute;rmino personales, no legales (es lo que pretende Zapatero, e incluso tantos ciudadanos, ya devotos, ya disidentes, que reconocen que, en ese sentido, pueden llegar a comprender al expresidente). La corrupci&oacute;n de Zapatero, y el truco sofista que est&aacute; difundi&eacute;ndose para que esa corrupci&oacute;n se vea como m&aacute;s natural o amable o digerible (que se corrompi&oacute;, en buena medida, por amor a sus hijas), impugna el valor institucional de la familia. &iexcl;Resp&eacute;tenlo! 
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a ingenuo si negara que el apellido puede condicionar, y muy sustancialmente, el progreso laboral, de la misma manera que ser&iacute;a inocente que deseara que no sucediera (&iquest;C&oacute;mo se legisla la prohibici&oacute;n de la discriminaci&oacute;n por apellido?). Pero esa injerencia, aunque enojosa, no resulta del todo injusta, o al menos resulta suficientemente tolerable, porque posee un inevitable componente azaroso: no puede obligarse a nadie a que oculte su apellido. Lo que s&iacute; puede y debe evitarse es que la familia sirva de preferente canal clientelar, adem&aacute;s de que ese impulso se presente como espont&aacute;neo o com&uacute;n, porque ambas decisiones, intencionales y queridas, agrietan las sospechas sobre qu&eacute; es y c&oacute;mo debe interpretarse la familia en tanto que instituci&oacute;n social: si una comunidad asistencial o una reuni&oacute;n de intereses. Si se expone a la familia y se la percibe como una reuni&oacute;n de intereses, entonces esos intereses deber&iacute;an evaluarse como leg&iacute;timos o ileg&iacute;timos, como l&iacute;citos o il&iacute;citos; y, en los segundos casos, las normas deber&iacute;an cortar o restringir o cauterizar esos v&iacute;nculos, lo que terminar&iacute;a conduciendo a un individualismo feroz. &iexcl;Aqu&iacute; el peligro c&iacute;vico! 
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo faltar&iacute;a que, entre las voces que apoyan a Zapatero, alguien parafraseara el aforismo de Lord Acton para resumir (y justificar) su escandalosa intriga: &ldquo;El amor absoluto por los hijos corrompe absolutamente&rdquo;. Pero, m&aacute;s all&aacute; de que el original y su versi&oacute;n esquiven peligrosamente la conciencia personal en la adopci&oacute;n de decisiones y deleguen esa responsabilidad en mecanismos jur&iacute;dicos (que raramente llegan a anticipar, por su fundamento en un consenso democr&aacute;tico, lo que una integridad bien orientada descubre desde el primer segundo), resulta moralmente repugnante, adem&aacute;s de intelectualmente contradictorio y socialmente arrasador, que se reconozca a un bien arm&oacute;nico como causa directamente engendradora de un mal. &iexcl;Aqu&iacute; la inquietud &eacute;tica! Por tanto, y m&aacute;s all&aacute; de su defensa procesal, honorar&iacute;a al expresidente Zapatero que concediera un &uacute;ltimo servicio p&uacute;blico: bastar&iacute;a con que confesara ante los ciudadanos que, como Walter White, no se corrompi&oacute; por sus hijas, sino que lo hizo por &eacute;l.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/breaking-bad_129_13327334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 07:33:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Breaking Bad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deseo y consumo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/deseo-consumo_129_13339805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El deseo, esa fuerza que desde Arist&oacute;teles hasta Spinoza fue entendida como la esencia misma del esfuerzo vital &mdash;el&nbsp;<em>conatus</em>&nbsp;que nos impulsa a perseverar y aumentar nuestra potencia&mdash; ha sido capturado. Su pol&iacute;tica ya no se debate en los &aacute;mbitos de la virtud o la potencia colectiva, sino en los algoritmos de las plataformas y en las l&oacute;gicas del balance riesgo-beneficio emocional. Lo que anta&ntilde;o era un motor de vinculaci&oacute;n y florecimiento com&uacute;n, hoy se ha mecanizado, cuantificado y, en &uacute;ltima instancia, vaciado de su capacidad para crear mundo compartido.
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a cl&aacute;sica ya anticip&oacute; esta tensi&oacute;n. Para Arist&oacute;teles, en&nbsp;<em>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco</em>, el deseo (&#8004;&rho;&epsilon;&xi;&iota;&sigmaf;,&nbsp;<em>orexis</em>) solo conduc&iacute;a a la&nbsp;<em>eudaimon&iacute;a</em>&nbsp;&mdash;la felicidad entendida como florecimiento&mdash; cuando era guiado por la raz&oacute;n y la virtud hacia el bien com&uacute;n. Spinoza, siglos despu&eacute;s, radicaliz&oacute; esta idea: el deseo no es una carencia, sino la esencia misma del ser, y su pol&iacute;tica deber&iacute;a consistir en buscar aquello que nos une y aumenta nuestra potencia de actuar&nbsp;<em>juntos</em>. Martha Nussbaum, desde un marco contempor&aacute;neo, a&ntilde;adir&iacute;a que los deseos son juicios de valor sobre lo que consideramos importante; una sociedad justa tiene la responsabilidad de educarlos para que se dirijan a bienes humanos genuinos, no a espejismos. Conviene precisar algo aqu&iacute;, porque lo que sigue podr&iacute;a malinterpretarse: cenar fuera, viajar o buscar pareja en una aplicaci&oacute;n no son, en s&iacute; mismos, deseos alienados. El problema no est&aacute; en el contenido del deseo, sino en el momento en que una sola forma de satisfacerlo se convierte en la &uacute;nica imaginable &mdash;cuando el deseo leg&iacute;timo de v&iacute;nculo solo puede tramitarse por algoritmo, o el deseo leg&iacute;timo de ocio solo puede ejercerse a costa del descanso ajeno. Sin embargo, la racionalidad econ&oacute;mica dominante de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha producido un efecto tan eficaz como perverso: el deseo m&aacute;s aut&eacute;ntico ha terminado coincidiendo, para buena parte de quienes lo sienten, con aquel que a&iacute;sla, endeuda y, parad&oacute;jicamente, debilita. Terminamos anhelando precisamente lo que disminuye nuestra potencia colectiva &mdash;la obsesi&oacute;n por la optimizaci&oacute;n personal, el consumo como identidad, la relaci&oacute;n afectiva como contrato de servicios&mdash;, generando as&iacute; lo que Spinoza diagnosticar&iacute;a como una&nbsp;<em>tristeza pasiva</em>, un malestar difuso y paralizante.
    </p><p class="article-text">
        Este secuestro opera, en primer t&eacute;rmino, a trav&eacute;s de la transformaci&oacute;n del deseo en el motor perfecto del consumo ilimitado. La soci&oacute;loga Eva Illouz ha desentra&ntilde;ado c&oacute;mo el capitalismo no solo vende productos, sino emociones y narrativas rom&aacute;nticas. El deseo ha sido emocionalizado para vender mejor, y las emociones, a su vez, han sido mercantilizadas para crear nuevos mercados. Los datos son elocuentes, aunque de un modo m&aacute;s sutil de lo que parece a primera vista: el endeudamiento total de los hogares espa&ntilde;oles est&aacute;, seg&uacute;n el Banco de Espa&ntilde;a, en m&iacute;nimos de los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os. Pero el cr&eacute;dito al consumo &mdash;el destinado a coches, viajes, imprevistos, el que no compra un techo sino un deseo&mdash; crece en 2025 al ritmo m&aacute;s intenso en siete a&ntilde;os, un 20% interanual, en m&aacute;ximos desde 2007, justo cuando la tasa de ahorro de las familias se desploma. No es optimismo: es deuda de sustituci&oacute;n, contratada para sostener un nivel de vida que la renta real ya no cubre. El deseo, financiarizado hasta la supervivencia. Ya no anhelamos un objeto por su utilidad, sino por la promesa de identidad o pertenencia que vende su publicidad, una publicidad cada vez m&aacute;s afinada por el neuromarketing para apuntar a nuestros resortes cerebrales m&aacute;s primarios. La literatura acad&eacute;mica sobre autenticidad de marca &mdash;desde Beverland hasta los estudios m&aacute;s recientes sobre confianza y lealtad del consumidor&mdash; confirma algo que cualquiera intuye: el mensaje de&nbsp;<em>autenticidad</em>&nbsp;genera m&aacute;s confianza y m&aacute;s v&iacute;nculo con la marca incluso cuando el producto es masivo y la promesa, vac&iacute;a. Anhelamos, sobre todas las cosas, sentirnos aut&eacute;nticos, y el mercado vende precisamente ese espejismo.
    </p><p class="article-text">
        Este deseo mercantilizado de&nbsp;<em>autenticidad</em>&nbsp;y conexi&oacute;n social no es abstracto; se impone materialmente en el espacio p&uacute;blico, generando un conflicto donde la libertad de consumo de unos cancela la libertad fundamental al descanso de otros. La hosteler&iacute;a es su templo. Cualquier vecino de la ciudad lo conoce de memoria: una noche de julio, ventana entreabierta porque hace calor, y desde la calle Bret&oacute;n de los Herreros sube, mezclada, la conversaci&oacute;n de las terrazas, el tintineo de los vasos, alguna risa que se alarga m&aacute;s de lo necesario; son las dos de la madrugada y ma&ntilde;ana hay que trabajar. Ese vecino no est&aacute; contra el pincho ni contra la fiesta: solo querr&iacute;a, alguna noche, poder dormir. En Logro&ntilde;o, la presi&oacute;n del sector y del turismo et&iacute;lico gastron&oacute;mico choca con las quejas vecinales por ruido y suciedad: tan grave es la situaci&oacute;n que el propio Ayuntamiento reconoci&oacute; en pleno municipal, en julio de 2024, <em>la enorme sensibilidad que suscita en este momento la contaminaci&oacute;n ac&uacute;stica en Logro&ntilde;o y el gran n&uacute;mero de quejas de la ciudadan&iacute;a residente en el centro hist&oacute;rico</em>, lo que le oblig&oacute; a ampliar a todo el Casco Antiguo la prohibici&oacute;n de beber en la calle de madrugada, hasta entonces limitada a Laurel y aleda&ntilde;as. La asociaci&oacute;n vecinal Demanda Casco Antiguo lleva meses documentando, con fotograf&iacute;as y denuncias administrativas, incumplimientos sistem&aacute;ticos de la ordenanza de terrazas que la propia administraci&oacute;n no sanciona. Paralelamente, la ciudad &mdash;y la regi&oacute;n entera&mdash; se promociona con un potente atractivo gastron&oacute;mico: La Rioja suma ocho estrellas Michelin, la proporci&oacute;n m&aacute;s alta por habitante de toda Espa&ntilde;a, y tres de los cuatro restaurantes riojanos con una estrella est&aacute;n en el propio Logro&ntilde;o. Un turismo de consumo intensivo que convive, calle por medio, con el insomnio de quien vive encima del pincho. El discurso pol&iacute;tico a menudo enmarca cualquier regulaci&oacute;n como un ataque a la&nbsp;<em>libertad</em>&nbsp;y a la&nbsp;<em>cultura</em>. Este guion se repite a mayor escala en Madrid, donde la presidenta regional, Isabel D&iacute;az Ayuso, elev&oacute; el&nbsp;<em>derecho a tomarse una ca&ntilde;a</em>&nbsp;a eslogan pol&iacute;tico durante la pandemia, defendiendo un modelo de ocio y negocio que prioriza la actividad econ&oacute;mica sobre el bienestar vecinal. El <em>Libro Blanco del Ruido</em> del propio Ayuntamiento de Madrid (2022) cifra en 648.000 los madrile&ntilde;os que viven con niveles nocturnos superiores a los 65 decibelios recomendados por la OMS. Y hay un detalle revelador: el propio mapa municipal en que se basa ese informe no contabiliza el ruido de terrazas y ocio nocturno &mdash;solo el del tr&aacute;fico&mdash;, de modo que la cifra real, la que de verdad sufren barrios como Malasa&ntilde;a o Chueca, queda oficialmente invisibilizada por dise&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo alcanza su m&aacute;xima expresi&oacute;n en la esfera de las relaciones humanas, que han sido sometidas a una l&oacute;gica de plataforma. Las apps de citas, como Tinder, operan con algoritmos de&nbsp;<em>matching</em>&nbsp;que clasifican y segmentan a los usuarios en mercados de afecto. El propio CEO de Tinder, Sean Rad, confirm&oacute; en una entrevista de 2016 la existencia de un sistema de puntuaci&oacute;n interno &mdash;el llamado&nbsp;<em>Elo score</em>, prestado del mundo del ajedrez&mdash; que clasificaba a los usuarios seg&uacute;n su &ldquo;deseabilidad&rdquo;. La compa&ntilde;&iacute;a retir&oacute; oficialmente ese sistema en 2019, aunque el mecanismo de fondo, rebautizado como&nbsp;<em>dynamic scoring</em>, sigue cumpliendo la misma funci&oacute;n bajo otro nombre. La persona se convierte en un perfil optimizable, y el encuentro, en una transacci&oacute;n evaluada por su potencial de rendimiento. El fil&oacute;sofo Byung-Chul Han lo identifica como la l&oacute;gica de la autoexplotaci&oacute;n en pos del rendimiento social. La paradoja, perfectamente cuantificada, es que esta supuesta libertad de elecci&oacute;n total conduce a la par&aacute;lisis. El Pew Research Center (2023) hall&oacute; que un 37% de los usuarios de apps de citas cree que estas ofrecen demasiadas opciones de pareja, y que m&aacute;s de un tercio de los usuarios recientes se siente abrumado por el volumen de interacciones que recibe. El deseo, puesto en libertad en un cat&aacute;logo infinito, se vuelve contra s&iacute; mismo y se anula.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica de deseo impuesto como norma social se visualiza en rituales colectivos convertidos en espect&aacute;culos de consumo. Vigo es un caso paradigm&aacute;tico con su iluminaci&oacute;n navide&ntilde;a, promocionada como una de las m&aacute;s extensas de Europa. En 2024, la ciudad instal&oacute; m&aacute;s de 11 millones de bombillas LED en unas 420 calles y plazas, con un presupuesto de 2,37 millones de euros solo ese a&ntilde;o &mdash;parte de un contrato de casi 9,5 millones a cuatro a&ntilde;os&mdash;, mientras el ayuntamiento defiende que la inversi&oacute;n &ldquo;se recupera con creces&rdquo; por el atractivo tur&iacute;stico generado. Lo que se vende como&nbsp;<em>magia</em>&nbsp;y&nbsp;<em>atracci&oacute;n tur&iacute;stica</em>&nbsp;genera un conflicto vecinal que rara vez aparece en los balances econ&oacute;micos: el coste en insomnio, saturaci&oacute;n log&iacute;stica y derecho a la oscuridad de quienes viven bajo el espect&aacute;culo no figura en ninguna partida presupuestaria. El deseo colectivo (o impuesto) de festejo y la promoci&oacute;n econ&oacute;mica se esgrimen para justificar la invasi&oacute;n del espacio dom&eacute;stico, creando una nueva forma de contaminaci&oacute;n lum&iacute;nica normalizada donde la&nbsp;<em>libertad</em>&nbsp;de disfrutar del espect&aacute;culo anula la libertad b&aacute;sica a un entorno saludable.
    </p><p class="article-text">
        Esta mecanizaci&oacute;n prepara el terreno para la &uacute;ltima transformaci&oacute;n: la sustituci&oacute;n del v&iacute;nculo por el contrato. El pensamiento neoliberal, como analiza Wendy Brown, convierte al ciudadano en&nbsp;<em>homo oeconomicus</em>, un ser que eval&uacute;a todos los &aacute;mbitos de la vida &mdash;incluidos los afectos&mdash; en t&eacute;rminos de inversi&oacute;n, riesgo y retorno de la inversi&oacute;n. El deseo de seguridad y previsibilidad juridifica la intimidad. Seg&uacute;n el Consejo General del Notariado, las capitulaciones matrimoniales crecieron un 21% solo entre 2021 y 2022, y en 2023 el 92,3% de las parejas que las firmaron optaron por la separaci&oacute;n de bienes frente al r&eacute;gimen de gananciales: la prueba notarial de que el v&iacute;nculo se blinda antes incluso de vivirse. El deseo rom&aacute;ntico, as&iacute;, se formaliza en cl&aacute;usulas. Simult&aacute;neamente, como revela la Encuesta Mundial de Valores, el auge de los valores individualistas y autoexpresivos corre en paralelo a una erosi&oacute;n de la confianza en las instituciones que sosten&iacute;an lo colectivo, incluida la familia como proyecto com&uacute;n. El deseo de libertad personal absoluta choca frontalmente con las necesidades b&aacute;sicas de dependencia y cuidado mutuo.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de esta doble operaci&oacute;n &mdash;mercantilizaci&oacute;n y contractualizaci&oacute;n&mdash; es una epidemia de aislamiento que desmiente la ret&oacute;rica de la hiperconexi&oacute;n. Las instituciones europeas llevan a&ntilde;os alertando de la soledad como problema de salud p&uacute;blica. En Espa&ntilde;a, el Bar&oacute;metro de la Soledad No Deseada (Fundaci&oacute;n ONCE y Fundaci&oacute;n AXA, 2024) cifra en una de cada cinco personas (20%) quienes la sufren, con un pico alarmante entre los 18 y los 24 a&ntilde;os, donde la cifra sube al 34,6%. Un informe previo del mismo observatorio,&nbsp;<em>El coste de la soledad no deseada en Espa&ntilde;a</em>&nbsp;(2023), calcul&oacute; su impacto econ&oacute;mico en 14.141 millones de euros anuales, el 1,17% del PIB. El deseo de conexi&oacute;n, exacerbado por las pantallas, se estrella contra la imposibilidad de generar v&iacute;nculos sustantivos en un ecosistema dise&ntilde;ado para la interacci&oacute;n superficial y el rendimiento. La salud mental paga el precio: distintos informes vinculan el aumento del estr&eacute;s y la ansiedad en adultos j&oacute;venes con la presi&oacute;n por una autosuficiencia imposible y la comparaci&oacute;n social constante.
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n no es casual ni limitado al sector privado; est&aacute; codificado en una aplicaci&oacute;n selectiva de las normas que revela una jerarqu&iacute;a de deseos. Mientras se multa (o no) a un vecino por una fiesta, infraestructuras estatales generan un ruido de fondo cr&oacute;nico e inapelable. En Madrid, el propio Defensor del Pueblo reprendi&oacute; formalmente al Ayuntamiento por el ruido del tr&aacute;fico en la M-30 a la altura de la Avenida de la Paz, record&aacute;ndole que, como titular de esa infraestructura, est&aacute; obligado a respetar los mismos l&iacute;mites de ruido que exige a sus vecinos &mdash;y que no lo estaba haciendo&mdash;. Un informe municipal posterior identific&oacute; hasta 33 &ldquo;puntos negros&rdquo; de ruido en la ciudad, varios de ellos en la propia M-30, con registros superiores a los 70 decibelios. En Logro&ntilde;o, el soterramiento de las v&iacute;as del tren &mdash;ejecutado solo en su primera fase, con la segunda y la tercera todav&iacute;a sin construir&mdash; deja a buena parte de la ciudad esperando, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, la soluci&oacute;n a los niveles de contaminaci&oacute;n ac&uacute;stica y vibraciones que ADIF arrastra sin resolver. La Ley 37/2003 del Ruido establece objetivos de calidad ac&uacute;stica, pero su aplicaci&oacute;n es laxa cuando el responsable es una administraci&oacute;n p&uacute;blica o una gran infraestructura de inter&eacute;s general &mdash;tan laxa que hace falta la intervenci&oacute;n del Defensor del Pueblo para que la propia administraci&oacute;n se aplique la norma que exige a los dem&aacute;s&mdash;. El mensaje es claro: el&nbsp;<em>deseo</em>&nbsp;(o la necesidad impuesta) de movilidad y conectividad econ&oacute;mica tiene una primac&iacute;a pol&iacute;tica que anula el derecho a la salud de quienes viven en su trayectoria. La libertad de circulaci&oacute;n y desarrollo se ejerce como un privilegio territorial sobre la libertad de paz en el hogar.
    </p><p class="article-text">
        Occidente ha confundido la libertad con la liberaci&oacute;n de todo lazo, y el deseo con la pulsi&oacute;n de consumo. Pero esta pulsi&oacute;n rara vez es libre; es dirigida, financiarizada y, sobre todo, territorialmente impuesta. La&nbsp;<em>libertad</em>&nbsp;de la terraza se paga con el insomnio del vecino; el&nbsp;<em>deseo</em>&nbsp;de espect&aacute;culo lum&iacute;nico, con la ansiedad del residente; la&nbsp;<em>necesidad</em>&nbsp;de infraestructuras, con la salud erosionada de barrios enteros. Y sin embargo, el deseo compartido no es una utop&iacute;a por inventar: ya existe, casi siempre a peque&ntilde;a escala y casi siempre fuera del mercado. Una romer&iacute;a organizada por una cuadrilla, una huerta comunitaria que se reparte por turnos, una biblioteca de barrio que sostienen sus propios vecinos, una asamblea que decide en com&uacute;n c&oacute;mo repartir un presupuesto: en esos espacios el deseo no se mide en clientes ni en&nbsp;<em>engagement</em>, sino en la potencia que solo aparece cuando se act&uacute;a de verdad&nbsp;<em>juntos</em>, ese mismo&nbsp;<em>conatus</em>&nbsp;del que hablaba Spinoza convertido en gesto cotidiano. Frente a esto, una aut&eacute;ntica pol&iacute;tica del deseo &mdash;una que honre las intuiciones de Spinoza y Nussbaum&mdash; no ser&iacute;a represiva, sino redistributiva y democr&aacute;tica en su esencia. No se tratar&iacute;a de prohibir la ca&ntilde;a, el brillo o el tren, sino de crear marcos donde la potencia colectiva &mdash;la capacidad de actuar juntos&mdash; priorice el bien com&uacute;n sobre la imposici&oacute;n del deseo m&aacute;s rentable o vocal. Esto exige una democratizaci&oacute;n radical del espacio y la normativa: que la voz del vecino pese tanto como el&nbsp;<em>lobby</em>&nbsp;hostelero, que el impacto en la salud cuente m&aacute;s que el r&eacute;cord tur&iacute;stico, que el trazado del tren o las carreteras dialogue con quienes lo sufren. Solo as&iacute; el deseo podr&aacute; dejar de ser un arma de dominaci&oacute;n para volver a ser, quiz&aacute;s, un puente hacia una convivencia donde la libertad de uno no sea la sentencia del otro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/deseo-consumo_129_13339805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jun 2026 10:43:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Deseo y consumo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orgullo y empatía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/orgullo-empatia_129_13333425.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mientras empresas e instituciones lucen estos di&#769;as la bandera arcoi&#769;ris en sus fachadas, en el interior de esas mismas oficinas es posible escuchar una versio&#769;n contempora&#769;nea de comentarios desden&#771;osos: &ldquo;ya estamos otra vez con el Orgullo&rdquo; o el cada vez ma&#769;s manido &ldquo;para cua&#769;ndo el di&#769;a del orgullo heterosexual&rdquo;. La elaboracio&#769;n argumental del comentario suele ser ma&#769;s infrecuente, pero tuve el privilegio de escucharla, hace ya algu&#769;n tiempo, en los prolego&#769;menos de una reunio&#769;n de trabajo: al menos en las grandes ciudades, hace muchos an&#771;os que las personas LGTBI no son discriminadas, asi&#769; que no hay motivo para que empresas e instituciones se sumen a la celebracio&#769;n del Orgullo en los tiempos que corren. 
    </p><p class="article-text">
        Los silencios y los miedos que genera crecer siendo diferente, que muchas veces se acumulan en una mochila pesada, se ignoran de un plumazo, en una muestra de desconocimiento y falta de empati&#769;a en el mejor de los casos. Porque la discriminacio&#769;n tiene muchas caras, algunas de ellas casi imperceptibles a primera vista, y la invisibilidad &mdash;que es indisociable de la presuncio&#769;n de que el otro se ajusta a la norma o expectativa social&mdash; es una de ellas. Por eso, despreciar los esfuerzos para construir entornos de trabajo ma&#769;s diversos e inclusivos no solo perpetu&#769;a una discriminacio&#769;n sino que la agrava, al levantar un nuevo muro de silencio entre quien manifiesta el desprecio y quien necesita un espacio seguro en el que mostrarse tal y como es. 
    </p><p class="article-text">
        Derribar esos muros invisibles pero ubicuos es una tarea colectiva que requiere no solo orgullo y empoderamiento sino tambie&#769;n reconocimiento de la diversidad y empati&#769;a, y probablemente es en este u&#769;ltimo a&#769;mbito en el que ma&#769;s camino queda todavi&#769;a por recorrer. En las ca&#769;maras de eco de las redes sociales y en las burbujas analo&#769;gicas en las que muchas veces habitamos casi sin darnos cuenta, las identidades y los si&#769;mbolos se izan o se desden&#771;an, las disquisiciones teo&#769;ricas se debaten apasionadamente o se ridiculizan, pero apenas hay espacio para el dia&#769;logo entre diferentes y, sobre todo, para compartir y escuchar las vivencias humanas que se esconden detra&#769;s de toda identidad. Y asi&#769; es difi&#769;cil que florezca la empati&#769;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/orgullo-empatia_129_13333425.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 16:28:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Orgullo y empatía]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El verano triásico se instala en La Rioja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/verano-triasico-instala-rioja_129_13338301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cada verano parece empezar antes y terminar m&aacute;s tarde. Las altas temperaturas y las olas de calor se encadenan sin descanso y los suelos se desecan y agrietan en multitud de zonas del paisaje riojano. Los embalses retroceden y a pesar de la ciclicidad anual de nuestros reservorios, las muchas solicitaciones que soportan hacen que cada hect&oacute;metro c&uacute;bico sea como un tesoro para agricultores, ciudadanos, empresas hidroel&eacute;ctricas y por supuesto, para nuestro ecosistema fluvial en toda su extensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de nieve en la sierra y la irregularidad de las lluvias han marcado los &uacute;ltimos a&ntilde;os y han puesto a prueba la capacidad de respuesta y de adaptaci&oacute;n del territorio.
    </p><p class="article-text">
        La Rioja vive un tr&aacute;nsito palpable hacia un clima m&aacute;s c&aacute;lido y m&aacute;s &aacute;rido. La met&aacute;fora del verano tri&aacute;sico cobra sentido cuando se observa c&oacute;mo la regi&oacute;n encadena periodos secos cada vez m&aacute;s prolongados como ocurri&oacute; en aquella lejana &eacute;poca de la historia de nuestro planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2023 la cuenca del Iregua lleg&oacute; a estar en situaci&oacute;n de emergencia por falta de precipitaciones y los embalses riojanos perdieron en un a&ntilde;o un volumen equivalente a casi todo el Gonz&aacute;lez Lacasa, que almacena treinta y un hect&oacute;metros c&uacute;bicos seg&uacute;n los datos de la Confederaci&oacute;n Hidrogr&aacute;fica del Ebro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n mejor&oacute; de forma temporal con las lluvias del oto&ntilde;o de 2023 que permitieron que el embalse de Mansilla duplicara sus reservas en apenas tres semanas y pasara del cuarenta al ochenta y cuatro por ciento de su capacidad.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de 2024 los grandes embalses riojanos alcanzaron una media del sesenta y siete por ciento de ocupaci&oacute;n aunque la situaci&oacute;n fue muy desigual en los pantanos peque&ntilde;os. El de Castroviejo en el r&iacute;o Yalde se situ&oacute; en torno al veintisiete por ciento de su capacidad y su nivel gener&oacute; preocupaci&oacute;n porque abastece de agua potable a unos cuantos municipios del valle del Najerilla. La irregularidad h&iacute;drica se ha convertido en un rasgo estructural del clima riojano y no en una anomal&iacute;a puntual.
    </p><p class="article-text">
        Este escenario exige una lectura t&eacute;cnica del territorio y aqu&iacute; la figura del ge&oacute;logo adquiere un papel esencial porque la geolog&iacute;a profesional explica c&oacute;mo se comporta el agua en los acu&iacute;feros del Iregua o del Oja por ejemplo, c&oacute;mo evolucionan los suelos agr&iacute;colas del valle del Ebro sometidos a estr&eacute;s h&iacute;drico y c&oacute;mo responden las laderas de las sierras de la Demanda y de los Cameros ante episodios de lluvias torrenciales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La geolog&iacute;a permite comprender por qu&eacute; algunas zonas de la regi&oacute;n son m&aacute;s vulnerables a la erosi&oacute;n y por qu&eacute; ciertos valles presentan mayor riesgo de deslizamientos cuando se encadenan sequ&iacute;as y tormentas intensas. El ejemplo m&aacute;s claro y preocupante fue el gran deslizamiento de Arnedillo del a&ntilde;o pasado aunque cada a&ntilde;o tambi&eacute;n los hay por ejemplo en la carretera LR-113 en las Siete Villas.
    </p><p class="article-text">
        El conocimiento geol&oacute;gico es hoy una herramienta de adaptaci&oacute;n clim&aacute;tica. Las decisiones deben tomarse con informaci&oacute;n precisa sobre la disponibilidad real de agua (superficial y subterr&aacute;nea), la capacidad de recarga de los acu&iacute;feros y la estabilidad de los terrenos en cualquier escenario clim&aacute;tico donde se proyectan infraestructuras o desarrollos urbanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Rioja ya ha activado planes de emergencia para periodos prolongados de sequ&iacute;a severa en sistemas como el del Bajo Iregua que abastece a m&aacute;s de treinta y cinco mil habitantes y que requiere coordinaci&oacute;n entre municipios y el Consorcio de Aguas y Residuos para garantizar el suministro en periodos cr&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        La geolog&iacute;a aporta realismo a la planificaci&oacute;n porque recuerda que el territorio tiene memoria hist&oacute;rica y l&iacute;mites cada vez m&aacute;s marcados. La adaptaci&oacute;n clim&aacute;tica no depende solo de tecnolog&iacute;a sino de comprender c&oacute;mo ha funcionado la tierra durante millones de a&ntilde;os y c&oacute;mo responde cuando se altera el equilibrio entre agua, suelo y clima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Rioja afronta un futuro m&aacute;s c&aacute;lido y m&aacute;s seco y las ciencias de la tierra ser&aacute;n decisivas para evitar errores en el desarrollo de planes, programas y proyectos que comprometan la seguridad y la calidad de vida de los riojanos y riojanas en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Citas y fuentes consultadas.</strong>
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Confederaci&oacute;n Hidrogr&aacute;fica del Ebro. Datos de embalses y situaci&oacute;n hidrol&oacute;gica en La Rioja.</li>
                                    <li>Gobierno de La Rioja. Informes de sequ&iacute;a y abastecimiento en sistemas del Iregua y Najerilla.</li>
                                    <li>AEMET. Balance clim&aacute;tico anual y tendencias de temperatura y precipitaci&oacute;n en La Rioja.</li>
                                    <li>Diario La Rioja y Rioja2. Informaci&oacute;n sobre niveles de Mansilla, Gonz&aacute;lez Lacasa y Yalde en 2023 y 2024.</li>
                                    <li>Ministerio para la Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica. Evaluaci&oacute;n del riesgo de desertificaci&oacute;n en el valle del Ebro.</li>
                            </ol>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Esteban Pérez, geólogo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/verano-triasico-instala-rioja_129_13338301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 09:54:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El verano triásico se instala en La Rioja]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
