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    <title><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Opinión]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Fronteras (de una nueva era)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fronteras-nueva_129_13507348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El ataque a Ceuta ha sumido a Espa&ntilde;a en una nueva crisis existencial. Desde el siglo XIX, nuestra vida nacional ha estado jalonada de diversos episodios de esta clase que han alterado la paz (o, al menos, el orden comunitario sereno) sobre la que un pa&iacute;s erige sus periodos de prosperidad (en una comprensi&oacute;n multidisciplinar). Internamente, seguimos sin superar el conflicto de las guerras carlistas, esa tensi&oacute;n larvada entre tradicionalismo y liberalismo, entre revoluci&oacute;n y contrarrevoluci&oacute;n, que durante el siglo XX transit&oacute; desde manifestaciones de violencia expl&iacute;cita (la Guerra Civil y la posguerra franquista, y el terrorismo etarra) hacia estrategias pol&iacute;ticas m&aacute;s subrepticias, pero igualmente disolventes: la autoamnist&iacute;a amn&eacute;sica de Euskadi y el <em>proc&eacute;s </em>independentista catal&aacute;n. Desde la perspectiva geopol&iacute;tica, Espa&ntilde;a no hab&iacute;a sufrido una convulsi&oacute;n equiparable desde el Desastre de Annual de 1921, que quebr&oacute; el estent&oacute;reo modelo de la Restauraci&oacute;n (hecho hist&oacute;rico que entabla inmanentemente un paralelismo con el presente: esa repercusi&oacute;n podr&iacute;a repetirse, pues las consecuencias de una desestabilizaci&oacute;n identitaria son tan procelosas, como impredecibles).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fracaso m&aacute;s irreparable en el que puede incurrir un Gobierno, e imputo esta acusaci&oacute;n al actual Gobierno de Espa&ntilde;a (por incompetencia o irresponsabilidad o desinter&eacute;s patri&oacute;tico, o a&uacute;n m&aacute;s si se debe a una decisi&oacute;n deliberada), es que no ponga todos los medios para evitar que su pa&iacute;s se precipite hacia una crisis existencial, porque estas crisis <em>distraen</em> la atenci&oacute;n de la comunidad pol&iacute;tica hacia debates de un simbolismo trascedente (que, s&iacute;, asientan sus cimientos, pero que despu&eacute;s no levantan el edificio) e impiden que concentre sus esfuerzos en los pragm&aacute;ticos que propician m&aacute;s riqueza, justicia, libertad o igualdad de oportunidades. En otras palabras: si nos postran o estamos enredados permanentemente en la pregunta de qu&eacute; es Espa&ntilde;a (estadio de reflexi&oacute;n b&aacute;sico para cualquier estructura nacional, y al que la Transici&oacute;n supo ofrecer una contestaci&oacute;n compartida satisfactoria), se paralizar&aacute;n las reformas acuciantes a las que, por poner un par de ejemplos inmediatos, se enfrenta nuestro pa&iacute;s por el inexorable declive demogr&aacute;fico o la escasez de vivienda a precios accesibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, como digo, para alcanzar ese estadio civilizatorio superior, que ser&iacute;a el propio del ideal democr&aacute;tico, debe preservarse a la comunidad pol&iacute;tica alejada de crisis existenciales que la devuelven a la casilla de salida. Y as&iacute;, quienes eran reacios a las fronteras, quienes postulaban un cosmopolitismo <em>naif </em>(esos &ldquo;ciudadanos del mundo&rdquo;, que encima intentaban congeniarlo, mediante asombrosos juegos ret&oacute;ricos, con la reivindicaci&oacute;n de regionalismos o localismos cantonalistas), quiz&aacute; hayan reparado, a partir de la crisis nacional de Ceuta, en que la frontera es una garant&iacute;a, no s&oacute;lo legal (ejecutiva) sino tambi&eacute;n filos&oacute;fica (ontol&oacute;gica), para que una comunidad pol&iacute;tica trabaje y <em>pueda </em>trabajar por el bienestar de sus miembros, que ya ven asegurada su caracterizaci&oacute;n como personajes de una determinada <em>narraci&oacute;n nacional.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todas maneras, y puesto que resultar&iacute;a ingenuo sustraerse de este contexto de galopante incertidumbre que provoca la crisis nacional de Ceuta, propongo a&ntilde;adir nuevas capas al debate existencial que se ha desatado y que, evidentemente, la opini&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; enfocando, sobre todo, en la frontera geogr&aacute;fica. Todos los cambios de era, y creo que el lector convendr&aacute; en que estamos rotundamente inmersos en uno (en el que los flujos migratorios constituyen un fen&oacute;meno tan complejo como preeminente), se han denotado por el dinamismo del concepto de frontera, con su polisemia metaf&oacute;rica: es un horizonte aspiracional que un sujeto o colectivo quiere empujar m&aacute;s all&aacute;, a la vez que un l&iacute;mite con el que mide el alcance de esa <em>misi&oacute;n</em> seg&uacute;n un c&oacute;digo moral. La vulnerada frontera territorial de Espa&ntilde;a en Ceuta nos interpela, por tanto, sobre muchas <em>fronteras; </em>fronteras que se comportan siempre como un Jano bifronte (son anhelo, al tiempo que restricci&oacute;n) y afectan a esos otros debates <em>no existenciales </em>o pr&aacute;cticos que fomentan m&aacute;s riqueza, justicia, libertad o igualdad de oportunidades; fronteras respecto de las que resulta inaplazable que pensemos, pues nos posicionar&aacute;n, como individuos y sociedad, ante esta nueva era.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, la frontera sobre hasta d&oacute;nde puede sostenerse un derecho internacional basado en la buena fe y en la diplomacia blanda, o si su utilidad, particularmente ante pol&iacute;ticas de hechos consumados cada vez m&aacute;s frecuentes, depende de que se le dote de instrumentos coercitivos para combatir agresiones que, como ya ha ocurrido en Ucrania o Gaza, utilizan la dignidad humana como directa arma de guerra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O la frontera sobre c&oacute;mo pueden armonizarse la soberan&iacute;a (no tanto en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos de Estado liberal, modelo agotado, ya lo he denunciado, para la gesti&oacute;n de las relaciones exteriores, sino fundamentalmente econ&oacute;micos, de recursos disponibles) y los desequilibrios demogr&aacute;ficos; sobre cu&aacute;ndo es aceptable que la demanda poblacional y la oferta de bienes y servicios publificados deje de interpretarse como un juego de suma positiva, en virtud de la solidaridad que como especie nos debemos, para convertirse en uno de suma cero (o a la inversa).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O la frontera sobre cu&aacute;ndo la autonom&iacute;a estrat&eacute;gica en una cadena de suministro o respecto de una infraestructura cr&iacute;tica (y para qu&eacute; sectores se elige esa autosuficiencia) debe ampliarse mediante una cooperaci&oacute;n competitiva, y cu&aacute;ndo es leg&iacute;timo que se pulsen los resortes <em>presionantes</em> de esa cadena de suministro o infraestructura cr&iacute;tica que posee un Estado para impulsar la propia autonom&iacute;a estrat&eacute;gica, a cambio incluso de subordinar la dependencia de terceros, o forzar la negociaci&oacute;n de una cooperaci&oacute;n competitiva en otras &aacute;reas de inter&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O la frontera entre la productividad y la libertad, la justicia o la igualdad de las personas, de <em>todas</em> las personas. La primera est&aacute; obsesionada con la eficiencia y el dato medible, mientras que las segundas son realidades sint&eacute;ticas que escapan de una comprensi&oacute;n matem&aacute;tica o anal&iacute;tica (aunque haya estad&iacute;sticas comparativas que busquen capturarlas) y que no necesitan optimizar los procesos si al final se logra el resultado: que aumenten. &iquest;En qu&eacute; frontera debe dirimirse, pues, el dilema? &iquest;En qu&eacute; frontera podr&iacute;an llegar a generarse, en su caso, sinergias mutuas?
    </p><p class="article-text">
        O la frontera sobre d&oacute;nde se trazan otras fronteras con profunda repercusi&oacute;n o influencia por su capacidad de transformaci&oacute;n civilizatoria: las fronteras geogr&aacute;ficas responden a una jurisdicci&oacute;n que se gest&oacute; para un mundo <em>divisible </em>y que sigue dividido, pero, partiendo de ambas premisas, que persisten, y m&aacute;s all&aacute; de la voluntad de poder de algunos <em>h&iacute;per-empresarios</em> y su (difusa) &eacute;tica personal, &iquest;cu&aacute;l es la jurisdicci&oacute;n de un universo digital <em>indivisible, </em>plenamente conectado,<em> </em>potencialmente sin fronteras (m&aacute;s all&aacute; de que el desarrollo y recepci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a no sean homog&eacute;neos)?
    </p><p class="article-text">
        O, por &uacute;ltimo, la frontera de la verdad, las fronteras de la verdad democr&aacute;tica: &iquest;El relativismo plural puede continuar constituyendo el canon de verdad de sociedades que la polarizaci&oacute;n est&aacute; centrifugando hasta segmentarlas en compartimentos estancos, cuya comunicaci&oacute;n o sustrato com&uacute;n empieza a atisbarse t&iacute;sico? &iquest;O debemos configurar un nuevo criterio de verdad para vencer a la posverdad a la que esa din&aacute;mica envilecida nos ha arrastrado?
    </p><p class="article-text">
        La calamidad que les han arrojado est&aacute; obligando a los ceut&iacute;es a que vivan, elijan y act&uacute;en (a que se posicionen, y adem&aacute;s fren&eacute;ticamente) respecto de todas estas fronteras, y seguro que respecto de otras tantas que ahora no intuyo; fronteras sobre las que, por el momento, los dem&aacute;s podemos detenernos a cavilar, siquiera durante unos minutos, e incluso desde el sosiego de la escritura. As&iacute; que no s&oacute;lo cuentan con mi solidaridad por su sufrimiento, sino tambi&eacute;n con mi admiraci&oacute;n, porque su experiencia (y, en varios casos, su conducta) nos est&aacute; anticipando algunas respuestas a inquietudes tan perentorias.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/fronteras-nueva_129_13507348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 11:34:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Fronteras (de una nueva era)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los temerarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/temerarios_129_13506122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La duda que surge al aproximarse a temas ya explorados por gigantes &mdash;Galileo oliendo el movimiento de los astros antes de probarlo con su lente, Darwin palpando variaciones en las alas de los pinzones como un artesano del caos&mdash; enciende el primer h&aacute;lito de la indagaci&oacute;n genuina. En&nbsp;<em>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas</em>&nbsp;(1962), Thomas Kuhn describ&iacute;a c&oacute;mo los paradigmas se resquebrajan por anomal&iacute;as que primero percibe el ojo atento: el humo que irrita la garganta antes de que el sat&eacute;lite lo cartograf&iacute;e. El antrop&oacute;logo en formaci&oacute;n, o el poeta que mezcla tinta y ceniza, hacen algo parecido al inhalar ese residuo sensorial para anclarlo en el imaginario de quien a&uacute;n no tiene nombre para el ardor.
    </p><p class="article-text">
        La historia de la ciencia confirma esta l&oacute;gica de la anomal&iacute;a percibida antes de ser entendida. En 1896, el f&iacute;sico franc&eacute;s Henri Becquerel estaba investigando el fen&oacute;meno de la fosforescencia cuando not&oacute; que unas placas fotogr&aacute;ficas, envueltas en papel negro junto con sales de uranio, quedaban veladas aun sin exposici&oacute;n a la luz solar: hab&iacute;a descubierto radiaci&oacute;n espont&aacute;nea emitida por el propio uranio, es decir, lo que despu&eacute;s se llamar&iacute;a&nbsp;<em>radiactividad natural</em>. Este resultado no encajaba con las expectativas te&oacute;ricas de su &eacute;poca y abri&oacute; un nuevo dominio de la f&iacute;sica at&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        D&eacute;cadas m&aacute;s tarde, en 1967, Jocelyn Bell Burnell, estudiante de posgrado en radioastronom&iacute;a en la Universidad de Cambridge, observ&oacute; una se&ntilde;al de radio persistente en los datos de un radiotelescopio que ella misma hab&iacute;a ayudado a construir. Al principio ni siquiera tuvo nombre para lo que ve&iacute;a: la anot&oacute; como&nbsp;<em>scruff</em>, basura, garabato, la categor&iacute;a con la que su propio instrumental clasificaba todo lo que no encajaba. Esa se&ntilde;al uniforme result&oacute; ser la primera detecci&oacute;n de un p&uacute;lsar &mdash;una estrella de neutrones giratoria que emite pulsos de radiaci&oacute;n peri&oacute;dicos&mdash; un fen&oacute;meno completamente nuevo en astronom&iacute;a. En 1974, el Premio Nobel de F&iacute;sica por ese descubrimiento fue a parar a Antony Hewish, su director de tesis &mdash;compartido con Martin Ryle&mdash;, y no a ella. La anomal&iacute;a la percibi&oacute; Bell Burnell; el cr&eacute;dito, el sistema que decide qui&eacute;n tiene permitido percibir anomal&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En ambos casos, el avance surgi&oacute; de la atenci&oacute;n obstinada a aquello que el m&eacute;todo a&uacute;n no sab&iacute;a c&oacute;mo clasificar, m&aacute;s que de la confirmaci&oacute;n de una hip&oacute;tesis preconcebida.
    </p><p class="article-text">
        No toda anomal&iacute;a percibida conduce a un descubrimiento. En 1903, el f&iacute;sico franc&eacute;s Ren&eacute; Blondlot anunci&oacute; haber detectado los&nbsp;<em>rayos N</em>, una forma de radiaci&oacute;n hasta entonces desconocida que, seg&uacute;n &eacute;l, emanaba de metales sometidos a tensi&oacute;n. Varios laboratorios franceses replicaron sus resultados durante meses. El f&iacute;sico estadounidense Robert W. Wood viaj&oacute; a su laboratorio, retir&oacute; en secreto el prisma que supuestamente generaba los rayos, y Blondlot sigui&oacute; registrando el mismo efecto donde ya no hab&iacute;a nada que detectar. Desde dentro, nada distingu&iacute;a a Blondlot de Becquerel: ambos sosten&iacute;an, con la misma convicci&oacute;n, una se&ntilde;al que el resto del mundo a&uacute;n no sab&iacute;a leer. Lo &uacute;nico que los separ&oacute; fue que a uno lo desminti&oacute; alguien ajeno a su propio estilo de pensamiento, y al otro no. Los laboratorios que confirmaron los rayos N durante meses no eran un contrapeso: compart&iacute;an la misma atm&oacute;sfera que los hac&iacute;a visibles. El contrapeso, cuando lleg&oacute;, vino de fuera. Mientras dura su anomal&iacute;a, el temerario no tiene manera de saber si est&aacute; construyendo un p&uacute;lsar o fabricando un rayo N &mdash;y esa incertidumbre no es un fallo del olfato: es la condici&oacute;n misma en la que opera.
    </p><p class="article-text">
        La historia tambi&eacute;n guarda ejemplos dolorosos de anomal&iacute;as desatendidas. En la d&eacute;cada de 1970, los cient&iacute;ficos de Exxon detectaron, mediante sus propios modelos internos, una correlaci&oacute;n clara entre el aumento del CO&#8322; y el calentamiento global. Sin embargo, estas se&ntilde;ales fueron sistem&aacute;ticamente silenciadas y negadas p&uacute;blicamente por intereses corporativos y pol&iacute;ticos durante d&eacute;cadas, retrasando la acci&oacute;n clim&aacute;tica global. De manera similar, en 2019, los reportes de un nuevo virus respiratorio en Wuhan fueron inicialmente minimizados por algunos gobiernos y organizaciones, a pesar de las advertencias de epidemi&oacute;logos y sistemas de vigilancia temprana. Estos casos muestran que el costo de ignorar lo que a&uacute;n no encaja en los modelos aceptados es intelectual, pero tambi&eacute;n humano y planetario: se paga en vidas y en la estabilidad de comunidades enteras.
    </p><p class="article-text">
        Ese r&eacute;gimen de silencio corporativo tiene tambi&eacute;n su reverso disciplinar: el poeta o el antrop&oacute;logo escucha la anomal&iacute;a en lugar de contabilizarla. Kathleen Stewart defendi&oacute; las&nbsp;<em>sensaciones sin nombre</em>&nbsp;y la experiencia cotidiana en los Apalaches de Virginia Occidental como portal hacia lo afectivo, resistiendo la demanda institucional de cifras fr&iacute;as frente a vivencias sensibles.
    </p><p class="article-text">
        No todo caso de atenci&oacute;n a lo no previsto merece el nombre de temeridad. Crist&oacute;bal Col&oacute;n, al buscar en 1492 una ruta occidental hacia Asia, se bas&oacute; en c&aacute;lculos geogr&aacute;ficos que hoy sabemos err&oacute;neos, y muri&oacute; convencido de haber llegado a las costas asi&aacute;ticas. Lo revelador es lo que se neg&oacute; a percibir: la flora, la fauna, los pueblos que no encajaban con sus mapas fueron forzados a encajar en la hip&oacute;tesis que ya tra&iacute;a consigo. Donde Becquerel y Bell Burnell dejaron que la anomal&iacute;a reescribiera su teor&iacute;a, Col&oacute;n someti&oacute; la anomal&iacute;a a la teor&iacute;a hasta el final de su vida. Es el anti-temerario: quien ya sabe lo que busca, y por eso no logra ver lo que tiene delante, aunque ese error &mdash;por puro azar geopol&iacute;tico&mdash; termine abriendo un continente para unos y un desastre para otros.
    </p><p class="article-text">
        Mucho antes de estos debates, en 1935 Ludwik Fleck ya hab&iacute;a argumentado que el&nbsp;<em>estilo de pensamiento colectivo</em>&nbsp;&mdash;como un olfato compartido por una atm&oacute;sfera social&mdash; precede y moldea al hecho mismo, de modo similar a c&oacute;mo los mineros con silicosis describ&iacute;an el polvo de s&iacute;lice no como un simple conteo de part&iacute;culas sino como un&nbsp;<em>aire que petrifica pulmones</em>&nbsp;antes de ser nombrado oficialmente como una enfermedad. La anomal&iacute;a nunca es objetiva: se vuelve visible solo cuando el estilo de pensamiento que la rodea la deja de archivar como ruido. El temerario es quien tolera la incomodidad de lo que no encaja durante m&aacute;s tiempo que los dem&aacute;s &mdash;como Bell Burnell, semanas enteras mirando su propio&nbsp;<em>scruff</em>&nbsp;antes de atreverse a tomarlo en serio.
    </p><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica no pertenece solo a la ciencia. En filosof&iacute;a, Ludwig Wittgenstein transit&oacute; de su&nbsp;<em>Tractatus logico-philosophicus </em>a las&nbsp;<em>Investigaciones filos&oacute;ficas</em>&nbsp;porque su propio sistema hab&iacute;a dejado de explicar c&oacute;mo se vive el lenguaje, no por acumulaci&oacute;n te&oacute;rica. Fue una retractaci&oacute;n f&eacute;rtil m&aacute;s que un progreso lineal.
    </p><p class="article-text">
        La temeridad, entonces, consiste en tejer su trama hacia lo que el dron a&uacute;n no capta, como quienes detectan el olor acre del brezo seco antes que las torres de vigilancia detecten conatos de incendio. El progreso est&aacute; en ofrecerles a esos gigantes olfato y pecho, no en encaramarse a sus espaldas prestadas, para que el imaginario &mdash;ese desmoronamiento contado en historias entretejidas, no en part&iacute;culas por mill&oacute;n&mdash; mantenga el pulso.
    </p><p class="article-text">
        En teor&iacute;a social, algunos de los avances m&aacute;s decisivos nacieron tambi&eacute;n de fracasos interpretativos. Erving Goffman no pretend&iacute;a fundar una microsociolog&iacute;a cuando comenz&oacute; a observar rituales cotidianos en instituciones totales: buscaba regularidades menores, casi anecd&oacute;ticas, pero su atenci&oacute;n a gestos fallidos e interrupciones de rol revel&oacute; que el orden social se sostiene precisamente en su vulnerabilidad performativa.
    </p><p class="article-text">
        Incluso en tecnolog&iacute;a, donde el control parece absoluto, los desv&iacute;os marcan el camino. El tefl&oacute;n, ese material ya cotidiano, surgi&oacute; de un residuo atento a un proceso fallido y no de una soluci&oacute;n prevista. La disposici&oacute;n a no desechar lo que no encaja es lo que produce los saltos; la planificaci&oacute;n, por s&iacute; sola, no basta. Esa misma l&oacute;gica del desv&iacute;o fecundo se vuelve m&aacute;s dif&iacute;cil de sostener cuando las herramientas de observaci&oacute;n prometen capturarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        En la era del&nbsp;<em>big data</em>&nbsp;y la inteligencia artificial, la paradoja se agudiza. Estas herramientas pueden procesar millones de variables y detectar patrones ocultos para el ojo humano &mdash;como en el diagn&oacute;stico temprano de enfermedades raras a trav&eacute;s de im&aacute;genes m&eacute;dicas, o en patrones gen&eacute;ticos que ning&uacute;n m&eacute;dico intuir&iacute;a a simple vista&mdash;, pero tambi&eacute;n tienden a homogenizar lo observable, priorizando correlaciones estad&iacute;sticas sobre singularidades significativas. Un algoritmo entrenado con datos del pasado puede pasar por alto lo genuinamente nuevo, aquello que no tiene precedentes en su conjunto de entrenamiento. El temerario contempor&aacute;neo sabe leer lo que el algoritmo omite &mdash;los datos sesgados, las categor&iacute;as heredadas&mdash; y, adem&aacute;s, sabe preguntarle qu&eacute; es lo que a&uacute;n no ha sabido ver. La tensi&oacute;n no es cuerpo contra m&aacute;quina, sino cuerpo&nbsp;<em>y</em>&nbsp;m&aacute;quina, con la m&aacute;quina funcionando como espejo deformante y no como or&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;<em>olor acre del brezo seco</em>&nbsp;que percibe un guardabosques experimentado no es traducible en los primeros p&iacute;xeles de humo que detecta un dron; es una se&ntilde;al encarnada, cargada de contexto y memoria ecol&oacute;gica. En un mundo hipermediado, el temerario subordina la tecnolog&iacute;a a una atenci&oacute;n m&aacute;s antigua y hol&iacute;stica, la que sabe que lo importante a menudo se anuncia primero en los bordes de lo medible, en ese territorio donde el cuerpo a&uacute;n piensa antes que el algoritmo. Los temerarios no saben, mientras dura la anomal&iacute;a, si est&aacute;n viendo un p&uacute;lsar o fabricando un rayo N. Lo &uacute;nico que saben es que todav&iacute;a no pueden tirar el&nbsp;<em>scruff</em>. Y esa decisi&oacute;n &mdash;no archivar, no desechar&mdash; es, quiz&aacute;s, el &uacute;nico gesto que el progreso no puede delegar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/temerarios_129_13506122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 08:56:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los temerarios]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ser querido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/querido_129_13491710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Es una pel&iacute;cula dentro de otra pel&iacute;cula. Pero lo que quiero expresar primero es el gusto que me da comprobar que en Espa&ntilde;a se hace muy buen cine y que tenemos unos 'actorazos' que se salen de la pantalla y unos directores que no desmerecen a los m&aacute;s aclamados del cine internacional. Utilizo el masculino pero quiero ensalzar el trabajo de las actrices y las directoras.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; es importante valorar positivamente el cine espa&ntilde;ol, porque soy de la &eacute;poca de pel&iacute;culas bastante deplorables por el contenido y por lo que representaban. Me gustaba tan poco el cine espa&ntilde;ol que por iniciativa propia no iba nunca y si pod&iacute;a convenc&iacute;a a quien me acompa&ntilde;aba para ver otro metraje, normalmente estadounidense, aunque tambi&eacute;n franc&eacute;s, del Reino Unido o sueco, por aquello de las pel&iacute;culas de Bergman.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco fui entrando en el cine espa&ntilde;ol y en estos momentos, me quedo boquiabierta con las pel&iacute;culas que se hacen aqu&iacute;. Tenemos actrices como la &ldquo;copa de un pino&rdquo; y Victoria Luengo, protagonista femenina de <em>El ser querido</em> ,es una de ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Vean la peli, porfa, v&eacute;anla por ver a Victoria Luengo y v&eacute;anla tambi&eacute;n, por ver a Javier Bardem. Los dos se salen de la pantalla. De Javier Bardem no nos extra&ntilde;a. Nos tiene acostumbrados. De Victoria Luengo, &iexcl;qu&eacute; bien!, &iexcl;qu&eacute; gozada!, &iexcl;qu&eacute; gustazo!...
    </p><p class="article-text">
        De Rodrigo Sorogoyen, qu&eacute; maestr&iacute;a, a m&iacute; me lo parece, empezar con esos primer&iacute;simos planos de los dos actores, ese zoom cerrado de una y otro alternativamente, porque es muy &iacute;ntimo el momento en el que un padre y una hija se ven despu&eacute;s de trece a&ntilde;os. Muy acorazado el encuentro de un hombre que abandon&oacute; a su hija y de una mujer joven que ve a su padre 13 a&ntilde;os despu&eacute;s del abandono. Muy distinto el recuerdo de las mismas vivencias, para uno agradables, placenteras, para la otra, las pesadillas de su infancia y juventud.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula cambia, cobra ritmo, el zoom se abre y muestra la vida de la joven, la relaci&oacute;n con su madre&hellip; Empieza el rodaje.
    </p><p class="article-text">
        Javier Bardem, el padre, interpreta a Esteban Mart&iacute;nez, un aclamado director de cine que quiere contratar a esa hija abandonada, Emilia, Victoria Luengo, para que sea la protagonista femenina de su pr&oacute;xima pel&iacute;cula, a la que quiere titular: <em>Desierto</em>. Estamos en el cine viendo una pel&iacute;cula y conociendo los interiores del rodaje de otra pel&iacute;cula. La que vemos en el cine es de verdad. La que se rueda es ficci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Es la excusa perfecta para continuar con la narraci&oacute;n de la convivencia laboral entre el padre director y la hija actriz. En el relato se desvelan las personalidades de los dos. La soberbia del padre que se convierte en violencia con los trabajadores a sus &oacute;rdenes y la fragilidad de la hija, la inseguridad que no le deja ser ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Todo atrapa: el desierto, el calor agobiante, las tiendas de lona en cuyo interior el director y su directora de fotograf&iacute;a se protegen del sol y del aire para hacer su trabajo. Los actores que soportan horas y repeticiones de la misma escena bajo un sol abrasador y no solo los actores, tambi&eacute;n la legi&oacute;n de trabajadores que requiere el rodaje de una pel&iacute;cula. (Nos lo podemos imaginar leyendo los interminables cr&eacute;ditos. Nos lo demuestra Sorogoyen en su 'Desierto' encerrado en 'El Ser querido'. 
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica. &iexcl;Maravillosa banda sonora!.
    </p><p class="article-text">
        La des&eacute;rtica isla de Fuerteventura y el Atl&aacute;ntico que aqu&iacute; es tranquilo, lento, como el transcurrir de los a&ntilde;os en una ni&ntilde;a que no entiende ni la violencia verbal, psicol&oacute;gica, gestual y f&iacute;sica de un padre tirano acostumbrado a mandar, a ordenar y a que nadie le contrarie.
    </p><p class="article-text">
        Interesante el papel de la directora de fotograf&iacute;a que interpreta la actriz Pepa Gracia. Solo una mujer se enfrenta al dictador y le deja plantado en mitad del rodaje porque no tolera el despotismo con el que Esteban Mart&iacute;nez trata a sus inferiores.
    </p><p class="article-text">
        Y m&aacute;s que significativo el gui&ntilde;o a la traici&oacute;n del Gobierno de Espa&ntilde;a al pueblo saharaui, cuando en 2022 claudic&oacute; ante Marruecos y reconoci&oacute; que el desierto africano, colonia espa&ntilde;ola durante d&eacute;cadas y abandonada a su suerte en 1975, pasaba a ser regi&oacute;n aut&oacute;noma de reino alahui.
    </p><p class="article-text">
        Casualidades de la vida: Espa&ntilde;a abandon&oacute; al Sahara por aquella Marcha Verde que los mayores recordamos y que fue la invasi&oacute;n de Marruecos a Espa&ntilde;a, o sea, al Sahara. Enga&ntilde;&oacute; a los saharauis, porque en cuarenta a&ntilde;os fuimos incapaces de convocar un referendum de autodeterminaci&oacute;n y permitimos a esos pobladores del desierto que se doblegasen al gobierno marroqu&iacute;. En agosto de 2026 se estrena en los cines la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Rodrigo Sorogoyen y los dos &uacute;ltimos d&iacute;as de julio, Marruecos permite la invasi&oacute;n de 70.000 personas, a la ciudad aut&oacute;noma de Ceuta. Pero esto ya no es cine.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/querido_129_13491710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 09:08:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El ser querido]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El precio no es un mapa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/precio-no-mapa_129_13491042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay un ejemplar en la librer&iacute;a de segunda mano que cuesta el triple de lo que cost&oacute; nuevo. La misma tirada, el mismo papel, la misma editorial que ya no existe. Nadie ha fabricado m&aacute;s ejemplares desde entonces; nadie va a fabricar menos. Y sin embargo el precio se ha movido, como si el libro pesara distinto seg&uacute;n qui&eacute;n lo mire.
    </p><p class="article-text">
        Nos ense&ntilde;aron que esto se explica solo: menos oferta, misma demanda, sube el precio. Una ley, nos dijeron, casi f&iacute;sica, casi meteorol&oacute;gica. Pero la ley no explica por qu&eacute; ese libro concreto y no otro de la misma tirada; no explica por qu&eacute; alguien paga de m&aacute;s por una mancha de humedad en la portada si viene firmada, ni por qu&eacute; una primera edici&oacute;n sin nada especial vale menos que una segunda con una errata c&eacute;lebre. La oferta y la demanda cuentan una parte. La otra parte &mdash;la que decide qu&eacute; mancha vale y cu&aacute;l no&mdash; no es econom&iacute;a. Es antropolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Karl Polanyi lo llam&oacute; <em>embeddedness</em>: la econom&iacute;a, dec&iacute;a, no flota sola, viene incrustada en relaciones sociales concretas, y solo muy recientemente en la historia humana se ha intentado que funcione como si pudiera separarse de ellas y regirse por sus propias leyes. El mercado autorregulado no es el estado natural del intercambio; es una invenci&oacute;n con fecha de nacimiento, y bastante tard&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Marshall Sahlins fue m&aacute;s lejos: la escasez misma, esa que sostiene toda la l&oacute;gica de la oferta y la demanda, no es un dato de la naturaleza sino una forma cultural de mirar. Estudiando sociedades cazadoras-recolectoras, mostr&oacute; que la supuesta pobreza material conviv&iacute;a con abundancia relativa y jornadas de trabajo cortas &mdash;lo que llam&oacute;, no sin iron&iacute;a, la sociedad opulenta original&mdash;. La escasez, en muchos casos, se fabrica: se decide qu&eacute; contar como necesidad y qu&eacute; no, y esa decisi&oacute;n ya viene cargada de cultura antes de que ning&uacute;n precio se fije.
    </p><p class="article-text">
        Si la oferta y la demanda bastaran para ajustar solas cualquier bien, no har&iacute;a falta forzar nada m&aacute;s. Pero ah&iacute; est&aacute; el petr&oacute;leo: en 2018, Estados Unidos se retir&oacute; del acuerdo nuclear con Ir&aacute;n y reimpuso sanciones a su sector energ&eacute;tico, lo que redujo dr&aacute;sticamente las exportaciones oficiales del pa&iacute;s y lo empuj&oacute; a sostenerse mediante flotas que operan fuera de los canales formales. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una guerra abierta contra Ir&aacute;n; meses despu&eacute;s, sigue sin cerrarse, y la Guardia Revolucionaria iran&iacute; respondi&oacute; bloqueando el estrecho de Ormuz, por donde pasaba antes uno de cada cinco barriles de petr&oacute;leo del planeta. Con Venezuela, el patr&oacute;n fue m&aacute;s directo: una intervenci&oacute;n militar estadounidense en Caracas derroc&oacute; a Nicol&aacute;s Maduro el 3 de enero de 2026, y semanas despu&eacute;s Washington levant&oacute; las sanciones al sector petrolero venezolano para el gobierno que la sustituy&oacute;. La misma potencia que llevaba a&ntilde;os bloqueando las transacciones con Venezuela abri&oacute; el grifo en cuanto puso a alguien de su lado al otro extremo. Si el mercado se autorregulara como promete la curva, nada de esto har&iacute;a falta &mdash;ni la guerra, ni el bloqueo naval, ni el cambio de gobierno&mdash;. Y esta misma semana ha cerrado la cuenta: un acuerdo que le da a Estados Unidos el 55% de la producci&oacute;n de la nueva petrolera y m&aacute;s del 20% de las reservas probadas del pa&iacute;s. La escasez que impuso durante a&ntilde;os y la abundancia que ahora administra no son dos pol&iacute;ticas distintas: son la misma pol&iacute;tica con la etiqueta cambiada. Que haga falta es la prueba m&aacute;s clara de que la escasez y la abundancia no se descubren: se imponen.
    </p><p class="article-text">
        David Graeber remat&oacute; el mito por otro flanco: el relato escolar dice que el dinero naci&oacute; para sustituir al trueque, que antes de la moneda la gente cambiaba directamente una gallina por dos sacos de grano. No hay evidencia hist&oacute;rica de que ese trueque generalizado existiera nunca. Lo que s&iacute; hay, documentado en sociedades muy distintas, son sistemas de deuda y cr&eacute;dito social: te debo, me debes, la cuenta se salda con el tiempo y con relaci&oacute;n, no con moneda al contado. El mercado no naci&oacute; de la necesidad de intercambiar cosas; naci&oacute;, en buena parte, de la necesidad de medir deudas entre personas que ya se conoc&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Con los alimentos y los medicamentos ocurre la misma operaci&oacute;n que con el petr&oacute;leo, aunque haga menos ruido: alguien decide qu&eacute; cuenta como escaso, y de esa decisi&oacute;n depende a veces comer o curarse.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; es donde vuelve el libro de la librer&iacute;a. Marcel Mauss, en su ensayo sobre el don, explic&oacute; por qu&eacute; un objeto puede valer m&aacute;s cuando lleva encima la huella de quien lo dio: el regalo obliga, ata, lleva un pedazo de quien lo entrega. Un objeto de segunda mano no es un objeto neutro esperando precio; es un objeto que ha pasado por manos, y esas manos &mdash;a veces literalmente, con una firma&mdash; se cotizan. Pierre Bourdieu, mucho despu&eacute;s, le puso nombre a la operaci&oacute;n completa: capital simb&oacute;lico. El gusto no es un juicio inocente sobre la calidad de las cosas, es una forma de clasificaci&oacute;n social que se aprende, se hereda y se exhibe. Cuando alguien paga de m&aacute;s por una primera edici&oacute;n, no est&aacute; pagando papel: est&aacute; comprando un lugar en un mapa de distinci&oacute;n que no aparece en ninguna etiqueta de precio.
    </p><p class="article-text">
        Pasa lo mismo con los coches. Pueden venderse menos coches en general y, al mismo tiempo, dispararse la producci&oacute;n de Ferraris. No es una paradoja de la oferta y la demanda: es la misma curva funcionando en dos capas distintas, la del transporte y la del prestigio, que no se rigen por las mismas reglas aunque compartan cuatro ruedas.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esas dos capas de precio hay algo que ninguna curva nombra.
    </p><p class="article-text">
        Karl Marx ten&iacute;a una palabra todav&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;moda para esto: fetichismo de la mercanc&iacute;a. La mercanc&iacute;a, dec&iacute;a, esconde el trabajo y las relaciones sociales que la produjeron, y aparece ante nosotros como si su valor le fuera propio, natural, casi m&aacute;gico &mdash;como si el objeto valiera por s&iacute; mismo y no por la trama de personas y decisiones que lo trajeron hasta el escaparate&mdash;. Oferta y demanda es, en ese sentido, el resumen m&aacute;s pulido del fetichismo: convierte una relaci&oacute;n social en una curva, y una curva no pregunta qui&eacute;n produce, qui&eacute;n distribuye ni qui&eacute;n decide qu&eacute; mancha de humedad vale una firma.
    </p><p class="article-text">
        Antes, al menos, hab&iacute;a alguien detr&aacute;s del precio a quien preguntar por qu&eacute;. El librero, el sumiller, el marchante. Hoy buena parte de esa decisi&oacute;n la toma un algoritmo: el precio de un vuelo cambia seg&uacute;n qui&eacute;n lo mira y desde qu&eacute; dispositivo, la entrada de un concierto sube en tiempo real seg&uacute;n cu&aacute;nta gente la est&aacute; comprando en ese instante, la luz se factura por horas seg&uacute;n una curva que muy pocos entienden del todo. El fetichismo que describ&iacute;a Marx se vuelve m&aacute;s eficaz cuanto menos rostro tiene: si antes el precio ocultaba el trabajo detr&aacute;s de un objeto, ahora oculta adem&aacute;s la decisi&oacute;n detr&aacute;s del propio precio, ejecutada sola, sin que nadie pueda se&ntilde;alar a una persona concreta y preguntarle por qu&eacute;. No es que no haya nadie: hay empresas que dise&ntilde;an el algoritmo, datos que lo alimentan, decisiones de negocio que lo afinan. Pero esa autor&iacute;a queda repartida entre tantas manos que el efecto es el mismo que si no hubiera ninguna.
    </p><p class="article-text">
        A veces el propio mapa comete el error que denuncia: confunde lo personal con lo general, la experiencia de una sola mesa con el retrato de un pa&iacute;s entero. Ocurre. El mapa tambi&eacute;n se equivoca, y forma parte de su naturaleza de boceto, no de plano t&eacute;cnico. Lo mismo pasa con la oferta y la demanda cuando se cuenta como ley: toma un caso &mdash;este libro, esta firma, esta escasez fabricada&mdash; y lo generaliza hasta que parece f&iacute;sica, cuando en realidad es una biograf&iacute;a particular disfrazada de curva.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de negar que la oferta y la demanda expliquen algo. Explican, por ejemplo, por qu&eacute; hay menos ejemplares y por qu&eacute; eso empuja el precio hacia arriba. Lo que no explican es por qu&eacute; el precio se dispara <em>m&aacute;s</em> por una firma que por una escasez real, ni por qu&eacute; dos objetos igual de raros valen sumas completamente distintas seg&uacute;n de qui&eacute;n vengan. Ese resto &mdash;el que la curva no cubre&mdash; es justo el territorio que la antropolog&iacute;a lleva un siglo cartografiando: el don que obliga, la deuda que ata, el gusto que clasifica, el trabajo que se esconde detr&aacute;s del precio.
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto es solo arqueolog&iacute;a. Las monedas locales, los bancos de tiempo, las condonaciones de deuda que de vez en cuando alguna administraci&oacute;n se atreve a plantear &mdash;todo eso son formas actuales de lo que Graeber document&oacute; en el pasado&mdash;: acordar el valor entre personas, no dejarlo caer solo en una curva. No son la soluci&oacute;n, son la prueba de que la curva nunca fue la &uacute;nica forma posible.
    </p><p class="article-text">
        El libro sigue ah&iacute;, en la estanter&iacute;a de segunda mano, con su mancha y su precio triplicado. La oferta y la demanda dir&iacute;an que as&iacute; son las cosas. La antropolog&iacute;a pregunta, en cambio, qui&eacute;n decidi&oacute; que esa mancha valiera, y por qu&eacute; seguimos llamando ley natural a una decisi&oacute;n tomada entre personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/precio-no-mapa_129_13491042.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Sep 2026 16:09:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El precio no es un mapa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser o... SER]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ser-o-ser_129_13482138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, alguien me intent&oacute; dar un consejo que nunca he olvidado.
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo exactamente sus palabras, pero el mensaje fue muy claro:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Paco, ahora que est&aacute;s en este puesto tienes que convertirte en otra persona, en otro profesional.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; estaba el problema.
    </p><p class="article-text">
        Porque el fondo de lo que quer&iacute;a decirme no era malo. Determinadas responsabilidades exigen prudencia, medir mejor nuestras palabras, entender el impacto de nuestras decisiones y aprender a movernos en entornos diferentes.
    </p><p class="article-text">
        En eso ten&iacute;a raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no fue eso lo que sus palabras me dijeron.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me estaban invitando, de alguna manera, a dejar atr&aacute;s a la persona y al profesional que hab&iacute;a construido durante tantos a&ntilde;os. Precisamente la persona y el profesional que, sin lugar a dudas, hab&iacute;an contribuido a que me ofrecieran aquel puesto.
    </p><p class="article-text">
        Aquella conversaci&oacute;n me dej&oacute; una pregunta que me ha acompa&ntilde;ado desde entonces:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hasta qu&eacute; punto adaptarnos significa dejar de ser uno/a mismo/a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n un aprendizaje importante para quienes tenemos la responsabilidad de liderar personas: no basta con pensar en lo que queremos decir. Tenemos que ser conscientes de lo que nuestras palabras pueden provocar en quien nos escucha.
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>las palabras importan.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una conversaci&oacute;n puede ayudar a alguien a crecer o hacerle pensar que, para hacerlo, tiene que dejar de ser quien es.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y creo que esa diferencia es una de las bases del liderazgo humanista: entender que delante de nosotros/as no hay &uacute;nicamente profesionales o equipos.
    </p><p class="article-text">
        Hay personas.
    </p><p class="article-text">
        Personas con su historia, sus valores, sus dudas y sus expectativas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ahora, despu&eacute;s de unos d&iacute;as de vacaciones, sea tambi&eacute;n un buen momento para pensar en nosotros/as mismos/as.
    </p><p class="article-text">
        Las vacaciones nos dan algo que durante el resto del a&ntilde;o parece escasear: tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo para descansar, compartir, desconectar&hellip; y pensar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pensar si estamos viviendo la vida que queremos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si estamos disfrutando, o no, del camino.
    </p><p class="article-text">
        Si la persona y profesional que somos se parecen a quienes queremos llegar a SER.
    </p><p class="article-text">
        Porque <strong>el tiempo pasa muy r&aacute;pido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y, casi sin darnos cuenta, vamos avanzando.
    </p><p class="article-text">
        Somos muchas cosas a lo largo de nuestra vida, hijos, hijas, amigos, amigas, padres, madres, profesionales, responsables, l&iacute;deres&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Vamos ocupando puestos.
    </p><p class="article-text">
        Asumiendo responsabilidades.
    </p><p class="article-text">
        Cumpliendo objetivos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Podemos hacer todo eso dejando que la vida avance y simplemente subirnos a ella. Seguir adelante, sin llegar nunca a pilotarla.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Podemos <strong>ser</strong>.
    </p><p class="article-text">
        O podemos <strong>SER</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, ah&iacute; est&aacute; la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ser </strong>es ir viviendo. Ir respondiendo a lo que llega. Ir avanzando, a veces sin preguntarnos demasiado hacia d&oacute;nde.
    </p><p class="article-text">
        <strong>SER</strong>, en cambio, exige conciencia. Exige parar de vez en cuando y mirarnos.
    </p><p class="article-text">
        Preguntarnos si seguimos siendo coherentes con nuestros valores.
    </p><p class="article-text">
        Si nuestras decisiones nos acercan a la vida que queremos.
    </p><p class="article-text">
        Si estamos evolucionando sin dejar de reconocernos.
    </p><p class="article-text">
        Porque evolucionar no significa convertirse en otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Podemos cambiar nuestras formas sin cambiar nuestros c&oacute;digos.
    </p><p class="article-text">
        Podemos asumir responsabilidades sin perder la cercan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Podemos aprender a adaptarnos sin tener que escondernos.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; esta sea una reflexi&oacute;n que no deber&iacute;amos hacer &uacute;nicamente despu&eacute;s de unas vacaciones.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;amos volver a ella una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Preguntarnos:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Sigo siendo quien quer&iacute;a ser?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Me reconozco en la persona en la que me estoy convirtiendo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estoy construyendo solo una carrera o tambi&eacute;n una vida que merece la pena vivir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando nos damos cuenta,<strong> la vida ha pasado muy r&aacute;pido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y ser&iacute;a una pena haber construido una carrera, alcanzado objetivos y ocupado puestos importantes para descubrir que, por el camino, hemos dejado de disfrutar de las personas, de los momentos, de nuestra propia vida, de nosotros/as mismos/as.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, ahora que quiz&aacute;s has tenido unos d&iacute;as para parar y pensar, me gustar&iacute;a dejarte esta pregunta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Quieres simplemente ser&hellip; o vas a SER?</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Rivero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ser-o-ser_129_13482138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 16:17:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ser o... SER]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Higiene y salud, Ayuntamiento de Lardero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/higiene-salud-ayuntamiento-lardero_129_13482773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres colegios públicos de Logroño tienen el ascensor fuera de servicio: el Ayuntamiento asegura que estarán para la vuelta al cole</p></div><p class="article-text">
        Ayer 1 de septiembre, el Claustro del CEIP Villa Patro en Lardero, La Rioja, empez&oacute; su curso escolar con unas instalaciones a las que nadie hab&iacute;a pasado un trapo (ni un escob&oacute;n) en todo el verano. El profesorado inici&oacute; el curso con ilusi&oacute;n, pero tambi&eacute;n con verg&uuml;enza y frustraci&oacute;n por la situaci&oacute;n en la que se encontraba el centro: polvo, hojas, pelusas, manchas, papeles en aulas y despachos, ba&ntilde;os y cristales sucios, telara&ntilde;as, cucarachas, mosquitos, mal olor. 
    </p><p class="article-text">
        La responsabilidad de la limpieza del centro es del Ayuntamiento de Lardero, que lleva a&ntilde;os haciendo o&iacute;dos sordos a las quejas y solicitudes por parte del Equipo Directivo y del Consejo Escolar, de que se mantengan unas condiciones de limpieza y salubridad que garanticen la seguridad del alumnado y del personal que trabaja en el centro. Tanto es as&iacute;, que en once a&ntilde;os no se ha hecho una sola limpieza general. 
    </p><p class="article-text">
        Por si esto no fuera poco, podemos sumarle las altas temperaturas, que tambi&eacute;n se llevan denunciando los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Tomar medidas parece necesario para garantizar el adecuado desarrollo de las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os de la localidad. El silencio administrativo agota cuando est&aacute; en juego la salud de la infancia. Temperaturas superiores a 30 grados en las aulas, comedor sin persianas, falta de espacios de sombra o de recursos que mitiguen la excesiva exposici&oacute;n al sol. Necesitamos soluciones que garanticen unas condiciones de educaci&oacute;n y trabajo dignas, y las necesitamos antes del 9 de septiembre. 
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Higiene y salud, Ayuntamiento de Lardero, Higiene y salud&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Directora del CEIP Villa Patro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/higiene-salud-ayuntamiento-lardero_129_13482773.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 14:25:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Higiene y salud, Ayuntamiento de Lardero]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Colegios,La Rioja,Educación,Profesores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ponemos etiquetas a las personas, pero no las actualizamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ponemos-etiquetas-personas-no-actualizamos_129_13481493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Nos han dicho desde peque&ntilde;os que poner etiquetas a las personas no estaba bien, pero somos un pa&iacute;s de poner etiquetas (&iexcl;no digamos ya de motes!) y esto ocurre, como ya he comentado otras veces, porque nuestro cerebro no puede analizar desde cero a cada persona cada vez que se encuentra con ella, por eso va construyendo mapas que le permiten anticipar c&oacute;mo va a actuar una persona en funci&oacute;n de la experiencia, y nos dice &ldquo;es amable&rdquo;, &ldquo;no te f&iacute;es&rdquo;, &ldquo;no escucha&rdquo; o &ldquo;tiene mal genio&rdquo;. Es la manera que tiene nuestro cerebro de reducir la incertidumbre y ahorrar energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y esas opiniones generalmente las compartimos con otros, lo cual muchas veces tambi&eacute;n es necesario, porque es la manera que tenemos de protegernos como especie. Si el grupo me dice &ldquo;no te f&iacute;es de fulanito&rdquo; est&aacute; evitando que yo y otros seamos v&iacute;ctimas de fulanito. 
    </p><p class="article-text">
        Pero etiquetar supone reducir a alguien en una definici&oacute;n. Entonces, el problema no est&aacute; en poner etiquetas sino en hasta d&oacute;nde definen a la persona en cuesti&oacute;n. No hablo de cuando hay difamaci&oacute;n o mala intenci&oacute;n, hablo de c&oacute;mo afectan esas opiniones que tenemos y hacemos de la gente y que nos parecen &ldquo;normales&rdquo;. Si creo que mi abuela, por ser mayor, es fr&aacute;gil, la excluir&eacute; de algunas conversaciones y eso puede que la haga sentirse in&uacute;til o aislada y me perder&eacute; su sabidur&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso hay que tener en cuenta que estas opiniones o etiquetas van a condicionar c&oacute;mo nos comportemos con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y &iquest;Qu&eacute; pasa cuando esta etiqueta queda obsoleta? 
    </p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a vi que faltaban las llaves de casa de la mesa de la entrada, supuse que un invitado muy querido que est&aacute; pasando las vacaciones con nosotros se las hab&iacute;a llevado. Al momento entr&eacute; en p&aacute;nico. Mi invitado tiene la etiqueta de &ldquo;todo lo pierde&rdquo;, as&iacute; ha sido desde ni&ntilde;o, y mis llaves son complicadas para hacer copias. Cuando lo vi le pregunt&eacute; por las llaves y me confirm&oacute; que se las hab&iacute;a llevado y que estaban en su bolsillo. Me sincer&eacute; mostr&aacute;ndole la preocupaci&oacute;n que hab&iacute;a tenido porque s&eacute; que pierde las cosas constantemente, a lo que me respondi&oacute; muy seriamente &ldquo;llevo cuatro a&ntilde;os sin perder nada&rdquo;. Luego, su madre me confirm&oacute; que hab&iacute;a trabajado para cambiar eso y que as&iacute; era. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que una etiqueta se parece mucho a una fotograf&iacute;a. Puede reflejar c&oacute;mo era alguien, pero las personas no somos una foto, somos una pel&iacute;cula. 
    </p><p class="article-text">
        La pena es que somos muy eficaces conservando opiniones antiguas sobre las personas. Una persona que tuvo dificultades para tomar decisiones en una etapa de su vida y pasa a ser &laquo;el indeciso&raquo;. Otra persona reaccion&oacute; mal en un conflicto y queda convertida en &laquo;la agresiva&raquo;. Alguien necesit&oacute; mucha ayuda cuando lleg&oacute; a un trabajo y, a&ntilde;os despu&eacute;s, quienes lo conocieron entonces siguen trat&aacute;ndolo como si todav&iacute;a no supiera arregl&aacute;rselas solo. No necesariamente existe una mala intenci&oacute;n. Muchas de las etiquetas que m&aacute;s limitan no se hacen para hacer da&ntilde;o, simplemente se instalan, dejan de cuestionarse y empiezan a funcionar como si fueran hechos objetivos. Y ah&iacute; se puede producir una situaci&oacute;n injusta. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, una vez que nos hemos formado una opini&oacute;n sobre alguien, tendemos a fijarnos especialmente en lo que la confirma. Si pensamos que una persona es desorganizada, recordaremos f&aacute;cilmente el d&iacute;a que olvid&oacute; una cita y daremos menos importancia a las ocasiones en las que planific&oacute; bien. Los hechos que contradicen nuestra opini&oacute;n suelen parecernos excepciones y los que la respaldan se convierten en pruebas. De este modo, la etiqueta se va reforzando a s&iacute; misma, incluso cuando la realidad empieza a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; pasa con las etiquetas que nos ponen a nosotros y no nos gustan?.  Decir &laquo;yo ya no soy as&iacute;&raquo; no es suficiente, para cambiarlo hay que entregar evidencia nueva. En coaching decimos &ldquo;la acci&oacute;n mata el juicio&rdquo;, es decir, cambia tu manera de actuar si quieres que los dem&aacute;s cambien determinada opini&oacute;n sobre ti; demuestra con actos que est&aacute;n en un error.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la responsabilidad es compartida. Quien observa debe conservar la disposici&oacute;n a revisar sus etiquetas. Quien ha cambiado debe generar comportamientos que permitan percibir ese cambio. Para actualizar una relaci&oacute;n suelen ser necesarios los dos movimientos: alguien que muestre qui&eacute;n es hoy y alguien dispuesto a dejar de mirar &uacute;nicamente qui&eacute;n fue ayer.
    </p><p class="article-text">
        La pr&oacute;xima vez que pienses &laquo;es que siempre ha sido as&iacute;&raquo; o &laquo;ella nunca cambiar&aacute;&raquo;, quiz&aacute; merezca la pena detenerte un momento y preguntarte: &iquest;estoy mirando a la persona que tengo delante o sigo mirando una fotograf&iacute;a tomada hace a&ntilde;os?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Duro Artiach]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/ponemos-etiquetas-personas-no-actualizamos_129_13481493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2026 09:07:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ponemos etiquetas a las personas, pero no las actualizamos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antropología del diseño, la arquitectura y el marketing]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/antropologia-diseno-arquitectura-marketing_129_13474059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El periodista y escritor Tom Wolfe, en su ensayo <em>&iquest;Qui&eacute;n teme al Bauhaus feroz?</em>, arremet&iacute;a contra lo que percib&iacute;a como la arrogancia de una &eacute;lite modernista &mdash;arquitectos y dise&ntilde;adores que, desde sus atalayas de cristal y acero, impon&iacute;an un nuevo orden est&eacute;tico al mundo. Para Wolfe, este era un poder vertical, casi teol&oacute;gico, ejercido por <em>diosecillos blancos</em> cuyo evangelio de formas puras transformaba no solo los paisajes urbanos, sino tambi&eacute;n los h&aacute;bitos y sensibilidades de quienes los habitaban. Su cr&iacute;tica era mordaz: el dise&ntilde;o como imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta cr&iacute;tica no puede entenderse sin recordar qu&eacute; fue la Bauhaus (1919-1933) y su legado. Fundada por Walter Gropius, la escuela promovi&oacute; la fusi&oacute;n entre arte, artesan&iacute;a y tecnolog&iacute;a bajo la m&aacute;xima <em>la forma sigue a la funci&oacute;n</em>. Su enfoque racionalista y su est&eacute;tica minimalista &mdash;defendida por figuras como Mies van der Rohe y Le Corbusier&mdash; se export&oacute; tras su cierre, especialmente a Estados Unidos, donde dio forma al <em>International Style</em>. Este estilo domin&oacute; el <em>skyline</em> de ciudades como Nueva York y Chicago, con rascacielos de l&iacute;neas limpias y fachadas de vidrio que simbolizaban progreso, universalismo y eficiencia capitalista. Sin embargo, como criticar&iacute;a m&aacute;s tarde la propia antropolog&iacute;a del dise&ntilde;o, este <em>estilo internacional</em> era, en realidad, profundamente local: un producto cultural occidental, blanco y masculino, que se impon&iacute;a como neutral y universal, borrando otras formas de habitar y construir. Jane Jacobs, en su obra fundamental <em>Muerte y vida de las grandes ciudades americanas</em> (1961), ya denunci&oacute; c&oacute;mo esta planificaci&oacute;n vertical y segregadora destru&iacute;a el tejido social vivo de los barrios.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la mirada de la antropolog&iacute;a del dise&ntilde;o &mdash;una disciplina que dialoga con la <em>Teor&iacute;a del Actor-Red</em> (TAR) del soci&oacute;logo Bruno Latour&mdash; ampl&iacute;a y profundiza la cr&iacute;tica. No se limita a la est&eacute;tica o a la funci&oacute;n, sino que analiza el dise&ntilde;o como una pr&aacute;ctica cultural y pol&iacute;tica profundamente encarnada. Pregunta, como har&iacute;a un antrop&oacute;logo, por las relaciones de poder, los significados simb&oacute;licos y las consecuencias sociales materializadas en objetos, espacios e <em>interfaces</em>. Esta mirada revela algo m&aacute;s insidioso que la mera imposici&oacute;n est&eacute;tica de la que hablaba Wolfe: un poder que ya no baja desde el estudio del arquitecto, sino que se disuelve en cada objeto cotidiano. Ya no se trata solo de un poder vertical, sino de tecnolog&iacute;as de poder entretejidas en la trama misma de lo cotidiano. Esta perspectiva se nutre tambi&eacute;n de visiones decoloniales, como las de Arturo Escobar en su libro <em>Dise&ntilde;os para el pluriverso</em> (2018), que cuestionan el dise&ntilde;o occidental como &uacute;nico camino y abogan por <em>ontolog&iacute;as relacionales</em> que reconozcan otras formas de conocimiento y habitar. A esta cr&iacute;tica se suma la fil&oacute;sofa Mar&iacute;a Lugones, cuyo concepto de <em>colonialidad del g&eacute;nero</em> revela c&oacute;mo el dise&ntilde;o moderno/colonial ha sido una herramienta clave para imponer no solo un orden espacial y material, sino tambi&eacute;n una jerarqu&iacute;a corporal, sexual y racial que naturaliza la exclusi&oacute;n y fragmenta los modos de estar en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Wolfe se burlaba de la silla Barcelona como s&iacute;mbolo de un dogma est&eacute;tico. Hoy, el s&iacute;mbolo es m&aacute;s mundano y penetrante: el tel&eacute;fono inteligente sellado, dise&ntilde;ado para fallar (obsolescencia programada), para no ser reparado y para crear adicci&oacute;n mediante <em>interfaces</em> que emulan las tragamonedas &mdash;un patr&oacute;n documentado por investigadores como Natasha Dow Sch&uuml;ll en su obra <em>Addiction by Design</em> (2012)&mdash;. Este <em>dise&ntilde;o extractivo</em> no solo genera consumidores perpetuos; nos despoja de autonom&iacute;a material y fomenta una relaci&oacute;n infantilizada con la tecnolog&iacute;a. La jaula, aqu&iacute;, no la construye solo un arquitecto en su estudio; la construimos nosotros al aceptar la dependencia como precio de la comodidad, desvalorizando el conocimiento pr&aacute;ctico que nos har&iacute;a libres.
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica se espacializa de forma brutal en el urbanismo, un campo donde la psicogeograf&iacute;a &mdash;t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por el situacionista Guy Debord para describir el estudio de los efectos precisos del entorno geogr&aacute;fico sobre las emociones y el comportamiento&mdash; ofrece una lente clave. Wolfe criticaba la uniformidad impuesta por el <em>International Style</em>, pero hoy enfrentamos una topograf&iacute;a m&aacute;s agresiva y psicol&oacute;gicamente cargada. La <em>arquitectura hostil</em> &mdash;bancos con divisores, pinchos en cornisas&mdash; es un dise&ntilde;o que literalmente expulsa a los pobres y sin hogar de la vista p&uacute;blica. Es la ant&iacute;tesis del espacio p&uacute;blico: un poder que no modela el gusto, sino que niega la existencia misma. Su contraparte <em>elegida</em> es el <em>urbanismo de la seguridad privatizada</em>: urbanizaciones cerradas, comunidades valladas. Este dise&ntilde;o segrega por clase como una caracter&iacute;stica, no un error, y fractura el espacio com&uacute;n. Si los arquitectos de Wolfe dise&ntilde;aban <em>para</em> la gente (aunque fuera desde la arrogancia), estos dise&ntilde;os urbanos dise&ntilde;an <em>contra</em> la gente, o al menos contra una parte de ella. Y, sin embargo, su &eacute;xito reside en que muchos eligen voluntariamente este autoencierro, movidos por un miedo internalizado y mercantilizado, tal como analiza la ge&oacute;grafa feminista Leslie Kern en <em>Feminist City</em> (2019), al se&ntilde;alar c&oacute;mo el dise&ntilde;o urbano a menudo refleja y reproduce din&aacute;micas de g&eacute;nero, clase y raza. En esta l&iacute;nea, la historiadora y te&oacute;rica feminista Silvia Federici &mdash;en obras como <em>Calib&aacute;n y la bruja</em> (2004) y <em>El patriarcado del salario</em> (2018)&mdash; nos recuerda que la expropiaci&oacute;n de los comunes y la divisi&oacute;n sexual del trabajo sentaron las bases materiales para un dise&ntilde;o que segrega, controla y mercantiliza la vida cotidiana, transformando lo que antes era colectivo en cercado y transable.
    </p><p class="article-text">
        En este paisaje, los centros comerciales se erigen como <em>catedrales del consumo</em>: pseudo-p&uacute;blicos que imitan la plaza con fuentes y bancos, pero donde la conducta est&aacute; estrictamente controlada por la propiedad privada. Reemplazan el &aacute;gora democr&aacute;tica por un simulacro mercantil, un fen&oacute;meno estudiado por la soci&oacute;loga Sharon Zukin en <em>The Cultures of Cities</em> (1995). Y es aqu&iacute; donde el marketing, la <em>ingenier&iacute;a del deseo y la identidad</em>, sella los barrotes de la jaula. Ya no anuncia productos; construye mundos y normaliza estilos de vida. El <em>mito del emprendedor</em> vende la precariedad laboral como libertad heroica. El <em>wellness como moral</em> convierte la obsesi&oacute;n por un cuerpo sano y productivo en un camino de autorrealizaci&oacute;n &eacute;tica, ocultando su funci&oacute;n de optimizaci&oacute;n para el mercado, un proceso que la te&oacute;rica feminista Rosalind Gill analiza en el contexto de la cultura del <em>empoderamiento</em> neoliberal. El <em>consumo &eacute;tico</em> permite a las clases medias ilustradas un lavado de conciencia, sinti&eacute;ndose bien al comprar sin cuestionar el modelo de sobreproducci&oacute;n y extracci&oacute;n, una din&aacute;mica que el acad&eacute;mico Raj Patel, autor de <em>Cuando nada vale nada</em>, critica como la forma en que el mercado convierte incluso la justicia social en una casilla m&aacute;s que marcar en el recibo y que la te&oacute;rica pol&iacute;tica Nancy Fraser enmarca en su an&aacute;lisis de un <em>capitalismo can&iacute;bal</em>: un sistema que devora las bases mismas de la vida social, la naturaleza y la capacidad de cuidado, convirtiendo en nicho de mercado incluso la cr&iacute;tica &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;mites &eacute;ticos de este marketing son profundos y est&aacute;n documentados. El neuromarketing explota respuestas cerebrales involuntarias; la segmentaci&oacute;n algor&iacute;tmica, como revel&oacute; una investigaci&oacute;n de <em>ProPublica</em> en 2016, ha permitido discriminaci&oacute;n en publicidad al permitir a anunciantes excluir por <em>etnias afines</em>; el <em>greenwashing</em> enga&ntilde;a a consumidores con falsas promesas de sostenibilidad, una pr&aacute;ctica constatada en un bar&oacute;metro de 2021 de la Comisi&oacute;n Europea, que hall&oacute; que el 42% de las declaraciones ambientales en l&iacute;nea eran exageradas o falsas. Como admiti&oacute; Sean Parker, expresidente de Facebook, estas plataformas se dise&ntilde;aron para explotar <em>una vulnerabilidad en la psicolog&iacute;a humana</em>. Este no es el poder dogm&aacute;tico y visible que ridiculizaba Wolfe; es un poder l&iacute;quido, adaptativo, que moldea el deseo en su origen y convierte la vida &iacute;ntima en un campo de persuasi&oacute;n comercial.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta maquinaria surge una resistencia desde el dise&ntilde;o cr&iacute;tico y los comunes, a menudo inspirada por perspectivas feministas y decoloniales que priorizan el cuidado, la reproducci&oacute;n de la vida y los saberes locales sobre la l&oacute;gica extractiva. El movimiento <em>Right to Repair</em>, con victorias legislativas recientes en la Uni&oacute;n Europea y algunos estados de EE.UU., lucha por devolver el control y la durabilidad a los usuarios, desafiando la obsolescencia programada.
    </p><p class="article-text">
        Esta resistencia es tambi&eacute;n profundamente local, encarnada y globalmente conectada. Colectivos como Assemble en Londres, ganadores del Turner Prize en 2015, practican una arquitectura comunitaria y participativa que recupera solares abandonados para crear espacios como el Granby Four Streets, donde los vecinos coproducen sus viviendas y talleres. En Barcelona, las experiencias de urbanismo feminista &mdash;como las supermanzanas o los planes de cercan&iacute;a&mdash; redise&ntilde;an la ciudad desde la l&oacute;gica de los cuidados, priorizando la peatonalizaci&oacute;n, los encuentros casuales y la seguridad frente a la velocidad del tr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Estas pr&aacute;cticas no surgen en el vac&iacute;o. Hace apenas una d&eacute;cada, conceptos como urbanismo t&aacute;ctico, ciudades cuidadas y acupuntura urbana irrumpieron en la agenda pol&iacute;tica municipalista, especialmente en Espa&ntilde;a. Inspirados por el movimiento <em>Tactical Urbanism</em> y por pensadores como Mike Lydon o Jaime Lerner, estos enfoques propon&iacute;an intervenciones r&aacute;pidas, de bajo coste y alta participaci&oacute;n para transformar espacios p&uacute;blicos de manera reversible y experimental. Pintar un cruce peatonal, instalar bancos con pal&eacute;s, plantar macetas o peatonalizar una calle temporalmente eran gestos que buscaban demostrar que otra ciudad era posible antes de hacerla permanente. Fue una pol&iacute;tica del prototipo, donde la ciudadan&iacute;a no era solo consultada, sino que se convert&iacute;a en codesarrolladora del espacio. Esta ola, visible en pol&iacute;ticas de ayuntamientos como los de Madrid, Barcelona o Valencia entre 2015 y 2019, mostr&oacute; que la resistencia al dise&ntilde;o hostil pod&iacute;a institucionalizarse como innovaci&oacute;n democr&aacute;tica. Sin embargo, tambi&eacute;n revel&oacute; sus l&iacute;mites: cuando estas experiencias no se consolidaban en cambios estructurales o se cooptaban como mera est&eacute;tica de participaci&oacute;n, el riesgo era que la t&aacute;ctica se quedara en decoraci&oacute;n, sin alterar las jerarqu&iacute;as profundas del poder urbano.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta batalla por el espacio es tambi&eacute;n, y sobre todo, una guerra contra la imaginaci&oacute;n. El dise&ntilde;o extractivo no se limita a extraer recursos o tiempo de atenci&oacute;n; extrae futuros posibles. Al sellar los tel&eacute;fonos, vallar o aislar los barrios y mercantilizar cada deseo, lo que se cerca es la capacidad de imaginar otros mundos materiales, otras formas de convivir. El urbanismo hostil es la cartograf&iacute;a f&iacute;sica de esa clausura cognitiva: un paisaje que ense&ntilde;a, d&iacute;a a d&iacute;a, que no hay alternativa. Por eso, resistir desde el dise&ntilde;o no es solo una cuesti&oacute;n de accesos o reparaciones; es un acto de imaginaci&oacute;n radical, una reapropiaci&oacute;n de la capacidad de proyectar lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, el barrio de Los Lirios del Iregua en Logro&ntilde;o libra una batalla urbana que es un manual vivo de esta antropolog&iacute;a del dise&ntilde;o aplicada &mdash;y un mapa preciso de c&oacute;mo se libra la guerra contra la imaginaci&oacute;n en el territorio. Su topograf&iacute;a hostil puede esquematizarse as&iacute;: 1. La amputaci&oacute;n metropolitana: el barrio forma parte de un conjunto de nueve barrios que han quedado amputados del centro de Logro&ntilde;o por una circunvalaci&oacute;n obsoleta (la LO-20 y la A-13), una infraestructura que act&uacute;a m&aacute;s como frontera que como conector. 2. El peligro lineal: dentro de este enclave, el camino escolar m&aacute;s directo hacia la ciudad es una franja peatonal a pie de esa autov&iacute;a, donde conviven ni&ntilde;os, mayores y carritos con tr&aacute;fico pesado y mercanc&iacute;as peligrosas (ese trazado vial est&aacute; integrado en el circuito RIMP). 3. Los bloques herm&eacute;ticos: a ambos lados, dos mega-manzanas act&uacute;an como murallas: al oeste, la parcela del Seminario Diocesano (m&aacute;s de 140.000 m&sup2;); al norte, el Centro Comercial Berceo (96.500 m&sup2; de superficie construida). 4. Los desv&iacute;os forzados: para evitarlo, las alternativas circunvalar esas infraestructuras o cruzar una plazuela comercial y una pasarela privada que pertenecen al centro comercial, internalizando as&iacute; la l&oacute;gica del pseudo-p&uacute;blico mercantil. La cronolog&iacute;a de la reivindicaci&oacute;n vecinal es tan elocuente como el propio dise&ntilde;o hostil. En 2015, el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o y el Gobierno de La Rioja aprobaron para el barrio un colegio &mdash;todav&iacute;a sin construir&mdash; y un centro de salud que abri&oacute; sus puertas sin m&eacute;dico ni enfermera de cabecera asignados. Entre 2017 y 2019, la asociaci&oacute;n de vecinos denunci&oacute; ante el Seprona, Adif, el Ayuntamiento y el Gobierno de La Rioja que trenes con mercanc&iacute;as peligrosas &mdash;cloro l&iacute;quido entre ellas&mdash; realizaban paradas prolongadas a menos de diez metros de las viviendas, a escasos veinte metros del solar donde estaba previsto ese mismo centro de salud; llevaron el caso hasta Bruselas antes de lograr que se eliminaran las paradas t&eacute;cnicas en la zona. En 2023, la misma asociaci&oacute;n capitane&oacute; la reivindicaci&oacute;n de una farmacia para el barrio, y consigui&oacute; que se abriera esa (2024), dos m&aacute;s en Logro&ntilde;o y otra en Haro. No son victorias completas &mdash;el colegio sigue sin construirse, el centro de salud sigue sin personal fijo&mdash;, pero trazan el mapa de una comunidad que no se ha limitado a sufrir el dise&ntilde;o hostil, sino que lo ha ido desmontando pieza a pieza, con denuncias, con Bruselas de por medio, con una farmacia conseguida a pulso.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esto, la asociaci&oacute;n de vecinos no solo reclama servicios p&uacute;blicos y accesos seguros; reclama el uso l&uacute;dico y libre de sus calles, transformando la demanda de infraestructura en una reivindicaci&oacute;n de soberan&iacute;a urbana. Su lucha no es aislada; est&aacute; enraizada en una fuerte articulaci&oacute;n vecinal y social, conocida por las fiestas comunitarias y el buen ambiente que ha cohesionado al barrio. Al igual que en Londres o Barcelona, los vecinos de Los Lirios est&aacute;n redise&ntilde;ando desde abajo el c&oacute;digo hostil de un urbanismo que los margin&oacute;, en un acto de desobediencia civil urbana cotidiana y persistente: un proceso de reapropiaci&oacute;n colectiva del espacio que demuestra que otra ciudad es posible cuando la comunidad se organiza.
    </p><p class="article-text">
        Otras formas de desobediencia civil urbana &mdash;colchones sobre pinchos, guerras de jardiner&iacute;a&mdash; reclaman f&iacute;sicamente la ciudad para todos reescribiendo con actos concretos el c&oacute;digo hostil del espacio, una pr&aacute;ctica que recuerda a las t&aacute;cticas de los situacionistas para desviar (<em>d&eacute;rive</em>) el uso previsto de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta de Wolfe era, en el fondo, qui&eacute;n tem&iacute;a al poder feroz del dise&ntilde;ador. La antropolog&iacute;a del dise&ntilde;o, con sus miradas feministas, decoloniales y psico-geogr&aacute;ficas &mdash;y ejemplos concretos desde Londres y Barcelona hasta Logro&ntilde;o&mdash;, nos lleva a una pregunta m&aacute;s inquietante y esperanzadora: &iquest;qui&eacute;n teme al usuario consciente, a la comunidad que, dejando de ser un mero consumidor, empieza a reparar, a habitar en com&uacute;n, a desear y a dise&ntilde;ar de otra manera? Leer el mundo con esta mirada rigurosa y cr&iacute;tica no es solo un ejercicio intelectual; es el primer paso para desmontar la jaula, cuyos barrotes hemos ayudado a erigir. El verdadero <em>Bauhaus feroz</em> ya no es una escuela de dise&ntilde;o hist&oacute;rica; es la l&oacute;gica extractiva, colonial y patriarcal invisible que habita el bolsillo, el barrio y el sue&ntilde;o de cada uno. Y reescribir su c&oacute;digo exige algo m&aacute;s que rechazar un estilo: exige recuperar, colectivamente, la soberan&iacute;a sobre lo material, lo espacial y lo imaginario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/antropologia-diseno-arquitectura-marketing_129_13474059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 07:05:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Antropología del diseño, la arquitectura y el marketing]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nunca me aburro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aburro_129_13470990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Tengo que reconocer que hay ocasiones en que me aburro.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, mis vacaciones de verano no van a tener playa, ni grandes viajes, ni planes programados de antemano. Y, al principio, reconozco que contemplaba con cierto temor la posibilidad de que el aburrimiento acabara apoder&aacute;ndose de alguno de esos d&iacute;as que, precisamente por ser de vacaciones, deber&iacute;an servir para descansar.
    </p><p class="article-text">
        Estamos tan acostumbrados a llenar nuestros d&iacute;as que, cuando de repente no tenemos nada que hacer, parece que algo no funciona. Una ma&ntilde;ana sin planes. Una tarde demasiado larga. Un d&iacute;a en el que no ocurre nada especial.  Y entonces aparece esa pregunta inc&oacute;moda:  - &iquest;Y ahora qu&eacute; hago?
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, poco antes de morir, mantuve una conversaci&oacute;n con mi padre que estos d&iacute;as he recordado varias veces. Hab&iacute;a cumplido ya 103 a&ntilde;os, sus limitaciones f&iacute;sicas le imped&iacute;an hacer muchas de las cosas con las que antes ocupaba su tiempo como leer, escribir, investigar, pasear..., as&iacute; que pasaba buena parte del d&iacute;a sentado en su sill&oacute;n, aparentemente ensimismado en sus pensamientos.  Aquella tarde le pregunt&eacute;: 
    </p><p class="article-text">
         - &iquest;Te aburres?  Me respondi&oacute; inmediatamente: 
    </p><p class="article-text">
         - No.
    </p><p class="article-text">
        - Pero nunca te aburres? , insist&iacute;.
    </p><p class="article-text">
         - No. Nunca me aburro. Siempre encuentro algo en que ocuparme.
    </p><p class="article-text">
        Entonces le pregunt&eacute; c&oacute;mo lo hac&iacute;a. Me mir&oacute; como si la respuesta fuera abolutamente evidente y dijo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Vivo el momento.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Desde entonces he pensado muchas veces en aquella frase. Quiz&aacute; porque yo no siempre s&eacute; hacerlo. Cuando no consigo concentrarme en lo que estoy haciendo, todo se me hace m&aacute;s pesado. Incluso cuando no hago nada, puedo llegar a sentir que estoy perdiendo el tiempo. Como si cada minuto tuviera que estar ocupado por algo &uacute;til, entretenido o productivo.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; una de las razones por las que nos cuesta tanto aburrirnos. No sabemos estar sin hacer nada. Vivimos rodeados de est&iacute;mulos. Miramos el tel&eacute;fono mientras esperamos un caf&eacute;, escuchamos algo mientras caminamos, encendemos una pantalla cuando tenemos dos minutos libres y buscamos inmediatamente qu&eacute; hacer cuando aparece un hueco inesperado. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos convertido el tiempo vac&iacute;o en una especie de enemigo. Por eso las vacaciones pueden ser una buena oportunidad para enfrentarnos a &eacute;l.  Porque quiz&aacute; aburrirse de vez en cuando no sea necesariamente algo malo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea simplemente una se&ntilde;al. Una invitaci&oacute;n a detenernos y preguntarnos por qu&eacute; estamos aburridos. Qu&eacute; necesitamos. Qu&eacute; nos apetece. Qu&eacute; hemos dejado pendiente. Qu&eacute; nos gustar&iacute;a recuperar. O, sencillamente, qu&eacute; podemos hacer con ese rato que de repente tenemos delante.
    </p><p class="article-text">
        A veces la respuesta ser&aacute; algo tan poco extraordinario como ordenar un armario, planchar, cuidar las plantas, leer unas p&aacute;ginas de un libro, escribir, pasear o retomar aquella peque&ntilde;a tarea que llevamos meses aplazando. Y otras veces puede que decidamos no hacer absolutamente nada. Tambi&eacute;n eso puede estar bien. Porque no todo el tiempo improductivo tiene que ser tiempo perdido. Hay una gran diferencia entre perder el tiempo y disponer de &eacute;l. Decidir, conscientemente, qu&eacute; hacer con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que cuando siento que empieza a rondarme el aburrimiento, intento recordar las palabras de mi padre: vivir el momento. No escapar inmediatamente de esa sensaci&oacute;n buscando cualquier cosa que la haga desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Quedarme un poco ah&iacute;. Mirar, escuchar, pensar... Y, a veces, ocurre algo curioso, porque cuando dejo de intentar combatir el aburrimiento, descubro que quiz&aacute; no estaba aburrido.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; simplemente estaba desacostumbrado a estar conmigo mismo. En esos momentos aparecen pensamientos que normalmente no tienen sitio en mi agenda. Ideas que no hab&iacute;a considerado. Recuerdos. Preguntas. Incluso proyectos que cre&iacute;a olvidados.
    </p><p class="article-text">
        El aburrimiento se convierte entonces en una oportunidad para vivir alerta, para acoger con agradecimiento todo lo que de bueno me proporciona la vida y para organizarme, ver las cosas m&aacute;s claras y tomar decisiones de cara al futuro m&aacute;s inmediato.  Vivir el momento, me permite ser consciente incluso del riesgo que conlleva aburrirme y darme cuenta de que su significado, positivo o negativo, solo va a depender del valor que yo mismo le otorgue.
    </p><p class="article-text">
        No siempre lo consigo, pero es cierto que el silencio deja espacio para que aparezcan cosas que el ruido cotidiano mantiene escondidas. Por eso empiezo a pensar que las vacaciones no deber&iacute;an medirse solamente por el tiempo que pasamos en la playa, por los lugares que visitamos, las cosas que hacemos o las experiencias que acumulamos. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n deber&iacute;an medirse por los momentos en los que no ocurre nada. Por esas horas que no estaban previstas. Por esa tarde en la que no sabemos muy bien qu&eacute; hacer. Por ese rato en el que podemos mirar alrededor, mirar con atenci&oacute;n a quien vive a nuestro lado y darnos cuenta, ser conscientes de que, en realidad, tenemos mucho, much&iacute;simo m&aacute;s de lo que cre&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre, con 103 a&ntilde;os y sentado en su sill&oacute;n, probablemente ten&iacute;a muchas menos posibilidades que cualquiera de nosotros para llenar un d&iacute;a. Y, sin embargo, no se aburr&iacute;a. No porque tuviera m&aacute;s cosas que hacer, sino porque sab&iacute;a estar donde estaba. Porque viv&iacute;a con plena consciencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa sea una de las cosas que m&aacute;s necesitamos recuperar. Aprender que no todos los huecos de nuestra vida necesitan ser rellenados. Que no todas las horas tienen que producir algo. Que no todo silencio necesita una pantalla.  Y que una tarde aparentemente vac&iacute;a puede esconder una conversaci&oacute;n pendiente con nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que este agosto, cuando el aburrimiento amenaza, en lugar de preguntarme qu&eacute; puedo hacer para que desaparezca, trato de preguntarme qu&eacute; quiere decirme.  Y recordando a mi padre (&ldquo;Vivo el momento.&rdquo;), encuentro respuestas que me sorprenden.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, a veces, las respuestas m&aacute;s sencillas son las que m&aacute;s tiempo nos lleva aprender.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/aburro_129_13470990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 15:02:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nunca me aburro]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 52: Ceuta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-52-ceuta_129_13470161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de humanidad que se origin&oacute; en Ceuta el pasado 30 de julio, cuando 80.000 personas se abalanzaron sobre la frontera de Marruecos con Espa&ntilde;a y entraron en nuestro pa&iacute;s ha degenerado hasta tal punto que hoy 26 de agosto es una grave crisis de gobierno con repercusiones directas en toda la ciudadan&iacute;a, especialmente en los vecinos de Ceuta y en los extranjeros que pululan por sus calles, sin que quienes est&aacute;n en la obligaci&oacute;n de hacerlo les den un techo habitacional y tres comidas al d&iacute;a. Las dos cosas, el alojamiento y la alimentaci&oacute;n, Espa&ntilde;a lo puede proporcionar sin ning&uacute;n esfuerzo econ&oacute;mico. Una vez alojados con los mayores se puede proceder a todo lo dem&aacute;s a la identificaci&oacute;n, al pa&iacute;s de procedencia, a la situaci&oacute;n de cada uno de ellos y a poner en marcha los tr&aacute;mites de repatriaci&oacute;n o de asilo, si las causas por las que han pasado a Espa&ntilde;a son pol&iacute;ticas o de guerra en sus territorios de origen.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En cuanto a los ni&ntilde;os, esos menores 26 d&iacute;as despu&eacute;s ten&iacute;an que estar ya en territorio peninsular.</strong> Alojados en internados, jugando en patios y calles, comiendo cinco veces al d&iacute;a e incluso recibiendo clases de alfabetizaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a hay edificios que fueron grandes colegios con grandes internados que con muy poco acondicionamiento podr&iacute;an recibir a esos menores. Hay ONGs y Asociaciones de voluntarios que est&aacute;n esperando a que les digan cuando pueden empezar.
    </p><p class="article-text">
        Ya s&eacute; que esta medida la rechazan de lleno muchas instituciones y colectivos sociales. No he dicho que sea algo definitivo. <strong>S&iacute; me gustar&iacute;a que fuese una soluci&oacute;n transitoria</strong>. Tambi&eacute;n estoy convencida de que entre andar sin rumbo por las calles y tener una cama y un techo en el que descansar la diferencia es enorme, adem&aacute;s el trabajo de los funcionarios ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil y r&aacute;pido. Ni que decir tiene que cuando la emergencia apremia, los tr&aacute;mites se agilizan. Si los gobiernos no lo hacen es porque no saben hacerlo, porque no tienen ni idea, <strong>porque sus asesores son te&oacute;ricos de mucho m&aacute;ster y poco oficio</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; la cuesti&oacute;n de humanidad. En cuanto a la crisis de gobierno&hellip; Esa no tiene nombre, ni apellidos. Los ministros Robles y Marlaska ofreciendo versiones contrarias del mismo hecho. &iexcl;Por favor!. Alguno de los dos est&aacute; mintiendo.<strong> &iquest;Qu&eacute; actuaci&oacute;n pol&iacute;tica es esa?: es una actuaci&oacute;n chapucera. Que el presidente Pedro S&aacute;nchez vaya a comparecer en el Congreso el 3 de septiembre es vergonzoso y que la gran Europa con su presidenta Ursula Von der Leyen al frente sean tan cobardes es para sentir verg&uuml;enza. Del rey de Marruecos, de su Gobierno y de su gran aliado EEUU, resaltar su coherencia: </strong>act&uacute;an<strong> como piensan. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; he escrito con las tripas. Es verdad. Tambi&eacute;n con la raz&oacute;n. Esta &uacute;ltima me ampara.<strong> Ahora voy con la soluci&oacute;n pol&iacute;tica: Pedro S&aacute;nchez tiene que dimitir ya</strong>. No tiene que convocar elecciones. S&iacute; dejar que la presidencia la asuma otra persona: Carlos Cuerpo, vicepresidente primero, Sara Aagesen, vicepresidenta tercera&hellip; Cualquiera de los dos har&iacute;a un buen trabajo. Son j&oacute;venes y est&aacute;n preparados y capacitados. Para que esto se consiga el PSOE tiene que dar grandes muestras de generosidad y aceptar que ahora mismo el gobierno de S&aacute;nchez y el partido que fund&oacute; Pablo Iglesias, est&aacute;n acorralados, sobrepasados y tan exhaustos que no pueden seguir as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No soy partidaria de unas elecciones generales inmediatas porque la alternativa ultraderechista del PP y VOX me aterran. <strong>Me da tanto miedo el resurgimiento del nazismo que, en espa&ntilde;ol castizo, sigue siendo franquismo,</strong> que aludiendo a la Utop&iacute;a de esta columna abogo por unos meses de transici&oacute;n hasta las elecciones generales. En la esperanza de que encontremos o encuentren una soluci&oacute;n a tanto desprop&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que mi amiga Tere Alonso estar&iacute;a de acuerdo con el final de esta Utop&iacute;a. Lo anterior lo habr&iacute;a dicho con la elegancia que le ha caracterizado. En lo esencial, sobre todo en lo pol&iacute;tico, siempre hemos estado de acuerdo. En la expresi&oacute;n verbal, hemos sido el d&iacute;a y la noche. Y durante este verano hemos tenido ocasi&oacute;n de hablarlo. 
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Va por ti, Tere!. Un beso enorme. Hasta siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-52-ceuta_129_13470161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 10:52:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 52: Ceuta]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el miedo empieza a decidir por nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/miedo-empieza-decidir_129_13466577.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">CEESRIOJA reivindica una sociedad capaz de defender la seguridad sin renunciar a los derechos humanos, recuperar el valor del consenso y seguir creyendo, incluso en tiempos de fractura y desconfianza, en la dignidad y la capacidad de encuentro del ser humano</p></div><p class="article-text">
        Hay algo m&aacute;s peligroso que tener miedo: acostumbrarnos a vivir gobernados por &eacute;l. El miedo es humano. Nos protege, nos avisa, nos hace prudentes. Todos hemos sentido alguna vez esa necesidad de buscar refugio cuando creemos que algo amenaza nuestra seguridad, nuestra familia o nuestra forma de vida.
    </p><p class="article-text">
        El problema comienza cuando alguien descubre que ese miedo tambi&eacute;n puede utilizarse para decidir por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Entonces dejamos de preguntarnos qu&eacute; es justo y comenzamos a preguntarnos &uacute;nicamente qui&eacute;n es de los nuestros. Y ah&iacute; empieza todo.
    </p><p class="article-text">
        Empiezan las vidas que parecen valer m&aacute;s que otras. Las v&iacute;ctimas que tienen nombre, rostro y biograf&iacute;a frente a aquellas que apenas llegan hasta nosotros convertidas en cifras. Empiezan las fronteras morales. Los muertos propios y los muertos ajenos. La violencia que condenamos y aquella que aprendemos a justificar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; una de las grandes preguntas de nuestro tiempo sea precisamente esta: &iquest;somos capaces de defender nuestros principios cuando hacerlo resulta inc&oacute;modo?
    </p><p class="article-text">
        Porque los derechos humanos son relativamente f&aacute;ciles de defender cuando hablamos de las personas con las que estamos de acuerdo. Su verdadero valor aparece cuando debemos reconocerlos tambi&eacute;n en quien piensa distinto, pertenece a otra cultura, profesa otra religi&oacute;n o vive al otro lado de una frontera. Por eso debemos ser capaces de sostener varias verdades al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Los asesinatos y secuestros perpetrados por Ham&aacute;s el 7 de octubre de 2023 fueron atroces y merecen una condena inequ&iacute;voca. Las personas tomadas como rehenes y sus familias merecen justicia. Y reconocerlo no deber&iacute;a impedirnos mirar el sufrimiento de la poblaci&oacute;n palestina. No tenemos que elegir qu&eacute; dolor merece conmovernos.
    </p><p class="article-text">
        Podemos rechazar el terrorismo y exigir al mismo tiempo que cualquier Estado respete el derecho internacional humanitario. Podemos preocuparnos por la seguridad de Israel y defender la dignidad y la vida de los palestinos. Podemos criticar severamente al r&eacute;gimen iran&iacute; sin asumir que bombardear preventivamente otro pa&iacute;s deba convertirse en una herramienta normal de las relaciones internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Esto no deber&iacute;a ser una cuesti&oacute;n de izquierdas o derechas. Deber&iacute;a ser una cuesti&oacute;n de humanidad. Porque el d&iacute;a en que aceptemos que nuestros principios cambien dependiendo de qui&eacute;n lanza el misil, qui&eacute;n cruza la frontera o qui&eacute;n ocupa el despacho estaremos dejando de defender principios. Estaremos defendiendo intereses.
    </p><p class="article-text">
        Y el derecho internacional naci&oacute; precisamente para evitar eso: que la fuerza terminase convirti&eacute;ndose en la &uacute;nica raz&oacute;n. Tambi&eacute;n debemos aprender a separar algo que demasiadas veces mezclamos. Un Gobierno no es un pueblo y una religi&oacute;n no es un Gobierno. Una ciudadan&iacute;a no puede hacerse responsable colectivamente de las decisiones de sus dirigentes.
    </p><p class="article-text">
        Criticar las pol&iacute;ticas del Gobierno de Benjamin Netanyahu no autoriza ninguna forma de antisemitismo. Cuestionar las decisiones de Donald Trump no convierte en responsables a millones de estadounidenses. Denunciar la represi&oacute;n del r&eacute;gimen iran&iacute; no significa se&ntilde;alar a su ciudadan&iacute;a. Y combatir el terrorismo jam&aacute;s puede justificar convertir a millones de musulmanes en sospechosos.
    </p><p class="article-text">
        Parece elemental. Pero quiz&aacute; necesitemos recordarlo m&aacute;s que nunca. Porque cuando una sociedad empieza a construir enemigos colectivos resulta mucho m&aacute;s sencillo dejar de mirar personas y comenzar a mirar etiquetas.
    </p><p class="article-text">
        Musulm&aacute;n. Jud&iacute;o. Migrante. Palestino. Israel&iacute;. Marroqu&iacute;. Europeo. Refugiado. Palabras capaces de esconder algo infinitamente m&aacute;s importante: detr&aacute;s hay seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Personas que quieren llegar a casa. Madres que esperan una llamada. Ni&ntilde;os que quieren jugar. J&oacute;venes que desean estudiar. Familias que tienen miedo. Personas que aman, sufren, se equivocan y sue&ntilde;an exactamente igual que nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Trabajo desde hace muchos a&ntilde;os en la Educaci&oacute;n Social y quiz&aacute; por eso me resulta dif&iacute;cil renunciar a una convicci&oacute;n sencilla: las personas somos mucho m&aacute;s que la peor etiqueta que alguien pueda colocarnos.
    </p><p class="article-text">
        Lo aprendemos constantemente en nuestros barrios, centros educativos, proyectos sociales y espacios de convivencia. Cuando las personas se encuentran de verdad, muchos prejuicios empiezan a resultar rid&iacute;culos. Y esa peque&ntilde;a experiencia cotidiana contiene, probablemente, una enorme lecci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Europa tambi&eacute;n tiene que decidir qu&eacute; quiere ser. Puede convertirse en una fortaleza asustada, obsesionada con encontrar amenazas fuera mientras erosiona lentamente los valores que dice proteger. O puede intentar algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil: defender su seguridad sin renunciar a la dignidad humana, exigir responsabilidades sin deshumanizar pueblos y reclamar el cumplimiento del derecho internacional con independencia de qui&eacute;n sea nuestro aliado.
    </p><p class="article-text">
        La coherencia cuesta. Tambi&eacute;n para Espa&ntilde;a. No podemos exigir escrupuloso respeto a nuestra soberan&iacute;a territorial y mirar hacia otro lado cuando la legalidad internacional afecta a otras poblaciones. Ceuta y Melilla merecen toda la protecci&oacute;n jur&iacute;dica y democr&aacute;tica del Estado espa&ntilde;ol. Tambi&eacute;n merecen respeto los derechos del pueblo palestino y del pueblo saharaui.
    </p><p class="article-text">
        Los principios tienen una caracter&iacute;stica inc&oacute;moda: para que sean principios deben servir para todos. S&eacute; que vivimos tiempos de enormes desencuentros.
    </p><p class="article-text">
        Parece que cada conversaci&oacute;n necesita un vencedor y un derrotado. Que escuchar equivale a ceder. Que reconocer una parte de raz&oacute;n al otro nos hace m&aacute;s d&eacute;biles. Creo exactamente lo contrario. Necesitamos recuperar el valor del consenso.
    </p><p class="article-text">
        No ese consenso que consiste en fingir que pensamos igual, sino uno mucho m&aacute;s dif&iacute;cil y hermoso: aceptar que podemos discrepar profundamente y seguir reconoci&eacute;ndonos como seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Podemos discutir sobre inmigraci&oacute;n, seguridad, fronteras, Israel, Palestina, Ir&aacute;n, Marruecos o Europa. Debemos hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una frontera que nunca deber&iacute;amos cruzar: la que convierte al adversario en alguien cuya dignidad deja de importarnos. Porque cuando deshumanizamos al otro quiz&aacute; ganemos una discusi&oacute;n, unas elecciones o incluso una guerra.
    </p><p class="article-text">
        Pero todos perdemos algo bastante m&aacute;s importante. Nuestra humanidad. Por eso sigo teniendo esperanza. No una esperanza ingenua que niegue los conflictos, la violencia o las enormes contradicciones del mundo. Una esperanza mucho m&aacute;s humilde: la que he visto aparecer tantas veces cuando personas diferentes se sientan alrededor de una misma mesa y empiezan a escucharse.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el futuro no dependa solamente de grandes tratados, presidentes o ej&eacute;rcitos. Quiz&aacute; tambi&eacute;n dependa de algo aparentemente peque&ntilde;o. De nuestra capacidad para mirar a quien tenemos enfrente y reconocer, antes que cualquier bandera, religi&oacute;n, ideolog&iacute;a o frontera, a otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdadera seguridad no consiste en conseguir que nadie pueda hacernos da&ntilde;o. Consiste en construir sociedades en las que cada vez menos personas quieran hacerlo. Y para alcanzar algo as&iacute; no necesitaremos m&aacute;s miedo.
    </p><p class="article-text">
        Necesitaremos educaci&oacute;n, justicia, di&aacute;logo, instituciones fuertes y una extraordinaria valent&iacute;a para seguir creyendo en el ser humano. Incluso &mdash;y especialmente&mdash; cuando resulte dif&iacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tomás Latasa Lerga, presidente del Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales de La Rioja]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/miedo-empieza-decidir_129_13466577.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 15:51:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando el miedo empieza a decidir por nosotros]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El que cocina y quiere que se note]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cocina-quiere-note_129_13451102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Est&aacute;bamos varios amigos hablando, como se habla de todo cuando ya se ha bebido lo suficiente para dejar de fingir que las conversaciones triviales lo son. El tema era dom&eacute;stico: qui&eacute;n cocina en cada casa, y qu&eacute; pasa cuando esa persona necesita que los dem&aacute;s sepan que cocin&oacute;. Una defend&iacute;a al que cocina: se levanta antes, piensa el men&uacute;, hace la compra, limpia despu&eacute;s, y si al final quiere un <em>qu&eacute; rico</em> no le vamos a negar eso. Otro no estaba de acuerdo: si necesitas que te lo digan, entonces no lo hiciste por la familia, lo hiciste por ti. El gesto se ensucia en cuanto pide factura. Un tercero dec&iacute;a que a &eacute;l le daba igual, que cocinaba y ya est&aacute;, sin necesidad de que nadie se lo agradeciera &mdash;aunque alguien le hizo notar que llevaba a&ntilde;os sin cocinar para nadie m&aacute;s que para s&iacute; mismo, as&iacute; que su indiferencia era f&aacute;cil de sostener&mdash;. Y la cuarta apenas hablaba, hasta que dijo que en su casa quien cocinaba y ped&iacute;a reconocimiento era siempre ella, nunca &eacute;l, y que ah&iacute; el problema no era el reconocimiento en s&iacute;, sino de qui&eacute;n se esperaba que no lo pidiera.
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; pensando en esa segunda frase &mdash;<em>el gesto se ensucia en cuanto pide factura</em>&mdash; porque es una idea que damos por evidente y que en realidad tiene poco de evidente. Asumimos que dar y querer que se reconozca lo que diste son dos cosas separables, y que la pureza del primero depende de que el segundo no aparezca. Pero la antropolog&iacute;a del don lleva un siglo discutiendo justo eso, y no se ha puesto de acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Marcel Mauss fue el primero en desmontar la idea del regalo desinteresado. En las sociedades que estudi&oacute;, ning&uacute;n don llegaba solo: exig&iacute;a, tarde o temprano, una devoluci&oacute;n. No por contrato expl&iacute;cito, sino porque el propio acto de dar generaba una deuda simb&oacute;lica, y esa deuda era lo que manten&iacute;a unidos a quienes la sosten&iacute;an. Desde esa lectura, el que cocina y quiere reconocimiento no est&aacute; haciendo trampa: est&aacute; pidiendo la segunda mitad de un intercambio que la comida, como forma de don, ya presupon&iacute;a desde el principio. El esfuerzo fue la ofrenda. El <em>qu&eacute; rico</em> es el regreso que esa ofrenda esperaba. Reclamarlo no rompe el gesto, lo termina.
    </p><p class="article-text">
        Pero Pierre Bourdieu, que ley&oacute; a Mauss con m&aacute;s sospecha, dio un giro que tambi&eacute;n encajaba en esta charla de amigos. Para &eacute;l, el don funciona porque las dos partes aceptan no mirar el inter&eacute;s que hay detr&aacute;s. Es un desconocimiento colectivo y necesario: yo s&eacute; que espero algo, t&uacute; sabes que esperas algo, pero ninguno lo dice, y esa ficci&oacute;n compartida es precisamente lo que permite que el gesto se sienta como generosidad y no como negocio. El problema no llega cuando el que cocina desea reconocimiento &mdash;eso, seg&uacute;n Bourdieu, ya estaba ah&iacute; desde la primera cebolla picada&mdash;. Llega cuando lo dice en voz alta. <em>Me he pasado la tarde por vosotros</em> no crea el inter&eacute;s, lo expone. Y lo que incomoda de esa frase no es el ego&iacute;smo que revela, sino la ficci&oacute;n que rompe.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa ficci&oacute;n no es neutral para todos los que dan. Quien cocina y lleva a&ntilde;os haci&eacute;ndolo sin que nadie le pregunte cu&aacute;nto tiempo le cost&oacute; no rompe la misma ficci&oacute;n que romper&iacute;a alguien cuyo trabajo nunca estuvo puesto en duda. En la mayor&iacute;a de las casas que conozco, quien cocina y termina pidiendo el <em>qu&eacute; rico</em> es la mujer, y quien lo recibe sin haberlo pedido nunca es el var&oacute;n &mdash; y esa asimetr&iacute;a no es un detalle del ejemplo, es parte de lo que est&aacute; en juego. Cuando quien lleva toda la vida invisibilizada dice &ldquo;<em>me he pasado la tarde currando por vosotros&rdquo;</em>, no est&aacute; exponiendo un inter&eacute;s que antes se disimulaba entre iguales: est&aacute; nombrando un trabajo que nunca se cont&oacute; como tal. Ah&iacute; el gesto no se ensucia al pedir factura. Se limpia.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; es donde entra Marshall Sahlins, que orden&oacute; estos intercambios en un espectro seg&uacute;n la cercan&iacute;a del v&iacute;nculo. En el c&iacute;rculo m&aacute;s &iacute;ntimo &mdash;la familia, la pareja&mdash; se espera lo que llam&oacute; reciprocidad generalizada: nadie lleva la cuenta, nadie espera que lo que dio hoy se le devuelva ma&ntilde;ana, y hacerlo expl&iacute;cito se siente casi como una traici&oacute;n a la naturaleza del lazo. En el otro extremo, entre desconocidos, la reciprocidad se vuelve equilibrada y hasta calculada: yo te doy esto, t&uacute; me das aquello, y ambos sabemos que el trato existe. El que cocina y exige gratitud puede estar, sin saberlo, desplazando a su familia de un extremo del espectro al otro, tratando el v&iacute;nculo &iacute;ntimo como si fuera un intercambio entre casi-desconocidos, aunque nadie lo haya llamado as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que Mauss, Bourdieu y Sahlins no dicen lo mismo, y ese desacuerdo es m&aacute;s &uacute;til que cualquiera de las tres respuestas por separado. Mauss dir&iacute;a que el proveedor tiene derecho a su reconocimiento porque el ciclo del don lo exige. Bourdieu dir&iacute;a que ten&iacute;a ese derecho todo el tiempo, pero que perdi&oacute; algo al reclamarlo en voz alta. Sahlins dir&iacute;a que la pregunta real no es si merece gratitud, sino en qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n cree estar &mdash;y que puede llevar a&ntilde;os sin darse cuenta de que ya cambi&oacute; de lugar en el espectro&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo m&aacute;s que el ciclo de Mauss no resuelve del todo: no est&aacute; claro que el reconocimiento cierre nada. Quien cocina y recibe un <em>qu&eacute; rico</em> cocina distinto al d&iacute;a siguiente. Quien cocina y no recibe nada, con el tiempo, aprende a cocinar solo para s&iacute; mismo, o deja de cocinar. Puede que la gratitud no sea el pago que cierra la deuda del don, sino el combustible que permite que el don se repita &mdash;y que pedirla, entonces, no sea querer cobrar, sino asegurar que haya una pr&oacute;xima vez&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a la mesa donde empez&oacute; todo esto. Ninguno de los cuatro amigos ten&iacute;a raz&oacute;n del todo, ni falta. La que defend&iacute;a al proveedor ten&iacute;a a Mauss de su lado: dar sin esperar nada a cambio no es generosidad, es una ficci&oacute;n que ni siquiera las sociedades que estudiamos como modelo de reciprocidad se permit&iacute;an. El que sospechaba del reconocimiento ten&iacute;a a Bourdieu: no es que pedir gratitud sea ego&iacute;sta, es que decirlo en voz alta convierte en transacci&oacute;n algo que solo funcionaba mientras nadie lo nombraba. El tercero, el que dec&iacute;a que cocinaba sin esperar nada, ten&iacute;a la posici&oacute;n m&aacute;s c&oacute;moda de las cuatro, la de quien nunca hab&iacute;a cocinado para nadie m&aacute;s que para s&iacute; mismo. La cuarta, la que habl&oacute; apenas, no necesitaba que ning&uacute;n antrop&oacute;logo le explicara lo que ya sab&iacute;a: que en su casa el problema no era pedir reconocimiento, sino tener que pedirlo siempre ella. Y quiz&aacute; la pregunta que ninguno de los tres hizo, la de Sahlins, es la m&aacute;s inc&oacute;moda de todas: &iquest;en qu&eacute; momento, exactamente, dejamos de cocinar para los nuestros y empezamos a cocinar para que los nuestros lo vieran?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/cocina-quiere-note_129_13451102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 10:22:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El que cocina y quiere que se note]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luisa no murió sola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/luisa-no-murio-sola_129_13457073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 22 de agosto de 1936 apareci&oacute; en La Grajera el cad&aacute;ver de Luisa Mar&iacute;n Lacalle. Ten&iacute;a un mes de c&aacute;rcel a sus espaldas: la hab&iacute;an detenido el 9 de agosto, despu&eacute;s de que, tras el golpe del 18 de julio, la obligaran junto a otros dirigentes de la izquierda riojana a firmar un comunicado llamando a los trabajadores a volver a sus puestos, bajo amenaza de graves represalias contra los propios detenidos. 
    </p><p class="article-text">
        Luisa era militante sindical del Gremio de Cigarreras de Logro&ntilde;o, una de las obreras m&aacute;s activas y documentadas de cuantas sufrieron la represi&oacute;n franquista en la regi&oacute;n. Su muerte qued&oacute; registrada dos veces en los libros del Ayuntamiento: la primera el d&iacute;a 22, cuando los camilleros que retiraron el cuerpo la identificaron; la segunda el d&iacute;a 23, cuando fue su hermano quien tuvo que reconocerla. Dos partidas de defunci&oacute;n para una misma mujer, un peque&ntilde;o detalle burocr&aacute;tico que, sin pretenderlo, resume bien el desorden y la brutalidad de aquellos d&iacute;as: ni siquiera la muerte de Luisa Mar&iacute;n se gestion&oacute; con el m&iacute;nimo cuidado que merece un ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Luisa no muri&oacute; sola. En La Rioja, el Censo de represaliados del Gobierno regional recoge cuarenta y dos mujeres asesinadas tras el golpe de Estado, sin contar los casos &mdash;como el de las hermanas Faustina y Francisca Ruiz, fusiladas en San Sebasti&aacute;n y transmitidos solo por v&iacute;a oral&mdash; que ni siquiera llegaron a los archivos oficiales. 
    </p><p class="article-text">
        De esas cuarenta y dos, m&aacute;s de sesenta por ciento no ten&iacute;an una filiaci&oacute;n pol&iacute;tica conocida. No eran, en su mayor&iacute;a, dirigentes ni militantes destacadas: eran vecinas, esposas, hijas, hermanas. Algunas s&iacute; pertenec&iacute;an a la CNT, a la UGT, al Partido Socialista o a organizaciones republicanas, pero la inmensa mayor&iacute;a fue eliminada por otros motivos, mucho m&aacute;s dom&eacute;sticos y mucho m&aacute;s terribles: por estar casadas o emparentadas con hombres de izquierdas, por una discusi&oacute;n con un cacique del pueblo, por &ldquo;ayudar a huidos&rdquo;, por &ldquo;vivir en amancebamiento&rdquo;. El umbral para matar a una mujer, en aquellos meses, era m&iacute;nimo. Las edades de las v&iacute;ctimas, de los quince a&ntilde;os de Carmen Gurrea a los setenta y dos de Nieves Gonz&aacute;lez Rold&aacute;n, desmienten cualquier relato que quiera limitar la represi&oacute;n a la &ldquo;militancia activa&rdquo;. Aqu&iacute; no hubo una l&oacute;gica exclusivamente pol&iacute;tica: hubo control social, venganza vecinal y castigo ejemplarizante contra familias enteras, como la de Pilar Fern&aacute;ndez, fusilada junto a sus dos hijas adolescentes, Carmen y Dolores Gurrea.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decir sus nombres, porque nombrarlas es la manera m&aacute;s sencilla de devolverles algo de la dignidad que se les arrebat&oacute;: Esperanza Escribano Mart&iacute;nez, Dolores y Carmen Gurrea Fern&aacute;ndez, Mar&iacute;a Sacramento Ochoa D&iacute;az, Emilia Arnedo Moreno, Mar&iacute;a Armas Garc&iacute;a, Pilar Fern&aacute;ndez, Victoria Huergo Tof&eacute;, Amalia Ortega Lafuente, Rufina P&eacute;rez Castillo, Gabriela Lorente S&aacute;enz, Segunda Fern&aacute;ndez-Maeztu Bernedo, Otilia Arp&oacute;n Gonz&aacute;lez, Estefan&iacute;a Maga&ntilde;a Lozano, Teresa P&eacute;rez Ruiz, Mar&iacute;a Luisa Garabina Olmedo, Manuela Ar&oacute;stegui Ota&ntilde;o, Mar&iacute;a del Rey Rivera, Felipa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, Marina Argentina Garc&iacute;a Tourman, Rosario Azofra N&aacute;jera, Mar&iacute;a Benito de la Concepci&oacute;n, Mar&iacute;a Restauraci&oacute;n Gasco Romer, Consolaci&oacute;n Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, Ana Mar&iacute;a Romero Bartolom&eacute;, Enriqueta Santamar&iacute;a G&oacute;mez, Irene y Margarita Cord&oacute;n Ortiz, Saturnina Gil &Aacute;lvarez, Resurrecci&oacute;n Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, Julia Soldevilla Rada, Purificaci&oacute;n Marzo Gil, Tomasa Gonz&aacute;lez Moreno, Carmen Cornago Arriazu, Nieves Gonz&aacute;lez Rold&aacute;n, Luisa Mar&iacute;n Lacalle, Victoriana Torres Rodr&iacute;guez, Consuelo Velasco Ortega, Josefa D&iacute;ez, Juana Moreno Gil, Carmen Villar Aguado y Julia Zanza Raya. Detr&aacute;s de cada apellido hay una historia truncada, y en varios casos, como el de Ana Mar&iacute;a Romero Bartolom&eacute; y su hija Mar&iacute;a Restauraci&oacute;n Gasco, o el de Pilar Fern&aacute;ndez y sus hijas, familias enteras que fueron borradas del mapa.
    </p><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres, sin embargo, no se detuvo en el fusilamiento. El memorialista Patricio Escobal recordaba en sus escritos carcelarios que en La Industrial de Logro&ntilde;o lleg&oacute; a haber cerca de noventa presas, incomunicadas del resto de reclusos por una verja de hierro y un guardia permanente. Proced&iacute;an sobre todo de los pueblos cercanos, aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a cigarreras de la propia ciudad, y su calvario ten&iacute;a dos partes bien diferenciadas: primero los insultos, escupitajos y pedradas durante el traslado desde los calabozos municipales; despu&eacute;s, ya en Logro&ntilde;o, la purga con aceite de ricino y el corte de pelo al rape antes de ingresar en prisi&oacute;n. Es un episodio del que apenas quedan rastros documentales, porque la represi&oacute;n sobre las mujeres que no fueron asesinadas se sostiene casi exclusivamente sobre la memoria oral, mucho m&aacute;s fr&aacute;gil y mucho m&aacute;s f&aacute;cil de perder con cada generaci&oacute;n que pasa.
    </p><p class="article-text">
        Y luego estaba el rapado, quiz&aacute; la humillaci&oacute;n m&aacute;s extendida y menos castigada de todas. En pueblos como San Vicente de la Sonsierra, Cenicero, Fuenmayor o Haro se cortaba el pelo al rape a mujeres se&ntilde;aladas (muchas veces por v&iacute;nculos familiares, no por actividad pol&iacute;tica propia) y se las exhib&iacute;a despu&eacute;s por las calles, a veces con m&uacute;sica, a veces oblig&aacute;ndolas a acudir a misa para que todo el vecindario pudiera contemplar su castigo. El testimonio de Ignacia, t&iacute;a de Eustaquia L&oacute;pez y madre de dos militantes de CNT asesinados en San Vicente, es estremecedor: la llevaron al cuartel, la raparon, la purgaron con ricino hasta el punto de que volvi&oacute; a su casa &ldquo;cag&aacute;ndose por la calle&rdquo; mientras otras vecinas se burlaban de ella. Otra mujer de Haro contaba c&oacute;mo, al defender a su familia frente a una vecina carlista, estuvo a punto de correr la misma suerte, y solo se libr&oacute; porque un teniente coronel que hab&iacute;a perdido un brazo en la guerra pidi&oacute; que dejaran de una vez de hacerla sufrir. Sobrevivir, en aquellos a&ntilde;os, depend&iacute;a muchas veces de un golpe de suerte tan arbitrario como el propio castigo.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas mujeres (las fusiladas, las rapadas, las que pasaron por La Industrial, las que fueron se&ntilde;aladas sin que su nombre llegara jam&aacute;s a ning&uacute;n censo) sosten&iacute;an la vida cotidiana de sus pueblos: hac&iacute;an el pan, cuidaban de ni&ntilde;os y ancianos, hac&iacute;an cola en las puertas de las c&aacute;rceles, manten&iacute;an en pie lo que la guerra iba destruyendo. Y fueron, precisamente por eso, un objetivo tan claro de la represi&oacute;n como sus maridos, sus padres o sus hijos. 
    </p><p class="article-text">
        Recuperar sus nombres, sus edades, las circunstancias exactas de su muerte o su humillaci&oacute;n no es un ejercicio de erudici&oacute;n no af&aacute;n de revanchismo: es una forma de justicia tard&iacute;a frente a un olvido que, durante d&eacute;cadas, result&oacute; tan eficaz como la propia represi&oacute;n. Mientras sigamos contando estas historias, Luisa Mar&iacute;n, las hermanas Gurrea, Ignacia, Eustaquia y tantas otras dejar&aacute;n de ser solo un nombre en una lista para volver a ser, aunque sea por un momento, lo que realmente fueron.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Isabel Ilzarbe López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/luisa-no-murio-sola_129_13457073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 09:20:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Luisa no murió sola]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enajenaciones veraniegas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/enajenaciones-veraniegas_129_13459663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace dieciocho veranos, siendo becario en la redacci&oacute;n de un peri&oacute;dico regional, recib&iacute; el encargo de escribir una contraportada sobre la visita de un consejero del Gobierno riojano a los j&oacute;venes que participaban en un campamento de verano en Castell&oacute;n. Si la memoria no me falla, habl&eacute; por tel&eacute;fono con el consejero en cuesti&oacute;n durante su visita, y &eacute;l mismo me pas&oacute; con uno de los chavales para facilitarme un testimonio directo con el que completar la noticia.
    </p><p class="article-text">
        Pero el recuerdo que mejor conservo de aquel encargo es el s&iacute;ndrome de la p&aacute;gina en blanco que sufr&iacute; al escribir el art&iacute;culo: aunque ten&iacute;a varias declaraciones y algunos datos generales sobre el programa de campamentos del Gobierno, no consegu&iacute;a encontrar un &aacute;ngulo noticiable que diera a la contraportada m&aacute;s inter&eacute;s que la anecd&oacute;tica visita. Despu&eacute;s de varios intentos, y urgido por la necesidad de cerrar la p&aacute;gina en hora, llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que mi bloqueo mental estaba relacionado con la responsabilidad que implica la autor&iacute;a y pens&eacute; que, si tomaba distancia del texto y dejaba de sentirme su autor, ser&iacute;a m&aacute;s sencillo escribirlo.
    </p><p class="article-text">
        El resultado fue un art&iacute;culo titulado &ldquo;Vacaciones para recordar&rdquo; que arrancaba calificando la visita del consejero como &ldquo;muy especial&rdquo; y que apareci&oacute; publicado sin firma, no como muestra de protesta, sino como t&eacute;cnica psicol&oacute;gica para superar el bloqueo de la p&aacute;gina en blanco. No s&eacute; si aquellos j&oacute;venes recordar&aacute;n todav&iacute;a sus vacaciones de 2008 en Castell&oacute;n, como promet&iacute;a el t&iacute;tulo, ni si la visita del pol&iacute;tico regional les pareci&oacute; especial o m&aacute;s bien anodina, pero lo bueno de enajenarse como autor es que, al fin y al cabo, &iquest;a qui&eacute;n le importa?
    </p><p class="article-text">
        El caso es que hoy en d&iacute;a, gracias a la inteligencia artificial, esa t&eacute;cnica de sustraerse como autor se ha perfeccionado sustancialmente: ahora es posible no solo aligerar el peso de la responsabilidad sino tambi&eacute;n eludir la tarea engorrosa de tener que escribir como si fueras otro o nadie. Una escritura despersonalizada, requerida en muchos casos por obligaciones laborales, que ni es nueva ni ha aparecido repentinamente con la IA. Y, sin embargo, muchas reflexiones sobre los riesgos de la inteligencia artificial &mdash;que ciertamente son numerosos e inquietantes&mdash; parecen asumir un pasado idealizado en el que la escritura ha sido siempre un ejercicio personal y humanizante. Cuando el fil&oacute;sofo franc&eacute;s &Eacute;ric Sadin advierte que el uso de sistemas de inteligencia artificial para escribir discursos pol&iacute;ticos acarrea &ldquo;el riesgo de desnaturalizar el esp&iacute;ritu en s&iacute; de lo pol&iacute;tico&rdquo;, no puedo evitar pensar tambi&eacute;n en el alivio para esos escribientes en la sombra obligados durante a&ntilde;os a producir manualmente discursos y discursos llenos de palabras vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Pero volviendo a mi propia enajenaci&oacute;n de hace dieciocho veranos, el omnipresente consejero que protagoniz&oacute; aquella contraportada, en la que aparec&iacute;a sonriente mientras una joven le pintaba la cara en el campamento (la foto era lo m&aacute;s atractivo de la p&aacute;gina), ha dado el salto a las contraportadas de los peri&oacute;dicos nacionales como divulgador de la cultura cl&aacute;sica y experto en oratoria. Una progresi&oacute;n vital digna de un art&iacute;culo con gancho asegurado sin necesidad de enajenarse como autor ni de buscar ayuda en la inteligencia artificial. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Urbiola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/enajenaciones-veraniegas_129_13459663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 2026 10:08:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Enajenaciones veraniegas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del chiquiteo al culto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/chiquiteo-culto_129_13449230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Carlos Echapresto, el sumiller m&aacute;s premiado del pa&iacute;s, abre m&aacute;s de una botella por comensal en su dos estrellas Michelin. Mientras tanto, el consumo de vino en Espa&ntilde;a cae a su nivel m&aacute;s bajo en d&eacute;cadas. Ambas cosas son verdad. Y esa contradicci&oacute;n es un espejo de qui&eacute;nes estamos siendo.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Echapresto, Premio Nacional de Gastronom&iacute;a al Mejor Sumiller, cumple este a&ntilde;o treinta temporadas al frente de Venta Moncalvillo, en Daroca de Rioja &ndash;el pueblo m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo en tener una estrella Michelin&ndash;, y acaba de aterrizar en Haro, junto a su hermano Ignacio, para gestionar el restaurante de un hotel cinco estrellas. Es un tipo sensato, sin postureo. Cuando le preguntan por la crisis del vino, responde con una frase que deber&iacute;a estar enmarcada: <em>esto no es una crisis. Es un cambio de paradigma.</em>
    </p><p class="article-text">
        Y tiene raz&oacute;n, pero no del todo.
    </p><p class="article-text">
        Porque los datos son tozudos. El consumo mundial de vino cay&oacute; en 2025 a su nivel m&aacute;s bajo desde 1957, con 208 millones de hectolitros, un 2,7% menos que el a&ntilde;o anterior. Desde 2018, la ca&iacute;da acumulada es del 14%. Espa&ntilde;a no es una excepci&oacute;n: el consumo cay&oacute; un 5,2% en 2025, hasta los 9,4 millones de hectolitros. Y el consumo per c&aacute;pita ya ha ca&iacute;do por debajo de los 20 litros anuales, muy lejos de los 53 litros de Portugal o los 35 de Francia e Italia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el restaurante de Echapresto, el consumo no baja. <em>Salimos a m&aacute;s de una botella por persona</em>, dice. Y su proveedor de vinos para alta restauraci&oacute;n le confirma que nunca le hab&iacute;a ido tan bien.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica esta dualidad? &iquest;Es que el sumiller vive en una burbuja o es que los datos mienten?
    </p><p class="article-text">
        Ni una cosa ni otra. Lo que ocurre es m&aacute;s interesante: el vino se est&aacute; convirtiendo en un objeto de culto para unos pocos mientras deja de ser el lubricante social de todos.
    </p><p class="article-text">
        Echapresto lo dice sin tapujos: <em>beber por beber, el chiquiteo por el chiquiteo que nosotros hemos vivido, ahora est&aacute; mal visto.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esa atracci&oacute;n por la ebriedad no es solo cultural, es evolutiva. La llamada hip&oacute;tesis del <em>mono borracho</em>, propuesta por el bi&oacute;logo Robert Dudley, sostiene que la afinidad humana por el alcohol es una herencia de nuestros ancestros primates, frug&iacute;voros durante millones de a&ntilde;os. El etanol que se forma de manera natural en la fruta madura actuaba como una se&ntilde;al olfativa de energ&iacute;a disponible, y quienes lo detectaban y toleraban mejor obten&iacute;an una ventaja cal&oacute;rica. Un estudio de este a&ntilde;o con chimpanc&eacute;s salvajes en Guinea confirm&oacute; que consumen a diario savia de palma fermentada de forma natural, con una graduaci&oacute;n cercana al 7%, equivalente a una cerveza fuerte. Beber, en cierto sentido, es m&aacute;s viejo que ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Esa frase merece un alto. El chiquiteo era, ante todo, un ritual de integraci&oacute;n, y desde la antropolog&iacute;a cl&aacute;sica esa funci&oacute;n no es casual. Los rituales de embriaguez han sido estudiados como mecanismos de cohesi&oacute;n social que permiten, en palabras de Victor Turner, acceder a un estado de <em>communitas</em>: un v&iacute;nculo humano espont&aacute;neo e igualitario que suspende temporalmente las jerarqu&iacute;as. Beber juntos no era un acto menor, era una forma de decir que se pertenec&iacute;a a algo, de compartir un riesgo sin necesidad de explicarlo. La ebriedad ritual, lejos de ser un exceso, era una v&aacute;lvula de escape controlada que gestionaba tensiones y reforzaba la identidad del grupo. El chiquiteo espa&ntilde;ol, sin saberlo, reproduc&iacute;a ese esquema milenario, un espacio donde las diferencias se dilu&iacute;an, donde el camarero, el arquitecto y el jubilado compart&iacute;an la misma barra y el mismo vino. Conviene no idealizarlo del todo: aquel ritual tambi&eacute;n arrastraba su lado oscuro, el exceso disfrazado de camarader&iacute;a, la presi&oacute;n social del <em>uno m&aacute;s</em>, los desplazamientos en coche que no debieron ocurrir nunca. Y, durante d&eacute;cadas, un espacio donde la presencia femenina fue apenas residual. Pero el v&iacute;nculo que creaba, con todo, es lo que se est&aacute; perdiendo.
    </p><p class="article-text">
        Pararse en una barra, pedir un vino, compartir una tapa, repetir. Sin agenda, sin justificaci&oacute;n. Era el pegamento de la sociabilidad espa&ntilde;ola. Y ese pegamento se est&aacute; secando.
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Internacional de la Vi&ntilde;a y el Vino, OIV, lo confirma en su informe: el descenso del consumo responde a <em>cambios en los h&aacute;bitos de consumo</em>, <em>estilos de vida cambiantes</em> y <em>diferencias generacionales</em> en la forma de beber. Entre los j&oacute;venes, el alcohol ha perdido popularidad de forma estructural.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo ha dejado de ser un veh&iacute;culo de excesos para convertirse en un proyecto. Y el vino, con sus calor&iacute;as y sus efectos, no encaja bien en ese proyecto.
    </p><p class="article-text">
        El organismo internacional aborda el consumo con una posici&oacute;n clara. Su Resoluci&oacute;n OIV-SECSAN 729-2025, espec&iacute;fica sobre adolescentes, establece que los menores no deben consumir bebidas alcoh&oacute;licas y que los j&oacute;venes que decidan hacerlo deber&iacute;an hacerlo con moderaci&oacute;n; la OIV recomienda adem&aacute;s potenciar mensajes basados en la moderaci&oacute;n, implantar programas de prevenci&oacute;n para j&oacute;venes en situaci&oacute;n de riesgo y fomentar la investigaci&oacute;n sobre la influencia de la educaci&oacute;n parental. Una resoluci&oacute;n anterior, la OIV-SECSAN 679-2022, ya hab&iacute;a sentado las recomendaciones generales que hoy gu&iacute;an buena parte del sector: restringir el consumo a las comidas, alternarlo con agua, ofrecer informaci&oacute;n espec&iacute;fica para grupos de riesgo como las mujeres embarazadas.
    </p><p class="article-text">
        El vino no desaparece, pero su lugar en la sociedad cambia. Deja de ser un h&aacute;bito autom&aacute;tico para convertirse en una elecci&oacute;n consciente, informada y, por tanto, m&aacute;s restrictiva.
    </p><p class="article-text">
        Pero si el consumo cae, &iquest;por qu&eacute; en la alta restauraci&oacute;n sube? Porque all&iacute; el vino conserva algo que el resto ha empezado a perder: la codificaci&oacute;n de estatus. Ya los romanos trazaron esa frontera. Consideraban que el l&iacute;mite del cultivo de la vid marcaba el l&iacute;mite mismo de la civilizaci&oacute;n, y despachaban la cerveza &ndash;bebida de germanos, galos y legionarios rasos&ndash; como un vino corrompido: <em>vini corruptus</em>, la llam&oacute; el historiador Diodoro S&iacute;culo. T&aacute;cito describi&oacute; la bebida de los germanos como un brebaje fermentado de cebada o trigo con un lejano parecido al vino, y hasta un emperador, Juliano el Ap&oacute;stata, escribi&oacute; un poema comparando su olor con el de una cabra. Los romanos s&iacute; beb&iacute;an cerveza &ndash;la beb&iacute;an las legiones en la frontera, los esclavos, los libertos&ndash;, pero la reservaban a quien no pod&iacute;a permitirse otra cosa. El vino, desde el principio, fue una forma de trazar una l&iacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        <em>El consumidor ya no quiere esos vinos que saben todos igual</em>, sentencia Echapresto. Y tiene toda la raz&oacute;n. La OIV describe un fen&oacute;meno que llama <em>premiumizaci&oacute;n</em>: el consumidor busca vinos de mayor calidad, autenticidad y que ofrezcan una experiencia &uacute;nica. El consumo se ha desplazado del <em>consumo masivo de vino de mesa econ&oacute;mico</em> hacia <em>variedades m&aacute;s caras</em>.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, este fen&oacute;meno es especialmente visible. Mientras el consumo total cae, el valor del mercado se mantiene gracias a la <em>premiumizaci&oacute;n</em>. El consumidor que sigue bebiendo lo hace con criterio, buscando autenticidad frente a los vinos estandarizados.
    </p><p class="article-text">
        La OIV describe a Espa&ntilde;a como un caso at&iacute;pico: <em>un mercado h&iacute;brido</em> donde la cerveza domina en bares y terrazas, mientras el vino mantiene su peso en la gastronom&iacute;a y entre los consumidores de m&aacute;s edad.
    </p><p class="article-text">
        El dato es revelador: mientras el vino cae un 5,2%, la cerveza alcanza los 53 litros por persona, con el 63% del consumo en hosteler&iacute;a. Espa&ntilde;a se ha convertido en uno de los ejemplos m&aacute;s claros de c&oacute;mo el lugar de consumo determina la bebida: la cerveza manda en la barra; el vino resiste en la mesa.
    </p><p class="article-text">
        El propio Echapresto lo admit&iacute;a en una entrevista reciente: en su restaurante, de cada diez botellas que maridan, seis o siete son blancas. Porque la gente come m&aacute;s verduras, m&aacute;s pescado, m&aacute;s ligero. El tinto, el gran s&iacute;mbolo de la tradici&oacute;n vin&iacute;cola espa&ntilde;ola, ha quedado relegado a un papel secundario en la mesa cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Hay una pregunta que sobrevuela todo esto. Si beber era un ritual de uni&oacute;n, &iquest;qu&eacute; pasa cuando ese ritual desaparece?
    </p><p class="article-text">
        El auge de las alternativas sin alcohol &ndash;kombuchas, sodas naturales, fermentados&ndash; que Echapresto ofrece en su carta responde a una demanda real, la gente quiere estar junta, celebrar, compartir, pero sin beber. Quiere no ser excluida del acto social. Y esa comunidad nueva no es solo ausencia de la vieja: la cata compartida, el verm&uacute; de las doce, el grupo que compara notas sobre un vino natural tambi&eacute;n crean v&iacute;nculo, solo que con otro pulso, m&aacute;s lento y menos et&iacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;acaso la exclusi&oacute;n no era parte del acto? En el fondo, el chiquiteo tambi&eacute;n separaba: separaba a los que beb&iacute;an de los que no, a los que se dejaban llevar de los que vigilaban. Hoy queremos una sociabilidad sin grietas, donde quepamos todos, donde nadie quede fuera. Es m&aacute;s inclusiva, s&iacute;. Pero quiz&aacute;s tambi&eacute;n m&aacute;s est&eacute;ril.
    </p><p class="article-text">
        Porque la comunidad, la de verdad, a veces necesita un poco de desinhibici&oacute;n. Y el vino, con todos sus problemas, era un atajo para llegar a ella.
    </p><p class="article-text">
        La OIV lo dice claro: el futuro del vino no est&aacute; en el volumen, sino en el valor, la diferenciaci&oacute;n y la autenticidad. Los productores que sepan alinear calidad, narrativa y estrategia encontrar&aacute;n crecimiento incluso en un mercado en contracci&oacute;n, y eso vale tanto para la bodega centenaria como para el viticultor que cuida su parcela y sabe contar su historia.
    </p><p class="article-text">
        Echapresto lo ve igual: <em>muchas bodegas, grandes y peque&ntilde;as, desaparecer&aacute;n</em>. Las estandarizadas, las que no tengan historia que contar, las que sigan apostando por el volumen frente a la identidad. El que produzca para llenar estanter&iacute;as de supermercado no tendr&aacute; salida.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a est&aacute; dejando de ser un pa&iacute;s de borrachos sentimentales para convertirse en un pa&iacute;s de sibaritas reflexivos. Y el vino, que durante siglos fue el agua de la conversaci&oacute;n, se ha convertido en el tema de conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es mejor as&iacute;? Depende de a qui&eacute;n se pregunte. Para el sector, es un desaf&iacute;o. Para la cultura, una metamorfosis. Para los que a&uacute;n buscan en una botella no solo un sabor, sino una forma de estar juntos, quiz&aacute;s sea una p&eacute;rdida.
    </p><p class="article-text">
        Pero, como dice Echapresto, no es una crisis. Es un cambio de paradigma. Y los cambios de paradigma siempre duelen, pero tambi&eacute;n ense&ntilde;an.
    </p><p class="article-text">
        Cavafis imagin&oacute; una ciudad que necesitaba b&aacute;rbaros a las puertas para saber qui&eacute;n era. Aqu&iacute; no hay murallas ni enemigo esperado: la civilizaci&oacute;n del vino se est&aacute; retirando de s&iacute; misma, por decisi&oacute;n propia, sin que nadie llame a la puerta. Puede que esa sea la verdadera diferencia con Roma: entonces hac&iacute;a falta un otro al que oponerse para trazar la l&iacute;nea. Ahora basta con decidir, cada uno en su copa, d&oacute;nde se traza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/chiquiteo-culto_129_13449230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Aug 2026 08:14:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Del chiquiteo al culto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 51. No es política es humanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-51-no-politica-humanidad_129_13448952.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Lo que est&aacute; ocurriendo en Ceuta no es un tema pol&iacute;tico, ni de soberan&iacute;a nacional, ni siquiera una crisis migratoria. Es sobre todo y ante todo una cuesti&oacute;n de humanidad. Por esta raz&oacute;n no debemos permitir que ni&ntilde;os peque&ntilde;os y cr&iacute;os de hasta 17 a&ntilde;os, pasen hambre, est&eacute;n enfermos, no tengan nombre ni apellidos, no sepan de sus familias, no tengan acceso a educaci&oacute;n alguna, sean v&iacute;ctimas de violencia...
    </p><p class="article-text">
        Digo esto porque, circunstancias de la vida, me est&aacute; tocando ver a beb&eacute;s, a ni&ntilde;os de corta edad, a algunos m&aacute;s mayorcitos e incluso a quienes se acercan a la mayor&iacute;a de edad y est&aacute;n guap&iacute;simos. (Utilizo el masculino por una cuesti&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y gramatical, pero me refiero a los dos sexos). Tengo, incluso algunas an&eacute;cdotas de personas mayores que se paran en la calle, para hacer fiestas al beb&eacute; y resaltar la guapura del infante, que se dedica a sonre&iacute;r y a ense&ntilde;ar el primer diente que le acaba de salir&hellip;si se trata de cr&iacute;os que caminan, corren, parlotean...todo nos hace gracia y los que han crecido algo m&aacute;s&hellip;vaya cosas que se les ocurren, qu&eacute; conversaciones tienen y qu&eacute; preguntas hacen. Son m&aacute;s interesantes que los padres o los abuelos.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, con los que han llegado a Espa&ntilde;a, (a Ceuta en concreto) &hellip; &iquest;qu&eacute; hacemos con ellos? El verano pasado nos preocup&aacute;bamos por los ni&ntilde;os de Palestina. Hab&iacute;a un grito en las manifestaciones: &laquo;Cada ni&ntilde;o muerto, es un ni&ntilde;o nuestro&raquo;. Un a&ntilde;o despu&eacute;s no sabemos nada de los ni&ntilde;os de all&iacute; y parece no importarnos nada los ni&ntilde;os de aqu&iacute;. (Los de Ceuta, quiero decir).
    </p><p class="article-text">
        Si estamos a la pol&iacute;tica, a la soberan&iacute;a nacional, a los movimientos migratorios, a la diplomacia&hellip;los menores de hoy se har&aacute;n adultos. Yo no los ver&eacute;, claro, porque la eternidad y yo no somos compatibles,  pero los que creen que vivir&aacute;n m&aacute;s de cien a&ntilde;os y estar&aacute;n en plena forma, &iquest;qu&eacute; les dir&aacute;n a los que hoy desprecian? 
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno de Espa&ntilde;a tiene un problema grave desde que Pedro S&aacute;nchez accedi&oacute; a la Presidencia. <strong>Se llama falta de informaci&oacute;n</strong>. No informa y cuando parece que quiere hacerlo recurre a la propaganda pol&iacute;tica. Ni el m&aacute;s ignorante de los espa&ntilde;oles se cree que 70.000 personas pasaron de Marruecos a Ceuta y muchos se tiraron al mar para llegar a Espa&ntilde;a y los marroqu&iacute;s no se enteraron de nada y los espa&ntilde;oles no vieron nada.! &iexcl;Hombre, por favor!
    </p><p class="article-text">
        El caso es que muchos regresaron como si tal cosa, como si yo me voy ma&ntilde;ana dando un paseo a Lardero, me tomo un caf&eacute; con hielo y vuelvo a Logro&ntilde;o tan tranquila. S&oacute;lo que conmigo pasean 69.999 personas m&aacute;s.! &iexcl;Es tan rid&iacute;culo! 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que en Espa&ntilde;a se han quedado muchos menores y con declaraciones absurdas y con visitas protocolarias y con peticiones de que comparezcan o dejen de comparecer en el Senado en el Congreso o d&oacute;nde quieran&hellip;los menores siguen en situaci&oacute;n inhumana. Eso es lo que no debemos permitir <strong>y por eso, porque no es un problema pol&iacute;tico, si no de humanidad </strong>tenemos que exigir y conseguir que esos ni&ntilde;os vengan a la pen&iacute;nsula&hellip;se les atiendan y acojan en La Rioja, en Madrid, en Andaluc&iacute;a, en Castilla y Le&oacute;n, en Catalu&ntilde;a, en Galicia....en las 17 comunidades del Estado espa&ntilde;ol. 17 comunidades del Pa&iacute;s que lidera el crecimiento econ&oacute;mico de la Uni&oacute;n Europea.! Hombre, por favor.!. Parece mentira que en La Moncloa a&uacute;n no se hayan enterado de que con la verdad se va a todas las partes, que si cuentan la verdad la entenderemos todos, hasta los m&aacute;s ignorantes. En cambio, si nos cuentan cuentos chinos&hellip; &iquest;Qui&eacute;n se beneficia?: Ni el gobierno, ni la oposici&oacute;n&hellip;se beneficia la indignaci&oacute;n, la desafecci&oacute;n, la animadversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si Pedro S&aacute;nchez y sus ministros se paran a pensar y a escuchar no es dif&iacute;cil entender que un Gobierno puede y debe contar la verdad a sus ciudadanos.</strong> &iexcl;Puede y debe decir a Italia, a Dinamarca y al resto de pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n europea que! basta ya! puede y debe decir a Marruecos que su amistad con Estados Unidos no tiene que ser una agresi&oacute;n a Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno con Pedro S&aacute;nchez a la cabeza tiene que ser firme con Europa y exigirles el cumplimiento de las normativas en materia de extranjer&iacute;a y de protecci&oacute;n de menores. No solo las comunidades aut&oacute;nomas espa&ntilde;olas han de ser solidarias. Europa tiene la misma obligaci&oacute;n. No solo hay que decir no a Estados Unidos. Hay que decir no a Marruecos y sobre todo a la FIFA. Si un mundial de f&uacute;tbol con los miles de millones de euros que acarrea va a ser el causante de que miles de personas sean utilizadas por Marruecos y Estados Unidos y puedan morir porque hay quienes quieren enriquecerse mucho m&aacute;s, habr&aacute; que decir no al mundial de 2030 en Marruecos, Portugal y Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Que lo organice Marruecos y si quiere Portugal, que lo organicen juntos, pero que Espa&ntilde;a se descuelgue. Aqu&iacute; no estamos ni a los sucios negocios del
    </p><p class="article-text">
        F&uacute;tbol, ni a la pol&iacute;tica cobarde y &laquo;chanchullera&raquo;. Aqu&iacute; estamos a los derechos humanos, a la democracia, y a la igualdad. Estamos a llamar a las cosas por su nombre y decir claro y alto que, si no queremos a los menores hacinados hoy en Ceuta, es ante todo y sobre todo porque son moros y negros, porque somos racistas vaya.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que se&ntilde;ores del gobierno p&oacute;nganse las pilas, por favor, aceleren todos los tr&aacute;mites y resuelvan con agilidad. Gobierno de Espa&ntilde;a, por favor, informen de las relaciones con Marruecos y con Argelia, de las conversaciones con el Rey alau&iacute; y con el Gobierno de aquel pa&iacute;s y d&iacute;ganle a la Uni&oacute;n europea que estamos ante una cuesti&oacute;n de Humanidad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-51-no-politica-humanidad_129_13448952.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 09:36:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 51. No es política es humanidad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La psicología del eclipse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/psicologia-eclipse_129_13438881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Se ha alabado la reinterpretaci&oacute;n de Ulises que Nolan ofrece en su pel&iacute;cula; y, aunque sin ese entusiasmo exagerado que ha concitado (tan sospechoso de que lo haya engordado la nada inocente habilidad de Universal para urdir campa&ntilde;as de marketing), coincido en que es uno de los escasos hallazgos que me procur&oacute; la cinta. La adaptaci&oacute;n posmoderna del personaje ha conllevado, sin embargo (y quiz&aacute; como presupuesto insoslayable), que se haya sustituido el tono mitol&oacute;gico y &eacute;pico del poema original por una aproximaci&oacute;n esc&eacute;ptica o psicoanal&iacute;tica que, a la postre, derrumba la verosimilitud narrativa del viaje hom&eacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su infantilismo, tan caracter&iacute;stico de este tiempo averso a la ambig&uuml;edad (esto es, a la inteligencia), el r&oacute;tulo admonitorio que precede a la secuencia inicial del largo <em>(&ldquo;En una &eacute;poca de magia aparente&rdquo;) </em>condensa la paradoja que la ambivalencia de Nolan no ha sabido resolver, y por la que su <em>Odisea </em>termina resultando frustrante o insatisfactoria; o quiz&aacute;, m&aacute;s que de ambivalencia, haya adolecido de una cierta falta de coraje para apostar decididamente por su revisi&oacute;n del cl&aacute;sico. El director no pod&iacute;a preservar fielmente la secuencia de sucesos del poema, y sin embargo el guion la sigue fundamentalmente, si pretend&iacute;a despojarle de ese componente m&aacute;gico para trasladar a Ulises al contexto antropol&oacute;gico del Occidente de 2026, pues la historia original depende y est&aacute; engarzada por tantos <em>deus ex machina, </em>en un sentido no s&oacute;lo figurado sino literal de directa intervenci&oacute;n de los dioses, que la coherencia del relato se desmadeja cuando se reniega de esa comprensi&oacute;n mist&eacute;rica (mitol&oacute;gica) de la realidad. Es m&aacute;s, la pel&iacute;cula sale airosa del episodio de las sirenas porque abandona su inane equilibrismo y abraza sin complejos esa comprensi&oacute;n antigua: a trav&eacute;s de dos recursos cinematogr&aacute;ficos puros e intuitivos de fuera de campo, opta por no revelar aquello que no puede revelarse, y con ello desaf&iacute;a nuestra contempor&aacute;nea gnoseolog&iacute;a cientificista.   
    </p><p class="article-text">
        No es que la civilizaci&oacute;n mic&eacute;nica fuera una <em>&ldquo;&eacute;poca de magia aparente&rdquo; </em>(afirmaci&oacute;n que tambi&eacute;n peca de cierto desd&eacute;n intelectual, de cierta superioridad moral presentista), sino de <em>magia verdadera:</em> la cosmovisi&oacute;n de aquellos griegos se articulaba a trav&eacute;s de la mitolog&iacute;a porque, entre cosas a falta de un desarrollo m&aacute;s extenso de la t&eacute;cnica y la tecnolog&iacute;a, el pensamiento m&aacute;gico les suministraba una explicaci&oacute;n s&oacute;lida para <em>dominar</em> tantos fen&oacute;menos, ambientales y tambi&eacute;n auspiciados por humanos, que no dominaban (esa insaciable obsesi&oacute;n por la previsibilidad sobre la que se ha construido la evoluci&oacute;n, a pesar de que debamos rendirnos a que la &uacute;nica certeza es <em>la certeza de lo incierto).</em> La psicolog&iacute;a moderna describe el pensamiento m&aacute;gico como una distorsi&oacute;n cognitiva que dibuja falsas causalidades, pero no lo era para aquellos griegos que viv&iacute;an y cre&iacute;an en la magia no como algo <em>ficticio, </em>sino como algo <em>real; </em>no como una excusa evasiva (en la medida en que ser&iacute;an conscientes de su insuficiencia) para alcanzar el sentido &uacute;ltimo de un hecho, sino como su explicaci&oacute;n m&aacute;s cabal y concluyente, correcta; y por eso, incluso la filosof&iacute;a ateniense del Siglo de Pericles integr&oacute; la mitolog&iacute;a, y no s&oacute;lo la experiencia emp&iacute;rica, en su racionalizaci&oacute;n del conocimiento del universo.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Her&oacute;doto nos cuenta c&oacute;mo un eclipse solar total, el primero documentado con exactitud cronol&oacute;gica, interrumpi&oacute; una batalla entre los medos y los lidios, contendientes que, inspirados por ese mensaje o presagio divino, finalmente firmaron la paz (a&ntilde;o 585 a.C.). El historiador asegura que Tales de Mileto lo hab&iacute;a pronosticado, dato que probablemente atesora un valor m&aacute;s simb&oacute;lico que f&aacute;ctico (signo de la transici&oacute;n de la interpretaci&oacute;n religiosa a la observaci&oacute;n y b&uacute;squeda de las leyes naturales); pero, en cualquier caso, el relato descubre que la cosmovisi&oacute;n mitol&oacute;gica no s&oacute;lo respond&iacute;a a carencias tecnol&oacute;gicas, sino tambi&eacute;n a una elecci&oacute;n<em> </em>de perspectiva para afrontar esas manifestaciones: interesaba m&aacute;s su <em>significado,</em> que el estudio de c&oacute;mo se hab&iacute;an producido. En la preeminencia de ese enfoque radica una diferencia esencial que se le escap&oacute; a Nolan (o no se atrevi&oacute; a plasmarla porque implica una denuncia inc&oacute;moda para los espectadores): que aquella sociedad griega era eminentemente <em>narrativa,</em> mientras que nuestro actual Occidente es exasperantemente <em>expositiva.</em>  
    </p><p class="article-text">
        El eclipse solar total de este verano podr&iacute;a servirnos para reconocer que hemos socavado esa perspectiva hasta vaciarla o anularla, y por eso nuestras sociedades est&aacute;n impregnadas de una pegajosa abulia, de un nihilismo nost&aacute;lgico y paralizante, pues los procesos se agotan en s&iacute; mismos, mientras que el significado narrativo (mitol&oacute;gico) trasciende. En este sentido, Jung sostiene que <em>&ldquo;la persona que ha perdido la capacidad de admirarse ya no es una persona, es una pieza del engranaje&rdquo; (El hombre y sus s&iacute;mbolos). </em>La ciencia ha analizado la &ldquo;psicolog&iacute;a del eclipse&rdquo;: produce una brecha de informaci&oacute;n que activa la red neuronal por defecto, lo que conduce a una suspensi&oacute;n del juicio l&oacute;gico que insufla curiosidad y estimula el aprendizaje y la imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque ya hemos colmado el conocimiento cient&iacute;fico del fen&oacute;meno, sigue irradiando una fascinaci&oacute;n que nos impulsa a ir m&aacute;s all&aacute;, a imbuirnos de un asombro (sublime) que explore nuevas dimensiones especulativas y creativas de un suceso que estrictamente ya no encierra misterio, pero que sigue sugestion&aacute;ndolo o proyect&aacute;ndolo. Creo que &eacute;ste es el motivo por el que estamos acogi&eacute;ndolo con tanta expectaci&oacute;n, con tanta delectaci&oacute;n: porque enciende una genuina capacidad de maravillarse que la saturaci&oacute;n de informaci&oacute;n est&aacute; atrofiando; porque legitima un hermoso par&eacute;ntesis de la incredulidad como actitud <em>ilustrada</em> para relacionarnos con los dem&aacute;s y el entorno. La psicolog&iacute;a del eclipse nos permite recuperar el pensamiento m&aacute;gico, que hemos ridiculizado hasta arrinconarlo, como una aproximaci&oacute;n complementaria y ampliatoria (por supuesto, ya no &uacute;nica ni exclusiva ni principal), y desde luego m&aacute;s po&eacute;tica, a todos los significados de la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        Claro que el rescate de esa perspectiva hermen&eacute;utica de la realidad que <em>se nos ha amputado</em> no configura un juego de suma cero: como pueden apreciar, reivindico su valor cuando <em>ampl&iacute;a </em>la visi&oacute;n, no cuando la postra al reduccionismo. Y es que el eclipse tambi&eacute;n puede servirnos para reconocer que nos hemos acostumbrado a que demasiados discursos p&uacute;blicos utilicen el pensamiento m&aacute;gico para purgar o expiar los pecados que descubre el contraste riguroso del pensamiento cr&iacute;tico. Cuando la crisis de la vivienda se achaca a una serie de catastr&oacute;ficas desdichas (y no a la negligencia en la ordenaci&oacute;n urban&iacute;stica de las Administraciones P&uacute;blicas: hablo en primera persona, que llevo esperando durante meses a que el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o emita un informe favorable para que se complete la licencia de primera ocupaci&oacute;n de mi piso); cuando la propagaci&oacute;n de los incendios se compara con una plaga b&iacute;blica, siquiera de manera subyacente; o cuando el ministro Marlaska describe la invasi&oacute;n de Ceuta, y sus m&uacute;ltiples violencias en las calles y sus cad&aacute;veres en las playas, como <em>&ldquo;Cosas que ocurren&rdquo;,</em> est&aacute; invoc&aacute;ndose el pensamiento m&aacute;gico en la versi&oacute;n reduccionista y tribal que supon&iacute;amos superada. Pueril, torpe triqui&ntilde;uela la del &ldquo;cierren los ojos&rdquo; o &ldquo;miren para otro lado&rdquo; mientras se ejecuta el truco. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que, en fin, este eclipse deber&iacute;a postular, socialmente, una met&aacute;fora del asombro que impulsa la indagaci&oacute;n de la verdad, pero no de la oscuridad de un (nuevo) apag&oacute;n.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Daniel Íñiguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/psicologia-eclipse_129_13438881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Aug 2026 15:23:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La psicología del eclipse]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tiempo_129_13436766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A las diez de la noche del 19 de julio de 2022, el olor que lleg&oacute; a Logro&ntilde;o no era el de la panader&iacute;a nocturna ni el de la humedad del Ebro. Era resina calcinada, el polvo negro de las agujas de pino, el aire convertido en v&iacute;ctima. El humo viaj&oacute; 180 kil&oacute;metros en l&iacute;nea recta desde el incendio de Ateca, en Zaragoza, un fuego que arras&oacute; m&aacute;s de 14.000 hect&aacute;reas de pinar en apenas unos d&iacute;as. Esa noche, la estaci&oacute;n de La Cig&uuml;e&ntilde;a, de la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire de La Rioja, registr&oacute; en Logro&ntilde;o una concentraci&oacute;n de part&iacute;culas PM&#8322;,&#8325; que triplic&oacute; con creces la media mensual de julio. No se declar&oacute; alerta sanitaria. El episodio, sin embargo, ol&iacute;a y respiraba dentro de las casas. La antropolog&iacute;a sensorial nos recuerda que los olores son vectores de memoria colectiva. El <em>olor a pino quemado</em> se inscribir&aacute; en la biograf&iacute;a de este lugar como antes lo hicieron el olor a fermento de las bodegas o a mies segada. Pero esta memoria no es nost&aacute;lgica; es una memoria de anticipaci&oacute;n, un archivo olfativo del futuro que ya ha llegado.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo a&ntilde;o, la estaci&oacute;n agrometeorol&oacute;gica de Alfaro anot&oacute; 42 jornadas con m&aacute;ximas por encima de los 38 &deg;C. Tres d&eacute;cadas antes, en el periodo 1981-1990, esos d&iacute;as extremos no llegaron a diez en toda la d&eacute;cada. Los modelos clim&aacute;ticos regionalizados del proyecto CLIMPY, impulsado por las administraciones del Pirineo, proyectan para 2050 entre 40 y 60 d&iacute;as adicionales de ola de calor al a&ntilde;o en la cuenca del Ebro riojana, con un aumento de la temperatura media estival de hasta 2,5 &deg;C. Mientras, la lluvia se retira. Seg&uacute;n datos de la Agencia Estatal de Meteorolog&iacute;a (AEMET), la precipitaci&oacute;n anual media en la estaci&oacute;n de Logro&ntilde;o-Agoncillo pas&oacute; de los 483 mm en el periodo 1971-2000 a 387 mm en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En Rinc&oacute;n de Soto, la estaci&oacute;n agroclim&aacute;tica de La Recueja lleva dos d&eacute;cadas registrando el pulso del valle: la precipitaci&oacute;n media de abril y mayo, la ventana cr&iacute;tica para el cultivo, ha ca&iacute;do un 22% entre la d&eacute;cada 2005-2014 y el periodo 2015-2025, mientras la evapotranspiraci&oacute;n anual &mdash;la sed del aire&mdash; ha crecido un 7%. 
    </p><p class="article-text">
        El humo y el calor escriben su qu&iacute;mica en la atm&oacute;sfera. El 7 de julio de 2023, la misma estaci&oacute;n de La Cig&uuml;e&ntilde;a, de la Red de Vigilancia de la Calidad del Aire del Gobierno de La Rioja, midi&oacute; picos de ozono troposf&eacute;rico que superaron durante cinco horas consecutivas el umbral de protecci&oacute;n de la salud. Este oxidante potente, invisible, reduce la capacidad pulmonar y acelera el envejecimiento de las plantas. Su mapa no es neutral. En Espa&ntilde;a, reproduce la cartograf&iacute;a de la renta: los barrios con menor poder adquisitivo se agrupan junto a las rondas de circunvalaci&oacute;n y los pol&iacute;gonos industriales; los m&aacute;s ricos, en las laderas altas donde el viento limpia, Logro&ntilde;o en su valle, no tiene monta&ntilde;as a las que encaramarse y mira a la sierra. La contaminaci&oacute;n es un fen&oacute;meno social antes que meteorol&oacute;gico. La historiadora de la ciencia Naomi Oreskes afirma que todo r&eacute;gimen de sacrificio &ndash;qui&eacute;nes soportan el coste&ndash; define una civilizaci&oacute;n. Este r&eacute;gimen de sacrificio clim&aacute;tico tiene un mapa: los barrios obreros respiran el ozono de las autopistas, las comunidades rurales ven envenenados sus acu&iacute;feros por los purines y, sobre todo, los pa&iacute;ses del Sur global &ndash;los que menos han contribuido al problema&ndash; reciben los ciclones m&aacute;s feroces. Reconocer este mapa es tambi&eacute;n una disecci&oacute;n moral del r&eacute;gimen que lo traza. En el valle del Aguasvivas, aragon&eacute;s, el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes contabiliza decenas de miles de cabezas de ganado porcino en explotaciones intensivas. Los nitratos de sus purines han contaminado masas de agua subterr&aacute;nea, superando en la mayor&iacute;a de los puntos de control el l&iacute;mite de 50 mg/l establecido por la Confederaci&oacute;n Hidrogr&aacute;fica del Ebro. El amon&iacute;aco que emana de estas granjas viaja por el aire y se deposita en los bosques, acidificando el suelo y debilitando los pinos. La cadena es perfecta y circular: producci&oacute;n industrial de carne &rarr; nitr&oacute;geno vol&aacute;til &rarr; bosque enfermo y seco &rarr; incendio devastador &rarr; olor a pino quemado en una ciudad a doscientos kil&oacute;metros. El sacrificio ecol&oacute;gico no tiene fronteras administrativas.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta l&oacute;gica, la respuesta psicol&oacute;gica de los m&aacute;s j&oacute;venes es l&uacute;cida y devastadora. Una encuesta internacional publicada en <em>The Lancet Planetary Health</em> en 2021, que consult&oacute; a diez mil j&oacute;venes de diez pa&iacute;ses, encontr&oacute; que m&aacute;s de la mitad cree que la humanidad est&aacute; condenada y que tres de cada cuatro consideran aterrador el futuro que les espera. La <em>eco-ansiedad</em>, t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por la comunidad psicol&oacute;gica para describir el trauma cr&oacute;nico ante el colapso ambiental, no es una patolog&iacute;a individual, sino una respuesta racional a una amenaza colectiva y verificable. Cuando se les pide que imaginen su ciudad en 2040, una mayor&iacute;a dibuja calles inundadas o paisajes desolados. La playa, para muchos, ya no es un lugar de goce, sino un testimonio de p&eacute;rdida: m&aacute;s sucia, m&aacute;s lejana cada a&ntilde;o. En el sur de la Regi&oacute;n de Murcia, estudios de erosi&oacute;n costera han documentado retrocesos de hasta dos metros al a&ntilde;o en algunas de sus playas. El dato t&eacute;cnico confirma lo que la experiencia sensible ya sabe.
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos, por tanto, nuevos ritos colectivos para metabolizar esta p&eacute;rdida y convertir la conciencia del desastre en energ&iacute;a pol&iacute;tica. Propongo uno, tan sencillo como subversivo: que el primer d&iacute;a del a&ntilde;o en que la temperatura supere los 40 &deg;C en la capital de cada provincia, se decrete un minuto de silencio c&iacute;vico. Se detendr&iacute;a el tr&aacute;fico a&eacute;reo y rodado, y sonar&iacute;a una sirena &uacute;nica. No para celebrar un r&eacute;cord, sino para escuchar el vac&iacute;o que hemos creado, para hacer tangible el umbral que hemos cruzado. No ser&iacute;a un acto aislado. En 2019, Islandia celebr&oacute; un funeral oficial por el glaciar Okj&ouml;kull, declarado muerto. Colocaron una placa que reza: <em>este monumento es para reconocer que sabemos lo que est&aacute; sucediendo y lo que hay que hacer. Solo t&uacute; sabr&aacute;s si lo hicimos</em>. Estos nuevos ritos &ndash;el minuto de silencio por el grado cr&iacute;tico, el funeral por el glaciar&ndash; son mecanismos culturales de duelo activo, muy distintos de la teatralidad de los plenos de ayuntamientos o parlamentos que aprueban proposiciones <em>no de ley</em> con la intenci&oacute;n de no ejecutarlas, an&aacute;logos m&aacute;s bien a los que las sociedades tradicionales desarrollaban para aplacar a un volc&aacute;n o pedir lluvia. La diferencia radical es que ahora el agente a aplacar no es una deidad, sino la consecuencia material de nuestra propia acci&oacute;n. El ritual ya no pide clemencia a la naturaleza; exige responsabilidad a la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera desobediencia, sin embargo, no est&aacute; en el luto: est&aacute; en la construcci&oacute;n de alternativas que desactiven la l&oacute;gica del colapso. La ciudad de Valladolid recuper&oacute; en 2017 la gesti&oacute;n p&uacute;blica de su ciclo integral del agua, poniendo fin a veinte a&ntilde;os de concesi&oacute;n privada en manos del grupo Agbar. Desde entonces, la empresa municipal Aquavall ha mantenido las tarifas congeladas y ha convertido lo que antes era un canon de 5,6 millones de euros para el Ayuntamiento en m&aacute;s de 11 millones de euros de beneficio p&uacute;blico, reinvertidos en la propia red. Diez sentencias judiciales han respaldado el proceso frente a los intentos de revertirlo. En Sevilla, el proyecto europeo Powerty instal&oacute; placas solares sobre dos colegios p&uacute;blicos del barrio de Torreblanca, uno de los m&aacute;s empobrecidos de Espa&ntilde;a: catorce familias vulnerables reciben ya energ&iacute;a gratuita, con ahorros de hasta el 40% en su factura el&eacute;ctrica. Estos proyectos son actos de reconfiguraci&oacute;n pol&iacute;tica. Muestran que la distancia entre la mera resiliencia &ndash;que pide al individuo que aguante el <em>shock</em>&ndash; y el renacimiento &ndash;que exige cambiar el sistema para que el <em>shock</em> deje de ser rentable&ndash; es, precisamente, la distancia de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        El 2 de noviembre de 2023, una lluvia intensa limpi&oacute; el aire de Logro&ntilde;o. Precedida por el petricor, ese olor a tierra mojada que es mezcla de geosmina y aceites vegetales, la lluvia fue un recordatorio de que la atm&oacute;sfera tambi&eacute;n puede curar. Ese olor a petricor, tan celebrado po&eacute;ticamente, es en realidad la firma qu&iacute;mica de un di&aacute;logo: las bacterias del suelo liberan geosmina al humedecerse, y las plantas aceites. Es el olor de la Tierra respondiendo, de un sistema vivo que a&uacute;n busca su equilibrio. Nos recuerda que formamos parte de un metabolismo vivo, un &oacute;rgano hipertrofiado y disfuncional dentro de un sistema que tambi&eacute;n busca su equilibrio. La cura, si llega, ser&aacute; el restablecimiento de una conversaci&oacute;n qu&iacute;mica que hemos interrumpido a gritos. En dos horas, el acu&iacute;fero subterr&aacute;neo recibi&oacute; el equivalente al agua que consumen miles de personas en una semana. No bast&oacute; para compensar el d&eacute;ficit, pero devolvi&oacute;, durante unas horas, el olor a tierra viva y borr&oacute; el rescoldo de aquel julio.
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico se ha convertido en una nueva y brutal gram&aacute;tica de la realidad. Aprende a hablar en olores in&eacute;ditos y en silencios donde antes hab&iacute;a el rumor de un r&iacute;o o el canto de un p&aacute;jaro; sus d&iacute;as, incluso, empiezan a quedarse sin nombre en el calendario tradicional. Adaptarnos pasivamente a este lenguaje no basta: hay que traducirlo &ndash;con rabia, con precisi&oacute;n, con amor&ndash; sin perder la capacidad de indignaci&oacute;n. Si el siglo XX fue el de la proclamaci&oacute;n de los derechos humanos, el XXI ser&aacute; el de la asunci&oacute;n de los deberes con la atm&oacute;sfera que nos permite existir. Pero unos y otros solo cobrar&aacute;n sentido si aprendemos a nombrar la herida sin convertirla en mercanc&iacute;a, en espect&aacute;culo o en estad&iacute;stica fr&iacute;a. La fil&oacute;sofa Isabelle Stengers llama a esto <em>intrusi&oacute;n de Gaia</em>: la Tierra, como entidad geof&iacute;sica, irrumpe ahora con sus propias condiciones, actor y ya no escenario silencioso de nuestros dramas. No podemos negociar con ella. Solo podemos, como sugiere Stengers, <em>hacer frente</em> a su intrusi&oacute;n, lo que significa, en &uacute;ltima instancia, hacer frente a nosotros mismos y a la organizaci&oacute;n letal de nuestro mundo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta intrusi&oacute;n geof&iacute;sica, la arquitectura pol&iacute;tica dise&ntilde;ada para gestionarla es activamente saboteada, m&aacute;s all&aacute; de su fracaso funcional. Los grandes marcos de gobernanza clim&aacute;tica &ndash;el Acuerdo de Par&iacute;s, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030&ndash; se incumplen de forma cr&oacute;nica. El &uacute;ltimo Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que, con los compromisos actuales, el mundo se dirige a un calentamiento catastr&oacute;fico de 2,8 &deg;C. Los pa&iacute;ses hist&oacute;ricamente responsables &ndash;el G20 genera en torno al 78% de las emisiones globales, seg&uacute;n el propio PNUMA&ndash; siguen expandiendo su infraestructura f&oacute;sil. En este vac&iacute;o de acci&oacute;n, la propia Agenda 2030 ha sido convertida en el blanco de una campa&ntilde;a de deslegitimaci&oacute;n global que no tiene un &uacute;nico origen: la alimenta la m&aacute;quina de desinformaci&oacute;n de la derecha republicana en Estados Unidos, que tilda los ODS de <em>socialismo global</em>; la alimentan Vox en Espa&ntilde;a y el gobierno de Viktor Orb&aacute;n en Hungr&iacute;a, que los rechazan como <em>inmigracionismo</em>; la alimentan los <em>think tanks</em> libertarios y negacionistas, desde el <em>Heartland Institute</em> en Chicago hasta la <em>Fundaci&oacute;n para el An&aacute;lisis y los Estudios Sociales (FAES)</em> en Madrid, que los pintan como una <em>agenda globalista</em> para restringir libertades. Esta demonizaci&oacute;n es un mecanismo de sabotaje perfecto: consigue que la conversaci&oacute;n p&uacute;blica deje de versar sobre <em>c&oacute;mo</em> cumplir los objetivos clim&aacute;ticos para discutir <em>si</em> existe siquiera una emergencia. Mientras el incendio se extiende, el debate se reduce a discutir la existencia del fuego. La paradoja es letal: nunca hemos tenido un diagn&oacute;stico cient&iacute;fico m&aacute;s claro ni unos instrumentos de cooperaci&oacute;n m&aacute;s detallados, y nunca la acci&oacute;n concreta ha estado m&aacute;s lejos de la urgencia declarada, bloqueada por una ficci&oacute;n pol&iacute;tica que confunde soberan&iacute;a con negaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, cada vez que abra la ventana y llegue, de nuevo, el olor a pino quemado, recordar&eacute; que el trabajo consiste en no acostumbrarme: en hacer que ese olor &ndash;&iacute;ntimo, penetrante, colectivo&ndash; sea tan pol&iacute;ticamente intolerable como lo fue, en su d&iacute;a, el humo que sal&iacute;a de las chimeneas donde se decidi&oacute; qui&eacute;n merec&iacute;a vivir y qui&eacute;n no. La atm&oacute;sfera ha empezado a hablar. Lo que queda por ver es si conseguimos escucharla, y responderle, antes de que deje de respirarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cabezón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/tiempo_129_13436766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2026 09:49:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tiempo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Utopías 50. Disparen a matar y sálvese quien pueda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-50-disparen-matar-salvese-pueda_129_13435642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        A primera hora de esta tarde, domingo 2 de agosto, cuando iba conduciendo y como suele ser habitual con la radio puesta, he escuchado que la crisis migratoria con la que hemos acabado el mes de julio y esa avalancha de cincuenta mil personas atravesando la frontera de Marruecos con Ceuta,  se ha saldado con m&aacute;s de 70 personas muertas, cifra que a buen seguro aumentar&aacute; porque el n&uacute;mero de cad&aacute;veres arrastrados por las olas hasta la playa no se sabe cuando terminar&aacute;, como tampoco se sabr&aacute; cuantas personas se ha tragado literalmente el mar. 
    </p><p class="article-text">
        En el mismo informativo radiof&oacute;nico contaban la respuesta de algunos pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea a Espa&ntilde;a. Muy mala, por cierto. El comunicado del Rey Felipe VI: ni f&uacute;, ni f&aacute;, ni chicha, ni limon&aacute;. La declaraci&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez agradeciendo a Marruecos su colaboraci&oacute;n para la repatriaci&oacute;n de los invasores: de no ser tan grave y de no haber vidas humanas de por medio, resultar&iacute;a gracioso. Marruecos, ese vecino, amigo, peligroso que tiene a Espa&ntilde;a entre la espada y la pared. 
    </p><p class="article-text">
        Lo correcto es decir a Pedro S&aacute;nchez que Feij&oacute;o y Abascal tienen la soluci&oacute;n porque a ellos, no hay monarca alahui que les intimide. Las soluciones del PP y Vox a la entrada masiva de personas a Ceuta son &eacute;stas, seg&uacute;n sus propias declaraciones: por parte del PP, su secretario general Miguel Tellado exige desplegar &ldquo;todas las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en Ceuta para que no quede ni uno de los inmigrantes que han entrado de forma ilegal&rdquo;.Como desconozco cu&aacute;l es el n&uacute;mero exacto de polic&iacute;as, guardias civiles y militares que hay en Espa&ntilde;a&hellip; lo primero que he hecho al llegar a casa, ha sido preguntar a la IA: me dice que en 2024, entre Polic&iacute;a Nacional y Guardia Civil hab&iacute;a 156.463 agentes. Me parece que tantas personas no caben en Ceuta, pero no soy qui&eacute;n para rebatir las palabras del Sr. Tellado.Tambi&eacute;n le he pedido a la IA los detalles del aeropuerto de Ceuta y me he quedado pasmada porque la respuesta ha sido clara y ha corroborado lo que yo sab&iacute;a: &ldquo;Ceuta no tiene aeropuerto comercial como tal. Lo que tiene es un helipuerto sin pista para aviones&rdquo;. Bueno, soy comprensiva y entiendo que todo el mundo se equivoca y tambi&eacute;n el Sr. Tellado se ha podido confundir.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; vuelvo al cap&iacute;tulo soluciones y cito la del Sr. Abascal, capaz de acabar con esta crisis &ldquo;militarizando permanentemente la frontera y el cierre permanente del paso fronterizo hasta que Marruecos nos d&eacute; garant&iacute;as&rdquo;. Tambi&eacute;n exige Santiago Abascal la &ldquo;identificaci&oacute;n y devoluci&oacute;n inmediata de todos los que han entrado en Ceuta&rdquo;. Nuevamente me qued&oacute; ojipl&aacute;tica porque a &ldquo;1 de enero de 2025 Espa&ntilde;a ten&iacute;a 116.739 militares en servicio activo&rdquo;. Vamos que tampoco caben en Ceuta y que transportarlos hasta all&iacute;, en avi&oacute;n es imposible&hellip; Claro, que Santiago Abascal es un hombre fuerte, de hombros  anchos y espalda cuadrada&hellip;bien podr&iacute;a convertirse en &aacute;guila que extiende sus alas y lleva a los soldados sobre sus plumas. Algo parecido se cuenta en el Deuteronomio.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que ya en mi refugio dom&eacute;stico, un remanso de paz, sin drones, ni misiles, ni buques de guerra, ni soldados entrenados para matar, le he comentado a un amigo que tal vez, mi pr&oacute;xima utop&iacute;a, &eacute;sta que estoy redactando ahora, se titulase &middot;&ldquo;Disparen a matar&rdquo;. A mi amigo le ha parecido bien el t&iacute;tulo y ha continuado refiri&eacute;ndose al n&uacute;mero de muertos tambi&eacute;n mujeres y ni&ntilde;os en edad &ldquo;no militar&rdquo; que han perdido la vida por esta barbaridad. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s una amiga me ha escrito: &ldquo;Vamos hacia el s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; y como ella estaba viendo en RTVE play la pel&iacute;cula &laquo;Perfect days&raquo;, no he querido seguir molest&aacute;ndola. En resumidas cuentas, he decidido que la utop&iacute;a n&uacute;mero 50 va a llevar dos t&iacute;tulos: &ldquo;Disparen a matar y s&aacute;lvese quien pueda&rdquo;&raquo;. En honor a mis dos amigos porque yo tambi&eacute;n se ser muy amiga de mis amigos. Y no como Trump, el Rey de Marruecos, Infantino, Netanyahu y otros secuaces&hellip;
    </p><p class="article-text">
        De aqu&iacute; al 12 de agosto lo que voy a hacer es conseguir unas gafas homologadas para ver el eclipse. Ya he pensado en dos o tres lugares en los que se podr&aacute; ver estupendamente, e ir&eacute; a comprobarlo antes de esa fecha. No los voy a desvelar porque no quiero verme rodeada de personas defensoras del terraplanismo, que vayan sin gafas y se queden ciegas delante de m&iacute;. No. No. No lo quiero ni pensar que luego viene Trump y le dice al Rey de Marruecos que la final del mundial de f&uacute;tbol de 2030 se va a jugar en Rabat y que nuestros vecinos del Norte de Africa tendr&aacute;n todo lo que necesiten para prosperar: se construir&aacute;n carreteras y autov&iacute;as en Marruecos, aeropuertos, macro puertos, hoteles de lujo, para los que vayan a ver la gran final, restaurantes en cuyas cocinas estar&aacute;n los mejores chefs. Trump es muy generoso con sus amigos, y el Rey de Marruecos est&aacute; entre ellos, como lo est&aacute; Infantino, el presidente de la FIFA que el pobre est&aacute; pasando malos momentos por querer privatizar el mundial de f&uacute;tbol 2030, siguiendo &oacute;rdenes de su amigo pelirrojo.
    </p><p class="article-text">
        En fin, espa&ntilde;oles de bien, decidme: &iquest;Qu&eacute; hacemos con los chavales y los ni&ntilde;os que pululan por las calles de Ceuta, y no los queremos en las ciudades de nuestra pen&iacute;nsula? &iquest;Seguimos la ley de Dios y la declaraci&oacute;n de los Derechos Humanos o disparamos a matar y que se salve el que pueda? Espero respuesta para ciudadanos con capacidad de comprensi&oacute;n normal, ni listos, ni tontos, una cosa del mont&oacute;n. Y deseo menos declaraciones de los pol&iacute;ticos porque creo haber demostrado que s&oacute;lo dicen tonter&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luz Ezquerro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/utopias-50-disparen-matar-salvese-pueda_129_13435642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 08:10:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Utopías 50. Disparen a matar y sálvese quien pueda]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patriotas de frontera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/patriotas-frontera_129_13434400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hay una forma de patriotismo que consiste en exhibir pulseras, llaveros o pegatinas con los colores de la bandera, o en hacerse fotograf&iacute;as delante de una bandera de Espa&ntilde;a. Hay otra, bastante menos vistosa, que consiste en compartir los problemas del pa&iacute;s al que esa bandera representa.
    </p><p class="article-text">
        La primera exige muy poco. Basta con levantar la voz, se&ntilde;alar al enemigo y repetir, una y otra vez, que Espa&ntilde;a se rompe.  La segunda obliga a algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo como es hacerse responsable de Espa&ntilde;a cuando Espa&ntilde;a necesita ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos d&iacute;as de julio, tras la grave crisis migratoria vivida en Ceuta, hemos asistido a un aut&eacute;ntico desfile pol&iacute;tico por sus calles que ha vuelto a dejar al descubierto esa diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Es l&oacute;gico que el presidente del Gobierno acudiera a Ceuta. Es su obligaci&oacute;n institucional y, ante una situaci&oacute;n de extraordinaria gravedad, corresponde al m&aacute;ximo responsable del Ejecutivo garantizar la seguridad, coordinar los recursos del Estado y transmitir confianza a la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desfilaron por sus calles quienes, una vez m&aacute;s, se presentaban como los &uacute;nicos defensores de la patria, de la Constituci&oacute;n y de la integridad territorial de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La ciudad se llen&oacute; de dirigentes pol&iacute;ticos que llegaron apresuradamente para proclamar que Ceuta es Espa&ntilde;a. Como si alguien lo hubiera puesto alguna vez en duda.
    </p><p class="article-text">
        Escuchamos discursos solemnes sobre la defensa de nuestras fronteras, la soberan&iacute;a nacional y la integridad del territorio. Vimos banderas ondeando con entusiasmo y declaraciones cargadas de &eacute;pica. Parec&iacute;a que la patria estuviera en peligro y que solo ellos hubieran acudido a rescatarla. Hasta ah&iacute;, nada nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Lo verdaderamente interesante empieza cuando se apagan las c&aacute;maras y cuando contrastamos los discursos con los hechos, porque defender Ceuta no consiste &uacute;nicamente en proteger su frontera.  Defender Ceuta significa tambi&eacute;n ayudar a los ceut&iacute;es cuando soportan una presi&oacute;n que ninguna ciudad espa&ntilde;ola puede afrontar sola.  Y ah&iacute; es donde ese patriotismo tan ruidoso empieza a quedarse sorprendentemente mudo.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando Ceuta pide solidaridad para atender a los menores migrantes que han llegado solos a territorio espa&ntilde;ol, los grandes guardianes de la patria descubren de repente que la solidaridad tiene fronteras.  Entonces ya no hablan de Espa&ntilde;a. Hablan de competencias, de que el Gobierno pretende imponer un reparto, de cupos, de costes. Hablan de que &ldquo;los reciba otro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; curioso! En ese momento, Ceuta, Melilla o Canarias dejan de ser &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo; para convertirse simplemente en un problema ajeno.  Espa&ntilde;a parece indivisible cuando hay que agitar la bandera, pero se convierte en diecisiete compartimentos estancos cuando toca repartir responsabilidades. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se trata de exigir m&aacute;s vigilancia fronteriza, Ceuta representa el honor nacional. Cuando se trata de compartir el esfuerzo que esa frontera genera, Ceuta pasa a ser una ciudad sola. Es un patriotismo extraordinariamente selectivo que les sirve a algunos para exigir sacrificios, nunca para asumirlos.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos d&iacute;as hemos visto desfilar por Ceuta a Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, a Santiago Abascal y a otros referentes de una extrema derecha cada vez m&aacute;s entregada a la competici&oacute;n por ver qui&eacute;n envuelve con m&aacute;s fuerza sus discursos en la bandera nacional.
    </p><p class="article-text">
        Todos coincid&iacute;an en un mensaje: &iexcl;a Ceuta hay que defenderla! Un grito con el que estoy completamente de acuerdo. Pero la pregunta es de qui&eacute;n hay que defenderla. &iquest;De quienes intentan cruzar una frontera?  &iquest;O tambi&eacute;n de quienes, desde la comodidad de cientos de kil&oacute;metros de distancia, se niegan sistem&aacute;ticamente a compartir el esfuerzo que esa frontera genera?
    </p><p class="article-text">
        Porque la realidad es tozuda. Ceuta no pide discursos, pide ayuda.  No reclama m&aacute;s fotograf&iacute;as, reclama que el resto de Espa&ntilde;a asuma la parte que le corresponde en una responsabilidad que es de todos.  Y esa ayuda debe llegar en forma de recursos, de coordinaci&oacute;n institucional y, cuando es necesario, del reparto solidario de menores migrantes entre comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        Nos hablan constantemente de unidad nacional, pero esa unidad desaparece cuando implica repartir responsabilidades. Invocan la Constituci&oacute;n mientras rechazan uno de los principios que mejor la sostienen: la solidaridad entre todos los territorios del Estado. Y, sobre todo, se olvidan deliberadamente de que aqu&iacute; no estamos hablando &uacute;nicamente de pol&iacute;tica migratoria.  Estamos hablando de menores. De ni&ntilde;os y adolescentes que, independientemente de c&oacute;mo hayan llegado hasta aqu&iacute;, est&aacute;n bajo la protecci&oacute;n del Estado de Derecho y de una legislaci&oacute;n que obliga a las administraciones p&uacute;blicas a garantizarles una atenci&oacute;n digna. Y no porque lo diga un partido.  No porque lo decida un gobierno, sino porque lo exige la ley. La espa&ntilde;ola y la europea. Y, sobre todo, porque lo exige algo todav&iacute;a m&aacute;s importante como es el m&aacute;s elemental sentido de humanidad y decencia.
    </p><p class="article-text">
        Se puede defender un mayor control de las fronteras. Se puede reclamar una pol&iacute;tica migratoria distinta. Se pueden exigir m&aacute;s medios para evitar la inmigraci&oacute;n irregular.  Todo eso forma parte del debate democr&aacute;tico, pero lo que resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de justificar es utilizar a Ceuta como s&iacute;mbolo cuando interesa y abandonarla cuando pide ayuda.  Porque entonces ya no estamos ante una posici&oacute;n pol&iacute;tica coherente, estamos ante un ejercicio de cinismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero patriotismo no consista en viajar apresuradamente hasta Ceuta para hacerse una fotograf&iacute;a junto a una valla. Quiz&aacute; consista, sencillamente, en entender que Ceuta es Espa&ntilde;a siempre, tambi&eacute;n cuando necesita que el resto de Espa&ntilde;a est&eacute; a su lado.
    </p><p class="article-text">
        Si Ceuta es Espa&ntilde;a para pedir firmeza, tambi&eacute;n lo es para pedir ayuda.  Si Ceuta merece la protecci&oacute;n de todos cuando su frontera se ve sometida a presi&oacute;n, tambi&eacute;n merece la solidaridad de todos cuando esa presi&oacute;n desborda sus capacidades. Lo contrario tiene un nombre.  No es patriotismo.  Es oportunismo envuelto en una bandera. 
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; esa sea la gran mentira de nuestro tiempo, confundir el amor a un pa&iacute;s con el ruido que algunos hacen alrededor de su bandera.
    </p><p class="article-text">
        Porque querer a un pa&iacute;s no consiste en agitar su bandera y se&ntilde;alar constantemente d&oacute;nde termina su territorio. Consiste, sobre todo, en no abandonar nunca a quienes viven dentro de &eacute;l. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel González de Legarra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/opinion/patriotas-frontera_129_13434400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2026 12:00:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Patriotas de frontera]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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