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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alimentos que cambian vidas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alimentos que cambian vidas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Oxfam Intermón denuncia la falta de voluntad política para acabar con el hambre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/hambre-alimentacion_1_5122491.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f204d776-b54e-4a78-8cb9-4b294b6fcc60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Oxfam Intermón denuncia la falta de voluntad política para acabar con el hambre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Controlar la especulación alimentaria, fomentar la pequeña agricultura o regular la explotación de los cultivos de alimentos para la producción de energía son algunas de las medidas que la comunidad internacional continúa ignorando.</p><p class="subtitle">El informe "Acabar con el hambre está al alcance de nuestras manos" alerta de que el mundo no cumplirá en 2015 su meta de disminuir a la mitad la proporción de personas que pasan hambre</p></div><p class="article-text">
        Controlar la especulaci&oacute;n alimentaria, fomentar la peque&ntilde;a agricultura, regular la explotaci&oacute;n de los cultivos de alimentos para la producci&oacute;n de energ&iacute;a, o tomar acciones firmes contra el cambio clim&aacute;tico; son algunas de las medidas que, seg&uacute;n recuerda Oxfam Interm&oacute;n, podr&iacute;an acabar con el hambre si hubiese voluntad pol&iacute;tica para erradicarla. La organizaci&oacute;n denuncia que, si se contin&uacute;a como hasta ahora, la comunidad internacional no cumplir&aacute; su meta de disminuir a la mitad la proporci&oacute;n de personas subnutridas en el mundo fijada para 2015.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo del informe &ldquo;Acabar con el hambre est&aacute; al alcance de nuestras manos&rdquo;, la ONG desglosa las causas del hambre para evidenciar cu&aacute;les son sus soluciones. Buena parte de la responsabilidad sobre las cifras de subnutrici&oacute;n mundial la tienen, seg&uacute;n cita el documento, la ca&iacute;da de la ayuda a los peque&ntilde;os agricultores, la dificultad de acceso a los escasos recursos naturales y el mal reparto de estos, los efectos del cambio clim&aacute;tico y la subida de los precios de los alimentos, fruto de la especulaci&oacute;n alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        Un total de 500 millones de <strong>peque&ntilde;os agricultores</strong> de pa&iacute;ses en v&iacute;as desarrollo proporcionan alimentos a casi dos mil millones de personas, detalla Oxfam Interm&oacute;n. No obstante, en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, los gobiernos de los pa&iacute;ses en desarrollo han dejado de invertir en el sector agropecuario y en el desarrollo rural debido a dos causas: sus propias pol&iacute;ticas de ajuste estructural y la imposibilidad de competir con los sectores agr&iacute;colas de los pa&iacute;ses ricos, ayudados por sus gobiernos. A pesar de que la Uni&oacute;n Africana se comprometi&oacute; hace una d&eacute;cada a destinar el 10% de sus presupuestos nacionales a la agricultura, en la actualidad solo 10 de los 54 pa&iacute;ses que la integran cumple con esta premisa. Por su parte, la ca&iacute;da en la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) total destinada a estos fines ha ca&iacute;do en 30 a&ntilde;os del 20,4 al 3,7%.
    </p><p class="article-text">
        El G8 introdujo en 2009 la promesa de dedicar 22.000 millones de d&oacute;lares en tres a&ntilde;os al refuerzo de la seguridad alimentaria s&oacute;lo lleg&oacute; a cumplirse parcialmente, seg&uacute;n el informe. Adem&aacute;s, este objetivo no se ha ampliado una vez cumplido este periodo de tiempo debido a la ca&iacute;da general de la AOD. En Espa&ntilde;a, el recorte acumulado desde 2010 alcanza el 70%.
    </p><p class="article-text">
        Tanto la cantidad de tierra cultivable como la de agua est&aacute;n en descenso. Seg&uacute;n recuerda la organizaci&oacute;n, a la <strong>escasez de recursos</strong>, se une el reparto desigual de estos. &ldquo;Lo terrible es que la competici&oacute;n por los recursos naturales est&aacute; beneficiando en gran medida a los grandes inversores privados y estatales&rdquo;, reza el documento. Entre 2000 y 2010, las compras y arrendamientos de tierras por inversores extranjeros en pa&iacute;ses en desarrollo se aceleraron. El informe subraya que esta superficie, que equivale a ocho veces el tama&ntilde;o del Reino Unido, podr&iacute;a producir alimentos suficientes para cubrir las necesidades de mil millones de personas. Pero no lo hacen: &ldquo;muchas de ellas se compran para especular o producen materia prima para la exportaci&oacute;n, en muchos casos para la producci&oacute;n de biocombustibles&rdquo;. Por este motivo, instan a la comunidad internacional a regular estas pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>especulaci&oacute;n</strong> de alimentos provoca subidas y bajadas de los precios de los alimentos que tiene sus consecuencias. Oxfam Interm&oacute;n detalla que el pico sufrido en 2008 aument&oacute; un 8% el n&uacute;mero personas desnutridas en &Aacute;frica. Sin embargo, &ldquo;hasta ahora, no ha habido ning&uacute;n cambio para frenar la especulaci&oacute;n alimentaria&rdquo;, denuncia.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos m&aacute;s recientes publicados por Naciones Unidas, 842 millones de personas sufren hambre cr&oacute;nica en el mundo, de los cuales 827 millones en pa&iacute;ses en desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el n&uacute;mero de personas que pasan hambre se ha reducido un 17% desde 1990, los progresos &ldquo;van demasiado lentos&rdquo;, seg&uacute;n denuncia el informe. &ldquo;Los avances en ese campo han sido decepcionantes, y existe un alto riesgo hoy de que se pierda lo logrado y empeore la situaci&oacute;n alimentaria de la poblaci&oacute;n mundial&rdquo;, concluye
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/hambre-alimentacion_1_5122491.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Dec 2013 10:32:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Hambre,Alimentación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Trabajábamos todo el día. Sólo podíamos ir al baño si enseñábamos un tique al vigilante"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/rsc-pescanova-coca-cola-oxfam-intermon_1_5134923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16d89382-f28f-4329-bd17-c9aa950ce5d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Trabajábamos todo el día. Sólo podíamos ir al baño si enseñábamos un tique al vigilante&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las grandes empresas alimentarias continúan sin mostrar una respuesta contundente en las denuncias de malas prácticas en los países empobrecidos donde se abastecen</p><p class="subtitle">Coca-Cola se ha comprometido a evaluar toda su cadena de suministro para evitar el acaparamiento de tierras por parte de sus proveedores</p><p class="subtitle">Diferentes ONG denuncian condiciones laborales cercanas a la esclavitud en la filial de Pescanova en Nicaragua</p></div><p class="article-text">
        Ilario Calero recuerda al otro lado del tel&eacute;fono sus cinco a&ntilde;os como trabajador de Pescanova. &ldquo;Ten&iacute;amos horario de entrada, las 6 de la ma&ntilde;ana, pero no cont&aacute;bamos con una hora fija de salida. Normalmente lleg&aacute;bamos a las 24 horas&rdquo;. 24 horas descabezando y pelando camarones. Ilario denuncia la falta de salario fijo, la prohibici&oacute;n de sindicarse e incluso la inexistencia de descansos. &ldquo;No los permit&iacute;an, tan s&oacute;lo pod&iacute;amos salir un ratito a almorzar. Tampoco nos dejaban desayunar, as&iacute; que pas&aacute;bamos la mayor&iacute;a del tiempo de trabajo sin ingerir alimentos&rdquo;, explica a Desalambre desde Nicaragua. &ldquo;Trabaj&aacute;bamos todo el d&iacute;a. Pod&iacute;amos ir al servicio despu&eacute;s de haber recibido un tique que ten&iacute;amos que ense&ntilde;ar al vigilante para que nos dejase ir&rdquo;. S&oacute;lo entonces ten&iacute;an permiso para hacer sus necesidades.
    </p><p class="article-text">
        La <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/sector-privado_0_202280090.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>capacidad del sector privado para fomentar el desarrollo</strong></a> de los pa&iacute;ses empobrecidos queda en entredicho con la falta de respuesta ante los impactos negativos de las diez mayores empresas alimentarias del mundo. Pescanova no pertenece a ellas, pero s&iacute; es una de las m&aacute;s grandes de Espa&ntilde;a. Han transcurrido nueve meses desde el inicio de la campa&ntilde;a <a href="http://www.oxfam.org/es/crece/campaigns/tras-la-marca" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>'Tras la marca'</strong></a> de Oxfam Interm&oacute;n, que pon&iacute;a en evidencia la falta de responsabilidad de las multinacionales sobre los pa&iacute;ses donde se abastecen: todas suspend&iacute;an. 
    </p><p class="article-text">
        A principios de noviembre, lleg&oacute; el compromiso de una de las grandes: <a href="http://www.oxfam.org/es/crece/pressroom/pressrelease/2013-11-08/coca-cola-adopta-tolerancia-cero-ante-acaparamiento-tierras" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Coca-Cola ha respondido</strong></a>. Seg&uacute;n dice, evaluar&aacute; y analizar&aacute; su cadena de producci&oacute;n para evitar el acaparamiento de tierras del que culpan a algunos de sus proveedores. Es el principio de una llamada de atenci&oacute;n para todas las multinacionales acusadas de aprovecharse de la pobreza de los pa&iacute;ses donde operan.
    </p><p class="article-text">
        Pescanova desembarc&oacute; en Nicaragua en 2002. Desde entonces, a medida que el gigante expand&iacute;a sus actuaciones por el pa&iacute;s a un ritmo constante &ndash;excepto los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en los que la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del grupo gallego se ha visto muy debilitada&ndash;, aumentaban las demandas sobre su impacto negativo en la zona occidental del pa&iacute;s. Diversas ONG y distintos organismos internacionales, como el Observatorio de Multinacionales en Am&eacute;rica Latina (OMAL), Oxfam Interm&oacute;n o el <a href="http://www.tni.org/sites/www.tni.org/files/download/impunidad_sa.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Observatorio de la Deuda en la Globalizaci&oacute;n</a>, coinciden: la explotaci&oacute;n intensiva del camar&oacute;n de Pescanova, adem&aacute;s de no fomentar el desarrollo de las comunidades pesqueras donde est&aacute; asentada, perjudica la calidad de vida de la zona debido a sus malas pr&aacute;cticas medioambientales y a las abusivas condiciones laborales impuestas a sus trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        El antiguo trabajador de Pescanova, como el resto de sus compa&ntilde;eros, cobraba en funci&oacute;n de la cantidad de camarones que descabezaba. Por cada 400 gramos de cabezas, 45 centavos de C&oacute;rdoba nicarag&uuml;ense (menos de 10 c&eacute;ntimos de euro). Su sueldo semanal giraba en torno a las 400 c&oacute;rdobas (11,60 euros). Ilario dej&oacute; de tener trabajo cuando sus jefes descubrieron que &eacute;l, junto con otros de sus compa&ntilde;eros, intentaba sindicarse para solicitar mejores condiciones. &ldquo;Tuvimos mucha presi&oacute;n despu&eacute;s de que 25 trabajadores intent&aacute;semos organizarnos en un sindicato. A partir de ah&iacute;, iba a trabajar, me dec&iacute;an que no hab&iacute;a producci&oacute;n, y regresaba a casa. Hasta que tuve que dejarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las denuncias van m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito laboral. &ldquo;Pescanova ha reducido significativamente la producci&oacute;n de las familias costeras y esto afecta directamente a su capacidad de supervivencia diaria. Debido al despale del mangle, a la contaminaci&oacute;n generada por los productos qu&iacute;micos que lanza desde sus granjas camaroneras al mar y a la sobreexplotaci&oacute;n, cuando los peque&ntilde;os pescadores van a faenar, no hay peces&rdquo;, denuncia Martha Flores, portavoz del Movimiento Social Nicarag&uuml;ense Otro Mundo es posible, en conversaci&oacute;n telef&oacute;nica con Desalambre. &ldquo;El impacto es muy fuerte porque todas las comunidades aleda&ntilde;as viven de la pesca. Este es el sustento para sus familias&rdquo;. Desde eldiario.es nos hemos puesto en contacto con la multinacional pero, tras solicitar el env&iacute;o de las preguntas a trav&eacute;s de correo electr&oacute;nico, no ha respondido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><h3 class="article-text">Qu&eacute; tendr&aacute; que corregir Coca-Cola</h3><p class="article-text">
        Coca-Cola es el mayor comprador de az&uacute;car del mundo y controla el 25% del mercado global de refrescos. PepsiCo controla el 18% del mercado mundial de refrescos y su cat&aacute;logo de 21 marcas incluye algunas como Pepsi, Tropicana, Doritos y Lipton. El origen del <a href="http://www.oxfamintermon.org/sites/default/files/documentos/files/Un%20trago%20amargo%20c%C3%B3mo%20el%20az%C3%BAcar%20alimenta%20el%20acaparamiento%20de%20tierras_2.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>az&uacute;car</strong></a> que endulza sus productos mancha la reputaci&oacute;n de ambas agroalimentarias.
    </p><p class="article-text">
        Bunge, Tate &amp; Lyle Sugar o Usine Trapiche son algunos de los proveedores de az&uacute;car de estas conocidas marcas. Estas tres empresas tienen luchas abiertas con comunidades de pa&iacute;ses como Brasil o Camboya tras haber acaparado sus tierras sin respetar el principio de consentimiento libre, con consecuencias directas en la vida de las comunidades.
    </p><p class="article-text">
        Edilza Duarte vive en la reserva ind&iacute;gena de Punta  Por&atilde;, en el estado de Mato Grosso do Sul (Brasil). Hace unos a&ntilde;os ella y su familia pod&iacute;an autoabastecerse de alimentos, hasta que se vieron obligados a abandonar sus tierras. El motivo: en 2008 el ingenio de <a href="https://www.bungeiberica.com/bungeKC/Home.do" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bunge</a>, gigante alimentario estadounidense, compr&oacute; una productora de az&uacute;car llamada Monteverde, que, a su vez, adquiri&oacute; cinco explotaciones situadas en las tierras de estas comunidades ind&iacute;genas. &ldquo;Primero comenzaron a rociar la tierra con fertilizantes. Despu&eacute;s plantaron la ca&ntilde;a de az&uacute;car y rociaron veneno de nuevo, incluso por encima de nosotros y cerca de nuestra casa&rdquo;, explica Edilza Duarte seg&uacute;n los testimonios recogidos por Oxfam Interm&oacute;n sobre el terreno. &ldquo;Cuando llov&iacute;a, el agua bajaba hacia el r&iacute;o donde nos ba&ntilde;&aacute;bamos y del que obten&iacute;amos agua potable. El veneno se dispers&oacute; y las personas enfermaron. Los ni&ntilde;os cogieron diarrea, infecciones cut&aacute;neas y otras enfermedades. Mis hijos no fueron los &uacute;nicos que lo sufrieron&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Coca-Cola se abastece con az&uacute;car de Bunge en Brasil. Oxfam puso en evidencia la inexistencia de control sobre las actuaciones negativas que puedan llevar a cabo sus proveedores, aunque, seg&uacute;n asegura la multinacional, el suyo no procede de estas explotaciones concretas (las de Monteverde). Despu&eacute;s del compromiso p&uacute;blico de la empresa, deber&iacute;a evaluar que respeta la ley el gigante alimentario al que compra parte de sus reservas de az&uacute;car.
    </p><p class="article-text">
        Si quiere cumplir, tambi&eacute;n analizar&aacute; las pol&iacute;ticas de Tate &amp; Lyle Sugars. Tanto Coca-Cola como PepsiCo confirman que sus plantas embotelladoras compran az&uacute;car a esta empresa, con sede en Londres, que actualmente est&aacute; en proceso judicial tras una demanda interpuesta por 200 familias. Le acusan de abastecerse con az&uacute;car extra&iacute;do de forma abusiva por el gigante tailand&eacute;s Khon Kaen Sugar Co Ltd (KSL) que, seg&uacute;n afirman, expuls&oacute; a cientos de campesinos de <a href="http://www.carrodecombate.com/2013/07/13/el-azcar-se-tie-de-sangre-en-camboya/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Srae Ambel</a>.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de preguntar al departamento de comunicaci&oacute;n de PepsiCo sobre estas acusaciones, la multinacional nos env&iacute;a <a href="http://www.pepsico.es/pdf/informe_2011_2012_sobre_sostenibilidad.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>un informe</strong></a> sobre sus &ldquo;pr&aacute;cticas sostenibles&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;alan que desde 2012 han mantenido reuniones regulares con Oxfam sobre estos asuntos. &ldquo;Hemos compartido con ellos nuestro C&oacute;digo de Conducta para Proveedores, les hemos proporcionado informaci&oacute;n actualizada sobre nuestros progresos y pr&oacute;ximos pasos en un gran n&uacute;mero de l&iacute;neas de trabajo, as&iacute; como abordado preguntas espec&iacute;ficas e inquietudes. De hecho, el presidente de Oxfam Am&eacute;rica se reuni&oacute; recientemente con la alta direcci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a para debatir sobre estas &aacute;reas&rdquo;, explican. Oxfam Interm&oacute;n insta a esta empresa a realizar un compromiso firme despu&eacute;s del efectuado por su principal competidor. &ldquo;La pelota est&aacute; ahora en el tejado de PepsiCo y ABF. Deben responder a las exigencias de cientos de miles de personas&rdquo;, rezaba un <a href="http://www.oxfamintermon.org/es/sala-de-prensa/nota-de-prensa/coca-cola-adopta-una-politica-de-tolerancia-cero-ante-acaparamiento-de" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunicado reciente</a> de la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El compromiso p&uacute;blico de Coca-Cola pone el foco en los pr&oacute;ximos pasos de la principal compradora de az&uacute;car mundial. &ldquo;Se trata de la mayor declaraci&oacute;n de intenciones resultante de 'Tras la marca' pero seguiremos vigilando&rdquo;, indica Paula San Pedro, portavoz de la campa&ntilde;a. &ldquo;Hemos demostrado que el consumidor tiene m&aacute;s poder que una Coca-Cola&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/rsc-pescanova-coca-cola-oxfam-intermon_1_5134923.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Dec 2013 10:06:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Trabajábamos todo el día. Sólo podíamos ir al baño si enseñábamos un tique al vigilante"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pescanova,Coca Cola,Oxfam Intermón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Los hombres nos respetan más desde que trabajamos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/agricultura-cambio-social-intermon-oxfam-burkina-faso-mango-cooperativa-mujeres_1_5147801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6991d401-0ead-4376-932f-6143aa51410b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Los hombres nos respetan más desde que trabajamos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aumento de la capacidad adquisitiva de las mujeres en Burkina Faso va aparejado de un mayor poder de decisión en el hogar</p><p class="subtitle">Ouattara Alimata, vicepresidenta de la Cooperativa de Mujeres de Beregadougou, explica a Desalambre cómo el secado del mango ha transformado la vida de su comunidad</p><p class="subtitle">En Burkina Faso, uno de los países más pobres del planeta, nueve de cada diez personas trabajan en el sector agrícola</p></div><p class="article-text">
        Burkina Faso no suele captar la atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n. Este pa&iacute;s del &Aacute;frica Occidental, habitado por unos 14 millones de personas, est&aacute; ubicado en el Sahel, una regi&oacute;n que a duras penas trae a la memoria alguna historia m&aacute;s all&aacute; de las hambrunas y emergencias humanitarias de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Sin embargo, incluso en uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres del planeta (en la posici&oacute;n 177 de 182, seg&uacute;n el PNUD), encerrado entre N&iacute;ger, Costa de Marfil, Ghana, Togo y Ben&iacute;n, sin salida al mar y castigado por los rigores del clima, ahora agravados debido al cambio clim&aacute;tico, es posible encontrar ejemplos de comunidades que salen adelante con la mejor de las dignidades, aprovechando al m&aacute;ximo lo poco que da la tierra. Esta historia de cambio en Burkina Faso es una historia de mujeres y de mangos.
    </p><p class="article-text">
        Ouattara Alimata es la vicepresidenta de una de las cooperativas de mujeres que trabajan en los centros de secado del considerado por muchos como el rey de las frutas. &ldquo;En nuestra regi&oacute;n hay muchos mangos, algunas mujeres lo sol&iacute;an vender por la calle pero a mediados de los 80 nos reunimos para pensar en posibles formas de trabajarlo&rdquo;, explica en conversaci&oacute;n telef&oacute;nica a Desalambre. Comenzaron por elaborar jugo de mango pero aquella opci&oacute;n, al tratarse de una fruta estacional, pronto evidenci&oacute; sus l&iacute;mites. Un tiempo despu&eacute;s, alguien tuvo la gran idea: secar el mango. &Eacute;se fue el inicio del cambio, recuerda Alimata.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hacia 1987 y 1988 decidimos secar el mango. Lo hac&iacute;amos al aire, con el sol, pero entonces nos dimos cuenta de que ten&iacute;amos tambi&eacute;n el problema del clima. A partir del mes de mayo el tiempo cambia en Burkina Faso y ya no pod&iacute;amos seguir sec&aacute;ndolos al sol, as&iacute; que continuamos investigando para encontrar la forma de poder hacerlo cuando cambia la estaci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces llegaron los hornos de secado, cuenta esta mujer, orgullosa del crecimiento que en estos a&ntilde;os ha experimentado tanto su cooperativa como la propia producci&oacute;n. Y con ello, lo m&aacute;s importante, la vida de una comunidad de 900 personas. &ldquo;Al principio ten&iacute;amos solo un par de hornos de secado pero poco a poco hemos ido incorporando m&aacute;s. Hoy en d&iacute;a tenemos 22 y nuestra producci&oacute;n este a&ntilde;o ha sido de 35 toneladas&rdquo;, remata.
    </p><p class="article-text">
        La cooperativa de mujeres de Ouattara Alimata forma parte de la asociaci&oacute;n <a href="http://www.wouol.org" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Wouol</a>, una organizaci&oacute;n con la que colabora Oxfam Interm&oacute;n y que aglutina a 46 grupos de productores. El 70% de sus miembros son mujeres, m&aacute;s de 600 trabajan en estos centros de secado de mango. El procedimiento es sencillo. Una vez recolectadas, las piezas son trasladadas a las instalaciones donde van pasando por las distintas fases: limpieza, pelado, corte, secado, clasificaci&oacute;n en distintos niveles de calidad, empaquetado y almacenamiento. Esas peque&ntilde;as l&aacute;minas anarajandas acabar&aacute;n principalmente en los mercados de Inglaterra, Holanda, Alemania o Espa&ntilde;a.
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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Los hombres ahora nos admiran y respetan&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Al secar los mangos, estas mujeres han ido nutriendo y dando forma a un cambio que va m&aacute;s all&aacute; de lo meramente econ&oacute;mico. Su trabajo en la cooperativa est&aacute; transformando las relaciones de g&eacute;nero. &ldquo;Las mujeres est&aacute;n muy contentas de trabajar con nosotras, ganan dinero y son m&aacute;s independientes. Adem&aacute;s, los hombres de nuestro pueblo ahora sienten una gran admiraci&oacute;n y respeto por las mujeres de la cooperativa&rdquo;, destaca Alimata.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de empoderamiento tiene tambi&eacute;n consecuencias directas sobre la educaci&oacute;n de los m&aacute;s peque&ntilde;os. Seg&uacute;n Karime Ser&eacute;, representante del Programa de Medios de Vida Durables de Oxfam, &ldquo;al ganar un salario y disponer de una econom&iacute;a propia, estas mujeres pueden decidir en qu&eacute; gastar ese dinero y lo emplean principalmente en mejorar la nutrici&oacute;n y la educaci&oacute;n de sus hijos&rdquo;, detalla al otro lado del tel&eacute;fono desde Burkina Faso. 
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente ese &ldquo;poder de compra&rdquo; lo que las hace &ldquo;ganar poder&rdquo; en el seno de la familia, &ldquo;cosa que no suced&iacute;a antes&rdquo;, puntualiza Ser&eacute;. &ldquo;Nuestros maridos ahora nos ayudan m&aacute;s, por ejemplo cuidando de los ni&ntilde;os hasta que llegamos a casa&rdquo;, cuenta Alimata.
    </p><h3 class="article-text">Enfrentar los retos del futuro</h3><p class="article-text">
        La sostenibilidad de este tipo de proyectos en un pa&iacute;s donde el 70% de la poblaci&oacute;n es analfabeta, nueve de cada diez personas viven de la agricultura, y pr&aacute;cticamente la mitad de la poblaci&oacute;n sobrevive con menos de un euro al d&iacute;a, requiere, seg&uacute;n la directora de la Asociaci&oacute;n Nutrir sin Destruir, la burkinesa Fatu Batta, una apuesta decidida por la educaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La educaci&oacute;n es importante para inspirar un cambio de actitud en la agricultura. Unos campesinos y campesinas alfabetizados y educados son m&aacute;s proclives a adoptar innovaciones agr&iacute;colas y tendr&aacute;n un mejor acceso a la informaci&oacute;n que pueda fortalecer sus sistemas productivos&rdquo;, recalca esta especialista en Salud P&uacute;blica, que ha ocupado tambi&eacute;n distintos cargos en el Gobierno de su pa&iacute;s relacionados con el desarrollo de pol&iacute;ticas de planificaci&oacute;n familiar.
    </p><p class="article-text">
        Ouattara Alimata es consciente de estas necesidades. &ldquo;Una de las dificultades que tenemos ahora mismo es la necesidad de modernizar los hornos. Aquellos con los que trabajamos funcionan con gas, nos ayudar&iacute;a mucho si pudi&eacute;ramos tener hornos el&eacute;ctricos, con los de gas no podemos atender la cantidad de mangos que hay y la demanda que tenemos&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        La popularidad de esta fruta seca, en cambio, no es tan com&uacute;n dentro de sus propias fronteras, una cuesti&oacute;n que para el experto Karime Ser&eacute;, constituye uno de los principales desaf&iacute;os de la cooperativa. &ldquo;El consumo de mangos secos no est&aacute; muy desarrollado todav&iacute;a en Burkina Faso, eso conlleva que dependen casi exclusivamente de mercados extranjeros&rdquo;, advierte. Para Ser&eacute;, el futuro pasa por promover el consumo del mango seco en el mercado nacional, que el cambio que est&aacute; produciendo la transformaci&oacute;n de esta fruta se quede tambi&eacute;n dentro de ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maribel Hernández]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/agricultura-cambio-social-intermon-oxfam-burkina-faso-mango-cooperativa-mujeres_1_5147801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Nov 2013 18:10:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Agricultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los países africanos: cara, cruz y miseria de la globalización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/africa-rastro-huella-alimentaria_1_5159917.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07087373-75fd-42e0-a214-0a7a7d257b45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los países africanos: cara, cruz y miseria de la globalización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Citamos algunas de las caras positivas de un continente rico en tierras cultivables donde muchas personas siguen muriendo de hambre</p><p class="subtitle">En África se importan los productos manufacturados con sus propias materias primas, pagando el valor añadido que se suma al coste</p><p class="subtitle">"La definición de la riqueza y la economía de África en términos limitados del PIB oculta el verdadero valor del capital real del continente"</p></div><p class="article-text">
        Vicente asiste, despistado, a un taller que se desarrolla en su clase de tercero de la ESO en un instituto de Gran Canaria. Est&aacute; sentado en la mitad del aula y mira con sigilo su tel&eacute;fono m&oacute;vil. Se habla de &Aacute;frica, de comercio justo, de desarrollo sostenible, de acaparamiento de tierras y de causas de la emigraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Al inicio, una pregunta: &iquest;Qu&eacute; se les viene a la cabeza cuando escuchan &Aacute;frica? &ldquo;Hambre, guerra, pateras&rdquo;, respondi&oacute; Vicente cuando le se&ntilde;al&oacute; la profesora. Los a&ntilde;os pasan y los t&oacute;picos no cambian. Pero &iquest;cambia la realidad? &iquest;Cambia la percepci&oacute;n del continente africano? &iquest;Se sigue viendo como un todo a un continente con m&aacute;s de 50 estados con realidades diversas? 
    </p><p class="article-text">
        Ese es otro asunto pero, a la vez, relacionado con el desarrollo agrario de cada de uno de los estados, que dan cifras y se&ntilde;ales de por d&oacute;nde avanza la soberan&iacute;a alimentaria de los pa&iacute;ses africanos, su sector agr&iacute;cola y la venta de tierras; un fen&oacute;meno nuevo en su t&eacute;rmino, en el vendedor y el comprador, pero no en el concepto, dado que la ocupaci&oacute;n de tierras por parte de las colonias y multinacionales radicadas en la metr&oacute;poli siempre existi&oacute; y existe a&uacute;n en abundancia. 
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n de la mujer, la conectividad de las cooperativas, la mayor exportaci&oacute;n a pa&iacute;ses emergentes y el aumento de la acuicultura son algunas de las caras positivas de un continente rico en tierras cultivables y donde, en las zonas menos agraciadas o m&aacute;s desiguales, muchas personas, sobre todo ni&ntilde;os, siguen muriendo de hambre. Los pa&iacute;ses africanos, cara, cruz y miseria de la globalizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses africanos tienen &iacute;ndices muy diversos en el desarrollo de su sector agr&iacute;cola. Lo preceptivo ser&iacute;a analizar caso por caso o, como mucho, por regi&oacute;n. El paraguas de &Aacute;frica impide casi siempre poner el foco, la lupa, sobre un punto determinado, y se acaba sometiendo a una definici&oacute;n, por ejemplo, &ldquo;hambriento&rdquo;, a todo el continente. De ah&iacute; el t&oacute;pico en el que ca&iacute;a Vicente, no por error intencionado sino, probablemente, inducido por los agentes educativos, entre los que se encuentran, c&oacute;mo no, los medios de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En Nigeria hay m&aacute;s de cinco millones de personas que trabajan en cooperativa y 36.000 sociedades de esta naturaleza, seg&uacute;n el dato que ofrece el Banco para el Desarrollo Rural de Nigeria. La tradici&oacute;n se remonta a 1935 cuando la administraci&oacute;n colonial acept&oacute; la creaci&oacute;n del movimiento cooperativista en el pa&iacute;s. Hoy disponen de un banco agr&iacute;cola dedicado a financiar proyectos agrarios. 
    </p><p class="article-text">
        Sin ser la panacea, al inicio de esta segunda d&eacute;cada del siglo Nigeria ha dado un paso determinante: proteger su sector primario frente a la globalizaci&oacute;n. Para ello, ha <a href="http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&amp;mod=news&amp;cat=1&amp;id=3679" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prohibido la importaci&oacute;n</a> de arroz, un producto que se desarrolla en el pa&iacute;s y que a duras penas lograba competir con el cereal que se importaba. Esto ha tranquilizado a los agricultores. Y no contentos con ello, desde el Gobierno, que preside Goodluck Jonathan, se ha promulgado un decreto que permitir&aacute; a las peque&ntilde;as empresas y cooperativas acceder a cr&eacute;ditos para ampliar sus cultivos. Los principales sindicatos del pa&iacute;s consideran que pueden ser autosuficientes, no s&oacute;lo en la producci&oacute;n de arroz, sino tambi&eacute;n en la de ma&iacute;z o yuca. Adem&aacute;s de que pueden exportar el excedente.
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                </figure><p class="article-text">
        Ellen Kirtea, cooperativista y responsable de la compra de grano de una de las 36.000 cooperativas nigerianas, responde por email a un cuestionario y se&ntilde;ala que &ldquo;la tecnolog&iacute;a y los medios de comunicaci&oacute;n han ayudado a aprender nuevas formas de cultivos y variedades que no conoc&iacute;amos&rdquo;. Y asegura que aunque el sector primario avanza, &ldquo;los j&oacute;venes del campo se quieren ir a la ciudad: lo que ven en televisi&oacute;n es m&aacute;s atractivo y ofrece m&aacute;s oportunidades que vivir en las zonas rurales&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es la ambivalencia de la globalizaci&oacute;n, la tecnolog&iacute;a y los <em>mass media</em>. Inflan y desinflan. Un <a href="http://www.dvv-soe.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> del Instituto para la Asociaci&oacute;n Internacional de Cooperaci&oacute;n Alemana de Educaci&oacute;n de Adultos revel&oacute; que el 60% de los encuestados en las zonas rurales indicaban haber sido informados sobre una mayor variedad de granos a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, o sobre c&oacute;mo luchar contra la erosi&oacute;n de zonas f&eacute;rtiles (un 15%), entre otros asuntos. 
    </p><p class="article-text">
        Los mismos medios de comunicaci&oacute;n ensalzan las oportunidades de ocio, laborales o culturales que pueden encontrar en las grandes ciudades, aut&eacute;nticas megal&oacute;polis camino de convertirse, en el caso nigeriano, en algunas de las m&aacute;s pobladas del mundo. Kirtea considera que &ldquo;es un ciclo. Se van y volver&aacute;n. En la periferia de las ciudades se pasa hambre y no hay qu&eacute; comer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Europa se han destacado las informaciones vinculadas a los acaparamientos de tierras en &Aacute;frica. Un <a href="http://aquivivegente.org/amenazas-en-africa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> de la ONG <a href="http://vsf.org.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">VSF Justicia Alimentaria Global</a> consideraba que los pa&iacute;ses &ldquo;m&aacute;s devastados&rdquo; por la venta de sus tierras eran Etiop&iacute;a, Uganda, Madagascar, Sud&aacute;n, Mal&iacute; y la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. Entre ellos destacaban este &uacute;ltimo, con m&aacute;s de un 48% de sus tierras f&eacute;rtiles vendidas; Mozambique, con el 21%; o Uganda, con el 14%. &iquest;Y entre los compradores? Empresas italianas, noruegas, alemanas, danesas, brit&aacute;nicas o francesas. Y siempre la sombra de China, que todo lo puede. <a href="http://aiddata.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Aiddata</em></a><em>, </em>una iniciativa desarrollada por el Centro de Desarrollo Global, con sede en Washington, calcula la cooperaci&oacute;n china en &Aacute;frica en 75.000 millones de euros y extiende su presencia a 50 estados africanos. 
    </p><p class="article-text">
        Andreas Fuchs, uno de los fundadores del proyecto y profesor de la Universidad de Heidelberg, sostiene que la cooperaci&oacute;n es tratada como &ldquo;un asunto de Estado&rdquo; y en muchas ocasiones se permutan grandes infraestructuras por recursos naturales. Al margen de piedras preciosas, minerales y tierras singulares, tambi&eacute;n se intercambia por tierras. Y China produce en &Aacute;frica para poder suministrar alimentos a su <em>milmillonaria</em> poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Demba Moussa Dembele, reputado economista senegal&eacute;s y organizador del Foro Social Africano celebrado en Dakar, opina que en Europa &ldquo;escandaliza la forma de trabajar de &Aacute;frica con China&rdquo;, pero para los africanos es una forma de compensar los &ldquo;abusos de las excolonias y de los Estados Unidos&rdquo;. &ldquo;China ofrece recursos y necesidades que tenemos los africanos. Y no lo hacen gratis. No son buenos samaritanos, lo sabemos&rdquo;. No justifica la venta de tierras, pero s&iacute; juzga la hipocres&iacute;a europea en la cr&iacute;tica porque &ldquo;sus empresas hacen lo mismo y hasta no hace tanto hab&iacute;a estados completos que eran propiedad de reyes europeos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y de esta denunciada relaci&oacute;n China-estados africanos nace una m&aacute;s de las bicefalias del impacto de la globalizaci&oacute;n en &Aacute;frica: la exportaci&oacute;n de productos agr&iacute;colas a los pa&iacute;ses que conforman el bloque de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sud&aacute;frica) ha crecido y ha permitido que aumente el empleo en zonas rurales africanas. Organizaciones no gubernamentales del norte y tambi&eacute;n del sur denuncian el importante aumento de los cultivos extensivos, que condenan la alimentaci&oacute;n variada en estas comunidades o pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, es el modelo que se trabaja desde el norte, incluso desde la Uni&oacute;n Europea, que financia cultivos extensivos en sus pa&iacute;ses miembros. Sin ir m&aacute;s lejos, en las Islas Canarias, ubicadas geogr&aacute;ficamente en &Aacute;frica y consideradas Regi&oacute;n Ultraperif&eacute;rica, se invierten m&aacute;s de 150 millones de euros, procedentes de un programa europeo, en financiar el cultivo del pl&aacute;tano, castigando as&iacute; a otras variedades que permitir&iacute;an una mayor soberan&iacute;a alimentaria y que ha producido una dependencia m&aacute;s acusada de las importaciones. En Canarias, como en &Aacute;frica, se generan oligopolios alrededor de estos cultivos extensivos que aniquilan las peque&ntilde;as cooperativas y los trabajadores para generar una industria alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio presentado en Lisboa por &Aacute;ngeles S&aacute;nchez D&iacute;ez, de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, pon&iacute;a de manifiesto que el 80% de las exportaciones africanas eran materias primas, mientras que el 70% de sus importaciones eran productos manufacturados. Es decir, &Aacute;frica participa en la creaci&oacute;n de la industria alimentaria, pero su participaci&oacute;n se reduce en la obtenci&oacute;n de beneficios. 
    </p><p class="article-text">
        Se genera materia prima, se exporta a Europa u otros continentes, se manufactura y vuelve al continente africano. Gran paradoja: se importan los productos manufacturados con sus propias materias primas, pagando as&iacute; el valor a&ntilde;adido que se suma al coste. Ocurre con el petr&oacute;leo y los minerales, pero tambi&eacute;n con productos agr&iacute;colas como el cacao en Costa de Marfil, el mayor exportador del mundo. Exporta grano. El chocolate, en su mayor&iacute;a, se produce en el norte. Y del precio al que se vende, el mayor margen, casi todo, queda para la f&aacute;brica, no para la producci&oacute;n agr&iacute;cola.
    </p><h3 class="article-text">El papel de la mujer y su valiosa aportaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El asociacionismo de la mujer africana, sobre todo la rural, est&aacute; cambiando alguno de los mapas cr&oacute;nicos del continente. Seg&uacute;n Naciones Unidas, las mujeres realizan entre el 60 y el 80% de los trabajos del campo. En general, las asociaciones contin&uacute;an mostr&aacute;ndose esc&eacute;pticas ante la idea de que la situaci&oacute;n del continente cambiar&aacute; de forma radical a trav&eacute;s de una econom&iacute;a basada fundamentalmente en la extracci&oacute;n de recursos minerales y agr&iacute;colas. Determinan que es una visi&oacute;n &ldquo;estrecha&rdquo; de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La <a href="http://www.africanbiodiversity.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Red Africana por la Biodiversidad</a> considera que las mujeres africanas &ldquo;han sido brutalmente marginadas de la actividad econ&oacute;mica&rdquo; y que se ha pasado de la &ldquo;colonizaci&oacute;n a la globalizaci&oacute;n&rdquo;. Opinan que sigue imperando &ldquo;un modelo econ&oacute;mico colonial en el que se han destruido los sistemas ind&iacute;genas africanos de producci&oacute;n, que estaban basados en una cuidadosa custodia de los recursos naturales&rdquo;. De hecho, denuncian que crece sin cesar la econom&iacute;a informal. Adem&aacute;s, apuntan: <strong>&ldquo;La definici&oacute;n de la riqueza y la econom&iacute;a de &Aacute;frica en t&eacute;rminos limitados del PIB oculta el verdadero valor del capital real del continente&rdquo;&#65279;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        En su discurso advierten que &ldquo;los sistemas de producci&oacute;n de alimentos se ven amenazados por la incesante degradaci&oacute;n de la tierra, el despojo, la privatizaci&oacute;n y el acaparamiento de las mejores zonas de cultivo. Las mujeres campesinas est&aacute;n siendo expulsadas de la econom&iacute;a alimentaria bajo la implacable agricultura a gran escala comercial&rdquo;. Llaman a tomar medidas urgentes y reales que consideran podr&iacute;an equilibrar la econom&iacute;a e igualar a la sociedad: &ldquo;Producir lo que consumimos y consumir lo que producimos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El empoderamiento de la mujer est&aacute; siendo lento y obstaculizado desde las machistas normas locales. El <a href="http://www.ifad.org/pub/factsheet/women/women_s.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Foro Internacional</a> de Desarrollo Agr&iacute;cola denuncia que la carga de trabajo de las mujeres impide mayores ingresos y que, &ldquo;por t&eacute;rmino medio, <strong>las parcelas propiedad de los hombres son tres veces mayores que las de las mujeres en &Aacute;frica subsahariana&rdquo;.</strong> Este foro internacional denuncia tambi&eacute;n la desigualdad estimulada por los Gobiernos africanos. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci&oacute;n, el acceso de la mujer rural en &Aacute;frica Subsahariana a recursos como la educaci&oacute;n o los servicios sanitarios es &iacute;nfimo. La mortalidad materna, indicador clave en los Objetivos del Milenio, &ldquo;es 100 veces m&aacute;s alta en esta regi&oacute;n del mundo que en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados&rdquo;. Con todo, las organizaciones han logrado una mayor participaci&oacute;n de las mujeres en las cooperativas y en la toma de decisiones vinculadas a las explotaciones agr&iacute;colas gracias a la concesi&oacute;n de microcr&eacute;ditos.
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        Otra de las caras positivas es la ampliaci&oacute;n de productos y productores africanos que tienen su puesto de venta en tiendas de <strong>comercio justo</strong>. En junio de este a&ntilde;o se celebr&oacute; el Foro Nacional de Exportadores de Nairobi, Kenia. El dato est&aacute; ah&iacute;: Kenia exporta el 24% del t&eacute; mundial. El Gobierno de Uhuru Kenniata mostr&oacute; en este foro su intenci&oacute;n de ampliar y diversificar la base exportadora del pa&iacute;s y fomentar la exportaci&oacute;n que deje m&aacute;s divisas en el pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Lo hac&iacute;a tras la presentaci&oacute;n de la transformaci&oacute;n que est&aacute; llevando a cabo el cultivo del t&eacute;. Se est&aacute; tratando de evitar la participaci&oacute;n en subastas y el vender directamente a minoristas extranjeros a trav&eacute;s de Fairtrade International, al entender que en las subastas ganaban todos los intermediarios y encarec&iacute;an el producto sin que los agricultores recibieran la plusval&iacute;a merecida. 
    </p><p class="article-text">
        Rachel Wandia, gerente de desarrollo de mercado de Fairtrade &Aacute;frica, argumenta que &ldquo;los beneficiarios de este sistema siguen siendo los productos finales, los vendedores y los intermediarios, y es por eso que Fairtrade se esfuerza no s&oacute;lo en premiar una distribuci&oacute;n justa de las ganancias, sino en alentar el valor a&ntilde;adido en los agricultores que generan la materia prima para producir m&aacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Wandia ofrece las cifras de su organizaci&oacute;n: &ldquo;Fairtrade pide por su marca de t&eacute; del mismo nombre 50 centavos de d&oacute;lar (Sh40) m&aacute;s por kilo, una cantidad que se remiti&oacute; en concepto de prima a los agricultores. Hay m&aacute;s de 70 organizaciones de productores certificados en Kenia y 350 en &Aacute;frica&rdquo;. En el mundo hay 1,2 millones de peque&ntilde;os agricultores que se benefician del comercio justo; de ellos, 173.000 se encuentran en Kenia, sostienen.
    </p><h3 class="article-text">El hambre contin&uacute;a</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, si hablamos de alimentaci&oacute;n, de producci&oacute;n de alimentos, de industria alimentaria, no se puede obviar el hambre, considerada el mayor riesgo para la salud. El continente con m&aacute;s hambrientos es Asia. Luego &Aacute;frica, en el que Sud&aacute;frica, Ghana, Egipto, Argelia, Libia, T&uacute;nez y Marruecos tienen una posici&oacute;n muy superior al resto de estados. 
    </p><p class="article-text">
        En la parte negativa destacan Etiop&iacute;a, Eritrea, Zambia, Malawi y Mozambique, con m&aacute;s de m&aacute;s de un 35% de la poblaci&oacute;n subnutrida, seg&uacute;n los datos de Naciones Unidas. 
    </p><p class="article-text">
        Al margen, Sud&aacute;n, Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, Somalia y Guinea Ecuatorial, pa&iacute;ses sobre los que la ONU no dispone de datos para poder trabajar en las comparativas. Tambi&eacute;n hay un importante n&uacute;mero de pa&iacute;ses que siguen teniendo una alta tasa de subnutrici&oacute;n, m&aacute;s del 20%, entre los que se encuentra, por ejemplo, Kenya o Tanzania, consideradas potencias econ&oacute;micas en el continente. 
    </p><p class="article-text">
        En la falta de alimentos para la poblaci&oacute;n y en la din&aacute;mica de su circulaci&oacute;n interna trabajan la mayor parte de las asociaciones de mujeres campesinas y rurales para aliviar el hambre en los citados pa&iacute;ses. Pero la falta de beneficio inmediato no propicia una acci&oacute;n determinada al respecto por parte de los Gobiernos. 
    </p><p class="article-text">
        Etiop&iacute;a es un buen ejemplo: su desigual distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica hace que las regiones central y occidental registren un super&aacute;vit en la producci&oacute;n de alimentos mientras que en la zona norte se acumula la poblaci&oacute;n subnutrida al ser sus cosechas m&aacute;s dependientes de la lluvia. <strong>Convive una zona subnutrida con una zona de exportaci&oacute;n de alimentos</strong>. As&iacute; es la estructura econ&oacute;mica que perpet&uacute;a el hambre.
    </p><p class="article-text">
        Los <a href="http://www.fao.org/news/story/es/item/161867/icode/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos de la FAO</a> est&aacute;n ah&iacute;. &Aacute;frica fue la &uacute;nica regi&oacute;n, junto a los pa&iacute;ses desarrollados, donde el n&uacute;mero de personas hambrientas crece y llega a 239 millones, 20 millones de personas m&aacute;s en los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os. Tambi&eacute;n crece su poblaci&oacute;n, y cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. La FAO recomienda un crecimiento agr&iacute;cola para reducir el hambre. Las mujeres africanas tambi&eacute;n, pero de <strong>consumo interno</strong>, no para exportaciones.
    </p><p class="article-text">
        Vicente miraba su m&oacute;vil, dec&iacute;amos, con componentes derivados de minerales extra&iacute;dos en pa&iacute;ses africanos, sin atender a la profesora. &ldquo;Hambre, guerra y pateras&rdquo;, dijo. El t&oacute;pico no est&aacute; en las palabras que defin&iacute;an &Aacute;frica para Vicente, sino en c&oacute;mo cada uno mira solo para s&iacute;, sin pensar en el impacto que genera lo que se come. Lo que se podr&iacute;a llamar <em>la huella alimentaria</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Txema Santana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/africa-rastro-huella-alimentaria_1_5159917.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2013 19:29:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los países africanos: cara, cruz y miseria de la globalización]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[África,Alimentación,Hambre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Azúcar con sabor a tierra robada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/azucar-sabor-tierra-robada_1_5171436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b8a3399-ef5a-46ad-ba8b-2c412da01d62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Azúcar con sabor a tierra robada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asistimos en todo el mundo a un proceso de acaparamiento de tierras: los cultivos de caña de azúcar son más rentables debido al auge de los agrocombustibles</p><p class="subtitle">En Camboya, el programa de intercambios comerciales aplicado por la Unión Europea a los países menos desarrollados</p><p class="subtitle">ha dejado, paradójicamente, sin tierra a miles de familias</p><p class="subtitle">Coca-Cola, primer comprador mundial de azúcar, evaluará la política de acaparamiento de tierras de sus proveedores, algo que ya había prometido en 2012</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nos dicen que estas tierras son demasiado caras para la agricultura familiar&rdquo;, cuenta Lucas. &ldquo;Todo, para la exportaci&oacute;n: aqu&iacute; no queda nada. La mayor&iacute;a de los trabajadores los traen de fuera, as&iacute; que la gente del lugar se queda sin trabajo. No hay espacio para nosotros&rdquo;. Lucas es dirigente del Campamento de San Antonio, al sur del Estado brasile&ntilde;o de Bah&iacute;a. A &eacute;l, como a las otras 400 familias de campesinos que forman el campamento, lo expulsaron de sus tierras. En estas tierras de tradici&oacute;n azucarera, un monocultivo dedicado a la exportaci&oacute;n desde los tiempos de la colonia portuguesa, avanza ahora el eucalipto, un &aacute;rbol de r&aacute;pido crecimiento y que, por la cantidad de nutrientes que absorbe de la tierra, resulta muy da&ntilde;ino para la biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        Las multinacionales productoras de celulosa para la exportaci&oacute;n se sumaban as&iacute; a los ingenios azucareros y desplazaban a los peque&ntilde;os productores. El ma&iacute;z, el frijol, la calabaza deb&iacute;an importarse de fuera. Pero un grupo de campesinos del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) decidi&oacute; ocupar estas tierras en 2009 y, desde entonces, se ha vuelto a producir comida para las poblaciones vecinas. Estas 400 familias le hu&iacute;an as&iacute; al destino que les marcaba el latifundio: expulsados de sus tierras, obligados a migrar a grandes ciudades, como Salvador, para pasar a formar parte de ese ej&eacute;rcito de brazos olvidados, innecesarios, que se hacinan en las periferias y favelas de las grandes urbes brasile&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        El MST es uno de los movimientos sociales m&aacute;s grandes e influyentes de Am&eacute;rica Latina: se cre&oacute; en los a&ntilde;os 70 y, desde el comienzo, coloc&oacute; la reforma agraria como foco, en un pa&iacute;s que se encuentra, desde hace d&eacute;cadas, entre los m&aacute;s desiguales y latifundistas del planeta. Su objetivo es la reforma agraria a trav&eacute;s de la redistribuci&oacute;n de tierras improductivas; su estrategia consiste en ocupar tierras bald&iacute;as y forzar por la v&iacute;a de los hechos que se cumpla el uso social de la tierra que, sobre el papel, garantiza la Constituci&oacute;n brasile&ntilde;a. Seg&uacute;n el MST, en un pa&iacute;s de algo m&aacute;s de 190 millones de habitantes y con una de las estructuras de propiedad m&aacute;s latifundistas del planeta, cuatro millones de familias siguen despose&iacute;das.
    </p><p class="article-text">
        La propia FAO ha reconocido que en Am&eacute;rica Latina, Argentina y Brasil est&aacute;n inmersos en un proceso de acaparamiento de tierras, esto es, un aumento del latifundio consagrado al agronegocio exportador, al precio de una intensificaci&oacute;n de los desalojos de comunidades campesinas e ind&iacute;genas de sus tierras ancestrales.
    </p><p class="article-text">
        Hoy como ayer, la ca&ntilde;a de az&uacute;car es un producto clave en esa estructura latifundista global; sobre todo ahora que no s&oacute;lo se alimentan de ca&ntilde;a las personas, sino tambi&eacute;n los autom&oacute;viles. El auge del etanol ha impulsado las plantaciones de ca&ntilde;a en Brasil.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Contrarreforma agraria&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El acaparamiento de tierras es un fen&oacute;meno global iniciado por las elites locales y transnacionales, los Gobiernos y las compa&ntilde;&iacute;as multinacionales para controlar los recursos mundiales m&aacute;s preciados&rdquo;, como la tierra y el agua, sostiene la V&iacute;a Campesina latinoamericana en un comunicado de 2012. Un proceso que el dirigente del MST Jo&atilde;o Pedro St&eacute;dile califica de &ldquo;contrarreforma agraria&rdquo; y que, como ha denunciado Amnist&iacute;a Internacional, &ldquo;desplaza y disloca comunidades, destruye econom&iacute;as locales, culturas y tejidos sociales y pone en peligro la identidad comunitaria&rdquo;. Quien ose levantarse para defender lo que es suyo sufrir&aacute; hostigamiento, amenazas y muertes: en 2010, 34 campesinos e ind&iacute;genas murieron asesinados en Brasil por defender sus tierras.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La compra de grandes extensiones de tierra para monocultivos para la exportaci&oacute;n o para la producci&oacute;n de biocombustibles est&aacute; provocando hambre y violando los derechos humanos en muchos pa&iacute;ses en desarrollo&rdquo;, sostiene Interm&oacute;n Oxfam en su <a href="http://www.oxfam.org/es/crece/policy/tierra-y-poder" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe Tierra y poder</a><em>,</em> de 2011. La organizaci&oacute;n subraya &ldquo;la velocidad, cada vez mayor, a la que se llevan a cabo acuerdos sobre transacciones de tierra y que a menudo pone en un mayor peligro a las comunidades pobres&rdquo;. As&iacute;, seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de Oxfam lanzado hace unas semanas, desde el a&ntilde;o 2000 se han adquirido en el mundo al menos cuatro millones de hect&aacute;reas para la producci&oacute;n de az&uacute;car.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las comunidades &rdquo;pierden &ndash;en ocasiones de forma violenta&ndash; sus casas y sus medios de vida sin haber sido previamente consultados, sin posibilidades de compensaci&oacute;n o medios que les permitan reclamar sus tierras&ldquo;, a&ntilde;ade IO. A menudo, las empresas o terratenientes se aprovechan de que, en las poblaciones campesinas y m&aacute;s a&uacute;n entre los pueblos originarios, en muchos casos las comunidades no cuentan con t&iacute;tulos de propiedad de las tierras que han poblado desde tiempos ancestrales.
    </p><h3 class="article-text">Acaparamiento global</h3><p class="article-text">
        El mismo proceso se da en el resto del planeta, con una velocidad que se ha acelerado desde que, tras el pinchazo de la burbuja financiera en 2008, los inversores apreciaron la volatilidad de los t&iacute;tulos financieros y se replegaron sobre valores m&aacute;s seguros, como el mercado de alimentos a futuro o la propiedad de las tierras.
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n Grain documenta <a href="http://www.grain.org/article/entries/4479-grain-releases-data-set-with-over-400-global-land-grabs%20IO%20TIERRA%20Y%20PODER:%20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">416 casos de acaparamiento</a> recientes en todo el globo, que abarcan casi 35 millones de hect&aacute;reas de tierras en 66 pa&iacute;ses; entre ellas, muchos ca&ntilde;averales. Este informe llega a conclusiones interesantes, como que &Aacute;frica es el primer objetivo de los inversores, entre los que se encuentran 298 empresas del agronegocio, pero tambi&eacute;n entidades financieras y fondos soberanos, que est&aacute;n detr&aacute;s de un tercio de las operaciones.
    </p><p class="article-text">
        En Camboya, el programa de intercambios comerciales<em> Everything but Arms </em>(EBA, Todo menos Armas), que la Uni&oacute;n Europea aplica desde 2001 a los pa&iacute;ses menos desarrollados para que puedan importar sus productos en Europa con ventajas impositivas<em>, </em>ha dejado, parad&oacute;jicamente, sin tierra a miles de familias que ahora luchan por la subsistencia. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los <a href="http://www.carrodecombate.com/2013/07/13/el-azcar-se-tie-de-sangre-en-camboya/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casos m&aacute;s conocidos ha sido el de Srae Ambel</a>, en la sure&ntilde;a provincia de Koh Kong, donde los agricultores despose&iacute;dos han plantado cara a la empresa tailandesa que ha convertido sus arrozales en un extenso ca&ntilde;averal. &ldquo;La propia empresa ha reconocido que no estar&iacute;a en Camboya si no fuera por el EBA. Creo que es una prueba suficiente para probar que est&aacute; relacionado&rdquo;, asegura Matthieu Pellerin, investigador de la ONG local de derechos humanos LICADHO. Los campesinos han emprendido acciones legales en Camboya y en el Reino Unido contra Tate &amp; Lyle &ndash;una de las empresas que compra el az&uacute;car camboyano&ndash;, y el Parlamento Europeo ha pedido una investigaci&oacute;n ante las evidencias de violaciones de derechos humanos en las plantaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Este podr&iacute;a ser uno de los casos que <strong>Coca-Cola</strong>, primer comprador mundial de az&uacute;car, revisara tras prometer que evaluar&aacute; la pol&iacute;tica de acaparamiento de tierras de sus proveedores &ndash;Tate &amp; Lyle es uno de ellos&ndash;. El anuncio llega como respuesta a la campa&ntilde;a de acci&oacute;n ciudadana &ldquo;Tras la marca&rdquo;, lanzada por Oxfam, aunque el gigante estadounidense ya se hab&iacute;a comprometido en 2012 a revisar la procedencia del az&uacute;car que utiliza en su estrategia &ldquo;Objetivos de Sostenibilidad 2020&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quien controla la tierra, controla la alimentaci&oacute;n, la vida. La lucha es, m&aacute;s que un imperativo ideol&oacute;gico, una cuesti&oacute;n de supervivencia no s&oacute;lo para los campesinos, sino para todos los seres humanos. Como dice Natalia, mientras prepara la comida para un regimiento en el Campamento de San Antonio: &ldquo;Si el pueblo no planta, la ciudad no cena&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Villadiego, Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/azucar-sabor-tierra-robada_1_5171436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Nov 2013 19:09:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Azúcar con sabor a tierra robada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Camboya,Alimentación,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Me pregunté cómo íbamos a sobrevivir nosotros, los campesinos desplazados, en una selva de cemento"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/cultivos-responden-desplazamiento-forzado_1_5850943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2919ff1b-76b9-4fa8-abe6-0647b6b58882_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Me pregunté cómo íbamos a sobrevivir nosotros, los campesinos desplazados, en una selva de cemento&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La explotación empresarial o los monocultivos de coca para el narcotráfico son algunas de las principales causas del acaparamiento de tierras sufrido por miles de indígenas en Colombia</p><p class="subtitle">Marlene y Rogerio, amenazados y desplazados forzosamente a Bogotá, han conseguido sobrevivir mediante la agricultura urbana</p></div><p class="article-text">
        Marlene y Rogerio llegaron a Bogot&aacute; hace 13 a&ntilde;os. Ella viene del Putumayo y &eacute;l del Cauca. Ambos son l&iacute;deres ind&iacute;genas, protectores de la tierra y grandes conocedores de las t&eacute;cnicas de explotaci&oacute;n artesanal para el autoconsumo y el peque&ntilde;o y mediano comercio. Los dos fueron amenazados y desplazados forzosamente de sus lugares de origen por los diferentes grupos armados que hoy siguen protagonizando el conflicto interno m&aacute;s largo en la historia de Latinoam&eacute;rica. Tanto Marlene como Rogerio, sin embargo, han encontrado un modo de vida para su sustento y para el mantenimiento de sus culturas ancestrales en la capital de Colombia: la agricultura urbana.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando llegu&eacute;  me  pregunt&eacute; a m&iacute; misma que c&oacute;mo &iacute;bamos a  sobrevivir nosotros, los  desplazados, en una selva de cemento as&iacute;&rdquo;,  recuerda Marlene. Lo tuvo claro desde  el principio: cultivando. Decidi&oacute; entonces ocupar varios inmuebles en  distintos barrios de la ciudad para el alojamiento y la creaci&oacute;n de  huertas de autoconsumo con toda clase de vegetales que pudiesen  plantarse en una casa, dando as&iacute; sustento y cobijo a 555 familias  llegadas de la misma forma que ella. 
    </p><p class="article-text">
        Pronto acontecieron los atentados a  los edificios por parte de grupos ilegales y las intervenciones de las  autoridades que, con gases lacrim&oacute;genos, desocupaban los inmuebles en  los que se iban instalando. De sitio en sitio y continuando con la misma  pr&aacute;ctica, Marlene abander&oacute; este movimiento hasta principios de 2012.  &ldquo;Me persegu&iacute;an porque le daba de comer al hambriento &ndash;asegura&ndash; y, si no  me mataron, es porque lideraba pero no me dejaba ver&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras del &uacute;ltimo estudio del Centro de Seguimiento para los  Desplazados Internos (IDMC) sit&uacute;an a Colombia como el pa&iacute;s con m&aacute;s  desplazados internos del mundo, con un total de 5,5 millones de  personas. Durante el a&ntilde;o 2012 fueron 230.000 los afectados. De ellos, 18.154 eran ind&iacute;genas, seg&uacute;n la Consultor&iacute;a para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES).  La hostilidad de estos  n&uacute;cleos urbanos  y la imposici&oacute;n de sus pr&aacute;cticas culturales implica que el  mantenimiento de las costumbres de las comunidades se convierta en una misi&oacute;n de alta  complejidad. Marlene y Rogerio declaran su intenci&oacute;n de resistencia: &ldquo;El  d&iacute;a que perdamos nuestra cultura no nos quedar&aacute; nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La explotaci&oacute;n y extracci&oacute;n de productos de la tierra con &aacute;nimo de lucro individual o empresarial y el desarrollo econ&oacute;mico a partir de grandes proyectos de infraestructura consolidada a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas como los Tratados de Libre Comercio se enfrentan de forma directa a la relaci&oacute;n de los pueblos originarios con su entorno. Y tambi&eacute;n los monocultivos de coca para el narcotr&aacute;fico; o de pino, para madereras; y la ubicaci&oacute;n estrat&eacute;gica de los territorios ancestrales, como los de Marlene y Rogerio.
    </p><p class="article-text">
        Los grupos armados que contin&uacute;an con la guerra interna en el pa&iacute;s han incrementado su inter&eacute;s en estas pr&aacute;cticas, hecho que, seg&uacute;n CODHES, &ldquo;potencia el escenario de riesgo para sus pobladores&rdquo; y, en consecuencia, su salida inmediata y obligatoria a otros lugares de la naci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        'Huertas de alimentos org&aacute;nicos para el futuro' es el proyecto de vida de Marlene Zambrano Padilla, directora de la <a href="http://www.actiweb.es/funcodent/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Colombiana de Desplazados</a> y secretaria del Movimiento Nacional de V&iacute;ctimas por la Paz. Originaria de la comunidad P&aacute;ez (Cauca), fue criada en el sur de pa&iacute;s, en el selv&aacute;tico departamento del Putumayo. Se dedicaba al comercio, pero hered&oacute; el compromiso social de su padre, defensor de derechos humanos asesinado en los a&ntilde;os noventa. Por continuar con su misma lucha, fue desplazada por primera vez en 1991. En el a&ntilde;o 2000 registr&oacute; su situaci&oacute;n como v&iacute;ctima y tuvo que enfrentarse  a una nueva vida en una ciudad como Bogot&aacute; con la intenci&oacute;n de quedarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En distintos barrios de la ciudad y paralelamente, Marlene comenz&oacute; con su proyecto de huertas naturales. Hoy queda en pie la m&aacute;s importante, en Ciudad Bol&iacute;var (barrio bogotano de un mill&oacute;n de habitantes con los mayores &iacute;ndices de violencia y empobrecimiento de la ciudad), que sustenta a 36 familias ind&iacute;genas y campesinas. Patatas, zanahorias, remolachas, lechugas, br&oacute;coli y una gran variedad de vegetales crecen rodeados de cemento, abonados de forma natural y cercados por &aacute;rboles frutales para evitar el uso de cualquier producto artificial en los cultivos. 
    </p><p class="article-text">
        El alimento producido en la huerta es el que abastece a los mercados campesinos. Los beneficiarios buscan hoy en las instituciones gubernamentales el apoyo necesario para tejer una red de comercializaci&oacute;n nacional que asocie y ayude a los desplazados del pa&iacute;s afectados por el problema de la inseguridad alimentaria. Las huertas creadas anteriormente fueron levantadas, y Marlene sigue amenazada por seguir adelante con este proyecto.
    </p><h3 class="article-text">Pobreza y desnutrici&oacute;n urbana</h3><p class="article-text">
        No es incoherente que campesinos y activistas pol&iacute;ticos como Marlene pongan en el primer punto de sus prioridades la seguridad alimentaria. Seg&uacute;n el Programa de Naciones Urbanas para el Desarrollo (PNUD), la pobreza y <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Colombia-hablar-paz-hambre_0_175682719.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desnutrici&oacute;n</a> urbana se sit&uacute;an en un 42%; y en el &aacute;mbito rural, que ata&ntilde;e directamente  a quienes  tienen una mayor participaci&oacute;n en la econom&iacute;a agropecuaria, afectan a un  68% del total de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los datos demuestran que hay problemas que nacen en el campo y que afectan de forma directa a la nutrici&oacute;n de las personas. Algunos de ellos son: la necesidad de una reforma agraria (hecho que ocasion&oacute; el mayor <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Colombia-campesionos-revolucion-manifestaciones-huelga_0_171132999.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">paro agrario</a> de la historia de Colombia el pasado mes de agosto); la incoherencia entre los modelos productivos dominantes (monocultivos) y los ecosistemas que ocasionan deterioro del medio y vulnerabilidad en la poblaci&oacute;n; el no acceso de la mayor&iacute;a de los campesinos a las tierras; la ausencia de una infraestructura que facilite la distribuci&oacute;n y la comercializaci&oacute;n; la p&eacute;rdida de la biodiversidad y de las semillas originarias para la manipulaci&oacute;n transg&eacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Los campesinos y las comunidades negras e ind&iacute;genas que llegan a Bogot&aacute;, en su mayor&iacute;a trabajadores de la tierra y del mar, acaban, por imposiciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, instal&aacute;ndose en los suburbios de la ciudad. En dur&iacute;simas condiciones: sin recursos para el acceso a la educaci&oacute;n o a la salud, sin espacios donde cultivar de forma legal, viviendo en la calle o  en casas de precarias condiciones, sin acceso a las materias primas para la producci&oacute;n de sus artesan&iacute;as y situados en sectores donde los &iacute;ndices de violencia son altos y encuentran serias dificultades para su subsistencia y el mantenimiento de sus culturas. 
    </p><p class="article-text">
        Marlene quiere acabar con todo esto. Sonr&iacute;e con astucia y, con seguridad, cuando dice que &ldquo;los derechos con hambre, no son derechos&rdquo;. Esta semana debe buscar un lugar donde dormir: ya no se siente segura habitando siempre en la misma casa. &ldquo;&iexcl;V&iacute;ctimas al poder para que no nos vuelvan a joder!&rdquo;, afirma elevando el tono de voz, entre risas y con el pu&ntilde;o en alto. &ldquo;L&aacute;stima que ese no pueda ser nuestro lema oficial&rdquo;, bromea.
    </p><p class="article-text">
        La desigualdad en el reparto de la tierra en Colombia es notable. El 80% est&aacute; en manos del 14% de los propietarios, seg&uacute;n los datos expuestos en el informe '<a href="http://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/rr-divide-and-purchase-land-concentration-colombia-270913-es.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Divide y comprar&aacute;s</a>' de Oxfam Interm&oacute;n. Esta concentraci&oacute;n va en aumento: el &iacute;ndice de Gini &ndash;que mide la desigualdad&ndash; sit&uacute;a a Colombia en el lugar n&uacute;mero once entre los pa&iacute;ses del mundo con mayor desigualdad en el acceso a la tierra. Seg&uacute;n algunos informes, el 40% del territorio colombiano est&aacute; bajo alg&uacute;n tipo de contrato con corporaciones multinacionales, ya sea para la producci&oacute;n de biocombustibles, la agricultura, la explotaci&oacute;n forestal o la miner&iacute;a. En un informe reciente, la FAO advierte que hay tendencias de extranjerizaci&oacute;n de la tierra, favorecidas por la ausencia de l&iacute;mites y de regulaci&oacute;n interna, seg&uacute;n alerta Oxfam.
    </p><h3 class="article-text">Monocultivos y desplazamiento</h3><p class="article-text">
        Rogerio Pe&ntilde;a, uno de los l&iacute;deres ind&iacute;genas de la comunidad nasa, originaria del Cauca, conoce bien los efectos de la presencia de monocultivos sobre la poblaci&oacute;n. Actualmente vive en la localidad de Usme, otro n&uacute;cleo urbano con las mismas caracter&iacute;sticas de Ciudad Bol&iacute;var y en el que residen  gran parte de los desplazados &eacute;tnicos en Bogot&aacute;. Como actividad econ&oacute;mica principal, la producci&oacute;n y peque&ntilde;a comercializaci&oacute;n de artesan&iacute;a. Para el mantenimiento de su cultura ancestral, Rogerio cultiva en su peque&ntilde;a terraza plantas para ejercer la medicina tradicional en el n&uacute;cleo familiar. Los desplazados no creen en la eficacia de nuestro sistema sanitario y tampoco pueden coste&aacute;rselo.
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        Al igual que Marlene, Rogerio tambi&eacute;n fue desplazado por la defensa de los derechos humanos de las poblaciones. Desde hace cuatro d&eacute;cadas lucha contra la presencia de los monocultivos que acaban con su tierra. 
    </p><p class="article-text">
        Cart&oacute;n de Colombia, multinacional l&iacute;der en producci&oacute;n de papel y cart&oacute;n, se instal&oacute; en el Cauca en los a&ntilde;os setenta. Sus mandatarios compraron 600 hect&aacute;reas en la cordillera del municipio de Buenos Aires, pero pronto entraron en el territorio sagrado de los nasa devastando todos los &aacute;rboles nativos para la siembra a gran escala del pino, una especie que no es aut&oacute;ctona, seca el agua y deteriora de forma r&aacute;pida la tierra de la zona. 
    </p><p class="article-text">
        Como no fueron atendidas sus peticiones por v&iacute;as legales, la comunidad comenz&oacute; a cortar, en &aacute;nimo de lucha, todo aquello cuanto plantaba la empresa. &iquest;Las consecuencias? El ej&eacute;rcito entr&oacute; en defensa de la multinacional  y la acci&oacute;n de resistencia se sald&oacute; con varios ind&iacute;genas y soldados muertos. Seis miembros de la comunidad viajaron a Arabia Saudita, pa&iacute;s de residencia del due&ntilde;o de la multinacional, para dialogar y traerlo a Colombia con el compromiso de devolver las tierras a los nasa. Lo consiguieron: &ldquo;Ahora los pinos son nuestros vecinos, pero no entran en casa&rdquo;, se&ntilde;ala Rogerio. Eso s&iacute;, se mantiene vigente otra batalla importante; esta vez, con los monocultivos de coca.
    </p><p class="article-text">
        Este hombre, de voz delicada y fuerte actitud, nos habla de la implicaci&oacute;n y responsabilidad de todos los sectores legales e ilegales en la expansi&oacute;n de los cocaleros. Habla de c&oacute;mo muchos ind&iacute;genas decidieron sembrar coca y vender bultos &ldquo;a los blancos&rdquo; para fabricar base de coca&iacute;na porque sus modos de vida no les permit&iacute;an mantener con dignidad a sus familias. Culpa de ello en algunos aspectos al Estado, por el abandono de los territorios ind&iacute;genas, que &ldquo;en pleno siglo XXI siguen sin energ&iacute;a, sin agua potable, sin acceso a la salud o la educaci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Nos habla de la negativa de otros compa&ntilde;eros ind&iacute;genas ante la posibilidad de cultivar y ganar dinero r&aacute;pido. Nos habla de la llegada de la guerrilla y, tras ella, los guerrilleros, el ej&eacute;rcito y tambi&eacute;n los paramilitares. Nos habla de caos y de violencia y de que la zona a&uacute;n contin&uacute;a siendo uno de los grandes modelos econ&oacute;micos en el Cauca. Nos habla de la llegada de &ldquo;gringos que manipularon las semillas para hacerlas m&aacute;s resistentes a las plagas&rdquo;. Y nos cuenta, con tristeza, que ya han llegado a un punto en el que ni siquiera se plantan pl&aacute;tano, papas o yuca para el autoconsumo  porque no hay tierra cultivable disponible, ni inter&eacute;s en ello. &ldquo;Ya tenemos que ir a Buenos Aires a hacer mercado de productos que antes s&iacute; cultiv&aacute;bamos y que ahora vienen de otras partes empaquetados. Qu&eacute; triste es a veces mi Colombia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el departamento del Cauca, en diciembre de 2011, exist&iacute;an a&uacute;n m&aacute;s de 6.000 hect&aacute;reas de cultivos de coca, seg&uacute;n la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), convirti&eacute;ndose as&iacute; esta zona en la cuarta zona del pa&iacute;s con mayor presencia del monocultivo. Adem&aacute;s, las consecuencias que esto tiene en el medioambiente son devastadoras. En Colombia el 21,5% del total de las plantaciones se radican en terrenos gracias a la tala de los bosques aut&oacute;ctonos. El pa&iacute;s sigue produciendo 4.600 kilos de hoja de coca por hect&aacute;rea al a&ntilde;o para la fabricaci&oacute;n de base de coca&iacute;na. 
    </p><p class="article-text">
        Los nasa usan esta planta con fines medicinales, no obstante. Lo hacen desde mucho antes de que llegaran los grandes cocaleros a su territorio y Rogerio, con firmeza,  deja claro que, a pesar de la manipulaci&oacute;n que el narcotr&aacute;fico hace hoy de la planta, no van a dejar de defenderla: &ldquo;El d&iacute;a que los nasa perdamos nuestra cultura, no nos quedar&aacute; nada&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y mientras, con esmero, le va quitando el nudo a una bolsita donde tiene guardada la hoja que le traen de su tierra y que a&uacute;n no ha sido manipulada gen&eacute;ticamente. No puede volver. Su mujer lo hizo recientemente y,  pasado un mes, recibi&oacute; una carta de advertencia. Tampoco tiene mucho inter&eacute;s a estas alturas, teme que vuelva a ser expulsado y perder as&iacute; lo conseguido hasta ahora. Seguir&aacute; construyendo un modelo de vida que puedan continuar sus hijos en Bogot&aacute; y que fortalezca a las comunidades y a los desplazados que, como &eacute;l, llegan a la ciudad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Noelia Vera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/cultivos-responden-desplazamiento-forzado_1_5850943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Nov 2013 19:52:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Me pregunté cómo íbamos a sobrevivir nosotros, los campesinos desplazados, en una selva de cemento"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Agricultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caña de azúcar: la hierba de la miseria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/cana-de-azucar-esclavitud-brasil-tailandia-intermon-oxfam-produccion-alimentacion_1_1162892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25eabebc-5fdf-42da-a953-c3ef3bf30511_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caña de azúcar: la hierba de la miseria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La 	caña se ha impuesto como la principal materia prima para la 	industria azucarera, procedente en su mayoría de países en 	desarrollo.</p><p class="subtitle">La 	planta es casi siempre recolectada de forma manual por hordas de 	jornaleros en condiciones laborales análogas a la esclavitud.</p><p class="subtitle">Se conoce como la hierba de la miseria porque las comunidades donde se cultiva entran en un círculo de pobreza.</p></div><p class="article-text">
        Cada mes de noviembre, cuando las lluvias del monz&oacute;n comienzan a arreciar, Bua Lai vuelve a afilar su machete y se prepara para pasar los cinco meses siguientes dando golpes a los gruesos tallos de la ca&ntilde;a de az&uacute;car. Como ella, aproximadamente un mill&oacute;n de jornaleros barrer&aacute;n los campos de Tailandia, el segundo exportador mundial de az&uacute;car, para recoger el dulce jugo que acabar&aacute; en las mesas de medio mundo.
    </p><p class="article-text">
        La ca&ntilde;a se ha convertido durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os en la principal fuente de az&uacute;car en el mundo y cerca de un 90 por ciento de la producci&oacute;n mundial procede de esta hierba de grandes dimensiones. La mayor&iacute;a se planta en pa&iacute;ses en desarrollo como la India, Brasil o la propia Tailandia, donde las leyes laborales y medioambientales son m&aacute;s laxas. Muchos la conocen como la hierba de la miseria, porque ah&iacute; donde se cultiva, las comunidades entran en un c&iacute;rculo de pobreza generado por las p&eacute;simas condiciones laborales y los fuertes impactos medioambientales que lleva consigo esta planta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tailandia</strong> es un buen ejemplo de ello. La zona azucarera se concentra en la regi&oacute;n nordeste, conocida como Isaan, una de las m&aacute;s pobres del pa&iacute;s. All&iacute; vive Bua Lai, una mujer menuda con la tez tostada por el sol y las manos llenas de heridas, que comenz&oacute; a cortar ca&ntilde;a hace diez a&ntilde;os, cuando a su marido le detectaron un c&aacute;ncer de huesos y tuvo que dejar el trabajo. A sus 56 a&ntilde;os, a&uacute;n maneja el machete con presteza, pero se incorpora continuamente para dar un peque&ntilde;o respiro a sus ri&ntilde;ones. &ldquo;A veces no quiero venir. Me duele todo, pero lo hago porque necesito el dinero&rdquo;. La mayor&iacute;a de los d&iacute;as, Bua Lai ni siquiera consigue ganar el salario m&iacute;nimo de 300 baths (unos 8 euros) diarios estipulado por el Gobierno. Sin embargo, como buena parte de los jornaleros de este sector en medio mundo, ella cobra al peso por la ca&ntilde;a que consigue cortar cada d&iacute;a. &ldquo;Cuando la ca&ntilde;a es f&aacute;cil de cortar no hay mucho problema, pero les da igual si te encuentras con tallos m&aacute;s duros. No te pagan m&aacute;s&rdquo;. Junto a ella, sus hijos han trabajado en los campos desde que ten&iacute;an diez a&ntilde;os. No quer&iacute;an estudiar y el dinero escaseaba, as&iacute; que se unieron al grupo de trabajo de su madre.
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        Los vecinos de Bua Lai recuerdan la expansi&oacute;n del az&uacute;car en los a&ntilde;os 80 con amargura. &ldquo;La vida cambi&oacute; desde que la ca&ntilde;a de az&uacute;car lleg&oacute; a la regi&oacute;n. La gente ya no tiene tiempo libre, est&aacute;n todo el d&iacute;a cuidando los ca&ntilde;averales. Ya no se conocen, no se saludan&rdquo;, asegura Phan Chantalat, un hombre de 65 a&ntilde;os ya jubilado que empez&oacute; a plantar ca&ntilde;a en 1983. El Gobierno impuls&oacute; entonces el sector y las nuevas f&aacute;bricas, que tienen que situarse cerca de los campos para procesar cuanto antes los tallos, ofrecieron suculentas ventajas para incitar a los agricultores. Pero, al mismo tiempo, la ley les oblig&oacute; a firmar contratos por los que, si no llegaban al cupo establecido, deb&iacute;an pagar una multa; si no ten&iacute;an c&oacute;mo pagarla, los agricultores terminaban por<strong> ceder sus tierras</strong> a las f&aacute;bricas. Y as&iacute; fue como las f&aacute;bricas del sector se convirtieron en las propietarias de la mayor parte del suelo en la regi&oacute;n, mientras los antiguos peque&ntilde;os propietarios, hoy convertidos en jornaleros sin tierra, viven m&aacute;s al l&iacute;mite que nunca.
    </p><h3 class="article-text">Los ca&ntilde;averales brasile&ntilde;os</h3><p class="article-text">
        En Brasil, el principal productor y exportador de ca&ntilde;a de az&uacute;car en el mundo, la mecanizaci&oacute;n nunca lleg&oacute; a los ca&ntilde;averales; es m&aacute;s rentable la mano de obra barata. Los jornaleros, que cobran al peso, deben trabajar extenuantes jornadas para conseguir salarios de alrededor de 800 reales (menos de 300 euros). Viven en p&eacute;simas condiciones de seguridad e higiene y, a menudo, mal alimentados. Las cr&oacute;nicas relatan c&oacute;mo, a veces, consumen drogas, como crack o marihuana, para soportar la dureza del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Es un secreto a voces: cada a&ntilde;o, los informes del propio Ministerio de Trabajo revelan que las plantaciones de az&uacute;car emplean a buena parte de los 25.000 trabajadores que, seg&uacute;n los c&aacute;lculos de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT), trabajan en Brasil en condiciones an&aacute;logas a la esclavitud. S&oacute;lo en 2009, casi 2.000 trabajadores fueron liberados en los ca&ntilde;averales del pa&iacute;s. Se sabe tambi&eacute;n que la esclavitud y la pobreza tienen color en Brasil: seg&uacute;n datos oficiales, tres de cada cuatro trabajadores sometidos a r&eacute;gimen an&aacute;logo a la esclavitud son negros o mulatos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los trabajadores temporales &ndash;los jornaleros&ndash; viven sin derecho al agua, comida y alojamientos recientes, humillados, sin poder volver para casa&rdquo;, se&ntilde;ala el periodista Leonardo Sakamoto, fundador de la organizaci&oacute;n <a href="http://reporterbrasil.org.br/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rep&oacute;rter Brasil</a>. A menudo son migrantes, a los que se trajo desde sus lugares de origen por medio de enga&ntilde;os sobre las condiciones de trabajo, y que, una vez en el lugar de destino, deben pagar la deuda del viaje y comprar la comida a su explotador. El c&iacute;rculo se cierra sobre ellos: bajo ciertas condiciones, es muy f&aacute;cil transformar el sistema salarial en una eficaz forma de <strong>esclavitud moderna</strong>, mucho m&aacute;s lucrativa, por cierto, que esa antigua esclavitud colonial en la que el propietario deb&iacute;a mantener al esclavo durante los 365 d&iacute;as del a&ntilde;o. Ahora, el bracero, acabados los meses de cosecha, es sistem&aacute;ticamente abandonado a su suerte. Y si es 'rescatado' por las autoridades estatales, se encontrar&aacute; devuelto al abandono, por lo que, muy probablemente, volver&aacute; al mismo c&iacute;rculo vicioso la pr&oacute;xima cosecha.
    </p><p class="article-text">
        Brasil o Tailandia no son, ni mucho menos, una excepci&oacute;n. Algo muy similar ocurre en la Rep&uacute;blica Dominicana, donde se refieren a cortar ca&ntilde;a como &ldquo;trabajo de haitiano&rdquo;, o en Filipinas, donde en las haciendas el trabajador a&uacute;n est&aacute; anclado a la tierra. De America a Asia, se ve una constante: el trabajo esclavo avanza en paralelo a los procesos de acaparamiento de tierras, la proletarizaci&oacute;n de los peque&ntilde;os campesinos y la expansi&oacute;n del latifundio, que, en el caso de la ca&ntilde;a, agota r&aacute;pidamente la tierra y la deja inerte. Por eso dice Sakamoto que las nuevas formas de esclavitud &ldquo;son fruto del capitalismo: no son enfermedad, sino s&iacute;ntoma del sistema&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Villadiego, Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/cana-de-azucar-esclavitud-brasil-tailandia-intermon-oxfam-produccion-alimentacion_1_1162892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2013 17:41:56 +0000]]></pubDate>
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