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    <title><![CDATA[elDiario.es - Arboles]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Arboles]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La selva andaluza, el último reducto tropical de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/andaluza-ultimo-reducto-tropical-europa_1_2598493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/adcd9ae2-32c9-4aa3-a902-80c4d84d9948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La selva andaluza, el último reducto tropical de Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cádiz atesora el último bosque subtropical del continente, un punto único con especies de la era terciaria.</p><p class="subtitle">Los canutos, los alcornocales y los pinsapares ofrecen una naturaleza verde en una región cubierta por bosques en la mitad de su superficie.</p><p class="subtitle">Recorremos la 'selva andaluza' con motivo de la celebración del Día Mundial del Árbol</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La naci&oacute;n que destruye su tierra, se destruye a s&iacute; misma. Los bosques son los pulmones de nuestra tierra&rdquo;, dec&iacute;a Franklin Roosevelt, trig&eacute;simo segundo presidente de los Estados Unidos, hace ya 70 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hay un lugar de Europa donde los bosques, lejos de retroceder, avanzan. Un punto de esperanza con 2,5 millones de hect&aacute;reas forestales, que atesora el &uacute;ltimo reducto de bosque subtropical de su continente y una especie de abeto &uacute;nica en el mundo. No es Alemania, ni Finlandia. Se trata de Andaluc&iacute;a, donde sus bosques se extienden por el 55% de sus 87.000 km2.
    </p><p class="article-text">
        Basta abandonar la autopista Sevilla-C&aacute;diz, e internarse en la A-381, para descubrir un tupido bosque que rompe de un vistazo con el t&oacute;pico de Andaluc&iacute;a como tierra de sol y playa. Ante la vista del conductor se extiende el Parque Natural de Los Alcornocales que, con sus 170.000 hect&aacute;reas de extensi&oacute;n, atesora el mayor alcornocal del mundo.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que la bruma te sorprenda al entrar en estos parajes. En ellos podemos encontrar bosques de niebla, toda una sorpresa para aquellos que piensan que solo existen en determinadas zonas monta&ntilde;osas de Am&eacute;rica, Asia o &Aacute;frica. Aqu&iacute;, en la Europa meridional, reciben el nombre de canutos. Toman su nombre del &aacute;rabe, significa &ldquo;tubos&rdquo; o &ldquo;trozos de ca&ntilde;a&rdquo;, y hace referencia a bosques en galer&iacute;a presentes tanto en esta zona de la provincia de C&aacute;diz como en la Sierra de Grazalema o la de Ronda.
    </p><p class="article-text">
        Los canutos son un preciado vestigio de esas selvas europeas que retrocedieron ante las glaciaciones del cuaternario y encontraron su &uacute;ltimo refugio en tierras m&aacute;s templadas.. Cuando los hielos volvieron a retroceder, el clima seco del mediterr&aacute;neo impidi&oacute; que las selvas volviesen a recuperar su extensi&oacute;n. En los canutos, el viento, el agua y las monta&ntilde;as terminaron imponiendo su ley natural y protegiendo en sus estrechos valles &lsquo;f&oacute;siles&rsquo; vivientes de la era terciaria.
    </p><h3 class="article-text">Helechos para la imaginaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        La luz tenue, fruto del dosel arb&oacute;reo y las pendientes de los valles, y la humedad acogen especies relictas como el ojaranzo y varios tipos de helechos, as&iacute; como el aliso, el fresno, el laurel y la adelfa. La niebla y los helechos creciendo sobre los enormes troncos avivan, como en otros lugares asilvestrados, la imaginaci&oacute;n del ser humano. As&iacute; lo hizo con la del novelista Juan Pino Palma, que le dedic&oacute; su relato Nubes en el coraz&oacute;n a este rinc&oacute;n gaditano.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del encanto del paisaje y las riquezas naturales, Los Alcornocales proporciona refugio, bienestar y recursos a todo tipo de especies, la humana incluida. El corcho que se extrae de sus bosques proporciona pr&aacute;cticamente la mitad de la producci&oacute;n de todo el pa&iacute;s. Adem&aacute;s de a ungulados, gatos monteses, zorros, nutrias, halcones, buitres o &aacute;guilas, este espacio protegido acoge a todas esas aves migratorias que transitan cada a&ntilde;o entre &Aacute;frica y la Europa m&aacute;s septentrional.
    </p><p class="article-text">
        No muy lejos de all&iacute;, otra reliquia de las glaciaciones conforma un paisaje con una especie &uacute;nica: el pinsapo, un abeto end&eacute;mico de Andaluc&iacute;a. El pinsapo se extiende en m&aacute;s de 8.000 hect&aacute;reas de con&iacute;feras repartidas por las sierras occidentales de las Cordilleras B&eacute;ticas, como la propia Sierra de Grazalema, la de Ronda y la Bermeja. Los pinsapares se concentran en lugares no muy calurosos, lluviosos y con nieblas de primavera y oto&ntilde;o de las sierras altas andaluzas, formando bosques especialmente tupidos en aproximadamente el 10% de esas 8.000 hect&aacute;reas &uacute;nicas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Ávila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/andaluza-ultimo-reducto-tropical-europa_1_2598493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2015 17:38:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La selva andaluza, el último reducto tropical de Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Medio ambiente,Cádiz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El acebuche de Zalamea, donde los vecinos abrazan a la naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/acebuche-zalamea-testigo-milenio-vida_1_2604881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90263598-6f72-4a3f-9d03-36f8e248fb4f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El acebuche de Zalamea, donde los vecinos abrazan a la naturaleza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con una altura de más de 12 metros, este árbol se ha convertido en un símbolo de la lucha por preservar la naturaleza. Cada año, los vecinos se reúnen alrededor del ejemplar para conmemorar que en 2004 se salvó del incendio que arrasó 27.000 hectáreas en las provincias de Huelva y Sevilla.</p></div><p class="article-text">
        Si miramos a nuestro alrededor, no encontraremos ning&uacute;n ser vivo que tenga un milenio de vida; que haya conocido la Espa&ntilde;a de la dominaci&oacute;n &aacute;rabe, el paso de los Reyes Cat&oacute;licos o a la p&eacute;rdida de las colonias. No hay nadie que testifique haber visto los cambios vividos en los &uacute;ltimos 1.000 a&ntilde;os, o mejor dicho, casi nadie. En Zalamea la Real, en el centro de la provincia de Huelva, un ser vivo puede presumir de ser testigo de tan inmenso devenir del tiempo, y lo hace en forma de un impresionante acebuche.
    </p><p class="article-text">
        Las dimensiones del &aacute;rbol en cuesti&oacute;n, seg&uacute;n se recoge en el cat&aacute;logo de &aacute;rboles y arboledas singulares de Andaluc&iacute;a, ya dan una idea de su importancia. Tiene m&aacute;s de 6 metros de per&iacute;metro de tronco medidos a 1,30 del suelo. Su interior se halla hueco y el paso de los a&ntilde;os ha provocado que el fuste se divida en dos hasta llegar a la peana, hecho que le confiere un aspecto a&uacute;n m&aacute;s anciano, seg&uacute;n el mismo cat&aacute;logo, que cita que el punto de ramificaci&oacute;n puede aproximarse a los 1,9 metros de altura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En el entorno de las inmediaciones de la denominada Sierra del &Aacute;guila es donde habita el conocido como Acebuche de El Espinillo, rodeado de otros &aacute;rboles de la misma especie que han nacido de sus semillas, as&iacute; como de eucaliptos que tienen un origen relativamente cercano en el tiempo.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Ha sobrevivido a todo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Para poder disfrutar de la plenitud de este &aacute;rbol solo hay que tomar un desv&iacute;o por un paraje cerca de la carretera de Zalamea la Real a Berrocal, en la finca del Espinillo. Antes de llegar a la aldea de Marigenta, cerca del Membrillo Bajo, el &aacute;rbol aparece majestuoso, con sus m&aacute;s de doce metros de altura, y su primera visi&oacute;n ya da una idea de la fuerza con la que se aferra a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acci&oacute;n y vecino de Berrocal, relata las curiosidades que rodean a este &aacute;rbol. &ldquo;Hay cosas muy interesantes, como que sobrevivi&oacute; a los a&ntilde;os m&aacute;s nefastos de la pol&iacute;tica forestal, cuando se primaban las plantaciones de especies como los eucaliptos. Una empresa maderera hizo una gran repoblaci&oacute;n de la zona donde se encuentra el acebuche, tiraron los grandes encinares del entorno de Las Delgadas, pero no se atrevieron con este &aacute;rbol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, pudo m&aacute;s que la actividad minera que hizo que Huelva fuese un referente mundial hasta principios del siglo XX, &ldquo;cuando para tratar el mineral usaban le&ntilde;a de encinas, alcornoques y todos los &aacute;rboles que cog&iacute;an, pero nunca talaron este &aacute;rbol&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Juan Romero llama la atenci&oacute;n sobre el hecho de que el acebuche es el olivo originario, y que todas las variedades parten de este patr&oacute;n com&uacute;n. &ldquo;Este &aacute;rbol, concretamente, ha dado semillas para que los p&aacute;jaros que consumen la aceituna silvestre la hayan ido soltando en sus heces y repoblando un per&iacute;metro de un kil&oacute;metro, todos esos ejemplares son hijos de este acebuche&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal es la admiraci&oacute;n de los vecinos de la zona por este &aacute;rbol, que cada a&ntilde;o es objeto de un homenaje, sobre todo despu&eacute;s de que se salvase por metros del incendio que en 2004 arras&oacute; 27.000 hect&aacute;reas entre las provincias de Huelva y Sevilla, con inicio en la localidad de Minas de Riotinto.
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s, los vecinos celebraron de forma espont&aacute;nea una fiesta homenaje en torno a &eacute;l, y naci&oacute; as&iacute; una festividad en la que el Acebuche Milenario se ha convertido en un s&iacute;mbolo del patrimonio natural para reclamar una mayor conservaci&oacute;n del entorno natural y en la actualidad. La cita est&aacute; organizada por el &aacute;rea de Cultura del Ayuntamiento de Zalamea la Real, la asociaci&oacute;n 'Amigos del &Aacute;rbol', la Diputaci&oacute;n Provincial de Huelva y la Hermandad de San Pedro y la Cruz de Marigenta, con actividades como exposiciones fotogr&aacute;ficas, actuaciones musicales o convivencias gastron&oacute;micas. Todo, para no perder de vista nunca la importancia de este &aacute;rbol, &ldquo;una aut&eacute;ntica catedral, y deber&iacute;a tener esa misma protecci&oacute;n&rdquo;, apostilla el portavoz ecologista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fermín Cabanillas, Fermín Cabanillas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/acebuche-zalamea-testigo-milenio-vida_1_2604881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2015 10:24:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El taray 'republicano' que se moja las raíces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/taray-republicano-almeriense-roquetas-mar_1_2639281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2573a670-af86-477c-b764-67c7b1dd1418_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El taray &#039;republicano&#039; que se moja las raíces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los cuatro Taray de las playas de la Ventilla y Los Bajos (separados por escasos metros en una playa que prácticamente es la misma), en el municipio almeriense de Roquetas de Mar, cuentan con protección medioambiental por parte de la Junta de Andalucía.</p><p class="subtitle">Son los únicos ejemplares en el Catálogo Andaluz de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía que destacan por su cercanía al mar. De hecho, se encuentran a pie de playa, casi dentro del agua.</p><p class="subtitle">Los gamberros hicieron en un tronco una pintada roja que se pudo borrar, aunque en uno de ellos perdura aún una bandera republicana.</p></div><p class="article-text">
        Los cuatro Taray de las playas de la Ventilla y Los Bajos (separados por escasos metros en una playa que pr&aacute;cticamente es la misma), situados en el municipio almeriense de Roquetas de Mar, cuentan con protecci&oacute;n medioambiental por una circunstancia curiosa: Son los &uacute;nicos ejemplares en el Cat&aacute;logo Andaluz de &Aacute;rboles y Arboledas Singulares de Andaluc&iacute;a cuya singularidad radica en su cercan&iacute;a al mar. Se encuentran a pie de playa, casi dentro del agua. Llegaron a ser protagonistas del debate pol&iacute;tico municipal, cuando Izquierda Unida pidi&oacute; en una moci&oacute;n elaborar un cat&aacute;logo de &aacute;rboles para poder estudiarlos y protegerlos, pero el Partido Popular la rechaz&oacute; puesto que tanto el Cat&aacute;logo Andaluz como el PGOU roquetero los protegen.
    </p><p class="article-text">
        El Taray de la Playa de los Bajos destaca por su tama&ntilde;o, su proximidad al mar y la amplitud de su copa. El Taray o Tarajal de la anexa Playa de la Ventilla est&aacute; compuesto por tres individuos y est&aacute; tambi&eacute;n a escasos metros del mar. Todos tienen una morfolog&iacute;a similar con un tronco &uacute;nico que se bifurca en dos ramas y una copa irregular.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Taray (Tamarix Gallica)</strong>
    </p><p class="article-text">
        El taray no suele exceder del tama&ntilde;o de una mata, aunque en ocasiones crece mucho y forma un &aacute;rbol corpulento, cuyo tronco se rodea de una corteza &aacute;spera. Las hojas que echa son delgadas, estrechas, parecidas a las del cipr&eacute;s. Las flores se hallan en los extremos de los tallos, sostenidas por largos cabillos; son bastante peque&ntilde;as, de color encarnado por fuera y blanco por dentro. Se cr&iacute;a en las orillas de r&iacute;os y torrentes, tanto mejor si discurren por tierras arcillosas, calc&aacute;reas y m&aacute;s o menos salinas. Medicinalmente tiene un uso moderado como astringente y antidiarreico, y leve como cicatrizante. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Bajo estos ejemplares se arrullan las parejas aprovechando la rom&aacute;ntica orilla en los amaneceres o en los crep&uacute;sculos, rob&aacute;ndose besos mientras entran en el agua huyendo de miradas furtivas en una zona poco transitada, de paso, poco habitada, pero poblada en ciertas horas punta de deportistas, corredores, ciclistas, caminantes o paseadores de perros.
    </p><p class="article-text">
        Los Taray tambi&eacute;n han sido v&iacute;ctimas de los gamberros. Hace apenas unos a&ntilde;os la asociaci&oacute;n medioambiental 'Posidonia' denunci&oacute; que uno de los troncos hab&iacute;a aparecido con una gran pintada roja, utilizando estos t&eacute;rminos. &ldquo;Uno de los s&iacute;mbolos m&aacute;s queridos de los habitantes de Aguadulce, un &aacute;rbol denominado Taray, que se encuentra a pie de playa y a escasos metros de la orilla del mar en el Corredor Verde, apareci&oacute; semanas atr&aacute;s con una gran pintada roja ocupando todo el tronco. Alg&uacute;n cafre o energ&uacute;meno no ha tenido otra cosa que hacer que llenar de pintura roja el tronco de uno de nuestros &aacute;rboles m&aacute;s emblem&aacute;ticos. Nuestro Taray, s&iacute;mbolo de naturaleza y espacios abiertos en Las Palmerillas y a pie de Turaniana ha sido ultrajado. Se trata de un verdadero atentado a nuestro patrimonio natural. Posidonia desea denunciar este desgraciado acontecimiento solicitando la ayuda de los vecinos para descubrir a los autores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El Corredor Verde es un camino paralelo a la playa, bajo protecci&oacute;n de la Junta de Andaluc&iacute;a, prohibido a los veh&iacute;culos a motor, exclusivo para el caminante, el jinete o el ciclista, que une a trav&eacute;s de senderos de tierra, charcas que se secan en verano y vegetaci&oacute;n, Aguadulce con el resto de Roquetas de Mar. En este Corredor Verde se encuentran 'Turaniana' y 'Las Palmerillas', zonas bajo las cuales los arque&oacute;logos presuponen la existencia de restos milenarios de culturas &aacute;rabes y romanas, existiendo una lucha tit&aacute;nica entre los conservacionistas que exigen su estudio y protecci&oacute;n y quienes apuestan por el desarrollo urbano de una paradis&iacute;aca zona playera a&uacute;n no saturada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son muchas personas las que disfrutan de este espacio tan querido para todos los que viven en Aguadulce y Roquetas de Mar y algunas de ellas se comportan como gente sin escr&uacute;pulos ni educaci&oacute;n que arrojan decibelios de m&uacute;sica y basura por doquier y lo que es peor, no muestran el m&aacute;s m&iacute;nimo respeto por lo que es de todos. Son estos pocos los que conseguir&aacute;n que paguemos justos por pecadores. Solicitamos a las autoridades que pongan coto a estos desmanes&rdquo;, ped&iacute;a la asociaci&oacute;n ecologista de Aguadulce, Posidonia, cuando denunciaba la pintada roja contra los Taray, ya que a escasos metros de ellos, son constantes las barbacoas y las discotecas nocturnas ambulantes.
    </p><p class="article-text">
        Si finalmente se logr&oacute; acabar con la gamberra pintada de color rojo, actualmente puede verse con claridad una bandera republicana dise&ntilde;ada en el tronco, que todav&iacute;a no se ha podido o querido borrar. As&iacute; parece que el protegido &aacute;rbol tiene que aguantar, democr&aacute;ticamente, la libertad de expresi&oacute;n de sus convecinos, aunque los calificativos de los del 'bando nacional' cuando descubren la &uacute;ltima pintada, no son aptos para menores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Mas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/taray-republicano-almeriense-roquetas-mar_1_2639281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2015 17:02:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El taray 'republicano' que se moja las raíces]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Almería,Viajes,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pinar más antiguo de España ayuda a investigar el cambio climático]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/antiguo-espana-investigar-cambio-climatico_1_2617126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40845669-c7e0-47d3-b0f9-9d8236114838_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pinar más antiguo de España ayuda a investigar el cambio climático"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puertollano es un paraje situado cerca del nacimiento del Guadalquivir con más de un centenar de pinos, algunos de ellos milenarios.</p><p class="subtitle">La zona ofrece un observatorio privilegiado del Pico Cabañas y para los amantes de la ornitología.</p><p class="subtitle">Se encuentra en el término municipal de Quesada, donde puede visitarse el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, en el mismo edificio que el Museo Zabaleta.</p></div><p class="article-text">
        En la Ca&ntilde;ada de las Fuentes (Quesada, Ja&eacute;n), donde se mezclan los arroyos de alimentan al recien nacido Guadalquivir, hay un sendero que lleva directo al Pinar de Puertollano. El recorrido, integrado en el parque natural de Cazorla, Segura y las Villas, est&aacute; salpicado de arces, sabinas, enebros o pinos. La vegetaci&oacute;n es la propia de un parque frondoso que se hace menos tupido a estas alturas:1.800 metros de altura sobre el nivel del mar.
    </p><p class="article-text">
        El bosque de pinos de Puerto Llano (Quesada, Ja&eacute;n) crece entre claros de roca, salpicado de sabinas y algunos arbustos. Son pinos salgare&ntilde;os, los habituales en la zona. <strong>Apreciados por la dureza y calidad de su madera.</strong> El viento ha ondulado sus copas a modo de bandera y es as&iacute; como se han mantenido a lo largo de los siglos. Avivados por el sol y recortados por el fr&iacute;o que no les ha permitido crecer tanto como a otros ejemplares del parque natural y, en ocasiones, los han hecho crecer como tangentes entre la tierra y el cielo.
    </p><p class="article-text">
        Puertollano es una planicie que se asoma al espectacular al Pico Caba&ntilde;as, una de las cumbres m&aacute;s altas de estas sierras (m&aacute;s de 2.000 metros). El paraje lo custodian &aacute;rboles de un per&iacute;metro que ronda los cuatro metros. Para los lugare&ntilde;os no dejan de ser ejemplares soberbios, herederos de aquellos que <strong>abastecieron de madera a los buques de la armada espa&ntilde;ola o que se sirvieron al mobiliario de la F&aacute;brica de Tabacos de Sevilla</strong> y que se dan en todo el parque.
    </p><p class="article-text">
        En 2006, un proyecto de investigaci&oacute;n de la Universidad de Barcelona y el Centro Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CSIC) revel&oacute; mucho m&aacute;s. Los investigadores buscaban testigos que pudieran contar los efectos del cambio clim&aacute;tico. En esta zona, a esta altura, la explotaci&oacute;n maderera no es tan habitual. Hallaron seres vivos que atesoraran informaci&oacute;n suficiente para describir qu&eacute; ha sido del clima cinco o diez siglos atr&aacute;s. As&iacute;, se estableci&oacute; la primera dataci&oacute;n de estos pinos salgare&ntilde;os o pinos negros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los cient&iacute;ficos contabilizaron m&aacute;s de un centenar de ejemplares y dataron 61. Todos superaban los 500 a&ntilde;os de vida. Del grupo, 2 hab&iacute;an cruzado el umbral de los 1.000 a&ntilde;os,</strong> 3 superaban los 950, 4 los 800, otros tantos los setecientos&hellip; El c&oacute;mputo les sirvi&oacute; para identificar el pinar de Puertollano como el m&aacute;s antiguo de Espa&ntilde;a &ldquo;y posiblemente de Europa&rdquo;, matiza la directora del parque natural, Teresa Moro. La investigaci&oacute;n iniciada en 2006 contin&uacute;a, lo que ha convertido a estos pinos en colaboradores necesarios para los cient&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Este pinar, que forma parte del <a href="http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/web/Bloques_Tematicos/Estado_Y_Calidad_De_Los_Recursos_Naturales/Flora_/pdfs_publicaciones_arboles_arboledas/jaen/documento_completo_jaen.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cat&aacute;logo de arboledas singulares de la Junta de Andaluc&iacute;a</a>, es un pinar disperso en m&aacute;s de 68 hect&aacute;reas. Una arboleda en la que con los pinos &ndash;de ejes verticales que superan los 11 metros de altura- conviven arbustos como el coj&iacute;n de monja, el herguen, el majuelo o el enebro com&uacute;n, entremezclados con sabinas y proyectando sus sombras sobre un paisaje rocoso en el que el hielo del invierno apenas encuentra m&aacute;s resistencia que la de estos &aacute;rboles. &ldquo;A esta altura los pinos no son tan frondosos&rdquo;, se&ntilde;ala Moro, pero &ldquo;el paisaje es espectacular&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las singulares formas de los &aacute;rboles, cinceladas por los mismos elementos que han dibujados las atractivas formaciones geol&oacute;gicas del entorno, hacen que los m&aacute;s antiguos destaquen en el entorno. La necesidad de protegerlo hace que no est&eacute; espec&iacute;ficamente se&ntilde;alado pero la ruta es c&oacute;moda para realizar a pie. Un paseo que, con suerte, permite disfrutar de la fauna del parque. Entre los &aacute;rboles aparecen con frecuencia ejemplares de ciervo, gamo, cabra-mont&eacute;s o mufl&oacute;n. Adem&aacute;s, para los amantes de las aves la zona constituye un observatorio privilegiado de buitres y del reinsertado quebrantahuesos.
    </p><p class="article-text">
        Este espacio forma parte del t&eacute;rmino municipal de Quesada. El municipio alberga un doble e interesante museo. Por un lado, muestra <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/muerte-Miguel-Hernandez-renace-Quesada_0_372362874.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el legado po&eacute;tico de Miguel Hern&aacute;ndez</a> que su viuda, <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/Miguel-Hernandez-legado-Jaen_0_123188363.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la quesade&ntilde;a Josefina Manresa, salv&oacute; de la represi&oacute;n</a>. Por otro, la obra pict&oacute;rica de Rafael Zabaleta, que leg&oacute; a su pueblo junto con obras de otros artistas, coet&aacute;neos y amigos suyos, como Picasso o Mir&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero si lo que busca el turista es &aacute;rboles, <strong>la sierra ofrece muestras tan sobradas como originales.</strong> Desde un inusual bosque de acebos a un tejar tan antiguo como este pinar de Puertollano. Ejemplares soberbios como el Pino Galap&aacute;n, con sus casi 40 metros de altura; caprichosos como el Pino Pulpo y sus ocho brazos nacidos del tronco a modo de cefal&oacute;podo; o emocionados homenajes como el Pino de F&eacute;lix Rodr&iacute;guez de la Fuente, en el camino a Santiago de la Espada, en memoria del naturalista que film&oacute;, en estas sierras, varios episodios de su programa divulgativo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concha Araújo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/antiguo-espana-investigar-cambio-climatico_1_2617126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2015 15:51:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pinar más antiguo de España ayuda a investigar el cambio climático]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Naturaleza,Turismo,Parques naturales,Cambio climático,Museos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ‘olivo de Lorca’: donde se esconden los muertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/olivo-lorca-esconden-muertos_1_2607040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96605b7d-ea46-4807-a9ed-c8710ac64031_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ‘olivo de Lorca’: donde se esconden los muertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lorca no está allí, pero sí que está, de algún modo.</p></div><p class="article-text">
        En 1966, exactamente 30 a&ntilde;os despu&eacute;s de su asesinato y del comienzo de la Guerra Civil, el bi&oacute;grafo irland&eacute;s Ian Gibson &ndash;apenas un muchacho por entonces&ndash; apareci&oacute; por Granada, con motivo de una investigaci&oacute;n universitaria, para ir en busca del fantasma del escritor que le hab&iacute;a cambiado la vida, en lo que ser&iacute;a el principio de una aventura que para &eacute;l &ndash;y para muchos&ndash; a&uacute;n hoy no ha terminado. Pregunt&oacute; aqu&iacute; y all&aacute; (un trabajo tit&aacute;nico, teniendo en cuenta la &eacute;poca, y el sitio); y acab&oacute; dando con Manuel Castilla, &lsquo;Manolo el comunista&rsquo;: un hombre que contaba 17 a&ntilde;os cuando la muerte de Lorca, y que aseguraba haber participado en el enterramiento del cad&aacute;ver, aquella noche de agosto del 36. Fue Castilla quien le se&ntilde;al&oacute; el lugar donde &ndash;afirmaba, y corroboraron otros testimonios a&ntilde;os despu&eacute;s&ndash; Lorca hab&iacute;a sido sepultado junto con tres personas m&aacute;s, bien conocidas ya para todo aquel que haya seguido la historia: el maestro Di&oacute;scoro Galindo y los banderilleros Francisco Galad&iacute; y Joaqu&iacute;n Arcollas. All&iacute;, aseguraba: <strong>en un per&iacute;metro de apenas 5 metros alrededor de un olivo casi al pie de la carretera que une las peque&ntilde;as poblaciones de Alfacar y V&iacute;znar</strong>, en las proximidades de la Fuente Grande, a escasos kil&oacute;metros de Granada.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno andaluz aprob&oacute; levantar un parque con el nombre del poeta, en 1986, como protecci&oacute;n del terreno se&ntilde;alado. Pero tuvieron que pasar otras dos d&eacute;cadas, hasta las excavaciones aprobadas en 2009 e impulsadas por la Asociaci&oacute;n para la Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica, para que se acabara sabiendo que Lorca, si alguna vez estuvo all&iacute;, en el lugar donde siempre se crey&oacute;, no estaba all&iacute;; ni sus compa&ntilde;eros de presidio y asesinato.
    </p><p class="article-text">
        Pudieron matarlo y enterrarlo all&iacute;, pero quiz&aacute;s no exactamente all&iacute;. Pudieron matarlo en otro sitio y trasladarlo luego; y tambi&eacute;n matarlo, enterrarlo all&iacute;, y exhumarlo muy poco despu&eacute;s para volver a sepultarlo en otro lugar&hellip; Las especulaciones, las posibilidades, los chismes y las leyendas en torno al caso son numerosos y de todo tipo (e implicaciones). Pero el lugar ya se hab&iacute;a ido convirtiendo, de manera imparable con la llegada de la democracia, <strong>en el lugar de referencia de demasiadas cosas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil llegar: un agradable paseo en autob&uacute;s (sin el embotellamiento imposible del centro) si se va desde el centro de Granada, desde una parada cercana al Arco de Elvira. Ya en el t&eacute;rmino de Alfacar, casi en pleno campo, colindando hoy con algunos terrenos particulares,<strong> el Parque Federico Garc&iacute;a Lorca es una suerte de templo a la intemperie</strong> en que s&oacute;lo se oye el rumor de las abejas y de los p&aacute;jaros &ndash;m&aacute;s si tiene uno la suerte de encontrarse solo al mediod&iacute;a&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        En primer t&eacute;rmino, una plazoleta condecorada con inscripciones de poemas del homenajeado. A la izquierda, tras subir y bajar el desmonte (el lugar de los disparos, se pens&oacute; durante mucho tiempo; siguen pensando muchos, hoy), se presenta ya un monolito que recuerda a Federico Garc&iacute;a Lorca &ldquo;y a todas las v&iacute;ctimas de la Guerra Civil&rdquo;. A la izquierda del monolito, casi tocando ya con la verja de un pinar cercano (y acotado: tambi&eacute;n Gibson dijo cosas, en 2009, respecto al lugar),<strong> se levanta el olivo, &lsquo;el olivo de Lorca&rsquo;</strong>.&nbsp;<a href="http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/web/Bloques_Tematicos/Estado_Y_Calidad_De_Los_Recursos_Naturales/Flora_/pdfs_publicaciones_arboles_arboledas/granada/documento_completo_granada.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Catalogado como &aacute;rbol singular por la Junta de Andaluc&iacute;a</a> no por su diversidad biol&oacute;gica, sino por su &ldquo;referencia cultural e hist&oacute;rica&rdquo;. De 5,5 metros de alto y m&aacute;s de 4 de di&aacute;metro en su copa esf&eacute;rica.
    </p><h3 class="article-text">El escondite</h3><p class="article-text">
        Un &aacute;rbol que da buena sombra y que dice m&aacute;s de lo que calla, si se le escucha, en la tarde de junio ah&iacute; a su orilla. Los frecuentes peregrinos que lo visitan le dejan, a veces, papeles con poemas entre sus grietas; como d&aacute;ndole as&iacute; de beber. Cabr&iacute;a preguntarse cu&aacute;ntas veces ha escuchado ese &aacute;rbol, durante casi ochenta a&ntilde;os ya, las oraciones &iacute;ntimas y silentes de todos aquellos que pararon alguna vez all&iacute;, con respeto monacal, con miedo casi a despertar a los muertos. Ya lo hemos dicho: los muertos que buscaban ah&iacute; no est&aacute;n ah&iacute; (o no exactamente ah&iacute;), pero en cualquier caso, y m&aacute;s all&aacute; de la leyenda lorquiana, todo ese paraje entre V&iacute;znar y Alfacar no deja de ser un estruendoso mausoleo de tierra que todav&iacute;a oculta lo que quede de los miles (miles) que se calculan fueron enterrados o fusilados all&iacute; mismo, seg&uacute;n, durante la guerra y la posterior represi&oacute;n (feroz) en la provincia de Granada, una de las m&aacute;s cruentas de todo el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ese &aacute;rbol habr&aacute; escuchado, tambi&eacute;n, alguna que otra confesi&oacute;n clandestina que ser&aacute; polvo a su vez, seguramente, a d&iacute;a de hoy, como tantos testimonios perdidos u olvidados; como el de quienes quiz&aacute; supieron, tambi&eacute;n, m&aacute;s de lo que callaron, pero no quisieron (o no pudieron) hablar nunca.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Lorca, en la F&aacute;bula y rueda de los tres amigos (un llanto por &eacute;l mismo y por quienes perdi&oacute;, tal vez), de Poeta en Nueva York:
    </p><p class="article-text">
        <em>(&hellip;) &ldquo;Cuando se hundieron las formas puras</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>bajo el cri cri de las margaritas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>comprend&iacute; que me hab&iacute;an asesinado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Recorrieron los caf&eacute;s y los cementerios y las iglesias.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Abrieron los toneles y los armarios.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya no me encontraron.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;No me encontraron?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No. No me encontraron.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero se supo que la sexta luna huy&oacute; torrente arriba</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y que el mar record&oacute; &iexcl;de pronto!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los nombres de todos sus ahogados.&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Los muertos siguen jugando al escondite, en esos montes de Alfacar, y el olivo de Lorca ser&aacute; el favorito, seguramente, a la hora de contar hasta diez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel A. Ortega Lucas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/olivo-lorca-esconden-muertos_1_2607040.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Jun 2015 04:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El ‘olivo de Lorca’: donde se esconden los muertos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Granada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algarrobo de Las Merras: el faro natural de los mercaderes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/algarrobo-merras-faro-natural-mercaderes_1_2607785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82a895e4-4a03-40d3-b707-a80880ee17c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un árbol, con varios siglos entre ramas, se erige desde la comarca de Los Alcores como dueño del paisaje por su presencia dominante entre campos de huertas y como maestro del horizonte al servir de guía visual para aquellos comerciantes que atravesaron épocas e imperios en la Sevilla histórica.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;All&aacute; est&aacute; el &aacute;rbol&rdquo;. Y en lontananza, H&iacute;spalis, entre brumas de luz. Cuenta la leyenda que mientras los mercaderes atravesaban &eacute;pocas e imperios que la vida labr&oacute; al sur de Europa, emerg&iacute;a antes de llegar a Sevilla un ejemplar extraordinario. Como un faro en mitad de la tierra. Con m&aacute;s de tres siglos entre ramas y miles de historias a su sombra, ah&iacute; sigue el algarrobo de Las Merras en la cornisa de Los Alcores.
    </p><p class="article-text">
        Rodeado de campos de cultivos hort&iacute;colas, el &aacute;rbol es casi un paisano m&aacute;s de El Viso del Alcor y forma parte del <a href="http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/site/portalweb/menuitem.7e1cf46ddf59bb227a9ebe205510e1ca/?vgnextoid=d733e6ed46a28110VgnVCM1000000624e50aRCRD&amp;vgnextchannel=d833a0b5f9ca5310VgnVCM2000000624e50aRCRD&amp;lr=lang_es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Inventario de &Aacute;rboles Singulares de Andaluc&iacute;a</a>. Su car&aacute;cter &uacute;nico viene atado a un respetable fuste que la <em>ceratonia siliqua</em> &ndash;nombre cient&iacute;fico del algarrobo europeo&ndash; despliega en tan s&oacute;lo 80 cent&iacute;metros. Con un per&iacute;metro debajo de la cruz de unos cinco metros y la base abierta en casi nueve, la copa adquiere forma triangular con ramillas inferiores que quedan a un metro escaso del suelo.
    </p><p class="article-text">
        El algarrobo de Las Merras toma su nombre de la finca situada unos cientos de metros al oeste. Arraigado en la cima de un cerro, permanece como referencia en el paisaje y evocaci&oacute;n de aquellos comercios de ida y vuelta. Si singular es hoy, tanto m&aacute;s ayer, cuando en episodios pasados avisaba de la cercan&iacute;a del municipio a los mercaderes que regresaban de la ciudad de Sevilla. O a quienes trazaban el mismo camino en sentido inverso.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Peque&ntilde;os a su lado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Hace casi una d&eacute;cada, en un naciente blog, el&nbsp;<a href="http://cepsolano.blogspot.com.es/2005_11_01_archive.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Colectivo Ecopacifista Solano</a> present&oacute; as&iacute; el ejemplar: Junto a la carretera de Tocina, nada m&aacute;s pasar la cooperativa Canla y coronando un alcor desmontado, est&aacute; el algarrobo de Las Merras. &ldquo;Es un &aacute;rbol precioso, con un porte majestuoso. Tiene la fant&aacute;stica capacidad de hacernos sentir peque&ntilde;os a su lado, de hacer sentir que el tiempo ha jugado con diferentes normas para nosotros y para &eacute;l&rdquo;, defin&iacute;an.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;A su lado &ndash;continuaba el colectivo&ndash;, a su sombra, se siente de una manera diferente&rdquo;. La imagen &ldquo;incre&iacute;ble&rdquo; del algarrobo visue&ntilde;o atrapa &ldquo;por su belleza&rdquo; y tambi&eacute;n por sus &ldquo;abundantes significados&rdquo;. De historias, de vidas, de tiempos. Un &ldquo;monumento natural&rdquo; con la ra&iacute;z clavada en un entorno privilegiado.
    </p><p class="article-text">
        La comarca de Los Alcores alberga un rico patrimonio ambiental en mitad de un medio f&iacute;sico variable y heterog&eacute;neo. Una de sus caracter&iacute;sticas principales es el suelo arcilloso y formado por margas de la campi&ntilde;a y un terreno calizo arenoso en las huertas. Entre ambos espacios, y como separaci&oacute;n, est&aacute; la cornisa, un escarpe acantilado de especial protecci&oacute;n como paisaje sobresaliente y de donde se extrae un material aut&oacute;ctono &uacute;nico en Europa: el albero, caliza amarillenta con restos sedimentarios marinos.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute;, entre un profuso legado paleontol&oacute;gico y abundante material f&oacute;sil, entre numerosas civilizaciones que camparon por Los Alcores y dejaron huellas como castillos, palacios, molinos, galer&iacute;as subterr&aacute;neas, necr&oacute;polis&hellip; est&aacute; el algarrobo de Las Merras. Due&ntilde;o del paisaje y el horizonte durante siglos. Faro natural de los viajes de ida y vuelta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Miguel Baquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/algarrobo-merras-faro-natural-mercaderes_1_2607785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jun 2015 19:56:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Sevilla,Naturaleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El milenario santo verde que te deja mudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/milenario-santo-verde_1_2637795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07713274-ab9b-4d92-9d48-cb8d2c90001e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El milenario santo verde que te deja mudo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Castaño Santo es un monumental ejemplar de más de 800 años y casi 25 metros de altura. Situado en Istán (Málaga), en plena Sierra de las Nieves, debe su nombre a que bajo su copa se cobijaron Fernando el Católico y Luis Ponce de León.</p></div><p class="article-text">
        En plena Sierra de las Nieves hay un santo que se levanta imponente. Su milagro ha sido sobrevivir m&aacute;s de 800 a&ntilde;os, o nadie sabe cu&aacute;ntos m&aacute;s, a los incendios, las talas y la erosi&oacute;n de la tierra que rodea sus ra&iacute;ces. Dicen muchos de quienes han visto el Casta&ntilde;o Santo, que as&iacute; se llama, que prefieren no describirlo: el miedo a quedarse corto, a no saber poner palabras a una impresi&oacute;n porque lo que se siente no tiene traducci&oacute;n. Cosas del misticismo pagano. El &aacute;rbol, mejor sentirlo.
    </p><p class="article-text">
        El Casta&ntilde;o Santo est&aacute; en Ist&aacute;n (M&aacute;laga) mide casi 25 metros. Pocos santos o &aacute;rboles hay m&aacute;s altos en Andaluc&iacute;a y menos de una copa tan extensa, de m&aacute;s de 27 metros de di&aacute;metro. Para aguantarla necesita el soporte de una base de 21 metros de per&iacute;metro y entre cinco y siete metros de di&aacute;metro. El &aacute;rea proyectada de la copa es de unos 500 metros cuadrados, de modo que aqu&iacute; s&iacute;, arrimarse al buen &aacute;rbol proporciona buen cobijo. La sensaci&oacute;n primera es por eso de peque&ntilde;ez ante la inmensidad de un ser m&aacute;s grande, m&aacute;s fuerte, superior.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El &aacute;rbol parece reposar descalzo a la sombra fresca de su copa. La corteza es como piel ajada y las ra&iacute;ces como unos enormes nervios tensos corren casi desnudas, aunque no tanto como llegaron a estarlo. El alcalde de Ist&aacute;n, Jos&eacute; Miguel Mar&iacute;n, explica que hace apenas cuatro a&ntilde;os un grupo de voluntarios, con el apoyo del ayuntamiento, lo vistieron levemente recubriendo de tierra las ra&iacute;ces y levantando un peque&ntilde;o soporte de piedras. No es cosa de que el santo vaya desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Este &aacute;rbol formidable fue testigo mudo de c&oacute;mo los hombres se mataron por algo que dec&iacute;an que ten&iacute;a que ver con la pureza de su sangre. El Pico de las Armas y el Puerto de la Refriega est&aacute;n cerca y los nombres dicen algo: Luis Ponce de Le&oacute;n puso fin aqu&iacute; a la rebeli&oacute;n de los moriscos en 1570. Otra leyenda afirma que Fernando el Cat&oacute;lico celebr&oacute; bajo sus ramas una misa, poco antes de lanzarse a la batalla para conquistar Marbella. En ella el rey habr&iacute;a pedido por el retraso del crep&uacute;sculo para que las tropas llegasen a la ciudad sin ser vistas. Esta es tambi&eacute;n zona donde se refugiaron Francisco Flores Arocha y Pasos Largos, los &uacute;ltimos bandoleros de la sierra, muertos a tiros los dos por la Guardia Civil en los a&ntilde;os 30. Bajo el Casta&ntilde;o Santo se siente por eso el peso de sus a&ntilde;os, que le hacen m&aacute;s sabio.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n un ejemplar singular, rodeado como est&aacute; de alcornoques, as&iacute; que a su lado se siente tambi&eacute;n la fuerza de lo excepcional. La ruta no es corta: unos 20 kil&oacute;metros desde el Puente del Herrojo, cerca del club de golf La Quinta de Marbella, desde donde parte una ruta relativamente popular. Gran parte puede hacerse en un veh&iacute;culo adecuado con el que llegar hasta la Venta Quem&aacute;, ya muy cerca del casta&ntilde;o. El camino discurre por una pista forestal en alto paralela al r&iacute;o Guadaiza.
    </p><p class="article-text">
        A un lado y otro acompa&ntilde;an encinas, alcornoques y jaras (puede que tambi&eacute;n alguna piara de jabal&iacute;es), y van quedando la Sierra Blanca, la Sierra de las Nieves, la Sierra de Ist&aacute;n y el Embalse de la Concepci&oacute;n, hasta llegar al Hoyo del Bote. Tambi&eacute;n es posible realizar la ruta ciclista desde Ist&aacute;n, un precioso pueblo de casas encaladas, fuentes y acequias al sur de la Sierra de las Nieves atravesado por el R&iacute;o Verde. Esta ruta es de dificultad alta.
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        El &aacute;rbol est&aacute; en una finca privada a la que est&aacute; permitido el acceso. No es raro encontrarse con cerdos en montanera a su alrededor, en la &uacute;ltima fase del engorde. El alcalde de Ist&aacute;n explica que los intentos para que fuese declarado monumento natural han topado con la oposici&oacute;n de una de las dos familias propietarias de la finca. El Ayuntamiento ofreci&oacute; crear un &aacute;rea de reserva, pero finalmente, s&oacute;lo hay un cartel que pide a los caminantes que no se suban al &aacute;rbol o pisen sus ra&iacute;ces.
    </p><p class="article-text">
        Si se completa el reconocimiento de la Sierra de las Nieves como Parque Nacional (actualmente en tramitaci&oacute;n), el Casta&ntilde;o Santo obtendr&iacute;a autom&aacute;ticamente la m&aacute;xima protecci&oacute;n. Pero por el momento depende s&oacute;lo de quien lo visita cuidar de este santo que va camino de los mil a&ntilde;os. Y mirarlo o sentirlo sin poder, probablemente, describirlo con palabras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/milenario-santo-verde_1_2637795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2015 22:28:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El milenario santo verde que te deja mudo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Málaga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un taraje con cinco troncos que se sale de la media]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/taraje-sale-media_1_2613002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/afe39c37-448e-4192-9454-083a1281aa3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un taraje con cinco troncos que se sale de la media"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El taraje del puente de La Barca, en Jerez, sobrepasa los diez metros de altura, cuando habitualmente estos árboles apenas llegan a los cinco. Catalogado por la Junta de Andalucía por su singularidad, descansa en un espacio descuidado en la ribera del Guadalete.</p></div><p class="article-text">
        El taraje del puente de La Barca de La Florida (Jerez de la Frontera) es un ejemplar singular por muchos motivos: la gran altura de su copa, el notable calibre de los cinco troncos que brotan de una misma cepa y su magn&iacute;fica estampa, que se dibuja con el puente met&aacute;lico del r&iacute;o Guadalete como fondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;rbol se encuentra, realmente, bajo el puente. Para acceder hay que rodearlo y llegar a un zona de merenderos que ya ha vivido sus mejores d&iacute;as. Ahora los habitantes de esta pedan&iacute;a prefieren pasar los ratos de ocio en el parque periurbano de La Suara. Esto provoca que los alrededores del taraje est&eacute;n bastante descuidados.
    </p><p class="article-text">
        Este ejemplar pertenece a la especie Tamarix africana que, junto a <em>Tamarix canariensis</em> (muy parecida), forman parte de la vegetaci&oacute;n acompa&ntilde;ante de muchos de los r&iacute;os, arroyos y lagunas de esta zona. Magn&iacute;ficos ejemplares de tarajes pueden verse a lo largo del curso del Majaceite o del Guadalete (ribera de Lomopardo, pies del cerro de La Sierrezuela, Haza del Calvo...) y en la pr&aacute;ctica totalidad de las lagunas. En algunos lugares llegan a constituir masas espesas, casi boscosas, como en el Tarajal de El Portal, amenazado actualmente por las obras de ensanchamiento del cauce del Guadalete. Es habitual ver tambi&eacute;n ejemplares aislados de tarajes o en peque&ntilde;as formaciones en hileras, escoltando muchos cursos de arroyos y desag&uuml;es naturales que se conservan entre las lomas y cerros cultivados de la campi&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El taraje del Puente de La Barca, merece, por m&eacute;ritos propios, formar parte de ese selecto cat&aacute;logo de &aacute;rboles y arboledas singulares de la provincia de C&aacute;diz. Si habitualmente los tarajes apenas superan los cinco metros de altura, este ejemplar sobrepasa los diez, descollando su copa sobradamente por encima del tablero del puente y confundi&eacute;ndose con las celos&iacute;as de la estructura de sus grandes arcos met&aacute;licos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque hace unos a&ntilde;os se podaron algunos de sus troncos de manera poco reglamentaria, el taraje supera los 10 metros de altura, descollando su copa por encima del tablero del puente y confundi&eacute;ndose con las celos&iacute;as de la estructura de sus grandes arcos met&aacute;licos.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de las estaciones, el taraje del Puente de La Barca muda su aspecto. As&iacute;, en primavera sus ramas desnudas se cubren de peque&ntilde;as flores de p&eacute;talos blancos que se agrupan en racimos erectos, ofreciendo por unos d&iacute;as un aspecto muy llamativo. Su copa se cubre pronto de peque&ntilde;as hojas verdes en forma de escamas, presentando por ello su follaje un aspecto ligero y gr&aacute;cil. En oto&ntilde;o e invierno, y hasta que la copa se desnuda, pasan sus hojas por las distintas tonalidades del ocre, naranja y amarillo mostr&aacute;ndolo a&uacute;n m&aacute;s hermoso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El contexto en el que el &aacute;rbol crece es tambi&eacute;n de gran inter&eacute;s por la proximidad de las alamedas del Guadalete y por el tel&oacute;n de fondo que en el vado de La Florida ponen la silueta del puente met&aacute;lico, del arco de hormig&oacute;n del Acueducto de los Hurones y del puente atirantado que construyera Eduardo Torroja para el Acueducto del Tempul,&nbsp;una obra de ingenier&iacute;a realizada en 1864 para comunicar Jerez de la Frontera con el manantial de Tempul, situado en Algar. Por todas estas razones, bien merece una visita.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco J. Jiménez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/taraje-sale-media_1_2613002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2015 22:13:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Andalucía,Cádiz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Encina de El Lote: ocho siglos viendo la historia pasar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/pasaporte/arboles/encina-lote-siglos-viendo-historia_1_2653065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e44fee4-39ce-48aa-9f2e-461545f03125_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Encina de El Lote: ocho siglos viendo la historia pasar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Testigo de la historia desde la época musulmana hasta nuestros días, su longevidad y sus excepcionales medidas la hacen sobresalir en la dehesa donde se localiza en Hinojosa del Duque (Córdoba).</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La Encina de El Lote es el &aacute;rbol m&aacute;s longevo de la provincia de C&oacute;rdoba, con 800 a&ntilde;os de vida, catalogado dentro del <a href="http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/site/portalweb/menuitem.7e1cf46ddf59bb227a9ebe205510e1ca/?vgnextoid=d733e6ed46a28110VgnVCM1000000624e50aRCRD&amp;vgnextchannel=d833a0b5f9ca5310VgnVCM2000000624e50aRCRD&amp;lr=lang_es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Inventario de &Aacute;rboles Singulares de Andaluc&iacute;a.</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El municipio de Hinojosa del Duque, localizado al norte de la provincia de C&oacute;rdoba a unos 90 kil&oacute;metros de la capital, fue fundado a principios del siglo XIV. Pero para entonces, ya contaba con una vecina muy particular, que desde siglos antes y hasta nuestros d&iacute;as ha sido testigo del devenir hist&oacute;rico de esta tierra: la conocida como Encina de El Lote, uno de los &aacute;rboles m&aacute;s singulares de la provincia cordobesa, el m&aacute;s longevo de ella, que alcanza en la actualidad los 800 a&ntilde;os de vida.
    </p><p class="article-text">
        Ocho siglos en pie, cientos de a&ntilde;os que le han valido estar dentro del Inventario de &Aacute;rboles y Arboledas de Andaluc&iacute;a y ser testigo mudo de la historia que ha visto pasar a su alrededor. Porque cuando la Encina de El Lote &ndash;situada en un paraje privado del mismo nombre- ya hund&iacute;a sus ra&iacute;ces en la dehesa que la alimenta, este territorio del norte de C&oacute;rdoba era a&uacute;n una de las taifas de la &eacute;poca musulmana. De hecho, la riqueza en bellotas de esta singular encina y sus cong&eacute;neres cercanas hicieron que fuera tan apreciado su fruto que a esta zona se la llamara entonces <em>Fohs-al-Bolut</em>, que en &aacute;rabe significa &lsquo;Llano de las bellotas&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Encina de El Lote, con sus cerca de 800 a&ntilde;os, ha visto pasar impert&eacute;rrita c&oacute;mo la zona fue reconquistada en 1236, c&oacute;mo seguramente alg&uacute;n soldado de Fernando III el Santo descans&oacute; bajo su sombra o c&oacute;mo hasta el siglo XIX este territorio perteneci&oacute; a la entonces provincia de Extremadura. A&ntilde;os tras a&ntilde;os y siglo tras siglo, esta singular encina que se lleva la palma no s&oacute;lo en longevidad sino tambi&eacute;n por sus dimensiones, ha sobrevivido a enfrentamientos territoriales, a la mano del hombre y a los caprichos de la climatolog&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Excepcionales dimensiones y visibilidad</h3><p class="article-text">
        Actualmente, al estar situada en una finca privada, el acceso para estar junto a este ser vivo hist&oacute;rico est&aacute; restringido, pero s&iacute; es posible su visi&oacute;n desde caminos p&uacute;blicos que circundan la dehesa que le da nombre y que se dedica a la labranza y rotaci&oacute;n de cultivos. All&iacute;, erguida sobre el paso del tiempo, sus seis metros de altura nada desde&ntilde;able parecen quedarse chatos frente a un tronco que en la base ronda los nueve metros de per&iacute;metro y en su medida media alcanza los 5,9 metros.
    </p><p class="article-text">
        Sus excepcionales dimensiones y su avanzada edad la hacen ser, de los &aacute;rboles inventariados en este singular cat&aacute;logo, el individuo m&aacute;s viejo. Un paso de los a&ntilde;os que se puede observar en su tronco, hueco y pr&aacute;cticamente recto, rugoso y verrugoso por el corte de ramas que ha sufrido d&eacute;cada tras d&eacute;cada. Una poda que es tambi&eacute;n la responsable de su copa irregular que alcanza unas dimensiones poco proporcionadas, siendo mucho m&aacute;s reducida que lo que la amplitud de su tronco hubiera podido generar a lo largo de los siglos.
    </p><p class="article-text">
        Bajo ella, una manta de bellotas cae a&ntilde;o tras a&ntilde;o, como el paso del tiempo que la ha visto crecer. Un tiempo que tambi&eacute;n la espera en un futuro con un horizonte en el que, si la climatolog&iacute;a, las enfermedades y los accidentes naturales lo posibilitan, la Encina de El Lote seguir&aacute; siendo la hermana mayor de todos los vecinos de Hinojosa del Duque.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen Reina]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2015 23:13:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Encina de El Lote: ocho siglos viendo la historia pasar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Córdoba,Andalucía]]></media:keywords>
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