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    <title><![CDATA[elDiario.es - Crónica desde la ventana]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Crónica desde la ventana]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Día 74 en estado de alarma: he visto cosas que no creeríais]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-visto-cosas-creeriais_1_5973309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89618800-9246-4a67-a6e8-25ebd637c44f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 74 en estado de alarma: he visto cosas que no creeríais"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un tiempo volveremos a este blog y no sabremos decir si fue un diario real o inventado. Si de verdad vivimos todo esto</p></div><p class="article-text">
        He visto cosas que no creer&iacute;ais. La calle desde la terraza de Lucre, desde las ventanas nuevas de Olga, el edificio de ladrillo de N&eacute;stor, la casa baja de pueblo de Ferm&iacute;n, el patio comunitario de Ale. He visto pasear a todos sus vecinos, los he espiado junto a ellos y a veces (lo admitimos) los hemos criticado. Sobre todo a los que tienen perro.
    </p><p class="article-text">
        Me he quemado los ojos teletrabajando con Pilar, siempre a la caza de anunciantes, con el telecole de Javi, con el fitness online, con las clases que imparte Irene, con los pu&ntilde;eteros webinars. He contemplado la ciudad a trav&eacute;s del objetivo de Serrano y con &eacute;l he aprendido a mirar de otra manera. Con m&aacute;s generosidad.
    </p><p class="article-text">
        He escuchado el silencio con muchos ecos distintos. Tambi&eacute;n he o&iacute;do saltar a unas gemelas, a Rodrigo saliendo al patio como un miura, al impaciente Mario. Incluso a ni&ntilde;as que jugaban al escondite por tel&eacute;fono. He tocado el piano con Miles Davis y saltado junto a Luque con Bar&oacute;n Rojo a todo trapo. Me he levantado con el canto del mirlo que trae frito a Luis y con los gorriones de la calle Feria.
    </p><p class="article-text">
        He sentido el roce de las manos de Mar&iacute;a, secas de tanto usar gel hidroalcoh&oacute;lico. El ara&ntilde;azo de la barba crecida del conviviente. El clic del corta&uacute;&ntilde;as de quien &ndash;pregunt&aacute;dselo a &eacute;l- al mirarse los pies se acordaba de Parque Jur&aacute;sico. Le he sacado las bolitas a muchos pijamas y me he cansado de todos los ch&aacute;ndales.
    </p><p class="article-text">
        He saboreado el at&uacute;n encebollado de &Aacute;vila, el salm&oacute;n a la naranja que disfrutaba Lola, el cocido de Antonia la de Gerena, las naranjas de Cantillana. Un d&iacute;a le desenchuf&eacute; la termomix a Cabanillas cuando no miraba.
    </p><p class="article-text">
        He visto doblegarse la curva y curvarse el espacio-tiempo. Minutos que duraban meses. Manos que pod&iacute;an tocarte desde kil&oacute;metros. He recorrido los dos metros m&aacute;s largos del mundo.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de mi ventana, de todas estas ventanas escritas a lo largo de 74 d&iacute;as, todos nos hemos ido vaciando y llenando al mismo tiempo. Hemos corrido con la lengua fuera y mirado la tele durante horas como momias. No es f&aacute;cil saber si ahora somos mejores, pero s&iacute; que la mayor&iacute;a hemos crecido. Al menos de ancho.
    </p><p class="article-text">
        En un tiempo volveremos a este blog y no sabremos decir si fue un diario real o inventado. Si de verdad vivimos todo esto. Si de verdad pudimos renunciar a tanto. <strong>Hemos echado de menos tantas cosas que ahora la lista de tareas pendientes es todav&iacute;a m&aacute;s larga que antes de encerrarnos.</strong> Pero tenemos menos prisa. Eso s&iacute; lo hemos aprendido.
    </p><p class="article-text">
        Hoy la ciudad que tantos meses hemos casi imaginado comienza a recuperar toda su luz y a veces todav&iacute;a nos aturde. Cuesta despertar, pero despertamos. Sin embargo, qu&eacute; paradoja. En lugar de abrir la ventana, la cerramos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Cañal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-visto-cosas-creeriais_1_5973309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2020 18:56:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 74 en estado de alarma: he visto cosas que no creeríais]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 73 en estado de alarma: lo que recordaremos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-recordaremos_1_5979712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2051e1aa-25e4-4699-8484-5c3f600eed99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 73 en estado de alarma: lo que recordaremos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vida no ha vuelto aún a ser la que era, pero el tiempo sigue su curso. Mi madre dice que ella ya no porque es mayor, pero que nosotros contaremos y recordaremos esta pandemia y todo lo que está sucediendo alrededor</p></div><p class="article-text">
        Mi madre dice que ella ya no porque es mayor, pero que nosotros contaremos y recordaremos esta pandemia y todo lo que est&aacute; sucediendo alrededor. Suena raro tener que recapitular y cerrar cuando a&uacute;n todav&iacute;a no ha pasado. Cuando sigue gente muriendo en los hospitales. Cuando nuestras sanitarias, nuestras cajeras, nuestras trabajadoras esenciales, siguen al pie del ca&ntilde;&oacute;n. Cuando la vida no ha vuelto a ser la que era. Cuando todav&iacute;a no podemos abrazar a todos nuestros amigos y familiares. Cuando las mascarillas cubren la mitad de nuestro rostro y la distancia de 2 metros se ha convertido en nuestro mantra. Cuando a&uacute;n seguimos despidiendo seres queridos.
    </p><p class="article-text">
        La vida no ha vuelto a&uacute;n a ser la que era, pero el tiempo sigue su curso. Salimos de nuevo al exterior y nos sorprende que el calor haya llegado de golpe. Hace tres d&iacute;as est&aacute;bamos aplaudiendo en jersey, y hoy salimos a hacerlo con vestido corto. Por supuesto, el calor no ha llegado de golpe. El calor ha llegado siguiendo su curso. Somos nosotros los que hemos pisado las calles, cual hombres reci&eacute;n salidos de una caverna plat&oacute;nica, a encontrarnos con una nueva realidad. Una realidad en la que las estaciones se han ido sucediendo, mientras nosotros nos qued&aacute;bamos en casa y luch&aacute;bamos contra los elementos por no enfermar. Por no saturar a nuestras ya saturados servicios sanitarios. Por no morir.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que <strong>cuando, dentro de unos a&ntilde;os, me pregunten qu&eacute; recuerdo de la pandemia que asol&oacute; parte del mundo en el a&ntilde;o 2020, ser&eacute; sincera</strong>. Dir&eacute; que recuerdo c&oacute;mo nos quedamos en casa Ale, Pepa y yo. Recuerdo c&oacute;mo trabaj&eacute; con mis maravillosos ni&ntilde;os desde casa, c&oacute;mo nuestro grupo de WhatsApp del Cadis, donde trabajamos con ni&ntilde;os de altas capacidades, se llen&oacute; de esperanza, de cooperaci&oacute;n, de entusiasmo, y c&oacute;mo a pesar de estar lejos, nos sentimos m&aacute;s cerca que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo c&oacute;mo ve&iacute;a a mi hermano y a mi madre a lo lejos con su mascarilla, cuando les llevaba la compra, porque ella hab&iacute;a dado positivo, como la mitad de compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros del servicio de urgencias del Hospital Virgen Macarena. Recuerdo c&oacute;mo aplaudimos a aquellas y aquellos que se dejaron la piel por nosotros: m&eacute;dicas, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, transportistas, trabajadores y trabajadoras de supermercados, de farmacias, de gasolineras, del campo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo c&oacute;mo fuimos tremendamente afortunados por tener una casa amplia, bonita, acogedora, donde pasar estos meses. Recuerdo las v&iacute;deollamadas con los amigos, la locura del papel higi&eacute;nico primero y del pan despu&eacute;s. Los audios interminables con Sara, con Almudena. Recuerdo una Sevilla vac&iacute;a, silenciosa, de ella misma. Recuerdo c&oacute;mo nos saludaban nuestros peque&ntilde;os vecinos, Pablo y Manuel, y c&oacute;mo nuestros aplausos se alargaban media hora mientras charl&aacute;bamos con ellos en la distancia.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo c&oacute;mo las azoteas se convirtieron en gimnasios, patios de juego, lugares para conocer a los vecinos de otras azoteas. Recuerdo c&oacute;mo intentamos ayudar a los que pudimos de la manera que mejor supimos. Recuerdo la solidaridad de los barrios obreros. Recuerdo los carteles luminosos de &ldquo;Alerta Coronavirus&rdquo;. Recuerdo salir a la calle con temor. Recuerdo la sensaci&oacute;n de distop&iacute;a por los pasillos del supermercado. Recuerdo que parecimos olvidar que antes de la pandemia la gente mor&iacute;a de otras causas.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que despu&eacute;s del aplauso final nosotros seguimos aplaudiendo, con m&aacute;s fuerza, para no olvidar que todav&iacute;a no hab&iacute;a acabado. Recuerdo pensar en c&oacute;mo cambiar&iacute;a el mundo, en si el teletrabajo ser&iacute;a el futuro en Espa&ntilde;a. Recuerdo c&oacute;mo agradec&iacute; haberme podido despedir de mi abuela el a&ntilde;o anterior, con toda la familia y los amigos alrededor, y c&oacute;mo algunos no hab&iacute;an tenido tanta suerte. Recuerdo las cifras de muertos y de contagiados subiendo, cifras que parec&iacute;a que nunca iban a bajar.
    </p><p class="article-text">
        A Fernando Sim&oacute;n, nuestro San Fernando, decir que el pico estaba cerca. Recuerdo desear que llegase ya ese pico, porque nos iba la vida en ello. Recuerdo c&oacute;mo nos re&iacute;mos, ir&oacute;nicos, cuando le&iacute;mos que un meteorito iba a pasar cerca de la tierra, pregunt&aacute;ndonos si es que a&uacute;n podr&iacute;amos estar peor (&iexcl;Jehov&aacute;, Jehov&aacute;!). Recuerdo pensar en qu&eacute; nos convertir&iacute;amos, en qu&eacute; recordar&iacute;an los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una sensaci&oacute;n de irrealidad pasmosa las primeras semanas. Recuerdo echar de menos mi pueblo, Santa Mar&iacute;a del Ti&eacute;tar (&Aacute;vila), y a todos los amigos, los vecinos, los boleros. Recuerdo todos los planes aplazados, todos los que tuvimos que cambiar, y todos lo que ni una pandemia mundial nos arrebat&oacute;. Recuerdo que peleamos porque el virus no nos quitara m&aacute;s de lo que nos hab&iacute;a quitado ya. Recuerdo que mientras nosotros paramos, el mundo sigui&oacute;. Para casi todos.
    </p><p class="article-text">
        Ni todos salimos, ni todos salimos igual. Por eso, <strong>cuando, dentro de unos a&ntilde;os me pregunten, recordar&eacute; a todos aquellos que ya no est&aacute;n con nosotros.</strong> A los que est&aacute;n peleando a&uacute;n, a los que perder&aacute;n esta pelea. En un momento lleno de recuerdos, no os olvidaremos jam&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Irene Mata Blasco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-recordaremos_1_5979712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2020 08:34:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 73 en estado de alarma: lo que recordaremos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 72 en estado de alarma: la hora del descorche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-hora-descorche_1_5975642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c567beff-11e8-4645-877c-482ae0b72c58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 72 en estado de alarma: la hora del descorche"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">He aprendido a admirar a la mayoría de mis vecinos y a temer a algunos, (...) inconscientes, irresponsables, que me han recordado que una pandemia no cura la estupidez, y que no todos salen mejores</p></div><p class="article-text">
        Debo confesar que, en algunos momentos de este confinamiento, llegu&eacute; a pensar que hac&iacute;a a&ntilde;os que no me encontraba tan bien. Sobre todo por la noche, cuando todos dorm&iacute;an y me quedaba a solas con mis libros, mis series, acaso alguna tard&iacute;a conversaci&oacute;n de whatsapp. A esa hora respiraba hondo y hac&iacute;a recuento: dormir, comer bien y sin prisa, hacer una hora diaria de ejercicio, tener tiempo para leer con calma, pasar tiempo con mis padres, estudiar idiomas, escribir en serio. Incluso para no hacer nada. Ni siquiera recordaba cu&aacute;ndo pude permitirme eso por &uacute;ltima vez durante un tiempo m&aacute;s o menos prolongado. &iquest;A&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        A una amiga a la que echaron del trabajo, su pareja trat&oacute; de animarla dici&eacute;ndole: &iquest;No te das cuenta de que te est&aacute;n regalando tiempo? As&iacute; es, as&iacute; ha sido. Uno se hace consciente de que el tiempo es car&iacute;simo: todas mis colaboraciones en medios, las charlas, los cursos que iba a impartir, los encargos y hasta algunos conciertos con mi grupo, todo se cay&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana, antes de la declaraci&oacute;n del estado de alarma. Pas&eacute; de no tener literalmente tiempo para respirar, a abrirse para m&iacute; d&iacute;as enteros como p&aacute;ginas en blanco, listas para ser completadas como se me antojara.
    </p><p class="article-text">
        No negar&eacute; que el da&ntilde;o econ&oacute;mico es considerable, y que la ayuda estatal &ndash;aun muy de agradecer&ndash; da para pagar el piso y poco m&aacute;s. Por suerte, uno ya sabe lo vulnerable que es el periodismo, y los ahorros en previsi&oacute;n de vacas flacas siempre est&aacute;n a mano. Pero la sensaci&oacute;n de reencontrarme con mi propia vida, sin estridencias, sin alharacas, tan solo en el sentido de ser consciente de qui&eacute;n eres y de c&oacute;mo corre tu tiempo, es sencillamente impagable. No s&eacute; cu&aacute;nto durar&aacute;, espero que no demasiado; s&iacute; quisiera, en cambio, que no se me olvide tan f&aacute;cilmente el valor de esa rara soberan&iacute;a sobre uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No se me olvida, desde luego, que este par&eacute;ntesis se ha dado a costa de una tragedia.</strong> La de much&iacute;simas familias que han visto mermados sus ingresos hasta casi la agon&iacute;a, de muchos padres que habr&aacute;n perdido el sue&ntilde;o pensando c&oacute;mo saldremos de esta. Y de muchas vidas, decenas de miles, que se han ido y se siguen yendo en un suspiro, entre ellas las de un buen amigo. Sin embargo, creo que todav&iacute;a no hemos llegado al duelo real: todo ha sido tan an&oacute;malo, tan extraordinario, tan ba&ntilde;ado de irrealidad, que nuestra raz&oacute;n rechaza aquello que la evidencia afirma. Tiempo habr&aacute; de llorar a los nuestros y de sentir la herida. Todav&iacute;a estamos anestesiados por el shock, quit&aacute;ndonos las telara&ntilde;as de lo vivido sin distinguir qu&eacute; hemos so&ntilde;ado y qu&eacute; ha sido verdad.
    </p><p class="article-text">
        Esta ha sido la hora de sentir cerca a los cercanos, y ajenos a los otros. No suelo borrar de mis redes a quienes no piensan como yo, y menos a los que est&aacute;n en las ant&iacute;podas, porque prefiero saber el mundo plural en el que vivo. Pero reconozco que a los que han estado dando la matraca desde el primer d&iacute;a, a los que desde el sof&aacute; de su casa se han dedicado a despotricar y hacer ruido, una inmensa y grosera bola de ruido, he aprendido a silenciarlos una temporada. Que los canales de comunicaci&oacute;n est&eacute;n abiertos no les autoriza para no usarlos de forma responsable y considerada. El silencio que dejaban era bell&iacute;simo, el necesario para leer y reflexionar.
    </p><p class="article-text">
        A los otros, a los amigos y las amigas queridos, tambi&eacute;n he aprendido a dejarlos que aparezcan y desaparezcan a su gusto. O al menos estoy aprendiendo a hacerlo. Creo que todos nos hemos dado cuenta de que la sociedad hiperconectada tambi&eacute;n nos abocaba a la jaqueca y el estr&eacute;s, sobre todo si se trataba de videoconferencias multitudinarias. Ahora ensayo el abrir las puertas para que entren y salgan a su gusto: bienvenidos, los primeros; fue un placer, vuelvan cuando quieran, los segundos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, he aprendido a admirar a la mayor&iacute;a de mis vecinos y a temer a algunos, los que, ni siquiera en los d&iacute;as de mayor peligrosidad, han sido capaces de moderar sus caprichos y contener su ego&iacute;smo; inconscientes, irresponsables, <strong>me han recordado que una pandemia no cura la estupidez, y que no todos salen mejores</strong> &ndash;como pretend&iacute;an los adeptos de Mr Wonderful&ndash; de una situaci&oacute;n como esta.
    </p><p class="article-text">
        Termino consignando un descubrimiento: puesto que en casa todos son abstemios, he constatado que soy un bebedor radicalmente social, que ha pasado 73 d&iacute;as sin probar una gota de alcohol, cosa que mi h&iacute;gado y el resto de mi anatom&iacute;a deben de haber agradecido sobremanera. Ahora, en la v&iacute;spera del cambio de fase, me dispongo a poner fin a este largo alarde de sobriedad y, del mismo modo que tanta gente parece disparada hacia las calles y playas como si se produjera un masivo y simult&aacute;neo descorche, <strong>me dispongo a abrir una botella de vino y brindar por lo aprendido, por la salud de los que estamos y la memoria de los que se fueron.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-hora-descorche_1_5975642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2020 19:56:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 72 en estado de alarma: la hora del descorche]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 71 en estado de alarma: No cerramos la ventana, la entornamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-cerramos-ventana-entornamos_1_5973851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77500388-1e14-4efa-b511-f97b5dde6a36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 71 en estado de alarma: No cerramos la ventana, la entornamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando se entorNa una puerta, en realidad no se cierra, sólo se “echa pallá”. Y es lo que va a pasar con esta ventana, que creo que en realidad no va a cerrar, sino que la vamos a entornar, por si acaso fuese necesario abrirla de nuevo</p></div><p class="article-text">
        Cuando era peque&ntilde;o, mi abuela dec&iacute;a de vez en cuando una frase recurrente, que soltaba cuando esperaba al lechero, al panadero o a mi abuelo, que casi nunca se llevaba las llaves cuando iba a echar el vinito con los amigos los domingos: &ldquo;Entorna la puerta, no la cierres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entornar una puerta es un privilegio que s&oacute;lo tenemos la gente de pueblo, los que tenemos una serie de vecinos cercanos que en cualquier momento pueden necesitar algo, o los que cuando esperamos a un mensajero podemos estar sentados en el sal&oacute;n y mirar por la ventana cuando llega.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se entorna una puerta, en realidad no se cierra, s&oacute;lo se &ldquo;echa pall&aacute;&rdquo;. Y es lo que va a pasar con esta ventana, que creo que en realidad no va a cerrar, sino que la vamos a entornar, por si acaso fuese necesario abrirla de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, porque el principal peligro de la desescalada es que demos pasos hacia atr&aacute;s. Lo sabemos, pero otra cosa es que lo estemos asumiendo con la claridad que requiere lo que nos estamos jugando.
    </p><p class="article-text">
        Solo en una semana, en Sevilla cerraron siete bares por incumplimiento del estado de alarma y fueron denunciados m&aacute;s de 50. <strong>Nos est&aacute;n pidiendo que estemos separados de la mesa de al lado, no que nos estudiemos la teor&iacute;a de la relatividad, pero ni eso cumplimos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se abre un panorama complicado en el caso de que haya un repunte de los casos. La sanidad espa&ntilde;ola ha aguantado como ha podido la enorme prueba de estr&eacute;s que le ha supuesto esta pandemia en sus picos m&aacute;s altos, y ahora queda saber si hemos aprendido de los miles de muertos o queremos sumar nombres a esa macabra lista.
    </p><p class="article-text">
        Llega la fase 2. Para algunos es un regalo, incluidos los que presionan desde un sill&oacute;n pol&iacute;tico para agenciarse medio voto en el caso de que sus il&oacute;gicas peticiones sean atendidas. Ahora, veremos si es un regalo o una condena.
    </p><p class="article-text">
        Por si acaso, cerramos la ventana. Bueno, la entornamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fermín Cabanillas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-cerramos-ventana-entornamos_1_5973851.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2020 20:49:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 71 en estado de alarma: No cerramos la ventana, la entornamos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 70 en estado de alarma: una ventana con vistas a casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-ventana-vistas-casa_1_5977997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed00c3ca-0799-49b3-8a01-c7550ef2c7f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 70 en estado de alarma: una ventana con vistas a casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sé si se ha ido el "bichito", pero si hay segunda ola ya sé a qué ventana asomarme</p></div><p class="article-text">
        Vivo en un piso con vistas a una mole de ladrillo, as&iacute; que para la primera cr&oacute;nica desde mi ventana saqu&eacute; la cabeza a pasear. Convert&iacute; mi cuello en periscopio para ver qu&eacute; pasaba en una calle por donde no circulaba ni una furgoneta, hasta que un menda subi&oacute; las cuatro ruedas a la rotonda y dej&oacute; el coche mirando a Cuenca. Tambi&eacute;n pas&eacute; un buen rato espiando a dos repartidores de comida a domicilio y vi cagar a un perro.
    </p><p class="article-text">
        Quiero decir con esto que para hacer <em>La ventana indiscreta </em>no es necesario que ah&iacute; fuera ocurra un asesinato, aunque algo ayude. <strong>Hitchcock</strong> ten&iacute;a que servir un crimen, pero sab&iacute;a que esa pel&iacute;cula s&oacute;lo se sostiene si el espectador pasa dos horas en la cabeza del protagonista. La gracia es que imaginemos un asesinato que s&oacute;lo est&aacute; en la mente de<strong> James Stewart</strong>; que compartamos sus sospechas, y tambi&eacute;n sus delirios.
    </p><p class="article-text">
        Algo as&iacute; ha sido esta ventana con vistas a un mundo cerrado. <strong>Hemos descubierto que en las ventanas al ojopatio hay sustancia</strong>. El ojopatio, enti&eacute;ndase, es nuestra cabeza y nuestra casa.
    </p><p class="article-text">
        He pasado dos meses encerrado con <strong>Mario y Cristina</strong>, y me lo esperaba peor. Resulta que ha ido bien. El 13 de marzo, Cristina prepar&oacute; un cartel con los horarios del d&iacute;a, que pronto dej&oacute; de servir porque con Mario funciona la negociaci&oacute;n. Sobre todo como m&eacute;todo: al final, le importa poco lo que consiga, siempre que consiga algo. Y ese algo puede ser lo que quieras t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otra ventana han sido las pantallas, claro. He vivido estas semanas pegado al m&oacute;vil y al ordenador. Hay un riesgo de despegarse de la realidad en el consumo compulsivo de cifras dram&aacute;ticas: de tanto deglutirlas, pueden acabar sonando a n&uacute;meros de casino. <strong>La hostia llega cuando le pones cara a un muerto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y, como sospechaba, no he conseguido nada de lo que algunos iluminados propon&iacute;an como meta al comenzar el confinamiento. Una tarde me l&iacute;e la manta a la cabeza, me puse un Youtube de gimnasia para ni&ntilde;os, y arrastr&eacute; cinco d&iacute;as de agujetas. Sospecho que ahora tengo el tono muscular de un perro salchicha. Tampoco he le&iacute;do todos los libros atrasados. Hacia mitad de la cuarentena me dije que era buen momento de leer por fin <em>Postguerra</em> y no llevo ni la mitad. Y eso que no ha habido f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Me pon&iacute;an de mala leche los que se quejaban, ya de primera hora, de tener que hacer el sacrificio de pasar un par de semanas en casa con cerveza y Netflix. Pero admito que <strong>he llegado a esta fase final con la lengua fuera</strong>, y admiro a los compa&ntilde;eros que han contado cada d&iacute;a c&oacute;mo pasaba la vida desde su ventana. Gracias por asomaros siempre. Hace semanas que vengo notando que mi reserva se agota. Necesito mirar otra vez ah&iacute; fuera y tocar las cosas. Tengo ganas de cerrar la ventana y abrir la puerta.
    </p><p class="article-text">
        En fin, no quiero ser pesado y menos a&uacute;n cursi, pero para m&iacute; este confinamiento ser&aacute; para siempre los meses que pas&eacute; con Mario muchas m&aacute;s de cinco horas al d&iacute;a. El virus me ha dado horas con &eacute;l que de otra forma nunca hubiese vivido, y <strong>no creo que nada de lo que he dejado de hacer valga m&aacute;s que esos ratos</strong>. Esta ma&ntilde;ana, cuando le he dicho que ir&iacute;amos a ver a los abuelos, ha vuelto a preguntarme: &ldquo;&iquest;Se ha ido ya el bichito?&rdquo;. No lo s&eacute;, pero si hay segunda ola ya s&eacute; a qu&eacute; ventana asomarme. Gracias por leernos y nos vemos pronto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Néstor Cenizo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-ventana-vistas-casa_1_5977997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2020 22:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 70 en estado de alarma: una ventana con vistas a casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 69 en estado de alarma: "¿Y cuando cerremos la ventana qué hacemos?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-cerremos-ventana-hacemos_1_5979913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce778e54-9c98-4bf8-bb6a-7b7e5aaf25ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 69 en estado de alarma: &quot;¿Y cuando cerremos la ventana qué hacemos?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya saben, abran la puerta, pónganse la mejor sonrisa en la cara, que no la pueda ocultar ni siquiera una mascarilla de las buenas, y salgan a conquistar este nuevo mundo que se nos presenta incierto</p></div><p class="article-text">
        Hoy descorro los cerrojos y abro los postiguillos de esta ventana por &uacute;ltima vez. Una ventana que abrimos el 15 de Marzo, ah&iacute; es nada, cuando est&aacute;bamos todos conmocionados por el estado de alarma.
    </p><p class="article-text">
        Ante la imposibilidad de salir de casa, Lucre nos convoc&oacute; a trav&eacute;s del grupo de whatsapp para que hici&eacute;ramos periodismo desde nuestra ventana, contando cada uno en primera persona lo que ve&iacute;a all&iacute; afuera. De esta manera, podr&iacute;amos tomarle el pulso a la ciudad ante esta realidad nueva que se nos presentaba, inquietante y desconocida.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; comenzamos, asom&aacute;ndonos a la azotea a mirar con los ojos bien abiertos el nuevo mundo que se abr&iacute;a ante nosotros. Y escribimos sobre la gente que aplaud&iacute;a, las conversaciones con nuestros vecinos, la gente en la calle con sus perros y, poco a poco, fuimos desnudando nuestra alma y mirando hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo que nos pasaba a nosotros estaba pas&aacute;ndole al resto de nuestros vecinos. Entonces pens&aacute;bamos que todo finalizar&iacute;a en poco m&aacute;s de 15 d&iacute;as y as&iacute;, uno tras otro, fuimos contando c&oacute;mo nos entregamos a la gimnasia, a cocinar, a teletrabajar... c&oacute;mo extra&ntilde;&aacute;bamos a los amigos, c&oacute;mo se echaba de menos a a la familia... En definitiva, hemos ido contando c&oacute;mo &iacute;bamos descubriendo y adapt&aacute;ndonos a &eacute;sto que llaman nueva realidad. Tratamos siempre de poner un poco de humor y de optimismo a los d&iacute;as duros que nos tocaba vivir.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; fue como ha ido creciendo &eacute;sta nuestra comunidad, que dir&iacute;a el otro, porque yo la imagino como el bloque de 13 Rue del Percebe. Aqu&iacute; estamos asomados Ferm&iacute;n, Ale, Olga, Lucre, &Aacute;ngela, Javi, N&eacute;stor, Carmen, Ana, &Aacute;lvaro,.... Nos hablamos desde nuestras ventanas a gritos; por este hueco de patio que es el grupo de whatsapp, ponemos los temas en com&uacute;n, debatimos algo y, finalmente, nos re&iacute;mos.
    </p><p class="article-text">
        Como ya saben soy el fotero del grupo, metido a plumilla, as&iacute; que he ilustrado pr&aacute;cticamente todos los d&iacute;as el tema con una fotograf&iacute;a que nos inventamos entre todos. Aqu&iacute; en casa, con pocos recursos y con pocos figurantes, porque o sal&iacute;a Lola, sal&iacute;a yo o sal&iacute;amos los dos, o nuestras manos, nuestra mesa, nuestra cocina, nuestra azotea... El debate de la foto siempre fue una excusa para poner una sonrisa en estos d&iacute;as grises.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, realmente, esta ventana nos ha salvado porque nos ha servido de terapia,
    </p><p class="article-text">
        mirar todos los d&iacute;as hacia fuera o hacia dentro y escribir nos ha servido para, en cierta manera, exorcizar esta nueva realidad, formar un grupo m&aacute;s compacto y sentirnos arropados. Adem&aacute;s, hemos recibido multitud de mensajes a diario comentando nuestra cr&oacute;nica, mensajes d&aacute;ndonos las gracias por encontrarse esta ventana abierta todas las ma&ntilde;anas. Creo que le llaman feedback. Y &eacute;sto es lo que nos ha dado &aacute;nimos para continuar durante tantos d&iacute;as a pie de azotea.
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de semanas le pregunt&oacute; Alejandro&nbsp;a Lucre<strong> &ldquo;&iquest;Y cuando cerremos la ventana, qu&eacute; haremos?&rdquo;. La respuesta no tard&oacute; ni un segundo en llegar: &ldquo;Abrir la puerta&rdquo;.</strong> Y eso ser&aacute; lo que hagamos a partir de hoy. Voy a engrasar los goznes y el picaporte para que no chirr&iacute;e al abrirla y abriremos la puerta para que entre el aire, se refresque la casa y salgamos a la calle sin miedo. Lleg&oacute; la hora de guardar el ordenador, coger una cerveza y empezar a buscar editor para estos textos que Ferm&iacute;n siempre dijo que &ldquo;huelen a libro&rdquo; y, reunidos en una azotea despu&eacute;s de m&aacute;s de 2 meses sin vernos, cerrar estas ventanas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, <strong>gracias a todos ustedes por leernos y acogernos en sus casas, y entablar esta relaci&oacute;n tan fruct&iacute;fera con nosotros.</strong> A Lucre por animarnos a emprender esta aventura, que cre&iacute;amos de unos d&iacute;as y en la que nos hemos hecho mayores por el camino, y prestarnos su div&aacute;n para escribir. A los compa&ntilde;eros de ventana, por estar ah&iacute; asomados d&iacute;a tras d&iacute;a. Y a Lola, por su paciencia infinita, por estar siempre dispuesta y divertida para hacer la foto, fuera la hora que fuera, y leer mi texto antes de que saliera para darle el pl&aacute;cet, lo que es garant&iacute;a de que lo que llega a ustedes ha pasado los controles m&aacute;s severos fitosanitarios y de calidad.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ya saben, abran la puerta, p&oacute;nganse la mejor sonrisa en la cara, que no la pueda ocultar ni siquiera una mascarilla de las buenas, y salgan a conquistar este nuevo mundo que se nos presenta incierto pero que seguro que entre todos doblegaremos. Porque hemos cerrado las ventanas, pero ahora nuestras puertas est&aacute;n abiertas... si van a venir, por favor, no se olviden de traer cerveza fr&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-cerremos-ventana-hacemos_1_5979913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2020 16:43:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 69 en estado de alarma: "¿Y cuando cerremos la ventana qué hacemos?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 68 en estado de alarma: El último baile]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/ultimo-baile_1_5981717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca7628e8-8524-4186-b94d-c13e9fac93ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El último baile"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cine me ha dado paz y fuerza durante la pandemia, pero las preocupaciones me han sumido en cierta introspección. En estos meses he conseguido ponerle palabras a algo que sospechaba desde hacía tiempo: ganar es aprender a perder</p></div><p class="article-text">
        <em><strong>El &uacute;ltimo baile</strong></em>. As&iacute; le llam&oacute; el entrenador de los Chicago Bulls a la &uacute;ltima temporada en la que Jordan, Pippen y Rodman ganaron su sexta copa de la NBA. As&iacute; se llama tambi&eacute;n la serie que les rinde tributo. <em>El &uacute;ltimo baile</em> tiene un protagonista magn&eacute;tico, Michael Jordan, y habla sobre el poder y la victoria. Pero, tambi&eacute;n, sobre su reverso: la frustraci&oacute;n y la infelicidad.
    </p><p class="article-text">
        He terminado la serie al final de una cuarentena que ha puesto patas arriba nuestra capacidad de resistencia. Para <strong>vencer las dificultades</strong>, hemos aprendido a perder muchas cosas valiosas que, a d&iacute;a de hoy, no lo parecen tanto.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que me siento muy identificado con <strong>Michael Jordan</strong>. No es que yo sea un as del aro. Todo lo contrario. Pero, igual que al h&eacute;roe de Chicago, no me gusta perder ni a las chapas. Mi padre cuenta que de peque&ntilde;o yo siempre ten&iacute;a que quedar encima. Ganar, ganar y ganar. Como Jordan. Y como esos ni&ntilde;os criados en los 90. 
    </p><p class="article-text">
        Sospecho que, despu&eacute;s de que un chiquillo estuviera a punto de abrirme la cabeza en la guarder&iacute;a, el mensaje de &ldquo;&iexcl;Defi&eacute;ndete, que no te pisen!&rdquo; se qued&oacute; grabado a fuego. As&iacute; que a d&iacute;a de hoy, no hay discusi&oacute;n, reto o juego que no trate de ganar a toda costa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text"> </h3><h3 class="article-text">La tragedia del triunfo</h3><p class="article-text">
        Pero el mundo real no funciona as&iacute;. En el mundo real se gana y se pierde. Y, parad&oacute;jicamente, aunque uno crea que Michael Jordan personifica el &eacute;xito, en realidad, materializa la tragedia del triunfo. Mi amigo V&iacute;ctor Esquirol me recuerda una frase lapidaria de <strong>Stefan Zweig</strong>, mientras rememoramos los mejores momentos de la serie: &ldquo;Nunca se ha visto en la Historia que un vencedor se vea saciado en la victoria por grande que &eacute;sta sea&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, para ser realmente feliz hay que aceptar la derrota. Por dolorosa que sea, por mucho que hiera el amor propio. Durante esta <strong>pandemia</strong>, el miedo me ha entumecido las piernas, me ha emborronado los recuerdos y me ha robado muchas ilusiones. Optimista por naturaleza, me he llegado a plantear si la vida, con el mundo hecho trizas, merec&iacute;a la pena. Por fortuna, la respuesta ha sido que s&iacute;, que siempre merece la pena seguir adelante.
    </p><h3 class="article-text">Doblegar la curva</h3><p class="article-text">
        Aunque nosotros empecemos a ver la luz, el resto del planeta sigue tratando de doblegar la dichosa curva. Y creo que nos toca seguir luchando y aprendiendo a convivir con la derrota. A perder mucho, para ganar lo esencial. Es el momento de medirnos a nosotros mismos. De dominar la furia, de mantener la serenidad. Y es momento de hacerlo juntos, unidos, y dando respuestas a retos complejos. Mientras sigamos con vida, la partida sigue en juego. Sin duda, vamos ganando.
    </p><p class="article-text">
        Perder es ganar. Y esa victoria dura, trabajada y sabia es la &uacute;nica que nos puede acercar ligeramente a la felicidad. Aunque el camino sea largo y &aacute;spero, lo haremos bailando. Concentr&aacute;ndonos en ese &uacute;ltimo momento del baile en el que miramos al aro&hellip; y lanzamos a canasta como dios.
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      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Ávila]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/ultimo-baile_1_5981717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2020 18:27:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 68 en estado de alarma: El último baile]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 67 en estado de alarma: "Como en casa en ningún sitio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-casa-sitio_1_5960857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Vamos cerrando ventanas. Y lo haremos los mismos que las abrimos hace ya dos meses. Ahora uno a uno. Para despedirnos como se merece.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se est&aacute; mejor en casa que en ning&uacute;n sitio&rdquo;. Judy Garland llega al final de su periplo por el m&aacute;gico mundo de Oz deseando volver a casa. Y la frase, con gift armado, se repet&iacute;a hasta la saciedad en grupos de whatsapp y redes hace ya m&aacute;s de dos meses, cuando empez&oacute; el estado de alarma.
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         Fue entonces cuando abrimos la ventana. Tantos d&iacute;as juntos y no he contado c&oacute;mo es la m&iacute;a. En realidad es balc&oacute;n. Con una reja veneciana que cerramos por las noches. Por la ma&ntilde;ana da el sol. Est&aacute; suficientemente arriba para que no te vean desde la calle y lo suficientemente baja como para escuchar los pasos y la conversaci&oacute;n de los que recorren el tramo. Es la que he abierto cada d&iacute;a sin falta. A&uacute;n con lluvia. Porque no pod&iacute;amos salir. Los periodistas se supon&iacute;a que s&iacute;, pero mejor no poner a nadie en peligro &iquest;verdad? Durante m&aacute;s de sesenta d&iacute;as hemos querido hacer un retrato coral, en el que uno u otra se sintiera identificado con todo aquello que estaba pasando en nuestras casas. Nos hemos dejado retratos fuera, aunque no siempre. Sobre todo, los m&aacute;s dolorosos, los que contaban dibujos de pobreza, necesidad, desempleo, enfermedad y muerte. Esa parte ha quedado contada en la informaci&oacute;n. Porque en casa uno mira hacia fuera y mucho hacia dentro.
    </p><p class="article-text">
        Hacia dentro, en mi caso, quedan un pu&ntilde;ado de decisiones dif&iacute;ciles, aprender a organizarnos en casa estudiando/trabajando/ytodolodem&aacute;s. Quedan momentos tensos y desternillantes, un hasta el gorro de cocinar. Queda la euforia de las v&iacute;deollamadas y el descubrimiento de que se conversa mejor por tel&eacute;fono sin m&aacute;s, sin distracciones (en vivo, ni hablamos). Queda la sensaci&oacute;n de la familia lejos. Un mont&oacute;n de nuevas rutinas que han llegado para quedarse porque el virus del demonio nos va a acompa&ntilde;ar todav&iacute;a un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Me guardo el nombre de mis vecinos, que me he aprendido al fin, y las pel&iacute;culas que me han recomendado de balc&oacute;n a balc&oacute;n. Nos hemos hecho compa&ntilde;&iacute;a pero hasta eso cansa y dimos punto final a los aplausos. Eso s&iacute;, el d&iacute;a que se sepa que hay vacuna funcionando, a m&iacute; se me caen las manos. Lo aviso. Tambi&eacute;n he guardado mi cumplea&ntilde;os porque queda ex&oacute;tico cumplir confinado pero no es lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora podemos caminar por las calles (aunque, se&ntilde;ores, sigue sin dar mucho tiempo si seguimos trabajando a este ritmo). Lo siento por Judy Garland. En casa se est&aacute; estupendamente pero a m&iacute; que me pongan baldosas amarillas y un camino rebuscado, que es lo suyo. Y que me acompa&ntilde;e todo lo dem&aacute;s: el coraz&oacute;n, el cerebro y la valent&iacute;a que hacen falta siempre. Aunque hasta el espantap&aacute;jaros se tenga que poner la mascarilla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucrecia Hevia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-casa-sitio_1_5960857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2020 15:03:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Día 67 en estado de alarma: "Como en casa en ningún sitio"]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 66 en estado de alarma: somos sujetos de estudio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-sujetos-estudio_1_5960697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b6c83667-9ed9-40ab-a252-c14cfdddd16a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 66 en estado de alarma: somos sujetos de estudio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Imagino que nos encuesten de lo que nos encuesten y pregunten lo que nos pregunten, todo va a salir un poquito teñido de un gris marengo, casi negro</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las investigaciones determinantes, que son las destinadas a encontrar un remedio contra el coronavirus, est&aacute;n las otras que intentan entender esta situaci&oacute;n, incluso pese a que en ocasiones se presenten con titulares tan obvios como que los territorios con menos incidencia de COVID-19 tienen menos poblaci&oacute;n inmunizada. &iexcl;Toma ya!  
    </p><p class="article-text">
        En uno de ellos, de un grupo de investigadores de la <a href="https://www.us.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Universidad de Sevilla</a> sobre c&oacute;mo estamos afrontando la ense&ntilde;anza no presencial (en algunos casos, la no ense&ntilde;anza en absoluto), me han hecho la encuesta y me he despachado a gusto porque, salvo contadas excepciones, es un infierno. Ser&aacute; interesante ver sus resultados de cara a un curso que promete ser complicado. Habr&aacute; que afrontarlo, si no queremos ir formando la generaci&oacute;n del coronavirus, marcada por el bajo rendimiento e incluso por el fracaso escolar. Pero claro, esa patata caliente no la quiere nadie, y hasta los que reivindican el autogobierno escurren el bulto. <strong>Para reabrir las playas s&iacute; quiero mandar, pero para planificar el curso 2020-2021, mejor decide t&uacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero para estudios del confinamiento, me quedo con mis favoritos. Por un lado, los de autocomplacencia, que concluyen cosas del tipo: los ciudadanos de tal sitio son los que m&aacute;s respetan el encierro. Curioso, por la difusi&oacute;n luego de im&aacute;genes de supuestas hordas de incumplidores en esos mismos lugares. O tambi&eacute;n porque los que te defienden esa teor&iacute;a se echan luego a la calle a reivindicar la libertad porque el estado de alarma no sirve para nada. Por otro lado, me encantan los que concluyen que el confinamiento ha elevado el nivel de estr&eacute;s, crispaci&oacute;n, depresi&oacute;n y otras enfermedades mentales de los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que no han tenido que estudiar mucho para averiguarlo. Ya puestos, avanzo otras conclusiones: el confinamiento ha disparado las horas que los ni&ntilde;os pasan delante de pantallas; el confinamiento incrementar&aacute; los problemas en la vista a medio plazo por tanto dispositivo electr&oacute;nico; el confinamiento ha reducido la vida social; el confinamiento genera tensiones entre las parejas; el confinamiento ha subido el consumo de pollo&hellip; Esto &uacute;ltimo ya cuento otro d&iacute;a por qu&eacute;. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">Un refugio de cine</h3><p class="article-text">
        Una sala oscura y un haz de luz que nos sumerge en otras vidas. Los m&aacute;s rom&aacute;nticos pensamos que la belleza del cine alcanza su esplendor acomodados en una buena butaca. Sumidos en nuestros pensamientos, encarnados en la piel de otros seres que afrontan sus temores, luchan por sus sue&ntilde;os, padecen calamidades y ans&iacute;an el verdadero amor.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos meses, el drama de los cin&eacute;filos ha sido insignificante, microsc&oacute;pico, m&aacute;s peque&ntilde;o a&uacute;n que el virus que nos ha impedido disfrutar de nuestra gran pasi&oacute;n. La aut&eacute;ntica calamidad, &eacute;ste s&iacute; de envergadura, ha estado tras el proyector. Con todos esos trabajadores y empresarios que han tenido que cerrar sus puertas y esperan ansiosos para apagar las luces de la sala y encender la del proyector. Qu&eacute; paradoja. El refugio de los sue&ntilde;os convertido en una amenaza real. Todos recordamos nuestra primera pel&iacute;cula (<em>Dentro del laberinto</em>), nuestro primer beso (<em>Monstruos S.A.</em>), nuestro primer llanto (<em>El lector</em>). Una sala de cine es un lugar especial para todos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando me lleg&oacute; un correo de la Federaci&oacute;n de Cines me dio un vuelco al coraz&oacute;n: &iexcl;Se estaban preparando para volver a la carga! Me ped&iacute;an diez minutos de mi tiempo para responder una encuesta, que contest&eacute; encantado. Llevado por la ilusi&oacute;n, respond&iacute; que estaba deseando ir much&iacute;simo al cine, comer un mont&oacute;n de palomitas y, por supuesto, plantarme en la puerta de las salas desde el el primer d&iacute;a. No se me ocurre un refugio mejor.<em>(La ventana de Ale)</em>
    </p><h3 class="article-text">Encuestas te&ntilde;idas de gris marengo</h3><p class="article-text">
        Dec&iacute;an Les Luthiers en una de sus actuaciones: &ldquo;de cada 10 televidentes, 5 son la mitad&rdquo;. Y es que las encuestas no fallan nunca, a posteriori, claro.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana me pasaron este cuestionario: &iquest;Qu&eacute; esperanzas tenemos depositadas en la salida de la crisis provocada por la COVID-19 en el sector cultural sevillano? El objetivo de la encuesta es conocer de primera mano los aspectos relacionados con el negocio de la cultura en la ciudad de Sevilla, las empresas implicadas y otras iniciativas culturales de inter&eacute;s, pero desde todas las perspectivas: Artes Esc&eacute;nicas y Danza, L&iacute;rica, Audiovisuales y Cine y un largo etc&eacute;tera. Me la pasa mi amigo Luis, artista pl&aacute;stico y mucho m&aacute;s, con el que ayer estuve charlando de lo negro que se presenta el futuro en el tema de iniciativas culturales. De hecho, yo ten&iacute;a cerrada una  exposici&oacute;n de fotograf&iacute;a para septiembre en la nueva sala de Cajasol. Cuando comenz&oacute; el estado de alarma, me llamaron para decirme que quedaba suspendido todo hasta nuevo aviso, y que se tem&iacute;an que el aviso llegar&iacute;a muy tarde. Eso me temo yo tambi&eacute;n, ya que el panorama no es nada alentador.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, creo que todos estamos con esta incertidumbre a cuestas que nos va pesando en la espalda y nos hace mirar el horizonte con no demasiado optimismo. As&iacute; que, imagino que nos encuesten de lo que nos encuesten y pregunten lo que nos pregunten, todo va a salir un poquito te&ntilde;ido de un gris marengo, casi negro. Entiendo que hay otras prioridades, pero no deber&iacute;amos equivocarnos como tantas veces ha ocurrido a lo largo de nuestra historia, porque dejar la cultura de lado es quedarnos tullidos para siempre.<em> (La ventana de Luis)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-sujetos-estudio_1_5960697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2020 21:04:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 66 en estado de alarma: somos sujetos de estudio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 65 en estado de alarma: sin fallecidos, entre la esperanza y la relajación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-fallecidos-esperanza-relajacion_1_5960724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df42a10b-cbfc-4313-afc6-de6459658693_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 65 en estado de alarma: sin fallecidos, entre la esperanza y la relajación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es curioso ver  lo rápida que es la peña a la hora de quejarse de la clase  política, cuando incumplen uno por uno todos los preceptos para evitar la propagación de la pandemia</p></div><p class="article-text">
        Este 18 de mayo, el del estreno de toda Andaluc&iacute;a en fase 1, ha sido tambi&eacute;n el primer d&iacute;a desde que comenz&oacute; la pandemia en que las estad&iacute;sticas oficiales no han contado ning&uacute;n fallecido por COVID-19 en la comunidad aut&oacute;noma. Es un motivo para una esperanza tr&eacute;mula como la llama de una vela, porque no es m&aacute;s que un marcador en una tendencia sometida a mayor fragilidad cuanto m&aacute;s avancemos en la recuperaci&oacute;n de las rutinas sin que haya cura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo m&aacute;s contagioso estos d&iacute;as es la relajaci&oacute;n</strong>, que se confundir&aacute; incluso con certezas en la tregua que parece prometer el verano. Pero me dijo no hace mucho una epidemi&oacute;loga, a la que entrevist&eacute; cuando esto del coronavirus todav&iacute;a se barruntaba que pasar&iacute;a como una gripe, que para que un brote se considere que ha terminado tienen que pasar seis semanas sin ning&uacute;n diagn&oacute;stico. Y de esos todav&iacute;a vamos sobrados. 
    </p><p class="article-text">
        Son menos, pero muchos; tantos que ese plazo se diluir&aacute; en los mocos de los primeros resfriados del oto&ntilde;o, de las gripes y de nuevos casos sospechosos. Y vuelta a empezar. Quiz&aacute; (esperemos que no) cuando lean esto, ya incluso se ha puesto otra x en la estad&iacute;stica de fallecidos. Pero bueno, en las &uacute;ltimas 24 horas no se ha contabilizado ninguna muerte por coronavirus en Andaluc&iacute;a y podemos ser m&aacute;s optimistas. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">#GraciasFernandoSim&oacute;n</h3><p class="article-text">
        La actualidad llega como una bocanada de ox&iacute;geno. Buceo hacia la superficie con los pulmones llenos de aire, tras conocer que la vacuna va emergiendo en el horizonte. La siguiente brazada me pilla con m&aacute;s fuerza. <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por primera vez en dos meses, la pandemia no se ha cobrado ninguna muerte en Andaluc&iacute;a.</a>
    </p><p class="article-text">
        Tras una agridulce primera fase, necesitaba buenas noticias para seguir braceando. El reencuentro con familiares y amigos me ha llenado de felicidad, pero tambi&eacute;n ha mellado mi &aacute;nimo, al ver que las trampas de la ultraderecha, el pesimismo irracional y la superstici&oacute;n de los antivacunas han parasitado la tragedia hasta contaminar la sobremesa familiar.
    </p><p class="article-text">
        Me retiro de los peligros abisales y me dejo guiar por el rayito vital de esperanza que hoy ba&ntilde;a nuestra tierra. Se me antoja el momento de muscular los &aacute;nimos, irrigar la ilusi&oacute;n, insuflar la gratitud y bombear la enhorabuena. Al caer la tarde, veo que en Twitter muchos bucean ya hacia un mar sereno, donde se agradece al director de alertas y emergencias sanitarias su sensatez, su rectitud y su entrega. Me libero de la desaz&oacute;n y me sumo a esa corriente que nos empuja con fuerza hacia la superficie, impulsados por una sencilla cadena de caracteres: #GraciasFernandoSim&oacute;n. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p><h3 class="article-text">Caso omiso</h3><p class="article-text">
        Hoy nos encontramos con una gran noticia: primer d&iacute;a sin fallecidos en Andaluc&iacute;a por coronavirus. Ahora habr&aacute; que cruzar los dedos y hacer bien los deberes para que sea el primero de otros muchos d&iacute;as sin fallecidos y que, poco a poco, podamos salir de estos meses grises.
    </p><p class="article-text">
        Parece que vamos en la buena direcci&oacute;n. Aunque la salida va a ser larga y tediosa, nos hace pensar que estamos en la senda correcta, a pesar de que haya muchos con cacerolas y altavoces que se empe&ntilde;en en lo contrario. La alegre muchachada de cu&aacute;nto peor mejor. Lo importante es que son datos para la esperanza y para el autocontrol. Porque aqu&iacute; somos mucho de euforia y olvidarnos pronto el respeto a las normas.
    </p><p class="article-text">
        El due&ntilde;o del bar La Chicot&aacute; me dec&iacute;a antes de ayer que han tenido que cerrar despu&eacute;s de dos d&iacute;as abiertos. &ldquo;Era imposible que la gente se comportara y, a pesar de que les ped&iacute;amos que s&oacute;lo ocuparan las mesas de cuatro en cuatro, el personal hac&iacute;a caso omiso&rdquo;. Es curioso ver  lo r&aacute;pida que es la pe&ntilde;a a la hora de quejarse de la clase  pol&iacute;tica, cuando incumplen uno por uno todos los preceptos para evitar la propagaci&oacute;n de la pandemia; dicho de otro modo, pas&aacute;ndose por el forro su deber de ciudadano. Como si la historia no fuera con ellos. As&iacute; que festejemos hoy este buen dato, miremos al futuro con optimismo y guardemos la ropa antes de ba&ntilde;arnos... para cuando abran las playas. <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-fallecidos-esperanza-relajacion_1_5960724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2020 19:56:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 65 en estado de alarma: sin fallecidos, entre la esperanza y la relajación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 64 en estado de alarma: 4.774 mensajes de whatsapp no leídos o la cuarentena del móvil]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-mensajes-whatsapp-cuarentena_1_5960747.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f900a650-44ab-4dbd-b12d-3f69573dbd25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 64 en estado de alarma: 4.774 mensajes de whatsapp no leídos o la cuarentena del móvil"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante este encierro el whatsapp nos ha dado una posibilidad de estar en contacto con la gente que queríamos y de hacer menos penosa la soledad. El problema es cuando uno desea un ratito de tranquilidad y esta hiperconectividad no te deja</p></div><p class="article-text">
        De todos los inventos de la humanidad desde que el hombre primitivo le dio forma a una piedra e invent&oacute; la rueda, no se hab&iacute;a desarrollado un ingenio semejante como el bot&oacute;n de &ldquo;salir&rdquo; de los grupos de Whatsapp. Es una maravilla, sobre todo en estos tiempos de confinamiento.
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, hay que recordar que el Whatsapp se invent&oacute; para sustituir al toque del m&oacute;vil ese que d&aacute;bamos cuando lleg&aacute;bamos a recoger a alguien y le avis&aacute;bamos con un toque de llamada de que bajara del piso. El Whatsapp es para un &ldquo;baja, que he llegado&rdquo;, no para que alguien se siente en el sof&aacute; a las diez de la noche con un paquete de pipas y un gintonic y te cuente su vida, o, adem&aacute;s, oh desgracia, te env&iacute;e una nota de voz de diez minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A ver, que s&iacute;, que es muy bonito escuchar la voz de alguien, pero para eso hay un invento que suele ser de color verde que se pulsa y al otro lado hay alguien que te habla y se establece una cosa llamada &ldquo;di&aacute;logo&rdquo;. S&iacute;, salir de un grupo de Whatsapp en estos tiempos es m&aacute;s dif&iacute;cil que salir de la droga, pero es toda una liberaci&oacute;n. Eso s&iacute;, hazlo con cautela, de madrugada, sin que te vea, porque si alguien se da cuenta ser&aacute;s se&ntilde;alado para toda la vida como ese ser insolidario que una vez dej&oacute; tirado a la humanidad. Ave, Telegram, los que se cambian te saludan. <em>(La ventana de Ferm&iacute;n)</em>
    </p><h3 class="article-text">Uso par&aacute;sito del guasap</h3><p class="article-text">
        Pertenezco a una veintena de grupos de guasap, y en algunos ni me echan cuenta, pero los uso en plan par&aacute;sito, porque la informaci&oacute;n es poder, salvo que seas tan torpe como para justo saltarte el mensaje importante entre toda la morralla. Que a veces ocurre.
    </p><p class="article-text">
        Con la efervescencia de los primeros d&iacute;as del estado de alarma (semanas incluso) fueron un no parar, una ventana digital con cortinas de memes y pesares. Sin duda, los m&aacute;s activos han sido los obligatorios: los de trabajo y los de colegio, que de ambos tengo varios. Y de todo tipo: los sobrios y pr&aacute;cticos, que son siempre de agradecer, y el resto, que no lo voy a clasificar por si alguien se siente aludido. Quiero decir, por poner un solo ejemplo, que no hace falta que el homenajeado diga &ldquo;gracias + cara con coraz&oacute;n&rdquo; a cada &ldquo;feliz cumplea&ntilde;os&rdquo;, sino que se puede esperar hasta el final y poner un agradecimiento para todos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, los mejores son los grupos de guasap de caducidad prefijada. Pese a que en teor&iacute;a son los que menos molestan, por eso de tener un l&iacute;mite temporal, llega la hora de crearlos y siempre esperamos a que sea otro el que lo haga para no parecer pesados. Encima, tengo por costumbre olvidar que existen y ah&iacute; que, si tiro pantalla para abajo, leo todav&iacute;a &ldquo;Fin de a&ntilde;o 2016&rdquo;, &ldquo;Regalo Fulanita&rdquo; o &ldquo;Los 40 de Menganito&rdquo;. Pero, adem&aacute;s, son indestructibles porque cambias de m&oacute;vil y siguen apareciendo, y todos lo han abandonado menos t&uacute; y tres tontos m&aacute;s que, menos mal, tampoco escriben. Vamos, que por suerte no se nos ha dado por crear el grupo de guasap &ldquo;Estado de Alarma&rdquo; como algo temporal. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">La zorra en el corral</h3><p class="article-text">
        Lo le&iacute; en alguna parte. La primera parte de la cuarentena iba a venir acompa&ntilde;ada de una aluvi&oacute;n de memes. As&iacute; fue. Ocurri&oacute; lo mismo que en otros pa&iacute;ses. Tambi&eacute;n le&iacute; en aquel art&iacute;culo que cuando la pandemia se recrudeciera, se nos iban a quitar las ganas de re&iacute;r. Con la morgue llena de muertos fue complicado re&iacute;rse de nada. Tambi&eacute;n acertaron en eso.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que, durante las primeras semanas, los grupos de WhatsApp eran especialmente insufribles: est&aacute;bamos todos alborotados, como si hubiera entrado la zorra en el gallinero. El p&aacute;nico (y, sobre todo, el tedio) terminaron cortando en seco las ocurrencias, los chistes y los bulos como camiones de grandes.
    </p><p class="article-text">
        Al final, en los grupos de Whastapp hemos terminado los de siempre: los que callan, los que esp&iacute;an, los que sonr&iacute;en, los que parlotean, los que lanzan pullas&hellip; y los que se limitan a poner emojis. En fin, que al final va a resultar que la nueva normalidad se parece un huevo a la vieja. Lo mismo da que sea online&hellip; o a la cara.&nbsp;<em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p><h3 class="article-text">No milito en redes sociales</h3><p class="article-text">
        No tengo Twitter, ni zoom, ni Instagram, no milito en ninguna red social. Las redes siempre me han dado un poco de yuyu, las usaban los gladiadores romanos, los retiarius, y tambi&eacute;n las usan ahora los buques de arrastre. Me gusta estar conectado por la red, pero no atrapado en ella.
    </p><p class="article-text">
        Tengo whatsapp s&iacute;, aunque encierra sus peligros. Como lo son los malos entendidos muy frecuentes con esta forma de comunicaci&oacute;n. Pero se llevan la Palma algunos grupos por cansinos. Me he salido de unos cuantos con mucho trabajo y, encima, te hacen sentir culpable y tener que pedir disculpas.
    </p><p class="article-text">
        Al segundo d&iacute;a de comenzar el Estado de Alarma silenci&eacute; el m&oacute;vil, era insoportable. Como a&uacute;n no me he vuelto idiota del todo, entiendo las ventajas de poder comunicarte a la vez con mucha gente. Como siempre, el fallo no est&aacute; ah&iacute;, el error est&aacute; en el uso&nbsp; y abuso que hacemos, a veces muy pesado.
    </p><p class="article-text">
        Me metieron en un grupo de antiguos veraneantes, verano del 77, y tard&eacute; poquito en salir. Comenzaban a las 8 de la ma&ntilde;ana dando todos y cada uno los buenos d&iacute;as, total que te sonaba el m&oacute;vil 58 veces una detr&aacute;s de otra. No puedo, me rindo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que estoy en cuatro o cinco grupos, como mucho, y todos ellos de poquita gente.
    </p><p class="article-text">
        Como no tengo edad para tonter&iacute;as, cuando se ponen intensos simplemente me salgo o lo silencio por una semana, alguno por un a&ntilde;o. El &uacute;nico m&aacute;s grande es el de mis alumnos de fotograf&iacute;a, pero son gente estupenda. &iexcl;Venga, un saludo!.&nbsp; No se si se ha notado&nbsp; mucho.
    </p><p class="article-text">
        Los que mantengo los disfruto, son interesantes y divertidos, me sirven para estar en contacto, pasar un buen rato, re&iacute;r o contar cosas interesantes, que cada vez es m&aacute;s infrecuente. Uno de ellos es el que formamos los que escribimos en esta ventana. Nos sirve para ponernos de acuerdo en qu&eacute; vamos a escribir, qu&eacute; os vamos a contar, y para alguna otra cosa m&aacute;s que no os voy a decir, pero resulta un grupo entra&ntilde;able que nos ayuda a todos a sobrellevar estos d&iacute;as de cautiverio.
    </p><p class="article-text">
        Creo que, en cierta medida, durante este encierro el whatsapp nos ha dado una posibilidad importante de estar en contacto con la gente que quer&iacute;amos y de hacer menos penosa la soledad impuesta. El problema es cuando uno desea un ratito de tranquilidad y esta hiperconectividad no te deja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me encanta tirar de iron&iacute;a y de doble sentido cuando hablo y esto me ha acarreado innumerables problemas en el whatsapp, a pesar de que termino siempre poniendo cientos de miles de emoticonos sonriendo o descojon&aacute;ndose para tratar de paliar lo que he dicho anteriormente y que se entienda que estoy de co&ntilde;a,&nbsp; a&uacute;n as&iacute; es insufrible.
    </p><p class="article-text">
        Muchos malos rollos se han creado en los grupos de WhatsApp. En definitiva, por mucho que avance la tecnolog&iacute;a, por muchas que sean sus ventajas, creo que nada puede superar la comunicaci&oacute;n cara a cara y, si es posible, que una cerveza act&uacute;e de intermediaria, garant&iacute;a absoluta de buen rollo. &iexcl;Salud! <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">&nbsp;</h3>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-mensajes-whatsapp-cuarentena_1_5960747.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2020 19:11:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 64 en estado de alarma: 4.774 mensajes de whatsapp no leídos o la cuarentena del móvil]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 63 en estado de alarma: un chef en cada casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-chef-casa_1_5961514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/692875e5-a072-4a43-acd7-5b1691b23c79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 63 en estado de alarma: un chef en cada casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay una serie de cosas que hemos aprendido obligados por las circunstancias, como a teletrabajar, a tele escolarizar a nuestros hijos y a unas cuántas teles más</p></div><p class="article-text">
        Durante este periodo de reclusi&oacute;n obligatoria y, a priori, con mucho tiempo libre en casa que hab&iacute;a que rellenar, la gente se ha lanzado a aprender todo tipo de habilidades con aluda de amigos y con tutoriales de YouTube. Hay una serie de cosas que hemos aprendido obligados por las circunstancias, como a teletrabajar, a tele escolarizar a nuestros hijos y a unas cu&aacute;ntas teles m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando era peque&ntilde;o, uno de los avances que presentaban las pel&iacute;culas del futuro es que pod&iacute;as tener videollamadas, y nos qued&aacute;bamos at&oacute;nitos cuando el protagonista hablaba con su capit&aacute;n y se ve&iacute;an a trav&eacute;s de una pantalla en la nave nodriza. El poder ver a nuestro interlocutor al otro lado de la l&iacute;nea es posible desde hace mucho tiempo, pero nunca lo us&eacute;,  me pareci&oacute; siempre una estupidez que quitaba la intimidad que te da el tel&eacute;fono, el poder hablar tumbado en la cama o en el cuarto de ba&ntilde;o. Sin embargo, en estos d&iacute;as he aprendido a hacer videollamadas con el WhatsApp, he instalado Skype en mi ordenador y he aprendido a tener charlas a cuatro bandas, para m&aacute;s no me da el cerebro. Hemos aprendido  a cortarnos  el pelo y a te&ntilde;irlo. Algunos a dejarse la barba y hacerse cortes imposibles.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute;s donde se lo ha currado  m&aacute;s el personal ha sido  en la gastronom&iacute;a, y se han lanzado como locos a cocinar. Comida asi&aacute;tica, carne y pescados a baja temperatura y, sobre todo, la reposter&iacute;a y el pan. As&iacute; que, como ocurri&oacute; al principio con la desaparici&oacute;n del papel higi&eacute;nico, hemos estado pr&aacute;cticamente dos meses sin levadura fresca en los supermercados.
    </p><p class="article-text">
        Hace 15 d&iacute;as consegu&iacute; una caja de levadura, justo en el momento en el que el reponedor trataba de ponerla en el estante. &ldquo;No pierda el tiempo, me la  llevo  entera&rdquo; &ldquo;Caballero, deber&iacute;a de pensar en los clientes que vengan despu&eacute;s&rdquo;, intent&oacute; convencerme poniendo carita de gatito mojado. Le dirig&iacute;  una mirada g&eacute;lida, como Clint Eastwood en Harry el sucio, eso s&iacute;, no llegu&eacute; a  decirle aquello de &ldquo;al&eacute;grame el d&iacute;a&rdquo;. As&iacute; que durante unos d&iacute;as he sido el rey Midas, traficando con los taquitos de levadura fresca.
    </p><p class="article-text">
        Me he descargado un par de programas de v&iacute;deo y, con la ayuda de mi amigo Paco y alg&uacute;n tutorial, he aprendido a montar v&iacute;deos con cierta complicaci&oacute;n. Estos  tutoriales nos han dado la vida. De hecho, me he fabricado dos herramientas siguiendo los consejos de Williams S&aacute;nchez en su canal bricoleando g&uuml;ey.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una cosa que se me resiste, me tiene frito y no he logrado aprender a pesar de todo el tiempo que le he dedicado durante estos dos meses. No es otra cosa que abrir las bolsas del supermercado con los guantes de pl&aacute;stico desechables puestos. Si alguno lo ha conseguido, por favor, que deje aqu&iacute; la direcci&oacute;n del tutorial. <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">El tel&eacute;fono, el folleto y el im&aacute;n</h3><p class="article-text">
        En este confinamiento hay tres elementos que est&aacute;n garantizando que se coma de calidad: el tel&eacute;fono, el folleto y el im&aacute;n de nevera. S&iacute;, porque esos tres, unidos, hacen posible que cualquier persona pueda comer como debe ser. El ritual es el siguiente: vas a la nevera, coges un folleto que est&aacute; cogido con un im&aacute;n, llamas al tel&eacute;fono del restaurante a domicilio y espera media horita. Conseguido.
    </p><p class="article-text">
        Luego est&aacute;n los que cocinan a todas horas, esos malditos seres raros solo incluidos en la lista de los que afirman que la harina repostera se ha agotado en las tiendas. No, es mentira. Hay harina a raudales cada vez que se precisa. <em>(La ventana de Ferm&iacute;n)</em>
    </p><h3 class="article-text">Pucherazo</h3><p class="article-text">
        Si he aprendido algo en esta cuarentena es a gastarme menos dinero a la hora de comer. &iquest;Os hab&eacute;is dado cuenta de lo barato que sale un puchero? He calculado que por unos diez o doce euros tienes comida para tres d&iacute;as. Os hago el recuento. De la humeante olla, sacas las verduras, los huesos, la carne, los garbanzos y el caldo. El primer d&iacute;a, te tomas, de primero, tu rico cocido. Y de segundo, una suculenta pring&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, puedes repetir cocido y, de segundo, una tosta con pring&aacute; bien trituradita. El resto de carne, la trituras tambi&eacute;n y te haces unas deliciosas croquetas, que te dan para cenar un par de noches. Por si fuera poco, la verdura la conviertes en pur&eacute;, la mezclas con el caldo y tienes sopa con fideos para dos cenas. El culmen es hacerse unas friturillas de garbanzos. Pero eso es nivel (puto) amo de la cocina. O, m&aacute;s bien, abuela de otra &eacute;poca. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-chef-casa_1_5961514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2020 19:47:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 63 en estado de alarma: un chef en cada casa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 62 en estado de alarma: vuelve el fútbol...en Alemania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/dia-alarma-vuelve-futbolen-alemania_1_5962829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/291873ba-9b48-44cc-a7cc-2a4a65fd3231_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 62 en estado de alarma: vuelve el fútbol...en Alemania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mañana vuelve el fútbol. Se estima que mil millones de telespectadores seguirán esos primeros encuentros. Es en la liga alemana, pero da igual porque en el resto del mundo los más aficionados los seguirán como propios, tras meses sin partidos</p></div><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana vuelve el f&uacute;tbol. Se estima que mil millones de telespectadores -por ahora, y a saber hasta cu&aacute;ndo, es lo que habr&aacute;- seguir&aacute;n esos primeros encuentros. Es en la liga alemana, pero da igual porque en el resto del mundo los m&aacute;s aficionados los seguir&aacute;n como propios, despu&eacute;s de meses sin partidos de los que les emocionan. Porque en Bielorrusia y en Nicaragua han seguido con sus ligas, como si el coronavirus no fuera con ellos, pero no es lo mismo, por lo visto.
    </p><p class="article-text">
        No me interesa mucho, por si no se ha notado, pero vivo con un profesional de saber de esto, por lo que le interrogo con lo que s&iacute; me despierta curiosidad: la log&iacute;stica del f&uacute;tbol covid-19, el de los estadios vac&iacute;os. Por ejemplo: habr&aacute; amonestaci&oacute;n por escupir. Por escupir en general, porque antes les ca&iacute;a una tarjeta por el escupitajo contra otro jugador, pero ahora basta con que sea en el c&eacute;sped. Que mira, bien, porque las pocas veces que he visto el f&uacute;tbol por televisi&oacute;n me ha dado asquito, igual que la manera que tienen de sonarse la nariz en el aire.
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa importante para lo que ellos llaman partidos fantasma: los que participan llevan desde el s&aacute;bado pasado concentrados en el mismo hotel y sin contacto con el exterior tras haber sido reglamentariamente testados. De hecho, a uno de los entrenadores -no me acuerdo del club- le han prohibido sentarse en el banquillo porque por lo visto se lo ha saltado y se ha ido a comprar pasta de dientes. O eso dice.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no hay fecha todav&iacute;a para que vuelva: se calcula que a mitad de junio. Pero, te guste o no el f&uacute;tbol, creo que es un paso fundamental en la desescalada. No solo por su aportaci&oacute;n para el PIB, que est&aacute; en torno a un 1,47%, y que ahora ser&aacute; m&aacute;s porque el turismo baja, sino para el bienestar psicol&oacute;gico de buena parte de la poblaci&oacute;n, o de todos, para que nos creamos que las cosas son un poco m&aacute;s normales. De hecho, hay ideas como la del portal&nbsp;<a href="http://muchodeporte.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchodeporte.com</a>&nbsp;que incluso ha creado un paralelismo de la rivalidad Sevilla-Betis con la de Hamburgo-St Pauli, y la radio sonar&aacute; con esos partidos de la Bundesliga con esa tradicional musicalidad de retah&iacute;la sin la que no podemos entender los fines de semana. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">El f&uacute;tbol, un estado mental</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El f&uacute;tbol es la m&aacute;s importante de las cosas menos importantes&rdquo; es una frase ya manida del rapsoda Valdano, y creo que fue Nick Hornby, m&aacute;s bruto y callejero, quien escribi&oacute; que lo que m&aacute;s le preocupaba en la vida era morir a mitad de temporada. Los aficionados estamos hechos de la pasta de Hornby. Por eso nadie sabe cu&aacute;ndo habr&aacute; colegio, trabajo, playas o cualquiera de las cosas que Valdano cre&iacute;a importantes, pero en esta pandemia siempre ha habido una certeza: f&uacute;tbol habr&aacute;. Porque tiene que haber. No nos van a dejar a mitad de temporada.
    </p><p class="article-text">
        El f&uacute;tbol es, en realidad, un estado mental que ha pasado estos d&iacute;as agazapado en cada rinc&oacute;n del subconsciente, esperando a hacerse carne. As&iacute; que tambi&eacute;n tengo claro que cuando despertemos el f&uacute;tbol seguir&aacute; all&iacute;. Volver a ver un partido ser&aacute; como palparnos la ropa, desenredarnos los pelos y preguntarnos si estamos todos sanos y salvos, aunque sepamos que no es as&iacute;. La luz al final del t&uacute;nel es una final de Champions. Los a&ntilde;os malos se registran porque no hay deporte. Si no lo creen, miren cu&aacute;ndo no se disput&oacute; la Liga.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera sabe que hace tiempo que el f&uacute;tbol trascendi&oacute; a la pelota, as&iacute; que en realidad estos d&iacute;as tampoco ha importado mucho que el bal&oacute;n ruede o no. Se nos ha informado de humo de fichajes, de pachangas virtuales y de los chistes de Joaqu&iacute;n. Y por si acaso a alguno le pod&iacute;a el mono, tambi&eacute;n he visto en portada del As un directo de la liga bielorrusa. Yo lo entiendo: lo hemos pasado mal, y el f&uacute;tbol es el recuerdo y la promesa de un mundo mejor que incluir&aacute; (s&iacute;, antifutboleros) a veinte-t&iacute;os-en-pantal&oacute;n-corto-dando-patadas-a-un-bal&oacute;n. Si adem&aacute;s hay cerveza y amigos, entonces ser&aacute; el valhalla. <em>(La ventana de N&eacute;stor)</em>
    </p><h3 class="article-text">El silencio en Nervi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Me mandaron un chiste en el que aparec&iacute;a un m&eacute;dico vestido de futbolista y un sanitario jeringuilla en mano le preguntaba en qu&eacute; equipo jugaba, &ldquo;no, soy m&eacute;dico, es que simplemente quiero que me hagan pronto la prueba del coronavirus&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece que el mundo del f&uacute;tbol comienza a calentar motores, es un s&iacute;ntoma inequ&iacute;voco de que nos vamos acercando a la nueva normalidad, aunque en este caso realmente ser&iacute;a la antigua normalidad. Porque lo novedoso ser&iacute;a un mundo como hasta ahora, sin f&uacute;tbol, en el que los telediarios no dedicaran&nbsp; diariamente m&aacute;s de veinte minutos a lo que ha pasado con Messi, la crisis del Madrid o lo que sea. 
    </p><p class="article-text">
        Cosas del f&uacute;tbol. Porque el f&uacute;tbol es as&iacute;, es decir, el f&uacute;tbol es f&uacute;tbol, dicho con sus propias palabras. Puedo reconocer que a veces el f&uacute;tbol me entretiene, no soy ning&uacute;n apasionado, ni entendido, ni nada parecido. Me parece bien que sea un deporte de masas y que la gente se entretenga, se divierta y se lo pase de lujo, y que genere mucha riqueza y muchos puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que vivo en Nervi&oacute;n, a cuatro calles del S&aacute;nchez Pizju&aacute;n, y llevo 60 d&iacute;as que no me creo la tranquilidad y silencio que hay en mi barrio. Fui feliz durante un tiempo en que se habl&oacute; de llevarse los dos estadios a La Cartuja. Aquello no cuaj&oacute;, as&iacute; que ahora, cuando volvamos a esta nueva-antigua normalidad, me tendr&eacute; que plantear si soy yo el que se debe mudar a la Cartuja o m&aacute;s all&aacute;. <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">La bulla del Pizju&aacute;n</h3><p class="article-text">
        Los que nos hemos criado en Nervi&oacute;n tenemos dos opciones: odiamos o amamos el f&uacute;tbol. No hay t&eacute;rmino medio. Vivir al lado de un estadio de f&uacute;tbol te obliga a posicionarte: Sevilla o Betis. Ultra o antifutbolero. No hay medias tintas. La marabunta, los botellones, los coches en segunda fila delante de tu casa, la bulla, los goles martilleando tu ventana. M&aacute;s de 40.000 personas concentradas en la bombonera del Pizju&aacute;n son un aut&eacute;ntico disparate.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, yo soy de los que soportan el f&uacute;tbol. Tampoco soy de ver otros deportes, pero a m&iacute; ponedme un Nadal (si es perdiendo, mejor, para verlo luchar a muerte por cada punto) o una buena reposici&oacute;n de la NBA. Si es de Michael Jordan, gloria bendita. Pero en esto soy como con la Semana Santa: me alegro de que este fin de semana el bal&oacute;n vuelva a rodar sobre el c&eacute;sped de los estadios alemanes. As&iacute; que este fin de semana, lo tengo claro: voy con el M&ouml;nchengladbach&hellip; y que le den al Frankfurt. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p><h3 class="article-text">El f&uacute;tbol australiano</h3><p class="article-text">
        El f&uacute;tbol australiano es un deporte y variante del f&uacute;tbol que enfrenta a dos equipos de 18 jugadores y se juega con un bal&oacute;n de forma esferoidal en un campo ovalado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El curling es un deporte de precisi&oacute;n y de equipo, con alguna similitud con los bolos ingleses y a la petanca, que se practica en una pista de hielo. Dos equipos de cuatro participantes compiten entre s&iacute; deslizando ocho piedras de granito de 20 kilos cada una.
    </p><p class="article-text">
        El Sepak takraw (voleibol de puntapi&eacute;) es un deporte nativo del suroeste de Asia, parecido al voleibol, que solo permite a los jugadores utilizar sus pies y la cabeza para tocar el bal&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los tres, y algunos m&aacute;s, han tenido partidos en estos d&iacute;as, m&aacute;s o menos importantes u organizados, y verlos ha sido un suced&aacute;neo, pero que es si no vemos sudar a gente en la tele no somos personas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, aunque sea en Alemania, vuelve el f&uacute;tbol de verdad, el de 11 t&iacute;os escupiendo, agarr&aacute;ndose y fingiendo lesiones para que el &aacute;rbitro eche al de enfrente.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ha vuelto el f&uacute;tbol, aunque sea el alem&aacute;n. Si nos bebemos su cerveza, &iquest;por qu&eacute; no disfrutar de su f&uacute;tbol? En dos semanas puede que vuelva el f&uacute;tbol espa&ntilde;ol, pero el de los machotes. A las chicas no las quieren ver competir de nuevo, porque no se las considera profesionales. Curiosamente, su liga se llama Iberdrola, pero nadie les ha dado luz para salir de la oscuridad y volver al c&eacute;sped. <em>(La ventana de Ferm&iacute;n)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/dia-alarma-vuelve-futbolen-alemania_1_5962829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2020 19:54:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 62 en estado de alarma: vuelve el fútbol...en Alemania]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 61 en estado de alarma: ¿hemos aprendido algo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-aprendido_1_5962498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33efc067-a17c-49b3-ae57-01f09034c143_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 61 en estado de alarma: ¿hemos aprendido algo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizá sí hemos aprendido es a tomar nueva conciencia de nuestra vulnerabilidad, combatible en lo físico con la ciencia y la investigación, y en lo psíquico, con la capacidad de resiliencia</p></div><p class="article-text">
        Han publicado el estudio de seroprevalencia del coronavirus y lo &uacute;nico que hacemos es sumar otra palabra a nuestro vocabulario cotidiano, porque ni siquiera nos pueden garantizar que los que han pasado la enfermedad est&eacute;n inmunizados y, si fuera as&iacute;, tampoco por cu&aacute;nto tiempo. Quiz&aacute; porque en lo que m&aacute;s r&aacute;pido avanzamos durante esta crisis es en la incorporaci&oacute;n de terminolog&iacute;a, con mayor o menor estupor de la RAE, igual que en la de 2008 nos familiarizamos enseguida con la prima de riesgo o las agencias de rating.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, hay cosas que tal vez nunca lleguemos a saber, como cu&aacute;ntos de los fallecidos, sobre todo mayores, han sido por coronavirus y no con coronavirus. Ni siquiera, cu&aacute;nta gente ha muerto o va a morir por otras patolog&iacute;as debido a que en este tiempo se ha descuidado su atenci&oacute;n por las reglas del confinamiento. O en qu&eacute; medida cierta psicosis con la asepsia de nuestros hijos los haga m&aacute;s d&eacute;biles para lo que pueda venir en el futuro. Tal vez s&iacute; lleguemos a saber alg&uacute;n d&iacute;a qu&eacute; factores han marcado la desigual distribuci&oacute;n del virus m&aacute;s all&aacute; de las actuales especulaciones que s&oacute;lo sirven para la propaganda de los pol&iacute;ticos. Porque lo &uacute;nico que hacemos por el momento es restar vidas y sumar incertidumbres, que esperemos que sean cada vez menos en ambos casos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiz&aacute; <strong>s&iacute; hemos aprendido es a tomar nueva conciencia de nuestra vulnerabilidad, combatible en lo f&iacute;sico con la ciencia y la investigaci&oacute;n, y en lo ps&iacute;quico, con la capacidad de resiliencia,</strong> pero en cualquiera de los dos casos, con m&aacute;s garant&iacute;as de &eacute;xito, si es desde la fuerza de la conciencia colectiva <em>(La ventana de Olga).</em>
    </p><h3 class="article-text">Porrazos</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hemos aprendido de esta crisis sanitaria? Espero que el Gobierno y las instituciones todas hayan aprendido mucho, por lo que pueda venir o rebrotar, y que no nos vuelva a coger una pandemia como &eacute;sta tan en pa&ntilde;os menores. Porque lo que es a nivel particular, a nivel de la ciudadan&iacute;a, me temo que no hemos aprendido nada y en &eacute;sto, lamentablemente, me da la raz&oacute;n la historia, que es muy tozuda.
    </p><p class="article-text">
        Me tengo por una persona sumamente optimista, de los que ven el vaso medio lleno y si est&aacute; medio vac&iacute;o lo vuelvo a llenar lo antes posible. Pero eso no quita para que me conozca un poco y, como dice el proverbio latino ,&ldquo;puesto que soy hombre, nada al hombre me es ajeno&rdquo;. Somos las personas animales muy poco dadas al cambio y al aprendizaje de la vida. Deber&iacute;amos haber aprendido a valorar la amistad, la familia, la cotidianeidad, el trabajo, la sanidad p&uacute;blica (que ya empieza la pe&ntilde;a a criticarla), la ense&ntilde;anza p&uacute;blica (que dentro de poco estaremos quej&aacute;ndonos de lo poco que trabajan, que tienen dos meses de vacaciones...) y el largo etc&eacute;tera de toda la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tendr&iacute;amos que aprender a valorar la libertad, ahora que sabemos lo que es vivir en cautiverio y con nuestras libertades restringidas, ahora que hay tantos Cantama&ntilde;anas empe&ntilde;ados en tirar por tierra todo lo que hemos conseguido en estos 40 a&ntilde;os de democracia y vendernos el elixir de la mano dura.
    </p><p class="article-text">
        Pero las noticias que nos llegan no van en esta direcci&oacute;n me temo. Esta pandemia  tendr&iacute;a que ense&ntilde;arnos a valorar lo que realmente tiene importancia en la vida, las cosas que nos hacen felices, lo que nos hace re&iacute;r, aquello que no se compra, a sentir, a disfrutar de las peque&ntilde;as cosas, a preocuparnos s&oacute;lo de lo que verdaderamente tiene importancia, a no pasarnos media vida cabreados. Todo esto, en teor&iacute;a, uno lo aprende cuando se ve privado de su libertad y cuando tiene la posibilidad cierta de un desenlace catastr&oacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, en teor&iacute;a, porque la realidad es que somos tozudos y nos cuesta la misma vida cambiar nuestro modus operandi. Escuch&eacute; en una conferencia a un neurocirujano decir que  olvidar, al fin y al cabo, es un sistema del cerebro humano para poder seguir adelante sin miedo. Si no, nunca volver&iacute;amos a montarnos en coche, ni a coger un avi&oacute;n, ni a tantas otras cosas. No quisiera ser derrotista, pero sospecho que no saldremos de aqu&iacute; m&aacute;s sabios ni con la lecci&oacute;n aprendida.
    </p><p class="article-text">
        Y es que como especie, progresar seguramente progresaremos, pero por el camino nos vamos pegando cada porrazo... <em>(La ventana de Luis).</em>
    </p><h3 class="article-text">En un incendio</h3><p class="article-text">
        Cuando un incendio forestal adquiere proporciones infernales, llueve fuego desde el cielo. Las part&iacute;culas &iacute;gneas caen a decenas de kil&oacute;metros de distancia, cre&aacute;ndose un caos letal y destructivo. Mientras todo arde a nuestro alrededor, nuestra &uacute;nica opci&oacute;n es mantener la calma y confinarnos en casa. S&iacute;, al salir todo estar&aacute; chamuscado, pero la casa conservar&aacute; sus cimientos y nosotros, nuestros latidos y nuestra respiraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es as&iacute; como imagino esta pandemia. Como un incendio gigantesco que nos obliga a confinarnos en cuerpo y mente, mientras las llamas de la incertidumbre y el miedo arden a nuestros alrededor.
    </p><p class="article-text">
        Creo que ese fuego s&oacute;lo se extingue de una manera: bajando las revoluciones. Dosificando la informaci&oacute;n, administrando la tragedia. Pero, sobre todo, disfrutando con sabidur&iacute;a de los escasos momentos de paz. As&iacute; saldremos chamuscados. Pero, al menos, lo haremos vivos. No me cabe la menor duda.<em> (La ventana de Alejandro)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-aprendido_1_5962498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2020 20:00:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 61 en estado de alarma: ¿hemos aprendido algo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 60 en estado de alerta: cuando el mundo cambió ante nosotros sin darnos cuenta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alerta-cambio-darnos-cuenta_1_5963452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45444d19-7aad-459a-a5a1-d4a238422de5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 60 en estado de alerta: cuando el mundo cambió ante nosotros sin darnos cuenta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">60 días de cuarentena caen con una rotundidad feroz. Nunca pensé que el estado de alarma fuera a durar 15 días, siempre lo multipliqué por cuatro. Está claro que me equivoqué, que contra el enemigo invisible no hay prisas ni atajos.</p></div><p class="article-text">
        Ocho de la tarde. Llevo mirando desde la ventana sesenta d&iacute;as. Sesenta. Suena a cifra grande. Y aunque las calles no reflejan el mundo entero, una peque&ntilde;a esquina s&iacute;, y hoy mi calle estaba ocupada por la lluvia y el cansancio. Era todo vac&iacute;o salpicado con un par de solitarios c&iacute;rculos negros en forma de paraguas. El agua, el raro fr&iacute;o de mayo, no acompa&ntilde;aban el d&iacute;a para salir al balc&oacute;n y aplaudir. Aunque algunos vecinos se han animado. Pese a todo. 
    </p><p class="article-text">
        Cerca, la calle no parece tan muerta porque no pocos comercios se han animado a abrir la puerta. Hoy estaban pr&aacute;cticamente vac&iacute;os. Pero qui&eacute;n sabe si es el virus o solamente la lluvia. O las rutinas dom&eacute;sticas, que ya son todas. Todo se ha vuelto dom&eacute;stico. Otra vez, mejor no mirar de golpe y quedarse con cada d&iacute;a. Porque uno a&uacute;n es manejable. Y sesenta suena a mucho. <em>(La ventana de Lucre)</em>
    </p><p class="article-text">
        Era viernes 13, como un mal presagio. Al mediod&iacute;a &uacute;ltimaba el equipaje para irme de fin de semana a Portezuelo, un pueblito al norte de C&aacute;ceres. Las bolsas con la ropa, la comida y los bocatas para el camino.
    </p><p class="article-text">
        El coronavirus hab&iacute;a llegado a Italia y aqu&iacute; comenzaban a sonar sirenas de alarma. Se hablaba de decretar el inminente estado de alarma. Los noticiarios no dejaban de dar datos alarmantes. &Iacute;bamos a ir con una pareja de amigos, pero se hablaba ya de evitar el contacto, el confinamiento como &uacute;nica arma para luchar contra la COVID-19, para tratar de evitar el colapso de los hospitales. Ante un panorama tan inquietante decidimos anular el viaje.
    </p><h3 class="article-text">Impensable</h3><p class="article-text">
        De repente, todo estall&oacute; y  se precipit&oacute;. Lo que hasta entonces hab&iacute;an sido noticias del extranjero estaban ya en casa y, como el que prende una mecha imparable, comenzaron a surgir las im&aacute;genes y a llegar las cifras de muertos, hospitales saturados, falta de mascarillas y respiradores. Ante nosotros se presentaba un mundo que jam&aacute;s hab&iacute;amos visto, m&aacute;s all&aacute; de las pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n. Y todos desconcertados, con el miedo metido en el cuerpo, corrimos a casa a cerrar la puerta.
    </p><p class="article-text">
        El 14 de marzo se decret&oacute; el estado de alarma. Y comenzamos a aprender a vivir con mascarillas y guantes, a teletrabajar o perder el trabajo directamente, al telecole,  a dejar de ver a la familia y  amigos. Est&aacute;bamos noqueados, en estado de shock. &iquest;Qu&eacute; iba a pasar? Empez&oacute;  a llegar el miedo al desabastecimiento, comenzaron a aparecer im&aacute;genes de supermercados con los estantes vac&iacute;os, incluso comenz&oacute; a escasear el papel higi&eacute;nico y se convirti&oacute; en el tema central de no pocos memes. Hab&iacute;a en estos primeros d&iacute;as un punto de euforia, surgieron los aplausos a los sanitarios, luego vendr&iacute;an otros. Nos hiperconectamos y el Whatsapp y las videoconferencias echaban humo. Nos entregamos como locos a la gimnasia en casa.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; comenzaron a caer las hojas del almanaque, una tras otra, y comenzamos a cansarnos de todo, de tomar una cerveza con los amigos por Skype, de v&iacute;deos sacando al perro, de salir a comprar escalonadamente y debidamente protegidos. 
    </p><p class="article-text">
        Han pasado sesenta d&iacute;as, impensable hace sesenta. El mundo ha cambiado para siempre ante nuestras narices en estos d&iacute;as  y, quiz&aacute;s, a&uacute;n no lo hemos entendido. <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">Los feroces sesenta</h3><p class="article-text">
        60 d&iacute;as de cuarentena caen con una rotundidad feroz. Nunca pens&eacute; que el estado de alarma fuera a durar 15 d&iacute;as, siempre lo multipliqu&eacute; por cuatro. Est&aacute; claro que me equivoqu&eacute;, que <strong>contra el enemigo invisible no hay prisas ni atajos.</strong> Durante el segundo mes de cuarentena, una vez hecho mis c&aacute;lculos econ&oacute;micos y con la pandemia aflojando el nudo de la soga, decid&iacute; trabajar con cierta calma mental y reduciendo el estr&eacute;s lo m&aacute;ximo posible. Sab&iacute;a que lo vendr&iacute;a despu&eacute;s iba a ser una carrera complicada.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, ese estr&eacute;s ha comenzado ya. Y, por supuesto, ha llegado para quedarse. Ha sido con la fase 1 e, ir&oacute;nicamente, con ese artilugio del demonio con el que algunos se han martirizado durante 60 d&iacute;as para cervecitas virtuales, cumplea&ntilde;os familiares, reuniones interminables y encuentros de todo tipo. Amigos, Zoom ha llegado a mi vida. Que Dios (o quien quiera que ande a los mandos divinos) me coja confesado. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alerta-cambio-darnos-cuenta_1_5963452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2020 21:06:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 60 en estado de alerta: cuando el mundo cambió ante nosotros sin darnos cuenta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 59 en estado de alarma: pasos atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-pasos_1_5964248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/245d66af-e4be-40b4-ae13-fb10e3fcc6e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 59 en estado de alarma: pasos atrás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me encanta una fiesta y una charla de bar. Pero así, paso. No le veo la gracia a sentarme en un velador preguntándome todo el rato por la higiene, la distancia social y la bulla a mi alrededor</p></div><p class="article-text">
        En primero de carrera, un profesor de cine nos escupi&oacute; que, aunque estuvi&eacute;ramos de cuerpo presente, segu&iacute;amos en el &uacute;tero de nuestras madres. El motivo de su enfado era que la treintena de estudiantes adolescentes que ten&iacute;a enfrente no hab&iacute;a visto &lsquo;Centauros del desierto&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        El lunes cuando pis&eacute; la calle me acord&eacute; de &eacute;l: me sent&iacute;a rompiendo la agradable placenta dom&eacute;stica: una casa libre de virus y sin hordas de bebedores sociales ech&aacute;ndose una fresquita. Me encanta una fiesta y una charla de bar. Pero as&iacute;, paso. No le veo la gracia a sentarme en un velador pregunt&aacute;ndome todo el rato por la higiene, la distancia social y la bulla a mi alrededor.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, con permiso de aquel profesor de la carrera, yo me vuelvo a mi placenta particular. A echarme la pen&uacute;ltima (y todas las anteriores) en casa y a invertir la &uacute;ltima escena del cl&aacute;sico de John Ford. John Wayne cierra la puerta&hellip; pero, esta vez, se queda en casa. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p><h3 class="article-text">Un pasito para adelante y otro para atr&aacute;s</h3><p class="article-text">
        Son muchas las canciones que en su estribillo hablan de un paso para adelante y un paso para atr&aacute;s, desde Ricky Martin a la Yenka, pareciendo &eacute;sta la banda sonora del desconfinamiento progresivo. Y es que en cuanto se ha abierto la puerta, se nos ha ido de las manos, hemos bajado el nivel de conciencia y hemos relajado nuestra protecci&oacute;n y la de los que nos rodean. <strong>Entiendo que han sido muchos d&iacute;as encerrados, entiendo que somos humanos y  nos cuesta mucho tenerle miedo a  algo que no vemos,</strong> y si la televisi&oacute;n no abre todos los d&iacute;as con el n&uacute;mero de muertos, pues parece que la COVID-19 es la mascota de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Barcelona 92.
    </p><p class="article-text">
        Todos pensamos que por un poquito que nos relajemos no va a pasar nada; el problema es cuando eso mismo lo piensan otros cincuenta millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que todos hemos visto en estos d&iacute;as muchos bares llenos sin las medidas de seguridad respetadas, la gente por la calle agolpada corriendo, andando o en bicicletas, que parece que estemos en Amsterdam en hora punta y los coffee shop gratis. Pr&aacute;cticamente nadie usa ya guantes y llevamos la mascarilla por debajo del ment&oacute;n, como si quisi&eacute;ramos evitar que se descolgara esa papada incipiente. Me recuerda cuando no us&aacute;bamos casco en la moto y lo llevabas colgado del brazo por si te paraba la polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Llegan noticias inquietantes de Alemania, Corea y China. Ser&iacute;a m&aacute;s que deseable que no nos despist&aacute;ramos en exceso y que no nos coja el toro como ocurri&oacute; hace 2 meses, cuando todos cont&aacute;bamos chistes y en las redes circulaban memes de coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        Y todo &eacute;sto levantado por ciertos pol&iacute;ticos con prisa, algunos con mucha prisa y muy cabreados, presionando otros con sobredosis de lej&iacute;a y diciendo tonter&iacute;as sumamente inquietantes. <strong>Que tenemos que salir y empezar a generar empleo est&aacute; claro, pero habr&aacute; que intentar que no sea en el sector de los tanatorios</strong>. <em>(La ventana del Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">El bicho sigue ah&iacute;</h3><p class="article-text">
        Vale, son excepciones, pero hay que evitarlas. Lo del bar lleno de gente en la puerta en Nervi&oacute;n puede ser una excepci&oacute;n, pero hoy han cerrado uno que, para m&aacute;s gracia, no ten&iacute;a licencia de apertura ni veladores. Nos llama la atenci&oacute;n por aquello de la teor&iacute;a del 1-11, esa que dice que cada persona que porte el virus la puede transmitir a 11 personas, y as&iacute; sucesivamente.
    </p><p class="article-text">
        En medio de la vor&aacute;gine, en Lepe han denunciado a cuatro mujeres que el domingo estaban de fiesta en una azotea. Algunas defensas de redes sociales dicen a las claras que el ser humano lleva camino de extinguirse: &ldquo;Bueno, si la hacen un d&iacute;a despu&eacute;s ser&iacute;a legal&rdquo;. No nos enteramos, y mientras nos pegamos unos a otros alegremente, el bicho sigue ah&iacute; fuera. (La ventana de Ferm&iacute;n)
    </p><h3 class="article-text">La bajada</h3><p class="article-text">
        No s&eacute; si es un paso atr&aacute;s o la monta&ntilde;a rusa emocional que ya tocaba. Y no me refiero a los bares. Me explico: primero te adaptas, subes tu propia cima. Has hecho un trabajo de caminar paso a paso en el confinamiento, para que no se te echara todo encima. Te has tomado tu cola-cao optimista ma&ntilde;anero para afrontar cada d&iacute;a. Y un caf&eacute; si se tercia. Y llega la bajada (la desescalada) y quieres bajarla despacito como te dicen, porque no hay prisa. Lo importante es llegar abajo. Eso lo sabe cualquiera que haya hecho un pico grande o peque&ntilde;o alguna vez. Lo dif&iacute;cil que es bajar. Pero hay d&iacute;as en los que el cola-cao se amarga, la conciencia se relaja y s&oacute;lo sale pronunciar algo as&iacute; como: &ldquo;paso de ponerme mascarilla, y los guantes, y s&oacute;lo huelo a gel... porque estoy hasta las narices&rdquo;. Esos d&iacute;as es mejor parar y mirar el paisaje un rato en la ladera. En realidad, es mejor no salir.<em> (La ventana de Lucre)</em>
    </p><h3 class="article-text">El espejo de Corea</h3><p class="article-text">
        Corea del Sur est&aacute; de moda. El triunfo mundial de la pel&iacute;cula &lsquo;Par&aacute;sitos&rsquo;, cuya popularizaci&oacute;n ha dado rabia a los habituales seguidores del cine de Bong Joon-Ho porque les parece que eso los vulgariza a ellos, ha despertado todav&iacute;a m&aacute;s la curiosidad por un pa&iacute;s cuyos habitantes se han ido convirtiendo los &uacute;ltimos a&ntilde;os en los turistas que m&aacute;s han crecido en nuestra tierra. Claro que quiz&aacute; no nos hemos dado cuenta porque los asi&aacute;ticos nos parecen todos iguales.
    </p><p class="article-text">
        El modelo coreano en la lucha contra el coronavirus tambi&eacute;n ha dado la vuelta al mundo como uno de los m&aacute;s eficaces, y un espejo donde mirarse, para muchos m&aacute;s c&oacute;modo que en el chino, por razones obvias. Por eso, ahora que vemos c&oacute;mo han tenido que recular por los rebrotes de la enfermedad, nos planteamos que lo mismo pueda ocurrir en Espa&ntilde;a, donde vamos por la tercera semana de ensayo de la desescalada. Por el momento, superamos las dos semanas del primer desconfinamiento, el de los ni&ntilde;os, sin que reputaran los contagios.
    </p><p class="article-text">
        Pero miramos a Se&uacute;l, cuyo &eacute;xito en el control de la letalidad de esta enfermedad se atribuye a que reaccion&oacute; r&aacute;pido cuando empez&oacute; la pandemia, y lo ha vuelto a hacer cuando han rebrotado los casos, que ha sido al calor del ocio nocturno, parada que todav&iacute;a nos queda algo lejos, pero que llegar&aacute;, y lo espero, pese a los malos augurios que muchos parece que quieren que se cumplan solo por tener raz&oacute;n. Ojal&aacute; no la tengan, claro. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-pasos_1_5964248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 May 2020 21:04:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 59 en estado de alarma: pasos atrás]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 58 en estado de alarma: fase 1]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-fase_1_5964413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/35f3ed55-0721-4958-9a38-e580f21b778c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 58 en estado de alarma: fase 1"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este lunes también se permitían los encuentros con un máximo de 10 personas, hemos tenido encendidas discusiones sobre cuántos podíamos estar sentados en torno a una mesa en una terraza</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;a 1 de la fase 1: lo &uacute;nico que noto de diferente es que han reabierto varios bares. Donde vivo, puedo ver y contar 20 con solo moverme 300 metros, y este lunes han levantado la persiana cinco: uno de cada cuatro. Como este lunes tambi&eacute;n se permit&iacute;an los encuentros con un m&aacute;ximo de 10 personas, hemos tenido encendidas discusiones sobre cu&aacute;ntos pod&iacute;amos estar sentados en torno a una mesa en una terraza.
    </p><p class="article-text">
        BOE en mano, tampoco nos hemos puesto de acuerdo porque dice que &ldquo;la ocupaci&oacute;n m&aacute;xima ser&aacute; de 10 personas por mesa o agrupaci&oacute;n de mesas&rdquo;, pero siempre con &ldquo;la distancia m&iacute;nima de seguridad interpersonal&rdquo;, o sea, dos metros entre cada uno, siempre entendiendo que se refiere a los que se denominan &ldquo;no convivientes&rdquo;, condici&oacute;n que cumpl&iacute;amos los inmersos en esta charla. Primera conclusi&oacute;n: en la mesa t&iacute;pica de las terrazas de un bar no cabemos ni dos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Mi amigo David Benavides, a quien le gusta que le plante&eacute; problemas, ha hecho el c&aacute;lculo de c&oacute;mo podr&iacute;amos sentarnos 10 personas en un velador. Las m&aacute;s comunes de estas mesas tienen 0,36 metros cuadrados, por lo que se pondr&iacute;an en disposiciones parecidas a las de las figuras de abajo y siempre usando 10, una por persona, para guardar esos dos metros de rigor. Si aplica la f&oacute;rmula del dec&aacute;gono, la agrupaci&oacute;n de mesas s&oacute;lo para ese grupo ocupar&iacute;a 30 metros cuadrados. Si usa la disposici&oacute;n del rect&aacute;ngulo, dos de lado por ocho de largo, se comer&iacute;a 18 metros cuadrados de la acera, plaza o bulevar.
    </p><p class="article-text">
        Desembocan en el absurdo, y eso que son cuentas f&aacute;ciles. Lo dif&iacute;cil es el c&aacute;lculo del equilibrio en la conducta. Porque la distancia social no son los dos metros que nos recomiendan para contener el coronavirus. Esa es la distancia f&iacute;sica. La distancia social es mucho m&aacute;s inmensa y es la que nos hace olvidar que somos una plaga, somos depredadores, somos nocivos, y que solo con vivir como lo hacemos, con y sin mascarilla, estamos poniendo en riesgo a otros seres humanos, quiz&aacute; en la otra punta del planeta. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">Todo normal</h3><p class="article-text">
        Hoy ha sido mi primer d&iacute;a de casi normalidad total desde que se decretara el estado de alarma. Si hubiera estado dos meses en coma o en un planeta muy, muy lejano y acabara de llegar a la tierra, casi no me habr&iacute;a dado cuenta de que acabamos de estrenar la fase 1. Porque, despu&eacute;s de casi 60 d&iacute;as, la calle presentaba un aspecto normal, con los dos talleres mec&aacute;nicos abiertos, la peluquer&iacute;a y el bar de la esquina.
    </p><p class="article-text">
        He vuelto a coger el coche (es curioso ver como volvemos a  disfrutar de algo tan cotidiano) y he ido hasta el pol&iacute;gono carretera Amarilla a recoger unos cristales que hab&iacute;a encargado para una vitrina. Lo m&aacute;s sorprendente, quiz&aacute;s, no ha sido la mascarilla de la recepcionista y la m&iacute;a propia, si no que hubiera sitio para aparcar en la misma puerta y me atendieran en el acto.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, he ido caminando hasta un bar en la Gran Plaza, cerca de mi casa, para comprar caracoles, ya que ven&iacute;a mi hija a comer y nos apetec&iacute;a hacer un poco de fiesta. Gente por la calle, andando de un sitio a otro, y los veladores llenos de parroquianos tomando cervezas y charlando animadamente. Alguna que otra mascarilla, m&aacute;s bien pocas, que casi podr&iacute;amos pensar m&aacute;s en alg&uacute;n caso de alergia que en alarma por coronavirus. Pens&eacute; que la gente iba a tener m&aacute;s miedo para incorporarse a esta nueva normalidad, pero est&aacute; claro que hab&iacute;a ganas de normalidad de la antigua. Sorprende lo animadas que estaban la calle y las terrazas para ser lunes a mediod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, despu&eacute;s  de casi dos meses, hoy he podido por fin acceder  al puerto del  N&aacute;utico donde tengo amarrado el Capit&aacute;n Haddock, que hab&iacute;a dejado a mitad de obra cuando lleg&oacute; el estado de alarma. Tem&iacute;a encontrarme mucha agua despu&eacute;s de tantos d&iacute;as y tanto chaparr&oacute;n. Afortunadamente, no ha sido grave, y me ha resultado maravilloso volver a bajar a la cabina  y reencontrarme con mi viejo amigo. Me he puesto contento, casi euf&oacute;rico, trasteando aqu&iacute; y all&aacute;, pensando que puede que no falte mucho para largar amarras. &iexcl;Crucemos los dedos! <em>(La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">Complot felino</h3><p class="article-text">
        Fase 1. Por fin puedo visitar a mis padres. Cuando llego a su casa, me encuentro un aut&eacute;ntico complot: han adoptado una gata. Y, como buen felino, en apenas un par de meses de cuarentena, la gata se ha hecho due&ntilde;a y se&ntilde;ora del chalet. Se pasea a sus anchas por el patio, entra en la casa cuando le pica el hambre y le hace arrumacos a toda la familia. Bueno, a toda la familia, no&hellip; porque mi padre es el objeto del complot.
    </p><p class="article-text">
        La gata tiene por costumbre llegar a mediod&iacute;a. Por lo visto, es la animadora de las sobremesas. O eso me ha parecido a m&iacute; al ver el espect&aacute;culo circense que se ha montado alrededor de la mesa para que mi padre no se d&eacute; cuenta de que Cosita (as&iacute; le han puesto a la pobre gata) ha hecho acto de aparici&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De pronto, mi hermano tiene mucha prisa por contarle algo a mi padre y mi madre hace grandes aspavientos, mientras mi hermana coge el bicho en brazos y se lo lleva a la otra punta de la casa. Yo observo divertido el espect&aacute;culo, mientras pienso que s&iacute;, que estos meses nos habremos perdido algunas cosas, pero que tambi&eacute;n hemos ganado otras. En mi caso, una siesta sobre el c&eacute;sped, con un gato desconocido. Tengo la sospecha de que mi padre hace la vista gorda, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que es la gata la que ha adoptado a mi familia. Y de que yo entro en el pack. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-fase_1_5964413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2020 21:15:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 58 en estado de alarma: fase 1]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 57 en estado de alarma: primeros encuentros a la vista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-primeros-encuentros_1_5966448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47b77769-9fa8-4808-91aa-1564b10bcec4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 57 en estado de alarma: primeros encuentros a la vista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si acaso me apetece ir a molestar a alguno de esos colegas, que tengo un par mínimo, que pasan por el síndrome de la cabaña, dicen, y que están tan a gusto en sus casas</p></div><p class="article-text">
        Tengo la agenda llena y una ansiedad muy grande. Estoy como un ni&ntilde;o en una tienda de juguetes al que le han dicho que escoja s&oacute;lo uno. Y es que son muchas las ganas de ver a la familia y amigos, aunque sea sin abrazarnos ni besarnos, que ya va a ser dif&iacute;cil, pero por lo menos compartir una cerveza, una comida, una charla y unas risas, que ya toca.
    </p><p class="article-text">
        Mi hija Alba viene a comer la semana que viene, ya hemos hecho un men&uacute; de gala a su elecci&oacute;n. En la azotea de Tom&aacute;s y Emilia, si el tiempo lo permite, nos vamos a reunir un grupo de ocho amigos, casi casi nos pasamos.
    </p><p class="article-text">
        En mi azotea tenemos tambi&eacute;n apalabradas otras cenas. El &ldquo;malaje&rdquo; va a ser que el tiempo parece haberse aliado con el virus, como si estuviera esperando a que llegara la desescalada para ponerse a llover. Y es que, con el miedito que llevamos dentro, parece que da m&aacute;s seguridad verse en un espacio abierto, por aquello de mantener la distancia social. Porque yo, quitando a mi amiga Cayetana James de Orleans y Montes Perdidos que tiene un comedor de 80 metros cuadrados, con una mesa para 30 comensales, con el resto de mis amigos mortales ya me dir&aacute;n ustedes c&oacute;mo te pones a cenar en una mesa separaditos.
    </p><p class="article-text">
        Mi amigo Paco ha propuesto que retomemos nuestra tertulia los martes a las nueve y media, para desayunar en nuestro bar de siempre. A m&iacute; me da un poco de yuyu todav&iacute;a sentarme en unos veladores, la verdad, prefiero hacer mi propia desescalada, no vaya a ser que acabemos descalabrados. Otros amigos prefieren esperar una semana m&aacute;s todav&iacute;a, dicen que es pronto para vernos en riguroso directo.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que son m&aacute;s las ganas que tengo de normalizar la vida, que el riesgo que podamos correr. Y como dec&iacute;a Lord Rochester, no pienso morirme todav&iacute;a y, en cualquier caso, ser&aacute; lo &uacute;ltimo que haga.<em> (La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">Un chapuz&oacute;n de promesas</h3><p class="article-text">
        Es el momento de pagar las deudas. Y no me refiero a que en esta primera fase le hayan dado v&iacute;a libre al Cobrador del Frac. No, hablo de todas esas promesas de amistad, amor y fantas&iacute;as inconfesables con la que hemos ido sembrando los dos meses de cuarentena.
    </p><p class="article-text">
        Mi primera parada es obligada: la casa de mis padres. Tengo ganas de volver a cogerle coraje a echar dos horas para ir a verles al Aljarafe. De momento, lo que tengo ganas es muchas ganas de darles un abrazo enorme. Aunque confieso que, con esto de las fases, estoy m&aacute;s liado que Fran Rivera. Y no s&eacute; si puedo darle un beso a mis padres y dos buenas collejas a mis hermanos o voy a tener que visitarlos con escafandra y comer en el jard&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La segunda parada es fundamental: ver a nuestro amigo Manuel. Que est&aacute; m&aacute;s jarto de cervecitas por Skype que yo de reuniones por zoom. Sin embargo, la gran estrella de esta desescalada es nuestra Carmen Mauri, que a sus tres a&ntilde;itos est&aacute; deseando conocer a nuestra mascota Pepa y nos manda por tel&eacute;fono unos besos que quitan el sent&iacute;o. Carmela, ve preparando el ba&ntilde;ador, que estamos ya d&aacute;ndonos un chapuz&oacute;n. <em>(La ventana de Ale) </em>
    </p><h3 class="article-text">Desfasados</h3><p class="article-text">
        Es como con lo del desconfinamiento infantil, lo de salir a hacer deporte en la calle o el permiso de paseo para convivientes: os lanzasteis todos a la vez y no hab&iacute;a sitio para nadie en las aceras y los paseos. Pues ahora que vamos a entrar en fase 1, y se puede quedar con amigos y familiares, me veo con que lo hab&eacute;is acaparado todo y no encuentro grupo de menos de 10 personas, que es el tope, para acoplarme.
    </p><p class="article-text">
        No voy a ser tampoco yo la que os guarde el velador para esas primeras cervezas ni voy a tirar de la agenda de padres y madres para quedarme con nueve ni&ntilde;os ahora que tambi&eacute;n ellos, por fin, pueden pactar verse con sus amigos y compa&ntilde;eros, y no resignarse a las mismas caras que en casa o a encuentros casuales.
    </p><p class="article-text">
        Si acaso me apetece ir a molestar a alguno de esos colegas, que tengo un par m&iacute;nimo, que pasan por el s&iacute;ndrome de la caba&ntilde;a, dicen, y que est&aacute;n tan a gusto en sus casas que no tienen ninguna prisa por 'desescalarse'. Van felizmente desfasados. <em>(La ventana de Olga).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-primeros-encuentros_1_5966448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2020 19:26:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 57 en estado de alarma: primeros encuentros a la vista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 56 en estado de alarma: de compras en confinamiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-consumo_1_5967310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f987801e-5673-4ebe-b3f1-0eabdcc80306_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 56 en estado de alarma: de compras en confinamiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Voy a practicar el comercio de cercanía con satisfacción, pese a las nuevas normas, que lo complican todo, y teniendo en cuenta que no me gusta nada ir de compras</p></div><p class="article-text">
        Empiezan a levantarse las persianas de los comercios del barrio y un ruido que pod&iacute;a irritar hace dos meses se convierte en el esperado sonido de una ciudad que vuelve a latir a ritmo m&aacute;s regular. El lunes lo har&aacute;n los primeros bares, y quiz&aacute; ni moleste tanto el esc&aacute;ndalo cuando monten los veladores, que tampoco es necesario que los camareros arrojen con esa violencia las sillas y mesas, pero se lo vamos a perdonar esta vez.
    </p><p class="article-text">
        La culpabilidad es un sentimiento que ha podido incrementarse con esta crisis, porque te lo recuerdan permanentemente los dem&aacute;s, y si no, ya te encargas t&uacute; sola, que te has convertido en un positivo asintom&aacute;tico (sin necesidad de test ni nada) que va por ah&iacute; desperdigando coronavirus por todas partes, solo con la mirada. Quiz&aacute; ha sido eso, o m&aacute;s bien que pocas cosas materiales son necesarias para sobrevivir a una cuarentena, que en estos dos meses de encierro ni he comprado por Amazon ni he encargado comida para traer.
    </p><p class="article-text">
        Pero es sin duda el convencimiento de que hay muchas maneras de consumir, y la gratitud por el esfuerzo de tantos que se han sumado a un confinamiento, a vida o muerte para el negocio, que esta vez voy a practicar el comercio de cercan&iacute;a con satisfacci&oacute;n, pese a las nuevas normas, que lo complican todo, y teniendo en cuenta que no me gusta nada ir de compras. <em>(La ventana de Olga)</em>
    </p><h3 class="article-text">Fase 1 con faldas y a lo loco</h3><p class="article-text">
        No me he atrevido a comprar nada en toda la cuarentena. Me refiero a que me trajeran el pedido a domicilio. El primer fin de semana del estado de alarma comet&iacute; un pecado original y ped&iacute; una pel&iacute;cula, 'Sucedi&oacute; una noche'. No la encontr&eacute; en Filmin y en un acto casi reflejo, saqu&eacute; el m&oacute;vil y la ped&iacute; por Amazon. Me arrepent&iacute; horas despu&eacute;s. Y con raz&oacute;n: al menos un repartidor ha muerto durante esta pandemia.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que m&aacute;s all&aacute; de darnos ciertos caprichos en el supermercado -una ventresca, un vinito, un whisky escoc&eacute;s de impronunciable nombre-, nuestra cuarentena ha sido de lo m&aacute;s espartana. Y ya iba tocando ser un poco epic&uacute;reo. As&iacute; que hace un par de d&iacute;as, con una fase 1 al caer, me di el gustazo de pedir un ensayo en mi librer&iacute;a favorita, La Casa Tomada.
    </p><p class="article-text">
        Cerquita de casa, peque&ntilde;a, bien surtida, llena de recuerdos. All&iacute; present&eacute; mi libro. Sin embargo, lo m&aacute;s fascinante de esta librer&iacute;a es la devoci&oacute;n con la que sus libreras miman la cultura. Ansioso, espero ya la llamada de Laura para ir a recoger mi libro, 'Conversaciones con Billy Wilder'. Si la desescalada va a ser larga, m&aacute;s nos vale tom&aacute;rnosla con humor y yo no s&eacute; vosotros, pero yo prefiero aprender de los maestros: con faldas y a lo loco. <em>(La ventana de Alejandro)</em>
    </p><h3 class="article-text">Pasiones y debilidades</h3><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que no me gusta nada esta nueva normalidad, me adapto mal. Me encanta hacer la compra, perd&oacute;n, me encantaba hacer la compra en la antigua normalidad.
    </p><p class="article-text">
        No me atrae nada vestirme de astronauta, esperar fuera del mercado en una cola marcada con cintas adhesivas en el suelo, manteniendo la distancia social, otra de las expresiones de la nueva normalidad que detesto profundamente. Enfundarme los guantes de pl&aacute;stico desechables, despu&eacute;s de haberme lavado con el gel hidroalcoh&oacute;lico. No verle la cara a la gente, ni al tendero, ni poder acercarte al producto. En fin, todo lo que lo hac&iacute;a divertido se ha vuelto inc&oacute;modo y desagradable.
    </p><p class="article-text">
        En estos casi dos meses de confinamiento que llevamos, tan s&oacute;lo me he dedicado a comprar alimentos y productos de limpieza. Y es que soy de la vieja escuela, y el atractivo de comprar es demorarme, perder el tiempo, hablar con el vendedor, hacerle preguntas cuya respuesta conozco de antemano. &ldquo;&iquest;Entonces esta sart&eacute;n no se pega?&rdquo;. &ldquo;Para nada caballero, dispone de un antiadherente de nueva generaci&oacute;n maravilloso que impide que el alimento se pegue, por mucho lavado que usted le haga&rdquo;. &iquest;Y que esperabas que te dijera?. &iquest;Que no te va a durar ni dos huevos fritos?. Entonces no ser&iacute;a un vendedor, ser&iacute;a de esas raras facciones cristianas que est&aacute;n obligados a decir la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Con esto quiero decir que no me apasiona ni me entretiene comprar online, de hecho, no he comprado nada en estos 58 d&iacute;as. Es un dato a tener en cuenta, que pone de manifiesto que necesitamos muchas menos cosas de las que habitualmente compramos. Pero parece que s&oacute;lo somos capaces de inventar una sociedad que se sostenga en el consumo, una devastadora pescadilla que se muerde la cola. Cuando no nos muerde y nos devora a nosotros.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, para sobrellevar mejor este cautiverio y esta nueva normalidad odiosa, me doy caprichos de vez en cuando en lo que a gastronom&iacute;a se refiere, ya que dicen que mediante la comida nos recompensamos. Al menos, eso dicen  los psiquiatras, que parecen saber de nuestras pasiones y debilidades m&aacute;s que nosotros mismos. Sea como fuere, una cerveza especial helada y un entrecot de ternera con patatas salteadas en mantequilla me reconcilia con la raza humana, aunque no le vea la cara detr&aacute;s de  la mascarilla. <em>(La ventana de Luis).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-consumo_1_5967310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2020 19:44:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Día 56 en estado de alarma: de compras en confinamiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Día 55 en estado de alarma: calor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/cronica-desde-la-ventana/dia-alarma-calor_1_5967247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9649edca-1416-426d-9109-d995ace7c9af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Día 55 en estado de alarma: calor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que si quitamos el edredón, que sólo de verlo da calor... Mejor esperamos, que todavía vuelve el frío, que hasta el cuarenta de mayo....</p></div><p class="article-text">
        Que por mayo, era por mayo cuando hace la calor... En estos d&iacute;as en que la primavera va tocando a su fin, suele apretar el Lorenzo de mala manera. Francisco, el portero del bloque donde yo viv&iacute;a cuando era peque&ntilde;o y cuando hab&iacute;a porteros, dec&iacute;a siempre llegando estos calores, mirando al cielo raso de las seis de la tarde, &ldquo;&iexcl;la que est&aacute;  cayendo!&rdquo; Y es que &ldquo;la cal&oacute;&rdquo;, c&oacute;mo se dice aqu&iacute; en el sur, cae a plomo y de qu&eacute; manera.
    </p><p class="article-text">
        Pasamos, en dos d&iacute;as, de la rebequita a los 40 grados en el term&oacute;metro del Cachorro, y el cuerpo pide playa de momento. Pero no hay que olvidar que estamos en mayo y, como dice el refranero popular, &ldquo;hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo&rdquo;. Claro, que la mitad de la poblaci&oacute;n no se entera. &iquest;Qu&eacute; es un sayo?, se preguntan unos, mientras que otros cuentan con los dedos tratando de recordar si mayo ten&iacute;a 30 o 31 d&iacute;as, pero 40 no tiene en ning&uacute;n caso. Otros, simplemente, no saben qu&eacute; es un refr&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es que Google ha hecho mucho da&ntilde;o y ha acabado con las discusiones de barra de bar y con el refranero popular. Porque llegando mayo, con los primeros calores, nos entran las prisas por quitar de en medio todo lo que nos da calor, encontr&aacute;ndose uno con la disparidad de temperaturas familiar. Que a pesar de no mantener la distancia social, es lo que tiene compartir una misma cama. Que si quitamos el edred&oacute;n, que s&oacute;lo de verlo da calor... Mejor esperamos, que todav&iacute;a vuelve el fr&iacute;o, que hasta el cuarenta de mayo.... El caso es que te despiertas a las tres de la ma&ntilde;ana con fr&iacute;o y manoteas la cama tratando de encontrar la colcha, sin &eacute;xito. Te echas al suelo y te diriges al armario, con la poca luz que entra por la ventana. En el camino, te dejas el dedo me&ntilde;ique del pie izquierdo en la esquina de la c&oacute;moda, un dolor te recorre el cuerpo entero y la punta del dedo te palpita como si todo el coraz&oacute;n estuviera all&iacute; agolpado. &iexcl;Qu&eacute; dolor m&aacute;s grande!. Cuando logras alcanzar el armario,  abres las puertas y comienzas a tantear a oscuras.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;&iquest;Qu&eacute; est&aacute;s buscando?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;La colcha&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Pues la he quitado, est&aacute; en el altillo del otro armario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo dicho, no te quites el sayo y, como dec&iacute;a mi madre, no andes descalzo.<em> (La ventana de Luis)</em>
    </p><h3 class="article-text">El termostato</h3><p class="article-text">
        Ya lo estoy viendo: desconfinando, desconfinando, y el fresquito del aire acondicionado dando. Murphy y su ley haciendo de las suyas. Nos abren un poco la puerta y la vamos a tener que cerrar como la 'calufa' (me encanta este palabro) empiece a calentarnos fuerte. Ni llueve a gusto de todos ni por la noche salgo yo por mucho que se levante el sol por la ma&ntilde;ana. Ya est&aacute; haciendo calor, y lo sabes, aunque lo del 40 de mayo que dec&iacute;a mi madre es verdad como todo lo que dice una madre, al menos la m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        De momento en casa, va a ser por eso, nos resistimos a quitar la camilla, ese invento del sur que te atrapa en invierno y que aleja la cama miles de kil&oacute;metros en una traves&iacute;a helada hasta el dormitorio. Tampoco hemos sacado el ventilador, aunque he hecho mi primer intento, lo confieso. La estufa sigue en la cocina sin saber bien a qu&eacute; atenerse y una minipiscina ha hecho una primera aparici&oacute;n estelar, la m&aacute;s madrugadora de su vida, creo. Tiempo va a tener de refrescar si las tradicionales aguas veraniegas se retrasan o acobardan, por mucho que digan los cient&iacute;ficos que al &ldquo;bicho&rdquo; no le gusten ni playas ni piscinas.
    </p><p class="article-text">
        En realidad aqu&iacute; nos gusta que haga calor y no nos importa. Nos quejaremos, claro, pero con gusto, por poder salir un poco m&aacute;s a la calle. Igual que no importaba pasar fr&iacute;o y tocar hielo en las primeras madrugadas, que son siempre las mejores como todo lo primero. Y diremos a boca llena &ldquo;&iexcl;qu&eacute; calor!&rdquo;, y relataremos con orgullo, aunque sea mentira, que hemos visto un term&oacute;metro a 50&ordm;, y recordaremos lo del gorri&oacute;n con cantimplora, y todo lo dem&aacute;s. El termostato de cada uno solo lo conoce el que lo porta, as&iacute; que me pongo Veneno y digo: &ldquo;Hace calor, preg&uacute;ntale a quien quieras&rdquo;. <em>(La ventana de Javi)</em>
    </p><h3 class="article-text">Amo Sevilla</h3><p class="article-text">
        Me le&iacute; <em>El extranjero</em> de Albert Camus hace veinte a&ntilde;os. Es una novela que no deja indiferente&hellip; y menos con 16 a&ntilde;os. Su existencialismo impacta con una crudeza sensorial, epid&eacute;rmica. Aunque la estudi&eacute; en profundidad, apenas recuerdo algunos pasajes, como el discurso furibundo contra el sacerdote o el calor extremo que sufre su protagonista. Mientras deambula por la ciudad, la flama lo acompa&ntilde;a, como una condena y un anticipo del infierno que se va a desplomar sobre &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en la novela al recordar que, hasta ahora, hemos desafiado el confinamiento con un clima llevadero: los &uacute;ltimos coletazos de un suave invierno y una breve primavera que ha pasado en un suspiro. Pero esta semana, el calor nos ha dado su primer aviso para que vayamos guardando el n&oacute;rdico y saquemos las s&aacute;banas de algod&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Mientras el virus atrae toda nuestra atenci&oacute;n, el cambio clim&aacute;tico sigue avanzando. La &uacute;ltima noticia sobre el calentamiento global suena apocal&iacute;ptica. Un grupo de investigadores ha descubierto que, en los &uacute;ltimos tiempos, los golpes de calor se han multiplicado por todo el planeta. Son una mezcla fatal de calor extremo y humedad que resulta letal para el ser humano.Pienso en Vietnam y en Qatar. En lo duro que es ese calor cuando va acompa&ntilde;ado de una humedad insufrible.
    </p><p class="article-text">
        Me alejo del desierto, de las noticias y vuelvo a ver &lsquo;Una vez m&aacute;s&rsquo;, la pel&iacute;cula de mi amigo Guillermo Rojas, ambientada en Sevilla. Me imagino paseando por esa Sevilla de ensue&ntilde;o, real, calurosa. Pero llevadera. Una Sevilla de bares de luz tenue, azoteas festivas, calles laber&iacute;nticas y parques frondosos. Una Sevilla amable y veraniega, donde querr&iacute;a vivir eternamente. Una Sevilla para enamorarse. (<em>La ventana de Ale)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioand]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2020 19:59:39 +0000]]></pubDate>
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