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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Curiel]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/miguel-angel-curiel/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Ángel Curiel]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Quemados y quemadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/quemados-quemadas_132_12746067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f1aba44-297a-4cbb-b319-6bda38651678_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quemados y quemadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"He dejado de oír la radio después de tirar la televisión en un punto limpio. Nosotros mismos somos basura, generamos tanta basura como emociones"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El hombre moderno es un lodo que ninguna mano es capaz de modelar&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Nicol&aacute;s G&oacute;mez D&aacute;vila.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la ideolog&iacute;a, mejor contra las ideolog&iacute;as, com&eacute;rsela, degustarla y luego vomitarla. Un s&iacute; a las conjunciones, por azar; &eacute;l dijo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; coincide cu&aacute;ndo con qu&eacute;?&rdquo; Peque&ntilde;as ideolog&iacute;as de bolsillo, aguzadas y llenas de erratas del esp&iacute;ritu, mort&iacute;feras, enfermas de mundo, contagiosas. Un gran s&iacute; a las conjunciones, entre aquellos que no se serv&iacute;an de la ideolog&iacute;a. Se pod&iacute;a hablar, tener largas conversaciones de convalecientes de la ideolog&iacute;a. En un hospital del lenguaje, los heridos y convalecientes de su propio lenguaje. Y pod&iacute;an llegar a amarse en los largos silencios del mediod&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Algunas lenguas nos sorprenden. De G. C. Lichtemberg: &ldquo;Deber&iacute;a hacernos reflexionar el hecho de que en alem&aacute;n 'acaudillar a alguien', <em>einen anf&uuml;hren,</em> significa lo mismo que 'enga&ntilde;ar a alguien'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Zaddiq, la palabra a la que aspiraba, ser en esa palabra, serlo, despu&eacute;s ya seguro de s&iacute; mismo, darle otros nombres en la que esconderla, hasta olvidarse &eacute;l de s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;a de todos los Santos, como todos los a&ntilde;os, en alg&uacute;n peque&ntilde;o cementerio perdido en el pa&iacute;s del r&iacute;o. Crisantemos en vez de rosas. La flor de la longevidad, la felicidad, la vida y la muerte. Aqu&iacute; representa la vida y la alegr&iacute;a, la perfecci&oacute;n y el sol. El eco de alguien, a &eacute;l le llegan las palabras de un amigo muerto. Canetti: &ldquo;Lo asquea el orden de desaparici&oacute;n de los muertos. &iquest;Qui&eacute;n lo determina?&rdquo;. Hermes le hab&iacute;a dado permiso para elegir cualquier cosa que deseara, excepto la inmortalidad, despu&eacute;s o&iacute;a de nuevo el eco antiguo del amigo: &ldquo;La memoria de todas las vidas como don de los dioses&rdquo;. El amigo finalmente no ten&iacute;a una tumba donde acudir a hablar con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        El sol por la ra&ntilde;a de Amenes, y aqu&iacute; un <em>Rulfo</em> del fr&iacute;o. Por una peque&ntilde;a ventana que sirve de boca, atizando una lumbre dormida, y entonces me acord&eacute; de que &ldquo;no ten&iacute;a ganas de nada, solo de vivir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ojo podr&aacute; muy pronto ver la velocidad vegetal a escala, y la mano pesar el sol, por ejemplo, las de jud&iacute;as creciendo en el huerto alrededor del palo tutor, tambi&eacute;n amar ser&aacute; un erizamiento demasiado veloz alrededor de las cosas quietas. 
    </p><p class="article-text">
        El cementerio de Berrocalejo es el m&aacute;s peque&ntilde;o de todo este pa&iacute;s del rio. Llama la atenci&oacute;n que los muros del recinto sean de tapial y adobe enjalbegados, cuando esta parte del pa&iacute;s es una penillanura gran&iacute;tica de batolitos y berrocales, moles y pe&ntilde;as. Los antiguos excavaban sus tumbas en estas rocas para descansar. No est&aacute;is aqu&iacute; y no pod&eacute;is verlo, desde esta ventana se ven muy bien el &ldquo;Huevo' y 'el Coraz&oacute;n de Petra', 'El Yunque' y 'La Espalda de Adam'. Hay muchas pe&ntilde;as con nombre aqu&iacute;. La naturaleza imita a la naturaleza, la erosi&oacute;n tiene una gran fuerza pl&aacute;stica. La muerte lo vac&iacute;a todo, incluso est&aacute;s rocas duras. En su labor de vaciado incluye a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando &eacute;l cita a Wittgenstein es igual a cuando le cito a &eacute;l. Nos alegramos casi de lo mismo, no podemos dejar el hallazgo en bald&iacute;o. &iquest;En esos silencios a tres quien ser&aacute; el silencioso que los escuche?
    </p><p class="article-text">
        Como el humo de la lumbre la escritura, aqu&iacute; sube hacia arriba y no puedes hacer nada, dirigirla hacia ti, pero como cuando est&aacute;s sentado junto a ella, y el humo, te pongas donde te pongas, te busca.
    </p><p class="article-text">
        El que r&iacute;e en el r&iacute;o, pues en el r&iacute;o solo se puede re&iacute;r, es el que r&iacute;e para siempre hasta que se seca, como el r&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Grisalla, noviembre avanza, el relieve entre el horizonte y el cielo lo avigora, si no fuera por la hierba nueva, que ahora sale con fuerza explosiva, y los olivos con su verde ceniciento, vivir&iacute;amos durante alg&uacute;n tiempo mirando estos espacios con los ojos y la mirada de los perros. Los escaramujos, con sus puntos rojos, o rosas caninas o tapaculos, en otros lugares gabarderas, salvan de la gama de grises y blancos apagados. M&aacute;s all&aacute;, en las hondonadas y arroyos los chopos amarillos alumbran los espacios oscuros. Tambi&eacute;n el efecto de relieve llega a la conciencia. Una realidad monocrom&aacute;tica, hasta la vileza. He dejado de o&iacute;r la radio despu&eacute;s de tirar la televisi&oacute;n en un punto limpio. Nosotros mismos somos basura, generamos tanta basura como emociones. Grisalla de las emociones. La sierra al fondo, de un azul p&aacute;lido, sin nieve.
    </p><p class="article-text">
        Hace ya mucho tiempo, en la ni&ntilde;ez. Despeja, se despeja el cielo. Desde ayer la nieve se funde, el destino se acelera, caminas deprisa, y all&iacute; esos lugares de nombres imposibles, de Luelmo a Salce. No, ya no te pierdes. Aun la enso&ntilde;aci&oacute;n de la ni&ntilde;ez perdura. Le dices a otro quemado, all&iacute; los lugares de inter&eacute;s. Algora, Medranda, La Toba, Im&oacute;n, Rello, Bustares, Campisalbos, Galve de Sorbe. Cualquiera sabe que guardan esos viejos lugares de peque&ntilde;os cementerios. &iquest;Pesan, nos aligeran? Deja que suenen en ti como aire que roza la tierra. Bajo el cielo costras del pasado, m&aacute;s all&aacute; parec&iacute;a que llegara lo innominado. Se hab&iacute;a detenido todo al final del verano, de todos los veranos. El silencio bajaba hacia la tierra que parec&iacute;a dormir para siempre.
    </p><p class="article-text">
        <em>Epitattei ten siopen</em>, ordenaba el silencio, a partir de ah&iacute; la escucha.
    </p><p class="article-text">
        Al fin ha visto lobos, pero ha sido un encuentro fortuito. Ya no los volver&aacute; a ver m&aacute;s en lo que le reste de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Roto como un palo, que lleg&oacute; de un trozo de madera desde alg&uacute;n bosque talado, de alg&uacute;n lugar que no recuerdo y ardi&oacute; muchas veces he llegado hasta aqu&iacute;.&nbsp;Palabras del quemado. &Eacute;l tambi&eacute;n escribi&oacute; en alg&uacute;n momento sus &ldquo;fiumi&rdquo; y sus &ldquo;Velaziones&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ella o &eacute;l, desde alg&uacute;n lugar remoto del Norte de la provincia de Guadalajara, a finales de octubre. -Dentro de otro me quedar&iacute;a en un momento de honda belleza, mientras contempla aquel paisaje a la hora propicia un poco antes de anochecer, en el d&iacute;a de San Quint&iacute;n, cuando octubre se encamina. Luego lo dejar&iacute;a a solas, y sin saber d&oacute;nde estoy,&nbsp;perdido all&iacute;, quiz&aacute;s, bajo un cielo lleno de madrigueras- Otro quemado o quemada.
    </p><p class="article-text">
        Tohu, desierto, deber&iacute;amos aqu&iacute; buscar otra palabra m&aacute;s &aacute;spera, del arenal al campo de yeso, o desde el descampado, y cuando el aire trae las semillas, estas son arrastradas entre el polvo todav&iacute;a durante un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En las escuelas ahora, cartas a mano, cultivar la lentitud de la palabra, el amor que llega del lenguaje, incluso la muerte presta sus alocuciones y palabras m&aacute;s llenas. Inyecciones de platonismo. La lentitud de la mano al escribir busca una luz nueva. Otra asignatura: cultivar un huerto, tambi&eacute;n la mano, las manos. Ah&iacute; hay veinte libros y una linterna. Cultivar y escribir a cerca de ello.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; cambiando la forma de llover, como la de amar, vaciados de cielo, alijar agua. Se ama menos, pero se le destina una energ&iacute;a mayor. Tromba y crecida repentina del riachuelo. Las aguas se llevan la basura acumulada en el cauce.
    </p><p class="article-text">
        Palabras de otro quemado: Un artista, amigo de muchos a&ntilde;os me visita un d&iacute;a en el lugar de Jola, lo primero que dice &iquest;No hab&iacute;a otro lugar m&aacute;s perdido y alejado que este? Me ense&ntilde;a las manos, las ha perdido, est&aacute;n aqu&iacute;, a&uacute;n lo son, pero desear&iacute;a que le implantaran las de R. y al menos uno de los ojos de Nolde. Ah&iacute;, en agua helada hay que meterlas. En las noches que hiela si&eacute;ntelas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora no hay correspondencia que tratar, me refiero a cartas y postales escritas a mano. Solo correos electr&oacute;nicos y mensajes de voz, pero me cuido mucho de contestarlos en el mismo d&iacute;a, incluso los m&aacute;s importantes. Lo hago pasado un tiempo prudente. Es importante darle un espacio a la correspondencia. Hay mucho que debe reposar.
    </p><p class="article-text">
        El que pueda distinguir unas semillas de otras ir&aacute; muy por delante, pero se cuidar&aacute; de esperar. Tambi&eacute;n puede vivir a dos o m&aacute;s ritmos, pero las semillas, especialmente las semillas nos esconden el cielo, nos lo esconden todo, pero es una espera a la que se llega desde atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, en el oto&ntilde;o, revisi&oacute;n de los hechos, es la &eacute;poca propicia para ello, los &aacute;rboles pierden las hojas, las especies perennes se desprenden de carga. Lo anual no es suficiente, se llega casi al origen, la memoria se renueva. Los muertos est&aacute;n en el centro, hay flores de colores vivos.
    </p><p class="article-text">
        Tendr&iacute;amos que aprender a cerrar los ojos durante largo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Con que fuerza regresan todos aquellos que han muerto demasiado j&oacute;venes. Y da igual que fueran arrancados del mundo de golpe, o lanzados mar adentro por la corriente. Esas vidas truncadas y no acabadas, h&eacute;roes en descanso o en reserva. En Kafka fueron suficiente sus cuarenta a&ntilde;os para culminar una obra. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la baja mar quedan al descubierto monstruos y cadenas monta&ntilde;osas, basura y moluscos de formas extra&ntilde;as. En la resaca, aunque se muestran las cicatrices del tobillo, firmas de su &eacute;poca salvaje, y el brazo tatuado, tiende a cubrirse de nuevo con un lienzo negro, sobre todo en lugares donde el hombre se ha retirado demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Como en los deseos, por un momento se aplaza todo, y queda as&iacute;, suspendido en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Calles de aire, traves&iacute;as de aire donde se inflama tu cuerpo, desagradables en esta &eacute;poca del a&ntilde;o. Corrientes de aire que te atraviesan. Y aqu&iacute; viene lo bueno: No hay puerta que cerrar, es demasiado grande una puerta as&iacute;, inimaginable, y de ah&iacute; viene lo bueno. De lo que es inimaginable llega la alegr&iacute;a. Al menos en esa ciudad, las calles del aire no ten&iacute;an m&aacute;s nombre que ese.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/quemados-quemadas_132_12746067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Nov 2025 11:03:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quemados y quemadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel,Poesía,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciao verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ciao-verano_132_12565937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9e6eec3-732b-4d3a-877e-25334cde88ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciao verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Y todas las noches, frente a la tierra quemada, él escribía sus cartas en hojas negras con el gelly roll de tinta blanca"</p><p class="subtitle">Todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Otto Dix de nuestra &eacute;poca? Sus paisajes devastados, la naturaleza en guerra contra el hombre, su Flandes seg&uacute;n 'Le Feu' de Henri Barbusse. La tela pintada frente a la instalaci&oacute;n o la <em>perfomance</em>, el pantocr&aacute;tor de San Juan de Soria, lo que perdura y es casi indestructible. Por all&iacute; viene el Otto Dix de nuestra &eacute;poca, por la calle del aire, o la de los &aacute;ngeles oscuros.
    </p><p class="article-text">
         <em> Por todo lo que se posa y se queda ah&iacute; para siempre.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>  Esta vez el fuego gan&oacute; al agua.</em>
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo quedan las sillas despu&eacute;s de una fiesta, igual que t&uacute;, &iquest;no? Si volvieran a sentarse todos de nuevo en las sillas, como quedaron despu&eacute;s de la fiesta. Espacio aborrecido, quemado para posibilidad de ser, condenados a estar todos juntos todav&iacute;a por un tiempo. La verg&uuml;enza de ser ah&iacute;. Hab&iacute;an llegado al l&iacute;mite de la alegr&iacute;a, en el l&iacute;mite en el que comienzan a arder unos cerca de otros. Pero una voz, una voz: &ldquo;Al agua, todos al agua&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        	<em>El arte de no saber, lo animales se encaraman.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>	El viento es visible solo en lo otro, en lo que remueve.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>	Nuevas formas de amor.</em>
    </p><p class="article-text">
        De noche incendios a lo lejos, no se queja, no habla, no dice, solo mira, no puede dejar de contemplar el incendio bajando por la monta&ntilde;a hacia el r&iacute;o. No hay conclusiones en ese todo-se-quema. No pod&iacute;a escribir sobre ello, la escena no se deja atrapar con palabras. Es obsceno incluso acompa&ntilde;ar el incendio televisado con un fondo musical, por ejemplo, un corte de la sinfon&iacute;a n&uacute;mero 2 'Resurrecci&oacute;n' de Mahler. El guionista ordena sobreponer el fondo sonoro en la tierra quemada. Es obsceno casi todo en este tiempo. Que siente &eacute;l en el momento del <em>todo-se-quema.</em> Lo inconfesable, lo inconfesable da apetito de hablar, de escribir, ese apetito se convierte en veleidad, ansia o avidez de hablar, de decir, y ah&iacute; se quema por segunda vez el espacio del ser. Se le sustrae al silencio de la tragedia su alma, se profana el silencio. No los oigas, no los escuches. T&aacute;pate los o&iacute;dos.
    </p><p class="article-text">
        Galicia, un bello nombre, y &eacute;l ten&iacute;a su Extremadura en ella, aunque le faltara espacio para ser, o sentirlo. Sobre tal tierra tal cielo. A menudo se desencajan, y viv&iacute;a entonces en el desencaje. Estabas solo, pero inundado de ti, por tantos d&iacute;as de lluvia antigua que ya no era, y entonces dec&iacute;as 'Galicia' el m&aacute;s bello nombre.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la soledad de los malditos, espesa, con los mongoles llegando a una playa de guijarros negros con bandera roja por medusas. Resuenan unos en otros. La nausea es real, lo devuelves todo. Te devuelves a ti mismo a un dios que comienza a tener forma y siente hambre de ti.
    </p><p class="article-text">
        Laicidad que se estrella en los suburbios, los poemas que injieren en los otros.
    </p><p class="article-text">
        Un pa&iacute;s donde solo se le&iacute;an poemas. Nos gustaba mucho o&iacute;r 'toque a incendios'. Un repicar r&aacute;pido de dos campanas a toque de arrebato, de Sebasti&aacute;n Villamalefa, o el 'toque a nublo' de Miguel Belver. El Tentenublo: <em>tente nublo, tente t&uacute;, qu&eacute; si dios es agua, ven ac&aacute;, si eres piedra, vete all&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;D&oacute;nde encontrar&aacute;s un hombre que olvide las palabras para que yo pueda hablar con &eacute;l?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em> Chuang-tzu. </em>
    </p><p class="article-text">
        Pero luego estaba, aquello que Canetti llamaba el contagio por los adversarios, uno de los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos m&aacute;s eficaces, y muy poco investigado. Bien, pero vayamos al trance. &Eacute;l decidi&oacute; estar un d&iacute;a entero de pie, quer&iacute;a tener una experiencia verdadera. De pie, hasta no sentirse. Primero su cansancio, y despu&eacute;s el cansancio de los otros. Quer&iacute;a sentirlos todos.
    </p><p class="article-text">
        No expliques, ah&iacute; te repliegas.
    </p><p class="article-text">
        Este era ese mismo cansancio, lo conoces porque es tuyo, y se lo ofreces a los otros. Siempre en domingo, un domingo de agosto, y ah&iacute; est&aacute; 'Nadie'. Ese nadie al que quieres poner rostro, y un cuerpo. Ese 'Nadie' salido de una guerra, de una larga caminata de d&iacute;as, de muchos d&iacute;as por el Campo Ara&ntilde;uelo, caminando por tierra quemada. Muy cansado de ir, y cansado de no poder dejar de caminar, de no desear siquiera detenerse brevemente en alg&uacute;n lugar con agua y sombra. Detenerse para &eacute;l significar&iacute;a no poder volver a moverse. 
    </p><p class="article-text">
        Se detiene todo, hasta el miedo, ese miedo sublime a uno mismo, se acerca demasiado a la idea de que el mundo tambi&eacute;n se detenga. 'Nadie' y entonces sigue la direcci&oacute;n hacia tu cansancio de domingo de agosto en aquella o tal ciudad. Recuerdo grandes negrillos en Bo&ntilde;ar, y en las plazas de algunas aldeas de Tras-os-montes. La sombra de los negrillos envolviendo las sienes. No recuerdo largas avenidas de negrillos en la ciudad tal o cual. 'Nadie' dice: su gran envergadura y sus profundas ra&iacute;ces levantar&iacute;an el suelo. &Eacute;l no pod&iacute;a detenerse en lugar alguno. 'Nadie' hasta encontrarte en la ciudad un domingo de agosto. Era un cansancio puro, o como dir&iacute;a B. el cansancio de tener que darse la vuelta en un lugar ya demasiado alejado, para no sentir la inmensurable distancia de uno mismo hacia uno mismo. Darse la vuelta ah&iacute;, justo ah&iacute;, donde ya es casi imposible hacerlo. Nunca llegar&iacute;as al lugar de donde saliste. Demasiada memoria.
    </p><p class="article-text">
        	Viene a ti lo &ldquo;Inesperado&rdquo;, se te dicta.
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;rboles, siempre los &aacute;rboles a nuestro lado, nos sirven de amigos silenciosos. Ella quer&iacute;a ponerles nombres a todos, nombres diferentes al de los hombres. Su imaginaci&oacute;n era un gran espacio, una extensi&oacute;n inmensurable de tierra y cielo, como aquella tierra que atraves&aacute;bamos a principios de agosto camino de Soria. Michel Gallimard al volante de su Facel Vega, siguiendo el Henares hacia Jadraque. Cu&aacute;ntas veces le habr&iacute;a dicho: &ldquo;Es aqu&iacute;, este es el aqu&iacute; del que te habl&eacute; tantas veces&rdquo; Pero el silencio se hizo negro a pleno mediod&iacute;a en la luz cenital del holocausto solar. 
    </p><p class="article-text">
        Tierra femenina, reci&eacute;n segada hacia el futuro. Carreteras estrechas a trav&eacute;s de la lejan&iacute;a hacia ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        Ahora solo escribe cartas en hojas negras con gelly roll blanco. En una de ellas escribe: &ldquo;Tanto hablar de dios, y tanta escritura hacia &eacute;l, por no querer entrar en lo hondo de la vida, y ahora con monos&iacute;labos tambi&eacute;n, un poco antes de que con esos monos&iacute;labos nazca una lengua nueva. Una lengua con la que no se podr&iacute;a escribir un solo poema a fuerza de que se autodestruya. 
    </p><p class="article-text">
        Poemas que nadie podr&iacute;a leer, salvo peligro de cegarse, y as&iacute;, mon&oacute;logo a mon&oacute;logo de monos&iacute;labos, un poco antes de que el mundo comience a arder. &iquest;Estar&iacute;a ah&iacute; encerrado, en esa lengua de monos&iacute;labos tu dios?  &iquest;El dios de los diletantes?&ldquo; Y todas las noches, frente a la tierra quemada, &eacute;l escrib&iacute;a sus cartas en hojas negras con el gelly roll de tinta blanca. Entonces &eacute;l se pensaba a escala, a una ya demasiado reducida para representarse. 
    </p><p class="article-text">
        Luego &eacute;l se ve&iacute;a lleno de accidentes y espacios que deb&iacute;a nominar. Tambi&eacute;n sent&iacute;a ciertos r&iacute;os dentro de &eacute;l, los r&iacute;os de la existencia, cursos de agua que no pod&iacute;a dejar sin nombre para no secarse. Ning&uacute;n otro hombre deb&iacute;a saber todo esto. Nadie podr&iacute;a ver esos cursos de s&iacute; mismo, siempre a riesgo de que uno lo nominara con otros nombres err&oacute;neos, y &eacute;l terminase desapareciendo, o llegando a la m&aacute;s absoluta vulgaridad de ser un hombre demasiado com&uacute;n. Seco de si, exprimido por la realidad frente a la tierra quemada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En tiempos muy remotos el sol ten&iacute;a siete hijos que lanzaban sobre la tierra tanto calor como &eacute;l mismo&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Batak </em>
    </p><p class="article-text">
        En el calor del holocausto solar.
    </p><p class="article-text">
        En lo impenetrable las palabras buscan ayuda en otras palabras, y cada vez acuden m&aacute;s a la brecha. Las llamar&iacute;a bichos de la boca, y entonces una palabra ligera, venida del &ldquo;otro lado&rdquo; lo abre todo, e incalculable corre, corre antes de que se cierre todo. La ignorancia est&aacute; en todas partes, como este a&ntilde;o el amaranto en est&aacute;s extensiones de los campos de Velada. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la tierra quemada hombres que ya no sue&ntilde;an. Se les ha extirpado la gl&aacute;ndula del sue&ntilde;o, y por eso mismo son acaso m&aacute;s libres. Se les nota sobre todo cuando hablan. Lo hacen hacia atr&aacute;s, como si estuvieran comi&eacute;ndose las palabras de los enfermos, y las palabras enfermas de nuestro tiempo. Hay una digesti&oacute;n de todo ello que ayuda a &ldquo;esto&rdquo; o &ldquo;aquello&rdquo;. Hay tantos agujeros ahora de los que podr&iacute;an salir peque&ntilde;os dioses que no daban abasto para taparlos.
    </p><p class="article-text">
        'Nadie'. Cu&aacute;nto tardaste en llegar a aqu&iacute;, a pesar de ir tan r&aacute;pido, a la velocidad de ti mismo, a pesar de todo, de ti mismo y de tu cansancio, y el de aquello que te segu&iacute;an, intentando en vano mantener siempre la misma distancia. Ellos ten&iacute;an sin remedio que acelerar o frenar tanto como para que t&uacute; no desaparecieras de su vista, o terminar chocando contigo en los latigazos de ser. De haber ido encordados los habr&iacute;as arrastrado, demasiado peso, como en las conjuras o en los divorcios. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y porque tardaste tanto si de ni&ntilde;o quisiste ser bombero en vez de polic&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; tanta tardanza si parec&iacute;a un corto viaje? Est&aacute; aqu&iacute; ese paisaje, o los paisajes, y los espacios ya vac&iacute;os donde el lenguaje aprecia la ingravidez hasta quedarse sin peso. El espacio segu&iacute;a ah&iacute;, inalterable, acabado para siempre, en su monogamia perfecta con el cielo y lo celeste. Incluso las rocas resquebrajadas de los berrocales, al salir a caminar cada d&iacute;a con la fresca, a esa hora en la que el sol todav&iacute;a no mata, en el conjunto del batolito, se hab&iacute;an producido mucho antes, demasiado, y como no exist&iacute;a el lenguaje en esos espacios, te volv&iacute;as loco, y la luz te enojaba. 
    </p><p class="article-text">
        Todo aqu&iacute; es m&aacute;s viejo que t&uacute;, y la tierra quemada, despu&eacute;s de una lluvia incierta huele a ropa reci&eacute;n lavada, huele a ni&ntilde;o muerto, huele, no deja de oler a mundo, y entonces te llegaban de nuevo algunas frases del maestro, de tu fiel maestro. &ldquo;El bote que jam&aacute;s se hunde, maldad&rdquo; y por ah&iacute; van criaturas de un solo ojo, y avanzan rodando. Pero todo lo que escrib&iacute;amos ahora era ya demasiado viejo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ciao-verano_132_12565937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 17:33:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ciao verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,verano,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viaje por tierras hondas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viaje-tierras-hondas_132_12365010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/960a675c-28c9-43ce-b428-8d0b1856d7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viaje por tierras hondas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Aman a perros, les ponen nombres muy bobos. Aman a sus perros más que a otros hombres. Después odian profundamente a quien no ama a sus perros"</p><p class="subtitle">Lee aquí todos los artículos de Miguel Ángel Curiel</p></div><p class="article-text">
        Ten&iacute;a una retah&iacute;la de citas para hoy, pero los maestros se quedan en silencio muy a menudo; su misi&oacute;n en realidad es desconcertarnos, desconcertar es tambi&eacute;n una fuente de conocimiento, de ah&iacute; a desordenar, descolocar, transcender. Hay otros caminos entre sombras para llegar al sol. &ldquo;No hay testimonio m&aacute;s fuerte que el silencio&rdquo;, dice Walter Benjam&iacute;n, a la que un&iacute;, de la misma manera que dos cabos sueltos se pueden atar, gracias a un nudo de rizo, esta de Canetti: &ldquo;Una sociedad en la que cada persona le ense&ntilde;a a hablar a un animal; luego el animal habla por todas ellas, y cada uno enmudece. Ah&iacute; quedaba la posibilidad de la grandeza de un d&iacute;a vulgar y abrasador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Debido al calor, escrib&iacute;a de noche a oscuras, se dejaba llevar por la mano, no ve&iacute;a los signos hasta el d&iacute;a siguiente: las flores en el fuego no arden. Sin ver los signos: as&iacute; he andado algunas noches hasta ver la luz del r&iacute;o. Uno me dec&iacute;a que quemarse no es lo mismo que arder. Si no vemos las llamas, no hay fuego. Durante la siesta, en el sue&ntilde;o nunca llueve, y nunca se quema o arde algo.
    </p><p class="article-text">
        Amaba rostros, y luego voces. Voces que recordaba mucho despu&eacute;s de que hubieran desaparecido los rostros. Las aguas duras saben a ti, pero un d&iacute;a, all&iacute;, mientras llov&iacute;a, dej&eacute; que un vaso se llenara. En tal pueblo, no hace mucho, yendo hacia <em>el no luga</em>r en una peluquer&iacute;a, la o&iacute; decir todas las noches al cerrar: lo quemo todo. O&iacute;, o&iacute;, se lo o&iacute; a otro, que as&iacute; crec&iacute;a m&aacute;s r&aacute;pido tu pelo. Y a otro, un poco m&aacute;s all&aacute;: d&iacute;gale a la vida poco o nada, para que sea la vida misma quien lo diga.
    </p><p class="article-text">
        Frenazo en seco de la vida, ante, ante la &iquest;nada? El impulso de la frenada. En punto muerto el coche avanza por el camino de tierra hasta el vado. Al menos pudiste quemar tus manos en el agua. Despu&eacute;s solo te quedaba decir, grabar en un aparato tu voz solar. Frenazo en seco tras la curva, ante el animal que cruza la carretera por sorpresa, ya cerca de Alia, camino de las Villuercas. La aparici&oacute;n te da impulso. Ante una fuerza mayor solo puedes ofrecer la resistencia de la visi&oacute;n po&eacute;tica en tus ojos. Jabal&iacute;es, corzos, o ciervos, los ojos iluminados de noche como si hubiera un sol en ellos. No s&eacute; por qu&eacute; ahora me viene de golpe una frase de Jaspers: &ldquo;Con cada disc&iacute;pulo alimenta uno a una serpiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aman a perros, les ponen nombres muy bobos. Aman a sus perros m&aacute;s que a otros hombres. Despu&eacute;s odian profundamente a quien no ama a sus perros. Has cruzado una puerta canadiense, as&iacute; queda todo abierto. El final del libro es el principio de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Nadaba m&aacute;s que viv&iacute;a. Al salir del agua se tumbaba en la hierba, su ba&ntilde;ador era negro, su mirada azul. Contener la existencia como un peque&ntilde;o r&iacute;o con el que vas a regar tus enso&ntilde;aciones. De un ba&ntilde;o el verano pasado en el Guadarranque, aguas abajo de Navatrasierra.
    </p><p class="article-text">
        Con la luz aparece la forma; en la oscuridad la fuerza engendradora, me dijo &eacute;l una vez.
    </p><p class="article-text">
        Espero sentado en una piedra el paso de una carrera popular, apenas unas cintas de pl&aacute;stico atadas a algunas ramas se&ntilde;alizan el circuito, por lo que algunos corredores separados del grupo, anhelando llegar antes, o cegados por la respiraci&oacute;n y el esfuerzo bajo el sol, podr&iacute;an perderse por los campos. Quiz&aacute;s a eso animo a que algunos se pierdan para ganar la gloria azul, en un silencio de muchos a&ntilde;os. La paz ahora, aun la paz del lugar en m&iacute;. Si le transfiriera ahora esta ligera angustia, esta zozobra azul que hay dentro, yo mismo saldr&iacute;a corriendo hacia <em>el no lugar</em> pero todo es previsible, hasta yo, sentado en esta piedra mocha, que alguien pint&oacute; de blanco, para que se vea en la noche, y arda al mediod&iacute;a como el fl&uacute;or. Los veremos pasar, corriendo bajo el sol. Luego nos levantaremos, y nos iremos despacio hasta desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        Muguetes al borde del camino, campos de colza, el amarillo del sol. Donde antes hubo extensiones de cereal, el amarillo de la soledad. Tambi&eacute;n lo llaman mar, un mar de&hellip; Parece que el mar est&aacute; en todo, mar, nunca oc&eacute;ano; mar de leche, mar de olivos, mar de aquello que no s&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s porque el mar abandon&oacute; estas extensiones, nos abandon&oacute; a cada uno, y ahora, tiempo de muguetes, aqu&iacute;, al borde del camino. Muguetes o lirios del valle. La conquista de la felicidad puede ser venenosa, flores blancas iluminadas en la noche. Atrae pintar de blanco ciertas piedras. Una luz que no viene del fuego. Obsolescencia del amor, como las flores, su duraci&oacute;n. Ya sabes lo que pasa, no hace falta explicarlo, se sabe, todos lo saben. 
    </p><p class="article-text">
        Ella tocaba todos los d&iacute;as en su piano el <em>Heavenly life</em> de Mahler, y jam&aacute;s se repiti&oacute;, cada d&iacute;a era como si lo tocase por primera vez. A eso lo llamaba el cultivo de la eternidad. Al relatar el paso del tiempo ayud&aacute;ndonos en la contemplaci&oacute;n de los &aacute;rboles, o en la ligereza del paisaje, y de ciertos fen&oacute;menos de la naturaleza, no hacemos m&aacute;s que la red que tenderemos entre las dos orillas de un r&iacute;o. &iquest;Qu&eacute; queda en ella atrapado m&aacute;s que algas y hierbas? El v&eacute;rtigo de la velocidad desaparece, ni siquiera te erosiona el amor &ldquo;del ahora en el nunca&rdquo; Al d&iacute;a siguiente todo est&aacute; igual y en su sitio. Es poderosa la carga, porque ella te eleva. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando caminas, solo hay continuaci&oacute;n, absurdo es contar los pasos, las distancias; si no sabes hacia d&oacute;nde vas no hay cansancio, y en ese no saber hacia d&oacute;nde, el animal te sigue porque huele tu silencio.
    </p><p class="article-text">
        La durabilidad de la vida, ya estuve muerto antes de nacer y el muerto que fui nunca cont&oacute; su &uacute;ltimo sue&ntilde;o para no destruirlo y aferrarse a ello.
    </p><p class="article-text">
        Le iban saliendo palabras por diferentes partes del cuerpo y se las arrancaba como p&uacute;stulas.
    </p><p class="article-text">
        Pon&iacute;a demasiada fuerza en no gravitar, o caminar sin levantar polvo. Hay una gran oquedad revestida, la necesitabas para hablar. Un hombre al que hubieran condenado a hablar sin cesar hasta el final de sus d&iacute;as y as&iacute; alejar a la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Se extra&ntilde;a de todo y de lo que no se extra&ntilde;a se lo come.
    </p><p class="article-text">
        Viajes a la tierra natal. &iquest;Pero d&oacute;nde estaba exactamente la tierra natal? &iquest;Por d&oacute;nde ir&iacute;a hacia ella? Parec&iacute;a alejarme cada vez m&aacute;s, y el esfuerzo por acercarme o encaminarme era un esfuerzo contra las fuerzas mismas; a veces succionado, otras impulsado o repelido. Un consejo dec&iacute;a: no hables del lugar al que te diriges, no desveles tu alma como cuando arrancas de repente la tela que envuelve un objeto escondido. No nombres la tierra natal. Otro dec&iacute;a lo contrario. Si la nombras, si dices que vas hacia ella, y no dejas de nombrarla es que ya est&aacute;s en ella. Ninguno de los dos consejos me supo a algo verdadero. 
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a sido el acto de toda una vida, toda una existencia se habr&iacute;a entregado a este regreso hacia la tierra natal. Cada encaminarse, cada recorrido, cada esfuerzo no habr&iacute;a sido m&aacute;s que eso. La proximidad lejana, la apropiaci&oacute;n expropiada, el gozo que sale al encuentro, y al rehusar de ello, pues retornar a la tierra no es ir al suelo de lo id&eacute;ntico, sino levantar el misterio de un gozo. Pero a&uacute;n no ten&iacute;a tumba all&iacute;, no sab&iacute;a exactamente d&oacute;nde se encontraba la tierra natal.
    </p><p class="article-text">
        Prefer&iacute;a estar perdido en la nieve que en los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Para inventar una palabra deb&iacute;a destruir muchas.
    </p><p class="article-text">
        Portalones de la sabidur&iacute;a que cierra el viento.
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje de la desolaci&oacute;n, lo desolado, un paisaje de luz quieta, un eterno mediod&iacute;a por donde el hombre vaga hacia ning&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        El silencio de alambre de algunas almas.
    </p><p class="article-text">
        Olas erosionando el presente. Hoja en blanco.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Quien escribe se expone a toda clase de peligros: la lista es muy larga&rdquo;, </em>escribi&oacute;<em> </em>Adam Zagajewski.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/viaje-tierras-hondas_132_12365010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Jun 2025 05:07:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viaje por tierras hondas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes de febrero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apuntes-febrero_132_10885540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/579e4ed8-cf7c-48f8-b462-eaec9579c3db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Apuntes de febrero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Querría ver el mundo como un perro, tener una conciencia daltónica para vivir en el continuo extrañamiento del mundo"
</p><p class="subtitle">Berrocalejo II: “La memoria está protegida por un sinfín de recuerdos que se acumulan para llenarlo todo, hasta que no desaparezcan ella no aparecerá”</p></div><p class="article-text">
        Frente a 'Les Coquelicots' de Claude Monet se disuelve la memoria. El sol se come las amapolas, se adormece la voz, anestesiada la boca, el somn&iacute;fero de los dioses. Ya no tengo memoria, me digo. El paisaje se vela y se vac&iacute;a, m&aacute;s que desnudo, aparece descarnado y escondido entre largas y anchas sabanas de bruma. A&uacute;n se aprecian a lo lejos los montes sin nieve. &iquest;Qu&eacute; oyes frente a 'Les Coquilots' de Monet? &iquest;El viento de tu madre, el aire negro de las visiones? 
    </p><p class="article-text">
        El cielo no se puede imaginar, est&aacute; ah&iacute;, siempre indeterminado. El cielo inimaginable, nunca llegas a &eacute;l. &ldquo;Entre siempre y nunca&rdquo; Paul Celan: Me prohib&iacute; leer m&aacute;s a Pessoa. Me proh&iacute;bo algo y me siento m&aacute;s yo. La reducci&oacute;n me amplifica. Se oye un anuncio: cura el dolor y la inflamaci&oacute;n. Ya se oye todo, todo est&aacute; en el aire. Tambi&eacute;n es basura. Antes de ser basura ya lo es. Residuo es la palabra sagrada; ya lo es en la concepci&oacute;n, en la gestaci&oacute;n y en el uso. Al usar lo que va a ser basura nos convierte a su vez en basura. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; cambiarias de este paisaje? Nada le dices al &aacute;ngel de la voluntad en tu texto. Nada: pero ni siquiera lo mencionas en el texto. Ni siquiera aquella hilera de cipreses negros jalonando el camino que lleva a la casa de las flores: negros, a lo lejos siempre negros. Para apreciar el verde oscuro de sus capuchas hay que acercarse mucho a ellos, los troncos rugosos, el verde apagado, vidrioso, como a veces son los cielos nocturnos de febrero en esta tierra de poca lluvia. Por muy negros que sean los tiempos &iquest;Y c&oacute;mo los llamamos ahora? &iquest;Otra vez negros tiempos? Me niego en esta vez a elegir el negro. Tambi&eacute;n podr&iacute;a ser el blanco, el lila, el verde, el azul, el rojo. Mezclados ya sabes que dan. El gris del plomo o un marr&oacute;n de riada. 
    </p><p class="article-text">
        Querr&iacute;a ver el mundo como un perro, tener una conciencia dalt&oacute;nica para vivir en el continuo extra&ntilde;amiento del mundo. En las memorias de Marcel Reich-Ranicky una cita de Tonio Kr&ouml;ger: &ldquo;Quien m&aacute;s ama se halla en situaci&oacute;n inferior, y le toca sufrir&rdquo;. No importa ahora qui&eacute;n sea Kr&ouml;ger, los tiempos ahora vuelven a su grisura, al pardo, a la emulsi&oacute;n ingrata de los colores. Veo 'Les Coquelitots' de Monet en una l&aacute;mina. Me lleg&oacute; en un paquete junto a unos cuadernos para escribir hace una semana. Remite J. Adler, desde la ciudad del aire.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 'Les Coquelitots' est&aacute; la eterna primavera, la casa sigue fr&iacute;a mientras los d&iacute;as se templan. Hay que comenzar a odiar los anticiclones y&nbsp;ponerles los nombres feos, como Crescencio, Eleuterio o Adolf. Reincidimos: siempre reincidimos, podemos y debemos reincidir, amar la reincidencia. Algo te empuja a ello a la vez que te aplaca. El amor se agota como el silo de grano despu&eacute;s de muchas malas cosechas. Vuelvo a las viejas lecturas: Rezos, no poemas, como en las carreteras se cruzan las almas cada vez a mayor velocidad, las chispas en el rozamiento s&uacute;bito provocan grandes incendios. Hombres que se inquieren, cada vez se aman m&aacute;s a s&iacute; mismos. 
    </p><p class="article-text">
        El amor en soledad, el amor de esa naturaleza carece de l&iacute;mites, pronto van desapareciendo las zonas de sombra, lo desolado gana espacio. Al caminar por la dehesa esos charcos donde cabe todo, el cielo, el sol, los astros, tu rostro difuminado. Los charcos son verdad, espejos de tierra. De o&iacute;r mentiras me sangra el o&iacute;do. Escribo una carta a mano, pero no s&eacute; a qui&eacute;n mand&aacute;rsela: Lo romo una vez cort&oacute;, me hiero las manos pero no trabajando, al pasarla a contrapelo por el culmo de las ca&ntilde;as, al ortigarlas en la umbr&iacute;a cerca de los arroyos. Nunca se deber&iacute;a escribir por puro placer, no saldr&iacute;a nada. El horror cuantitativo, listas de muertos, por peso, a granel, fanegas, la medici&oacute;n a ojo. El percal de los que hablan como chimeneas. La velocidad de la luz es tambi&eacute;n la de la vida. En los a&ntilde;os oscuros estamos sobreiluminados. 
    </p><p class="article-text">
        Uno bendec&iacute;a maldiciendo, este pan te cegar&aacute;, le o&iacute; una vez en un foro: <em>hic manis escaecant</em>. Otros d&iacute;as paseo entre grandes encinas, no hay camino en la dehesa infinita, todo es un camino. Estas viejas encinas acogen, dejan suficiente espacio entre unas y otras para moverse ligeramente. Debo imaginar que sus sombras se abrazan, pero no es posible, jam&aacute;s podr&aacute;n abrazarse. La luz las proyecta a esa hora a todas hacia el Norte; despu&eacute;s del &Aacute;ngelus viran ligeramente hacia el Este. Depende de la &eacute;poca del a&ntilde;o, ahora es as&iacute;. El reloj solar es leve. Es la realidad la que te permite este juego de enso&ntilde;aciones, la vivimos plenamente. Imperturbable y duradero, y no por eso menos extra&ntilde;a la virtud de que a&uacute;n nos asombre el mundo. Desde aqu&iacute; a Yuste a pie entre dos y tres d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
         Esta es una buena &eacute;poca, los d&iacute;as se han alargado. Vamos, dice siempre la sombra, ll&eacute;vame, creo o&iacute;r. El cuerpo quiere otro a&ntilde;o m&aacute;s, e irse para dar una larga vuelta que dure todo el a&ntilde;o. Entre estas encinas no logro imaginar m&aacute;s de lo que veo. All&iacute; aquellas monta&ntilde;as pesadas, como monta&ntilde;as quiz&aacute;s m&aacute;s pesadas o tristes este a&ntilde;o sin nieve. Tumbadas roncan para s&iacute; lo tel&uacute;rico del mundo. En otro tiempo fui ligero por ellas, ahora el jadeo del coraz&oacute;n perdido pesa. Tampoco ser&iacute;a capaz de imaginar algo que me acercara a aquel lugar que &eacute;l visit&oacute;. Noda, junto al rio Tama. No es la lejan&iacute;a lo que me lo impide, es la negaci&oacute;n de la lejan&iacute;a. De ese lugar s&oacute;lo llego a ver un paisaje de noche, unas luces azules, reflejos de agua y poco m&aacute;s. De esta manera tambi&eacute;n llego a sentir cierto fr&iacute;o. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;No es la lejanía lo que me lo impide, es la negación de la lejanía&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Se me hace pesado llegar hasta aquel lugar alejado. No consigo imaginarme el r&iacute;o Tama ba&ntilde;ando el lugar de Noda. Es tiempo de largas esperas haciendo cosas con las manos dentro de las casas templadas. Cada d&iacute;a los paseos son m&aacute;s largos. Ayer llegu&eacute; a un lugar que no conoc&iacute;a. Paroxismo del lugar. Aqu&iacute; se podr&iacute;a vivir, dice la sombra. &iquest;Por cu&aacute;ntas casas pasaremos a lo largo de una vida? &iquest;Y por cu&aacute;ntas vidas y amores? &iquest;Y ciudades? El r&iacute;o est&aacute; ah&iacute;, lo veo, nunca dejar&eacute; de verlo. Me lo llevar&eacute; tan lejos como sea posible. Me es imposible imaginar el r&iacute;o Neva, improbable una imagen que me acerque al Neva. Llevo ya d&iacute;as dentro de Les Coquelicots de Monet. Si fuera as&iacute;, si acaso pudiera acercarme al Neva con lenguaje, desaparecer&iacute;a en &eacute;l. Desde aqu&iacute; se ve todo el cielo, pero desde donde t&uacute; est&aacute;s tambi&eacute;n, y desde donde ellos lo ven. En domingo, al volver de&nbsp;la dehesa, ya de noche, escribo otra carta a mano.
    </p><p class="article-text">
        Querido desconocido o desconocida: En medio de las guerras, hay ahora treinta y cuatro. &iquest;Quieres entrar dentro de 'Les Coquelicots'? Si nos vi&eacute;ramos como una torva de nieve negra, y dices que solo as&iacute;, en raras ocasiones me has visto, arremolinado, es que gran parte de ti y de m&iacute; es lenguaje &iquest;Otorgado? &iquest;Propio? Y seg&uacute;n nos vamos haciendo m&aacute;s viejos, ese lenguaje se va agrandando en uno, en ti por ejemplo, como una gl&aacute;ndula inservible, pero la torva de nieve a la puerta de la casa es la misma. Quieta, no gira, es solo lenguaje al que le hemos arrancado el tiempo, y aunque no gire, puedes atravesar la dehesa de los locos. Las encinas acogen. Al abrazarlas nada te har&aacute;n sentir, no sentir&aacute;s nada en ellas m&aacute;s all&aacute; de lo que tus brazos y tu pecho al apretarse a ellas sientan. 
    </p><p class="article-text">
        Su corteza rugosa, la aspereza y la tibiez del tronco &iquest;Es suficiente? Cre&iacute; que s&iacute;. H&aacute;blalas a todas o a ninguna. Nada ocurrir&aacute;. El milagro de las encinas es que est&eacute;n ah&iacute; despu&eacute;s de tanto tiempo a pesar de la fatiga del mundo. La belleza es simple, eso deber&iacute;a bastarnos para sentir la plenitud o la nada. En la dehesa eres libre, pero no m&aacute;s que los animales que la habitan. Ah&iacute; se nos ve desnudos, es m&aacute;s duro el asco de lo que segrega el amor, la corteza que va formando la savia del fresno, en el sonido se oye, el cielo tambi&eacute;n crece. Una vez so&ntilde;&eacute; esto &ndash;me dec&iacute;a&ndash; parece nuevo, no vivido, y no habr&aacute; de vivirse. 
    </p><p class="article-text">
        El bivalvo al respirar expulsa el agua, se enciende bajo la arena, tu huella, las conchas protegen, son abandonadas, es la <em>dure&eacute;</em> de la nada. Dura m&aacute;s una concha que tu cuerpo, un &aacute;rbol seco que tu vida, el cielo nos come, la luz nos disuelve, el sol quema ahora y es febrero. Donde escribo uno o una podr&iacute;an ser t&uacute;, un cuerpo con concha, tu cuerpo que se ha procurado una concha gracias al dolor y la luz, y tu concha fue abandonada, las dos partes todav&iacute;a permanecen unidas a punto de separarse. Entremos por un tiempo dentro de 'Les Coquelicots'.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/apuntes-febrero_132_10885540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Feb 2024 11:29:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Apuntes de febrero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sequía (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/sequia_132_10479891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/86bf6b31-d73f-480a-888c-5b27aa16e8f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sequía (II)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todo alrededor de la piscina está seco, hectáreas de campos lunares a punto de arder"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Y levant&aacute;ndose de la oraci&oacute;n, fue a sus disc&iacute;pulos y los encontr&oacute; dormidos de tristeza&rdquo; Luc. 22,45. Me dijo Peter Handke, que antes solo conoc&iacute;a cansancios temibles. &iquest;Antes? &iquest;Cu&aacute;ndo? Ahora es ese &iquest;Cu&aacute;ndo? Mucho despu&eacute;s de cuando realmente fue. 
    </p><p class="article-text">
        El m&iacute;o ahora es un cansancio de calor. Amigo, hace demasiado calor, y la vida se extrema. No s&eacute; si tendremos tiempo de adaptarnos a los tiempos. A la sombra, bajo techos de ca&ntilde;as, sentados sobre esteras, a las afueras de pueblos polvorientos oramos ahora suf&iacute;es de nosotros mismos. No cabe la rueda de las oraciones, esos rezos circulares giran en la boca y los pulmones como una corriente de luz. La vida se despliega con alta intensidad, puede matar. La intensidad es lo que no quiere para si la conciencia. Esta es fr&iacute;a. Los aprendices de suf&iacute;s, como yo ahora, son esos mismos disc&iacute;pulos que se levantan adormecidos de tristeza. Est&aacute;n secos como la tierra que pisan, respiran el polvo. Las cabras tienen como boca y mand&iacute;bula un cepo de cielo. Se acercan a la zarza ardiente y comienzan a masticar. Nada les duele. No sienten dolor al masticar. Eso hacemos los aprendices de suf&iacute;s, masticar nuestro seco y&nbsp;duro esp&iacute;ritu. Tenemos como las cabras por boca un cepo. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de hablar &iquest;pero de qu&eacute; y cu&aacute;ndo? Ya no se puede hablar de nada, la libertad carece de intensidad, es lo que no quiere para si la conciencia. Disc&iacute;pulo, no temas, habla, la libertad es tibia, guarda la misma temperatura que tu cuerpo. Ahora tienes fiebre &iquest;Hacia d&oacute;nde vamos? Handke dir&iacute;a que hacia all&iacute;, y all&iacute; se alcanza un cansancio universal. El mundo mismo tambi&eacute;n est&aacute; cansado de nosotros. Hablamos para acabar cuanto antes con el lenguaje. Me encontraba de nuevo en Berrocalejo, un uno, dos o tres de septiembre, qu&eacute; m&aacute;s da el d&iacute;a cuando todos son iguales. Pero las cosas no son sencillas de contar, debemos complicarlas todo lo posible para salir por alg&uacute;n lado de manera sencilla y simple, esa es la ley de la sencillez natural, la complejidad de lo que nace o sale, pero sin dolor. 
    </p><p class="article-text">
        La ca&ntilde;a de pescar es un instrumento sencillo si prescindimos del carrete. Una ca&ntilde;a y un sedal atado a la punta, una boya y un anzuelo, el cebo es lo de menos. Pero es as&iacute;, que para poder pescar con los ojos, a trav&eacute;s de la contemplaci&oacute;n, primero habremos tenido una larga relaci&oacute;n con una ca&ntilde;a con carrete. Demasiados d&iacute;as de enredos. Los sedales abandonados&nbsp;que cuelgan de las ramas de los &aacute;rboles junto a las orillas, y que solo se ven cuando los refleja la luz, nos dicen, me tuvieron que cortar. Las cosas tienden a encoger &iquest;Y el mundo lleno de cosas? El mundo sigue expandi&eacute;ndose. El sol es viejo, pero la luz nueva &iquest;Pero qu&eacute; te ocurre si un d&iacute;a se te olvida pescar? Es sencillo, eso nunca se olvida, nunca olvidamos vivir, aunque el &ldquo;<em>c&oacute;mo</em>&rdquo; sea como la gran piedra. &iquest;El c&oacute;mo vivir? Eso ya da igual. El &ldquo;<em>c&oacute;mo</em>&rdquo; de la piedra es solo ya la piedra del &ldquo;<em>c&oacute;mo</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Todo es ya pura realidad dentro de la meta realidad. Algunas palabras no significan nada. Me dice un amigo que t&uacute; tejes seda &iquest;C&oacute;mo? &iquest;Con qu&eacute;? El telar es el cielo, el pa&ntilde;o la sombra. En la piscina de mi amigo, hecha por su padre a finales de los a&ntilde;os 70, de azulejos azules muy simples, nos ba&ntilde;amos los d&iacute;as de mucho calor. Paso horas dentro del agua agarrado a los bordes. Desde esa posici&oacute;n anfibia hablo con los otros. Con las manos mojadas no se puede escribir. La piscina est&aacute; llena de grietas que no se ven, muy despacio se pierde el agua, como el amor entre dos personas. 
    </p><p class="article-text">
        Al mediod&iacute;a el agua refleja la luz en las hojas de dos grandes pl&aacute;tanos. Las ra&iacute;ces est&aacute;n levantando lentamente los suelos pavimentados. Todo alrededor de la piscina est&aacute; seco, hect&aacute;reas de campos lunares a punto de arder. &iquest;Qu&eacute; paisaje hoy? El mismo de siempre, que no sea otro. Me canso de ver todos los d&iacute;as lo mismo, incluso a trav&eacute;s de los muros de la casa, cada vez m&aacute;s transparentes &iquest;Y no me canso del cielo? Esa es la &uacute;nica se&ntilde;al del cansancio de uno mismo. T&uacute; quieres trucarlo. Se enfr&iacute;a la desilusi&oacute;n. Cosas que solo se pueden decir de una manera &iexcl;Y no son tantas! Una noche o&iacute; en la radio a un hombre decir &ldquo;win, win, win&rdquo; muchas veces para referirse a ganador. Apagu&eacute; la radio para siempre. Esta larga e inequ&iacute;voca sequ&iacute;a. Un jard&iacute;n de piedras. El mismo paisaje d&iacute;a tras d&iacute;a, quisieras tener su edad en el momento en el que reverdece el pedregal. 
    </p><p class="article-text">
        Uno se cura de s&iacute; mismo escribiendo &iquest;Lo creo? Primero lo escribes y despu&eacute;s comienzas a creer en aquello que has escrito. Termino escribiendo en la piscina con las manos mojadas. Me gustas como hueles t&uacute; a tus a&ntilde;os, cada vez m&aacute;s a mundo. El perfume es vol&aacute;til, se degrada, el olor de la naturaleza eterno y cambiante, te deja recuerdos, memoria, t&uacute; ol&iacute;as a ti, al despertar ol&iacute;as cada vez m&aacute;s a ti. El arte del arte &iquest;consiste, se sustenta? en caminar hacia atr&aacute;s, de espaldas, intentando dejar de ver el horizonte en alg&uacute;n momento, consciente de que r&aacute;pido te acercas a la l&iacute;nea roja del abismo. Pero el horizonte te persigue, se mueve al mismo tiempo que t&uacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El precipicio, a veces f&iacute;sico de la memoria lo ves, lo visualizas, pero no como un abismo sin fondo, o acaso un cielo all&iacute;, muy abajo. No, es m&aacute;s simple, no crece o se expande desde el borde, es menos sutil o grandioso. Solo est&aacute;s c&aacute;rcavas ca&iacute;das a plomo hacia el r&iacute;o, de materiales que se desmoronan junto al Cerro de los Locos, ocupadas por un aire denso, azul. En ese vac&iacute;o el canto l&iacute;quido de los grajos y las cornejas. Ese espacio se llena de ti o de m&iacute;, de cualquiera que pueda guardar en su boca el hueso de la palabra. Ah&iacute; se da la memoria, suspendida, gracias a los ojos que se van quemando m&aacute;s lentamente que el d&iacute;a. C&oacute;mo si atravesara incendios forestales, uno tras otro, frentes de llamas que vienen hacia ti. Corre mucho, yo me quedo. &iquest;Qu&eacute; hora es? Y alguien dice la hora del fin del mundo. Leemos tambi&eacute;n lo que no est&aacute; escrito, retenlo, lo retenemos con m&aacute;s fuerza. 
    </p><p class="article-text">
        Se van yendo los d&iacute;as, se van yendo estos d&iacute;as de verano. T&uacute; tienes el sol como memoria. La melancol&iacute;a es una pulsi&oacute;n que te lleva a la alegr&iacute;a, es una &ldquo;droga&rdquo; dura, en otros produce angustia, miedo, rendici&oacute;n, idiotez. Esa droga entra por los ojos. El esp&iacute;ritu del artista pl&aacute;stico, eufemismo de lo que siempre fue un pintor, est&aacute; en la mirada. Poco importa cerrar los ojos, p&aacute;rpados incandescentes. 
    </p><p class="article-text">
        En mis correr&iacute;as de agosto junto al fot&oacute;grafo D.D.T., nos encontramos con el artista Jos&eacute; Viera, en su caser&oacute;n estudio de Arroyo de la luz. &Eacute;l ahora suele pintar o trabajar en sus cuadernos o tablas cerrando uno de sus ojos. A veces cierra el ojo derecho, pero dependiendo del periodo en el que se encuentre, o de alguna obra en cuesti&oacute;n, podr&iacute;a taparse con una gasa el ojo izquierdo. DDT, a instancias de Vieira, realiz&oacute; varias sesiones de fotograf&iacute;as, en las que el artista aparec&iacute;a siempre de espaldas. Viera insisti&oacute; en que &eacute;l llevaba a&ntilde;os hablando por el culo. El cuelo es la boca del hombre de nuestra &eacute;poca, dec&iacute;a junto a su eterno vaso de vino. DDT, realiz&oacute; una serie de fotograf&iacute;as del culo de Viera, a los que ha llamado &ldquo;Mofletes de artista&rdquo;. Es as&iacute; que para hablar nos damos la espalda, insiste Viera. Hablamos de espaldas al otro. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando llevo dos o tres d&iacute;as sin hablar con personas me he purgado de lenguaje, entonces estoy preparado para decir -escribir- mi verdadero silencio. Lo m&aacute;s bello todav&iacute;a no ha sido fotografiado, ni lo ser&aacute;. Solo mi culo merece la pena ser fotografiado, es mi verdadero rostro. Viera entonces deja de re&iacute;rse y mirando su vaso de vino entra en algo m&aacute;s profundo. Lo impenetrable siempre deja pasos, agujeros, huecos por donde entrar. Es seguro de que no lleven a lugar alguno y sean m&aacute;s bien salidas, no entradas. Puertas falsas. Enseguida topas con lo impenetrable. El vac&iacute;o no est&aacute; hueco, y la nada no se aprehende ni se conoce &iquest;Se la podr&iacute;a representar con un nudo de soga? 
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as m&aacute;s tarde le mando una postal a Viera desde Vigo: pero lo que parece ser, el lenguaje verdadero, el que cada uno regala al otro, como acto sublime de comunicaci&oacute;n, se ha extinguido. El di&aacute;logo entre dos o m&aacute;s personas, cuando en verdad intenta prolongarse en las emociones es el de los abatidos. Si fuera eso, si as&iacute; fuera en verdad, el hombre de hoy, al hablar lo har&iacute;a desde su culo. Hay una altura m&aacute;xima para los &aacute;rboles, tambi&eacute;n para los hombres. Es el instinto a cabezazos. 
    </p><p class="article-text">
        Fin de &eacute;poca me digo. No solo es el verano que se acaba. Han medrado despu&eacute;s de las tormentas, y se han subido las plantas, arrebatadas hasta tocar el techo, <em>tr&egrave;s vite-tr&egrave;s vite</em>. A&uacute;n no he salido de la piscina, todav&iacute;a el agua permanece tibia. Hoy no, no, no, no, hoy no, por tanto si que serpentea. Las charcas de agua tambi&eacute;n tienen nombre: charca de la princesa, charca del pozo negro, la de la perdiz, la del ojo verde, y as&iacute; terminan encantadas al perder la noci&oacute;n de la profundidad, aluden a las ilusiones. 
    </p><p class="article-text">
        Los nombres de los r&iacute;os son relativamente nuevos, a&uacute;n no han envejecido tanto como para secarse &iquest;R&iacute;o Uso o Huso? Le debo a mi pa&iacute;s de mil pozos mi escritura, a ti mi escritura. Se pierde el agua si no hay cauce, todo es cauce. Cu&aacute;nto de cada existencia no se filtra aqu&iacute; para reaparecer all&iacute; &iquest;Cambia la muerte los destinos? En otra &eacute;poca tal vez, en esta no, y as&iacute; contin&uacute;a el tiempo contra la historia bajo la paciencia del sol. 
    </p><p class="article-text">
        En el cante jondo el fluir de la voz es el de un r&iacute;o seco, en los lechos afloran tablas de agua. Oreja dormida que solo oye el agua &iquest;O&iacute;mos dormidos? &iquest;Qu&eacute; o&iacute;mos al dormir? &iquest;Los crujidos de la cama como una vieja barca de madera que se queja por la presi&oacute;n del agua? &iquest;El aire golpeando en los &aacute;rboles? &iquest;El sol tras la noche? &iquest;Nuestro cuerpo quem&aacute;ndose en el abrazo? O&iacute;mos el agua, el coraz&oacute;n del perro que nad&oacute; por ti en el abismo. Antes miraba los &aacute;rboles a cierta distancia, desde un punto en el que pudiera verlos enteros, ahora me acerco mucho a ellos, apenas a un metro, y desde ah&iacute; extiendo la mano y toco la corteza, el tronco, me fijo en los detalles, y arrastro mis ojos hacia la copa &iquest;Quiero ascender o no? &iquest;Trepar? Es toda una serie de contradicciones visuales, aunque es lo que permite o&iacute;r las ra&iacute;ces al pegar la oreja al tronco, o palpando con la mano la madera sentir la vibraci&oacute;n de la sabia, captar la temperatura de la tierra. Estaba siempre demasiado cerca del <em>Four</em> <em>Darks in Red</em> de Rothko, de repente entr&eacute; dentro y habl&eacute; a ciegas con &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/sequia_132_10479891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Sep 2023 06:54:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sequía (II)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel,Sequía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Río abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rio-abajo_132_10156876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efbf8508-b16b-4e85-b461-1b037fe666b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Río abajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Eres un hombre o una mujer de fe, la fe es una mierda, lo contrae todo. Provoca más guerras que los sueños"</p><p class="subtitle">Resurrección</p></div><p class="article-text">
        Berrocalejo, aguas abajo del Puente y de Valdeverdeja, a finales de abril. La maravillosa lectura de los viejos tocones en los huertos abandonados, nos escribimos en nosotros mismos. All&iacute; abajo el embalse de Valdeca&ntilde;as, el r&iacute;o est&aacute; ah&iacute;.  Ojala cualquier gobernante se hubiera envenenado con lo dicho. De noche todav&iacute;a hace fr&iacute;o. Vuelvo a Derrida, -todo aquello que no se puede decir, no hay que callarlo, hay que escribirlo--. Miedo a que se me borre todo, me habr&iacute;a quedado una ingrata memoria de todo ello. Aqu&iacute; lo inexpresable busca su poema.
    </p><p class="article-text">
        Este lugar me genera una dicha en la que soy entero. No he llegado a lugar alguno, a&uacute;n no puedo descansar de m&iacute;. Ah&iacute; abajo est&aacute; el r&iacute;o, ya no puedo imaginarlo como era antes de la construcci&oacute;n del embalse. Todos estamos solos, como el sol. El sol est&aacute; solo, pero tu luz va contra los otros, y t&uacute; recibes la luz fuerte de los otros. Nos comunicamos con luz, las palabras acumulan la energ&iacute;a, las palabras de hoy acumulan la energ&iacute;a del sol. Las guerras son extra&ntilde;as. J&uuml;nger hoy no habr&iacute;a participado en ninguna de ellas, solo t&uacute; que eres imb&eacute;cil. &Eacute;l habr&iacute;a escrito a d&iacute;a de hoy: el cielo est&aacute; lleno de dioses, t&uacute; eres una diosa, echas tu red al pantano de mi ser.
    </p><p class="article-text">
        Todos ahora somos pantanos, en todos se refleja el sol. No hay nada all&iacute;, solo cantos rodados, un peso innecesario que dulcifica la vida. El verdadero dios est&aacute; en tu respiraci&oacute;n, y se quema en tus palabras. &iquest;Sabes que eres un facha? Dios es un facha, en realidad todos somos ya fachas. El facha se contrae, t&uacute; te contraes, todos nos contraemos. El facha se contrae para estallar. El facha tiene fe, t&uacute; admiras tu fe, tu fe es inquebrantable. Eres un hombre o una mujer de fe, la fe es una mierda, lo contrae todo. Provoca m&aacute;s guerras que los sue&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        El hombre actual se cae al abismo y se le abre el paraca&iacute;das. Su nihilismo est&aacute; lleno de flores &iquest;A que huelen? &iquest;A ti? &iquest;A todos? Compras flores, las flores valen m&aacute;s que el pan. Tu fe es la fe de un facha, hueles flores, se tiene fe en las flores. El cielo nunca se cae, a pesar de que las palabras lo cargan de fe. <em>Belle &eacute;poque et putain d&acute;hommes,</em> y bailan y bailan descompasados a un ritmo infernal bajo cascadas de decibelios. Me he empadronado aqu&iacute;, no somos m&aacute;s de cincuenta habitantes, aqu&iacute; puedo votar a dios. Dios es mi alcalde, le pedimos que llueva. Los d&iacute;as que no ocurre nada muescas en un olivo seco. Hay lugares por los que he pasado m&aacute;s de mil veces, se cuenta el infinito por cabellos, por pelos, ese bicho serapa tambi&eacute;n el esp&iacute;ritu. Peludo hasta en el alma.
    </p><p class="article-text">
        Aceleraci&oacute;n, el lenguaje de nuestra &eacute;poca se evapora r&aacute;pido, el r&iacute;o sigue ah&iacute; abajo cada d&iacute;a, cuando camino tambi&eacute;n me acelero, y casi siempre salgo corriendo. Bandazos de aire a los que ya no puedo llamar esp&iacute;ritus enfadados. El aire solano lo abrasa todo. Las palabras del herem pinchan, se ha erizado contra ti el lenguaje. Este es un paisaje desolado, el sol da fuerte cada d&iacute;a. Los colores siena, los ocres, los rojizos y magenta de la tierra en los olivares. En el poema de la noche pasada hab&iacute;a desaparecido toda vegetaci&oacute;n. El silencio del poema era el mismo que el del mundo, y t&uacute;, entrabas y sal&iacute;as del poema. Las &uacute;nicas palabras eran las del herem, irreversibles. 
    </p><p class="article-text">
        Alguien met&iacute;a hielo en los guantes, arena en los calcetines, piedras y ceniza en los bolsillos. Condenado a la desnudez fuera y dentro del poema, hac&iacute;a el mismo fr&iacute;o y calor dentro que fuera, y el mundo, tu mundo se disolvi&oacute;  finalmente en el poema. El r&iacute;o sigue ah&iacute;. Me lleg&oacute; hace unos d&iacute;as una carta escrita a mano. Bendici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n sigue escribiendo a mano. He conservado la soledad de los primeros libros -me dice- La he llevado conmigo. Siempre he llevado mi escritura conmigo donde quiera que haya ido. As&iacute; termina. Esa soledad era lo importante, de ella llegaba todo. Ense&ntilde;a, muestra el camino hacia el r&iacute;o. Est&aacute;s solo y lleno de ti, ella te ense&ntilde;a a vaciarte, te trasiegas, no te envileces tanto como en otras situaciones. Ya no hay nada que experimentar. Me han dejado un huerto, llevaba abandonado cuarenta a&ntilde;os. Maleza, no s&eacute; c&oacute;mo empezar. 
    </p><p class="article-text">
        Rastrillar la memoria a&uacute;n caliente. Todav&iacute;a no se ha apagado el d&iacute;a, ya no tienes recuerdos de lo inmediato, de lo que a&uacute;n est&aacute; vivo. Ah&iacute; abajo sigue el r&iacute;o. De un paisaje seco, abrasado, como principio de lo que parec&iacute;a la eternidad en la tierra, pero a veces alucinado por la luz del fuego del cielo, le dejaba entrever, que no se trataba en realidad de ning&uacute;n lugar en la tierra, y si m&aacute;s bien de un territorio acotado de Marte, o un desierto fr&iacute;o de Urano, o un lugar para pruebas nucleares. A lo lejos hay grandes m&aacute;quinas perforadoras, y no s&eacute; si con la intenci&oacute;n de perforar pozos en busca de agua, o con otras intenciones. Va a estallar el sol, le escrib&iacute; secamente a un conocido que lleva a&ntilde;os en pol&iacute;tica tocando poder. 
    </p><p class="article-text">
        Oye, hay que escarbar mucho en las palabras para encontrarlo, es la sequedad del esparto. El poeta chaman adora el sol con toda la fuerza de su odio, su luz es odio. Balbucea contra los dioses &iquest;Le oyen? No le entienden. Ah&iacute; sigue el r&iacute;o. A &eacute;l, el muro de agua le sostiene el sentimiento de culpa. &Eacute;l le escrib&iacute;a los discursos al imb&eacute;cil, y en privado me reconoci&oacute; que siempre ment&iacute;a. Le cit&eacute; a Derrida en un whatsapp, -La mentira pol&iacute;tica moderna ya no esconde nada tras de s&iacute;, sino que se basa en lo que todo el mundo-. Pens&eacute; que todav&iacute;a quedaban esperanzas, pero los muebles ya no se hacen con madera y clavos &ndash;dej&oacute; de o&iacute;rse el aserradero junto a los r&iacute;os, dej&oacute; de o&iacute;rse el agua &iquest;en tu alma? a la campana que avisaba de los incendios. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l dec&iacute;a, y creo que lo escribi&oacute; en un cuaderno ya perdido, que en las noches de Atacama, densas como el petr&oacute;leo, se o&iacute;a el sol. Prometi&oacute; muchas veces hacer una cama, una mesa y una silla. La pureza, lo puro te obliga a escribir sin fin, no tiene l&iacute;mites tu escritura. Se intenta llenar el vac&iacute;o de uno confundi&eacute;ndolo con el vac&iacute;o del mundo. El que se enfrenta a la realidad tropieza con sus propias palabras y las de los otros. Se confiesa: no tengo mundo propio, ni siquiera llegar&eacute; a ser una espiguilla sin inflorescencia junto a un muro. Pero la pureza no se puede medir, carece de par&aacute;metros. Todo ha sido sustituido, la poes&iacute;a por po&egrave;mes, te aglomeras o te aglomeran. En la aglomeraci&oacute;n resistes como un cuerpo extra&ntilde;o, una esquirla de pedernal entre virutas de pino y eucalipto.
    </p><p class="article-text">
        Permaneces encolado hasta que se despegan tus ojos. Todo fue sustituido, la poes&iacute;a por po&egrave;mes. Un poema se puede codificar, no es exactamente una traducci&oacute;n al uso. Se prensa el poema en un c&oacute;digo y t&uacute; tambi&eacute;n desapareces en ello. Con ese c&oacute;digo puedes acceder al infierno, a ese lugar llamado ahora <em>Paradis of habits</em>. Finalmente, y a pesar de todo, decid&iacute; ir a votar ese domingo de mayo &iquest;de  nuevo a un, o a una imb&eacute;cil? Ese d&iacute;a me pondr&iacute;a mi traje italiano, y con elegancia y cinismo ir&iacute;a de nuevo al colegio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioclm" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rio-abajo_132_10156876.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Apr 2023 05:10:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Río abajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/europa_132_9812872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e623e0d5-8308-4a66-a650-a07c169e5d8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Él estaba ya dentro de una bola de cristal de nieve, y alguien la removía, así sintió la ilusión de una ventisca que le cegaba"</p></div><p class="article-text">
        C&oacute;mo cambi&oacute; la ciudad que no visitaba desde hac&iacute;a m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, y t&uacute;, en 56 a&ntilde;os, tambi&eacute;n. Todas las cosas importantes las decimos frente a un espejo negro, en la habitaci&oacute;n de un hotel barato. Se habla en voz alta frente al espejo &ndash;los desiertos son los parques de dios&ndash; se lo dices al espejo negro que absorbe la luz de tu aliento, entonces te traga la oscuridad del invierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Apenas reconoc&iacute;as la ciudad a la que hab&iacute;as vuelto, era F. &iquest;Y cu&aacute;ntas ciudades en el mundo son F.? Ahora todas eran intercambiables, t&uacute; eres intercambiable, y tu edad, en lo que la edad te ha convertido. En Barcelona me aloj&eacute; en un hotel de la cadena Iluni&oacute;n, en el carrer Aus&iacute;as March. 
    </p><p class="article-text">
        Agradec&iacute; estar en esa calle. &ldquo;Qui no es trist de mas dictats no cur&rdquo; Estos versos quedaron grabados hace mucho tiempo en m&iacute;. El poeta Aus&iacute;as, el Ozias o Zacar&iacute;as b&iacute;blico. El se&ntilde;or me sostiene, sus palabras le sostienen. 
    </p><p class="article-text">
        Fue en esa ciudad, hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, iba de la mano de mi padre, &eacute;l pregunt&oacute; a un se&ntilde;or por una calle y a cu&aacute;nto estaba de nosotros, aquel se&ntilde;or, se&ntilde;alando con la mano la direcci&oacute;n, asegur&oacute; que no estar&iacute;a a m&aacute;s de diez minutos a pie, desde entonces todo cambi&oacute; para m&iacute;, las distancias se miden en tiempo, y el espacio con los ojos. &iquest;A cu&aacute;nto est&aacute; ahora la ciudad en la que nac&iacute;? Posiblemente a menos tiempo de la que estuvo ayer. Llueve mucho, a veces nieva entre Metz y Offenbach. Todo ahora es invariablemente sencillo, el trueno en el rel&aacute;mpago, el instinto es veloz, el sentimiento se incrusta lentamente en el paisaje. Le escrib&iacute; una postal de navidad a K. desde L&ouml;rrach. 
    </p><p class="article-text">
        Un hotel barato, a las orillas del Wiese, un peque&ntilde;o afluente del Rin. La ventana de la habitaci&oacute;n da a una vieja f&aacute;brica de ruedas de avi&oacute;n reconvertida en un centro de arte contempor&aacute;neo. El hotel lo regenta un Griego de Megara, en el &Aacute;tica, nada m&aacute;s entrar te invita a ouzo y me pregunta por la reina Sof&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Transcribo la postal: Aqu&iacute; llega la luz antes, pero solo permanece lo &uacute;ltimo. El poema est&aacute; escrito como una tormenta seca. &iquest;Deber&iacute;a ir hacia la oralidad? &iquest;Transitar de boca en boca, de un silencio a otro? Le di la mano y &eacute;l te la tom&oacute;. Te tom&oacute; la mano con la misma mano que lo escribi&oacute;. &iquest;Sientes la corriente? Casi siempre hay un &aacute;rbol en la dehesa m&aacute;s propenso al rayo. Una encina ahora llena de luz de led que aleja a los p&aacute;jaros. La primera iluminaci&oacute;n debe permanecer un tiempo. Cada poema deber&iacute;a ir de boca en boca, de ojo en ojo, como si transmiti&eacute;ramos la revelaci&oacute;n de un Caravaggio, o un Nolde a un anciano ciego. El viajero en el que me hab&iacute;a convertido se compr&oacute; un peque&ntilde;o abeto en el mercado de navidad de Eimeldingen, pens&oacute; adornarlo con papelitos de colores, y en vez de colgar bolas, dejar&iacute;a huevos en las ramas, de ellos saldr&iacute;an p&aacute;jaros hacia la luz. Contra la ceniza del verano, la nieve del invierno. La belleza ins&iacute;pida, lo hab&iacute;a imaginado a lo largo de los d&iacute;as que se acortan. Sobre un campo de ceniza nevaba y todo quedaba cubierto por una ligera capa blanca. Un viaje de invierno, iba de una estaci&oacute;n a otra, estudiando y representando en un cuaderno la red de metro y de trenes de cercan&iacute;as, como si se tratase del esquema de un cuadro el&eacute;ctrico para un palacio que se estaba construyendo. &iquest;Y por qu&eacute; no en K. o en B., ciudades que no dejan de cambiar, con la esperanza de que el arte sufriera de nuevo sus moment&aacute;neas y sucesivas sacudidas en una huida hacia delante? &lsquo;V&eacute;rtigo&rsquo;, una exposici&oacute;n en Estrasburgo, la obra &iquest;c&oacute;mo la hab&iacute;a llamado ella? &iquest;Mapas subterr&aacute;neos? &iquest;La ciudad sumergida? Desde la ventana de la habitaci&oacute;n del hotel en Muhlhouse se ve&iacute;a el lago de Berges y un parque alfombrado de hojas. Todos de color pardo, el pardo no me gusta. 
    </p><p class="article-text">
        A las ocho de la tarde la ciudad dorm&iacute;a. Sal&iacute; de la habitaci&oacute;n para caminar alrededor del lago, atraves&eacute; el boulevard Charles Stoessel y me adentr&eacute; en el bosque urbano. Aquejado de la soledad de Cioran, en la que esta no te ense&ntilde;a a estar solo, sino a ser &uacute;nico solo se o&iacute;an mis pasos en la alfombra de hojas. Aunque era de noche, los grandes cuervos y grajos de Alsacia -nunca hab&iacute;a visto c&oacute;rvidos tan grandes, o all&iacute;, m&aacute;s al Norte, en Westfalia, grajos de gran tama&ntilde;o hinchados desde la guerra de los treinta a&ntilde;os- planeaban insomnes hacia los grandes tilos de la avenida de Charles de Gaulle. Mientras daba la vuelta al lago, me deten&iacute;a a cada poco, me quitaba los guantes para tomar algunas notas en un cuaderno de bolsillo. &iquest;C&oacute;mo habr&iacute;a cambiado el significado de su existencia de llamarse de otra manera? Por ejemplo, Arthur Neal Gunter. &iquest;No deber&iacute;amos tener dos nombres para esta intemperie absurda? &iquest;No estar&iacute;as as&iacute; m&aacute;s protegido, vivo y lleno de ti? Su insomnio era para vivir m&aacute;s, era un insomnio voluntario, sumaba su vida por tramos, no por instantes.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Al intentar dominar su aprehensi&oacute;n, o miedo nocturno a dormir se quedaba traspuesto en los trayectos de tren, y para cuando esta &ldquo;cosa&rdquo; fuera publicada en el diario, &eacute;l ya estar&iacute;a en otro lugar, lejos de este, huyendo otro a&ntilde;o m&aacute;s de la Navidad.&nbsp;T&uacute; corre, vas hacia donde crees que no vas, camina despacio, vas al mismo lugar de siempre, el viento del Norte te arrastra. El lago comenzaba a helarse, me hab&iacute;a sentado en un banco del Quai des Gigognes, en ese momento record&eacute; que Bouwsma llam&oacute; profeta a L. Wittgenstein, y he aqu&iacute; los santos, Kafka, Simone Weil y G. Trakl, no muchos m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        P.C. prefer&iacute;a caminar sobre lagos helados y no hacerlo por las aguas, sin duda pod&iacute;a, una vez le vi hacerlo, sent&iacute;a placer y miedo al atravesar un lago helado a sabiendas de que este no aguantar&iacute;a el peso de su cuerpo. De vuelta al hotel vio a muchos hombres desnudos al mismo tiempo haciendo una mel&eacute;, entre ellos todos parecemos el mismo. Sinti&oacute; que hab&iacute;a sido condenado a copiar a l&aacute;piz la Tora. La brevedad le confiere cierto sentido enigm&aacute;tico a las frases, todas parecen entrecortadas por la voluntad de no decirlo todo, y ahorrarle sentido para darle una dimensi&oacute;n mayor. Un a&ntilde;o cultiv&oacute; solo la mitad del huerto, dej&oacute; un libro sin acabar, esper&oacute; a algo, no sab&iacute;a a lo que esperaba, cada poema era testimonio de esa espera. Cuando no lleg&oacute; lo que esperaba, continu&oacute; hacia adelante, pero sin seguir la direcci&oacute;n que estaba marcada, fue hacia all&aacute;, en esa direcci&oacute;n hasta el d&iacute;a de hoy &iquest;Lo ves? Unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, en los ba&ntilde;os de la vieja facultad de filosof&iacute;a de Freiburg, vio un texto escrito en la puerta de un ba&ntilde;o, entre otras tantas frases de WC, recogi&oacute; esa. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&eacute; t&uacute;, siempre t&uacute;, solo t&uacute; en ti mismo, a tu coraz&oacute;n le arrancas las plumas de grulla&rdquo; Aquella misma tarde lo tradujo tres veces, y as&iacute;, en diferentes versiones cambiaba grulla por cuervo, cuervo por grajo, y el -se &ldquo;t&uacute;&rdquo;- por una negativa, -siempre no seas, nunca en ti mismo, en tu coraz&oacute;n clavas puntas de hielo etc.- De aquellas ciudades por las que estaba condenado a pasar sin un motivo concreto, solo por el placer de vagar, de B. a P., de S. a T., pasando por pueblos B&aacute;varos llenos de idiotas y ni&ntilde;os vestidos de ping&uuml;inos&nbsp;patinando en peque&ntilde;os lagos de hielo, donde se cultivan carpas, estuvo a puno de quedarse para siempre en Adelsdorf. 
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a d&iacute;as que su est&oacute;mago se hab&iacute;a llenado de tornillos, y los ojos de luces. &Eacute;l estaba ya dentro de una bola de cristal de nieve, y alguien la remov&iacute;a, as&iacute; sinti&oacute; la ilusi&oacute;n de una ventisca que le cegaba. En el caf&eacute; de la estaci&oacute;n de Basilea, mientras esperaba el tren a Z. que enlazaba, en hora suiza, con el de Viena, un viajero italiano que iba a Mil&aacute;n le pregunt&oacute; la hora de la eternidad, enseguida entablaron una larga conversaci&oacute;n. El tipo iba vestido como un italiano de hac&iacute;a sesenta a&ntilde;os, elegantemente sobrio para atravesar la vida, como dec&iacute;a Alberto Serra en los d&iacute;as de Roma. Al principio &eacute;l lo hab&iacute;a confundi&oacute; con un franc&eacute;s, con lo que sospech&oacute; que el italiano lo debi&oacute; confundir de alguna manera con un italiano del Sur. Iba detr&aacute;s de un Sebastiano del Piombo, <em>La madonna nera</em>, perdida en Suiza despu&eacute;s de la segunda guerra mundial.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El viajero le pregunt&oacute; por&nbsp;lugares elevados, alejados, extra&ntilde;os y poco habitados &ndash;los desiertos son los parques de dios&ndash; Lee usted a Cioran? A veces; &iquest;y a Kafka? A veces, ya nadie lee, o casi nadie. El viajero llevaba solo una mochila, y dentro de ella lo imprescindible. Entre todo ese amasijo un ejemplar de 'A&ntilde;os de hotel, postales de la Europa de entreguerras' de Joseph Roth, que le regal&oacute;. No le gustaba llevar demasiado peso. Las maletas peque&ntilde;as, con ruedas hablan de un viaje de fin de semana en avi&oacute;n, entre la ciudad x y la ciudad y. Ellos son los quemadores de queroseno, ahora hay m&aacute;s gente en el cielo que sobre la tierra. El italiano habl&oacute; de arte, era marchante en Tur&iacute;n y hab&iacute;a estudiado filosof&iacute;a e historia en Bolonia en los setenta. Hablaba mirando por la ventana, un hombre culto y elegante. Seg&uacute;n &eacute;l las diferencias entre el arte degenerado y el arte que se degenera para postergarse son cualitativas. El arte es solo uno, en realidad muy pocas obras alcanzan lo sublime. En poes&iacute;a esto no podr&iacute;a ocurrir, solo a trav&eacute;s de la aversi&oacute;n, o de la idiotez. Una de las pocas cosas que el arte no deber&iacute;a provocar es asco. Pasolini nunca lo permiti&oacute; en su poes&iacute;a, los excesos de su cine, en Sal&oacute; y los cien d&iacute;as de Sodoma, son un claro ejemplo. El fascismo provoca asco vital, en ese momento el hombre se convierte en un animal que se come a otros hombres. Pasolini marc&oacute; muy bien la divisoria. En su poes&iacute;a nunca hubo cine, y en su cine, jam&aacute;s habit&oacute; la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El arte solo expone los tiempos, son las im&aacute;genes del alma de los tiempos. Y este es el tiempo de la basura c&oacute;smica. De pronto se pone a nevar y cuaja, la nieve nueva oculta r&aacute;pidamente la nieve sucia de hace unos d&iacute;as. Como la nieve vamos cambiando de estado sin notarlo. Si la nieve que cubre un campo abandonado, sigue virgen despu&eacute;s de unos d&iacute;as, &eacute;l la siente todav&iacute;a blanda mientras camina; unas cuantas hojas de roble, de color pardo, atrapadas entre unas piedras, pueden mancharla, y el or&iacute;n caliente de un animal derretirla. Nuestro estado cambiante, hasta helarnos antes del deshielo. Contra el sol solo lucha la muerte. Iba hacia Viena, pero no s&eacute; porqu&eacute;, d&iacute;as m&aacute;s tarde lleg&oacute; a Cahorna, en Soria, donde apenas un pu&ntilde;ado de personas, en estado latente de eternidad se dispon&iacute;an a celebrar la Navidad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/europa_132_9812872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Dec 2022 11:14:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Senderismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/senderismo_132_9596866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d5bd2b-aa40-4a34-acd5-379b92a7c174_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Senderismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Caminar es como arrancarse de la tierra, pero mereces que cada paso pese menos que el anterior"</p></div><p class="article-text">
        De nuevo me echo al camino, ahora con mayor esfuerzo que hace a&ntilde;os. El recuerdo de las largas caminatas de juventud por la sierra de Tormantos de la mano de Ernest J&uuml;nger. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces es como ahora. Despu&eacute;s de pasar el Puerto de las Yeguas, antes de alcanzar las alturas de la Cuerda de los Infiernillos, ya de cara al valle, sentado en una piedra me fumo el que creo va a ser mi &uacute;ltimo cigarrillo. Toda profec&iacute;a tiene un valor, aunque est&eacute; errada. Comenzado ya el descenso hacia Cuacos de Yuste, siguiendo un cordel de cabras me adentro en los bosques de robles, al poco en un claro, reaparece en el suelo reseco de esquistos y gneis, el Angelus Novus que pint&oacute; Klee e inspir&oacute; a Benjam&iacute;n en la redacci&oacute;n de sus diez tesis de la filosof&iacute;a de la historia. Siempre este &Aacute;ngel a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. 
    </p><p class="article-text">
        Sus ojos miran fijamente clavados, tiene la boca abierta y las alas extendidas. Es &Aacute;ngel de la Historia con el rostro vuelto hacia el pasado. Este <em>Angelus novus</em> vuelve a alejarse de la historia. Ah&iacute; est&aacute; el mundo, me giro y ah&iacute; sigue, me giro sucesivamente e inamovible vuelve a manifestarse tal como era hace un momento. Con un trapo negro me vendo los ojos y termino oliendo la tierra despu&eacute;s de una breve tormenta, el suelo vibra, lo oigo, no deja de manifestase, incluso m&aacute;s intensamente que antes. 
    </p><p class="article-text">
        Aturde el sonido negro de la violenta luz del sol despu&eacute;s de la breve tormenta a finales de septiembre. En una carta tuya de hace dos meses, escribes que te ocurre lo mismo. No podemos salirnos de este mundo, incluso al escribir lo inimaginable conseguimos olvidar este mundo, cegarnos de &eacute;l para dejar de verlo. Todos somos ya ese <em>Angelus novus</em> de Klee. Sigo en el camino. 
    </p><p class="article-text">
        Lo primero cada d&iacute;a era caminar, caminar mucho hasta quedar muy cansado, ese cansancio llegaba de no cambiar de camino. &iquest;Eso que llamamos lo nunca? Es inhabitable, no es f&aacute;cil de comunicar, es inexpresable. Caminar es como arrancarse de la tierra, pero mereces que cada paso pese menos que el anterior. El viaje hacia la levedad es en verdad pesado. Era as&iacute; como se pudo escribir finalmente un libro titulado &lsquo;Una experiencia verdadera&rsquo; y aunque se hac&iacute;a del todo extra&ntilde;a e incomprensible, se trataba solo de desterrarse. Todos los a&ntilde;os, el mismo d&iacute;a, y en el mismo lugar. 
    </p><p class="article-text">
        En parte, se vive de supersticiones, y no es una haza&ntilde;a siempre que no se rememore algo. Se va a ese lugar por s&iacute; mismo contra uno mismo. Lo &uacute;nico que &eacute;l dice all&iacute;, aproximadamente a la misma hora, todos los a&ntilde;os, de manera inalterable era ese: Buenos d&iacute;as esp&iacute;ritus insanos, he aqu&iacute; un hombre que se va emponzo&ntilde;ando a medida que va hablando. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s estaba &ldquo;la carta fraccionada, escrita a trozos durante meses, por fin inacabada&rdquo; Me llenaba de pundonor escribir estos art&iacute;culos, aunque ya no creyera en ellos. Ese no creer siempre fue la mejor manera de salvaguardarlos. No los arrasa el tiempo como si le ocurre a otros asuntos y documentos de barbarie expuestos por escrito. Los teclados de los ordenadores tomados por el hielo. Romper el hielo, ese silencio de los teclados me llevaba a una edad oscura habitada por los dioses mascotas de la <em>New Age,</em> la endiablada <em>New</em> <em>Age</em>. Despu&eacute;s est&aacute; esa ciudad a la que llegan aviones cada cinco minutos. Llueve mucho, y nadie de los que baja de los aviones quiere que llueva, yo deseo que siga lloviendo, que permanezca la lluvia el tiempo que ella quiera. Les prometieron el sol, un corto pero intenso viaje al centro del sol, que se alimentar&iacute;an de sol, y que ante todo no arder&iacute;an en ese mar en llamas. Endiablada <em>New Age</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Reh&uacute;yo de esa ciudad, o huyo, huir, ese <em>ausweichen</em>, que es apartarse del sol por caminos polvorientos de tierra roja del Algarve, o de tal tierra que me lleve a la m&iacute;a sin cambiar nunca de camino. Sobre todo, se trata de quedar muy cansado. Caminos de piedra rota o gravilla que hacen da&ntilde;o a los pies, pues te has propuesto caminar descalzo por culpa de la maldita <em>New Age</em>. Los doloridos pasos bajo el sol, aunque llueva, mientras el tiempo mengua, y lo que deber&iacute;a ser ya un tiempo lento y menguante, sin prisa hacia la muerte, se comporta con la rapidez y la vor&aacute;gine del agua que se escapa por el sumidero del lavabo despu&eacute;s de haberte afeitado la barba de una semana. 
    </p><p class="article-text">
        Dejen ahora de caminar, descansen, dejen a la historia descansar, pero usted siga haciendo el pan, le dije al panadero &iquest;ayer?, y &eacute;l deber&iacute;a haberme contestado, haciendo pan sigo haciendo la historia, y yo hubiera cre&iacute;do &iquest;en qu&eacute;? Una conversaci&oacute;n eterna, hasta que se nos acabaran las palabras, pero las palabras nunca se acaban, son irredimibles, fatuas, necias, su fuerza es la autodestrucci&oacute;n, de una palabra nacen infinitas palabras, el ni&ntilde;o juega con ellas. Haga usted buen pan, y no esa mierda que hace con trigo transg&eacute;nico HB4, veneno para el alma. Y mis palabras cruj&iacute;an con su corteza de mentira. Haga buen pan y no haga la historia. No haga la guerra y no haga la historia. No haga m&aacute;s que buen pan y le prometo callar. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s siempre estaba la carta fraccionada de Canetti, escrita a trozos durante meses, por fin inacabada. Hab&iacute;a caminado tanto, estaba cansado. Descansen ustedes tambi&eacute;n, mis queridos lectores, descansen de m&iacute;, descasen de la historia, lean esta noche un poema de Emily y despu&eacute;s apaguen las luces. Ayer la nadadora Margherita Lotti se fue al agua y ya no regres&oacute;. Quiz&aacute;s dejara grabada en una piedra, antes de hundirla en el mar estos versos de Emily: -De las almas creadas supe escoger la m&iacute;a. Cuando parta el esp&iacute;ritu y se apague la vida, y sean Hoy y Ayer como fuego y ceniza, y acabe de la carne la tragedia mezquina, y hacia la altura vuelvan todos, la frente viva, y se rasgue la bruma yo dir&eacute;: Ved la chispa y el luminoso &aacute;tomo-. En las aguas no hay historia, solo almas bajando, y teniendo en cuenta que Canetti, sigue con sus frases cortantes, nos dir&aacute; que un mequetrefe sonriendo se ofrece para golpear y para saludar militarmente. Mientras caminaba por el mismo camino de todos los d&iacute;as, para cansarme de m&iacute;, de mi cuerpo, sin conseguir salirme del mundo, pensaba en <em>haustier</em> hechos en serie, sencillamente animales para casa. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l mismo se ofrec&iacute;a como animal de compa&ntilde;&iacute;a mientras frotaba las palabras con el cuello de su camisa y ten&iacute;a esa capacidad para hacer desaparecer las palabras que ya no serv&iacute;an. Pensaba en series de <em>haustier </em>hechos en cadena, como el coraz&oacute;n se aprieta firmemente al o&iacute;do para exprimir todo el lenguaje en ello acumulado, y m&aacute;s all&aacute; de aquellos &aacute;rboles, un conjunto de robles y fresnos, se insultaban con las palabras m&aacute;s gratificantes de la tierra dos hombres, dos contertulios. Y mientras se alargaba ese camino sin fin, y ya sin &aacute;nimo para darme la vuelta, ella se esfumaba cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. 
    </p><p class="article-text">
        Al llegar a Madrid despu&eacute;s de muchos d&iacute;as a pie, me encuentro entre otros amigos, con la poeta polaca Marta Eloy Cichocka, reci&eacute;n llegada de Cracovia, y la poeta Josefine Adler, llegada del aire. El vino en la fiesta provoca la sed de las &iquest;almas? Suelo tachar la palabra alma, el vino nos la devuelve mientras ellas bailan agarradas al Angelus novus &ldquo;en la encrucijada de cien caminos&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en la fiesta, llenos de sed escribimos poemas contra el mundo. Los m&aacute;s puros instantes saben solo a tiempos desgarrados. Los cirros en el cielo se desgarran como sedas viejas en un ligero golpe de aire. Es como desangrarse en cada palabra, las tapa con la mano, siente el hormiguero, pero tambi&eacute;n tapa el cielo, entonces la luz sale o viene de las otras palabras a la que llamaba cicatrices negras. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s me echo al camino otra vez. No s&eacute; cu&aacute;ntos d&iacute;as camin&eacute; hac&iacute;a el Oeste, y volv&iacute; a esta carta fraccionada, escrita a trozos durante meses, por fin inacabada. En ella te hablaba del paso de los puentes. Dibujaba puentes imposibles de construir, aunque ella siempre mantuvo que todo puede construirse. Lo que se escribe no puede ser vivido m&aacute;s all&aacute; de la propia vida, apenas lo hemos vivido, apenas ha sido m&aacute;s que el reflejo de algo que se vislumbra, a pesar de que se escribe para ser de nuevo vivido. Cruc&eacute; muchos puentes a su lado, con ella se hac&iacute;a necesario llegar a la otra orilla y despu&eacute;s volver. Este lo dibuj&eacute; en otra vida, lo dibuj&eacute; para ti, ahora debes cruzarlo t&uacute; sin m&iacute; al lado. La oigo hablar en muchos lugares a la vez, creo que me est&aacute; dictando un libro. Tengo miedo de que un d&iacute;a deje de dict&aacute;rmelo, miedo a dejar de o&iacute;rla. Poemas que se han degradado para ser meros <em>po&egrave;mes</em>. Pudo haber sido mi maestra en otra &eacute;poca, pero no encontraba tal tiempo abocado ya a la oscuridad. Rastreaba los tiempos y volv&iacute;a cansado de ellos, eran desiertos oscuros, hab&iacute;a desaparecido el sol, los cielos eran pastizales secos de un azul negruzco. En esa p&aacute;gina te cabe el mundo, en esa p&aacute;gina estoy yo. &iquest;Sabes c&oacute;mo soy ahora? Mi cabellera encaneci&oacute;, mis manos se arrugaron. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta el temblor de la mano al escribir, el pulso de tu escritura lo noto en estos signos, pero no hagamos de las palabras signos, dejemos que sigan siendo solo palabras, has entrado ya dentro de muchas, te has desperezado despu&eacute;s de dormir dentro de muchas de ellas. Ella me dec&iacute;a, nunca escribas m&aacute;s de una p&aacute;gina al d&iacute;a, tu caligraf&iacute;a es bella, que sea tu mano la que te guie por mi oscuridad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/senderismo_132_9596866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Oct 2022 07:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Senderismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resistencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/resistencia_132_9053517.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dbe48da-0128-45d4-89c7-9d3e536330c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resistencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Diferentes líneas de resistencia, diferentes niveles del subsuelo, clandestinidad. ¿Ya no te obliga tu conciencia a resistir?"</p></div><p class="article-text">
        Me encontraba en tal ciudad, no s&eacute;, todas son iguales para ser de alg&uacute;n modo diferentes, todas hechas ahora con trozos de otras, se construyen y se deconstruyen con facilidad. Ahora hay que visitarlas todas, coleccionarlas y olvidarlas. 
    </p><p class="article-text">
        Llevaba esos d&iacute;as conmigo como un peso soportable &lsquo;La insomne felicidad de Pier Paolo Pasolini&rsquo;. Copi&eacute; para ti a mano sobre una hoja de peri&oacute;dico &lsquo;L&acute;ossesione &eacute; perduta&rsquo;, un poema de La religi&oacute;n de mi tiempo, quiz&aacute;s entre todos los suyos mi libro preferido, <em>L&acute;ossesione &egrave; perduta &egrave; divenuta, odorante fantasma che si stende in giorni di luce grande e muta</em>. &nbsp;Lo escrib&iacute; a l&aacute;piz, en la mesa de una terraza de un parque que me recordaba al de Fernando Pessa de Lisboa. Solo lo que pueda borrarse de manera f&aacute;cil est&aacute; destinado a permanecer m&aacute;s tiempo dentro de nosotros una vez le&iacute;do. A eso lo llam&eacute; la resistencia natural de las palabras. 
    </p><p class="article-text">
        La resistencia, las l&iacute;neas y signos de grafito son finalmente borradas por la luz, para volver al reino imperecedero de lo oral, a la clandestinidad del ser para convertirse en una consigna nihilista que se pierde en cada uno. Tantas veces copiado a mano hasta que lo aprendes de memoria. Consignas para resistir. La obsesi&oacute;n se ha perdido, a la vez la obsesi&oacute;n por la felicidad nos ha perdido. 
    </p><p class="article-text">
        Met&iacute; la hoja en un sobre y la dej&eacute; sobre el asiento de un vag&oacute;n de metro. &lsquo;A ti a quien desconozco&rsquo;. Diferentes l&iacute;neas de resistencia, diferentes niveles del subsuelo, clandestinidad. &iquest;Ya no te obliga tu conciencia a resistir? Despu&eacute;s de esa ciudad fui a otra &iquest;Una isla? No s&eacute;, hab&iacute;a demasiados puentes y aviones en el cielo, y de all&iacute; a otra como la &uacute;nica manera de estar en todos los sitios a la vez, y solo por resistir al animal oscuro que nos devora de nuevo. &iquest;Pero sab&iacute;a ya resistir? &iquest;Sabemos todav&iacute;a resistir a la maldad? Ning&uacute;n dios te mira, &iquest;Y el dios de la ciudad? 
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cuando d&eacute;bil se enciende el azul que es casi blanco, y en los ruidos dispersos se condensa&rdquo;.</em> Estos versos de Pasolini los copi&eacute; en un folleto que anunciaba perfumes, el cartoncito ol&iacute;a a lilas; dentro de un sobre lo dej&eacute; a los pies de un tilo al final de una calle muy concurrida. Estaba solo, la soledad tambi&eacute;n es una forma de resistencia. Si escribes para muchos, debes estar solo, permanecer solo y vagar por el Sur. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me era soportable el peso de los art&iacute;culos de Combat (1944-1947) de Albert Camus. Ciertos libros nos ayudan a resistir mejor este tiempo al que no consigo poner un color; a veces siento estar entrando en el <em>Black in Deep Red</em> de 1957, y al salir, de pronto cegado por el <em>Green and Tangerine </em>de 1952 tocar directamente el sol. Rothko nos ense&ntilde;a que el fascismo ahora es abstracto, y de ah&iacute; que sea sumamente peligroso; en cualquiera de nosotros habita como un bicho extra&ntilde;o que se agranda hasta ocupar la totalidad del cuerpo. El fascismo muta peligrosamente en oscilaciones abstractas, el poema de Pasolini lo dice. <em>&ldquo;L&acute;ossesione &egrave; perduta &egrave; divenuta, odorante fantasma che si stende in giorni di luce grande e muta&rdquo;.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me cans&eacute; de esa ciudad y me fui a otra, all&iacute; me qued&eacute; m&aacute;s d&iacute;as, interminables e innumerables d&iacute;as. En esa ciudad mir&eacute; mucho tiempo el cielo, cada vez m&aacute;s, de esa forma miraba hace tiempo el mar, pero me perd&iacute;a f&aacute;cilmente hasta llenarme pronto de m&iacute; mismo. Me llenaba y me escapaba una vez lleno de todo eso, lo que rebosa, lo que estalla y se desparrama; con el cielo no me ocurr&iacute;a eso, lo miraba sin sed, ese cielo me quitaba la sed, lo miraba hasta desaparecer el &eacute;l. No encontr&eacute; un espacio mejor donde no estar. Al menos en esa ciudad pude recibir tu postal escrita a mano fechada hace ya m&aacute;s de un a&ntilde;o. La postal, Un huevo de barro de nuestro amigo el artista pl&aacute;stico N.&ntilde;.z. &iquest;El huevo de la serpiente negra? La belleza de aquellas l&iacute;neas ovoidales escond&iacute;a el sol de la muerte. Amherst &iquest;Qu&eacute; lugar es ese? &iquest;Ten&iacute;as all&iacute; campos polvorientos y tierras lunares como estas que ahora atravieso camino de un lugar sin nombre? 
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; todav&iacute;a un largo tiempo en esa ciudad, llevaba todos los art&iacute;culos que escrib&iacute; para el peri&oacute;dico durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, y lo consider&eacute; un peso soportable. Por las noches los revisaba tumbado en la habitaci&oacute;n del hotel y volv&iacute;a a copiar a mano con un l&aacute;piz algunos fragmentos que a&uacute;n me parec&iacute;an estar vivos. 
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo&nbsp;&lsquo;Una bomba de agua&rsquo;, del 19 de octubre de 2018, lo copi&eacute; pr&aacute;cticamente entero. Era dif&iacute;cil desprenderse de algunas de sus partes. A continuaci&oacute;n, los fragmentos que pude salvar: 
    </p><p class="article-text">
        <em>[En T, antes hab&iacute;a muchas albercas y bombas de agua, y tambi&eacute;n hab&iacute;a agua. Los sue&ntilde;os son l&iacute;quidos, de aire, enseguida la r&aacute;faga azul los rompe y las im&aacute;genes de la superficie se rizan. De nuevo nos encontramos en la resistencia. Se nos encienden los ojos como animales en la noche. Para avisar de que llega el enemigo, movemos la palanca de la bomba de agua. Rechina el mecanismo como un animal dolorido mientras sube el agua desde los oscuros pensamientos y la esparce sobre la luz. Todo el mundo quiere tener un pozo donde verse reflejado. La bomba que hemos instalado junto al pozo de la huerta es de estilo victoriano, proven&iacute;a de una fundaci&oacute;n francesa en Orly, en el forjado hab&iacute;a quedado el blas&oacute;n oxidado de la f&aacute;brica, la boca es una cabeza de caballo y tiene dos &aacute;ngeles de bronce soldados al tubo. Quiz&aacute;s regase un d&iacute;a un hermoso jard&iacute;n de Essex o fuera utilizada en las huertas de Marsella durante los a&ntilde;os cuarenta, y por casualidad diera de beber en una calurosa tarde de julio a Jean Moulin huyendo de la Gestapo. Durante unos d&iacute;as qued&oacute; desmontada sobre la caja. Los sue&ntilde;os son l&iacute;quidos, se escapan por las grietas y las suturas de la existencia, tienden a filtrase por la tierra seca de nuestros ojos. Nuestra cabeza es una alberca con una tenca negra y nuestro coraz&oacute;n una bomba de agua. Nada se mueve ahora, octubre es un mes quieto. Volv&iacute; de T&aacute;nger hace unos d&iacute;as. Esta vez me traje una bomba de agua. Se la compr&eacute; a un anticuario de Rue d&acute;Amerique, el tipo dijo que hab&iacute;a pertenecido a cuatro generaciones ayudando a regar durante m&aacute;s de cien a&ntilde;os una famosa huerta en Oujda. Le cre&iacute;. Las cosas se mueven y dan vueltas por el mundo, despu&eacute;s vuelven de nuevo a nosotros y las reparamos para volver a utilizarlas] </em>
    </p><p class="article-text">
        [<em>Un amigo italiano me escribe desde Roma. En la carta escribe que va a atentar contra S., lo har&aacute; un d&iacute;a antes de la Marcha sobre Roma del 27 y el 29 de octubre de 1922, Para entonces Gramsci ya est&aacute; en la c&aacute;rcel, el joven f&iacute;sico de Trieste Eugenio Curiel exiliado en Par&iacute;s y Giacomo Matteotti asesinado. Su imaginaci&oacute;n me previene. En el acuse de recibo escribo: &ldquo;Ahora nada se mueve, el tiempo se ha detenido, y es entonces cuando ocurre todo; aparecen entre las sombras de la historia dos equipos de ocho &aacute;ngeles. El juego de la cuerda, juego de la soga, tira y afloja, batalla de fuerza, soka tira o cinchada, es un deporte que pone a dos equipos uno contra el otro en una prueba de fuerza. Fue deporte ol&iacute;mpico entre 1900 y 1920. Como todos los contendientes tienen la misma fuerza nadie gana, pero la cuerda se rompe y no exactamente por la mitad. En esta ocasi&oacute;n gana quien se queda con el trozo de soga m&aacute;s largo].</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;No pude prescindir de las &uacute;ltimas partes del art&iacute;culo, que termin&eacute; copiando en servilletas de color azul la noche antes de dejar aquella ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        <em>[Sobre la mesa el informe sobre cambio clim&aacute;tico de Raphael Lemkin y Hersch Lauterpacht, el m&aacute;s pesimista y catastrofista de todos, &lsquo;Masa y Poder&rsquo; de Elias Caneti y &lsquo;Hacia un saber sobre el alma&rsquo; de Mar&iacute;a Zambrano, estos son los alimentos de octubre, adem&aacute;s de un plato de higos que ha tra&iacute;do esta ma&ntilde;ana la se&ntilde;ora M.] </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>[Entre otras obsesiones algunas frases de Kafka que no se van de mi f&aacute;cilmente. El paseo fluvial se llena de paseantes y corredores, uno de ellos prepara la marat&oacute;n de Sidney. All&iacute; abajo el r&iacute;o, le doy vueltas a esas frases de Kafka que est&aacute;n clavadas en la pared. La que m&aacute;s he hace re&iacute;r se refiere a un perro al que hace entrega de todo el conocimiento y la totalidad de preguntas y respuestas que pueda generarse el hombre despu&eacute;s de ver en una pizarra E=mc2. La energ&iacute;a de un cuerpo en reposo es igual a su masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Einstein supuso entonces que la inercia de un cuerpo depende de su contenido de energ&iacute;a, en el que inclu&iacute;a una f&oacute;rmula que relaciona la masa y la energ&iacute;a, postulando que en realidad son una misma cosa. &iquest;El alma?] </em>
    </p><p class="article-text">
        De esta manera a&uacute;n resisto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/resistencia_132_9053517.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jun 2022 05:28:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Resistencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Excursión en globo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/excursion-globo_132_8468850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79bb96ba-7b02-4b84-bce9-93b39beeb60a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Excursión en globo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El globo entró en una nube de la que salimos lavados de pureza, apenas un instante de humedad, enseguida el sol nos deslumbró, atisbos de eternidad"</p></div><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o el globo aerost&aacute;tico no pudo ascender hasta el d&iacute;a 2 de noviembre. Un frente h&uacute;medo atl&aacute;ntico dej&oacute; lluvias intensas durante tres d&iacute;as seguidos. Siempre es mejor ver las ciudades desde el aire, todo lo ves y no ves nada. La tierra se convierte de pronto en una tela sinuosa extendida sobre s&iacute; misma. 
    </p><p class="article-text">
        A cinco mil pies de altura apenas ya puede distinguirse un campanario de un edificio de doce plantas, un campo de futbol de un erial, un colegio de una c&aacute;rcel; dejaste de reconocer coches y seres, solo puntos y borrones, lo peque&ntilde;o ha desaparecido. Las calles, las carreteras que salen y entran de la ciudad son l&iacute;neas muy finas de una red ya destejida, una malla que habr&iacute;a que reparar. Tejados y edificios una serie de costras rojizas, las rotondas ojos blancos, y el r&iacute;o una l&iacute;nea negra sinuosa que viene de muy lejos y se pierde hacia el Oeste. Jardines y campos de cultivo manchas verdes y ocres, lo irreal es absoluto, las alturas distantes te permiten el juego de la visi&oacute;n en picado. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; abajo todo toma una unidad y una dimensi&oacute;n distinta. El globo aerost&aacute;tico ascendi&oacute; despacio dejando atr&aacute;s las majadas de la Iglesuela; navegando hacia el Sur a la espalda qued&oacute; el curso alto del Ti&eacute;tar y la sierra de Mijares. Un ligero Norte, de apenas cinco nudos de fuerza, arrastr&oacute; lentamente el globo hacia el valle, as&iacute; estaba previsto, no quer&iacute;amos dirigirnos hacia Madrid. El cielo se hab&iacute;a abierto y permanec&iacute;a limpio, el sonido del quemador de helio es como el de las palabras de dios, lo oyes, pero no sabes qu&eacute; dice. 
    </p><p class="article-text">
        A cinco mil pies de altura el cielo se disuelve en un azul limpio sin final, el silencio denso del vac&iacute;o aprisiona las sienes, los o&iacute;dos se abren y los ojos se llenan de espacio. Si las almas ascienden por falta de gravedad puede que no lo hagan m&aacute;s all&aacute; de los quince mil pies, a partir de esa altura se pierden para siempre ya disueltas en palabras muy oscuras. La altura de las monta&ntilde;as mayores, uni&eacute;ndose a ese silencio azul en el que solo se oye nuestro coraz&oacute;n, las pulsaciones dentro de nuestro cuerpo y a las v&iacute;sceras trabajar los l&iacute;quidos vitales. Esas almas carecen de ojos y se mantienen en el aire boca abajo, ya desconectadas de la tierra. All&iacute; arriba, los instantes pasan muy r&aacute;pido a pesar de que no exista el tiempo. Miras en picado absorto la tierra, recuerdas la vida all&iacute; abajo, se te caen cosas que nunca llegan al suelo. La memoria se agudiza hasta convertirse en un resumen de la vida. &ldquo;Es incre&iacute;ble hasta qu&eacute; punto la melancol&iacute;a puede hacernos felices&rdquo;, escribi&oacute; una vez Adam Zagajewski, una de esas frases maravillosas que suelo anotar en el cuaderno de las citas. 
    </p><p class="article-text">
        En esta ocasi&oacute;n anot&eacute; una frase de Derrida: &ldquo;Los lugares son que el deseo pueda reconocerse a s&iacute; mismo, en los cuales pueda habitar&rdquo;. Llevaba la palabra habitar muchos d&iacute;as dentro como una espina, y la frase se sali&oacute; de m&iacute; como la pus de un infecci&oacute;n. El globo segu&iacute;a ascendiendo hasta que el alt&iacute;metro se&ntilde;al&oacute; los cinco mil trescientos pies, el viento nos arrastraba como una bolsa de basura hacia T. 
    </p><p class="article-text">
        El paisaje sinuoso de la dehesa, arrugado y viejo, las manchas negras de las encinas, de los bosques de pinos y sabinas del Pi&eacute;lago y las sierras de San Vicente. Nada se o&iacute;a m&aacute;s que el quemador de helio; lo que se ve desde un globo aerost&aacute;tico &nbsp;es la amplitud de un horizonte redondo, un gran c&iacute;rculo inhabitable. El ruido insultante del mundo quedaba ah&iacute; abajo, pegado a la piel de la tierra. El tiempo abyecto, que todo lo remueve hasta hacer de los d&iacute;as una papilla de instantes vac&iacute;os. Ah&iacute; abajo es donde est&aacute; la mentira y la mirada obtusa de los jueces. 
    </p><p class="article-text">
        Me convenc&iacute; finalmente de que esa sucesi&oacute;n sin final de territorios y espacios cercados por el horizonte, y en apariencia abandonados, eran solo un gran cementerio. Los cerros y las peque&ntilde;as monta&ntilde;as redondeadas, salpicadas de berrocales de granito, verrugas en la piel de una tierra ya muy gastada y vieja que lo hab&iacute;a vivido todo. En la cesta &iacute;bamos JAB, Brodsky, y el artista y fot&oacute;grafo Luis Sanzol, este tomaba fotos en picado de las superficies,&nbsp;destinadas despu&eacute;s&nbsp;a ser el embri&oacute;n de una exposici&oacute;n de piezas mat&eacute;ricas a las que titular&iacute;a Tierras. Habr&iacute;a entonces renunciado a la perspectiva en favor de la verticalidad. El fin &uacute;ltimo de esa futura exposici&oacute;n no ser&iacute;a otro que el de provocar el mismo v&eacute;rtigo que &eacute;l sent&iacute;a dentro de la cesta mientras naveg&aacute;bamos por los cielos. 
    </p><p class="article-text">
        Sobrevol&aacute;bamos lo que podr&iacute;an ser los campos cercados de Bayuela e Hinojosa. El globo entr&oacute; en una nube de la que salimos lavados de pureza, apenas un instante de humedad, enseguida el sol nos deslumbr&oacute;, atisbos de eternidad; abajo campos verdes y ocres atravesados por corrientes de agua, que vistos a m&aacute;s de cinco mil pies de altura trascend&iacute;an como las venas de un cuerpo tendido escoltados por&nbsp;l&iacute;neas de &aacute;rboles quemados. 
    </p><p class="article-text">
        Sanzol dijo, que ya pod&iacute;a representar el infierno desde las alturas inconmensurable de los cielos. Se abri&oacute; entre nosotros una ligera conversaci&oacute;n, le pregunt&eacute; si ser&iacute;a fiel a las fotograf&iacute;as en el momento que abordara las piezas pl&aacute;sticas, dijo que no, solo trabajar&iacute;a a partir de recuerdos visuales y de sensaciones. Ya solo fotografiaba las cosas que ve&iacute;a para robarlas, simplemente padec&iacute;a un tic nervioso que le empujaba a ello, compulsivamente fotografiaba aquello que ya no iba a mirar jam&aacute;s. Sobrevolando el valle hab&iacute;a campos encharcados y arroyos que brillaban como heridas abiertas. El lenguaje incendiado que prende el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Mirar hacia abajo es m&aacute;s importante que mirar los cielos; no dud&eacute; de que alguien nos observaba con prism&aacute;ticos desde alg&uacute;n punto, escondido entre &aacute;rboles y matorrales all&iacute; abajo, solo por el placer de contemplar y observar lo extra&ntilde;o y lo que le sobrevuela. En el cielo el tiempo no existe, incluso los que decimos a esa altura elevada se llena de levedad y misterio. La tierra, el suelo quemado por nuestros pasos, est&aacute; lleno de palabras que se enra&iacute;zan en una especie de grama imposible de arrancar. 
    </p><p class="article-text">
        Nos &iacute;bamos acercando a T. empujados por corrientes de aire encauzadas hacia el r&iacute;o. Desde el cielo se ve&iacute;an los peque&ntilde;os r&iacute;os y arroyos brillar all&iacute; abajo, largos filamentos de agua, heridas abiertas. Al fin hab&iacute;a llovido. El globo fue descendiendo hacia Cazalegas, desde all&iacute;, el aire nos fue empujando siguiendo la l&iacute;nea del Alberche hasta la desembocadura en el r&iacute;o. El alt&iacute;metro marcaba en ese momento tres mil quinientos pies de altura, seguir&iacute;a descendiendo poco a poco hasta casi rozar los tejados de los edificios m&aacute;s altos al llegar a T. 
    </p><p class="article-text">
        Para no chocar con las construcciones volvimos a ascender un poco, hasta que la ciudad se volvi&oacute; una costra roja, los jardines de color negro. Las carreteras ya dejaban ver los coches, y el ruido de la vida volv&iacute;a a surgir muy pegado a la tierra. El globo sobrevol&oacute; el cementerio municipal a mil pies de altura. All&iacute; el r&iacute;o se disloca curv&aacute;ndose hacia el Sur y riega la vega arcillosa. Miles de flores de color naranja y amarillo, crisantemos y gladiolos, en lo que deb&iacute;an ser l&aacute;pidas coronadas de cruces. A esa altura no se leen los nombres, y es as&iacute; de alguna manera que sabemos que solo las almas viven ya fuera de sus nombres. El aire es caprichoso, de pronto cambi&oacute; a Sur, para no volver al punto de partida, el quemador del globo dej&oacute; de insuflar su llama azul y amarilla, del color de los pensamientos; el sonido limpio del quemador, como el de un fuego fatuo en la noche, amarillo y azul; el calor de las almas te eleva, pero nosotros descend&iacute;amos deprisa, de nuevo pesados y mortales. 
    </p><p class="article-text">
        Tocamos tierra en las planicies del Casar del ciego. Al bajarnos de la cesta, sin que nos di&eacute;ramos cuenta, Sanzol nos tom&oacute; algunas fotograf&iacute;as de perfil, seg&uacute;n &eacute;l, momento clave del ascenso y del descenso; solo de perfil se capta la mirada profunda de nosotros en el mundo. Nadie sabe en realidad a donde est&aacute;s mirando, ni de la profundidad absoluta de esa mirada, quiz&aacute;s se trate de la mirada de la verdad contra lo abyecto de estos tiempos. T&uacute; no lo sabes, no importa ad&oacute;nde mires, sino como miras. La ley desgraciadamente es absoluta, pero no contempla. Los jueces finalmente tambi&eacute;n son hombres, pero&hellip;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="text-align: center;"><a href="https://telegram.me/eldiarioclm" target="_blank"><img src="https://static.eldiario.es/eldiario/public/content/file/original/2021/0118/13/siguenos-en-telegram-lideres-entre-los-medios-espanoles-78ba19d.png" alt="síguenos en Telegram" /></a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/excursion-globo_132_8468850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Nov 2021 06:10:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Excursión en globo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión pública,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Collage]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/collage_132_8373580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2bd459b2-04d5-453a-aa9d-941186390168_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Collage"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Al mar siempre hay que llegar a pie, a los lugares importantes solo llega uno caminando"</p></div><p class="article-text">
        Al despertar el 1 de octubre la ciudad se hab&iacute;a borrado, abr&iacute; los ojos y al mirar por la ventana T. ya no estaba, solo quedaba el r&iacute;o, y junto a &eacute;l un gran espacio blanquecino, una costra gigantesca ovalada atravesada de Norte a Sur por las l&iacute;neas rojizas de tres viejos cauces de arroyos, marcas oscuras de edificios arrancados, l&iacute;neas amarillas de viejas calles; el r&iacute;o era una sucesi&oacute;n de grandes charcas de aguas estancadas de color negro, en cada una de ellas se reflejaba el cielo; aposentada en los cienos pod&iacute;a verse la ciudad disolvi&eacute;ndose como morfina, una sucesi&oacute;n de tomas en blanco y negro de la ciudad vista desde arriba, en cada charca del r&iacute;o se repet&iacute;a la misma imagen acuosa y profunda.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Las interminables tomas que el fot&oacute;grafo Emanuel Korch hizo de la ciudad del agua o Wasserstadt para la Documenta de Kassel en 1977 &ndash;una ciudad en miniatura hecha con barro y aluminio que sumergi&oacute; en una piscina a las afueras de Ergersheim&ndash; se asemejaban a la visi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando una ciudad es peque&ntilde;a, uno puede sentirse atrapado como si hubiera ca&iacute;do en la red de una ara&ntilde;a, a la espera de la llegada del bicho. Pero lo que es m&aacute;s peque&ntilde;o que t&uacute; no puede comerte y tampoco matarte: el miedo llega precisamente por la diferencia de tama&ntilde;o entre el yo y el cuerpo donde habita. 
    </p><p class="article-text">
        El bicho no es m&aacute;s que el silencio y el aturdimiento; finalmente, t&uacute; eres el bicho que avanza torpemente por la red que uno mismo se ha tejido para no caer en la nada. Los pasos son torpes, pero cuentas con la elasticidad de las palabras de la modernidad: nunca se rompen el espacio de la red, que es finalmente el &uacute;nico espacio de la realidad donde existes. El r&iacute;o es entonces la salida al mundo, puedes ir r&iacute;o arriba o r&iacute;o abajo, o atravesarlo por alguno de los puentes que te llevan a la otra orilla. De esta manera sientes los otros espacios posibles, la extra&ntilde;a libertad del movimiento y tus pasos sobre la tierra. 
    </p><p class="article-text">
        Un viejo amigo de los a&ntilde;os locos volvi&oacute; a T. y al poco tiempo comenz&oacute; un viaje a pie al que llam&oacute; Alentejo. Cruz&oacute; el r&iacute;o por el puente de hierro y no por el de santa Catalina, tard&oacute; m&aacute;s de un mes en elegir el puente por el que deb&iacute;a cruzar el r&iacute;o. Camin&oacute; hacia el Sur durante muchos meses, y nunca en l&iacute;nea recta. 
    </p><p class="article-text">
        Al mar siempre hay que llegar a pie, a los lugares importantes solo llega uno caminando. A m&iacute; amigo le hab&iacute;a tocado la loter&iacute;a dos a&ntilde;os antes y no sab&iacute;a c&oacute;mo gastarse el dinero, lo iba tirando mientras caminaba hacia el mar. Me encontr&eacute; con &eacute;l en Alqueva, en el r&iacute;o G., all&iacute; nos subimos a un raquero al que hab&iacute;an instalado una vela cangreja y atravesamos el embalse, empujados por un viento flojo de poniente. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo que protagoniza el que huye, sobre todo de s&iacute; mismo, es el &uacute;nico digno de ser atendido: metamorfosis de la nada misma, las palabras rellenan huecos. Hace ya seis a&ntilde;os que estuve en Loul&eacute;, aguas abajo del Alqueva, ya muy cerca de Ayamonte; la bella ciudad contin&uacute;a igual &ndash;podr&iacute;amos cambiar ciudades como se cambiaban cromos. Todo sigue igual en Loul&eacute; despu&eacute;s de seis a&ntilde;os, si exceptuamos alg&uacute;n nuevo negocio de telefon&iacute;a en el lugar donde estuvo un viejo caf&eacute;, y algunas peluquer&iacute;as caninas en el largo del 5 de octubre, antes ocupadas por tiendas de colmados, o un negocio de zumos de frutas donde estaba la librer&iacute;a Eneida, en la rua Cam&otilde;es. 
    </p><p class="article-text">
        Todo el entramado urbano se mantiene calcetado a la manera portuguesa, con las piedras blancas y negras de las canteras de Estremoz, formando cenefas y dibujos con figuras de p&aacute;jaros ex&oacute;ticos. Es curioso c&oacute;mo mi cuerpo flota en estas calles tan duras abiertas para caminar muy despacio junto a las sombras de otras personas; las sombras se buscan m&aacute;s que los cuerpos, la luz sigue siendo fuerte y limpia, el blanco de los edificios la devuelve al aire, a&uacute;n m&aacute;s fuerte y limpia, hasta herir los ojos. Nada cambi&oacute; aqu&iacute; en seis a&ntilde;os; desde Loul&eacute; al mar del Algarve hay apenas veinte kil&oacute;metros. Loul&eacute;, del &aacute;rabe olea, colina, y as&iacute; fui palpando la ciudad antes de seguir caminando hacia el mar. Sobre ese interregno del collage volv&iacute; a pegar con baba de caracol frases recortadas en papel del Libro 1 Samuel 3, 9: &ldquo;Ve y acu&eacute;state; y si te llamare, dir&aacute;s: Habla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, ya de noche anduve con una venda en los ojos palpando las calles de T. y as&iacute; llegu&eacute; hasta la estaci&oacute;n de tren; al quitarme la venda de los ojos la ciudad hab&iacute;a vuelto a desaparecer: una gran costra de cal blanca y sal se expand&iacute;a a mi alrededor, como hab&iacute;a llovido mucho los d&iacute;as anteriores el espacio era una sucesi&oacute;n de charcos, en cada charco la ciudad muy abajo, sumergida dentro de una bola de nieve que alguien hubiera agitado.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Hay en T. un hombre que jam&aacute;s ha visto el mar, J.F.N., de noventa y ocho a&ntilde;os, existe, pero me cost&oacute; encontrarlo. Ahora vive en una residencia de mayores cerca de Gamonal. Es el &uacute;ltimo, nunca vio el mar. Ser el &uacute;ltimo en algo es haber vencido al tiempo. Naci&oacute; en Talavera la Vieja, en Extremadura: su pueblo ya no existe, qued&oacute; anegado por las aguas del embalse de Valdeca&ntilde;as en los a&ntilde;os sesenta. De ese lugar sumergido dice o&iacute;r las campanas de la iglesia en las noches de San Juan. J.F.N. tampoco sabe nadar ni escribir: cuando le dejan un papel y un l&aacute;piz traza rayas verticales y rayas en horizontal, despu&eacute;s lo cubre todo de c&iacute;rculos y tri&aacute;ngulos. 
    </p><p class="article-text">
        Este hombre perdi&oacute; la memoria hace unos a&ntilde;os y ahora es como una efigie con ojos de fuego. Cuando las cuidadoras de la residencia le preguntan ad&oacute;nde mira por la ventana de la habitaci&oacute;n, &eacute;l siempre dice: el mar. 
    </p><p class="article-text">
        Me sent&eacute; a su lado y le le&iacute; un fragmento de mi libro futuro &ndash;Alentejo&ndash;:&nbsp;[<em>Escribir sobre una toalla en la arena, de frente al mar, la incomodidad, el forzar el cuerpo, encorvado, buscando la postura id&oacute;nea, sabiendo que no existe la postura id&oacute;nea para ello, como no existe la vida id&oacute;nea m&aacute;s all&aacute; de la idoneidad resultante, el aire mar&iacute;timo mueve las hojas del cuaderno, y la caligraf&iacute;a resultante es la se&ntilde;al o la gr&aacute;fica de una mano que se comporta como un sism&oacute;grafo, y el mar enfrente, dictando lo sublime del mundo; que frases tan extra&ntilde;as te dicta, y las repite para que ninguna se escape, la mano va recogiendo las vibraciones del mundo; el mar que te ofrece un cuadro mat&eacute;rico, hecho de cosas muertas, todo lo que expulsa. Aqu&iacute; es f&aacute;cil no tener deseos, miles de conchas y coquinas, la armadura que protege las v&iacute;sceras sensibles. Cierro los ojos y las frases extra&ntilde;as se repiten, los d&iacute;as tienen algo de blando, el sol hace los &uacute;ltimos arcos abisales del verano, pero el mar me aburre, sus desuellos, lo que arroja siempre est&aacute; muerto, estrellas de mar, an&eacute;monas, peque&ntilde;as rayas, medusas, algas negras. Me aburre este mar somero, ancho y azul</em>].
    </p><p class="article-text">
        De pronto, este hombre viejo que perdi&oacute; su pueblo bajo las aguas del embalse me toca con la mano derecha el brazo, con la izquierda coge el l&aacute;piz de color azul y un papel y me pone el l&aacute;piz en la mano izquierda,&nbsp;aprieta fuerte y me lleva a trazar l&iacute;neas verticales y c&iacute;rculos. En ese momento no deja de repetir la palabra r&iacute;o. Terminamos ri&eacute;ndonos los dos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/collage_132_8373580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Oct 2021 14:07:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Collage]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel,Opinión pública]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mantras de julio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/mantras-julio_132_8143413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1efea01e-bfcc-4b09-bf98-cf6de1271e41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mantras de julio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Comencé a escribirle una larga carta al poder. ¿El poder? Pero la cosa volvía a tratar otra vez de árboles y de calor, el mantra anual. Hola poder, ¿estás ahí?"</p></div><p class="article-text">
        Me dijo Brodsky mientras mir&aacute;bamos el r&iacute;o con la ventana cerrada y el aire acondicionado al m&aacute;ximo, que las narraciones deben mantener un ritmo vertiginoso. No hace falta hablar de algo en concreto, sino de todo a la vez; el lector corre detr&aacute;s de ti como un galgo detr&aacute;s de una liebre mientras est&aacute;s sentado al sol en una piedra caliente un poco antes de que la cabeza arda -a esas horas del domingo el calor nos hac&iacute;a decir tonter&iacute;as- sin embargo todo debe dar sensaci&oacute;n de lentitud, de sosiego. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l hab&iacute;a elegido a Dostoyevski para este verano, de todos sus libros, el Diario de un escritor, y como &aacute;rbol de sombra para leer en un ambiente fresco las p&aacute;ginas <em>du g&eacute;ant</em>, un algarrobo de doscientos a&ntilde;os a las afueras de Velada en medio de un campo de sandias frente a las monta&ntilde;as de Gredos, una rareza m&aacute;s, siendo esta, una tierra no acostumbrada a este tipo de &aacute;rbol. 
    </p><p class="article-text">
        Sent&iacute; que Dostoyevski era una estepa rusa a cuarenta grados en verano, una estepa reseca donde te pierdes bajo un sol abrasador que puede llegar a matarte. Para escapar del calor infernal de T., al d&iacute;a siguiente me sub&iacute; al tren de Plasencia y me baj&eacute; en Navalmoral, all&iacute; un autob&uacute;s de l&iacute;nea me llev&oacute; a Jara&iacute;z, la tierra de mis muertos, donde las aguas fr&iacute;as y los bosques espesos me proteg&iacute;an; fuentes y palabras antiguas a&uacute;n en la boca de los j&oacute;venes. 
    </p><p class="article-text">
        Ellos, que hablan la jerga del fin del mundo, y dentro de poco dejaran ya de hacerlo para s&oacute;lo balbucear sus miedos y traumas nihilistas. No puedo contarlo todo, y no creo que sea necesario: imag&iacute;natelo t&uacute;, lector de sucesos. Nada ocurre m&aacute;s all&aacute; de lo que ocurre; durante muchos d&iacute;as el silencio y la alucinaci&oacute;n bajo el sol violento se acumul&oacute; en la boca como un gris&uacute; a punto de estallar, hubiera un chispa de pedernal para que el ser alucinado lleno de nada estallara. Hui de T., <em>fugi di me,</em> y pasar&iacute;a mis d&iacute;as de verano desnudo junto a corrientes de agua, a la sombra galer&iacute;as de alisos y fresnos, tap&aacute;ndome mis partes con el Diario de un escritor de Dostoyevski. Por las ma&ntilde;anas escribir&iacute;a en hojas blancas que iba clavando en las paredes de la habitaci&oacute;n del hostal barato donde me alojaba, un dec&aacute;logo de intenciones o visiones diversas como:
    </p><p class="article-text">
        A.- Los hombres desordenan el mundo, la naturaleza y sus cielos lo recuerdan. 
    </p><p class="article-text">
        B.- El tiempo cruje en nuestras sienes cuando miramos las monta&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        C.- Todo est&aacute; desordenado en un orden natural. 
    </p><p class="article-text">
        Brodsky habr&iacute;a dicho que mi cabeza hab&iacute;a sufrido del mal del calor, y que en ese momento ya s&oacute;lo era capaz de decir o escribir tonter&iacute;as bajo el sol; seg&uacute;n &eacute;l hab&iacute;a llegado en este momento del holocausto solar mi cenit vital. 
    </p><p class="article-text">
        Pasados unos d&iacute;as, desnudo a la orilla de un r&iacute;o peque&ntilde;o de aguas limpias, cuyos manaderos y fuentes provienen de veneros de aguas muy fr&iacute;as comenc&eacute; a escribirle una larga carta al poder. &iquest;El poder? Pero <em>la cosa</em> volv&iacute;a a tratar otra vez de &aacute;rboles y de calor, el mantra anual. Hola poder, &iquest;est&aacute;s ah&iacute;? Finalmente me limit&eacute; a escribir una lista con los &aacute;rboles que podr&iacute;an llegar a frenar el calor infernal que hac&iacute;a en T. cada verano. 
    </p><p class="article-text">
        Imagin&eacute; una gran oreja de escayola, o de cer&aacute;mica esmaltada de azul, del tama&ntilde;o de la de un elefante, esa oreja pod&iacute;a llegar a ser m&aacute;s grande a&uacute;n; por ella se met&iacute;a un hombre con una linterna equipado como un espele&oacute;logo; si hablaba dentro de esa oreja, el poder oir&iacute;a un zumbido molesto y tendido en el tiempo, en ocasiones chillidos de ballenas, o los gru&ntilde;idos, gorjeos y golpeteos de delfines llam&aacute;ndose cada uno por su nombre; de pronto me hab&iacute;a convertido en una mosca dentro de un pabell&oacute;n auditivo gigantesco d&aacute;ndose golpes de la misma manera que las palabras se golpean hasta que se deshacen en un silencio vago. 
    </p><p class="article-text">
        Supongo que enloquecido por el calor de estos d&iacute;as comenc&eacute; a grabar con un estilete el nombre de muchos &aacute;rboles en el martillo auditivo de aquel o&iacute;do gigante, de aquel <em>malleus</em> sordo; grab&eacute; nombres en la cabeza y en el cuello, en el manubrio y en las dos ap&oacute;fisis, una lateral y otra anterior, en cada pieza de marfil negro del martillo de aquel o&iacute;do grababa el nombre de un &aacute;rbol. Est&aacute; conectado con la membrana timp&aacute;nica y transmite las vibraciones sonoras al yunque, mediante la articulaci&oacute;n incudomaleolar; este &uacute;ltimo se comunica a su vez con el estribo. All&iacute; quedaron grabados, alumbr&aacute;ndome con la linterna Acer negudo, Arce blanco, fresno, Albicia, Almez americano, Quercus, Algarrobo, y debajo Ceratonia siliqua, Tilo A. y Tilo B. el Platiphyllos y la Tormentosa, grab&eacute; en el yunque Morus alba y Ulmus, el Elaeagnus y algunos m&aacute;s que se me han desvanecido en la noche. Her&iacute; a aquella oreja con todos los nombres que me tra&iacute;an el frescor de estas monta&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        Nada hab&iacute;a cambiado en T. desde el verano pasado, cemento, alquitr&aacute;n, ladrillo refractario convirtiendo la ciudad en un horno de panader&iacute;a. Al mediod&iacute;a una ciudad fantasmal, vac&iacute;a, donde cada bicho se esconde en su guarida oscura, y all&iacute;, conectado a ra&iacute;ces de cobre se une al mundo vociferante y absurdo que se abre a las puertas de aire ardiente del infierno.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; si no se volver&iacute;a costumbre volver cada a&ntilde;o por las mismas fechas a este lugar de aguas fr&iacute;a y limpias. Las monta&ntilde;as, los cursos de agua, los muertos que guardan la tierra, las sendas entre densos bosques, una fuente de cuatro ca&ntilde;os eterna, incluso cuando se seca, Garganta de la olla: ba&ntilde;o en el charco de la Calderona, aguas fr&iacute;as. Cementerio de soldados alemanes de Yuste, visita a Cuacos de Yuste y ba&ntilde;o en la garganta de Jara&iacute;z; la misma ruta de todos los a&ntilde;os, el agua y la luz. 
    </p><p class="article-text">
        Una tarde JAB, reci&eacute;n llegado de T. me lleva en coche a visitar las grandes extensiones de los campos de tabaco en la llanura aluvial del Ti&eacute;tar, donde fueron desapareciendo con los a&ntilde;os aquellos viejos lugares de ba&ntilde;os de mi ni&ntilde;ez. De nuevo repulsi&oacute;n y asco en la llanura abrasada por el holocausto solar. 
    </p><p class="article-text">
        Tomo conciencia de la decadencia de un r&iacute;o que lo fue todo, y ahora es s&oacute;lo un nombre de agua que arrastra los desperdicios fitosanitarios de tantas d&eacute;cadas de cultivos intensivos. En Casatejada, pueblo fantasma golpeado por el sol, el aire caliente nos seca la garganta; desde la piscina se oye una versi&oacute;n moderna del Novio de la muerte y los brutales decibelios reverberan en el est&oacute;mago.
    </p><p class="article-text">
         A la ca&iacute;da de la tarde sal&iacute;an de sus casas ancianos y daban vueltas alrededor de una iglesia; en los dos bares del pueblo, separados uno del otro por apenas cincuenta metros, los j&oacute;venes beben cerveza sin parar y balbucean una especie de lenguaje que ya no entiendo. Como muy bien enjuici&oacute; Dostoyevski, en el fondo, cada uno de nosotros, sin pararse mucho a reflexionar, sospecha que los dem&aacute;s son tontos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/mantras-julio_132_8143413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 05:06:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mantras de julio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión pública,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ironía y ruido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ironia-ruido_132_7279501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e2d43331-a59a-4833-89f1-238c16b50fae_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ironía y ruido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Fascista podrías ser tú que me lees ahora. ¿Crees que no?"</p></div><p class="article-text">
        La boca es una cosa tonta, todo lo que sale de ella normalmente es basura, bobadas, mentiras, las heces del subconsciente&nbsp;y las deyecciones del Narciso. La boca es un agujero, el <em>arschloch</em> alem&aacute;n, literalmente el agujero oscuro del culo, por la que suele salir mierda y virtud, pureza y angustia.
    </p><p class="article-text">
        El sic&oacute;pata apaga las velas con los ojos. El fascismo ya est&aacute; aqu&iacute;, llora Agamen&oacute;n, llora Istria, lloran los vencidos en las parameras que rodean las ciudades negras, y en estos d&iacute;as las fuentes de los r&iacute;os despu&eacute;s de las lluvias. Lo que diferencia a los ojos de la boca son las palabras, a veces las palabras ayudan a ver lo que no se ve, y los ojos a entender lo que se oye mal. Quien mira bien y despacio habla bien. 
    </p><p class="article-text">
        El sic&oacute;pata apaga la llama de la vela con los dedos, despu&eacute;s la vuelve a encender y la apaga con los ojos, su juego consiste en encender y apagar velas. A veces se mete la vela encendida en la boca para sentir el fuego en la lengua. El fascista es tu vecino, el fascista podr&iacute;a ser tu viejo amigo, tu sombra bajo los cielos de aire de marzo; &eacute;l dice por su boca <em>mato</em>, pues su libertad de expresi&oacute;n consiste fundamentalmente en apagar las otras expresiones de libertad, la suya es una libertad de expresi&oacute;n totalitaria, se fundamenta en la no aceptaci&oacute;n de las otras maneras de decir; su boca dice <em>mato</em>, pero &eacute;l nunca mata, mata otro, la boca es cobarde, y las palabras contagiosas, el perro ladra, el perro es el t&oacute;tem del fascismo, el perro negro ladra y muerde. La perra de Kni&eacute;bolo se llamaba Blondi, &eacute;l le dio cianuro en el bunker de la canciller&iacute;a&nbsp;y dej&oacute; de ladrar, Kni&eacute;bolo dej&oacute; de ladrar. El perro se convirti&oacute; en poeta. El poeta moderno no habla o canta, ladra. El sabueso de los Baskerville, o el perro infernal como met&aacute;fora de los tiempos, y de nuevo la boca, la mand&iacute;bula hablante, el mordisco del habla, la se&ntilde;al de los mordiscos en la conciencia. Camus dijo &ldquo;Toda forma de desprecio, si interviene en la pol&iacute;tica, prepara o instaura el fascismo&rdquo; pero &eacute;l lo escrib&iacute;a antes de decirlo, miraba muchas veces lo que escrib&iacute;a para no hacerle da&ntilde;o al mundo, Camus cuidaba y se cuidaba de su propia boca, educaba a su perro interior. 
    </p><p class="article-text">
        Todo hombre tiene dentro un perro poeta. El mundo est&aacute; lleno ahora de idiotas fascistas. Paseo por el r&iacute;o para no sentirme fascista, mirando las aguas me siento humano, miro las aguas sin comprenderlas, pero dejo de mirarlas y me convierto en un fascista. Tengo que mirar las aguas para sentir la extra&ntilde;eza del mundo y as&iacute;, fuera de toda comprensi&oacute;n, no sentirme un fascista. Fascista podr&iacute;as ser tu que me lees ahora. &iquest;Crees que no? 
    </p><p class="article-text">
        Tu boca te salvar&aacute;, como la boca de Boris Pasternak ayud&oacute; a mantener con vida al poeta ruso Ossip Mandelstan unos pocos meses bajo las botas del tirano georgiano de Gori. Mandelstan hab&iacute;a escrito&nbsp;&ldquo;Epigrama contra Stalin&rdquo;, que empieza con el verso: &ldquo;Vivimos sin sentir el pa&iacute;s a nuestros pies&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El tirano lo olfate&oacute;, ley&oacute; el poema cien veces. Finalmente Mandelstan morir&iacute;a en el campo transitorio de Vtoraya Rechka, cerca de Vladivostok, en 1938. Una boca salva a alguien, otra mata. Dios se equivoc&oacute; al inventar la boca, fue un gran error divino, la boca y el culo son dos agujeros negros. La boca nos salvar&aacute;, pero la boca es una cosa tonta, todo lo que sale de ella es sublime o mierda. 
    </p><p class="article-text">
        El fascismo comienza en la boca, despu&eacute;s va por los brazos y por otras extremidades, pues se trata de un virus org&aacute;nico hasta que un d&iacute;a, lleno de fuerza y vitalismo, terminas marchando al trote junto a otros fascistas en la larga marcha a Roma del 27 de octubre de 1922. Y si vuelves al mayo del 68 no te queda m&aacute;s remedio que invertir los n&uacute;meros hasta llegar al 86 donde no ocurri&oacute; nada importante de ser recordado. Esta ma&ntilde;ana cerr&eacute; la boca despu&eacute;s de darle los buenos d&iacute;as al r&iacute;o, salud&eacute; con la mano al sol y al cielo y call&eacute; hasta que lleg&oacute; la noche. Dediqu&eacute; todo el d&iacute;a a pensar, que es un acto silencioso. 
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a unos d&iacute;as que Ib&eacute;rica Verlag me hab&iacute;a encargado un breve ensayo sobre el Grito de Edvard Munch. Grito, Skrik en noruego. Skrik es una palabra dura, las dos K partidas por una R hacen&nbsp;de esta una palabra dura, suena como si el hielo se rompiera en el centro de la banquisa polar, sin embargo es una palabra sorda, que remite a una grieta que se abre, a una rotura, m&aacute;s que a un grito, la explosi&oacute;n de una voz sin significado, de la misma forma que las palabras que llevan dos S juntas son venenosas y nos remiten a una serpiente desliz&aacute;ndose por la hierba. De nuevo me encontr&eacute; con la boca abierta del grito de Munch. Dos veces estuve delante del Grito en la galer&iacute;a nacional de Oslo, la primera vez en el 89, y la segunda en el 2012. 
    </p><p class="article-text">
        Nunca lo fotografi&eacute;. Delante del cuadro pas&eacute; toda una ma&ntilde;ana. Munch, cuyas obras estaban expuestas y repartidas en colecciones privadas en la Alemania de los a&ntilde;os 30 del siglo pasado, fue declarado artista degenerado en los a&ntilde;os oscuros del nazismo. Toda gran obra de arte encarna siempre una gran met&aacute;fora de la totalidad del mundo, a su vez la totalidad tiende a romperse y a fragmentarse. La fuerza de esta obra en realidad reside en las manos que sujetan la cabeza de este ser andr&oacute;gino, que al lanzar al mundo una bocanada de&nbsp;angustia, se tapa los o&iacute;dos para no o&iacute;r su propio grito. Frente a este cuadro ic&oacute;nico de la modernidad, lo que sentimos es fundamentalmente la sordera, el silencio abisal del no o&iacute;r, es como si estuvi&eacute;ramos sumergidos en nuestro propio ser bajo una existencia l&iacute;quida y no oy&eacute;ramos nada. Acaso s&oacute;lo nos remita a la reverberaci&oacute;n que produce el estruendo sordo de lo extra&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Pocas obras de arte se vac&iacute;an de belleza para transmitir desde su centro la verdad oscura y tr&aacute;gica de la existencia. Un grito sordo que perdura eterno, una boca en el centro del cuadro, un agujero negro por donde escapan las fuerzas salvajes del hombre. Pero Munch, al tapar con las manos los o&iacute;dos nos deja en testamento esa sordera universal de la angustia, no o&iacute;mos el grito, lo sentimos dentro reverberando, como si el mundo fuera finalmente una c&aacute;mara de silencio. La iron&iacute;a es la gran carga de fuerza de la libertad de expresi&oacute;n. La iron&iacute;a es el p&aacute;jaro del lenguaje que no se puede enjaular, pero s&oacute;lo es apta para la inteligencia. 
    </p><p class="article-text">
        Munch, al pintar un grito sordo e inaudible, lo sobrecarg&oacute; de angustia e hizo visible lo que no se pod&iacute;a ver, es por eso que el grito a&uacute;n puede o&iacute;rse en su eterna reverberaci&oacute;n. Es el grito de la naturaleza, del mundo, y por eso el hombre se tapa los o&iacute;dos. &nbsp;Lo pens&eacute;, pensar es el &uacute;ltimo acto de dignidad que nos queda y llegu&eacute; a una conclusi&oacute;n, si en este art&iacute;culo yo lanzar&aacute; s&oacute;lo basura lo m&aacute;s sensato es que el consejo d direcci&oacute;n me despidiera. Ha<em>ss</em>&eacute;l, &iquest;Puedo escribir esto? Ha<em>ss</em>&eacute;l, &iquest;Me lo permiten ahora que han hecho santo a un idiota? Es un nombre que no me gusta, proclive a llevar dos S. este idiota llamado H. tiene un gran problema con su boca. Yo, s&oacute;lo lo hubiera condenado a pasar un d&iacute;a entero de pie frente al Grito de Edvar Munch.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/ironia-ruido_132_7279501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Mar 2021 10:18:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ironía y ruido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel,Fascismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la flor de la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/flor-vida_132_7185957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5aed709e-2bf1-4fda-b626-f2d3fa1f5b32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la flor de la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mayor no dice nada, viejo lo dice todo; viejo es el árbol venerable, viejo el mar, este río de todos los días, vieja la montaña, y más vieja aún la tierra"</p></div><p class="article-text">
        Son demasiados d&iacute;as viendo el mundo desde la ventana, la quietud me lleva al movimiento, y el movimiento a girar sin moverme, entonces me asalta ese relato de Imre Kert&eacute;sz, en el que los recuerdos son como perros abandonados rode&aacute;ndonos y mir&aacute;ndonos, a&uacute;llan alzando la vista a la luna, querr&aacute;s ahuyentarlos mientras te lamen la mano hasta que te muerden. 
    </p><p class="article-text">
        Leo a Simone Weil en el balc&oacute;n: El tiempo nos conduce &mdash;siempre&mdash; adonde no queremos ir. Amemos el tiempo. Gracias a la eterna juventud de Simone Weil que muri&oacute; con 34 a&ntilde;os caigo en 'L&acute;&acirc;ge de force' de Camus, en relaci&oacute;n a aquel tiempo oscuro de admoniciones y tragedias en el que ambos vivieron en la flor de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, 'L&rsquo;&acirc;ge de force' gracias a las permutaciones de los significados y las metamorfosis de las palabras, podr&iacute;a ser ahora el t&iacute;tulo de una canci&oacute;n pop, de un perfume de lujo, o un film de A. T. Los vados han desaparecido, hay m&aacute;s puentes, los ni&ntilde;os han desaparecido, hay m&aacute;s viejos. El tesoro de los viejos es la oralidad, la memoria; les escucho en los parques del invierno bajo un Ginkgo inventarse de nuevo la memoria, la ni&ntilde;ez; ellos vivieron en 'L&acute;&acirc;ge de force' de la que habla Camus en relaci&oacute;n a Simone Weil. C&oacute;mo remodelan su memoria, a la vez el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        El secreto de una buena ficci&oacute;n es alejarse todo lo posible del punto de inicio, entonces ese estar en la flor de la vida de Camus termina convirti&eacute;ndose en la premonici&oacute;n del que fuera testigo en los tiempos duros, y la premonici&oacute;n es durabilidad, invita al sacrificio en el mundo, al que ahora llamamos <em>Paradiso</em> en vez de para&iacute;so. &iquest;Me dejar&aacute;n decir en este art&iacute;culo viejo en contraposici&oacute;n a ni&ntilde;o sin que los brujos se me echen encima? La mayor&iacute;a de estos viejos de los parques a los que escucho al sol fueron ni&ntilde;os de la guerra. Reinventan en los espacios p&uacute;blicos su infancia para alejarse todo lo posible de aquellos d&iacute;as oscuros y as&iacute; salvarse dos veces.
    </p><p class="article-text">
         En la oscuridad de los edificios de once plantas de T. recuperan el peso de sus fantasmas proyectados en las paredes de apartamentos de ochenta metros cuadrados. Cualquiera de ellos vio m&aacute;s de lo que yo haya visto. Hay menos agua, hay m&aacute;s grifos, menos huertas, m&aacute;s canales, menos caminos, m&aacute;s carreteras. Ni&ntilde;os de la guerra que ahora vuelven a ser testigos de 'L&acute;&acirc;ge de force' en este tiempo infame. Mayor no dice nada, viejo lo dice todo; viejo es el &aacute;rbol venerable, viejo el mar, este r&iacute;o de todos los d&iacute;as, vieja la monta&ntilde;a, y m&aacute;s vieja a&uacute;n la tierra. Es m&aacute;s viejo el polen de la flor que la monta&ntilde;a. La palabra viejo es venerable y bella. Hay palabras que s&oacute;lo tienen sentido si se enfrentan o se complementan a otras. La vejez es el m&aacute;s largo viaje de vuelta a la ni&ntilde;ez y lo &uacute;nico que se le deja como ofrenda al final del trayecto es el cuerpo prestado. En el tiempo de los eufemismos y de los constructos ling&uuml;&iacute;sticos, 'L&acute;&acirc;ge de force' de Camus podr&iacute;a terminar cargando la re-significaci&oacute;n infame donde cabe desde un crucero por el Mediterr&aacute;neo, un gimnasio o la retrospectiva en el Moma de N.Y. del artista pl&aacute;stico alem&aacute;n W.A. Todo vale para publicitar la nada. Finalmente la vida no es m&aacute;s que un manojo de d&iacute;as secos, la belleza y la conciencia de existir exige esfuerzo. Todo lo que ellos vieron vale m&aacute;s que lo que yo vi. Si un d&iacute;a llego a ser un viejo venerable, lo que pude una vez haber visto valdr&aacute; m&aacute;s de lo que ahora vale. Tambi&eacute;n el cielo est&aacute; m&aacute;s cerca para el viejo en la flor de la vida. Mientras estuve en 'L&rsquo;&acirc;ge de force', puesto hasta arriba de sustancias sicotr&oacute;picas en una guerra vac&iacute;a en d&iacute;as de verano de hace muchos a&ntilde;os, en ese momento en el que el tiempo nos conduce &mdash;siempre&mdash; adonde no queremos ir, vi cosas que ahora no valen nada; en una ocasi&oacute;n vi la g&oacute;ndola negra &nbsp;de la niebla en el r&iacute;o, que en realidad era una vieja barca a medio hundir junto a la orilla a la salida de un colector de aguas residuales. 
    </p><p class="article-text">
        De pronto el r&iacute;o se transform&oacute; en la Laguna Estigia, de las tres parcas, la que perchaba hacia mi &nbsp;era D&eacute;cima o L&aacute;quisis, la Moira con el rostro de Katharine Hepburn. Ella determina el futuro de las personas al decidir el largo del hilo de cada una de las vidas humanas. L&aacute;quisis tambi&eacute;n representa el matrimonio, c&oacute;mo idea de lo que ocurre entre el nacimiento y la muerte. &nbsp;Esta parca nunca llegaba a tocarme con la mano, y sin llegar a cortar con la tijera el hilo que mide la longitud de la vida desapareci&oacute; en la niebla fluvial. En esa parte del r&iacute;o, de aguas negras remansadas a la altura de la vieja f&aacute;brica de la luz de los molinos de abajo, todo era posible en la flor de la edad. La g&oacute;ndola era la imagen flotante de todo lo que se hunde. Al otro lado la isla fluvial, <em>'L&rsquo;&acirc;ge de force' </em>donde jug&aacute;bamos a descubrir el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Todas las islas fluviales tienen nombre. Una isla fluvial puede desaparecer en una noche de gran avenida de aguas, y aflorar aguas abajo un poco despu&eacute;s. Es as&iacute; que a todas las islas del r&iacute;o podr&iacute;an llamarlas islas nuevas o viejas. El nombre de las islas fluviales los pone el agua. El agua siempre es vieja y nueva a la vez. Los nombres se han devaluado, y las palabras se han devaluado desde que todo ya qued&oacute; nombrado. No hay m&aacute;s r&iacute;os que descubrir, m&aacute;s monta&ntilde;as ni mares, ni ciudades que fundar. Quiz&aacute;s la &uacute;nica manera de permanecer en el mundo ahora, &nbsp;en este tiempo que nos conduce &mdash;siempre&mdash; adonde no queremos ir, sea borrarlo todo para comenzar a renombrarlo de nuevo. Lo que est&aacute; muerto habr&iacute;a que dejarlo sin nombre a la espera de un nombre, de esta forma el r&iacute;o s&oacute;lo ser&iacute;a el r&iacute;o de una espera. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en 'L&rsquo;&acirc;ge de force'<em> </em>del viejo Camus, est&aacute;n los ni&ntilde;os de la guerra ahora, en un parque de T. a la sombra de un Ginkgo biloba, el &aacute;rbol de los cuarenta escudos o nogal del Jap&oacute;n&#8203;, el &uacute;nico &aacute;rbol en el mundo sin parientes vivos y quiz&aacute;s el m&aacute;s viejo del mundo; y ellos, los ni&ntilde;os de la guerra de los parques, viejos venerables de rostros amarillos en un viaje eterno hacia la ni&ntilde;ez. El sol&aacute;rium invernal transfiere vida. De pronto los ni&ntilde;os de la guerra son los viejos de la guerra, de respiraci&oacute;n lenta, casi branquial o vegetal. Lo que ellos han visto vale m&aacute;s que lo que yo he visto. Est&aacute;n en <em>L&rsquo;&acirc;ge de forc&eacute;</em>. Aparecen y reaparecen como las islas del r&iacute;o despu&eacute;s de las crecidas. De vivir hoy Simone Weil ser&iacute;a una vieja venerable de 112 a&ntilde;os. Hoy tres de febrero, d&iacute;a de santa Olivia es su aniversario, pero prefiri&oacute; morir joven, a los 34 a&ntilde;os en la flor de la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/flor-vida_132_7185957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Feb 2021 10:54:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la flor de la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nihilismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/nihilismo_132_6485140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfa5365c-1362-457e-8097-0ab1af2de195_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nihilismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El río muerto es una metáfora del nihilismo actual; en las aguas se refleja el mundo, la corriente hace que el movimiento brille y la luz del día destelle con más intensidad, pero la fuerza que genera la luz permanece quieta e inmutable"</p></div><p class="article-text">
        Todas las ma&ntilde;anas muy temprano pasa un pirag&uuml;ista por el r&iacute;o, desde la ventana lo veo entre la bruma, la piragua silenciosa, el vaho de su aliento de buey y la pala como un aspa rompiendo el agua me llevan a un estado de ensimismamiento.
    </p><p class="article-text">
         A veces a&uacute;n es de noche y brilla su silueta en las aguas negras un poco antes del amanecer. Siempre le digo: sigue, no te des la vuelta, sigue r&iacute;o abajo. La ventana entonces se empa&ntilde;a y dejo de verlo. Yo no me habr&iacute;a dado la vuelta, hubiera seguido paleando en la piragua r&iacute;o abajo sin continuidad de destino. Como cualquier cosa u objeto flotante que es desplazado por las aguas hasta su final, nada llega a su final concreto, y todo suele quedarse a medio camino en un punto incierto entre el principio y el final. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez que las fuerzas se han ido o nos han dejado <em>in absentia</em> s&oacute;lo queda un cuerpo que est&aacute; lleno de nosotros y vac&iacute;o de los otros, dej&aacute;ndose llevar por las aguas, a veces empujado por el viento, como cuando s&oacute;lo queda ya un poco de vida y uno es arrastrado por la existencia hacia la terra incognita. 
    </p><p class="article-text">
        El pirag&uuml;ista es Raul Fridman. Una vez le&iacute; en alg&uacute;n sitio que prefiere palear de noche, envuelto en la oscuridad, de esa manera su pala remueve estrellas en el agua, y surca los reflejos de &nbsp;la v&iacute;a l&aacute;ctea; de haber seguido r&iacute;o abajo, y ya sin fuerzas por el ingente esfuerzo de avanzar, despu&eacute;s de arrojar la pala al agua, la piragua ser&iacute;a arrastrada lentamente por la corriente hacia lo incierto, y concentrado el pirag&uuml;ista ya &uacute;nicamente en el paisaje fluvial y en los accidentes geogr&aacute;ficos que constri&ntilde;en las orillas habr&iacute;a alcanzado el grado sumo de la existencia en la nada. 
    </p><p class="article-text">
        La corriente de este r&iacute;o ahora es imperceptible, s&oacute;lo a veces podemos notarla en las ramas de un &aacute;rbol ca&iacute;do al agua; en esas ramas a medio sumergir vemos como se deshilacha el pa&ntilde;o de cielo que se refleja; todo lo que arrastra el r&iacute;o queda inevitablemente varado, detenido y de alguna manera llevado a la orilla. Final de viaje.
    </p><p class="article-text">
         Es la historia la que nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;, y aqu&iacute; nos ha dejado, como esos barcos de papel siguiendo las l&iacute;neas plegadas que marca el &nbsp;origami, y que en la ni&ntilde;ez hac&iacute;a siguiendo el modelo del &nbsp;periodo Tokugawa, donde ya se documenta la base del p&aacute;jaro y la base de la rana en el libro Senbazuru Orikata. Barcos de papel hechos con las hojas arrancadas del cuaderno de religi&oacute;n, hojas cargadas de palabras y que nunca llegar&iacute;an hasta el final. El papel se empapaba hasta hundirse unos cientos de metros m&aacute;s adelante y las palabras se disolver&iacute;an en el agua. El pirag&uuml;ista se deja llevar finalmente hacia un lugar al que nunca va a llegar. 
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que se ha ido r&iacute;o abajo nunca llega al lugar de su destino, las orillas est&aacute;n llenas de objetos y vicisitudes &iquest;Cu&aacute;ntas cosas dejaste en las aguas para que fueran llevadas en silencio hasta el final? Todo se va quedando a lo largo del viaje, las empuja el azar, las lleva el tiempo. A la vez en sentido contrario, lo que sube, lo que remonta la corriente, la vida que se cruza con lo muerto que baja. Seg&uacute;n el hidr&oacute;grafo, lo correcto no es ir sobre las aguas sino junto a ellas. Eso tiene una ventaja, cuando se trunca el paso, se ciega la posibilidad de poder proseguir a causa de los accidentes, entonces s&oacute;lo tienes que volver a las aguas y dejarte arrastrar por ellas hasta dar con un paso en alg&uacute;n punto de la orilla, y al rev&eacute;s, cuando eres arrastrado por las aguas, y estas se detienen y quedas varado, sales del agua y prosigues a pie siguiendo la orilla. Me imagin&eacute; al pirag&uuml;ista llevando a veces la canoa sobre la cabeza caminando junto al r&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o muerto es una met&aacute;fora del nihilismo actual; en las aguas se refleja el mundo, la corriente hace que el movimiento brille y la luz del d&iacute;a destelle con m&aacute;s intensidad, pero la fuerza que genera la luz permanece quieta e inmutable. El estatismo de lo universal es amplificado en la corriente, en el espejo sucio de las aguas, lo quieto vibra y reverbera, as&iacute; es como se mueve el tiempo en el espacio de la quietud, y el lenguaje, nuestro lenguaje ahora lo transita como un ciego que ve a trav&eacute;s de las palabras, y estas se manifiestan como un espacio vasto y absurdo por el que vamos hacia un final que carece de final. Pero a la vez, todo es inauguraci&oacute;n, nacimiento, botamos en las aguas la esperanza de que lo que all&iacute; dejemos ser&aacute; llevado hasta el final, sin ser conscientes de que embarrancar&aacute; o se detendr&aacute; un poco m&aacute;s abajo.
    </p><p class="article-text">
         Si me encontrara r&iacute;o abajo todas las cosas que dej&eacute; a merced de la corriente durante la ni&ntilde;ez, las arrojar&iacute;a de nuevo a la corriente. Ayer no vi al pirag&uuml;ista, se lo trag&oacute; la niebla densa y envolvente en la que s&oacute;lo se oyen campanadas, graznidos y un circuito cerrado de coches. Ahora palea sobre su piragua el hijo del destino &ndash;d&eacute;jate llevar hasta el final, aunque el final siempre sea el principio de la utop&iacute;a&ndash;. Nunca podremos decir: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; el final&rdquo;, siendo el final siempre el principio. No es posible decir: &ldquo;Esto es el final y aqu&iacute; est&aacute; el principio&rdquo;, la fuerza de esa inconclusi&oacute;n es s&oacute;lo la pulsi&oacute;n humana de seguir dando vueltas; en realidad un r&iacute;o es un circuito cerrado, un c&iacute;rculo infinito de agua. La &nbsp;noria lo simboliza, su lev&oacute;giro, en sentido opuesto al tiempo, una rueda que va hacia atr&aacute;s trasvasando agua, la corriente del agua la hace girar hacia atr&aacute;s, eso hace el hombre desde su origen, ir hacia atr&aacute;s, en una reversi&oacute;n hacia la nada. En cada movimiento que das no est&aacute;s haciendo otra cosa que echar la existencia hacia atr&aacute;s, incluso todo lo que dices o escribes se queda a la espalda, tras de ti. Hoy muy temprano volv&iacute; a ver al pirag&uuml;ista en el r&iacute;o, a&uacute;n era de noche, las &uacute;ltimas estrellas antes de perderse en la luz del d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La mentira pasa por inocua, pero es grandilocuente, y es una fuerza grandilocuente la que empuja como una m&aacute;quina con pala excavadora las palabras al vertedero. Cuando se han arrancado las palabras de ra&iacute;z queda su marca, su huella hasta que la luz termina por borrarla. La pasada noche pens&eacute; que dios es inimaginable y por eso tendemos a imaginarlo y a gastar ingentes cantidades de energ&iacute;a en imaginarlo: dios es la imaginaci&oacute;n misma y por eso es inimaginable. En todo lo que imaginemos podr&iacute;a estar, pero ya ausente, desparecido. Dios es un gran agujero ontol&oacute;gico, una madeja infinita, una palabra revertida hacia el origen como &#20309;&#12418;&#12394;&#12356; Nanimonai. 
    </p><p class="article-text">
        Triunfan los mentirosos, es el tiempo de la mentira y triunfan ellos. La fuerza que nace de una verdad enfrentada a otra hasta que se anulan; finalmente, la verdad es un espacio sin palabras, de ausencia: se levant&oacute; la niebla, hac&iacute;a sol y miraba las sombras de los hombres. Es un tiempo de premoniciones, igual que hay un momento en el que la hierba no crece m&aacute;s y te dices mi plenitud ha llegado, es as&iacute; que me he colmado de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as tom&eacute; notas en un peque&ntilde;o cuaderno, la mano estaba torpe por el fr&iacute;o, s&oacute;lo me reconciliaba con la caligraf&iacute;a. Mi caligraf&iacute;a gracias a la mano fr&iacute;a, casi muerta, era la de un hombre de noventa a&ntilde;os. Datos para el <em>Apocalipsis now</em>: en Per&uacute; un bicho invisible ha saltado de un animal a un hombre. En los reservorios v&iacute;ricos de pac&iacute;ficos animales <em>le punaise</em> saltar&aacute; al vac&iacute;o y se llevar&aacute; por delante a tres cuartas partes de la poblaci&oacute;n mundial. Lucha a muerte entre hombres y dioses invisibles; la ciencia es otro dios. 
    </p><p class="article-text">
        Todo acabar&aacute; pronto, en apenas un par de milenios como mucho; ya no estaremos aqu&iacute;, incluso estos paisajes oto&ntilde;ales tan llenos de matices y su lluvia amarilla ya no estar&aacute;n. Pero, &iquest;qu&eacute; son dos mil a&ntilde;os para la humanidad? Las capas m&aacute;s profundas de la historia son las m&aacute;s importantes y s&oacute;lidas, el z&oacute;calo que aguanta el peso posterior de las siguientes capas. Las capas futuras no ser&aacute;n m&aacute;s que polvo suspendido en el aire, vibraciones estent&oacute;reas, sat&eacute;lites flotando como basura en los altos cielos, palabras convertidas en sal en el lecho seco de todos los mares. No ser&aacute; vertiginoso ni &eacute;pico, el final no ser&aacute; un instante o una explosi&oacute;n. Ser&aacute; s&oacute;lo una extra&ntilde;a y larga languidez. La naturaleza ha comenzado su venganza. Nuevos bichos saltan de animales a hombres, <em>le punaise.</em> El mundo agredido se defiende; huracanes devastadores, las fuerzas de la naturaleza han periclitado, somos demasiados en el mundo. Veinte grados a la sombra un primero de diciembre es la antesala. Lluvias b&iacute;blicas y sequ&iacute;as apocal&iacute;pticas. 
    </p><p class="article-text">
        Este oto&ntilde;o no es m&aacute;s que el decorado que un viento furibundo arrancar&aacute; de nuestros ojos en un <em>Apocalipsis Now</em>. Pero a&uacute;n puedes acudir a Petrarca para salvar lo poco que queda. &ldquo;Si amor o muerte no tullen la tela nueva que ahora tejo, y si me libero de la tenaz liga en tanto una verdad a la otra junto&rdquo;. Escrib&iacute; esta cita en el cuaderno s&oacute;lo porque me promet&iacute; hace ya mucho tiempo no dejar un solo d&iacute;a sin escritura; a veces ya s&oacute;lo arrastro palabras ajenas a los d&iacute;as, diseminadas en un acto de fe en d&iacute;as que se parten en dos al mediod&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles de transcribir es ese sonido de hojas secas que el viento arrastra por la tierra. Me ocupo de cosas in&uacute;tiles: cita con el dentista, pedir un certificado de empadronamiento en las oficinas municipales, hacer la compra, etc., pero de pronto se arremolinan las hojas secas, el viento las escruta y las arrastra por la tierra, y oigo ese sonido seco. Un sonido que nunca ser&eacute; capaz de escribir pero que me ayuda a comprender del mundo. El final de las cosas no existe. El pirag&uuml;ista finalmente se ha dejado llevar por las aguas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/nihilismo_132_6485140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Dec 2020 08:29:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nihilismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bañista II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/banista-ii_132_6033959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7f758b0-9984-43e1-b372-7cdd0bfe1d55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El bañista II"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El río se lo había tragado, en la orilla a modo de reliquias, habían quedado el albornoz y las chanclas"</p><p class="subtitle">El bañista I</p></div><p class="article-text">
        El ba&ntilde;ista sali&oacute; muy temprano de su apartamento en la Ronda hacia el r&iacute;o. D&iacute;as de calor refractarios en T., y de holocausto solar.
    </p><p class="article-text">
        Cubierto con el albornoz de Sz&eacute;chenyi y unas viejas chanclas de esparto caminaba atado a una larga sombra espectral que se arrastraba por el cemento recalentado, esta sombra alargada era al <em>L&acute;homme que marche</em> de Giacometti impulsado por una sed de eternidad. En la orilla del r&iacute;o esperaba una piara de fot&oacute;grafos tomando caf&eacute; en vasos de pl&aacute;stico. Hac&iacute;a 48 a&ntilde;os que nadie se ba&ntilde;aba en la playa de los Arenales.
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as antes me hab&iacute;a metido una nota por debajo de la puerta, escueta y extra&ntilde;a, como siempre hab&iacute;an sido sus mensajes a lo largo de estos a&ntilde;os; una tarjeta de color amarillo con el membrete del balneario de Gell&eacute;rt en la que hab&iacute;a escrito con tinta azul -este ser&aacute; el &uacute;ltimo ba&ntilde;o- d&iacute;a 2 de junio de 2020 en T., en la zona de los Sifones, entre el amanecer y el <em>nigma tempus</em>, seguido de una frase en h&uacute;ngaro que no pude leer hasta unos d&iacute;as despu&eacute;s &ldquo;az id&#337; v&eacute;ge m&aacute;r ma van&rdquo; que significa &ldquo;el final de los tiempos es hoy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para esquivar a los curiosos y a los fot&oacute;grafos que esperaban en los Arenales, el ba&ntilde;ista cruz&oacute; el puente de hierro y se dirigi&oacute; a los Sifones. Para inmortalizar su &uacute;ltimo ba&ntilde;o en las f&eacute;tidas y ponzo&ntilde;osas&nbsp; aguas llam&eacute; a mi amigo el fot&oacute;grafo&nbsp; Daniel D&iacute;az Trigo.
    </p><p class="article-text">
        Nos hab&iacute;amos escondido detr&aacute;s de un ca&ntilde;averal lleno de basura y condones en la parte izquierda de la vieja presa por donde antes saltaba el r&iacute;o &nbsp;encauzado hacia las f&aacute;bricas de la luz.&nbsp; Cuando el ba&ntilde;ista lleg&oacute; al lugar una nube de mosquitos le coron&oacute;, la luz ard&iacute;a en la arena y en las aguas.
    </p><p class="article-text">
        A lo lejos, m&aacute;s all&aacute; de la orilla derecha, a esa hora, golpeada por el sol T. parec&iacute;a un horno refractario de ladrillos. En ese momento el ba&ntilde;ista se desprendi&oacute; del albornoz blanco de Sz&eacute;chenyi y lo dej&oacute; en la arena junto a las chanclas. Entonces se meti&oacute; desnudo en el r&iacute;o y desapareci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hay r&iacute;os muertos en los hombres muertos, donde los fantasmas de las aguas reaparecen cada cierto tiempo arrastrados por el <em>&aelig;nigma tempus.</em> &nbsp;El r&iacute;o se lo hab&iacute;a tragado, en la orilla a modo de reliquias, hab&iacute;an quedado el albornoz y las chanclas. Daniel &nbsp;colg&oacute; todo de un taray y a contraluz fotografi&oacute; la escena. Me desnud&eacute;, quer&iacute;a meterme en el r&iacute;o a buscarlo, pero me daba asco. Not&eacute; que todo me daba asco, y sabiendo que este es un sentimiento de elevaci&oacute;n espiritual que busca de manera inconsciente e infructuosa&nbsp; la pureza vi como m&iacute; amigo que me miraba tambi&eacute;n &nbsp;con cara de asco no dejaba de fotografiarme. Finalmente me met&iacute; en el r&iacute;o con la intenci&oacute;n de limpiar el karma.
    </p><p class="article-text">
        Ya no hay nada puro, y la pureza en s&iacute; misma es una idea absurda. Cerr&eacute; los ojos y sumerg&iacute; la cabeza. Lo mejor hubiera sido tirarse al agua de golpe sin pensar en nada como quien se sumerge&nbsp; en una <em>mikve</em> a modo de rito de purificaci&oacute;n, pero el asco me venc&iacute;a, y despu&eacute;s de chapotear un poco con las manos en el agua, y tomarle la fiebre al r&iacute;o volv&iacute; a la orilla y sal&iacute;. Ese asco fue el mismo que sent&iacute; hace apenas cuatro a&ntilde;os cuando recorr&iacute; el Jarama hasta el puente Viveros, entre San Fernando de Henares y Coslada. All&iacute; fue donde Ferlosio desarroll&oacute; la trama de su novela m&aacute;s enigm&aacute;tica. Ahora el Jarama a la altura del puente Viveros no es m&aacute;s que un alba&ntilde;al lleno de ratas que explotan en la noche, y el esp&iacute;ritu azul de los ba&ntilde;istas sale del agua como fumarolas de gases venenosos.
    </p><p class="article-text">
        Ese olor a inmundicia fluvial es el mismo que viv&iacute; en N&aacute;badwip, a las orillas del Ganges hace ya algunos a&ntilde;os, mientras miles de personas chapoteaban en aquellas aguas residuales elevando al cielo extra&ntilde;os rezos con los que purgar el alma.
    </p><p class="article-text">
        Junto al puente Viveros, en el Jarama, de manera inconsciente, volv&iacute; a intentar el ba&ntilde;o, pero el asco me venci&oacute;. El agua lleva el karma de las ciudades, los sue&ntilde;os de polvo blanco, los residuos de la humanidad, la ceniza de los muertos y la mierda de los vivos. El ba&ntilde;ista, para aparecer en el r&iacute;o cada a&ntilde;o al llegar el verano, debe desaparecer ese mismo d&iacute;a. La fuerza del rito es la celebraci&oacute;n de lo que nunca va a existir m&aacute;s all&aacute; de lo que es. Sin la celebraci&oacute;n no existir&iacute;a el rito.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo momento en que el ba&ntilde;ista desapareci&oacute; en las aguas podridas, de pronto aflor&oacute;, encallado en un banco de &nbsp;arena un frigor&iacute;fico, un poco m&aacute;s lejos, pegado a la orilla de la isla un manillar de bicicleta y en la empu&ntilde;adura una garceta. Hace algunos a&ntilde;os, r&iacute;o arriba del puente del Arpa de los vientos, cerca de la desembocadura del Alberche, mientras dragaban con dos plumas el lecho arenoso, como en un acto de arqueolog&iacute;a a granel, se pudo reunir toda una monta&ntilde;a de cacharros inimaginables. De las aguas negras, entre la chatarra y la basura, sali&oacute; un Lamborghini de los sesenta y una lavadora Corber&oacute; con el tambor lleno de siluros. En el futuro museo del r&iacute;o de T. deber&iacute;an estar expuestos todos esos cacharros salidos del r&iacute;o. Obras de arte de un valor incalculable, y entre ellas, el busto oxidado del general&iacute;simo Francisco Franco. &nbsp;Para limpiarnos de las aguas sucias esa ma&ntilde;ana estuvimos preparando una excursi&oacute;n a alg&uacute;n lugar a&uacute;n practicable para el ba&ntilde;o. Nos costaba mucho decidirnos bajo la sombrilla la terraza de la Morana.
    </p><p class="article-text">
        Las ventanas acristaladas de la universidad brillaban y nos deslumbraban con violencia al mediod&iacute;a. Hab&iacute;a guardado en un caj&oacute;n el cuaderno donde el ba&ntilde;ista fue &nbsp;anotando durante estos a&ntilde;os el nombre de los lugares a&uacute;n aptos para el ba&ntilde;o. Junto al nombre de cada r&iacute;o &eacute;l escribi&oacute; el nombre del lugar a&ntilde;adiendo despu&eacute;s un breve comentario y una localizaci&oacute;n exacta de c&oacute;mo llegar. (Practicable, hondura, sucio, limpio, poza, cenagoso, corriente, vivo, seco, desag&uuml;e, arenoso, fondo, pedregoso, fresnos, muerto, escondido, barbos, nutria, somero, peligroso, pescadores; eran algunas de las palabras que m&aacute;s aparec&iacute;an).
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a llovido mucho en mayo y todos los r&iacute;os peque&ntilde;os bajaban todav&iacute;a con un buen caudal. En un mapa topogr&aacute;fico del ej&eacute;rcito, desplegado en la mesa, se&ntilde;alamos con l&aacute;piz rojo posibles lugares donde poder ba&ntilde;arnos en los d&iacute;as sucesivos. Har&iacute;amos una excursi&oacute;n itinerante. En los r&iacute;os de la margen Sur, el G&eacute;valo en el lugar de Martinete, y la Fresneda aguas abajo del embalse, en la parte alta del r&iacute;o, en&nbsp; las someras y cristalinas aguas de las tablas de Navaltoril. El Pusa en las Becerras, y aguas abajo en el merendero del Beni en los Navalucillos.
    </p><p class="article-text">
        En el Uso, cualquier zona practicable en la fractura tel&uacute;rica de Campillo siguiendo la v&iacute;a muerta del ferrocarril de La Serena hacia Guadalupe. Para los r&iacute;os de la margen Norte, la poza azul en el alto Guadyerbas antes de perderse en la dehesa del Sotillo y Marrupe. La garganta Torinos en la cara Norte del San Vicente hacia el Ti&eacute;tar en la Iglesuela, y el charco del ojo del Brujo, aguas arriba de Buenaventura en el Ti&eacute;tar en la desembocadura de la garganta de Gavilanes. Por ahora no entraban en los planes las gargantas de aguas fr&iacute;as de Gredos, y un buen ba&ntilde;o al mediod&iacute;a en el vado de Lanzahita, en el alto Ti&eacute;tar, aguas de nieve, tocando con la punta de los dedos las cimas de Mijares podr&iacute;an colmarnos. As&iacute; quedar&iacute;amos purificados para el resto del verano.
    </p><p class="article-text">
        Todos los nombres relacionados con el agua nos los ha dado un agrimensor borracho de lluvia, hidr&oacute;nimos que son los m&aacute;s extra&ntilde;os nombres que existen. Al final del cuaderno del ba&ntilde;ista hab&iacute;a un anexo donde &eacute;l fue escribiendo una larga lista de hidr&oacute;nimos para un futuro. Entre ellos me llamaron la atenci&oacute;n el r&iacute;o Torquemada y el r&iacute;o de la Salud. Pens&oacute; que para ordenar el mundo, primero ten&iacute;a que desordenar las palabras, romperlas hasta mezclar todos los pedazos; al fin y al cabo, estas ya no serv&iacute;an para hablar y nadie se entend&iacute;a con ellas. Pero esto era inimaginable.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que le vi de cerca, not&eacute; que se hab&iacute;a hecho tatuar un nadador alrededor del melanoma solar que ten&iacute;a en la espalda. Todo lo que nombraran esas nuevas palabras nacidas de la destrucci&oacute;n de las viejas deber&iacute;a ser nuevo. Y como &uacute;ltimo, despu&eacute;s de todo este tiempo de mudez, en el que el ba&ntilde;ista hab&iacute;a vivido desde hac&iacute;a mucho, su deseo de que por una vez, s&oacute;lo una, en T. se oyera a trav&eacute;s de una suave megafon&iacute;a en las calles peatonales la corriente de un r&iacute;o. Estoy seguro que le mat&oacute; el sol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/banista-ii_132_6033959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2020 17:18:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El bañista II]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aguas estancadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/aguas-estancadas_132_5956533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0503854-b44e-4544-85d9-310b33408c92_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aguas estancadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los tiempos se repiten y un vecino tuyo cualquiera podría ser en el futuro ese fascista que un día te persiga... La mentira es un juego de reflejos en un lenguaje estancado"</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as he convertido el balc&oacute;n en mi oficina. Tir&eacute; una pila de peri&oacute;dicos a la basura y met&iacute; dentro del apartamento las macetas con los c&oacute;leos y los geranios. 8m&sup2;. Suficiente para estar sobre el aire y no caer. De frente las aguas estancadas del r&iacute;o en el Pared&oacute;n de los frailes, negras con los ribetes azules del cielo roto, el blanco de las garzas sumergido como morfina que se diluye y el arrebol ros&aacute;ceo de la nubes reflejadas. Patos negros saliendo de las aguas. El paseo fluvial de la Ronda vac&iacute;o. Ahora se oye m&aacute;s que nunca el paso de los coches sobre el puente de hierro. Vibra la estructura, el sonido de los neum&aacute;ticos en las juntas de dilataci&oacute;n, como dos almas que se tocan. Esa es la m&uacute;sica que oigo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tienen estos d&iacute;as que no tienen otros?, se preguntaba Gustav Arnstein. Nada en particular, son d&iacute;as como los otros, y si son de primavera, s&oacute;lo unos d&iacute;as de primavera m&aacute;s. Arnstein escrib&iacute;a una especie de diarios a los que llam&oacute; &ldquo;Aguas estancadas&rdquo;. Vivi&oacute; en Viena durante cinco a&ntilde;os encerrado sin salir de un apartamento de apenas 60m&sup2; en Leopoldstadt. Desde una de las ventanas &nbsp;Arnstein salt&oacute; al Danuvio durante una redada de la Gestapo y ya nunca m&aacute;s se le volvi&oacute; a ver. Este tipo no existi&oacute; m&aacute;s que en un libro que a la vez no existi&oacute;, pero pudo haber existido m&aacute;s all&aacute; de un libro que nunca se escribi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los tiempos se repiten y un vecino tuyo cualquiera podr&iacute;a ser en el futuro ese fascista que un d&iacute;a te persiga. Un vecino con balc&oacute;n que da al r&iacute;o. Yo podr&iacute;a ser el se&ntilde;or Arnstein. La imaginaci&oacute;n es un r&iacute;o que mueve la realidad, la voltea y produce luz, una luz futura que a la vez puede llegar a iluminar el pasado. A eso se le llama crear. Al crear una vida debes mantenerla viva junto a la tuya, no te pertenece, por lo cual debes darle una existencia heroica -no siempre apacible- en la que a veces se confunda tu existencia con la suya. Si un d&iacute;a te abandonara esa vida, debes salir a buscarla: te habr&aacute;s convertido en un rastreador de ti mismo. Quiz&aacute;s no se haya ido muy lejos y las huellas te lleven de nuevo a ti, al lugar donde la creaste, &nbsp;una peque&ntilde;a ciudad junto a un largo r&iacute;o de aguas estancadas.
    </p><p class="article-text">
        No encuentro mejor met&aacute;fora de la muerte ahora que esa balsa de agua estancada en el Pared&oacute;n de los frailes. En las aguas oscuras no se ve el fondo, y da miedo entrar en el r&iacute;o muerto. En realidad no hay en toda esa tabla de agua m&aacute;s de medio metro de calado en sus zonas m&aacute;s profundas cuando en verano hierben los mosquitos. La muerte si puede te enga&ntilde;a poni&eacute;ndote azogue en los ojos y as&iacute; verse reflejada en ellos. La mentira es un juego de reflejos en un lenguaje estancado, la verdad el silencio del agua. Paso todo el tiempo en el balc&oacute;n tomando el sol desnudo y contemplando las tormentas de estos d&iacute;as, entre lecturas de Derrida, Miguel Torga y El&iacute;as Canetti; de uno a otro salto hasta volver a Derrida. Es como si hubiera salido con ellos a dar un largo paseo por los puentes, y por Dios &iexcl;&iexcl;ninguno de los tres hablaba!! Yo no quer&iacute;a por otro lado interrumpirles, s&oacute;lo o&iacute;rles conversar entre ellos y tener una experiencia peripat&eacute;tica. Hubi&eacute;ramos necesitado en medio a un charlat&aacute;n inteligente como Brodsky; aquel muchacho locuaz que no dejaba de hablar en aquellas tardes de verano en la laguna de Ca&ntilde;uelas cerca de Talaverilla. No nos gustaban las piscinas.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Ahora cada d&iacute;a parece un salto en el tiempo, un peque&ntilde;o salto, pero un salto&rdquo;</h3><p class="article-text">
        En aquella antigua gravera abandonada le ense&ntilde;&aacute;bamos a nadar. De nada sirvi&oacute;, nunca se subi&oacute; a una bicicleta y jam&aacute;s llego a dar m&aacute;s de tres brazadas en el agua, lo suyo era caminar muy deprisa. Un charlat&aacute;n inteligente sin ser malicioso. Ahora cada d&iacute;a parece un salto en el tiempo, un peque&ntilde;o salto, pero un salto, y para no caer entre d&iacute;a y d&iacute;a se necesita de impulso y de cierta fuerza acumulada. La quietud desfonda el cuerpo, deja que sus fuerzas destructivas lo abandonen. En la mesita del balc&oacute;n tengo un &aacute;lbum de viejas fotograf&iacute;as. Muchas de ellas son de 1973, el &uacute;ltimo a&ntilde;o en el que el ba&ntilde;o estuvo permitido en el r&iacute;o. Playa de los arenales. En aquellas aguas sucias cada ba&ntilde;o era una purificaci&oacute;n, como en las escalinatas &nbsp;de Dashashwamedh Ghat de Benares en el Ganges. El agua por la cintura, los mosquitos coronando la cabeza. Mete la cabeza en el agua me dec&iacute;a mi padre. A finales de julio el r&iacute;o sufr&iacute;a un fuerte estiaje. Quedaban charcas de aguas estancadas donde con cog&iacute;amos gamb&uacute;sias -rescuers piscis-. Estos pececillos tripones com&iacute;an Anopheles, el mosquito que transmit&iacute;a el paludismo. Ese pececillo trip&oacute;n salv&oacute; a muchos ni&ntilde;os de una muerte palustre. El r&iacute;o estaba lleno de ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En aquel tiempo fuimos eternamente j&oacute;venes, ahora somos eternamente viejos. All&iacute;, en aquella playa miles de ni&ntilde;os le gritaban al sol dentro del agua. Cada verano el r&iacute;o exig&iacute;a sus sacrificios, y siempre alg&uacute;n ni&ntilde;o se iba para siempre con la corriente. S&oacute;lo hab&iacute;a ni&ntilde;os y madres muy j&oacute;venes llam&aacute;ndonos a gritos. La muerte siempre estaba cerca porque la vida entonces era infinita, la vida era una corriente infinita de vida. Los j&oacute;venes ahora tiene aprehensi&oacute;n a la muerte, la desestiman. Parece que s&oacute;lo viven ellos &ndash;esa desestimaci&oacute;n absoluta, esa negaci&oacute;n pueril-. No pidas a un joven o a un ni&ntilde;o que te d&eacute; el p&eacute;same por la p&eacute;rdida de alguien cercano, s&oacute;lo viven ellos, les costar&iacute;a demasiado deconstruir el pathos de la eterna epifan&iacute;a en la que han aprendido a vivir. Nunca un ni&ntilde;o aceptar&aacute; que otro pueda morir antes que &eacute;l y vivir despu&eacute;s que &eacute;l. No le pidas que nombre a los dem&aacute;s antes de que se nombre a s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Lo normal a una edad temprana es jugar con la muerte, so&ntilde;arla. En realidad nunca llegan a conocerla, aunque la nombren de todas las maneras posibles &ndash;le buscaran el nombre m&aacute;s raro que encuentren&ndash; agigolado, &aacute;lveo, desle&iacute;r, eb&uacute;rneo, arrebol. &nbsp;La muerte puede estar escondida en cualquier palabra. La gran pandemia se llama narcisismo, y gracias a ella ellos viven a gran velocidad. Todos son Thomas Edward Lawrence conduciendo una Brough Superior SS100 en una carretera estrecha de la sierra de Guadalupe. Fatales golpes en la cabeza. &iquest;D&oacute;nde encontrar&aacute; a un justo entre tantos bellos?&nbsp; Sigo pasando las hojas del &aacute;lbum mientras escucho la radio en el balc&oacute;n. M&aacute;s muertos, cada d&iacute;a m&aacute;s de cuatrocientos muertos. Los ni&ntilde;os de hoy no ven ni oyen esas noticias.
    </p><p class="article-text">
        Hemos llegado a ese punto en el que es dif&iacute;cil distinguir lo que es bueno de lo que es malo. Ninguna l&iacute;nea clara hay entre el bien y el mal, as&iacute; es nuestro tiempo lleno de zonas grises. A los ni&ntilde;os se les esconde la muerte como los juguetes. No saben qu&eacute; hacer con ella, se les esconde el mundo real y despu&eacute;s no lo encuentran. Pero ellos notan las sacudidas y la vibraci&oacute;n absurda de este tiempo cada vez m&aacute;s miserable. Han escondido a todos los ni&ntilde;os, nos contaminamos de su insomnio y de sus pesadillas. Creo que ser&iacute;a bueno dejarles o&iacute;r y mirar lo que se oye y se ve. Las generaciones que sobreviven a una guerra son mejores. Entre todos esos muertos que pesan y se adjuntan de manera burocr&aacute;tica &nbsp;conozco al menos a tres. Incluso hay nombres repetidos. Esas listas de muertos deber&iacute;an aparecer todos los d&iacute;as en los peri&oacute;dicos. Nos vuelven a esconder la muerte. Nos vuelven a mentir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/aguas-estancadas_132_5956533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2020 18:47:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aguas estancadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de una cuarentena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/diario-cuarentena_132_1215065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66c5b23f-9015-4cc3-b96d-ff9c46577159_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diario de una cuarentena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"De todos los miedos, el miedo al miedo (...) Es la palabra más silenciosa que conozco, la palabra de hielo que se incrusta y enfría el ánimo"</p></div><p class="article-text">
        <em>A Mam&aacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        26 de marzo. Leo el poema de Jaime Gil de Biedma, <em>pand&eacute;mica y celeste</em>, la cita previa de Catulo, sin duda lo mejor de toda la retah&iacute;la. &ldquo;Quam magnus numerus Libyssae arenae aut quam sidera multa, cum tacet nox, furtiuos hominum uident amores&rdquo;, Catulo, VII.
    </p><p class="article-text">
        Anoche en el balc&oacute;n escuch&eacute; en la radio a tres necios y mentirosos compulsivos charlotear desde el Congreso de los Diputados. Sus nombres son Pablo Casado Blanco (Palencia, 1 de febrero de 1981), Santiago Abascal Conde (Bilbao; 14 de abril de 1976) y Gabriel Rufi&aacute;n Romero (Santa Coloma de Gramanet, 8 de febrero de 1982). Qu&eacute; el r&iacute;o les absuelva de su estulticia.
    </p><p class="article-text">
        Antes de irme a la cama y para limpiar mi alma le&iacute; en voz alta en el balc&oacute;n el poema de Catulo que estuvo censurado veinte siglos por su obscenidad: &ldquo;Voy a cog&eacute;rmelos por el culo y por la cara, Aurelio <em>mamavergas</em> y Furio <em>el sodomita</em>, que por mis lascivos versos me consideran un culo blando y un desvergonzado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        27 de marzo. Los libros con los que estoy resistiendo la cuarentena son <em>El yo moderno</em> de Gottried Benn y <em>La lengua absuelta</em> de Elias Canetti. Por la ma&ntilde;ana le&iacute; <em>Schibboleth</em>, un peque&ntilde;o ensayo de J. Derrida sobre Paul Celan. <em>Schibboleth</em>, manojo de espigas, arroyo  o corriente en hebreo. Util&iacute;zala como contrase&ntilde;a para irte r&iacute;o abajo. Te la dejo lector.
    </p><p class="article-text">
        28 de marzo. Paso la ma&ntilde;ana pegado a la ventana y la tarde sentado en el balc&oacute;n. El apartamento tiene 98 m&sup2;. Desde aqu&iacute; veo los cuatro puentes sobre el r&iacute;o. Leonardo da Vinci podr&iacute;a haber inventado la perspectiva a&eacute;rea mirando desde esta ventana. T. es un lugar de perspectivas extra&ntilde;as y lejanas y el r&iacute;o el vector en el que se reflejan.
    </p><p class="article-text">
        Obliguen a sus ni&ntilde;os encerrados a leer la <em>Odisea</em> en voz alta. Durante el d&iacute;a un ni&ntilde;o lee la <em>Odisea</em> de H. en voz alta. Cuando al fin acaba de leer la &uacute;ltima frase del libro, guarda silencio durante tres d&iacute;as; ha hecho un largo viaje y ha acabado agotado. Las primeras palabras que saldr&aacute;n de su boca despu&eacute;s de esa larga traves&iacute;a de silencio, no ser&aacute;n otras que la frase final del libro. &ldquo;Palas Atenea, la hija de Zeus, portador de &eacute;gida, estableci&oacute; entre ellos un pacto para el futuro, semejante a M&eacute;ntor en el cuerpo y en la voz&rdquo;. Ah&iacute; comenzar&aacute; su vida verdaderamente, en ese instante. 
    </p><p class="article-text">
        29 de marzo. Un martes se parece a un viernes y un viernes a un lunes. Lo m&aacute;s profundo que o&iacute; hoy: &ldquo;No hace falta entender el agua para lanzarse&rdquo;. As&iacute; es que no hace falta entender el mundo para estar en el mundo. Plagas y desastres naturales. Yo que me aburr&iacute;a en la <em>odiosis</em>, en el aburrimiento que genera gran parte del odio humano. Un odio que genera siempre un principio contra uno mismo. Una fuerza interior devastadora. Me aburr&iacute;a de m&iacute;. Un pa&iacute;s en llamas y luego inundado. Yo que imaginaba, s&oacute;lo hac&iacute;a que imaginar, y perec&iacute;a, siempre perec&iacute;a en cualquier acontecimiento banal. Ahora deseo ver las cosas que acontezcan en el justo momento en el que se den. No quisiera adelantarme un paso, ir m&aacute;s deprisa que el propio tiempo. Son los d&iacute;as expuestos a los otros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Se acab&oacute; el tiempo de los idiotas, el <em>maxime inprobus</em> es Santiago Abascal, parec&iacute;a inexpugnable. Sin embargo estas palabras son s&oacute;lo para m&iacute;. Nadie m&aacute;s deber&iacute;a leerlas. He aqu&iacute; la larga fila de los que no est&aacute;n de acuerdo. He ah&iacute; la suma libertad de lo que digo, mi <em>summa libertas</em>. Nada me gustar&iacute;a m&aacute;s esta noche que llenar la casa de gente y hacer una fiesta por los nuevos tiempos y por Mam&aacute;, y en el cl&iacute;max todos mirando por la ventana el r&iacute;o muerto. Una sola palabra por persona, y bien pensada, no al azar, la palabra con la que cada uno se podr&iacute;a salvar: Hikikomor&#24341;&#12365;&#31725;&#12426;, un aislamiento social agudo para salvarse. Exorcizo el d&iacute;a con Emily Dikinson: &ldquo;La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta sin parar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        30 de marzo. Mi hermana me llam&oacute; anoche. Mam&aacute; se encuentra en el hospital de T. Los m&eacute;dicos son pesimistas. Ning&uacute;n m&eacute;dico te da ya esperanzas. Esa palabra ha desaparecido del vocabulario. Todo el rato pienso en el doctor Bernard Rieux, el personaje de La peste de Camus que logr&oacute; sobrevivir a la novela y escapar de las p&aacute;ginas azules de ese cielo de Oran, el mismo cielo y la misma claridad ahora sobre T. El r&iacute;o parece una cinta azul. Rieux est&aacute; ahora aqu&iacute;, mi sombra es Rieux, pero es una sombra que no habla; le pregunto cosas y no habla. Me remito a la cita de Daniel de Foe con la que comienza <em>La Peste</em>: &ldquo;Tan razonable como representar una prisi&oacute;n de cierto g&eacute;nero por otra diferente es representar algo que existe realmente por algo que no existe&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        31 de marzo. La intenci&oacute;n era dejar esta hoja en blanco. Dejar muescas, una tras otra hasta llegar aqu&iacute;, contabilizar todos los d&iacute;as que he vivido: muescas [Kerben] hendiduras, inscripciones. Un &aacute;rbol herido de muescas alineadas en c&iacute;rculo. &iquest;Y para qu&eacute; sirve eso? &iquest;No habr&iacute;a sido mejor dejarlo todo en blanco y no haberse desesperado en la nada? La cuesti&oacute;n era jugar, jugar siempre, incluso con la muerte a la que no es f&aacute;cil de ver, como 'Sisifo' en Canetti, que empuja con dificultad las palabras, pero vuelven a caer en &eacute;l. El r&iacute;o sigue extra&ntilde;amente azul. Las garzas se posan en los tar&aacute;is del Pared&oacute;n de los frailes.
    </p><p class="article-text">
        1 de abril. De todos los miedos, el miedo al miedo. Muchas son las lenguas de las que he extra&iacute;do es palabra [Angst, &#1089;&#1090;&#1088;&#1072;&#1093;, &phi;&#972;&beta;&omicron;, paura, fear, ha&igrave;p&agrave;, pelko, peur etc..]. Durante mucho tiempo cre&iacute; que si las extirpaba, el miedo desaparecer&iacute;a. Sin embargo es la palabra m&aacute;s silenciosa que conozco, la palabra de hielo que se incrusta y enfr&iacute;a el &aacute;nimo. Las extirpo, las exploto, las entierro, las alejo sopl&aacute;ndolas en el fuego. Creo que lo entend&iacute; mal, es una palabra muy poderosa que infecta a las otras; vive dentro de las otras. Est&aacute; siempre ah&iacute; para que vayamos directos a ella y entremos en su agujero negro. Est&aacute; ah&iacute; como una flor extra&ntilde;a y su olor extra&ntilde;o, dir&iacute;a que como un olor nuevo, desconocido y a la vez antiguo, olvidado que parece llegar del futuro. Hoy extirp&eacute; esta <em>Osoreru</em> llena de una extra&ntilde;a y vac&iacute;a admonici&oacute;n. La pisote&eacute; despu&eacute;s de escribirla es un papel. Espero olvidarla pronto, no logro masticarla [&#24656;&#12428;&#12427;].
    </p><p class="article-text">
        2 de abril. &ldquo;Nuestro destino es la oscuridad&rdquo;, escribi&oacute; G. Steiner. &ndash;Desde el cabo hasta el horizonte los rel&aacute;mpagos dibujaban un arco&ndash;. Para m&iacute;, los truenos, el fulgor de todos los ruidos se oy&oacute; mil a&ntilde;os despu&eacute;s. Cambios bruscos de tiempo. &iquest;Cu&aacute;ntas veces debo lavarme las manos para estar puro? &iquest;Queda alguien en el pa&iacute;s que no lo haga? &iquest;Podr&iacute;a ser yo el &uacute;nico en el mundo que no hable de eso? Alguien debe haber, ese alguien, al mismo tiempo haga lo mismo que yo. &iquest;Y me estar&aacute; buscando de la misma manera que yo le busco? No estar&aacute; cerca, pero es posible que no est&eacute; muy lejos. Quiz&aacute;s seas t&uacute;, que nunca vas a leer esto, y si finalmente lo leyeras habr&iacute;a pasado mucho tiempo antes. Quiz&aacute;s no hayas nacido. Siempre pens&eacute; que en el momento del tr&aacute;nsito, durante ese breve paso de la l&iacute;nea, alguien que nace se cruza contigo, pero no tiene el cuerpo de un ni&ntilde;o, y es de tu misma edad, y os dec&iacute;s adi&oacute;s y no sent&iacute;s extra&ntilde;eza; es ya mayor y parec&iacute;a que hubiera vivido mucho, incluso un poco m&aacute;s que t&uacute;, pero cuando dejas de verlo, y &eacute;l ya ha dejado de verte querr&iacute;a llevarte para siempre. La visi&oacute;n de c&oacute;mo un cuerpo tan grande va empeque&ntilde;eci&eacute;ndose hasta poder entrar en una cuna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/diario-cuarentena_132_1215065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2020 08:26:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diario de una cuarentena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Río abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rio-abajo_132_1001972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d7527a9-1ee4-4812-8985-0a998ef91814_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Río abajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Me lavé las manos al menos diez veces y ya no toqué nada con ellas a lo largo del día. El agua tiene sentido si la bebes y puedes tocarla"</p></div><p class="article-text">
        Este tiempo en una cascada, debajo de ella no oyes m&aacute;s que la cascada, si se secara el riachuelo oir&iacute;as s&oacute;lo tu respiraci&oacute;n, el mundo, y el sonido que en la memoria dej&oacute; la cascada. El problema es el lenguaje, el lenguaje nos ha vuelto locos. Los silenciosos est&aacute;n llenos de lenguaje. Nunca sabes qui&eacute;n te dir&aacute; la verdad. La gran verdad no existe, porque siempre la verdad es una peque&ntilde;a verdad entreverada, mezclada y trufada de realidad. La falta de informaci&oacute;n es informaci&oacute;n y la sobreinformaci&oacute;n es carencia de informaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; poco, pero lo que s&eacute; en verdad lo s&eacute;, y no quiero saber mucho m&aacute;s. Veo el r&iacute;o desde la ventana del apartamento de la Ronda, necesito verlo todos los d&iacute;as para estar en contacto con el mundo. En el balc&oacute;n leo al sol 'El libro del agua' de Leonardo da Vinci; quien me regal&oacute; esta maravilla en tiempos de incertidumbre se merece el mundo. &ldquo;Del agua en s&iacute;. Del mar. De los r&iacute;os subterr&aacute;neos. De los r&iacute;os. De los distintos estados de los fondos. De los obst&aacute;culos. De la gravilla. De las cosas que all&iacute; se mueven. Del cuidado de los r&iacute;os. De los canales. De las m&aacute;quinas movidas por el agua. De la crecida del agua. De las cosas que consumen el agua&rdquo;.&nbsp;De esto trata. 
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o sigue ah&iacute; abajo, nadie se lo ha llevado. Hay cosas que s&oacute;lo tienen sentido si las tocas, y es mejor tocarlas para sentirlas. Ferdinand Levallois despu&eacute;s de tocar las aguas del Sena se las lavaba en el estanque de su casa, y m&aacute;s tarde con jab&oacute;n en el grifo del agua corriente. El r&iacute;o le daba miedo y asco. Una vez toqu&eacute; las v&iacute;sceras a&uacute;n calientes de un venado y sent&iacute; asco. Despu&eacute;s me lav&eacute; las manos al menos diez veces y ya no toqu&eacute; nada con ellas a lo largo del d&iacute;a. El agua tiene sentido si la bebes y puedes tocarla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi viejo amigo el artista pl&aacute;stico A.F. come piedras de hielo, le gustaba morder el hielo. Con los a&ntilde;os comenz&oacute; a hacer arte con hielo despu&eacute;s de haber trabajado toda su vida con el barro. Lo llama el material sublime. Para conservar las peque&ntilde;as piezas de hielo que talla, llen&oacute; el garaje de su casa de frigor&iacute;ficos y congeladores industriales. Del barro se pas&oacute; al hielo, del calor al fr&iacute;o. El barro cura la mano que ha quemado el hielo. &ldquo;El futuro del arte est&aacute; en el derretimiento de la obra. Derretirse es como redimirse&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En sus exposiciones se pueden admirar una serie de piezas que terminan formando finalmente charcos de agua al derretirse. Siempre mantiene que todas sus obras son charcos de agua. Finalmente fotograf&iacute;a los charcos de agua que quedan una vez que las piezas se han derretido. Ninguna exposici&oacute;n de A.F. dura m&aacute;s all&aacute; de unas horas. Lo sublime es ef&iacute;mero, pero el material debe ser eterno. El agua. Nunca trabaj&oacute; con aguas que no procedieran del r&iacute;o y de sus afluentes. Me dice siempre que trabaja con aguas muy sucias y con aguas muy limpias. Nunca permiti&oacute; que durante una exposici&oacute;n fotografiaran sus piezas, s&oacute;lo el charco que queda. Para &eacute;l la memoria debe estar limpia de recuerdos. Debe ser s&oacute;lo agua; te ver&aacute;s siempre dentro de ella. Nada se oye, s&oacute;lo la memoria de la cascada seca que es el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as me acompa&ntilde;&oacute; a Castelo Branco. Estaba ocioso y quer&iacute;a escapar de T. a toda costa. Podr&iacute;amos haber viajado en una barca de hielo por el r&iacute;o. Castelo Branco, una ciudad aguas abajo en la que mirarse, T. una ciudad en la que cerrar los ojos. Mi envidia sana aflora cada vez que visito Castelo Branco o Abrantes r&iacute;o abajo. Bares los justos. En la inmensa plaza de la ciudad un fascinante edificio parece que va a echar a volar. Es el museo de arte contempor&aacute;neo&nbsp; proyectado por Josep Llu&iacute;s Mateo. La colecci&oacute;n de arte hispanoamericano de Jos&eacute; Berardo, que tiene tambi&eacute;n obras de su propiedad en Lisboa, en el Centro Cultural de Belem, y en Bombarral. Muy cerca, en la Rua dos peleteiros nos encontramos de sorpresa una peque&ntilde;a exposici&oacute;n de pintura hecha por ni&ntilde;os titulada <em>Dibuja un r&iacute;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        Dibujar un r&iacute;o es como dibujar la sombra de un &aacute;rbol, el cielo, el infierno o el alma: debes pensar c&oacute;mo hacerlo. Un r&iacute;o no se puede dibujar, no puedes llev&aacute;rtelo en los ojos. No es f&aacute;cil dibujar un r&iacute;o. Se dibuja la vida, la muerte, las l&iacute;neas se enredan, los trazos se cruzan. Siempre debes pensar c&oacute;mo hacerlo, y una manera de pensar c&oacute;mo llegar a ello es no pensar en ello; entonces mana al instante la idea, y el resultado final de esa idea no es m&aacute;s que el esbozo al que se ha llegado despu&eacute;s de deconstruirlo todo. S&iacute;, las casas se construyen por el tejado. 
    </p><p class="article-text">
        Es como si la idea final de un edificio fuera la gr&uacute;a. La gr&uacute;a simboliza lo que se va alzar antes de ser posado para siempre. La gr&uacute;a est&aacute; en el gran descampado s&oacute;lo para que te imagines el edificio. Nuestra infancia estuvo llena de gr&uacute;as y descampados, y en el r&iacute;o de plumas excavadoras sacando arena en las graveras. El r&iacute;o est&aacute; en el r&iacute;o s&oacute;lo para que puedas imaginar el r&iacute;o. &Iacute;bamos muy despacio por aquella sala blanca llena de dibujos de ni&ntilde;os, los paneles donde se hab&iacute;an colgado, las obras se hab&iacute;a dispuesto como un laberinto, lo hab&iacute;an llamado <em>os meandros</em>, que son algo as&iacute; como las complejidades, las curvaturas. 
    </p><p class="article-text">
        De todas las obras all&iacute; expuestas hab&iacute;a una que llamaba la atenci&oacute;n sobre las dem&aacute;s, en una cartulina blanca un ni&ntilde;o hab&iacute;a trazado una l&iacute;nea recta de color azul, y en mitad de la l&iacute;nea por abajo hab&iacute;a escrito &laquo;Tejo&raquo; y por encima &laquo;agua&raquo;. Despu&eacute;s hab&iacute;a unas canoas de color negro de las que sal&iacute;an unos remos en los bordes de la cartulina. A.F. apret&oacute; el dedo en la l&iacute;nea y la sigui&oacute; de izquierda a derecha, y cuando lleg&oacute; al final de la l&iacute;nea hizo el camino inverso. &laquo;Remontar, avanzar, ir y volver&raquo;, me dijo. Llevaba colgada al cuello su vieja Zenit rusa. Fotografi&oacute; todos los dibujos que m&aacute;s le llamaron la atenci&oacute;n. Antes de abandonar la sala volvi&oacute; a aquel dibujo y con el dedo recorri&oacute; otra vez la l&iacute;nea azul. &laquo;Cuando me sal&iacute; de la hoja me sal&iacute; del mundo&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay cosas que s&oacute;lo tienen sentido si las tocas, y el agua si la bebes y la tocas. En una terraza do Jardim da devesa pidi&oacute; un vaso lleno de piedras de hielo y se las fue comiendo muy despacio. &laquo;Lo pr&oacute;ximo que har&eacute; ser&aacute; una barca de hielo y cruzar&eacute; el r&iacute;o con ella, el hielo flota en el agua&raquo;. Sent&iacute; que esos ni&ntilde;os que hab&iacute;an intentado dibujar el r&iacute;o nunca se hab&iacute;an ba&ntilde;ado en el r&iacute;o, sent&iacute; que el ni&ntilde;o que traz&oacute; la l&iacute;nea azul ten&iacute;a miedo y todo lo hac&iacute;a de manera muy directa. Al d&iacute;a siguiente pregunt&eacute; por aquel ni&ntilde;o. Lo encontr&eacute; y le pregunt&eacute; porque hizo el dibujo de esa forma. El ni&ntilde;o se qued&oacute; callado, supongo que no acert&oacute; a comprender lo que yo quer&iacute;a saber. Encogi&oacute; los hombros y se dio la vuelta, se&ntilde;al&oacute; otro dibujo: era un c&iacute;rculo lleno de capilares o l&iacute;neas, en realidad parec&iacute;a un sol, era el dibujo de su amigo. 
    </p><p class="article-text">
        Dentro del c&iacute;rculo dibuj&oacute; un puente con tres ojos. &laquo;Todos tenemos tres ojos&raquo;. En cada ojo del puente hab&iacute;a dibujado un pez muy grande de color azul. El ni&ntilde;o dijo: &laquo;Es el mar, y el r&iacute;o va al mar&raquo;. En el hotel, por la noche intent&eacute; imitar esos dibujos en el cuaderno de los r&iacute;os, las l&iacute;neas me sal&iacute;an temblorosas, el c&iacute;rculo demasiado peque&ntilde;o, pero el puente casi perfecto y los peces estaban muertos. &laquo;Todo es imaginario&raquo;, &ndash;escrib&iacute; debajo de los dibujos&ndash; hasta la gripe. 
    </p><p class="article-text">
        La imaginaci&oacute;n puede destruir y crear al mismo tiempo: el miedo es f&eacute;rtil, el miedo vive en la imaginaci&oacute;n. Finalmente una frase de Da Vinci que es dif&iacute;cil de olvidar por su plasticidad. &laquo;El agua es el cochero de la naturaleza, que transforma la tierra y la transporta&raquo;. A.F segu&iacute;a chupando piedras de hielo a las que le echaba az&uacute;car. &laquo;Estas saben demasiado bien para lo que estoy acostumbrado&raquo; dijo. El agua de T. sabe cada vez peor. Hojeaba las p&aacute;ginas del Diario de noticias tirado en la cama, en la edici&oacute;n de 2 de marzo de 2019 que hab&iacute;a encontrado en una papelera. Las pasaba muy r&aacute;pido, sus dedos parecen viento, sus ojos fuego. &laquo;La culpa la tenemos nosotros, los ni&ntilde;os dibujan nuestra culpa, el r&iacute;o es nuestra culpa, la cesura, el caudal, la l&iacute;nea el remanente de la culpa&raquo;, y esa va directa desde A. hasta B. 
    </p><p class="article-text">
        Pero un remanente apenas lleva agua. &laquo;&iquest;Hay alguna l&iacute;nea que no sea de culpa?&raquo;&nbsp; dijo un poco antes de dormirse. &laquo;Debes elegir entre contagiarte con el Covi19 o beber un vaso de agua del r&iacute;o&raquo; Hay gran diferencia entre el asco y el miedo. Habr&aacute; que echarlo a suerte con la taba de una vaca. Al d&iacute;a siguiente nos acercamos hasta la desembocadura del Ponsul en el r&iacute;o, era una desembocadura triste, como la del Uso en la ciudad de Vascos.&nbsp; Un curso de agua sin nervios.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/rio-abajo_132_1001972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2020 19:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Punto limpio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/palabras-clave/punto-limpio_132_1003111.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d020d794-24e2-4e6e-9389-b0280f8d3f49_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Punto limpio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Sabemos que el espacio político es el de la mentira por excelencia. Busco el punto limpio, la verdad es el punto limpio del lenguaje.(...) La palabra ha perdido su gravedad, ya no pesa"</p></div><p class="article-text">
        Cuando A.E. se invent&oacute; la noticia de mi muerte yo ya estaba muy lejos de L. remontando el r&iacute;o. Hab&iacute;a llegado a casa desde Navalmoral en un taxi negro. T. a las nueve de la ma&ntilde;ana un d&iacute;a de febrero.
    </p><p class="article-text">
        Me persigno, hoy es Santa Photina, la so&ntilde;adora que iluminaba el agua y la patrona de los fot&oacute;grafos. Una vez me dio de beber un <em>Dry Martini</em> y me fotografi&oacute; desnudo sin permiso en la habitaci&oacute;n de un hotel de Aveiro. Quiz&aacute;s las postales fluviales m&aacute;s bellas en T. se capten en febrero. La luz es limpia y ligera como una seda de aire.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes escorzos de nubes durante el orto de la ma&ntilde;ana son barrocos, y las puestas de sol renacentistas. No hagas fotos, la postal que te env&iacute;o es una cartulina blanca en la que me he limitado a escribir con letra diminuta 'Silentium'. Busco el punto limpio del ruido.
    </p><p class="article-text">
        Ya todo es mentira, esto es mentira, y lo que t&uacute; dices o escribas a ratos es mentira. El r&iacute;o tambi&eacute;n es mentira. Desde esta ventana lo veo, pero es mentira. La mentira tiene m&aacute;s fuerza que la verdad porque las palabras con las que trabaja est&aacute;n cargadas de mundo. La mentira coloniza a la imaginaci&oacute;n, la imaginaci&oacute;n es un ni&ntilde;o que le habla a todo. La verdad es pura. Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusi&oacute;n pretender hacerlo libre.
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; de la gripe hace unas horas, unas horas en nuestro tiempo es una eternidad. Escribo a un amigo que vive en Italia: &ldquo;Morir&eacute; de una gripe un d&iacute;a de febrero, posiblemente &nbsp;entre el 1, d&iacute;a de San Trif&oacute;n, un cuidador de gansos y patr&oacute;n de los jardineros y Santa Photina, la santa del agua y de la luz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos veces Santa Photina cay&oacute; al pozo. La iluminadora y aguadora de instantes me volvi&oacute; a fotografiar desnudo hace ya algunos a&ntilde;os en los altos del Guadyerbas un d&iacute;a que hab&iacute;a nevado. Delir&eacute; demasiado durante esta &uacute;ltima gripe. Tuve viajes al fin del mundo por un r&iacute;o de morfina como en la &eacute;poca que jugu&eacute; con LSD; de pronto me convert&iacute; en un <em>Orthomyxoviridae</em> y comenc&eacute; a viajar con alas de cristal azul casi hasta el <em>exitus letalis</em> entre el virus A y el virus B. &ndash;Tranquilo G., a&uacute;n no he muerto&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;ser&aacute;&rdquo; me salva por ahora. Morir&eacute; de gripe un d&iacute;a de febrero, quiz&aacute;s entre los d&iacute;as de Santa Ofelia y los de San Bladulfo de Bobbio dentro de algunos a&ntilde;os. Pero esto no es mentira, tampoco es verdad. Decir unos a&ntilde;os en nuestro tiempo significa un breve instante. Instant&aacute;nea, vivimos de momentos insignificantes. Las instant&aacute;neas son mentira, los instantes verdad.
    </p><p class="article-text">
        La verdad se encuentra en unas cuantas palabras radioactivas. Derrid&aacute; escribi&oacute; un aforismo perfecto -Sabemos que el espacio pol&iacute;tico es el de la mentira por excelencia-. Busco el punto limpio, la verdad es el punto limpio del lenguaje, s&oacute;lo un espacio fuera del tiempo. La verdad guarda silencio, por eso es absurdo y silencioso ese espacio lleno de ratas blancas y aires que se arrastran levantando hojas y polvo junto al punto limpio. <em>Silentium</em> es lo que guarda la postal que te env&iacute;o.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Toda palabra traiciona su significado en alg&uacute;n momento&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Esta postal es un punto limpio para ti, escribe en ella otra palabra que se te revele y m&aacute;ndasela a otro. As&iacute; hacemos un r&iacute;o. Toda palabra traiciona su significado en alg&uacute;n momento. <em>Silentium</em>&sup2;, y si un d&iacute;a ocurre que todo se desconecta, y los cables del alma aparecen pelados y de pronto cae un gran silencio cu&aacute;ntico&nbsp; en el que hablar conlleve un esfuerzo tan grande como caminar con botas de plomo sobre un campo de barro, aparecer&aacute; entonces un dios sordomudo habl&aacute;ndote en un lenguaje de gestos. Con esos gestos &eacute;l s&oacute;lo te dir&aacute; que los gestos no mienten, las palabras est&aacute;n en los gestos, su sonido exacto en el silencio. La palabra ha perdido su gravedad, ya no pesa, vive en un lenguaje lunar fuera de toda gravedad humana.
    </p><p class="article-text">
        Al r&iacute;o comienzo a llamarlo <em>Wasserleitungunsauber</em>, literalmente en alem&aacute;n l&iacute;nea de agua sucia, a la l&iacute;nea entonces la llamo fluido, al fluido perro que ladra en la noche, al perro lo llamo coche, al amor nostalgia. Las palabras se han cansado de su significado. Cuando A.E. difundi&oacute; la noticia de mi muerte me cambi&oacute; el nombre.&nbsp; Me despert&eacute; muy temprano oyendo la radio donde &eacute;l trabaja, y no me di cuenta de que realmente estaba muerto. El nombre del muerto me resultaba demasiado extra&ntilde;o, no era yo, pero era yo realmente. Enseguida le mand&eacute; un correo en el que le dec&iacute;a que morir&eacute; de gripe un d&iacute;a de febrero, pero no ahora. Ese &ldquo;ser&aacute;&rdquo; siempre me ha salvado, el &ldquo;ser&aacute;&rdquo; es la vacuna contra el tiempo. Las palabras se han cansado de su significado y buscan ser en otro, intercambiarse los significados; barro es en realidad nieve, nieve termina entrando en ojo.
    </p><p class="article-text">
        Enfisema es luz, y as&iacute; hasta la totalidad de las palabras &iquest;Y r&iacute;o? Si finalmente no puede significar l&iacute;nea de agua sucia -<em>Wasserleitungunsauber</em>- podr&iacute;a llamarlo &ldquo;<em>Silentium</em> del mundo&rdquo;, o cualquier otra cosa en la que se disolviera su significado. Finalmente decid&iacute; reservarme otras posibilidades, tal vez podr&iacute;a cambiar el nombre por oro.
    </p><p class="article-text">
        Me fui al punto limpio con una maleta llena de viejos aparatos de radio y una televisi&oacute;n y las dej&eacute; junto a otros electrodom&eacute;sticos all&iacute; tirados. En aquella vieja Werner hab&iacute;a visto en mi ni&ntilde;ez al hombre pisar por primera vez la luna, y un d&iacute;a de febrero de hace mucho a un tipo con bigote pegar tiros en el congreso de diputados. Ese tipo a&uacute;n no se ha muerto. R&iacute;o es un r&iacute;o, se resiste a entrar con su agua sucia en otro significado, como por ejemplo larpazo o viento. En la cartulina blanca que te envi&eacute; hab&iacute;a tambi&eacute;n otra palabra, una hendidura invisible, fue grabada con un bol&iacute;grafo sin tinta. &ldquo;B&uacute;scala&rdquo; es la palabra clave de todo el asunto. Cuando A.E. se invent&oacute; la noticia de mi muerte tambi&eacute;n se invent&oacute; la manera en como ocurri&oacute;. Dijo que me ahogu&eacute;, pero si el r&iacute;o llevara m&aacute;s agua har&iacute;a espuma, y en la espuma no te hundes. Enseguida para seguir con el absurdo le mand&eacute; un <em>WhatsApp</em>: -se agradece el fr&iacute;o, la fiebre me hace delirar, el viento del nordeste ha limpiado el cielo y en el r&iacute;o brilla la luz de febrero- &ldquo;har&iacute;as buenas fotograf&iacute;as aqu&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto es como Italia, pero m&aacute;s feo. Las fotograf&iacute;as m&aacute;s bellas ahora son las feas; un rosal junto a una cloaca, en un punto limpio una monta&ntilde;a de frigor&iacute;ficos y televisores, y al pie de esa monta&ntilde;a un zapato que ha sido aprovechado por un acentor para hacer su nido. Tambi&eacute;n el r&iacute;o cuando lleva m&aacute;s espuma es demasiado bello y esa belleza hace da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero como &eacute;l sabe muy bien, en T. nunca ocurre nada, en verdad nada ocurri&oacute; y nada ocurrir&aacute;. El mundo tiene que estar hermosamente desordenado. Pero este es un tiempo instant&aacute;neo, soluble, en el que hasta tu muerte es mentira siendo acaso lo m&aacute;s verdadero que te podr&iacute;a ocurrir. Cuando un hombre ha mentido mucho y durante gran parte de su vida, un d&iacute;a debe decir la verdad aunque no crea en ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Curiel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Feb 2020 17:39:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Punto limpio]]></media:title>
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