<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Adelanto editorial]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/adelanto-editorial/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Adelanto editorial]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1003594/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijos del optimismo, de María Álvarez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La empresaria, cofundadora de Ephimera y colaboradora habitual de este periódico presenta su libro, publicado por Debate, sobre cómo una generación acabó con el sueño industrial e inauguró el mundo de la abundancia</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a &Aacute;lvarez es empresaria, cofundadora de Ephimera y de Fest&iacute;n, empresa pionera en la implantaci&oacute;n de la semana de 4 d&iacute;as. Trabaja alrededor de dar valor a las ciudades a trav&eacute;s de la hospitalidad, y esta semana de febrero publica su libro, 'Hijos del optimismo', sobre c&oacute;mo una generaci&oacute;n acab&oacute; con el sue&ntilde;o industrial e inaugur&oacute; el mundo de la abundancia.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos una parte del mismo: 
    </p><h2 class="article-text">El crack</h2><p class="article-text">
        Como si hubi&eacute;ramos estado medio siglo jugando al juego de las sillas, hubo un d&iacute;a del a&ntilde;o 2008 en el que, de pronto, el mundo entero se par&oacute; en seco. Una crisis bancaria y el colapso del sistema financiero internacional dieron al traste con la utop&iacute;a de la opulencia.
    </p><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; cuando Lehman Brothers, el cuarto banco de inversi&oacute;n m&aacute;s grande de Estados Unidos, se declar&oacute; en bancarrota. Las autoridades americanas decidieron no rescatarlo, a diferencia de lo que hab&iacute;an hecho con otra entidad financiera unos meses atr&aacute;s. Este gesto puso los pelos de punta a los mercados financieros: cualquier entidad en dificultades iba a correr la misma suerte, el gobierno americano no estaba por la labor de salvar entidades bancarias. Cundi&oacute; el p&aacute;nico. Ese mismo d&iacute;a, el Dow Jones perdi&oacute; 500 puntos y el mercado crediticio mundial se congel&oacute; de terror.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de horas, debajo de aquel trocito de hielo se descubri&oacute; un monstruoso iceberg. Todos los bancos ten&iacute;an sus balances infestados de derivados financieros de p&eacute;sima calidad que hab&iacute;an hecho pasar por deuda de primera clase. Un tsunami arras&oacute; Wall Street. Merrill Lynch, una de las principales gestoras de activos del mundo, tuvo que ser vendida deprisa y corriendo a otro banco para evitar su quiebra. La aseguradora AIG requiri&oacute; un rescate de 85.000 millones de d&oacute;lares. Dos de los mayores bancos de inversi&oacute;n, Goldman Sachs y Morgan Stanley, se transformaron a la carrera en bancos comerciales, buscando la protecci&oacute;n estatal que les otorgaba ese estatus. En Europa, varias entidades colapsaron bajo la presi&oacute;n del hundimiento.
    </p><p class="article-text">
        Quince d&iacute;as despu&eacute;s, el principal &iacute;ndice burs&aacute;til de Estados Unidos hab&iacute;a perdido el 30 por ciento de su valor y los gobiernos de todo el mundo anunciaban paquetes de rescate millonarios. La v&iacute;a de agua abierta en los bancos paraliz&oacute; el cr&eacute;dito. Tan solo en Estados Unidos, la venta de viviendas cay&oacute; un 40 por ciento, y algunos emblem&aacute;ticos gigantes, como General Motors, fueron a la quiebra. La crisis salt&oacute; de las finanzas a la econom&iacute;a real y las empresas comenzaron a despedir en masa.
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el temblor alcanz&oacute; a la deuda soberana de los pa&iacute;ses. Grecia, Irlanda y Portugal necesitaron rescates internacionales. Apremiados a &laquo;recuperar la confianza de los inversores&raquo; en las finanzas p&uacute;blicas, los gobiernos respondieron con unos recortes del gasto (las famosas &laquo;pol&iacute;ticas de austeridad&raquo;) que no lograron sino exacerbar el sufrimiento econ&oacute;mico. Para 2010, aunque los mercados financieros se hab&iacute;an estabilizado, la crisis todav&iacute;a rug&iacute;a como una bestia a ras de suelo.
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os quebraron miles de empresas. Decenas de miles de personas en todo el mundo se vieron atrapadas en la burbuja inmobiliaria y perdieron sus casas. Desaparecieron 30 millones de empleos (8,8 millones tan solo en Estados Unidos y otros 7 millones en Europa). En algunos pa&iacute;ses, una de cada seis personas se fue al paro, sobre todo quienes ten&iacute;an trabajos m&aacute;s precarios y menos protegidos: las mujeres y los j&oacute;venes. Lo que parec&iacute;a una crisis m&aacute;s se revel&oacute; como la mayor recesi&oacute;n que el mundo hab&iacute;a experimentado nunca. Numerosos Estados no terminaron de recuperarse hasta mucho despu&eacute;s. Otros a&uacute;n no lo han logrado.
    </p><p class="article-text">
        El descontento popular explot&oacute; en movimientos como Occupy Wall Street y el de los &laquo;indignados&raquo; espa&ntilde;oles. El mundo, horrorizado, ped&iacute;a soluciones dr&aacute;sticas. El presidente franc&eacute;s, Nicolas Sarkozy, lleg&oacute; a pedir que se &laquo;refundara&raquo; el capitalismo y que se &laquo;volviera a construir el sistema financiero desde cero&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; nada de esto. Pasaron los a&ntilde;os, se endureci&oacute; el grado de solvencia que exigen los Estados a los bancos, pero el resto de la econom&iacute;a sigui&oacute; funcionando con las mismas normas con las que hab&iacute;a operado hasta aquel momento. <em>Business as usual.</em>
    </p><p class="article-text">
        Solo que ya nunca fue <em>as usual</em>, porque la bonanza no regres&oacute;. Cuando nos despertamos de aquel mal sue&ntilde;o nos encontramos en un lugar distinto.
    </p><p class="article-text">
        En 2008 dejamos de jugar al &laquo;qu&eacute; quieres ser de mayor&raquo;. Nadie volver&iacute;a a prometerle a la generaci&oacute;n siguiente que tendr&iacute;a el futuro asegurado, ni que habr&iacute;a casitas y cositas para todos.
    </p><p class="article-text">
        Se rompi&oacute; el hechizo del progreso lineal y, con &eacute;l, la fe en una prosperidad garantizada. Como ocurr&iacute;a antes de los a&ntilde;os dorados del estado del bienestar, acabar desempleado o mal empleado volvi&oacute; a percibirse como un fracaso personal que revelaba la calidad de cada uno, y no como un s&iacute;ntoma de que el sistema hab&iacute;a dejado de funcionar. As&iacute; regresaron, con otros nombres y otras reglas, los viejos juegos del hambre.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Lehman Brothers quebr&oacute;, entre otros muchos compromisos rotos, dej&oacute; sin pagar un pr&eacute;stamo de 121 millones de d&oacute;lares destinado a construir una urbanizaci&oacute;n de ochocientas casas de lujo en Williamson, Tennessee. Las obras de las viviendas nunca comenzaron, pero el club social, el <em>spa</em>, el gimnasio y nueve de los dieciocho hoyos del campo de golf de 450 hect&aacute;reas que se hab&iacute;an planificado quedaron a medio construir, erguidos sobre la nada. El proyecto acab&oacute; en ejecuci&oacute;n hipotecaria y, abandonado, esper&oacute; durante a&ntilde;os a que alguien encontrara el dinero y el valor necesarios para reactivarlo.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades fantasma se convirtieron en la met&aacute;fora perfecta de aquel momento hist&oacute;rico. El &uacute;ltimo esprint del progreso material, una d&eacute;cada de construcci&oacute;n desbocada impulsada por unas expectativas irreales de progreso se qued&oacute; s&uacute;bitamente congelada en el tiempo. Urbanizaciones enteras como las que se levantaron en Sese&ntilde;a (Espa&ntilde;a) o Tianducheng (China) para albergar a decenas de miles de personas permanecieron petrificadas, casi vac&iacute;as, convertidas en monumentos de hormig&oacute;n al fracaso colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Como si fu&eacute;ramos otra gigantesca urbe fantasmag&oacute;rica, los hijos del optimismo nos quedamos tambi&eacute;n a medio terminar. Inm&oacute;viles. Igual que el esp&iacute;ritu atrapado de un tiempo pasado, sin poder dejar de ser lo que &eacute;ramos ni ser otra cosa distinta; armados hasta los dientes con nuestros t&iacute;tulos universitarios y nuestros planes para el futuro, pero incapaces de hacer nada con ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; seguimos, confundidos. Sin entender si todav&iacute;a estamos en proceso de construcci&oacute;n o si nos toca ya declararnos en ruina. Siempre esperando a que alguien, desde alg&uacute;n sitio, re&uacute;na el valor y el dinero necesarios para reactivarnos.
    </p><p class="article-text">
        Todos conocemos la magnitud de la tragedia; sin embargo, no hemos terminado de interiorizar que en 2008 lo que quebr&oacute; fue el modelo de sociedad que nos hab&iacute;a tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Y no ha vuelto ni para despedirse. La crisis financiera no fue un bache en el camino, fue el final de un ciclo de doscientos cincuenta a&ntilde;os que cambi&oacute; el curso de la historia de la humanidad, pero que estaba llamado a concluir. El fin de una era.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque hubo algunas personas que supieron anticipar el crack, nadie pod&iacute;a predecir lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El misterioso caso de la econom&iacute;a menguante</h2><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os que siguieron a 2008, el mundo esper&oacute;, igual que hab&iacute;a hecho tras las crisis anteriores, a que se reanudara el crecimiento. La econom&iacute;a siempre hab&iacute;a funcionado en ciclos y nada hac&iacute;a pensar que esta vez fuera a ser diferente. Con un poco de paciencia, todo volver&iacute;a a la normalidad. Vendr&iacute;a un nuevo momento de bonanza y continuar&iacute;a la trayectoria de progreso acelerado de finales del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esa recuperaci&oacute;n nunca lleg&oacute;. Al menos, no como se esperaba.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, el Banco de Inglaterra detect&oacute; algo inusual: a pesar de que el empleo comenzaba a repuntar con fuerza, el PIB no crec&iacute;a al mismo ritmo. Fue la primera vez que alguien identific&oacute; un fen&oacute;meno que desde entonces est&aacute; en el epicentro del terremoto que ha sacudido a la sociedad global. Y le puso nombre: <em>the productivity puzzle</em>, o &laquo;el enigma de la productividad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo es la relaci&oacute;n entre las horas trabajadas y la producci&oacute;n obtenida. Decimos que un empleo, una empresa o un pa&iacute;s es muy productivo cuando genera mucho valor con poco trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos como ejemplo a dos trabajadores, John e Ibrahima. John cultiva cacahuetes en Georgia (Estados Unidos), en una explotaci&oacute;n que se extiende a lo largo de cientos de hect&aacute;reas. La empresa para la que trabaja ha invertido en maquinaria de &uacute;ltima generaci&oacute;n, as&iacute; que el trabajo de John consiste en operar tractores, sistemas de riego automatizados y cosechadoras mec&aacute;nicas que recogen y almacenan toneladas de frutos al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibrahima tambi&eacute;n cultiva cacahuetes, pero en una aldea del centro de Senegal. Su terreno no supera la hect&aacute;rea y &eacute;l hace todo el trabajo &mdash;desde la siembra hasta la cosecha&mdash; a mano o con herramientas b&aacute;sicas. La cosecha es estacional, depende de las lluvias y apenas alcanza unos miles de kilos al a&ntilde;o. A Ibrahima y a su familia les cuesta varias semanas obtener lo que John y su equipo producen en una ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        De John decimos que es un trabajador muy productivo. Su trabajo produce muchos cacahuetes por hora. De Ibrahima dir&iacute;amos lo contrario. Sin embargo, la diferencia no est&aacute; ni en la habilidad ni en el esfuerzo de cada uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la obsesi&oacute;n colectiva por maximizar el desempe&ntilde;o individual ha llevado a confundir la productividad del trabajo, que es un concepto macroecon&oacute;mico, con la productividad o la eficiencia personal, que es otra cosa mucho m&aacute;s gaseosa, vinculada a la psicolog&iacute;a o al <em>coaching</em>, y que tiene poco que ver con esto. Cuando hablamos de la productividad del trabajo lo que estamos midiendo es cu&aacute;nta tecnolog&iacute;a, cu&aacute;nto conocimiento y qu&eacute; m&eacute;todos de producci&oacute;n ponen las empresas y los pa&iacute;ses al servicio del sistema productivo. Por mucho que Ibrahima se esfuerce en aprender a usar la maquinaria que maneja John, no le va a servir de nada si no puede comprarla. Y, al contrario, si teletransportamos a John al centro de Senegal, su conocimiento se volver&aacute; in&uacute;til sin las m&aacute;quinas que ten&iacute;a en Georgia. Quienes son m&aacute;s o menos productivos son las empresas y los pa&iacute;ses, no las personas, aunque la unidad de medida sean las horas de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo se convirti&oacute; en una cuesti&oacute;n central de nuestra sociedad por una raz&oacute;n muy sencilla: el paradigma de la econom&iacute;a industrial depend&iacute;a de ella. Los trabajadores de las empresas m&aacute;s productivas ganaban m&aacute;s. Por a&ntilde;adidura, los impuestos que recaudaban los pa&iacute;ses estaban dise&ntilde;ados para ese modelo econ&oacute;mico, as&iacute; que all&iacute; donde abundaban las empresas altamente productivas, los Estados eran tambi&eacute;n m&aacute;s ricos y sol&iacute;an contar con mejores servicios p&uacute;blicos. Cuando un pa&iacute;s produc&iacute;a m&aacute;s con menos, circulaba m&aacute;s riqueza por todas partes.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La productividad no lo es todo &mdash;explica una c&eacute;lebre frase de Paul Krugman, premio Nobel de Econom&iacute;a&mdash;, pero, a largo plazo, lo es casi todo. La capacidad de los pa&iacute;ses para mejorar las condiciones de vida a largo plazo depende casi en exclusiva de su habilidad para elevar la producci&oacute;n por trabajador&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que si hoy podemos tener una vida que ning&uacute;n ser humano se hab&iacute;a imaginado, es porque nuestros pa&iacute;ses son muy productivos. Lo que permiti&oacute; que el mundo creciera sin parar durante la era industrial fue que la productividad de los pa&iacute;ses desarrollados creci&oacute; de manera continuada durante muchas d&eacute;cadas. Las empresas fueron incorporando nuevas tecnolog&iacute;as y nuevos procedimientos, y cada a&ntilde;o se pod&iacute;a hacer m&aacute;s con menos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el Banco de Inglaterra detect&oacute; en 2013 fueron las primeras se&ntilde;ales de que ese mecanismo que empujaba el progreso hab&iacute;a dejado de funcionar. La productividad ya no crec&iacute;a: estaba estancada. En los meses siguientes, otros analistas encontraron indicadores similares en los dem&aacute;s pa&iacute;ses avanzados. No se trataba de un fen&oacute;meno exclusivo de Reino Unido: el virus se hab&iacute;a propagado por todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la m&aacute;quina del crecimiento infinito sigue parada. El crecimiento de la productividad es hoy la mitad, o menos, de lo que fue en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os del siglo xx. Y todo apunta a que continuar&aacute; siendo as&iacute;. O esto es lo que dice el consenso de los expertos.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El siglo xxi &mdash;explica Thomas Piketty, uno de los economistas m&aacute;s reconocidos del mundo&mdash; podr&iacute;a ver un regreso a un crecimiento bajo. M&aacute;s precisamente, lo que encontraremos es que el crecimiento, de hecho, siempre ha sido relativamente lento, excepto en periodos excepcionales [&hellip;]. Todos los indicios apuntan a que el crecimiento ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s lento en el futuro&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;A&uacute;n m&aacute;s lento!
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil dimensionar la trascendencia de este fen&oacute;meno. Parecer&iacute;a que tampoco pasa nada por crecer un poco m&aacute;s despacio o incluso por no crecer durante unos a&ntilde;os. Al fin y al cabo, ya tenemos suficientes cosas, &iquest;no? En realidad, no necesitamos ir de vacaciones a la Luna, ni que haya colonias humanas en Marte. Acostumbr&eacute;monos a vivir m&aacute;s despacio, podr&iacute;amos pensar.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es tan sencillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos hemos contado durante los siglos en los que la productividad no dej&oacute; de aumentar es que la econom&iacute;a era un pastel que nunca dejar&iacute;a de crecer. No hac&iacute;a falta pelear por los recursos cuando cab&iacute;a esperar que ma&ntilde;ana hubiera m&aacute;s que hoy. El mundo entero pod&iacute;a vivir en un cuento de la lechera permanente, en el que las instituciones, los acuerdos y la confianza en los sistemas p&uacute;blicos se sosten&iacute;an sobre la creencia de que siempre habr&iacute;a m&aacute;s para repartir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &laquo;sue&ntilde;o americano&raquo;, la idea de que uno puede llegar a Estados Unidos sin nada y labrarse un futuro, no es m&aacute;s que una versi&oacute;n l&iacute;rica de esa creencia. Igual que la ret&oacute;rica sobre la &laquo;igualdad de oportunidades&raquo;, que da por hecho que habr&aacute; cada vez m&aacute;s cosas a las que optar. La meritocracia no vale nada si quien ha demostrado ser meritorio no puede acceder a una recompensa.
    </p><p class="article-text">
        Los presupuestos de los pa&iacute;ses y los crecientes niveles de endeudamiento est&aacute;n pensados para un mundo en el que dentro de diez a&ntilde;os habr&aacute; mucho m&aacute;s que ahora para devolver las deudas. Lo mismo ocurre con los sistemas de pensiones, que asumen que los trabajadores del futuro ser&aacute;n m&aacute;s productivos que los de hoy, o con las inversiones de las empresas, que se realizan esperando que los consumidores del ma&ntilde;ana ser&aacute;n m&aacute;s ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando compramos una casa, lo hacemos pensando que nuestro trabajo seguir&aacute; mejorando. Cuando enviamos a nuestros hijos a la universidad, confiamos en que al salir tendr&aacute;n un futuro mejor.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explic&oacute; la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en una conferencia que dio en 2017, &laquo;Otra d&eacute;cada de d&eacute;bil crecimiento de la productividad socavar&iacute;a gravemente el aumento del nivel de vida global. Un crecimiento m&aacute;s lento tambi&eacute;n podr&iacute;a poner en riesgo la estabilidad financiera y social de algunos pa&iacute;ses, al dificultar la reducci&oacute;n de la desigualdad excesiva y la sostenibilidad de la deuda privada y de las obligaciones p&uacute;blicas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta d&eacute;cada de la que habla est&aacute; venciendo sin que hayamos sabido encontrar la forma de arreglarlo. Por eso vemos desmoronarse, poco a poco, tantas de las cosas que hab&iacute;amos dado por sentadas. Por ejemplo, que todo el mundo tendr&iacute;a una casa en propiedad, o que habr&iacute;a un buen empleo para todas las personas. Que las pensiones podr&iacute;an pagarse sin mayor esfuerzo o que la sanidad y la educaci&oacute;n estar&iacute;an garantizadas. A medida que pasan los a&ntilde;os nos vamos distanciando cada vez m&aacute;s de la promesa de &laquo;libertad para vivir sin carencias materiales&raquo; y vamos entrando en un mundo donde lo que se discute es qui&eacute;n tendr&aacute; esa libertad y qui&eacute;n no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los incrementos constantes de la productividad son la piedra angular de nuestra sociedad desde hace doscientos cincuenta a&ntilde;os. Incluso la democracia &mdash;que en muchos pa&iacute;ses no se consolid&oacute; hasta que la productividad comenz&oacute; a crecer&mdash; ha caminado siempre de la mano de esa expectativa de progreso continuo. Lo que estamos viviendo es tanto como si nuestro mundo hubiera dejado de girar. M&aacute;s a&uacute;n: si no somos capaces de explicarnos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s lo que est&aacute; ocurriendo y no encontramos la manera de cambiarlo o de adaptarnos, solo podemos ir de cabeza al colapso.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; se entienda mejor con una imagen.
    </p><h2 class="article-text">Una L al rev&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Como en una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n, en esta historia hay una imagen que se repite una y otra vez por todas partes. Un anagrama que explica lo que est&aacute; ocurriendo mucho mejor que ning&uacute;n argumento. Es una L invertida:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x948y233.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x948y233.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x948y233.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x948y233.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x948y233.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x948y233.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/65583c5e-685d-44fb-b7c5-70373e7e3e27_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x948y233.jpg"
                    alt="Una L invertida"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una L invertida                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Casi cualquier gr&aacute;fico sobre la evoluci&oacute;n humana, si dejamos que se desarrolle lo suficiente a lo largo del tiempo, produce la misma curva: una l&iacute;nea pr&aacute;cticamente plana durante miles de a&ntilde;os que despega hasta convertirse casi en una l&iacute;nea vertical hace poco m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        El PIB per c&aacute;pita de Inglaterra, por ejemplo, se mantuvo plano desde el primer milenio hasta m&aacute;s o menos 1750. En todos esos a&ntilde;os la tasa de crecimiento estuvo alrededor del 0,01&nbsp;por ciento. Con la Revoluci&oacute;n Industrial comenz&oacute; a acelerarse hasta alcanzar tasas superiores al 6&nbsp;por ciento al final del siglo xx.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Producto interior bruto de Inglaterra, 1270 a 2016." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-iVoi0" src="https://datawrapper.dwcdn.net/iVoi0/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="453" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        La deuda p&uacute;blica sigui&oacute; el mismo camino. En Estados Unidos, hasta el siglo xx, la deuda fue pr&aacute;cticamente inexistente. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo y, especialmente, desde la d&eacute;cada de 1980, la curva comenz&oacute; a ascender de forma sostenida. El crecimiento de la deuda se volvi&oacute; mucho m&aacute;s pronunciado tras la crisis financiera de 2008 y se dispar&oacute; a&uacute;n m&aacute;s desde el a&ntilde;o 2020, superando los 35 billones de d&oacute;lares.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Deuda del gobierno de los Estados Unidos, 1789 a 2025." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-tQ9Bg" src="https://datawrapper.dwcdn.net/tQ9Bg/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="421" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Lo mismo ocurri&oacute; con la tecnolog&iacute;a. Durante siglos, los avances fueron espor&aacute;dicos: la imprenta se invent&oacute; en el siglo xv; el telescopio, en el siglo xvii y la m&aacute;quina de vapor en el siglo xviii. Despu&eacute;s, a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial, la curva empez&oacute; a inclinarse con el tel&eacute;grafo, el tel&eacute;fono o el autom&oacute;vil. A mediados del siglo xx, el crecimiento se dispar&oacute; con la llegada de la inform&aacute;tica, la microelectr&oacute;nica e internet. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la frecuencia con que aparecen las innovaciones se ha acelerado tanto que ya ni se distingue, acumulando en pocos a&ntilde;os adelantos como los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, Google, Facebook, los coches aut&oacute;nomos o los LLM.
    </p><p class="article-text">
        Y podemos observar esa misma tendencia en la poblaci&oacute;n. Durante la mayor parte de la historia humana, el n&uacute;mero de habitantes del planeta creci&oacute; de forma muy lenta: incluso en el inicio de nuestra era, la poblaci&oacute;n mundial apenas superaba los 200 millones. Pero a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial la curva empez&oacute; a dispararse de manera abrupta. El crecimiento se aceler&oacute; en el siglo xx, hasta tal punto que en la actualidad vivimos m&aacute;s de 8.000 millones de personas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Población mundial, año 5000 a.C. a la actualidad." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-HZcKy" src="https://datawrapper.dwcdn.net/HZcKy/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="434" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Hay docenas de gr&aacute;ficos parecidos y todos cuentan la misma historia. La vida se mantuvo est&aacute;tica, inalterada, a lo largo de la pr&aacute;ctica totalidad de nuestra existencia como especie. De pronto, como por arte de magia, todo cambi&oacute;. Hace entre dos y tres siglos, las transformaciones empezaron a acelerarse, despacio al principio, m&aacute;s r&aacute;pido despu&eacute;s, hasta alcanzar una velocidad de v&eacute;rtigo en la segunda mitad del siglo xx.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; y yo y todos los que estamos vivos en este primer cuarto del siglo xxi hemos ido a nacer precisamente en la c&uacute;spide del eje vertical de la L. Nos ha tocado vivir un momento tan extraordinario que necesitamos varios gr&aacute;ficos que muestren la evoluci&oacute;n completa de nuestra especie para ser capaces de visualizar su trascendencia.
    </p><p class="article-text">
        Y esta progresi&oacute;n vertical se ha detenido: el mundo ha dejado de funcionar como esper&aacute;bamos y nadie conf&iacute;a en que se solucione, o en que lo haga por s&iacute; mismo. Dicen los economistas que lo que podemos esperar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os es que vuelva un mundo est&aacute;tico como el del siglo xvii. Que la curva se vuelva a aplanar y el mundo se convierta otra vez en un lugar que no crece.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que, aun cuando la paradoja &mdash;o el enigma&mdash; de la productividad es un fen&oacute;meno conocido y aceptado por el consenso de los economistas, ahora que est&aacute;n a punto de cumplirse veinte a&ntilde;os desde la crisis de 2008, seguimos sin poder explicar la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algunos expertos lo atribuyen a problemas de medici&oacute;n; otros, a los cambios demogr&aacute;ficos o al agotamiento del efecto <em>catch-up</em> con los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos (ya no podemos seguir creciendo a base de vender m&aacute;s al mundo en desarrollo). Otros sostienen que las tecnolog&iacute;as digitales no generan los mismos aumentos de productividad que las revoluciones industriales anteriores. Tambi&eacute;n hay quien dice que se trata de una combinaci&oacute;n de todos estos factores. Pero aunque no consigan ponerse de acuerdo en las razones, en lo que s&iacute; que est&aacute;n de acuerdo es en la naturaleza de lo que est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El problema no es un estruendoso colapso econ&oacute;mico global, sino algo mucho m&aacute;s silencioso: un fallo en el motor. El crecimiento de la productividad &mdash;el motor a largo plazo del aumento en el nivel de vida&mdash; se est&aacute; desacelerando. El hecho de que esto parezca estar ocurriendo en todo el mundo ofrece escaso consuelo. Lo m&aacute;s preocupante es que nadie sabe con seguridad qu&eacute; lo est&aacute; causando ni c&oacute;mo solucionarlo&raquo;, explica el economista Duncan Weldon.
    </p><p class="article-text">
        Se ha roto el motor de la prosperidad y no sabemos c&oacute;mo arreglarlo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, hemos llegado a la meta volante del primer cuarto de siglo empujados por el viento de cola de un momento hist&oacute;rico que se ha agotado. Y este palito de la L se ha convertido en el borde de un precipicio al que nos asomamos todos los que vivimos en este comienzo del milenio. Abajo solo se ve oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Si a cada generaci&oacute;n le toca librar una guerra, esta es la nuestra. De nosotros depende salir &mdash;o, al menos, entender c&oacute;mo podr&iacute;amos salir&mdash; de este atolladero.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">No mires arriba</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la respuesta de los gobiernos en este momento de crisis de nuestra civilizaci&oacute;n? &iquest;Se ha organizado una Operaci&oacute;n Warp Speed como la que se puso en marcha para producir una vacuna contra el COVID en un tiempo r&eacute;cord? &iquest;Existe algo similar al Proyecto Manhattan, que descubri&oacute; la bomba at&oacute;mica para pararle los pies a Hitler? &iquest;Hay, al menos, una conferencia de la ONU y cientos de departamentos ministeriales intentando resolver este atasco civilizatorio?
    </p><p class="article-text">
        No. Hay. Nada.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que no existe un gobierno en este planeta que desconozca la magnitud de la tragedia (o quiz&aacute; precisamente por eso), los debates sobre el enigma de la productividad siguen siendo discusiones t&eacute;cnicas, limitadas a las instituciones econ&oacute;micas y planteadas como retos abstractos y oscuros, m&aacute;s que como un callej&oacute;n civilizatorio sin salida. Como en <em>No mires arriba</em>, esa pel&iacute;cula en la que un meteorito est&aacute; a punto de impactar contra la Tierra pero nadie quiere hablar del tema, no sea que les fastidie la sobremesa, en todos los pa&iacute;ses y con independencia del signo ideol&oacute;gico, la pol&iacute;tica ha metido la cabeza en un hoyo, como un avestruz.
    </p><p class="article-text">
        Y es que reconocer p&uacute;blicamente lo que han consensuado los economistas (que el mundo no va a volver a crecer igual que antes) ser&iacute;a tanto como desmontar el pilar sobre el que descansan la econom&iacute;a, la paz social e incluso la democracia. Sin tener una alternativa, ser&iacute;a un suicidio, no se sabe si de la civilizaci&oacute;n, de las siglas del gobierno de turno o de ambos. Abandonar la fe en el crecimiento sin un plan B es como empujar al mundo hacia una guerra total, que quiz&aacute;, en el fondo, es justo lo que ya estamos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, Ipsos realiz&oacute; un macroestudio entre decenas de miles de personas de 31 pa&iacute;ses. Encontr&oacute; que la mayor&iacute;a (57&nbsp;por ciento) piensa que &laquo;su pa&iacute;s est&aacute; en declive&raquo; y un 56&nbsp;por ciento tiene la sensaci&oacute;n de que &laquo;la sociedad en la que vive est&aacute; rota&raquo;. La percepci&oacute;n de fractura social es acuciante en las democracias occidentales m&aacute;s consolidadas &mdash;como Alemania (77&nbsp;por ciento), Reino Unido (68&nbsp;por ciento) o Estados Unidos (66&nbsp;por ciento)&mdash;, pero este malestar est&aacute; lejos de ser exclusivamente occidental: cunde en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, incluso en el denominado Sur Global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La humanidad siente hoy un profundo y doloroso pesimismo. Incapaces de explicarles a sus votantes lo que est&aacute; ocurriendo, los gobiernos concentran sus esfuerzos en lo &uacute;nico que se les ocurre, que consiste en resucitar a cualquier precio la econom&iacute;a industrial. Mientras fue presidente, Joe Biden inyect&oacute; un bill&oacute;n de d&oacute;lares en ayudas a algunas industrias, como la fabricaci&oacute;n de chips o de paneles solares, para llevarlas de vuelta a Estados Unidos. Cuando Donald Trump lleg&oacute; al poder, los aranceles y sus promesas de recuperar los empleos del acero y del carb&oacute;n fueron parte de la misma estrategia. Nada distinto hace la Comisi&oacute;n Europea cuando propone una reindustrializaci&oacute;n verde de Europa, ni el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz, cuando insiste en proteger las exportaciones para incubar artificialmente su industria. Ni siquiera China escapa del pavor a este virus: en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Xi Jinping se ha lanzado a una carrera por construir m&aacute;s carreteras, m&aacute;s f&aacute;bricas y m&aacute;s ciudades como forma de mantener el pa&iacute;s en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Pero pasan los a&ntilde;os y nada parece funcionar. &iexcl;En ninguna parte! A pesar de las inyecciones, del capital pol&iacute;tico y de que todo el mundo aparenta estar convencido de que esta es la mejor soluci&oacute;n, el empleo industrial sigue a la baja en los pa&iacute;ses ricos. Al mismo tiempo, la desigualdad no deja de crecer y, como apuntan una y otra vez el FMI, la OCDE y el Banco Mundial, no tenemos ning&uacute;n motivo para pensar que vaya a cambiar de trayectoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el descontento se multiplica, cada vez a mayor velocidad y con m&aacute;s virulencia. Y es que, a diferencia de lo que ocurr&iacute;a con el meteorito en la pel&iacute;cula, no hace falta ser astr&oacute;nomo para percibir lo que est&aacute; ocurriendo: cualquiera puede comprobar en sus carnes que la econom&iacute;a no est&aacute; funcionando, y para el ciudadano medio es innegable que el mundo del siglo xx hace mucho que dej&oacute; de existir. As&iacute; que, en lugar de vivir ajenos a la realidad, lo que cree mucha gente es que los gobiernos la est&aacute;n enga&ntilde;ando o, como m&iacute;nimo, le est&aacute;n haciendo luz de gas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Ipsos, dos de cada tres personas en el mundo piensan que la sociedad est&aacute; dividida entre la gente normal y las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas (68&nbsp;por ciento), que los medios est&aacute;n m&aacute;s interesados en ganar dinero que en decir la verdad (66&nbsp;por ciento) y que los partidos pol&iacute;ticos no se preocupan por la gente (64&nbsp;por ciento).
    </p><p class="article-text">
        Esas &eacute;lites, entonces, paniquean. No entienden por qu&eacute; se ha roto la confianza que los ciudadanos hab&iacute;an depositado en ellas. Achacan el descontento a la influencia que tiene el dinero en la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash;&laquo;los medios est&aacute;n controlados por billonarios&raquo;&mdash; o a todo lo contrario, a la multiplicaci&oacute;n de los canales de comunicaci&oacute;n que les restan capacidad de convencer &mdash;&laquo;las redes han tra&iacute;do el colapso de la civilizaci&oacute;n&raquo;&mdash;. Al surgimiento de una nueva clase de empresas tecnol&oacute;gicas que controlan las redes sociales o a un mundo donde el poder est&aacute; cada vez m&aacute;s lejos de los gobiernos democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Con un grado de miop&iacute;a exasperante (y, quiz&aacute;, interesado), muchos analistas intentan explicar esta aflicci&oacute;n como si fuera consecuencia del deterioro de las condiciones de vida. &laquo;La gente vive peor que antes y por eso est&aacute;n cabreados. Hagan que circule m&aacute;s dinero y todos los problemas se solucionar&aacute;n&raquo;, quieren decir.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese argumento se desmonta solo, y a la primera inspecci&oacute;n, adem&aacute;s. Aunque el mundo crezca mucho m&aacute;s despacio, ni ha dejado de crecer ni ha decrecido. Hasta ahora, nunca hab&iacute;amos vivido tan bien. En los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, la esperanza de vida ha aumentado de 66 a 73 a&ntilde;os, la poblaci&oacute;n mundial ha crecido casi un 30&nbsp;por ciento y la producci&oacute;n de bienes y servicios se ha duplicado. Si consideramos el conjunto del planeta, y no solo los pa&iacute;ses ricos, incluso el PIB ha aumentado, pasando de unos 13.000 d&oacute;lares por habitante a m&aacute;s de 20.000 d&oacute;lares. Para una gran parte de la humanidad han sido los mejores a&ntilde;os de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Y, al contrario, al final de los Treinta Gloriosos, en el punto &aacute;lgido del optimismo, la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n mundial todav&iacute;a estaba fuera del reparto de las ganancias materiales. Unos, en los pa&iacute;ses ricos, porque no hab&iacute;an conseguido entrar en la rueda; la mayor&iacute;a, porque esa promesa de progreso nunca lleg&oacute; a materializarse en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. Siempre se qued&oacute; en eso, una promesa.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que una sociedad no es otra cosa que una promesa. Cada civilizaci&oacute;n se sostiene sobre un trato; un manual de instrucciones que dicta las reglas acerca de c&oacute;mo comportarse, qu&eacute; significa ser bueno o malo, importante o insignificante, qu&eacute; tenemos que hacer para ser considerados valiosos y qu&eacute; recompensas podemos esperar si cumplimos nuestra parte del trato. Algunos autores se refieren a este acuerdo como un &laquo;mito&raquo;, otros dicen que es un &laquo;contrato social&raquo;. En el fondo no es sino una promesa compartida, invisible pero omnipresente, que nos hacemos los unos a los otros, que inculcamos a los ni&ntilde;os desde la cuna y que confiamos en que ordene la vida colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo xx hab&iacute;a una promesa cristalina. Incluso quien no hab&iacute;a llegado a la posici&oacute;n que esperaba asumir en el mundo ten&iacute;a una hoja de ruta, un manual del usuario para conseguir sus objetivos. Aunque no los hubieras logrado todav&iacute;a, los dem&aacute;s parec&iacute;an estar de acuerdo contigo en c&oacute;mo podr&iacute;as hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Esta fue la receta que se aplic&oacute; a los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo durante a&ntilde;os. Si cambiaban sus sistemas productivos, mandaban a los j&oacute;venes a la universidad, met&iacute;an en cintura sus presupuestos y abrazaban con entusiasmo los principios de la econom&iacute;a liberal, iban a alcanzar los mismos est&aacute;ndares de progreso que Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Hoy nadie se atrever&iacute;a a decir esto. Ni siquiera, casi, a hablar as&iacute; de Alemania. Esto es lo que ha cambiado. Sin el crecimiento espont&aacute;neo e infinito de la econom&iacute;a, nadie tiene ya la receta para que a un pa&iacute;s, o a una persona, le vaya bien. Se ha roto la promesa del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, lo que s&iacute; se correlaciona con el malestar es la sensaci&oacute;n de inseguridad. El miedo. Miedo a caerte del estatus que tienes en la sociedad y a no poder recuperarlo. A perder el trabajo y que no te vuelvan a contratar, a que te quiten la casa en otra crisis como la de 2008, a quedarte atr&aacute;s mientras otros que lo merecen menos avanzan. Y lo que es peor, miedo a que todo esto te ocurra y a los dem&aacute;s les parezca bien porque no vales lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        La periodista Anne Helen Petersen lo expres&oacute; as&iacute; en un libro sobre el <em>burnout millennial</em>:
    </p><p class="article-text">
        No era que algo estuviera mal en mi d&iacute;a a d&iacute;a. Es que algo hab&iacute;a estado mal toda mi vida adulta. Lo cierto era que todas esas tareas encubr&iacute;an la verdadera tarea, que era adem&aacute;s la tarea de muchos m&aacute;s <em>millennials</em>: trabajar sin parar. &iquest;D&oacute;nde aprend&iacute; que ten&iacute;a que trabajar sin parar? En la universidad. &iquest;Por qu&eacute; trabajaba sin parar? Porque me aterraba no encontrar un empleo. &iquest;Por qu&eacute; sigo trabajando sin parar desde que encontr&eacute; un empleo? Porque me aterra perderlo, y porque mi valor como persona  y mi valor como trabajadora se han vuelto indiscernibles. No consegu&iacute;a quitarme de encima el sentimiento de precariedad  &mdash;de que todo aquello por lo que hab&iacute;a trabajado pod&iacute;a desaparecer de repente&mdash; y no pod&iacute;a reconciliar esa idea con una noci&oacute;n con la que me hab&iacute;a criado, la de que si me esforzaba lo suficiente, todo dar&iacute;a sus frutos.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la ra&iacute;z del malestar que nos asola. Esa &laquo;noci&oacute;n&raquo; era la promesa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo xx: la de que, si nos esforz&aacute;bamos, los hijos de los trabajadores &iacute;bamos a dejar de ser <em>clase obrera</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, de un mundo donde los camareros so&ntilde;aban con que sus hijos fueran abogados pasamos a otro donde los abogados temen que los suyos terminen de camareros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" length="753292" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" type="image/jpeg" fileSize="753292" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Libros,Crisis económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adelanto exclusivo de ‘La plaga’, la nueva novela de Juan Gallego y Javier Gallego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/adelanto-exclusivo-plaga-nueva-novela-juan-gallego-javier-gallego_1_12279010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6510542a-cc1c-4ccf-afab-abeca444a3f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adelanto exclusivo de ‘La plaga’, la nueva novela de Juan Gallego y Javier Gallego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lee en primicia las primeras páginas de ‘La plaga’, el nuevo cómic de Juan Gallego y Javier Gallego sobre los rincones más oscuros de la mente </p><p class="subtitle">Entrevista - Juan Gallego y Javier Gallego tratan la salud mental en un cómic que expone “la plaga” de los bulos y la tiranía del éxito</p></div><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo 14 de mayo saldr&aacute; a la venta <em>La plaga</em> (Reservoir Books, 2025), la nueva novela gr&aacute;fica de los hermanos Juan Gallego y Javier Gallego. Tras la publicaci&oacute;n de <em>Como si nunca hubieran sido</em> (2018), el c&oacute;mic en el que ofrecen una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comics/javier-gallego-crudo-mediterraneo-europa_128_1819060.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mirada a los refugiados que mueren en el Mediterr&aacute;neo</a>, los autores presentan un proyecto en el que abarcan de primera mano los problemas de la salud mental, un tema actual que lucha por tener cada vez m&aacute;s presencia en la literatura.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de su protagonista Pedro, un arquitecto deprimido, <em>La plaga </em>propone un viaje a trav&eacute;s de una persona que ha perdido la esperanza por aquello que le rodea, afectando tanto a sus relaciones personales como a su relaci&oacute;n consigo mismo. Sin embargo, este viaje tambi&eacute;n sirve como oportunidad para abordar problemas tales como los bulos, la desinformaci&oacute;n, la inteligencia artificial o el peligro de la nostalgia, sobre los que se pronuncian Juan y Javier Gallego en su <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comics/juan-javier-gallego-tratan-salud-mental-comic-expone-plaga-bulos-tirania-exito_1_12269408.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista para elDiario.es</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Disfruta a continuaci&oacute;n de las primeras p&aacute;ginas de la obra, un thriller lis&eacute;rgico que explora los rincones m&aacute;s oscuros de la mente a partir de una plaga de gusanos que su protagonista encuentra en la despensa de casa. Ellos le acompa&ntilde;ar&aacute;n en su lucha diaria por sacar adelante una vida que se desmorona.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/633dda45-7420-4128-b194-00b331f2c3c7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a1b79de8-fd9b-4abd-b7d9-435231e196b6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d5093cb4-0144-4673-9bb6-6e4fee9f98f2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f829025f-800a-4346-83f8-12e7a6d19248_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a38e8ded-5a2e-4f88-bd34-82177681d11e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/19bebe37-13ec-414d-ba0f-2a8fdb28a932_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/890553b5-1430-44ce-b883-d6801739d642_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/93b11cf2-2548-489b-8272-631f234e996e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/adelanto-exclusivo-plaga-nueva-novela-juan-gallego-javier-gallego_1_12279010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 May 2025 20:08:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6510542a-cc1c-4ccf-afab-abeca444a3f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="798261" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6510542a-cc1c-4ccf-afab-abeca444a3f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="798261" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Adelanto exclusivo de ‘La plaga’, la nueva novela de Juan Gallego y Javier Gallego]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6510542a-cc1c-4ccf-afab-abeca444a3f9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Cómic,Novela gráfica,Libros,Editoriales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres fragmentos de 'Escribir antes', el nuevo libro de Sabina Urraca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/tres-fragmentos-escribir-nuevo-libro-sabina-urraca_1_12140499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe4881a0-c87d-4c0b-b5c2-4009c5c5ee99_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113781.jpg" width="1102" height="620" alt="Tres fragmentos de &#039;Escribir antes&#039;, el nuevo libro de Sabina Urraca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ediciones Comisura publica el 31 de marzo los diarios de escritura de la periodista durante el proceso de creación de su novela 'El celo'; que incluyen apuntes, poemas, anécdotas y pensamientos con los que ahondar en los entresijos de la obra</p><p class="subtitle">Sabina Urraca: “Reducir la literatura a temas y 'hashtags' es peligrosísimo”
</p></div><p class="article-text">
        Para&iacute;so. Habitaci&oacute;n peque&ntilde;a, como me gusta, con estudio peque&ntilde;o, como necesito. Que no haya nada que no pueda verse de un vistazo, ning&uacute;n recoveco donde pueda haber algo oculto. Pero a medida que nos acerc&aacute;bamos en coche a la casa, blanca, sencilla pero imponente frente al mar y los pinos, vi esa otra amenaza ya imaginada: demasiada belleza, est&iacute;mulos, chispazos de luz, las historias de los dem&aacute;s; todo ello transform&aacute;ndose en un tobog&aacute;n untado en aceite. Me deslizo y desaparezco. Fiuuum. La novela que estoy escribiendo se difumina, queda atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es el problema: En las residencias de escritura, m&aacute;s que calmarme, el entorno me trastorna, me llama a gritos. Esa curiosidad me hace escribir cosas distintas al libro que tengo entre manos, entregarme a pasiones que no son la pasi&oacute;n a la que ven&iacute;a yo. Hoy se me cruza esta idea y se queda ah&iacute; como un jabal&iacute; deslumbrado: este diario, m&aacute;s que el diario de la escritura de la novela o de la estancia, ser&aacute; el relato que narre mi intento de huir de la distracci&oacute;n y las historias del propio entorno. El entorno corre tras de m&iacute; para engullirme, yo huyo. Y mientras huyo, lo cuento.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Hace poco una amiga con ovario poliqu&iacute;stico me cont&oacute; en qu&eacute; consiste su dolencia. Creo que es lo mismo que me pasa a m&iacute; con las ideas. Se me ocurren tantas que se apelotonan, se atascan y no escribo ninguna en absoluto. Luego, de pronto, y forzada por alguna cuesti&oacute;n hormonal (v&eacute;ase deadline, contrato firmado, &iquest;no es la adrenalina una hormona?) empiezo a sangrar alguna de las ideas. Entonces se vuelve imparable ese caudal, anega el tamp&oacute;n, se desborda de la compresa. Y precisamente por eso termina siendo algo descontrolado, fuera de estructuras, intuitivo. Cuando el texto o el libro ya est&aacute; publicado pienso: &iquest;Qu&eacute; he hecho? Leo p&aacute;rrafos de mis libros y es como si no los hubiese escrito yo. Los miro con sorpresa. Son como una gran mancha de sangre en el sof&aacute;, que se ha ido formando mientras yo hac&iacute;a otra cosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Mi madre quiere que deje de escribir autoficci&oacute;n. Me lo dijo en una de las &uacute;ltimas conversaciones que tuvimos antes de que dej&aacute;ramos de hablar. Yo sigo sin tener claro lo que es. S&oacute;lo s&eacute; que ser&iacute;a idiota si no utilizase lo que la realidad me pone delante. Y que ser&iacute;a idiota si no inventase todo lo que me apetece. Pero ella ve se&ntilde;ales de m&iacute;, de peligro, en cada texto. Recuerdo: se lamentaba al otro lado del tel&eacute;fono, ten&iacute;a miedo. Me ped&iacute;a que moderase la brutalidad de mis textos de la misma forma en que a los trece a&ntilde;os, el d&iacute;a que mi cuerpo alcanz&oacute; el peso suficiente para que me volviese a venir la regla, me sugiri&oacute; que ser&iacute;a maravilloso que me quedara as&iacute; como estaba.<em> As&iacute;</em>: en el peso justo para que mi cuerpo arrojase cierta normalidad, un poco de sangre. Pero muy flaca. O a mis catorce, horrorizada por lo que le estaba contando &mdash;un enamoramiento febril, doliente, por una chica del grupo de teatro&mdash; conduciendo muy r&aacute;pido por la carretera hacia La Punta, la vista al frente, p&aacute;lida: &laquo;Pero las mujeres no te gustan sexualmente, &iquest;no? &iquest;A que no?&raquo;. Siempre ese ruego desesperado: una anor&eacute;xica funcional, lo justito para ser f&eacute;rtil. Una bisexual plat&oacute;nica, limpia. Una escritora c&oacute;moda para una madre asustada. Que escribe, pero sin pasarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sabina Urraca]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/tres-fragmentos-escribir-nuevo-libro-sabina-urraca_1_12140499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Mar 2025 21:17:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fe4881a0-c87d-4c0b-b5c2-4009c5c5ee99_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113781.jpg" length="766290" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fe4881a0-c87d-4c0b-b5c2-4009c5c5ee99_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113781.jpg" type="image/jpeg" fileSize="766290" width="1102" height="620"/>
      <media:title><![CDATA[Tres fragmentos de 'Escribir antes', el nuevo libro de Sabina Urraca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fe4881a0-c87d-4c0b-b5c2-4009c5c5ee99_16-9-discover-aspect-ratio_default_1113781.jpg" width="1102" height="620"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Literatura,Novela,Editoriales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rezwana, un expediente europeo y una misión: salvar la memoria de su familia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rezwana-expediente-europeo-mision-salvar-memoria-familia_1_10674383.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c2ce5d7-b22b-42aa-8100-5fe9c0c324f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084437.jpg" width="1656" height="932" alt="Un detalle de la portada de &#039;Rezwana&#039; (Libros del KO)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariangela Paone, periodista de ElDiario.es, contó en 2015 la tragedia del naufragio de un barco con más de 300 personas a bordo cerca de Lesbos, en el que Rezwana Sekandari viajaba con sus padres, dos hermanas y un hermano. De su familia, solo ella sobrevivió. Juntas publican 'Rezwana. Un expediente europeo' (Libros del KO), del que ElDiario.es adelanta el primer capítulo. Además de diario de viaje e investigación periodística sobre la burocracia ciega del sistema europeo de asilo, es la historia de las personas anónimas que hacen del mundo un lugar mejor</p><p class="subtitle">Lee los artículos de Mariangela Paone en elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        <strong>PARTE 1. Lesbos, principio y fin</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>23 de junio de 2022. Lesbos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Rezwana es una diminuta mancha negra en medio de un erial de yerba alta y seca. El sol, que cae en picado sobre su cabeza, borra la sombra. Desde lejos, parece inm&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        <em>Quiero quedarme sola, por favor. Sola. Solo un rato.</em>
    </p><p class="article-text">
        La dejamos sola, mir&aacute;ndola desde una distancia infranqueable de un pu&ntilde;ado de metros. Ella, all&iacute; sentada, ella que dobla la espalda, una peque&ntilde;a mancha negra que se recoge sobre s&iacute; misma hasta cubrir otra min&uacute;scula mancha blanca. Una l&aacute;pida. Un rect&aacute;ngulo de m&aacute;rmol plantado en la tierra, con unas palabras y unos n&uacute;meros. &laquo;&#902;&gamma;&nu;&omega;&sigma;&tau;&eta; &Gamma;&upsilon;&nu;&alpha;&#943;&kappa;&alpha;&raquo;, mujer desconocida. Un par de metros m&aacute;s all&aacute;, hay otra. &laquo;&#902;&gamma;&nu;&omega;&sigma;&tau;&omicron; &Kappa;&omicron;&rho;&#943;&tau;&sigma;&iota;&raquo;, ni&ntilde;a desconocida. En la explanada, enclaustradas entre olivos seculares, con sus ramas torcidas como brazos dolientes elev&aacute;ndose hacia el cielo, hay decenas de l&aacute;pidas como estas. &laquo;&#902;&gamma;&nu;&omega;&sigma;&tau;&omicron;&sigmaf;&raquo;, desconocidos. Hombres, mujeres, ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Rezwana desliza lentamente la mano sobre el m&aacute;rmol. La caricia tan deseada, que no podr&aacute; ser nunca m&aacute;s. Limpia el m&aacute;rmol con el agua de una peque&ntilde;a botella de pl&aacute;stico. Ba&ntilde;a la tierra, ba&ntilde;a los ramilletes de siemprevivas que hemos tra&iacute;do y, con las u&ntilde;as, trata de arrancar las ra&iacute;ces de la yerba para dejar m&aacute;s espacio libre alrededor de las dos l&aacute;pidas. Son las &uacute;nicas que han sido liberadas de la maleza, antes de nuestra llegada. Las dos personas que identifican ya no son nombres desconocidos. Se llamaban Negin y F&aacute;tima, ten&iacute;an once y treinta y siete a&ntilde;os y murieron hace siete, el 28 de octubre de 2015. 
    </p><p class="article-text">
        Nos acercamos a las tumbas y le mojo el pelo con agua. El resto de la cara est&aacute; ba&ntilde;ada en l&aacute;grimas que gotean sobre las l&aacute;pidas y sobre sus manos. &laquo;Hace demasiado calor&raquo;, le digo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un rato m&aacute;s, por favor. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; yo estoy viva y ellos no? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a haber hecho para salvar al menos a uno de ellos? &iquest;Por qu&eacute; ten&iacute;an que morir as&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; tuvieron que morir aqu&iacute;?</em>
    </p><p class="article-text">
        Al caer la noche, desde el balc&oacute;n de mi habitaci&oacute;n del hotel, las luces del puerto de Mitilene reflejadas en el mar parecen una mancha de Rorschach. Yo no tengo respuestas racionales, Rezwana. Solo hemos encontrado un fragmento de realidad: murieron y est&aacute;n aqu&iacute;. Pod&iacute;an no haber muerto as&iacute;, pod&iacute;an no haber sido enterrados aqu&iacute;, pod&iacute;an haber llegado sin arriesgar su vida en el mar. No pudieron. Lo &uacute;nico que sabemos es que est&aacute;n aqu&iacute;. En Lesbos. 
    </p><p class="article-text">
         *
    </p><p class="article-text">
        Es la primera vez que Rezwana vuelve a la isla. Nos hab&iacute;amos prometido ir juntas si lleg&aacute;bamos a tener una respuesta que realmente nunca pensamos que conseguir&iacute;amos. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2e8deaf5-6b2d-4af9-a88f-83c3d9daadac_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Nuestras vidas se hab&iacute;an cruzado sin cruzarse hace siete a&ntilde;os. Eran los meses m&aacute;s duros de la llamada &laquo;crisis de los refugiados&raquo;. A Europa se le secar&iacute;an pronto las l&aacute;grimas derramadas por la imagen del peque&ntilde;o Alan Kurdi, el ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os que se ahog&oacute; junto a su madre y su hermano mientras intentaban cruzar el mar Egeo, huyendo de la guerra en Siria. El 2 de septiembre de 2015, el d&iacute;a que encontraron el cad&aacute;ver del chiquillo boca abajo en una playa de la localidad turca de Bodrum, como si estuviera durmiendo, recib&iacute; la noticia en la otra orilla. &laquo;A Lesbos se llega, pero luego de Lesbos no se sale nunca, por muy lejos que te hayas ido&raquo;, me hab&iacute;an avisado. 
    </p><p class="article-text">
        Unas semanas despu&eacute;s de la muerte del peque&ntilde;o, cuando ya se esfumaba el eco de las palabras de desesperaci&oacute;n de su padre, lleg&oacute; la noticia de un accidente de enormes dimensiones. Un barco de madera, con m&aacute;s de trescientas personas a bordo, se hab&iacute;a hundido a unos tres kil&oacute;metros de Lesbos.
    </p><p class="article-text">
        Era el 28 de octubre de 2015. 
    </p><p class="article-text">
        Los registros oficiales contabilizaron 274 supervivientes y, al menos, cuarenta y tres muertos &mdash;diecisiete hombres, seis mujeres, diecinueve ni&ntilde;os, un beb&eacute;&mdash; y un n&uacute;mero indeterminado de desaparecidos. En el barco viajaba Rezwana con sus padres, Naseer y F&aacute;tima, su hermana Negin, su hermano Hadith, de cinco a&ntilde;os, y su hermana Mehrumah, de catorce meses. Solo Rezwana sobrevivi&oacute;. Hu&eacute;rfana a las puertas de Europa.
    </p><p class="article-text">
         *
    </p><p class="article-text">
        <strong>20 de agosto 2021. Atenas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de meses de videollamadas en plena pandemia de covid, aterrizo en Atenas para cumplir con la promesa de ir a verla tan pronto como las restricciones de viaje lo permitiesen. A la salida de la estaci&oacute;n de metro Acr&oacute;polis, rodeada por el traj&iacute;n de turistas en este primer verano pospand&eacute;mico, Rezwana aparece con un paquete de pasteles reci&eacute;n comprados en su panader&iacute;a favorita. Nos abrazamos como dos amigas que se reencuentran despu&eacute;s de mucho tiempo. Tengo la sensaci&oacute;n de conocerla desde siempre. Me da igual lo ret&oacute;rico y convencional que pueda sonar esto, porque es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras paseamos por la calle Dionisio Areopagita, justo a los pies de la colina de la Acr&oacute;polis, los relatos que Rezwana esboz&oacute; en nuestras llamadas telef&oacute;nicas empiezan a coger forma, a vestirse de detalles, im&aacute;genes y sensaciones. Es el pr&oacute;logo de la conversaci&oacute;n larga y pausada a la que nos hab&iacute;amos emplazado para cuando estuvi&eacute;ramos juntas.
    </p><p class="article-text">
         *
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; estamos ahora, en su habitaci&oacute;n, en un piso de la segunda planta de un edificio de Kallithea, un municipio al sur del &aacute;rea metropolitana de Atenas que yo conoc&iacute; en 2012, uno de los a&ntilde;os m&aacute;s duros de la Gran Recesi&oacute;n, y donde ella, en el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio, ha tenido que aprender a reconstruir su vida, pieza por pieza. Dos osos de peluche descansan sobre la cama con las s&aacute;banas estampadas en flores, y unos pajaritos de plumas cuelgan de una pared cerca de un coraz&oacute;n dorado. Sobre la mesa que hace de escritorio hay apilados varios libros, algunos en sueco. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Por qué? ¿Por qué yo estoy viva y ellos no? ¿Qué podría haber hecho para salvar al menos a uno de ellos? ¿Por qué tenían que morir así? ¿Por qué tuvieron que morir aquí?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Recorrer la vida de Rezwana a partir del d&iacute;a del naufragio es remover una pena que ha tenido que aprender a contener. Cuando su relato se adentra en los recuerdos m&aacute;s dolorosos, le pregunto si quiere parar. No quiere. Es como si hubiera esperado demasiado tiempo para poder contarlo todo, sin frenos, sin temor a ser juzgada, sin miedo a las consecuencias de sus palabras. Me atraviesa la sensaci&oacute;n de ser inoportuna y culpable. Tengo delante de mis ojos a una joven a punto de cumplir veinte a&ntilde;os y, sin embargo, solo consigo ver a la ni&ntilde;a de trece que lleg&oacute; muerta de fr&iacute;o y de miedo a la orilla de Europa, sin saber a&uacute;n que nunca volver&iacute;a a ver su familia. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Nos hab&iacute;an dicho que tardar&iacute;amos treinta y cinco minutos. El mar al principio parec&iacute;a tranquilo. Cuando pasaron unos quince o veinte minutos, nos encontr&aacute;bamos en la mitad del recorrido. Mi madre rezaba y yo tambi&eacute;n. Mi padre, que hab&iacute;a dejado de fumar hac&iacute;a a&ntilde;os, se hab&iacute;a encendido un cigarrillo. Era un barco de dos pisos. Mucha gente. Est&aacute;bamos los unos pegados a los otros. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De repente vimos que empezaba a entrar agua. Mi familia estaba en la que ten&iacute;a que haber sido la cocina del barco. Solo cab&iacute;amos nosotros seis all&iacute;. Al entrar, mi madre vio que hab&iacute;a unos pepinos y cogi&oacute; uno para m&iacute; y mi hermana. Mi padre dec&iacute;a que no los tocara, que no era algo nuestro y mi madre le mand&oacute; callar porque a nosotras nos gustaban mucho los pepinos y no hab&iacute;amos comido nada aquel d&iacute;a.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi madre estaba cerca de la puerta de esa cocina. Yo cerr&eacute; los ojos y ella tambi&eacute;n. Media hora pasar&iacute;a r&aacute;pido. Rez&aacute;bamos por nuestra familia. De pronto mam&aacute; dijo: &laquo;Levantaos porque el agua est&aacute; subiendo&raquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fue cuesti&oacute;n de segundos. Ella cogi&oacute; la mano de mi hermano y se fue hacia el pasillo para tratar de subir a la segunda planta. Pero cuando se estaba acercando a la escalera se oy&oacute; un estruendo y nos tiramos al mar. Desde aquel momento les perd&iacute; de vista. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo estaba en el agua. No los ve&iacute;a. Hab&iacute;a un hombre que me empujaba hacia abajo para permanecer &eacute;l a flote. Yo no pod&iacute;a hacer nada. Mi padre era mi h&eacute;roe, en aquel momento pens&eacute; en &eacute;l y en que viniera a rescatarme y a matar a ese hombre que intentaba hundirme. No s&eacute; c&oacute;mo, pero consegu&iacute; zafarme. Y vi a mi padre. Me dijo: &laquo;No sueltes esa madera&raquo;. Fue cuando me di cuenta de que estaba agarrada a un trozo de madera del barco. &Eacute;l sujetaba a mi hermana peque&ntilde;a, la ten&iacute;a sobre su cabeza. Es la &uacute;ltima imagen que tengo de &eacute;l. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Recuerdo los &uacute;ltimos besos y no sab&iacute;a que ser&iacute;an los &uacute;ltimos. Ahora puedo recordar. En el viaje desde Estambul a Esmirna, durante toda la noche, tuve en mis brazos a mi hermano. Finalmente hab&iacute;amos encontrado sitio en el autob&uacute;s y no est&aacute;bamos sentados en el suelo. Mi padre quer&iacute;a que estuvi&eacute;ramos c&oacute;modos. Mi hermano Hadith estuvo conmigo todo el tiempo. Todos quieren lo mejor para sus hijos y yo ten&iacute;a este sentimiento hacia mis hermanos. Siempre que veo ahora a un ni&ntilde;o de su edad pienso en &eacute;l, pienso en mis hermanas. Ellos tambi&eacute;n pod&iacute;an haber tenido esta vida, estar a salvo. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me rescataron unos pescadores que estaban en una embarcaci&oacute;n peque&ntilde;a. Yo estaba mirando hacia un barco grande que se acercaba y pensaba que llegar&iacute;a para salvarnos. Dicen que cuando te vas a morir te pasa por la cabeza tu vida y las personas a las que quieres. Yo esto lo viv&iacute;. Al mismo tiempo pensaba: me salvar&eacute;, sobrevivir&eacute;. Me ven&iacute;an a la cabeza las im&aacute;genes de mis primos a los que quiero tanto, pero a la vez trataba de sobrevivir, me agarraba a ese trozo de madera. Despu&eacute;s de media hora, o quiz&aacute; fuera menos porque yo no sab&iacute;a nadar y me parec&iacute;a eterno, vi ese barco peque&ntilde;o que llegaba. Empezaron a coger a los ni&ntilde;os y las mujeres y pens&eacute; que mi familia estar&iacute;a all&iacute;. De repente sent&iacute; algo que me agarraba por la espalda. Un arp&oacute;n. Eran los pescadores de ese barco peque&ntilde;o. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me arrastraron y me subieron a cubierta. Yo ten&iacute;a una peque&ntilde;a mochila, con la leche y los pa&ntilde;ales para mi hermanita, el m&oacute;vil, unos d&aacute;tiles y un diario que mi madre hab&iacute;a regalado a mi padre cuando se hab&iacute;an comprometido. Mi padre hab&iacute;a escrito all&iacute; durante los a&ntilde;os en los que estuvieron separados, cuando &eacute;l se fue un tiempo con su familia a Ir&aacute;n. Era muy importante este diario. Pero yo no pod&iacute;a hablar. Miraba alrededor sin poder hablar. El pescador me quit&oacute; esa peque&ntilde;a mochila para ayudarme, s&eacute; que lo hicieron por mi bien, pero yo perd&iacute; ese diario que era muy importante. En el barco hab&iacute;a ya otros dos hombres que no s&eacute; si estaban vivos&hellip; Me sent&iacute;a mal por el agua que hab&iacute;a tragado. Vomit&eacute;. Ten&iacute;a peque&ntilde;os moratones. De repente un helic&oacute;ptero sobrevol&oacute; nuestras cabezas y movi&oacute; el aire, yo tuve tanto fr&iacute;o que pens&eacute; que me mor&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Le rezaba a Dios pidiendo que protegiera a mis padres. Era de noche y lleg&oacute; un barco de la guardia costera griega, me subieron all&iacute; y me llevaron hasta la orilla. Y recuerdo que empec&eacute; a andar en medio de los cuerpos de gente que se hab&iacute;a muerto. O&iacute;a a un ni&ntilde;o llorar y me acercaba para ver si era mi hermana. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tengo guardada la ropa que llevaba esa noche. Fui a recuperarla despu&eacute;s de que me ayudaran a ponerme algo seco, porque me acord&eacute; de que mi madre me hab&iacute;a prendido un peque&ntilde;o saquito de algod&oacute;n a la camiseta interior con un imperdible del pelele de mi hermanita. </em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Le rezaba a Dios pidiendo que protegiera a mis padres. Era de noche y llegó un barco de la guardia costera griega, me subieron allí y me llevaron hasta la orilla. Y recuerdo que empecé a andar en medio de los cuerpos de gente que se había muerto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Rezwana est&aacute; sentada a los pies de su cama y yo enfrente, en la &uacute;nica silla de la habitaci&oacute;n. Se levanta y de un peque&ntilde;o joyero, colocado sobre una mesita, saca dos anillos de oro. Uno parece una alianza, otro tiene forma de lazo con una piedra azul marino en el centro. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Mis padres hab&iacute;an vendido sus alianzas para poder acabar la casa, la misma casa que luego vendieron para reunir el dinero para ir a Europa. Mi padre, tiempo despu&eacute;s, compr&oacute; dos anillos nuevos y un brazalete. Recuerdo aquel d&iacute;a, cuando &eacute;l lleg&oacute; a casa y se los dio a mi madre. &Eacute;ramos todos felices. &laquo;&iexcl;Ahora celebramos junto a nuestros hijos!&raquo;, dijo mi mam&aacute;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando est&aacute;bamos en Turqu&iacute;a, antes de salir para Grecia, ella volvi&oacute; a ponerse las joyas, pero los anillos no le cab&iacute;an porque hab&iacute;a engordado algo y le molestaban. Entonces con un pa&ntilde;uelo de algod&oacute;n form&oacute; un saquito, los puso all&iacute; dentro, hizo unos nudos r&aacute;pidamente y me lo cosi&oacute; a la camiseta. Lo recuerdo como si fuera ayer. Guard&eacute; ese saquito sin abrirlo, hasta hace dos a&ntilde;os. Hab&iacute;a esperado tanto porque no quer&iacute;a deshacer los nudos que mi madre hab&iacute;a hecho con sus propias manos. Para m&iacute; era algo sagrado. Cuando la echaba de menos, simplemente miraba a ese saquito y pensaba que era lo que me quedaba de ella y lo tocaba. Al final lo he abierto. Y me he puesto los anillos. </em>
    </p><p class="article-text">
        Se los pone y me ense&ntilde;a sus manos. No son ya las de una ni&ntilde;a sino de una mujer que se parece mucho a su madre. Durante mucho tiempo esos anillos han sido lo &uacute;nico que le quedaba de ella, y el imperdible lo &uacute;nico que le quedaba de su hermana peque&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
         *
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando llegu&eacute; al puerto, Charly estaba all&iacute;. Nos miramos. Se acerc&oacute; y me ayud&oacute; a bajar del barco. Y me abraz&oacute;. Vi que estaba la Cruz Roja y quer&iacute;a ir para decir que hab&iacute;a perdido a cinco miembros de mi familia. Charly me ayud&oacute; a cambiarme, a quitarme la ropa mojada. Yo ten&iacute;a el saquito con los anillos all&iacute; y lo olvid&eacute;. Fuimos a un almac&eacute;n donde estaban todos los refugiados y la gente lloraba y se abrazaba&hellip; Esperaba que de un momento para otro aparecieran mis padres y mis hermanos. Con Charly dimos vueltas intentando encontrarles, pero no estaban en ning&uacute;n lugar, ninguno de ellos. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Charly me ten&iacute;a en su regazo. Yo ten&iacute;a la regla y sent&iacute;a mucho dolor. No pod&iacute;a hablar, me fui al servicio y lloraba, lloraba sin parar. Ella estuvo conmigo todo el tiempo y yo ten&iacute;a la cabeza sobre sus piernas y miraba hacia la puerta del almac&eacute;n esperando a que mi madre o mi padre entraran. Recuerdo que me dijo c&oacute;mo se llamaba y que ten&iacute;a veintis&eacute;is a&ntilde;os&hellip; Y de repente me acord&eacute; de mi ropa, del saquito con los anillos que mi madre me hab&iacute;a prendido a la camiseta con el imperdible. Fui a mirar en el lugar donde los hab&iacute;amos dejado y recuper&eacute; mis cosas. Hab&iacute;a un traductor afgano que se qued&oacute; con nosotras. Me trajeron pollo y Coca-Cola, pero yo no pod&iacute;a comer. Charly me animaba: &laquo;Come, bebe algo&raquo;. Pero yo solo pod&iacute;a llorar. No recuerdo si en alg&uacute;n momento me qued&eacute; dormida. De vez en cuando &iacute;bamos al puerto de Molyvos y luego volv&iacute;amos al almac&eacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando pienso en Charly pienso en un abrazo. Ella fue la primera que me dio un abrazo cuando yo estaba toda mojada y acababa de perder a mi familia. Me dio ropa limpia, me dio de comer. Yo no pod&iacute;a ni hablar aquella noche. Lloraba sin m&aacute;s. No pod&iacute;a ni gritar. Ella me acariciaba la cabeza. Cuando pienso ahora en aquellos momentos, pienso en su abrazo. I&rsquo;m so in love with her. </em>
    </p><p class="article-text">
        Rezwana se ilumina cuando habla de Charly. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Charlotte Vestli, &laquo;Charly&raquo;, fue la primera persona que me cont&oacute; la historia de Rezwana. 
    </p><p class="article-text">
        Charly lleg&oacute; a Lesbos con veintis&eacute;is a&ntilde;os como voluntaria de la peque&ntilde;a organizaci&oacute;n humanitaria noruega A Drop in the Ocean, una gota en el oc&eacute;ano. En algunas de las im&aacute;genes de los desembarcos de aquellos d&iacute;as, destaca con su figura esbelta y su larga melena de un rubio muy claro. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Por aquel entonces yo trabajaba como oficial de seguridad en el Ayuntamiento de Oslo y mi vida era currar, ir de fiesta, currar e ir de fiesta&hellip; No ten&iacute;a mucha idea de lo que ocurr&iacute;a en el resto del mundo, ni mucho inter&eacute;s en la pol&iacute;tica, la historia o la geograf&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Una noche del 15 de agosto de 2015 empec&eacute; a leer sobre lo que estaba pasando en Lesbos y vi que hab&iacute;a turistas que ped&iacute;an ayuda. Yo quer&iacute;a recaudar dinero, pero all&iacute; hac&iacute;an falta manos y donaciones materiales. Me qued&eacute; leyendo toda la noche hasta que son&oacute; el despertador. No pod&iacute;a dejar de pensar en ello. As&iacute; que recaud&eacute; algo de dinero y materiales que se necesitaban all&iacute;, ped&iacute; dos semanas de vacaciones a mi jefe y llegu&eacute; a la isla el 15 de septiembre. No pens&eacute; en absoluto en volver a casa, todo lo dem&aacute;s me parec&iacute;a in&uacute;til y mis ojos se abrieron al mundo que hab&iacute;a fuera de mi vida segura en Oslo. Volv&iacute; a llamar a mi jefe dos meses despu&eacute;s para disculparme por no haber vuelto, pero &eacute;l mientras tanto hab&iacute;a visto en las noticias lo que hac&iacute;a en Lesbos y no tuvo problema en buscar un remplazo para mi puesto, al que yo pude volver en 2017 cuando estaba embarazada. </em>
    </p><p class="article-text">
        Habl&eacute; con Charly por primera vez a principios de noviembre de 2015. Yo hab&iacute;a decidido escribir un reportaje que contara, a trav&eacute;s de la ni&ntilde;a del naufragio, la historia de los miles de menores no acompa&ntilde;ados que hab&iacute;a en la ruta hacia Europa. A Rezwana, para proteger su identidad, la llamamos Najam. El art&iacute;culo sali&oacute; publicado el 8 de noviembre, diez d&iacute;as despu&eacute;s de aquella tragedia. Yo no consegu&iacute;a quitarme esa historia de la cabeza. Dej&eacute; a Charly un mensaje d&iacute;as despu&eacute;s y volv&iacute; a preguntar por Rezwana: <em>How is she doing?</em> Luego perdimos el contacto durante un tiempo, pero yo segu&iacute;a pensando en Rezwana: cada 28 de octubre me acordaba de ella y de aquel naufragio. 
    </p><p class="article-text">
        A Charly la conoc&iacute; a trav&eacute;s de la familia Kempson &mdash;Eric y Philippa&mdash;, un matrimonio brit&aacute;nico que se afinc&oacute; hace veinte a&ntilde;os en la costa norte de Lesbos, en la bah&iacute;a de Eftalou y muy cerca de Molyvos, el puerto al que lleg&oacute; Rezwana tras ser rescatada. 
    </p><p class="article-text">
        Los Kempson hab&iacute;an sido testigos desde hac&iacute;a a&ntilde;os de las llegadas de lanchas que cruzaban el Egeo desde Turqu&iacute;a, y de c&oacute;mo su n&uacute;mero aumentaba a medida que se recrudec&iacute;a la guerra de Siria. En febrero de 2015 se dieron cuenta de que algo estaba cambiando. Ya no llegaban solo hombres j&oacute;venes, sino familias enteras, muchas mujeres y ni&ntilde;os. Cuando los conoc&iacute;, en septiembre de aquel a&ntilde;o, hab&iacute;a d&iacute;as en los que llegaban hasta cincuenta lanchas. 
    </p><p class="article-text">
        Todas las ma&ntilde;anas, al amanecer, Eric se sub&iacute;a a una peque&ntilde;a colina y se pon&iacute;a a escrutar el horizonte con unos prism&aacute;ticos. Cuando divisaba a lo lejos unos puntos negros que se aproximaban y se agrandaban, trataba de adivinar la trayectoria y se lanzaba con su Twingo azul a una carrera alocada por v&iacute;as sin asfaltar para alcanzar el punto de la costa donde, minutos despu&eacute;s, llegar&iacute;an las lanchas. 
    </p><p class="article-text">
        Durante meses, &eacute;l, su mujer, su hija y los otros vecinos de la zona fueron el primer auxilio para los miles de refugiados que llegaban. Luego, a medida que la crisis crec&iacute;a, el norte de la isla se convirti&oacute; en el destino de voluntarios desde toda Europa y la casa de los Kempson fue su cuartel general. La situaci&oacute;n se envenenar&iacute;a desde entonces: Eric y Philippa recibieron amenazas de grupos de extrema derecha y presiones de una parte de la poblaci&oacute;n local que empez&oacute; a volverse en contra de la acogida de refugiados. El acoso les oblig&oacute; a cambiarse de casa y, en a&ntilde;os posteriores, a soportar una avalancha de demandas y multas. El suyo no era un caso aislado, sino el ejemplo de la progresiva criminalizaci&oacute;n en Europa de quienes ayudan a migrantes y refugiados. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Las peque&ntilde;as gotas hacen un gran oc&eacute;ano, cr&eacute;eme&raquo;, me hab&iacute;a dicho Eric Kempson para explicarme por qu&eacute; hac&iacute;a lo que hac&iacute;a. Charlotte, &laquo;Charly&raquo;, era una de esas gotas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Me avisaron de que estaba llegando mucha gente en un barco. Fuimos al punto de observaci&oacute;n desde donde normalmente nos avisaban los Kempson. Empec&eacute; a mirar con los prism&aacute;ticos y, mientras habl&aacute;bamos de qu&eacute; hacer, vimos que el barco se hab&iacute;a hundido y que la gente flotaba en el mar. Estaban bastante lejos. Hab&iacute;a que avisar a los otros barcos que estaban all&iacute;, a las otras ONG&hellip; </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Minutos despu&eacute;s me lleg&oacute; otro mensaje: &laquo;Cualquiera que sepa hacer reanimaci&oacute;n cardiopulmonar que se vaya al puerto&raquo;. Yo ya hab&iacute;a pasado por esto. Sab&iacute;a que el puerto de Molyvos no era suficientemente grande para todos los voluntarios: de mi organizaci&oacute;n solo ir&iacute;amos los que ten&iacute;amos conocimientos m&eacute;dicos. Y fui. No recuerdo cu&aacute;nto tiempo pas&oacute; antes de que empezaran a llegar los barcos con la gente rescatada. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hay muchas cosas que no recuerdo exactamente, mezclo las horas. No com&iacute; ni dorm&iacute; en todo el d&iacute;a. El puerto se llen&oacute; de gente, muchos ni&ntilde;os. Hab&iacute;a voluntarios practicando maniobras de reanimaci&oacute;n. Uno de los m&eacute;dicos consigui&oacute; revivir a un ni&ntilde;o. Yo estaba en el coche intentado que otro peque&ntilde;o entrara en calor. &laquo;No te mueras ahora, no te mueras&raquo;, le repet&iacute;a. Solo hab&iacute;a dos ambulancias y los casos m&aacute;s graves hab&iacute;a que trasladarlos a Mitilene, la capital de la isla, a setenta kil&oacute;metros de all&iacute;. Hab&iacute;a que elegir a qui&eacute;n salvar. Entre quienes no daban se&ntilde;ales de vida y alguien que llegaba llorando, eleg&iacute;as al que parec&iacute;a tener m&aacute;s posibilidades. Era el caos. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Luego, de repente, vi a Rezwana sentada en el borde de un barco. Vi que estaba tratando de bajar y la ayud&eacute;. Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. A partir de all&iacute;, toda mi atenci&oacute;n fue para ella y empec&eacute; a descuidar todo lo dem&aacute;s. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Aunque no hablaba ingl&eacute;s, consigui&oacute; explicarme que estaba buscando a sus padres. Y una de las cosas que recuerdo muy bien es que yo pensaba que ten&iacute;a que encontrar ropa seca para ella. Pero era muy dif&iacute;cil convencer a las chicas para que se cambiaran en el puerto. Empec&eacute; a pensar en c&oacute;mo hacerlo. Ella no quer&iacute;a quitarse la ropa mojada para cambiarse y recuerdo que tuve casi que sac&aacute;rsela a la fuerza porque hac&iacute;a mucho fr&iacute;o&hellip; Encontr&eacute; unas sillas y otras personas me ayudaron a poner unas mantas de emergencia para hacer como un biombo, conseguimos que se cambiara.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me di cuenta de que la ni&ntilde;a no conoc&iacute;a a nadie alrededor y de que necesitaba desesperadamente a alguien. Me qued&eacute; con ella y, mientras trataba de encontrar int&eacute;rprete, trataba de comunicarme a trav&eacute;s del traductor de Google. Entend&iacute;, poco a poco, que hab&iacute;a perdido a sus padres y a sus hermanos. Se decidi&oacute; reunir en un mismo lugar a los que hab&iacute;an perdido a alguien. Fui con ella e intent&eacute; que comiera algo, al menos algo de chocolate. Ella adora el chocolate&hellip;, pero no quer&iacute;a. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A menudo se hac&iacute;a el silencio y, de pronto, alguien lloraba de alegr&iacute;a porque hab&iacute;a encontrado a un familiar. Nadie de su familia apareci&oacute; esa noche.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Al d&iacute;a siguiente fuimos a la Cruz Roja para registrar los nombres de sus padres, sus hermanas y su hermano. Llamamos a los hospitales, pero nada. La dej&eacute; con la gente de Cruz Roja y me fui un rato para ducharme, pero creo que no llegu&eacute; a hacerlo: un compa&ntilde;ero me llam&oacute; porque hab&iacute;a entrado en una carpa donde hab&iacute;an metido a los muertos y estaba en shock. Volv&iacute; al puerto. Lleg&oacute; un autob&uacute;s. Los que estaban a cargo del traslado nos dijeron que, entre el mediod&iacute;a y las tres de la tarde, llegar&iacute;an m&aacute;s autobuses para llevar a la gente a Mitilene. Me dijeron que la ni&ntilde;a se ten&iacute;a que subir sola y que ya se encargar&iacute;a alguien de ella. Rezwana me segu&iacute;a llamando: &laquo;Charly, Charly&raquo;. Dije que de ninguna manera se podr&iacute;a quedar sola, que alguien ten&iacute;a que acompa&ntilde;arla, que no estaban entendiendo lo que hab&iacute;a pasado. Recuerdo que dije: &laquo;S&eacute; que hay muchos casos graves aqu&iacute;, pero no hay nadie que haya perdido a todos como ella&hellip;, y es una ni&ntilde;a&raquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me dijeron que no ten&iacute;an a nadie que pudiera ir con ella. Contest&eacute;: &laquo;Entonces voy yo&raquo;. Segu&iacute;an diciendo que no pod&iacute;a ser, que el autob&uacute;s era solo para los refugiados. Me plant&eacute;. Les dije que o me dejaban subir a m&iacute; tambi&eacute;n o ella no iba. Al final me autorizaron. En el autob&uacute;s ella no hablaba. Me cog&iacute;a la mano y miraba por la ventanilla. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo era en aquel momento la coordinadora de mi grupo. Lo dej&eacute; todo. Me despreocup&eacute; de los dem&aacute;s compromisos. Pens&eacute; que ten&iacute;a que estar con ella, que ese era mi lugar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando llegamos a Mitilene, nos dejaron en una parte vallada del puerto y nos dijeron que esper&aacute;ramos all&iacute;. Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o, soplaba un viento fuerte y no hab&iacute;a d&oacute;nde protegerse. Hab&iacute;a much&iacute;sima gente esperando. Los responsables del registro dec&iacute;an que coger&iacute;an primero a los vulnerables, pero Rezwana qued&oacute; para el final. Luego me dijeron que la mandar&iacute;an al campo de Moria, que ya entonces era un desastre. De nuevo, me plant&eacute;. &laquo;No, ella no va a ir all&iacute; y si va, voy yo tambi&eacute;n&raquo;. Les propuse que la mandaran a Pikpa, un centro para los casos m&aacute;s vulnerables, gestionado por voluntarios y con un ambiente mucho m&aacute;s familiar y acogedor que Moria.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Era ya medianoche y estaba oscuro. Al final consegu&iacute; que se la llevaran a Pikpa, junto a una familia afgana. Al d&iacute;a siguiente fui all&iacute; para visitarla, para saber qu&eacute; tal estaba. Fui pr&aacute;cticamente a diario. Hasta que un d&iacute;a llegu&eacute; y me dijeron que la hab&iacute;an trasladado a Atenas, que ella no ten&iacute;a m&oacute;vil y que no estaban autorizados a decirme d&oacute;nde la hab&iacute;an llevado. Me desesper&eacute;. No paraba de pensar en que ella imaginar&iacute;a que yo la hab&iacute;a abandonado. Nadie me quer&iacute;a decir nada. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rezwana Sekandari, Mariangela Paone]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/rezwana-expediente-europeo-mision-salvar-memoria-familia_1_10674383.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Nov 2023 21:21:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4c2ce5d7-b22b-42aa-8100-5fe9c0c324f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084437.jpg" length="6535562" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4c2ce5d7-b22b-42aa-8100-5fe9c0c324f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084437.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6535562" width="1656" height="932"/>
      <media:title><![CDATA[Rezwana, un expediente europeo y una misión: salvar la memoria de su familia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4c2ce5d7-b22b-42aa-8100-5fe9c0c324f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084437.jpg" width="1656" height="932"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Mediterráneo,Afganistán,Refugiados,Crisis de refugiados,Grecia,Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Entrevista exclusiva" de Lester Bangs con Jimi Hendrix (cinco años después de su muerte)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/entrevista-exclusiva-lester-bangs-jimi-hendrix-cinco-anos-despues-muerte_1_10621652.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4121637c-7f95-4223-8c9a-e066bab79e37_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x470y592.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Entrevista exclusiva&quot; de Lester Bangs con Jimi Hendrix (cinco años después de su muerte)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El crítico del rock más legendario de la revista Rolling Stones en los años 70 escribió esta entrevista a otra leyenda, en este caso de la guitarra, pero como ya había muerto, se la inventó entera; forma parte de 'Venas al frente, festines de sangre y mal gusto' que publicará Libros del Kultrum</p><p class="subtitle"> La historia detrás de ‘Macarena’, la canción que no falta en Nochevieja y cuya autoría ha pasado tres décadas en disputa </p></div><p class="article-text">
        Jimi Hendrix muri&oacute; en 1970 pero eso no impidi&oacute; al m&aacute;s m&iacute;tico reportero del rock, Lester Bangs, entrevistarle cinco a&ntilde;os despu&eacute;s. De Bangs (fallecido en 1982), otro periodista del rocanrol, John Morthland (fallecido a su vez en 2016) &ndash;quien por cierto cubri&oacute; el funeral de Hendrix para la revista Rolling Stone&ndash;, organiz&oacute; sus escritos para darles forma de libro. El segundo volumen, <em>Venas al frente, festines de sangre y mal gusto</em>, se publica el 30 de octubre traducido al espa&ntilde;ol por Paco Arrieta en Libros del Kultrum.
    </p><p class="article-text">
        Lester Bangs naci&oacute; en California y muri&oacute; en Nueva York a los 33 a&ntilde;os de una sobredosis de Valium, devorando el pa&iacute;s a su paso y deglutiendo una suerte de periodismo kamikaze, bronco, punk. No parec&iacute;a que le gustara nada sobre lo que escrib&iacute;a, salvo Lou Reed, de quien era amigo. Escrib&iacute;a como si escupiera, pero tambi&eacute;n como si sus palabras fueran notas de improvisado free jazz: a prop&oacute;sito desafinadas, r&aacute;pidas, disonantes, imprevisibles.
    </p><p class="article-text">
        Era heredero de una escuela que se iniciaba con Burroughs y Hunter S. Thompson y que probablemente se ha quedado sin alumnos, pues ninguna universidad &ndash;o revista&ndash; los querr&iacute;a hoy en sus pupitres. En este falsa entrevista &ndash;a la manera de las que publica <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/entrevista-exclusiva-falsa-ramon-tamames_129_10045766.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Antonio P&eacute;rez Ledo en este peri&oacute;dico</a>&ndash;, Lester Bangs despliega su estilo con total libertad, trayendo a Hendrix a la vida para, en el fondo, cincelar un retrato de lo que el m&uacute;sico significaba para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Su nombre podr&iacute;a haberse disuelto en el tiempo, pero esta antolog&iacute;a compilada por Morthland y una previa por Greil Marcus, se engancha a la mitificaci&oacute;n de su figura gracias a la pel&iacute;cula <em>Casi famosos </em>de Cameron Crowe (2020) en la que Philip Seymor Hoffman se pon&iacute;a en el papel de Lester Bangs. <strong>Informa Elena Cabrera.</strong>
    </p><h2 class="article-text">Puede que la muerte sea una bendici&oacute;n: entrevista en exclusiva (y al d&iacute;a) con Jimi Hendrix, por Lester Bangs</h2><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4dc623af-48f9-4b68-bd7b-674919f26184_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        (Huelga decir que me cost&oacute; lo suyo &ndash;a saber, un hart&oacute;n de ingratas caminatas por los c&eacute;spedes artificiales de los despachos de potentados de la industria y por otros derroteros&ndash; localizar a Jimi; ha llevado un estilo de vida bastante mon&aacute;stico durante estos &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. Pero, finalmente, echando mano de todos los medios a mi alcance, me las arregl&eacute; no solo para localizarlo, sino para rapear con &eacute;l varios a&ntilde;os luz. Lo que sigue es una transcripci&oacute;n directa y literal de un rap muy lis&eacute;rgico, grabado en su lujosa y extremadamente lejana guarida, con uno de los titanes del rock moderno: el inmortal Jimi Hendrix).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jimi, cuando deambulabas por la Tierra, a menudo te daba por cantar sobre las esferas celestes; ya sabes: el plano astral, el cosmos y lindezas de esa onda. Ahora que llevas ya una buena temporada dando tumbos por el espacio sideral, &iquest;c&oacute;mo se compara lo vivido hasta la fecha con lo que imaginabas que ibas a encontrarte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, te dir&eacute;: no es como en los anuncios. [Carcajada]<em> </em>Pero, a decir verdad, yo tampoco fui lo que muchos creyeron ver en m&iacute;. Porque, ver&aacute;s, mucha gente tiene una idea muy equivocada de m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qui&eacute;n te refieres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al mismito que viste y calza, y tienes ante tus morros, sin ir m&aacute;s lejos. No sab&iacute;a qu&eacute; co&ntilde;o andaba haciendo, excepto que me gustaban el R&amp;B y Dylan, y descubr&iacute;, sin quererlo ni beberlo, c&oacute;mo sonsacarle todos esos sonidos raros a mi hacha. Ah&iacute; es donde las cosas empiezan a prestarse a cierta confusi&oacute;n si bien, en honor a la verdad, debo decir que no muy exageradamente. Una noche, en el escenario del Fillmore, tocando una especie de paseo en moto derrapando por los anillos de Saturno, observo al p&uacute;blico y se me aparece una especie de gran m&aacute;quina de pinball que estoy encendiendo y manejando inadvertidamente a mi antojo, poni&eacute;ndolos como las cabras y descerebr&aacute;ndolos al tocarles <em>See See Rider </em>al rev&eacute;s, creo recordar, o algo cuya existencia desconoc&iacute;a porque mis dedos se estaban transformando en tallos de apio y me daba miedo comprobar si, efectivamente, se estaba produciendo esa metamorfosis, de modo que cerr&eacute; los ojos un segundo pero se me apareci&oacute; unas de las concubinas del Thor de Marvel Comic, ataviada con su atuendo sadomaso, y blandiendo un l&aacute;tigo y resoplando mientras se me acercaba, por lo que los abr&iacute; de nuevo tan r&aacute;pido como pude y, de pronto, todo el mundo en el p&uacute;blico era Bob Denver.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-lOqo6scHOwc-5125', 'youtube', 'lOqo6scHOwc', document.getElementById('yt-lOqo6scHOwc-5125'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-lOqo6scHOwc-5125 src="https://www.youtube.com/embed/lOqo6scHOwc?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; quieres decir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiero decir que todas las caras eran id&eacute;nticas, como la de Bob Denver en la <em>Isla de Gilligan </em>[sitcom estadounidense emitida por la CBS entre 1964 y 1967], con el gorrito, la camisa ra&iacute;da y todo lo dem&aacute;s, y todos me obsequiaban con la inconfundible mirada de Gilligan, como diciendo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y ahora qu&eacute; hacemos?&rdquo;, as&iacute; que grit&eacute; en medio del estribillo de otra canci&oacute;n que hab&iacute;a olvidado: &ldquo;&iexcl;Soy el capit&aacute;n y quiero que vay&aacute;is a buscar a Mary Ann y me la traig&aacute;is! Quiero a esa zorra de rodillas ante m&iacute;&rdquo;. Parec&iacute;a tener sentido por el contexto de la letra de la canci&oacute;n en aquel momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A fin de cuentas, fue una &eacute;poca de mucha experimentaci&oacute;n y no pocas innovaciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que cambi&eacute; algunas cosas, no tantas como algunos parecen atribuirme, pero creo que de veras podr&iacute;a haber cambiado un mont&oacute;n de cosas m&aacute;s de haber sabido entonces lo que ahora s&eacute;. Con todo, en aquel momento, la alternativa era tan irresistiblemente tentadora, y acab&eacute; tomando el camino f&aacute;cil del <em>jive </em>y toda esa mierda. Como la noche de la que te hablaba, grit&aacute;ndole a todo pulm&oacute;n a Gilligan y compa&ntilde;&iacute;a, no ten&iacute;a ni puta idea de lo que Noel y Mitch andaban haciendo; pod&iacute;an haberse largado en un autob&uacute;s de la Greyhound a Tucson, Arizona, qu&eacute; carajo iba a saber yo, adem&aacute;s, me la tra&iacute;a al pairo. As&iacute; que me lanc&eacute; a por una larga nota alta, la sostuve ah&iacute; cuanto pude, luego la destrip&eacute;, y decid&iacute; largarme de all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, apenas me bajo del escenario, con quien pr&aacute;cticamente me doy de bruces es con Bill Graham. El muy capullo ha estado parapetado ah&iacute;, a un lado del escenario, observ&aacute;ndome todo el rato. Ahora se interpone en mi camino, me agarra del brazo, me mira fijamente a los ojos y me dice: &ldquo;Jimi, por qu&eacute; sales a endilgarnos esa bazofia cuando ambos sabemos perfectamente que eres capaz de tocar blues como a muy pocos he escuchado en mi vida&rdquo;. Bueno, lamento importunarte, pero dej&eacute; de ser negro por unos instantes, me quit&eacute;, como un descastado, toqu&eacute; muy descolocado pese a llevar un coloc&oacute;n del cop&oacute;n, porque no quer&iacute;a l&iacute;os con nadie, solo quer&iacute;a largarme de all&iacute;. Pero, por poco que hubiera sido f&iacute;sica y an&iacute;micamente capaz de quedarme, t&iacute;o, habr&iacute;a dicho: &ldquo;Porque hay momentos en los que sospecho, en lo m&aacute;s hondo de mi ser, que detesto el reput&iacute;simo blues. Cualquier negro arruinado detr&aacute;s de una mula que no tenga nada que llevarse a la boca te puede cantar un blues. Solo le doy al blues porque es divertido y f&aacute;cil de escuchar de vez en cuando, y porque s&eacute; que los gringos no creen que un espect&aacute;culo de m&uacute;sica de un negro valga un pimiento si no escuchan algo de esa m&uacute;sica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, pero&hellip; &iquest;qu&eacute; pasa entonces con temas como </strong><em><strong>Red House </strong></em><strong>y</strong><em><strong> Voodoo Chile?</strong></em><strong> Eran canciones incre&iacute;bles, &iexcl;muy bien interpretadas!</strong>
    </p><p class="article-text">
        No eran exactamente lo que se conoce como composiciones originales. Fueron buenas tomas, eso te lo concedo, especialmente la segunda de <em>Voodoo Chile.</em> La versi&oacute;n larga rezumaba muy buena onda, pero estaba ah&iacute; para rellenar un &aacute;lbum doble, y Winwood toc&oacute; el mismo detestable solo que toc&oacute; en <em>Pearly Queen</em> (y en todas las malditas sesiones que hizo durante los siguientes tres a&ntilde;os). Me casqu&eacute; un buen blues en <em>Red House,</em> pero recibi&oacute; mucha m&aacute;s atenci&oacute;n de la que merec&iacute;a, probablemente porque fue muy dif&iacute;cil conseguir el disco en Am&eacute;rica durante un tiempo. Lo que quiero decir es que <em>I Don&rsquo;t Live Today</em> es blues de verdad, blues moderno; es lo que pasa cuando lanzas una bomba de hidr&oacute;geno sobre el blues, que es lo que se merece.
    </p><p class="article-text">
        A ver, el blues es m&uacute;sica de blancos, y tambi&eacute;n lo era la mayor parte del free jazz. Todos los m&uacute;sicos lo saben, todo el mundo en el gueto lo sabe porque all&iacute; vibran con la m&uacute;sica de James Brown y Stanley Turrentine, no tienen discos de Muddy Waters, ni mucho menos a&uacute;n de Robert Johnson; es m&aacute;s, el 98% de mis hermanos ni siquiera ha o&iacute;do hablar de Albert Ayler. Si hubiera tocado lo que los negros quer&iacute;an escuchar en aquella &eacute;poca, habr&iacute;a fracasado estrepitosamente en el mundo de las superestrellas del rock moderno, y si hubiera ido al Teatro Apollo y hubiera tocado lo mismo que en el Fillmore, probablemente se habr&iacute;an re&iacute;do de m&iacute;. Y ser consciente de eso es lo que me ha estado persiguiendo desde entonces hasta este mismo instante. Eso y el hecho de que, hasta cierto punto, y en aras de la imagen, tuve que mover el esqueleto porque los negros se supone que son malos y follan bien con pollas grandes y hacen maravillas con los dedos todo el tiempo. Solo a&ntilde;ad&iacute; un poco de &aacute;cido y retroalimentaci&oacute;n. Y diablos, con todo eso ni siquiera tuve mucho sexo, o no tanto como hubiera sido mi deseo. Quiero decir que no ser&iacute;a del todo il&iacute;cito pensar que un tipo como yo, Jimi Hendrix, el hacedor y principal protagonista de todo aquel gran negocio que se concibi&oacute; en torno a mi persona, estar&iacute;a degustando m&aacute;s co&ntilde;o que todo el har&eacute;n de Haile Selassie al completo y de mejor calidad que, no s&eacute;, &iquest;de qui&eacute;n es el co&ntilde;o m&aacute;s caliente que se te pase por tu calenturienta mente?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-qFfnlYbFEiE-7799', 'youtube', 'qFfnlYbFEiE', document.getElementById('yt-qFfnlYbFEiE-7799'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-qFfnlYbFEiE-7799 src="https://www.youtube.com/embed/qFfnlYbFEiE?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <strong>Mmmmm&hellip; Vilma Picapiedra.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchas gracias, ah&iacute; lo tienes. Me hubiera encantado acostarme con Julie Christie, o igual hasta con Ursula Andress, estrellas de cine con cl&iacute;toris de primera clase. En lugar de eso, tengo a todas esas zorras tontas que quieren leerme el Tarot y llevan consigo siempre un ejemplar del <em>I Ching </em>de la edici&oacute;n de bolsillo de Bantam, en el trasero de sus vaqueros, listas para abalanzarse sobre ti en cualquier momento y revelarte el arcano significado de la jerigonza. Bueno, ya tengo m&aacute;s jerigonza de la que podr&iacute;a necesitar para esta vida, como te revelar&iacute;a incluso una somera audici&oacute;n de mis canciones. &iquest;Crees que escrib&iacute; todas esas putas letras c&oacute;smicas porque ten&iacute;a l&iacute;nea directa con la Mente Universal siempre a mi disposici&oacute;n? Me gustaba <em>Star Trek</em>, pero no soy Paul Kantner. Saqu&eacute; m&aacute;s provecho de ello que Paul Kantner, eso s&iacute;, deber&iacute;a haberse aprovechado de mi mal ejemplo y hacer lo propio. Yo solo soltaba esto y esnifaba aquello, y un mont&oacute;n de mierda se arremolinaba en mi cabeza acto seguido. La misma mierda que sacudi&oacute; a todos los dem&aacute;s, en realidad, especialmente a Dylan, que fue una influencia tan inspiradora y tan nociva para un servidor como para cualquiera en este oficio. Empec&eacute; siendo sincero, pero la mitad de las veces no pod&iacute;a pensar con claridad, as&iacute; que sal&iacute;an cosas que sab&iacute;a perfectamente que eran tonter&iacute;as de lo m&aacute;s chapuceras, y la gente saltaba como las cabras por una raya de coca: &ldquo;Oh, incre&iacute;ble, Jimi, brutal&hellip;&rdquo;. Y tal vez fuera en ese momento cuando ca&iacute; en la cuenta de que las cosas empezaban a ir realmente mal, cuando vi que la gente cre&iacute;a que esa chorrada era profunda; bueno, simplemente lo mand&eacute; todo a fre&iacute;r esp&aacute;rragos en el m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Acaso est&aacute;s insinuando que fuiste un suicida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No digo nada, t&iacute;o. Excepto quiz&aacute; que no todo negro muerto es un puto suicida. Pero eso nada tiene que ver conmigo ahora. Porque aqu&iacute; no hay distinci&oacute;n que valga, como toda esa mierda de las razas. No hay razas&hellip; &ldquo;&iexcl;Nada m&aacute;s que &aacute;ngeles aqu&iacute; arriba, jefe!&rdquo;. Tal vez vuelva &ndash;solo una vez&ndash; y me haga solo una minigira de tres noches de <em>God&rsquo;s Trombones, </em>como una &oacute;pera rock, con Gil Scott-Heron y Stevie [Wonder] tambi&eacute;n. Porque quiero cantarle la africana a Stevie &ndash;ese t&iacute;o est&aacute; fuera y no me importa una mierda si es invidente, no me importa si su madre le envi&oacute; a una iglesia distinta cada d&iacute;a de la semana, est&aacute; completamente equivocado, punto&ndash;. En fin, nadie deber&iacute;a saber c&oacute;mo funciona esto del <em>Cielo </em>mejor que quien te est&aacute; pegando la hebra. Me considero una especie de experto en el tema. No ha habido m&aacute;s que mamadas y soma intravenoso desde que me largu&eacute; en los setenta. Nunca vayas al cielo, t&iacute;o, es una mierda. La &uacute;nica raz&oacute;n por la que no me largo de aqu&iacute; es porque el Infierno es infinitamente peor, fuimos all&iacute; un fin de semana de juerga salvaje y aquello es pura escoria infernal. El Cielo es como el estrellato total con una gira sin fin, nada m&aacute;s que estadios y hoteles, pero el Infierno es como Baltimore. Todo el viaje de ultratumba est&aacute; pensado y ama&ntilde;ado para los amantes del sexo oral anorrectal, y de igual manera que con los permisos para trabajar en cabarets en Nueva York, no es algo que te puedas saltar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-zv97c3W6lw8-8682', 'youtube', 'zv97c3W6lw8', document.getElementById('yt-zv97c3W6lw8-8682'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-zv97c3W6lw8-8682 src="https://www.youtube.com/embed/zv97c3W6lw8?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <strong>Tu rap es&hellip; bueno&hellip; Sinceramente, ahora mismo no se me ocurre otra pregunta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No pasa nada, no te apures, llevo un buen coloc&oacute;n de <em>speed</em>, ya sigo yo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>[Enciende un cigarrillo, con urgencia compulsiva, pero manos firmes]. Tengo la sensaci&oacute;n de que eres bastante cr&iacute;tico con tus colegas m&uacute;sicos, vivos y muertos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero es genial, porque no hay nadie m&aacute;s despiadado y cr&iacute;tico conmigo mismo que un servidor. Yo era un buen guitarrista, no como Django, pero ostento la autor&iacute;a de un buen pu&ntilde;ado de riffs y algunas nuevas ideas sobre c&oacute;mo tocar con los dedos u obtener sonidos raros. Pero no hay mucho jugo que sacarle a la egolatr&iacute;a cuando est&aacute;s criando malvas, as&iacute; que tengo que conformarme con lo que hice, y punto. Las canciones que escrib&iacute; que conten&iacute;an melod&iacute;as reales, esas que pod&iacute;as tararear y eran pasto de verdaderos par&aacute;sitos de versiones, se pueden contar con los dedos de una mano. Todav&iacute;a estoy orgulloso de <em>Angel, </em>como composici&oacute;n, y de un par m&aacute;s. Pero el resto, en su mayor&iacute;a, no son m&aacute;s que un amasijo de riffs metaleros, con letras con puro lenguaje <em>jive </em>que yo farfullaba en lugar de cantar. Me atribuyeron grandes m&eacute;ritos por introducir la 'tecnolog&iacute;a avanzada', o como quiera que sea que la llamen hoy en d&iacute;a, en el rock, pero lo que casi todo el mundo pas&oacute; por alto fue que, una vez que la distorsi&oacute;n y la tecnolog&iacute;a se convirtieron en parte 'obligatoria' de &ndash;y consustancial a&ndash; todo el estilo y se institucionalizaron, se acab&oacute; lo que se daba. Porque la tecnolog&iacute;a es fr&iacute;a, al igual que la t&eacute;cnica, y los humanos son justo lo contrario. O al menos deber&iacute;an serlo. Porque la emoci&oacute;n que emerge a causa de la distorsi&oacute;n lo es todo. Y de lo que no nos dimos cuenta fue de que todos nosotros, rindiendo un culto tan exacerbado a la distorsi&oacute;n, est&aacute;bamos cavando nuestras propias tumbas, en t&eacute;rminos estrictamente emocionales. Y literalmente tambi&eacute;n, supongo, en algunos casos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La emoción que emerge a causa de la distorsión lo es todo. Y de lo que no nos dimos cuenta fue de que todos nosotros, rindiendo un culto tan exacerbado a la distorsión, estábamos cavando nuestras propias tumbas, en términos estrictamente emocionales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Porque, con el tiempo, empec&eacute; a darme cuenta de que lo que la gente ansiaba era solo ruido. Tuve mucho cuidado con mis propios &aacute;lbumes, al menos en los tres primeros &ndash;debo decir que fueron muy cuidadosamente producidos y, ya sabes, toda esa mierda que suele afirmarse con el prop&oacute;sito de adornar semejantes soflamas sin siquiera poder sustanciarlas&ndash;. Muy redondos. Pero, incluso en esos momentos, estaba empezando ya, de veras, a interrogarme&hellip; porque cuando escucho <em>Are You Experienced? </em>al menos la mitad de lo que escucho y recuerdo est&aacute; impregnado de ese enojo ingobernable que hunde sus ra&iacute;ces en la imposibilidad de encontrarle sentido a nada de lo que hago. Est&aacute; en la letra y tambi&eacute;n en la m&uacute;sica. Porque as&iacute; era yo en aquel momento. Cuando dije: &ldquo;No hay vida en ninguna parte&rdquo;, lo dec&iacute;a en serio. Mientras tanto pienso: &iquest;esperan que lleve el bid&oacute;n cargado y el mechero preparado en el bolsillo al escenario cada noche? Es evidente que algo no se sostiene en toda esta opereta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bueno, &iquest;qu&eacute; sucedi&oacute; con la distorsi&oacute;n que empez&oacute; a molestarte tanto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues, al igual que Graham quiere blues, los fans tambi&eacute;n, pero el problema con Graham es que no quiere distorsi&oacute;n y ellos, en cambio, s&iacute;. &Eacute;l piensa que la distorsi&oacute;n es una mierda, y que el blues es 'real', no requiere de estos aditamentos. En fin, a decir verdad, no tengo ni puta idea de lo que es o de qu&eacute; significa &laquo;real&raquo;. Nunca lo supe con exactitud. Por ejemplo, &iquest;toco dos acordes o tres o simplemente me apa&ntilde;o con el tr&eacute;molo y el <em>feedback </em>y la armo con mis ruiditos raros y quemo mi guitarra y me trago las cuerdas y devoro a mis acompa&ntilde;antes cual buen can&iacute;bal que se precie, y luego me quedo ah&iacute; solo en el escenario con los botones desprendi&eacute;ndose de mi camisa como Brock Peters [actor estadounidense, principalmente conocido por interpretar el papel de Tom Robinson en la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <em>Matar un ruise&ntilde;or]</em> cantando <em>John Henry </em>y<em> Cotton Fields </em>y una selecci&oacute;n de canciones de los campos de trabajo grabadas a pie de zanja por el propio Alan Lomax en Parchman Farm? Mira, lo que me sucede cuando echo la vista atr&aacute;s es que me parece que hab&iacute;a algo m&aacute;s grande que siempre quise hacer, pero que nunca llegu&eacute; a comprender. Por un lado, me alegro de haberme largado cuando lo hice. Porque es lo mismo que le ocurri&oacute; a Kennedy, es carne de leyenda, todo el mundo puede apoltronarse y decir al un&iacute;sono: &ldquo;Bueno, qu&eacute; diablos, no pasa nada, pero si Jimi estuviera por aqu&iacute;, nos mostrar&iacute;a ad&oacute;nde nos conducir&iacute;a todo esto despu&eacute;s&rdquo;. Pero est&aacute;n muy equivocados. Yo no tendr&iacute;a ni puta idea de qu&eacute; hacer ahora, si tuviera la desgracia de estar &ldquo;por aqu&iacute;&rdquo;. Probablemente, me comportar&iacute;a como ellos, repiti&eacute;ndome hasta la saciedad una y otra vez hasta que todo el mundo estuviera tan aburrido como yo y acord&aacute;ramos dejarlo y me largara a las islas a escuchar reggae o algo as&iacute;. O, tal vez, lo que ser&iacute;a a&uacute;n peor, me convertir&iacute;a en uno m&aacute;s de los que sigue dando la turra y abusando de la misma mierda de siempre y no lo sabe: &ldquo;S&iacute;, Jimi, tu nuevo &aacute;lbum <em>Toe Jam Asteroid </em>es lo mejor que has hecho!&rdquo;, &ldquo;Si, no veas, mola, estoy en la onda, colega&hellip; solo tienes que pillarlo&rdquo;. S&iacute;, as&iacute; es como me copiaba y me repet&iacute;a hasta la saciedad, me presentaba como un verdadero revolucionario del <em>jive</em>, con gafas de sol todo el tiempo, un sombrerito y un cigarrillo, la vieja rutina del m&uacute;sico de jazz solitario e inaccesible, sentado en clubes llenos de humo, caf&eacute;s, sin hablar de nada m&aacute;s que de mamarrachadas sobre bebop. &ldquo;S&iacute;, genial, ah, eso fue un aut&eacute;ntico descontrol. Hasta luego&rdquo;. <em>[Se parte la caja de risa]. </em>El Thelonious Monk del wah-wah. O eso o, sencillamente, esconderte y hacer trabajo de mercenario como m&uacute;sico de estudio. Convertirte en un Louie Shelton. Porque s&eacute; que no podr&iacute;a hacer lo que empec&eacute; a hacer y seguir sacando provecho de ello y perfeccionarlo.
    </p><p class="article-text">
        Y no es que haya ha perdido un solo &aacute;pice de mis habilidades. Las conservo a buen recaudo. El asunto, a mi juicio, es que a todo el mundo le pierde el virtuosismo. Creo que el &uacute;nico &aacute;lbum de estudio en el que realmente lo di todo fue el primero. Y eso fue despu&eacute;s de practicar d&iacute;a y noche, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, tratando de aprenderlo todo y hacerlo mejor, d&aacute;ndole duro y sin pausa, bati&eacute;ndome el cobre donde hiciera falta, y echando mano de mis propios descubrimientos a fin de propinarle un buen puntapi&eacute; en el culo a quien se cruzara en mi camino hasta que, de repente, un buen d&iacute;a descubr&iacute;, como por arte de magia, que yo pod&iacute;a ser el pr&oacute;ximo puto Andr&eacute;s Segovia y que, de faltar alg&uacute;n otro extra&ntilde;o componente, entonces tambi&eacute;n pod&iacute;a conformarme con ser Louie Shelton.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;A qu&eacute; componente te refieres?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; lo supiera. S&eacute; que lo perd&iacute; en alguna parte. Consuelo de tontos, pero me reconforta saber que casi todos los que nos curtimos en esa &eacute;poca tambi&eacute;n lo perdieron. Quiz&aacute; todos nos coloc&aacute;bamos demasiado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt--E2A60WslXg-8791', 'youtube', '-E2A60WslXg', document.getElementById('yt--E2A60WslXg-8791'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt--E2A60WslXg-8791 src="https://www.youtube.com/embed/-E2A60WslXg?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; opina de Eric Burdon y Buddy Miles, a quienes algunos observadores han acusado de aprovecharse de su nombre o de su relaci&oacute;n con usted, despu&eacute;s de su muerte?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mira, una vez la palmas tiendes a dejar que mucha de la mierda que te aflig&iacute;a en vida no sea m&aacute;s que agua pasada. Por m&iacute; que se vayan al carajo, espero que se hayan ganado un pu&ntilde;ado de d&oacute;lares m&aacute;s. Adem&aacute;s, nadie vive para siempre, y voy a tener que sentarme y tener una charla seria con el viejo Eric cada vez que suba aqu&iacute;, en lugar de partirle la cara. En realidad, resulta hasta gracioso, y, adem&aacute;s, &eacute;l realmente no daba para m&aacute;s. Buddy Miles es un caso diferente: me dar&iacute;a miedo que me patearan el culo, pero cualquiera que acumule tal c&uacute;mulo de discos malos como ese t&iacute;o probablemente acabe en el primer carro de carb&oacute;n que ponga rumbo al infierno, as&iacute; que espero no tener la oportunidad de volver a ver su rechoncho careto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Has visto por aqu&iacute; a alguno de los que empezaron cerca de la &eacute;poca en que t&uacute; lo hiciste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Oigo hablar de ellos de vez en cuando, pero no salgo con ellos. T&uacute; tampoco lo har&iacute;as. [Jim] Morrison, me lo contaron todo sobre &eacute;l, aunque no lo vi. Se quejaba tanto de que quer&iacute;a ir al infierno y que no iba a aceptar otra cosa, y que, si lo met&iacute;an aqu&iacute; en lugar del averno, iba a hacer que todos desearan que nunca hubiera muerto, y no dej&oacute; de dar la barrila&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Me identifico con &eacute;l en cierto modo, los dos llegamos en el momento justo mas tambi&eacute;n en el peor: justo para convertirnos en figuras, pero el peor en t&eacute;rminos de longevidad. &Eacute;ramos como los modelos de prueba a seguir para mierdas como Alice Cooper y David Bowie. Ambos fuimos v&iacute;ctimas de un enga&ntilde;o, pero quisiera pensar que a &eacute;l le fue mucho peor que a m&iacute;. Hubo m&aacute;s complicidad por su parte en su propia destrucci&oacute;n. Quiero pensar que solo me confund&iacute; un poco m&aacute;s que &eacute;l, tan confundido en lo musical como en otros aspectos de mi vida, hasta que todo se complic&oacute; demasiado y ya no hubo modo de cambiar el curso de las cosas. Dej&eacute;, por un lado, que demasiada gente me intimidara, porque yo ya era consciente de que hab&iacute;a perdido el camino, pero me faltaron las tablas y la inteligencia suficientes para darme cuenta de que, tal vez, ellos tambi&eacute;n hab&iacute;an perdido el camino, y estaban en una situaci&oacute;n infinitamente peor que la m&iacute;a, de modo que termin&eacute; poni&eacute;ndome en manos de todo aquel s&eacute;quito de arribistas. Lo que quiero decir es que yo era realmente muy inocent&oacute;n, t&iacute;o. Admito que, en retrospectiva, me resulta muy vergonzoso admitirlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y Janis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esperaba que no me preguntaras eso. Malditos periodistas, siempre a por el siguiente titular escabroso. Bueno&hellip; fue tan pat&eacute;tica all&iacute; como aqu&iacute;. No es culpa suya, pero tampoco hace nada, en particular, para intentar mejorarlo. Eso es todo lo que tengo que decir al respecto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La calidad no tiene nada que ver con el éxito, lo que sucede es que la gente se aferra a cosas que sabe que fueron buenas y representaron algo en su día, en lugar de arriesgarse con un artista desconocido de dudosa calidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; opinas de que sigas siendo un artista de &eacute;xito y de que las compa&ntilde;&iacute;as discogr&aacute;ficas sobregraben a otros acompa&ntilde;antes en tus viejas cintas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que mis discos se sigan vendiendo es como tratar de dirimir si Jefferson Starship era m&aacute;s popular que Jefferson Airplane: la calidad no tiene nada que ver con eso, lo que sucede es que la gente se aferra a cosas que sabe que fueron buenas y representaron algo en su d&iacute;a, en lugar de arriesgarse con un artista desconocido de dudosa calidad.
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a esas sobregrabaciones, siento casi la misma indiferencia. Suena raro y ego&iacute;sta que un difunto se jacte de que, en realidad, era un espect&aacute;culo de un solo hombre; sobre todo porque sus antiguos compa&ntilde;eros no tienen forma de replicar, as&iacute; que obviamente lo m&aacute;s inteligente para m&iacute; es no adoptar ninguna postura. &iquest;Por qu&eacute; no le haces la misma pregunta a John Coltrane para corroborar si la fidelidad conyugal se extiende m&aacute;s all&aacute; de la tumba?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin embargo, tengo la impresi&oacute;n de que no te merece gran consideraci&oacute;n toda la gente que te ha seguido en lo musical en el mundo de los vivos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en efecto, as&iacute; es. Porque son rematadamente fr&iacute;os. Puede que de mi guitarra haya brotado aut&eacute;ntica basura en algunos conciertos, y que haya grabado algunos temas demasiado obsecuentes y relamidos para mi gusto; pero estaba perdido. Hab&iacute;a algo m&aacute;s grande que yo que me arrastraba y que fue lo que se me llev&oacute; al final, pero tambi&eacute;n sali&oacute; una m&uacute;sica incre&iacute;ble a veces. Lo &uacute;nico que lamento, y no dejo de preguntarme, es hasta qu&eacute; punto, dadas las circunstancias, era realmente mi m&uacute;sica.  Si te cae un maldito rayo encima y de ah&iacute; sacas una obra maestra, bueno, &iquest;es cosa tuya o del rayo? Y s&iacute;, en el an&aacute;lisis final, simplemente no hay competencia que valga. Sabes que perdiste el control, dejaste que la m&uacute;sica y la vida jugaran contigo, y por eso te hundiste. Pero sucedi&oacute; de verdad, hubo fuego real y experiencias tan reales como la vida misma, y nada puede borrar eso. Ya deber&iacute;a ser bastante obvio que considero mi vida y mi arte un fracaso sin paliativos, pero fue un fracaso honesto.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-COsVgbAJ8B8-3907', 'youtube', 'COsVgbAJ8B8', document.getElementById('yt-COsVgbAJ8B8-3907'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-COsVgbAJ8B8-3907 src="https://www.youtube.com/embed/COsVgbAJ8B8?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Lo que me molesta son estos tipos de ahora &ndash;dicho sea sin acritud alguna&ndash;. Bueno, y la verdad es que ni si quiera ellos. No me importa que la gente copie mis riffs, &iexcl;pero son como un pu&ntilde;ado de putos universitarios! La mayor&iacute;a de mis riffs se los copi&eacute; a otros, pero luego segu&iacute; tocando y me olvid&eacute; de ello. No me sent&eacute; noche tras noche prendiendo siete velas en un santuario a Chuck Berry. As&iacute; que, &iquest;a qui&eacute;n le importa si tipos como Trower o ese tipo de Canad&aacute; tienen &eacute;xito o fracasan? Suceden muchas m&aacute;s cosas en cualquier bar un viernes por la noche, cuando la pista de baile est&aacute; llena, que en todos los discos y conciertos de todos esos tipos.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que se perdieron lo m&aacute;s importante, la traca final, lo que m&aacute;s me desanim&oacute;: ver c&oacute;mo se acercaba el final. No me refiero al rock &lsquo;n&rsquo; roll, ni a la m&uacute;sica popular, ni siquiera al heavy metal, sino al final de la rama experimental y tecnol&oacute;gica en la que apenas nos hab&iacute;amos adentrado y cuyo desarrollo se trunc&oacute;. Tiene que haber algo m&aacute;s porque una de las cosas que aprend&iacute; mientras me sum&iacute;a en aquella espiral de autodestrucci&oacute;n fue que gran parte de esa mierda no era m&aacute;s que sonido y furia para disfrazar el hecho de que est&aacute;bamos perdiendo el contacto con nuestras emociones, o al menos la capacidad de transmitirlas. La mayor parte de <em>Electric Ladyland </em>y el segundo &aacute;lbum se me antojan muy fr&iacute;os ahora. No s&eacute; c&oacute;mo me sonaban entonces, porque estaba demasiado distra&iacute;do como para juzgarlos con precisi&oacute;n y cierta objetividad; salvo por el hecho de que reun&iacute;an todos los ingredientes, me pon&iacute;an los pelos de punta sobre todo cosas como <em>Voodoo Child (Slight Return),</em> los discos estaban bien producidos y sab&iacute;a que se vender&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que eso es, precisamente, a lo que intentaba referirme antes cuando hablaba del componente que faltaba. Olvid&eacute; c&oacute;mo percibir lo que me dec&iacute;an mis sentidos a no ser que recibiera descargas el&eacute;ctricas o algo parecido y, al cabo de un tiempo, incluso las descargas el&eacute;ctricas empezaron a parecerme m&aacute;s de lo mismo. Y aunque lo diga as&iacute;, en realidad, no s&eacute; muy bien c&oacute;mo explicarlo. Es realmente el gran misterio para todo el mundo que habita en estas et&eacute;reas latitudes. Y nadie ha aventurado una sola explicaci&oacute;n convincente todav&iacute;a. As&iacute; que cuando vuelvas, cuando publiques esto, si alguien viene despu&eacute;s y te dice que tiene alguna observaci&oacute;n al respecto, por breve que sea, bueno, me har&iacute;as el mayor favor de mi muerte si me la hicieras llegar. Me gustar&iacute;a m&aacute;s que nada en el&hellip; cosmos.
    </p><p class="article-text">
        [Se rio de nuevo, brevemente, luego divis&oacute; algo en la distancia a trav&eacute;s de nuestros cuerpos. Obviamente, hab&iacute;a llegado la hora de marcharse].
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado originalmente en la revista Creem, en abril de 1976, y reeditado en New Musical Express.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lester Bangs]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/entrevista-exclusiva-lester-bangs-jimi-hendrix-cinco-anos-despues-muerte_1_10621652.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Oct 2023 20:29:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4121637c-7f95-4223-8c9a-e066bab79e37_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x470y592.jpg" length="552376" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4121637c-7f95-4223-8c9a-e066bab79e37_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x470y592.jpg" type="image/jpeg" fileSize="552376" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Entrevista exclusiva" de Lester Bangs con Jimi Hendrix (cinco años después de su muerte)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4121637c-7f95-4223-8c9a-e066bab79e37_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x470y592.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Rock,Entrevistas,Periodismo,Libros,Adelanto editorial,Philip Seymour Hoffman,Artistas,Industria musical]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hijo de J.D. Salinger publicará en dos años los manuscritos que su padre ocultó en vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hijo-j-d-salinger-publicara-anos-manuscritos-padre-oculto-durante-cuatro-decadas_1_10628231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac71a5f5-ffff-4dc3-bfb0-c93c3a24a210_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083372.jpg" width="2993" height="1684" alt="El escritor J. D. Salinger, autor de &#039;El guardián entre el centeno&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actor Matt Salinger, editor de la obra inédita por decisión de su padre, revela que Harvey Weinstein le llamó para buscar un "un conflicto" con el que vender el documental que produjo, titulado 'Salinger', como "controvertido"</p><p class="subtitle">Kiti Mánver: “En España la Iglesia siempre ha tenido poder, y a una mujer que quería disfrutar se le llamaba guarra”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Estar&aacute; publicado en cuanto est&eacute; listo. Si sigo a este ritmo, en unos dos a&ntilde;os&rdquo;. El actor Matt Salinger es el hijo y albacea de J.D. Salinger, el encargado de cumplir la misi&oacute;n que su padre le encomend&oacute; antes de morir: publicar toda la obra que escribi&oacute; desde que, tras el &eacute;xito de <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>, decidiera apartarse de los focos mud&aacute;ndose de la bulliciosa Nueva York al campo en Cornish (New Hampshire). El int&eacute;rprete del primer <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/capitan-america-vengadores_1_5562727.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Capit&aacute;n Am&eacute;rica</a> en 1990 y otras pel&iacute;culas como<em> Aprendiendo a conducir </em>(2014) y <em>Nadie quiere la noche</em> (2015) &ndash;ambas dirigidas por Isabel Coixet&ndash;, lleva a&ntilde;os transcribiendo la herencia que el c&eacute;lebre autor le dej&oacute; en forma de manuscritos, documentos escritos a m&aacute;quina y una amplia lista de anotaciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se va a publicar todo el material in&eacute;dito, pero es una tarea complicada&rdquo;, explic&oacute; Salinger en su encuentro con los medios celebrado en Madrid este mi&eacute;rcoles, durante la que est&aacute; siendo su primera visita a Espa&ntilde;a. Seg&uacute;n revel&oacute;, la directriz de J.D. fue: &ldquo;Publ&iacute;calo todo, incluso las verrugas, enti&eacute;ndase estas como lo feo&rdquo;. Eso s&iacute;, el actor advirti&oacute; de que &ldquo;hay m&aacute;s belleza que verrugas&rdquo;. El plazo en el que ver&aacute; la luz es la gran inc&oacute;gnita y preocupaci&oacute;n del multitudinario p&uacute;blico de los textos de su padre. &ldquo;El otro d&iacute;a me llam&oacute; un amigo director de cine de 80 a&ntilde;os y me pregunt&oacute; si iba a estar listo antes de que &eacute;l muriera. Le dije que esperaba que lo estuviera antes de que muriera yo&rdquo;, comparti&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El int&eacute;rprete no dio detalles sobre la extensi&oacute;n del material, si se trata de una &uacute;nica novela, nuevas entregas de relatos, cuentos o una mezcla de todo. Lo que s&iacute; avanz&oacute; es que haber sido escritos durante 45 a&ntilde;os (los que transcurrieron desde su &uacute;ltima publicaci&oacute;n, el relato <em>Hapworth 16, 1924</em> en 1965 hasta su muerte en 2010) dej&oacute; huella: &ldquo;En un periodo tan largo todos cambiamos. Hay muchos Salinger pero en una misma l&iacute;nea, igual que se ve a varios Salinger dentro de lo que ya est&aacute; publicado&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Un estilo que vertebr&oacute; su inter&eacute;s por &ldquo;la b&uacute;squeda, valores, el arte, la belleza, la amabilidad y su particular sentido del humor&rdquo;. &ldquo;Adelanto que va a haber sorpresas tanto para los acad&eacute;micos como los lectores. Pienso en lectores 'serios'. Para alguien que busque el &uacute;ltimo superventas o el libro con el que tumbarse en la playa, igual no tanto&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no va a incluir son los relatos que el autor de <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em> dijo expresamente que no quer&iacute;a que se publicaran, procedentes del inicio de su carrera, &ldquo;porque era su voluntad&rdquo;. &ldquo;Los redact&oacute; cuando estaba aprendiendo y desarroll&aacute;ndose como escritor. Yo los he le&iacute;do y los he disfrutado, pero como hijo y protector de su obra; mi deber es hacer lo que &eacute;l quer&iacute;a que se hiciera con su trabajo. Algunos le daban verg&uuml;enza, otros no&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_50p_1083371.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_50p_1083371.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_75p_1083371.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_75p_1083371.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_default_1083371.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_default_1083371.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/146bbd00-cc2f-404a-97d8-a85f54a7504f_16-9-aspect-ratio_default_1083371.jpg"
                    alt="Matt Salinger, hijo del escritor de &#039;El guardián entre el centeno&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Matt Salinger, hijo del escritor de &#039;El guardián entre el centeno&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4093a185-dbe3-480e-91be-a828fff462bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El actor Matt Salinger, como Capitán América"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El actor Matt Salinger, como Capitán América                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/salinger-guardian-mismo_132_5956284.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">J. D. Salinger</a> pidi&oacute; a Matt que el resto de sus textos vieran la luz despu&eacute;s de su muerte pero, &iquest;se plante&oacute; en ning&uacute;n momento publicarlos antes? &ldquo;Es una pregunta complicada. Mantuvo un conflicto interno durante toda su vida, porque hubo momentos en los que dec&iacute;a que igual s&iacute; que pod&iacute;a hacerlo &eacute;l. A medida que se fue haciendo mayor, lo tante&oacute; para quitarme la carga&rdquo;, confes&oacute; el int&eacute;rprete. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no ocurri&oacute; porque &ldquo;se volv&iacute;a loco con los intermediarios&rdquo;. &ldquo;Si hubiera encontrado la manera de escribirle directamente al lector, lo habr&iacute;a hecho en vida d&eacute;cadas antes&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. &ldquo;Para &eacute;l era mucho jaleo porque se involucraba much&iacute;simo en la edici&oacute;n, sobre todo a nivel emocional. Y meterse en el proceso iba a quitarle tiempo de escribir, que era lo que realmente quer&iacute;a hacer&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">El escritor que se escondi&oacute;</h3><p class="article-text">
        <em>El guardi&aacute;n entre el centeno, Nueve cuentos, Fanny y Zooey, Levantad, carpinteros, la viga del tejado</em> y <em>Seymour</em> son los libros &ndash;en Espa&ntilde;a publicados por Alianza&ndash; que s&iacute; lograron llegar a las librer&iacute;as. El primero de ellos se convirti&oacute; en un cl&aacute;sico de la literatura moderna estadounidense pr&aacute;cticamente desde su publicaci&oacute;n en 1951, pero su responsable no convivi&oacute; demasiado bien con su popularidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Va a haber sorpresas tanto para los académicos como los lectores. Pienso en lectores &#039;serios&#039;. Para alguien que busque el último superventas o el libro con el que tumbarse en la playa, igual no tanto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Matt Salinger</span>
                                        <span>—</span> Actor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tom&oacute; una decisi&oacute;n consciente de alejarse de la ciudad y de los ojos que lo ven todo. Hab&iacute;a llegado a esa edad en la que los escritores en Estados Unidos se encontraban en los mismos bares, jugaban las mismas partidas de p&oacute;ker, veraneaban juntos en Los Hamptons... A &eacute;l todo esto le parec&iacute;a incestuoso. No le interesaba para nada de cara a su proceso creativo&rdquo;, expuso su hijo sobre su retiro, del que &eacute;l tambi&eacute;n tiene sus propios recuerdos: &ldquo;No entend&iacute;a por qu&eacute; ven&iacute;an personas a la puerta de casa. Yo no entend&iacute;a qu&eacute; era eso de la fama&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El escritor no admiti&oacute; entrevistas ni premios, y rechaz&oacute; todos los actos p&uacute;blicos a los que fue invitado. Solo concedi&oacute; una &uacute;nica charla a un medio de comunicaci&oacute;n, The New York Times, a mediados de los setenta, en la que declar&oacute; que editar sus cuentos sin su permiso supon&iacute;a &ldquo;una terrible intromisi&oacute;n&rdquo; en su vida privada. Tampoco aceptaba fotograf&iacute;as, de ah&iacute; que del &uacute;ltimo periodo de su vida apenas existan instant&aacute;neas m&aacute;s all&aacute; de una robada saliendo del supermercado en la que apareci&oacute; con un pu&ntilde;o en alto, con el que parece estar a punto de golpear la c&aacute;mara.
    </p><p class="article-text">
        Juan Bonilla, escritor y traductor espa&ntilde;ol &ndash;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/juan-bonilla-premio-nacional-narrativa-novela-totalidad-sexual-cosmos_1_6372907.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Premio Nacional de Narrativa en 2020 por su novela </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/juan-bonilla-premio-nacional-narrativa-novela-totalidad-sexual-cosmos_1_6372907.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Totalidad sexual del cosmos</em></a>&ndash;, conocedor de primera mano de la obra de Salinger, afirma a este peri&oacute;dico que el que nunca llegara a explicar el motivo de su reclusi&oacute;n se convirti&oacute; en &ldquo;su gran enigma&rdquo;. &ldquo;Es la mejor campa&ntilde;a que se ha hecho de un escritor. Multiplic&oacute; el inter&eacute;s por &eacute;l. &iquest;Qui&eacute;n era este tipo que no quer&iacute;a saber nada de nosotros?&rdquo;, plantea al abordar la faceta de 'personaje' del c&eacute;lebre autor. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Su leyenda es muy singular porque se convirti&oacute; en una, yendo contra el mandato de los tiempos que dicta que 'cuanta m&aacute;s presencia, mejor'. &Eacute;l hizo justo lo contrario. Se ocult&oacute; de repente, se neg&oacute; a hacer promoci&oacute;n. Fue el colmo del: 'Dejadme en paz'. Lleg&oacute; a poner una demanda, y a ganarla, tanto a quien quiso hacer una biograf&iacute;a sobre &eacute;l incluyendo cartas de una novia que hab&iacute;a tenido siendo m&aacute;s joven como a los productores que le propusieron hacer una pel&iacute;cula sobre <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em>&rdquo;&ldquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente s&iacute; que se lleg&oacute; a escribir una biograf&iacute;a y a filmar un documental, ambos titulados <em>Salinger</em>, escritos y dirigidos por David Shields y Shane Salerno. &ldquo;Hay que fijarse en las fuentes&rdquo;, advirti&oacute; el hijo del reputado escritor durante la rueda de prensa. &ldquo;Tanto el libro como el documental se hicieron para ganar dinero. En ambos casos hay un fallo a la hora de investigar porque no tengo muy claro con qui&eacute;n se habl&oacute;, porque no fue con nadie que supiera sobre la obra in&eacute;dita. Solo hay dos personas que han tenido acceso a ella: su viuda [Claire Douglas] y yo, y con nosotros no habl&oacute;. Con quien lo hiciera le dio informaci&oacute;n incorrecta y no la verific&oacute;. Una verg&uuml;enza&rdquo;, arremeti&oacute;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tanto el libro como el documental sobre J.D. Salinger se hicieron para ganar dinero</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Matt Salinger</span>
                                        <span>—</span> Actor e hijo del escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n fue objeto de sus cr&iacute;ticas Harvey Weinstein, productor del documental: &ldquo;Me llam&oacute; cuando lo compr&oacute;. Su intenci&oacute;n era ver c&oacute;mo respond&iacute;a y c&oacute;mo pod&iacute;a capitalizar esa respuesta. Le dije que se fijara en de d&oacute;nde hab&iacute;a salido la informaci&oacute;n y que no iba a decirle nada m&aacute;s. &Eacute;l esperaba que hubiera un conflicto que se hiciera p&uacute;blico y llegara a la prensa para venderlo como 'el controvertido documental' que le hubiera dado m&aacute;s inter&eacute;s. Pero qu&eacute; os voy a contar que no se sepa ya de Weinstein...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2017 tambi&eacute;n se film&oacute; un biopic sobre J. D. Salinger, Rebelde entre el centeno, dirigido por Danny Strong y con el actor Nicholas Hoult encarnando al escritor.
    </p><h3 class="article-text">Escribir para &ldquo;un lector privado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Matt Salinger comparti&oacute; una afirmaci&oacute;n que su padre repet&iacute;a de forma constante: &ldquo;Siempre dec&iacute;a que escrib&iacute;a para 'su lector privado', que era una persona solitaria, incomprendida, que sent&iacute;a cierta infelicidad, que no estaba segura de en qu&eacute; direcci&oacute;n ir. Les invitaba a buscar a otras personas que se sintieran igual porque as&iacute;, quiz&aacute;s, aprender&iacute;an algo. La sensaci&oacute;n de comunidad era muy importante para &eacute;l, siendo la que m&aacute;s la que se establece entre el escritor y su lector&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/07a97cea-f68a-42b7-a845-53b13d0904cb_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n indic&oacute; que escrib&iacute;a &ldquo;los personajes con los que quer&iacute;a pasar el rato en ese momento&rdquo;. De hecho, reconoci&oacute; que para conocer al Salinger hombre y padre, bastaba con &ldquo;leer a los ni&ntilde;os que aparecen en sus libros. La sensibilidad y autonom&iacute;a con la que cre&oacute; estos personajes&rdquo;. &ldquo;Yo me benefici&eacute; de esta manera en la que &eacute;l los ve&iacute;a. No me lo dio todo hecho y masticado. Si le ped&iacute;a consejo, me lo daba. Era muy directo y sincero. Pero si no, no&rdquo;, revel&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El actor aclar&oacute; que esta se trataba de su experiencia. &ldquo;Saben que mi hermana escribi&oacute; un libro, que he le&iacute;do. Pero yo no reconozco ah&iacute; a mi familia, no es lo que yo viv&iacute;&rdquo;, expuso sobre <em>El guardi&aacute;n de los sue&ntilde;os</em>, el t&iacute;tulo publicado por Margaret Salinger en el a&ntilde;o 2000, en el que realiz&oacute; afirmaciones como que su padre se beb&iacute;a su propia orina, que apenas ten&iacute;a relaciones sexuales con su madre y que se negaba a permitirle ver a sus familiares y amigos. 
    </p><h3 class="article-text">Vida y obra marcadas por la Segunda Guerra Mundial</h3><p class="article-text">
        El actor abord&oacute; un episodio de la vida de su padre que le marc&oacute; especialmente, su etapa como soldado durante la Segunda Guerra Mundial. Y, en concreto, su participaci&oacute;n en el Desembarco de Normand&iacute;a y posteriormente en la liberaci&oacute;n del complejo de campos de concentraci&oacute;n de Dachau (Alemania). &ldquo;Como le pasa a casi todos los veteranos de guerra, no era un tema del que le apeteciera mucho hablar, pero s&iacute; que nos cont&oacute; parte de lo que vivi&oacute;. Si estuviera aqu&iacute;, dir&iacute;a que lo que vio le confirm&oacute; lo que &eacute;l ya cre&iacute;a sobre el ser humano, porque ya sospechaba de las atrocidades de las que era capaz&rdquo;, asegur&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de pensar la aplic&oacute; al conocer que Mark Chapman estaba leyendo <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em> cuando asesin&oacute; a John Lennon en 1980: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo no te va a entristecer que un libro que has creado pensando que su lectura puede ayudar a las personas, llegue alguien y lo retuerza de forma demencial? Aunque dir&iacute;a que no le sorprendi&oacute;. Comprend&iacute;a la naturaleza, incluida su capacidad para la violencia. Pero bueno, &iquest;qu&eacute; culpa tienes t&uacute; de que un pirado coja tu obra y haga eso?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hijo-j-d-salinger-publicara-anos-manuscritos-padre-oculto-durante-cuatro-decadas_1_10628231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Oct 2023 20:10:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac71a5f5-ffff-4dc3-bfb0-c93c3a24a210_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083372.jpg" length="5892188" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac71a5f5-ffff-4dc3-bfb0-c93c3a24a210_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083372.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5892188" width="2993" height="1684"/>
      <media:title><![CDATA[El hijo de J.D. Salinger publicará en dos años los manuscritos que su padre ocultó en vida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac71a5f5-ffff-4dc3-bfb0-c93c3a24a210_16-9-discover-aspect-ratio_default_1083372.jpg" width="2993" height="1684"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Editoriales,Escritores,Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El ángel caído', un fragmento de la esperada novela de Alana Portero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angel-caido-fragmento-esperada-novela-alana-portero_1_10153467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El ángel caído&#039;, un fragmento de la esperada novela de Alana Portero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dramaturga y poeta, colaboradora de elDiario.es y otros medios de prensa, se estrena como novelista en 'La mala costumbre' (Seix Barral, a la venta el 3 de mayo), un texto sobre una adolescente atrapada en un cuerpo que no sabe habitar, ambientada en el Madrid de los noventa</p><p class="subtitle">Begoña Gómez, Clara Chía y el pánico trans, por Alana Portero </p></div><p class="article-text">
        Vi caer como &aacute;ngeles terminales a una generaci&oacute;n entera de muchachos. Adolescentes con la piel gris a los que les faltaban dientes, que ol&iacute;an a amoniaco y a orina. Flanqueaban con sus escorzos la salida del metro de San Blas en la calle Amposta y las praderitas del parque El Para&iacute;so como cristos de Mantegna. Cubiertos de agujas como san Sebasti&aacute;n. Sentados o tendidos de cualquier manera. Movi&eacute;ndose apenas, lentos y sincopados como mu&ntilde;ecos rotos. Con la sonrisa elevada de los crucificados. Indefensos pero ya flotando en lugares donde nada pod&iacute;a tocarlos. Los vi brotar y hacerse cada vez m&aacute;s lentos hasta alcanzar la quietud final y descomponerse en el fango que se acumulaba en nuestro barrio con nombre de santo pero dejado de la mano de Dios.
    </p><p class="article-text">
        La primera vez que me enamor&eacute; fue de uno de aquellos &aacute;ngeles. Se precipit&oacute; desde la ventana de casa de sus padres, que quedaba encima de nuestro bajo de treinta y cinco metros cuadrados, con una jeringuilla clavada en el pie. Mi vecino Efr&eacute;n apareci&oacute; muerto en la calle, medio desnudo, delante de mi puerta. Yo a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido los seis a&ntilde;os, llevaba un parche en un ojo y tartamudeaba. Creo que fueron los lamentos de su madre los que alertaron a los habitantes del bloque de tres pisos sin portal, con escalera exterior, en el que viv&iacute;amos. Llegamos antes que la polic&iacute;a, que se tomaba su tiempo para hacer su trabajo cuando se trataba de San Blas. Para ellos, para toda autoridad, solo era otro yonqui muerto, el hijo de alguna obrera deslomada por fregar escaleras a la que, probablemente, su ni&ntilde;o del alma ya le habr&iacute;a desvalijado varias veces la casa para meterse caballo.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que no recuerdo a Efr&eacute;n vivo. Solo tengo la imagen que pude rescatar de entre las piernas de mi madre y mi vecina Lola, con el &uacute;nico ojo del que dispon&iacute;a, como si estuviese mirando por una cerradura. Las madres de mi barrio no abrazaban a sus hijos muertos como las v&iacute;rgenes en las piedades renacentistas. Lo hac&iacute;an volcadas sobre los cuerpos, a gritos, despeinadas, con los ojos hinchados y babeando. Cubriendo a sus criaturas como pod&iacute;an, arrop&aacute;ndoles como bestias desesperadas, llam&aacute;ndoles hasta dejarse la voz en la acera, clav&aacute;ndoles las u&ntilde;as en la carne, y&eacute;ndose con ellos de alguna manera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/60ca759a-8295-4311-b55b-810d610cdac2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Alana Portero delante de la estatua del ángel caído en el parque de El Retiro de Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Alana Portero delante de la estatua del ángel caído en el parque de El Retiro de Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esos &laquo;&iexcl;ay, hijo m&iacute;o!&raquo;, si los has escuchado alguna vez, no te abandonan nunca. Permanecen en el archivo sonoro de la memoria como campanadas f&uacute;nebres que te obligan a agitar la cabeza para exorcizarlas.
    </p><p class="article-text">
        Efr&eacute;n era guap&iacute;simo, y el vac&iacute;o les sentaba bien a esos rasgos suaves de quien no ha llegado a ser un hombre. Una sobredosis le hab&iacute;a llevado al lado fr&iacute;o. Llevaba poco tiempo enganchado y la hero&iacute;na apenas hab&iacute;a moldeado sus facciones, solo hab&iacute;a intervenido en el color de su piel con la cualidad de la ceniza. Fue la primera vez que quise besar a alguien. Su cuerpo hab&iacute;a quedado tendido delante de un jard&iacute;n raqu&iacute;tico que hab&iacute;a frente a nuestras casas, justo bajo uno de los arcos de entrada mal cubierto por flores medio secas y venas de hiedra que apenas daban para tapizar la tosca estructura de enrejado de alambre. Con todo, la muerte hab&iacute;a escogido para Efr&eacute;n un marco vegetal de cierta y sucia belleza <em>art nouveau</em>. Ten&iacute;a la boca entreabierta y los labios carnosos, a&uacute;n sin retraer, el pelo revuelto y los p&aacute;rpados a medio camino entre la vigilia y el sue&ntilde;o. Si a los cinco a&ntilde;os una tiene la capacidad de enamorarse, la m&iacute;a se derram&oacute; completa sobre aquel pobre desgraciado. Mi vida interior se despleg&oacute; sobre aquel fotograma de dolor y miseria imagin&aacute;ndome ligera y trasl&uacute;cida encima de aquel cuerpo muerto, bes&aacute;ndolo con la liviandad de las cosas que no existen, no para despertarlo de su letargo, no para ser correspondida, solo deseaba con toda mi alma besar algo tan hermoso e indefenso. Algo que parec&iacute;a ca&iacute;do del cielo y dejado como exvoto en mi umbral. Algo que entre el ruido y la furia de madres babeantes y padres que se tapaban la boca para no dejar salir el llanto, entend&iacute; que me pertenec&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alana Portero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/angel-caido-fragmento-esperada-novela-alana-portero_1_10153467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Apr 2023 20:26:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="576657" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="576657" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['El ángel caído', un fragmento de la esperada novela de Alana Portero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3330fcf9-e0b5-49bc-8316-03fa1a9eceef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,San Blas,Madrid,Literatura,Transexualidad,Adolescentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Vida y muerte de Miguel', un relato de Pedro Almodóvar de su libro 'El último sueño']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vida-muerte-miguel-relato-pedro-almodovar-libro-ultimo-sueno_1_10106524.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c3b2f35-eb9f-4681-b061-7d2913519884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x878y566.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Vida y muerte de Miguel&#039;, un relato de Pedro Almodóvar de su libro &#039;El último sueño&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El director publica el 13 de abril 'El último sueño' (Reservoir Books), una antología de textos que él mismo ha definido como "lo más parecido a una autobiografía fragmentada"</p><p class="subtitle">Entrevista - Pedro Almodóvar: “Aburrirme es una derrota, pensé que el tedio no existiría en mi vida”</p></div><p class="article-text">
        Algunos familiares y futuros amigos asisten al nacimiento de Miguel, todos observan atentos al sepulturero que ejecuta su trabajo sin prisas. El rostro de los m&aacute;s allegados expresa la natural resignaci&oacute;n y el dolor que conlleva un acontecimiento tan triste. Miguel, todos conocen su nombre, va a nacer en circunstancias tr&aacute;gicas. Eso tambi&eacute;n lo saben todos los presentes. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el primer momento puede conocerse el tiempo que va a durar la vida del reci&eacute;n nacido. Seg&uacute;n las imprevisibles reglas de la naturaleza, la Vida es un periodo acotado cuya extensi&oacute;n se conoce desde el momento de nacer. Los documentos con los que nace cada individuo, que aparecen espont&aacute;neamente en cualquier lugar, aclaran la fecha en que el ciclo vital terminar&aacute;. Para unos es antes, para otros despu&eacute;s, en esta decisi&oacute;n nadie interviene, solo el Azar. Ese es uno de los grandes misterios de la vida. La edad del reci&eacute;n nacido est&aacute; en relaci&oacute;n con sus l&iacute;mites, el del principio y el del final. Por ejemplo, una persona que haya nacido con cuarenta a&ntilde;os de vida, despu&eacute;s de su primer aniversario dir&aacute; que vive desde hace un a&ntilde;o y le faltan treinta y nueve para su muerte.
    </p><p class="article-text">
        A Miguel no le han visto todav&iacute;a, el sepulturero es lento. Por lo que se ha hablado de &eacute;l, parece que va a nacer bastante joven, la madre lo sabe y a duras penas contiene las l&aacute;grimas. Aparece el ata&uacute;d de madera que le contiene, en la profundidad de la zanja. Como es costumbre, con desgano y escasas fuerzas, los familiares arrojan un pu&ntilde;ado de tierra como saludo al que va a nacer. Los padres lloran con amargura, una de las t&iacute;as anima con t&oacute;picos a la madre.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No importa cu&aacute;l sea su vida, no durar&aacute; siempre; al final tendr&aacute; como todos una muerte liberadora.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&eacute; que mi pobre hijo nacer&aacute; de forma tr&aacute;gica &ndash;se queja transida la madre.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No pienses ahora en eso &ndash;insiste la t&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La madre se lamenta entre gemidos:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nacer tan joven... Miguel no hizo nunca mal a nadie.
    </p><p class="article-text">
        Los hombres encargados del desentierro extraen con unas cuerdas el ata&uacute;d que contiene a Miguel: esta es la primera fase del alumbramiento. El cura termina la ceremonia con unas oraciones, dese&aacute;ndole felicidad en su futura vida, y los amigos de la familia cogen la caja sobre los hombros y la conducen hasta un coche funerario que a su vez la conducir&aacute; a su casa.
    </p><p class="article-text">
        Los padres, unos t&iacute;os, Elena, futura amiga &iacute;ntima y la persona que m&aacute;s sabe de las circunstancias de su nacimiento, as&iacute; como algunos amigos de la familia, se dirigen en sus coches a la casa de los padres. All&iacute; empiezan las despedidas, intentan animarlos y les ofrecen su ayuda para lo que sea. La madre los mira desorientada, no entiende a qu&eacute; tipo de ayuda se refieren y ellos tampoco, pero es una f&oacute;rmula que todos adoptan, como un ritual. Solo se queda en la casa Elena, la futura amiga, y la t&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los encargados de la funeraria depositan en la habitaci&oacute;n la caja y la destapan. Ya es posible contemplar el cuerpo marm&oacute;reo y r&iacute;gido de Miguel.
    </p><p class="article-text">
        Llaman a la puerta, llega una se&ntilde;ora que pide hablar con la madre...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En estos momentos no puede atenderla &ndash;le dice Elena, que sale a recibirla.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me lo figuro &ndash;dice la se&ntilde;ora&ndash;, le explicar&eacute;: tengo un apartamento para alquilar, &uacute;ltimamente estaba vac&iacute;o y hoy, de repente, lo he encontrado lleno de libros, ropas y objetos, por sus caracter&iacute;sticas, pertenecientes a un hombre joven, he buscado la documentaci&oacute;n y aqu&iacute; la tengo, enseguida he supuesto que se trataba de un nacimiento. Viene la direcci&oacute;n de sus padres tambi&eacute;n. Si quiere usted venir a recoger alg&uacute;n traje o lo que necesiten...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Imagino que, si todo lo que ha encontrado es de Miguel, &eacute;l se ir&aacute; a vivir all&iacute;. Recoger&eacute; solo algo de ropa. A ver, deme la documentaci&oacute;n, porque puede tratarse de otro nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        Elena lee entero el documento.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, es este, en efecto, se llama Miguel. Si usted ha encontrado su habitaci&oacute;n repentinamente ocupada debe de estar ya al nacer.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo a ti te conozco &ndash;dice la mujer.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, nos habremos visto alguna vez.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso me parec&iacute;a. &iquest;Necesitan alguna cosa m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, gracias, ya solo queda esperar. Gracias por avisar.
    </p><p class="article-text">
        Elena vuelve a la habitaci&oacute;n donde han velado el cuerpo de Miguel. Cuatro candelabros rodean la caja destapada. La madre comenta:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Qu&eacute; joven es! Parece dormido y como sorprendido y asustado. &iexcl;Pobrecillo, mi ni&ntilde;o! &iquest;No han aparecido sus cosas todav&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute; &ndash;responde Elena&ndash;, acaba de venir una se&ntilde;ora a decirme d&oacute;nde va a vivir Miguel despu&eacute;s de nacer.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Entonces &iquest;no vivir&aacute; con nosotros? &ndash;pregunta la madre decepcionada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cu&aacute;nto tiempo va a vivir?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Veinticinco a&ntilde;os. Mira.
    </p><p class="article-text">
        La madre recoge con precipitaci&oacute;n el documento que le extiende Elena donde se establecen la fecha de su nacimiento y la de su Muerte.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me gustar&iacute;a ir a ese apartamento y ver c&oacute;mo va a vivir los primeros d&iacute;as &ndash;dice la madre.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No hay tiempo &ndash;dice la t&iacute;a&ndash;, y t&uacute; all&iacute; no pintas nada. Tenemos que darnos prisa, despu&eacute;s de esto ya debe de quedar muy poco para que nazca.
    </p><p class="article-text">
        Como es costumbre, tienen que velar al futuro ser. Elena y los familiares que han llegado se turnan en el velatorio. El tiempo se arrastra pesadamente, la noche se hace interminable. Al d&iacute;a siguiente, un poco m&aacute;s descansados, a pesar de no haber dormido, los que a&uacute;n quedan en la casa de los padres se disponen para la inevitable y &uacute;ltima etapa del nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo de Miguel, vestido, no muestra ninguna particularidad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Qu&eacute; va a ser de &eacute;l, veinticinco a&ntilde;os solamente! &ndash;grita de pronto la madre.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vamos a desnudarle &ndash;dispone la t&iacute;a&ndash;, le pondremos la ropa que han mandado de su apartamento. No se ve ninguna se&ntilde;al de violencia y a su edad es raro que nazca a causa de una enfermedad... La expresi&oacute;n de su rostro da miedo. &ndash;Una expresi&oacute;n de asombro y dolor.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;S&iacute;, pobrecillo! Vamos a desnudarle &ndash;solloza la madre.
    </p><p class="article-text">
        Le quitan con cuidado el traje oscuro, en el pecho descubren la herida que le ha producido un disparo. Elena ya le hab&iacute;a hablado a la t&iacute;a sobre algunos detalles tr&aacute;gicos del nacimiento, pero de un modo confuso. La madre llora ante la segura amenaza que pesa sobre su hijo. Ella querr&iacute;a hacer algo, la impotencia frente a la tragedia le destroza el coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mujer, por suerte no todo va a ser as&iacute; &ndash;la anima su hermana&ndash;, despu&eacute;s de la tragedia seguro que su vida tendr&aacute; tambi&eacute;n momentos de felicidad y placer. A pesar del rictus ese, es un chico guapo. Ha salido a tu marido.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de desnudarlo, le lavan y le dejan en la habitaci&oacute;n solo. Se aproxima el final de la parte m&aacute;s dolorosa. Solo queda el hecho consumado del nacimiento real. En el caso de Miguel, por su juventud y la herida que muestra en el pecho, se le supone una primera etapa dif&iacute;cil, pero para sus familiares la vida continuar&aacute; de otro modo, habr&aacute; desaparecido el actual dolor y a lo sumo quedar&aacute; una inquietud m&aacute;s o menos honda por el destino de Miguel.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil saber con anticipaci&oacute;n detalles concretos de su futuro pr&oacute;ximo, pero bas&aacute;ndolo en las condiciones del nacimiento se pueden predecir sus efectos naturales, y las circunstancias que rodean el de Miguel no son tranquilizadoras. Esa herida en el pecho augura un disparo que le har&aacute; nacer dentro de poco, pero no saben d&oacute;nde ocurrir&aacute;. Falta poco tiempo para que sea disparada la bala que provocar&aacute; su nacimiento. Por mucho que limpien la sangre del pecho, est&aacute; cada vez m&aacute;s viva. A las personas que acompa&ntilde;an a los padres la espera se les hace eterna y deciden irse cada uno a su casa, incluida la joven Elena.
    </p><p class="article-text">
        La madre est&aacute; destrozada. Por fin llegan unos hombres a recogerle, en el instante de la separaci&oacute;n la madre grita enloquecida &laquo;No, no, Miguel, no&raquo;. Sabe lo que ocurrir&aacute;, los hombres se llevan a su hijo para que nazca despu&eacute;s de recibir un disparo. La negaci&oacute;n de la madre muestra su absoluta impotencia, no puede hacer nada para evitar su tr&aacute;gico nacimiento. La sangre de la herida brota a borbotones. Los hombres acarrean el cuerpo inerte, formando un cortejo f&uacute;nebre a la deriva. Caminan por la calle donde viven los padres de Miguel, atraviesan un parque polvoriento, guiados por la intuici&oacute;n caminan sin rumbo &ndash;como si estuvieran hipnotizados o en trance&ndash; durante veinte minutos hasta que el cad&aacute;ver se les cae de las manos al suelo y con un extra&ntilde;o movimiento se incorpora. Cuando consigue estar completamente vertical, los brazos abiertos como si estuviera bailando, da un grito espeluznante; es el grito que todos los hombres esperaban, el grito inici&aacute;tico que demuestra que Miguel est&aacute; vivo. Los hombres que le acarrearon se van corriendo a un bar que hay enfrente. Ocurre todo en cuesti&oacute;n de segundos.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre algo mayor que Miguel, con la cara enmascarada por el odio, le dispara con una pistola desde la acera de enfrente (junto a la puerta del bar donde se acaban de meter los hombres que transportaron a Miguel hasta all&iacute;).
    </p><p class="article-text">
        Miguel acaba de nacer, da sus primeros pasos semiinconsciente. La herida del pecho ha desaparecido s&uacute;bitamente. Miguel empieza su vida con la seguridad de que algo fatal va a ocurrirle y que no va a tener tiempo ni manera de evitarlo. En la esquina de enfrente el hombre que le dispar&oacute; le grita:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;D&eacute;jala, d&eacute;jala!
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Qui&eacute;n ser&aacute;, por qu&eacute; me grita de ese modo si no le conozco &ndash;se pregunta Miguel, molesto de que su primera experiencia vital sea tan violenta. &iquest;Por qu&eacute; ese hombre le grita con tanta hostilidad? Miguel se le acerca y le amenaza&ndash;: &iexcl;Como sigas as&iacute;, har&eacute; que te detengan!
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No vas a tener tiempo, como no la dejes estoy dispuesto a acabar contigo&ndash;. Mientras dice esto, palpa nervioso la pistola que todav&iacute;a lleva caliente en el bolsillo.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>El libro de Pedro Almod&oacute;var 'El &uacute;ltimo sue&ntilde;o', al que pertenece este relato, se publica el 13 de abril en la editorial Reservoir Books</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Almodóvar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vida-muerte-miguel-relato-pedro-almodovar-libro-ultimo-sueno_1_10106524.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Apr 2023 20:24:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4c3b2f35-eb9f-4681-b061-7d2913519884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x878y566.jpg" length="1397421" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4c3b2f35-eb9f-4681-b061-7d2913519884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x878y566.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1397421" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Vida y muerte de Miguel', un relato de Pedro Almodóvar de su libro 'El último sueño']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4c3b2f35-eb9f-4681-b061-7d2913519884_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x878y566.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Pedro Almodóvar,Libros,Adelanto editorial,Cineastas,Escritores,Cine,Cine europeo,Hollywood]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Necesidad de una política de la Tierra', el libro de Antxon Olabe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/necesidad-politica-tierra-libro-antxon-olabe_1_9293658.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bcf4051e-4c12-4cf4-81fb-45362118cacf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Necesidad de una política de la Tierra&#039;: adelanto editorial del libro de Antxon Olabe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El economista ambiental aborda en su nuevo libro la crisis del cambio climático y sus consecuencias: "Se juzgará a nuestra generación por la actitud con la que afrontamos esta amenaza existencial. [...] Esta es la lucha decisiva de nuestro tiempo"</p><p class="subtitle">La ONU reconoce el medio ambiente saludable como un derecho humano</p></div><p class="article-text">
        El economista ambiental, ensayista y experto en temas de cambio clim&aacute;tico y transici&oacute;n energ&eacute;tica Antxon Olabe publica este mi&eacute;rcoles 7 de septiembre su libro <em>Necesidad de una pol&iacute;tica de la Tierra</em>, en el que aborda una problem&aacute;tica mundial: la crisis del cambio clim&aacute;tico&nbsp;y las consecuencias devastadoras que est&aacute; teniendo&nbsp;en nuestro planeta.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos uno de sus cap&iacute;tulos, titulado 'Pol&iacute;tica de la Tierra':
    </p><h2 class="article-text">Pol&iacute;tica de la Tierra</h2><p class="article-text">
        &ldquo;<em>Debemos tener en cuenta que la biosfera tard&oacute; tres mil ochocientos millones de a&ntilde;os en construir el hermoso mundo que hemos heredado. Solo conocemos una parte de la complejidad de sus especies y del modo en que trabajan juntas para crear el equilibrio sostenible que acabamos de empezar a comprender. Nos guste o no, estemos o no preparados, somos la mente y los guardianes del mundo vivo. Nuestro futuro final depende de que entendamos esto&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Edward O. Wilson, Medio planeta. La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Pensar en el siglo XXI </h3><p class="article-text">
        Hemos de pensar el siglo XXI a la luz de la emergencia clim&aacute;tica y el creciente colapso de la biosfera. Vista desde nuestra tradici&oacute;n filos&oacute;fica y moral, la respuesta a la actual emergencia clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica habr&iacute;a de encontrar sus ra&iacute;ces y su fuerza en el legado de la raz&oacute;n cr&iacute;tica, el conocimiento cient&iacute;fico, el compromiso con la justicia como igualdad (tambi&eacute;n entre generaciones) y la participaci&oacute;n activa de la ciudadan&iacute;a en la esfera p&uacute;blica. La tradici&oacute;n de la que somos herederos no es un saber fosilizado, sino un compromiso con la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa, basada en la participaci&oacute;n discursiva y socr&aacute;tica de una ciudadan&iacute;a libre en una democracia siempre en proceso de mejora y que precisa, como condici&oacute;n necesaria para su perdurabilidad, la preservaci&oacute;n de los procesos de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Es preciso actualizar el legado de nuestra tradici&oacute;n para sentar sobre bases firmes la respuesta a esta encrucijada. Precisamos conceptos y categor&iacute;as adecuados con los que pensar los desaf&iacute;os decisivos del siglo XXI, dado que las razones &uacute;ltimas de la desestabilizaci&oacute;n clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica reflejan un estar-en-el-mundo propio de una civilizaci&oacute;n que ha concebido su relaci&oacute;n con la naturaleza en t&eacute;rminos de dominaci&oacute;n y depredaci&oacute;n, en lugar de preservaci&oacute;n, cuidado e interdependencia. Se trata de un molde cultural que, si bien est&aacute; arraigado en la lejana antig&uuml;edad, qued&oacute; fraguado en los albores de la primera modernidad, sobre todo a partir de la formulaci&oacute;n propuesta por Francis Bacon.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro siglos despu&eacute;s y a la vista de la desestabilizaci&oacute;n de funciones esenciales del sistema Tierra como el clima, la salud de los oc&eacute;anos o la diversidad biol&oacute;gica, la opci&oacute;n sensata e inteligente es aprender de los excesos, corregir el rumbo. En ese sentido, una &laquo;segunda modernidad&raquo; habr&iacute;a de incluir una comprensi&oacute;n renovada sobre las relaciones entre los seres humanos y la Tierra, integrando en el modelo de desarrollo econ&oacute;mico el paradigma de los l&iacute;mites ecol&oacute;gicos planetarios. La crisis clim&aacute;tica y el creciente colapso de la diversidad biol&oacute;gica demandan la cesura simb&oacute;lica de una era ecol&oacute;gicamente autodestructiva.
    </p><p class="article-text">
        Las generaciones actuales somos depositarias de un formidable legado de vida transmitido por numerosas generaciones de antepasados y tenemos la responsabilidad de entregarlo a quienes nos han de suceder. En la estela de fil&oacute;sofos como John Rawls y J&uuml;rgen Habermas no se trata tanto de descubrir sino de construir socialmente nuevos c&oacute;digos de justicia y equidad con los que proteger a las personas j&oacute;venes y a las generaciones venideras, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Formulado en otros t&eacute;rminos, la interdependencia fuerte entre generaciones exige reformular el modelo tradicional de contrato social. El propio Rawls matiz&oacute; su Teor&iacute;a de la Justicia para acomodar el dilema planteado por la relaci&oacute;n justa entre generaciones. En su &uacute;ltima formulaci&oacute;n (Justicia como equidad, 2012), invoca la posici&oacute;n original estipulando que &laquo;las diferentes partes habr&iacute;an de escoger aquellos principios que ellas hubiesen preferido que hubiesen sido aplicados por las generaciones precedentes&raquo;. Un velo de la ignorancia intergeneracional por el que cada generaci&oacute;n se compromete a respetar aquellos principios de sostenibilidad que le gustar&iacute;a ver cumplidos por sus predecesores. En definitiva, un pacto de justicia entre generaciones.
    </p><h3 class="article-text">Metamorfosis </h3><p class="article-text">
        Somos seres biol&oacute;gicos en un mundo ecol&oacute;gico. La pandemia de la COVID-19 ha sido el suceso singular m&aacute;s disruptivo a nivel global desde la finalizaci&oacute;n de la Segunda Guerra Mundial. En un momento dado, m&aacute;s de cuatro mil millones de seres humanos se vieron afectados por distintos niveles de confinamiento y restricci&oacute;n. Un &laquo;simple virus&raquo; nos ha recordado de manera abrupta nuestra interdependencia con el medio natural, as&iacute; como la vulnerabilidad de nuestros sistemas de salud y de nuestras econom&iacute;as.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/bc327be7-b474-4a6c-b105-603005f8e430_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="300" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Por ello, la respuesta a la desestabilizaci&oacute;n del clima habr&iacute;a de concebirse como parte de una metamorfosis m&aacute;s amplia, una transformaci&oacute;n en la manera de concebir y desarrollar las relaciones entre la econom&iacute;a, la ecolog&iacute;a y la sociedad. Se la puede denominar transici&oacute;n ecol&oacute;gica global. En la medida en que precisar&aacute; incorporar elementos sociales, culturales, de estilos de vida, jur&iacute;dicos, filos&oacute;ficos, espirituales, adem&aacute;s de econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos, cabr&iacute;a tambi&eacute;n denominarla emergente civilizaci&oacute;n ecol&oacute;gica global, dando por bueno un concepto procedente de la cultura china. En todo caso, habr&iacute;a de apoyarse sobre una comprensi&oacute;n renovada entre los seres humanos y el sistema Tierra. En t&eacute;rminos de la Ecolog&iacute;a cient&iacute;fica y siguiendo a Eugene Odum, se trata de transitar desde una etapa inmadura de dominaci&oacute;n y destrucci&oacute;n del medio natural a una etapa madura de preservaci&oacute;n y protecci&oacute;n del ecosistema global (l&iacute;mites ecol&oacute;gicos planetarios) como condici&oacute;n ineludible para garantizar nuestra supervivencia y bienestar a largo plazo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tras medio siglo de experiencia, debemos reconocer que el sistema internacional de protección ecológica de la Tierra está fallando. A pesar de los informes científicos, las iniciativas dirigidas a mejorar la gobernanza global no han prosperado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La apropiaci&oacute;n agresiva del medio natural no es inevitable, no estamos abocados a destruir el tejido de la biosfera y socavar los cimientos que han permitido la aventura humana. No ser&aacute; f&aacute;cil. Evolutivamente nos hemos multiplicado y hemos prosperado enfocados hacia problemas que surgen en nuestro entorno m&aacute;s cercano y que nos ata&ntilde;en de forma directa y personal a corto plazo. Sin embargo, aprendemos culturalmente a partir de nuestra interacci&oacute;n con el medio. Y la destrucci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica ha sido, junto a la crisis clim&aacute;tica, nuestro mayor error como especie. Ambas son las vigas maestras que sostienen el funcionamiento de la biosfera. No es razonable pensar que podamos abocarlas a una desestabilizaci&oacute;n profunda y no sufrir las consecuencias. Hemos de despertar a esa realidad inexorable antes de que sea demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el objetivo fundamental de una pol&iacute;tica de la Tierra deber&iacute;a ser reconducir de manera urgente la trayectoria del sistema clim&aacute;tico hacia lo que las Ciencias de la Tierra denominan un valle de estabilidad, evitando que se adentre en una din&aacute;mica de retroalimentaci&oacute;n positiva que pueda llevarlo fuera de control. Ello requerir&aacute; una permanente observaci&oacute;n cient&iacute;fica y un sistema de gobernanza en un nivel de inteligencia organizada y con capacidad de decisi&oacute;n superior al actual. Se precisar&aacute;n muchas d&eacute;cadas antes de que podamos considerar que la desestabilizaci&oacute;n ha quedado reconducida. En verdad, no se lograr&aacute; antes de que la concentraci&oacute;n de CO2 en la atm&oacute;sfera descienda y se estabilice por debajo de las 350 partes por mill&oacute;n. El camino hacia la neutralidad es preciso recorrerlo de manera cooperativa y solidaria entre pa&iacute;ses y sociedades, y se ir&aacute; desplegando a medida que se desarrolle un amplio proceso de aprendizaje social. En otras palabras, el concepto &ldquo;pol&iacute;tica de la Tierra&rdquo; pretende desplazar el centro de gravedad desde aquello que nos separa hacia aquello que nos une como seres humanos que enfrentan juntos una amenaza existencial.
    </p><h3 class="article-text">Proteger a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras</h3><p class="article-text">
        <em>Abrir la Constituci&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        Tras medio siglo de experiencia, debemos reconocer que el sistema internacional de protecci&oacute;n ecol&oacute;gica de la Tierra est&aacute; fallando. Y lo que es peor, a pesar de los informes cient&iacute;ficos que han documentado el deterioro de la situaci&oacute;n planetaria, las iniciativas dirigidas a mejorar la gobernanza global no han prosperado. Las inercias burocr&aacute;ticas del sistema de organizaciones de las Naciones Unidas, por un lado, y el bloqueo por parte de Estados partidarios de mantener el actual statu quo ambiental por otro, han impedido todo avance relevante en esa direcci&oacute;n. As&iacute;, la propuesta defendida por m&aacute;s de cincuenta pa&iacute;ses, entre ellos la Uni&oacute;n Europea y todos sus Estados miembros, de crear una Organizaci&oacute;n Mundial del Medio Ambiente, equivalente a la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, no ha encontrado apoyo suficiente en las Naciones Unidas. Lo mismo ha sucedido con la mencionada propuesta del Pacto Mundial por el Medio Ambiente.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, nos encontramos en una situaci&oacute;n de emergencia clim&aacute;tica y colapso creciente de la diversidad biol&oacute;gica como consecuencia de que el sistema normativo y de gobernanza internacional no est&aacute; suficientemente afianzado. Como dijo Stephen Hawking, vivimos el tiempo m&aacute;s peligroso (para nosotros) en la historia de nuestro planeta. Asumir esa realidad habr&iacute;a de ser el punto de partida para pensar el siglo XXI y mejorar el modelo de gobernanza de los bienes comunes de la humanidad, empezando por la preservaci&oacute;n del clima de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, alrededor de ciento cincuenta y cinco Estados recogen en sus constituciones o en otros instrumentos normativos de relevancia el derecho de los seres humanos a disfrutar de un medio ambiente adecuado. Adem&aacute;s, ese derecho se evoca en declaraciones internacionales no vinculantes como la Declaraci&oacute;n de Estocolmo y la Declaraci&oacute;n de R&iacute;o. Asimismo, aun cuando el derecho a un medio ambiente saludable no figura de manera expl&iacute;cita en el Convenio Europeo de Derechos Humanos aprobado en 1950 (en esa fecha no hab&iacute;an surgido a&uacute;n los problemas ambientales globales, lo har&iacute;an a partir de los a&ntilde;os sesenta), el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha favorecido una comprensi&oacute;n din&aacute;mica del Convenio, interpret&aacute;ndolo frecuentemente en t&eacute;rminos favorables a la protecci&oacute;n ambiental.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Deberían abrirse las constituciones y otras cartas magnas para incluir [...] la obligación de los poderes públicos de velar por el derecho de las personas jóvenes a verse libres de la amenaza existencial que representa la crisis climática</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A ello hay que a&ntilde;adir que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los tribunales de justicia de diferentes pa&iacute;ses (Francia, Holanda, Alemania&hellip;) han sentado jurisprudencia sobre la obligaci&oacute;n de los gobiernos de preservar de manera m&aacute;s eficaz los derechos de las personas j&oacute;venes a ver su futuro clim&aacute;tico protegido y, en algunos casos, incluso han obligado a multinacionales energ&eacute;ticas a responsabilizarse de objetivos ambiciosos de mitigaci&oacute;n de sus emisiones. Esa implicaci&oacute;n deber&iacute;a ir madurando hacia una transformaci&oacute;n de mayor calado normativo, que habr&iacute;a de ser recogida en la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y es que nos hemos adentrado en un tiempo en el que se hace necesario ampliar los c&oacute;digos de responsabilidad, integrando en nuestro horizonte de decisi&oacute;n de forma m&aacute;s expl&iacute;cita la preservaci&oacute;n del legado transmitido a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras. Por ello, deber&iacute;an abrirse las constituciones y otras cartas magnas para incluir, tras un amplio debate ciudadano, la obligaci&oacute;n de los poderes p&uacute;blicos de velar por el derecho de las personas j&oacute;venes a verse libres de la amenaza existencial que representa la crisis clim&aacute;tica. Un mandato constitucional que en los Estados miembros de la Uni&oacute;n Europea podr&iacute;a formularse al amparo de la declaraci&oacute;n de emergencia clim&aacute;tica aprobada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2019.
    </p><h3 class="article-text">Europa, una causa de alcance universal</h3><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Europea ha sido la primera instituci&oacute;n que ha hecho hincapi&eacute; en sus tratados en la responsabilidad hacia los bienes comunes de la humanidad. Esa responsabilidad figura en el centro de su proyecto pol&iacute;tico y de su comprensi&oacute;n como actor global. De esa manera, Europa ha conectado con lo m&aacute;s valioso del legado de la Ilustraci&oacute;n, aquello que el tiempo ha sedimentado como su n&uacute;cleo orientador de sentido: la confianza en el uso de la raz&oacute;n, la labor de gu&iacute;a otorgada a la ciencia y un aliento de vocaci&oacute;n universal. Hoy en d&iacute;a, ese legado cosmopolita habr&iacute;a de actualizarse adoptando una visi&oacute;n y una tarea a la altura de lo que ha sido la contribuci&oacute;n europea a la historia de las ideas, la ciencia y la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace cinco siglos, Europa se ha construido y definido en relaci&oacute;n abierta con el mundo. La Europa heredera del humanismo renacentista, la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, el esp&iacute;ritu de la Ilustraci&oacute;n, el proyecto filos&oacute;fico de la modernidad y la declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, habr&iacute;a de dotarse de un proyecto de largo alcance espacial y temporal capaz de otorgarle un sentido profundo al proyecto de la Uni&oacute;n Europea, m&aacute;s all&aacute; de la satisfacci&oacute;n de los intereses materiales de sus ciudadanos. Europa habr&iacute;a de hacer suya una gran causa de alcance universal, como dijo Tocqueville refiri&eacute;ndose al legado de la Revoluci&oacute;n francesa. Una causa que pueda ser percibida por la ciudadan&iacute;a como la sustancia pol&iacute;tica y moral de nuestro estar en el mundo. Se deber&iacute;a articular un proyecto integral que, con humildad, aliente la esperanza y la confianza de que sabremos y podremos reconducir la situaci&oacute;n. A la ciudadan&iacute;a, a los Estados nacionales y a las instituciones comunitarias nos corresponde asumir la iniciativa ante el desaf&iacute;o definidor de nuestro tiempo: la amenaza existencial del cambio clim&aacute;tico y la crisis ecol&oacute;gica global.
    </p><p class="article-text">
        En este momento de crisis clim&aacute;tica y ecol&oacute;gica de alcance planetario, el despertar geopol&iacute;tico de Europa no deber&iacute;a entrar en contradicci&oacute;n con su papel equilibrador y moderador en la esfera internacional, y menos con su liderazgo ante la crisis clim&aacute;tica. Adem&aacute;s de improductivo no ser&iacute;a justo. Como escribi&oacute; Ulrich Beck, el software de la modernidad tecnoindustrial que Occidente ha exportado al resto de los pa&iacute;ses en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os y que ha conducido, junto a numerosos y notables progresos, a la actual situaci&oacute;n de crisis ecol&oacute;gica y clim&aacute;tica, ha sido en gran medida una creaci&oacute;n europea.
    </p><p class="article-text">
        La Europa comunitaria de cuatrocientos cincuenta millones de ciudadanos est&aacute; en condiciones de presentar al resto de la comunidad internacional un compromiso integral dirigido a reconducir la emergencia clim&aacute;tica, convirti&eacute;ndolo en el eje central de su proyecci&oacute;n exterior. Construyendo sobre el corpus ambiental generado en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, consolidando el liderazgo clim&aacute;tico de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas y profundizando en el proyecto estrat&eacute;gico del Pacto Verde, la Uni&oacute;n Europea deber&iacute;a demandar apoyo a la ciudadan&iacute;a para hacer de la preservaci&oacute;n de los sistemas vitales de la Tierra y de la respuesta a la desestabilizaci&oacute;n del clima el n&uacute;cleo de su proyecci&oacute;n global.
    </p><p class="article-text">
        En los tiempos actuales en los que la din&aacute;mica ecol&oacute;gica y clim&aacute;tica podr&iacute;a escapar a todo control, es m&aacute;s necesario que nunca dar un paso al frente, afirmar nuestra presencia responsable y no dejarnos llevar por esa deriva autodestructiva. En definitiva, Europa habr&iacute;a de crear los conceptos y la narrativa con los que tejer los mimbres de una transformaci&oacute;n profunda en las relaciones entre econom&iacute;a, ecolog&iacute;a y sociedad, haciendo de ello su prop&oacute;sito pol&iacute;tico definidor. Una causa de alcance universal, una pol&iacute;tica de la Tierra, que sea nuestra contribuci&oacute;n m&aacute;s perdurable a la aventura humana.
    </p><h3 class="article-text">La lucha decisiva de nuestro tiempo</h3><p class="article-text">
        La ciencia ha realizado la aportaci&oacute;n crucial a la hora de explicar las causas de la crisis clim&aacute;tica, sus consecuencias y su din&aacute;mica. Ahora bien, la respuesta pertenece a un &aacute;mbito diferente.
    </p><p class="article-text">
        Hace referencia a qu&eacute; sociedad queremos, sobre qu&eacute; valores aspiramos a construirla, en qu&eacute; lugar situamos conceptos como justicia y equidad, qu&eacute; mundo queremos legar a nuestros j&oacute;venes, a nuestros hijos y a las generaciones venideras, qu&eacute; importancia otorgamos a que desaparezcan cientos de miles de especies biol&oacute;gicas que comparten con nosotros la Tierra. En otras palabras, afecta al n&uacute;cleo pol&iacute;tico y moral de nuestra sociedad, a nuestros valores como comunidad de hombres y mujeres libres que no s&oacute;lo viven juntos, sino que comparten un destino com&uacute;n, es decir, a los fundamentos de justicia y equidad en los que se basan nuestras sociedades democr&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la respuesta a la emergencia clim&aacute;tica planetaria es la lucha decisiva de nuestro tiempo, la que definir&aacute; a nuestra generaci&oacute;n como la respuesta a los totalitarismos defini&oacute; el siglo XX (Tony Judt). Pertenece al linaje de las grandes movilizaciones pol&iacute;ticas y sociales que tuvieron lugar en los &uacute;ltimos trescientos a&ntilde;os, tales como la prohibici&oacute;n de la esclavitud, la conquista de las libertades y la democracia, la desaparici&oacute;n de los imperios coloniales, la carta de los derechos humanos, la lucha contra el racismo y por los derechos civiles, la construcci&oacute;n del Estado social europeo, los hist&oacute;ricos logros de la igualdad de g&eacute;nero...
    </p><p class="article-text">
        Esas transformaciones se libraron y en buena medida ganaron, al menos en ciertas partes del mundo, porque fueron capaces de generar una respuesta moral entre amplias mayor&iacute;as sociales, ya que sent&iacute;an que afectaba a su sentido b&aacute;sico de la justicia y la igualdad. Por ello, se equivocan quienes tratan de acotar la respuesta a la crisis clim&aacute;tica al &aacute;mbito instrumental de la tecnolog&iacute;a y/o la econom&iacute;a. Las transformaciones energ&eacute;ticas y tecnol&oacute;gicas son imprescindibles. Mediante ellas es como se materializar&aacute; el cambio. Ahora bien, para lograrlo es necesario que una mayor&iacute;a social acepte que la emergencia clim&aacute;tica afecta a valores b&aacute;sicos que dan sentido a sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje es claro: no podemos permitir que nuestros j&oacute;venes, nuestros hijos y las generaciones venideras hereden un mundo clim&aacute;ticamente devastado. Los gobiernos de las naciones tienen el deber de preservar el clima de la Tierra, ya que, como representantes de los intereses de la sociedad, no pueden permanecer impasibles ante su deterioro irreversible. El objetivo de 1,5 grados es irrenunciable. El d&iacute;a de ma&ntilde;ana se juzgar&aacute; a nuestra generaci&oacute;n por la actitud con la que afrontamos esta amenaza existencial. Si la comunidad internacional no es capaz de reconducir la crisis del clima, el futuro que entregaremos a los j&oacute;venes y a las generaciones venideras ser&aacute; &laquo;un mundo en llamas&raquo;. No lo podemos aceptar. Esta es la lucha decisiva de nuestro tiempo.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antxon Olabe]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/necesidad-politica-tierra-libro-antxon-olabe_1_9293658.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Sep 2022 20:38:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bcf4051e-4c12-4cf4-81fb-45362118cacf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87936" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bcf4051e-4c12-4cf4-81fb-45362118cacf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87936" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Necesidad de una política de la Tierra', el libro de Antxon Olabe]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bcf4051e-4c12-4cf4-81fb-45362118cacf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Libros,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['¿Por qué dejas que te roben?': adelanto editorial del libro de Rubén Sánchez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/dejas-roben-adelanto-editorial-libro-ruben-sanchez_1_8850792.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eabce5a8-e6a1-49d0-98f8-f2269987052b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1048y514.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;¿Por qué dejas que te roben?&#039;: adelanto editorial del libro de Rubén Sánchez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y secretario general de FACUA presenta su tercer libro, que describe como “una guía para enfrentarte a las relaciones tóxicas con empresas que te seducen con malas artes”</p></div><p class="article-text">
        El periodista, secretario general de FACUA y colaborador de elDiario.es, Rub&eacute;n S&aacute;nchez, publica este jueves 24 de marzo su tercer libro, <a href="https://porquedejas.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iquest;Por qu&eacute; dejas que te roben?</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos parte del cap&iacute;tulo &lsquo;La gran estafa el&eacute;ctrica&rsquo;:
    </p><h3 class="article-text"><strong>La gran estafa el&eacute;ctrica</strong></h3><p class="article-text">
        La factura de la luz resulta para muchos m&aacute;s terror&iacute;fica que recibir el v&iacute;deo de las pel&iacute;culas de la saga <em>The Ring</em> &mdash;al menos, cualquiera que no sea el de la infumable secuela que protagoniza el bajito de las gafas de <em>The Big Bang Theory</em>&mdash;. En las pelis, quien ve el VHS recibe a continuaci&oacute;n una llamada telef&oacute;nica donde le anuncian que va a morir en siete d&iacute;as. Con el recibo el&eacute;ctrico, no hace falta ninguna llamada para saber que si no pagamos su inflad&iacute;simo importe, acabar&aacute;n dej&aacute;ndonos a oscuras.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que por el suministro de agua, una familia con un consumo razonable &mdash;9 metros c&uacute;bicos&mdash; paga en Espa&ntilde;a una media de poco m&aacute;s de 16 euros al mes &mdash;aunque en funci&oacute;n de la ciudad el importe oscila hasta un 479%&mdash;, en el caso de la luz, un usuario medio lleg&oacute; a abonar en 2021 casi ocho veces m&aacute;s. En diciembre, el precio de la electricidad bati&oacute; un r&eacute;cord hist&oacute;rico que provoc&oacute; que el importe de los recibos alcanzase los 141 euros de media, seg&uacute;n los c&aacute;lculos realizados por FACUA sobre viviendas habitadas. La cifra representaba m&aacute;s del doble de los 69 euros del mismo mes del a&ntilde;o anterior.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, hay causas coyunturales que contribuyen a incrementar el recibo de la luz, como la disminuci&oacute;n de la generaci&oacute;n e&oacute;lica o solar por falta de viento o sol, el encarecimiento de los derechos de emisi&oacute;n de CO2 a la atm&oacute;sfera &mdash;un peaje que pagan las empresas por contaminar&mdash; o que los conflictos geoestrat&eacute;gicos y la menor producci&oacute;n de gas &mdash;que necesitan las centrales t&eacute;rmicas convencionales para producir la electricidad&mdash; aumenten su precio en los mercados internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay motivos estructurales que, desde la liberalizaci&oacute;n del sector, vienen provocando que los consumidores paguemos precios absolutamente desproporcionados, m&aacute;xime teniendo en cuenta lo barata que es la generaci&oacute;n el&eacute;ctrica procedente de las renovables. Se trata, por un lado, del sistema de fijaci&oacute;n de precios impuesto por la Comisi&oacute;n Europea, basado en una disparatada subasta donde el &uacute;ltimo que logra entrar en la puja, al precio m&aacute;s caro, determina lo que se paga por toda la electricidad que se vende en ella. Y, por otro, de las decisiones adoptadas desde los sucesivos gobiernos de Espa&ntilde;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, por las que esa subasta se ha venido celebrando en unas condiciones especialmente favorables para los especuladores, al tiempo que se ha hecho la vista gorda ante numerosas irregularidades y excesos cometidos por el sector. Un sector que durante largos periodos pr&aacute;cticamente ha determinado las pol&iacute;ticas energ&eacute;ticas a golpe de talonario, reclutando a sus filas a exministros y expresidentes del Gobierno para lograr m&aacute;s influencia en las decisiones de sus compa&ntilde;eros de partido o sencillamente para pagarles por los servicios prestados.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El de la leche que cuesta lo mismo que el jam&oacute;n de bellota</strong></h3><p class="article-text">
        Desde la liberalizaci&oacute;n del sector el&eacute;ctrico emprendida en Espa&ntilde;a por el hoy millonario Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, las empresas de generaci&oacute;n fijan sus precios mayoristas a diario en una &laquo;subasta marginalista&raquo;, lo que significa que el precio para todo el mercado lo determina el m&aacute;s alto que entra en la puja hasta cubrir toda la demanda. La f&oacute;rmula fue impuesta por la Comisi&oacute;n Europea, pero se aplica en cada Estado miembro con distintas peculiaridades. Por ejemplo, en Francia, donde el 70% de la electricidad procede de sus 56 centrales nucleares &mdash;es el segundo productor mundial&mdash;, buena parte de esta producci&oacute;n est&aacute; fuera de la subasta y tiene un precio marcado por el Gobierno. Una medida que reduce enormemente el impacto alcista que tienen las disparatadas subastas.
    </p><p class="article-text">
        El establecimiento de una subasta marginalista como sistema para la fijaci&oacute;n de los precios de la electricidad representa un para&iacute;so para los especuladores y un aut&eacute;ntico sinsentido. Pagamos energ&iacute;as extraordinariamente baratas al precio de las m&aacute;s caras. Y para colmo, en determinadas coyunturas, las que son baratas, como la hidroel&eacute;ctrica, participan en la puja al mismo precio que lo habr&iacute;a hecho la tecnolog&iacute;a m&aacute;s cara que entrar&iacute;a en el sistema si ellas no lo hicieran. Algo que ocurri&oacute; especialmente durante 2021, cuando por distintas coyunturas sufrimos a nivel internacional unos elevad&iacute;simos precios del gas &mdash;que utilizan las centrales t&eacute;rmicas de ciclo combinado para producir la electricidad&mdash; y de los derechos de emisi&oacute;n de CO2 &mdash;que tambi&eacute;n impactan sobre esas centrales&mdash;. Con este mecanismo, todo el sector obtiene unos escandalosos beneficios ca&iacute;dos del cielo con los que nadie parece querer o atreverse a acabar.
    </p><p class="article-text">
        El disparate y lo injusto que resulta depender de esa subasta para fijar los precios de la luz que pagamos los consumidores es equiparable a lo que supondr&iacute;a que en un supermercado nos obligaran a pagar un litro de leche al mismo importe que un kilo de jam&oacute;n ib&eacute;rico de bellota.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El de la tarifa misteriosa</strong></h3><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se ha venido extendiendo desde hace d&eacute;cadas el bulo de que la factura el&eacute;ctrica es muy dif&iacute;cil de entender, lo que ha llevado a muchos consumidores a ni siquiera tomarse la molestia de intentarlo. En realidad, lo que resulta complicado de digerir es el sistema de fijaci&oacute;n de tarifas, porque la parte de la factura que te interesa no es tan complicada. Al menos, no lo era hasta hace unos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En su primera p&aacute;gina, adem&aacute;s de ver cu&aacute;l es la comercializadora que te est&aacute; facturando y c&oacute;mo se llama tu tarifa &mdash;con eso puedes saber si es la semirregulada&mdash; tienes tres conceptos b&aacute;sicos: la potencia contratada, que se mide en kilovatios (kW), la energ&iacute;a consumida, en kilovatios hora (kWh) y la tarifa por el alquiler del contador. A los dos primeros se les suma el IVA y el impuesto especial sobre la electricidad y al del contador s&oacute;lo se le a&ntilde;ade el Impuesto sobre el Valor A&ntilde;adido.
    </p><p class="article-text">
        Hasta 2014, en los recibos pod&iacute;as ver tanto el precio de cada kW de potencia que ten&iacute;as contratados como el de cada kWh que hab&iacute;as consumido en el periodo de facturaci&oacute;n. Adem&aacute;s, las tarifas de ambos conceptos permanec&iacute;an estables durante meses y se publicaban en el Bolet&iacute;n Oficial del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese a&ntilde;o, con Mariano Rajoy al frente del Ejecutivo y el ministro Jos&eacute; Manuel Soria como irresponsable de su pol&iacute;tica energ&eacute;tica &mdash;acab&oacute; dimitiendo al trascender que aparec&iacute;a como administrador de una sociedad en un para&iacute;so fiscal&mdash;, se acab&oacute; la transparencia en la aplicaci&oacute;n de las tarifas y la facturaci&oacute;n. El precio de la energ&iacute;a dej&oacute; de publicarse en el BOE y pas&oacute; a someterse en tiempo real a la decisiones adoptadas por las empresas de generaci&oacute;n el&eacute;ctrica en la subasta diaria del mercado mayorista de la electricidad &mdash;que se denomina <em>pool</em>&mdash;. Hasta entonces, el Gobierno fijaba las tarifas sobre la base de previsiones de lo que ocurrir&iacute;a en el mercado en los meses venideros, para despu&eacute;s actualizarlas aplicando ajustes al alza o a la baja en funci&oacute;n del margen de error que hubiese tenido.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se produjo el cambio, el precio de la energ&iacute;a se convirti&oacute; en un misterio mayor que la trama de la pr&oacute;xima fase del Universo Cinematogr&aacute;fico de Marvel. Los consumidores dejamos de pagar una tarifa que permanec&iacute;a invariable durante meses y pasamos a abonar 8.760 precios distintos al a&ntilde;o por cada kWh &mdash;8.784 en los bisiestos&mdash;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/feebd645-549c-4cf0-9beb-ce0b2ef4321a_3-4-aspect-ratio_default_1043746.jpg" alt="100%" width="250" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Para colmo, las tarifas comenzaron a publicarse con s&oacute;lo unas horas de antelaci&oacute;n. Si quieres conocer los veinticuatro precios que pagar&aacute;s ma&ntilde;ana, tienes que entrar por la tarde-noche en la p&aacute;gina web de Red El&eacute;ctrica de Espa&ntilde;a, el grupo empresarial que act&uacute;a como operador del sistema, gestionando toda la red de transporte de electricidad &mdash;s&oacute;lo el 20% de su capital es p&uacute;blico&mdash;. Y es que lo &uacute;nico que aparece ya en el BOE es la parte regulada de las tarifas, los peajes y cargos. En la web de Red El&eacute;ctrica se publican cada d&iacute;a los precios el siguiente pagaremos por cada kilovatio hora tras sumar a los que han salido de la subasta los peajes y los cargos regulados &mdash;que son los &uacute;nicos que permanecen estables durante meses y siguen public&aacute;ndose en el BOE&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que desde que pagamos un precio distinto cada hora por la electricidad que consumimos, ya no s&oacute;lo no podemos conocerlos con una antelaci&oacute;n m&iacute;nimamente razonable, sino que tampoco aparecen en las facturas &mdash;salvo que tengamos una tarifa fija o plana en el mercado libre, que suelen ser bastante m&aacute;s caras&mdash;. Lo que comenzamos a ver en los recibos desde 2014 fue el importe medio del total de kWh consumidos en el periodo de facturaci&oacute;n. En contra de lo que establece tanto la directiva europea como la ley espa&ntilde;ola del sector el&eacute;ctrico, los precios dejaron de ser transparentes y f&aacute;cilmente comparables.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El de la tarifa razonable</strong></h3><p class="article-text">
        Consciente del elevado porcentaje de consumidores que no entienden absolutamente nada de lo que dice su factura, en 2021 la vicepresidenta tercera del Gobierno, Teresa Ribera, tom&oacute; una decisi&oacute;n que complic&oacute; a&uacute;n m&aacute;s las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Ribera, ministra de &laquo;Energ&iacute;a&raquo; &mdash;aunque su ministerio se llama de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica y Reto Demogr&aacute;fico, para que parezca que todo lo hace por el bien del planeta y el nuestro&mdash; impuls&oacute; otro cambio en el sistema de facturaci&oacute;n y en la manera de informar del mismo. Junto a la Comisi&oacute;n Nacional de los Mercados y la Competencia, impuso en junio un sistema de tarificaci&oacute;n por tramos horarios. Con &eacute;l, la parte regulada de las tarifas &mdash;los cargos que establece su ministerio y los peajes que fija Competencia&mdash; pas&oacute; a ser muy elevada en el horario denominado punta, algo menos en el llamado llano y especialmente baja en el tercer horario, el valle.
    </p><p class="article-text">
        Para vender las bondades de su mecanismo de facturaci&oacute;n por tramos horarios, que lanz&oacute; en el peor momento posible, con una subida brutal del precio de la luz, la ministra se lanz&oacute; a hacer entrevistas recomendando modificar los horarios de ciertos h&aacute;bitos de consumo el&eacute;ctrico con perlas como &laquo;tenemos una tarifa muy razonable hasta las 10 de la ma&ntilde;ana, tambi&eacute;n esto ocurre despu&eacute;s de comer&raquo;. Lo hizo el mes que se activ&oacute; el nuevo sistema, cuando los consumidores pag&aacute;bamos por la energ&iacute;a casi el doble que un a&ntilde;o atr&aacute;s. Mientras, su ministerio se cubr&iacute;a de gloria lanzando una campa&ntilde;a publicitaria con el eslogan &laquo;Ahorrar te ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, en Competencia difundieron un documento con simulaciones del ahorro que representaba cambiar la hora de ciertas tareas dom&eacute;sticas, como por ejemplo planchar de madrugada. Sorprendentemente, la ocurrencia no tuvo el enorme &eacute;xito de cr&iacute;tica y p&uacute;blico que previeron.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El de la factura desquiciante</strong></h3><p class="article-text">
        Junto a la implantaci&oacute;n del sistema de tramos horarios, en 2021 la factura de la luz se convirti&oacute; en algo m&aacute;s dif&iacute;cil de descifrar que el gui&oacute;n de <em>Tenet</em>, con la diferencia de que si ves dos veces la peli de Christopher Nolan puedes acabar entendi&eacute;ndola, mientras que en el caso del recibo el&eacute;ctrico es imposible que descubras a cu&aacute;nto has pagado el kWh en cada tramo horario aunque tengas un doctorado en Matem&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Si con el modelo Soria &mdash;ya sabes, el ministro <em>offshore</em>&mdash; el recibo ya no nos contaba cu&aacute;nto est&aacute;bamos pagando por cada kWh y se limitaba a indicarnos una media de los m&aacute;s de 700 precios que nos hab&iacute;an aplicado ese mes &mdash;recuerda, uno distinto cada hora&mdash;, la versi&oacute;n Ribera ni siquiera facilitaba ese precio medio. Con la nueva modificaci&oacute;n de la factura, las el&eacute;ctricas ten&iacute;an que desglosar el importe de los cargos y peajes regulados en cada uno de los tres tramos horarios &mdash;lo que se publica en el BOE&mdash;, pero no la parte del precio del kWh que depende de la subasta diaria &mdash;que denominan &laquo;coste de la energ&iacute;a&raquo;&mdash;, del que aparec&iacute;a s&oacute;lo el importe total.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que al tiempo que nos invitaba a desplazar h&aacute;bitos de consumo a los tramos menos caros para reducir el recibo, el Gobierno introduc&iacute;a un ingenioso cambio en las facturas que nos hac&iacute;a imposible averiguar a partir de ellas el precio medio que pag&aacute;bamos por cada unidad de energ&iacute;a en esos periodos. &iquest;Cu&aacute;nto ahorramos preocup&aacute;ndonos de mover las horas de plancha, lavadora o lavavajillas del horario punta al llano o el valle? &iquest;Merece la pena ese esfuerzo? Como el meme que circula por internet desde 2010 reproduciendo la contestaci&oacute;n que obtuvo un usuario en Yahoo Respuestas cuando pregunt&oacute; por el libro que m&aacute;s le ayudar&iacute;a a entender el nihilismo, la explicaci&oacute;n que nos dio el Gobierno cuando le planteamos el problema fue algo as&iacute; como &laquo;pa k kieres saber eso jaja saludos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        El disparate llegaba al extremo de que para averiguar al menos el precio medio del total de kWh consumidos en el periodo de facturaci&oacute;n, pas&oacute; a a ser necesario efectuar cuatro operaciones matem&aacute;ticas: por un lado, sumar los importes en euros de los peajes y cargos en cada uno de los tres tramos horarios m&aacute;s el total del &laquo;coste de la energ&iacute;a&raquo;; por otro, sumar el n&uacute;mero de kWh consumidos en cada tramo horario; en tercer lugar, dividir el resultado de la primera suma entre el de la segunda; y, por &uacute;ltimo, a&ntilde;adir al cociente el porcentaje que representan el IVA y el impuesto especial sobre la electricidad.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El de la empat&iacute;a</strong></h3><p class="article-text">
        A comienzos de enero de 2021, Ribera hab&iacute;a pedido que no se crease &laquo;alarmismo&raquo; ante el incremento que se estaba produciendo en el precio mayorista de la luz. &laquo;El recibo puede subir como mucho unos cuantos euros&raquo;, asegur&oacute; en una entrevista en <em>El Pa&iacute;s</em>. Tras intentar implantar el &laquo;unos cuantos&raquo; como unidad de medida, la factura del usuario medio subi&oacute; en enero m&aacute;s de 11 euros con respecto al mes anterior.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia de la enorme relevancia que estaba adquiriendo la subida de la luz en los medios de comunicaci&oacute;n y las redes sociales, fruto en buena parte de la presi&oacute;n que ejerc&iacute;amos desde distintas organizaciones de la sociedad civil y el socio minoritario del Ejecutivo de coalici&oacute;n, Unidas Podemos, el Consejo de Ministros decidi&oacute; en junio bajar coyunturalmente el IVA de la electricidad. Unos meses antes, la ministra de Hacienda, Mar&iacute;a Jes&uacute;s Montero, hab&iacute;a dicho que hacerlo &laquo;no estar&iacute;a en l&iacute;nea con lo que se marca por parte de Europa&raquo;, pese a que en Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta y Portugal se aplica un IVA m&aacute;s bajo que en Espa&ntilde;a a una parte o a la totalidad de la factura.
    </p><p class="article-text">
        En julio, Ribera se&ntilde;al&oacute; que consideraba &laquo;preocupante&raquo; que las grandes el&eacute;ctricas ofertasen cara energ&iacute;a de producci&oacute;n barata y les pidi&oacute; &laquo;reflexi&oacute;n&raquo;. As&iacute; que reflexionaron y decidieron subir los precios todav&iacute;a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando en agosto la factura super&oacute; a las hasta entonces m&aacute;s caras de la historia &mdash;las del primer trimestre de 2012&mdash;, la ministra de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica pidi&oacute; &laquo;empat&iacute;a social&raquo; a las el&eacute;ctricas. &laquo;Puede sonar a broma&raquo;, dijo, mostr&aacute;ndose absolutamente ilusa, como si no supiese que las el&eacute;ctricas llegan al extremo de cortar la luz a familias sin recursos sin importarles las consecuencias. En noviembre de 2016, una anciana hab&iacute;a fallecido en su piso de Reus, en Tarragona, porque el colch&oacute;n donde dorm&iacute;a se incendi&oacute; por una de las velas con las que llevaba dos meses iluminando su vivienda despu&eacute;s de que Naturgy &mdash;entonces se llamaba Gas Natural Fenosa&mdash; le cortase el suministro por impago.
    </p><p class="article-text">
        La empat&iacute;a de las el&eacute;ctricas consisti&oacute; en seguir subiendo los precios, pero un mes despu&eacute;s Ribera continu&oacute; mostrando su inocencia y afirm&oacute; que estaba &laquo;poniendo en firme&raquo; a las grandes compa&ntilde;&iacute;as. El recibo de septiembre fue a&uacute;n m&aacute;s caro que el de agosto. Pero a finales de ese mes, la ministra de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica asegur&oacute; con toda su &iacute;dem que la factura ya estaba &laquo;razonablemente controlada...&raquo;. Y en octubre, el recibo volvi&oacute; a batir otro r&eacute;cord.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hizo en septiembre el Gobierno fue aplicar otras dos medidas coyunturales: baj&oacute; tambi&eacute;n el impuesto especial sobre la electricidad y minimiz&oacute; los cargos regulados que se aplican en la factura. Anunci&oacute;, adem&aacute;s, que obligar&iacute;a a las el&eacute;ctricas a devolver miles de millones de los beneficios extraordinarios que estaban logrando ese a&ntilde;o, pero tras reunirse con los gerifaltes de Iberdrola, Endesa y Naturgy, Ribera decidi&oacute; suavizarles el recorte.
    </p><p class="article-text">
        Tras el nuevo subid&oacute;n de octubre, la ministra pas&oacute; de pedir empat&iacute;a... a implorar &laquo;compromiso social&raquo;. &laquo;Es hora de reclamar a las el&eacute;ctricas el compromiso social que tanto aparece en su publicidad&raquo;, manifest&oacute; en otra entrevista. En definitiva, segu&iacute;a solicit&aacute;ndoles cosas que sab&iacute;a que no iban a hacer. Mientras tanto, desde FACUA insist&iacute;amos en reclamar a Ribera que tuviese empat&iacute;a con los consumidores y cumpliese el compromiso de forzar la &laquo;bajada de la factura&raquo; plasmado en el &laquo;acuerdo de coalici&oacute;n progresista&raquo; que el PSOE hab&iacute;a firmado con Unidas Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Diciembre fue el mes m&aacute;s caro de la historia hasta entonces. El &uacute;ltimo recibo de 2021 se situ&oacute; en 140,62 euros para el usuario medio con tarifa semirregulada, m&aacute;s del triple de los 42,83 euros que pagaba veinte a&ntilde;os atr&aacute;s. Desde diciembre de 2001, el incremento representaba el 288,3%, casi cinco veces la subida del IPC en el mismo periodo, que fue del 49,3%.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o 2021 acab&oacute; siendo el de la luz m&aacute;s cara de la historia, algo que no logr&oacute; &mdash;o m&aacute;s bien no quiso&mdash; evitar el presidente del Gobierno, el socialista Pedro S&aacute;nchez. Al finalizar el a&ntilde;o, ni siquiera se cumpli&oacute; el compromiso que reiteradamente hab&iacute;an manifestado S&aacute;nchez y Ribera de igualar la factura del &uacute;ltimo a&ntilde;o que gobern&oacute; Rajoy una vez descontado el &Iacute;ndice de Precios al Consumo (IPC). Curiosamente, a comienzos de aquel a&ntilde;o, 2018, el entonces l&iacute;der de la oposici&oacute;n hab&iacute;a criticado la gran subida tarifaria que se estaba produciendo y la falta de medidas del presidente del PP para frenarla. La historia de siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/dejas-roben-adelanto-editorial-libro-ruben-sanchez_1_8850792.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Mar 2022 21:34:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eabce5a8-e6a1-49d0-98f8-f2269987052b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1048y514.jpg" length="314977" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eabce5a8-e6a1-49d0-98f8-f2269987052b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1048y514.jpg" type="image/jpeg" fileSize="314977" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['¿Por qué dejas que te roben?': adelanto editorial del libro de Rubén Sánchez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eabce5a8-e6a1-49d0-98f8-f2269987052b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1048y514.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Libros,Empresas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Otra política es posible': adelanto del libro de Ignacio Urquizu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/politica-posible-adelanto-libro-ignacio-urquizu_1_8311363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dfc1346-211d-47ae-91e7-a2e03b890c0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Otra política es posible&#039;: adelanto del libro de Ignacio Urquizu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actual alcalde de Alcañiz y exdiputado del PSOE presenta su cuarta obra, que describe como "una inmersión en la vida política moderna española que ofrece un diagnóstico de la situación oficial y presenta un modo distinto de hacer política"</p><p class="subtitle">Los artículos de Ingacio Urquizu en elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        El exsenador y exdiputado en el Congreso por el PSOE, Ignacio Urquizu, presentar&aacute; el 22 de septiembre en Madrid su cuarto libro en solitario, <em>Otra pol&iacute;tica es posible</em>. El soci&oacute;logo, actual alcalde de Alca&ntilde;iz, se centra esta vez en relatar su recorrido pol&iacute;tico en el Parlamento espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos el cap&iacute;tulo 'Hacer pol&iacute;tica en la Espa&ntilde;a vaciada':
    </p><h3 class="article-text">Hacer pol&iacute;tica en la Espa&ntilde;a vaciada</h3><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Michael Ignatieff en su libro <em>Fuego y cenizas </em>que una de las lecciones que obtuvo de su paso por la pol&iacute;tica es que hab&iacute;a una desigualdad de la que se hablaba muy poco, pero que estaba detr&aacute;s de muchos fen&oacute;menos sociales: la desigualdad territorial. En Espa&ntilde;a, hace un tiempo que somos conscientes de ello. No hay m&aacute;s que leer la novela cl&aacute;sica de Julio Llamazares, <em>La lluvia amarilla</em>, para hacernos una excelente idea de lo que es la Espa&ntilde;a despoblada o vac&iacute;a, como la ha bautizado Sergio del Molino.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, comienzo con una advertencia al lector: no pretendo entrar en ning&uacute;n tipo de debate nominalista. Es cierto que la Espa&ntilde;a interior o la Espa&ntilde;a rural no est&aacute;n vac&iacute;as. En ella no s&oacute;lo viven personas, sino que adem&aacute;s se atesora un rico patrimonio, una historia por descubrir y muchos recursos naturales. Y, adem&aacute;s, ha sido &laquo;vaciada&raquo;. Es decir, esta parte de nuestro pa&iacute;s no siempre ha estado despoblada. Lo cuento con un ejemplo. En 1900, Teruel ten&iacute;a mucha m&aacute;s poblaci&oacute;n que Guip&uacute;zcoa. Mientras que la provincia vasca no alcanzaba los 200.000 habitantes, en Teruel hab&iacute;a 246.000. Hoy, ciento veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, las diferencias son abismales: Guip&uacute;zcoa cuenta con m&aacute;s de 713.000 habitantes y en Teruel hay apenas 134.000. Cada uno de estos territorios ha seguido estrategias de desarrollo muy distintas, donde han influido factores como la salida al mar, las inversiones realizadas por el Estado o el papel que han jugado las &eacute;lites locales. Desde luego que no hay un &uacute;nico factor tras tendencias tan diferenciadas. Teruel, en cierta forma, ha sido vaciado, pero no est&aacute; vac&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que Espa&ntilde;a se ha desarrollado de forma muy desigual desde el punto de vista territorial y, al igual que sucede en otras sociedades, se ha producido una acumulaci&oacute;n de poblaci&oacute;n en grandes ciudades, dejando un porcentaje muy elevado del territorio con baja densidad de poblaci&oacute;n. De hecho, cualquier an&aacute;lisis nos muestra un mundo de grandes ciudades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c96108b6-68d3-4a60-9794-2caefec7bd38_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Portada de &#039;Otra política es posible&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portada de &#039;Otra política es posible&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A esto se a&ntilde;ade algo que he mencionado en el cap&iacute;tulo anterior. El Pa&iacute;s Vasco y Catalu&ntilde;a, especialmente, han desarrollado unas identidades propias que se han traducido en el surgimiento de partidos nacionalistas. Esta defensa identitaria viene del siglo xix, ante la incapacidad que manifestaba Espa&ntilde;a por desarrollar un Estado naci&oacute;n como el resto de sociedades europeas. En la democracia actual, los partidos nacionalistas han sido determinantes en la formaci&oacute;n de muchos de los gobiernos, algo que han aprovechado para aumentar las competencias auton&oacute;micas y obtener una mejor financiaci&oacute;n. La sensaci&oacute;n de agravio se ha extendido por muchas partes de nuestro territorio, especialmente en la Espa&ntilde;a interior.
    </p><p class="article-text">
        Fruto de estas sensaciones de agravio y abandono ha surgido una nueva forma de expresi&oacute;n pol&iacute;tica: la plataforma ciudadana provincial. Su m&aacute;ximo exponente es Teruel Existe, hasta el punto de concurrir a las &uacute;ltimas elecciones generales, convirti&eacute;ndose en la fuerza pol&iacute;tica m&aacute;s votada en esa ciudad y obteniendo un diputado y dos senadores. Pero Teruel Existe tiene una larga trayectoria detr&aacute;s. Como movimiento ciudadano surge en 1999 y sus principales reivindicaciones han girado en torno a las infraestructuras y la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos en la provincia de Teruel, aunque no es menos cierto que su mayor arraigo est&aacute; en la capital de la provincia.
    </p><p class="article-text">
        Durante todo este tiempo ha protagonizado numerosas movilizaciones en las que los agentes sociales y las plataformas ciudadanas eran los principales protagonistas. De hecho, en casi todas las convocatorias consegu&iacute;an el respaldo de todos los partidos pol&iacute;ticos. Pero en 2019 algo cambi&oacute;. Decidieron adentrarse en la arena electoral con su propia candidatura y tal fue el &eacute;xito que lograron ser la primera fuerza pol&iacute;tica de la circunscripci&oacute;n, siendo adem&aacute;s determinantes en la sesi&oacute;n de investidura del Congreso de los Diputados.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos d&iacute;as de noviembre de 2019 publiqu&eacute; un art&iacute;culo en <em>elDiario.es </em>un tanto cr&iacute;tico con la nueva dimensi&oacute;n del debate territorial. Los argumentos eran los siguientes: en primer lugar, la imagen de la provincia que traslada Teruel Existe no me parece la m&aacute;s id&oacute;nea. Su relato mezcla la a&ntilde;oranza por el pasado con un profundo pesimismo respecto del futuro. Y lo cierto es que ni el pasado era tan ideal ni el futuro es tan oscuro. Es cierto que, d&eacute;cadas atr&aacute;s, las provincias de la Espa&ntilde;a interior estaban mucho m&aacute;s pobladas. Pero &iquest;en qu&eacute; condiciones viv&iacute;a la gente? &iquest;Qu&eacute; modelo econ&oacute;mico imperaba en aquellas provincias? La poblaci&oacute;n apenas ten&iacute;a acceso a los servicios m&aacute;s b&aacute;sicos y la econom&iacute;a era de subsistencia. Adem&aacute;s, soy de los que creen que esta parte de Espa&ntilde;a tiene mucho futuro si se lo cree, puesto que tiene mucho que ofrecer. Caer en la melancol&iacute;a y el pesimismo no aportar&aacute; mucho a la Espa&ntilde;a vaciada, y sobre la base de ese tipo de discurso es donde han hecho una mayor fortuna plataformas ciudadanas como Teruel Existe.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el proyecto pol&iacute;tico de estas plataformas ciudadanas provinciales no consiste en defender un modelo de sociedad, sino que casi todas sus reivindicaciones pivotan sobre inversiones e infraestructuras. Como dije entonces: &laquo;Esto implica una jibarizaci&oacute;n del debate democr&aacute;tico. Los grandes ideales y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas desaparecen de la deliberaci&oacute;n, para dar paso a una discusi&oacute;n sobre autov&iacute;as, estaciones de trenes o v&iacute;as ferroviarias&raquo;. En el fondo, este tipo de acci&oacute;n pol&iacute;tica ya la hemos observado en otras democracias. En Estados Unidos recibe el nombre de <em>pork barrel </em>(&laquo;barril de cerdo&raquo;). Consiste en dirigir algunas partidas presupuestarias sobre ciertos distritos muy representativos por razones electorales. As&iacute;, no ser&iacute;an la redistribuci&oacute;n, la eficiencia o el inter&eacute;s general los principios rectores de las inversiones, sino las contrapartidas electorales.
    </p><p class="article-text">
        El tercer problema que denunci&eacute; en su d&iacute;a era de tipo democr&aacute;tico. Como hemos se&ntilde;alado en otras partes del libro, la democracia consiste en asignar responsabilidades. Es decir, en evaluar la gesti&oacute;n de los gobiernos y premiarles o castigarles. Pero este tipo de plataformas electorales no aspiran a gobernar, sino que buscan contrapartidas. As&iacute;, cuando alcanzan alg&uacute;n logro, se presentan como los responsables de la inversi&oacute;n. En cambio, si las infraestructuras no llegan, es culpa de los dem&aacute;s. Su estrategia siempre es vencedora: son responsables de los &eacute;xitos y eluden la responsabilidad en los fracasos. Desde la perspectiva ciudadana, no ser&aacute; f&aacute;cil asignar responsabilidades a este tipo de pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto problema est&aacute; en el posible efecto de imitaci&oacute;n. Si es percibido como un &eacute;xito, &iquest;qu&eacute; impedir&aacute; que en otras provincias se reproduzcan fen&oacute;menos similares? Ya hay plataformas ciudadanas como Soria Ya, Viriatos Plataforma Ciudadana (Zamora) o Cuenca Ahora. Si deciden seguir los pasos de Teruel Existe, no s&oacute;lo el grupo mixto ser&aacute; enorme, sino que adem&aacute;s la gobernabilidad de Espa&ntilde;a se complicar&aacute; mucho m&aacute;s. De ser as&iacute;, los gobiernos ya no ser&iacute;an el resultado de un pacto entre partidos, sino que habr&iacute;a que negociar diputado a diputado por algunas provincias, siendo la llave de la gobernabilidad las inversiones territorializadas. &iquest;D&oacute;nde quedar&aacute;n algunas cuestiones como las becas, las pensiones o la discapacidad? &iquest;Acaso las personas de renta baja de las grandes ciudades no necesitan de la redistribuci&oacute;n? Si los recursos p&uacute;blicos se reparten por criterios territoriales y no de renta, la izquierda se enfrentar&aacute; a numerosos dilemas.
    </p><p class="article-text">
        Con todo ello, no quiero quitar m&eacute;rito a fen&oacute;menos como Teruel Existe. En medio de la crisis pol&iacute;tica, han alzado la voz y han puesto sobre la mesa un conjunto de reivindicaciones para una parte de la poblaci&oacute;n que ha estado bastante olvidada durante d&eacute;cadas. Las ciudades vienen disfrutando de un grado de desarrollo un tanto desigual frente a las peque&ntilde;as poblaciones. Pero reconocer su m&eacute;rito no obsta para ser prudentes ante algunas de sus consecuencias. Seguramente, los partidos tradicionales no han prestado suficiente atenci&oacute;n a esta parte de nuestro pa&iacute;s. Siempre se vio a la Espa&ntilde;a interior como un lugar donde obtener representantes que luego se sumar&iacute;an a los grupos parlamentarios.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, mi experiencia como diputado por Teruel en el Congreso se enmarca un poco en esa actitud hacia las peque&ntilde;as provincias. El problema de la Espa&ntilde;a interior no es que estemos infrarrepresentados en las instituciones. M&aacute;s bien es todo lo contrario, tenemos m&aacute;s representantes de los que nos corresponder&iacute;a por poblaci&oacute;n, algo que nos permite una cierta sobrerrepresentaci&oacute;n en las c&aacute;maras del Congreso y el Senado. Nuestra dificultad m&aacute;s bien se encuentra dentro de las organizaciones pol&iacute;ticas. Y aqu&iacute; no se&ntilde;alo a uno u otro partido, sino que todas las formaciones pol&iacute;ticas se comportan de la misma forma. Los diputados de las peque&ntilde;as circunscripciones tienen m&aacute;s dificultades para hacer o&iacute;r su voz dentro de los grupos parlamentarios.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, llegamos a crear un grupo de compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras preocupados por la despoblaci&oacute;n. Pero nuestras propuestas siempre acababan enmarcadas dentro de los temas de agricultura, como si la Espa&ntilde;a interior no fuera algo m&aacute;s que campos de cultivo y ganader&iacute;a. Adem&aacute;s, al ser pocos, apenas pod&iacute;amos &laquo;colocar&raquo; nuestra agenda en los grandes debates.
    </p><h3 class="article-text">Una visi&oacute;n en positivo de la Espa&ntilde;a interior</h3><p class="article-text">
        Como acabo de se&ntilde;alar, una de las discrepancias que he tenido con movimientos como Teruel Existe es que no comparto su imagen de la Espa&ntilde;a interior. Ni creo que el pasado fuera tan id&iacute;lico, ni considero que estemos condenados al fracaso. Sin embargo, la literatura que se ha desarrollado al respecto coincide en parte con el discurso que han defendido estos movimientos. Libros como el de Sergio del Molino o el de Paco Cerd&agrave; son un ejemplo de ello. Ambos destacan un pasado id&iacute;lico que no volver&aacute; y, al mismo tiempo, ponen especial &eacute;nfasis en los problemas que tiene el mundo rural. Una perspectiva distinta es la novela de Daniel Gasc&oacute;n, <em>Un hipster en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>, quien a trav&eacute;s del humor pone en un espejo al mundo urbano frente al mundo rural para manifestar que no todo lo que sucede en las grandes ciudades es elogiable y que quiz&aacute; en la Espa&ntilde;a interior predomina un cierto sentido com&uacute;n.6 Por no entrar en la imagen que se ha construido en el mundo del cine o del teatro de la Espa&ntilde;a rural, siendo su m&aacute;ximo exponente Paco Mart&iacute;nez Soria y los personajes que interpretaba, asociados siempre al papel del &laquo;paleto&raquo; que era timado nada m&aacute;s pisar la estaci&oacute;n de Atocha de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, el discurso dominante de la Espa&ntilde;a interior, ya sea a trav&eacute;s de la literatura, del cine o de los movimientos ciudadanos, siempre se ha caracterizado por la queja, la reivindicaci&oacute;n, el pesimismo y la idealizaci&oacute;n de los tiempos pasados. Es un relato que no encaja con lo que se espera de un pol&iacute;tico que aspire a solucionar los problemas de la gente. Por ello, cuando decid&iacute; implicarme en el desarrollo de esta parte de Espa&ntilde;a a trav&eacute;s del municipalismo, mi primera reflexi&oacute;n es que deb&iacute;amos huir de este tipo de discursos. &iquest;Por qu&eacute;? Como he se&ntilde;alado antes, la mejor definici&oacute;n de la actividad pol&iacute;tica la ha establecido Felipe Gonz&aacute;lez: hacerse cargo del estado de &aacute;nimo de la gente. Y es dif&iacute;cil hacerse cargo de su estado de &aacute;nimo cuando uno se recrea en los problemas, sin plantear soluciones, haciendo &eacute;nfasis en lo oscuro del futuro. Nuestra primera decisi&oacute;n como equipo pol&iacute;tico que aspiraba a gobernar un ayuntamiento como el de Alca&ntilde;iz fue trasladar a un lema nuestra visi&oacute;n de la Espa&ntilde;a interior, huyendo de los discursos catastrofistas, implicando adem&aacute;s a la gente. Y de ah&iacute; sali&oacute; nuestro eslogan de campa&ntilde;a: &laquo;Contigo, Alca&ntilde;iz tiene futuro&raquo;. Y ello usando de fondo la imagen del candidato, la m&iacute;a. Como acabo de se&ntilde;alar, la idea era hacer part&iacute;cipe a la gente del nuevo proyecto pol&iacute;tico &mdash;contigo&mdash; y, al mismo tiempo, se&ntilde;alar una esperanza &mdash;hay futuro&mdash;. Cuando uno tiene un proyecto pol&iacute;tico, no s&oacute;lo debe defenderlo y convencer a una mayor&iacute;a, sino que adem&aacute;s debe implicar a la ciudadan&iacute;a en ese proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, el primer paso para gobernar la Espa&ntilde;a vac&iacute;a o vaciada era que la gente se sintiera parte del futuro. Pero no de un futuro cualquiera, sino de un futuro de esperanza, de ilusi&oacute;n y de posibilidad de desarrollo. Muy distinto, por cierto, al futuro oscuro y lleno de incertidumbre que anuncian muchos. Pero nuestro eslogan era algo m&aacute;s que un lema de campa&ntilde;a. La credibilidad de un pol&iacute;tico depende de dos factores: saber de lo que habla y creerse lo que dice. Quiz&aacute; por eso muchos pol&iacute;ticos actuales tienen un problema de credibilidad. Una parte importante de la ciudadan&iacute;a asiste at&oacute;nita a c&oacute;mo un mismo representante pol&iacute;tico puede cambiar de opini&oacute;n varias veces en un corto espacio de tiempo. De hecho, la misma persona puede decir una cosa y m&aacute;s tarde la contraria sin inmutarse. Esto, sin duda, mina su credibilidad a ojos de la gente. Pero no s&oacute;lo eso. La pol&iacute;tica se ha profesionalizado tanto, en el sentido negativo de la palabra, que los asesores y los t&eacute;cnicos tienen un papel m&aacute;s importante en la definici&oacute;n de los proyectos pol&iacute;ticos que los mismos representantes. De este modo, cada vez que una formaci&oacute;n pol&iacute;tica realiza una convenci&oacute;n ideol&oacute;gica, su primera decisi&oacute;n es convocar a expertos externos, como si dentro de los partidos no hubiese personas con amplios conocimientos t&eacute;cnicos. La imagen que se traslada es que los partidos carecen de conocimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro caso, nosotros s&iacute; que cre&iacute;amos en lo que defend&iacute;amos. Somos un grupo de hombres y mujeres j&oacute;venes que s&iacute; creemos en el futuro de la Espa&ntilde;a interior. De hecho, cada uno de nosotros, por razones distintas, hab&iacute;a decidido establecer su residencia en Alca&ntilde;iz a pesar de que pod&iacute;a haberlo hecho en otros lugares. Y eso da credibilidad. Adem&aacute;s, es importante tener un modelo de sociedad que defender y hacerlo con conocimiento de causa. Por ello, gran parte de los integrantes de la candidatura proced&iacute;an de diferentes espacios de la sociedad y los conoc&iacute;an ampliamente: comercio, sanidad, educaci&oacute;n, grupos de desarrollo local, gesti&oacute;n p&uacute;blica... Por lo tanto, no era una candidatura como resultado de los apoyos internos que se pod&iacute;an haber conseguido en su momento para ganar unas primarias, por ejemplo, sino que trataba de representar a amplios espacios de la sociedad. El objetivo, como vengo remarcando, era tener la credibilidad suficiente para ganarnos la confianza de la mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y todo con una visi&oacute;n optimista del futuro, presentando nuestra comunidad como un lugar donde vivir. Era ir a contracorriente de los discursos dominantes, desde luego. Pero liderar a la sociedad no consiste en dar la raz&oacute;n a los relatos que predominan, sino contraponer un modelo de sociedad y seducir a una mayor&iacute;a. De nuevo, aparec&iacute;an las dos concepciones de la pol&iacute;tica que ya he descrito en otras partes del libro. Cualquier dirigente pol&iacute;tico se enfrenta a un dilema: o bien &laquo;escuchar&raquo; a la mayor&iacute;a &mdash;o el discurso que dicen que mantiene la mayor&iacute;a social&mdash; y hacer suyo lo que piden; o bien defender un proyecto pol&iacute;tico y convencer a una mayor&iacute;a para que conf&iacute;e en &eacute;l. Son dos concepciones muy distintas de la actividad pol&iacute;tica. En la primera es la &laquo;gente&raquo; la que establece las prioridades, la agenda... Lo cierto es que es un tanto presuntuoso pensar que es la &laquo;gente&raquo;, en realidad, quien hace el encargo. En el fondo, ser&iacute;a la opini&oacute;n p&uacute;blica y publicada quienes realmente establecer&iacute;an las demandas y, como hemos visto, esto es muy dif&iacute;cil de articular. De hecho, es un argumento un tanto tramposo eso de que las demandas vayan de abajo arriba. Sabemos que hay grupos de inter&eacute;s y de presi&oacute;n que tienen una amplia ventaja con esta visi&oacute;n de la pol&iacute;tica a la hora de condicionar muchas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        La segunda concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica funciona de forma diametralmente opuesta: ser&iacute;an los dirigentes pol&iacute;ticos quienes establecen el modelo de pa&iacute;s y lo defienden ante la opini&oacute;n p&uacute;blica. El desaf&iacute;o ahora es convencer a una mayor&iacute;a de que es la mejor opci&oacute;n. Desde luego que es m&aacute;s complicado este segundo modelo, puesto que implica tener argumentos y defenderlos, llevarles la contraria a algunos grupos de presi&oacute;n y de inter&eacute;s... Exige un mayor esfuerzo, pero es el camino m&aacute;s corto hacia la credibilidad. Como vimos en cap&iacute;tulos anteriores, seguir los designios de la opini&oacute;n p&uacute;blica es un camino lleno de trampas.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra visi&oacute;n y nuestro proyecto, por lo tanto, eran optimistas y no eran el resultado de los discursos dominantes. Eso hac&iacute;a de nuestra tarea un desaf&iacute;o mayor, puesto que en ocasiones deber&iacute;amos llevarle la contraria a una parte de la sociedad. Es una forma de entender la pol&iacute;tica un tanto alejada de lo que observamos desde hace unos a&ntilde;os en nuestro pa&iacute;s. En el fondo, algunos pretend&iacute;amos, de nuevo, demostrar que hab&iacute;a otra forma de hacer pol&iacute;tica. En los &uacute;ltimos tiempos, la actividad pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a hace un seguidismo excesivo de las encuestas, de los grupos de presi&oacute;n... Cada vez que se propone alguna medida, la comunicaci&oacute;n de &eacute;sta y la reacci&oacute;n que pueda tener en la sociedad son mucho m&aacute;s importantes que sus consecuencias para el modelo de pa&iacute;s. Por ello, si hay una excesiva contestaci&oacute;n, se renuncia a defender la medida con mucha facilidad. Apenas se dan batallas, algo que acaba generando una pol&iacute;tica un tanto l&iacute;quida. Frente a esta pol&iacute;tica l&iacute;quida, algunos creemos en la solidez de los argumentos, de los principios y de las convicciones. Es una visi&oacute;n bastante diferente. De ah&iacute; esa defensa de otra forma de hacer pol&iacute;tica. La Espa&ntilde;a interior me ha permitido ponerla a prueba. El primer paso era contraponer un modelo de sociedad distinto al discurso dominante. Ah&iacute; nace esa visi&oacute;n optimista de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a o vaciada, muy diferente al de los relatos de la literatura, del cine y de las plataformas ciudadanas. Y una vez presentado el proyecto pol&iacute;tico, el siguiente paso ser&iacute;a convencer a la mayor&iacute;a. No se trata s&oacute;lo de vencer en unas elecciones, sino que adem&aacute;s hay que seducir, hay que convencer. Y para seducir se necesitan razones y argumentos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/politica-posible-adelanto-libro-ignacio-urquizu_1_8311363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Sep 2021 19:48:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5dfc1346-211d-47ae-91e7-a2e03b890c0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="66629" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5dfc1346-211d-47ae-91e7-a2e03b890c0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="66629" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Otra política es posible': adelanto del libro de Ignacio Urquizu]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5dfc1346-211d-47ae-91e7-a2e03b890c0f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Compañero del metal...': adelanto del libro de homenaje a José María Calleja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/companero-metal-adelanto-libro-homenaje-jose-maria-calleja_1_6264231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Compañero del metal...&#039;: adelanto del libro de homenaje a José María Calleja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelantamos el capítulo escrito por Ignacio Sánchez-Cuenca en el libro de homenaje al periodista José María Calleja, fallecido en abril, en el que participan, entre otros, Consuelo Ordoñez, Pepa Bueno, José Mari Múgica, José Manuel Rodríguez Uribes, Gorka Landaburu, Edurne Portela o Fernando Grande-Marlaska</p><p class="subtitle">Los artículos de José María Calleja en elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        El 21 de septiembre sali&oacute; a la venta el libro <em>Compa&ntilde;ero del metal. Miradas a la figura de Jos&eacute; Mar&iacute;a Calleja</em>, editado por Catarata. Se trata de un homenaje al periodista y colaborador de elDiario.es, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/periodista-jose-maria-calleja-coronavirus_1_5876129.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fallecido con coronavirus el pasado mes de abril</a>. 
    </p><p class="article-text">
        En la obra, con pr&oacute;logo del ministro de Cultura y Deportes, Jos&eacute; Manuel Rodr&iacute;guez Uribes, han participado Gaizka Fern&aacute;ndez Soldevilla, Jos&eacute; Miguel Santamar&iacute;a, Pepa Bueno, Alberto Surio, Ana Aizpiri, Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca, Jos&eacute; Mari M&uacute;gica, Consuelo Ordo&ntilde;ez, Fernando Savater, Edurne Portela, Borja S&eacute;mper, Cristina Cuesta Gorostidi, Eduardo Ranz, Mar&iacute;a Jim&eacute;nez Ramos, Fernando Grande-Marlaska, Genoveva Gastaminza, Ignacio Latierro y Luis Castells, Eva Or&uacute;e, Gorka Landaburu y Luis R. Aizpeolea.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos el cap&iacute;tulo 'Un libro con Calleja', escrito por Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca, ensayista y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.
    </p><h2 class="article-text">'Un libro con Calleja'</h2><p class="article-text">
        Supongo que, por deformaci&oacute;n acad&eacute;mica, a m&iacute; lo que inicialmente me atrajo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Calleja fueron sus&nbsp;libros. Ya me imagino que esta debe ser una v&iacute;a de aproximaci&oacute;n m&aacute;s bien rara en su caso, pues lo que m&aacute;s destacaba y atra&iacute;a era su personalidad, un compuesto formado por elementos muy variados entre los que destacaban el entusiasmo, la energ&iacute;a, el sentido del humor, el coraje y la claridad moral.
    </p><p class="article-text">
        Calleja ten&iacute;a una presencia constante en los medios&nbsp;&nbsp;y la esfera p&uacute;blica a trav&eacute;s de los programas de televisi&oacute;n (informativos, entrevistas, debates, tertulias) y una actividad permanente como articulista (en elDiario.es, El Correo, etc.). Sin embargo, lo que llam&oacute; mi atenci&oacute;n fueron sus dos primeros libros, <em>Contra la barbarie. Un alegato en favor de las v&iacute;ctimas de ETA</em> (Temas de Hoy, 1997) y <em>La di&aacute;spora vasca</em> (Aguilar, 1999). Yo andaba por entonces muy interesado en el terrorismo nacionalista vasco, tratando de proporcionar, desde las ciencias sociales, una explicaci&oacute;n de la evoluci&oacute;n estrat&eacute;gica de ETA. Creo que le&iacute; pr&aacute;cticamente todo lo que se hab&iacute;a escrito al respecto. Contra la barba&shy;rie figura entre mis lecturas favoritas de aquella &eacute;poca. Era el primer libro, y durante alg&uacute;n tiempo tambi&eacute;n el &uacute;nico, que abordaba la violencia terrorista desde el punto de vista de las v&iacute;ctimas. Estaba escrito en un lenguaje muy directo y eficaz, consegu&iacute;a ponerle al lector la carne de gallina con las historias tremendas de las v&iacute;ctimas y sus familias, pero aquello era m&aacute;s que literatura period&iacute;stica: las cr&oacute;nicas&nbsp;escalofriantes de Calleja eran fruto de su experiencia con el dolor causado por ETA y de un conocimiento profundo de la ideolog&iacute;a y de la forma de actuar de la organizaci&oacute;n terrorista.
    </p><p class="article-text">
        Tanto <em>Contra la barbarie </em>como <em>La di&aacute;spora vasca</em> ten&iacute;an unos ap&eacute;ndices finales que para m&iacute; fueron un tesoro. El primero conten&iacute;a una relaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas mortales de ETA, incluyendo datos con la fecha de la muerte, el lugar, la condici&oacute;n de la v&iacute;ctima (miembro de las fuerzas de seguridad, pol&iacute;tico, civil, etc.) y el &ldquo;detalle&rdquo;, donde Calleja aportaba una informaci&oacute;n breve pero muy valiosa sobre las circunstancias del atentado. El segundo libro ven&iacute;a con un listado similar de todos los secuestros realizados por grupos terroristas desde 1970. Toda esa informaci&oacute;n se pod&iacute;a digitalizar y analizar estad&iacute;sticamente para entender mejor tanto las estrategias de ETA como el da&ntilde;o que hab&iacute;a causado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Portada &#039;Compañero del metal. Miradas a la figura de José María Calleja&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portada &#039;Compañero del metal. Miradas a la figura de José María Calleja&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Siguiendo el ejemplo de Calleja, me propuse construir una base de datos, lo m&aacute;s detallada y rigurosa posible, de las v&iacute;ctimas mortales de ETA. La Administraci&oacute;n no ten&iacute;a un listado oficial y los listados que circulaban conten&iacute;an numerosos errores. Tras&nbsp;varios a&ntilde;os de trabajo un tanto detectivesco, consegu&iacute; completar la tarea. M&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis acad&eacute;mico, quise dar visibilidad a los datos y escribir un trabajo divulgativo, libre de las servidumbres de la investigaci&oacute;n. Inmediatamente pens&eacute; en propon&eacute;rselo a Jos&eacute; Mari para hacerlo conjuntamente. Le hab&iacute;a conocido en 2003 y, como le pasaba a todo el mundo, tambi&eacute;n hab&iacute;a quedado cautivado por la persona. Me lo present&oacute; Jimena Garc&iacute;a-Pardo, amiga de ambos (era tal el entusiasmo de Jimena por la actividad de Calleja que, antes de conocerlo y a modo de agradecimiento por su labor y valent&iacute;a, le hizo llegar un jam&oacute;n como regalo de cumplea&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        A Calleja le pareci&oacute; bien la propuesta y nos pusimos manos a la obra. El objetivo era preparar un texto breve&nbsp;acompa&ntilde;ado por un listado m&aacute;s o menos definitivo de v&iacute;ctimas de ETA, con informaci&oacute;n muy detallada. El libro analizar&iacute;a las distintas campa&ntilde;as terroristas de ETA y su evoluci&oacute;n a trav&eacute;s de las historias de las v&iacute;ctimas. La primera parte de cada cap&iacute;tulo la escrib&iacute;a Calleja, seleccionando algunos episodios de especial impacto que ilustraran las tesis generales de las que me encargaba yo en la segunda parte. Nuestro modo de trabajar no pod&iacute;a ser m&aacute;s opuesto. El escrib&iacute;a de un tir&oacute;n y me mandaba su contribuci&oacute;n en el cuerpo de los correos electr&oacute;nicos, todo escrito en may&uacute;sculas. Como era caracter&iacute;stico en &eacute;l, los textos ten&iacute;an una fuerza brutal. Luego me ocupaba yo de encajar aquello en cada cap&iacute;tulo, tratando de conseguir cierta continuidad entre mi estilo m&aacute;s distanciado y el suyo torrencial. Milagrosamente, a pesar de que sus autores fu&eacute;ramos tan diferentes, el libro sali&oacute; adelante. Lo terminamos a mediados de 2006, cuando arrancaba el proceso de paz iniciado por el Gobierno de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero. Tan esperanzados est&aacute;bamos que titulamos el libro <em>La derrota de ETA</em>.<em> De la primera a la &uacute;ltima v&iacute;ctima. </em>Nos equivocamos, es evidente, aunque no tanto. El atentado de la T-4 en diciembre de aquel a&ntilde;o nos mostr&oacute; que hab&iacute;amos pecado de optimistas; pero el error no fue tan grande, pues ETA, efectivamente, se encontraba ya en fase terminal y, pese a volver a las armas, la lista de v&iacute;ctimas mortales no se extendi&oacute; mucho en los a&ntilde;os siguientes (hubo 12 personas asesinadas entre diciembre de 2006 y marzo de 2010).
    </p><p class="article-text">
        Las editoriales grandes no mostraron demasiado inter&eacute;s en el libro, y eso que Calleja era un periodista muy conocido y con gran tir&oacute;n. Sali&oacute; publicado en una editorial peque&ntilde;a, Adhara, con una portada poco atractiva. A la vez, &ldquo;colgu&eacute;&rdquo; una versi&oacute;n resumida de la base de datos en Internet, para que cualquiera pudiera consultarla y utilizarla. Presentamos el libro en varios lugares, incluyendo El Corte Ingl&eacute;s de la calle Goya de Madrid, algo que a m&iacute; me result&oacute; una experiencia de lo m&aacute;s ex&oacute;tica. Guardo un gran recuerdo de aquellos actos al lado de Calleja, siempre eran ocasi&oacute;n para disfrutar de su ingenio y humor. Mantuvimos la amistad hasta su final tan prematuro y desgraciado, en encuentros frecuentes con Jimena y otros buenos amigos. Adem&aacute;s, &eacute;ramos compa&ntilde;eros en la Universidad Carlos III: me provocaba invariablemente una gran carcajada con sus comentarios sobre el mundo universitario, que &eacute;l ve&iacute;a con distancia a pesar de llevar tantos a&ntilde;os ense&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Haber escrito un libro con Calleja es una de las grandes satisfacciones de mi trayectoria acad&eacute;mica. Fue un privilegio conocerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/companero-metal-adelanto-libro-homenaje-jose-maria-calleja_1_6264231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2020 19:27:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="557290" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="557290" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Compañero del metal...': adelanto del libro de homenaje a José María Calleja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/651946d0-65db-41cd-aa67-c8da1d4cdfc6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No, no estamos tan bien]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/no-no_1_6230091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No, no estamos tan bien"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 22 de septiembre llega a las librerías 'No estamos tan bien', del periodista especializado en realidad LGTBI+ Rubén Serrano. En elDiario.es publicamos en exclusiva un fragmento del libro publicado por Temas de Hoy.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; si mi historia es importante.&rdquo; Esa fue la frase que m&aacute;s veces o&iacute; de las personas con las que me sent&eacute; a hablar para construir este libro. La dec&iacute;an justo antes de empezar la conversaci&oacute;n, dudando de que sus vivencias fueran a aportar algo a este di&aacute;logo colectivo. Yo tambi&eacute;n dud&eacute; durante muchos a&ntilde;os de que mi experiencia fuese importante. Claro que nuestras historias lo son, pero nos han hecho creer que no y nosotros lo hemos asumido as&iacute;. &iquest;C&oacute;mo no va a ser importante decirles a tus padres que eres lesbiana en medio de una carretera despu&eacute;s de una boda a la que tu novia no ha podido ir? &iquest;C&oacute;mo no va a ser importante cruzar un oc&eacute;ano porque en tu pa&iacute;s te hab&iacute;an secuestrado y amenazado de muerte por ser una mujer trans? &iquest;C&oacute;mo no va a ser importante que tus compa&ntilde;eros de instituto te hayan acosado durante a&ntilde;os o que te hayan llevado a terapia por tu orientaci&oacute;n sexual? &iquest;C&oacute;mo no va a ser importante que nadie te dijera que tu beb&eacute; era intersexual antes de que le operaran sus genitales?
    </p><p class="article-text">
        Hemos crecido oyendo insultos como &ldquo;maric&oacute;n&rdquo;, &ldquo;marimacho&rdquo; y &ldquo;travelo&rdquo; mientras nuestro entorno hac&iacute;a bromas sobre orientaci&oacute;n sexual e identidad de g&eacute;nero y recib&iacute;amos noticias de palizas. Hemos asimilado que nuestra existencia era negativa y que despertaba odio en los dem&aacute;s. Hemos alcanzado la edad adulta pensando que &eacute;ramos menos. Hemos interiorizado que nuestras realidades son menos relevantes, menos aptas, secundarias, m&iacute;nimas, inservibles; en definitiva, invisibles. &iquest;C&oacute;mo no vamos a quitarles validez a nuestras propias historias si hemos aprendido durante toda la vida que somos motivo de rechazo? Nos han hecho naturalizar la violencia que sufrimos, como si fuera normal que nos tuviera que suceder algo malo por ser gais, lesbianas, bisexuales, trans, intersexuales, etc&eacute;tera. 
    </p><p class="article-text">
        El 24 de agosto de 2018 el movimiento #MeQueer estall&oacute; en Espa&ntilde;a. Twitter se llen&oacute; de denuncias y de casos de discriminaci&oacute;n por ser una persona LGTBI+. El hashtag fue trending topic a las pocas horas y en solo un d&iacute;a se registraron m&aacute;s de 40.000 tuits. El impacto hizo que saltara a Latinoam&eacute;rica y que, como si se tratase de un se&iacute;smo, se replicara en pa&iacute;ses como M&eacute;xico, Argentina, Venezuela, Paraguay y Colombia. Unos d&iacute;as antes, el 13 de agosto, el escritor alem&aacute;n Hartmut Schrewe lo hab&iacute;a iniciado de forma espont&aacute;nea. Dos semanas despu&eacute;s, el #MeQueer sumaba m&aacute;s de 110.000 mensajes en todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que Hartmut, cuando escrib&iacute; el primer tuit jam&aacute;s se me pas&oacute; por la cabeza que se desatar&iacute;a un tsunami de vivencias tan inmenso. Aquel d&iacute;a decidimos romper en las redes nuestro silencio, nuestro dolor y nuestra verg&uuml;enza. Aquel d&iacute;a, tambi&eacute;n, muchas personas escucharon por primera vez lo que para nosotros, nosotras, nosotres es nuestro d&iacute;a a d&iacute;a: sentir odio por no ser heterosexual ni cis. De ese rugido comunitario y de ese abrazo digital nace este libro. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a est&aacute; a la cabeza de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea con mayor aceptaci&oacute;n de los derechos de las personas LGTBI+. Tenemos una ley estatal que garantiza el matrimonio homosexual y que nos permite adoptar, una ley estatal de identidad de g&eacute;nero y diferentes leyes LGTBI+ y trans auton&oacute;micas que a-pl&iacute;an la protecci&oacute;n a otros &aacute;mbitos. Sin embargo, este avance en el marco legal no ha ido acompa&ntilde;ado de un avance en el marco social. Nos podemos casar y las personas trans pueden cambiar sus datos en el Registro Civil, pero nos siguen pegando palizas por la calle, sufrimos acoso en las aulas, nos someten a terapias de conversi&oacute;n como si estuvi&eacute;ramos enfermos, tal y como hac&iacute;a la dictadura franquista; las personas trans siguen teniendo dificultades para acceder a un puesto de trabajo y siguen necesitando un informe de disforia de g&eacute;nero, seguimos teniendo miedo de expresarnos libremente en ciertos espacios... Y esta discriminaci&oacute;n se agrava y se vuelve interseccional si hablamos de personas LGTBI+ migrantes, racializadas, con menos recursos econ&oacute;micos y/o con alg&uacute;n tipo de diversidad funcional.
    </p><p class="article-text">
        La violencia que sufrimos las personas LGTBI+ en Espa&ntilde;a es sistem&aacute;tica, cr&oacute;nica e hist&oacute;rica. La violencia que recibimos viene de partidos pol&iacute;ticos, instituciones religiosas, jefes, compa&ntilde;eros de clase, compa&ntilde;eros de trabajo, padres, madres, conocidos y desconocidos. La violencia sigue estando ah&iacute;. Sigue repiti&eacute;ndose. Sigue haciendo su camino. No se corta. No se frena. No se detiene.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_50p_1003322.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_50p_1003322.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_75p_1003322.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_75p_1003322.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_default_1003322.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_default_1003322.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/673e7f00-2b2c-448c-be5d-98a154d91815_4-3-aspect-ratio_default_1003322.jpg"
                    alt="Rubén Serrano, autor de &#039;No estamos tan bien&#039;. Foto: Cristina Tomàs."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rubén Serrano, autor de &#039;No estamos tan bien&#039;. Foto: Cristina Tomàs.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este libro pretende ser un lugar para encontrarnos, para valorarnos y para reconocer que nuestras vidas s&iacute; importan y s&iacute; son valiosas. Es un lugar para todas las personas a las que no nos han dejado hablar y nos han hecho sentir que ten&iacute;amos que estar calladas con la cabeza agachada. Hoy esa sumisi&oacute;n se termina. Pero este libro tambi&eacute;n quiere ser un lugar de escucha para que conozc&aacute;is c&oacute;mo se pudo haber sentido vuestro hermano gay en la adolescencia, lo que siente vuestra amiga trans ahora mismo o lo que sinti&oacute; aquella chica que viste por el pasillo del instituto cuando le gritaste &ldquo;bollera&rdquo;. Sin vosotros no habr&aacute; un cambio y esa violencia seguir&aacute; perpetu&aacute;ndose. Las personas LGTBI+ no somos responsables de la discriminaci&oacute;n que sufrimos ni tenemos la culpa de que se ataquen nuestras libertades y se vulneren nuestros derechos. Existimos. Estamos aqu&iacute;. Ya no queremos estar en los m&aacute;rgenes. Jam&aacute;s elegimos estar ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No puedo negar ni esconder el lugar desde el que estoy escribiendo. Hablo desde mi perspectiva y asumiendo mis privilegios como hombre blanco, europeo, cis, gay, con estudios, que vive en Barcelona, de clase obrera aspiracional y que tiene estas p&aacute;ginas a su disposici&oacute;n. No me estoy erigiendo como voz &uacute;nica ni representante de todos, sino como un agente transmisor que comparte este lugar.
    </p><p class="article-text">
        En estas p&aacute;ginas hay compilados casi dos a&ntilde;os de investigaci&oacute;n y de trabajo. Es un diario de viaje, de esperas en el tren, de llamadas por Skype, de caf&eacute;s en el barrio de Sant Antoni, de acudir a asociaciones, de asistir a proyecciones de documentales y a charlas, pero tambi&eacute;n de salir de fiesta, de pasear el dedo por Instagram y de abrir Grindr. Todas las historias que aparecen a continuaci&oacute;n son reales. Sin embargo, algunos nombres son ficticios para proteger el anonimato de los testimonios. Soy consciente de que faltan puntos de vista. La realidad LGTBI+ es muy amplia y diversa y toda no se puede almacenar en algo m&aacute;s de doscientas p&aacute;ginas. Aqu&iacute; hay recogidas una treintena de historias. Quiero pensar que este es un punto de partida para que despu&eacute;s se escuchen muchas m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Estos relatos de vida tampoco pretenden generalizar, sino contribuir a formar un retrato colectivo actual que ilustre en qu&eacute; punto estamos. En este libro no hay respuestas ni soluciones; lo que se dibuja es un mapa de las violencias que sufrimos las personas LGTBI+. El libro est&aacute; dividido en ocho espacios en los que las enfrentamos &mdash;nuestra casa, los centros educativos, la calle, el trabajo, instituciones p&uacute;blicas como ayuntamientos y el Gobierno, las c&aacute;rceles, los centros sanitarios y el espacio que ocupan nuestra salud mental y emocional&mdash; para poder ver qui&eacute;n las ejerce, qu&eacute; mecanismos activamos para enfrentarlas, qu&eacute; huella nos dejan y c&oacute;mo intentamos vencerlas.
    </p><p class="article-text">
        No, no estamos tan bien. Ni estamos tan bien como pens&aacute;is, ni estamos tan bien como nos han hecho pensar. Seguir ocultando, negando y menospreciando la violencia que sufrimos supone ser c&oacute;mplice de ella. No buscamos tolerancia, porque tolerar significa permitir algo de modo excepcional. Tampoco buscamos permiso para estar porque nadie tiene poder sobre nuestra existencia. Queremos demoler el armario en el que nos encierran. Queremos ser tan libres como vosotros. No queremos puertas ni rejas. Queremos reventar el cerrojo y verlo todo abierto. As&iacute;, de par en par. Que entre en el aire. Que nos ve&aacute;is. Que nos ve&aacute;is como iguales. Si uno de los principios de la democracia es la igualdad entre ciudadanos, el odio a la diversidad sexual y a la identidad de g&eacute;nero no tiene cabida en nuestra sociedad. Nos ata&ntilde;e ponerle fin. Vamos a extirparlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Portada &#039;No estamos tan bien&#039;. Temas de Hoy."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portada &#039;No estamos tan bien&#039;. Temas de Hoy.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Serrano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/no-no_1_6230091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2020 20:03:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3762337" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3762337" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No, no estamos tan bien]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5368f292-96a0-4bfe-b854-3fc38aa346d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadie lo vio venir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cronica-mundo-coronavirus-nadie-venir_1_6014121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ebc0162-225c-437d-84bf-9cd28771af73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nadie lo vio venir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Primer capítulo del libro</p><p class="subtitle">La bolsa o la vida. Crónica de un mundo con coronavirus</p><p class="subtitle">, de la columnista Rosa María Artal, que publica Roca Editorial</p><p class="subtitle">"Hay algo prácticamente seguro: nada volverá a ser lo mismo. O peor o mejor. Seguir igual sería en sí una regresión"</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti. <br/><br/>John Donne (1572-1631), «Por quién doblan las campanas»<br/><br/></blockquote>
    </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                                        <!--[if IE 9]>
                    <video style="display: none;"><![endif]-->
                    <source
                            type="image/webp"
                            srcset="https://www.eldiario.es/fotos/bolsa-vida_EDIIMA20200612_0848_1.webp"
                    >
                    <!--[if IE 9]></video><![endif]-->
                                <img
                                        src="https://www.eldiario.es/fotos/bolsa-vida_EDIIMA20200612_0848_1.jpg"
                    alt=""
                >
            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Doblan por cuantas personas esenciales hemos perdido, pero ta&ntilde;en en intenso aplauso por los que nos asisten para enfrentar la pesada carga de la pandemia. Gracias por el esfuerzo y la vocaci&oacute;n que nunca debieron exigir tantos sacrificios. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a los amigos, compa&ntilde;eros y a&uacute;n desconocidos que han inspirado ideas para buscar razones, fuerza y consuelo. 
    </p><p class="article-text">
        Y a cuantos le&aacute;is esta cr&oacute;nica de un tiempo que lo cambi&oacute; todo y que, con la ayuda de los dem&oacute;cratas, no volver&aacute; a ser un remiendo que mantenga los errores. Para mirar y ver. Para saber que lo primero son las personas. Para, con lucidez y a pesar de todo, no tener miedo. 
    </p><h3 class="article-text"> </h3><h3 class="article-text">Nadie lo vio venir</h3><p class="article-text">
        Nadie lo vio venir, por m&aacute;s que hayan aparecido m&uacute;ltiples profetas del pasado. S&iacute; hubo, por supuesto, informes gen&eacute;ricos de organizaciones internacionales, la OMS incluida, sobre la posibilidad de una pandemia nunca descartable y se les prest&oacute; la atenci&oacute;n que se les da a ese tipo de estudios sin anuncio concreto. Un simple virus ha desbaratado a la sociedad mundial como nunca logr&oacute; hacerlo, en profundidad y extensi&oacute;n, ning&uacute;n arma premeditada. La verdad de nuestro mundo ha quedado desnuda frente al espejo. Esto no iba bien y se ha demostrado con creces, de la forma m&aacute;s atroz. Ahora bien, si se han derrumbado buena parte de nuestros esquemas, es probablemente porque tambi&eacute;n &mdash;como los infectados m&aacute;s graves&mdash; padec&iacute;an patolog&iacute;as previas. 
    </p><p class="article-text">
        Y fue tanto m&aacute;s virulento cuanto mayor era la debilidad preexistente. Nos ha arrasado en un tiempo r&eacute;cord de apenas tres meses, intervalo en el que expandi&oacute; desde una lejana ciudad china de once millones de habitantes, se dijo, su infecci&oacute;n global. Tras un inicio casi inadvertido, la enfermedad se desmanda pasando de un crecimiento lineal a uno exponencial. Sufrimos una cantidad insoportable de muertes e infectados. El porcentaje sobre la poblaci&oacute;n mundial es m&iacute;nimo, pero se ha desparramado de tal forma que termina por cercarnos y herir a personas que nos tocan de cerca. Ya no son los desconocidos chinos de Wuhan &mdash;que as&iacute; se vio al principio y se debe constatar&mdash;, son familiares, amigos, conocidos. Si los grandes cataclismos sacan lo mejor y lo peor de cada uno, de cada sociedad, el de este a&ntilde;o 2020 del siglo XXI presenta serias taras. Previstas y largamente anunciadas, con sus hitos de alarma, a los que no se dio la importancia necesaria. 
    </p><p class="article-text">
        Causa decisiva de su descomunal propagaci&oacute;n, la debilidad del sistema sanitario: no estaba preparado para una emergencia de este calibre. Faltaban medios elementales de protecci&oacute;n &mdash;mascarillas, guantes&mdash; y de tratamiento de los s&iacute;ntomas m&aacute;s graves &mdash;respiradores y unidades de cuidado intensivo en los hospitales&mdash;, incluso profesionales de la sanidad. En buena parte de los pa&iacute;ses hab&iacute;an sido diezmados por las pol&iacute;ticas neoliberales. Otros, ni los tuvieron. No olvidemos tampoco el empeoramiento de los determinantes de salud, de forma muy destacada el deterioro del aire, del medio ambiente en general. 
    </p><p class="article-text">
        El coronavirus ha sido una enmienda a la totalidad del capitalismo desbocado. Una enmienda a un sistema que despreci&oacute; cuanto era valioso y hasta indispensable para el bien com&uacute;n, en aras del lucro de unos pocos. Llegaremos a ver que se comercia y se enga&ntilde;a con los elementos que pueden salvar vidas. Aeropuertos en los que productos adquiridos por distintos pa&iacute;ses asisten a una especie de subasta en la que se los lleva el que m&aacute;s paga all&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Pearl Harbour, el 11M de los atentados, el 2008 de la crisis financiera, la gripe americana de 1918, mal llamada espa&ntilde;ola por haberle dado nuestro pa&iacute;s mayor publicidad. La COVID-19 es m&aacute;s si cabe. Su singularidad radica en que puede comportarse como el enemigo invisible del que no se entera ni el portador, por varios d&iacute;as, hasta dos semanas. Los infectados asintom&aacute;ticos suponen un enorme factor de transmisi&oacute;n. Nos ha paralizado, nos ha descolocado. Ha desatado la primera cuarentena global de la historia, con millones de seres confinados en sus casas. Ha frenado en seco la mastod&oacute;ntica econom&iacute;a del siglo XXI en un hecho inaudito. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta disponer de una vacuna que puede tardar no menos de dieciocho meses en ser descubierta, probada y declarada segura a salvo de graves efectos secundarios, la COVID-19 sigue aqu&iacute;. Vendr&aacute;n antes tratamientos cada vez m&aacute;s efectivos, puede lograrse una cierta inmunizaci&oacute;n de las poblaciones, pero para erradicar su malignidad falta tiempo todav&iacute;a. Hemos ido aprendiendo mucho sobre el coronavirus, sobre sus causas y consecuencias. Nos queda un futuro con &eacute;l formando parte de nuestra realidad cotidiana, imponiendo separaciones y reglas. Y caminar por la senda de una crisis superior a todas las conocidas que acarrea consecuencias econ&oacute;micas, tecnol&oacute;gicas, sociales, emocionales, de p&eacute;rdida de libertades. 
    </p><p class="article-text">
        El futuro m&aacute;s temido se nos ha venido de bruces a la cara y golpea a una poblaci&oacute;n especialmente vulnerable. No pudo caer nada peor que una pandemia como el coronavirus sobre una sociedad como la que se ha ido configurando, con amplios sectores sumidos en la inmadurez y la banalidad. Una sociedad que lo tiene todo &mdash;cierto que solo en las parcelas m&aacute;s favorecidas del mundo&mdash; y dispone de medios para saber d&oacute;nde est&aacute; y lo que ocurre a trav&eacute;s de la informaci&oacute;n y la educaci&oacute;n. Y aun as&iacute; se ha despreocupado y acomodado en lo f&aacute;cil. De repente, se encuentra con la sorpresa de que no todo estaba previsto como cre&iacute;a. De ah&iacute; algunas reacciones viscerales de los sectores m&aacute;s pueriles. El choque es brutal. Numerosos factores fueron influyendo para crear ese caldo de cultivo. La mayor&iacute;a, una vez entendido el problema, reacciona con madurez, sin embargo. En la hora de la verdad, se precisa implicaci&oacute;n. Y la vemos en comportamientos ejemplares. Profesionales, a menudo infravalorados, se multiplican para ayudar. 
    </p><p class="article-text">
        Llenos de incertidumbres, suponemos que esta crisis ser&aacute; transitoria pero no a cu&aacute;ntos y a qui&eacute;nes se llevar&aacute; en su camino. Cu&aacute;nto trabajo, proyectos, ilusiones habr&aacute; que repensar. La desinformaci&oacute;n en medios tradicionales, aliados del poder, supone una seria traba. Bulos y <em>fake news</em> se expanden por las redes a mayor velocidad y con mayor permanencia que las noticias aut&eacute;nticas. E influyen en amplios sectores de la sociedad, desconcertados y atribulados, en un momento en el que m&aacute;s se precisaba lucidez y entereza. El dif&iacute;cil trance de una recesi&oacute;n no hace sino acrecentar la inquietud entre los ciudadanos. 
    </p><p class="article-text">
        Apenas asumido que hab&iacute;a una pandemia, con sus v&iacute;ctimas mortales habidas y por llegar, el debate principal fue si hab&iacute;a que apostar por la salud o por la actividad econ&oacute;mica, si no era asumible un determinado n&uacute;mero de muertos, los que fueran y de donde fueran, para no parar la forma de vivir que ten&iacute;amos. Aunque algunos de sus errores nos hubieran tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Fue el Departamento de Trabajo del Estado norteamericano de Ohio, presidido por un republicano, quien ya en la fase de retomar la actividad dio una orden taxativa: las empresas deben denunciar a los trabajadores que no quieran reincorporarse a sus puestos de trabajo. La negativa implicar&aacute; de entrada que no puedan acogerse a ning&uacute;n beneficio por desempleo. Era la versi&oacute;n neoliberal de &laquo;la bolsa o la vida&raquo;. La que hab&iacute;a latido todo el tiempo desde que se avist&oacute; la envergadura de la pandemia. La econom&iacute;a o la salud. Los cient&iacute;ficos creen que por esa raz&oacute;n se retrasaron medidas de contenci&oacute;n en Europa. Hab&iacute;a que elegir entre los costos de la enfermedad, incluida la mortandad, y el colapso social, dijeron. 
    </p><p class="article-text">
        Es hora de grandes decisiones, en estado precario, para marcar la salida m&aacute;s airosa. Con las fuerzas que se oponen y las que empujan. El futuro ser&aacute; distinto, pero todav&iacute;a no se ve en qu&eacute; forma. Algunas pistas son tan inquietantes como el propio virus. 
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La normalidad era el problema&raquo;, dice una pancarta aireada en anteriores protestas, pero sus beneficiarios quieren seguir llevando las riendas. Ya est&aacute;n en ello. En Espa&ntilde;a, ferozmente y sin tregua. Con mayor incidencia en nuestro pa&iacute;s que en la mayor&iacute;a de Europa. Cada vez m&aacute;s radicalizados, impregnados de ultraderecha, consecuencia de errores anteriores no resueltos. Nuestro pa&iacute;s va a vivir por esta causa un doble ataque v&iacute;rico: el del coronavirus y el de una oposici&oacute;n depredadora. Una pesada mochila con la que cargamos desde hace d&eacute;cadas, muchas d&eacute;cadas. El poderoso grupo conservador que a&uacute;na pol&iacute;tica, econom&iacute;a, medios, togas y sotanas y que se despliega en diferentes funciones y tonos. Hay un incesante movimiento para desbaratar al menos la coalici&oacute;n. Un golpe con diferentes grados de comillas. 
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, los emplastos nunca resueltos han emergido todos en su m&aacute;ximo esplendor. Y, al tiempo, algunos de los problemas que se estaban resolviendo, como la lucha contra el machismo y la violencia de g&eacute;nero, han ca&iacute;do bajo un manto de silencio. 
    </p><p class="article-text">
        Vivimos uno de los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos de la historia, de la nuestra, de nuestra generaci&oacute;n. Cada paso que demos hoy, en una direcci&oacute;n u otra, marca un camino que tardar&aacute; en revertirse. &laquo;Nos enfrentamos a elegir entre vigilancia totalitaria y empoderamiento ciudadano&raquo;, escrib&iacute;a Yuval Harari, el acreditado autor de <em>Sapiens</em>. Ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute;: nos enfrentamos a elegir entre un capitalismo de corte fascistoide y un Estado social m&aacute;s justo. Y, adem&aacute;s, en un tablero mundial que lucha ahora mismo por diferentes hegemon&iacute;as. Ven&iacute;a de atr&aacute;s. Una historia que fuimos contando los periodistas conforme suced&iacute;an los hechos y que precisa una visi&oacute;n de conjunto m&aacute;s amplia y reposada como puede ser el an&aacute;lisis de un libro. 
    </p><p class="article-text">
        Una historia humana tambi&eacute;n, llena de emociones, silencios y gritos. De planteamientos vitales. Han cambiado costumbres, prioridades. Hemos descubierto de cu&aacute;ntas cosas que parec&iacute;an indispensables pod&iacute;amos prescindir. Hasta concluir, la mayor&iacute;a, que de lo &uacute;nico que no pod&iacute;a privarse era de los abrazos, del roce de las manos y los labios. Del afecto y la colaboraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo pr&aacute;cticamente seguro: nada volver&aacute; a ser lo mismo. O peor o mejor. Seguir igual ser&iacute;a en s&iacute; una regresi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa María Artal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cronica-mundo-coronavirus-nadie-venir_1_6014121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2020 19:50:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ebc0162-225c-437d-84bf-9cd28771af73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="124703" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ebc0162-225c-437d-84bf-9cd28771af73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="124703" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Nadie lo vio venir]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ebc0162-225c-437d-84bf-9cd28771af73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Un día más en la muerte de EEUU': rescatar del olvido las historias de 10 adolescentes asesinados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/dia-muerte-unidos_1_1133115.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d462e16a-27ea-4e02-8eac-eee2c121be41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Un día más en la muerte de EEUU&#039;: rescatar del olvido las historias de 10 adolescentes asesinados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fragmento de</p><p class="subtitle">Un día más en la muerte de Estados Unidos</p><p class="subtitle">(Libros del KO), un ensayo en el que el periodista Gary Younge investiga las historias de los adolescentes muertos por armas de fuego en un día escogido al azar, el 23 de noviembre de 2013</p></div><p class="article-text">
        Fui a Indian&aacute;polis en abril de 2014, a la convenci&oacute;n anual de la Asociaci&oacute;n Nacional del Rifle (NRA), que se celebraba en el centro de convenciones, a 20 minutos de donde hab&iacute;an disparado al chico.
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de miedo e impotencia que revelaban aquellas llamadas al 911 la noche que muri&oacute; Kenneth &mdash;el hombre atemorizado que se sent&iacute;a incapaz de defender a su familia y que ped&iacute;a la protecci&oacute;n del Estado, las burbujas dom&eacute;sticas perforadas por el caos de la calle, los ciudadanos respetuosos con la ley paralizados por unos salvajes&mdash; es la moneda de cambio de la NRA. La operadora del 911 recomend&oacute; al hombre que llamaba que se sentara a esperar; el eslogan de la convenci&oacute;n de la Asociaci&oacute;n ese a&ntilde;o era &laquo;Lev&aacute;ntate y lucha&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la NRA llega a una ciudad, hace notar su presencia. Una gran pancarta que cubr&iacute;a toda una manzana en pleno centro de la ciudad promet&iacute;a &laquo;nueve acres de armas y material&raquo;. Y el despliegue en el interior no defraudaba. En una inmensa sala de exposiciones que mostraba las mejores m&aacute;quinas de matar del sector, docenas de hombres blancos (no hab&iacute;a presentes muchos m&aacute;s grupos demogr&aacute;ficos) apuntaban armas vac&iacute;as a media distancia y meditaban sus compras. Todos los grandes nombres estaban all&iacute;: Mossberg (&laquo;Fabricado para ser fuerte. Orgulloso de ser americano&raquo;), Smith &amp; Wesson (&laquo;Avanzado por dise&ntilde;o&raquo;) y Henry (&laquo;Hecho en Am&eacute;rica. O no se hace&raquo;).
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n con las armas de algunos hombres que recorren esas exposiciones es una relaci&oacute;n rom&aacute;ntica. A veces, casi raya en lo sexual. El tacto, el olor y el poder de un arma de fuego se funden y crean su propia alquimia er&oacute;tica. &laquo;Cuando coges un fusil, una pistola, una escopeta, tienes en tus manos un pedazo de historia de Estados Unidos&mdash; escribe Chris Kyle en <em>American Gun</em>&mdash;. Coges el arma, y el olor de la p&oacute;lvora y el nitrato de potasio inundan el aire. Colocas el fusil sobre el hombro y miras a lo lejos. Y lo que ves no es un blanco, sino todo un continente de posibilidades, de grandes cosas que se avecinan, un futuro prometedor&hellip; pero tambi&eacute;n esfuerzos, pruebas y penalidades. El arma de fuego que tienes en las manos es un instrumento que te ayudar&aacute; a superarlos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La convenci&oacute;n incluye decenas de seminarios que van desde &laquo;La cocina de la caza: del campo a la mesa&raquo; hasta &laquo;Los hombres y las armas del D&iacute;a D&raquo;. Pero los m&aacute;s populares, con gran diferencia, son los que se basan en la idea de que uno tiene que luchar por su vida. En el seminario titulado &laquo;Conceptos de defensa del hogar&raquo;, Rob Pincus, un personaje tenso y musculoso con una perilla recortada, animaba a varios cientos de asistentes a imaginar la habitaci&oacute;n de su casa en la que se atrincherar&iacute;an en caso de asalto para &laquo;reproducir ese componente emocional&raquo; de cualquier robo domiciliario. Las familias deb&iacute;an tener una palabra clave. &laquo;Pensad en d&oacute;nde est&aacute;is por la ma&ntilde;ana y por la noche&raquo;, les dec&iacute;a, mientras imaginaban el mejor escondite. A la hora de decidir qu&eacute; arsenal pod&iacute;a ser el m&aacute;s apropiado, suger&iacute;a un arma de calibre 20 para defenderse, o tal vez una 9 mm, &laquo;que puede ser mucho m&aacute;s manejable&raquo;. Les dec&iacute;a que, al pensar en el arma que utilizar&iacute;an, deb&iacute;an de tener en cuenta lo siguiente: &laquo;&iquest;Cu&aacute;l es la distancia pr&aacute;ctica? &iquest;Cu&aacute;l es la distancia previsible? &iquest;Cu&aacute;l es el tama&ntilde;o previsible? &iquest;Qu&eacute; destreza tengo como tirador?&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, se trata de imaginar un robo con todos los detalles y asegurarnos de estar siempre preparados para esa posibilidad. En lugar de ceder a la complacencia de que no va a ocurrir o es poco probable, se trata de construir un estado de alerta que implica asumir e incorporar la idea de que puede ocurrir en cualquier momento y desarrollar los reflejos para reaccionar con eficacia y en consecuencia. En definitiva, hay que vivir la vida con miedo a las amenazas y las agresiones. Sentirse estimulados por la posibilidad de que alguien, en alg&uacute;n momento, pueda sentirse dispuesto a invadir y atacar. &laquo;Hay que practicar &mdash;insist&iacute;a&mdash;. Hay que crear el est&iacute;mulo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero la amenaza de la que habla la NRA no se dirige contra una persona o una familia concretas; es contra toda la civilizaci&oacute;n estadounidense. &laquo;Para justificar la necesidad de armas de fuego, el relato de los promotores del derecho a llevarlas necesita reafirmar continuamente el esp&iacute;ritu del salvaje oeste, que convierte la autodefensa en algo esencial y la pertenencia a las milicias en algo obligatorio &mdash;escribe James Welch, profesor ayudante en la Universidad de Texas en Arlington, en su ensayo &laquo;Ethos of the Gun&raquo;&mdash;. No importa que el salvaje oeste dejara de ser una experiencia habitual para los estadounidenses hace mucho tiempo; los m&aacute;s ac&eacute;rrimos partidarios de las armas hacen todo lo posible para mantener vivo el sentimiento de que el mundo es un lugar peligroso e inseguro&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La NRA defiende el derecho a portar armas en virtud de la Segunda Enmienda a la Constituci&oacute;n, que se aprob&oacute; en 1791 y que afirma: &laquo;Dado que una milicia bien regulada es necesaria para la seguridad de un Estado libre, no se violar&aacute; el derecho del pueblo a poseer y portar armas&raquo;. La idea de que esta frase se refiere al derecho de cada individuo est&aacute; muy extendida, pero tiene sus detractores.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El mundo de la Segunda Enmienda es irreconocible &mdash;alega Michael Waldman en <em>Second Amendment: A Biography</em>&mdash;. Era un mundo en el que todos los hombres estadounidenses blancos serv&iacute;an en el ej&eacute;rcito durante toda su vida de adultos, en el que esos soldados ciudadanos aportaban sus propias armas y las guardaban en casa, y en el que la idea de un Ej&eacute;rcito Nacional era suficiente para que los patriotas fueran corriendo a buscar sus mosquetes. Cuando desaparecieron las milicias, desapareci&oacute; el significado original de la Segunda Enmienda&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de retirarse, el que hab&iacute;a sido presidente del Tribunal Supremo, Warren Burger, un magistrado conservador nombrado por Nixon, segu&iacute;a diciendo que la Segunda Enmienda &laquo;ha sido objeto de uno de los mayores fraudes &mdash;repito la palabra &ldquo;fraudes&rdquo;&mdash; al pueblo estadounidense por parte de grupos de intereses que haya visto en toda mi vida&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la convenci&oacute;n de la NRA, el vicepresidente ejecutivo y consejero delegado de la Asociaci&oacute;n, Wayne LaPierre, se dirigi&oacute; a la muchedumbre para exponer el siniestro cuadro de un pa&iacute;s envuelto en amenazas en forma de cabezas de hidra que no dejaba a salvo a nadie y en el que ning&uacute;n lugar quedaba libre de sospechas. &laquo;Sabemos que, en el mundo que nos rodea, hay terroristas, individuos que invaden nuestros hogares, c&aacute;rteles de la droga, ladrones de coches, asaltantes y violadores, gente que odia, asesinos que matan en campus universitarios, en aeropuertos, en centros comerciales, locos furiosos que matan al volante y criminales que conspiran para destruir nuestro pa&iacute;s con estallidos de violencia contra nuestras redes el&eacute;ctricas, o con oleadas de sustancias qu&iacute;micas o enfermedades que pueden destruir la sociedad que nos sostiene. Y yo os pregunto: &iquest;Confi&aacute;is en que este gobierno os va a proteger? No podemos contar m&aacute;s que con nosotros mismos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Apocal&iacute;ptica en el tono, demag&oacute;gica en el contenido e hiperb&oacute;lica en su escala, la visi&oacute;n dist&oacute;pica evocada por LaPierre presentaba una naci&oacute;n no solo atacada sino tambi&eacute;n en declive. &laquo;Casi donde quiera que miremos &mdash;continu&oacute;&mdash;, nos encontramos con algo que ha fracasado. Podemos saberlo y sentirlo. Algo se ha ido al traste. Los valores fundamentales en los que creemos, las cosas que m&aacute;s nos importan, est&aacute;n cambiando. Deterior&aacute;ndose&hellip; Por eso hay cada vez m&aacute;s estadounidenses que compran armas y munici&oacute;n. No para causar ning&uacute;n l&iacute;o, sino porque tenemos la sensaci&oacute;n de que Estados Unidos ya est&aacute; en un l&iacute;o&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todas las convenciones de la NRA atraen una peque&ntilde;a pero decidida concentraci&oacute;n de manifestantes llegados de todo el pa&iacute;s. Pero esta fue especial. Unas semanas antes, el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg hab&iacute;a anunciado su decisi&oacute;n de invertir 50 millones de d&oacute;lares para desarrollar una red popular de defensores del control de armas que reunir&iacute;a a varias de las principales organizaciones dedicadas a la cuesti&oacute;n, como Alcaldes contra las armas ilegales y Madres en demanda de acciones para controlar las armas, en un grupo llamado &laquo;Todas las ciudades por la seguridad en el manejo de las armas de fuego&raquo;. La rueda de prensa que dieron ese d&iacute;a en Indian&aacute;polis para protestar contra la convenci&oacute;n de la NRA fue uno de sus primeros actos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la reacci&oacute;n inicial de la pareja del abuelo de Kenneth, y dado que la convenci&oacute;n de la NRA se celebraba en su ciudad, yo esperaba que hubiera algunos amigos o parientes del joven entre los activistas, indignados por su muerte. En la sala de la conferencia de prensa, al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que era poco probable. En una ciudad en la que uno de cada cuatro habitantes es afroamericano y m&aacute;s de la mitad de las v&iacute;ctimas de homicidios son personas negras, casi no hab&iacute;a ninguno entre los concentrados, aparte de un pu&ntilde;ado de mujeres en el estrado que proced&iacute;an, todas, de otras ciudades y que hab&iacute;an perdido a sus hijos por culpa de las armas. Es m&aacute;s, pese a que Indian&aacute;polis posee una de las tasas m&aacute;s elevadas de homicidios de todas las ciudades que aparecen en este libro, no parec&iacute;a que estuviera all&iacute; nadie de la ciudad que hubiera sufrido las consecuencias de la violencia armada.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pregunt&eacute; a uno de los organizadores si pod&iacute;a hablar con alguna persona local, me indicaron a una mujer de Carmel, un barrio residencial acomodado y cercano. Como la mayor&iacute;a de los asistentes a la protesta, hab&iacute;a empezado a interesarse por el control de armas despu&eacute;s del tiroteo en la escuela primaria de Sandy Hook, en Newtown, Connecticut. Algunos con los que habl&eacute; me dijeron que, aunque ya se hab&iacute;an preocupado por la cuesti&oacute;n con anterioridad, la tragedia de Sandy Hook les hab&iacute;a hecho volcarse m&aacute;s. A quienes reconoc&iacute;an que nunca hab&iacute;an prestado mucha atenci&oacute;n al problema, Newtown les hab&iacute;a obligado a cuestionarse su indiferencia. Dado el gran n&uacute;mero de tiroteos masivos que hay en Estados Unidos &mdash;solo en 2013 hubo 254, incluido uno ocurrido el d&iacute;a sobre el que trata este libro, y cuatro en Indian&aacute;polis&mdash;, pregunt&eacute; a aquella mujer: &laquo;&iquest;Qu&eacute; tuvo espec&iacute;ficamente Sandy Hook para impulsarla a actuar?&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Tengo cuatro hijos peque&ntilde;os &mdash;contest&oacute;&mdash;. Cuando sucedi&oacute; aquello, no pude dejar de pensar en mis ni&ntilde;os en el colegio. Ya estaba cada vez m&aacute;s preocupada. Cada vez que hab&iacute;a un tiroteo pensaba: &ldquo;Dios m&iacute;o&rdquo;. Pero no sab&iacute;a lo verdaderamente grave que es. Hay pocas circunstancias que pesen tanto como una madre que trata de proteger a sus hijos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Donna Dees-Thomases, que en el a&ntilde;o 2000 organiz&oacute; la Marcha del Mill&oacute;n de Madres (la mayor manifestaci&oacute;n en favor del control de armas hasta la fecha), lo explic&oacute; muy bien cuando la conoc&iacute; en aquella rueda de prensa: &laquo;Fue el hecho de que fueran ni&ntilde;os de seis a&ntilde;os. Veintis&eacute;is estadounidenses murieron v&iacute;ctimas de una matanza en una escuela primaria en cinco minutos. Podr&iacute;an haber sido nuestros colegios. Podr&iacute;an haber sido nuestros hijos. Es la inocencia de los ni&ntilde;os. No es m&aacute;s terrible que cuando muere cualquier otra persona. Pero la devastaci&oacute;n que provoca la muerte de esos ni&ntilde;os inocentes es innegable, ni el hecho de que no los protegimos&raquo;. En toda la sala, las palabras utilizadas para describir a los ni&ntilde;os fallecidos en Sandy Hook eran invariablemente &laquo;&aacute;ngeles&raquo;, &laquo;inocentes&raquo;, &laquo;beb&eacute;s&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa conexi&oacute;n emocional es f&aacute;cil de entender. La imagen de aquel d&iacute;a que se nos qued&oacute; grabada a todos, los ni&ntilde;os desconsolados, escoltados por un agente de polic&iacute;a, todos en fila, con los rostros retorcidos de p&aacute;nico y shock, fue insoportable. Las escenas de los padres que esperaban con angustia a conocer la suerte de sus hijos y las semblanzas escritas sobre unas cortas vidas destruidas sin sentido fueron desgarradoras. Tambi&eacute;n es f&aacute;cil comprender el posible efecto pol&iacute;tico de aquel instante. Sandy Hook no solo fue una tragedia, sino tambi&eacute;n un ejemplo que ilustraba con enorme dureza los argumentos de los defensores del control de armas. Los derechos van acompa&ntilde;ados de responsabilidades; las libertades, de ciertas restricciones. &iquest;Quieres m&aacute;s a las armas que a tus hijos? &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s importante, la libertad de portar armas o la libertad de saber que tus hijos van a estar a salvo en el colegio?
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo d&iacute;a, en China, Min Yongjun, un hombre de 36 a&ntilde;os con problemas de salud mental, entr&oacute; con un cuchillo en una escuela primaria de Chenpeng, en la provincia de Hen&aacute;n, y apu&ntilde;al&oacute; a 23 ni&ntilde;os y a una mujer mayor. No muri&oacute; nadie. Por m&aacute;s que la NRA insista en su axioma de que &laquo;no son las armas las que matan a la gente, es la gente la que mata a la gente&raquo;, est&aacute; clar&iacute;simo que la gente puede matar a la gente con m&aacute;s facilidad con un arma de fuego que casi con cualquier otra cosa de las que se venden en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        En las leyes, como en la vida, los ni&ntilde;os forman una categor&iacute;a especial: son los m&aacute;s vulnerables, los m&aacute;s necesitados de protecci&oacute;n, por parte de sus padres y del Estado y tambi&eacute;n frente a ambos. El hecho de que sean ni&ntilde;os hace que no tengan voz ni voto sobre c&oacute;mo se ha construido el mundo en el que viven ni cu&aacute;les son sus normas. Su sufrimiento es m&aacute;s conmovedor y, por tanto, provoca una indignaci&oacute;n m&aacute;s intensa contra los que los atormentan o les hacen da&ntilde;o. Sacar esto a relucir en un debate no es aprovecharlo como argumento, sino contextualizar el problema.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la preocupaci&oacute;n por los ni&ntilde;os tambi&eacute;n puede ser calculada. Cuando no solo se subraya su vulnerabilidad sino que se proclama su inocencia intr&iacute;nseca y se insiste en su car&aacute;cter angelical, se los saca de la categor&iacute;a de &laquo;protegidos&raquo; para colocarlos en un plano m&aacute;s elevado. De esta manera, el &eacute;nfasis deja de estar en lo f&aacute;cil que es obtener las armas para trasladarse a la pureza moral de los que pueden morir v&iacute;ctimas de ellas. Dees-Thomases ten&iacute;a raz&oacute;n al insistir: &laquo;No es m&aacute;s terrible que cuando muere cualquier otra persona por arma de fuego&raquo;. Y, sin embargo, obsesionarse con la inocencia de los &laquo;beb&eacute;s&raquo; y los &laquo;&aacute;ngeles&raquo; da a entender que existen otras v&iacute;ctimas m&aacute;s culpables, menos ang&eacute;licas, m&aacute;s merecedoras de su suerte. La b&uacute;squeda y la utilizaci&oacute;n de la &laquo;v&iacute;ctima ideal, digna de encomio&raquo;, es un factor b&aacute;sico de las campa&ntilde;as de justicia social. A veces puede ser una t&aacute;ctica eficaz, pero siempre es problem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En 1955 sacaron del r&iacute;o Tallahatchie, en Mississippi, el cuerpo del chico de 14 a&ntilde;os Emmett Till, con una bala en el cr&aacute;neo, un ojo arrancado y un lado de la frente aplastado, despu&eacute;s de que no hubiera mostrado el &laquo;debido respeto&raquo; a una mujer blanca en una tienda de alimentos. Los dos hombres blancos que le mataron (y que confesaron el crimen posteriormente a un periodista) fueron absueltos por un jurado totalmente formado por blancos. La revista <em>Life</em>, en un editorial, llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el hecho de que el padre de Till, Louis, hab&iacute;a muerto mientras serv&iacute;a en el ej&eacute;rcito durante la Segunda Guerra Mundial: &laquo;[Emmett Till] no ten&iacute;a nada que perder m&aacute;s que su vida, igual que otros muchos, incluido su padre, que muri&oacute; cuando era soldado en Francia mientras luchaba en defensa de la idea estadounidense de que todos los hombres son iguales&raquo;. Este intento de santificar a Emmett porque era hijo de un soldado patriota tuvo un efecto contraproducente cuando se descubri&oacute; que, en realidad, a Louis le hab&iacute;an ahorcado en Italia despu&eacute;s de ser declarado culpable de violar a dos mujeres italianas y matar a una tercera, pese a que &eacute;l lo neg&oacute;. Pero la cuesti&oacute;n es que, aunque una c&aacute;mara hubiera filmado a Louis en el momento de arrojarse sobre una granada para salvar a su pelot&oacute;n, eso tambi&eacute;n habr&iacute;a sido irrelevante para el caso de Emmett. Ning&uacute;n ni&ntilde;o deber&iacute;a sufrir una muerte tan brutal, independientemente de que su padre fuera un proxeneta o un sacerdote.
    </p><p class="article-text">
        No todos los intentos de destacar la honorabilidad de una v&iacute;ctima son tan toscos como este, pero todos adolecen del mismo fallo fundamental. El centro de gravedad del argumento pasa de &laquo;Esto no deber&iacute;a ocurrirle a nadie&raquo; a &laquo;Esto no deber&iacute;a ocurrirle a una persona as&iacute;&raquo;, como diciendo que hay personas que s&iacute; pueden merecerlo. Subrayar la inocencia de los ni&ntilde;os que fueron v&iacute;ctimas en Sandy Hook puede dejar en evidencia lo indignante e injusto que es que se dispare contra ni&ntilde;os, pero eso no quiere decir que sea menos indignante e injusto cuando disparan a alguien que ha vivido lo suficiente como para ser culpable de algo. Cuando se utilizan esos atajos emp&aacute;ticos, se queda mucha gente al margen.
    </p><p class="article-text">
        --
    </p><p class="article-text">
        <em>*Gary Younge ha sido director adjunto de The Guardian hasta enero de 2020 y ha desarrollado la mayor parte de su carrera en el diario brit&aacute;nico para el que fue corresponsal en Estados Unidos durante 12 a&ntilde;os. Ahora imparte clases de Sociolog&iacute;a en la Universidad de Manchester.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gary Younge]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/dia-muerte-unidos_1_1133115.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2020 19:55:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d462e16a-27ea-4e02-8eac-eee2c121be41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="785342" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d462e16a-27ea-4e02-8eac-eee2c121be41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="785342" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Un día más en la muerte de EEUU': rescatar del olvido las historias de 10 adolescentes asesinados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d462e16a-27ea-4e02-8eac-eee2c121be41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Estados Unidos,Armas de fuego]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/soja-azucar-monocultivos-reescribieron-normas_1_1053568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2f2a502-5246-4136-b7ee-d9f09ac949b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto editorial de 'Los monocultivos que conquistaron el mundo', que analiza los impactos socioambientales de la caña de azúcar, la soja y la palma aceitera</p><p class="subtitle">ESPECIAL | La tierra esclava: así se planta en países pobres para consumir en ricos</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Karl Polanyi que el hombre y la mujer de la modernidad se acostumbraron a aceptar, casi como un hecho natural, que la abundancia material llegara de la mano de la pobreza. Que la opulencia conviva con el hambre. El capitalismo del siglo XXI condena al hambre a pa&iacute;ses enteros mientras que la otra mitad de la humanidad convive con la epidemia de obesidad y diabetes; al mismo tiempo, se sigue repitiendo, como un mantra, que el modelo agroindustrial es inevitable y que es nuestra &uacute;nica baza contra el hambre.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s de que la Revoluci&oacute;n verde entrase en los campos, 821 millones de personas, una de cada nueve, sufren hambre, y esa cifra sigue creciendo, pese a que la tierra podr&aacute; alimentar a los 9.100 millones de seres humanos que, seg&uacute;n la FAO, poblar&aacute;n la tierra en 2050, con solo evitar que se desperdicie, como ahora sucede, un tercio de la comida que se produce.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, al igual que hace 60 a&ntilde;os, el loable objetivo de acabar con el hambre sigue siendo el argumento legitimador del modelo agroindustrial, a pesar de que la realidad demuestre que, m&aacute;s bien al contrario, la expansi&oacute;n de la frontera del agronegocio supone la expulsi&oacute;n de los campesinos y la p&eacute;rdida de soberan&iacute;a alimentaria para las comunidades locales. Seg&uacute;n un estudio de ETC Group de 2017, la red campesina provee un 70 por 100 de los alimentos que se producen en el mundo, a pesar de contar s&oacute;lo con el 25 por 100 de los recursos. Los campesinos son, tambi&eacute;n, quienes garantizan la biodiversidad: si la cadena alimentaria industrial se enfoca en apenas una docena de cultivos y cien variedades de ganado, los campesinos cr&iacute;an ocho mil variedades de ganado y han aportado m&aacute;s de 1,9 millones de variedades vegetales a los bancos gen&eacute;ticos del planeta.
    </p><p class="article-text">
        En contraste, la l&oacute;gica de la agricultura industrial ha reducido r&aacute;pidamente el n&uacute;mero de especies que cultivamos y comemos, hasta el punto de que el 90 por 100 de las calor&iacute;as que se consumen actualmente a nivel mundial proceden de apenas una treintena de variedades.
    </p><p class="article-text">
        Pero los monocultivos de una sola variedad dejan campos enteros inermes frente a las plagas; para evitarlas, se hacen cada d&iacute;a m&aacute;s necesarios pesticidas y herbicidas cada vez m&aacute;s potentes, que acaban con los microbios, pero que tambi&eacute;n tienen efectos perjudiciales en la poblaci&oacute;n humana. Y, si la toxicidad de los alimentos que consumimos es cada vez m&aacute;s preocupante, no lo es menos la p&eacute;rdida de biodiversidad de las especies, que hace a los seres humanos cada vez m&aacute;s vulnerables y pone en entredicho la soberan&iacute;a alimentaria. En muchas regiones del mundo, la privatizaci&oacute;n de las semillas y las patentes es un debate candente y, para las comunidades campesinas, una batalla definitiva contra un sistema econ&oacute;mico que las condena a la marginalidad.
    </p><p class="article-text">
        Y dentro de esta l&oacute;gica, la soja, la ca&ntilde;a y la palma son, en el siglo XXI, tres monocultivos que han transformado el mundo. Si la ca&ntilde;a de az&uacute;car es el m&aacute;s antiguo de esos &ldquo;monarcas agr&iacute;colas&rdquo; a los que se refer&iacute;a Eduardo Galeano en Las venas abiertas de Am&eacute;rica Latina, la palma y la soja han tenido una expansi&oacute;n mucho m&aacute;s reciente.
    </p><p class="article-text">
        En los tres casos, se trata de monocultivos industriales que no est&aacute;n destinados primariamente al cultivo de alimentos, sino a la producci&oacute;n de biomasa que se destina a usos diversos: desde el sector agroalimentario, que vende productos comestibles antes que alimentos saludables, hasta la industria cosm&eacute;tica, pasando por la elaboraci&oacute;n de agrocombustibles. En nuestro libro, apuntamos cuestiones que son transversales a este modelo agroindustrial: los impactos para nuestra salud del consumo de productos ultraprocesados, las certificaciones de sostenibilidad y los riesgos que implican los agrot&oacute;xicos.
    </p><p class="article-text">
        De lo que estamos hablando es de la existencia de dos modelos de desarrollo en disputa: de un lado, la agricultura campesina y otras iniciativas m&aacute;s recientes que proponen un uso sostenible de la tierra para la producci&oacute;n de alimentos saludables y culturalmente adecuados; tales experiencias pueden agruparse en torno a la idea de soberan&iacute;a alimentaria. Del otro lado, los monocultivos orientados a la exportaci&oacute;n a cambio de divisas, que no producen alimentos para la poblaci&oacute;n local, sino ganancias que acaparan los grandes terratenientes y las multinacionales del sector agroalimentario y biotecnol&oacute;gico que, como veremos, est&aacute;n concentradas en cada vez menos manos.
    </p><p class="article-text">
        Esas pocas manos son las que toman las decisiones respecto a qu&eacute; comemos, en qu&eacute; condiciones se produce y qui&eacute;nes son los ganadores y perdedores del modelo. Si quienes m&aacute;s pierden a d&iacute;a de hoy son las comunidades ind&iacute;genas, negras y campesinas, a las que se les arrebatan sus tierras y, con ello, la posibilidad de mantener sus formas de vida ancestrales, a largo plazo la gran perdedora es la especie humana en su conjunto, pues el modelo del agronegocio basado en el monocultivo se est&aacute; cobrando un alto costo en forma de p&eacute;rdida de biodiversidad y contaminaci&oacute;n de las fuentes de vida de las que depende nuestra existencia, como el agua dulce y la fertilidad del suelo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro, Aurora Moreno, Laura Villadiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/soja-azucar-monocultivos-reescribieron-normas_1_1053568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Feb 2020 19:31:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a2f2a502-5246-4136-b7ee-d9f09ac949b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="658836" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a2f2a502-5246-4136-b7ee-d9f09ac949b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="658836" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a2f2a502-5246-4136-b7ee-d9f09ac949b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Agricultura,Cultivos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canción de cuna para cuarenta y seis cromosomas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cancion-cuna-cuarenta-cromosomas_1_1194197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20f9ab4d-7212-4fc2-9b02-377bb937e6c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Canción de cuna para cuarenta y seis cromosomas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Canción de cuna para cuarenta y seis cromosomas</p><p class="subtitle">es uno de los capítulos del libro</p><p class="subtitle">Cuerpo,</p><p class="subtitle">editado por Anfibia Papel y que acaba de salir a la venta en Argentina</p><p class="subtitle">Quince autores y doce ilustradores han colaborado para elaborar esta exploración contemporánea de la sensibilidad a través del cuerpo humano</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Mis cuatro embriones que dormís en el hielo: vuestra herida también ha quedado congelada.<br/><br/>Útero<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Fui yo quien lo orden&eacute;. Quise que una aguja os extrajera material gen&eacute;tico para la biopsia que asegurar&iacute;a el n&uacute;mero del humano prometido: cuarenta y seis cromosomas. Hay muchas v&iacute;as para ocupar el &uacute;tero: placer, violencia, voluntad, descuido. Yo acept&eacute; la v&iacute;a de la imposici&oacute;n, aun sin saber si quer&iacute;a ser madre. Pero el padre-a&uacute;n-no-padre, me dec&iacute;a: &ldquo;T&uacute; eres f&eacute;rtil en todo, debes ser madre&rdquo;. Y as&iacute; consent&iacute;, solo porque tal vez, tal vez, s&iacute; quer&iacute;a serlo, y porque la voz de &eacute;l, como un canto de sirena con cola de manat&iacute; er&eacute;ctil, me hizo creer que definitivamente yo estaba hecha para multiplicarme. No, para multiplicarme, no; en realidad &eacute;l quer&iacute;a decir que estaba hecha para multiplicarle a &eacute;l. Y yo tan fuerte, dicen; y yo con tanto car&aacute;cter, dicen; y yo tan libre, dicen. Todo mentira: transig&iacute; y ced&iacute; con facilidad, y esas c&eacute;lulas de otro no necesitaron m&aacute;s que su voluntad microsc&oacute;pica para convencerme. Hoy detesto esa parte del hombre que am&eacute;, esa parte que tambi&eacute;n port&aacute;is vosotros. Los doctores dicen que sois perfectos. Yo ped&iacute; esa primera incisi&oacute;n en vuestra materia, porque a la locura familiar no quer&iacute;a unirle una enfermedad gen&eacute;tica y luego, como no sab&iacute;a si quer&iacute;a ser llamada madre, os puse a dormir en nitr&oacute;geno l&iacute;quido, a una temperatura de menos ciento noventa y seis grados cent&iacute;grados. Esa temperatura os separa de mi vientre como si fuera un glaciar o mejor dicho: yo he construido ese glaciar y vosotros sois como ese oso &aacute;rtico que se agarra al &uacute;ltimo trozo flotante de hielo, en el &uacute;tero de un mundo caliente y perverso.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Y yo tan fuerte, dicen; y yo con tanto carácter, dicen; y yo tan libre, dicen. Todo mentira: transigí y cedí con facilidad, y esas células de otro no necesitaron más que su voluntad microscópica para convencerme. Hoy detesto esa parte del hombre que amé, esa parte que también portáis vosotros"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vinieron las se&ntilde;ales de mi propio &uacute;tero. Empec&eacute; a sospechar que no estaba preparada para acogeros cuando cada vez que os pensaba, sent&iacute;a contracciones musculares. No eran unas contracciones quim&eacute;ricas, las grab&eacute; para mostr&aacute;rselas al doctor. En los v&iacute;deos se ven esos espasmos involuntarios. &ldquo;Se llaman fasciculaciones&rdquo;, especific&oacute;. Toda la zona alrededor del ombligo temblaba durante unos segundos y se relajaba antes de volver a temblar. Poco a poco pasasteis a provocarme inquietud y luego un tsunami de mis aguas internas que me advert&iacute;an: no permitiremos que nada se asiente en ti, porque t&uacute; no lo quieres y t&uacute; ser&aacute;s cobarde, pero tu cuerpo no lo es. Mi &uacute;tero me defiende, mi &uacute;tero habla por m&iacute;, por encima de vosotros, por encima del padre-no-padre que me pregunta cu&aacute;ndo voy a sacaros del hielo. Durante mucho tiempo sent&iacute; que mi &uacute;tero dej&oacute; de pertenecerme. Si el padre-a&uacute;n-no-padre se hubiera apropiado de mis orejas, si me las hubiera mutilado y cosido en los ojos para quitarme la vista, no me habr&iacute;a hecho tanto da&ntilde;o. Pero el proceso se inici&oacute;, hormonarme a m&iacute; para poder escoger el espermatozoide menos maltrecho. Agredir a mi cuerpo para reparar el suyo. Con poca compensaci&oacute;n, hubo dulzura en otros momentos, pero no en aquellos, porque mi cometido era repararle a &eacute;l para reproducirle, porque yo, tan f&eacute;rtil en todo y a su parecer, haber nacido para ello.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a5e8cbf0-baa5-475d-9714-95f7805a1272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero tened en cuenta, cuarenta y seis cromosomas, que a&uacute;n sois privilegiados, porque no sab&eacute;is que el mundo se recalienta como una infecci&oacute;n al sol y por las noches las madres a&uacute;n cuentan cuentos de ositos ingenuos. Hay algo anacr&oacute;nico en ese desfase, salvo por esas madres que no pueden contar cuentos, porque viven en la propia infecci&oacute;n, en el pan para hoy o al menos algo de arena, una ra&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Mis cuatro embriones que dorm&iacute;s en hielos perpetuos, os presento: sois tres ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o. El sexo s&iacute; fue producto del azar. Tres ni&ntilde;as. Un ni&ntilde;o. Y a todos os he dado un nombre, porque antes que el fr&iacute;o fue el verbo, y antes que el incipiente planteamiento de ser madre, fue el deseo, desmesurado, de llamaros. Una de vosotras, hija-no-hija, se llama Estrella (aunque tu padre-no-padre, que se dedica al estudio del Universo, no sabe pronunciar tu nombre en mi idioma). A veces fantaseo con que ya est&aacute;s dentro y que cuando &eacute;l eyacula siento el paso caliente del l&iacute;quido por mis paredes y entonces, en el ag&uuml;ita donde flotas, te imagino golpeada como una barquita por el oleaje, por el semen de donde vienes. Y te digo: b&eacute;belo, hija, ahora que eres lo suficientemente afortunada como para beberlo por todas partes porque no tienes ni boca, ni ombligo, ni ano. En eso te envidio. Disculpa. No has nacido y ya te envidio. Ni boca, ni ombligo, ni ano. Tampoco &uacute;tero.
    </p><p class="article-text">
        Sabed, tres ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o que despu&eacute;s de muchas dudas, me he decido a no daros mi calor: nunca despertar&eacute;is. Si tuvierais cerebro tendr&iacute;ais que comprender que tengo miedo, miedo de esa locura que no hay biopsia que pueda identificar, miedo a la insania que se esconde por los resquicios de los cromosomas. En definitiva: miedo de vosotros. Pero no solo siento temor, sino tambi&eacute;n una gran libertad, y el orgullo y la valent&iacute;a de decir: aqu&iacute; doy muerte a mi sangre. Padre-a&uacute;n-no-padre: multipl&iacute;cate t&uacute; solo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/28e2abbe-f3be-42d9-8fe6-3b7ea7bd9cf6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No os alimentar&aacute; mi leche, no escocer&eacute;is mis pezones, no ser&eacute;is alegr&iacute;a ni preocupaci&oacute;n de ning&uacute;n abuelo, no os criar&eacute;is con mis perros, no oler&eacute;is la hierba ni el asfalto. No conocer&eacute;is el sexo, vosotros, que hab&eacute;is sido concebidos sin sexo, pero tampoco conocer&eacute;is el deseo, vosotros, que hab&eacute;is sido concebidos con todo el que pude llegar a sentir, porque mis indecisiones tambi&eacute;n acarrean un impulso de voluntad incontenible. No llorar&eacute;is mi muerte. No matar&eacute;is a nadie.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"Yo, madre no madre aún, madre indecisa, madre mundo que comenzó vuestra vida y ahora la mantiene detenida, en ese frío, ¿cuánto frío tenéis?"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Pero s&iacute; conservar&eacute;is vuestros nombres y ayer le cant&eacute; a vuestra foto. Tal vez fue mi despedida. Sois redondos pero ya se ven muchas diferencias. Os cuento que dos de vosotros ya hab&eacute;is eclosionado, el t&eacute;rmino m&eacute;dico para expresar que ya hab&eacute;is empezado a salir de vosotros mismos para poder alcanzar mi endometrio, anidaros en el &uacute;tero. Es el mejor estado para un embri&oacute;n sano, el estado que indica el grado m&aacute;ximo de querencia hacia la vida. Quer&eacute;is vivir y lo sab&eacute;is expresar (me disculpo por impedirlo). En la foto se ve perfectamente: me tendisteis una especie de brazo o lengua. Pero yo ignor&eacute; vuestra llamada, yo no os recib&iacute;, sino que orden&eacute; que os congelaran, hasta decidir si despertaros, condenados al hielo, a la criopreservaci&oacute;n, yo, madre no madre a&uacute;n, madre indecisa, madre mundo que comenz&oacute; vuestra vida y ahora la mantiene detenida, en ese fr&iacute;o, &iquest;cu&aacute;nto fr&iacute;o ten&eacute;is?
    </p><p class="article-text">
        Vuestros cuarenta y seis cromosomas requieren la calidez precisa. A pesar de mi resoluci&oacute;n, vuestra vida seguir&aacute; a la espera de serlo, pero si la m&iacute;a se acabara hoy o dentro de cincuenta a&ntilde;os, vosotros podr&iacute;ais sobrevivirme durante mil a&ntilde;os m&aacute;s. Intactos, perfectos, con vuestra peque&ntilde;a leng&uuml;ita tratando de agarrarse a un &uacute;tero que al fin pereci&oacute; en la indecisi&oacute;n. No he querido dar vida, no os la dar&eacute;. Pero as&iacute; se origin&oacute; todo lo que vive. No sois menos importantes que todo aquello que lleg&oacute; a nacer. Si un ser de otro planeta os descubriera en vuestro estado, tal vez os har&iacute;a un monumento. Quiz&aacute;s las efigies de mis tres ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o coronar&iacute;an la cumbre de un volc&aacute;n marciano. Tal es la importancia de la vida que puede llegar a ser. &iquest;Cu&aacute;nto fr&iacute;o ten&eacute;is?
    </p><p class="article-text">
        Tres ni&ntilde;as y un ni&ntilde;o: hoy despert&eacute; temblando, so&ntilde;&eacute; que os visitaba en los tanques de nitr&oacute;geno. Flotabais como cuatro luci&eacute;rnagas de agua. Buce&eacute; con vosotros. Os lam&iacute; la gelatina de vuestra c&aacute;scara, sab&iacute;a a placenta. Os arrull&eacute; y luego desaparec&iacute; sin mirar atr&aacute;s. Despert&eacute; cuando algo parecido a una mujer de un siglo venidero ven&iacute;a a descongelaros. Estabais destinados a ser su mascota. Sosten&iacute;a cuatro correas entre sus dedos. Mis cuatro no-ni&ntilde;os, sabed que intent&eacute; regresar, aplastar a esa colona de pecho plano y sin ombligo, pero entre vosotros y yo volvi&oacute; a levantarse un glaciar. Yo soy el glaciar. Decidme que no ten&eacute;is tanto fr&iacute;o como yo. Y perdonadme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Perezagua]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/cancion-cuna-cuarenta-cromosomas_1_1194197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Dec 2019 19:54:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/20f9ab4d-7212-4fc2-9b02-377bb937e6c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50770" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/20f9ab4d-7212-4fc2-9b02-377bb937e6c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50770" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Canción de cuna para cuarenta y seis cromosomas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/20f9ab4d-7212-4fc2-9b02-377bb937e6c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franquismo S.A.: la desfranquización ausente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/desfranquizacion-ausente_1_1469605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/693f9fab-50b2-480b-97ee-2a33dd68f2fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Franquismo S.A., de Antonio Maestre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Introducción de</p><p class="subtitle">Franquismo S.A.</p><p class="subtitle">, libro de Antonio Maestre sobre la oligarquía económica franquista, su papel en la actualidad y la ausencia de reparación a los represaliados</p><p class="subtitle">Franquismo S.A. está editado por Akal y sale a la venta el próximo 4 de noviembre</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f2690ab-ccec-4482-a0dc-dd58c86d0004_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         El Protectosil es un producto qu&iacute;mico que sirve para impedir realizar grafitis sobre monumentos o paredes. Un invento que mantiene impoluta la superficie de escribas ajenos y que impide actos de vandalismo. O de reparaci&oacute;n. La creadora del Protectosil es una empresa alemana llamada Degussa, que fue tambi&eacute;n la fabricante del Zyklon B con el nombre de Degesch y que estaba integrada en el emporio IG Farben. En el a&ntilde;o 2003 se conoci&oacute; que el producto qu&iacute;mico impregnar&iacute;a el monumento al Holocausto que se constru&iacute;a en Berl&iacute;n. Parec&iacute;a una broma macabra, cubrir el monumento de un producto qu&iacute;mico fabricado por los mismos que crearon el veneno que gase&oacute; a los homenajeados. &ldquo;El incidente Degussa&rdquo; lo llamaron, una pol&eacute;mica que gener&oacute; mucho ruido en la que el autor del monumento, el arquitecto Peter Eisenman, defendi&oacute; que la empresa ya hab&iacute;a pagado por sus cr&iacute;menes y no se la pod&iacute;a culpar en el presente por los actos del pasado: &ldquo;No podemos dejarnos convertir en rehenes de lo pol&iacute;ticamente correcto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente venci&oacute; la eficiencia del producto. El mejor del mercado. Ahora, un gu&iacute;a de Berl&iacute;n nos explica que el Protectosil impregna los enormes bloques por deseo del autor para poner de manifiesto la implicaci&oacute;n de la empresa en los cr&iacute;menes. La perversi&oacute;n del relato hasta en las visitas guiadas.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a los derechos del producto qu&iacute;mico los tiene la empresa BASF Espa&ntilde;ola S.A., que seg&uacute;n la historia oficial de la propia entidad fue creada en el a&ntilde;o 1966. Antes no existi&oacute; en el relato oficial de la corporaci&oacute;n. Una buena capa de Protectosil sobre la historia de la filial espa&ntilde;ola de la empresa suministradora del gas que asesin&oacute; a millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial. Capas de olvido, p&aacute;tinas de pintura, y litros de Protectosil para impedir escribir sobre la memoria de empresas, c&oacute;mplices y responsables que han anotado con sangre los balances y las cuentas de resultados.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la represi&oacute;n franquista se tiende a analizar y valorar &uacute;nicamente desde el punto de vista social y pol&iacute;tico olvidando, sobre todo en el debate p&uacute;blico, la importancia que tuvo la represi&oacute;n econ&oacute;mica y la obtenci&oacute;n de beneficios&nbsp;empresariales y patrimoniales relacionados con la opresi&oacute;n de libertades. No escatimaron en modos y formas de extraer las rentas y los bienes de los perdedores de la guerra. Algunas de las empresas m&aacute;s cercanas a las elites franquistas usaron&nbsp;mano de obra forzada &ndash;rojos, vagos y maleantes&ndash; apelando al&nbsp;programa de redenci&oacute;n de penas por el trabajo ideado por el jesuita Antonio P&eacute;rez del Pulgar. Otras empresas se aprovecharon de la represi&oacute;n de sus competidores por pertenecer al bando fiel a la legalidad republicana y otras, simplemente, se lucraron gracias a la cercan&iacute;a con el dictador Francisco Franco cuando el r&eacute;gimen efectu&oacute; su inmensa labor de obra p&uacute;blica, carreteras, monumentos, reconstrucci&oacute;n de pueblos, ciudades y pantanos. Tr&aacute;fico de influencias, corrupci&oacute;n, nepotismo y enchufes. Como dios manda. Adem&aacute;s, el franquismo propici&oacute; unas condiciones laborales muy ventajosas para las empresas que se acercaban a las oligarqu&iacute;as del dictador.
    </p><p class="article-text">
        No exist&iacute;a el sindicalismo ni se pod&iacute;an negociar condiciones&nbsp;salariales y de trabajo dignas. Todo eran ventajas para el libre&nbsp;desarrollo del capitalismo espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Algunas empresas que cotizan en el IBEX 35, como Naturgy, OHL o Iberdrola, se lucraron con la represi&oacute;n y el modelo aut&aacute;rquico que impuso el dictador y, hoy d&iacute;a, siguen sin reparar a las v&iacute;ctimas. Es una obviedad que muchas de ellas no exist&iacute;an durante el franquismo tal como las conocemos, pero muchas de las que hoy operan en la bolsa espa&ntilde;ola han sido constituidas a base de adquisiciones de otras empresas y absorci&oacute;n de otras muchas que no solo trabajaban durante el franquismo, sino que se lucraron de forma directa gracias a la represi&oacute;n durante la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        En el archivo del diario ABC existe una fotograf&iacute;a realizada durante la construcci&oacute;n de El Valle de los Ca&iacute;dos. En el reverso de la instant&aacute;nea aparece una anotaci&oacute;n manuscrita en la que se advierte de la necesidad de borrar el cartel de la constructora Huarte que aparece en la imagen. La r&uacute;brica es un perfecto ejemplo que sirve para ilustrar c&oacute;mo las grandes empresas espa&ntilde;olas intentan borrar, con la connivencia de los medios de comunicaci&oacute;n y los gobiernos de esta democracia, los vestigios de la instrumentalizaci&oacute;n que hicieron del franquismo para construir su imperio econ&oacute;mico. Mantener la apariencia ocultando el modo en el que se hicieron ricos.
    </p><p class="article-text">
        La apariencia. El elemento troncal que da esplendor al discreto encanto de la burgues&iacute;a. El constructo que le permite desarrollar una ficci&oacute;n que deslumbra a las clases bajas para mostrarse bella y apetecible. Un ejemplo a imitar. Un modelo aspiracional que permita domar los m&aacute;s revolucionarios impulsos de quien no tiene nada o de aquellos a los que se lo han arrebatado. Se trata de mostrar lo atractivo, lo dorado, lo brillante. Lo excitante. Pero ocultar en la trastienda aquello que permiti&oacute; dar lustre a la efigie p&uacute;blica. Guardar en el trastero el cuadro que va deterior&aacute;ndose y envejeciendo mientras muestra a la opini&oacute;n p&uacute;blica un cutis impecable. No desde&ntilde;ar, sin duda, el fruto de aquella explotaci&oacute;n de la miseria ajena, pero ocultar el modo en el que se cosech&oacute;. Reputaci&oacute;n lo llaman en la familia; Responsabilidad Social Corporativa en la empresa; Transici&oacute;n en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no ha existido ning&uacute;n proceso de reparaci&oacute;n ni de indemnizaci&oacute;n por parte de las empresas que participaron de forma activa en la utilizaci&oacute;n de mano de obra esclava ni del expolio del patrimonio de los represaliados, como s&iacute; ocurri&oacute; en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Precisamente para eso ganaron la guerra, para no tener que hacerlo, ni pedir disculpas, ni perder. Algo. Alguna vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Maestre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/desfranquizacion-ausente_1_1469605.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Oct 2019 19:49:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/693f9fab-50b2-480b-97ee-2a33dd68f2fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="24393" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/693f9fab-50b2-480b-97ee-2a33dd68f2fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="24393" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Franquismo S.A.: la desfranquización ausente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/693f9fab-50b2-480b-97ee-2a33dd68f2fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Adelanto editorial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['El granado de Lesbos', viaje a la isla donde la UE abandona a miles de refugiados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/granado-lesbos_1_1561149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b88e44a-97c0-4baf-aaa1-b132d43035ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;El granado de Lesbos&#039;, viaje a la isla donde la UE abandona a miles de refugiados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Primer capítulo del libro 'El grando de Lesbos' (Galaxia Gutemberg)  de la periodista y escritora María Iglesias</p><p class="subtitle">Crónica de los dos viajes realizados por la periodista a la isla griega de Lesbos para documentar la llegada de refugiados tras la crisis de acogida europea de 2015</p></div><p class="article-text">
        <span id="DV-viewer-5991283-1er-Cap-El-Granado-De-Lesbos"></span><a href="https://assets.documentcloud.org/documents/5991283/1er-Cap-El-Granado-De-Lesbos.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Granado De Lesbos - Primer cap&iacute;tulo (PDF)</a>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://assets.documentcloud.org/documents/5991283/1er-Cap-El-Granado-De-Lesbos.txt" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Granado De Lesbos - Primer cap&iacute;tulo (Text)</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Iglesias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/granado-lesbos_1_1561149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 May 2019 19:19:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6b88e44a-97c0-4baf-aaa1-b132d43035ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="9120000" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6b88e44a-97c0-4baf-aaa1-b132d43035ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9120000" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['El granado de Lesbos', viaje a la isla donde la UE abandona a miles de refugiados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6b88e44a-97c0-4baf-aaa1-b132d43035ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Mi maratón contra el cáncer': el duro camino contra un terrible competidor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/maraton-cancer-camino-terrible-competidor_1_3092184.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daa39094-c526-4c51-89f4-eed99d1c2eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portada de &#039;Mi maratón contra el cáncer&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi maratón contra el cáncer</p><p class="subtitle">es una obra póstuma donde Jesús Martín Tapias refleja el amplio e incierto camino de luchar contra la enfermedad</p><p class="subtitle">El libro también tiene un matiz importante de denuncia: el periodista supo que una sencilla prueba podría haberle salvado la vida</p></div><p class="article-text">
        Este martes llega a las librer&iacute;as <em>Mi marat&oacute;n contra el c&aacute;ncer</em> del veterano periodista, recientemente fallecido,<a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/Jesus-Martin-adios-periodista-bueno_6_703139681.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Jes&uacute;s Mart&iacute;n Tapias.</a> En esta obra p&oacute;stuma, el autor relata la forma en que luch&oacute; durante a&ntilde;o y medio contra la terrible enfermedad. A pesar de saber desde el principio las escasas opciones que ten&iacute;a de sobrevivir a un c&aacute;ncer de colon con met&aacute;stasis, Mart&iacute;n Tapias afront&oacute; el reto con un optimismo y una determinaci&oacute;n que se refleja en cada p&aacute;gina del libro.
    </p><p class="article-text">
        En la obra quiso comparar la dureza que supone una prueba de m&aacute;s de 42 kil&oacute;metros, con el largo, incierto y duro camino que debe recorrer el enfermo de c&aacute;ncer. Pero el&nbsp;libro tiene tambi&eacute;n un importante aspecto de denuncia: en su investigaci&oacute;n, el periodista supo que una sencilla prueba preventiva podr&iacute;a haberle salvado la vida.&nbsp;Recogiendo datos de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola Contra el C&aacute;ncer, Tapias revela que, de los 41.000 casos de c&aacute;ncer de colon que se diagnostican cada a&ntilde;o en nuestro pa&iacute;s, el 90%, podr&iacute;an haberse evitado con un simple an&aacute;lisis previo de heces.
    </p><p class="article-text">
        La eficacia de esta prueba de detecci&oacute;n precoz es tan evidente que el Ministerio de Sanidad la incluy&oacute; en la cartera de servicios b&aacute;sicos de la Seguridad Social en 2014, pero, desde entonces, solo cuatro comunidades han implantado este tipo de estudios.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/85b5c9ad-d3dd-4338-b4c4-a251e93f915b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Cap&iacute;tulo: Km 7. &laquo;El sufrimiento es opcional&raquo;</h3><p class="article-text">
        <em>Km 7. &laquo;El sufrimiento es opcional&raquo;</em>El hospital de d&iacute;a es un buen ejemplo de humanidad compartida. All&iacute; es donde se desarrollan los entrenamientos de esta carrera cuya meta es curarse, es decir, donde se inocula la quimioterapia. Ante la gravedad de mi enfermedad, me prescriben seis sesiones, las m&aacute;s agresivas contra ella. La doctora Mercedes Rodr&iacute;guez Garrote, mi onc&oacute;loga, otro ejemplo de profesionalidad impregnada de humanidad, conf&iacute;a en que mi fortaleza f&iacute;sica me ayude a aguantarlo. Me anima, nos anima, y nos explica con pelos y se&ntilde;ales los posibles efectos secundarios que voy a sufrir. No todos, por supuesto, ni siempre al mismo tiempo, pero sin duda es un cat&aacute;logo de horrores a los que es necesario dar por buenos para llegar a la meta.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia es que ahora no queda m&aacute;s remedio que afrontarlos. Los otros, los del marat&oacute;n, son voluntarios. Narra Murakami que &laquo;hab&iacute;a un corredor que dec&iacute;a que, ya desde que empezaba a correr, y luego durante toda la carrera, no hac&iacute;a m&aacute;s que rumiar para sus adentros una frase que le hab&iacute;a ense&ntilde;ado su hermano, que tambi&eacute;n era corredor: Pain is inevitable. Suffering is optional (El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, solo depende de uno mismo)&raquo;
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n es obvia, y la expone el escritor japon&eacute;s: &laquo;Cuando una persona que est&aacute; corriendo piensa: &ldquo;Uf, qu&eacute; duro, no puedo m&aacute;s&rdquo;, lo de la dureza es un hecho inevitable, pero lo de poder o no poder m&aacute;s, eso queda ya al arbitrio del interesado&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su opini&oacute;n, estas palabras resumen de manera clara y concisa lo m&aacute;s importante de un marat&oacute;n. En la m&iacute;a, son aplicables, en parte, al proceso de lucha contra la enfermedad. Los d&iacute;as de tratamiento y posteriores, cuando los efectos secundarios de la quimioterapia son m&aacute;s agudos, es imposible evitar pensar lo duro que es. Lo est&aacute;s sufriendo en carne propia&hellip; mareo, cansancio, diarrea o estre&ntilde;imiento (primero lo uno y luego lo otro o al rev&eacute;s), llagas en la boca, pinchazos en los dedos al tocar cosas fr&iacute;as y ese sabor met&aacute;lico que modifica el gusto de todas las comidas&hellip; Estas son las m&iacute;as, pero cada cual puede a&ntilde;adir las suyas (apenas he sufrido nauseas, pero me cuentan que es de lo peorcito).
    </p><p class="article-text">
        Es duro, s&iacute;, pero hay que tom&aacute;rselo como una bofetada contra la enfermedad, un freno a su avance, una esperanza de curaci&oacute;n&hellip; Debe ser, en definitiva, una mirada de optimismo hacia el futuro. Y hay m&eacute;todos para reducir de forma importante esos efectos tan nocivos.
    </p><p class="article-text">
        El primero, descansar. Deja tu vida en manos de otros y agrad&eacute;ceselo con tu sonrisa. Relativiza tu vida y recuerda que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Ponte en el lugar de quienes no pueden ir a un hospital, porque no existe o porque no pueden pagarlo. Ya sea en Mali o en Estados Unidos, es algo que ocurre con frecuencia en otros lugares del mundo, pero no en Espa&ntilde;a. Tu hospital ser&aacute; mejor o peor, pero seguro que cuenta con los profesionales y los medios adecuados para ayudarte a salir adelante.
    </p><p class="article-text">
        Que tu mente vuele hacia otros lares. Si ver la televisi&oacute;n no te satisface, como es mi caso, y no puedes concentrarte en la lectura, recurre al v&iacute;deo. Una buena pel&iacute;cula puede convertirse en un momento Reiki. Te transporta durante un rato a otros lugares y otras historias. Y haz caso a los siguientes consejos del &laquo;monje que vendi&oacute; su Ferrari&raquo;, es decir, Robin Sharma:
    </p><p class="article-text">
        1.- El dolor es un gran maestro: &laquo;Cuando se fuerzan los l&iacute;mites&hellip; est&aacute;s abriendo reservas f&iacute;sicas y mentales que ni siquiera imaginabas tener&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        2.- Recurre al &laquo;pensamiento opuesto&raquo;: &laquo;El proceso es muy simple: cuando un pensamiento indeseable ocupe el punto focal de tu mente, sustit&uacute;yelo de inmediato por un pensamiento ejemplar. Es como si tu mente fuera un enorme proyector de diapositivas, y cada pensamiento una transparencia. Cuando en la pantalla aparezca una transparencia negativa, sustit&uacute;yela por una positiva&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        3.- No caigas en miedos innecesarios: &laquo;El miedo no es m&aacute;s que un monstruo mental que t&uacute; mismo creas, una corriente negativa de conciencia&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jesús Martín Tapias]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/maraton-cancer-camino-terrible-competidor_1_3092184.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Nov 2017 20:25:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/daa39094-c526-4c51-89f4-eed99d1c2eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="162187" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/daa39094-c526-4c51-89f4-eed99d1c2eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="162187" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA['Mi maratón contra el cáncer': el duro camino contra un terrible competidor]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/daa39094-c526-4c51-89f4-eed99d1c2eaa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Cáncer,Jesús Martín]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
