<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Precariedad laboral]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/precariedad-laboral/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Precariedad laboral]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1004680/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Siguen siendo relevantes los sindicatos para la juventud? “Necesitamos más presencia en los sectores precarios”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/siguen-relevantes-sindicatos-juventud-necesitamos-presencia-sectores-precarios_1_13035499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b37e59df-6a20-4961-b69d-48b1abcea683_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Siguen siendo relevantes los sindicatos para la juventud? “El reto es pasar del ‘yo que sufre’ al ‘nosotros’ que se organiza”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La caída sostenida de afiliación y la precariedad juvenil desafían la capacidad de renovación de las estructuras tradicionales: solo el 18% de los trabajadores de 25 a 44 años está sindicalizado</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/temas/sindicatos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Organizaciones sindicales</a> como CCOO y UGT,<strong> </strong>que mantienen una presencia s&oacute;lida entre trabajadores con trayectorias estables, est&aacute;n encontrando mayores dificultades para integrar a quienes se incorporan al mercado laboral y a quienes ocupan posiciones m&aacute;s vulnerables, apuntan las conclusiones del &uacute;ltimo estudio de la Organizaci&oacute;n para la Cooperaci&oacute;n y el Desarrollo Econ&oacute;micos (OCDE) recogidas por Funcas.
    </p><p class="article-text">
        El dato que m&aacute;s inquieta a las grandes centrales no es tanto la ca&iacute;da sostenida de la afiliaci&oacute;n como su reparto por edades. Entre los asalariados de 25 a 44 a&ntilde;os, solo el 18% de quienes trabajan a tiempo completo est&aacute; afiliado; entre los de 45 a 64 a&ntilde;os, el porcentaje sube al 26%. La brecha se agranda entre los j&oacute;venes con contratos parciales: apenas un 10% est&aacute; sindicalizado.
    </p><h2 class="article-text">De la rebeld&iacute;a democr&aacute;tica a la normalizaci&oacute;n de los derechos</h2><p class="article-text">
        La afiliaci&oacute;n sindical en Espa&ntilde;a lleva m&aacute;s de dos d&eacute;cadas descendiendo. A comienzos de los 2000 rondaba el 15% de los asalariados; hoy se sit&uacute;a en el 12%-13%. Para Carlos Guti&eacute;rrez, secretario de Estudios y Discurso de CCOO, comparar la afiliaci&oacute;n juvenil actual con la de la Transici&oacute;n es comparar &ldquo;dos mundos laborales completamente distintos&rdquo;. En los a&ntilde;os setenta el pa&iacute;s era demogr&aacute;ficamente joven, con incorporaci&oacute;n temprana al trabajo, muy masculina y un gran peso industrial.
    </p><p class="article-text">
        Guti&eacute;rrez explica que las reivindicaciones laborales chocaban con un r&eacute;gimen autoritario, &ldquo;afiliarse era un acto de rebeld&iacute;a democr&aacute;tica&rdquo;. Fernando Luj&aacute;n, vicesecretario general de Pol&iacute;tica Sindical de UGT, coincide. Durante la Transici&oacute;n, recuerda, hab&iacute;a un anhelo profundo de libertad sindical. &ldquo;Derechos que hoy parecen b&aacute;sicos &mdash;negociaci&oacute;n colectiva, protecci&oacute;n social, el propio Estatuto de los Trabajadores&mdash; costaron c&aacute;rcel y vidas&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        La conquista colectiva se ha convertido en suelo asumido. Hoy esos derechos forman parte del paisaje institucional y esa normalizaci&oacute;n tiene un efecto parad&oacute;jico: reduce la percepci&oacute;n de urgencia. &ldquo;Muchos j&oacute;venes han crecido con esos derechos ya consolidados y no siempre identifican al sindicato como su origen&rdquo;, se&ntilde;ala Luj&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una particularidad del modelo nacional: no es necesario estar afiliado para beneficiarse de los convenios colectivos. Lo que reduce el incentivo formal a afiliarse y obliga a las organizaciones a redoblar esfuerzos de presencia y pedagog&iacute;a. En comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses de la Europa occidental, el informe sit&uacute;a a Espa&ntilde;a en una posici&oacute;n intermedia &mdash;similar a Alemania, Italia o Pa&iacute;ses Bajos&mdash;, lejos de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos, donde la afiliaci&oacute;n alcanza a dos tercios de los trabajadores.
    </p><h2 class="article-text">Trabajar m&aacute;s tarde, trabajar peor</h2><p class="article-text">
        Gal&middot;la Torres, reci&eacute;n graduada en Barcelona tras completar sus estudios universitarios &mdash;en el &aacute;mbito de las ciencias sociales&mdash;, se enfrenta ahora a sus primeros empleos. &ldquo;La precariedad es una de las problem&aacute;ticas comunes con las que nos enfrentamos cuando entramos al mundo laboral&rdquo;, resume. A su parecer, su generaci&oacute;n accede a trabajos marcados por contratos mal remunerados, la normalizaci&oacute;n de las horas extra y, en general, condiciones laborales poco favorables.
    </p><p class="article-text">
        Samuel Albuquerque, que tambi&eacute;n acaba de finalizar su formaci&oacute;n &mdash;en su caso, vinculada al &aacute;mbito de la empresa y la gesti&oacute;n&mdash; y da sus primeros pasos profesionales, a&ntilde;ade otro &aacute;ngulo al diagn&oacute;stico. &ldquo;Gran parte del problema est&aacute; en la poca instrucci&oacute;n que recibimos&rdquo;, sostiene. A su juicio, durante la etapa educativa apenas se informa sobre el papel y la existencia de los sindicatos, su funci&oacute;n en la defensa de los trabajadores o c&oacute;mo pueden intervenir ante situaciones de abuso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El retraso en la incorporaci&oacute;n al mercado laboral es otro elemento clave: se estudia m&aacute;s tiempo y se accede m&aacute;s tarde al mundo laboral. Y la afiliaci&oacute;n, recuerdan los sindicatos, se produce sobre todo en los centros de trabajo. &ldquo;Si te incorporas de forma tard&iacute;a y adem&aacute;s lo haces con contratos temporales, en sectores precarizados o en empresas peque&ntilde;as, el v&iacute;nculo es mucho m&aacute;s fr&aacute;gil&rdquo;, explica Guti&eacute;rrez.
    </p><p class="article-text">
        La temporalidad no solo afectan a las condiciones laborales, sino tambi&eacute;n al sentimiento de pertenencia. Los datos respaldan esa idea: entre los mayores de 45 a&ntilde;os, la brecha por tipo de jornada casi desaparece (24% de afiliaci&oacute;n en parcial y 26% en completa). Entre los j&oacute;venes, en cambio, la precariedad act&uacute;a como barrera de entrada. &ldquo;Donde hay estabilidad y representaci&oacute;n, el v&iacute;nculo crece&rdquo;, resume Luj&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Organizar colectivamente a trabajadores que rotan, encadenan contratos o compaginan empleo y estudios es m&aacute;s complejo. Gal&middot;la lo expresa de forma directa: &ldquo;Siento los sindicatos un poco lejanos, como si a&uacute;n no estuviera asentada para afiliarme&rdquo;. Una distancia que no nace necesariamente del rechazo, sino de la provisionalidad. Samuel tampoco se ha planteado afiliarse por ahora. &ldquo;No lo descarto, pero todav&iacute;a no me dedico a tiempo completo a mi profesi&oacute;n&rdquo;, explica.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Si sufro solo, no me sirve el sindicato&rdquo;</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los factores estructurales, desde el &aacute;mbito sindical se se&ntilde;ala un cambio cultural de fondo. &ldquo;La juventud vive muchas veces sus problemas laborales de manera individual&rdquo;, apunta un responsable sindical. &ldquo;La precariedad se sufre en casa, con ansiedad, incluso con culpa. El reto es pasar de ese &lsquo;yo que sufre&rsquo; a un &lsquo;nosotros&rsquo; que organiza y politiza ese malestar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El joven en sus primeros pasos profesionales observa esa misma l&oacute;gica en su entorno. &ldquo;Aunque algunas cosas no nos gustan, las aceptamos&rdquo;, reconoce Samuel. &ldquo;Ese conformismo, unido al desconocimiento de los derechos laborales, act&uacute;a como freno a la sindicalizaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suman prejuicios persistentes. &ldquo;Escuchamos que [los sindicatos] &lsquo;no sirven para nada&rsquo;, que &lsquo;solo est&aacute;n en grandes empresas&rsquo;, que &lsquo;est&aacute;n politizados&rsquo; o que &lsquo;son cosa de gente mayor&rsquo;&rdquo;, explica la responsable de Juventud de CCOO en Extremadura. &ldquo;Muchas veces esa percepci&oacute;n viene de fuera. Pero cuando alguien tiene un problema concreto y recibe apoyo colectivo, cambia radicalmente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La estigmatizaci&oacute;n tambi&eacute;n pesa. Desde el sindicato se habla de una &ldquo;criminalizaci&oacute;n de la acci&oacute;n sindical&rdquo; en un contexto de creciente crispaci&oacute;n pol&iacute;tica que desincentiva implicarse. &ldquo;Hay quien piensa: &lsquo;No me meto en jaleos&rsquo;. Ese miedo a exponerse influye&rdquo;. En la misma l&iacute;nea, la estudiante Gal&middot;la, lo resume as&iacute;: &ldquo;Deber&iacute;amos estar m&aacute;s motivados a sindicalizarnos y defender algo bastante compartido: que las condiciones laborales tienen que cambiar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s que salario: proyecto de vida</h2><p class="article-text">
        Las preocupaciones de la juventud no se limitan al salario. Seg&uacute;n los datos del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica (INE), Espa&ntilde;a se situ&oacute; a principios de 2026 en una tasa de paro juvenil del 25%, una de las m&aacute;s altas de la Uni&oacute;n Europea. La estudiante reci&eacute;n graduada defiende que: &ldquo;No se trata solo de cobrar m&aacute;s, sino de poder imaginar un futuro digno&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el &aacute;mbito sindical, la responsable de Juventud de CCOO en Extremadura ampl&iacute;a el foco: el problema no es &uacute;nicamente la precariedad, sino tambi&eacute;n la falta de oportunidades y la emigraci&oacute;n juvenil. &ldquo;Muchos j&oacute;venes no saben si podr&aacute;n quedarse, emanciparse o consolidar un proyecto de vida. El sindicalismo tambi&eacute;n tiene que dar respuesta a un modelo productivo que no ofrece certezas&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, cuestiones como la vivienda, la conciliaci&oacute;n o la salud mental han ganado peso en el debate. Pero no son &aacute;mbitos aislados. &ldquo;La vivienda depende del salario. La salud mental est&aacute; atravesada por la precariedad. La conciliaci&oacute;n tiene que ver con las jornadas&rdquo;, explica la dirigente sindical. &ldquo;El error es separar estas luchas cuando forman parte del mismo conflicto: c&oacute;mo se reparten la riqueza y el tiempo de vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Samuel pone el acento en otro aspecto: la comunicaci&oacute;n. A su juicio, los sindicatos deber&iacute;an revisar qu&eacute; necesidades cubr&iacute;an originalmente y recuperar la idea de comunidad, m&aacute;s all&aacute; del acompa&ntilde;amiento en conflictos individuales. &ldquo;Hace falta reconstruir ese sentimiento de colectivo y aprovechar mejor las herramientas actuales para llegar a la gente joven&rdquo;, plantea. Y a&ntilde;ade una clave: &ldquo;Hay que poner en valor lo que aporta la cohesi&oacute;n a la hora de defender a los trabajadores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el sindicato insisten en que el cambio es ineludible. &ldquo;Necesitamos m&aacute;s presencia en sectores precarios y emergentes, mayor apertura en la toma de decisiones y m&aacute;s pedagog&iacute;a temprana sobre derechos laborales&rdquo;, se&ntilde;ala la responsable de Juventud. &ldquo;El sindicalismo del futuro no puede hablar sobre la juventud; tiene que construirse con la juventud&rdquo;, concluye.
    </p><h2 class="article-text">Renovarse para no envejecer</h2><p class="article-text">
        Aunque el 66% de los asalariados espa&ntilde;oles nunca se ha afiliado a un sindicato, seg&uacute;n los datos recogidos por Funcas, los dirigentes rechazan la idea de un declive irreversible. &ldquo;El sindicalismo confederal no est&aacute; en riesgo de desaparecer&rdquo;, afirma Guti&eacute;rrez. Pero reconoce que est&aacute; en juego su modelo: uno de car&aacute;cter sociopol&iacute;tico, que no solo negocie salarios, sino que intervenga en debates como vivienda, sanidad o educaci&oacute;n, frente a un sindicalismo m&aacute;s corporativo y fragmentado.
    </p><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o para los sindicatos es demostrar que, en este nuevo contexto, la organizaci&oacute;n colectiva sigue siendo &uacute;til para disputar el reparto del salario, del tiempo y del futuro. Guti&eacute;rrez apunta a la importancia de la representaci&oacute;n descriptiva: &ldquo;Si queremos conectar con la gente joven, tenemos que abrir espacios de responsabilidad a j&oacute;venes, que hablen su idioma y compartan experiencias vitales&rdquo;.<strong> </strong>Porque, como resume Nicol&aacute;s Molina, &ldquo;la juventud no solo quiere trabajar; quiere poder vivir con dignidad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Llargués]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/siguen-relevantes-sindicatos-juventud-necesitamos-presencia-sectores-precarios_1_13035499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:45:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b37e59df-6a20-4961-b69d-48b1abcea683_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="190200" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b37e59df-6a20-4961-b69d-48b1abcea683_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="190200" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Siguen siendo relevantes los sindicatos para la juventud? “Necesitamos más presencia en los sectores precarios”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b37e59df-6a20-4961-b69d-48b1abcea683_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sindicalismo,Sindicatos,Trabajo,Transición española,UGT - Unión General de Trabajadores,CCOO - Comisiones Obreras,Jóvenes,Precariedad,Precariedad laboral,temporalidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Orientadores laborales de Andalucía se plantan contra la Junta por sus empleos "precarios": "¿Quién ayuda al que ayuda?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/orientadores-laborales-andalucia-plantan-junta-empleos-precarios-ayuda-ayuda_1_13102641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e96149d9-cad6-4453-9f77-0c9d917c9a50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Orientadores laborales de Andalucía se plantan contra la Junta por sus empleos &quot;precarios&quot;: &quot;¿Quién ayuda al que ayuda?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una plataforma pide al Ejecutivo regional mejorar el salario de los casi 800 profesionales que trabajan en Andalucía Orienta porque han perdido poder adquisitivo desde que se congelaron los salarios en 2014</p><p class="subtitle">“El partido de las clases medias y trabajadoras”: Moreno saca pecho con el PP andaluz y le insta a “no confiarse”</p></div><p class="article-text">
        Acompa&ntilde;an a personas desempleadas a encontrar trabajo, dise&ntilde;an itinerarios de inserci&oacute;n y sostienen Andaluc&iacute;a Orienta, una de las principales pol&iacute;ticas activas de empleo de la Junta de Andaluc&iacute;a, pero cada vez les cuesta m&aacute;s sostener su propia vida. &ldquo;No llego ni al d&iacute;a 10&rdquo;, lamenta Esteban Robles, un orientador laboral en Granada con casi dos d&eacute;cadas de experiencia que acaba de iniciar un movimiento entre sus compa&ntilde;eros para reclamarle al Ejecutivo regional mejores condiciones salariales.
    </p><p class="article-text">
        Lo que comenz&oacute; como una conversaci&oacute;n entre compa&ntilde;eras ha terminado en una movilizaci&oacute;n que no para de crecer: <a href="https://www.change.org/p/actualizaci%C3%B3n-salarial-en-los-programas-de-empleo-en-andaluc%C3%ADa?recruiter=48585258&amp;recruited_by_id=1346f9d0-8fa4-0130-7e4a-3c764e0455b2&amp;utm_source=share_petition&amp;utm_campaign=petition_dashboard&amp;utm_medium=copylink&amp;share_id=zRGSZnZ4VV" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s de un millar de firmas recogidas</a> en pocas semanas, contactos con grupos parlamentarios como Adelante Andaluc&iacute;a y una denuncia que apunta directamente al modelo sobre el que se articula el programa Andaluc&iacute;a Orienta: en toda la comunidad aut&oacute;noma son 722 profesionales los que trabajan en este dispositivo, que atiende cada a&ntilde;o a m&aacute;s de 150.000 personas en b&uacute;squeda de empleo.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, mientras ayudan a otros a buscar empleo, sienten que el suyo es precario. &ldquo;Ahora es lo normal que la persona a la que ayudas a encontrar trabajo cobre m&aacute;s que t&uacute;&rdquo;, explica Robles. Lo que antes era una excepci&oacute;n se ha convertido, dice, en la norma. Y no es s&oacute;lo una percepci&oacute;n: muchos de estos profesionales perciben salarios en torno a los 1.400 euros netos mensuales, apenas unos 200 euros por encima del salario m&iacute;nimo. Ese desfase, sostienen, no es coyuntural, sino estructural.
    </p><h2 class="article-text">Sueldos congelados desde hace una d&eacute;cada</h2><p class="article-text">
        El origen del problema est&aacute; en la financiaci&oacute;n. El programa Andaluc&iacute;a Orienta, creado en 2003, no se ejecuta directamente desde la Junta, sino a trav&eacute;s de entidades colaboradoras -ayuntamientos, organizaciones del tercer sector o fundaciones- que reciben subvenciones del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) para contratar a los t&eacute;cnicos. Lo que hace que estas entidades no siempre puedan aportar m&aacute;s dinero para completar los salarios, pese a que desde el Gobierno regional lo se&ntilde;alan como soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un informe elaborado por los propios profesionales, el coste m&aacute;ximo subvencionable por orientador apenas ha variado en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os y permanece congelado desde 2014, cuando se fij&oacute; en algo m&aacute;s de 32.000 euros anuales. Aunque desde que en 2004 se regul&oacute; por primera vez Andaluc&iacute;a Orienta se han incrementado los salarios un 20%, la inflaci&oacute;n acumulada en la &uacute;ltima d&eacute;cada -en torno al 25-30%- ha limitado el dinero que queda en la cuenta de estos trabajadores a final de mes, provocando una p&eacute;rdida de entre 8.000 y 10.000 euros anuales por t&eacute;cnico. Es decir, el sistema funciona hoy con menos recursos reales que hace diez a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia de esta p&eacute;rdida de poder adquisitivo no es menor. Se traduce en salarios bajos, en rotaci&oacute;n de personal y en dificultades para sostener equipos estables. &ldquo;Hace 20 a&ntilde;os el sueldo no estaba mal, pero ahora no llego a mitad de mes&rdquo;, explica Esteban Robles. &ldquo;Estamos en esto porque nos gusta acompa&ntilde;ar a las personas, pero cada vez cuesta m&aacute;s mantener esa implicaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El deterioro no afecta s&oacute;lo a las condiciones laborales, advierten. Tiene impacto directo en el servicio. Los orientadores trabajan, en muchos casos, con personas en situaci&oacute;n de especial vulnerabilidad: desempleo de larga duraci&oacute;n, falta de formaci&oacute;n, discapacidad o entornos de exclusi&oacute;n. &ldquo;Hay que hacer un acompa&ntilde;amiento integral, desde cuestiones administrativas b&aacute;sicas hasta ir con ellas a entrevistas. Estamos hablando casi de trabajo social&rdquo;, cuenta Esteban Robles. En ese contexto, la precarizaci&oacute;n de quienes sostienen el sistema introduce una tensi&oacute;n evidente: la pol&iacute;tica p&uacute;blica que pretende mejorar la empleabilidad se apoya en condiciones laborales que la debilitan.
    </p><h2 class="article-text">Un modelo externalizado</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, el conflicto no se limita a los salarios. Apunta al propio dise&ntilde;o del programa. Los orientadores no son personal de la Junta, sino trabajadores contratados por entidades que dependen casi en exclusiva de la financiaci&oacute;n p&uacute;blica. Ese esquema, denuncian, genera un bucle dif&iacute;cil de romper. &ldquo;La Junta siempre deriva la responsabilidad en las entidades, pero esas entidades no pueden pagarnos m&aacute;s porque dependen totalmente de esa financiaci&oacute;n&rdquo;, explica Robles. &ldquo;Est&aacute;n al l&iacute;mite y no pueden asumir mejoras por su cuenta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Consejer&iacute;a de Empleo, sin embargo, el argumento va m&aacute;s all&aacute; y se&ntilde;alan al Gobierno central. Fuentes oficiales aseguran que no existe margen para aumentar la financiaci&oacute;n porque los programas se nutren de fondos estatales procedentes de la conferencia sectorial, que, dicen, llevan cuatro a&ntilde;os congelados. &ldquo;No podemos aumentar la partida&rdquo;, sostienen. 
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n no convence a los profesionales, que sit&uacute;an el problema en una escala temporal m&aacute;s amplia, recordando que en otras comunidades aut&oacute;nomas la situaci&oacute;n de los mismos trabajadores es sensiblemente mejor. La congelaci&oacute;n, recuerdan, no es de cuatro a&ntilde;os, sino de m&aacute;s de una d&eacute;cada. Y, adem&aacute;s, se&ntilde;alan que en otras comunidades aut&oacute;nomas con el mismo marco estatal s&iacute; se han introducido mecanismos de actualizaci&oacute;n salarial.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, la Junta asegura estar abierta al di&aacute;logo, pero dice no conocer a los impulsores de la movilizaci&oacute;n. &ldquo;No sabemos qui&eacute;nes son ni se han puesto en contacto con la Consejer&iacute;a&rdquo;, se&ntilde;alan, apuntando a la Asociaci&oacute;n Sindical Profesional de Orientadores de Andaluc&iacute;a (APAO) como interlocutor habitual.  Sin embargo, el movimiento que est&aacute; emergiendo se ha articulado precisamente al margen de esas estructuras y ha logrado en pocas semanas, sin siglas, un respaldo significativo dentro del sector.
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras la Junta articula una soluci&oacute;n, el malestar sigue creciendo. &ldquo;Antes le&iacute;as lo de los trabajadores pobres y te parec&iacute;a algo lejano. Ahora eres t&uacute;&rdquo;, lamenta Robles. Un lamento que explica lo que sienten estos profesionales: de acompa&ntilde;ar la precariedad a formar parte de ella. Por eso, para el impulsor de este movimiento, hay una pregunta que ha dejado de ser ret&oacute;rica: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n ayuda a quien ayuda?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/orientadores-laborales-andalucia-plantan-junta-empleos-precarios-ayuda-ayuda_1_13102641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 04:00:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e96149d9-cad6-4453-9f77-0c9d917c9a50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="150686" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e96149d9-cad6-4453-9f77-0c9d917c9a50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="150686" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Orientadores laborales de Andalucía se plantan contra la Junta por sus empleos "precarios": "¿Quién ayuda al que ayuda?"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e96149d9-cad6-4453-9f77-0c9d917c9a50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Junta de Andalucía,Empleo,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Profesoras de las escuelas infantiles de Madrid, en huelga frente a la precariedad: "El problema es la privatización"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/profesoras-escuelas-infantiles-madrid-huelga-frente-precariedad-problema-privatizacion_1_13120668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b934871-319a-4d7e-9c79-e0570d082f4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Profesoras de las escuelas infantiles de Madrid, en huelga frente a la precariedad: &quot;El problema es la privatización&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La movilización que comienza este martes 7 de abril está apoyada por las familias: "Valoran nuestro trabajo y cuando se enteran de lo que cobramos, flipan"</p><p class="subtitle">Las escuelas infantiles de Madrid convocan una huelga indefinida: “No se puede vivir con el salario mínimo”
</p></div><p class="article-text">
        Las profesoras de las escuelas infantiles (de 0 a 3 a&ntilde;os) de la Comunidad de Madrid comienzan este martes 7 de abril una huelga indefinida con la que quieren denunciar la falta de atenci&oacute;n institucional y exigir mejoras en sus condiciones laborales. Desde la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI) defienden que quieren dignificar un sector que se siente abandonado por la <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/lomloe-ano-iii-ruido-nueva-ley-no-cambios-aula-hay-profesores-no-creen_1_12454666.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nueva ley de educaci&oacute;n</a>, que no inclu&iacute;a ninguna mejora en las escuelas de ni&ntilde;os de 0 a 3. La plataforma exige, principalmente, una reducci&oacute;n de las ratios que establecen la cantidad de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as por profesora, y unas condiciones que se asemejen a las que se regularon para el resto de etapas educativas en la LOMLOE.
    </p><p class="article-text">
        Rosa Mar&iacute;n, portavoz de la PLEI, explicaba en una conversaci&oacute;n con elDiario.es que las movilizaciones empezaron &ldquo;cuando el Gobierno de Pedro S&aacute;nchez anunci&oacute; la nueva ley educativa a las puertas de una escuela infantil&rdquo;. Mar&iacute;n pens&oacute; que esta ley incluir&iacute;a modificaciones para este sector, y se sorprendi&oacute; cuando &ldquo;simplemente lo dejaron en la gratuidad de las familias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Plataforma defienden que el malestar de las profesoras del 0-3 no es algo nuevo, pero &ldquo;ya empieza a ser insostenible&rdquo;. Las profesoras llevan ya tres a&ntilde;os organiz&aacute;ndose desde todas las comunidades aut&oacute;nomas, recogiendo las quejas de todas las compa&ntilde;eras, para conseguir legislar estas mejores condiciones laborales a nivel estatal. Mar&iacute;n, adem&aacute;s, reconoce que incluso presentaron una proposici&oacute;n no de ley en el Congreso de los Diputados. 
    </p><p class="article-text">
        Las educadoras m&aacute;s organizadas, seg&uacute;n explican desde la PLEI, son las de la capital. Saldr&aacute;n a las calles desde este martes 7 de abril, donde reclamar&aacute;n, adem&aacute;s, la implementaci&oacute;n de la pareja educativa como recurso de organizaci&oacute;n pedag&oacute;gica, la atenci&oacute;n temprana dentro del sistema educativo, salarios que se asemejen a los de los educadores del segundo ciclo (de 3 a 6 a&ntilde;os), mejoras en las instalaciones educativas (calefacci&oacute;n, goteras, sombra en los patios...), mayor descanso para los ni&ntilde;os durante el calendario escolar, mayores inversiones y, en general, una mejor calidad para los m&aacute;s peque&ntilde;os durante su estancia en las escuelas. 
    </p><p class="article-text">
        Las trabajadoras del PLEI denunciaban que, en la capital, se cre&oacute; la Red P&uacute;blica de Escuelas Infantiles del Ayuntamiento de Madrid, que promet&iacute;a mejoras como subida de salarios e implementaci&oacute;n de la pareja educativa, pero que &ldquo;actualmente nada de eso existe, se lo han cargado&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/96a32e74-61c3-49b1-9369-67ddc435bfbd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Manifestación del PLEI"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manifestación del PLEI                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Un conflicto de las trabajadoras con las instituciones p&uacute;blicas</h2><p class="article-text">
        La consejera de Educaci&oacute;n, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid, Mercedes Zarzalejo, aseguraba el pasado viernes 27 de marzo que la huelga de profesoras surg&iacute;a de un conflicto entre las trabajadoras y las empresas contratantes. Zarzalejo confiaba en que todo se resolver&iacute;a mediante negociaciones entre ambas partes antes de recurrir a la huelga indefinida que comienza este martes. &ldquo;Lo que nos corresponde en estas situaciones es garantizar los servicios m&iacute;nimos en todas esas escuelas infantiles para que las familias puedan seguir llevando a los ni&ntilde;os a las escuelas y no tengan ning&uacute;n tipo de perjuicio&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; la consejera.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Plataforma Laboral de Educaci&oacute;n Infantil subrayan que Mercedes Zarzalejo &ldquo;est&aacute; muy equivocada&rdquo;. &ldquo;Este conflicto es de las trabajadoras con las instituciones p&uacute;blicas&rdquo;, explica Rosa Mar&iacute;n a elDiario.es. Rosa a&ntilde;ade que estas instituciones &ldquo;son las responsables de dotar de medios, de recursos y de dignidad al 0-3, y ya es hora de que se dejen de pasar la pelota de unos a otros y que hagan su trabajo&rdquo;. Frente a los escasos recursos que reciben las escuelas en esta etapa educativa, Mar&iacute;n sostiene que &ldquo;las empresas no pueden m&aacute;s&rdquo;. A trav&eacute;s de un comunicado de la PLEI, insisten en que las profesoras viven un &ldquo;marco de precariedad impuesto por las instituciones p&uacute;blicas, a trav&eacute;s de su falta de responsabilidad e inversi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rosa lo tiene claro: &ldquo;El delegado de Pol&iacute;ticas Sociales, Familia e Igualdad en el Ayuntamiento de Madrid, Jos&eacute; Fern&aacute;ndez S&aacute;nchez, ni nos recibe. Es como si la cosa no fuera con &eacute;l. Es el que gestiona las escuelas del Ayuntamiento. Este conflicto va contra el Ministerio. No intenten desvirtuar con que vamos contra la patronal ni contra las empresas. No. Es que queremos m&aacute;s financiaci&oacute;n y queremos normativas, inspecciones y queremos de verdad poder ejercer nuestro trabajo en condiciones dignas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La PLEI recuerda que las reivindicaciones van dirigidas a la Comunidad de Madrid, &ldquo;por el mantenimiento de una financiaci&oacute;n insuficiente que asfixia a los centros y condena al personal a salarios que rozan el m&iacute;nimo profesional&rdquo;; al Ayuntamiento de Madrid, &ldquo;por la falta de una apuesta decidida que blinde la calidad educativa por encima del ahorro presupuestario y de igual manera que el Ayuntamiento condena al personal a salarios muy precarios&rdquo;; y a los agentes institucionales, &ldquo;por perpetuar un modelo que trata la etapa 0-3 como un servicio de 'guarder&iacute;a' o conciliaci&oacute;n laboral, en lugar de reconocer su valor pedag&oacute;gico fundamental. Sin ser capaces de regular a nivel estatal la calidad educativa que se le ofrece a la primera infancia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el PSOE registr&oacute; el pasado 18 de febrero una proposici&oacute;n no de ley &ldquo;para reforzar y blindar con una reforma de la actual normativa estatal el primer ciclo de educaci&oacute;n infantil (0-3 a&ntilde;os)&rdquo;, que pretend&iacute;a que &ldquo;se garantizaran est&aacute;ndares homog&eacute;neos de ratios, equidad territorial y que las aulas cuenten con dos educadores para garantizar una atenci&oacute;n a los menores de manera m&aacute;s individualizada&rdquo;. La Plataforma Estatal de Escuelas fue la encargada de esta iniciativa, que fue apoyada por Sumar y Podemos, y que reconoc&iacute;a que &ldquo;el sistema p&uacute;blico no ha desarrollado un marco estatal s&oacute;lido que garantice condiciones educativas homog&eacute;neas. La financiaci&oacute;n insuficiente o la proliferaci&oacute;n de modelos de gesti&oacute;n externalizada han provocado una situaci&oacute;n de precariedad estructural en el sector&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La portavoz de la Plataforma recuerda que las concentraciones comenzar&aacute;n este mismo martes a las 12.00 horas frente al Ministerio de Educaci&oacute;n; los mi&eacute;rcoles a las 12.00 horas se agrupar&aacute;n frente de la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n, y los jueves a las 18.00 horas, &ldquo;para las <em>compas</em> que no puedan ejercer su derecho a huelga y que econ&oacute;micamente no puedan&rdquo;, se reunir&aacute;n en la Plaza de Callao. Mar&iacute;n defiende que &ldquo;es un sector muy feminizado, y con el salario m&iacute;nimo interprofesional es muy dif&iacute;cil sostener una huelga indefinida&rdquo;. &ldquo;Estamos muy motivadas&rdquo;, explica la portavoz, que insiste en que van a ejercer toda la presi&oacute;n que puedan para resolver el conflicto y conseguir &ldquo;compromisos por parte de la Administraci&oacute;n de unos cambios tangibles en breve&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_50p_1140111.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_50p_1140111.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_75p_1140111.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_75p_1140111.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_default_1140111.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_default_1140111.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/82c092af-c652-431a-b5c2-23d598a5145a_16-9-aspect-ratio_default_1140111.jpg"
                    alt="Manifestación por la educación pública en Madrid"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Manifestación por la educación pública en Madrid                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;Nos dejamos el salario, la salud, pero somos felices&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Las escuelas infantiles trabajan con distintos modelos de gesti&oacute;n (gesti&oacute;n directa e indirecta, tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad de Madrid), por lo que no todas tienen las mismas condiciones laborales, algo que la PLEI define como &ldquo;segregador&rdquo;. Sin embargo, la gran mayor&iacute;a de escuelas son gestionadas de forma indirecta, es decir, por una empresa privada que accede a ello a trav&eacute;s de unos pliegos de condiciones que marca la administraci&oacute;n p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        La baja inversi&oacute;n para las escuelas infantiles ha hecho que muchas profesoras tengan que aportar dinero de su bolsillo para financiar material y recursos que les permitan continuar con sus jornadas y con un pleno desarrollo escolar para los ni&ntilde;os de 0 a 3 a&ntilde;os. &ldquo;Nos dejamos el salario, la salud, pero somos felices. Generalmente, en la dotaci&oacute;n que llega, no hay dinero suficiente&rdquo;, explica Rosa Mar&iacute;n en la misma conversaci&oacute;n telef&oacute;nica. Seg&uacute;n la portavoz, en las escuelas que reciben la gesti&oacute;n directa de las instituciones p&uacute;blicas, el material est&aacute; obsoleto y tienen que recurrir a carros propios para transportarlo entre aulas. En las escuelas de gesti&oacute;n indirecta, la Comunidad &ldquo;no desglosa un presupuesto para material, entonces depende de la empresa, de la buena voluntad que tenga&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las madres y padres tambi&eacute;n apoyan la huelga que empieza este martes 7 de abril. &ldquo;Las familias est&aacute;n a <em>full</em> con nosotras. Al final piensan que nos quedamos con lo m&aacute;s valioso que tienen. La mayor&iacute;a valoran nuestro trabajo y cuando se enteran de lo que cobramos, flipan&rdquo;, recuerda Mar&iacute;n, que sostiene que gran parte de la sociedad &ldquo;no sabe lo mal valoradas y lo precarias que estamos a nivel laboral&rdquo;. La portavoz de la PLEI defiende que lo dif&iacute;cil es gestionar una huelga indefinida para quedarse con los ni&ntilde;os en casa y apoyar: &ldquo;Es complicado. Para eso est&aacute;n los servicios m&iacute;nimos y ellas (las familias) nos apoyar&aacute;n poniendo quejas y ayud&aacute;ndonos en todo lo que podamos. Eso lo tenemos claro&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un sector feminizado</h2><p class="article-text">
        El ratio de ni&ntilde;os por profesora es una de las razones principales que animaron a las educadoras a movilizarse, y reclaman una cantidad &ldquo;acorde a las necesidades de la primera infancia&rdquo; (tres beb&eacute;s, cinco ni&ntilde;os de 1-2 a&ntilde;os y seis ni&ntilde;os de 2-3 a&ntilde;os), que coinciden con las que establece la Uni&oacute;n Europea. Rosa Mar&iacute;n insiste en que las profesoras de educaci&oacute;n infantil viven sus jornadas &ldquo;con mucho agobio, con mucho estr&eacute;s&rdquo;, y que estas condiciones acaban incluso repercutiendo en su salud. Muchas educadoras sufren de hernias discales, problemas de hombros y tendinitis en relaci&oacute;n a las grandes cargas y posturas, adem&aacute;s de diferentes virus, que en muchas ocasiones les obligan a recurrir a bajas m&eacute;dicas, lo que conlleva a la sobrecarga de trabajo de otras compa&ntilde;eras. En Espa&ntilde;a, se dan las mayores ratios de Europa, lo que se traduce en menor atenci&oacute;n individualizada a los m&aacute;s peque&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Desde la Plataforma sostienen que no se trata solo de un problema de infraestructuras y material, sino de la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en una etapa vital de su desarrollo: &ldquo;El problema de todo es la privatizaci&oacute;n y la externalizaci&oacute;n de los servicios. T&uacute; no puedes dar un servicio de calidad con una infrafinanciaci&oacute;n, que es lo que pretenden. Si hablamos de tornillos vale, pero es que estamos hablando de criaturas&rdquo;. En un comunicado de la PLEI, aseguran que &ldquo;la excelencia educativa que tanto prometen solo es posible si se respeta a quienes la hacen realidad cada d&iacute;a en el aula&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Plataforma Laboral de Educaci&oacute;n Infantil explic&oacute; que un 97,4% de las trabajadoras de las escuelas infantiles son mujeres. La organizaci&oacute;n cree que los sectores dedicados al cuidado siempre han estado enfocados a las mujeres, y estos trabajos m&aacute;s feminizados, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;an tener mejores salarios, si siempre se dedicaron a ello de manera desinteresada? Mar&iacute;n cree que la profesionalizaci&oacute;n total de los sectores m&aacute;s femeninos queda lejos a&uacute;n de su reconocimiento social, como ocurre con la limpieza, la cocina, el cuidado de mayores, la enfermer&iacute;a, etc., donde las mujeres trabajan en condiciones laborales muy deficientes, con salarios bajos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Marbán Eguinoa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/madrid/profesoras-escuelas-infantiles-madrid-huelga-frente-precariedad-problema-privatizacion_1_13120668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4b934871-319a-4d7e-9c79-e0570d082f4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="87510" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4b934871-319a-4d7e-9c79-e0570d082f4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="87510" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Profesoras de las escuelas infantiles de Madrid, en huelga frente a la precariedad: "El problema es la privatización"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4b934871-319a-4d7e-9c79-e0570d082f4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Educación,Huelgas,Educación infantil,Escuelas infantiles,Escuelas,Manifestaciones,Condiciones laborales,Precariedad laboral,Derechos laborales,Comunidad de Madrid,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maltratamos a quien nos cuida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/maltratamos-cuida_132_13113219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/958a2486-433b-4ce1-9305-fd63e87b16f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Maltratamos a quien nos cuida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cientos de mujeres trabajadoras —casi la totalidad son mujeres— realizan tareas vitales en el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD), pero son invisibilizadas. Las maltratamos laboralmente, legalmente y socialmente. Mal termómetro para medir nuestra humanidad</p></div><p class="article-text">
        Es duro ver una protesta de trabajadoras atravesadas por la invisibilidad. Estoy seguro que es un poder que las trabajadoras del Servicios de Ayuda a Domicilio (SAD) no desean. Cobran poco, trabajan mucho, se desplazan en sus veh&iacute;culos cobrando un kilometraje desfasado hace dos d&eacute;cadas y, ante todo, est&aacute;n desamparadas por los m&uacute;ltiples escudos sociales de los que presumimos. Nos interpelan los ganaderos con sus flamantes tractores, las y los docentes con sus salarios dignos congelados desde la anterior crisis econ&oacute;mica &mdash;si es que alg&uacute;n d&iacute;a termin&oacute;&mdash;. Nos enternecen los pacientes con enfermedades raras y, alguna vez &mdash;pocas&mdash; pensamos en quienes hacen trabajos poco agradables pero imprescindibles para la sociedad. Pero dudo que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n sepa qu&eacute; significan las siglas SAD y quienes las sostienen.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, seg&uacute;n el Ministerio de Derechos Sociales, hay 102.326 personas que, potencialmente, pueden tener una situaci&oacute;n de dependencia seg&uacute;n determina la ley. Esas estad&iacute;sticas nos indican que, en febrero de 2026, hab&iacute;a 17.914 personas con alguno de los tres grados de dependencia reconocidos y, al menos, 1.308 personas ten&iacute;an derecho a SAD, pero son much&iacute;simas m&aacute;s, ya que esta competencia es de los ayuntamientos y, solo en la ciudad de Santander, al a&ntilde;o, hay unas 1.100 personas que reciben servicios de ayuda domiciliaria.
    </p><p class="article-text">
        Las personas, las mujeres, que prestan estos servicios, aquellas que cuidan de quienes m&aacute;s lo necesitan son trabajadoras maltratadas por la legislaci&oacute;n, por las empresas que las contratan y por la sociedad que las ignora. Realmente, el pasado lunes 30 de marzo, esperaba a cientos de ciudadanos frente al Parlamento de Cantabria acompa&ntilde;ando a la veintena de auxiliares del SAD que portaban sus pancartas para pedir, simplemente, que dejen de explotarlas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno lee sus reivindicaciones tambi&eacute;n imaginar&iacute;a que toda la sociedad se deber&iacute;a volcar para que se consigan. Por b&aacute;sicas, por decentes, por necesarias. Miren ustedes: actualizar el kilometraje de los p&iacute;rricos 0,18 euros/kil&oacute;metro hasta los 0,26 euros/kil&oacute;metro; un nuevo plus de desplazamiento; otro plus por desgaste de herramientas derivado del uso del veh&iacute;culo propio; un incremento del salario base hasta equipararlo, al menos, al Salario M&iacute;nimo Interprofesional; el reconocimiento profesional de las auxiliares como personal sociosanitario; recuperar un modelo de gesti&oacute;n p&uacute;blica del servicio y su municipalizaci&oacute;n; y el reconocimiento de las enfermedades musculoesquel&eacute;ticas como enfermedades profesionales.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un sistema de cuidados justo, que trate con dignidad a las personas beneficiarias y con justicia a las trabajadoras es viable, solo hay que invertir lo suficiente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Un incremento del salario base hasta equipararlo, al menos, al Salario M&iacute;nimo Interprofesional (SMI)&rdquo;. La situaci&oacute;n es tan dram&aacute;tica que muchas de ellas no llegan al SMI y en la sopa de siglas lidian con enfermedades laborales no reconocidas, con rascar tiempo a sus vidas porque el transporte de una casa a otra no es contemplado por la mayor&iacute;a de empresas como parte de su jornada laboral y con un trato vejatorio que no contempla su tarea como parte de un hipot&eacute;tico sistema integral de cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Claro, comparar es odioso, pero es duro ver como otros sectores privilegiados &mdash;por sus estudios o por el prestigio social de su profesi&oacute;n&mdash; realizan duras huelgas para exigir sus leg&iacute;timas reivindicaciones y, al tiempo, ver como estas mujeres no dejan su tarea para pedir que, al menos, se les reconozca lo m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo convencer a los lectores de la necesidad de apoyar estas reclamaciones. Solo se me ocurre apelar al sentido com&uacute;n: maltratar a quienes cuidan de las personas m&aacute;s d&eacute;biles es una mala idea a futuro. Pasa igual con muchas de las personas migrantes sin la documentaci&oacute;n legal adecuada que trabajan en el cuidado de mayores o de infancia; pasa algo similar con las trabajadoras &mdash;casi todas mujeres&mdash; de las residencias de mayores o de los centros de d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Yo, que trabajo con y para personas mayores, escucho habitualmente que si se pagara lo justo, el sistema ser&iacute;a inviable. La respuesta es sencilla: una sociedad decide a qu&eacute; dedicar su dinero y eso define su esp&iacute;ritu, su alma. Ahora, impulsados por los matones y presionados por la OTAN, Espa&ntilde;a gasta un 2% de su PIB en Defensa &mdash;es m&aacute;s, pero parte del gasto est&aacute; camuflado&mdash;. Pero los datos nos indican que en Espa&ntilde;a en 2025 solo invertimos en cuidados de larga duraci&oacute;n entre el 0,9% y el 1% de nuestro PIB, muy por debajo del promedio de la OCDE (1,8%) y a una gran distancia de los pa&iacute;ses del norte de Europa, que invierten entre el 3% y el 4%.
    </p><p class="article-text">
        Un sistema de cuidados justo, que trate con dignidad a las personas beneficiarias y con justicia a las trabajadoras es viable, solo hay que invertir lo suficiente. Esta m&aacute;xima se aplica a todos los niveles de la administraci&oacute;n: el estatal, el auton&oacute;mico y el municipal. Es tiempo de cuidar a quien nos cuida. &iquest;Se apunta?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Gómez Nadal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/maltratamos-cuida_132_13113219.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:33:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/958a2486-433b-4ce1-9305-fd63e87b16f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="806754" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/958a2486-433b-4ce1-9305-fd63e87b16f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="806754" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Maltratamos a quien nos cuida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/958a2486-433b-4ce1-9305-fd63e87b16f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Dependencia,Cantabria,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Detenido en A Coruña un empresario que contrataba a extranjeros usando identidades de empleados antiguos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/detenido-coruna-empresario-contrataba-extranjeros-usando-identidades-empleados-antiguos_1_13092946.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90ab2e02-15ff-43df-880e-175337438ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Detenido en A Coruña un empresario que contrataba a extranjeros usando identidades de empleados antiguos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según la policía, su objetivo era ahorrarse el coste de los cursos de preparación necesarios para trabajar en el sector de la limpieza y el mantenimiento</p><p class="subtitle">
Investigado un hostelero de Pontevedra por explotar a 11 personas a las que llevaba de local en local para que trabajasen todo el día</p></div><p class="article-text">
        Agentes de la Polic&iacute;a Nacional han detenido en A Coru&ntilde;a a un hombre como presunto autor de un delito de falsedad documental, por emplear a ciudadanos extranjeros utilizando, supuestamente, la identidad de terceras personas, antiguas trabajadoras de la empresa.
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n, bautizada como Operaci&oacute;n Marka, fue llevada a cabo por el grupo 2 de la UCRIF, y se inici&oacute; tras la denuncia de un ciudadano extranjero que, al consultar su vida laboral, comprob&oacute; que hab&iacute;a sido dado de alta en la Seguridad Social por una empresa en fechas en las que se encontraba trabajando en otra compa&ntilde;&iacute;a distinta, fuera de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La empresa, dedicada a labores de limpieza y mantenimiento, empleaba a ciudadanos de origen extranjero utilizando documentos de identidad de antiguos trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ha explicado la Polic&iacute;a &ndash;y recoge Europa Press&ndash;, el empresario actuaba as&iacute; con la intenci&oacute;n de ahorrarse la cuant&iacute;a de los cursos de preparaci&oacute;n necesarios para el desarrollo de la actividad laboral, obligatorios para los nuevos empleados; as&iacute; como el coste de darlos de alta en la Seguridad Social el tiempo de realizaci&oacute;n de los mismos. De este modo, daba de alta nuevamente a antiguos empleados que ya hab&iacute;an realizado estos cursos.
    </p><p class="article-text">
        Con ello perjudicaba, por un lado, a los trabajadores, que eran contratados en la creencia de que el empresario realizaba todos los tr&aacute;mites para darlos de alta en la Seguridad Social y, posteriormente, descubr&iacute;an que hab&iacute;an desarrollado un trabajo por el que no generaban los correspondientes d&iacute;as de cotizaci&oacute;n, ya que &eacute;stos derivaban en los aut&eacute;nticos titulares de las altas.
    </p><p class="article-text">
        Por el otro, perjudicaba a las empresas para las que realizaba los mantenimientos, ya que elud&iacute;a los sistemas de control de &eacute;stas al estar desarrollando su actividad con personal no cualificado en los cursos en seguridad laboral previamente exigidos, con el consiguiente riesgo a su vez para la salud de los empleados.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, varios de los trabajadores fueron despedidos cuando detectaron que en su contrato figuraba el nombre de un tercero y el empresario se neg&oacute; a subsanarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es Galicia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/detenido-coruna-empresario-contrataba-extranjeros-usando-identidades-empleados-antiguos_1_13092946.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 10:57:51 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/90ab2e02-15ff-43df-880e-175337438ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="214465" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/90ab2e02-15ff-43df-880e-175337438ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="214465" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Detenido en A Coruña un empresario que contrataba a extranjeros usando identidades de empleados antiguos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/90ab2e02-15ff-43df-880e-175337438ae6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Detenciones,Precariedad laboral,Extranjeros,Fraude laboral,A Coruña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Esgotada i desesperada": tres detinguts per forçar una cuidadora interna a treballar 24 hores i sense contracte a Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/esgotada-i-desesperada-tres-detinguts-per-forcar-cuidadora-interna-treballar-24-hores-i-sense-contracte-palma_1_13048964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Esgotada i desesperada&quot;: tres detinguts per forçar una cuidadora interna a treballar 24 hores i sense contracte a Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Els arrestats la sotmetien a condicions de "total explotació" aprofitant la seva situació administrativa irregular i la instaven a amagar-se quan els inspectors de l'àrea de Dependència del Govern acudien al domicili</p><p class="subtitle">"No som criades": 500 euros al mes per treballar de cuidadora per hores per a DomusVi i l'Administració
</p></div><p class="article-text">
        La Policia Nacional ha detingut a Palma tres persones acusades d'explotar laboralment una dona que treballava com a cuidadora interna d'una persona dependent. Els arrestats -dos homes i una dona- estan sent investigats per delictes contra els drets dels treballadors, afavoriment de la immigraci&oacute; irregular, contra la integritat moral, coaccions i amenaces.
    </p><p class="article-text">
        Va ser la pr&ograve;pia v&iacute;ctima qui, malgrat la seva situaci&oacute; d'especial vulnerabilitat -es trobava en situaci&oacute; administrativa irregular i havia rebut reiterades amenaces per part dels seus ocupadors, que li advertien que seria expulsada d'Espanya si acudia a les autoritats-, va decidir denunciar els fets en depend&egrave;ncies policials, assegurant que es trobava &ldquo;esgotada i desesperada&rdquo; per les condicions en qu&egrave; treballava.
    </p><p class="article-text">
        Els agents de la Unitat Central de Xarxes d'Immigraci&oacute; Il&middot;legal i Falsedats Documentals (UCRIF) van donar inici a les investigacions, que van revelar que la dona va arribar a aquesta feina a trav&eacute;s d'una amiga que li va informar de la possibilitat de treballar com a cuidadora interna a Palma. Va acceptar l'oferta i pocs dies despr&eacute;s va comen&ccedil;ar a cuidar un familiar dependent de dos dels ara detinguts, tots ells de nacionalitat espanyola. 
    </p><p class="article-text">
        Segons les indagacions, el treball es va desenvolupar en condicions de &ldquo;total explotaci&oacute;&rdquo;: la dona no tenia contracte laboral i estava obligada a romandre disponible les 24 hores del dia, amb un &uacute;nic dia lliure a la setmana, a canvi de 900 euros mensuals. 
    </p><p class="article-text">
        Els investigadors assenyalen que no li van facilitar els mitjans necessaris per atendre correctament la persona dependent, a la qual havia de moure i netejar les seves femtes i fluids org&agrave;nics a causa de la malaltia immunol&ograve;gica que patia i de la qual la v&iacute;ctima no havia estat informada. Com que no li proporcionaven aquests recursos, no podia adoptar les mesures preventives adequades. 
    </p><p class="article-text">
        La sobrec&agrave;rrega de treball i la manca de mitjans li van provocar lesions en diverses ocasions, per les quals amb prou feines va rebre assist&egrave;ncia sanit&agrave;ria.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Amenaces i ocultacions</strong></h2><p class="article-text">
        Durant la investigaci&oacute;, els agents van comprovar que els sospitosos intentaven ocultar la relaci&oacute; laboral. Quan inspectors de l'&agrave;rea de Depend&egrave;ncia del Govern acudien al domicili, obligaven la dona a amagar-se per evitar que es descobr&iacute;s la seva situaci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El temor dels arrestats era que l'administraci&oacute; auton&ograve;mica pogu&eacute;s retirar determinades ajudes o detectar les condicions en qu&egrave; tenien treballant la cuidadora.
    </p><p class="article-text">
        Segons la Policia, tamb&eacute; amena&ccedil;aven la v&iacute;ctima de forma constant per evitar que abandon&eacute;s la feina. Entre altres coses, li asseguraven que tenien contactes policials -que en realitat no existien- que podien fer que la detinguessin i l'enviessin a pres&oacute; per la seva situaci&oacute; administrativa irregular. Aix&iacute; mateix, li van fer creure que disposaven de c&ograve;pies de la seva documentaci&oacute; per impedir que pogu&eacute;s creuar qualsevol frontera en cas que decid&iacute;s marxar.
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s de les indagacions, el passat dimecres els agents van procedir a la detenci&oacute; dels tres sospitosos.
    </p><p class="article-text">
        La Policia Nacional recorda que qualsevol persona que estigui patint o tingui coneixement de situacions de tr&agrave;fic d'&eacute;ssers humans, explotaci&oacute; sexual o laboral pot denunciar-ho o sol&middot;licitar ajuda a trav&eacute;s del tel&egrave;fon gratu&iuml;t i confidencial 900 10 50 90 o del correu electr&ograve;nic trata@policia.es.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/esgotada-i-desesperada-tres-detinguts-per-forcar-cuidadora-interna-treballar-24-hores-i-sense-contracte-palma_1_13048964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 10:48:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="70562" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="70562" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Esgotada i desesperada": tres detinguts per forçar una cuidadora interna a treballar 24 hores i sense contracte a Palma]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Explotación laboral,Derechos laborales,Precariedad laboral,Estrés laboral,Trabajadores,Islas Baleares,Mallorca,Palma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Agotada y desesperada": tres detenidos por forzar a una cuidadora interna a trabajar 24 horas y sin contrato en Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/agotada-desesperada-tres-detenidos-palma-forzar-cuidadora-interna-trabajar-24-horas-contrato_1_13048844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Agotada y desesperada&quot;: tres detenidos por forzar a una cuidadora interna a trabajar 24 horas y sin contrato en Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los empleadores la sometían a condiciones de "total explotación" aprovechando su situación administrativa irregular y la instaban a esconderse cuando los inspectores del área de Dependencia del Govern acudían al domicilio</p><p class="subtitle">“No somos criadas”: 500 euros al mes por trabajar de cuidadora por horas para DomusVi y la Administración
</p></div><p class="article-text">
        La Polic&iacute;a Nacional ha detenido en Palma a tres personas acusadas de explotar laboralmente a una mujer que trabajaba como cuidadora interna de una persona dependiente. Los arrestados -dos hombres y una mujer- est&aacute;n siendo investigados por delitos contra los derechos de los trabajadores, favorecimiento de la inmigraci&oacute;n irregular, contra la integridad moral, coacciones y amenazas.
    </p><p class="article-text">
        Fue la propia v&iacute;ctima quien, pese a su situaci&oacute;n de especial vulnerabilidad -se encontraba en situaci&oacute;n administrativa irregular y hab&iacute;a recibido reiteradas amenazas por parte de sus empleadores, que le advert&iacute;an de que ser&iacute;a expulsada de Espa&ntilde;a si acud&iacute;a a las autoridades-, decidi&oacute; denunciar los hechos en dependencias policiales, asegurando que se encontraba &ldquo;agotada y desesperada&rdquo; por las condiciones en las que trabajaba.
    </p><p class="article-text">
        Los agentes de la Unidad Central de Redes de Inmigraci&oacute;n Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) dieron inicio a las investigaciones, que revelaron la mujer lleg&oacute; a este empleo a trav&eacute;s de una amiga que le inform&oacute; de la posibilidad de trabajar como cuidadora interna en Palma. Acept&oacute; la oferta y pocos d&iacute;as despu&eacute;s empez&oacute; a cuidar a un familiar dependiente de dos de los ahora detenidos, todos ellos de nacionalidad espa&ntilde;ola. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n las pesquisas, el trabajo se desarroll&oacute; en condiciones de &ldquo;total explotaci&oacute;n&rdquo;: la mujer no ten&iacute;a contrato laboral y estaba obligada a permanecer disponible las 24 horas del d&iacute;a, con un &uacute;nico d&iacute;a libre a la semana, a cambio de 900 euros mensuales. 
    </p><p class="article-text">
        Los investigadores se&ntilde;alan que no le facilitaron los medios necesarios para atender correctamente a la persona dependiente, a la que deb&iacute;a mover y limpiar sus heces y fluidos org&aacute;nicos debido a la enfermedad inmunol&oacute;gica que padec&iacute;a y de la que la v&iacute;ctima no hab&iacute;a sido informada. Debido a que no le proporcionaban esos recursos, no pod&iacute;a adoptar las medidas preventivas adecuadas. 
    </p><p class="article-text">
        La sobrecarga de trabajo y la falta de medios le provocaron lesiones en varias ocasiones, por las que apenas recibi&oacute; asistencia sanitaria.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Amenazas y ocultaciones</strong></h2><p class="article-text">
        Durante la investigaci&oacute;n, los agentes comprobaron que los sospechosos trataban de ocultar la relaci&oacute;n laboral. Cuando inspectores del &aacute;rea de Dependencia del Govern acud&iacute;an al domicilio, obligaban a la mujer a esconderse para evitar que se descubriera su situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El temor de los arrestados era que la administraci&oacute;n auton&oacute;mica pudiera retirar determinadas ayudas o detectar las condiciones en las que ten&iacute;an trabajando a la cuidadora.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la Polic&iacute;a, tambi&eacute;n amenazaban a la v&iacute;ctima de forma constante para evitar que abandonara el empleo. Entre otras cosas, le aseguraban que ten&iacute;an contactos policiales -que en realidad no exist&iacute;an- que pod&iacute;an hacer que la detuvieran y la enviaran a prisi&oacute;n por su situaci&oacute;n administrativa irregular. Asimismo, le hicieron creer que dispon&iacute;an de copias de su documentaci&oacute;n para impedir que pudiera cruzar cualquier frontera en caso de que decidiera marcharse.
    </p><p class="article-text">
        Tras las pesquisas, el pasado mi&eacute;rcoles los agentes procedieron a la detenci&oacute;n de los tres sospechosos.
    </p><p class="article-text">
        La Polic&iacute;a Nacional recuerda que cualquier persona que est&eacute; sufriendo o tenga conocimiento de situaciones de trata de seres humanos, explotaci&oacute;n sexual o laboral puede denunciarlo o solicitar ayuda a trav&eacute;s del tel&eacute;fono gratuito y confidencial 900 10 50 90 o del correo electr&oacute;nico trata@policia.es.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/agotada-desesperada-tres-detenidos-palma-forzar-cuidadora-interna-trabajar-24-horas-contrato_1_13048844.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 10:33:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="70562" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="70562" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Agotada y desesperada": tres detenidos por forzar a una cuidadora interna a trabajar 24 horas y sin contrato en Palma]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5366f209-54f9-4e8d-8853-1660ca29bd38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Explotación laboral,Derechos laborales,Precariedad laboral,Estrés laboral,Trabajadores,Islas Baleares,Mallorca,Palma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Treballava sense declarar per 3,14 euros l'hora”: la precarietat de l'hostaleria a Menorca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/treballava-sense-declarar-per-3-14-euros-l-hora-precarietat-l-hostaleria-menorca_1_12986506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46982159-a63f-4748-81d7-549b96877c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Treballava sense declarar per 3,14 euros l&#039;hora”: la precarietat de l&#039;hostaleria a Menorca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La falta de mà d'obra, la temporalitat i les condicions abusives marquen un sector fonamental de l'illa</p><p class="subtitle">Els preus dels bars de Mallorca espanten els turistes: “Ara demanen un suc i s'ho prenen entre cinc”</p></div><p class="article-text">
        L'hostaleria &eacute;s el principal motor econ&ograve;mic de Balears, per&ograve; tamb&eacute; un dels &agrave;mbits on les tensions laborals s&oacute;n m&eacute;s recurrents i els conflictes s'intensifiquen cada estiu amb l'arribada de la temporada tur&iacute;stica. A Menorca, la deterioraci&oacute; de les condicions del sector que empra el 20% de la poblaci&oacute; econ&ograve;micament activa ha anat reduint la disponibilitat de m&agrave; d'obra fins a convertir-se en un problema estructural per a petits i grans empresaris. &ldquo;Al resident no li interessa, no vol dedicar-se al sector i al que ve de fora no li conv&eacute;&rdquo;, expliquen des de l'Associaci&oacute; d'Hotelers de Menorca, la principal organitzaci&oacute; que agrupa empresaris del sector a l'illa.
    </p><p class="article-text">
        No obstant aix&ograve;, treballadors que cada estiu mouen la maquin&agrave;ria del turisme insular i garanteixen que, temporada rere temporada, se superin r&egrave;cords de recaptaci&oacute; i de visitants &ndash;l'illa va rebre gaireb&eacute; dos milions de turistes que van deixar gaireb&eacute; 2.000 milions d'euros segons l'Institut d'Estad&iacute;stica de les illes Balears (IBESTAT)&ndash; van abandonant sense pausa i sense pressa a Menorca com a dest&iacute; laboral. &ldquo;No s&oacute;n nom&eacute;s les jornades de 10 hores o que a vegades les propines desapareixen misteriosament. &Eacute;s sobretot l'encariment de la vida i la falta d'habitatge. Jo vaig deixar d'anar-hi l'any passat despr&eacute;s de gaireb&eacute; 11 anys seguits perqu&egrave;, per a qu&egrave; anir&eacute; a una illa on nom&eacute;s el lloguer implica gastar el 80% dels diners que guanyo? Prefereixo buscar aqu&iacute; a Andalusia on es guanya menys o fins i tot canviar de r&uacute;brica&rdquo;, compte Aitana M.J., cuinera i treballadora temporera que ha viatjat a l'illa ininterrompudament cada estiu des de 2017 i que ara es dedica a la inform&agrave;tica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Jo vaig deixar d&#039;anar-hi l&#039;any passat després de gairebé 11 anys seguits perquè, per a què aniré a una illa on només el lloguer implica gastar el 80% dels diners que guanyo? Prefereixo buscar aquí a Andalusia on es guanya menys o fins i tot canviar de rúbrica</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aitana M.J.</span>
                                        <span>—</span> Cuinera i treballadora temporera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El plantejament d'Aitana t&eacute; agafador en la realitat i &eacute;s el raonament cada vegada m&eacute;s est&egrave;s a l'illa entre els anomenats &ldquo;temporers&rdquo;. Segons l'estudi de l'Observatori Social i Ambiental de Menorca (OBSAM), l'economia insular va presentar durant el tercer trimestre de 2025 un alt contrast. D'una banda, es va confirmar l'estabilitzaci&oacute; del cicle expansiu iniciat en 2023, caracteritzat per un ritme de creixement moderat per&ograve; sostingut. &ldquo;Els principals indicadors d'activitat -especialment la demanda energ&egrave;tica, la mobilitat i els fluxos tur&iacute;stics- assenyalen un nivell d'intensitat econ&ograve;mica molt elevat, propi d'una fase de maduresa en la qual l'economia opera a ple rendiment durant la temporada alta&rdquo;, assenyalen des del OBSAM. No obstant aix&ograve;, el mateix estudi assenyala que &ldquo;aquest escenari conviu amb pressions persistents sobre el cost de vida i amb limitacions estructurals, com la falta de m&agrave; d'obra i la tensi&oacute; del mercat residencial, que condicionen la capacitat del sistema per a continuar expandint-se&rdquo;. En resum, l'economia funciona, per&ograve; no hi ha bra&ccedil;os que moguin la maquin&agrave;ria.
    </p><p class="article-text">
        Un altre protagonista d'aquesta &ldquo;fugida de bra&ccedil;os&rdquo; &eacute;s Brais S., un dels molts menorquins que, despr&eacute;s de dedicar-se diversos anys a l'hostaleria &ndash;si &eacute;s el cas per obligaci&oacute;, a causa de la falta d'alternatives&ndash; va acabar abandonant l'illa per a poder exercir la seva professi&oacute; com a dissenyadora de so. &ldquo;Vaig treballar a un bar per la zona mar&iacute;tima, no tenia moltes opcions&rdquo;, conta en di&agrave;leg amb elDiario.es des de la seva actual resid&egrave;ncia a Barcelona. &ldquo;Treballava 'en negre' per 3,14&euro; l'hora. Hi havia menjar que estava fora de carta que es comprava per a donar-li &uacute;s i es posava dolent i es 'sanejava' per a treure&rsquo;l d'alguna manera. Jo havia de fer de cuiner i cambrer alhora, vaig aguantar perqu&egrave; tenia molta necessitat i, al final, vaig decidir dedicar-me a lo meu i anar-me de l'illa a viure fora. Quan vaig renunciar es van negar a pagar-me les hores extres&rdquo;, explica. Ell recorda el seu pas pel gremi hostaler com un malson.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Vaig treballar a un bar. Hi havia menjar que estava fora de carta que es comprava per a donar-li ús i es posava dolent i es &#039;sanejava&#039; per a treure’l d&#039;alguna manera. Jo havia de fer de cuiner i cambrer alhora, vaig aguantar perquè tenia molta necessitat i, al final, vaig decidir dedicar-me a lo meu i anar-me de l&#039;illa a viure fora</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Brais S.</span>
                                        <span>—</span> Va abandonar l&#039;illa per treball
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;No hi ha personal i cada vegada hi haur&agrave; menys si seguim aix&iacute;. Em consta que persones que porten anys en el sector ara estan buscant altres alternatives i &eacute;s l&ograve;gic: a ning&uacute; li resulta rendible venir a Menorca si no pot pagar un lloc on viure i, a m&eacute;s, nom&eacute;s per uns mesos. Ning&uacute; mant&eacute; a una fam&iacute;lia amb un treball temporal&rdquo;, raona en di&agrave;leg amb elDiario.es el portaveu de l'Associaci&oacute; de Bars i Cafeteries de Menorca, Antoni Sansaloni, qui sost&eacute; que la soluci&oacute; passa per &ldquo;deixar de pressionar al sector&rdquo;, especialment al petit i mitj&agrave; empresari, que -segons la seva visi&oacute;- est&agrave; sofrint &ldquo;com mai&rdquo; els efectes de la crisi d'habitatge. &ldquo;Per a evitar donar un mal servei, i davant la impossibilitat de consolidar plantilles estables, estem reduint taules&rdquo;, explica. &ldquo;A aquest ritme, el turisme de Menorca acabar&agrave; oferint nom&eacute;s menjar r&agrave;pid&rdquo;, lamenta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Juan Arenas, xef mexicà va viure 4 anys a Menorca i finalment es va instal·lar a Bilbao per la falta d&#039;habitatge i d&#039;estabilitat a l&#039;illa"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Juan Arenas, xef mexicà va viure 4 anys a Menorca i finalment es va instal·lar a Bilbao per la falta d&#039;habitatge i d&#039;estabilitat a l&#039;illa                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>L'altra cara de l'hostaleria</strong></h2><p class="article-text">
        Malgrat els problemes estructurals que travessa el gremi hostaler i de les particularitats del sector a Balears, fonts sindicals consultades per elDiario.es sostenen que el de les illes &eacute;s &ldquo;un dels millors&rdquo; convenis col&middot;lectius que existeixen en l'estat. &ldquo;Gr&agrave;cies a la negociaci&oacute; col&middot;lectiva hem conquistat pujades salarials sostingudes -l'&uacute;ltima a l'agost de l'any passat-, millores en la regulaci&oacute; de jornades i avan&ccedil;os concrets en la protecci&oacute; de col&middot;lectius especialment vulnerables com les cambreres de pis. Aquest marc no &eacute;s fruit de concessions gratu&iuml;tes, sin&oacute; d'anys de negociaci&oacute; i mobilitzaci&oacute; perqu&egrave; el creixement tur&iacute;stic es tradueixi tamb&eacute; en drets laborals reals&rdquo;, expliquen des d'UGT. &ldquo;Sabem que queden reptes pendents, com l'acc&eacute;s a l'habitatge o l'estacionalitat, per&ograve; sense aquest conveni la situaci&oacute; de milers de treballadors seria molt m&eacute;s fr&agrave;gil i desigual&rdquo;, reflexionen des del sindicat.
    </p><p class="article-text">
        Juan Arenas &eacute;s mexic&agrave; i fins enguany va passar quatre estius seguits deambulant de cuina en cuina per tota Menorca. &Eacute;s xef de professi&oacute; i, segons relata, la inestabilitat laboral i les males condicions el van obligar a abandonar l'illa i buscar treball a Bilbao, on viu i treballa actualment, aquesta vegada en una sola cuina fixa tot l'any. &ldquo;El problema de l'estacionalitat a Menorca &eacute;s un altre dels grans temes sense resoldre per als que ens dediquem a aix&ograve; professionalment. A part de les jornades extenuants de l'estiu, quan s'acaba la temporada tanquen la majoria de locals de restauraci&oacute; i has de passar l'hivern cobrant l'atur si tens sort. De qu&egrave; em serveix cobrar un sou m&eacute;s alt que la mitjana si nom&eacute;s treballo 4 mesos a l'any?&rdquo;, raona.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A part de les jornades extenuants de l&#039;estiu, quan s&#039;acaba la temporada tanquen la majoria de locals de restauració i has de passar l&#039;hivern cobrant l&#039;atur si tens sort. De què em serveix cobrar un sou més alt que la mitjana si només treballo 4 mesos a l&#039;any?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Arenas</span>
                                        <span>—</span> Chef
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Consultat pel problema de l'estacionalitat, Antoni Sansaloni explica que &ldquo;l'&uacute;nic consol&rdquo; que troben els empresaris &eacute;s que ara les aerol&iacute;nies han avan&ccedil;at els vols, pel que la pre temporada 2026 s'ha avan&ccedil;at alguns dies. &ldquo;Esperem l'arribada del turisme europeu per al mes de mar&ccedil;, que sabem que &eacute;s un turista amb major poder adquisitiu i que supleix el sot de l'&uacute;ltim tram de la temporada baixa&rdquo;, explica. &ldquo;Clar que hi ha estacionalitat, per&ograve; &eacute;s perqu&egrave; no ens surt rendible obrir tot l'any. Tanquem perqu&egrave; la falta de clientela, entre setmana no arribem ni a cobrir despeses, per aix&ograve; molts locals opten per tancar tres o quatre mesos a l'any directament. Al final l'estacionalitat ve fomentada pel propi estat que en lloc de promoure l'activitat en els mesos d'hivern prefereix manar a la gent a l'atur&rdquo;, raona Sansaloni.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Clar que hi ha estacionalitat, però és perquè no ens surt rendible obrir tot l&#039;any. Tanquem perquè la falta de clientela, entre setmana no arribem ni a cobrir despeses, per això molts locals opten per tancar tres o quatre mesos a l&#039;any directament. Al final l&#039;estacionalitat ve fomentada pel propi estat que en lloc de promoure l&#039;activitat en els mesos d&#039;hivern prefereix manar a la gent a l&#039;atur</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Antoni Sansaloni</span>
                                        <span>—</span> Portaveu de l&#039;Associació de Bars i Cafeteries de Menorca
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Encara que les tensions entre empresaris i treballadors en l'hostaleria solen canalitzar-se a trav&eacute;s de mecanismes formals quan l'ocupaci&oacute; est&agrave; regularitzada i subjecta a la normativa laboral, aquesta via pr&agrave;cticament desapareix en els casos de treball no declarat. Si b&eacute; l'ocupaci&oacute; irregular a Menorca no &eacute;s majoritaria en el sector, continua existint i concentra algunes de les situacions m&eacute;s prec&agrave;ries, ja que els qui l'exerceixen no poden denunciar abusos o exigir drets, ja que s&oacute;n, en la seva immensa majoria, persones en situaci&oacute; administrativa irregular.
    </p><p class="article-text">
        V. conta que, mentre esperava la resoluci&oacute; dels seus papers, degu&eacute; treballar en diversos llocs que &ldquo;contracten&rdquo; persones migrants: &ldquo;Em van dir que mai havien contractat una noia com jo, moreneta i de fora, i que volien provar qu&egrave; tal funcion&agrave;vem. Jo necessitava molt aquest treball i vaig acceptar la prova en un conegut restaurant des Castell, -en el sud de l'illa-. Va comen&ccedil;ar a acostar-se massa i a fer bromes sexuals fora de lloc; vaig intentar ignorar-ho i continuar treballant, per&ograve; mentre emplenava neveres se'm va acostar per darrere de manera inapropiada. Quan em vaig girar i li vaig preguntar qu&egrave; feia, em va dir que per a ser llatina era molt siesa i que en aquest restaurant &lsquo;es tocaven molt&rsquo;. Em vaig anar sense acabar el torn. Em va dir que mai tornaria a treballar a Menorca perqu&egrave; era una impresentable i la prova mai me la van pagar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Torrado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/treballava-sense-declarar-per-3-14-euros-l-hora-precarietat-l-hostaleria-menorca_1_12986506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 05:30:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/46982159-a63f-4748-81d7-549b96877c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1298383" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/46982159-a63f-4748-81d7-549b96877c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1298383" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Treballava sense declarar per 3,14 euros l'hora”: la precarietat de l'hostaleria a Menorca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/46982159-a63f-4748-81d7-549b96877c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Menorca,Precariedad,Precariedad laboral,Derechos laborales,Hostelería,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Trabajaba sin declarar por 3,14 euros la hora": la precariedad de la hostelería en Menorca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/economia/trabajaba-declarar-3-14-euros-hora-precariedad-hosteleria-menorca_1_12983589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2bde2b51-7f22-47e9-b403-e00d3e1564e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Trabajaba sin declarar por 3,14 euros la hora&quot;: la precariedad de la hostelería en Menorca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La falta de mano de obra, la temporalidad y las condiciones abusivas marcan un sector fundamental de la isla</p><p class="subtitle">Los precios de los bares de Mallorca ahuyentan a los turistas: “Ahora piden un zumo y se lo toman entre cinco”</p></div><p class="article-text">
        La hosteler&iacute;a es el principal motor econ&oacute;mico de Balears, pero tambi&eacute;n uno de los &aacute;mbitos donde las tensiones laborales son m&aacute;s recurrentes y los conflictos se intensifican cada verano con la llegada de la temporada tur&iacute;stica. En Menorca, el deterioro de las condiciones del sector que emplea al 20% de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa ha ido reduciendo la disponibilidad de mano de obra hasta convertirse en un problema estructural para peque&ntilde;os y grandes empresarios. &ldquo;Al residente no le interesa, no quiere dedicarse al sector y al que viene de fuera no le conviene&rdquo;, explican desde la Asociaci&oacute;n de Hoteleros de Menorca, la principal organizaci&oacute;n que agrupa empresarios del sector en la isla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, trabajadores que cada verano mueven la maquinaria del turismo insular y garantizan que, temporada tras temporada, se superen r&eacute;cords de recaudaci&oacute;n y de visitantes &ndash;la isla recibi&oacute; casi dos millones de turistas que dejaron casi 2.000 millones de euros seg&uacute;n el Instituto de Estad&iacute;stica de las Islas Baleares (IBESTAT)&ndash; van abandonando sin pausa y sin prisa a Menorca como destino laboral. &ldquo;No son s&oacute;lo las jornadas de 10 horas o que a veces las propinas desaparecen misteriosamente. Es sobre todo el encarecimiento de la vida y la falta de vivienda. Yo dej&eacute; de ir el a&ntilde;o pasado despu&eacute;s de casi 11 a&ntilde;os seguidos porque, &iquest;para qu&eacute; voy a ir a una isla donde s&oacute;lo el alquiler implica gastar el 80% del dinero que gano? Prefiero buscar aqu&iacute; en Andaluc&iacute;a donde se gana menos o incluso cambiar de rubro&rdquo;, cuenta Aitana M.J., cocinera y trabajadora temporera que ha viajado a la isla ininterrumpidamente cada verano desde 2017 y que ahora se dedica a la inform&aacute;tica. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo dejé de ir el año pasado después de casi 11 años seguidos porque, ¿para qué voy a ir a una isla donde sólo el alquiler implica gastar el 80% del dinero que gano? Prefiero buscar aquí en Andalucía donde se gana menos o incluso cambiar de rubro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Aitana M.J.</span>
                                        <span>—</span> Cocinera y trabajadora temporera 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El planteamiento de Aitana tiene asidero en la realidad y es el razonamiento cada vez m&aacute;s extendido en la isla entre los llamados &ldquo;temporeros&rdquo;. Seg&uacute;n el estudio del Observatorio Social y Ambiental de Menorca (OBSAM), la econom&iacute;a insular present&oacute; durante el tercer trimestre de 2025 un alto contraste. Por un lado, se confirm&oacute; la estabilizaci&oacute;n del ciclo expansivo iniciado en 2023, caracterizado por un ritmo de crecimiento moderado pero sostenido. &ldquo;Los principales indicadores de actividad &mdash;especialmente la demanda energ&eacute;tica, la movilidad y los flujos tur&iacute;sticos&mdash; se&ntilde;alan un nivel de intensidad econ&oacute;mica muy elevado, propio de una fase de madurez en la que la econom&iacute;a opera a pleno rendimiento durante la temporada alta&rdquo;, se&ntilde;alan desde el OBSAM. Sin embargo, el mismo estudio se&ntilde;ala que &ldquo;este escenario convive con presiones persistentes sobre el coste de vida y con limitaciones estructurales, como la falta de mano de obra y la tensi&oacute;n del mercado residencial, que condicionan la capacidad del sistema para seguir expandi&eacute;ndose&rdquo;. En resumen, la econom&iacute;a funciona, pero no hay brazos que muevan la maquinaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro protagonista de esta &ldquo;fuga de brazos&rdquo; es Brais S., uno de los muchos menorquines que, tras dedicarse varios a&ntilde;os a la hosteler&iacute;a &ndash;en su caso por obligaci&oacute;n, debido a la falta de alternativas&ndash; termin&oacute; abandonando la isla para poder ejercer su profesi&oacute;n como sonidista. &ldquo;Trabaj&eacute; en un bar por la zona mar&iacute;tima, no ten&iacute;a muchas opciones&rdquo;, cuenta en di&aacute;logo con elDiario.es desde su actual residencia en Barcelona. &ldquo;Trabajaba 'en negro' por 3,14 euros la hora. Hab&iacute;a comida que estaba fuera de carta que se compraba para darle uso y se pon&iacute;a mala y se 'saneaba' para sacarla de alguna manera. Yo ten&iacute;a que hacer de cocinero y camarero a la vez, aguant&eacute; porque ten&iacute;a mucha necesidad y, al final, decid&iacute; dedicarme a lo m&iacute;o e irme de la isla a vivir fuera. Cuando renunci&eacute; se negaron a pagarme las horas extras&rdquo;, explica. &Eacute;l recuerda su paso por el gremio hostelero como un mal sue&ntilde;o.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Trabajé en un bar. Había comida que estaba fuera de carta que se compraba para darle uso y se ponía mala y se &#039;saneaba&#039; para sacarla de alguna manera. Yo tenía que hacer de cocinero y camarero a la vez, aguanté porque tenía mucha necesidad y, al final, decidí dedicarme a lo mío e irme de la isla a vivir fuera</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Brais S.</span>
                                        <span>—</span> Abandonó la isla por trabajo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;No hay personal y cada vez habr&aacute; menos si seguimos as&iacute;. Me consta que personas que llevan a&ntilde;os en el sector ahora est&aacute;n buscando otras alternativas y es l&oacute;gico: a nadie le resulta rentable venir a Menorca si no puede pagar un lugar donde vivir y, adem&aacute;s, solo por unos meses. Nadie mantiene a una familia con un trabajo temporal&rdquo;, razona en di&aacute;logo con elDiario.es el portavoz de la Asociaci&oacute;n de Bares y Cafeter&iacute;as de Menorca, Antoni Sansaloni, quien sostiene que la soluci&oacute;n pasa por &ldquo;dejar de presionar al sector&rdquo;, especialmente al peque&ntilde;o y mediano empresario, que &mdash;seg&uacute;n su visi&oacute;n&mdash; est&aacute; sufriendo &ldquo;como nunca&rdquo; los efectos de la crisis de vivienda. &ldquo;Para evitar dar un mal servicio, y ante la imposibilidad de consolidar plantillas estables, estamos reduciendo mesas&rdquo;, explica. &ldquo;A este ritmo, el turismo de Menorca va a terminar ofreciendo solo comida r&aacute;pida&rdquo;, lamenta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa5c0694-f708-49e4-a0b9-c98c9a57e6d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Juan Arenas, chef mexicano vivió 4 años en Menorca y finalmente se instaló en Bilbao ante la falta de vivienda y de estabilidad en la isla"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Juan Arenas, chef mexicano vivió 4 años en Menorca y finalmente se instaló en Bilbao ante la falta de vivienda y de estabilidad en la isla                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La otra cara de la hosteler&iacute;a</strong></h2><p class="article-text">
        A pesar de los problemas estructurales que atraviesa el gremio hostelero y de las particularidades del sector en Balears, fuentes sindicales consultadas por elDiario.es sostienen que el de las islas es &ldquo;uno de los mejores&rdquo; convenios colectivos que existen en el estado. &ldquo;Gracias a la negociaci&oacute;n colectiva hemos conquistado subidas salariales sostenidas &ndash;la &uacute;ltima en agosto del a&ntilde;o pasado&ndash;, mejoras en la regulaci&oacute;n de jornadas y avances concretos en la protecci&oacute;n de colectivos especialmente vulnerables como las camareras de piso. Este marco no es fruto de concesiones gratuitas, sino de a&ntilde;os de negociaci&oacute;n y movilizaci&oacute;n para que el crecimiento tur&iacute;stico se traduzca tambi&eacute;n en derechos laborales reales&rdquo;, explican desde UGT.&nbsp;&ldquo;Sabemos que quedan retos pendientes, como el acceso a la vivienda o la estacionalidad, pero sin este convenio la situaci&oacute;n de miles de trabajadores ser&iacute;a mucho m&aacute;s fr&aacute;gil y desigual&rdquo;, reflexionan desde el sindicato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juan Arenas es mexicano y hasta este a&ntilde;o pas&oacute; cuatro veranos seguidos deambulando de cocina en cocina por toda Menorca. Es chef de profesi&oacute;n y, seg&uacute;n cuenta, la inestabilidad laboral y las malas condiciones le obligaron a abandonar la isla y buscar trabajo en Bilbao, donde vive y trabaja actualmente, esta vez en una sola cocina fija todo el a&ntilde;o. &ldquo;El problema de la estacionalidad en Menorca es otro de los grandes temas sin resolver para los que nos dedicamos a esto profesionalmente. Aparte de las jornadas extenuantes del verano, cuando se acaba la temporada cierran la mayor&iacute;a de locales de restauraci&oacute;n y tienes que pasar el invierno cobrando el paro si tienes suerte. &iquest;De qu&eacute; me sirve cobrar un sueldo m&aacute;s alto que la media si s&oacute;lo trabajo 4 meses al a&ntilde;o?&rdquo;, razona. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aparte de las jornadas extenuantes del verano, cuando se acaba la temporada cierran la mayoría de locales de restauración y tienes que pasar el invierno cobrando el paro si tienes suerte. ¿De qué me sirve cobrar un sueldo más alto que la media si sólo trabajo 4 meses al año?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan Arenas</span>
                                        <span>—</span> Chef
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Consultado por el problema de la estacionalidad, Antoni Sansaloni explica que &ldquo;el &uacute;nico consuelo&rdquo; que encuentran los empresarios es que ahora las aerol&iacute;neas han adelantado los vuelos, por lo que la pre temporada 2026 se ha adelantado algunos d&iacute;as. &ldquo;Esperamos la llegada del turismo europeo para el mes de marzo, que sabemos que es un turista con mayor poder adquisitivo y que suple el bache del &uacute;ltimo tramo de la temporada baja&rdquo;, explica. &ldquo;Claro que hay estacionalidad, pero es porque no nos sale rentable abrir todo el a&ntilde;o. Cerramos porque la falta de clientela, entre semana no llegamos ni a cubrir gastos, por eso muchos locales optan por cerrar tres o cuatro meses al a&ntilde;o directamente. Al final la estacionalidad viene fomentada por el propio estado que en lugar de promover la actividad en los meses de invierno prefiere mandar a la gente al paro&rdquo;, razona Sansaloni.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Claro que hay estacionalidad, pero es porque no nos sale rentable abrir todo el año. Cerramos porque la falta de clientela, entre semana no llegamos ni a cubrir gastos, por eso muchos locales optan por cerrar tres o cuatro meses al año directamente. Al final la estacionalidad viene fomentada por el propio estado que en lugar de promover la actividad en los meses de invierno prefiere mandar a la gente al paro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Antoni Sansaloni</span>
                                        <span>—</span> Portavoz de la Asociación de Bares y Cafeterías de Menorca
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque las tensiones entre empresarios y trabajadores en la hosteler&iacute;a suelen canalizarse a trav&eacute;s de mecanismos formales cuando el empleo est&aacute; regularizado y sujeto a la normativa laboral, esta v&iacute;a pr&aacute;cticamente desaparece en los casos de trabajo no declarado. Si bien el empleo irregular en Menorca no es mayoritario en el sector, sigue existiendo y concentra algunas de las situaciones m&aacute;s precarias, ya que quienes lo ejercen no pueden denunciar abusos o exigir derechos, ya que son, en su inmensa mayor&iacute;a, personas en situaci&oacute;n administrativa irregular.
    </p><p class="article-text">
        V. cuenta que, mientras esperaba la resoluci&oacute;n de sus papeles, debi&oacute; trabajar en varios lugares que &ldquo;contratan&rdquo; personas migrantes: &ldquo;Me dijeron que nunca hab&iacute;an contratado a una chica como yo, morenita y de fuera, y que quer&iacute;an probar qu&eacute; tal funcion&aacute;bamos. Yo necesitaba mucho ese trabajo y acept&eacute; la prueba en un conocido restaurante de Es Castell, &ndash;en el sur de la isla&ndash;. Empez&oacute; a acercarse demasiado y a hacer bromas sexuales fuera de lugar; intent&eacute; ignorarlo y seguir trabajando, pero mientras rellenaba neveras se me arrim&oacute; por detr&aacute;s de forma inapropiada. Cuando me gir&eacute; y le pregunt&eacute; qu&eacute; hac&iacute;a, me dijo que para ser latina era muy siesa y que en ese restaurante &lsquo;se tocaban mucho&rsquo;. Me fui sin terminar el turno. Me dijo que nunca volver&iacute;a a trabajar en Menorca porque era una impresentable y la prueba nunca me la pagaron&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Torrado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/economia/trabajaba-declarar-3-14-euros-hora-precariedad-hosteleria-menorca_1_12983589.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Feb 2026 21:11:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2bde2b51-7f22-47e9-b403-e00d3e1564e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3860124" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2bde2b51-7f22-47e9-b403-e00d3e1564e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3860124" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Trabajaba sin declarar por 3,14 euros la hora": la precariedad de la hostelería en Menorca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2bde2b51-7f22-47e9-b403-e00d3e1564e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Menorca,Precariedad,Precariedad laboral,Derechos laborales,Hostelería,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recepcionistas y azafatas de EITB denuncian "precariedad": "Nuestros salarios llevan congelados una década"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/recepcionistas-azafatas-eitb-denuncian-precariedad-salarios-llevan-congelados-decada_1_12990314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa7fff0e-6b83-4826-9d96-41ecdc611fa6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recepcionistas y azafatas de EITB denuncian &quot;precariedad&quot;: &quot;Nuestros salarios llevan congelados una década&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Denunciamos la precariedad salarial, pero también en todos los sentidos. Consideramos que nuestras condiciones no son dignas. No contamos con un convenio propio y no hemos tenido subidas salariales desde 2016", lamentan las trabajadoras de las sedes de EITB en Donostia, Bilbao, Vitoria y Pamplona</p><p class="subtitle">Maquilladoras y peluqueras de EITB Miramon logran salvar sus puestos de trabajo y ponen fin a la huelga
</p></div><p class="article-text">
        La treintena de trabajadoras de recepci&oacute;n y las azafatas de la televisi&oacute;n p&uacute;blica vasca EITB han comenzado una serie de protestas en sus sedes de Donostia, Bilbao, Vitoria y Pamplona para denunciar sus &ldquo;precarias&rdquo; condiciones laborales. Las azafatas son las personas que se encargan de recibir y atender a los invitados que pasan por los estudios de la televisi&oacute;n y la radio, as&iacute; como a asegurarse y guiar a estos para que puedan acudir a tiempo a los plat&oacute;s en cada programa, mientras que las recepcionistas se encargan de realizar y recibir llamadas, realizar funciones de secretariado, administraci&oacute;n, as&iacute; como enviar y recoger la paqueter&iacute;a necesaria, entre otras funciones. &ldquo;Denunciamos la precariedad salarial, pero tambi&eacute;n en todos los sentidos. Consideramos que nuestras condiciones no son dignas. No contamos con un convenio propio, nos regimos por el Estatuto de los Trabajadores y no hemos tenido subidas salariales desde 2016. Nuestros salarios llevan congelados una d&eacute;cada. Teniendo en cuenta c&oacute;mo ha subido la vida, nos sentimos ahogadas&rdquo;, detallan las trabajadoras a este peri&oacute;dico. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto las trabajadoras de recepci&oacute;n como las azafatas est&aacute;n subcontratadas por las empresas Alse y Tisa, respectivamente. En el caso de las recepcionistas, cuentan con un sueldo fijo de 1.200 euros netos, seg&uacute;n reconocen, mientras las azafatas cobran seg&uacute;n las horas que trabajen. Si se trata de domingos o festivos, cuentan con un euro extra por cada hora. &ldquo;Cobramos solo un euro m&aacute;s por hora por trabajar cada 1 de enero o cada 25 de diciembre. Estamos muy hartas y enfadadas, porque adem&aacute;s sentimos la brecha salarial que existe en EITB, que sabemos que no somos funcionarias ni estamos contratadas directamente por EITB, pero trabajamos en los mismos edificios. Aunque llevemos a&ntilde;os as&iacute;, ahora hemos cogido fuerzas para decir basta, porque vemos que no llegamos a fin de mes&rdquo;, lamentan las trabajadoras. 
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DUIl8OSDDz4/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explican, han comenzado sus protestas con concentraciones, carteles y a trav&eacute;s de redes sociales, debido a que pr&oacute;ximamente EITB sacar&aacute; los pliegos para los nuevos contratos a las empresas que quieran participar. Se trata de contratos de cinco a&ntilde;os. &ldquo;En junio se acaba el contrato, por lo que calculamos que en marzo sacar&aacute;n el pliego, aunque no lo sabemos con certeza. No sabemos si habr&aacute; alguna pr&oacute;rroga con estas empresas, si estas seguir&aacute;n o si vendr&aacute;n otras nuevas, pero lo que queremos es que mejoren nuestras condiciones. Estamos unidas y vamos con todo a por ello&rdquo;, sostienen las trabajadoras, que aseguran que est&aacute;n recibiendo apoyo por parte del Comit&eacute; de Empresa de EITB y de profesionales de la televisi&oacute;n p&uacute;blica vasca y se est&aacute;n organizando sindicalmente a trav&eacute;s de LAB y ELA. 
    </p><p class="article-text">
        Por el momento han realizado dos concentraciones en EITB Miramon, la sede de la televisi&oacute;n en Donostia y no descartan realizar m&aacute;s, dado que su objetivo es que el personal sepa cu&aacute;les son sus peticiones y condiciones laborales. &ldquo;Hay mucha gente que trabaja aqu&iacute; y a la que vemos cada d&iacute;a que no son conscientes de nuestras situaciones laborales. Muchos nos han dicho que ni se imaginaban que sufr&iacute;amos tanta precariedad. Nuestra protesta tambi&eacute;n es para que se sepa lo que estamos pasando y, entre todos, podamos mejorar nuestras condiciones. Puede que si desde EITB mejorasen las condiciones de los pliegos, despu&eacute;s las empresas estar&iacute;an abiertas a pagarnos m&aacute;s, consideramos que ah&iacute; EITB tambi&eacute;n puede intervenir&rdquo;, concluyen. 
    </p><p class="article-text">
        Este peri&oacute;dico se ha puesto en contacto con EITB, que ha declinado realizar declaraciones sobre este tema en concreto, mientras que al cierre de esta edici&oacute;n las empresas Alse y Tisa no han respondido las preguntas planteadas por tel&eacute;fono ni por correo electr&oacute;nico. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Maialen Ferreira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/recepcionistas-azafatas-eitb-denuncian-precariedad-salarios-llevan-congelados-decada_1_12990314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 20:46:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fa7fff0e-6b83-4826-9d96-41ecdc611fa6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="172142" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fa7fff0e-6b83-4826-9d96-41ecdc611fa6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="172142" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Recepcionistas y azafatas de EITB denuncian "precariedad": "Nuestros salarios llevan congelados una década"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fa7fff0e-6b83-4826-9d96-41ecdc611fa6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Euskadi,Bizkaia,Gipuzkoa,Álava,Navarra,Bilbao,Vitoria,Pamplona,Televisión,Televisión pública,EITB,Televisiones autonómicas,Precariedad,Precariedad laboral,Condiciones laborales,Sindicalismo,Sindicatos,Conflictos laborales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mujeres que trabajan sin contrato en los hoteles y las casas de Canarias: “Es una explotación que aguantas por necesidad”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/migraciones/mujeres-contrato-hoteles-casas-canarias-explotacion-aguantas-necesidad_1_12977751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92827eca-bc0c-4646-be0d-b9ced00b2e14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las mujeres que trabajan sin contrato en los hoteles y las casas de Canarias: “Es una explotación que aguantas por necesidad”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diana y Luisa relatan cómo su situación administrativa irregular las ha empujado a años de humillaciones y precariedad: ''Yo quedé en 45 kilos de peso como camarera de piso, un sector vulnerable y poco respetado''
</p><p class="subtitle">Hemeroteca  - Papeles y derechos para miles de personas en Canarias gracias a la regularización: ''No es caridad, es justicia social''
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando t&uacute; migras siendo mujer y siendo latina, los espacios de trabajo ya est&aacute;n marcados: cuidado de personas o limpieza&rdquo;. Diana (nombre ficticio a petici&oacute;n de la entrevistada) lleg&oacute; a Canarias en 2022 desde Colombia, escapando de los conflictos internos de su pa&iacute;s. En estos cuatro a&ntilde;os no ha dejado de trabajar. Sin embargo, su situaci&oacute;n administrativa la ha obligado a hacerlo en la sombra y en condiciones indignas. &ldquo;La presi&oacute;n laboral en el gremio de las camareras de piso es muy fuerte. Tu cuerpo se rompe por completo de manera emocional y f&iacute;sica&rdquo;, reconoce.
    </p><p class="article-text">
        La regularizaci&oacute;n extraordinaria de personas extranjeras aprobada por el Gobierno espa&ntilde;ol, aunque tard&iacute;a, ha sido recibida como una buena noticia por muchas mujeres que durante a&ntilde;os han soportado tratos degradantes por parte de sus empleadores. &ldquo;Humillaci&oacute;n, mucha humillaci&oacute;n. Una vez ped&iacute; una faja para tener m&aacute;s estabilidad en la espalda y me dijeron que no, que eso era lo que hab&iacute;a&rdquo;, cuenta Luisa*, una mujer colombiana de 53 a&ntilde;os que trabajaba en Gran Canaria cuidando de una persona mayor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando uno no tiene permiso de trabajo, abusan. No te pagan lo que es&rdquo;, explica en una entrevista concedida a esta redacci&oacute;n pocos d&iacute;as antes de cumplir seis a&ntilde;os en el pa&iacute;s. De las 24 horas que tiene el d&iacute;a, a Luisa, que era funcionaria en Colombia, apenas le quedaban libres tres. &ldquo;Trabajaba 21 horas, llegaba a mi casa, dorm&iacute;a una hora y me volv&iacute;a a marchar, adem&aacute;s del esfuerzo f&iacute;sico que implica movilizar a una persona totalmente encamada&rdquo;, recuerda. Todo esto, cobrando por debajo del salario m&iacute;nimo. &ldquo;Es una explotaci&oacute;n, pero por necesidad tienes que aguantar&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo que Luisa pas&oacute; trabajando en esas condiciones le pas&oacute; factura. Su espalda, su columna y su cadera &ldquo;ya no daban m&aacute;s&rdquo;. Lo mismo le ocurri&oacute; a Diana mientras trabajaba como camarera de piso en un hotel de Gran Canaria. &ldquo;En una jornada de ocho horas, con 30 minutos para comer, tienes que limpiar 25 habitaciones, zonas comunes y restaurantes&rdquo;, detalla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo qued&eacute; en 45 kilos de peso dentro del gremio de las camareras de piso, porque es un sector muy explotado, vulnerable y poco respetado. Hay muchas demandas, pero no pasa absolutamente nada. Cuando hay una inspecci&oacute;n, ya los directores lo saben&rdquo;, lamenta Diana. &ldquo;En mi pa&iacute;s trabajaba como auxiliar contable, y aunque aqu&iacute; estoy m&aacute;s segura, jam&aacute;s imagin&eacute; trabajar en un lugar donde estuviera en riesgo mi salud&rdquo;, lamenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la empresa o el empleador decide, &ldquo;te dicen hasta luego y ya&rdquo;. &ldquo;No tienes ning&uacute;n reconocimiento por esa labor, ni un finiquito, ni el pago de tus vacaciones. Nada&rdquo;, a&ntilde;ade Luisa.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Papeles para tener &ldquo;tranquilidad&rdquo;&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        A la regularizaci&oacute;n extraordinaria podr&aacute;n acceder quienes hayan llegado a Espa&ntilde;a antes del 31 de diciembre de 2025 y hayan permanecido de manera continuada en el pa&iacute;s como m&iacute;nimo cinco meses antes de tramitar la petici&oacute;n. Tambi&eacute;n podr&aacute;n acogerse a esta medida los solicitantes de protecci&oacute;n internacional que hayan pedido asilo antes del 31 de diciembre del a&ntilde;o pasado, y no tendr&aacute;n que renunciar a este tr&aacute;mite para obtener a la regularizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para evitar nuevos obst&aacute;culos en este proceso, se admitir&aacute; cualquier documento p&uacute;blico o privado, o una mezcla de ambos, que pruebe la residencia continuada en el pa&iacute;s, y no solo el empadronamiento. &ldquo;Es la oportunidad para tener confianza. Cuando uno hace el tr&aacute;mite, siempre est&aacute; la duda: ser&aacute; que me lo aprueban, no me lo aprueban&hellip; Ahora con la regularizaci&oacute;n parece que es algo m&aacute;s seguro&rdquo;, valora Luisa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo apunta Diana, a quien su situaci&oacute;n administrativa la ha abocado a a&ntilde;os de frustraci&oacute;n y ansiedad. &ldquo;Es esa incertidumbre de si me deportan, si me quedo sin empleo&hellip; No tienes derecho a absolutamente nada&rdquo;, insiste. &ldquo;Si a la gente se le dan las herramientas, se beneficia la persona y se beneficia el pa&iacute;s. Va a cotizar a la seguridad social, va a pagar sus impuestos&hellip; Todo el mundo gana&rdquo;, mantiene Luisa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n las estimaciones del Ministerio de Migraciones, se espera que las solicitudes se empiecen a presentar a principios de abril y el proceso estar&aacute; abierto hasta el 30 de junio. El plazo m&aacute;ximo de tramitaci&oacute;n ser&aacute; de tres meses y solo con la admisi&oacute;n a tr&aacute;mite de las solicitudes -que tendr&aacute;n que resolverse en 15 d&iacute;as- las personas podr&aacute;n empezar a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Esta ser&aacute; la s&eacute;ptima regularizaci&oacute;n extraordinaria aprobada en Espa&ntilde;a. Dos de ellas salieron adelante en los a&ntilde;os 2000 y 2001, durante el gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar (PP), y permitieron regularizar a 503.327 personas. Otras cuatro fueron aprobadas con los gobiernos socialistas de Felipe Gonz&aacute;lez y Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero en los a&ntilde;os 1986, 1991-92, 1996 y 2005.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque es imposible cuantificar el n&uacute;mero real de personas extranjeras que podr&aacute;n acceder a esta medida, se estima que en Canarias ser&aacute;n al menos 45.000. Esta decisi&oacute;n naci&oacute; en las calles, de la mano del Movimiento Estatal Regularizaci&oacute;n Ya, y cogi&oacute; fuerza durante la pandemia. ''Mientras todo el mundo ten&iacute;a sus ERTE, las personas en situaci&oacute;n administrativa irregular que estaban siendo explotadas no ten&iacute;an nada'', recuerda Redwan Baddouh, portavoz del movimiento en Canarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En febrero de 2022 arranc&oacute; una recogida de firmas que en menos de un a&ntilde;o consigui&oacute; 700.000 apoyos, muchos m&aacute;s de los 500.000 exigidos para presentar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP). La toma en consideraci&oacute;n de la iniciativa fue apoyada por todos los grupos parlamentarios, salvo Vox, pero la falta de acuerdo pol&iacute;tico hizo que permaneciera bloqueada durante meses. Por ello, Podemos y el Gobierno han pactado sacar adelante la regularizaci&oacute;n extraordinaria mediante un reglamento y sin necesidad de que sea aprobada en el Congreso.
    </p><p class="article-text">
        Diana y Luisa celebran tambi&eacute;n que se les abra la puerta a poder visitar a su familia en Colombia y agradecen el trabajo del movimiento Regularizaci&oacute;n Ya. &ldquo;Voy a poder tener permiso de trabajo por un a&ntilde;o y no voy a estar amarrada y no poder salir. Yo con la solicitud de asilo no puedo salir de Espa&ntilde;a&rdquo;, explica Diana. En Colombia, Luisa tiene a una de sus hijas, a su madre, a sus hermanos y a sus sobrinos. &ldquo;Estoy deseosa de ir a compartir con mi familia&rdquo;, afirma con esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalia G. Vargas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/migraciones/mujeres-contrato-hoteles-casas-canarias-explotacion-aguantas-necesidad_1_12977751.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 21:00:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/92827eca-bc0c-4646-be0d-b9ced00b2e14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1506928" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/92827eca-bc0c-4646-be0d-b9ced00b2e14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1506928" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las mujeres que trabajan sin contrato en los hoteles y las casas de Canarias: “Es una explotación que aguantas por necesidad”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/92827eca-bc0c-4646-be0d-b9ced00b2e14_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Precariedad laboral,Turismo,Empleadas domésticas,Canarias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los datos de contratación de enero constatan la "precariedad laboral" de la juventud de Cantabria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/datos-contratacion-enero-constatan-precariedad-laboral-juventud-cantabria_1_12985143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16b0b99b-4098-4313-a9e6-3af18d3b3f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los datos de contratación de enero constatan la &quot;precariedad laboral&quot; de la juventud de Cantabria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No podemos normalizar que la juventud encadene contratos breves, parciales, mayoritariamente temporales e inestables", subrayan desde Comisiones Obreras
</p></div><p class="article-text">
        Comisiones Obreras de Cantabria (CCOO) ha analizado los datos de contrataci&oacute;n de enero de 2026 y ha insistido en que la situaci&oacute;n que atraviesan los j&oacute;venes en el mercado laboral &ldquo;sigue siendo grave&rdquo; pues se constata que &ldquo;siguen instalados en la precariedad laboral&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los datos de contrataci&oacute;n del primer mes del a&ntilde;o, atendiendo a la duraci&oacute;n de los contratos, el tipo de jornada, el g&eacute;nero y los tramos de edad entre los 16 y los 34 a&ntilde;os, &ldquo;confirman que la puerta de entrada al empleo sigue siendo la precariedad&rdquo;, ha reiterado el sindicato en un comunicado.
    </p><p class="article-text">
        En enero, un 26,06% del total de los contratos firmados fue de car&aacute;cter indefinido, de los que solo el 12,02% corresponde a j&oacute;venes, mientras casi la mitad de los contratos celebrados corresponden a este grupo de edad. &ldquo;Una cifra que pone de manifiesto que la temporalidad golpea de forma m&aacute;s fuerte a la juventud&rdquo;, ha valorado la secretaria de J&oacute;venes de CCOO de Cantabria, Andrea Garay, que ha precisado que del total de 12.220 contratos firmados, el 46,53% (5.686) fue firmados por j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A&uacute;n m&aacute;s dram&aacute;tico&rdquo; para CCOO es que el 54,45% de j&oacute;venes ha firmado contratos en enero de duraci&oacute;n inferior o igual a una semana, lo que revela &ldquo;una alt&iacute;sima rotaci&oacute;n y una falta de continuidad que impiden consolidar ingresos, acceder a vivienda o planificar el futuro con un m&iacute;nimo de seguridad&rdquo;, ha recalcado Garay.
    </p><p class="article-text">
        Respecto al tipo de jornada, el 66,15% (8.083) del total de los contratos firmados fue a jornada completa y, de ellos el 43,14% (3.487) se firm&oacute; por j&oacute;venes. Sin embargo, de todos esos contratos a jornada completa, s&oacute;lo el 22,39% (1.810) fue indefinido y s&oacute;lo el 9,30% (752) se rubric&oacute; por j&oacute;venes frente al 77,61% (6.273) temporales del total (el 33,84% por personas j&oacute;venes).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto evidencia que incluso dentro de las jornadas completas predomina la inestabilidad y que, cuando se accede a una jornada completa, la mayor&iacute;a de las personas trabajadoras j&oacute;venes lo hacen sin garant&iacute;as de continuidad&rdquo;, ha subrayado Garay.
    </p><p class="article-text">
        En la jornada parcial, la situaci&oacute;n es &ldquo;a&uacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil&rdquo; para CCOO. M&aacute;s de la mitad, el 52,59% (1.942) de los contratos firmados por personas j&oacute;venes es a tiempo parcial, 22 puntos porcentuales m&aacute;s que la media; y de ellos, el 76,31% (1.482) es temporal, mientras que la modalidad indefinida es claramente minoritaria, ya que apenas alcanza un 23,99% (466) de las contrataciones totales.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, el contrato fijo discontinuo, que tiene un peso reducido en el conjunto de la poblaci&oacute;n 3,63% (444), afecta proporcionalmente m&aacute;s a la juventud al suponer el 56,53% (251) de los contratos firmados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La precariedad laboral est&aacute; instalada en los j&oacute;venes y otro ejemplo de ello son los contratos fijos discontinuos que demuestran que el acceso al empleo es intermitente y que est&aacute; vinculado a determinadas &eacute;pocas del a&ntilde;o&rdquo;, ha se&ntilde;alado Garay, que adem&aacute;s ha puesto de manifiesto la desigualdad entre los j&oacute;venes, &ldquo;que tambi&eacute;n tiene rostro de mujer&rdquo;, puesto que de la contrataci&oacute;n a jornada completa, solo el 43,7% (3.533) corresponde a mujeres, frente al 56,3% (4.550) de hombres.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en el trabajo a tiempo parcial sucede lo contrario: casi el 68% de estos contratos recaen en mujeres. &ldquo;Una distribuci&oacute;n que perpet&uacute;a menores salarios, menor protecci&oacute;n social y m&aacute;s obst&aacute;culos para desarrollar proyectos de vida aut&oacute;noma&rdquo;, ha valorado la secretaria de J&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, Garay ha insistido en que &ldquo;no podemos normalizar que la juventud encadene contratos breves, parciales y abrumadoramente temporales. Es urgente reforzar las pol&iacute;ticas que impulsen empleo estable y de calidad, as&iacute; como combatir la feminizaci&oacute;n de la precariedad. La juventud necesita derechos, certidumbre y salarios dignos. Sin estabilidad laboral, no hay emancipaci&oacute;n posible&rdquo;, ha subrayado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiario.es Cantabria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/datos-contratacion-enero-constatan-precariedad-laboral-juventud-cantabria_1_12985143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 21:45:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/16b0b99b-4098-4313-a9e6-3af18d3b3f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2483751" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/16b0b99b-4098-4313-a9e6-3af18d3b3f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2483751" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los datos de contratación de enero constatan la "precariedad laboral" de la juventud de Cantabria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/16b0b99b-4098-4313-a9e6-3af18d3b3f98_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Empleo,Jóvenes,Precariedad laboral,CCOO - Comisiones Obreras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salaris baixos, ansietat i lloguers que devoren sous: només un de cada tres joves aconsegueix independitzar-se a Balears]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/salaris-baixos-ansietat-i-lloguers-devoren-sous-nomes-tres-joves-aconsegueix-independitzar-balears_1_12975938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" width="1919" height="1079" alt="Salaris baixos, ansietat i lloguers que devoren sous: només un de cada tres joves aconsegueix independitzar-se a Balears"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Els preus abusius de l'habitatge, la precarització laboral i la pressió de la turistització deteriora la salut mental del jovent de les illes a major ritme que a la resta de l'Estat, segons l''Anuari de la Joventut de les Illes Balears 2025'</p><p class="subtitle">Els preus abusius deixen milers de joves sense ajudes al lloguer a Eivissa: “Els meus estalvis tampoc arriben per comprar una casa”</p></div><p class="article-text">
        L'emancipaci&oacute; juvenil s'ha convertit en una excepci&oacute; a Balears. Nom&eacute;s el 15,3% dels joves d'entre 16 i 29 anys viu fora de la llar familiar i, a la franja clau de 25 a 29 anys, amb prou feines un de cada tres aconsegueix independitzar-se, tal com constata l'<em>Anuari de la Joventut de les Illes Balears 2025</em>, que dibuixa un escenari marcat per baixos salaris, precaritzaci&oacute; laboral i un mercat de l'habitatge que actua com a principal mur de contenci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        L'informe, elaborat per l'Observatori de la Joventut de les Illes Balears (OJIB) i el Consell de la Joventut de les Illes Balears (CJIB), incorpora per primera vegada una an&agrave;lisi espec&iacute;fica sobre salut mental que refor&ccedil;a la lectura estructural del problema: segons l'estudi, els joves de les illes tenen una pitjor salut mental que els de la resta del pa&iacute;s i pateixen m&eacute;s depressi&oacute;, ansietat i malestar psicol&ograve;gic per l'encariment de l'habitatge, la precaritzaci&oacute; laboral i la pressi&oacute; que la turistificaci&oacute; exerceix sobre l'emerg&egrave;ncia residencial.
    </p><p class="article-text">
        D'acord amb l'informe, el cost del lloguer absorbeix de mitjana el 59% dels ingressos d'una llar jove i equival al 135,9% del salari d'una sola persona. A la pr&agrave;ctica, el salari juvenil nom&eacute;s permet accedir a un habitatge de 18 metres quadrats al mercat lliure, una xifra que resumeix el grau d'asf&iacute;xia habitacional a qu&egrave; s'enfronta la joventut balear. Comprar tampoc &eacute;s una alternativa realista: adquirir un habitatge nou suposa l'equivalent a 22,1 anys de sou juvenil i, perqu&egrave; un jove pugui destinar el 30% del sou a una hipoteca, caldria ingressar 5.440 euros nets mensuals, una xifra que el propi informe qualifica de &ldquo;totalment allunyada de la realitat salarial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Malgrat aix&ograve;, el r&egrave;gim majoritari entre la joventut emancipada continua sent el lloguer a preu de mercat (45,7%), molt per davant de la propietat amb hipoteca (16,9%) o del lloguer per sota del preu de mercat (14,7%). Perqu&egrave; una persona jove pogu&eacute;s destinar nom&eacute;s el 30% del seu salari al pagament d'una hipoteca, hauria d'ingressar 5.440 euros nets al mes.
    </p><p class="article-text">
        A l'arxip&egrave;lag resideixen actualment 197.500 joves, per&ograve; &uacute;nicament 30.285 estan emancipats. Entre els qui tenen entre 25 i 29 anys -un grup format per 77.156 persones-, la taxa d'emancipaci&oacute; se situa en el 33,2%. La bretxa de g&egrave;nere &eacute;s lleu per&ograve; persistent: el 13,4% dels homes viu fora de la llar familiar enfront del 17,4% de les dones.
    </p><p class="article-text">
        Les difer&egrave;ncies s'accentuen quan s'at&eacute;n al lloc de naixement. Nom&eacute;s el 8,4% dels joves nascuts a les illes d'entre 25 i 29 anys est&agrave; emancipat, enfront del 26,8% dels qui procedeixen d'altres comunitats aut&ograve;nomes i el 27,2% dels nascuts a l'estranger. Una dada que apunta a una realitat coneguda a les illes: els qui arriben amb feina ja assegurada o amb m&eacute;s capacitat econ&ograve;mica tenen m&eacute;s opcions d'accedir a un habitatge, mentre que la joventut local queda atrapada en un mercat cada vegada m&eacute;s inaccessible.
    </p><p class="article-text">
        L'anuari assenyala que la combinaci&oacute; de precaritzaci&oacute; laboral i encariment de l'habitatge &ldquo;converteix l'autonomia en un privilegi&rdquo;. Estudiar ja no garanteix una feina digna i treballar no assegura poder sortir d'aquesta situaci&oacute;, una constataci&oacute; que connecta directament amb el model econ&ograve;mic de Balears, fortament dependent del turisme i caracteritzat per la temporalitat i els baixos salaris.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El lloguer &eacute;s prohibitiu, la compra &eacute;s una quimera i el parc p&uacute;blic d'habitatge &eacute;s insuficient&rdquo;, resumeix un dels articles de l'anuari, que adverteix que l'emancipaci&oacute; ha deixat de ser una etapa natural del cicle vital per convertir-se en un privilegi reservat a aquells que compten amb recursos suficients o circumst&agrave;ncies excepcionals. El resultat &eacute;s una joventut abocada a prolongar la conviv&egrave;ncia familiar o a assumir situacions d'inestabilitat habitacional.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En la &ldquo;sala d'espera&rdquo; de la vida adulta</strong></h2><p class="article-text">
        Davant d'aquest panorama, el Consell de la Joventut reclama mesures urgents: regular el preu del lloguer, ampliar de forma decidida el parc p&uacute;blic d'habitatge i reservar-ne una part per a joves, reconvertir espais en habitatge social i reduir els impostos vinculats al primer habitatge. &ldquo;La joventut no vol viure eternament a la sala d'espera de la vida adulta&rdquo;, subratllen, exigint &ldquo;habitatge digne, feines estables i oportunitats reals, ara&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        L'<em>Anuari de la Joventut de les Illes Balears 2025</em>, presentat aquest dilluns per la doctora Bel&eacute;n Pascual (UIB), la directora de l'OJIB, Assumpta Mas, i el doctor Carles Feixa, aplega 19 articles. Un d'ells, titulat <em>M&eacute;s joves en risc de pobresa que joves emancipats</em>, recorda que el 19,1% de les persones d'entre 16 i 24 anys es troba en risc de pobresa o exclusi&oacute;, aix&iacute; com el 7,5% dels joves que treballen. 
    </p><p class="article-text">
        Es tracta d'un context de precaritzaci&oacute; habitacional i laboral que t&eacute; un impacte directe en el benestar psicol&ograve;gic. L'informe sobre salut mental alerta que el 13,3% de la joventut balear pateix ansietat cr&ograve;nica, m&eacute;s del doble que la mitjana estatal, situada en el 6,2%. La depressi&oacute; tamb&eacute; presenta xifres m&eacute;s elevades que en el conjunt del pa&iacute;s, tant entre la poblaci&oacute; de 15 a 29 anys com entre els m&eacute;s grans de 30.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;s enll&agrave; dels diagn&ograve;stics cl&iacute;nics, l'estudi subratlla el malestar generalitzat d'una generaci&oacute; que percep la seva situaci&oacute; com a cr&iacute;tica. Nom&eacute;s un 0,5% de les persones joves considera que la situaci&oacute; del col&middot;lectiu &eacute;s molt bona i amb prou feines un 3,5% la qualifica de bona. En canvi, m&eacute;s d'un ter&ccedil; la defineix com a dolenta o molt dolenta, i nom&eacute;s el 34% confia a viure millor que els seus progenitors.
    </p><p class="article-text">
        Segons l'Anuari, aquestes percepcions estan profundament arrelades en realitats socioecon&ograve;miques espec&iacute;fiques de Balears, entre les quals destaquen l'especulaci&oacute; immobili&agrave;ria, la pressi&oacute; tur&iacute;stica sobre el mercat residencial i la precaritzaci&oacute; laboral derivada de la depend&egrave;ncia del sector tur&iacute;stic i la temporalitat dels contractes. &ldquo;Quan les dificultats per accedir a un habitatge digne es combinen amb la falta d'ingressos estables, la joventut balear queda atrapada en un cercle de vulnerabilitat estructural que dificulta tant l'autonomia com la construcci&oacute; de projectes de vida amb garanties&rdquo;, adverteix l'informe.
    </p><p class="article-text">
        Davant d'aquest escenari, el Consell de la Joventut insisteix que la salut mental juvenil no pot abordar-se &uacute;nicament des d'una perspectiva cl&iacute;nica. Reclama pol&iacute;tiques p&uacute;bliques integrals que ampli&iuml;n l'atenci&oacute; sanit&agrave;ria, per&ograve; que tamb&eacute; garanteixin habitatge assequible, ocupaci&oacute; digna, igualtat de g&egrave;nere i espais reals de participaci&oacute;. Sense un gir estructural, conclou l'Anuari, l'habitatge continuar&agrave; sent no nom&eacute;s un problema habitacional, sin&oacute; un dels principals factors de desgast psicol&ograve;gic i desigualtat generacional a Balears.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/salaris-baixos-ansietat-i-lloguers-devoren-sous-nomes-tres-joves-aconsegueix-independitzar-balears_1_12975938.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 15:42:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" length="303352" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" type="image/jpeg" fileSize="303352" width="1919" height="1079"/>
      <media:title><![CDATA[Salaris baixos, ansietat i lloguers que devoren sous: només un de cada tres joves aconsegueix independitzar-se a Balears]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" width="1919" height="1079"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Mercado inmobiliario,Jóvenes,Emancipación,Precariedad laboral,Precariedad,Salarios,Alquiler,Islas Baleares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajos salarios, ansiedad y alquileres que devoran sueldos: solo uno de cada tres jóvenes logra independizarse en Balears]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/bajos-salarios-ansiedad-alquileres-devoran-sueldos-tres-jovenes-logra-independizarse-balears_1_12975632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" width="1919" height="1079" alt="Bajos salarios, ansiedad y alquileres que devoran sueldos: solo uno de cada tres jóvenes logra independizarse en Balears"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los precios abusivos de la vivienda, la precarización laboral y la presión de la turistización deteriora la salud mental de la juventud de las islas a mayor ritmo que en el resto del Estado, según el 'Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025'</p><p class="subtitle">Los precios abusivos dejan a miles de jóvenes sin ayudas al alquiler en Ibiza: “Mis ahorros tampoco llegan para comprar una casa”
</p></div><p class="article-text">
        La emancipaci&oacute;n juvenil se ha convertido en una excepci&oacute;n en Balears. Solo el 15,3 % de los j&oacute;venes de entre 16 y 29 a&ntilde;os vive fuera del hogar familiar y, en la franja clave de 25 a 29 a&ntilde;os, apenas uno de cada tres logra independizarse, tal como constata el <em>Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025</em>, que dibuja un escenario marcado por bajos salarios, precarizaci&oacute;n laboral y un mercado de la vivienda que act&uacute;a como principal muro de contenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El informe, elaborado por el Observatori de la Joventut de les Illes Balears (OJIB) y el Consell de la Joventut de les Illes Balears (CJIB), incorpora por primera vez un an&aacute;lisis espec&iacute;fico sobre salud mental que refuerza la lectura estructural del problema: seg&uacute;n el estudio, los j&oacute;venes de las islas tienen una peor salud mental que los del resto del pa&iacute;s y sufren m&aacute;s depresi&oacute;n, ansiedad y malestar psicol&oacute;gico por el encarecimiento de la vivienda, la precarizaci&oacute;n laboral y la presi&oacute;n que la turistificaci&oacute;n ejerce sobre la emergencia residencial.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo al informe, el coste del alquiler absorbe de media el 59 % de los ingresos de un hogar joven y equivale al 135,9 % del salario de una sola persona. En la pr&aacute;ctica, el salario juvenil solo permite acceder a una vivienda de 18 metros cuadrados en el mercado libre, una cifra que resume el grado de asfixia habitacional al que se enfrenta la juventud balear. Comprar tampoco es una alternativa realista: adquirir una vivienda nueva supone el equivalente a 22,1 a&ntilde;os de sueldo juvenil y, para que un joven pueda destinar el 30 % del sueldo a una hipoteca, ser&iacute;a necesario ingresar 5.440 euros netos mensuales, una cifra que el propio anuario califica de &ldquo;totalmente alejada de la realidad salarial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a todo ello, el r&eacute;gimen mayoritario entre la juventud emancipada sigue siendo el alquiler a precio de mercado (45,7 %), muy por delante de la propiedad con hipoteca (16,9 %) o del alquiler por debajo del precio de mercado (14,7 %). 
    </p><p class="article-text">
        En el archipi&eacute;lago residen actualmente 197.500 j&oacute;venes, pero &uacute;nicamente 30.285 est&aacute;n emancipados. Entre quienes tienen entre 25 y 29 a&ntilde;os -un grupo formado por 77.156 personas-, la tasa de emancipaci&oacute;n se sit&uacute;a en el 33,2 %. La brecha de g&eacute;nero es leve pero persistente: el 13,4 % de los hombres vive fuera del hogar familiar frente al 17,4 % de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Las diferencias se acent&uacute;an cuando se atiende al lugar de nacimiento. Solo el 8,4 % de los j&oacute;venes nacidos en las islas de entre 25 y 29 a&ntilde;os est&aacute; emancipado, frente al 26,8 % de quienes proceden de otras comunidades aut&oacute;nomas y el 27,2 % de los nacidos en el extranjero. Un dato que apunta a una realidad conocida en las islas: quienes llegan con empleo ya asegurado o con mayor capacidad econ&oacute;mica tienen m&aacute;s opciones de acceder a una vivienda, mientras que la juventud local queda atrapada en un mercado cada vez m&aacute;s inaccesible.
    </p><p class="article-text">
        El anuario se&ntilde;ala que la combinaci&oacute;n de precarizaci&oacute;n laboral y encarecimiento de la vivienda &ldquo;convierte la autonom&iacute;a en un privilegio&rdquo;. Estudiar ya no garantiza un empleo digno y trabajar no asegura poder salir de esta situaci&oacute;n, una constataci&oacute;n que conecta directamente con el modelo econ&oacute;mico de Balears, fuertemente dependiente del turismo y caracterizado por la temporalidad y los bajos salarios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El alquiler es prohibitivo, la compra es una quimera y el parque p&uacute;blico de vivienda es insuficiente&rdquo;, resume uno de los art&iacute;culos del anuario, que advierte de que la emancipaci&oacute;n ha dejado de ser una etapa natural del ciclo vital para convertirse en un privilegio reservado a quienes cuentan con recursos suficientes o circunstancias excepcionales. El resultado es una juventud abocada a prolongar la convivencia familiar o a asumir situaciones de inestabilidad habitacional.
    </p><h2 class="article-text"><strong>En la &ldquo;sala de espera&rdquo; de la vida adulta</strong> </h2><p class="article-text">
        Ante este panorama, el Consell de la Joventut reclama medidas urgentes: regular el precio del alquiler, ampliar de forma decidida el parque p&uacute;blico de vivienda y reservar una parte para j&oacute;venes, reconvertir espacios en vivienda social y reducir los impuestos vinculados a la primera vivienda. &ldquo;La juventud no quiere vivir eternamente en la sala de espera de la vida adulta&rdquo;, subrayan, exigiendo &ldquo;vivienda digna, trabajos estables y oportunidades reales, ahora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Anuario de la Juventud de las Illes Balears 2025</em>, presentado este lunes por la doctora Bel&eacute;n Pascual (UIB), la directora del OJIB, Assumpta Mas, y el doctor Carles Feixa, re&uacute;ne 19 art&iacute;culos. Uno de ellos, titulado <em>M&aacute;s j&oacute;venes en riesgo de pobreza que j&oacute;venes emancipados</em>, recuerda que el 19,1 % de las personas de entre 16 y 24 a&ntilde;os se encuentra en riesgo de pobreza o exclusi&oacute;n, as&iacute; como el 7,5 % de los j&oacute;venes que trabajan. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un contexto de precarizaci&oacute;n habitacional y laboral que tiene un impacto directo en el bienestar psicol&oacute;gico. El informe sobre salud mental alerta de que el 13,3 % de la juventud balear sufre ansiedad cr&oacute;nica, m&aacute;s del doble que la media estatal, situada en el 6,2 %. La depresi&oacute;n tambi&eacute;n presenta cifras m&aacute;s elevadas que en el conjunto del pa&iacute;s, tanto entre la poblaci&oacute;n de 15 a 29 a&ntilde;os como entre los mayores de 30.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los diagn&oacute;sticos cl&iacute;nicos, el estudio subraya el malestar generalizado de una generaci&oacute;n que percibe su situaci&oacute;n como cr&iacute;tica. Solo un 0,5 % de las personas j&oacute;venes considera que la situaci&oacute;n del colectivo es muy buena y apenas un 3,5 % la califica de buena. En cambio, m&aacute;s de un tercio la define como mala o muy mala, y solo el 34 % conf&iacute;a en vivir mejor que sus progenitores.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Anuario, estas percepciones est&aacute;n profundamente arraigadas en realidades socioecon&oacute;micas espec&iacute;ficas de Baleares, entre las que destacan la especulaci&oacute;n inmobiliaria, la presi&oacute;n tur&iacute;stica sobre el mercado residencial y la precariedad laboral derivada de la dependencia del sector tur&iacute;stico y la temporalidad de los contratos. &ldquo;Cuando las dificultades para acceder a una vivienda digna se combinan con la falta de ingresos estables, la juventud balear queda atrapada en un c&iacute;rculo de vulnerabilidad estructural que dificulta tanto la autonom&iacute;a como la construcci&oacute;n de proyectos de vida con garant&iacute;as&rdquo;, advierte el informe.
    </p><p class="article-text">
        Ante este escenario, el Consell de la Joventut insiste en que la salud mental juvenil no puede abordarse &uacute;nicamente desde una perspectiva cl&iacute;nica. Reclama pol&iacute;ticas p&uacute;blicas integrales que ampl&iacute;en la atenci&oacute;n sanitaria, pero que tambi&eacute;n garanticen vivienda asequible, empleo digno, igualdad de g&eacute;nero y espacios reales de participaci&oacute;n. Sin un giro estructural, concluye el Anuario, la vivienda seguir&aacute; siendo no solo un problema habitacional, sino uno de los principales factores de desgaste psicol&oacute;gico y desigualdad generacional en Balears.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/bajos-salarios-ansiedad-alquileres-devoran-sueldos-tres-jovenes-logra-independizarse-balears_1_12975632.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 15:18:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" length="303352" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" type="image/jpeg" fileSize="303352" width="1919" height="1079"/>
      <media:title><![CDATA[Bajos salarios, ansiedad y alquileres que devoran sueldos: solo uno de cada tres jóvenes logra independizarse en Balears]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ac00254d-2f73-4692-b348-ff0b431f8745_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136150.jpg" width="1919" height="1079"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Mercado inmobiliario,Jóvenes,Emancipación,Precariedad laboral,Precariedad,Salarios,Alquiler,Islas Baleares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[CCOO denuncia "colapso" en la sala del 112 Castilla-La Mancha por la activación del Plan de Inundaciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/ccoo-denuncia-colapso-sala-112-castilla-mancha-activacion-plan-inundaciones_1_12968129.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96136997-5dcf-4a34-9b62-2ab5d77a2f5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="CCOO denuncia &quot;colapso&quot; en la sala del 112 Castilla-La Mancha por la activación del Plan de Inundaciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sindicato asegura que los trabajadores han vuelto a verse "desbordados por un volumen de llamadas inasumible" y recuerdan que es una situación sobre la que llevan "años" advirtiendo sin soluciones: falta coordinación y más efectivos, explica</p><p class="subtitle">Castilla-La Mancha activa su Plan de Inundaciones aunque “no hay incidencias reseñables” 
</p></div><p class="article-text">
        Las trabajadoras y trabajadores de la Sala de Coordinaci&oacute;n del Servicio de Urgencias y Emergencias 112 de Castilla-La Mancha, con sede en Toledo, han vuelto a verse &ldquo;desbordados por un volumen de llamadas inasumible&rdquo;, en lo que el sindicato CCOO ha calificado de &ldquo;nuevo episodio de colapso que no es excepcional&rdquo; y que atribuyen de forma directa a &ldquo;una falta de planificaci&oacute;n estructural&rdquo; y tambi&eacute;n a la &ldquo;inacci&oacute;n reiterada&rdquo; de la Consejer&iacute;a de Hacienda, Administraciones P&uacute;blicas y Transformaci&oacute;n Digital. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el sindicato, a pesar de  que las alertas meteorol&oacute;gicas y los escenarios de riesgo estaban &ldquo;perfectamente previstos&rdquo;, el servicio &ldquo;ha tenido que afrontar nuevamente la emergencia sin refuerzos suficientes&rdquo; y con &ldquo;los mismos recursos m&iacute;nimos de siempre, trasladando toda la presi&oacute;n a una plantilla exhausta y sin capacidad real para absorber picos de demanda&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        CCOO sostiene que &ldquo;el colapso no es imprevisible&rdquo; pero s&iacute; lo es que la consejer&iacute;a competente y la Direcci&oacute;n General de Protecci&oacute;n Ciudadana &ldquo;sigan sin escuchar ni asumir responsabilidades&rdquo;, seg&uacute;n denuncian desde el Comit&eacute; de Empresa del Servicio 112. 
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;A&ntilde;os&rdquo; de una situaci&oacute;n que &ldquo;se agrava&rdquo; con alertas extraordinarias</h2><p class="article-text">
        En este sentido, abunda el sindicato, el personal &ldquo;lleva a&ntilde;os alertando&rdquo; de que la sala &ldquo;funciona al l&iacute;mite&rdquo; de manera &ldquo;permanente&rdquo;, con llamadas en espera y llamadas perdidas de forma habitual, y que esta situaci&oacute;n &ldquo;se agrava de forma cr&iacute;tica cuando se activan alertas o emergencias extraordinarias&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Lamentan que  las advertencias trasladadas a la Administraci&oacute;n regional sigan sin traducirse en medidas efectivas. Desde el Comit&eacute; de Empresa se se&ntilde;ala directamente a la Consejer&iacute;a de Hacienda, Administraciones P&uacute;blicas y Transformaci&oacute;n Digital y a la Direcci&oacute;n General de Protecci&oacute;n Ciudadana, responsables del servicio, &ldquo;por no ejercer una planificaci&oacute;n adecuada, no exigir refuerzos reales y no garantizar un dimensionamiento acorde a la carga real de trabajo, pese a disponer de informaci&oacute;n previa sobre los riesgos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ayer mismo, tras la reuni&oacute;n mantenida por el grupo de trabajo creado por el Gobierno de Castilla-La Mancha ante las inclemencias derivadas de la borrasca Leonardo, el consejero Juan Antonio Ruiz Molina rest&oacute; importancia al efecto del episodio en la comunidad aut&oacute;noma. &ldquo;Yo creo que el term&oacute;metro m&aacute;s importante son las llamadas que nos llegan al 112 de incidencias sobre las personas y tengo que decir que son muy reducidas&rdquo;, asegur&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un grave deterioro del estado f&iacute;sico y emocional&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En su denuncia el sindicato asegura que la situaci&oacute;n est&aacute; provocando &ldquo;un grave deterioro del estado f&iacute;sico y psicosocial de la plantilla&rdquo; y que se pone en riesgo la calidad y la seguridad de la atenci&oacute;n a la ciudadan&iacute;a, en un servicio esencial del que dependen vidas humanas.
    </p><p class="article-text">
        El Comit&eacute; de Empresa del 112 exige a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que asuma &ldquo;de forma inmediata&rdquo; su responsabilidad sobre la gesti&oacute;n y planificaci&oacute;n del servicio, reclama la implantaci&oacute;n de refuerzos autom&aacute;ticos y suficientes ante alertas previstas, adem&aacute;s de un &ldquo;redimensionamiento urgente de la Sala de Coordinaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n sugiere &ldquo;medidas inmediatas&rdquo; para proteger la salud del personal y evitar nuevos episodios de colapso.
    </p><p class="article-text">
        Fuentes de la consejer&iacute;a responsable del servicio consultadas por elDiario.es Castilla-La Mancha aseguran que la Sala se reforzo el d&iacute;a anterior a la activaci&oacute;n del el Plan Especial de Protecci&oacute;n Civil ante el Riesgo de Inundaciones en Castilla-La Mancha (PRICAM) y tambi&eacute;n al d&iacute;a siguiente. Tambi&eacute;n aseguran que el proceso de &ldquo;mejora&rdquo; del servicio se realiza de forma &ldquo;continuada&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioclm.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/ccoo-denuncia-colapso-sala-112-castilla-mancha-activacion-plan-inundaciones_1_12968129.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Feb 2026 09:00:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/96136997-5dcf-4a34-9b62-2ab5d77a2f5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="118829" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/96136997-5dcf-4a34-9b62-2ab5d77a2f5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="118829" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[CCOO denuncia "colapso" en la sala del 112 Castilla-La Mancha por la activación del Plan de Inundaciones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/96136997-5dcf-4a34-9b62-2ab5d77a2f5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Emergencias,Castilla-La Mancha,CCOO - Comisiones Obreras,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camarera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" width="1200" height="675" alt="Camarera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todos de jóvenes quisimos cambiar el mundo. Leímos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas películas que nos alentaban en nuestro propósito de cambiar el mundo"</p></div><p class="article-text">
        Cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera quiere cambiar el mundo. Me pregunto si sus ojeras se deben a una mala noche o un cansancio que arrastra desde hace a&ntilde;os porque la vida le ha situado a ese lado de la barra cuando ella, de joven, quer&iacute;a cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera, tras servirme una copa de vino, ha intuido que yo soy un hombre que, aburrido de s&iacute; mismo, est&aacute; buscando en este local una certeza, una dulzura c&aacute;lida que consiga mantenerme a este lado de la barra casi confortado, como si fuera un ni&ntilde;o que regresara a casa de la escuela.
    </p><p class="article-text">
        La cafeter&iacute;a es peque&ntilde;a. No hay cuadros en las paredes, solo un televisor gigantesco donde unas gimnastas dan volteretas sobre una tarima de color azul y unas estanter&iacute;as donde se amontonan las botellas de licores de alta graduaci&oacute;n: ginebras, vodkas, tequilas, whiskys, aguardientes... La camarera tiene los ojos peque&ntilde;os, de un negro distra&iacute;do. No somos muchos en la cafeter&iacute;a. Un par de hombres insulsos, silenciosos, de una edad inh&oacute;spita, nada f&aacute;cil de sobrellevar, y una mujer de pelo ralo, rubio te&ntilde;ido, cincuentona, que junto a la m&aacute;quina tragaperras trata de solucionar el crucigrama del peri&oacute;dico. He salido de casa en esta tarde de invierno para no tenerme demasiado en cuenta. No llueve. No truena. No nieva.
    </p><p class="article-text">
        La camarera mira hacia la puerta como si necesitara que alguien entrara en la cafeter&iacute;a para as&iacute; mantenerla ocupada y no recordar que de joven so&ntilde;&oacute; con cambiar el mundo. Todos de j&oacute;venes quisimos cambiar el mundo. Le&iacute;mos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas pel&iacute;culas que nos alentaban en nuestro prop&oacute;sito de cambiar el mundo. No s&eacute; qu&eacute; leen los j&oacute;venes de este tiempo. Ni lo que escuchan. Ni lo que contemplan. Ya no estoy en las redes sociales. Todav&iacute;a prefiero el mundo de los bares al mundo digital. Me resulta menos violento. Menos oscuro. Menos solitario. 
    </p><p class="article-text">
        Los de mi generaci&oacute;n no hemos dejado de ser j&oacute;venes en nuestra cabeza, pero ahora, con las manos ya arrugadas, sostenemos la copa de vino o de whisky o de tequila, de otra manera, con menos firmeza, con un entusiasmo dom&eacute;stico que, como los cubitos de hielo, se va diluyendo lentamente tras cada trago. No cambiamos el mundo. No lo conseguimos. El mundo contin&uacute;a regido por los multimillonarios. Los delincuentes habituales. Los que nunca pierden. El mundo, eso s&iacute;, nos ha hecho a su imagen y semejanza. Nos ha moldeado. Nos ha esculpido. A la camarera le ha adornado con ojeras de tuberculosa y una belleza te&ntilde;ida y balbuceante, de mirada distra&iacute;da, que m&aacute;s que acuosa es servicial y a m&iacute; me ha situado a esta hora fatigada en esta cafeter&iacute;a de barrio bebiendo un vino de raza mediocre, &aacute;spero y resistente, por no tenerme demasiado en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la camarera pasa la bayeta por la superficie de la barra con una determinaci&oacute;n concienzuda, casi brusca, como si as&iacute; lograra borrar de su memoria todas las derrotas que ha tenido que admitir. Es hora de regresar a casa. La sirena de una ambulancia se esparce por la calle como un hurac&aacute;n que se va acercando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 20:46:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" length="141273" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" type="image/jpeg" fileSize="141273" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Camarera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Precariedad,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La oscura realidad de los chats sexuales con la IA: personas en Kenia o Venezuela que cobran 5 céntimos por mensaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/oscura-realidad-chats-sexuales-ia-personas-kenia-venezuela-cobran-5-centimos-mensaje_1_12870762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1244b12-8e05-41c9-9d95-5d2dd4fc10e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La oscura realidad de los chats sexuales con la IA: personas en Kenia o Venezuela que cobran 5 céntimos por mensaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Testimonios de los trabajadores de estas plataformas revelan cómo la industria utiliza mano de obra humana secreta para controlar chatbots íntimos</p><p class="subtitle">La investigadora que destripa el mito de OpenAI: “Las multinacionales de IA aceleran el retroceso democrático”</p></div><p class="article-text">
        Uno de los trabajos <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/batalla-meta-pague-tratamiento-moderadores-borran-horrores-tortura-psicologica_1_11648954.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s desconocidos</a> del mundo digital es el de la moderaci&oacute;n de plataformas. Son todas aquellas personas que apartan del contenido p&uacute;blico aquello que no debe verse, como mutilaciones, autolesiones o todo tipo de abusos. Sin embargo, existe una categor&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s oscura que la industria digital encuadran en la categor&iacute;a de &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo;: la suplantaci&oacute;n de cuentas en las aplicaciones de citas y p&aacute;ginas de contactos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando iniciaba sesi&oacute;n en mi panel de trabajo, ten&iacute;a acceso a m&uacute;ltiples perfiles falsos de varios g&eacute;neros; normalmente de tres a cinco personajes diferentes que pod&iacute;a manejar simult&aacute;neamente. A veces ten&iacute;a que operar personajes masculinos y femeninos en el mismo d&iacute;a, dependiendo de lo que los usuarios de la plataforma estuvieran buscando&rdquo;, <a href="https://data-workers.org/michael/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">relata Michael Geoffrey Asia</a>, un trabajador que desempe&ntilde;&oacute; este trabajo en Nairobi. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existe una idea equivocada sobre este trabajo&rdquo;, <a href="https://data-workers.org/oskarina/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coincide Oskarina Ver&oacute;nica Fuentes</a>, que lleva una d&eacute;cada realiz&aacute;ndolo desde Venezuela y Colombia. &ldquo;La gente piensa que es f&aacute;cil porque trabajamos desde casa, frente a la computadora. Algunos tambi&eacute;n creen que ganamos mucho dinero y que tenemos beneficios adicionales por trabajar para grandes empresas tecnol&oacute;gicas. Otros no tienen idea de que el entrenamiento de la IA se hace de esta manera y no en una oficina con un equipo tecnol&oacute;gico extraordinario&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        Ambos testimonios han sido recogidos por el proyecto Data Workers, que anima a estos trabajadores clave para la sociedad digital a que expongan la realidad de su sector, se al&iacute;en y peleen por sus derechos laborales. Desde 2022 han participado m&aacute;s de una veintena de ellos, desde Alemania hasta Kenia, y desde Brasil hasta Siria. Sin embargo, el &uacute;ltimo de ellos, enviado por Michael Geoffrey Asia, ha a&ntilde;adido una capa m&aacute;s de profundidad a lo que sabemos sobre la &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la era de la IA, estos trabajadores ya no solo intervienen para <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/trabajadores-funciona-ia-piden-amigos-familiares-no-usen-no-rotundo_1_12791733.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;afinar&rdquo; un modelo</a>, evaluando la calidad de texto, im&aacute;genes y v&iacute;deos que genera. Tambi&eacute;n se hacen pasar por ella por 5 c&eacute;ntimos cada respuesta, escribiendo al menos 40 palabras por minuto. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Siempre sospeché que algunas de las personas al otro lado del chat pensaban que yo era un compañero de IA. A veces me preguntaban si era real, o me ponían a prueba con preguntas que parecían diseñadas para atrapar a un bot</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Siempre sospech&eacute; que algunas de las personas al otro lado del chat pensaban que yo era un compa&ntilde;ero de IA. A veces me preguntaban si era real, o me pon&iacute;an a prueba con preguntas que parec&iacute;an dise&ntilde;adas para atrapar a un bot. Cuando m&aacute;s tarde le&iacute; sobre este tipo de 'parejas' de IA, me di cuenta: la empresa probablemente me estaba usando para entrenar estos sistemas. Cada conversaci&oacute;n que ten&iacute;a, cada respuesta que redactaba, cada forma en que aprend&iacute;a a mantener a los usuarios interesados&rdquo;, desvela Asia.
    </p><p class="article-text">
        En estas plataformas, la inteligencia artificial suele encargarse de las tareas de recolecci&oacute;n de datos y de las respuestas m&aacute;s gen&eacute;ricas, mientras que los humanos aportan la &ldquo;sensaci&oacute;n de humanidad&rdquo; que los algoritmos a&uacute;n no pueden replicar con &eacute;xito. El trabajador se encarga de gestionar emociones como la empat&iacute;a, el humor o las interacciones sexuales, mediante un sistema dise&ntilde;ado para ocultar esta suplantaci&oacute;n digital.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estaba entrenando a mi propio reemplazo, ense&ntilde;ando a las m&aacute;quinas c&oacute;mo manipular a personas solitarias de la misma manera que a m&iacute; me obligaban a hacerlo&rdquo;, contin&uacute;a el trabajador.
    </p><h2 class="article-text">Una estafa doble</h2><p class="article-text">
        La realidad de los trabajadores precarios que est&aacute;n detr&aacute;s de muchos de los sistemas que en Occidente pasan por &ldquo;autom&aacute;ticos&rdquo; es otra de las caras ocultas del sector. &ldquo;Este tipo de simulaci&oacute;n o personificaci&oacute;n no es nuevo, sino que es una constante en la industria de la IA. Casos de compa&ntilde;&iacute;as de tecnolog&iacute;a que usan trabajadores precarizados remotos para simular una IA que en realidad no existe se vienen registrando desde hace a&ntilde;os&rdquo; recuerda Milagros Miceli. &ldquo;Pero el caso de los chats sexuales es especialmente penoso&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Este tipo de simulación o personificación no es nuevo, sino que es una constante en la industria de la IA. Pero el caso de los chats sexuales es especialmente penoso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Miceli es soci&oacute;loga y doctora en ciencias de la computaci&oacute;n. Es una de las investigadoras m&aacute;s reputadas sobre las asimetr&iacute;as de poder y explotaci&oacute;n que rodean a los trabajadores de la industria de la IA y ha sido incluida este 2025 por la revista Time en la lista de las 100 personas m&aacute;s influyentes sobre esta tecnolog&iacute;a. La experta, coordinadora del proyecto <a href="https://data-workers.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Data Workers</a>, destaca c&oacute;mo este tipo de suplantaciones son humillantes para las dos partes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para el usuario porque la estafa en este caso implica el hecho de que un trabajador de carne y hueso&mdash; y no un algoritmo sin discernimiento e incapaz de juzgar&mdash; es quien est&aacute; detr&aacute;s de las pantallas. Y para ese trabajador, este tipo de simulaci&oacute;n implica, adem&aacute;s de la presi&oacute;n, la incertidumbre y la mala paga tan comunes en el trabajo de datos, una disociaci&oacute;n de la identidad y de las preferencias sexuales que en muchos casos, como el de Michael, se vive con mucha culpa y verg&uuml;enza&rdquo;, detalla en conversaci&oacute;n con elDiario.es.
    </p><h2 class="article-text">Opacidad</h2><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tipo de servicios promocionan sus chats &iacute;ntimos con la IA para luego contratar a personal humano para mejorar la apariencia del robot? &iquest;Son acaso las 'novias de IA' que publicitan algunas empresas fruto de ese doble enga&ntilde;o? Es complicado penetrar en un sector opaco por naturaleza. Michael Geoffrey Asia desconoc&iacute;a qu&eacute; plataformas podr&iacute;an estar contratando sus servicios, ya que &eacute;l trabajaba para una subcontrata especializada en poner en contacto a personas de zonas necesitadas con compa&ntilde;&iacute;as digitales que requieran de sus servicios. 
    </p><p class="article-text">
        Karen Hao, autora de El imperio de la IA, lo denomina &ldquo;capitalismo de desastre&rdquo; por la tendencia de estas subcontratas de establecerse en zonas donde ha sucedido una cat&aacute;strofe social o medioambiental. &ldquo;Son plataformas que tratan de buscar la mano de obra m&aacute;s barata en el mercado global. Se dieron cuenta es que la mejor manera de encontrarla es ir a los lugares m&aacute;s pobres y desesperados del mundo&rdquo;, explicaba en una <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/investigadora-destripa-mito-openai-sam-altman-multinacionales-ia-aceleran-retroceso-democratico_128_12845861.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entrevista reciente</a> con elDiario.es.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Inicialmente, eso fue Venezuela, donde la econom&iacute;a estaba en un estado desastroso, pero la poblaci&oacute;n tambi&eacute;n estaba altamente educada y ten&iacute;a alta conectividad. A medida que la econom&iacute;a de Venezuela comenz&oacute; a recuperarse ligeramente, el trabajo se traslad&oacute; a otros lugares m&aacute;s desfavorecidos durante la pandemia, cuando otros pa&iacute;ses estaban cayendo en picado, como Kenia&rdquo;, detallaba.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El contrato de confidencialidad no solo protegía el modelo de negocio de la empresa; nos aislaba, impidiéndonos buscar apoyo o incluso explicar a nuestras familias lo que realmente hacíamos por dinero</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Asia s&iacute; se&ntilde;ala directamente a la plataforma que lo capt&oacute; a &eacute;l. Es New Media Services, que se promociona como un servicio &ldquo;donde la automatizaci&oacute;n se fusiona con la experiencia humana&rdquo;. elDiario.es ha tratado de contactar durante varias semanas con New Media Services, sin obtener respuesta a los requerimientos.
    </p><p class="article-text">
        Este no es un fen&oacute;meno marginal, sino una industria masiva que se extiende por todo el Sur Global como parte de este trabajo fantasma. Se estima que millones de personas sostienen la econom&iacute;a digital desde pa&iacute;ses con bajos costes laborales como Kenia, Filipinas o diversos puntos de Latinoam&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        El trabajador tambi&eacute;n se&ntilde;ala otras dos empresas con m&aacute;s peso en el sector de la moderaci&oacute;n y el entrenamiento de IA. Son Cloudworkers y EnterTalkPro, que opera varias plataformas de este tipo alrededor del mundo. Ninguna de las dos ha contestado a las preguntas de este medio.
    </p><p class="article-text">
        Es una negativa que coincide con los acuerdos de confidencialidad que hacen firmar a sus empleados, que les impide revelar las caracter&iacute;sticas de su labor incluso a su familia y amigos. &ldquo;El acuerdo de confidencialidad de la empresa exig&iacute;a que no pudiera decirles la verdad. Era obligatorio. Ten&iacute;as que aceptar el acuerdo para continuar con el proceso de solicitud del empleo&rdquo;, desvela.
    </p><p class="article-text">
        Ese contrato fue otra de las losas que terminaron cayendo sobre su salud mental. &ldquo;Lo que inicialmente parec&iacute;a una protecci&oacute;n de privacidad est&aacute;ndar se convirti&oacute; en una herramienta de silencio y control. No pod&iacute;a revelar la naturaleza del trabajo, las identidades falsas, el contenido sexual o el costo psicol&oacute;gico. El contrato de confidencialidad no solo proteg&iacute;a el modelo de negocio de la empresa; nos aislaba, impidi&eacute;ndonos buscar apoyo o incluso explicar a nuestras familias lo que realmente hac&iacute;amos por dinero&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Sin derechos</h2><p class="article-text">
        El proyecto Data Workers aspira tanto a aportar luz sobre las facetas escondidas de la industria de la IA como a dignificar la labor de los trabajadores que lo hacen posible. Est&aacute; auspiciado por el DAIR Institute, fundado por <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/timnit-gebru-gustaria-fuera-responsabilidad-empresas-demostrar-tecnologia-no-efectos-nocivos_128_10413731.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la investigadora Timnit Gebru</a>, co-l&iacute;der del equipo de IA &eacute;tica de Google hasta 2020, cuando sali&oacute; de la empresa tras un conflicto por un art&iacute;culo cr&iacute;tico sobre esta tecnolog&iacute;a (costes ambientales, opacidad, sesgos y concentraci&oacute;n de poder).
    </p><p class="article-text">
        La reivindicaci&oacute;n de Michael Geoffrey Asia es que los da&ntilde;os de este trabajo sean reconocidos. &ldquo;&iquest;Era real la explotaci&oacute;n de la intimidad con fines de lucro? S&iacute;. No nos pagaban solo por los mensajes, sino por la ilusi&oacute;n, convirtiendo nuestras emociones en ingresos&rdquo;, denuncia. &ldquo;El pago estaba ligado a la producci&oacute;n: 0,05 d&oacute;lares por mensaje, cada uno debiendo cumplir con un recuento de caracteres requerido. Para mantener el ritmo, ten&iacute;amos que escribir al menos 40 palabras por minuto&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El futuro de la IA debe construirse sobre algo más que nuestra humanidad rota. Hasta entonces, recuerden que una novia de IA que responde a su soledad podría ser simplemente un hombre en un barrio marginal de Nairobi</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Kenia, el salario m&iacute;nimo ronda los 110 euros mensuales, una cifra que Michael no alcanzaba a pesar de gestionar miles de interacciones desde los suburbios de Nairobi, donde relata que ni siquiera pod&iacute;a pagar su alquiler de forma puntual. En otros lugares como Venezuela, los ingresos por estas tareas pueden ser superiores al salario base oficial, pero no sacan al trabajador de la precariedad ni le permiten esquivar la dependencia de estas plataformas, que no ofrecen seguridad social o contrato estable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que me sucedi&oacute; a m&iacute;, y a miles de otros que realizan este trabajo invisible, no fue solo explotaci&oacute;n. Fue un borrado sistem&aacute;tico de nuestra humanidad al servicio de la construcci&oacute;n de las mismas tecnolog&iacute;as que nos reemplazar&iacute;an&rdquo;, explica Asia. &ldquo;Fuimos utilizados para ense&ntilde;ar a las m&aacute;quinas c&oacute;mo imitar la intimidad, c&oacute;mo explotar la soledad, c&oacute;mo sonar humanos permaneciendo completamente vac&iacute;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El antiguo moderador, que ahora es secretario general de la Asociaci&oacute;n de Etiquetadores de Datos, exige &ldquo;que los sistemas de IA sean evaluados por sus consecuencias psicol&oacute;gicas, emocionales y sociales antes de su implementaci&oacute;n, no despu&eacute;s de que el da&ntilde;o est&eacute; hecho&rdquo;. Tambi&eacute;n pide que &ldquo;la comunidad de trabajadores&rdquo; pueda participar en las decisiones &ldquo;sobre c&oacute;mo se construye, desarrolla, implementa y regula la IA&rdquo;.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x9xtkug" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        El vac&iacute;o legal en torno a estas pr&aacute;cticas es enorme. En la Uni&oacute;n Europea, la reciente Ley de IA obliga a que los sistemas identifiquen claramente cuando un usuario est&aacute; interactuando con una m&aacute;quina, pero su aplicaci&oacute;n a&uacute;n es incipiente y no contempla el caso espec&iacute;fico de humanos haci&eacute;ndose pasar por IA. En EEUU el vac&iacute;o es a&uacute;n mayor despu&eacute;s del <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/trump-firma-decreto-bloquear-estados-aprueben-regulaciones-ia_1_12839422.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">veto de Donald Trump a que los estados puedan regular la IA</a> y su negativa a establecer reglas nacionales. 
    </p><p class="article-text">
        El problema se agrava adem&aacute;s porque estas empresas operan desde m&uacute;ltiples jurisdicciones: la plataforma puede estar registrada en un pa&iacute;s, los trabajadores en otro, y los usuarios en un tercero, creando un limbo legal que las protege de responsabilidades. &ldquo;Esto no se trata solo de mejores condiciones de trabajo. Se trata de reconocer que no se puede construir una IA &eacute;tica sobre la base de mano de obra humana explotada y traumatizada&rdquo;, enfatiza Asia. &ldquo;Si los datos de entrenamiento provienen de personas que fueron destruidas psicol&oacute;gicamente en el proceso de crearlos, entonces la tecnolog&iacute;a en s&iacute; misma est&aacute; contaminada desde el principio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un aspecto en el que se une con otras trabajadoras de datos y etiquetadoras, como Oskarina Ver&oacute;nica Fuentes. &ldquo;Desde la distancia, servimos con dedicaci&oacute;n para mejorar la inteligencia artificial y hacerla m&aacute;s accesible cada d&iacute;a&rdquo;, recuerda. Pero &ldquo;somos fantasmas para la sociedad y me atrevo a decir que somos mano de obra barata y desechable para las empresas a las que hemos servido durante a&ntilde;os sin garant&iacute;as ni protecci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos merecemos algo mejor. Los usuarios enga&ntilde;ados se merecen algo mejor&rdquo;, concluye Michael Geoffrey Asia: &ldquo;Y el futuro de la IA debe construirse sobre algo m&aacute;s que nuestra humanidad rota. Hasta entonces, recuerden que una novia de IA que responde a su soledad podr&iacute;a ser simplemente un hombre en un barrio marginal de Nairobi, pregunt&aacute;ndose si alguna vez volver&aacute; a sentir amor real&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos del Castillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/oscura-realidad-chats-sexuales-ia-personas-kenia-venezuela-cobran-5-centimos-mensaje_1_12870762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 21:31:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c1244b12-8e05-41c9-9d95-5d2dd4fc10e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="671159" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c1244b12-8e05-41c9-9d95-5d2dd4fc10e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="671159" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La oscura realidad de los chats sexuales con la IA: personas en Kenia o Venezuela que cobran 5 céntimos por mensaje]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c1244b12-8e05-41c9-9d95-5d2dd4fc10e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Robots,Precariedad,Precariedad laboral,Kenia,Venezuela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Copa África de fútbol evidencia la precariedad de migrantes y jóvenes en Marruecos: "Todo el mundo quiere irse"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/copa-africa-futbol-evidencia-precariedad-migrantes-jovenes-marruecos-mundo-quiere-irse_1_12906858.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c17cc482-1953-4fa2-9972-e4918ff51563_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134264.jpg" width="4032" height="2268" alt="La Copa África de fútbol evidencia la precariedad de migrantes y jóvenes en Marruecos: &quot;Todo el mundo quiere irse&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una campaña en redes y un manifiesto de ONG por los derechos humanos censuran el uso propagandístico del gran evento deportivo mientras se descuidan las inversiones sociales </p><p class="subtitle">La generación Z se levanta en Marruecos: qué piden los jóvenes en las protestas que se han saldado con decenas de arrestos </p></div><p class="article-text">
        Una expresi&oacute;n se repite desde hace a&ntilde;os en Marruecos: &ldquo;<em>Koulchi baghi ikhwi</em>&rdquo; (todo el mundo quiere irse). La pronuncian los j&oacute;venes marroqu&iacute;es asfixiados por una tasa de desempleo que ronda el 39% y las personas migrantes que, desde hace a&ntilde;os, buscan migrar a Europa. Las sensaciones son compartidas: falta de horizontes, precariedad estructural y una dignidad que parece asomar m&aacute;s fuera que dentro del pa&iacute;s del norte de &Aacute;frica. Una consigna que permite leer paralelamente dos realidades que a menudo se presentan como separadas.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente en esa l&iacute;nea, y en el contexto de la Copa de &Aacute;frica de Naciones (CAN) de f&uacute;tbol de 2025, un grupo de investigadores, activistas, periodistas y organizaciones de derechos humanos han presentado la iniciativa <a href="https://www.instagram.com/canyamacan2025/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;CAN yama CAN&rdquo;</a>, un juego de palabras entre las siglas de la competici&oacute;n y la frase &aacute;rabe <em>kan yama kan</em> (&eacute;rase una vez). Se trata de un manifiesto suscrito por asociaciones marroqu&iacute;es e institucionales y denuncia la continuidad de las violencias, la criminalizaci&oacute;n de la migraci&oacute;n y la utilizaci&oacute;n de los grandes eventos, en este caso futbol&iacute;sticos, como herramientas de legitimaci&oacute;n pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        El antrop&oacute;logo social en la Universidad de Manchester y firmante del manifiesto S&eacute;bastien Bachelet se&ntilde;ala en una entrevista con elDiario.es, que la CAN es al mismo tiempo un momento de celebraci&oacute;n leg&iacute;tima y un espacio de interrupci&oacute;n cr&iacute;tica. &ldquo;Estos eventos generan una euforia colectiva que pueden permitir superar brevemente distinciones sociales, pero tambi&eacute;n corren el riesgo de invisibilizar las violencias estructurales que persisten&rdquo;, apunta. En el caso marroqu&iacute;, a&ntilde;ade, la competici&oacute;n no puede analizarse sin interrogarse sobre las prioridades de inversi&oacute;n p&uacute;blica, las desigualdades sociales y el lugar que ocupa la migraci&oacute;n y la juventud en el proyecto pol&iacute;tico del Estado. 
    </p><h2 class="article-text">Mano de obra sin derechos</h2><p class="article-text">
        Marruecos se ha volcado en la organizaci&oacute;n de la competici&oacute;n de f&uacute;tbol que re&uacute;ne a sus vecinos africanos desde diciembre de 2025. Ciudades anfitrionas como Rabat, Marrakech o Casablanca, entre otros puntos del pa&iacute;s, se han convertido en espacios de transformaci&oacute;n despu&eacute;s de <a href="https://ledesk.ma/2025/05/22/can-2025-et-mondial-2030-le-maroc-mobilise-son-tissu-economique/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s 870 millones de euros</a> de inversi&oacute;n en infraestructuras, movilidad y adaptaciones a los est&aacute;ndares de la FIFA. Este contexto es clave para entender la situaci&oacute;n de las personas migrantes africanas durante la CAN. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f1053292-b54c-4636-80a3-57367a3d80dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4a159f5c-1602-411f-ae75-369a301a7074_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imágenes promocionales de la campaña CAN yama CAN."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imágenes promocionales de la campaña CAN yama CAN.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El torneo no ha supuesto un cambio radical en lo que se refiere a las pol&iacute;ticas migratorias porque estas ya se rigen por una l&oacute;gica estructural del Estado de reorganizaci&oacute;n espacial de las poblaciones migrantes, seg&uacute;n Nabil Ferdaoussi, investigador y estudiante de Antropolog&iacute;a Social en la Universidad de Ciudad del Cabo. &ldquo;El principal efecto de estos grandes eventos en la poblaci&oacute;n migrante es su inmovilizaci&oacute;n y retenci&oacute;n en polos econ&oacute;micos y lugares espec&iacute;ficos donde su mano de obra barata resulta indispensable&rdquo;, se&ntilde;ala. En Agadir, por ejemplo, hay m&aacute;s de <a href="https://www.infomigrants.net/fr/post/66866/recolter-pour-survivre--le-quotidien-des-migrants-subsahariens-au-maroc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">10.000 trabajadores migrantes</a> indocumentados que trabajan en 20.000 hect&aacute;reas de invernaderos donde crecen frutas y verduras durante todo el a&ntilde;o. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras regiones como Berkane, Beni Mellal, Juribga o Kelaat Sraghna dependen en gran medida de los trabajadores migrantes en situaci&oacute;n irregular, empleados en condiciones precarias y sin protecci&oacute;n legal. &ldquo;A trav&eacute;s de estas decisiones y pr&aacute;cticas, las personas migrantes en Marruecos se convierten en personas sedentarias, pero &uacute;tiles&rdquo;, apunta Ferdaoussi. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El principal efecto de estos grandes eventos en la población migrante es su inmovilización y retención en polos económicos y lugares específicos donde su mano de obra barata resulta indispensable</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Nabil Ferdaoussi</span>
                                        <span>—</span> Investigador de la Universidad de Ciudad del Cabo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta contradicci&oacute;n se vuelve especialmente visible en el marco de la CAN. Como relata Ferdaoussi, &ldquo;los migrantes ya est&aacute;n integrados en la l&oacute;gica del mercado&rdquo;. Es decir, muchos de ellos han participado directamente en la preparaci&oacute;n del evento a trav&eacute;s de la limpieza de las calles, las obras de construcci&oacute;n o el manteamiento de infraestructuras, mientras que, al mismo tiempo, se han tomado medidas excepcionales para que permanezcan fuera de los espacios relacionados con la CAN. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un joven que vend&iacute;a <em>dashikis </em>(camisa colorida usada principalmente en &Aacute;frica occidental) en la playa de Agadir, a unos cientos de metros de la zona de aficionados de la ciudad, a una pareja de turistas blancos fue detenido inmediatamente por agentes vestidos de civil&rdquo;, apunta Ferdaoussi.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al fin y al cabo, la Copa &Aacute;frica es africana y puede que no plantee un problema pol&iacute;tico grave para Marruecos y sus pol&iacute;ticas migratorias, en la misma media que, por ejemplo, s&iacute; lo har&iacute;a el Mundial de 2030. La industria tur&iacute;stica que acompa&ntilde;a a la organizaci&oacute;n de la competici&oacute;n futbol&iacute;stica mundial puede requerir de medidas austeras de &rdquo;limpieza de migrantes&ldquo;, a&ntilde;ade el investigador.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una generaci&oacute;n prescindible</h2><p class="article-text">
        Ayoub vive en Casablanca, es graduado en inform&aacute;tica y est&aacute; en b&uacute;squeda activa de empleo. &ldquo;No est&aacute; siendo f&aacute;cil&rdquo;, cuenta. &ldquo;Hay dinero para la Copa &Aacute;frica, mientras que no lo hay para mejorar las condiciones de nuestras vidas&rdquo;, a&ntilde;ade. &ldquo;Adem&aacute;s, Casablanca se est&aacute; convirtiendo en una ciudad cada vez m&aacute;s cara a ra&iacute;z de las inversiones extranjeras, competiciones como la CAN o el Mundial de 2030&hellip;&rdquo;. Las reivindicaciones durante las manifestaciones de septiembre y octubre de 2025 apuntan al sentimiento de exclusi&oacute;n en un pa&iacute;s que demuestra capacidad para organizar grandes eventos, pero no para garantizar derechos b&aacute;sicos. 
    </p><p class="article-text">
        La expresi&oacute;n &ldquo;<em>koulchi baghi ikhwi&rdquo;</em>  toma tambi&eacute;n fuerza en este sentido. Para Ferdaoussi, el deseo de salir de Marruecos que experimentan las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes no es solo migratorio, sino profundamente pol&iacute;tico. Por su parte, Thierry Desrues, cient&iacute;fico titular del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas (CSIC) en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (ISEA) de C&oacute;rdoba apunta que &ldquo;estos j&oacute;venes no est&aacute;n integrados pol&iacute;ticamente. En Marruecos, los partidos que ocupan el Parlamento no representan un conflicto real entre proyectos de sociedad. Su funci&oacute;n es, m&aacute;s bien, actuar como intermediarios entre el Palacio y la poblaci&oacute;n, y a menudo servir tambi&eacute;n a intereses propios. En ese contexto, la juventud no encuentra canales de representaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Romper la falsa oposici&oacute;n entre marroqu&iacute;es y migrantes</h2><p class="article-text">
        El mercado senegal&eacute;s del centro de Casablanca est&aacute; plet&oacute;rico el 9 de enero, f&uacute;tbol mediante. Senegal ha ganado a Mali y se clasifica para las semifinales. Entre v&iacute;tores, el rugido de los tubos de escape de las motos y los pitidos de una decena de veh&iacute;culos asoman s&iacute;mbolos de convivencia y respeto entre senegaleses y marroqu&iacute;es. Se difumina por unas horas el discurso dominante, que tiende a establecer una frontera artificial entre marroqu&iacute;es y migrantes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los jóvenes no están integrados políticamente. En Marruecos, los partidos que ocupan el Parlamento no representan un conflicto real entre proyectos de sociedad.</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Thierry Desrues</span>
                                        <span>—</span> Científico titular del Instituto de Estudios Sociales Avanzados de Córdoba
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El manifiesto &ldquo;CAN yama CAN&rdquo; apunta que la criminalizaci&oacute;n de la migraci&oacute;n no es un fen&oacute;meno externo, sino una pol&iacute;tica que tambi&eacute;n afecta a la ciudadan&iacute;a de Marruecos. Bachelet subraya, en ese sentido, que la cuesti&oacute;n migratoria no puede entenderse como un problema aislado. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La criminalizaci&oacute;n de las personas migrantes forma parte de un r&eacute;gimen pol&iacute;tico m&aacute;s amplio de gesti&oacute;n de lo indeseable&rdquo;, explica el antrop&oacute;logo, que a&ntilde;ade que la violencia ejercida contra las personas migrantes no es ajena a la frustraci&oacute;n pol&iacute;tica que atraviesa la juventud marroqu&iacute;, y advierte: &ldquo;La pregunta es si la CAN no acabar&aacute; funcionando tambi&eacute;n como una distracci&oacute;n que permita aplazar o silenciar reivindicaciones sociales m&aacute;s amplias&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Soraya Aybar Laafou]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/copa-africa-futbol-evidencia-precariedad-migrantes-jovenes-marruecos-mundo-quiere-irse_1_12906858.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 22:30:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c17cc482-1953-4fa2-9972-e4918ff51563_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134264.jpg" length="2744576" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c17cc482-1953-4fa2-9972-e4918ff51563_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134264.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2744576" width="4032" height="2268"/>
      <media:title><![CDATA[La Copa África de fútbol evidencia la precariedad de migrantes y jóvenes en Marruecos: "Todo el mundo quiere irse"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c17cc482-1953-4fa2-9972-e4918ff51563_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134264.jpg" width="4032" height="2268"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marruecos,Fútbol,Migraciones,Jóvenes,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Treballadors amuntegats en soterranis i jornades sense descans: la història silenciada del 'boom' turístic a les Balears]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/treballadors-amuntegats-soterranis-i-jornades-sense-descans-historia-silenciada-boom-turistic-les-balears_1_12880694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Treballadors amuntegats en soterranis i jornades sense descans: la història silenciada del &#039;boom&#039; turístic a les Balears"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Les habitacions no són adequades per allotjar persones, sinó porcs", relatava anys després un d'aquells empleats. Mentre les illes es venien com a paradís vacacional, les condicions de vida dels empleats eren extremadament dures, marcades per la precarització, el desarrelament i els baixos salaris</p><p class="subtitle">Del paradís dels artistes al desenfrenament urbanístic: l'evolució turística de Mallorca i Eivissa
</p></div><p class="article-text">
        Balears, anys seixanta. Mentre l'arxip&egrave;lag es ven al m&oacute;n com a parad&iacute;s vacacional, centenars de treballadors sostenen el miracle tur&iacute;stic des de soterranis sense llum, llits compartits i jornades interminables. L'arribada massiva de m&agrave; d'obra des de la pen&iacute;nsula i l'abs&egrave;ncia de pol&iacute;tiques p&uacute;bliques que esmorteixin l'impacte hum&agrave; del turisme de masses converteixen en norma la precaritzaci&oacute; laboral, un model que, a m&eacute;s, dificulta la resposta col&middot;lectiva: la temporalitat, els baixos salaris, la falta de contractes estables i la mobilitat constant dels treballadors segons la temporada impedeixen la creaci&oacute; de lla&ccedil;os s&ograve;lids i sostinguts en el temps. Molts empleats romanen a les illes tan sols uns mesos a l'any per tornar al cap d'un temps als seus llocs d'origen.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Les condicions humanes en qu&egrave; es troba l'empleat de l'hostaleria s&oacute;n desastroses. Jo he treballat en dos famosos hotels i tant en un com en l'altre les habitacions del personal eren dues sales grans ocupades per 50 persones. I quan una dutxa funcionava era una aut&egrave;ntica festa&rdquo;. &Eacute;s el testimoni de Jos&eacute; Humerto, un d'aquells treballadors que van patir de primera m&agrave; la cara oculta del <em>boom </em>tur&iacute;stic a Balears. El seu relat, recollit per l'escriptor Lloren&ccedil; Capell&agrave;, posa veu a una realitat sistem&agrave;ticament invisibilitzada que no sona tan llunyana: la d'una plantilla precaritzada, sotmesa a condicions de vida i treball extremes, normalitzades durant d&egrave;cades com a preu inevitable del creixement tur&iacute;stic.
    </p><p class="article-text">
        Mentres els hotels promocionaven luxe i modernitat de cara a l'exterior, en molts d'ells els treballadors afrontaven una absoluta falta d'intimitat i p&egrave;ssimes condicions higi&egrave;niques. &ldquo;L'allotjament gaireb&eacute; sempre &eacute;s inhum&agrave;, les habitacions no s&oacute;n adequades per allotjar persones, sin&oacute; per allotjar porcs. Gaireb&eacute; sempre solen estar instal&middot;lades en soterranis i aix&ograve; suposa que les parets regalimin humetat  i que les habitacions fins i tot s'inundin quan plou&rdquo;, relatava Juan L&oacute;pez, un altre extreballador de l'hostaleria, en conversa amb Capell&agrave;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">L&#039;allotjament gairebé sempre és inhumà, les habitacions no són adequades per allotjar persones, sinó per allotjar porcs</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan López</span>
                                        <span>—</span> Extreballador d&#039;hotel, en una entrevista amb Llorenç Capellà
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Turistes sortint d&#039;un hotel de Mallorca als anys seixanta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistes sortint d&#039;un hotel de Mallorca als anys seixanta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Els treballadors que van sostenir el miracle tur&iacute;stic</strong> </h2><p class="article-text">
        L'experi&egrave;ncia d'aquests treballadors, recordada per l'historiador Pere J. Garcia Munar al seu llibre <em>Obrers i sindicats. De la dictadura a la democr&agrave;cia. Mallorca, 1968-1981</em>, no va ser una excepci&oacute;, sin&oacute; part d'un model laboral que va convertir l'allotjament i el descans en un privilegi i que va sostenir durant anys el creixement accelerat de la ind&uacute;stria tur&iacute;stica a Mallorca. A la seva obra, recentment publicada per Documenta Balear, l'investigador explica que la configuraci&oacute; del moviment obrer a la Mallorca del tardofranquisme va estar profundament condicionada per les particularitats del mercat laboral tur&iacute;stic i com, a difer&egrave;ncia d'altres zones de l'Estat, el sindicalisme mallorqu&iacute; es va desenvolupar en un context d'escassa conflictivitat inicial, marcat per una forta immigraci&oacute; laboral, una elevada rotaci&oacute; d'ocupaci&oacute; i l'abs&egrave;ncia de grans concentracions industrials que facilitessin l'organitzaci&oacute; col&middot;lectiva. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_50p_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_50p_1133611.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_75p_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_75p_1133611.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.jpg"
                    alt="A l&#039;esquerra, un jove mosso en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa), en els anys setanta, al costat d&#039;un nen allotjat amb la seva família a l&#039;establiment"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                A l&#039;esquerra, un jove mosso en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa), en els anys setanta, al costat d&#039;un nen allotjat amb la seva família a l&#039;establiment                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        L'expansi&oacute; del turisme a Balears no nom&eacute;s va transformar l'economia insular, sin&oacute; que va alterar de forma profunda l'estructura social i laboral de les illes. Des de mitjans dels seixanta, l'hostaleria va absorbir una poblaci&oacute; treballadora arribada majorit&agrave;riament de la pen&iacute;nsula, primer de forma estacional i de forma cada vegada m&eacute;s permanent despr&eacute;s. Tanmateix, les condicions de vida eren extremadament dures: precaritzaci&oacute;, desarrelament, baixos salaris i temporalitat van marcar els inicis d'aquest nou proletariat tur&iacute;stic. L'enorme demanda de treballadors que va generar el <em>boom </em>tur&iacute;stic es va trobar, a m&eacute;s, amb l'abs&egrave;ncia de pol&iacute;tiques d'habitatge, aix&iacute; com d'estructures socials i habitacionals preparades per acollir-los.
    </p><p class="article-text">
        L'historiador, especialitzat en el moviment obrer i la transici&oacute; democr&agrave;tica a Balears, subratlla que la nova classe obrera tur&iacute;stica tenia un doble origen: d'una banda, mallorquins que abandonaven les tasques tradicionals del camp o de petites ind&uacute;stries per incorporar-se als hotels; de l'altra, un contingent creixent de treballadors procedents de la pen&iacute;nsula, que arribaven a l'arxip&egrave;lag amb escassa formaci&oacute; professional i que acceptaven condicions de treball molt dures amb l'expectativa de millorar la seva situaci&oacute; econ&ograve;mica, cosa que refor&ccedil;ava la precaritzaci&oacute; estructural del sector.  &ldquo;Des d'Andalusia, M&uacute;rcia, Castella-la Manxa, entre altres, arribaven a Mallorca amb l'esperan&ccedil;a de millorar la seva situaci&oacute;, per&ograve; les condicions en el sector tur&iacute;stic no eren gens bones: horaris molt llargs, falta de contractes, salaris baixos, vivenda al mateix hotel, moltes vegades en magatzems o convivint en espais redu&iuml;ts amb un gran nombre de persones. En moltes ocasions el menjar eren les sobres dels menjadors dels hotels i la higiene tant dels allotjaments com dels vestidors era p&egrave;ssima&rdquo;, subratlla Garcia Munar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Des d&#039;Andalusia, Múrcia, Castella-la Manxa, entre altres, arribaven a Mallorca amb l&#039;esperança de millorar la seva situació, però les condicions dins el sector turístic no eren gens bones: horaris molt llargs, falta de contractes, salaris baixos, vivenda al mateix hotel, moltes vegades en magatzems o convivint en espais reduïts amb un gran nombre de persones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pere J. Garcia Munar</span>
                                        <span>—</span> Historiador i autor d&#039;&#039;Obrers i sindicats: de la dictadura a la democràcia. Mallorca, 1968-1981&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En declaracions a elDiario.es, una d'aquelles fam&iacute;lies, en el seu cas procedent del poble albaceteny de Villarrobledo, relata la seva experi&egrave;ncia en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa) en qu&egrave; va ser contractada, principalment en el servei de cambrers de menjador, bar i habitacions. Un dels seus membres tenia 12 anys quan va comen&ccedil;ar a treballar com a mosso. &ldquo;Els germans dorm&iacute;em en una cambra amb lliteres, les germanes en una altra&rdquo;, recorden dos d'ells, que assenyalen que els recepcionistes &ldquo;tenien m&eacute;s privilegis&rdquo;. Amb tot, asseguren que en aquell moment no tenien la sensaci&oacute; d'&ldquo;estar malament&rdquo;: &ldquo;H&agrave;viem passat molta fam i a l'hotel, al menys, ens donaven menjar i habitaci&oacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Platja de Ses Figueretes (Eivissa) als anys setanta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Platja de Ses Figueretes (Eivissa) als anys setanta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La mateixa fam&iacute;lia recorda que, precisament de la mateixa localitat, quatre integrants d'una altra fam&iacute;lia i sis treballadors viatjaven a bord del&nbsp;Caravelle&nbsp;que, el 7 de gener de 1972, es va estavellar a la Serra d'Atalayassa, a Eivissa, mentre iniciava la maniobra d'aterratge. A l'avi&oacute; viatjaven treballadors que es despla&ccedil;aven cap a la major de les&nbsp;Piti&uuml;ses&nbsp;a la recerca de treball a l'hostaleria i la construcci&oacute;, un altre dels sectors que es trobava en plena expansi&oacute; al caliu del <em>boom </em>tur&iacute;stic, necessitat de m&agrave; d'obra barata i disponible d'immediat.
    </p><p class="article-text">
        A causa de les adverses condicions meteorol&ograve;giques, l'aeronau, que realitzava el vol regular 602 entre Val&egrave;ncia i Eivissa, va col&middot;lidir en&nbsp;Ses&nbsp;Roques&nbsp;Altes, on, a l'actualitat, un altar recorda les 104 persones mortes en el sinistre, la totalitat dels seus ocupants, molts d'ells joves que viatjaven amb contractes verbals, promeses d'ocupaci&oacute; o expectatives incertes de llaurar-se el seu futur laboral a l'illa. La trag&egrave;dia va deixar al descobert una realitat poc visible del miracle tur&iacute;stic: l'exist&egrave;ncia d'una migraci&oacute; laboral&nbsp;precariazada, organitzada sovint a trav&eacute;s de xarxes personals i sense garanties, que va alimentar durant anys el creixement accelerat del sector. La seva p&egrave;rdua es va convertir en un dels episodis m&eacute;s durs del cost hum&agrave; del model tur&iacute;stic.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Membres de la Guàrdia civil i personal de la Creu Roja traslladen un dels cadàvers rescatats en la zona on es va estavellar l&#039;avió d&#039;Iberia IB-602"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Membres de la Guàrdia civil i personal de la Creu Roja traslladen un dels cadàvers rescatats en la zona on es va estavellar l&#039;avió d&#039;Iberia IB-602                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Abs&egrave;ncia de pol&iacute;tiques d'habitatge</strong></h2><p class="article-text">
        Els treballadors que es van incorporar a treballar a l'hostaleria balear, primer a Mallorca i progressivament a la resta de les illes, tenien com a marc regulador la Reglamentaci&oacute; de Treball de 1944, que obligava els hotels a proporcionar habitaci&oacute; i menjar. No obstant aix&ograve;, el que s'oferia a molts d'ells eren habitacions col&middot;lectives en soterranis, sense llum natural, al costat de maquin&agrave;ries sorolloses i en condicions de salubritat deficients. La manutenci&oacute;, tamb&eacute; obligat&ograve;ria, s'organitzava de forma jer&agrave;rquica. Els hotels solien disposar de diferents menjadors: un per a les categories superiors, amb menjar de qualitat, i un altre -conegut com a <em>menjador de la fam&iacute;lia-</em> per a la resta, on se servien sobres i aliments de baixa qualitat, en ocasions en condicions sanit&agrave;ries dubtoses.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_50p_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_50p_1133528.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_75p_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_75p_1133528.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.jpg"
                    alt="Turistes a la platja de Santa Ponça (Mallorca), als anys setanta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistes a la platja de Santa Ponça (Mallorca), als anys setanta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imatge de la platja de Can Pastilla (Mallorca) als anys seixanta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imatge de la platja de Can Pastilla (Mallorca) als anys seixanta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A Balears, a m&eacute;s, el<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/cronologia-vertigo-ruta-libertad_1_12766014.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Pla d'Estabilitzaci&oacute; de 1959 </a>-elaborat per figures de l'Opus Dei com Laureano L&oacute;pez Rod&oacute;- va marcar un punt d'inflexi&oacute; decisiu a la hist&ograve;ria social i laboral de Mallorca, per&ograve; no en un sentit neutral ni benefici&oacute;s per a la classe treballadora. Es tracta d'un instrument amb el qual el r&egrave;gim franquista va abandonar definitivament l'autarquia i va apostar per una modernitzaci&oacute; econ&ograve;mica subordinada al capital exterior,<strong> </strong>basada en la liberalitzaci&oacute;, l'obertura al turisme internacional i l'atracci&oacute; de divises. En el cas de l'illa, aquesta estrat&egrave;gia va tenir un impacte immediat: va accelerar la terciaritzaci&oacute; de l'economia i va convertir el turisme en l'eix central del creixement, despla&ccedil;ant a gran velocitat l'agricultura i les petites ind&uacute;stries tradicionals.
    </p><p class="article-text">
        No obstant aix&ograve;, aquesta transformaci&oacute; es va produir sense un projecte social paral&middot;lel. Segons l'historiador David Ginard, la modernitzaci&oacute; econ&ograve;mica iniciada despr&eacute;s del Pla va generar ocupaci&oacute;, per&ograve; tamb&eacute; va fragmentar la classe treballadora i va dificultar durant anys l'articulaci&oacute; d'una resposta sindical s&ograve;lida en sectors com l'hostaleria, ignorant les conseq&uuml;&egrave;ncies laborals i habitacionals d'aquest model. L'arribada massiva de m&agrave; d'obra no va ser acompanyada de pol&iacute;tiques d'habitatge, serveis p&uacute;blics ni regulaci&oacute; efectiva de l'ocupaci&oacute;. El resultat va ser una classe treballadora jove, immigrant i extremadament vulnerable, atrapada en feines temporals i mal remunerades.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Segons l&#039;historiador David Ginard, la modernització econòmica iniciada després del Pla d&#039;Estabilització de 1959 va generar ocupació, però també va fragmentar la classe treballadora i va dificultar durant anys l&#039;articulació d&#039;una resposta sindical sòlida en sectors com l&#039;hostaleria, ignorant les conseqüències laborals i habitacionals d&#039;aquest model</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Turistes carregats d&#039;ensaïmades després de les seves vacances a Mallorca (1985)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistes carregats d&#039;ensaïmades després de les seves vacances a Mallorca (1985)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Barraquisme vertical&rdquo;</strong> </h2><p class="article-text">
        Manuela Aroca Mohedano, doctora en Hist&ograve;ria Contempor&agrave;nia, responsable dels projectes hist&ograve;rics de la Fundaci&oacute; Francisco Largo Caballero i professora associada de la Universitat Carlos III de Madrid, llan&ccedil;a una altra reflexi&oacute;: no hi havia barraquisme visible als carrers, per&ograve; s&iacute; el que ha definit com a &ldquo;barraquisme vertical&rdquo;, ocult dins els mateixos hotels. A m&eacute;s, amb un entramat gaireb&eacute; inabastable de categories professionals -fins a 192 i m&eacute;s de mil salaris te&ograve;rics diferents-, la llei, lluny de protegir la plantilla, facilitava l'ab&uacute;s empresarial i feia impossible el control efectiu de drets b&agrave;sics com els descansos o les retribucions reals. Com explica a la seva investigaci&oacute; <em>El sindicalismo en la hosteler&iacute;a de Baleares: del franquismo a la democracia</em>, la regulaci&oacute; laboral impulsada en els primers anys de la dictadura franquista va crear una estructura profundament jerarquitzada i opaca que, en la pr&agrave;ctica, deixava milers de treballadors del turisme sense mecanismes de defensa precisament en el moment en qu&egrave; el sector es convertia en el motor econ&ograve;mic de les illes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El r&egrave;gim franquista estava molt interessat en el sector tur&iacute;stic -seguint altres models insulars- i permetia certa llibertat amb l'objectiu de potenciar el turisme. Per a aix&ograve; se centrava en la regulaci&oacute; de l'oferta tur&iacute;stica, amb l'abandonament de l'aplicaci&oacute; de les normes laborals, la qual cosa va propiciar situacions l&iacute;mit a finals dels seixanta i primers dels setanta dels seus empleats, especialment els originaris de la pen&iacute;nsula&rdquo;, subratlla la investigadora. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El règim franquista estava molt interessat en el sector turístic -seguint altres models insulars- i permetia certa llibertat amb l&#039;objectiu de potenciar el turisme. Per a això se centrava en la regulació de l&#039;oferta turística, amb l&#039;abandonament de l&#039;aplicació de les normes laborals, la qual cosa va propiciar situacions límit a finals dels seixanta i primers dels setanta dels seus empleats, especialment els originaris de la península</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Manuela Aroca Mohedano</span>
                                        <span>—</span> Historiadora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La normativa establia, a m&eacute;s, que un mateix treballador no havia de cobrir els tres torns diaris -esmorzar, dinar i sopar-. No obstant aix&ograve;, el que era habitual era just el contrari. La pressi&oacute; del turisme internacional, els vols nocturns i les excursions obligaven a realitzar horaris intempestius i solapaments continus. Com assenyala Aroca, els dies lliures i les vacances eren tamb&eacute; un dret que s'aplicava de forma discrecional. En molts casos, el descans era un privilegi i no un dret, mentre la temporalitat de l'ocupaci&oacute; impedia, a m&eacute;s, qualsevol tipus d'estabilitat: durant anys, molts treballadors nom&eacute;s van residir a les illes durant la temporada alta, tornant als seus llocs d'origen a l'hivern.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Platja de Talamanca, a Eivissa (1962)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Platja de Talamanca, a Eivissa (1962)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La resposta sindical</strong></h2><p class="article-text">
        No va ser fins a finals dels seixanta i, sobretot, durant els primers setanta quan van comen&ccedil;ar a apar&egrave;ixer conflictes laborals m&eacute;s visibles, impulsats per petits grups de treballadors polititzats i per l'acumulaci&oacute; de greuges al sector: la combinaci&oacute; de precaritzaci&oacute; laboral, amuntegament i abs&egrave;ncia de canals de representaci&oacute; va portar la ind&uacute;stria a una situaci&oacute; l&iacute;mit, cosa que va motivar la resposta sindical, encara que de forma tardana i desigual. Durant bona part dels seixanta, l'organitzaci&oacute; m&eacute;s visible va ser la Uni&oacute; Sindical Obrera (USO), mentre que les CCOO van tardar a arrelar i ho van fer de manera molt diferent a la de la resta de l'Estat. 
    </p><p class="article-text">
        A Mallorca, el sindicat no va n&eacute;ixer com una organitzaci&oacute; sindical pr&ograve;piament dita, sin&oacute; com una estructura de conscienciaci&oacute; pol&iacute;tic-sindical impulsada per militants procedents de diferents &agrave;mbits ideol&ograve;gics. En paraules de Garcia Munar, CCOO &ldquo;va n&eacute;ixer des de dalt&rdquo;, fruit d'una consci&egrave;ncia pol&iacute;tica pr&egrave;via m&eacute;s que de conflictes laborals de base. La primera comissi&oacute; es va constituir el 22 d'abril de 1968, coincidint simb&ograve;licament amb el cinqu&egrave; aniversari de l'<a href="https://www.eldiario.es/politica/fusilamiento-grimau-crimen-dictadura-franquista-pp-justicia-niegan-revisar_129_10170578.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afusellament del comunista Juli&aacute;n Grimau</a>, en un moment en qu&egrave; la mobilitzaci&oacute; obrera a l'illa era encara molt limitada.
    </p><p class="article-text">
        L'investigador destaca que la terciaritzaci&oacute; accelerada de l'economia mallorquina va generar una classe treballadora molt fragmentada, sense grans f&agrave;briques ni espais de socialitzaci&oacute; obrera. A difer&egrave;ncia d'altres territoris industrials, a Mallorca no es van produir grans aglomeracions de treballadors ni barris obrers consolidats. La socialitzaci&oacute; es donava de forma dispersa, sovint dins els mateixos hotels, on convivien treballadors de diferents categories, per&ograve; separats per una r&iacute;gida jerarquia laboral i salarial.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Garcia Munar destaca que la terciarització accelerada de l&#039;economia mallorquina va generar una classe treballadora molt fragmentada, sense grans fàbriques ni espais de socialització obrera. A diferència d&#039;altres territoris industrials, a Mallorca no es van produir grans aglomeracions de treballadors ni barris obrers consolidats</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En aquest context, la divisi&oacute; extrema en categories professionals -m&eacute;s d'un centenar en alguns establiments- i la conviv&egrave;ncia en espais redu&iuml;ts dins els hotels refor&ccedil;aven un classisme intern que dificultava l'acci&oacute; col&middot;lectiva. Com recull Garcia Munar, no era el mateix ser recepcionista que cambrer o personal de neteja, ni en salari ni en tracte ni en condicions d'allotjament. Aquesta fragmentaci&oacute; va actuar durant anys com un fre a l'organitzaci&oacute; sindical i a la protesta.
    </p><p class="article-text">
        El turisme va impulsar la prosperitat de l'illa, per&ograve; a costa dels qui la sostenien. Al darrere de la imatge de modernitat i benestar, els historiadors que s'han submergit en la realitat que s'amagava darrere el <em>boom </em>dels anys seixanta i setanta coincideixen a assenyalar que el model es va construir sobre l'amuntegament, les jornades sense fi i la suspensi&oacute; dels drets b&agrave;sics dels treballadors. Aquella precaritzaci&oacute; no va ser una anomalia, sin&oacute; una conseq&uuml;&egrave;ncia estructural del creixement, avalada per la legalitat vigent, assumida socialment i silenciada pel discurs pol&iacute;tic. Durant d&egrave;cades, la vida quotidiana d'aquells treballadors va quedar fora del relat oficial -i triomfal- del desenvolupament econ&ograve;mic.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/cat/treballadors-amuntegats-soterranis-i-jornades-sense-descans-historia-silenciada-boom-turistic-les-balears_1_12880694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jan 2026 07:56:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="530081" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="530081" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Treballadors amuntegats en soterranis i jornades sense descans: la història silenciada del 'boom' turístic a les Balears]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Hostelería,Precariedad laboral,Precariedad,Derechos laborales,Condiciones laborales,Jornada Laboral,Conflictos laborales,Hoteles,Trabajadores,Sindicatos,Sindicalismo,Islas Baleares,Mallorca,Ibiza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trabajadores hacinados en sótanos y jornadas sin descanso: la historia silenciada del 'boom' turístico en Balears]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/economia/trabajadores-hacinados-sotanos-jornadas-descanso-historia-silenciada-boom-turistico-balears_1_12878673.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trabajadores hacinados en sótanos y jornadas sin descanso: la historia silenciada del &#039;boom&#039; turístico en Balears"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las habitaciones no son adecuadas para alojar a personas, sino a cerdos", relataba años después uno de aquellos empleados. Mientras las islas se vendían como paraíso vacacional, las condiciones de vida de los empleados eran extremadamente duras, marcadas por la precarización, el desarraigo y los bajos salarios</p><p class="subtitle">Del paraíso de los artistas al desenfreno urbanístico: la evolución turística de Mallorca e Ibiza
</p></div><p class="article-text">
        Balears, a&ntilde;os sesenta. Mientras el archipi&eacute;lago se vende al mundo como para&iacute;so vacacional, cientos de trabajadores sostienen el milagro tur&iacute;stico desde s&oacute;tanos sin luz, camas compartidas y jornadas interminables. La llegada masiva de mano de obra desde la pen&iacute;nsula y la ausencia de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que amortig&uuml;en el impacto humano del turismo de masas convierten en norma la precarizaci&oacute;n laboral, un modelo que, adem&aacute;s, dificulta la respuesta colectiva: la temporalidad, los bajos salarios, la falta de contratos estables y la movilidad constante de los trabajadores seg&uacute;n la temporada impiden la creaci&oacute;n de lazos s&oacute;lidos y sostenidos en el tiempo. Muchos empleados permanecen en las islas tan solo unos meses al a&ntilde;o para regresar al cabo de un tiempo a sus lugares de origen.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las condiciones humanas en que se encuentra el empleado de la hosteler&iacute;a son desastrosas. Yo he trabajado en dos famosos hoteles y tanto en uno como en otro las habitaciones del personal eran dos salas grandes ocupadas por 50 personas. Y cuando una ducha funcionaba era una aut&eacute;ntica fiesta&rdquo;. Es el testimonio de Jos&eacute; Humerto, uno de aquellos trabajadores que sufrieron de primera mano la cara oculta del <em>boom </em>tur&iacute;stico en Balears. Su relato, recogido por el escritor Lloren&ccedil; Capell&agrave;, pone voz a una realidad sistem&aacute;ticamente invisibilizada que no suena tan lejana: la de una plantilla precarizada, sometida a condiciones de vida y trabajo extremas, normalizadas durante d&eacute;cadas como precio inevitable del crecimiento tur&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los hoteles promocionaban lujo y modernidad de cara al exterior, en muchos de ellos los trabajadores afrontaban una absoluta falta de intimidad y p&eacute;simas condiciones higi&eacute;nicas. &ldquo;El alojamiento casi siempre es inhumano, las habitaciones no son adecuadas para alojar a personas, sino para alojar a cerdos. Casi siempre suelen estar instaladas en subterr&aacute;neos y esto supone que la humedad chorree de las paredes y que las habitaciones incluso se inunden cuando llueve&rdquo;, relataba Juan L&oacute;pez, otro extrabajador de la hosteler&iacute;a, en conversaci&oacute;n con Capell&agrave;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El alojamiento casi siempre es inhumano, las habitaciones no son adecuadas para alojar a personas, sino para alojar a cerdos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juan López</span>
                                        <span>—</span> Extrabajador de hotel, en una entrevista con Llorenç Capellà
                      </div>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/55d22ab5-8f29-47c4-903b-00e6659c9447_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Turistas saliendo de un hotel de Mallorca en los años sesenta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistas saliendo de un hotel de Mallorca en los años sesenta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Los trabajadores que sostuvieron el milagro tur&iacute;stico</strong> </h2><p class="article-text">
        La experiencia de estos trabajadores, recordada por el historiador Pere J. Garcia Munar en su libro <em>Obrers i sindicats. De la dictadura a la democr&agrave;cia. Mallorca, 1968-1981</em>, no fue una excepci&oacute;n, sino parte de un modelo laboral que convirti&oacute; el alojamiento y el descanso en un privilegio y que sostuvo durante a&ntilde;os el crecimiento acelerado de la industria tur&iacute;stica en Mallorca. En su obra, recientemente publicada por Documenta Balear, el investigador explica que la configuraci&oacute;n del movimiento obrero en la Mallorca del tardofranquismo estuvo profundamente condicionada por las particularidades del mercado laboral tur&iacute;stico y c&oacute;mo, a diferencia de otras zonas del Estado, el sindicalismo mallorqu&iacute;n se desarroll&oacute; en un contexto de escasa conflictividad inicial, marcado por una fuerte inmigraci&oacute;n laboral, una elevada rotaci&oacute;n de empleo y la ausencia de grandes concentraciones industriales que facilitaran la organizaci&oacute;n colectiva. 
    </p><p class="article-text">
        El historiador, especializado con el movimiento obrero y la transici&oacute;n democr&aacute;tica en Balears, subraya que la nueva clase obrera tur&iacute;stica ten&iacute;a un doble origen: por un lado, mallorquines que abandonaban las tareas tradicionales del campo o de peque&ntilde;as industrias para incorporarse a los hoteles; por otro, un contingente creciente de trabajadores procedentes de la pen&iacute;nsula, quienes recalaban en el archipi&eacute;lago con escasa formaci&oacute;n profesional y quienes aceptaban condiciones de trabajo muy duras con la expectativa de mejorar su situaci&oacute;n econ&oacute;mica, lo que reforzaba la precarizaci&oacute;n estructural del sector. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_50p_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_50p_1133611.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_75p_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_75p_1133611.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a2bd9244-9e9f-4629-8038-ad37f035c641_3-4-aspect-ratio_default_1133611.jpg"
                    alt="A la izquierda, un joven botones en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa), en los años setenta, junto a un niño alojado con su familia en el establecimiento"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                A la izquierda, un joven botones en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa), en los años setenta, junto a un niño alojado con su familia en el establecimiento                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La expansi&oacute;n del turismo en Balears no solo transform&oacute; la econom&iacute;a insular, sino que alter&oacute; de forma profunda la estructura social y laboral de las islas. Desde mediados de los sesenta, la hosteler&iacute;a absorbi&oacute; a una poblaci&oacute;n trabajadora llegada mayoritariamente de la pen&iacute;nsula, primero de forma estacional y de forma cada vez m&aacute;s permanente despu&eacute;s. Sin embargo, las condiciones de vida eran extremadamente duras: precarizaci&oacute;n, desarraigo, bajos salarios y temporalidad marcaron los inicios de este nuevo proletariado tur&iacute;stico. La enorme demanda de trabajadores que gener&oacute; el <em>boom </em>tur&iacute;stico se encontr&oacute;, adem&aacute;s, con la ausencia de pol&iacute;ticas de vivienda, as&iacute; como de estructuras sociales y habitacionales preparadas para acogerlos. &ldquo;Desde Andaluc&iacute;a, Murcia, Castilla-La Mancha, entre otras, llegaban a Mallorca con la esperanza de mejorar su situaci&oacute;n, pero las condiciones en el sector tur&iacute;stico no eran nada buenas: horarios muy largos, falta de contratos, salarios bajos, vivienda en el mismo hotel, muchas veces en almacenes o conviviendo en espacios reducidos con un gran n&uacute;mero de personas. En muchas ocasiones la comida eran las sobras de los comedores de los hoteles y la higiene tanto de los alojamientos como de los vestuarios era p&eacute;sima&rdquo;, subraya Garcia Munar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde Andalucía, Murcia, Castilla-La Mancha, entre otras, llegaban a Mallorca con la esperanza de mejorar su situación, pero las condiciones en el sector turístico no eran nada buenas: horarios muy largos, falta de contratos, salarios bajos, vivienda en el mismo hotel, muchas veces en almacenes o conviviendo en espacios reducidos con un gran número de personas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pere J. Garcia Munar</span>
                                        <span>—</span> Historiador y autor de &#039;Obrers i sindicats: de la dictadura a la democràcia. Mallorca, 1968-1981&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En declaraciones a elDiario.es, una de aquellas familias, en su caso procedentes del pueblo albacete&ntilde;o de Villarrobledo, relata su experiencia en un hotel de Ses Figueretes (Eivissa) en el que fue contratada, principalmente en el servicio de camareros de comedor, bar y habitaciones. Uno de sus miembros ten&iacute;a 12 a&ntilde;os cuando comenz&oacute; a trabajar como botones. &ldquo;Los hermanos dorm&iacute;amos en un cuarto con literas, las hermanas en otro&rdquo;, recuerdan dos de ellos, quienes se&ntilde;alan que los recepcionistas &ldquo;ten&iacute;an m&aacute;s privilegios&rdquo;. Con todo, aseguran que en ese momento no ten&iacute;an la sensaci&oacute;n de &ldquo;estar mal&rdquo;: &ldquo;Hab&iacute;amos pasado mucha hambre y en el hotel por los menos nos daban comida y habitaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2d9ecf0f-a112-41f9-b917-d7d97e60daaa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Playa de Ses Figueretes (Eivissa) en los años setenta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Playa de Ses Figueretes (Eivissa) en los años setenta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La misma familia recuerda que, precisamente de la misma localidad, cuatro integrantes de otra familia y seis trabajadores viajaban a bordo del Caravelle que, el 7 de enero de 1972, se estrell&oacute; en la Serra d'Atalayassa, en Eivissa, mientras iniciaba la maniobra de aterrizaje. En el avi&oacute;n viajaban trabajadores que se desplazaban hacia la mayor de las Piti&uuml;ses en busca de trabajo en la hosteler&iacute;a y la <a href="https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/urbanismo-descontrolado-deja-ibiza-apenas-suelo-nuevos-colegios-vivienda-publica_1_9318987.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">construcci&oacute;n, otro de los sectores que se encontraba en plena expansi&oacute;n </a>al calor del <em>boom </em>tur&iacute;stico, necesitado de mano de obra barata y disponible de inmediato. 
    </p><p class="article-text">
        Debido a las adversas condiciones meteorol&oacute;gicas, la aeronave, que realizaba el vuelo regular 602 entre Val&egrave;ncia y Eivissa, colision&oacute; en Ses Roques Altes, donde, en la actualidad, un altar recuerda a las 104 personas fallecidas en el siniestro, la totalidad de sus ocupantes, muchos de ellos j&oacute;venes que viajaban con contratos verbales, promesas de empleo o expectativas inciertas de labrarse su futuro laboral en la isla. La tragedia dej&oacute; al descubierto una realidad poco visible del milagro tur&iacute;stico: la existencia de una migraci&oacute;n laboral precarizada, organizada a menudo a trav&eacute;s de redes personales y sin apenas garant&iacute;as, que aliment&oacute; durante a&ntilde;os el crecimiento acelerado del sector. Su p&eacute;rdida se convirti&oacute; en uno de los episodios m&aacute;s duros del coste humano del modelo tur&iacute;stico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b1e04a2-7d65-4566-b4de-eed3baef0ef7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Miembros de la Guardia civil y personal de la Cruz Roja trasladan uno de los cadáveres rescatados en la zona donde se estrelló el avión de Iberia IB-602"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Miembros de la Guardia civil y personal de la Cruz Roja trasladan uno de los cadáveres rescatados en la zona donde se estrelló el avión de Iberia IB-602                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Ausencia de pol&iacute;ticas de vivienda</strong></h2><p class="article-text">
        Los trabajadores que se incorporaron a trabajar en la hosteler&iacute;a balear, primero en Mallorca y progresivamente en el resto de las islas, ten&iacute;an como marco regulador la Reglamentaci&oacute;n de Trabajo de 1944, que obligaba a los hoteles a proporcionar habitaci&oacute;n y comida. No obstante, lo que se ofrec&iacute;a a muchos de ellos eran habitaciones colectivas en s&oacute;tanos, sin luz natural, junto a maquinarias ruidosas y en condiciones de salubridad deficientes. La manutenci&oacute;n, tambi&eacute;n obligatoria, se organizaba de forma jer&aacute;rquica. Los hoteles sol&iacute;an disponer de distintos comedores: uno para las categor&iacute;as superiores, con comida de calidad, y otro -conocido como <em>comedor de la familia-</em> para el resto, donde se serv&iacute;an sobras y alimentos de baja calidad, en ocasiones en condiciones sanitarias dudosas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_50p_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_50p_1133528.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_75p_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_75p_1133528.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/41f18a1d-f7d9-41d5-81fc-58166bf8aec5_16-9-aspect-ratio_default_1133528.jpg"
                    alt="Turistas en la playa de Santa Ponça (Mallorca), en los años setenta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistas en la playa de Santa Ponça (Mallorca), en los años setenta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cc339274-b76f-4711-8469-af13259b14e2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen de la playa de Can Pastilla (Mallorca) en los años sesenta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen de la playa de Can Pastilla (Mallorca) en los años sesenta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En Balears, adem&aacute;s, el<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/cronologia-vertigo-ruta-libertad_1_12766014.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Plan de Estabilizaci&oacute;n de 1959 </a>-elaborado por figuras del Opus Dei como Laureano L&oacute;pez Rod&oacute;- marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n decisivo en la historia social y laboral de Mallorca, pero no en un sentido neutral ni beneficioso para la clase trabajadora. Se trata de un instrumento con el que el r&eacute;gimen franquista abandon&oacute; definitivamente la autarqu&iacute;a y apost&oacute; por una modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica subordinada al capital exterior,<strong> </strong>basada en la liberalizaci&oacute;n, la apertura al turismo internacional y la atracci&oacute;n de divisas. En el caso de la isla, esta estrategia tuvo un impacto inmediato: aceler&oacute; la terciarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y convirti&oacute; el turismo en el eje central del crecimiento, desplazando a gran velocidad la agricultura y las peque&ntilde;as industrias tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta transformaci&oacute;n se produjo sin un proyecto social paralelo. Seg&uacute;n el historiador David Ginard, la modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica iniciada tras el Plan gener&oacute; empleo, pero tambi&eacute;n fragment&oacute; a la clase trabajadora y dificult&oacute; durante a&ntilde;os la articulaci&oacute;n de una respuesta sindical s&oacute;lida en sectores como la hosteler&iacute;a, ignorando las consecuencias laborales y habitacionales de ese modelo. La llegada masiva de mano de obra no fue acompa&ntilde;ada de pol&iacute;ticas de vivienda, servicios p&uacute;blicos ni regulaci&oacute;n efectiva del empleo. El resultado fue una clase trabajadora joven, inmigrante y extremadamente vulnerable, atrapada en empleos temporales y mal remunerados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Según el historiador David Ginard, la modernización económica iniciada tras el Plan de Estabilización de 1959 generó empleo, pero también fragmentó a la clase trabajadora y dificultó durante años la articulación de una respuesta sindical sólida en sectores como la hostelería, ignorando las consecuencias laborales y habitacionales de ese modelo</p>
          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b92b3136-d5b3-4800-bebb-cfcd369fb887_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Turistas cargados de ensaimadas tras sus vacaciones en Mallorca (1985)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Turistas cargados de ensaimadas tras sus vacaciones en Mallorca (1985)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>&ldquo;Chabolismo vertical&rdquo;</strong> </h2><p class="article-text">
        Manuela Aroca Mohedano, doctora en Historia Contempor&aacute;nea, responsable de los proyectos hist&oacute;ricos de la Fundaci&oacute;n Francisco Largo Caballero y profesora asociada de la Universidad Carlos III de Madrid, lanza otra reflexi&oacute;n: no hab&iacute;a chabolismo visible en las calles, pero s&iacute; lo que ha definido como &ldquo;chabolismo vertical&rdquo;, oculto dentro de los propios hoteles. Adem&aacute;s, con un entramado casi inabarcable de categor&iacute;as profesionales -hasta 192 y m&aacute;s de mil salarios te&oacute;ricos distintos-, la ley, lejos de proteger a la plantilla, facilitaba el abuso empresarial y hac&iacute;a imposible el control efectivo de derechos b&aacute;sicos como los descansos o las retribuciones reales. Como explica en su investigaci&oacute;n <em>El sindicalismo en la hosteler&iacute;a de Baleares: del franquismo a la democracia</em>, la regulaci&oacute;n laboral impulsada en los primeros a&ntilde;os de la dictadura franquista cre&oacute; una estructura profundamente jerarquizada y opaca que, en la pr&aacute;ctica, dejaba a miles de trabajadores del turismo sin mecanismos de defensa precisamente en el momento en que el sector se convert&iacute;a en el motor econ&oacute;mico de las islas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El r&eacute;gimen franquista estaba muy interesado en el sector tur&iacute;stico -siguiendo otros modelos insulares- y permit&iacute;a cierta libertad en aras de potenciar el turismo. Para ello se centraba en la regulaci&oacute;n de la oferta tur&iacute;stica, con el abandono de la aplicaci&oacute;n de las normas laborales, lo que propici&oacute; situaciones l&iacute;mite a finales de los sesenta y primeros de los setenta de sus empleados, especialmente los originarios de la pen&iacute;nsula&rdquo;, subraya la investigadora. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El régimen franquista estaba muy interesado en el sector turístico -siguiendo otros modelos insulares- y permitía cierta libertad en aras de potenciar el turismo. Para ello se centraba en la regulación de la oferta turística, con el abandono de la aplicación de las normas laborales, lo que propició situaciones límite a finales de los sesenta y primeros de los setenta de sus empleados, especialmente los originarios de la península</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Manuela Aroca Mohedano</span>
                                        <span>—</span> Historiadora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La normativa establec&iacute;a, adem&aacute;s, que un mismo trabajador no deb&iacute;a cubrir los tres turnos diarios -desayuno, comida y cena-. Sin embargo, lo habitual era justo lo contrario. La presi&oacute;n del turismo internacional, los vuelos nocturnos y las excursiones obligaban a realizar horarios intempestivos y solapamientos continuos. Como se&ntilde;ala Aroca, los d&iacute;as libres y las vacaciones eran tambi&eacute;n un derecho que se aplicaba de forma discrecional. En muchos casos, el descanso era un privilegio y no un derecho, mientras la temporalidad del empleo imped&iacute;a, adem&aacute;s, cualquier tipo de estabilidad: durante a&ntilde;os, muchos trabajadores solo residieron en las islas durante la temporada alta, regresando a sus lugares de origen en invierno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ecacbb99-acde-4124-b8c1-e9f892b50391_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Platja de Talamanca, en Eivissa (1962)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Platja de Talamanca, en Eivissa (1962)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>La respuesta sindical</strong></h2><p class="article-text">
        No fue hasta finales de los sesenta y, sobre todo, durante los primeros setenta cuando comenzaron a aparecer conflictos laborales m&aacute;s visibles, impulsados por peque&ntilde;os grupos de trabajadores politizados y por la acumulaci&oacute;n de agravios en el sector: la combinaci&oacute;n de precarizaci&oacute;n laboral, hacinamiento y ausencia de canales de representaci&oacute;n llev&oacute; a la industria a una situaci&oacute;n l&iacute;mite, lo que motiv&oacute; la respuesta sindical, aunque de forma tard&iacute;a y desigual. Durante buena parte de los sesenta, la organizaci&oacute;n m&aacute;s visible fue la Uni&oacute;n Sindical Obrera (USO), mientras que las CCOO tardaron en arraigar y lo hicieron de manera muy distinta a la del resto del Estado. 
    </p><p class="article-text">
        En Mallorca, el sindicato no naci&oacute; como una organizaci&oacute;n sindical propiamente dicha, sino como una estructura de concienciaci&oacute;n pol&iacute;tico-sindical impulsada por militantes procedentes de distintos &aacute;mbitos ideol&oacute;gicos. En palabras de Garcia Munar, CCOO &ldquo;naci&oacute; desde arriba&rdquo;, fruto de una conciencia pol&iacute;tica previa m&aacute;s que de conflictos laborales de base. La primera comisi&oacute;n se constituy&oacute; el 22 de abril de 1968, coincidiendo simb&oacute;licamente con el quinto aniversario de la <a href="https://www.eldiario.es/politica/fusilamiento-grimau-crimen-dictadura-franquista-pp-justicia-niegan-revisar_129_10170578.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ejecuci&oacute;n del comunista Juli&aacute;n Grimau</a>, en un momento en que la movilizaci&oacute;n obrera en la isla era todav&iacute;a muy limitada.
    </p><p class="article-text">
        El investigador destaca que la terciarizaci&oacute;n acelerada de la econom&iacute;a mallorquina gener&oacute; una clase trabajadora muy fragmentada, sin grandes f&aacute;bricas ni espacios de socializaci&oacute;n obrera. A diferencia de otros territorios industriales, en Mallorca no se produjeron grandes aglomeraciones de trabajadores ni barrios obreros consolidados. La socializaci&oacute;n se daba de forma dispersa, a menudo dentro de los propios hoteles, donde conviv&iacute;an trabajadores de distintas categor&iacute;as, pero separados por una r&iacute;gida jerarqu&iacute;a laboral y salarial.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Garcia Munar destaca que la terciarización acelerada de la economía mallorquina generó una clase trabajadora muy fragmentada, sin grandes fábricas ni espacios de socialización obrera. A diferencia de otros territorios industriales, en Mallorca no se produjeron grandes aglomeraciones de trabajadores ni barrios obreros consolidados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En este contexto, la divisi&oacute;n extrema en categor&iacute;as profesionales -m&aacute;s de un centenar en algunos establecimientos- y la convivencia en espacios reducidos dentro de los hoteles reforzaban un clasismo interno que dificultaba la acci&oacute;n colectiva. Como recoge Garcia Munar, no era lo mismo ser recepcionista que camarero o personal de limpieza, ni en salario ni en trato ni en condiciones de alojamiento. Esta fragmentaci&oacute;n actu&oacute; durante a&ntilde;os como un freno a la organizaci&oacute;n sindical y a la protesta.
    </p><p class="article-text">
        El turismo impuls&oacute; la prosperidad de la isla, pero a costa de quienes lo sosten&iacute;an. Tras la imagen de modernidad y bienestar, los historiadores que se han sumergido en la realidad que se escond&iacute;a tras el <em>boom </em>de los a&ntilde;os sesenta y setenta coinciden en se&ntilde;alar que el modelo fue construido sobre el hacinamiento, las jornadas sin fin y la suspensi&oacute;n de los derechos b&aacute;sicos de los trabajadores. Aquella precarizaci&oacute;n no fue una anomal&iacute;a, sino una consecuencia estructural del crecimiento, avalada por la legalidad vigente, asumida socialmente y silenciada por el discurso pol&iacute;tico. Durante d&eacute;cadas, la vida cotidiana de aquellos trabajadores qued&oacute; fuera del relato oficial -y triunfal- del desarrollo econ&oacute;mico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/economia/trabajadores-hacinados-sotanos-jornadas-descanso-historia-silenciada-boom-turistico-balears_1_12878673.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 20:46:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="530081" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="530081" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Trabajadores hacinados en sótanos y jornadas sin descanso: la historia silenciada del 'boom' turístico en Balears]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dc2ecb70-73f4-4a13-91df-177b77b28ccd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Turismo,Hostelería,Precariedad laboral,Precariedad,Derechos laborales,Condiciones laborales,Jornada Laboral,Conflictos laborales,Hoteles,Trabajadores,Sindicatos,Sindicalismo,Islas Baleares,Mallorca,Ibiza]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
