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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sergio del Molino]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/sergio-del-molino/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sergio del Molino]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Match]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/match_132_11904024.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89d0aabd-f3ea-4704-88ac-0723f426e839_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Match"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando un libro nos atrapa o nos expulsa de su territorio de un empujón no es solo porque tengamos cuarenta años en vez de veinte, sino porque el libro también tiene su edad, sus crisis, sus alegrías y su depresión</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si cada libro tiene su momento, pero s&iacute; s&eacute; que hay momentos que no son los adecuados para leer un libro. No hay, por supuesto, una f&oacute;rmula que lo explique o unas reglas tasadas. Abrir un libro tiene, en ese sentido, mucho de ruleta rusa.
    </p><p class="article-text">
        Suele decirse que cambiamos con los a&ntilde;os, pero se llama mucho menos la atenci&oacute;n sobre otra realidad igual de incontestable: tambi&eacute;n los libros cambian con el tiempo. Nada tiene que ver el <em>Quijote</em> del siglo XVII con el <em>Quijote</em> del siglo XIX o con el de hoy. Son tres obras completamente distintas. Los libros cambian sin necesidad de que cambie ninguna de sus frases. Por eso, cuando un libro nos atrapa o nos expulsa de su territorio de un empuj&oacute;n no es solo porque tengamos cuarenta a&ntilde;os en vez de veinte, sino porque el libro tambi&eacute;n tiene su edad, sus crisis, sus alegr&iacute;as y su depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Casi tan famoso como el del <em>Quijote</em>, precisamente, es el arranque de otro libro en espa&ntilde;ol. Uno muy de moda estos d&iacute;as por el estreno de una serie que no he visto, pero que Sergio del Molino ha calificado como &ldquo;un interminable anuncio de caf&eacute;&rdquo;. Es un comienzo que obliga a escribir los centenares de p&aacute;ginas que le siguen. Intent&eacute; leer el libro hace a&ntilde;os y confieso que no pude con &eacute;l, que no pude terminarlo. Se me apoder&oacute; toda la trama m&iacute;tica y familiar y me derrib&oacute;. Hace poco volv&iacute; al libro, por una mezcla de obligaci&oacute;n y placer. La novela y yo &eacute;ramos otros. Pude ya vivir la vida y la muerte en Macondo.
    </p><p class="article-text">
        En sentido contrario recuerdo, por ejemplo, otro libro que le&iacute; hace tiempo y que regal&eacute; bastante en una &eacute;poca, <em>Helena o el mar del verano</em>, de Juli&aacute;n Ayesta. Recuerdo la lectura de aquel libro como una herida de belleza. Volv&iacute; a leerlo recientemente y, aunque manten&iacute;a intacta su objetiva calidad literaria, lo que me produjo fue una mezcla de duda y de verg&uuml;enza: &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a visto yo en aquel libro de forma tan intensa? De repente no fue m&aacute;s que narrativa de posguerra. De nuevo, la novela y yo &eacute;ramos otros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos&rdquo;. Lo dijo un chileno. Y lo repiti&oacute; despu&eacute;s uno de Barcelona. En ese &lsquo;nosotros&rsquo; estamos todos: nosotros y tambi&eacute;n la literatura. Tambi&eacute;n ma&ntilde;ana seremos otros y ese d&iacute;a habr&aacute; libros que salgan huyendo al vernos. Habr&aacute; tambi&eacute;n libros que nos acaricien. Hasta libros habr&aacute; con los que hacer un <em>match</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Cebrián Zazurca]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/match_132_11904024.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Dec 2024 04:30:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Match]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Gabriel García Márquez,Don Quijote de la Mancha,Sergio del Molino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Felipe González, el hombre que cambió a España sin poder impedir que la política le cambiara a él]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/felipe-gonzalez-hombre-cambio-espana-impedir-politica-le-cambiara_129_9663616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3b5882f-1474-4b2d-8472-4bf1138048a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Felipe González, el hombre que cambió a España sin poder impedir que la política le cambiara a él"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista Sergio del Molino cree que Felipe González necesitaba un libro que defendiera su papel en la historia de España y en el que los puntos oscuros fueran contextualizados para que hicieran el menor daño posible</p><p class="subtitle">La campaña de Felipe González en el 82 desde dentro: pegar carteles con miedo a Fuerza Nueva y el sorteo de un Seat</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones de 1977 confirmaron las previsiones que se hab&iacute;an hecho Felipe Gonz&aacute;lez y Alfonso Guerra, pero no todas. El PSOE ser&iacute;a la gran fuerza de la izquierda muy por encima del PCE, a pesar de que los comunistas hab&iacute;an monopolizado d&eacute;cadas de lucha antifranquista. Sin embargo, los socialistas se quedaron con 118 esca&ntilde;os, lejos de los 165 de la UCD de Adolfo Su&aacute;rez. Gonz&aacute;lez se tom&oacute; un tiempo para reflexionar, porque ya entonces estaba pensando en retirarse de la pol&iacute;tica. Viaj&oacute; a Panam&aacute;, donde conoci&oacute; a uno de los personajes legendarios de la pol&iacute;tica latinoamericana de esa &eacute;poca, Omar Torrijos, que se hab&iacute;a hecho con el poder con un golpe de Estado en 1968. 
    </p><p class="article-text">
        Torrijos era un dictador algo ambivalente. Sus ideas progresistas no le imped&iacute;an tener claro que el pa&iacute;s prosperar&iacute;a al ritmo que &eacute;l marcara, y ni un paso m&aacute;s. Alguien acostumbrado a dar lecciones. Le dio una a Gonz&aacute;lez: &ldquo;Te voy a decir una cosa que no deber&iacute;as olvidar: no te aflijas jam&aacute;s. Si te afliges, te aflojan. Que no te vean d&eacute;bil, no dudes, no tiembles. En cuanto te noten el miedo, est&aacute;s perdido. Recu&eacute;rdalo, Felipe: si te afliges, te aflojan&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es un di&aacute;logo reconstruido por el periodista Sergio del Molino en su libro <a href="https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/306845-libro-un-tal-gonzalez-9788420463179" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Un tal Gonz&aacute;lez'</a>, un intento de presentar al expresidente del Gobierno como el hombre providencial que hizo posible la modernizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a tras d&eacute;cadas de dictadura y de una Transici&oacute;n pre&ntilde;ada de momentos dram&aacute;ticos. El consejo de Torrijos encaja con la trayectoria posterior del hombre que en ese momento contaba con solo 35 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Hizo lo posible para que nadie le viera d&eacute;bil o acorralado. El ejercicio del poder lo exig&iacute;a y le conced&iacute;a esa coraza. Por dentro, era otra historia. Fueron varias las ocasiones en que estuvo tentado de dejarlo todo para luego cambiar de opini&oacute;n o dejar que fueran otros los que le convencieran de que era imprescindible. Tuvieron bastante &eacute;xito, porque fue presidente del Gobierno durante catorce a&ntilde;os y l&iacute;der del PSOE durante veintitr&eacute;s. Si era una admisi&oacute;n de su vulnerabilidad, de que quer&iacute;a otra vida, o solo una ficci&oacute;n alimentada por las exigencias del ego es algo que solo sabe &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        'Un tal Gonz&aacute;lez' es lo que podr&iacute;amos llamar una hagiograf&iacute;a inteligente en la que los puntos oscuros del personaje no son obviados, aunque s&iacute; contextualizados para que hagan el menor da&ntilde;o posible. Aun as&iacute;, los elogios no son invenciones producto de una atracci&oacute;n irresistible. Negar la relevancia en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola del abogado laboralista nacido en Sevilla en 1942 es tan absurdo como in&uacute;til. 
    </p><p class="article-text">
        Es leg&iacute;timo preguntarse si el regreso de Espa&ntilde;a a la democracia hubiera sido diferente con otra persona al mando, pero ser&iacute;a otro PSOE y otro Felipe Gonz&aacute;lez, y puede que otra Espa&ntilde;a. El primer paso para analizar la realidad es conocerla.
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                González y su mujer, Carmen Romero, en el autobús de la campaña de 1982.                            </span>
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        El autor ha defendido que el libro no es un ensayo ni una biograf&iacute;a. Sostiene que se trata de una novela alimentada por hechos reales, quiz&aacute; para contar con m&aacute;s libertad al poner en p&aacute;gina di&aacute;logos que es posible que no fueran literales, pero s&iacute; veraces. No es algo que da&ntilde;e al libro, pero resulta extra&ntilde;o. Se trata de una cr&oacute;nica period&iacute;stica muy enraizada en la realidad en la que Del Molino utiliza la primera persona con mesura. Llamarlo novela resulta un poco extravagante.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;nimo reivindicativo de Del Molino al defender los a&ntilde;os de Gobierno de Gonz&aacute;lez es evidente. Cree incluso que impugnar el valor de esa tarea pol&iacute;tica es un s&iacute;ntoma de frivolidad, una forma fallida de situarse en una eterna adolescencia que busca conseguir lo que no era posible en la Espa&ntilde;a de esos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Que Espa&ntilde;a funcione, dijo Gonz&aacute;lez cuando todos le llamaban Felipe y un periodista quer&iacute;a saber en qu&eacute; consist&iacute;a el eslogan socialista 'Por el cambio' de 1982. No sonaba espectacular. Ni el eslogan ni la respuesta. Lo cierto es que no era irrelevante, porque no hab&iacute;a Estado en ese momento que sirviera para construir una democracia o el que hab&iacute;a no serv&iacute;a m&aacute;s que para ir tirando, no para defender los derechos sociales de la gente. Solo en una revoluci&oacute;n se empieza desde cero, y no hubo revoluci&oacute;n ni eso que se llam&oacute; ruptura. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, una parte importante de la izquierda lleg&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s a la conclusi&oacute;n de que el desenlace no hab&iacute;a sido nada satisfactorio para sus ideas. Es una cr&iacute;tica que irrita al autor del libro y a otros muchos, pero que es inevitable una vez que pasaron las d&eacute;cadas en que pol&iacute;ticos y medios de comunicaci&oacute;n dibujaron e impusieron <a href="https://www.eldiario.es/politica/enfrentamiento-suarez-rey_1_4973303.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una versi&oacute;n idealizada de la Transici&oacute;n</a> que con el tiempo <a href="https://www.eldiario.es/politica/espias-periodistas-tuvieron-ocultar-vida-secreta-juan-carlos_129_8453847.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ndash;y aqu&iacute; hay que incluir la conducta del rey Juan Carlos&ndash;</a> ha quedado cuestionada.
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez prefiri&oacute; construir un Estado en el que hubiera una sanidad y educaci&oacute;n p&uacute;blicas, en que los derechos sociales y la vida cotidiana se acercaran a los existentes en Europa occidental. Un pa&iacute;s del que sus ciudadanos no estuvieran avergonzados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El candidato clav&oacute; el mensaje que quer&iacute;an o&iacute;r unos espa&ntilde;oles hartos de que nada funcionase, acomplejados por un atraso end&eacute;mico y desencantados con una democracia que no terminaba de notarse en la vida cotidiana&rdquo;, escribe Del Molino. Ya se empezaba a hablar del desencanto. La recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica a lo largo de los ochenta sirvi&oacute; para conjurar una parte de ese sentimiento. Un sistema democr&aacute;tico se ve irremisiblemente da&ntilde;ado cuando su legitimidad econ&oacute;mica es discutible o inexistente.
    </p><p class="article-text">
        El pragmatismo es una de las caracter&iacute;sticas que m&aacute;s se destaca sobre Gonz&aacute;lez. El giro sobre la OTAN es un ejemplo recurrente. La influencia de la idea que le hab&iacute;a contado Deng Xiapoing &ndash;&ldquo;gato blanco o gato negro, da igual; lo importante es que cace ratones&rdquo;&ndash;, tambi&eacute;n. Sus ministros de 1982 han recordado que el primer Gobierno estaba obligado a <a href="https://elpais.com/espana/2022-10-28/tras-el-telon-del-primer-gobierno-de-felipe-gonzalez-hubo-que-gestionar-las-contradicciones.html?event_log=oklogin" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;gestionar las contradicciones&rdquo;</a> que proced&iacute;an del contraste entre las promesas hechas para llegar al poder y la realidad. En ese dilema, es frecuente que la realidad salga ganando.
    </p><p class="article-text">
        Algunos que trabajaron con &eacute;l limitan el alcance de ese pragmatismo. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/2022-10-29/hubiera-saludable-psoe-elecciones-legislatura-sobro_3514586/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Siempre ha sido inflexible en la estrategia,</a> en los objetivos a medio y largo plazo. Nunca le he visto hacer la menor concesi&oacute;n, ni dentro del Gobierno ni fuera&rdquo;, ha dicho Ignacio Varela, autor del&nbsp;libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-por-el-cambio/356423" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Por el cambio, 1972-1982: C&oacute;mo Felipe Gonz&aacute;lez refund&oacute; el PSOE y lo llev&oacute; al poder'</a> y subdirector del gabinete de Presidencia&nbsp;en Moncloa durante once a&ntilde;os.
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                    alt="Felipe González abraza a Rafael Vera, junto a José Barrionuevo, al despedirles a su entrada en la prisión de Guadalajara."
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            <span class="title">
                Felipe González abraza a Rafael Vera, junto a José Barrionuevo, al despedirles a su entrada en la prisión de Guadalajara.                            </span>
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        Del Molino destaca las frases con las que el l&iacute;der del PSOE anunci&oacute; en 1997 el fin de su carrera pol&iacute;tica. &ldquo;La clave consisti&oacute; en no vindicar el pasado, en concentrar los esfuerzos en reivindicar el futuro. Consisti&oacute; en no quedar atrapados, una vez m&aacute;s, en el laberinto de una historia que no hicimos bien en el siglo XIX y una buena parte del XX&rdquo;, rememor&oacute; Gonz&aacute;lez ante un p&uacute;blico estupefacto al conocer la noticia de su retirada.
    </p><p class="article-text">
        No ser reh&eacute;n del pasado es una idea que tiene m&uacute;ltiples ventajas. Ignorarlo, no tanto. Esto &uacute;ltimo es lo que hizo posible que <a href="https://elpais.com/diario/2005/03/17/madrid/1111062255_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la estatua ecuestre de Franco no fuera retirada</a> de la zona de Nuevos Ministerios en Madrid hasta 2005. El concepto de memoria hist&oacute;rica era ajeno a la idea de Espa&ntilde;a que ten&iacute;a Gonz&aacute;lez, al menos en lo que se refiere a las responsabilidades del Gobierno. Como pod&iacute;a poner en peligro otras cosas, no hab&iacute;a ning&uacute;n problema en dejar que el tiempo fuera curando esa herida, algo que casi nunca suele ocurrir.
    </p><p class="article-text">
        El progreso econ&oacute;mico tuvo un reverso t&eacute;trico que fue el de la corrupci&oacute;n. Los esc&aacute;ndalos se sucedieron como si afloraran las ratas que hab&iacute;an engordado en el interior del barco ante la ausencia de controles por parte de sus capitanes. Algunos de esos ladrones (Luis Rold&aacute;n o Mariano Rubio) eran gente a la que Gonz&aacute;lez hab&iacute;a concedido la m&aacute;xima confianza. &Eacute;l los puso ah&iacute; y &eacute;l los defendi&oacute; hasta que los hechos le dejaron en evidencia. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ante tal bombardeo &ndash;escribe Del Molino&ndash; el presidente callaba o dec&iacute;a que no sab&iacute;a nada y que era el primer sorprendido. No le constaban los robos. Le desconcertaba mucho que hubiese tanto golfo suelto. Lo atribuy&oacute; al fatalismo del poder, que se hab&iacute;a hecho demasiado grande y disperso para controlarlo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera apel&oacute; al fatalismo para responder a las condenas por el caso de los GAL. Con un agravante. Cuando Jos&eacute; Barrionuevo y Rafael Vera tuvieron que ingresar en prisi&oacute;n por su responsabilidad en el secuestro de Segundo Marey, una de las acciones del grupo terrorista creado dentro del Estado, <a href="https://elpais.com/diario/1998/09/11/espana/905464801_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gonz&aacute;lez acudi&oacute; a despedirles a las puertas</a> de la c&aacute;rcel de Guadalajara como si fueran h&eacute;roes. Junto a toda la direcci&oacute;n del PSOE. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.elmundo.es/nacional/gal/marey/sentencia/sentencia.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hab&iacute;an sido condenados a diez a&ntilde;os</a> por el Tribunal Supremo por los delitos de secuestro y malversaci&oacute;n de caudales p&uacute;blicos. Solo pasaron tres meses entre rejas gracias a un indulto parcial concedido por el Gobierno de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar.
    </p><p class="article-text">
        Sergio del Molino escribe que ese gesto &ldquo;ha da&ntilde;ado de forma incurable su herencia&rdquo;. Es lo malo de los pol&iacute;ticos que cambian la historia de su pa&iacute;s. La historia tambi&eacute;n termina cambi&aacute;ndoles a ellos. Es algo que no puede negar ni el autor de un libro tan elogioso sobre la figura de Gonz&aacute;lez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Sáenz de Ugarte]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/felipe-gonzalez-hombre-cambio-espana-impedir-politica-le-cambiara_129_9663616.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Nov 2022 21:35:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Felipe González, el hombre que cambió a España sin poder impedir que la política le cambiara a él]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Felipe González,Sergio del Molino,Transición]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["El Estado de Fernando VII llegaba a muy poquitos sitios, pero a la hora de reprimir era tremendamente eficaz"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/calomarde-sergio-molino_128_1145714.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dee88b2a-17b8-46a2-b8cc-004be543d53f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;El Estado de Fernando VII llegaba a muy poquitos sitios, pero a la hora de reprimir era tremendamente eficaz&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sergio del Molino ofrece con 'Calomarde. El hijo bastardo de las luces', el retrato del burócrata perfecto que sobrevive a cambios políticos y que es muy útil en el aparato represivo de un Estado</p><p class="subtitle">"Crea para Fernando VII una red de espionaje que funciona muy bien y que se anticipa mucho a lo que luego serán los grandes aparatos de represión del siglo XX"</p></div><p class="article-text">
        La historia de un pa&iacute;s no est&aacute; compuesta s&oacute;lo de haza&ntilde;as protagonizadas por sus h&eacute;roes. Los villanos tienen desgraciadamente su cuota de gloria que hay que reconocer al escribir sobre las &eacute;pocas oscuras. De esas, hay unas cuantas en el siglo XIX espa&ntilde;ol. La editorial Libros del KO inicia una colecci&oacute;n dedicada a h&eacute;roes y villanos y el primero de los segundos es Francisco Tadeo Calomarde, ministro de Justicia de Fernando VII durante una d&eacute;cada (1823-1833). Ser&iacute;a m&aacute;s correcto llamarle ejecutor de la represi&oacute;n del r&eacute;gimen tanto contra liberales como serviles (los futuros carlistas).
    </p><p class="article-text">
        Quien hace los honores como autor del libro <a href="https://www.librosdelko.com/products/calomarde" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Calomarde. El hijo bastardo de las luces'</a> es el periodista Sergio del Molino, autor del ensayo 'La Espa&ntilde;a vac&iacute;a', la obra que record&oacute; al pa&iacute;s que Espa&ntilde;a se compone algo m&aacute;s que de las diez mayores ciudades. Calomarde (1773-1842) fue ese bur&oacute;crata oportunista sin muchas ideas propias que termina resultando imprescindible en el funcionamiento del Estado, tambi&eacute;n en su vertiente m&aacute;s siniestra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n es m&aacute;s peligroso? &iquest;El fan&aacute;tico o el bur&oacute;crata imprescindible en cualquier maquinaria represiva?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gana el fan&aacute;tico, porque el bur&oacute;crata, por su mera naturaleza oportunista, se puede reconducir y adaptar a otras situaciones. Es verdad que Calomarde es un personaje h&iacute;brido. Tiene su parte de trepador y oportunista, y tambi&eacute;n de alguien que cree al final en lo que hace, pero gana de calle su faceta oportunista. De hecho, al final es apartado por los serviles, los carlistas, y se convierte en un apestado para los dos bandos. No le perdonan su car&aacute;cter arribista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se le puede comparar con Fouch&eacute; o Talleyrand, pero, claro, estos son gigantes. Aparte de oportunistas, llegaron mucho m&aacute;s lejos que Calomarde en un periodo mucho m&aacute;s convulso.</strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Fouch%C3%A9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fouch&eacute;</a><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Maurice_de_Talleyrand" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Talleyrand</a>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, el paralelismo con Fouch&eacute; es obvio, pero Calomarde es un personaje mucho m&aacute;s a ras de suelo en una &eacute;poca, adem&aacute;s, mucho m&aacute;s mediocre. Es verdad que tambi&eacute;n es un momento heroico de fundaci&oacute;n del Estado espa&ntilde;ol, de fundaci&oacute;n de lo que es la naci&oacute;n espa&ntilde;ola. Pero &eacute;l tiene un papel muy de cloacas del Estado. Y es verdad que tiene una talla hist&oacute;rica muy por debajo de la que tendr&iacute;a un Fouch&eacute;. Pero precisamente eso es lo interesante para m&iacute;. Su car&aacute;cter de roedor, de ratilla, de personaje que se gana el odio de todos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Realmente todos los fan&aacute;ticos o los sistemas pol&iacute;ticos detestables necesitan a gente como Calomarde para manifestar su capacidad de hacer el mal. Necesitas a la burocracia y eso vale tanto para el siglo de Calomarde como para el siglo XX.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero f&iacute;jate que la paradoja de Calomarde y del rey es que ni Fernando VII ni &eacute;l son fan&aacute;ticos. Realmente los fan&aacute;ticos no le perdonan su ambig&uuml;edad ni a Fernando VII a &eacute;l. Est&aacute;n siempre aprovech&aacute;ndose de las corrientes del siglo, surfeando sobre las corrientes fan&aacute;ticas que sostienen m&aacute;s o menos el Estado. Se aprovechan del caballo ganador en ese momento, que son los fan&aacute;ticos. Y de hecho, tanto Fernando VII, que era un cobard&oacute;n y en cuanto le ven&iacute;an de un lado se iba hacia el otro, como Calomarde acaban en la reacci&oacute;n por circunstancias puramente coyunturales y no s&eacute; qui&eacute;n se sirve de qui&eacute;n. Yo creo que en este caso son los oportunistas los que se sirven de los fan&aacute;ticos y acaban escaldados.
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        <strong>&iquest;Hasta qu&eacute; punto hay Estado entonces en Espa&ntilde;a? Es el comienzo del siglo XIX, del proceso de consolidaci&oacute;n de las naciones y de los estados. Pero en un r&eacute;gimen o sistema pol&iacute;tico en el que todo depende de la voluntad de una persona, el rey, &iquest;en qu&eacute; medida podemos hablar de cloacas del Estado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, es un Estado que se est&aacute; formando, un Estado embrionario que est&aacute; gest&aacute;ndose y que demuestra mucha m&aacute;s capacidad de la que el t&oacute;pico hist&oacute;rico rampl&oacute;n manifiesta. Porque cuando monta un aparato represivo es muy eficaz. Los liberales son muy fuertes, tienen mucho apoyo del exterior y realmente son la mayor&iacute;a organizada del pa&iacute;s y todos sus asaltos al poder caen en el fracaso constantemente, porque los desbaratan.
    </p><p class="article-text">
        Realmente a la hora de organizar la represi&oacute;n y lo peor del Estado, son muy eficaces, pero es verdad que es un Estado muy d&eacute;bil que de hecho fracasa estrepitosamente a la muerte del rey, porque el verdadero poder en Espa&ntilde;a no est&aacute; en el rey. Est&aacute; en los poderes locales, los caciques, la nobleza, el clero que todav&iacute;a, sobre todo a nivel local, es muy poderoso. El Estado moderno encarnado en Fernando VII, y la embrionaria estructura liberal, todav&iacute;a no es capaz de hacerse fuerte. Es un Estado que llega a muy poquitos sitios. Pero a la hora de reprimir es tremendamente eficaz.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dec&iacute;a que Calomarde era algo m&aacute;s que un instrumento o marioneta de Fernando VII. Ah&iacute;, en su faceta de gran represor, &iquest;hay creatividad? &iquest;Hay cosas que aporta motu proprio que lo convierten de forma negativa, digamos, en un represor de gran estatura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo convierten en un represor en el sentido moderno. &Eacute;l conoce muy bien las covachuelas del Estado, la burocracia, y maneja todos los niveles de la Administraci&oacute;n. La conoce de arriba a abajo. Sabe muy bien c&oacute;mo son los mecanismos de correcci&oacute;n de todo ese Estado y se aprovecha de ellos para crear una red de espionaje, de fidelidades mutuas, que funciona muy bien y que se anticipa mucho a lo que luego ser&aacute;n los grandes aparatos de represi&oacute;n del siglo XX. En ese sentido, s&iacute; es bastante imaginativo, pero no es el &uacute;nico responsable. Dentro de ese sistema, es un instrumento m&aacute;s, es el que pone el sello, la r&uacute;brica al final de las ejecuciones, pero es un servidor. Ese mecanismo sin &eacute;l hubiera funcionado exactamente igual. 
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        <strong>Sin los instrumentos tecnol&oacute;gicos de los estados represivos modernos, &iquest;c&oacute;mo lo hac&iacute;a el jefe de la represi&oacute;n? &iquest;Simplemente a base de una red de confidentes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con una red de chivatos. Era una sociedad mucho m&aacute;s peque&ntilde;a donde todo el mundo cotilleaba y todo el mundo era muy callejero y era relativamente f&aacute;cil tener redes de chivatos y con eso lo ten&iacute;an todo muy controlado. Tambi&eacute;n es verdad que era relativamente f&aacute;cil de eludir. Nunca llega a destruir el movimiento liberal, que siempre est&aacute; fuerte, incluso desde la c&aacute;rcel o el exilio. Nunca llega a acabar con &eacute;l, pero sabe mantenerlo controlado a trav&eacute;s de esas redes de chivatos que tiene por todas partes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como persona procedente de Teruel, &iquest;lo podemos considerar un h&eacute;roe de la 'Espa&ntilde;a vac&iacute;a', aunque sea en el lado negativo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiene una calle en Teruel, que es la &uacute;nica calle que tiene en toda Espa&ntilde;a, y me gusta verlo como un villano de la 'Espa&ntilde;a vac&iacute;a'. Pero es verdad que, como en Teruel hay tan poquitos pr&oacute;ceres de los que enorgullecerse, la verdad es que te agarras a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No es una excepci&oacute;n. En el siglo XIX hab&iacute;a mucha gente de la periferia que, como ahora, se ve&iacute;a atra&iacute;da por Madrid, porque sab&iacute;an que s&oacute;lo all&iacute; se pod&iacute;a hacer carrera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, adem&aacute;s hab&iacute;a un lobby aragon&eacute;s especialmente fuerte a finales del siglo XVIII y que ten&iacute;a una influencia en la Corte muy poderosa. Eso tiene que ver con c&oacute;mo estaba estructurado el Estado embrionario. Entonces los n&uacute;cleos de poder regionales eran muy poderosos en la Corte y ten&iacute;an mucha capacidad de influir. Calomarde se aprovech&oacute; de muchas coyunturas y era verdaderamente extraordinario que alguien de su extracci&oacute;n social llegara a donde lleg&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; Calomarde no aparece m&aacute;s destacado en los libros de historia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un mito literario, m&aacute;s que hist&oacute;rico. Durante todo el siglo XIX, Calomarde fue la obsesi&oacute;n de los liberales, sobre todo a trav&eacute;s de Mesonero Romanos y Gald&oacute;s, que son los que lo retratan. Y hay una querencia por culparle y convertirle en una especie de demonio que luego la historiograf&iacute;a del siglo XX ha ido matizando para considerarlo un instrumento m&aacute;s dentro de una estructura much&iacute;simo m&aacute;s compleja. Ha ido perdiendo relevancia y fuelle, pero a m&iacute; me interesaba rescatar un poco ese mito, esa historia mitol&oacute;gica de los liberales que sobre todo muchos historiadores conservadores a partir de los a&ntilde;os 50 del siglo XX empezaron a cuestionar seriamente para decir, bueno, Calomarde no fue ese demonio con cuernos y rabo que nos pintan. Y empiezan a dibujarlo m&aacute;s como una especie de arribista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la descripci&oacute;n que hace Gald&oacute;s, por ejemplo, o en las dificultades que Calomarde tuvo para ascender socialmente, el tema de los prejuicios de clase s&iacute; que est&aacute; presente, lo cual es l&oacute;gico siendo una sociedad aristocr&aacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; eso es lo que m&aacute;s me interesa, lo que m&aacute;s me seduce del personaje y es la raz&oacute;n por la que lo saqu&eacute; en 'La Espa&ntilde;a vac&iacute;a'. Ese prejuicio de clase, ese rechazo del advenedizo, es muy ilustrativo y es un rasgo en el que yo me fijo mucho para construir y para apoyar mi propio personaje de Calomarde. Todo est&aacute; condicionado por el rencor de clase que tiene, que le lleva al final a militar en un bando en el que, de una forma biogr&aacute;fica natural, no militar&iacute;a y que le lleva a hacer una serie de cosas porque se siente rechazado.
    </p><p class="article-text">
        Creo que es una constante en la historia de Espa&ntilde;a. Por ejemplo, al final hablo de Alfonso Guerra, por c&oacute;mo le trata (Jorge) Sempr&uacute;n en sus memorias. Hay una constante elitista del poder, que hace que siempre el que llega del pueblo sea sospechoso. De hecho, los retratos de Gald&oacute;s son enga&ntilde;osos en ese sentido porque siempre le retrata como un bruto. Y a m&iacute; me cuesta mucho creer alguien que ha pasado desde los 15 a&ntilde;os pr&aacute;cticamente en la Administraci&oacute;n, en la Corte, mantenga todav&iacute;a a los cincuenta unos modales de labrador. No lo creo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cabe la posibilidad de que todo se debiera tambi&eacute;n prejuicios de la &eacute;poca basados en los estereotipos sobre los aragoneses?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Totalmente. En esa &eacute;poca desde finales del siglo XVIII hay muchos aragoneses en la Corte y son muy odiados porque los ven como el estereotipo del bruto con ese acento especialmente agresivo y que suena mal en la Corte. El aragon&eacute;s es visto como el t&oacute;pico del paleto durante mucho tiempo y creo que se caricaturiza eso (en Calomarde), se exagera su acento y sus rasgos constantemente.
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        <strong>Huye a C&aacute;diz en 1810, lo cual ya le coloca en un bando s&oacute;lo con presentarse all&iacute;. Es curioso ver c&oacute;mo fracasa como conspirador. Ni siquiera llega a ser diputado de las Cortes de C&aacute;diz.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una historia de fracasos constantes, pero por una serie de carambolas siempre encuentra un hueco, porque generalmente cae en desgracia la persona que est&aacute; justo encima de &eacute;l, y entonces corre el escalaf&oacute;n. Tiene suerte y sabe estar en el lugar adecuado en el momento oportuno, pero por pura casualidad, porque realmente es bastante torpe y poco calculador en ese sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luego volvi&oacute; a Madrid en el 1821 y ah&iacute; el libro dice que adquiri&oacute; modales reptilianos. &iquest;Se hizo mejor conspirador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; es cuando tiene su primer papel importante. Es la primera miniguerra civil que hay, el preludio de la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, cuando hay un levantamiento servil y un estado de guerra civil abierta. Hay una parte del pa&iacute;s que escapa al control del Gobierno liberal. &Eacute;l asume la direcci&oacute;n de la Regencia de Urgel, es una especie de presidente de un Gobierno en la sombra, de un Gobierno servil, pero en secreto. Recibe la misi&oacute;n de ir a Madrid (estaba desterrado en Pamplona) y de contactar con los serviles all&iacute;. Aprender&aacute; a conspirar, a contactar con todos los que est&aacute;n escondidos y a crear redes. &Eacute;l lidera la quinta columna en Madrid. Ese es el primer momento en el que cobra un papel protagonista y en que los absolutistas se dan cuenta de que es un tipo muy &uacute;til. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Calomarde tiene un papel relevante en el caso de la ejecuci&oacute;n del maestro Cayetano Ripoll en 1826. Ocurre en el siglo XIX, pero nos traslada a un par de siglos antes con la Inquisici&oacute;n, una vuelta al pasado. &iquest;Y todo eso se produjo por pura debilidad del Estado?</strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cayetano_Ripoll" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cayetano Ripoll</a>
    </p><p class="article-text">
        Ellos no hubieran querido que sucediera. Uno de los errores que reconocen los propios fernandistas es que fue un error reinstaurar en 1814 la Inquisici&oacute;n. Cuando vuelven otra vez, despu&eacute;s de los Cien Mil Hijos de San Luis, lo primero que dicen es que la Inquisici&oacute;n no va a volver. Lo que pasa es que la Iglesia se lo pasa por el forro. Y como no se atreven a enfrentarse a la Iglesia, a esas peque&ntilde;as inquisiciones que han ido creciendo ilegalmente en las di&oacute;cesis, sucede esto. Cuando se habla de que Cayetano Ripoll es la &uacute;ltima v&iacute;ctima de la Inquisici&oacute;n, no es que estemos hablando de una historia lineal de la Inquisici&oacute;n que termina ah&iacute;, sino que es un suceso desgraciado por la no intervenci&oacute;n, por la cobard&iacute;a de Calomarde y Fernando VII. A este hombre al final le ajustician unos locos que deliran en Valencia, a los que nadie se atreve a poner freno por la propia debilidad del Gobierno. Creen que si plantan cara, van a perder todos los apoyos que tienen, y eso es una historia acojonante y terrible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Unos pocos a&ntilde;os antes ya se hab&iacute;an producido algunas sublevaciones reaccionarias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al a&ntilde;o siguiente de la muerte de Cayetano Ripoll, hubo una insurrecci&oacute;n potent&iacute;sima, la de los malcontentos de Catalu&ntilde;a, que es casi un embri&oacute;n de guerra civil. Es la primera vez en la &eacute;poca moderna que Catalu&ntilde;a se declara independiente, pero se declara independiente desde la reacci&oacute;n para proclamar los fueros. Los absolutistas se sienten traicionados por Fernando VII. Sienten que est&aacute; haciendo demasiadas concesiones a los liberales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que llama la atenci&oacute;n sobre el fusilamiento de Torrijos en 1831 en otra intervenci&oacute;n represiva de Calomarde contra los aut&eacute;nticos liberales es que los ejecutaran en la misma playa, como se ve en el cuadro de Antonio Gisbert. &iquest;Por qu&eacute; no los llevaron a Madrid para su juicio y en su caso ejecuci&oacute;n?</strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Fusilamiento_de_Torrijos_y_sus_compa%C3%B1eros_en_las_playas_de_M%C3%A1laga" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cuadro de Antonio Gisbert</a>
    </p><p class="article-text">
        Porque se hab&iacute;a declarado el estado de guerra. El gobernador hab&iacute;a declarado el estado de guerra mucho antes y ten&iacute;a autorizaci&oacute;n para hacerlo. Ven&iacute;amos de Mariana Pineda, que hab&iacute;a provocado una insurrecci&oacute;n en Andaluc&iacute;a. Se cantaban coplas de Mariana Pineda. Andaluc&iacute;a estaba en pie de guerra. Si no liquidabas esa insurrecci&oacute;n r&aacute;pidamente e ibas a un juicio, Andaluc&iacute;a se incendiaba de arriba a abajo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iñigo Sáenz de Ugarte]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/calomarde-sergio-molino_128_1145714.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Feb 2020 20:30:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["El Estado de Fernando VII llegaba a muy poquitos sitios, pero a la hora de reprimir era tremendamente eficaz"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sergio del Molino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ultraderecha y la España olvidada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ultraderecha-espana-olvidada_132_1754736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b2f2036-0d47-4dce-b3e4-d3b6f44592e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la izquierda no sale de sus círculos de autorreferencialidad urbanita corre el riesgo de perder el país que pretende gobernar y transformar</p><p class="subtitle">No vale quejarse posteriormente de aquellos que no nos votan cuando nunca, antes, han sido nuestro objeto de preocupación</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos ha recobrado cierto vigor el debate y la preocupaci&oacute;n en torno a la mal llamada &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;, en torno a uno de los problemas m&aacute;s graves del pa&iacute;s que refleja el abandono de regiones y zonas cada vez m&aacute;s grandes de nuestro territorio. La f&oacute;rmula, acu&ntilde;ada por Sergio del Molino, ha tenido &eacute;xito tanto para poner el debate encima de la mesa como para dotarlo de un significante propio, &uacute;nico y muy pl&aacute;stico. Sin embargo, en la &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; vive gente, mucha gente, que no siente habitar en la nada sino en una tierra castigada por la dejadez del Estado, de parte de la sociedad espa&ntilde;ola y la hiperconcentraci&oacute;n capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Existe una frontera porosa y simb&oacute;lica que se agranda a pasos gigantescos entre las preocupaciones de las grandes ciudades y las del medio rural y que comienza por la propia consideraci&oacute;n urbanita de este. Es rara la semana que no se publica un reportaje sobre aldeas en extinci&oacute;n, pueblitos con apenas vecinos o el retorno de una familia de neorrurales que ha decidido dedicarse al pastoreo, pero aunque loables tales descripciones, nuestro mundo rural es mucho m&aacute;s rico y complejo, y contiene adem&aacute;s posibilidades de desarrollo end&oacute;geno que lo alejar&iacute;an de cualquier <em>beatus ille</em> arc&aacute;dico. Hay zonas en Espa&ntilde;a que han estado siempre, desde tiempo inmemorial, muy poco pobladas por las caracter&iacute;sticas geogr&aacute;ficas y ambientales, y otras que, por el contrario, han sufrido procesos vertiginosos de vaciamiento desde cotas demogr&aacute;ficas relativamente altas. Para ambas se necesita, ya y urgentemente, un verdadero plan nacional, ambicioso, que corte de ra&iacute;z la despoblaci&oacute;n y articule el territorio. Para el segundo tipo de zonas, asimismo, se deber&iacute;a convertir en prioridad la revitalizaci&oacute;n de los pueblos y ciudades medianas que, lejos de aquella concepci&oacute;n inocentemente id&iacute;lica, pueden vertebrar sus regiones de influencia para asentar a la poblaci&oacute;n y para dotarla de prestaciones y servicios equiparables a los de las grandes ciudades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema de la despoblaci&oacute;n, de la Espa&ntilde;a olvidada, esconde adem&aacute;s una variable pol&iacute;tica de especial relevancia en el contexto actual. Tenemos una parte del pa&iacute;s que, por su olvido en infraestructuras, en inversiones y servicios, se siente menospreciada y maltratada. El clima de descontento en las zonas rurales es cada vez mayor, lo que abona el campo para que l&oacute;gicas dicot&oacute;micas nacionalistas se asienten y canalicen la indignaci&oacute;n. Estos d&iacute;as hemos visto c&oacute;mo los trenes extreme&ntilde;os volv&iacute;an a pararse en la oscuridad de la noche y de sus traviesas decimon&oacute;nicas, pero tambi&eacute;n c&oacute;mo Vox llenaba el Palacio de Congresos de Teruel. La posibilidad de que la ultraderecha se dirija con eficacia a los m&aacute;s olvidados del mundo rural viene adem&aacute;s alentada, en su probabilidad de &eacute;xito, por la irrupci&oacute;n de los discursos nacionalistas que se retroalimentan y en los que la identificaci&oacute;n r&aacute;pida entre presuntas colectividades se basa en la pura estrategia identitaria y excluyente. Para evitar esta situaci&oacute;n, creo que se deber&iacute;an elaborar desde ya dos respuestas.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, se ha de partir del hecho de que las reivindicaciones de la Espa&ntilde;a rural son justas y se deben a una acumulaci&oacute;n secular de discriminaciones y disparidades territoriales. Hacen falta pol&iacute;ticas decididas en materia de inversi&oacute;n, fiscalidad e infraestructuras, que cumplan con el mandato constitucional para los poderes p&uacute;blicos, hoy apenas recordado, de velar por &ldquo;un equilibrio econ&oacute;mico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio espa&ntilde;ol&rdquo;. Ese equilibrio debe abandonar el &ldquo;modelo AVE&rdquo; de conexi&oacute;n entre grandes urbes con olvido total de los espacios intermedios, y ser hoy dirigido, adem&aacute;s, a trav&eacute;s del objetivo de la transici&oacute;n energ&eacute;tica y del cambio de modelo productivo, pues ambas dimensiones tienen su m&aacute;xima virtualidad en el aprovechamiento sostenible del medio rural y pueden potenciar sus posibilidades de desarrollo. La lucha contra la despoblaci&oacute;n rural y por la vertebraci&oacute;n del pa&iacute;s ha de erigirse en una pol&iacute;tica prioritaria para los poderes p&uacute;blicos y en una cuesti&oacute;n de inter&eacute;s permanente.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, las &eacute;lites pol&iacute;ticas y culturales espa&ntilde;olas deber&iacute;an dejar de mirar con desprecio o altaner&iacute;a a sus conciudadanos por el mero hecho de no habitar en las grandes ciudades y tener para ellos, y con ellos, un proyecto integral de pa&iacute;s. La conciencia de los retos a los que nos debemos enfrentar y la interconexi&oacute;n en el medio rural son m&aacute;s intensas y fuertes de lo que aquellas &eacute;lites creen. Las izquierdas necesitar&iacute;an, en este sentido, abandonar el rechazo total que siguen mostrando al marco de adscripci&oacute;n simb&oacute;lica de las gentes que habitan la Espa&ntilde;a olvidada, hegem&oacute;nico en su soledad dial&eacute;ctica y en el que la inmensa mayor&iacute;a de ciudadanos se sienten c&oacute;modos o, cuanto menos, indiferentes.
    </p><p class="article-text">
        Disputar la idea de pa&iacute;s y sus marcos simb&oacute;licos desde la conciencia de su diversidad no puede ser una quimera ante su injusta apropiaci&oacute;n por parte de quienes nunca van a preocuparse de verdad por el medio rural. &iquest;Tanto cuesta que un partido progresista o de izquierdas abra su campa&ntilde;a electoral en un pueblo de 6000 habitantes? &iquest;Tanto cuesta elaborar un cat&aacute;logo completo de propuestas para combatir la despoblaci&oacute;n y mejorar la vida de los pueblos y peque&ntilde;as ciudades? Si la izquierda no sale de sus c&iacute;rculos de autorreferencialidad urbanita corre el riesgo de perder el pa&iacute;s que pretende gobernar y transformar, y no, no vale quejarse posteriormente de aquellos que no nos votan cuando nunca, antes, han sido nuestro objeto de preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de lo que aparece en nuestras contaminadas televisiones, los &ldquo;chalecos amarillos&rdquo; franceses han sido y son una contestaci&oacute;n de indignaci&oacute;n que procede, mayoritariamente, de la Francia rural, de la Francia que tambi&eacute;n est&aacute; en proceso de despoblaci&oacute;n y que se siente menospreciada por las &eacute;lites neoliberales de las ciudades. La paradoja tanto para la &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; como para esta Francia en proceso de vaciamiento reside en que los partidos que quieren canalizar m&aacute;s eficazmente ese descontento son, precisamente, aquellos que no s&oacute;lo no solucionar&aacute;n los problemas que aquejan al medio rural, sino que los potenciar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier proceso de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica, y el que necesita nuestro pa&iacute;s olvidado lo es sin duda, precisa de una fuerte intervenci&oacute;n del Estado y de un predominio de las decisiones pol&iacute;ticas frente a las econ&oacute;micas, es decir, lo contrario de lo que propugnan los partidos de ultraderecha. Estos defienden en sus programas pol&iacute;ticas abiertamente neoliberales que ser&iacute;an incapaces de dar una respuesta a los retos del mundo rural. La historia, en el caso espa&ntilde;ol, se repetir&iacute;a como farsa: el franquismo ya se erigi&oacute; como portador de las esencias de una patria folcl&oacute;rica mancillada, pero fue el franquismo el que con sus falsas pol&iacute;ticas desarrollistas acab&oacute; con la vida de nuestros pueblos, desvertebr&oacute; el pa&iacute;s, maltrat&oacute; al mundo rural y conden&oacute; a generaciones y generaciones de espa&ntilde;oles a la emigraci&oacute;n y al &eacute;xodo. Demos, pues, una respuesta verdadera, fiable y eficaz a la cuesti&oacute;n rural, hagamos que la Espa&ntilde;a olvidada deje de serlo, y cuidemos as&iacute; no s&oacute;lo de nuestro pa&iacute;s, sino tambi&eacute;n de nuestra democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ultraderecha-espana-olvidada_132_1754736.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Jan 2019 20:58:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ultraderecha y la España olvidada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sergio del Molino,Pueblos,Despoblación,Ultraderecha,Extrema derecha,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para entrar en el debate de las izquierdas: un GPS, un mapa y una guía toxicológica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/entrar-debate-izquierdas-gps-toxicologica_132_1100786.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"En este Sálvame Deluxe en que se ha convertido el debate sobre las izquierdas españolas hay de todo. Tamaras buenas, Tamaras malas. Raquetazos por la espalda. Ataques de integridad".</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La culpa de las 3.632 palabras que vienen a continuaci&oacute;n es de una entrevista que le hicieron hace unos d&iacute;as a Tamara Falc&oacute; en la revista Marie Claire. El titular me lleg&oacute; por redes sociales, convenientemente envuelto en co&ntilde;as marineras: &ldquo;Rezo por Pablo Iglesias y por todos los de Podemos&rdquo;. Me re&iacute; un rato, a&ntilde;ad&iacute; alg&uacute;n comentario mordaz y me olvid&eacute; moment&aacute;neamente del tema. Mi subconsciente lo rescat&oacute; -vete a saber por qu&eacute;- esa misma noche. Ya sin co&ntilde;as, me vino la pregunta: &iquest;qui&eacute;n hace de Tamara Falc&oacute;, para hacer re&iacute;r a la derecha?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se os ocurre alg&uacute;n nombre? No, &iquest;verdad? Es un poco como en ese viejo consejo para aprender a jugar al p&oacute;ker: <em>Si no sabes qui&eacute;n va perdiendo, entonces lo m&aacute;s probable es que ese seas t&uacute;</em>. Oui, c&rsquo;est moi. Je suis Tamara. Y todos los que nos dedicamos a juntar letras cr&iacute;ticas en medios digitales como este, o, -ponle- CTXT, o El Salto, o La Marea, o Infolibre. Escribimos <em>heteropatriarcado</em>, o <em>pensamiento &uacute;nico</em>, o <em>troika</em> y a alg&uacute;n derechista se le sale el colacao por la nariz, de la risa. Si le llega, claro. Porque no somos la Marie Claire. Ojal&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ya resignado al insomnio, me estuve preguntando m&aacute;s cosas, indagando sobre todo este asunto de las cr&iacute;ticas. Importa su origen. No da igual que las suelte Agamen&oacute;n o su porquero. El fervor antipodemita de Tamara Falc&oacute; (como el de P&eacute;rez-Reverte, como el de Salvador Sostres) podr&iacute;a hasta conseguirnos votos. Para que una cr&iacute;tica surta efecto, debe ser enunciada desde una posici&oacute;n cercana al oyente, legitimada por &eacute;ste. Duele menos una bola r&aacute;pida desde el fondo de la pista que un raquetazo en la cabeza propinado por tu compa&ntilde;ero de dobles.
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable preguntarse qu&eacute; pasar&iacute;a si uno abriese cualquier peri&oacute;dico, sintonizase cualquier canal y encontrase todo el rato gente puntera -autoidentificada como de centroderecha- hablando sobre lo que deber&iacute;a hacer la derecha y no est&aacute; haciendo, los motivos del &lsquo;fracaso&rsquo; del PP (al fin y al cabo un partido que se ha dejado casi catorce puntos en las encuestas en un a&ntilde;o y medio), posibles &lsquo;soluciones&rsquo; dr&aacute;sticas a la inminente &lsquo;debacle&rsquo;. Influencers derechistas profetizando un largo invierno podemita si Rajoy no dimite inmediatamente en beneficio de -ponle- Pablo Casado. Jorge Bustos pidiendo cabezas. Los tertulianos de TVE1 poniendo a Guindos a caer de un burro.
    </p><p class="article-text">
        Eso -todos lo sabemos- no va a ocurrir, a no ser que un d&iacute;a el menda se encuentre, como Faemino y Cansado, once mil millones mientras se peina y decida invertir en conglomerados medi&aacute;ticos para darle la vuelta a la tortilla de la hegemon&iacute;a. As&iacute; que el panorama es bien diferente. Mientras las Tamaras del bloque antagonista nos desga&ntilde;itamos en la fr&iacute;a tundra digital, los medios de masas espa&ntilde;oles tienen bien aprendido el marco &ldquo;fracaso de las izquierdas&rdquo;. A veces de forma tamaresca-caricaturesca, como esa gente entra&ntilde;able de El Mundo (hay que quererla mucho):
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, sin embargo (y estos raquetazos duelen m&aacute;s), el cr&iacute;tico viene con la chaqueta de pana del abuelo. Me refiero c&oacute;mo no a El Pa&iacute;s y su preocupante preocupaci&oacute;n por la salud de comunes y Unidos Podemos. No hay d&iacute;a sin que el editorial, o la firma de alguna vaca sagrada desgrane el tema &ldquo;lo que la verdadera izquierda deber&iacute;a hacer&rdquo;, sea esto lo que sea. Desde abrazar el internacionalismo y dejar actuar a los Piol&iacute;n Boys (David Trueba) a honrar la Santa Transici&oacute;n (Javier Cercas) o &lsquo;pasar p&aacute;gina&rsquo; con el franquismo (Mu&ntilde;oz Molina), para dejar de &lsquo;fracasar estrepitosamente&rsquo;, seg&uacute;n el reci&eacute;n llegado Sergio del Molino.
    </p><p class="article-text">
        En este S&aacute;lvame Deluxe en que se ha convertido el debate sobre las izquierdas espa&ntilde;olas hay de todo. Tamaras buenas, Tamaras malas. Raquetazos por la espalda. Ataques de integridad. Dineros, incluso, a veces treinta, si me permit&iacute;s la met&aacute;fora b&iacute;blica. Pero tambi&eacute;n buena mierda, compas pregunt&aacute;ndose de buena fe aquello de Lenin, <em>&#1063;&#1090;&#1086; &#1076;&#1077;&#1083;&#1072;&#1090;&#1100;?</em>, qu&eacute; hacer, gente desempolvando lecturas o comentando el asunto en los bares (siempre, <em>siempre</em> hay que abrirse de orejas cuando oyes hablar de estas cosas en los bares). &iquest;A ti tambi&eacute;n te salta el tema a la cara cuando abres una red social o te vas de ca&ntilde;as? Si me acompa&ntilde;as un rato m&aacute;s te doy mi recapitulaci&oacute;n. Sin rezar nada ni nada de eso. Prometido.
    </p><h4 class="article-text">GPS, POR FAVOR</h4><p class="article-text">
        Encendamos un momento el GPS. &iquest;D&oacute;nde estamos? &iquest;<em>En quinientos metros, en la rotonda, tome la primera salida para tomar los cielos por asalto</em>? Mmm&hellip; no, me temo que no. &iquest;Al borde de la desaparici&oacute;n, como cuando el <em>tsunami bipartidista</em> de 2008? Pues mira, yo dir&iacute;a que tampoco. Llevo votando y participando en pol&iacute;tica desde el 95, no soy tan viejo pero he visto a&ntilde;os malos, per&iacute;odos de desactivaci&oacute;n, de erosi&oacute;n, de arrinconamiento. Y no se parecen en nada a este: 71 diputados de Unidos Podemos, la estructura turnista del 78 volada en mil (al menos cuatro) pedazos, primera fuerza indiscutible entre los votantes de menos de 44 a&ntilde;os (que se dice pronto), ayuntamientos del cambio, atenci&oacute;n (a veces demasiada, es verdad, pero ey) medi&aacute;tica&hellip; Parece claro que el des&aacute;nimo, de haberlo, no procede de un diagn&oacute;stico hist&oacute;rico, sino de una expectativa, de un cambio de tendencia. De la fase de asalto a la de trinchera, por usar t&eacute;rminos b&eacute;licos, de moda hace un tiempito. El des&aacute;nimo, adem&aacute;s, procede en parte de datos cocinados en los fogones de Metroscopia, esa gente tan dada a herrar (sic) los pron&oacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute;n las izquierdas haci&eacute;ndolo todo mal? &iquest;Y todo bien? Esto no es El Pa&iacute;s, amigos. Ni el teletarot. Yo soy de letras y no s&eacute; nada de c&oacute;digo binario. Para aportar un m&iacute;nimo de sentido a este debate es necesario tener en cuenta al menos unos cuantos elementos m&aacute;s. De hecho, creo que el uso de un m&iacute;nimo de elementos de debate es uno de los mejores filtros que podemos usar para identificar Tamaras, agentes provocadores, despechados y Leguinas en medio de esta discusi&oacute;n. Todo el mundo tiene derecho a barrer padentro, ojo. Pero, mejor, la escoba a la vista, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        Todos podemos aportar ejemplos a una lista de errores de c&aacute;lculo, de t&aacute;ctica, de estrategia, de organizaci&oacute;n, de imagen, cobard&iacute;as y temeridades, lealtades personales (o mezquindades) imponi&eacute;ndose al bien com&uacute;n, muestras de elitismo o de proletarismo que dejaron fr&iacute;o a parte del electorado, vaivenes pol&iacute;ticos sin sentido, salidas de tono identitarias, apa&ntilde;os timoratos por el camino de enmedio, dirigentes sin lecturas (o con demasiadas lecturas), p&eacute;rdidas tontas de iniciativa, filtraciones traicioneras, fidelidades lentejeras y duelos a navaja por sentarse en un sill&oacute;n. Al solidificarse la herramienta sobre el molde de las instituciones, mec&aacute;nicas de partido bien conocidas se han reproducido en el nuestro: tenemos familias, cuotas, apparatchiks y despechados, lugartenientes y saboteadores, fontaneros e incendiarios, trepas y talibanes, jerarcas y pelotas. Y ya paro, que parece esto una canci&oacute;n de Sabina.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sigue, sin embargo, embarcada en esa mara&ntilde;a pol&iacute;tica que llamamos Unidos Podemos al menos parte de la valiosa militancia que la ha llevado hasta donde est&aacute;? Pues mira, s&iacute;. Mientras leemos un art&iacute;culo apocal&iacute;ptico tras otro por parte de -por ejemplo- los El Confi Boys sobre &lsquo;la burbuja de la izquierda&rsquo;, o &lsquo;la izquierda pajillera&rsquo; (sic), o &lsquo;el inminente cataclismo electoral&rsquo; etc etc, nuestra gente sigue bati&eacute;ndose el cobre en todos los frentes, desde los movimientos sociales hasta la moqueta azul del Parlamento Europeo, y encadenando victorias parciales que hasta hace apenas dos a&ntilde;os parec&iacute;an locuras impensables y ahora no merecen ni una palmadita en la espalda. Pero cuentan. Leyendo ciertos digitales, uno podr&iacute;a pensar que estamos a punto de marcarnos un UPyD. No, troncos. No somos UPyD. Pero s&iacute;, ya, ya s&eacute; que lo importante aqu&iacute; es &lsquo;el relato&rsquo;. Dejadme acabar, que voy.
    </p><p class="article-text">
        Junto a las listas de errores hay m&aacute;s elementos a considerar. Uno de ellos es obviamente la fase de construcci&oacute;n de la herramienta, pasado ya el per&iacute;odo inflacionario o de &lsquo;luna de miel&rsquo; en el que los marcos predominantes del debate p&uacute;blico nos eran favorables (la &ldquo;crisis-estafa&rdquo;, la corrupci&oacute;n, el paro y los desahucios, los recortes, la juventud sin futuro, la emergencia social). Asimismo se ciernen sobre nosotros amenazas externas: los partidos del r&eacute;gimen han establecido una especie de cord&oacute;n sanitario (ellos lo llaman &lsquo;constitucionalismo&rsquo;) ideado para sacarnos de la partida en un momento en que el marco principal del debate se ha desplazado a cuestiones identitarias. Se tensan, mientras, todos los hilos del aparato medi&aacute;tico setentayochista, cada vez m&aacute;s endeudado y controlado por un c&iacute;rculo de poder m&aacute;s reducido: se multiplican las expulsiones de voces &lsquo;rebeldes&rsquo; y hasta la vicepresidenta se permite operar a plena luz del d&iacute;a para mantener a sus peones (l&eacute;ase Juan Luis Cebri&aacute;n) en posiciones de influencia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es importante seguir teniendo en cuenta nuestras fortalezas, probablemente la mayor de las cuales sea el compromiso militante de tantos y tantos compas que estaban, est&aacute;n y estar&aacute;n. La vitalidad de los nuevos medios de comunicaci&oacute;n, sin sesgos de f&aacute;brica, que se extienden desde la red por la sociedad espa&ntilde;ola (&iquest;por qu&eacute; si no le tendr&iacute;an tanto odiomiedo algunos a Twitter?). La popularidad entre nuestra base social de la idea de confluencia, verdadera argamasa que ahoga de ra&iacute;z cualquier proyecto de operaci&oacute;n segregacionista palaciega. Y nuestras oportunidades. Con unas nuevas elecciones catalanas en el horizonte, la emocionalidad de los posicionamientos va descendiendo y se vaticina un reflujo antiidentitario. Al mismo tiempo, la crisis econ&oacute;mica y de empleo sigue sin cerrarse de una forma m&iacute;nimamente cre&iacute;ble (paro, corrupci&oacute;n y clase pol&iacute;tica permanecen como primeras preocupaciones de la ciudadan&iacute;a, y no Catalu&ntilde;a), y el BCE viene emitiendo amenazantes avisos de subida de tipos y cierre gradual del quantitative easing. Se avecina adem&aacute;s una guerra civil en las derechas hisp&aacute;nicas por la debilidad del pack M. Rajoy, que sigue perdiendo sangre por heridas <em>sobrecogedoras</em>. En el per&iacute;odo que resta para las siguientes elecciones (el 21D ha alejado la tentaci&oacute;n de adelantarlas) veremos si es cierto ese mantra popular de que el castigo por la corrupci&oacute;n &lsquo;ya est&aacute; descontado&rsquo; entre un electorado conservador que solo entiende la fidelidad (y si no, que le pregunten a UPyD) hacia el caballo ganador.
    </p><p class="article-text">
        Vaya, al final sin querer me he marcado un DAFO como un piano. Lo cual deber&iacute;a de anticipar que ya aqu&iacute; vendr&iacute;a mi receta infalible, mi hoja de ruta segura hacia una gran victoria futura si me hacen caso y se cumple <em>lo que deber&iacute;a hacer la izquierda</em>, &iquest;no? Pues no. Creo que vamos ya un poco sobrados de hojas de ruta parciales llenas de reproches y collejas apenas velados y Colones apuntando hacia un <em>plus ultra </em>que a veces no es otra cosa que <em>la maya por m&iacute; y por todos mis compa&ntilde;eros</em>. En todo caso, y por recomendar algo, recomiendo leer m&aacute;s a Eric Olin Wright: en la sociedad postindustrial, las estrategias anticapitalistas&nbsp;<a href="http://vientosur.info/spip.php?article10888" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no necesitan ser puras</a> (a mis camaradas m&aacute;s doctrinarios les aconsejo tomarse el Sintrom antes de hacer clic ah&iacute;), y una herramienta revoltosa y mestiza como Unidos Podemos puede integrar las cuatro, es decir, <em>destruir</em>, <em>domar</em>, <em>escapar de</em> y <em>erosionar</em> el capitalismo <em>al mismo tiempo</em>, desde lo micro y lo macro, desde la calle y las Cortes, desde lo personal y lo pol&iacute;tico, para abrir huecos a una sociedad del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Pero entonces, &iquest;no va a haber hoja de ruta
    </p><p class="article-text">
        -Que no, acho. Por eso el apartado se llamaba &ldquo;GPS POR FAVOR&rdquo;. Esto de lo que iba era de situarse un poco.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Y ahora qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h4 class="article-text">Y AHORA QU&Eacute;</h4><p class="article-text">
        El debate sobre <em>qu&eacute; hacer</em> se encrespa entre las izquierdas. Nunca se ha ido, pero el estancamiento electoral, la p&eacute;rdida de la iniciativa en la actualidad informativa y un clima medi&aacute;tico desaforadamente hostil parecen avivarlo. Esto no es malo de por s&iacute;. Si la derecha fuese capaz de mantener cierto nivel de debate p&uacute;blico sobre su propio rumbo, M. Rajoy hace tiempo que habr&iacute;a abandonado el liderazgo del PP y Pilar Barreiro -por ejemplo- no estar&iacute;a usando el Senado (con sus 80.332&euro; p&uacute;blicos al a&ntilde;o) para pagarse la defensa en P&uacute;nica, Novo Carthago e Hidrogea. &iquest;Alguien imagina a Ciudadanos cuestionando en abierto las decisiones de su querido l&iacute;der? De hecho, sospecho que al menos en parte toda esa campa&ntilde;a de intoxicaci&oacute;n que venimos sufriendo las izquierdas por parte de los medios del r&eacute;gimen no tiene como objetivo avivar nuestra divisi&oacute;n o condicionar el debate, sino precisamente impedirlo. Que nos vayamos al b&uacute;nker. Que toda cr&iacute;tica interna sea considerada traici&oacute;n en un estado de excepci&oacute;n. Que nos gane la esclerosis. Y que nos convirtamos, definitivamente y por el tr&aacute;mite de la profec&iacute;a autocumplida, en un partido como todos. &iquest;Como? &iquest;Que camino llevamos? Bueno, eso dec&iacute;delo t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otra batallita: el per&iacute;odo entre la ca&iacute;da del Muro y la de Lehman Brothers fue uaro uaro para las izquierdas. La implosi&oacute;n del mundo socialista nos dej&oacute; con pocas ganas de hablar de alternativas econ&oacute;micas al neoliberalismo, y se ha teorizado frecuentemente sobre la sobredimensi&oacute;n en esos a&ntilde;os de las pol&iacute;ticas de identidad, una especie de refugio para nosotros mientras el pensamiento &uacute;nico nos ganaba las partidas. Parece haberse asentado el relato de que, mientras el capitalismo se com&iacute;a la Rusia de Yeltsin -sus compatriotas se dejaron nada menos que diez a&ntilde;os de esperanza media de vida a lo largo de la d&eacute;cada-, nosotros nos tap&aacute;bamos la cara con las banderas del feminismo, la multiculturalidad, la diversidad sexual y de g&eacute;nero,el pacifismo, la ecolog&iacute;a y el laicismo. Es un viejo debate. El clich&eacute; <em>la izquierda postmoderna inofensiva</em> tiene ya unos a&ntilde;os. Para repensarlo, habr&iacute;a que subirse al Delorean y aterrizar en aquella sociedad: la Izquierda Unida reci&eacute;n creada abandonaba hoces y martillos en un esfuerzo integrador, y casi al mismo tiempo se convert&iacute;a en muleta de emergencia de un PSOE que empezaba a perder fuelle. De la &eacute;poca de Anguita conservamos sin embargo el recuerdo de una organizaci&oacute;n menos acomodaticia, capaz de luchar nada menos que contra el Tratado de Maastricht (con toda raz&oacute;n, sabemos ahora) y marcar un techo electoral de 21 diputados. Durante mucho tiempo, esa cifra (los 21 diputados) se fue solidificando entre nosotros como <em>la plusmarca imbatible</em>. Relegados f&eacute;rreamente a los m&aacute;rgenes del debate p&uacute;blico sin aparente esfuerzo (eran los a&ntilde;os gloriosos de El Pa&iacute;s y el bipartidismo setentayochista), la militancia se dividi&oacute; en dos tipos: por un lado, quienes se dedicaban por entero a la vida de partido (y aspirar&iacute;an en su momento a alg&uacute;n cargo subalterno); por otro, quienes se repart&iacute;an entre la organizaci&oacute;n y diversos movimientos sociales, con l&oacute;gicas crecientemente divergentes a las de la primera.
    </p><p class="article-text">
        No quiero aburrir pero no eran tiempos de pensar en hegemon&iacute;as. Recuerdo cierta mentalidad de resistencia a lo que interpret&aacute;bamos casi como un <em>fin de la historia</em>, a lo Fukuyama. Ni siquiera quienes nos dedic&aacute;bamos a construir un discurso econ&oacute;mico cr&iacute;tico desde espacios altermundistas como ATTAC ten&iacute;amos victorias electorales en mente. Tambi&eacute;n indag&aacute;bamos herramientas cr&iacute;ticas fuera del espacio estrictamente marxista, desde Lacan a Foucault, pasando por Bourdieu. Estamos acostumbrados a pensar estas cuestiones en t&eacute;rminos dicot&oacute;micos, no hist&oacute;ricos (recomiendo mucho el espl&eacute;ndido art&iacute;culo de Mar&iacute;a Eugenia R. Palop en este mismo medio sobre el asunto). &iquest;De verdad estar&iacute;amos donde estamos de no haber integrado discursos laterales al de <em>la gran marcha adelante del socialismo</em>? &iquest;Habr&iacute;amos logrado superar un esquema de partido decimon&oacute;nico, jer&aacute;rquico y herm&eacute;tico, sin nuestra traves&iacute;a del desierto de los 90 y 00? La ansiedad del <em>asalto</em> y la <em>ventana de oportunidad</em> &iquest;es beneficiosa a medio y largo plazo? &iquest;Existen otras responsabilidades que atender, adem&aacute;s de la fallida <em>ganar ya</em> que todos tenemos en mente?
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, nuestro <em>momento Polanyi </em>lleg&oacute;, para cambiarlo todo, tras el estallido de la burbuja financiera de hace diez a&ntilde;os. La ola de desapego al r&eacute;gimen y de politizaci&oacute;n expr&eacute;s que conocemos como 15M volvi&oacute; a poner sobre la mesa temas del fondo del caj&oacute;n. Rele&iacute;mos a Gramsci, a Polanyi, a Laclau para retomar la posibilidad de la hegemon&iacute;a, c&oacute;mo disputarla, c&oacute;mo <em>construir pueblo</em> / <em>poder popular </em>(no es en absoluto lo mismo), c&oacute;mo librar&nbsp; con &eacute;xito las nuevas guerras culturales o con qu&eacute; contrarrestar las previsibles ofensiva medi&aacute;tica y restauraci&oacute;n. Pero no solo el problema de la hegemon&iacute;a reclamaba nuestra atenci&oacute;n. La crisis de R&eacute;gimen no era solo socioecon&oacute;mica en un sentido tradicional: la siempre postergada revoluci&oacute;n de los cuerpos (feminismos, diversidad de g&eacute;nero, derechos reproductivos) tambi&eacute;n acababa de estallar para retar al patriarcado reinante, junto a un cuestionamiento profundo de las formas de representaci&oacute;n democr&aacute;tica que abr&iacute;a grietas en el tejido vertical de los grandes partidos del pa&iacute;s. Municipalismo, autoorganizaci&oacute;n, <em>democracia radical</em>, nuevo sindicalismo&hellip; Son fen&oacute;menos tambi&eacute;n venidos para quedarse. Todas esas oleadas antagonistas, sin embargo, no se solapan por completo. Las zonas comunes (que tambi&eacute;n llamamos <em>Comunes</em>) han de ser atendidas con cuidado. A no ser que seamos un pir&oacute;mano, claro. En ese caso, dame m&aacute;s gasolina.
    </p><p class="article-text">
        La palabra m&aacute;gica para muchos de nosotros es <em>transaccionar</em>: integrar las diferencias, apagar los fuegos, encontrar y potenciar las zonas de solapamiento donde todo parece fractura. Obviamente esto puede convertirse, si se exagera, en una ridiculez. En una especie de totalitarismo de monje budista. La mediaci&oacute;n siempre ha de partir del reconocimiento de la diferencia. &iquest;Quer&eacute;is un ejemplo espectacular? Lo voy a traer (para que no se diga) de la zona m&aacute;s alejada a la m&iacute;a, de entre todo el espectro que abarca mi espacio pol&iacute;tico. <a href="https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2018-02-04/izquierda-cultural-guerras-culturales-alianza_1511844/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hablo del art&iacute;culo que se ha marcado Germ&aacute;n Cano en El Confidencial</a>, una lecci&oacute;n magistral de respeto, sensatez, mano -precisamente- izquierda y, claro, cr&iacute;tica a la organizaci&oacute;n, que enriquece, complejiza y abre el debate que estamos diseccionando aqu&iacute;. A esto me refiero cuando digo <em>as&iacute; s&iacute;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Me (os) voy a ahorrar el t&iacute;pico apartado denostando la sobredimensi&oacute;n de lo te&oacute;rico entre las izquierdas / movimientos antagonistas de nuestro pa&iacute;s. No creo que haya m&aacute;s genios pensantes / capitanes intr&eacute;pidos entre nosotros que en otros bloques, como el conservador o el socialdem&oacute;crata. S&iacute; que los nuestros hablan m&aacute;s en p&uacute;blico contra nuestros dirigentes, pero esto no es necesariamente negativo. Puede incluso que esos debates se extiendan al gran &aacute;gora, cosa tampoco necesariamente etc. Lo ideal, visualizo, ser&iacute;a que la clase trabajadora que pretendemos representar discutiese el <em>qu&eacute; hacer</em> con la naturalidad y frecuencia con que hablamos de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol. Ese debate, sin embargo, solo podr&iacute;a darse sin interferencias ni intoxicaciones sobre el cad&aacute;ver del R&eacute;gimen. Su poder es obviamente inmenso. Con tal de erosionar nuestro espacio, la credibilidad de diarios como El Pa&iacute;s o de vacas sagradas de nuestro universo cultural puede ser malgastada a modo de munici&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo distinguir entre unas y otras aportaciones, las que se emiten desde la preocupaci&oacute;n y el compromiso antagonista (muchas veces incendiarias) y las que contiene disoluciones variables de venenos interesados? Vamos acabando este (desaforadamente) largo texto con una &uacute;til
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h4 class="article-text">GU&Iacute;A TOXICOL&Oacute;GICA PARA ORIENTARSE EN EL DEBATE DE LAS IZQUIERDAS</h4><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Venenos everywhere. Pero hay un debate fascinante esperando a quien consiga inmunizarse. Inmunizarse es bastante f&aacute;cil, por otra parte. Solo es necesario ver venir. Aqu&iacute; os cuento los compuestos t&oacute;xicos m&aacute;s comunes, y ya cada cual que consuma libremente los que le parezca. Pero avisao:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- EL MOIS&Eacute;S DE LAS ALTURAS. Un cl&aacute;sico. Aparece alguien, alguien a quien nadie ha visto nunca por una asamblea, ni arrimando el hombro en tarea alguna, ni apoyando en ninguna campa&ntilde;a divulgativa, ni tan siquiera posicion&aacute;ndose p&uacute;blicamente a nuestro favor en un solo proceso electoral. Dice algo izquierdoso, para quedar guai, y a continuaci&oacute;n se saca de la nada diez mandamientos random con <em>lo que deber&iacute;a hacer la izquierda</em>. C&oacute;mo no los acompa&ntilde;a con bien de ejemplos de todo lo que estamos haciendo mal. La sensaci&oacute;n es la de llevarse un raquetazo en la nuca, como dec&iacute;amos muy arriba, con el agravante de que t&uacute; a ese se&ntilde;or no lo hab&iacute;as visto en tu vida, y de hecho desconoc&iacute;as que estabas jugando <em>a dobles</em> con &eacute;l. Este veneno tambi&eacute;n es conocido como <em>marcarse un David Trueba</em>, que es ese se&ntilde;or capaz de aparecer en El Pa&iacute;s clamando contra los trabajadores de Coca Cola y volver poco despu&eacute;s a <em>marcarse un Mois&eacute;s de las alturas</em>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- EL BANDAZO S&Uacute;PEREFICAZ. Tambi&eacute;n cl&aacute;sico. Aparece alguien, alguien a quien nadie etc o no, tambi&eacute;n puede ser un viejo conocido. Propone -oh capit&aacute;n, mi capit&aacute;n- un cambio de rumbo. Uno radical. Un 180. Se apoya en datos apocal&iacute;pticos. Y bueno, no pasa nada ni por proponer volantazos ni por dar la alarma. Pero m&iacute;ster bandazo no se interesa ni por el n&uacute;mero de marineros que van a caer por la borda ni por el proceso de toma de decisiones, esas cosas de la democracia interna y tal. Quiere golpe de tim&oacute;n y lo quiere ya. Lo ha decidido &eacute;l. Va a ser s&uacute;pereficaz. Claro.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- LA PROFEC&Iacute;A AUTOCUMPLIDA. Suele aparecer en combinaci&oacute;n con otros venenos. Se resume en &ldquo;yo dije que hab&iacute;a que seguir este rumbo y no me hicisteis caso, ergo el estancamiento en las encuestas se debe a que no me hicisteis caso&rdquo;.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>- LA DICOTOM&Iacute;A URGENT&Iacute;SIMA. Unidos Podemos tiene que elegir. Ya. No se puede estar protegiendo a, ponle, la gente LGTBIQ del Alto Arag&oacute;n y a los parados de C&aacute;diz al mismo tiempo. Vamos, posici&oacute;nate. Bolleras de Huesca o ninis de C&aacute;i.&iexcl;R&aacute;pido, que est&aacute;s perdiendo votos! Y todo as&iacute;. Los envenenadores dicot&oacute;micos se la pasan buscando supuestos conflictos de mensaje. Es cierto que los conflictos de mensaje pueden darse. En un espacio tan mestizo y diverso como el nuestro, especialmente. Pero tambi&eacute;n que hay maneras de gestionarlos distintas a rascar la herida con las u&ntilde;as sucias para levantar las costras. PROTIP: si sale Jim Goad en alg&uacute;n momento del discurso, las probabilidades de estar ante un compuesto t&oacute;xico de este tipo son altas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Y yo ya me iba. Mentir&iacute;a si dijese que no estoy aprendiendo mucho, en ocasiones directamente con palmaria fascinaci&oacute;n, con este debate. Tambi&eacute;n si ocultase mi estupefacci&oacute;n, en ocasiones, ante determinados intoxicadores. Igual me pongo un d&iacute;a y rezo por ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Daniel Espejo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/entrar-debate-izquierdas-gps-toxicologica_132_1100786.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Feb 2018 10:39:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Para entrar en el debate de las izquierdas: un GPS, un mapa y una guía toxicológica]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[El Mundo,Pablo Iglesias,Podemos,Pablo Casado,Mariano Rajoy,David Trueba,Javier Cercas,Sergio del Molino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sergio del Molino: “Los intelectuales no han sabido dar un nuevo discurso a la izquierda y los de mi edad llegamos tarde”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/sergio-molino-intelectuales-discurso-izquierda_1_3061221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c34140e3-cc7a-49d0-b8d9-bff25a50f4ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sergio del Molino: “Los intelectuales no han sabido dar un nuevo discurso a la izquierda y los de mi edad llegamos tarde”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor regresa con “La mirada de los peces” tras el éxito de “La España vacía”</p></div><p class="article-text">
        En 2016, Sergio del Molino recibi&oacute; una llamada del que fue su profesor de filosof&iacute;a en el instituto y despu&eacute;s amigo: Antonio Aramayona. Le anunci&oacute; su prop&oacute;sito de suicidarse. Aramayona, hombre de fuerte personalidad, carism&aacute;tico, hab&iacute;a alcanzado fama como activista en favor de la muerte digna. As&iacute; arranca &ldquo;La mirada de los peces&rdquo; (Random House), libro con el que Del Molino regresa tras &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; y en el que, adem&aacute;s de rememorar a su carism&aacute;tico maestro, hace un retrato generacional y de la vida de barrio en la Espa&ntilde;a de los 90. En esta entrevista, conversa sobre el sentimiento de culpa, el impudor en la literatura y la infantilizaci&oacute;n y p&eacute;rdida del humor en &ldquo;una sociedad cada vez m&aacute;s asfixiante&rdquo;. En sus palabras, por graves que sean, se percibe siempre una iron&iacute;a de fondo, un descre&iacute;do humor negro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; te movi&oacute; a escribir sobre Antonio Aramayona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No estoy seguro de si he escrito sobre &eacute;l o en torno a &eacute;l. Yo sab&iacute;a que el personaje de Antonio lo iba a abordar, pero siempre pens&eacute; que lo har&iacute;a dentro de veinte a&ntilde;os. Si &eacute;l no me hubiera llamado ese d&iacute;a de abril de 2016 para decirme que se iba a suicidar, lo habr&iacute;a postergado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay un sentimiento de culpa planeando todo el tiempo sobre el relato.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una culpa gen&eacute;rica, s&iacute;, pero concretada en la figura de Antonio. Tiene que ver con qu&eacute; hacemos con lo que nuestros maestros nos legan; con c&oacute;mo arrumbamos como si fueran trastos viejos a personas que han sido muy importantes en nuestras vidas, que nos han marcado y que han sido generosas con nosotros. Cuando ellos nos necesitan, muchas veces no estamos a la altura. Tambi&eacute;n me interesa hablar de la culpa por la mala prensa que tiene en una sociedad laica. La culpa es un componente fundamental de la doctrina cristiana y muchas generaciones han crecido con ese mantra. Por eso lo primero que hemos hecho al convertirnos en laicos es quitarnos la culpa de encima, era un lastre. Sin embargo yo creo que la culpa es algo que est&aacute; mas all&aacute; de la religi&oacute;n y que tiene que ver con las relaciones humanas. Si despojamos nuestra vida de ella nos convertimos en monstruos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro te alejas del Aramayona figura p&uacute;blica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que no me interesa. No la reconozco, porque creo que a un santo, que era en lo que quer&iacute;an convertirlo, no se le puede querer. A un santo se le admira, se le besan los pies, se lo lleva en procesi&oacute;n&hellip; pero no se le quiere, porque el amor requiere una relaci&oacute;n de igualdad. Yo quer&iacute;a explorar qu&eacute; era eso que hac&iacute;a a Antonio tan especial y que no ten&iacute;a nada que ver con ese personaje plano de consigna f&aacute;cil en el que no se reconoc&iacute;a nada de lo ir&oacute;nico, lo divertidamente, lo &ldquo;hijoputamente&rdquo; cruel que pod&iacute;a ser. Y contradictorio, sobre todo. Es en las contradicciones, en los defectos, donde verdaderamente nos queremos y reconocemos las personas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; fue lo m&aacute;s importante que te aport&oacute; Antonio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El desprecio a la cobard&iacute;a. Cuando me he juntado con otros ex alumnos suyos con los que mantuvo una relaci&oacute;n tambi&eacute;n de muchos a&ntilde;os, he visto que eso es lo que tenemos en com&uacute;n, aunque en realidad se trata de la interpretaci&oacute;n bastarda de una ense&ntilde;anza suya, porque exist&iacute;a una barrera generacional: &Eacute;l lo que despreciaba era la autoridad, profundamente. Y nos ense&ntilde;&oacute; a desafiarla. Pero su autoridad no era la nuestra: &Eacute;l era un hijo del 68, de la educaci&oacute;n franquista, cat&oacute;lica, y adem&aacute;s ven&iacute;a de una familia con tradici&oacute;n militar donde la autoridad tiene una forma muy fuerte. Sus alumnos no hemos conocido esa autoridad contra la que &eacute;l se rebel&oacute;, ni ese sentimiento de represi&oacute;n, as&iacute; que creo que hemos reinterpretado un poco su ense&ntilde;anza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;La mirada de los peces&rdquo; es tambi&eacute;n un relato generacional. Rememoras la vida de barrio en la Zaragoza de los noventa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo fundamental del libro. Antonio es la puerta que hila pasado y presente, pero a m&iacute; lo que me interesaba era explorar esa adolescencia desde un punto de vista personal, que es lo &uacute;nico que te permite adoptar un prisma universal. Siempre he tenido la obsesi&oacute;n de escribir sobre los barrios obreros que ya no eran obreros en los noventa. Es un escenario que entronca con la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola de literatura de barrio, que en el siglo XX ha tenido buen&iacute;simos narradores, como Juan Mars&eacute;, que ser&iacute;a el maestro, o Luis Mart&iacute;n Santos. Yo creo que pod&iacute;a aportar algo nuevo: mi propia perspectiva, la mirada de alguien que cuenta desde el testimonio, sin condescendencia ni estereotipaci&oacute;n. Porque el concepto de barrio en Espa&ntilde;a en los ultimos a&ntilde;os ha sufrido dos grandes males narrativos: La &ldquo;belenestebizaci&oacute;n&rdquo; a traves de la caricatura neocostumbrista televisiva en la cual los barrios est&aacute;n llenos de gente zafia, chillona, estrafalaria y zarzuelera; y luego otra lectura m&aacute;s pol&iacute;tica, del barrio contado desde fuera, como hace Le&oacute;n de Aranoa en la pel&iacute;cula &ldquo;Barrio&rdquo;, donde se los describe como lugares m&aacute;s duros y dif&iacute;ciles de lo que realmente son, pero llenos de gente honesta y luchadora. Yo quer&iacute;a contraponerme a esas dos visiones opuestas y llevar el barrio a una mirada m&aacute;s personal, desdramatizada. Reivindicar que de all&iacute; viene Bel&eacute;n Esteban, pero tambi&eacute;n gente como yo. Cuando se habla de gente de barrio, nadie piensa en un escritor ni en un intelectual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eres un autor que destapa mucho la propia biograf&iacute;a. &iquest;No temes mostrarte tanto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El impudor es una exigencia de la literatura. Si no eres imp&uacute;dico, no haces nada significativo. Ese salto a la impudicia lo puedes dar de muchas formas. Desde la ciencia ficci&oacute;n: Philip K. Dick es tremendamente imp&uacute;dico. Te est&aacute; contando cosas que le duelen de verdad, aunque te hable de venusianos. O Lovecraft: Lo que te asusta de sus relatos no es la construcci&oacute;n del terror, sino el miedo que siente el propio autor de los monstruos que sublima a trav&eacute;s de la literatura. Yo me muestro de manera muy directa porque me interesa recuperar algo fundamental en la literatura que en el artificio de la ficci&oacute;n se pierde: La conexi&oacute;n del cham&aacute;n, del contador de historias. La literatura nace cuando la tribu se re&uacute;ne en torno a alguien para escucharle contar una historia de la que tanto &eacute;l como quienes le oyen son parte, est&aacute;n involucrados. Quiero recuperar ese esp&iacute;ritu primigenio de buhonero que se planta en la plaza del pueblo. Por eso uso la primera persona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En un momento del libro dices que la vida es insoportable si no se pone en forma de novela. &iquest;Es ese el papel de la ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Su papel es darle sentido a algo que no lo tiene: la vida. La literatura cumple en buena medida la funci&oacute;n que ocupaba antes la religi&oacute;n. Da sentido a nuestras existencias porque al ordenar las vidas de otros, cont&aacute;ndolas, parece que haya un porqu&eacute;. Pero el escritor sabe el truco, o deberia: Que el sentido es producido, creado. Al escribir est&aacute;s dando sentido de forma artificial a algo que no lo tiene. La vida es azar y caos. Entonces escribir es una paradoja: Buscas el sentido sabiendo que no lo vas a encontrar. No puedes. Y lo que haces en el camino, el producto de esa b&uacute;squeda infructuosa, es la literatura. Por eso todo libro fracasa desde la primera p&aacute;gina. Sin embargo, lo interesante es el c&oacute;mo fracasamos. Por eso defiendo la inutilidad de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablas tambi&eacute;n de la repugnancia que te causa el gregarismo. En este momento en que se nos exige, cada vez m&aacute;s, una posici&oacute;n clara para todo, &iquest;es dificil mantener la independencia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pr&aacute;cticamente imposible. Me siento profundamente extranjero. Siempre me lo he sentido, pero al menos hasta ahora ten&iacute;a el privilegio de ser raro y marginal sin ning&uacute;n coste. Se te consent&iacute;a ir a tu bola. Pensar una cosa y ma&ntilde;ana la siguiente. No pasaba nada. Eso es s&iacute;ntoma de una sociedad abierta, avanzada y compleja. Ahora eso estamos a punto de perderlo, si no lo hemos perdido ya. Y es terrible porque la sociedad se vuelve tremendamente asfixiante y se saca del discurso p&uacute;blico a gente muy l&uacute;cida cuya voz, al no encajar en un bando u otro, desaparece. Y en el momento en que la polifon&iacute;a se reduce perdemos todos porque las cosas se nos presentan en blanco y negro. Vamos hacia un mundo m&aacute;s triste, que me asusta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n parece que perdemos el sentido del humor, la capacidad de tomarnos las cosas a la ligera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es otro s&iacute;ntoma del mismo proceso. Una sociedad cada vez m&aacute;s simple en lo ideol&oacute;gico, histerizada y dividida tolera menos el humor. Cuando eso sucede, la libertad de expresi&oacute;n se resiente. La Espa&ntilde;a de hace veinte a&ntilde;os se re&iacute;a de muchas m&aacute;s cosas que la de ahora, y era capaz de frivolizar. La democracia se ha reducido. Todav&iacute;a aguanta el armaz&oacute;n como sistema de derechos y libertades. De hecho no comulgo con la gente que dice que Espa&ntilde;a no es una democracia, que es un Estado posfranquista o que habla del &ldquo;R&eacute;gimen del 78&rdquo;. Espa&ntilde;a es una democracia, perfectible como todas, pero en muchos aspectos m&aacute;s avanzada. Nosotros no tenemos una c&aacute;mara de los lores. Ni pena de muerte. Fuimos de los primeros en legalizar el matrimonio homosexual. Todo eso est&aacute; en peligro ahora. Deber&iacute;amos preocuparnos. No deber&iacute;amos dar por supuesto lo que tenemos, sino defenderlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y cu&aacute;l es la ra&iacute;z de esta polarizaci&oacute;n que surge en todos los &aacute;mbitos de la vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una infantilizaci&oacute;n general. Y creo que buena parte de la culpa la tiene una izquierda desnortada que, desde que perdi&oacute; la cultura de clase obrera con la desindustrializaci&oacute;n de Europa, no encuentra su discurso y est&aacute; muy dividida. Ese vac&iacute;o lo han aprovechado oportunamente nacionalistas, populistas, xen&oacute;fobos con una visi&oacute;n infantil y primaria de la sociedad&hellip; Un mont&oacute;n de demonios que podr&iacute;an estar contenidos si la izquierda hubiera sabido adaptarse. Pero los intelectuales no han logrado crear nuevos argumentos. Y los de mi edad llegamos tarde.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dices que los intelectuales han hecho una dejaci&oacute;n de funciones, pero &iquest;hay alguien al otro lado? &iquest;La gente eschucha?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Primero tienen que decir algo. Estoy harto de o&iacute;r lo de que antes hab&iacute;a voces de la cultura en la televisi&oacute;n y que ya no las hay. Lo que no se cuenta es que por parte de los intelectuales ha habido un desprecio elitista del medio. Lo consideran chabacano. Dejaron de ir a los plat&oacute;s. Se dej&oacute; ese espacio en manos de otra gente. Ahora es f&aacute;cil decir: &ldquo;No nos escuchan&rdquo;, pero &iquest;has probado a hablar antes?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Empezaste dedic&aacute;ndote al reporterismo en profundidad y lo abandonaste porque se convirti&oacute; en una especie en extinci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ha desaparecido porque es muy caro y dif&iacute;cil de rentabilizar. En el momento en que un reportero pasa un par de noches fuera, ya lo est&aacute;n llamando para que mande algo: &ldquo;Con lo que cuestan el hotel, las dietas&hellip; y no has enviado a&uacute;n una l&iacute;nea&rdquo;. Es un tipo de periodismo que va mal con la crisis y con unos medios en ca&iacute;da libre. Inter&eacute;s de los lectores hay, aunque nunca ser&aacute; masivo. Pero con una industria period&iacute;stica que no sabes si va a sobrevivir al a&ntilde;o que viene es imposible plantear nada. El peri&oacute;dico en papel es un producto de otro siglo. Es dif&iacute;cil que aguante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay un cierto desapego en el modo en que hablas del periodismo en tu libro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiendo a ser cr&iacute;tico con mi funci&oacute;n de periodista. Ahora ejerzo, dig&aacute;moslo as&iacute;, de predicador y me cuesta decir que lo que hago es periodismo. Pero s&iacute; que lo es. En realidad, hablo con desapego de todo salvo de mi hijo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Miguel Vilar-Bou]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/entrevistas/sergio-molino-intelectuales-discurso-izquierda_1_3061221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Nov 2017 13:49:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sergio del Molino: “Los intelectuales no han sabido dar un nuevo discurso a la izquierda y los de mi edad llegamos tarde”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Murcia,Entrevistas,Literatura,Sergio del Molino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sergio del Molino: “Un país sin relato no es un país”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sergio-molino-pais-relato_1_4066400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebcba37e-67a6-4b0a-82fc-7ce834ead0bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Sergio del Molino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y escritor publica</p><p class="subtitle">La España Vacía. Viaje por un país que nunca fue</p><p class="subtitle">Se trata de un ensayo sobre la diáspora rural que se produjo en nuestro país a partir de los años 50</p></div><p class="article-text">
        El periodista y escritor Sergio del Molino (Madrid, 1979) publica <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Viaje por un pa&iacute;s que nunca fue</em> (Turner), un ensayo sobre la despoblaci&oacute;n rural que se produjo a partir de los a&ntilde;os 50, di&aacute;spora que ha terminado convirtiendo a Espa&ntilde;a en un pa&iacute;s imaginario del que, sin embargo, todos guardamos alguna imagen fantasmag&oacute;rica. Un recorrido sociol&oacute;gico de trasfondo cultural que indaga en las consecuencias del continuo y alarmante vaciamiento de la Pen&iacute;nsula ib&eacute;rica a trav&eacute;s de sus &uacute;ltimos 60 a&ntilde;os de historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Parece que desde el propio subt&iacute;tulo pretendes apelar directamente a los t&oacute;picos. &iquest;Qu&eacute; le debes a este pa&iacute;s vac&iacute;o para que emocionalmente te hayas lanzado a escribir un libro como &eacute;ste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente s&iacute; que hay una conexi&oacute;n sentimental, y creo adem&aacute;s que ya estaba expresada en mi novela anterior. Una de las cosas que exploro en<em> Lo que a nadie le importa</em> (Literatura Random House, 2014) es c&oacute;mo mi abuelo, que nunca ha vivido en esa Espa&ntilde;a vac&iacute;a porque procede de ese pueblo menguante que es Bubierca (donde naci&oacute; pero nunca ha vivido), considera que pertenece a &eacute;l y que all&iacute; ha construido una mitolog&iacute;a. Cuando se jubil&oacute; se compr&oacute; una casa y se convirti&oacute; en campesino, pero un campesino de mentira, porque &eacute;l siempre ha sido de ciudad. Quien lo ve, cree que ha vivido en el pueblo toda su vida y que viene de plantar tomates, aunque las manos las ten&iacute;a perfectas porque era un white-collar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En esa reflexi&oacute;n est&aacute; el germen de este libro como motivo literario y narrativo. Para todo lo dem&aacute;s no hay una cuesti&oacute;n de deuda, pero s&iacute; una clara relaci&oacute;n biogr&aacute;fica al margen de la conexi&oacute;n familiar con mi abuelo, y &eacute;sta es la conciencia que tengo de vivir en Zaragoza, una ciudad rodeada de desierto y donde no hay un entramado urbano. Literariamente siempre me han interesado mucho los m&aacute;rgenes de la ciudad, los cinturones, esas tierras de nadie, las zonas de transici&oacute;n. En Zaragoza no existen apenas; de repente, sabes que el siguiente poblado est&aacute; a cien kil&oacute;metros y viven cuatro abuelos. En esa conciencia del desierto, que yo he recorrido mucho como periodista, y tambi&eacute;n por gusto, hay una fascinaci&oacute;n &iacute;ntima que viene de a&ntilde;os atr&aacute;s, un runr&uacute;n que me viene acompa&ntilde;ando desde hace tiempo y que, como tema y motivo de reflexi&oacute;n, me parece poderoso. Es una literatura que siempre me ha gustado de una forma bastante natural, no estoy intentando saldar ninguna deuda con la Espa&ntilde;a vac&iacute;a porque ni siquiera procedo de ella. Pero s&iacute; que tengo una vinculaci&oacute;n sentimental.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En las primeras p&aacute;ginas del libro dices que &ldquo;Espa&ntilde;a tiene mucho que digerir y muy poco est&oacute;mago&rdquo;. Es como si los t&oacute;picos aparecieran de manera inconsciente. &iquest;Es algo propiamente nuestro o sucede tambi&eacute;n fuera de Espa&ntilde;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sucede en todos los pa&iacute;ses. Y hay motivos como la heterofobia o el desprecio al paleto que son constantes. Un paleto es un paleto en todas partes, ah&iacute; tenemos el redneck norteamericano. Y los franceses, por ejemplo, han sido maestros en el arte de despreciar al bruto del campo. Son como el paradigma del desprecio. Si quisieras despreciar bien, tienes que fijarte en c&oacute;mo lo hacen ellos porque lo hacen muy bien. Pero volviendo a la pregunta, la diferencia no es tanto cualitativa sino cuantitativa. La diferencia es la intensidad. El dramatismo que le damos nosotros a las cosas, como algunas expresiones universales, en Espa&ntilde;a tienen un cariz muy bronco, violento y a menudo est&aacute; muy acompasado con el paisaje. Esos mismos mitos se pueden explorar en otras naciones, y existen, pero no de una forma tan dram&aacute;tica y determinante a la hora de definir un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;Existe alguna alternativa posible que nos permita recuperar ciertos lugares sin convertirlos necesariamente en reclamos tur&iacute;sticos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo s&eacute;. No he escrito un ensayo program&aacute;tico, de hecho no tengo capacidad para eso. Tengo capacidad para identificar, explorar literariamente y hacer sugerencias. Es una cuesti&oacute;n que rebasa el sentido del libro. Si preguntas por mi opini&oacute;n al respecto, te dir&eacute; que lo observo con poca esperanza. Tal vez habr&iacute;a que rebobinar y no haber destruido la cultura y el pasado agr&iacute;cola. En ese sentido, el turismo puede ser una tabla de salvaci&oacute;n, pero el futuro que dibuja Houellebecq en El mapa y el territorio, que concibe Francia (y por extensi&oacute;n tal vez Europa) como un gran puticlub-museo-restaurante Michel&iacute;n, ya se est&aacute; viviendo en algunas zonas de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Es muy triste porque conlleva asumir tu propia caricatura e interpretarla. La encrucijada es muy dif&iacute;cil porque se han probado muchas cosas y ninguna ha funcionado. La sangr&iacute;a sigue. Creo que nadie tiene una respuesta sobre cu&aacute;l es la f&oacute;rmula para que muchos pueblos sigan existiendo y su gente con ellos. Lamentablemente vamos a presenciar la desaparici&oacute;n de muchos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre el caso del crimen de Fago: &ldquo;No quer&iacute;an ser contados por otros ni encajar en ning&uacute;n clich&eacute; sobre la vida rural o la Espa&ntilde;a negra, pero tampoco quer&iacute;an contarse ellos mismos&rdquo;. &iquest;No verbalizarnos a nosotros mismos ha contribuido a dilatar la brecha entre el campo y la ciudad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero en general la gente que vive en el margen no quiere ser contada. Si se han echado a un lado, igual quieren que los dejen en paz. Yo me pregunto muchas veces qui&eacute;n cuenta la vida de otros y qui&eacute;n tiene derecho a poner voz a los dem&aacute;s. Desconf&iacute;o mucho de la gente que asume portavoc&iacute;as. &iquest;Qui&eacute;n les ha pedido permiso? A lo mejor tienen voz y no quieren alzarla. Hay mucho paternalismo y mucha superioridad moral en ese aspecto. Me preocupa mucho como escritor y como periodista, y por eso en parte he escrito este ensayo, porque quer&iacute;a explorar c&oacute;mo hemos acallado y silenciado a cierta gente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>H&aacute;blame de Las Hurdes.</strong><em> Las Hurdes.</em>
    </p><p class="article-text">
        Lo de Las Hurdes es muy significativo para m&iacute;. En 1908 se organiza el primer congreso de hurdan&oacute;filos. Se hace fuera, en Plasencia, y all&iacute; se re&uacute;nen una serie de fil&aacute;ntropos preocupados por el problema de Las Hurdes. Pues bien, vuelve a hacerse en los 80, y en 1988 se celebra en Las Hurdes con la particularidad de que para entonces ya es un congreso de hurdanos y hurdan&oacute;filos. En ese momento asumen la voz y aceptan sin rechazo la historia que se ha tejido en torno a ellos. Entonces son capaces de verbalizarla y de pertenecer a ella. Esa asunci&oacute;n de la primera persona me parece important&iacute;sima.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La orograf&iacute;a, los sistemas pol&iacute;ticos, nosotros mismos... &iquest;Qui&eacute;nes son los culpables de que abandon&aacute;ramos nuestra tierra de manera precipitada y en parte sin saber por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las razones son muy diversas, pero el problema es que tampoco hay alternativa. La condici&oacute;n moderna implica lo urbano y la ciudad es el espacio donde socializamos. Lo que no hemos sabido resolver es c&oacute;mo relacionar, articular e integrar el campo en la ciudad. Esta es la oportunidad que tal vez hemos perdido: hemos abusado much&iacute;simo y hemos especulado en beneficio de cuatro sinverg&uuml;enzas y cuatro mangantes. Somos un pueblo de saqueadores y tenemos tradici&oacute;n, saqueamos Am&eacute;rica y todo lo que encontramos a nuestro paso, incluido nuestro propio territorio. Lo que se echa de menos en Espa&ntilde;a, aunque nunca ha existido, es un proyecto de integraci&oacute;n nacional donde una gran porci&oacute;n del territorio se sienta parte de la marcha del pa&iacute;s y pueda participar en ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os hemos tenido m&aacute;s posibilidades de tener una vida que no fuera tan end&eacute;micamente urbana y, sin embargo, seguimos prefiriendo la ciudad. Me estoy refiriendo a los planes de repoblaci&oacute;n rural que se han venido ensayando en ciertas zonas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estos programas siempre han sido voluntaristas, aislados y, en ocasiones, muy desiguales. El Instituto para la Conservaci&oacute;n de la Naturaleza (ICONA), propietario de un gran n&uacute;mero de pueblos abandonados, vendi&oacute; muchos de ellos. Hoy el r&eacute;gimen de propiedad de algunos es muy particular. En la mayor&iacute;a no puedes construir sino sobre lo ya edificado y adem&aacute;s nunca es propiedad tuya porque est&aacute; en usufructo. Es decir, los planes de repoblaci&oacute;n que el ICONA ha puesto en marcha han sido anecd&oacute;ticos y no han tenido por lo general un alcance m&aacute;s all&aacute; de la experiencia piloto.
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        <strong>&iquest;Te parece representativo de algo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En absoluto. Tan s&oacute;lo creo que no ha llegado a calar, y es l&oacute;gico, porque es tanto el vac&iacute;o que hay que tampoco se sabe muy bien qu&eacute; hacer. En el mejor de los casos hablamos de una econom&iacute;a de subsistencia porque no existe mercado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La cultura ha dado la espalda a la Espa&ntilde;a vac&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. En la cultura ha habido m&aacute;s corrientes de sensibilidad que de desprecio, sobre todo la de paisajistas como Machado. De hecho buena parte del c&aacute;non literario espa&ntilde;ol es gente muy sensible al paisaje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En varias ocasiones hablas de una com&uacute;n incapacidad de comprendernos, del desequilibrio intergeneracional, que a mi modo de ver es la mayor tragedia de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; cuando ese pa&iacute;s vac&iacute;o se vac&iacute;e del todo, cuando desaparezcan nuestros abuelos? &iquest;Nos veremos obligados a inventar un pasado que nunca existi&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ya est&aacute; vac&iacute;a culturalmente hablando; lo que me interesa es la pervivencia de las familias y c&oacute;mo se van articulando sus mitos. Ah&iacute;, dado que el relato espa&ntilde;ol est&aacute; muerto, s&iacute; que puede haber una acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Espa&ntilde;a como naci&oacute;n est&aacute; muerta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No tiene relato, est&aacute; completamente desarmada. Primero fue el franquismo y luego la democracia, que no tuvo agallas suficientes para apropiarse del relato nacional que el franquismo hab&iacute;a usurpado. La cultura y la literatura espa&ntilde;olas sent&iacute;an miedo de que fueran asociadas al sentido franquista de lo espa&ntilde;ol. En consecuencia, ambas se distanciaron de lo espa&ntilde;ol. El relato es inapropiable y por eso la batalla est&aacute; perdida: un pa&iacute;s sin relato no es un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; alternativa tenemos entonces para convivir los unos con los otros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ya no tenemos una conexi&oacute;n hist&oacute;rica ni m&iacute;tica, nadie cree en el Cid ni en la conquista de Am&eacute;rica; nadie en la escuela se tragar&iacute;a el relato de Men&eacute;ndez Pidal, ha quedado obsoleto. Pero se me ocurre que podr&iacute;amos aprovechar esa conciencia difusa y colectiva que tenemos, nada que tenga que ver con el relato del &ldquo;ellos&rdquo; y el &ldquo;nosotros&rdquo; o una belicosidad encubierta, sino que est&eacute; vinculado a la conexi&oacute;n sentimental que mantenemos con el pa&iacute;s. Al fin y al cabo los afectos son el eje de nuestra identidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario S. Arsenal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/sergio-molino-pais-relato_1_4066400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Apr 2016 19:04:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sergio del Molino: “Un país sin relato no es un país”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sergio del Molino,España,Ensayos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["España es un país de élites muy crueles y temerosas de una insurrección que nunca se va a producir"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/entrevista-sergio-molino_1_4614054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1f4c2b7-30c5-4247-931e-3037f7fb435b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;España es un país de élites muy crueles y temerosas de una insurrección que nunca se va a producir&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor Sergio del Molino, a través de la vida de su abuelo, ahonda en la herencia que la Guerra Civil y la España de la dictadura dejaron en la sociedad actual.</p><p class="subtitle">"Vivimos cuarenta años de gente cabizbaja, que recibía de sus padres el aprendizaje vital del 'tú cállate', 'cómetelo todo y no protestes', 'no te signifiques mucho en el trabajo'. Esa mansedumbre nos ha llegado, atenuada, pero nos ha llegado", opina el joven autor.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;De ti no quiero ni que me cierres los ojos&rdquo;. Fue la terrible sentencia que el abuelo de Sergio del Molino (Madrid, 1979) le dirigi&oacute; a su esposa desde el lecho de muerte. D&eacute;cadas y d&eacute;cadas de silencio rotas por aquella frase llena de un rencor heredado de la crueldad de una guerra que tuvo que vivir en primera l&iacute;nea de batalla. El joven escritor trata de explicarse a s&iacute; mismo y de conocer el origen de las actuales caracter&iacute;sticas de la sociedad espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de la historia de aquel hombre, llamado con 20 a&ntilde;os a filas por el bando nacional.
    </p><p class="article-text">
        Un di&aacute;logo entre dos vidas trenzadas que ahonda en las relaciones familiares, en c&oacute;mo se transmite entre generaciones la manera de afrontar la vida, en el miedo latente del poder desde los ojos de una especie de h&eacute;roe avergonzado de una victoria. Su jubilaci&oacute;n concidi&oacute; en el tiempo con el nacimiento de su nieto, quien le ha tomado para dar forma a su novela, como referencia del ayer para tratar de dar respuesta a las conductas de los espa&ntilde;oles de hoy. <em>Lo que a nadie le importa</em> (Literatura Random House), una novela sin el tamiz de la ficci&oacute;n con el objeto de que, precisamente, al espa&ntilde;ol de ahora le importe la realidad en la que vive y se pregunte el porqu&eacute;, sin el velo de pudor de cuarenta a&ntilde;os de dictadura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;De ti no quiero ni que me cierres los ojos&rdquo; es una frase muy dura...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Era 1997 y mi abuelo estaba muri&eacute;ndose. Era una persona muy silenciosa, que nunca expresaba un sentimiento. Probablemente se hab&iacute;a pasado 50 a&ntilde;os callado al lado de su mujer sin haber dicho ni mu, y cuando abre la boca va y suelta aquello, que condensa a&ntilde;os y a&ntilde;os de rencor, de resentimiento, de amargura. Es una frase que a m&iacute; se me qued&oacute; durante mucho tiempo grabada sin saber muy bien qu&eacute; hacer con ella. Pero quise entender qu&eacute; hab&iacute;a pasado en la vida de ese hombre para decir en ese momento esa frase, con toda la potencia literararia y humana que pod&iacute;a esconder. En el libro he querido intentar comprender c&oacute;mo se llega a eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y qu&eacute; ha comprendido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchas cosas. Por un lado, la causa del trauma de ese silencio, que tiene que ver con su participaci&oacute;n en la Guerra Civil, su experiencia m&aacute;s traum&aacute;tica, en la primera l&iacute;nea del ej&eacute;rcito franquista, como carne de ca&ntilde;&oacute;n. A pesar de ser ganador, se hab&iacute;a comportado toda su vida como un derrotado, como si aquello le diera mucha verg&uuml;enza. Nunca jam&aacute;s hablaba de eso. Hab&iacute;a un poso de silencio y de verg&uuml;enza, y un matrimonio muy desgraciado, pero siempre se mantuvo al lado de una sola mujer, a la que seguramente no soportaba.
    </p><p class="article-text">
        A ra&iacute;z de eso, descubr&iacute; que las novelas est&aacute;n hechas de matrimonios largos. La novela se muri&oacute; el d&iacute;a en que se generaliz&oacute; el divorcio. De un matrimonio desgraciado, como lo son muchos, tienes elementos y puntos de fuga para entender todos los elementos de la condici&oacute;n humana. En los recovecos del rencor, de la cerraz&oacute;n, del odio, de las frustraciones. Un matrimonio desgraciado tiene unas posibilidades de exploraci&oacute;n literaria que no te las da ninguna otra instituci&oacute;n humana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que ahora hay menos compromiso en general? &iquest;Es todo m&aacute;s ef&iacute;mero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Somos m&aacute;s presentistas, nos preocupamos menos por la posteridad y no entendemos, en general, un compromiso de por vida. El hecho de que alguien tan determinante en mi vida como mi abuelo me resulte tan ex&oacute;tico, tan extra&ntilde;o todo lo que hizo, me da cuenta del salto tan grande que hemos vivido como sociedad. &Eacute;se es el paisaje en el que se mueve el libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo cree que se vive actualmente ese salto intergeneracional?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre abuelos y nietos es de las m&aacute;s satisfactorias para las dos partes. Para el nieto es determinante y para el abuelo supone la llegada de una persona en el momento en que ya no esperas nada de la vida. Te cambia los esquemas cuando ya los tienes todos construidos y son inm&oacute;viles. Es un shock del que no se ha hablado lo suficiente, una relaci&oacute;n muy hermosa, muy interesante y muy decisiva para las vidas de ambos. El nieto tiene en el abuelo unas referencias que no tiene en el padre, un respeto. Con el padre hay un conflcto m&aacute;s o menos latente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n ve entre aquel hecho que vivi&oacute; en primera persona con la Guerra Civil, la dictadura y la herencia en la Espa&ntilde;a de hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una cosa todav&iacute;a conflictiva y que causa dolor en muchas familias. Creo que ha estado sometida a much&iacute;simos manique&iacute;smos, a mucho control pol&iacute;tico, y ha habido intentos que no han cuajado porque sigue siendo una memoria conflictiva el intentar rehabilitar la memoria republicana para construir otro tipo de relato. Falta una perspectiva individual y familiar, sobra idealizaci&oacute;n de los m&aacute;rtires. Falta una comprensi&oacute;n serena de lo que significa una guerra realmente, que es lo que yo he intentado acercar en este libro, desde la perspectiva de una persona que se ve arrastrada por ella, que no es un combatiente ideologizado, que le sorprende en el servicio militar y que se ve metido en las peores batallas de la guerra sin saberlo y sin querer estar all&iacute;. Pero la alternativa era morir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es entonces la perspectiva m&aacute;s cercana a la realidad a su juicio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ha fallado una visi&oacute;n que da otra perspectiva muy distinta, de la guerra como algo no deseado, no como un pa&iacute;s hist&eacute;rico que estaba abocada a ella, que es como se lee la historia. Las causas-consecuencias que hemos visto dan la sensaci&oacute;n de que la guerra era inevitable. Si bajas al nivel individual, al del personaje y sus circunstancias, te das cuenta de que no es as&iacute;. Falta eso para comprender el espanto y el horror que signific&oacute; para Espa&ntilde;a esa guerra, m&aacute;s all&aacute; de sus resultados. La historia de mi abuelo puede ser paradigm&aacute;tico de una parte de espa&ntilde;oles a los que no forman parte del relato, que no son interesantes. De ah&iacute; un poco el t&iacute;tulo del libro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es comparable con la situaci&oacute;n actual, con gente que no se siente parte del relato y que se est&aacute; levantando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay armas. La situaci&oacute;n es muy distinta. Ahora hay mucha frustraci&oacute;n porque hemos vivido m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de supuesta prosperidad. Pasa siempre que creemos que las circunstancias en las que crecemos van a ser inamovilbles, que siempre va a ser as&iacute; y planificamos nuestras vidas en funci&oacute;n de ello, y no somos capaces de prever las cat&aacute;strofes, que suceden constantemente. La generaci&oacute;n de mi abuelo estaba m&aacute;s preparada para la adversidad, ten&iacute;a conciencia de la fragilidad de todo. Nosotros no soportamos que las cosas se vayan a pique. Cuando se van a pique, como ahora con la crisis, creemos que es una cuesti&oacute;n coyuntural, que igual saliendo a la calle y peleando un poco volvemos otra vez, o que es culpa de alguien. Castigando a los culpables de la crisis tampoco vamos a hacer que la cosa cambie.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero las cosas pueden cambiar y hay personas que est&aacute;n luchando mucho por eso, &iquest;no cree?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una capacidad de adaptaci&oacute;n mucho m&aacute;s limitada que en la generaci&oacute;n de mi abuelo. Ellos sab&iacute;an, porque hab&iacute;an visto que el mundo se ca&iacute;a varias veces, que no pod&iacute;an agarrarse a una prosperidad, que si ven&iacute;an unos cuantos a&ntilde;os buenos pod&iacute;a romperse en cualquier momento. Viv&iacute;an con la maleta preparada para largarse, sabiendo que todo se pod&iacute;a ir al traste. A nosotros nos ha pillado totalmente desprevenidos, con el culo al aire. Y estamos todav&iacute;a recuper&aacute;ndonos del shock. Ahora hay una t&iacute;mida organizaci&oacute;n, una t&iacute;mida respuesta pol&iacute;tica que todav&iacute;a no tiene nada que ver con la magnitud de lo que est&aacute; pasando. No nos lo creemos a&uacute;n, no estamos preparados para cre&eacute;rnoslo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, &iquest;comprender toda esa &eacute;poca es entender mejor qui&eacute;nes somos y hacia d&oacute;nde vamos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entendemos mejor c&oacute;mo es el pa&iacute;s en que vivimos. Hay muchas cosas equiparables a todo el mundo occidental pero nosotros, que tenemos un horizonte vital mucho m&aacute;s grande que el que tuvieron nuestros abuelos, que conocemos Europa como el plano del metro, vemos unas diferencias culturales de las que no somos totalmente conscientes y que tienen que ver con el pa&iacute;s en el que hemos crecido y la educaci&oacute;n y el legado que nos han transmitido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; legado hemos recibido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El legado tiene que ver con una &eacute;tica de la sumisi&oacute;n, que se ha dado mucho en Espa&ntilde;a, que se ha transmitido el miedo que sinti&oacute; la gente de la guerra. Y eso no se ve por ejemplo en Francia. Los pa&iacute;ses victoriosos de la II Guerra Mundial no han tenido eso. &iquest;Podemos tener m&aacute;s en com&uacute;n con un alem&aacute;n, que tuvo el nazismo y dem&aacute;s? No, porque se han enfrentado a ello sin verg&uuml;enza, han pedido perd&oacute;n y han hecho otro tipo de cosas. Nosotros vivimos 40 a&ntilde;os de gente cabizbaja, que recib&iacute;a de sus padres el aprendizaje vital del &ldquo;t&uacute; c&aacute;llate&rdquo;, &ldquo;c&oacute;metelo todo y no protestes&rdquo;, &ldquo;no te signifiques mucho en el trabajo&rdquo;. Esa mansedumbre nos ha llegado, atenuada, pero nos ha llegado, y eso marca ciertas diferencias, quiz&aacute;s m&iacute;nimas, que no nos impide relacionarnos ni ser m&aacute;s europeos que nadie. Pero nos marca.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; sentido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las personas que vivieron la guerra han transmitido el miedo a sus hijos, que son educados en que lo m&aacute;s sensato y deseable es agachar la cabeza y acatar las &oacute;rdenes y no ser problem&aacute;tico. En la calle sentimos que no hay por qu&eacute; que tener miedo. Pero hemos vivido as&iacute;. Y eso lo vemos en c&oacute;mo nos tratan las grandes empresas en Espa&ntilde;a. Llamemos al servicio de atenci&oacute;n al cliente de Telef&oacute;nica y despu&eacute;s al de France Telecom. Es muy distinto el trato. Aqu&iacute; saben que pueden, que la gente no protesta. Te tratan mal en un sitio y te quejas con tu amigo, pero no reclamas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero la gente se ha echado a la calle a protestar, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero ha venido tarde, muy desorganizado, y creo que es menos masiva de lo que parece. Este pa&iacute;s tendr&iacute;a que estar ardiendo por los cuatro costados con las cifras de paro que tenemos. Y no lo est&aacute;, estamos aqu&iacute; tomando un caf&eacute; tan tranquilos. Con datos mejores, cualquier pa&iacute;s sudamericano arde. Nos ha pasado algo por encima muy grande. Somos mucho m&aacute;s conformados. La respuesta es muy t&iacute;mida, son todas institucionales y las reacciones son muy viscerales por parte del poder. Persiste esa actitud. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s de &eacute;lites muy crueles y muy temerosas de una posible insurrecci&oacute;n que nunca jam&aacute;s se va a producir. Pero tienen ese miedo latente y reaccionan de forma virulenta a cualquier contestaci&oacute;n que reciban, aunque sea t&iacute;mida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Ramajo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/entrevista-sergio-molino_1_4614054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2014 20:03:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["España es un país de élites muy crueles y temerosas de una insurrección que nunca se va a producir"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Sergio del Molino,Memoria Histórica,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“En mi generación hay una vuelta a tomarse la literatura en serio porque nos han jodido”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/generacion-vuelta-tomarse-literatura-jodido_1_4624915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c34140e3-cc7a-49d0-b8d9-bff25a50f4ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“En mi generación hay una vuelta a tomarse la literatura en serio porque nos han jodido”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de 'La hora violeta', el escritor Sergio del Molino publica 'Lo que a nadie le importa', donde ficciona la historia de su abuelo en el frente nacional durante la Guerra Civil y en un pequeño piso en el Madrid franquista</p><p class="subtitle">La novela rompe con los mitos de la épica de la guerra y el romanticismo, y también con aquel país festivo y verbenero de la época de Franco</p><p class="subtitle">"La guerra solo la disfrutan los señoritos que juegan a la guerra. Y aquí en España los había en los dos bandos"</p><p class="subtitle">"Detrás de un cursi se esconde un hijo de puta. Mira la letra de ‘Cara el sol’, mira Pemán, el poeta oficial del Régimen. Es el colmo de lo cursi"</p></div><p class="article-text">
        Con <em>La hora violeta</em>, <a href="http://sergiodelmolino.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sergio del Molino</a> (Madrid, 1979) abord&oacute; un tema que apenas se lee en la literatura espa&ntilde;ola m&aacute;s actual: la muerte por leucemia de su propio hijo a los dos a&ntilde;os. La novela fue considerada <a href="http://www.rtve.es/radio/20131216/sergio-del-molino-premio-ojo-critico-rne-narrativa-2013-novela-hora-violeta/823220.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las m&aacute;s importantes de 2013</a>. Ahora vuelve en <em>Lo que a nadie le importa</em> (Literatura Random House) con otro asunto poco ligero: la historia de su abuelo, Jos&eacute; Molina. Del Molino narra c&oacute;mo luch&oacute; en el frente nacional y c&oacute;mo vivi&oacute; durante el franquismo en un peque&ntilde;o piso del barrio madrile&ntilde;o de Embajadores. No hay hero&iacute;smo ni &eacute;pica. S&oacute;lo hedor y miseria. Literatura intensa, marca de la casa de una generaci&oacute;n que, como &eacute;l mismo dice, ya no se puede permitir la frivolidad porque &ldquo;nos han jodido la vida&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que a nadie le importa, pero a su nieto, s&iacute;. &iquest;O no fue as&iacute; el inicio de esta historia?</strong><em>Lo que a nadie le importa,</em>
    </p><p class="article-text">
        Es la palanca que me llev&oacute; a escribirlo y parte de una conversaci&oacute;n que tuve con mi madre.  Ella me dec&iacute;a, &ldquo;si tu abuelo es una persona muy gris, eso no le importa a nadie&rdquo;. Yo me qued&eacute; con eso y pens&eacute;, voy a hacer que eso importe. En la literatura no importa el tema, importa c&oacute;mo lo tratas. De la nada, si lo trabajas bien, puedes hacer algo transcendente y que importe. Est&aacute; ese juego y luego tambi&eacute;n estoy contando la vida de gente que est&aacute; al margen del relato oficial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En &lsquo;La hora violeta&rsquo; hablaba de su hijo y en esta novela de sus abuelos. La familia como el gran relato literario. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La familia es el gran catalizador. Y eso ya los sab&iacute;an los rusos en el siglo XIX. La gran novela es una novela de familia y de matrimonio. Te dicen que los grandes novelones del siglo XIX ten&iacute;an sentido por razones econ&oacute;micas, porque eran los grandes folletines que iban por entregas y la gente ten&iacute;a mucho tiempo para leer, pero no, eran tan gordos porque los matrimonios eran muy largos. A la novela la mat&oacute; el divorcio. Ahora, como los matrimonios duran tres a&ntilde;os, te da para novelitas. La familia es el gran tema literario, porque es donde est&aacute;n las tensiones, los conflictos, de donde viene tu identidad, de donde sale todo. Y eso es lo que acaba importando.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>En este libro tambi&eacute;n es cr&iacute;tico con la generaci&oacute;n postfranquismo. Hay un pasaje en el que cuenta la an&eacute;cdota de c&oacute;mo Alfredo Rela&ntilde;o cont&oacute; en El Pa&iacute;s con mucha socarroner&iacute;a la historia del Campo de Gas al que iba su abuelo a ver la lucha libre. Y critica esa socarroner&iacute;a. &iquest;Tenemos los nietos que darle la vuelta a todo esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para los nietos, nuestros abuelos son personajes de respeto y dignidad, mientras que nuestros padres son peleles, caricaturas a los que nos toca odiar. El conflicto generacional abarca tres generaciones. Por eos yo ah&iacute; estoy viendo a mi abuelo con ojos de nieto y no soporta que otros le vean como alguien rid&iacute;culo e idiota, que es como se retrat&oacute; la Espa&ntilde;a del franquismo desde los a&ntilde;os 70. Las pel&iacute;culas de Berlanga contribuyeron mucho a eso, de una manera muy buena, pero es verdad que transmiten una Espa&ntilde;a caricaturesca y de una generaci&oacute;n muy idiota. Y nosotros, que lo miramos desde una perspectiva de nietos, los vemos mucho m&aacute;s dignos y no tan tontos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero lo que nos ha llegado es el relato que nuestros padres hicieron el pa&iacute;s en el que vivimos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero ese pa&iacute;s se est&aacute; acabando, ahora estamos creando otro. Cada generaci&oacute;n funda su propio pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Parece que Podemos, Ganemos son algo de eso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ahora ha emergido nuestra generaci&oacute;n. Igual un poquito tarde, pero no nos conformamos con el pa&iacute;s que hay y estamos creando uno nuevo que al final ser&aacute; rechazado por nuestros hijos. Pero s&iacute;, est&aacute; emergiendo porque se nos ha dado la oportunidad. Eso que dicen los de Podemos de la &lsquo;ventana de oportunidades&rsquo;, que a m&iacute; me parece de un cinismo pol&iacute;tico aterrador, pero s&iacute;, se est&aacute; emergiendo un nuevo pa&iacute;s y se est&aacute; derribando otro. Yo tengo mucha incertidumbre de qu&eacute; va a ser, porque adem&aacute;s no tengo ninguna confianza en mi propia generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; no tiene confianza?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; porque soy m&aacute;s conservador de lo que yo me creo y prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer. Yo creo que tenemos un &aacute;nimo de demoler muy fuerte y vigoroso e igual eso nos puede pasar factura. Hay una experiencia de siglo XX que ha sido muy demoledor de muchas cosas y nos ha demostrado que las demoliciones apresuradas no han tra&iacute;do nada bueno. Yo hasta ahora he crecido en un pa&iacute;s que con todas sus corrupciones y miserias  lo ve&iacute;a habitable, desde luego mucho m&aacute;s que el pa&iacute;s de mis abuelos y el de mis padres. Y de esa incertidumbre de no s&eacute; qu&eacute; pa&iacute;s vamos a construir nosotros me deja un poco in albis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la primera parte del libro cuenta c&oacute;mo su abuelo vivi&oacute; la guerra en el bando franquista. Hay un esfuerzo en hablar del hedor, de la mierda y de los Ideales como una marca de tabaco y nada m&aacute;s. Fuera romanticismo, fuera Malraux y fuera Almudena Grandes. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La guerra solo la disfrutan los se&ntilde;oritos que juegan a la guerra. Y aqu&iacute; en Espa&ntilde;a los hab&iacute;a en los dos bandos. Gente que disfrutaba de la guerra, que le pon&iacute;a porque realmente no la sufr&iacute;a como algo impuesto. Para ellos, era como una aventura de boy scout. Por ejemplo, el caso de Rafael Alberti o de toda esta gente que jugaba a la guerra, y que llegaba a escribir que le gustaba, que era el momento m&aacute;s intenso de su vida y m&aacute;s emocionante, cuando me parece de un romanticismo adolescente est&uacute;pido y muy irresponsable porque esas sensaciones que a ti te llegaban tanto de heroicidad estaban llevando a la miseria y puteando a la mayor&iacute;a de la gente del pa&iacute;s que no quer&iacute;a eso.
    </p><p class="article-text">
        La guerra fundamentalmente es una mierda y no tiene absolutamente nada bueno. Puede haber cuatro que la manejan, que la disfrutan porque son ellos los que la han provocado, pero son cuatro. Una guerra no estalla porque un pa&iacute;s empiece a enfrentarse unos con otros, sino porque cuatro se enfrentan con otros cuatro. Por eso quer&iacute;a expresar la guerra como algo que te pasa por encima, que no puedes evitar, que no tiene nada bueno y que a lo &uacute;nico que aspira Jos&eacute; Molina [su abuelo] es a llegar vivo al d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a investigar la vida de mi abuelo fui a buscar su expediente militar. Lo encontr&eacute; y vi toda su guerra detallada con todos los datos de d&oacute;nde estuvo y qu&eacute; hizo. Al leerlo mi madre no le dio mucha importancia, pero yo, que he estudiado mucho la Guerra Civil, sobre todo la parte b&eacute;lica, me doy cuenta de que este hombre ha estado en las batallas m&aacute;s duras siempre en primera l&iacute;nea y usado como carne de ca&ntilde;&oacute;n. Ha llegado vivo de milagro porque &eacute;l estaba encuadrado para morir. Por tanto, estoy viendo la historia de un desgraciado que ha visto lo peor de la guerra sin posibilidad de elecci&oacute;n de nada. Esto me impact&oacute; mucho y de repente me puse en su piel y sent&iacute; la desolaci&oacute;n de un chaval de 20 a&ntilde;os que se ve metido en medio de aquello, no sabe c&oacute;mo salir ni por qu&eacute; est&aacute; all&iacute; ni qu&eacute; est&aacute; pasando, y eso condiciona toda su vida. E intento tomar esa perspectiva, que creo que es la de muchos espa&ntilde;oles.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y tambi&eacute;n cita a Arturo Barea, que precisamente narr&oacute; la guerra de Marruecos como algo nauseabundo y muy poco &eacute;pico. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es muy distinto a como lo cuenta [Ram&oacute;n J.] Sender que hace <em>Im&aacute;n</em> donde antepone la justificaci&oacute;n ideol&oacute;gica a su propia vivencia y hace un relato muy distante con un componente &eacute;pico que no tiene Arturo Barea, que s&iacute; dice, &lsquo;vaya mierda, qu&eacute; hacemos aqu&iacute;&rsquo;. Yo lo le&iacute; de chaval y me impact&oacute; mucho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Lo que a nadie le importa hay sentimentalismo, pero nada de cursiler&iacute;a. El libro &lsquo;La cultura de la cursiler&iacute;a. Mal gusto, clase y kitsch en la Espa&ntilde;a moderna&rsquo; habla precisamente de lo cursis que &eacute;ramos (o que eran) en el franquismo. </strong><em>Lo que a nadie le importa</em>
    </p><p class="article-text">
        Es que lo cursi es propio de hijos de puta. Tengo la sospecha de que detr&aacute;s de un cursi se esconde un hijo de puta. Mira la letra de <em>Cara el sol,</em> mira Pem&aacute;n, el poeta oficial del R&eacute;gimen. Es el colmo de lo cursi, de lo melifluo. Generalmente los reg&iacute;menes muy autoritarios y violentos suelen generar una cultura muy cursi que esconde sus intenciones. La gente cruel tiende a lo cursi. Lo cursi suele ser un parapeto de gente desalmada porque es gente que se mira mucho el ombligo, muy hipersensible, pero s&oacute;lo para ellos, es gente muy poco emp&aacute;tica. Y yo eso lo rechazo much&iacute;simo, porque adem&aacute;s creo que destroza la literatura. Detr&aacute;s de la cursiler&iacute;a no hay honestidad. No te puedes fiar de un cursi.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Estamos rodeados de mucho cursi ahora mismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los cursis siempre abundan. Adem&aacute;s, es f&aacute;cil ser un cursi y tiene buena prensa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; sinti&oacute; al ir a visitar los parajes donde batall&oacute; su abuelo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mucho menos impacto de lo que pensaba. Me molestaba, en el Merengue, verlo todo tan <em>musealizado</em>, porque me distanciaba mucho del lugar. Pero los lugares de la batalla del Ebro impresionan m&aacute;s porque est&aacute; todo menos tocado, y se reconocen algunas fotos de la batalla. Sent&iacute; amplificada su soledad. Tuve una cierta epifan&iacute;a, comprensi&oacute;n de su soledad. Y a m&iacute;, que soy muy racional, me molesta mucho cuando la emoci&oacute;n se me dispara y no s&eacute; bien por qu&eacute;, y eso me pas&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Deber&iacute;amos hacer m&aacute;s memoria de estos lugares? Porque hay sitios muy abandonados. Nada que ver con lo que ha hecho Alemania con sus campos de exterminio. </strong>
    </p><p class="article-text">
        No lo creo. Estoy leyendo ahora <em>El haya y el abedul,</em> un ensayo de Camille de Toledo, que dice c&oacute;mo la memoria ha influido en Europa y por ejemplo cuenta que los estudiantes israel&iacute;es tienen una asignatura que se llama Holocausto. Y claro, para ellos la memoria es un tost&oacute;n, es volver del recreo y a la asignatura de Holocausto. Al final se acaba convirtiendo en una liturgia vac&iacute;a, una veneraci&oacute;n muy vac&iacute;a que nadie se cree. Un exceso de recuerdo al final lo que acaba creando es una generaci&oacute;n descre&iacute;da que se toma aquello como la obligaci&oacute;n de ir a misa, una cosa que no va con ellos. Espa&ntilde;a a&uacute;n tiene muchos recuerdos de la Guerra Civil. Est&aacute; lleno, pero como es una memoria conflictiva no es tan oficial. Pero eso yo creo que puede ser bueno porque evita esa liturgia vac&iacute;a y nos permite volver a la memoria de una forma seria. No creo que sea bueno oficializar la memoria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero ha estado siempre mucho m&aacute;s presente por parte del bando vencedor. Hasta hace cuatro d&iacute;as apenas se sab&iacute;an muchas cosas del bando republicano. D&oacute;nde estaban los muertos, por ejemplo. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente. Pero yo vivo en Zaragoza y en el cementerio de Torrero, donde hubo un mont&oacute;n de fusilamientos, tiene un monumento enorme con el nombre de todos los fusilados durante la Guerra Civil y la dictadura, y es un memorial que se puede visitar y est&aacute; muy presente en la ciudad. As&iacute; que yo creo que s&iacute; que est&aacute; presente, pero es verdad que de una manera no amparada por el Estado, como est&aacute; en Alemania o Francia. Y yo quiero que est&eacute; presente, pero que no se convierta en una asignatura obligatoria de clase.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela tambi&eacute;n es cr&iacute;tica con la imagen festiva del Madrid de los cincuenta o sesenta con esa Celia G&aacute;mez, o esa Ava Gardner de juerga continua. En su libro aparece el Madrid sucio y obrero. &iquest;Hab&iacute;a que romper con los mitos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es mi intenci&oacute;n romper el relato hist&oacute;rico. Yo quiero hacer literatura fundamentalmente. Pero s&iacute; te das cuenta de que hay una glorificaci&oacute;n que se ha dado por parte de los herederos de los dos bandos de ese Madrid un poco festivo y de una juerga estupenda. Eso le interesaba mucho al franquismo. Pero se hicieron pel&iacute;culas entonces como <em>Surcos</em>, de cineastas que no estaban muy bien vistos por el R&eacute;gimen pero que no se pod&iacute;an tocar porque eran <em>camisas viejas</em>, que intentaban contar eso. Curiosamente eso se ha transmitido a la izquierda, que no ha reivindicado el cine de Jos&eacute; Antonio Nieves Conde y ha preferido perpetuar el relato del Madrid fr&iacute;volo, b&aacute;sicamente porque las figuras de la izquierda, como Fern&aacute;n-G&oacute;mez o Jos&eacute; Sacrist&aacute;n, ven&iacute;an de ese Madrid y estaban legitimando su propia historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Basicamente tambi&eacute;n porque, como alguien ha dicho ya, los ochenta tambi&eacute;n fueron fr&iacute;volos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, totalmente. Ven&iacute;as de mucha miseria y no quer&iacute;as que estuvieran todo el d&iacute;a cont&aacute;ndote las lentejas. La gente quer&iacute;a otra cosa, divertirse. Y estaba bien, porque Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s muy aburrido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La novela es una mezcla de ficci&oacute;n con hechos muy reales. &iquest;Hay alguna etiqueta para encuadrarla? &iquest;Ensayo, ficci&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, es una novela, porque yo creo que la novela lo abarca todo, pero igual como lector tengo una mentalidad m&aacute;s abierta que otros lectores que buscan una clasificaci&oacute;n m&aacute;s estanca. Yo no necesito que me lo clasifiquen. Para m&iacute;, todo es novela. Intento huir de las etiquetas, me gusta que el texto sea h&iacute;brido, que sea dif&iacute;cil de clasificar, que haya un cr&iacute;tico que diga que esto no es una novela y que otros digan lo contrario. Me sit&uacute;o deliberadamente en un terreno h&iacute;brido, que es donde yo creo que est&aacute; la literatura que a m&iacute; me interesa. El lector tiene que hacer lo que le pida el cuerpo, y luego ya otros clasificar&aacute;n. Por eso yo creo que las librer&iacute;as tienen un exceso de etiquetado.  A m&iacute; me gustar&iacute;a una librer&iacute;a en la que las asociaciones fueran m&aacute;s libres. Que est&eacute; todo un poco m&aacute;s desordenado y mezclado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Los elementos de la vida son los mejores para ficcionar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que s&iacute;, y todos los escritores al final tiran de ellos, aunque sea para hacer construcciones muy elaboradas y fantasiosas. Pero t&uacute; investigas y en las cosas m&aacute;s delirantes y mundos m&aacute;s alien&iacute;genas de Philip K. Dick  al final siempre hay algo de &eacute;l. O en Lovecraft, en <em>Los profundos</em> lo que hay es un miedo que &eacute;l ten&iacute;a tremendo a los inmigrantes irlandeses, que le parec&iacute;an gente tremebunda que le iba a devorar. Todo escritor se nutre de lo que ve y de lo que siente, incluida <em>Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas</em>. Yo estoy en un presupuesto en el que no creo que sea necesario construir mundos ni crear muchas barreras entre mi experiencia y el lector. La literatura que merece la pena tiene que ver con la propia experiencia del escritor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hasta hace unos a&ntilde;os hemos hablado mucho de la autoficci&oacute;n, pero para contar historias un tanto superficiales. Usted se lanza a los temas que nadie de nuestra generaci&oacute;n toca: los secretos de los abuelos, la muerte del hijo&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La literatura tiene que ir al n&uacute;cleo. Literatura no es una carta de amor adolescente o un mensaje de whatsapp para ligar. La literatura tiene que buscar algo que te impacte y que explore la condici&oacute;n humana. Y eso s&oacute;lo se puede hacer excavando hondo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los escritores que son cinco o seis a&ntilde;os m&aacute;s mayores que nosotros rechazaron eso. Hab&iacute;a mucha m&aacute;s frivolidad. Lo pudimos ver en la literatura, en la m&uacute;sica o en el cine. </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, de hecho hab&iacute;a un rechazo muy grande. Pero tambi&eacute;n era una forma de alcanzar la hondura. Rechaz&aacute;ndola y reivindicando lo superficial estaban creando otra forma de hondura. Estaban reivindicando aspectos de la vida cotidiana que la literatura consideraba que no eran literarios y estaban haciendo algo muy interesante porque le estaban quitando solemnidad a la literatura, estaban quitando mucha caspa y mucha mitolog&iacute;a idiota y la estaban refrescando. Siendo superficiales, fueron hondos y eso fue muy importante.
    </p><p class="article-text">
        A nosotros lo que pasa es que nos han jodido la vida. Nos encontramos ante un mundo muy incierto cuando nos hab&iacute;an educado para un mundo mucho m&aacute;s estable. Tenemos una conciencia y una experiencia de la fragilidad que quiz&aacute; no ha tenido la generaci&oacute;n anterior, que han tenido mucha m&aacute;s estabilidad, mucho mejor sueldo y mucho mejor de todo. V&iacute;ctor Manuel me lo dec&iacute;a: &ldquo;Cuando me vienen m&uacute;sicos muy j&oacute;venes a decirme lo bien que est&aacute;n, yo pienso en todo lo que han dejado de ganar. Si te hubiera ido muy bien hace veinte a&ntilde;os, no tienes ni idea de lo bien que te ir&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>O hace diez a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro, si hab&iacute;a gente que se llevaba 400.000 euros en una redacci&oacute;n. Y nosotros pens&aacute;bamos que &iacute;bamos a pertenecer a ese mundo. Por eso tenemos m&aacute;s conciencia de la fragilidad y nos cuesta m&aacute;s ser fr&iacute;volos. Nuestra realidad no es tan fr&iacute;vola, nos enfrentamos a cosas serias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y puede dar lugar a una literatura m&aacute;s seria? &iquest;M&aacute;s profunda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda. Yo lo percibo. En mi generaci&oacute;n hay una vuelta, no a rescatar la solemnidad, pero s&iacute; a tomarse la literatura en serio, no como un juego intelectual como hab&iacute;a sido hasta ahora, sino como una exploraci&oacute;n, una indagaci&oacute;n. Yo no creo que se vuelva a la idiotez solemne anterior, pero s&iacute; que creo que los autores de mi generaci&oacute;n no se conforman con hacer unos juegos intelectuales, sino que buscan algo m&aacute;s en ello. &iquest;Es bueno? Como alguien dijo, lo que es bueno para la literatura no es bueno para la vida, y al rev&eacute;s. Pero es verdad que la buena literatura surge de un dolor. Al menos a m&iacute; la que me interesa como lector tiene ese poso de sufrimiento, no puede venir de un juego l&uacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por cierto, &iquest;a su abuelo le hubiera gustado esta novela?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En parte s&iacute; porque le hac&iacute;a mucha gracia que a m&iacute; me gustara la literatura y ten&iacute;a como cierta fe en m&iacute; y le hubiera gustado ver que yo escrib&iacute;a libros. Y por otro lado no se hubiera sentido muy identificado con su personaje, porque &eacute;l no llegaba a reflexionar sobre s&iacute; mismo de la forma en la que yo he podido reflexionar. Al mismo tiempo, aunque no le hubiera gustado, no me lo hubiera dicho, me lo hubiera perdonado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Corroto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/generacion-vuelta-tomarse-literatura-jodido_1_4624915.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Sep 2014 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“En mi generación hay una vuelta a tomarse la literatura en serio porque nos han jodido”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Sergio del Molino,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los deshijados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/deshijados_1_5618404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La primera vez que advert&iacute; que los padres que pierden a un hijo no tienen ning&uacute;n nombre para autodenominarse fue con <em>M&aacute;s all&aacute; del tiempo</em>, de David Grossman. Segundo libro que escrib&iacute;a sobre el doloroso proceso de superar &mdash;tratar de superar&mdash; la muerte de un hijo, el propio padre deshijado &mdash;ni viudo, ni hu&eacute;rfano, ni nada&mdash; nos dice que la escritura de la novela era, precisamente, porque si no no pod&iacute;a entender que se le hubiera muerto un hijo. &ldquo;Quiero reconstruir eso, la putada que nos pas&oacute; a mi hijo y a m&iacute;, tengo que meterlo y mezclarlo todo en un cuento. Tengo que hacerlo&rdquo;. S&iacute;, escribe sobre la putada que es perder a un hijo, la reconstruye para  que no sea tan absolutamente nada, de la misma manera que Francisco  Umbral escribi&oacute; <em>Mortal y rosa</em>, de la misma manera que Joan Margarit escribi&oacute; <em>Joana</em>, de la misma manera que Chantal Maillard escribi&oacute; <em>Hilos</em>, de la misma manera que Carmen Mart&iacute;n Gaite le dedic&oacute; <em>La Reina de las Nieves</em> a La Torci. Absolutamente de la misma manera, desde el mismo dolor,  desde la misma palabra inexistente, Sergio del Molino publica en  Mondadori un libro que lleva por t&iacute;tulo <em>La hora violeta</em>, esa  hora que, como la no-palabra, se queda zumbando en el o&iacute;do de los padres  que viven la muerte de un hijo, y digo bien: viven la muerte. Y, con  suerte, algunos la pueden volcar en un libro para que no sea tan  absolutamente nada, para contar la putada que les ha pasado a sus hijos y  a ellos, para poder entenderlo. Borges ten&iacute;a una teor&iacute;a acerca de por  qu&eacute; no exist&iacute;a ninguna palabra para denominar al padre sin hijo: los  dioses no pod&iacute;an concebir que algo as&iacute; ocurriera. Maillard, Mart&iacute;n  Gaite, Umbral, Margarit, Grossman y Del Molino, como los dioses, tampoco  pod&iacute;an concebirlo, y precisamente para poder combatir la ausencia de  esa palabra, las dicen todas, las vuelcan en un libro. Cuando tenemos  conocimiento de que los escritores le han dedicado su hora violeta a la  escritura de un libro, a componer la palabra ausente con much&iacute;simas  otras, una palabra-<em>matrioska</em>, se nos viene la misma pregunta:  &iquest;fue duro hacerlo? Sergio del Molino no tiene la palabra del padre sin  hijo, pero tiene algunas respuestas: lo duro no fue el libro, la  escritura, que no haya palabra, que est&eacute; construida <em>matrioskamente</em> de mil palabras, de libros, de polvo a pu&ntilde;ados; no, nada de eso fue lo duro, sino la p&eacute;rdida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jenn Díaz/DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/deshijados_1_5618404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Mar 2013 11:00:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los deshijados]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Sergio del Molino]]></media:keywords>
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