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    <title><![CDATA[elDiario.es - El planeta atormentado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/el-planeta-atormentado/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - El planeta atormentado]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Modelos climáticos: un calentamiento imparable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/modelos-climaticos-calentamiento-imparable_1_2191784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48dfdc39-4616-42e1-b813-780c8665a40b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque se detengan las emisiones hoy, el planeta seguirá calentándose como consecuencia de lo ya vertido a la atmósfera</p><p class="subtitle">La única diferencia entre las cuatro proyecciones sobre cambio climático es cuánto lo hará</p></div><p class="article-text">
        En la Conferencia de Par&iacute;s sobre el Clima (COP21) de 2015, 195 pa&iacute;ses firmaron el primer acuerdo vinculante sobre el cambio clim&aacute;tico con el objetivo de &ldquo;mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 &deg;C sobre los niveles preindustriales&rdquo;, y m&aacute;s concretamente limitarlo a 1.5 &deg;C. El acuerdo se construye sobre las evidencias del Panel Intergubernamental para el Cambio Clim&aacute;tico (IPCC), que desde 1990 viene advirtiendo de sus causas e impactos del calentamiento global. Su quinto informe, en el que participaron m&aacute;s de 830 cient&iacute;ficos de 85 pa&iacute;ses, concluye que &ldquo;el calentamiento en el sistema clim&aacute;tico es inequ&iacute;voco y (&hellip;) la influencia humana es clara&rdquo;. Para comprender las implicaciones de este acuerdo es inevitable hablar del sistema clim&aacute;tico, los factores que le afectan y c&oacute;mo podemos detectar, atribuir y prever sus cambios.
    </p><p class="article-text">
        El sistema clim&aacute;tico y sus componentes (atm&oacute;sfera, oc&eacute;ano, mantos de hielo, etc.) experimentan continuos cambios que se reflejan en la temperatura global del planeta. Estos pueden tener un origen interno, como el fen&oacute;meno de El Ni&ntilde;o, y ser perceptibles durante a&ntilde;os o d&eacute;cadas. Es lo que se conoce como variabilidad interna o &ldquo;ruido&rdquo;, porque en escalas clim&aacute;ticas es ca&oacute;tica e impredecible. Existen tambi&eacute;n agentes &ldquo;externos&rdquo; que fuerzan respuestas globales en escalas de tiempo muy diversas. Algunos tienen un origen natural: los cambios en los par&aacute;metros orbitales de la tierra determinan los ciclos glaciares e interglaciares; la inactividad solar durante el M&iacute;nimo de Maunder coincidi&oacute; con un periodo inusualmente fr&iacute;o; las cenizas del volc&aacute;n Tambora (1815) causaron el &ldquo;a&ntilde;o sin verano&rdquo; en Europa, etc. Por &uacute;ltimo, existen forzamientos externos de origen antr&oacute;pico, fruto de las actividades humanas (quema de combustibles f&oacute;siles, cambios en el uso de suelo, etc.), asociados al aumento en la concentraci&oacute;n de gases de efecto invernadero, que ha alcanzado niveles sin precedentes.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Una velocidad de cambio sin precedentes</h3><p class="article-text">
        Las evidencias del cambio clim&aacute;tico son irrefutables: desde principios del siglo XX el planeta se ha calentado 0.85 &ordm;C y el nivel medio del mar ha crecido 0.2 m. Los oc&eacute;anos se acidifican, la masa de hielo y nieve ha ca&iacute;do a m&iacute;nimos hist&oacute;ricos, y la ocurrencia de temperaturas r&eacute;cord ha aumentado un 75%. Muchos de estos cambios y la velocidad con la se est&aacute;n produciendo no han tenido precedentes. El cambio clim&aacute;tico est&aacute; aqu&iacute;, y ha venido para quedarse. Pero, &iquest;podemos identificar sus causas? Para ello contamos con los modelos clim&aacute;ticos, millones de l&iacute;neas de c&oacute;digo inform&aacute;tico que resuelven num&eacute;ricamente las ecuaciones f&iacute;sicas por las que se rigen los procesos que tienen lugar en el sistema clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Dividiendo el planeta en una rejilla tridimensional, es posible aplicar estas ecuaciones a cada elemento de volumen. Aunque algunos fen&oacute;menos no se conocen suficientemente o tienen dimensiones inferiores a la rejilla del modelo (como las nubes convectivas), se pueden aproximar mediante relaciones em- p&iacute;ricas llamadas parametrizaciones. Al igual que el sistema clim&aacute;tico, un modelo consta de submodelos que simulan los procesos de los subsistemas y sus interacciones bajo determinadas &ldquo;condiciones de contorno&rdquo;, dadas por la evoluci&oacute;n de los forzamientos durante el periodo que se desea simular.
    </p><h3 class="article-text">Modelos imperfectos, pero capaces</h3><p class="article-text">
        Existen diferencias estructurales entre los modelos en funci&oacute;n de los procesos que simulan, su resoluci&oacute;n espacial o el tratamiento de las parametrizaciones. Adem&aacute;s, las simulaciones se ven afectadas por el &ldquo;ruido&rdquo; inherente a la variabilidad interna del sistema. Como consecuencia de estas incertidumbres, los modelos clim&aacute;ticos son imperfectos y sus simulaciones no coinciden plenamente. A pesar de ello, son capaces de reproducir el calentamiento observado del periodo industrial tanto a escala global, como hemisf&eacute;rica e incluso continental.
    </p><p class="article-text">
        Si en las simulaciones se elimina el aumento de las concentraciones de CO2, los modelos no son capaces de reproducir el calentamiento observado desde mediados del siglo XX, lo que constituye una prueba incontestable de que las actividades humanas son la causa principal del calentamiento. De manera an&aacute;loga, se ha detectado una influencia humana en el calentamiento del oc&eacute;ano, la subida del nivel del mar, la p&eacute;rdida de hielo, los cambios del ciclo del agua y en numerosos fen&oacute;menos extremos: el aumento de olas de calor, precipitaciones intensas o sequ&iacute;as. Las actividades humanas han duplicado la probabilidad de episodios como la megaola de calor que afect&oacute; a Europa Occidental en 2003 causando 70.000 fallecidos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los modelos permiten hacer proyecciones de cambio clim&aacute;tico para los pr&oacute;ximos siglos. Puesto que se desconocen las condiciones futuras, se han contemplado cuatro posibles escenarios. Sus diferencias radican en las trayectorias que seguir&aacute;n las emisiones seg&uacute;n diferentes estimaciones socioecon&oacute;micas y las pol&iacute;ticas de mitigaci&oacute;n. Las proyecciones para finales de siglo indican un calentamiento global de entre 0.9 &ordm;C y 5.4 &ordm;C por encima de la temperatura preindustrial. Esta gran incertidumbre proviene sobre todo del escenario elegido. As&iacute;, en un mundo &ldquo;verde&rdquo; el calentamiento oscilar&iacute;a entre 0.9 &ordm;C y 2.3 &ordm;C, mientras que en uno fuertemente carbonizado lo har&iacute;a entre 3.2 &ordm;C y 5.4 &ordm;C. En todos los escenarios, el oc&eacute;ano se seguir&aacute; calentando y acidificando, y el nivel medio del mar continuar&aacute; subiendo.
    </p><p class="article-text">
        Los cuatro escenarios experimentar&iacute;an un calentamiento similar en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. Esto est&aacute; relacionado con la inexorabilidad del cambio clim&aacute;tico: aunque cesaran hoy las emisiones, el planeta seguir&aacute; calent&aacute;ndose durante d&eacute;cadas por lo ya emitido. A partir de mediados de siglo, las proyecciones de los escenarios divergen seg&uacute;n el grado de carbonizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Solo en el mundo &ldquo;verde&rdquo; la temperatura global se estabilizar&iacute;a antes de 2100 y, aun as&iacute;, se mantendr&iacute;a constante durante siglos antes de volver a niveles preindustriales. La necesidad de limitar el calentamiento global se refuerza por el hecho de que algunas entidades cr&iacute;ticas del planeta (Groenlandia, el Amazonas) podr&iacute;an verse alteradas o destruidas si se superan ciertos umbrales cr&iacute;ticos. Por encima del l&iacute;mite de 2 &ordm;C que establece Par&iacute;s entrar&iacute;amos en un escenario encaminado al deshielo del hemisferio norte, poniendo en peligro a ciudades costeras e islas.
    </p><p class="article-text">
        Contener el cambio clim&aacute;tico dentro de unos umbrales de salvaguarda pasa irremediable- mente por una reducci&oacute;n sustancial de las emisiones. Si se quiere cumplir con Par&iacute;s, el total de emisiones acumuladas desde la era industrial no deber&iacute;a exceder las 2.900 gigatoneladas netas de CO2. De ellas, casi dos tercios ya se hab&iacute;an emitido en 2011, lo que deja un margen de 1000 gigatoneladas; solo el mundo &ldquo;verde&rdquo; cumplir&iacute;a estas expectativas. Para alcanzar el objetivo de estabilizaci&oacute;n de 1.5 &ordm;C solo podr&iacute;amos emitir 400 gigatoneladas, esto es, unos 10 a&ntilde;os con las tasas de emisi&oacute;n actuales. Algunos cient&iacute;ficos argumentan que el objetivo de Par&iacute;s es inalcanzable, otros que solo ser&aacute; factible mediante la captura de CO2 de la atm&oacute;sfera y los m&aacute;s optimistas abogan por una nueva &ldquo;revoluci&oacute;n industrial&rdquo; basada en una reconversi&oacute;n tecnol&oacute;gica exponencial a energ&iacute;as limpias. En cualquier caso, es el mayor reto al que se ha enfrentado nuestra civilizaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Barriopedro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/modelos-climaticos-calentamiento-imparable_1_2191784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Apr 2018 20:10:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No solo enferma el planeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/solo-enferma-planeta_1_2194326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6108a0d-ba7d-470b-9000-66c2265998e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No solo enferma el planeta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La presión social sobre los políticos por el cambio climático es nula porque se percibe como un problema lejano. Pero medio ambiente y salud suelen formar un binomio. Y sus efectos llegarán al ser humano</p><p class="subtitle">Olas de frío y calor, eventos extremos, sequía, caída de la producción alimenticia o aumento del polen son algunas de las consecuencias del cambio climático sobre la salud</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es. <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        No creemos equivocarnos si consideramos que, en nuestros d&iacute;as, la mayor&iacute;a de los ciudadanos de este pa&iacute;s acepta como una realidad el cambio clim&aacute;tico, incluso afirman que es un fen&oacute;meno ambiental causado por los humanos y muchos de ellos ven este problema como un tema en el que debemos implicarnos. Una parte importante tambi&eacute;n reciclan sus residuos y observan con simpat&iacute;a el ahorro de combustibles y la sustituci&oacute;n de modelos energ&eacute;ticos que impliquen la disminuci&oacute;n de la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero. Pero no hay que ser demasiado optimistas, sobre todo si consideramos dos datos sencillos. Uno individual hasta cierto punto: la adquisici&oacute;n de coches el&eacute;ctricos e incluso de los modelos h&iacute;bridos avanza muy lentamente, demasiado. El segundo, tambi&eacute;n de car&aacute;cter individual, tiene implicaciones sociales: la escasa exigencia a nuestros representantes pol&iacute;ticos, locales, auton&oacute;micos o estatales, para que elaboren planes y acciones contra este problema, situaci&oacute;n que se plasma en el lugar que ocupan estas medidas en los programas electorales, incluso en la poca concreci&oacute;n de estas cuando existen.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; sucede esta situaci&oacute;n, en buena medida contradictoria? Probablemente porque se ve como un problema ambiental muy lento, con efectos a largo plazo. Es cierto que es un problema de origen ambiental, pero como en muchos otros de este origen, medio ambiente y salud es un binomio de efectos contiguos. Por eso, creemos que es esencial aportar informaci&oacute;n sobre el cambio clim&aacute;tico en relaci&oacute;n con nuestra salud y la de nuestros hijos, aspectos siempre de inter&eacute;s prioritario.
    </p><p class="article-text">
        El profesor McMichael y sus colaboradores ya planteaban en 2003, como se observa en el gr&aacute;fico adjunto, incluso mucho antes en sus publicaciones cient&iacute;ficas, la necesidad de ampliar las investigaciones sobre los fen&oacute;menos que vinculan al cambio clim&aacute;tico con la salud, sus efectos, las medidas de adaptaci&oacute;n a estos y su evaluaci&oacute;n para proteger nuestro bien m&aacute;s preciado: la salud individual y colectiva. Casi quince a&ntilde;os despu&eacute;s, el gr&aacute;fico sigue siendo actual, aunque podemos complementarlo.
    </p><h3 class="article-text">El impacto del cambio clim&aacute;tico sobre la salud</h3><p class="article-text">
        Los efectos del cambio clim&aacute;tico en la salud podemos enumerarlos partiendo de la siguiente lista de elementos que se van a ver afectados, cuya relaci&oacute;n con la p&eacute;rdida de salud es clara:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Olas de calor y fr&iacute;o:</strong> el efecto m&aacute;s conocido del cambio clim&aacute;tico en cuanto a los posibles resultados en la salud, debido a la ola de calor que sufri&oacute; gran parte de Europa occidental, en el verano de 2003 y, especialmente, Espa&ntilde;a por su situaci&oacute;n geogr&aacute;fica. Esto ha provocado que en la actualidad todas las comunidades aut&oacute;nomas y las principales ciudades del pa&iacute;s tengan programas sanitarios frente a las olas de calor y, en menor medida, al fr&iacute;o intenso. Con todo ello, quedan evaluaciones de los sistemas preventivos por realizar: &aacute;mbito territorial homog&eacute;neo desde el punto de vista del clima, temperaturas umbrales de disparo, a partir de las cuales la mortalidad aumenta, calidad del acceso a la informaci&oacute;n de alertas por la poblaci&oacute;n... De otra parte, aunque parezca contradictorio, hay mayores posibilidades de descenso de picos de temperaturas en invierno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Eventos extremos:</strong> los principales en nuestro &aacute;mbito son las lluvias torrenciales y las inundaciones, la sequ&iacute;a, los temporales de viento y, en menor medida, las tormentas de granizo, los aludes y los deslizamientos de tierras. Lo adecuado ante todos ellos es disponer de planes y programas espec&iacute;ficos que, en algunos casos, cuentan con amplia experiencia. En cualquier situaci&oacute;n, los servicios sanitarios y otros servicios asistenciales, coordinados por protecci&oacute;n civil, son elementos imprescindibles para aminorar los efectos de estas situaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Agua:</strong> problemas de calidad, por las eventuales contaminaciones qu&iacute;micas o biol&oacute;gicas por los efectos del cambio clim&aacute;tico, como de escasez, sobre todo de agua dulce por la sequ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Alimentos:</strong> en un escenario de cambio clim&aacute;tico, los eventos extremos y la sequ&iacute;a pueden, previsiblemente, crear problemas de disminuci&oacute;n de la producci&oacute;n de alimentos de origen animal (ganader&iacute;a y pesca), pero tambi&eacute;n afectar a su distribuci&oacute;n y almacenamiento ante el aumento de temperaturas e, incluso, de contaminaci&oacute;n qu&iacute;mica y biol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Vectores transmisores de enfermedades:</strong> aunque en un escenario de incremento de temperaturas, la presencia o nueva aparici&oacute;n de vectores transmisores de enfermedades que hab&iacute;an sido eliminados de nuestro h&aacute;bitat es un tema bien conocido, con potenciales focos de cr&iacute;a tras precipitaciones intensas, podemos concretar la situaci&oacute;n con uno de ellos que est&aacute; en plena expansi&oacute;n en nuestro pa&iacute;s: el mosquito tigre, que se localiza por el Mediterr&aacute;neo espa&ntilde;ol y algunas zonas del centro y norte del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica:</strong> representa la otra cara de la misma moneda que el cambio clim&aacute;tico, con efectos en la salud multiplicativos, pero debemos recordar que, en alguna medida de protecci&oacute;n, los efectos son inversos para la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica que para adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Polen:</strong> con el cambio clim&aacute;tico, las estaciones pol&iacute;nicas o periodos de polinizaci&oacute;n se alargan, al tiempo que hay un incremento de la producci&oacute;n de polen y esporas de los hongos, siendo posibles los cambios en las especies productoras de polen que producen alergias.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Radiaciones ultravioletas:</strong> en Espa&ntilde;a, un aumento de temperaturas provoca un incremento de la exposici&oacute;n a estas radiaciones, con las consiguientes p&eacute;rdidas en la salud, por la combinaci&oacute;n entre estas y las altas temperaturas.
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                </figure><h3 class="article-text">Efectos en la salud humana</h3><p class="article-text">
        <strong>1. Olas de calor y fr&iacute;o:</strong> incremento de la mortalidad ligada al calor o, en menor medida, al fr&iacute;o. Sobre todo personas mayores, debilitadas y enfermas, que en el caso del fr&iacute;o, implica tambi&eacute;n a ni&ntilde;os y j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Eventos extremos:</strong> ahogamientos, lesiones, diarreas, enfermedades por vectores, infecciones respiratorias, de la piel y de los ojos. Problemas de salud mental.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Agua:</strong> incremento de enfermedades y brotes estacionales de transmisi&oacute;n h&iacute;drica. Aumento de la exposici&oacute;n a contaminantes biol&oacute;gicos y qu&iacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Alimentos:</strong> incremento de enfermedades y brotes de origen alimentario. Caso especial, el de la contaminaci&oacute;n de productos marinos, en su producci&oacute;n, transporte y almacenamiento, con intoxicaciones relacionadas con su conservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Vectores transmisores de enfermedades:</strong> modificaci&oacute;n en la incidencia y distribuci&oacute;n de las enfermedades vectoriales. Riesgo de enfermedades relacionadas con el mosquito tigre: Zika, Chikungu&ntilde;a y dengue, a&uacute;n sin casos aut&oacute;ctonos en Espa&ntilde;a: todos son importados por viajeros espa&ntilde;oles o for&aacute;neos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica:</strong> incremento de los ingresos hospitalarios por enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Incremento de la mortalidad relacionada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Polen:</strong> exacerbaci&oacute;n de las alergias respiratorias, como rinitis al&eacute;rgica y asma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Radiaciones ultravioletas:</strong> c&aacute;nceres y enfermedades de la piel, cataratas y da&ntilde;os oculares. Efectos inmunol&oacute;gicos.
    </p><h3 class="article-text">Medidas de protecci&oacute;n colectiva</h3><p class="article-text">
        1. Dotarse de un sistema de vigilancia en seguridad alimentaria sobre peligros vinculados con el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        2. En las regiones o comunidades con amplia tradici&oacute;n en el uso de fitosanitarios, crear un observatorio de plaguicidas.
    </p><p class="article-text">
        3. Evaluar la exposici&oacute;n a contaminantes y residuos ligados con el cambio clim&aacute;tico, estimando la exposici&oacute;n en distintos grupos de poblaci&oacute;n y distintas zonas en el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        4. Elaboraci&oacute;n de herramientas de trabajo que aporten informaci&oacute;n sobre la salud ambiental, que sirvan de apoyo para mejorar la salud de la poblaci&oacute;n y minimizar as&iacute; sus efectos: sistema de vigilancia de riesgos ambientales, grupo t&eacute;cnico de trabajo sobre cambio clim&aacute;tico y salud, grupo de expertos sobre vectores y salud...
    </p><p class="article-text">
        5. Proteger la salud de la poblaci&oacute;n de los efectos potenciales del cambio clim&aacute;tico: las olas de calor, la radiaci&oacute;n solar y los problemas derivados de la presencia del mosquito tigre, con planes y programas espec&iacute;ficos de actuaci&oacute;n concretos en cada caso y con implicaci&oacute;n de los municipios de la comunidad, competentes en algunos aspectos de las actuaciones.
    </p><p class="article-text">
        6. Las zonas de abastecimiento de agua de consumo humano y todo su sistema (captaciones superficiales o pozos, dep&oacute;sitos y redes de distribuci&oacute;n) deben someterse a estudios de resistencia al cambio clim&aacute;tico, lo que se denominan, pruebas de estr&eacute;s h&iacute;drico.
    </p><p class="article-text">
        7. Consideraciones adicionales sobre otras medidas en el sector salud: mitigaci&oacute;n en centros sanitarios.
    </p><p class="article-text">
        8. Informar a la poblaci&oacute;n sobre posibles riesgos para su salud derivados del cambio clim&aacute;tico y formar a personal sanitario para minimizar dichos riesgos.
    </p><p class="article-text">
        9. Propuesta de elaboraci&oacute;n de un informe espec&iacute;fico sobre cambio clim&aacute;tico en el &aacute;mbito territorial de nuestra actuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        10. Estudios espec&iacute;ficos de g&eacute;nero y salud: situaci&oacute;n de las mujeres ante el cambio clim&aacute;tico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Vicente Martí Boscà y María Barberá Riera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/solo-enferma-planeta_1_2194326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Apr 2018 18:58:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No solo enferma el planeta]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciudades: El escenario en el que nos jugamos el futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/escenario-jugamos-futuro_1_2195004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9644128-f262-4a4c-bd3c-cb415647a2f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciudades: El escenario en el que nos jugamos el futuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La urbes solo ocupan el 2% de la superficie terrestre, pero consumen el 60% de la energía mundial, emiten el 70% de los gases de efecto invernadero y generan el 70% de los residuos</p><p class="subtitle">En ellas y desde ellas deben impulsarse las medidas que hagan sostenible la vida en el planeta</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &ldquo;La batalla de la sostenibilidad (del planeta) se ganar&aacute; o se perder&aacute; en las ciudades&rdquo;. As&iacute; se declar&oacute; solemnemente en la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro, en 1992. Brotaron lemas como &ldquo;piensa globalmente y act&uacute;a localmente&rdquo; o &ldquo;desde lo local se puede cambiar el mundo&rdquo;. El documento general que result&oacute; de la misma, con vocaci&oacute;n de plan de acci&oacute;n global para el nuevo siglo, la Agenda 21, dio carta de naturaleza, en su cap&iacute;tulo 28, a las llamadas &ldquo;agendas 21 locales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades ocupan el 2% de la superficie terrestre, consumen el 60% de la energ&iacute;a mundial, emiten el 70% % de los gases de efecto invernadero y generan el 70% de los residuos. Estos son los datos que utiliza la agencia de Naciones Unidas que directamente se ocupa de la realidad de las ciudades (UN-Habitat); pero es habitual encontrar en otras fuentes cifras a&uacute;n mayores, imput&aacute;ndose a las mismas hasta el 75% y 80% de la contaminaci&oacute;n (en emisiones y vertidos) y el 70% del consumo energ&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Procede tomar estas cifras como aproximaciones, obviamente. Detr&aacute;s de sus diferencias existen modulaciones relevantes en la definici&oacute;n de los indicadores, empezando por la propia definici&oacute;n de ciudad. &ldquo;Una ciudad es una palabra que puede describir cualquier cosa. Un peque&ntilde;o asentamiento en el Medio Oeste, con menos de 10.000 personas&rdquo; o &ldquo;Tokio, con una poblaci&oacute;n que se aproxima&nbsp; a los 40 millones de personas&rdquo;. &ldquo;Si cualquier cosa puede definirse como ciudad entonces la definici&oacute;n corre el riesgo de no significar nada&rdquo; . As&iacute; empieza la &uacute;ltima obra de Deyan Sudjic (director del Museo de Londres) &ldquo;El lenguaje de las ciudades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Conferencia Europea de Estad&iacute;stica de Praga, en 1966, propuso que se consideraran ciudades &ldquo;las aglomeraciones de m&aacute;s de 10.000 habitantes y las de entre 2000 y 10&nbsp;000 habitantes siempre que la poblaci&oacute;n dedicada a la agricultura no excediera del 25&nbsp;% sobre el total&rdquo;.. En realidad, cada pa&iacute;s ha establecido sus propios umbrales.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la mejor respuesta al desasosiego de Sudjic creemos encontrarla en la definici&oacute;n cualitativa de ciudad que han dado soci&oacute;logos urbanos como el franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Ascher, (&ldquo;Los nuevos principios del urbanismo&rdquo;). Ciudades son &ldquo;las agrupaciones de poblaci&oacute;n que no producen por s&iacute; mismas los medios para su subsistencia&rdquo;. La ciudad por definici&oacute;n no es autosuficiente. Su existencia desde sus or&iacute;genes responde&nbsp; &ldquo;a una divisi&oacute;n t&eacute;cnica, social, espacial de la producci&oacute;n&rdquo;, implica intercambios&nbsp; de todo tipo entre los que producen los bienes de subsistencia y los que producen bienes manufacturados, bienes simb&oacute;licos, poder o protecci&oacute;n (siguiendo la explicaci&oacute;n de Ascher).
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n industrial, con su desarrollo t&eacute;cnico, alter&oacute; por completo esa relaci&oacute;n de intercambio campo-ciudad y desencaden&oacute; tal proceso de localizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en las ciudades que s&oacute;lo en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os mientras la poblaci&oacute;n mundial se ha multiplicado por cuatro la urbana lo ha hecho por doce.
    </p><h3 class="article-text">De Europa y norteam&eacute;rica a &Aacute;frica y Asia</h3><p class="article-text">
        Este proceso, en principio, se focaliz&oacute; en el mundo industrializado. En 1950, m&aacute;s del 55% de la poblaci&oacute;n urbana mundial era europea o norteamericana. Sumaban 700 millones. Pero a partir de ese momento las cosas cambiaron. Y la explosi&oacute;n demogr&aacute;fica de las ciudades se identific&oacute;, primero con Am&eacute;rica Latina, durante varias d&eacute;cadas, y ahora, en los &uacute;ltimos lustros, con &Aacute;frica y Asia. Hoy sumamos unos 4000 millones de urbanitas, sobre una poblaci&oacute;n mundial de m&aacute;s de 7.500 millones. Y las proyecciones hablan de 5000 millones de aquellos para el 2030, lo que exigir&iacute;a la construcci&oacute;n de una ciudad de un mill&oacute;n de habitantes cada semana.
    </p><p class="article-text">
        Como en la novela de Dickens, nos enfrenamos a la &ldquo;historia de dos ciudades&rdquo;, a la historia de dos planetas urbanos distintos. En el mundo desarrollado desde finales del siglo XIX, por unas razones u otras, se reacciona con suficiente capacidad&nbsp; al hacinamiento de las nuevas masas obreras urbanas en infraviviendas y se promueve la urbanizaci&oacute;n ordenada a trav&eacute;s de marcos legales y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de infraestructuras y viviendas. En los pa&iacute;ses en desarrollo del resto del mundo las cosas van a suceder de manera muy distinta, predominando de facto el desbordamiento informal, incluso a pesar de los esfuerzos de algunos estados desarrollistas, como los iberoamericanos de los a&ntilde;os 50 a 70, por acercarse a las pautas de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas urbanas europeas.
    </p><p class="article-text">
        Tendremos que ser conscientes de que cuando hablemos de casos ejemplares como Copenhague o Frankfurt estos no podr&aacute;n ser extrapolable fuera del circuito cerrado de las ciudades globales desarrolladas. En el mundo en desarrollo las cosas son muy distintas, y sus ciudades est&aacute;n determinadas por los slums, los tugurios, las villas miserias, las comunas, las favelas, las bidonvilles. M&aacute;s de la mitad del mill&oacute;n de habitantes que semanalmente se sumar&aacute;n a la humanidad vivir&aacute;n en tugurios. Acercarse a esta otra realidad urbana exige un gran esfuerzo de comprensi&oacute;n. El profesor londinense Abdou Maliq Simone nos recuerda c&oacute;mo &ldquo;el principal recurso que los ciudadanos africanos han tenido m&aacute;s a mano para hacer ciudades ha sido principalmente ellos mismos&rdquo;; y c&oacute;mo &ldquo;en la mayor&iacute;a de las ciudades africanas, el 75% de las necesidades b&aacute;sicas se satisfacen de manera informal, y estos procesos de informalidad ocupan todos los sectores y dominios de la vida urbana&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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  <a href="https://assets.documentcloud.org/documents/4428344/004-Ciudades-16-12-17-1.txt">004 Ciudades [16 12 17] (1) (Text)</a>
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    </figure><h3 class="article-text">La huella ecol&oacute;gica de los metabolismos urbanos</h3><p class="article-text">
        Formales o informales, las ciudades, los sistemas urbanos, no son, ni pueden ser, autosuficientes. Para mantener viva su actividad y organizaci&oacute;n, requieren de flujos de entrada de materiales y energ&iacute;a, procedentes de sistemas naturales. Dependen igualmente de esos sistemas naturales para los flujos de salida de los residuos contaminantes que resultan de la utilizaci&oacute;n de aquellos materiales y energ&iacute;a. La ciudad depende del mantenimiento equilibrado de estos sistemas naturales de soporte, de subsistencia. En las sociedades agrarias, sin crecimiento, esa dependencia, ese equilibrio, estaban presentes de forma intr&iacute;nseca; en la tecnolog&iacute;a vern&aacute;cula, en los ritos y relatos &ldquo;de aldea&rdquo;, y en la gobernanza, de los bienes comunes &ndash;agua, pastos, bosques&ndash;. Tal era el caso, en Segovia, mi cuna, de la Comunidad de Ciudad y Tierra.
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n industrial y tecnol&oacute;gica, con sus dos siglos de prosperidad y crecimiento anual medio de 3,5%, vino a diluir entre los urbanitas el sentido de dependencia de los ecosistemas, se instal&oacute; una fe ciega en los avances cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos, generaliz&aacute;ndose la idea de que el crecimiento es y ser&aacute; constante, sin l&iacute;mites. El catedr&aacute;tico de urbanismo Jos&eacute; Fari&ntilde;a, en su blog (un generoso tesoro para todos los interesados en la ciudad)&nbsp; aborda esta cuesti&oacute;n de la mano de Ortega y Gasset y su <em>Meditaci&oacute;n de la T&eacute;cnica</em>&nbsp;(lecciones de 1933). Entendiendo a la ciudad como la mayor creaci&oacute;n t&eacute;cnica de la humanidad, y partiendo de su admiraci&oacute;n y reconocimiento a la t&eacute;cnica como algo inherente al ser humano, sin la cual &eacute;ste no es tal, concluye advirtiendo c&oacute;mo el paisaje artificial desarrollado por la t&eacute;cnica ha ocultado a nuestros ojos la naturaleza primaria, y ha creado la falsa apariencia de que la humanidad no est&aacute; limitada.
    </p><p class="article-text">
        Hoy sabemos que este paradigma es el que ha entrado en crisis a partir de las paulatinas evidencias cient&iacute;ficas del desbordamiento de los ciclos naturales b&aacute;sicos para el funcionamiento seguro de los ecosistemas de subsistencia. Desbordamiento que el cient&iacute;fico ambiental Johan Rockstr&ouml;m concentra en nueve grandes &aacute;reas (el cambio clim&aacute;tico inducido por la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero; la sobreutilizaci&oacute;n de los recursos de agua dulce; el uso abusivo del suelo, con destrucci&oacute;n de h&aacute;bitats y deforestaci&oacute;n; etc.)
    </p><p class="article-text">
        Depender&aacute; &ldquo;de los modelos de organizaci&oacute;n urbanos que la explotaci&oacute;n de recursos naturales aumente o disminuya en el tiempo&rdquo;, se se&ntilde;ala desde la ecolog&iacute;a urbana (Salvador Rueda). Para que disminuya se va a requerir una gesti&oacute;n mucho m&aacute;s inteligente de la complejidad maximizando la entrop&iacute;a, en t&eacute;rminos de informaci&oacute;n (principio de Margaleff), es decir aumentando la eficiencia. En esto consiste precisamente la econom&iacute;a circular, y las energ&iacute;as renovables en relaci&oacute;n con las redes inteligentes y el veh&iacute;culo el&eacute;ctrico; y la multifuncionalidad de los espacios p&uacute;blicos; y, en movilidad, la recuperaci&oacute;n de la proximidad y de las potencialidades aut&oacute;nomas no motorizadas, la intermodalidad, los sistemas integrados de transporte p&uacute;blico y los nuevos servicios; las infraestructuras verdes,; la rehabilitaci&oacute;n integral energ&eacute;tica de edificios; la regeneraci&oacute;n de barrios y tejidos urbanos; la interacci&oacute;n de&nbsp; todo lo anterior con la productividad y la generaci&oacute;n de empleo. En definitiva, en esto consiste un urbanismo inteligente y decente, no entregado a la mera l&oacute;gica competitiva.
    </p><p class="article-text">
        Al hilo de esto recodemos c&oacute;mo Lewis Mumford (<em>La Ciudad en la Historia,</em>&nbsp;1961) refiri&oacute; el desarrollo urbano de &Aacute;msterdam en los siglos XVI-XVIII como el mejor ejemplo en el que las fuerzas din&aacute;micas del capitalismo, aun a su pesar, acabaron actuando adem&aacute;s de en pos de su beneficio en pos de un fin p&uacute;blico. Aventuramos que fue clave para ello la &ldquo;cultura del territorio&rdquo; de los holandeses, quienes (retomando las reflexiones de Ortega y Fari&ntilde;as) nunca dejaron que el paisaje artificial les hiciera olvidarse de la naturaleza primaria Las ciudades que construyeron con admirable esfuerzo, cohesi&oacute;n y t&eacute;cnica estaban por debajo del nivel del mar. En el plano de la gobernanza, enfatiza Mumford c&oacute;mo &ldquo;durante los dos o tres siglos en los que el capitalismo se mezcl&oacute; con las instituciones m&aacute;s antiguas y recibi&oacute; la influencia de ellas, su dinamismo dio origen a algunos de los mejores planos residenciales que hayan conocido las ciudades hasta hoy&rdquo;; beneficiando incluso &ldquo;hasta los sectores m&aacute;s humildes de la clase media&rdquo;. Tiene sentido, pues, que evoquemos a la vieja Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, proyectando la ciudad en la categor&iacute;a y la tierra en el planeta.
    </p><h3 class="article-text">Transici&oacute;n basada en objetivos</h3><p class="article-text">
        Volviendo al siglo XXI, evidentemente, la gesti&oacute;n de la complejidad urbana de manera eficiente, para reducir su entrop&iacute;a y su presi&oacute;n sobre los ecosistemas naturales, a trav&eacute;s de todas esas l&iacute;neas de acci&oacute;n que hemos referido, va a requerir de estrategias dignas de tal nombre, con objetivos, medidas, normas, financiaci&oacute;n. Estrategias que conjuguen los objetivos de habitabilidad y calidad de vida, con los objetivos de descarbonizaci&oacute;n energ&eacute;tica. Estrategias operativas en cada una de las distintas escalas de gobierno (de manera esencial estrategias locales y estrategias-pa&iacute;s), siendo indispensable su eficaz interacci&oacute;n (gobernanza multinivel). Estrategias participativas, que sepan construir consensos pol&iacute;ticos, ciudadanos y empresariales. Y, desde luego, estrategias dotadas de una visi&oacute;n a largo plazo, que se sepa vincular con las pol&iacute;ticas y acciones inmediatas.
    </p><p class="article-text">
        Compartimos con Jeffrry Sachs la idea de que dos herramientas son esenciales a tales efectos, la retroproyecci&oacute;n (backcasting) y las hojas de ruta tecnol&oacute;gicas. Ello no s&oacute;lo es compatible con el mercado (frente a posiciones negacioncitas de uno u otro signo), sino que es el modo habitual de actuar por parte de las industria de vanguardia tecnol&oacute;gica (p. ej. la Ley de Moore en relaci&oacute;n con los microprocesadores, seg&uacute;n la experiencia de Intel).
    </p><h3 class="article-text">Las estrategias locales: objetivos y redes</h3><p class="article-text">
        En este sentido se ha recorrido un intenso camino desde los planteamientos iniciales de las &ldquo;agendas 21 locales&rdquo; hasta la concreci&oacute;n de objetivos de las estrategias actuales. Para ello ha sido clave el papel de las redes de ciudades, en su pluralidad, institucionales o ciudadanas, generalistas o focalizadas (ICLEI, Eurocities, Pacto de Alcaldes europeos, C-40, red de ciudades intermedias de la UCGL, POLIS, Energycities o &ldquo;Ciudades en Transici&oacute;n&rdquo;)
    </p><p class="article-text">
        Un caso paradigm&aacute;tico de red es la&nbsp; &ldquo;Asociaci&oacute;n Europea de Municipios en Transici&oacute;n Energ&eacute;tica&rdquo; (<a href="http://www.energy-cities.eu/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Energy cities</a>), que agrupa a m&aacute;s de 1000 autoridades locales, Nace en 1990 a fin de impulsar pol&iacute;ticas energ&eacute;ticas locales m&aacute;s sostenibles. En el a&ntilde;o 2102 se plantea ya abiertamente la idea de transici&oacute;n energ&eacute;tica, sobre la base de las experiencias y planteamientos innovadores ya en marcha, vincul&aacute;ndose la acci&oacute;n presente con una visi&oacute;n a largo plazo, y conjug&aacute;ndose en todo momento los objetivos de habitabilidad y calidad de vida para todos con los objetivos energ&eacute;ticos. A finales del 2015, en el contexto de la Cumbre del Clima de Par&iacute;s (COP 21), se lanza el objetivo de ciudades 100% renovables.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Frankfurt (miembro de Energy Cities) es a la vez un buen ejemplo de estrategia-ciudad. En 2012 desarroll&oacute; un primer planteamiento de funcionamiento de la ciudad con 100% energ&iacute;as renovables para el a&ntilde;o 2050.&nbsp; En el 2015 se acuerda el Plan Maestro para ello, disponiendo de una &ldquo;hoja de ruta tecnol&oacute;gica&rdquo; a tal efecto; basada en un estudio previo de factibilidad a cargo del Fraunhofer Research Institute, incluyendo simulaciones de necesidades energ&eacute;ticas de hoy hasta el 2050 en todos los sectores, considerando escenarios cambiantes de poblaci&oacute;n y precios. El objetivo general se articula mediante la reducci&oacute;n de consumo de energ&iacute;a del 50%, y mediante la aportaci&oacute;n de energ&iacute;a renovable, en partes iguales de origen local, y de origen regional.
    </p><p class="article-text">
        Merece destacarse la interacci&oacute;n de esta estrategia-ciudad con la estrategia-pa&iacute;s (pues el proyecto se concreta a resultas de una convocatoria federal ); con la estrategia-land (la mitad de la energ&iacute;a renovable vendr&aacute; de la regi&oacute;n) y, sobre todo, con la ciudadan&iacute;a, por un lado, a trav&eacute;s de las cooperativas de generaci&oacute;n, y, por otro lado, como consumidor concienciado, a fin de hacer realidad las reducciones del 50% de la demanda energ&eacute;tica planificadas. Pues, no todo es tecnolog&iacute;a. Una parte esencial de la transici&oacute;n pasa por cambios en la manera de consumir, en los estilos de vida.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, como ejemplo de estrategia-pa&iacute;s ninguna resulta m&aacute;s oportuna que la&nbsp; Transici&oacute;n Energ&eacute;tica alemana (Energiewende). Toma como horizontes temporales los a&ntilde;os 2020 y 2050. Su concepto fue lanzado oficialmente en septiembre del 2010, tras d&eacute;cadas de avances de todos los colores. Una precisa hoja de ruta (con objetivos, plazos, medidas, proceso de evaluaci&oacute;n) fue aprobada en el verano del 2011 por el Gobierno federal, el Bundestag y el Bundesrat, con el consenso de todos los partidos. Se fijan oficialmente reducciones en la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero de un 40% para el a&ntilde;o 2020 (respecto a 1990) y del 95% para el 2050. Prescribe reducciones del consumo energ&eacute;tico primario del 20% para el 2020 y del 80% para el 2050. En t&eacute;rminos de inversi&oacute;n se la equipara con el esfuerzo de la reunificaci&oacute;n y de la reconstrucci&oacute;n posterior a la guerra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de la mitad de dicha inversi&oacute;n corresponde&nbsp; a una ciudadan&iacute;a de perfil muy transversal. En ese sentido, Craig Morris y Arne Jungjohann (&ldquo;Energy Democracy. Germany&rsquo;s Energiewende to Renewables&rdquo;, 2016) han destacando el activismo empresarial de sectores conservadores rurales o el apoyo intelectual del ordo-liberalismo, cuestionando a quienes han situado este proceso dentro de las &ldquo;narrativas anticapitalistas&rdquo;, como es el caso de Naomi Klein (2014). En todo caso, la transici&oacute;n energ&eacute;tica alemana es un proceso que se convirti&oacute; en pol&iacute;tica nacional a partir del impulso y del camino previamente recorrido por las ciudades y los ciudadanos, en claro ejemplo de movimiento de abajo-arriba, de base comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        Se confirma la intuici&oacute;n de 1992. Es desde lo local desde donde se est&aacute; impulsando la transici&oacute;n llamada a recuperar el equilibrio de los metabolismos urbanos con lo biocapacidad del planeta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Lucio Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/escenario-jugamos-futuro_1_2195004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Apr 2018 18:58:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ciudades: El escenario en el que nos jugamos el futuro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vino, termómetro del planeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vino-termometro-planeta_1_2193891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e09c51c7-a96a-46d3-b779-91979672dd71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El vino, termómetro del planeta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estudio de 2013 afirma que en 2050 la mayoría de las regiones vinícolas actuales serán inviables debido al calor. Se acabará el vino en explotaciones de Ribera del Duero, Rueda, Burdeos, Provenza o la mayor parte de Italia</p><p class="subtitle">La crisis de vino es un ensayo general que pone de manifiesto cómo se enfrentan los problemas que genera el cambio climático. Si el vino ya tiene tantos problemas, ¿qué ocurrirá con otros cultivos de la base alimenticia?</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El mapa de la producci&oacute;n de vino es una gu&iacute;a perfecta de c&oacute;mo el cambio clim&aacute;tico afecta al planeta. Las caracter&iacute;sticas de la uva manten&iacute;an su cultivo reducido a unos pocos lugares del mundo, pero la subida de la temperatura permite expandirlo a regiones como Gran Breta&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como muchas ciudades de zonas vin&iacute;colas, Trier, a la orilla del r&iacute;o Mosela, es un sitio encantador. Fundada en el siglo IV a.C. y despu&eacute;s conquistada por el emperador Augusto, es la ciudad m&aacute;s antigua de Alemania. Aqu&iacute; los romanos plantaron las primeras vides en las laderas del valle. Aqu&iacute; es donde podremos degustar un delicioso blanco de uva Riesling, fresco y &aacute;cido, o quiz&aacute; el delicioso Eiswein, que se obtiene de las uvas que se han helado en la vid. No se nos pasar&aacute; por la cabeza pedir un tinto, y precisamente en eso nos estaremos equivocando.
    </p><p class="article-text">
        Los tintos alemanes est&aacute;n en auge. En 1980 solo un 10% de la producci&oacute;n alemana era de vino tinto; en la actualidad es m&aacute;s del 37%. La variedad tinta pinot noir, conocida en Alemania como Sp&auml;tburgunder, se est&aacute; dando excepcionalmente bien, convirtiendo a Alemania en el tercer pa&iacute;s productor de esta uva despu&eacute;s de Francia y EEUU.
    </p><p class="article-text">
        Los blancos tambi&eacute;n se est&aacute;n beneficiando del calor. Hoy la regi&oacute;n est&aacute; teniendo cosechones de uva Riesling, que madura dos semanas antes de lo que era normal hace apenas 50 a&ntilde;os. La historia se repite en Francia, donde existen registros de las vendimias desde hace m&aacute;s de cuatro siglos. En las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas ha sido necesario recolectar dos semanas antes de media.
    </p><p class="article-text">
        Si se except&uacute;an el cannabis, la coca y el opio, el cultivo de la uva es el segundo m&aacute;s lucrativo del planeta, despu&eacute;s de los tomates. Pero la vitis vinifera es una planta muy quisquillosa. Las uvas necesitan calor y pocas lluvias para madurar y que se formen az&uacute;cares, pero al mismo tiempo necesitan fr&iacute;o y algo de lluvia para conservar la acidez. Si hace demasiado fr&iacute;o, las uvas no maduran, y los vinos son &aacute;cidos e imposibles de beber. Mucho calor y las uvas maduran demasiado pronto, tienen mucha az&uacute;car, pero no pueden completar la maduraci&oacute;n fen&oacute;lica, que es la que da los aromas al vino. El resultado son vinos demasiado alcoh&oacute;licos y sin matices. Es lo que ocurri&oacute; en Francia tras la ola de calor de 2003. La vendimia se adelant&oacute; un mes entero, pero los vinos de aquel a&ntilde;o fueron mediocres.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el cultivo del vino est&aacute; limitado a las escasas regiones del mundo con un clima mediterr&aacute;neo, unas pocas manchas de color en el mapamundi. All&iacute; donde hace m&aacute;s calor, m&aacute;s fr&iacute;o o llueve m&aacute;s, simplemente no hay cosecha. Sin embargo, con un cambio en la temperatura media de solo un grado y medio en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, esas manchas est&aacute;n ya desplaz&aacute;ndose. El mapa del vino es una gu&iacute;a perfecta de c&oacute;mo el cambio clim&aacute;tico est&aacute; afectando al planeta, y est&aacute; ocurriendo ante nuestros ojos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Vinos esquimales</h3><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s en teor&iacute;a tan inh&oacute;spito para las uvas como el Reino Unido, este a&ntilde;o se han plantado un mill&oacute;n de vides para producir dos millones m&aacute;s de botellas. En solo diez a&ntilde;os los vi&ntilde;edos ingleses se han duplicado, especialmente para la producci&oacute;n de espumosos. Algunos expertos sugieren que el sur del pa&iacute;s puede convertirse en la nueva Champagne, y precisamente son las compa&ntilde;&iacute;as francesas como Taittinger y Vranken-Pommery Monopole quienes est&aacute;n invirtiendo en los espumosos ingleses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un poco m&aacute;s al sur, en la Borgo&ntilde;a francesa, el cambio en el clima no es una bendici&oacute;n sino un problema para el Chablis, uno de los vinos m&aacute;s famosos de la regi&oacute;n. Con ca&iacute;das repentinas de temperatura de 10 grados en un solo d&iacute;a, heladas en primavera y calor intenso en verano, algunos vi&ntilde;edos han perdido el 80% de su producci&oacute;n. El ministerio de agricultura franc&eacute;s estim&oacute; recientemente que en 2017 se producir&iacute;an solo 37 millones de hectolitros en el todo pa&iacute;s, comparados con los 45 millones de 2016. En todo el mundo, la producci&oacute;n de vino cay&oacute; en un 8,2% en 2017, uno de los peores registros en 50 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Aunque hay unos pocos ganadores, el aumento de las temperaturas es un verdadero problema para todos los dem&aacute;s. Un estudio de 2013 en el que participaron cient&iacute;ficos de EEUU, Chile y China afirma que en 2050 la mayor&iacute;a de las regiones vin&iacute;colas actuales ser&aacute;n inviables debido al calor. Se acababa el vino en explotaciones actuales de Ribera del Duero, Rueda, Burdeos, Languedoc, Provenza, la mayor parte de Italia, e incluso Sud&aacute;frica. Con un aumento de las temperaturas entre 2,5 y 4,7 grados, la ca&iacute;da de la producci&oacute;n puede ser el 85% en la Toscana o el R&oacute;dano, de un 74% en Australia, hasta un 70% en California y un 40% en Chile. Los nuevos vinos de calidad tendr&aacute;n denominaciones hasta ahora impensables: Gales, Noruega, Polonia, Columbia Brit&aacute;nica, Montana o Tasmania.
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico amenaza uno de los conceptos m&aacute;s arraigados del vino: la denominaci&oacute;n de origen. Aunque la asociaci&oacute;n entre la calidad del vino y la zona de la que proviene es m&aacute;s antigua, fue en 1855 cuando el emperador Napole&oacute;n III quiso clasificar los mejores vinos de Burdeos por su calidad para mostrarlos a los visitantes de la exposici&oacute;n universal de aquel a&ntilde;o en Par&iacute;s. La calidad de los vinos se otorgaba dependiendo de los crus, los lugares concretos donde se cultivaban las uvas: la regi&oacute;n, el valle, la colina e incluso el lado de la colina.
    </p><p class="article-text">
        Este sistema entronca con el concepto de terroir, la idea de que la tierra donde crecen las uvas imparte al vino caracter&iacute;sticas &uacute;nicas que no se pueden conseguir en otro lugar, instaurada por los monjes benedictinos y cistercienses que ya cultivaban vi&ntilde;edos en Borgo&ntilde;a en el siglo VIII. Esto tambi&eacute;n determina las estrictas normas que rigen las denominaciones de origen, como, por ejemplo, la prohibici&oacute;n de usar riego en los vi&ntilde;edos, y el precio de venta de la uva dependiendo de su procedencia, lo que luego determina lo que se paga por la botella.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando el vi&ntilde;edo o incluso la regi&oacute;n entera deja de ser productiva por el aumento de las temperaturas, este sistema va a dejar de tener sentido muy pronto. Ser&aacute; necesario cambiar las variedades de uva, usar nuevas t&eacute;cnicas agr&iacute;colas para el cultivo, desde el riego hasta la refrigeraci&oacute;n, e inevitablemente, llevarse las vides a otro sitio. Para que los grandes vinos sobrevivan, habr&aacute; que saltarse las normas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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  <br />
  <a href="https://assets.documentcloud.org/documents/4428352/Alimentacio-N-18-12-2017.txt">AlimentacióN[18 12 2017] (Text)</a>
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    </figure><h3 class="article-text">Vi&ntilde;edos monta&ntilde;a arriba</h3><p class="article-text">
        Los vinos del viejo mundo tienen mundo que aprender de las t&eacute;cnicas empleadas en el nuevo. En Mendoza, Argentina, a diferencia de en Europa, las vides se plantan en alto, formando parrales, para que las propias hojas de la planta protejan las uvas del sol implacable y mejoren la circulaci&oacute;n del aire, refrescando los frutos. El riego, lejos de estar prohibido, es la &uacute;nica forma de hacer viable el cultivo.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esto, la producci&oacute;n argentina de vino sufri&oacute; una ca&iacute;da del 30% en el a&ntilde;o 2016 por culpa del calor. La buena noticia es que se ha recuperado casi por completo en 2017. La tecnolog&iacute;a y una mayor flexibilidad est&aacute; dando ventaja a los nuevos pa&iacute;ses productores de vino. Frente a las ca&iacute;das de Francia, Espa&ntilde;a o Italia, en este a&ntilde;o suben, adem&aacute;s de Argentina, Brasil, China, y Australia.
    </p><p class="article-text">
        Un cambio moderado en la temperatura puede gestionarse en el propio vi&ntilde;edo: aumentar el espacio entre las vides, irrigaci&oacute;n, o incluso rociar las plantas con agua para bajar la temperatura. Sin embargo, estas t&eacute;cnicas ya est&aacute;n teniendo un impacto en los acu&iacute;feros. En California, el riego y rociado de los vi&ntilde;edos, unido a la sequ&iacute;a, ha hecho descender el caudal de los r&iacute;os en un 21%.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a en la bodega tambi&eacute;n puede mitigar los efectos. Es posible usar diferentes levaduras para regular la fermentaci&oacute;n, reducir los niveles de az&uacute;car en el mosto por &oacute;smosis, a&ntilde;adir enzimas o sales que controlan la acidez, o incluso separar los componentes el vino por filtrado o estratificaci&oacute;n, eliminando el alcohol que sobra. T&eacute;cnicas que son anatema para las denominaciones de origen m&aacute;s tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando todo falla, con el valle asfixiado por el calor, los vi&ntilde;edos deben buscar tierras m&aacute;s altas y m&aacute;s frescas. A partir del a&ntilde;o 2001 bodegas Torres comenz&oacute; a plantar pinot noir cerca de Tremp, una localidad leridana del Pirineo, donde a d&iacute;a de hoy est&aacute;n garantizados los d&iacute;as soleados y noches frescas que la uva necesita. Bodegas CVNE ya ha trasladado muchos de sus vi&ntilde;edos de la Rioja Baja a la Rioja Alta, donde las temperaturas son unos cuatro grados m&aacute;s bajas. Sin embargo, en regiones como la Mancha, la m&aacute;s extensa del mundo, se puede llegar pronto al l&iacute;mite aceptable de temperatura para la uva tempranillo.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece otra soluci&oacute;n: cambiar de variedad de uva y buscar aquellas que aguanten mejor las temperaturas. Es lo que est&aacute;n haciendo en bodegas Torres, cambiando el tempranillo por monastrell, y el pinot noir por tempranillo. Incluso est&aacute;n rescatando algunas variedades previas a la plaga de la filoxera, que arras&oacute; los vi&ntilde;edos europeos en el siglo XIX. Estas uvas antiguas soportan mejor la sequ&iacute;a y el calor.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cambiar los varietales es un riesgo enorme. Las vi&ntilde;as no rinden en un a&ntilde;o, al contrario, necesitan una d&eacute;cada para producir vinos de calidad, y son las cepas viejas las que dan los mejores caldos. Un error al elegir la variedad puede significar la ruina. Aunque lo m&aacute;s importante es que los aromas y sabores cambian. Es otro vino.
    </p><h3 class="article-text">Cultivos sostenibles</h3><p class="article-text">
        Tanto el uso de irrigaci&oacute;n como el traslado de las zonas vin&iacute;colas tiene un gran impacto en el ecosistema. La urbanizaci&oacute;n que producen las nuevas explotaciones en Montana y Ontario est&aacute; poniendo en riesgo zonas naturales. En China, que es la regi&oacute;n productora de vino con mayor crecimiento del mundo, las zonas adecuadas para la extensi&oacute;n de los vi&ntilde;edos son los mismos que ocupa el h&aacute;bitat del panda gigante, que ya est&aacute; en peligro de extinci&oacute;n. En Sud&aacute;frica el traslado de las vides monta&ntilde;a arriba pone en riesgo a miles de especies de arbustos y flores &uacute;nicos en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        La crisis de vino es un ensayo general que pone de manifiesto c&oacute;mo se enfrentan los problemas que genera el cambio clim&aacute;tico. Si el vino ya tiene tantos problemas, &iquest;qu&eacute; ocurrir&aacute; con otros cultivos m&aacute;s importantes, los que forman la base de la alimentaci&oacute;n de la mayor parte de la humanidad?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es, como siempre, la tecnolog&iacute;a. Un pa&iacute;s peque&ntilde;o, fr&iacute;o y densamente poblado como Holanda se ha convertido el principal productor de tomates del mundo, usando invernaderos que cubren un &aacute;rea mayor que la isla de Manhattan, avanzados sistemas de riego o cultivos hidrop&oacute;nicos, produciendo m&aacute;s con menos recursos. La modificaci&oacute;n gen&eacute;tica se presenta como la &uacute;nica soluci&oacute;n posible para conseguir nuevas especies que prosperen en estas condiciones clim&aacute;ticas y puedan alimentar a los 10.000 millones de humanos que tendr&aacute; el planeta en 2050.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el futuro de la agricultura ya ha llegado, est&aacute; desigualmente distribuido. Sin salir de Europa, en Espa&ntilde;a, amenazada permanentemente por la sequ&iacute;a, el 80% del agua del pa&iacute;s se emplea en regad&iacute;os poco sostenibles, con enormes p&eacute;rdidas de recursos h&iacute;dricos. A&uacute;n m&aacute;s lejos est&aacute;n los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. La agricultura de subsistencia prevalece en zonas superpobladas de &Aacute;frica y Asia, que son las que m&aacute;s pueden verse afectadas por el cambio clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que ocurre con los sabores del vino, las se&ntilde;ales del cambio clim&aacute;tico son sutiles, pero sus consecuencias son igualmente devastadoras. Por ejemplo, ha bastado un peque&ntilde;o cambio en la temperatura mundial para que crezcan las algas que habitan en los hielos de Groenlandia, oscureciendo el suelo, que absorbe as&iacute; m&aacute;s radiaci&oacute;n solar. En unos pocos a&ntilde;os esto puede producir que millones de toneladas adicionales de hielo se fundan cada verano y aumente el nivel del mar, desplazando a millones de personas. Pensemos en esto cuando nos ofrezcan probar un tinto de Finlandia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp; &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Darío Pescador]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vino-termometro-planeta_1_2193891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Apr 2018 18:58:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El vino, termómetro del planeta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diásporas climáticas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/diasporas-climaticas_1_1165324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e97a68c-f796-4ca8-ab4c-4fa4ee9d0fab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diásporas climáticas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El siglo XXI multiplicará los desplazamientos provocados por los fenómenos naturales extremos, una situación que ya afecta a más de 200 millones de personas</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Nadie hubiera dicho que aquella tierra semides&eacute;rtica produjese nada, nunca. Sin embargo, en la peque&ntilde;a parcela que rodeaba la jaima de Aourriye (&ldquo;Libertad&rdquo;) en la regi&oacute;n mauritana de Assaba, su familia aprovechaba los meses de lluvia entre septiembre y noviembre para cultivar alimentos como el mijo y el sorgo. Con su peque&ntilde;a cosecha, un pu&ntilde;ado de animales y la actividad trashumante de los hombres, ellos y las comunidades rurales de Mauritania han ido toreando el hambre a lo largo de generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Aquel verano de 2012 las cosas eran diferentes. Cuando entrevist&eacute; a Aourriye, la lluvia no hab&iacute;a llegado en la temporada pasada y el temible per&iacute;odo del <em>soudure</em> (carest&iacute;a de pocos meses) se hab&iacute;a extendido a lo largo de todo el a&ntilde;o. La sequ&iacute;a empuj&oacute; al marido de Aourriye a la emigraci&oacute;n y a ella y a sus ocho hijos a la desesperaci&oacute;n: &ldquo;El a&ntilde;o pasado hubo un periodo de recogida de alimentos, pero este a&ntilde;o no. En la &eacute;poca de lluvias, cultivo; esa es mi actividad y vivo de eso. Ahora tengo muchas dificultades para encontrar alimentos para mis hijos. Todos comen lo mismo, del mismo plato. Tambi&eacute;n tengo muchas dificultades para conseguir agua. (&hellip;) Por supuesto, estoy preocupada con el futuro de mis hijos. Lo que m&aacute;s deseo para ellos es que puedan ir a la escuela y que en el futuro sean aut&oacute;nomos, se puedan mantener&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s de algo m&aacute;s de cuatro millones de habitantes, el 25% de los mauritanos se arraciman hoy en la ciudad de Nuakchot, cuya poblaci&oacute;n se ha multiplicado por 120 desde 1980.&nbsp;<a href="http://www.migrationpolicycentre.eu/docs/migration_profiles/Mauritania.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No menos de 200.000</a> han buscado suerte en diversos pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, del Golfo P&eacute;rsico y de Europa. Otros muchos les seguir&aacute;n. Son parte de los llamados migrantes y refugiados &ldquo;clim&aacute;ticos&rdquo;, un concepto que tom&oacute; cuerpo pol&iacute;tico por primera vez en noviembre de 2015, cuando la Cumbre del Clima de Par&iacute;s incorpor&oacute; este t&eacute;rmino al cat&aacute;logo de desaguisados provocados por el calentamiento global. &ldquo;Nos enfrentamos a grandes movimientos migratorios y de refugiados, y el cambio clim&aacute;tico es una de las causas fundamentales del n&uacute;mero r&eacute;cord de personas que se han visto obligadas a migrar&rdquo;, <a href="https://www.iom.int/es/news/la-oim-acoge-con-satisfaccion-la-inclusion-de-los-migrantes-climaticos-y-la-migracion-climatica" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dijo en aquel momento William L. Swing</a>, Director General de la Organizaci&oacute;n Internacional de Migraciones.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces el t&eacute;rmino se ha establecido por derecho propio en el imaginario pol&iacute;tico global. La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR)&nbsp;<a href="http://www.unhcr.org/news/latest/2016/11/581f52dc4/frequently-asked-questions-climate-change-disaster-displacement.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">calcula que una media de 21,5 millones de personas</a> se han visto obligadas cada a&ntilde;o desde 2008 a desplazarse de su lugar de origen como consecuencia de fen&oacute;menos naturales extremos como inundaciones, tormentas, incendios y per&iacute;odos extendidos de calor intenso. Un n&uacute;mero indeterminado de otros muchos miles de desplazados son las v&iacute;ctimas directas de fen&oacute;menos lentos pero insorteables como las sequ&iacute;as, la variabilidad de las lluvias, la degradaci&oacute;n del suelo y el aumento del nivel de los mares. De acuerdo con las cifras expresadas en el <a href="https://migracionesclimaticas.org/wp-content/uploads/2017/11/Informe-2017-Foro-de-diagnostico-sobre-las-Migraciones-Climaticas.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Foro de Diagn&oacute;stico sobre las Migraciones Clim&aacute;ticas</a>&nbsp;&ndash;celebrado en Madrid en noviembre de 2017- el n&uacute;mero total de afectados se acerca mucho a los 200 millones desde el a&ntilde;o 2008. Pero incluso esta cifra podr&iacute;a quedarse corta si, como propone Greenpeace, incluimos en esta categor&iacute;a a quienes se ven obligados a desplazarse como consecuencia de las propias medidas de lucha contra el cambio clim&aacute;tico. Poblaciones enteras de &Aacute;frica oriental, por ejemplo, han sido expulsadas de sus territorios para desarrollar grandes operaciones comerciales de reforestaci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">El triple frente</h3><p class="article-text">
        Las migraciones clim&aacute;ticas plantean desaf&iacute;os fundamentales en tres frentes. El primero de ellos es legal. La acepci&oacute;n gen&eacute;rica reconocida por la Cumbre del Clima esconde un batiburrillo conceptual que no deja claro qui&eacute;nes son realmente estas personas y c&oacute;mo pueden ser contadas. Ambas cosas son imprescindibles cuando se trata de desarrollar y proteger sus derechos. Mientras que los supuestos actuales de las normas de protecci&oacute;n internacional definen con claridad qui&eacute;nes est&aacute;n bajo su amparo &ndash;v&iacute;ctimas de conflictos y persecuci&oacute;n por motivos de raza, religi&oacute;n, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones pol&iacute;ticas- y cu&aacute;les son las obligaciones de los Estados y de sus autoridades, en el caso de los refugiados clim&aacute;ticos esta obligaci&oacute;n legal es inexistente.
    </p><p class="article-text">
        Algunos expertos, como el director del Centro para el Estudio de los Refugiados de la Universidad de Oxford, Alexander Betts, han se&ntilde;alado la necesidad de expandir el alcance de las obligaciones de protecci&oacute;n internacional para adaptarlas a una realidad muy diferente a la de hace m&aacute;s de medio siglo, cuando estas fueron establecidas (ver cuadro). Otros han se&ntilde;alado la oportunidad de extender al desplazamiento internacional regulaciones existentes para otras circunstancias, como los <a href="http://www.acnur.org/fileadmin/scripts/doc.php?file=fileadmin/Documentos/BDL/2001/0022" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Principios Rectores sobre el Desplazamiento Interno (1998)</a>. El propio Parlamento Europeo se plante&oacute; este asunto en 2011 sobre la base de un men&uacute; de posibilidades que iban desde la creaci&oacute;n de un nuevo marco legislativo hasta la extensi&oacute;n de los actuales mecanismos de protecci&oacute;n, pasando por el impulso pol&iacute;tico que dio lugar al reconocimiento de estos migrantes dentro del Convenio Marco de la ONU sobre Cambio Clim&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, cualquier posible compromiso de Europa en este campo se diluy&oacute; a partir de 2014 con la llamada crisis de refugiados, un fen&oacute;meno que ha puesto en riesgo incluso los estrechos supuestos de protecci&oacute;n previstos en la legislaci&oacute;n actual.
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                </figure><p class="article-text">
        El segundo desaf&iacute;o es de car&aacute;cter humanitario. Las cifras mundiales de desplazamiento forzoso &ndash;que alcanzaron un nuevo record a finales de 2016 con 65,6 millones de personas- constituyen solo una parte de las necesidades humanitarias globales, que afectan actualmente a 136 millones de seres humanos v&iacute;ctimas de conflictos, persecuci&oacute;n, desastres naturales y pandemias. Mientras tanto, la brecha que separa las necesidades financieras de los recursos ofrecidos por los donantes <a href="http://interactive.unocha.org/publication/globalhumanitarianoverview/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se hace cada vez m&aacute;s grande</a>: si en el a&ntilde;o 2012 las agencias internacionales reclamaron 8.800 millones de d&oacute;lares y recibieron 5.800 millones, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s las necesidades humanitarias globales pr&aacute;cticamente se han triplicado (23.500 millones de d&oacute;lares) y la financiaci&oacute;n disponible se ha estancado en menos de la mitad de esa cifra.
    </p><p class="article-text">
        Nada en el horizonte de las migraciones clim&aacute;ticas sugiere que esta situaci&oacute;n vaya a remitir. M&aacute;s bien lo contrario. Solo en los &uacute;ltimos meses hemos sido testigos de temperaturas r&eacute;cord y una ola de incendios sin precedentes en regiones enteras de Estados Unidos y Europa occidental; de huracanes en el Golfo de M&eacute;xico y el Caribe que han arrasado vidas y hogares y destruido d&eacute;cadas de inversiones e infraestructuras en Texas y Puerto Rico; o de inundaciones de proporciones b&iacute;blicas en Nepal, India y Bangladesh que han matado a no menos de 1.300 personas y desplazado a 40 millones. La recurrencia de fen&oacute;menos naturales extremos &ndash;derivados directa o indirectamente del cambio clim&aacute;tico- constituye un signo de nuestro tiempo y una de las mayores amenazas humanitarias que haya vivido el planeta a lo largo de su historia. Como ha demostrado el caso sirio &ndash;cuyo conflicto violento fue precedido entre 2006 y 2010 <a href="http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/climate-change-key-in-syrian-conflict-and-it-will-trigger-more-war-in-future-10081163.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por una devastadora sequ&iacute;a que dispar&oacute; la vulnerabilidad</a>&nbsp;y el descontento de la poblaci&oacute;n- las crisis humanitarias son fen&oacute;menos complejos en donde diferentes factores se imbrican para generar c&iacute;rculos viciosos cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles de romper.
    </p><p class="article-text">
        El tercer reto est&aacute; directamente relacionado con los anteriores y es de car&aacute;cter pol&iacute;tico. El mejor modo de atender las necesidades de los migrantes y refugiados clim&aacute;ticos es, en primer lugar, reconocer la responsabilidad hist&oacute;rica que los principales pa&iacute;ses contaminantes tienen en su situaci&oacute;n. En segundo lugar, trabajar de manera activa para prevenir la intensificaci&oacute;n de estos flujos antes de que se produzca. En ambos casos existen pocas razones para ser optimistas. La cumbre del clima celebrada en Bonn hace pocas semanas escenific&oacute; el doble fracaso de una agenda que mantiene las emisiones de CO2 en los niveles r&eacute;cord alcanzados en 2015 y de un armaz&oacute;n pol&iacute;tico seriamente debilitado por el abandono y los ataques de la Administraci&oacute;n Trump.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil que un pu&ntilde;ado de legisladores que consideran el calentamiento global una conspiraci&oacute;n liberal o un castigo divino reconozcan la obligaci&oacute;n de compensar a otros por ello. Curiosamente, necesitaremos algo muy parecido a un milagro para salir del atolladero: si la comunidad internacional quiere financiar en 2050 las estrategias del adaptaci&oacute;n al cambio clim&aacute;tico &ndash;que mitigar&iacute;an de manera cierta las consecuencias sobre el desplazamiento forzoso-, el esfuerzo anual de los pa&iacute;ses donantes tendr&iacute;a que crecer entre 6 y 13 veces de aqu&iacute; a 2030, de acuerdo con&nbsp;<a href="http://web.unep.org/adaptationgapreport/sites/unep.org.adaptationgapreport/files/documents/Press-Release_AdaptationGap2016.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las estimaciones m&aacute;s recientes de la Agencia de la ONU para el Medio Ambiente (UNEP).</a>
    </p><p class="article-text">
        El siglo XXI es ya el siglo de la movilidad humana. Cu&aacute;nto de este proceso ser&aacute; voluntario, ordenado y provechoso para todas las partes, y cu&aacute;nto se reducir&aacute; a la huida ca&oacute;tica y desesperada de masas despose&iacute;das de sus recursos m&aacute;s esenciales depender&aacute; en parte de nuestra capacidad para intervenir ahora. La clave est&aacute; en reconocer en lugares como Mauritania la fotograf&iacute;a del mundo que seremos y actuar en consecuencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Fanjul]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/diasporas-climaticas_1_1165324.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Apr 2018 18:22:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Migraciones,Medio ambiente,El planeta atormentado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El inmenso coste de la pasividad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inmenso-coste-pasividad_129_2197597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5c71d38-18a5-46c6-bdc0-7935924e6923_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El inmenso coste de la pasividad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad que es profundo y urgente el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama</p><p class="subtitle">Hacen falta cambios profundos en un modelo económico cuya principal víctima somos nosotros mismos</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es. <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Ya en el a&ntilde;o 2006 el economista brit&aacute;nico Nicholas Stern public&oacute; un informe sobre el da&ntilde;o econ&oacute;mico global que supondr&iacute;a la inacci&oacute;n contra el cambio clim&aacute;tico. Stern cuantific&oacute; el coste de las inversiones necesarias para la lucha contra las emisiones contaminantes en un 1% del PIB mundial; pero tambi&eacute;n vaticin&oacute; que si no se actuaba los costes ser&iacute;an 20 veces mayores. Pero lo que qued&oacute; muy claro en su informe es que ser&iacute;a mucho mayor el coste de no hacer nada: la inacci&oacute;n pasa factura.
    </p><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a los impactos del cambio clim&aacute;tico son m&aacute;s visibles: intensas olas de calor, aumento de los incendios forestales, veranos cada vez m&aacute;s largos, aumentos de las temperaturas. Lo cierto es que la realidad est&aacute; dejando cortos los escenarios m&aacute;s pesimistas; quiz&aacute;s s&oacute;lo se han equivocado en una cosa: el cambio es m&aacute;s r&aacute;pido de lo previsto.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es s&oacute;lo el cambio clim&aacute;tico. En las &uacute;ltimas semanas diversos informes han vuelto a elevar el nivel de alarma sobre el grado de destrucci&oacute;n que nuestra actividad est&aacute; causando en el Planeta. Un reciente estudio publicado en la revista <em>Proceedings of the National Academy of Sciences</em> concluye de forma contundente que estamos ante la sexta extinci&oacute;n de especies vivas.
    </p><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n de los h&aacute;bitats naturales, la introducci&oacute;n de especies ex&oacute;ticas invasoras, la sobrexplotaci&oacute;n de los recursos h&iacute;dricos y la sequ&iacute;a, la expansi&oacute;n urban&iacute;stica sin freno, los incendios forestales, las pr&aacute;cticas agr&iacute;colas intensivas, la utilizaci&oacute;n de sustancias qu&iacute;micas nocivas, la caza indiscriminada, la contaminaci&oacute;n de las aguas, los pl&aacute;sticos en el medio marino&hellip; Son tantas nuestras acciones que tienen como consecuencia el declive de la biodiversidad, que es profundo y urgente el cambio que tenemos que acometer en nuestro modo de vida si queremos frenar este drama. Pero, &iquest;por qu&eacute; estamos tardando tanto en reaccionar?
    </p><p class="article-text">
        Hay datos escalofriantes sobre los impactos en la salud de la contaminaci&oacute;n. Seg&uacute;n el estudio <em>Medioambiente saludable, gente saludable</em>, presentado en la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, m&aacute;s de doce millones de personas al a&ntilde;o mueren a causa de la contaminaci&oacute;n y la degradaci&oacute;n del medio ambiente; cifra 234 veces superior a la que provocan los conflictos armados.
    </p><p class="article-text">
        El coste de la destrucci&oacute;n ambiental trasciende ya lo ecol&oacute;gico, para convertirse en un problema de &iacute;ndole social y econ&oacute;mico, y cada d&iacute;a que pasa la situaci&oacute;n empeora. El factor tiempo es un elemento que diferencia la lucha ecologista de otras luchas sociales, ya que los efectos de la degradaci&oacute;n est&aacute;n siendo en muchos casos irreversibles, y los impactos pueden tardar decenios en ser visibles.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es extrema: la crisis ecol&oacute;gica se ha agudizado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y ya no hay rinc&oacute;n del Planeta que sea ajena a esta urgencia. Es necesario actuar, y hacerlo en todos los frentes. Nada puede justificar la pasividad pol&iacute;tica en la que estamos inmersos. Hacen falta cambios profundos en un modelo econ&oacute;mico cuya principal v&iacute;ctima somos nosotros mismos. Sin duda, la acci&oacute;n ciudadana es imprescindible, pero no es suficiente. Es necesario que las instituciones p&uacute;blicas en las que se toman cada d&iacute;a decisiones que afectan a nuestro futuro com&uacute;n afronten de forma prioritaria la acci&oacute;n para detener el deterioro ecol&oacute;gico. Pero como explic&oacute; Naomi Klein: &ldquo;No se trata solo de cambiar las bombillas, sino el modelo econ&oacute;mico&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan López de Uralde]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inmenso-coste-pasividad_129_2197597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Apr 2018 18:21:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El inmenso coste de la pasividad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,El planeta atormentado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La apuesta de Pascal: cambia carne por legumbres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/apuesta-pascal-cambia-carne-legumbres_129_2197603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e879831-5f64-4baf-bb51-d6117bde7901_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La apuesta de Pascal: cambia carne por legumbres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De todos los argumentos que tenemos para no hacer nada acerca del calentamiento global, el peor es que la acción individual es inútil</p><p class="subtitle">Este es uno de los mayores logros del capitalismo: hacernos creer que ninguno de nosotros cuenta</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es. <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &ldquo;Hope is not like a lottery ticket you can sit on the sofa and clutch, feeling lucky&hellip; Hope is an ax you break down doors with in an emergency&rdquo;. Hope In The Dark, Rebecca Solnit.
    </p><p class="article-text">
        (&ldquo;La esperanza no es como un boleto de loter&iacute;a que puedas agarrar sentado en el sof&aacute; y sentirte afortunado&hellip; La esperanza es un hacha con la que derribas puertas en caso de emergencia&rdquo;)
    </p><p class="article-text">
        Ecoansiedad: &ldquo;Angustia de ver la lenta y aparentemente irrevocable evoluci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico y preocuparse por el futuro de uno mismo, de sus hijos y de las generaciones venideras&rdquo;. Es extra&ntilde;o calificar de patolog&iacute;a la angustia por la inminente destrucci&oacute;n del planeta en que vivimos, pero la Asociaci&oacute;n Americana de Psicolog&iacute;a la ha tipificado como tal. T&eacute;cnicamente, una patolog&iacute;a es una respuesta desproporcionada a fen&oacute;menos naturales o cotidianos que nos impiden seguir con nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Pero si nuestras vidas nos conducen de manera irreversible a una muerte dolorosa, ag&oacute;nica y miserable, cualquier cosa que nos haga cambiar de vida es la reacci&oacute;n apropiada y mentalmente sana a la destrucci&oacute;n del &uacute;nico planeta que, de momento, podemos habitar. Como dice Rebecca Solnit, la esperanza no es un billete de loter&iacute;a que puedes agarrar sentado en el sof&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s, cuando es una de las pocas cosas en las que el 99% de la comunidad cient&iacute;fica est&aacute; de acuerdo. Pero no es la &uacute;nica. Otra reacci&oacute;n mentalmente sana es buscar maneras de frenar ese proceso antes de que sea demasiado tarde. Incluso si, como defienden algunos cient&iacute;ficos, ya no hay nada que podamos hacer para detener el desastre inminente.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que tengan raz&oacute;n. Pero, como no podemos estar seguros y nos lo jugamos todo, hay que hacer la misma apuesta que Pascal: si pensamos que podemos salvarnos y ponemos todos los medios a nuestro alcance, es posible que nos salvemos. Pero si no creemos que nos podemos salvar y no hacemos nada, entonces lo habremos perdido todo. Este es un argumento racional, pero tampoco es el &uacute;nico. Desde un punto de vista moral, la conclusi&oacute;n es la misma. Hemos podido demostrar que el calentamiento global es el resultado de nuestro estilo de vida. Puesto que los hijos no son culpables de los pecados de sus padres y que compartimos el planeta con muchas otras especies que son irresponsables del desastre que se avecina, es nuestra obligaci&oacute;n moral hacer todo lo que est&eacute; en nuestra mano para detener o, al menos, suavizar el impacto.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, podemos dejar de comer animales. Ser&iacute;a la medida m&aacute;s efectiva porque, haciendo esa sola cosa, podr&iacute;amos alcanzar los acuerdos de Par&iacute;s. No har&iacute;a falta cambiar ni un solo aspecto m&aacute;s de nuestras vidas; solo cambiar las costillas por lentejas y las salchichas por un buen potaje de garbanzos. Incluso pizza y tortilla de patatas, siempre y cuando no nos comi&eacute;ramos a la vaca ni a la gallina que las hacen posibles. Tal es el impacto que tiene la industria ganadera en el futuro del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos hacer eso. Ser&iacute;a duro, porque cambiar de h&aacute;bitos es complicado. Solo hay que ver lo que cuesta dejar las cosas que sabemos que nos perjudican, como el tabaco, el az&uacute;car o a los narcisistas. Pero m&aacute;s duro es perderlo todo en un Tsunami, vivir a 50 grados o saber que nuestros hijos tendr&aacute;n que pelear por el agua.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n podemos hacer otras cosas. Por ejemplo, apoyar a partidos pol&iacute;ticos que entiendan la gravedad de nuestra situaci&oacute;n y pongan en marcha las medidas adecuadas para enfrentarnos a ella. Exigir a las administraciones locales, regionales y nacionales que cumplan con sus promesas de reducir el carbono, favoreciendo tecnolog&iacute;as e infraestructuras que lo permiten, desde las redes de transporte p&uacute;blico o ferroviarias a la promoci&oacute;n de energ&iacute;as sostenibles. Usar transportes que reduzcan la contaminaci&oacute;n en las ciudades, como la bicicleta o el transporte publico.
    </p><p class="article-text">
        Podemos exigir castigos ejemplares para aquellas empresas que consumen, desertizan y envenenan el planeta para ahorrarse dinero y comprar productos de empresas que se comprometan a reducir el impacto medioambiental. Exigir medios de comunicaci&oacute;n que nos ayuden a distinguir unas de otras.
    </p><p class="article-text">
        Podemos compartir recursos con otros miembros de nuestra comunidad, desde compartir coche con compa&ntilde;eros de trabajo a hacer circular aquello que no necesitamos, desde la ropa y enseres de nuestros hijos, hasta libros o ropa. Podemos gastar menos en general, tener menos cosas. Ninguna de esas cosas tendr&iacute;an el impacto de dejar de comer animales, pero tendr&iacute;an impacto. No solo en el planeta, sino en nuestras vidas. Est&aacute; comprobado que comprar menos cosas, comer mejor, compartir experiencias y ser m&aacute;s solidarios nos hace m&aacute;s felices.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, cambiar cuesta. Nuestra naturaleza odia los cambios y los resiste con argumentos de todo pelaje. Por ejemplo, es bien sabido que hacer ejercicio es el cambio m&aacute;s productivo que podemos hacer para mejorar nuestras vidas, porque no solo desencadena cambios metab&oacute;licos que mejoran nuestra salud f&iacute;sica y mental, sino que sus efectos facilitan otros cambios positivos porque facilita el sue&ntilde;o y favorece la autoestima. Sin embargo, no llevamos una semana cuando empezamos a murmurar que no tenemos tiempo, que no tenemos fuerzas, que no nos gusta el profesor de <em>spinning</em>, que nos pilla lejos de casa o que no nos hace tanta falta, despu&eacute;s de todo. Nos jugamos mucho, pero no todo.
    </p><p class="article-text">
        De todos los argumentos que tenemos para no hacer nada acerca del calentamiento global, el peor es que la acci&oacute;n individual es in&uacute;til. Este es, desde mi punto de vista, uno de los mayores logros del capitalismo: hacernos creer que ninguno de nosotros cuenta, que nuestras decisiones son irrelevantes, que no tenemos nada que hacer contra la m&aacute;quina implacable que domina nuestras vidas. Lo cierto es que, si los n&uacute;meros y los especialistas confirman que hay una oportunidad de frenar o, al menos, ralentizar la lenta y aparentemente irrevocable evoluci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico cambiando una sola cosa, no solo debemos hacerlo por Pascal. No hacerlo es la verdadera patolog&iacute;a. Y deber&iacute;a ser tratada antes de que sea demasiado tarde.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Peirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/apuesta-pascal-cambia-carne-legumbres_129_2197603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Mar 2018 19:09:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La apuesta de Pascal: cambia carne por legumbres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bosques: principio y fin del cambio global]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/bosques-principio-fin-cambio-global_1_2200290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1cef48f-de6e-4bfd-9a54-922699cb6aaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bosques: principio y fin del cambio global"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El papel de los bosques es formidable: albergan la mayor parte de la biodiversidad de la Tierra, controlan el clima, y con su transpiración retornan a la atmósfera más de la mitad de la precipitación que cae sobre los continentes</p><p class="subtitle">Los bosques son protagonistas del cambio climático por partida triple: como origen de los combustibles fósiles, como reguladores de la concentración de este gas en la atmósfera, y como sistemas particularmente sensibles a los cambios en el clima</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Entre 2012 y 2015, una sequ&iacute;a extraordinariamente intensa, sin precedentes en los &uacute;ltimos 1.000 a&ntilde;os, provoc&oacute; la muerte de 100 millones de &aacute;rboles, seg&uacute;n el servicio forestal estadounidense. Episodios similares, aunque a menudo de menor magnitud, se han observado en pr&aacute;cticamente todos los biomas de la Tierra, incluyendo las selvas tropicales y, por supuesto, los bosques de nuestro entorno mediterr&aacute;neo. En nuestro entorno, estos episodios de decaimiento afectan principalmente a especies que tienen su l&iacute;mite sur de distribuci&oacute;n en la cuenca mediterr&aacute;nea, como el pino silvestre o el haya. &iquest;Qu&eacute; indica este fen&oacute;meno y qu&eacute; relaci&oacute;n tiene con nosotros y con el cambio global?
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil sobreestimar la importancia de los bosques. Desde el punto de vista cultural muchos historiadores sostienen que la madera ha sido el material m&aacute;s importante en la historia de la civilizaci&oacute;n, por encima de la piedra o los metales. La madera ha sido el elemento de construcci&oacute;n por excelencia y tambi&eacute;n la principal fuente de energ&iacute;a a lo largo de la historia de la humanidad. Todav&iacute;a hoy, nuestra energ&iacute;a procede en su mayor parte de combustibles f&oacute;siles, formados a lo largo de millones de a&ntilde;os a partir de restos vegetales.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva m&aacute;s biof&iacute;sica el papel de los bosques es tambi&eacute;n formidable: albergan la mayor parte de la biodiversidad de la Tierra, controlan el clima y los ciclos biogeoqu&iacute;micos globales, incluyendo el del carbono y el del agua. Los bosques con su transpiraci&oacute;n retornan a la atmosfera m&aacute;s de la mitad de la precipitaci&oacute;n que cae sobre los continentes en forma de agua o nieve. En otras palabras: circula m&aacute;s agua a trav&eacute;s de los troncos de los &aacute;rboles que a trav&eacute;s de todos los r&iacute;os de la Tierra juntos. En buena medida los bosques dan forma al planeta tal como lo conocemos.
    </p><p class="article-text">
        A largo plazo, la distribuci&oacute;n de los bosques viene determinada por el clima. No encontramos bosques de manera natural en lugares donde las condiciones son demasiado fr&iacute;as, como las cimas de las monta&ntilde;as, o demasiado secas, como los desiertos. El tipo de bosque depende tambi&eacute;n del clima: no existen selvas lluviosas fuera del clima c&aacute;lido y h&uacute;medo de los tr&oacute;picos, ni podemos esperar que crezcan hayedos bajo el clima seco del sur de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la historia de la Tierra la distribuci&oacute;n de los bosques ha cambiado siguiendo los cambios en el clima. Algunos de estos cambios ocurrieron hace millones de a&ntilde;os, como los que atestiguan los bosques f&oacute;siles en distintos lugares del mundo, que a menudo muestran troncos petrificados de &aacute;rboles tropicales en lo que ahora son desiertos pr&aacute;cticamente sin vegetaci&oacute;n. Otros cambios son mucho m&aacute;s recientes y ocurrieron mucho m&aacute;s r&aacute;pido. Hasta hace unos 4.500 a&ntilde;os amplias zonas de lo que actualmente es el desierto del Sahara estaban cubiertas por praderas y bosques tropicales. Un cambio en el clima modific&oacute; el r&eacute;gimen hidrol&oacute;gico de la zona y propici&oacute; la transici&oacute;n hacia el desierto desprovisto de vegetaci&oacute;n que actualmente conocemos. Centenares de ejemplos similares, aunque no siempre tan dram&aacute;ticos, se han documentado en otras regiones. La conclusi&oacute;n es clara: si cambia el clima, cambian los bosques.
    </p><p class="article-text">
        Y si hay alguna cosa de la que estamos seguros es de que estamos modificando el clima. Por desgracia, el cambio clim&aacute;tico est&aacute; aqu&iacute; para quedarse. Por supuesto hay todav&iacute;a mucha incertidumbre en cuanto a cu&aacute;l va a ser la magnitud del cambio. &Eacute;sta depender&aacute; en buena medida de la progresi&oacute;n de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, pero tambi&eacute;n de la propia respuesta de los bosques.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Un sumidero de di&oacute;xido de carbono</h3><p class="article-text">
        Casi un tercio de las emisiones antr&oacute;picas de di&oacute;xido de carbono, principal causante del calentamiento global, son absorbidas por ellos. Si no fuera por este sumidero la magnitud del cambio clim&aacute;tico ser&iacute;a mucho mayor. Sin embargo, todas las evidencias apuntan a que esta capacidad de sumidero de los bosques se reducir&aacute; a medida que las condiciones sean m&aacute;s c&aacute;lidas y m&aacute;s secas, pudiendo incluso llegar a revertirse.
    </p><p class="article-text">
        Las sequ&iacute;as extremas que padeci&oacute; la Amazon&iacute;a durante los a&ntilde;os 2005 y 2010, por ejemplo, provocaron que el conjunto de la selva tropical amaz&oacute;nica se convirtiera en una fuente neta de di&oacute;xido de carbono; es decir, en un contribuyente neto al calentamiento global. Lo mismo se observ&oacute; en extensas zonas del continente europeo durante la ola de calor del verano de 2003.
    </p><p class="article-text">
        Los bosques, pues, son protagonistas del cambio clim&aacute;tico por partida triple: como origen de los combustibles f&oacute;siles que utilizamos y por tanto de nuestras emisiones de di&oacute;xido de carbono, como reguladores de la concentraci&oacute;n de este gas en la atm&oacute;sfera, y como sistemas particularmente sensibles a los cambios en el clima.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace que los bosques sean tan sensibles a la sequ&iacute;a? Las plantas necesitan agua en grandes cantidades para mantener su funcionamiento. En condiciones favorables, un solo &aacute;rbol puede llegar a transpirar cientos de litros de agua en un solo d&iacute;a. Toda esta agua es absorbida del suelo y transportada a trav&eacute;s de los troncos hasta las hojas, donde casi toda se evapora a la atm&oacute;sfera (una peque&ntilde;a parte se utiliza en la fotos&iacute;ntesis).
    </p><p class="article-text">
        La energ&iacute;a solar, que provoca la evaporaci&oacute;n del agua en las hojas, es la que genera la fuerza de succi&oacute;n necesaria para subir el agua hasta las copas de los &aacute;rboles, que pueden llegar a estar a m&aacute;s de 100 metros del suelo. A mayor temperatura mayor es la capacidad evaporativa de la atm&oacute;sfera y, por tanto, mayores los requerimientos h&iacute;dricos de las plantas.
    </p><h3 class="article-text">Embolia por sequ&iacute;a</h3><p class="article-text">
        En condiciones de sequ&iacute;a, la fuerza de succi&oacute;n necesaria para transportar el agua aumenta hasta el punto de que puede producirse la rotura de la columna de agua que conecta las ra&iacute;ces con las hojas. Cuando esta columna se rompe, se forman embolias de aire que obstruyen los conductos. Si estas embolias se propagan por el sistema conductor la planta deja de poder transportar agua, su copa se seca y finalmente muere.
    </p><p class="article-text">
        Este mecanismo de disfunci&oacute;n hidr&aacute;ulica, an&aacute;logo en muchos aspectos a las embolias que se producen en el sistema circulatorio de los mam&iacute;feros, explica la muerte de las plantas en condiciones de sequ&iacute;a, desde las plantas que olvidamos sin regar en nuestras casas a los bosques de con&iacute;feras en California con los que comenz&aacute;bamos el art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n no es pues si los bosques responder&aacute;n a cambios en el clima, puesto que no hay ninguna duda que lo har&aacute;n, si no cuan cerca estamos de que los cambios en el clima produzcan modificaciones irreversibles en los bosques. Los episodios de mortalidad forestal que estamos observando sugieren que en muchas zonas no estamos lejos. Al mismo tiempo, sabemos que los bosques tienen una notable capacidad de ajuste que a menudo les permite recuperar sus caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas poco tiempo despu&eacute;s de padecer perturbaciones intensas. La capacidad de rebrotar despu&eacute;s de los incendios o la sequ&iacute;a de muchas especies mediterr&aacute;neas es un claro ejemplo de este comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        La clave est&aacute; en determinar el punto de no retorno, el l&iacute;mite de cambio ambiental a partir del cual el sistema colapsa y es sustituido por un nuevo ecosistema, vegetado o no. Una de las mayores dificultades a la hora de determinar estos umbrales es que la din&aacute;mica de los bosques responde a muchos factores que interaccionan entre ellos de maneras complejas. De manera que cuando se observa un cambio no siempre es posible atribuirlo a una &uacute;nica causa, o aislar la contribuci&oacute;n de un factor determinado (clim&aacute;tico, por ejemplo).
    </p><p class="article-text">
        La din&aacute;mica reciente de los bosques en la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica ofrece un buen ejemplo de esta complejidad. Los datos de los &uacute;ltimos inventarios forestales, que contienen informaci&oacute;n muy detallada de la composici&oacute;n y estructura de nuestros bosques, han permitido detectar cambios importantes en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Cambio del uso del suelo</h3><p class="article-text">
        Los planifolios, especialmente encinas y robles, est&aacute;n aumentando en detrimento de los pinos. Estos cambios tienen implicaciones importantes para el funcionamiento de los bosques y se han producido al mismo tiempo que la temperatura promedio en Espa&ntilde;a ha aumentado aproximadamente 1 &deg;C y las sequ&iacute;as se han intensificado notablemente.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, otros factores han variado, y mucho, a lo largo del mismo periodo. En particular, el uso del suelo y el aprovechamiento de los bosques se han modificado much&iacute;simo en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a. Hemos pasado de una situaci&oacute;n en la que la madera y la le&ntilde;a eran recursos econ&oacute;micos importantes y el carb&oacute;n vegetal era esencial como fuente de energ&iacute;a dom&eacute;stica, a una situaci&oacute;n en la que el valor econ&oacute;mico de estos recursos es tan bajo que pr&aacute;cticamente no se explotan en muchas zonas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La reducci&oacute;n en la intensidad de la explotaci&oacute;n ha afectado, sobre todo, a los planifolios, lo cual podr&iacute;a explicar su expansi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es pues el factor dominante en la din&aacute;mica reciente de los bosques ib&eacute;ricos? Parece claro que los cambios en el manejo son los que han tenido un papel m&aacute;s importante en los cambios observados hasta ahora, pero el efecto de la sequ&iacute;a no es desde&ntilde;able.
    </p><p class="article-text">
        Las masas forestales relativamente j&oacute;venes y en crecimiento resultantes del abandono de la gesti&oacute;n (o de la agricultura) en muchas zonas implican un aumento progresivo de la competencia por el agua. En condiciones de sequ&iacute;a esta elevada competencia se traduce en episodios de mortalidad causados directamente por la falta de agua (disfunci&oacute;n hidr&aacute;ulica) o favorecidos indirectamente por &eacute;sta, como las infecciones y plagas forestales (escarabajos barrenadores, procesionaria) que afectan a los bosques debilitados por la sequ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Los cambios en la composici&oacute;n de los bosques no son ni buenos ni malos en s&iacute; mismos, aunque si se producen de manera imprevista acostumbran a producir impactos negativos sobre las sociedades. Los servicios ecosist&eacute;micos, entendidos como el conjunto de los beneficios que los humanos obtenemos de un ecosistema, ofrecen una manera de visualizar estos impactos. En el caso de los bosques estos servicios incluyen la provisi&oacute;n de madera (todav&iacute;a importante en muchas zonas) pero tambi&eacute;n la provisi&oacute;n de alimentos como las setas, la regulaci&oacute;n clim&aacute;tica, la regulaci&oacute;n del ciclo hidrol&oacute;gico o los valores recreativos y espirituales.
    </p><p class="article-text">
        El marco de los servicios ecosist&eacute;micos permite comparar distintas alternativas de gesti&oacute;n y escenarios futuros tomando en consideraci&oacute;n la multiplicidad de beneficios que obtenemos del bosque. Al mismo tiempo, es un marco que promueve una visi&oacute;n antr&oacute;pica y utilitarista de la naturaleza y, por tanto, no est&aacute; exento de problemas, especialmente si los servicios ecosist&eacute;micos se acaban traduciendo en valores monetarios.
    </p><p class="article-text">
        Los bosques del futuro vendr&aacute;n determinados en buena medida por nuestras acciones, ya sea directamente mediante la gesti&oacute;n o indirectamente a trav&eacute;s de nuestro impacto sobre el clima. Su futuro est&aacute; pues en nuestras manos, y el nuestro va unido al suyo.
    </p><p class="article-text">
        Los bosques han generado a lo largo de la historia una compleja combinaci&oacute;n de reverencia y hostilidad, ya que a menudo se han visto como la ant&iacute;tesis de la civilizaci&oacute;n, como aquello que hay que eliminar, o como m&iacute;nimo controlar, para que &eacute;sta florezca. Esta paradoja est&aacute; presente ya en la obra literaria m&aacute;s antigua que conocemos, la &eacute;pica de Gilgamesh, donde el h&eacute;roe somete primero el bosque de cedros que crec&iacute;a cerca de la ciudad de Uruk, en la antigua Mesopotamia, para despu&eacute;s lamentar la degradaci&oacute;n que sigue a la destrucci&oacute;n del bosque. Es de esperar que 4.000 a&ntilde;os de historia nos hayan ense&ntilde;ado a hacerlo algo mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Martínez-Vilalta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/bosques-principio-fin-cambio-global_1_2200290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Mar 2018 19:46:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bosques: principio y fin del cambio global]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente,Bosques]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un refugio en los bosques]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/refugio-bosques_129_2199009.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8fba4ec7-0469-4ed6-aa67-6205acea1324_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un refugio en los bosques"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Renunciar a los bosques es olvidarnos de nosotros mismos. Es abandonar la conexión con la tierra</p><p class="subtitle">Los números dicen que hay más árboles en España, pero los bosques no son plantaciones de árboles</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico amenaza con convertir una buena parte de Espa&ntilde;a en desierto. Lo dice el Ministerio de Medio Ambiente del poco verde Gobierno de Mariano Rajoy as&iacute; que algo de peligro s&iacute; que debe haber. Pocas im&aacute;genes son m&aacute;s contrarias a un desierto que un bosque. Hogar que centuplica la biodiversidad. Ecosistema diverso y rico. Esenciales para la vida. Cruciales para asegurar que la humanidad tenga agua, en la definici&oacute;n de la FAO.
    </p><p class="article-text">
        Los bosques, las aut&eacute;nticas masas de &aacute;rboles, adem&aacute;s, prestan un servicio clim&aacute;tico impagable al tragarse los gases que los humanos se empe&ntilde;an en lanzar a la atm&oacute;sfera en una carrera hacia la autodestrucci&oacute;n. Y se quedan con gran parte de ellos. Detienen su funesto poder invernadero. Los bosques. All&iacute; donde crecen sanos ayudan a esos mismos humanos a adaptarse al cambio clim&aacute;tico que ya se deja sentir.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces. &iquest;Por qu&eacute; son los grandes olvidados? Y no se trata de un olvido ret&oacute;rico. Es contante y sonante: en d&oacute;lares y euros que se dedican a otras cosas. De hecho, los estados invierten 39 veces m&aacute;s fondos en actividades que deforestan que a la protecci&oacute;n de los bosques. En Espa&ntilde;a, tenemos m&aacute;s de un tercio del suelo forestal sin &aacute;rboles. Los bosques espa&ntilde;oles no llegan a ocupar una tercera parte del territorio en el que podr&iacute;an crecer. Donde ofrecer&iacute;an todos esos regalos beneficiosos: cobijo, almac&eacute;n de di&oacute;xido de carbono, alimento, lluvia, agua...&iquest;seguimos?
    </p><p class="article-text">
        Renunciar a los bosques es olvidarnos de nosotros mismos. Es abandonar la conexi&oacute;n con la tierra y con lo primario. Darle la espalda a la propia esencia humana. Y lo peor es que esta renuncia es selectiva. Porque a lo que no parece que se renuncie es a la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica de los &aacute;rboles. Una se&ntilde;al sobre esto: la Comisi&oacute;n Europea ha consignado que los bosques espa&ntilde;oles que ocupan zonas protegidas est&aacute;n, en general, en un estado poco favorable. Y, por otro lado, constata que bastante de lo que se ha venido repoblando ha sido con fines comerciales. Los n&uacute;meros dicen que hay m&aacute;s &aacute;rboles en Espa&ntilde;a. &iquest;M&aacute;s bosques?
    </p><p class="article-text">
        Los bosques no son plantaciones de &aacute;rboles. Da igual de pinos o eucaliptos. Esa idea hay que desterrarla por m&aacute;s que ofrezcan luego algunos beneficios contables. Esas plantaciones, por ejemplo, son pasto f&aacute;cil de las llamas en incendios cada vez m&aacute;s pavorosos. Otro efecto del cambio clim&aacute;tico. Los incendios. Entonces s&iacute; que los bosques est&aacute;n presentes en el imaginario colectivo. Quien m&aacute;s o quien menos se ve concernido por ellos. Pero luego, poco a poco, volvemos a la casilla de salida.
    </p><p class="article-text">
        Y la casilla de salida est&aacute; cada vez m&aacute;s lejos si, de verdad, hay un deseo de que el cambio clim&aacute;tico no se lo lleve todo por delante. Wangari Maathai fue una mujer keniana que gan&oacute; el Premio Nobel de la a Paz en 2004. Maathai hab&iacute;a tenido la visi&oacute;n de que los bosques ser&iacute;an la palanca con la que promover la igualdad de las mujeres, conseguir un progreso sostenible y un desarrollo m&aacute;s humano. Se le atribuye la plantaci&oacute;n de 47 millones de &aacute;rboles en su cintur&oacute;n verde africano. Al mundo y a Espa&ntilde;a le hacen falta muchas Wangaris Maathai: la mujer &aacute;rbol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Raúl Rejón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/refugio-bosques_129_2199009.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Mar 2018 19:45:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente,Bosques]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué no hicisteis nada para evitarlo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hicisteis-evitarlo_129_2199587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2c51182-6717-40ab-8b1f-3e8cc9fe6f9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué no hicisteis nada para evitarlo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La situación es tan crítica que nuestro rango de prioridades ha cambiado. Ya no hablamos tanto de mitigación como de adaptación</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La del cambio clim&aacute;tico est&aacute; llamada a convertirse en una de las mayores traiciones de la historia de la humanidad. La de una generaci&oacute;n, la nuestra, contra las que nos han de suceder. Estamos ante una cuesti&oacute;n moral m&aacute;s que ecol&oacute;gica pues sabemos a ciencia cierta que la gran factura del calentamiento global la pagar&aacute;n las generaciones futuras.
    </p><p class="article-text">
        A mediados del siglo pasado ya sab&iacute;amos que las emisiones de di&oacute;xido de carbono (CO2) generadas por la quema de combustibles f&oacute;siles (carb&oacute;n, petr&oacute;leo y gas natural) estaban multiplicando su presencia en las capas altas de la atm&oacute;sfera provocando el calentamiento global del clima de la Tierra.
    </p><p class="article-text">
        En 1988 la ONU cre&oacute; el panel de expertos en cambio clim&aacute;tico, el famoso IPCC, para seguir su evoluci&oacute;n, evaluar las posibles consecuencias y proponer mecanismos de adaptaci&oacute;n. En 1990 presentaron el primer informe, en el que detallaban sus modelos de proyecci&oacute;n clim&aacute;tica: los escenarios hacia los que nos dirig&iacute;amos.
    </p><p class="article-text">
        Ya ten&iacute;amos la hoja de ruta del calentamiento global: sab&iacute;amos que estaba ocurriendo, que nosotros &eacute;ramos los responsables y que nos conduc&iacute;a al desastre. Sin embargo desde entonces no hemos hecho m&aacute;s que ir a peor.
    </p><p class="article-text">
        Las cumbres clim&aacute;ticas se han contado por fracasos. No hemos sido capaces de alcanzar ning&uacute;n acuerdo ambicioso y vinculante para reducir las emisiones de gases invernadero. Y mientras tanto nos hemos convertido en la primera generaci&oacute;n de humanos viviendo en una atmosfera con m&aacute;s de 400 partes por mill&oacute;n (ppm) de CO2 y aumentando.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es tan cr&iacute;tica que nuestro rango de prioridades ha cambiado. Ya no hablamos tanto de mitigaci&oacute;n como de adaptaci&oacute;n. Nuestro mayor af&aacute;n es ahora contener el aumento de la temperatura media del planeta y que no se nos dispare por encima de los dos grados (uno y medio se propuso ingenuamente en Par&iacute;s). Estamos en una nueva fase: la del s&aacute;lvese quien pueda.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo principal es que lo peor no nos ocurra a nosotros. Nuestro legado no puede ser m&aacute;s miserable. Agacharnos para esquivarla y que la pedrada de un cambio clim&aacute;tico catastr&oacute;fico le pegue en la frente a los que vengan detr&aacute;s. &Eacute;sa es la cobarde estrategia que defienden la mayor parte de los actuales dirigentes pol&iacute;ticos mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;sa va a ser la categor&iacute;a moral con la que vamos a pasar a la historia, la que nos enfrentar&aacute; a los reproches de quienes padecer&aacute;n las consecuencias de nuestra inacci&oacute;n clim&aacute;tica. Debemos prepararnos para responder, desde el sonrojo y la verg&uuml;enza, a la inc&oacute;moda pregunta que nos har&aacute;n cuando lo que sabemos suceda: &iquest;por qu&eacute; no hicisteis nada para evitarlo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Luis Gallego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hicisteis-evitarlo_129_2199587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Mar 2018 20:07:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué no hicisteis nada para evitarlo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente,Biodiversidad,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Océanos: el sistema circulatorio de la Tierra, en peligro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/sistema-circulatorio-tierra-peligro_1_2199628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88331e07-25a3-4498-b72a-5663b8f0f645_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todas las formas de vida de la Tierra dependen del agua marina. Los océanos almacenan la mayor parte de la energía del planeta y las corrientes ayudan a distribuirla, haciendo habitables las latitudes más altas</p><p class="subtitle">Pero el ser humano está ocasionando cambios en estas columnas de agua y no se sabe que consecuencias tendrá</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es. <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Los mares y oc&eacute;anos son el elemento m&aacute;s importante de nuestro gran hogar, este planeta que denominamos Tierra. En esta gran casa tenemos muchas formas de vida y todas y cada una de ellas, incluida la especie humana, dependen de la presencia de las aguas marinas. Los oc&eacute;anos constituyen m&aacute;s del 99% de la masa viva que hay en nuestro planeta. As&iacute; mismo, almacenan la mayor parte de la energ&iacute;a y de otras muchas propiedades que constituyen la base de la vida en nuestro planeta; de hecho, la composici&oacute;n de los principales elementos qu&iacute;micos es similar en el agua de mar y en los seres vivos, una similitud que indudablemente responde a que el origen de la vida tuvo lugar en los mares. Las corrientes oce&aacute;nicas tambi&eacute;n contribuyen a la distribuci&oacute;n de la energ&iacute;a que nos llega del sol desde las regiones ecuatoriales y tropicales hacia las zonas de latitudes m&aacute;s altas, a partes aproximadamente iguales con los vientos atmosf&eacute;ricos. Sin estas corrientes y vientos, las regiones templadas ser&iacute;an &aacute;reas g&eacute;lidas, no aptas para la especie humana.
    </p><p class="article-text">
        Una visi&oacute;n hol&iacute;stica de todas estas caracter&iacute;sticas nos lleva a imaginar a nuestro planeta como un gran ser vivo, formado por multitud de subsistemas. La interacci&oacute;n de todos estos subsistemas da como resultado un sistema con caracter&iacute;sticas sorprendentes, con un comportamiento mucho m&aacute;s rico que el que esperar&iacute;amos de la mera suma de los subsistemas: es lo que denominamos un sistema complejo. Y dentro de esta misma perspectiva, con seguridad deber&iacute;amos ver a los oc&eacute;anos como el gran sistema circulatorio de nuestro planeta, responsable del almacenamiento y distribuci&oacute;n de propiedades como gases, nutrientes y energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este sistema circulatorio oce&aacute;nico tiene la peculiaridad de que las propiedades fluyen en un sistema abierto &ndash; que difiere del sistema cerrado de venas y arterias que encontramos en los mam&iacute;feros &ndash; el equivalente del sistema linf&aacute;tico. Este sistema circulatorio abierto, con un n&uacute;mero de arterias y venas limitado o inexistente, es caracter&iacute;stico de seres vivos como los crust&aacute;ceos, moluscos, cefal&oacute;podos e insectos. Se trata de un gran sistema linf&aacute;tico (una palabra que proviene del lat&iacute;n &ldquo;lympha&rdquo;, que quiere decir agua) que ocupa la mayor parte del cuerpo del animal. Los oc&eacute;anos son por tanto el sistema linf&aacute;tico de la Tierra, con corrientes encargadas de distribuir todas las propiedades para mantener la vida del propio planeta.
    </p><p class="article-text">
        Una de estas corrientes es la que se ha dado a conocer como la cinta transportadora global (<em>global conveyor belt</em>), que en lenguaje m&aacute;s t&eacute;cnico se suele llamar circulaci&oacute;n meridional profunda (<em>global overturning circulation</em>). Se trata de una circulaci&oacute;n a escala global que se inicia cada invierno en las altas latitudes del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico Norte y en algunos puntos de la plataforma continental Ant&aacute;rtica. Durante el invierno, el agua superficial aumenta mucho su densidad y se hunde hasta el fondo oce&aacute;nico, en lo que representa el comienzo de una ruta planetaria. Durante este viaje, que dura cientos de a&ntilde;os, el agua poco a poco se hace menos densa y se acerca a la superficie, eventualmente regresando a las zonas donde se inici&oacute; el recorrido.
    </p><h3 class="article-text">Ox&iacute;geno y calor</h3><p class="article-text">
        Este viaje es muy importante para nuestro planeta por dos razones principales. La primera es que el agua regresa a la superficie cargada de nutrientes inorg&aacute;nicos, que ayudar&aacute;n a mantener la producci&oacute;n primaria (el proceso de fotos&iacute;ntesis que utiliza energ&iacute;a solar para transformar el carbono y nutrientes inorg&aacute;nicos en materia org&aacute;nica al tiempo que se produce ox&iacute;geno) de las aguas superficiales. Esta producci&oacute;n primaria es aproximadamente la mitad de toda la que ocurre en la Tierra, significando una gran fuente de alimentos (desde las micro-algas hasta los grandes peces) y la mitad del ox&iacute;geno que respiramos. La segunda raz&oacute;n es que est&aacute; corriente contribuye de modo substancial al flujo de calor hacia altas latitudes del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico Norte, alcanzando las costas occidentales de los pa&iacute;ses del centro y norte de Europa. El calor que traen estas corrientes se libera a la atm&oacute;sfera y aumenta la temperatura hasta convertir estos pa&iacute;ses en lugares habitables.
    </p><p class="article-text">
        Un claro ejemplo de la importancia de la cinta transportadora es lo que se conoce como el hiato del calentamiento global. Se trata de observaciones que indican que, a diferencia de lo que ocurre en el resto del planeta, durante las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas las aguas de altas latitudes del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico Norte no se est&aacute;n calentando sino enfriando. La explicaci&oacute;n ser&iacute;a que la cinta transportadora se ha ralentizado, lo que tiene como consecuencia un menor transporte de calor hacia estas regiones subpolares.
    </p><p class="article-text">
        Los cambios en la intensidad de la cinta transportadora no son nuevos, ya han ocurrido en el pasado de nuestro planeta. Durante los &uacute;ltimos 2,6 millones de a&ntilde;os, desde que se expandieron las capas de hielo polar y empezaron las glaciaciones cuaternarias, la Tierra ha experimentado cambios notables en su clima, pasando de &eacute;pocas relativamente fr&iacute;as (glaciales) a &eacute;pocas m&aacute;s c&aacute;lidas (interglaciales). En su fase inicial estas glaciaciones ten&iacute;an una periodicidad de unos 40 mil a&ntilde;os pero durante los &uacute;ltimos 800 mil a&ntilde;os la periodicidad ha aumentado a unos 100 mil a&ntilde;os. El cambio de la temperatura media global del planeta entre las &eacute;pocas fr&iacute;as de un m&aacute;ximo glacial y las c&aacute;lidas de un m&aacute;ximo interglacial es de unos 4 a 7&deg;C, aunque la variaci&oacute;n localizada en las altas latitudes ha sido mucho mayor, de unos 15 a 20&deg;C. Estos cambios estuvieron asociados a modificaciones en el &iacute;mpetu de la cinta transportadora global, mucho m&aacute;s intensa en las &eacute;pocas interglaciales que durante las glaciales.
    </p><h3 class="article-text">La incertidumbre del cambio</h3><p class="article-text">
        Actualmente estamos en un m&aacute;ximo de &eacute;poca interglacial y tanto la intensidad de la cinta transportadora como la temperatura media del planeta son, de forma natural, relativamente elevadas. Sin embargo, la humanidad est&aacute; ocasionando cambios significativos en la estructura de la columna de agua &ndash; en el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico Norte las aguas superficiales se vuelven m&aacute;s c&aacute;lidas y saladas &ndash; que inevitablemente ocasionan modificaciones importantes en la intensidad de la cinta transportadora. Y lo peor es que no sabemos a ciencia cierta hacia donde nos van a llevar esos cambios. Si bien la comunidad cient&iacute;fica est&aacute; de acuerdo en que la emisi&oacute;n de gases tipo invernadero, principalmente asociado a la quema de combustibles f&oacute;siles, nos lleva hacia un calentamiento de las capas atmosf&eacute;ricas, existe una notable falta de consenso sobre cu&aacute;l ser&aacute; su efecto sobre la cinta transportadora global.
    </p><p class="article-text">
        Esto es muy importante por cuanto estamos violando de modo flagrante el m&aacute;s elemental principio de prevenci&oacute;n: no realizar aquello de lo que desconocemos las consecuencias.
    </p><h3 class="article-text">El gran experimento planetario</h3><p class="article-text">
        La humanidad est&aacute; realizando un gran experimento planetario cuyo resultado podr&iacute;a ser catastr&oacute;fico. Los cambios en la climatolog&iacute;a de algunas regiones &ndash; con las consecuencias en t&eacute;rminos de temperatura, pluviosidad y biodiversidad &ndash; podr&iacute;an ser extraordinarios. Y estos cambios podr&iacute;an ocurrir a velocidades muy altas, de modo que no nos dar&iacute;a tiempo para adaptarnos. El aumento que estamos observando en la frecuencia e intensidad de los grandes huracanes podr&iacute;a ser un ejemplo. Del mismo modo que si se tratase de una fiebre o sudoraci&oacute;n extrema para eliminar pat&oacute;genos o toxinas, los huracanes pueden interpretarse como el mecanismo que las capas bajas de la atm&oacute;sfera utilizan para eliminar el exceso de calor que all&iacute; se est&aacute; acumulando.
    </p><p class="article-text">
        Los oc&eacute;anos tambi&eacute;n tienen el segundo gran rol de cualquier sistema linf&aacute;tico: su capacidad regulatoria o inmunitaria es extraordinaria, si es necesario haciendo que el clima del planeta oscile entre estados interglaciales y glaciales. As&iacute; pues, el oc&eacute;ano tiene un sistema regulatorio de la acidez del agua (el sistema carbonato) y otro sistema para la regulaci&oacute;n de los nutrientes inorg&aacute;nicos disueltos (producci&oacute;n y remineralizaci&oacute;n de materia org&aacute;nica). Son mecanismos que, al igual que en cualquier ser vivo, permiten que el sistema funcione de un modo optimizado, independiente de si est&aacute; en un estado de reposo o ejercicio.
    </p><p class="article-text">
        La Tierra, o quiz&aacute;s mejor deber&iacute;amos llamarla Oc&eacute;ano, es muy probablemente el m&aacute;s complejo y eficiente entre todos los sistemas vivos. Como cualquier otro sistema complejo, tiene una elevada capacidad para auto-regularse. Sin embargo, no hay ninguna garant&iacute;a de que la especie humana, que no es m&aacute;s que un subsistema dentro de la complejidad planetaria, pueda adaptarse de forma similar a esos cambios clim&aacute;ticos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Este artículo está publicado el número 18 de la revista de eldiario.es: 'Cambio climático: El Planeta Atormentado'. <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monográficas</a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Luis Pelegri]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/sistema-circulatorio-tierra-peligro_1_2199628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Mar 2018 19:48:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Océanos: el sistema circulatorio de la Tierra, en peligro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente,Cambio climático]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La huella del ser humano en un planeta atormentado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/historia-planeta-atormentado_1_2201894.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8cceab4-4411-4c09-9bdb-d7f2830ecedb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para muchos, nos encontramos en el momento más peligroso de la historia de la humanidad. La renacida amenaza nuclear y el cambio climático han hecho que el llamado reloj del apocalipsis esté más cerca que nunca del temido momento</p><p class="subtitle">La huella humana en el planeta es hoy tan extensa como variada: aumenta la frecuencia y la fuerza de los huracanes, de los grandes incendios, se funden rápidamente los glaciares en el Ártico, desaparecen mares y lagos</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El ser humano bate r&eacute;cords planetarios con inusitada facilidad y rapidez. Quiz&aacute; uno de los m&aacute;s sorprendentes es el de ser la &uacute;nica especie capaz de apropiarse de aproximadamente la cuarta parte de toda la producci&oacute;n biol&oacute;gica primaria neta de la Tierra. Este es el impacto primordial y &uacute;ltimo de nuestra especie sobre el planeta. Pero no el &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Toba (Indonesia), 75.000 a&ntilde;os antes del presente: la mayor erupci&oacute;n volc&aacute;nica jam&aacute;s registrada caus&oacute; una debacle ambiental que estuvo a punto de exterminar a la especie humana. La cantidad de cenizas aportada a la atm&oacute;sfera gener&oacute; un fr&iacute;o y un descenso en la productividad primaria del planeta de tal calibre que apenas pudieron sobrevivir unas quinientas hembras reproductoras de nuestra especie, seg&uacute;n reconstrucciones demogr&aacute;ficas recientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fukushima (Jap&oacute;n), a&ntilde;o 2011: el sexto terremoto m&aacute;s potente jam&aacute;s medido golpea la costa noreste, cambia en nueve cent&iacute;metros el eje de rotaci&oacute;n de la tierra y pone a Jap&oacute;n cuatro metros m&aacute;s cerca de EE.UU. Debido a este terremoto y al sunami asociado pierden la vida m&aacute;s de 19.000 personas. Pero lo peor estaba por ocurrir. La ubicaci&oacute;n en este &aacute;rea de una central nuclear que se ve parcialmente destruida por el terremoto y el sunami provoca un episodio de contaminaci&oacute;n radiactiva sin precedentes, generando un &eacute;xodo de un cuarto de mill&oacute;n de personas y una extensa zona mar&iacute;tima y terrestre en la que la vida humana no es segura. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, se han medido 530 sieverts por hora en los restos el reactor destruido, cuando una dosis de radiaci&oacute;n de tan solo 10 sieverts es suficiente para que una persona muera a las pocas semanas.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia principal entre estas dos cat&aacute;strofes naturales es que los efectos de la segunda se amplificaron enormemente por la huella humana. Lo mismo que est&aacute; ocurriendo ahora y a escala global con el cambio clim&aacute;tico. Nos encontramos en un periodo interglaciar, un periodo donde se espera que las temperaturas suban por causas naturales. Pero a este calentamiento hay que sumar los efectos de la emisi&oacute;n a la atm&oacute;sfera de toneladas de gases con efecto invernadero, unos gases que en otras circunstancias podr&iacute;an servir para &ldquo;descongelar&rdquo; o &ldquo;templar&rdquo; la Tierra pero que en la actualidad est&aacute;n generando un sobrecalentamiento r&aacute;pido y preocupante.
    </p><p class="article-text">
        Para muchos nos encontramos en el momento m&aacute;s peligroso de la historia de la humanidad. La renacida amenaza nuclear y el cambio clim&aacute;tico han hecho que el llamado reloj del apocalipsis, ese que seg&uacute;n un comit&eacute; de expertos cient&iacute;ficos y premios nobeles nos indica cuan pr&oacute;ximos estamos de la cat&aacute;strofe final, est&eacute; m&aacute;s cerca que nunca del temido momento. Lo parad&oacute;jico es que es la propia humanidad la que est&aacute; empujando las manecillas de ese reloj, conduciendo al Planeta a unas condiciones en las cuales una de las formas de vida que no ser&aacute;n posibles es la humana. Pero la historia de un planeta atormentado por las actividades de nuestra especie comienza mucho antes de los desastres nucleares de Fukushima o Chern&oacute;bil, mucho antes de la constataci&oacute;n de que est&aacute;bamos acentuando el agujero de ozono o alterando el clima del planeta.
    </p><h3 class="article-text">El primer impacto</h3><p class="article-text">
        El primer impacto humano global en el planeta ocurri&oacute; hace unos 50.000 a&ntilde;os con la extinci&oacute;n de la megafauna del Pleistoceno. Aunque el ser humano ha estado modificando localmente el medio natural durante decenas de miles de a&ntilde;os, es con la &ldquo;revoluci&oacute;n neol&iacute;tica,&rdquo; que trajo agricultura, ganader&iacute;a y asentamientos permanentes, cuando la huella humana se hace conspicua y realmente global. Est&aacute; bien comprendido por los cient&iacute;ficos y bien asimilado por la sociedad que nuestra emisi&oacute;n de gases con efecto invernadero, especialmente el CO2 que liberamos por la quema de combustibles f&oacute;siles, est&aacute; detr&aacute;s del calentamiento global y las alteraciones clim&aacute;ticas asociadas. Pero hace ya m&aacute;s de 8000 a&ntilde;os que comenzamos a alterar el CO2 atmosf&eacute;rico y esa temprana huella global es detectable y medible. Una revisi&oacute;n reciente muestra evidencia cient&iacute;fica de r&iacute;os y lagos alterados a escala global por las actividades humanas durante los &uacute;ltimos 4000-12000 a&ntilde;os. Las alteraciones tempranas y m&aacute;s importantes en estos sistemas de agua dulce fueron de cuatro tipos: erosi&oacute;n del suelo, contaminaci&oacute;n (por ejemplo, restos de cobre, mercurio y plomo derivados de las actividades humanas se observan en lagos de Europa, Asia y Per&uacute;), introducci&oacute;n de especies ex&oacute;ticas y modificaci&oacute;n del h&aacute;bitat mediante presas y alteraciones del cauce y la cuenca.&nbsp; Todos estos impactos se acent&uacute;an notablemente a partir de las edades de bronce y acero (hace 5000-3000 a&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        Las migraciones humanas llevaban asociado ya en la prehistoria el transporte voluntario o involuntario de micro y macro-organismos y de sus formas de resistencia (semillas, esporas, huevos, prop&aacute;gulos en general). Los primeros humanos transportaban voluntariamente consigo las especies de plantas y animales que conoc&iacute;an y sab&iacute;an gestionar, pero tambi&eacute;n introduc&iacute;an en nuevas &aacute;reas geogr&aacute;ficas insectos, aves, reptiles, microbios, plantas y hongos que integraban las listas de sus principales comensales y par&aacute;sitos. Cada gran movimiento migratorio y cada campa&ntilde;a militar de conquista de nuevos territorios que tuvo lugar en los tres &uacute;ltimos milenios estuvo asociado a la movilizaci&oacute;n no solo del trigo, la alfalfa, la palmera, la cabra o el cerdo sino tambi&eacute;n de las ratas, el virus de la gripe, las chinches, las llamadas &ldquo;malas hierbas&rdquo;, las cucarachas o la lepra. Por ejemplo, existen reconstrucciones moleculares precisas que muestran la alteraci&oacute;n gen&eacute;tica de extensas poblaciones de pinos y encinas en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica como consecuencia de la expansi&oacute;n del imperio romano. Estos procesos sutiles de alteraciones o contaminaciones gen&eacute;ticas al favorecer ciertas variedades o formas se suman a los conocidos ejemplos de extinciones de flora y fauna local, particularmente en islas, por la introducci&oacute;n deliberada de gatos, cabras o cerdos o por la introducci&oacute;n inadvertida de ratas, insectos o plagas durante los &uacute;ltimos dos milenios. Como todo proceso relacionado con el cambio global, la evoluci&oacute;n temporal de estas &ldquo;invasiones biol&oacute;gicas&rdquo; ha sido exponencial. En la actualidad tenemos varios centenares de especies ex&oacute;ticas, desde cotorras argentinas hasta mosquitos tigre, acacias, mejillones cebra, cangrejos rojos, ailantos, hierbas de las pampas o tortugas de Florida, que se han establecido en miles de zonas del planeta por acci&oacute;n del hombre y que est&aacute;n afectando al buen funcionamiento de numerosos ecosistemas y causando importantes p&eacute;rdidas econ&oacute;micas e impactos en la salud humana.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, en un nuevo giro de tuerca de cambios ambientales, el ser humano est&aacute; dejando poco espacio para algunas especies hasta ahora abundantes. Las especies de aves mas comunes que durante siglos han mantenido un equilibrio con la actividad humana est&aacute;n dejando de serlo. Hay evidencia para Europa de que el gorri&oacute;n, la golondrina, el mirlo y muchas otras especies de aves que acompa&ntilde;aron al hombre en sus asentamientos rurales y urbanos durante siglos o milenios est&aacute;n perdiendo efectivos. Entre las causas de este enrarecimiento de especies se barajan dos, la contaminaci&oacute;n y la limpieza, renovaci&oacute;n y constante eliminaci&oacute;n de residuos org&aacute;nicos. As&iacute; pues, no solo las especies raras est&aacute;n en riesgo sino tambi&eacute;n muchas de las comunes. En un primer momento el ser humano desplaza a muchas especies y obliga a otras a adaptarse a su modo de vida. Despu&eacute;s las abandona o cambia de h&aacute;bitos y no queda espacio para ellas. Lo que se ha visto para las aves europeas se est&aacute; viendo tambi&eacute;n para numerosos insectos, mam&iacute;feros y plantas. De hecho, la p&eacute;rdida de biodiversidad es el l&iacute;mite planetario que hemos rebasado en mayor medida. Estos l&iacute;mites planetarios que definiera R&ouml;ckstrom y colaboradores hace m&aacute;s de una d&eacute;cada establecen valores de referencia umbrales, que, una vez sobrepasados&nbsp; hacen que el sistema se vuelva impredecible y la situaci&oacute;n irreversible.
    </p><h3 class="article-text">La revoluci&oacute;n de Jethro Tull</h3><p class="article-text">
        Al periodo que transcurre entre las primeras huellas inequ&iacute;vocas de la actividad humana en el funcionamiento del planeta y la revoluci&oacute;n industrial se denomina Paleoantropoceno. Entre la revoluci&oacute;n neol&iacute;tica, que trajo la implantaci&oacute;n de la agricultura hasta la revoluci&oacute;n industrial, el planeta ha sufrido varios momentos de expansi&oacute;n humana que han estado vinculados a la domesticaci&oacute;n de ciertas especies muy productivas o a ciertos desarrollos tecnol&oacute;gicos que han permitido un crecimiento demogr&aacute;fico m&aacute;s intenso de nuestra especie. Jethro Tull no es solo el nombre de un grupo de rock progresivo sino el de un gentleman brit&aacute;nico que con sus inventos y su actitud particip&oacute; en la revoluci&oacute;n agraria del siglo XVIII. Esta revoluci&oacute;n trajo consigo un aumento de la poblaci&oacute;n humana, al igual que ocurri&oacute; con la revoluci&oacute;n verde en pleno siglo XX. La clave en la revoluci&oacute;n verde estuvo en la reci&eacute;n adquirida capacidad de fertilizar los campos de forma extensiva y global gracias a la fijaci&oacute;n artificial del nitr&oacute;geno atmosf&eacute;rico mediante el proceso de Haber-Bosch.
    </p><p class="article-text">
        A partir de la revoluci&oacute;n industrial el impacto humano se dispara y crece de forma exponencial. Pero no ser&aacute; hasta los a&ntilde;os 50 del siglo XX que se encuentran testigos irrefutables y globales de la huella humana y se acepta por el mundo acad&eacute;mico el comienzo de una nueva era, el Antropoceno, caracterizada precisamente por esa influencia profunda del ser humano en el funcionamiento del planeta Tierra. Los numerosos ensayos con bombas at&oacute;micas que se realizaron a mediados del siglo XX dejaron una se&ntilde;al inconfundible y global (los residuos radiactivos de plutonio) que puede comprobarse en los sedimentos recientes de diversos puntos de la Tierra como la playa de Tunelboca, en la R&iacute;a de Bilbao. El Antropoceno est&aacute; repleto de t&eacute;rminos, conceptos y testimonios que, como las acumulaciones de huesos de pollo, los pl&aacute;sticos marinos, los &ldquo;tecnof&oacute;siles&rdquo; o los neominerales, permiten cuantificar, datar y monitorizar la profunda injerencia humana en los procesos naturales del planeta de una forma objetiva y referirla a unos estratos o capas geol&oacute;gicas que cualquier cient&iacute;fico presente o futuro puede analizar o estudiar.
    </p><p class="article-text">
        La huella humana en el planeta es hoy en d&iacute;a tan extensa geogr&aacute;ficamente como variada en su tipolog&iacute;a.&nbsp; El ser humano est&aacute; aumentando la frecuencia y la fuerza de los huracanes, extendiendo en m&aacute;s de un mes el periodo anual de riesgo de este tipo de eventos extremos en las zonas tropicales. Lo mismo cabe decirse de los grandes incendios como los que se han sufrido en la &uacute;ltima d&eacute;cada en Australia, California, Amazon&iacute;a, Indonesia, Chile, Portugal y Espa&ntilde;a, s&oacute;lo que en estos casos a nuestra injerencia en el clima hay que sumar nuestros cambios de uso del territorio que lo hacen mas proclive a incendios catastr&oacute;ficos. Por nuestra alteraci&oacute;n del clima no solo se funden r&aacute;pidamente los glaciares en el &aacute;rtico, los Alpes, el Kilimanjaro o los Andes sino que desaparecen mares y lagos a una velocidad sin precedentes en el registro geol&oacute;gico del planeta. La desaparici&oacute;n del lago Po&oacute;po en Bolivia, del lago Chad en Africa o del Mar de Aral en Asia se debe no solo al cambio clim&aacute;tico sino tambi&eacute;n a la sobrexplotaci&oacute;n de un recurso clave como es el agua subterr&aacute;nea. Las sequ&iacute;as intensas en el Sahel y el Africa subsahariana causan fallos masivos en la agricultura de subsistencia que practican millones de personas en estas regiones y provocan a su vez movimientos migratorios desesperados y de grandes dimensiones. La sobrexplotaci&oacute;n de recursos no solo afecta al subsuelo: nos estamos quedando sin la otrora abundant&iacute;sima sardina y mas de la mitad de todos los caladeros mundiales de todas las especies de peces de inter&eacute;s comercial han rebasado los umbrales de sobrepesca; el restante 50% est&aacute; ya en el n&uacute;mero m&aacute;ximo de capturas para mantener las poblaciones de peces o muy pr&oacute;ximos a este m&aacute;ximo.
    </p><h3 class="article-text">Del Castor al terremoto de Lorca</h3><p class="article-text">
        Con la exploraci&oacute;n del subsuelo nos quedamos sin recursos h&iacute;dricos, mineros o petrol&iacute;feros y adem&aacute;s estamos aumentando la sismicidad del planeta. La t&eacute;cnica de <em>fracking,</em> empleada para extraer con mayor avidez los combustibles f&oacute;siles del subsuelo, produce miles de temblores al a&ntilde;o solamente en Estados Unidos. En Espa&ntilde;a vivimos algo parecido con el proyecto Castor, que pretend&iacute;a almacenar gas en una sima submarina; gener&oacute; centenares de microseismos al a&ntilde;o y llego a producir un terremoto de magnitud 4 en Vinaroz. Aunque las autoridades, los pol&iacute;ticos y los responsables negaron cualquier relaci&oacute;n con el gaseoducto, la evidencia cient&iacute;fica entorno a las causas de esta sismicidad fueron incontestables y el proyecto tuvo que abandonarse y la monumental inversi&oacute;n de dinero p&uacute;blico se perdi&oacute; por la borda.
    </p><p class="article-text">
        Resulta muy interesante el caso del terremoto de Lorca, Murcia. Ocurri&oacute; en 2011 y tuvo una magnitud mayor que el de Vinaroz (5,1) pero aun as&iacute; insuficiente por si sola para explicar los grandes da&ntilde;os generados en la poblaci&oacute;n. El terremoto fue por causas naturales: la falla de Alhama sobre la que se asienta la zona tarde o temprano hubiera generado este terremoto o incluso alguno mayor. Pero el da&ntilde;o se amplific&oacute; una vez m&aacute;s por la huella del hombre. Un estudio en profundidad revel&oacute; que la extracci&oacute;n excesiva de agua en el subsuelo gener&oacute; una gran inestabilidad en el conjunto y que este colapsara de manera tr&aacute;gica ante un terremoto notable pero no devastador como el acontecido.
    </p><p class="article-text">
        La capacidad humana para afectar a los grandes ciclos de la materia ha sido siempre muy notable. Desde el momento que pudo talar &aacute;rboles con una simple hacha comenz&oacute; a interferir en el ciclo del carbono, uno de los ciclos que m&aacute;s nos preocupa en la actualidad. Mientras la tasa de fijaci&oacute;n del carbono atmosf&eacute;rico (CO2) por parte de los ecosistemas naturales se mantiene m&aacute;s o menos constante a escala geol&oacute;gica, al igual que el paso de este carbono al subsuelo mediante la fosilizaci&oacute;n de la materia org&aacute;nica, el ser humano ha alterado el ciclo acelerando la re-emisi&oacute;n a la atm&oacute;sfera del carbono que lentamente se fija en los organismos fotosint&eacute;ticos de bosques, praderas y oc&eacute;anos, y m&aacute;s lentamente a&uacute;n se almacena en el subsuelo. Esta aceleraci&oacute;n de una parte del ciclo la comenzamos a generar hace miles de a&ntilde;os con el descubrimiento del fuego y la magnificamos sobremanera en la revoluci&oacute;n industrial al comenzar a explotar el petr&oacute;leo, el carb&oacute;n y el gas que son formas muy concentradas de carbono. Lo interesante es que el ser humano influye en la funci&oacute;n de secuestro del carbono atmosf&eacute;rico que realizan los bosques tanto directamente, por gesti&oacute;n forestal, como indirectamente, por deposici&oacute;n de nitr&oacute;geno (fertilizaci&oacute;n) y cambio clim&aacute;tico. As&iacute;, el ser humano juega a aprendiz de brujo en un ciclo global complejo como el del carbono, acelerando la acumulaci&oacute;n de carbono en la atm&oacute;sfera y afectando directa e indirectamente la capacidad de ciertos ecosistemas como los bosques de volverlo a fijar, elimin&aacute;ndolo de donde m&aacute;s da&ntilde;o nos hace ahora. De momento, la injerencia m&uacute;ltiple de nuestra especie en este ciclo de la materia, injerencia que comenz&oacute; hace miles de a&ntilde;os y que en la actualidad no ha hecho sino multiplicarse, solo puede medirse y parcialmente simularse. Cada poco tiempo un nuevo estudio cient&iacute;fico revela complejas interacciones que afectan al carbono que se aporta o que se quita de la atm&oacute;sfera.
    </p><p class="article-text">
        Extrayendo f&oacute;sforo del suelo y nitr&oacute;geno del aire para hacer fertilizantes y aprovechando la energ&iacute;a basada en el carbono que se almacen&oacute; durante cientos de millones de a&ntilde;os los seres humanos estamos aumentando la productividad y acelerando ciertas partes de los ciclos de la materia y energ&iacute;a muy por encima de los niveles naturales. El ser humano bate r&eacute;cords planetarios con inusitada facilidad y rapidez. Quiz&aacute; uno de los m&aacute;s sorprendentes es el de ser la &uacute;nica especie capaz de apropiarse de aproximadamente la cuarta parte de toda la producci&oacute;n biol&oacute;gica primaria neta de la Tierra. Este es el impacto primordial y &uacute;ltimo de nuestra especie sobre el planeta. Pero no el &uacute;nico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Valladares]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/historia-planeta-atormentado_1_2201894.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Mar 2018 19:47:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La huella del ser humano en un planeta atormentado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El planeta atormentado,Medio ambiente,Ecología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La catástrofe es no hacer nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/catastrofe-hacer_129_2199867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83302a71-a92d-4fe9-a1cc-45fa0c7a142d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La economía es un potente sistema digestivo que devora, a toda velocidad, minerales, petróleo, bosques, ríos, especies y personas, y defeca gases de efecto invernadero y residuos peligrosos que envenenan la tierra, el aire o el agua</p><p class="subtitle">El cambio climático, considerado un multiplicador de amenazas, sirve de justificación para abordar las migraciones forzosas o la violencia del extractivismo, no como una cuestión de justicia, sino de seguridad</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Art&iacute;culo publicado en 'Cambio clim&aacute;tico: El Planeta Atormentado', n&uacute;mero 18 de la revista de eldiario.es.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A comienzos de los 70 se publicaba el informe Meadows sobre los l&iacute;mites al crecimiento. Han hecho falta m&aacute;s de 40 a&ntilde;os para que las &eacute;lites mundiales reconozcan, al menos en los discursos, lo que el movimiento ecologista llevaba advirtiendo desde hac&iacute;a d&eacute;cadas: de no afrontar una profunda y r&aacute;pida transformaci&oacute;n de los metabolismos econ&oacute;micos, enfrentaremos una grav&iacute;sima desestabilizaci&oacute;n global de los ecosistemas y ciclos naturales con desastrosas consecuencias sobre los territorios y la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que llamamos econom&iacute;a es un potente sistema digestivo que devora, a toda velocidad, minerales, petr&oacute;leo, bosques, r&iacute;os, especies y personas, y defeca gases de efecto invernadero y residuos peligrosos que envenenan la tierra, el aire o el agua. El edificio del capitalismo globalizado se ha construido sobre la quema acelerada de carb&oacute;n, petr&oacute;leo y gas natural desencadenando el cambio de las reglas del juego que han organizado el mundo vivo durante los &uacute;ltimos milenios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos sobrepasado el pico del petr&oacute;leo convencional, y las energ&iacute;as renovables, con tasas de retorno energ&eacute;tico mucho menores y dependientes de una extracci&oacute;n de minerales tambi&eacute;n declinante, no pueden sostener la dimensi&oacute;n material de la econom&iacute;a, sobre todo sabiendo que esos mismos materiales son tambi&eacute;n demandados para electrificar el transporte y digitalizar y robotizar la econom&iacute;a. Las reservas de minerales no dan para todo lo que se pretende hacer con ellas.
    </p><p class="article-text">
        Si adem&aacute;s miramos la p&eacute;rdida de biodiversidad &ndash; el mayor seguro de vida para adaptarse a fuertes desequilibrios &ndash;, el declive de reservas pesqueras en todo el mundo, el proceso de cementaci&oacute;n y crecimiento de las ciudades, la contaminaci&oacute;n masiva, el desorden radiactivo y la proliferaci&oacute;n de productos qu&iacute;micos, podemos concluir que nos encontramos ante una gran encrucijada. Ese gran almac&eacute;n y vertedero inagotable que algunos ve&iacute;an en la naturaleza, tiene efectivamente l&iacute;mites que ya est&aacute;n sobrepasados y, a pesar de sus promesas y discursos, ni el capital ni la tecnolog&iacute;a son capaces de reparar el da&ntilde;o que ellos mismos crearon.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque cada vez m&aacute;s personas son conscientes de que el planeta &ldquo;est&aacute; mal y hay que salvarlo&rdquo;, la repercusi&oacute;n y consecuencias de esta crisis de lo vivo sobre la vida, la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica pasan inadvertidas para la mayor&iacute;a. Pareciera que la crisis ecol&oacute;gica es una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica o de expertos, un asunto despolitizado. Pero plantar cara a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n que enfrentamos requiere afrontarla pol&iacute;ticamente y cuestionar algunas creencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo primero, es entender que no hay econom&iacute;a o sociedad sin naturaleza. La econom&iacute;a es un subsistema de la biosfera, no al rev&eacute;s. La crisis ecol&oacute;gica est&aacute; en el centro de la crisis econ&oacute;mica. Los Treinta Gloriosos que proporcionaron el llamado estado de bienestar, solo en una peque&ntilde;a parte del mundo, no se van a repetir nunca m&aacute;s. No hay energ&iacute;a ni minerales que puedan sostener materialmente un pacto neokeynesiano. Por tanto necesitamos pensar c&oacute;mo satisfacer las necesidades humanas de forma justa sin contar con bienes que ya no existen y con el cambio clim&aacute;tico en marcha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, hay que recordar que la crisis ecol&oacute;gica y el cambio clim&aacute;tico inciden con mucha m&aacute;s violencia sobre las personas m&aacute;s pobres, dentro y fuera de nuestras fronteras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la econom&iacute;a no crece se destruye y precariza el empleo, y los recortes afectan a servicios p&uacute;blicos y a necesidades b&aacute;sicas que pasan a ser atendidas en los hogares. Las familias se convierten en el sost&eacute;n material ante las crisis y dentro de ellas son mayoritariamente mujeres quienes de forma no libre terminan sosteniendo la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico y el extractivismo est&aacute;n en el origen de la expulsi&oacute;n de muchas personas de sus h&aacute;bitats, generando unos movimientos migratorios masivos que no han hecho m&aacute;s que empezar. Quienes tienen poder econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y militar se sienten con el derecho a disponer de un mayor espacio vital, aunque para ello haya que expulsar, ahogar, congelar o matar de hambre o a la poblaci&oacute;n &ldquo;sobrante&rdquo; que es estigmatizada como no empleable, antisistema, fan&aacute;tica o violenta, para poder justificar moralmente su abandono y exterminio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis ecol&oacute;gica es por tanto, parte, la m&aacute;s material si cabe, de la lucha de clases. Se trata de conflicto ecol&oacute;gico-distributivo que desvela que nos encontramos ante una tensi&oacute;n estructural entre el capital y la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, es preciso tener muy en cuenta que esta crisis no tiene una soluci&oacute;n meramente tecnol&oacute;gica. Con frecuencia, la tecnociencia controlada por el mercado se postula como la &uacute;nica capaz de resolver los problemas que ella misma ha creado. Para saber si esas soluciones son o no aceptables hay que preguntarse si pueden ser universalizadas, si van a poder alcanzar a cubrir las necesidades de las mayor&iacute;as sociales. Con la correlaci&oacute;n de poder existente es perfectamente imaginable una &ldquo;patada adelante&rdquo; que garantice los niveles de vida deseados a una parte minoritaria y privilegiada, a costa de la desposesi&oacute;n de amplios sectores de poblaci&oacute;n. La tecnolog&iacute;a es condici&oacute;n necesaria pero no suficiente. Necesitamos rearmarnos comunitariamente para resistir las promesas individualistas y adormecedoras de la tecnolatr&iacute;a e interpretar la crisis en clave de problema pol&iacute;tico. Si tenemos bienes comunes limitados y decrecientes, la &uacute;nica posibilidad de justicia es la distribuci&oacute;n equitativa en el acceso a la riqueza. Luchar contra la pobreza es luchar contra la acumulaci&oacute;n de la riqueza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuarto lugar, parece que los grandes poderes econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos no se f&iacute;an de sus propias recetas y ellos s&iacute; que se est&aacute;n moviendo y tomando medidas ante la crisis ecol&oacute;gica. En el plano econ&oacute;mico proliferan y se intensifican los tratados de libre comercio que blindan el acceso a materias primas y protegen la obtenci&oacute;n de beneficios en contra de la vida de la gente; en el plano pol&iacute;tico se legisla contra la resistencia y las alternativas autoorganizadas que pongan en riesgo las tasas de ganancia del capital o generen poder popular y descentralizado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los documentos estrat&eacute;gicos militares se&ntilde;alan que ante un futuro de creciente incertidumbre, son los ej&eacute;rcitos, con su eficacia y rapidez de actuaci&oacute;n quienes pueden constituirse como &ldquo;especialistas del caos&rdquo; y llevan ya tiempo haciendo movimientos para colocarse en posici&oacute;n de ventaja ante los conflictos. El cambio clim&aacute;tico, considerado un multiplicador de amenazas, sirve de justificaci&oacute;n para abordar las migraciones forzosas o la violencia del extractivismo, no como una cuesti&oacute;n de justicia, sino de seguridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reorganizar las sociedades para que quepamos todas, requiere un reajuste valiente, decidido y explicado del metabolismo social. La clave es aprender a vivir bien y de forma justa con menos energ&iacute;a y materiales. Delegar en quienes recortan servicios b&aacute;sicos, desahucian y degradan condiciones laborales, o confiar en quienes han hecho de la corrupci&oacute;n una forma de gobierno estructural es objetivamente in&uacute;til, pero pretender aplicar pol&iacute;ticas emancipadoras y redistributivas mediante meros retoques en un capitalismo que se pinta de verde, tambi&eacute;n lo es. Y en un marco de incertidumbre creciente, cuando quienes prometen seguridad, justicia y bienestar fracasan, lo que viene detr&aacute;s son los neo-fascismos. Ya est&aacute; pasando.
    </p><p class="article-text">
        La magnitud del desaf&iacute;o es tal, que ser&iacute;a preciso decretar un per&iacute;odo de emergencia y excepci&oacute;n para aplicar medidas urgentes que pasar&iacute;an por:
    </p><p class="article-text">
        1) Iniciar un proceso constituyente que sea la base para un cambio jur&iacute;dico e institucional que proteja los bienes comunes (agua, tierra f&eacute;rtil, energ&iacute;a, etc.), garantizando su conservaci&oacute;n y el acceso universal a los mismos mediante un control p&uacute;blico, que podr&iacute;a ir desde una verdadera regulaci&oacute;n hasta la socializaci&oacute;n (no hablamos de la mera estatalizaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        2) Reorientar la tecnociencia, de forma que la I+D+I se dirijan a resolver los problemas m&aacute;s graves y acuciantes.
    </p><p class="article-text">
        3) Establecer una estrategia de adaptaci&oacute;n y mitigaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico capaz de garantizar la necesaria reducci&oacute;n de gases de efecto invernadero y la protecci&oacute;n de las personas, otras especies y los ecosistemas.
    </p><p class="article-text">
        4) Abordar un plan de emergencia para un cambio del metabolismo econ&oacute;mico basado en el decrecimiento dr&aacute;stico de la esfera material del mismo: transformaci&oacute;n de los sistemas alimentarios (con una reducci&oacute;n dr&aacute;stica de la producci&oacute;n y consumo de prote&iacute;na animal), cambio de los modelos urbanos, de transporte y de gesti&oacute;n de residuos, relocalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y est&iacute;mulo de producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n cercanas.
    </p><p class="article-text">
        5) Dedicar recursos econ&oacute;micos y financieros para acometer las transformaciones necesarias y urgentes.
    </p><p class="article-text">
        6) Garantizar la financiaci&oacute;n de esta transformaci&oacute;n generando una banca p&uacute;blica no especulativa y centrada en posibilitar la transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        7) Establecer un sistema fiscal que sostenga servicios y sistemas de solidaridad p&uacute;blica garantizando la equidad y reparto de la riqueza.
    </p><p class="article-text">
        8) Acometer un proceso de educaci&oacute;n, sensibilizaci&oacute;n y alfabetizaci&oacute;n ecol&oacute;gica que alcance al conjunto de la poblaci&oacute;n, desde las instituciones, hasta las escuelas, los barrios y pueblos, orientado a la adopci&oacute;n del principio de suficiencia y la cooperaci&oacute;n como aprendizajes b&aacute;sicos para la supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        9) Impulsar y alentar todo tipo de iniciativas autoorganizadas y locales que pongan la resoluci&oacute;n de las necesidades en el centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este camino deber&iacute;a haber comenzado hace d&eacute;cadas pero, por el momento, la disociaci&oacute;n entre la dureza de la situaci&oacute;n y la ausencia de medidas pol&iacute;ticas es dram&aacute;tica. Por el contrario, exponer la crudeza de estos datos y exigir que sea la prioridad de las agendas pol&iacute;ticas es tildado, con frecuencia, de catastrofista. Es un error garrafal confundir la consciencia de los datos con la cat&aacute;strofe. Los datos son datos y es absurdo rebelarse contra ellos. La cat&aacute;strofe es que COP tras COP se constate que vamos al colapso y los resultados sean irrelevantes.
    </p><p class="article-text">
        La cat&aacute;strofe es no hacer nada. Nadie llama a su doctora catastrofista cuando le diagnostica un tumor. M&aacute;s bien, afronta el proceso de curaci&oacute;n, reorientando todo hacia la prioridad de conservar la vida. Eso es lo que toca ahora. Esa la tarea pol&iacute;tica m&aacute;s importante, heroica y hermosa que tenemos por delante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yayo Herrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/catastrofe-hacer_129_2199867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Mar 2018 19:46:54 +0000]]></pubDate>
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