<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcos Díez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/marcos-diez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcos Díez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1015515/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuerzas superiores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fuerzas-superiores_132_1718862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/036f7635-91b1-497f-9c0c-d32e5a00c5fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Naufragio de la galeaza Gerona. Armada Invencible. Autor: Howard Gerrard."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es más fuerte el que pelea heroico contra algo que escapa a su control sino el que lo acepta y asume su debilidad.</p></div><p class="article-text">
        Tememos a la naturaleza cuando, fuera de s&iacute;, es capaz de convertir en fr&aacute;gil lo que cre&iacute;amos s&oacute;lido: una carretera se arruga como el papel, un paseo mar&iacute;timo se deshace como si fuera de arena, una farola se retuerce y quiebra. Lo s&oacute;lido se resquebraja y sentimos, a un tiempo, terror y j&uacute;bilo. Terror porque nos asomamos a fuerzas que no podemos controlar y que son capaces de llevarse por delante todo lo que parec&iacute;a estable. J&uacute;bilo, precisamente, porque descubrimos que la estabilidad es un espejismo. Lo incontrolable es un im&aacute;n que nos atrae y repele a la vez. Nos gusta saber que hay cosas que no dependen de nosotros pero, a la vez, esa certeza nos aterroriza. Por eso nos acercamos a los acantilados los d&iacute;as de tormenta pero calculamos, al hacerlo, la distancia adecuada para poder sobrecogernos sin ser arrastrados por el oleaje.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la naturaleza se desata las personas se sienten de pronto muy peque&ntilde;as porque asumen que no tienen el control. El puente de hormig&oacute;n que soportaba el paso de veh&iacute;culos de gran tonelaje aparece partido en dos por la fuerza de un r&iacute;o que sent&iacute;amos inofensivo antes de su crecida. El rascacielos que nos parec&iacute;a inamovible se tambalea y cae cuando entran en juego fuerzas m&aacute;s grandes que la suya. Nos llevamos entonces las manos a la cabeza sorprendidos. Nos sorprendemos porque hemos olvidado que la fortaleza es solo una ilusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es la fragilidad el &uacute;nico lugar donde encontrar algo que se pueda parecer a una verdadera solidez. Por eso son m&aacute;s resistentes los &aacute;rboles que se doblan. Por eso el agua, acostumbrada a romperse tantas veces, resiste sin inmutarse el ataque de la proa de los barcos. No es m&aacute;s fuerte el que pelea heroico contra algo que escapa a su control sino el que lo acepta y asume su debilidad. No es mayor la fortaleza de quien lucha con todas sus fuerzas contra la enfermedad y la muerte sino la de quien, reconociendo su &iacute;ntimo estremecimiento, se entrega con naturalidad al zarandeo al que lo someten las fuerzas superiores de la naturaleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fuerzas-superiores_132_1718862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2019 09:17:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/036f7635-91b1-497f-9c0c-d32e5a00c5fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="336184" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/036f7635-91b1-497f-9c0c-d32e5a00c5fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="336184" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Fuerzas superiores]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/036f7635-91b1-497f-9c0c-d32e5a00c5fc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez,Naturaleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/barba_132_1673389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6873e1a-7acc-4fa8-9be6-979c4ce98a07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Perro."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que vemos está casi siempre moldeado por la intervención humana: los jardines, los ríos, los bosques, los pastos. Todo está intervenido, domesticado.</p></div><p class="article-text">
        No cepillo a mi perro. No al menos en los &uacute;ltimos tiempos. Su pelo crece y crece y se enreda y se enreda y acaba formando nudos, rastas, masas compactas en las que no puede penetrar ni el sol, ni la lluvia, ni una bala podr&iacute;a atravesarlas, ni un misil. Lo ba&ntilde;o y mis manos no pueden llegar a tocar su piel. Mi perro tiene once a&ntilde;os y me pregunto c&oacute;mo ser&iacute;a hoy si en esos once a&ntilde;os nunca le hubiera cortado el pelo, nunca lo hubiera ba&ntilde;ado o cepillado. Imagino una masa de pelo &aacute;spero, algo como una coraza, y enterrados bajo ese pelo apelmazado y sucio sus ojos tristes. Su estado natural estar&iacute;a muy alejado de su pl&aacute;cido aspecto de mascota un tanto asilvestrada.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vemos est&aacute; casi siempre moldeado por la intervenci&oacute;n humana: los jardines, los r&iacute;os, los bosques, los pastos. Todo est&aacute; intervenido, domesticado no porque domar a la naturaleza no es posible aunque tengamos la ilusi&oacute;n de que s&iacute; lo es. Es muy dif&iacute;cil mirar algo en donde no haya huellas de los seres humanos, empezando por nosotros mismos y nuestros rituales de limpieza y acicalamiento. Tal vez esa pureza solo se halle en el cielo cuando no es atravesado por las estelas de los aviones. Tal vez en las estrellas cuya luz nos llega de tan lejos.
    </p><p class="article-text">
        Miro a mi perro, su aspecto un tanto abandonado. Luego me miro en el espejo. La barba cerrada de dos semanas comienza a ocultar mi rostro. Imagino c&oacute;mo ser&iacute;a mi aspecto si nunca hubiese ido a la peluquer&iacute;a, si mi barba hubiese crecido sin que semanalmente una m&aacute;quina el&eacute;ctrica me devolviera la imagen de un hombre civilizado. Cada vez que dejo crecer mi barba me pongo un poco hosco, como si lo salvaje se adue&ntilde;ara de alguna manera de m&iacute;. Me miro y un poco me parece como si acabara de salir de una caverna y me acuerdo de Eduardo Garc&iacute;a, ese poeta estupendo, y de su poema 'Ritual': &ldquo;Esta ma&ntilde;ana me encontr&eacute; / en el espejo al hombre-lobo. / Receloso observaba mis facciones / con destellos de bosque en la mirada, / con aliento de fauces entreabiertas, / conteniendo un aullido, / vigilante&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/barba_132_1673389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Feb 2019 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c6873e1a-7acc-4fa8-9be6-979c4ce98a07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="934022" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c6873e1a-7acc-4fa8-9be6-979c4ce98a07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="934022" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Barba]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c6873e1a-7acc-4fa8-9be6-979c4ce98a07_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre lo virtual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/virtual_132_1769209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22fe0507-9cfa-40e7-9d4a-f35eb1888800_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartas de amor, 1950 Stanley Spencer (Inglaterra, 1891-1959)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo virtual, con todos sus trucos, se quiere hacer pasar por lo mejor de la vida pero no es la vida.</p></div><p class="article-text">
        Los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, con todas sus aplicaciones al servicio de la comunicaci&oacute;n, nos permiten estar conectados a todas horas con casi todo el mundo. Los sistemas de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea promueven con sus di&aacute;logos escritos inmediatos una forma de conversar que tiene algo de omnipresente y que est&aacute; atravesada casi siempre por el malentendido, la imprecisi&oacute;n y la prisa. Conversamos con otro, s&iacute;, pero el otro no est&aacute;. No lo vemos, no lo escuchamos, no sabemos qu&eacute; hace mientras habla con nosotros. Y ni siquiera tenemos la ventaja de la comunicaci&oacute;n epistolar en la que lo escrito da lugar a reflexiones hondas y de calado, a una forma de decir hermosa porque se cuida y no es precipitada. 
    </p><p class="article-text">
        La palabra escrita vale m&aacute;s cuanto m&aacute;s se piensa porque es en ese detenernos a pensar en lo que escribimos cuando se abre paso un pensamiento distinto. Por eso el arte de la correspondencia nos eleva. Las palabras que escribimos desde los teclados t&aacute;ctiles al ritmo vertiginoso de una conversaci&oacute;n hablada nos conducen, sin embargo, al desastre y la frustraci&oacute;n. Dialogar a trav&eacute;s de estas aplicaciones de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea acaba siendo casi siempre agotador. Porque cuando uno tiene verdaderamente ganas de hablar con otra persona lo virtual es siempre una carencia que nos recuerda que la otra persona no est&aacute; porque nos falta su cuerpo con sus ojos encendidos que tambi&eacute;n nos dicen cosas.
    </p><p class="article-text">
        Busca el emoticono, con sus caricaturas, suplir la ausencia de los cuerpos para hacer m&aacute;s carnal la comunicaci&oacute;n y expresar, as&iacute;, emociones que escapan al poder de la palabra. Pero es in&uacute;til porque los emoticonos (aunque palpiten, se animen y traten de incorporar todos los matices posibles) tienen esa tristeza de las marionetas, que sonr&iacute;en con sus rostros inertes. Las largas comunicaciones virtuales, cuando van m&aacute;s all&aacute; de mensajes concretos (&iquest;a qu&eacute; hora quedamos? &iquest;d&oacute;nde nos vemos?) solo sirven para recordarnos que en realidad no estamos acompa&ntilde;ados en ese momento en el que tenemos la ilusi&oacute;n de tener alguien a nuestro lado. Lo virtual es un suced&aacute;neo que nos acerca al vac&iacute;o m&aacute;s que a la plenitud. Lo virtual, con todos sus trucos, se quiere hacer pasar por lo mejor de la vida pero no es la vida. Lo virtual nos crea la ilusi&oacute;n de que bebemos pero en realidad no lo hacemos y as&iacute;, con esa simulaci&oacute;n, lo &uacute;nico que conseguimos es multiplicar la magnitud de la sed.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/virtual_132_1769209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Dec 2018 08:59:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/22fe0507-9cfa-40e7-9d4a-f35eb1888800_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="120544" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/22fe0507-9cfa-40e7-9d4a-f35eb1888800_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="120544" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Sobre lo virtual]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/22fe0507-9cfa-40e7-9d4a-f35eb1888800_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre y una cueva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/hombre-cueva_132_1788896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f696c1d4-0426-40ac-b0bc-21e2abceb798_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El cuadro &#039;Las estancias del capitán&#039; de Emilio González Sainz."></p><p class="article-text">
        Hay en Santander un hombre que vive en una cueva. No dir&eacute; d&oacute;nde, para qu&eacute;. No he entrado en esa cueva aunque ganas de hacerlo s&iacute; he tenido. Afuera de su caverna hay una mesa, unas sillas, una bombona de butano y un tendal. No conozco a ese hombre pero estoy tentado de irme a pasear por los alrededores de la gruta en la que vive a ver si me lo encuentro y me invita a entrar. Me han dicho que su cueva es alargada, que tiene una buena orientaci&oacute;n y que cuenta, incluso, con una ventana desde la que se puede ver el mar. Me lo ha dicho una persona que conoce a alguien que conoce a alguien que dice que ha estado dentro de esa cueva en una ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si ese hombre ser&aacute; feliz, si estar&aacute; loco, si ser&aacute; desdichado, si pasar&aacute; hambre, si estar&aacute; satisfecho, si tendr&aacute; fr&iacute;o, si le doler&aacute;n los huesos por la humedad. Desconozco si se despertar&aacute; en medio de la noche y le invadir&aacute; una tristeza hecha ya piedra o si le crecer&aacute; dentro la alegr&iacute;a al oler el salitre del mar y escuchar el sonido de las olas rompiendo contra los acantilados.
    </p><p class="article-text">
        Vivir con poco y en contacto con la naturaleza es una fantas&iacute;a que muchos hemos tenido en alguna ocasi&oacute;n. Leemos 'Walden' y fantaseamos con una caba&ntilde;a escondida en el bosque. Cobijo, alimento, combustible y poco m&aacute;s. Una existencia austera para alcanzar algo que se parezca a la libertad. &iquest;El hombre de la cueva es un Thoreau de Santander o s&oacute;lo una persona que no tiene un lugar digno en el que poder vivir? &iquest;Estar&aacute; s&oacute;lo o tendr&aacute; a veces compa&ntilde;&iacute;a?  Repasemos de nuevo los detalles: fuera de la cueva hay una bombona de butano, un tendal, una mesa de pl&aacute;stico y unas sillas. Unas sillas, s&iacute;, como si esperase a alguien, como si recibiera visita alguna vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/hombre-cueva_132_1788896.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Dec 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f696c1d4-0426-40ac-b0bc-21e2abceb798_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1497112" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f696c1d4-0426-40ac-b0bc-21e2abceb798_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1497112" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Un hombre y una cueva]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f696c1d4-0426-40ac-b0bc-21e2abceb798_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una historia mínima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/historia-minima_132_2747762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb768765-9984-4eb6-9cb3-579cd3dc5678_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Bahía de Santander. | MARCOS DÍEZ"></p><p class="article-text">
        Hace unas semanas me sent&eacute; en un banco junto a la bah&iacute;a. El aire estaba limpio y mi vista se deslizaba como una patinadora por un paisaje antiguo y cristalino. La luz iba cayendo. El cielo, en esas &uacute;ltimas horas de la tarde, cambiaba cada minuto y, m&aacute;s que un lienzo est&aacute;tico, era una danza de luces y colores que se enredaban entre el mar y las monta&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        En el banco de al lado una pareja, o lo que a m&iacute; me parec&iacute;a una pareja, hablaba de sus cosas. Ella crey&oacute; reconocer un velero que regresaba a casa tras volver de no sab&iacute;a d&oacute;nde pero luego se fij&oacute; bien y dijo que no, que no era ese el velero que ella conoc&iacute;a. Comenzaron a fantasear en ese momento con la posibilidad de navegar juntos. Poco despu&eacute;s sus enso&ntilde;aciones se centraron en hacer un viaje, o varios viajes, o muchos viajes. Ella propon&iacute;a lugares muy lejanos en los que &eacute;l no hab&iacute;a estado. &Eacute;l parec&iacute;a triste y era como si ella lo intentara sacar de un lugar en el que andaba sumergido. Los mir&eacute; un poco de reojo y vi que no se tocaban pero que se mov&iacute;an como si tuviesen muchas ganas de hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        La noche ca&iacute;a ya, comenzaba a hacer fr&iacute;o. Me march&eacute; de all&iacute; tiritando. Dej&eacute; a aquella pareja, o lo que a m&iacute; me parec&iacute;a una pareja, mientras la oscuridad los envolv&iacute;a y yo me preguntaba qu&eacute; ser&iacute;a de esa historia &iacute;ntima, m&iacute;nima, a la que me hab&iacute;a asomado igual que un poliz&oacute;n; una peque&ntilde;a historia, invisible e insignificante para el mundo pero grande para las dos personas que la protagonizaban.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/historia-minima_132_2747762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Oct 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eb768765-9984-4eb6-9cb3-579cd3dc5678_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2950754" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eb768765-9984-4eb6-9cb3-579cd3dc5678_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2950754" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Una historia mínima]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eb768765-9984-4eb6-9cb3-579cd3dc5678_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tirachinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tirachinas_132_1891398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b64ef334-d513-43fd-b877-5b05425a12c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Niño con tirachinas."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La memoria es un laberinto, un vertedero, un álbum, una biblioteca desordenada con las páginas de sus libros un tanto emborronadas, un lugar donde se entremezclan la realidad y la ficción.</p></div><p class="article-text">
        Hasta los siete a&ntilde;os crec&iacute; en el barrio de Castilla Hermida, junto a la antigua lonja de pescado, y fui al colegio del Barrio Pesquero. El patio del recreo era la calle y, tambi&eacute;n, una nave portuaria en la que se almacenaban gigantescas monta&ntilde;as de piedras que ten&iacute;an cristales incrustados que brillaban como tesoros muy peque&ntilde;os cuando las acariciaba la luz del sol. El timbre que anunciaba que hab&iacute;a que regresar a clase era el pu&ntilde;o del maestro golpeando una puerta met&aacute;lica. No s&eacute; si alguien nos vigilaba mientras, entre clase y clase, jug&aacute;bamos con los minerales como el que juega con la arena de la playa.
    </p><p class="article-text">
        La memoria de la primera infancia es, al menos en mi caso, un tanto d&eacute;bil. Pero la memoria funciona un poco como esas mu&ntilde;ecas rusas que, si las abres, encuentras una nueva mu&ntilde;eca m&aacute;s peque&ntilde;a en su interior. Fijas tu mente en un recuerdo y, si logras sostener esa atenci&oacute;n en un acontecimiento, es f&aacute;cil que acabe apareciendo en ese recuerdo una trampilla que nos lleva a un acontecimiento distinto de nuestro pasado que descansa, sin que nosotros lo sepamos, enterrado en alg&uacute;n lugar de la memoria. Trampilla a trampilla vamos accediendo a una compleja galer&iacute;a llena de recovecos, simas, grandes cavidades con estalactitas, r&iacute;os subterr&aacute;neos, espacios oscuros o sin ventilar. 
    </p><p class="article-text">
        Si pienso en el colegio del Barrio Pesquero aparece en mi mente, por ejemplo, c&oacute;mo era el aula, o que un d&iacute;a aguard&eacute; impaciente a que acabaran las clases porque mi madre me hab&iacute;a prometido comprarme un tirachinas. Tengo una impresi&oacute;n v&iacute;vida de aquella impaciencia dentro de m&iacute;. Recuerdo el tirachinas, el deseo de poseer aquel tirachinas, pero no lo que hice con &eacute;l. Supongo que la sociedad de consumo funciona por eso. Porque un ni&ntilde;o de cinco a&ntilde;os puede desear tener algo que no necesita y recordar ese deseo casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La memoria es un laberinto, un vertedero, un &aacute;lbum, una biblioteca desordenada con las p&aacute;ginas de sus libros un tanto emborronadas, un lugar donde se entremezclan la realidad y la ficci&oacute;n. De la memoria tiramos porque en ella descansa nuestra experiencia, nuestra biograf&iacute;a,  y porque en ella encontramos las piezas, los retales, de nuestra identidad. Una identidad que vamos cosiendo poco a poco, narraci&oacute;n a narraci&oacute;n. Se va as&iacute; construyendo el relato de nuestra vida. Pero es una construcci&oacute;n en la que, casi siempre, nos hacemos trampas para que ese relato que nos contamos de nosotros mismos nos complazca. Basta una mirada un poco objetiva sobre nuestro pasado para que ese relato salte a veces por los aires. A la memoria se vuelve como vuelve el salm&oacute;n a las aguas cristalinas en las que aprendi&oacute; a nadar: con esfuerzo. Remontar el cauce de lo vivido es fatigoso, no es como ponerte a ver la amable pel&iacute;cula de tu vida en un televisor. Recordar es adentrarse en un laberinto que tiene la extensi&oacute;n de nuestra vida. Recordar, a partes iguales, ilumina y duele porque es la memoria un lugar complejo en el que cualquier persona puede perderse y encontrarse a la vez. 
    </p><p class="article-text">
        Si pienso de nuevo en el tirachinas que me compr&oacute; mi madre en un quiosco, hallo una trampilla que me conduce a otro tirachinas distinto construido por mi padre con madera y goma sacada de la c&aacute;mara de un viejo neum&aacute;tico de autom&oacute;vil. Era un tirachinas del que las piedras sal&iacute;an con violencia. Jugaba con &eacute;l en un pueblo en el norte de Palencia. Y, ay, recuerdo de pronto con nitidez lo que hice un d&iacute;a con ese tirachinas y con unos peque&ntilde;os rodamientos met&aacute;licos que utilic&eacute; como munici&oacute;n. Ay, ay, ay. Mejor no lo voy a contar aqu&iacute; porque ese recuerdo al que me acabo de asomar ya no me gusta tanto. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/tirachinas_132_1891398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Oct 2018 08:36:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b64ef334-d513-43fd-b877-5b05425a12c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="77298" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b64ef334-d513-43fd-b877-5b05425a12c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="77298" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Tirachinas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b64ef334-d513-43fd-b877-5b05425a12c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura y salvación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/literatura-salvacion_132_1927204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c98cf7cd-660c-4738-b9e4-595b69971f20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma de &#039;La historia interminable&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se puede vivir siempre dentro de la literatura pero la literatura ayuda a desbrozar los caminos de la vida que están enmarañados.</p></div><p class="article-text">
        Si se abre ligeramente un libro y se coloca con el lomo mirando hacia el cielo se crea, en ese momento, algo como una tienda de campa&ntilde;a. Quiz&aacute; por eso, por complicada que sea la situaci&oacute;n en la que me encuentre, hallo siempre una guarida en la literatura.  Es la literatura un lugar parecido a la vida pero que no es exactamente la vida. All&iacute; uno coge fuerzas, perspectiva, visi&oacute;n, para arrojarse a vivir de nuevo otra vez con m&aacute;s arrojo, con m&aacute;s inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        No se puede vivir siempre dentro de la literatura pero la literatura ayuda a desbrozar los caminos de la vida que est&aacute;n enmara&ntilde;ados. Escribir cura y salva. Leer, cura y salva m&aacute;s todav&iacute;a. Muchos escritores realizan afirmaciones parecidas, es casi un mantra que se repite. La literatura me ha salvado. La literatura me ha salvado. La literatura me ha salvado. De tanto repetirse puede parecer una frase hecha. Pero no.
    </p><p class="article-text">
        Carmen Mart&iacute;n Gaite dijo: &ldquo;De todos los trances amargos que he pasado en la vida, siempre me ha salvado la palabra. La literatura nos salva la vida&rdquo;. La escritora rumana Herta M&uuml;ller, Premio Nobel,  afirm&oacute;: &ldquo;La literatura me ha salvado de m&iacute; misma y quiz&aacute; del miedo&rdquo;. La poeta uruguaya Piedad Bonnet  asegura: &ldquo;La poes&iacute;a me ha salvado la vida&rdquo; (y lo dice ella que vive con el suicidio de su hijo a cuestas). El autor portugu&eacute;s Ant&oacute;nio Lobo Antunes escribi&oacute;: &ldquo;La literatura me ha salvado de la idea del suicidio que tanto me ronda. Yo lo he volcado todo en las palabras&rdquo;.  El poeta Jes&uacute;s Montiel explica: &ldquo;La escritura para m&iacute; es un puente que me ha salvado. Desde ni&ntilde;o he sido muy introvertido. La escritura me ha salvado de ese aislamiento. Es una extremidad con la que llego a los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; explicar bien c&oacute;mo la literatura me salva pero s&eacute; que lo hace. De peque&ntilde;o, como tantos ni&ntilde;os de mi generaci&oacute;n, me escond&iacute; muchas veces debajo de una manta, acompa&ntilde;ado por una linterna y una manzana, a leer 'La historia interminable'. Creo que no he dejado de hacerlo nunca: cada vez que abro un libro, de alguna manera, me echo una manta encima. Cada vez que escribo me siento adentro de algo que, por muy desnudo que yo est&eacute;, me da cobijo. Da igual que me encuentre en un bar, en una playa, en el banco de una plaza concurrida o en medio de un conflicto personal. La literatura, s&iacute; o s&iacute;, me pone a cubierto de las cosas. Dentro de la literatura hallo, s&iacute; o s&iacute;,  luz y alimento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/literatura-salvacion_132_1927204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Sep 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c98cf7cd-660c-4738-b9e4-595b69971f20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="62041" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c98cf7cd-660c-4738-b9e4-595b69971f20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="62041" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Literatura y salvación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c98cf7cd-660c-4738-b9e4-595b69971f20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la espera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/espera_132_1976597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e9c9d0a-a246-4c2f-9df9-023842eb9357_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;El pescador&#039;, de Emilio González Sainz."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Parece que las fechas que señalamos quedan unidas a nosotros con una cinta elástica, no permanecen estáticas sino que, misteriosamente, se alejan o se acercan.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n no le ha ocurrido alguna vez? Nos ponen una fecha o la ponemos nosotros. Cogemos entonces el calendario y se rodea con un bol&iacute;grafo, cuidadosamente, ese d&iacute;a, como para que no se escape. A partir de ese momento se espera con urgencia, si la fecha es deseada, o con inquietud, si el momento que hemos marcado est&aacute; rodeado de incertidumbres, a que ese d&iacute;a llegue. Parece que las fechas que se&ntilde;alamos quedan unidas a nosotros con una cinta el&aacute;stica, no permanecen est&aacute;ticas sino que,&nbsp; misteriosamente, se alejan o se acercan. En unas ocasiones parece que las podemos tocar casi con la punta de los dedos, en otras nos parece que no llegaremos nunca a alcanzarlas. Es como si al marcar la fecha en el calendario at&aacute;ramos la fecha a un anzuelo y lo lanz&aacute;semos al mar, desde ese instante nos sentimos unidos por un fino sedal, casi invisible, a lo que enganchado a ese anzuelo nos espera. La ca&ntilde;a, desde ese momento, est&aacute; viva y nos dice cosas de lo que aguardamos, bien porque se tensa o vibra, bien porque no se percibe nada tirando del sedal en el lado que no vemos.
    </p><p class="article-text">
        De cuando en cuando uno va al calendario y mira ese d&iacute;a que ha se&ntilde;alado, como si al mirarlo ese c&iacute;rculo que lo rodea se convirtiera en una mirilla por la que pudi&eacute;ramos asomarnos a lo que va a pasar. Hay personas que mientras esperan tachan, como si fuesen presos, los d&iacute;as que ya han vivido. Quiz&aacute;s porque la espera se vive a veces como una condena. Se tachan los d&iacute;as que van pasando y el tiempo que a&uacute;n tenemos que esperar parece, con ese efecto &oacute;ptico, algo m&aacute;s liviano.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los d&iacute;as se suceden. Porque vivir es, inevitablemente, eso que pasa mientras esperamos que algo ocurra. En cualquier caso, esperar no es un vac&iacute;o. Las esperas pueden estar llenas de sentido y uno las alimenta como el que da de comer a un animal muy peque&ntilde;o que acaricia secretamente. Algunas de las cosas mejores requieren de paciencia para que germinen y echen ra&iacute;ces de formas que, durante un tiempo, nos parecer&aacute;n imperceptibles. A veces esperar es dar permiso a las cosas para que sucedan. Es dif&iacute;cil cultivar el arte de la espera en los tiempos de la inmediatez y de la urgencia. A las urgencias uno se arroja o cae en ellas, por lo inmediato uno se deja arrastrar. Las esperas, en cambio, se cultivan. El arte de la espera implica una elecci&oacute;n, un querer ir, una decisi&oacute;n de aguardar con paciencia, como los buenos pescadores, sabiendo que no hay ninguna garant&iacute;a de que, al otro lado, algo o alguien nos espere. Ni siquiera nosotros mismos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/espera_132_1976597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Aug 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1e9c9d0a-a246-4c2f-9df9-023842eb9357_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="295293" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1e9c9d0a-a246-4c2f-9df9-023842eb9357_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="295293" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Sobre la espera]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1e9c9d0a-a246-4c2f-9df9-023842eb9357_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez,Calendario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rabia y miel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/rabia-miel_132_2035651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7de98354-d624-48e8-bacb-723721971887_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Camarón durante una de sus actuaciones."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con toda seguridad me gustan las cosas resquebrajadas porque son un espejo más fiel de lo que soy. Y es por ello que las cosas imperfectas me conmueven.</p></div><p class="article-text">
        Me atraen las voces rotas, las que se quiebran. Musicalmente prefiero a Camar&oacute;n, rabia y miel, que la perfecci&oacute;n vocal del cantante m&aacute;s perfecto. No tengo claro por qu&eacute; me atraen con tanta fuerza los cantos &aacute;speros, rasgados. Voces como caminos sin asfaltar, voces como la corteza rugosa de los &aacute;rboles, voces como torrentes turbios.
    </p><p class="article-text">
        No me pasa s&oacute;lo con la m&uacute;sica. Prefiero un jard&iacute;n ligeramente abandonado, donde asoman zarzas y plantas que crecen sin permiso, que un c&eacute;sped impoluto. Prefiero un coche usado, ya sucio y un poco abollado, que uno nuevo. Prefiero un personaje literario a veces miserable y a veces bondadoso que uno que sea &uacute;nicamente bondadoso. Prefiero la madera desgastada a la que brilla tras una capa reluciente de barniz. Prefiero las camisetas que ya se han amoldado al cuerpo que las reci&eacute;n estrenadas. Prefiero las canas al pelo te&ntilde;ido. Prefiero la arruga al maquillaje. Me hipnotizan m&aacute;s las manos duras de un labrador que las u&ntilde;as impecables de un oficinista.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; me genera rechazo aquello que m&aacute;s reluce, aquello que m&aacute;s se acerca a lo perfecto, y me atraen los ara&ntilde;azos, las fisuras, las cicatrices, el cuerpo sin adornos? Quiz&aacute;s porque nunca he visto verdad en la pureza. Las sombras dan sentido a la luz, lo llenan todo de matices. No es casualidad que el amanecer y el anochecer, all&iacute; donde lo claro y lo oscuro se abrazan, sean los momentos m&aacute;s hermosos de un d&iacute;a. Un lugar en el que s&oacute;lo exista la pura luz tiene que ser, adem&aacute;s de irreal, insoportable, como esos d&iacute;as de agosto a las dos de la tarde con el sol aplast&aacute;ndolo todo. Con toda seguridad me gustan las cosas resquebrajadas porque son un espejo m&aacute;s fiel de lo que soy. Y es por ello que las cosas imperfectas me conmueven.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/rabia-miel_132_2035651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jul 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7de98354-d624-48e8-bacb-723721971887_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="785235" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7de98354-d624-48e8-bacb-723721971887_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="785235" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Rabia y miel]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7de98354-d624-48e8-bacb-723721971887_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez,Camarón de la Isla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre el sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sueno_132_2047961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c2eb3f5-e9cf-4e96-953e-41b4613f558a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;El sueño de Jacob&#039;, por José de Ribera."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es extraño el sueño porque acabamos deseando ir a un lugar en el que, durante un tiempo, no somos nada.</p></div><p class="article-text">
        A veces, no muchas veces, me despierto y no s&eacute; d&oacute;nde estoy ni qu&eacute; d&iacute;a es. Durante unos segundos mi mente se encuentra como suspendida en un lugar indeterminado, en un tiempo impreciso. &iquest;Es esta mi cama? &iquest;Es lunes o s&aacute;bado? &iquest;Qu&eacute; tengo que hacer? &iquest;Qui&eacute;n soy yo? Es como cuando arrancas el ordenador y se queda un rato procesando la informaci&oacute;n antes de que el fondo de escritorio aparezca n&iacute;tido y reconocible ante nuestros ojos.
    </p><p class="article-text">
        A veces, no muchas veces, me despierto pero no estoy despierto del todo y durante unos segundos se funden la realidad y el sue&ntilde;o y no soy muy capaz de distinguir lo uno de lo otro. Algo parecido a cuando en una desembocadura se entremezclan el agua dulce y la salada en un torbellino confuso. Y como no s&eacute; qu&eacute; es real y qu&eacute; enso&ntilde;aci&oacute;n no tengo claro si quiero entrar de nuevo en el sue&ntilde;o o escapar de &eacute;l de forma definitiva.
    </p><p class="article-text">
        A veces, no muchas veces, mi cuerpo se ha movido estando yo dormido, se ha puesto en pie y ha dicho cosas que luego he sido incapaz de recordar. En una ocasi&oacute;n, en cambio, no pude mover mi cuerpo estando yo despierto: mis p&aacute;rpados no obedec&iacute;an las &oacute;rdenes que enviaba mi cerebro, tampoco mis extremidades, que estaban quietas pese a que yo no quer&iacute;a. Sufr&iacute;, al parecer, algo que se denomina par&aacute;lisis del sue&ntilde;o. No pod&iacute;a moverme pero s&iacute; sentir la angustia creciendo dentro de m&iacute; como una enredadera.
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o es una de las cosas m&aacute;s extra&ntilde;as de la vida, porque nos abandonamos confiados a &eacute;l todas las noches, dejando nuestro cuerpo indefenso tendido en una cama, y regresamos sin saber muy bien qu&eacute; ha sucedido. Es extra&ntilde;o el sue&ntilde;o porque acabamos deseando ir a un lugar en el que, durante un tiempo, no somos nada. Qu&eacute; misterio cerrar los ojos y apagar por unas horas la conciencia. Qu&eacute; alivio dejar, una y otra noche, de ser. Qu&eacute; ensayo cotidiano para entender la muerte. Sue&ntilde;o: pausa, necesario descanso. Pero quiz&aacute;, como escribi&oacute; Borges, mucho m&aacute;s que eso: &ldquo;Si el sue&ntilde;o fuera (como dicen) una / tregua, un puro reposo de la mente,/ &iquest;por qu&eacute;, si te despiertan bruscamente, / sientes que te han robado una fortuna? / &iquest;Por qu&eacute; es tan triste madrugar?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sueno_132_2047961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Jun 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1c2eb3f5-e9cf-4e96-953e-41b4613f558a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="227280" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1c2eb3f5-e9cf-4e96-953e-41b4613f558a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="227280" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Sobre el sueño]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1c2eb3f5-e9cf-4e96-953e-41b4613f558a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hospitales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/hospitales_132_2102316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd0147b3-e767-43a9-889e-491acbd5a4d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cuadro titulado &#039;Baño de luz&#039;, obra de José Seijo Rubio en 1923."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la muerte y la enfermedad estuvieran más asumidas a nivel público no trataríamos a los hospitales como un lugar de desgracia sino como un lugar donde las desgracias, muchas veces, se evitan o se alivian.</p></div><p class="article-text">
        Me gustan los hospitales. Me gustan los quir&oacute;fanos y las anestesias y las transfusiones de sangre y los trasplantes y las operaciones de rodilla. Me gustan las batas blanqu&iacute;simas y los pasillos que parecen no tener un final y las salas de urgencia. Me gustan las personas que se dedican a la medicina y me gustan los f&aacute;rmacos. No deseo que me ingresen en un hospital pero deseo tener un hospital cerca cuando me pase algo, aunque s&eacute; bien que a veces tener un hospital cerca no sirve de nada. A mi hermana se le rompi&oacute; una vena dentro de la cabeza en la misma puerta de Valdecilla y de poco sirvieron las camillas y la unidad de cuidados intensivos. Los hospitales no son una garant&iacute;a, son lugares imperfectos donde las cosas se intentan y los desenlaces fatales, muchas veces, se frenan o retrasan. Lugares donde el dolor, si es posible, se calma. Pero no siempre.
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien dice que no le gustan los hospitales entiendo que, en realidad, lo que quiere decir es que no les gusta la enfermedad. A m&iacute; tampoco me gustan las enfermedades ni los accidentes pero s&iacute; me gustan los hospitales, me gustan con sus aciertos y sus errores porque s&eacute; que es imposible que no los haya, porque entiendo que tiene que ser complicado tomar decisiones que pueden ayudar o no a los otros, porque comprendo que asumir ese riesgo de intentar curar implica la posibilidad de no saber hacerlo y de equivocarse, porque hay que tener cierto coraje para hacer eso durante treinta o cuarenta a&ntilde;os casi a diario y escuchar, despu&eacute;s, los reproches cuando no fue posible ayudar. Hay m&eacute;dicos malos y desagradables, claro que s&iacute;. Pero hasta los malos nos salvan muchas veces.
    </p><p class="article-text">
        Me gustan los hospitales con todas sus limitaciones, porque no todo tiene arreglo y ocurre que las personas, qu&eacute; sorpresa, resulta que al final se mueren. La vida tiene estas cosas y los cuerpos sus l&iacute;mites. Si la muerte y la enfermedad estuvieran m&aacute;s asumidas a nivel p&uacute;blico no tratar&iacute;amos a los hospitales como un lugar de desgracia sino como un lugar donde las desgracias, muchas veces, se evitan o se alivian. No los ver&iacute;amos entonces como lugares peligrosos o sospechosos o desagradables o de los que desconfiar sino como espacios en los que pasan cosas que se parecen mucho a eso que otros llaman milagros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/hospitales_132_2102316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 May 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dd0147b3-e767-43a9-889e-491acbd5a4d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="239766" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dd0147b3-e767-43a9-889e-491acbd5a4d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="239766" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Hospitales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dd0147b3-e767-43a9-889e-491acbd5a4d0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Hospitales,Enfermedades,Muerte,Salud,Sanidad,Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Secretos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/secretos_132_2148733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83ce81d8-e2eb-4d0c-8359-a109b1e90897_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;Secretos&#039;, ilustración de Inma Vínez."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El secreto es un espacio para la exploración y la libertad, el lugar suceden las cosas que no podrían ser de otra manera.</p></div><p class="article-text">
        La transparencia es, en estos tiempos que corren, una exigencia. Hay que mostrar todo lo que hay porque se presupone que nada bueno se puede ocultar tras un secreto. Debemos ser cristalinos, di&aacute;fanos, sin rincones oscuros, sin penumbras, sin sombras, sin misterios.
    </p><p class="article-text">
        Tras la demanda de transparencia lo que hay es siempre una falta de confianza. El que conf&iacute;a no necesita que todo se le muestre. Nuestra sociedad no conf&iacute;a y por eso demandamos una necesaria transparencia en la gesti&oacute;n p&uacute;blica. Nadie se f&iacute;a de nadie y como consecuencia no permitimos que nada se oculte. Y con raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito privado, en cambio, las cosas debieran ser distintas. Ante tanta transparencia conviene reivindicar el secreto como una herramienta para que, sin el peso del juicio de los dem&aacute;s, el yo se expanda libremente. El secreto es un espacio para la exploraci&oacute;n y la libertad, el lugar suceden las cosas que no podr&iacute;an ser de otra manera. El secreto es ra&iacute;z para la creaci&oacute;n art&iacute;stica. La sombra lo llena todo de matices y da sentido a la luz. Los secretos son necesarios, imprescindibles. Secretos de acci&oacute;n unas veces, casi siempre de pensamiento. Secretos que no se cuentan a nadie. Secretos que nos cuentan y que guardamos con cuidado porque dos personas que comparten un secreto acaban unidas por un v&iacute;nculo exclusivo y verdadero. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie se puede mostrar totalmente ante todo el mundo. Hay que reivindicar, como dicen los epic&uacute;reos, el derecho a vivir ocultos, a no decir todo lo que pensamos, a reservarnos nuestra opini&oacute;n, a no explicar todo lo que hacemos. No se puede saber todo de alguien. El otro siempre oculta cosas. Da igual que el otro sea madre, hija, pareja o amigo.  Menos mal. Qu&eacute; aburrimiento si no fuera as&iacute;. Todo el mundo tiene secretos, hasta los que dicen que no los tienen. Yo tengo los m&iacute;os. Pero no los voy a contar aqu&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/secretos_132_2148733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 May 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/83ce81d8-e2eb-4d0c-8359-a109b1e90897_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="638466" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/83ce81d8-e2eb-4d0c-8359-a109b1e90897_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="638466" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Secretos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/83ce81d8-e2eb-4d0c-8359-a109b1e90897_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los inagotables]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/inagotables_132_2174719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c426f68-5cda-4962-b923-69abd77502cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Michel de Montaigne."></p><p class="article-text">
        Hay libros que se agotan, la mayor&iacute;a, y hay un pu&ntilde;ado de libros inagotables. La Biblia es, quiz&aacute;s, el mejor ejemplo de los segundos porque no se acaba nunca. A m&iacute; no se me agotan algunos libros de poemas porque vuelvo a ellos una vez y otra como el que camina por un bosque que ya conoce pero que nunca es exactamente el mismo. Cuando Mario Camus, cineasta y gran lector, tuvo que desprenderse de parte de su biblioteca eligi&oacute; quedarse s&oacute;lo con los ejemplares de poes&iacute;a, quiz&aacute;s porque el poema est&aacute; a medio camino entre la literatura y la canci&oacute;n, quiz&aacute; porque el poema tiene una m&uacute;sica que invita a ser escuchada, una m&uacute;sica que cada vez que se escucha suena mejor. O tal vez porque ocupan menos, todo puede ser.
    </p><p class="article-text">
        Al margen de la poes&iacute;a hay en mi vida una serie de libros que son como una cantimplora que siempre tiene algo fresco que ofrecerme, un buen sorbo que llevarme a la boca. Pienso, sobre todo, en el 'Libro del desasosiego' de Pessoa, que me acompa&ntilde;a desde hace m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os. Un libro que tolera como pocos la repetici&oacute;n y que siempre, como las grandes personas, tiene algo que ofrecerme cuando regreso a &eacute;l. Por eso vuelvo.
    </p><p class="article-text">
        Estoy en las &uacute;ltimas semanas de celebraci&oacute;n porque a este escaso pu&ntilde;ado de libros inagotables se ha unido un nuevo ejemplar. Hab&iacute;a o&iacute;do hablar de &eacute;l como el que oye hablar de un animal mitol&oacute;gico. He tardado mucho en dejarlo entrar en mi casa pero creo que ya nunca saldr&aacute; de ella. Me refiero a 'Los ensayos' de Montaigne, un libro de esos que te llevan a estar permanentemente enamorado, un libro que, aunque lo lea a lo largo de los pr&oacute;ximos cuarenta a&ntilde;os, no lo terminar&eacute; nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/inagotables_132_2174719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Apr 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2c426f68-5cda-4962-b923-69abd77502cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="526994" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2c426f68-5cda-4962-b923-69abd77502cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="526994" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Los inagotables]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2c426f68-5cda-4962-b923-69abd77502cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[In šāʾ Allāh]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/in-sa-allah_132_2188273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76374033-c056-4ee6-abd1-ca593b818f71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cuadro de Emilio González Sáinz, titulado &#039;El lunático&#039;."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los seres humanos llevamos miles de años dejando flotar en el aire esas palabras que, en un idioma u otro, manifiestan el íntimo deseo de que algo, sobre todo algo que vemos difícilmente realizable, se llegue a producir.</p></div><p class="article-text">
        Una vecina a la que le falta una d&eacute;cada para cumplir un siglo se despide de m&iacute; siempre que nos vemos de la misma manera. Hasta ma&ntilde;ana, digo yo. Si dios quiere, dice ella. Y si no quiere tambi&eacute;n, le suelo replicar. Ella me mira como si no tuviese ni idea de nada y creo que tiene raz&oacute;n. Porque tras su &ldquo;si dios quiere&rdquo; lo que hay no es un dejar en manos de la divinidad el futuro sino el reconocimiento de que lo que pasar&aacute; ma&ntilde;ana es algo que no depende s&oacute;lo de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si dios quiere&rdquo; expresa el deseo de que algo suceda y la aceptaci&oacute;n de que el hecho de que suceda escapa de alguna manera a nuestro control.&nbsp; Mi &ldquo;y si no quiere tambi&eacute;n&rdquo; lo que refleja es una soberbia y una ingenuidad porque lo cierto es que yo no puedo decidir del todo ver a mi vecina ma&ntilde;ana y por eso conviene dejar en el aire, como hace ella, ese deseo de que nos veamos y no dar por sentado que ese encuentro llegar&aacute; a producirse.
    </p><p class="article-text">
        Al deseo de querer ir a alg&uacute;n sitio le tienen que acompa&ntilde;ar, para que el deseo se cumpla, la voluntad y las acciones. Pero el deseo, la voluntad y las acciones no son todopoderosas, siempre hay algo que se nos escapa: otros deseos que entran en colisi&oacute;n con los nuestros o el propio azar.
    </p><p class="article-text">
        Mi vecina acompa&ntilde;a un deseo tan sencillo, como es verme al d&iacute;a siguiente, con un &ldquo;si dios quiere&rdquo; porque es una manera de decir &ldquo;ojal&aacute;&rdquo;, porque es una manera de decir que al d&iacute;a siguiente quiere estar viva y que yo lo est&eacute; y que nos encontremos y podamos charlar un rato sentados en el banco que hay en la puerta de su casa. Dice &ldquo;si dios quiere&rdquo; porque la experiencia le ha dicho que existe la posibilidad de que algo tan sencillo como ese encuentro no llegue a producirse. Cuanto m&aacute;s dif&iacute;cil es que un deseo se cumpla m&aacute;s f&aacute;cil es que digamos &ldquo;ojal&aacute;&rdquo;. Mi vecina dice que nos veremos ma&ntilde;ana &ldquo;si dios quiere&rdquo; porque tiene casi noventa a&ntilde;os y ve cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil que eso suceda. Yo, a mis cuarenta y uno, doy ingenuamente por sentado que nos vamos a ver y no suplico a nadie por eso. A partir de ahora, cada vez que mi vecina me diga que nos veremos &ldquo;si dios quiere&rdquo;, yo le responder&eacute; con un &ldquo;ojal&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Busco el origen de la palabra &ldquo;Ojal&aacute;&rdquo; y encuentro sus ra&iacute;ces &aacute;rabes: &ldquo;In &scaron;&#257;&#702; All&#257;h&rdquo;. Los seres humanos llevamos miles de a&ntilde;os dejando flotar en el aire esas palabras que, en un idioma u otro, manifiestan el &iacute;ntimo deseo de que algo, sobre todo algo que vemos dif&iacute;cilmente realizable, se llegue a producir. &ldquo;Ojal&aacute;&rdquo; o&nbsp; &ldquo;In &scaron;&#257;&#702; All&#257;h&rdquo; o &ldquo;Si dios quiere&rdquo; encierran un ruego, un rezo misterioso con o sin divinidad, una s&uacute;plica para que todo lo que no depende de nosotros avance en la misma direcci&oacute;n que nuestros deseos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/in-sa-allah_132_2188273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Apr 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/76374033-c056-4ee6-abd1-ca593b818f71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="175683" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/76374033-c056-4ee6-abd1-ca593b818f71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="175683" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[In šāʾ Allāh]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/76374033-c056-4ee6-abd1-ca593b818f71_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agujeros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/agujeros_132_2199820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70eb8c75-e8ed-4a1d-a8aa-8fe939007b47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;El caminante sobre el mar de nubes&#039; (1818). | Caspar David Friedrich"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vuelvo siempre a mirar, más pronto que tarde, esos vacíos. Los miro porque sé que soy también todo lo que me falta.</p></div><p class="article-text">
        La vida est&aacute; llena de agujeros, se abren ante nosotros como venidos de la nada y muchos est&aacute;n llenos de nada tambi&eacute;n. Caemos en ellos o los andamos bordeando como el que camina por el filo de un acantilado y se mueve temeroso, con miedo a que todo se precipite hacia no sabe d&oacute;nde. Un agujero puede esconder, como un pozo, &uacute;nicamente oscuridad. Pero tambi&eacute;n puede conducirnos, como un t&uacute;nel, hacia un nuevo paisaje, hacia una luz distinta. &iquest;C&oacute;mo distinguir unos de otros?
    </p><p class="article-text">
        Los agujeros aparecen de repente o se van haciendo poco a poco sin que nos demos cuenta. En ocasiones los cavamos nosotros de espaldas a nosotros mismos. Otras veces los agujeros se van horadando lentamente empujados por la erosi&oacute;n de los d&iacute;as, de las ilusiones, de los cuerpos, de los afectos. Sea como sea, el caso es que donde algo era s&oacute;lido se abre de pronto una grieta y dentro de la grieta hay un vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Rara es la vida que no se encuentra taladrada como un queso gruyer. Al fin y al cabo, vivir es ir perdiendo cosas. Porque, en realidad, dentro de cada agujero lo que hay es una p&eacute;rdida. &iquest;Qu&eacute; se pierde? Se pierde lo que se tiene: una amistad, un amor, una familia, un ser querido, la salud o una esperanza. Se pierde la alegr&iacute;a, a veces, cuando uno mira&nbsp; toda esa oscuridad en la que ya no hay nada de lo que hubo, en la que se abisman las cosas que pudieron ser y no fueron o en la que comienza a desvanecerse algo que a&uacute;n nos pertenece.
    </p><p class="article-text">
        No se pueden ignorar ni cubrir esos agujeros. Por mucho que los escondas permanecen ah&iacute;, impasibles y testarudos. Contemplo esos agujeros de mi vida con cuidado, detenidamente, hasta que los memorizo, o hasta que siento que no soporto m&aacute;s la pena de mirarlos. Fijo entonces mi atenci&oacute;n en lo que todav&iacute;a es s&oacute;lido, en la vida encendida. Pero vuelvo siempre a mirar, m&aacute;s pronto que tarde, esos vac&iacute;os. Los miro porque s&eacute; que soy tambi&eacute;n todo lo que me falta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/agujeros_132_2199820.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Mar 2018 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/70eb8c75-e8ed-4a1d-a8aa-8fe939007b47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1384098" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/70eb8c75-e8ed-4a1d-a8aa-8fe939007b47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1384098" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Agujeros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/70eb8c75-e8ed-4a1d-a8aa-8fe939007b47_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[1982]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/1982-naranjito_132_2777671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4e99b55-ad45-4b6b-ada1-75a28ba15039_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Álbum de cromos del Mundial de Fútbol de España de 1982."></p><p class="article-text">
        En uno de los primeros recuerdos de mi infancia estoy en un supermercado y una cajera me gui&ntilde;a primero el ojo derecho y luego el izquierdo y me regala un sobre de cromos del Mundial de F&uacute;tbol. Yo miro a Naranjito, que confundo inicialmente con una mandarina, y pienso: &ldquo;&iexcl;Estamos en 1982!&rdquo;. Con cinco a&ntilde;os sent&iacute; que hab&iacute;a alcanzado el futuro y me cre&iacute; un privilegiado, como un escalador que llega a lo alto de una monta&ntilde;a. Fue la primera vez que tuve verdadera conciencia del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En 1992 me pas&oacute; algo parecido. Y qu&eacute; decir del cambio de milenio y el efecto 2.000 que iba a colapsar la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. En aquella &eacute;poca trabajaba en una televisi&oacute;n local haciendo un programa patrocinado por el Gobierno regional de turno titulado pomposamente '2006, un horizonte empresarial'. Lleg&oacute; 2006 y el horizonte, como la zanahoria que se pone delante del burro para que no se detenga, sigui&oacute; estando exactamente a la misma distancia.
    </p><p class="article-text">
        Ya estamos en 2018.  Lo noto, sobre todo, cuando tengo que cumplimentar un formulario electr&oacute;nico y a la hora de indicar la fecha de mi nacimiento me veo obligado a deslizar una y otra vez el rat&oacute;n, como el espele&oacute;logo que se descuelga a una sima cada vez m&aacute;s profunda, para llegar a 1976. Cada vez tengo que soltar m&aacute;s cuerda para volver a mis or&iacute;genes. Tengo la buena suerte de tener mala memoria. Lo vivido es algo que se empasta dentro de mi cabeza. Olvido casi todo y eso, supongo, es una anestesia contra el dolor de tantas cosas que se quedan atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tiene que ser terror&iacute;fico acordarse de todo, tiene que ser una pesadilla tener una de esas memorias fotogr&aacute;ficas que te permiten revivir con detalle cada momento vivido. Si yo tuviera una memoria as&iacute; no podr&iacute;a leer, ni suscribirme a canales online de contenidos audiovisuales, ni ir al cine. Me quedar&iacute;a atrapado dentro de mi cabeza rebobinando una y otra vez. Qu&eacute; afortunado soy por no acordarme casi de nada.
    </p><p class="article-text">
        A veces me encuentro con gente que se acuerda de m&iacute; y a la que yo no recuerdo y ellos me cuentan cosas de mi vida que yo descubro con extra&ntilde;eza porque me hablan con detalle de un yo para m&iacute; desaparecido. As&iacute;, me informan de d&oacute;nde me sentaba, con qui&eacute;n hablaba, qu&eacute; cosas dec&iacute;a. Me divierte pensar que, en realidad, ellos tampoco se acuerdan pero que hacen como que s&iacute; y se lo inventan todo y yo, a fuerza de escucharles, voy reconstruyendo mi pasado con cada una de sus invenciones. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/1982-naranjito_132_2777671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Feb 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a4e99b55-ad45-4b6b-ada1-75a28ba15039_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="85113" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a4e99b55-ad45-4b6b-ada1-75a28ba15039_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="85113" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[1982]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a4e99b55-ad45-4b6b-ada1-75a28ba15039_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los insignificantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/insignificantes_132_2793368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62edd830-547c-401a-b8eb-c4344bf1fea1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Decalcomania. | Rene Magritte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuanta más importancia te das, más sufres. Es inevitable porque pensar que somos importantes, además de patético, implica sostener la existencia sobre una mentira.</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo&nbsp;en el que cre&iacute; tener claras las cosas. Ahora s&eacute; que no, que no las ten&iacute;a claras sino que fing&iacute;a tenerlas claras. Lo fing&iacute;a tan bien que hasta yo mismo cre&iacute;a que las ten&iacute;a claras.
    </p><p class="article-text">
        Creer que se tienen claras las cosas es una mala estrategia de supervivencia porque te convences de que las cosas est&aacute;n bien pero, en realidad, te pudres por dentro.&nbsp; Un d&iacute;a toda esa vehemencia se vino abajo y apareci&oacute; la vida. Porque la vida es eso que aparece cuando te reconcilias con tus dudas, con la permanente incertidumbre, con tu vulgaridad, con tu mediocridad, con tu insignificancia.
    </p><p class="article-text">
        Mediocres, vulgares, insignificantes. As&iacute; somos. Al menos, as&iacute; soy. Es muy liberador darse cuenta de esa gran verdad que nos abre las puertas a una existencia m&aacute;s liviana y m&aacute;s plena. No hay nada que demostrar. Tan solo est&aacute; la vida para ser contemplada, ese gozo de observar c&oacute;mo discurre la existencia, esa lucidez de asomarse al inevitable deterioro. Mediocres, vulgares, insignificantes. Tambi&eacute;n fr&aacute;giles. La conciencia se ensancha y la vida se revela con toda su potencia cuando se acepta todo eso.
    </p><p class="article-text">
        Cuanta m&aacute;s importancia te das, m&aacute;s sufres. Es inevitable porque pensar que somos importantes, adem&aacute;s de pat&eacute;tico, implica sostener la existencia sobre una mentira. Porque no somos importantes en absoluto. Ni el presidente de Estados Unidos, ni el Premio Nobel de Literatura, ni el papa de Roma. La importancia es un espejismo. Somos bellos accidentes, como mucho, que pronto seremos olvidados. Despu&eacute;s de tanto todo para nada, escribi&oacute; Jos&eacute; Hierro. Solo el amor nos salva, al menos fugazmente, de esa insignificancia. El amor de los padres, de los hermanos, de los hijos, de la pareja, de los amantes, de los amigos. El amor es, al final, la &uacute;nica red que impide que la vida sea una permanente ca&iacute;da hacia el vac&iacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/insignificantes_132_2793368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Feb 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/62edd830-547c-401a-b8eb-c4344bf1fea1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="127223" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/62edd830-547c-401a-b8eb-c4344bf1fea1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="127223" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Los insignificantes]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/62edd830-547c-401a-b8eb-c4344bf1fea1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Suicidio telefónico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/suicidio-telefonico_132_2894219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39c95cf4-cd66-4330-9bd4-3309c0dab9d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Telemarketing"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la gente, normalmente, le incomoda que hable de mi propia muerte en voz alta, como si las meras palabras fueran un conjuro o un llamamiento.</p></div><p class="article-text">
        El ser humano est&aacute; lleno de contradicciones. Ah&iacute; va una personal: me molesta que me llamen por tel&eacute;fono para venderme un seguro o una tarifa de internet o lo que sea pero, al tiempo, no quiero trasladar mi malestar a la persona que me llama y que se gana la vida como buenamente puede. Al final he optado por decir que me he muerto. Me gustar&iacute;a hablar con el titular de la l&iacute;nea, dicen ellos. Lo lamento, falleci&oacute; hace unos d&iacute;as, digo yo. Normalmente me dan el p&eacute;same, cuelgan r&aacute;pido y no me vuelven a llamar. Imagino que, como me he muerto, me dan de baja en sus listas de personas a las que vender algo y por eso dejan de molestarme.
    </p><p class="article-text">
        Creo que es un remedio efectivo porque lo usa poca gente. Si el d&iacute;a que me llaman estoy de mal humor o son impertinentes me vuelvo m&aacute;s cruel. No lo sienta, les digo, que no lo quer&iacute;a nadie. A veces, si estoy acompa&ntilde;ado, pronuncio mi nombre y apellido en voz alta y anuncio mi fallecimiento. &iquest;Marcos D&iacute;ez? Lo siento, lo acabamos de enterrar. A la gente, normalmente, le incomoda que hable de mi propia muerte en voz alta, como si las meras palabras fueran un conjuro o un llamamiento o tuviesen poderes o las escuchase alg&uacute;n ser m&aacute;gico o yo qu&eacute; s&eacute;. La experiencia me dice que he informado de mi muerte en decenas de ocasiones y que todav&iacute;a no me he muerto yo. De hecho, ni siquiera me han cortado la l&iacute;nea telef&oacute;nica, que era mi principal temor.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os he informado de mi deceso a las principales compa&ntilde;&iacute;as telef&oacute;nicas: Movistar, Vodafone, Orange, Yoigo, Jazztel, Ono, etc&eacute;tera. Con las de seguro llevo un camino parecido. Y lo mismo con los bancos. La conclusi&oacute;n, de momento, es demoledora: yo no me he muerto ni una sola vez pero como los muertos no gastan parece que, poco a poco, s&iacute; se muere el inter&eacute;s que todos ellos tienen por m&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/suicidio-telefonico_132_2894219.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jan 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/39c95cf4-cd66-4330-9bd4-3309c0dab9d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="128505" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/39c95cf4-cd66-4330-9bd4-3309c0dab9d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="128505" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Suicidio telefónico]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/39c95cf4-cd66-4330-9bd4-3309c0dab9d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Telemarketing,Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Patata adonis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/patata-adonis_132_2969668.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc60545c-adb7-44bf-806f-a2210284ee73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;Los comedores de patatas&#039; del pintor Vincent van Gogh."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El atractivo es ese no sé qué que hace que unas personas nos atraigan, otras nos resulten indiferentes y algunas nos generen rechazo. La belleza cuenta, claro, pero no sólo.</p></div><p class="article-text">
        Un amigo sobradamente cualificado (es psic&oacute;logo, enfermero y sex&oacute;logo) tiene una teor&iacute;a sobre la evoluci&oacute;n del atractivo en las personas. El atractivo es ese no s&eacute; qu&eacute; que hace que unas personas nos atraigan, otras nos resulten indiferentes y algunas nos generen rechazo. La belleza cuenta, claro, pero no s&oacute;lo. Cu&aacute;ntas guapas y guapos ins&iacute;pidos a nuestros ojos hay por el mundo. Y menos mal. Mi amigo, para simplificar, divide a las personas en dos grupos: los patata y los adonis.
    </p><p class="article-text">
        Estas categor&iacute;as no son inmutables. A veces un patata en la juventud acaba siendo un adonis en la vida adulta. Este segmento de la poblaci&oacute;n podr&iacute;a definirse como los patata-adonis. Son los mejores porque el que ha sido patata lleva mucho mejor ese ascenso a los cielos de los adonis y porque esa evoluci&oacute;n suele estar asociada a cualidades no f&iacute;sicas, a una maduraci&oacute;n que llega con los a&ntilde;os, que es fruto de lo que se hace con la vida que se vive, con las decisiones que se toman y con la experiencia. Los adonis-adonis suelen tenerlo todo pero est&aacute;n tan convencidos de su atractivo que se esfuerzan menos y, adem&aacute;s, de tan perfectos que son acaban perdiendo algunos puntos porque los que no nacimos adonis siempre los tenemos un poco de envidia. Los patata-patata tienen cierto aire resignado pero algunos se olvidan tanto de querer ser adonis que, precisamente por eso, acaban siendo irresistibles. Pero la peor parte es para los adonis-patata, porque qu&eacute; duro es haber sido adonis y acabar siendo patata, los adonis-patata arrastran la decadencia del arist&oacute;crata venido a menos, conf&iacute;an en la inercia e intentan disimular pero sin mucho &eacute;xito, como el calvo que intenta cubrirse la cabeza dej&aacute;ndose largo el poco pelo que le queda y acaba pareciendo, as&iacute;, doblemente calvo.
    </p><p class="article-text">
        A veces una persona cambia de categor&iacute;a sin que nada esencial en esa persona haya cambiado porque lo que se han modificado han sido las preferencias del que mira. Por eso donde a veces ve&iacute;amos una patata ahora vemos a un adonis y tambi&eacute;n al rev&eacute;s. Todos somos patatas o adonis a los ojos de alguien, incluso somos adonis o patatas ante nuestros propios ojos. Yo hay d&iacute;as que me levanto patata y acabo siendo adonis y d&iacute;as en los que me acuesto adonis y me levanto patata y semanas en las que soy patata-patata todo el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y luego, claro, puede ocurrir que nos sintamos adonis o patatas en funci&oacute;n de qu&eacute; personas tengamos al lado, porque hay personas que cuando nos acompa&ntilde;an logran sacar lo mejor de nosotros, nos hacen ver nuestras mejores cualidades y nos convierten en adonis si est&aacute;n a nuestra vera. Otras personas, en cambio, consiguen mostrarnos una y otra vez lo peor, como un mal espejo, y a su lado, irremediablemente, nos vamos convirtiendo en patatas poco a poco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/patata-adonis_132_2969668.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jan 2018 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dc60545c-adb7-44bf-806f-a2210284ee73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="313850" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dc60545c-adb7-44bf-806f-a2210284ee73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="313850" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Patata adonis]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dc60545c-adb7-44bf-806f-a2210284ee73_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El doble]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/doble_132_2988264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/beda40a2-5fdb-449f-81ba-66d7c96d217d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fotograma de la película &#039;Doctor Jekyll y Míster Hyde&#039; de 1920."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura ha abordado, en muchas ocasiones con maestría, este asunto tan inquietante de que haya por ahí otra persona parecida a nosotros.</p></div><p class="article-text">
        Me ha pasado dos veces y con dos personas distintas. En ambos casos se me acercaron y me dijeron: qu&eacute; bien hablas ingl&eacute;s, pareces nativo. Y yo, que no s&eacute; hablar en ingl&eacute;s, me qued&eacute; un tanto desconcertado porque me lo dec&iacute;an personas a las que pr&aacute;cticamente no conoc&iacute;a. Al ver mi cara de perplejidad comenzaron a darme explicaciones y me ofrecieron detalles de un v&iacute;deo colgado en internet en el que se supone que hablo, o alguien que es id&eacute;ntico a m&iacute; habla, en un perfecto ingl&eacute;s americano.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; en buscar el v&iacute;deo pero finalmente desist&iacute; porque tem&iacute; llevarme una desilusi&oacute;n. Para empezar, no iba a entender nada de lo que mi doble dec&iacute;a y, adem&aacute;s, a lo mejor mi doble no me gustaba o, casi peor, me gustaba demasiado. Desde entonces fantaseo a veces con lo &uacute;til que tiene que ser tener un doble al que poder encargar las tareas m&aacute;s inc&oacute;modas y aburridas. Y, adem&aacute;s, si el doble habla en ingl&eacute;s pues mejor todav&iacute;a porque multiplicar&iacute;a mis competencias. En ocasiones estoy tentado de ir a buscarlo pero ser&iacute;a un problema si mi doble no sabe hablar en espa&ntilde;ol. &iquest;Qu&eacute; nos &iacute;bamos a decir? Por otra parte, no es descartable que yo pudiera ser una decepci&oacute;n para &eacute;l, que quiz&aacute; prefiera tener como doble a un alem&aacute;n ingeniero o un m&eacute;dico australiano.
    </p><p class="article-text">
        La literatura ha abordado, en muchas ocasiones con maestr&iacute;a, este asunto tan inquietante de que haya por ah&iacute; otra persona parecida a nosotros. Pero lo que subyace siempre tras ese recurso literario no es esa cosa accidental y trivial al mismo tiempo de que alguien se nos parezca, sino el hecho cargado de misterio y de verdad, y por eso a veces inc&oacute;modo y escalofriante, de que puedan convivir varias personas distintas dentro de nosotros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Díez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/doble_132_2988264.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/beda40a2-5fdb-449f-81ba-66d7c96d217d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1402270" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/beda40a2-5fdb-449f-81ba-66d7c96d217d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1402270" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[El doble]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/beda40a2-5fdb-449f-81ba-66d7c96d217d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Marcos Díez]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
