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    <title><![CDATA[elDiario.es - Indra Kishinchand López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/indra-kishinchand-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Indra Kishinchand López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No es no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/a_132_1778071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/121dc19d-5e53-44fa-8665-8b382e7d0392_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        La semana pasada o&iacute; a Paula Sainz contar en las noticias que el padre de un compa&ntilde;ero de ella en el conservatorio le narraba con detalles las supuestas relaciones sexuales que manten&iacute;a con su sobrina peque&ntilde;a y c&oacute;mo la invit&oacute; a formar parte de ellas. Paula ten&iacute;a once a&ntilde;os. Al d&iacute;a siguiente escuch&eacute; a Paula Bonet en televisi&oacute;n denunciar con firmeza la manera en que algunos hombres hablan con la autoridad que les otorga el simple hecho de serlo. D&iacute;as despu&eacute;s me relataron el horror de vivir durante 18 a&ntilde;os con un maltratador, la imposibilidad de separarse durante la dictadura de Franco, los psic&oacute;logos y psiquiatras que vinieron despu&eacute;s, los 36 a&ntilde;os de soledad, el miedo.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada escuch&eacute; esas historias con atenci&oacute;n y tambi&eacute;n decid&iacute; escucharme a m&iacute; misma. Entend&iacute; a mi madre cuando me dec&iacute;a que no repitiera aquello de que ser un chico ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil, que deb&iacute;a de estar orgullosa de ser mujer y llevarlo por bandera. Comprend&iacute; que cuando yo dec&iacute;a que no quer&iacute;a hacer las cosas si no las hac&iacute;a bien estaba retratando a casi todas las mujeres de mi alrededor. Porque ellas tambi&eacute;n ten&iacute;an miedo a fracasar por una presi&oacute;n m&aacute;s que visible de cumplir con unas exigencias impuestas; exigencias que, hasta ahora, hab&iacute;amos sido casi incapaces de transformar.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma semana record&eacute; la cara de sorpresa de mi hermano cuando, una noche en verano, a las tres de la ma&ntilde;ana, llam&eacute; a una amiga preocupada porque minutos antes no le hab&iacute;a podido coger el tel&eacute;fono. &Eacute;l estaba a mi lado escuchando c&oacute;mo ella me dec&iacute;a que no hab&iacute;a pasado nada, pero que hab&iacute;a algunos tipos raros increp&aacute;ndola y hab&iacute;a preferido llamarme. Vi en la cara de mi hermano tristeza y tambi&eacute;n algo de sorpresa. Porque a &eacute;l no le hab&iacute;a pasado nunca y no era lo mismo darse cuenta de ese modo que escuchar relatos ausentes. Entonces me reafirm&eacute; en mi pensamiento: que la indiferencia no es el camino del cambio y que el problema tambi&eacute;n era el silencio y el miedo.
    </p><p class="article-text">
        Si no tuvi&eacute;ramos que recordar la primera vez que votaron las mujeres, si no nos pregunt&aacute;ramos qui&eacute;n ser&aacute; la primera presidenta de Estados Unidos, si no pens&aacute;ramos en la primera vez que una mujer fue ministra, diputada, o el momento en que la mujer accedi&oacute; al mercado laboral, no tendr&iacute;amos que erigir nuestras conciencias y nuestras palabras es pos de la igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata solo de mujeres, claro. Tambi&eacute;n se trata de esos hombres que se jactan de su supuesto feminismo y son incapaces de mirarse a s&iacute; mismos, de aquellos que desprecian a las mujeres de su alrededor y del mundo de la misma manera que lo hacen de quienes se quejan. Tambi&eacute;n se trata de los hombres que se dicen feministas y utilizan la teor&iacute;a para engrandecerse ante otros hombres, y tienen tras de s&iacute; un historial incapaz de construirse con una base s&oacute;lida. Tambi&eacute;n se trata de los siete pol&iacute;ticos hombres que se re&uacute;nen para hablar de igualdad, o de todos los hombres jueces que deciden sobre violencia de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Y ese es el mayor problema: la muerte, la destrucci&oacute;n que lo arrasa todo, la falta de amor, la inexistencia, el miedo, la cobard&iacute;a, la ansiedad, la angustia, la culpa. Lo peor es precisamente sentirse culpable por ser mujer, o sentir que ser mujer es la causa de algo de malo, cuando ser mujer es sin&oacute;nimo de valent&iacute;a, de amor, de comprensi&oacute;n, de solidaridad; cuando ser mujer es equivalente a lucha, a compresi&oacute;n, a fuerza. Porque ahora ser mujer no se edifica &uacute;nicamente en base al propio individuo, sino que a d&iacute;a de hoy la batalla se libra en cada escuela, en cada universidad, en cada puesto de trabajo, en cada ciudad, en cada calle. Y all&iacute; donde haya una mujer, seguir&aacute; la contienda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/a_132_1778071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Dec 2018 12:25:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No es no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En deconstrucción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/deconstruccion_132_1802447.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af00281d-3bde-4913-a34e-e8b08977a4b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><br/><br/>Te buscas a ti mismo entre los maniquíes<br/> del escaparate que vende mentiras<br/> modelos vitales, iguales, perfectos.<br/> No pueden comprar con dinero todo lo que siento.<br/> Somos víctimas del estímulo, tú sigues esperando<br/> hijos esclavos del humo con padres esclavos del telediario.<br/> Por eso somos títeres.<br/><br/><strong>'Los lobos', David Ruiz</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Al lado de los ba&ntilde;os del patio de mi colegio hab&iacute;a una casa en la que viv&iacute;a el conserje. Al menos as&iacute; lo recuerdo yo. Ya entonces me gustaba ir a esos ba&ntilde;os cuando el patio estaba vac&iacute;o y contemplar la inmensidad de un espacio, en parte, desvirtuado por el no-uso del momento. Aprovechaba mis paseos para asomarme a las ventanas con todo el disimulo posible y tratar de entender c&oacute;mo, lo que para m&iacute; era un colegio, se hab&iacute;a convertido para alguien en un hogar. A pesar de la juventud creo que intu&iacute; que hab&iacute;a elementos fuera de su lugar, porque el espacio que se habita es al final un l&iacute;mite a la propia existencia, una manera de comunicar y de ser; y all&iacute; todo me hablaba de desorden.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os m&aacute;s tarde, la noche en la que pas&eacute; por la calle del que hab&iacute;a sido mi hogar record&eacute; una conversaci&oacute;n que tuve con mi padre en el portal. Las conexiones Madrid-Tenerife siempre transcurr&iacute;an en el mismo escal&oacute;n los d&iacute;as de verano; en aquella hablamos del trabajo y de los viajes, y fijamos con entusiasmo mi pr&oacute;xima visita a la isla. Esa noche, con la memoria de aquel momento, tambi&eacute;n vino a m&iacute; el d&iacute;a en que mis padres y yo hablamos de nuestros defectos. Mi padre aludi&oacute; a mi volatilidad en el car&aacute;cter y no supe entonces darle las gracias por verbalizar todo lo que era; por expresar con tanta claridad mis miedos y mis imperfecciones y darme la oportunidad de corregirlas &uacute;nicamente para no volver a hacerle sentir lo que sospechaba con certeza. 
    </p><p class="article-text">
         Cuando estoy con mis padres siempre me pasa que no s&eacute; muy bien c&oacute;mo corresponderles. Pienso a menudo que lo que m&aacute;s me molesta de la pol&iacute;tica es la falta de humanidad, y es precisamente porque ellos me lo han mostrado con delicadeza. La carencia de una sociedad que se derrumba radica en la imposibilidad del hombre de buscar causas a los problemas en s&iacute; mismos. Ah&iacute; es cuando surgen los discursos simplistas y ego&iacute;stas, porque al fin y al cabo la pol&iacute;tica no es m&aacute;s que el juego de sumar siempre, de rellenar discursos con personas y de usurpar verg&uuml;enzas y reemplazarlas por libertad. 
    </p><p class="article-text">
         Cuando digo que lo que m&aacute;s me molesta de la pol&iacute;tica es la falta de humanidad lo que quiero decir es que lo que m&aacute;s me molesta de la humanidad es su ausencia. Cuando mi padre me dijo aquellas palabras en el bar mientras beb&iacute;amos vino, me di cuenta de que al final era yo la que me estaba retratando con mis gestos, con mi indiferencia y mis silencios, con mi mirada altiva. Ojal&aacute; alguien que nos dijera a todos que hay pautas que no son m&aacute;s que un s&iacute;ntoma del miedo, del propio, que nos pasa a todos, que suceder&aacute; siempre; ojal&aacute; alguien que nos dijera que al final se esfuma, aunque a veces vuelve, y que el problema de la pol&iacute;tica no es (solo) la falta de humanidad, sino la entrega de la libertad a desconocidos que ignoran su existencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/deconstruccion_132_1802447.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Dec 2018 07:57:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En deconstrucción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Política,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde mueren los trenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/mueren-trenes_132_1817268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0898ae0e-cd36-4e52-95b4-06e401476acb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así.<br/><br/><strong>Federico García Lorca</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Un d&iacute;a Dani me recit&oacute; <em>A un olmo seco</em> de Machado mientras yo fregaba los platos y entonces pens&eacute; que eso tambi&eacute;n era poes&iacute;a; un libro y un amigo en la cocina, un espejo en la azotea, un sill&oacute;n en la basura, mis padres en el mar.
    </p><p class="article-text">
        Unas horas antes hab&iacute;amos conocido a Alicia en el hospital. Yo pas&eacute; all&iacute; un par de noches y ella me contaba que lo que m&aacute;s le gustaba en la vida era leer y viajar. Alicia tiene ahora 78 a&ntilde;os y su plan m&aacute;s pr&oacute;ximo es visitar la India. Siempre que viaja lo hace con una amiga porque su marido no puede coger aviones y por eso, dice, tampoco quiere irse demasiado tiempo. Un domingo por la tarde llen&eacute; de amigos el cuarto que compart&iacute;amos y cuando se fueron le ped&iacute; perd&oacute;n por si la hab&iacute;amos molestado. Ella sonri&oacute; y dijo: &ldquo;Que vuelvan cuando quieran&rdquo;. Ah&iacute; sonre&iacute;mos las dos porque nos dimos cuenta de que no volver&iacute;an m&aacute;s, porque probablemente ni ella ni yo estar&iacute;amos all&iacute; a la ma&ntilde;ana siguiente.
    </p><p class="article-text">
        La primera noche que dorm&iacute; en el hospital Aida se qued&oacute; conmigo y pens&eacute;, c&oacute;mo no, que eso tambi&eacute;n era poes&iacute;a. Supongo que no para su cuerpo y tampoco para su mente, pero al final el amor se demuestra en todo lo que no se dice. Yo le ped&iacute;a que fuera a dormir a casa y ella me contestaba: &ldquo;&iquest;A que t&uacute; har&iacute;as lo mismo por m&iacute;?&rdquo;. Pero yo s&eacute; que esa no era su raz&oacute;n, que nunca lo es, sino que es una de sus maneras de restarle peso a la existencia sin quitarle importancia.
    </p><p class="article-text">
        La forma en la que los problemas se afrontan y la belleza de aceptar al otro en la diferencia formaban parte tambi&eacute;n de mi agradecimiento en una carta que nunca llegu&eacute; a mandar. Ahora la tengo guardada sin destinatario ni remitente; y, aunque nada de lo que dije entonces sea ya verdad, ese folio me quema la garganta. Lo mismo me pasa con los sue&ntilde;os, que aunque no sean me despiertan con la angustia de un &ldquo;y si&rdquo;. Hace unos meses que apunto todo lo que vivo de madrugada y cuando despierto y releo mis palabras me suenan a una desconocida de la que me s&eacute; todo su pasado.
    </p><p class="article-text">
        Tengo entendido que es precisamente lo m&aacute;s putrefacto del ayer lo que aparece cuando ni la consciencia existe, para recordarnos que alg&uacute;n d&iacute;a tuvimos miedos congelados. Yo ahora guardo los m&iacute;os con la esperanza de borrarlos y, con ellos, todo el abandono.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="643" height="362" src="https://www.youtube.com/embed/h5ld_60MQgs" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/mueren-trenes_132_1817268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Nov 2018 22:13:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donde mueren los trenes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El baúl de los espejos rotos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/baul-espejos-rotos_132_1882772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/70d5bb89-ec23-48ef-85fd-2028384972fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a iba andando por Madrid cuando un se&ntilde;or que vend&iacute;a collares me par&oacute; inst&aacute;ndome a que me quitara los cascos. Yo le hab&iacute;a visto de lejos con cerveza en mano y pens&eacute; en &eacute;l mientras me acercaba. Imagin&eacute; que le hab&iacute;a atra&iacute;do. Hab&iacute;a quedado a escasos metros y, como es habitual en m&iacute; &uacute;ltimamente, llegaba tarde. Tampoco demasiado. Me dijo que har&iacute;a una flor con los restos de metal que guardaba sobre el banco y que yo ten&iacute;a que adivinar cu&aacute;l era. Le contest&eacute; que no sab&iacute;a nada de flores, y que aquel juego ser&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo para &eacute;l y para m&iacute;. Insisti&oacute;. Lo dej&eacute;. Cuando termin&oacute; me dijo: &ldquo;Venga, adivina, es muy f&aacute;cil&rdquo;. Ante mi silencio replic&oacute;: &ldquo;Es un tr&eacute;bol de cuatro hojas&rdquo;. &ldquo;Pero eso no es una flor&rdquo;, contest&eacute;. Se ri&oacute; con entusiasmo, quiz&aacute;s m&aacute;s debido a la cerveza que a mi ingenio; me coloc&oacute; el tr&eacute;bol en el cuello, y me anim&oacute; a pedir un deseo.
    </p><p class="article-text">
        Lo pens&eacute; durante un rato y record&eacute; aquello de que cuando deseas mucho algo a veces se cumple. &ldquo;Ten cuidado&rdquo;, me dije. Luego medit&eacute; sobre uno que no fuera ego&iacute;sta, como cuando de peque&ntilde;a, ilusa, soplaba&nbsp;a favor de la paz en el mundo. Al final ca&iacute; en la tentaci&oacute;n de mirarme y desearme un poco de felicidad, por qu&eacute; no.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; cu&aacute;l es el plazo de los deseos cumplidos, pero el m&iacute;o desde luego qued&oacute; en aquella calle de poetas con vino y cerveza de por medio. La raz&oacute;n principal es que las aspiraciones que se solicitan en pleno invierno tienen el mismo potencial que un folio en blanco: toda una vida para escribirse y acabar en las tinieblas.
    </p><p class="article-text">
        Ya no me importa aquel anhelo. He dejado de darle vueltas para centrarme en la memoria fallida de todos quienes hacen da&ntilde;o. Me asombra que casualmente sean ellos quienes olvidan con mayor facilidad, como mecanismo para no almacenar todo lo que son. Estoy harta de los hombres y las mujeres que se refugian en su ausencia de intencionalidad para justificar lo que arrasan a su alrededor. Habr&iacute;a que plantearse si el no querer es m&aacute;s bien sin&oacute;nimo de no saber afrontar las consecuencias y si vivimos rodeados de ni&ntilde;os en cuerpos adultos.
    </p><p class="article-text">
        La ausencia de repercusiones ha llegado incluso a la vida p&uacute;blica; ahora cualquiera puede pedir perd&oacute;n y continuar sus labores sin que eso repercuta en nada m&aacute;s all&aacute; que en su conciencia, si es que la tiene. Ese es el ejemplo ha hecho que la sociedad en su conjunto piense: &ldquo;Si ellos lo hacen, yo tambi&eacute;n puedo&rdquo;. Y entonces la estupidez m&aacute;s grande abarrota las calles, las plazas, los bares y las oficinas.
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntas veces me dijeron que la puta realidad era esto y cu&aacute;ntas veces lo desment&iacute; con alguna sonrisa extraviada. Pero ahora s&iacute; puedo decir sin miedo: &ldquo;Bienvenidos al ba&uacute;l de los espejos rotos&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="643" height="362" src="https://www.youtube.com/embed/LfckUzn54x4" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media" allowfullscreen></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/baul-espejos-rotos_132_1882772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Oct 2018 08:44:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El baúl de los espejos rotos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El verbo gris]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/verbo-gris_132_1895246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b4886bf-9bdd-49dc-8bef-0c8717732e0d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Aprenderé a quererme,<br/><br/>aprenderé a mirar de frente a la tristeza<br/><br/>cuando venga disfrazada de una rabia sorda y ciega.<br/><br/>Aprenderé a sacar también la pena <em>pa'</em> que no me pudra<br/><br/>y me haré fuerte convirtiéndola en motor para el camino que me queda.<br/><br/>'Aprenderé' - <em>La Otra</em></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Hace dos meses que no subo a un avi&oacute;n y estoy deseando escribirme con todo lo que significa volar. Tatuarme las l&iacute;neas del cielo y titular la vida con los resquicios de las ciudades y los vac&iacute;os que se ven a trav&eacute;s de la ventanilla. Echo de menos incluso pasar doce horas en un avi&oacute;n y pensar qu&eacute; habr&aacute; a mi llegada; v&eacute;rtigo y abismo convertido en poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos meses que no subo a un avi&oacute;n y eso no significa que no viaje o que no medite sobre lo que antes cre&iacute;a que solo se pod&iacute;a hacer en el aire. Es aquel lugar un sitio recurrente en el que acostumbro a repetirme que no me gusta emprender ninguna actividad que sepa con cierto grado de certeza que puedo hacer mal. Dicha sensaci&oacute;n construye a mi alrededor una barrera in&uacute;til de arena negra y sal y cimienta las bases del propio dolor. Lo nuevo siempre suele traer esa premonici&oacute;n extra&ntilde;a y caduca, que convierte los a&ntilde;os en suspiros y los miedos en viejos enemigos. Uno de esos d&iacute;as en que mi temor ahogaba lo compart&iacute; para liberarlo de mi propio cuerpo y me recordaron que &ldquo;perder es lo normal&rdquo; y que el error es la oportunidad para aprender haciendo.
    </p><p class="article-text">
        Supe entonces que el problema me pertenec&iacute;a y que ni los a&ntilde;os ni las conciencias ajenas cambiar&iacute;an lo que era intr&iacute;nseco a una manera de pensar arraigada a lo que soy. Qui&eacute;n me iba a decir que podr&iacute;a mirarme al espejo sin pensar que no hay culpa en mi transformaci&oacute;n sino libertad en lo que quiero ser; qui&eacute;n me iba a decir que acabar&iacute;a por aceptarme en la valent&iacute;a de la inseguridad, sin tiempo pero con ganas, sin precio pero con valor, sin armas pero con escudo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora ya no me importa suplicarme y aceptar a cada fantasma con sus pesadillas. Ahora ya s&eacute; que no merezco todo lo que duele, y que al final lo &uacute;nico que queda es aquel momento en el que sonre&iacute;ste sin pensar en nada m&aacute;s. A d&iacute;a de hoy ya no me importa pedir ayuda para superar el precipicio y he dejado de tirarme al infierno cada ma&ntilde;ana. Si bien reconozco que arder a pesar de lo malo me parece una recompensa m&aacute;s justa que vivir con la superioridad que otorgan las alturas. 
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que soy capaz de admitir un domingo por la noche es que mi debilidad proviene de unos a&ntilde;os que ya no quisiera recordar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/verbo-gris_132_1895246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Oct 2018 14:49:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El verbo gris]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Poesía,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miranda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/indra-kishinchand-lopez_132_1920816.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/818b16e5-55cf-4ef7-8be7-167ab4829bdb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        En primero de carrera siempre presentaba los trabajos con manos a la espalda, voz rasgada, y no por la resaca, y cuerpo pegado a la pizarra. As&iacute;, mientras le hablaba a una audiencia desconocida a la que ahora podr&iacute;a explicarle mi vida sin rasgos de timidez, pensaba si alg&uacute;n d&iacute;a cambiar&iacute;a mi manera de mirar a todos los que no eran como yo.
    </p><p class="article-text">
        Aquel mismo a&ntilde;o mi profesor de antropolog&iacute;a nos cont&oacute; que hab&iacute;a recorrido media Espa&ntilde;a en coche para estar con su novia en un d&iacute;a importante y, al llegar, ella le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Pero me quieres?&rdquo;. Mi profesor, at&oacute;nito, murmur&oacute;: &ldquo;&iexcl;Pero c&oacute;mo no te voy a querer despu&eacute;s de lo que he hecho!&rdquo;. Recuerdo esa historia a menudo porque nunca s&eacute; si juzgar el valor por lo que se dice o por lo que se hace. A medida que pasan los a&ntilde;os me parece m&aacute;s iluso entender las complejidades del otro; es por eso que la gente se sorprende cuando digo que me gustar&iacute;a ser Meursault en cualquier playa desierta a cuarenta grados y aceptar una propuesta de matrimonio cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        Entender&iacute;a sus caras at&oacute;nitas si no fuera porque todo el mundo sabe que esos deseos son en realidad la b&uacute;squeda constante de la ausencia de dolor. El m&iacute;o y el de ellos. Pero frente a eso no existe ant&iacute;doto que no sea alguna cerveza y un poco de autoenga&ntilde;o. Tambi&eacute;n es un buen revulsivo admirar la felicidad desde fuera cuando se tiene.
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado pasado me ocurri&oacute; cuando conoc&iacute; a Miranda. Ella ten&iacute;a ocho a&ntilde;os y hablaba como una persona adulta y sensata. Yo con 26 cargaba con un palo desde hac&iacute;a cuatro horas y la admiraba por su paz en medio de un caos tan adulto, tan ajeno a todo lo que deber&iacute;a ser. Admir&eacute; la felicidad desde fuera cuando corr&iacute;amos entre las mesas con lo que hab&iacute;an sido nuestros globos y luch&aacute;bamos a ver qui&eacute;n era m&aacute;s valiente. Tambi&eacute;n nos mir&aacute;bamos c&oacute;mplices cuando pasaba alg&uacute;n hombre gris y coloc&aacute;bamos rectas nuestras espaldas, guard&aacute;bamos nuestras sonrisas y esper&aacute;bamos a que se fuera. Entonces termin&aacute;bamos de disimular y romp&iacute;amos a re&iacute;r para continuar la lucha. Solo una hora despu&eacute;s de despedirnos vi a Miranda durante algunos minutos en pantalla grande y pens&eacute; que tal vez hab&iacute;a hecho llegar su cartel al escenario y me emocion&eacute; irremediablemente.
    </p><p class="article-text">
        En Miranda vi una felicidad que no hab&iacute;a conocido antes. Supongo que esa es la raz&oacute;n por la que le escribo, para decirle que no deje nunca de ser quien es incluso aunque est&eacute; rodeada de desconocidos, que no deje de hacer y decir, porque querer siempre es eso, y, sobre todo, que no se pierda en un futuro que a&uacute;n no le pertenece.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; pronto veas en ti todo lo que vimos nosotros cuando te conocimos aquella noche de septiembre en Granada, Miranda.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/indra-kishinchand-lopez_132_1920816.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Sep 2018 17:55:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miranda]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Relato,Historia,Tenerife Opina,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Torre de cristal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/torre-cristal_132_1929089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">¿Cuántas noches me pasé yo delante del papel diseñando llaves para tus jaulas?<br/><br/>Y si el placer fuera solo ausencia de dolor,<br/><br/>y si el dolor se borrara como las manchas,<br/><br/>si hubiera tintes para el corazón,<br/><br/>no habría una razón por la que rimar hasta las tantas.<br/><br/><strong>Kase. O</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Cada vez que vuelvo a escribir siento el p&aacute;nico de las primeras veces, cuando creaba poemas con catorce a&ntilde;os y los guardaba en aquel ordenador que ten&iacute;a en casa de mis padres. Imagino que ya desde entonces sospechaba que todo lo que fuera verso escond&iacute;a lo que no se quer&iacute;a o no se pod&iacute;a decir de otra forma. A d&iacute;a de hoy soy igual pero con 26 a&ntilde;os y me gustar&iacute;a esconderme en aquel cuarto y guardar bajo llave los sentimientos que son aire.
    </p><p class="article-text">
        Mucho hablaba entonces de desamor. Desamor adolescente, dolor mundano y algo as&iacute; como asequible. Al crecer entend&iacute; que el desamor era otra cosa, y que no pod&iacute;a asociarse &uacute;nicamente al rechazo de una persona hacia otra. Yo siento desamor en las calles cuando oigo gritos entre amigos, cuando veo a un padre que trata con desd&eacute;n a su hijo, cuando dos desconocidos se recriminan el olvido, cuando alguien llora y nadie lo atiende, cuando alguien pide y nadie le mira. Siento desamor en las calles de todas las ciudades en las que he estado y no s&eacute; c&oacute;mo remediar ese sentimiento de desesperanza por la vida y no por la propia. La mayor&iacute;a de las veces lloro a escondidas y empiezo a plantearme c&oacute;mo empez&oacute; todo esto, el mundo, digo, y c&oacute;mo se cambia. Luego llego al trabajo y postergo por un rato la existencia que hasta hace diez minutos me encog&iacute;a el pecho.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El amor tambi&eacute;n es la ausencia de violencia, f&iacute;sica, verbal, sentimental. El amor es educaci&oacute;n porque la educaci&oacute;n es respeto. Es respeto hacia al otro, es empat&iacute;a, es una manera de decirle a los dem&aacute;s: &ldquo;Pienso en ti aunque no te conozca&rdquo;. Es una manera de decirle: &ldquo;Quiero que est&eacute;s bien aunque no sepa qui&eacute;n eres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este verano estuve en Toulouse y recuerdo haber estado pensado precisamente sobre el odio en alg&uacute;n kil&oacute;metro de r&iacute;o. No llegu&eacute; a ninguna conclusi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de la mera rabia en primera instancia. Tras algunas cervezas y mucha soledad pens&eacute; en lo triste que ser&iacute;a ser alguien que albergara amargura en su interior. Me pregunt&eacute; qu&eacute; pensar&iacute;a esa persona que no entiende que su vida no existir&iacute;a tal y como es si no fuera por los otros, y que al final lo &uacute;nico que sirve es buscar la manera de devolver todo lo que se nos es dado, aunque nunca sea suficiente. A eso lo llamar&iacute;a yo una vida &uacute;til y no a los a&ntilde;os que nos pasamos deseando que se esfume el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Yo cada d&iacute;a le doy gracias a las personas que me rodean por aceptarme. No se los digo siempre porque soy incapaz de transmitirlo de la manera correcta, pero me abruma el modo en el que dos seres son capaces de cuidarse. Hoy pens&eacute; en ello mientras hac&iacute;a cola en un ascensor con una desconocida. Me di cuenta lo a gusto que estar&iacute;a en silencio con alguien que no fuera ella, pero lo inc&oacute;moda que estaba por compartir segundos de vida con una persona de la que solo sab&iacute;a su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Ese fue uno de los momentos en los que pens&eacute; en todos con los que el ruido ser&iacute;a paz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/torre-cristal_132_1929089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Sep 2018 10:18:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Torre de cristal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife Opina,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dije no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/dije_132_1984716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f06ef402-2871-48de-a197-3dc4c64cc894_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>[...] y quién sabe, quién sabe si entre tanta</em><br/><br/><em>mentira incandescente, no queda algo </em><br/><br/><em>de verdad a la sombra. Y no es metáfora.</em><br/><br/><strong>Mario Benedetti</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Me dijo Daviana que mi don era atraer la parte buena de las personas un d&iacute;a en que quise pensar que de verdad exist&iacute;an los hombres y las mujeres buenas. Le confes&eacute; que llor&eacute; al leer sus palabras porque era precisamente eso lo que yo pensaba de ella y supon&iacute;a que en alg&uacute;n punto lo que nos hab&iacute;a unido era ahora irremediablemente eterno.
    </p><p class="article-text">
        Imagin&eacute; que en el fondo todos somos contradicci&oacute;n y puede que sencillamente no exista ni bondad ni maldad, sino simplemente verdades que se buscan. La vida no es otra cosa que saber qui&eacute;n se es y ya es bastante complicado entenderse como para entender a otro. La ardua tarea de reconocerse no tiene m&eacute;rito si se compara con la de hacerlo en las personas que se tiene enfrente y que luego dejan de ser.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s raro es mirar a los ojos a quien cre&iacute;ste y darte cuenta de que todo tiene una mentira que se esconde; reflexionar sobre el tiempo y tambi&eacute;n hacerlo sobre la decepci&oacute;n y el hast&iacute;o, sobre los a&ntilde;os que pasan pero no curan y sobre las palabras que se dijeron y que ahora ya no tienen ni significado ni sentido.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que hacerse mayor es eso porque es lo que me han contado. Yo sin embargo sigo tropezando una y otra vez en el mismo escal&oacute;n con la esperanza de volar; tal y como lo hac&iacute;a con once a&ntilde;os cuando cerraba los ojos al llegar al rellano de casa y mis pies ca&iacute;an al vac&iacute;o hasta darme cuenta de que ya no hab&iacute;a pelda&ntilde;os. Lo que m&aacute;s me quema es la duda de si deber&iacute;a cambiar, si deber&iacute;a ser otra por los otros, si el da&ntilde;o se olvida y regenera todos los pliegues rotos o si, por el contrario, es imposible volver a pensar la vida con la energ&iacute;a de quien no sufre.
    </p><p class="article-text">
        En toda esa vor&aacute;gine a veces recuerdo que los deseos son interminables y que la soluci&oacute;n es percibir qu&eacute; te hace infeliz y eliminarlo de todo lo que somos. Yo por lo menos tiendo a esa maldita man&iacute;a de retener los sentimientos y los h&aacute;bitos que ni me interesan ni me aportan, m&aacute;s que angustia, tristeza, dolor. Si fuese capaz capaz de vivir en el vac&iacute;o de todo lo que causa miseria no hablar&iacute;a de ella como si la conociera. 
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qui&eacute;n es el valiente que renuncia a la felicidad inmediata? &iquest;Qui&eacute;n es el osado que dice no a lo que le apetece pensando en quien es? &iquest;Qui&eacute;n es el atrevido que se queda a sabiendas de un futuro incierto? &iquest;Qui&eacute;n no huir&iacute;a cuando todo es demasiado? &iquest;Qui&eacute;n no preferir&iacute;a la lluvia en pleno invierno antes que estropear una primavera eterna?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/dije_132_1984716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Aug 2018 08:56:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dije no]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El banco en la estación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/banco-estacion_132_1993950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e71121ef-4771-44bf-9fc6-4405d9d0ae7b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        <em>Nunca mires hacia atr&aacute;s Ni hacia delante No hay ayer y ya no hay ma&ntilde;ana.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>N. M.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace una semana pas&eacute; por el banco en el que hab&iacute;a preguntado: &ldquo;&iquest;Crees que soy una mujer d&eacute;bil?&rdquo;. Ni siquiera entonces sab&iacute;a qu&eacute; era la fortaleza, porque con 24 y la rutina de los a&ntilde;os no hay nada suficientemente bueno ni suficientemente aterrador. Lo &uacute;nico que pasa, y de qu&eacute; manera, es la vida. Y lo &uacute;nico que pesa es ella tambi&eacute;n. En aquel banco dej&eacute; mil folios en blanco con la esperanza de un futuro en el que no necesitara que nadie reafirmara qui&eacute;n soy.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, mientras esa vida pasa, aprovecho el tiempo para mirar al cielo y&nbsp;dedico m&aacute;s horas de las que tiene un d&iacute;a a lo que querr&iacute;a ser y no a lo que soy, a lo que querr&iacute;a hacer y no a lo que hago, a lo que podr&iacute;a haber sido y no es. Imagino que estaba pensando algo as&iacute; un lunes por la ma&ntilde;ana cuando me asom&eacute; a las v&iacute;as del tren para ver c&oacute;mo este entraba en la estaci&oacute;n; cuando mi cabeza volvi&oacute; al sitio <em>correcto </em>hab&iacute;a un se&ntilde;or a mi lado que me miraba como diciendo: &ldquo;No lo hagas&rdquo;. Segundos m&aacute;s tarde se gir&oacute; y se entretuvo con una se&ntilde;ora que arrastraba una maleta. Supuse entonces que no estaba tan preocupado porque se apagara una vida, sino por las consecuencias que eso tendr&iacute;a en la suya.
    </p><p class="article-text">
        Dice mi madre en este sentido que no hay personas imprescindibles sino personas importantes. Me lo cont&oacute; cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os y yo la mir&eacute; con sorpresa mientras pensaba que algunos de mis amigos lo ser&iacute;an para siempre. A d&iacute;a de hoy ni siquiera recuerdo sus rostros con claridad. Quiero decir que al final puede que sea verdad eso de que no hay nadie m&aacute;s importante que uno mismo porque es con quien se convivir&aacute; eternamente hasta que lo permita la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n es cierto que no puedo m&aacute;s que culparme por todo lo que hice y por todo lo que no hice, y que habitarse en cuerpo y alma con una culpa infligida tampoco es el ideal de coexistencia con uno mismo. La culpa por las ganas y la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de merecer todo lo malo y que lo bueno, sin embargo, no es m&aacute;s que una especie de suerte que dura como un reloj roto. Por eso siempre pienso en lo que podr&iacute;a haber dicho pero no me planteo lo que pod&iacute;a haber dicho el otro; al menos no lo suficiente como para que la responsabilidad nos pertenezca a ambos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ma&ntilde;ana cada vez que pase por ese banco planear&eacute; mis pr&oacute;ximas preguntas con el perd&oacute;n a cuestas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/banco-estacion_132_1993950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Jul 2018 08:38:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El banco en la estación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Relato]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Lorenzo, 7]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/san-lorenzo_132_2042704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.</em><br/><br/><em>A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba la vida humana.</em><br/><br/><em>Y dijo que somos un mar de fueguitos.</em><br/><br/><em>-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.</em><br/><br/><em>Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.</em><br/><br/><em>No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende".</em><br/><br/><strong>Eduardo Galeano</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Cada vez que recuerdo c&oacute;mo conoc&iacute; a Eva me viene a la mente el d&iacute;a que me recomend&oacute; <em>El libro de los abrazos</em>. Yo entonces hablaba ante sesenta personas con las manos en mi espalda, los ojos al suelo y el cuerpo pegado a la pared. Ella, como hoy, llenaba todas las estancias que habitaba, y fue as&iacute; como me ense&ntilde;&oacute; que yo tambi&eacute;n pod&iacute;a ser quien era sin temor.
    </p><p class="article-text">
        Hace menos de un mes me dijo con un atisbo de l&aacute;grimas en sus ojos: &ldquo;El d&iacute;a que llora Mariano, lloramos todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Horas m&aacute;s tarde era yo la que pasaba una madrugada sentada en el sof&aacute; de nuestro hogar con el ahogo propio de todas las despedidas. Mientras, ella me contaba que quer&iacute;a tatuarse un s&iacute;mbolo de aquellos dos a&ntilde;os y yo pensaba en el oto&ntilde;o que fue a verme a casa. Vino porque &iacute;bamos a entrevistar a Iv&aacute;n Ferreiro y acabamos hablando con &eacute;l por tel&eacute;fono: &ldquo;Dios es mi madre&rdquo;, confes&oacute;. Al d&iacute;a siguiente sus palabras salieron en la portada del peri&oacute;dico y mi madre nos llev&oacute; al mar; vi a Eva curarse mientras andaba la orilla y pensaba, quiz&aacute;s, en lo que ser&iacute;a quedarse eternamente entre su tierra y ese mar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Me pasa con ella que muchas veces me quedo callada, no porque no tenga nada que decir, sino porque entiendo que ni siquiera la lluvia puede arruinar los momentos perfectamente dise&ntilde;ados por el tiempo. Una noche me dijo que yo era como una transici&oacute;n entre su pasado y su presente y entend&iacute; que no hab&iacute;a nada mejor que formar parte del ayer de alguien y no querer dejar que fuera parte de tu futuro.
    </p><p class="article-text">
        Me habl&oacute; tambi&eacute;n del miedo y de las ganas de que todo saliera bien, de que no se quedaba con una despedida sino con la certeza de que la amistad estaba por encima de todo. Ah&iacute; s&iacute;, le dije, con sonrisa infinita, que no pod&iacute;a estar m&aacute;s de acuerdo. Ayer fui a verla a la que ahora es su casa y contempl&eacute; los recuerdos que hab&iacute;a dejado en aquel cuarto: la vez que inflamos una piscina de bolas por su cumplea&ntilde;os, las fotos, las l&aacute;grimas, los amigos, las cervezas, los besos en la ventana de una noche de verano. Antes de irme mir&eacute; el dormitorio desde la puerta, como si eso me otorgara la distancia suficiente para no sentir que una parte de m&iacute; se quedaba entre un cuarto sin ascensor y unas obras que no acababan nunca. Cuando bajamos las escaleras nos encontramos con Elvira y dijo: &ldquo;Siento mucho que te vayas, de verdad&rdquo;. Ah&iacute; supe que mi pr&oacute;xima vez en aquel rellano ser&iacute;a la de alguien que fue conocido en un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la gente piensa en Eva siempre la imagina riendo. Yo cuando pienso en ella la veo dici&eacute;ndome: &ldquo;Dime la verdad, Indri, t&uacute; me conoces&rdquo;. Y entonces evoco las veces que fui demasiado seria, demasiado dura, tal vez, demasiado intransigente, puede ser. Me imagino arreglando todos los errores cometidos en 2.741 d&iacute;as y supongo que si no hubieran existido tampoco ser&iacute;amos nosotras; tan infinitas, tan cuerdas, tan independientes, tan carne de poema.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/san-lorenzo_132_2042704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Jul 2018 20:04:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[San Lorenzo, 7]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,San Lorenzo,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[RHN Jueves]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/rhn-jueves_132_2062996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e6f0491-0271-445e-9716-79b789033443_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Todos los jueves veo a Emilio. La &uacute;ltima semana me pregunt&oacute; qu&eacute; me pasaba con cara de preocupaci&oacute;n. &ldquo;Hoy te veo m&aacute;s apagada&rdquo;, me dijo. Le contest&eacute; con una sonrisa que nadie sab&iacute;a mejor que &eacute;l lo que apretaba la vida. Que hab&iacute;a veces que se llevaba peor que otras. &Eacute;l me cont&oacute; que era muy creyente, que todos los viernes visitaba una capilla de la que no recuerdo el nombre y que al d&iacute;a siguiente pensar&iacute;a en m&iacute; cuando fuera. &ldquo;Voy a poner una velita para que te vaya todo bien&rdquo;, confes&oacute;. Me emocion&eacute; al pensar que algo tan importante para &eacute;l formar&iacute;a ahora tambi&eacute;n parte de m&iacute;. Entend&iacute; que yo no ten&iacute;a nada igual que ofrecerle porque no creo en nada m&aacute;s all&aacute; de que, por fortuna, la existencia tiene un l&iacute;mite asegurado. No sent&iacute; pena, sino que imagin&eacute; que mis buenos deseos hacia &eacute;l suplir&iacute;an de alg&uacute;n modo mi ausencia de creencias.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma semana mi amigo Manu me pregunt&oacute; qu&eacute; es lo que m&aacute;s me gustaba de ser yo mientras tecle&aacute;bamos en alguna de las nueve horas al d&iacute;a que pasamos juntos. Le respond&iacute; que sin duda era todo lo que no ten&iacute;a que ver conmigo; es decir, todas las personas que, como &eacute;l, rodeaban mi existencia con m&aacute;s amor del que podr&iacute;a llegar a merecer.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de todo, el domingo contempl&eacute; las paredes blancas que hab&iacute;an estado llenas de todos los museos a los que fui durante 730 d&iacute;as y vi el final de una cama llena de desconocidos, los restos de un cuarto en el nunca hubo amor sino verdades a medias y sent&iacute; como desprendi&eacute;ndose una parte de todo lo que soy. El miedo es un sentimiento muy valioso si te otorga la capacidad de seguir adelante; lo malo es cuando te encuentras mir&aacute;ndote desde fuera y d&aacute;ndote cuenta de que a medida que pasan los a&ntilde;os la vida lo &uacute;nico que hace es apretar m&aacute;s de lo que lo hac&iacute;a antes, como record&aacute;ndote que lo que queda ser&aacute;, con creces, peor de lo que imaginas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que en estas paredes blancas descubro bajo el mapa que me regal&oacute; mi padre aquel que pint&eacute; cuando llegu&eacute; a esta casa, recuerdo que mi deseo es viajar para siempre. Viajar y volver a casa para sentir que lo &uacute;nico que me gusta de ser adulta es sentarme con mis padres a beber cerveza al sol del eterno verano. Y hacerlo con la certeza de que ese amor tambi&eacute;n ha madurado y ya no se corresponde con la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n que era tener quince a&ntilde;os. A d&iacute;a de hoy hablo con ellos desde la distancia y me gusta hacerlo desde el portal de casa en las noches de verano. As&iacute; les siento m&aacute;s cerca de un modo totalmente inexplicable, pero ya me he acostumbrado a tener man&iacute;as que se escapan a m&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a poder elegir el tiempo detenido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/rhn-jueves_132_2062996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 Jun 2018 07:25:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[RHN Jueves]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infalible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/infalible_132_2767540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e49607c-f58f-4694-8bb3-4c605e57a292_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">“El tiempo es vago e impreciso, está fraccionado. ¿Qué nos pasa? Lo que ocurre fuera te está pasando a ti dentro. No vivimos el tiempo, estamos en el tiempo”.<br/><br/><strong>José María Sicilia</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Tengo una obsesi&oacute;n con las l&iacute;neas rectas que solo s&eacute; explicar a trav&eacute;s de fotograf&iacute;as que no les ense&ntilde;o a nadie y que solo se muestran a trav&eacute;s de una vida llena de caos. T&uacute; me pediste que te contara por qu&eacute; las escond&iacute;a y yo respond&iacute; con m&aacute;s silencio. Entonces t&uacute; me hablaste de la morena de aquel bar al que hab&iacute;as ido una vez y yo te habl&eacute; del tipo al que me hab&iacute;a encontrado en el ascensor. T&uacute; confesaste mientras and&aacute;bamos la madrugada y yo pens&eacute; c&oacute;mo ser&iacute;a el d&iacute;a en otra ciudad y quiz&aacute;s en otro tiempo. Imagin&eacute; un libro de poes&iacute;a, un partido de f&uacute;tbol, una cerveza, una avenida vac&iacute;a y un mundo por conquistar. Intu&iacute; un agosto en Madrid con alg&uacute;n fin de semana junto al mar, r&eacute;plica de la isla que no podr&iacute;a visitar.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; dijiste que conoc&iacute;as al que llevaba el tiempo. Que apuntaba en una libreta cu&aacute;nto se tardaba en recuperar la conciencia una vez se hab&iacute;a perdido todo atisbo de sentido com&uacute;n. Yo te pregunt&eacute; si cre&iacute;as que podr&iacute;a intercambiar algunas palabras con &eacute;l. Decirle que ya no cre&iacute;a en nada que no fuera un s&aacute;bado a los pies de mi ventana. Descubrirle mi miedo a no aparecer nunca entre esas p&aacute;ginas. T&uacute; se lo mencionaste de pasada, como quien se desliza por un d&iacute;a de lluvia, como quien huye al conocer la verdad.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; me hablaste de quedarnos a vivir en domingo por la ma&ntilde;ana y yo te mencion&eacute; al se&ntilde;or que nos hab&iacute;a robado el sol del mediod&iacute;a; de aquel ente que me era familiar y que ahora me hab&iacute;a quitado un hogar para convertirlo, de nuevo, <em>en aquel sitio en el que viv&iacute; durante un par de a&ntilde;os</em>. El sal&oacute;n estaba lleno de recuerdos y de noches que acaban con alg&uacute;n grito desesperado ante la ausencia de toda cordura. La habitaci&oacute;n ahora era como un museo de todo lo que hab&iacute;a sido y nunca fue, o de todo lo que estaba por venir.
    </p><p class="article-text">
        Me dijo mi padre que cuando una puerta se cierra se abre otra m&aacute;s grande. Supuse que una por la que pasar con m&aacute;s calma, m&aacute;s holgado, con menos p&aacute;nico y sin tantos reproches a todo lo que soy. Supuse eso entonces porque fue hace tan solo cuarenta minutos y todav&iacute;a ahora me sigo preguntando qu&eacute; le dir&iacute;as a ese hombre que expolia las vidas ajenas para ponerlas en manos del mercado.
    </p><p class="article-text">
        Ser&eacute; yo la que diga que he dejado de pensar que el bien o la bondad existen. Ya entiendo que mi reflejo en todos los coches en los que me encuentro no es m&aacute;s que una r&eacute;plica de un diablo ausente. Solo pido que ese tipo que lleva el tiempo consiga borrar mi nombre de todos los cuadernos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/infalible_132_2767540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 May 2018 08:27:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infalible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Relato]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Año nuevo de abril]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ano-nuevo-abril_132_2104325.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5ba1101-7644-48f9-a280-4892ee28609b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>Hoy llueve y es domingo. Hay hombres grises tatuados en las calles.</em><br/><br/><br/><strong>Benjamín Prado</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        La vida tambi&eacute;n son las cosas que se pierden, las que ya no est&aacute;n porque as&iacute; lo han decidido, las que no toman esa determinaci&oacute;n pero para las que el silencio s&iacute; decidi&oacute; que era demasiado tarde para existir deprisa.
    </p><p class="article-text">
        La vida tambi&eacute;n son las cosas que se pierden y las que no se sabe si se tienen. La inseguridad, el abismo ante lo ins&oacute;lito, la certeza de un a&ntilde;o nuevo en abril, la incertidumbre ante los 365 d&iacute;as anteriores que duraron m&aacute;s de dos a&ntilde;os; y ahora parece que ayer fueron los 2000.
    </p><p class="article-text">
        La vida es lo que nunca se ha tenido pero se ha intuido. El miedo a volver a caer, el rechazo, la cerveza de media tarde, andar Madrid de madrugada y sentir que son las seis de la tarde de un martes en mi ciudad. Andar Madrid un domingo por la ma&ntilde;ana y recordar el d&iacute;a que so&ntilde;aste que te persegu&iacute;an en medio de pir&aacute;mides de sal. Morir dormido y resucitar convencido de que estuviste all&iacute;, de que sucedi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La vida es aquella vez que alguien me dijo que ser&iacute;a un invierno fr&iacute;o y me di cuenta de que el hielo eran ellos, de que la oscuridad son todos los que hacen da&ntilde;o a sabiendas de que enfrente no solo tienen espejos donde mirarse.
    </p><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente recuerdo mucho aquel verano en que viaj&eacute; en coches de desconocidos y dorm&iacute; sola en un hotel mientras com&iacute;a pizza. S&eacute; que hab&iacute;a una hija que conduc&iacute;a y una madre que fumaba hierba con el ansia de cualquier adolescente, como si aquel cigarrillo fuera su vida y tuviera que apurarla durante seis horas de viaje. No olvido al joven de 18 a&ntilde;os que se sent&oacute; a mi lado enfundado en una camisa de cuadros y que se ahogaba con el humo y seguramente con el descubrimiento de que la madurez no siempre llega con la edad y hay algunos que siempre quisimos ser ajenos a los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        De mi viaje anterior tambi&eacute;n recuerdo a un tipo que me ofreci&oacute; dormir en mi cuarto como si la que tuviera que pedir permiso para besarle fuera yo. Ahora entiendo con un m&iacute;nimo de arrepentimiento que las respuestas adecuadas siempre llegan cuando ya nada importa. Cuando viajas solo tambi&eacute;n le pides fotos a desconocidos pensando que tal vez tu familia quiera saber de ti, que sobreviviste a la soledad o que eres soledad.
    </p><p class="article-text">
        Del resto de mi viajes no me apetece recordar nada hoy. Ser&aacute; porque quiero volver a sentarme frente al mar y no hacer lo que ten&iacute;a planeado: no leer, no escribir, no pensar. Aquello que fue un fraude durante dos d&iacute;as era en realidad la demostraci&oacute;n de que la inspiraci&oacute;n no llega, &uacute;nicamente, cuando se busca, sino que tambi&eacute;n hay momentos en los que no viene. Por mucho que se la espera. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ano-nuevo-abril_132_2104325.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 May 2018 08:14:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Año nuevo de abril]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tardes de mayo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/tardes-mayo_132_2129070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f72d1f84-df8f-4296-8f12-30585fdf419f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>Sabedor de que no hay causas victoriosas, me gustan las causas perdidas; estas exigen un alma entera, tanto en su derrota como en sus victorias pasajeras</em><br/><br/><strong>Albert Camus</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Una tarde vi salir a Almudena Grandes de una tienda de colchones de mi barrio mientras ten&iacute;a mi mirada clavada en su nuca. Me pareci&oacute; una imagen incluso po&eacute;tica. Aquella que se dedica a razonar las palabras atrapada en la cotidianeidad a la que, al final, todo el mundo pertenece.
    </p><p class="article-text">
        Me cuesta pensar en las personas como entes aislados de sus historias. La de ella, como la de tantos otros, no la s&eacute;. Pero son miles las veces que me pregunto en qu&eacute; piensan aquellos que caminan por la vida como si nada pudiera destruirlos, ajenos precisamente a la propia vida; a la de ellos y a la de todos. Imagino que dedicarse a uno mismo tambi&eacute;n requiere un esfuerzo que no todo el mundo es capaz de asumir. Me abruma el desd&eacute;n de tratar a otros disponiendo de su tiempo y su verdad, de un pasado que es presente porque nunca deja de ser y de estar. Esto tambi&eacute;n tiene algo de poes&iacute;a rota por todas sus esquinas.
    </p><p class="article-text">
        A menudo me sucede adem&aacute;s que me levanto y me cargo a la espalda todo lo que he vivido y salgo a la calle con un peso innecesario e inerte. Un relato hipotecado a treinta a&ntilde;os pero en realidad sin futuro. Afrontar cada d&iacute;a como si fuera el primero ser&iacute;a mandar a la mierda todo lo construido y convertirse en una edificio en ruinas; hacerlo como si fuera el &uacute;ltimo elimina toda esperanza y confianza en un porvenir con algo de &eacute;xito mediocre.
    </p><p class="article-text">
        Si se trata de confesar dir&iacute;a que he saltado todos los puentes de la ciudad y ninguna de las veces he mirado hacia abajo pensando que lanzarme ser&iacute;a como agonizar. Tengo una existencia por delante y aunque se acabe ma&ntilde;ana s&eacute; que no hay nada como enfrentarse a la realidad y entender que no se trata de querer mucho, sino de querer bien. Sobre todo, de quererse bien y recomendarse el bien para superar cada trampa con la valent&iacute;a propia de quien conoce su sombra mejor que sus enemigos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estuve en aquellos puentes me pregunt&eacute; qu&eacute; hab&iacute;a hecho mal sin darme cuenta de que las personas cambian, los a&ntilde;os pasan y nadie sabe muy bien c&oacute;mo o por qu&eacute; hace lo que hace. Lo m&aacute;s triste es no reconocerse en quien se era y no entender a quienes fueron. Qu&eacute; humano haber querido y preguntarse qui&eacute;nes son esos desconocidos que aparecen en las fotos, admitir que se trata de una sonrisa indescifrable y una vida tan ajena como la de todos los vecinos con los que nunca has hablado. La diferencia es que en ese tiempo se paraban todos los ruidos y ahora solo hay silencio ahogado: adi&oacute;s al amor, adi&oacute;s a la amistad, adi&oacute;s al pasado. Qu&eacute; humano y qu&eacute; sano lanzarse al vac&iacute;o de todos los cristales en los que nos reflejamos a sabiendas de que acabaremos rotos, sangrando a pedazos y con la certeza de que la vida es una sucesi&oacute;n de compa&ntilde;eros inseparables que dejan de serlo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="643" height="362" src="https://www.youtube.com/embed/k7XMYqx5tbM" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media" allowfullscreen></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/tardes-mayo_132_2129070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 May 2018 08:40:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tardes de mayo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Espejos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ventanas-medio-rotas_132_2140391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf7fdda2-8b6b-444d-8e24-8a3c7886d334_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><em>Qué importa lo que diga el mundo y cuán fiera sea la tormenta;</em><br/><br/><em>no dejes que te arrastre y te hunda bajo la arena.</em><br/><br/><em>Porque si logras mirar más allá del tiempo y del espacio, </em><br/><br/><em>de los números, de los colores y las formas,</em><br/><br/><em>hay un segundo en el que todo cobra sentido.</em><br/><br/><em>Y hasta el miedo desaparece.</em><br/><br/><em>Al fondo, entre las sombras, la luz ha dibujado una frase:</em><br/><br/><em>"No estás sólo en este mundo”.</em><br/><br/><em><strong>David Ruiz</strong></em><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        En mi cuarto hay una ventana que da a un edificio en obras. Mis vecinos me han contado que lleva as&iacute; a&ntilde;os. Que hace tiempo que se quejan esperando que se acabe. Yo oigo todas las ma&ntilde;anas a los obreros trabajar y lo &uacute;nico que siento es p&aacute;nico porque terminen de construirlo. Me gusta mirar las ventanas medio rotas y vislumbrar el ladrillo. Me da miedo que alg&uacute;n d&iacute;a se acabe y cuando mire enfrente vea una vida hecha y entonces tenga que enfrentarme a la m&iacute;a. Ahora por lo menos tengo un espejo en el que puedo contemplarme sin reproches porque est&aacute; tan en ruinas como lo estoy yo y no siento tristeza al decirle que no soy la persona que los otros ven de m&iacute;, sino el hast&iacute;o que ve &eacute;l cada ma&ntilde;ana, la espera, las cervezas en soledad cualquier noche de verano o las l&aacute;grimas de casi cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No soy la persona que los otros ven de m&iacute; porque ni siquiera s&eacute; qui&eacute;n soy. C&oacute;mo podr&iacute;a entonces mostrarme a los dem&aacute;s sin decirles que en realidad represento un fraude como otro cualquiera: una fot&oacute;grafa frustrada, una periodista acomodada.&nbsp; C&oacute;mo podr&iacute;a demostrarles lo que estoy dispuesta a hacer por ellos si tengo la culpa tan arraigada que no s&eacute; c&oacute;mo enfrentarme a una vida llena de hip&oacute;critas que ayudan a desconocidos y son incapaces de ayudarse a s&iacute; mismos.
    </p><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a cont&eacute; los d&iacute;as que llevaba sin ir a casa y el calendario me dijo que eran 112. Ser&aacute; porque volver es siempre casi como urgencia que aguanta meses en lista de espera porque no existe ni dinero ni tiempo para adelantarse. Ahora que regreso para celebrar otros 365 d&iacute;as me doy cuenta de que el paso del tiempo son las cicatrices que tiene mi cuerpo y las veces que repito todo lo que he vivido; la calma por saber que ya no finjo ante extra&ntilde;os y la certeza de que la felicidad son momentos que se olvidan como negar&eacute; mi juventud cuando llegue la tormenta.
    </p><p class="article-text">
        Pero qu&eacute; importa el dinero o el tiempo si lo que se tiene no compensa nunca el sufrimiento. No s&eacute; si he tardado demasiado o siempre lo hab&iacute;a sabido, pero lo m&aacute;s importante son las personas que te rodean y las ganas de que no dejen de estar. Tengo una amiga a la que hace catorce a&ntilde;os que conozco y a&uacute;n me parecen pocos cuando me recuerdan que me perd&iacute; doce a&ntilde;os de su existencia. Por eso hablo de la relatividad de cada segundo, de lo extra&ntilde;o que es que otro se acuerde de ti en la soledad de su hogar, o en una fiesta, o en el metro; lo raro que resulta que otra persona haya pensado alguna vez en ti y t&uacute; nunca vayas a saberlo me parece suficiente excusa para maravillarse cuando s&iacute; eres consciente de tal hecho. C&oacute;mo ser indiferente al otro si el m&aacute;s m&iacute;nimo gesto me sorprende y me abruma a partes iguales. Me inquieta la distancia de las mentiras y la sinceridad oculta, la existencia de la verdad como excusa para suplantar todo lo que no se dijo. C&oacute;mo ser indiferente al otro si el m&aacute;s m&iacute;nimo recuerdo me conmueve.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ventanas-medio-rotas_132_2140391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 May 2018 09:55:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Espejos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autonomía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/autonomia_132_2189422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbf51a66-b966-4ba1-96ed-62a91f1d2895_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Los fil&oacute;sofos pueden decirnos que es irrelevante lo que el mundo piense de nosotros, que solo vale lo que somos. Pero los fil&oacute;sofos no comprenden nada. En la medida en que vivimos con la gente, no somos m&aacute;s que lo que la gente piensa que somos. [...] Cuando ya no nos interesamos por la forma en que nos ve aquel a quien amamos, significa que ya no le amamos&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Milan Kundera</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ayer pens&eacute;: &ldquo;Mejor ma&ntilde;ana&rdquo;. Hoy pens&eacute;: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no lo hice ayer?&rdquo;. Y ahora ya es tarde. Soy como esos ateos que se pasan el d&iacute;a hablando de Dios; en realidad soy esa atea que se pasa el d&iacute;a hablando de Dios. Soy como esos tipos que se preguntan todo el rato qu&eacute; hacer para cambiar y pasadas veinticuatro horas se dan cuenta de que siguen el mismo lugar que cada semana. S&iacute;, en realidad tambi&eacute;n soy ellos camuflada en un triunfo imaginario.
    </p><p class="article-text">
        El momento en el que le habl&eacute; a un Dios en el que no cre&iacute;a supe que algo no iba bien. Le escrib&iacute; una carta, le dediqu&eacute; unas palabras, algunos pensamientos. Le pregunt&eacute; mis dudas esperando respuestas inmediatas y alguien me contest&oacute;: &ldquo;T&oacute;mate tu tiempo&rdquo;. Tiempo como respuesta para todo lo malo, porque la verdad es que cuando la mierda rodea la existencia nadie tiene otra soluci&oacute;n que tiempo. Pasan los a&ntilde;os y sigues rodeado de la misma suciedad &eacute;tica pero a&uacute;n eres joven para revolucionar el mundo porque <em>t&uacute; puedes con todo</em>. &iquest;Nadie se ha dado cuenta ya de que tal vez cre&eacute;rselo genera m&aacute;s frustraci&oacute;n que aceptar que querer no es siempre poder?
    </p><p class="article-text">
        Entiendo que justo ah&iacute; es cuando en la cara de cualquier ser aparece una sonrisa falsa que se traduce en algo as&iacute; como: &ldquo;J&oacute;dete, ya tengo suficiente con lo m&iacute;o&rdquo;. &iquest;Y qui&eacute;n ser&iacute;a capaz de reproch&aacute;rselo? Dios, quiz&aacute;s. Un concepto al que aferrarse para que perdone pensamientos y culpas injustas. La inexistencia como justificaci&oacute;n para una supervivencia abusiva e inmerecida, como reclamo para solventar el miedo de enfrentarse a quien se es; el salvador que nos absuelve de los pecados que ni siquiera nosotros somos capaces de perdonarnos. Y tiene que venir un desconocido a suplantar nuestra conciencia.
    </p><p class="article-text">
        Estoy harta del optimismo recalcitrante como remedio para un mundo que se rompe a pedazos. Un mundo que tiene como gu&iacute;as morales a quienes se jactan de no estudiar, a pol&iacute;ticos que en lugar de afrontar sus responsabilidades se esconden hasta que se les olvide, de la fachada de una madurez que solo busca dinero, de la autonom&iacute;a como justificaci&oacute;n para una ego&iacute;smo velado. El mundo est&aacute; lleno de cobardes en el amor, en la amistad, en el trabajo. De cobardes que se levantan cada d&iacute;a pensando en su siguiente excusa, en el pr&oacute;ximo coraz&oacute;n que romper, vida que despreciar, silencio que mantener.
    </p><p class="article-text">
        El mundo est&aacute; lleno de valientes a la sombra de cobardes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe width="643" height="362" src="https://www.youtube.com/embed/IkSvqd_wYB8" frameborder="0" allow="autoplay; encrypted-media" allowfullscreen></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/autonomia_132_2189422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Apr 2018 08:21:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Autonomía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad herida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ciudad-herida_132_2235648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/158c9334-0057-44a6-be86-9e3c9c6a8346_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">-Las ventanas son los ojos de la ciudad -dijo Traveler- y naturalmente deforman todo lo que miran.<br/><br/><strong>Julio Cortázar, '<em>Rayuela'</em></strong><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Durante un viaje con personas en medio del mar y la noche con personas que hu&iacute;an de lo que cre&iacute;an que era su destino, el fot&oacute;grafo Christopher Anderson pens&oacute; que iba a morir y, a&uacute;n as&iacute;, nunca dej&oacute; de disparar. &ldquo;Mucho m&aacute;s tarde, ya a salvo en mi casa, me pregunt&eacute;: '&iquest;Por qu&eacute; hacemos fotograf&iacute;as que nadie ver&aacute;?' La &uacute;nica explicaci&oacute;n que se me ocurri&oacute; es el hecho de que hacer fotograf&iacute;as tiene m&aacute;s que ver con el deseo de explicarse el mundo a uno mismo que con ense&ntilde;arle algo a otros&rdquo;, confes&oacute; Anderson.
    </p><p class="article-text">
        Y es que en realidad las ventanas son como las fotograf&iacute;as, deforman o forman lo que somos y lo que queremos ser. Al final del d&iacute;a uno se da cuenta de la soledad que arrastra y piensa que tal vez todo lo que haga sea para sobrevivirse o para superar un d&iacute;a m&aacute;s, un d&iacute;a menos. Aparte de explicarme el mundo haciendo fotos, pienso que me gustar&iacute;a que esa ausencia nocturna pasara a ser convivencia eterna con desconocidos a trav&eacute;s de, c&oacute;mo no, las palabras; tambi&eacute;n de las que se escriben con luz. Me acuerdo de los desconocidos porque hasta que se convierten en rostros que no son ajenos pasa el tiempo suficiente para inventarme lo que escondo.
    </p><p class="article-text">
        Una ventana no es otra cosa que un modo de mirar, de expresarse, de encerrarse, de separar realidades; de unir a veces, pero nunca del todo. Los protestantes no utilizan cortinas porque, aseguran, no tienen nada que esconder. Es un alegato en contra de la desconfianza y a favor del otro. Por eso esto es tambi&eacute;n un manifiesto que proclama la libertad como &uacute;nica soluci&oacute;n para el desasosiego: una sombra que no encierre a trabajadores hastiados en Berl&iacute;n o en Praga, unas rejas en Rodalquilar y el bien contra el mal en Tenerife, una ventana cerrada en Bacalar y la oscuridad que florece en Copenhague.
    </p><p class="article-text">
        El mundo solo se acerca gracias a quienes est&aacute;n dispuestos a abrir y abrirse las mentes, a&nbsp;romper los muros que hacen casas y no hogares y a derribar las fronteras que marcaron al olvido. Yo, que vengo de una isla en la que las ventanas se juntan con el mar, propongo congelar las ciudades justo en ese instante.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ciudad-herida_132_2235648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Mar 2018 09:21:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ciudad herida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ministra Soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ministra-soledad_132_2248500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/266bb292-e0ff-47f3-ab21-cfed5a9474a9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Que en Reino Unido haya algo as&iacute; como una Ministra de Soledad puede resultar incluso po&eacute;tico. Porque los versos son todo lo que se construye en silencio, en un cuarto vac&iacute;o, en una p&aacute;gina en blanco, en una mente distra&iacute;da por el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Que alguien haya decidido que es necesario instaurar un cargo que se dedique a gestionar el mayor miedo de otros solo puede significar dos cosas; y yo me inclino por pensar que la causa es que ya las personas ni estamos solas ni sabemos estarlo.
    </p><p class="article-text">
        Si existiese un espacio dedicado a la aut&eacute;ntica reflexi&oacute;n sin el ruido del mundo, nadie se sentir&iacute;a demasiado vac&iacute;o ni demasiado aislado. Aprender a disfrutar de ese tiempo tambi&eacute;n significar&iacute;a saber apreciar el que se pasa con otros. Y entonces no habr&iacute;a Ministra, ni de ese, ni puede que de cualquier otro asunto.
    </p><p class="article-text">
        Es este, como siempre, el escenario que pienso todos los d&iacute;as a las tres despu&eacute;s de comer. Cuando quiero so&ntilde;ar pero veo que la humanidad pasea para volver a su labores y me doy cuenta de que yo tambi&eacute;n deber&iacute;a. Entonces disimulo y hago como que estoy despierta y me imagino qu&eacute; estar&aacute; haciendo, no la humanidad, sino la mirada que tengo enfrente. Y as&iacute; lunes tras lunes mis ojos atraviesan un cristal que nadie ha limpiado nunca y que no me deja imaginar, del todo, ni qui&eacute;n soy ni qui&eacute;n hay.
    </p><p class="article-text">
        Si yo fuera la Ministra de Soledad me pasar&iacute;a el d&iacute;a escribiendo cartas para mitigar la fatiga de la ignorancia. Relatar&iacute;a todas mis dudas para suavizar las suyas y nadie podr&iacute;a decir que no lo intent&eacute;. Les contar&iacute;a la incertidumbre que causan algunas semanas, el miedo a no volver a sentir lo mismo, la culpabilidad por creer que todo se acaba cuando nunca empez&oacute;, el desconcierto de no saber si alg&uacute;n d&iacute;a suceder&aacute; lo que imaginaste: un paseo por la costa francesa, doce horas en coche, un hostal en Par&iacute;s y otro en Roma, unas latas de cerveza en Manarola y un viaje de vuelta con parada en cada pueblo con la excusa de que, esta vez s&iacute;, hab&iacute;amos encontrado la foto perfecta. Ambos sabr&iacute;amos de la inexistencia de tal instant&aacute;nea, pero disimular&iacute;amos con nuestras c&aacute;maras a cuestas. Porque ninguno querr&iacute;a decir que lo que s&iacute; existe somos nosotros, y que regresar implicar&iacute;a enfrentarse, una y otra vez, al compromiso con la rutina.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de escribirlo me he dado cuenta que posiblemente no ayudar&iacute;a a nadie con esas cartas, sino que simplemente les ahogar&iacute;a un poco m&aacute;s en la desesperaci&oacute;n de lo que no tuvieron, o de lo que quisieron tener. Tal vez ser Ministra no sea la profesi&oacute;n que m&aacute;s me corresponda y deba quedarme en lo que siempre fui: experta en alquiler de incertidumbres.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/ministra-soledad_132_2248500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Feb 2018 09:27:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ministra Soledad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dejarlo ir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/dejarlo-ir_132_2793362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80920cb9-c2b9-4262-959d-d36e997b68e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        <em>Una estrella fugaz, un deseo poder volver locos a los cuerdos para que puedan ver que los locos son otros, los locos son ellos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>David Ruiz</strong>
    </p><p class="article-text">
        Recientemente se ha publicado un informe de Oxfam titulado <em>Premiar el trabajo, no la riqueza</em>, del que se concluye, seg&uacute;n la revista <em>PlayGround</em>, que en Nigeria, por ejemplo, el hombre m&aacute;s rico podr&iacute;a sacar de la pobreza extrema a dos millones de personas. En Indonesia, los 27 hombres m&aacute;s ricos poseen la misma riqueza que 100 millones de vecinos. En Estados Unidos, las tres personas m&aacute;s ricas tienen la misma riqueza que la mitad m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n de Estados Unidos, o sea, de unos 160 millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; calcular qu&eacute; significa eso, principalmente porque ignoro el valor de cualquier cifra en la que se incluya millones de euros. A&uacute;n as&iacute;, lo que me preocupa no es el dinero, sino sentir la certeza del ego&iacute;smo. No es el dinero el problema, sino quienes lo tienen y no son capaces de mirar los ojos de las personas que se cruzan cada d&iacute;a y no sentir verg&uuml;enza por vivir una vida que solo los incluye a ellos.
    </p><p class="article-text">
        Conozco a un hombre que paga 300 euros de alquiler y gana 600, una profesora que sabe cuatro idiomas y no tiene para cenar cada d&iacute;a, un cocinero que duerme en la calle y lucha por conseguir un trabajo; la primera vez que lo vi grit&oacute; un &ldquo;te quiero&rdquo; despu&eacute;s de que alguien le comprara una barra de pan. Por eso definitivamente el dinero no es el problema.
    </p><p class="article-text">
        Conozco a multimillonarios que devuelven todo lo que tienen, que generan transformaci&oacute;n a favor de una justicia ausente. Pero tambi&eacute;n me conozco a m&iacute; misma y me asusta pensar que esos d&iacute;as en los que quisiera ganar m&aacute;s se conviertan en una constante. S&eacute; que no soy la &uacute;nica, o al menos me consuelo en ello. Que al final de mes ya nadie quiere ser altruista nunca m&aacute;s, nadie quiere compartir lo que tiene porque deja de encontrarle significado, porque le consume la rabia de saber que hay otros que podr&iacute;an inculcar un ejemplo sin esfuerzo, mientras existen quienes se entregan sin pensar el c&oacute;mo y el cu&aacute;ndo.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute;, como siempre, el valor de la voluntad. Cuando de peque&ntilde;os nos advert&iacute;an de que todo aquel que quer&iacute;a alcanzar un objetivo iba a tener que sacrificar algo nadie hablaba de dinero. Se refer&iacute;an al tiempo, a la libertad, a la verdad, al amor. Resignarse a perder una parte por un bien mayor. Y no hay recompensa m&aacute;s alta que darse al otro, principalmente porque la recompensa es doble y eterna y porque el esfuerzo es tan honesto que duele que no sea incesante.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me alarma es que llegue ese momento en el que el desasosiego inunde las calles y todos pasemos a despreocuparnos de lo que creemos que no nos pertenece. Que llegue la fecha en que dejemos de luchar pensando que la muerte nos consume antes de tiempo. En entonces cuando me pregunto: &iquest;qui&eacute;n ser&aacute; suficientemente fuerte para ocupar la resistencia?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/dejarlo-ir_132_2793362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Feb 2018 10:47:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dejarlo ir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Generación Y]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/generacion_132_2813677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &ldquo;Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hacia rutas salvajes</em>
    </p><p class="article-text">
        Hubo un d&iacute;a en el que aprend&iacute; que el silencio siempre suena a despedida.
    </p><p class="article-text">
        Fue hace a&ntilde;os, pero lo record&eacute; al repasar mi vida. Me levanto a las 7.47 con el tiempo que viene a cuestas. Enciendo la radio y cargo con las 24 horas anteriores. Bajo al metro y apago la radio. Enciendo la m&uacute;sica. Llego al trabajo y hasta que no se enciende el ordenador no apago la m&uacute;sica del m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Entonces pienso que tal vez me molesta el silencio porque es ausencia. Porque escuchar el ruido de lo que me rodea me incomoda, porque el silencio es como un sof&aacute; vac&iacute;o abandonado en medio de la calle. Como una asiento sin ocupante en un metro repleto. Como todas las &uacute;ltimas veces.
    </p><p class="article-text">
        James aprendi&oacute; que el silencio suena muy fuerte despu&eacute;s de que Alyssa lo abandonara. Yo miento, porque el d&iacute;a que lo hice no lo recuerdo con exactitud. Lo re-aprendo cada vez que escribo porque es el &uacute;nico momento en el que necesito abandono absoluto para encontrarme. Y no es que quiera reflejarme, sino que me urge la calma para sobrevivirme y contar, aunque sea, que lo meses que pasan con discreci&oacute;n no ser&aacute;n memoria de los j&oacute;venes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ignoro si es este s&iacute;ndrome de una generaci&oacute;n que vive por y para el estruendo constante: aceptaci&oacute;n de su alrededor, informaci&oacute;n inagotable, entretenimiento infinito y facilidad absoluta. Ya no s&eacute; si es que me equivoqu&eacute; de a&ntilde;o o que los a&ntilde;os se han equivocado conmigo, pero siento perderme todas las cosas buenas por miedo a un esfuerzo en vano.
    </p><p class="article-text">
        Desconozco si aquello que me aflige es causa com&uacute;n de todos a los que llaman por nombres que no le pertenecen. Entiendo que en eso prefiero el silencio; no preguntar por si me topo conmigo misma vestida de otra forma, con otra profesi&oacute;n, otra cara, y los mismos problemas. En eso y en otras muchas cosas, porque a veces quiero solo silencio cuando se trata de contar qui&eacute;n soy alzando la voz, o cuando se trata de explicarle a desconocidos asuntos que ni siquiera t&uacute; entiendes.
    </p><p class="article-text">
        El silencio es todo lo que somos condensado en una botella de cerveza vac&iacute;a. El silencio es todo lo que queremos ser, todo lo que queremos decir, todo lo que no dijimos, todo lo que gritaremos, todo lo que, con suerte, un d&iacute;a, seremos. El silencio es tambi&eacute;n, a veces, la decisi&oacute;n m&aacute;s valiente, la m&aacute;s justa. Aunque siempre me quedo con la sensaci&oacute;n de que la m&aacute;s dolorosa. Porque no hablar es tambi&eacute;n no decir la verdad; y esa es, en cualquier caso, la &uacute;nica que merece espacio en la renuncia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Indra Kishinchand López]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jan 2018 08:01:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Generación Y]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Indra Kishinchand López,Tenerife Opina]]></media:keywords>
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