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    <title><![CDATA[elDiario.es - Hermanos Coen]]></title>
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      <title><![CDATA[‘Dos chicas a la fuga', el alocado e imperfecto viaje en solitario del pequeño de los hermanos Coen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/chicas-fuga-alocado-e-imperfecto-viaje-solitario-pequeno-hermanos-coen_129_10968526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3026ece5-6a47-441d-9987-5de77e2126cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Dos chicas a la fuga&#039;, el alocado e imperfecto viaje en solitario del pequeño de los hermanos Coen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ethan Coen coescribe con su pareja Tricia Cooke una comedia marcada por la ligereza y el gamberrismo, con Margaret Qualley y Geraldine Viswanathan de protagonistas</p><p class="subtitle">Crítica - La ambición desbocada de Denis Villeneuve convierte 'Dune: parte dos' en un espectáculo agotador
</p></div><p class="article-text">
        El momento en el que a Ethan Coen dej&oacute; de gustarle el cine fue cuando empez&oacute; a parecerse demasiado a trabajar. Las dos &uacute;ltimas producciones que hab&iacute;a encabezado junto a su hermano Joel &ndash;con quien llevaba trabajando desde los a&ntilde;os 80&ndash; hab&iacute;an sido muy complicadas de poner en pie, y tampoco es que hubieran encandilado a la cr&iacute;tica. <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</em> propon&iacute;a una mirada sat&iacute;rica dif&iacute;cil de desentra&ntilde;ar al ecosistema hollywoodiense, mientras que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/buster-scruggs-western-coen-genialidad_1_1836220.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La balada de Buster Scruggs</em></a> era una desigual antolog&iacute;a w&eacute;stern que hab&iacute;a necesitado a Netflix para materializarse. Y los Coen estaban cansados. &ldquo;Despu&eacute;s de 30 a&ntilde;os no es que haya dejado de ser divertido, pero es m&aacute;s un trabajo de lo que lo era antes&rdquo;, ha explicado Ethan en una entrevista con Deadline.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Joel sent&iacute;a lo mismo, pero no tanto como yo (...) As&iacute; que si nadie te obliga a hacerlo, llega un punto en que te preguntas por qu&eacute; lo est&aacute;s haciendo&rdquo;. Ethan se mostraba as&iacute; de franco durante la promoci&oacute;n de su primer largometraje sin Joel, el documental de 2022 <em>Jerry Lee Lewis: M&uacute;sica del diablo</em>. Este llegaba algo despu&eacute;s de que su hermano mayor tambi&eacute;n hubiera puesto en pie una pel&iacute;cula en solitario, que alcanzar&iacute;a bastante m&aacute;s notoriedad que la suya: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/macbeth-apple-tv-joel-coen-mcdormand_1_8638004.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La tragedia de Macbeth</em></a>, adaptaci&oacute;n de William Shakespeare auspiciada por Apple que le dar&iacute;a a Denzel Washington otra nominaci&oacute;n al Oscar. Hoy por hoy, sin embargo, los admiradores del cine de los Coen pueden respirar con alivio porque tanto Joel como Ethan ya han confirmado que pronto volver&aacute;n a trabajar juntos, en una pr&oacute;xima pel&iacute;cula de terror.
    </p><p class="article-text">
        Entretanto, resulta muy interesante comparar sus trayectorias separadas. &iquest;Es posible que, al recorrer caminos independientes, Ethan y Joel hayan revelado los polos entre los que articularon las tensiones primordiales de su cine? &iquest;La distancia que mediaba entre ambos caracteres? Sea como sea, ocurre que mientras Joel ha dirigido un escrupuloso Shakespeare en blanco y negro, su hermano peque&ntilde;o ha pasado del documental rockero a una comedia absurda protagonizada por lesbianas que asegura inspirarse en el cine de explotaci&oacute;n de los 70. Se titula <em>Dos chicas a la fuga</em> y, m&aacute;s all&aacute; de que Henry James sea un motivo recurrente para los chistes, no parece una pel&iacute;cula con demasiada solera literaria.
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        Hay otro tipo de simetr&iacute;a en esta separaci&oacute;n (afortunadamente moment&aacute;nea), y es la que apela a las parejas respectivas de los hermanos. Frances McDormand y Tricia Cooke llevan tiempo casadas con Joel y Ethan Coen, el mismo tiempo que tambi&eacute;n han trabajado en sus pel&iacute;culas. McDormand ha protagonizado de forma recurrente el cine de los Coen, mientras que Cooke ha sido una montadora habitual desde <em>Muerte entre las flores</em>. Una vez los caminos divergieron, McDormand protagoniz&oacute; <em>Macbeth</em> para Joel, y Cooke ha coescrito <em>Dos chicas a la fuga </em>con Ethan. Aunque la historia es algo m&aacute;s compleja en este &uacute;ltimo caso.
    </p><p class="article-text">
        El guion de <em>Dos chicas a la fuga</em> estuvo a punto de rodarse en 2007. Ethan y Tricia Cooke lo hab&iacute;an escrito pensando en que lo rodara una amiga de la pareja, la directora independiente Allison Anders (conocida por pel&iacute;culas como <em>Coraz&oacute;n salvaje</em>). La idea de Cooke, por su parte, proven&iacute;a de un inter&eacute;s por explorar una realidad bastante alejada de las ficciones que sol&iacute;a cultivar su marido, en torno a la cultura LGTBIQ+ de los a&ntilde;os 90. Y es que Cooke se identifica como mujer lesbiana. Su matrimonio con Coen <a href="https://people.com/inside-ethan-coen-and-tricia-cooke-s-marriage-and-drive-away-dolls-8598835" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no es demasiado convencional</a>, en sus propias palabras, puesto que ambos tienen otras parejas m&aacute;s all&aacute; de la vida en com&uacute;n. Hay que entender <em>Dos chicas a la fuga</em>, por tanto, como una creaci&oacute;n entusiasta de Cooke (debutando aqu&iacute; como guionista) de la que ha querido hacer c&oacute;mplice a su marido.
    </p><p class="article-text">
        Cooke y Coen reescribieron <em>Dos chicas a la fuga</em> durante el confinamiento, que les pill&oacute; a ambos en San Francisco. Desde entonces han querido transmitir que se trata de un proyecto ligero, una forma divertida de haber pasado tiempo juntos &ndash;en franco contraste, de nuevo, con las aspiraciones que el otro Coen y McDormand parec&iacute;an comunicar con <em>La tragedia de Macbeth</em>&ndash;, aunque la experiencia no tenga por qu&eacute; limitarse a esto. Ethan, m&aacute;s all&aacute; de la prometida reuni&oacute;n con su hermano, ha afirmado que quiere escribir con su esposa toda una trilog&iacute;a de comedias protagonizadas por lesbianas. Margaret Qualley, que tambi&eacute;n protagoniza <em>Dos chicas a la fuga</em>, ya se ha comprometido al <a href="https://deadline.com/2024/01/honey-dont-margaret-qualley-ethan-coen-1235803703/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rodaje de </a><a href="https://deadline.com/2024/01/honey-dont-margaret-qualley-ethan-coen-1235803703/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Honey Don&rsquo;t</em></a>.
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                Tricia Cooke y Ethan Coen, guionistas de &#039;Dos chicas a la fuga&#039;.                            </span>
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        Teniendo todo esto en mente, quiz&aacute; sea algo m&aacute;s f&aacute;cil calibrar la genealog&iacute;a de <em>Dos chicas a la fuga</em>, y entender a partir de ah&iacute; por qu&eacute; esta pel&iacute;cula hace las cosas que hace. <em>Dos chicas a la fuga</em> se ambienta en 1999. Est&aacute; protagonizada por dos amigas lesbianas, Jamie (Qualley) y Marian (Geraldine Viswanathan, descubierta en la muy reivindicable <em>#Sexpact), </em>que emprenden un viaje por carretera hacia Tallahassee, Florida. Ambas tienen personalidades opuestas, entre la extrovertida promiscuidad de Jamie y la timidez de Marian, pero ese no ser&aacute; el principal conflicto que estalle durante la ruta. El coche que han alquilado tiene un cargamento muy codiciado por varios criminales, lo que provocar&aacute; una persecuci&oacute;n contra las protagonistas a trav&eacute;s del pa&iacute;s, repleta de enredos y personajes exc&eacute;ntricos.
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento, es f&aacute;cil asumir <em>Dos chicas a la fuga</em> como una pel&iacute;cula &ldquo;mucho m&aacute;s Coen&rdquo; que <em>La tragedia de Macbeth</em>. Las peripecias de Qualley y Viswanathan est&aacute;n marcadas por un humor entre negro y surrealista, que acostumbra a emanar de la idiotez de sus interlocutores. La secreta amargura del cine de los Coen suele extraerse de escenarios cuyos habitantes son mucho m&aacute;s est&uacute;pidos que quienes los escriben, lo que de vez en cuando puede conducir a un distanciamiento emocional algo desagradable. Distanciamiento que en <em>Dos chicas a la fuga</em> se agrava por la fama de los int&eacute;rpretes de esos personajes sat&eacute;lite: por aqu&iacute; tenemos al inevitable Pedro Pascal, junto a Matt Damon, el actualmente nominado al Oscar Colman Domingo, Beanie Feldstein <em>(S&uacute;per empollonas)</em> o incluso Miley Cyrus.
    </p><p class="article-text">
        Sus di&aacute;logos acogen un ritmo veloz y toman siempre direcciones inesperadas, logrando que los escasos 84 minutos que dura el film parezcan m&aacute;s escasos a&uacute;n. Confirman, en fin, una impronta Coen que ser&aacute; muy bien recibida para los seguidores del cine de ambos hermanos, pero desde luego <em>Dos chicas a la fuga</em> no solo es una pel&iacute;cula Coen. La mano de Tricia Cooke, as&iacute; como ciertos referentes, le otorgan una distinci&oacute;n muy concreta.
    </p><h3 class="article-text">La virtud del capricho</h3><p class="article-text">
        La realizaci&oacute;n de Ethan, por otra parte, nos remite a la fase m&aacute;s &ldquo;dibujo animado&rdquo; del cine de los Coen, cuando entre los 80 y los 90 manten&iacute;an una estrecha relaci&oacute;n con Sam Raimi y pel&iacute;culas como <em>Arizona Baby</em> o <em>El gran salto</em> jugaban con una gram&aacute;tica hist&eacute;rica. <em>Dos chicas a la fuga</em> no llega a ese nivel, pero desde luego est&aacute; montada a gran velocidad y es prolija en &aacute;ngulos de c&aacute;mara agresivos, as&iacute; como en imaginativas transiciones entre escenas. La pel&iacute;cula es muy estimulante visualmente, aunque en este apartado puedan vislumbrarse tambi&eacute;n las flaquezas m&aacute;s obvias de la propuesta.
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                    alt="Pedro Pascal es uno de los personajes secundarios de &#039;Dos chicas a la fuga&#039;."
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                Pedro Pascal es uno de los personajes secundarios de &#039;Dos chicas a la fuga&#039;.                            </span>
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        Coen y Cooke han asegurado inspirarse en el cine de Russ Meyer y John Waters, as&iacute; como en alguna pel&iacute;cula LGTBIQ+ ic&oacute;nica como <em>But I&rsquo;m a Cheerleader</em> &ndash;el recordado film de Natasha Lyonne es visible sobre todo durante los <em>flashbacks</em> de la juventud de una de sus protagonistas, de utilidad narrativa m&aacute;s bien difusa&ndash;, que habr&iacute;an definido las claves est&eacute;ticas y tonales de <em>Dos chicas a la fuga</em>. En especial, los coguionistas habr&iacute;an reparado en una imagen setentera, de cine de bajo presupuesto al que ver desde los proverbiales autocines, tratando de amoldarlo al contexto de los a&ntilde;os 90 donde se ambienta la historia.
    </p><p class="article-text">
        Es un caudal de referentes heterog&eacute;neo, contradictorio incluso, que sin duda le da a <em>Dos chicas a la fuga</em> un aire muy especial. El problema es que tambi&eacute;n trasluce una especificidad ocasionalmente indigesta, que podr&iacute;a llegar a&nbsp;pasar por capricho incomprensible. El metraje de <em>Dos chicas a la fuga</em> est&aacute; atravesado por una serie de pasajes alucin&oacute;genos donde Coen juega ca&oacute;ticamente con las formas, retratando un viaje de LSD cuyo significado &uacute;ltimo parece tan exigente como saber qui&eacute;n es Cynthia Plaster Caster &ndash;respuesta, una artista famosa por haber moldeado escayolas de penes de estrellas del rock en la d&eacute;cada de los 70&ndash; de cara a comprender en su totalidad uno de los m&uacute;ltiples giros de la trama.
    </p><p class="article-text">
        <em>Dos chicas a la fuga</em> no hace concesiones. Coen y Cooke han escrito de lo que conocen, de lo que a ellos les hace gracia, y esto tambi&eacute;n es extrapolable a la torpeza con la que se ubica la pel&iacute;cula dentro de los debates contempor&aacute;neos sobre representaci&oacute;n <em>queer</em>. <em>Dos chicas a la fuga</em> es una pel&iacute;cula a la que le hace una gracia tremenda meter varios chistes sobre dildos por minuto, y donde sus mujeres lesbianas est&aacute;n definidas de forma gruesa por los t&oacute;picos y la fruici&oacute;n con la que puedan acostarse con otras mujeres lesbianas. Detalles que, si bien refrendan el aire hedonista del film, no dejan de incidir en el aire herm&eacute;tico de la propuesta. En la sensaci&oacute;n de que se trata de una fiesta a la que no todo el mundo est&aacute; invitado.
    </p><p class="article-text">
        Porque es la fiesta de Coen y Cooke. Solo de ellos. Y es algo que tambi&eacute;n puede ser admirable. <em>Dos chicas a la fuga</em> resulta una pel&iacute;cula err&aacute;tica, marcada muchas veces por la arbitrariedad, y un arrogante sentido del humor al que no le importa lo m&aacute;s m&iacute;nimo caerte en gracia. Tambi&eacute;n es una obra convencida de su propia irrelevancia, sin m&aacute;s aspiraciones que pasar un rato majete, y que permite imaginar a sus espaldas a una pareja de dos personas muy ocurrentes que se quieren mucho. Es una pel&iacute;cula hermosa y libre, en definitiva. Una pel&iacute;cula que hay que celebrar en sus propios t&eacute;rminos, porque desde luego no se parece ni remotamente a trabajar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Corona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/chicas-fuga-alocado-e-imperfecto-viaje-solitario-pequeno-hermanos-coen_129_10968526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Feb 2024 22:31:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘Dos chicas a la fuga', el alocado e imperfecto viaje en solitario del pequeño de los hermanos Coen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Críticas de cine,Estrenos de cine,Hermanos Coen,Cineastas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Macbeth' demuestra 400 años después que el poder sigue corrompiendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/macbeth-apple-tv-joel-coen-mcdormand_1_8638004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a34c22cf-6ad8-46c8-9fb1-d3272471a8bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1038316.jpg" width="4587" height="2580" alt="&#039;Macbeth&#039; demuestra 400 años después que el poder sigue corrompiendo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Joel Coen dirige una nueva versión del texto de Shakespeare, interpretada por un plantel de lujo y con una fotografía monocromática sobresaliente, que evidencia la vigencia de la obra clásica</p><p class="subtitle">Entrevista - Agustí Villaronga: "El poder siempre ha actuado sobre el débil y lo seguirá haciendo"</p></div><p class="article-text">
        William Shakespeare nunca ha dejado de ser actual. Sus textos tienen como elementos centrales sentimientos b&aacute;sicos de los seres humanos, como la codicia en el&nbsp;<em>Mercader de Venecia</em>, la locura en&nbsp;<em>Hamlet</em>&nbsp;o el amor prohibido en&nbsp;<em>Romeo y Julieta</em>. Lo que cambia es el contexto en el que se desarrollan las emociones, pero el fondo y la forma son atemporales. Lo mismo ocurre con una obra que, a pesar de ser presentada por primera vez en 1606, ha tenido diversas r&eacute;plicas tanto en el s&eacute;ptimo arte como sobre las tablas. Se trata de&nbsp;<em>Macbeth</em>&nbsp;y ahora, quien toma la batuta, es Joel Coen.
    </p><p class="article-text">
        La primera pel&iacute;cula en solitario del cineasta, codirector con su hermano Ethan de largometrajes tan ic&oacute;nicos como&nbsp;<em>Fargo</em>&nbsp;(1996) o&nbsp;<em>El gran Lebowski</em>&nbsp;(1998), se estrena en cines selectos este mi&eacute;rcoles 12 de enero y en Apple TV+ solo dos d&iacute;as despu&eacute;s. Y lo hace con un reparto de lujo, con Frances McDormand y Denzel Washington como Lady y Lord Macbeth en una adaptaci&oacute;n que busca ser fiel a la obra teatral al mismo tiempo que es enriquecida con elementos cinematogr&aacute;ficos. Es una simbiosis entre dos artes, el cine y el teatro, que dialoga perfectamente entre sus partes.
    </p><p class="article-text">
        La principal preocupaci&oacute;n de Joel Coen, seg&uacute;n cont&oacute; en una entrevista a&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/film/2021/dec/03/a-post-menopausal-macbeth-joel-coen-on-tackling-shakespeare-with-frances-mcdormand" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Guardian</a>, era la de hacer un&nbsp;<em>Macbeth</em>&nbsp;para todos los p&uacute;blicos, incluso para aquellos que no son aficionados a la obra. &ldquo;Quise hacer Shakespeare para personas que no quieren ver a Shakespeare, o que incluso podr&iacute;an sentirse intimidadas por &eacute;l. Pero quer&iacute;a preservar el poder del texto, porque ah&iacute; es donde est&aacute; su esencia&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el cineasta, que ha reducido las l&iacute;neas de di&aacute;logo del relato original pero con cuidado para no alterar su identidad.&nbsp;
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        De ah&iacute; que la historia no haya sufrido grandes cambios. Sigue contando la ca&iacute;da a los infiernos de Macbeth que, tras regresar victorioso de una batalla, se encuentra con tres brujas que predicen su futuro: ser&aacute; nombrado Lord de Cawdor y despu&eacute;s rey de Escocia. Movida por esta idea, Lady Macbeth anima a su marido a asesinar al actual monarca para acelerar el devenir de los acontecimientos y ocupar el trono. Cabe preguntarse si las hechiceras realmente vaticinan o provocan los hechos, pero lo que parec&iacute;a un plan sin fisuras acaba dando pie a la arrogancia, la tiran&iacute;a y la culpabilidad. No solo para conseguir la corona, tambi&eacute;n para perpetuarla.
    </p><p class="article-text">
        Shakespeare plasm&oacute;&nbsp;los efectos psicol&oacute;gicos de un tipo de ambici&oacute;n, la pol&iacute;tica, aplicable a otras ambiciones contempor&aacute;neas, como la laboral o la social. El dramaturgo ingl&eacute;s describe la relaci&oacute;n con su soberano, Jacobo I, pero realmente se&ntilde;ala con el dedo a todos aquellos que no tienen reparo en pisotear a sus iguales con tal de conseguir un r&eacute;dito personal que ser&aacute; cobrado de vuelta.&nbsp;Un tema universal que incluso cautiv&oacute; a Akira Kurosawa para hacer <em>Trono de sangre</em> (1957), un <em>Macbeth </em>trasladado al Jap&oacute;n feudal. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ser fiel a la historia no significa mantenerla intacta, y Joel Coen se ha permitido la licencia de hacer un peque&ntilde;o cambio que explicar&iacute;a el misterio de la ausencia de los hijos de los Macbeth. &ldquo;Este es un&nbsp;<em>Macbeth </em>posmenop&aacute;usico [&hellip;] son una pareja mayor, m&aacute;s all&aacute; de la edad f&eacute;rtil. El tiempo, la mortalidad y el futuro son temas vitales&rdquo;, indica el director al peri&oacute;dico brit&aacute;nico.&nbsp;
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                Denzel Washington en &#039;The Tragedy of Macbeth&#039;                            </span>
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        Los Macbeth de Coen se alejan del arquetipo rom&aacute;ntico presentado en otras adaptaciones cinematogr&aacute;ficas, como la de Justin Kurzel con Michael Fassbender y Marion Cotillard. El matrimonio presentado aqu&iacute; es uno marchito en el que no hay deseo desenfrenado, sino avaricia por un reinado que creen que servir&aacute; para rellenar los huecos vac&iacute;os de sus vidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pareja pasa por diferentes estados emocionales derivados del proceso de conseguir un fin a toda costa: la mezquindad inicial, el arrepentimiento posterior y la locura. Una serie de registros en los que McDormand y Washington hacen gala de todos sus atributos como int&eacute;rpretes veteranos. Entre ellos se palpa una tensi&oacute;n&nbsp;<em>in crescendo</em>&nbsp;presente tanto en los di&aacute;logos contenidos como en aquellos en los que se desata la rabia. Solo la puesta en escena de ambos crea una presencia que dif&iacute;cilmente habr&iacute;a sido posible con otros actores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa misma tensi&oacute;n es recalcada desde el punto de vista t&eacute;cnico. En el apartado sonoro son frecuentes los golpes de efecto, como las pisadas, el tic-tac de un reloj a punto de acabar su cuenta regresiva o alguien que llama a la puerta repetidamente. El estruendo auditivo se hace cada vez mayor en la cabeza de los Macbeth, al igual que el sentimiento de culpa por sus cr&iacute;menes. Este atosigamiento es apoyado por el propio formato de filme, en 4:3 en lugar del tradicional panor&aacute;mico. Se reduce as&iacute; el campo visi&oacute;n del espectador, aumentando la sensaci&oacute;n de estar encerrado en un lugar sin salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, sin duda, otro punto en el que brilla esta adaptaci&oacute;n es en el de la fotograf&iacute;a de Bruno Delbonnel, encargado tambi&eacute;n de la de otros filmes de los Coen como&nbsp;<em>La balada de Buster Scruggs</em>&nbsp;(2018) o&nbsp;<em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis </em>(2013). La elecci&oacute;n del blanco y negro refuerza una narrativa que precisamente habla de eso, de los claroscuros de la humanidad. De ah&iacute; que en algunas escenas la cara de Washington est&eacute; completamente en sombra: porque su rostro no importa, es una careta tras la que esconde sus sombr&iacute;as ideas. Es lo mismo que sucede en&nbsp;<em>Ciudadano K</em>ane (1941)&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=f6QKAkIahr4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando el periodista lee su declaraci&oacute;n de principios</a>&nbsp;para &ldquo;un peri&oacute;dico honrado que d&eacute; con fidelidad y exactitud las noticias&rdquo;. Una proclamaci&oacute;n de intenciones que, tanto para Orson Welles como Shakespeare, se ve truncada por el mismo motivo: el ansia de poder.&nbsp;
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                El director y guionista Joel Coen y Frances McDormand detrás de las cámaras en &#039;The Tragedy of Macbeth&#039;                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Jan 2022 21:45:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Macbeth' demuestra 400 años después que el poder sigue corrompiendo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[William Shakespeare,Hermanos Coen,Críticas de cine,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un marido frustrado, un secuestro, un 'neo-noir' memorable: 25 años de 'Fargo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/marido-frustrado-secuestro-neo-noir-memorable-25-anos-fargo_1_7284995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/20a007f2-2900-481a-85b2-1bd8a95a0a20_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un marido frustrado, un secuestro, un neo-noir memorable: 25 años de ‘Fargo’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hermanos Coen firmaron un socarrón y potencialmente desolador filme criminal de ambientación contemporánea, ubicado en los paisajes nevados del norte estadounidense</p></div><p class="article-text">
        Un hombre desgastado por la relaci&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica que le une a su suegro tiene un plan: contratar a dos personas y que estas secuestren a su esposa para dividirse el correspondiente rescate. Los dos matones tienen su propia din&aacute;mica: Carl (Steve Buscemi) es locuaz y disperso; Gaear (Peter Stormare) es calladamente amenazador y m&aacute;s notoriamente letal. Y el supuesto jefe de todo eso, Jerry, el marido conspirador encarnado por William H. Macy, es alguien que se sorprende profunda y absurdamente cuando las cosas comienzan a torcerse.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el no-plan estaba condenado al fracaso. <em>Fargo</em>, estrenada en marzo de 1996, era el relato de una cadena de fatalidades anunciadas, una comedia negra donde tanto los delincuentes amateur como los criminales profesionales muestran pocas luces. Su misma incompetencia, que no deja de ser peligrosa y tener efectos devastadores, era uno de los ejes de un filme oscuramente c&oacute;mico donde abundan los fantoches peligrosos. Cosas de los hermanos Coen.
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                    alt="Frances McDormand ganó su primer premio Oscar a raíz de su trabajo en &#039;Fargo&#039;"
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                Frances McDormand ganó su primer premio Oscar a raíz de su trabajo en &#039;Fargo&#039;                            </span>
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        Al otro lado de la pantalla, las cosas s&iacute; funcionaron: la pel&iacute;cula gener&oacute; un consenso notable y se consider&oacute; un cl&aacute;sico instant&aacute;neo. De alguna manera, escenific&oacute; la consagraci&oacute;n industrial de Joel y Ethan Coen, que ya hab&iacute;an apuntado a los Oscar mediante obras como Barton Fink. Una d&eacute;cada despu&eacute;s, los premios Oscar a la mejor pel&iacute;cula y a los mejores directores por <em>No es pa&iacute;s para viejos</em> acabar&iacute;an de evidenciar el prestigio del d&uacute;o.
    </p><p class="article-text">
        La magn&iacute;fica recepci&oacute;n cr&iacute;tica dispensada a <em>Fargo </em>no debe sorprender. Al fin y al cabo, el filme brinda muchas gratificaciones. Ofrece belleza a trav&eacute;s de las composiciones fotogr&aacute;ficas de Roger Deakins y de la m&uacute;sica de Carter Burwell. Ofrece una narraci&oacute;n que expande la rotundidad del cine negro m&aacute;s violento con observaciones socarronas de una cierta cotidianidad, m&aacute;s o menos enrarecida tanto en los momentos m&aacute;s amables como en los m&aacute;s crudos. Las escenas del filme tienden a ser breves, pero no transmiten precipitaci&oacute;n ni agitaci&oacute;n gracias a un montaje elegantemente el&iacute;ptico.
    </p><h3 class="article-text">La estupefacci&oacute;n y la misantrop&iacute;a</h3><p class="article-text">
        Joel y Ethan Coen dejaron de lado en aquella ocasi&oacute;n su sentido del humor m&aacute;s absurdo, que hab&iacute;an cultivado en <em>Arizona baby</em> o en el guion de<em> Ola de cr&iacute;menes, ola de risas</em>. Aunque continuaron en la din&aacute;mica de observar a sus personajes por encima del hombro, casi con desprecio mis&aacute;ntropo, se distanciaron (un poco) del posmodernismo m&aacute;s cruel. La manera de representar la violencia transmit&iacute;a una cierta estupefacci&oacute;n ir&oacute;nica, a veces chocantemente grotesca (v&eacute;ase uno de los momentos m&aacute;s imborrables del filme, donde luce el calzado y los calcetines que porta el personaje de Steve Buscemi). En algunas im&aacute;genes de color rojo sobre la nieve, la violencia se entremezclaba con la belleza. 
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de lo visto en obras previas de los mismos autores, la coctelera de tonos ensayada en <em>Fargo </em>inclu&iacute;a ciertas dosis de dramatismo. Aunque el humor negro era uno de los ejes de la propuesta, la violencia no solo era cosa de broma. No est&aacute;bamos en el universo de caricatura de <em>Pulp fiction</em>, donde reventar la cabeza accidentalmente a alguien durante un trayecto en coche era, sobre todo, un motivo para lanzarse puyas y un problem&oacute;n en el &aacute;mbito del lavado de tapicer&iacute;a. <em>Fargo </em>era socarrona, pero tambi&eacute;n inclu&iacute;a dosis de sufrimiento contemplados desde una cierta distancia estupefacta.
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                William H. Macy pone rostro y sonrisa estúpida al desolador lodazal humano concebido por los Coen                            </span>
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        Los autores tambi&eacute;n aportaron un cierto color local a la ficci&oacute;n. Los pobladores de las localidades de Minnesota donde se ubica la acci&oacute;n son representados con un cierto pintoresquismo. Ese enfoque pod&iacute;a relacionarse con la mirada del urbanita resabiado que contempla con soberbia las desventuras del <em>redneck</em>. A&uacute;n as&iacute;, aunque los lugare&ntilde;os de Fargo pod&iacute;an ser gente de costumbre sencillas y poco lucimiento ret&oacute;rico, tambi&eacute;n transmit&iacute;an una cierta humanidad. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, dentro de un mundo de ficci&oacute;n (o no tan de ficci&oacute;n) corro&iacute;do por la avaricia, la polic&iacute;a encinta interpretada por Frances McDormand ejerc&iacute;a de br&uacute;jula moral del p&uacute;blico por incomparecencia general. &ldquo;Hay m&aacute;s cosas que el dinero&rdquo;, dec&iacute;a al final, perpleja ante el reguero de cad&aacute;veres. Era un comentario simple, f&aacute;cil de hacer cuando se dispone del dinero suficiente para subsistir, pero efectivo. Si la Biblia cristiana dice que los pobres heredar&aacute;n la tierra, <em>Fargo </em>parece insinuarnos (sea desde el sarcasmo, desde la tristeza, o ambas cosas) que solo la gente ingenua podr&aacute; preservar unos m&iacute;nimos &eacute;ticos en un mundo demasiado c&iacute;nico. 
    </p><h3 class="article-text">El (neo)noir y el capitalismo</h3><p class="article-text">
        <em>Fargo </em>se estren&oacute; en 1996, en tiempos de un cierto auge del g&eacute;nero negro audiovisual en Norteam&eacute;rica. El flujo de pel&iacute;culas de este tipo era abundante, y alimentaba tanto las salas de cine como las parrillas de la televisi&oacute;n por cable o el mercado videogr&aacute;fico. Antes de que las herramientas digitales facilitasen una aut&eacute;ntica explosi&oacute;n del cine de ciencia ficci&oacute;n y de im&aacute;genes superheroicas, el<em> neo-noir</em> era uno de los g&eacute;neros troncales en la maquinaria de Hollywood y su periferia.
    </p><p class="article-text">
        Los mismos Coen hab&iacute;an contribuido a ello bastantes a&ntilde;os atr&aacute;s con la arisca <em>Sangre f&aacute;cil</em>, y tambi&eacute;n con <em>Muerte entre las flores</em>. John Dahl hab&iacute;a defendido una revisi&oacute;n neocl&aacute;sica a trav&eacute;s de <em>La muerte golpea dos veces</em>, <em>La &uacute;ltima seducci&oacute;n</em> o <em>Red Rock West</em>. David Lynch firm&oacute; propuestas personal&iacute;simas como <em>Coraz&oacute;n salvaje</em> (<em>Carretera perdida</em> llegar&iacute;a un a&ntilde;o despu&eacute;s de <em>Fargo</em>). Y Quentin Tarantino hab&iacute;a hecho su aportaci&oacute;n verborreica y <em>cool </em>mediante<em> Reservoir dogs </em>o <em>Pulp fiction</em> (despu&eacute;s vendr&iacute;a <em>Jackie Brown</em>). <em>Pulp fiction</em>, <em>Fargo </em>y<em> L. A. Confidential</em> recibir&iacute;an varios premios Oscar relevantes en a&ntilde;os consecutivos, como representando la importancia del <em>neo-noir</em>, aunque ninguna de ellas conseguir&iacute;a la estatuilla a la mejor pel&iacute;cula.
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                El consabido maletín de dinero con el que cambiar una vida, caiga quien caiga                            </span>
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        El catalizador de <em>Fargo</em>, el esposo &aacute;vido de una fortuna propia, parec&iacute;a haber visto muchas pel&iacute;culas de este tipo. Jerry ten&iacute;a algo de anti-Quijote: en lugar de haber le&iacute;do demasiadas novelas de caballer&iacute;as y embriagarse de su idealismo, hab&iacute;a le&iacute;do demasiada novela negra y se hab&iacute;a dejado subyugar por la avaricia. Quiz&aacute; no hab&iacute;a le&iacute;do con demasiada atenci&oacute;n los c&oacute;digos de un g&eacute;nero que tiende a relatar historias de destinos fatales, porque cre&iacute;a que pod&iacute;a poner en marcha un secuestro con rescate, no desatar ninguna oleada de violencia por el camino, y, al final, salir indemne.
    </p><p class="article-text">
        Ya hab&iacute;amos visto a William H. Macy en algunas atractivas pel&iacute;culas de tonos <em>noir </em>con las que el dramaturgo David Mamet se introdujo en el cine: <em>Casa de juegos</em> y <em>Homicidio</em>. En <em>Fargo</em>, el int&eacute;rprete puso rostro y sonrisa boba al ego herido del hombre doliente por no poder cumplir con su papel de patriarca proveedor. En una pel&iacute;cula de hombres y mujer con pistolas, este comercial desarmado encarna una maldad cotidiana que teledirige y externaliza las violencias sin ensuciarse las manos, sin carcajadas de supervillano que denoten una crueldad exacerbada. Es un conspirador que pone en marcha un peligros&iacute;simo plan, pero que se autojustifica con excusas: solo quer&iacute;a mucho dinero, pensaba que nadie saldr&iacute;a herido por ello.
    </p><p class="article-text">
        Jerry sirve de ejemplo extremo de la desconexi&oacute;n &eacute;tica a la que empuja el capitalismo entendido no solo como sistema econ&oacute;mico, sino tambi&eacute;n como forma de vida organizada alrededor del dinero y sometida a su poder. Sus sicarios tienen claro que un rescate de cinco o seis cifras bien vale varias vidas humanas. Y no son los &uacute;nicos personajes a quienes la codicia les vuelve temerarios: el padre de la secuestrada se plantea regatear con los raptores para ahorrar. As&iacute; que la mirada &aacute;cida y mis&aacute;ntropa de los Coen quiz&aacute; est&eacute; justificada en esta ocasi&oacute;n, atendiendo al desolador paisaje humano (inspirado en un par de sucesos reales) que inventaron. Y que los espectadores podemos observar con la admiraci&oacute;n que despierta contemplar la implacable precisi&oacute;n de un mecanismo de relojer&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignasi Franch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/marido-frustrado-secuestro-neo-noir-memorable-25-anos-fargo_1_7284995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Mar 2021 21:16:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Hermanos Coen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['La balada de Buster Scruggs': el nuevo western de los Coen, a caballo entre la genialidad y el bostezo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/buster-scruggs-western-coen-genialidad_1_1836220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4dbb917-ff0c-4bd9-af88-1fa866c40c22_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Tim Blake Nelson en &#039;La balada de Buster Scruggs&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen estrenan un largometraje que no termina de cuajar a pesar de un grandioso comienzo</p><p class="subtitle">Lo que iba a ser una serie ha acabado convirtiéndose en una cinta de más de dos horas dividida en seis relatos de lo más variopintos</p></div><p class="article-text">
        El western es un g&eacute;nero que a lo largo de la historia ha sabido reinventarse a s&iacute; mismo, ya fuera con <em>R&iacute;o Bravo</em> (1959) o con la m&iacute;tica <em>Trilog&iacute;a del d&oacute;lar</em> de Sergio Leone. Su &eacute;poca dorada, la de la d&eacute;cada de los 50 o 60, ya qued&oacute; atr&aacute;s. Sin embargo, todav&iacute;a hoy contin&uacute;a ingeni&aacute;ndoselas para explotar nuevas formas narrativas. De hecho, en <em>La balada de Buster Scruggs</em> no solo hay una pel&iacute;cula de vaqueros, sino seis.
    </p><p class="article-text">
        Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen se estrenan en Netflix con una obra que en principio iba a ser una serie, pero que ha acabado transform&aacute;ndose en un largometraje de m&aacute;s de dos horas. Su formato evidencia la intencionalidad del contenido: es en realidad un compendio de seis historias, cada una con sus personajes y su estilo particular. Entonces, &iquest;por qu&eacute; no recurrir a la narraci&oacute;n epis&oacute;dica? Probablemente,&nbsp;<a href="https://www.espinof.com/directores-y-guionistas/balada-buster-scruggs-adaptada-pelicula-western-coen-para-netflix-competira-venecia-buscara-oscar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para que compita en la categor&iacute;a de mejor largometraje</a> en los diferentes festivales.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, todas tienen un nexo com&uacute;n: la obsesi&oacute;n con la muerte en el lejano Oeste. Esta puede llegar en la horca, con un disparo por la espalda o con un cl&aacute;sico duelo de pistoleros. No es la primera vez que los Coen se adentran en las pel&iacute;culas de vaqueros. Ya exploraron el terreno con <em>No es pa&iacute;s para viejos</em> (2005), una especie de western contempor&aacute;neo, o la adaptaci&oacute;n de la novela <em>Valor de ley</em> (2010).
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            </figure><p class="article-text">
        El resultado es lo que podr&iacute;a ser un libro de cuentos de vaqueros adaptado al s&eacute;ptimo arte. Literalmente, porque cada vez que termina una historieta aparece en escena un libro y unas manos que deslizan sus p&aacute;ginas hasta el siguiente escenario. Est&aacute; muy lejos de ser una pel&iacute;cula uniforme, pero es justo eso lo que pretend&iacute;an sus creadores. &ldquo;No es el fruto de un plan preestablecido. Fuimos escribiendo los diferentes cap&iacute;tulos a lo largo de los a&ntilde;os&rdquo;, explic&oacute; Joel Coen a <a href="https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a25160097/balada-buster-scruggs-netflix-coen-entrevista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la revista Fotogramas</a>. Contin&uacute;a diciendo que, debido a los relatos tan variopintos, &ldquo;el rodaje fue un poco esquizofr&eacute;nico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, como refleja el producto final, irregular parece ser el adjetivo m&aacute;s apropiado para definirlo: est&aacute;n desde los Coen de <em>Fargo</em> hasta los de <em>El gran Lebowski.</em> <em>La balada de Buster Scruggs</em> es una especie de<em> Black Mirror</em> del oeste escrito por los dos hermanos que, aunque tiene momentos de genialidad, especialmente en los cuatro primeros cap&iacute;tulos, acaba deshinch&aacute;ndose en el &uacute;ltimo tramo.
    </p><h3 class="article-text">Del humor absurdo hacia la oscuridad</h3><p class="article-text">
        El comienzo de esta balada es ejemplar. Tim Blake Nelson, que repite con los Coen tras <em>O Brother!</em>, encarna al Buster Scruggs que da nombre al t&iacute;tulo del filme. Se trata de un pistolero que todas las ma&ntilde;anas tiene como costumbre pasear por las monta&ntilde;as de Monument Valley a lomos de su caballo mientras canta y toca la guitarra. No obstante, lo que parece un trovador benigno de sonrisa perpetua y traje blanco impecable, en realidad esconde a un forajido perseguido por la ley al que ning&uacute;n rival puede hacer frente.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos que hayan disfrutado con las surrealistas aventuras de El Nota encontrar&aacute;n en este arranque la mejor de las premisas. Tampoco baja el nivel de surrealismo y entretenimiento con la siguiente, protagonizada por un James Franco transformado en atracador de bancos al que la suerte no sonr&iacute;e demasiado. La horca le persigue, y estar con la soga al cuello hasta se convierte en algo habitual para el personaje. &ldquo;Es tu primera vez, &iquest;verdad?&rdquo;, pregunta con sorna a otro forajido a punto de ser ajusticiado.
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        Tras unas dos entregas con la s&aacute;tira por bandera, el tono cambia por completo. Llega el que quiz&aacute; es el relato m&aacute;s crudo e inhumano, uno que casi parece sacado de la serie <em>Carniv&agrave;le</em> de HBO. El actor Liam Neeson interpreta a un empresario ambulante que va de pueblo en pueblo mostrando su particular teatro de los horrores. Solo cuenta con un integrante: un artista sin extremidades que recita pasajes de Shakespeare y la Biblia. Si la trama de James Franco puede ser <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!,</em> en esta ocasi&oacute;n se da un volantazo narrativo hacia <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em>.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n notable es el papel de Tom Waits como un met&oacute;dico e incansable buscador de oro. Su cuento devuelve un poco de luz a la oscuridad, ya que mezcla ternura y amor por los animales por partes iguales. Principalmente entra&ntilde;able es el momento en el que este roba huevos del nido de un b&uacute;ho y, ante la atenta mirada del ave, comienza a devolver todos menos uno. Por momentos, el largometraje se convierte en un mon&oacute;logo de Waits donde apenas hay guion m&aacute;s all&aacute; del visual. Y, lo mejor, es que no necesita m&aacute;s l&iacute;neas para que el espectador logre empatizar con lo que ve.
    </p><h3 class="article-text">Un ep&iacute;logo que empa&ntilde;a el resto</h3><p class="article-text">
        A falta de dos cap&iacute;tulos todav&iacute;a resta una hora de pel&iacute;cula, y es en este punto donde comienzan los problemas. Zoe Kazan es responsable de la &uacute;nica historia que gira en torno a una mujer. Es la m&aacute;s duradera, pero tambi&eacute;n la menos atrevida y, como consecuencia, la que menos sorprende.
    </p><p class="article-text">
        Se aprecia la intenci&oacute;n de fabricar un relato cocinado al mismo ritmo que en <em>Valor de ley</em> o <em>Slow West</em> (a pesar de que este no sea de los Coen), pero el conflicto de Kazan no se desarrolla lo suficiente como para generar una gran conexi&oacute;n. Y no porque est&eacute; carente de contenido, sino por todo lo contrario. Es un cap&iacute;tulo con aires de largometraje que bien merecer&iacute;a una obra por s&iacute; solo, con todos los matices que ello conlleva. En cambio, lo que se ofrece parece ser la sinopsis apresurada de una aventura completa.
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        Y, cuando el espectador piensa que quiz&aacute; puede remontar con una &uacute;ltima bala en la rec&aacute;mara, el ep&iacute;logo&nbsp;termina por enterrar las buenas intenciones con las que comenzaba esta balada. Adem&aacute;s, la premisa (que no el contenido) parece casi calcada de otra pel&iacute;cula: <em>Los odiosos 8</em>. El relato comienza con varias personas a bordo de una diligencia que discuten acaloradamente sobre sus evidentes diferencias, tanto de clase social como de temperamento.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea por el contraste con respecto a los compases iniciales, o quiz&aacute; por la extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de estar viendo una serie en forma de marat&oacute;n, pero m&aacute;s que un cuento acaba siendo una enciclopedia de conceptos sin alma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Antonio Luna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/buster-scruggs-western-coen-genialidad_1_1836220.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Nov 2018 20:16:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['La balada de Buster Scruggs': el nuevo western de los Coen, a caballo entre la genialidad y el bostezo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hermanos Coen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[20 años de 'El gran Lebowski' en seis grandes lecciones de El Nota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/gran-lebowski-aniversario-lecciones-nota_1_2119680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/750de959-2dfe-4aae-be6f-0367291ebeef_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Jeff Bridges, El Nota, bebe un ruso blanco en &#039;El Gran Lebowski&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen dos décadas del estreno de una de las comedias más emblemáticas de los noventa y una de las mejores de los hermanos Coen</p><p class="subtitle">El Gran Lebowski</p><p class="subtitle">, más allá de ser una reinterpretación surrealista del</p><p class="subtitle">clásico, se ha convertido en un mito de la cultura pop que tiene, incluso, su propio credo</p></div><p class="article-text">
        Hay pocas pel&iacute;culas que tengan su propia religi&oacute;n. La Fuerza y los avatares propios de<em> La Guerra de las Galaxias</em> inspiraron el<em> Jediismo</em>, una autodenominada religi&oacute;n que en 2001 apareci&oacute; como credo alternativo que <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Jedi_census_phenomenon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">representaba al 0,7% de la poblaci&oacute;n del censo de Inglaterra</a>. La est&eacute;tica <em>ciberpunk</em> y el subtexto mesi&aacute;nico del Matrix de las hermanas Wachowski gener&oacute; el culto del <em>Matrixismo</em>. Pero no hay ninguna como la de <em>El gran Lebowski</em>:<a href="http://dudeism.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el Duda&iacute;smo</a>. Se trata de una 'religi&oacute;n' con convenci&oacute;n anual y cientos de miles de fans en Estados Unidos, que intenta pregonar las ense&ntilde;anzas de El Nota -<em>The Dude</em> en la versi&oacute;n original-.
    </p><p class="article-text">
        A principios de los noventa, los cambios en la configuraci&oacute;n del antes conocido como sistema de estudios de Hollywood propici&oacute; dos vertientes acusadas en sus realizadores m&aacute;s destacados: la madura asimilaci&oacute;n de las leyes del gran espect&aacute;culo de Spielberg, James Cameron e incluso Scorsese, y la libertad po&eacute;tica con la que David Lynch, Jim Jarmusch y los hermanos Coen trabajaban por aquel entonces. Estos &uacute;ltimos, responsables de una suerte de lectura posmoderna de la historia norteamericana a trav&eacute;s de la misma industria de los sue&ntilde;os en <em>Barton Fink</em>, el hampa con <em>Muerte entre las flores</em>, el capitalismo corporativo en <em>El gran salto</em> y el ruralismo en <a href="http://www.eldiario.es/vertele/tag/fargo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fargo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Con <em>El gran Lebowski</em> reinterpretaron su herencia del <em>noir</em> en una suerte de comedia surrealista que arranca con un malentendido: dos matones confunden a El Nota &ndash;fant&aacute;stico Jeff Bridges- con alguien, como a de Cary Grant en <em>Con la muerte en los talones</em>. Despu&eacute;s de meterle la cabeza en el inodoro y de miccionar en su alfombra El Nota reclamar&aacute; a ese alguien -un millonario fil&aacute;ntropo-, una alfombra nueva. Sin embargo, pronto se ver&aacute; envuelto en una mara&ntilde;a de entuertos muy parecidos a los de Humphrey Bogart en <em>El sue&ntilde;o eterno, </em>que le complicar&aacute;n la vida sobremanera.
    </p><p class="article-text">
        Solo que &eacute;l no es Philip Marlowe, ni Sam Spade. Ni siquiera es el gran Lebowski. &Eacute;l es El Nota. Puedes llamarle Nota, Su Not&iacute;sima, el Noti o el Notarino, pero &eacute;l solo quer&iacute;a justicia por una alfombra meada que daba ambiente a la habitaci&oacute;n. Y sin embargo, su forma de afrontar los avatares de la vida, superando las adversidades de una enrevesad&iacute;sima trama llena de enga&ntilde;os, secuestros y una estricta dieta de drogas y alcohol, ha inspirado<a href="https://www.amazon.es/Big-Lebowski-Philosophy-Keeping-Blackwell/dp/1118074564/ref=sr_1_2?s=foreign-books&amp;ie=UTF8&amp;qid=1526392854&amp;sr=1-2&amp;keywords=the+philosophy+of+dude" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> tratados de filosof&iacute;a</a> y <a href="http://dudeism.com/taoofthedude/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reinterpretaciones del tao&iacute;smo </a>que llevar&iacute;an al <em>Duda&iacute;smo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Su filosof&iacute;a sigue muy viva veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, de la misma forma que <em>El gran Lebowski</em> -como film-, sigue sin envejecer lo m&aacute;s m&iacute;nimo. &iquest;Cu&aacute;l es su secreto?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Acepta el sinsentido de la vida</h3><p class="article-text">
        La vida es simple hasta que deja de serlo. Un buen d&iacute;a est&aacute;s en pijama comprando leche en el supermercado, tranquilamente, hasta que llegas a casa y dos matones te dan una paliza y te exigen un dinero que no tienes porque te confunden con alguien que s&iacute;. De pronto, te ves haciendo de intermediario en un intercambio para solucionar el supuesto secuestro de la mujer de ese alguien, pero sale mal y te quedas con el dinero que iba a salvar a la persona secuestrada. Y luego te roban el coche en el que ten&iacute;as la pasta y, para colmo, cuando la polic&iacute;a lo encuentra solo te han dejado cintas de los <em>Creedence</em>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, resulta que la hija de la persona con la que te confundieron te quiere pagar por recuperar ese dinero que no tienes, y que se supone que tiene un chaval que catea un curso en el instituto y te rob&oacute; el coche una noche de fiesta. Pero el chaval no suelta prenda sobre d&oacute;nde ha escondido el dinero y andan detr&aacute;s de ti tres alemanes muy agresivos que graban pel&iacute;culas porno y que exigen el dinero que no les diste en el intercambio. Y t&uacute; no tienes ni idea de nada y te sientes desgraciado porque todo te pasa a ti. Pero, &iquest;qu&eacute; sentido tiene?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n nuestros ilustres acad&eacute;micos de la lengua, un sinsentido es una cosa absurda que no tiene explicaci&oacute;n. Y todo lo que le pasa a El Nota no tiene explicaci&oacute;n, como tampoco la tiene c&oacute;mo se resuelven cada uno de los conflictos en los que se ve envuelto. Pero &eacute;l acepta, como lo hace siempre, que es incapaz de solucionar todos los problemas en los que se ve envuelto.
    </p><p class="article-text">
        Acepta que vive en un sinsentido perpetuo, como su mera existencia, y se deja llevar sin calentarse la cabeza, sin culparse a s&iacute; mismo. &ldquo;Hab&iacute;a muchas cosas del Nota que no ten&iacute;an mucho sentido para m&iacute;&rdquo;, nos dice el narrador de esta historia, imagen del vaquero texano por excelencia interpretado por Sam Elliott. Un narrador omnisciente que casi parece una deidad absurda y que nos sit&uacute;a en la aceptaci&oacute;n de lo desconocido, del sinsentido.
    </p><p class="article-text">
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    </figure><h3 class="article-text">No te f&iacute;es de Los &Aacute;ngeles</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Y lo mismo pienso de la ciudad donde viv&iacute;a&rdquo;, sigue el personaje de Elliott. &ldquo;Tal vez sea esa la raz&oacute;n por la que aquel condenado lugar me pareci&oacute; tan interesante. Lo llaman la ciudad de Los &Aacute;ngeles, pero a m&iacute; no dio esa impresi&oacute;n&rdquo;, comenta quien nos est&aacute; guiando por este laberinto surreal.
    </p><p class="article-text">
        Los &Aacute;ngeles es el escenario por excelencia del<em> noir</em> autoconsciente surgido de un Hollywood al que le gustaba mirarse el ombligo. All&iacute; vimos sucederse <em>El sue&ntilde;o eterno</em> de Howard Hawks, el <em>Testigo accidental</em> de Richard Fleischer, la <em>Gardenia azul</em> y <em>Los sobornados</em> de Fritz Lang, hasta la <em>Perdici&oacute;n</em> de Billy Wilder. Es el hogar del Marlowe de  Raymond Chandler. Incluso fue all&iacute; d&oacute;nde conocimos a Doc Sportello, el intr&eacute;pido y colocado detective <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/calada-psicodelia-Joaquin-Phoenix_0_365713552.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">interpretado por Joaquin Phoenix en Puro Vicio</a>, hermana sentimental de <em>El gran Lebowski</em>.
    </p><p class="article-text">
        Es, en definitiva, la quintaesencia del sue&ntilde;o americano que esconde una farsa de cart&oacute;n piedra y ne&oacute;n a la que es mejor tratar con cuidado. &ldquo;Supe que estaba llegando a Los &Aacute;ngeles por el olor. Ol&iacute;a a rancio y a viejo, como una sala de estar que lleva demasiado tiempo cerrada&rdquo;, escrib&iacute;a Raymond Chandler en una de las aventuras m&aacute;s desconocidas del detective Phillip Marlowe, <em>La hermana peque&ntilde;a</em>. &ldquo;Pero las luces de colores daban el pego. Eran unas luces preciosas. Deber&iacute;an hacerle un monumento al t&iacute;o que invent&oacute; las luces de ne&oacute;n. De m&aacute;rmol macizo y quince pisos de altura. He aqu&iacute; un individuo que de verdad hizo algo a partir de la nada&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
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    </figure><h3 class="article-text">Hay otras formas de combatir el poder</h3><p class="article-text">
        Cuando El Nota va a pedirle al Lebowski rico, la persona con la que le han confundido, que le compense por haber recibido una paliza y una micci&oacute;n en su nombre, lo que est&aacute; haciendo es protestar. Reclamar sus derechos y hacerle saber que se sinti&oacute; oprimido por culpa suya. Sin embargo, su exigencia cae en saco roto cuando se la plantea a un hombre conservador que combati&oacute; en la Guerra de Corea y que representa, en manos de los geniales Coen, el resurgir republicano de Nixon y compa&ntilde;&iacute;a tras los sesenta, adi&oacute;s pol&iacute;tico figurativo al movimiento hippie.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No puedo resolverle sus problemas. Solo usted puede. Su revoluci&oacute;n ha terminado, se&ntilde;or Lebowski. Mis condolencias: los parias perdieron. &iexcl;Los parias perder&aacute;n siempre!&rdquo;, le gritar&aacute; enloquecido Jeff Lebowski, mientras le asegura que no piensa recompensarle por haber sufrido una agresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;La soluci&oacute;n? El Nota opta por algo que aqu&iacute; conocemos bien: la picaresca. Esta puede y debe ser otra forma de rebeli&oacute;n en manos de quien se siente explotado, de quien se ha quedado sin recursos. Porque discutir con el poder, a veces, no tiene demasiado sentido. Pero jug&aacute;rsela con inteligencia y perspicacia s&iacute;.
    </p><h3 class="article-text">No tengas miedo al feminismo</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Le incom&oacute;dan las formas femeninas, se&ntilde;or Lebowski?&rdquo;, le pregunta Maude, el personaje interpretado genialmente por Julianne Moore. Alguien que se declara feminista y que resulta ser la persona m&aacute;s inteligente y racional de todo el plantel de necios y tarados que copa el universo de <em>El gran Lebowski</em>. &ldquo;Mi arte ha sido descrito como fuertemente vaginal, lo cual molesta algunos hombres. La misma palabra incomoda a algunos: vagina. No les gusta o&iacute;rla y no se atreven a decirla. Mientras que sin inmutarse lo m&aacute;s m&iacute;nimo hablan de su polla, de su rabo o de su tranca&rdquo;, reflexiona Maude.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, hay quien ha interpretado<em> El gran Lebowski</em> como una alegor&iacute;a del miedo a la p&eacute;rdida de autoridad y privilegio masculinos: a la castraci&oacute;n psicol&oacute;gica. Referencias faloc&eacute;ntricas no faltan: desde amenazas de robos de tranca variadas al m&iacute;tico &ldquo;nadie le toca los huevos a Jes&uacute;s&rdquo;, pasando por sue&ntilde;os con los que Freud se pondr&iacute;a las botas.
    </p><p class="article-text">
        La artista Keely Julietta analizaba <a href="https://vimeo.com/127555158" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un interesant&iacute;simo videoensayo</a> c&oacute;mo El Nota de los hermanos Coen explora diversas teor&iacute;as propias de Jacques Lacan, seg&uacute;n las cu&aacute;les el motor del desarrollo de este film ser&iacute;a la transici&oacute;n de la complacencia infantil a un mundo insatisfactorio adulto lleno de t&oacute;xicas representaciones simb&oacute;licas de la masculinidad.
    </p><p class="article-text">
        Rodeado exclusivamente de hombres, y dej&aacute;ndose contaminar por personas absolutamente t&oacute;xicas como su amigo Walter -un excombatiente del Vietnam propenso a la violencia interpretado magistralmente por John Goodman-, El Nota no hace m&aacute;s que meter la pata. S&oacute;lo cuando abra su mente y se deje contaminar por ideas femeninistas de su<em> partenaire</em>, alcanzar&aacute; a vislumbrar y resolver claro el asunto en el que est&aacute; metido. Y encontrar&aacute; el balance entre sus escasas virtudes y abundantes defectos para aceptarse a s&iacute; mismo.
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                </figure><h3 class="article-text">Acepta que nunca ser&aacute;s un h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de una reinterpretaci&oacute;n de los c&oacute;digos del <em>noir</em> que los Coen tambi&eacute;n har&iacute;an en <em>Fargo</em> y en <em>El hombre que nunca estuvo all&iacute;</em>, existe otra l&iacute;nea discursiva en su cine: muchos de sus films son di&aacute;logos y subversiones <a href="http://capitanswing.com/libros/el-poder-del-mito/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del monomito del viaje del h&eacute;roe propuesto por Joseph Campbell</a>.
    </p><p class="article-text">
        Unas veces desde la iron&iacute;a como esa bastarda lectura de la Odisea de Homero que es <em>Oh Brother!</em>, otras desde la alucinaci&oacute;n como el mito de Orfeo en<em> Barton Fink</em>, y otras desde la seriedad y emoci&oacute;n como el S&iacute;sifo que protagoniza <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em>. <em>El gran Lebowski</em>, en ambas l&iacute;neas de discusi&oacute;n, es un falso culpable hitchcockiano pero tambi&eacute;n un h&eacute;roe m&aacute;s o menos tr&aacute;gico. Porque seg&uacute;n el narrador de Sam Eliott: &ldquo;A veces hay un hombre. No dir&eacute; un h&eacute;roe porque qu&eacute; es un h&eacute;roe. Pero a veces hay un hombre&hellip; que es el hombre de ese momento y ese lugar. Est&aacute; en su sitio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese es El Nota, alguien que simplemente est&aacute; pero que sabe que con su presencia altera lo que le rodea. Acepta el principio de incertidumbre asimilando que nada se puede predecir porque al vivirlo introducimos una variable de indeterminaci&oacute;n que lo cambia todo. Porque si aceptamos que nunca seremos h&eacute;roes, que ni nuestro devenir est&aacute; escrito desde hace siglos ni podemos cambiarlo, podremos ser libres para protagonizar nuestras historias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Rel&aacute;jate y aguanta</h3><p class="article-text">
        No son pocas las similitudes entre ciertas filosof&iacute;as zen y lecturas del budismo con el pensamiento vital de El Nota. Rusos blancos y boleras aparte, la actitud del personaje de Jeff Bridges tambi&eacute;n se vehicula mediante su forma de enfrentar los problemas. De aceptar que no lo puede entender todo -&ldquo;Lo creo porque es confuso&rdquo;, dir&iacute;a Arrabal-, y que no puede cambiar a los dem&aacute;s &ndash; &ldquo;Bueno, esa es tu opini&oacute;n&rdquo; es una de sus frases fetiche-, pero puede aceptar lo que vive tal como viene. Aunque eso le suponga problemas.
    </p><p class="article-text">
        En<a href="https://www.casadellibro.com/libro-the-dude-and-the-zen-master/9780399161643/2068777" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> The Dude and the Zen Master</a>, un libro escrito a cuatro manos por el propio Jeff Bridges y maestro budista Bernie Glassman, le&iacute;amos que &ldquo;una de las primeras ense&ntilde;anzas del Buda es que vivir es sufrir&rdquo;. Sin embargo, seg&uacute;n Glessman &ldquo;no se refer&iacute;a s&oacute;lo a aspectos dolorosos, traum&aacute;ticos, sino a algo m&aacute;s b&aacute;sico. No importa lo buenos y felices que seamos, hay peque&ntilde;os lances cotidianos que trastocan nuestra vida lo suficiente como para cabrearnos o deprimirnos. Por eso la pel&iacute;cula empieza con el sufrimiento de El Nota al ver que alguien ha orinado en su alfombra&rdquo;. Sin resignarse a la aceptaci&oacute;n mansa, El Nota no lucha contra las adversidades: las surfea. &ldquo;El Nota aguanta&rdquo;, dir&aacute; en su &uacute;ltima l&iacute;nea de la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, el actor que daba vida al Lebowski millonario, <a href="http://www.elmundo.es/f5/2016/08/05/57a4d036ca474193098b45bc.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Huddleston, ha fallecido</a>. Tambi&eacute;n lo ha hecho su ayudante interpretado por <a href="https://www.eldiario.es/politica/Hallan-Philip-Seymour-Hoffman-medios_0_224677844.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Philip Seymour Hoffman</a>, as&iacute; como el hombre que met&iacute;a a nuestro protagonista en m&aacute;s de un problema, Ben Gazzara. Sin embargo, la historia de El Nota sigue m&aacute;s viva que nunca: el culto que se le profesa re&uacute;ne a miles de personas anualmente en el <a href="https://lebowskifest.com/%20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lebowskifest</a>, se siguen publicando libros sobre los Coen, y este a&ntilde;o veremos un <em>spin-off</em> del film centrado en la figura de Jes&uacute;s Quintana, el genial personaje de John Turturro, que la protagonizar&aacute; y dirigir&aacute;. <em>El gran Lebowski </em>sigue aguantando lo que le venga, tom&aacute;ndose los problemas con filosof&iacute;a, vestido de aquella manera y con un ruso blanco en la mano.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay muchos entuertos que no tienen soluci&oacute;n, pero Nota no hay m&aacute;s que uno.
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      <dc:creator><![CDATA[Francesc Miró]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/gran-lebowski-aniversario-lecciones-nota_1_2119680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 May 2018 18:20:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[20 años de 'El gran Lebowski' en seis grandes lecciones de El Nota]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hermanos Coen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Disección de ‘El Gran Lebowski’: por una alfombra meada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-gran-lebowski-alfombrameada_132_3175870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf4cadbb-a390-4b92-8b51-54f141de6d58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Disección de ‘El Gran Lebowski’: por una alfombra meada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volvemos a meter el bisturí a una de las películas mas emblemáticas de los años 90: los hermanos Coen, una confusión y muchas explicaciones</p><p class="subtitle">Jeff Bridges, John Goodman y Steve Buscemi protagonizan este enredo a medio camino entre la comedia negra y la gamberrada</p></div><h3 class="article-text">El meollo</h3><p class="article-text">
        Una voz en off nos presenta la historia de un hombre &ldquo;cuya historia merece la pena contar&rdquo; mientras un salicor del desierto recorre las calles de Los &Aacute;ngeles. Jeff Lebowski (Jeff Bridges) es un vago, un fracasado, un pasota. Pacifista, porrero y amante de los bolos,le gusta que le llamen &lsquo;Nota&rsquo; (&lsquo;Dude&rsquo; en ingl&eacute;s), y aunque algo desarrapado e indolente en un principio, peque&ntilde;os defectos (o virtudes) que le permiten ir a comprar leche para su White Russian en albornoz y sandalias, su peque&ntilde;o orgullo de hombre insignificante se ve trastocado cuando un grupo de matones irrumpe en su casa confundi&eacute;ndole con un millonario del mismo nombre. En realidad solo le asustan, y ah&iacute; podr&iacute;a haber quedado la cosa, pero hay un problema: uno de ellos se mea en su alfombra, un objeto que &ldquo;armonizaba con el sal&oacute;n&rdquo;. En ese momento y estimulado por su amigo y compa&ntilde;ero de bolera Walter Sobchak (John Goodman), jud&iacute;o impostado, violento, obsesionado con Vietnam y revienta-operaciones, decide acudir a casa del otro Lebowski para exigirle da&ntilde;os y perjuicios.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, la pel&iacute;cula compone un trazado de comedia esperpento, a ratos thriller, a ratos policiaca, a ratos friqui, a ratos sofisticada, y a ratos simplemente con elementos inconfundibles de la factor&iacute;a Coen: surrealismo, gamberrismo, drogas, extorsi&oacute;n, chantaje, contraofertas, pornograf&iacute;a, arte, chapuzas y discursos muy profundos pero sin sentido. La cinta se convirti&oacute; en 1998 en una de las pel&iacute;culas m&aacute;s populares y aclamadas de los hermanos norteamericanos, justo dos a&ntilde;os despu&eacute;s de &lsquo;Fargo&rsquo;, que les congraciar&iacute;a con la Academia de Hollywood, pese a que anteriormente ya hab&iacute;an rodado aut&eacute;nticas maravillas como &lsquo;Muerte entre las flores&rsquo;. De cualquier forma, el &lsquo;Nota&rsquo;, personaje que beb&iacute;a de esa filmograf&iacute;a anterior, se convirti&oacute; en icono de masas y la pel&iacute;cula sirvi&oacute; para demostrar que en Estados Unidos exist&iacute;a una nueva comedia, con nombres y apellidos.
    </p><h3 class="article-text">Detr&aacute;s de las c&aacute;maras</h3><p class="article-text">
        Joel David Coen y Ethan Jesse Coen son el pilar indestructible del cine mal llamado &ldquo;independiente&rdquo;, y el perfecto ejemplo de una estructura &uacute;nica de talento de familia. Aunque en ocasiones uno firma como director y otro como guionista, la realizaci&oacute;n de sus pel&iacute;culas es bic&eacute;fala total, as&iacute; como su producci&oacute;n, y su montaje, para los que suelen utilizar seud&oacute;nimos. Su apellido es ya una marca de &eacute;xito, y su prol&iacute;fica producci&oacute;n bebe de las fuentes del primer Woody Allen y de las comedias de Peter Bogdanovich, aunque han sabido desligarse de todo y crear su propio tipo de comedia: llana, sin demasiado artificio, cercana pero con un surrealismo o &lsquo;marcianismo&rsquo; sutil, que han ido perfeccionando tanto que en sus &uacute;ltimas pel&iacute;culas apenas se deja ver.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Desde luego, han conseguido como ning&uacute;n otro cineasta estadounidense parir una filmograf&iacute;a de monta&ntilde;a rusa, intercalando en el tiempo la comedia disparatada (&lsquo;Arizona Baby&rsquo;, &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo;, &lsquo;O Brother&rsquo;, &lsquo;Ladykillers&rsquo; o &lsquo;Quemar despu&eacute;s de leer&rsquo;) con elegantes ejercicios de estilo que suponen aut&eacute;nticas joyas del g&eacute;nero negro o del western (&lsquo;Muerte entre las flores&rsquo;, &lsquo;El hombre que nunca estuvo all&iacute;&rsquo;, &lsquo;No es pa&iacute;s para viejos&rsquo; o &lsquo;Valor de ley&rsquo;). Siempre manteniendo su se&ntilde;a com&uacute;n: sacar al escenario al americano profundo, con cosas que decir, algo chiflado o desequilibrado, y dispuesto a meterse en una tragicomedia que le supere por todas partes, rodeado de personajes de toda casta y sentido, procedentes de un universo coral que solo los Coen han sabido formar a lo largo de casi un cuarto de siglo.
    </p><h3 class="article-text">Jeff Bridges</h3><p class="article-text">
        Un californiano de pura cepa, amante de la m&uacute;sica, de la fotograf&iacute;a, y de pasar las horas muertas frente al ordenador, dej&aacute;ndose devorar por Internet y las cosas que le suceden al mundo. Pero al otro lado de la pantalla, Jeff Bridges es un encantador de serpientes que siempre ha sabido repartir su carisma e inteligencia en un amplio abanico de registros. De sonrisa sard&oacute;nica y mirada peque&ntilde;a, como de tipo que acaba de aterrizar del limbo, Bridges es un actor que lo tuvo f&aacute;cil, solo al principio, por ser &lsquo;hijo de pap&aacute;&rsquo;, o m&aacute;s bien de &lsquo;pap&aacute;s&rsquo;. Sus progenitores eran actores (Doroty Dean y Lloyd Bridges). Sin embargo, en seguida mostr&oacute; que ten&iacute;a aptitudes para hacerse un hueco en el cine por derecho propio. Debut&oacute; con &lsquo;Odio en las aulas&rsquo; (Paul Bogart, 1970), pero fue en &lsquo;La &uacute;ltima pel&iacute;cula&rsquo;, de Peter Bogdanovich, filme grande y nost&aacute;lgico, donde se convirti&oacute; en un actor celebrado. Lleg&oacute; a trabajar bajo las &oacute;rdenes de John Huston en &lsquo;Fat City, ciudad dorada&rsquo; (1972), donde Bridges fue un aspirante a boxeador en medio de una historia de perdedores. Tambi&eacute;n fue c&oacute;mplice de una revuelta en el cine fant&aacute;stico, la que se produjo al estrenarse la original&iacute;sima &lsquo;Tron&rsquo; (Steven Lisberger, 1982).
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        Sin embargo, de su larga carrera, no exenta de altibajos, nos acordamos especialmente de sus armas de seducci&oacute;n en &lsquo;Los fabulosos Baker Boys&rsquo; (Steve Kloves, 1989) donde conquist&oacute; sin miramientos a la mism&iacute;sima Michelle Pfeiffer; de su ca&iacute;da a los infiernos para buscar el Santo Grial en la pel&iacute;cula &lsquo;El Rey Pescador&rsquo; (Terry Gilliam, 1991) y de su fant&aacute;stica interpretaci&oacute;n en &lsquo;Crazy Heart&rsquo; (Scott Cooper, 2009), donde fue un cantante de country, alcoholizado y perdedor, que tuvo la suerte de encontrarse con una &lsquo;segunda oportunidad&rsquo;. Dado su brillante talento, es muy dif&iacute;cil ser categ&oacute;ricos a la hora de elegir su mejor interpretaci&oacute;n. Probablemente sea la que realiza en esta pel&iacute;cula, &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo;. Le dio el tono adecuado a un colgado que se toma la vida con calma y al que se le pierden las reflexiones en frases atolondradas. De aquellos mimbres neohippies, confesar&iacute;a el actor, nacer&iacute;a otro de sus personajes m&aacute;s simp&aacute;ticos, Bill Django, en &lsquo;Los hombres que miraban fijamente a las cabras&rsquo; (Grant Heslov, 2009).
    </p><h3 class="article-text">John Goodman</h3><p class="article-text">
        Walter Sobchack es un ex-combatiente en Vietnam, tambi&eacute;n jud&iacute;o y un solemne &lsquo;pringao&rsquo;, pero por amor. Un mete-patas de &oacute;rdago y el t&iacute;pico brasas que tiene teor&iacute;as manidas (o marcianas) para todo con las que empaquetar y solucionar las cosas que tiene la vida. Walter es tambi&eacute;n el mejor amigo del &lsquo;Nota&rsquo; y uno de los mejores papeles de John Goodman, un tipo de Missouri que iba para deportista (fue jugador de f&uacute;tbol americano) hasta que una lesi&oacute;n le llevar&iacute;a por los derroteros de la vida art&iacute;stica. Aunque Goodman comenz&oacute; en Broadway y en sus alrededores (particip&oacute; en shows y anuncios comerciales) fue la televisi&oacute;n la que le dar&iacute;a la fama que hoy sigue manteniendo. Su participaci&oacute;n en la serie &lsquo;Roseanne&rsquo; durante casi una d&eacute;cada (1988-1997) le abrir&iacute;a muchas puertas, aunque un a&ntilde;o antes los Coen ya se hab&iacute;an fijado en &eacute;l contrat&aacute;ndole para la pel&iacute;cula &lsquo;Arizona Baby&rsquo; (1987).
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        Junto a los hermanos cineastas particip&oacute; tambi&eacute;n en &lsquo;O Brother!&rsquo; (2000), &lsquo;El Gran Salto&rsquo; (1998) y tiempo atr&aacute;s, en 1991, en &lsquo;Barton Fink&rsquo; donde tuvo la oportunidad de ofrecer su mejor y m&aacute;s inquietante interpretaci&oacute;n. Actuando como Charlie Meadows, un vendedor de seguros rotundo y sol&iacute;cito, vecino de Barton Fink en el destartalado y surrealista Hotel Earl, Goodman nos dispar&oacute; a quemarropa con lo mejor de su arsenal: todo un abanico de matices interpretativos del mejor calibre. Recientemente hemos tenido la oportunidad de volver a verle en la fant&aacute;stica y oscarizada &lsquo;The Artist&rsquo; (Michel Hazanavicius, 2011).
    </p><h3 class="article-text">Steve Buscemi</h3><p class="article-text">
        Al desconfiado se&ntilde;or Rosa le echamos el ojo en &lsquo;Reservoir Dogs&rsquo; y ya no quisimos perderle de vista. De aspecto fr&aacute;gil y quebradizo, descubrimos que el actor que lo interpretaba era un neoyorkino de ojos saltones y rostro imposible. Ten&iacute;a hechuras de gran int&eacute;rprete y algunos de los directores de cine del momento supieron reconocerlo y sacarle partido. Buscemi ha estado bajo las &oacute;rdenes de Jim Jarmusch, de Tim Burton, de James Ivory, de Martin Scorsese y muchas veces bajo las de los hermanos Coen. Con ellos ha participado, por ejemplo, en &lsquo;Muerte entre las Flores&rsquo; (1990), &lsquo;Barton Fink&rsquo; (1991), &lsquo;El Gran Salto&rsquo; (1994) o &lsquo;Fargo&rsquo; (1996).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo; es Donny, un hombre pegado siempre a una pregunta, sin personalidad, inocent&oacute;n, lo que se dice un ni&ntilde;o atragantado en el buche de un tipo que ronda la mediana edad. Y el sacrificio perfecto para la parodia del cine negro que quisieron poner en escena los Coen con este espect&aacute;culo. Buscemi tambi&eacute;n es director. Su debut, con &lsquo;Trees Lounge&rsquo; (1996) tuvo un &eacute;xito notable, aunque tambi&eacute;n ha llevado la batuta en otros filmes como &lsquo;Animal Factory&rsquo; (2000), &lsquo;Lonesome Jim&rsquo; (2005) o &lsquo;Interview&rsquo; (2007). Su protagonismo absoluto en la serie &lsquo;Boardwalk Empire&rsquo; termin&oacute; de consagrarle para siempre.
    </p><h3 class="article-text">Contrapicado: a favor</h3><p class="article-text">
        &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo; es lo que son sus numerosos personajes en cada momento. No solo el &lsquo;Nota&rsquo;, dando explicaciones sin sentido a matones que le crecen como pulgas, o Walter y Donny tratando de resolver la encrucijada mientras pelean en un torneo de bolos. La pel&iacute;cula es tambi&eacute;n David Huddleston (el gran Lebowki del t&iacute;tulo); un irritante Philip Seymour Hoffman como su asistente; una Julianne Moore (Maude Lebowski) sensual, raruna y con su propio plan procreador; un John Turturro (Jes&uacute;s Quintana) bailongo, desafiante y hortera; un Ben Gazzara (Jackie Treehorn) como productor de pel&iacute;culas porno y due&ntilde;o de matones; la banda chapucera de Los Nihilistas alemanes que inician el enredo; un Jon Polito (Da Fino) siguiendo la estela &iquest;detectivesca? del &lsquo;Nota&rsquo;; y un Sam Elliot, vaquero narrador de la historia, voz de los Coen, que se cuela entre sus fotogramas para conocer de primera mano la desternillante historia y que sentencia la pel&iacute;cula alabando la &ldquo;comedia humana&rdquo; transmitida de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, y con un fabuloso &ldquo;El Nota est&aacute; con vosotros&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Picado: en contra</h3><p class="article-text">
        Pero precisamente, si hay algo que aborrecemos en &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo; es el sabor de boca final que nos deja la pel&iacute;cula. Y todo es por culpa de las &uacute;ltimas palabras de ese narrador omnipresente, petardo, con pinta de texano justiciero y sabelotodo, que en lugar de aportar algo al fant&aacute;stico dibujo de los personajes o a la historia misma (Made in Coen), resulta redundante y crea rechazo. &iquest;Por qu&eacute; convertir al &lsquo;Nota&rsquo; en un h&eacute;roe de nuestros tiempos en posesi&oacute;n de la gran verdad? &iquest;A qu&eacute; viene ese ep&iacute;logo que nadie ha pedido? El &lsquo;Nota&rsquo; es tal y como es, un desastre humano que vive a su aire, un &lsquo;pringao&rsquo; entra&ntilde;able cuya principal virtud es que la sociedad de ciudadanos ocupados y estresados del mundo ha aprendido a ignorarlo. Despu&eacute;s de la aventura que ha tenido que sufrir, &iquest;para qu&eacute; vamos a llevarle la contraria? No le demos una importancia que no quiere. Descanse en paz y mullidito sobre su bigote mojado en ruso blanco.
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                </figure><h3 class="article-text">Simbiosis sonora</h3><p class="article-text">
        Aunque en sus pel&iacute;culas m&aacute;s serias, los Coen apuestan por un casi mudismo musical, por aquello de la profundidad inherente de sus personajes, en sus comedias siempre hemos encontrado la banda sonora perfecta para el l&iacute;o m&aacute;s enrevesado. El soundtrack de &lsquo;El Gran Lebowski&rsquo; es probablemente de los mejores de su filmograf&iacute;a siendo el hilo conductor de su inicio el &ldquo;la, la, la&rdquo; de &lsquo;The man in me&rsquo; de Bob Dylan, que casi parece escrita para el protagonista. Se suceden durante la historia otros temas de lo m&aacute;s variopintos, de los que queremos destacar, sobre todo, la rockera &lsquo;My Mood Swings&rsquo; de Elvis Costello, el apasionado &lsquo;I Got it Bad&rsquo; de Nina Simone, o la impagable &lsquo;Lujon&rsquo; de Henri Mancini (todo un homenaje al cine negro, de esp&iacute;as, de chantajes).
    </p><p class="article-text">
        Y por encima de todo, hay que resaltar los temas que acompa&ntilde;an a dos de las mejores escenas: &lsquo;Just dropped in to see what condition my condition was in&rsquo;, de Kenny Rogers &amp; The First Edition, para el sue&ntilde;o psicod&eacute;lico del &lsquo;Nota, y &lsquo;Hotel California&rsquo;, versi&oacute;n Gipsy Kings, la rumba que se marca Turturro para peor gloria de The Eagles, a los que, como todos sabemos, el &lsquo;Nota&rsquo; odia profundamente. Por cierto, que en la pel&iacute;cula se escuchan dos temas de Creedence Clearwater Revival que brillan por su ausencia en la banda sonora.
    </p><h3 class="article-text">Ojo al dato</h3><p class="article-text">
        Que el arranque de la pel&iacute;cula es un claro homenaje a &lsquo;Con la muerte en los talones&rsquo; de Alfred Hitchcock es algo que los propios hermanos defendieron a capa y espada y que no escapa a un cin&eacute;filo que se precie, salvando las diferencias entre un Cary Grant, tambi&eacute;n confundido con otro, resolviendo con elegancia y coraje su problema, y un Jeff Bridges m&aacute;s bien arrastrado por la estupidez propia y ajena. La comedia est&aacute; plagada de curiosidades a cual m&aacute;s sorprendente, como el hecho de que el protagonista est&eacute; inspirado en un hombre real que los Coen conocieron mientras buscaban distribuidora para otra de sus producciones, o los cameos de la actriz porno Asia Carrera en el v&iacute;deo que Maud Lebowski y de la cantante Aimee Mann como novia de uno de Los Nihilistas, siendo precisamente uno de ellos el bajista de los Red Hot Chili Peppers.
    </p><p class="article-text">
        Un &uacute;ltimo apunte: algunas teor&iacute;as apuntan a que la estructura narrativa de la pel&iacute;cula es calcada a la de la novela (que no la pel&iacute;cula de adaptaci&oacute;n) &lsquo;El sue&ntilde;o eterno&rsquo; de Raymond Chandler. Ni afirmamos ni negamos, pero el enrevesamiento, desde luego, es el mismo.
    </p><h3 class="article-text">Retrato del h&eacute;roe</h3><p class="article-text">
        Pese a que no hemos dudado de tachar al &lsquo;Nota&rsquo; de antih&eacute;roe al inicio de esta disecci&oacute;n, es indudable que este personaje forma parte de esa caterva de fracasados, malnacidos, desgraciados, torpes y con mala estrella a los que el espectador termina amando con todas sus fuerzas, no tanto por su desamparo, sino porque, como en este caso, afrontan sus vicisitudes, traspi&eacute;s y malaventuras con estoicismo, buscando una soluci&oacute;n mientras intentan continuar su vida normal, llena de leches agriadas y polvo de tres dedos. Y &eacute;se es tambi&eacute;n el &ldquo;Nota&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por una alfombra meada se ve sometido a dos o tres palizas, a m&aacute;s de una humillaci&oacute;n, a la amenaza aterradora de la castraci&oacute;n genital, a dar explicaciones espatarradas que ni &eacute;l mismo comprende y a un laberinto de sinsentidos que no es capaz de resolver. Pero a&uacute;n as&iacute;, va a la bolera, se pide su White Russian, y se sienta, resignado, a esperar a ver qu&eacute; pasa. La peque&ntilde;a parte de h&eacute;roe que habita en su mente se aprecia en un magn&iacute;fico di&aacute;logo: el Gran Leboswki, el millonario, le pregunta al principio &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hace a un hombre ser un hombre? &iquest;Estar preparado para cumplir con su obligaci&oacute;n cuando llegue el momento&rdquo;. El &ldquo;Nota&rdquo; le contesta: &ldquo;Bueno, eso&hellip; y un par de cojones&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto, Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/diseccion-gran-lebowski-alfombrameada_132_3175870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Sep 2017 11:35:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Disección de ‘El Gran Lebowski’: por una alfombra meada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Hermanos Coen,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘¡Ave, César!’, de Joel & Ethan Coen: nostalgia de un Hollywood surrealista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cesar-joel-ethan-coen-hollywood_132_4065450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d82fb99-7a32-4a7b-9278-ab532b66b0f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘¡Ave, César!’, de Joel &amp; Ethan Coen: nostalgia de un Hollywood surrealista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los hermanos Coen nos embarcan en un viaje en el tiempo con una visión llena de ingenio de la industria del cine de los años 50</p><p class="subtitle">Resalta el trabajo de comedia que realizan George Clooney, Scarlett Johansson, Tilda Swinton y, en especial, Ralph Fiennes</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se fabricaban los sue&ntilde;os en el Hollywood Dorado? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a detr&aacute;s de <strong>aquellas grandes superproducciones</strong> que, a&uacute;n hoy, consiguen sacar al ciudadano medio del blanco y negro de sus vidas cotidianas para escapar en brazos de una saludable fantas&iacute;a en tecnicolor? Los <a href="http://www.alohacriticon.com/cine/actores-y-directores/hermanos-joel-y-ethan-coen/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>hermanos Coen</strong></a> nos embarcan en un viaje en el tiempo, con visi&oacute;n panor&aacute;mica, para cont&aacute;rnoslo y para regresar a un territorio en el que &ldquo;nunca hemos llegado a estar&rdquo;, pero produce mucha nostalgia. La <strong>visi&oacute;n de la industria del cine de los a&ntilde;os 50</strong> se convierte, en '<a href="http://www.filmaffinity.com/es/film921182.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</strong></a><strong>'&nbsp;</strong><em>&nbsp;</em>en un espect&aacute;culo lleno de ingenio bien afilado, de iron&iacute;a y un sentido del humor singular, que no es para todo el mundo ni se deja ver todo el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El filme&nbsp;se fija en Eddie Manix (<a href="http://biografias.estamosrodando.com/josh-brolin/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Josh Brolin</a>), un directivo de los grandes estudios que trabaja como &ldquo;fixer&rdquo;, un <strong>solucionador de problemas de una de las principales productoras de los a&ntilde;os 50</strong>. En concreto, se ha especializado en cruzadas imposibles, como sacar a las estrellas de verdaderos apuros.&nbsp;&nbsp;Un buen d&iacute;a, desaparece el actor de moda que protagoniza una car&iacute;sima superproducci&oacute;n b&iacute;blica. Se trata de un <strong>actor mujeriego y muy dado a las&nbsp;&nbsp;juergas</strong> (Baird Witlock / <a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/clooney.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">George Clooney</a>) que ha ca&iacute;do en manos de una organizaci&oacute;n llamada El Futuro. Y&nbsp;<strong>comienza entonces la odisea y calvario particular</strong> de Mannix.
    </p><p class="article-text">
        Dice la campa&ntilde;a de publicidad de '&iexcl;Ave, C&eacute;sar!' que<em>&nbsp;</em>es <strong>una carta de amor al cine, un homenaje a los grandes estudios</strong> y al glamour que envolv&iacute;a a la industria en aquella &eacute;poca. Y es verdad, pero no tiene nada de complaciente. No estar&iacute;amos ante una pel&iacute;cula de los Coen. Los cineastas m&aacute;s bien <strong>prefieren sumergirse en aquella &eacute;poca dorada agarr&aacute;ndose&nbsp;&nbsp;a un buen personaje</strong>, a una narraci&oacute;n que tira del &lsquo;absurdo inteligente&rsquo;, como herramienta para desarrollar una historia singular, pero llena de alicientes envenenados con sarcasmo. &#8232;&#8232;Y es que la pel&iacute;cula acaba pareciendo el camarote de los Hermanos Marx, un lugar en el que, inevitablemente, aparecen y&nbsp;&nbsp;<strong>se atropellan todo tipo de disparates</strong>: un cowboy con los arrestos suficientes como para hacer cabriolas a lomos de un caballo, pero incapaz de superar una l&iacute;nea de gui&oacute;n; una entra&ntilde;able &lsquo;horda&rsquo; de guionistas comunistas cometiendo un delito por justicia hist&oacute;rica; <strong>una &lsquo;Esther Williams&rsquo; embarazada</strong> (<a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/johansson_scarlett.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Scarlett Johansson</a>) en busca de un marido-tapadera; un trasunto de&nbsp;<strong>Hedda Hopper desdoblada en un par de gemelas viperinas</strong> (<a href="http://www.biografias.es/famosos/tilda-swinton.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tilda Swinton</a>) y hasta un submarino sovi&eacute;tico emergiendo, como si tal cosa, en las costas californianas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n aparece un tipo atormentado por el sentimiento de culpa que le produce enga&ntilde;ar a su mujer. Eddie Mannix, el protagonista. Un <strong>pobre diablo astuto y cat&oacute;lico cumplidor</strong>, capaz de salir airoso de cualquier tropel&iacute;a provocada por los dem&aacute;s, pero un cero a la izquierda a la hora de reconocer ante &lsquo;su otra parte contratante&rsquo; que no puede dejar el tabaco. Josh Brolin encarna a con una <strong>prodigiosa naturalidad a este ingenuo con cuarto trastero</strong>. Y esa sensaci&oacute;n de comodidad, de actores que se sienten en sus personajes como si estuvieran en casa, es una constante en las grandes estrellas que pisan el gran plat&oacute; de '&iexcl;Ave, C&eacute;sar!'. Clooney, Johansson, Tilda Swinton y, en especial, <a href="http://www.biografias.es/famosos/ralph-fiennes.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ralph Fiennes</a>, hacen un trabajo divertid&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Fiennes, un <strong>director de cine demasiado flem&aacute;tico que no logra terminar en condiciones su pel&iacute;cula</strong>, protagoniza uno de los&nbsp;&nbsp;momentos m&aacute;s ocurrentes de la historia al ofrecer una acrob&aacute;tica clase de dicci&oacute;n. Todo un acontecimiento desternillante. Como la <strong>tertulia mete&oacute;rica, ingeniosa y descabellada</strong> (con cierto aire a &lsquo;screwball comedy&rsquo;, pero sin romance) a trav&eacute;s de la cual Clooney conoce por primera vez a sus secuestradores y siente un flechazo. Pura nostalgia surrealista.
    </p><p class="article-text">
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      <dc:creator><![CDATA[Dolores Sarto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cinetario/cesar-joel-ethan-coen-hollywood_132_4065450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Apr 2016 10:14:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[‘¡Ave, César!’, de Joel & Ethan Coen: nostalgia de un Hollywood surrealista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hermanos Coen,Cine,Hollywood,Críticas de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['¡Ave, César!': La nueva farsa de los Coen surfea el Hollywood clásico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/ave-cesar-coen-hollywood-clasico_1_4150498.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9d9e4c8-9934-4d58-b32e-750370300003_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;¡Ave, César!&#039;, de los hermanos Coen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última película de los hermanos Coen se ha estrenado esta semana en España</p><p class="subtitle">Sucede en la primera mitad del siglo XX, en los tiempos en que Clark Gable pertenecía a la MGM y Errol Flynn era propiedad de la Warner</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Sigue habiendo algo de prodigio en las pel&iacute;culas que arman los Coen, incluso en las que a primera vista no vienen con &iacute;nfulas de trascendencia. &iquest;C&oacute;mo se hace para que una comedia funcione simult&aacute;neamente como peque&ntilde;o ensayo, alucinaci&oacute;n, paisajismo, homenaje y ofrenda, comentario pol&iacute;tico, exploraci&oacute;n hist&oacute;rica y f&aacute;bula sat&iacute;rica? Pues se hace bien.
    </p><p class="article-text">
        Es una cuesti&oacute;n de m&eacute;todo y aquilatado, y para ello Joel y Ethan Coen cuentan con un pie de rey forjado entre el clasicismo y la posmodernidad que les permite trabajos de precisi&oacute;n y que se refuerza en la doble autor&iacute;a: mientras uno mira al frente, el otro no pierde de vista el pasado. O al rev&eacute;s.
    </p><h3 class="article-text">La idea de negocio</h3><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</em> sucede en la primera mitad del siglo XX, los tiempos en que Clark Gable pertenec&iacute;a a la MGM, Errol Flynn era propiedad de la Warner y Gary Cooper estaba al servicio de la veterana Paramount. La era de los grandes estudios, cuando el cine era una l&iacute;nea de montaje en un sistema cerrado gobernado por un magnate. Nada ha cambiado mucho, pero entonces las figuras para la contenci&oacute;n ten&iacute;an nombre y apellidos. Eddie Mannix, por ejemplo, un ejecutivo de Capitol Pictures interpretado por Josh Brolin cuyo papel es mantener la disciplina, salvaguardar reputaciones falsas y sacar casta&ntilde;as del fuego para que la comedia de la vida no se desmande en esperpento. El mayor empe&ntilde;o de Mannix, como el de los meticulosos Coen, es hacer las cosas bien, pero el destino se lo pondr&aacute; dif&iacute;cil cuando en mitad del rodaje de una de romanos la estrella de la casa que encarna George Clooney sea secuestrada por una c&eacute;lula de guionistas iluminados por Marcuse que se hacen llamar &ldquo;el futuro&rdquo;.
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        En el Hollywood dorado las pel&iacute;culas eran alpiste para la clase trabajadora y las estrellas un fr&aacute;gil invento para la proyecci&oacute;n de los deseos de un p&uacute;blico que en principio no quer&iacute;a tanto diversidad como variaciones sobre las mismas peripecias circenses, comedias de gran hotel o inocuos melodramas de alcoba. Un cine que se pretend&iacute;a ajeno a responsabilidades pol&iacute;ticas pero que trabajaba irreductible al servicio del gran mal.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, la de los Coen es una situaci&oacute;n at&iacute;pica y privilegiada dentro del cine comercial norteamericano. Cuentan con el reconocimiento de cr&iacute;tica y p&uacute;blico y han ganado varios Oscar, pero mantienen la base de operaciones en Nueva York, algo que les permite mirar a Hollywood desde la distancia, tomarle las medidas y especular con una subversi&oacute;n que en cierto modo ya practican. Lo hacen incluso en pel&iacute;culas que, como esta, se pretenden poco m&aacute;s que divertimentos, y as&iacute; se entiende que <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</em> contenga multitud de cargas de profundidad para la desestabilizaci&oacute;n del sistema o al menos para hacerle chufla.
    </p><h3 class="article-text">El estilo de la casa</h3><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</em> es un festival de gui&ntilde;os y referencias a veces solo accesibles al cin&eacute;filo o al historiador, que podr&aacute;n detectar <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Eddie_Mannix" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resonancias en el nombre de Eddie Mannix</a>, recordar&aacute;n que Capitol Pictures era la productora para la que escrib&iacute;a o trataba de escribir guiones Barton Fink y tal vez lleguen a advertir que el comandante del submarino sovi&eacute;tico al que no llegamos a ver el rostro est&aacute; interpretado por Dolph Lundgren, que es lo mismo que decir Ivan Drago, el ruso que puso a temblar a Rocky Balboa en plena era Reagan.
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        Pese a los ramalazos de guerra fr&iacute;a, la nueva pel&iacute;cula de los Coen es una comedia amable que se rastrea el alma en el interior de cada escena: Channing Tatum bailando como Gene Kelly, Scarlett Johanson nadando a lo Esther Williams o Frances McDormand atrapada en la sala de montaje como trasunto de Dorothy Spencer, la que fuera montadora de Ernst Lubitsch. El sinf&iacute;n de equivalencias prosigue con Ralph Fiennes en un papel que evoca al director alem&aacute;n, Alden Ehrenreich incorporando a un vaquero cantor a lo Roy Rogers, Veronica Osorio como aprendiz de Carmen Miranda o Tilda Swinton acech&aacute;ndolos a todos como una abubilla de dos cabezas (&iquest;Louella Parsons y Hedda Hopper, quiz&aacute;s?) para nutrir sus influyentes columnas de chismes. La guasa es constante durante todo el metraje, donde nos aguardan sorpresas como una brev&iacute;sima pero fabulosa intervenci&oacute;n de Christopher Lambert en la piel de un europeo exiliado con dificultades para observar los c&oacute;digos que sostienen el sistema econ&oacute;mico del imperio.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ave, C&eacute;sar!</em> no es una pel&iacute;cula emotiva porque habla un poco de lo contrario, de prefabricar ideolog&iacute;a colectiva. Se trata de un producto muy pensado y eso pasa por recordar que en el Hollywood de los grandes estudios el dise&ntilde;ador era uno de los t&eacute;cnicos m&aacute;s importantes de la pel&iacute;cula, en ocasiones casi un autor. En consonancia, la pel&iacute;cula se erige sobre una elocuente direcci&oacute;n art&iacute;stica que se refuerza en la artesan&iacute;a de deliberados <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Matte_painting" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">matte paintings</a>, en coreograf&iacute;as en tecnicolores y en el amparo de una filmaci&oacute;n en celuloide que los Coen, detractores radicales de las pantallas dom&eacute;sticas, consideran innegociable. Al menos mientras la industria se lo permita.
    </p><p class="article-text">
        Una industria manicomial de la que llevan m&aacute;s de tres d&eacute;cadas siendo parte activa pero que no parece haber permeado su identidad creativa, una mezcla de pasi&oacute;n y desapego que mantienen intacta ri&eacute;ndose el uno del otro para que no se note que cada uno se r&iacute;e de s&iacute; mismo y los dos juntos de los dem&aacute;s. Vuelven a hacerlo en esta pel&iacute;cula donde late algo de experiencia personal, la justa y necesaria para cuajar una s&aacute;tira en la que se intuye la eleg&iacute;a, porque como toda comedia lo que contiene es un drama. Vivir en una ficci&oacute;n, los Coen lo saben bien, no es m&aacute;s que una cuesti&oacute;n de fe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/ave-cesar-coen-hollywood-clasico_1_4150498.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Feb 2016 19:19:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['¡Ave, César!': La nueva farsa de los Coen surfea el Hollywood clásico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hollywood,Hermanos Coen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Eden': Ascenso y decadencia del DJ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/eden-ascenso-decadencia-dj_1_2481873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/767200e8-4452-4a2c-b612-77bf7c8b46a6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;Eden&#039; es el &#039;24h party people&#039; del house parisino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La última película de la consagrada directora francesa Mia Hansen- Løve es el '24 hour party people' de la escena house parisina de los noventa</p></div><p class="article-text">
        Con <em>Un amour de jeunesse,</em> Mia Hansen- L&oslash;ve di&oacute; por terminada una trilog&iacute;a indefinible y muy autobiogr&aacute;fica basada en heridas todav&iacute;a sin cerrar, en la traici&oacute;n, el perd&oacute;n y en la dolorosa adolescencia. Con 27 a&ntilde;os gan&oacute; en Cannes el Premio del jurado en Una cierta mirada por <em>El padre de mis hijos.</em> Todo est&aacute; perdonado fue su debut. La joven cineasta francesa se convirti&oacute;&nbsp;en una figura de culto empujada por su propia infelicidad <a href="http://www.theguardian.com/film/2015/jul/21/mia-hansen-love-eden" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;que hac&iacute;a cine para para ordenar su vida&rdquo;</a>.&nbsp;<em>Eden</em>&nbsp;es otra cosa, un punto y a parte en su precoz filmograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>Eden</em>&nbsp;es un viaje por la escena house de Par&iacute;s en los 90 y en los 2000 en el que Daft Punk creci&oacute; y se convirti&oacute; en un d&uacute;o m&iacute;tico. Ning&uacute;n cineasta se lo ha tomado tan en serio. La raz&oacute;n es Sven Hansen-L&oslash;ve, el hermano de Mia, coguionista del film y una de las figuras claves de esa escena<em>. </em>Sven se ha metido hasta las trancas en este proyecto que, exceptuando algunos lugares comunes y elementos inventados, es un reflejo de su propia juventud. Las raves, las primeras grabaciones caseras, su ascenso como Dj, primero en fiestas, luego en pubs de moda, luego en Nueva York y siempre rodeado de amigos, coca, luces, sudor, vinilos, chicas, deudas, resacas, peleas y tambi&eacute;n mucha soledad.
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    </figure><p class="article-text">
        Y sin embargo, <em>Eden </em>no es una (otra) pel&iacute;cula generacional. De lo que ella quiere hablar es del paso del tiempo, de los sue&ntilde;os, de perseguir lo que deseamos, del doloroso fracaso y de la parte fea de esta escena parisina que trajo al mundo formas distintas de relacionarnos entre nosotros, de drogarnos, de sentir el arte.
    </p><h3 class="article-text">Perdido en la m&uacute;sica</h3><p class="article-text">
        <em>Eden</em> no va a tener la misma trascendencia, pero es ya el <em>24 hour party people </em>de la escena house parisina. El estilo de Mia es mucho m&aacute;s pausado, incluso contemplativo que el de Winterbottom, pero ambas pel&iacute;culas desarrollan el alzamiento de una escena musical concreta a trav&eacute;s de uno de sus protagonistas. El filme brit&aacute;nico retrata el Manchester de Joy Division, New Order y Happy Mondays a trav&eacute;s del sello Factory Records creado por Tony Wilson. Con un ritmo endiablado y una narraci&oacute;n al estilo del falso documental el espectador sigue las peripecias de este cazatalentos y promotor interpretado por Steve Coogan. Desde el descubrimiento de los Sex Pistols hasta &nbsp;las hordas de gente que acud&iacute;an a bailar a la Hacienda, y despu&eacute;s la debacle personal, empresarial y art&iacute;stica. &Eacute;xito y decadencia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Paul, el alter ego de Sven &nbsp;Hansen-L&oslash;ve, pincha en el PS1 del Moma en Nueva York acaricia el &eacute;xito con los dedos. Es un espejismo, claro. Lo siguiente es bajar en picado, asimilar el fracaso, ser testigo de c&oacute;mo todas sus amantes (hasta la divertida Greta Gerwig) han sentado la cabeza mientras &eacute;l sigue agarrado a una m&uacute;sica que cada vez golpea con menos intensidad la noche de Par&iacute;s. La electr&oacute;nica se transforma&nbsp;en algo extra&ntilde;o para &eacute;l, ya solo queda sitio para Daft Punk o David Guetta.&nbsp;En <em>Eden</em> esta segunda parte de ca&iacute;da libre tiene t&iacute;tulo, <em>Perdido en la m&uacute;sica</em>.&nbsp;
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                </figure><h3 class="article-text">A prop&oacute;sito de Sven Hansen- L&oslash;ve</h3><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula Daft Punk son interpretados por Vincent Lacoste y Arnaud Azoulay y su presencia deslumbra sobre todo en esa maravillosa secuencia en la que en medio de una fiesta estos dos j&oacute;venes desgarbados comprueban el efecto que sus mezclas tiene en la gente. Miran los platos con respeto, est&aacute;n nerviosos, comienza a sonar <a href="https://www.youtube.com/watch?v=n1ZqN_VFhdo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Da Funk</a>&nbsp;y todos se vuelven locos.&nbsp;Ellos se susurran al o&iacute;do, disfrutan, la c&aacute;mara de Mia se aleja y lo que sigue ya&nbsp;es historia.
    </p><p class="article-text">
        En lo &uacute;ltimo de los hermanos Cohen, la figura del m&uacute;sico Llewyn Davis se inspiraba en un cantante real, Dave Van Ronk, que como muchos otros en los 60&rsquo; frecuent&oacute; el Greenwich Village de Nueva York para tocar sus canciones ante un p&uacute;blico &aacute;vido de historias de perdedores, de humo de cigarro y de vasos de whisky. Era el nacimiento de otra escena musical. En un momento de la pel&iacute;cula Llewyn Davis termina de tocar y tras beber un trago se marcha del local justo cuando est&aacute;n presentando al siguiente m&uacute;sico, comienzan los acordes de <em>Farewell</em> y la voz nasal de Bob Dylan lo inunda todo. El universo se resquebraja porque aunque el personaje de Davis a&uacute;n no lo sepa, Bob Dylan no dejar&iacute;a sitio para nadie m&aacute;s.
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                </figure><p class="article-text">
        Mia Hansen- L&oslash;ve utiliza las figuras de Daft Punk en <em>Eden</em>&nbsp; de la misma forma que los Cohen utilizaron a Dylan en <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em>. La c&aacute;mara de la directora sigue constantemente a Paul a trav&eacute;s de&nbsp;planos secuencia &nbsp;en los que se puede oler el sudor del p&uacute;blico saltando y vibrando con las interminables sesiones de garage y house, sentir la sed, las luces que deslumbran y experimentar incluso los efectos de las drogas. Los a&ntilde;os pasan y&nbsp;Mia va colocando&nbsp;a Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter (o sea, Daft Punk) en diferentes momentos de la pel&iacute;cula para subrayar que ellos se quedar&aacute;n todo el &eacute;xito mientras los dem&aacute;s, como Paul, tendr&aacute;n que lidiar con el riesgo, las deudas, los escasos medios para medrar en la industria, las falsas promesas y la evoluci&oacute;n de los gustos musicales que los puristas calificar&iacute;an de funesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, y a pesar de toda esa melancol&iacute;a que rebosa en el estilo de Hansen- L&oslash;ve, a pesar de todos los dramas, las fiestas, las rayas, las resacas o las p&eacute;rdidas,&nbsp;<em>Eden </em>culmina&nbsp;con serenidad. Todos hemos aprendido algo.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Pedro Moral Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/eden-ascenso-decadencia-dj_1_2481873.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Sep 2015 19:45:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Eden': Ascenso y decadencia del DJ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hermanos Coen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La balada del perdedor: a propósito de los hermanos Coen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/proposito-hermanos-coen_1_5096691.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af7b4002-5640-422a-8e08-929f1e56841d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Blues nostálgico subterráneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'A propósito de Llewyn Davis',  la última película de los cineastas de Minnesota, es el ejemplo  perfecto para analizar la fórmula que ha convertido su cine en un género  en sí mismo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los Coen hacen pel&iacute;culas plenamente autoconscientes de su relaci&oacute;n con g&eacute;neros cinematogr&aacute;ficos preexistentes. Su cine descansa en el conocimiento cultural y f&iacute;lmico compartido con sus espectadores&rdquo;, dej&oacute; escrito Carolyn R. Russel en un ensayo sobre los hermanos m&aacute;s famosos del cine de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, con permiso de los Wachowski. Una definici&oacute;n que explica que, aunque les persiga el sambenito de cineastas <em>indies</em>, su obra sea ya conocida y reconocida por el gran p&uacute;blico y haya ganado premios de la Academia. 
    </p><p class="article-text">
        Pero  &iquest;a qu&eacute; nos referimos exactamente cuando hablamos del cine de los hermanos Coen? Lo cierto es que es posible destilar su f&oacute;rmula a trav&eacute;s de una serie de elementos comunes que se repiten en sus pel&iacute;culas, y que tambi&eacute;n aparecen en su &uacute;ltima cinta estrenada en Espa&ntilde;a, la muy recomendable <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em>.
    </p><h3 class="article-text">Los tiempos est&aacute;n cambiando</h3><p class="article-text">
        Las pel&iacute;culas de los hermanos Coen suelen transcurrir en escenarios muy espec&iacute;ficos, indisolublemente unidos a la trama argumental, que acaban por adquirir entidad propia y comportarse como un personaje m&aacute;s. Con independencia de en qu&eacute; lugar se desarrollen sus historias, ser&iacute;a dif&iacute;cil imaginarlas en cualquier otro contexto. Imposible disociar <em>Fargo</em> de ese perenne manto nevado de fondo; o <em>Arizona Baby,</em> de los parajes des&eacute;rticos en que se desarrollan esas persecuciones <em>cartoonescas</em> a lo Chuck Jones. 
    </p><p class="article-text">
        <em>A pr&oacute;posito de Llewyn Davis</em> huele a Nueva York por los cuatro costados; a ese Greenwich Village de 1961 cuyos escenarios estaban tomados por m&uacute;sicos de jazz y <em>bluesmen</em> y en cuyas calles todav&iacute;a pod&iacute;a sentirse el regusto bohemio y drogota de los a&ntilde;os de gloria del movimiento beat.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n tendr&iacute;an que pasar unos meses para la eclosi&oacute;n de la escena folk y el advenimiento de todos esos cantautores politizados con la mochila llena de historias y acordes de sus lugares de origen.  Trovadores ac&uacute;sticos como Dave Van Ronk se las apa&ntilde;aban con m&aacute;s oficio que suerte. Van Ronk se mud&oacute; al Village a principios de los 50 y ya no se quiso mover hasta su muerte. Adem&aacute;s de m&uacute;sico, fue mentor de la generaci&oacute;n folk y notable fil&oacute;sofo de barra. Sus memorias de la &eacute;poca est&aacute;n recogidas en <em>The Mayor of MacDougal Street</em>, cr&oacute;nica colorida y algo &aacute;cida de la antesala del <em>revival</em> folk de principios de los 60.
    </p><p class="article-text">
        El libro fue a parar a manos de los Coen, que jugaron a imaginarse qu&eacute; hubiera pasado si a Van Ronk le hubieran dado una paliza a la salida de una de sus actuaciones: un material de primera para urdir una de sus &aacute;cidas s&aacute;tiras en torno a la cultura popular que se les dan tan bien. La muerte o la violencia, habitualmente producto de un malentendido, suelen desencadenar los acontecimientos en el universo de los Coen. En otras ocasiones, la maquinaria de catastr&oacute;ficas desdichas se pone en marcha por el efecto negativo que la ausencia de dinero causa en sus personajes, bien porque andan sin blanca o porque, como en <em>O brother</em>, persiguen un bot&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ambos casos, <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em> cumple sobradamente el requisito. Ron Howard hubiera rodado un biopic azucarado sobre el fulminante ascenso de Bob Dylan al olimpo del folk, pero a los Coen les seduce m&aacute;s filmar la amarga &eacute;pica del fracaso, las penurias de los pioneros que allanaron el camino y s&oacute;lo obtuvieron reconocimiento tard&iacute;o en el mejor de los casos. 
    </p><p class="article-text">
        Esos momentos de crisis que remarcan a&uacute;n m&aacute;s la propia crisis vital de sus personajes aparecen con frecuencia en sus pel&iacute;culas. <em>Muerte entre las flores</em> se desarrolla en los a&ntilde;os de la Prohibici&oacute;n y en <em>El gran Lebowski</em> hay referencias expl&iacute;citas a los primeros meses de la Guerra del Golfo. En cierta manera, su &uacute;ltima pel&iacute;cula es la precuela cinematogr&aacute;fica de la m&iacute;tica portada del disco <em>The Freewheelin 'Bob Dylan</em>, tan definitorio del cambio de paradigma musical, de la que toma prestados sus colores apagados.
    </p><h3 class="article-text">Sangre en los surcos</h3><p class="article-text">
        En la filmograf&iacute;a de los Coen no hay sitio para h&eacute;roes ni ganadores. El Barton Fink de la pel&iacute;cula hom&oacute;nima o el Larry Gopnik de <em>Un tipo serio</em> se enfrentan a una concatenaci&oacute;n de trabas vitales e incidentes absurdos que acaban, por acumulaci&oacute;n, convirtiendo sus vidas en un infierno. Cobayas constantemente hostigados por sus creadores en experimentos que destilan un humor negr&iacute;simo. 
    </p><p class="article-text">
        Llewyn Davis, un Buster Keaton hier&aacute;tico pegado a una guitarra, es el &uacute;ltimo en sumarse a esta peripat&eacute;tica liga de perdedores.   A pesar de su celebrado gusto musical, es incapaz de oler un futuro &eacute;xito de ventas en sus narices. Pretende llegar lejos con su arte, pero no tiene donde caerse muerto en el d&iacute;a a d&iacute;a. Este h&eacute;roe torpe y melanc&oacute;lico ahogado en sus contradicciones est&aacute;, en fin, en el lugar correcto pero en el momento equivocado.  Un estereotipo, s&iacute;, como tantos otros del que los hermanos Coen saben sacar petr&oacute;leo.
    </p><p class="article-text">
        La integridad art&iacute;stica de Llewyn contrasta con su incapacidad para la empat&iacute;a con el entorno y su patol&oacute;gico bloqueo emocional. &ldquo;Todo lo que tocas se convierte en mierda, como el hermano idiota del rey Midas&rdquo;, le recrimina Jean, novia de su mejor amigo y a la saz&oacute;n amante de Llewyn, de quien se ha quedado embarazada. 
    </p><p class="article-text">
        Los personajes creados por los Coen no suelen hundirse en la autocompasi&oacute;n. Perseveran en sus quijotescos empe&ntilde;os y no pierden la esperanza, aunque saben que se mueven en un universo sin sentido y est&aacute;n marcados por un destino fatal. Verbigracia: Llewyn Davis emprende un viaje casi suicida a Chicago s&oacute;lo para que le digan a la cara que no es carne de <em>front-man</em>, que tiene talento pero nunca alcanzar&aacute; el &eacute;xito. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando por fin baja los brazos, resignado a seguir los pasos de sus padre en un buque pesquero, se cruza con la enjuta figura de un joven Bob Dylan a punto de cambiar la historia de la m&uacute;sica con canciones como<em> I was young when I left home</em>. El bardo de Minnesota dijo una vez: &ldquo;Todo lo que yo buscaba era ser tan grande como Dave Van Ronk&rdquo;. Pobre consuelo para todos los Llewyn Davis del mundo.
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                </figure><h3 class="article-text">A lo S&iacute;sifo</h3><p class="article-text">
        Al igual que Jeffrey Lebowski, Llewyn Davis se mete por casualidad en lo que parece un peque&ntilde;o l&iacute;o pero acaba por convertirse en un embrollo de proporciones b&iacute;blicas. Hay una diferencia: si <em>El Nota</em> pod&iacute;a pasar por un detective patoso de cine negro imaginado por un Raymond Chandler en horas bajas, aqu&iacute; Davis emprende un viaje hom&eacute;rico, con referencias expl&iacute;citas a <em>La odisea</em>, y de estructura circular, como aquellas canciones folk en la que el &uacute;ltimo verso es exactamente igual al primero, pero de las que se sale m&aacute;s sabio tres minutos despu&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        En manos de los Coen, la idea de un moderno S&iacute;sifo enfrentado perpetuamente al absurdo de la vida se convierte en material de primera para su idea de comedia. La gravedad tr&aacute;gica de la vida y la angustia existencial, prolongadas durante demasiado tiempo y forzadas al l&iacute;mite, acaban provocando la hilaridad, como bien saben unos cineastas que huyen deliberadamente del realismo y parecen gen&eacute;ticamente incapaces de escribir y rodar un material que de alguna manera no est&eacute; contaminado por elementos de comedia, por muy negra que sea. 
    </p><p class="article-text">
        A los Coen, defensores confesos del mal gusto cinematogr&aacute;fico, les hemos visto haciendo gags a costa de paral&iacute;ticos y el Ku Klux Klan. En esta ocasi&oacute;n no van tan all&aacute;, aunque las bromas del gigantesco m&uacute;sico de jazz Roland Turner &ndash;interpretado por John Goodman&ndash; sobre el suicidio del antiguo compa&ntilde;ero de correr&iacute;as musicales de Llewyn hielen bastante la sangre.
    </p><h3 class="article-text">El blues del ahorcado</h3><p class="article-text">
        Ethan y Joel Coen siempre escriben sus historias siguiendo la misma metodolog&iacute;a: imaginan una primera escena potente y, a partir de ah&iacute;, se dejan llevar donde les lleven el material y los personajes. <em>A prop&oacute;sito de Llewyn Davis</em> se abre con el barbudo cantante interpretando del tir&oacute;n con su guitarra y en primer plano un original de Van Ronk, <em>Hang me, oh hang me</em>. 
    </p><p class="article-text">
        De entrada, el arranque supone una ruptura tanto con sus peculiares &aacute;ngulos de c&aacute;mara jaleados por la cr&iacute;tica, aquellos que esconden informaci&oacute;n en lugar de revelarla, como con sus din&aacute;micos <em>travellings</em> tan habituales. Pero adem&aacute;s la canci&oacute;n, como todas las que vendr&aacute;n despu&eacute;s, se encarga de proporcionar la informaci&oacute;n sobre un personaje que tiende a expresarse de manera bastante lac&oacute;nica, lo que le convierte en <em>sparring</em> de adversarios dial&eacute;cticos con bastante m&aacute;s verborrea. Si en los musicales las canciones tienden a celebrar cat&aacute;rquicamente el gozo o a exorcizar la pena, las que entona con su guitarra Davis parecen servirle para soportar el dolor.
    </p><p class="article-text">
        La pureza que emana de sus interpretaciones tiene una explicaci&oacute;n. El actor Oscar Isaac tuvo que aprenderse el repertorio de memoria y tocarlo en directo frente a la c&aacute;mara, al igual que Justin Timberlake y Carey Mulligan. La idea parti&oacute; del veterano m&uacute;sico y productor T-Bone Burnett, que al menos en esta pel&iacute;cula ejerce de tercer hermano Coen. 
    </p><p class="article-text">
        Los cineastas de Minnesota se caracterizan por mantener los costes de sus producciones al m&iacute;nimo, por lo que dif&iacute;cilmente generan p&eacute;rdidas, pero tambi&eacute;n por repetir siempre que pueden con el mismo equipo art&iacute;stico y t&eacute;cnico. Burnett comenz&oacute; a colaborar con los Coen en <em>El gran Lebowski</em>, y fue el responsable directo de la fiebre por el bluegrass que se desat&oacute; en todo el mundo a ra&iacute;z de <em>O brother</em>. No parece que vaya a repetirse el episodio esta vez, a pesar de esa brutal <em>Please Mr. Kennedy</em>, que ironiza sobre los comienzos de la era espacial estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        Los hermanos Coen no han inventado la rueda, pero s&iacute; han reinventado a su manera los g&eacute;neros cl&aacute;sicos, firmando comedias oscuras protagonizadas por rufianes de buenas intenciones o impecables ejemplos de <em>neo-noir</em> cuyas complejas tramas ejercen de <em>macguffin</em> para intercambios verbales pugil&iacute;sticos. &ldquo;Si no es nueva y no envejece, se trata de una canci&oacute;n folk&rdquo;, entona como latiguillo recurrente Llewyn Davis cada vez que se sube a un escenario. De eso o de una pel&iacute;cula de los Coen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Pulido]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/proposito-hermanos-coen_1_5096691.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jan 2014 19:13:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La balada del perdedor: a propósito de los hermanos Coen]]></media:title>
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