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    <title><![CDATA[elDiario.es - Revista Amberes]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Revista Amberes]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Salem]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/salem_132_1846347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0997c48-f467-45cd-b59d-310d53616af3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Salem."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recorrido por el pueblo que se hizo famoso por ser el escenario de una de las cazas de brujas más duras de la historia.</p></div><h3 class="article-text">Octubre, 2018</h3><p class="article-text">
        Hay una antigua colonia brit&aacute;nica cerca de Boston llamada Salem. Se divisa desde el ferry, perdida entre la bruma de la lejan&iacute;a como una aparici&oacute;n fantasmal. Hermosas casas, verdes praderas y gentes amables te dan la bienvenida cuando pisas la ciudad por primera vez. Cada esquina tiene encanto colonial, y en cada tienda encuentras tiernos recuerdos que te hacen sentir bien acogida. La calle Essex une los diferentes lugares de inter&eacute;s de la ciudad como un intrincado esqueleto, y los teatrillos callejeros te visten del esp&iacute;ritu del pueblo. Hay museos, parques y lugares de visita obligada que te hacen un v&iacute;vido recorrido por el pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni&ntilde;os jugando en el parque, familias de paseo, persianas bajadas al anochecer, alg&uacute;n ladrido en lontananza.
    </p><p class="article-text">
        Como una ciudad m&aacute;s. Como si nunca ocurriese nada en Salem.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">1648</h3><p class="article-text">
        Una mujer llamada Bridget Bishop pase&oacute; por estos mismos caminos. Era joven y bella, llena de energ&iacute;a y con ganas de cambiar el mundo. La educaci&oacute;n puritana que hab&iacute;a recibido se le antojaba escasa, ten&iacute;a muchas preguntas sin respuesta, y pronto se dio cuenta de que tendr&iacute;a que hallar por si sola la soluci&oacute;n. En un mundo donde la religi&oacute;n y las apariencias lo era todo, y espiar y ser espiado por los vecinos era el pan de cada d&iacute;a, Bridget aprendi&oacute; a observar y a diferenciar aquellas mentes independientes que brillaban en la seguridad de la intimidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aprendi&oacute; todo lo que pudo sobre filosof&iacute;a, bot&aacute;nica y el arte de la lectura y el placer. Era un alma libre con un hambre insaciable, y esa energ&iacute;a pronto necesit&oacute; de un compa&ntilde;ero; fue as&iacute; que, con apenas quince a&ntilde;os, le conoci&oacute;. Fuerte, alto y valiente, alguien que no tendr&iacute;a miedo de equipararse a ella, que en vez de cortarle las alas y obligarle a vivir seg&uacute;n la estricta moral de sus coet&aacute;neos, la impulsar&iacute;a a volar m&aacute;s alto. Bridget se enamor&oacute;, por primera y &uacute;ltima vez en su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el amor es la ceguera m&aacute;s peligrosa, y Bridge no supo ver los detalles que predec&iacute;an un alma cobarde y envidiosa. Pronto aquel objeto de sus deseos se sinti&oacute; amenazado por su arrolladora naturaleza y por su hambre de conocimiento, de romper los l&iacute;mites. Y, como todo hombre cobarde, la abandon&oacute; entre absurdas y desesperadas mentiras. Aquella fue la primera vez que alguien la llam&oacute; bruja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo se par&oacute; para Bridge: el murmullo del correr del agua del riachuelo se apag&oacute;, la brisa oto&ntilde;al ces&oacute;, el eco del bosque desapareci&oacute;. Confundida, no pod&iacute;a apartar la vista de las hierbas y flores aplastadas por las botas de aquel al que am&oacute;. Solo o&iacute;a el latir de su coraz&oacute;n: <em>pum pum</em>, <em>pum pum</em>, <em>pum pum</em>. Siempre que hablan del desamor mencionan el dolor, la tristeza, la soledad; nadie habla del luto. Ese d&iacute;a, en esta ladera, una parte de Bridge muri&oacute;. Se encerr&oacute; en s&iacute; misma, sigui&oacute; cultiv&aacute;ndose, y se alej&oacute; desconfiada de los que la rodeaban. Nunca m&aacute;s volvi&oacute; a caminar con aquella ligereza que la hac&iacute;a acudir a los brazos de su amado, pero se convirti&oacute; en una mujer fuerte, culta y respetada. Todo aquel que se la cruzaba se sent&iacute;a cohibido por su halo de seguridad. Sin embargo, para el ojo avizor, la verdad era m&aacute;s profunda: Bridget estaba de luto.&nbsp;
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                </figure><h3 class="article-text">1692</h3><p class="article-text">
        Salem estaba dividida entre el pueblo de Salem, lleno de granjeros que conviv&iacute;an con un f&eacute;rreo y tradicional sistema de valores, y la ciudad portuaria y comercial. Establecida all&iacute;, y habiendo desechado hacia mucho la idea del amor, Bridget se cas&oacute; para mantener las apariencias en una estricta comunidad donde la mujer estaba destinada a ser esposa y madre. Tuvo una preciosa hija, Christian Oliver, con su segundo marido, Thomas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero es dif&iacute;cil pretender ser oveja cuando tienes alma de lobo, y Bridget encontraba peque&ntilde;o placer en sus grandes sombreros, sus cordones de colores y sus rojos detalles, destacando sobre su negro y sobrio atuendo. Hubo de enfrentar problemas con sus dos primeros maridos al darse cuenta estos de lo intensamente independiente era su mujer, y las acusaciones fueron escalando hasta llegar a incriminarla por contactos &iacute;ntimos con el diablo. Por ello, tras enviudar, encar&oacute; su tercer matrimonio con Edward Bishop de otra manera: una cordial relaci&oacute;n entre dos almas decepcionadas con sus vidas. Juntos llevaban una plantaci&oacute;n de manzanos y una bodega, y Bridge aprendi&oacute; a prodigar su devoci&oacute;n, negando siempre de ra&iacute;z cualquier acusaci&oacute;n contra ella y sus actividades que proviniese de la comunidad y el clima puritano que la rodeaba. Pero, ese a&ntilde;o, las cosas ser&iacute;an diferentes: el radicalismo y fanatismo religioso la convertir&iacute;an en desgraciada protagonista.
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        &nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Abril de 1692</h3><p class="article-text">
        En el mes de abril, se emiti&oacute; una orden de arresto contra Bridget Bishop, acus&aacute;ndola de intimar con el diablo y de practicar la brujer&iacute;a. Su juicio fue presidido por John Hawthorne y Jonathan Corwin, y varios testigos demandaron su culpabilidad. Algunas j&oacute;venes, entre ellas Mercy Lewis y Ann Putnam, acusaron a Bridget de querer obligarles a firmar el libro del diablo y de causarles horribles dolores corporales, escenificando con sus cuerpos tales acusaciones durante los juicios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro testigo, William Stacy, la incrimin&oacute; de haberla hecho perder su hija, y algunos hombres que sol&iacute;an trabajar en su bodega, dijeron haber encontrado marionetas con agujas clavadas, y testificaron que la acusada les hab&iacute;a visitado astralmente; y su propio cu&ntilde;ado la inculp&oacute; de hablar con el diablo. Al mismo tiempo, otras mujeres estaban siendo apresadas y acusadas del delito de brujer&iacute;a, y una de ellas, la confesa Abigail Hobbs, habl&oacute; de los aquelarres que hab&iacute;an protagonizado junto a la acusada, y se&ntilde;al&oacute; que, a causa de su confesi&oacute;n, Bridget la estaba atormentando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bridget era una extra&ntilde;a en el pueblo. Ella hab&iacute;a pasado la vida en la ciudad, lo que, unido a su independiente car&aacute;cter y a sus extravagancias, en las que una mujer virtuosa nunca se permitir&iacute;a caer, fueron responsables de su perdici&oacute;n. Su juicio servir&iacute;a de modelo para los muchos que le sobrevendr&iacute;an: j&oacute;venes afligidas, dram&aacute;ticos confesores y miembros de la comunidad recordando pasadas acusaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bridget fue declarada culpable.&nbsp;
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                </figure><h3 class="article-text">10&nbsp;de junio 1692</h3><p class="article-text">
        Bridget fue la primera mujer condenada y ejecutada por brujer&iacute;a en Salem; lo que comenz&oacute; con las acusaciones de dos ni&ntilde;as que contaron haber sido pose&iacute;das por el demonio, deriv&oacute; en una serie de juicios donde el tel&oacute;n de fondo eran los intereses contrapuestos entre acusados y acusadores. Dieciocho mujeres y hombres seguir&iacute;an los pasos de Bridget hacia la horca, otros tantos hallaron su fin en la c&aacute;rcel, y cientos fueron acusados de pr&aacute;cticas de brujer&iacute;a o de relacionarse con los que lo hac&iacute;an. Los primeros casos de caza de brujas se remontan a mediados del siglo XVI, y las v&iacute;ctimas fueron mayoritariamente mujeres rebeldes que cuestionaban las costumbres de la &eacute;poca, que discut&iacute;an y viv&iacute;an libremente su sexualidad fuera de los v&iacute;nculos del matrimonio, y que, de una manera u otra,&nbsp;cuestionaban el orden social y religioso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bridget era muy consciente de lo que estaba sucediendo. Mientras caminaba hacia su fin, mir&oacute; alrededor y reconoci&oacute; aquella pradera. D&eacute;cadas atr&aacute;s, una parte de ella hab&iacute;a muerto all&iacute;, y hoy morir&iacute;a del todo. Confusa, solo pod&iacute;a centrar la mirada en las hierbas y flores que iba aplastando con sus botas. Iba a morir por ser una mujer fuerte e independiente, por rebelarse a los valores burgueses de femineidad y domesticidad que se impondr&iacute;an en venideros a&ntilde;os. La gente presente observaba y callaba: asustados, conteniendo el llanto, disfrutando el momento&hellip; Sin embargo, para el ojo avizor, la verdad era m&aacute;s profunda: la libertad estaba de luto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s los juicios terminar&iacute;an. El clima del pueblo se calmar&iacute;a, y poco a poco todo y todos volver&iacute;an a la normalidad, o al menos a un espejismo de la misma. Granjeros arando los campos, ni&ntilde;os jugando junto al molino, ancianas amasando pan, alg&uacute;n ladrido en lontananza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como una ciudad m&aacute;s. Como si nunca ocurriese nada en Salem.
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      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/salem_132_1846347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Nov 2018 19:00:33 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Lamarca: "Para mí, el gran paisaje es la persona"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/jose-lamarca-gran-paisaje-persona_132_1915930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/819db1f0-319f-451b-aef9-0c20adb8a137_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El fotografo argentino José Lamarca. | JAVIER VILA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El fotógrafo argentino lleva más de cuatro décadas asentado en España, donde ha trabajado en el mundo del espectáculo y las artes escénicas retratando a figuras como Paco de Lucía, Camarón de la Isla o Antonio Gades</p></div><p class="article-text">
        A diferencia de lo que ocurre en otras manifestaciones art&iacute;sticas, en las que resulta sencillo relacionar la obra con el autor, con la fotograf&iacute;a sucede que, aunque hay im&aacute;genes grabadas a fuego en nuestras retinas, casi nunca somos capaces de nombrar a su autor. Jos&eacute; Lamarca (Buenos Aires, 1939) quiz&aacute;s no sea un nombre muy conocido por el gran p&uacute;blico, pero resulta ser el responsable de muchas de las im&aacute;genes ic&oacute;nicas de las grandes leyendas del flamenco, como Paco de Luc&iacute;a o Camar&oacute;n de la Isla, im&aacute;genes que forman parte de la memoria visual de muchas personas.
    </p><p class="article-text">
        De origen argentino, lleva viviendo en Espa&ntilde;a m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, tiempo en el que ha podido seguir desarrollando su trabajo, siempre ligado al mundo del espect&aacute;culo y las artes esc&eacute;nicas. Acompa&ntilde;&oacute;, sin ir m&aacute;s lejos, a Antonio Gades en el Ballet Nacional; tambi&eacute;n a Adolfo Marsillach en la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico. Por otro lado, cuenta con un amplio bagaje como fot&oacute;grafo social, labor que desarroll&oacute; principalmente en Argentina de la mano de las organizaciones sindicales de aquel pa&iacute;s, relaci&oacute;n que, en buena medida, le condujo al exilio.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos en su estudio acompa&ntilde;ados de Javier Vila, quien se encarga de hacer las fotos para esta entrevista, y de Maxi del Campo, tambi&eacute;n fot&oacute;grafo, quien trae unas muestras de la fot&oacute;grafa polaca Margot Sowinska para que Pepe las valore. El lugar es agradable, con un ambiente c&aacute;lido y una luz natural que se cuela por las ventanas de arriba. Hay tiempo para todo, hablamos de su trayectoria, de c&oacute;mo lleg&oacute; a Espa&ntilde;a, de los distintos trabajos que ha hecho y de la situaci&oacute;n actual de la fotograf&iacute;a. Su estilo es ligero, did&aacute;ctico, tanto que, cada poco, Pepe se interrumpe, se acerca a alguna de las estanter&iacute;as y comienza a sacar libros y cat&aacute;logos para apoyar algunas de sus reflexiones. Me pide que le corte si se enrolla mucho; le digo que he venido para que se enrolle. Adelante, pues.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo empez&oacute; en la fotograf&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde peque&ntilde;o me interesaba la fotograf&iacute;a, ten&iacute;a una c&aacute;mara de caj&oacute;n; viv&iacute;a en el campo y ya hab&iacute;a temas que me interesaban. Primero hac&iacute;a fotos de animales, pero cuando me fui haciendo mayor, ya trabajando en un escritorio, me empez&oacute; a interesar m&aacute;s la gente. En realidad, para m&iacute;, el gran paisaje es la persona; a m&iacute; una foto sin personas me interesa menos. Me cuesta mucho hacer paisaje; tuve que hacerlo, pero no es mi campo. Yo empec&eacute; como corresponsal de peri&oacute;dicos, cubriendo temas del mundo laboral. Ten&iacute;a que ir a las asambleas sindicales y a los lugares en los que hab&iacute;a conflictos a recoger informaci&oacute;n. Ten&iacute;a amistad con los dirigentes gremiales y, bueno, el peri&oacute;dico rebobinaba la informaci&oacute;n que yo llevaba (yo no escrib&iacute;a, solo era el reportero), y ellos me dec&iacute;an, &laquo;oye, Pepe, esto no es lo que hemos dicho&raquo;. Hasta que me hart&eacute;. Tuve desencuentros con los peri&oacute;dicos. Entonces empec&eacute; a hacer fotograf&iacute;as. En aquella &eacute;poca los sindicatos, que depend&iacute;an de las cuotas de los afiliados, ten&iacute;an mucho poder en Argentina, con muchos servicios sociales y, tambi&eacute;n, contaban con sus propias oficinas de prensa. Empec&eacute; a trabajar para ellos y, al cabo, una secretaria quiso meterse en el asunto de los trabajos insalubres, con informes m&eacute;dicos y de las condiciones de los trabajadores. Para ello necesitaba incluir reportajes fotogr&aacute;ficos. Este trabajo era puramente documental, mis fotos ten&iacute;an objetivos muy precisos, as&iacute; que no pod&iacute;a andar yo recre&aacute;ndome. Pero tambi&eacute;n es cierto que ah&iacute; es cuando empiezo yo a entender la fotograf&iacute;a como una forma de lenguaje. F&iacute;jate, esa ha sido una constante a lo largo de mi vida, es decir, en la mayor&iacute;a de mis trabajos siempre he tenido que contar algo, algo muy preciso en lo que no me pod&iacute;a andar por las ramas. Y aun, cuando me meto en el mundo de la m&uacute;sica a hacer cubiertas de discos y eso, tambi&eacute;n sigo con ese criterio. Por eso yo tengo una relaci&oacute;n recelosa hacia ciertos tipos de fotograf&iacute;a; aunque admiro a muchos, me siento m&aacute;s c&oacute;modo con los documentalistas, como Gervasio S&aacute;nchez o Germ&aacute;n Gallego. Siento que tengo m&aacute;s tema de conversaci&oacute;n, que compartimos un lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pienso en fot&oacute;grafos m&aacute;s abstractos, tipo Chema Madoz&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah, pero Chema Madoz me gusta mucho, porque &eacute;l cuenta muchas cosas con sus fotograf&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, m&aacute;s all&aacute; de que una fotograf&iacute;a sea bonita, fea o correcta, lo que a usted le interesa es la posibilidad discursiva de la fotograf&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, a m&iacute; me interes&oacute; mucho un proyecto que hizo Chema Madoz sobre Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna. G&oacute;mez de la Serna vivi&oacute; mucho tiempo en Buenos Aires; &eacute;l viv&iacute;a de noche. Su mujer, Luisa Sofovich, cuando &eacute;l muere, me encarga un libro de las caminatas nocturnas de G&oacute;mez de la Serna, sobre todo lo que sucede en la ciudad de noche, con toda la gente que trabaja en esos horarios. El libro estaba totalmente subrayado, con notas de Ram&oacute;n, y ella me lo prest&oacute; para que yo me hiciera un libreto. Entonces, pas&oacute; algo horrible: en ese momento se me metieron en la casa y arrasaron con mi estudio, con todos mis archivos, buscando descubrir algo relacionado con el tema de los sindicatos. Algo que no iban a encontrar, porque todo ese material lo ten&iacute;an los propios sindicatos, que contaban con sus propios laboratorios, excepto alguno. La cosa es que perd&iacute; mucho, mucho trabajo a ra&iacute;z de los allanamientos. El libro de G&oacute;mez de la Serna tambi&eacute;n desapareci&oacute; y, claro, Sofovich no me lo perdon&oacute; nunca. As&iacute; que, cuando vi el trabajo de ilustraci&oacute;n que hizo Chema Madoz con las greguer&iacute;as, pens&eacute; que seguro que &eacute;l hubiera ilustrado aquel volumen mucho mejor que yo.
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        <strong>Pepe, &iquest;d&oacute;nde podemos encontrar sus influencias? Hace poco ve&iacute;a una serie de reportajes breves del retratista franc&eacute;s Stephane Lavou&eacute;, donde contaba c&oacute;mo, tras asistir a una exposici&oacute;n de Sebasti&atilde;o Salgado, decidi&oacute; dejarlo todo para dedicarse a la fotograf&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En mis primeros trabajos no puedo hablar de influencias, porque, como dec&iacute;a antes, el trabajo que hac&iacute;a era muy espec&iacute;fico y ten&iacute;a que ver con la documentaci&oacute;n, la parte visual de expedientes judiciales, hac&iacute;a lo que me ped&iacute;an. Adem&aacute;s, ten&iacute;a que fotografiar sin florituras, o sea no pod&iacute;a decirle a alguien que estaba desenterrando un cad&aacute;ver o en un trabajo de riesgo &ldquo;m&iacute;rame&rdquo;.  Yo empiezo a tener influencias m&aacute;s tarde. Ten&iacute;a amistad con Humberto Rivas y Rolando Paiva, un excelente fot&oacute;grafo de moda y muy aventurero que muri&oacute; en Par&iacute;s. A ellos les interesaba mucho el trabajo que yo hac&iacute;a y a m&iacute; me interesaba mucho aprender lo que ellos estaban haciendo, as&iacute; que comenzamos a intercambiar. Me ense&ntilde;aban cosas, como a iluminar, por ejemplo. Luego, para mi trabajo me gustaba mucho un fot&oacute;grafo alem&aacute;n que se llamaba August Sander, un fot&oacute;grafo excepcional. Salgado, ya que lo mencionas, es m&aacute;s o menos de mi edad, y no es alguien que me haya influido. Ten&iacute;a una mujer, o tiene, que le interesaba m&aacute;s la parte comercial de la fotograf&iacute;a. Yo me reconcili&eacute; con su obra hace poco, viendo un documental. A m&iacute; me parec&iacute;a que la utilizaci&oacute;n de las im&aacute;genes de trabajos tan duros tiene que ser, fundamentalmente, para denunciar esas condiciones de vida.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, las influencias las fui cogiendo m&aacute;s tarde; en mi primera etapa yo era muy autodidacta, pero luego fui yendo a fotoclubes, y haciendo talleres, donde aprend&iacute; muchas cosas que, si soy sincero, no me sirvieron para mucho, pues la evoluci&oacute;n de la t&eacute;cnica, especialmente el color, es tan vertiginosa, que todo se iba quedando obsoleto muy r&aacute;pido. La &uacute;nica t&eacute;cnica que tiene cierta continuidad es la fotograf&iacute;a en blanco y negro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo se produjo su salida de Argentina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Salgo del pa&iacute;s por causa de un error de la polic&iacute;a. Me acusan de participar en el secuestro de un c&oacute;nsul con el que yo no ten&iacute;a nada que ver. La cosa fue que, al c&oacute;nsul lo secuestraron en Rosario, y yo estaba en C&oacute;rdoba fotografiando un congreso sindical. Para ir de C&oacute;rdoba a Buenos Aires hay que pasar por Rosario; yo, ignorante en lo que suced&iacute;a, paso por Rosario cuando se produce el secuestro. Entonces la polic&iacute;a, que me ven&iacute;a siguiendo (las organizaciones de trabajadores estaban vigiladas y aquel era un congreso importante), me detiene en Rosario y me dan una buena tanda de palos para que confiese. Ah&iacute; me entero del secuestro, que adem&aacute;s era un c&oacute;nsul ingl&eacute;s, as&iacute; que hab&iacute;a mucha presi&oacute;n y las autoridades estaban hist&eacute;ricas. Cuando se aclar&oacute; la situaci&oacute;n, me dejaron sin condena por falta de causa, pero a disposici&oacute;n del poder ejecutivo. Tuve la fortuna de contar con un buen abogado, un penalista muy astuto. En esa &eacute;poca yo tambi&eacute;n trabajaba como auxiliar en un juzgado, y hab&iacute;a ayudado a este abogado dej&aacute;ndole ver las primeras declaraciones de los presos comunes, quienes declaraban cualquier cosa porque les daban tantos palos&hellip; La cosa es que el abogado me advierte de que hay una ley de extra&ntilde;amiento a la que me pod&iacute;a acoger para salir del pa&iacute;s, pero que estaba previsto que los militares la retiraran, como luego ocurri&oacute;. Con esta salida, yo no pod&iacute;a estar en los pa&iacute;ses lim&iacute;trofes, as&iacute; que vine para Espa&ntilde;a, porque yo ten&iacute;a amistades con personas cercanas al General Per&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; papel jug&oacute; Antonio Gades en ese momento?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Antonio me ayud&oacute; bastante. A ver, yo llevaba, por decirlo de alg&uacute;n modo, una doble vida: mientras hac&iacute;a el trabajo con los sindicatos, tambi&eacute;n me dedicaba a preparar fotos para cubiertas de discos, espect&aacute;culos, <em>books</em> para modelos, y estas cosas. Cuando ocurri&oacute; esto, yo estaba trabajando para Antonio, haciendo las fotos de la entrada al teatro donde ten&iacute;a las actuaciones. Yo ten&iacute;a bastante relaci&oacute;n con &eacute;l, porque le interesaba tambi&eacute;n que le presentara gente de la izquierda argentina que yo conoc&iacute;a. Cuando me detienen, a Antonio, que a veces ten&iacute;a mucha ingenuidad, le invita el general Lanusse a comer con idea de que despu&eacute;s les baile. Antonio le dice que aceptar&iacute;a la invitaci&oacute;n si dejaban en libertad a los presos pol&iacute;ticos. Imag&iacute;nate, un bailar&iacute;n espa&ntilde;ol intentando imponer condiciones a los militares argentinos [risas].
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, cuando vengo para Espa&ntilde;a, el primero que me ayuda es Antonio Gades. Acababa de abrir una pizzer&iacute;a, Casa Gades; me contrat&oacute; para hacer fotos a la gente que pasaba por all&iacute;. Este fue mi primer trabajo aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo entra en el mundo del flamenco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n a trav&eacute;s de Gades. &Eacute;l y su representante, Paco Rev&eacute;s, que conoc&iacute;an mi trabajo en el sector de la m&uacute;sica, me piden que trabaje haciendo cosas para el flamenco. Ellos entonces llevaban a Camar&oacute;n y a Paco de Luc&iacute;a. El primer disco que hago en Espa&ntilde;a es el de Camar&oacute;n y Paco, en 1970. Como el mundo del flamenco es bastante cerrado, y m&aacute;s en esa &eacute;poca, aprovecho y sigo fotografiando a cantidad de guitarristas y cantaores.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, como ven&iacute;a con la carta de extra&ntilde;amiento de Argentina, la polic&iacute;a me llama a la Puerta del Sol y me advierte de que, mientras que no me meta en cuestiones pol&iacute;ticas, no tendr&iacute;a ning&uacute;n problema aqu&iacute;. Durante un tiempo me mantuve al margen, hasta que ocurre la matanza de los abogados de Atocha, que ya estaba trabajando para una revista, para la que hice fotos del suceso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>He podido ver que tambi&eacute;n tiene numerosas fotograf&iacute;as de autores latinoamericanos, como Julio Cort&aacute;zar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, yo ten&iacute;a buena relaci&oacute;n con algunos escritores en Argentina. Con Mujica Lainez, Pepe Bianco, Jos&eacute; Hern&aacute;ndez, Manuel Puig&hellip; A todos los retrat&eacute;. A los que m&aacute;s, Mujica Lainez y Jos&eacute; Hern&aacute;ndez. A trav&eacute;s de &eacute;ste conozco a &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, a Octavio Paz&hellip; Algunos los retrataba para cosas concretas, como una solapa de libro; u otros porque quer&iacute;a o porque me lo ped&iacute;an, fotos con el novio y cosas as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Pod&iacute;a vivir de la fotograf&iacute;a? Cuando le&iacute; sobre la pizzer&iacute;a de Gades, pens&eacute; que hab&iacute;a trabajado all&iacute; como pizzero o camarero. </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, me alcanzaba. En el trabajo de la pizzer&iacute;a estaba Gades muy presente. Gades con Lola Flores, Gades con El Pesca&iacute;lla&hellip; Era un lugar de la noche, &iquest;sabes? Entonces, ellos ve&iacute;an las fotos y, si les gustaban, las encargaban. Yo se las dejaba en la caja y de ah&iacute; me pagaban a m&iacute;. Me pagaban esto y me daban la comida a cambio de las fotos que luego iban a parar al muro. Creo que todav&iacute;a hay fotos m&iacute;as puestas all&iacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pepe, &iquest;y c&oacute;mo acaba recalando en Cantabria? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estando en Madrid, conozco a Pepa, mi mujer. En esa &eacute;poca yo me hab&iacute;a estabilizado, porque trabajaba para el Teatro Cl&aacute;sico con Adolfo Marsillach. Gan&eacute; el concurso para hacer retratos de los actores. Marsillach ten&iacute;a la idea de que, como eran actores poco conocidos, que apenas empezaban (aunque ahora muchos son muy famosos), yo tomara la imagen de esos actores antes de que fueran maquillados y caracterizados con sus personajes. Adem&aacute;s de este trabajo, ten&iacute;a tambi&eacute;n el de los discos, con Fonograma. Pero eran trabajos que no me exig&iacute;an estar siempre en Madrid. La cosa es que a Pepa le sale un buen trabajo en Cantabria y se tiene que venir. Nos tuvimos que casar, porque la familia era un poco conservadora, y nos vinimos para ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tambi&eacute;n estuvo trabajando en el Ballet Nacional?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso fue tambi&eacute;n con Gades. Yo ya no estaba trabajando con &eacute;l, pero cuando lo hacen director del Ballet, Antonio me llama. Gades ten&iacute;a un panorama complicado, porque en el mundo del baile hay muchos personalismos y celos. As&iacute; que, imag&iacute;nate, tiene que organizar el Ballet y tiene a los cinco mejores core&oacute;grafos de Espa&ntilde;a, como eran Pilar L&oacute;pez o Antonio Ruiz, as&iacute; como un plantel de bailarines de primera, como Cristina Hoyos o El G&uuml;ito. La idea de Gades era formar equipo m&aacute;s all&aacute; de los egos. Y funcion&oacute; bastante bien, hasta que, con el cambio en el Ministerio, lo acabaron echando por diferencias ideol&oacute;gicas. Ah&iacute; se rompi&oacute; esa idea colectiva que hab&iacute;a promovido Antonio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cambiando un poco de tercio, pero sin alejarnos demasiado, me gustar&iacute;a preguntarle por su equipo. &iquest;Con qu&eacute; c&aacute;maras se ha manejado habitualmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        [R&iacute;e] A m&iacute; me asombra mucho la rapidez con la que los fot&oacute;grafos se desprenden de las c&aacute;maras. Yo tengo una Rollei del a&ntilde;o 50 y tengo una Hasselblad, que la compr&eacute; para hacer un trabajo de arquitectura en 1967 o 1968. Tambi&eacute;n tengo una OM-1 Olympus. Con esas he desarrollado todo mi trabajo, y ah&iacute; est&aacute;n. Pero ahora parece que cada seis meses la gente descubre no s&eacute; qu&eacute; pu&ntilde;eter&iacute;a nueva&hellip; Est&aacute; todo muy condicionado por el mercado. &iquest;T&uacute; qu&eacute; opinas, Maxi? [nos acompa&ntilde;a el tambi&eacute;n fot&oacute;grafo Maxi del Campo; Pepe se gira hacia &eacute;l y le lanza la pregunta].
    </p><p class="article-text">
        M.C.: Yo nunca he tenido ninguna c&aacute;mara puntera, ni he tenido muchas. Ahora solo tengo una, y la tengo prestada, as&iacute; que soy un fot&oacute;grafo sin c&aacute;mara. [r&iacute;en]
    </p><p class="article-text">
        J.L.: En fin, ahora parece que las m&aacute;quinas se hacen viejas antes de haber nacido. A los pocos meses la misma casa te est&aacute; sacando otra cosa, para que sigas comprando. Yo siempre quise tener una Leica M3, y nunca la tuve. Solo una vez, que me qued&eacute; sin c&aacute;mara, me prestaron una. Todav&iacute;a reconozco que eran fant&aacute;sticas, las lentes y el funcionamiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha vivido la llegada del mundo digital? &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no me ha afectado. En estos momentos, creo que yo soy una especie en extinci&oacute;n. De hecho, ahora voy a hacer una exposici&oacute;n en Gij&oacute;n con Mark Ostrowski, que ha sido el que ha logrado que yo consiga acondicionar mi trabajo, consiguiendo papel y pel&iacute;cula frescos. Nos conoc&iacute;amos desde el a&ntilde;o 2000, pero no hab&iacute;amos coincidido hasta hace poco, en Santander, donde vino a dar unas charlas sobre la defensa del sistema anal&oacute;gico. &Eacute;l es muy esc&eacute;ptico, porque piensa que si el cine abandona totalmente la pel&iacute;cula, &eacute;sta va a dejar de fabricarse, y si esto pasa, se acab&oacute;. Y bueno, ahora hay muy buenos papeles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; nos puede decir sobre el uso del blanco y negro y sobre el color?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El blanco y negro fue una necesidad. En primer lugar, el color se imprim&iacute;a fatal y era muy caro. Pero, ojo, yo he usado mucho el color, por ejemplo, en la mayor&iacute;a del trabajo con Gades en el Ballet Nacional, y tambi&eacute;n en los encargos para discogr&aacute;ficas, que me ped&iacute;an tanto color como blanco y negro. Entonces, cuando ibas a imprimir un cartel, era mucho m&aacute;s f&aacute;cil que te saliera bien un bitono a blanco y negro que una cuatricrom&iacute;a en la que el color se desvirtuaba. Yo trabaj&eacute; mucho para galer&iacute;as de arte y era muy dif&iacute;cil fotografiar los cuadros [resopla]. Muchas veces iba con los pintores y les ped&iacute;a hacer juntos la composici&oacute;n del color. [Pepe se gira hacia Maxi del Campo y Javier Vila, que est&aacute; tomando las fotos] &iquest;Sigue siendo dif&iacute;cil fotografiar cuadros?
    </p><p class="article-text">
        J.V.: Ahora el problema no est&aacute; tanto en hacer la toma, que m&aacute;s o menos ajusta bien, sino a la hora de imprimir los cat&aacute;logos. Para m&iacute;, ha mejorado mucho el fot&oacute;grafo y en las imprentas fallan m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        J.L.: Hab&iacute;a un tipo que hac&iacute;a la configuraci&oacute;n del color, alguien con quien te reun&iacute;as y te iba mostrando peque&ntilde;as pruebas. El mundo anal&oacute;gico era m&aacute;s complejo: te reun&iacute;as, por ejemplo, a las diez de la ma&ntilde;ana con el tip&oacute;grafo, cuando ya ten&iacute;as las fotos vistas y seleccionadas por el artista; hac&iacute;as una composici&oacute;n en papel que luego llevabas a la imprenta. Hace no mucho hice un cartel con motivo de los 25 a&ntilde;os de la muerte de Camar&oacute;n y nunca conoc&iacute; al dise&ntilde;ador, pero era un tipo salvajemente malo, que no te respetaba la foto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;Se ha perdido, pues, ese contacto directo entre los implicados en el proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, claro, antes se trataba de un trabajo artesanal, en el que tu participabas plenamente, sin tener que entregar la foto a alg&uacute;n iluminado que te hace, no s&eacute;, un corte salvaje.
    </p><p class="article-text">
        [Toma la palabra Maxi del Campo]
    </p><p class="article-text">
        M.C.: Ahora es un poco peor de lo que cuentas, Pepe. El dise&ntilde;ador, cuando t&uacute; le entregas tu trabajo, va a querer hacer algo &eacute;l tambi&eacute;n. As&iacute; que, cuanto m&aacute;s respete tu obra, menor va a ser su sensaci&oacute;n de estar haciendo algo. Creo que muchas veces no es suficiente para ellos buscar la tipograf&iacute;a y encajarla en un lado, por eso siempre acaban retocando la foto, cortando de aqu&iacute; o de all&aacute;, o poni&eacute;ndola azul&hellip;
    </p><p class="article-text">
        J.L.: Es como la b&uacute;squeda de un protagonismo desmedido. Y es algo que no pasa solo en la fotograf&iacute;a. Estoy pensando en la &oacute;pera, en la que la pobre Montserrat Caball&eacute; tiene que estar dando el do de pecho en una posici&oacute;n incomod&iacute;sima, porque el que ha dise&ntilde;ado el escenario ha querido lucirse. O sea que, si no tienes la suerte de contar con una colaboraci&oacute;n cercana entre fot&oacute;grafos y dise&ntilde;adores, el trabajo se hace dif&iacute;cil. Tambi&eacute;n hay buenos dise&ntilde;adores, obviamente, que reconocen una buena imagen y tratan de molestar lo menos posible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que esto podr&iacute;a estar relacionado con la falta de cultura de la imagen? A pesar de que, como se dice a menudo, vivimos en la era de la imagen.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que tiene m&aacute;s que ver con que quieren justificar su trabajo, y tambi&eacute;n un poco con el ego [risas].
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un tiempo en que hay una saturaci&oacute;n de la imagen. A veces me hace recordar una cosa que nos ense&ntilde;aban en F&iacute;sica, la rueda de Newton. Era una rueda con muchos colores que, cuando le dabas vuelta, se quedaba en blanco. Entonces, creo que hay tal saturaci&oacute;n de im&aacute;genes, que no hay imagen. Faltan esas im&aacute;genes que se te fijan en la memoria. &iexcl;Yo qu&eacute; me voy a acordar de esas fotos que te ponen en un tel&eacute;fono! Ve, ah&iacute; hay unas fotos de un hermano m&iacute;o, al que veo poco, porque vive en Florian&oacute;polis. Esas fotos las hizo una hija m&iacute;a con un tel&eacute;fono, y lo que tuve que pelear para que me diera los archivos para hacer las copias... Todos los d&iacute;as tomo mate y los tengo ah&iacute;, los miro y es como si conversara con ellos. A m&iacute; me pueden pedir una foto, yo qu&eacute; s&eacute;, del a&ntilde;o 68; dame media hora y te la encuentro. Creo que eso ya no pasa, o pasa con menos frecuencia. Muchas veces hay quien me viene con un <em>pendrive</em> para que mire unas fotos, le pregunto cu&aacute;ntas son y me dice que 250&hellip; &iexcl;qu&eacute; locura! &iquest;c&oacute;mo puedo ver 250 fotos? Pero, por ejemplo, viene Maxi y me trae las fotos reveladas en papel y eso ya es otra cosa. Hasta la discusi&oacute;n que hemos tenido antes sobre c&oacute;mo queda mejor la foto de Margot [Sowinska], si en horizontal o en vertical, se perder&iacute;a, y para m&iacute; eso es interesante. Entonces, hay dos problemas: el ruido, que nos ha vuelto a todos un poco sordos; y que parece que la gente tiene callos en vez de pupilas de tanto ver esas cosas tan peque&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El mismo Javier Vila comentaba en una entrevista reciente que, con el acceso general a las c&aacute;maras, se ha banalizado el conocimiento, el bagaje y en parte el oficio del fot&oacute;grafo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo tengo en la cabeza retratos de fot&oacute;grafos que fueron en el a&ntilde;o 30 o en el 40. &iquest;Qu&eacute; va a quedar de todo esto que comentamos? No s&eacute;&hellip; la cultura de la imagen, pero tambi&eacute;n se dice que es la era de la informaci&oacute;n. Y eso se puede discutir. Si se ha devaluado por el acceso a los aparatos, no creo, porque en realidad el problema est&aacute; en que, muchas veces no te pagan tu trabajo. [se dirige a Javier Vila para que le acerque una carpeta]. F&iacute;jate: este es un folleto que hicieron conjuntamente los ayuntamientos de Algeciras, de donde era Paco de Luc&iacute;a, y el de la Isla de San Fernando, de donde era Camar&oacute;n. Las fotos que utilizan son m&iacute;as, pero ver&aacute;s que no aparece mi nombre por ning&uacute;n lado, ni a m&iacute; me han pedido permiso ni, por supuesto, me han pagado nada por las fotos. [En ese momento, Pepe saca varios folletos m&aacute;s en lo que aparecen sus fotos sin referenciar]. Y son fusilados por el mismo ayuntamiento, o sea, que ya es el poder el que ni siquiera atiende al copyright.
    </p><p class="article-text">
        [Interviene Maxi del Campo]
    </p><p class="article-text">
        M.C.: Y eso que est&aacute;s mostrando ejemplos en papel. Vete a internet, ah&iacute; s&iacute; que alucinas.
    </p><p class="article-text">
        J.L.: Un amigo de M&aacute;laga, fascinado con esto, encontr&oacute; una pel&iacute;cula en la que hab&iacute;an utilizado m&aacute;s de cuarenta fotos m&iacute;as (yo hab&iacute;a contado unas veinte). Pel&iacute;cula que, por cierto, distribuye Netflix. Y si te vas a algunas series, el n&uacute;mero es impresionante. A veces abr&iacute;a el correo y all&iacute; ten&iacute;a las capturas hechas por &eacute;l. Por ejemplo, me mandaba diecisiete archivos para que le dijera cu&aacute;les eran m&iacute;os, y me sal&iacute;an quince. Yo no s&eacute; c&oacute;mo lo hacen, porque son fotograf&iacute;as que estaban bien registradas, pero lo fusilan todo.
    </p><p class="article-text">
        Y por otro lado est&aacute; la figura del comisario de exposiciones. Otra figura que parece m&aacute;s importante que los artistas. Uno ve los carteles que ponen bien grande &ldquo;Comisariado por&hellip;&rdquo;, y los desgraciados que llenan las paredes a veces ni existen. Muchas veces ni les pagan, mientras que el comisario s&iacute; cobra, claro. Adem&aacute;s, muchas veces son insolentes, y les sienta mal que le hagas cualquier observaci&oacute;n, como le pas&oacute; a Vila con la que organizaba una exposici&oacute;n. Hab&iacute;a fotos de distinta gente y era fundamental conocer el nombre de los fot&oacute;grafos, pero ella no quer&iacute;a poner los nombres. Para m&iacute; es como si quisiera lucirse ella. Por eso no me interesa cuando me vienen diciendo &ldquo;lo que te conviene&hellip;&rdquo;. Yo tengo casi 80 a&ntilde;os, qu&eacute; publicidad pueden hacerme. M&aacute;s bien se la hacen ellos a mi costa.
    </p><p class="article-text">
        Me hace m&aacute;s ilusi&oacute;n exponer en contextos m&aacute;s sencillos. En una tienda en Gij&oacute;n, por ejemplo, llev&eacute; 24 fotos y, durante la presentaci&oacute;n, vino un amigo que tocaba la guitarra. Ah&iacute; est&aacute;s con la gente y pasas un rato agradable.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para terminar, y enlazando con algunas de las cosas que comentaba al principio sobre su forma de entender la fotograf&iacute;a, &iquest;qu&eacute; consejo dar&iacute;a a quien se inicie en esta disciplina?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como te dije, a m&iacute; me interesa la gente. Mi mujer hace unas fotos de paisajes que son maravillosas, porque ella es una excelente observadora de la naturaleza, pero yo no tengo esa virtud. Por ejemplo, ahora estoy haciendo un trabajo de recuperaci&oacute;n de la memoria de gente a la que he fotografiado a lo largo del tiempo. Pero para poder hacer un trabajo sobre la memoria, tienes que tener una memoria. As&iacute; pues, lo importante de las fotos es que cuenten alguna historia. Por eso yo en el fondo me siento un documentalista. Antes mencionamos a Chema Madoz, y a m&iacute; me gusta porque cuenta muchas cosas con sus fotos, porque hay mucha miga detr&aacute;s de los montajes que prepara. Luego, me fijo mucho cuando la gente ve una foto y comenta algo. Es como lo que hac&iacute;a Sander, esos retratos, que hac&iacute;a en grupo y luego recortaba las cabezas para ahorrar dinero, que serv&iacute;an para los pasaportes y salvoconductos de los exiliados. Despu&eacute;s, alguien descubre ese trabajo y ve que es impresionante. Adem&aacute;s, a los nazis les molestaba mucho, porque ven&iacute;a a demostrar que Alemania, entre las dos guerras, no era un pa&iacute;s ario, sino multirracial. Entonces, la obra de Sander me gusta porque cuenta historia, la historia del pueblo alem&aacute;n, que tambi&eacute;n resulta subversiva porque contradice la versi&oacute;n oficial. Como &eacute;l era muy popular, tambi&eacute;n iban los oficiales a fotografiarse a su estudio; cuando miras esos retratos ves al canalla que hay detr&aacute;s del uniforme. Lo mismo me pasa con Richard Avedon. No s&eacute; si conoces su libro <em>Nothing Personal</em>, que es un libro duro, con fotos que nunca ense&ntilde;&oacute; a los fotografiados; tambi&eacute;n los trabajos que hizo en el oeste estadounidense, <em>In the American West</em>&hellip; Esas son fotos que hablan. El que las cuidaba en una exposici&oacute;n en Granada me dijo que se sal&iacute;a de la sala porque no aguantaba la mirada de toda esa gente. Eso es una maravilla. Entonces, la idea es que, como te dec&iacute;a, que la fotograf&iacute;a sirva para contar algo.
    </p><p class="article-text">
        [En este momento Pepe se levanta y va a las estanter&iacute;as, de donde empieza a sacar libros y cat&aacute;logos: Rivas, Chamorro, Chambi, Avedon, Sander, Smith, Mthethwa&hellip;].
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Keruin P. Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/jose-lamarca-gran-paisaje-persona_132_1915930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Sep 2018 18:08:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Lamarca: "Para mí, el gran paisaje es la persona"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fotografía,Revista Amberes,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Curiosidades de la Alquimia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/curiosidades-alquimia-hermetica-descubrimiento-piedra_132_2046157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9acf6559-3a45-4fcb-9fc8-5583f35099bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;El Alquimista&#039;, de David Teniers el Joven | WahooArt.com"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La palabra «alquimia» ha encendido durante años la imaginación y las pasiones -no solo intelectuales, sino también terrenales- de aquellos que deseaban dejar su huella en la historia.</p></div><p class="article-text">
        <em>&laquo;Nuestra sociedad ha llegado a un momento en que ya no adora al becerro de oro,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;sino al oro del becerro&raquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Antonio Gala</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Era una ciencia? &iquest;Una filosof&iacute;a? &iquest;Un arte? &iquest;Una estafa? La palabra &laquo;alquimia&raquo; ha encendido durante a&ntilde;os la imaginaci&oacute;n y las pasiones &mdash;no solo intelectuales, sino tambi&eacute;n terrenales&mdash; de aquellos que deseaban dejar su huella en la historia. No obstante, solo un reducido grupo de iniciados ha traspasado la frontera de lo imposible.
    </p><p class="article-text">
        El anhelado descubrimiento del elixir de la vida eterna y la transmutaci&oacute;n de metales viles en oro, han sido los objetivos principales de esta t&eacute;cnica antigua, que muy pocos han llegado a conocer en profundidad. Y todav&iacute;a son m&aacute;s escasos los testimonios que han dejado constancia de la existencia de estas personas, consideradas en pleno siglo XXI como personajes semi-legendarios.
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>al-khimia</em>, procede del &aacute;rabe y esta a su vez, del griego <em>chemia</em>, cuyo significado hace referencia a &laquo;la mezcla de l&iacute;quidos&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La alquimia es la madre de la mayor&iacute;a de las ciencias modernas. Esta proto-ciencia filos&oacute;fica alcanz&oacute; gran popularidad en las civilizaciones m&aacute;s famosas. Se cree que naci&oacute; en torno al siglo IV a.C. aunque otros te&oacute;ricos sostienen que su origen es mucho m&aacute;s antiguo y que empez&oacute; con las pr&aacute;cticas m&aacute;gicas y religiosas presentes en Mesopotamia, quiz&aacute;s durante el apogeo del Imperio Caldeo, y que despu&eacute;s su uso se extendi&oacute; por distintas regiones orientales, desde Asia hasta Egipto y Grecia. La escisi&oacute;n de la alquimia en las ramas de conocimiento cient&iacute;fico de las que nos servimos hoy en d&iacute;a se produjo a partir del siglo XVIII. La qu&iacute;mica, la f&iacute;sica, la medicina y la metalurgia han sido las ganadoras indiscutibles de esta pugna entre lo divino y lo material, que se ha saldado con innumerables bajas. La principal ha sido la p&eacute;rdida de inter&eacute;s por la filosof&iacute;a que estaba detr&aacute;s de ella, el llamado &laquo;saber herm&eacute;tico&raquo;, que ya hab&iacute;a sido mermado y adulterado con el paso de los siglos y que qued&oacute; relegado a un segundo plano, como una excentricidad propia de sectas y sociedades secretas dotadas de tintes m&iacute;sticos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a en la que se bas&oacute; la alquimia se nutri&oacute; de distintas religiones y culturas, en especial de la egipcia y la griega, y a partir del medievo, de la c&aacute;bala jud&iacute;a y de los textos &aacute;rabes, por lo que es imposible resumir sus conceptos y sus s&iacute;mbolos principales en unas pocas p&aacute;ginas. La destrucci&oacute;n de la biblioteca de Alejandr&iacute;a tuvo un impacto devastador en lo tocante a estas pr&aacute;cticas, pero no todo se perdi&oacute; entre las llamas. Por fortuna, no era la &uacute;nica biblioteca del mundo antiguo, ni el &uacute;nico medio de transmisi&oacute;n de la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De modo que, en l&iacute;neas muy generales, se puede decir que fue el dios egipcio Thot quien invent&oacute; la alquimia. <em>El c&eacute;lebre libro de Thot, o sus cuarenta y dos Libros del Saber</em> eran un recipiente literario que conten&iacute;a una inmensa sabidur&iacute;a m&aacute;gica y alqu&iacute;mica, y estas obras pronto se hicieron un hueco en el Top Ten de los objetos m&aacute;s buscados por todos los magos del mundo. Pero el conocimiento de los dioses, como bien dec&iacute;an los egipcios, no deb&iacute;a caer en manos humanas, y las obras originales se perdieron. La leyenda y el surgimiento de presuntos fragmentos recuperados de estos libros, se mezclaron con otros conocimientos sobre la materia y fueron reutilizados por los sabios griegos, que fusionaron a Thot con Hermes, y crearon a un dios llamado &laquo;Thot-Hermes&raquo; el tres veces grande, o trimegisto.
    </p><p class="article-text">
        La informaci&oacute;n estaba codificada desde sus inicios, y aquellos que lograban descifrar los textos, hac&iacute;an lo mismo con sus nuevos descubrimientos. Ejemplos como el del <em>Manuscrito Voynich</em>, con el que los expertos todav&iacute;a se abren la cabeza, ponen de manifiesto el nivel de perfecci&oacute;n al que llegaron. El secretismo se intensific&oacute; tras las prohibiciones del cristianismo y el desconocimiento existente se uni&oacute; a la falta de documentaci&oacute;n cl&aacute;sica, lo que convirti&oacute; una situaci&oacute;n ya de por s&iacute; complicada en un infierno intelectual. Sin embargo, los intereses econ&oacute;micos, o la b&uacute;squeda de la gloria, siempre han constituido un aliciente para el com&uacute;n de los mortales y, dicho sea de paso, tambi&eacute;n para mortales poco comunes. De manera que los alquimistas se zambulleron en complejas indagaciones y se sirvieron de todo su ingenio para lograr los resultados deseados, no solo por ellos mismos, sino tambi&eacute;n por orden de otros. Los reyes sent&iacute;an tanto inter&eacute;s por la inmortalidad o la obtenci&oacute;n de oro como cualquier persona de a pie y financiaron investigaciones de esta clase en muchas ocasiones, con resultados bastante desastrosos. Los estafadores vieron aqu&iacute; un nicho de negocio muy rentable y contribuyeron a desvirtuar la figura de los alquimistas con sus enga&ntilde;os, algo que Quevedo se&ntilde;al&oacute; en una de sus s&aacute;tiras con maravillosa iron&iacute;a; pero no todos eran unos sinverg&uuml;enzas oportunistas o unos embaucadores empedernidos.
    </p><p class="article-text">
        Existieron algunos individuos que de verdad deseaban dedicarse en cuerpo y alma a la alquimia y que eran el equivalente a nuestros cient&iacute;ficos de ahora. Hombres y mujeres inteligentes con aptitudes excepcionales, que no se rend&iacute;an ante un margen limitado de probabilidades de &eacute;xito y que no tem&iacute;an las habladur&iacute;as de sus vecinos.
    </p><p class="article-text">
        Algunos alquimistas famosos fueron Robert de Chester, Roger Bacon, Mar&iacute;a la Jud&iacute;a, Isabella Cortese, George Ripley, Thomas Norton, Thomas Charnock, Marie Meurdrac, Isaac el Holand&eacute;s. Quercetanus Gerber, Alberto Magno, Ramon Lull, Mar&iacute;a S&aacute;nchez de la Rosa, Bernardo Trevisano, Pico della Mirandola, Jhon Dee, el conde de Cagliostro, el conde de Saint Germain, Paracelso, y el m&aacute;s famoso de todos: Nicol&aacute;s Flamel, aunque existen sospechas de que su esposa Perenelle le ayud&oacute; a llevar a cabo sus experimentos o la decodificaci&oacute;n de los textos. Tambi&eacute;n hubo otras mujeres que sin ser &laquo;alquimistas&raquo; en el sentido estricto, realizaban actividades parecidas, pero consideradas secundarias, como la fabricaci&oacute;n de perfumes y cosm&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Las an&eacute;cdotas que se cuentan de algunos de estos personajes son dignas de ser tenidas en cuenta. No obstante, por falta de espacio, solo remitir&eacute; algunas de ellas.
    </p><p class="article-text">
        El primero de la lista es el incombustible Bernardo Trevisano. Este hombre de principios del siglo XV era perseverante hasta el extremo, y a pesar de las constantes decepciones, la falta de apoyos y los sonados fracasos, se empe&ntilde;&oacute; en proseguir con sus investigaciones. Posiblemente tuvo que hacer frente a la frase que todos los padres del mundo repiten como un mantra: &laquo;Hijo, quiz&aacute; deber&iacute;as dedicarte a otra cosa, porque esto no es lo tuyo&raquo;. Pero Trevisano se neg&oacute; a cambiar de parecer, y poco le import&oacute; que su familia lo tomara por un demente o se sintiera avergonzada por su comportamiento. Tambi&eacute;n fue enga&ntilde;ado, y dedic&oacute; casi veinte a&ntilde;os a un proceso fallido propuesto por un estafador. No fue hasta los setenta y seis a&ntilde;os que logr&oacute; su objetivo, y aunque no consigui&oacute; la inmortalidad propiamente dicha, parece que qued&oacute; muy satisfecho con sus logros finales.
    </p><p class="article-text">
        Otra persona que no tuvo tanta suerte fue Mar&iacute;a S&aacute;nchez de la Rosa, hechicera famosa por la popularidad de sus cosm&eacute;ticos, que acab&oacute; siendo procesada por la Inquisici&oacute;n, posiblemente debido a la denuncia de alguna competidora envidiosa. Su laboratorio estaba maravillosamente bien equipado, lo que no es moco de pavo para la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Ramon Llull y Paracelso tambi&eacute;n alcanzaron una fama m&aacute;s que merecida. De hecho, de Paracelso se cuenta que no solo era un gran m&eacute;dico, sino que tambi&eacute;n consigui&oacute; transmutar el plomo en oro, pero las vidas de estos hombres y sus incursiones en distintos campos fueron tan prol&iacute;ficas que es imposible referirlas en este art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a Nicol&aacute;s Flamel, hay que reconocer que su popularidad ha trascendido los c&iacute;rculos intelectuales gracias a la literatura y a la filmograf&iacute;a. Muchos han o&iacute;do hablar de su &aacute;lter ego gracias a las sagas de <em>Harry Potter</em> o <em>Animales Fant&aacute;sticos y D&oacute;nde Encontrarlos</em>, entre otras obras que no han llegado a convertirse en un fen&oacute;meno de masas.
    </p><p class="article-text">
        El Nicol&aacute;s real vivi&oacute; en el siglo XIV, y se ganaba la vida como copista o escribano. Debido a su trabajo, se encontraba en una posici&oacute;n privilegiada en lo tocante a la obtenci&oacute;n de manuscritos, y un d&iacute;a consigui&oacute;, por un importe irrisorio, el <em>libro de Abraham el Jud&iacute;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la obra atribuida al alquimista, <em>El libro de las figuras jerogl&iacute;ficas</em>, dicho manuscrito comenzaba as&iacute;: &laquo;Abraham el Jud&iacute;o, pr&iacute;ncipe, sacerdote, levita, astr&oacute;logo y fil&oacute;sofo, a la naci&oacute;n jud&iacute;a, dispersa por la ira de Dios entre los galos, env&iacute;a salud&raquo;. Este pr&oacute;logo habla por s&iacute; solo. La poblaci&oacute;n jud&iacute;a que se hab&iacute;a exiliado a la Galia creci&oacute; a partir del siglo XI y se sabe de la existencia de una red de comercio internacional. Las expulsiones de los jud&iacute;os franceses tuvieron lugar en torno a la &eacute;poca en la que vivi&oacute; Flamel, y muchas de sus pertenencias fueron expropiadas y vendidas al mejor postor. Nicol&aacute;s describe los dibujos que adornaban las p&aacute;ginas del ejemplar (todas relacionadas con el saber herm&eacute;tico), habla de la distribuci&oacute;n de la informaci&oacute;n, y los distintos idiomas en los que estaba escrito, que iban desde el lat&iacute;n al griego (posiblemente griego bizantino).
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, Flamel no entend&iacute;a buena parte de los contenidos, por lo que pronto fue en busca de ayuda para descifrarlo. Su viaje lo llev&oacute; a Le&oacute;n, donde conoci&oacute; al maestro Canches, que era rabino y m&eacute;dico, y juntos realizaron grandes avances, aunque para colmo de males, el anciano maestro falleci&oacute; cuando viajaban de regreso a Par&iacute;s. A partir de entonces Nicol&aacute;s y su esposa retomaron el trabajo por su cuenta, y la leyenda sugiere que despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de estudio, consiguieron fabricar la piedra filosofal, con la que lograron la transmutaci&oacute;n de metales viles en oro, (oro con el que sufragaron obras p&uacute;blicas y se ganaron el aprecio de sus vecinos). De todos es sabido que no hay nada mejor que un soborno para evitar rifirrafes con la gente poderosa. El propio Carlos VI les pidi&oacute; que contribuyeran al erario y estos, como buenos ciudadanos, obedecieron. Pero la historia no acab&oacute; aqu&iacute;. Tambi&eacute;n se dice que obtuvieron el elixir de la vida eterna. El descubrimiento de sus tumbas, ambas vac&iacute;as, reforz&oacute; la teor&iacute;a de que, efectivamente, hab&iacute;an logrado su prop&oacute;sito. Los esc&eacute;pticos sostienen que alguien rob&oacute; sus cuerpos, algo bastante com&uacute;n en aquellos tiempos, pero el golpe de impacto que esto supuso para sus seguidores fue m&aacute;s que evidente. Tambi&eacute;n circulaban rumores de que hab&iacute;an dibujado la f&oacute;rmula encriptada mediante jerogl&iacute;ficos en un arco del cementerio de San Inocencio, pero todo indica que no fue m&aacute;s que un bulo, ya que nadie la ha encontrado a&uacute;n, y no parece un comportamiento propio de un alquimista serio.
    </p><p class="article-text">
        Por lo que ya he referido con anterioridad, est&aacute; claro que no eran aficionados a mostrar abiertamente el contenido de sus investigaciones. De hecho, existe la posibilidad de que, fieles a sus predecesores, &laquo;nos la metieran doblada&raquo;, y ni la piedra filosofal sea una piedra, ni el elixir de la vida eterna, un elixir o un espag&iacute;rico que permita conseguir la inmortalidad de forma f&iacute;sica. Dicho de otra forma, sus descubrimientos podr&iacute;an tener m&aacute;s de filos&oacute;ficos, simb&oacute;licos o espirituales que de creaciones materiales, y tanto los profanos como los charlatanes se los tomaron al pie de la letra. La piedra filosofal es considerada, desde el punto de vista metaf&iacute;sico, como una representaci&oacute;n de la iluminaci&oacute;n del alma y existen referencias similares entre budistas e hind&uacute;es. A esta interpretaci&oacute;n habr&iacute;a que a&ntilde;adir las vertientes astrol&oacute;gica, art&iacute;stica y natural que dotan de significados diversos a las piedras en general, como elementos de belleza y perfecci&oacute;n divinas que encierran en
    </p><p class="article-text">
        su interior los secretos de la vida y la muerte. Pues no olvidemos que las piedras pertenecen a las profundidades, y por extensi&oacute;n, a los dominios de Hades. Los misterios &Oacute;rficos, con sus influencias orientales y egipcias, estaban relacionados a su vez con la inmortalidad del alma y la b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a, y tuvieron cierto protagonismo en la doctrina herm&eacute;tica, lo que puede haber generado importantes confusiones.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;En la actualidad, sin embargo, el materialismo domina nuestras vidas, y gracias a los avances tecnol&oacute;gicos, los cient&iacute;ficos han conseguido crear oro de forma artificial sirvi&eacute;ndose de la energ&iacute;a nuclear, pero es un proceso tan costoso que no resulta rentable.
    </p><p class="article-text">
        La ingenier&iacute;a gen&eacute;tica, por otro lado, nos acerca cada vez m&aacute;s la inmortalidad. Ya no es una mera fantas&iacute;a inalcanzable; muchos creen que, si se modifica el ADN mitocondrial, o los factores gen&eacute;ticos por los cu&aacute;les envejecemos, este sue&ntilde;o dejar&aacute; de ser una quimera.
    </p><p class="article-text">
        Las implicaciones de estos descubrimientos ponen sobre la mesa nuevas preguntas que los alquimistas de tiempos remotos jam&aacute;s llegaron a plantearse.
    </p><p class="article-text">
        La duda ya no es si podemos hacerlo, sino si <em>debemos</em> hacerlo. Lo que no se puede negar, es que se tratar&iacute;a de la estupidez o el error m&aacute;s espectacular de la historia. Y como dijo Goethe, &laquo;contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ester Pablos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/curiosidades-alquimia-hermetica-descubrimiento-piedra_132_2046157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Jul 2018 18:03:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Curiosidades de la Alquimia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una civilización en harapos. Del vestirse como una de las bellas artes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/civilizacion-harapos-vestirse-bellas-artes_132_2057523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5b78bfc-ed5e-473a-a724-62d9ff9ecf93_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Aurelio Campal cosiendo en la sastrería Hermanos Campal (Nava-Asturias). | Alex Zapico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la importancia de valorar el vestirse como una de las bellas artes, considerando además de su parte estética su claro componente ético.</p></div><p class="article-text">
        Empe&ntilde;ada en reducir toda su creatividad al af&aacute;n de medir y de contar, nuestra civilizaci&oacute;n permanece ciega ante un hecho &eacute;tico y est&eacute;tico fundamental como es el de vestirse. Para muchas personas, el d&iacute;a no comienza como oportunidad para el ejercicio de los sentidos, como ocasi&oacute;n para el despliegue de una saludable vanidad que les arrime un poco de optimismo para afrontar las rutinas cotidianas. Por el contrario, como escribe Allison Laurie, &laquo;la tarea diaria de elegir la ropa que se van a poner es tediosa, opresiva o incluso espantosa&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta desgana generalizada se ha convertido en uno de los signos definitorios de nuestro tiempo. Pocos est&aacute;n por la labor del m&iacute;nimo esfuerzo que no prometa una recompensa pr&aacute;ctica inmediata. Incluso parece haber un cierto regocijo en el rechazo a la reflexi&oacute;n simb&oacute;lica de las ropas que usamos. Lo lamentable no es la ausencia de coherencia o de unidad, de armon&iacute;a o de sensibilidad, sino la deliberada delectaci&oacute;n de vivir en un &laquo;vac&iacute;o est&eacute;tico&raquo;, no tener la sensaci&oacute;n de estar perdi&eacute;ndonos una vida m&aacute;s elevada (Scruton).
    </p><p class="article-text">
        Como en tantos &oacute;rdenes de la vida social, en la vestimenta masculina se ha impuesto un esp&iacute;ritu de masa que ha lastrado el libre vuelo de la personalidad. Ahora, basta con ser famoso y m&aacute;s moderno que nadie para atraer legiones de admiradores que aceptan sin grandes cuestionamientos la reproducci&oacute;n de cualquier monstruosidad. Imitando los aullidos visuales que han tomado prestados de los &iacute;dolos del espect&aacute;culo, los j&oacute;venes, y los no tan j&oacute;venes, han renunciado a un cultivo de s&iacute; que no cede f&aacute;cilmente a las sensaciones del &uacute;ltimo grito ni a las consignas sin ton ni son lanzadas por el &uacute;ltimo <em>influencer</em>. Nada de autoconocimiento y estudio de las particularidades de nuestra geograf&iacute;a y nuestro car&aacute;cter; lo que impera es el <em>de siervo albedrio</em> luterano a los mandamientos de los dioses de una moda fungible y antojadiza. &iquest;Para qu&eacute; admirar a los hombres elegantes y de gusto apurado del pasado que permanecen como ejemplos al margen del tiempo y las modas? &iquest;Para qu&eacute; dominar los c&oacute;digos cl&aacute;sicos, los cortes, los tejidos, las teor&iacute;as sobre los colores, las reglas de la composici&oacute;n, ahora que por fin nos hemos liberado de todas esos engorros y las combinaciones imposibles multiplican los seguidores en las redes sociales?
    </p><p class="article-text">
        Veblen afirm&oacute; que cuanto m&aacute;s r&aacute;pido se suced&iacute;an los estilos, m&aacute;s ofensivos eran para un gusto consolidado; as&iacute;, redoblando el n&uacute;mero de temporadas y acelerando la rotaci&oacute;n de las tendencias, la industria de la moda se llena los bolsillos encarniz&aacute;ndose con <em>fashion victims</em> que se dan con un canto en los dientes por poder adquirir a precios escandalosos prendas que un buen conocedor no se pondr&iacute;a ni en carnaval.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n atropello a los sentidos constituye un ya esc&aacute;ndalo, ninguna negligencia voluntaria  perturba el alma en pleno clasicismo del harapo. El resultado de esta alianza de la torpeza con la pereza y el seguidismo no puede sorprender a nadie; <em>el esprit de finesse</em>, el sentido pascaliano de la sutileza, ha sido devorado por la <em>aegritudo</em>, la tristeza de los antiguos griegos. Pero, parafraseando a Rousseau, &iquest;podr&iacute;a un panorama tan cruel &ldquo;dejar de influir en el humor y en el temperamento?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Hay que reconocer que en una &eacute;poca de &laquo;fans&raquo; y seguidores, la imitaci&oacute;n, esa &laquo;hija que el pensamiento tiene con la estupidez&raquo; (Simmel), posee algunos atractivos. El m&aacute;s evidente es el de proporcionar al individuo &laquo;la seguridad de no hallarse s&oacute;lo en sus actos&raquo;, una garant&iacute;a de que, pase lo que pase, siempre habr&aacute; un hueco para &eacute;l en el redil. Cuando imitamos, observa Simmel, &laquo;no s&oacute;lo transferimos de nosotros a los dem&aacute;s la exigencia de ser originales, sino tambi&eacute;n la responsabilidad por nuestra acci&oacute;n. De esta suerte se libra al individuo del tormento de decidir y queda convertido en un producto de grupo&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo, pero convertirse en &laquo;producto de grupo&raquo; implica el abandono de toda esperanza de <em>Aristeia</em> como b&uacute;squeda de la excelencia individual, la renuncia a forjarse un nombre digo de ser recordado. Significa tambi&eacute;n ser un hombre a merced de criterios que otros deciden por &eacute;l. El espect&aacute;culo de individuos permanentemente sujetos al reciclaje impuesto por las modas es, sin duda, reprobable, aunque es justo reconocer que no todos est&aacute;n dispuestos a descolgarse del mundo, el precio a pagar por disfrutar del m&aacute;s codiciado de los patrimonios: una personalidad s&oacute;lida y una sensibilidad informada.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto nos conduce directamente al terreno del gusto, apasionante e inagotable discusi&oacute;n filos&oacute;fica en la que no entrar&eacute;. Citar&eacute;, no obstante, las palabras del siempre sobrio T. S. Elliot, que intent&oacute;, a su modo, arrojar luz sobre el asunto subrayando la estrecha relaci&oacute;n entre el gusto y la calidad: &laquo;La noci&oacute;n de calidad fue oscurecida por la idea de que &ldquo;todo es cuesti&oacute;n de gusto&rdquo; y que el gusto sin formar del individuo se encuentra s&oacute;lo moderado por el temor de ser excesivamente exc&eacute;ntrico o excesivamente vulgar&raquo;.  &iquest;Pero qu&eacute; asidero nos resta cuando casi todo resulta &laquo;excesivamente exc&eacute;ntrico&raquo; o &laquo;excesivamente vulgar&raquo;? &iquest;C&oacute;mo hacer ver a una civilizaci&oacute;n que ha renunciado a la dimensi&oacute;n pedag&oacute;gica de las bellas artes la superioridad de un vestuario que combina lo bello con lo &uacute;til?
    </p><p class="article-text">
        Tal vez piensen que todo esto no son m&aacute;s que letan&iacute;as de estetas desocupados y est&eacute;riles censuradores. Pero el asunto reviste m&aacute;s gravedad de lo que parece a simple vista; por ejemplo, cabr&iacute;a preguntarse si esa carencia de gusto para vestirnos no nos incapacita para la formulaci&oacute;n de juicios est&eacute;ticos en otros dominios. Conozco profesores de est&eacute;tica y profesionales del arte que se presentan en p&uacute;blico como si hubiesen acabado de salir de la cama. Ahora bien, &laquo;tome un hombre reci&eacute;n salido de la cama&raquo;, observ&oacute; Louis Huart en 1841, &laquo;encontrar&aacute; a un individuo sin el menor valor real&raquo;; pero &laquo;dejadlo enfundarse sus ropas, y a medida en que entra en sus pantalones sentir&aacute; renacer su dignidad; al llegar al chaleco, comenzar&aacute; a levantar la cabeza&raquo;.  Ciertamente, en nuestros d&iacute;as la apreciaci&oacute;n de Huart ha perdido toda pertinencia; si el traje de tres piezas constituye una raridad, los tel&eacute;fonos m&oacute;viles nos conminan m&aacute;s a curvar la cerviz para poder hundir la cara en la pantalla que a levantar la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, tambi&eacute;n he visto a individuos que se toman su tiempo para vestirse y cuidar de los detalles caer en la trampa de la superioridad moral. Son los mismos que doblan las mangas de sus chaquetas, un mensaje en clave destinado a informar a ojos educados de la procedencia artesanal de un traje cuyos ojales practicables permiten este tipo de pavoneo narcisista. &laquo;&iexcl;Cu&aacute;ntas cosas en el corte de un traje!&raquo;, exclamaba Huart.
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        Y es cierto; el traje es siempre un reflejo fiel del esp&iacute;ritu del tiempo. &iquest;Podemos imaginarnos a Ticiano sugiriendo al joven arist&oacute;crata de <em>El hombre del Guante posar en camiseta</em>? &iquest;Acaso el atuendo del <em>Retrato de Juliano de M&eacute;dici</em> de Botticelli no nos proporciona un valios&iacute;simo testimonio sobre la suntuosidad de los banqueros florentinos del siglo XV? Y qu&eacute; decir de las ropas del espl&eacute;ndido cuadro de Rafael, <em>Retrato de Baltasar de Castiglione</em>, autor, por cierto, de <em>El Cortesano</em>, una gu&iacute;a de estilo para el caballero renacentista en la que defin&iacute;a la <em>sprezzatura</em>, esa fusi&oacute;n de impasibilidad, gracia y desenvoltura en el vestir que los actuales caballeros italianos han llevado hasta las fronteras de lo burlesco.
    </p><p class="article-text">
        Todos ellos eran hombres p&uacute;blicos, y, en consecuencia, conoc&iacute;an con exactitud el arte de la presentaci&oacute;n, un arte del que tambi&eacute;n nos hemos desembarazado sin mayores remordimientos. Y cuando hablo de presentaci&oacute;n no me refiero &uacute;nicamente a las ropas, sino tambi&eacute;n a las peque&ntilde;as cosas de la vida cotidiana, desde la vajilla dispuesta para una cena familiar, hasta el papel en el que envolvemos el regalo de cumplea&ntilde;os de un ser querido o el arreglo de las plantas en un peque&ntilde;o jard&iacute;n. Me refiero igualmente a esos objetos que nos vinculan con un universo material &iacute;ntimo que en los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos nos proporcionan una acogedora sensaci&oacute;n de continuidad y estabilidad. En un libro maravilloso, Cecil Beaton rememor&oacute; los &uacute;ltimos momentos de la mundana Rita Lydig:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; haces? Le pregunt&oacute; Mrs. con su voz velada ya por la agon&iacute;a.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Te estoy abanicando, le contest&oacute; su hermana.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>- &iquest;Es un abanico espa&ntilde;ol? Pregunt&oacute; ella.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y estas fueron sus &uacute;ltimas palabras. 4</em>
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, la se&ntilde;ora Lydig fue considerada la &laquo;mujer m&aacute;s pintoresca de Am&eacute;rica&raquo;. Sin embargo, no tenemos motivos para burlarnos de su actitud o tacharla de extravagante y absurda. La atenci&oacute;n que la tradici&oacute;n cl&aacute;sica le ha prestado a la presentaci&oacute;n p&uacute;blica demuestra que no se trata de un asunto menor. Is&oacute;crates exhortaba a Dem&oacute;nico a ser pulcro en el vestir, mientras que para Plinio el Joven el desempe&ntilde;o de los deberes p&uacute;blicos impon&iacute;a &laquo;una cierta necesidad de brillo personal&raquo; que requer&iacute;a de la ropa adecuada.  Erasmo aconsejaba no descuidar el atuendo para favorecer la relaci&oacute;n social, y Schiller afirm&oacute; que &laquo;el inter&eacute;s por la apariencia de las cosas es un signo de libertad interior, porque evidencia una fuerza que es capaz de ponerse en movimiento por s&iacute; misma&raquo; . 
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, son pocos los que han retomado ese hilo de la tradici&oacute;n de los maestros cl&aacute;sicos. Uno de ellos, el escritor Gay Talese, remiti&eacute;ndose a los chefs contempor&aacute;neos, ha elogiado su inter&eacute;s por la apariencia y el dise&ntilde;o de la comida, por la manera &laquo;arquitect&oacute;nicamente interesante como se puede presentar la comida sobre el plato&raquo;. El arte de la presentaci&oacute;n, prosigue Talese, &laquo;tiene todo que ver con jugar con la comida, con divertirse con ella, darle nuevas formas, imagin&aacute;rsela de nuevo, metamorfosearla, hacer torres con ella como si fuese un mont&oacute;n de fichas de armar&raquo;. 
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        Curiosamente, el festival de imaginaci&oacute;n, diversi&oacute;n y fantas&iacute;a que celebramos en los chefs nos lo negamos a nosotros mismos en un dominio mucho m&aacute;s fecundo para la experimentaci&oacute;n personal como es el de la indumentaria. Atiborramos a nuestros ni&ntilde;os con clases de rob&oacute;tica y les ense&ntilde;amos majader&iacute;as como confeccionar un <em>curriculum</em>, pero les privamos del aprendizaje de estas disciplinas del alma que, adem&aacute;s, constituyen los pilares de la convivencia. Y por si fuera poco, las figuras p&uacute;blicas que deber&iacute;an servir de gu&iacute;a y orientaci&oacute;n se han convertido en modelos a evitar a toda costa. No perder&eacute; el tiempo refiri&eacute;ndome a pol&iacute;ticos, actores, deportistas o intelectuales. Pensemos por un momento en un icono cinematogr&aacute;fico como James Bond. Comparar a Roger Moore con Daniel Craig es un ejercicio altamente revelador; a pesar de algunas concesiones a la moda, especialmente los setenteros pantalones de campana, Moore permanece como un hombre fiel a un atemporal estilo cl&aacute;sico. Por su parte, el se&ntilde;or Craig ha confirmado el gusto del siglo enfund&aacute;ndose trajes a presi&oacute;n que realzan un modelo de masculinidad generosamente musculado que exuda testosterona y vulgaridad. Y no se trata simplemente de una mudanza est&eacute;tica, tambi&eacute;n es &eacute;tica: si la ropa no viste el cuerpo, sino el esp&iacute;ritu, como pensaba James Laver, no es de extra&ntilde;ar que Bond haya abandonado el papel de refinado seductor encarnado por Moore para convertirse en un atleta sin escr&uacute;pulos embutido en una malla; en &laquo;un asesino&raquo;, como apunt&oacute; el propio Roger Moore.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, parece que hemos perdido de vista nuestra condici&oacute;n de <em>Homo symbolicus</em>, y con ella las dos grandes premisas, rec&iacute;procas e indisociables, del arte de vestirse. La primera nos advierte de que nos vestimos siempre para otros, para los dem&aacute;s, ya que no ofender la sensibilidad ajena constituye la base del <em>decorum</em>. En su <em>De Officiis</em>, Cicer&oacute;n advirti&oacute; de que &laquo;no hay que pensar solamente en s&iacute;, sino tambi&eacute;n en los otros&raquo;. Por eso, cuando nos encontramos con los dem&aacute;s en espacios p&uacute;blicos es preciso huir de &laquo;todo cuanto repugne a los ojos y a los o&iacute;dos. El estar de pie, el andar, el sentarse, el recostarse en la mesa; el rostro, los ojos, el movimiento de las manos deben manifestar siempre su decoro&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Decencia m&iacute;nima y testimonio de consideraci&oacute;n por nuestros vecinos, el acto de vestirse con decoro supone adem&aacute;s el cultivo de las virtudes c&iacute;vicas que armonizan las relaciones en la polis. De modo que desatender la indumentaria constituye una falta grave contra la vida en com&uacute;n y contra el derecho ajeno a no verse expuesto a la groser&iacute;a y la impertinencia.
    </p><p class="article-text">
        La segunda premisa es m&aacute;s evidente; se trata de vestirse para s&iacute;, pero no en el habitual sentido narcisista, sino como b&uacute;squeda de la belleza y forja de la singularidad. Para la consecuci&oacute;n de estos dos prop&oacute;sitos la &laquo;trastienda&raquo; de Montaigne, ese espacio interior donde es posible la reflexi&oacute;n sobre nosotros mismos, nos ser&aacute; de gran ayuda. Y es que solamente a partir del esfuerzo sincero por entendernos seremos capaces de expresar a trav&eacute;s de las ropas, con naturalidad y firmeza, nuestro car&aacute;cter y estado de &aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        En este proceso, la experiencia entendida como actividad introspectiva a la par que l&uacute;dica tiene un papel decisivo. Saber si unos zapatos viscerales o una combinaci&oacute;n arriesgada  traduce nuestra identidad demanda ensayo y error, repetici&oacute;n y atrevimiento. S&oacute;lo de esta forma mantendremos a flote nuestra personalidad, sin necesidad de torpedearla adoptando los estilos que imponen la publicidad, la moda y las celebridades del momento.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, del mismo modo que no hemos sido educados en la tradici&oacute;n de lo bello, tampoco hemos sido capaces de que la pedagog&iacute;a del juego se alce sobre las presiones del rigor productivista y la conquista del beneficio a cualquier precio. Si la b&uacute;squeda de la belleza es el fin, el juego deber&iacute;a ser el medio. En su <em>Homo ludens Huizinga</em> demostr&oacute; que el hombre no puede prescindir del esp&iacute;ritu festivo porque relativiza el absurdo de vivir y nos protege de la tristeza y el aburrimiento. Y el enorme Schiller apunt&oacute; que &laquo;despreciar la apariencia est&eacute;tica significa despreciar todas las bellas artes cuya esencia es la apariencia&raquo;, ya que &laquo;s&oacute;lo ella es juego&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seremos capaces de recuperar este sentido profundo del juego que en el arte de vestirse fusionaba el respeto por los otros con el deseo de singularidad y exuberancia? A juzgar por nuestras calles, la realidad se presenta poco halag&uuml;e&ntilde;a. &laquo;En la vida real, los harapos no se pueden &lsquo;atravesar&rsquo; con la mirada buscando algo bonito debajo porque en s&iacute; mismos ya expresan y tambi&eacute;n crean un estado harapiento de alma&raquo;, confiesa Ann Hollander. No hace demasiado tiempo las ropas delataban al hombre industrioso, al aventurero, al recatado, al arrogante; dejaban entrever si se dirig&iacute;a al trabajo, a una ceremonia o a disfrutar de una tarde al aire libre. Hoy, la ropa permanece muda; el gobierno del harapo, universal y incontestable, revela nuestra incapacidad expresiva, nuestra soberana indiferencia. Nos infantiliza y nos invita a &laquo;renunciar a nuestro derecho de libertad de expresi&oacute;n en el lenguaje del vestido&raquo;. Sintom&aacute;ticamente, son raros los que consideran el arte de vestirse una cuesti&oacute;n de libertad de expresi&oacute;n, es decir, de derechos c&iacute;vicos. Esta es una autocensura que nos podr&iacute;amos ahorrar f&aacute;cilmente: bastar&iacute;a un peque&ntilde;o esfuerzo por conocernos mejor y aplicarnos con esmero a esa l&uacute;dica y ancestral actividad de adornar el cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Mucho me temo que esta es la &uacute;nica salida que nos resta ante un panorama tan deprimente; en realidad, este peque&ntilde;o esfuerzo por desprendernos de nuestras inercias y timideces constituye un gesto verdaderamente heroico. Y es que, como sab&iacute;a Oscar Wilde, no reconciliarse con el mundo y alegrarnos por romper con la mansedumbre de la civilizaci&oacute;n del harapo exige el m&aacute;s alto de los hero&iacute;smos: la voluntad de ser nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
         SIMMEL, George, Filosof&iacute;a de la moda, Revista de Occidente, Moda. El poder de las apariencias, N. 366, Fundaci&oacute;n Ortega y Gasset, Madrid, 2011, p. 70.
    </p><p class="article-text">
         ELLIOT, T. S., Criticar al cr&iacute;tico, Madrid, Alianza, 1978, p. 201.
    </p><p class="article-text">
         HUART, Louis, Psysiologie du tailleur, Vignettes par Gavarni, Paris, Aubert et Compagnie, La Vigne, 1841, p. 10.
    </p><p class="article-text">
         BEATON, Cecil, El espejo de la moda, Parsifal, Barcelona, 1990, p. 141.
    </p><p class="article-text">
         PLINIO EL J&Oacute;VEN, Cartas, VI, 32.
    </p><p class="article-text">
         SCHILLER, Friedrich, Cartas sobre la educaci&oacute;n est&eacute;tica de la humanidad, carta XXVI.
    </p><p class="article-text">
         TALESE, Gay, Vida de un escritor, Madrid, Alfaguara, 2012, p.108.
    </p><p class="article-text">
         CICER&Oacute;N, Sobre los Deberes, I, 39-139 - I, 35-128.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Michel Suárez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/civilizacion-harapos-vestirse-bellas-artes_132_2057523.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jun 2018 18:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una civilización en harapos. Del vestirse como una de las bellas artes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaming disorder: adicción a los videojuegos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/gaming-disorder-adiccion-videojuegos_132_2098615.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72e02271-2b23-4e60-970e-4927117d51a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gaming disorder: adicción a los videojuegos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reflexión sobre el denominado "Gaming disorder", recientemente considerado como enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS)</p></div><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) ha decidido abordar finalmente una problem&aacute;tica social de gran &iacute;ndole como es la adicci&oacute;n a los videojuegos (Gaming Disorder). Desde enero de este a&ntilde;o, la podemos encontrar en su web, integrada en la lista internacional de enfermedades y problemas relacionados.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp; La adicci&oacute;n a los videojuegos era un grito en el cielo que una parte de la Psicolog&iacute;a ven&iacute;a lanzando desde hace tiempo.&nbsp;Sin embargo, desde la Asociaci&oacute;n Americana de Psiquiatr&iacute;a (APA), una parte de los te&oacute;ricos no termina de ver en ello una adicci&oacute;n. No vamos a ahondar aqu&iacute; en por qu&eacute; considero que&nbsp;s&iacute; es una adicci&oacute;n pero, para entender mejor la situaci&oacute;n, tengamos en cuenta el cambio de paradigma social en el que nos encontramos.
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&iquest;Cu&aacute;l es el momento actual, y en qu&eacute; influye?</h4><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s destacable es el cambio del mundo anal&oacute;gico al digital. Estamos en la era de internet, de las comunicaciones, en los albores de la realidad virtual, de la inteligencia artificial, de la rob&oacute;tica, etc. La tecnolog&iacute;a se ha convertido en nuestro mejor aliado para la vida diaria. Nos comunica con familiares lejanos, personas a quienes no conocemos pero tienen nuestros mismos gustos, o con clientes internacionales, etc. En definitiva, con personas a las que no podr&iacute;amos conocer f&iacute;sicamente.
    </p><p class="article-text">
        Y adem&aacute;s, nos entretiene y muy bien, ya que nuestros gustos y aficiones est&aacute;n bien recopilados en las bases de datos virtuales. Google, YouTube y otros gigantes de la industria cibern&eacute;tica conocen bien nuestro consumo y nuestras b&uacute;squedas en internet.&nbsp; El entretenimiento digital ha trascendido a la cl&aacute;sica cadena de televisi&oacute;n que pugna por una audiencia, ofreciendo un programa que pueda gustar a la mayor&iacute;a, en una hora determinada. Con toda la informaci&oacute;n que obtienen de nosotros, pueden enviarnos contenidos que nos sean&nbsp;de m&aacute;ximo inter&eacute;s, y a los que podemos acceder en cualquier franja horaria. Todo esto, que puede parecer beneficioso para el usuario o consumidor, entra&ntilde;a cierto peligro: si continuamente nos est&aacute;n ofreciendo algo que nos gusta mucho, nuestra atenci&oacute;n sobre otros asuntos puede verse mermada y, adem&aacute;s, facilita el que podamos caer en una adicci&oacute;n.
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&iquest;Qu&eacute; es exactamente una adicci&oacute;n a los videojuegos?</h4><p class="article-text">
        &nbsp;La adicci&oacute;n a los videojuegos se identifica con un patr&oacute;n conductual en una falta de control sobre la actividad de jugar, en el que su prioridad sobre otras actividades es creciente volvi&eacute;ndose esta prioritaria, y contin&uacute;a creciendo a pesar de las consecuencias negativas que esto genera sobre el adicto. Para ser diagnosticada, el patr&oacute;n debe ser lo suficientemente severo, y tener un impacto negativo sobre otras &aacute;reas como la personal, familiar, social, educacional, profesional y otras &aacute;reas con un deterioro evidente, durante un periodo de al menos 12 meses.
    </p><h4 class="article-text">Pero, &iquest;tan problem&aacute;tico ser&iacute;a si mi hijo lo tuviese?</h4><p class="article-text">
        Rotundamente s&iacute;. Todas las adicciones tienen algo en com&uacute;n: falta de control sobre la conducta problema, y un serio perjuicio en otras &aacute;reas. El tiempo es finito. Los d&iacute;as tienen una duraci&oacute;n de 24 horas, de las cuales debemos emplear un promedio de ocho para dormir y descansar. Nos quedan diecis&eacute;is. Asistir al colegio nos consume otras ocho - nueve horas.&nbsp; Y nos quedan siete. Tendremos que comer, y cenar. Y van seis. &iquest;Cu&aacute;ntas horas dice que dedica a los videojuegos? &iquest;dos horas? &iquest;tres horas? &iquest;Y a realizar las tareas acad&eacute;micas, quedar con los amigos, estar con su familia, practicar deporte...? Una persona adicta, le concede una prioridad absoluta a su adicci&oacute;n. Es tanta su necesidad por jugar, que incluso puede demorar la comida, dormir menos, renunciar a quedar con sus amigos, engullir la cena.... Y todo con la motivaci&oacute;n de ganar tiempo extra para poder jugar m&aacute;s a los videojuegos.
    </p><h4 class="article-text">&nbsp;&ldquo;Bueno...pero mejor en casa con el juego, que en la calle. La calle es peligrosa, muchos cr&iacute;os de su edad fuman y hacen botell&oacute;n&rdquo;</h4><p class="article-text">
        &iexcl;Cuidado con este planteamiento! Una amenaza mayor, no hace de otra m&aacute;s peque&ntilde;a, un dulce remedio. Como animales sociales que somos, tendemos a relacionarnos y a expandirnos en nuestro entorno. &iexcl;Pero ojo! Muchos j&oacute;venes retra&iacute;dos, con problemas para socializar o desenvolverse en el mundo real, han encontrado en internet un medio m&aacute;s acorde para expresarse, para opinar, para divertirse. Algunos incluso para vivir, como es el caso de los hikikomori.
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                </figure><h4 class="article-text">Algunas consideraciones...</h4><p class="article-text">
        Por eso, cuando sint&aacute;is que est&aacute;is empezando a sentir dependencia, o ten&eacute;is alg&uacute;n conocido que la tenga, recordad una cosa. La vida est&aacute; en la calle. No en las redes sociales, ni en internet, ni en los foros. &iexcl;Jugad con moderaci&oacute;n! Sed conscientes de que la vida no sucede en una pantalla de 1080 x 1920 p&iacute;xeles. Y que los mejores gr&aacute;ficos no est&aacute;n en una pantalla 4K Ultra HD, sino en una puesta de sol, un bello paisaje, etc. Las mejores risas son con los amigos. Y nuestro mejor y m&aacute;s fuerte personaje, no es nuestro palad&iacute;n de nivel 95 con una maza legendaria, somos nosotros mismos. Ese ser inseguro dentro en nuestro interior, que necesita alimentarse, dormir, ser escuchado, re&iacute;r, llorar, y en ocasiones, hasta ser protegido.
    </p><p class="article-text">
        Jugad con moderaci&oacute;n, y recordad que la vida sucede fuera la pantalla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Sainz González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/gaming-disorder-adiccion-videojuegos_132_2098615.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 May 2018 18:15:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gaming disorder: adicción a los videojuegos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Videojuegos,Adicciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde las calles de Cleveland: 'American Splendor']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/calles-cleveland-american-splendor_132_2137645.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/483daa93-1702-4b8a-8ba6-b726ce8228a0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;American Splendor&#039; (Springer Berman &amp; Pulcini, 2003) - HBO"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un filme biográfico sobre la vida de Harvey Pekar, autor de una de las obras más importantes del cómic independiente, que sobresale por el acierto con que combina géneros y medios expresivos</p></div><p class="article-text">
        <em>American Splendor</em> es un largometraje del a&ntilde;o 2003 producido por HBO y dirigido por Shari Springer Berman y Robert Pulcini. La pel&iacute;cula constituy&oacute; la primera incursi&oacute;n de ambos realizadores en el g&eacute;nero del drama tras una breve trayectoria en el &aacute;mbito del documental. Galardonado con el Gran Premio del Jurado del Festival de Cine de Sundance y el Premio FIPRESCI del Festival de Cannes, el filme sigue las desventuras de Harvey Pekar, creador y m&aacute;ximo protagonista del c&oacute;mic hom&oacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Harvey Pekar (1939-2010) naci&oacute;, vivi&oacute; y muri&oacute; dentro de los confines del &aacute;rea metropolitana de Cleveland (EE.UU.), en donde trabaj&oacute; como archivero de un hospital de veteranos hasta su jubilaci&oacute;n. Devoto del jazz y la literatura, su inter&eacute;s por el c&oacute;mic como forma de expresi&oacute;n art&iacute;stica lo empuj&oacute; a escribir historias de corte realista, hastiado del escapismo que dominaba la industria estadounidense a mediados de la d&eacute;cada de 1970. Con la inestimable colaboraci&oacute;n de su amigo Robert Crumb a los l&aacute;pices, Harvey autoedit&oacute; el primer n&uacute;mero de una longeva serie autobiogr&aacute;fica con el ir&oacute;nico t&iacute;tulo de <em>American Splendor</em>, que public&oacute; entre 1976 y 2008.
    </p><p class="article-text">
        El largometraje parte del primer divorcio de su protagonista como el desencadenante de una honda crisis existencial. Harvey -interpretado por un excelso Paul Giamatti- ha perdido su voz, que no recuperar&aacute; hasta adquirir una nueva como autor de c&oacute;mics. Con Cleveland como escenario, <em>American Splendor</em> retrata a un variopinto reparto de personajes -todos ellos con su contraparte fuera de la ficci&oacute;n- entre los que Harvey se mueve cual etn&oacute;grafo, &aacute;vido por registrar sus personalidades, discursos y rituales.
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        Pese a que los directores se decantan por el drama en forma de <em>biopic</em> a la hora de recrear las vivencias de Harvey, el espectador asiste a un fen&oacute;meno de hibridaci&oacute;n con el g&eacute;nero documental que lo aproxima al formato del docudrama. A lo largo de todo el metraje, los realizadores intercalan escenas con el aut&eacute;ntico Harvey, sus familiares y amigos, quienes se desenvuelven con naturalidad ante la c&aacute;mara. Harvey ocupa un lugar de privilegio entre todos ellos, pues no s&oacute;lo comparte sus impresiones conforme avanza la trama, sino que opera a modo narrador a trav&eacute;s de la t&eacute;cnica de la voz en <em>off</em>.
    </p><p class="article-text">
        Esta faceta documental plantea un original cuestionamiento del drama al ofrecer un v&iacute;vido contraste entre ficci&oacute;n y realidad. Dicha circunstancia es puesta de relieve por los comentarios del Harvey-narrador -como la alusi&oacute;n a su escaso parecido con Paul Giamatti- o el hecho de que actores y referentes converjan en plat&oacute; e interact&uacute;en entre s&iacute;. De este modo, la divisoria entre persona y personaje se difumina, una idea que el gui&oacute;n sintetiza a la perfecci&oacute;n con una de las reflexiones puestas en boca de Harvey: &laquo;Dime la verdad. &iquest;Soy un tipo que escribe sobre s&iacute; mismo en un c&oacute;mic? &iquest;O s&oacute;lo un personaje de c&oacute;mic? Si muero, &iquest;ese personaje continuar&aacute; existiendo? &iquest;O desaparecer&aacute;?&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Los cr&eacute;ditos de apertura, enmarcados en las p&aacute;ginas de un tebeo, anticipan una exuberante mezcolanza de recursos narrativos. Cine, c&oacute;mic, teatro y televisi&oacute;n concurren en una producci&oacute;n que se ve enriquecida por una ingeniosa amalgama de medios expresivos. Su empleo obedece a unos prop&oacute;sitos espec&iacute;ficos y evidencia una sensibilidad que se prolonga m&aacute;s all&aacute; del terreno de lo cinematogr&aacute;fico. Todos ellos comparten una finalidad comunicativa, que favorece una relaci&oacute;n de mutua complementariedad entre los mismos.
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        Si bien la acci&oacute;n cinematogr&aacute;fica sirve de eje al conjunto, el c&oacute;mic ocupa una posici&oacute;n de preeminencia entre las restantes manifestaciones art&iacute;sticas que se dan cita en el filme. Ello es observable en las ocasionales vi&ntilde;etas, que ejemplifican el trasvase de la cotidianeidad a las p&aacute;ginas impresas o el virtual desplazamiento del lenguaje f&iacute;lmico por los c&oacute;digos expresivos del tebeo; los bocadillos de pensamiento, que a&ntilde;aden nuevos matices al contenido de las interpretaciones; las cartelas con claves de car&aacute;cter espacio-temporal, con las que se resuelven las frecuentes elipsis; o una animaci&oacute;n sencilla pero eficaz y pertinente a efectos del relato.
    </p><p class="article-text">
        La utilizaci&oacute;n de im&aacute;genes de archivo es otra de las se&ntilde;as de identidad de la cinta, que concede unos minutos a las intervenciones televisivas de Harvey en el programa <em>Late Night with David Letterman</em> y a las del exc&eacute;ntrico Toby Radloff en la cadena MTV, incidiendo a&uacute;n m&aacute;s en la dial&eacute;ctica entre drama y realidad. La contraposici&oacute;n de un episodio biogr&aacute;fico reci&eacute;n visionado por el espectador con su adaptaci&oacute;n al teatro es uno de sus mejores exponentes: la representaci&oacute;n conlleva una reinterpretaci&oacute;n de lo ocurrido por otros actores en un escenario minimalista con m&uacute;sica en directo.
    </p><p class="article-text">
        En suma, <em>American Splendor</em> configura un alarde autorreflexivo articulado en torno a las posibilidades del relato, la frontera entre arte y realidad y el valor cat&aacute;rtico de la creaci&oacute;n, aun la emprendida desde los m&aacute;rgenes. Un sentido tributo a la carrera de un hombre corriente y no obstante extraordinario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario González-Linares]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/calles-cleveland-american-splendor_132_2137645.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 May 2018 20:47:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desde las calles de Cleveland: 'American Splendor']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Cómic]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Armenia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/armenia_132_2199721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/761ce809-f243-463a-a013-f4b5495482b6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Viaje al país que, entre otras curiosidades, fue el primero que adoptó el cristianismo como religión oficial.</p></div><p class="article-text">
        Nina naci&oacute; en Armenia, pero siendo un beb&eacute; se mud&oacute; a Rusia. Y luego a Grecia. Y luego a Am&eacute;rica. Y luego a Dub&aacute;i. Habla muchas lenguas, conoce muchas culturas.
    </p><p class="article-text">
        Es un d&iacute;a m&aacute;s, soleado. La casa est&aacute; en calma y Nina lee en el sal&oacute;n. La madre le ha enviado una caja con libros y escritos de su ni&ntilde;ez. Ha escogido un libro de cuentos de los hermanos Grimm, y mientras pasa las p&aacute;ginas escritas en ruso, una fotograf&iacute;a cae al suelo. La recoge y observa una versi&oacute;n joven de su madre con un beb&eacute; en brazos. Las dos r&iacute;en y miran a la c&aacute;mara. Parecen felices. Cierra el libro. Medita durante un minuto, y toma una decisi&oacute;n. Apenas dos horas despu&eacute;s se encuentra en un taxi camino al aeropuerto. Yever&aacute;n, la capital armenia, la espera.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ha sido sencillo llegar: las carreteras est&aacute;n desiertas, y la poca gente que ha ido encontrando en el camino han estado felices de dirigirla. Aparca casi a las orillas del lago Sevan y se prepara para subir la colina en cuya cima se encuentra el monasterio de Sevanavank. Al llegar arriba, busca la piedra donde su madre estaba sentada en la foto. La encuentra entre las dos iglesias que han sobrevivido hasta ahora; se sienta en ella adoptando la misma posici&oacute;n que en la fotograf&iacute;a y se imagina el momento, lo que su madre debi&oacute; sentir.
    </p><p class="article-text">
        Extiende la mirada hacia un horizonte dominado por la niebla y la imponente sombra del Monte Ararat. De alguna manera, se siente bienvenida a casa.
    </p><p class="article-text">
        Nina piensa en lo que sabe de Armenia y en las historias que su madre le contaba de peque&ntilde;a. El nombre nativo del pa&iacute;s es &laquo;Hayk&raquo;, legendario patriarca armenio descendiente directo de No&eacute;, de quien el historiador Moses de Corena cuenta tantas heroicidades. Nina recuerda todas las f&aacute;bulas que hablaban de Armenia como el Jard&iacute;n del Ed&eacute;n, y del Monte Ararat como el lugar donde se situ&oacute; el Arca de No&eacute; tras el Diluvio Universal.
    </p><p class="article-text">
        La historia de Armenia es muy rica y convulsa debido a su estrat&eacute;gica posici&oacute;n geogr&aacute;fica entre Turqu&iacute;a, Ir&aacute;n, Azerbay&aacute;n y Georgia. Artashes, siervo sucesor del Imperio de Alejandro Magno, restableci&oacute; la independencia de Armenia Mayor y fund&oacute; la dinast&iacute;a Art&aacute;xida en los s. II-I a.C., y tal y como Nina recuerda haber estudiado en el colegio, fue Tigranes el Grande el que convirti&oacute; a Armenia en un gran imperio, extendi&eacute;ndose desde el Mar Caspio hasta el Mediterr&aacute;neo, desde el Ca&uacute;caso hasta la frontera con Palestina.
    </p><p class="article-text">
        De regreso al coche, Nina abre el mapa y decide cu&aacute;l ser&aacute; su siguiente parada: el pueblito de Garni. Las carreteras, excavadas en la monta&ntilde;a, est&aacute;n cubiertas de nieve, y Nina s&oacute;lo se cruza con alg&uacute;n coche de modelo muy antiguo. Hace varias paradas para observar el paisaje, poco a poco la niebla se va disipando y se comienza a entrever un limpio cielo azul.
    </p><p class="article-text">
        Varias mujeres locales venden pan dulce, t&iacute;pico de la regi&oacute;n, as&iacute; como conservas y pieles de zorro. Todas ellas la invitan a probar los dulces, y se&ntilde;alan con el dedo hacia un templo de basalto situado al final de la monta&ntilde;a: el templo de Garni. Fue construido en el s. I por Tiriades, durante la &eacute;poca de influencia romana. Cuentan que, en una visita a Roma, Ner&oacute;n decidi&oacute; financiar esta obra dedicada al dios helen&iacute;stico Mitra.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Nina pasea entre las columnas de capitel j&oacute;nico y asoma la cabeza para atisbar el abrupto final de la monta&ntilde;a. Apenas si hay visitantes: un grupo de hombres que hablan calladamente en tono serio y una pareja de ancianos que contempla el paisaje. Nina observa como &eacute;l le cede el mirador y la se&ntilde;ala un pueblito a las faldas de la monta&ntilde;a. Es un momento bonito.
    </p><p class="article-text">
        Este templo es la excepci&oacute;n de Armenia, pues la mayor&iacute;a de lugares emblem&aacute;ticos que los turistas, y por supuesto Nina, visitan son monasterios cristianos. La raz&oacute;n se halla en que Armenia fue el primer estado en adoptar el cristianismo. Cuenta la leyenda que Tiridates III encerr&oacute; a Gregorio el Iluminador en un pozo en el monasterio de Khor Virap, pero cuando &eacute;ste cur&oacute; una enfermedad al rey, se convirti&oacute; en su mentor religioso. Comenzaron as&iacute; la conversi&oacute;n del pueblo armenio, a&ntilde;os antes de que Constantino I concediera al cristianismo la tolerancia religiosa, y d&eacute;cadas antes de que Teodosio I adoptara el cristianismo como la religi&oacute;n oficial del estado romano.
    </p><p class="article-text">
        Khor Virap, situado a las faldas del monte Ararat, es a&uacute;n en d&iacute;a escenario de ejercicios religiosos, y es considerado el centro de peregrinaci&oacute;n m&aacute;s importante del pa&iacute;s. De esta &eacute;poca es tambi&eacute;n el monasterio de Gerard, localizado en la garganta del r&iacute;o Azat. Fue levantado por Gregorio encima de un manantial sagrado, y su nombre actual deriva de &laquo;Geghardavank&raquo;, el monasterio de la lanza; toma el nombre de parte de la lanza con la que hirieron a Jes&uacute;s en la crucifixi&oacute;n, ya que mantienen que fue llevada a Armenia por Judas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En ambos escenarios la calma reinante embota los sentidos. Nina no escucha nada m&aacute;s que el viento y el sonido de sus pasos sobre la tierra mojada. La magia de estos monasterios reside en los lugares donde fueron excavados en la monta&ntilde;a: <em>sacrum</em>, soledad, sosiego.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s destaca de la historia de Armenia es la defensa que hicieron de su independencia religiosa aun cuando estuvieron bajo el dominio sas&aacute;nida o &aacute;rabe. El guarda de Khor Virap le dijo a Nina que deb&iacute;a ir a Novarank, su lugar favorito en todo Armenia. Y cuando llega, Nina adivina el porqu&eacute;: declarado Patrimonio de la Humanidad, este monasterio del s. XII se levanta en un ca&ntilde;&oacute;n del pueblo rural Areni, dividendo un paisaje de piedra rojiza y una ladera nevada.
    </p><p class="article-text">
        Nina se queda sin palabras. La luz que ba&ntilde;a el monasterio es especial, brillante. Los edificios de piedra oscura se recortan contra un cielo azul intenso. Nina se sabe peque&ntilde;a ante la majestuosidad de la naturaleza que la rodea. Siente como algo en su interior estalla, haci&eacute;ndola sentir c&aacute;lida: sabe que ha hallado algo que andaba buscando sin saberlo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando comienza a anochecer, Nina baja al pueblo de Areni, famoso por sus vinos y por el car&aacute;cter guerrero de sus habitantes. La hospitalidad de la gente la hace sentirse bien recibida, y a trav&eacute;s de las conversaciones que entabla aprende sobre la historia reciente del pa&iacute;s. Las miradas se ensombrecen al hablar de la situaci&oacute;n del pueblo armenio durante la Primera Guerra Mundial, bajo el mandato de los J&oacute;venes Turcos: el clima de guerra e inestabilidad alent&oacute; la desconfianza contra los armenios, un sector de la poblaci&oacute;n que ya se sent&iacute;a de segunda categor&iacute;a. Y tras la aprobaci&oacute;n de la Ley Tehcir, las desgracias se sucedieron. Nina escucha como Armenia sigue esperando que el gobierno turco reconozca el genocidio acaecido, y siente la rabia escupida con las palabras, una rabia que brota del est&oacute;mago.
    </p><p class="article-text">
        La sorprende ver la calma con la que hablan de su pasado como parte de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, pues ven esos a&ntilde;os como un b&aacute;lsamo calmante que mejor&oacute; su situaci&oacute;n. Y afirman con orgullo que cuando el pueblo armenio volvi&oacute; a ser usado como v&iacute;a de escape de presiones pol&iacute;ticas, dijeron basta, y se declar&oacute; la independencia de la Rep&uacute;blica Socialista Sovi&eacute;tica de Armenia el 21 de septiembre de 1991.
    </p><p class="article-text">
        Nina pasa los dos d&iacute;as siguientes en Areni y en Dilijan, la llamada &laquo;Suiza armenia&raquo;, famosa por sus verdes paisajes y sus aguas curativas. Paseando, charlando con la gente, aprendiendo el proceso de elaboraci&oacute;n del vino, disfrutando de su gastronom&iacute;a&hellip; La gente tiene un estilo de vida sencillo. En Yever&aacute;n, la capital, la mayor&iacute;a de las familias encuentran el sustento en la industria, mientras que en las afueras trabajan en las minas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son un pueblo orgulloso pero muy consciente de su historia, de sus puntos fuertes y de sus limitaciones. Est&aacute;n en el camino del crecimiento, y aunque el bloqueo con Turqu&iacute;a y Azervay&aacute;n dificulta el proceso, siguen adelante.
    </p><p class="article-text">
        De camino al aeropuerto, Nina hace una parada en el camino para observar el paisaje armenio una &uacute;ltima vez. Se lleva esos cielos limpios y esa luz en su coraz&oacute;n. Ya es parte de ella. Pero la verdad es que, aunque Nina lo desconoce, siempre ha sido parte de su esencia; porque eso es Nina para las personas que la rodean, luz.
    </p><p class="article-text">
        Sonr&iacute;e, coge aire y recita con todas sus fuerzas las palabras de W. Saroyan:
    </p><p class="article-text">
        <em>&laquo;Yo quisiera ver</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cualquier poder en el mundo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>destruir esta raza,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>esta peque&ntilde;a tribu de gente sin importancia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuyas guerras todas ya han sido libradas y perdidas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuyas estructuras est&aacute;n derrumbadas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuya literatura no es le&iacute;da,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuya m&uacute;sica no es escuchada,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y cuyas oraciones no son respondidas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Adelante, destruya Armenia!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vea si usted puede hacerlo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>M&aacute;ndelos al desierto sin pan y sin agua,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>queme sus hogares e iglesias</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y despu&eacute;s vea si no reir&aacute;n nuevamente,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no cantar&aacute;n y no orar&aacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuando se encuentren dos de ellos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en cualquier parte del mundo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vea si ellos no van a crear una nueva Armenia&raquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/armenia_132_2199721.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Mar 2018 18:36:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Armenia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Armenia,Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historias de Zimbabwe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/historias-zimbabwe_132_2984649.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3de454ed-d449-46ee-99dd-61bffc6f9d5c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Zimbabwe. | HELENA TORRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mosaico de pequeñas historias que nos acerca al lado más humano del país africano.</p></div><h3 class="article-text">La mujer de las telas&nbsp;</h3><p class="article-text">
        <strong>La mujer de las telas&nbsp;</strong>Umm&hellip; &iquest;Hablar de m&iacute;? No s&eacute; qu&eacute; decir. Tengo las mejores telas de todo Avondale, &iquest;quieres un vestido? Uno rojo te sentar&iacute;a bien. Vengo de Bulawayo, toda mi familia es Ndebele. Aqu&iacute; en Zimbabwe hay blancos y negros, como habr&aacute;s visto. La mayor&iacute;a de negros son de la etnia shona, vienen del noreste a trabajar en la ciudad. Nosotros vivimos en el sur, somos menos. Mis padres son pastores, y en casa hablamos nguni, aunque no se me da tan bien como el ingl&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vine a la ciudad para buscar un futuro mejor para mi familia, como la gran mayor&iacute;a. Se dice que los ndebeles &eacute;ramos los mejores guerreros antes de los colonos. Soy una guerrera, &iexcl;m&iacute;rame! La vida es dif&iacute;cil, pero nos da m&aacute;s de lo que necesitamos. Eso es lo que dec&iacute;a siempre mi abuelo cuando hablaba de este pa&iacute;s: &laquo;Zimbabwe tiene mucho que ofrecer para el que quiere recibir&raquo;. &iquest;Sabes qu&eacute; significa nuestra bandera? El verde representa la vegetaci&oacute;n y los recursos naturales; el amarillo los minerales; el rojo, la sangre derramada por nuestra independencia; el negro, somos el pueblo negro; el tri&aacute;ngulo blanco simboliza la paz; la estrella roja, las metas del pa&iacute;s; y el p&aacute;jaro, es el Gran P&aacute;jaro de Zimbabwe, el emblema nacional y nuestra historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El librero</h3><p class="article-text">
        <strong>El librero</strong>&iexcl;Preg&uacute;ntame! &iexcl;Preg&uacute;ntame lo que quieras! Me gusta leer.
    </p><p class="article-text">
        Hace muchas lunas, Cecil John Rhodes so&ntilde;&oacute; con un Imperio brit&aacute;nico que se extendiese desde Cairo hasta Cabo. Para ello constituy&oacute; la British South Africa Company, y en 1890 fund&oacute; esta ciudad. La llam&oacute; Salisbury, y fue la capital de Rodesia cuando esta se independiz&oacute;. Creci&oacute; la industria, aument&oacute; la poblaci&oacute;n, y el 18 de abril de 1980 Zimbabwe logr&oacute; la independencia. Nuestro presidente fue el reverendo Canaan, y Robert Mugabe el primer ministro. El nombre de Harare se lo pusieron unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en honor al jefe de la tribu shona, Neharawa, que jug&oacute; un papel muy importante durante la &eacute;poca de Cecil Rhodes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1987 Mugabe se hizo con la presidencia, y ha estado en el poder desde entonces hasta hace unos meses. &iexcl;Por fin! Ahora tenemos a Emmerson, cualquier cosa mejor que la gente del G40. Han tenido a Zimbabwe de rodillas, y es hora de levantarse y demostrarle al mundo lo que valemos. Queremos luchar por nuestra independencia y por un lugar en la econom&iacute;a moderna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo, de mientras, seguir&eacute; leyendo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El escultor</h3><p class="article-text">
        <strong>El escultor</strong>Tallar es lo &uacute;nico que s&eacute; hacer. Soy shona, y la mayor&iacute;a de mis vecinos ten&iacute;an cultivos y animales, y algunos tallaban madera. Pero yo quer&iacute;a m&aacute;s. Por eso vine a la ciudad, para aprender de los mejores. Quiero ser como Locardia Ndandarika.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; puedes aprender alfarer&iacute;a, cester&iacute;a, joyer&iacute;a&hellip; Pero no hay nada como coger un bloque de piedra y transformarlo en algo bello. Me gusta tallar mujeres, una fusi&oacute;n entre tradiciones africanas e influencias europeas. Tambi&eacute;n me gusta hacer m&aacute;scaras para los bailes enmascarados. Si vas a uno de ellos, no intentes ver qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de la m&aacute;scara, representan a esp&iacute;ritus ancestrales que asisten a eventos festivos. Cuando m&aacute;s et&eacute;rea sea la m&aacute;scara, m&aacute;s complacer&aacute;s a tus antepasados. Quiz&aacute; expongan una de mis obras en la galer&iacute;a Rhodes. Estoy muy contento.
    </p><h3 class="article-text">&nbsp;La cocinera</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>La cocinera</strong>Yo trabajo aqu&iacute; desde hace ya muchos a&ntilde;os. Me encargo de hacer la comida para todos los escultores de la zona y los trabajadores de la galer&iacute;a. Me ense&ntilde;&oacute; a cocinar mi madre, hac&iacute;a el mejor sadna de todo el pueblo. Es muy f&aacute;cil, &iquest;ves? Mezclas harina de ma&iacute;z con agua, mantequilla de man&iacute; y leche, luego das vueltas y vueltas hasta que quede duro. Lo comemos todos los d&iacute;as con carne y verduras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos gusta hacer dulces, a veces los tomamos con el t&eacute; de las cuatro de la tarde. Mi hija tiene mucha mano para ellos. A veces los turistas se sorprenden de que sigamos tomando el t&eacute;, los ingleses nos dejaron muchas costumbres. Harare se llamaba Salisbury antes, por el primer ministro de Gran Breta&ntilde;a de aquella &eacute;poca. Algunos j&oacute;venes se revelan ante todo lo que suene brit&aacute;nico, quieren recuperar la esencia bant&uacute;. Yo creo que hay que saber aceptar la realidad que te rodea y sacar el m&aacute;ximo provecho de ella, y si me tomo un t&eacute;, &iexcl;nadie le dice que no a un dulce!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El maestro de las esteras</h3><p class="article-text">
        <strong>El maestro de las esteras</strong>Me gusta trabajar con las manos. Me da tiempo para pensar. &iquest;En qu&eacute;? En la vida, en la inocencia del ser humano. Pienso en estos juncos, en como habr&aacute; sido su vida y en el prop&oacute;sito al que van a servir a partir de ahora.
    </p><p class="article-text">
        Me considero un nanga. Estudio las hierbas, sus usos, los males que aquejan el esp&iacute;ritu de las personas que acuden a m&iacute;. La mente y el alma son el origen de la mayor&iacute;a de afecciones que sufre el cuerpo. A veces no son m&aacute;s que antepasados que est&aacute;n de vuelta como esp&iacute;ritus, y debido a su descontento causan estragos. Yo ayudo a averiguar la causa de su estado de &aacute;nimo, para intentar satisfacerles y conseguir as&iacute; sus bendiciones y buenos deseos. Cada vez hay m&aacute;s cristianos en la ciudad, pero a&uacute;n viene mucha gente que practica el culto Mwari y reverencia a nuestros ancestros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuida tu esp&iacute;ritu. Tu cuerpo envejece con el tiempo, pero tu esencia brillar&aacute; m&aacute;s cada d&iacute;a.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">El hombre de las zanahorias</h3><p class="article-text">
        <strong>El hombre de las zanahorias</strong>Gran Zimbabwe. Tierra roja, plantas ind&iacute;genas y florecientes jacarandas. &iquest;Las has visto? Moradas y azules, preciosas, han conquistado la ciudad. Somos muchos agricultores en la ciudad, vendemos a todos los pueblos cercanos. &iexcl;Ah! Pero mis zanahorias son las mejores, las m&aacute;s naranjas &iquest;las ves? Es porque les echo un agua especial. &iexcl;Un secreto!
    </p><p class="article-text">
        Recorro los alrededores con mi carro, vendo mis productos a peque&ntilde;as tiendas y a las familias que me salen al paso. A veces es un trabajo poco grato, pero yo creo que lo mejor est&aacute; por llegar. Han sido malos tiempos, pero tenemos mucha fuerza para salir adelante. Voy a contarte algo que nadie te ha contado hasta ahora. &iquest;Sabes que es el gran p&aacute;jaro de Zimbabwe? Era uno de los siete p&aacute;jaros de piedra que exist&iacute;an para conmemorar las acciones de un halc&oacute;n que salv&oacute; la vida a un ni&ntilde;o que fue atacado por un cocodrilo. El ni&ntilde;o perdi&oacute; sus piernas, pero se convirti&oacute; es un contador de historias, y tall&oacute; las aves para ilustrar sus aventuras. En alg&uacute;n momento de la historia, las aves fueron robadas de Zimbabwe, y s&oacute;lo cuatro han regresado. Se dice que la paz y la prosperidad nunca llegar&aacute;n a Zimbabwe hasta que las siete aves vuelvan a su hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ni&ntilde;a, si alg&uacute;n d&iacute;a las ves volar, sus&uacute;rrales que regresen a su tierra. Zimbabwe las espera con ansia, con calor de hogar.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/historias-zimbabwe_132_2984649.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Dec 2017 18:06:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Viajes,África]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Polonia: un pequeño itinerario de la maldad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/polonia-pequeno-itinerario-maldad_132_3020929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94b8a21a-b45a-4507-9431-d60e9213b28d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Campo de concentración de Auschwitz. | MARIANO CALVO HAYA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un recorrido por los lugares que recuerdan el horror del Holocausto</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a 1 de septiembre de 1939 el ej&eacute;rcito alem&aacute;n, como primer paso en su intento por establecer un vasto imperio, invadi&oacute; Polonia, comenzando oficialmente la II Guerra Mundial. No obstante, varios d&iacute;as antes de la fecha se&ntilde;alada hab&iacute;a sido firmado por los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica un pacto de no agresi&oacute;n entre ambos pa&iacute;ses, en lo que se dio en llamar Pacto Ribbentrop-Mol&oacute;tov.
    </p><p class="article-text">
        En ese tratado, que casi dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a violado por los nazis con su intento de conquista de los territorios sovi&eacute;ticos, conten&iacute;a diversas formulaciones en las que ambos estados se compromet&iacute;an a no participar en alianzas que fueran en contra o amenazaran los intereses del otro pa&iacute;s, pero se&ntilde;alaba, adem&aacute;s, en cl&aacute;usula secreta, intereses territoriales tanto de nazis como de sovi&eacute;ticos en sus respectivas &aacute;reas de influencia. De este modo, Polonia pasaba a convertirse en la hamburguesa o el filete ruso (dependiendo de cual de los dos estados opinara) dentro del bocadillo que sovi&eacute;ticos y alemanes pretend&iacute;an merendarse.
    </p><h3 class="article-text">Varsovia: la ciudad recontruida</h3><p class="article-text">
        El espacio que en su d&iacute;a ocup&oacute; el gueto de Varsovia hoy est&aacute; repleto de grandes rascacielos en los que se instalan muchas de las firmas l&iacute;deres de la econom&iacute;a mundial. Sobre todos esos grandes edificios, no obstante, reina una mole oscura e inmensa que es llamada Palacio de la Cultura y de la Ciencia y que es, en realidad, un regalo envenenado que recuerda los muchos a&ntilde;os de dominaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica sobre Polonia. Del gueto en el que los nazis recluyeron a miles de jud&iacute;os antes de su desaparici&oacute;n apenas quedan unos pocos vestigios.
    </p><p class="article-text">
        Salgo de la ciudad vieja de Varsovia a trav&eacute;s de la recompuesta barbacana medieval y me adentro en una calle amplia, limpia, muy centroeuropea, en la que se encuentra el museo dedicado a una de las mujeres m&aacute;s universales de Polonia, Marie Curie. Doblo a la izquierda y me adentro en la calle Swietojerska. Poco antes de llegar a la Embajada de China llama mi atenci&oacute;n una l&iacute;nea que cruza la acera y que recuerda los l&iacute;mites de lo que fue el gueto jud&iacute;o de Varsovia. La misma demarcaci&oacute;n me la vuelvo a encontrar por otras calles de la ciudad. Al norte del inmenso Museo de los Jud&iacute;os Polacos se encuentra la Umschlagplatz, lugar donde los nazis reun&iacute;an a los residentes del gueto para su traslado a los campos de concentraci&oacute;n.
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        En la calle Walicow me topo con uno de los pocos restos alzados del antiguo muro. Enfrente se conserva casi en estado de ruina un edificio de ladrillo, de seis o siete plantas, que queda de la &eacute;poca. Accedo al patio interior y me encuentro a un par de grupos de excursionistas israel&iacute;es, los reconozco por la kip&aacute;, el peque&ntilde;o gorro que llevan habitualmente sobre la coronilla los varones jud&iacute;os, y tambi&eacute;n por alguna que otra bandera que adorna sus indumentarias. Saludo mientras me acerco y se hace el silencio. Me observan con frialdad y desconfianza y uno de ellos, que parece un guardaespaldas, se planta frente a m&iacute; mir&aacute;ndome fijamente y sin decir nada. A la entrada del t&uacute;nel de acceso ha quedado otro al que inopinadamente le suena el microtel&eacute;fono que lleva bajo la chaqueta. Hago unas cuantas fotograf&iacute;as bajo los atentos ojos de los bigardos y me alejo. Me volver&eacute; a tropezar a alg&uacute;n que otro esp&eacute;cimen de este tipo en otros lugares. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Majdanek</h3><p class="article-text">
        Es temprano y hace un fr&iacute;o que parte el alma. Vamos as&iacute; dispuestos a un doloroso ejercicio de empat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A las afueras de la ciudad vieja de Lublin, frente a la catedral, esperamos al troleb&uacute;s n&uacute;mero 156 que nos ha de transportar a uno de los arrabales, el barrio de Majdan Tatarski, cuatro o cinco kil&oacute;metros m&aacute;s all&aacute;. Es la v&iacute;spera del d&iacute;a de difuntos y a nuestro alrededor viaja mucha gente que se encamina al cementerio enclavado en ese distrito. Antes de llegar al camposanto lo vemos. Entre la neblina y el silencio vuelan los grajos y se alzan las ominosas torres de vigilancia. Luego ya nos fijamos en las alambradas.
    </p><p class="article-text">
        La entrada est&aacute; coronada por un gigantesco t&uacute;mulo que recuerda que ah&iacute; murieron cerca de 200.000 personas. Despu&eacute;s, y hasta el horizonte, torres de vigilancia y alambradas. En medio, barracones de madera ennegrecida. Y en el horizonte, la ciudad de Lublin, tan cercana.
    </p><p class="article-text">
        Al final de los barracones hay un edificio en el que destaca una alta chimenea. Nadie tiene que decirnos qu&eacute; significa esa chimenea.
    </p><p class="article-text">
        Estamos solos y vamos recorriendo las dependencias del campo. En muchos de los bloques se conservan las literas, en otro, dentro de jaulas met&aacute;licas se amontonan miles y miles de zapatos. Llegamos al edificio de la chimenea, aislado del resto del campo. Dentro, en perfecto estado, observamos los hornos. Al lado, en un peque&ntilde;o cuarto, una mesa de piedra para autopsias. En la parte de atr&aacute;s del crematorio se ha levantado un mausoleo donde reposan las cenizas de los muertos y un poco m&aacute;s all&aacute; unas grandes ondulaciones del terreno avisan de lo que fue una inmensa fosa com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Volvemos sobre nuestros pasos entre viento y aguanieve y seguimos recorriendo el per&iacute;metro del horror. M&aacute;s barracones, los de las mujeres, los de los ni&ntilde;os. Y al final accedemos a una gran sala de paredes grises con el techo recorrido de peras de ducha. Nos adentramos a&uacute;n m&aacute;s en el silencio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">La rotonda de Zamosc</h3><p class="article-text">
        Zamosc es una ciudad hermosa. Dicen que es la ciudad perfecta, amurallada en forma de estrella. Entrar en la plaza del mercado a trav&eacute;s de sus calles porticadas y contemplar la torre del Ayuntamiento y el colorido de las&nbsp; casas que llaman armenias es un placer para los sentidos. Pero en las afueras, a un kil&oacute;metro aproximadamente, se encuentra la Rotonda (la Rotunda, le dicen ellos).
    </p><p class="article-text">
        Se accede a trav&eacute;s de un paseo arbolado de oto&ntilde;o y sembrado de cruces blancas y l&aacute;pidas con estrellas rojas. Al otro lado est&aacute; el r&iacute;o. Es un edificio de ladrillo, redondo, de una planta y con un solo acceso; una gran puerta de madera vieja en la que a&uacute;n se pueden ver escritas, con la t&iacute;pica graf&iacute;a del Reich, unas cuantas frases en alem&aacute;n. Recuerda a una plaza de toros. A la izquierda, en el interior y al lado de la puerta, hay un peque&ntilde;o espacio en el que crece la hierba rodeada de restos de alambrada, que fue habilitado por los ocupantes nazis como lugar para fusilamientos. El resto del edificio, aparte de la plazuela, es un t&uacute;nel redondo con una sucesi&oacute;n de celdas, hoy ocupadas por placas, recordatorios y homenajes a los muertos.
    </p><p class="article-text">
        En el exterior, tumbas y m&aacute;s tumbas rodean el edificio. Las paredes de ladrillo est&aacute;n ataviadas con peque&ntilde;as placas de cemento en las que figuran nombres, fechas y lugares: Auschwitz, Sobibor, Majdanek, Treblinka&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Paseamos entre las cruces mientras van llegando hijos y nietos de los muertos con flores del d&iacute;a de difuntos. Aqu&iacute;, a diferencia de nuestro pa&iacute;s, no hay lugar para el olvido.
    </p><h3 class="article-text">Auschwitz&nbsp;I</h3><p class="article-text">
        En las afueras de la ciudad de Oswiecim hay un barrio de casas de dos plantas construidas de ladrillo, que antes de la guerra fue un cuartel de la caballer&iacute;a polaca. Hoy es el museo m&aacute;s conocido del Holocausto.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de Majdanek, donde caminamos en soledad, Auschwitz es algo parecido a una romer&iacute;a de turistas. Es complicado aislarse para ver y para pensar.
    </p><p class="article-text">
        En la entrada, en el lugar en el que persiste la reja con la famosa y c&iacute;nica frase del trabajo que nos har&aacute; libres, se acumulan docenas de visitantes con sus c&aacute;maras de fotos. Una vez que se traspasa la barrera humana y se llega a la esquina de las cocinas, donde se situaba la orquesta que marcaba el ritmo de entrada y salida al campo de los prisioneros, ya todo es m&aacute;s f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Intento perderme entre las calles, sorteando gente. Busco espacios a los que a&uacute;n no haya llegado la marea de gente, aunque a medida que avanza la ma&ntilde;ana la cosa se complica.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, creo que de alg&uacute;n modo lo consigo.
    </p><p class="article-text">
        En la calle principal observo unos pin&aacute;culos que sostienen un largo rail de hierro. He llegado al lugar en el que se realizaban las ejecuciones p&uacute;blicas por ahorcamiento. M&aacute;s all&aacute;, entre el Bloque 11, conocido por ser el espacio habilitado para las torturas, y el Bloque 10, encuentro un gran patio de hormig&oacute;n con un muro al fondo adornado de flores en donde se efectuaban los fusilamientos.
    </p><p class="article-text">
        Prosigo mi camino, y dando un rodeo llego a la consabida chimenea. Al lado otra sala di&aacute;fana y terrible como la que encontr&eacute; en Majdanek. Al salir me topo con un pat&iacute;bulo de madera que es posterior al final de la guerra. Desde &eacute;l contempl&oacute; el campo por &uacute;ltima vez, el 16 de abril de 1947, Rudolf Hoess, comandante de Auschwitz, tras el juicio que le conden&oacute; a muerte por cr&iacute;menes contra la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Y desde ah&iacute;, por un rato, contemplo yo, desolado, el mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Auschwitz-Birkenau</h3><p class="article-text">
        Auschwitz II (Birkenau) es la desmesura. Est&aacute; a 3 kil&oacute;metros de Auschwitz I y naci&oacute; para ese delirio que los nazis llamaron &laquo;soluci&oacute;n final&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando atraviesas el arco de acceso, entre las v&iacute;as que se adentran otros dos kil&oacute;metros m&aacute;s en el campo hasta llegar a lo que queda de las c&aacute;maras de gas, lo que ves es una inmensa planicie verde adornada por cientos de chimeneas de ladrillo desnudas, &uacute;nico vestigio de los barracones que entonces all&iacute; estuvieron, y al fondo un hermoso bosque, ahora oto&ntilde;al. Y, sobre todo, muchas, muchas alambradas.
    </p><p class="article-text">
        Miras a un lado, miras al otro, y el campo parece no tener fin. Solamente te sirve como referencia la larga l&iacute;nea que forman las v&iacute;as y los andenes que lo atraviesan, como si de una imaginaria columna vertebral se tratara.
    </p><p class="article-text">
        Birkenau fue la mayor f&aacute;brica de matar de la que los nazis dispusieron. La esperanza de vida para mucha de la gente que llegaba en los convoyes, sobre todo ancianos y ni&ntilde;os, la m&aacute;s de las veces no pasaba de unas cuantas horas. Poco m&aacute;s o menos el tiempo que los m&eacute;dicos de las SS tardaban en seleccionar para la muerte a aquellos que consideraban in&uacute;tiles para el trabajo o para sus absurdos experimentos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a las c&aacute;maras de gas y los crematorios, a diferencia de Majdanek, no existen. Lo que quedan a la vista son ruinas dinamitadas en el vano intento de los nazis por esconder al monstruo.
    </p><p class="article-text">
        Yo tambi&eacute;n quisiera esconderme de mi propia angustia, que crece como un espectro. Me adentro entre los &aacute;rboles y observo el vuelo tranquilo de los p&aacute;jaros.
    </p><h3 class="article-text">Podgorze: la plaza de las sillas</h3><p class="article-text">
        Al sur de Cracovia se encuentra la antigua ciudad jud&iacute;a de Kazimierz, hoy anexionada como barrio a la ciudad monumental. Todav&iacute;a se conservan varias sinagogas.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del r&iacute;o V&iacute;stula, a&uacute;n m&aacute;s al sur, est&aacute; el barrio de Podgorze. A este lugar trasladaron los nazis en 1941 a todos los jud&iacute;os de Kazimierz, hacin&aacute;ndolos tras los muros de lo que llamaron el gueto de Cracovia. Las que hab&iacute;an sido sus casas fueron ocupadas por polacos gentiles (no jud&iacute;os).
    </p><p class="article-text">
        Cuando cruzas el puente y llegas all&iacute; lo primero que encuentras es una plaza sembrada de sillas. En esta plaza eran reunidos en masa los jud&iacute;os a la espera de su deportaci&oacute;n a los campos de exterminio cercanos. Las sillas representan todo aquello que se vieron obligados a dejar atr&aacute;s. Todo lo que no cab&iacute;a en sus maletas in&uacute;tiles.
    </p><h3 class="article-text">La cruz de Katyn</h3><p class="article-text">
        Entre abril y mayo de 1940, tras invadir Polonia desde el este, las tropas sovi&eacute;ticas ejecutaron con un disparo en la cabeza a 22.000 polacos. Entre ellos hab&iacute;a oficiales del ej&eacute;rcito, polic&iacute;as, intelectuales y profesionales de todo tipo. Sus cuerpos fueron enterrados en una inmensa fosa com&uacute;n en el bosque de Katyn, a las afueras de la ciudad rusa de Smolensk.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, por toda Polonia se recuerda ese genocidio con dolorosas cruces de madera plantadas en calles y plazas.
    </p><p class="article-text">
        En una peque&ntilde;a glorieta al pie del Castillo de Wawel se eleva la de Cracovia. Mientras estamos all&iacute;, un hombre desgarbado, con un atuendo en el que se mezclan prendas civiles y militares, se acerca y deposita en silencio la fotograf&iacute;a de carnet de una mujer joven y luego se pierde entre la marea de turistas que bajan de la catedral.
    </p><h3 class="article-text">Face to face</h3><p class="article-text">
        En una de las librer&iacute;as de Auschwitz compro un librito con unos cuantos dibujos que representan la terror&iacute;fica vida cotidiana en el campo. El cuaderno que los inclu&iacute;a fue escondido por un prisionero an&oacute;nimo y apareci&oacute; en una de las dependencias mucho despu&eacute;s, una vez acabada la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Esos mismos dibujos, los originales, me los encuentro junto a otras obras en una emotiva exposici&oacute;n en la ciudad vieja de Cracovia titulada <em>Face to face. Art in Auschwitz</em>. Son pinturas realizadas por artistas prisioneros de toda Europa que los nazis manten&iacute;an vivos para su solaz y su provecho.
    </p><h3 class="article-text">La circunferencia</h3><p class="article-text">
        A&uacute;n no me he ido de Polonia y, alarmado, leo en la prensa que, d&iacute;as antes, una manifestaci&oacute;n de 60.000 nazis de toda Europa ha tomado las calles de Varsovia reclamando un holocausto isl&aacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Sesenta mil nazis. Sesenta mil nazis pugnando por cerrar la circunferencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariano Calvo Haya]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/polonia-pequeno-itinerario-maldad_132_3020929.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Polonia: un pequeño itinerario de la maldad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Safari: matar a un animal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/safari-matar-animal_132_3027633.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75a24d3e-55d9-41e6-aec6-ef7efed70d0a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Safari (Ulrich Seidl, 2016) - Ulrich Seidl Film Produktion GmbH"></p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">«Si un animal matara con premeditación, eso sería un reflejo humano». (Stanisław Jerzy Lec)<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        En el verano del a&ntilde;o 55 a. n. e. se inaugur&oacute; en Roma el impresionante teatro de Pompeyo, el c&oacute;nsul de la Rep&uacute;blica. Con ese motivo se celebraron unos Juegos en los que los romanos pudieron asistir, adem&aacute;s de a representaciones teatrales o actuaciones musicales, a cinco jornadas de caza de animales salvajes en el circo. En la &uacute;ltima de esas jornadas un grupo de hombres armados con lanzas se enfrent&oacute; a unos veinte elefantes. El fil&oacute;sofo y pol&iacute;tico Cicer&oacute;n, que estaba entre los asistentes, relat&oacute; en una carta a un amigo que en aquel espect&aacute;culo &laquo;la plebe alborotada mostr&oacute; gran asombro, pero ning&uacute;n placer&raquo;. Asombro, por ejemplo, ante la precisi&oacute;n de uno de los hombres, cuya lanza atraves&oacute; el ojo y alcanz&oacute; los puntos vitales de uno de los elefantes, que se desplom&oacute; al instante. &laquo;&iquest;Qu&eacute; placer puede hallar un hombre de refinada cultura en que un d&eacute;bil ser humano sea despedazado por una fiera poderosa o en que un noble animal sea atravesado por una lanza?&raquo;, se pregunt&oacute; Cicer&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El escritor y naturalista Plinio el Viejo tambi&eacute;n dio cuenta de ese d&iacute;a de caza en el libro VIII de su <em>Historia Natural</em>. Unas barreras de hierro imped&iacute;an la huida de los elefantes; perdida ya la esperanza de conservar sus vidas, y &laquo;buscando la compasi&oacute;n del p&uacute;blico, comenzaron a suplicar con una actitud indescriptible, llorando por ellos mismos entre lamentaciones, con tan gran dolor del pueblo que, olvid&aacute;ndose del general y de la munificencia desplegada en su honor, se levantaron todos llorando y abrumaron a Pompeyo con imprecaciones que &eacute;l expi&oacute; inmediatamente&raquo;. En la carta a su amigo, Cicer&oacute;n afirm&oacute; que era tan evidente la compasi&oacute;n del p&uacute;blico &laquo;como la idea de que hay alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n entre estos animales y el g&eacute;nero humano&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s, una familia austr&iacute;aca (un hombre, una mujer y sus dos hijos: una chica y un chico) viaja a Namibia para cazar animales. Son algunos de los protagonistas de <em>Safari</em> (2016), un documental del austr&iacute;aco Ulrich Seidl. En la &uacute;ltima jornada el hombre y la mujer avistan con sus prism&aacute;ticos un grupo de jirafas. El espectador apenas intuye su presencia, la c&aacute;mara &uacute;nicamente sigue a los cazadores. El hombre coloca su rifle sobre un soporte fijado al suelo. La precisi&oacute;n es importante. Tras el disparo, un experto que acompa&ntilde;a a la pareja aconseja al hombre bajar el arma: &laquo;Espera&raquo;. Instantes despu&eacute;s da su aprobaci&oacute;n: &laquo;Buen tiro. Un tiro limpio&raquo;. Probablemente la jirafa ha muerto de un &uacute;nico disparo, como el elefante alanceado en el circo de Pompeyo. &laquo;Dale un poco de tiempo. Vale, est&aacute; cayendo. Hay que tener paciencia. Nos acercaremos lentamente. Vamos.&raquo; Entre los arbustos se adivina la figura inm&oacute;vil de la jirafa. &laquo;Est&aacute; muerta.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; muerta. &laquo;Mierda&raquo;. La jirafa, con su cuerpo fijado al suelo, mueve lentamente su enorme cuello arrastrando la cabeza por la tierra. Tiene los ojos abiertos. La mujer y el hombre, rifle en mano, retroceden. El experto recomienda no disparar m&aacute;s. Es cuesti&oacute;n de tiempo. &laquo;Pensaba que se levantar&iacute;a. Estoy nervios&iacute;sima&raquo;, dice la mujer. El experto se acerca a la jirafa y certifica su muerte: &laquo;No quer&iacute;a que volvieras a disparar. Me daba miedo que tuviera una subida de adrenalina y echara a correr&raquo;. &laquo;Felicidades, cazador&raquo;, le dice la mujer al hombre. Se besan. Est&aacute;n emocionados.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la jirafa todav&iacute;a agonizaba, la mujer le dijo al hombre: &laquo;Incre&iacute;ble. Siguen ah&iacute;. &iquest;Por qu&eacute;?&raquo;. Siete jirafas han presenciado los &uacute;ltimos estertores de su compa&ntilde;era. El espectador puede verlas durante toda la escena, est&aacute;n a unos pocos metros, paralizadas. Quiz&aacute; est&aacute;n emocionadas. Quiz&aacute; est&aacute;n llorando como los elefantes acorralados en el circo de Pompeyo. Y la mujer no lo entiende. En esa ignorancia est&aacute; una de las respuestas a por qu&eacute; algunos animales sienten placer al matar a otros con premeditaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/safari-matar-animal_132_3027633.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Safari: matar a un animal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol,Revista Amberes,Caza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Glidden contra la oscuridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/glidden-oscuridad_132_3087692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4f893ff-5d6b-44b3-95bb-657257c1d07e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La dibujante Sarah Glidden. | Alex Stonehill"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dibujante Sarah Glidden acompañó en 2011 a dos amigos periodistas en un viaje por Turquía, Siria e Iraq. Seis años después vería la luz 'Oscuridades programadas', testimonio de la realidad de los refugiados y reflexión sobre el papel del periodismo en los conflictos de Oriente Próximo.</p></div><p class="article-text">
        La dibujante estadounidense Sarah Glidden (Boston, 1980) acompa&ntilde;&oacute; en 2011 a dos amigos periodistas durante un viaje de dos meses por Turqu&iacute;a, Siria e Iraq. El objetivo era descubrir las consecuencias de la guerra de Iraq en Oriente Pr&oacute;ximo en general y en los refugiados en particular. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s ver&iacute;a la luz la novela gr&aacute;fica <em>Oscuridades programadas </em>(Salamandra Graphic, 2017), <a href="http://www.rtve.es/rtve/20170531/sarah-glidden-si-no-buscamos-soluciones-para-refugiados-crisis-va-seguir-empeorando/1556900.shtm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un apasionante testimonio sobre la realidad de los refugiados de la zona y una aguda reflexi&oacute;n sobre el periodismo</a>.
    </p><p class="article-text">
        La narraci&oacute;n comienza en diciembre de 2010, cuando Sarah Glidden decide emprender viaje a Oriente Pr&oacute;ximo junto con sus amigos Alex Stonehill y Sarah Stuteville, fundadores del <em>Seattle Globalist</em>, un medio de comunicaci&oacute;n constituido como organizaci&oacute;n sin &aacute;nimo de lucro, un peri&oacute;dico independiente que busca informar sobre problemas que los medios mayoritarios ignoran. Completa el grupo Dan, amigo de la infancia y excombatiente en Iraq cuya experiencia y visi&oacute;n aporta un punto de vista tan diferente como desconcertante en algunos momentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa &eacute;poca, tres millones de refugiados iraqu&iacute;es habitan en Siria y Jordania. Son poblaciones surgidas de un conflicto que inici&oacute; Estados Unidos pero, tras la elecci&oacute;n de Barack Obama como presidente, los estadounidenses han dejado de lado el conflicto para centrarse en sus propios problemas. Los periodistas buscan conocer el alcance real de la guerra de Iraq y su impacto a trav&eacute;s de testimonios m&aacute;s personales, saber qui&eacute;nes son los refugiados y c&oacute;mo la guerra cambi&oacute; sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Periodistas y medios de comunicaci&oacute;n juegan un papel fundamental en la concienciaci&oacute;n sobre este conflicto y sus consecuencias pero, &iquest;qu&eacute; es periodismo? &ldquo;Todo lo que sea informativo, verificable, responsable e independiente&rdquo;. Los amigos cruzan Turqu&iacute;a en tres d&iacute;as a bordo del Trans Asia Express hasta llegar a la ciudad de Van, donde apartan sus prejuicios y comienzan a descubrir que los refugiados no son pobres y harapientos, sino personas con formaci&oacute;n e incluso de clases pudientes; personas tan normales y corrientes como las occidentales; personas en el lugar equivocado en el momento equivocado.
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        El testimonio de Sam Malkandi es uno de los m&aacute;s significativos de la obra. En principio, Malkandi representa la historia del sue&ntilde;o americano del refugiado, un kurdo iraqu&iacute; que pas&oacute; de estar exiliado en Ir&aacute;n a sufrir una tr&aacute;gica p&eacute;rdida y vivir una d&eacute;cada en campos de concentraci&oacute;n en Pakist&aacute;n a rehacer su vida en EEUU como padre mod&eacute;lico. Sin embargo, tras los atentados del 11-S, su nombre comienza a vincularse Al Qaeda. Aunque este v&iacute;nculo no es demostrado, es perseguido por el gobierno hasta ser finalmente expulsado del pa&iacute;s por motivos de inmigraci&oacute;n, alegando que false&oacute; informaci&oacute;n al solicitar asilo como refugiado.
    </p><p class="article-text">
        Sarah y sus amigos periodistas creen que la expulsi&oacute;n de Malkandi no es otra consecuencia que de las acusaciones, no probadas, de terrorismo. Lo cierto es que hay muchas historias personales y problem&aacute;ticas sociales que muestran una faceta de Iraq y los iraqu&iacute;es apenas recogida por los medios de comunicaci&oacute;n occidentales, m&aacute;s preocupados por los coches bomba o las batallas entre insurgentes y tropas americanas.
    </p><p class="article-text">
        Oriente Pr&oacute;ximo es terreno hostil para los periodistas y Siria no es una excepci&oacute;n. El gobierno controla todos los medios de comunicaci&oacute;n y detiene a los periodistas &ldquo;que sacan los pies del tiesto&rdquo;. La prensa internacional, por su parte, no lo tiene m&aacute;s f&aacute;cil, ya que apenas se conceden visados a periodistas extranjeros, el acceso es muy restringido. Un contacto en la embajada siria de Washington permitir&aacute; a Sarah y sus amigos hacerse con uno de esos visados.
    </p><p class="article-text">
        En Damasco, se entrevistan con m&aacute;s refugiados y conocen iniciativas como el <a href="http://www.iraqistudentproject.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Iraqi Student Project</a>, liderado por Gabe Huck y Theresa Kubasak. Son dos activistas que preparan a estudiantes iraqu&iacute;es para las pruebas de acceso a la universidad de Estados Unidos, as&iacute; como para perfeccionar el ingl&eacute;s y rellenar los formularios de inscripci&oacute;n: &ldquo;No queremos que haya una fuga de cerebros de estudiantes iraqu&iacute;es, sino que alg&uacute;n d&iacute;a quieran volver para ayudar a reconstruir su pa&iacute;s&rdquo;. Se trata de un programa que puede tener un gran impacto, aunque sea para un n&uacute;mero reducido de personas.
    </p><p class="article-text">
        El fin del viaje simboliza para Sarah una extra&ntilde;a y dif&iacute;cil dicotom&iacute;a: en un momento, de recorrer Turqu&iacute;a, Siria o Iraq, rodeada de cientos de personas que han perdido a sus familiares y amigos, que han tenido que dejar sus casas y que ignoran si podr&aacute;n regresar alg&uacute;n d&iacute;a, pasa a coger un avi&oacute;n y retornar a una vida pl&aacute;cida y c&oacute;moda en Estados Unidos, el pa&iacute;s que provoc&oacute; la guerra que oblig&oacute; a esas personas a abandonar sus vidas.
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                </figure><p class="article-text">
        Sarah Glidden salt&oacute; a la fama con su primera obra, el c&oacute;mic <em>Una jud&iacute;a americana perdida en Israel </em>(Norma, 2011), diario de viaje pol&iacute;tico y religioso a Israel, en el que expone su visi&oacute;n sobre el conflicto israelo-palestino. Fue justo antes de este primer &eacute;xito editorial, reconocido con el Premio Ignatz al Mejor Nuevo Talento, cuando realiz&oacute; su viaje a Oriente Pr&oacute;ximo para documentarse de cara a su siguiente trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Como recuerda la propia Glidden en el pr&oacute;logo, <em>Oscuridades programadas </em>responde a un trabajo extremadamente minucioso y complejo, seis a&ntilde;os dedicados a editar y contextualizar cientos de conversaciones registradas en una peque&ntilde;a grabadora. Transformar esas conversaciones en historias para un libro conlleva una p&eacute;rdida de imparcialidad: &ldquo;<em>Es imposible alcanzar la objetividad real en el periodismo narrativo&rdquo;</em>, advierte la autora que, no obstante, declara su predilecci&oacute;n por este g&eacute;nero debido a su capacidad para conectar con los personajes.
    </p><p class="article-text">
        Las acuarelas de Sarah Glidden reflejan una realidad inc&oacute;moda, con la que busca concienciar al lector -especialmente en Estados Unidos- sobre el sinsentido de un conflicto que ocasion&oacute; un da&ntilde;o a&uacute;n lejos de repararse y en el que EEUU, m&aacute;s a&uacute;n con Donald Trump, est&aacute; a&uacute;n lejos de asumir una responsabilidad acorde con el da&ntilde;o causado. Dar a conocer la insostenible situaci&oacute;n de los refugiados y proponer nuevas soluciones es una de sus preocupaciones esenciales.
    </p><p class="article-text">
        Contra la oscuridad que promueven algunos poderes medi&aacute;ticos y frente al sensacionalismo del <em>clickbait</em>, Glidden reivindica un mayor espacio para las historias de calidad, apoyadas por los lectores. <em>Oscuridades programadas</em> evidencia que un periodismo independiente y comprometido es ahora m&aacute;s necesario que nunca, confirmando adem&aacute;s que periodismo y c&oacute;mic pueden complementarse a la perfecci&oacute;n para documentar la realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo García Escudero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/glidden-oscuridad_132_3087692.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Glidden contra la oscuridad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Siria,Turquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una avispa con peluca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/avispa-peluca_132_3100018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/decf176b-c28e-4543-961d-cf8d9cd38f87_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Foto amberes &#039;avispa con peluca&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1974, la casa Sotheby's de Londres subastó un viejo capítulo de 'Alicia a través del espejo' -la novela de Lewis Carroll- que hasta entonces se creía perdido. Con el tiempo, cada vez más voces han puesto en duda su supuesta autenticidad. Esta es su historia.</p></div><p class="article-text">
        En julio de 1974, la casa Sotheby's de Londres anunci&oacute; la inminente subasta de un art&iacute;culo extraordinario. Se trataba de un cap&iacute;tulo perdido de <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo</em>, obra del polifac&eacute;tico autor ingl&eacute;s Lewis Carroll (1832-1898) y continuaci&oacute;n de la alabada <em>Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas</em>, cl&aacute;sico de la literatura infantil. El cat&aacute;logo dec&iacute;a as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>La Propiedad de un Caballero.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>76. DOGDSON (C.L.) &laquo;Lewis Carroll&raquo;. GALERADAS DE UN FRAGMENTO SUPRIMIDO DE </em><em>&laquo;A TRAV&Eacute;S DEL ESPEJO&raquo;, extractos 64-67 y secciones del 63 y el 68, con revisiones autografiadas en tinta negra y nota del autor en tinta p&uacute;rpura acerca de que el amplio pasaje debe ser omitido.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*** El presente fragmento contiene un episodio en el cual Alicia conoce a una avispa malhumorada, incorporando un poema en cinco estanzas, que comienza </em><em>&laquo;Cuando era joven mis tirabuzones se ondularon&raquo;.</em><em> Iba a aparecer a continuaci&oacute;n de </em><em>&laquo;Unos cuantos pasos m&aacute;s la llevaron a la linde del bosque&raquo;</em><em> en la p&aacute;gina 183 de la primera edici&oacute;n. Las galeradas fueron compradas en la venta del mobiliario, los efectos personales y la biblioteca del autor en Oxford en 1898, y aparentemente no se hallan registradas ni publicadas.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La noticia fue todo un acontecimiento para acad&eacute;micos y amantes de la literatura. Las galeradas -pruebas de imprenta- fueron adquiridas por el marchante de libros John Fleming al precio final de 1.700 libras esterlinas. No obstante, una investigaci&oacute;n posterior desvelar&iacute;a que Fleming hab&iacute;a actuado en calidad de agente para Norman Armour Jr., residente en Nueva York, su verdadero destinatario.
    </p><p class="article-text">
        El episodio, bautizado como &laquo;Una avispa con peluca&raquo;, no era un completo desconocido para los admiradores de la obra de Carroll. La primera referencia al mismo se encuentra en la biograf&iacute;a <em>The Life and Letters of Lewis Carroll</em>, de Stuart Dogdson Collingwood -sobrino del escritor-, publicada en 1898. Seg&uacute;n Dogdson, <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo</em> constaba en origen de trece cap&iacute;tulos, de los cuales s&oacute;lo doce alcanzaron la versi&oacute;n definitiva. Las razones para la omisi&oacute;n de &laquo;Una avispa con peluca&raquo; habr&iacute;an sido las objeciones puestas por el ilustrador, John Tenniel, as&iacute; como su inferior calidad en comparaci&oacute;n con el resto de episodios de la novela. La opini&oacute;n de Tenniel aparece expresada en una carta dirigida a Carroll con fecha del 1 de junio de 1870:
    </p><p class="article-text">
        <em>No pretendo ser cruel, pero debo decirle que el cap&iacute;tulo de la avispa no me interesa en lo m&aacute;s m&iacute;nimo, y no veo el modo de ilustrarlo. Si desea abreviar el libro, no puedo evitar pensar, con todo respeto, que ah&iacute; tiene su oportunidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        Fallecido Carroll no se hall&oacute; rastro del texto, raz&oacute;n por la que el esquivo cap&iacute;tulo fue dado por perdido.
    </p><p class="article-text">
        Nunca antes se hab&iacute;an encontrado galeradas de ninguna de las dos novelas protagonizadas por la entra&ntilde;able Alicia. As&iacute; pues, el inter&eacute;s suscitado por el improbable descubrimiento fue may&uacute;sculo. Para decepci&oacute;n de muchos, su celoso propietario prefiri&oacute; no ponerlo a disposici&oacute;n de los especialistas, lo que lo preserv&oacute; del anhelado escrutinio.
    </p><p class="article-text">
        Esta circunstancia no fue &oacute;bice para que Armour accediera a la publicaci&oacute;n del documento en formato facs&iacute;mil con una edici&oacute;n a cargo de la Lewis Carroll Society of North America. De ah&iacute; en adelante, &laquo;Una avispa con peluca&raquo; comenz&oacute; a tener cabida en buen n&uacute;mero de nuevas ediciones, que incorporaron el episodio a la novela original. Del mismo modo, el telefilme <em>Alicia y el espejo m&aacute;gico</em> (John Henderson, 1998) reserv&oacute; una de sus escenas al encuentro entre Alicia y la desapacible avispa. Con todo, el testimonio original continu&oacute; a buen recaudo, y su nueva subasta en Christie's en 2005 -esta vez con un valor aproximado de entre 60.000 y 70.000 d&oacute;lares- no introdujo ning&uacute;n cambio significativo al respecto.
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        La actitud de los sucesivos propietarios ha sido objeto de no pocas especulaciones, algunas de las cuales coinciden en se&ntilde;alar que sus reservas podr&iacute;an obedecer a una falta de confianza en el valor real de su adquisici&oacute;n. Karoline Leach ofrece varios argumentos de peso en favor de esta tesis. De un lado, apunta al nebuloso origen del art&iacute;culo subastado, pues no hay constancia de la venta de los bienes de Carroll en 1898. Dogdson, quien tuvo un acceso privilegiado a los papeles de su t&iacute;o, no encontr&oacute; nada semejante al pol&eacute;mico texto, por m&aacute;s que diera cuenta de su existencia en los momentos previos a la publicaci&oacute;n de <em>Alicia a trav&eacute;s del espejo</em>. Por si esto fuera poco, el que su primer ofertante optara por permanecer en el anonimato tambi&eacute;n ha sido motivo de desconfianza. Asimismo, Leach incide en la deficiente calidad del pasaje, que llega a calificar de &laquo;pastiche de <em>Alicia</em>&raquo; -sobre todo a causa del poema que lo acompa&ntilde;a-, una opini&oacute;n compartida por Tenniel.
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos en favor de su autenticidad, reivindicada por varios expertos -de entre los que sobresale el eminente Martin Gardner-, son tan variados como poco concluyentes. A falta de un an&aacute;lisis minucioso del original -incluidos papel, tinta y caligraf&iacute;a-, habr&aacute; motivos para la controversia, hoy lejos de resolverse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario González-Linares]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/avispa-peluca_132_3100018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Oct 2017 11:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una avispa con peluca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una piedra en el zapato de Henry D. Thoreau]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/piedra-zapato-henry-thoreau_132_3132197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/46e00cfa-97e8-48b7-a3e3-b1ff1b8bf730_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Henry David Thoreau [Daguerrotipo, Benjamin Maxham, 1856]."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Conocido por obras emblemáticas como 'Walden' o 'Del deber de la desobediencia civil', el quehacer poético del pensador estadounidense siempre ha quedado en un segundo plano.</p></div><p class="article-text">
        Este mismo a&ntilde;o, concretamente el pasado 12 de julio, se han cumplido 200 a&ntilde;os del nacimiento del pensador y activista norteamericano Henry David Thoreau. Personaje cuya obra ha&nbsp; venido siendo reivindicada desde posturas (en un principio) un tanto antag&oacute;nicas, las cuales oscilan desde el anarquismo o el ecologismo radical,&nbsp; al patriotismo&nbsp;<em>yankee</em> m&aacute;s conservador (si cabe) y nost&aacute;lgico, pasando por la simpat&iacute;a y adscripci&oacute;n de cierto sector neo-ruralista y consumidor de&nbsp; &uacute;ltimas tendencias. Dos siglos despu&eacute;s, como es l&oacute;gico, su figura ha llegado hasta nuestros d&iacute;as un tanto difusa y mitificada. Puede que estos sean motivos suficientes para comprender esa falta de homogeneidad existente entre algunos de sus m&aacute;s ac&eacute;rrimos seguidores.
    </p><p class="article-text">
        Tal figura suele ser recordada y representada por sus dos obras m&aacute;s famosas; bien la del rebelde y agitador que plant&oacute; cara a su implacable gobierno (<em>La desobediencia civil, </em>1848); o bien como la del hombre que dio la espalda a la civilizaci&oacute;n para encerrarse en una peque&ntilde;a caba&ntilde;a, vivir como un ermita&ntilde;o y disponer s&oacute;lo de los recursos que el propio medio le ofrec&iacute;a (<em>Walden. Life in the Woods, </em>1854). Siendo ciertas ambas representaciones, este misticismo ha tendido a olvidar, por ejemplo, que su insumisi&oacute;n solamente le hizo pasar una noche en la c&aacute;rcel (por fortuna y gracias a su mecenas y mentor Ralph Waldo Emerson ser&iacute;a prontamente liberado) y que la famosa caba&ntilde;a del lago Walden estaba lo suficientemente a mano como para (en caso de extrema necesidad) poder acercarse a por v&iacute;veres al pueblo. Lo que es indiscutible, y principal motivo por el cual su legado permanece vigente a d&iacute;a de hoy, es que Thoreau fue un pionero. Su inconformismo result&oacute; ejemplar, su insumisi&oacute;n al gobierno fue obstinada y decidida. Curioso y estudioso de todo aquello que le rodeaba, antibelicista y adalid de los derechos sociales, incluso vaticin&oacute;, en plena revoluci&oacute;n industrial, que ese nuevo modelo de producci&oacute;n y consumo deterioraba el medio y era a todas luces deshumanizador.
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                </figure><p class="article-text">
        A todo al que le pueda interesar, indagar en el personaje y la obra de Thoreau le resultar&aacute; sencillo, pues aparte de sus propios trabajos, varios son los estudios y acercamientos a su legado, editados en casi todos los idiomas y formatos (cabe resaltar los recientes c&oacute;mics o algunas&nbsp; biograf&iacute;as ilustradas con buen gusto) y disponibles en cualquier librer&iacute;a. Quiz&aacute;s la asignatura pendiente con este autor, al menos en su obra traducida al espa&ntilde;ol, sean sus poemas. Muchos de ellos aparecen intercalados en sus escritos, como apuntes o colofones a ciertos pensamientos; casi como modo de representaci&oacute;n de un lenguaje que de otra forma no hubiera podido plasmar, al menos con la precisi&oacute;n que la libertad del verso le permit&iacute;a. Ciertamente, la obra po&eacute;tica de Thoreau es bastante m&aacute;s extensa de lo que, al menos, el lector en castellano a priori pudiera suponer. A trav&eacute;s de ella,&nbsp; vuelve a reincidir en los m&aacute;s importantes puntos de sus planteamientos en prosa. Algunas voces, incluso, han llegado a situarle (obviamente, salvando las distancias) como&nbsp; predecesor del gran Walt Whitman, dada su apasionada y certera descripci&oacute;n del vasto, y por entonces todav&iacute;a medio a descubrir, continente americano. Sin profundizar demasiado, y usando una breve selecci&oacute;n de sus m&aacute;s representativos poemas, a continuaci&oacute;n intentaremos mostrar algunos ejemplos de esta relaci&oacute;n entre la obra po&eacute;tica y el pensamiento de Henry David Thoreau.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, a excepci&oacute;n de un pu&ntilde;ado de poemas de tono confesional e incluso amoroso (su tormentosa relaci&oacute;n con Ellen Sewall), el eje en el que se apoya principalmente la obra po&eacute;tica de Thoreau es la proyecci&oacute;n de la Naturaleza como ente primario, libre y salvaje; el deleite de su contemplaci&oacute;n, su poder regenerador, su admiraci&oacute;n, respeto e incluso temor.&nbsp; No es casual que el propio t&eacute;rmino sea escrito, en ocasiones, en letras may&uacute;sculas, y el di&aacute;logo que el poeta establece sea directo.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Oh Naturaleza! Yo no pretendo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ser el m&aacute;s elevado en tu coro,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ser meteoro en el cielo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>o el cometa que asciende m&aacute;s alto;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>S</em><em>&oacute;lo viento suave que pueda soplar</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>entre los juncos r&iacute;o abajo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ot&oacute;rgame tu rinc&oacute;n m&aacute;s privado</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Donde pueda hacer correr liviana mi corriente.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En alg&uacute;n apartado lugar, en la pradera sin p&uacute;blico</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>D&eacute;jame hacer sonar, suspirando el junco</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>o en el bosque sobre la hojarasca,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Susurrar a la quietud del atardecer</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>s</em><em>&oacute;lo para poder estar junto a ti</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ofr&eacute;ceme alg&uacute;n trabajo que yo pueda hacer</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pues prefiero ser tu hijo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y disc&iacute;pulo, en el salvaje bosque,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que ser rey de los hombres en cualquier otro lugar,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y el m&aacute;s obediente de tus esclavos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pueda tener un instante de tu amanecer</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>antes que vivir un a&ntilde;o desolado en la ciudad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Nature&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        En la resoluci&oacute;n de este poema nos encontramos con esa confrontaci&oacute;n que Thoreau muchas veces establece entre bosque y ciudad, como met&aacute;foras de libertad y esclavitud respectivamente. Incluso a veces esos pedazos de naturaleza encerrados en la urbe sirven como breve escapatoria.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sobre los elevados arbustos del olmo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el v&iacute;reo canta dulces variaciones</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en los n&iacute;mios d&iacute;as estivales;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>luchando por alzar nuestros pensamientos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>por encima de la calle.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Upon the lofty elm tree sprays&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        En otras ocasiones, son ser humano y progreso quienes irremediablemente entran en contradicci&oacute;n. Una (r)evoluci&oacute;n con la cual Thoreau trata de mantener cierta distancia.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los hombres dicen saber muchas cosas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pues creen haber desarrollado alas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con las artes y las ciencias</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y sus miles de artefactos;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero el viento que los agita</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>es todo lo que conocen.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Men say they know many things&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        O su famosa reflexi&oacute;n sobre el ferrocarril, tan importante en la conquista y posterior desarrollo del oeste americano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Que es el ferrocarril para m&iacute;;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>jam&aacute;s ver&eacute; donde termina.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rellenar&aacute; unos cuantos huecos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>creando refugios para las golondrinas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Acumular&aacute; la arena que ahora sopla</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>donde crezcan los zarzales.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;What's the railroad to me&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el poeta, m&aacute;s all&aacute; de reivindicar el poder absoluto del medio natural, a veces se nos muestra y trata de salir a flote. A pesar de que &eacute;l mismo (e incluso convencido por Emerson, quien luego se retractar&iacute;a) en posteriores &eacute;pocas acabar&iacute;a renegando de su pasado l&iacute;rico, llegando a quemar algunos de sus poemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fui hecho erguido y solitario,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pues en m&iacute; habita el esqueleto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todav&iacute;a es mi visi&oacute;n transparente,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>todav&iacute;a no mi vida deprimente,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hasta el ecuador todo es cercano.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>All&aacute; me siento donde se encuentra mi trono.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si la vejez elige tomar otro asiento</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si la vejez as&iacute; lo determina, dame ventaja,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>toma la savia y abandona el coraz&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;I was made erect and lone&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        O, por ejemplo, en otra de sus m&aacute;s celebradas piezas, de t&iacute;tulo: &lsquo;La tardanza del poeta&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En vano veo alzarse la ma&ntilde;ana,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En vano observo el resplandor de Occidente,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>yo quien distraidamente mir&eacute; hac&iacute;a otros cielos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>imaginando la vida de otra manera.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En medio de tal inagotable riqueza,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>todav&iacute;a estoy solo, pobre por dentro,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los p&aacute;jaros ya han cantado la salida del verano,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuando mi primavera a&uacute;n no ha comenzado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Debiera entonces esperar al viento del oto&ntilde;o,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>oblig&aacute;ndome a buscar un d&iacute;a m&aacute;s apacible,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y no dejar atr&aacute;s nidos extra&ntilde;os,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Pues no resuenan a&uacute;n los bosques en mi canto?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;The Poet's Delay&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo la naturaleza es descrita y admirada como algo ajeno, a veces el propio Thoreau se convierte en parte de ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Soy un manojo de vanos esfuerzos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>por casualidad as&iacute; atados,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>donde las tiras cuelgan libres</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pues fueron anudadas debilmente,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>supongo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para climas apacibles.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Un pu&ntilde;ado de violetas sin ra&iacute;ces,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con acedera mezclado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>alrededor una brizna de paja</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>enrrollada sobre sus brotes;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La ley</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a la cual estoy fijado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Un ramillete que el tiempo ha desprendido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de aquellos hermosos campos de El&iacute;seo,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con hierbajos y tallos rotos, apresurado;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hecho con la muchedumbre derrotada</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>desperdicio</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>del d&iacute;a que recolecta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y aqu&iacute; florezco desapercibido en la escueta hora,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>absorbiendo toda mi savia,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sin raiz sobre la tierra</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que mantenga verdes mis ramas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero a&uacute;n erguido</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sobre una desnuda copa.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Algunos brotes tiernos abandonaron mi tallo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>imitando a la propia vida,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero &iexcl;ah! Los ni&ntilde;os nunca sabr&aacute;n,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>hasta que el tiempo haya marchitado,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la calamidad</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que a ellos mismos ha tocado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero ahora veo que no fui recogido en vano,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y transcurrida una vida en el florero</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de cristal, mientras trataba de sobrevivir,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tra&iacute;do por mano amable,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>estoy vivo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a&uacute;n en ins&oacute;lito lugar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A ese tronco m&aacute;s delgado pronto llegar&aacute; su hora,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y transcurrido otro a&ntilde;o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tal como ella bien sabe, liberado por la brisa,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>m&aacute;s frutos y hermosas flores</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ofrecer&aacute;;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mientras yo aqu&iacute; desvanezco.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Sic Vita&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        O es por el propio autor implorada...
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Nube baja y anclada,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Aire de Terranova.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cabeza de manantial y fuente de r&iacute;os.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pa&ntilde;uelo del roc&iacute;o, cortinaje del sue&ntilde;o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y servilleta extendida por las hadas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pradera a la deriva del viento</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>donde surgen hileras de margaritas y violetas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en cuyo fangoso laberinto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>se escuchan los bramidos y el vadeo de la garza.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Esp&iacute;ritu de los mares, lagos y r&iacute;os</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Traed las fragancias y la esencia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de las hierbas sanadoras</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a los campos de los hombres!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Mist&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        como un elemento de inmortalidad y permanecia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Muera y sea enterrado quien le plazca,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mas yo tengo la intenci&oacute;n de aqu&iacute; permanecer,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pues mi naturaleza brota cada vez m&aacute;s joven;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Entre los pinares primitivos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;Die and be buried who will&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Cerramos esta breve introducci&oacute;n a la poes&iacute;a de Thoreau , dejando reaparecer al hombre, con unos versos que m&aacute;s suenan a epitafio.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi vida ha sido el poema</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que tendr&iacute;a que haber escrito;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero no pude hacer ambas cosas,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>recitarlo y vivirlo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (&lsquo;My life has been the poem&rsquo;)
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Les invito a seguir caminando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Raúl Real]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/piedra-zapato-henry-thoreau_132_3132197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2017 08:58:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una piedra en el zapato de Henry D. Thoreau]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[90%]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/ley-de-sturgeon_132_3115278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f07e150-db80-4dc5-9aef-7b466292a01d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La discusión política.| Émile Friant"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas herramientas de pensamiento para exponer comentarios críticos relevantes y, al mismo tiempo, reprimir la necesidad de discutir sobre cosas irrelevantes.</p></div><p class="article-text">
        En septiembre de 1953 tuvo lugar en Filadelfia la XI Convenci&oacute;n Mundial de Ciencia Ficci&oacute;n (en la que se entregaron por primera vez los Premios Hugo). Entre los participantes se encontraba Ted Sturgeon, que presentaba su novela <em>M&aacute;s que humano</em>. En su intervenci&oacute;n, Sturgeon se&ntilde;al&oacute; que la ciencia ficci&oacute;n era el &uacute;nico g&eacute;nero que era evaluado teniendo en cuenta sus peores ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Cuando la gente habla de la novela de misterio, menciona <em>El halc&oacute;n malt&eacute;s</em> y <em>El sue&ntilde;o eterno</em>. Cuando habla de western, se se&ntilde;alan <em>Camino de Oreg&oacute;n </em>y <em>Shane</em>. Sin embargo, cuando se habla de ciencia ficci&oacute;n, se habla de &ldquo;esas cosas tipo <em>Buck Rogers</em>&rdquo; y dicen que &ldquo;el noventa por ciento de la ciencia ficci&oacute;n es basura&rdquo;. Bueno, tienen raz&oacute;n. El noventa por ciento de la ciencia ficci&oacute;n es basura. De hecho, el noventa por ciento de todo es basura, es el diez por ciento que no es basura lo que importa, y el diez por ciento de la ciencia ficci&oacute;n que no es basura es tan bueno o mejor que cualquier cosa que se haya escrito&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &laquo;ley de Sturgeon&raquo; se condensa en un contundente &laquo;el noventa por ciento de todo es basura&raquo;. Una formulaci&oacute;n similar se encuentra en la primera novela de Rudyard Kipling,<em> La luz que se apaga</em> (1890), cuyo protagonista dice: &laquo;En todas las circunstancias, recu&eacute;rdalo, las cuatro quintas partes del trabajo de todos deben ser malas&raquo;. Los porcentajes var&iacute;an pero la idea de fondo es la misma: la gran mayor&iacute;a de las cosas que se producen son una aut&eacute;ntica basura, ya sean poes&iacute;as, series de televisi&oacute;n, experimentos de f&iacute;sica cu&aacute;ntica, libros de filosof&iacute;a o art&iacute;culos de opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta &laquo;ley&raquo; es una de las que el fil&oacute;sofo Daniel C. Dennett analiza en su libro <em>Bombas de intuici&oacute;n y otras herramientas de pensamiento</em> (2013). M&aacute;s all&aacute; de la cuesti&oacute;n, sin duda banal, del porcentaje de basura que se produce, Dennett se&ntilde;ala que &laquo;en todos los campos se hace un mont&oacute;n de trabajo mediocre&raquo;, y extrae una moraleja: &laquo;Cuando quieras criticar un campo, un g&eacute;nero, una disciplina, una forma de arte... &iexcl;no pierdas tu tiempo, y el nuestro, abucheando a la mierda! L&aacute;nzate contra lo bueno, o d&eacute;jalo en paz&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A cualquiera que est&eacute; familiarizado con las redes sociales no le ser&aacute; dif&iacute;cil comprobar cu&aacute;nta gente (&iquest;el noventa por ciento?, &iquest;cuatro quintas partes?) dedica su tiempo a discutir sobre algo que es basura. Y es que cuando alguien vive en un estado de indignaci&oacute;n permanente es dif&iacute;cil que perciba qu&eacute; merece la pena ser discutido y qu&eacute; no.
    </p><p class="article-text">
        Dennett analiza otra herramienta de pensamiento que es complementaria a la &laquo;ley de Sturgeon&raquo;: las &laquo;reglas de Rapoport&raquo;. El psic&oacute;logo social y te&oacute;rico del juego Anatol Rapoport desarroll&oacute; unas reglas para exponer comentarios cr&iacute;ticos relevantes, que al mismo tiempo pueden servir para reprimir la necesidad que a veces tenemos de discutir sobre cosas irrelevantes (basura):
    </p><p class="article-text">
        Intentar hacer nuestras las ideas que queremos discutir y exponerlas con una claridad e imparcialidad tal que el blanco de nuestra cr&iacute;tica no tenga m&aacute;s remedio que reconocer lo bien que hemos captado su punto de vista.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Elaborar una lista de aquellos puntos en los que estamos de acuerdo con las ideas de nuestro oponente, y mencionar cualquier cosa que hayamos aprendido de ellas.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li></li>
                                    <li>S&oacute;lo cuando hayamos cumplido las dos reglas anteriores estaremos autorizados a decir una sola palabra para refutar o criticar las ideas de nuestro oponente.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Si decidimos aplicar unas reglas tan exigentes es probable que lo hagamos una vez estemos seguros de que esas ideas que queremos discutir realmente merecen nuestro tiempo. Un efecto que probablemente consigamos al usar esta herramienta de pensamiento es que nuestro oponente perciba tanto nuestra atenci&oacute;n a lo que dice como nuestro respeto hacia &eacute;l, lo que sin duda mejorar&aacute; la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En sus <em>Pensamientos</em> (1670), Blaise Pascal ofreci&oacute; una herramienta similar y tan potencialmente efectiva como las &laquo;reglas de Rapoport&raquo;:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Cuando se quiere reprender de manera &uacute;til y mostrar a alguien que se equivoca, es menester observar el lado por el que este considera la cosa, porque ordinariamente es verdadera desde ah&iacute;, de forma que hay que declararle esa verdad, pero descubrirle a la vez el lado por el que resulta falsa. Con eso se contentar&aacute;, pues ve que no se enga&ntilde;aba y que s&oacute;lo le faltaba ver todos los aspectos. Pues bien, uno no se disgusta por no verlo todo, pero no quiere haberse equivocado, lo que tal vez provenga de que el hombre no puede naturalmente verlo todo, y de que tampoco se puede equivocar de manera natural en el aspecto que considera, de la misma forma que las aprehensiones de los sentidos son siempre verdaderas.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de embarcarnos en discusi&oacute;n alguna y de considerar las &laquo;reglas de Rapoport&raquo; o los consejos de Pascal, siempre es recomendable tener presente la &laquo;ley de Sturgeon&raquo; para recordar que &laquo;el noventa por ciento de todo es basura&raquo;. Es el diez por ciento restante el que importa y merece nuestro tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/ley-de-sturgeon_132_3115278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2017 16:02:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Villasol,Revista Amberes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Evasión y juego son las dos palabras clave que me han convertido en músico"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/marco-mezquida-evasion-palabras-convertido_132_3131868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f9928e9-9b00-4202-9232-f9d576cbedd4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El pianista Marco Mezquida en el Rvbicón. | VÍCTOR VÉLEZ"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pianista Marco Mezquida, una realidad indiscutible de la música, participó en la cuarta edición del ciclo 'Raqueros del Jazz' con su trío M.A.P.</p><p class="subtitle">"Lo bueno del sonido es que es puro, no hay ni trampa ni cartón", asegura el joven músico menorquín, que cuenta con más de cincuenta discos en su haber</p></div><p class="article-text">
        Marco Mezquida (Menorca, 1987) ha dejado de ser, a sus 30 a&ntilde;os, una de las grandes promesas del jazz en Espa&ntilde;a para convertirse en una realidad indiscutible. Formado en m&uacute;sica cl&aacute;sica y moderna al mismo tiempo, posee una s&oacute;lida base que le permite expandir su creatividad a trav&eacute;s de la improvisaci&oacute;n libre de dogmas y etiquetas. Su trayectoria es abrumadora: cuenta con m&aacute;s de cincuenta discos en su haber, entre proyectos propios y colaboraciones con otros m&uacute;sicos; ha tocado en m&aacute;s de veinticinco pa&iacute;ses de cuatro continentes; y, adem&aacute;s, es profesor de m&uacute;sica en el Liceu y la ESEM de Barcelona. Su agenda nunca est&aacute; vac&iacute;a. Viene de la Ciudad Condal, se va a Zaragoza y de ah&iacute; a Madrid, pasando antes por Huesca.
    </p><p class="article-text">
        Aprovechando su participaci&oacute;n en la cuarta edici&oacute;n del ciclo Raqueros del Jazz, para hacerle esta entrevista, que tiene lugar momentos antes de que suba al escenario para realizar la prueba de sonido. Le acompa&ntilde;an el baterista Ram&oacute;n Prats y el saxofonista Eduardo Aurignac. Juntos forman M.A.P., el tr&iacute;o de jazz que, antes siquiera de haber sacado su primer trabajo, ya era aclamado por su apabullante directo. El disco estuvo a la altura de las expectativas y fue recibido como un necesario soplo de aire fresco en el panorama jazz&iacute;stico nacional.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su juventud, Mezquida es un tipo con las cosas claras y no se corta al hablar de todos los asuntos que se le plantean, siempre con el aplomo y la madurez que cabr&iacute;a esperar en alguien de m&aacute;s edad. Sabe que es joven, pero tambi&eacute;n a d&oacute;nde va y lo que quiere. La m&uacute;sica es un juego cuyo valor reside ah&iacute;, en jugar sin miedo y sin juicios previos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nunca se pregunta a los m&uacute;sicos por la inmensa cantidad de tiempo que invierten en viajes. &iquest;C&oacute;mo lo afrontas y c&oacute;mo afecta a tu actividad creativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, a los 16 a&ntilde;os decid&iacute; que iba ser m&uacute;sico y, primero, no esperaba estar tan activo y viajando tanto a estas alturas; y, segundo, viajar era una de las cosas que m&aacute;s ilusi&oacute;n me hac&iacute;a. Siempre me ha gustado descubrir ciudades, patear sus calles. Pero es cierto que la cantidad de horas que uno invierte en organizaci&oacute;n de los traslados son much&iacute;simas. Ya dec&iacute;a Duke Ellington que a los m&uacute;sicos no nos pagan por los conciertos, sino por las horas de viajes. Eso es as&iacute;, pero lo vivo con alegr&iacute;a y lo llevo bastante bien, porque vivo para ello y forma parte de nuestro trabajo. Por otro lado, que estemos viajando tanto siempre es buena se&ntilde;al, ya que eso significa que est&aacute;s en activo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&oacute;lo por curiosidad, &iquest;cu&aacute;l es el sitio m&aacute;s ins&oacute;lito en que has tocado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si me permites, vuelvo sobre la anterior pregunta. Cuando empec&eacute; ten&iacute;a como fantas&iacute;a tocar un concierto en Par&iacute;s y uno en Jap&oacute;n. A Jap&oacute;n fui en 2011 y a Par&iacute;s un a&ntilde;o despu&eacute;s y desde entonces no he parado de viajar. He vuelto a ambos sitios, pero tambi&eacute;n he ido por 25 pa&iacute;ses en cuatro continentes. Es una maravilla haber podido tocar en ciudades como Praga, San Francisco o Tokio, o en garitos como el <em>Blue Note</em> de Nueva York. Y el lugar m&aacute;s raro en el que me ha salido un concierto ha sido en el yate privado de un multimillonario suizo, para cinco personas, en Cannes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para entender mejor el trabajo de un m&uacute;sico, es importante conocer su formaci&oacute;n y, por supuesto, sus influencias. H&aacute;blame de ello.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Te resumo: nac&iacute; en 1987 en Mah&oacute;n, una ciudad de Menorca. Soy hijo de dos profesores que, aunque no son m&uacute;sicos ni vengo de familia de m&uacute;sicos, creo que es un detalle significativo. Ellos vieron desde muy pronto que ten&iacute;a facilidad con el ritmo y para sacar melod&iacute;as. Me apuntaron a la Escuela Municipal de M&uacute;sica, donde cont&eacute; con muy buenos profesores. Me hicieron jugar con la m&uacute;sica y ver que era algo que no estaba fuera de mi alcance. Tambi&eacute;n me inculcaron la importancia de la disciplina para llegar a hacer algo, pero siempre entendiendo la m&uacute;sica como un juego.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El peso en tu formaci&oacute;n es cl&aacute;sica o moderna?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son las dos a la vez. Desde el principio ya jugaba a sacar canciones de la radio. Una de las primeras canciones que saqu&eacute; era&hellip; [tararea] &laquo;&iexcl;Ese toro enamorado de la luna!&raquo;, que por aquel entonces estaba de moda. Con 12 a&ntilde;os empec&eacute; el Grado Medio en el Conservatorio, al tiempo que estudiaba m&uacute;sica moderna en la Escuela Municipal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo llegas al jazz? </strong><em>jazz</em>
    </p><p class="article-text">
        El <em>jazz</em> est&aacute; en mi manera de ser, obviamente, pero me considero un m&uacute;sico a secas, alguien que ha estudiado mucho y que disfruta de la m&uacute;sica en general. Es cierto que me interes&oacute; este g&eacute;nero muy pronto, gracias a que mi profesor Suso Gonz&aacute;lez me daba partituras de <em>standards</em> de <em>jazz</em>, con lo que fui familiariz&aacute;ndome con el cifrado y empec&eacute; a improvisar. Luego, con 18 a&ntilde;os me traslad&eacute; a Barcelona a estudiar en la Escuela Superior de Jazz, con lo cual me orient&eacute; m&aacute;s claramente hacia este g&eacute;nero.
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        <strong>Gorka Hermosa, profesor de acorde&oacute;n en el conservatorio, nos hablaba de lo dif&iacute;cil que resulta seguir manteniendo la distinci&oacute;n entre &laquo;m&uacute;sica culta&raquo; y &laquo;m&uacute;sica popular&raquo;,</strong><strong> sobre todo si se observa todo lo ocurrido en este &aacute;mbito durante el pasado siglo. Teniendo en cuenta tu formaci&oacute;n dual, &iquest;podr&iacute;as darnos tu opini&oacute;n sobre ese asunto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No creo que ese tipo de clasificaciones vengan de los compositores, sino que es algo que viene despu&eacute;s y es cosa de la prensa y del p&uacute;blico en general. Lo que s&iacute; tengo claro es que la m&uacute;sica cl&aacute;sica no ser&iacute;a tal si no hubiese bebido tanto de la m&uacute;sica popular, porque &eacute;sta siempre ha estado presente en todos los grandes de la historia (Mozart, Beethoven, Mahler&hellip;). Son gente que ama la m&uacute;sica popular, con una conciencia muy fuerte de su tiempo, y que, por el hecho de haberla extrapolado a un contexto distinto o a un espacio diferente, puede haber tomado ese cariz de &laquo;m&uacute;sica culta&raquo;. Injustamente se sigue poniendo a la m&uacute;sica popular en un lugar en el que est&aacute; exenta de calidad, lo cual es falso. Para un m&uacute;sico, la conexi&oacute;n es b&aacute;sica, porque la m&uacute;sica culta sale de ah&iacute;, de haber escuchado m&uacute;sica de todo tipo, sobre todo popular. Yo me identifico plenamente con esto y es ah&iacute; donde est&aacute; mi caldo de cultivo. El jazz es b&aacute;sicamente m&uacute;sica popular y aunque es cierto que se ha ido sofisticando, no es ajeno a lo popular y los m&uacute;sicos se sirven de ese conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; crees que explica casos como el tuyo, o el del mismo Gorka Hermosa y otros m&uacute;sicos, que, siendo tan j&oacute;venes, presentan una trayectoria impresionante? Pienso, por ejemplo, en herramientas como internet y el acceso inmediato a informaci&oacute;n que antes estaba vedada. </strong>
    </p><p class="article-text">
        En mi caso ha sido la cantidad de horas que me tirado en casa estudiando. Para m&iacute;, eso ha sido una forma de evasi&oacute;n y a la vez un juego. De hecho, creo que evasi&oacute;n y juego son las dos palabras clave que me han convertido en m&uacute;sico. Tambi&eacute;n la disciplina, por supuesto, pero a la vez he sido bastante an&aacute;rquico. He tenido compa&ntilde;eros que han sido m&aacute;s disciplinados y meticulosos en el estudio. Lo m&aacute;s importante para m&iacute; es que nunca he dejado de lado el juego y que gracias a haber encontrado mi escapada fuera de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, m&aacute;s interpretativa, he podido ir explorando otros territorios.&nbsp; Y todo este proceso ha servido para que hoy sea un m&uacute;sico sano: no tengo tendinitis ni dogmas, tampoco soy purista, sino todo lo contrario, pues trato de fijarme en todo y aprender de todo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, es cierto que con internet tenemos al alcance mucha informaci&oacute;n que antes no era tan accesible. Sin embargo, tambi&eacute;n entra&ntilde;a un riesgo contra el que creo que un m&uacute;sico tiene que luchar, que es la dispersi&oacute;n. Y para eso creo que sigue valiendo el m&eacute;todo cl&aacute;sico de estudio, de an&aacute;lisis, de rigor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Uno de los elementos que caracteriza tu propuesta es el lugar que en ella ocupa la improvisaci&oacute;n. Es corriente pensar que se trata de mero caos. &iquest;Podr&iacute;as aventurar una definici&oacute;n a partir de tu propia experiencia de lo que significa la improvisaci&oacute;n para ti? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La improvisaci&oacute;n es el juego de la composici&oacute;n instant&aacute;nea. Cuando estoy improvisando, estoy componiendo. Yo visualizo la curva que quiero darle, no hay ning&uacute;n caos. Son el conocimiento del terreno y las horas de vuelo los que te permiten hacerlo. No deja de ser un juego, porque no es, por lo menos <em>a priori</em>, algo tan serio como componer una sonata, pero tambi&eacute;n es un universo complejo que merece toda la atenci&oacute;n y el estudio. Insisto, quien se permite improvisar es la persona que gusta del juego de componer al momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tiene mucho de oficio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiene mucho de proceso; y algo de oficio, claro, pero tambi&eacute;n improvisa una persona cuando va por la calle o cuando est&aacute; hablando.&nbsp; No es caos, es sencillamente ir tomando decisiones y, cuanto m&aacute;s conocimiento y experiencias tengas, mejor te podr&aacute;s mover.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Porque, &iquest;de qu&eacute; va la m&uacute;sica? &iquest;Es contar historias, crear sensaciones, enviar un mensaje?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica es la maravillosa experiencia de transmitir las emociones, los sentimientos, sin necesidad de recurrir a las palabras. Significa conectar con uno mismo para poder ofrecer un estado, un mensaje. Lo bueno del sonido es que es puro, no hay ni trampa ni cart&oacute;n. No necesitas saber m&uacute;sica para que te llegue lo que hago. Piensa, si quieres, en las posibilidades de enga&ntilde;ar que tiene un orador que maneje bien las palabras. Yo trato de convocar con mi m&uacute;sica, trato de que cada concierto genere esa evocaci&oacute;n que sugiera unas sensaciones a cada oyente. Eso es subjetivo, porque cada uno la recibe de una manera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces, &iquest;es un t&oacute;pico que para disfrutar la m&uacute;sica haya que entenderla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Totalmente. Lo mismo ocurre con una puesta de sol, que puedes disfrutar sin necesidad de plantearte el movimiento de traslaci&oacute;n de la Tierra. Saber mucho, en este caso te puede hacer disfrutar m&aacute;s, pero tambi&eacute;n menos. No espero que el p&uacute;blico sea experto en nada. Lo &uacute;nico que espero -y creo que lo voy logrando- es que la gente se siente y que, sin saber nada de ti, con tu actitud, con tu saber estar, no se lleve la impresi&oacute;n de que est&aacute; ante un ni&ntilde;ato y se quiera ir del concierto, sino que se quede a ver qu&eacute; pasa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo afrontas la creaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me siento hermanado con los compositores del siglo XVIII. Eran m&uacute;sicos muy completos, que compon&iacute;an, improvisaban e interpretaban m&uacute;sica. Eso es algo que, a medida que avanzaba el siglo XIX y XX, con los conservatorios y dem&aacute;s, se ha ido especializando. Creo que esto supuso, en alg&uacute;n sentido, la ruina de muchos m&uacute;sicos, porque el compositor apenas toca, el int&eacute;rprete apenas compone. No quiero decir que composici&oacute;n, por ejemplo, no merezca una especializaci&oacute;n, pero creo que se pierde mucho cuando el compositor deja de jugar al piano. En mi caso, doy mucha importancia a la improvisaci&oacute;n, pero no dejo de estudiar m&uacute;sica, de interpretar cl&aacute;sica y de componer mis peque&ntilde;as piezas, que no tienen la adrenalina de la improvisaci&oacute;n ni la envergadura de una sinf&oacute;nica, pero la sensaci&oacute;n es muy placentera y es, por lo dem&aacute;s, algo que siento que necesito. Trato de mantener viva esas tres facetas, porque tambi&eacute;n es un modo de estar sano. Si me dedicase solo a improvisar o a interpretar, me faltar&iacute;a la parte creativa sosegada, y si fuera al rev&eacute;s, me faltar&iacute;a el juego.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Crees que, a nivel general y en perspectiva hist&oacute;rica, la m&uacute;sica predominantemente instrumental se ve lastrada por una falta de educaci&oacute;n musical extendida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; lo creo. Falta un poco de educaci&oacute;n musical y un poco de cultura que te lleve a acercarte a propuestas de tipo instrumental. M&aacute;s que nada porque este tipo de m&uacute;sica tambi&eacute;n te puede cantar, sin necesidad de que haya un/a vocalista. Desde muy pronto me sent&iacute; atra&iacute;do por propuestas de este tipo, as&iacute; que no siempre he necesitado que hubiese un gu&iacute;a claramente definido. Por otra parte, la m&uacute;sica instrumental puede ser igualmente narrativa, e incluso a veces es hasta mejor, porque deja m&aacute;s poder al oyente para participar aportando su propio bagaje, sus propias im&aacute;genes. Tambi&eacute;n creo que ha habido un cambio en la forma de relacionarse con la m&uacute;sica, sobre todo respecto a generaciones anteriores, como la de mis padres, para las que era un bien muy preciado, lo cual se traduc&iacute;a, por ejemplo, en comprar un vinilo, escucharlo muchas veces, ir a un concierto, etc. Se ha ido perdiendo el valor intr&iacute;nseco de la m&uacute;sica como algo que te ayuda a crecer como persona. Ahora veo que est&aacute; todo m&aacute;s ligado al consumo, que todo es m&aacute;s fr&iacute;volo y m&aacute;s banal. Es el hilo musical de fondo, que se convierte en un ruido permanente, sin lugar para los silencios. Y no s&oacute;lo pasa en la m&uacute;sica, sino en el arte en general. Sentarse sin prisa ante una pintura y dejarse seducir, que te remueva&hellip; Bueno, yo es que soy muy rom&aacute;ntico y me imagino perfectamente en el siglo XIX sin escuchar m&uacute;sica durante una o dos semanas y luego ir al concierto que toque ese mes a quedarte alucinado.
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        &nbsp;<strong>Cambiemos de tercio, si te parece, y volvamos sobre tu trayectoria. A estas alturas llevas m&aacute;s de cincuenta discos grabados, entre propios y colaboraciones, has tocado en muchos lugares y has participado -y participas- en muchos proyectos. No obstante, quiero preguntarte por el tr&iacute;o con el que tocas en el ciclo </strong><strong>Raqueros del Jazz</strong><strong>, M.A.P. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; la agrupaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El proyecto surgi&oacute; gracias a un cr&iacute;tico y escritor que se llama Jes&uacute;s Gonzalo, que adem&aacute;s es un mel&oacute;mano. Despu&eacute;s de un concierto de Ernesto Aurignac (saxo alto), sugiri&oacute; la idea de que form&aacute;ramos un tr&iacute;o junto a Ram&oacute;n Prats (bater&iacute;a). Ram&oacute;n y yo hab&iacute;amos tocado juntos en otros proyectos y, adem&aacute;s, viv&iacute;amos en Barcelona; Ernesto estaba en M&aacute;laga, pero tambi&eacute;n nos conoc&iacute;amos. El encuentro fue f&aacute;cil y vimos muy pronto que pod&iacute;a funcionar. Aportamos varias ideas, desde distintas influencias (jazz, improvisaci&oacute;n, l&iacute;rica, cl&aacute;sica&hellip;), y se gener&oacute; un buen sonido. Congeniamos, trabajamos y de ah&iacute; sali&oacute; el primer disco, <em>M.A.P</em>. (Mezquida, Aurignac, Prats) [2016], que es el que estamos presentando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Disco que ha sido saludado con mucho j&uacute;bilo por la cr&iacute;tica</strong><strong>. &iquest;Qu&eacute; se va a encontrar quien se lo lleve a casa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las composiciones, se reparten entre nuevas y rescatadas, aunque en este caso les hemos dado una vuelta. Yo creo que es un disco muy vital y alegre, nada oscuro ni pretencioso. Creo que traduce bien la vitalidad de tres j&oacute;venes en torno a los treinta a&ntilde;os, lo cual hace que sea vers&aacute;til, con un buen reparto entre la improvisaci&oacute;n y la composici&oacute;n; es variado, no tiene un &uacute;nico color. Lo importante es que cada composici&oacute;n nos da un trampol&iacute;n para jugar, para versionar y hacer que siempre suene diferente y fresca. Porque en el <em>jazz</em>, que se tiende hacia la estandarizaci&oacute;n, esto ayuda a que las piezas se mantengan vivas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Est&aacute;is pensando ya en un segundo trabajo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que estamos componiendo ya alguna cosa con vistas a grabar, aunque no creo que llegue de manera inminente. Como te digo, este repertorio todav&iacute;a tiene mucho recorrido y da mucho juego. Tambi&eacute;n queremos presentarlo en m&aacute;s sitios. Como somos bastante inquietos, siempre van surgiendo nuevas ideas y variaciones seg&uacute;n el contexto en el que nos toque. Por ejemplo, aqu&iacute; [Raqueros de Jazz] vamos a tocar todo el repertorio hilado, sin pausas entre canci&oacute;n y canci&oacute;n. Nos gusta dejarnos influir positivamente por esos factores externos para experimentar, porque no es lo mismo tocar en un auditorio para quinientas personas, donde no ves al p&uacute;blico, que en un bar peque&ntilde;o casi en ac&uacute;stico y con un piano vertical.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; percibes en el p&uacute;blico cuando est&aacute;s en el escenario?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que el p&uacute;blico conecta. Ve a tres personas marcadamente diferentes, pero que, al cerrar los ojos, conectamos entre nosotros y se nota que nos dejamos la piel para que la m&uacute;sica fluya. Y cuando esto pasa&hellip; es lo que te dec&iacute;a antes, no hay trampa ni cart&oacute;n. No es algo muy sesudo, pero tampoco banal. Hay mucho juego y eso se transmite.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Brevemente y teniendo en cuenta tu experiencia tanto como m&uacute;sico como docente en el Liceu de Barcelona y la Escuela Superior de Estudios Musicales, &iquest;en que situaci&oacute;n est&aacute; el jazz en Espa&ntilde;a?</strong><em>jazz</em>
    </p><p class="article-text">
        El panorama actual es bastante f&eacute;rtil. Hay afici&oacute;n, hay cantera y hay escuelas que ofrecen un t&iacute;tulo superior, lo cual permite hacer una carrera con todas sus formalidades. S&oacute;lo en Barcelona hay cuatro escuelas superiores de m&uacute;sica moderna, en las que el <em>jazz</em> juega un papel clave. Esto es muy importante, adem&aacute;s de que viene a complementar muy bien la parte acad&eacute;micamente m&aacute;s conservadora de los estudios tradicionales de conservatorio. Como digo, es un panorama muy rico, con muchos buenos m&uacute;sicos, que est&aacute;n sacando discos cada a&ntilde;o; con j&oacute;venes cada vez mejor preparados y con mucho talento; y tambi&eacute;n hay escenas jazz&iacute;sticas en muchas ciudades. &iquest;El problema? Lo de siempre: falta visibilidad, mayor entusiasmo por parte de la sociedad a la hora de querer descubrir nuevas propuestas, m&aacute;s apoyo y m&aacute;s reconocimiento de esta labor. Y esto independientemente de las etiquetas, que me da igual que sea <em>jazz </em>o sea cualquier otra cosa. Tenemos que potenciar esa curiosidad en la gente. Porque, f&iacute;jate, estoy seguro que despu&eacute;s de ver un concierto nadie vuelve ofuscado a su casa. Y son importantes esas peque&ntilde;as escenas locales, que est&aacute;n cercanas y alcance de la mano.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los m&uacute;sicos, soy muy consciente de que han bajado las condiciones, pero a la vez, tambi&eacute;n hay m&aacute;s posibilidades para formarse y tener una buena base. Y no hay que olvidarse de los que nos precedieron y todo lo que tuvieron que trabajar para realizar sus proyectos. Hay una buena hermandad entre nosotros, entre las distintas generaciones; esa buena sinton&iacute;a se transmite al p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para acabar, &iquest;qu&eacute; significa ser un pianista de o en el siglo XXI?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues la verdad es que no lo s&eacute;. Ya te lo dir&eacute; en el siglo XXII.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Keruin P. Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/marco-mezquida-evasion-palabras-convertido_132_3131868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 16:43:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Evasión y juego son las dos palabras clave que me han convertido en músico"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Santander,Jazz,Revista Amberes,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paco Roca: "Me gustaría narrar de otras maneras, encontrar una nueva forma de expresión en primera persona"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/paco-roca-gustaria-encontrar-expresion_132_3161064.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f56668ac-ab35-4d75-87b0-396e2623df06_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El dibujante valenciano Paco Roca. | REVISTA AMBERES"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autor de cómics e ilustrador, Paco Roca (Valencia, 1969) obtuvo el Premio Nacional de Cómic 2008 por la novela gráfica 'Arrugas'</p><p class="subtitle">Responsable de 'El invierno del dibujante' o 'Los surcos del azar', acaba de publicar 'Confesiones de un hombre en pijama', con la que cierra una trilogía</p></div><p class="article-text">
        Paco Roca (Valencia, 1969) es autor de c&oacute;mic e ilustrador. Los inicios de su carrera profesional estuvieron enmarcados en el &aacute;mbito de la publicidad, aunque no por ello renunciar&iacute;a a su verdadera vocaci&oacute;n: el tebeo. Sus primeras historias como dibujante encontraron acomodo en las p&aacute;ginas de revistas especializadas y en forma &aacute;lbumes como <em>El juego l&uacute;gubre</em> (2001) o <em>El Faro</em> (2004).
    </p><p class="article-text">
        En 2007 public&oacute; <em>Arrugas</em>, novela gr&aacute;fica por la que fue galardonado con el Premio Nacional de C&oacute;mic 2008. De entre su obra destacan los t&iacute;tulos <em>El invierno del dibujante</em> (2010), <em>Memorias de un hombre en pijama</em> (2011), <em>Los surcos del azar</em> (2013) y <em>La casa</em> (2015). En 2011 ilustr&oacute; <em>La metamorfosis</em>, de Franz Kafka.
    </p><p class="article-text">
        Su obra ha sido adaptada al cine en formato de animaci&oacute;n, como ya sucediera con <em>Arrugas </em>(Ignacio Ferreras, 2011), por la que obtuvo el Goya al Mejor Gui&oacute;n Adaptado, y de nuevo con <em>Memorias de un hombre en pijama</em> (Carlos Fern&aacute;ndez de Vigo, 2017), que cuenta con Ra&uacute;l Ar&eacute;valo en el papel protagonista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De d&oacute;nde proviene tu pasi&oacute;n por el c&oacute;mic?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como a todos los cr&iacute;os, me encantaba dibujar, y en mi casa la verdad es que hab&iacute;a bastantes tebeos de Bruguera. Mi hermano mayor ten&iacute;a muchos c&oacute;mics de <em>Mortadelo</em>, de <em>Zipi y Zape</em> y de todas sus revistas.
    </p><p class="article-text">
        Desde el principio me interes&oacute; dibujar y contar historias: me gustaba tanto una cosa como la otra. Me gustaba tambi&eacute;n la animaci&oacute;n, los dibujos animados, pero l&oacute;gicamente el hacerlos no est&aacute; al alcance de cualquier ni&ntilde;o. As&iacute; que acab&eacute; yendo por este camino en el que pod&iacute;a desarrollar esas dos cosas -contar historias y dibujar- y unirlas.
    </p><p class="article-text">
        No me alargo demasiado, pero creo que todav&iacute;a se mantiene el motivo por el que me gustaba hacer c&oacute;mics. Soy de la generaci&oacute;n a la que <em>La Guerra de las Galaxias</em> le marc&oacute; mucho, y como era un tiempo en el que no pod&iacute;as ir al cine todos los d&iacute;as ni ver la pel&iacute;cula cuando quisieras -porque a saber cu&aacute;ndo la emit&iacute;an por televisi&oacute;n-, la &uacute;nica forma que tuve de hacerla m&iacute;a y de volver a revivir lo que a m&iacute; me hab&iacute;a parecido especial fue dibujarlo. En cierta forma, esa motivaci&oacute;n de revivir por medio del c&oacute;mic lo que para m&iacute; es especial sigue estando presente. Es una forma de reflexionar, de hacer m&iacute;a una historia o de revivir momentos que son felices o a veces tristes, como en <em>La casa</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aunque estudiaste Artes y Oficios en Valencia, te consideras un artista autodidacta. &iquest;Qu&eacute; proceso de aprendizaje seguiste hasta configurar una identidad propia como autor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que casi todos los autores de cierta generaci&oacute;n somos autodidactas. Yo estudi&eacute; en dise&ntilde;o gr&aacute;fico como dices, en donde nos form&aacute;bamos en ilustraci&oacute;n y tuvimos una asignatura de historia del c&oacute;mic durante un a&ntilde;o. Entonces, m&aacute;s o menos, pude leer algo, ver un poco c&oacute;mo funcionaba la profesi&oacute;n de dibujante. Pero sobre todo fue gracias a los amigos con los me fui juntando all&iacute; y con los que compart&iacute;a unas mismas aficiones, que en ese momento eran las relacionadas con el c&oacute;mic. Lo que uno no le&iacute;a, lo le&iacute;a el otro, y esa fue realmente la escuela de c&oacute;mic, en la que durante cinco a&ntilde;os le&iacute; much&iacute;simo y cosas muy diferentes. Tambi&eacute;n vi mucho cine y dem&aacute;s, pero creo que esa parte es muy importante: meterte en fanzines, conocer a gente que hab&iacute;a en ese momento en Valencia, a los autores de la Escuela Valenciana, a Mique Beltr&aacute;n, a Micharmut, a Sento.
    </p><p class="article-text">
        Digamos que todo eso para m&iacute; fue fundamental, y luego todo lo que t&uacute; haces por tu lado. Creo que este tipo de profesiones -como el cine, la literatura y el c&oacute;mic- tienen mucho de leer, de ver, de conocer tu medio y, sobre todo, de levantar la cabeza de tu medio y ver c&oacute;mo otras disciplinas que se enfrentan a lo mismo, que es contar historias, utilizan sus herramientas. De eso se aprende mucho. En mi caso ha sido un poco conocer el medio, conocer otros medios y el posicionarme, es decir, el saber qu&eacute; tipo de historias quiero contar o c&oacute;mo veo la vida. Imagino que eso va unido un poco a la madurez de cada uno como persona. Vas cambiando tus gustos: al principio te interesa una cosa y luego te pueden gustar g&eacute;neros, volverte m&aacute;s reflexivo o que te interesen otro tipo de temas. Creo que, seg&uacute;n vas madurando como persona, tambi&eacute;n van madurando tu estilo y tu forma de hacer c&oacute;mics.
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        <strong> Debutaste en la revista Kiss Comix en 1994 y desde all&iacute; diste el salto a la legendaria El V&iacute;bora. &iquest;C&oacute;mo fueron aquellos primeros a&ntilde;os de trayectoria?</strong><em>Kiss Comix</em><em>El V&iacute;bora</em>
    </p><p class="article-text">
        Los recuerdo muy bien porque fueron muy entra&ntilde;ables. Yo ven&iacute;a de la publicidad, en la que hab&iacute;a estado trabajando desde los diecisiete a&ntilde;os haciendo <em>storyboards</em>, ilustraci&oacute;n... Luego mont&eacute; mi propio estudio, pero estaba ya muy agobiado de lo que eran el ritmo y la mentalidad de la publicidad. Acabas haciendo cosas que no compartes, y quer&iacute;a recuperar mi sue&ntilde;o infantil, que era dibujar c&oacute;mics, pero ya hab&iacute;an desaparecido pr&aacute;cticamente todas las revistas que hab&iacute;a en los ochenta. Solamente quedaban <em>El V&iacute;bora</em> y <em>Kiss</em>.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El V&iacute;bora</em> era muy complicado entrar, porque hab&iacute;a much&iacute;simos autores nacionales e internacionales; el <em>Kiss</em> era m&aacute;s sencillo. Entonces prob&eacute;, hice unas p&aacute;ginas y encajaron bien, porque m&aacute;s o menos me ped&iacute;an lo mismo que en publicidad. Yo hac&iacute;a un tipo de ilustraci&oacute;n que era muy realista. Empec&eacute; trabajando con aer&oacute;grafo y luego me pas&eacute; al ordenador, y era todo como muy volum&eacute;trico, lo que encajaba muy bien en las cosas que hac&iacute;a para Famosa. Trabajaba haciendo los Pinypon, Nenuco y todo esto, y todo ten&iacute;a que ser blandito y volum&eacute;trico. Eso encajaba tambi&eacute;n perfectamente con lo que me ped&iacute;an en <em>Kiss Comix</em>, que era que las chicas fueran voluminosas, volum&eacute;tricas, que se pudiesen tocar. Empec&eacute; ah&iacute; y creo que fue el gran salto.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ese momento ten&iacute;a mil proyectos que jam&aacute;s terminaba. Empezaba uno y lo dejaba, hac&iacute;a el dise&ntilde;o de personajes, probaba diferentes estilos -&laquo;ahora voy a hacer la p&aacute;gina con pincel&raquo;, &laquo;con plumilla&raquo;, &laquo;ahora a l&aacute;piz&raquo;-; pero cuando tienes un encargo, se te quita la tonter&iacute;a. Ya es &laquo;bueno, pues ya est&aacute;, tengo que entregar tal d&iacute;a, as&iacute; que esto es lo que tengo que hacer&raquo;. Y no es lo mejor. Posiblemente esas p&aacute;ginas las hubiese roto y las hubiese seguido haciendo, pero tener una fecha te obliga a ser profesional. Al final te vuelves profesional por eso, por tener una fecha de encargo.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; fue muy &uacute;til conocer a gente dentro de la revista. De ah&iacute; di el paso a <em>El V&iacute;bora</em>, y tambi&eacute;n fue un poco ir probando cosas: el estilo, la narrativa, hacia d&oacute;nde quieres ir. Por eso fue una &eacute;poca muy importante para m&iacute;, y la gente de <em>El V&iacute;bora</em> era encantadora.
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        &nbsp;<strong>Despu&eacute;s del lanzamiento de varios &aacute;lbumes e historias breves, publicas Arrugas, por la que recibes el Premio Nacional de C&oacute;mic de 2008. &iquest;Qu&eacute; represent&oacute; para tu carrera la obtenci&oacute;n de este reconocimiento?</strong><em>Arrugas</em>
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo cambi&oacute; mi vida. Hasta ese momento, todo lo que hab&iacute;a hecho hab&iacute;a pasado bastante desapercibido. Segu&iacute;a trabajando en publicidad. Trabajaba media jornada en publicidad y media jornada haciendo c&oacute;mics, y a partir de <em>Arrugas</em> pude vivir &uacute;nicamente de los c&oacute;mics. Tambi&eacute;n logr&oacute; lo que todos queremos en cierta forma, el tener una especie de foco encima de ti que hace que todo lo que produces sea m&aacute;s o menos medi&aacute;tico. Es muy frustrante estar trabajando durante a&ntilde;os en un libro -sea lo que sea- y que luego pase desapercibido en la librer&iacute;a, que est&eacute; un mes como novedad, desaparezca, y ah&iacute; acabe todo. Sin embargo, gracias a <em>Arrugas</em>, todo lo que he hecho despu&eacute;s, e incluso lo que hab&iacute;a hecho antes y fue reeditado, se vendi&oacute; mucho m&aacute;s de lo que se hab&iacute;a vendido hasta entonces. A partir de ah&iacute; siempre he tenido mucha atenci&oacute;n cada vez que he sacado algo, y eso ha hecho que mi trabajo tenga much&iacute;sima m&aacute;s visibilidad. Tambi&eacute;n es verdad que <em>Arrugas</em> me ha posicionado en un lugar en el que puedo hacer m&aacute;s o menos lo que quiero y al ritmo que quiero. <em>Arrugas</em> trascendi&oacute; el mundo del c&oacute;mic, y eso hizo que mis fronteras se abriesen mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que es el p&uacute;blico habitual de tebeos, que es muy limitado.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Arrugas</strong></em><strong>, El invierno del dibujante, Los surcos del azar, La casa... La memoria parece ocupar un lugar de excepci&oacute;n en tu trabajo. Pero adem&aacute;s del recuerdo del pasado hist&oacute;rico y sentimental, &iquest;cu&aacute;les dir&iacute;as que son los temas fundamentales que recorren tu obra?</strong><em>El invierno del dibujante</em><em>Los surcos del azar</em><em>La casa</em>
    </p><p class="article-text">
        Creo que en el fondo siempre son las mismas historias. Dicen que los autores s&oacute;lo tienen un tema, y en cierta forma es as&iacute;. Acabas contando una y otra vez lo mismo, o bien hablando de la memoria, o bien con los mismos personajes. Siempre son personajes que luchan estoicamente ante una adversidad que no pueden superar, pero que lo hacen dignamente. Y eso ocurre con el personaje de Emilio y el alzh&eacute;imer. Sabe que no hay victoria sobre eso, pero &eacute;l va a luchar y lo va a hacer con dignidad hasta el final. Ocurre con <em>El invierno del dibujante</em>, con esos dibujantes que luchan contra una dictadura y contra una gran editorial y pierden, pero que lo han intentado y lo han hecho dignamente. Ocurre en <em>Los surcos</em>,&nbsp;en cierta manera tambi&eacute;n en <em>La casa</em>. Creo que se va repitiendo siempre. Puedo adornarlo, puedo vestirlo de diferentes maneras, pero siempre estoy hablando, por un lado, de la b&uacute;squeda de la identidad, y por otro, de ese tipo de personajes un poco quijotescos que siempre luchan contra algo superior a ellos, pero aunque sepan que van a perder, lo hacen con dignidad.
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        <strong>La documentaci&oacute;n tiene un enorme peso en tu trabajo, como ponen de manifiesto las obras El invierno del dibujante o Los surcos del azar. &iquest;Qu&eacute; problem&aacute;ticas enfrentas como narrador en el conflicto entre realidad y ficci&oacute;n?</strong><em>El invierno del dibujante</em><em>Los surcos del azar</em>
    </p><p class="article-text">
        Depende de qu&eacute; tipo de historia sea. S&iacute; es verdad que hay un punto en el que tienes que equilibrar ambas cosas. Tienes que hacer una historia interesante y, al mismo tiempo, ser riguroso con lo que est&aacute;s contando, con lo cual a veces debes tomarte ciertas licencias o novelar las cosas sali&eacute;ndote un poco de lo que sabes que es real. Ah&iacute; existe un peque&ntilde;o margen en el que moverte.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en el caso de <em>Los surcos del azar</em>, me di poco margen para la ficci&oacute;n, al menos en la parte sobre el pasado -sobre lo que era La Nueve-, e intent&eacute; ce&ntilde;irme mucho a la realidad, aunque perdiese &eacute;pica. Y de hecho no me importaba eso: si el protagonista es el ayudante de una secci&oacute;n, nunca va a estar en un sitio donde esa secci&oacute;n no estuviese. Hab&iacute;a acciones de La Nueve que eran interesantes y &eacute;picas, pero no las met&iacute; porque mi protagonista no estaba en la misma secci&oacute;n que esos otros componentes de La Nueve. La entrada en Par&iacute;s, por ejemplo, no es para nada &eacute;pica. No pegan pr&aacute;cticamente ni un tiro, y el &uacute;nico tiro que pegan es fuego amigo. Podr&iacute;a haber metido algunas cosas, y de hecho hay teor&iacute;as sobre formas m&aacute;s &eacute;picas en que La Nueve entr&oacute; en Par&iacute;s, pero me parec&iacute;a que ten&iacute;a que ce&ntilde;irme mucho a la realidad aunque perdiese novelizaci&oacute;n. Quer&iacute;a estar m&aacute;s cerca del documental que de una obra a lo <em>Haza&ntilde;as B&eacute;licas</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en otras, como <em>El invierno del dibujante</em>, puedes especular un poco m&aacute;s, novelar en cierta forma lo que ocurri&oacute; con los personajes, porque pr&aacute;cticamente todo se reduce a lo que t&uacute; crees y a la opini&oacute;n de cada uno de ellos. Pero s&iacute; que es verdad que siempre es un problema: tienes que sopesar las dos cosas, ver con qu&eacute; te quedas o qu&eacute; parte le va a interesar m&aacute;s al lector y con qu&eacute; otra parte piensas que tienes que ser fiel a la realidad.
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         Tambi&eacute;n te das cuenta de que la historia no son matem&aacute;ticas, de que no es una &uacute;nica historia. En ciertas cosas puedes llegar a una m&aacute;xima, a un &laquo;esto es as&iacute;&raquo;, pero en la mayor&iacute;a de los casos nunca hay un acuerdo. De hecho, lo vemos continuamente en algo tan cercano como la Guerra Civil espa&ntilde;ola. A pesar de que hay datos objetivos, es imposible que los historiadores se pongan de acuerdo en cosas muy b&aacute;sicas. Todav&iacute;a te encuentras con defensores del golpe de Estado, detractores del golpe de Estado, de alg&uacute;n bando, revisionistas... Y parece que cualquiera puede dar su opini&oacute;n. Est&aacute; claro que hay historiadores serios y otros que no lo son, pero comprendes que la historia no es una ciencia exacta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; lugar ocupa la ilustraci&oacute;n en tu desempe&ntilde;o profesional? &iquest;Qu&eacute; diferencias encuentras entre tu labor como historietista y tu trabajo como ilustrador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La diferencia es que la ilustraci&oacute;n te permite una mayor libertad. Hacer un c&oacute;mic suele ser un trabajo largo, de a&ntilde;os, y, por lo menos en mi caso, me da poco recorrido para las variaciones. Tienes que ser coherente con el estilo de principio a fin, y a veces eres menos arriesgado en el grafismo que vas a utilizar. Sin embargo, cada ilustraci&oacute;n es un mundo, y puedes desarrollar cosas nuevas que no te atrever&iacute;as a hacer en un c&oacute;mic, con lo cual se convierte en una ventana de aire fresco en mitad de un proyecto. Est&aacute; bien, porque en mitad de un libro que te lleva a&ntilde;os, estas ilustraciones son como &laquo;bah, ahora voy a probar a hacer algo en este estilo&raquo; o &laquo;a ver qu&eacute; sale de aqu&iacute;&raquo;. Son cosas que en un c&oacute;mic no puedes hacer.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, es una parte importante en la econom&iacute;a. Vivir de la cultura es muy complicado en la literatura, en el cine y, por supuesto, en el c&oacute;mic, que tiene menos lectores que la primera. Tienes que buscar otras cosas que te ayuden a subsistir, y la pata de la econom&iacute;a que tenemos los dibujantes de c&oacute;mic es la ilustraci&oacute;n. Hacemos ilustraci&oacute;n publicitaria, ilustraci&oacute;n editorial o cualquier cosa que nos mantenga en esos a&ntilde;os en los que estamos trabajando en un proyecto. Te da una cierta solvencia econ&oacute;mica el hacer otras cosas. Pero, como digo, tambi&eacute;n viene bien para oxigenar la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que con el tiempo he podido vivir mejor de los c&oacute;mics y necesito menos la ilustraci&oacute;n, pero me gusta ilustrar y quiero seguir haci&eacute;ndolo. Lo que s&iacute; he conseguido es elegir los proyectos, y cosas que quiz&aacute;s antes hac&iacute;a, sobre todo cuando trabajaba en publicidad, ahora intento no hacerlas. Ahora puedo elegir y puedo intentar, dentro de lo que cabe, ser coherente con mis creencias y decir &laquo;bueno, pues este proyecto no lo cojo porque no creo en lo que estoy vendiendo&raquo;. Pero me parece que la ilustraci&oacute;n es algo necesario econ&oacute;micamente y como campo de experimentaci&oacute;n a la hora de trabajar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>El mundo del c&oacute;mic se ha visto lastrado por la pervivencia de una serie de prejuicios asociados al mismo, como su supuesto car&aacute;cter infantil o su estima como una forma de expresi&oacute;n menor. &iquest;Qu&eacute; consideraci&oacute;n social crees que tiene el tebeo en la actualidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que ha ido mejorando con el tiempo, sobre todo a partir de la novela gr&aacute;fica. Antes era muy dif&iacute;cil enganchar a lectores ajenos al mundo del c&oacute;mic, porque pr&aacute;cticamente todo lo que hab&iacute;a eran series, y muchas estaban abiertas. Enganchar a alguien a partir de <em>Watchmen</em>, de <em>El Incal</em> o de ciertas cosas, es muy complicado, porque necesitas conocer todo el medio para poder disfrutar de una obra en concreto. Con la novela gr&aacute;fica eso cambia, porque casi todas las obras son autoconclusivas. No tienes que conocer el medio. Puedes leer <em>Maus</em> y disfrutarlo al cien por cien sin haber le&iacute;do un c&oacute;mic. Est&aacute; claro que hay obras que requieren un cierto nivel de cultura sobre el tebeo, pero la mayor&iacute;a de ellas puedes disfrutarlas sin haber le&iacute;do ning&uacute;n otro c&oacute;mic.
    </p><p class="article-text">
        Creo que eso ha hecho que haya un tipo de p&uacute;blico nuevo que ha encontrado temas de inter&eacute;s. La percepci&oacute;n de la gente empieza a cambiar gracias a este acercamiento por el camino de la novela gr&aacute;fica hacia lo que es el c&oacute;mic. Todav&iacute;a hay mucha gente con prejuicios, pero es gente muy especial o que realmente nunca va a ser lectora ni de c&oacute;mics ni posiblemente de libros. Pero s&iacute; que es cierto que hemos conseguido un p&uacute;blico mucho m&aacute;s generalista que el que exist&iacute;a antes. Ahora los lectores de c&oacute;mic son hombres, mujeres -que eran una cosa extra&ntilde;a en el mundo del c&oacute;mic-, personas adultas, personas mayores, gente joven. Se ha generalizado y es un p&uacute;blico como el que lee novela. Ya no es un p&uacute;blico muy concreto que siempre hab&iacute;a le&iacute;do c&oacute;mics y que devoraba cualquier cosa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De alg&uacute;n modo se ha naturalizado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, y gracias a eso y a los medios, ahora goza de un respeto que quiz&aacute; antes no ten&iacute;a. Aunque haya habido momentos en los que el c&oacute;mic vend&iacute;a m&aacute;s, como por ejemplo en los tiempos de Bruguera o en los de las revistas en los quioscos. Se vend&iacute;a m&aacute;s, pero yo creo que nunca ha sido un p&uacute;blico tan generalista como en la actualidad ni ha tenido el respeto que tiene ahora por parte de los medios, de la cr&iacute;tica y de museos, universidades y dem&aacute;s. Ahora el c&oacute;mic te lo puedes encontrar en las escuelas, en la universidad; hay charlas en mil sitios. Digamos que este tipo de cosas hace a&ntilde;os no pasaban.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Tras el &eacute;xito de Memorias de un hombre en pijama y Andanzas de un hombre en pijama, cierras tu trilog&iacute;a con la publicaci&oacute;n de Confesiones de un hombre en pijama (Astiberri, 2017). A lo largo de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, tu &aacute;lter ego parece haberse erigido en el m&aacute;s ic&oacute;nico de tus personajes. &iquest;C&oacute;mo ha evolucionado tu relaci&oacute;n con &eacute;l?</strong><em>Memorias de un hombre en pijama</em><em>Andanzas de un hombre en pijama</em><em>Confesiones de un hombre en pijama</em>
    </p><p class="article-text">
        Es curioso, porque siempre he huido un poco de las series y de sus personajes. Me parecen cosa no de otra &eacute;poca, pero s&iacute; de otro tipo de c&oacute;mic que ahora me es m&aacute;s ajeno. Y al final, como t&uacute; dices, he ca&iacute;do en eso precisamente con un personaje que soy yo mismo.
    </p><p class="article-text">
        En su momento me sirvi&oacute; de mucho para tener una voz en primera persona, para poder narrar en primera persona dentro de un peri&oacute;dico y reflexionar sobre lo que me apetec&iacute;a. Pero, para lo bueno o para lo malo, lo vest&iacute; en pijama, lo que lo convirti&oacute; en un personaje en cierta forma estereotipado. Y eso, a la larga, me limit&oacute; no en lo que pod&iacute;a contar, pero s&iacute; en la forma de contarlo, lo cual me ha servido tambi&eacute;n para narrar de una forma m&aacute;s simb&oacute;lica en ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Creo que todo lo que he podido experimentar haciendo la serie -sobre todo en <em>Andanzas...</em> y <em>Confesiones...</em>- me ha servido para quitarme ciertos complejos de encima, cierta manera cuadriculada de ver el c&oacute;mic como narraci&oacute;n cinematogr&aacute;fica. Por otro lado, el humor ha hecho m&aacute;s digeribles y menos pretenciosas muchas de las entregas, porque a veces acabas tocando temas que no dominas y sobre los que das tu opini&oacute;n. El humor lo convierte en algo mucho m&aacute;s ligero.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; que es verdad que acab&eacute; un poco cansado del personaje, y ese es uno de los motivos para terminar con &eacute;l, el pensar que me gustar&iacute;a narrar de otras maneras, encontrar otra forma de expresi&oacute;n en primera persona que no sea en pijama.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; otros proyectos se dibujan en el horizonte de Paco Roca?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo pr&aacute;cticamente terminado un proyecto que saldr&aacute; a finales de noviembre y se titula <em>La encrucijada</em>. Es un libro-disco que he hecho con Jos&eacute; Manuel Casa&ntilde;, el cantante del grupo Seguridad Social. Somos amigos desde hace a&ntilde;os y quer&iacute;amos hacer algo juntos. A &eacute;l le gustan los c&oacute;mics y yo no puedo vivir sin la m&uacute;sica, por lo que pensamos en hacer algo que no fuera lo t&iacute;pico de ilustrar unas canciones. Durante cuatro a&ntilde;os quedamos y nos aportamos ideas sobre lo que ten&iacute;a que ser cada canci&oacute;n. El disco es un recorrido por la m&uacute;sica -<em>blues</em>, <em>country</em>, <em>rockabilly</em>...- que va avanzando. Decidimos qu&eacute; estilo &iacute;bamos a usar, cu&aacute;l pod&iacute;a ser el equivalente en dibujo por la &eacute;poca -por el grafismo- y de qu&eacute; pod&iacute;a ir cada canci&oacute;n. A partir de ah&iacute;, &eacute;l hac&iacute;a la canci&oacute;n y yo el relato.
    </p><p class="article-text">
        Para hacer esto estuvimos quedando para comer, como digo, cerca de cuatro a&ntilde;os, en los que fui grabando las conversaciones. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que casi me interesaban menos los relatos en s&iacute; -que eran algo que en cierta forma ya se ha hecho en el mundo del c&oacute;mic-, y m&aacute;s el resto de la conversaci&oacute;n que manten&iacute;amos. Habl&aacute;bamos de c&oacute;mo empez&oacute; en el mundo de la m&uacute;sica, de c&oacute;mo eran las cosas en la industria discogr&aacute;fica de los ochenta, de c&oacute;mo crea las canciones; y tambi&eacute;n de c&oacute;mo fue perdiendo el empuje, de c&oacute;mo es el mundo del espect&aacute;culo. Habl&aacute;bamos de c&oacute;mics, de c&oacute;mo es mi d&iacute;a a d&iacute;a, de c&oacute;mo me enfrento a la p&aacute;gina en blanco, de las cosas que me gustan y de las que no.
    </p><p class="article-text">
        Al final es de lo que trata el libro, y eso que en principio iba a ser, aquellos relatos basados en o unidos a las canciones, son la separaci&oacute;n entre cap&iacute;tulo y cap&iacute;tulo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario González-Linares]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/paco-roca-gustaria-encontrar-expresion_132_3161064.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Oct 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paco Roca: "Me gustaría narrar de otras maneras, encontrar una nueva forma de expresión en primera persona"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Paco Roca,Cómic,Ilustración,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saint-Exupéry en las nubes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/saint-exupery-nubes_132_3213163.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/622c7ed0-ae67-4c57-b89f-a852d9ee3077_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El escritor Antoine de Saint-Exupéry.| LIDO/SIPA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor del libro en francés más leído, vendido y traducido de todos los tiempos ordenó su vida en torno a sus dos grandes pasiones: el vuelo y la escritura.</p></div><p class="article-text">
        <em>&laquo;La guerra no es una aventura. La guerra es una enfermedad, como el tifus&raquo;. Piloto de guerra.</em>
    </p><p class="article-text">
        Antoine de Saint-Exup&eacute;ry (1900-1944) consigui&oacute; ordenar su vida en torno a sus dos grandes pasiones: el vuelo y la escritura. Nacido en Lyon y hu&eacute;rfano de padre a los cuatro a&ntilde;os, pronto descubre su vocaci&oacute;n por la aviaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El aer&oacute;dromo de Amb&eacute;rieu, el m&aacute;s antiguo de Francia, es uno de los lugares favoritos de su ni&ntilde;ez. Comienza a recibir clases de aviaci&oacute;n en su juventud y, ya con su t&iacute;tulo bajo el brazo, es enviado a perfeccionarse a Marruecos, un pa&iacute;s que estar&aacute; presente en cada una de sus obras literarias. En esta etapa queda maravillado por los paisajes del continente africano y marcado por la soledad del desierto y sus gentes.
    </p><p class="article-text">
        En 1926 empieza a trabajar para la compa&ntilde;&iacute;a a&eacute;rea francesa Lat&eacute;co&egrave;re, actual A&eacute;ropostale, transportando correo de Toulouse a Alicante y m&aacute;s tarde en la l&iacute;nea Casablanca-Dakar. Este mismo a&ntilde;o publica en la revista literaria <em>Navire d&rsquo;Argent</em> su primer relato, <em>El aviador</em>, comenzando de esta forma a unir su dos grandes pasiones. Describe sus primeras sensaciones como piloto y atisba ya el esp&iacute;ritu humanista que caracterizar&aacute; toda su obra.
    </p><p class="article-text">
        <em>Correo del Sur </em>(1928) y <em>Vuelo nocturno</em> (1931), Premio Femina, contin&uacute;an esta tendencia. Son sus primeras novelas publicadas por Gallimard, que se convertir&aacute; en el sello editorial de Antoine de Saint-Exup&eacute;ry en su pa&iacute;s natal. Saint-Ex, como era conocido popularmente, inicia aqu&iacute; una etapa dedicada m&aacute;s intensamente al periodismo y la escritura en general (con reportajes sobre la Indochina Francesa, la dictadura de Stalin o la Guerra Civil espa&ntilde;ola como corresponsal, de los que se desprende una profunda sensibilidad humanista m&aacute;s all&aacute; de las cuestiones pol&iacute;ticas) sin dejar de lado el vuelo. Sufre algunos accidentes, achacados en parte a su car&aacute;cter distra&iacute;do y so&ntilde;ador, intentando batir un r&eacute;cord de tiempo en el trayecto Par&iacute;s-Saig&oacute;n y m&aacute;s tarde en Guatemala, donde resulta gravemente herido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Una de las facetas menos conocidas de Antoine de Saint-Exup&eacute;ry es la de inventor. Como piloto, busca soluciones a los problemas que se va encontrando. Atra&iacute;do por las ciencias f&iacute;sicas y las matem&aacute;ticas, colabor&oacute; con el f&iacute;sico Fernand Holweck en su laboratorio de Montrouge, centrados ambos en una nueva aplicaci&oacute;n de las ondas electromagn&eacute;ticas para calcular las distancias. Entre 1934 y 1940 lleg&oacute; a registrar hasta doce patentes en el Instituto de la Propiedad Industrial de Par&iacute;s, entre ellas un dispositivo de arranque para aviones que empleaba agua. No obstante, y a pesar de su af&aacute;n por mejorar las condiciones de vuelo, sus patentes nunca fueron explotadas en Francia.
    </p><p class="article-text">
        En 1939 publica <em>Tierra de hombres</em>, reflexi&oacute;n sobre la vida, la muerte y la solidaridad entre seres humanos, y justo despu&eacute;s es movilizado por el ej&eacute;rcito del aire para participar en la Segunda Guerra Mundial,  asistiendo desde el cielo a la contundente derrota francesa frente al bombardeo alem&aacute;n. Su labor en la misi&oacute;n sobre Arr&aacute;s (mayo de 1940), le valdr&aacute; la Cruz de Guerra. En cualquier caso, su reconocimiento en esta &eacute;poca es ya mucho mayor como escritor que como piloto, ya que su obra es conocida dentro y fuera de Francia y algunas de sus novelas son adaptadas al teatro o al cine.
    </p><p class="article-text">
        Tras la invasi&oacute;n alemana de Francia, Saint-Exup&eacute;ry se exilia en Estados Unidos con el objetivo de convencer a los americanos de entrar en la guerra, clave para conseguir el triunfo aliado. Instalado en una comunidad francesa dividida por las disputas pol&iacute;ticas entre partidarios del mariscal P&eacute;tain y el general De Gaulle, pronto abandona el ambiente irrespirable de Nueva York para operarse en California de las secuelas de su accidente en Guatemala. Es durante el periodo de recuperaci&oacute;n cuando escribe <em>Piloto de guerra </em>(1942), basado en su experiencia en el frente franco-germano. Este libro, prohibido en Francia por la censura nazi pero distribuido de forma clandestina, tendr&aacute; una gran influencia en la concienciaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n estadounidense para involucrarse en la guerra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su inter&eacute;s como testimonio de la Resistencia francesa y las misiones de reconocimiento fotogr&aacute;fico llevadas a cabo en la escuadrilla 2/33, el valor de la obra reside en la denuncia constante que el autor hace de la violencia, la barbarie y el sinsentido que la guerra significa:<em> &laquo;</em><em>La guerra no es la aceptaci&oacute;n del riesgo. No es la aceptaci&oacute;n del combate. En ciertos momentos, es, para el combatiente, la pura y simple aceptaci&oacute;n de la muerte.</em><em>&raquo; </em>Manifiesta, una vez m&aacute;s, su sensibilidad humanista y su compromiso por la paz, reivindicando asimismo la libertad y la dignidad del individuo en una &eacute;poca en la que el auge del totalitarismo nazi la pon&iacute;a seriamente en peligro. En esta misma l&iacute;nea, <em>Carta a un reh&eacute;n </em>(1943), dirigida a su amigo jud&iacute;o Le&oacute;n Werth, se convertir&aacute; en un s&iacute;mbolo de los millones de franceses cautivos bajo la ocupaci&oacute;n alemana.
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                </figure><p class="article-text">
        El exilio de Antoine de Saint-Exup&eacute;ry en Estados Unidos finaliza editorialmente con la publicaci&oacute;n de <em>El principito </em>(1943), el libro en franc&eacute;s m&aacute;s le&iacute;do, vendido y traducido de todos los tiempos. Catalogado como literatura infantil, el libro es quiz&aacute;s cualquier cosa antes que una obra para ni&ntilde;os pero, por encima de todo, representa la filosof&iacute;a de vida de Saint-Exup&eacute;ry. El escritor no pudo sin embargo disfrutar de su mayor &eacute;xito literario, pues un accidente a&eacute;reo en extra&ntilde;as circunstancias acab&oacute; con su vida el 31 de julio de 1944. Se cree que fue abatido por un caza alem&aacute;n cerca de Marsella, durante una misi&oacute;n para preparar el desembarco de las tropas aliadas, aunque su cuerpo nunca fue identificado.
    </p><p class="article-text">
        En 1948 se publica su primera obra p&oacute;stuma, <em>Ciudadela, </em>que trabaj&oacute; en secreto durante m&aacute;s de ocho a&ntilde;os. Escrita en tono l&iacute;rico y casi b&iacute;blico, en el contexto de una II Guerra Mundial agonizante, constituye el ep&iacute;logo de una trayectoria marcada por su enorme sentido &eacute;tico y la responsabilidad del ser humano con su propia vida y la de los dem&aacute;s: <em>&laquo;</em><em>Nada se espera del hombre que trabaja para su propia vida y no para la eternidad</em><em>&raquo;. </em> El rastro de Saint-Exup&eacute;ry se perdi&oacute; entre las nubes pero su legado humanista permanece hoy m&aacute;s vigente y necesario que nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo García Escudero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/saint-exupery-nubes_132_3213163.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Sep 2017 11:15:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Saint-Exupéry en las nubes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Revista Amberes,El Principito,Francia,Nazismo,Aviación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Criaturas celestiales: el caso Parker-Hulme]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/criaturas-celestiales-caso-parker-hulme_132_3230875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6671000c-18b5-44ec-9876-1e7ae1ae224f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Criaturas Celestiales (Peter Jackson, 1994) - WingNut Films; New Zealand Film Commission; Miramax Films."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1954, el Caso Parker-Hulme conmocionó a la sociedad neozelandesa. La excepcional violencia del episodio y las inusuales circunstancias que lo rodearon lo convirtieron en motivo de asombro y fascinación a nivel internacional, un interés que aún pervive en forma de libros, artículos y películas</p></div><p class="article-text">
        22 de junio de 1954, ciudad de Christchurch, Nueva Zelanda. Dos adolescentes sin aliento emergen de Victoria Park. Sus nombres son Pauline Parker, de diecis&eacute;is a&ntilde;os, y Juliet Hulme, de tan s&oacute;lo quince. La primera en hablar es Parker: &laquo;Por favor, ayuda. Madre se ha ca&iacute;do y se ha golpeado la cabeza con una roca y est&aacute; cubierta de sangre. Creo que est&aacute; muerta.&raquo;
    </p><h3 class="article-text">SANGRE EN VICTORIA PARK</h3><p class="article-text">
        El cad&aacute;ver de Honora Parker yac&iacute;a a apenas unos cientos de metros, abandonado al sol del mediod&iacute;a en una de las sendas que recorr&iacute;an Victoria Park. La escena era estremecedora. Su cr&aacute;neo estaba destrozado, el rostro desfigurado. A su lado, pod&iacute;a observarse medio ladrillo te&ntilde;ido de sangre. No muy lejos de all&iacute;, las autoridades hallaron una media desgarrada con un lazo en el extremo superior. El tejido desprendido presentaba restos de sangre y cabello.
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        Los detectives partieron de inmediato a&nbsp;Ilam, residencia de los Hulme, adonde hab&iacute;an sido conducidas las chicas tras el macabro incidente. Su prop&oacute;sito era interrogarlas por separado. El primer turno le correspondi&oacute; a Pauline Parker, que insisti&oacute; en que su madre hab&iacute;a resbalado y se hab&iacute;a golpeado la cabeza con una roca en lo que no hab&iacute;a sido m&aacute;s que un terrible infortunio. En lo relativo a la media ensangrentada, la joven explic&oacute; que hab&iacute;a empleado una vieja prenda que llevaba consigo en aquel momento con el &uacute;nico objeto de limpiar la sangre del cuerpo de su madre. Acto seguido, Juliet Hulme ofreci&oacute; la misma versi&oacute;n de los hechos que su amiga: la muerte de Honora Parker hab&iacute;a sido consecuencia de un fat&iacute;dico accidente.
    </p><p class="article-text">
        Insatisfechos con los resultados obtenidos en la primera ronda de preguntas, los investigadores sometieron a Parker a un segundo interrogatorio. Durante su transcurso, Parker se confes&oacute; &uacute;nica autora del crimen: hab&iacute;a asesinado a su madre golpe&aacute;ndola repetidas veces en la cabeza -hasta cuarenta y cinco- con medio ladrillo contenido en una media, si bien remarc&oacute; que su amiga Juliet no hab&iacute;a tomado parte en lo sucedido. Pauline Parker fue trasladada a la comisar&iacute;a de Christchurch y acusada de asesinato. Su habitaci&oacute;n fue registrada, y en ella se descubri&oacute; su diario del a&ntilde;o 1954. Al d&iacute;a siguiente, con motivo de un nuevo interrogatorio, Hulme proporcion&oacute; un testimonio muy distinto:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &laquo;En el camino de vuelta, me encontraba caminando al frente. Estaba esperando a que la se&ntilde;ora Parker fuera atacada. Escuch&eacute; ruidos tras de m&iacute;. Era una conversaci&oacute;n ruidosa y violenta. Vi a la se&ntilde;ora Parker como en cuclillas. Estaban peleando. Me di la vuelta. Vi a Pauline golpear a la se&ntilde;ora Parker con el ladrillo en la media. Tom&eacute; la media y la golpe&eacute; tambi&eacute;n. Estaba aterrorizada. Pens&eacute; que una de ellas ten&iacute;a que morir. Quer&iacute;a ayudar a Pauline. Fue terrible. La se&ntilde;ora Parker se mov&iacute;a convulsivamente. Las dos la sujetamos. A&uacute;n estaba viva cuando la dejamos. El ladrillo se hab&iacute;a salido de la media con la fuerza de los golpes.&raquo;
    </p><h3 class="article-text">ANTECEDENTES&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Juliet Hulme naci&oacute; en Inglaterra en 1938, hija del reconocido f&iacute;sico Henry Rainsford Hulme y de su esposa Hilda. La delicada salud de Juliet, aquejada de problemas respiratorios desde la ni&ntilde;ez, oblig&oacute; a &eacute;sta a pasar largas temporadas alejada de su familia en regiones de clima m&aacute;s apacible, como las Bahamas. En 1948, la familia al completo se mud&oacute; a Nueva Zelanda, en donde el doctor Hulme asumi&oacute; el cargo de rector del Canterbury College de Christchurch. Los Hulme se instalaron en la espl&eacute;ndida&nbsp;Ilam&nbsp;y no tardaron en adquirir un rol prominente en la vida de la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Pauline Parker, tambi&eacute;n nacida en 1938, era hija de Herbert Rieper, propietario de una pescader&iacute;a, y de Honora Parker, quien regentaba una pensi&oacute;n en la que resid&iacute;a toda la familia. Rieper hab&iacute;a abandonado a su mujer y a sus dos hijos para huir con Honora a Christchurch. La pareja viv&iacute;a como un matrimonio, raz&oacute;n por la que pocos eran los que imaginaban que no estaban casados. Al igual que Juliet, Pauline hab&iacute;a padecido serios problemas de salud, en este caso derivados de la osteomielitis que contrajo a la edad de cinco a&ntilde;os.
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        Parker y Hulme se conocieron durante el primer curso de &eacute;sta en la Christchurch Girls&rsquo; High School. En cuesti&oacute;n de unas pocas semanas, las adolescentes forjaron una s&oacute;lida amistad que fue celebrada por sus respectivas familias. Pose&iacute;das por un mismo frenes&iacute; creativo, Parker y Hulme alumbraron todo un universo de fantas&iacute;a al que dieron forma a trav&eacute;s de novelas, poemas y piezas dram&aacute;ticas que confiaban en publicar en alguno de los grandes sellos editoriales de la ciudad de Nueva York. Tal era la fe que ten&iacute;an en su inapelable &eacute;xito que cre&iacute;an que sus obras literarias ser&iacute;an adaptadas al cine con Hulme como protagonista y Parker detr&aacute;s de las c&aacute;maras. La fama las aguardaba.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La se&ntilde;ora Hulme me dijo que hab&iacute;an descubierto hoy que Juliet tiene tuberculosis en un pulm&oacute;n. &iexcl;Pobre Giulietta! S&oacute;lo ahora soy consciente del afecto que siento por ella. Casi me desmayo cuando lo escuch&eacute;. Tuve dificultades para no llorar.&nbsp;Ser&iacute;a maravilloso si yo contrajera la tuberculosis tambi&eacute;n.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        En 1953, debido a la tuberculosis, Juliet Hulme fue internada en un sanatorio durante tres meses que sus progenitores pasaron en Inglaterra. Parker aprovech&oacute; cuantas oportunidades se le presentaron para visitar a su amiga, con la que mantuvo un contacto fluido por correspondencia. Con el retorno de los Hulme, Juliet recibi&oacute; el alta y regres&oacute; a casa, aunque no se reincorpor&oacute; a las clases. Las visitas de Parker a su amiga convaleciente en&nbsp;Ilam&nbsp;se hicieron si cabe m&aacute;s frecuentes, lo que contribuy&oacute; al fortalecimiento de los lazos existentes entre ellas. La creciente intensidad de su relaci&oacute;n, que parec&iacute;a haber adquirido un matiz rom&aacute;ntico, suscit&oacute; los recelos de Honora Parker, quien advirti&oacute; de ello a los Hulme. El doctor Hulme recomend&oacute; que Pauline fuera examinada por el doctor Bennet, psiquiatra y amigo del acad&eacute;mico, y ambas familias comenzaron a poner trabas a sus encuentros, circunstancia que no pas&oacute; desapercibida para las chicas.
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        A comienzos de 1954, los padres de Juliet le anunciaron su inminente divorcio. Su madre, Hilda, hab&iacute;a iniciado una nueva relaci&oacute;n con un hombre llamado Walter Perry, al que hab&iacute;a conocido en el ejercicio de su labor como consejera matrimonial. Henry Hulme firm&oacute; su renuncia al cargo de rector del Canterbury College y resolvi&oacute; volver a Inglaterra acompa&ntilde;ado de su hija, a la que dejar&iacute;a en Sud&aacute;frica. Parker, devastada por la noticia, expres&oacute; su firme deseo de seguir los pasos de su amiga, que choc&oacute; con la firme oposici&oacute;n de sus padres. Las partes enfrentadas en el juicio coincidir&iacute;an a la hora de identificar la amenaza de separaci&oacute;n de las chicas como el m&oacute;vil del asesinato.
    </p><h3 class="article-text">EL PROCESO</h3><p class="article-text">
        El juicio por asesinato arranc&oacute; el 23 de agosto de 1954 y se prolong&oacute; hasta el d&iacute;a 28 del mismo mes. Para entonces, el caso hab&iacute;a recibido tal cobertura medi&aacute;tica -nacional e internacional- que el fiscal Brown intervino para prevenir al jurado de toda opini&oacute;n que pudiera haberse formado en las semanas previas al proceso. Dado que Parker y Hulme hab&iacute;an firmado sendas confesiones de culpabilidad antes de recibir asesoramiento profesional, la estrategia de la defensa estuvo orientada a evidenciar la supuesta demencia de la que aqu&eacute;llas habr&iacute;an sido v&iacute;ctimas en el momento del crimen.
    </p><p class="article-text">
        El eje de su argumentaci&oacute;n les fue proporcionado por el doctor Reginald Medlicott, psiquiatra que tuvo la oportunidad de entrevistarse con las j&oacute;venes y accedi&oacute; a la lectura de sus escritos. La conclusi&oacute;n de Medlicott fue que Parker y Hulme hab&iacute;an sufrido un episodio de paranoia conocido como&nbsp;folie &agrave; deux, caracterizado por un profundo extra&ntilde;amiento de la realidad. El trastorno hab&iacute;a sido motivo de atenci&oacute;n internacional a ra&iacute;z del Caso Leopold-Loeb de 1924, cuyos protagonistas se hab&iacute;an propuesto perpetrar el &laquo;crimen perfecto&raquo; con el asesinato de Bobby Franks. El propio t&eacute;rmino hac&iacute;a alusi&oacute;n a un estadio de &laquo;locura comunicativa&raquo;. Por otro lado, su completa inmersi&oacute;n en un mundo de fantas&iacute;a de su propia g&eacute;nesis dist&oacute; de favorecerlas. En palabras de Medlicott:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &laquo;La muerte repentina, el suicidio y el asesinato asum&iacute;an proporciones extravagantes. Estaban preocupadas por ideas de gran poder, especialmente la de asesinar sin represalia, y los personajes depravados eran ampliamente respetados.&raquo;
    </p><p class="article-text">
        Entre las posibles causas de esta condici&oacute;n, Medlicott privilegi&oacute; la de su aparente homosexualidad, de la que los diarios de Parker ofrec&iacute;an -desde su perspectiva- indicios m&aacute;s que suficientes:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;No es una relaci&oacute;n saludable por s&iacute; misma, y lo que es m&aacute;s importante, previene el desarrollo de relaciones sexuales adultas. Con ello no quiero decir relaciones f&iacute;sicas, sino inter&eacute;s por gente del sexo contrario. La homosexualidad est&aacute; frecuentemente relacionada con la paranoia.&raquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No en vano, el asesinato fue ejecutado en plena ola de &laquo;delincuencia sexual&raquo; adolescente, lo que ha llevado a ciertos autores a hablar de un ambiente de &laquo;p&aacute;nico moral&raquo; que alcanz&oacute; sus m&aacute;s altas cotas aquel a&ntilde;o de 1954. La respuesta del gobierno consisti&oacute; en la publicaci&oacute;n del&nbsp;Mazengarb Report. En dicho informe, se establec&iacute;a un nexo entre el cr&iacute;tico repunte de la &laquo;delincuencia juvenil&raquo; y el incremento del n&uacute;mero de &laquo;madres trabajadoras&raquo;, prescribiendo la permanencia de &eacute;stas en el hogar como remedio. La influencia de grupos de presi&oacute;n asociados a distintas confesiones religiosas tuvo un impacto decisivo sobre el desarrollo y las conclusiones del estudio, que ignoraba algunas de las m&aacute;s recientes investigaciones en la materia. El informe se hizo eco del Caso Parker-Hulme e insinu&oacute; una relaci&oacute;n causa-efecto entre homosexualidad y asesinato. Esta visi&oacute;n fue apuntalada por la prensa, que se recre&oacute; en la descripci&oacute;n de una apasionada relaci&oacute;n l&eacute;sbica entre las chicas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sus argumentos fueron rebatidos por la acusaci&oacute;n, que se apoy&oacute; en los testimonios de los doctores Kenneth Stallworthy, James Saville y James Hunter. As&iacute; pues, el fiscal Brown acus&oacute; a las j&oacute;venes de ser las autoras de un asesinato premeditado. Las entradas del diario de Pauline Parker avalaban esta idea: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no puede morir madre? Docenas de personas est&aacute;n muriendo, miles est&aacute;n muriendo todos los d&iacute;as. &iquest;De modo que por qu&eacute; no madre y padre tambi&eacute;n?&raquo; (13 de febrero); &laquo;No quiero crearme muchos problemas, sino que parezca una muerte natural o accidental&raquo; (29 de abril); &laquo;Lo hemos resuelto y ambas estamos emocionadas con la idea. Naturalmente nos sentimos algo nerviosas, pero la expectaci&oacute;n es enorme&raquo; (19 de junio). En la v&iacute;spera del asesinato, Parker escribi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Deborah [su apodo para Hulme] llam&oacute; y decidimos utilizar un ladrillo en una media en lugar de una porra. Discutimos el asesinato en profundidad. Me siento muy emocionada, como si estuviera planeando una fiesta sorpresa. As&iacute; que la pr&oacute;xima vez que escriba en el diario, madre estar&aacute; muerta. Qu&eacute; extra&ntilde;o, y sin embargo qu&eacute; agradable.&raquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Tras apenas dos horas de deliberaci&oacute;n, Parker y Hulme fueron declaradas culpables de asesinato. Demasiado j&oacute;venes para la horca, las adolescentes fueron encarceladas &laquo;a voluntad de Su Majestad&raquo;, noci&oacute;n jur&iacute;dica referida una condena de duraci&oacute;n indefinida. Juliet Hulme fue enviada a la c&aacute;rcel de Mount Eden, y Parker a la de Paparua. No se les permiti&oacute; mantener ning&uacute;n tipo de contacto entre s&iacute;. En los cinco a&ntilde;os que dur&oacute; su confinamiento, ninguna de ellas recibi&oacute; tratamiento psiqui&aacute;trico.
    </p><h3 class="article-text">EP&Iacute;LOGO</h3><p class="article-text">
        Hulme fue la primera en dejar la prisi&oacute;n. En los d&iacute;as que siguieron a su liberaci&oacute;n, abandon&oacute; Nueva Zelanda para reunirse con su madre y su nuevo marido en Reino Unido. Bajo la nueva identidad de Anne Perry, Hulme se convirti&oacute; en una autora superventas de novelas de misterio. Por lo que respecta a Pauline Parker -en adelante Hilary Nathan-, permaneci&oacute; en libertad vigilada en Nueva Zelanda hasta 1966 y se convirti&oacute; en una cat&oacute;lica devota.
    </p><p class="article-text">
        Se cree que nunca han vuelto a verse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mario González-Linares]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/criaturas-celestiales-caso-parker-hulme_132_3230875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Aug 2017 18:15:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Revista Amberes,Nueva Zelanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra los libros ilustrados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/libros-ilustrados_132_3239409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63a1f0e4-e84f-4855-874b-66343eb63cd2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Don Quijote de la Mancha, Imprenta Real, Madrid, 1798."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de ser una práctica frecuente, la ilustración de libros ha suscitado y suscita controversias entre escritores, editores y lectores</p></div><p class="article-text">
        Una amiga tiene en su biblioteca personal una magn&iacute;fica edici&oacute;n de bolsillo ilustrada de Don Quijote de la Mancha, publicada por la Imprenta Real de Madrid en 1798. Es de bolsillo por su manejable tama&ntilde;o, e ilustrada porque contiene una &uacute;nica ilustraci&oacute;n en cada uno de sus seis vol&uacute;menes. Al pensar en esos dibujos, tan espl&eacute;ndidos en su soledad, me pregunt&eacute; qu&eacute; pintaban ah&iacute;; y, por extensi&oacute;n, qu&eacute; aportan las ilustraciones a una novela.
    </p><p class="article-text">
        A Edward Hopper, c&eacute;lebre pintor &ndash;y no tan conocido ilustrador&ndash;, se le atribuye esta frase: &laquo;Si pudiera decirlo con palabras no habr&iacute;a raz&oacute;n para pintarlo&raquo;. A falta de palabras para expresarse, Hopper cre&oacute; im&aacute;genes que, en su enigm&aacute;tica transparencia, son irreductibles a palabras. Pero si en una novela se expone algo con precisi&oacute;n y belleza por medio de las palabras, las ilustraciones no ser&aacute;n m&aacute;s que un mero subrayado (o, en el peor de los casos, un estorbo). Palabra e imagen son dos modos de expresi&oacute;n paralelos, destinados a no encontrarse, pues, como se&ntilde;ala Pascal Quignard, &laquo;lo propio de los signos escritos es no mostrar lo que designan; significan; reinan en lo que no puede mostrarse&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A su editor Georges Charpentier, que con insistencia le reclamaba una edici&oacute;n ilustrada de una de sus novelas, el escritor Gustave Flaubert le espet&oacute;: &laquo;La ilustraci&oacute;n es antiliteraria. Usted pretende que el primer imb&eacute;cil de turno dibuje aquello que me he matado por no mostrar&raquo;[1]. Quignard apuntala la idea: &laquo;La ilustraci&oacute;n &ldquo;mata&rdquo; las palabras, en tanto pretende recuperar lo que &eacute;stas hab&iacute;an abstra&iacute;do de la inmediatez continua para reintroducirlo en el universo f&iacute;sico&raquo;. La contundente opini&oacute;n de Flaubert puede encontrar otra justificaci&oacute;n en el an&aacute;lisis que sobre su estilo hizo Marcel Proust:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &laquo;En mi opini&oacute;n, lo m&aacute;s bello de La educaci&oacute;n sentimental no es una frase, sino un espacio en blanco. A lo largo de innumerables p&aacute;ginas Flaubert ha descrito los movimientos m&aacute;s insignificantes de Fr&eacute;d&eacute;ric Moreau, y entonces nos cuenta que Fr&eacute;d&eacute;ric ve que un polic&iacute;a carga, espada en mano, contra un rebelde que cae muerto: &ldquo;Y Fr&eacute;d&eacute;ric, boquiabierto, reconoci&oacute; a S&eacute;n&eacute;cal&rdquo;. A continuaci&oacute;n, un &ldquo;espacio en blanco&rdquo;, un inmenso &ldquo;espacio en blanco&rdquo; y, de pronto, sin la m&aacute;s leve transici&oacute;n, el tiempo no se mide ya en cuartos de hora sino en a&ntilde;os, en decenas de a&ntilde;os: reproduzco de nuevo las &uacute;ltimas palabras que acabo de citar con el fin de mostrar este extraordinario cambio de velocidad para el que no hab&iacute;a ninguna preparaci&oacute;n: &ldquo;Y Fr&eacute;d&eacute;ric, boquiabierto, reconoci&oacute; a S&eacute;n&eacute;cal. Viaj&oacute;. Lleg&oacute; a conocer la melancol&iacute;a del barco de vapor, el fr&iacute;o despertar en la tienda de campa&ntilde;a,&hellip;&rdquo;&raquo;[2]
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ilustrar ese &laquo;espacio en blanco&raquo;? &iquest;Puede condensarse en una sola imagen (o mil, si prefiere)? &iquest;Merece la pena siquiera intentarlo? Suavizando la enmienda a la totalidad que proponen Flaubert y Quignard, se puede afirmar que hay palabras, frases, (elipsis), novelas enteras, irreductibles a im&aacute;genes. Una novela ilustrada s&oacute;lo tendr&iacute;a alg&uacute;n sentido si las palabras fueran insuficientes para expresar lo que su autor pretend&iacute;a. Pero en un caso as&iacute;, la novela no merece ser ilustrada sino olvidada.
    </p><p class="article-text">
        Aunque tambi&eacute;n es cierto que, como dijo el estadista George W. Bush, &laquo;una de las mejores cosas de los libros es que a veces uno encuentra en ellos magn&iacute;ficas ilustraciones&raquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        [1] La an&eacute;cdota la relata Pascal Quignard en el primer volumen de sus Peque&ntilde;os tratados, espl&eacute;ndidamente editados por la editorial Sexto Piso en 2016.
    </p><p class="article-text">
        [2] Este fragmento de &ldquo;A prop&oacute;sito del estilo de Flaubert&rdquo; de Marcel Proust se encuentra en el maravilloso Breviario de saberes in&uacute;tiles de Simon Leys, publicado por Acantilado en 2016.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jorge Villasol]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/libros-ilustrados_132_3239409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Aug 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra los libros ilustrados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'Discurso del método' o la búsqueda del tesoro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/discurso-metodo-busqueda-tesoro_132_3247672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6fdf0789-d8ca-4970-a14d-b2b42d7894ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Rosa de los vientos - Jan Janssonius."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Examinamos la evolución intelectual de René Descartes en el camino hacia el mayor de sus hallazgos filosóficos en una de las obras definidoras de la modernidad.</p></div><p class="article-text">
        El <em>Discurso del m&eacute;todo</em> no es una obra filos&oacute;fica en sentido estricto. Es una historia, la narraci&oacute;n de una vida intelectual. Casi como en una novela de aventuras, se nos narra una peripecia, la b&uacute;squeda del m&aacute;s importante de los tesoros: la verdad.
    </p><h3 class="article-text">So&ntilde;ando con el tesoro de la verdad</h3><p class="article-text">
        Nuestro protagonista, Ren&eacute; Descartes, es un joven inquieto, insatisfecho, bien educado. Su &eacute;poca es una era de crisis en lo social, de guerras en lo pol&iacute;tico, de quiebra del principio de autoridad y de escepticismo en el mundo del pensamiento. As&iacute; se nos presenta &eacute;l mismo:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Me eduqu&eacute; en las letras desde mi infancia y como me aseguraban que por medio de ellas se pod&iacute;a adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es &uacute;til para la vida, ten&iacute;a extremado deseo de aprenderlas. Pero tan pronto termin&eacute; el curso de los estudios, al cabo de los cuales se acostumbra a entrar en la categor&iacute;a de los doctos, cambi&eacute; por completo de opini&oacute;n. Me embargaban, en efecto, tantas dudas y errores que, procurando instruirme, no hab&iacute;a conseguido m&aacute;s provecho que el reconocer m&aacute;s y m&aacute;s mi ignorancia&raquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Como en los grandes relatos mar&iacute;timos, le podemos imaginar de adolescente paseando por el puerto, aburrido de la estrecha vida en tierra, so&ntilde;ando con surcar los mares en busca del gran tesoro:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&laquo;Por ello, tan pronto mi edad me permiti&oacute; salir del dominio de mis preceptores, abandon&eacute; completamente el estudio de las letras, y resuelto a no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en m&iacute; mismo, o bien en el gran libro del mundo, emple&eacute; el resto de mi juventud en viajar, en ver cortes y ej&eacute;rcitos, en tratar gente de diversos humores y condiciones, en recoger var&iacute;as experiencias, en ponerme a m&iacute; mismo a prueba en los casos que la fortuna me deparaba y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que se me presentaban, que pudiera sacar alg&uacute;n provecho de ellas&raquo;.
    </p><h3 class="article-text">La revelaci&oacute;n al calor de una estufa</h3><p class="article-text">
        Engolfado en estos viajes, a la edad todav&iacute;a temprana de 23 a&ntilde;os, en Alemania, donde &laquo;pasaba todo el d&iacute;a solo y encerrado, junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme por entero a mis pensamientos&raquo;, nuestro narrador tiene una iluminaci&oacute;n y descubre el mapa del tesoro, &laquo;el verdadero m&eacute;todo para llegar al conocimiento&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Primero, un criterio de verdad: la evidencia, es decir, la claridad y distinci&oacute;n en la idea que nos viene dada por la intuici&oacute;n; junto a esto el m&eacute;todo deductivo que, a imitaci&oacute;n de las matem&aacute;ticas, nos permite establecer cadenas de razonamientos.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, tres reglas: una, an&aacute;lisis para llegar a lo simple; dos, s&iacute;ntesis para ascender a lo complejo; tres, enumeraciones rigurosas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque ya tenga el mapa, a&uacute;n es pronto para fletar un barco y dirigirse a la isla del tesoro: &laquo;Mas como esto es la cosa m&aacute;s importante del mundo, y donde es m&aacute;s de temer la precipitaci&oacute;n y la prevenci&oacute;n, comprend&iacute; que no deb&iacute;a acometer esta empresa hasta llegar a una edad bastante m&aacute;s madura que la de 23 a&ntilde;os que entonces contaba, dedicando el tiempo a prepararme para ella&hellip;&raquo;
    </p><h3 class="article-text">La duda met&oacute;dica</h3><p class="article-text">
        A partir de entonces vive una &eacute;poca de preparaci&oacute;n, acumula experiencia, se ejercita en su m&eacute;todo, habita en la casa bien protegida de sus regla &eacute;ticas. Transcurridos nueve a&ntilde;os, seguro ya de sus fuerzas, se decide y emprende la larga traves&iacute;a por el oc&eacute;ano de la duda. Navegando en ella y por ella, destruye todas las creencias que hasta entonces hab&iacute;a tenido. Las provenientes de la autoridad -Arist&oacute;teles y la escol&aacute;stica-; las provenientes de la experiencia, de los sentidos; hasta las derivadas de su gran amor: las matem&aacute;ticas. Todas en ruinas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Al final s&oacute;lo quedar&aacute; &eacute;l mismo, su conciencia. &iquest;Qu&eacute; soy? Se preguntar&aacute;. &laquo;Una cosa pensante&raquo; ser&aacute; su respuesta. El mapa del tesoro -su m&eacute;todo- le ha conducido al cofre enterrado, una proposici&oacute;n absolutamente verdadera por indudable: &laquo;Pienso, luego existo&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ha encontrado el punto de apoyo que pidiera Arqu&iacute;medes. Ahora bien, &iquest;c&oacute;mo volver a puerto? &iquest;C&oacute;mo retornar a la patria? En su implacable duda met&oacute;dica, el narrador ha destruido todo y ha quedado encerrado en la isla de la subjetividad, del yo, de la conciencia. &iquest;Y si al fin y al cabo todo fuera una construcci&oacute;n de la mente? &iquest;Y si el mundo exterior fuese un sue&ntilde;o, pura fantasmagor&iacute;a? Peor a&uacute;n, &iquest;y si ni siquiera existiese? Entonces, &iquest;c&oacute;mo volver? &iquest;C&oacute;mo recuperar el mundo?
    </p><h3 class="article-text">La necesidad de un dios que no sea mentiroso</h3><p class="article-text">
        Encerrado en la idea, s&oacute;lo una Idea con may&uacute;scula puede asegurar la realidad. Una idea que por su propia esencia implique su existencia. Esa idea es Dios. De ah&iacute; la necesidad ineludible para el racionalismo idealista de Descartes de demostrar su &laquo;realidad&raquo;. Sin Dios el viaje introspectivo a la conciencia, la fundamentaci&oacute;n de las cosas en la mente, no tiene billete de vuelta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y nuestro narrador no s&oacute;lo demostrar&aacute; que Dios existe, tambi&eacute;n concluir&aacute; que en tanto perfecto no nos enga&ntilde;a: la verdad est&aacute; pues al alcance de la raz&oacute;n humana. Nuestro narrador ya puede volver al mundo, ya tiene barco, ya tiene oc&eacute;ano, ya tiene un viento favorable, ya nos puede traer a todos el gran tesoro: la certeza existe, el conocimiento indudable es posible para una mente bien dirigida. <em>Res cogitans</em> -la mente- m&aacute;s discurso del m&eacute;todo es igual a conocimiento de la <em>res extensa</em> -la materia-. La ciencia tiene v&iacute;a libre para conocer el mundo, una vez separado &eacute;ste del esp&iacute;ritu y convertido en mecanismo.
    </p><h3 class="article-text">La muerte de Dios</h3><p class="article-text">
        Siglos despu&eacute;s la duda vuelve de otra forma, porque cuando Descartes emprendi&oacute; su aventura mar&iacute;tima en busca del conocimiento, pertrechado con la duda y en busca de la certeza, hizo trampa: ten&iacute;a un flotador que le aseguraba el triunfo de su viaje; un flotador que, en caso de naufragio, le permitir&iacute;a volver a la superficie a respirar aire puro. Por m&aacute;s que fuese atacado por las tormentas de la duda, por m&aacute;s que se enredase en las algas de la subjetividad, la existencia de Dios le confirmaba que el &laquo;mundo&raquo; exist&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Muerto Dios la cosa se pone m&aacute;s dif&iacute;cil.</h3><p class="article-text">
        Y, hete aqu&iacute;, que, ahora, fil&oacute;sofos se preguntan si vivimos en un sue&ntilde;o de palabras, artistas dicen que sus obras son ininteligibilidades &iacute;ntimas y cient&iacute;ficos consideran in&uacute;til la pregunta de si detr&aacute;s de sus descripciones formales de las relaciones entre percepciones se esconde un mundo &laquo;real&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ese cogito, ese m&eacute;todo, esa raz&oacute;n desvinculada, se limita a conocer o nos empuja no s&oacute;lo a dominar la naturaleza, sino tambi&eacute;n a destruir&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; tipo de conocimiento nos da? &iquest;Qu&eacute; es lo que realmente conocemos con &eacute;l? Y, en &uacute;ltima instancia, &iquest;podemos <em>realmente</em> conocer lo <em>real</em>?
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        La duda encerrada en el sujeto nos conduce a dudar sobre la existencia del objeto. La traves&iacute;a iniciada por Descartes acaba en nuestro propio cerebro: s&oacute;lo conocemos nuestra forma de conocer. Callej&oacute;n sin salida, tiempo de lo inefable. Los que crean en la existencia de &laquo;lo real&raquo; m&aacute;s all&aacute; de nuestra subjetividad tendr&aacute;n que encontrar otro mapa del tesoro.
    </p><p class="article-text">
        Pero el comienzo del <em>Discurso del m&eacute;todo</em> sigue siendo una de las mayores proclamas a favor de la libertad e igualdad de los hombres: &laquo;El buen sentido es la cosa que mejor est&aacute; repartida en el mundo&hellip;&raquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ramón Qu]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/amberes/discurso-metodo-busqueda-tesoro_132_3247672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Aug 2017 18:20:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 'Discurso del método' o la búsqueda del tesoro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Revista Amberes,Filosofía]]></media:keywords>
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