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    <title><![CDATA[elDiario.es - Policromía]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/policromia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Policromía]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Incapaz de matar una mosca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/incapaz-matar-mosca_132_2193681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3f2413a3-808b-4985-aa71-f9da0a7d7062_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Entonces yo viv&iacute;a en un inmueble lo m&aacute;s parecido a una casa de acogida, con todos sus pros y sus contras. Mi casa era como la zona de llegadas de un aeropuerto: siempre con un traj&iacute;n de gente por todas partes, con un sube y baja intens&iacute;simo y con una cafetera que va al fuego y otra que se aparta de &eacute;l. El olor a caf&eacute; siempre particip&oacute; de las alegr&iacute;as y las desgracias, quiz&aacute; m&aacute;s de las desgracias.
    </p><p class="article-text">
        La casa de acogida que era mi casa ofrec&iacute;a grandes diversiones: c&oacute;micas y rocambolescas. Pero no todo era gloria. Claro que no. Tarde o temprano siempre aparec&iacute;a la desolaci&oacute;n, a veces en forma de secuencia inacabable, como si se tratara de un problema estructural, y otras con presencias distanciadas en el tiempo, como coyunturas que el paso de los d&iacute;as termina por borrar o sepultar casi sin dejar huella.
    </p><p class="article-text">
        En mi casa, que en origen era la casa de mis abuelos, lo pas&eacute; muy bien, y tambi&eacute;n, en algunos momentos, lo pas&eacute; mal y muy mal, aunque, todo hay que decirlo, estas situaciones fueron las menos apreciables. Por ejemplo, lo pas&eacute; mal, pero no tanto, cuando un primo hermano de mi madre inici&oacute; una aut&eacute;ntica tragicomedia en la azotea del tercer piso de mi casa; o sea, cuando uno de los sobrinos de mis abuelos, quiz&aacute; el m&aacute;s modosito (hasta ese momento), subi&oacute; sin avisar, por su cuenta y riesgo, a la azotea grande, la formada encima del tercer piso, y no se le ocurri&oacute; otra cosa que llevarse prestada la escopeta de caza de mi t&iacute;o, con la intenci&oacute;n de abatir, sobre la marcha, a su mujer. Y casi lo consigue, seg&uacute;n la versi&oacute;n posterior de la Benem&eacute;rita.
    </p><p class="article-text">
        Este primo de mi madre parec&iacute;a que era incapaz de matar una mosca y result&oacute; que casi descabella a su esposa con la escopeta de cartuchos de mi t&iacute;o el del Mini. Yo me enter&eacute; de todo esto cuando efectivos de la Guardia Civil tocaron en la puerta de casa en busca de explicaciones (que pronto las hallaron) y subieron la escalera que casi era de caracol camino de la azotea del tercero.
    </p><p class="article-text">
        Lo siguiente fue un intento de suicidio y la silueta de un hombre joven y triste que deja atr&aacute;s una verja para adentrarse en el coraz&oacute;n mismo de la prisi&oacute;n. Y parec&iacute;a que el primo de mi madre era incapaz de matar una mosca. Eso cre&iacute;amos todos. Con lo buen chico que era. &ldquo;Pobrecito&hellip;&rdquo;, gimi&oacute; la abuela Luisa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de relatos y otros art&iacute;culos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/incapaz-matar-mosca_132_2193681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Apr 2018 11:30:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Incapaz de matar una mosca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Relato corto,Policromía,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cosas de Lepanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/cosas-lepanto_132_2184246.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Yo viv&iacute;a en Lepanto n&uacute;mero cuatro, como creo que alguna vez ya he dicho, que era la calle paticorta y estrecha m&aacute;s cercana a la monta&ntilde;a de verdad, al volc&aacute;n de pic&oacute;n o zahorra que lo dominaba todo en las distancias m&aacute;s cortas. Para m&iacute;, Lepanto n&uacute;mero cuatro era la calle capital de ese barrio pobre (La Monta&ntilde;a), pese a que fuera un sitio con huerta en su interior, y las restantes, las calles de la plaza y la de atr&aacute;s, pura periferia maldita. En esto coincid&iacute;a con mis primos Santi <em>el Negro</em> y Vicentito, y con <em>el Tejero</em>, que tambi&eacute;n estaba en el n&uacute;cleo duro y era de los que hay que echar de comer aparte, como ya contar&eacute; en pr&oacute;ximas ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Los de la calle m&aacute;s menuda del barrio siempre nos est&aacute;bamos peleando con los de la periferia, que eran los que empezaban. Comprobado. Este fue nuestro sino en la infancia y en la primera adolescencia. Peleas, ri&ntilde;as, cogotazos y revolcones con los de la calle de atr&aacute;s y con los de la calle de la plaza. As&iacute; todo el ajetreado d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        De las tres calles de mi barrio, ninguna conduc&iacute;a a lado alguno: siempre a alguna de las otras dos v&iacute;as principales. Para ir a otro lado, hab&iacute;a que tomar otra calle, m&aacute;s se&ntilde;orial, que para m&iacute; nunca fue del barrio. No formaba parte del mapa porque en ella no se pod&iacute;a jugar ni correr ni tirar chapas. Una de esas calles, la llamada carretera general, era la que conduc&iacute;a a otras partes: por La Luz, por La Zamora, por La Vera o por El Jard&iacute;n; era la llave para entrar al resto del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        A esa calle proscrita casi siempre la recuerdo por los atropellos, los frenazos, los robos y las redadas; por las urgencias, las muertes y las peleas de adultos, con sus borracheras a cuesta y sus ristras de palabrotas. Por poco m&aacute;s. Tambi&eacute;n recuerdo la carretera general por el chorro, por El Caf&eacute; y por la barber&iacute;a, y por La Fonda, por la tienda de comestibles de Goyo y porque en ella naci&oacute; una mujer le&oacute;n. Ah, y porque un d&iacute;a se call&oacute; el pino que all&iacute; germin&oacute;, ya adulto, y se comi&oacute; una casa terrera enterita. A las personas no las toc&oacute;, como si tuviera conocimiento el pobre pino amputado del asfalto por el viento. 
    </p><p class="article-text">
        En esas tres asim&eacute;tricas calles, pas&eacute; mi infancia y mi primera adolescencia, con la certeza de que Lepanto n&uacute;mero cuatro era la capital del barrio y lo dem&aacute;s territorio conquistado por el n&uacute;cleo duro. Fantas&iacute;a maldita.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/cosas-lepanto_132_2184246.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Apr 2018 07:19:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cosas de Lepanto]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Historia,Relato,Policromía,Román Delgado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El viejo Capitán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/viejo-capitan_132_2212626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Pasa a veces que las cosas no tienen explicaci&oacute;n, o quiz&aacute; mejor, que uno no es capaz de encontrarla. Tambi&eacute;n pasa a menudo que te critican por la creencia est&uacute;pida de que se cre&iacute;an poseedores de todas tus razones y por que confiaban en que t&uacute; eres de los que igual te vendes por una chuleta de vaca de desvieje. Pero no siempre es as&iacute;, se&ntilde;ores.
    </p><p class="article-text">
        En mi casa de antes, mi abuelo, el viejo Capit&aacute;n, era as&iacute; de bruto, as&iacute; de sencillo, as&iacute; de primario. Lo suyo era la honradez, siempre, y esto es hoy a lo que yo m&aacute;s aspiro, con chuleta de vaca de desvieje o con chulet&oacute;n de buey por delante. Hay formas y formas, y hay maneras de dar la mano: tensa como un garrote, apretando, que es la que m&aacute;s me gusta, aunque luego la mente no est&eacute; en sinton&iacute;a, o dej&aacute;ndola bien fofa, como el que tiene cagalera. Esta &uacute;ltima opci&oacute;n me produce n&aacute;useas.
    </p><p class="article-text">
        Si yo ante eso actuara como lo hac&iacute;a mi hoy desaparecido abuelo, el viejo Capit&aacute;n, y adem&aacute;s en ese momento estuviera con un par de cervezas de m&aacute;s, como a veces a &eacute;l le ocurr&iacute;a, seguro que al de la mano fofa, tonta, est&uacute;pida, le tiraba la gorra, perd&oacute;n, la boina, que mi abuelo, el viejo Capit&aacute;n, siempre <em>calzaba</em> boina en su cabeza, pese a que ten&iacute;a una buena mata de pelo blanco, as&iacute; hasta su dolorosa muerte. Pobre. &iexcl;Cu&aacute;nto lo quer&iacute;a!
    </p><p class="article-text">
        A veces mi abuelo, cuando &eacute;l cre&iacute;a que con el golpe suave y poco violento de la boina de todos los d&iacute;as, la m&aacute;s sucia y harapienta, no bastaba, tiraba de bast&oacute;n sin cortarse un pelo, que mi abuelo, el viejo Capit&aacute;n, tambi&eacute;n calzaba bast&oacute;n para tener tres patas en vez de dos, o para tener dos y media, que el bast&oacute;n pretend&iacute;a ser la tercera pero solo era un amago engre&iacute;do de ella, por eso de que hab&iacute;a una de las dos naturales que no andaba bien, nunca mejor dicho.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo era una persona honrada, valiente, creo que feliz, pero pobre, muy pobre, aunque es verdad que pose&iacute;a la gran riqueza de que no se arrugaba por nada. Com&iacute;a de todo, carnes duras y blandas, y siempre fue atrevido, hasta la misma muerte, con sus razones por delante: las de un analfabeto funcional que vio r&aacute;pido que la honradez basta para ser alguien, pese a que el plato de comida habitual sea arroz, papas y huevos.
    </p><p class="article-text">
        A mi abuelo le sobraban <em>teides</em>, y ya se sabe, amigo Tito, que lo &uacute;nico que se hereda no son las tierras. &iquest;Verdad?, amigo Tito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de relatos y cuentos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/viejo-capitan_132_2212626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Mar 2018 09:59:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El viejo Capitán]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Historia,Román Delgado,Policromía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Secuestro perfecto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/secuestro-perfecto_132_2238914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/424e7f7c-a442-42e1-8e3c-25c3fdc6290e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Creo que Mariano Rajoy, al menos en p&uacute;blico (no hay&nbsp;teides&hellip;), ser&iacute;a incapaz de reconocerlo, pero es lo que se respira y palpa en el ambiente: la esperanza de muchos espa&ntilde;oles, principalmente de los trabajadores, ha sido secuestrada por la pol&iacute;tica en el poder, incluso sin mediar palabra.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ya lo s&eacute;: las urnas y la democracia; el voto y la mayor&iacute;a. Pero esto tambi&eacute;n forma parte de esa burla, de lo que denomino secuestro. Qu&eacute; importante resulta ahora, sumidos en la pobreza neta, el c&oacute;mo se formula la pregunta. &iquest;Verdad? No es lo mismo decir que vamos a hacer justo lo contrario, o casi, que el anterior mandatario, que ya se luci&oacute;, a plantear, siempre en esos tremendos bodrios que son los programas electorales, m&aacute;s de lo mismo, que es lo que de verdad hay y habr&aacute;. Es decir, se opta por el enga&ntilde;o como medio de supervivencia en la pol&iacute;tica, siempre con el apoyo inestimable de los sistemas que se encargan de amplificar y repetir, hasta la saciedad, las mentiras o medias verdades, que igual da una cosa que la otra.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en que Rajoy se satura y nos satura vendiendo optimismo y rayos de luz al final del t&uacute;nel, y eso de que su gabinete solo ha hecho lo que ten&iacute;a que hacer para salvarnos, m&aacute;s r&aacute;pido que tarde, de la que est&aacute; cayendo&hellip;; todos, o casi todos, que hay mucho adepto a la causa <em>pepera</em> y a otras, creen o est&aacute;n seguros de que hay que estar en la clave de lo que dijo Bertolt Brecht en un cl&aacute;sico y maniqueo aforismo: &ldquo;Cuando los de arriba dicen que habr&aacute; paz, los de abajo debemos prepararnos para tiempos de guerra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eso mismo: por mucho que se repita, que se cante y que se grite&hellip; que habr&aacute; paz, que todo est&aacute; a punto de arreglarse, muchos ya saben, sobre todo porque lo sufren d&iacute;a tras d&iacute;a, y con la esperanza secuestrada desde hace tiempo, que lo que de verdad habr&aacute; es guerra. Y esta guerra no es la de levantarse en armas&hellip; No. Esta guerra es la de levantarse a diario sin nada que hacer, con las deudas entrando por entre las persianas, sin futuro en equis metros a la redonda y con muchas bocas abiertas en una pelea por un trozo de ficci&oacute;n. Nos ofrecen la nada y quieren una sonrisa de vuelta. Qu&eacute; cara m&aacute;s dura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Art&iacute;culo&nbsp;publicado en el libro de cuentos y otros textos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/secuestro-perfecto_132_2238914.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Mar 2018 09:51:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Secuestro perfecto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Policromía,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Casa sin huesos ni hierros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/casa-huesos-hierros_132_2251820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb45f90c-501d-4340-bdb9-ffc76109251d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Mi casa era de colores falsos y de piedras ro&iacute;das que hab&iacute;an sido tomadas prestadas en Los Azulejos, en una zona del Teide. En mi casa hab&iacute;a tres pisos que eran cuatro o cinco, y en el cuarto y quinto habitaban los animales y las matas junto al colorido de prendas de ropa colgadas en cuerdas pintadas por las moscas.
    </p><p class="article-text">
        Mi casa a veces parec&iacute;a que llegaba al cielo y abrazaba las nubes. Era una casa sin punto y final, alta y flaca, como una torre de Babel; llena de sorpresas y de muchos juguetes, y tambi&eacute;n de arritrancos en esquinas y llanos.
    </p><p class="article-text">
        En mi casa yo me divert&iacute;a mucho. Tambi&eacute;n lloraba, pero siempre sonre&iacute;a m&aacute;s que lloraba. Mi casa ten&iacute;a algo muy bueno: era un lugar en el que pasaban cosas. Mi casa era una caja de sorpresas en la que conviv&iacute;an doce primos, seis t&iacute;os y los abuelos: veinte personas en total, sin contar los animales. Todos en pocos metros y alturas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hab&iacute;a infinidad de podencos, conejos, hurones, palomas, gallinas y muchas hierbas para las ag&uuml;itas que preparaba la abuela. Todo esto estaba en el cuarto y quinto piso, en las dos azoteas (la grande, el techo del tercero, y la peque&ntilde;a, el del cuarto), mirando siempre al cielo azul, como una columna que crece paralela a la monta&ntilde;a, a mi monta&ntilde;a querida.
    </p><p class="article-text">
        Mi casa no ten&iacute;a huesos ni hierros ni nada, como la antigua Maternidad de Puerto de la Cruz, que tampoco ten&iacute;a huesos ni hierros ni nada, el lugar donde yo nac&iacute;, en vez de hacerlo en el segundo piso de mi casa, como mi primo Santi <em>el Negro</em>, con la diferencia de que &eacute;l naci&oacute; en el primero de mi casa, que es la planta baja para casi todos los mortales. Para los de la calle Lepanto n&uacute;mero cuatro, no.
    </p><p class="article-text">
        Mi casa no ten&iacute;a huesos ni hierros ni nada, pero era la m&aacute;s divertida del mundo. &iexcl;Cu&aacute;nto echo de menos mi casa, aquella antigua casa! &iexcl;Cu&aacute;nto!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/casa-huesos-hierros_132_2251820.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Feb 2018 11:04:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Casa sin huesos ni hierros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Román Delgado,Cuentos,Policromía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malo como un perro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/malo-perro_132_2784122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74488023-28bd-4bf1-b7b3-4bd81d6325cd_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Llevo unos d&iacute;as con la digesti&oacute;n demasiado pesada. Ya hoy, en el d&iacute;a de reflexi&oacute;n, puro eufemismo de necesarias horas completas de descanso, he logrado desatar mi nudo en la boca del est&oacute;mago. El hecho de que haya sido este s&aacute;bado y no otro d&iacute;a de las dos &uacute;ltimas semanas, m&aacute;s las muchas 24 horas previamente encadenadas de eso que llaman precampa&ntilde;a, demuestra con nitidez y sin opci&oacute;n alguna de haber metido la pata que el origen de mis males estomacales ha estado en el empacho de bazofia exhibicionista con tanto amago de ideolog&iacute;a verdadera, tanta palabrer&iacute;a y tanto compromiso tras compromiso sin que importe nada m&aacute;s. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        Y claro que en la necesidad de tener que masticar c&oacute;mo la gran mayor&iacute;a se apunta a tanta bajeza sin la obligatoriedad de que el discurso cuelgue de la rama de la sensatez, para que as&iacute; no levite hasta que tarde o temprano se descubra que todo fue un tal vez, un algo conscientemente amontonado y eficazmente aglutinador de espacio de renombre anal&oacute;gico o digital, con tinta, p&iacute;xeles, audios o voz-imagen. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        Las precampa&ntilde;as electorales me producen la misma alergia que el pelo de los gatos con demasiado pelo, los que van dejando huella de que por tal sitio han transitado. El est&oacute;mago se me enroll&oacute; estos d&iacute;as como una manguera larga y estrecha ya solo utilizada para el juego de perros inmaduros y ni&ntilde;os arquitecto. As&iacute; de apretado, de torcido y de estrangulado me he sentido. No lo pude evitar, que existen las indigestiones de lentejas y pucheros, y m&aacute;s de garbanzas con todos sus colores y espesores, y tambi&eacute;n de racimos &aacute;cidos rellenos de verborrea, de antipalabras, de ritos y de muchas y muy seguidas estupideces. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        A los aspirantes a esca&ntilde;o, sueldo y otras ventajas, yo les prohib&iacute;a hacer precampa&ntilde;a sin descansar lo suficiente; sin parar, callar, enmudecer y arrodillarse a lo dictado por el m&eacute;dico de cabecera de la pol&iacute;tica, que seguro que de esta manera se evitar&iacute;an muchos tropiezos, esguinces, chichones y falsas esperanzas. De todo lo que se ha dicho en estos d&iacute;as no recuerdo nada de inter&eacute;s extremo, sustancial, vital o central. En ese tiempo solo han hervido en mi cabeza listados de animaladas, tonter&iacute;as, banalidades, mentiras y desverg&uuml;enzas. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que no he podido rememorar, pese a remover mucho la azotea y ya estar con mi pesadez de est&oacute;mago en tr&aacute;nsito hacia la levedad, qu&eacute; alimento a modo de mensaje pol&iacute;tico ha merecido la pena; ha sido verdadero y original, capaz de resucitar confianzas y lealtades. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        No recuerdo nada; no he visto, le&iacute;do ni escuchado algo &uacute;til. S&eacute; que alguno me tachar&aacute; de cabr&oacute;n o raro por todo esto, y lo admito, aunque a rega&ntilde;adientes, que bastante ya he tenido con tremenda intensidad de negro infinito. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        Todo esto fue lo que me puso pocho, malo como un perro. A partir de ma&ntilde;ana, los d&iacute;as caer&aacute;n de otra manera para voltear hacia id&eacute;ntica cara. Hueco...
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de cuentos y art&iacute;culos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/malo-perro_132_2784122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Feb 2018 11:04:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Malo como un perro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Policromía,Política,Elecciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[... y aquí no pasa nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/pasa_132_2974424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d769d2e1-5a30-4c64-8c70-162dce7ad634_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Tantas y tantas cosas que a diario nos asaltan&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. El paisaje urbano, el que pisoteo con rabia jornada tras jornada (que luego est&aacute;n los otros lugares, para los que tambi&eacute;n digo &iacute;dem), se sigue transformando en un dibujo de hambre y ocaso&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. La gente deambula por las calles con su plato vac&iacute;o y fe de alimento&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. Los parados y sus genes afines miran silenciosos el fin que reposa sobre el hule y ya solo se alimentan de miradas desenfocadas y lega&ntilde;osas&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. Hay una se&ntilde;ora que est&aacute; enferma y necesita atenci&oacute;n r&aacute;pida, que se nos muere y esto es evidente&hellip;, y aqu&iacute; tampoco pasa nada. Te aproximas al cole y ves que algunos ni&ntilde;os miran con desolaci&oacute;n y ojos abiertos de par en par unas simples galletas Mar&iacute;a&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada.
    </p><p class="article-text">
        Aquella familia conquista y coloniza las escalinatas de cualquier ermita o parroquia y en ellas sienta sus humildes reales de pasado opulento y d&iacute;a de ma&ntilde;ana sin saber qu&eacute;&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. La gente se desespera, se desangra, se horroriza, se tira por un puente para llegar al cielo&hellip;, y aqu&iacute; no pasa nada. Ahora bien, un pol&iacute;tico monta el pollo a cuenta de un asunto irrelevante y solo formal&hellip;, y aqu&iacute; muchos se ponen a funcionar con las mejores pilas, con voces encendidas y caminos abiertos por pol&iacute;ticos de un lado y de otro.
    </p><p class="article-text">
        Ahora s&iacute; que pasa algo, &iexcl;curioso!, cuando lo que hay es la inconsistencia, la levedad, el reproche de la nada: un esquema insustancial que redunda en la majader&iacute;a m&aacute;s insulsa, et&eacute;rea y oscura, un fen&oacute;meno que forma parte de la aberrante partida de&nbsp;<em>ping-pong</em>&nbsp;de esos mismos pol&iacute;ticos, a los que parece que nada sustancial de lo que pasa, sobre todo los platos vac&iacute;os, les importa un maldito carajo. Como esto siga as&iacute;, no me quedar&aacute; m&aacute;s remedio que pensar menos en ese juego de&nbsp;<em>ping-pong</em>&nbsp;y sus tenistas para de una vez advertir, sin marcha atr&aacute;s posible, que lo &uacute;nico que queda es la nada. &iquest;O quiz&aacute; sea la guerra?
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Art&iacute;culo&nbsp;publicado en el libro de cuentos y otros textos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/pasa_132_2974424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jan 2018 19:47:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[... y aquí no pasa nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Policromía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silencio, llueve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/silencio-llueve_132_3025787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53582076-e5e5-4e98-b667-f69124409da8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><h1 class="article-text">Ya estaba cansando de tanta espera entretenida cuando apareci&oacute; desgarbado y en cholas por la esquina que m&aacute;s goteaba.</h1><h1 class="article-text">&nbsp;</h1><h1 class="article-text">&ndash;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o te pas&oacute;, Manolo?</h1><p class="article-text">
        &ndash;Nada, hijo, que llueve. Llueve por soleares y, si con dos gotas de agua todo se pone que no hay quien ande, pues imag&iacute;nate con tremendo disparate. Antonio, as&iacute; es la vida, hijo&hellip; &iexcl;Cambia de cara, joder!, que en nada iniciamos la charla de pol&iacute;tica. &iquest;Tienes algo preparado? Anda, anda&hellip;, que quiero calentarme de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Antonio se hab&iacute;a guarecido debajo del pelaje de tremenda ceiba y no paraba de mirar al frente, a la cortina cerrada de agua que amenaza con inundar el cobijo improvisado de ese d&iacute;a en el parque. Estaba perdido, gozando. El agua a veces lo despertaba por el efecto coladera del ramaje, empapado, saturado de tanta precipitaci&oacute;n. A lo lejos, nada, solo agua; m&aacute;s cerca, nada, solo agua, y en el recuerdo, nada, solo agua.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero Antonio, despierta, &iexcl;hombre!, que ya estoy aqu&iacute;, y mira que me ha costado una buena mojada. Y todo para re&iacute;r con lo &uacute;ltimo de nuestros pol&iacute;ticos&hellip; De todos... Ya sabes. Anda, arranca, hijo. Aaaah, &iquest;y has visto lo de ayer de Alarc&oacute;? Pedazo de portavoz, pedazo de cirujano&hellip; A este yo lo vuelvo a votar. &iexcl;Fijooo&hellip;! Pero qu&eacute; te pasa.
    </p><p class="article-text">
        Debajo del &aacute;rbol las gotas ya her&iacute;an, que la borrasca, echando agua desde el lunes, hab&iacute;a realizado muy bien su trabajo. &ldquo;Para que luego digan&rdquo;, pens&oacute; para s&iacute; el pobre de Antonio.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Antonio, o arrancas o me piro, que una guagua me sale en cinco minutos. Pero &iquest;qu&eacute; co&ntilde;o te pasa, hombre? Anda, anda, dime qu&eacute; tienes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En ese momento, tras recibir Antonio tremendo cogotazo por la espalda, cosa de alba&ntilde;iles, el receptor del viaje se gir&oacute; con virulencia, incluso aparentando repelerlo. Pero no hizo nada. Solo dijo a grito limpio: &ldquo;&iexcl;C&aacute;llate de una puta vez, que te pareces a Alarc&oacute;! &iexcl;D&eacute;jame disfrutar con calma y sin mentar a pol&iacute;tico alguno de la belleza de la lluvia! &iexcl;Capuuullo&hellip;!
    </p><p class="article-text">
        Manolo se acojon&oacute; y puso el culo en la poca tierra seca existente. Y as&iacute; estuvieron, quietos, hasta la salida de la &uacute;ltima guagua del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Historia publicada en el libro de cuentos y otros relatos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/silencio-llueve_132_3025787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Dec 2017 07:40:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Silencio, llueve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Historia,Cuentos,Santa Cruz,Policromía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manises tostados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/manises-tostados_132_3037699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a51e6c5c-99ae-4cfb-9252-78eec304cc3e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        De todas las cosas sencillas, cotidianas y vulgares que me han ocurrido en las &uacute;ltimas horas, y dejo al margen las que uno siempre guarda con doble candado (tambi&eacute;n llamadas personales o &iacute;ntimas), me quedo con la minitapa de manises tostados, ricos, muy ricos, que estos d&iacute;as me puso el amigo Andr&eacute;s sobre la en&eacute;sima barra de acero inoxidable que hay en esta ciudad repleta de hitos de la Gesta del 25 de Julio.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute; que fue un hito, despu&eacute;s de colas de coches, sem&aacute;foros que no se dejan querer, inquietud breve e intermitente y ca&iacute;da hacia la costa desde la obrera y desempleada Ofra. As&iacute; llegu&eacute; al lugar en que mejor sombra dan los laureles, dej&eacute; el trasto en su sitio oscuro y pens&eacute;:&nbsp;<em>pa&rsquo;rriba</em>, para la torre, que no s&eacute; si saben que ya no trabajo en la cueva, o para la plaza, al lugar que en mi barrio, y en tantos otros, se dec&iacute;a que se pod&iacute;a ir a llorar y a escuchar misa, y a enamorar y a activar el magreo, y a fumar porros verdes o marrones.
    </p><p class="article-text">
        Yo, antes de tirar de cierre electr&oacute;nico, ya hab&iacute;a decidido, casi desde la rotonda de la antigua tabaquera, que esta vez necesitaba el man&iacute; tostado y quiz&aacute; no una cerveza, sino una Xero de las que ahora llevan nombre propio. No soy de los que se enganchan a tal mercadotecnia, pero debo reconocer que me asust&eacute; porque por un momento cre&iacute; que la que Andr&eacute;s me ofrec&iacute;a era una con &ldquo;Rom&aacute;n&rdquo;, y no, falsa alarma: era una con &ldquo;Ra&uacute;l&rdquo;, y a m&iacute; es que este nombre no me gusta nada.
    </p><p class="article-text">
        El platito de manises era microsc&oacute;pico, eso, un platito, y para saborearlos mejor y de camino jugar un rato con ellos, sobre la art&iacute;stica y posmoderna barra de metal, acompas&eacute; el consumo del refresco con la introducci&oacute;n del man&iacute; en la boca, de manera que casi compuse una pieza popular con sus acordes y ritmos. Fue algo muy sencillo, pero emocion&eacute; hasta a los que se hallaban a mi espalda con g&uuml;isquis y cervezas, mucho m&aacute;s f&aacute;cil, que se pusieron a aplaudir.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; estuve un tiempo contento, hasta que, como era de esperar, ya solo quedaban dos manises y, con el &uacute;ltimo en la boca y el sorbo final de la Xero, concluy&oacute; la canci&oacute;n y la verbena. Coloqu&eacute; el euro sobre el platito, que casi no cupo, y tir&eacute; para la torre, que es desde donde les he estado contando esta traviesa historia, ya llegando a la l&iacute;nea terminal, con todo resuelto para tirar de nuevo hacia los laureles.
    </p><p class="article-text">
        Esta vez paso de manises y de Xero, que la luna me gusta mucho y pretendo irme a celebrar algo m&aacute;gico con ella. Si alguna noche ven a alguien en su lomo, ser&eacute; yo: el de los manises y la Xero, y no querr&eacute; bajar, as&iacute; que nada de bobadas con llamadas al 1-1-2.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Historia publicada en el libro Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/manises-tostados_132_3037699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Nov 2017 07:09:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manises tostados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuentos,Policromía,Román Delgado,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Castañas de Luisa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/castanas-luisa_132_3065436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb5952b5-b264-45ac-a4ba-a511a1a0b8fa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Secado de castañas sobre unos sacos"></p><p class="article-text">
        A nada de que toque en todas las puertas del pueblo la festividad de San Andr&eacute;s, se garabatea en mi mente un mero reflejo de la azotea de la abuela con los sacos de tela secos y extendidos, sometidos al poco calor del d&iacute;a, y sus casta&ntilde;as esparcidas y ordenadamente separadas a lomo de aparatos que antes calentaron papas: primero de semilla y luego blancas, rosadas, rojas o bonitas, las del cuarto oscuro.
    </p><p class="article-text">
        En esos sacos marrones, envejecidos por el paso del tiempo y llenos de moratones, zurcidos y con suciedades arrebatadas, la abuela siempre colocaba, con todo lujo de detalles y estaci&oacute;n tras estaci&oacute;n, sus casta&ntilde;as, para que sobre esas telas paup&eacute;rrimas pero efectivas los frutos m&aacute;s queridos del oto&ntilde;o terminaran de morir y de transformarse en algo m&aacute;s exquisito que la primigenia casta&ntilde;a ca&iacute;da del &aacute;rbol robusto y luego robada del erizo.
    </p><p class="article-text">
        En esos no m&aacute;s de tres sacos con textura rugosa, la abuela, siempre con esmero, delicadeza y sin quejarse, que esto nunca lo hac&iacute;a, colocaba sus casta&ntilde;as que tiempo antes hab&iacute;a extra&iacute;do del primer saco, el recibido en casa.
    </p><p class="article-text">
        El secado natural de casta&ntilde;as en la azotea de la abuela, junto a perros, palomas, hurones, plantas, flores y el tendido de la ropa, duraba lo suyo; llevaba su tiempo... Pero lo mejor de todo casi siempre alumbraba m&aacute;s all&aacute; de San Andr&eacute;s, con d&iacute;as y m&aacute;s d&iacute;as que sumaban regalos id&eacute;nticos entregados al placer de la vida en oto&ntilde;o, de los que casi siempre, dependiendo de la cosecha, se pod&iacute;a disfrutar hasta bien entrado el invierno.
    </p><p class="article-text">
        El secado de casta&ntilde;as de la abuela consist&iacute;a en mimar un sencillo obsequio de la naturaleza, en principio solo para la abuela, aunque luego, por esto de vivir todos juntos, aunque bien separados pero tremendamente apelotonados en una misma cama cuando hab&iacute;a ganas de cari&ntilde;o (&iexcl;siempre!), se convirti&oacute; en el paso previo al disfrute en comunidad del fruto seco, bien seco, con mordida previa para arrancar la c&aacute;scara, y con ella toda la piel y limpieza integral.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces a la boca, a masticar y a disfrutar de una charla sencilla y amable en cualquier sobremesa, con manta sobre los pies descubiertos. Y una vez, y dos...; y a revolver bolsillos, y a repetir la subida a la azotea. Y as&iacute; quiero seguir...; claro que s&iacute;, abuela Luisa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/castanas-luisa_132_3065436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Nov 2017 14:13:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Castañas de Luisa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Román Delgado,Policromía,Cuentos,San Andrés]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El testigo mirón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/testigo-miron_132_3094347.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/771b7fc4-82e7-48d2-89d1-d6b329025a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Con lo que suele fastidiar que no te cojan el tel&eacute;fono, m&aacute;s si el que llama es autoridad de la Justicia o bien agente de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado... A ello aquel oscuro d&iacute;a se uni&oacute; que en el interior del b&uacute;nker tampoco descolgaran el telefonillo para al menos esbozar un... &ldquo;Diga, &iquest;qui&eacute;n es...? Ah, s&iacute;, pero es que el se&ntilde;or ahora mismo no est&aacute;. Se halla ausente. Lo siento mucho, de verdad. Le dir&eacute;, cuando regrese a casa, esto s&iacute;, que ustedes lo andan buscando. Por favor..., y &iquest;de parte de qui&eacute;n le comento que vienen...? Perd&oacute;n..., pero es que no lo entiendo...&rdquo;. Y entonces llega el grito &aacute;spero: &ldquo;Del juzgado, se&ntilde;ora; que nos manda el juzgado, se&ntilde;ora. Somos los mismos que ya lo hemos llamado sin &eacute;xito al n&uacute;mero de m&oacute;vil que tuvo la decencia de dejar al juez, el mismo que no coge ni de co&ntilde;a, el mismo que seguro que no paga. Y, por cierto, &iquest;est&aacute; usted segura de que el se&ntilde;or, por decirlo sin meter la pata, no est&aacute; por ah&iacute;? &iquest;Est&aacute; usted segura..., que le habla la polic&iacute;a, la misma autoridad..., eh?&rdquo;. &ldquo;Bueno, se&ntilde;or, que yo acabo de llegar hace nada a esta casa como persona encargada de las actividades dom&eacute;sticas y solo le puedo decir, que ahora usted me ha puesto muy nerviosa, &iexcl;oye!, que eso mismo es lo que &eacute;l dijo que yo dijera en caso de que alguien llamara a la puerta de la mansi&oacute;n. Y esto es lo que me atrevo a se&ntilde;alar, que ya usted sabe: &lsquo;El se&ntilde;or se halla ausente; en este mismo momento, no se encuentra en casa. Repito&rdquo;. &ldquo;O sea...&nbsp;&ndash;dijo el polic&iacute;a con tono subido&ndash;.&nbsp;&iquest;Pero est&aacute; o no est&aacute; el se&ntilde;or...? &iquest;No me estar&aacute; enga&ntilde;ando, verdad? Le aseguro que no entro a por &eacute;l porque no puedo, que, si tuviera orden judicial, ya &eacute;l ver&iacute;a. Menudo cachondeo se tiene este en el b&uacute;nker, con persianas bajadas, a oscuras, con los perros atados y sus bozales puestos, y con los coches de lujo escondidos bajo techo. Bueno..., que usted, sin tener culpa alguna, me est&aacute; hartando y no tengo ganas de descargar toda mi ira en su... D&iacute;gale a su querido se&ntilde;or, al que no abre la puerta ni coge el m&oacute;vil, pese a que lo llama la Justicia, que volveremos pronto...&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los polic&iacute;as siguieron tocando el timbre una y otra vez, pero all&iacute; solo hab&iacute;a silencio. Detr&aacute;s de la leve abertura de una persiana rota, en el segundo piso, &eacute;l esperaba a que se fueran.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de cuentos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/testigo-miron_132_3094347.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Oct 2017 10:32:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El testigo mirón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Román Delgado,Policromía,Tenerife Ahora]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Suéter sobre suéter]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/sueter-sueter_132_3125815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hoy he redescubierto que el domingo es mal d&iacute;a, si no fuera por el tremendo constipado que me acompa&ntilde;a a todos los rincones de la casa, iluminados y a oscuros, para quedarme quieto, sin darle a la tecla. Esto me preocupa, y tambi&eacute;n alienta mis deseos de ser un aut&eacute;ntico martillo pil&oacute;n. Hoy, una tarde de domingo con alegr&iacute;as sonoras de goles m&aacute;s de la cuenta en el recinto del barranco de Santos, los minutos pasan como si fueran horas y as&iacute; el d&iacute;a transcurre lento, pausado, sin prisas, como si no quisiera entregarse a la ca&iacute;da del sol y con ella a la noche negra, oscura.
    </p><p class="article-text">
        Tanta lentitud dibuja en el parqu&eacute; innumerables huellas de pies sudados que agitan su encarcelamiento consentido y da al sal&oacute;n un ambiente de cercan&iacute;a que es soportable gracias a ese arte figurativo, y a labios y cachetes que se acercan de vez en cuando para tocarse por la acci&oacute;n del natural impulso, de la cercan&iacute;a bien entendida.
    </p><p class="article-text">
        El televisor no dice nada especial, como hace casi siempre, y las ventanas lanzan mensajes subliminales de que ya desean ser acariciadas para tapar la entrada de lo que llega de fuera: alboroto de f&uacute;tbol y frialdad de viento que termina calando tras suma de capas de baja temperatura. Y as&iacute; una tanda, y otra, y m&aacute;s, y ahora a ponerse el abrigo&hellip; Acci&oacute;n demoledora, y casi sin pesta&ntilde;ear.
    </p><p class="article-text">
        El suelo es madera, y la madera es calor. En el lado opuesto del habit&aacute;culo, las otras ventanas cuchichean lo mismo que aqu&eacute;llas: todas compinchadas, y entonces, durante la corta espera, no queda m&aacute;s salida que poner encima del primer su&eacute;ter otro abrigo. Esto s&oacute;lo por un momento.
    </p><p class="article-text">
        El fr&iacute;o termina aislando de lo que pasa en el exterior: del aire helado, de la oscuridad que camina hacia la noche y de los murmullos y las voces propios de las catedrales del f&uacute;tbol. Me gusta el derrotero de la tarde. No est&aacute; mal.
    </p><p class="article-text">
        Consigo que las ventanas est&eacute;n bien selladas. La temperatura interior es ahora m&aacute;s c&aacute;lida que antes; la madera transporta sin fr&iacute;o en la planta de los pies desnudos, y la cama, al fin montada, tiene una novela en su mismo coraz&oacute;n. Me digo que no&hellip; Me digo que s&iacute;&hellip; Pill&oacute; el en&eacute;simo caf&eacute;, &eacute;ste con leche, por eso de que ya es algo tarde por si luego quiero hallar el sue&ntilde;o, y me pongo a buscar y a asociar letras.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Son las seis y poco de la tarde, y s&oacute;lo pienso en que tengo por delante un viaje de al menos dos horas. Me quito uno de los abrigos; luego el segundo. Me desnudo, que ahora si tengo calor. Ni me he enterado del antes cercano del cl&aacute;sico Real Madrid-FC Barcelona. S&eacute; que juega el CD Tenerife porque las ventanas, &iquest;recuerdan?, estaban semiabiertas; advierto que es domingo por la rutina impuesta de tantos d&iacute;as con este mismo sello, y conf&iacute;o en que es festivo por la inmediata presencia que llega por el aire.
    </p><p class="article-text">
        La novela se abre por la &uacute;ltima p&aacute;gina le&iacute;da el d&iacute;a anterior y las hojas, con cadencia perfecta, pasan de derecha a izquierda a la velocidad que marca la lectura mental. P&aacute;ginas y m&aacute;s p&aacute;ginas hasta la llegada del acabose.
    </p><p class="article-text">
        Han pasado muchos minutos y ahora la luz que alumbra es la que se activa pulsando el interruptor. El CD Tenerife ha ganado, y lo aseguro por la bulla de entusiasmos de cuando la casa dejaba penetrar la brisa. Ya s&oacute;lo falta seguir esperando.
    </p><p class="article-text">
        El grifo de la ducha, como antes hizo el libro cargado de sutiles mensajes con sus p&aacute;ginas y hojas, mana agua y ello conduce hacia el l&iacute;quido caliente. Mientras imito un ba&ntilde;o que no es turco ni sauna, un avi&oacute;n rabioso camina por encima de la ciudad. Parece que quiere aterrizar. Lo miro, digo que s&iacute;&hellip;, que &eacute;ste es, y me sale una sonrisa tonta y descontrolada de la que me percato gracias a la imagen que devuelve el espejo compa&ntilde;ero de la cama, que a la vez entrega la novela posada en el coraz&oacute;n del edred&oacute;n titular en el descanso nocturno.
    </p><p class="article-text">
        Me seco sin secarme del todo, me pongo otra vez aquellos dos su&eacute;teres y tiro para arriba. Antes dejo abiertas algunas ventanas y paseo por la madera queriendo borrar las huellas de los pies menudos y descalzos, femeninos y creciendo por segundos. Necesito que no se note el ambiente de tensa espera, y creo que en media hora de ausencia y con aquellos agentes del tiempo dale que te pego&hellip; Lo conseguir&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tras esos minutos que asemejan distancias de horas, una puerta se volver&aacute; abrir desde la calle y todo tomar&aacute; la forma del otro domingo, para bien y tras la limpieza propiciada por tanta ventana abierta.
    </p><p class="article-text">
        De nuevo toca su&eacute;ter sobre su&eacute;ter, pero ser&aacute; s&oacute;lo un momento, un breve instante del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Historia publicada en el libro de cuentos y otros textos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/sueter-sueter_132_3125815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Oct 2017 09:24:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Suéter sobre suéter]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cuentos,Historia,Policromía,Román Delgado,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como una escalera de caracol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/escalera-caracol_132_3136638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92f8cd7a-7030-4235-b810-4958a4b60525_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Se me acaba de ocurrir y creo que no est&aacute; mal del todo. Sin serlo, la escalera de mi casa primigenia era lo m&aacute;s parecido a esas que llaman de caracol. Como las de caracol, parec&iacute;a que no ten&iacute;a punto y final, que conduc&iacute;a al m&aacute;s all&aacute;, pero con enorme incomodidad, con estrecheces, con hasta tres descansillos nunca iguales y con decenas de pelda&ntilde;os hechos a base de sobras de la construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La que parec&iacute;a una escalera de caracol en mi casa solo llevaba a la azotea del tercer piso, que para llegar a la del cuarto estaba la otra escalera, la de madera ro&ntilde;osa, de quita y pon: la pongo cuando no hay ni&ntilde;os y la quito cuando ellos est&aacute;n. &iquest;Y si hab&iacute;a despistes?, que existieron, y m&aacute;s habituales de lo deseado&hellip; Nada, le&ntilde;azo garantizado, nervios, prisas, coches, gritos, enfados y urgencias. Siempre lejos, muy lejos.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; lejos siempre estaba el m&eacute;dico! Y el pa&ntilde;uelo blanco por fuera, buscando el viento y ondeando con un mensaje grabado de miseria, horror e incertidumbre. Y luego el blanco de vuelta, el del yeso o la escayola, o el del pa&ntilde;uelo humedecido por las l&aacute;grimas incoloras e indefensas nacidas en la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        En la escalera polimorfa de mi casa, yo lloraba mis penas a menudo, con la puerta de la entrada, la de la calle, casi cerrada y con la oscuridad buscada de forma artificial, para evitar que me divisaran desde el fondo claro y ruidoso. Tambi&eacute;n desde la escalera iba al ba&ntilde;o de mi casa dentro de la casa de mis abuelos, al que se acced&iacute;a desde el primer descansillo.
    </p><p class="article-text">
        Por inveros&iacute;mil que parezca, el ba&ntilde;o de mi casa, el del segundo piso, no estaba dentro de mi casa, sino junto a la escalera, como si se hubiera ideado para atender las necesidades de los usuarios del suced&aacute;neo modelo de caracol. Que no fue as&iacute;. Prueba de ello es que lo mismo pasaba en el tercer piso. Este era uno de los rasgos m&aacute;s singulares de mi casa, entendida en su integridad, con todos sus pisos, azoteas y dem&aacute;s estancias inexplicables e insondables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro compendio de cuentos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/escalera-caracol_132_3136638.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Oct 2017 08:47:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Como una escalera de caracol]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Román Delgado,Policromía,Relato]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marianito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/marianito_132_3151771.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/518a7c44-bc0d-45d5-a734-7e26fee2501a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        El inapreciable hilito de aire fresco que en la ma&ntilde;ana de ayer conduc&iacute;a el barranco sin ch&oacute;fer a la desembocadura del amago de r&iacute;o que es esta cuenca capitalina de Santos fue suficiente para que, tras lamentar el estado f&iacute;sico de aulagas, cardones y tabaibas, todas ellas achicharradas y sin sonrisas en los labios (m&aacute;s amarillos que verdes), se me despertara, previa sinapsis, una neurona dormida, y por esa chispa, por ese calambrazo, sediento y extenuado como un perro salchicha de los m&aacute;s largos <em>acabante </em>de hacer a dos por hora un marat&oacute;n urbano, m&aacute;s dif&iacute;cil con la que entonces estaba cayendo (sin agua), escuch&eacute; un grito, un ladrido que seguro proven&iacute;a de una conversaci&oacute;n cercana bajo sombra verde. Y as&iacute; fue.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Pero, &iexcl;mam&aacute;!, &iquest;por qu&eacute; ahora est&aacute;s empe&ntilde;ada en cambiarme el nombre si a m&iacute; el de Marianito me gusta mucho, me encanta, me entusiasma y me activa todos los d&iacute;as? Y me inspira, s&iacute;, me inspira, aunque t&uacute; no lo creas y ahora mismo est&eacute;s muerta de la risa. Pero&hellip; &iexcl;Mam&aacute;!
    </p><p class="article-text">
        &ndash; &iquest;C&oacute;mo puedes decir eso, Ma&hellip;? No quiero ni repetirlo. Pero es que no eres capaz de ver, con la que est&aacute; cayendo, que no te lo mereces; que ese nombre tuyo, el de nuestra equivocaci&oacute;n (aunque el que se empe&ntilde;&oacute; fue el derechoso de tu padre), es hoy una afrenta para la familia. Es que, &iexcl;co&ntilde;o!&hellip; &iquest;C&oacute;mo tengo que dec&iacute;rtelo para que lo entiendas de una pu&ntilde;etera vez? Que no, que no puede ser&hellip; Que voy al s&uacute;per y todo el mundo habla de ese&hellip;, y en la pelu&hellip;, y bajo la marquesina de la parada de la guagua&hellip;, y en el portal del edificio&hellip; Estoy harta y quiero acabar con esto de una pu&ntilde;etera vez, que t&uacute;, querido hijo, no eres as&iacute;&hellip; &iexcl;Joder! Y ya haces lo que digan tus padres, que para eso somos tus padres y mandamos. As&iacute; que vamos al Registro Civil de una vez y punto y aparte. Y se acab&oacute;&hellip; Y a tomar por el trasero la maldita referencia a Ma&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Pero &iexcl;mam&aacute;! Yo no quiero.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Pues s&iacute;. &iexcl;Vamos y punto&hellip;!
    </p><p class="article-text">
        &ndash; &iquest;Y con pap&aacute; qu&eacute; vas a hacer&hellip;? Nos llamamos igual, &iquest;recuerdas?
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Lo de &eacute;l ya est&aacute; arreglado, que me separ&eacute; esta ma&ntilde;ana. Faltas t&uacute;. Anda, vamos, que no estoy de humor. &iquest;Qu&eacute; te crees, chinijo?
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Historia publicada en el libro de cuentos y otros textos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/marianito_132_3151771.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Oct 2017 09:21:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marianito]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuentos,Historia,Policromía,Román Delgado,Política,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bartolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/bartolo_132_3218833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49bb8e80-d6e4-464d-98f8-9ee66ff61738_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Siempre fue y actu&oacute; como una persona muy rara: rara, rara y rara. Bartolo era tan raro que no le interesaba el f&uacute;tbol, as&iacute; que, fiel a sus especiales principios, no vio el derbi de aquel s&aacute;bado. Se enter&oacute; del desenlace, del uno a cero, sin querer: por un di&aacute;logo que manten&iacute;an otros a su paso por una plaza hediendo a cagada de perro, una de las tantas que, pese a ello, florecen en Santa Cruz. A Bartolo no le interesaba el f&uacute;tbol, con lo que &eacute;l no engord&oacute; el cincuenta por ciento de <em>share</em> (audiencia en televisi&oacute;n) que tuvo la transmisi&oacute;n del choque m&aacute;s guay de todos los que hoy se pueden dar en el archipi&eacute;lago.
    </p><p class="article-text">
        Atendiendo a esas mismas man&iacute;as, que son raras, raras, raras; o sea, muy raras, Bartolo no se preocup&oacute; el domingo pasado de seguir los partidos clave que empezaron a la misma hora para decidir el campeonato de Liga. A Bartolo ni se le pas&oacute; por la cabeza sentarse en una terraza de bar, en el centro de la ciudad, para controlar a la vez los tres encuentros. Bartolo pasa de esto; elude esas atenciones masivas; atiende otras cuestiones: raras, muy raras, como le dice a menudo la gente.
    </p><p class="article-text">
        Bartolo reniega de todo eso y solo se dedica a cosas que &eacute;l considera m&aacute;s interesantes, y parece, aunque solo lo apoye una de cada diez almas, que lo son. Bartolo pas&oacute; aquel fin de semana del cl&aacute;sico entre los de Las Palmas y el Tete; le sud&oacute; los sobacos que el Madrid perdiera en Vigo ante el Celta y se la pelaron los empates del primero, el Atl&eacute;tico de Madrid, y del segundo, el Bar&ccedil;a, cuyos jugadores parecen que andan con gasoil del peor de todos. Es lo que se escucha en la calle.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que eso era lo que hab&iacute;a que hacer aquellos s&aacute;bado y domingo, Bartolo, persona rara, rara, muy rara, se fue al parque Viera y Clavijo de la capital, donde no pudo caminar, y menos correr, sin tener que inhalar una cagada reciente de perro pijo o sin tener que cambiar su singladura habitual para evitar que un can menos malcriado que sus due&ntilde;os se tirara a los calcetines de sus pies motivado por el olor simulado del pescado podrido.
    </p><p class="article-text">
        Bartolo, esa persona rara y rara, dej&oacute; el recinto para evitar m&aacute;s incendios, que en Santa Cruz casi todos esos lugares, la pura realidad, son para los animales (y me refiero a algunos due&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        Asustado, muy asustado, que lo mismo te sale un mat&oacute;n por el camino y te parte la cara, se dirigi&oacute; a su casa con el coraz&oacute;n pidiendo permiso para salir por la boca (al final salt&oacute; fuera y lo tuvo que recoger del suelo, cagado y meado, para limpiarlo con agua del chorro antes de meterlo en su caj&oacute;n para las v&iacute;sceras). Corriendo, corriendo...; corriendo sin mirar atr&aacute;s, cruz&oacute; el puente a la vez que un silencio inmenso y sospechoso se apoder&oacute; de la cuenca del barranco.
    </p><p class="article-text">
        Pese a tan sutil aviso de que es menos peligroso ver f&uacute;tbol por la tele y en casa que enamorarse de una ceiba, Bartolo sigui&oacute; fiel a sus adentros y el domingo repiti&oacute; como si tal cosa no fuera con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Bartolo es muy raro: raro, raro, raro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Cuento publicado en el libro llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/bartolo_132_3218833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Aug 2017 09:42:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bartolo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Cuentos,Policromía,Román Delgado,Tenerife Ahora]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fotosíntesis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/fotosintesis_132_3228166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f0d8a2a-4906-437a-bce5-0c6951b515ba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Dirijo la mirada al extracto de bosque siempre verde que se halla enfrente de m&iacute;, en el mismo coraz&oacute;n de donde algo se ense&ntilde;a y algo se aprende, y solo veo una secuencia de colores, paisajes sencillos y tranquilizadores y una luz que se convierte en m&uacute;ltiples llamaradas tras su paso por ramas, hojas, troncos y otros obst&aacute;culos nacidos de la fotos&iacute;ntesis.
    </p><p class="article-text">
        Esa temprana ma&ntilde;ana la claridad era amarilla, fr&iacute;a, cari&ntilde;osa, viva&hellip;; tan viva que daban ganas de atraparla, de com&eacute;rsela&hellip;, pero, &iexcl;l&aacute;stima!, son&oacute; el pito, o la sirena, o lo que sea, y se activ&oacute; el ruido que todo lo borra, cual pizarra de las de antes.
    </p><p class="article-text">
        Lo que entonces lleg&oacute; a las manos fue la tiza, sucia y blanca, y luego el soporte de la escritura en que se rayaron cuatro palabras muy madrugadoras: poemario de Luis Aguilera. Y as&iacute;, que fue el modo en que se me ocurri&oacute; construir algo, no muy sobre la marcha, traslad&eacute; a la jaula, perd&oacute;n, quise decir al aula, aquel paisaje que el pito, la sirena o lo que fuera&hellip; alejaron de mi vista para reubicarme en otro plano que yo s&iacute; pude componer. Y lo mejor fue, lo he descubierto horas despu&eacute;s, que lo hiciera con aquellas cuatro palabras: poemario de Luis Aguilera.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, mientras plasmo esta experiencia volc&aacute;nica, siento que la luz que me espera ah&iacute; fuera ya no es la misma: es m&aacute;s oscura y est&aacute; triste, y los p&aacute;jaros han dejado de percibirla con el mismo &aacute;nimo. El &iexcl;p&iacute;o!, &iexcl;p&iacute;o!, &iexcl;p&iacute;o! ya no se escucha, y los &aacute;rboles y arbustos siempre verdes descansan como si aterrizara el tiempo de la siesta. En la jaula, perd&oacute;n, el aula, el aula&hellip;, la luz natural se hace de rogar, y la otra, la que pone la industria contaminante, la borr&eacute; de mi vista, para as&iacute; iluminarme de verdad y no convertir en un imposible la opci&oacute;n elegida de hilvanar estas l&iacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Con tanto l&iacute;o y tanta letra junta, el tiempo se me ha echado encima, y ahora solo pienso, con temblores, en que el pito, la sirena o lo que sea&hellip; est&aacute;n a punto de dinamitar tan elogiosa tranquilidad, rota en el primer momento del d&iacute;a por la voz pausada de un pol&iacute;tico que vend&iacute;a motos. Ese pol&iacute;tico del Gobierno, hombre suave, vino a decir que todo lo que se estaba haciendo era muy importante pero casi seguro que no iba a salir. Gran ventaja, sin duda.
    </p><p class="article-text">
        Todos los d&iacute;as descubriendo cosas tan sutiles, y as&iacute; caemos. Y tambi&eacute;n nos caemos. Si no fuera por el extracto de bosque, la luz amarilla que despierta junto al aroma a caf&eacute; y la jaula, perd&oacute;n&hellip;, el aula, qu&eacute; ser&iacute;a de m&iacute;, qu&eacute; ser&iacute;a de la poes&iacute;a, qu&eacute; ser&iacute;a de la magia revisitada que Luis Aguilera puso ante mis ojos gracias a la luz que ilumin&oacute; el extracto de bosque.
    </p><p class="article-text">
        Y ya suena la &uacute;ltima sirena del d&iacute;a, tal y como esperaba: siempre mon&oacute;tona.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Art&iacute;culo publicado en el libro de relatos y otros textos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/fotosintesis_132_3228166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Aug 2017 20:31:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fotosíntesis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Historia,Román Delgado,Policromía,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[… y bajé hacia la Tierra  ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/baje-tierra_132_3237136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f944673b-3308-4ea1-b422-3578e83d9679_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Yo estaba estos d&iacute;as tan pancho en las alturas, en mis alturas, donde por fortuna la divina naturaleza me deja reposar sin molestarme con malas noticias, que no son pocas las que hay en estos tiempos, y entonces, justo cuando m&aacute;s extasiado andaba junto a mis chuchos de cuatro patas, con gente adorable y al lado de un lindo malpa&iacute;s verde y florecido por la bondad de la lluvia y la tremenda humedad (con el primer gran volc&aacute;n al fondo y con el segundo mayor abrazado a este), ocurri&oacute;, debido al mismo paso del tiempo, que revent&oacute; el reloj con un ruido poco apropiado para el lugar en que me hallaba, donde ese aparato, debo reconocerlo, no pega ni con cola.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a llegado el momento, como dice el imprescindible Silvio Rodr&iacute;guez en una de sus canciones&hellip;, de bajar a la Tierra; o sea, al mundanal ruido, al lodazal de las malas noticias, al lugar donde las radios repican puntualmente pesadillas, y hoy, casi siempre, en el noventa y nueve por ciento de los casos (como aseguraba aquel joven cubano que me tropec&eacute; en Pinar del R&iacute;o hace ya alg&uacute;n tiempo), solo difunden noticias malas, noticias nefastas, horrorosas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Sumido en esa desesperaci&oacute;n, y ya import&aacute;ndome poco la profundidad del malestar, se me ocurri&oacute; adentrarme en un magn&iacute;fico tema musical de otro cubano, de Carlos Varela. Fui a por <em>Muro</em>, en la versi&oacute;n del atrevido Miguel Bos&eacute; en sus <em>Once maneras de quitarse el sombrero</em>, y la desgracia entonces se convirti&oacute; en algo insuperable&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Porque <em>Muro</em> es mucho <em>Muro</em>. Adem&aacute;s, en la coyuntura en que la volv&iacute; a escuchar, m&aacute;s que un muro me pareci&oacute; una muralla que se perd&iacute;a en el cielo infinito. Y ahora mismo, con tantos muros que crecen como setas en bosque abonado por la lluvia, en cada paso y en cada palmo, reflexiono que lo mejor hubiera sido no querer bajar a la Tierra, como ya insinu&oacute; Silvio.
    </p><p class="article-text">
        Pero no pod&iacute;a quedarme all&iacute; arriba, sobre todo porque para estar bien en esas alturas antes hay que resolver un mont&oacute;n de cosas aqu&iacute; abajo, donde casi todos podemos y debemos ser &uacute;tiles, para acabar con &ldquo;&hellip; el plato vac&iacute;o&hellip;&rdquo; que tan bien dramatiza Carlos en <em>Muro</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Historia publicada en el libro de cuentos y otros textos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/baje-tierra_132_3237136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Aug 2017 09:36:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[… y bajé hacia la Tierra  ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Historia,Cuentos,Policromía,Libros,Román Delgado,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escalera arriba]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/escalera-arriba_132_3245826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be8a1a39-9324-4d47-8569-51d1f96bd6ff_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Fue llegar a casa, encender la tele (a veces lo primero que se hace tras superar la ruidosa puerta) y verlos all&iacute;. &ldquo;Mala suerte&rdquo;, me rebot&eacute;. All&iacute; estaban los dos, bien peinados y arregladitos para la ocasi&oacute;n. El zagu&aacute;n que ahora habitaban, no se sabe por qu&eacute; maldita raz&oacute;n, siempre carece de luz natural, y tambi&eacute;n de la que mana de las bombillas, aunque esta vez eso no form&oacute; parte de la comidilla. Las c&aacute;maras y sus focos, las c&aacute;maras y sus flashes, se encargaban de alumbrar y de dejar registro de la belleza vertida en trajes, peinados, maletines, bolsos y calzados varios.
    </p><p class="article-text">
        -Ya basta&hellip; -dijo una voz chillona que sali&oacute; pitando del grupo-. Que digo que&hellip; Baaaasta&hellip; Ok -recalc&oacute; con pose de mala leche.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, las personas que entran en el gen&eacute;rico de los medios se recogieron como cortina a un lado. Los otros, la tanta belleza acumulada, caminaron escalera arriba, a por la farsa.
    </p><p class="article-text">
        -Pero no te das cuenta de que me has metido en tremendo foll&oacute;n con esa maldita invitaci&oacute;n al di&aacute;logo. Joder, ya pudiste haber avisado, que casi me pillas con esa gente de la tele de tu partido y&hellip; Ya sabes que no me gusta nada que me dejen con el culo al aire, y menos en territorio comanche. &iexcl;Avisa!, joder. Toma el tel&eacute;fono. Pa&rsquo; lo que quieras.
    </p><p class="article-text">
        -Jodeerrr&hellip;, perdona. De verdad&hellip;, esta vez mi intenci&oacute;n no era fastidiarte de lo lindo, que, si fuera por el que ahora est&aacute; en Madrid, &iexcl;no veas t&uacute;&hellip;! Pero no sab&iacute;a c&oacute;mo salir del esc&aacute;ndalo bimbache y me hice la picha un l&iacute;o. Perdona&hellip; Jodeerrr.
    </p><p class="article-text">
        -Y si ahora piensan que lo que nosotros queremos es iniciar una relaci&oacute;n. Qu&eacute; le digo yo, nada m&aacute;s salir, al de tantas canas. Ya sabes, al soso ese. Eh&hellip; Joder, pero si es que puedo ser tu padre.
    </p><p class="article-text">
        El m&oacute;vil, mal ubicado en la mesa en que reposan cuatro pies, no para de vibrar, y lo peor, permite ver el nombre del que est&aacute; dale que te pego&hellip;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Pero es que no te va a dejar en paz ni un segundo? As&iacute; yo no puedo. Vamos, terminando. Ah, y te agradezco que hayas podido adelantar la cita a hoy, que, por si no lo sabes, ma&ntilde;ana sale la EPA y ah&iacute; fuera hay un enjambre de medios. Lo primero que se aprende. Ma&ntilde;ana me dar&aacute;s duro, &iexcl;no!
    </p><p class="article-text">
        -Entonces no negociamos&hellip;; no vemos nada.
    </p><p class="article-text">
        -Claro que no. Qu&eacute; pensabas. Ah, y dile al de Madrid que aqu&iacute; mando yo. &iquest;Se entiende?
    </p><p class="article-text">
        -Bueno, vale, y qu&eacute; decimos ah&iacute; fuera.
    </p><p class="article-text">
        -Ser&aacute;&hellip; Que creamos comisiones de estudio.
    </p><p class="article-text">
        -&hellip; &iquest;Cu&aacute;ntas&hellip;?
    </p><p class="article-text">
        -Pero si es que puedo ser tu padre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de cuentos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/escalera-arriba_132_3245826.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Aug 2017 10:36:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escalera arriba]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relato,Cuentos,Historia,Policromía,Román Delgado,Tenerife Opina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El país donde faltaban las letras   ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/pais-faltaban-letras_132_3276698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a3f2e43d-de10-42b0-90e9-730159f69bd6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s en que escaseaban las letras era muy dif&iacute;cil amar la literatura y casi imposible dedicarse de lleno a la creaci&oacute;n en prosa o verso. En el pa&iacute;s en que faltaban casi todos los signos del abecedario, construir un microrrelato, un cuento breve o un poema min&uacute;sculo representaba lo m&aacute;s parecido a lo imposible; se convert&iacute;a en un seguro... no podr&aacute; ser. Pese a ello, y aunque no hab&iacute;a letras en casi ning&uacute;n lugar ni estas se pod&iacute;an conseguir de contrabando, Literato buscaba y buscaba d&iacute;a tras d&iacute;a, noche tras noche y jornada tras jornada.
    </p><p class="article-text">
        Literato era un incansable recolector de letras, un buscador forofo de restos del abecedario en antiguos lugares donde la difusi&oacute;n de la narrativa o la po&eacute;tica era lo m&aacute;s habitual del mundo, lo com&uacute;n y lo cotidiano. Ahora esto no era as&iacute;, y la prueba evidente de tal escasez radicaba en que Literato, como otros de su condici&oacute;n, ya solo viv&iacute;a para meter letras perdidas en el saco que colgaba de su espalda.
    </p><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s en que faltaban las letras, la literatura hab&iacute;a pasado a mejor vida, pero quedaban algunos amantes, enamorados y enfermos de los p&aacute;rrafos y los versos que se resist&iacute;an a tal desierto. Uno de ellos era Literato, que se manten&iacute;a en vida y segu&iacute;a en el pa&iacute;s en que escaseaban las letras para poder acumularlas, por la noche o durante el d&iacute;a, en un momento de descanso..., y as&iacute; llegar a componer u orquestar, con los signos arrebatados al olvido, el mensaje m&aacute;s alentador, m&aacute;s vivo y universal.
    </p><p class="article-text">
        Literato apenas se alimentaba de la forma que lo hace el com&uacute;n de los mortales, y no se sabe muy bien cu&aacute;les eran sus virtudes f&iacute;sicas para aguantar en pie y con lucidez sin haber ingerido la dosis adecuada de nutrientes. Literato era, al menos por ese af&aacute;n extremo, un mani&aacute;tico del abecedario, un alquimista de la palabra a partir de dos, tres, cuatro o cinco caracteres de nada. As&iacute; transcurr&iacute;a su existencia en el pa&iacute;s donde faltaban las letras, en el que casi nunca encontraba el tesoro m&aacute;s ansiado: una a, una hache, una zeta...
    </p><p class="article-text">
        Tan improductiva vida cambi&oacute; de repente en una ma&ntilde;ana soleada y repleta de sombras frescas y plomizas, cuando, debajo de un banco viejo y anta&ntilde;o seguro que almac&eacute;n de sabidur&iacute;a humana y tradici&oacute;n oral, a la vez que Literato se agachaba para atarse los cordones de sus botines, divis&oacute; la letra erre muy sucia, m&aacute;s all&aacute; una a y, al otro lado de donde estas estaban (&ldquo;&iexcl;premio!&rdquo;, pens&oacute;), una eme y una o. Mir&oacute; y mir&oacute;, pero no hall&oacute; nada m&aacute;s, salvo restos de hojarasca oto&ntilde;al ahora reseca por el verano.
    </p><p class="article-text">
        Con esas cuatro letras, Literato pens&oacute; que no pod&iacute;a hacer gran cosa, salvo componer las palabras &ldquo;Roma&rdquo;, &ldquo;mora&rdquo;, &ldquo;ramo&rdquo; o &ldquo;amor&rdquo;. Era bastante poco para acudir a la puerta de aquella mujer, pero, se dijo, &ldquo;mejor eso que nada&rdquo;, y lo intent&oacute;... Toc&oacute; a su manera, ella apareci&oacute; y entonces &eacute;l abri&oacute; su carpeta y ense&ntilde;&oacute; el sustantivo &ldquo;amor&rdquo; compuesto con las viejas letras arrebatadas al banco.
    </p><p class="article-text">
        La joven se abalanz&oacute; hacia el hombre y ya siempre estuvieron juntos, pese a vivir en el pa&iacute;s en que faltaban las letras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Relato publicado en el libro de cuentos y otros textos llamado Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/pais-faltaban-letras_132_3276698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jul 2017 09:53:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El país donde faltaban las letras   ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Literatura,Román Delgado,Policromía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Magia mundana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/magia_132_3298185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c7b80bb-82be-4288-a2f0-1a99837f81e6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as he estado tan pegado a la pantalla, tan pegajoso junto al cristal l&iacute;quido que me devuelve las letras que compongo desde mi torre de control, que se me ha olvidado hasta lo de ir a por agua, hasta refrescar mi interior con el m&aacute;gico elemento que no es s&oacute;lido ni gaseoso sino&hellip; eso mismo.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo me ha tenido tan pegado a la pantalla que antes, para conseguir tal estado ag&oacute;nico, he debido despegarme de la realidad, de la puta actualidad&hellip;; para, a trav&eacute;s de esta operaci&oacute;n, poder coger, en el mismo momento, el cubo de cola, atarme a la pantalla y ya solo dedicarme a mandar mensajes a ese cristal l&iacute;quido invisible y malhumorado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora mismo sigo pegado a mi port&aacute;til y, si yo fuera Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, hasta podr&iacute;a decir, eso s&iacute;, sin originalidad, que voy al v&aacute;ter con &eacute;l, que me meto en la ducha con &eacute;l, que como con &eacute;l siempre toc&aacute;ndome las pelotas, solo en este caso, e incluso que comparto almohada desgastada que ya casi no marca volumen. As&iacute; estoy hasta no s&eacute; d&oacute;nde de ponerme derecho y no hay manera. Pedazo de petudo estoy, y perd&oacute;n para los m&iacute;os, que ando hecho un trasto.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto es por si me hubiera puesto en modo Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, que no es el m&iacute;o: lo que a m&iacute; m&aacute;s me pone es el estilo Enrique Vila-Matas. Este modo me subleva, me agita y me da vida y fortaleza, pues me basta con abrir <em>El mal de Montano</em> y ya me pongo a flipar y a creer que la literatura es el mejor alimento. Tambi&eacute;n me pasa con <em>Par&iacute;s no se acaba nunca</em> o con <em>Dublinesca</em> o con <em>Aire de Dylan</em>. Uy.
    </p><p class="article-text">
        Ese jovenzuelo que estuvo a punto de&hellip;, como le puede ocurrir a cualquiera, me apasiona y me hace crecer en este viejo, dif&iacute;cil y a veces enrevesado mundo de la construcci&oacute;n de historias. En esto, sobre todo en imaginar, Vila-Matas me parece lo mejor de lo mejor, uno de los que m&aacute;s da, junto al australiano o sudafricano Coetzee. Qu&eacute; dos. Lo siento, Mill&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Al final me he ido por las ramas, que ha sido adrede, y ahora pienso, pues sigo pegado a la pantalla, que todo esto tan divertido y surrealista de verdad ha sido posible porque la literatura existe, lo que es posible a su vez por lo que aportan otros, muchos, much&iacute;simos; por la voluntad que uno pone en casi todo, a veces hasta dejando de lado un vino en vaso chato y con cuatro chochos sobre la mesa, al menos con sombra de amigo al lado, y porque, a pesar de todo, dos cr&iacute;as y una mujer no tan cr&iacute;a se acercan al hombre con port&aacute;til pegado en su cuerpo muy a menudo y lo refrescan a base de besos y cari&ntilde;itos mejores que toda el agua del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Esos trocitos de un todo terminan por traer el agua que desde el principio mi cara ped&iacute;a y resulta entonces, como por arte de magia, que es esa agua la que me despega del port&aacute;til y me lleva a circular por toda la casa, esta vez repartiendo yo los besos y las caricias, algo que, debido a este maldito art&iacute;culo, no he podido hacer antes.
    </p><p class="article-text">
        Por eso ya los dejo y me pongo a circular. Que les den&hellip;, al menos la misma agua que a m&iacute;: la que termina despegando a la persona del duro y pegajoso trabajo para iniciar la aventura del acercamiento al equipo de cr&iacute;as y no tan cr&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; otra manifestaci&oacute;n de la magia. &iexcl;Por fin despegado!
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Texto publicado en el libro de cuentos Policrom&iacute;a</strong><em>Policrom&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Román Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerife-ahora/tenerife-opina/magia_132_3298185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jul 2017 09:36:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Magia mundana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tenerife Opina,Román Delgado,Policromía]]></media:keywords>
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